Todos hablan de las neumonías del coronavirus, pero ¿qué hay de las que matan a 2.000 niños cada día?

La humanidad puede ganarle la batalla al mayor asesino invisible de menores de cinco años

El Coronavirus ha proporcionado un doloroso pero oportuno recordatorio de que somos miembros de una sola comunidad humana, pero la batalla es contra el mayor asesino de niños. From poverty to power

El mundo está en medio de una emergencia provocada por la neumonía. Y no, no solo hablo del brote de coronavirus que comenzó en Wuhan, China. Mientras las autoridades sanitarias públicas luchan por contener el peligroso agente viral del tipo SARS –nCoV2019, como es conocido–, la neumonía infantil es hoy en día el mayor asesino infeccioso de niños, cobrándose una vida cada 39 segundos. Pese a ello, la comunidad internacional ha respondido a esa emergencia con poco más que un encogimiento de hombros colectivo.

Tal vez esto es porque la mayoría de la gente piensa que la neumonía es ante todo una amenaza para los ancianos, lo cual es cierto. El coronavirus, que mata a través de una infección respiratoria grave y aguda, ha reforzado esta percepción. La mayoría de las víctimas han sido ancianos con condiciones de salud preexistentes. Sin embargo, la neumonía es hoy en día la mayor causa de muerte infecciosa en los niños y se cobra más de 800.000 vidas al año. La mayoría de las víctimas son menores de 2 años. Casi todas las muertes ocurren en los países más pobres del mundo.

No hay estadísticas que puedan captar la tragedia humana que está en el centro de esa emergencia. Causada por bacterias, agentes virales u hongos, esta es una enfermedad que ataca los sacos de aire de los pulmones, causando que se inflamen y se llenen de pus. Los niños quedan –literalmente– luchando por respirar.

La buena noticia es que la neumonía infantil puede ser vencida. Las vacunas neumocócicas eficaces (PCVs) pueden prevenir los casos no virales, y Gavi (la Alianza Mundial para Vacunas e Inmunización) ha financiado la vacunación de más de 120 millones de niños. Con un diagnóstico temprano y preciso por parte de un trabajador de salud, la mayoría de los casos pueden tratarse con éxito con antibióticos básicos que cuestan menos de 45 céntimos de euro. Incluso los casos más graves pueden tratarse con antibióticos de nivel más alto y oxígeno médico. En investigaciones recientes realizadas en hospitales de Nigeria se ha encontrado que una combinación de oxígeno médico y un instrumento de diagnóstico denominado oxímetro de pulso, que mide los niveles de oxígeno en la sangre, puede reducir la tasa de mortalidad a la mitad.

Ahora las malas noticias. Aunque las muertes por neumonía infantil están disminuyendo, lo hacen más lentamente que las de otros grandes asesinos como el paludismo y el sarampión. Hace cinco años, los gobiernos firmaron el compromiso de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de "poner fin a las muertes infantiles prevenibles" para el año 2030. Si se mantienen las tendencias actuales, la neumonía convertirá esa promesa en (otra) promesa incumplida, lo que debilitará aún más la credibilidad, ya de por sí frágil, de los gobiernos, donantes y organismos internacionales encargados de cumplir los ODS.

Entonces, ¿por qué el mayor asesino de niños del mundo genera tan poca acción y cooperación internacional? Como he discutido en otro espacio con Devi Sridhar –profesora de salud pública global de la Universidad de Edimburgo–, el perfil de la víctima es parte de la explicación.

Con la desnutrición como principal factor de riesgo, la neumonía es la enfermedad definitiva de la pobreza. Los que se enfrentan a los mayores riesgos -los pobres de las zonas rurales y los habitantes de los barrios marginales urbanos- carecen de voz en las prioridades de la agenda sanitaria. Y aunque los niños más pobres se enfrentan a los mayores riesgos, son los que menos probabilidades tienen de ser inmunizados, los últimos en la lista de tratamiento y los que más riesgo tienen de recibir un diagnóstico inexacto.

La neumonía permite comprobar la (in)equidad de los sistemas de salud. Cuando aparecen los síntomas de la enfermedad, los hogares más pobres a menudo retrasan el tratamiento porque les preocupa su coste, o porque la clínica más cercana está lejos. En muchos casos, las clínicas carecen del personal capacitado y del equipo de diagnóstico que necesitan para proporcionar un tratamiento eficaz.

Hay algunos signos alentadores que sugieren que la inercia está dando paso a la acción. Esta semana gobiernos, donantes, investigadores, agencias de la ONU y organizaciones de la sociedad civil se reúnen en Barcelona en el primer Foro Mundial sobre Neumonía Infantil. El objetivo es compartir evidencias y, lo que es más importante, dar impulso a las estrategias de control de la neumonía y a planes de acción destinados a convertir esas evidencias en políticas que salven vidas. Están surgiendo nuevas alianzas para el cambio, comandadas por la coalición Every Breath Counts (Cada Aliento Cuenta).

Una de las barreras para una acción eficaz contra la neumonía ha sido el debate cada vez más anacrónico entre los defensores de las intervenciones "verticales" o específicas para la enfermedad, y los enfoques "horizontales" destinados a fortalecer los sistemas de salud. Las cuestiones sustantivas que están en juego son reales. Con demasiada frecuencia, los donantes pronuncian el discurso horizontal, haciendo hincapié en su compromiso con el fortalecimiento de los sistemas de salud, pero luego cargan los recursos en intervenciones específicas para la enfermedad que distorsionan las prioridades de salud. Mientras que el Banco Mundial exalta las virtudes del fortalecimiento de los sistemas de salud, sus fondos desvían en gran medida los recursos hacia intervenciones verticales.

Del mismo modo, los sistemas de salud deben responder a las enfermedades que ponen en peligro a los pobres. La idea de que los países pueden avanzar hacia el santo grial de la Cobertura Sanitaria Universal sin abordar enfermedades como la neumonía, y sin romper el vínculo entre la malnutrición y los riesgos sanitarios más amplios, es una ficción. El punto de entrada para una acción eficaz es la atención primaria de salud y el apoyo a los trabajadores comunitarios de la salud. Los sistemas de salud que desvían los recursos hacia instalaciones de nivel superior, fuera del alcance de los pobres, nunca harán más que limitarse a un efecto goteo.

El coronavirus ha proporcionado un doloroso pero oportuno recordatorio de que somos miembros de una sola comunidad humana. En nuestro mundo interconectado, una epidemia de salud que comienza en Wuhan puede, en pocas semanas, plantear amenazas a la salud desde Bombay hasta Nueva York. El multilateralismo y la cooperación internacional son nuestra única defensa.

Pero el argumento a favor de la acción multilateral no se detiene con las epidemias que cruzan las fronteras y afectan al público de los países ricos. El día de hoy, la neumonía matará a más de 2.000 niños. Esa es una emergencia sanitaria, y es una que podemos detener.

Hasta 9 millones de vidas salvadas en la próxima década

Una nueva investigación de la Escuela de Medicina de la universidad Johns Hopkins (JHMS) para Save the Children ha proporcionado pruebas convincentes para una campaña concertada contra la neumonía. Esta ONG internacional pidió al JHMS que realizara una proyección sobre las vidas que se podrían salvar hasta 2030 en el caso de contar con una cobertura completa de siete intervenciones anti-neumónicas de alto impacto, que van desde la inmunización y la mejora de la nutrición hasta los antibióticos y la lactancia materna exclusiva.

Los resultados son sorprendentes. El modelo del gráfico adjunto proyecta alrededor de 3,2 millones de vidas salvadas de la neumonía en la década hasta 2030. Pero otros 5,7 millones podrían salvarse con las mismas intervenciones de otras importantes enfermedades mortales, como la diarrea y la sepsis. Si quieren un argumento empírico y basado en pruebas para invertir en la atención primaria de salud, aquí lo tienen.

Para cualquiera que todavía esté interesado en impulsar la acción para el ODS 2030 sobre la supervivencia infantil, la evidencia de Johns Hopkins también sugiere que estas intervenciones comunitarias contra la neumonía cerrarán la brecha entre las tendencias actuales y el objetivo de 2030. Una acción decisiva en la neumonía podría traducir la polémica sobre "no dejar a nadie atrás" que desfiguran los debates del ODS en políticas que reduzcan las disparidades sociales en la supervivencia infantil.

Por Kevin Watkins*

30 ENE 2020 - 15:01 COT

Kevin Watkins es Director General de Save the Children Reino Unido. Este texto fue publicado originalmente en inglés, en el blog From Poverty to Power de Duncan Green.

