Eusebio Leal, Historiador de La Habana. Foto: Yander Zamora/ La Tiza

 “El que conoce lo bello, y la moral que viene de él,

 no puede vivir luego sin moral y sin belleza”.

José Martí

 

Frente al Historiador de La Habana, Eusebio Leal, se han sentado decenas de personas con el propósito de entrevistarle; de incontables formas se ha recabado su opinión acerca de “lo humano y lo divino”, lo inmaterial y lo tangible. Cuando una sabe que tendrá la posibilidad de estar en ese rol, al inmenso honor se le suma una igual dosis de ansiedad.

¿Qué pregunta, entre todas las deseadas, presentarle? ¿Cuál, que no sea reiterativa? ¿Cómo deslindar y establecer en tan poco tiempo un puente entre su obra de rescate patrimonial y la promoción de una cultura de diseño en el entorno visual del Centro Histórico habanero?

Ante la condicionante de su escaso tiempo es preciso ir a las esencias y centrarnos en el factor común que caracteriza el trabajo de la Oficina del Historiador al intervenir un inmueble, un espacio abierto o editar una publicación: la estética de lo bien hecho.

 La belleza, en su relación con el diseño, no es resultado de una acción cosmética, de una convocatoria a destiempo para poner “lindas” las cosas. En cambio, un producto de buen diseño irradia belleza en la armonía que integran su expresión material, el uso al que invita, las ideas que representa. ¿Cómo se forma en usted la noción de lo bello?

— Para empezar, habría que tomar como exergo ese hermoso poema cantado de Silvio Rodríguez, cuando pide que el rabo de nube se lleve lo feo y deje con nosotros lo bello.

“Lo bello siempre es una relación misteriosa entre nosotros y lo que admiramos, pero no cabe duda de que eso también es fruto de una educación y de la interacción con una serie de señales que nos van marcando pautas.

“Cuando era niño, en la escuela se nos pedía hacer diseños con papelitos de colores, algo parecido al origami japonés. Aquello era una sugerencia para el uso del color y de la forma, para la búsqueda de una estética de la vida cotidiana, que es para mí la cuestión fundamental.

“Hay una necesidad de transmitir a todas las generaciones ese culto a la belleza. Para ello el diseño debe entrar en el universo del hogar y estar presente en los cubiertos, la loza, el vestuario.

“Hace años una gran amiga, Nisia Agüero, realizó grandes esfuerzos por llevar el arte y el diseño a los tejidos. Enseñanzas como esa ayudaron a formar en nosotros —la Oficina del Historiador— una urgencia por decir nuestra palabra a partir de una política: incorporar el diseño a las diferentes esferas de nuestro quehacer. Así lo hicimos con las publicaciones, es algo en lo cual ha trabajado mucho (Carlos Alberto) Masvidal, Premio Nacional de Diseño y que se ejemplifica en los títulos de nuestra casa editora Boloña o en los números de la revista que testimonia nuestra labor, Opus Habana.

“También hemos integrado el diseño a la concepción de una moderna versión del museo que trasciende la muestra de la colección y apuesta por la interactividad; es lo que hemos desarrollado en el Palacio del Segundo Cabo.

“De igual manera, en la nueva museología didáctica dirigida a los niños y jóvenes del Centro a+ espacios adolescentes, hay todo un diseño que aprovecha los códigos de la antigua fábrica que existía donde hoy está enclavada la institución, para hacer un discurso de la belleza en el mundo fabril.

“Hemos tratado de incorporar estos principios en la concepción de una vivienda decorosa y digna, para lo cual hacemos algo más que levantar paredes, dentro de los límites que imponen las carestías. Soy de los que creen que con poco se puede hacer mucho”.

Sin necesidad de pausas para rebuscar en el pasado, Eusebio elige entre sus memorias una vivencia muy peculiar, que ejemplifica su afirmación.

“En la antigua casa de la Obrapía, que no era lo que conocemos hoy sino un edificio habitado, un gran solar lleno de barbacoas y laberintos, vivían unos amigos que precisamente trabajaban en una revista. Un día me invitaron a que comiera en su hogar y, al llegar, me encontré algo inconcebible. Habían arreglado todo usando cajas y otros objetos que las personas desechaban, armonizando colores; tenían una jaula de güin con un canario, una mesita con sus cuatro sillas diferentes… Ellos me demostraron que era posible, con escasos medios, construir un pequeño espacio de felicidad. Con poco se puede hacer algo útil y bello, siempre y cuando bien se utilice.

La Oficina del Historiador ha apostado por expresar ese maridaje entre forma y función a través de obras de alto impacto social. Así vemos viviendas, escuelas, centros de atención a adultos mayores o a menores de edad que son referentes tanto estéticos como en los servicios que prestan. ¿Cómo se llega a este concepto?

— Es el resultado de una evolución; siempre he negado que sea la obra de un iluminado, rechazo para mí el protagonismo absoluto en estas cuestiones. Tenemos varios puntos desde los cuales florecen iniciativas que se expresan en proyectos como el de “a+”, uno de los más importantes, en mi opinión.

“La manzana donde se ubica el Centro —delimitada por las calles Teniente Rey, Habana, Muralla y Compostela— era un amasijo en el que se encontraban una antigua fábrica de medicamentos, otra de envases, unos depósitos de alcohol; lo que había sido el colegio de José de la Luz y Caballero1 se había convertido en un taller de reparación de vehículos… Todo aquello había sido anarquizado, nada tiraba en una sola dirección.

“El nuevo proyecto se concibió como un desarrollo armónico en el cual habría viviendas, se restauraría la farmacia, rescataríamos la huella positiva del pasado que era la escuela, pero quedaba una piedra por solucionar: la vieja fábrica.

“Ahí se diseñó el Centro de Adolescentes. La dirección de Arquitectura y Urbanismo de la Oficina del Historiador, particularmente ese equipo que trabajó con el arquitecto (Orlando) Inclán, hizo un trabajo precioso, dejando toda la maquinaria industrial a la vista, la viga de hierro transformada con un cambio de color, las ruedas dentadas… Rescatar y mostrar el patrimonio industrial es importantísimo”.

De la descripción del proyecto hecho realidad Leal pasa, casi sin transición, a hablarnos de un nuevo anhelo; como si para él no hubiera posibilidad de conformarse mientras exista un lugar relevante opacado por el deterioro o la infrautilización.

“Sueño con el gran edificio de la fábrica de electricidad2 convertido en un centro de arte moderno, donde toda esa antigua tecnología pueda dar una explicación de sí misma y nos introduzca a un mundo donde ya no habite el silencio sino la cultura, la conferencia, el trasiego de las personas de un lugar a otro. Lograr introducir esos códigos en las nuevas generaciones es trascendental, sobre todo ante el avance de una degradación de la ciudad.

“En distintos lugares vemos cómo va surgiendo un tipo de arquitectura desorientada donde la gente busca resolver sus problemas, pero no hay una palabra que le diga ‘esta es la línea, este es el pequeño espacio de caminar, aquella el área verde, así la fachada’. Se trata de una arrabalización que ignora lo bello como necesidad incorporada a la necesidad elemental de tener un techo”.

 Ante esa proliferación de ambientes anárquicos, ¿cuán necesario resulta hacer del diseño un componente más activo en el modelo de prosperidad que queremos construir?

— Primero he de decir que no se puede convertir en consigna o en esquema grabado en lápida algo tan serio como aspirar a un socialismo próspero y sostenible. ¿Cómo puede ser próspero y sostenible nuestro modelo, si no se desatan las manos de la creatividad, si no se establece un diálogo perenne con la realidad. ¿De qué manera lograrlo si primero no se pone la mano en el corazón de la necesidad, si de pronto un acontecimiento extraordinario —como el tornado que castigó gran parte de capital cubana el pasado 27 de enero— nos pone de manifiesto y nos tira sobre la mesa las enormes necesidades acumuladas en la gran concentración que la ciudad supone, quizás una de las más grandes en esta latitud de las Antillas?

“Cuando yo hablo de la monumentalidad de La Habana nunca me refiero al Centro Histórico, porque siempre he afirmado que tiene muchos centros históricos, como Luyanó, otros espacios de Diez de Octubre, La Lisa… En cada uno de ellos se ha manifestado la originalidad y la creatividad de generaciones para construir un diseño orgánicamente previsto desde el día en que nace la ciudad, cuando se orienta que las calles deben caminar de norte a sur, buscando los vientos; la plaza será lugar de reunión; la fuente servirá para buscar el agua, lavar la ropa y dar una imagen de tranquilidad en la relación del hombre con el agua.

“Creo que esa noble aspiración a la que todos queremos contribuir (el socialismo próspero y sostenible) tiene que basarse sobre esos parámetros. La ciudad no es un campamento, es algo más; precisamente, el campamento ha quedado atrás, la ciudad es una expresión superior; hay una racionalidad en su diseño que no puede ser omitida, ni tampoco pretender que sea homogénea. Cada barrio tiene su personalidad, cada invisible frontera aporta un carácter diferente, una forma de conducirse, de expresarse, de ver el mundo.

“Hay una síntesis de ese diseño en el gran paseo de la 5ta. Avenida, donde cada cierto tiempo los árboles cambian, cada tramo tiene su especificidad; por un momento vemos las palmas de corojo, luego aparecen las palmas barrigonas, en un punto están las acacias nudosas, en otro lado la araucaria… esa es la ciudad”.

La media hora acaba. Otros compromisos esperan por Eusebio. Nos despedimos reticentes. Una siente que a este entrevistado excepcional habría que haberle preguntado por el decoro, la Patria, la humildad, la migración, la escuela, los pregones, las tradiciones o el café; por La Habana Vieja que renace o La Habana nueva que envejece. Del otro lado, con la hidalguía indeclinable que su eterno traje gris no puede esconder, habríamos recibido siempre una respuesta generosa, sabia, intensa.

Pero una comienza y termina hablando de “lo bello” porque, como dijera a La Tiza el Premio Nacional de Diseño, Carlos Alberto Masvidal, en la Oficina del Historiador la belleza funciona, y bella es la obra de conservación patrimonial emprendida por esta institución, la cual nos permite amar y vivir una ciudad de 500 años con su bullicio, su eclecticismo y sus sábanas multicolores —ya nunca más solo blancas— izadas en los balcones. Porque bello es el legado de este Historiador dedicado a la restauración de las esencias de una urbe y de los sueños de quienes la habitan. Porque bello es ser leal al propósito de levantarse cada día para hacer de Cuba un país mejor, ser leal desde la médula, desde el apellido.

 

17 agosto 2019 |

Notas:

1 Antiguo colegio El Salvador, hoy escuela primaria. 

2 Edificación de Tallapiedra.

(Tomado de La Tiza)

Publicado enCultura
El sendero de las mariposas: un camino que lleva a ninguna parte

La propuesta del Sendero de las Mariposas representa un riesgo para los ecosistemas de los Cerros Orientales y las comunidades que habitan cerca de estas zonas, ¿Cómo se consolidó esta propuesta? ¿Cuáles son sus implicaciones? ¿Qué retos tiene la ciudadanía?

 

Desde el 2016, la actual alcaldía de Bogotá viene proponiendo para los Cerros Orientales la construcción de un sendero turístico que recorrería cerca de 102 kilómetros de la reserva bosque oriental, atravesando las localidades de Usme, San Cristóbal, Santa Fe, Chapinero y Usaquén; desde la antigua cervecería alemana hasta el embalse San Rafael. Esta propuesta ha sido catalogada como una amenaza inminente según las preocupaciones de los habitantes históricos de los barrios, así como de los grupos de ambientalistas y expertos en reservas forestales quienes han manifestado su oposición al proyecto.



