¿Clases emergentes para economías emergentes?

El estudio del Banco Mundial “La movilidad económica y el crecimiento de la clase media en América Latina”, del que los medios de comunicación han hecho algunos adelantos, es apenas uno de los muchos trabajos que tanto las entidades multilaterales como la academia convencional han publicado en la segunda década de este siglo, intentando mostrar, luego del efecto demoledor de la última crisis, que pese a todo los humanos nunca hemos estado mejor que ahora.

 

El fuerte descontento que impulsó, en los países del centro capitalista, movimientos como los Indignados y Ocupantes de Wall Street, y que sintetizó las nuevas condiciones sociales en su lema de 99-1, desnudó la aceleración de la concentración de la riqueza en la cúpula de los mil millonarios, la persistente pérdida de los ingresos de los asalariados y la emergencia de una sociedad polarizada entre quienes lo poseen todo y quienes apenas subsisten. La práctica extinción de la llamada clase media, constituida en lo esencial por técnicos y profesionales del sector formal, ya fueran dependientes o independientes, o por microempresarios con ingresos que superaban la media, es una de las consecuencias del nuevo modelo que lamentan tanto los políticos como los académicos del sector menos conservador del establecimiento, que ven en ese hecho una de las posibles fuentes de inestabilidad futura, pues atribuyen a esas “clases medias” el papel de amortiguador social y de apoyo al statu quo.

 

El presidente de USA, Barak Obama, en el discurso de posesión de su segundo mandato, afirmaba que era obligación de su generación reconstituir una clase media próspera y creciente. Creó por decreto el grupo de trabajo de la clase media (Middle Class Task Force), que integra a varias agencias federales con el objetivo de fortalecer al grupo social que supuestamente es el sostén del sistema de valores de esa nación. De otro lado, sicólogos evolucionistas como Steven Pinker y zoólogos como Matt Ridley (ver su libro el Optimista Racional) intentan mostrar, desde la academia, que el progreso humano es una realidad irreversible y que “todo tiempo presente es mejor”. La razón de esa ofensiva de los “optimistas”, es el intento de contener la reacción que ha provocado la creciente conciencia de las personas del común que han logrado identificar en la acelerada concentración del ingreso, la verdadera causa de las crisis de los últimos veinte años. De lo que se trata, entonces, es de convencer a las personas que pese a estar sin trabajo estable, amenazados de expulsión de sus casas por el no pago de las hipotecas así como verse forzados a entrar en el mundo del rebusque, su situación es mejor que la de los hombres del paleolítico y de la edad media, y que por tanto no se justifica queja alguna.

 

Esto último –que además es discutible como ya lo hiciera evidente Marshall Shalins con su definición de sociedad opulenta, a la que según él se puede llegar por dos caminos “o bien produciendo mucho, o bien deseando poco”–, si se aceptara para la discusión, no desmiente que los últimos diez años han significado un deterioro extendido y generalizado de bastas capas de las clases subordinadas, que “medias” o “bajas” han terminado cediendo parte de su ingreso a los grupos dominantes.

 


¿Fin de la clase media en el corazón del capital?

 

La misma denominación de “media” para ese grupo social nos indica que su definición es relativa y como algunos señalan, residual. Se trata de un grupo “ni-ni”, ni pobres ni ricos, independientemente de lo que con esto último se quiera definir. Pero, más allá de la discusión, lo cierto es que apuntalar la idea que no se es pobre, es un objetivo que los gobiernos se proponen como parte de su legitimación, por lo que el llamado Estado del Bienestar se encargó de asociar la propiedad de ciertos bienes durables (como casa, carro y electrodomésticos), y el consumo de servicios como la educación y los viajes de placer a cierto estatus de “integrado social”, que distinguió con el apelativo de clase media y a quienes inoculó con toda la batería ideológica de la “democracia” y la “libertad”, como las verdaderas causas que se escondían detrás de su condición de incluidos. Escapar del horror de la pobreza pasaba, entonces, por la defensa a ultranza del sistema.

 

Los ingresos que definen las líneas de pobreza son altamente arbitrarios. El límite de la indigencia se considera en 1,25 dólares diarios (aproximadamente $2.375 pesos colombianos), que a una persona en nuestro país no le alcanzaría para transportarse al sitio de trabajo y regresar a la casa (según el Banco Mundial 1.300 millones de personas viven con ese ingreso o menos). El umbral de la pobreza moderada, según esta última institución, es de cuatro dólares diarios (aproximadamente 7.600 pesos colombianos) que en Colombia cubriría los dos viajes que le permitirían desplazarse al trabajo y mal comer cualquier cosa, sin disponer para gastos de vivienda, vestuario y los demás servicios básicos.

 

En Nueva York, ese umbral sube a 21,5 dólares de acuerdo con lo definido por la alcaldía de la ciudad, aunque para el gobierno federal de USA el límite es 15,85 dólares. La organización que engloba los comedores sociales de Nueva York, La Coalición Contra el Hambre (Coalition Against Hunger), estima que el número de personas que han caído bajo el umbral de la pobreza en esa ciudad es de 1,6 millones, es decir una de cada cinco. En Europa las cifras no son más halagüeñas, según la agencia Eurostat, 115 millones de personas, 23,4% del total de la fuerza de trabajo de la Europa de los veintisiete, se encontraba en riesgo de pobreza o en exclusión social. 8% de esas personas tenían severas privaciones materiales y el 10% vivía en hogares cuyos miembros tenían tan sólo empleo ocasional.

 

El promedio de la tasa de ocupación en Grecia alcanzó en febrero de éste año el 27%, mientras que ese índice llegó a 64,2% entre los menores de 25 años. En España, la tasa de desocupaciones hoy del 27,2% (6,2 millones de desempleados) alcanza entre los menores de 25 años el 57%, mientras que 1,9 millones de hogares tienen a todos sus integrantes sin empleo. En la Eurozona, la tasa promedio es del 12% y el número de desempleados llega a 19 millones, sin que se vislumbre algún descenso significativo en el corto plazo.

 

El mileurismo (los que ganan mil euros), un término que aparece en España en el 2005 como una queja sobre la situación laboral de los jóvenes, se ha extendido a los obreros de todas las edades y orígenes y a profesionales marcados con el paro, o a los recién egresados. En Francia, la desocupación entre los babylosers (bebés perdedores), universitarios graduados jóvenes, ha pasado del 6% a comienzos de los setenta del siglo pasado al 30% actual. Y en Grecia, uno de los países europeos más golpeados por la crisis, los mileuristas han sido sustituidos por “la generación de los 700 euros”. Estos hechos parecen darle la razón a autores como Massimo Gaggi y Eduardo Narduzzi, quienes en su libro El fin de la clase media y el nacimiento de la sociedad de bajo coste (publicado en español en el 2006) pronosticaban una homogeneización por lo bajo de las clases subordinadas, para las que ya se comenzaban a diseñar los productos lowcost (bajo coste).