Publicado enSociedad
La transferencia analítica y el "fin" del tratamiento psicoanalítico

Una vez abierta una puerta importante de acceso a lo inconsciente se instaura una suerte de flujo interminable. La prolongación en tiempo y espacio es lo que actúa como trabajo elaborativo del análisis.

 

La transferencia es comparable a la capa vegetal

existente entre la corteza y la madera de los árboles,

capa que constituye el punto de partida de la formación

de nuevos tejidos y del aumento del espesor del tronco

  1. Freud

Soy de la idea, sostenida por muchos analistas y por el propio Freud, de que el tratamiento psicoanalítico no tiene fin. Se interrumpe en el mejor de los casos de común acuerdo entre el analista y el analizante, pero puede continuar por otros medios una vez instalado. Por lo que entiendo que una vez abierta una puerta importante de acceso a lo inconsciente se instaura una suerte de flujo interminable.

La experiencia del análisis instaura un pensar otro que se establece como un “entre” donde ninguno de los dos partenaires sabe todo lo que dice ni piensa todo lo que sabe. Es que la transferencia analítica pone a trabajar un modo de comunicación que no es de uno hacia otro sino que genera un “entre” donde lo dicho constituye un nuevo decir del que surge lo impensado.

El tratamiento psicoanalítico no debería restringirse ni al espacio ni al tiempo de la sesiones. Su prolongación en tiempo y espacio es lo que actúa como trabajo elaborativo del análisis.

Sesiones con un espíritu

En un artículo muy singular y polémico el psicoanalista francés Didier Anzieu relata veintiuna sesiones que tuvo con un espíritu. Comenta que una joven colega le habla de una “terapeuta” que acaba de conocer. Es una mujer que, a las cuatro de la madrugada, piensa intensamente en las personas de las que se le ha dado el nombre, la dirección y Anzieu cree, no muy seguro, que también la profesión. Piensa en ellas gratuitamente tanto desde el punto de vista financiero como desde el punto de vista de las ventajas que ella podría obtener y Anzieu agrega, supongo que por necesidad personal de pensar en el prójimo. Esta terapeuta es libre de aceptar o rechazar a la persona que se le propone o que se propone. La cura dura veintiún días a continuación de lo cual parece que se manifiesta una mejoría del estado del destinatario.

Anzieu acepta que la colega le de sus coordenadas a esta terapeuta y le pide que lo prevenga sobre cuando empiece la experiencia para poder anotar los efectos eventuales que le sucedan.

Se sorprende que comentando a su entorno de la experiencia que va a iniciar diga lo siguiente: “dura veintiún días, a continuación de la cual yo estaré curado de mi Parkinson”. Aclara luego en su escrito “he aquí mi deseo de curación, de una curación medicamente imposible de una enfermedad incurable que surge en mi mente en la perspectiva de una intervención de esta ‘curandera’ que yo no conozco y que no me conoce”.

Luego transcribe noche a noche el diario de esa experiencia.

De su lectura uno va viendo la intensidad que toman los movimientos afectivos que le producen sus recuerdos íntimos y la ambivalencia en torno a la creencia en la eficacia del “tratamiento”.

La segunda noche escribe: “Tengo un breve debate interior: no creo en los espíritus, pero tengo que ser honesto conmigo mismo: creo sin creer en ellos. Sé que no existen, pero a pesar de todo, pueden manifestar sus efectos; la prueba es que después de la segunda noche esta desconocida que piensa en mí o más exactamente de la que yo pienso que piensa en mí, me hace bien”.

En la cuarta noche, teniendo después de muchos meses un buen descanso nocturno, ya que las convulsiones parkinsonianas han cesado, dice soñar mucho. Luego de comentar sueños y asociaciones plantea una inquietud que le oscurece el cuadro. Este espíritu con el que yo estoy en contacto, o creo estar en contacto, ha sido hasta ahora un espíritu benéfico. ¿Va a continuar siéndolo o va a convertirse en maléfico? “No importa” concluye, “me hace bien y me protege por la noche de mis perseguidores internos”.

El relato de Anzieu va tomando la forma de un análisis. Al final del texto donde reflexiona sobre la experiencia de esas veintiuna noches y días Anzieu comenta lo siguiente: “Con gran reticencia me resuelvo a publicar el diario de esta experiencia. Tengo el sentimiento de angustia de exponerme a las críticas acerbas de los lectores y más especialmente de los colegas. El ejemplo de Freud exponiendo su vida psíquica íntima en su obra es para mí un precioso estímulo”.

Termina su asombroso texto diciendo: “en tanto que yo sepa o que crea que otro piensa en mí, pienso existir y pensar”.

"Otro que piensa en mí"

Me quiero apoyar en el doble sentido de la expresión “otro que piensa en mí”, en tanto que se entraman en ella eso que en mi piensa y el otro que me piensa. ¿Este otro que piensa en uno en sus dos sentidos no es el principal motor de la transferencia analítica? Esto es, lo que anuda en la relación a un otro la experiencia del inconsciente.

El Espíritu con el que se “autoanaliza” Anzieu es, en su caso particular, un buen dispositivo para relanzar la transferencia analítica. Él se procura una manera de no hablar en soledad consigo mismo poniendo en juego un supuesto otro que lo piensa y a la vez un pensar otro. Abre así nuevamente un diálogo con su inconsciente.

Ahora bien, esa continuación del análisis por otros medios, ¿no estaría emparentada con lo que Freud denominó el trabajo elaborativo que se desarrolla en el tiempo más que en el espacio analítico?

El término alemán Durcharbeiten fue traducido al castellano de distintas maneras. La palabra alemana está compuesta del prefijo durch que significa a través y arbeit, trabajo, sería entonces trabajando a través, de extremo a extremo. Durch tiene su equivalente en castellano en el prefijo per, que connota intensificación, durabilidad, perdurable, durabilidad a través del tiempo. No es sencillo encontrar la forma adecuada que exprese lo que condensa la palabra alemana. Pero el sentido que se impone es el de un trabajo del psiquismo que perdura y que se intensifica en el tiempo.

A Freud se le fue haciendo claro, casi desde el comienzo de su labor clínica, que la eficacia de la cura no consistía solamente en la recuperación de lo olvidado ni de lo reprimido ni, finalmente, en hacer consciente lo inconsciente. Es entonces que aparece en su obra el concepto durcharbeitung.

Si uno sigue detenidamente su argumentación verá que pasa del recordar como objetivo terapéutico a ocuparse de los límites mismos de ese recordar, haciendo hincapié en lo que no puede ser recordado porque nunca fue consciente, lo incapaz de convertirse en recuerdo. Se refiere a lo prehistórico en la vida de un sujeto, tanto a los prototipos inconscientes que nunca serán conscientes como a lo visto y lo oído antes de poder hablar, que entretejen la escena primaria y que, si bien no poseen representación de palabra, insisten en emerger de diferentes maneras. Una es la que determina ciertos estados de ánimo.

Por lo tanto la fórmula de hacer consciente lo inconsciente no termina de abarcar lo que ocurre en la clínica psicoanalítica.

El trabajo elaborativo --señala Freud-- es constante en la cura pero actúa más en ciertas fases que en otras del tratamiento, y sobre todo cuando parece que éste está estancado, cuando se ha detenido; dominado por las resistencias, aunque esas resistencias hayan sido interpretadas. Agrega Freud que el trabajo elaborativo“puede constituir una penosa labor para el analizado y una dura prueba para la paciencia del analista”.

Freud afirma textualmente: “el trabajo elaborativo constituye parte de la labor que ejerce sobre el paciente la mayor acción modificadora, y la que diferencia el tratamiento analítico de todo influjo por sugestión. Teóricamente podemos equipararla a la derivación por reacción de las magnitudes de afecto aprisionadas por la represión, proceso sin el cual no lograba eficacia alguna el tratamiento hipnótico”.

Como se puede percibir, Freud entiende que la importancia que tenía la abreacción en el tratamiento por hipnosis ahora la tiene, en el tratamiento psicoanalítico, el trabajo elaborativo. Al decir esto Freud señala que lo que determina verdaderamente su eficacia no es la rememoración sino la per- elaboracion. El paciente consigue mediante el trabajo elaborativo que va llevando a cabo dentro y fuera de la sesión analítica no solamente una convicción profunda y afectivamente comprometida de lo que determina sus padecimientos sino que aprende a servirse y gozar de la experiencia del inconsciente.