El “genio” del urbanismo en Bogotá


La administración de Enrique Peñalosa ha utilizado varias excusas para el desarrollo del Sendero. Primero lo denomino “corta fuegos”, propuesta que supuestamente evitaría los incendios en los Cerros Orientales, tema altamente controversial, ya que según datos del cuerpo de Bomberos los incendios se presentan, en su mayoría, en la franja de adecuación con énfasis en la localidad de San Cristóbal. Cabe aclarar que la mayoría de estos incendios son causados por acciones antrópicas, mezcladas con plantas invasivas (pino, eucalipto, retamo espinoso) que permiten la propagación rápida de los conatos de incendio.

Bajo esta propuesta la alcaldía impulsó el contrato 001 de 2016, en el cual se toman los recursos de Fondo para la Adaptación al Cambio Climático, Fondiger y la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (Eaab) para la realización de los estudios y diseños del corta fuegos.  Una vez aprobados los recursos públicos destinados a las emergencias causadas por cambio climático, el “genio” del urbanismo se dio cuenta que para la realización de una propuesta como un sendero cortafuegos se requería una carretera de más de 30 metros de ancho en concreto, lo que no pasaría la viabilidad jurídica a la luz del fallo del Consejo de Estado de 2013 y el Plan de Manejo Ambiental de la Reserva del año 2015, que ordenan la protección de la reserva y la limitación de visitantes, los cuales solo pueden ingresar por los senderos tradicionales.

De esta forma Peñalosa decide dar un giro a la propuesta, disminuyendo el tamaño de los senderos y presentándolo como un proyecto turístico, trazando el sendero por ecosistemas altamente frágiles, como es el caso del tramo comprendido en la localidad de San Cristóbal–Santa fe, donde se realizará una afectación directamente en el páramo de Cruz Verde, por detrás del cerro El Aguanoso


Los riesgos del Sendero de las Mariposas en San Cristóbal


Como se mencionó anteriormente, según el cuerpo de Bomberos de Bogotá la localidad de la ciudad que más presenta incendios forestales en los Cerros es San Cristóbal, lastimosamente el sendero que pasará allí no ayudará a mitigar las emergencias porque avanzará por zona de paramo en lugar de pasar por la franja de adecuación.

En términos ambientales existe una profunda inquietud debido a que no existen estudios sobre la capacidad de carga que presentan los Cerros Orientales, tampoco se conoce de manera pública si el sendero sobrepasará los límites de visitantes causando daños irreparables. De esta forma preocupa que el modelo turístico intensivo con administración privada se adueñe de uno de los símbolos identitarios de Bogotá, y se convierta en un modelo turístico de destrucción ambiental como el impulsado en la quebrada la Vieja y las Delicias; de llegar a esto puede que se masifique y destruya una parte de las 14.000 hectáreas de reserva forestal.  Lo que está íntimamente vinculado con la propuesta de declarar urbano 500 hectáreas de los cerros en la Zona de Aprovechamiento Público Prioritario, lo que abriría la puerta a que se entregue este suelo a las empresas constructoras e inmobiliaria, causando un daño irremediable a la estructura ecológica principal y la gentrificación de los barrios aledaños.

Cabe señalar que las comunidades de los barrios cercanos a la reserva han presentado preocupaciones por las posibles afectaciones en términos de expansión urbana de la ciudad hacia el oriente, dado que realizar una carretera donde diariamente habrá un flujo importante de turistas causará el aumento de comercio formal de alta escala y puede generar también la consolidación de nuevos asentamientos humanos de múltiples estratos.


Situación actual del Sendero


En este momento el proyecto se encuentra a la espera del otorgamiento de la licencia ambiental por parte de la Anla, en este sentido la comunidad del Alto Fucha con el acompañamiento de la Colectiva Huertopía han avanzado en la consolidación de estrategias para defender la reserva forestal y la exigencia que se cumpla el fallo del Concejo de Estado. Por un lado, se invita a la ciudadanía a que se nombre como terceros intervinientes del proyecto para conocer al detalle los tramites de la licencia, así también se ha solicitado una audiencia pública para discutir los impactos sociales, ambientales y urbanísticos que tendrá el Sendero de las Mariposas y se preparan movilizaciones en contra del POT de la ciudad donde el Sendero de las Mariposas es uno de los proyectos representativos.

*Observatorio de Política Fiscal y Descentralización: Bogotá Ciudad, Región y el Grupo de Investigación Globalización y Saberes Alternativos. Integrante de la Colectiva Huertopía.

Publicado enEdición Nº259
El sendero de las mariposas: un camino que lleva a ninguna parte

La propuesta del Sendero de las Mariposas representa un riesgo para los ecosistemas de los Cerros Orientales y las comunidades que habitan cerca de estas zonas, ¿Cómo se consolidó esta propuesta? ¿Cuáles son sus implicaciones? ¿Qué retos tiene la ciudadanía?

 

Desde el 2016, la actual alcaldía de Bogotá viene proponiendo para los Cerros Orientales la construcción de un sendero turístico que recorrería cerca de 102 kilómetros de la reserva bosque oriental, atravesando las localidades de Usme, San Cristóbal, Santa Fe, Chapinero y Usaquén; desde la antigua cervecería alemana hasta el embalse San Rafael. Esta propuesta ha sido catalogada como una amenaza inminente según las preocupaciones de los habitantes históricos de los barrios, así como de los grupos de ambientalistas y expertos en reservas forestales quienes han manifestado su oposición al proyecto.



El “genio” del urbanismo en Bogotá


La administración de Enrique Peñalosa ha utilizado varias excusas para el desarrollo del Sendero. Primero lo denomino “corta fuegos”, propuesta que supuestamente evitaría los incendios en los Cerros Orientales, tema altamente controversial, ya que según datos del cuerpo de Bomberos los incendios se presentan, en su mayoría, en la franja de adecuación con énfasis en la localidad de San Cristóbal. Cabe aclarar que la mayoría de estos incendios son causados por acciones antrópicas, mezcladas con plantas invasivas (pino, eucalipto, retamo espinoso) que permiten la propagación rápida de los conatos de incendio.

Bajo esta propuesta la alcaldía impulsó el contrato 001 de 2016, en el cual se toman los recursos de Fondo para la Adaptación al Cambio Climático, Fondiger y la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (Eaab) para la realización de los estudios y diseños del corta fuegos.  Una vez aprobados los recursos públicos destinados a las emergencias causadas por cambio climático, el “genio” del urbanismo se dio cuenta que para la realización de una propuesta como un sendero cortafuegos se requería una carretera de más de 30 metros de ancho en concreto, lo que no pasaría la viabilidad jurídica a la luz del fallo del Consejo de Estado de 2013 y el Plan de Manejo Ambiental de la Reserva del año 2015, que ordenan la protección de la reserva y la limitación de visitantes, los cuales solo pueden ingresar por los senderos tradicionales.

De esta forma Peñalosa decide dar un giro a la propuesta, disminuyendo el tamaño de los senderos y presentándolo como un proyecto turístico, trazando el sendero por ecosistemas altamente frágiles, como es el caso del tramo comprendido en la localidad de San Cristóbal–Santa fe, donde se realizará una afectación directamente en el páramo de Cruz Verde, por detrás del cerro El Aguanoso


Los riesgos del Sendero de las Mariposas en San Cristóbal


Como se mencionó anteriormente, según el cuerpo de Bomberos de Bogotá la localidad de la ciudad que más presenta incendios forestales en los Cerros es San Cristóbal, lastimosamente el sendero que pasará allí no ayudará a mitigar las emergencias porque avanzará por zona de paramo en lugar de pasar por la franja de adecuación.

En términos ambientales existe una profunda inquietud debido a que no existen estudios sobre la capacidad de carga que presentan los Cerros Orientales, tampoco se conoce de manera pública si el sendero sobrepasará los límites de visitantes causando daños irreparables. De esta forma preocupa que el modelo turístico intensivo con administración privada se adueñe de uno de los símbolos identitarios de Bogotá, y se convierta en un modelo turístico de destrucción ambiental como el impulsado en la quebrada la Vieja y las Delicias; de llegar a esto puede que se masifique y destruya una parte de las 14.000 hectáreas de reserva forestal.  Lo que está íntimamente vinculado con la propuesta de declarar urbano 500 hectáreas de los cerros en la Zona de Aprovechamiento Público Prioritario, lo que abriría la puerta a que se entregue este suelo a las empresas constructoras e inmobiliaria, causando un daño irremediable a la estructura ecológica principal y la gentrificación de los barrios aledaños.

Cabe señalar que las comunidades de los barrios cercanos a la reserva han presentado preocupaciones por las posibles afectaciones en términos de expansión urbana de la ciudad hacia el oriente, dado que realizar una carretera donde diariamente habrá un flujo importante de turistas causará el aumento de comercio formal de alta escala y puede generar también la consolidación de nuevos asentamientos humanos de múltiples estratos.


Situación actual del Sendero


En este momento el proyecto se encuentra a la espera del otorgamiento de la licencia ambiental por parte de la Anla, en este sentido la comunidad del Alto Fucha con el acompañamiento de la Colectiva Huertopía han avanzado en la consolidación de estrategias para defender la reserva forestal y la exigencia que se cumpla el fallo del Concejo de Estado. Por un lado, se invita a la ciudadanía a que se nombre como terceros intervinientes del proyecto para conocer al detalle los tramites de la licencia, así también se ha solicitado una audiencia pública para discutir los impactos sociales, ambientales y urbanísticos que tendrá el Sendero de las Mariposas y se preparan movilizaciones en contra del POT de la ciudad donde el Sendero de las Mariposas es uno de los proyectos representativos.

*Observatorio de Política Fiscal y Descentralización: Bogotá Ciudad, Región y el Grupo de Investigación Globalización y Saberes Alternativos. Integrante de la Colectiva Huertopía.

Publicado enColombia
Lunes, 29 Julio 2019 09:20

Entre moscas, ratas y minería

Entre moscas, ratas y minería

Salimos a caminar la palabra por uno de los rincones empobrecidos de Bogotá, la capital. El proceso Asamblea Sur dirigió el recorrido por la localidad de Ciudad Bolívar, explicando la realidad de este territorio urbano-rural. Primero, la minería es un problema visible. El río Tunjuelo desviado en una parte, montañas convertidas en paredes de escombros y áreas inundadas que antes fueron barrios. Debido al trabajo de Cemex y la Arquidiócesis de la Iglesia, que llevan más de 60 años sacando piedra y arena para cemento.

El desordenado crecimiento de barrios por la ladera de la montaña también se nota a simple vista. Las fachadas sin pintar, tejas de zinc, una que otra calle pavimentada, son resultado del desplazamiento de comunidades de departamentos del Meta, Casanare, Boyacá, la Costa Caribe, entre otros, cuya razón común es el conflicto armado y social que vive el país. Es así, como desterrados de paramilitares, fuerza pública y guerrilla se asentaron en este territorio desde los años 70-80, pagando a los llamados terreros lotes con neveras, estufas, y otros bienes, pero también con cuotas mensuales, y hasta con hijas para hacerse a un pedazo de tierra donde levantar un rancho. Según nuestros guías, los terreros son apadrinados por concejales y políticos grandes de la ciudad. Mafia rentable.
 
Ocurre que en sus inicios estas comunidades traían con ellas, y desde su tierra natal, los conflictos. Los grupos paramilitares que se disputaban el territorio en Casanare, se encontraban en este rincón de la capital, y se encendían aquí también. Pero fueron entendiendo que eran víctimas de un problema común, la pobreza. Pobreza propiciada por las políticas de los distintos gobiernos, y por sus alianzas con gobiernos y grandes empresas extranjeras.

