Balance de 6 años del Plan de Acción Laboral Colombia-EEUU.

6 años entre demoras, presiones y demandas por incumplimiento de obligaciones del TLC

Incluye el balance normativo en libertad sindical y formalización laboral y las 5 propuestas del Min-trabajo

 

Este 7 de abril se cumplen 6 años de vigencia del Plan de Acción Laboral (PAL), firmado por los entonces presidentes de Estados Unidos y Colombia (Obama-Santos); 6 años en los que hemos sido testigos de dos procesos estrechamente vinculados, pero muy contrastados.


Por un lado, el monitoreo de la implementación de las 37 medidas incluidas en el PAL se ha hecho con relativa diligencia por parte de las entidades estadounidenses encargadas: la Oficina de Asuntos Comerciales y Laborales (OTLA) del Departamento de Trabajo, y la Oficina del Representante de Comercio (USTR en inglés). Más allá de los informes anuales publicados sobre el estado del PAL, se ha buscado dialogar no sólo con las contrapartes del gobierno colombiano, sino con actores claves del mundo de trabajo en ambos países. Por otro lado, las acciones del gobierno colombiano con respecto a las solicitudes continuas de mejorar y apurarse en la implementación y apropiación de los compromisos asumidos, nunca han alcanzado las alturas de su propio discurso, que enfatiza el deseo de regular las relaciones laborales del país con enfoque proteccionista y garantista.


Año tras año la ENS ha hecho un seguimiento detallado del estado de cumplimiento del gobierno colombiano con sus compromisos, y cada informe publicado[1] muestra la falta de voluntad y/o seriedad del gobierno colombiano en acoger todas las medidas del PAL, además de las muchas otras asociadas con los convenios ratificados por el país y las sugerencias de la OIT. Y muestra la necesidad de diseñar una estrategia efectiva para su implementación, reglamentación y monitoreo permanente.

Han sido 6 años de palabras esquivas y promesas evadidas, que han hecho que un gran porcentaje de la población trabajadora colombiana siga sin acceso a sus derechos laborales básicos, y que las organizaciones sindicales aún esperen un entorno socio-político y cultural en el cual puedan ejercer sus derechos sin miedo a la violencia, a los despidos injustos, al hostigamiento y el ostracismo social; sin sentirse como “estorbos” o personas que “acaban empresas”, simplemente por velar por los derechos de los trabajadores del país.


El año pasado varios sindicatos de Colombia y Estados Unidos[2], cansados de los incumplimientos del PAL y el no rendimiento de cuentas del gobierno colombiano, decidieron presentar una queja formal por no cumplir con las obligaciones inscritas en el capítulo 17 del TLC, formalmente llamado el Acuerdo de Promoción Comercial entre la República de Colombia y los Estados Unidos de América (CTPA), que entró en vigor el 15 de mayo de 2012.


La queja plantea principalmente el incumplimiento del gobierno colombiano en la aplicación y protección de los derechos enunciados en la Declaración de la OIT relativa a los Principios y Derechos Fundamentales en el Trabajo y su Seguimiento (1998), además de no aplicar o hacer cumplir las leyes laborales colombianas, y no garantizar el acceso a los procedimientos, ni su transparencia en los tribunales administrativos, judiciales y laborales. Refiere dos casos específicos de incumplimiento: uno del sector petrolero y el otro del sector azucarero.


La OTLA tuvo 180 días para investigar la queja y hacer su informe, el cual presentó a principios de este 2017. Sus conclusiones y sugerencias resaltan la falta de diligencia política, legislativa y administrativa del gobierno colombiano en temas laborales y sindicales. Su ineficacia y lentitud para cumplir los convenios internacionales y las leyes laborales se ha dado a pesar del apoyo financiero y técnico recibido por parte del gobierno estadounidense y la OIT, equivalente a $25 millones de dólares, aparte de la delegación de un agregado laboral en la embajada de los Estados Unidos en Bogotá.


El informe de OTLA resalta varias deficiencias en la regulación de las relaciones laborales en el país, que afectan negativamente el ejercicio de algunos de los derechos laborales fundamentales, especialmente el derecho de libertad sindical y la negociación colectiva. El sistema de inspección laboral, pese a su ampliación y reestructuración operativa, aún es ineficiente y excesivamente burocrática, no presta la atención necesaria a las prácticas de tercerización laboral ilegal y discriminación sindical.


Razones para que el sistema de inspección presente estas fallas, según la OTLA, son: alta rotación de personal, dificultades del equipo de inspección para viajar a zonas rurales, falta de una estrategia nacional de inspección y no aplicación de un sistema nacional de gestión de casos, las demoras en el proceso de inspección y el no cobro de multas relacionadas con los derechos a la libertad de asociación y la negociación colectiva.


A pesar de que el Min-trabajo casi duplicó su planta de inspección desde la firma del PAL, que pasó de 410 inspectores en 2011, a 819 en octubre de 2016[3], su desempeño y efectividad no corresponde con dicha expansión. Mientras que en 2010 un total de 423 inspectores hicieron 24.631 inspecciones administrativas, en 2015 los 826 inspectores sólo pudieron adelantar 3.099. Y una tendencia aún más preocupante: en 2010 (antes del PAL) 423 inspectores hicieron 9.066 visitas, mientras que en 2015, con una planta de inspección casi duplicada, y con presupuesto y salarios significativamente más altos, sólo se adelantaron 1.063 visitas[4].


El bajo rendimiento y excesivamente burocratizado de la inspección laboral se refleja también en la ineficacia para hacer cumplir las leyes laborales en los lugares de trabajo. Con respecto a la tercerización laboral ilegal, el informe de la OTLA reafirma lo que ya se ha dicho en los informes de seguimiento del PAL realizados por la ENS: pese a las medidas que ha tomado el gobierno, aún existen serias preocupaciones porque el Min-trabajo no está aplicando debidamente la legislación.


Entre las medidas que el gobierno ha tomado en contra de la tercerización abusiva, cabe mencionar los nuevos decretos y leyes que la prohíben: artículo 63 de la Ley 1429 de 2010, el ya hundido decreto 2025 de 2011, y el decreto 583 de 2016, provisionalmente suspendido por el Consejo del Estado, ya que socava varios de los derechos laborales fundamentales y los mecanismos que abrieron la posibilidad de convenir Acuerdos de Formalización para contratar directamente trabajadores que laboran en relaciones ilegales.


Mientras el gobierno se felicita por la disminución del número y de la cobertura de las CTA y Pre-CTA, al mismo tiempo se ha disparado la contratación mediante Sociedades por Acción Simplificada (SAS), contratos sindicales y otras figuras legales, como las Fundaciones. Todas se utilizan para minimizar costos laborales y minar los derechos de las y los trabajadores.


La dispersión de la tercerización laboral ilegal después de la firma del PAL es de tal proporción, que a finales de 2015 hubo más de 3.800,000 trabajadores con relaciones laborales ilegales, el mismo porcentaje de la población ocupada total (17,3%) que existía en 2011. En otras palabras: ¡no ha habido mejoramiento alguno!


El informe de la OTLA se pronuncia también sobre el uso de pactos colectivos, figura que fue denunciada por la Misión de Alto Nivel de la OIT que visitó el país en febrero de 2011, por el Parlamento Europeo (a través de la Resolución 2628 de 2012), y por la Comisión de Empleo, Trabajo y Asuntos Sociales de la OCDE, en su informe publicado en febrero de 2016[5]. La razón de la denuncia es porque los pactos colectivos obstaculizan el ejercicio de la libertad sindical y la negociación colectiva.


Aunque el PAL incluyó medidas para erradicar el uso ilícito de los pactos, 6 años después de su firma el número de éstos en Colombia ha aumentado, en vez de decrecer. En 2011 se firmaron 170 pactos, y 215 en 2015. Al mismo tiempo su cobertura se duplicó. En 2011 hubo 38.420 trabajadores beneficiarios de un pacto colectivo, mientras que en 2015 fueron más de 100 mil.


Muchos pactos han sido demandados por los sindicatos, y aunque el Ministerio de Trabajo liderado por Clara López ha demostrado más agilidad y seriedad en sancionar su uso indebido[6], además de proponer un proyecto de ley que prohíbe los pactos donde haya sindicatos, las acciones han sido demasiado demoradas y no compensan los grandes daños hechos al movimiento sindical.


Los temas de violencia antisindical e impunidad merecieron mucha atención por parte de OTLA. Tomó nota de la disminución de la violencia desde 2011, y sobre todo de los homicidios de sindicalistas, pero resalta las deficiencias estructurales de las investigaciones judiciales sobre casos de violencia, tanto del pasado como del presente. Afirma que la alta tasa de impunidad impide que las víctimas y sus familias conozcan la verdad, al tiempo que socava los derechos de libertad sindical y negociación colectiva. Enfatiza la importancia de que el gobierno colombiano avance mucho más, no sólo en investigar y castigar la violencia, sino en su erradicación.


De acuerdo al seguimiento realizado por la ENS, desde el 7 de abril de 2011 hasta el 5 de abril de 2017, se han registrado al menos 2.484 violaciones a la vida, la libertad y la integridad física cometidas contra sindicalistas en Colombia, entre ellas, 147 homicidios, 98 atentados contra la vida, 9 desapariciones forzadas, 1.694 amenazas, 296 hostigamientos y 90 detenciones arbitrarias.


Como se observa, aunque hoy es menor el registro con relación a años anteriores, aún son numerosos los casos en los cuales sindicalistas se ven obstaculizados para realizar su actividad sindical, se encuentran en medio de situaciones de riesgo, e incluso, en ocasiones hasta son víctimas de ataques y pierden su vida. Finalmente, esta realidad sigue indicando que es necesario continuar y reforzar las medidas adoptadas para dar un giro a la situación de derechos humanos de los sindicalistas en el país, y, ante todo, para garantizar que puedan realizar su labor en la defensa de derechos, y la construcción de una sociedad más justa y democrática, sin que ello les implique riesgos.

Si se observa el panorama para el año 2016, se identifica un incremento del 31,3% en los casos documentados respecto al año anterior. Mientras que en 2015 fueron registrados 204 casos, entre enero y diciembre del año 2016 ya se han documentado 268 casos de violaciones contra sindicalistas y 21 acciones contra organizaciones sindicales como colectivo. Prevalecen las amenazas y los hostigamientos que representan el 80,5% del total de la violencia. La violencia antisindical contra la dirigencia sindical se agudiza, en el 78,4% de los casos las víctimas fueron asesores, activistas y directivos sindicales.


El último tema investigado por los funcionarios de la OTLA tiene que ver con la pasividad del gobierno colombiano en aplicar el artículo 200 del código penal, medida creada por el PAL para desincentivar el uso de prácticas antisindicales. La OTLA encontró excesivas demoras en el proceso de casos al amparo a este artículo, resaltó que, según información suministrada por la Fiscalía, en los últimos 6 años no se registra una sola condena relacionada con este artículo.


A manera de conclusión, destacamos 4 de las sugerencias hechas por el equipo investigador de la OTLA sobre los temas mencionados:


– Mejorar el sistema de inspección laboral, concentrándose en asegurar el cumplimiento de los procedimientos y los plazos legales. También que el sistema opere de acuerdo con una estrategia de inspección nacional, con prioridad en los 5 sectores en los que los derechos laborales están menos protegidos: la minería, aceite de palma, flores, puertos y azúcar.

– Mejorar la aplicación y cobro de multas por violación a las leyes laborales.

– Adoptar medidas adicionales para combatir la tercerización laboral abusiva y el uso indebido de los pactos colectivos.

– Mejorar la investigación y judicialización de los casos de violencia antisindical, pasados y presentes, incluyendo las amenazas, y que se resuelvan con prontitud los casos relacionados con la violación del artículo 200 del código penal.


Pero hacer sugerencias, recomendaciones y llamadas de atención no bastan en el entorno político e institucional colombiano, donde reina la cultura de fortalecer la normatividad y la burocracia administrativa, mientras que la operatividad institucional se debilita.


Por ser un compromiso político sin una obligatoriedad legal, la firma del PAL por el presidente Santos fue más un gesto simbólico para impulsar la ratificación del TLC, que un verdadero factor de cambio en la regulación laboral del país. Esperamos que ahora, mediante el mecanismo formal de la queja interpuesta, y ya examinada, el gobierno estadounidense presione con más éxito al Gobierno colombiano, para que éste realmente tome en serio sus obligaciones como regulador de las relaciones laborales con un enfoque y una práctica que protege y garantice a los derechos fundamentales de las y los colombianos trabajadores.