 

Parece más que evidente, entonces, que los últimos diez años en las sociedades del centro capitalista han significado un espectacular retroceso, y que independientemente de que se acepte para la discusión que se sale ganando en una comparación con la humanidad de la edad de piedra, a la manera como lo hacen Pinker y Ridley, la década anterior es prueba que “el nivel de vida” en el capitalismo está sujeto a los “caprichos” de la acumulación.

 

Los emergentes ¿la otra cara?

 

Que la deslocalización de buena parte de la producción industrial hacía países de la periferia ha significado un reajuste de la distribución del producto a escala mundial es también un hecho innegable, siendo quizá los grandes ganadores del juego algunos países asiáticos como China y Corea del Sur. Eso ha significado, sin lugar a dudas, la aparición de una nueva población urbana y el acceso de una cantidad significativa de personas al consumo de cierto tipo de bienes de reciente tecnología, en lo que se denominan países emergentes.

 

Sin embargo, ese ingreso ha estado signado por una asimetría social creciente en dichas naciones que ha permitido que una pequeña élite se lleve la parte del león. En China, por ejemplo, en los años setenta la sociedad era prácticamente igualitaria, mientras que en 2012 el coeficiente de Gini se situó en 0,474, según la oficina nacional de estadísticas, aunque para instituciones como el Centro de Investigación y Estadísticas de la Universidad de Finanzas y Económicas de Chengdu, en 2010 ese índice era ya del 0,61 (cero representa la igualdad total mientras que uno la desigualdad absoluta). Para Brasil ese índice es del 54,7, mientras que para Rusia es 40,1 y en la India es 36,8 (de los llamados países desarrollados el Gini más bajo lo ostenta Noruega con 22,5, estimándose el promedio de la desigualdad mundial en 0,63).

 

En 2011, en la República Popular China el número de millonarios se estimó en 562.405, mientras que las personas con activos individuales entre 100 mil y un millón de dólares, se calculaba en poco más de diez millones (0,7% de la población), según la revista Forbes.

 

En América Latina, el Banco Mundial anunciaba con bombos y platillos que la clase media había aumentado de 100 a 150 millones entre el 2000 y el 2010, estableciendo el rango de ingresos para ese grupo entre 10 y 50 dólares diarios, y se inventaba la clase de los vulnerables, como aquellos cuyo ingreso no los ubica en el escalón de la pobreza (menos de 4 dólares diarios), pero tampoco en la clase media, pues su ingreso fluctúa entre 4 y 10 dólares diarios, y además muestra probabilidades superiores al 10% de recaer en la pobreza.

 

El gran salto, como se puede observar en el cuadro, consiste en que el 21% de quienes se encontraban en la miseria se volvieron “vulnerables”, es decir que pasaron a ganar entre 120 y 300 dólares mensuales (muy lejos de los umbrales de pobreza como los de USA que fluctúan entre 476 y 645). Y, de otro lado, el “salto” del 18,2% de quienes eran vulnerables a clase media, que pudieron pasar de ganar 300 dólares a ganar un poco más de eso, o como máximo 1.500 al mes.

 

En otras palabras, según el cuadro, el 60% de las personas del subcontinente vive con menos de 10 dólares diarios (aproximadamente $19.000 pesos colombianos, valor cercano al salario mínimo). Así mismo, el estudio reconoce que el cambio de pobres a vulnerables como de vulnerables a clase media, se debió a que las economías crecieron por efecto de las mejoras en los precios de las materias primas (el 66% de las personas que pasaron de pobres a vulnerables y el 74% de quienes pasaron de vulnerables a clase media lo hicieron debido al crecimiento económico), contribuyendo muy poco la redistribución del ingreso en esas variaciones permaneciendo, por tanto, el grado de desigualdad casi inalterado. Como muestra de esto vale la pena destacar el caso de Chile, que se cita siempre como un ejemplo exitoso, hasta el punto de haber ingresado en el club de los “desarrollados”, y que de acuerdo con las definiciones oficiales de pobreza la redujo de cerca del 40%, a comienzos de la década de los noventa, hasta poco menos de 15% en la actualidad, mientras que el coeficiente Gini tan sólo varió de 0,56 a 0,55 (el de los países de la OCDE es de 0, 32%, el club al que supuestamente Chile hizo su ingreso).

 

En las cifras de los “ascensos” de clase, los subsidios derivados del modelo neo-extractivista juegan un papel importante en nuestra región, y a eso es a lo que se refieren las estadísticas, en la gran mayoría de los casos, cuando hablan de reducción de la pobreza debida al crecimiento. Ahora bien, cabe preguntarse ¿dada la volatilidad de los precios de las materias primas, no es la gran masa de latinoamericanos vulnerable? ¿No debería llamárseles mejor la clase “submarino” (Waterboarding) en homología a la tortura legalizada por USA del ahogamiento simulado de prisioneros a los que se lleva hasta el límite de la muerte para dejarlos luego respirar un poco y sumergirlos nuevamente en la asfixia? ¿El concepto de flexibilidad en las relaciones laborales no está acaso concebido bajo el principio de exclusión-inclusión sistemática y continuada de los trabajadores? El hoy tienes trabajo e ingresos y mañana no, ¿no es acaso una asfixia social continua en la marginación?

 

A medida que se acerca la fecha de plazo para el cumplimiento de las llamadas metas de milenio (2015), los trabajos que “prueban” que nos encontramos en un camino de incesantes mejoras no cesará, y los ecos criollos de los Pinker y Ridley mostrarán su erudición “espantando” el pesimismo. En Colombia, el presidente Juan Manuel Santos, en el mes de abril, declaraba que el país había dejado de ser el campeón de la desigualdad y exhibía como gran logro el descenso del Gini de 0,54 en 2011 a 0,53 en 2012, y minimizaba la aceleración de la desindustrialización, la caída de las exportaciones y el acortamiento de la “bonanza” minera que ya se hace evidente y sobre el que llamaba recientemente la atención la Asociación de Instituciones Financieras (ANIF).

 

Lo que se quiere barrer debajo de la alfombra, es que convertir la población del mundo en “clase media”, según los estándares del capitalismo, es una distopía suicida. Si tomamos como ejemplo el objeto símbolo de esa “clase media”, el automóvil, es fácil entenderlo. Hoy se estima que el parque automotor ronda los mil millones de vehículos en el mundo con la mayor circulación en los EE.UU, que ronda los 300 millones de automotores (poco menos de un auto por persona), por lo que si los llamados BRIC alcanzaran ese nivel de consumo la circulación de vehículos, tan sólo en esos países, sería cercana a los tres mil millones, ¿es posible la sostenibilidad del planeta bajo esos parámetros, incluso si nos limitamos a mirar el gasto de energía y de acero?

