Domingo, 20 Marzo 2016 10:12

Qué es –o no es– el socialismo

Qué es –o no es– el socialismo

La inmensa mayoría de los rusos y habitantes de Europa oriental, que sufrieron la experiencia burocrática de capitalismo de Estado, bautizada socialismo por quienes medraban a costa de los que decían representar, ha sido vacunada contra el concepto mismo de socialismo. El auge de un vago anarquismo entre algunos sectores estudiantiles es hoy la expresión del repudio generalizado a esos regímenes antidemocráticos que desconocían la heterogeneidad de la clase obrera y, por tanto, el pluralismo de opiniones en su seno e impedían la libertad de prensa, de palabra, de reunión, de pensamiento y de organización con la cárcel, el manicomio o la muerte.


El daño social causado por el pensamiento antimarxista del estalinismo y su socialismo real o realizado sigue siendo enorme, pues infecta incluso a experiencias que, como la revolución cubana o el chavismo venezolano, nacieron libertarias y después se burocratizaron. Por consiguiente, cuando de la superación del capitalismo depende el futuro de la civilización e incluso la supervivencia de nuestra especie en un planeta depredado y semidestruido, es necesario volver a tratar de aclarar qué es el socialismo y qué no es.


Para Marx y los marxistas –hasta el antimarxismo creado y difundido por Stalin y sus discípulos– el socialismo era una sociedad de hombres libres asociados en la que ya no existían las clases y, por tanto, tampoco el Estado, que es un órgano de clase, ni la política y, en consecuencia, los partidos políticos. Ese socialismo se basaría en la abundancia y la difusión de la cultura, que permitirán que cada uno, libre de trabas y ataduras, pueda ser sujeto y decidir sobre el destino común.
Por supuesto, ese socialismo no es posible en un solo país (y menos aún en pequeños países atrasados), sino que requiere la superación económica, cultural y tecnológica y la eliminación del capitalismo en una serie de países decisivos a escala mundial. La propiedad de los medios de producción es social, no estatal, pues no hay ya Estado y la libertad de expresión y de organización es total, pues aunque ya no existan partidos ni causas políticas habrá que decidir problemas científicos o artísticos y se discutirán libremente todas las cuestiones.


Ese socialismo no tiene nada que ver con un sistema donde un partido único, sin vida autónoma ni democracia interna, monopoliza el aparato estatal, se fusiona con éste y da un papel central al Estado que para Marx, por el contrario, hay que llevar a su extinción. Es, además, lo contrario de un régimen decisionista y verticalista, con líderes, jefes y jerarquías, basado en la subsistencia del régimen asalariado que expresa la subordinación del trabajador al capital y refuerza su alienación, que hay que suprimir.


El capitalismo de Estado sigue siendo capitalismo, no es para nada una fase de construcción de las bases del socialismo, pues en él no hay ni libertad ni liberación para los trabajadores. Por lo general, es resultado de una lucha contra los efectos del capitalismo en un país atrasado y, a lo sumo, permite sostener mejor algunas conquistas democráticas y la resistencia al imperialismo, tareas que son absolutamente necesarias en los países atrasados, pero no son por sí mismas anticapitalistas.


El mundo está hoy maduro para liquidar el capitalismo y para reconstruir sobre otras bases una economía al servicio de todos –no de una minoría explotadora–, reconstruyendo las necesidades reales y organizando el consumo al servicio de ella, no de lo superfluo y efímero. Es posible hoy, con el actual nivel de riqueza, alimentar, dar cobijo y asistencia sanitaria y cultura a todos, reduciendo los tiempos de trabajo a costa de las ganancias sin aminorar la producción, dar tiempo libre para el desarrollo individual de los trabajadores y acabar con el extractivismo y la depredación de la naturaleza. Lo que está lejos de estar maduro para acabar con el capitalismo es el insuficiente nivel de conciencia de los explotados que aún consideran natural y carente de alternativas un sistema que nació en el siglo XV y morirá.


Pero las revoluciones no las hacen los pocos revolucionarios que las prevén y desean. Las hacen las mayorías, que son conservadoras y temen los cambios porque podrían agravar los problemas que ellas ya enfrentan. Éstas quieren reformas pero, como el sistema es irreformable y por tanto las niega y aumenta en cambio los desastres sociales y la explotación, pueden verse obligadas a provocar un cambio social violento precisamente para tratar de mantener su mundo que el capitalismo pone en peligro.


En las grandes catástrofes –crisis económicas, crisis ecológicas, guerra– sale a flote entonces el radical que estuvo madurando lentamente dentro de cada conservador. Robespierre pasó en meses de ser monárquico constitucionalista a cortar la cabeza del rey para instalar la república, y los rusos, que en 1905 participaban en una procesión –organizada por un cura, agente policial– para pedirle paz al zar, tiroteados por la policía, pasaron a la revolución democrática y formaron consejos obreros dirigidos por socialistas. Zapata, por su lado, dejó de ser criador y domador de caballos para convertirse en general de una profunda revolución social.


Así que el socialismo no es una utopía. No es inevitable, por supuesto, porque depende de si los trabajadores de todo tipo quieren y pueden romper sus cadenas, pero es necesario y, por tanto, posible, ya que todo lo racional es real.


Para que triunfe, hay que dejar de prestar oídos, entre otras cosas, por un lado a las estupideces de los servidores de los gobiernos capitalistas progresistas, que ayudan a desarmar a los explotados y oprimidos y, por otro, a los que desprestigian el socialismo identificándolo con capitalismos de Estado que presentan una repelente falta de libertades y una escasez resultante de la incapacidad y la corrupción de su burocracia.

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Lunes, 25 Enero 2016 06:33

Un poco de rojo

Un poco de rojo

¿Quién podría haberse imaginado que en la capital del capitalismo, en el epicentro del imperio neoliberal mundial, de repente ha detonado un debate sobre el socialismo?


Socialismo fue la palabra más buscada en el portal de los diccionarios Merriam Webster en 2015 (seguida por la palabra fascismo). En los sondeos, una amplia mayoría de jóvenes afirman que están dispuestos a votar a favor de un candidato que se dice socialista. En los debates entre los precandidatos demócratas se tuvo que preguntar a cada quien si era o no capitalista (por primera vez en la memoria reciente), y en las entrevistas con todos los candidatos siempre está la pregunta sobre el socialismo. Nadie recuerda cuándo fue la última vez que el carácter capitalista casi sagrado del sistema estadunidense se ha cuestionado en foros vistos por millones en la televisión, ni cuándo el socialismo fue pregunta en sondeos nacionales.


Los expertos se han visto obligados a debatir si un socialista de verdad puede llegar a la Casa Blanca (antes a nadie se le ocurría la pregunta).


Y aún más sorprendente es que un sondeo de Bloomberg News/Des Moines Register de la semana pasada entre votantes demócratas en Iowa, el primer estado donde habrá votación para determinar la candidatura presidencial, 43 por ciento se definió socialista, y 38 por ciento capitalista. Un sondeo del New York Times/CBS News en noviembre encontró que 59 por ciento de los votantes demócratas tenían una percepción favorable del socialismo, mientras 29 por ciento tenían una impresión negativa.


Todo por el precandidato presidencial demócrata y senador federal Bernie Sanders, quien siempre se define como socialista democrático. Justo por eso, hasta muy recientemente expertos y políticos suponían que su campaña sería marginal y descartaban sus posibilidades de retar a la reina del partido: Hillary Clinton. Ya no. Sanders está empatado o va ganando en las encuestas de los dos primeros concursos intrapartido para la nominación, y ha reducido a la mitad la ventaja de Clinton en las encuestas nacionales en el último mes.


De hecho, la cúpula demócrata, legisladores demócratas y operativos de la campaña de Clinton están tan alarmados que ya acusan a Sanders de no ser un verdadero demócrata, sino, Dios nos salve, un socialista, y argumentan que no es tan elegible como Clinton en una elección general.


Pero Sanders aún amenaza la coronación de Clinton, en gran medida por su mensaje central sobre la desigualdad económica, que resuena más que cualquier otro tema entre el electorado. Como señala Kshama Sawant –socialista que ha ganado sus dos elecciones al cabildo municipal de Seattle– en un artículo en The Guardian, después de los movimientos Ocupa Wall Street, entre otros, la palabra sucia ya no es socialismo, sino capitalismo. Agrega que "la gente está hambrienta de alternativas políticas que sirvan a sus intereses... en lugar de la avaricia insaciable de Wall Street".


Sanders no huye de la etiqueta. Cuando Anderson Cooper, de CNN, en uno de los debates entre los precandidatos, preguntó a Sanders si no se consideraba capitalista (y sin ocultar su incredulidad de que cualquier tipo de socialista pudiera ganar una elección nacional en este país), respondió: ¿Me considero parte del proceso del capitalismo de casino por el cual tan pocos tienen tanto y los muchos tienen tan poco, con el cual la avaricia y descuido de Wall Street destruyen esta economía? No, no lo soy. Afirma que es un socialista democrático, no autocrático, que no desea nacionalizar los medios de producción, y usa como modelo para su tipo de socialismo los países escandinavos. Sanders indica que es parte de la misma corriente que un Franklin D. Roosevelt (quien no se consideraba socialista, lejos de). En otros países, Sanders sería considerado más bien un social demócrata, algo así como del Partido Laborista de Inglaterra, el socialdemócrata de Alemania o del Partido Socialista de Francia.