Balance normativo en libertad sindical y formalización laboral


Actualmente el ámbito laboral colombiano afronta una de las coyunturas más importantes en mucho tiempo, caracterizada por la implementación de cambios normativos dirigidos a cumplir con lo establecido en el Plan de Acción Laboral suscrito con Estados Unidos en el marco el TLC, y en la agenda histórica del sindicalismo, aparte de otras recomendaciones internacionales, como las de la OCDE, el Gobierno de Canadá, la Hoja de Ruta con la Unión Europea, OIT y por supuesto las derivadas del acuerdo final de paz con las FARC.


A continuación, presentamos un balance de las propuestas normativas más importantes en libertad sindical y formalización laboral presentadas por el Ministerio de Trabajo en esta coyuntura. En cuanto a decretos existentes, tenemos:


Decreto 017 de 2016, sobre Tribunales de Arbitramento:


Este decreto por primera vez reglamenta exhaustivamente los tribunales de arbitramento. No obstante, solamente hace énfasis en la fase de su convocatoria e integración, la fase de funcionamiento aún depende de las estipulaciones del Código Sustantivo del Trabajo y el Código Procesal del Trabajo y la Seguridad Social, promulgados a mediados del siglo XX. Por tanto, en la práctica se observa que el mayor problema que subsiste para solucionar un conflicto laboral mediante un Tribunal de Arbitramento, es la dilación procedimental, provocada por los empleadores para implementar actuaciones que buscan debilitar la capacidad de negociación de los sindicatos. En ese sentido, si el Decreto 017 de 2016 no resulta eficaz, podría repercutir negativamente en el incentivo del diálogo social y la negociación colectiva.


Decreto 036 de 2016, sobre regulación a los contratos sindicales:


A pesar de las modificaciones que introduce este decreto al contrato sindical, que dan mayor relevancia a la organización de trabajadores y a la Asamblea General como órgano máximo de decisión, su estructura, funcionamiento y utilidad eliminan la posibilidad de la negociación colectiva de los sindicatos, y así vulnera el derecho de asociación y la huelga. Esto teniendo en cuenta:


– El hecho de que el sindicato que firma un contrato sindical es el empleador de sus afiliados, lo que lo termina convirtiendo en un intermediario de las relaciones de trabajo.


– Las empresas beneficiarias del servicio realizan una injerencia indebida en la organización de las y los trabajadores, vulneran su autonomía y violan el derecho fundamental de libertad sindical.


– No hay negociación colectiva libre y voluntaria por parte de los sindicatos o sus afiliados, en tanto no es una forma real de negociación colectiva. Se asimila más a una figura del derecho civil o comercial, que del laboral.


Decreto 583 de 2016, en materia de tercerización laboral:


El espíritu de este decreto es legalizar la tercerización laboral en todos los escenarios, incluso en aquellos que hasta la fecha estaban protegidos por la legislación laboral, es decir, en casos de actividades misionales y permanentes. Considerando esto, la CUT y la Asociación Colombiana de Empresas de Servicios Temporales (Acoset) presentaron cada una por su lado demandas de nulidad ante el Consejo de Estado, entidad que el pasado 15 de marzo se pronunció al respecto. La Sección Segunda de la Sala de lo Contencioso Administrativo profirió providencia, decretando medida cautelar de suspensión provisional de los efectos del Decreto 583 en lo que respecta a la intermediación laboral.


Las 5 propuestas de regulación laboral del Ministerio de Trabajo:


Recientemente el Ministerio de Trabajo planteó una serie de cambios normativos, que serían presentados en un paquete legislativo para aprobación del Congreso de la República. Son 5 estas propuestas, a saber:


1- Proyecto de Ley de Regulación Pactos Colectivos


Esta propuesta constituye un avance importante para evitar la vulneración de la Libertad Sindical mediante la figura jurídica de los pactos colectivos, establecida en el artículo 481 del Código Sustantivo del Trabajo. No obstante, resulta importante que en la Ley se proscriban de forma taxativa los planes de beneficios o cualquier otra dádiva implementada por el empleador con ánimo de discriminación antisindical. De esa manera la norma acataría las recomendaciones del Comité de Libertad Sindical de OIT y la jurisprudencia de la Corte Constitucional , con base en la cual se considera ilegítima e ilegal toda conducta del empleador orientada a hacer uso de “los factores de remuneración o de las prestaciones sociales para golpear a quienes se asocian, para desestimular el crecimiento del sindicato o para presionar los retiros de este[7]”.


2- Proyecto de negociación colectiva por rama de actividad económica


Este Decreto plantea que en caso de pluralidad de organizaciones sindicales por rama de actividad económica, éstas deberán realizar previamente una integración de los petitorios para así concurrir en unidad de pliego y en unidad de comisiones negociadoras y asesoras. A su vez, las normas convencionales que surjan de la negociación serán aplicables a todos los trabajadores de la respectiva rama de actividad económica, incluyendo a todas las unidades productivas o formas de organización social, indistintamente de su forma jurídica, incluyendo Cooperativas de Trabajo Asociado, SAS, Contratos Sindicales, y todas las figuras que se asimilen. Y aplicará a todos los trabajadores, independientemente de su tipo de vinculación, con la posibilidad de que se puedan suscribir capítulos especiales aplicables exclusivamente en una o varias empresas del sector.


Es de destacar, que la propuesta de negociación colectiva de la CUT va más allá. Pide que además de la negociación por rama de actividad económica, se incluya la negociación por gremio, grupo económico y empresa, modalidad que denomina Negociación Multinivel. Es su concepto es la más garantista del derecho de negociación, pues con ella, ante cualquier caso concreto en el que se encuentre un sindicato, tiene al menos una posibilidad de iniciar la negociación colectiva.


3- Proyecto de Ley Huelga (Servicios Esenciales)


Este proyecto tiene por lo menos 3 problemas:


– Se hace taxativa una lista de servicios públicos esenciales.
– Se crea una comisión de garantías con unas competencias que van en contravía de lo logrado a partir de la ley 1210 de 2008 en la cual la calificación de la huelga es potestad jurisdiccional.
– Se crean restricciones adicionales a la huelga, cuando el único criterio que se debe tener es el de OIT, que habla de limitaciones a la huelga solo en casos de servicio público esencial en sentido estricto, o sea cuando se afecte la salud, la vida y la seguridad.
Evidenciamos que el proyecto tiene los siguientes vacíos:
– La definición de servicios públicos esenciales en sentido estricto continúa incluyendo actividades que no considera la OIT, como el caso del sector educación, cuya suspensión no pone en riesgo la salud, la vida o el orden público.
– La huelga se continúa entendiendo como una etapa en el proceso de negociación colectiva, y no un mecanismo fundamental para la defensa de los trabajadores.
– El ordenamiento jurídico colombiano continúa proscribiendo el ejercicio del derecho a la huelga por parte de Federaciones y Confederaciones.
– No modula la forma de regular las mayorías necesarias para votar la huelga en grandes empresas, con una gran cantidad de trabajadores.
– La implementación de huelgas parciales como mecanismo para solucionar problemáticas locales o seccionales, aún continua sin regulación.


4- Proyecto de Ley sobre prevención, inspección, vigilancia y control

Este proyecto constituye un mecanismo importante para viabilizar el Servicio de Prevención, Inspección, vigilancia y Control (Sivico), implementando cambios claves para garantizar el acceso de la ciudadanía al Ministerio de Trabajo.


Resulta importante complementar esta norma incluyendo el Diálogo Social como principio orientador, con el fin de garantizar la participación de todos los actores del sistema. Se debe plantear explícitamente que se realizarán todas las acciones necesarias y suficientes para garantizar el accionar del Ministerio de Trabajo en las regiones, donde en la actualidad no hace presencia; ampliar los riesgos laborales a los demás derechos que conforman la garantía de seguridad social integral, incluir explícitamente a las organizaciones sindicales como víctimas del conflicto armado interno en el marco de la implementación de acciones afirmativas, medidas atención y protección prioritaria.


Sin embargo, falta que el sistema se construya a la luz de los estándares internacionales de OIT, convenios 81 y 129.


5- Proyecto Decreto sobre representatividad


Consideramos que una negociación colectiva plena para los sindicatos más representativos, restringida para las organizaciones sindicales pequeñas, a las que solo se les deja la posibilidad de negociar garantías sindicales, limita injustificadamente la garantía consagrada en el artículo 55 de la Constitución Política. En ese sentido deberían implementarse estrategias que propugnen por la representación equitativa de todos los sindicatos en las comisiones negociadoras.


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NOTAS:
[1] Para acceder a nuestros informes sobre el estado de cumplimiento de los compromisos del Plan de Acción Laboral (PAL), para los años 2014, 2015 y 2016, visiten la siguiente página oficial de la ENS: http://www.ens.org.co/conocenos/asi-pensamos/agenda-laboral-y-sindical-post-tlc/informes-sobre-acuerdos-laborales-paralelos-a-tlc/
[2] De Colombia, la CUT, la USO, Sintrainagro, firmaron la queja, con asesoría de la Corporación Colombiana para la Justicia y el Trabajo, Coljusticia; por parte de Estados Unidos, la organización sindical más grande del país, la AFL-CIO la firmó.

[3] Véase: El Tiempo. “Compromisos laborales atados a TLC preocupan a Estados Unidos”. Economía y Negocios. 8 de febrero de 2016.

[4] El Tiempo. “Compromisos laborales atados a TLC...” Op cit.,

[5] Véase: OECD. 2016. OECD Reviews of Labour Market & Social Policies: Colombia. OECD Publishing: Paris

[6] A principios de 2017 el Min-trabajo interpuso una sanción de 100 salarios mínimos mensuales (equivalente a $71 millones) a Ecopetrol, la empresa más grande del país, por el Acuerdo 01 de 1977, una figura que funcionaba como pacto colectivo.

[7] Sentencia T-619 Magistrado Ponente Jorge Iván Palacio Palacio: resolvió un problema jurídico generado porque la empresa ELECTRICARIBE S.A. incluía, al momento de vincular a sus trabajadores, cláusulas en las que ofrecía compensaciones en dinero a cambio de la renuncia a los beneficios de la convención colectiva. A su vez concedía incrementos salariales, bonificaciones y auxilios solamente para los trabajadores no sindicalizados.

Publicado enColombia
El director finlandés Aki Kaurismäki

 

MADRID.- Prepararse para hacer una entrevista a Aki Kaurismäki, uno de los más grandes cineastas vivos, heredero del cine humanista de Ozu, Renoir, Ford, Chaplin..., pone un poco los pelos de punta. Impone su descomunal talento, pero, honestamente, da casi miedo por la fama que arrastra. Bebedor, arisco, de pocas palabras –“la gente habla demasiado, sobre todo en las películas”-, imprevisible... ¿Cómo es ello posible siendo el autor de obras maravillosas, tan profundamente humanas y emotivas? ¿no es casi ridículo llevar cuarenta años retratando con inmensa ternura y sensibilidad a los trabajadores, ahora también a los refugiados, y no empatizar con otros seres humanos?

“Soy un hombre sensible, aunque no lo parezca”. Este finlandés alto, grande, con 60 años recién cumplidos, es especial. Sentado en una terraza de un bar de Vigo —la barbilla pegada al pecho y mirando siempre desde abajo—, espera que termine la proyección de su nueva película, El otro lado de la esperanza. Otra ración de gran cine, de cine único, de conmovedoras relaciones humanas, de un sentido del humor y un absurdo bravísimos y puros, y, también, de pesimismo y desaliento.

No quiere hablar de trabajo hasta que no llegue el momento de la entrevista. Su vida en Portugal, cómo llegó allí, sus perros, el vinho verde, el albariño, el cine mudo de Lubitsch, Laurel and Hardy, una proyección de Roma città aperta en la que cortaron las cabezas de Anna Magnani y Aldo Fabrizi, Echanove en Cuéntame cómo pasó, la lógica del idioma finés, el ancho de las vías de tren en España y Portugal, la inquina hacia los noruegos, la tristeza de vivir sin sol, la guerra civil de Finlandia... Aki Kaurismäki es un ser humano entrañable, divertido y un colosal artista.

