Domingo, 13 Septiembre 2015 05:40

Estallidos, cambio social, revoluciones

Estallidos, cambio social, revoluciones

Dentro de pocos días (el 20 de septiembre) se realizarán en Grecia elecciones anticipadas. Syriza se presenta debilitado por la salida de la izquierda, que formó Unidad Popular a fines de agosto, y desprestigiado por haber abandonado sus posiciones anteriores y adoptado totalmente las condiciones leoninas impuestas por la Unión Europea y defendidas por la derecha griega tradicional. Dada la decepción y desmoralización de la mayoría de sus votantes, se puede prever un aumento de la abstención, un crecimiento de los nazis de Aurora Dorada y una cantidad de votos exigua para Unidad Popular, que no ha tenido tiempo para organizarse y difundir sus propuestas alternativas a las de Tsipras-Syriza y la derecha, y arrastra también los efectos de no haber roto antes con Tsipras. Su participación en el nuevo Parlamento que será elegido, pienso que será por eso bastante reducida, aunque espero fervientemente ser desmentido por las urnas.
La incógnita real es si Tsipras, apoyado por la Unión Europea, es elegido primer ministro con los votos de la derecha tradicional y con el programa de ésta y de los bancos alemanes, o si ni siquiera logra este objetivo, porque los votantes podrían preferir a la derecha tradicional para llevar a cabo una política de sumisión a la troika y opuesta frontalmente a los trabajadores y no a un advenedizo que prometía oponerse a la troika y terminó sometiéndose a ella sin resistencia ni condiciones. Pero eso afectará fundamentalmente el futuro personal de Alexis Tsipras, no el de los trabajadores griegos, que seguirán resistiéndose a la transformación de Grecia en una colonia del gran capital y luchando por preservar sus existencias mismas.


Lo importante es comprender la moraleja del caso Syriza: quien cree, incluso sinceramente, poder reformar al capitalismo desde adentro del sistema y de las instituciones estatales que lo defienden y refuerzan, termina desnaturalizando y destruyendo su propio partido y construyéndose una fama de tránsfuga, renegado, traidor, agente de los capitalistas. Eso sucedió con los socialdemócratas y los socialistas franceses, cuyo ejemplo es François Hollande, que manda tropas a África y bombardea Siria actuando como perro faldero de Washington sin siquiera la formalidad de pedir el visto bueno al Consejo de Seguridad de la ONU. También sucedió en el caso del modelo de Tsipras-Syriza, el Partido Comunista Italiano de Togliatti, que entró en la mayoría gubernamental creyendo orientarla hacia el centro y terminó disolviéndose, y hoy, transformado en Partido Demócrata, gobierna Italia en nombre de la derecha constitucional y al servicio del gran capital financiero internacional. Ni hablemos de los gobiernos capitalistas progresistas que creen ser realistas cuando persiguen la utopía de construir un capitalismo social, bueno –una fiera vegetariana–, aceptando todas las reglas y leyes del sistema de explotación y tratando de impedir toda movilización independiente de los trabajadores aunque éstos los hayan apoyado. Lo que está pasando en Brasil, con la corrupción de los dirigentes del Partido de los Trabajadores que abre el flanco a la posibilidad de un golpe de Estado blando, es un ejemplo claro.


La historia muestra que los intereses de los trabajadores se defienden fuera de las instituciones y con la fuerza de aquéllos. El trabajo infantil era antes legal, al igual que las 12, 14 o 15 horas, tal como es legal en algunos países la esclavitud. La fuerza organizada de sus víctimas y las luchas sociales impusieron al capital otra nueva legalidad, más civilizada y más humana, aunque siempre capitalista.


Sin conquistar la mente de los trabajadores, éstos serán sumisos esclavos resignados a su miseria y opresión. De ahí la necesidad de una minoría formada por quienes comprenden que el capitalismo domina culturalmente a sus víctimas y que, por lo tanto, libre cotidianamente una batalla cultural para rasgar los velos de la enseñanza, la religión, la propaganda, que esconden lo que es realmente el capitalismo. Pero ni los Flores Magón ni los Serdán, ni Voltaire o Rousseau, hicieron posibles la Revolución Francesa o la Mexicana. Su contribución fue enorme, porque sembraron semillas de libertad, pero se necesitó una tierra fértil para que millones de campesinos iletrados antes sumisos se fueran a la bola en México, o dejaran de esperar de la bondad del rey, para pasar a derrocarlo. Las revoluciones no las hacen los revolucionarios; son el resultado imprevisto de una grave crisis del régimen que impulsa a millones de personas que querrían cambios parciales que el régimen les niega y con su lucha esperan conservar su modo de vida que está en peligro. La acción y la represión los llevan a dar un salto en su conciencia, a modificar su subjetividad. La revolución hace a los revolucionarios pese a su ignorancia, a su egoísmo, a las tendencias brutales que le impone la parte reptiliana de su cerebro. La revolución saca a primer plano el heroísmo, el sentimiento colectivo de quienes entran en ella sólo como rebeldes, en un estallido social, y se construyen como mujeres y hombres libres y conscientes.


El capitalismo prepara una guerra mundial y está destruyendo el ambiente. La Humanidad está en peligro. Pero, salvo si una guerra global hiciera volver enteras regiones a la Edad de Piedra y destruyera las condiciones para la supervivencia de una vida civilizada, de esa guerra podría surgir una revolución contra el capitalismo que daría origen, no al socialismo, pues éste requiere cultura y abundancia, sino a un nuevo colectivismo con tendencias burocráticas y jefaturas locales campesinas por la escasez y la subsistencia de trabas culturales.


El papel de quienes saben que el capitalismo no es eterno y ven lo que éste nos prepara consiste en abreviar y reducir los posibles retrocesos futuros y en reforzar hoy los elementos de autoconfianza, autorganización y solidaridad presentes en las grandes luchas sociales.

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Viernes, 24 Julio 2015 11:47

Los sancionados

Los sancionados

Johanna descendió sin prisa los estrechos escalones del bus rojo que la dejó a cuatro cuadras de Intercontac, el call center donde trabaja, sin sospechar lo que estaba a punto de suceder. Ese día, miércoles 13 de Mayo, todo parecía normal: a las siete de la mañana llevó a Sara, su única hija, al colegio en compañía de su esposo Yesid y la mona, una perra criolla de pelo corto y mono que adoptaron luego de recogerla de la calle con heridas en todo el cuerpo. Al regresar del colegio ocuparon su tiempo en limpiar la pequeña casa de 70 metros cuadrados, repartidos en tres pisos, sin pronunciar palabra. Johana, mientras pensaba en la suma de dinero que le faltaba para retomar sus estudios de fotografía e imaginaba el momento en que su ojo, inexperto pero intuitivo, se hiciera uno con la lente de la Canon eos T3 con objetivo 18-55, llevaba el trapero de una esquina a la otra sin tener conciencia del tiempo, hasta que Yesid, al verla tan pasiva a pesar de la hora, la trajo al mundo de un tirón al gritarle "son las once". Rápidamente se cambió la ropa sucia que tenía por un jean oscuro, una camisa negra suelta y una chaqueta gris con pelusa al borde de la capota; almorzó, orinó y, segundos antes salir para el trabajo, vio en el espejo que queda al lado de la puerta su cabello negro con manchas azuladas desordenado y rebelde. En el bus volvió sobre sus pensamientos recortados sin prestar atención a las tres o cuatro personas que al pasar por su lado le ofrecían todo tipo de mercancías. Era la una y cuarenta minutos, a veinte de iniciar su turno, cuando llegó a la puerta del edificio de ventanales azules que brillaban con más intensidad de lo normal debido a la libertad que el sol tenía al no haber ni una nube cerca. Al cruzar la puerta de vidrio eléctrica Johanna no notó nada extraño, la misma recepcionista de cabello con rayos monos tenía la mirada fija en su celular, el mismo celador con el uniforme azul oscuro con una mancha blanca en el hombro, se encontraba al lado de los torniquetes eléctricos vigilando que todo el que pase lo haga con carné y el olor a manzanilla que hay en el pasillo que conecta con el cuarto de la aseadora quien siempre está tomando café claro sin azúcar con su compañera de oficio. Pero al subir las escaleras hasta el segundo piso y abrir la puerta del gigante salón donde quedaba su cubículo de trabajo fue cuando se dio cuenta que ese no era un día como cualquier otro. De golpe vio a decenas de personas caminando de un lado para otro con señas de desesperación y desconcierto, arrodilladas en el piso llorando y abrasadas dándose consuelo tras saber que estaban despedidos.