Puede ampliarse en esta perspectiva lo que se concibe como escena transferencial, en tanto acoge no solamente lo memorable sino lo que nunca podrá ser recordado, la desmesura del inconsciente. En consecuencia, la neurosis de transferencia que se instala en toda cura analítica podría constituir no sólo la repetición en el aquí y ahora de lo reprimido dando lugar a su interpretación, sino que sería ya un comienzo de la per- elaboración de lo que nunca será consciente. Es decir, propicia futuro a cambio de destino.

Así como la interpretación surge de una memoria que retorna de lo reprimido abriendo caminos a producciones deseantes y la construcción analítica se dirige principalmente a lo rehusado y desmentido del discurso del Otro propiciándole al sujeto un sostén histórico representativo de su padecer, la per-elaboración posibilita --a semejanza del trabajo del sueño-- que lo no representable pueda asociarse a los impulsos del ello, logrando así una suerte de figurabilidad. Núcleo caudaloso del que se nutre tanto la producción artística como la transferencia analítica.

Si como conjeturamos la constitución de la neurosis de transferencia puede pensarse como el inicio del trabajo per-elaborativo, su instalación en el análisis ya es un avance de la cura y pergeña su continuidad por otros medios. Recordemos que Freud definía a la neurosis de transferencia como lo que se constituye entre la vida y la enfermedad. Esta concepción propondría un concepto de salud original, donde lo principal no sería la ausencia de enfermedad sino la constitución de un espacio “entre” que procese lo que de alguna manera es fuerza vital y padecimiento al mismo tiempo.

Estas palabras con las que Ives Berger se refiere al recuerdo de su madre muerta iluminan emotivamente este acontecer esencial que el psicoanálisis propicia. Las tomo de un pequeño libro llamado “Rondó para Bervely” que escriben y dibujan conjuntamente padre e hijo, John e Ives Berger, como homenaje tierno y bello a la mujer y a la madre amada.

Te veo con tus mejores galas, sonriente, con esa sonrisa tuya que guardo en el corazón.

Delante de mí está Noel Road, donde viviste algún tiempo antes de que yo naciera. Te imagino viniendo por ella, doblando la esquina, con esa misma sonrisa.

Tantas cosas son iguales y tantas son diferentes. Así es, mamá. Y si como me decías a menudo “no se construyó Roma en una hora”, puede que las cosas más importantes las llevemos muy dentro, desde el día en que nacemos hasta el día en que morimos. Sí, puede que lo que tú llevabas hace cincuenta años cuando cruzabas Noel Road lo lleve yo ahora, mientras estoy aquí sentado delante de la galería. Y si mis pinturas vienen de algún lado, creo que ese sitio podría estar entre tú y yo, entre entonces y ahora. Donde la vida no termina nunca.

Por Luis Vicente Miguelez, psicoanalista.

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Imagen satelital que muestra los preparativos en una plataforma de lanzamiento de cohetes en el Centro Espacial Nacional Imán Jomeini en la provincia de Semnan en Irán.Foto Ap

El "Reloj del Día del Juicio Final" del Boletín de los Científicos Atómicos, con casi 75 años de vigencia, colocó por primera vez sus ominosas manecillas en segundos, en vez de sus aterradores minutos.

El prestigiado Boletín, que cuenta con 13 Premios Nobel, movió las manecillas de los previos dos minutos para la medianoche a unos aterradores 100 segundos. Se le podrá criticar que se trata de un amarillismo barato para llamar la atención ya que 100 segundos equivalen a 1.66 minutos. A los dos minutos previos les redujeron 0.34 segundos.

Así son los artefactos mercadotécnicos para atraer la atención en forma dramática, lo cual no obsta para subrayar su espeluznante contenido sobre el "empeoramiento de la amenaza nuclear", el "incremento de las campañas de desinformación promovidas cibernéticamente", y la consabida parálisis sobre el cambio climático (https://bit.ly/38H8bJj).

El boletín subraya que la “humanidad enfrenta dos simultáneos peligros existenciales –la guerra nuclear y el cambio climático– que son combinados por una amenaza multiplicadora, la guerra de la desinformación por la vía cibernética, que socava la capacidad de respuesta de la sociedad” cuando la "situación de la seguridad internacional es urgente, no sólo por que tales amenazas existen, sino debido a que los líderes (sic) del mundo han permitido que se erosione la infraestructura política internacional para su manejo".

Trump ha exacerbado la inseguridad internacional con su triple retiro unilateral: 1. Del creativo acuerdo nuclear de Obama que descolgó con Irán; 2. Su repudio al acuerdo climático de París; y 3. Su suspensión del INF– Tratado de Armas Intermedias Nucleares de alcance entre 500 y 5 mil 500 kilómetros firmado en 1987 (https://bit.ly/38H3wXK).

El Boletín penetra los dédalos de la desinformación cibernética, la novedad del siglo XXI: "la persistente corrupción (sic) de la ecósfera (sic) de la información, de la que dependen la democracia y la pública toma de decisiones, ha escalado las amenazas nuclear y climática" cuando "varios (sic) gobiernos usaron el año pasado campañas de desinformación cibernética para sembrar desconfianza en las instituciones y entre los países, socavando los esfuerzos domésticos e internacionales para fomentar la paz y proteger al planeta".

Sobre su verdadera expertise, el boletín aduce que "es inexistente la cooperación de Estados Unidos y Rusia en materia del control de armas nucleares y su desarme", por lo que propone "pasos posibles de acción para retroceder las manecillas del Reloj del Juicio Final en materia nuclear": los "líderes de EU y Rusia deben regresar a la mesa de negociaciones para: reinstalar el tratado INF o tomar otra acción para restringir una innecesaria carrera armamentista para misiles de alcance intermedio; extender los límites del nuevo Tratado Estratégico de Reducción de Armas Nucleares (START, por sus siglas en inglés) más allá de 2021; buscar mayores reducciones en armas nucleares; discutir la disminución del estatuto de alerta de los arsenales nucleares en ambos países; limitar los programas de modernización nuclear que amenazan crear una nueva carrera armamentista nuclear; e iniciar charlas sobre la ciberguerra, defensa de misiles y la militarización del espacio, la tecnología hipersónica (sic) y la eliminación de armas nucleares en los campos de batalla".

Como que su propositiva lista es demasiado extensa, mezclada y ambiciosa que habría que jerarquizar mediante pequeños pasos y la edificación de confianza mutua entre Rusia y EU.

Quien inició la negativa cuan ominosa espiral nuclear hacia el abismo fue Baby Bush –lo cual no alude el boletín– cuando se retiró unilateralmente en junio de 2002 del Tratado de Misiles Antibalísticos (ABM, por sus siglas en inglés) que inició en 1972 en conjunción con la ex URSS.

El retiro unilateral del AMB por Baby Bush fue calificado de "grave error" por el zar Vlady Putin (https://nyti.ms/2RPAwq6).

El inicio del drama nuclear fue con Baby Bush, mientras que el retiro del INF por Trump constituyó un clavo más en su féretro.

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Una grupo de personas sin trabajo, a las puertas de una feria de empleo en Río de Janeiro. Mario Tama

 La OIT enciende una "señal de alarma" sobre el presente y el futuro de "millones de jóvenes que no encuentran oportunidades". Uno de cada cinco busca trabajo y no lo encuentra

El estancamiento económico de América Latina hace mella en su mercado de trabajo y se ceba con el segmento más joven de la población. El desempleo entre los menores de 25 años —junto con la informalidad, el gran caballo de batalla de los países de la región en los últimos años—, se ha convertido en “un rasgo estructural de las economías”, según el Panorama Laboral de América Latina y el Caribe publicado este martes por la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Son varias las señales de alarma en este flanco: la tasa de desocupación juvenil creció en tres décimas en 2019, hasta el 19,8%, el triple que la de la media de la población adulta —en otras palabras: uno de cada cinco menores de 24 años que busca trabajo no lo encuentra— y el máximo desde el año 2000, cuando se empezaron a publicar datos agregados; y la mayoría de quienes sí están contratados sufren condiciones precarias: informalidad, salarios bajos en relación con el coste de la vida, escasa estabilidad en el empleo y sin apenas programas formativos por parte de su empleador.

