Autoridades de Salud de Rusia anunciaron el lanzamiento de la primera vacuna en el mundo contra el Covid-19.Foto Luis Castillo

Según la OMS, seis vacunas entraron a la final "fase 3" de pruebas clínicas (https://bit.ly/3iwhpNF), donde resaltan: tres de China –Sinovac, Sinopharm y Sinophar–; otra anglosueca, Oxford/AstraZeneca; otra estadunidense, Moderna/NIAID; y una híbrida: de dos chinas BioNTech/Fosun asociadas a la estadunidense Pfizer, integrante del “ Big Pharma” (https://bit.ly/3gEEcpJ).

La controvertida OMS omite, malignamente o por "comisión", el sonoro lanzamiento de la vacuna rusa que será la primera en el mundo contra el Covid-19 y que el centro nacional de investigación Gamaleya de Rusia “se prepara para registrarla (https://bit.ly/2XDZtZg)”, la cual es entronizada como el "momento Sputnik", en alusión al lanzamiento satelital en 1957 que colocó a la ex URSS en el primer sitial de la carrera en el espacio antes que EU.

Desde hace cuatro meses sigo la carrera por el primer sitial de las vacunas entre las empresas chinas y las anglosajonas cuando la rusa no aparecía en el radar.

De allí que sea asombroso el anuncio de Kirill Dmitriev, director del "Russia Direct Investment Fund" –un "fondo soberano de riqueza"– quien anunció el lanzamiento de la primera vacuna en el mundo para estos días (https://bit.ly/3fCWiay), quizá el 10 de agosto (https://bit.ly/2ETi3Gb).

Mijail Murashko, ministro de Salud de Rusia, aseveró que "la vacuna masiva (sic) está programada para octubre, y los primeros en recibir el fármaco serán los médicos y los profesores".

Los golpes bajos de los competidores no se han hecho esperar en EU, donde abultan su "preocupación" sobre la "seguridad" de la vacuna rusa (https://bit.ly/3gz4bPo).

Hace tres meses planteé el desencadenamiento de una "guerra nacionalista de vacunas entre Occidente y China" (https://bit.ly/3gEqTFX) ya que el primer país descubridor de la primera vacuna mundial obtendría una supremacía biotecnológica y un poder geopolítico sin igual.

The Wall Street Journal menciona el "nacionalismo de las vacunas" y su "nueva dinámica en la carrera para aplastar al coronavirus" que se (con)centra en el manejo nacional y sus alcances geopolíticos: la vacuna del coronavirus representaría un premio monumental para el país capaz de manufacturarla a gran escala, un triunfo civilizatorio (sic) comparable al alunizaje. Permitiría al vencedor revivir su economía muchos meses por delante de los demás y entonces seleccionar qué aliados obtendrían luego sus envíos” (https://on.wsj.com/3fFnlli).

En forma sorprendente, ninguna empresa rusa aparece en el top ten del Big Pharma, medido por sus ingresos, donde descuellan dos empresas chinas: China Resources (primer lugar del ranking) y Sinopharm (cuarto lugar), frente a tres de EU: Johnson&Johnson (segundo), Pfizer (quinto) y Merck (octavo).

Tampoco aparecían las dos empresas chinas cuando abordé hace 11 años el ranking del momento del Big Pharma que constituía un casi-monopolio anglosajón.

En 2009 aduje que "con o sin el brote súbito de infecciones inéditas, el siglo XXI estaba destinado a ser eminentemente biológico, donde la inmunidad, la genética, la bioquímica y la virología jugarán un rol determinante y cuando el armamentario farmacológico será de carácter estratégico, por lo que aquellos países que dispongan de la sapiencia nanobiotecnológica (un feudo de EU, guste o disguste) tendrán un gran avance y quizá dispongan hasta del control del género humano voluntaria o involuntariamente".

Y agregué tristemente en Bajo la Lupa: "Aquí resalta la inmensa vulnerabilidad del BRIC (Brasil, Rusia, India y China), ya no se diga de Latinoamérica y el mundo islámico, que han descuidado el rubro farmacológico tan relevante" (https://bit.ly/30DuLkN).

Hace dos meses alerté que "La guerra farmacológica y de vacunas entre el mundo anglosajón y China va viento en popa, pero ya van entrando otros actores poderosos como Rusia" (https://bit.ly/31tbMIV).

En 11 años cambió dramáticamente el panorama del Big Pharma: hoy con sus vacunas tanto Rusia y su "momento Sputnik" como la inventiva China están a punto de desbancar al casi-monopolio farmacológico anglosajón.

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Sábado, 01 Agosto 2020 06:01

Gigantes digitales, al banquillo

Gigantes digitales, al banquillo

Este 29 de julio de 2020, cuatro de las cinco mayores empresas tecnológicas del planeta, Google, Amazon, Facebook y Apple (GAFA), comparecieron en una audiencia pública ante el Congreso de Estados Unidos, acusadas de prácticas monopólicas contra competidores más pequeños, consumidores y usuarios. Siendo un aspecto clave de los impactos negativos de estas gigantes plataformas digitales, es sólo uno de los que caracterizan el poder económico, político y social sin precedentes que detentan.

El mercado de esas cuatro empresas juntas es actualmente de más de 5 billones de dólares estadunidenses (millones de millones). Junto con Microsoft (GAFAM), están entre las 10 con mayor valor de capitalización de mercado del mundo y de la historia del capitalismo. Apple, Alphabet, Microsoft y Amazon, junto con las petroleras Petrochina y Saudi Aramco, son las únicas seis compañías que han superado el billón de dólares en valor bursátil ( Trillion dollar companies, en inglés). Facebook sigue de cerca, valuada en 633 mil millones de dólares, similar a las plataformas digitales chinas Alibaba y Tencent.

En la audiencia, que duró más de cinco horas, los representantes de Google, Amazon, Facebook y Apple oyeron una larga lista de cuestionamientos, reunidos por la comisión antimonopolios, coordinada por David Cicilline, luego de un año de investigación y más de un millón de documentos. Jeff Bezos, fundador de Amazon; Marc Zuckerberg, fundador de Facebook (ambos entre los ocho hombres más ricos del planeta); los presidentes ejecutivos de Apple, Tim Cook, y Sundar Pichair, de Alphabet (dueña de Google), defendieron a sus empresas ante un muro de evidencias que difícilmente pudieron contestar.

Los casos presentados eran conocidos, pero no por eso menos graves. Por ejemplo, se mostró a través de correos electrónicos que Facebook compró a sus competidores Instagram y WhatsApp porque los percibía como una amenaza a su control de los usuarios, algo que también fue la intención de Alphabet (Google) al adquirir YouTube. Se evidenció que Google roba información a empresas más pequeñas, por ejemplo las reseñas de Yelp sobre restaurantes, y ante la queja de ésta amenazó con asegurar que ya no saldría en los resultados de búsqueda. Google controla 90 por ciento de las búsquedas en línea. Las acusaciones contra Apple giraron en torno a la imposibilidad de que sus clientes usen aplicaciones de otros desarrolladores.

Amazon superó en ventas minoristas a Walmart, el mayor supermercado del planeta, desde 2019. Con la pandemia sus ganancias aumentaron exponencialmente, convirtiendo a Bezos en el hombre más rico del mundo, con una fortuna personal de 181 mil millones de dólares. El control de Amazon sobre sus proveedores es brutal, con poder de llevar a la quiebra a los que no pueden o no quieren entrar en sus condiciones. Quedó claro que también copia, fabrica con su marca y vende más baratos (al principio) los productos más rentables de otras compañías, llevándolas a morir.

Además de lo anterior, se mencionó también, pero muy lejos de la verdadera dimensión que tiene, la manipulación de los datos e información con impactos políticos y discriminatorios. Lo particular de esta audiencia fue el alto nivel de preparación que trabajó la comisión antimonopolios, que hizo incluso titubear a los ejecutivos. Hace dos años Zuckerberg tuvo que acudir a responder al Congreso por la “filtración” (o venta) de los datos de más de 80 millones de usuarios de Facebook a la empresa Cambridge Analytica, a partir de lo cual ésta y sus ejecutivos influyeron decisivamente, por métodos abiertos y subliminales, en la elección de Trump y otros personajes, como Bolsonaro en Brasil. En esa ocasión Zuckerberg tuvo el control del debate frente a congresistas que apenas entendían el tema y salió librado con una multa de 5 mil millones de dólares, que no es poco pero fue mucho menor a las ganancias que obtuvo y al valor de repunte inmediato de sus acciones apenas se emitió la sentencia.

Llama la atención que no citaran a Microsoft y su fundador Bill Gates, quien junto con GAFA controla más de la mitad del mercado global de plataformas digitales. Probablemente porque Microsoft fue citada a una audiencia similar hace 22 años para responder por su monopolio en el mercado de software, proceso que influyó en la estructuración de la compañía y cambió algún plan, como el desarrollo de teléfonos. No obstante, Microsoft y su poder actual de nubes de cómputo, inteligencia artificial y manejo de datos masivos ( Big data) juegan un papel fundamental en el control de economías y políticas, junto con los otros cuatro monstruos de la digitalización.

