Lunes, 24 Febrero 2020 08:24

Cinco tendencias para un nuevo decenio

Óscar Pinto,  “Caja”, 150 x 150 cm., óleo sobre lienzo (Cortesía del autor)

El modelo actual ha llegado al límite de sus propias contradicciones. Ante ello, hay derroteros que señalan caminos a seguir.

 

La artista y ensayista Hito Steyerl cita en su libro Arte duty free (1) la escena de Al filo del mañana donde Tom Cruise y Emily Blunt se ven atrapados en un loop al tratar de liberar la Tierra de un ataque alienígena. Los Mimics, especie semisalvaje los asesina una y otra. Cada amanecer los protagonistas reengendran para morir antes de finalizar el día y entrar en una repetición pavorosa. La única forma de romper el loop es encontrar y destruir al jefe de los Mimics que eventualmente descubrirán se esconde debajo de la pirámide del Louvre.


¿Cuál es el significado y sentido del loop? Giorgio Agamben, partiendo a la vez de Hannah Arendt, que acuñó en 1963 la expresión “guerra civil mundial”, se ha interesado en el término griego stasis, que significa guerra civil y, a la vez, inmovilidad. En la stasis convive la agitación y lo inmutable. La guerra civil no termina nunca, el conflicto se da no para resolverlo sino para prolongarlo indefinidamente. Así es la stasis, una fuente inagotable, una crisis estancada, un trance del cual es difícil salir por cuanto genera múltiples posibilidades, utilidades y ganancias a los que están envueltos en él. Arendt parece tener claro las cosas, hablando sobre revolución y guerra civil, al afirmar: “Las revoluciones son los únicos acontecimientos políticos que nos enfrentan directa e inevitablemente con el problema de un nuevo comienzo” (2).


Este nuevo comienzo parece la coyuntura que presenta el inicio de la década. Asistimos a la crisis de un modelo político, económico y social que ha alcanzado el límite de sus contradicciones internas; vemos unos pueblos forzosamente globalizados que luchan por sacudirse de la desterritorialización; presenciamos estados democráticos que pierden su esencia y giran hacia nuevas formas de autoritarismo –un mundo de democracias salvajes y barbaries mercantiles, como afirma Keucheyan–; vivimos en una economía capitalista que se adapta, como un virus mutante, a los cambios de la sociedad y saca provecho de los nuevos entornos y tecnologías; convivimos con nuevas formas de oposición beligerante: “tribus urbanas”, “nuevos barbaros”, “minorías sediciosas”, hackers, mercenarios, movimientos sociales, inconformes, ambientalistas, feministas (la lista es larga …); y, por último, padecemos una sociedad donde los gobiernos no buscan mantener el orden sino gestionar el desorden (3), es decir, ya no se pretende impedir el delito sino evitar la reincidencia.


La tarea hacia ese nuevo comienzo que nos permita salir del loop es ardua: el neoliberalismo o hipercapitalismo –como lo denomina Picketty en su reciente Capital e ideología–, aún es fuerte y se resiste a deponer las armas. El capitalismo ha demostrado a través de todas las fases y crisis que ha atravesado, lo hábil que es para sobrevivir gracias a que no es una ideología monolítica sino un conjunto de principios flexibles y adaptativos, una serie de algoritmos que detecta, monitorea e interpreta datos, tendencias y predice escenarios y comportamientos. Por otra parte, el capitalismo se retroalimenta de indicadores macroeconómicos que enmascaran la desigualdad que no quiere reconocer. Además, campea en los grandes países desarrollados, o al menos en sus altos círculos sociales y económicos donde los poderosos son ajenos o miopes a un entorno aquejado de los problemas que padece la mayoría. Y por último, no ayuda para vislumbrar ese nuevo comienzo, la proverbial y prolongada dificultad de la izquierda, tras el colapso de Muro de Berlín, y aún antes, de postular un gran relato comparable en fuerza y viabilidad al capitalismo.


Dicho lo anterior, sabemos que las grandes crisis encierran reacciones de autodefensa por parte de la sociedad. No es sino mirar la historia y ver cómo la sociedad civil siempre sale a hacer valer su autonomía y autoridad frente a gobernantes y sistemas que han hecho agua con sus modelos, desde la Revolución Francesa, hasta los movimientos nacionalistas que surgieron tras la caída del comunismo soviético.


En esa línea de pensamiento, el horizonte parece iluminar la capacidad de cambio de la actual sociedad manteniendo cierto orden social y a la vez, sabiendo qué es lo que se debe cambiar, y qué debe permanecer. La visión unificadora del pensamiento crítico parece alinearse en torno a un postcapitalismo que adapte o encuentre nuevas formas de asociación política, económica, social y solidaria que conduzcan a replantear y resolver, principalmente, los tres megaproblemas que aquejan al planeta hoy día: el casi irreversible cambio climático, la desigualdad incremental entre unos pocos poderosos y la mayor parte de la población y la progresiva invasión por la tecnología a las esferas más íntimas del ser humano donde la inteligencia artificial es la que guía la decisión humana.


En este sentido surgen propuestas de pensamiento y acción (teoría y praxis) que se enfrentan y oponen a la hegemonía neoliberal como una guerra civil planetaria; chocan en la stasis que se repite y renueva incansablemente. ¿Cómo romper la stasis, en analogía a la situación que viven los protagonistas de Al filo del mañana? Ahí la pregunta que muchos pensadores –la intelectualidad orgánica– se empeñan en resolver del brazo de una sociedad que cree que es posible otra democracia. Desde distintos sectores se postulan caminos que puedan conducir, más temprano que tarde, al tan anhelado postcapitalismo postindustrial.


Aceleracionismo


El aceleracionismo parte de un contrasentido. En lugar de recalcar que el camino es atacar al neoliberalismo, descalificarlo o simplemente esperar que colapse por causa de sus propias contradicciones, esta reciente postura filosófica apoya la idea de aceleración que reside en el corazón del capitalismo. Es necesario, entonces, acelerar las tendencias de desarraigo, alienación, descodificación y abstracción del capitalismo para llevarlo al límite y que esto conduzca a una sociedad postcapitalista. Se trata de una idea, al parecer, contraintuitiva pero que busca alinearse con el principio marxista del vínculo intrínseco que existe entre las fuerzas transformadoras y las axiomáticas del valor de cambio y de la acumulación capitalista que rigen el mundo moderno. Partiendo de Marx y su Fragmento sobre las máquinas, el aceleracionismo cree que el capitalismo no hay que revertirlo sino analizarlo, intervenirlo y acelerarlo para que, a pesar de toda su corrupción intrínseca y sus mecanismos de explotación que hay que soportar en el entretanto, dé lugar a otro modelo. Por ello, en lugar de rechazar los avances de la tecnología característicos del capitalismo contemporáneo, esta propuesta de acción social y política construye sobre la premisa, de que estos, primero, son irreversibles, y segundo, son deseables hasta cierto punto, a fines de lograr los objetivos postcapitalistas. En esa línea, el aceleracionismo cree firmemente que no estamos ante el fin de la historia sino al comienzo de un proyecto político prometeico y humanista.


La tesis aceleracionista, desarrollada en el Manifiesto para una política aceleracionista por Alex Williams y Nick Srnicek (2015) (4) esboza un qué hacer, basado en tres objetivos: a) construir una infraestructura intelectual que contenga una ideología con nuevos modelos económicos y sociales, y “una visión de lo que es bueno, para reemplazar y superar los paupérrimos ideales que hoy rigen nuestro mundo”; b) una reforma de los medios de comunicación a gran escala, acercar estos órganos al control popular para desmontar el actual discurso hegemónico de las grandes narrativas abanderadas por los medios económicos y de poder; y c) reconstruir diversas formas del poder de clase, buscando la manera de integrar una serie dispar de identidades proletarias parciales que son de cuño postfordistas y representan siempre formas de trabajo precario.


Solidarismo


Desde el siglo diecinueve se sentaron las bases del solidarismo como alternativa al capitalismo y al estatismo sobre los principios de convertir la empresa en ejemplo vivo de convivencia humana, de fortalecer las relaciones de solidaridad y buena voluntad entre trabajadores y empleadores, de promover el progreso económico y el desarrollo integral de los trabajadores, mejorando el nivel de vida de sus familias y comunidad, fomentar la conciencia social para mayor solidaridad y mejor entendimiento entre trabajadores y empleadores, fomentar la productividad y el rendimiento de la empresa para beneficio de todos los integrantes, defender el concepto de libre empresa como el mejor sistema de producción y riqueza, y, por último, alentar la formulación de programas orientados a fortalecer el desarrollo integral de los trabajadores, su familia su comunidad y su empresa (5).


A pesar del paso del tiempo, o tal vez por ello mismo, es una propuesta que hoy día sobresale entre las opciones más viables al sistema capitalista. El solidarismo parte de la confianza que genera el asociarse con un número relativamente pequeño de personas, alrededor de cien, en las que todo individuo suele y puede confiar. Esta confianza mutua permite emprender colectiva y comunitariamente proyectos de solidaridad, llámense cooperativistas, de asociación, pymes o microempresas. El solidarismo parte de un principio antropológico que establece tres niveles de conciencia en el ser humano: la individualista, aquella que se ocupa del cuidado de sí mismo; la comunitarista o cooperativista, en la que el individuo confía en grupos de amigos o conocidos y, tercero, la universalista, que apunta a un referente más amplio: el bien general.


El solidarismo además es una alternativa a la crisis de confianza mutua entre Estado y ciudadanos. El Estado trata a todos los ciudadanos como sospechosos y eventuales criminales (de allí el incremento de medidas de seguridad, cámaras de vigilancia y controles biométricos) y los ciudadanos desconfían profundamente de políticos, representantes democráticamente elegidos y de las instituciones, en general. El solidarismo regresa a círculos estrechamente determinados donde se puede depositar la confianza tan resquebrajada en otras esferas.


Por supuesto, ya existen múltiples casos de economías solidarias en las que, primero, se aplican actividades autónomas y colectivas como respuesta directa a necesidades de supervivencia económicas, organizadas según un principio igualitario y, segundo, donde parten de una conciencia clara del carácter injusto del sistema dominante y de la necesidad de superarlo.


Persuasión


Es claro que para lograr cambiar el modelo político y económico de una sociedad hay que hacerlo por la vía más efectiva. Gramsci cita tres elementos presentes cada vez que el mundo ha cambiado un modelo político y económico: primero, está el pueblo, como factor de movilización masiva; segundo, el desarrollo de una alta cultura de élite intelectual, y tercero, la intervención de los que tienen el poder del Estado. El pensador italiano advierte que cuando los movimientos populares no se asocian a un desarrollo de alta cultura, es decir, a una elite intelectual que desarrolle un modelo ideológico, estos terminan desgastándose y eventualmente desaparecen. Advertencia importante para muchos de los movimientos sociales que se gestan hoy día en Latinoamérica.