 

Johanna miraba las caras de sus compañeros buscando respuestas pero no encontraba nada, ni siquiera cuando un Front le dijo «anillo, no se conecte que esta mierda se acabó». El escenario era tan confuso que ella no lo tomó en serio. Creyó que era una broma pesada de esas que sólo se hacen cuando hay confianza. Pero era verdad. Johana sólo tomó consciencia cuando habló con su jefe inmediata, una supervisora. Se acercó a ella mirándola fijamente a la cara tratando de leer sus gestos cuando, al estar cerca de ella le pregunta: «¿tú sabes dónde puedo marcar entrada?». La supervisora la mira con los ojos brillantes y le dice: "ni siquiera marques porque esto se acabó y todo el mundo se quedó sin trabajo". Al terminar pronunciar la frase, con voz ronca, salen de la punta de sus ojos dos riachuelos delgados que arrastran consigo todo el maquillaje que tiene en su cara hasta llegar al tapete en forma de gotas. «¿Hasta tú?» preguntó Johana, aún más sorprendida. «No sólo yo, respondió la jefe, sino todos los supervisores y hasta Julián» (jefe de los supervisores).


Nadie lo esperaba. Las semanas anteriores no hubo señal alguna que los hiciera pensar en que tal hecho podía suceder. Sólo sucedió lo que normalmente se vive en un call center: personas llamando a cancelar el servicio por falta de dinero; a amenazar si no les cumplen con lo que el vendedor les prometió; a que le solucionen su conexión a internet o a la televisión. Llamadas que son atendidas por Front, Anillos o Alto Valor, dependiendo el estrato socioeconómico a la que pertenezcan el cliente que llama. Si son de estratos altos la gente de Alto Valor se encarga de solucionar sus problemas, estos son entrenados para hablarle con un lenguaje y de un modo distintos a sus clientes consentidos, los de estrato cinco o seis. A ellos, con tal de que no cancelen, por ejemplo, le ofrecen todo tipo de descuentos y hasta les ofrecen obsequios. Si las personas de estos estratos se les dañó algún servicio, un técnico tiene menos de una hora para llegar al lugar del problema y solucionárselo con la misma agilidad con la que tiene que llegar a tiempo. En cambio, los estratos bajos son atendidos por los Front o Anillos y si el cliente tiene algún problema con sus servicios pueden esperar de 24 horas o más para que se lo solucionen. De este modo transcurrieron los días sin que nadie les advirtiera la catástrofe.


La noticia fue un golpe bajo que dejó inconscientes por unos eternos segundos a los más de doscientos trabajadores despedidos. Sus vidas dieron un giro brusco y repentino. El trabajo con el que podían estudiar, viajar, pero sobre todo, sostener la familia, pagar el arriendo, comprar la comida y ganar la custodia de sus hijos, pelea en la cual más de uno estaba enfrascado, ya no lo tenían y no sabían cuándo volverían a conseguir otro. «¿Qué pasó? ¿Por qué nos despiden?» gritó la gente como primera reacción ante el hecho. Una mujer con vestido rojo les explicó que Claro, el cliente del call center, y para quien trabajaban las doscientas personas, no les renovó la licitación. «Pero, ¿por qué?», seguían preguntando cada vez más indignados, «¿Qué podemos hacer?».


Pero la responsable del despido masivo, y quien los dejó en la completa incertidumbre, es una empresa con tanto poder que ha llegado a tener el monopolio de los servicios de telecomunicaciones no sólo en el país sino que sus tentáculos cubren buena parte del continente latinoamericano debido a estrategias ilegales e ilegítimas. Empresa que tiene por dueño a un señor de bigote espeso y de papada abultada el cual, según la revista Forbes, es nada más ni nada menos que el segundo hombres más rico del mundo. Él, el hombre detrás de la poderosa empresa, fue quien, a través de sus políticas empresariales, les dio el golpe bajo.


«¿Esto es legal? ¿Lo pueden hacer?» gritaban al aire cada vez con más ira, pero los minutos pasaron sin recibir respuesta. Sintieron impotencia, su jefe superior es un ser omnipresente al que sólo ven por televisión. Así, al no saber qué hacer, al no estar organizados políticamente para defender sus derechos, la indignación se transformó en pasividad tan rápidamente como lo fue recibir la carta de despido. Se sumieron en sus preocupaciones inmediatas con la certeza de la ilegitimidad del hecho.


Ese era el estado emocional de la mayoría cuando Alejandra, una joven y morena mujer que trabaja para pagar su carrera universitaria, llegó a la sala y vio a Johana, su compañera de trabajo, y quien la informó del despido. «Precisamente ese día, relata Alejandra, en la clase de la mañana se armó un debate sobre el trabajo. Estábamos en el debate y un compañero que es rojo, es decir, marxista, nos estaba diciendo que éramos muy consumistas. Yo le decía (al marxista) que nosotros somos parte de la élite (al poder estudiar en una universidad), uno lo que se coma está consumiendo, lo que se ponga, uno es un consumidor más, es decir, es imposible que uno no sea consumidor en esta sociedad o ¿va andar desnudo? Pero otro compañero comenzó a decir que superáramos esos temas, que nos dedicáramos a estudiar, pero claro, como a él le pagan la carrera, no tiene que trabajar, entonces no le importan nada». Además, de camino al trabajo y para completar las coincidencias, según dice Alejandra, repensaba en lo que se había dicho en el debate y «en la Prima (que recibiría en pocas semanas). Pensaba en qué la iba a gastar». Pero minutos después Johana le cuenta la mala noticia y así sus posibles planes para gastar la Prima quedan en el limbo.


Minutos después de que las dos compañeras se consolaran mutuamente, una mujer de vestido rojo con papeles blancos entró al lugar afirmando que quienes estuvieran en la lista que lleva consigo, Claro los había recomendado para trasladarse a Atento, el call center que le ganó la licitación a Intercontac. La gente se abalanzó sobre los papeles pero en la lista sólo habían veinte personas, los que habían tenido mayor efectividad en su labor de atender llamadas, los que siempre llegaban puntuales, solucionaban los problemas de los clientes en menos de ocho minutos y sólo gastaban 6 minutos en ir al baño dos veces al día. Leían y releían para comprobar que en efecto no estaban en ella. A Johana y Alejandra les temblaban las manos al leer la lista, la primera que vio su nombre fue Johana y luego Alejandra, suspiraron profundo e intentaron calmar la emoción por respeto a sus compañeros. Esa noche sólo veinte de doscientas personas durmieron tranquilas. Afortunadamente, dicen Johana y Alejandra, sus familiares las apoyan al darles un techo donde vivir sin cobrarles arriendo y pagar poco o nada por los servicios; contrario a la vida de sus compañeros, quienes dependen totalmente de un trabajo para sobrevivir.


Al día siguiente los seleccionados llegaron puntuales a la cita. Una mujer llamó a lista y al terminar preguntó «¿Y a los que no llamé estaban en la lista de ayer?» En la sala no sólo habían llegado los elegidos sino diez compañeros más que el desespero los hizo asistir con la ilusión de que alguien hubiera cometido un error al no ponerlos en la lista. «Sí, respondieron todos». La mujer anotó sus nombres y salió a resolver el problema. Cuando volvió a la sala dijo lo que ya sabían, que no podía recibirlos y ni siquiera podía recibir sus hojas de vida, que si querían podían volver hacer todo el proceso de selección. Pero ellos ya no podían quedarse otro mes en proceso de inducción, sin recibir dinero y solicitando préstamos en un lado y en otro, ya no contaban con las condiciones para hacerlo. Los no seleccionados salieron del lugar más desesperados que antes y con la amenaza ferviente de que si no pagaban la liquidación el cuatro de junio se tomarían las instalaciones. A las amenazas se unieron todos y hasta crearon una cuenta en Facebook para organizar la protesta en caso de que no les respondieran la fecha indicada y también para compartir información de cualquier oferta de trabajo.