 

Ya es claro para los analistas más serios que lo que hace agua es un mundo que mide el deber ser por las cantidades consumidas. La FAO acaba de publicar el estudio “Insectos comestibles: perspectivas de futuro para la seguridad alimentaria y la alimentación del ganado”, en una muestra más que los “recursos tradicionales” comienzan a dar señales de agotamiento. Que el planeta es limitado y no un hueco sin fondo de riquezas infinitas, es un principio que nos debe permear a todos, para empezar a entender que la redistribución del producto y el trabajo, y no el crecimiento por el crecimiento, son las estrategias a seguir si de verdad aspiramos a un futuro verdaderamente amable.

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Lunes, 25 Febrero 2013 06:27

El adiós

El adiós

John Berger cuenta en su ensayo Cada vez que decimos adiós, que durante el último siglo nunca jamás tanta gente ha viajado en este planeta, algunos por voluntad propia, por motivos de turismo y viajes de negocios, pero la gran mayoría bajo coerción: los desplazados, los refugiados, y “ola tras ola de emigrantes, ya sea por razones políticas o económicas, pero emigrando para sobrevivir. El nuestro es un siglo de viaje a fuerza. Iría más allá y diría que el nuestro es un siglo de desapariciones. El siglo de la gente que no puede hacer otra cosa que ver a otros, quienes eran cercanos, desaparecer en el horizonte”. Argumenta que por eso el cine es el arte que más define al último siglo, ya que es un arte que nos lleva a otro lugar.

 

Tal vez por ello la celebración de los premios Óscar es uno de los espectáculos más vistos por la humanidad, ya que, como dice Berger, es una especie de “refugio global”.

 

No se sabe cuántos inmigrantes en este país vieron la ceremonia de los Óscares, ya que sus refugios aquí están cada vez más expuestos, y miles están en la cárcel por el simple hecho de haber dicho adiós a su familia y amigos, y cruzar una línea.

 

Pero el show político sobre los inmigrantes y qué hacer con ellos –los 11 millones de indocumentados anónimos, parte de los 40.4 millones de inmigrantes de todo el mundo (el grupo más grande es de México, con un total de 11.7 millones, 29 por ciento de todos los inmigrantes) que están aquí, muchos de ellos familiares de los ilegales– se pone en escena todos los días en Washington y en decenas de estados por todo el país.

 

La retórica política ha cambiado. El presidente, después de romper su promesa durante sus primeros cuatro años, ahora ha declarado prioridad inmediata una “reforma migratoria integral”. Los republicanos, que habían sido el obstáculo a cualquier iniciativa de legalización de los indocumentados, también se están sumando al juego. Todo resultado de la pasada elección, donde ambos partidos descubrieron que sus futuros dependerán cada vez mas de lo que se llama el “voto latino”. Sin embargo, nada está garantizado.

 

Mientras avanza el debate, la retórica tan bonita de que éste es “un país de inmigrantes” suele ocultar algunos de los hechos que marcan la vida cotidiana de los inmigrantes, sobre todo los indocumentados.

 

Por ejemplo, mientras Barack Obama afirma que es hora de que Estados Unidos reconozca la contribución de estos inmigrantes a la riqueza económica, social y cultural del país, en los hechos estas palabras se traducen en otra cosa: ningún presidente ha deportado a tantos inmigrantes, con ello dividiendo familias, rompiendo comunidades, destrozando tejidos humanos, anulando sueños y generando temor, pánico y sospecha del “otro”.

 

Obama deportó a más inmigrantes en sus primeros cuatro años que George W. Bush en ocho en la Casa Blanca. El New York Times reporta que para finales de este año las deportaciones con Obama llegarán a 2 millones, casi el mismo total que todas las deportaciones en Estados Unidos entre 1892 y 1997. En promedio, el presidente está deportando unos 400 mil al año, un nivel récord.

 


No sólo eso: hay un incremento dramático de procesos judiciales contra inmigrantes, lo cual ha nutrido un sistema de detención nacional creciente para esta comunidad, con más de 250 centros de detención, en los cuales se mantuvieron más de 400 mil personas, la mayoría sin acusación penal alguna en contra. Durante la última década han estado detenidos más de 3 millones de inmigrantes en total, reportó Human Rights Watch. Ahora, el ingreso y el reingreso ilegal a Estados Unidos se ha vuelto el delito federal más fiscalizado en este país.

 

Obama y su gente explican que la intensificación de sus esfuerzos de “control fronterizo” y de detener y deportar inmigrantes es necesario para descalificar los argumentos republicanos de que antes de cualquier reforma migratoria es necesario lograr tener una “frontera segura”. “¿Quién les cree? Todos hemos escuchado eso de la reforma migratoria durante los últimos años y no se ve nada; lo único que sí se ve todos los días en nuestras comunidades es más gente detenida y deportada”, comenta un activista de derechos de los inmigrantes. Estas palabras se escuchan en todos los puntos del país.

 

La semana pasada, mientras la secretaria de Seguridad Interna, Janet Napolitano, estaba por hacer una presentación ante un comité del Senado, un inmigrante en el público se puso de pie y gritó: “¡has destruido nuestra comunidad!”, y en eso otras voces estallaron en el salón legislativo: “¡alto a las deportaciones!”

 

O sea, aquí hay un adiós doble: primero el difícil y peligroso al emigrar de algún punto a este país, y de repente, la familia y comunidad aquí tienen que decir adiós, de nuevo, a los que son deportados, o por lo menos preparar la despedida cada vez que un “indocumentado” –un padre, una madre, una hermana, una tía, un hijo– salga a la escuela, al trabajo, a la esquina por leche, ya que no se sabe si regresará. Desde 2010 el gobierno ha deportado a más de 200 mil padres de niños que son ciudadanos estadunidenses, según un informe del American Immigration Council.

 

“Algunos de nosotros somos ilegales, y algunos no somos deseados…/Nos persiguen como criminales…como asaltantes…/Morimos en tus montes, morimos en tus desiertos/morimos en tus valles y morimos en tus llanos/Morimos bajo tus árboles y morimos en tus arbustos/De ambos lados de la frontera, morimos igual…/Adiós a mi Juan, adiós Rosalita/adiós mis amigos Jesús y María/No tendrán nombres cuando vuelen en ese gran avión/Lo único que serán llamados será ‘deportados’”. De la canción Deportee, de Woody Guthrie, escrita a finales de los años 40.

 

¿Cuántos adioses más tenemos que decir, tanto aquí como en los países que exportan seres humanos como parte de un modelo económico, antes de que podamos decir “bienvenidos”?

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Colombia, reforma tributaria y salario mínimo

Todo parece indicar que el proyecto de Reforma Tributaria será definitivamente Ley de la República. El ministro Cárdenas se habrá anotado un triunfo importantísimo en el corto tiempo que lleva ejerciendo la cartera de Hacienda, mientras  Juan Ricardo Ortega, –el afamado director de la DIAN–, se trepa en el “rating” de los que más hablan.

Mucho se ha dicho de la reforma tributaria, de cómo va a repercutir sobre las condiciones de vida de los pobres y las utilidades de los ricos. Los pobres, incluidos los de la clase media, que son muchos, verán reducidos sus salarios por cuenta de una mayor carga tributaria, tal y como lo denunció el senador conservador Juan Mario Laserna. Los ricos, los realmente ricos, que son pocos, verán efectivamente reducida su carga tributaria en 9,2%.  Es lo que en Colombia llamamos equidad.