El tema del control monopólico de mercados es definitorio, pero solamente uno de los aspectos cruciales que implican estas nuevas formas de acumulación capitalista a partir de los datos sobre la vida de todas y todos, que conforman el llamado “capitalismo de la vigilancia”, tema que debemos entender y organizarnos colectivamente para enfrentar. No se trata sólo de tecnologías digitales, sino que la digitalización ha entrado en todos los aspectos de la vida productiva y social. Una contribución interesante a este debate es la revista Internet Ciudadana (https://al.internetsocialforum.net/publicaciones/)

*Por Silvia Ribeiro, nvestigadora del Grupo ETC

Electrosensibilidad, 5G y el determinismo biológico como caballo de Troya

Existe todo un movimiento organizado que reivindica una moratoria en la implantación del 5G, la reducción de las emisiones de estas radiaciones y un mayor estudio de sus efectos sobre la salud. Los argumentos de los promotores de su desmantelamiento son diversos: ambientales, energéticos, decrecentistas, por los problemas que generará en la investigación astronómica, o por motivos de salud. En este último, sus detractores van desde los que afirman que es causante de la electrosensibilidad, una enfermedad “ambiental emergente”, que sufren miles de personas y cuya etiología no ha sido descubierta, a ser responsable del incremento de enfermedades como el cáncer; pasando por teorías como que es causante de la pandemia de la COVID19. 

La divulgación científica de masas afronta este asunto como otro objetivo blando, tipo homeopatía, chemtrails, etc. Y lo hace con arrogancia, autoritarismo y cientifismo. Siendo el cientifismo el motor del negacionismo científico. Además, desde los 80, la medicina se encuentra en un proceso de “biomedicalización”, que consiste en una transformación tecnocientífica de los conceptos de salud y enfermedad (Clarke, 2003). La biomedicalización tiene un brazo tecnocientífico, donde lo sanitario se mercantiliza, donde la tecnología domina lo epistemológico. La medicina, una “ciencia social” (Rudolf Virchow), que de manera holística (término denostado) debería afrontar el bienestar humano, se ha convertido en un taller de coches. Un coche funciona o no, y cuando se estropea se diagnostica el problema y se intenta arreglar. 

Otro elemento fundamental de la biomedicalización es que ha extendido en las sociedades una ideología reduccionista, el determinismo biológico. Aquel dogma por el que todo fenómeno en los organismos se puede reducir a una fenómeno biológico. Desde un resfriado a una depresión tiene una explicación biológica de que algo en el coche no va bien. Sin embargo, aunque el material que compone el coche es acero y plástico, pero esos materiales, sus engranajes, no explican el funcionamiento del coche. De igual manera, las neuronas y sus conexiones son la base material de la consciencia, pero no la explican. Así, si algo cambia en esa base material repercutirá en el comportamiento, las emociones, etc. pero eso no significa que los cambios en las emociones estén causadas por alteraciones comprensibles en la materia. Atención, no estamos defendiendo la existencia del alma como entidad separada de la materia, sino el idealismo por el que la ideología reduccionista dominante pretende que las propiedades emergentes como la consciencia se reduzcan a mecanismos biológicos.

El tercer elemento es el solucionismo. Tenemos la explicación biológica (mecanicista), tenemos la tecnología (tecnociencia) – y si no, es cuestión de tiempo y recursos producirla – y por tanto tenemos la solución, tecnológica. Este fenómeno, que apenas tiene unas pocas décadas, acelerado por desarrollos tecnocientíficos como la genómica, tiene profundas consecuencias sociales y médicas.

Pongamos como ejemplo la depresión, cajón de sastre de criterios muy laxos, que casi siempre tiene unas causas estructurales (económicas, emocionales, históricas) y, por tanto, habría que afrontarlas de manera sistémica. Sin embargo, la ideología biologicista ha hecho que ya no sea un fenómeno que trasciende al individuo que necesita por un lado de cuidados, sostén y psicoterapia, abordaje individual, y por otro de soluciones estructurales (laborales, económicas, sociales), sino un fenómeno biológico que puede ser corregido mediante tecnología. Tú no estás jodido porque en este mundo lo raro es no estarlo, sino por tus desequilibrios en la serotonina. La consecuencia de este fenómeno es la medicalización de todos los fenómenos categorizados como “enfermedad”. Por eso, a menudo se habla de que se están generando nuevas enfermedades (enfermos). Otros ejemplos son el trastorno de déficit de atención e hiperactividad, o el autismo. Es obvio que no puede ser que en solo unos pocos años nos hayamos encontrado con una epidemia de autismo, sino que se están catalogando como ese síndrome una variedad enorme de sufrimientos, para así abordarlos de manera determinista. 

Porque la biomedicalización y la ideología biologicista no solo lleva al tratamiento biológico de todo lo considerado enfermedad, sino a la parcelación y segmentación de fenómenos psicológicos, y a menudo culturales, para conseguir “el diagnóstico”. Surge el paradigma de la “enfermedad mental”, que lleva asociado por supuesto el negocio de la psicofarmacologia expansiva.

En esta década, con el abaratamiento de la secuenciación masiva, este biologicismo con los fenómenos psicológicos (con o sin sufrimiento), ha llevado a un fuerte resurgir de una neo-eugenesia, financiada con dinero público, con la que estos “científicos” asocian patrones de expresión génica con la susceptibilidad a la pobreza, a la posibilidad de ser víctima de abuso infantil, o a la homosexualidad. Y por tanto, susceptible de corrección de todas estas desviaciones de la norma.

Por otro lado, y con la crisis de la Covid-19 se está viendo acentuado, existen muchísimas personas que sufren a las que la biomedicina es incapaz de diagnosticar, o sea, de encasillar. Para ello, continuamente se generan nuevas categorías “médicas” sin etiología biológica, cajones de sastre para personas sufrientes, mientras se encuentra el “marcador”. Pero claro, para la biomedicina, si no tienes un relato biológico, ahí se incluirían muchísimas “enfermedades raras”, eres una persona enferma de tercera división, cuando no directamente psicosomático, y por tanto loca.

Aquí podemos introducir otro elemento. La arrogancia científica y médica a la que llaman “medicina basada en la evidencia”. De esa manera se arrogan la autoridad para decir qué es una enfermedad, o una “histeria”, que tiene que ser tratada como enfermedad mental no catalogada, con fármacos anuladores.

Entonces, las personas sufrientes, que no encajan en el dogma del todo es biológico, ¿qué tienen que hacer para ser cuidadas y atendidas para mejorar su estado? Buscar y hacer lobby para que se busque la fuente biológica de su mal. ¡Qué remedio! Porque si no, son simplemente mujeres vagas, quejicas, histéricas, que quieren una paguita por no hacer nada. El clavo ardiendo es la prueba de lo material, lo biológico, que hará que los señores, médicos y científicos, pero también jueces y seguridad social, entonces sí, se fijen en su sufrimiento. Si no, ni ayuda médica, ni ayuda social.

¿Con qué problema nos encontramos? ¿Cómo resolvemos este entuerto sin paternalismos, condescendencia ni pensamiento mágico o postulados anticientíficos?

Pues es un temazo, como dicen. En una sociedad donde lo que no tiene base material no existe, y donde hay que explicarlo todo de manera mecanicista, no hay cabida para fenómenos que la ciencia al uso no puede explicar. Parto del escepticismo, o sea, de que la ciencia no ha desvelado todos los misterios de la naturaleza, y que a lo mejor no lo podrá hacer.

Pero estamos convencidos de que existe una vía de en medio, una alternativa al dualismo. No existen evidencias en la física o la biología que expliquen que la 5G, esa longitud de onda de la TDT, una onda de radio, sea causante de todos esos efectos biológicos que desde grupos como Plataforma STOP 5G, Ecologistas en acción o la asociación Electro Químico Sensibles por el Derecho a la Salud se dicen. En esta última he buscado alguna referencia científica (revisada por pares) pero no tienen ninguna en su página. Me han enviado decenas de textos, vídeos, conferencias sobre los efectos de estas radiaciones sobre la biología y sin embargo aún nadie me ha mostrado nada coherente con el consenso científico y la biología fundamental. 

Las personas de esos colectivos, el “consenso científico” lo asocian al autoritarismo. Sin embargo, tomado con sano escepticismo, el consenso científico es lo que nos permite agarrarnos a una realidad cada vez más volátil, más dependiente de los relatos, pensamientos mágicos y bulos. Véase por ejemplo el cambio climático, si no fuese porque las organizaciones ecologistas se han basado y agarrado al consenso científico, estaríamos aún peor. La evidencia científica debe ser publicada en revistas científicas y revisadas por pares, y para que haya consenso tiene que ser reproducida por grupos independientes. Y al contrario también hay ejemplos. No hay consenso científico en que la energía nuclear sea una alternativa a las energías fósiles, sin embargo, sí hay un potente lobby científico pro-nuclear. 