Los elegidos fueron llevados uno por uno a la oficina contigua para firmar un nuevo contrato por el salario mínimo, un poco menos de lo que ganaban con Intercontac. Johana llegó a las ocho de la mañana a su nuevo lugar de trabajo el viernes 15 de Mayo y lo primero que la impactó fue el aspecto deteriorado y deprimente del edificio, con barrotes que cubren la fachada y pintada de gris daba la apariencia de ser una penitenciaria. La puerta eléctrica estaba desgastada y al poner su huella en la máquina para que le dieran el carné, el sistema se bloqueó y tuvo que esperar media hora. Subió al quinto piso por las escaleras al no servir los ascensores. El edificio por dentro es oscuro, sucio y en el mejor de los casos inodoro. La sala donde se encontraba su cubículo tenía baldosas que en algún tiempo fueron blancas. Sin ventanas para que entrara el aire y sin ventilador, el termómetro marcaba 32 grados centígrados y había cierta pestilencia. Estar dentro de los cubículos implicaba no ver a los demás compañeros y sí a los mocos, la pestañina, la base y quién sabe cuántas cosas más pegadas en el tapete azul que los cubre. Pero lo peor era el ambiente laboral, sin torre ni supervisores, no había nadie que les ayudara a solucionar los problemas más básicos. En el sexto piso, a la hora del almuerzo, decenas de personas se apilaron para calentar su almuerzo pero a los nuevos no hubo persona que les explicara cómo calentarlo, así que comieron frio. Además, no tenían ni siquiera doce minutos al día para ir al baño, tenían que dejar al cliente esperando en línea para ir a evacuar los desechos que produce el cuerpo. Tenían que tener sus diademas consigo en cada momento porque era común el robo y a quien esta se les perdiera tenían que pagarla con su salario. Pero para Johana, la gota que regó la copa fue la respuesta ante su solicitud de cambiar el turno para cuidar a su hija "entonces tenemos, le respondieron, que acomodarles los horarios a todas las mamás". Alejandra llegó a las dos de la tarde y sólo duró una hora en aquel lugar. Los veinte que habían sido seleccionados más otros antiguos pasaron su carta de renuncia a las tres de la tarde. Al preguntarles por qué se retiraban respondieron que no podían trabajar en esas condiciones tan denigrantes. Así, a todos les quedó claro por qué Atento le ganó la licencia a Intercontac.


Pero la historia no termina ahí. A modo de represalia quienes renunciaron a Atento fueron sancionados por Claro cinco meses en los cuales no pueden trabajar para esa empresa por no informar a tiempo su dimisión. Lo contradictorio fue que Claro no fue sancionado por despedir a más de doscientos trabajadores sin previo aviso.

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Domingo, 28 Junio 2015 06:04

Pride: orgullo y esperanza

Pride: orgullo y esperanza

Orgullo y prejuicio. Cuando el guionista británico Stephen Beresford intentó convencer a varios productores del atractivo que podría tener una película basada en el impulso solidario de un sector de la clase obrera inglesa con un movimiento de lucha por los derechos homosexuales, la respuesta inicial fue un escepticismo generalizado. El tema podía abordarse, en el mejor de los casos, en un documental de la BBC, en una obra de teatro independiente, o en alguna modesta ficción para públicos cautivos en los festivales de cine gay, pero jamás tendría el impacto mediático necesario para atraer a grandes públicos.


La perseverancia de Beresford tuvo al fin su recompensa. Cameron Mc Cracken, un productor con excelente olfato comercial, decidió apostarle al rodaje de una cinta que rescataría un suceso real de la historia reciente inglesa: la huelga de los mineros en un pequeño poblado galés en 1984-85, su enfrentamiento al gobierno conservador de Margaret Thatcher, y la sorpresiva recaudación de fondos para su lucha por parte de un colectivo gay en Londres. El resultado fue Pride ( Pride: orgullo y esperanza ), de Matthew Warchus, cinta comercial que ha tenido una estupenda respuesta en Europa y Estados Unidos justamente en la coyuntura histórica más oportuna: el momento en que la Suprema Corte estadunidense reconoce, luego de una larga lucha comunitaria, al matrimonio gay como un derecho cívico inalienable.


Tacones cercanos. Pride inicia durante una marcha del orgullo gay londinense en junio de 1984, cuando un grupo activista de gays y lesbianas decide trasladarse hasta el pueblo galés de Onllwyn para expresar su solidaridad con un movimiento obrero que padece, al igual que la comunidad homosexual, los embates de la derecha ultraconservadora. A las reticencias iniciales y pasmo de los mineros, muchos de los cuales veían a un gay por vez primera en su vida, sucede laboriosamente el reconocimiento de que un grupo y otro tienen en la derecha thatcheriana a un adversario común, interesado evidentemente en distanciarlos mediante un muro de prejuicio. Zanjar esa distancia será el propósito de los activistas gay y la causa moral que de modo paulatino asumirán las mentes más lúcidas y generosas del poblado.


Luego de entrevistar a los protagonistas reales del colectivo Gays y Lesbianas en Apoyo a los Mineros, el realizador Mattew Warchus (Simpático, 1999, según la obra homónima de Sam Shepard), y su guionista Stephen Beresford (autor de la exitosa obra teatral El último de los Haussmans), reúnen a un reparto atractivo para interpretar a los activistas galeses y varios rostros nuevos, muy carismáticos, para los papeles de los militantes gay. Destacan, entre los primeros, el veterano Bill Nighy (El exótico hotel Marigold) y la formidable Imelda Staunton (Vera Drake), y sorprende en el campo gay un Dominic West (Jimmy Mc Nulty en la serie The Wire) ensayando algunos desvaríos lúdicos.


Hay en la historia el registro de conflictos políticos y culturales muy en el tono del cine social inglés de Stephen Frears (Mi hermosa lavandería, 1985) o del infaltable Ken Loach (Pan y rosas, 2000), con el toque de comedia comunitaria que populariza la cinta Todo o nada/Full Monty, de Peter Cattaneo, en 1997. Una oposición agridulce entre la capital londinense y la provincia galesa con sus especificidades culturales; una oposición también entre la indumentaria y conductas provocadoras de los visitantes gay urbanos y el conservadurismo moral de los mineros aldeanos apegados a sus tradiciones.


La propuesta de comedia social de Warchus/Bereford no excluye los números musicales, la convención narrativa de una comunidad austera seducida y escandalizada por la libertad sin freno de los jóvenes visitantes, el folclor de las señoras asombradas que identifican lo gay con lo vegetariano, y algunos personajes un tanto estereotipados en el heroísmo o la villanía. Hay un poco de todo, incluida una salida de closet tan tardía como conmovedora. Pride bien pudiera transformarse en un musical teatral exitoso o tener imitaciones oportunas en otras cinematografías. Por lo pronto, el éxito comercial es insoslayable, así como la verificación de que los temas gay en el cine se apartan cada vez más de la marginalidad y del ninguneo.


Resulta paradójico que en una época de reconocimiento creciente de los derechos de las minorías sexuales, algunos sectores de la izquierda en México y Latinoamérica persistan en aliarse, de facto, con la derecha más rancia para desdeñar o minimizar la importancia de estos avances civilizatorios, asumiendo de paso sus inocultables derrotas morales. Se trata de una opción muy poco redituable a corto plazo y un tanto absurda, por decir lo menos. A su modo, Pride es un espejo de este tipo de contradicciones políticas y culturales, a las que, como buena comedia, ofrece salidas esperanzadoras.
Se exhibe en salas comerciales y en la Cineteca Nacional.
Twitter: @Carlos.Bonfil1

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Jueves, 30 Abril 2015 06:16

Huelgas en la fábrica del mundo

Huelgas en la fábrica del mundo

En la víspera del Primero de Mayo, China vive el periodo de conflictividad laboral más intenso de la historia del país desde la Revolución Cultural.


Xuzhou, provincia de Jiangsu (China)

Ya han empezado los preparativos. Mañana se celebrará una de las fechas más importantes de la República Popular China, el Día del Trabajo, las fiesta del Primero de Mayo. En todos los edificios colindantes de la plaza Tian'anmen se levantarán las banderas rojas y frente al retrato de Mao -situado entre dos letreros donde se puede leer "Larga vida a la República Popular China" y "Larga vida a la unidad de los pueblos del mundo"- se colocará, como todos los años, el retrato del doctor Sun Yat-Sen, fundador del Partido Nacional Popular y primer presidente de la República China; todo un llamamiento a la reunificación con Taiwán.


No obstante y pese a toda la simbología marxista-leninista, el cuestionamiento del sistema chino sobre cuánto socialismo queda en el "socialismo de mercado" es del todo pertinente: crecimiento del PIB pero desigual reparto de la riqueza con un coeficiente de Ginni por encima de la media mundial, empresas estatales chinas entre las cien empresas con más beneficios del mundo pero puesto 78 en el ranking mundial del ÍIndice de Desarrollo Humano. Y mientras día tras día se siguen afianzando todas estas variables macroeconómicas, la semana pasada encontramos la siguiente información en el China Labor Bulletin:
Una huelga de un mes a un fabricante de bolsas de propiedad japonesa en la ciudad localizada en el río Perla llamada Zhongshan se ha caracterizado por la violencia policial, las detenciones y la intimidación, y la negativa absoluta del jefe para negociar. La huelga estalló a mediados de marzo. Los cerca de 200 trabajadores de Cuiheng Co. estaban descontentos respecto a los sueldos bajos y la negativa de la empresa a pagar a la seguridad social y las contribuciones al fondo de vivienda, bonos de fin de año y otros beneficios.


