El coronavirus baja a la ciencia de su pedestal, ¿habrá una crisis de confianza?

La búsqueda de soluciones contra la COVID-19 nos está mostrando la ciencia en directo. Sin embargo, en ocasiones se desprecia la evidencia como base para tomar decisiones políticas o, en el otro extremo, se le exige al conocimiento científico un poder de predicción absoluto que no tiene. ¿Esta crisis pasará factura a su imagen social?

  

Vacunas que prometen plazos imposibles. Tratamientos sin eficacia ni seguridad demostradas. Estudios flojos. Modelos epidemiológicos amateurs. Expertos que se contradicen. Investigadores atrapados en un combate político. Bulos. Mascarillas sí, mascarillas no. La pandemia de COVID-19 está lejos de terminar pero, cuando lo haga, ¿cómo habrá cambiado nuestra percepción de la ciencia?

La percepción social de la ciencia en España ha sido positiva hasta ahora, según recoge la última encuesta realizada por FECYT en 2018. El punto de partida también es bueno en otros países de Europa y Norteamérica. La pregunta es cómo afectará la crisis del coronavirus a esta visión.

"Hay un sector ambivalente en crecimiento", explica a SINC el sociólogo de la Universidad Autónoma de Madrid Josep Lobera. Incluye en este grupo a quienes, sin ser contrarios a la ciencia, "ven tanto problemas como beneficios" en ella. Una visión que depende mucho de la ideología, las condiciones sociodemográficas y educativas.

Existen pocos datos en España que permitan evaluar la situación actual. Una encuesta realizada a finales de abril por el CSIC mostraba que los sanitarios eran el colectivo mejor valorado por los ciudadanos (4,41 puntos sobre 5), seguidos de los expertos y científicos (4,15 puntos).

El investigador de la Universidad de Trento (Italia) Massimiano Bucchi ha estudiado esta cuestión en su país. Los resultados de sus encuestas muestran tres clústeres de ciudadanos: optimistas, desorientados y pesimistas. Estos últimos, que representan el 22 %, tienen una visión negativa de la gestión de la crisis del coronavirus y de la comunicación al respecto, por lo que se informan a través de amigos, familiares y redes sociales.

Además, casi la mitad de los ciudadanos italianos está de acuerdo con que "las opiniones de los expertos científicos han sido disparatadas y causado confusión". Es por eso que Bucchi considera que la comunicación de la crisis no ha estado a la altura, pero es cauto a la hora de valorar cómo afectará esto a la percepción social de la ciencia en un futuro.

Lobera retrocede a crisis tecnocientíficas anteriores para arrojar algo de luz: las vacas locas, Fukushima y Chernóbil "aumentaron ese espacio de ambivalencia y percepción de riesgos". Aclara que la situación no es del todo comparable, ya que la crisis actual "no está generada por una tecnología mal usada que genera un problema nuevo". El tiempo dirá si las falsas teorías sobre la intervención humana en el origen de la pandemia penetran en la población, sobre todo en países donde son apoyadas por el Gobierno, como EEUU.

Aun así, Lobera opina que la pandemia de SARS-CoV-2 "muy probablemente" no afectará en su conjunto a la ciencia: "Seguirá teniendo una imagen positiva que aumentará en su conjunto porque se disparará en sectores como el médico". En las áreas biosanitarias, tradicionalmente las mejor consideradas, crecerá la conciencia de que "hace falta invertir más".

El último barómetro publicado por la asociación alemana Wissenschaft im Dialog le da la razón. "El nivel general de confianza en la ciencia se ha incrementado significativamente en el contexto de la pandemia de coronavirus", asegura el resumen de la encuesta.

El investigador del Hospital Gregorio Marañón de Madrid e ideólogo de la iniciativa ciudadana Ciencia en el Parlamento Andreu Climent es más pesimista y teme un efecto rebote. "Si todo el mundo mira a la ciencia y esta tarda meses o años en tener una hoja de ruta, es fácil que, cuando esté todo solucionado, se le eche la culpa por ser lenta".

Para Climent es importante diferenciar entre la percepción que creemos tener y la que de verdad tenemos. "Es como lo de ser racista, que nadie lo es". Teme que pueda pasar algo parecido: "Hacer social la ciencia es bajarla de su pedestal. Cuando está arriba es bonita y brillante, pero no sirve de nada. Conforme baja se vuelve útil, pero empieza a tener sombras". Aun así considera que es positivo para que la gente aprenda a valorarla tal y como es.

 

Promesas en medio de la incertidumbre

 

Lobera opina que el mayor impacto que sufrirá la ciencia será en su imagen de infalibilidad. "La ciencia es incertidumbre", pero en las últimas décadas ha habido "una comunicación muy basada en una certeza y un poder predictor casi absolutos". Asegura que eso "está pasando factura".

"Los científicos sabemos que hay ámbitos de la ciencia muy provisionales", continúa, "pero cuando esto afecta a los ciudadanos tiene repercusiones negativas. No lo aceptan. Les supone una frustración respecto a la idea que tenían de reveladora de verdades permanente capaz de resolver todos los problemas".

Bucchi comparte este temor: "Es un problema cuando la ciencia promete algo a corto plazo a la sociedad, sobre todo en medicina". Considera que "hay que ser cuidadoso porque a veces no es posible decir con precisión qué pasará ni cumplir unas expectativas tan altas".

Por todo esto Lobera es "muy crítico" con lo que considera "una comunicación idealizada de la ciencia, que vende mucho y es muy efectiva porque a la gente le entusiasma". El investigador cree que "en una sociedad secularizada, la ciencia ha ocupado un espacio casi religioso, pero debemos devolverla a su espacio real. Es la mejor herramienta que tenemos, pero no es mágica y eso va a decepcionar". Teme incluso que algunos se "enfaden" al descubrir que ni era "perfecta" ni los expertos eran "magos".

 

La ciencia, más politizada que nunca

 

Este ‘enfado’ se ha palpado con algunos de los investigadores implicados en la crisis. "Para muchos soy el malo que está dañando la economía", decía en una entrevista el virólogo que lidera la respuesta alemana contra la COVID-19, Christian Drosten, quien aseguraba haber recibido amenazas de muerte por ello. En EEUU los epidemiólogos que modelizan la pandemia han sido acusados de ser un fraude por parte de algunos defensores de Trump, que los consideran parte de un complot para dañar la reelección del presidente.

Bucchi advierte del peligro de que un mensaje científico sea rechazado "no por su contenido, sino porque lo dé un político que no nos gusta". Asegura que se ha visto en Italia, donde parte de la comunicación no era llevada a cabo por los técnicos.

"Hay quien canaliza la rabia y la frustración buscando culpables", dice Lobera. Sin embargo, no cree que esto afecte a la percepción general de la ciencia ni de los expertos como colectivo, sino de forma específica sobre "aquellos que sentimos que han fallado a la hora de protegernos".

Esto no quita, según el investigador, que en el "combate" político se puedan usar cañonazos contra peones de la ciencia. "Es esperable que quienes más ansiedad experimenten sean los que confíen menos en los expertos a cargo. En una crisis no es lo mismo estar gobernado por un partido que votaste que por uno en el que desconfías".

Estos cañonazos se han observado en países como Reino Unido. "Quienes están políticamente en contra del confinamiento buscan hundir a los científicos que consideran responsables de crearlo", aseguraba en una entrevista el exconsejero David King. "No miran a la ciencia [...]. Lo que hacen es encontrar un escándalo para atacar a la persona". Sus palabras hacían referencia a Neil Ferguson, una de las caras más visibles de la respuesta británica, que tuvo que dimitir del comité de asesoría británico tras la publicación de que su amante se había saltado el confinamiento para ir a verlo.

 

¿La muerte del ‘experto’?

 

"Soy un estadístico médico. He estudiado estas cosas […] durante décadas. Por eso no me verás hacer ningún pronóstico sobre el coronavirus", escribía en Twitter a comienzos de abril el matemático Robert Grant. "Creo que los Centros para el Control de Enfermedades (CDC) tienen la experiencia que necesitan. También hay mucho postureo que supone el riesgo de distraer o confundir a la gente. Diría que es el momento del perfeccionismo".