Aquí la palabra socialismo siempre ha sido asociada con el diablo, con el enemigo, como algo ajeno a Estados Unidos. El legado del macartismo sigue influyendo a principios del siglo XXI.


Pero el socialismo democrático no es ajeno a Estados Unidos. Algunas de las figuras más reconocidas de este país se han identificado como socialistas democráticos.


Eugene V. Debs, gran organizador sindical de principios del siglo pasado, fue varias veces candidato presidencial del Partido Socialista (en 1912 ganó 6 por ciento del voto nacional) y la última vez en 1920 dirigió su campaña desde su celda de prisión, por su oposición a la Primera Guerra Mundial (obtuvo casi un millón de votos).


En el medio este, poco antes de la Primera Guerra Mundial, socialistas fueron electos alcaldes en casi 80 ciudades en 24 estados (entre ellas Minneápolis, Milwaukee y Buffalo). Miembros del Partido Socialista ocupaban unos mil 200 puestos en 340 ciudades, recuerda Joseph Schwartz, vicepresidente de Democratic Socialists of America (DSA), en un artículo en In These Times.


Otras figuras de esta corriente política incluyen desde John Dewey, el gran filósofo y pedagogo, a Martin Luther King, los dirigentes más destacados de sindicatos nacionales como el automotriz, el de la confección y de maquinistas y hasta unos pocos legisladores federales como Ron Dellums.


Albert Einstein, quien escribió en 1949 que la única manera de eliminar los peores males de la sociedad estadunidense era por medio del establecimiento de una economía socialista, acompañada de un sistema educativo orientado hacia metas sociales, en su ensayo ¿Por qué el Socialismo?, en Monthly Review, también se identificaba como socialista democrático, entre otros intelectuales y artistas.


Por supuesto, muchos disputan qué es el socialismo democrático y si Sanders es o no socialista. Algunas cosas no cambian.


Pero aún es extraordinario el simple hecho de que todo esto es, por ahora, parte del cuento, la grilla, el debate, estadunidense.

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Silvio Rodríguez: "Habrá otra revolución en el futuro, pero mientras llega, lo que nos toca es evolucionar"

El cantautor cubano, que celebra el quinto aniversario de la gira de conciertos gratuitos por los barrios más humildes de Cuba, repasa la situación de su país y el proceso de acercamiento a Estados Unidos.


El cantautor cubano Silvio Rodríguez concede una entrevista a Público en la misma semana que celebra el quinto aniversario de la gira de conciertos gratuitos por los barrios más humildes de Cuba. Silvio hace un repaso de los retos que enfrenta Cuba en su acercamiento a Estados Unidos; analiza los desafíos de la cultura cubana ante las reformas económicas que se desarrollan en el país; hace una apasionada defensa de la poesía y expresa sus deseos de hacer una gira en España tras nueve años de ausencia de los escenarios españoles.

El acercamiento de Cuba y Estados Unidos abre muchas posibilidades pero también representa desafíos para la cultura cubana.


A nivel cultural siempre ha habido intercambio con Estados Unidos. Que haya condiciones para que se incremente ese intercambio, será como levantar barreras para que todo fluya con más naturalidad. Si hay algo frustrante no es porque sea negativo el contacto, sino porque pudiera aumentar la distorsión de los proclives a deslumbrarse acríticamente. Digamos que el mimetismo puede volverse aún más pedestre, si tal cosa fuera posible.


Cuba es también una potencia cultural pero sin el poder económico de la cultura estadounidense. ¿No teme que la cultura cubana se vea obligada a "pasar por el aro" para acceder al mercado de Estados Unidos?


Siempre ha habido artistas que piensan en mercados y en conveniencias, y artistas que anteponen el arte a todo lo demás. Nunca olvido aquello martiano de que nuestras ramas pueden ser del mundo, pero que el tronco se mantenga nuestro. Satyajit Ray empezó su célebre trilogía de Apú con un pensamiento muy lúcido: "Cuenta tu aldea y contarás el mundo". Sólo la banalidad es capaz de maquillarse de "mundo" y dar la espalda a lo propio, pensando en el éxito fácil.


¿Cuáles son las principales fortalezas de la cultura cubana para enfrentar el reto del nuevo acercamiento con Estados Unidos?


Creo en la identidad. Sin confundirla con lo característico a ultranza, que puede resultar caricaturesco, como esa pinturita de lo cubano que parece seducir a tantos. Y es que la identidad también evoluciona con la instrucción de un pueblo, como ha sido el caso. Incluso cuando no teníamos la consciencia que nos ha dado medio siglo de confrontación política, Cuba resistió y siguió siendo Cuba. ¿Por qué no habría de hacerlo ahora?


¿Cuáles serían sus principales debilidades?


Supongo que la superficialidad, que también pulula como la verdolaga. Y, ocasionalmente, algunos brotes de oportunismo.
En un momento en el que las reformas buscan la autofinanciación de todos los sectores, ¿como puede hacerlo la cultura?

¿Lo pueden hacer el ballet o el cine?

Actividades artísticas que requieren infraestructuras más o menos complejas, como el ballet y el cine, son impracticables en países en desarrollo. Pero mucho más si no existe la voluntad de construirlas y sostenerlas. En Cuba se han desarrollado por la vocación humanista de Fidel Castro y por el empuje de personalidades como Haydeé Santamaría, Alicia y Fernando Alonso, Alfredo Guevara, Julio García Espinosa y luego otros. Incluso países con desarrollo, como España, están en constante lucha por presupuestos para el cine, la música clásica y otras manifestaciones. Esto aún cuando en muchos lugares esas expresiones sobreviven gracias al mecenazgo. Pero se supone que un Estado socialista debe ser más responsable, más benévolo. Incluso tratándose de un Estado pobre, bloqueado, cada vez con menos ayudas y para colmo con una crisis económica mundial, como telón de fondo. Cabe preguntarse qué pude significar para Cuba salir del bloqueo y caer en manos del FMI. Sea como sea, hay que ser muy valiente para declarar que no renunciamos al socialismo.

Los cineastas cubanos se muestran conscientes de la realidad; también de ahí sus planteos de independencia y de una ley cinematográfica. No creo que el ballet vaya a desaparecer, pero las instituciones difícilmente sobrevivirán sin cambios. Es admirable que figuras como Liz Alfonso y ahora Carlos Acosta lleven adelante sus proyectos. Por otra parte también hay otras experiencias nuevas e interesantes, como la Fábrica de Arte, de X Alfonso.

Estructuras como las Fundaciones fueron tomadas en Cuba con reserva, acaso por temor a que se independizaran demasiado. Así hay proyectos que llevan años esperando por una anunciada revisión de la Ley de Fundaciones. Pues yo creo que una forma de salvar algunas buenas actividades que empezaron con la Revolución es transformándolas precisamente en fundaciones, o instituciones semejantes. Y que cada iniciativa pruebe en la práctica su capacidad y su vigencia.


El turismo en Cuba ha crecido mucho, dicen que muchos turistas quieren conocer el país "antes de que lleguen los americanos". ¿Cree que realmente Cuba corre el riesgo de americanizarse, de que los McDonald's suplanten al pan con lechón?


No se puede subestimar la chispa de los cubanos. No hay más ver el auge vertiginoso de los restaurantes y otros servicios. Si llega a Cuba, no dudo que McDonald's acabe vendiendo pan con lechón, aunque habrá que ver cómo los hacen. Yo quisiera que no cambiáramos en lo sano que todavía comemos: ese es un valor nuestro a defender. Algunos listillos presionan la naturaleza para que las frutas maduren más rápido, lo que les cambia el sabor, además del daño de los agentes químicos. Yo espero que esos malos hábitos no se generalicen y que nunca cambiemos salud por falso crecimiento. Puede que a cosas así se refieran con lo de "antes que lleguen los americanos".


Sus conciertos por los barrios han sonado mucho a nivel nacional e internacional.


Empezamos haciéndolos muy discretamente; rechazábamos que el trabajo que hacíamos en esos lugares se transformara en show. Pero con el tiempo ha sido inevitable que trascienda. Algunos documentales han ayudado. El primero lo hizo el español Nico García, y se llama Ojalá. También se hizo una exposición de pasteles de Tony Guerrero y fotos mías en el Centro Cultural Pablo de la Torriente. Fueron ocurriendo cosas que sacaron el proyecto a la luz.


¿Por qué decidió hacerlos?


El primer concierto me lo pidió José Alberto Álvarez, un policía que atendía al barriecito de La Corbata. Pero resulta que ir a los barrios es adictivo. Llegas allí y ves a las familias, a los niños, a los viejitos en portales y balcones, a jóvenes colgados de los techos, y te traspasa la belleza y ves que hace falta y que la gente lo agradece. No hay mejores razones.