Después de una semana en los piquetes sin respuesta de la Administración, el 22 de marzo los trabajadores se acercaron a Chen Huihai, el director del centro de formación de una sede en Guangzhou de los trabajadores, en busca de ayuda y consejo. Chen y sus colegas ayudaron a los trabajadores para organizar las elecciones para representantes en la negociación y a presentar una propuesta de negociación colectiva a la gerencia. La dirección se negó a negociar, despidió a los dirigentes obreros y llamó a la policía. Varios cientos de policías antidisturbios llegaron a la fábrica y transportaron fuera a 26 trabajadores, cuatro de los que fueron detenidos por más de diez días. Muchos otros trabajadores resultaron heridos.


Podría ser simplemente una anécdota, pero se trata de uno de los "incidentes de masas" (así los cataloga el Gobierno) sufridos durante los últimos meses en la China continental, y es que se está viviendo el periodo de conflictividad laboral más intenso de la historia del país desde la Revolución Cultural. De los 3.387 casos examinados por la base de datos del China Labour Bulletin -colectivo no gubernamental localizado en Hong Kong cuyo propósito es "monitorizar", defender y promocionar los derechos de los trabajadores en la República Popular China-, destaca notablemente el curso 2014-2015, especialmente el pasado mes de enero, en el que se llegó a 272 huelgas registradas en sólo un mes. Esto supone que en lo que llevamos de año se han producido tantas huelgas como en 2011 y 2012 juntos.


Huelgas y asambleas


¿Quién hace las huelgas? El 78% se hacen en el sector secundario --manufactura, astilleros, construcción, minería y transporte--, mientras que un 13% se llevan a cabo en el sector servicios. Los escenarios de lucha principales son la fábrica, la obra, la mina y, eventualmente, la vía pública, y lógicamente las provincias donde se registre un mayor número de conflictos serán las más industrializadas, e irónicamente las de un mayor PIB: Guandong, Jiangsu, Shangdong y las municipalidades de Beijing, Shanghái y Chongqing. Los protagonistas son, por lo tanto, los obreros --realidad que parece resultarnos lejana desde nuestros países deslocalizados--, bien antiguos empleados de fábricas estatales que perdieron su trabajo fijo en la privatización de los años 90, o bien la llamada "segunda generación de inmigrantes rurales", los hijos de los conocidos como nonmingong, jóvenes trabajadores que nacieron y crecieron en ciudades industriales en el sureste chino, por lo que no se consideran a sí mismos como rurales y se ven tan urbanos como aquellas personas que sí disfrutan de un carnet de residencia urbano.


Las protestas se organizan a través de asambleas puntuales y autónomas --y, por lo tanto, ilegales-- que acuerdan una estrategia para llevar a cabo una protesta y eligen a una serie de portavoces para negociar con la dirección de la empresa. Su organización es tan radicalmente horizontal como la de las primeras experiencias sindicales en Europa, pero por contra sus motivos no son en absoluto radicales: el 33% de las protestas se realizó para obtener compensaciones frente a un abuso laboral, el 21% para protestar por impagos salariales, el 20% se realizó para conseguir el aumento de salarios, y el resto para exigir seguridad social, mejorar condiciones laborales o exigir el fin de las horas extra. Se trata de un movimiento radicalmente reformista, consecuencia inevitable de un fallido sistema sindical.


Los métodos de lucha son clásicos, desde recogidas de firmas y peticiones directas a las autoridades, pasando por sentadas y paros laborales, hasta piquetes, bloqueos de la producción fabril, manifestaciones, bloqueos de las vías ferroviarias o del espacio aéreo, e incluso --aunque en menor medida, alrededor de un 5% de los casos investigados-- la ocupación de edificios gubernamentales o el enfrentamiento directo con la policía o con miembros de la gerencia de las fábricas, o el asalto y la destrucción de equipamiento y la producción fabril. Las nuevas tecnologías son incluidas y juegan cada vez más una centralidad dentro de los métodos de convocatoria y organización, notablemente la utilización de la plataforma QQ.


El Gobierno suele preferir situarse al margen de estos conflictos, no interviniendo hasta que se presenten problemas de orden público, aunque es cierto que interviene cada vez más. Resulta mucho más cómodo y favorable de cara a la opinión pública tanto doméstica como internacional situarse como un árbitro del conflicto que como un partidario de la patronal que emplea la violencia para reprimir a las protestas. Esto da un gran margen a los huelguistas para hacer ceder a los empresarios a sus reclamaciones. No obstante, desde el año 2013 hasta la actualidad las autoridades chinas han intervenido y procedido a diferentes arrestos en el 20% de las protestas realizadas.


Un momento histórico


Y entendiendo que se trata de un momento histórico en el que la acción colectiva se manifiesta obteniendo éxitos en favor de los trabajadores, probablemente el mejor momento del movimiento de los trabajadores chinos de los últimos 50 años, se plantea una pregunta: ¿por qué los grandes medios de comunicación priorizan otra clase de protestas? Quizás se trata de una cuestión de reivindicaciones, o tal vez estemos de nuevo ante un caso de aporofobia mediática. Frente a la clase trabajadora china, se prefiere visualizar protestas de disidentes de un perfil mucho más anglófilo, como Ai Weiwei o Liu Xiaobo, o se buscan espejos a las protestas de Tian'anmen en las protestas de Hong Kong, incluyendo a sus protagonistas: joven, estudiante, universitario de "clase media" cuyo propósito es conseguir la libertad --en concepto amplio y poco específico, pero que suele significar la equivalencia al modelo de los Estados Unidos de América-- a través de una protesta pacífica, creativa y altamente fotogénica.


El futuro de este movimiento --que por otro lado viene de un incremento constante desde hace diez años-- es incierto. La ausencia de un espíritu transformador hace reflexionar sobre hasta dónde puede llegar un sindicalismo de carácter reformista, entendiendo que un Estado, sea capitalista o socialista de mercado, donde el motor económico del país se basa en el beneficio empresarial, implica que no se puede permitir una clase trabajadora tan bien acomodada. La deslocalización, además, es un fenómeno que también se está produciendo hoy en China, no como país receptor, sino todo lo contrario: las empresas prefieren irse a países con menos regulaciones, como Vietnam, Malasia o Indonesia, o a las provincias centrales de China.
Estamos hoy quizás ante el momento cumbre de este movimiento, que difícilmente podrá conseguir más si no es redirigiendo sus objetivos a un óptica transformadora, un momento que en el futuro de la historia del movimiento obrero chino se recordará como una época dorada. El mañana es mucho más oscuro, pues Beijing no se puede permitir seguir esta desaceleración de los índices macroeconómicos, por lo que soplan vientos de represión y de intensificación de la lucha. Pero mañana volverá a ser Primero de Mayo y las banderas rojas volverán a ondear en Tian'anmen, y resonará la internacional, el viejo canto a los parias de la tierra, en plazas y radios en taxis y puede que incluso en las fábricas. Pero dentro de dos días seguirá siendo China, y volverán las huelgas a la fábrica del mundo.

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El legado de los campesinos, la autonomía

El campesinado ha tenido condiciones para emprender históricamente experiencias autonómicas, y esto en razón de que logra ser autogestionario económicamente, producir fuera de la lógica del capitalismo y estar habilitado para gestionar sin tutelas sus comunidades, creando de ese modo novedades en el registro de la política. Hubo una serie de casos durante el siglo XX por demás interesantes, que rematan, en los comienzos de 1994, con el surgimiento del Movimiento Zapatista en Chiapas. En este último caso, se trata de indígenas campesinos mayas, donde la comuna como organización social, económica, cultural antecede al Chiapas rebelde de 1994.


Existen otros dos casos en la primera mitad del siglo XX que están ligados a procesos revolucionarios de izquierda donde ha circulado cierta ideología anarquista de base, no violenta y "constructivista". Paradójicamente, ambas abortan por voluntad de los partidos comunistas bolcheviques y no por el poder capitalista o fascista. Uno es el movimiento makhnovista, paralelo a la Revolución Rusa en Ucrania, y el otro es la experiencia de una comunidad campesina en Aragón de 1936 a 1939, con elementos muy semejantes a los episodios de Barcelona relatados por George Orwell en Homenaje a Catalunya.


El movimiento makhnovista debe su nombre al campesino ucraniano Néstor Makhnó, oriundo de la región de Guliay Polié, líder en la guerra civil desatada después de octubre y merecedor del control de su región por esta razón. Esta coyuntura es aprovechada por los campesinos organizados, muy minoritariamente de ideología anarquista, para iniciar un proceso de profundas transformaciones desde las poblaciones mismas, sin traspasar el poder inmanente e instituyente a representantes partidarios. Se inicia uno de los procesos de autonomía obrera y campesina más interesante del siglo XX. El poder recayó en las "asambleas" o "soviets", como se los denominara al comienzo del proceso revolucionario ruso.