El vecino problemático del territorio, es el basurero Doña Juana. Cuyo proyecto se expuso a los campesinos y les aseguraron que duraría 10 años, ya llevan 30 y nada que dejan de depositar ahí los desechos de toda la ciudad. Moscas, zancudos, ratas, malos olores, problemas respiratorios, todo ello invadió la salud de la gente. La empresa Consorcio Centro de Gerenciamiento Doña Juana, que administra el basurero, recibe plata de la Suez Vivendi francesa (dueño de aguas de Barcelona). A esta relación económica la rodea la sospecha de un proyecto igual o más grande que Doña Juana, pues la Suez también tiene como negocio el agua en Panamá, Chile, Brasil y México, con inversiones en tratamiento de aguas residuales; y al estar cerca el páramo del Sumapaz (el más grande del mundo) despierta grandes sospechas. Blanco es, gallina lo pone y frito se come.

A medida que vamos subiendo la loma, vamos dejando atrás el barrio para llegar a la vereda. Pasquilla y Pasquillita nos reciben con fresas orgánicas, tinto, buñuelos y abrazos. Doña Tere, Salvador, Mechi nos cuentan desde el calor de su casa cómo han resistido por medio de la organización y paros a Doña Juana, al incremento de los robos, al abandono estatal y al empobrecimiento. Desde 1997 este territorio se moviliza contra las basuras y sus enfermedades. Las respuestas de la empresa y Alcaldía son platos amarillos y cintas con pegamento para atrapar moscas.

Junto a los paros, este proceso ha generado escuelas agroecológicas, fincas ecoturísticas, recorridos por el territorio conociendo las rutas muiscas y la permanente movilización para defender los bienes comunes, como el agua. Es así como el caminar de Asamblea Sur ha construido un sentido popular de la tierra, con cuatro enfoques:

-    Transicional: Manejo y transformación de los conflictos a un escenario deseado.
-    Diferencial: En lo biofísico: diversidad de ecosistemas, cultural, socio-económico, formas de apropiación y producción del territorio. Político-jurídico, diferentes regulaciones, institucionales y comunitarias
-    Territorial: Gestión del territorio y construcción de Autonomía territorial realidades locales
-    Participante: tarea conjunta y coordinada con la comunidad.

A pesar de las circunstancias cambiantes de su territorio, de las basuras, del desprecio gubernamental, estas comunidades organizadas se rehúsan a salir de los espacios que aún conservan como agro, pero teniendo una vida digna. ¿Qué les garantiza esa vida digna? La protesta social y la capacidad de organizarse con lo que construyen el tejido y fuerza social para exigir al Estado condiciones dignas de vida.

Es una disposición de vida, a pesar de las moscas, siempre zumbando sobre la comida. A pesar de ello, estos habitantes urbano-rurales siguen sonriendo y ofreciendo rica aromática con yerbas del jardín, y sonrisas sinceras que no acalla una multinacional extranjera o el vecino molesto que traga y traga basura.

*Secretaría de Comunicación y Formación
Coordinador Nacional Agrario

Publicado enEdición Nº259
Sábado, 06 Julio 2019 08:22

Los enredos del POT de Bogotá

Los enredos del POT de Bogotá

La aprobación del Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de la ciudad de Bogotá es una de las últimas apuestas del alcalde Enrique Peñalosa; lo que se decida sobre el particular será fundamental para el futuro de la ciudad, los territorios y la ciudadanía ¿En qué va esta discusión? ¿Cuáles son los retos para la ciudadanía?

 

Transcurren días sustanciales para quienes habitamos en la capital del país. No es para menos, ya que está en etapa de formulación y aprobación la Modificación Excepcional del Plan de Ordenamiento Territorial (MePOT), una necesidad de tipo normativo que intenta resolver la administración de la ciudad a partir de la decisión judicial del Consejo de Estado que ordenó la modificación y ajuste, cumplido el plazo de 12 años de realizado el plan de la ciudad, con el decreto 619 del 2000.

Es un proceso con historia. En el año 2013, durante la administración de Gustavo Petro se propuso la Modificación Excepcional del POT cumplido el vencimiento de doce años de vigencia. Con el decreto 364 se formuló una propuesta inicial, la que no fue aprobada por el Concejo Distrital, además de ser suspendido por el Consejo de Estado, al evidenciase fallas relacionadas con las competencias al emitirlo, contrariando y desconociendo las facultades constitucionales y legales del Concejo de la Ciudad. Es por ello que desde el año 2016 obligan al Distrito a realizar la primera revisión ordinaria de dicho POT.


Situación actual del POT de Peñalosa

En este momento (junio de 2019), el POT se encuentra en la fase de concertación con el Consejo Territorial de Planeación del Distrito Capital –Ctpd–, instancia que representa a la sociedad civil y que cuenta con más de 100 consejeros, en representación de 22 sectores y poblaciones, que por la perspectiva diversa que maneja, es factible que vote de manera negativa la propuesta de Peñalosa. Aunque este tramite durará cerca de un mes, su concepto no es definitorio y la administración podrá presentarlo ante el Concejo de Bogotá, instancia que tendrá alrededor de 90 días para aprobarlo o rechazarlo.

Es necesario resaltar que el proceso previo estuvo marcado por los enredos presentados ante la firma del acta de concertación con la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca –CAR–, entidad encargada de hacer los ajustes necesarios para velar por el ordenamiento territorial equilibrado con la protección del ambiente. En este punto del proceso es donde se enreda el trámite del POT, primero, porque el actual director de la entidad, Néstor Franco, presenta un posible conflicto de intereses, ya que la entidad tiene proyectos en la Reserva Thomas Van Der Hammen, motivo por el cual no puede firmar sustracción o delimitación de dicho espacio. Esta recusación fue presentada ante la Procuraduría solicitando la anulación del acta de conciliación y, además, reclamando que sea este ente de control quien realice la revisión del POT. A esto se suma la inhabilidad y la destitución, en primera instancia, que tiene el director de la CAR Cundinamarca, por su presunta participación irregular en la contratación de la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (Ptar 2) en Chía.

Con este panorama, es claro que los tiempos para la aprobación del POT corren en contra de la actual administración. Sumemos y concluiremos que esta administración está en la cuerda floja: Se estima que la concertación con la Procuraduría, de ser aceptada, estaría lista en un mes; con esta luz verde pasaría al Ctpd, para seguir al Concejo de la ciudad, lo que sumado a la época electoral, y la misma terminación de la administración Peñalosa, dan como resultado una delgada cuerda floja. Claro, cuenta a su favor el interés del gran capital por dejar todo amarrado para la próxima década, de ahí que intrigas y presiones de diverso tipo no estarán ausentes a lo largo de los meses venideros.

Si a esta realidad se le suma la inconformidad ciudadana y los anuncios de movilización contra el POT por parte de las comunidades, ambientalistas y estudiantes de la Universidad Nacional, se plantea un escenario muy complicado para la Secretaría de Planeación (SDP). Son múltiples las voces que declaran una desigual participación en la elaboración del POT, donde el principal énfasis lo han tenido las empresas relacionadas con los sectores financieros, de construcción e inmobiliario, por encima de las comunidades o los grupos ciudadanos.

 

Un POT sometido a los intereses de los grupos económicos y de espalda a las comunidades

 

Las socializaciones realizadas por la SDP en las 117 UPZ de la ciudad dejan mucho que pensar, con espacios no definitorios o puramente informativos para las comunidades. Por el contrario, destaca la diligencia con la que fueron atendidas las recomendaciones presentadas por la Cámara Colombiana de la Construcción (Camacol), la agremiación donde confluyen las empresas constructoras y las fiduciarias de los bancos, quienes ejercen una fuerte presión política para aumentar las zonas de expansión urbana, los proyectos de renovación y flexibilización de las normas urbanísticas para el caso del POT. Camacol no solo participó en las socializaciones, sino que se articula de forma directa con los proyectos bandera de la actual Alcaldía, gremio que tiene en perspectiva una ciudad expandida en los extremos con macroproyectos de vivienda y con troncales de Transmilenio a lo largo y ancho de la ciudad; así mismo apoyan la propuesta del Metro elevado y la conversión de la Estructura Ecológica Principal en espacio público. Es claro que las empresas constructoras y el sector financiero fueron los principales financiadores de la campaña de Enrique Peñalosa y están pasando cuenta de cobro.


Ahora bien, es importante detenernos un momento en algunos de los “aportes” de Camacol. Frente al POT de Bogotá, llama particularmente la atención que dentro de los insumos técnicos, jurídicos, etcétera, para la construcción de norma de ciudad plasmada en el POT, proponen la integración entre el sector público y privado en búsqueda de “mejoras” de las condiciones urbanísticas”, alegando una responsabilidad de las empresas privadas en la construcción de ciudad y, por lo tanto, en la elaboración del nuevo ordenamiento, posicionando el gremio como un actor fundamental del insumo para la planeación pero también de decisión, concertación y consulta.

Además, plantean que los proyectos de construcción también dependen, y de forma importante, de la seguridad jurídica del sector de la vivienda. A partir de tal premisa reclaman que las licencias urbanísticas son suspendidas, modificadas o desconocidas de forma unilateral en algunos casos, por lo que exigen garantías por parte de las autoridades territoriales –seguridad jurídica– para las licencias urbanísticas.

También demandan crear condiciones dentro del marco jurídico, propias para mejorar los niveles de competitividad,  lo cual se evidencia, por ejemplo, como una de las estrategias de la política de competitividad dentro del POT presentado por Peñalosa: “Simplificar las normas urbanísticas para facilitar su aplicación”, buscando una flexibilización en la norma, para poder llevar a cabo los planes de renovación y expansión urbana.

 

El debate de la expansión

 

Los proyectos que quiere hacer la actual administración en los extremos de la ciudad, como Lagos de Torca en el norte, Ciudad Río –hacía el occidente por el río Bogotá– y Lagos del Tunjuelo hacía el sur, son proyectos que buscan generar nuevos suelos para abrir mucho más el mercado del suelo y la vivienda en Bogotá.


La pregunta que debemos hacernos para evitar el crecimiento indiscriminado de la ciudad y la afectación a la Estructura Ecológica Principal es: ¿qué tanto suelo de expansión urbana requiere Bogotá? Este es, precisamente, el punto de discusión más fuerte entre defensores y detractores de la propuesta de POT, pues por un lado están las empresas y el sector financiero que apoyan la idea que en los próximos 12 años Bogotá construya alrededor de un millón de viviendas, con una variable digna de detallar: disminuyendo la construcción de Vivienda de Interés Social Prioritaria (VIP) y Vivienda de Interés Social (VIS) dentro de Bogotá y entregando la tarea de proveer vivienda propia para las clases bajas a los municipios aledaños.

Los detractores de la propuesta de ampliación del suelo de expansión urbana argumentan que construir un millón de viviendas tiene repercusiones sumamente graves pues para tal fin se requiere la afectación de varias zonas estratégicas de la estructura ecológica principal, específicamente la Reserva Thomas Van Der Hammen y la Zona de Aprovechamiento Público Prioritaria de los Cerros Orientales. Urbanizar estas zonas solo favorecería a los inversores privados en detrimento del derecho al ambiente sano para el conjunto de los ciudadanos. Para la Veeduría de Cerros Orientales el tope máximo de viviendas nuevas requeridas por Bogotá para los próximos 12 años no debe pasar de 500.000, es decir, la mitad de la propuesta y para ello se puede redensificar el centro, evitando tocar en lo más mínimo la Estructura Ecológica Principal.


¿Qué hace desigual la toma de decisiones sobre POT?