Actualmente los ricos, según la ley tributaria, deben contribuir al fisco con un 33% de sus utilidades netas, pero ellos contribuyen efectivamente sólo con el 24% promedio. Los otros, pobre ricos, lo hacen a una tasa efectiva un poco más baja, 11% cuando la ley ordena hacerlo a una tasa del 15%.


Lo cierto es que la reforma tributaria reduce los costos laborales de las empresas en un margen que oscila entre el 42 y el 47 por ciento. Claro, la incidencia de la medida varía según el sector económico en el que se ubican los beneficiarios y la intensidad de mano de obra requerida. Medida que, en opinión de los técnicos especializados en el tema, se verá reflejada cada final de año en el incremento de las utilidades de los más ricos, en contraste con los más pobres, que, por el contrario, verán reducidos ostensiblemente sus ingresos familiares.


Ahora mismo, como cada final de año, se discute en la Comisión –permanente- de Concertación Salarial y Laboral el “salario mínimo” de los –cada vez menos– trabajadores que cuentan con algún tipo de contrato en Colombia. A la Comisión llegarán los empresarios (los ricos), junto con el Gobierno, en una contienda desigual, a discutir con los trabajadores (los pobres), el reajuste salarial para el año 2013. El sainete ya se conoce, pese a lo cual los trabajadores intentan –seguramente con la mejor buena voluntad– ponerse de acuerdo con la patronal sobre cuál debe ser la remuneración mensual por el trabajo.  Resultado de dicha contienda el Gobierno deberá emitir un decreto mediante el cual fije el precio del salario para el próximo año.  En contraste, y en otro lugar, mediante aprobación de una Ley, el Gobierno Santos, en común acuerdo con el Congreso de la República que controla con el 94 por ciento de los votos, define los términos en que se incrementará la tasa de acumulación de capital.


No es menos que paradójico. En dos escenarios distintos: uno, el Congreso de la República, del que son excluidos los pobres, y otro, la Comisión –permanente- de Concertación Salarial y Laboral, en el que los trabajadores son “invitados de piedra”, se definen los términos de remuneración del trabajo y del capital. En ambos casos la posición dominante, la empresarial, con un enorme poder de influencia y coacción, y la del Gobierno que favorece los intereses de su clase, o lo que es lo mismo, los del capital, se ensaña perniciosa sobre los pobres, incluidos los pobres de la clase media.    


Conclusión: de lo que se trata con la fijación del salario mínimo y la reforma tributaria es de maximizar la utilidad, o lo que es lo mismo, incrementar la tasa media de renta. Alcanzar ese que es un objetivo “loable”, por demás, en la perspectiva de la moral del empresariado –rico- y poderoso– inevitablemente implica modificar las reglas formales de distribución del excedente de producción, del que participa el Estado por medio de los impuestos, por eso la Reforma Tributaria. Simple: maximizar la utilidad equivale –del otro lado de la ecuación– a reducir costos, lo que implica reducir la tasa del salario real a la que se remunera el trabajo en Colombia.  Así sucede aquí y en Grecia…

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Lunes, 03 Diciembre 2012 07:07

Señales de vida

Señales de vida

Trabajadores de los restaurantes de comida rápida en Nueva York lanzaron una campaña para demandar un salario digno, mientras hace una semana, en cientos de actos a lo largo del país, trabajadores de Walmart y aliados comunitarios realizaron un breve paro de labores y manifestaciones. Ambos actos no tuvieron precedente en este país.

 

Aproximadamente 500 trabajadores participaron con cientos de simpatizantes y aliados comunitarios y sindicales en cientos de actos en las afueras de las tiendas Walmart por todo el país el viernes negro, en demanda de mejores salarios, mayor participación en la toma de decisiones sobre condiciones y horarios, seguro de salud y más. La empresa comercial más grande del mundo (sólo en Estados Unidos tiene cerca de un millón 400 mil empleados) intentó reducir las dimensiones de lo sucedido, pero los trabajadores y aliados afirman que fue sólo un primer aviso de una iniciativa que se ha ampliado en el último año, y algo que jamás ha enfrentado la empresa –conocida como una de las más antisindicales– en sus 50 años de existencia.

 

Pocos días después un incendio en una fábrica de confección en Bangladesh, Tazreen, donde se fabricaba ropa para Walmart, entre otras empresas, causó la muerte de 112 trabajadores. Cuando el incendio empezó, cundió el pánico porque no había salidas de emergencia de la maquiladora. Primero Walmart afirmó que no tenía ninguna relación con esa fábrica, pero después de que trabajadores de ésta difundieron fotos de las etiquetas de la ropa que fabricaban, tuvo que admitir que esa empresa era su subcontratista.

 

El incendio no fue nada nuevo. Durante las últimas dos décadas se han originado por lo menos 33 incendios en ese tipo de maquiladoras en Bangladesh, que han cobrado la vida de cerca de 500 trabajadores. Ese es el precio de la ropa barata que se vende en Walmart, Gap y otras empresas, señalan defensores de derechos laborales en ambos países. El gran éxito de Walmart está basado en reducir precios a lo más barato, lo cual implica pagar lo mínimo a los que fabrican sus productos en el extranjero y a sus trabajadores que los venden aquí.

 

Esas maquiladoras antes se concentraban en Nueva York, donde hace un siglo era la capital de la industria de la confección. Hace un siglo, en 1911, se incendió una maquila, Triangle Shirtwaist, a una cuadra del parque de Washington Square. Las salidas de emergencia tenían candado y muchos trabajadores –en su mayoría mujeres jóvenes (algunas de 14 años) inmigrantes italianas y judías– se lanzaron por las ventanas desde 10 pisos arriba. Murieron 146. La tragedia sacudió al país y generó un movimiento de reforma que impulsó algunas de las primeras leyes de salud y seguridad en el trabajo, así como la organización de un poderoso sindicato nacional: ILGWU. “Ahora el traslado global de producción ha permitido a empresas de venta al menudeo como Gap y Walmart regresar el reloj a 1911, recreando en lugares como Bangladesh las condiciones brutales y los costos muy reducidos que prevalecían en los tiempos del incendio de Triangle”, afirmó Scott Nova, director del Consorcio de Derechos de los Trabajadores.

 


Robert Reich, secretario del Trabajo en el gobierno de Bill Clinton y experto en políticas públicas, comenta que hace 50 años el empleador privado más grande del país era General Motors, que pagaba a sus empleados un sueldo por hora equivalente aproximadamente a 50 (incluyendo beneficios de pensión y salud) dólares actuales. Hoy, agregó, el empleador más grande del país es Walmart, cuyo empleado promedio gana 8.81 la hora, mientras un tercio de sus empleados trabajan menos de 28 horas a la semana y por lo tanto no califican para obtener beneficios. Reich agrega que Walmart tuvo ingresos por 16 mil millones en 2011, mucho de lo cual enriqueció a los accionistas de la empresa, incluida la familia de su fundador, Sam Walton. Señala que la riqueza de la familia Walton excede a la de 40 por ciento de las familias que están hasta abajo de la pirámide económica combinadas.