Durante 1917 y 1918, las asambleas de base campesinas deciden 1) desarmar al sector propietario de grandes terratenientes, 2) la abolición de todos sus privilegios y 3) el reparto de esas tierras; se les otorgan según el tamaño de la familia campesina uno o dos pares de caballos y uno o dos pares de vacas, así como aparejos y herramientas de labranzas. Se forman cuatro comunas cercanas en esa región y otras varias en regiones más alejadas; todas se configuran voluntariamente por grupos de parentesco o afinidad. Las asambleas discuten todo, desde las semillas a utilizar hasta la educación que debía impartirse en las comunidades.


Las vicisitudes políticas de esta experiencia con Néstor Makhnó como referente están ampliamente documentadas por autores que fueron sus detractores o entusiastas. Tanto unos como otros muestran cómo va creciendo el disgusto de las autoridades bolcheviques por la falta de subordinación a las órdenes del poder centralizado y cómo terminan aniquilados en 1921 por el Ejército Rojo. Néstor Makhnó partió al exilio en París y escribió en sus memorias un registro claro y conmovedor de la experiencia. Pero en la memoria colectiva de este pueblo perdura hasta hoy la experiencia libertaria que los habilitó a decir "no tuvimos ni el poder subordinante del patrón ni del partido".


Tanto el movimiento makhnovista como la experiencia campesina de base de Aragón mostraron que poblaciones no indígenas, sin contar con la experiencia cercana de vivir en fuertes comunidades, pudieron autoorganizarse y conformarlas.


Mientras tanto, en América latina, durante todo el siglo XX los campesinos indígenas pudieron sobrevivir al capitalismo moderno/colonial arrasador e individualista justamente por la persistencia de la comunidad y procesos autonómicos de distintos niveles. Chiapas, el "neozapatismo", es una caso particular porque demuestra la voluntad de tomar lo mejor de la tradición comunitarista autonómica y los buenos logros de la modernidad, como la lucha contra el patriarcado, establecer formas de democracias directas e ir construyendo lo que se ha denominado "un mundo otro". Los intentos de las asambleas de Ecuador y Bolivia de "estados plurinacionales" o la consigna del "buen vivir" (que circula hasta por nuestro país) reenvían a estas experiencias campesinas autonómicas, tanto las de origen indígena de América latina como a las ocurridas por otras partes del mundo.

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Lunes, 13 Abril 2015 19:34

La educación en cese de actividades

La educación en cese de actividades

Desde el lunes 13 de abril los trabajadores de la Universidad Nacional están en paro. El sindicato promotor del cese de actividades aclara que no se trata de un conflicto nuevo, sino del resultado de irregularidades presentadas en el cumplimiento de los acuerdos pactados el 20 de septiembre de 2013, firmados tras un paro de más de cuatro semanas.


Por medio de un comunicado de prensa, el Comité Pro-mejora salarial aclara a los medios de comunicación, estudiantes y comunidad en general, que el paro declarado a partir del lunes 13 de abril, no se trata de una medida para pedir aumentos en el salario, sino de una presión para concluir con los conflictos que no han podido solucionarse desde el 2013.


Según el comité, el aumento salarial fue decretado desde el 1 de enero de 2014, sin embargo no se concretó de manera efectiva, "Se dejó sin aumento a 60 profesores del colegio Iparm y a 75 trabajadores oficiales que realizan labores de mantenimiento". Aunque estos incrementos quedaron pendientes, las autoridades del centro de estudio si aprovecharon la declaración de aumento salarial para hacer efectivo el incremento de sus ingresos, beneficiándose del mismo el rector Ignacio Mantilla y todo el cuerpo directivo y asesor.


Además, informa el sindicato,139 cargos de libre nombramiento y remoción no fueron reconvertidos a carrera administrativa como se había comprometido la Institución al momento de la negociación del anterior cese de labores, y se siguen otorgando cargos a dedo, señalaron. Lo que más les preocupa de este punto, es que los contratos de los administradores de justicia disciplinaria de la Universidad son de dicha modalidad, por lo cual, dependen directamente del rector, quitándole independencia al ente.


Toda esta situación se torna en un contexto de malestar por la reelección de Mantilla, "corresponde a la más descarada expresión de la antidemocracia y de la política gubernamental que pretende hacer estallar nuestra Institución desde adentro, con actos de despilfarro y desgreño de los recursos de la Universidad, como los que han venido cometiendo Mantilla y el vicerrector Hernández, lo que se convierte en un acto oprobioso que agravia aún más a una comunidad burlada por el gobierno nacional", afirmaron.


Finalmente, resaltaron que están en total disposición para encontrar soluciones por medio del diálogo, pero al mismo tiempo rechazan la "criminalización que están haciendo los vicerrectores (Jorge Iván) Bula y (Diego) Hernández del movimiento de Trabajadores".


Docentes en paro indefinido


"Ehh ohh, paro nacional, ehh ohh todos a marchar", canta la Asociación Distrital de Educadores (ADE), luego del anuncio oficial del 22 de abril como el día para iniciar el paro indefinido por parte de los docentes agremiados en la Federación Colombiana de Trabajadores de la Educación, Fecode.
Ya han trascurrido 44 días intentando acuerdos pero, según Luis Grubert, presidente de Fecode, "no hay un solo punto en el que podamos decir que hay avance" por lo cual, este lunes realizaron un plantón frente al Palacio de Nariño, donde llevaran puesto tapabocas para pedirle al presidente Santos que él mismo negocie con los educadores.


La invitación del magisterio para que se unan al paro se extiende a los padres de familia, los estudiantes, la Mane. Mientras esto sucede, la Central Uitaria de Trabajadores y los sindicatos estatales ya anunciaron el acompañamiento a este nuevo conflicto laboral que se cierne sobre el país.

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Martes, 10 Febrero 2015 10:23

Ecopetrol y la mancha de la corrupción

Ecopetrol y la mancha de la corrupción

La Unión Sindical Obrera –USO- obtuvo la base de datos donde reposa la información de los contratos comerciales celebrados por Ecopetrol con distintas multinacionales. Sorpréndase. La información permite deducir sobrecostos y ejercicios de corrupción.

 

Entre los datos sospechosos de estos dolos, según Edwin Castaño –presidente de la USO– figuran nueve contratos que estaban vigentes para finales del 2014 con la compañía estadounidense PetroTiger Service de Colombia –que tiene su base en las islas Vírgenes Británicas–, que suman más de 136.000.000 millones de pesos. Otros 7 contratos están bajo lupa por posibles sobrecostos.

 

El sindicato no entiende por qué después de un año de investigación, los contratos de esta multinacional conservan vigencia. Castaño afirmó que Ecopetrol debió dar por terminadas las relaciones contractuales debido a que la estatal petrolera cotiza en la bolsa de New York, por lo que su imagen y acción podría verse afectada si llegase a quedar involucrada en un escándalo de corrupción.

 

Más grave. La denuncia sobre estos contratos fue interpuesta en enero del 2014 por la misma Ecopetrol y la Secretaría de Transparencia de la Presidencia de la República. La acusación tiene como origen el pago irregular de un contrato por 39 millones de dolares registrado en el 2010 entre la multinacional PetroTiger y la asociada indochina Mansarovar Energy Colombia Limited.

 

Entre las denuncias figuran supuestas consultorías autorizadas por el entonces presidente de PetroTiger Colombia, Joseph Sigelman, por un valor total de 266.000 dolares, dineros girados a las personas que hoy en día se encuentran bajo investigación, entre ellas el ingeniero de proyectos de Ecopetrol David Orlando Durán Flórez, que terminó su contrato en abril de 2011 y su esposa Hohanna Navarro.

 

Como testigo de la causa, la Fiscalía cuenta con Marcos Mauricio Vesga Niño, exgerente de la multinacional en Colombia, quien firmó un acuerdo para quedar exonerado del proceso judicial, debido a que fue el director de uno de los proyectos de donde provino el dinero para el pago de los sobornos.

 

¿Aguas tibias? Al medio día del lunes 9 de febrero –tratando de calmar los rumores de corrupción que podrian afectar una de las compañías más importantes del país- la Secretaría de Transparencia de la Presidencia de la República sacó un comunicado donde alude a la adjudicación irregular de contratos de Ecopetrol que favorecen a terceros, y advierte que desde que fue interpuesta la denuncia penal en contra de los involucrados, el Gobierno trabaja con las autoridades nacionales y estadounidenses para garantizar el correspondiente castigo a los culpables.

 

En el comunicado las autoridades oficiales garantizan que los directivos de Ecopetrol no tienen nada que ver en el escándalo, al mismo tiempo que anuncian la completa disposición de la petrolera para ayudar a las autoridades en busca de archivos que lleven a esclarecer la verdad.