 

Debe destacarse que la desigualdad en la toma de decisiones está mediada por la acumulación de los poderes económicos y políticos, y la forma como se insertan los espacios en la prestación de servicios, en conexión con el mercado internacional. Es evidente que la realización de los planes de ordenamiento pasa por revisiones muy estrictas por parte de las empresas relacionadas con la construcción, el sector financiero y las inmobiliarias quienes terminan definiendo el valor de cambio de la ciudad, según beneficio económico y la inserción en el mercado mundial, lo que hemos denominado como control corporativo del territorio. Esto complejiza la dinámica de realizar consensos entre los múltiples intereses que existe sobre la ciudad, que varían según la clase, etnia, género y los actores con el tipo de propiedad, el poder político y económico que tengan.

 

Los retos para la ciudadanía

 

Informarse sobre los cambios en el uso del suelo en cada UPZ y los megaproyectos que vienen para Bogotá, es un deber de la ciudadanía. Discutir en los espacios académicos y de participación es un derecho; organizarse como lo hacen los defensores de los parques o bosques –como el San Carlos y Bavaria– o quienes luchan contra el Sendero de las Mariposas en los Cerros Orientales y la defensa de la reserva Thomas Van Der Hammen, así como quienes apuestan por la construcción del Parque Cerro Seco y el cierre del botadero Doña Juana, también los que ejercen presiones para descontaminar los ríos Salitre, Fucha y Tunjuelo, evitando la pavimentación de áreas estratégicas, son formas de prepararse para las jornadas de movilización que vendrán, que invitan a construir el derecho a la ciudad y que buscan siempre preservar la estructura ecológica principal.

 

* Integrantes del Observatorio de Política Fiscal y Descentralización: Bogotá Ciudad Región y el Grupo de Investigación Globalización y Saberes Alternativos.

Publicado enColombia
Domingo, 30 Junio 2019 15:58

Los enredos del POT de Bogotá

Los enredos del POT de Bogotá

La aprobación del Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de la ciudad de Bogotá es una de las últimas apuestas del alcalde Enrique Peñalosa; lo que se decida sobre el particular será fundamental para el futuro de la ciudad, los territorios y la ciudadanía ¿En qué va esta discusión? ¿Cuáles son los retos para la ciudadanía?

 

Transcurren días sustanciales para quienes habitamos en la capital del país. No es para menos, ya que está en etapa de formulación y aprobación la Modificación Excepcional del Plan de Ordenamiento Territorial (MePOT), una necesidad de tipo normativo que intenta resolver la administración de la ciudad a partir de la decisión judicial del Consejo de Estado que ordenó la modificación y ajuste, cumplido el plazo de 12 años de realizado el plan de la ciudad, con el decreto 619 del 2000.

Es un proceso con historia. En el año 2013, durante la administración de Gustavo Petro se propuso la Modificación Excepcional del POT cumplido el vencimiento de doce años de vigencia. Con el decreto 364 se formuló una propuesta inicial, la que no fue aprobada por el Concejo Distrital, además de ser suspendido por el Consejo de Estado, al evidenciase fallas relacionadas con las competencias al emitirlo, contrariando y desconociendo las facultades constitucionales y legales del Concejo de la Ciudad. Es por ello que desde el año 2016 obligan al Distrito a realizar la primera revisión ordinaria de dicho POT.


Situación actual del POT de Peñalosa

En este momento (junio de 2019), el POT se encuentra en la fase de concertación con el Consejo Territorial de Planeación del Distrito Capital –Ctpd–, instancia que representa a la sociedad civil y que cuenta con más de 100 consejeros, en representación de 22 sectores y poblaciones, que por la perspectiva diversa que maneja, es factible que vote de manera negativa la propuesta de Peñalosa. Aunque este tramite durará cerca de un mes, su concepto no es definitorio y la administración podrá presentarlo ante el Concejo de Bogotá, instancia que tendrá alrededor de 90 días para aprobarlo o rechazarlo.

Es necesario resaltar que el proceso previo estuvo marcado por los enredos presentados ante la firma del acta de concertación con la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca –CAR–, entidad encargada de hacer los ajustes necesarios para velar por el ordenamiento territorial equilibrado con la protección del ambiente. En este punto del proceso es donde se enreda el trámite del POT, primero, porque el actual director de la entidad, Néstor Franco, presenta un posible conflicto de intereses, ya que la entidad tiene proyectos en la Reserva Thomas Van Der Hammen, motivo por el cual no puede firmar sustracción o delimitación de dicho espacio. Esta recusación fue presentada ante la Procuraduría solicitando la anulación del acta de conciliación y, además, reclamando que sea este ente de control quien realice la revisión del POT. A esto se suma la inhabilidad y la destitución, en primera instancia, que tiene el director de la CAR Cundinamarca, por su presunta participación irregular en la contratación de la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (Ptar 2) en Chía.

Con este panorama, es claro que los tiempos para la aprobación del POT corren en contra de la actual administración. Sumemos y concluiremos que esta administración está en la cuerda floja: Se estima que la concertación con la Procuraduría, de ser aceptada, estaría lista en un mes; con esta luz verde pasaría al Ctpd, para seguir al Concejo de la ciudad, lo que sumado a la época electoral, y la misma terminación de la administración Peñalosa, dan como resultado una delgada cuerda floja. Claro, cuenta a su favor el interés del gran capital por dejar todo amarrado para la próxima década, de ahí que intrigas y presiones de diverso tipo no estarán ausentes a lo largo de los meses venideros.

Si a esta realidad se le suma la inconformidad ciudadana y los anuncios de movilización contra el POT por parte de las comunidades, ambientalistas y estudiantes de la Universidad Nacional, se plantea un escenario muy complicado para la Secretaría de Planeación (SDP). Son múltiples las voces que declaran una desigual participación en la elaboración del POT, donde el principal énfasis lo han tenido las empresas relacionadas con los sectores financieros, de construcción e inmobiliario, por encima de las comunidades o los grupos ciudadanos.

 

Un POT sometido a los intereses de los grupos económicos y de espalda a las comunidades

 

Las socializaciones realizadas por la SDP en las 117 UPZ de la ciudad dejan mucho que pensar, con espacios no definitorios o puramente informativos para las comunidades. Por el contrario, destaca la diligencia con la que fueron atendidas las recomendaciones presentadas por la Cámara Colombiana de la Construcción (Camacol), la agremiación donde confluyen las empresas constructoras y las fiduciarias de los bancos, quienes ejercen una fuerte presión política para aumentar las zonas de expansión urbana, los proyectos de renovación y flexibilización de las normas urbanísticas para el caso del POT. Camacol no solo participó en las socializaciones, sino que se articula de forma directa con los proyectos bandera de la actual Alcaldía, gremio que tiene en perspectiva una ciudad expandida en los extremos con macroproyectos de vivienda y con troncales de Transmilenio a lo largo y ancho de la ciudad; así mismo apoyan la propuesta del Metro elevado y la conversión de la Estructura Ecológica Principal en espacio público. Es claro que las empresas constructoras y el sector financiero fueron los principales financiadores de la campaña de Enrique Peñalosa y están pasando cuenta de cobro.


Ahora bien, es importante detenernos un momento en algunos de los “aportes” de Camacol. Frente al POT de Bogotá, llama particularmente la atención que dentro de los insumos técnicos, jurídicos, etcétera, para la construcción de norma de ciudad plasmada en el POT, proponen la integración entre el sector público y privado en búsqueda de “mejoras” de las condiciones urbanísticas”, alegando una responsabilidad de las empresas privadas en la construcción de ciudad y, por lo tanto, en la elaboración del nuevo ordenamiento, posicionando el gremio como un actor fundamental del insumo para la planeación pero también de decisión, concertación y consulta.

Además, plantean que los proyectos de construcción también dependen, y de forma importante, de la seguridad jurídica del sector de la vivienda. A partir de tal premisa reclaman que las licencias urbanísticas son suspendidas, modificadas o desconocidas de forma unilateral en algunos casos, por lo que exigen garantías por parte de las autoridades territoriales –seguridad jurídica– para las licencias urbanísticas.

También demandan crear condiciones dentro del marco jurídico, propias para mejorar los niveles de competitividad,  lo cual se evidencia, por ejemplo, como una de las estrategias de la política de competitividad dentro del POT presentado por Peñalosa: “Simplificar las normas urbanísticas para facilitar su aplicación”, buscando una flexibilización en la norma, para poder llevar a cabo los planes de renovación y expansión urbana.

 

El debate de la expansión

 

Los proyectos que quiere hacer la actual administración en los extremos de la ciudad, como Lagos de Torca en el norte, Ciudad Río –hacía el occidente por el río Bogotá– y Lagos del Tunjuelo hacía el sur, son proyectos que buscan generar nuevos suelos para abrir mucho más el mercado del suelo y la vivienda en Bogotá.


La pregunta que debemos hacernos para evitar el crecimiento indiscriminado de la ciudad y la afectación a la Estructura Ecológica Principal es: ¿qué tanto suelo de expansión urbana requiere Bogotá? Este es, precisamente, el punto de discusión más fuerte entre defensores y detractores de la propuesta de POT, pues por un lado están las empresas y el sector financiero que apoyan la idea que en los próximos 12 años Bogotá construya alrededor de un millón de viviendas, con una variable digna de detallar: disminuyendo la construcción de Vivienda de Interés Social Prioritaria (VIP) y Vivienda de Interés Social (VIS) dentro de Bogotá y entregando la tarea de proveer vivienda propia para las clases bajas a los municipios aledaños.

Los detractores de la propuesta de ampliación del suelo de expansión urbana argumentan que construir un millón de viviendas tiene repercusiones sumamente graves pues para tal fin se requiere la afectación de varias zonas estratégicas de la estructura ecológica principal, específicamente la Reserva Thomas Van Der Hammen y la Zona de Aprovechamiento Público Prioritaria de los Cerros Orientales. Urbanizar estas zonas solo favorecería a los inversores privados en detrimento del derecho al ambiente sano para el conjunto de los ciudadanos. Para la Veeduría de Cerros Orientales el tope máximo de viviendas nuevas requeridas por Bogotá para los próximos 12 años no debe pasar de 500.000, es decir, la mitad de la propuesta y para ello se puede redensificar el centro, evitando tocar en lo más mínimo la Estructura Ecológica Principal.


¿Qué hace desigual la toma de decisiones sobre POT?

 

Debe destacarse que la desigualdad en la toma de decisiones está mediada por la acumulación de los poderes económicos y políticos, y la forma como se insertan los espacios en la prestación de servicios, en conexión con el mercado internacional. Es evidente que la realización de los planes de ordenamiento pasa por revisiones muy estrictas por parte de las empresas relacionadas con la construcción, el sector financiero y las inmobiliarias quienes terminan definiendo el valor de cambio de la ciudad, según beneficio económico y la inserción en el mercado mundial, lo que hemos denominado como control corporativo del territorio. Esto complejiza la dinámica de realizar consensos entre los múltiples intereses que existe sobre la ciudad, que varían según la clase, etnia, género y los actores con el tipo de propiedad, el poder político y económico que tengan.

 

Los retos para la ciudadanía

 

Informarse sobre los cambios en el uso del suelo en cada UPZ y los megaproyectos que vienen para Bogotá, es un deber de la ciudadanía. Discutir en los espacios académicos y de participación es un derecho; organizarse como lo hacen los defensores de los parques o bosques –como el San Carlos y Bavaria– o quienes luchan contra el Sendero de las Mariposas en los Cerros Orientales y la defensa de la reserva Thomas Van Der Hammen, así como quienes apuestan por la construcción del Parque Cerro Seco y el cierre del botadero Doña Juana, también los que ejercen presiones para descontaminar los ríos Salitre, Fucha y Tunjuelo, evitando la pavimentación de áreas estratégicas, son formas de prepararse para las jornadas de movilización que vendrán, que invitan a construir el derecho a la ciudad y que buscan siempre preservar la estructura ecológica principal.