¿Cuántos ha realizado?


Hoy haremos el concierto número 68, y ayer, 9 de septiembre,cumplimos cinco años de gira.


¿Cómo los financia?


Recibo un poco de ayuda estatal. Me prestan la tarima, la planta de electricidad y las luces, que son cosas que no tenemos. También nos ayuda algún personal del departamento de Giras del Ministerio de Cultura. Todo lo demás, el sonido, los micrófonos, los instrumentos y los sueldos de algunos trabajadores, lo pone el proyecto Ojalá. Estos gastos son un acápite fijo de nuestra economía. Las giras al exterior nos sirven para ir mejorando condiciones, sobre todo la calidad de las bocinas, las mesas de sonido, los cables, que poco a poco han llegado a ser muy profesionales. No está de más puntualizar que todos los músicos y artistas que se ofrecen para la gira lo hacen con absoluto desinterés material.

Sus opiniones sobre la situación social que ha encontrado en los barrios ha despertado todo tipo de comentarios. ¿Qué encontró realmente en esos lugares?


No es que yo ignorara que hubiera barrios así. El proyecto Ojalá lleva más de 20 años al lado de El Romerillo. Todo el que vive en Cuba y quiere ver que eso existe, lo ve. Es que el trabajo constante en esos lugares hace profundizar no sólo en las carencias y las condiciones de vida, sino en la lucha constante contra la indolencia y la burocracia. Por eso se hizo de esa forma Canción de Barrio, el documental de Alejandro Ramírez que resume los dos primeros años de la gira: descarnado, como es la realidad. Y por eso el día del estreno invitamos a los dirigentes de los lugares que iban a ser expuestos. Algunos fueron.


¿Qué le aportan, como artista y como persona, estos conciertos?


Lo empecé a experimentar desde niño, a principios de la Revolución. Yo vi ballet no por formación familiar o por posibilidades económicas, sino porque de pronto Alicia Alonso bailaba en una plaza. ¿Qué es lo que cuenta el primer documental de Octavio Cortazar, Por primera vez?: la visita de un camión proyector a las montañas, donde nunca había estado el cine. ¿Qué hacíamos en nuestra juventud nosotros mismos, constantemente, sino cantar en todas partes?... Yo nunca he dejado de cantar así, sobre todo en mi país.

Puede que no se sepa, pero jamás he cobrado un concierto en Cuba. Bueno: una vez Luis Eduardo Aute y yo cobramos uno, en el Karl Marx, y donamos el dinero a San Antonio de los Baños, para que la alcaldía tuviera un fondo (que decía no tener) y pudiera pagar a trabajadores que limpiaran el río Ariguanabo. Pero también afuera he cantado así. Lo he hecho muchísimo en México, a donde empecé a ir por aquellas Jornadas de Solidaridad con Uruguay. Lo hice en Colombia, en Venezuela, en Angola, en República Dominicana, en Ecuador, en Bolivia, en Paraguay. Lo hice en alta mar, durante meses, cuando la Flota Cubana de Pesca. Lo hice en las prisiones varias veces. Hace muy poco hicimos un concierto en el barrio de Lugano, en Buenos Aires. En Chile hablé con Michelle Bachelet para que hiciera una ley que obligara a los extranjeros a hacer un concierto gratuito. Parece que no se pudo.

Lograr la sistematización de la Gira por los Barrios en Cuba (también conocida como la Gira Interminable) me ha dado una satisfacción muy grande. Más que cualquier otra cosa.


¿Cómo ve las posibilidades de que se mantenga el proyecto social de la revolución?


Los proyectos sociales humanistas, revolucionarios, se van a mantener siempre que existan quienes los lleven a cabo.


Cuando en Segunda Cita leemos blog en evolución uno piensa si en algún otro momento no hubiera dicho blog en revolución. ¿Hay alguna contradicción entre esos conceptos?


No hay contradicción, lo que hay es consecuencia. La Revolución Cubana ha sido una realidad inmensa, reconocida en un legado incuestionable. Yo he sido partícula de ese torbellino todo el tiempo. No dudo que haya otra revolución en el futuro. Pero mientras llega ese momento extraordinario, lo que nos toca es evolucionar.


¿Cuál cree que debe ser el papel de los artistas en medio de esta transformación que vive Cuba?


Eso de los papeles me resulta angustioso. Llegamos a lo que llaman arte, o a lo que sea, de distintas maneras; por claves a veces colectivas pero también personales. Entonces no siempre hay fáciles respuestas generales; todo tiene aspectos que son asunto de cada cual, y eso es muy respetable.

Creo que a todos nos toca halar hacia donde creemos correcto. ¿Pensamos igual? Obviamente no. Pero hay matices. Yo podré tener sueños complicados, pero me identifico con cosas muy básicas. Estoy en contra del bloqueo, y a todo el que esté contra el bloqueo lo considero familia. Los que están por una sociedad responsable con el planeta y con los menos favorecidos, también son mi familia.


¿Qué es la poesía para ustede? ¿Cómo la concibe en estos tiempos? ¿Es necesaria dentro del proceso de cambio de Cuba?


La poesía es imprescindible donde quiera que existan seres humanos. Es alcanzable de muchas formas, sin duda también con el periodismo. Cuando era joven leí Arte poética, de José Zacarías Tallet, y me pareció un disparate fabuloso; pero hoy podría suscribir cada uno de esos versos. Por eso te garantizo que hay poesía "hasta en la catalina de una bicicleta" y que, en cualquier circunstancia, "el problema es dar con ella".


¿Quiere enviar algún mensaje a sus seguidores españoles?


Siempre he sentido que le debo mucho a España. Llegué allí en 1977, cuando muchos pueblos latinoamericanos tenían gobiernos militares. Algunos exiliados llevaron mi música a sus países porque en España se podían conseguir mis discos. Los camuflaban con otras portadas... En el 2016 hará nueve años que no hago conciertos allá. Lo he intentado en varias ocasiones, pero la crisis económica no lo ha permitido. Yo quisiera volver siquiera una vez más y hacer algunas presentaciones para, al final, darme el gusto de hacer un concierto bien lindo en un barrio de los más necesitados; acaso en uno donde también haya inmigrantes. Sueño con hacer ese regalo. Ojalá podamos vernos allí.

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Adolfo Sánchez Vázquez: por un socialismo idealmente existente

De lo que aquí hemos hablado es del socialismo que quería Sánchez Vázquez, una opción inspirada por un marxismo nuevo, abierto, crítico, como era en definitiva el marxismo que correspondía al pensamiento de Marx. Se trata de reflexiones que han recorrido la historia de las sociedades modernas, y que han sido pensadas y abordadas desde diferentes y, quizá para algunos, insólitos miradores.

En 1949 un físico alojado en Princeton y llamado Albert Einstein, en un artículo publicado en el primer número de la legendaria, hoy benemérita, revista Monthly Review, se preguntaba ¿Por qué el socialismo? Y se respondía: porque sólo hay un camino para eliminar los graves males que definen la crisis de nuestro tiempo, cuya matriz identificaba con la anarquía económica propia del capitalismo, así como con la constitución de una oligarquía del capital privado frente a la cual ni siquiera una sociedad organizada democráticamente podía poner freno. Este camino, proponía Albert Einstein, es el de una economía socialista acompañada por un sistema educativo orientado a fines sociales.


Al mismo tiempo, el revolucionario sabio alemán advertía: Una economía planificada no es el socialismo. Como tal, puede ir acompañada por una esclavitud total del individuo. De aquí el gran desafío aún no resuelto del socialismo: ¿cómo evitar que la burocracia se vuelva una fuerza todopoderosa? ¿Cómo proteger los derechos individuales para desde ahí asegurar la existencia de un contrapeso democrático al poder de las burocracias?


Es probable que aquel mundo de la anarquía capitalista haya mutado, debido precisamente a la concentración productiva global y al poderío tecnológico formidable en manos de las multinacionales. Quizá, hoy tendríamos que hablar de una desbocada Alta Finanza que controla los resortes primordiales de la asignación de los recursos, la división del trabajo y de los medios de producción y de disuasión a escala planetaria. Sabemos también de la enorme capacidad desplegada por la gran corporación para controlar mercados, manipular la opinión pública y condicionar –o determinar– las decisiones fundamentales de los estados en materia económica y social. Planeación hay, pero no control social emanado de la democracia.


Pero, a la vez, tendríamos que reconocer que este poder burocrático-financiero ha exacerbado su centralización al calor de la propia crisis actual y que, además, de cara al desorden mundial impuesto al fin de la guerra fría, se corre el riesgo de que el mundo avanzado opte por una suerte de remilitarización del mundo que articule el ejercicio de este poder burocrático-financiero. Un poder capaz, sin duda, de planear, pero en función de intereses y objetivos propios adversos al interés general y la protección de las mayorías.