Después de La chica de la fábrica de cerillas, Un hombre sin pasado, Ariel, Leningrad Cowboys Go America, Luces al atardecer, Le Havre... Ahora El otro lado de la esperanza, por la que ha merecido el Oso de Plata a la Mejor Dirección en Berlín. Historia de Khaled, un joven sirio que llega a Helsinki, y de Wikhström, un comercial que cambia de negocio y abre un restaurante sin mucho futuro. Este encuentra al chico, que ha huido del centro de refugiados, al lado de los contendores de basura de su local y le ofrece techo, comida y trabajo.

“Es, hasta cierto punto, una película tendenciosa que intenta influir sin el menor escrúpulo en las perspectivas y opiniones de los espectadores, al mismo tiempo que manipula las emociones para conseguir su objetivo. Y dado que estos esfuerzos fracasarán, espero que al menos quede una historia recta y melancólica con toques de humor, una película casi realista en torno a algunos destinos humanos en el mundo de hoy en día”.

 

Siempre ha contado historias de trabajadores, ahora también de refugiados... Con su cine, usted se revela como cronista de su tiempo, pero lo hace con historias atemporales...

La atemporalidad quizá surja de la juventud. Mi padre era vendedor puerta a puerta, íbamos de ciudad en ciudad, hacíamos unos amigos y ¡paf! nos mudábamos. De joven yo también pasé unos meses trabajando de lavaplatos, en la construcción... Solo fui a la Universidad tres meses, porque me aburrí. No descubrí la verdad en la Universidad. El único trabajo que me gustó de verdad fue el de peón de albañil, preparando la masa del cemento... bueno, y el de lavaplatos.

 

¿Qué tiene de especial ser lavaplatos?

Trabajaba en el Gran Hotel de Estocolmo. Había unas máquinas lavaplatos de sesenta metros. Un hombre se ponía en una puerta y otro, en otra. Mi compañero era de Marruecos y un día me dijo que salía cinco minutos y que si me podía ocupar yo de su lado también. No volvió y yo me quedé con las dos puertas. El capitalista se dio cuenta de que un hombre podía hacer el trabajo de dos y nunca contrató a otro.

 

¿Chaplin en ‘Tiempos modernos’?

Chaplin en ‘Tiempos modernos’. A mí me daba igual estar encima, a un lado, a otro lado de la máquina y, de vez en cuando, sacaba la cabeza y sonreía. De 7 de la mañana a 5 de la tarde trabajaba en el hotel. Luego iba a lavar platos a otro restaurante de 5,30 a 12 de la noche. En los dos libraba un día a la semana y coincidía el día, así que ese día iba a trabajar a otro restaurante a lavar platos. Así estuve cuatro meses, trabajando 17 horas diarias 7 días de la semana. Era una forma de mostrarme a mí mismo que era capaz de hacer un trabajo así antes de empezar a hacer este trabajo deshonesto que es el cine.

 

Y ¿después de esos cuatro meses?

Volví a Helsinki. Entonces cuando veía a alguien en la calle pidiendo le daba 100 marcos finlandeses, como 100 euros. Me quedé sin dinero en dos semanas. Y volví a la construcción. Por eso no he perdido aun ningún pulso, siempre gano. Aunque ahora ya estoy viejo y hago músculo cortando leña. En una película solo estás diciendo “haz esto, haz lo otro” y el bíceps se vuelve palito, claro. En este momento no me atrevo a hacer un pulso ni con mi ahijado que tiene ocho años. Y antes de esto...

 

¿Antes de la construcción y los trabajos de lavaplatos?

Sí, antes de Estocolmo. Estaba en Finlandia en una planta de papel. Era un edificio grande y estábamos solo tres trabajadores. Dos estaban en una especie de vitrina dando a los botones y yo corriendo de una máquina a otra, y cuando una paraba, la limpiaba. Siempre estaba mirando todo, controlando todo... ‘Tiempos modernos’.

 

Habla de Chaplin, pero ¿no se siente usted más heredero del cine humanista de Ozu, Renoir...?

Ozu es humanismo y arte, un gran artista del cine. Y con esto no estoy diciendo que el cine sea arte. En ‘El otro lado de la esperanza’ he intentado copiar al gran maestro Chaplin, por eso la película es tan torpe, porque yo no soy un gran maestro y nunca lo voy a ser.

 

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 'El otro lado de la esperanza'

 

En este momento de la entrevista, en la azotea de un hotel en Vigo, Aki Kaurismäki se queda callado y de pronto dice: “Cuando veo tu reflejo en la mesa me recuerda el final de ‘Nazarín’ (Buñuel), cuando aparece la piña y suenan los tambores de Calanda”. Otro silencio y, también repentinamente, se disculpa: “Lo siento, me he ido de la pregunta”.

 

Le preguntaba si no se siente heredero del cine humanista de Ozu, Renoir, Ford...

Espero no parece vanidoso si digo que alguien tenía que ser el heredero. ¡No se puede perder una herencia así! Incluso el humanismo no hay tanta gente que sea capaz de trasladarlo al cine. Aun así, el humanismo tiene que existir incluso en las películas malas. Nunca fui a una escuela de cine, era demasiado cínico. Todo lo que sé fue de ver cine. Ford, Ozu, Lubitsch, Renoir, Howard Hawks... Hace cincuenta años proyectaban Una mujer de París (Chaplin) en Múnich, hice autoestop hasta allí para verla. Era un apasionado total.

 

En ‘El otro lado de la esperanza’ vuelve, una vez más, a implorar ternura y solidaridad.

La maquinaria es fría y sin solidaridad no tenemos nada. Creo que la última esperanza de los seres humanos es la solidaridad, pero por desgracia cada vez hay menos. Siempre queda el mañana... aunque aún es más horrendo que el hoy. Pero nunca hay que rendirse.

 

Cuando sus personajes ayudan al refugiado sirio están cometiendo una ilegalidad, el Gobierno no permite que unos seres humanos ayuden a otros. ¿Es una llamada a la desobediencia?

No hay nada sorprendente en hacer algo que está bien. En el centro de refugiados, la mujer que trabaja allí durante un momento es un ser humano. Cualquier cosa contra el sistema es legal, porque el sistema es ilegal. Está basado en el capital. Y el capital nunca llega legalmente, el dinero crece gracias a la ilegalidad. Por tanto, estar en contra del capital es moralmente legal. Equilibramos las cosas.

 

Con el problema de los refugiados hoy hemos despreciado completamente el pasado, la memoria, el tiempo... nos olvidamos de la ayuda de otros países ante en la Historia.

Finlandia hoy no es peor que otros países europeos. Por lo menos, Finlandia finge, pero no es peor. Los peores países hoy en Europa son Hungría, Polonia y Chequia. No acogen a nadie. Finlandia los acoge, aunque luego los devuelve.

 

Los neonazis aparecen en esta película. Es la respuesta de esta Europa a la llegada de refugiados. ¿Usted cree en la Unión Europea?

Debería haber otra forma desde la Unión Europea. Mientras los europeos respetemos a los gobiernos que no tienen derecho moral a gobernar, estaremos perdidos. Si no alzamos la voz como europeos, estamos perdidos. Europa, si todavía existe, no acepta a los refugiados. Tenemos que empezar a comportarnos como seres humanos de verdad. La idea de Europa, de hecho, está más o menos perdida. Y es, como siempre, por el capital.

 

‘El Capital’, de Karl Marx.

Karl Marx, Das Kapital, nunca ha tenido tanta razón como hoy. La idea de Marx del comunismo donde todos aman al prójimo es muy optimista, pero la teoría da en el clavo. Sea como sea, hemos perdido la partida. Lo siento, soy un hombre muy sensible, a pesar de no parecerlo.

 

Su sentido del humor le delata.

No sé si es humor finlandés, no sé si se consigue jugando al ping pong, pero la vida es aburrida, todos deberían tener sentido del humor. Como cineasta intento hacer reír, pero la verdad es que cuando veo una película mía, lloro... Y tengo mis razones.

 

Lo dijo con su anterior ‘Le Havre’ y vuelve a decirlo ahora, que es su última película. ¿No le da el mundo y el ser humano razones suficientes para seguir haciendo cine?

Ha sido una muy buena razón los últimos cuarenta años. En el 68 yo era un jovencito, pero hay un tiempo para todo. Ahora me gustaría vivir, aunque no sé cómo, siempre he trabajado. Llevo el trabajo en mis venas, en mi sangre.

 

BEGOÑA PIÑA @begonapina

 

 

Publicado enCultura
Argentina le planta cara al plan económico de Macri con una masiva huelga general

Gran éxito del primer paro general que se organiza contra el Gobierno de Mauricio Macri en sus casi 16 meses de gestión



Pocas estampas como las que se observan este jueves en la ciudad de Buenos Aires reflejan la realidad de lo que hoy sucede en Argentina.


Por un lado, la capital del país acoge por primera vez el Foro Económico Mundial para América Latina, que reúne a 1.100 representantes de Gobiernos y empresas con el presidente Mauricio Macri como virtual anfitrión. "Qué bueno que hoy estemos acá, trabajando", afirmó con sarcasmo el jefe de Estado en la inauguración del evento.


Frente a este escenario de trajes y corbatas ante el que el mandatario reivindicó un "diálogo interno y con el mundo para encontrar las mejores vías de desarrollo", el país parece vivir en otro eje de coordenadas.


Las ciudades se muestran vacías. Los comercios están cerrados, y el transporte está paralizado por completo, incluidos los aeropuertos, los trenes y los autobuses urbanos, de media y larga distancia.

El paro ha tenido una adhesión de más del 90%, han asegurado las dos ramas de la Central de Trabajadores de Argentina (CTA) en una de las primeras evaluaciones de la jornada.


La huelga general responde a "un modelo económico de exclusión y pobreza que lleva a priorizar la especulación financiera por sobre la producción, que endeuda al país sistemáticamente (40.000 millones de dólares sólo en 2016), y que pretende bajar la inflación a base de despidos, de suspensiones y de bajar los salarios de los trabajadores", indicó el secretario general de la CTA Pablo Micheli.

"Eso es precisamente", añadió el sindicalista, "lo que está discutiendo el presidente en este momento en el único lugar en esta ciudad en donde el paro tiene cero acatamiento, que es el mini Davos que ha convocado".


El Gobierno ha hecho gala de entender la situación al enviar a Gendarmería a las autopistas de acceso a la ciudad de Buenos Aires, que habían sido bloqueadas con piquetes por organizaciones sociales y por fuerzas de izquierda para impedir el ingreso a la capital.


Un grupo de maestras fue recibida con gases lacrimógenos en una de las autovías del Sur, según denunció Myriam Bregman, dirigente del Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT).


Algunos manifestantes también fueron reprimidos con gas pimienta y camiones de agua por cortar la autopista Panamericana, que enlaza el Norte con la capital argentina. Otros fueron acusados de tirar piedras a los gendarmes. Al menos seis personas han sido detenidas.

Éste ha sido el despliegue del conocido protocolo antipiquetes, un manual de actuación lanzado por el Gobierno en febrero del año pasado que permite desalojar una movilización sin necesidad de una orden judicial que lo avale.


Con una inflación que en 2016 rondó el 40%, el nivel de conflictividad ha ido en aumento en las últimas semanas, espoleado desde los sindicatos de los maestros de la administración pública, que reclaman un aumento salarial del 35% para compensar la pérdida del poder adquisitivo, y que esta semana celebran su octavo paro nacional de 48 horas.

Un segundo varapalo ha recibido el Gobierno este jueves, mientras se recluye en el hotel de lujo que alberga el Foro Económico Mundial. Una jueza del ámbito laboral, Dora Temis, acaba de ordenar al Ejecutivo que convoque una discusión nacional sobre las subidas de sueldo que reclaman los sindicatos docentes.

Dado que las competencias de educación están transferidas a las provincias, el Gobierno se escudaba en que cada jurisdicción negociara con los gremios. Pero el Poder Ejecutivo está obligado por ley, desde 2006, a convocar a nivel nacional las denominadas paritarias (negociaciones) salariales.
El Gobierno, que pide paciencia, considera injustificable la huelga general. El índice de pobreza supera el 30%, sí, pero la economía ha subido por primera vez en nueve meses un 1,1% tras arrastrar una contracción del 2,3% durante 2016. Una amnistía fiscal impulsada por Macri ha conseguido regularizar 116.800 millones de dólares, todo un hito que reafirma la senda de recuperación.