 “Queda claro, a la luz de las estadísticas de este año, cuán difícil es ser joven en Latinoamérica y el Caribe”, señala el organismo dependiente de Naciones Unidas. En el año recién terminado, el aumento en la desocupación juvenil arrastró consigo la tasa general, mientras que en el colectivo de 25 años o más se mantuvo estable. “Esto debe ser una señal de alarma en la medida en que amenaza el presente y el futuro de millones de jóvenes que no encuentran oportunidades de empleo y cuyas aspiraciones de movilidad social se ven truncadas. (…) A la luz de la ola de protestas en diversas ciudades de la región, se requieren acciones inmediatas e inclusivas”, apremia la OIT. “La crisis de expectativas que se vislumbra en la región demanda acciones urgentes”. El empleo juvenil se contrajo en 11 países que representan casi el 90% de la fuerza de trabajo ocupada en la región —Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, El Salvador, México, Paraguay, Perú y Uruguay—.

Los grandes números ayudan a comprender la magnitud del problema: en la región viven 110 millones de personas de entre 15 y 24 años, una cifra que se ha triplicado desde la década de los cincuenta del siglo pasado. Y estos jóvenes, a pesar de haber recibido una mayor educación que las generaciones previas —en buena medida porque nacieron y crecieron en una época marcada por el crecimiento económico, mientras duró el auge de las materias primas—, enfrentan una inserción en el mercado laboral caracterizada por "una elevada precariedad". De los que trabajan, seis de cada diez lo hacen en la informalidad, y el 22% ni estudia ni tiene empleo (los llamados ni-nis), "una situación que es aún más crítica entre las mujeres".

Leve aumento de la desocupación general, que podría ser mayor

Con el crecimiento económico latinoamericano encadenando revisiones a la baja con el paso de los meses —a cierre de 2018 el FMI preveía el 1% para 2019 y todo apunta a que esta cifra acabará superando por muy poco la barrera del 0%—, la tasa de desocupación borró la mejora registrada en 2018 y pasó del 8% al 8,1%. Esa es, sin embargo, una estimación “conservadora” —apuntan los técnicos del organismo con sede en Ginebra— que podría aumentar “si se confirma el impacto de los movimientos de protesta que irrumpieron en la región en los últimos meses de 2019 y la creciente presión que genera una situación económica de incertidumbre”. A cierre del ejercicio, 26 millones de personas en la región buscaban empleo sin éxito.

Con todo, la paleta de colores con la que está pintado el cuadro laboral latinoamericano dista mucho de ser homogénea: el Caribe angloparlante logró una reducción de 0,5 puntos porcentuales en la desocupación, los países del Cono Sur (Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay) registraron también una caída mínima, Centroamérica sufrió un aumento del 0,2% en el desempleo y las naciones andinas (Colombia, Ecuador y Perú), del 0,5%.

2019 fue un año malo en lo laboral para el conjunto de la región, pero el futuro no apunta hacia un entorno mucho mejor. A la vista del “crecimiento lento” (1,4%) proyectado para la economía de América Latina y el Caribe por la media de los organismos internacionales, la OIT avisa de la alta probabilidad de que la demanda laboral se vea golpeada y presione al alza la tasa de desocupación hasta el entorno del 8,4%, tres décimas más que a cierre del año pasado. De cumplirse ese pronóstico —y sus técnicos no suelen pasarse de pesimistas—, 2020 terminaría con 27 millones de latinoamericanos buscando empleo.

Informalidad y salarios al alza

Aunque el estudio de la OIT no ofrece datos concretos de evolución de la informalidad, sus firmantes sí vinculan el menor crecimiento del empleo asalariado respecto al de por cuenta propia registrado el año pasado con “una tendencia al aumento” de los empleados que no tienen un contrato de trabajo ni las prestaciones de ley. Sí dan cuenta con certeza sobre el incremento del subempleo (personas que trabajan menos horas de las que desearían) en prácticamente todos los países del área, “resultados que redundan en la precarización relativa de los empleos creados en 2019”.

El contrapunto lo ponen el salario medio y el salario mínimo. El primero creció en 2018 —aún no hay datos para 2019—, aunque con divergencias entre los diferentes grupos de trabajadores: creció más en el sector público y en el caso de los empleados domésticos que en el de los asalariados del sector privado. Por sexos, las percepciones de las mujeres subieron más rápido que las de los hombres, reduciendo —aunque solo “de forma paulatina”— la brecha salarial. En cuanto al salario mínimo, las políticas de recuperación puestas en marcha en 14 de los 16 países analizados por el organismo —y, muy especialmente, en México, donde el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha impulsado una revaluación sin precedentes—, resultaron en un incremento total de cerca del 4% en el año recién concluido, el doble que en el lustro 2013-2018. Es la mejor noticia que deja un Panorama Laboral para América Latina y el Caribe acorde al estancamiento económico regional: crecer es condición sine qua non para crear empleo.

Por Ignacio Fariza

Madrid 28 ENE 2020 - 12:02 COT

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¿Qué peligro supone el nuevo coronavirus y qué lo diferencia de los letales virus SARS o MERS?

El virus 2019-nCov pertenece al mismo grupo de los que causaron las epidemias de SARS o MERS, y que ocasionaron miles de muertes en todo el mundo

Sin embargo, hay diferencias entre ellos: el SARS provocaba la muerte al 9,6% de infectados y el MERS al 34%, mientras la mortalidad de este coronavirus ronda el 3%

Si no se toman medidas de prevención para evitar su expansión, el coronavirus puede terminar afectando a millones de personas, como ocurre con la gripe: entre 290.000 y 650.000 personas mueren cada año en todo el mundo por gripe común

El nuevo coronavirus, que se expande por China a pesar de las drásticas medidas tomadas por las autoridades del país, mantiene vigilantes a expertos en salud pública y microbiólogos. El virus 2019-nCov es una nueva cepa de coronavirus que hasta hace apenas unos meses no se había detectado en seres humanos. Como ha sucedido en otras muchas epidemias anteriores, este virus se había limitado a infectar a una determinada especie animal (aún se desconoce cuál), hasta que dio el salto a humanos cuando se dieron las circunstancias adecuadas para ello. Es la tercera vez que un coronavirus salta de animales a seres humanos desde el año 2003.

Pese a la gravedad con la que diferentes medios de comunicación narran esta epidemia, no hay razones para el alarmismo, pero sí para que los especialistas en enfermedades infecciosas mantengan un estrecho estudio, seguimiento y control de este virus. Múltiples organizaciones sanitarias a lo largo del mundo (OMS, CDC, Cruz Roja...) cuentan con planes y directrices definidos para actuar frente a una posible pandemia por virus respiratorios. No es algo fruto del capricho: la gran cuestión no está en saber si ocurrirá o no una gran pandemia en el futuro, sino en saber cuándo ocurrirá para actuar de la forma más eficaz posible.

Múltiples virus respiratorios como los virus de la gripe o los coronavirus tienen el potencial de provocar graves epidemias debido a que, de vez en cuando, aparecen nuevas cepas de virus que resultan totalmente nuevas para nuestro sistema inmunitario. Existen dos mecanismos principales que llevan a que esto ocurra cada cierto tiempo: las mutaciones constantes que sufren estos virus y la recombinación genética entre virus de distinta subespecie (virus diferentes que se mezclan entre ellos). Por otro lado, la vía respiratoria favorece la transmisión de estos nuevos virus, especialmente en lugares densamente poblados, lo que incrementa el riesgo de grandes epidemias. El resultado son epidemias como la gripe española en 1918, la gripe aviar, el SARS (Síndrome respiratorio agudo grave) en 2003 o el MERS (Síndrome respiratorio de Oriente Medio) en 2012.

Parecidos, pero con diferentes efectos

La aparición de un nuevo virus que afecta por primera vez a humanos justifica la aplicación de medidas sanitarias prudentes y un cuidadoso estudio y seguimiento. En un panorama globalizado donde los viajes internacionales son muy frecuentes, las probabilidades de pandemias se incrementan. Además, debido al desconocimiento inicial sobre la capacidad de los virus para transmitirse entre las personas y causar graves enfermedades y muertes, las autoridades sanitarias deben actuar contemplando escenarios inciertos. Sin embargo, cada nuevo virus que aparece en el ser humano puede mostrar una capacidad para expandirse y matar muy diferente.

Aunque el actual virus 2019-nCov pertenece al mismo grupo de virus de ARN que causaron el SARS o el MERS y provoca también neumonía, hay grandes diferencias entre ellos. De hecho, los análisis genéticos del virus de Wuhan indican que presenta importantes diferencias genéticas con el SARS (un 20%) y el MERS. Esto explicaría, por un lado, por qué los síntomas que provoca el nuevo coronavirus son un poco distintos de los coronavirus anteriores. El virus 2019-nCov, por ejemplo, rara vez provoca síntomas intestinales o moqueo nasal.