Algo similar sostenía la investigadora de la Universidad Emory (EEUU) Cecile Janssens //medium.com/@cecilejanssens/experts-with-opinions-and-experts-with-facts-abb79ddd65cf">en un texto sincero: "Soy epidemióloga pero apenas se nada sobre epidemias". Insistía en que "la experiencia es subjetiva y tiene límites". En el otro lado del ring economistas, físicos, emprendedores tecnológicos y cualquiera con nociones básicas de estadística han intentado prever el futuro de la pandemia desde su comienzo.

En este sentido, un artículo del filósofo de la Universidad de Estocolmo (Suecia) Erik Angner defendía la necesidad de la "humildad epistémica" durante la pandemia. "Ser un verdadero experto incluye no solo saber cosas, sino conocer los límites de tu conocimiento. Si no tienes la capacidad de hacer modelos epidemiológicos avanzados deberías asumir que no puedes diferenciar uno bueno de uno malo".​

"Lo que dice un experto encaja en dos categorías: temas de los que saben y temas de los que no", escribía Janssens. Bucchi no cree que el público sea consciente de estas limitaciones. "Los premios Nobel cambiaron la visión de la ciencia en el siglo XX y crearon la figura de la ‘estrella’ científica. Una vez te conviertes en una, la gente te pregunta sobre todo, incluso fuera de tu área de experiencia".

El sociólogo italiano considera que es un fenómeno que se está viendo durante la pandemia. "Hay quien habla de virología sin ser virólogo y esto puede generar confusión y la percepción de que la ciencia da palos de ciego porque cada investigador dice una cosa. No es momento de hipótesis, sino de enviar mensajes cortos y claros".

Aun así, Bucchi se alegra de que los medios estén más interesados en entrevistar a virólogos y epidemiólogos. "Esto podría cambiar la percepción pública de los expertos, pero no sé cómo, porque diferentes expertos dicen cosas diferentes y eso también puede confundir a la gente".

 

El papel de los medios y la comunicación

 

Al filósofo e historiador de la ciencia en la Universidad Autónoma de Madrid Javier Ordóñez le preocupa la credibilidad de los mensajes en esta crisis: "Los científicos saldrán reforzados porque si hay una solución vendrá de un tratamiento o vacuna, pero me da miedo que se corrompa la fiabilidad de los canales de distribución de la información científica", explica. "El número de bulos que corren es enorme y la comunicación de la ciencia puede salir muy perjudicada si no somos capaces de dar informaciones veraces, tranquilas y sosegadas".

La catedrática de Periodismo de la Universidad de Valencia Carolina Moreno, líder del grupo de investigación ScienceFlows, asegura que, aunque algunos medios pueden ser alarmistas, "la información basura, la infodemia tóxica, es la que no emana de los medios sino que va por redes sociales y WhatsApp".

Ordoñez lamenta que "los charlatanes se hayan multiplicado y den un púlpito a gente con aspecto respetable que dice cosas indescriptibles y hace pronósticos atrevidos". "El público favorece al charlatán porque le da lo que quiere escuchar, soluciones innovadoras de la noche a la mañana o críticas triviales de las decisiones tomadas".

 

¿Qué pasará con la siguiente amenaza?

 

Lo cierto es que, a pesar del prestigio de los científicos, sus alertas sobre el riesgo de los coronavirus animales no se han escuchado lo suficiente. Un estudio publicado en 2007 ya alertaba de la "bomba de relojería" que suponían estos virus para el ser humano. La OMS recomendó priorizar su investigación desde 2015 y en octubre de 2019 avisó de que el mundo no estaba preparado para la próxima gran pandemia que se avecinaba.

Cuando esta crisis finalice, ¿haremos caso a los investigadores que nos advierten de amenazas como el cambio climático o los tildaremos de nuevo de alarmistas?

"Lo esperable es que los avisos científicos se tomen más en serio, sobre todo en los próximos dos o tres años, porque esto nos va a marcar", considera Lobera. "No es una crisis leve y va a afectar a la opinión que tenemos de muchas cosas, y una es la ciencia. Los avisos se van a escuchar de otra manera. El del cambio climático, también". Bucchi también es optimista: "Espero que se aprenda la lección".


Mascarillas: cómo tomar decisiones informadas en la ciencia

El uso —o no— de mascarillas por parte de la población general ha causado un debate acalorado. Se ha criticado a investigadores, políticos y organizaciones por cambiar de opinión conforme lo hacían los datos y las evidencias.

Hay estudios que afirman que estas protegen de aerosoles en condiciones de laboratorio controladas y con maniquíes. Pero "la pregunta sobre si las mascarillas funcionan es sobre si lo hacen en el mundo real, usadas por gente real en situaciones reales", reflexionaba la bioestadística de la Universidad de Birmingham Karla Hemming en BMJ.

Hemming concluía que la evidencia obtenida de ensayos en los que la gente lleva mascarillas en el día a día "sugiere que usarlas genera un comportamiento de compensación de riesgo". Algo similar aseguraban dos expertas en protección respiratoria de la Universidad de Illinois en Chicago, quienes no recomendaban su uso por la falsa sensación de seguridad que imbuyen.

La evidencia científica con pruebas controladas aleatorizadas es muy limitada y los resultados "no son concluyentes", aclara la investigadora de la Universidad de Oxford y coautora de un comentario publicado en The Lancet sobre el uso "racional" de estos equipos de protección, Shuo Feng.

La investigadora atribuye al desabastecimiento inicial que la mayoría de países y organizaciones no recomendaran su uso durante las primeras fases. "La evidencia científica se actualiza constantemente y las conclusiones de hoy pueden no ser las de mañana", comenta. "Creo que las políticas deberían actualizarse a la par con la evidencia, y para eso hace falta una buena comunicación pública".

Sin embargo, las decisiones políticas no siempre pueden esperar a las evidencias.

Este ejemplo muestra que tomar decisiones en contextos de incertidumbre, con evidencias incompletas y cambiantes, es difícil, y que las instituciones deben transmitir y explicar esta complejidad.

"Los expertos en sanidad tienen peso dentro de las decisiones políticas, pero quienes deben tomarlas son los políticos. La ciencia puede ayudar dando datos y poniendo opciones sobre la mesa", dice Climent. "A la ciencia no le puedes pedir que haga futurología", asegura el investigador.

madrid

15/05/2020 10:16

Movimientos en la pandemia: desobedecer en tiempos de cuarentena

La red de cooperativas de Barquisimeto (Venezuela), los proyectos de apoyo mutuo en las favelas de Río Janeiro (Brasil) y las experiencias frente a la virus en las comunidades del norte del Cauca (Colombia) son los escenarios de esta nueva entrega de “Movimientos ante pandemia”, una serie realizada por el periodista y analista uruguayo Raúl Zibechi. 

 

“Estamos más y mejor organizados que antes”, asegura Teresa Correa, evaluando la experiencia de la red Cecosesola (Central Cooperativa de Servicios Sociales de Lara) durante estos meses de pandemia y cuarentena. “Nuestro propósito fundamental es el proceso educativo”, agrega Lizeth, “para irnos transformando desde la reflexión colectiva”.

Cecosesola, establecida en Barquisimeto, sur de Venezuela, es una red de 50 cooperativas urbanas y rurales, una funeraria y un centro de salud. Abarcan las áreas agrícola, de pequeña producción industrial, ahorro y crédito. Cuentan con 17 puntos de venta entre ellos tres grandes mercados con 300 cajas y una red rural integrada por 280 pequeños productores.

Son más de 20.000 asociados y 1.300 trabajadores que reciben el mismo ingreso y funcionan en unas 300 asambleas anuales, sin dirigentes ni estructura directiva. La red de producción y distribución de alimentos y artículos de limpieza moviliza más de 10.000 toneladas mensuales, con precios 30% inferiores a los ofertados en el mercado. En ellos se aprovisiona el 40% de la población de una ciudad de 1,2 millones de habitantes.

“En situaciones difíciles nos reinventamos”, dice Gustavo Salas, uno de los fundadores del movimiento, “porque en plena pandemia es más difícil reunirnos”. Destaca que se han saltado la cuarentena en varias ocasiones, “pero el Gobierno nos ha respetado porque hicimos lo que debía hacerse”.

