Domingo, 26 Mayo 2019 05:48

Parto de huérfano

Parto de huérfano

“En la noche del viernes al sábado una mujer de 51 años de edad, madre de familia, se suicidó tomando una dosis de somníferos”, tal la noticia, una entre tantas, en un diario de Carintia. Pero la noticia, para el hijo no puede quedar ahí por dos motivos: 1) es escritor, 2) la suicida es su madre. Y el orden de importancia de estas dos circunstancias, la literatura y la vida, no es gratuito. La información escueta contiene entre líneas una novela, una familiar. Siete semanas más tarde, el hijo siente la necesidad imperiosa de hacer algo con esa muerte, que no quede ahí. Y lo mejor que puede hacer, se dice, es trabajar en el asunto, investigar los motivos del suicidio, lo que a su vez implica asumir que ella es una desconocida. La memoria, se sabe, deforma. Tratamos de embellecer tanto las derrotas de nuestros seres queridos como las propias. Si ya es difícil conocerse a uno mismo, arriesgo. cómo se puede conocer a otro.Más aún, conjeturo, si el otro es otra, si se trata de la propia madre, y de un pasado del que no queremos ni enterarnos. Pero el hijo escarba en esa llaga. Trabajar en el asunto quiere decir también hacerlo”para no volverse loco machacando con un dedo la misma tecla de la máquina de escribir”, cuenta Peter Handke (Griffen, 1944). “Lo que también podría hacer sería marcharme; además, yendo de viaje, ese dormitar con la mente en blanco, este ir de un lado para otro sin hacer nada me pondrían menos nervioso”, escribe.

Con esta disyuntiva, entre la escritura y el viaje como sustituciones de la locura empieza a escribir “Desgracia impeorable”. Por entonces, 1974, Handke es el niño terrible de la literatura alemana, un intelectual a lo Bob Dylan. De hecho preludia la novela con dos citas, una de Dylan y otra de Patricia Highsmith, de quien fue traductor al alemán. De Dylan, lo que escribe tiene un tono entre desmañado y ruinoso. De Highsmith, el estudio penetrante de un carácter. Biográfica y autobiográfica, “Desgracia impeorable” no sólo perturba. Lastima.
Hacía más de treinta años que no leía esta novela. Ahora volví a encontrarla y acá estoy, queriendo en estas notas explicarme su efecto. Handke, lector de novela negra, aplica el riguroso método Highsmith de análisis de la protagonista y sigue con minuciosidad las pistas de una vida desdichada. Infancia campesina, huida a la ciudad, parejas por conveniencia, simpatía por el nazismo, abortos, hijos arrastrados entre los escombros de posguerra en busca de comida y finalmente, fracasada, el retorno al campo, la reclusión. La angustia y la desesperación del huérfano no incurren ni en la piedad ni en el tremendismo. En el parto de la historia materna, toda una deconstrucción, se fija una objetividad complicada por la clase de distancia que signó la relación madre-hijo y ahora, el hijo como narrador, aspira resignificarla en un relato que puede leerse también como diario, un diario escrito con urgencia donde busca expiar la culpa filial. Un desconsuelo sabido de antemano: la escritura, inescrupulosamente, habrá de funcionar como distracción provisoria, pero a condición de aceptar que llegará un momento en que las palabras ya no podrán cubrir esa ausencia, el vacío.


“No es verdad que escribir me haya servido para algo”, escribe Handke cerca del final. “Durante las semanas que estuve trabajando en la historia, ésta no dejaba de preocuparme. Escribir no fue, como creía al principio, una forma de recordar una etapa ya concluida de mi vida, sino únicamente un continuo trasiego de recuerdos en formas de frases que lo único que hacían eran afirmar unas distancias que yo había tomado. Todavía a veces sigo despertándome por las noches de un modo brusco, de golpe, como si desde dentro un contacto me arrancara del sueño y, reteniendo el aliento, de terror, experimento como si me estuviera pudriendo minuto a minuto”.