Los datos revelan que la capacidad para contagiar del nuevo coronavirus es limitada. Las actuales estimaciones sobre a cuántas personas podría transmitir el virus una persona infectada (R0) están en discusión y van desde 1,4 hasta 5,47 personas. En comparación, el MERS tenía un R0 menor a 1 y el SARS de 2-5.

Otro factor clave diferente entre el virus 2019-nCov y los otros coronavirus es su letalidad. El SARS provocaba la muerte al 9,6% de las personas infectadas identificadas y el MERS, al 34%. En estos momentos las cifras de mortalidad asociada a la infección por el nuevo coronavirus fluctúan bastante, pero se estima que se encuentran entre el 2 y el 3%. Se trata de una mortalidad muy baja en comparación con otras epidemias de nuevos virus respiratorios.

Además, la práctica totalidad de las personas que han fallecido por el virus se encontraban en grupos de riesgo: ancianos, niños de corta edad, individuos con diferentes enfermedades (inmunodepresión, bronquitis crónica...). Hasta el 28 de enero se han registrado 4.515 casos confirmados de coronavirus (los casos reales y no documentados son mucho mayores) y al menos 106 muertos.

Por el momento, la OMS todavía no ha declarado la emergencia internacional, pero muchos esperan que lo haga en los próximos días debido al goteo de casos de coronavirus fuera de China, en países como Francia, Estados Unidos o Australia.

Declarar emergencia no significaría que el virus 2019-nCov es más peligroso de lo que pensábamos, sino que constituye un riesgo nuevo para la salud pública de diferentes países debido a su propagación internacional y por ello requiere una respuesta internacional coordinada. No hay que olvidar que, por muy baja que resulte la mortalidad asociada a un virus, si no se toman medidas de prevención para evitar su expansión, puede terminar afectando a millones de personas. Esto es lo que ocurre con el virus de la gripe cada año sin que la población se alarme (entre 290.000 y 650.000 personas mueren cada año por la gripe), por la sencilla razón de que estas cifras de muertos forman parte de la rutina.

Por Esther Samper

27/01/2020 - 21:29h

Publicado enSociedad
Martes, 28 Enero 2020 06:18

Filosofía de la salud

Filosofía de la salud

El capitalismo, sus médicos y sus medicamentos

 

Una sociedad enferma se lucra incluso con las enfermedades
 
Mientras la salud (o las enfermedades) de los pueblos sean un negociado de mercachifles en el que estén prendidos como vampiros muchos laboratorios, universidades, instituciones gubernamentales, hospitales y médicos... mientras existan personas y pueblos enteros sin seguridad médica... mientras reinen los hábitos y las manías patológicas que inoculan las mafias publicitarias en contra de la salud pública... viviremos una injusticia monstruosa que se ha naturalizado como parte del decorado miserable de las sociedades divididas en clases. Todos los días, durante las madrugadas, las filas de personas a las puertas de los hospitales, en espera de una consulta, padecen listas enromes de violaciones a los derechos humanos mientras, por ejemplo, la industria farmacéutica (13 de los 20 más voraces) instalada en Puerto Rico, recibe beneficios fiscales caimánicos y mueve saludables fortunas en el orden de 60 000 millones de dólares.
 
El capitalismo entrena a los médicos, a las enfermeras y a los trabajadores de la salud como se entrena a un ejército de mercenarios vendedores de análisis cínicos, estudios diagnósticos, cirugías, medicamentos y terapias. Las materias y reflexiones humanísticas, la conciencia social, brillan fulgurosamente por su ausencia y precariedad. Les uniforman las cabezas con aspiraciones y sueños burgueses (estereotipados hasta las náuseas) para que exhiban impúdicamente su lealtad convenenciera a los negocios de dueños de los laboratorios que ya antes entrenaron a sus jefes. “Pfizer es actualmente la mayor compañía farmacéutica, y se reporta 45 mil millones de dólares de rentabilidad. Las empresas multinacionales entre ellas Glaxo Smith Kline, Merck & CO., Bristol-Myers Squibb, AstraZeneca, Aventis, Johnson & Johnson, Novartis, Wyeth y Eli Lilly, acapararon el 58,4% del mercado alrededor de 322 mil millones de dólares en ganancias”.1
 
Hay que ver los desplantes de prepotencia y petulancia que pasean muchos jefes de sección, de guardia, de departamento... en cada clínica, hospital o laboratorio frente a las enfermeras, los estudiantes y los trabajadores que deben aprender primordialmente a convertir su humillación en buenas calificaciones, diplomas, nombramientos especiales o premios... como la asistencia a congresos, la publicación de “papers” y los regalitos de los laboratorios. No nos asustan, ni silencian, los medicuchos que se envuelven con enjambres terminológicos y estadísticos par inmolarse en el reino de la erudición archi-especializada y donde no sólo no se aceptan las denuncias más obvias sino que éstas son vistas como desplantes de “mal gusto”. De esos bonzos demagogos, tecnócratas y burócratas, están repletas las academias y asociaciones de especialistas... y muchos hospitales. No todos, claro... claro. Pero. Muchos estudiantes son adiestrados con excelencia “técnica” para sustentar la servidumbre de clase que justifica el negocito y justifica también algunas dádivas de la filantropía médica que, con su ética mesiánica, beneficia a algunos pobres en hospitales para pobres y con burocracia para pobres.
 
¿Es esto muy exagerado?
 
Los médicos, las enfermeras y los trabajadores de la salud suelen ser amaestrados para que adopten, como suyas y originales, ideas reaccionarias y conductas mediocres. Su heroicidades se reduce a ser serviles y mansos con el negocio y llevar al reino de su individualismo las glorias de las cuentas bancarias y los bienes terrenales. Su heroicidad tiene por alma mater una vanidad inmisericorde entrenada diariamente en el campo de concentración a que someten a sus “pacientes” y a los familiares de ellos. Muchos “doctorcitos” se hacen pagar su magnanimidad con agradecimientos eternos, y halagos, gracias a extorsionar a todo mundo con el viejo truco de regatear información, hablar con tono didáctico y condescendiente, jugar a que el tiempo nunca les alcanza y sacarse de la manga soluciones milagrosas. Muchas bajo el método de la escopeta... algún perdigón le pegará a la perdiz. Cuantos más medicamentos ensayen... mejores regalitos mandarán los laboratorios. Existe un ranquin internacional de premios en hoteles, líneas aéreas y merchandising variopinto. Lo aprenden los médicos, las enfermeras y los trabajadores de la salud desde las primeras lecciones.
 
Sueñan con infectarnos la vida con saliva de burócratas serviles a la carnicería neoliberal son “doctores” de inoculados de epidemia usurera entre los mercados farmacéuticos caldo infecto de la demagogia neoliberal el peso de la miseria y el crimen, el hambre, el desempleo, la injusticia galopante. Nosotros lo pagamos. Ellos se autonombran “doctores” para esconder su prepotencia y suficiencia de ignorantes funcionales indolentes a la miseria, desnutrición, hospitales destruidos, escuelas desvencijadas, podredumbre y hediondez a diestra y siniestra. Depresión, mal humor, desesperanza, hartazgo, tristeza, melancolía rabia... furia... odio. Cansancio y soledad, trabajadores humillados. Ancianos victimados con indolencia... enfermos carcomidos por la burocracia. Los niños miran atónitos el futuro que les heredamos. Es una Monstruosidad. Vivimos infestados de negligencia. Los más pobres están más desprotegidos, no están bien alimentados, no pueden ir al doctor, imposible pagar medicamentos y en general no tienen posibilidad de atender su salud. No es poca cosa.
 
Nosotros sabemos que la guerra contra la medicina corrupta debe ser una guerra contra el capitalismo, también. El negocio de los laboratorios farmacológicos ha sacado una tajada monstruosa. Y no hemos visto lo peor. Sabemos que las corporaciones fabricantes de medicamentos son dueñas de la seguridad de miles o millones de personas. Reina el cinismo. Sabemos que la crisis sanitaria expresa la irracionalidad capitalista. Los monopolios imponen sus negocios como si fuesen políticas de salud e imponen condiciones de mercado para especular con medicamentos y precios. Son dueños de la salud de millones de seres humanos.
 
¿Y el pensamiento ético en materia de salud?
 