Y eso es lo que más desconcierta en Ecologistas en acción. Hoy día son el colectivo que mejor sabe leer la evidencia científica en aspectos ambientales y de crisis energética, así como muchos de sus miembros son los que mejores propuestas anticapitalistas tienen. Sin embargo, en aspectos como la “contaminación electromagnética” es justamente lo opuesto, no interpretan correctamente la evidencia. Evidentemente esto tiene que ver con su historia y su pluralidad. 

Ecologistas apoya la “Declaración científica internacional de Madrid”.  En ella se hacen afirmaciones muy serias: “La exposición a campos electromagnéticos artificiales…generan una situación indiscutible e insoslayable de impacto en la salud pública”; Pongamos otro ejemplo: “resoluciones firmadas por cientos de científicos y médicos independientes que están alertando de que estas tecnologías, “en niveles miles de veces por debajo de las directrices legales actuales”, “son extremadamente dañinas para toda clase de vida”. Ponen un enlace, pero ahí no encuentro ningún artículo científico. Después siguen: “Dos mil artículos científicos revisados por pares hablan de cáncer, estrés celular, radicales libres dañinos, daños genéticos, cambios estructurales y funcionales del sistema reproductivo, déficit de aprendizaje y memoria, trastornos neurológicos…” ¿hablan? Por supuesto que hay muchísimos estudios al respecto, pero ¿esos dos mil artículos concluyen que esas radiaciones son “extremadamente dañinas para toda clase de vida”? 

¿Existe toda una conspiración para ocultar esa clamorosa evidencia por parte de científicos e instituciones?

En Rebelion.org se publicó esta entrevista a Blanca Salinas Álvarez, miembra de Ecologistas en acción. Este párrafo de la entrevista es muy representativo:

Las investigaciones apuntan a que los químicos y las ondas interactúan. Muchos de los químicos que todos tenemos en sangre (la media es de 40 químicos, sólo el 2% de ellos estudiados antes de su introducción en el mercado) son xenoestrógenos, disruptores endocrinos que imitan a los estrógenos, hormona femenina por excelencia. Se acumulan en la grasa y las mujeres tenemos un 20% más de materia grasa, luego somos bioacumuladoras. Estas sustancias alteran todos los equilibrios hormonales femeninos y afectan también al sistema nervioso, inmunológico y celular. Estudios científicos apuntan a que las ondas electromagnéticas agravan el problema, pues entre otras cosas, abren la barrera hematoencefálica que protege al cerebro (lo que posibilita que esos químicos accedan a él) y abren excesivamente los canales iónicos celulares dependientes de voltaje, especialmente los canales de calcio, generando un fuerte estrés oxidativo y graves daños celulares y metabólicos.

Estas afirmaciones plantean problemas de comunicación graves al no tener ningún sentido biológico. Si alguien dijera que los aviones vuelan porque a 11 mil metros hay menos gravedad, todo el mundo se daría cuenta que no tiene sentido, que la gravedad sigue siendo lo suficientemente alta a esa altura para hacer caer el avión. Y eso se sabe porque la física lo ha demostrado (no solo la experiencia). Sin embargo, cuando alguien sin formación en biología dice que los disruptores interaccionan con las ondas electromagnéticas y abren los canales iónicos dependientes de voltaje, especialmente los canales de calcio, generando estrés oxidativo… Se han puesto muchas palabras de biología raras seguidas sin ningún sentido. 

Y así podríamos poner muchísimos ejemplos de la pobrísima calidad epistemológica del argumentario sobre salud y 5G. Pero, de nuevo, el diálogo es inviable cuando para las cuestiones de cambio climático el consenso científico sirve, mientras que para las cuestiones de biología celular ni siquiera los libros de texto, el ABC de la biología más que demostrada vale, y se convierte entonces en arrogancia cientifista. 

Para los que estamos en contra de la implantación del 5G por motivos ambientales y socio-políticos (desarrollismo vs. decrecentismo), nada nos gustaría más, de verdad, que encontrar un buen artículo, con sus controles, que demuestre un efecto tan pernicioso sobre la salud. Es muy importante dejar claro que el que no se hayan demostrado sus efectos biológicos, no quiere decir que haya que afirmar categóricamente que no existan. De hecho, la OMS, a través de la IARC, catalogó en 2011 a las radiaciones no ionizantes de los móviles dentro del grupo 2B de los posibles riesgos de cáncer, grupo en el que están los agentes que es posible que sean cancerígenos. Es decir, se tiene algún indicio de peligro a las dosis que estamos recibiendo pero no es en absoluto convincente y, ni mucho menos, es probable que lo haya. La lista 2B de la IARC recoge actualmente a 313 agentes clasificados como «Posibles carcinógenos en humanos”. O sea, hay evidencia que no llega a ser concluyente de que la exposición puede causar cáncer en humanos. ¡Como los vegetales en escabeche!

La IARC no determina riesgos, solo trata de determinar si un agente es cancerígeno o no. Si mete un agente en una lista es por algo. En sucesivas revisiones puede quitarlo de la lista o subirlo de categoría. 

A partir de aquí, el sano escepticismo nos debe hacer exigir que se sigan tomando datos epidemiológicos y estudios biofísicos de las improbables interacciones entre ondas de baja frecuencia y los organismos. Por otro lado, luchar contra el determinismo biológico y por el cuidado en igualdad de condiciones de todas las personas afectadas por cualquier dolencia sin base biológica (probada). Esos cuidados se deben hacer de manera integral y desde diversas disciplinas sin menoscabar ninguno de sus derechos y por supuesto sin estigmatización. 

Por Alfredo Caro Maldonado | 22/07/2020 

Alfredo Caro Maldonado @cienciamundana, es doctor en biología celular

Miércoles, 15 Julio 2020 05:48

El Reino Unido la excluye del 5G

El Reino Unido la excluye del 5G

El gobierno británico se suma a las sanciones de EE.UU. a la multinacional china.

 

El Reino Unido excluyó a Huawei del desarrollo de su red 5G. El gobierno británico anunció que a partir de 2021 prohibirá a los operadores de telecomunicaciones adquirir esa tecnología de la empresa multinacional china. Toda la infraestructura aportada hasta ahora por Huawei será eliminada del territorio británico de aquí a 2027, estableció el gobierno de Boris Johnson. La decisión retrasará la entrada de esta tecnología en Gran Bretaña y provocará el aumento de costos. Sin embargo, el gobierno conservador la avaló argumentando que las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos a la compañía asiática cambiaron las circunstancias.

La exclusión de Huawei fue anunciada por Oliver Dowden, ministro de Cultura, Digital, Deportes y Medios de Comunicación, ante la Cámara de los Comunes. El anuncio se hizo tras una reunión con el Consejo de Seguridad Nacional, presidido por Johnson y formado por algunos ministros y el abogado del Estado. Previamente el Consejo tuvo que anular otra decisión tomada en enero en la que había autorizado a Huawei el acceso a partes no estratégicas de la red 5G.

El ministro explicó que las circunstancias habían cambiado. El Consejo tomó en consideración la decisión anunciada en mayo por EE.UU. de restringir la venta de chips de fabricación estadounidense a la gigante asiática. Según Downey, la sanción de la administración Trump a Huawei pondría en peligro la cadena de suministro. “Limitan la capacidad de Huawei de producir productos importantes”, sostuvo Downey. Y explicó que el Reino Unido no tiene la confianza de poder garantizar la seguridad del futuro equipamiento 5G de Huawei. “Para ser claros, desde el final de este año, los operadores de telecomunicaciones no deben comprar ningún equipamiento de 5G de Huawei, y, cuando se apruebe la ley de seguridad en las telecomunicaciones, será ilegal hacerlo”, dijo. Dowden. También admitió que la exclusión de la empresa china retardaría entre 2 y 3 años el desarrollo de la red de alta velocidad en el país. Además aumentará el costo de la misma en unos 2000 millones de libras (2500 millones de dólares).

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¿Hacia una Universidad no presencial? Decálogo para una reflexión imprescindible

Entre tantas otras en muy diversos ámbitos, una de las consecuencias de la pandemia de la covid-19 ha sido la necesidad de recurrir al desarrollo de enseñanzas online, ante la imposibilidad de realizarlas presencialmente. El fenómeno no es en absoluto nuevo, puesto que había registrado previamente avances significativos en todos los niveles educativos. Pero la actual situación de crisis ha venido a acelerarlo e intensificarlo y a marcar una tendencia de generalización de la formación no presencial en el futuro más inmediato.

La trascendencia de un proceso como ése resulta indudable, porque no se trata solo de un cambio en los instrumentos y soportes, sino que afecta a la propia naturaleza y esencia del modo tradicional de concebir y organizar las enseñanzas y supone un hecho disruptivo que cambia el discurso de una educación que no se encuentra ya atada a una específica localización y cuya provisión se desacopla de restricciones relacionadas con el espacio y con el tiempo.