Para los escritores no resulta sencillo escribir la madre. Resulta tanto más simple medirse y medírsela con el padre, practicar, si se puede, un parricidio virtual a través de la narración, que encarar a la madre. Problema de género y no sólo, no suele ser igual, en sus variantes, la relación que establecen los escritores con sus madres que con sus padres. La bibliografía al respecto es profusa. Ante la madre las estrategias narrativas masculinas, la elección del género literario, se conflictúan entre la elegía, el lamento compasivo y la confesión de culpa. Lo que cuenta, tal vez, más que el género es cómo ficcionalizar, un acto de escritura en el que se juega una verdad, que es siempre subjetiva y compromete en su exposición. Como si “hacer literatura” fuera incurrir en la mojigatería y el melodrama, “sensiblería femenina”. Una exigencia: hurgar en los propios sentimientos a menudo contradictorios. Handke lo dice así: “Es especialmente en los sueños donde se hace palpable la historia de mi madre: porque allí sus sentimientos se convierten en algo tan físico que los vivo como si fuera su doble y me identifico con ellos, pero son precisamente estos momentos de los que ya he hablado en los que la extrema necesidad de comunicación coincide con la extrema falta de lenguaje”. Si bien estas escrituras suelen apelar a la primera persona y entonces lo que se impone es un yo que todo lo prisma: la ternura, el odio, los celos, la desolación. En esa materialidad del intimismo terminan encontrándose con aquella verdad de la que huyen. La verdad, esa verdad deseada, retorno a la lengua materna, no es sino la escritura: en consecuencia, contra su terquedad, “novelaron” a sus madres. ¿Por qué no inferir entonces que la “literatura del yo” –si es que esta etiqueta cobra algún sentido– empieza con una palabra y ésta es “mamá”?
Vuelvo a la disyuntiva que plantea Handke en el comienzo de su novela: la alternativa entre escritura y viaje, que quizás ahora, ante la muerte de su madre, desde esta perspectiva, no resulten antagónicas sino versiones de una misma acción: el viaje de la escritura que, en ráfagas, como un viento helado,depara un ahondar en la interioridad.”La descripción, naturalmente, no es más que un procedimiento mnémico”, escribe Handke. “Pero, por otra parte, tampoco la descripción es capaz de conjurar nada. Sin embargo, desde los estados de miedo, intentando una aproximación con las formulaciones más adecuadas posibles, esta descripción consigue un pequeño placer, un placer que se produce por una beatitud del miedo y del recuerdo”.


Lo que me sorprende en esta segunda lectura es otra cosa además del dolor “inenarrable” que transmite la reflexión sobre el origen y los sentimientos contradictorios con respecto a la identidad. Esa otra cosa es la puesta en tela de juicio permanente de la herramienta del escritor: el lenguaje, su potencia expresiva pero también sus límites y sus trampas. Es en esta conciencia de los riesgos donde quizá, como en ningún otro texto suyo, en Handkese dirime la cuestión sartreana de para qué “sirve” la literatura, si es que una utilidad que no sea la mercantil puede tener, esa idea de que la literatura “enriquece”. Además de exorcismo, también comunicación. Como lo declaró más tarde Handkeen un texto titulado irónicamente “Soy un habitante en la torre de marfil”, el objetivo consiste en “llegar a ser más atento y volver más atentos a los demás: volverlos más sensibles, receptivos, y llegar a serlo yo para que yo y también otros podamos existir de forma más receptiva y sensible, para que pueda comunicarme con los demás y tratarlos mejor”.

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Viernes, 01 Diciembre 2017 06:53

¿Quién le dio el veneno a Praljak?

¿Quién le dio el veneno a Praljak?

Las autoridades abrieron una investigación para dilucidar cómo fue que el militar bosnio-croata se hizo del frasco de veneno que ingirió mientras hablaba al tribunal que lo juzgaba. La prensa croata lo definió como “mártir de la Patria”.