Jorge Rath asegura que se han venido preparando mucho tiempo para situaciones como esta, a través del diálogo y ahora del cuidado mutuo. “Sobre todo cuidamos el ámbito comunitario, que consiste en no separarnos aunque haya que mantener distancia física”. En opinión de los miembros de Cecosesola, comunidad y separación son tan opuestos como dirigentes y dirigidos.

“A los profesionales de la salud se nos está presentando la oportunidad de cambio, desde la jerarquía y lo convencional, porque en este momento se demandan soluciones creativas”, es la reflexión del doctor Carlos Jiménez, que forma parte del Centro Integral Cooperativo de Salud. La red de salud popular atiende a más de 220.000 personas al año. Son cinco consultorios, cuatro laboratorios y un centro cooperativo que integra la medicina convencional y la tradicional.

El Centro de Salud, un edificio de tres plantas diseñado por las cooperativas en debate con los arquitectos, tampoco tiene gerentes ni dirigentes y la gestión depende de la asamblea semanal donde participan todos los trabajadores, desde enfermeras y cocineras hasta médicos y el personas de mantenimiento.

 “Una cosa que aprendimos es cómo manejarnos con el poder”, reflexiona Gustavo. “Cuando una ley o un decreto no van con nuestras necesidades, desobedecemos pero sin ir al enfrentamiento. Nos violamos las leyes, como ahora que nos seguimos reuniendo a pesar de que no se puede, y buscamos la forma de seguir adelante para mantenernos unidos. No pedimos permiso”.

Lograron imponer sus criterios pasando por encima del toque de queda, “porque una feria que atiende por día 7.000 personas no puede adaptarse a horarios restringidos”, explica Gustavo. “Después de varias semanas la gobernadora nos felicitó y nos dio salvoconductos las 24 horas, porque hay que empezar a recoger a la gente a las cuatro de la madrugada”.

De ese modo, la red consigue el respecto de la comunidad y del gobierno. “Y transformamos el sistema, porque no actuamos según su lógica”, remata Gustavo.

Teresa explica algunos de los cambios notables que se están produciendo durante la pandemia: “No hay combustible. Eso nos llevó a reorganizar todo. Los médicos iban en sus coches al trabajo, pero ahora dependen de los camiones que hacen una ruta recogiendo a todos los trabajadores. Y ahí está lo bonito. El cardiólogo se tiene que subir al camión con todos los demás compañeros, en una forma de integración colectiva que antes no se daba”.

Médicos en el camión junto a vendedoras o limpiadoras, una dinámica que suena a revolución cultural, sin la cual no hay cambios profundos ni duraderos. “Las respuestas a la situación actual refuerza, algo del nosotros que es la coherencia, que nace en la conversación permanente que nos transforma en un cerebro colectivo”, remata Jorge.

 

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En esta situación tan difícil, me parece necesario poner el foco en las luces que brillan entre los sectores populares. Tengo claro que el sistema se está reforzando, que oscuros nubarrones nos amenazan —desde el crecimiento de la desigualdad y el poder del 1%, hasta la represión y el control digital—, pero nada ganamos si nos apegamos solo a los que nos oprime. Mi punto de partida es el Ya Basta! colectivo y comunitario, como nos enseñan los pueblos originarios de Chiapas.

Las favelas de Rio de Janeiro cargan con el estigma de la violencia y el narcotráfico, porque es el modo que los poderosos —desde los medios hasta las academias— encontraron para camuflar la pobreza que genera este sistema. Sin embargo, allí crece la resistencia y la organización, superando enormes dificultades.

Inessa es militante del Movimiento de las Comunidades Populares que completó 50 años y está presente en diez estados de Brasil. Vive en la comunidad Chico Mendes, en el morro de Chapadao, en la zona norte de Rio de Janeiro. “Estamos aquí desde 1994. Comenzamos con deporte comunitario y crecimos con una escuela jardín, para niños y niñas de la comunidad. Con la pandemia la cerramos desde el 21 de marzo”.

También trabajan con adultos, gestionando empleo e ingresos de forma autónoma, con una tienda y una barraca de materiales de construcción, que gestionan colectivamente. Reciclan aceite con el que fabrican productos de limpieza y tienen un grupo de compras colectivas con casi 20 familias. Quizá el área más potente sea el Grupo de Inversiones Comunitarias (GIC), un banco popular donde cientos de vecinos aportan dinero todos los meses y pueden pedir préstamos sin acudir al banco ni al mercado financiero. Con los intereses, ayudan a las familias que necesitan, aportan a funciones sociales como la salud y una parte va al Movimiento.

Durante el cierre provocado por la pandemia, vendedores y empleadas domésticas de la comunidad quedaron sin ingresos, además de diez personas que trabajan en la guardería del movimiento y en el transporte infantil. En base a una red previa de amigos y profesores “que apoyan este proyecto y respetan nuestra autonomía”, realizaron colectas para comprar cestas de comida para la comunidad y mantener al personal de la guardería. Cincuenta personas reciben cestas de comida gracias al trabajo de trece militantes.

Gizele es comunicadora e integra el Frente de Movilización de la Maré, creado hace apena seis semanas por un grupo de comunicadores comunitarios que venían actuando en la favela desde hace 15 o 20 años. “Nace cuando el aislamiento social se hace obligatorio en toda la ciudad y nuestra preocupación era la forma como los gobiernos se dirigen a la favela. Pensamos en un plan de comunicación para poder trabajar en base a las necesidades y en el lenguaje de la favela”.

La Maré es un complejo de dieciséis favelas con 140.000 habitantes, pegada a la bahía de Guanabara y muy cerca del aeropuerto internacional. Tiene los peores índices de letalidad por coronavirus. Mientras en barrios de la burguesía como Leblon la tasa de letalidad es de apenas el 2,4% de los infectados, en la Maré trepa hasta el 30,8%, según datos de O Globo.

Alquilaron un carro de sonido explicando las medidas elementales como lavarse las manos, no formar aglomeraciones, limpiar la casa —aunque casi no hay agua— y localizar los hospitales más cercanos. “Estamos haciendo 30 pancartas por semana que colgamos en las comunidades, haciendo hincapié en la solidaridad porque el abastecimiento de agua es precario y debemos compartirla en base a la ayuda mutua, porque del gobierno no llegada nada”, dice Gizele.

Además confeccionaron 5.000 carteles, todos a mano, que colocaron en comercios, iglesias y asociaciones de vecinos con recomendaciones sobre higiene. “Empezamos con cuatro comunicadores y hoy tenemos diez colectivos integrando el Frente de Movilización de la Maré y 50 vecinos. La gente se va sumando a la movilización y a la búsqueda de alimentos y de materiales de limpieza. Es todo un desafío lidiar con una nueva realidad, la falta de agua, de dinero, la internet que no funciona bien”.

Crear organización en una favela es casi imposible, porque los activistas están atenazados entre las tremendas carencias y la suma de policía militar, milicias paramilitares,

“Esta semana empecé a pensar que si la gente está luchando con la pandemia dentro de la favela, con apoyo mutuo y solidaridad, después de la pandemia podemos hacer la revolución”, se entusiasma Gizele, que nunca había vivido tanto entusiasmo y organización entre sus vecinos. “Operaciones policiales, militarización, tanques de guerra, hambre, falta de agua, y ahora lo estamos viviendo todo junto y nos organizamos porque nadie conoce mejor de nuestras necesidades”.

Timo nació en Alemania, se graduó como geógrafo y desde hace diez años vive en la Maré, en el morro de Timbau. Con un pequeño grupo de amigos gestionan un espacio que elabora cerveza artesanal y ofrece cine para niños. “Los trabajos previos son los que ahora consiguieron reaccionar ante la situación. Aquí en Timbau hay una antigua fábrica de cemento convertida en viviendas y ahí trabajamos con los niños, en una campaña de movilización para identificar las familias con más necesidades”.

Hay 4.000 familias censadas que necesitan ayuda en alimentos, solo en esa favela. Consiguieron donaciones para 2.000 canastas que elaboraron y entregaron un grupo integrado sobre todo por mujeres. “Son los pequeños grupos que ya venían funcionando lo que permite conseguir ayuda y contactar a los que necesitan en base a un censo de solidaridad de los pobladores de la favela. Aquí el trabajo no puede ser individual, las respuestas que demos deben ser colectivas”.