 

Mientras tanto, Ecopetrol comunicó que fueron ellos los que denunciaron y pidieron a las autoridades investigar los hechos ocurridos en el 2010 y se declararon victimas de este escándalo.

 

Por su parte Edwin Castaño advierte que Ecopetrol: "en vez de declararse victima", debe entregar toda la evidencia, porque el retener información que ayude a la justicia haría ver que éste solo es la "punta del icerberg de un problema mucho mayor", refiriéndose a una queja que el sindicato investiga y que afecta a una empresa de transporte de hidrocarburos.

 

Despidos masivos

 

Sumado a los escándalos de corrupción y a la caída de las acciones de Ecpetrol en la bolsa, está el recorte presupuestal y los despidos masivos, aplicados por las empresas del ramo, justificados en la caída del precio del hidrocarburo.

 

Así lo anunció Ecopetrol ante la comunidad en el campo de Cantagallo, ubicado en el departamento de Bolívar, previendo que tales recortes se harán efectivos en la segunda parte del 2015 y durante todo el 2016. Otras empresas contratistas como OXY, manifestaron que despedirán alrededor del 60 por ciento de los trabajadores del campo El Centro, ubicado en el Magdalena Medio.

 

Por lo pronto la Unión Sindical expone que en el campo El Centro, el contrato de mantenimiento de las líneas de producción –donde se encuentran contratados 50 trabajadores– finaliza el próximo 28 de febrero y la petrolera ya confirmó que no será renovado. La pregunta es: ahora, sin trabajadores, ¿quién se encargará de desempeñar dichas labores, si estas son primordiales?

 

El argumento utilizado por las empresas petroleras es la tal "crisis del sector", sin embargo a ojos de los lideres sindicales, estas son escusas para acabar con los puestos de trabajo y por supuesto desmejorar la calidad laboral

 

Según el sitio web de la USO, Fredy Pulecio directivo de la sindical, contradice lo dicho por las petroleras y afirma que: "Los actuales precios del petróleo siguen siendo muy rentables para las empresas [...]. Lo que pasa es que ellas se han dedicado a chantajear, quieren valerse de que el precio ha bajado para doblegar tanto a la nación como a los trabajadores. Al país le piden que les bajemos más impuestos de los que ya le hemos bajado. Pero tienen 32 exenciones tributarias por las cuales han dejado de pagar 608 billones de pesos en 10 años".

 

El líder sindical relató que en Pacific Rubiales ya han despedido a más de 7.000 trabajadores, de un total de 12.000. Los despidos, según el sindicato, no han surtido el proceso legal, lo cual es un delito, porque el ministerio debe dar un permiso especial para que la empresa pueda proceder.

 

Por su parte, Luis Eduardo Garzón, ministro de Trabajo, declaró que la industria petrolera en Colombia tiene un aproximado de 110 mil trabajadores, y que hasta ahora han solicitado el licenciamiento de 25 mil de ellos. Argumentando a que 'las empresas están perdiendo dinero' a causa de la caída del precio del barril.

 

En este momento la USO nacional se encuentra en la fase de divulgación, donde expone que aunque la problemática esta directamente relacionada con el modelo económico actual, el despido del personal podría evitarse con un trabajo en equipo, entre los obreros y las empresas.

Entonces. ¿Qué impide a las empresas buscar soluciones evitando una 'masacre laboral'?


Recuadro

Acciones que caen

La primera semana de febrero la acción petrolera alcanzó en un solo día un alza de un 10 por ciento. Sin embargo no son cifras para nada alentadoras ya que en el 2013 su precio ascendió a $ 5.500 y el actual es de $2.320.

 

Según el informe de la BBC mundo –en el que analiza la situación de la petrolera colombiana–, se reportó para finales del 2014 una reducción del 25 por ciento en su presupuesto de inversión para lo corrido del presente año. Es decir, sufrió un recorte de más de $2.000 millones de dólares.

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Domingo, 14 Diciembre 2014 05:45

Más de millón y medio de disconformes

Más de millón y medio de disconformes

Recesión económica, de-socupación, huelgas, manifestaciones, mafia en Roma, inmigración y crisis dentro de su propio partido, el Partido Democrático (PD), al primer ministro italiano Matteo Renzi no le espera un tranquilo y feliz fin de año y el que viene tampoco se presenta como muy fácil, según algunos analistas.


Por primera vez desde que Renzi llegó al cargo de primer ministro, el pasado 22 de febrero, las medidas económicas y sobre todo laborales impulsadas por su gobierno, que habían sido motivo de mucha discusión y críticas, fueron el motor de una huelga general de ocho horas el viernes y de manifestaciones en 54 ciudades del país. El centro de las protestas fue el llamado Jobs Act, una nueva ley laboral que recorta numerosas prerrogativas adquiridas por los trabajadores desde hace años. El paro –se habla de una adhesión del 60 por ciento y de un millón y medio de manifestantes en todo el país– fue una de las expresiones más claras de la inmensa desazón reinante entre los trabajadores italianos que, en tiempos de recesión económica, se han visto, dicen, "traicionados" por un gobierno de centroizquierda (aliado con el centroderecha).
Pero las marchas del viernes fueron también una muestra de la profunda crisis que está afectando al mismo Partido Democrático, el heredero del viejo Partido Comunista Italiano, el más grande partido comunista de Europa en los años '70-'80 del siglo pasado y creador de una nueva visión comunista no soviética del mundo: el "eurocomunismo".

De las manifestaciones participaron numerosos exponentes del área disidente del PD, un hecho que tampoco tiene muchos precedentes. Mientras algunos disidentes atacan a Renzi por ser soberbio y "autoritario", otros, como el diputado Pippo Civati, reiteran su amenaza de fundar otro partido "de izquierda" si él sigue en la dirección emprendida hasta ahora. Porque, según Civati, las propuestas laborales del primer ministro no son de izquierda, sino que parecen copiadas de Silvio Berlusconi (centroderecha). "Un partido de izquierda que está en el gobierno no puede estar tan lejos de los problemas de los trabajadores. Y que está lejos lo demuestra el éxito de la huelga general –comentó, por su parte, la diputada Rosy Bindi, otra de las disidentes–. No creo que Renzi esté haciendo políticas de izquierda, pero sobre todo es su método el que puede provocar conflictos en el país. Cada día se inventa un enemigo para justificar actitudes y decisiones incluso un poco autoritarias." Cuán importante es la crisis dentro del PD lo dirá también la reunión que hoy tendrá la dirección en Roma y en las que se esperan chispas y cortocircuitos de todo tipo.


En el contexto de un país que no logra salir de la recesión económica, a la mencionada desazón de los trabajadores y a la desilusión de muchos militantes de izquierda se le agrega la sensación de asco profundo que han sentido los ciudadanos comunes cuando hace pocos días salió a relucir la llamada "mafia capital", una asociación de ex militantes de ultraderecha con mafiosos de distintos orígenes –pero sobre todo de la 'Ndrangheta (mafia) calabresa– y con personajes políticos y de la administración pública que, entre otras cosas, han decidido volcarse a actividades más "nobles", como el "negocio" de los inmigrantes. "¿Tenés idea de cuánto se gana con los inmigrantes? Con el tráfico de droga se gana menos", le dijo a su secretaria –según una escucha telefónica– uno de los cerebros de este negocio y titular de una cooperativa de ayuda a los inmigrantes, Salvatore Buzzi, arrestado como parte de "mafia capital". Buzzi se ocupaba, gracias a sus contactos a nivel administrativo y político y pagando consistentes coimas, de conseguir todos los fondos públicos posibles destinados al tema inmigración para luego, por supuesto, dedicar al objetivo de su cooperativa una mínima parte de esos fondos. "Es una vergüenza que se quiera lucrar con los inmigrantes", comentó Francesco Rocca, presidente de la Cruz Roja italiana que ayuda verdaderamente a los migrantes que a millares llegan de Africa. Y sobre la infiltración mafiosa en Roma el sacerdote Luigi Ciotti, todo un personaje en Italia por su batalla contra las mafias que ha llevado a cabo sobre todo en el sur del país, comentó: "Lo digo con sinceridad, con respeto y humildad, pero me sorprenden aquellos que se sorprenden", como dando a entender que muchas cosas se saben y se sabían pero poco se ha hecho para contrarrestarlas.
Si se trata de recesión económica y desocupación, el ministro de Economía de Renzi, Pier Carlo Padoan, salió a defender el criticado Jobs Act. "El gobierno no tiene miedo. Esta reforma sirve y permitirá incluir en el mercado laboral a quien ha sido excluido. Los decretos que pondrán en marcha el Jobs Act están casi listos y realizarán la reforma de modo eficaz", subrayó.