En esta perspectiva, aquella oligarquía que identificó Einstein como una amenaza al orden democrático de su tiempo, tendría que ser vista como un esbozo optimista e ingenuo del actual Brave New World donde la estatalización progresiva de los medios de producción, por ejemplo en modalidad público-privada tan cara a nuestros gobernantes y sus epígonos, haría posible la planeación pero no emanada ni sujeta a la deliberación y la participación de los trabajadores. De aquí la pertinencia y actualidad, históricamente legítima y coherente, del discurso de don Adolfo Sánchez Vázquez que en su momento fue indiscutiblemente atrevido y audaz.


¿Por qué el socialismo?, se preguntaba el sabio de Princeton. Porque es necesario y deseable, respondería nuestro filósofo. Pero sólo será real, realmente existente, si cumple estrictamente con la condición, en realidad la restricción, democrática. La democracia no es para después, ni puede ser sustituida por la providencia o la destreza burocrática, mucho menos por la carismática que recoge las frustraciones políticas mayoritarias. Y es aquí donde entra con legitimidad y exigencia el tema de las reformas y los tiempos. El ritmo, la gradualidad que hacen posible la combinación democracia-socialismo.


De aquella crisis de nuestro tiempo descrita en alucinante síntesis por Einstein, pasamos a la histérica cruzada contra el hombre y la democracia sociales, desatada por el desplome del régimen de la revolución contra el capital de que hablaba Gramsci al referirse a la Revolución de Octubre. Hoy se insiste en sustituir todo esto con una avasalladora revolución contra la sociedad y sus estados de bienestar, montada por los ricos en aras de la libertad y la globalidad, pero contra la igualdad y la fraternidad.


Tiempos nublados cuando no sombríos. Tiempos de democracia difícil. "¿Vale la pena hoy el objetivo, la meta, el ideal o la utopía del socialismo –se preguntaba y preguntaba don Adolfo en los primeros años del nuevo siglo– a quienes no conocieron ni vivieron esa experiencia de lucha, a las generaciones que siguen sufriendo los males del capitalismo, exacerbados en su fase neoliberal? ¿Ha valido la pena la alternativa social a la que se asocia –con razón o sin ella– el fracaso de la experiencia histórica que tantos sacrificios y sufrimientos costó?"2


Y (se) contestaba: "No ha valido la pena la experiencia histórica del 'socialismo real' porque, en definitiva, en ella no se han dado los valores socialistas. Pero, puesto que la historia no está predestinada (...) la perspectiva de un socialismo necesario deseable y posible, aunque incierta y no inmediata, sigue abierta para la izquierda que siempre ha luchado por la igualdad y la justicia (...) ha de abrirse desde el presente en la medida en que se lucha por la democracia efectiva, por ampliar las libertades reales y conquistar espacios de igualdad y justicia social (...) Sin renunciar a la reivindicación de sus sacrificios y logros del pasado, la izquierda debe asumir este pasado críticamente, sacando de él las lecciones que sean necesarias".3


Optimismo en el corazón, aparejado a la razón cautelosa y celosa del rigor y del recuento puntual de la historia. "Ciertamente, los errores teóricos se pagan prácticamente y, a veces, con un enorme costo humano, y de ahí la importancia del conocimiento para la acción. Si el marxismo fue certero al descubrir que el capitalismo, por su propia naturaleza, tiende a la expansión constante, fue un grave error considerar que ya en el siglo pasado había alcanzado un límite infranqueable (Marx), o que ya en los albores de este siglo era una capitalismo 'agonizante' (Lenin)."4


Por ello el filósofo insistiría en que hoy es, todavía más necesario que ayer, cultivar una dosis mayor de escepticismo frente a todo dogmatismo y, sobre todo, una dosis constante de crítica de todo lo existente, de la injusticia y la justicia simulada; de la mala educación y de sus gesticuladores; pero también de los justos tan dados a la autosatisfacción complaciente y la celebración del privilegio entendido como reconocimiento.


No sobra, más bien falta repetirlo: "El socialismo entendido en sus justos términos hasta ahora no existe (...) lo que se llama 'socialismo real' tiene algo de realidad, pero poco de socialismo. Hay que reconocer que el socialismo sigue siendo una aspiración".5

 

1 Esta es la última parte del texto presentado en el coloquio internacional Adolfo Sánchez Vázquez a cien años de su nacimiento, en la Facultad de Filosofía y Letras, Ciudad Universitaria, 7 de agosto de 2015.
2 Adolfo Sánchez Vázquez, ¿Vale la pena el socialismo?, p. 1, en < file:///Users/admin/Desktop/vale-la-pena-el-socialismo.pdf>
3 Adolfo Sánchez Vázquez, Vale la pena el socialismo, pp.1 y 13 en file:///Users/admin/Desktop/vale-la-pena-el-socialismo.pdf
4 Adolfo Sánchez Vázquez, Vale la pena el socialismo, p. 11.
5 Entrevista de Hugo Vargas en Adolfo Sánchez Vázquez: los trabajos y los días (semblanzas y entrevistas), México, UNAM, 1995.

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Sólo un radical cambio del modelo económico y del gabinete salvará al gobierno venezolano

1. Maduro cerca del punto de implosión

 

Si el gobierno de Maduro/Cabello no toma medidas inteligentes y drásticas de manera inmediata en lo económico y político, tiene los meses contados. Bajo esa premisa consideramos que no llegará más allá de marzo/abril 2014. Los escenarios de la eventual caída son evidentes: movilizaciones callejeras dirigidas por Washington y la derecha, o una alianza destituidora y sustitutiva entre Fuerzas Armadas y Gobernadores. Dada la incapacidad total para enfrentar los graves problemas del país, que ha demostrado el gobierno, es poco probable que pueda evitar su colapso, salvo una radical reestructuración del modelo económico del Presidente Chávez y el cambio del 80% de los ministros del Gabinete que no son eficientes.


2. Colapso del modelo económico del Presidente Chávez

 

Con un 49.4% de inflación anualizada (sept. 2012-13, BCV), Venezuela terminará el 2013 con una hiperinflación de alrededor del 58%, dado que las elecciones municipales de diciembre y el pago de aguinaldos harán imposible detener la espiral. Parte del problema es el desmesurado aumento de la liquidez monetaria (money supply) que creció alrededor de 66.5% respecto al mismo período de 2012.
Otro factor es la fuga de capitales que ronda los 150 mil millones de dólares en los últimos nueve años. El control de cambio de divisas sólo funcionó alrededor de 2003. Hoy día asfixia al pueblo y las clases medias, mientras que transfiere anualmente unos 43 mil millones de US-dólarespreferenciales a la burguesía. Ésta agradece el favor de la Revolución "bolivariana y cristiana," generando unos 2,7 mil millones (sic) de dólares anuales, a cambio. (Ver excelente trabajo de Manuel Sutherland (Aumento del 894% en importación estatal, caída en las reservas y estatización del Comercio Exterior).


Tal inflación genera una tasa de ahorro cero de los asalariados; la sustitución de facto del bolívar por monedas fuertes o metales preciosos (ley de Gresham); una baja tasa de inversión; altas tasas de interés; ganancias monetarias desmesuradas sobre los diferenciales del tipo de cambio (arbitrage); fuga de capitales; escasez de productos y, finalmente, a una inevitable y brutal devaluación de jure. Peor aún: tal espiral inflacionaria se combina con un crecimiento anual del PIB del 1% (CEPAL), menor que el crecimiento demográfico. Estamos ante la stagflation, combinación letal de estancamiento con inflación alta.


Ante este panorama, el aumento del 45% al salario mínimo anunciado por el Presidente Maduro para el 2013, ni siquiera compensa la pérdida de la capacidad adquisitiva de los trabajadores respectivos. Al mismo tiempo el índice de escasez se encuentra en 21.2%. La deseada sustitución de importaciones, de industrialización, de soberanía alimenticia y financiera, ha quedado esencialmente en buenos deseos: las importaciones estatales crecieron de 2003 al 2012 en casi 900%; el peso industrial-manufacturero en el PIB no ha aumentado (Sutherland); el Presidente acaba de autorizar la compra de 3,5 millones de toneladas (sic) de alimentos por un valor de 4.6 mil millones de dólares y el costo de los créditos adquiridos por el Estado y PdVSA tiene un promedio de 11,59 % anual: casi el doble del promedio del de las naciones en desarrollo (de acuerdo a cifras del Bank of America).


Según el BCV, sus propias reservas internacionales en divisas (dólares con los que se cuenta para cancelar las importaciones y la deuda externa) alcanzaron la suma de 3 mil millones de dólares a mediados del año, mientras que las líquidas (en efectivo) suman 900 millones de dólares. Sin embargo, la importación mensual requiere en promedio 4.6 mil millones de dólares. De ahí, que sólo una masiva transferencia desde las cuentas no-presupuestales, como el Fondo de Desarrollo China-Venezuela, nuevos créditos o la monetarización de las reservas de oro pueden impedir una moratoria en los pagos externos.