 

* Integrantes del Observatorio de Política Fiscal y Descentralización: Bogotá Ciudad Región y el Grupo de Investigación Globalización y Saberes Alternativos.

Publicado enEdición Nº258
Christy Petropoulou, Crisis-scapes: Athens and Beyond, 2014.

Comprender las características y dinámicas que resaltan en el espacio público urbano, además del paisaje que recrean estos grandes espacios de vida donde cada vez más nos amontonamos los humanos, y sus reivindicaciones desde los procesos comunitarios, son parte de las preocupaciones de Christy Petropoulou, doctora en Geografía Humana y profesora en tal área de la Universidad de Egeo, Grecia, quien también se interesa por comprender la dinámica de los movimientos sociales en la construcción y transformación de espacios geográficos alternos.

Después del XVII Encuentro Latinoamericano de Geógrafos realizado en Quito, Ecuador, a finales de abril, esta docente e investigadora europea recorre parte de Colombia. Dentro de sus intereses cargaba el de conocer experiencias comunitarias y populares.

Aprovechando esta circunstancia, La Red Colombiana de Estudiantes de Geografía tuvo la oportunidad de conversar en Pasto, Popayán y Bogotá con Christy, quien compartió las experiencias de resistencias de los pueblos de América Latina y las relaciones con los movimientos urbanos en Grecia.

Christy resalta el papel de la disciplina geográfica en el análisis de los movimientos sociales: al ser seres espaciales, todas nuestras relaciones ocurren en un espacio que constantemente modificamos y a su vez nos construye. Es así como, cambiando esas relaciones establecidas con el espacio, tejiendo sociedad en resistencia y rebeldía en territorio, podría cambiar el habitus de las sociedades, entendiendo el mismo como las estructuras establecidas a partir de las cuales entendemos la realidad social y actuamos en nuestro día a día, habitus dominante que impide cambiar el orden por un habitus subversivo, incluyente y nuevo. Sumado a ello, esas experiencias de cambio locales, territoriales, también tienen una incidencia en el escenario global, concepto conocido como “glocal”, enseñándonos, por ejemplo, que los movimientos sociales latinoamericanos han trascendido del escenario local para volverse movimientos que enseñan al pueblo global.

 

Aprovechando su visita conversamos con ella. Aquí parte de sus opiniones y de la investigación que adelanta.

Red: ¿Por qué es importante analizar los movimientos sociales urbanos desde la Geografía?
Christy: Los movimientos urbanos y regionales sociales son los que cambian la significación del espacio, lo que conlleva, por ejemplo, que un movimiento contra la transformación de una plaza en centro comercial puede incidir para transformar un espacio de pasaje y de itinerarios individuales e indiferentes en un espacio de solidaridad y de creación de lo común. Un espacio donde no se reivindican solo unos derechos si no que se construyen los derechos. Pero también, un movimiento contra una mina de oro puede guardar y revalorizar el espacio con los principios de buen vivir y de reconocimiento de la madre tierra. A veces, cuando este movimiento se hace más amplio y se conecta con movimientos anticapitalistas, anti-patriarcales y ecológicos, puede construir hetero-topias de otros mundos diferentes de los que vivimos y que nos humillan cada día.

El espacio es muy importante dentro de este proceso, por eso la geografía es importante. La territorialidad y el proceso de la creación de topos que se produce por estos movimientos a veces construye una otra tradición oral, que con el tiempo transforma la significación del espacio y produce otros códigos de comunicación en la vida cotidiana, con lo cual, finalmente, puede ser que con el tiempo cambie el habitus.

Red: ¿Los movimientos urbanos griegos vivieron un crecimiento luego de la crisis del 2008? ¿Podría explicarnos cómo fue esto?
Christy: Para ese momento existía una revitalización de viejos movimientos urbanos y regionales, a partir de la vinculación de nuevas generaciones. Pero también había un declive de unos movimientos muy burocratizados o de otros muy cerrados.

Con la crisis y la intervención del Fondo Monetario Internacional (FMI) se creó un organismo oficial, el Taiped, que tenía como cargo la liquidación de las propiedades públicas. La desazón que esto produce es total. Además, la disminución de los salarios y el crecimiento de desempleo en muchos sectores produce una frustración que solo por medio de encuentros en los espacios públicos podría sobrellevarse. Entonces aparecieron muchos movimientos por todo el país, algunos regionales, otros muy localizados en espacios reivindicados.

Muchos de estos movimientos, con el nuevo gobierno de coalición de la izquierda progresista con una parte de la derecha nacionalista (Syriza - Anel), ya no existen porque algunos se institucionalizaron por medio de la participación electoral, y otros se dividieron porque unos miembros eligieron la participación con el actual gobierno.

Pero lo aprendido de todo esto es hacer las cosas de manera común y solidaria. Eso no se pierde. Se reproduce por medio de rizomas en otros lados y otras experiencias, como por ejemplo en los espacios de solidaridad con los refugiados llegados al país y distribuidos por muchas partes del mismo. Ya cambió un habitus, el de individualismo por el de solidaridad. Pero esta lucha sigue en la vida cotidiana y como todas sabemos, es muy difícil.
Red: ¿Qué tipo de movimientos sociales urbanos se presentan en Grecia? Y desde su observación, ¿Cuál podría ser la ciudad que proponen o reivindican?
Christy: Existen diferentes movimientos urbanos y regionales. Algunos se formaron alrededor de la reivindicación de una plaza o de una calle, de un espacio abandonado que transforma en parque o la reivindicación del viejo aeropuerto abandonado. Otros se formaron contra los grandes proyectos de minas, de hidroeléctricas y de privatizaciones de parques de espacios arqueológicos, de bosques y de playas. Otros alrededor de otra motivaciones. También existe un importante pero pequeño movimiento de recuperación de empresas endeudadas, y un movimiento importante de nuevas cooperativas de cafés, restaurantes, editoriales, etcétera.
Los últimos años se multiplicaron también las ocupaciones-recuperaciones de edificios abandonados para la instalación de refugiados. Dentro de estos colectivos, también existen ideas ecologistas, anti-patriarcales, antirracistas, antifascistas y anticapitalistas, que no podemos decir que los caracterizan todo, pero existe gran inspiración de estas ideas, particularmente de las zapatistas, con tal inspiración muchos pretenden construir otros mundos.

Estas iniciativas, colectivos y movimientos, no tienen una propuesta para la ciudad pero crean redes de localidades de resistencia y creatividad dentro de la ciudad, potenciando nuevos espacios comunes y recreando un espacio público más inclusivo. Es así que podemos decir que ejercen el derecho a la ciudad, y no solo lo reivindican.

Red: Desde la perspectiva glocal, ¿cuáles son algunos de los aspectos del movimiento social latinoamericano que aportan luces a los movimientos urbanos en Grecia?
Christy: 1) La idea que podemos construir un mundo donde quepan muchos mundos; 2) La idea de tomar la decisiones en las asambleas por consenso, que es difícil de aplicar pero se intenta; 3) El buen vivir y una otra relación con la pacha mama, que pasa por la misma conciencia de la territorialidad y el cuidado de los granos, de las aguas, de los bosques, de las playas, por medio de actos en la vida cotidiana; 4) La fuerte tradición de luchas en América Latina y más la revolución cubana, el movimiento Zapatista, el movimiento Piquetero y la recuperación de las empresas en Argentina, las luchas contra las minas en Perú y Colombia, así como el movimiento contra la privatización del agua en Bolivia. Y ahora viene el movimiento feminista, anti-racista, anti-patriarcal; y 5) La idea de crear nuevos mundos en espacios donde se construyen las autonomías en el nivel territorial, en la vida cotidiana y no esperar solo a que el gobierno escuche las reivindicaciones.

Red: De la experiencia reunida en Colombia, ¿cuál cree que es el principal habitus subversivo de sus movimientos urbanos y sociales?
Christy: Colombia es un país de gran diversidad de paisajes y culturas, que resume toda la experiencia de América Latina en sus diferentes movimientos de autonomías indígenas y afro-descendientes (palenques o quilombos), hasta diferentes tipos de guerrillas (fracasadas algunas porque entraron al juego del poder oficial y al comercio de drogas). Pero también tiene una fuerte historia de lucha por la reforma agraria, siempre pendiente en su concreción.

Dentro de este contexto, el habitus de la clase media alta de tener siempre una mujer indígena o afro-descendiente para los trabajos de la casa, y unos hombres para la finca o la empresa en la ciudad con unos sueldos de hambre que siempre tiene que decir “sí señor”, con miedo, este habitus empieza a cambiar.

Es este habitus del miedo de expresarse, cultural y políticamente, generalizado en toda la sociedad vía el paramilitarismo, el que empieza a cambiar. Y eso pasa en las regiones donde se construyen las autonomías indígenas y afro-descendientes, allí es donde este proceso de cambio es más visible, con las asambleas donde participa toda la comunidad, que se alimentan de rituales, de comida y de baile común.
En las ciudades puede verse, dentro de unas universidades y escuelas alternativas, diversidad de colectivos; fuera de ellas, en las plazas, son evidentes su ocupación por comerciantes ambulantes independientes y artistas.

El arte, la comida y el baile crean espacios de encuentros que forman una ritualidad de habitus subversivo. Crean la poética de los movimientos. Sin ésta no podemos recuperar la vida y afrontar el miedo que se reproduce en esta época de “bio-capitalismo”.

Colombia conoce muy bien este miedo. La situación del shock y de perpetua “excepción” de derechos constituyentes está presente en todos los niveles de la vida. Con los desaparecidos, los asesinados, los feminicidios, los falsos positivos, los exilados, las consignas de terror de tipo “los buenos niños duermen temprano” y, actualmente, con las pláticas de paz que no reconocen la existencia de una guerra civil y tratan todas las formas de violencia de la misma manera, intentando borrar la historia.

Pero las prohibiciones silenciosas de salir de noche se rompen con las fiestas comunes y los mercados nocturnos. Las prohibiciones de expresarse en unas ciudades uniformes y mono-coloridas se rompen con los magníficos grafitis y murales que dicen la historia de esta ciudades y más, la historia de las periferias de auto-construcción popular. En el campo se construyen otros mundos por medio de las autonomías y en las ciudades nacen muchos nuevos colectivos.

Durante mi estancia en Bogotá, los edificios históricos de la Plaza de Bolívar estaban cubiertos de telas negras para protegerlos de los colores de los manifestantes. Alrededor había unos perpetuos trabajos de reconstrucción y re-significación de la ciudad que no terminaban nunca. Esto es un intento de gentrificación como decimos en Geografía Urbana, que quiere sacar la imagen de los pobres de la ciudad solo cambiándola de lugar. Estas telas negras en la Plaza Bolívar eran como un funeral para los asesinados y los desaparecidos.

Estos colores uniformes en Ciudad Bolívar y en San Cristóbal, donde fui, eran como un funeral para los sueños borrados, que existen siempre bajo estos colores y donde algunos jóvenes las hacen revivir.

Finalmente, las paredes y las redes hablan, no se callan, y eso es un logro de los jóvenes “incluir la receta del amor de las generaciones anteriores y sustituir el miedo”.

En conclusión, la multiplicación de las acciones anticapitalistas, de las experiencias de construcción de otros mundos posibles, va rompiendo ese habitus establecido y generando grietas en el capitalismo global; avanzamos en la medida que multiplicamos las acciones y las organizaciones pues aprendemos de esas diversas formas de hacer. Sin embargo, la tarea es ¿cómo cohesionarnos para fortalecernos y resistir a la fracturación y atomización de los movimientos sociales? ¿Cómo resistimos en conjunto para que no fracture el miedo, la represión y la muerte a los líderes y lideresas de nuestro mundo? En otras palabras, ¿cuánto de amor debemos de agregar y qué otros elementos necesitamos para sustituir el ingrediente del miedo?