Aunque oficialmente no salió a relucir, no se descarta que las marchas y los problemas de la desocupación hayan sido tocados por Renzi y el papa Francisco, que ayer se encontraron en el Vaticano en audiencia privada. El papa Francisco en repetidas ocasiones ha bregado públicamente por soluciones para los desocupados italianos que en 2014 superaron el 13 por ciento de la población mientras los de-socupados menores de 25 años fueron más del 43 por ciento.

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En Estados Unidos la situación laboral y sindical no es color de rosa, y cada día empeora

Es un hecho que el modelo económico neoliberal -en lo que a garantías y derechos laborales y sindicales se refiere- ha hecho estragos en todo el mundo; tanto que ni el propio Estados Unidos, país donde se "cocinó" y afianzó este modelo, se salva de tales estragos, los cuales se materializan en fenómenos como: congelamiento de salarios desde hace muchos años, incremento del trabajo informal y el empleo precario, persecución y acoso al movimiento sindical, y un sistema fiscal que abiertamente favorece a los ricos y poderosos, entre otros.

Es la conclusión que salta de bulto de la entrevista que esta agencia de información le hizo a Brian Finnegan, Coordinador Global de Derechos Laborales de la AFL-CIO, la principal confederación sindical de Estados Unidos.

El señor Finnegan fue uno de los delegados fraternales del sindicalismo internacional invitado al VI Congreso de la CUT en Santa Marta, y con él sostuvimos esta breve conversación:

Se cree que, a diferencia de lo que sucede en los países del llamado tercer mundo, Estados Unidos es un país sin mayores problemas laborales y sindicales. ¿Es cierta esa apreciación?

Brian Finnegan. No lo es. Hay que reconocer que tenemos muchos problemas laborales y sindicales. Para comenzar, está el tema de los salarios, que es lo que más preocupa al trabajador. Tenemos 40 años con salarios congelados, no hay aumento real desde 1973.

¿Y cómo se define allá el aumento salarial?

No hay una regla como acá en Colombia, donde el aumento salarial se define cada año vinculado a un índice de precios, al IPC. Eso no existe en Estados Unidos. El aumento depende del poder del movimiento sindical para negociar colectivamente a nivel de cada empresa, ni siquiera por sector. En los años 90 tuvimos un aumento del salario mínimo, que quedó en 7 dólares y 25 centavos por hora, que es muy poco. Es un salario de miseria que no da para subsistir una persona en una ciudad, mucho menos una familia. En varios estados y ciudades tenemos salarios mínimos diferenciados, y ahí sí hemos logrado algún avance, se ha podido mejorar ese salario mínimo. Pero como dije, el salario promedio no ha aumentado desde hace 40 años, mientras el lucro de las empresas sí ha subido bastante. Ahora hay proyectos de ley, esfuerzos para lograr que aumente.

¿Y eso qué efecto ha tenido en el frente de la equidad, del bienestar social?

Y eso ha llevado a un aumento fuerte de la desigualdad. Es un proceso que se inició desde los años 80 en Estado Unidos, que cada vez está peor en el tema de la equidad. La concentración de la riqueza allí es más fuerte en comparación con Canadá y muchos países de Europa. Hasta el punto de que algunos ricos están preocupados, porque en el largo plazo eso tampoco les sirve a ellos, puede haber una rebelión o problemas serios.

¿Entonces, ya podemos hablar de que hay lucha de clases en Estados Unidos?

Yo diría que sí, pero la tendencia es a negarlo, o a no llamarlo con ese nombre. Pero la gente sí tiene claro que hay conflicto de clases, que los ricos cada vez se benefician más de la riqueza del país. Desde hace unos seis años hay crisis financiera y de empleo, que se supone que ya terminó. Pero la recuperación ha sido para los ricos, porque para los trabajadores, en términos de oferta de empleo, la crisis no ha terminado. Los puestos de trabajo que se han creado son precarios, empleo informal. O sea que en el tema laboral seguimos estando en muy malas condiciones. También es necesario modificar el sistema de impuestos, para que éstos sean más progresistas. En los años 80 y 90 tuvimos una serie de recortes de impuestos a los ricos, y ahora está pasando lo mismo con las empresas, que tienen mil maneras de esconder las ganancias y no pagar impuestos. De modo que con salarios que no aumentan, con incremento del empleo precario, y con un sistema fiscal que beneficia a los ricos, estamos en una situación muy difícil.

Usted habló de informalidad laboral. ¿Cómo se da ésta en Estados Unidos?

De muchas formas, es muy común. Muchas empresas lo hacen, inclusive las más grandes. Acuden a contratar con agencias de empleo que tercerizan el trabajo. Hoy es común que en una empresa por lo menos la mitad de los trabajadores sean subcontratados, y éstos tienen salarios más bajos, menos estabilidad y menos derechos. Son muchas prácticas y gama de cosas, igual que acá en Colombia. Allá no tenemos cooperativas exactamente, ni SAS, pero existe la tercerización, bolsas de empleo. También hay informalidad ilegal. Por ejemplo, casos en el que al trabajador se le paga al día y en efectivo, y de eso no queda ningún registro. En esa situación están sobre todo trabajadores migrantes. Lo más grave es que al trabajador informal lo clasifican como un pequeño empresario cuentapropista.

¿Podríamos decir entonces que la informalidad afecta más a los inmigrantes?

Antes era así, pero el fenómeno está creciendo y está afectando a todo el mundo, no sólo a los inmigrantes. Como dije, las empresas multinacionales en sus fábricas enormes tienen doble forma de contratación: empleo formal por un lado, pero empleo informal por el otro. Trabajadores que realizan el mismo oficio pero ganan muy distinto. Hay una gama muy grande de prácticas para negar o esconder la relación laboral, y poner una distancia entre empleador y trabajador. Por ejemplo, en las universidades los profesores tienen contrato por no más de un semestre, no tienen beneficios, ni seguro de salud, ni jubilación. Solamente enseñan un curso durante 4 meses, y chao.

¿Y qué pasa en el sector de las comidas rápidas? Un sector que ha estado muy agitado, este año ha protagonizado grandes movilizaciones de protesta.

Hay mucha movilización, muchos paros exigiendo un salario digno, que dé para sobrevivir. En una época en el sector de las comidas rápidas trabajaban casi siempre jóvenes, estudiantes que hacían esos trabajos para obtener un ingreso y ayudarse en sus estudios. Ahora esos jóvenes ya son adultos y padres de familia, y siguieron trabajando en comidas rápidas porque no tienen más opciones laborales, tratando de sobrevivir con un salario muy bajo. Por eso es muy necesaria la movilización de esos trabajadores.

¿Qué tan fuerte está el movimiento sindical en Estados Unidos?

Hemos rebajado bastante su fuerza. Desde los años 50 del siglo pasado, que fue el ápice, cuando el 38% de toda la fuerza laboral del país estaba sindicalizada y gozaba de negociación colectiva. En el sector público la sindicalización hoy es del 18%, y en el sector privado bajó al 7%. Así que el promedio de la fuerza laboral asociada a sindicatos es en promedio del 12%. Además en el sector privado hay mucha represión antisindical y despidos de trabajadores. La gente forma un sindicato y lo pueden despedir. Cada año hay 30 mil trabajadores despedidos por ejercer la actividad sindical.

¿Luego eso no es un delito?

Sí, es ilegal, pero lo que es difícil es probarlo, y el sistema de justicia laboral es muy lento en esos procesos, puede demorar hasta 10 años una sentencia. Además esa política antisindical tiene mucho que ver con el partido que esté en el gobierno. Ahora con Obama está funcionando mejor que con Busch antes.

A propósito de Obama, ¿en el sindicalismo hay desencanto con su gobierno, con sus promesas no cumplidas?

Sí. Hay desencanto. Aunque tenemos bien claro que Obama en sus dos mandatos ha sido mejor que el gobierno de Bush, nadie pone en duda eso. En muchas cosas ha sido positivo Obama, pero en muchos sentidos ha sido una decepción.

Publicado 30 de septiembre de 2014.

Publicado enSociedad
Miércoles, 24 Septiembre 2014 16:23

Del presente y futuro de la CUT

"Hace 28 años la clase obrera unida, la que trabaja, la que produce y la que crea logró la más valiosa conquista: la creación de la CUT", afirma el video de invitación al VI Congreso de la Central Unitaria de Trabajadores, citado para su realización en Santa Marta entre el 24-26 de septiembre.

Casi tres décadas después de esta importante conquista para la clase obrera y los movimientos sociales en general languidece ante la realidad de la transformación del mundo del trabajo. Además, de la metamorfosis política y económica del país, al tiempo que su debilidad ante la progresiva degradación del debate interno de la Central.