3. La quijotesca economía socialista


Desde el arribo del Bolivarianismo al poder (1999) en Venezuela, nunca ha habido ninguna medida económica socialista: ní del Socialismo del Siglo 20, ni del Socialismo del Siglo 21. El modelo político-económico desarrollado por Hugo Chávez después del 2003, nunca fue más que un desarrollismo progresista, semejante al primer gobierno del General Perón. Agotado ya en el 2010 entró en la segunda etapa de Perón: la erosión creciente y el camino hacia el abismo. El Plan Guayana Socialista, el Control Obrero, las Comunas –el más grande disparate de los Rasputines socialistas de Miraflores (Marta Harnecker et al)— no son más que quimeras en una economía capitalista de mercado (crematística) como la venezolana. Ahora toda esta fantasía implosiona.


4. El chamanismo como razón de Estado


Mientras la economía se hunde en las contradicciones internas del modelo, Maduro y Cabello tratan de curarla con alquimia. Pontifican contra la satánica guerra económica de la derecha –¿no ha sido ésta su función subversiva de clase desde siempre?– y pretenden conjurarla mediante su propia Santa Trinidad: el kitsch teológico, implorando la protección de San Francisco de Asís; la palabrería bolivariana y quimeras burocráticas socialistas.


Oratoria de Maduro: "Le pedimos a San Francisco de Asís para el pueblo de Venezuela, que nos traiga la paz y el amor. En tú nombre, Cristo redentor, San Francisco, basta ya de odio, que cese el odio de los que odian la patria desde siempre." (Presidente Maduro anuncia que el 9 de octubre se iniciará segunda jornada del gobierno de calle). Construye entes burocráticos y virtuales por doquier. Para combatir el desvío de alimentos a la economía informal y reducir la burocracia en el sector, generó el "Órgano Superior de Defensa Popular de la Economía". En Carabobo lanzó la Fuerza Bolivariana Socialista de Trabajadores contra la Guerra económica y la Guerra del Imperialismo y la Oligarquía, diciendo que "Este Presidente obrero necesita el apoyo incondicional para defender la Patria."


Durante su alocución por las nuevas Leyes habilitantes en la Asamblea Nacional dijo que requiere estos nuevos poderes para profundizar, acelerar y dar la batalla a fondo por una nueva ética política, una nueva vida republicana y por una buena sociedad. Oratoria vacía pseudo-clerical. Lo que debe decir es qué grupos y clases sociales cargarán con los enormes costos sociales que implica la inevitable sanación de la economía, que pasa por la devaluación y la política de austeridad.


5. ¿Qué hacer?


La política de Maduro y Cabello se debe al intento surrealista de prolongar el modelo político-económico de Hugo Chávez, ya agotado estructuralmente en el 2010. Como el modelo no tenía nada de socialismo, el Comandante nunca tuvo la intención de destruir a la burguesía. Sólo quería que aceptara la legalidad de su gobierno. Igual que Perón, Correa, Evo et al. Por eso, ante todo conflicto serio respectivo cedió y sacrificó a sus lugartenientes (Samán, Vielma Mora, etc.)

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Que Maduro y Cabello ahora traten de realizar la tarea que el Comandante Chávez siempre evitó, es poco probable. No tienen la estatura de Chávez, ni la voluntad, ni la ciencia para hacerlo. Tienen los dólares, los tanques, los medios y la mayoría del parlamento, para vencer a la oligarquía. Pero, no tienen el software. ¿Habrá alguna fracción del Bolivarianismo que podrá suplirlo?


Por Heinz Dieterich, sociólogo alemán, residente en México, teórico del socialismo del siglo XXI

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Buscando al trabajo, buscando al socialismo

La crisis en curso, su manejo y las políticas de austeridad que pretenden "resolverlo" en favor de las clases dominantes agudizando, por ejemplo el desempleo (según la OIT en 2012 había en el mundo 197 millones desempleados; este año habrá más de 202 millones de personas en busca de trabajo, Global Employment Trends 2013, 22/1/13) hacen pensar a cada vez más gente que debe haber alguna alternativa.

 

No sólo una política alterna que pondría el problema del empleo en el centro (algo que frente a las medidas antipopulares y fascistoides igual haría mucha diferencia), pero una alternativa sistémica.

 

Según la editorial Merriam-Webster, especializada en diccionarios, el "socialismo" y el "capitalismo" fueron elegidas como "Las palabras del año 2012" por la cantidad de búsquedas online por personas que simultáneamente consultaban ambos términos ( Página/12, 6/12/12).

 

Al final es alguna lucecita en estos "tiempos oscuros" y una señal de que a pesar del fracaso del "socialismo real" hay quienes aún creen que puede haber una alternativa al capitalismo o que siempre es la misma: "socialismo o barbarie". Pero: ¿qué socialismo?

 

Es interesante el aporte de Michael A. Lebowitz, un destacado marxista canadiense que no sólo rescata el término, sino también lo reconecta con sus orígenes.

 

Para Lebowitz que lamenta que muchos marxistas, dado que el autor de El Capital no escribió un tomo separado sobre el trabajo asalariado, olvidan el lado de los trabajadores estudiando el lado del capital como si fuera la totalidad del sistema (Beyond Capital: Marx's Political Economy of the Working Class, 1992) la "alternativa socialista" sólo puede ser un resultado de la autoorganización de los trabajadores, siendo ellos los principales sujetos que pueden transformar la sociedad desde abajo, mediante la libre asociación y cooperación ( The Socialist Alternative: Real Human Development, 2010).

 

Según él –siguiendo a Marx–, la sociedad socialista es la que remueve todos los obstáculos para el pleno desarrollo de las capacidades humanas que es un fin en sí mismo. Mediante el trabajo, el trabajador no sólo transforma el mundo, sino también a sí mismo. Producir un producto significa producir dos cosas: la mercancía y un tipo de persona que es el productor. Sin embargo, el capital tiene un doble efecto: no sólo explota a los trabajadores, sino también los deforma, privándolos de la totalidad de su humanidad. Por eso es necesario ir más allá del capitalismo, donde ésta podría alcanzar su plenitud (así no se trata tanto de disminuir el tiempo de trabajo, sino de convertirlo en "trabajo socialista").

 

Analizando el fracaso del "socialismo real", Lebowitz subraya que éste falló, porque las "relaciones de trabajo vanguardistas", fruto de un perverso contrato social, excluyeron a la clase obrera del proceso productivo dándole la prioridad a los gerentes, que persiguiendo la "eficiencia" abrazaron la lógica del capital abriéndole finalmente la puerta a la restauración del capitalismo. Para él, la principal contradicción del "socialismo real" era la relación vanguardia-trabajadores; la solución, en vez de "liberar al gerente", debería haber sido "liberar al trabajador" ( The Contradictions of "Real Socialism". The Conductor and the Conducted, 2012).

 

Para el mismo autor, la búsqueda del socialismo pasa por el Estado como un espacio de la práctica revolucionaria: un buen ejemplo de esto es Venezuela, que gracias a Chávez rescató en buena parte el término, demostrando que es posible construir el socialismo –"del siglo XXI"– con logros (por ejemplo, el desempleo es ahora de 8 por ciento), aunque no sin dificultades (en la autogestión obrera). Lebowitz ha acompañado y estudiado este proceso ( Build It Now: Socialism for the 21st Century, 2007) y basándose también en él subraya la necesidad de un Estado socialista ( The State and the Future of Socialism, en: Socialist Register 2013).

 

Según Lebowitz, para el "socialismo del siglo XXI" necesitamos también un "marxismo del siglo XXI" o más bien un retorno al "marxismo de Marx" que, sobre todo los escritos de 1844-1858, están llenos de pasajes sobre el desarrollo humano y la necesidad del socialismo para alcanzar su plenitud, algo que fue perdido en el siglo XX por el "marxismo vanguardista" que no veía más allá del desarrollo de las fuerzas productivas.

 

Esta parcialidad se refleja hoy en el debate alrededor de la crisis: mientras abundan discusiones sobre el "problema de la transformación" o la caída de la tasa de ganancia –el mismo Lebowitz en un viejo ensayo rechazó mirarla sólo desde el lado de la producción, Marx's Falling Rate of Profit: A Dialectical View, 1976– escasean análisis acerca del proletariado como sujeto y su praxis.

 

La respuesta a la crisis será desde la teoría, pero sobre todo desde la práctica de la clase trabajadora, sin excluir a los desempleados (lo único que determinará el camino al socialismo será la lucha de clases). El trabajo –en el capitalismo– deforma, pero condenar millones a un paro indefinido (ante todo los jóvenes, "una generación en peligro" según la OIT, Global Employment Trends for Youth 2013, 8/5/13), también es una mutilación. La búsqueda del socialismo basado en la emancipación mediante el trabajo es una vía humanista frente a un sistema inhumano e ineficiente que desperdicia las vidas y la fuerza laboral.

 

De acuerdo con Lebowitz, el capitalismo sigue porque logra producir los trabajadores que necesita, convencidos de que "no hay una alternativa"; para ir más allá de él se necesita una visión que remplazaría este falso "sentido común", cambios que pueden darse sólo si salen de nosotros mismos. Si no los buscamos, de una vez podemos abrir el diccionario y consultar la palabra "fascismo".