Específicamente en el ámbito universitario, ello comporta, además, profundas transformaciones en el modo de participar en la educación, con cambios en la presencialidad y dedicación residencial y a tiempo completo, con extensión a la formación a lo largo de toda la vida, y con estudiantes que tomarán cursos de distintas instituciones, con diversas modalidades y estrategias.

Resulta evidente, pues, la magnitud de un cambio, patente ya antes de la crisis pero acelerado con ella, que incide sobre múltiples aspectos del proceso educativo. A esa importancia se suma ahora, además, la urgencia por resolver una cuestión tan relevante como el modo de organizar las enseñanzas desde el inicio del próximo curso.

La premura que esa situación impone no debería, sin embargo, llevar a decisiones apresuradas, sin una reflexión que resulta imprescindible y a la que me gustaría que pudiesen contribuir algunas ideas y planteamientos como los diez que expongo a continuación.

  • Primero. El avance del online resulta tan evidente e imparable que no merece discusión alguna. Pero eso no debería suponer de ningún modo la erradicación de los elementos presenciales. Creo que no cabe concebir ya el desarrollo de las enseñanzas sin la utilización de las nuevas tecnologías, pero la presencialidad es insustituible en el proceso educativo.
  • Segundo. Precisamente por eso, habría que tratar de evitar el riesgo de sucumbir ante falsos dilemas entre la presencialidad y el online y huir de posiciones excluyentes que nos sitúen en uno de los extremos, sin explorar el territorio "híbrido" en que ambas modalidades necesariamente han de encontrarse. Claro que lo híbrido no consiste en rotar períodos presenciales y online, sino combinar permanente ambos sistemas. Lo presencial debe utilizar las nuevas tecnologías y el online no debe suponer "lejanía" y tiene que acompañarse siempre de "presencialidad".
  • Tercero. Se educa por contagio (de éste no hay que huir como del virus) y, por eso, el ambiente y los lugares de contacto y relación resultan indispensables en el proceso formativo. Tenemos que preocuparnos, desde luego, de "enseñar más", pero sobre todo de "educar mejor". Las enseñanzas tienen indudablemente un valioso aliado en las tecnologías. La educación requiere además un ambiente de relación.
  • Cuarto. Resulta muy evidente que las nuevas tecnologías ofrecen enormes oportunidades de renovación educativa. Pero comportan también evidentes riesgos, como el de concebir que la digitalización es hacer lo mismo de siempre, pero a través del ordenador, sin preguntarse acerca del "qué" y el "cómo" de las enseñanzas, para modernizar y adaptar sus métodos y contenidos, porque ésos constituyen los elementos más esenciales de la renovación educativa.
  • Quinto. Los soportes son fundamentales, pero hay que saber qué hacer con ellos. Ése es el liderazgo fundamental que ha de ejercer el profesor, para no dejarse arrastrar simplemente por esos soportes e ir por detrás de ellos, sino para saber orientarlos y conducirlos.
  • Sexto. En consecuencia, los profesores continuarán siendo siempre la pieza básica y el elemento decisivo del proceso formativo, del que nunca se podrá prescindir y para el que se requiere un entorno y unas condiciones que garanticen su accesibilidad, presencia y proximidad.
  • Séptimo. Pero los roles y funciones del profesor han de ser redefinidas, para combinar simultáneamente el papel de maestro, guía, prescriptor, acompañante, inspirador e incluso influencer. Será fundamental, además, lo que el profesor enseñe de sí mismo, porque la educación es conocimiento, pero también estilos intelectuales y modos de pensar y de concebir el mundo.
  • Octavo. Ello comporta una mayor dedicación y nuevas tareas para ese "eslabón débil" de la cadena que suelen ser los profesores, y los enfrenta a nuevos cometidos y a más amplias, diversas y complejas tareas, que suponen adicionales esfuerzos y requieren indudablemente una mejor organización y una dotación mucho amplia de recursos.
  • Noveno. Quizá ahora es más cierta que nunca esa afirmación popular de que el saber no ocupa lugar. El conocimiento ha iniciado un imparable proceso de deslocalización, y precisamente por esa razón pasan a primer plano y se acentúa la importancia de los elementos que solo pueden ofrecer la docencia y los docentes más valiosos. Creo, por eso, que hay que reivindicar la vigencia del magisterio de los mejores profesores y que no hay que erradicar las clases magistrales sino las que no lo son.
  • Décimo. El online y los métodos y soportes digitales constituyen un elemento de indiscutible y enorme potencial para las enseñanzas, particularmente para el avance de los programas personalizados apoyados en instrumentos como el big data o la inteligencia artificial. Pero confío en que sepamos manejarlos con el buen sentido, la mesura y la responsabilidad que evite que la Universidad pase de ser un "lugar" (de relación) a reducirse a ser simplemente un "sitio" (en la web).

Juan A. Vázquez

Catedrático de Economía Aplicada, Universidad de Oviedo.

13/07/2020

Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation

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El UWMS, un váter de 23 millones de dólares. NASA.

La NASA diseña un nuevo inodoro que será testado este año en la Estación Espacial Internacional y que se empleará en las futuras misiones a la Luna y Marte.

 

La humanidad inauguró los viajes al espacio el 1 de abril de 1961, cuando Yuri Gagarin, entonces ciudadano de la URSS, empezó a orbitar alrededor de la Tierra; ocho años después, el 21 de julio de 1969, Neil Armstrong se convirtió en el primer ser humano en pisar la Luna. Desde entonces, se han lanzado decenas de cohetes y transbordadores espaciales, se puso en marcha la MIR y después la Estación Espacial Internacional y, con la llegada del nuevo milenio, la NASA prepara misiones a la Luna y a Marte..., sin embargo, en estos 59 años de ese ir y venir de astronautas de la Tierra al espacio quedaba un parche por subsanar y sólo ahora, en pleno 2020, es cuando la NASA se ha puesto en serio a perfeccionar un modelo adecuado de inodoro para las misiones espaciales. Después de seis años de trabajo ya hay prototipo: se llama UWMS y es un váter de 23 millones de dólares. El nuevo retrete está especialmente pensado para las mujeres astronautas y puede reciclar un alto porcentaje de la orina en agua para los tripulantes.

Bajo esas siglas se esconde el concepto de Sistema Universal de Gestión de Residuos (en inglés: Universal Waste Management System). "Es un diseño compacto para misiones de exploración y se han desarrollado dos modelos: uno para la Estación Espacial Internacional, que se empezará a probar este mismo año, y otro para la sonda Orión", explica a Público Melissa McKinley, ingeniera responsable del proyecto en el Centro Espacial Lyndon B. Johnson de la NASA en Houston, Texas. La sonda Orión es la que pondrá a un hombre y una mujer en la Luna en 2024 y la que se usará como escala intermedia para viajar hasta Marte.

El UWMS comparte las características básicas del tipo de váter espacial que actualmente se usa en la Estación Espacial: tiene un embudo para succionar orina, un asiento con un saliente y un compactador de residuos extraíble donde los astronautas dejan caer sus excrementos. Sin embargo, para el diseño de esta nueva generación de inodoros, el equipo de ingenieros que lidera McKinley se ha centrado en tres áreas de mejora: el tamaño y el peso, la gestión de los residuos y su uso por parte de la tripulación femenina.

El modelo desarrollado para la Estación Espacial es un cilindro blanco, pesa 50,8 kilos y mide 58,40 centímetros de alto y 43,20 de ancho y de profundidad. "El UWMS es más compacto que otros modelos anteriores usados en transbordadores espaciales y que el actual inodoro usado en la Estación Espacial; representa un 40% de reducción en masa y un 65% en el volumen comparado con el que está instalado en el Nódulo 3 de la Estación".

Una de las mayores diferencias de este nuevo inodoro es que es compacto e independiente, mientras que el actual de la ISS está instalado tras una mampara y dificulta las reparaciones. A pesar del reducido tamaño del UWMS, detalla McKinley, "dispone de un sistema para el tratamiento de la orina previo al reciclaje del líquido y de un hardware de integración para que esté conectado a los sistemas de la Estación. El equipo estará instalado en el interior de un habitáculo para que los astronautas tengan privacidad".

La ingeniera de la NASA añade que el nuevo inodoro espacial "incluye un ventilador doble y un separador giratorio, dos innovaciones que mejoran los diseños anteriores y que permiten separar previamente los desechos. El flujo de aire del inodoro", añade, "se usará para el control del olor y para ayudar a la recogida de la orina y la materia fecal para su colecta dentro de los sistemas del baño; el anterior diseño de lanzadera usaba dos ventiladores separados para hacer estas funciones. Parte de la reducción en masa y volumen de este nuevo modelo se explica porque está provisto de un motor único y de un separador de líquidos, una caja de velocidades y dos ventiladores ensamblados juntos".

El habitáculo donde se instalará el UWMS se encuentra en el Nódulo 3 de la Estación y estará junto al inodoro ya existente, el llamado WHC: las siglas en inglés de Compartimento de Higiene y Desechos (Waste and Hygiene Compartment). Sin embargo, ese espacio no fue diseñado para albergar dos baños contiguos, de manera que ya a principios del año pasado, los astronautas de la Estación Espacial sacaron su manual de fontanería espacial y empezaron a trabajar en la zona para habilitarla.

