Sábado, 23 Noviembre 2019 06:57

Un tsunami llamado 5G

Un tsunami llamado 5G

El mundo feliz, del siglo XXI, es un mundo conectado. Tiene refrigeradores que avisan a nuestro teléfono móvil que falta leche o se está pudriendo una lechuga –mejor aún, avisa directamente a la multinacional Amazon u otra red de ventas electrónicas que lo incluya en la entrega semanal. Pañales con chips que avisen que hay que cambiar al bebé, zapatos que miden cuántos pasos damos, ropa con chips que interactúan con teléfonos y monitorean nuestros movimientos y estado de salud, y muchas otras formas digitales y robóticas de que las cosas se comuniquen entre sí e intercambien información sobre nosotros para las empresas.

El Internet de las Cosas se trata justamente de comunicar objetos, no personas, explicó Andrés Barreda, profesor e investigador de la UNAM, en el seminario Navegar la tormenta digital, que realizaron la Red Social de Evaluación de Tecnologías en América Latina y otras organizaciones los pasados 19 y 20 de noviembre. Una forma de favorecer exponencialmente ganancias para los que fabrican y comercian esos objetos, mientras al mismo tiempo mina la comunicación real entre seres humanos y las relaciones comunitarias que son el sustento para entender, dar significados y pensar cómo cambiar la realidad y qué necesitamos realmente (https://tinyurl.com/wxm24ec).

En esta visión de un mundo hiperconectado también nuestros cuerpos pasan a ser objetos de monitoreo, obtención de datos e intervenciones, en lo que la industria de la salud (farmacéuticas, fabricantes de dispositivos médicos, vendedores de atención médica) llaman Internet de los cuerpos.

La distopía de hiperconexión global de las cosas, cuerpos y capitales avanza a pasos acelerados, aunque por ahora la mayoría sólo vemos fragmentos. Como arañas en la red global dominan siete empresas de plataformas electrónicas: Microsoft, Apple, Amazon, Alphabet (Google), Facebook, Alibaba, Tencent. Son las que pueden gestionar los gigantescos volúmenes de datos digitales que estas nuevas formas de (in)comunicación conllevan y los sistemas de inteligencia artificial para poder lucrar con ellos. Alibaba y Tencent tienen sede en China. Las demás, en Estados Unidos. Todas están entre las 10 empresas de mayor capitalización de mercado a escala global. Este mes Amazon superó a Walmart como el mayor vendedor minorista a nivel internacional.

Un aspecto central y clave de estos desarrollos –que avanzan sin supervisión ni regulación pública­­­– es el aumento de la conectividad electrónica. Por ello, las redes de comunicación 5G son claves y merecieron una sesión especial en el seminario aludido. El nombre se refiere a la quinta generación de comunicación electrónica y remite a las anteriores 2G, 3G y 4G, que conectan teléfonos móviles. No es apenas una actualización, sino una ruptura cualitativa en la forma de trasmisión y los impactos que tendrá, tanto económicos como ambientales y en la salud.

Con redes 5G se pretende obtener mayor capacidad para trasmitir datos (volúmenes de 20 a 40 veces superiores), menor latencia (demora en recibir/enviar datos) y continuidad de conexión en cualquier parte.

Las redes 5G usarán ondas de transmisión milimétricas, mucho más cortas que las que están en uso, con mayor densidad, pero corto alcance. Requieren, entonces, torres de recepción/emisión cada 100 metros, que deberían ser instaladas cada 10-12 casas. Para garantizar las condiciones nombradas, la propuesta de las empresas es instalar además 20 mil sátelites de baja altura que se comunicarán con esas torres. Todo esto significa que el nivel de radiación electromagnética a que estaremos expuestos en todo el planeta, cada ser vivo y ecosistema, aumentará exponencialmente, con mucho mayor densidad de onda, durante las 24 horas del día y los 365 días del año.

Aunque existen cientos de estudios científicos que indican que las radiaciones de la telefonía móvil y wifi tienen efectos negativos en la salud de humanos y animales, incluso potencialmente muy graves como cáncer, industria y gobiernos han contestado al debate sugiriendo usar audífonos para evitar el contacto directo, conexiones por cable en escuelas, bibliotecas y otros centros públicos, apagar las fuentes de emisión en la noche, limitar tiempos de exposición, etcétera. Pero con las redes 5G los impactos se multiplicarán enormemente, ya que al estar en medio de las zonas de trasmisión entre la atmósfera y los millones de aparatos conectados todo el tiempo la radiación no será manejable de forma individual ni local.