 

Maciek Wisniewski. Periodista polaco

 

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Domingo, 21 Abril 2013 14:20

Dialéctica de la democracia

Dialéctica de la democracia

 

Edición 2013. Formato: 17 x 24 cm, 352 páginas
P.V.P:$35.000 ISBN:978-958-8093-92-5

 

Reseña:

Antonio García resalta, en "Dialéctica de la democracia", la pluralidad de imágenes de la "democracia": la liberal burguesa de tipo formal, representativa, política; la populista, basada sobre la redistribución de los ingresos y el acceso a nuevas clases y nuevas fuentes de poder, mediante la instauración de un Estado asistencialista, paternalista; y la socialista, que en distintos grados apunta a diversas formas limitadas de democracia económica o social. Frente a este fraccionamiento de la democracia, el Maestro Antonio García Nossa plantea frontalmente que el desarrollo económico es un todo y debe integrarse al desarrollo social, político, como arte y parte de una misma ecuación humana, social e institucional, lo cual encuentra plena vigencia en las discusiones que como sociedad tenemos que afrontar en la actual coyuntura que vive el país.

 

Antonio García Nossa. Nacido en Bogotá el 16 de Abril de 1912.Su obra, amplia y vital, en lo fundamental desconocida en nuestro país, resume la vivencia que tuvo en distintos países del continente, donde fue asesor de diversos gobiernos, en especial de asuntos agrarios, desde la primera presidencia de su amigo boliviano Hernán Siles Zuazo, pasando por el presidente socialista, el militar peruano Juan Velasco Alvarado, hasta el socialista chileno Salvador Allende.Otra faceta de su vida, la docencia, la practicó con dedicación a lo largo de América Latina, desde Argentina hasta México.

 
 
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Sábado, 19 Enero 2013 06:56

Venezuela: sobre golpes y transiciones

Venezuela: sobre golpes y transiciones

El complicado estado de salud de Hugo Chávez, quien convalece en La Habana desde el 11 de diciembre, cuando fue operado por cuarta vez de cáncer, faltando el día 10 de enero a la juramentación para su nuevo sexenio, despertó especulaciones, controversias y hasta viejas fantasmas golpistas. Pero se iniciaron a la vez procesos políticos que van más allá de su figura: independientemente de si Chávez vuelve o no (y si sí, cuándo y por cuánto tiempo), en Venezuela ya nada será igual.

 

La ausencia del presidente se presentaba como escenario perfecto para la oposición: invocando el artículo 233 de la Constitución, la derecha insistía en que si Chávez no tomaba protesta empezaba un “vacío de poder”, había que declarar la “falta absoluta”, pasar el poder a Diosdado Cabello, el jefe de la Asamblea Nacional, y convocar a elecciones en 30 días.

 

Para el vicepresidente Nicolás Maduro, nombrado por Chávez sucesor en caso de su muerte y nuevas elecciones, estos llamados equivalían al golpe de Estado (Correo del Orinoco, 4/1/2013).

 

Pero según el artículo 231, en una situación sobrevenida la juramentación puede tener lugar más tarde ante el Tribunal Supremo de Justicia, lo cual confirmó el mismo TSJ especificando que ni siquiera hay una “falta temporal”, ya que Chávez está haciendo uso del permiso para ausentarse, otorgado y prolongado por la AN “todo el tiempo necesario” para su curación.

 

Para la oposición “este fallo era un golpe de Estado”: sus representantes solicitaron a la OEA “activar sus protocolos”, como en el caso de Honduras, y al Mercosur suspender a Venezuela, como en el caso de Paraguay (El Universal, 10/1/2013).

 

¿Chávez quedándose en el gobierno después del 10 de enero es un golpe?

 

“No es ningún golpe. Es el respeto a la voluntad popular expresada en las elecciones del 7 de octubre. El golpe sería impedir que se cumpliera”, dice Gonzalo Gómez Freire, uno de los líderes de Marea Socialista, corriente anticapitalista del Partido Socialista de Venezuela (PSUV).

 

Por más que quisiera la derecha, no tiene capacidad para deponer al presidente, ni siquiera mediante un “golpe blando”, a lo que apuntaba su interpretación y “defensa” de la Constitución Bolivariana (1999), documento que, de hecho, rechaza desde el principio. Incluso hizo un golpe contra ella, aboliéndola durante su efímero Putsch (2002).

 

Sólo les queda apostar al degaste del chavismo y las divisiones políticas (estrategia que en el caso Maduro-Cabello no tiene mucho éxito), así como en el ejército, cuyo origen popular y formación nacionalista, democrática y socialista (véase el famoso libro-manual De militares para militares, 1964) lo hace parte y garante del proceso bolivariano que se desarrolla en torno a la famosa “unidad cívico-milítar” (aglutinada durante los golpes de 4 de febrero y de 27 de noviembre de 1992, que reagruparon a la izquierda y cementada el 13 de abril de 2002, cuando el pueblo junto con una parte del ejército venció el “carmonazo”).

 


Pero según Gómez, aquel golpe se prolongó más allá de su derrota: “El gobierno chavista, presionado por un grupo de militares reaccionarios, tuvo que hacer ciertas concesiones. Estos círculos no han sido extirpados. Hay que estar alertas”.

 

“Aquí hay una sola transición, decretada por el presidente, al socialismo”, contestó Maduro a los antichavistas, quienes soñaban con un rápido cambio de régimen.

 

Sin embargo, una mirada a la política venezolana demuestra que la transición post Chávez ya empezó y que el camino al socialismo no es nada decretado, sino un producto de luchas.

 

Es probable que tarde o temprano Chávez, por razones de salud, tenga que separarse del cargo: “La gente ya sabe que él no es para toda la vida. Ahora tenemos que trabajar políticamente como si Chávez ya no estuviera. Ya estamos en una transición”, subraya Gómez.

 

En unos meses o en un par de años el liderazgo de la revolución cambiará inevitablemente. Según Marea Socialista, la dupla Maduro-Cabello se deteriorará a la larga. Por ello será crucial construir un nuevo tipo de liderazgo colectivo ampliando los espacios democráticos.

 

La más importante será la lucha en el chavismo por el rumbo de la transición socialista. Los movimientos sociales aún no han llegado adonde quieren: los medios de producción no están en manos del pueblo, no existe control obrero en las empresas, las clases populares no forman unidad orgánica con el gobierno, cuyo aparato está secuestrado por la burocracia.

 

“Seguimos en una eterna ‘transición de la transición’ al socialismo. Todavía tenemos el viejo Estado burgués, si bien en su modalidad de bienestar, pero no es ningún Estado socialista. Hay que dar finalmente unos pasos decisivos”, afirma Gómez Freire.

 

Una de las amenazas de la transición es la desnaturalización del proceso revolucionario: la burguesía sabe que será difícil recuperar el poder y buscará acuerdos con el post chavismo, queriendo hacerlo más manejable para sus intereses.

 

“Hay que prevenir que el socialismo venezolano se convierta en un elemento de estabilidad para el capital. Esto será posible sólo si habrá suficiente presión anticapitalista desde abajo”, añade.

 

Era la gente que salvó a Chávez del golpe. Cuando tal vez él ya no esté, será la misma gente la que salvará el rumbo de la transición socialista.

 

Por, Maciek Wisniewski, periodista polaco

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Domingo, 22 Mayo 2011 07:44

Cuba: ¿profundizar el socialismo?

Para juzgar los cambios políticos no hay que basarse en las declaraciones y las intenciones, a veces sinceras, de quienes los promueven, sino en la lógica interna de dichos cambios y, sobre todo, en las fuerzas sociales en que ellos se apoyan o que les impulsan a entrar en movimiento. Además, como la política no es una ciencia exacta, conviene ver en cabeza ajena los resultados de la línea que se propone como la mejor, sobre todo si se piensa en la construcción del socialismo y se habla de profundización del mismo (que, por otra parte, aún no existe).

Ahora bien, en el momento en que Cuba trata de adaptar los modelos chino o vietnamita, Vietnam, a pesar de todas las restricciones al derecho de huelga, sufre una ola creciente y sin precedentes de conflictos sindicales espontáneos (pues en este medio año ella llega ya a 220 grandes conflictos, contra 210 durante todo el año pasado), debido a que la inflación de casi 18 por ciento anual devora los salarios, los cuales no alcanzan 60 dólares mensuales en promedio.

Al mismo tiempo, el gobierno cubano acaba de autorizar a todas las empresas privadas a contratar trabajadores asalariados. Si tenemos en cuenta que las llamadas empresas estatales socialistas no son tales, porque la relación de propiedad no ha cambiado las relaciones de producción capitalistas, pues en esas empresas socialistas rige una disciplina vertical y los asalariados colaboran a su explotación mediante el trabajo de salario por rendimiento (o a destajo) o dependen de una serie de premios y castigos decididos por la dirección, como en cualquier empresa capitalista del resto del mundo, vemos que se está produciendo un poderoso reforzamiento del capitalismo en la isla.