En la misma línea, Pablo Razeto, director del Instituto de Filosofía y Ciencias de la Complejidad de Chile, sostiene que de las tres formas básicas de cambiar las cosas, primero, la fuerza o la revolución genera bajos niveles de gobernabilidad; segundo, la votación a través del sistema de partidos políticos se ha desgastado y desprestigiado; la tercera, la persuasión, es la que genera mayor niveles de efectividad.


Se trata de persuadir a aquellos que están en el poder o tienen acceso a él a cambiar sus mentes para que adopten las ideas de lo que es necesario mudar en la sociedad (6). Y claro está, una forma actual y efectiva es a través de las medios y redes sociales. Ejemplos de líderes que han trabajado la persuasión abundan, entre ellos, Gandhi, Mandela, Martin Luther King, quienes hicieron triunfar sus ideas no por la fuerza o la vía de los partidos políticos. No fue necesario tomarse el poder, la tarea fue persuadir a los que lo detentaban para generar el cambio social y político deseado. Para ello, quienes impulsan dicha persuasión deben comenzar por el ejemplo, la llamada persuasión intelectual vivencial. Es decir, deben partir de si mismo., como lo hicieron los personaje citados y más recientemente, Pepe Mujica, en Uruguay. Cambiar la sociedad comienza por un cambio en la forma propia de vivir. Así, la propuesta política es coherente.


Nihilismo


Nuestra época, desde sus antecedentes en el pensamiento nietzscheano, está nimbada de una nube nihilista. Hay que remontarse a Stirner, con su célebre El único y su propiedad, y a Turgueniev, en la novela Padres e hijos para encontrar las raíces del pensamiento nihilista. Cumplidas dos décadas del siglo actual, el pensamiento nihilista –a pesar de ser esencialmente “equívoco”, pues el pensar la nada ya presenta de por sí una dificultad– parece más vivo que hace ciento cincuenta años cuando Nietzsche decretó la muerte de la escatología cristiana y abrió camino al vitalismo (7). Recordemos que para el filósofo alemán el nihilismo es el “rechazo radical de valor, sentido, deseabilidad” (8). Después vendrían Heidegger, Wittgenstein, Merleau-Ponty, Jean Luc Nancy, Agamben, entre muchos, para prolongar tal ideario.


El nihilismo se debate entre dos extremos, uno activo y otro pasivo, entre la destrucción y la extinción. Mientras el primero derrumba ídolos, verdades, creencias, pero también sistemas y Estados, el segundo busca un retraerse, un aislarse y cerrarse al ruido de la sociedad. En cierto sentido, el segundo es un refugio del ser en su interioridad a modo de los orientales que buscan el Nirvana en la quietud y la contemplación.


Bien sea por destrucción o extinción, la postura nihilista parece revestir el tedio de parte de la sociedad que no ve ni se matricula en utopías o que simplemente cae en la autocomplacencia martillada por el pensamiento de derecha que insiste en afirmar que vivimos “en el mejor de todos los mundos posibles”; el otro abismo es cuando el individuo cae en las enfermedades de la sociedad del cansancio delineada por el filósofo coreano-alemán Byung-Chul Han (9).


Neoanarquismo


De cierta forma emparentado con el nihilismo, el neoanarquismo también se erige como una refutación a la lógica de dominación que la sociedad neoliberal va estrechando sobre las esferas de la libertad humana. El neoanarquismo rechaza todo tipo de dominación, política, económica, social, de conducta o de pensamiento. El sujeto político, en toda su dimensionalidad, llámese individuo o multitud, en su sabiduría intrínseca, tiene clara la percepción de la injusticia, su autoconsciencia lo habilita a resistir la dominación. De este modo el sujeto parte de elementos como la singularidad, la libertad, la autonomía y la lucha contra la dominación para sacudirse, de múltiples maneras, desde la resistencia pasiva hasta la “propaganda por el hecho” todo tipo de dominación sobre él. En esa línea, Etienne Balibar habla sobre “la necesidad cívica de la sublevación” apelando a medios de antiviolencia o civilidad y reconociendo la existencia de la violencia extrema en todas sus dimensiones, desde el terrorismo y el fascismo, hasta la violencia estructural inserta en el empobrecimiento de la población, en la exclusión, en la desigualdad (10).


A diferencia del anarquismo del siglo XIX y de la primera mitad del XX, no todo impulso o movimiento neoanarquista busca deponer gobiernos o implantar una sociedad utópica. En ese sentido el neoanarquismo no es ingenuo. Por ser hijo de la posmodernidad y del posestructuralismo, se aleja de querer convertirse en ideología legitimadora de la modernidad y de las concepciones esencialistas de la naturaleza humana. El neoanarquismo supera la ira, el odio, el resentimiento, el acto violento y busca sacudirse la dominación por medios racionales, reflexivos y pacíficos. En últimas, todas las expresiones neoanarquistas actuales van dejando una huella en los gobiernos y en los sistemas políticos. El mensaje es claro: el ser humano repele y está dispuesto a luchar por su autonomía, su libre elección, su estilo y forma de vivir. Al otro lado, en la guerra civil planetaria, el neoliberalismo va en contravía de este deseo supremo del individuo.


En resumen, el decenio que abre el 2020 seguramente estará caracterizado por tendencias que llevarán el modelo hipercapitalista a su extremo y lo harán desembocar en un postcapitalismo que comienza a definir contornos cada vez más discretos. Igualmente, no es improbable que el nuevo decenio esté marcado por aun mayores agites sociales que el anterior. El hipercapitalismo será puesto a prueba en sus más profundas convicciones y veremos emerger un nuevo prometeísmo; un humanismo que se resiste a sucumbir a los asedios de un capitalismo en connivencia con las más sofisticadas tecnologías. El loop de la “guerra civil planetaria”, aquel que mantiene a la sociedad moderna a medio camino entre la agitación y la inacción debe romperse y dejar abiertos caminos hacia otra sociedad. Todo es posible.

 

1. Steyerl, H. Arte Duty Free, El arte en la era de la guerra civil planetaria, Caja Negra, Buenos Aires, 2018
2. Citado por Agamben, G. en Stasis, la guerra civil como paradigma político, Adriana Hidalgo ceditora, Buenos Aires, 2015, p. 13.
3. Agamben, G. “El gobierno de la inseguridad”, en Pensar desde la izquierda, mapa de pensamiento crítico para un tiempo de crisis, Errata naturae, Madrid, 2011
4. Williams, A., Srnicek, N., “Manifiesto para una política aceleracionista”, en Avanassian, A y Reus, M., Aceleracionismo, estrategias para una transición hacia el postcapitalismo, Caja Negra, Buenos Aires, 2017.
5. ¿Qué es solidarismo?, en http://mjmrenred09.obolog.es/solidarismo-307802
6. Razeto, P. Congreso del futuro 2020: Debate sobe como conducir sociedades mas complejas, en https://youtu.be/n2EGVPJSFUk
7. Uno de los lugares de pensamiento filosófico más activos hoy es el Centro de Estudios sobre el Nihilismo Contemporáneo, Cenic, que produce cantidad de contenidos de corte nihilista como base para la reflexión profunda y la articulación entre idea y práctica.
8. Nietzsche, F. La gaya ciencia, Madrid, Akal. 2010.
9. La depresión, el síndrome de déficit de atención e hiperactividad AD/HA), la bipolaridad y el síndrome de burnout, en La sociedad del cansancio, Herder, Madrid, 2011.
10. Balibar, E. “La necesidad cívica de la sublevación”, en Pensar desde la izquierda, mapa de pensamiento crítico para un tiempo de crisis, Errata naturae, Madrid, 2011

*Escritor. Integrante del Consejo de redacción de Le Monde diplomatique, edición Colombia.

Publicado enColombia
Lunes, 24 Febrero 2020 08:13

Cinco tendencias para un nuevo decenio

Óscar Pinto,  “Caja”, 150 x 150 cm., óleo sobre lienzo (Cortesía del autor)

El modelo actual ha llegado al límite de sus propias contradicciones. Ante ello, hay derroteros que señalan caminos a seguir.

 

La artista y ensayista Hito Steyerl cita en su libro Arte duty free (1) la escena de Al filo del mañana donde Tom Cruise y Emily Blunt se ven atrapados en un loop al tratar de liberar la Tierra de un ataque alienígena. Los Mimics, especie semisalvaje los asesina una y otra. Cada amanecer los protagonistas reengendran para morir antes de finalizar el día y entrar en una repetición pavorosa. La única forma de romper el loop es encontrar y destruir al jefe de los Mimics que eventualmente descubrirán se esconde debajo de la pirámide del Louvre.


¿Cuál es el significado y sentido del loop? Giorgio Agamben, partiendo a la vez de Hannah Arendt, que acuñó en 1963 la expresión “guerra civil mundial”, se ha interesado en el término griego stasis, que significa guerra civil y, a la vez, inmovilidad. En la stasis convive la agitación y lo inmutable. La guerra civil no termina nunca, el conflicto se da no para resolverlo sino para prolongarlo indefinidamente. Así es la stasis, una fuente inagotable, una crisis estancada, un trance del cual es difícil salir por cuanto genera múltiples posibilidades, utilidades y ganancias a los que están envueltos en él. Arendt parece tener claro las cosas, hablando sobre revolución y guerra civil, al afirmar: “Las revoluciones son los únicos acontecimientos políticos que nos enfrentan directa e inevitablemente con el problema de un nuevo comienzo” (2).


Este nuevo comienzo parece la coyuntura que presenta el inicio de la década. Asistimos a la crisis de un modelo político, económico y social que ha alcanzado el límite de sus contradicciones internas; vemos unos pueblos forzosamente globalizados que luchan por sacudirse de la desterritorialización; presenciamos estados democráticos que pierden su esencia y giran hacia nuevas formas de autoritarismo –un mundo de democracias salvajes y barbaries mercantiles, como afirma Keucheyan–; vivimos en una economía capitalista que se adapta, como un virus mutante, a los cambios de la sociedad y saca provecho de los nuevos entornos y tecnologías; convivimos con nuevas formas de oposición beligerante: “tribus urbanas”, “nuevos barbaros”, “minorías sediciosas”, hackers, mercenarios, movimientos sociales, inconformes, ambientalistas, feministas (la lista es larga …); y, por último, padecemos una sociedad donde los gobiernos no buscan mantener el orden sino gestionar el desorden (3), es decir, ya no se pretende impedir el delito sino evitar la reincidencia.