Ariel Guzik, artista, científico, médico e inventor, quien desde su Laboratorio de Investigación en Resonancia y Expresión de la Naturaleza se ha dedicado a escuchar y dialogar con los sonidos de la naturaleza, explicó cómo las redes 5G tienen un gravísimo potencial de disrupción en el campo magnético de la Tierra, cuyas ondas son esenciales, entre otras cosas, como guía de animales migratorios y la sobrevivencia de muchas especies.

Ante la gravedad de los impactos en salud y ambiente, un grupo internacional de científicos lanzó en 2015 un llamado a Naciones Unidas para detener el despliegue de 5G, que actualmente han suscrito expertos y organizaciones de más de 200 países. (https://tinyurl.com/ujkq3rp). Pese a ello, sigue avanzando acríticamente el despliegue de 5G. Urge el análisis, debate y acciones colectivas sobre este y otros aspectos de la tormenta digital empresarial a la que estamos sometidos.

*Por  Silvia Ribeiro, investigadora de Grupo ETC

 Mark Goff, fotógrafo acreditado del Festival de Woodstock, aparece en un autorretrato de 1969. En esa época trabajó para un periódico clandestino en Milwaukee. Algunas docenas de imágenes captadas por Goff, fallecido en noviembre pasado, se exhiben medio siglo después.Foto Ap

Entre el 15 y el 18 de agosto de 1969 tuvo lugar, en la localidad de Bethel, Nueva York, el mítico, emblemático y legendario Festival de Woodstock. Medio siglo después, la pregunta obligada es: ¿Qué queda de ese hito histórico?

El Festival de Woodstock fue un gran, un masivo encuentro revolucionario que no dejará de llamar la atención y provocar la admiración de la gente, haya pasado el tiempo que sea. ¿No es acaso un acto revolucionario una reunión de casi medio millón de jóvenes a lo largo de más de tres días, en donde se prescindió de la presencia de ejército, policía o cuerpo de seguridad alguno o de mecanismos de vigilancia, control o censura? Después de 50 años de celebrado ¿se sabe de algún homicidio, feminicidio, violación o cualquier forma de abuso sexual o violencia que haya tenido lugar ahí? ¡Ninguno! La masa asistente a ese festival, (protagonista del más grande portazo de la historia), tomó, en los hechos, el control de su situación, de su vida; dejó que la libertad y creatividad, arriba y abajo del escenario, fluyeran sin tapujo alguno. En muchos sentidos dio la razón a filosofías anarquistas y comunistas en general: las autoridades y el Estado son el peor obstáculo para una vida plena y humana. "La nación de Woodstock", como en su momento se le llamó, los hizo a un lado, fue libre.

Para cuando el festival se desarrolló, Los Beatles (unos de los grandes ausentes) habían sintetizado en tres palabras su concepción global del mundo: amor, saber, sí (Love, Know, Yes). En 1968 esa idea había quedado plasmada en la película de dibujos animados El submarino amarillo, ubicada en el paraje utópico llamado Pimientilandia (Pepperland). Pues bien, el Festival de Woodstock intentó exitosamente llevar a la realidad esos tres principios: 1. Amar: se trataba de dar y recibir el afecto de/a todo individuo que allí se encontrara, a partir del hecho de que cualquier persona es, primero que nada, un sujeto del amor y como tal debería ser tratado. 2. Saber, conocer, comprender el mundo para transformarlo de raíz. La comprensión y el conocimiento como la transformación y como un acto mismo de libertad. 3. Decir que sí. Aceptar que en la vida se tienen deseos placenteros en el plano sexual, estético, intelectual y que la vida debe ser búsqueda y satisfacción de los mismos. Responder afirmativamente a las propuestas de satisfacción de los placeres, elaborarlas, satisfacerlas construir otras nuevas.

Tres conceptos románticos radicales y revolucionarios que encontraron su lugar en la materialidad del festival de Woodstock.