Las cifras reafirman esta realidad: 531.000 afiliados a finales de 2013 contrastan con los iniciales millón cincuenta mil de 1986. La CUT, junto con el resto de centrales y sindicatos independientes solo logra agrupar al 4.7 por ciento de la Población Económicamente Activa (PEA) del país. Si se quiere contrastar aún más, habría que decir que los desempleados reconocidos por las cifras oficiales casi triplican a los trabajadores sindicalizados; y los trabajadores informales, los que padecen el rebusque, alcanzan a ser casi 13 veces más que los agrupados en las organizaciones sindicales.

Las conquistas de la clase trabajadora han sido menguadas y en no pocos casos congeladas por la sistemática violencia estatal, paramilitar y empresarial. Sin embargo, este solo factor no explica la crisis del sindicalismo colombiano. El nacimiento en 1986 de la CUT fue el parte aguas renovador del llamado sindicalismo democrático de masas, todo un concepto con el cual las izquierdas categorizan la unión de organizaciones de trabajadores socialistas, comunistas, social demócratas y liberales de izquierda y, al mismo tiempo, desde este instante los acuerdos de unidad del sindicalismo se hicieron tras las bambalinas de los ejecutivos y dirigentes nacionales de la central, repitiendo el repertorio que desde siempre ha caracterizado a las cuestionadas Central General del Trabajo y Central de Trabajadores de Colombia.

De esta manera, y a pesar de las aspiraciones,en las casi tres décadas trascurridas de existencia de la CUT hasta ahora no fue posible resolver retos como la democratización sindical, la territorialización, el diálogo con la clase trabajadora no organizada, la vinculación con la población no organizada del país, la extensión de una política activa ante los trabajadores ilustrados (el proletariado contemporáneo) y de servicios e, incluso, a pesar de haber poseído un proyecto alternativo de plan nacional de desarrollo en la década de los noventa, no llegó a realizarse una discusión profunda en torno a temas sustanciales, entre estos: cómo reaccionar frente a la crisis económica y cómo reorganizar la producción en torno a los intereses de los trabajadores y las trabajadoras. Estos cuellos de botella están trasformados hoy en irresolubles características de la mentalidad y de la subjetividad del sindicalismo en nuestro país; sus consecuencias no son pocas:

Primero, el sindicalismo colombiano anda un paso atrás del neoliberalismo, y así ha definido sus planes de lucha. Sin desmeritar que la resistencia al sindicalicidio ha sido ya en sí mismo un valiente y gran acto, es decir existir ya es un enorme logro, cabe resaltar que la CUT –y el sindicalismo en general–hasta ahora no ha realizado un balance pormenorizado que le permita adentrarse en las perspectivas del régimen productivo, económico y politico de forma tal que pueda caracterizar sus variables fundamentales, para de esta manera determinar el qué hacer más allá de las simples reacciones o del crecimiento o conservación vegetativo. No de otra manera puede la CUT proponerse en algún la iniciativa de emplazar al empresariado, y al poder en su conjunto.

Las consecuencias de esto también se revelan, no sólo en la incomprensión del presente, sino también en la incapacidad para proyectarse, lo que la ha llevado a privilegiar una vía para la confrontación, en lo fundamental, institucional. Su expresión máxima es el lobby parlamentario, y la misma 'negociación' anual del salario mínimo, breve instante durante el cual esta y las otras centrales figuran ante todo el país.

Segundo, la CUT –y el sindicalismo restante– no ha(n) afrontado los cambios organizativos que conlleva enfrentarse al neoliberalismo. Es decir, no han ocurrido los cambios estatutarios y por la base que brinden la posibilidad de que las organizaciones sindicales sean instrumentos de lucha más allá de sus afiliados, lo que ha contribuido para languidecer la vitalidad de las organizaciones de los laboriosos del país. El accionar insuficiente de la estructura frente a la tercerización, los trabajadores/as juveniles, la flexibilización, la informalidad, es decir, la débil presencia y la débil cotidianidad frente a las transformaciones del mundo de la producción,determinaron una visión en la que el sujeto de las centrales obreras –y los sindicatos en general– son sus mismos afiliados y no todo aquel que convive en el mundo del trabajo.

El sindicalismo no logró hasta ahora imponer su propia agenda al establecimiento, lo que la limita en su interlocución social. Producto de la violencia estatal y paramilitar decenas de sus vasos comunicantes con el país de abajo fueron rotos; pese a ello, y a su raquitismo social, continúa figurando como uno de los sectores con mayor organización en Colombia. Sin embargo, también el propio sindicalismo, producto de su condición defensiva, se ha limitado, y en no pocos casos aislado, en su relacionarse con los territorios en donde sus afiliados hacen presencia, extensión y territorialización que sin duda alguna lo llevarían a potenciar su referente social, y con ello a transformarse radicalmente.

La CUT, y el sindicalismo en general, se restringen cada día más al circulo de los trabajadores estatales, en lo fundamental el magisterio. La composición de los ejecutivos nacionales, así como la incidencia real del sindicalismo denota estancamiento: se han convertido en organismos de trabajadores con convenciones colectivas que no atienden a las nuevas generaciones,ni a las expectativas de los trabajadores de las grandes empresas privadas donde las convenciones colectivas son vapuleadas cada día con pactos colectivos, contratos basura y la estabilidad laboral es un mito, decantándose en la relación patrón-obrero lo peor del régimen laboral colombiano.

La CUT no se agrupa ni daa conocer con las experiencias más relevantes de la transformación del sindicalismo a nivel latinoamericano y mundial. Contrario a ello, el debate interno entre los sectores que están representados en el ejecutivo queda reducido al interrogante ¿continuar, si o no, la afiliación a la Central Sindical Internacional (CSI)?, la misma que hasta hace poco fue dirigida por el laborista ingles Guy Ryder, actual presidente de la OIT.

Con esta práctica y privilegios, dejan de examinarse y discutirse –como experiencias y referentes– prácticas como las del sindicalismo de base argentino, que renace en la lucha con los tercerizados y la recuperación de fábricas, además de increpar a las burocracias sindicales de las centrales gobiernistas de su país; o la falta de acercamiento a las corrientes por la reconstrucción sindical brasilera que en sectores como el deltransporte público en sus principales ciudades aportan a la reconstrucción de las relacionescon los usuarios y el resto de la sociedad. Como vía expedita la CUT prefiere un escenario tímido en los lánguidos comunicados y actas de denuncia internacional, que es lo único que permite la tribuna de la CSI. Se deja de mirar hacia el continente y el mundo para luchar internacionalmente en una restringida perspectiva de articularse para la breve denuncia.

Un debate burocrático de corrientes que impide y es ficción de una democracia obrera profunda. El IV congreso de la CUT está diseñado para que los sindicatos grandes, con más de 500 afiliados, asistan al espacio, obviando a las organizaciones de trabajadores pequeñas que agrupan a parte de los trabajadores en industrias y ramas privadas con mayores dificultad para desatar la lucha. Adicionalmente se realiza en un ambiente donde la mayoría de los delegados fueron elegidos hace un año. Además, su actual junta directiva fue elegida antes de la realización del congreso, impidiendo que las tesis del mismo queden expresadas en la recomposición de los organismos de dirección nacional.

De esta manera, este congreso de la CUT termina siendo un escenario de disputa de las fuerzas expresadas como corrientes dentro del ejecutivo nacional (corriente democrática, corriente del Polo y corriente clasista) y no en un amplio evento democrático en donde las tesis fuesen elaboradas y discutidas por sitio de trabajo, por rama de la producción y por territorios, propiciando que la cita del 24 al 26 de septiembre no entusiasme a nadie más que a algunas juntas directivas, transformándose más bien en un insípido debate de tramite.

No es extraño, entonces, que por doquier se enuncie la imperiosa necesidad de reconstruir la CUT desde un propósito de reactivar las bases sindicales y reconstruir los vasos comunicantes con la sociedad, su interacción con la misma y, por su conducto, la conexión profundo con la centralidad del mundo del trabajo.

Desde luego, las banderas políticas por la democracia, soberanía y la paz –que hacen parte del lema de su VI congreso–, no deben ser abandonadas, pero ellas pueden ser significadas a través del fortalecimiento de la incidencia en una clase trabajadora cada día más extensa que afronta la precaria situación de la tercerización, la informalidad, la reclusión en las economías de servicios, la reprimarizacion y la desindustrialización. Dicho de otra manera, es el momento en el cual es necesario pensar el renacimiento del sujeto colectivo que significan los trabajadores/as y, porque no, entusiasmarnos en pensar que podemos resurgir para superar al poder.

Publicado enEdición Nº206