Publicado enColombia
Christy Petropoulou, Crisis-scapes: Athens and Beyond, 2014.

Comprender las características y dinámicas que resaltan en el espacio público urbano, además del paisaje que recrean estos grandes espacios de vida donde cada vez más nos amontonamos los humanos, y sus reivindicaciones desde los procesos comunitarios, son parte de las preocupaciones de Christy Petropoulou, doctora en Geografía Humana y profesora en tal área de la Universidad de Egeo, Grecia, quien también se interesa por comprender la dinámica de los movimientos sociales en la construcción y transformación de espacios geográficos alternos.

Después del XVII Encuentro Latinoamericano de Geógrafos realizado en Quito, Ecuador, a finales de abril, esta docente e investigadora europea recorre parte de Colombia. Dentro de sus intereses cargaba el de conocer experiencias comunitarias y populares.

Aprovechando esta circunstancia, La Red Colombiana de Estudiantes de Geografía tuvo la oportunidad de conversar en Pasto, Popayán y Bogotá con Christy, quien compartió las experiencias de resistencias de los pueblos de América Latina y las relaciones con los movimientos urbanos en Grecia.

Christy resalta el papel de la disciplina geográfica en el análisis de los movimientos sociales: al ser seres espaciales, todas nuestras relaciones ocurren en un espacio que constantemente modificamos y a su vez nos construye. Es así como, cambiando esas relaciones establecidas con el espacio, tejiendo sociedad en resistencia y rebeldía en territorio, podría cambiar el habitus de las sociedades, entendiendo el mismo como las estructuras establecidas a partir de las cuales entendemos la realidad social y actuamos en nuestro día a día, habitus dominante que impide cambiar el orden por un habitus subversivo, incluyente y nuevo. Sumado a ello, esas experiencias de cambio locales, territoriales, también tienen una incidencia en el escenario global, concepto conocido como “glocal”, enseñándonos, por ejemplo, que los movimientos sociales latinoamericanos han trascendido del escenario local para volverse movimientos que enseñan al pueblo global.

 

Aprovechando su visita conversamos con ella. Aquí parte de sus opiniones y de la investigación que adelanta.

Red: ¿Por qué es importante analizar los movimientos sociales urbanos desde la Geografía?
Christy: Los movimientos urbanos y regionales sociales son los que cambian la significación del espacio, lo que conlleva, por ejemplo, que un movimiento contra la transformación de una plaza en centro comercial puede incidir para transformar un espacio de pasaje y de itinerarios individuales e indiferentes en un espacio de solidaridad y de creación de lo común. Un espacio donde no se reivindican solo unos derechos si no que se construyen los derechos. Pero también, un movimiento contra una mina de oro puede guardar y revalorizar el espacio con los principios de buen vivir y de reconocimiento de la madre tierra. A veces, cuando este movimiento se hace más amplio y se conecta con movimientos anticapitalistas, anti-patriarcales y ecológicos, puede construir hetero-topias de otros mundos diferentes de los que vivimos y que nos humillan cada día.

El espacio es muy importante dentro de este proceso, por eso la geografía es importante. La territorialidad y el proceso de la creación de topos que se produce por estos movimientos a veces construye una otra tradición oral, que con el tiempo transforma la significación del espacio y produce otros códigos de comunicación en la vida cotidiana, con lo cual, finalmente, puede ser que con el tiempo cambie el habitus.

Red: ¿Los movimientos urbanos griegos vivieron un crecimiento luego de la crisis del 2008? ¿Podría explicarnos cómo fue esto?
Christy: Para ese momento existía una revitalización de viejos movimientos urbanos y regionales, a partir de la vinculación de nuevas generaciones. Pero también había un declive de unos movimientos muy burocratizados o de otros muy cerrados.

Con la crisis y la intervención del Fondo Monetario Internacional (FMI) se creó un organismo oficial, el Taiped, que tenía como cargo la liquidación de las propiedades públicas. La desazón que esto produce es total. Además, la disminución de los salarios y el crecimiento de desempleo en muchos sectores produce una frustración que solo por medio de encuentros en los espacios públicos podría sobrellevarse. Entonces aparecieron muchos movimientos por todo el país, algunos regionales, otros muy localizados en espacios reivindicados.

Muchos de estos movimientos, con el nuevo gobierno de coalición de la izquierda progresista con una parte de la derecha nacionalista (Syriza - Anel), ya no existen porque algunos se institucionalizaron por medio de la participación electoral, y otros se dividieron porque unos miembros eligieron la participación con el actual gobierno.

Pero lo aprendido de todo esto es hacer las cosas de manera común y solidaria. Eso no se pierde. Se reproduce por medio de rizomas en otros lados y otras experiencias, como por ejemplo en los espacios de solidaridad con los refugiados llegados al país y distribuidos por muchas partes del mismo. Ya cambió un habitus, el de individualismo por el de solidaridad. Pero esta lucha sigue en la vida cotidiana y como todas sabemos, es muy difícil.
Red: ¿Qué tipo de movimientos sociales urbanos se presentan en Grecia? Y desde su observación, ¿Cuál podría ser la ciudad que proponen o reivindican?
Christy: Existen diferentes movimientos urbanos y regionales. Algunos se formaron alrededor de la reivindicación de una plaza o de una calle, de un espacio abandonado que transforma en parque o la reivindicación del viejo aeropuerto abandonado. Otros se formaron contra los grandes proyectos de minas, de hidroeléctricas y de privatizaciones de parques de espacios arqueológicos, de bosques y de playas. Otros alrededor de otra motivaciones. También existe un importante pero pequeño movimiento de recuperación de empresas endeudadas, y un movimiento importante de nuevas cooperativas de cafés, restaurantes, editoriales, etcétera.
Los últimos años se multiplicaron también las ocupaciones-recuperaciones de edificios abandonados para la instalación de refugiados. Dentro de estos colectivos, también existen ideas ecologistas, anti-patriarcales, antirracistas, antifascistas y anticapitalistas, que no podemos decir que los caracterizan todo, pero existe gran inspiración de estas ideas, particularmente de las zapatistas, con tal inspiración muchos pretenden construir otros mundos.

Estas iniciativas, colectivos y movimientos, no tienen una propuesta para la ciudad pero crean redes de localidades de resistencia y creatividad dentro de la ciudad, potenciando nuevos espacios comunes y recreando un espacio público más inclusivo. Es así que podemos decir que ejercen el derecho a la ciudad, y no solo lo reivindican.

Red: Desde la perspectiva glocal, ¿cuáles son algunos de los aspectos del movimiento social latinoamericano que aportan luces a los movimientos urbanos en Grecia?
Christy: 1) La idea que podemos construir un mundo donde quepan muchos mundos; 2) La idea de tomar la decisiones en las asambleas por consenso, que es difícil de aplicar pero se intenta; 3) El buen vivir y una otra relación con la pacha mama, que pasa por la misma conciencia de la territorialidad y el cuidado de los granos, de las aguas, de los bosques, de las playas, por medio de actos en la vida cotidiana; 4) La fuerte tradición de luchas en América Latina y más la revolución cubana, el movimiento Zapatista, el movimiento Piquetero y la recuperación de las empresas en Argentina, las luchas contra las minas en Perú y Colombia, así como el movimiento contra la privatización del agua en Bolivia. Y ahora viene el movimiento feminista, anti-racista, anti-patriarcal; y 5) La idea de crear nuevos mundos en espacios donde se construyen las autonomías en el nivel territorial, en la vida cotidiana y no esperar solo a que el gobierno escuche las reivindicaciones.

Red: De la experiencia reunida en Colombia, ¿cuál cree que es el principal habitus subversivo de sus movimientos urbanos y sociales?
Christy: Colombia es un país de gran diversidad de paisajes y culturas, que resume toda la experiencia de América Latina en sus diferentes movimientos de autonomías indígenas y afro-descendientes (palenques o quilombos), hasta diferentes tipos de guerrillas (fracasadas algunas porque entraron al juego del poder oficial y al comercio de drogas). Pero también tiene una fuerte historia de lucha por la reforma agraria, siempre pendiente en su concreción.

Dentro de este contexto, el habitus de la clase media alta de tener siempre una mujer indígena o afro-descendiente para los trabajos de la casa, y unos hombres para la finca o la empresa en la ciudad con unos sueldos de hambre que siempre tiene que decir “sí señor”, con miedo, este habitus empieza a cambiar.

Es este habitus del miedo de expresarse, cultural y políticamente, generalizado en toda la sociedad vía el paramilitarismo, el que empieza a cambiar. Y eso pasa en las regiones donde se construyen las autonomías indígenas y afro-descendientes, allí es donde este proceso de cambio es más visible, con las asambleas donde participa toda la comunidad, que se alimentan de rituales, de comida y de baile común.
En las ciudades puede verse, dentro de unas universidades y escuelas alternativas, diversidad de colectivos; fuera de ellas, en las plazas, son evidentes su ocupación por comerciantes ambulantes independientes y artistas.

El arte, la comida y el baile crean espacios de encuentros que forman una ritualidad de habitus subversivo. Crean la poética de los movimientos. Sin ésta no podemos recuperar la vida y afrontar el miedo que se reproduce en esta época de “bio-capitalismo”.

Colombia conoce muy bien este miedo. La situación del shock y de perpetua “excepción” de derechos constituyentes está presente en todos los niveles de la vida. Con los desaparecidos, los asesinados, los feminicidios, los falsos positivos, los exilados, las consignas de terror de tipo “los buenos niños duermen temprano” y, actualmente, con las pláticas de paz que no reconocen la existencia de una guerra civil y tratan todas las formas de violencia de la misma manera, intentando borrar la historia.

Pero las prohibiciones silenciosas de salir de noche se rompen con las fiestas comunes y los mercados nocturnos. Las prohibiciones de expresarse en unas ciudades uniformes y mono-coloridas se rompen con los magníficos grafitis y murales que dicen la historia de esta ciudades y más, la historia de las periferias de auto-construcción popular. En el campo se construyen otros mundos por medio de las autonomías y en las ciudades nacen muchos nuevos colectivos.

Durante mi estancia en Bogotá, los edificios históricos de la Plaza de Bolívar estaban cubiertos de telas negras para protegerlos de los colores de los manifestantes. Alrededor había unos perpetuos trabajos de reconstrucción y re-significación de la ciudad que no terminaban nunca. Esto es un intento de gentrificación como decimos en Geografía Urbana, que quiere sacar la imagen de los pobres de la ciudad solo cambiándola de lugar. Estas telas negras en la Plaza Bolívar eran como un funeral para los asesinados y los desaparecidos.

Estos colores uniformes en Ciudad Bolívar y en San Cristóbal, donde fui, eran como un funeral para los sueños borrados, que existen siempre bajo estos colores y donde algunos jóvenes las hacen revivir.

Finalmente, las paredes y las redes hablan, no se callan, y eso es un logro de los jóvenes “incluir la receta del amor de las generaciones anteriores y sustituir el miedo”.

En conclusión, la multiplicación de las acciones anticapitalistas, de las experiencias de construcción de otros mundos posibles, va rompiendo ese habitus establecido y generando grietas en el capitalismo global; avanzamos en la medida que multiplicamos las acciones y las organizaciones pues aprendemos de esas diversas formas de hacer. Sin embargo, la tarea es ¿cómo cohesionarnos para fortalecernos y resistir a la fracturación y atomización de los movimientos sociales? ¿Cómo resistimos en conjunto para que no fracture el miedo, la represión y la muerte a los líderes y lideresas de nuestro mundo? En otras palabras, ¿cuánto de amor debemos de agregar y qué otros elementos necesitamos para sustituir el ingrediente del miedo?