La tarea hacia ese nuevo comienzo que nos permita salir del loop es ardua: el neoliberalismo o hipercapitalismo –como lo denomina Picketty en su reciente Capital e ideología–, aún es fuerte y se resiste a deponer las armas. El capitalismo ha demostrado a través de todas las fases y crisis que ha atravesado, lo hábil que es para sobrevivir gracias a que no es una ideología monolítica sino un conjunto de principios flexibles y adaptativos, una serie de algoritmos que detecta, monitorea e interpreta datos, tendencias y predice escenarios y comportamientos. Por otra parte, el capitalismo se retroalimenta de indicadores macroeconómicos que enmascaran la desigualdad que no quiere reconocer. Además, campea en los grandes países desarrollados, o al menos en sus altos círculos sociales y económicos donde los poderosos son ajenos o miopes a un entorno aquejado de los problemas que padece la mayoría. Y por último, no ayuda para vislumbrar ese nuevo comienzo, la proverbial y prolongada dificultad de la izquierda, tras el colapso de Muro de Berlín, y aún antes, de postular un gran relato comparable en fuerza y viabilidad al capitalismo.


Dicho lo anterior, sabemos que las grandes crisis encierran reacciones de autodefensa por parte de la sociedad. No es sino mirar la historia y ver cómo la sociedad civil siempre sale a hacer valer su autonomía y autoridad frente a gobernantes y sistemas que han hecho agua con sus modelos, desde la Revolución Francesa, hasta los movimientos nacionalistas que surgieron tras la caída del comunismo soviético.


En esa línea de pensamiento, el horizonte parece iluminar la capacidad de cambio de la actual sociedad manteniendo cierto orden social y a la vez, sabiendo qué es lo que se debe cambiar, y qué debe permanecer. La visión unificadora del pensamiento crítico parece alinearse en torno a un postcapitalismo que adapte o encuentre nuevas formas de asociación política, económica, social y solidaria que conduzcan a replantear y resolver, principalmente, los tres megaproblemas que aquejan al planeta hoy día: el casi irreversible cambio climático, la desigualdad incremental entre unos pocos poderosos y la mayor parte de la población y la progresiva invasión por la tecnología a las esferas más íntimas del ser humano donde la inteligencia artificial es la que guía la decisión humana.


En este sentido surgen propuestas de pensamiento y acción (teoría y praxis) que se enfrentan y oponen a la hegemonía neoliberal como una guerra civil planetaria; chocan en la stasis que se repite y renueva incansablemente. ¿Cómo romper la stasis, en analogía a la situación que viven los protagonistas de Al filo del mañana? Ahí la pregunta que muchos pensadores –la intelectualidad orgánica– se empeñan en resolver del brazo de una sociedad que cree que es posible otra democracia. Desde distintos sectores se postulan caminos que puedan conducir, más temprano que tarde, al tan anhelado postcapitalismo postindustrial.


Aceleracionismo


El aceleracionismo parte de un contrasentido. En lugar de recalcar que el camino es atacar al neoliberalismo, descalificarlo o simplemente esperar que colapse por causa de sus propias contradicciones, esta reciente postura filosófica apoya la idea de aceleración que reside en el corazón del capitalismo. Es necesario, entonces, acelerar las tendencias de desarraigo, alienación, descodificación y abstracción del capitalismo para llevarlo al límite y que esto conduzca a una sociedad postcapitalista. Se trata de una idea, al parecer, contraintuitiva pero que busca alinearse con el principio marxista del vínculo intrínseco que existe entre las fuerzas transformadoras y las axiomáticas del valor de cambio y de la acumulación capitalista que rigen el mundo moderno. Partiendo de Marx y su Fragmento sobre las máquinas, el aceleracionismo cree que el capitalismo no hay que revertirlo sino analizarlo, intervenirlo y acelerarlo para que, a pesar de toda su corrupción intrínseca y sus mecanismos de explotación que hay que soportar en el entretanto, dé lugar a otro modelo. Por ello, en lugar de rechazar los avances de la tecnología característicos del capitalismo contemporáneo, esta propuesta de acción social y política construye sobre la premisa, de que estos, primero, son irreversibles, y segundo, son deseables hasta cierto punto, a fines de lograr los objetivos postcapitalistas. En esa línea, el aceleracionismo cree firmemente que no estamos ante el fin de la historia sino al comienzo de un proyecto político prometeico y humanista.


La tesis aceleracionista, desarrollada en el Manifiesto para una política aceleracionista por Alex Williams y Nick Srnicek (2015) (4) esboza un qué hacer, basado en tres objetivos: a) construir una infraestructura intelectual que contenga una ideología con nuevos modelos económicos y sociales, y “una visión de lo que es bueno, para reemplazar y superar los paupérrimos ideales que hoy rigen nuestro mundo”; b) una reforma de los medios de comunicación a gran escala, acercar estos órganos al control popular para desmontar el actual discurso hegemónico de las grandes narrativas abanderadas por los medios económicos y de poder; y c) reconstruir diversas formas del poder de clase, buscando la manera de integrar una serie dispar de identidades proletarias parciales que son de cuño postfordistas y representan siempre formas de trabajo precario.


Solidarismo


Desde el siglo diecinueve se sentaron las bases del solidarismo como alternativa al capitalismo y al estatismo sobre los principios de convertir la empresa en ejemplo vivo de convivencia humana, de fortalecer las relaciones de solidaridad y buena voluntad entre trabajadores y empleadores, de promover el progreso económico y el desarrollo integral de los trabajadores, mejorando el nivel de vida de sus familias y comunidad, fomentar la conciencia social para mayor solidaridad y mejor entendimiento entre trabajadores y empleadores, fomentar la productividad y el rendimiento de la empresa para beneficio de todos los integrantes, defender el concepto de libre empresa como el mejor sistema de producción y riqueza, y, por último, alentar la formulación de programas orientados a fortalecer el desarrollo integral de los trabajadores, su familia su comunidad y su empresa (5).


A pesar del paso del tiempo, o tal vez por ello mismo, es una propuesta que hoy día sobresale entre las opciones más viables al sistema capitalista. El solidarismo parte de la confianza que genera el asociarse con un número relativamente pequeño de personas, alrededor de cien, en las que todo individuo suele y puede confiar. Esta confianza mutua permite emprender colectiva y comunitariamente proyectos de solidaridad, llámense cooperativistas, de asociación, pymes o microempresas. El solidarismo parte de un principio antropológico que establece tres niveles de conciencia en el ser humano: la individualista, aquella que se ocupa del cuidado de sí mismo; la comunitarista o cooperativista, en la que el individuo confía en grupos de amigos o conocidos y, tercero, la universalista, que apunta a un referente más amplio: el bien general.


El solidarismo además es una alternativa a la crisis de confianza mutua entre Estado y ciudadanos. El Estado trata a todos los ciudadanos como sospechosos y eventuales criminales (de allí el incremento de medidas de seguridad, cámaras de vigilancia y controles biométricos) y los ciudadanos desconfían profundamente de políticos, representantes democráticamente elegidos y de las instituciones, en general. El solidarismo regresa a círculos estrechamente determinados donde se puede depositar la confianza tan resquebrajada en otras esferas.


Por supuesto, ya existen múltiples casos de economías solidarias en las que, primero, se aplican actividades autónomas y colectivas como respuesta directa a necesidades de supervivencia económicas, organizadas según un principio igualitario y, segundo, donde parten de una conciencia clara del carácter injusto del sistema dominante y de la necesidad de superarlo.


Persuasión


Es claro que para lograr cambiar el modelo político y económico de una sociedad hay que hacerlo por la vía más efectiva. Gramsci cita tres elementos presentes cada vez que el mundo ha cambiado un modelo político y económico: primero, está el pueblo, como factor de movilización masiva; segundo, el desarrollo de una alta cultura de élite intelectual, y tercero, la intervención de los que tienen el poder del Estado. El pensador italiano advierte que cuando los movimientos populares no se asocian a un desarrollo de alta cultura, es decir, a una elite intelectual que desarrolle un modelo ideológico, estos terminan desgastándose y eventualmente desaparecen. Advertencia importante para muchos de los movimientos sociales que se gestan hoy día en Latinoamérica.


En la misma línea, Pablo Razeto, director del Instituto de Filosofía y Ciencias de la Complejidad de Chile, sostiene que de las tres formas básicas de cambiar las cosas, primero, la fuerza o la revolución genera bajos niveles de gobernabilidad; segundo, la votación a través del sistema de partidos políticos se ha desgastado y desprestigiado; la tercera, la persuasión, es la que genera mayor niveles de efectividad.


Se trata de persuadir a aquellos que están en el poder o tienen acceso a él a cambiar sus mentes para que adopten las ideas de lo que es necesario mudar en la sociedad (6). Y claro está, una forma actual y efectiva es a través de las medios y redes sociales. Ejemplos de líderes que han trabajado la persuasión abundan, entre ellos, Gandhi, Mandela, Martin Luther King, quienes hicieron triunfar sus ideas no por la fuerza o la vía de los partidos políticos. No fue necesario tomarse el poder, la tarea fue persuadir a los que lo detentaban para generar el cambio social y político deseado. Para ello, quienes impulsan dicha persuasión deben comenzar por el ejemplo, la llamada persuasión intelectual vivencial. Es decir, deben partir de si mismo., como lo hicieron los personaje citados y más recientemente, Pepe Mujica, en Uruguay. Cambiar la sociedad comienza por un cambio en la forma propia de vivir. Así, la propuesta política es coherente.


Nihilismo


Nuestra época, desde sus antecedentes en el pensamiento nietzscheano, está nimbada de una nube nihilista. Hay que remontarse a Stirner, con su célebre El único y su propiedad, y a Turgueniev, en la novela Padres e hijos para encontrar las raíces del pensamiento nihilista. Cumplidas dos décadas del siglo actual, el pensamiento nihilista –a pesar de ser esencialmente “equívoco”, pues el pensar la nada ya presenta de por sí una dificultad– parece más vivo que hace ciento cincuenta años cuando Nietzsche decretó la muerte de la escatología cristiana y abrió camino al vitalismo (7). Recordemos que para el filósofo alemán el nihilismo es el “rechazo radical de valor, sentido, deseabilidad” (8). Después vendrían Heidegger, Wittgenstein, Merleau-Ponty, Jean Luc Nancy, Agamben, entre muchos, para prolongar tal ideario.


El nihilismo se debate entre dos extremos, uno activo y otro pasivo, entre la destrucción y la extinción. Mientras el primero derrumba ídolos, verdades, creencias, pero también sistemas y Estados, el segundo busca un retraerse, un aislarse y cerrarse al ruido de la sociedad. En cierto sentido, el segundo es un refugio del ser en su interioridad a modo de los orientales que buscan el Nirvana en la quietud y la contemplación.