Junto a todas estas mejoras, prosigue McKinley, "el UWMS ha sido diseñado para mejorar su uso muy especialmente por parte de la tripulación femenina. El asiento del equipo y el embudo succionador de orina fueron fabricados usando los comentarios de astronautas tras muchas evaluaciones para ganar conocimiento de lo que mejor funcionaría en microgravedad". De hecho, el embudo succionador de orina ha sido testado ya en el actual baño de la Estación y obtuvimos los comentarios de la tripulación para mejorar su diseño”, dice McKinley. Para las astronautas, es más complejo orinar y deponer al mismo tiempo debido a la colocación del embudo de orina y de cómo tienen que colocarse para hacer la defecación.

"Existía este problema, por lo que, para mejorar la experiencia de la tripulación femenina, el asiento y el embudo de succión de la orina fueron diseñados para su uso en operaciones simultáneas: la forma del embudo se rediseñó con una superficie contorneada y con agujeros de aire para permitir un mejor flujo de aire durante la micción; la forma del asiento se corrigió para dar una mejor orientación del embudo en relación con el asiento", apunta la ingeniera de la NASA.

A pesar de la tecnología de todo tipo que se desarrolla para las misiones espaciales, en los primeros años de estos viajes, la NASA ni siquiera se molestó en instalar un inodoro en las naves. Un informe del propio centro Lyndon B. Johnson de la agencia americana sobre la misión Apolo ya reconocía que "la defecación y la orina han sido molestos aspectos de los viajes espaciales desde el inicio de los vuelos tripulados". Así que durante la misión del Apolo 11 a la Luna en julio de 1969, Armstrong, Aldrin y Collins tuvieron que orinar en una especie de condón conectado a un tubo, que hacía llegar el líquido a unas bolsas que llevaban debajo de los trajes espaciales; y para las heces se recurrió a un sistema de recolección "extremadamente básico", según el informe de la NASA: "Una bolsa de plástico que se pegaba con cinta adhesiva a las nalgas para capturar las heces". De hecho, para reducir al máximo las deposiciones, aquellos astronautas tomaban laxantes antes de sus viajes espaciales, se alimentaban de alimentos bajos en fibra y tomaban medicamentos para reducir la motilidad intestinal.

La primera estación espacial de la NASA, el Skylab, que funcionó entre mayo de 1973 y julio del 79, marcó la primera vez que un inodoro se integró en una nave espacial de la agencia norteamericana, pero no era más que un agujero en la pared que aspiraba la orina y las heces y la almacenaba en bolsas.

"En el diseño del nuevo inodoro UMWS", señala McKinley, "ha habido un balance entre lo necesario para la conveniencia de la tripulación y su confort, y los desafíos de diseño al ser un aparato que tiene que ser instalado dentro del espacio reducido de una nave. Para los viajes espaciales", añade, "hay numerosos requerimientos que limitan el diseño, la masa y el volumen del inodoro, y que afectan a la potencia de uso, la acústica, los niveles térmicos, la necesidad de flujo de aire, el control del olor y la higiene y limpieza necesarios para el confort de los astronautas".

Aunque la NASA trabaja en el reciclaje tanto de la orina como de las heces de los astronautas, la agencia aún está lejos de conseguir lo que hacía Matt Damon en la película Marte (2015): convertir los residuos humanos en abono para cultivar plantas en la superficie del planeta rojo. "El inodoro UMWS proporciona un tratamiento químico sólo para la orina", explica McKinley. "Dicho tratamiento permite que el líquido sea reciclado en agua en la Estación Espacial. En cuanto a la materia fecal", apunta, "sencillamente, se recoge en el contenedor de heces y se almacena para su posterior eliminación. No existe un tratamiento químico para la materia fecal".

Actualmente, los sistemas de la Estación Espacial recuperan el 87% de la orina al reciclarla en forma de agua; el resto es una salmuera. "El objetivo es reciclar toda la orina y el próximo año un procesador de salmuera será enviado a la Estación con el objetivo de incrementar la recuperación de agua hasta el 98% de la orina", asegura McKinley.

El actual tratamiento químico de la orina dificulta su posible uso como fuente de fertilizante, y lo mismo sucede con las heces, "aunque hay una investigación sobre la recuperación de elementos químicos de la orina y la materia fecal para futuras misiones de larga duración", detalla la ingeniera responsable del UMWS.

"Sí se han realizado experimentos a pequeña escala de crecimiento de plantas tanto en el Sistema de Producción Vegetal de la Estación Espacial como en el Hábitat Avanzado de Crecimiento Vegetal, pero en ambos casos", apunta, "se ha empleado fertilizantes llevados desde la Tierra".

El modelo fabricado para la Estación Espacial se empezará a testar este mismo año: llegará en septiembre a bordo de la nave de abastecimiento Cygnus Northrop Grumman 14. "Tardará varias semanas en estar listo y entonces empezarán a probarlo los astronautas. Usaremos los comentarios que hagan para cerrar el modelo definitivo", explica McKinley.

Después de ser testado en la Estación Espacial Internacional a partir de septiembre, los futuros destinos del UWMS serán la nave Orión y la Plataforma Orbital Lunar Gateway, la estación espacial que hará de base para que el ser humano regrese a la superficie de la Luna y para hacer de escala intermedia hacia las futuras misiones a Marte. Esta vez, sí, con un baño a la altura del desafío tecnológico de estos viajes espaciales.

Washington

12/07/2020 10:47

Por manuel ruiz rico

Estados Unidos realizó el ataque cibernético encubierto contra Rusia en 2018, confirma Trump

El presidente Donald Trump, por primera vez, confirmó que Estados Unidos realizó un ataque cibernético encubierto en 2018 contra la Agencia de Investigación de Internet de Rusia, que ha sido acusada por los Estados Unidos de ayudar a facilitar la interferencia tanto en las elecciones presidenciales de 2016 como en las elecciones parciales de 2018.

Trump dio la confirmación durante una entrevista realizada por Marc Thiessen, columnista del Washington Post y ex redactor de discursos del presidente George W. Bush y el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld.

Thiessen escribe en el Post que durante su entrevista le preguntó a Trump si había lanzado un ciberataque, a lo que dijo que el mandatario respondió: “Correcto” .

Trump refirió durante la entrevista que en 2016, el entonces presidente Barack Obama “sabía antes de las elecciones que Rusia estaba jugando. O, le dijeron. Si era así o no, ¿quién sabe? Y no dijo nada. Y la razón por la que él no dijo nada era porque no quería tocarlo, porque pensaba que (Hillary Clinton) estaba ganando porque leía encuestas falsas. Entonces, pensó que ella iba a ganar. Y tuvimos la mayoría silenciosa que dijo: 'No , nos gusta Trump '”.

Trump afirmó que, a diferencia de su predecesor, actuó de acuerdo con la inteligencia que Estados Unidos tenía sobre la interferencia electoral de Rusia al lanzar el ciberataque.

“Mira, lo detuvimos”, le dijo Trump a Thiessen.

Obama en diciembre de 2016 anunció sanciones contra Rusia y expulsó a algunos diplomáticos rusos en represalia por la interferencia de Rusia en las elecciones presidenciales de Estados Unidos.

El Washington Post en octubre de 2018 informó que hubo un ataque cibernético. La operación contra la compañía, que está financiada por un oligarca cercano al presidente ruso Vladimir Putin, se llevó a cabo para evitar cualquier interferencia en las elecciones parciales, según se informó en el periódico. Sin embargo, esta es la primera confirmación oficial de Trump.

Thiessen informa que altos funcionarios estadounidenses también confirmaron que la huelga ocurrió y fue efectiva, desconectando a la Agencia de Investigación de Internet.

En la entrevista, Trump dijo que el ciberataque era parte de una política más amplia para enfrentar a Rusia. “Nadie ha sido más duro con Rusia que yo”, dijo el presidente a Thiessen, una afirmación que ha hecho repetidamente en el pasado. Entre los ejemplos que dio mencionó que Estados Unidos está enviando destructores antitanque a Ucrania.

Como CNN informó anteriormente , Trump pareció confirmar que Estados Unidos había llevado a cabo tal ataque cibernético contra una entidad rusa durante las elecciones intermedias de 2018 en una entrevista de Fox News en junio de 2019.
“Prefiero no decir eso, pero puedes creer que todo sucedió, y sucedió durante mi administración”, dijo Trump a Steve Hilton de Fox News cuando se le preguntó acerca de un informe que autorizó personalmente un ataque cibernético en Rusia durante el tiempo de Los exámenes parciales.

Barbara Starr de CNN también informó en octubre de 2018 que el Comando Cibernético del ejército de los Estados Unidos había comenzado a atacar a operativos rusos, que se cree que intentan influir en las elecciones intermedias de 2018 como parte de un amplio esfuerzo en coordinación con varias agencias gubernamentales, confirmó un funcionario de la administración a CNN.