Publicado enEdición Nº257
Viernes, 14 Diciembre 2018 10:14

Getsemaní, una historia de despojo

Getsemaní, una historia de despojo

"En Getsemaní la depredación es tan grande que no está quedando gente. Ya no llegamos a las 200 familias", dice Miguel Caballero, presidente de la Fundación Gimaní Cultural.

 

Getsemaní pasó de tener reputación de tugurio en los años 90, a ser ícono de auténtico ambiente cartagenero, con familias locales que todavía viven en el barrio y coloridos murales en sus calles. Ahora va a pasar de ser el sector mochilero y de rumba por excelencia, a la zona hotelera que contenga los resorts más exclusivos del país, incluyendo el primer hotel 6 estrellas de Colombia.

El barrio de Cartagena que prosperó con la artesanía y el comercio local y portuario, que alojó a los primeros esclavos libres de la ciudad, acogió a diversos grupos étnicos y culturales –africanos, españoles, sirio-libaneses, judíos– y fue escenario del surgimiento del proceso de independencia tiene cada vez menos habitantes. Según Miguel Caballero Villarreal, habitante de la calle Pedro Romero y presidente de la Fundación Gimaní Cultural, que labora por la preservación de la cultura getsemanisense, solo quedan alrededor de 16 por ciento de los habitantes que conformaban el barrio tres décadas atrás.

 

La gentrificación

 

La gentrificación se refiere a un proceso de desplazamiento de los habitantes originales de un territorio a favor de otros grupos que tienen un interés económico en la zona. Una de las principales manifestaciones de la gentrificación en Getsemaní resalta en la sobrevaloración de los predios en la comunidad.

Todo proceso urbano tiene un arranque, y el que nos ocupa obliga a remontarnos a 1978 cuando ocurrió la primera intervención sobre el barrio: desalojo del Mercado Público –para transferirlo a Bazurto– y establecer allí el Centro de Convenciones. Una puñalada a la historia y a la cotidianidad de quienes desde siempre viven allí, pues este cambio de escenario les restringió el acceso al puerto de la Bahía de las Ánimas, cuando a lo largo de toda la historia del barrio estos dos habían coexistido en una especie de relación simbiótica.

Un proceso que no muere allí. En los años 80 y 90 el barrio sufrió un gran deterioro, tanto por la retirada de las dinámicas económicas del mercado como por el abandono estatal. Un ejemplo de ello: o en 1983 el estado invirtió en Cartagena dinero para el enterrado del cableado eléctrico en el Centro Histórico en el marco del aniversario de los 450 años de la ciudad, pero Getsemaní quedó excluido de este proyecto. El deterioro de este territorio era su pretensión, camino que siguen en todo lugar del cual quieren su depresión, para que pierda valor, sus pobladores originarios se dispongan a vender sus casas a menor precio y los especuladores urbanos hagan moñona.

Luego de la declaración de Cartagena como Patrimonio de la humanidad por la Unesco en 1984, un proceso de gentrificación similar al de Getsemaní comenzó en el Centro y San Diego, con la diferencia de que en esta zona se desarrollaron proyectos de urbanización de grandes conjuntos residenciales, como la Serrezuela, Portobello, Las Bóvedas o Santo Domingo, de manera que en el Centro aún vive gente. A medida que se fueron agotando los espacios y la rentabilidad de invertir en el Centro, comenzó a incrementarse el interés en Getsemaní.

“El proyecto de gentrificación comienza cuando la gente está preocupada por cambiarle la cara al barrio. En los 90 comienza la demanda porque el Centro queda saturado,” afirma Caballero. Además evoca cómo hace nada más 10 años un arriendo en Getsemaní podía costar entre 500 y 800 mil pesos por un apartamento o una casa, mientras actualmente el mismo espacio puede costar entre 6 y 10 millones de pesos.

Es así como el precio de los servicios públicos ha aumentado es su tarifa de manera desproporcionada para muchas familias, como si allí solo vivieran ricos, olvidando que Getsemaní cuenta con todos los estratos sociales, de 1 a 6. No es raro, por tanto, que existan casas que utilizan electricidad de los postes de luz pública para así evitar pagar el servicio.

Es una presión para que la gente desaloje y de paso a nuevos propietarios, ahora portadores de capital. Y es que esta presión no hay quien la resista, de manera que la gente prefiere vender o arrendar y buscar vivienda en otro barrio, uno más económico. Y la tentación de vender no es poca pues ahora el metro cuadrado en Getsmaní oscila entre los 4 y 7 millones de pesos–.

 

Los emporios hoteleros

 

Getsemaní es hoy una zona de concentración de hoteles de diversa oferta: desde hostales de bajo presupuesto hasta exclusivos hoteles boutique. Es por ello que esta parte de la ciudad se ha convertido en la zona que más mochileros recibe, pues acá se encuentran, entre toda la oferta existente, los hospedajes más económicos de la ciudad.

Tal vez esta realidad dure poco, pues en la actualidad están en construcción dos megaproyectos de hoteles de lujo: el San Francisco de la cadena Four Seasons y el Hotel Convento Obra Pía, Viceroy Cartagena.  

El Hotel San Francisco pertenece a la cadena canadiense Four Seasons, pero la inversión es del grupo Santodomingo. En julio de 2017 arrancó este proyecto, en un territorio de 30 mil metros cuadrados que abarca desde la antigua sede del Club Cartagena, hasta el antiguo teatro Rialto pasando por las antiguas salas de cine Cartagena, Calamarí, Bucanero y Colón. La inversión total es de 100 millones de dólares.

El proyecto Convento Obra Pía está pensado como el hotel más exclusivo del país, el primero de 6 estrellas; estará ubicado en la calle de la Media Luna en la antigua sede del colegio La Femenina; su administración correrá a cargo del grupo Viceroy Hotels, pero la inversión de 50 millones de dólares es de KIT Capital, un grupo de inversión creado por el empresario y exbanquero de Goldman Sachs Kaleil Isaza Tuzman, que realiza negocios en finca raíz, medios digitales y el sector biomédico.

Isaza Tuzman es un colombo-estadounidense de padres colombianos criado en Boston que fue detenido en Colombia en 2015 por fraude y extraditado a Estados Unidos en 2016. Isaza Tuzman fue acusado de manipulación de mercado y fraude contable en su compañía KIT Digital, que quebró en 2013. El proyecto Obra Pía afirma que el percance legal con Isaza no interviene en el desarrollo del proyecto, que estaba estipulado para entregarse en el primer semestre de 2016.

 

La modificación de la vida del barrio

 

El Hotel San Francisco se situará al lado de la Universidad Rafael Nuñez. La dinámica económica que generan los estudiantes de la misma al interior del barrio es grande pues muchos arriendan habitación en Getsemaní y conviven con los habitantes del barrio. Una preocupación que tienen los getsemanisenses es que el hotel pueda llegar a abarcar también los territorios del centro de estudios.

Aunque los negocios que llegan al barrio generan empleo, Caballero Villarreal afirma que “el turismo no siempre es benéfico, hay mucha gente que viene por drogas y alcohol. Si hay demanda hay oferta. Esto perturba la tranquilidad de los vecinos”.

María Isabel Gutiérrez Caballero, una joven de 19 años, ha vivido toda su vida en la Calle del Espíritu Santo. Ha visto muchos cambios en el barrio: ahora encuentra menos gente sentada en la puerta de las casas, en la plaza, las calles pasan solas pero llegan más visitantes de otros barrios, ciudades y países. Hace pocos años sus padres recibieron una oferta para comprarles su casa en más de mil millones de pesos, sin embargo, María Isabel y su hermano disuadieron principalmente a su padre de venderla. Las familias, que a diferencia de la de María Isabel sí vendieron, dejan casas que, primero, quedan solas, y después de unos meses se convierten en un hotel o restaurante.

Las familias que deciden quedarse, tienen que enfrentarse, además, a otras transformaciones notables en su territorio, por ejemplo, convivir en un contexto mucho menos tranquilo. Los fines de semana, en especial, hay una oleada de personas que asisten a bares, discotecas y clubs, de donde se desprende música a alto volumen; personas muchas de las cuales llegan en vehículo, atiborrando el tráfico del sector, el cual crea más ruido. Hay que armarse de paciencia para aguantar todo esto.

Es una realidad que aún no es clara cómo terminará. “Finalmente el hotel es muy bonito, pero la gente no viene a encerrarse en un hotel, viene a conocer la comunidad. Y el día que nosotros ya no estemos Getsemaní va a perder el atractivo que lo hace diferente a San Diego y el Centro”, dice Davinson Gaviria Pájaro, habitante del Callejón Ancho y presidente de la Junta de Acción Comunal de Getsemaní.

 

¿Quedarse?, de héroes

 

“A la comunidad la están arrinconando”, cuenta Miguel Caballero Villarreal. “Cada día cierran más los espacios para la gente. Vivir en Getsemaní no es fácil”. En espacios desalojados como el lote de Las Tortugas, donde actualmente hay un parqueadero, o el edificio Mainero, no quedó nadie porque son privados. Pero al mismo tiempo no hay estímulo estatal para los dueños de este tipo de terreno, para construir allí conjuntos residenciales por habitar por la gente del sector, por pobladores populares.

“Pienso que aunque la pelea no está perdida, hay poco que podemos hacer desde la Junta, porque debe haber una política pública desde el Distrito para incentivar a que la gente no venda sus casas”, afirma Davinson Gaviria Pájaro.

Proyecto 20-20 de la Junta de Acción Comunal propone vincular a la comunidad a los proyectos hoteleros, para que estos no se vean como enemigos sino aliados. Para generar empleo hay que capacitar a la gente. Si hay empleo en los proyectos de Getsemaní, habrá un motivo para que la gente se quede. Mantener a la comunidad en el barrio es el mayor objetivo. Sin embargo, para la gente es una realidad que los hoteles van a contribuir al incremento, cada vez mayor, de los impuestos, entre ellos la misma renta. “Va a ser la estocada final”, afirma Gaviria Pájaro.

Cuando Cartagena resistió en 1815 por tres meses la empresa de reconquista española, esta hazaña le dio a la ciudad el título de Ciudad Heroica. A pesar de las presiones, Getsemaní está resistiendo. Así, Miguel Caballero afirma que actualmente, quedarse a vivir en Getsemaní es como Cartagena siglos atrás, un acto heroico.

Publicado enColombia
De la experiencia urbana a la construcción colectiva de un nuevo paradigma de ciudad

La construcción de la ciudad hoy demanda nuevas lecturas y acciones encaminadas a reconocer las prácticas territoriales, comunitarias, organizativas e incluso institucionales, que redunden definitivamente en un modelo de ciudad ambiental y socialmente sostenible.

 

En “La experiencia urbana y su relación territorial expandida”**, artículo publicado en la anterior edición de este periódico hicimos referencia al actual modelo de ciudad, a algunas de sus principales características y problemáticas asociadas al desarrollo urbano de las ciudades colombianas, identificando las condiciones de segregación, exclusión, consumismo e individualidad que le dan sentido al modelo de ciudad vigente. Este panorama nos cuestiona acerca de ¿Cómo debería ser entonces la alternativa a éste modelo?

 

La premisa gira alrededor de una orientación más humana, sostenible y equitativa, construida a partir de repensar el hábitat como componente transversal y articulador de la vivienda, el espacio público, el medio ambiente, y el acceso a los servicios públicos, complementarios y urbanos. Un modelo que fortalezca la participación y el trabajo colectivo de los ciudadanos, que les involucre, reconozca y garantice plenamente su derecho a la ciudad.