Bien sea por destrucción o extinción, la postura nihilista parece revestir el tedio de parte de la sociedad que no ve ni se matricula en utopías o que simplemente cae en la autocomplacencia martillada por el pensamiento de derecha que insiste en afirmar que vivimos “en el mejor de todos los mundos posibles”; el otro abismo es cuando el individuo cae en las enfermedades de la sociedad del cansancio delineada por el filósofo coreano-alemán Byung-Chul Han (9).


Neoanarquismo


De cierta forma emparentado con el nihilismo, el neoanarquismo también se erige como una refutación a la lógica de dominación que la sociedad neoliberal va estrechando sobre las esferas de la libertad humana. El neoanarquismo rechaza todo tipo de dominación, política, económica, social, de conducta o de pensamiento. El sujeto político, en toda su dimensionalidad, llámese individuo o multitud, en su sabiduría intrínseca, tiene clara la percepción de la injusticia, su autoconsciencia lo habilita a resistir la dominación. De este modo el sujeto parte de elementos como la singularidad, la libertad, la autonomía y la lucha contra la dominación para sacudirse, de múltiples maneras, desde la resistencia pasiva hasta la “propaganda por el hecho” todo tipo de dominación sobre él. En esa línea, Etienne Balibar habla sobre “la necesidad cívica de la sublevación” apelando a medios de antiviolencia o civilidad y reconociendo la existencia de la violencia extrema en todas sus dimensiones, desde el terrorismo y el fascismo, hasta la violencia estructural inserta en el empobrecimiento de la población, en la exclusión, en la desigualdad (10).


A diferencia del anarquismo del siglo XIX y de la primera mitad del XX, no todo impulso o movimiento neoanarquista busca deponer gobiernos o implantar una sociedad utópica. En ese sentido el neoanarquismo no es ingenuo. Por ser hijo de la posmodernidad y del posestructuralismo, se aleja de querer convertirse en ideología legitimadora de la modernidad y de las concepciones esencialistas de la naturaleza humana. El neoanarquismo supera la ira, el odio, el resentimiento, el acto violento y busca sacudirse la dominación por medios racionales, reflexivos y pacíficos. En últimas, todas las expresiones neoanarquistas actuales van dejando una huella en los gobiernos y en los sistemas políticos. El mensaje es claro: el ser humano repele y está dispuesto a luchar por su autonomía, su libre elección, su estilo y forma de vivir. Al otro lado, en la guerra civil planetaria, el neoliberalismo va en contravía de este deseo supremo del individuo.


En resumen, el decenio que abre el 2020 seguramente estará caracterizado por tendencias que llevarán el modelo hipercapitalista a su extremo y lo harán desembocar en un postcapitalismo que comienza a definir contornos cada vez más discretos. Igualmente, no es improbable que el nuevo decenio esté marcado por aun mayores agites sociales que el anterior. El hipercapitalismo será puesto a prueba en sus más profundas convicciones y veremos emerger un nuevo prometeísmo; un humanismo que se resiste a sucumbir a los asedios de un capitalismo en connivencia con las más sofisticadas tecnologías. El loop de la “guerra civil planetaria”, aquel que mantiene a la sociedad moderna a medio camino entre la agitación y la inacción debe romperse y dejar abiertos caminos hacia otra sociedad. Todo es posible.

 

1. Steyerl, H. Arte Duty Free, El arte en la era de la guerra civil planetaria, Caja Negra, Buenos Aires, 2018
2. Citado por Agamben, G. en Stasis, la guerra civil como paradigma político, Adriana Hidalgo ceditora, Buenos Aires, 2015, p. 13.
3. Agamben, G. “El gobierno de la inseguridad”, en Pensar desde la izquierda, mapa de pensamiento crítico para un tiempo de crisis, Errata naturae, Madrid, 2011
4. Williams, A., Srnicek, N., “Manifiesto para una política aceleracionista”, en Avanassian, A y Reus, M., Aceleracionismo, estrategias para una transición hacia el postcapitalismo, Caja Negra, Buenos Aires, 2017.
5. ¿Qué es solidarismo?, en http://mjmrenred09.obolog.es/solidarismo-307802
6. Razeto, P. Congreso del futuro 2020: Debate sobe como conducir sociedades mas complejas, en https://youtu.be/n2EGVPJSFUk
7. Uno de los lugares de pensamiento filosófico más activos hoy es el Centro de Estudios sobre el Nihilismo Contemporáneo, Cenic, que produce cantidad de contenidos de corte nihilista como base para la reflexión profunda y la articulación entre idea y práctica.
8. Nietzsche, F. La gaya ciencia, Madrid, Akal. 2010.
9. La depresión, el síndrome de déficit de atención e hiperactividad AD/HA), la bipolaridad y el síndrome de burnout, en La sociedad del cansancio, Herder, Madrid, 2011.
10. Balibar, E. “La necesidad cívica de la sublevación”, en Pensar desde la izquierda, mapa de pensamiento crítico para un tiempo de crisis, Errata naturae, Madrid, 2011

*Escritor. Integrante del Consejo de redacción de Le Monde diplomatique, edición Colombia.

La economía mundial crecerá en 2019 y 2020 al ritmo más bajo desde la Gran Recesión, según la OCDE

El 'think tank' de los países ricos vuelve a rebajar la previsión de crecimiento para 2020 y llama a los Gobiernos a aplicar estímulos fiscales de largo plazo centrados en la emergencia ambiental y en la digitalización

Los malos presagios sobre la economía global se suceden semana tras semana, informe tras informe: en octubre fue el turno del Fondo Monetario Internacional (FMI) y ahora le toca a la OCDE. En un clima de creciente tensión comercial, menor demanda privada e inversión lastrada por la incertidumbre, el crecimiento mundial se quedará este año y el próximo en el 2,9%, su nivel más bajo desde la Gran Recesión y casi medio punto por debajo de la medida del último lustro. Hasta aquí, lo esperado —salvo unas leves correcciones a la baja— en el último informe sobre las perspectivas económicas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), publicado este jueves y que ya en septiembre —en una tónica que se repite desde hace un par de años— advertía del debilitamiento económico global. Lo que sí debe preocupar, y mucho, señala el organismo con sede en París, es que la ralentización no responde a un “shock cíclico”, sino a “cambios estructurales” que los Gobiernos siguen sin atender. Están los que se podrían catalogar ya como clásicos: las tensiones comerciales, pese a las recientes señales de distensión entre Washington y Pekín, y geopolíticas. Pero en esta ocasión, el ente comandado por el mexicano Ángel Gurría agrega dos variantes más: la digitalización y, muy especialmente, el cambio climático, que sitúa como problemas “estructurales” que deben ser atendidos con urgencia.

“El cambio climático y la digitalización son cambios estructurales en marcha para nuestras economías”, subraya la economista jefe de la OCDE, Laurence Boone, al comienzo del último informe del año sobre las perspectivas de la economía mundial, presentado en la capital francesa. A ambos factores se suma, continúa, que “la política comercial y la geopolítica se están apartando del orden multilateral de la década de los noventa”. “Sería un error considerar estos cambios como factores temporales: son estructurales y, en ausencia de una dirección política clara en estos cuatro temas, la incertidumbre seguirá cerniéndose sobre nosotros, dañando las perspectivas de crecimiento”. El organismo carga las tintas contra la “falta de una dirección política” para intentar paliar sus efectos en momentos en que el mundo experimenta un incremento de fenómenos meteorológicos extremos, como huracanes o inundaciones “que podrían provocar disrupciones significativas en la actividad económica a corto plazo, así como daños de larga duración al capital y las tierras, además de provocar flujos migratorios desordenados”, enumera Boone. Por eso, insiste, los Gobiernos “deben actuar rápidamente”, porque “sin una orientación clara en los precios del carbono, estándares y regulación, y sin la inversión pública necesaria, las empresas aplazarán decisiones de inversión, con nefastas consecuencias para el crecimiento y el empleo”.

El panorama es malo, pero el riesgo de recesión permanece lejano, contrariamente a los lúgubres pronósticos que han ido ganando predicamento en los últimos meses. Pero el resfriado en los principales motores de crecimiento empieza a ser más que preocupante: de entre las grandes economías, el frenazo es especialmente brusco en la zona euro, que pasará de rozar el 2% de crecimiento en 2018 al 1,2% este año y el 1,1% en 2020, lastrada por sus dos principales polos industriales, Alemania e Italia —“en buena medida, como reflejo de la mayor dependencia del comercio internacional”—; y Estados Unidos, que pasará de rozar el 3% al 2,3% en 2019 y el 2% el próximo ejercicio pese al buen tono general del consumo. La economía china, por su parte, proseguirá su senda bajista bajo el mantra del “aterrizaje suave” —“aunque la ralentización podría ser más brusca de lo previsto”—: en 2020 el crecimiento quedará por debajo del 6% por primera vez en tres décadas, lastrado por una guerra comercial con EE UU que añade un grado adicional de presión a ambas orillas del Pacífico. En un panorama tan sombrío, India emerge como una de las escasa buenas noticias mundiales, con una expansión que —tras el tijeretazo del último año— recuperará el suelo del 6% en 2020.

La importancia de la palanca fiscal

Aunque varía notablemente entre países —“EE UU tiene más que la eurozona y Japón”, subrayan los economistas de la OCDE—, el margen de los bancos centrales para relanzar el crecimiento es cada vez más estrecho. Ante este agotamiento, el club de los 36 países más industrializados del planeta llama a dar un paso al frente en la inversión pública, el que más resistencias está encontrando encuentra. “Si el crecimiento y la inflación se ralentizaran más de los previsto, la política monetaria debería seguir flexibilizándose. Pero [ese movimiento] debería ir acompañado de estímulos fiscales contracíclicos”, agregan los técnicos de la OCDE. “Hay una necesidad urgente de acciones más atrevidas para relanzar el crecimiento y los Gobiernos deben enfocarse no solo en los beneficios a corto plazo de los estímulos fiscales, sino en las ganancias de largo plazo. La creación de vehículos inversores nacionales podrían ayudar a diseñar planes para encarar los fallos de mercado y tener en cuenta las externalidades positivas para la sociedad en su conjunto”.

El margen de acción en política fiscal fluctúa, y mucho, entre países. Las diferencias son especialmente acentuadas en Europa. La OCDE cita explícitamente tres casos —Alemania, Países Bajos y Suecia— de naciones con deuda pública en niveles relativamente bajos y la actividad económica picando a la baja, en los que se “podrían implementar estímulos adicionales” y aprovechar “los intereses negativos a largo plazo, que ofrecen una oportunidades para afrontar la escasez de infraestructuras y reforzar el crecimiento a largo plazo”. En el lado opuesto, el organismo apela a la prudencia en países fuertemente endeudados y en los que las proyecciones no apuntan precisamente a una reducción de los pasivos a corto y medio plazo: Bélgica, Francia, Italia o Reino Unido, además de Japón y EE UU fuera del Viejo Continente. También en España, Portugal y Grecia, donde aunque la deuda está previsto que caiga, “el margen para políticas fiscales discrecionales es limitado” y una flexibilización adicional “podría socavar la sostenibilidad de la deuda y reducir el espacio fiscal para combatir futuras recesiones”. En todos los casos, la OCDE llama a una “mayor coordinación entre las palancas monetaria y fiscal para hacer frente a la desaceleración en un momento en el que la inflación permanece no solo bajo control sino en niveles inferiores a los deseables en casi todas las economías desarrolladas.