(Con información de CNN)

Publicado enInternacional
Producen seda de araña a partir de bacteria marina fotosintética

Las arañas producen hilos increíblemente fuertes y livianos llamados dragalinas, hechos de proteínas de seda. Aunque pueden usarse para fabricar una serie de materiales útiles, obtener suficiente proteína es difícil porque cada araña puede producir una pequeña cantidad.

Un nuevo estudio publicado en Communications Biology, dirigido por Keiji Numata en el Centro Riken de Investigación en Recursos Sostenibles (CSRS, por sus siglas en inglés) informó que produjeron seda de araña utilizando bacterias fotosintéticas.

Además de ser resistentes y livianas, las sedas derivadas de artrópodos son biodegradables y biocompatibles. En particular, la seda de araña es ultraligera y tan resistente como el acero. "Puede ser utilizada para fabricar materiales duraderos y de alto rendimiento, como ropa resistente a roturas, piezas de automóviles y componentes aeroespaciales", explicó Choon Pin Foong, uno de los autores.

"Su biocompatibilidad es segura en aplicaciones biomédicas como sistemas de administración de medicamentos, dispositivos de implante y andamios para la ingeniería de tejidos", señaló. El estudio se centró en la bacteria marina fotosintética Rhodovulum sulfidophilum'.

La economía post-covid puede tener más robots, menos puestos de trabajo y vigilancia intensificada

El emergente paradigma capitalista post-pandemia se basa en una digitalización y aplicación de las tecnologías de la llamada cuarta revolución industrial. El ascenso de la economía digital supone una fusión de Silicon Valley con el capital financiero transnacional y el complejo militar-industrial-securitario.

 

Estimulado por la pandemia de coronavirus, el capitalismo global está al borde de una nueva ronda de reestructuración a nivel mundial basándose en una digitalización mucho mayor de toda la economía y sociedad global. Esta reestructuración empezó tras la Gran Recesión de 2008 pero las condiciones sociales y económicas cambiantes propiciadas por la pandemia acelerarán enormemente el proceso. Probablemente aumentará la concentración del capital a nivel mundial y empeorará la desigualdad social. Habilitados por las aplicaciones digitales, los grupos dominantes ─a menos que sean obligados a cambiar de rumbo por la presión de masas desde abajo─ recurrirán al aumento del Estado policial global para contener los próximos levantamientos sociales.

El emergente paradigma capitalista post-pandemia se basa en una digitalización y aplicación de las tecnologías de la así llamada cuarta revolución industrial. Esta nueva ola de desarrollo tecnológico es posibilitada por una tecnología de la información más avanzada. Lideradas por la inteligencia artificial (IA) y la recogida, procesamiento y análisis de inmensas cantidades de datos (big data), las tecnologías emergentes incluyen el aprendizaje automático, la automatización y la robótica, la nano y biotecnología, el Internet de las Cosas (IdC), la computación cuántica y en la nube, la impresión 3D, nuevas formas de almacenamiento de energía y vehículos autónomos, entre otras.

La tecnología informática y de la información (CIT, por sus siglas en inglés), introducidas en primer lugar en los 80, proporcionaron la base original para la globalización. Permitió a la emergente clase capitalista transnacional, o TCC; coordinar y sincronizar la producción global y por lo tanto poner en práctica un sistema productivo y financiero globalmente integrado al que todos los países se han incorporado. Igual que la introducción original de la CIT e internet a finales del siglo XX transformaron profundamente el capitalismo mundial, esta segunda generación de tecnologías digitales está llevando ahora a una nueva ronda de reestructuración a nivel mundial que promete tener un nuevo impacto transformador en las estructuras de la economía, sociedad y política globales.

Si la primera generación de la globalización capitalista de los 80 supuso la creación de un sistema productivo y financiero integrado globalmente, la nueva ola de la digitalización y el ascenso de las plataformas han facilitado desde 2008 una transnacionalización muy rápida de los servicios digitales. Para 2017, los servicios suponían alrededor del 70% del producto bruto global e incluían comunicaciones, informática, tecnología digital y de plataforma, e-commerce, servicios financieros, trabajo profesional y técnico, y una serie de otros productos no tangibles como películas y música.

Es difícil subestimar lo rápida y extensa que es la reestructuración digital actual de la economía y sociedad globales. Según los datos de Naciones Unidas, la “economía del compartir” ─esto es, la actividad mediada por plataformas─ crecerá desde 14.000 millones de dólares en 2014 a 335.000 millones para 2025. Los envíos mundiales de impresoras 3D crecieron más del doble en 2016, hasta más de 450.000, y se esperaba que alcanzaran los 6,7 millones para finales de 2020. Se estima que el valor global del e-commerce alcanzó los 29 billones de dólares en 2017, lo que equivale al 36% del PIB global de ese año. Las exportaciones de servicios de entrega digital supusieron en 2018 2,9 billones, o el 50% de las exportaciones de servicios globales. Para 2019, el tráfico global en internet era 66 veces el volumen de todo el tráfico global en internet en 2005, mientras que el tráfico global de Protocolo de Internet (IP), un proxy para flujos de datos, creció de cerca de cien gigabytes (GB) al día en 1992 a más de 45.000 GB al segundo en 2017. Y sin embargo el mundo sólo está en los primeros días de la economía dirigida por los datos; para 2022, se estima que el tráfico global de IP alcance los 150.700 GB al segundo, alimentado por cada vez más gente que llegue a internet por primera vez y por la expansión del internet de las cosas.

La pandemia de coronavirus ha puesto de relieve lo central que se han vuelto los servicios digitales para la economía global. Pero más que destacar este detalle, se puede esperar que la pandemia y sus consecuencias, en la medida que aceleran la reestructuración digital, dé lugar a una enorme expansión de servicios digitales sin mano de obra o con ésta reducida, incluyendo todo tipo de nuevos acuerdos de teletrabajo, entrega con drones, comercio sin efectivo, finanzas digitalizadas (o fintech), seguimiento y otras formas de vigilancia, servicios médicos y legales automatizados, y enseñanza remota que incluya instrucción pregrabada. La pandemia ha aumentado los esfuerzos de las gigantescas empresas tecnológicas y sus agentes políticos para convertir cada vez más áreas de la economía hacia estos nuevos ámbitos digitales.

Las gigantescas empresas tecnológicas han florecido durante el contagio, volviéndose esenciales sus servicios digitales para la economía de la pandemia, a medida que cientos de millones de trabajadores a nivel mundial pasaban al trabajo a distancia desde casa o mediante plataformas potenciadas, o se vinculaban al trabajo de servicios gestionado digitalmente, y a medida que los servicios presenciales eran sustituidos por servicios digitales a distancia. La economía global post-pandemia supondrá una aplicación rápida y expansiva de la digitalización a cada aspecto de la sociedad global, incluidas la guerra y la represión.

 

Tecnología, finanzas y complejo industrial-militar

 

La digitalización ha sido impulsada por la crisis capitalista. El coronavirus no fue sino la chispa que encendió la combustión de una economía global que nunca se recuperó del colapso financiero de 2008 y ha estado tambaleándose al borde una nueva crisis desde entonces. Pero las causas estructurales subyacentes de la debacle de 2008, lejos de estar resueltas, se han gravado firmemente. La especulación financiera frenética, la deuda insostenible, el saqueo de las finanzas públicas, el stock tecnológico excesivo, y la acumulación militarizada organizada por el Estado han mantenido a la economía global balbuceando en años recientes frente al estancamiento crónico y ocultado su inestabilidad. (La acumulación militarizada se refiere a la acumulación de capital ─es decir, la obtención de beneficios, mediante sistemas de guerra cada vez más expansivos, el control social y la represión transnacional).

Hay tres tipos de crisis capitalistas. El primer tipo es cíclico, o el ciclo de negocios, que supone desaceleraciones o recesiones económicas aproximadamente una vez por década. Hubo recesiones a principios de los 80, a principios de los 90 y con el cambio de siglo. El segundo tipo es estructural y aparece una vez cada 40 o 50 años, y el tercero es sistémico, al que me referiré a modo de conclusión. Se llaman crisis estructurales o de reestructuración, porque su resolución supone la reestructuración del sistema capitalista. La crisis de reestructuración de la Gran Depresión de los años 30 se resolvió mediante el ascenso de un nuevo tipo de capitalismo basado en la redistribución y la intervención estatal para regular el mercado, y llevó a los sistemas de bienestar social del siglo XX. La siguiente crisis estructural golpeó en los 70 y llevó a la globalización y el ascenso de una TCC desde los 80 en adelante.