Son los "brotes verdes" que ve el Gobierno argentino, aunque las calles opinen otra cosa.

BUENOS AIRES
06/04/2017 22:16 Actualizado: 06/04/2017 22:16

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Lunes, 03 Abril 2017 08:23

Invitación pendiente

Invitación pendiente

¿Es posible que Estados Unidos continúe resbalando hacia un neofascismo, o es sólo una desviación momentánea a la locura? ¿El caos, la ineptitud, los engaños, los berrinches y los ataques son parte de un gran plan maestro, un caos organizado, o de verdad son tan espantosamente ineptos e infantiles los nuevos ocupantes de la Casa Blanca y sus compinches?


Pocos se atreven a decir que saben qué onda, mientras cada día millones dentro y fuera de este país están en un limbo macabro donde unos cuantos hombres (y muy pocas mujeres, con la excepción de la princesa del castillo) están jugando, literalmente, con el futuro del planeta.


Vale señalar que mientras la atención se distrae con los últimostuits, las amenazas, el desorden administrativo, las supuestas pugnas entre diversas bandas dentro de la Casa Blanca, la presunta interferencia rusa y más, este nuevo gobierno ha logrado en los primeros dos meses desmantelar cientos de regulaciones y normas ambientales y laborales sobre empresas e industrias, e incluso ha anulado restricciones y protecciones de todo tipo, desde la privacidad de usuarios de Internet hasta derechos civiles.


Ni hablar de los cambios en la aplicación de las leyes de inmigración, donde millones han sido calificados de amenaza y hasta de enemigos de este país; y nadie en ningún lugar dentro de esta comunidad inmigrante puede sentirse seguro. Aun sin redadas masivas, el nuevo régimen ya ha logrado imponer el temor como condición cotidiana entre los más vulnerables.


A pesar de extraordinarias expresiones de repudio y protesta popular –algunas sin precedente en este país– desde que Trump asumió la presidencia, y aunque el Ejecutivo ahora goza del índice de aprobación más bajo para un nuevo gobernante, aún no se sabe si todo esto se convertirá en una resistencia suficientemente numerosa como para poder frenar y/o derrotar este asalto derechista.


Eso sí, casi todos los días, en multitud de esquinas del país se escuchan los gritos de un extraordinario mosaico de oposición. Brotan nuevas alianzas de todo tipo, de mexicanos y otros latinoamericanos con árabes, de judíos y musulmanes, de jóvenes veteranos de Ocupa Wall Street con veteranos de guerra, de veteranos de luchas por los derechos gays con nuevos movimientos por los derechos civiles, de la defensa de derechos de las mujeres vinculándose con los movimientos por derechos laborales, de trabajadores de la salud con ambientalistas.
Este martes 4 de abril es el 50 aniversario del discurso –tal vez el más peligroso y radical– del reverendo Martin Luther King Jr, en el cual se atrevió a declarar que la guerra contra Vietnam era una de las guerras más injustas de la historia mundial, y afirmó que la lucha por los derechos civiles tenía que estar vinculada con la lucha contra las guerras y las luchas por los derechos de los trabajadores y la justicia económica. Es un discurso que casi nunca se menciona en las celebraciones oficiales de King. El eco de sus palabras sigue siendo el llamado más elocuente a la resistencia 50 años después de que se escuchó en la gran iglesia Riverside en Nueva York. Aquí algunos fragmentos:
“Llega un momento en el cual el silencio es traición... Aun cuando son presionados por las demandas de la verdad interna, los hombres no asumen fácilmente la tarea de oponerse a las políticas de su gobierno, especialmente en tiempos de guerra. Ni se mueve sin gran dificultad el espíritu humano contra toda la apatía del pensamiento conformista... Más allá, cuando los temas a la mano parecen más perplejos como tan frecuentemente lo son en el caso de conflictos atroces, estamos siempre al borde de ser hipnotizados por la incertidumbre. Pero tenemos que proceder.
“Estamos llamados a hablar por los débiles, por los sin voz, por las víctimas de nuestra nación, por aquellos que son llamados ‘enemigo’, ya que ningún documento de manos humanas puede convertir a estos humanos en nada menos que nuestros hermanos.”


Estados Unidos, señaló, jamás podrá ser salvado mientras destruye las esperanzas más profundas del hombre por todo el mundo. El gran campeón de la no violencia afirmó: “nunca más podría levantar mi voz contra la violencia de los oprimidos en los guetos sin hablar primero claramente contra el proveedor más grande de violencia en el mundo hoy día: mi propio gobierno.


“Estoy convencido de que si vamos a colocarnos del lado correcto de la revolución mundial, nosotros como nación tenemos que emprender una revolución radical de valores. Tenemos que empezar rápidamente el giro de una sociedad orientada sobre las cosas a una sociedad orientada hacia las personas. Cuando las máquinas y las computadoras, los motivos de las ganancias y los derechos de propiedad son considerados más importantes que la gente, el trío gigantesco del racismo, el materialismo extremo y el militarismo se vuelve invencible.


“Nuestra única esperanza hoy día reside en nuestra habilidad de recuperar el espíritu revolucionario y salir en un mundo a veces hostil declarando nuestra hostilidad eterna a la pobreza, al racismo y al militarismo.


“Ya no podemos gastar más en adorar al dios del odio o hincarnos ante el altar de la represalia. Los océanos de la historia se hacen turbulentos con las mareas cada vez más altas del odio. La historia está amontonada con las ruinas de naciones e individuos que procedieron por este sendero autoderrotador del odio.


“Tenemos que pasar más allá de la indecisión a la acción. Si no actuamos, seguramente seremos arrastrados por los largos, oscuros y vergonzantes pasillos del tiempo reservados para aquellos que tienen poder sin compasión, poderío sin moralidad, y fortaleza sin visión...


Ahora, empecemos. Ahora redediquémonos a la larga y agria, pero bella lucha por un mundo nuevo.


Organizaciones sociales y personas de conciencia por todo el país dicen que hoy día están respondiendo a esa invitación pendiente durante medio siglo.

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Sábado, 25 Marzo 2017 09:34

Los forjadores de la ciudad

Los forjadores de la ciudad

Son las cinco de la mañana y el sol acaricia las cordilleras en el oriente bogotano; en medio del frío se alza una ciudad dando paso al rugir de motores y el golpeteo de las suelas contra el asfalto, ruido ascendente que nos indica que otro día ha comenzado, otro en el que las decenas, miles de trabajadores, se apoltronan en los paraderos esperando un medio de transporte que los lleve hasta sus lugares de trabajo, allí donde pasan la mayor parte de sus vidas, gastan sus mejores energías y donde proyectan o ven morir sus sueños.

 

Obreros, miles de miles, altos, bajos, flacos, macizos, gordos, negros, blancos, mestizos, mulatos; hombres y mujeres. Sus brazos y manos cargan, aprisionan, empujan, hunden, lanzan, extraen; sus piernas y cintura cargan, trasladan, soportan peso, jalan; sus cerebros diseñan, ilustran, enseñan, ordenan, obedecen; sus sentidos, todos concentrados en su labor diaria, permiten que cada obra avance o se retrase.

 

Precisamente son estos cuerpos, que muchas veces no detallamos cuando los cruzamos en una construcción, fábrica o taller cualquiera, los que han permitido el desarrollo que hoy tenemos en nuestra ciudad (sus edificios, calles, puentes, etc.), facilitando con todo ello la vida de millones de personas. Cuerpos obligados por el capital, más allá de sus motivaciones, al esfuerzo diario, monótono, labor necesaria para la sobrevivencia, en medio de la cual en muchas ocasiones quedan truncados sus sueños; trabajo para ver realizadas algunas motivaciones, pero también espacio donde toman forma muchos de los males que los acompañaran a lo largo de sus vidas.

 

El tiempo pasa. Medio día en la urbe, el sol se posa en la cima y despliega sus incesantes rayos sobre las calles, el ambiente se torna un poco pesado y mal oliente; los obreros se preparan para el tan anhelado descanso, momento de ruptura en su labor, pequeño instante de libertad que muchos aprovechan para realizar sus diligencias, alimentarse e incluso, como tiempo de esparcimiento e integración con sus compañeros de labor.

 

Acercando el lente

 

Tras una barrera, gris con una franja azul, ubicada en la carrera Séptima con la Avenida treinta y cuatro, se encuentra un grupo de obreros de la construcción, quienes con metal y concreto darán vida a una nueva edificación. Se escucha el golpetear de los martillos hidráulicos rompiendo la superficie, y el ruido de camiones y retroexcavadoras limpiando los residuos de la zona. En un momento determinado el ruido cesa y para mi asombro los obreros, uno a uno, comienzan a salir a la calle; hombres en su mayoría que con sus cascos de color y su overol pierden sus particularidades, asumiendo una silueta uniforme. Algunos forman pequeños grupos y hacia uno de ellos, que se desplaza a un parque cercano, me dirijo. En el camino me cuentan que sus horarios son extendidos y que sus horas extras solo corren después de las diez de la noche. ¿Esclavitud? ¿Libertad? ¿Y los derechos?

 

Luego del almuerzo, se me acerca un hombre de tez negra, con rasgos muy marcados, ojos profundos y una voz entre tímida y alegre, esa alegría que reflejó durante toda la charla, y me cuenta que se encuentra estudiando salud ocupacional y que le es difícil dividir su tiempo entre el trabajo y los estudios, y mucho más cuando le toca trabajar horas extras; pero su motivación son sus dos hijos, Laura y Miguel, quienes lamentablemente no viven con él. Mientras conversamos aprovecha para terminar una tarea que debe entregar cuando llegue a su estudio, en el cual gasta otra parte de su dinero, el cual no le alcanza para cubrir todas sus necesidades, necesidad económica que lo obliga a solicitar préstamos a varios compañeros y familiares. El sol nos brinda su calor, y nos anima a seguir conversando, pero el reloj marca su dictadura: lo llama el coordinador de la obra y tiene que marcharse, dejándome el sinsabor de no haber culminado la conversación.

 

Miro de lejos la edificación que tantos obreros hacen posible que tome forma. El sol comienza a caer y la ciudad toma un tono pajizo, adornado por los variados reflejos y los abundantes y heterogéneos rostros de los trabajadores que ahora se dirigen a sus hogares o se disponen a estudiar.

 

Informalidad

 

Yo también debo ir al centro de estudios, y en el camino me es ineludible realizar una parada en un montallantas, donde me atiende Miguel, un joven proveniente de Ciénaga-Magdalena, que me cuenta que vive al fondo de su lugar de trabajo, y que opera en turnos de veinticuatro horas; en medio de una gran sonrisa me menciona que una vez, después de realizarle un largo trabajo a un vehículo, el sujeto le pide un recibo del pago que hará y en el momento en que Miguel ingresa a un cuarto para realizarlo escucha el rechinar de las ruedas, sale a ver qué pasa y comprueba con tristeza que lo dejaron sin pago.

 

Como muchos otros trabajadores, Miguel se ve obligado trabajar en otros talleres los días que se suponen son de descanso, pero aun así sus ingresos no alcanzan para suplir sus necesidades, no cuenta con seguridad social y vive al límite de la estabilidad laboral. Sin duda no es el único sometido a esta contingencia, como él otros miles de miles, millones, ven mancillados sus derechos, obligados a trabajar en precarias condiciones para poder garantizar su diario vivir. ¿Y la unión de los negados?

 

Con la realidad de estos obreros en mi mente, pensando en la importancia de sus labores y lo mal pagos que viven, prosigo hacia mi lugar de estudios. Anochece y el brillo de fugas, de los autos pasando por las autopistas, se funden con las relumbrantes luces de los altos postes. Y pensar que todo esto no sería posible si esas manos, si esos millones de brazos, piernas y cuerpos no estuvieran ahí para realizar lo pequeño y lo grande, lo agradable y lo que no parece serlo, cuerpos que han hecho posible estas ciudades de luces fugaces, de grandes concentraciones humanas, de viviendas apilonadas, trabajando en la mayoría de las ocasiones sometidos a largas jornadas, sin seguridad social ni salarios dignos de su labor y necesidades. Ellos y ellas son los verdaderos forjadores de las urbes que habitamos.