 

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Hay mucha más información para compartir. Por ejemplo, la tenaz resistencia de las comunidades del norte del Cauca, en el “Proceso de Liberación de la Madre Tierra”. Las comunidades de la zona y la Guardia Indígena detuvieron a 31 soldados y policías y decomisaron tres fusiles por “atentar contra la liberación de la Madre Tierra” al atacar la finca la emperatriz, recuperada por el pueblo nasa.

 

Por Raúl Zibechi

14 may 2020 06:00

La asamblea de las comunidades decidió entregarlos a una comisión integrada por la Defensoría del Pueblo y el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC). El Estado se comprometió a no volver a reprimir y a crear una comisión para resolver los conflictos entre comunidades y fuerza armada.

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Las vidas son negras, el dinero es blanco

Por qué ciertos estados de EE.UU. se apuran tanto en levantar la cuarentena

Los más apurados son los que muestran mayor divergencias entre su porcentaje de habitantes afroamericanos y las muertes por raza.

 

Varios estados en esa unión de cincuenta que son los Estados Unidos están reabriendo en todo o en parte su economía. De los cuatro costados les avisan que levantar las cuarentenas implica un costo en vidas, que están haciendo casi un cálculo de cuánto cuestan los muertos, a ver si vale la pena en dinero. Pero esas advertencias no tienen en cuenta un lado importante de la ecuación. No es “la vida o el dinero”, si no “la vida de quién o el dinero de quién”. En los estados más apurados en reabrir, quedó en claro que el dinero es de la mayoría blanca y las vidas de la minoría negra.

Los gobernadores de esos estados “aperturistas” argumentan que reciben presiones de pequeños comerciantes y de trabajadores desempleados. Pero según la encuestadora Civis Analytica, el setenta por ciento de los que opinan que es hora de abrir la economía son blancos que no perdieron su puesto de trabajo por la cuarentena. Es decir, que apenas un tercio se dice dispuesto a correr el riesgo del coronavirus por desesperación, por pobreza. La amplia mayoría está cómoda y a salvo.

La explicación está en la diferencia en la tasa de mortalidad de la covid-19 por raza, que en algunos estados llega a ser brutal. De los quince estados con minorías negras importantes, nueve muestran las mayores disparidades. De esos nueve, siete son gobernados por republicanos más o menos alineados con el presidente Donald Trump. Para dar una idea de la diferencia, en Kansas el seis por ciento de habitantes afroamericanos puso el 33 por ciento de los muertos hasta ahora. En Michigan, donde los milicianos de ultraderecha tomaron la legislatura armados con fusiles automáticos para reclamar la reapertura, el 14 por ciento de población negra puso el 44 por ciento de los muertos.

Pero el estado más aberrante es el de Georgia, gobernado por un republicano duro, Brian Kemp. Georgia es “el sur profundo”, una expresión que implica la vieja tradición confederada, una economía original de plantaciones con esclavos, racismo, Ku Klux Klan y una verdadera manía por andar armado. El 32 por ciento de los habitantes de este estado es negra, y no sólo puso la mitad de los muertos de covid-19 hasta ahora, sino que un asombroso 83 por ciento de todos los pacientes que fueron a parar a un hospital resultaron ser afroamericanos.

El gobernador Kemp autorizó a reabrir hasta las peluquerías.

En Alabama, otro símbolo del apartheid norteamericano, el 27 por ciento de los habitantes es negro y puso el 46 por ciento de los muertos. En ese estado, una buena cantidad de comisarios de pueblo -sheriffs, les dicen- simplemente se negaron a hacer cumplir la cuarentena. El gobernador acaba de abrir las playas.

En el discurso demócrata, camino a las elecciones, ya se instaló la idea de que la pandemia del coronavirus dejó al descubierto las disparidades raciales y sociales del país. El Centro de Control de Enfermedades, el ya famoso CDC, coincide. En un estudio a nivel nacional, encontró que el 18 por ciento de los norteamericanos de raza negra ya puso la tercera parte de los muertos de esta emergencia. Exactamente el 33 por ciento.

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Pasajeros de un autobús en la zona norte de la ciudad de Río de Janeiro, el segundo estado de Brasil (después de San Paulo) más azotado por el coronavirus, tras haber contabilizado más de 17.000 casos y 1714 muertos hasta el domingo pasado.   ________________________________________ Imagen: Antonio Lacerda/EFE

La región puede ser el próximo epicentro de la pandemia de coronavirus

 

La organización Médicos Sin Fronteras (MSF) advirtió que Latinoamérica puede ser el próximo epicentro de la pandemia debido al rápido aumento de casos que se registran en Brasil, Perú, Ecuador, Chile y México. Al mismo tiempo, aunque destacó las medidas tomadas en la Argentina, que permiten mantener bajo control la expansión del virus, alertó sobre las deficiencias en los sistema de salud y la capacidad para realizar testeos masivos. 

Además, la organización resaltó que la peor situación la atraviesan las "comunidades vulnerables tales como migrantes, indígenas o personas que ya antes vivían en la calle y no pueden cumplir las normas de confinamiento". 

La advertencia fue lanzada por Ana de Lemos, directora ejecutiva de MSF en Brasil, y sus pares de México, Loïc Jaeger, y de Latinoamerica, Marc Bosch. El país gobernado por el ultraderechista Jair Bolsonaro es el que más preocupa a los especialistas por la rápida velocidad de contagio, con más de 172.000 casos positivos y 12.000 muertes.   

Las declaraciones de responsables de la organización sanitaria se producen el mismo día en que América superó por primera vez a Europa en casos de coronavirus, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), aunque 1,3 de los 1,7 millones de los casos del continente se concentran en Estados Unidos.

De todas maneras, los tres responsables de la organización sanitaria coincidieron en que, con certeza, las cifras oficiales de la mayoría de los países de la región sólo reflejan una parte de los realmente afectados por coronavirus, debido "a la limitada capacidad de muchos de ellos para hacer tests", apuntó Jaeger.

En Latinoamérica no sólo preocupan las consecuencias sanitarias de la pandemia sino también otras de índole humanitario, subrayó Bosch, quien citó como ejemplo la proliferación de protestas en Colombia de quienes, por el confinamiento, se han quedado sin medios de sustento. Algo que se replica en todo el subcontinente donde las tasas de trabajo informal son altísimas. 

Lemos destacó, además, que Perú, Ecuador, Chile y México son otros países con preocupantes cifras de contagios y evaluó que, aunque la pandemia mostró que ningún país dentro o fuera de la región estaba preparado para responder a esta emergencia sanitaria, gobiernos como el de Argentina lograron controlarla. 

Jaeger resaltó que la mayor preocupación de la organización en la región es la situación de comunidades más vulnerables. "Tenemos la impresión de que muchos países no están atendiendo a estas poblaciones, o peor, que están continuando con las deportaciones. Por ejemplo, en países como El Salvador o Guatemala, muchos de los pacientes contagiados son migrantes deportados desde Estados Unidos", denunció Jaeger.

Por su parte, Bosch aclaró que las deportaciones forzosas no solo las realiza el gobierno de Donald Trump sino que también las está replicando el gobierno mexicano de Andrés Manuel López Obrador, que meses atrás cerró un acuerdo con Estados Unidos para funcionar como barrera de contención a la inmigración ilegal. "Ponen a más gente en peligro y no ayudan a la mitigación de la pandemia", apuntó Bosch.  

Bosch señaló que la pandemia incrementó otro conflicto migratorio, el que protagonizan los venezolanos en la frontera colombiana. "Muchos venezolanos tratan de cruzar la frontera para regresar a su país, al perder sus trabajos en Colombia y otras naciones de la región, algo que puede convertirse en una crisis muy profunda", indicó Bosch.

En el caso de El Salvador se suma la actividad de las maras, las organizaciones criminales más poderosas del país, que incrementaron sus prácticas de extorsión "en un momento en que muchas de las víctimas no pueden escapar", advirtió.  