 

Mientras tanto, en otro sector de salarios mínimos, en Nueva York se lanzó el esfuerzo más ambicioso hasta ahora para sindicalizar a trabajadores del sector de “comida rápida” en este país. La iniciativa Fast Food Forward está encabezada por una amplia coalición de organizaciones comunitarias, de derechos civiles y sindicatos en Nueva York. La iniciativa, anunciada el jueves, busca sindicalizar a trabajadores de Taco Bell, Burger King, McDonald’s, Domino’s Pizza y más en esta ciudad.

 

La rama de comida rápida en este país es una industria con valor de 200 mil millones de dólares. La campaña señala que el año pasado el ejecutivo en jefe de Wendy’s fue remunerado con 16 y medio millones, mientras sus trabajadores ganan menos de 20 mil dólares al año. Muchos sólo ganan 8 dólares o menos la hora, y la campaña tiene el objetivo de elevar ese nivel salarial a 15 dólares por hora. Se calcula que unos 50 mil trabajadores están empleados en esa industria en Nueva York. A la vez, esta iniciativa afirma que forma parte de la lucha a nivel nacional por trabajadores de salarios bajos en varios sectores, como los de Walmart.

 

Reich, como tantos analistas más, señala que uno de los grandes factores en el desplome en los ingresos y beneficios para trabajadores y la dramática concentración de riqueza en el país tiene que ver con el debilitamiento de los sindicatos. Más de un tercio de los trabajadores del sector privado estaban sindicalizados en los años 50; hoy menos de 7 por ciento pertenece a un gremio.

 

Pero con estas iniciativas y múltiples esfuerzos más locales, pero igualmente vitales en varias esquinas del país, tal vez no es el fin de los sindicatos. Y vale subrayar que, como siempre en la historia de este país, parte del nuevo movimiento laboral está encabezado por inmigrantes. No pocos se preguntan si estas nuevas iniciativas son señales de vida para el sindicalismo en Estados Unidos.

Trabajadores de los restaurantes de comida rápida en Nueva York lanzaron una campaña para demandar un salario digno, mientras hace una semana, en cientos de actos a lo largo del país, trabajadores de Walmart y aliados comunitarios realizaron un breve paro de labores y manifestaciones. Ambos actos no tuvieron precedente en este país.

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Viernes, 30 Noviembre 2012 11:55

La reforma tributaria. ¡Que ‘mamera’!

La reforma tributaria. ¡Que ‘mamera’!

En todas y para todas las cosas de la vida, siempre hay una primera vez. Es lo que sucede con el proyecto de reforma tributaria elaborado por el actual Gobierno, en cuya confección –por primera vez– no participaron directamente los técnicos de la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales (Dian).
 
Hasta ahora la unidad de estudios económicos de la entidad realizaba los análisis que consistían en la modelación econométrica de escenarios tributarios con y sin reforma tributaria. A su vez, la Dirección (hoy) de Gestión Jurídica aportaba el acervo de conocimiento técnico jurídico con el que se le daba forma al texto de proyecto de ley.

En el actual proyecto de reforma la ausencia de estos aportes es notoria. A juicio del Representante a la Cámara Ángel Custodio Cabrera, “el texto de la reforma inicialmente radicada el Congresos mostraba fallos en la redacción de los artículos”. Una deficiencia menor, si se la compara con la evidente ausencia de datos o información confiable con la cual el Gobierno ha pretendido apoyar la sustentación técnica de la propuesta de reforma radicada ante el Congreso.

Deficiencia mayor. Pero más lo es –incluso inédito– que el director de la Dirección de Impuestos de un país, como lo es el señor Juan Ricardo Ortega,  reconozca, de manera cínica y sin vergüenza alguna, que a la hora de sustentar el proyecto de reforma tributaria, carece de estudios técnicos que la soporten pues le da “mamera” hacer ese tipo de análisis.

Ortega no se sonroja. El director de la Dian no le vio problema en responderle con su verdad, muestra del sentido de la responsabilidad política y civil que en el manejo de la política tributaria y la Dian tiene el alto funcionario de la administración Santos: “No le puedo dar un estudio. El tiempo que requiere hacer un estudio técnico de esos, es enorme. Yo tengo muy poquito tiempo (…) como a mi me da “mamera” hacer esa modulación porque es muy compleja (…)”.

Como quien dice, el director de la Dian no sólo se come a cuento a los parlamentarios –por los que ha mostrado en repetidas oportunidades su sentimiento de aversión–, sino que, al parecer, ha engañado al ministro Mauricio Cárdenas, su jefe. De paso, muestra su talante de “niño bien” para el que la clase social es un valor moral.



Sin duda, la actitud del señor Ortega, que no es nueva, raya con la irresponsabilidad política, y ese acto, que repite en privado, es un agravio que merece, por lo menos. un llamado de atención pública por parte del presidente Santos. Pero en el alto Gobierno, ya se sabe, entre unos y otros, se cubren.

No es para menos. En estos momentos el país demanda que los funcionarios del Estado posean, en especial aquellos que tienen a su cargo importantes responsabilidades, además de formación técnica, real compromiso con el país, madures, respeto por la diferencia y sensatez. Características de las que precisamente adolece el actual director de la Dian. Porque, permítannos decirlo: la respuesta que dio el alto funcionario no fue menos que penosa y grosera. Luego, para colmo de males, los estudiantes del Sena y las trabajadoras del Icbf salieron a deberle (al aludir a la grabación donde quedó soportado su cinismo): “A mí me engañaron grabando una reunión en la cual yo estaba tratando de hacer pensar a unos muchachos, un poco agresivos, que para hacerlos pensar traté de plantear escenarios ridículos para poderlos llevar a una reflexión de un tema muy difícil”.

Al señor Ortega le acomoda la frase aquella con la que el rey Juan Carlos increpó a Chávez: “porqué no te callas”.

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El País declara 3 días de huelga en protesta por despidos masivos

Madrid, 5 de noviembre. Una amplia mayoría (92 por ciento) de la redacción del periódico español El País iniciará a partir de este martes una huelga de tres días para protestar por el despido masivo de más de una tercera parte de la plantilla (149 trabajadores). La decisión, inédita en la historia del rotativo, se produce en un clima de fractura total entre la directiva y la redacción, que está en pie de guerra ante las medidas adoptadas por los ejecutivos del Grupo Prisa, empresa editora del periódico, que se encuentra en el peor momento financiero de su historia.

 

Grupo Prisa, con una deuda de más de 5 mil millones de dólares, administrado por ejecutivos de confianza de los bancos acreedores –como Banco Santander y HSBC– y fondos de inversión estadunidenses como Liberty, está desmantelando poco a poco el emporio mediático-editorial que fundó Jesús de Polanco, el empresario que construyó uno de los grupos más influyentes de España, con editoriales, periódicos generales, deportivos y económicos, así como emisoras de radio, televisiones y hasta influencia en el negocio del cine.