 

La justicia holandesa inició una investigación para determinar cómo es que Slobodan Praljak se hizo del veneno con el que se suicidó ayer en La Haya frente al tribunal que lo juzgaba. El misterio rodea la muerte del criminal de guerra, que estuvo sujeto a estrictas medidas de seguridad.


Praljak había sido condenado a veinte años de cárcel por sus crímenes en la república títere que los croatas montaron dentro de Bosnia durante la guerra civil posterior a la disolución de Yugoslavia. Estaba parado en una audiencia del Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia mientras la Corte confirmaba su sentencia cuando ingirió veneno delante de los jueces. Fue llevado a un hospital en ambulancia, pero falleció a los pocos minutos. Según los testigos, vomitó sangre entre gritos de dolor hubo una demora entre la llegada de la ambulancia y el arribo al hospital.


Las hipótesis son varias al respecto: familiares, amigos, visitantes ocasionales, incluso su equipo de defensa está en la mira. Praljak estaba detenido en la cárcel de Scheveningen, cerca de la costa de La Haya. Allí hay detectores de metales y pantallas para observar el contenido de ropa y valijas. Una vez en la Corte, el único contacto de los encausados en la Corte es con sus abogados. ¿Cuándo, dónde y cómo se le dio el veneno al militar?


Eso es lo que se trata de averiguar, dada la violación de seguridad que permitió al reo tener el veneno en sus armas dentro del recinto del tribunal, rodeado de abogados y jueces. A la espera de la autopsia, la fiscal Marilyn Fikenscher dijo que "se trató de una sustancia química en un contenedor que le causó la muerte". Mientras, el abogado Tom Fila apuntó a que Praljak consiguiese el veneno minutos antes de matarse. "Pastillas y líquidos en pequeñas cantidades no son controlados", en ese sentido, dejando entrever la flexibilidad en los controles.


El testigo Mate Lausic apuntó que el criminal tuviese escondido el veneno en su traje. "El caso lleva 13 años, así que todo está más relajado. Los acusados reciben un traje en sus celdas para asistir a las audiencias, y este no fue chequeado", conjeturó, al tiempo que aventuró que el veneno fuese “líquido para destapar cañerías”.


Así las cosas, no es el primer criminal de guerra del sangriento conflicto balcánico que muere de esta forma. Otro criminal bosnio-croata que se suicidó fue Slavko Dokmanovic, quien se ahorcó el 29 de junio de 1998 en su celda de Scheveningen. En marzo de 2006, Milan Babic también se suicidó, tras haber sido condenado a 13 años por la limpieza étnica en Trajina. Otro caso es el Slobodan Milosevic, el ex presidente serbio y primer jefe de Estado juzgado por genocidio. Una semana después de la muerte de Babic apareció sin vida en su celda. La versión oficial habla de muerte natural. Nunca se pudo demostrar si se quitó la vida.


Respecto de Praljak no hay mayores precisiones desde la fiscalía holandesa, al tiempo que la sala del tribunal donde se mató continúa precintada. Así las cosas, hay un lugar en el mundo donde se llora al hombre condenado por haber masacrado musulmanes en el mayor conflicto posterior a la Segunda Guerra. Es Croacia, donde la prensa lo definió como “mártir de la Patria”. El Parlamento croata hoy guardó un minuto de silencio y sus connacionales critican la lentitud de los médicos.

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Martes, 11 Junio 2013 08:31

El suicidio de Rambo

El suicidio de Rambo

Durante los últimos doce años el suicidio entre los militares estadounidenses en activo ha ido aumentando sostenidamente, alcanzando un récord de 349 (únicamente suicidios confirmados) en 2012. De acuerdo a cifras preliminares, parece que alcanzará un nuevo record en 2013.

 

La preocupación del gobierno norteamericano se acentúa con el hecho de que en cada uno de los últimos tres años el número de bajas por suicidio entre los militares ha sido superior a la cifra de los que mueren en combate. En 2012 murieron 310 soldados estadounidenses en Afganistán y se suicidaron, como hemos dicho, 349. Sólo el Cuerpo de Infantería de Marina registró 48 autoeliminados en 2012, un aumento del 50% respecto a 2011. Cada 65 minutos en promedio, un veterano de las fuerzas armadas estadounidenses comete suicidio (uno cada día aproximadamente entre los que están en servicio activo).