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El presidente francés Emmanuel Macron califica la pandemia de Covid-19 de profundo choque antropológico.Foto Ap

Se vislumbra el “Día Después”del C-19 en geoestrategia y geoeconomía, donde se asientan el orden tripolar de EU/China/Rusia –con sus esferas de influencia/regionalismos– y la desglobalización.

En el ámbito político puro, que no puede pervivir sin geoestrategia ni geoeconomía, la extinción de la aciaga globalización encamina al planeta hacia nacionalismos/subnacionalismos, cuando la dicotomía de “izquierda/derecha” ha quedado superada por la nueva bifurcación de nacionalistas, en ascenso, y globalistas, en desuso, en espera de la nueva escisión de la Inteligencia Artificial entre EU y China (https://bit.ly/2WL6F4C).

A raíz de la crisis de la globalización financierista de 2008, comenté que “George Soros, prototipo del mega-especulador financiero y presunto hombre de paja de los esclavistas banqueros Rothschild, acudió insólitamente a consultar al ilustre historiador marxista Eric Hobsbawm sobre el devenir”(https://bit.ly/35QJnhK). El inconmensurable británico-alejandrino Hobsbawm, quien falleció un año después a los 95 años, ilustró a Soros sobre el advenimiento de “una mezcla diferente de lo público y lo privado, de libertad y acción estatal y control”(https://bit.ly/3dEOpkj), amén del “resurgimiento del marxismo”(https://amzn.to/2AbZDhw).

Soros despreció las enseñanzas de Eric Hobsbawm y siguió embriagándose con la globalización que agoniza 12 años más tarde.

En entrevista al Financial Times (16/4/20), portavoz de los globalistas, el presidente galo Macron diagnosticó que la crisis del C-19 constituye “un evento existencial para la humanidad”, lo cual “cambiará la naturaleza de la globalización y la estructura del capitalismo internacional”.

Macron, de 42 años, cumple el popular apotegma de “farol de la calle; oscuridad en la casa” cuando ha manejado pésimamente la legítima revuelta rural de los “chalecos amarillos”, marginados por la globalización, mientras vislumbra lúcidamente el nuevo orden mundial donde descuellan Rusia y China (https://bit.ly/2SUzaf6).

Macron fue empleado de los banqueros esclavistas Rothschild, por lo que su punto de vista adquiere singular trascendencia llegando incluso a, como consecuencia del C-19, “jerarquizar las vidas humanas sobre el crecimiento económico” como una oportunidad para enfrentar los “desastres ambientales y las desigualdades sociales” que “amenazan la estabilidad del orden mundial”.

Califica la pandemia de “profundo choque antropológico” y sentencia que la “globalización en los años recientes estaba alcanzando el fin de su ciclo”cuando “estaba socavando a la democracia”. ¡Sin duda!

Mas allá de su proclividad a las libertades y su aversión a los autoritarismos en Europa, manifestó su preocupación sobre el euro y el devenir de la Unión Europea que se encuentran “amenazados si los miembros más pudientes, como Alemania y Holanda, no muestran más solidaridad con los países golpeados por la pandemia en el sur de Europa” y que debería canalizarse en forma de una “ayuda financiada por una deuda mutualizada (sic)”, lo cual eriza los cabellos políticos de alemanes y holandeses.

Con entonaciones neogaullistas sentencia que “nos encontramos en el momento de la verdad, que es decidir si la Unión Europea es un proyecto político o es solamente un proyecto de mercado”. Para Macrón la UE es un “proyecto político”. Pues no lo parecía…

Aboga poner fin al mundo “hiperfinancierista” y fortalecer la “soberanía (sic) económica” de Francia y Europa, en las baterías de vehículos eléctricos y en el equipamiento médico” del que se han vuelto “sobredependientes de China”.

Aduce que “enfrentamos la profunda necesidad de crear algo nuevo porque eso es lo que nos queda hacer” cuando “hemos detenido a la mitad del planeta para salvar vidas, lo cual no tiene precedentes en nuestra historia”.

Exhorta que el C-19 es “la oportunidad para intentar (sic) humanizar el capitalismo”. ¡Esa si que es una tarea hercúlea ya que el capitalismo en su quinta escencia es misántropo y propende al canibalismo!

Nacionalismo con humanismo universal sería la fórmula ideal de la salvación.

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Martes, 12 Mayo 2020 06:42

El capitalismo del miedo

El capitalismo del miedo

Pandemia y disciplinamiento social

Nelson Cardoso advierte sobre la manera como los medios de comunicación y las redes sociales digitales se convierten, en tiempos de crisis como el que atravesamos, en herramientas de control y persuasión social. 

 

Que el miedo es un gran disciplinador social, no es nuevo, esto ya lo descubrió siglos atrás Hobbes, quien en Leviatán, asegura que el orden social se afirma en ese sentimiento.

Hoy más que nunca en momentos en que una nueva amenaza invisible recorre nuestro país y el mundo entero, somos testigos de cómo los medios de comunicación y las redes sociales, son estratégicas herramientas de utilización del miedo como forma de control y persuasión social.

El miedo es un sentimiento primario de la psiquis de los humanos. Está relacionado con el temor a tres pérdidas: protección, seguridad y certeza. Es una emoción que la moviliza el instinto de supervivencia.

Autores como Castells o Byung Chul Han, afirman que el miedo es una emoción política fundamental. Han dice que el capitalismo de las emociones explota precisamente estas cualidades a través de múltiples estrategias; entre ellas las redes sociales. Hoy más que cosas concretas consumimos emociones, así se abre un nuevo campo de consumo de carácter infinito. El autor norcoreano afirma que la psicopolítica neoliberal se apodera de la emoción para influir en las acciones. Por medio de la emoción llega a lo profundo del individuo. Así, la emoción representa un medio muy eficiente para el control psicopolítico del individuo.

En Argentina sobran ejemplos de cómo, a través de los medios masivos de comunicación tradicionales, se ha utilizado el miedo como mecanismo de persuasión y control social en diferentes etapas históricas: última dictadura militar, la hiperinflación, el riesgo país, los saqueos. En estos últimos años los grupos de poder a través de sus medios de comunicación, utilizaron el miedo a la inseguridad como forma de control social. Tanto es así que durante muchos años la inseguridad era lo que más preocupaba a los argentinos según las principales encuestadoras. La inseguridad representa simbólicamente la amenaza a la pérdida a las cosas materiales o a lo más preciado como es la vida propia o de un ser querido.

Hoy el enemigo a temer es invisible. Naomi Klein, en La doctrina del shock, a propósito del auge del capitalismo del desastre, demuestra cómo el capitalismo contemporáneo se sostiene sobre el miedo y el desorden como catalizadores de un nuevo salto hacia adelante. Según la autora “la doctrina del shock necesita algún tipo de trauma colectivo adicional, que suspenda temporalmente o permanentemente las reglas del juego democrático. Así funciona la doctrina del shock: el desastre original –llámese golpe, ataque terrorista, colapso del mercado, guerra, tsunami o huracán- lleva a la población de un país a un estado de shock colectivo”.

Mientras una nueva amenaza invisible recorre el mundo dejando cada vez más muertos e infectados como un nuevo “desastre original”; está llevando al mundo y particularmente a nuestro país, a un shock colectivo, provocando: incertidumbre, tristeza, miedo, depresión.

Ayer fue la guerra, la inseguridad, los saqueos, hoy es una pandemia. Lo cierto es que los grupos de poder, que trascienden los gobiernos, se aprovechan de los momentos de crisis. Viven de las crisis; como los animales de rapiña, esperan para alimentarse de la carroña.

Una de sus principales consecuencias del mecanismo psicológico del temor es eliminar el espíritu crítico y aferrarse a lo que le dé a uno seguridad y protección. Por lo que habrá que estar muy atentos y leer entrelineas. Como dice Saúl Feldman “quienes planifican y ejecutan ese trabajo al que es sometida el alma, tienen por objetivo domesticar ese mar de emociones, para allanarla en pos de sus propios intereses”. No sea que usen este escenario de trauma o shock colectivo para sembrar el temor que dé lugar a medidas que, como dice Klein, suspenda el sentido común y la garantía de derechos individuales y colectivos que tanto nos costó lograr.