Está claro que la pachanga obscena de comerciar con las enfermedades, al alcanzar sumas millonarias en cualquier moneda, requiere gerentes gubernamentales encargados de legalizar la tranza e idear mecanismos creativos para sacarle más jugo a las víctimas. Por eso construyen hospitales cuyo sello de clase garantiza un modelo de consumo perfecto para el nivel de corrupción alcanzado por los “doctorcitos” y sus compinches. Por ejemplo construyen hospitales para consumir los mil y un productos que, encarecidos a precio de gobierno, mejor convengan a las empresas proveedoras; por ejemplo gastarán a manos llenas los impuestos de los pueblos para congraciarse con empresas fabricantes de aparatologías y artículos de toda índole, para, recurrentemente, tapizar la ruta de las entregas con diezmos a granel para los intermediarios; por ejemplo pondrán salas de espera, quirófanos, habitaciones, pasillos, oficinas y salas de urgencias... al servicio de la lógica “fordista” aplicada a la atención médica. Todo esto tributario de desentenderse rápido de los “pacientes” para que no engorden los gastos que pudieran amenazar la pachanga de las corruptelas. Hoy, en la obscenidad extrema del sistema de corrupción médica, los pacientes son obligados a llevar a los hospitales sus sábanas, tenedores, agua, vendas y bacinicas... no hay muchos médicos protestando por eso.
 
Muchos médicos, y sus compinches, gustan de celebrar cifras de eficiencia y atención a los pacientes. Se embriagan en estadísticas exitosas que desbordan gráficas powerpoint, libros, tratados y enciclopedias. Si cada página editada con guarismos triunfalistas implicara a una persona atendida con eficiencia... no habría crisis sanitaria en el mundo. Y la medicina habría dejado de ser una industria burguesa para ser un derecho socialista inalienable.
 
En la cúspide del alma mater en los médicos medicamentalizados (es decir con la mente puesta en ayudar a vender medicamentos muchos de ellos innecesarios) están los laboratorios farmacéuticos anudados todos en una red multinacional de inversionistas que, cómo en todo comercio, rigen sus tareas por las leyes capitalistas de la oferta y la demanda. ¿Nos sorprendería saber cuántas veces han inventado epidemias, pandemias y contagios para hacer circular millones de vacunas, jeringas, pastillas, cremas o ungüentos? La base material capitalista de esta industria mundial sustenta una cúspide ideológica -metodológica- vestida de “ciencia” en la que se han protocolizado operaciones técnicas con operaciones financieras donde los que ganan son los dueños del negociado. ¿Se ofenderán mucho con este retrato?
 
¿Es poco filosófico?
 
No son pocos los médicos que viven de mentir y de mentirse. Fabrican fantasías y explicaciones desopilantes para ganar la “confianza” de sus pacientes-clientes. Si hubiese una colección mundial sobre las fantasías inventadas por muchos médicos sobre el comportamiento del organismo humano, y su relación con los químicos prescritos, tendíamos una enciclopedia del horror monumental. La “filosofía” burguesa de la “industria de salud” ha producido durante su historia un monstruo insaciable enredado con las más deplorables anécdotas de corrupción e impunidad. Lo que menos les importa es la erradicación de las enfermedades porque tal cosa disminuye los ingresos farmacéuticos. No importa que muchos de los productos “médicos” (de quirófanos, farmacias, hotelería hospitalaria y toda la parafernalia) no tengan eficacia probada... lo importante es cubrir las metas mensuales en materia de ventas y cobros. Es esa su “filosofía” y punto.
 
Su “filosofía” no se compromete con una lucha efectiva contra las enfermedades que agobian a los trabajadores, lo que importa son las regalías y el secuestro de las patentes para gozar de exclusividad en el usufructo de una enfermedad y más si se vuelve epidemia. Sin importar (hay casos de infamias insondables) cuán tóxicas sean para las personas las medicinas, las operaciones o los tratamientos, ni sus consecuencias colaterales, las enfermedades asociadas ni la muerte (que el capitalismo también ha convertido en negocio)
 
Su “filosofía” también consiste en invertir millonadas, para esconder bajo el tapete, los planes de negocios relativos a la investigación que ellos llaman “científica”. No es el bien social lo que determina inversiones ni lo que determina las políticas sanitarias... es descarnadamente, la búsqueda de beneficios financieros privados para un puñado de monopolios alcahueteados por los gobiernos serviles. Si para eso hay que manipular y falsificar datos, si para eso hay que publicar revistas, organizar congresos y entregar “premios nobel”... no se detendrá una industria tan pesada. No tendrá pruritos metodológicos o morales, una industria deshonesta que se disfraza con la palabra Ciencia para esconder su “filosofía” de los negocios.
 
La lista de ligerezas y errores con que se maneja la fabricación industrial de medicamentos es enorme. Hay denuncias y debates que generalmente se esconden porque afean el panorama. La industria farmacéutica tiene controles sobre la inmensa mayoría de publicaciones especializadas y las revistas de divulgación científica. La industria farmacéutica gasta fortunas en publicidad y en regalos para sus médicos favoritos. Se trata de una dictadura del negocio farmacéutico.
 
Los médicos son la tercera causa de muerte en los EE.UU.: causan 250.000 muertes por año.2 No todos, claro, no todos.
 
¿Está todo tan mal?
 

Contamos con Cuba, por ejemplo. Algunas tareas indispensables para superar las patologías generadas por la industria médico-farmacéutica del capitalismo deberían pasar a estas horas por la expropiación, sin pago, y bajo control obrero, de todo el negociado obsceno que hoy deambula impunemente por el mundo. No hay alternativas. El capitalismo es un delito3 y una maquinaria infernal de producir crisis ecológica, enfermedad y muerte. A estas horas es preciso reformular todas nuestras concepciones teórico-metodológicas en materia de salud y de políticas socialistas de salud. Aprovechar los mejores logros, los que son realmente útiles y liberarlos de las garras del capitalismo. Reformular nuestras ideas y preconcepciones sobre el organismo humano sus interdependencias con la naturaleza toda, su desarrollo y su situación actual. Reformular la investigación científica y los principios mismos de la actividad médica adaptados a la realidad concreta y las urgencias de esta etapa. Transformar los modelos de enseñanza y la educación médica en todos sus niveles. A estas horas es inexcusable garantizar la salud y los servicios en condiciones que permitan soberanía política en políticas concretas, democracia médica revolucionaria, erradicación del rezago médico y de las enfermedades de la pobreza. Prevención socialista y planificación, educación y la cultura de la salud, empleo digno para los trabajadores de la seguridad social... afincar una Filosofía socialista de la salud que privilegie la vida digna como un derecho concreto e inalienable. Vincular el problema de la salud con la preservación de los ecosistemas. Garantizar condiciones materiales de existencia, justas y democráticas. Los más avanzados descubrimientos de la medicina no pueden ser propiedad privada de un puñado de capitalistas. El movimiento obrero debe exigir su nacionalización inmediata al lado de la nacionalización de los grandes bancos, los latifundios y los monopolios que someten nuestras vidas a la dictadura del Capital. Sólo una economía socialista planificada racionalmente podrá desarrollar la riqueza de los conocimientos en materia de salud para ponerlos realmente al servicio de la humanidad y su desarrollo. Eso será realmente curativo.

Por Fernando Buen Abad Domínguez

Rebelion

Notas

 
1      http://www.militante.org/medicinas-laboratorios-monopolios-y-nuestra-salud
 
2      http://www.bibliotecapleyades.net/ciencia/ciencia_industryweapons02.htm
 
3      Antonio Salamanca http://www.aporrea.org/ideologia/a97634.html

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La diferencia entre las proteínas animales y las vegetales en la salud

Varios estudios han descubierto que la composición y el origen de las proteínas no influyen en sus efectos para la salud

¿Cuáles son mejores, las proteínas animales o las vegetales? Habrá quien diga que las proteínas vegetales son incompletas, y de peor calidad biológica, y quien argumente que las proteínas animales causan enfermedades. Los estudios han comprobado que ambas partes en conflicto se equivocan.

La calidad de las proteínas se mide  como la cantidad efectiva de aminoácidos que pasan a a sangre y se incorporan a tus células después de comer alimentos con proteínas. Desde hace décadas se usa el valor biológico, que resulta de restar el nitrógeno total excretado del nitrógeno ingerido para saber cuánta cantidad de proteína se ha desaprovechado.