 

Se considera, sin embargo, que la verdadera cifra es bastante mayor pues debido al estigma asociado al suicidio, muchas muertes, sobre todo las que se producen por envenenamiento, sobredosis de estupefacientes y caídas desde alturas, se clasifican como accidentes aunque, con toda seguridad, una parte de ellas son acciones suicidas.

 

De todos modos, la situación es tan grave y escandalosa que el Secretario de Defensa León Panetta afirmó en un comité del Congreso en Julio de 2012 que los militares de Estados Unidos se enfrentan a una "epidemia" de suicidios y que se necesita mejorar los servicios de salud mental para las tropas. Panetta indicó que los suicidios constituyen uno de los problemas "más complejos" y "urgentes" que enfrentan los militares estadounidenses y es "uno de los retos más frustrantes" ya que "a pesar del aumento de esfuerzos y el incremento de la atención, la tendencia continúa avanzando en una problemática y trágica dirección".

 

En los últimos tres años se incrementó (hasta unos 9,000) el número de psiquiatras, psicólogos, trabajadores sociales y enfermeras especializadas en salud mental, en hospitales y clínicas militares, un incremento del 35 %.

 

Si se tiene en cuenta la experiencia israelí (la tasa de suicidios es también alta entre los militares de Israel) el suicidio entre los veteranos es favorecido por las leyes que permiten, prácticamente sin control, la tenencia de armas de fuego. En Israel, la principal forma de suicidio era por disparo de arma de fuego los fines de semana y días festivos. En 2006, una orden administrativa que prohibió a los soldados llevar el arma a casa redujo de inmediato la tasa de suicidios en más de un 40 %.

 

Medidas como ésta, sin embargo, tocan solamente la superficie del problema, el cual tiene raíces considerablemente más extensas y profundas. Muchos veteranos, víctimas ellos también de tantas guerras sin sentido, prefieren quitarse la vida a vivir con las secuelas de las terribles experiencias vividas como invasores en países que, muy probablemente, no sabían siquiera situar en un mapa.

 

El aumento de la tasa de suicidios obligó a la Casa Blanca en 2011 a levantar la prohibición, impuesta por la administración de George W. Bush, para el envío de cartas de condolencia a nombre del presidente a las familias de los miembros del servicio que se suicidan.

 

Al escándalo del suicidio entre los militares se suma el escándalo de los asaltos sexuales: una de cada cinco mujeres de uniforme es asaltada sexualmente por sus compañeros, y la cifra va en aumento. Alrededor de 20,000 asaltos sexuales tienen lugar cada año en las fuerzas armadas de Estados Unidos, pero menos de cien (menos del 0.5 %) de los violadores son llevados a corte marcial y esto, generalmente, sólo cuando han actuado con excesiva brutalidad y el hecho ha trascendido al público. Si los militares estadounidenses violan a sus propias compañeras, ¿qué no harán con las mujeres civiles indefensas en los territorios ocupados?

 

Rambo viola, Rambo tortura, Rambo asesina, Rambo se suicida porque, no busquen otra causa, su degradación es el resultado de violentar la naturaleza humana dentro de una horrible maquinaria de destrucción y muerte al servicio del complejo militar-industrial y de la élite imperial gobernante.

 

Nota: La cifras que se ofrecen son desclasificadas. Fuentes: informes anuales del Departamento de Defensa y del "Department of Veteran Affairs".

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El miércoles pasado, en Troyes, en medio de una reunión, un operario de 49 años de France Télécom, tras enterarse de que, fulminantemente, iba a cambiar de puesto de trabajo, sacó un cuchillo y se rajó el vientre al grito de "¡Ya estoy harto de gilipolleces!". No murió. El viernes, en París, tras escuchar que, de buenas a primeras, iba a cambiar de jefe de equipo y de cometido, una empleada de la misma empresa se lanzó desde un cuarto piso y se estampó contra la acera. Sus compañeros contemplaron estupefactos durante varios minutos, mientras llegaba la ambulancia, la agonía de su colega en la calle, que murió horas después en el hospital. Ayer, otra empleada del departamento de atención al cliente, y que se enteró de que iba a ser trasladada, se intentó suicidar a base de barbitúricos.