 

Trabajadores/as sometidas/as a la precariedad y el abuso; divididos, atomizados, dispersos. Requieren unir sus brazos y mentes. Entrelazar esfuerzos, pues sus derechos están a la espera de que los conquisten.

Publicado enEdición Nº233
Divisiones del trabajo. ¿Pleno empleo?, ¿readaptación laboral?, ¿economía del conocimiento? Nuevos tipos de trabajo requieren nuevas ideas y nuevas formas de organización

 

La clase obrera, o al menos la parte blanca, se ha revelado como nuestro gran misterio nacional. Tradicionalmente demócratas, han ayudado a elegir a un ampuloso y ostentoso milmillonario a la presidencia. "¿Qué les pasa?" insisten los comentaristas liberales. ¿Por qué se creen las promesas de Trump? ¿Son estúpidos o simplemente deplorablemente racistas? ¿Por qué la clase obrera se ha alineado en contra de sus propios intereses?

Yo nací en esta clase escurridiza y permanezco estrechamente conectada a ella a través de amistades y familia. En la década de 1980, por ejemplo, yo anclé, personalmente, un centro cultural de la clase trabajadora en mi propia casa en Long Island. La atracción no era yo, sino mi marido (entonces) y amigo de siempre Gary Stevenson, un antiguo trabajador de almacén que se había convertido en organizador del sindicato Teamsters. Los suburbios de Long Island pueden considerarse como una comunidad dormitorio para los que se desplazan diariamente a Manhattan, o un portal a los Hamptons, pero por entonces eran también un centro industrial, con más de 20.000 trabajadores empleados en Grumman solamente. Cuando mi hermana se mudó a nuestro sótano, desde Colorado, encontró rápidamente un trabajo en una fábrica a una milla de nuestra casa, al igual que miles de otras personas, algunas de las cuales venían en bus desde el Bronx. Hospedamos principalmente a residentes locales que pasaron por nuestra casa para asambleas por la noche o fiestas de fin de semana: camioneros, trabajadores de fábrica, conserjes y eventualmente enfermeras. Mi trabajo consistía en hacer chili con carne y procurar que hubiera sitio en la nevera para los ziti[1] que invariablemente traerían los demás. Una vez traté de explicar el concepto de "socialismo democrático" a algunos obreros de talleres mecánicos y me permití una breve perorata contra la Unión Soviética. Me miraron con tristeza a través del mostrador de la cocina hasta que uno gruñó: "al menos allí tienen asistencia médica".

En la época en que mi pequeña pandilla se reunía en la casa del rancho, las aspiraciones de la clase obrera eran pisoteadas en todas partes. En 1981, el presidente Reagan rompió el sindicato de controladores aéreos despidiendo a más de 11.000 trabajadores en huelga, una señal clara de lo que estaba por venir. Unos años más tarde, organizamos un picnic para Jim Guyette, el líder de un local militante de empaquetado de productos cárnicos de Minnesota que había emprendido una huelga salvaje contra Hormel (evidentemente en nuestro picnic no se sirvieron productos Hormel). Pero el trabajo había entrado en una era de reducciones y concesiones. El mensaje era: o arrastrarte o quedarse sin trabajo. Incluso los "poderosísimos" sindicatos de viejo cariz obrero, aquellos por los que nuestro pequeño grupo había luchado tanto ya sea para construirlos ya para democratizarlos, estaban amenazados de extinción. En cuestión de un año, el local, no oficial, fue aplastado por su propio sindicato, United Food and Commercial Workers.

Las fábricas de acero se callaron, las minas donde mi padre y mi abuelo habían trabajado cerraron, las fábricas se fueron al sur de la frontera. En este proceso se perdió mucho más que los trabajos; todo un modo de vida en el centro del mito americano estaba llegando a su fin. Los empleos disponibles, en campos como las ventas al por menor y la atención sanitaria, estaban mal pagados, haciendo más difícil para un hombre sin educación universitaria mantener a una familia por su cuenta. Pude ver esto en mi propia familia, en que los nietos de los mineros y de los trabajadores ferroviarios estaban aceptando trabajos como conductores de camiones de reparto o encargados de restaurantes de comida rápida o incluso competían con sus esposas para convertirse en trabajadores minoristas o enfermeros. Tal como observó Susan Faludi en su libro de 1999 Stiffed[2], la desindustrialización de América llevó a una profunda crisis de masculinidad: ¿Qué significaba ser un hombre cuando un hombre ya no podía mantener a una familia?

No era sólo un modo de vida lo que se estaba muriendo sino también muchos de los que lo habían vivido. Una investigación realizada en el año 2015 por Angus Deaton, ganador del Premio Nobel de Economía, junto con su esposa, Anne Case, mostró que la brecha de mortalidad entre los blancos con estudios universitarios y los blancos sin estudios universitarios se había ampliado rápidamente desde 1999. Unos meses más tarde, unos economistas de la Brookings Institution encontraron que para los hombres nacidos en 1920, había una diferencia de seis años en la esperanza de vida entre el 10 por ciento mejor pagado y el 10 por ciento más bajo. Para los hombres nacidos en 1950, esa diferencia había pasado a más del doble, a 14 años. El tabaquismo, que actualmente es un hábito sobre todo de la clase trabajadora, podría representar sólo un tercio del exceso de muertes. El resto era aparentemente atribuible al alcoholismo, las sobredosis de drogas y el suicidio, generalmente por disparos de arma de fuego, lo que a menudo se denomina "enfermedades de la desesperación".

En el nuevo panorama económico de empleos mal pagados en el sector servicios, algunas de las viejas panaceas de la izquierda han dejado de tener sentido. El “pleno empleo”, por ejemplo, fue el mantra de los sindicatos durante décadas, pero ¿qué significa cuando la paga de tantos puestos de trabajo ya no es suficiente para vivir? La idea era que si todos los que querían un empleo podían conseguirlo, los patronos tendrían que aumentar los salarios para atraer nuevos trabajadores. Sin embargo, cuando a finales de los años noventa fui, como periodista encubierta, a comprobar la viabilidad de los puestos de trabajo de nivel de entrada, me encontré con que mis compañeros de trabajo (camareros, cuidadores de ancianos, criadas con un servicio de limpieza, "asociados" de Walmart) vivían en su mayor parte en la pobreza. Como expliqué en el libro resultante, Nickel and Dimed, algunos no tenían un hogar y dormían en sus coches, mientras que otros se saltaban el almuerzo porque no podían permitirse más que una pequeña bolsa de Doritos. Eran trabajadores a tiempo completo y era una época, como la actual, de casi pleno empleo.

Otra solución en boga a la crisis de la clase trabajadora era la readaptación laboral. Si la nuestra es una "economía del conocimiento" -que suena mucho mejor que una "economía de bajos salarios"- los trabajadores desempleados sólo tenían que espabilarse y reciclarse a otras habilidades más útiles. El presidente Obama promovió el reciclaje laboral, al igual que Hillary Clinton como candidata presidencial, junto con muchos republicanos. El problema era que nadie estaba seguro del tipo de formación que se necesitaba; la informática estaba en boga en los años 90, la soldadura también lo estuvo y ha pasado de moda, y las carreras en el sector todavía creciente de la salud se ven como las mejores apuestas actualmente. Tampoco hay una medida clara de la eficacia de los programas de readiestramiento existentes. En 2011, la Government Accountability Office (Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno de los EE.UU.) encontró que el gobierno federal apoyaba 47 proyectos de capacitación laboral en 2009, de los cuales sólo cinco habían sido evaluados en los últimos cinco años. Paul Ryan ha elogiado en repetidas ocasiones un programa en su ciudad natal, Janesville (Wisconsin), pero un estudio de 2012 de ProPublica encontró que las personas despedidas que pasaron por él tenían menos probabilidades de encontrar trabajo que los que no lo hicieron.

No importa lo bueno que sea el programa de reciclaje, la idea de que la gente debe ser infinitamente maleable y pronta a recrearse para acomodarse a cada cambio en el mercado de trabajo seguramente no es realista y desde luego no es respetuosa con las habilidades existentes. A principios de los 90 cené en una Pizza Hut con un minero despedido en Butte, Mont (en realidad, los despedidos son los únicos mineros existentes en Butte). Este cincuentón se rió cuando me dijo que le estaban aconsejando obtener un título de enfermería. No pude evitar reírme también, no por la incongruencia de género, sino por la idea de que un hombre cuyas herramientas habían sido una piqueta y la dinamita debiera ahora cambiar tan radicalmente su relación con el mundo. No es de extrañar que cuando a los trabajadores de cuello azul se les diera la opción entre el reciclaje de empleo, tal como proponía Clinton, y la recuperación no se sabe como, milagrosamente, de sus antiguos empleos, como proponía Trump, se decantaran por este último.

Actualmente, cuando los políticos invocan a la “clase obrera”, es probable que se refieran, anacrónicamente, a una fábrica abandonada. Sería más realístico servirse de un hospital o un restaurante de comida rápida como referencia. La nueva clase obrera consiste en muchas de las ocupaciones tradicionales de cuello azul (conductor de camión, electricista, fontanero) pero en general, es más probable que sus miembros usen más bien fregonas que martillos y bacinillas en vez de paletas. También desde el punto de vista demográfico, la clase obrera ha evolucionado desde los años 80 en que los grupos que se reunían en mi casa eran, de forma aplastante, masculinos y blancos. Negros e hispanos han sido desde hace tiempo una parte importante, aunque no reconocida, de la clase obrera, y ahora es más femenina y contiene muchos más inmigrantes también. Si el estereotipo de la vieja clase obrera era un hombre con casco, el nuevo está mejor representado por una mujer cantando, “¡El pueblo unido jamás será vencido!”

Los antiguos empleos no volverán, pero hay otra forma de abordar la crisis provocada por la desindustrialización: pagar mejor a todos los trabajadores. La gran innovación laboral del siglo XXI han sido las campañas dirigidas a elevar los salarios mínimos locales o estatales. Los activistas han logrado aprobar leyes de salarios suficientes para vivir en más de cien condados y municipios desde 1994 apelando a un simple sentido de justicia: ¿Por qué se debería trabajar a tiempo completo, durante todo el año y no ganar lo suficiente para pagar el alquiler y otras necesidades básicas? Las encuestas demostraron que había grandes mayorías que favorecían el aumento del salario mínimo; estudiantes universitarios, miembros de la iglesia y sindicatos se unieron a las campañas locales. Los sindicatos comenzaron a tener en cuenta a grupos de trabajadores anteriormente desatendidos como conserjes, ayudantes sanitarios en el hogar y jornaleros. Y donde los sindicatos han vacilado, han surgido nuevos tipos de organizaciones: asociaciones a veces respaldadas por los sindicatos y a veces por fundaciones filantrópicas: Our Walmart (Nuestro Walmart), la National Domestic Workers Alliance (Alianza Nacional de Trabajadores Domésticos) y los Restaurant Opportunities Centers United (Centros de Oportunidades de Restaurantes Unidos).

Nuestro viejos tiempos de Long Island se acabaron hace muchos años: la casa vendida, las antiguas amistades desgastadas por la edad y la distancia. Lo encuentro a faltar. Como grupo no teníamos ninguna ideología en particular, pero nuestra visión, que se articulaba a través de nuestras fiestas, en vez de con un manifiesto cualquiera, era utópica, especialmente en el contexto de Long Island, donde si querías alguna ayuda del condado tenías que ser un republicano registrado. Si tuviéramos que resumirlo, podríamos hacerlo con la vieja palabra “solidaridad”: si te unes a mi piquete yo me uno al tuyo y quizás podemos ir todos juntos, con los niños, a protestar a la planta química que está infiltrando toxinas en nuestro suelo, y luego haremos una barbacoa en mi jardín. No nos interesaba la pequeña política. Queríamos un mundo en que se respetara el trabajo de cada uno y se oyera cada voz.