Por Silvia Ayuso / Ignacio Fariza

París / Madrid 21 NOV 2019 - 05:04 COT

Publicado enEconomía
Domingo, 15 Septiembre 2019 06:04

Un complot made in USA para voltear a Francisco

Los ricos ultraconservadores de EE.UU. se unieron para dañar al Papa. Imagen: AFP

Un círculo preciso que mueve los hilos y el dinero: los sectores ultraconservadores híper ricos de Estados Unidos. Y una víctima asediada: el Papa. 

“Para mi es un honor que los norteamericanos me ataquen”, dijo el Papa Francisco cuando el periodista francés Nicolas Senèze, corresponsal del diario católico La Croix en Roma, le entregó, en el avión que los llevaba a Mozambique, su investigación sobre el complot de los norteamericanos contra su papado: “Cómo América quiere cambiar de Papa” (Comment l’Amérique veut changer de pape, Bayard, 276 páginas). Los detalles de este complot, los nombres de los protagonistas y de los grupos a los que obedecen están ampliamente expuestos en estas páginas que detallan, desde el inicio, la mecánica de la hostilidad. El operativo tiene un nombre: The Red Hat Report: un lugar de origen: Estados Unidos. Un círculo preciso que mueve los hilos y el dinero: los sectores ultraconservadores híper ricos de Estados Unidos. Y una víctima asediada: el papa Francisco. Las piezas de este juego de calumnias y poder encajan en los intercisos del rompecabezas que los adversarios del sumo pontífice han ido armando en los últimos años. El golpe empezó a fomentarse en Washington, en el año 2018. El grupo de ultraconservadores se reunió en la capital norteamericana para fijar dos metas: dañar lo más posible la figura de Francisco y adelantarse a su sucesión eligiendo entre los posibles cardenales el más idóneo a sus intereses conservadores. The Red Hat Report es el nombre del informe que encargaron a ex policías y miembros del FBI, abogados, gabinetes especializados, periodistas y universitarios para estudiar la vida y las ideas de cada cardenal con el fin de destruir su carrera o, al contrario, beneficiarla para cuando llegue el momento oportuno. Y mientras llega ese momento, el grupo puso manos a la obra con la meta de llevar a cabo lo que Senèze llama “un golpe de Estado” contra el Papa Francisco.

Una mañana de 2017, Roma amaneció cubierta con afiches contra el Papa. Fue el primer acto de la ofensiva: el segundo y, sin dudas, el más espectacular, intervino en agosto de 2018 cuando, por primera vez en la historia del Vaticano, un cardenal hizo pública una carta exigiendo la renuncia del Papa. Se trata de Monseñor Carlo Maria Vigamo, ex nuncio del Vaticano en Estados Unidos. El corresponsal de La Croix en el Vaticano detalla la odisea maligna de este grupo de poder en su empeño por sacar del medio a un Papa cuyas posiciones contra el liberalismo, la pena de muerte, a favor de los inmigrados y su inédita defensa del medio ambiente a través de la encíclica Laudato engloba una corriente contraria a la de estos empresarios. Los complotistas poco tienen de santos: son adeptos a la teología de la prosperidad, poseen empresas ligadas a los seguros y hasta la explotación del Amazonas. Francisco es un clavo bajo sus pies y una cruz sobre sus ambiciones. Según Senèze, organizaciones caritativas como Los Caballeros de Colón (pesan 100 mil millones de dólares gracias a las compañías de seguro que administran), el banquero Frank Hanna, la red de medios Eternal World Television Network (EWTN), cuyo promotor y abogado, Timothy Busch, creó el Napa Institut con la intención de difundir “una visión conservadora y libre de la economía”, están entre los miembros más activos. Pero hay otros como Lagatus, o George Weigel y su ya fomoso think tank Ethics and Public Policy Center. En dialogo con Página/12,  Senèze desenvuelve la trama de un complot que, pese al poder de sus actores, no logró quebrar al Papa.

--Historia de novela, pero historia real: el Papa Francisco fue y es objeto de una de las campañas más densas que hayan existido contra un sumo pontífice.

---El Papa Francisco no sirve los intereses de este grupo de empresarios ultraconservadores y por ello decidieron, de alguna manera, licenciarlo. Actuaron igual que lo hubiese hecho el consejo de administración de una empresa cuando despide al director porque este no alcanzó los objetivos deseados. Esta gente cuenta con enormes recursos financieros pero, pese a ello, durante el mandato de Francisco no lograron influenciar su línea. Por ello se fueron acercando a las personas que, dentro de la Iglesia, estaban contra Francisco. Algunos, como Monseñor Vigamo, llegaron incluso hasta exigir públicamente su renuncia. Creo, de todas formas, que este grupo de ultraconservadores sobrevaluaron sus fuerzas. Monseñor Carlo Maria Vigamo, por ejemplo, sobrevaluó su influencia y no calculó la lealtad de las personas que, dentro del Vaticano, no estaban dispuestas a traicionar al Papa, incluso si muchas eran criticas con Francisco.

--El operativo The Red Hat Report tenía dos objetivos, uno ahora y otro más tarde.

--Efectivamente. Como no lograron derrocar al Papa, ahora preparan una nueva etapa. Francisco tiene 84 años y podemos pensar que estamos cerca del fin de su pontificado. Lo que están haciendo es preparar el próximo conclave. Para ello han invertido mucho dinero, han contratado a ex miembros del FBI para preparar dossiers sobre los cardenales que participarán en el cónclave para descartar aquellos que tienen la intención de continuar con las reformas que aplicó el Papa Francisco. El problema de esta geste es que, al menos por ahora, no cuenta con ningún candidato verosímil. No les será fácil. Sin embargo, lo que sí pueden hacer es dañar la credibilidad de los candidatos más reformistas y obtener de esa manera la elección de un candidato débil y manipulable para desmontar las reformas de Francisco. Cuentan para ello con un gran presupuesto. Creo profundamente que la mayoría de los católicos norteamericanos respaldan al Papa Francisco. Pero en Estados Unidos la cantidad no basta. A la cantidad hay que agregar el factor dólar.

--Estos grupos ya existían antes pero nunca habían actuado con tantas evidencias.

--Son empresarios con enormes medios a su disposición. Cada uno de ellos fue creando su grupo de reflexión dentro de la Iglesia, su escuela de teología, su universidad católica, su gabinete de abogados para defender la libertad religiosa. Es una nebulosa que funciona mediante una red de instituciones privadas y que ha llegado a dominar el catolicismo norteamericano. Son por ejemplo ellos quienes donaron mucho dinero a las diócesis norteamericanas que tuvieron que pagar enormes indemnizaciones luego de los casos de abuso sexual. Por eso pueden imponerles una dirección a las diócesis. Por ejemplo, Tim Busch está presente en todas las etapas de este montaje. Para proteger poderosos intereses económicos en el Amazonas, estos grupos pesan con toda su fuerza para desviar la atención y evitar así que se hable demasiado de ecología. Siempre tratan de distraer la atención en los debates fundamentales, por ejemplo, en los sínodos, e imponer sus puntos de vista, o sea, sus intereses.

--¿ Y cómo un grupo tan poderoso pudo dejar que Francisco fuese electo Papa ?

--No se dieron cuenta porque la elección de Francisco se llevó a cabo según otras necesidades: este Papa fue electo debido a la crisis en el seno de la curia y gracias a la voluntad de los obispos del mundo entero de sacar a la iglesia del debilitamiento creado por las malas combinaciones de la curia italiana. Bergoglio se impuso así para reformar la Iglesia. Pero su ideología choca con la visión que los católicos ultraconservadores de Estados Unidos tienen de la Iglesia. Hay, además, otro ingrediente propio al catolicismo norteamericano: un desprecio innato de los católicos blancos norteamericanos por los latinos. El sector WASC (White, Anglo-Saxon Catholic) menosprecia a los hispanos porque estos son pobres, no tuvieron éxito. Los WASC están muy influenciados por la teología de la prosperidad difundida por los evangelistas.

--¿Donald Trump juega en este patio?

--No creo que Trump tenga muchas convicciones propias. Es seguro que los escucha, pero quien tiene una cercanía con ellos es el vicepresidente, Mike Pence. Las confrontaciones son numerosas entre Washington y el Vaticano. El tema de la pena de muerte, la impugnación del Papa Francisco de un liberalismo fuera de control, etc, etc. El Papa, finalmente, ataca los fundamentos del poder económico de Estados Unidos.

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El filósofo francés Éric Sadin alerta de que la inteligencia artificial amenaza la civilización

Para el filósofo francés Éric Sadin (1972), una de las mentes más influyentes y críticas frente a la era la digitalización y los datos, no estamos hablando lo suficiente de las consecuencias para el ser humano de la colonización del modelo de Silicon Valley: una suerte de liberalismo digital camuflado, que nadie se cuestiona e incluso es impulsado por los propios gobiernos. Vivimos rodeados de objetos conectados y sensores que recogen y convierten en datos hasta el detalle más íntimo. Y con esos datos, unas pocas compañías gigantestas alimentan una inteligencia artificial cada vez más potente, capaz de interpretar, sugerir e incluso tomar decisiones. Nos fiamos ciegamente de las máquinas, pero ni siquiera sabemos cómo funcionan. ¿Queremos realmente que las máquinas tomen decisiones?


Sadin vino a presentar la traducción de su penúltimo libro, La silicolonización del mundo (2016; Caja Negra, 2018), y se centró sobre todo en los temas que aborda en lo último de su prolífica obra, La inteligencia artificial o el reto del siglo. Anatomía del antihumanismo radical (2018).


El filósofo desgranó durante casi dos horas, durante un coloquio con la periodista especializada en tecnología Marta Peirano en el Institut Français de Madrid (en el marco del III Foro de la Cultura de Burgos), su visión crítica y sin concesiones sobre las consecuencias de una tecnologización de la sociedad. "Hemos pasado de la edad del acceso, en la que nuestra relación era a través de las pantallas, a la edad de la cuantificación en apenas 20 años", comentó. Y describe esta situación, en la que los sistemas nos hablan para decirnos "la verdad", como "agobiante".