La clave es no caer en sus operaciones o mensajes tramposos, para acompañarlos en las decisiones que solo los favorecen a ellos. El enemigo invisible es el capitalismo del miedo que trabaja cuando el río está revuelto.

Por Nelson Cardoso, docente-investigador UBA-UNLaM

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“Quien piense que para navidades estaremos vacunados y podremos pasar página… puede olvidarse, va a ser más lento”

Entrevista a Alfredo Caro Maldonado sobre el COVID-19 (V)

 

Por Salvador López Arnal | 12/05/2020

Biólogo, máster y curso de doctorado en inmunología, doctorado en muerte celular, postdoctoral en Inmunología y metabolismo, y segundo postdoctoral en cáncer.

Desde hace algo más de tres años lleva la plataforma de divulgación científica Ciencia mundana.

Buenos días, vuelvo a abusar de tu generosidad. Fecho la entrevista: 11 de mayo de 2020.

Esteban Engel, un médico chileno, bioquímico, biotecnólogo y virólogo, que trabaja estudiando los distintos tipos de coronavirus en el Laboratorio de la Universidad de Princeton, declaró a principios de este mes que la vacuna no va a estar pronto. ¿Qué sabemos del tema en estos momentos? ¿Habrá vacuna o no habrá vacuna?

Espero que tenga razón Esteban Engel: “ningún gobierno o empresa va a querer acelerar una vacuna que puede tener riesgos más grandes que los beneficios”. No lo tengo tan claro.

Hay más de 100 proyectos intentando encontrar una vacuna, pero solo diez están en ensayo clínico con humanos. Uno que he visto, el de Oxford, fuertemente subvencionado por el gobierno británico, coge a poco más de 1.000 personas voluntarias, las divide en dos grupos al azar, y a la mitad le pone una vacuna conocida contra la meningitis y a la otra mitad la experimental. Esta se basa en inyectar usando otro virus del resfriado, debilitado, no infectivo, que porta la famosa proteína de espina del coronavirus, esa que se une al ACE2…

Perdona la interrupción ¿Qué famosa proteína de espina del coronavirus es esa?

Sí, también la llaman espícula. El coronavirus debe su nombre a que por microscopía electrónica se le ve como una corona. Se ve bien en esta foto.

Que son esas proteínas que se unen a otra proteína que está en las células, y permite al virus pegarse para después meterse dentro de la célula.

Prosigo: ¿y por qué se hace así?

Esto se hace porque los anticuerpos que el sistema inmune generará contra esa proteína no solo desarrollarán una respuesta inmune específica contra el virus, sino porque se ha visto en personas contagiadas que sus anticuerpos, al unirse con el virus, los neutralizan. O sea, el virus es una partícula proteica tan pequeña que cuando se le unen esos anticuerpos flotando en la sangre (o la mucosa) impedirá que pueda unirse a las células, protegiéndolas. El que a la mitad de las personas se les ponga una vacuna ya estudiada es importante. Así, todas las personas sufrirán algo de efecto secundario (picor en el brazo, puede ser que algo de fiebre), de manera que no puedes saber (ni el que te la ha puesto) qué vacuna te han puesto.

¿No es esto que describes lo que se llama experimento de doble ciego?

Sí, así es. Ni el personal sanitario, ni el que procesa los datos y sobre todo el sujeto que recibe el medicamento sabe qué están recibiendo. Esto es muy importante en este caso porque saber que han recibido la vacuna contra el covid19 podría hacer que esas personas tomaran más actitudes de riesgo, y lo contrario.

Pero claro, ¿cuántas de esas 1.000 personas estarán en contacto con el virus? Incluso en el Reino Unido, que todavía tiene una tasa de contagio considerable, la probabilidad es bajísima. Pongamos que de esas mil, 100 sean contagiadas, y de las no vacunadas (grupo “placebo”) solo 10 tengan síntomas. Es un número bajísimo para decir que la vacuna funciona. ¿Qué es lo que creo que pretenden hacer?

Excelente pregunta. Gracias por la ayuda.

Cogerán el suero de las personas vacunadas y verán in vitro si neutraliza el virus, que no está mal, pero no es una prueba total de que funcione. Y es que de hecho este ensayo en realidad es de seguridad, para ver si genera efectos secundarios indeseados. Aunque ellos plantean que es un “fase 1/2″ porque tendrán ambos resultados, de seguridad y de eficacia.

Se habrán dado cuenta de que la propaganda y el oportunismo, por el negocio en potencia, con respecto a quién va a encontrar la cura antes es muy grande. Pues el mismo jefe médico del gobierno británico encargado de esto ha dicho que la probabilidad de conseguir una vacuna en un año es extremadamente baja. Así que serán más cerca de dos para que la población mundial pueda beneficiarse de una vacuna. Y ojo, he dicho población mundial, y no blancos europeos y estadounidenses.

Sí, sí, se entiende bien lo que remarcas y las razones que te mueve a hacerlo.

Así que si la gente está pensando que para navidades estaremos vacunados y podremos pasar página puede olvidarse. Va a ser más lento, aunque, por supuesto, ojalá nos equivoquemos.

¿Y qué nos puedes decir de los antivirales?

Ahí parece que hay resultados más rápidos, existen varios que parece que puedan estar funcionando a aliviar los síntomas de las personas más graves. Pero tiene que quedar claro que ningún antiviral será una pastilla mágica que nos evite contagiarnos y transmitir el virus, ni siquiera de ingresar en un hospital.

Eso es fundamental porque, aunque sean útiles, no evitarán que muera muchísima gente sin acceso a ese tratamiento (por razones sociales o biológicas), que se saturen las urgencias, etc.

Un informe publicado el miércoles pasado, 6 de mayo, por la Organización Mundial de la Salud (OMS) defendía que infectar voluntarios con el virus del covid-19 podría ser de gran importancia en los estudios para desarrollar una vacuna. Desde un punto de vista ético, ¿es legítimo esta infección en personas voluntarias? ¿Cuánta voluntariedad real hay en esos voluntarios?

Como decía antes, para probar la eficacia de una vacuna en una enfermedad con poca incidencia como esta (por ahora) haría falta probar la vacuna en muchos miles de personas, algo caro y lento. Lo de caro el informe no lo menciona. Mientras que si inoculan el virus se ahorran un modelo animal y mucho tiempo. Según ese informe de la OMS, un 0,03% de los jóvenes entre 18 y 30 años contagiados muere. Dicen que estos ensayos los harían en un centro médico con todas las medidas sanitarias y bien vigilados. Pero teniendo en cuenta que no hay ningún tratamiento disponible (mencionan el Remdesivir, ¡me río yo!) y que tal como dicen, ensayos parecidos con malaria y gripe tuvieron “graves consecuencias” en las cobayas humanas, pues no me parece muy seguro. Además, diciendo que haciéndolo en esos centros sanitarios se reduciría el riesgo al mínimo, reconocen implícitamente que si tuviéramos sistemas de salud decentes moriría menos gente.

¿Quién se presentaría voluntario? Ben Goldacre, en su libro Mala farma, muestra lo corrupto de los ensayos clínicos y cómo el que se hayan externalizado los ensayos a empresas especializadas que los llevan a cabo de manera muy opaca en países empobrecido hace que los resultados sean dudosos.

Ya hablábamos hace unos días de los médicos franceses que abiertamente hablaban de que, “dadas las condiciones del continente”, África era un buen sitio para probar la vacuna. Lo que no sé si dijeron es que para hacer eso hay que inocular a los conejillos de indias con el virus. ¡Luego nos preguntamos por qué muchas poblaciones africanas se niegan a ser vacunadas!

El lenguaje de ese informe me da escalofríos. En la tabla de criterios para estos estudios, la valoración para el criterio científico es vago: “estos estudios deben tener una fuerte justificación científica”. Ah, vale, ¿y eso quién lo decide? ¿Qué es una fuerte justificación científica? Dicen que hay que tener en cuenta que los criterios éticos pueden variar por regiones, ¿eh? Es en esta parte de los criterios éticos donde son más ambiguos. En la introducción dejan claro que no conocemos los riesgos de un estudio así, pero el primer criterio ético es evaluar claramente que los beneficios (menor tiempo en conseguir la vacuna) superan los riesgos (que personas mueran o queden tocadas durante el experimento). Así que tendremos que quedarnos con los “criterios éticos locales” para resolver el dilema. Que ya sabemos qué significa realmente, se hará el ensayo en aquellas regiones donde no haya derechos.