Esa búsqueda de sensibilidades ilimitadas tuvo su eje rector en los músicos que ahí se presentaron. La mayoría ya tenía años inundando el ambiente con sus propuestas. Otros, aun desconocidos, se dieron a conocer al mundo, como Joe Cocker y su voz rasposa profunda, Santana y sus fusiones rockero-caribeño-blueseras. Ahí estuvieron la sicodelia de Jefferson Airplane y Grateful Dead; los increíbles malabarismos guitarreros de Alvin Lee con Ten Years After; los llamados a la libertad de Richie Havens y de una Joan Baez embarazada de seis meses; Jimi Hendrix con su celebérrima interpretación del himno de Estados Unidos, desgarrando en el aire el patriotismo belicista gringo; The Who, Canned Heat, Janis, The Band, Mountain, CSNY, Creedence, Sly Stone, Johnny Winter ¡¡¡¡Tssssssss!!! Toda la propuesta musical de esos tres días constituyó un despedazamiento del hipócrita esteticismo pequeño-burgués.

No fue un acto de diversión ni mucho menos de entretenimiento, fue una poderosa escalada de producción artística, de realización humana a través de la música.

Por todo esto, el festival de Woodstock constituye un punto nodal de esa revolución mundial ocurrida hace cinco décadas. El posmodernismo actual y las visiones pesimistas del mundo argumentarán que se fracasó, que la utopía quedó en frustración y que la libertad no es posible. A esto contrapongo un lacónico ¡Vencimos! ¡En Woodstock alcanzamos la victoria! Ninguna revolución puede completar todas las tareas y objetivos que se propone, toda revolución tiene contenido el germen de su opuesto: la contrarrevolución. Desde luego, ésta ocurrió y echó para atrás muchas conquistas de esos tiempos, pero nunca pudo ni podrá desmantelar el mundo de la imaginación, de la creatividad artística, de la subjetividad liberadora. Como alguna vez mi amigo Gritón, célebre pintor dijera: las muchas o pocas libertades de que gozamos en la actualidad no pueden entenderse sin aquellas jornadas revolucionarias; es motivo de gran satisfacción haber sido partícipe de ellas, y lo más importante ¡No hay nada de lo que haya que arrepentirse!

Woodstock vive…

Por Julio Muñoz Rubio, investigador del CEIICH-UNAM y coordinador de los libros A medio siglo del Sargent Pepper’s y John Lennon, un humanista subversivo.

Publicado enCultura
Los delfines "hablan casi como humanos", descubre estudio

Los delfines son capaces de un "lenguaje hablado altamente desarrollado", que semeja de cerca la comunicación humana, han sugerido científicos. Si bien desde hace mucho tiempo se sabe que son animales de gran inteligencia y pueden comunicarse dentro de un grupo grande, su capacidad de tener comunicación individual unos con otros está menos entendida.

Sin embargo, investigadores de la Reserva Natural Karadag, en Feodosia, Crimea, creen que los pulsos, chasquidos y silbidos –hasta de cinco "palabras"– que produce un delfín son escuchados como un conjunto antes de que otro emita una respuesta.

"En esencia, este intercambio se parece a una conversación entre dos personas", escribió el investigador principal, el doctor Vyacheslav Ryabov, en el estudio, publicado en la revista Mathematics and Physics.

El doctor Ryabov señaló que cada pulso producido por un delfín "es diferente de otro" en cuanto a duración y frecuencias que emite.

"En este aspecto, podemos asumir que cada pulso representa un fonema o una palabra en el lenguaje hablado del delfín", escribió el doctor Ryabov. "Por desgracia, el habla del delfín queda más allá de las características de tiempo y frecuencia de la audición humana, y por tanto no está al alcance de los humanos".

El estudio fue realizado en dos delfines nariz de botella del Mar Muerto cautivos, un macho llamado Yasha y una hembra denominada Yana. Los dos han vivido 20 años en una piscina que mide apenas 27 por 9.5 metros y cuatro metros de profundidad. Sin darles alimentos de premio, un sistema especial de audio grabó los intercambios entre ellos. Los ruidos que emitían eran distintos de los producidos en un grupo de delfines.