 

Las condiciones de trabajo son estresantes, según los sindicatos

 

En el último año y medio, 23 trabajadores de France Télécom se han suicidado. La media supera cinco veces la tasa de suicidios de la población, según cálculos de Libération. En ese número no se cuentan las intentonas fracasadas. Los sindicatos denuncian desde hace meses los estresantes métodos de trabajo y de organización, los constantes cambios de ubicación, de tarea y de residencia de los trabajadores y la presión directa (a base de constantes correos electrónicos) para estimular la prejubilación.
 
La alarma social se ha disparado. Psicoanalistas especializados en enfermedades laborales predicen nuevos suicidios. El Gobierno de Nicolas Sarkozy ha tomado cartas en el asunto. La ministra de Economía, Christine Lagarde, ha forzado a la empresa, privatizada en 1997 pero que mantiene un 26% de capital público, a que celebre un Consejo de Administración dedicado al asunto. El ministro de Trabajo, Xavier Darcos, se reunirá hoy con el presidente de la compañía, Didier Lombard, para arbitrar medidas encaminadas a rebajar la marea de suicidios.
 
Pero los trabajadores no se fían: "A nosotros nos afectan más las reuniones con los jefes de personal que las que pueda tener el ministro", explicaba ayer en la televisión un operario que lleva más de 26 años en la empresa, compañero de la que saltó desde el cuarto piso el viernes. "Jamás he visto mi puesto de trabajo tan degradado", añadió.
 
Las razones del estrés son evidentes, a juzgar por los sindicatos: "De un día al otro, se les anuncia a los trabajadores que deben mudarse a un puesto que está a 50 o 100 kilómetros del anterior", explicaba ayer en Libération Pierre Morville, delegado sindical de CGC-Unsa.
 
Otro programa interno de la empresa citado por este periódico -denominado, en inglés, Time to move (tiempo de moverse)- obliga a determinados cargos medios a cambiar de puesto cada tres años. "Está inspirado en el ejército, para evitar que los jefes se encariñen con sus empleados y se opongan a las reducciones de personal o a los cambios de ubicación".
 
El director de recursos humanos de la empresa, Olivier Barberot, aseguró hace unos días que, con todo, el número de suicidios no se ha incrementado este año con respecto a los anteriores. Pero matizó: "De cualquier manera, estas cifras muestran una indiscutible ansiedad".
 
La semana pasada, los trabajadores se manifestaron en varias ciudades francesas para protestar por los métodos de la empresa, que cuenta con 100.000 empleados en Francia, de los cuales 65.000 son funcionarios. France Télécom, que ganó el año pasado 4.000 millones de euros, se encuentra desde hace años en una reestructuración permanente (desde 1996 cuenta con 70.000 trabajadores menos).
 
La empresa apela también a las historias personales, a los antecedentes psíquicos y a los dramas íntimos de cada trabajador suicidado. Pero, desde el jueves pasado suprimió, de forma temporal, los traslados fulminantes. También ha contratado a 100 directores de recursos humanos y varios médicos con la misión de vigilar a los empleados más frágiles.
 
Los sindicatos replican que las historias personales no sirven para explicar la ola de suicidios y recuerdan que de los 23 casos contabilizados, nueve están estrechamente relacionados con el trabajo. "Esta es una empresa que sólo piensa en ganar dinero. Los empleados estaban acostumbrados a trabajar de otra manera", explicaba François Chéreque, del sindicato CFDT. Hay casos claros: en agosto, un trabajador se mató dejando una carta: "Me suicido por mi trabajo: ésa es la única razón".

A. JIMÉNEZ BARCA - París - 15/09/2009
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