Criticó con dureza el apoyo social e institucional a la la economía de los datos y platafomas, "que suponen una inteligibilidad de nuestros comportamientos cada vez más extendida" y cuya finalidad es "interpretar nuestros comportamientos, para notificaros y sugerimos de forma aparentemente adecuada a cada persona". "Hablamos de una mercantilización general de la vida, de la conquista de los comportamiento: hay una batalla para controlar nuestras cabezas", expuso.


El pensador confesó que ha llegado a la conclusión de que los desarrollos tecnológicos se determinan exclusivamente el punto de vista económico, ya no existe como campo autónomo: "El mundo de la ciencia, de la técnica, ha desaparecido por completo, sólo existe un mundo tecnoeconómico en el que los investigadores sólo responden a una lógica económica". Y en este contexto, absolutamente utilitarista, “la tecnología nos habla para decirnos la verdad”, afirmó con ironía.


"Habla para orientar nuestros gestos, para orientar nuestra vida, nuestros comportamientos, hasta tal punto que puede afectar a nuestra autonomía de juicio", comentó. E insistió en que esos sistemas —que son opacos, no sabemos nada de ellos pero tienen la capacidad de decidir— "imponen una verdad que tiene consecuencias jurídicas y políticas".
Inteligencia artificial, sensores, robotización humana


Durante su larga intervención, Sadin alertó de la invasión de los sensores tanto en la vida privada ("hasta los biberones tienen sensores", exclamó) como en los espacios profesionales. "La arquitectura inducida por la invasión masiva de sensores implica un trazabilidad de la vida, y esta realidad captada y reducida a datos, alimenta la inteligencia artificial".


Y, para él, la inteligencia artificial es motivo serio de preocupación. "Por primera vez en la historia, los sistemas pueden entender situaciones, tienen capacidad de retroacción y, lo que es muy inquietante y perturbador, puede tomar decisiones por sí mismos, como el trading de alta velocidad con proyección anticipativa".


"Las personas son cuantificadas, hay una visibilidad en tiempo real de la producción de bienes y servicios, y eso significa una enunciación de órdenes" por parte de sistemas capaces de interpretar esa abundancia de datos. "Los empleados se transforman en robots de carne y hueso, existe una negación de la subjetividad, de la improvisación o del ingenio", denunció. Y alertó de que esta realidad se está extendiendo a otros muchos ámbitos, como las decisiones médicas.


Según él, la idea que plantea este liberalismo digital, esta tecnoeconomía, es ir reemplazando a las personas y cuando no se pueda, 'robotizar' al ser humano. "Esto es lo que me interesa porque no se ve", aseguró, y añadió: "Se habla de la complementariedad entre humanos y sistemas, pero eso no es más que un tecnodiscurso: son los humanos los que se tienen que adaptar a esos sistemas y eso es cada vez más imposible".


"Los regímenes liberales apoyan jurídicamente estos desarrollos para impulsar la tecnología de los datos y de las plataformas, hay una sumisión", denunció. "No parece existir un debate sobre la desaparición de la autonomía del juicio humano en favor de la velocidad de la tecnología".


Mientras, en la otra punta de Madrid, se celebra esta semana la South Summit, en donde emprendedores y políticos alaban las virtudes de la economía de los datos; España cuenta incluso con una Secretaría de Estado dedicada al tema. Y en Ifema tiene lugar IROS 2028, el congreso mundial de robótica inaugurado por Felipe IV.
"Desconfío de los políticos y legisladores que apoyan este entorno: hay que animar el contraexamen porque hay demasiados 'expertos'; hay que escuchar a quienes sufren esos sistemas", propuso. "Oigamos la realidad sobre el terreno y no tanto el dogma de la transformación digital".


Hacia un "anti humanismo radical"


Sadin apuntó a que el aparentemente imparable desarrollo de la inteligencia artificial nos está conduciendo a un "anti humanismo radical" basado en un utilitarismo extremo, guiados por la lógica de las máquinas, que no humana. "Estos sistemas que nos indican la verdad borran características intrínsecas del ser humano: crítica, juicio, etc., todo en una sola generación y sin evaluación de los impactos en la civilización, sin crítica". "Estamos en una ceguera general", lamentó.


Más allá de las preocupaciones que invaden el debate público —los fallos en redes sociales, los escándalos de Facebook, la vigilancia del 'gran hermano digital', la protección de los datos personales...— , Sadin mostró su preocupación por el hecho de que nadie habla de las implicaciones éticas que están por encima de todo ello.


"Lamento que en nuestra época, lo único que nos preocupa es la libertad individual, pero la libertad común, la simetría de poderes, la libertad de juicio, son cuestiones colectivas que a nadie parece preocupar; hay una reducción sistemática al individuo", afirmó, y añadió: "Me molesta tanto individualismo, parece que sólo nos importa nuestra pequeña parcela de libertad; la protección de datos me parece una obsesión que tiene que ver con la libertad individual, mezquina, egoísta, y cuanto más defendamos esa libertad, mejor le irá a la tecnoeconomía".


Eso sí, no negó que los avances tecnológicos tienen su cara positiva. Pero zanjó, con cierta sorna, que "ya hay mucha gente que defiende las ventajas, tantas que saturan el debate público". "No me necesitan para eso", concluyó.

Madrid
05/10/2018 07:54 Actualizado: 05/10/2018 07:54
Pablo Romero
@pabloromero

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El éxodo juvenil de Facebook: cuando los jóvenes cambian los estados por fotos y vídeos

Un estudio pone de manifiesto que, cada vez más jóvenes, optan por decir adiós a Facebook e ir directamente a otras redes sociales como Snapchat o Instagram. Hablamos con Esteban Mucientes, experto en redes sociales y estrategia digital, que nos cuenta las claves de este abandono


Se van. Los adolescentes no quieren saber, cada vez en mayor medida, nada de Facebook. Es el último estudio que ha aparecido sobre el tema y que esta vez firma la consultora eMarketer. "El efecto de Facebook se desvanece aún más entre los adolescentes y los adultos jóvenes", anuncia la compañía.


El trabajo, que observa el comportamiento de los jóvenes en EEUU y Reino Unido, se centra sobre todo en dos grupos de usuarios: por un lado, los que se encuentran en la franja de los 12 a los 17 años. Por otro, los que tienen de 18 a 24 años. Y todos ellos están dejando o dejarán de usar Facebook en el futuro. Un apunte: la red social de Mark Zuckerberg permite ser usada por menores desde los 14 años en adelante.


"Tanto Instagram como Snapchat han encontrado el éxito entre esta franja demográfica desde que se han centrado en cómo comunicar; eso es, utilizando contenido visual", explica Oscar Orozco, uno de los analistas que ha llevado a cabo el estudio, en el blog de la compañía.


"Al mismo tiempo, ahora tenemos niños anti-Facebook, que oscilan entre las dos franjas de edad y que parecen estar pasando por completo de Facebook, aunque todavía no han terminado de acoplarse a Instagram", continúa el analista.


La consultora afirma que la base de usuarios de Facebook entre los chicos y chicas de 12 a 17 años decrecerá un 3,4% en 2017. Además, según sus estimaciones, el uso de la red social entre los usuarios de 18 a 24 años "crecerá de forma más lenta de lo previsto anteriormente".


Y esto tiene una explicación: la irrupción de Snapchat e Instagram. Al echar un vistazo al número de usuarios jóvenes que tienen las tres grandes redes sociales en EEUU y Reino Unido los números no fallan: el fantasma blanco domina entre los chicos y chicas con edades comprendidas entre los 12 y los 24 años con 40,2 millones de usuarios. En segundo lugar se sitúa Facebook con 38 millones y en tercera posición, Instagram con 26,3 millones.


¿Adónde van?


Parece que nada le podría afectar a Facebook con sus más de 2.000 millones de usuarios activos mensuales en el mundo. Ni la creciente tasa de abandono que, según Esteban Mucientes, exvicepresidente de la Asociación Española de Responsables de Comunidades OnLine y profesionales de Social Media (AERCO), se da "entre la gente de 30-35 años hasta los de 45-50".


A pesar de ello y aunque los números de Snapchat vivieron mejores tiempos, ahora mismo se sitúa en torno a los 300 millones de usuarios al mes. Sin embargo, la gente ya no pasa tanto tiempo allí como antes. Antaño, los jóvenes permanecían en la app durante 60 minutos y ahora lo hacen por la mitad del tiempo.


Ajeno a todo esto permanece Instagram, que dobla con creces la cifra de usuarios mensuales respecto a Snapchat y la fija en 700 millones. En 2014, la gente pasaba de media 21 minutos al día en la app, un número que creció hasta los 32 minutos con la llegada de Stories. Pero tanto el uno como el otro cuentan con una ventaja comparativa respecto a Facebook, y es que su público es joven.


El estudio arroja que Snapchat crecerá un 19,2% en 2017, en la franja de edad que va de los 18 a los 24 años. También estima que los adolescentes de 12 a 17 años usarán Instagram un 8,8% más. Aunque Facebook continúe creciendo mes a mes, la investigación de eMarketer pone de manifiesto que esa línea cada vez sube de forma más lenta.


"Lo que hay es un cambio de comportamiento, de todos. Sí que es verdad que lo visual funciona mucho mejor que, digamos, lo clásico: los estados o las cosas donde hay que leer mucho", explica a eldiario.es Mucientes, que también es experto en redes sociales y estrategia digital.


Espíritu juvenil: siempre en movimiento


"Hay dos sectores de población donde hay capacidad de crecimiento, que son los mayores de 55 años, que se están incorporando mucho a las redes sociales; y los menores, sobre todo de 16-18 años", continúa Mucientes. El primer grupo de edad apuesta sobre todo por WhatsApp, que no hay que olvidar que también es una red social y propiedad de Facebook.


El vicepresidente de AERCO considera que los jóvenes se mueven de red en red social evitando el encontronazo con sus progenitores: "¿Dónde estamos? Pues donde no están nuestros padres", dice, y recuerda que el final de Tuenti como red social fue "cuando empezaron a llegar los padres, que estaban preocupados por lo que hacían sus hijos".


Mucientes se muestra convencido de que lo visual es el futuro, "toda la parte de realidad aumentada, de incorporar por fin experiencias a material escrito o a revistas". También duda de que la red social de Zuckerberg note el éxodo juvenil a la hora de presentar las cuentas anuales: "El dinero que no saca por un lado lo saca por otro. Lo que no saca a través de la publicidad clásica en Facebook lo saca a través de la publicidad en Instagram, con lo cual, dinero no pierde". Juventud, divino tesoro.