El reciente congreso del PCC en sus resoluciones, además, legaliza ese curso cuando dice que el objetivo es dar a todos ”igualdad de oportunidades”, pero sin igualitarismo, cuando esa igualdad de oportunidades (entre un campesino tzeltal y un millonario mexicano o un inmigrante árabe y un financista europeo) es sinónimo de la igualdad y libertad sólo ante el mercado, o sea, es sinónimo de las políticas neoliberales capitalistas y la justicia más elemental requiere en cambio una discriminación positiva, ayudando mucho más a los que son más débiles en la vía democrática de la libertad, igualdad y fraternidad, que fue fijada por la Revolución Francesa ya hace más de dos siglos.

Por si esto fuera poco, el congreso partidario no definió hacia dónde espera que vaya Cuba y, por el contrario, sostuvo que establecerá un equilibrio entre el mercado y la planificación. Ahora bien, el mercado es mundial y no depende del gobierno cubano y, mediante los precios de los productos que Cuba debe importar o la estabilidad o inestabilidad de los países que comercian con Cuba a pesar del bloqueo, determina el curso de la economía de la isla. O sea que la burguesía mundial influye ya poderosamente en Cuba aunque en ésta –todavía– no se haya desarrollado una nueva burguesía local a partir de las capas privilegiadas de la burocracia y de la población (a las cuales, por otra parte, se dirigen todas las concesiones, como el derecho a comprar autos nuevos o casas, o a viajar al exterior, cosas que son imposibles para los pobres).

El mercado, además, es caótico por definición, pues depende del interés y de las expectativas de lucro de los productores y de las empresas a las que el PCC, en su congreso, autoriza a contratar entre sí y a actuar libremente en el mercado y, por lo tanto, no puede ser planificado, y a veces ni siquiera planeado de modo general, como lo probó el caso yugoslavo tan discutido en tiempos del Che y tan olvidado por los dirigentes de la economía cubana.

El congreso no decidió ningún cambio real y, en realidad, legalizó un peligroso curso procapitalista dirigido burocráticamente por la misma dirección que llevó al borde del abismo al proceso de construcción del socialismo en Cuba. Ni antes ni después de él se hizo el menor intento de explicar por qué ese Congreso fue postergado durante nueve años, cuando se requería urgentemente fijar una nueva línea, ni se hizo jamás la menor autocrítica sobre las políticas y métodos erróneos del pasado. En ese mismo congreso no hubo una renovación de los dirigentes casi octagenarios ni de los métodos verticalistas y por cooptación de selección de los cuadros que impiden el desarrollo de elementos jóvenes y creativos. Como antes, se sigue aplicando el método de decidir algo en la cúpula del Estado y después bajarlo al partido y a la población aunque esa decisión ya esté siendo aplicada, para que ambos la aprueben a posteriori sugiriendo cuando mucho modificaciones muy parciales que sirven a los dirigentes para medir la temperatura social y graduar la aplicación de lo decidido.

El gobierno ha tomado de los yugoslavos la nefasta autogestión empresarial, que consistía en que las empresas estatales funcionasen en el mercado nacional e internacional autárquicamente como empresas capitalistas en competencia entre sí, pero no ha tomado la autogestión obrera, la participación obrera en las decisiones, el nombramiento por el personal de los directores ni ha encarado una discusión en todo el país sobre la autogestión social generalizada, sobre la participación popular en asambleas resolutivas, sobre la elaboración y control de presupuestos locales participativos, ni sobre nada que estimule la creatividad y la autorganización, y mantiene sin cambio alguno su concepción paternalista y burocrática verticalista de control sobre la sociedad heredada del llamado socialismo real. Ahora bien, mientras no se discuta esa experiencia terrible –que no era socialista– y no se dé rienda suelta a la participación del pueblo cubano, el avance del capitalismo continuará, y Cuba, nuestra Cuba de todos, estará cada vez más en peligro.

Por Guillermo Almeyra
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El informe Central al VI Congreso del Partido Comunista Cubano leído por Raúl Castro el 16 de abril reciente, ha generado una importante conmoción no sólo en Cuba sino en nuestro país por los cambios propuestos en éste, abatiendo viejos dogmas socialistas. Es importante aclarar, aunque sea una perogrullada que Cuba no es Venezuela y Venezuela no es Cuba, sin embargo, la integración desarrollada en los últimos doce años en el marco de la afinidad antiimperialista y del socialismo ha hecho que cada país vea en el otro, cosas que emular.
 
A continuación tomaré las ideas centrales del informe y me permitiré comentar la vinculación de estas conclusiones con el desarrollo de la revolución venezolana.
 
El informe describe muy bien los logros fundamentales del socialismo cubano como marco sobre el cual se desarrollan una serie de decisiones trascendentes para la vida de la hermana República de Cuba, así expresa:
 
“Es objetivo del socialismo continuar garantizando el orden público y la seguridad ciudadana que distinguen a Cuba por ser uno de los países más seguros y tranquilos del mundo, sin narcotráfico ni crimen organizado, sin niños o adultos mendigos, sin trabajo infantil, sin cargas de caballería contra los trabajadores, estudiantes u otros sectores de la población, sin ejecuciones extrajudiciales, cárceles clandestinas ni torturas, a pesar de las campañas que sin prueba alguna constantemente se orquestan contra Cuba, ignorando con marcada intención que todas esas realidades son, en primer lugar, derechos humanos fundamentales, a los que ni siquiera se puede aspirar por la mayoría de los habitantes del planeta.”
 
Sin duda, reconocer que Cuba es referencia en el mundo en cuanto al orden, seguridad, acceso a las condiciones básicas para la vida digna, salud, educación, implica además reconocer que el socialismo cubano como modelo en desarrollo ha logrado lo que ningún país capitalista ha logrado aún,  logros como estos son objeto aún de búsqueda de emulación de todo el pueblo venezolano, indiferentemente de la posición política que se tenga.
 
Es en este marco que Cuba ha decidido generar un cambio estructural de su accionar político, económico y social en aras de la modernización de sus estructuras, que permita profundizar aún más el socialismo, en reconocimiento de que teniendo bondades, el sistema implementado ha tenido también sus graves fallas. Veamos cuales son y cuales se aplican o no a Venezuela y en que términos.
 
En lo económico
 
Siendo lo económico uno de los objetivos centrales del documento, es importante resaltar que el mismo fue desarrollado como consecuencia de la discusión durante cinco meses de todo el pueblo cubano y llama la atención que en su discusión, en el seno del PCC hubo 45 proposiciones que abogaban por permitir la concentración de la propiedad, que fueron rechazadas por considerar que atentan contra los principio socialistas.
 
Un punto focal de las conclusiones fue el vinculado a la libreta de abastecimiento, subsidio del gobierno cubano que mensualmente garantizaba el acceso a la cesta básica de alimentos a todos sus habitantes, en este sentido podemos resumir los siguientes resultados:
 
1.La libreta de abastecimiento aunque necesaria en un momento tenía un nocivo carácter igualitarista.
2.La libreta de abastecimiento contradice el principio de la distribución del socialismo “De cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo”.
3.La transformación del modelo Económico es en aras de estabilizar los niveles de producción y oferta de los productos y servicios básicos a precios no subsidiados y a la vez accesibilidad a todos los ciudadanos.
4.El objetivo final será mantener sólo el apoyo a personas sin otro sostén.
 
Otro aspecto resaltante es el incremento de la participación no estatal en la economía, en ese sentido el informe afirma que el incremento del sector no estatal de la economía, lejos de privatizar la propiedad social, será un factor facilitador de la eficiencia del Estado que deberá concentrarse en los medios fundamentales de producción y desprenderse de la administración de actividades no estratégicas para el país.
 
En el caso venezolano, la concentración de propiedades sólo está limitada en las restricciones al monopolio. En cuento al acceso a la alimentación, a pesar de las afirmaciones de la oposición, el gobierno venezolano no se ha planteado nunca el racionamiento de los alimentos y por el contrario, tal como ahora se orienta Cuba, busca suministrar los mismos a aquellos que no tienen otro sostén, pero además asume democratizar el acceso a los alimentos a través de políticas que buscan garantizar la distribución equitativa y luchar contra la especulación de los precios, permitiendo su acceso a precios justos.
 
En cuanto a la participación no estatal en la economía, el 70% del PIB en Venezuela proviene del sector privado, y aunque se ha buscado un reacomodo en cuanto a una mayor participación del Estado y del Poder Popular en el control de medios de producción estratégicos se ha confundido lo estratégico con lo reivindicativo, satisfaciendo la demanda de reclamos laborales o deformaciones en el proceso productivo que se han solucionado expropiando en lugar de transferir directamente o de manera paulatina pero planificada al control obrero. Sin duda existe en Venezuela un apoyo a la micro, pequeña y mediana empresa, pero poco planificada, basándose aún en la abundancia de recursos que genera la renta petrolera.
 
Sobre la centralización y la descentralización económica
 
Cuba es un país económicamente centralizado, sin embargo en la actualidad se plantea, producto de las conclusiones del VI Congreso ir “del exceso de centralismo a una descentralización planificada tomando en cuenta las tendencias actuales del mercado, permitiendo la permanente actualización del plan.”
 