¿A qué regiones sin derechos haces referencia?

Un gobierno democrático no se va a arriesgar a que algún ciudadano muera en un experimento así. Las empresas de ensayos clínicos, ya que la gran farma a menudo externaliza este proceso, utiliza a África y algunos países asiáticos para llevar a cabo esos ensayos.

No me extenderé. A las personas que lean inglés les animo que vayan directamente al informe.

¿Estás entonces contra ese tipo de estudios de forma general?

Quiero dejar claro que personalmente no me sitúo categóricamente en contra de este tipo de estudios. Pero no veo nada claro este en particular: racismo y colonialismo, ambigüedades en el informe, beneficio privado de los resultados de esos estudios, negar medidas alternativas (mejores sistemas de salud y de prevención), etc.

De acuerdo, se entiende bien tu posición crítica. Tomemos un descanso si te parece.

De acuerdo, descansemos un momento.

Noam Chomsky, Yannis Varoufakis y Naomi Klein impulsan la creación de una Internacional Progresista

Una iniciativa avalada por más de 40 intelectuales 

La nueva organización nace con la vocación de "fomentar la unión, coordinación y movilización de activistas, asociaciones, sindicatos, movimientos sociales y partidos en defensa de la democracia, la solidaridad, la igualdad y la sostenibilidad".

 

DiEM25, un movimiento democrático paneuropeo transfronterizo, y el Instituto Sanders, fundado en 2017 por Jane Sanders, esposa del senador demócrata Bernie Sanders, dan a luz este lunes a la Internacional Progresista , una organización avalada por más de 40 intelectuales de todo el mundo, entre los que destacan Noam Chomsky, Naomi Klein, Yanis Varoufakis o Fernando Haddad entre otros.

El objetivo de esta iniciativa, según adelanta el diario El País, es "fomentar la unión, coordinación y movilización de activistas, asociaciones, sindicatos, movimientos sociales y partidos en defensa de la democracia, la solidaridad, la igualdad y la sostenibilidad".

DiEM25 y el Instituto Sanders, decidieron así unir fuerzas ante "el avance del autoritarismo". Los impulsores de la Internacional Progresista afirman que la crisis sanitaria provocada por el coronavirus y la subsiguiente crisis económica hacen obligatorio que las fuerzas progresistas del mundo se unan para defender y sostener un Estado de bienestar, los derechos laborales y la cooperación entre países, además de consolidar un mundo más democrático, igualitario, ecologista, pacífico y en el que prime la economía colaborativa.

El proyecto arranca este lunes con el lanzamiento de su web , donde cualquiera puede inscribirse como miembro, y cuenta con el apoyo y el soporte formado por más de 40 intelectuales de toda índole y condición, desde escritores hasta políticos.

Financiado exclusivamente con aportes individuales de sus miembros y donaciones, la Internacional Progresista tiene previsto celebrar un congreso en Reikiavik organizado por el partido de Jakobsdóttir, el Movimiento de Izquierda-Verde. En esta cita se planificará toda la actividad de la organización del próximo año.

 

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Lunes, 11 Mayo 2020 06:54

Prisa

Prisa

Han sido largas las semanas de confinamiento a raíz de la pandemia. Esta medida para prevenir el contagio y la saturación de los servicios de salud se ha utilizado prácticamente en todas partes.

Un caso aparte es el de Suecia, donde no se confinó a la población y se estima que, al final de mayo, 40 por ciento de los habitantes de Estocolmo tendrán algún tipo de inmunidad al virus, lo que limitará el impacto del rebrote de la infección que se espera para el otoño. Hasta ahora registra menos de 4 mil fallecimientos.

La pandemia ha impuesto urgencias a sociedades y gobiernos. La población se ha sometido a las restricciones por temor al contagio y ha acatado las medidas impuestas por los gobiernos.

La estrategia de confinamiento se ha politizado inevitablemente de una u otra manera. Ejemplos sobresalientes y de diferente naturaleza son Estados Unidos, Brasil y España. Cada sociedad, a su manera, expresa sus contradicciones propias.

El conflicto adquiere nuevos tonos en la medida en que empiezan a proponerse y aplicarse medias para reabrir las calles y actividades económicas.

Esta etapa tiene un grado muy distinto de complejidad que el encierro. De la secuencia de la fase cero a la tres, ahora se plantea "desescalar", como se denomina en España, el estado de emergencia. Para ello definen otras tantas fases y sus tiempos.

Esto ocurre en un entorno de afirmaciones y rectificaciones, en el mejor de los casos. En otros se hace en medio de mucha inseguridad y de confrontación política. El proceso que se sigue ahora en Estados Unidos lo manifiesta claramente. La relección presidencial está de por medio. El fenómeno sociológico es, en general, muy relevante y están por verse las consecuencias.

Ciertamente, las muertes provocadas por el coronavirus son muy reducidas como proporción de la población total, pero ocurren al mismo tiempo. El argumento es válido, pero imagino que es más defendible cuando le ocurre a los demás y no a uno mismo y su círculo próximo. Se puede, claro, jugar a los dados. Las opciones individuales son una cosa, la dimensión social, económica y política es otra. Las ilusiones también.

El tránsito de la urgencia por contener el daño del coronavirus a la prisa por relajar el confinamiento introduce nuevas características a la naturaleza de la pandemia y sus repercusiones. La gente y las empresas demandan el relajamiento de las restricciones, las autoridades van cediendo de distintas maneras. En otros casos es alentada desde el poder.

El proceso está inmerso en el hecho de que el virus no desaparece. En un reciente artículo, el escritor Ian McEwan recuerda lo dicho por el epidemiólogo Larry Brilliant, quien contribuyó a erradicar la viruela: “Este manojo de ARN en su envoltura de grasa… se sienta a esperar con paciencia hasta que no haya más personas vulnerables”. En el caso que nos envuelve a todos hoy, no hay aún manera de conseguir la inmunidad contra el virus. No se ha comprobado que el sistema inmunológico lo consiga y no hay vacuna.

Algunas propuestas en favor de la apertura afirman que permitirá controlar el contagio. Para ello se necesita que las personas desarrollen la resistencia al virus y se consiga la "inmunidad de rebaño". La apertura en ese caso podría exigir aún más de los sistemas de salud, ya muy vapuleados. Ahí entra el debate sobre la extensión con que se deben aplicar las pruebas de contagio y, aunado a ello, el seguimiento de los contactos de los infectados.

Se habla de distinguir entre aquellos que son más vulnerables (obesos, diabéticos y viejos) y el resto de la población. Esto implica ya una manera específica de concebir la sociedad y la solidaridad, pero no debería causar demasiada sorpresa. Los fondos de pensiones estarían muy complacidos en poder eliminar el riesgo actuarial de los mayores de 60 años y liberar la presión sobre sus recursos, sobre todo ahora que hay tantos desempleados y son menores las contribuciones y las reservas.

En algunos casos se planea la apertura de ciertas actividades aun mientras los casos de contagio y defunciones van al alza. Esta etapa exigirá una renovada concepción del funcionamiento de la pandemia. Algunos, como ocurrió en el estado de Michigan, en Estados Unidos, entrarán en los recintos oficiales armados con pistolas y metralletas para exigir que se acabe el confinamiento.

¿Rebelión o protesta? ¿Incitados o motu proprio? Otros actuarán con más prudencia y hasta desobedecerán las prematuras acciones de apertura que planean sus gobiernos.

Planear la apertura, controlarla y cumplirla son tareas enormes en cuanto a su definición, aplicación y necesidad de revisión constante. Requiere de consensos y cuestiones prácticas que tienen que ser satisfechas: el control del contagio, los medios de protección disponibles, la disciplina social y un claro liderazgo técnico y político. Las cosas evolucionarán a un paso que puede ser incompatible con la prisa.