Una nueva crisis de reestructuración comenzó con el colapso financiero de 2008. Liderando el camino en esta reestructuración estaban las gigantescas empresas tecnológicas ─entre ellas Microsoft, Apple, Amazon, Tencent, Alibaba, Facebook y Google, y a las cuales ahora se añaden Zoom y otras empresas propulsadas por la pandemia─. Estas empresas han experimentado un crecimiento asombroso durante la última década. Apple y Microsoft registraron una increíble capitalización de mercado de 1,4 billones cada una en 2020, seguidas por Amazon con 1,04 billones, Alphabet (la empresa madre de Google) con 1,03 billones de dólares, Samsung con 983.000 millones de dólares, Facebook con 604 billones, y Alibaba y Tencent con alrededor de 600 y 500.000 millones, respectivamente. Para dar una idea de lo rápido que estos mastodontes han crecido, la capitalización bursátil de Google pasó de menos de 200.000 millones de dólares a finales de 2008 a más de un billón a principios de 2020, o un aumento del 500%. Mientras tanto, en sólo dos años, de 2015 a 2017, el valor combinado de todas las empresas de plataforma con una capitalización bursátil de más de cien millones saltó un 67%, hasta más de siete billones.

Un puñado de compañías tecnológicas con sede en EEUU que generan, extraen y procesan datos han absorbido enormes cantidades de efectivo de inversores transnacionales de todo el mundo que, desesperados por nuevas oportunidades de inversión, han vertido miles de millones de dólares en los gigantes tecnológicos y de plataforma como salida para su capital acumulado excedente. La inversión anual en TIC saltó de 17.000 millones de dólares en 1970, hasta 65.000 millones en 1980, después a 175.000 millones en 1990, 465.000 millones en 2000, y 654.000 millones en 2016, y después llegó a un máximo de 800.000 millones en 2019. A medida que los capitalistas invierten estos miles de millones, las casas bancarias y de inversión globales de todo el globo se entrelazan con el capital tecnológico, como hacen negocios de todo el mundo que se están moviendo hacia la computación en nube y la IA. Para la segunda década del siglo, la economía global pasó a estar caracterizada sobre todo por los procesos gemelos de digitalización y financiarización.

El ascenso de la economía digital supone una fusión de Silicon Valley con el capital financiero transnacional y el complejo militar-industrial-securitario, dando auge a un nuevo bloque de capital que parece estar en el mismo centro del paradigma post-pandemia emergente. Este nuevo bloque se hará incluso más poderoso que lo que se estaba volviendo antes de la emergencia sanitaria, impulsando una nueva e inmensa centralización y concentración del capital a escala global. Al frente de este bloque, los mastodontes tecnológicos son entidades financieras mayores que la mayoría de los países del mundo y son capaces de ejercer una enorme influencia sobre los Estados capitalistas. El gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, exhibió esta emergente relación capital-Estado cuando, a principios de mayo, nombró a tres billonarios tecnológicos ─Eric Schmidt, de Google; el ex CEO de Microsoft, Bill Gates; y Michael Bloomberg─ para encabezar una comisión de análisis para presentar planes para externalizar escuelas públicas, hospitales, policía y otros servicios públicos a empresas tecnológicas privadas. Tales “asociaciones público-privadas” privatizan para el capital tradicionales funciones del Estado a la vez que convierten los fondos públicos en subsidios corporativos.

La tercera pata en este bloque triangular del capital es el complejo militar-industrial-securitario. Cuando la industria tecnológica emergía en los 90, fue unida al complejo militar-industrial-securitario y el Estado policial global. Durante los años, por ejemplo, Google ha suministrado tecnología de mapas utilizada por el Ejército de EE UU en Iraq, albergado datos para la CIA, indexado las inmensas bases de datos de inteligencia de la Agencia de Seguridad Nacional, construido robots militares, lanzado un satélite espía junto al Pentágono y alquilado su plataforma de computación en la nube para ayudar a los departamentos de policía a “predecir” el crimen. Amazon, Facebook, Microsoft y otros gigantes tecnológicos están entrelazados a fondo con el complejo militar-industrial y de seguridad. El ascenso de la economía digital desdibuja las fronteras entre sectores militares y civiles de la economía y une a las empresas financieras, militar-industriales y tecnológicas alrededor de un proceso combinado de especulación financiera y acumulación militarizada.

A nivel mundial, los gastos totales en defensa crecieron un 50% de 2006 a 2015, de 1,4 billones a 2,03 billones, aunque esta cifra no tiene en cuenta los presupuestos secretos, las operaciones de contingencia y el gasto en “seguridad nacional”. Para 2018, las empresas militares privadas empleaban alrededor de 15 millones de personas en todo el mundo, mientras que otros 20 millones de personas trabajaban en la seguridad privada. Los nuevos sistemas de guerra, control social y represión son conducidos por la tecnología digital. El mercado para nuevos sistemas de control social hechos posibles por la tecnología digital llega a los cientos de miles de millones. Se esperaba que el mercado global de biométrica, por ejemplo, saltara de su valor de 15.000 millones de dólares en 2015 a los 35.000 millones para 2020.

 

Producción sin mano de obra y humanidad excedente

 

Las crisis proporcionan al capital transnacional la oportunidad de restaurar los niveles de beneficios al forzar una mayor productividad con menos trabajadores. La primera ola de TIC en las últimas décadas del siglo XX desató el crecimiento explosivo en la productividad y las capacidades productivas, mientras que las nuevas tecnologías digitales prometen multiplicar por mucho tales capacidades. Específicamente, la digitalización aumenta enormemente lo que los economistas políticos radicales, siguiendo a Marx, identifican como la composición orgánica del capital, lo que significa que la porción del capital fijo en forma de maquinaria y tecnología tiende a incrementar el capital relativo al variable en forma de mano de obra.

En términos profanos, la digitalización acelera en gran medida el proceso en el que la maquinaria y la tecnología sustituyen a la mano de obra, expandiendo así las filas de aquellos a los que se convierte en excedentes y marginados. Un informe de la Oficina Nacional de Investigación Económica descubrió que cada robot introducido en un local da como resultado la pérdida de tres a 5,6 puestos de trabajo. En 1990, los tres mayores productores de coches en Detroit tenían una capitalización bursátil de 36.000 millones de dólares y 1,2 millones de empleados. En 2014, las tres mayores compañías de Silicon Valley, con una capitalización bursátil de más de un billón de dólares, tenían sólo 137.000 empleados. Este aumento en la composición orgánica del capital agrava la sobreacumulación y la polarización social, que ha alcanzado niveles sin precedentes a nivel mundial. Como ahora es bien conocido, sólo el 1% de la humanidad controla más de la mitad de la riqueza mundial y el 20% controla el 94,5% de esa riqueza, mientras que el restante 80% tiene que arreglárselas con sólo el 5,5%.


 Los defensores del capitalismo global afirman que la economía digital traerá puestos de trabajo de alta cualificación y remuneración y resolverá problemas de polarización social y estancamiento. Sin embargo, muchos de los así llamados trabajadores cognitivos y gig workers afrontan bajos salarios, tareas aburridas y repetitivas y precariedad. A medida que el “big data” captura datos sobre ocupaciones basadas en el conocimiento en los centros de trabajo y en el mercado y luego lo convierte en algoritmos, esta mano de obra podría ser sustituida por IA, vehículos autónomos y las demás tecnologías de la cuarta revolución industrial. La producción dirigida digitalmente busca conseguir en última instancia lo que Nike Corporation define como “extraer la mano de obra del producto”. La última fase de este proceso, aunque todavía lejana, es la producción sin mano de obra.

Un informe de Naciones Unidas de 2017 estimaba que decenas, si no cientos, de millones de puestos de trabajo desaparecerían en los años siguientes como resultado de la digitalización. Como ejemplo, el informe estimaba que más del 85% de los trabajadores del comercio en Indonesia y Filipinas estaban en riesgo. El informe también decía que la difusión de las plataformas de trabajo online acelerarían una “caída de las condiciones de trabajo con una precariedad en aumento”. Una serie de informes de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) documentaban estas condiciones. Un estudio de 1998 reveló que ya a finales del siglo XX alrededor de un tercio de la mano de obra global estaba subempleada o desempleada. La OIT informó más tarde, en 2011, de que 1.530 millones de trabajadores de todo el mundo estaban en acuerdos de empleo “vulnerables”, que representaban más del 50% de la mano de obra global. Siete años después, en 2019, concluyó que una mayoría de los 3.500 millones de trabajadores en el mundo “experimentaban una falta de bienestar material, seguridad económica, oportunidades de igualdad o posibilidades de desarrollo humano”.

Incluso antes de que golpeara la pandemia, la automatización se estaba extendiendo de la industria y las finanzas a todas las ramas de los servicios, incluso a la comida rápida y la agricultura. Se espera que eventualmente sustituya a buena parte del trabajo profesional tal como el de los abogados, analistas financieros, médicos, periodistas, contables, aseguradores y bibliotecarios. Las tecnologías impulsadas por la IA están en este momento siendo más ampliamente adoptadas a nivel mundial como resultado de las condiciones generadas por el contagio. La pandemia permite a la clase capitalista transnacional presionar masivamente a favor de la reestructuración capitalista que no podía conseguir previamente debido a la resistencia a la toma del poder digital.