Alto nivel de inteligencia y conciencia

El doctor Ryabov continuó: "Los análisis de numerosos pulsos registrados en nuestros experimentos mostraron que los delfines se turnaban para producir paquetes de pulsos y no se interrumpían, lo que da motivo a creer que cada uno escuchaba los pulsos del otro antes de producir los suyos. Este lenguaje exhibe todos los rasgos de diseño presentes en el lenguaje humano hablado, e indica un alto nivel de inteligencia y conciencia en los delfines; su lenguaje puede considerarse un lenguaje hablado altamente desarrollado, semejante al humano".

Durante mucho tiempo se ha aceptado que los delfines exhiben conductas que no se encuentran en otros animales. Por ejemplo, se sabe que tienen un silbido para identificarse y comunicar frases a otros delfines en un grupo. Los hallazgos ofrecen un incentivo a los humanos para desarrollar relaciones y mejorar la comunicación con estas criaturas, comentó el doctor Ryabov.

 

Traducción: Jorge Anaya

El medio ambiente modela el lenguaje, descubren científicos

Las lenguas humanas evolucionaron para adaptarse a los hábitats naturales donde tuvieron origen, de acuerdo con un estudio de los diferentes sonidos empleados en la comunicación vocal alrededor del mundo.


Las lenguas que se originaron en las tupidas selvas de las regiones tropicales tienen más probabilidad de utilizar sonidos de baja frecuencia y vocales, en comparación con las que evolucionaron en hábitats más abiertos, donde se entienden mejor los sonidos agudos y las consonantes, señalaron expertos.


Un análisis de 628 lenguas de diferentes regiones del planeta encontró evidencia que sustenta la controvertida teoría de adaptación acústica, cuya hipótesis es que el paisaje natural puede influir en los sonidos empleados por los animales para comunicarse entre sí.


Los investigadores creen haber hallado la primera evidencia sólida en apoyo a la idea de que las lenguas humanas evolucionaron de modo que se optimizara la transmisión de sonidos vocales según el ambiente natural en el que vivieran los hablantes, ya fueran selvas tropicales, montañas o sabanas abiertas.


Otros factores geográficos


El estudio también identificó otros factores geográficos, como niveles de lluvia y temperatura media, que pueden influir en la propagación de las ondas sonoras por el aire, que forma la base del habla humana, indicaron los científicos.


Creemos que alguna parte de las características de las pautas de sonido en las lenguas se forma por las propiedades ecológicas o climáticas de la zona en que se originaron, aseveró Ian Maddieson, profesor adjunto de lingüística en la Universidad de Nuevo México, quien dirigió el estudio.


El estudio se concentró en lenguas habladas por menos de cinco millones de personas oriundas de una región del planeta, por lo cual se descartó el inglés, el chino y el español.


Al hacer referencias cruzadas entre los sonidos lingüísticos –como consonantes y vocales– y los factores geográficos y climáticos de la región de influencia de la lengua, los científicos pudieron mostrar que existe correlación entre la forma en que se habla una lengua y el tipo de paisaje en el que evolucionó.


Creemos que este trabajo es con mucho el más extenso y cuidadoso realizado sobre un posible vínculo entre aspectos específicos de las pautas de sonido del lenguaje humano y factores ambientales, afirmó el profesor Maddieson. "Descubrimos que el número de consonantes distintas y el grado en que las consonantes se agrupan en sílabas se relaciona con precipitación media anual, temperatura media anual, grado de cobertura de árboles, elevación geográfica y topografía de la zona en que se hablan tradicionalmente.


Tanto el número de consonantes distintas como su distribución en estructura silábica son menores donde la cobertura de árboles y la temperatura son más altas. Las palabras ricas en consonantes (como strict en inglés) se entienden más fácilmente en climas templados, en tanto las que son ricas en vocales –como banana– se oyen con más facilidad en regiones tropicales de vegetación densa.


Una lengua rica en vocales, típica de un hábitat tropical y exuberante, fue el hawaiano, en tanto el georgiano, cargado de consonantes, fue un buen ejemplo de una lengua que evolucionó en una región más abierta y montañosa, con poca vegetación densa.


La transmisión de ondas sonoras consiste en la propagación de pequeñas diferencias de presión en un medio como el aire, explicó el investigador. El medio necesita ser uniforme; de otro modo se producen distorsiones.

The Independent


Traducción: Jorge Anaya