 

22/08/2017 - 21:12h

Publicado enCultura
Cuarta revolución industrial, tecnologías e impactos

Según los más ricos y poderosos del planeta, la cuarta revolución industrial ya está en marcha y es resultado de la convergencia de robótica, nanotecnología, biotecnología, tecnologías de información y comunicación, inteligencia artificial y otras. El Foro Económico Mundial, que reúne cada año en Davos a las mayores empresas del planeta, produjo en 2016 un informe donde afirma que con la "tormenta perfecta" de cambios tecnológicos junto a lo que llaman asépticamente "factores socio-económicos", a 2020 se perderán 5 millones de empleos, incluso contando los nuevos que se crearán por las mismas razones.

Si ellos hablan de una pérdida de 5 millones de empleos, seguramente serán muchos más. Y es sólo uno de los impactos de esta revolución tecnológica, que no se define por cada una de estas tecnologías aisladamente, sino por la convergencia y sinergia entre ellas. Nombran entre las 10 tecnologías claves –y más disruptivas– la ingeniería de sistemas metabólicos para producir sustancias industriales (leáse biología sintética para remplazar combustibles, plásticos, fragancias, saborizantes, principios activos farmacéuticos derivados de conocimiento indígena); el Internet de las nano-cosas (además de usar Internet para producción industrial, agrícola, etcétera, también nano-sensores insertados en seres vivos, incluso nuestros cuerpos, para captar y recibir estímulos y administración de drogas y farmacéuticos); ecosistemas abiertos de inteligencia artificial (integrar máquinas con inteligencia artificial al Internet de las cosas, a las redes sociales y a la programación abierta, con potencial de cambiar radicalmente nuestra relación con las máquinas y entre éstas mismas) y varias otras, como nuevos materiales para almacenar energía, nano-materiales "bidimensionales", vehículos autónomos y no tripulados (drones de todo tipo con mayor autonomía), optogenética (células vivas manipuladas genéticamente que responden a ondas de luz), producir órganos humanos en chips electrónicos.

En el año 2000, desde el Grupo ETC llamamos a esta convergencia BANG (Bits, Átomos, Neurociencias, Genes), especie de Big Bang tecno-socio-económico, mejor llamado "Little Bang" porque las tecnologías a nano-escala (aplicadas a seres vivos y materiales) son la plataforma de desarrollo de todas las otras. Avizoramos entonces que este "Little Bang", estaba formando un tsunami tecnológico que tendría impactos negativos de grandes dimensiones en medio ambiente, salud, trabajo; en producción de nuevas armas para guerra, vigilancia y control social de todas y todos, entre otras. Todo en un contexto de la mayor concentración corporativa de la era industrial, oligopolios con cada vez menos empresas que controlan inmensos sectores de producción y tecnologías.

Así está sucediendo, pero para cada uno de nosotros separadamente es difícil percibirlo en totalidad y en las dimensiones de sus impactos que se complementan. Los gobiernos, mayormente controlados por intereses corporativos y con el mito de que los avances tecnológicos son beneficiosos de por sí, han dejado que casi todas estas tecnologías prosigan, se usen, vendan, estén diseminándose en el ambiente y en nuestros cuerpos, sin siquiera mínimas evaluaciones de sus posibles impactos negativos y sin regulaciones, mucho menos aplicación del principio precautorio. Un ejemplo claro es la industria nanotecnológica, que con más de 2000 líneas de productos en los mercados, muchos presentes en nuestra vida cotidiana (alimentos, cosméticos, productos de higiene, farmacéuticos), no está regulada en ninguna parte del mundo, pese a que aumentan los estudios científicos que muestran toxicidad en ambiente y salud, especialmente para los trabajadores expuestos en la producción y uso de materiales con nanopartículas.

Pero el Foro de Davos sí elabora anualmente un amplio informe sobre riesgos globales, porque esos riesgos afectan sus capitales e inversiones. En la edición 2015 afirman que "El establecimiento de nuevas capacidades fundamentales que está ocurriendo, por ejemplo, con la biología sintética y la inteligencia artificial, está particularmente asociado con riesgos que no se pueden evaluar completamente en laboratorio. Una vez que el genio haya salido de la botella, existe la posibilidad de que se hagan aplicaciones indeseadas o se produzcan efectos que no se podían anticipar al momento de su invención. Algunos de esos riesgos pueden ser existenciales, es decir, poner en peligro el futuro de la vida humana". A confesión de partes, relevo de pruebas. Pero aunque lo reconozcan, no tomarán ninguna medida que coarte sus ganancias.

En este contexto, desde hace algunos años, estamos trabajando junto a otras organizaciones, movimientos sociales y asociaciones de científicos críticos, en la construcción de una red de evaluación social y acción sobre tecnologías (Red TECLA), para buscar por un lado informarnos y comprender el horizonte tecnológico, sus conexiones, impactos e implicaciones desde muchas perspectivas (ambiente, salud, ciencia, género, trabajo, consumo) y fortalecernos para actuar sobre ellas.

Para avanzar en estas ideas y en el cuestionamiento de la tecnociencia al servicio del lucro, con experiencias concretas desde varios países latinoamericanos, se realizará el seminario internacional "Ciencia, tecnología y poder: miradas críticas", el 8 de noviembre, de 9.30 a 14 horas, en la Hemeroteca Nacional, Ciudad Universitaria, convocado por la Red TECLA, la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad y el Grupo ETC (www.etcgroup.org/es). Tenemos que apropiarnos, desde abajo, de la consideración y acción sobre estos temas.

 

Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

¿Y si en las elecciones se prescindiera de las encuestas de opinión?

El senador Bernie Sanders ganó las elecciones primarias demócratas de Michigan. Con su victoria, no solo derrotó a Hillary Clinton sino también a todas las empresas encuestadoras. El especialista en estadísticas electorales Nate Silver escribió que la victoria de Sanders en Michigan “pasará a la historia como uno de los peores errores de las encuestas en las elecciones primarias”. Imaginen si tuviéramos una campaña electoral sin encuestas. La energía, la investigación y el dinero tendrían que volcarse a estudiar la trayectoria de los candidatos, ya sea que se trate de empresarios como Donald Trump o políticos como Hillary Clinton y Bernie Sanders. Esto generaría un electorado mejor informado y más participativo.


¿Por qué habría de importar a quién votarán nuestros vecinos o las personas que viven en otra parte del estado? Dejemos que cada persona decida cómo votar no en función de las encuestas, sino en función de las posturas que realmente adoptan los candidatos. Las elecciones primarias, las asambleas electorales y la elección general son las encuestas definitivas. Estas instancias proporcionan los números fiables, los datos irrefutables sobre cómo votaron los ciudadanos, esperemos, bien informados. Entonces, en lugar de especular sobre cómo actuarán votantes imaginarios, los comentaristas políticos podrían hablar basados en la realidad.


Es sorprendente que Bernie Sanders haya llegado a donde está hoy. Analicemos el resumen del informe Tyndall sobre la cobertura de la campaña de 2016. Desde finales de la década de 1980, Andrew Tyndall ha realizado un análisis independiente diario de los principales programas de noticias de la noche en CBS, NBC y ABC. Tyndall señala que, en el año calendario 2015, estas cadenas de noticias produjeron más de 17 horas de información sobre la campaña presidencial, es decir, que la televisión nacional le dedicó a la campaña más de 1.000 minutos de su tiempo de aire. Donald Trump recibió 327 minutos de cobertura, o alrededor de un tercio de toda la cobertura de la campaña, mientras que Bernie Sanders recibió apenas 20 minutos. Por su parte, Hillary Clinton obtuvo 121 minutos de cobertura, seis veces más que Sanders. En un ejemplo sorprendente de cobertura desigual, el programa “ABC World News Tonight” transmitió 81 minutos de noticias sobre Donald Trump, frente a apenas 20 segundos de noticias sobre Bernie Sanders.


Los canales de televisión comerciales tienen también un conflicto de interés inherente. Las campañas de los partidos y los súper PAC gastan cientos de millones de dólares en comprar tiempo publicitario en la televisión para promover a un candidato o tema. Cuanta más información sobre la campaña transmitan las cadenas, menos necesidad sentirán los candidatos de comprar tiempo de publicidad para informar a sus posibles seguidores acerca de sus posiciones. Dado que la televisión sigue siendo la principal fuente de noticias para la mayoría de los estadounidenses, este conflicto de interés representa un gran obstáculo para mantener una población bien informada.


Las elecciones primarias determinan cuáles serán los candidatos de los dos principales partidos. Dejemos de lado, por ahora, que la inexistente cobertura sobre terceros partidos garantiza que sus candidatos, ya sean del Partido Verde o Libertario, por ejemplo, no tengan ninguna injerencia en las elecciones nacionales. La participación en las elecciones primarias de este año ha sido históricamente elevada, pero en términos absolutos, lamentablemente baja. El Pew Research Center informa que, en las 12 primeras elecciones primarias de este año, un 17,3% de electores votó en las elecciones del partido Republicano, frente a un 11,7% de personas que votó en las primarias del partido Demócrata. Según Pew, estas son cifras históricamente elevadas, sin contar las elecciones de 2008, pero extremadamente bajas: más del 82% de los republicanos y más del 88% de los demócratas no votó.


Sin duda, los nuevos impedimentos al voto, como los requisitos de formas específicas de identificación con fotografía, disminuyen la participación. Algunas personas sostienen que gran parte de la nueva legislación electoral fue diseñada específicamente para desalentar la participación de la población pobre y de las minorías étnicas de color en el proceso electoral, y favorecer, de este modo, a los candidatos republicanos. En un gran acto de campaña realizado el martes por la noche en Miami, y antes de enterarse de su victoria en Michigan, Sanders dijo: “Siempre nos va bien cuando la participación de los votantes es elevada, y nos va mal cuando menos gente acude a votar”.


Las cadenas de televisión suelen tener la política de no revelar los datos de las encuestas a boca de urna hasta que se cierra la votación, a fin de no desalentar a los votantes de participar. Las encuestas a boca de urna pueden indicar que un candidato tiene pocos votos o lleva una gran ventaja, y la gente puede sentir que su voto no cambiará el resultado. Se debe extender esta política a todo el proceso electoral.


Necesitamos un enérgico debate en el país acerca de la guerra y la paz, acerca de la creciente desigualdad entre los ricos y el resto de la población, sobre la inmigración, la educación, el encarcelamiento masivo, el racismo y muchos temas más. Y necesitamos un electorado comprometido, darle el poder a cada ciudadano a través de la información y la capacidad de voto. Es lo mínimo que exige la democracia.
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Traducción al español del texto en inglés: Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Martes, 30 Diciembre 2014 07:36

Ecos ominosos en 2015

Ecos ominosos en 2015

Colapso financiero en Rusia; precios petroleros en picada y dólar fuerte; nueva fiebre del oro en Silicon Valley y economía estadunidense en resurgimiento; debilidad en Alemania y Japón; divisas tambaleantes en mercados emergentes, de Brasil a Indonesia; una presidencia demócrata en problemas en la Casa Blanca. ¿Es un pronóstico del mundo en 2015 o un retrato de finales de la década de 1990?