Según el valor biológico, la proteína de suero de leche se absorbe en un 96%, mientras que las proteínas del tofu solo llegan al 64%. La explicación tradicional es que a la mayoría de los alimentos de origen vegetal les falta alguno de los nueve aminoácidos esenciales (la quinoa es una excepción), mientras que todas las fuentes de proteínas animales son completas. Si falta un aminoácido, la síntesis de proteínas en las células se detiene: es como si faltara una pieza de LEGO para completar la casa.

En efecto, la falta de un aminoácido es un cuello de botella, pero nuestro organismo tiene formas de superarlo. Se ha visto que, como adaptación evolutiva, podemos reciclar y conservar los aminoácidos en espera de que lleguen los suministros que faltan. Por ejemplo, a las lentejas casi no contienen los aminoácidos cisterna y metionina. Pero si más tarde tomas arroz o avena, que sí los tienen, completarás el puzzle. 

Por este motivo, comer más cantidad de proteínas, aunque sean incompletas, mejora la absorción. Teniendo en cuenta esto, la OMS ha cambiado de sistema de medida de la calidad de las proteínas para usar el índice PDCAAS (Protein Digestibility Corrected Amino Acid Score, Puntuación de aminoácidos corregida por la digestibilidad de las proteínas) que identifica qué aminoácidos son verdaderamente limitantes.

Por ejemplo, al arroz le falta el aminoácido lisina. Las personas en países en desarrollo que se alimentan únicamente de arroz sufren diarrea e inflamación de las mucosas. La deficiencia de lisina también puede afectar a algunas personas que siguen una dieta vegana, pero se corrige aumentando la ingesta de legumbres, semillas y frutos secos.

Las proteínas animales y la diabetes

Una dieta con más proteínas tiene muchas ventajas para perder peso y mantener la salud. Sin embargo, los estudios de poblaciones indican que el consumo elevado de proteína animal está asociado a una mayor incidencia de diabetes tipo 2, mientras que las proteínas vegetales no.

Una posible explicación es que las proteínas animales tienen una concentración más alta de aminoácidos ramificados (BCAA, leucina, isoleucina y valina) y sulfurosos (metionina y cisteína) que las vegetales. El consumo elevado de BCAA está asociado con la diabetes, aunque esto no quiere decir que sea la causa. Al revés el consumo de isoleucina aumenta la sensibilidad a la insulina. Un menor consumo de recudir los BCAA y la metionina puede aumentar la longevidad, pero a cambio, reducir las proteínas acorta la vida

Para deshacer este entuerto se hizo un estudio clínico aleatorio con personas diabéticas. Todas tenían una dieta con un 30% de proteínas, 30% de grasa y 40% de carbohidratos, pero un grupo obtenía las proteínas de la carne y los lácteos, y el otro de proteína refinada de guisante.

¿Por qué proteína concentrada de guisante? Para eliminar la posible influencia de los efectos beneficiosos de la fibra y los antioxidantes de las plantas en las verduras y hortalizas. Al final del experimento no había diferencias entre los dos grupos en la sensibilidad a la insulina, tensión arterial, colesterol, triglicéridos, glucosa ni marcadores de inflamación. La composición de los aminoácidos de las proteínas no tiene influencia.

En realidad, todas las proteínas se descomponen en aminoácidos durante la digestión, y tu cuerpo no es capaz de distinguir si un aminoácido viene de una lenteja o de un muslo de pollo. Como hemos visto, comer plantas nos beneficia de otros modos.

Por Darío Pescador

27/01/2020 - 21:20h

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Lunes, 27 Enero 2020 06:57

Clima e incertidumbre radical

Clima e incertidumbre radical

El cambio climático y la amplia relación entre las actividades humanas y la naturaleza es hoy un factor político de primera línea. Involucra la vida misma de los seres vivos y la organización de las sociedades dentro de la complejidad en que ahora las conocemos.

Tomemos a la naturaleza de modo general, como el mundo material, incluidos, por necesidad, los seres humanos. Y consideremos el medio ambiente precisamente como el elemento en que existen personas, animales, plantas, recursos y cosas. Éste considera las interrelaciones de los seres vivos y su entorno, de donde se desprende la noción del ambiente.

Se trata, pues, del espacio, próximo o distante, del ser humano y sobre el que éste actúa, pero que, sin duda, repercute a su vez sobre él. Este proceso determina de maneras diversas su modo de vida, su misma existencia. Igualmente, define la configuración de la sociedad, las formas del gobierno y las manifestaciones del poder.

Hay una dinámica de retroalimentación entre los fenómenos naturales y los que se denominan antrópicos, es decir, los que están producidos o modificados por la actividad humana.

Las formas de organización social y su propio desarrollo modifican constantemente el sistema, como sucede, por ejemplo, de modo directo con la tecnología, las leyes y las normas, los patrones de las inversiones, el acceso tan diferenciado a los recursos. La sociedad, entonces, participa como causa y consecuencia de modo constante, ya sea en términos inmediatos o en el mediano y largo plazos.

En la disputa actual sobre las condiciones del medio ambiente y sus manifestaciones se ponen de relieve diferentes modos de aproximarse al problema, entre ellos el que se deriva del conocimiento científico, el que surge de las ideologías, el que tiene que ver con los negocios, los intereses económicos y la rentabilidad del capital y también el asociado con la pura rapiña.

El conflicto es la marca de los debates sobre el cambio climático. Es cada vez más evidente, como pudo verse recientemente en la reunión de la élite mundial en Davos. Ahí están las declaraciones de Donald Trump, quien llamó "profetas de la fatalidad" a los que sostienen la alarma ambiental y, según dice, predicen el apocalipsis.

Nada lo conmueve: pérdidas de vidas, incendios masivos, inundaciones, tormentas, especies que pueden extinguirse, destrucción de ríos y océanos. No tiene duda alguna sobre la cuestión ambiental. No sospecha.

Ofrece que su país está comprometido a "conservar la majestuosidad de la creación de Dios y la belleza natural de nuestro mundo". Al mismo tiempo promueve la industria del carbón, el fracking para aumentar la extracción de gas y petróleo del subsuelo y se retira del Acuerdo de París sobre el cambio climático, firmado a finales de 2015.

En el proceso del crecimiento económico y los patrones prevalecientes de la generación de ganancias, basados en el uso de las fuentes convencionales de energía, como los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas que generan dióxido de carbono y otros de los denominados gases invernadero), está situada la parte esencial de la disputa sobre el cambio climático global y la resistencia a una transición más acelerada de las fuentes de energía.

El secretario del Tesoro de Estados Unidos dejó muy clara la postura de su gobierno y la que sostienen muchas grandes empresas. Calificó de inviables las medidas que se exponen en torno a las fuentes alternativas de energía. Afirmó que el acceso a energías más baratas es más importante para el crecimiento que invertir en tecnologías verdes.

Con respecto a los modelos existentes de transición energética dijo que no debemos engañarnos, pues no hay manera de modelar los riesgos climáticos en un horizonte de 30 años con suficiente nivel de certeza. Añadió que la economía mundial depende del acceso a costos razonables a las fuentes de energía en las próximas dos décadas para crear empleos y el crecimiento de la economía.

Certidumbre no hay, en efecto, sobre la evolución del cambio climático, pero sí hay tendencias observables y hechos concretos que no pueden despreciarse. En este caso, el secretario del Tesoro y funcionarios y políticos en todas partes habrían de adoptar, necesariamente, la perspectiva de la incertidumbre radical.

Esta idea expresa que no sólo no sabemos lo que va a pasar, sino que además es limitada la capacidad para describir lo que podría pasar. Esto lleva a distinguir el riesgo, que puede abordarse mediante la aplicación de las probabilidades, de lo que puede llamarse incertidumbre real a la que no puede aproximarse de tal manera.

Un asunto que no puede dejarse de lado es que cualquier transición energética impone costos y exigencias tecnológicas de muy distinto tipo. Obviamente, no todos los países pueden soportar tales costos y demandas de la misma manera. Dicha transición puede significar la creación de condiciones de una creciente distancia en materia de crecimiento y desarrollo.

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Crisis climática "Es un momento crucial por la inacción frente a la crisis climática, más incluso que por el ascenso del neofascismo"

La historiadora Jo Guldi apunta como los tres mayores retos securitarios la crisis climática, la desigualdad económica y la falta de gobernanza global en el marco del congreso 'La Era de la (In)Seguridad' organizado por el Common Action Forum.