Para los cubanos la descentralización tendrá como objetivo profundizar la responsabilidad de los cuadros administrativos y gerenciales pretendiendo “desatar los nudos que atenazan el desarrollo de las fuerzas productivas”.
 
Venezuela por el contrario, es un país descentralizado en cuanto a las prácticas económicas del Estado y en las responsabilidades administrativas y gerenciales, en búsqueda de un proceso de transferencia de competencias al Poder Comunal, tratando así de superar los vicios de la descentralización política mal habida, que ha generado serias distorsiones en la administración de los recursos nacionales, procurando a través de Las Comunas generar Unidades Socioproductivas alineadas a las necesidades y prioridades establecidas en el Primer Plan Socialista 2007-2013 y supervisadas a través de la fiscalización estatal y la Contraloría Social, encontrándose en la actualidad en un nivel de ensayo y error.
 
Sobre las relaciones contractuales
 
En Cuba, el predominio del Estado Central y las directrices del Partido no permitía  “el uso adecuado del contrato” como figura para el establecimiento de acuerdos, sin embargo en la actualidad, producto de las conclusiones del VI Congreso se busca superar el “reunionismo” y la burocratización de los procesos, dando paso al derecho al reclamo contractual.
 
Esto tiene como objetivo permitir que las relaciones económicas sean más activas a través de la compraventa de viviendas, automóviles, adjudicación de tierras y otorgamiento de créditos a trabajadores por cuenta propia.
 
En Venezuela, ha sido política del gobierno de Hugo Chávez Frías mantener y desarrollar las condiciones legales que permiten el establecimiento de contratos donde las partes son las únicas responsables de sus acuerdos y el Estado sólo interviene en el caso de una demanda por incumplimiento, enmienda o afectación social. Las relaciones económicas venezolanas se basan en el intercambio por la vía compraventa de todas las propiedades y el gobierno bolivariano lucha permanentemente por la justa adjudicación de tierras para su provecho productivo, combatiendo el latifundio, estimulando permanentemente a la micro, pequeña y mediana empresa con acceso regular a créditos a tasas preferenciales.
 
Sobre el pueblo y lo comunicativo
 
De manera autocrítica, entre las conclusiones del VI Congreso se afirma que debe haber mayor interrelación con la masa, para dar respuesta eficaz a sus preocupaciones e insatisfacciones, determinando así los cambios necesarios.
 
Por otra parte, el PCC afirma que debe hacerse frente al triunfalismo, la estridencia y el formalismo sobre la actualidad nacional, permitiendo un mayor acceso a la información y generando documentos y programas de radio y TV menos aburridos y con mayor veracidad.
 
En Venezuela, a pesar de las 3R anunciadas por el Presidente y ratificadas con las 3R², el burocratismo no ha permitido profundizar aún más la interacción con la masa y se ve permanentemente afectada por la ineficacia en las respuestas a sus preocupaciones, sin embargo se reconoce el error y existe la intención de corregirlo, aunque aún pareciera no avanzar la solución.
 
En cuanto al triunfalismo en Venezuela en el activismo político, éste ha sido un problema permanente que se refleja en sus medios informativos y vocerías oficiales, estableciéndose metas políticas y electorales inviables que han afectado la moral de los militantes y la eficacia del PSUV (recordemos los 10 millones por el buche, los 2/3 de la Asamblea Nacional), sin embargo en los últimos meses se ha observado un leve cambio en las líneas informativas, permitiendo más la crítica en sus espacios.
 
Sobre el Partido
 
Según las conclusiones del informe leído por Raúl Castro el PCC debe liberarse de actividades no propias de él, eso significa librarse de funciones administrativas, para profundizar la diferencia entre el Partido y el Estado.
 
Además afirma Raúl en un ejercicio de diagnóstico autocrítico que:
1.La falta de formación rigurosa de los cuadros generó desaciertos producto del clientelismo partidista. 
2.La militancia no debe significar una condición vinculante al desempeño de puestos de Gobierno o del Estado, sino la preparación y la disposición de reconocer la política del Partido como suyo.
3.El mérito debe ser el origen de la dirigencia, no el amiguismo favorecedor.
4.La selección de jóvenes a cargos principales no siempre fue acertada, la reserva de sustitutos debe ser por ser preparados, con base en la experiencia la madurez paulatina.
 
En Venezuela, en el marco del proceso revolucionario el PSUV recientemente hizo un esfuerzo por separar los cargos del partido de la función pública en su Dirección Nacional, pero en las regiones aún persiste este problema por lo que muchas veces los roles del partido y el Estado siguen confundiéndose, como pasó en lo primeros años del proceso.
 
Por otra parte en nuestro país:
1.La falta de formación rigurosa de los cuadros, a pesar de esfuerzos como la escuela de cuadros del PSUV o experiencias como la Fundación Escuela Venezolana de Planificación a nivel del Estado cuando Haiman El Troudi fue ministro, ha generado desaciertos producto del clientelismo partidista.
2.La militancia, la aparente incondicionalidad o la lealtad sin crítica aún significa una condición vinculante al desempeño de puestos de Gobierno o del Estado, pesando muy poco de manera frecuenta la preparación para el mismo.
3.El amiguismo es generalmente la condición para la “dirigencia” teniéndose en la cultura política venezolana muy poco en cuenta el mérito para tal fin.
4.La selección de los jóvenes a cargos en función pública generalmente es desacertada ya que no hay una preocupación por la formación, desarrollo de experiencia y generación de madurez para tales funciones.
 
Sobre el Estado y el Gobierno
 
En las conclusiones del informe analizado se afirma que la revolución cubana, más consolidada hoy a pesar de las constantes amenazas y agresiones, permite concluir que es recomendable limitar a un máximo de dos períodos consecutivos de cinco años el desempeño de los cargos políticos estatales fundamentales.
 
Por otra parte afirma que los viejos hábitos como la superficialidad y el formalismo del trabajo político ideológico, la utilización de métodos y términos anticuados en la formación, las reuniones excesivamente extensas dentro de las jornadas de trabajo con agendas inflexibles, las frecuentes convocatorias a actividades conmemorativas formales con discursos formales y el trabajo voluntario en los días de descanso sin contenido real genera gastos, disgustos y apatías innecesarias.
 
En Venezuela actualmente, los ataques permanentes de intereses trasnacionales y las amenazas y agresiones internas de manera constantes por destruir el proceso revolucionario y socialista ha planteado como necesidad la permanencia  del líder del proceso el tiempo que sea determinado por el pueblo soberano ante los procesos electorales que se desarrollan regularmente en el país, con la posibilidad de ser reelegido sin restricción como consecuencia de una enmienda constitucional ganada en referéndum popular, sin embargo existe descontento ante los cuadros medios y sus pretensiones de reelección o de designación en cargos de alto nivel en enroques que poco evalúan su eficiencia en cargos anteriores, basándose sólo en la lealtad incondicional al líder.
 
Por otra parte, existen viejos hábitos en el desarrollo de superficialidades y formalismos en el trabajo político ideológico, se utilizan muchas veces métodos y términos anticuados en la formación, heredados de cuadros de otras organizaciones políticas antecesoras al PSUV y se abusa permanentemente de convocatorias a actividades conmemorativas formales con discursos caducos, además de organizar trabajos voluntarios inocuos en los días de descanso, generando disgusto y apatía en la población.
 
Ideas Centrales
 
Por otra parte, podemos encontrar tres ideas centrales en el informe del VI Congreso del Partido Comunista Cubano que creo importante resaltar:
 
1.“Cada cierto tiempo, en la medida que se modifique el escenario, el país debe confeccionarse un traje a su medida”.
2.Lo único que puede hacer fracasar la revolución cubana y el socialismo es la incapacidad para superar los errores cometidos y para ello hay que reconocerlos concientemente.
3.La premisa es “Cambiar todo lo que debe ser cambiado”.
 
Y estoy seguro que estarán de acuerdo conmigo que son totalmente aplicables en nuestro país.
 
¿Cubanización, venezolanización o ninguna de ellas?
 
Cuba vive profundos cambios, influenciada entre otras cosas por la cercanía e integración con el pueblo venezolano, y Venezuela ha intentado emular cosas positivas del socialismo cubano, sin pretender copiar ningún modelo. Nos parecemos pero somos profundamente distintos a la vez, aunque creo que puede existir un punto medio de coincidencia de las cosas buenas entre los dos caminos que actualmente recorren estas naciones hermanas. Ojalá los resultados de la discusión de las 5 Líneas Estratégicas que desarrolla en la actualidad el PSUV no sólo sirva para hacer un buen diagnóstico, sino proponer y ejecutar verdaderos acuerdos consensuados y no macollados, como lo hizo el PCC, que logren superar los dilemas que toda revolución inédita debe vivir para lograr su objetivo final, la transformación de la cultura política, económica y social hacia un mejor vivir.

Nicmer N. Evans
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@NicmerEvans
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Tomado de: Espacio crítico para la construcción socialista #28
 
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