Nunca esperé formar parte nuevamente de algo así hasta que en 2004 descubrí un grupo similar, mucho mejor organizado en Fort Wayne, Indiana. El Northeast Indiana Central Labor Council (Consejo Laboral Central del Nordeste de Indiana), como se llamaba entonces, reunía a inmigrantes mexicanos que trabajaban en la construcción y que habían sido contratados para reemplazar a los miembros de los sindicatos de la construcción nacidos allí, más trabajadores de la fundición despedidos y trabajadores birmanos, profesores adjuntos y conserjes. Su objetivo, según el presidente de la época, Tom Lewandowski, un antiguo obrero de General Electric que actuó en la década de 1990 como enlace de la AFL-CIO con el movimiento insurgente polaco Solidarnosc, era crear una “cultura de solidaridad”. Se inspiraron en la constatación de que no basta con organizar a las personas que tienen trabajo; hay que organizar también a los desempleados, así como a los “empleados con ansiedad”, lo que significa potencialmente toda la comunidad. Su táctica no demasiado secreta eran las fiestas y los picnics, a algunos de los cuales tuve la suerte de asistir.

El panorama de Fort Wayne incluía a gente de todos los colores y colores de cuellos, trabajadores legales e indocumentados, liberales y conservadores políticos, algunos de los cuales apoyaron a Trump en las últimas elecciones. Se demostró que había un nuevo tipo de solidaridad, aún cuando los antiguos sindicatos no estuvieran preparados. En 2016, el debilitado AFL-CIO, que durante más de seis décadas había luchado para mantener unido el movimiento obrero, disolvió de repente el Consejo Laboral Central del Nordeste de Indiana citando oscuros imperativos burocráticos. Pero el consejo de trabajo no se dejó desanimar. Se reinventó rápidamente como el Workers’ Project (Proyecto de los Trabajadores) y atrajo a más de 6.000 personas al picnic local del Día del Trabajo, a pesar de haber perdido su acceso a Internet y al equipo de oficina del AFL-CIO.

La última vez que hablé con Tom Lewandowski, a principios de febrero, el Workers’ Project había logrado organizar a 20 trabajadores contratados de Costco en una unidad colectiva propia y estaban planeando celebrarlo con, por supuesto, una fiesta. El impulso humano de hacer causa común, y pasárselo bien haciéndolo, es difícil de suprimir.

 

[1] Ndt: Especie de macarrones horneados.

[2] Ndt: Timados.

 

 

Publicado enSociedad
Un joven cruza en un patinete durante una manifestación en Río de Janeiro contra la reforma del régimen de jubilaciones propuesta por el presidente Michel Temer.

 

Más de 200.000 personas se manifestaron este miércoles en Sao Paulo contra la reforma de la jubilación del gobierno Temer que pone en jaque la pensión de millones de trabajadores. "La jubilación se queda, Temer se va" fue el grito más escuchado en las 22 ciudades en las que hubo protestas.

 

SAO PAULO 16/03/2017


A primera hora mañana del miércoles la mayor metrópoli del país estaba completamente parada. La huelga de los trabajadores del metro y de autobús, contra la reforma de la jubilación que quiere llevar a cabo el gobierno Temer, se hacía sentir en las calles con filas de coches que apenas podían moverse. En la estación de metro de Jabaquara (São Paulo) los funcionarios salían a explicar a quienes pretendían usar el transporte por qué no iban a trabajar este miércoles: "No queremos perjudicar a la población pero tenemos que defender los derechos de los trabajadores". En vez de pitos, lo que suele pasar cuando se para el transporte público en la ciudad, los trabajadores que tenían que buscarse la vida para llegar sus puestos decidieron aplaudir a los huelguistas.

"Me da igual que la mañana haya sido un infierno, tenemos que parar esta reforma como sea", decía Adilon Oliveira, conductor de Uber, uno de los medios más usados a lo largo del día. Los atascos de la mañana parecían una premonición de lo que sería la manifestación que estaba convocada a las 16 horas en la Avenida Paulista bajo el lema de Contra la reforma del Sistema de Pensiones: reaccione ahora o muera trabajando. Al mediodía un colectivo de mujeres colgaba una pancarta en el Instituto Nacional de la Seguridad Social de São Paulo: "La jubilación se queda y Temer se va", decía el eslogan que horas más tarde se convertiría en uno de los vítores más repetidos.

Las manifestaciones se repartieron en 22 ciudades brasileñas, pero São Paulo fue la que logró sacar más gente a la calle. La avenida Paulista estaba completamente colapsada de banderas de sindicatos, asociaciones de estudiantes y mucho color rojo con la firma del Partido de los Trabajadores (PT) y de la Central Única de Trabajadores (CUT), el brazo sindical de la sigla.

El ex presidente Lula fue una de las estrellas de la manifestación. A las siete de la tarde se subió a uno de los palcos de la avenida Paulista e instó a los brasileños a seguir "luchando" contra "el gobierno ilegítimo que quiere acabar con los derechos de los trabajadores".

 

49 años de trabajo para la pensión completa


Desde que Michel Temer se hizo con la presidencia del país, tras el polémico impeachment contra Dilma Rousseff, no ha habido una reforma que haya incomodado más a los brasileños que el Proyecto de Enmienda Constitucional PEC 287/16 que pretende modificar el sistema de pensiones. La reforma plantea cambiar la edad mínima obligatoria para jubilarse, aumenta el tiempo mínimo de contribución para recibir la pensión completa, y cambia la forma de calcular el valor del beneficio.

En Brasil no hay una edad mínima obligatoria para quien se quiere jubilar, el trabajador puede escoger entre jubilarse por edad o por tiempo cotizado. En la actualidad la jubilación por edad es de 65 años para los hombres, y 60 para las mujeres, con un mínimo de cotización de 15 años trabajados en el sector privado, o 10 años para los que han estado en el servicio público. Pero para recibir la jubilación íntegra necesitan un mínimo de 30 años cotizados, cada año a menos de esos 30, se les descuenta un 1% del valor de la contribución.

Con la reforma que propone el gobierno Temer se igualaría la edad mínima de jubilación para hombres y mujeres y quedaría en los 65 años. Pero sólo podrían acceder a su pensión con un mínimo de 25 años cotizados (10 más que ahora). Para obtener la jubilación completa tendrían que tener cotizados 49 años (19 más que ahora) y por cada año menos de esos 49 también se descontaría un 1% del valor cotizado. En la práctica se podría decir que bajo el sistema actual si un hombre de 65 años se jubilara con 25 años trabajados, su pensión tendría un recorte del 5%. Pero con la nueva ley, este mismo hombre de 65 años, sufriría un recorte del 24%.

La idea de tener que trabajar 49 años para recibir la pensión íntegra es uno de los puntos del proyecto que ha provocado más revuelo. El otro tiene que ver con el Beneficio de Prestación Continuada (BPC), un salario mínimo que se le paga a deficientes y mayores de 65 años que nunca han contribuido a la seguridad social. Con la nueva norma la edad mínima subirá a los 70 años y el valor recibido dejará de reajustarse al mismo ritmo que el salario mínimo.

 
Las mujeres, doblemente víctimas


Un grupo de estudios del Instituto de Pesquisa Económica Aplicada (Ipea) señala que uno de los mayores "errores" de la reforma propuesta por Temer es que no tiene en cuenta la intermitencia, la informalidad y las desigualdades sobre las que se estructura el mercado de trabajo brasileño.

Desde el Ipea alertan que las mujeres serán doblemente perjudicadas porque ya de antemano tienen menos opciones en el mercado laboral que los hombres. Los resultados de sus investigaciones vaticinan que con la nueva reforma, en un futuro el 47,3% de las brasileñas no conseguirá alcanzar los 25 años mínimos de contribución para optar a la pensión. En el caso de los hombres, al menos un 30% no llegaría al cuarto de siglo cotizado.

"Actualmente muchas mujeres sufren para conseguir cotizar 15 años de trabajo, las empleadas domésticas son el mejor ejemplo de eso. Aumentar el mínimo a 25 años de contribución es un disparate, habrá muchas más mujeres que no puedan acceder a una pensión", señalaba la economista Joana Mostafa, en la revista Carta Capital.

En este sentido, Guilherme Boulos, presidente de los MTST (Movimiento de Trabajadores Sin Techo), señalaba: "No es una reforma del sistema de pensiones, sino que es la extinción del sistema de pensiones. Va a dejar a millones de trabajadores sin poder jubilarse". Desde el Movimientos Sin Tierra (MST) aseguraban que los más perjudicados serían los trabajadores rurales, uno de los sectores que más se mueve en la informalidad: "A lo que más afecta esta reforma es a quienes ponen la comida en la mesa del pueblo brasileño", decía uno de los representantes del movimiento.

 
En manos del Congreso


El presidente Michel Temer ha asegurado que "no dará su brazo a torcer". El mandatario asegura que la reforma "es absolutamente necesaria" debido al déficit de 46.000 millones de euros de las arcas de la seguridad social. También alega la preocupación por la disminución de la población activa frente al envejecimiento de la sociedad.

Desde los movimientos sociales responden que Temer se preocupa por ese déficit, pero ignora los 129.000 millones de euros que las grandes empresas deben a la Seguridad Social: "El Gobierno habla mucho del déficit del sistema de pensiones, pero no tiene en cuenta las contribuciones que no han pagado las empresas, y es un dato fundamental sobre el que pensar antes que meterse con los derechos de los trabajadores", señala Achilles Frias, presidente del Sindicato de los Procuradores de la Hacienda Nacional (Sinprofaz).

Los sindicatos han prometido nuevas manifestaciones para intentar evitar que el Congreso saque adelante la reforma. "Después de la manifestación de hoy queda claro que Temer no lo va a tener tan fácil para aprobar esta ley", dice la profesora de Sociología de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp), Esther Solano, que reconoce que la protesta del miércoles ha sido una de las "más grandes" contra el Gobierno Temer: "Esta reforma es una pauta que ha vuelto a unir a la izquierda y también aglutina a otros sectores más conservadores. Al fin y al cabo es algo que va a afectar a todos los trabajadores".

La presión en las calles será fundamental para conseguir que la Cámara y el Senado no den continuidad al proyecto que todavía está pendiente de votación en ambas cámaras: "Es una incógnita lo que se decidirá en el Legislativo porque ahora los diputados y senadores están más preocupados con no aparecer en la lista Janot —que envuelve los casos de corrupción de la Operación Lava Jato— que con la reforma del sistema de pensiones", advierte Solano.

 

 

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Bernie Sanders en un mitin en Santa Monica, California, en junio de 2016.

 

 

*Frente al autoritarismo de Trump, el senador Bernie Sanders propugna en esta entrevista que los demócratas vuelvan a sus raíces más progresistas y abandonen a una élite progresista aislada de los votantes

*"La economía mundial ha sido muy buena para las grandes multinacionales. Eso fue algo positivo para la gente con estudios, pero hay millones de personas que han sido olvidadas”.

*"El Partido Demócrata se ha distanciado enormemente de las necesidades de las familias de clase trabajadora de este país”

 

 

Cuando Donald Trump pronunció hace diez días su discurso ante el Congreso ateniéndose por primera vez con esmero al teleprompter, los medios de comunicación lo alabaron por el tono estadista y presidencial. Una persona sentada en primera fila y a solo unos metros de Trump no pensaba lo mismo.

Con cada frase, Bernie Sanders, de 75 años, se horrorizaba un poco más. Hasta que Trump empezó a hablar sobre el medio ambiente y el senador independiente por Vermont casi estalló en una carcajada. Ese mismo día el presidente había firmado un decreto que echaba por tierra los controles federales para prevenir la contaminación de ríos y canales. Y ahora prometía a los legisladores de EEUU promover “un agua y una atmósfera libres de contaminación”.

“¡Fue de una hipocresía inaudita!”, dice Sanders, todavía sin poder contenerse. “¡Habla de proteger el agua y la atmósfera el mismo día en que firma una orden que aumentará la contaminación del agua y de la atmósfera!”.

La oficina de Sanders en el Congreso luce intacta, como si hubiera pasado sin dejar rastro el estratosférico ascenso que en 2016 lo llevó desde un relativo anonimato hasta convertirlo en un serio aspirante a la Casa Blanca. En las paredes hay colgadas pintorescas fotografías de su Estado. “Primavera en Vermont”, dice una con vacas en un monte. Además hay una estantería llena de libros con títulos del estilo Sanders, como “Never Give In” (Nunca rendirse) o “The Induced Ignorance of Power” (La ignorancia inducida del poder).