 

El valor de la compañía se ha precipitado al vacío, al perder más de 95.5 por ciento de su valor en menos de cinco años. Es decir, que si la empresa estaba valorada en 4 mil 500 millones de dólares en 2008, hoy en día su valor no supera los 250 millones de dólares.

 

A pesar de que El País siempre había registrado beneficios, desde enero hasta septiembre de 2012 tuvo pérdidas superiores a 5.8 millones de euros, lo que sirvió de argumento para que el director Javier Moreno presentara a nombre del presidente del Grupo Prisa, Juan Luis Cebrián, un drástico recorte que mutilará la redacción en una tercera parte.

 

Ante esta situación, el Comité de Empresa –que representa a la mayoría de los 490 periodistas que trabajan en la redacción–, por primera vez en la historia del periódico, decidió someter a votación una propuesta de tres días consecutivos de huelga ante las negociaciones fallidas entre trabajadores y directiva, la cual se mantiene inflexible en llevar hasta el final el recorte laboral.

 

El resultado fue que nueve de cada diez periodistas votaron a favor de la huelga, que empezará este martes y terminará el jueves. Todavía no se sabe si se publicará el periódico, ya que la dirección no ha permitido informar en sus páginas sobre la medida adoptada por los redactores y no se sabe si intentará sacar a la calle el periódico.

 


La medida de los trabajadores se debe a que tienen el tiempo en contra, ya que el límite que marca la ley para terminar la negociación y evitar el despido masivo acaba el viernes, con lo que a partir de ese día se harán efectivos los despidos.

 

Para añadir más tensión a la creciente fractura entre la dirección y la redacción, destacados colaboradores del periódico firmaron una carta de apoyo a los trabajadores. Entre los firmantes se encuentran algunas de las plumas más promovidas por la dirección del Grupo Prisa, como el Nobel Mario Vargas Llosa, el escritor Javier Marías, además del chileno Jorge Edwards, Diego Galán, Jordi Gracia, Almudena Grandes, Elvira Lindo, Diego Manrique, Josep Ramoneda, Fernando Savater y David Trueba, entre otros. Todos ellos no sólo expresan su malestar por el plan de despidos masivos, sino también por las denuncias de censuras y amenazas que protagonizó la dirección del diario.

 

En el documento de apoyo, los intelectuales advierten: “Nosotros, colaboradores del diario El País, queremos manifestar nuestra inquietud y malestar por los casos de censura que ha denunciado el comité profesional en los últimos días vinculados al ERE, que afectaría a un tercio de la plantilla. Creemos que estos episodios suponen un paso más en el deterioro de los valores fundacionales de un diario crucial para las libertades y la democracia española, que hoy es más necesario que nunca ante la profunda crisis económica, política e institucional que viven España y Europa”.

 

La indignación entre los periodistas de El País crece por días, ante la postura inflexible de la dirección, a la que recordaron: “La censura la ejercían en la dictadura franquista personajillos de la más baja estofa, cuya escasez de luces abría amplias avenidas al ridículo del régimen. Manejaban la tijera con tamaña grosería, que en muchas ocasiones el resultado era la risa general. Las cosas no han cambiado. La naturaleza de los de la tijera es siempre la misma”.

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¿Quiénes pertenecen al 1 por ciento “top” y cómo se ganan la vida?

El 1 por ciento más rico de EEUU ahora posee más del 40 por ciento de la riqueza y se lleva a casa casi un cuarto de la renta nacional. Evidencias basadas en declaraciones de impuestos indican que esta súper elite del 1 por ciento se compone de ejecutivos no financieros, profesionales de las finanzas, dueños de bufetes de abogados, propietarios inmobiliarios y profesionales médicos.

 

Las ganancias en este nivel crecen en correlación con la desregulación y otros cambios legales que trajeron la crisis financiera. Mientras el 99 por ciento padece las consecuencias directas de la crisis, el 1 por ciento se muda cada vez más lejos de los vecindarios en deterioro, a vivir a enclaves ricos más aislados, según un estudio de Stanford University en 2011.

 

En las protestas en Wall Streets se puso el mayor énfasis en el "99%" versus el 1%". Una respuesta a la pregunta ¿quiénes componen el 1%? y ¿qué hacen para ganarse la vida? fue ofrecida por Mike Konczal, en su artículo “Who Are the 1 Percent and What Do They Do for a Living?”, publicado en Rortybomb, el 17 octubre 2011, y posteriormente validado como “noticia independiente” por el Proyecto Censurado y la Fundación Media Freedom International.

 

Lo más relevante del trabajo de Konczal son los gráficos (en inglés) basados en datos de las declaraciones de impuesto e investigaciones de diferentes autores. Los gráficos de Konczal exponen el tipo de trabajo y el crecimiento de los ingresos de los principales miembros del 1% y aspectos del cambio en la mayor desigualdad del ingreso.

 

 

El autor concluye que el 60 por ciento de ingresos más alto pertenece a esas profesiones y que bajo la manera en que se estructuran las corporaciones bajo las leyes actuales " un negocio existe sólo para enriquecer a sus accionistas, incluyendo, por supuesto, a los propios altos directivos que se pagan a sí mismos mucho más dinero que el concepto de dividendos generados por las ganancias".

 

Precisamente estos auto-pagos, o bonos, es lo que más molestó a la gente del movimiento Occupy Wall Street, sobre todo porque el 1 por ciento top "hace retiros de riqueza en tiempos de bonanza y luego dejan a los trabajadores y al resto de la economía real la carga de hacer frente a las consecuencias".

 

Hay una buena razón para centrarse en el 1%, en lugar del 10% ó 50%.  Los altos pagos que se otorgan a sí mismos los altos ejecutivos corporativos han empequeñecido los salarios de los trabajadores, como una recompensa por participar en prácticas de ingeniería financiera en la sombra. Estos problemas requieren una solución legal y por lo tanto constituyen un reto democrático y un replanteamiento de cómo queremos estructurar nuestra economía, dijo www.mediafreedominternational.org.

 

Los gráficos abordan las ocupaciones del 0,1 por ciento top, que integrarían la porcion superior del 1 por ciento (el 10% del 1%), incluyendo las ganancias de capital: “Todo se reduce a gerentes, ejecutivos y personas que trabajan en las finanzas. Los hallazgos sugieren que los ingresos de los ejecutivos, gerentes, supervisores y profesionales financieros pueden representar el 60 por ciento del aumento en la proporción del ingreso nacional que percibe el percentil superior en la distribución del ingreso entre 1979 y 2005”.

 

Como dato curioso, el autor dice que “por cada deportista de elite que se ganó un lugar en la cima de la pirámide de los ingresos debido a los cambios tecnológicos y al estilo de mercados de trabajo superestrella que se transmiten por todo el mundo, existen dos bebés recién nacidos del sector fondos fiduciarios”.