 

Un nuevo paradigma de ciudad

 

Al ver hacia donde se están orientando las ciudades desde las administraciones municipales, como Bogotá o Medellín, pareciera que un nuevo modelo o paradigma de ciudad está lejos, inalcanzable, pues la priorización de la inversión pública para generar infraestructura productiva está por encima de las necesidades y los derechos de las personas y la naturaleza.

 

El modelo actual considera necesaria la expansión de la ciudad, la renovación urbana y las intervenciones con bulldozer –que arrasan con lo construido, en términos de infraestructura y tejido social–, para potenciar un desarrollo físico espacial que abra las puertas a nuevas inversiones privadas y al mercado, dando paso principalmente al desarrollo económico y el intercambio acelerado de mercancías. La ciudad planeada por la tecnocracia estatal entra entonces en una contradicción expresa con la ciudad habitada –y construida también– por las comunidades.

 

A pesar de este panorama, la ciudad es producto de múltiples intervenciones hechas por diversos actores, quienes desde perspectivas distintas generan otras formas de apropiarla, realizando diferentes intervenciones comunitarias e, incluso públicas, logrando establecer dinámicas sostenibles con el medio ambiente, el vecindario y la ciudad misma.

 

Estas formas de intervención hacen parte de esa otra cara de lo urbano, de un nuevo paradigma que parte del reconocimiento de la ciudad habitada, socialmente construida, y del trabajo de procesos organizativos que por años han respondido a las adversidades de habitar la ciudad informal. A partir del reconocimiento de esa ciudad que no fue planeada pero que respondió a las necesidades de una población creciente –fuertemente ligadas al déficit de vivienda y los servicios públicos–, surgen estrategias claves desde la política pública para mejorar las condiciones del hábitat y compensar los desequilibrios urbanos.

 

Destacamos el papel que juegan, por ejemplo, el mejoramiento integral de barrios y la revitalización urbana en el posicionamiento de políticas e intervenciones que escuchan las exigencias históricas de la gente por acceso a servicios y espacio público, y que a partir de la escala barrial, del reconocimiento del tejido social y la infraestructura existente, integran la participación ciudadana a la planificación y gestión del territorio. La clave radica en ir más allá de intervenciones físicas puntuales o localizadas, comprometiendo las instituciones y los presupuestos públicos en alcanzar acciones espaciales que tengan como eje fundamental la participación de la gente en la construcción de la ciudad, y que estas actuaciones exitosas sean referentes replicables.

 

Propuestas que construyen el nuevo paradigma de ciudad

 

Con el fin de alimentar las intervenciones públicas, es necesario reconocer los aportes que colectivos y organizaciones realizan en ciudades como Bogotá y Medellín, evidenciando las interrelaciones entre lo público y lo comunitario, así como los espacios de trabajo reivindicados y promovidos por la sociedad que construyen el nuevo paradigma de ciudad.

 

En Bogotá, por ejemplo, puede encontrarse cómo la construcción de acueductos comunitarios en los Cerros Orientales garantiza la prestación de servicios, y han representado un ejercicio transformador del territorio que favorece la autonomía y autodeterminación de barrios completos. O cómo la conformación de una Audiencia Pública en la zona de expansión en Usme permitió jalonar intervenciones urgentes en cuestión de transporte y equipamientos en una zona construida por la misma Administración Distrital.

 

Cada una de estas actuaciones es compleja y está cargada de dificultades en su realización, y aun así conservan la cualidad de estar liderados por la comunidad misma y de responder a unas necesidades muy concretas e inaplazables de los territorios. Por ello la urgencia de repensar el paradigma o el modelo de ciudad radica en reconocer que la organización del territorio no es un ejercicio de decretos y escritorios exclusivamente, sino de acciones ampliadas que tienen múltiples referentes internos y externos que deben ser estudiados y adaptados con rigor. El ejercicio de la participación ciudadana es transversal en cada uno de los ejemplos mencionados, y logra la articulación y fortalecimiento del tejido social a partir de la construcción de diversas estrategias para dar solución a las dificultades comunes.


La transformación de los barrios de la periferia de Medellín

 

La capital antioqueña es uno de los puntos de referencia para el desarrollo urbano, no sólo en el país sino en Latinoamérica, sin embargo, las intervenciones de sus administraciones, que son ampliamente cuestionadas por su insostenibilidad, generan nuevas tensiones territoriales que requieren de la organización y el establecimiento de lógicas de interlocución que permitan llegar a acuerdos entre la comunidad y el municipio. Ejemplo de esto es la estrategia Cinturón Verde, que, aunque busca contener el crecimiento de la ciudad, genera una dinámica de especulación en el mercado del suelo que termina expulsando a los habitantes tradicionales de las zonas afectadas por tal estrategia.

Proyectos urbanos de este tipo, parecen tener implícita la expulsión de la población de un territorio, como si esta no tuviera derecho a residir en los espacios que con su propio esfuerzo han desarrollado o habilitado. En contra respuesta, el mejoramiento de barrios surge como una estrategia poderosa para el ejercicio colectivo e incluyente, que permite interpretar de manera amplia la integración de respuestas a las necesidades –o expectativas– de una comunidad, a la vez que le relaciona con la escala de la ciudad y el mejoramiento de las condiciones de habitabilidad.

Grupos como la Mesa Interbarrial de Desconectados, la Mesa de Vivienda Comuna 8, el Movimiento de Pobladores, entre otros, crean espacios de discusión y formación territorial para pensar una propuesta de ciudad alternativa desde las comunidades, que haga valer su derecho a la ciudad y a participar en las decisiones de cómo, para qué y para quiénes se construye la ciudad. Trabajo que ya ha dado frutos al incorporar en el Plan de Ordenamiento Territorial de la ciudad, los principios de derecho a la ciudad y la protección a moradores, los cuales permiten consolidar el modelo de ocupación territorial que se propuso Medellín, y que deben convertirse en un referente para otras ciudades y municipios.

 

Las mujeres en la lucha por el hábitat en Bogotá

 

En la zona de expansión urbana de Bogotá la construcción de vivienda masiva ha representado para sus nuevos habitantes una oportunidad de establecer un proyecto de vida. La “casita”, como propiedad, en muchos casos es una garantía para el futuro y la reconstrucción de la vida misma. Sin embargo, estos grandes proyectos que buscan dar una propiedad especialmente a grupos vulnerados y empobrecidos, generan nuevas tensiones de difícil manejo para quienes las habitan, especialmente frente a la convivencia y la adaptación a la vida en propiedad horizontal, además del conflicto que representa habitar un espacio entre lo urbano y lo rural.

 

Esta presión recae especialmente sobre las mujeres y su rol histórico –y solitario– en la comunidad, pues quienes más sufren esta débil calidad de vida en un hábitat tan precario como el que hoy por hoy ofrece el modelo de vivienda, son ellas. La falta de equipamientos como jardines infantiles u hospitales, la baja calidad del espacio público o la falta de transporte dificultan las tareas de reproducción y cuidado, y aumentan la doble carga que de por sí ya tienen las mujeres en sus hogares.

 

En un rincón de Bogotá, en la localidad de Usme, los grupos ciudadanos organizados que han dado luz al mejoramiento e instalación de servicios como el alumbrado en las calles, la construcción de jardines infantiles o el acercamiento de servicios sociales como el control de perros o gatos, de dinámicas productivas como las huertas urbanas y la economía rural, o de acceso a derechos culturales como la lectura, el baile o la pintura, están conformados fundamentalmente por mujeres, que a través de los mecanismos jurídicos y de participación han logrado llamar la atención sobre los múltiples sobrepesos que implica habitar la ciudad formal y planeada.

 

La lucha por el agua y el ambiente en Bogotá

 

Desde el borde sur de Bogotá, un grupo de jóvenes se agrupa bajo la consigna “Parque Ecológico Cerro Seco. Lo queremos, lo necesitamos”, y adelanta un trabajo en colectivo para defender de la minería al ecosistema subxerofítico, propio de la alta montaña, y a los habitantes de sus barrios de los impactos que implicaría tal explotación para la salud. Con este trabajo defienden un modo de vida basado en el respeto a la naturaleza y ponen manifiesta la relación existente entre esta y la calidad de vida. En vez de canteras, la juventud organizada de Ciudad Bolívar pide la conformación del parque metropolitano, un espacio que sirva para la conservación, la educación ambiental y para poner freno a la expansión urbana.

Esta experiencia se convierte en un ejercicio intergeneracional de toma de conciencia sobre el territorio: mientras los abuelos fueron quienes dominaron la montaña para construir un proyecto de vida, los jóvenes retomaron la idea de la autogestión del territorio para resignificar el espacio que habitan y proponer un nuevo modelo ambiental y de espacio público. Este territorio es reconocido en la actualidad como un cuerpo vivo que hay que defender, no sólo desde las pujas administrativas, sino desde las prácticas culturales y económicas, y que deben ser transformadas en función del cuidado de la vida y la naturaleza.

 

Materialización del nuevo paradigma de ciudad

 

Cada uno de los ejemplos expuestos evidencian el accionar amplio y diverso que fluye de manera permanente en los territorios y que, además de resistir al modelo de la ciudad de hoy, propone formas de disputa de la misma en el que se garantizan derechos y se construyen otros. Estas posibilidades se dan a partir del trabajo organizado de colectivos y comunidades que desde sus acciones configuran y dotan de sentido un nuevo modelo de ciudad distante del que se sufre en la cotidianidad.

 

Este es un paradigma de ciudad que reconoce a los habitantes y a las comunidades como actores constructores de la ciudad, con capacidades para identificar las necesidades insatisfechas en lo urbano y el entorno natural, y que prioriza formas de resolverlas potenciando los mecanismos de gestión asociada. Este paradigma es posible y se evidencia mediante al menos tres elementos:

 

i) El reconocimiento desde las acciones públicas del territorio socialmente construido que es apropiado de múltiples formas según las necesidades e intereses de los diferentes actores, para que las intervenciones propuestas por la administración pública, partan de los consensos colectivos.
ii) La identificación y potencialización de la construcción de tejido social, con el cual florece el sentido de la vida en la ciudad. La generación de dinámicas que aumenten la participación de la población en la toma de decisiones, además de favorecer las lógicas en las que esto ha sido posible en los territorios, es una deuda a saldar desde los espacios de poder público.
iii) La apertura de la participación ciudadana en espacios o instrumentos de planificación estatal. La sociedad como fuente y creadora de derecho debe permear el ordenamiento jurídico y la institucionalidad en materia urbana, a través de los acuerdos sobre el territorio habitado y administrando de manera consensuada y colectiva los espacios que habitan.

El paradigma de ciudad propone traspasar la frontera existente entre el ejercicio de participación en la planeación territorial y el Estado. Su materialización podrá evidenciarse en el momento en el que se logre disminuir la brecha existente entre el ejercicio de la participación y los escenarios legales y técnicos propios del ámbito estatal, materializando una ciudad más equitativa y con servicios urbanos al alcance de todas las personas.

 

Es preciso entonces, fortalecer un sentido, una idea y una razón sobre la cual organizarse y tejer comunidad, teniendo en cuenta que la diversidad de actores hace también dificultosa la tarea de construir ciudades social y ambientalmente sostenibles. Finalmente, es necesario resaltar que la participación y el ejercicio colectivo de la gestión y las victorias por el espacio, construyen de manera incidente, la única y más preciada forma de construir ciudad sobre la ciudad, en la cotidianidad y desde abajo.

 

* Ma. Camila Carreño Novoa, Carolina Catumba, Lucía Duque Guevara y Natalia PedrazaMora
** Ver artículo “La experiencia urbana y su relación territorial expandida” en: https://www.desdeabajo.info/ediciones/item/34922-la-experiencia-urbana-y-su-relacion-territorial-expandida.html

Publicado enColombia
Página 1 de 5