Vestido con ropa informal, Sanders entra rápidamente en su oficina. Tiene el pelo blanco despeinado y la apariencia de alguien que ha sido interrumpido mientras estudiaba muy concentrado. En cuanto empezamos a hablar, se vuelve fascinante. Queda claro en un instante por qué tanta gente sintió la llama (“feel the Bern”, un juego de palabras con el nombre del senador y la frase “feel the burn” o sentir la llama): Sanders puede sentir la intensidad de esa llama en su interior.

“Estos son tiempos muy alarmantes para la gente de EEUU y para el mundo entero. Tenemos un presidente que miente patológicamente. Trump miente todo el tiempo”. Sanders cree que las mentiras de Trump no son casuales: “Miente con el objetivo de socavar los cimientos de la democracia estadounidense”. Tomemos como ejemplo sus “feroces ataques contra los medios, cuando dice que casi todo lo que publican los principales medios de comunicación es mentira”. O cómo denigró a uno de los altos cargos judiciales nombrados por George W. Bush, llamándolo “supuesto juez”, y sus falsas afirmaciones de que cerca de cinco millones de personas votaron de manera ilegal en las elecciones.

Según Sanders, este tipo de declaraciones, que él llama “delirantes”, apuntan a que lleguemos a una sola conclusión: “Que la única persona en EEUU que representa a los estadounidenses y que dice la verdad, la única persona que hace las cosas bien es el presidente de EEUU. Eso es algo sin precedentes en la historia de este país”.

Cuando le pregunto cuál podría ser la estrategia final de Trump, Sanders se adentra en el terreno de la distopía. “Lo que él quiere es terminar siendo líder de una nación que ha dado pasos agigantados hacia el autoritarismo; una nación en la que el presidente de EEUU tiene poderes extraordinarios, muchos más de los que otorga la Constitución”.

 

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Bernie Sanders en un mitin en Iowa en las primarias demócratas en febrero de 2016. DAVID AKE / AP

 

A estas alturas de la entrevista, Sanders ya ha cogido su ritmo y dirige la conversación haciendo grandes ademanes con los brazos, golpeando las palabras con ese gruñido característico de Brooklyn mezclado con Vermont. Es imposible no sentirse cautivado por un hombre que parece tan auténtico.

Sanders ocupa un lugar prominente en el actual mapa político. En 2016 ganó 23 elecciones primarias y caucus (Hillary Clinton ganó 34) y recibió 13 millones de votos. Teniendo en cuenta las probabilidades en su contra– el poder de Clinton entre el establishment, el sesgo de los “superdelegados” que al darle el 15% de los votos al establishment del Partido Demócrata volcaron las primarias hacia ella, y los cínicos esfuerzos de la maquinaria del partido, a través de la Convención Nacional Demócrata, para debilitar su campaña y poner en duda sus habilidades como líder y sus creencias religiosas (como se supo por supuestamente filtrados por hackers rusos y difundidos por WikiLeaks)– lo conseguido no fue un pequeño logro.

Si Sanders hubiera ganado la candidatura, ¿habría derrotado a Trump? No he terminado la pregunta y ya puedo sentir el rechazo que provoca. El desagrado que expresa el lenguaje corporal de Sanders es tan aplastante que parece haber sido insultado: se le arruga la cara, se encoge de hombros y tiene el aspecto de alguien que está siendo pinchado con agujas. “No creo que esa especulación merezca la pena”, dice. “La respuesta es: ¿quién sabe? Tal vez sí, tal vez no”.

Cambiamos de tema rápidamente. Le pregunto si en la noche electoral anticipaba el resultado o si se quedó estupefacto como tantos otros cuando Trump empezó a ganar con holgura en estados del cinturón industrial como Michigan y Wisconsin (donde, por cierto, Sanders había derrotado a Clinton en las primarias y en los caucus). “No lo esperaba, pero no me sorprendió. Cuando me fui a dormir la noche anterior, pensé que Clinton podía ganar con un margen de dos o tres a uno en su favor, pero no pensaba ‘es imposible que gane Trump’. Nunca pensé eso”.

 

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Sanders y Clinton en un debate de las primarias demócratas. EFE

 

La optimista respuesta de Sanders está arraigada en su análisis crítico del capitalismo moderno que ha dejado a EEUU, junto con Reino Unido y otras importantes democracias, a merced del ataque de la derecha. Es así como relaciona a Trump con el Brexit y, a su vez, con el miedo que vive el continente europeo en vísperas de las elecciones de Francia y Alemania. Según Sanders, todo ese miedo es una manifestación muy común de los estragos de la globalización.

“Una de las razones que explican el Brexit, la victoria de Trump y el resurgimiento de los candidatos ultranacionalistas de derecha en toda Europa es el hecho de que la economía mundial ha sido muy buena para las grandes multinacionales. En más de un aspecto, eso fue algo positivo para la gente con estudios. Pero hay millones de personas en este país y en todo el mundo que han sido olvidadas”.

Le hablo a Sanders de la epifanía que experimenté en septiembre cuando vi a Trump decir frente a un grupo de multimillonarios en un salón del hotel Waldorf Astoria de Manhattan que él lograría que todos los obreros siderúrgicos recuperen sus empleos. ¿Obreros siderúrgicos? ¿Cómo diantres es posible que el Partido Demócrata, el partido de los trabajadores, haya cedido tanto terreno político para que un multimillonario (un “falso multimillonario”, me corrige Sanders con firmeza) se pueda poner de pie frente a otros multimillonarios en el hotel Waldorf y simular que es el gran defensor de los obreros siderúrgicos?

“Esa es una excelente pregunta”, dice el senador. La incomodidad se esfuma. “A lo largo de los últimos 30 o 40 años, el Partido Demócrata ha pasado de ser un partido de la clase trabajadora (trabajadores blancos, negros e inmigrantes) a ser un partido marcadamente controlado por una élite progresista que se ha distanciado enormemente de las necesidades de las familias de clase trabajadora de este país”.

Sanders continúa lamentándose sobre lo que él ve como una dicotomía innecesaria entre la identidad política elegida por esas élites progresistas y las raíces obreras tradicionales del movimiento, como la que representan los obreros siderúrgicos. Está tan indignado con esa falsa división que es lo que define la definición sobre sus ideas: “Solo por esa razón me considero un progresista y no un liberal” (en este caso, "liberal" en el sentido utilizado en EEUU, sinónimo de progresista del Partido Demócrata)

Le pido que desarrolle la idea. Me explica que la tendencia de la izquierda progresista a concentrarse en intereses transversales, los de género, los de raza o los de estatus (por los inmigrantes), ha hecho que deje de ver las necesidades de una clase media cada vez más pequeña y con grandes niveles de desigualdad en los ingresos. No tenía que haber sido así, dice. “La verdad es que podemos y debemos hacer ambas cosas. No es una o la otra: son las dos”.

Le pregunto si ve un patrón similar en la trayectoria del Partido Laborista británico y la cara se le empieza a arrugar de nuevo. Aparentemente, la política del Reino Unido también está en la lista de temas de discusión indeseables. “No quiero decir que sé más de lo que sé”, dice Sanders. Pero enseguida añade: “Pero obviamente estoy algo informado”.

Hay un lazo que une a Sanders con el Reino Unido y es su hermano mayor, Larry: vive en Oxford y en octubre se presentó (sin éxito) como el candidato del Partido Verde para el escaño de Witney, vacante tras la salida del ex primer ministro David Cameron. Sanders dice que su hermano es una gran influencia en su vida, aunque últimamente no hayan estado muy en contacto. “Hablamos de vez en cuando”.

Los asuntos familiares representan otro de los temas que le incomodan. Sanders también es reacio a hablar sobre Jeremy Corbyn. “No estoy al día con el tema”, dice para esquivar una pregunta acerca del duro momento que está pasando el líder del Partido Laborista.

Pero con gusto hace una broma implícita sobre Tony Blair y el Nuevo Laborismo, en la que sugiere que cayó en el mismo pozo en el que se encuentra el actual Partido Demócrata de EEUU. “Corbyn estableció que hay una enorme brecha entre los líderes del laborismo y las bases del partido. Lo dejó bien claro. Los dirigentes del partido tienen que darse cuenta en qué lugar están la clase trabajadora y los jóvenes del Reino Unido”.

La charla empieza a tomar un giro un poco deprimente. Gran parte de la izquierda moderna se ha separado de la clase trabajadora; el vacío reinante ha dado lugar a su vez a escenas como la del Waldorf, donde los obreros siderúrgicos piden por su salvación a los (falsos) multimillonarios. En la refriega resultante ascienden Trump, el Brexit y la extrema derecha, lanzando al abismo a las democracias más importantes del mundo.

Afortunadamente, no es el fin del relato. Sanders es una persona con demasiada determinación y compromiso con su propia forma de ver la vida como para dejarnos perdidos en una niebla distópica. Y con razón: Sanders sigue siendo una fuerza importante a la que tener en cuenta. Nadie debería cometer el error de pensar que está acabado, aunque estos días no forme parte del debate público como solía hacerlo cuando estaba en el pico máximo de su batalla con Clinton.

Técnicamente todavía es independiente, pero Sanders está haciendo presión para reformar las normas internas del Partido Demócrata: dar más poder a los votantes y quitárselo a los dirigentes para, según dice, reducir la brecha entre la élite progresista y la clase trabajadora. El senador también sigue usando la fuerza de su activismo de base para empujar al partido hacia una postura económica más radical, basada en regular Wall Street y en hacer que los más ricos paguen impuestos. Dice haber tenido algo de éxito: “El programa del Partido Demócrata no llega tan lejos como me gustaría pero trabajé en él con Clinton y es, de lejos, el más progresista en la historia de la política estadounidense”.

 

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Trump saluda a al juez Neil Gorsuch, su candidato para el Tribunal Supremo. EFE

 

En el Senado, Sanders también participa activamente en el proceso de confirmación del Gobierno de Trump. En particular, promete poner en aprietos a Neil Gorsuch, el candidato del presidente para el Tribunal Supremo de EEUU, por su postura sobre el aborto y sobre el fallo de financiación de campañas electorales conocido como “Citizen United”, que desató una gran corriente de dinero de las empresas privadas en el proceso electoral.

Gorsuch nunca ha emitido un fallo sobre el aborto pero sí ha dicho que “quitar la vida a un ser humano de manera intencional siempre está mal”. Sobre la financiación de las campañas electorales, el juez dio a entender que abriría el proceso político para permitir la llegada de aún más capital privado.

Le pregunto a Sanders por qué no piensa ir más lejos en lo relativo a Gorsuch. ¿Por qué no seguir el ejemplo de los republicanos y decir simplemente que no? Después de todo, ellos ni siquiera consideraron al candidato de Obama para el Tribunal Supremo, Merrick Garland. Así fue como robaron, de hecho, un puesto que correspondía a los demócratas. “Hay que buscar las razones para decir que no. Uno no dice: ‘Voy a votar que no incluso antes de saber quién es el candidato’”, responde Sanders.

–Pero eso es lo que hicieron los republicanos...

–Creo que es más efectivo dar un motivo racional.

Pero el verdadero trabajo de Sanders y de la resistencia empieza cuando se apagan las luces de su oficina en el Senado, cuando deja atrás las peleas de Washington y lleva su estilo de populismo progresista al corazón de EEUU. Lo que hace pasa mayormente inadvertido. No lo hace a escondidas pero sí discretamente, sin hacer mucho ruido. Pero lo está haciendo y el objetivo es evidente: reconstruir el movimiento progresista desde abajo.

Tiene reminiscencias del Tea Party, el perturbador grupo de base de la derecha que en sólo dos años desestabilizó la presidencia de Obama y sentó las bases para todo lo que estamos viendo hoy. ¿De eso se trata? ¿Eso es lo que hace Sanders mientras viaja por todo el país, asiste a mítines, habla a las legiones de sus todavía fervientes y jóvenes seguidores y los alienta a resistir? ¿Está sentando las bases de un Tea Party progresista, como han pedido tantas personas influyentes y como pide la guía de resistencia Indivisible escrita por tres exasesores del Congreso?

Como era de esperar, Sanders no está de acuerdo con esa idea. Pero mucho de lo que está haciendo, amplificado por la red que surgió de su campaña presidencial, Our Revolution (Nuestra Revolución), sigue pasos similares: empieza a nivel local y luego lleva el debate a una postura más radical. Ganar una elección primaria por vez.