 

El 1% de gerentes y ejecutivos a menudo se encuentran en el nivel C de empleados, especialmente directores generales. Y sus ganancias frente al trabajador medio  se han disparado  en los últimos 30 años.


Por Ernesto Carmona, periodista y escritor chileno

Notas y referencias:
● Mike Konczal, “Who Are the 1 Percent and What Do They Do for a Living?,” Rortybomb, October 17, 2011, http://rortybomb.wordpress.com/2011/10/14/who-are-the-1-and-what-do-they-do-for-a-living.
http://www.mediafreedominternational.org/2011/11/23/who-are-the-top-1-and-what-do-they-do-for-a-living/
Estudiante investigadora: Nicole Trupiano (Sonoma State University)
Evaluador académico: Peter Phillips (Sonoma State University)

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Martes, 02 Octubre 2012 05:37

La crisis académica en Europa

La crisis académica en Europa
Recortes en investigación, podas de becas estudiantiles, caída de matrículas, reducción de derechos laborales son, entre otros, los efectos de la crisis económica en las universidades europeas. Durante la VIII Conferencia Mundial sobre Enseñanza Superior, que por primera vez se realizó en Buenos Aires, Página/12 dialogó con dirigentes sindicales de Europa, que hicieron una descripción urgente de los problemas que enfrenta la educación superior. Si bien los detalles varían según las regiones, las coincidencias auguran –hacen temer– “una merma importante de la calidad académica, así como del acceso a la universidad”.


La conferencia, que concluyó la semana pasada, fue impulsada por la Internacional de Educación y la federación docente Conadu. Durante los recesos de los paneles y exposiciones, este diario dialogó con gremialistas de España, Francia, Alemania, Italia, Portugal y Dinamarca.


“Hasta el año pasado, en España no habíamos sentido los efectos de la crisis en la educación superior”, dijo Pedro González, de la Federación de Enseñanza de Comisiones Obreras. Sin embargo, “el actual gobierno (de Mariano Rajoy, del PP) ha establecido un presupuesto que recorta 250 millones de euros en la partida de universidades y les ha exigido a las comunidades autónomas que apliquen otro tanto ellas mismas”. Además, “se han reducido un 46 por ciento las becas de ciencia y tecnología y se ha congelado y disminuido el número de becas para los estudiantes universitarios en todos los niveles, desde grado hasta doctorado”, cuantificó González.


En Italia, como en varios países del sur de Europa, la crisis pone a la universidad en grandes dificultades: “Tenemos una nueva ley universitaria, que redujo fuertemente los derechos de los trabajadores y los espacios de cogobierno”, comenzó Alessandro Arienzo, de la Federación de los Trabajadores del Conocimiento. “Se redujeron las oportunidades de los jóvenes para acceder a la universidad y las de los investigadores. El empleo de los investigadores antes era de tiempo completo, ahora es un empleo temporario. Tenemos recortes de financiamiento, aumento de cuotas de estudiantes, es decir, nuestra situación no es muy diferente de la española.”


“En Portugal cambiamos de izquierda a derecha como en España, pero un poco antes –dijo Manuel Dos Santos, de la Federación Nacional de Profesores–. Los recortes son cada vez más anchos, sobre todo el año pasado, cuando fueron del 8,5 por ciento anual. Pienso que hoy las universidades están casi al mínimo de lo que es posible funcionar.” Dos Santos registró también una “caída la matrícula en un 10 por ciento respecto de años anteriores y no porque haya menos estudiantes, ya que aumenta la escolaridad, sino porque no hay muchas becas y básicamente por la crisis económica en cada familia”.


Versiones distintas presentaron los dirigentes gremiales de Francia y Alemania. “Durante el gobierno de Nicolas Sarkozy, el dinero de la educación superior estaba dirigido a universidades vinculadas con el petróleo o a universidades de excelencia, pero no había financiamiento para pequeñas instituciones”, dijo Cohen Jean-Hervé, del Sindicato Nacional de Enseñanza de Segundo Grado. “En Francia las dificultades que tenemos en la educación superior no son producto esencialmente de la crisis, sino de la ideología de los gobiernos, que ponen la concurrencia del mercado como primera prioridad”, observó Jean-Hervé. De acuerdo con el sindicalista, la asunción del presidente François Hollande obligó a los gremios a posicionarse de otra manera: “Durante diez años nos acostumbramos a decir no, a ser oposición, pero ahora tenemos que aprender a ser más constructivos, un verdadero desafío para nuestras organizaciones. Tenemos un nuevo gobierno de izquierda, que por supuesto no va a satisfacer todas nuestras demandas, pero creemos que puede haber una distribución más igualitaria”.


El caso alemán es diferente: “No hay ninguna crisis –aseguró Andreas Keller, del Sindicato de Educación y Ciencia–. En los ’70 tuvimos un millón de estudiantes y 40 mil profesores catedráticos. Ahora tenemos dos millones de estudiantes, todavía 40 mil profesores catedráticos y un aumento de las otras categorías docentes”. Los conflictos aparecen en los primeros escalafones de la docencia: “El 90 por ciento de los colegas que no son catedráticos tiene contratos temporales”, indicó Keller. Pero esta situación, “más que una coincidencia de la crisis, es una ideología de las universidades en mantener a los profesores de esa forma”, sostuvo. “Otra causa puede ser un programa del Estado que se llama Iniciativa de Excelencia, por el cual se asigna un financiamiento de cinco años a las universidades. Entonces hace que las universidades contraten por un tiempo reducido, porque no saben si en cinco años recibirán otra vez el dinero.”


La precarización laboral en las universidades parece lugar común. En España “han anunciado una modificación de la ley de universidades que va a conllevar que no se sustituya a ningún profesor que se jubile en los próximos años –dijo González–. Y hoy no se están renovando los contratos de profesores que tenían una contratación a tiempo parcial, o interina”. El italiano Arienzo concluyó: “La crisis es un hecho y tenemos que enfrentarla. Pero la forma en que la crisis es utilizada como herramienta para reducir al sector público, eso es ideología”.

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Sábado, 15 Septiembre 2012 06:39

Por la soberanía nacional con los trabajadores

Por la soberanía nacional con los trabajadores
En la crisis que vivimos se hace cada vez más necesario asociarse para defender los derechos de los trabajadores, de los campesinos, de los pueblos indios, de los empleados y, sobre todo, de las juventudes. Es necesario unirse en torno a un proyecto de lucha por la soberanía nacional, por los recursos nacionales y por los derechos sociales, culturales, políticos y económicos que los gobiernos neoliberales les han ido conculcado y que pretenden seguirles arrebatando, con un partido de Estado disfrazado de varios partidos con distintos nombres y la misma política de recolonización de México.


Empecemos por no ocultarnos las verdades dolorosas que vivimos. México está importando maíz, gas y gasolina. Es como si Bolivia importara papas, Argentina carne y Francia perfumes.