La historia económica reciente ha estado tan dominada por la contracción crediticia de 2008-09 que es fácil olvidar lo que ocurrió en las décadas anteriores. Pero retroceder 15 años o más es instructivo, en términos tanto de qué hacer como de qué evitar.


Entonces como ahora, EU estaba a la vanguardia de una perturbadora revolución digital. El advenimiento de la Internet desencadenó un auge de innovación y euforia con respecto a las perspectivas de ese país. En 1999 el PIB crecía más de 4% al año, casi el doble del promedio de los países ricos. El desempleo cayó a 4%, la tasa más baja en 30 años. Los inversionistas extranjeros se agolpaban, lo cual hizo subir el dólar y los precios de las acciones. El índice S&P 500 creció a ganancias de casi 30 veces; las acciones de las firmas tecnológicas enloquecieron.

El optimismo en EU contrastaba con el desaliento en todas partes, como ocurre hoy. La economía de Japón había resbalado hacia la deflación en 1997. Alemania era el enfermo de Europa; sus empresas eran lastradas por rígidos mercados laborales y otros altos costos. Los mercados emergentes, que habían florecido, estaban en crisis: entre 1997 y 1999 países de Tailandia a Brasil vieron desplomarse sus divisas al fugarse el capital extranjero y volverse impagables las deudas denominadas en dólares.


A la larga, EU se metió en problemas también. La burbuja de las acciones tecnológicas estalló a principios de 2000 y produjo una caída generalizada en los precios de las acciones. La inversión empresarial, sobre todo en tecnología, se hundió y, al caer las acciones, los consumidores redujeron gastos. A principios de 2001 EU, junto con la mayor parte del mundo rico, había caído en recesión, aunque moderada.

El poderoso EU

Los paralelismos no son perfectos. La mayor diferencia es China, que en 1999 era un participante pequeño en la economía mundial y ahora es la segunda economía del planeta, que contribuye en forma desproporcionada al crecimiento global. Pero operan tres tendencias que desestabilizaron la economía mundial entonces y pueden hacerlo también hoy.


La primera es la distancia entre EU, donde el crecimiento se acelera, y casi todos los demás lugares, donde se detiene. A finales de la década de 1990 Larry Summers, entonces subsecretario estadunidense del Tesoro, advirtió que la economía mundial volaba con un solo motor. Para 2015 el equipo de pronosticadores de The Economist prevé un crecimiento de 3% en EU, comparado con 1.1% en Japón y la zona euro. La tasa de crecimiento de China podría caer a un 7%.


Los estadunidenses pueden confortarse con que, como a finales de la década de 1990, su optimismo está garantizado en parte. Los empleos se crean en su país con mayor rapidez que en cualquier momento desde 1999; la gasolina barata ha impulsado el gasto de consumo y la inversión empresarial ha repuntado. Pero no todas las noticias son buenas: el petróleo barato podría llevar a muchos productores de petróleo de esquisto del país a la bancarrota en 2015, en tanto un dólar más fuerte, junto con la debilidad en el extranjero, lastimará a los exportadores, tal como ocurrió hace 15 años. GB, el otro campeón de la anglosfera, podría también verse golpeada por las aflicciones de la zona euro.


El segundo paralelismo de preocupación con la parte final de la década de 1990 es el lúgubre panorama de las otras dos grandes economías del mundo rico. La tasa de crecimiento de Alemania se ha desplomado a alrededor de 1% y existe un mal más profundo, causado por años de baja inversión, una política energética desastrosa y un gobierno demasiado obsesionado con sus metas fiscales para gastar más dinero y demasiado temeroso de sus electores para impulsar reformas estructurales como las que Gerhard Schröder aplicó en 2003. Entre tanto Japón ha repetido el error que cometió en 1997: tapar su salida del estancamiento con un prematuro aumento en el impuesto al consumo.


El tercer eco de finales de 1990 es el peligro en los mercados emergentes. En ese tiempo el problema eran los tipos de cambio fijos y la cuantiosa deuda externa. Ahora las deudas son más bajas, los tipos son flotantes y la mayoría de gobiernos han acumulado reservas. Sin embargo, hay signos crecientes de problemas, en especial en Rusia. Pero otros exportadores de productos primarios también parecen vulnerables, sobre todo en África. El petróleo representa 95% de las exportaciones de Nigeria y 75% de su ingreso gubernamental. Ghana ya ha recurrido al apoyo del FMI. En otros países el peligro reside en el sector empresarial: muchas firmas brasileñas tienen cuantiosas deudas en dólares. Una racha de quiebras podría resultar menos espectacular que las crisis de deuda soberana en Asia en la década de 1990, pero pondría nerviosos a los inversionistas e impulsaría el dólar a la alza.

Cuidado con la resaca

Súmese todo esto y es probable que 2015 resulte accidentado. Los pesimistas apostarán a que el resurgimiento del dólar, aunado al torpor en la zona euro y a algunas crisis en mercados emergentes, producirá con el tiempo un descenso en EU. Del lado positivo, los mercados de valores no parecen tan frívolos como en la década de 1990: la proporción precio/ganancias del S&P 500 es 18, no muy arriba de su promedio histórico. Si bien muchas firmas tecnológicas invierten sin medida, la mayoría tienen balances decentes. Y el sistema financiero global está menos apalancado y por tanto es menos vulnerable al contagio. En 1999 el impago en Rusia quebró a LCTM, un gran fondo estadunidense de cobertura de riesgo. Tales efectos devastadores son menos probables hoy.


Pero si la economía mundial tropieza, restaurar la estabilidad será más difícil esta vez porque los que toman decisiones tienen menos margen de maniobra. En 1999 la tasa de referencia de la Reserva Federal era de alrededor de 5%, que dejaba mucho espacio para hacer recortes cuando la economía desacelerara. Hoy las tasas de interés en todo el mundo rico están cerca de cero.


El escenario político también es diferente, y no de buena manera. A finales de la década de 1990 la mayoría de la gente en el mundo rico había disfrutado los beneficios del auge; los salarios en EU se elevaron 7.7% en promedio en términos reales en 1995-2000. En contraste, de 2007 en adelante se han mantenido iguales en ese país, y en GB y gran parte de la zona euro han descendido. En todo el mundo rico los electores ya están irritados con sus gobiernos, como muestran las encuestas y la disposición de votar por partidos que protestan. Si se les aprieta el año próximo, el descontento se convertirá en ira. La economía de 2015 parece similar a la de finales de 1990, pero la política probablemente será mucho peor.


Economist Intelligence Unit
Traducción: Jorge Anaya
En asociación con Infoestratégica

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La Aprobación a la Nueva Constitución Política del Estado en Bolivia, ya es un hecho, aún antes del próximo 25 de Enero, cuando se realice el Referéndum. Según varias fuentes, el Voto por el SÍ, oscilaría alrededor del 72,2%, pudiendo extenderse, a último momento hasta un 77,35%.

Si la percepción de "Derrota Anunciada" se apodera de muchos partidarios del NO, a partir de la noche del sábado o la mañana del domingo, se podría dar en ellos, el fenómeno depresivo que se llama "Síndrome de la Victoria". Y aquel que quería votar por "A", sabiendo que "B" ganará; termina cambiando su voto a "B", para "sentirse parte de los ganadores". Esto podría producir la deserción de parte del Noísmo al Siísmo en masa.

Son varios los errores atribuíbles a los partidarios del NO; que en realidad terminaron favoreciendo la opción por el SI:

1)-Los Malogrados Estatutos Autónomo-Separatistas de Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija; donde la Abstención junto con el NO a los estatutos, llegó a casi el 50% del Padrón Electoral del Oriente Boliviano.

2)-La golpiza y humillación pública de indígenas chuquisaqueños en la Plaza de Sucre, a manos del Comité Inter-Institucional de Sabina Cuellar, quien aboga por el NO a la Constitución.

3)-La Asonada Cívico-Prefectural de Agosto/Setiembre, que terminó en una Ola de Violencia, Saqueo, Terrorismo y Genocidio, liderada por quienes hoy se oponen a la Nueva Constitución.

4)-El Uso Vil de varias Causas, caras y sensibles para la Gente Común del Oriente, como la Autonomía, el IDH, los discapacitados y ahora la Religión.

Los episodios genuinos que jugarán por el SÍ, son:

1)-El Referéndum del Presidente que sacó más del 67% de los votos, logrando incluso ganar o empatar en la llamada "Media-Luna" Oriental; consolidándose en un territorio "hostil".

2)-La detención y encarcelamiento de algunos Terroristas y Genocidas, autores de los hechos de agosto/setiembre.

3)-El Acuerdo en el Congreso con sectores opositores más flexibles, que permitió la aprobación del Llamado a Referéndum del 25 de Enero.

4)-El Avance del Gobierno sobre el Poder Agrario en Oriente, implementando los pasos hacia una Profunda Reforma Rural.

5)-La expulsión del embajador norteamericano, de la USAID y de la DEA de territorio boliviano.

6)-Implementación del Bono Juancito Pinto, la Renta Dignidad, la Alfabetización y la Titulación de Tierras a Indígenas y Campesinos.

Percepción Popular.

La percepción que tiene el Pueblo Boliviano sobre el Gobierno, más allá de algunas críticas aisladas, es que es un Gobierno Consolidado, Fuerte, Soberano, Seguro, Planificado y Sensible Socialmente. La Gente tiene la percepción que al Gobierno le faltan muchas cosas por desarrollar y corregir; pero que comparado con las experiencias anteriores neo-liberales en democracia y en dictadura, es por lejos, la primera vez que se puede decir que Bolivia vive una Democracia Social, Nacional y Participativa. Por otra parte, y no es menor, Evo vive uno de sus mejores momentos políticos, además de robarse completamente la Bandera de la Autonomía de manos de sus enemigos. El cruceñismo y sus aliados se quedaron mirando hacia arriba, el palo vacío.

Evo, cada vez más cerca de la Plaza 24 de Setiembre
Este 11 de Enero, Evo pisó el Segundo Anillo de Santa Cruz, frente a una multitud de seguidores. Algo impensable a principios del año 2008. Como ya escribí hace varios meses, no tarda el momento en que el primer mandatario pise la Plaza 24 de Setiembre, considerada "Su Plaza" por los cruceñistas neo-nazis. Morales avanza hacia la Plaza, y la Plaza avanza hacia Evo.

Vienen malas horas para la Oposición Demencial después de este 25 de Enero. La cárcel los espera, por el inmenso Daño que le han hecho a Bolivia.
 

Martes, 13 de Enero de 2009 01:54 
Flavio Dalostto en La Opinion Argentina para Insurrectasypunto
http://la-opinion-argentina.blogspot.com/

 
 

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