Con la digitalización aumentada provocada por la pandemia, habrá decenas o incluso cientos de millones de personas que perdieron sus puestos de trabajo pero no serán reabsorbidas en la fuerza de trabajo ya que la tecnología toma el control de sus antiguas tareas. Un estudio de la Universidad de Chicago estimaba que el 42% de los despidos de la pandemia en Estados Unidos resultarían en permanentes pérdidas de empleo. Además, las grandes corporaciones controlarán millones de pequeños negocios obligados a entrar en bancarrota. Los capitalistas utilizarán este desempleo masivo como palanca para intensificar la explotación de aquellos con trabajo, para aumentar la disciplina sobre la clase trabajadora global y para empujar a la mano de obra excedente hacia una mayor marginalidad.

 

Los próximos levantamientos

 

Las cuarentenas de la pandemia sirvieron como ensayos para cómo la digitalización puede permitir a los grupos dominantes reestructurar el espacio y ejercitar un mayor control sobre el movimiento de la mano de obra. Los gobiernos del mundo decretaron estados de emergencia y reprimieron violentamente a aquellos que violaron las órdenes de quedarse en casa. Puede que las cuarentenas hayan sido necesarias desde la perspectiva de la emergencia sanitaria. Pero mostraron cómo la clase capitalista transnacional y los Estados capitalistas pueden controlar con más fuerza la distribución del poder del trabajo, especialmente del trabajo excedente, controlando el movimiento y encerrando el trabajo en el ciberespacio y por lo tanto haciéndolo desagregado y aislado. A medida que las nuevas tecnologías digitales expanden el proletariado cognitivo y las filas de trabajadores en la gig economy, también permiten una vigilancia y control estrictos de este proletariado mediante el ciberespacio.

Los Estados capitalistas se enfrentan a crecientes crisis de legitimación tras décadas de penuria y deterioro social forjadas por el neoliberalismo, agravadas ahora por la incapacidad de estos Estados para gestionar la emergencia sanitaria y el colapso económico. La pandemia dejará a su paso más desigualdad, conflicto, militarismo y autoritarismo a medida que el levantamiento social y la lucha civil aumentan. A medida que la pandemia agrava la crisis estructural, los grupos dominantes recurrirán a la expansión del Estado policial global para contener el descontento de masas desde abajo. Mucho antes del contagio, los agentes de este emergente Estado policial global habían estado desarrollando nuevas modalidades de trabajo policial y represión posibilitados por las aplicaciones de la digitalización y las tecnologías de la cuarta revolución industrial.

Desde 2008 ha habido una rápida polarización política en la sociedad global entre una extrema derecha insurgente y una izquierda insurgente. Esta crisis está animando a fuerzas de extrema derecha y neofascistas que han surgido en muchos países del mundo y buscarán ahora capitalizar políticamente la catástrofe sanitaria. Pero también está generando luchas populares desde abajo, como hemos visto en una ola de huelgas y protestas en todo el mundo. Las crisis capitalistas son momentos de intenso conflicto social y de clase. Dependiendo de cómo se desarrollen estas luchas, las crisis estructurales pueden expandirse hacia el tercer tipo de crisis, una sistémica, que significa que la crisis se debe resolver más allá del sistema socioeconómico –en este caso, el capitalismo.

Que una crisis estructural se convierta en una sistémica depende de una serie de factores políticos y subjetivos que no se pueden predecir de antemano. Lo que está claro es que las luchas populares masivas contra las depredaciones del capitalismo global se unirán ahora a aquellas relacionadas con las repercusiones de la emergencia sanitaria. A medida que el mundo sale de la pandemia, será rehecho, para mejor o para peor. Está en marcha la batalla por el mundo post-pandemia.

Por William I. Robinson

Truthout

Traducido por Eduardo Pérez

30 jun 2020 09:02

Artículo original: Post-Covid economy may have more robots, fewer jobs and intensified surveillance. Traducido para El Salto por Eduardo Pérez. Copyright: Truthout, publicado con su permiso.

Publicado enEconomía
Sábado, 20 Junio 2020 06:31

¿Comida digital? No, gracias

¿Comida digital? No, gracias

Los grandes ganadores de la pandemia han sido las plataformas digitales, que además de hacer ganancias astronómicas han exacerbado desigualdades e injusticias –paradójicamente, bajo una imagen idílica de que "estamos todos conectados". Ahora la agenda de estas empresas avanzó vertiginosamente, también en el mayor mercado del planeta: agricultura y alimentación. Desde el grupo ETC describimos el avance de la digitalización del sistema agroalimentario en el reporte Tecnofusiones comestibles (https://tinyurl.com/y8bwd6k3).

Las más grandes empresas de ambos sectores están en movimiento, tanto en el Norte como en el Sur. Microsoft ha diseñado programas especiales para digitalizar todo el trabajo en campo; varias empresas digitales tienen contratos con empresas de maquinaria, como John Deere y CNH, para la recolección, a través de sus tractores, de datos de suelo, siembra y clima en sus nubes electrónicas. Las mayores empresas globales de comercio de materias primas agrícolas, Cargill, ADM, Cofco, Bunge, Louis Dreyfus y Glencore, sostienen una colaboración para el desarrollo de plataformas de tecnologías digitales (especialmente blockchain e inteligencia artificial) para automatizar el comercio global de granos.

Walmart compró el año pasado la inmensa cadena de ventas electrónicas Flipkart, en India, mientras la cadena de supermercados Carrefour hizo un acuerdo con Google para impulsar ventas de comestibles en línea. A su vez, la cadena francesa de supermercados Monoprix suscribió un acuerdo de ventas en línea con Amazon. Alibaba y Tencent, de China, se están disputando el control del enorme mercado de ventas de alimentos de China.

Mientras millones de migrantes, trabajadores informales y temporales rurales y urbanos, con la pandemia, quedaron sin sus fuentes mínimas de ingresos y fueron empujados al hambre junto con sus familias, las empresas digitales y de agronegocios reportaron en abril 2020 abultadas ganancias. Amazon, por ejemplo, reportó 24 mil millones de dólares. Nestlé, la mayor empresa global de alimentos y bebidas, productora de refrescos azucarados y otros alimentos ultraprocesados, productora serial de diabetes y obesidad, registró 8 mil millones de dólares. Una cifra, señaló Grain, mayor que todo el presupuesto anual del Programa Mundial de Alimentos de la ONU.

No obstante, las mayores empresas de agronegocios, como Tyson Foods, segunda productora global de carnes, se quejan de que la crisis los afecta y alegan que "el sistema alimentario está roto" y, por ello, necesitan apoyos y exenciones de impuestos por los estados. El sistema alimentario agroindustrial es una verdadera fábrica de pandemias y han sido además una alta fuente de contagios de sus trabajadores durante la crisis de Covid-19. Pero no se refieren a ello, sino a situaciones como las que vimos en Estados Unidos, donde grandes productores de lácteos y huevos han tirado a la basura su producción y otros han sacrificado miles de pollos o puercos, porque no era económicamente viable mantenerlos si no pueden venderlos en el momento preciso en que llegan al peso y tamaño que calcularon.

Como explica Michael Pollan, se trata de sistemas alimentarios paralelos dentro de la producción industrial en ese país. Por un lado, empresas que proveen a supermercados. Por otro, las que proveen insumos altamente especializados (por ejemplo, huevos licuidificados) a instituciones públicas, como escuelas, que cerraron durante la pandemia. En lugar de mantener los animales o ver cómo hacerlos llegar a quienes pasan necesidades, las empresas decidieron tirarlos a la basura, alegando que no era económico hacer otra cosa (https://tinyurl.com/y6wmdzar).

En ese contexto, las compañías –tanto las digitales como las de agroalimentación– tomaron nuevo impulso para afirmar que la digitalización de toda la cadena agroindustrial es la clave para superar la crisis. Esa agenda ya la tenían desde antes, pero ahora el discurso se basa en el Covid-19 argumentando que gracias a ellas las personas han podido hacer sus compras online, que los robots no se enferman (ni hacen huelga o piden mejores condiciones), que el dinero electrónico no necesita contacto personal. Reclaman su "esencialidad" por ser proveedores de alimentos y convergen con las empresas de plataformas digitales en que los estados garanticen acceso Internet en todas partes, que se hagan cargo de la infraestructura, que instalen redes 5G, para permitir mucho mayor volumen de datos, sin interrupciones (para que los sistemas de entregas con drones o vehículos no tripulados no se interrumpan), que se den pasos determinantes para el Internet de las cosas en agroalimentación.

Muchas evidencias y testimonios señalan que los sistemas alimentarios que realmente funcionaron y funcionan, que han llevado de forma segura la mayor cantidad y calidad de alimentos durante la crisis a los que los necesitamos y generan trabajo y salud, son los sistemas campesinos y las redes locales campo-ciudad. Que además previenen futuras pandemias. Esos son los sistemas que es vital apoyar, no este nuevo ataque a la agricultura y la alimentación.

Por Silvia Ribeiro, iInvestigadora del Grupo ETC

Publicado enMedio Ambiente