“Mi trabajo es aumentar considerablemente la cantidad de gente que participa en el proceso político. Hemos tenido bastante éxito en ese sentido, logramos que cada vez más personas se presenten como candidatos. Me estoy centrando en eso”.

Este es el momento en el que un rayo de luz atraviesa la oscuridad: Sanders está convencido de que la resistencia ya está funcionando. En un vídeo de 14 minutos publicado en Facebook Live inmediatamente después del discurso de Trump ante el Congreso, Sanders llegó incluso a decir que los republicanos estaban a la defensiva.

¿A la defensiva? ¿En serio? Parece una afirmación audaz, dada la oleada diaria de decretos presidenciales y la hoguera de regulaciones que procede de la Casa Blanca. Sanders lo demuestra con Trump y el tan promocionado plan de los republicanos para desechar el Obamacare (la Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible): “Bueno, sucedió algo gracioso. Millones de personas se involucraron activamente y dijeron: ‘Disculpe, si quiere mejorar la Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible, hagámoslo, pero no va a derogarla sin más y mandar a 20 millones de personas a la calle sin ninguna cobertura médica. Ahora los republicanos han quedado en una situación difícil, están avergonzados, y eso me dice que, en ese aspecto, están a la defensiva”.

Sanders pone otro ejemplo aún más evidente. Durante las últimas semanas, los líderes republicanos que organizan reuniones en sus circunscripciones por todo el país han sido abordados por manifestantes enfurecidos, con pancartas en oposición a la derogación del Obamacare. En algunos casos ha tenido que intervenir la policía. Tras los airados encuentros, los líderes conservadores exigieron más seguridad para esas reuniones.

Para Sanders, el significado es claro: “Cuando los republicanos literalmente tienen miedo de asistir a reuniones públicas, algunos argumentan: ‘¡Ay, Dios mío, tenemos miedo por cuestiones de seguridad!’, siento que es porque saben que los estadounidenses están preparados para luchar”.

Esa es la característica clásica de Bernie Sanders: levantarse y luchar. Y eso nos lleva de nuevo al dilema original: cómo responder a la amenaza autoritaria de Trump. ¿Qué consejo daría Sanders a los jóvenes veinteañeros que tienen miedo y sienten que su país está contra ellos? ¿Qué deberían hacer?

“Esto es lo que deberían hacer”, dice Sanders, encendiendo su llama interior. “Reflexionar profundamente acerca de la historia de este país, entender sin ninguna duda que estos son tiempos muy difíciles y aterradores. Pero también entender que en tiempos de crisis lo que ha pasado una y otra vez es que la gente se ha levantado y ha luchado. Perder la esperanza no es una opción”.

 

 

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Tratamiento de dictadura militar a un conflicto laboral obstaculiza la construcción de la paz

Según lo reseñó esta semana la Agencia de Información de la ENS, Ecopetrol y el Estado colombiano vienen dando un duro tratamiento al conflicto laboral originado en la grotesca política de precarización laboral en esta empresa estatal, consistente en la reducción del 50% del salario de los trabajadores tercerizados de apoyo logístico, como vigilantes, aseadores, personal de cafeterías, entre otros, a quienes además se les ha despojado del derecho a los servicios de transporte y alimentación, y les han eliminado garantías de estabilidad laboral.

Lo triste de esta historia es que quienes vienen siendo maltratados por esta política laboral de Ecopetrol, y por la fuerza pública, son los trabajadores de más bajo rango en la estructura de la empresa, es decir, los que menos ganan. Y es más deprimente aún que el escenario de la desigual confrontación sea Reficar, la refinaría de Cartagena, proyecto de Ecopetrol que ha ganado resonancia nacional por los sobrecostos en su ejecución, que según la Contraloría supera los 2.000 millones de dólares (unos 7 billones de pesos). Aunque en una versión anterior los cálculos superaban los 4.000 millones de dólares.

El ingreso promedio de estos trabajadores, que era de unos dos salarios mínimos, se redujo a un salario mínimo, esto en un contexto macro-económico de contracción en los salarios, rezagados frente a la espiral inflacionaria, y de una reforma tributaria profundamente regresiva.

En Reficar hay unos 400 trabajadores afectados por esa política “neonzi” de Ecopetrol, con la que ésta se ahorraría este año unos $3.600 millones. Mientras que los $7 o $14 billones que saquearon de la empresa aún no se recuperan, y ni uno solo de los responsables del saqueo se encuentra tras las rejas. Un saqueo en el que están comprometidos altos funcionarios de Ecopetrol y de los gobiernos de Uribe y Santos, que actuaron en contubernio con empresas del sector privado como Andamios Anderson de Colombia, Aseo Urbano de la Costa, transportes Calderón S.A, y la firma estadounidense CB&I, encargada de la construcción de la obra.

Dos salarios mínimos en Colombia equivalen aproximadamente al costo de la canasta mínima vital para una familia de ingresos bajos, por lo que la contracción salarial del personal de logística en Reficar significa que de ahora en adelante solo podrán acceder a la mitad de la misma, con todo lo que esto significa para una familia pobre.

La encuesta de la firma Invamer Gallup, dada a conocer el 2 de marzo, deja entrever que para los colombianos los dos problemas que más preocupan son precisamente la corrupción y la pérdida del poder adquisitivo de los salarios.

Difícilmente se podrá construir una paz estable y duradera si la implementación de los acuerdos del fin del conflicto armado suscrito con las FARC, y el que se suscriba con el ELN, no se fundamenta en una política pública de trabajo decente que restablezca la importancia social que el trabajo tuvo en el pasado.

Trabajo Decente es una vieja idea que ha acompañado al sindicalismo desde el origen de los tiempos, y que OIT se plantea como el nuevo reto, inicialmente para los Estados miembros. Según OIT, el Trabajo Decente “resume las aspiraciones de las personas en su vida laboral, aspiraciones en relación a oportunidades e ingresos; derechos, voz y reconocimiento; estabilidad familiar y desarrollo personal; justicia e igualdad de género. Las diversas dimensiones del trabajo decente son pilares de la paz en las comunidades y en la sociedad”

De acuerdo con esta definición, podemos concluir que la paz se construye con empleo y una política salarial (ingresos) que cierre la brecha inicialmente entre salario mínimo legal y salario mínimo vital, y de manera progresiva se siga mejorando el poder adquisitivo para garantizar el desarrollo de las familias y las personas como tránsito hacia una Paz con Justicia Social.

Lo que se ve entonces es que el Gobierno Santos y Ecopetrol van en contravía de los compromisos internacionales adquiridos en OIT, que a través de sus normas ha construido un estándar mínimo de condiciones laborales para la construcción de una sociedad más justa e inclusiva.

No es con leyes arbitrarias y con violencia estatal contra las expresiones democráticas de movilización y protesta de los trabajadores como se construye la paz. Esta se construye creando nuevas oportunidades laborales, con ingresos que tengan poder adquisitivo que garanticen el mínimo vital; con un sistema de seguridad social con enfoque de derechos y no de negocio, como la Ley 100 de 1993; con garantías para el ejercicio de las libertades sindicales y dialogo social, no con garrote ni culatazos, ni penalización de la protesta.

¿Son los convenios de OIT y el reto estratégico de Trabajo Decente los referentes de la política laboral del presidente Santos y Ecopetrol? ¿O lo serán acaso los campos de concentración de la Alemania Nazi?

Toda nuestra solidaridad y respaldo a la Unión Sindical Obrera en esta nueva batalla que adelantan en defensa de los 7.000 trabajadores más precarizados por parte de la estatal petrolera Ecopetrol.

Fecha: Marzo 6 de 2017

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Miércoles, 15 Febrero 2017 06:10

¿Y las deportaciones que realiza México?

¿Y las deportaciones que realiza México?

Las recientes redadas de indocumentados en Estados Unidos han despertado el interés de medios de comunicación, pero no porque les importen los derechos humanos de los indocumentados ni la denuncia del abuso, lo hacen porque es pan caliente y noticia fresca que se puede aprovechar para un sinfín de objetivos. Pero este aprovechamiento no viene solamente de medios de comunicación, también se apuntan urgentes: artistas, cineastas, poetas, comunicadores sociales, líderes comunitarios y abogados especializados en inmigración, ¿finalidad?, sacar la mejor tajada del pellejo reventado del indocumentado.

Porque si los indocumentados latinoamericanos importaran en realidad, se pondría mayor interés en las deportaciones que realiza México, en su mayoría centroamericanos pero también caribeños y africanos. ¿Porqué el silencio ante esto? ¿Por qué el silencio ante la política migratoria de República Dominicana con inmigrantes haitianos?

Salgámonos momentáneamente de Estados Unidos y veamos al sur de la frontera del río Bravo, ¿con qué nos encontramos? Desapariciones forzadas, violaciones sexuales, torturas, tráfico de personas con finalidad de explotación sexual, laboral y tráfico de órganos; un genocidio de migrantes. ¿Cómo trata Centroamérica a los migrantes indocumentados de otros países, acaso no realizan también deportaciones?

Las redadas en Estados Unidos son pan de todos los días, ¿quiénes las denuncian, qué medio internacional está atento y le da seguimiento? Lo que está pasando con el gobierno de Trump no es nada nuevo, Obama deportó cerca de 3 millones de indocumentados. Cuando Obama recién se convirtió en presidente se hicieron redadas en estaciones de tren, de autobús, en restaurantes, discotecas, fábricas, de la misma forma como lo está haciendo hoy la administración de Trump.

Y así sucedió durante toda su presidencia lo que pasó es que los medios de comunicación no lo publicaron. Al igual que pasados unos meses dejarán de publicar las deportaciones masivas que eventualmente realizará el gobierno de Trump, ¿por qué? Porque llega un momento en que al paria ya no se le pude sacar provecho, entonces se deshecha.

Con el gobierno de Obama en acuerdo con los gobiernos de Felipe Calderón y Peña Nieto se incrementaron los abusos hacia los migrantes en tránsito, abusos que realizan las autoridades gubernamentales y policiacas, mafias que están dentro de las autoridades migratorias del país. Lo de México es un genocidio incomparable con las deportaciones de Estados Unidos. ¿En dónde está la denuncia mundial? No hay mayor ingratitud que la realiza República Dominica con sus hermanos haitianos. ¿Con qué moral le cuestionan a Estados Unidos su preceder con los indocumentados? Por supuesto que es denunciable, es injusta la deportación pero así como ponen a Estados Unidos en el ojo del huracán hay que denunciar lo que realizan países latinoamericanos con sus propios hermanos.

El trato que da Argentina a sus hermanos uruguayos y bolivianos. La discriminación que están sufriendo haitianos y colombianos que están migrando hacia Chile y todo por su etnia y su color de piel.

Llegar a Estados Unidos de forma indocumentada es un triunfo ante la adversidad, y no porque exista un sueño americano, sino por lo que representa ser migrante en tránsito en países que tratan a sus hermanos como escoria; porque la verdadera tragedia se vive cuando se migra entre las venas de una Latinoamérica transgredida por la corrupción, el descaro y el oprobio.

Por un segundo saquemos a Estados Unidos de nuestro radar y veamos el mapa completo, la peor tragedia para un indocumentado en Estados Unidos no es la deportación, no es que lo saquen de este país, porque al final aquí también es paria; es tener que regresar a una tierra que lo golpeó, lo humilló y lo obligó a migrar por un camino de le dejará heridas abiertas para el resto de su vida.

Preguntémonos entonces con la misma cólera (o doble moral) con la que cuestionamos a Estados Unidos por las deportaciones, ¿qué están haciendo los países de origen para que sus ciudadanos no emigren de forma forzada? ¿Qué están haciendo para recibir con oportunidades de desarrollo a los que van deportados?

De sobra sabemos las respuestas. Cada vez que vayamos a cuestionar el proceder de otros primero veamos el nuestro. Como latinoamericana siento una decepción y una tristeza enorme por lo inhumano de los países nuestros que humillan hasta dejar en carne viva a nuestros hermanos.

Al final no somos mejores que Estados Unidos.

Audio : https://cronicasdeunainquilina.files.wordpress.com/2017/02/c2bfy-
las-deportaciones-que-realiza-mc3a9xico1.m4a

Blog de la autora :https://cronicasdeunainquilina.com/2017/02/14/y-las-
deportaciones-que-realiza-mexico/

Ilka Oliva Corado @ilkaolivacorado Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

14 de febrero de 2017, Estados Unidos.

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