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El planeta de los humanos y los cuentos de hadas del crecimiento

Los documentales Planet of the Humans, de Jeff Gibbs y producido por Michael Moore, y Cuentos de hadas del crecimiento, de Pierre Smith Khanna, se han lanzado gratuitamente a la red con una temática similar: el decrecimiento inevitable en un mundo finito.

 

Di toda la verdad pero dila sesgada

el éxito se encuentra en el rodeo

La verdad debe deslumbrar poco a poco

o ciegos quedarán todos los hombres

Emily Dickinson

En las últimas semanas dos documentales se han lanzado gratuitamente a la red con una temática similar: el decrecimiento inevitable en un mundo finito, que ya sobrepasa muchos de los límites que su finitud le impone. Es un buen momento ahora para ver dos piezas que pueden alimentar muchos debates interesantes y sobre todo necesarios. [Alerta, spoiler]

El primero que pude ver fue Planet of the Humans, de Jeff Gibbs, producido por Michael Moore. Una pieza en mi opinión con mucho interés, valiente, y quizá por ello, temeraria, con alguna inexactitud y crítica difícil de justificar. Digamos que hace un ataque frontal a los lobbies de las renovables y a muchos de sus defensores a ultranza con un material que ha envejecido un poco —parece ser que llevaban tiempo planeando el documental—, en cuanto a datos de eficiencia que se han quedado algo desfasados. Y hace sangre con algún ambientalista como Bill Mckibben, que no debería estar en el documental al mismo nivel que, por ejemplo, Al Gore.

Ahora bien, el diagnóstico, el cuadro general, es certero y apunta donde duele. Una pequeña lista de los criticados en el documental: Apple, Goldman Sachs, Banco Mundial, Naciones Unidas, los hermanos Koch, Bloomberg, Tesla, Google u organizaciones ecologistas como el Sierra Club. No teme generarse enemigos, vamos, y era previsible que le cayeran palos por todas partes.

Es un documental que rompe con un tabú en la izquierda norteamericana, denuncia claramente que las renovables se merecen ese nombre sobre todo porque cada cierto tiempo, hay que renovarlas. Fabricación, ensamblaje, mantenimiento, todo ese proceso se hace con combustibles fósiles y materiales escasos, así que bueno, renovables, renovables, no son. Ni lo serán. La intermitencia de los factores que generan la energía hace imprescindible tener baterías y alternativas menos pulcras para mantener el suministro, eso incrementa los costes sucios de esas energías supuestamente “limpias y verdes” y las empequeñece. Es bastante obvio que se está exagerando el potencial de esas fuentes por varias razones.

La primera: el crecimiento no se cuestiona. Decir que las futuras fuentes energéticas (a día de hoy) nos permitirían mantener un 30% o un 40% de la energía actual es igual a 99% de colapso del sistema. Si cae la fe en la Iglesia del Perpetuo Crecimiento, el sistema de dinero deuda se vería en un aprieto por la falta de confianza=fe, y con él casi todos los bancos=parroquias. Estamos como sociedad en esa fase de negación casi lógica ante un problema enorme que nos sobrepasa. Hay que descomplejizar las sociedades opulentas del norte sí o sí, y eso va contra el dios mercado y la religión neoliberal. Pero la entropía, la atmósfera sobrecargada, o la ley de rendimientos decrecientes no negocian y el tiempo para atajar la emergencia climática se está acabando.

Y el factor más peligroso: el gatopardismo verde. En esta fase de capitalismo en crisis que el covid-19 simplemente ha acelerado, lo que parece es que la transición a renovables la va a pilotar BlackRock. Esto es como poner a Ortega Cano a dirigir el tráfico. Mal vamos. No parece descabellado pensar que si la “oportunidad de negocio” es ahora la transición a green, a sostenible, a limpio, pues la mayor empresa del mundo en gestión de activos, que se dedica a invertir como nadie en combustibles fósiles o en armamento —y que por cierto posee una buena parte del IBEX 35— se quita la camiseta sucia de sangre y aceite, se pone una verde reluciente, y… os presento a BlackRock, capitán ecologista. O mejor dicho, Capitán Greenwashing. Con mucho negocio paralizado o en pendiente cuesta abajo, las inversiones de los Green New Deal norteamericano y europeo van a suponer muchos millones para quien ejecute esas transiciones.

Eso explica los ataques despiadados que está recibiendo el documental de Gibbs y Moore por parte de casi toda la prensa y hasta de referentes del ecologismo, que no creen que sea un buen momento para esa crítica cáustica, y puede que tengan razón en parte. En defensa de esos referentes, como por ejemplo Naomi Klein o George Monbiot, hay que decir que el documental cae a veces en un sentimentalismo quizá excesivo. El tema de la superpoblación, en fin, es otro tabú, y lo toca de una manera muy tosca y algo primermundista, y de las nucleares por ejemplo no dice ni mu. Eso sí, está hecho para el público norteamericano, que quizá está en una fase de negación aún más exagerada que la nuestra, prueba viviente es su presidente.

Otro factor a analizar es la dicotomía creciente en la sociedad norteamericana. Si haces una crítica a las renovables, ya te posicionan muchos medios del lado diestro que defiende a Trump y al lobby de las petroleras, eso está ocurriendo con algunos artículos contra Michael Moore y Jeff Gibbs, y hay que evitar caer en la trampa. Hay grises entre esas dos posturas. Ni el sector aparentemente progresista está limpio en su totalidad, ni todo es mentira en la crítica al sistema que se puede entrever en la alt-right estadounidense. De hecho, una parte de esa legítima crítica, la están copando Bannon y compañía por el buenismo a veces algo acrítico de ciertos sectores de la izquierda. Es un tema muy complejo en el que los matices son importantes. La transición a renovables es inevitable, pero también la crítica constructiva al “progreso” al que, como diría Benjamin, a veces hay que detener aún tirando del freno de emergencia.

Lo que me parece cuanto menos para reflexionar, es por qué al documental de Di Caprio, (Before The Flood) o al de la misma Naomi Klein (Esto lo Cambia Todo) no le zurraron tanto los grandes medios de comunicación  —financiados por muchas de esas empresas criticadas, que dependen en muchos casos de los bancos, y en los que nada más entrar a sus webs puedes ver banners relucientes de Iberdrola y la transición a renovables, guiño, guiño—. Igual es que no metían el dedo en la llaga: se acabó crecer y crecer y nada lo puede evitar. Para entender mejor el documental y los límites de las renovables recomiendo seguir lo que dicen https://crashoil.blogspot.com/2020/04/umans.html">Antonio Turiel y Antonio Aretxabala, dos científicos expertos en energía fósil y renovable de los que yo aprendo cada día, y que han publicado sus opiniones sobre el documental en sus respectivos blogs. 

Y entonces, cuando más cabreado estaba por las críticas a ese trabajo estimulante y más que digno, un humilde documental llamado Cuentos de hadas del crecimiento apareció por algoritmagia ante mis ojos. Es un documental hecho en Barcelona por Pierre Smith Khanna, miembro del colectivo Research and Degrowth, en el que se hace un recorrido menos sentimental y más histórico del problema ecológico-energético y que es más propositivo, habla más de soluciones. Eso me encanta. Creo que estamos saturados de críticas, necesitamos propuestas.

En realidad, es mejor documental, sobre todo para iniciarse en la problemática o comprenderla. Pero no recibirá ningún ataque. A nadie le va a molestar y —ojalá me equivoque—, poco debate habrá con él. Es una obra que hasta que sea evidente que daba en el clavo, pasará probablemente inadvertida. Igual pasan los años y es reverenciada, pero ahora mismo, como no busca polémica y no está avalada por una persona mainstream como el oscarizado Michael Moore, tiene difícil llegar a mucha gente.

Y para eso está esta crítica, para decir que ambos trabajos valen mucho la pena. Juntos son unas dos horas. Dos capítulos de la serie de tu vida. Y, perdonadme, no hay ficción que supere a esta realidad donde Pablo Casado cita a Orwell sin pestañear, un tipo de barril de petróleo (los futuros de West Texas) se ha llegado a vender a - 37 dólares, es decir te pagan porque te lo lleves a casa, y Abascal hace de defensor de la causa LGTBI.

Por Juan Bordera

11 may 2020 04:37

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