Estamos por sufrir un nuevo despojo del petróleo, que todavía es fuente de una proporción muy alta de los ingresos fiscales y que era el más preciado patrimonio nacional.


Estamos aumentando cada vez más la inmensa deuda pública, que un día nos van a cobrar los shylocks trasnacionales en condiciones peores que las de España, Italia o Grecia.


Nos seguimos endeudando, tanto en forma rápida y furiosa como lenta y calmada, pero abiertamente impune, todo para comprar armas y mercancías que, lejos de servir a la producción y el desarrollo, inflaman la destrucción y el genocidio nacional, y se usan para pagar las importaciones de maíz y petróleo, antes símbolo y fuerza de nuestra soberanía alimentaria y energética, y garantía, con el Ejército, de la seguridad nacional.


Estamos asignando cada vez menos recursos a la educación y a la investigación científica y humanística, como si el proyecto fuera hacer de México y de su juventud y su niñez un país tan miserable como los más miserables de la Tierra, fuente de explotación de una fuerza de trabajo descalificada, base de dominación de un país de hombres y mujeres perdidos en la ignorancia y en el basurero de desechos de la industria del norte.


Estamos viviendo la crisis de un sistema político y de una clase política que entre la ceguera, el oportunismo y la corrupción priva más y más a los ciudadanos, a los trabajadores y a los pueblos de México de los recursos legales necesarios para luchar y negociar. Y que ahora nos anuncia nuevas medidas por las que pretende privatizar y desnacionalizar aún más la riqueza del petróleo y arrebatar a los trabajadores los derechos que lograron tras una revolución en la que dieron la vida más de un millón de hombres y mujeres, de jóvenes, de niñas y de niños.


Y mientras esto ocurre, la desregulación de los trabajadores se da sin cesar, la depauperación de los campesinos hace que millones padezcan sed y hambre, y es creciente el asedio a los pueblos indios, en especial a los zapatistas, que tratan de construir uno de los proyectos autosostenibles más avanzados y democráticos de la tierra.


Al mismo tiempo las corporaciones mineras y agroindustriales despojan a los habitantes de sus territorios y recursos, empleando cuanto medio es necesario, incluido el terror que por todas partes siembran junto con el megacomercio del narco y con el lavado de dinero de la gran banca de Georgia, de las Islas Caimán y de Wall Street.


Salir de los infiernos que las corporaciones construyen y en los que muchos centroamericanos y mexicanos viven resulta cada vez más difícil, pues a la gran muralla que el gobierno estadunidense levantó para impedir un peligro por sus estrategas previsto, se añaden las matanzas y desapariciones colectivas de braceros mexicanos y centroamericanos que no alcanzan a llegar con vida a la frontera.


Muchos de estos y otros males afectan al conjunto de la nación. Corresponden a algo más que un “modelo de desarrollo”: son resultado de la política neoliberal y globalizadora de las corporaciones y complejos que dominan el mundo, encabezados por Washington y Wall Street, hechos innegables y ampliamente comprobados, que están haciendo víctimas crecientes hasta en su propio país.


Reconocer la inaceptable realidad en que vivimos, y cobrar conciencia de lo que signfica para nosotros y para nuestros descendientes el futuro que les preparan, es tan necesario como formular un programa mínimo de defensa de los derechos de los trabajadores, de los pueblos, y de los ciudadanos que, uniéndose en torno a la lucha por recuperar y consolidar la soberanía nacional, fortalezca al estado de derecho e impida la criminalizacion de los trabajadores, de los ciudadanos y de los pueblos que defienden sus legítimos derechos y su libertad.


Una nueva lucha por la independencia, una nueva lucha por la democracia real de un pueblo en verdad soberano, tiene que articular a los trabajadores industriales, agrícolas y de servicios, a los hombres, mujeres, niños y niñas, a los asalariados y no asalariados, regulados y desregulados, precarios, excluidos, desplazados. Tiene que articularlos a todos ellos y proponerse practicar la comunicación, la información, el diálogo y la acción concertada en una organización que junte las redes de los colectivos presenciales y a distancia, y que abarque al conjunto de la nación, vinculando a sus habitantes con los de América Latina y con los del mundo para la lucha por la vida y la libertad. Esa gran organización tendrá que cultivar una vigorosa moral de lucha y de solidaridad, y una voluntad colectiva a la que caracterice la lucidez y la firmeza para defender y decidir el futuro del México y del mundo que queremos, y que podemos hacer… ¡que haremos! ¡y que sin duda ustedes harán!


Por Pablo González Casanova. Mensaje leído en la sexta Conferencia Sindical Nacional

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EE UU prueba un avión que vuela a 5.793 kilómetros por hora
El X-51A WaveRider debería de haber volado a velocidad hipersónica durante 300 segundos para sumergirse después en el Océano Pacífico. Aunque las mismas fuentes no pudieron dar información sobre los resultados obtenidos, de haber sido realizado con éxito, la nave debería haberse destruido durante la prueba, haciendo imposible su recuperación, pero los ingenieros podrían utilizar todos los datos registrados durante el vuelo para el desarrollo de la tecnología hipersónica en usos militares.

El vuelo de prueba X51A ha sido el tercer experimento de un programa que comenzó en el año 2004. El primer Waverider, construido por Boeing, fue probado en mayo de 2010 a 3.500 kilómetros por hora durante 143 segundos, antes de que un fallo técnico pusiera fin a la prueba antes de tiempo; así como el segundo, que fue ejecutado en junio de 2011 y también terminó antes de lo esperado aunque éste sí generó datos concretos.

La Fuerza Aérea tiene previsto desarrollar y utilizar tecnología hipersónica para trasladar misiles o aviones a cualquier parte del mundo en cuestión de minutos en lugar de horas, con el objetivo de no dejar tiempo de reacción al enemigo. Además de la velocidad, las aeronaves hipersónicas volarán a gran altura fuera del alcance del fuego enemigo o un misil.

La NASA y el Pentágono están financiando tres centros nacionales en el país para estudiar el vuelo hipersónico. El programa WaveRider costará 140 millones de dólares según las estimaciones de la página especializada en desarrollo militar, Globalsecurity.com.

El avión no tripulado experimental X-51A WaveRider, una aeronave hipersónica capaz de sobrevolar el Océano Pacífico a 5.793 kilómetros por hora, ha sido puesta a prueba este martes por el Pentágono en un vuelo "clave" para el desarrollo de su tecnología, según una fuente del Departamento de Defensa.

Desde un hangar de la Base Edwards de la Fuerza Aérea estadounidense en el desierto de Mojave (California), un equipo de ingenieros aeroespaciales ha puesto a punto el aparato, que podría recorrer la distancia entre Nueva York y Londres en menos de una hora.

El proyecto, desarrollado por la Agencia Espacial estadounidense (NASA) y la Agencia de Investigación de Proyectos Avanzados de Defensa de EEUU (DARPA), se ha puesto a prueba mediante el anclaje del X-51A Waverider al ala de un antiguo bombardero B-52.

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