 

La historiadora estadounidense Jo Guldi participó en el debate Amenazas contra los Derechos Humanos en la Era de la (In)Seguridad, organizado por Common Action Forum (CAF), junto al ex magistrado Baltasar Garzón y la concejala de Más Madrid Maysoun Douas y expuso que, como planea su libro Manifiesto por la historia, el pensamiento de largo plazo está en crisis y el cortoplacismo de ciclos electorales es incapaz de afrontar los tres mayores desafíos: el cambio climático y la desigualdad económica –que generan oleadas migratorias– y la falta de gobernanza global. "Temas de seguridad", sentenció.

En la radiografía que hace Guldi hoy, a diferencia del 1945 en que se fundó la ONU, los gobiernos y estados están en crisis frente al alza de tecnología, finanzas y banca. Es un momento histórico crucial, "la tormenta perfecta", alerta Guldi. "Más incluso que por el ascenso del neofascismo, por la inacción frente a la crisis climática".

Algo que, en su opinión resulta de tres tormentas menores: la brecha generacional que hace que quienes no vivirán el desastre se resistan a esforzarse; la brecha norte-sur donde el Primer Mundo explotador de combustibles y fuerza de trabajo del Tercero no impulsa su desarrollo y, por último, la corrupción de instituciones que priman el beneficio económico. "¿Cómo no preservar el bien común cuando la vida depende de ello?", se pregunta.

Según Guldi la lista de instituciones corruptas es larga: los partidos y estados, pues se permite que empresas les financien y determinen sus políticas; los bancos centrales en Latinoamérica y Europa “que no siguieron el modelo de la reserva federal americana de proteger empleo y contener inflación”; el sistema de impuestos porque las élites llevan sus fortunas a guaridas fiscales mientras se aplican política austericidas; la educación pública en el mundo desarrollado, financiada por empresas como petroleras “que adoctrinan en el milagro económico del fracking”, y hasta la ciencia climatológica porque “no es generosa compartiendo datos y no ha inventado mecanismos que permitan a ciudadanos controlar el entorno con responsabilidad”. 

“¿Acaso el sistema universitario prepara a los estudiantes para la crisis climática, para ser críticos con el Estado o dar respuesta a los refugiados? No”, resuelve esta profesora Asociada en la Southern Methodist University.

La historiadora mira con añoranza el 1974 que ve año culmen de la ONU como protectora de la cultura y el desarrollo mundiales “antes de que cediera peso al banco mundial quien usa a los estados en defensa de los intereses de EEUU y el dólar”. En esos 70 “la ONU contrataba a ingenieros agrónomos para asesorar a pequeños agricultores del mundo en cómo defender sus prácticas agrícolas que, si queremos reducir las emisiones de carbono, no deben ser solo el pasado, sino el futuro”, rememora la autora del ensayo Long Land War (Larga guerra por la tierra).

Perversión del lenguaje

Otra corrupción que ataca los derechos humanos es, para Guldi, lingüística, “pues se habla de "democracia" para justificar ataques y, vía medios de comunicación, el poder nos envuelve en discursos de ‘seguridad’ cuando estamos legando a nuestros hijos una era de anarquía y quizá conflictos si muchos llegan a pensar que este no es un mundo en que merezca la pena vivir, sino luchar”.

Guldi propuso a la asamblea progresista de CAF “crear un diccionario del mal, que desenmascare las palabras corrompidas y restablezca el sentido frente al ruido”.

Motivos de esperanza

Jo Guldi declaró a Público, que no es optimista porque el cambio de mentalidad y discurso necesario “puede tardar sesenta años y, en cambio, en diez ya el desastre climático será irremediable y gran parte de la humanidad morirá”.

Cumbres de la ONU como la de Madrid “se celebran desde 1962 pero jamás afrontan quién detenta la propiedad de tierra y agua y cómo eso genera desplazamientos masivos cuando los derechos humanos tener agua, tierra y aire para subsistir sin huir”. Reivindica el Estado nación, “herramienta creada para evitar la conflictividad y proteger”, las instituciones “útiles frente al caos”, y una gobernanza responsable global “que tras los años 70 no hemos conocido”.

“Si los gobiernos no despiertan y se comprometen no resolveremos los desafíos”, insiste. “Los estados se tienen que adaptar a los mercados, para que haya una economía verde, con energías renovables, sin trabajo infantil”. “Quizá sea una causa perdida de no ser por…” y enumera factores esperanzadores:

En primer lugar, la implicación cívica que “frente a la parálisis de EEUU donde seguimos aplicando categorías de la guerra fría” siga el modelo de asambleas civiles creadas en 2016 de Irlanda o foros como CAF para articular unas Naciones Unidas ciudadanas, que extienda una red de reuniones por el planeta.

Y en segundo lugar, las posibilidades democráticas de la gestión de macro-datos (Big Data). Guldi, hija de programadora informática, aprendió a programar con diez años, el instituto lo dejó para volcarse “en materias más exigentes” como las lenguas muertas, la geografía humana, crítica teórica y la deconstrucción y, “tras comprobar que todos aprendieron a programar, pero casi nadie historia y cambios políticos” se licenció en Historia en Trinity College, Cambridge y se doctoró Berkeley, California. Hoy ejerce en la SMU de su Texas natal donde usa, con sus alumnos, el análisis de datos masivos en estudios históricos.

“Ya es técnicamente posible para el activismo democrático monitorizar el trabajo de instituciones públicas y empresas”, manifiesta Jo Guldi, “y comprobar, por el análisis de textos masivos, si un parlamento o ayuntamiento ha avanzado o retrocedido en misoginia, qué oradores participan… La monitorización exhaustiva pendiente podría ser clave contra la corrupción. Aunque ello exigiría una transparencia de los datos bancarios jamás vista”

madrid

26/01/2020 09:50

Por maría iglesias

Publicado enMedio Ambiente
Domingo, 26 Enero 2020 05:46

Capitalismo verde, exterminio amable

DAVID ARENAL

Si la COP25 fue un claro ejemplo de cómo las grandes compañías deforman la realidad e imponen su falaz relato mientras nos abocan al desastre, la Cumbre Social por el Clima y toda la panoplia de movilizaciones ecologistas que han sacudido el globo durante el pasado 2019 evidencian que la sociedad civil ha abierto los ojos.

 

Si el planeta Tierra fuese un ente consciente, habría dicho “basta” hace muchos —muchísimos— años. Basta de permitir que una de las especies a las que ha regalado la existencia destruya sistemáticamente todos y cada uno de sus ecosistemas, de sus especies, de su vida. Como no lo es, el final no lo marca su hartazgo, sino sus límites físicos; y permitidme el spoiler tempranero: esos límites ya han sido traspasados.

Los seres humanos hemos vivido por encima de las posibilidades de nuestro planeta durante demasiado tiempo, y de ninguna forma existe ni existirá una solución viable a la crisis climática que se encuadre dentro de esta lógica del crecimiento sostenido e ilimitado. Es física y científicamente imposible, y todas las propuestas que se muevan dentro de esos parámetros son falsas. Todas. Es así de sencillo.

LA CEGADORA BURBUJA VERDE

“Refugiado” en 2015, “Populismo” en 2016, “Aporofobia” en 2017 y “Microplástico” en 2018. Son los términos elegidos por la Fundéu como palabras más destacadas de los penúltimos cuatro años y, curiosamente, todas ellas reflejan a la perfección distintas aristas de la realidad de la crisis climática. El conflicto que enfrenta a las élites político-económicas contra la vida en el planeta está generando millones de refugiados, un fenómeno que el neofascismo está aprovechando para ganar votos mediante un populismo que criminaliza a las personas que huyen de la destrucción originada por esas mismas élites. La aporofobia patológica que sufren —y disfrutan— los grandes multimillonarios les permite observar, impasibles, cómo se cierne la catástrofe climática sobre las clases menos privilegiadas, mientras siguen cercenando vidas humanas y especies al completo con sus microplásticos.

 “Emoji” ha sido la palabra galardonada en 2019, pero siguiendo la tendencia que se ha ido dibujando desde 2015, “greenwashing” habría sido un perfecto colofón a este lustro. No solo por su creciente presencia fuera de los círculos más especializados del ecologismo, sino también por la importancia vital —literalmente— de su significado. Como lo que no se nombra, no existe, hay que introducir el greenwashing en la opinión pública con toda la fuerza que sea posible, porque sus implicaciones semánticas señalan con firmeza a Gobiernos y grandes corporaciones como responsables últimos de un desastre climático que, aunque sea víctima de una inusitada campaña de ocultamiento y negación, ha permeado profundamente en la sociedad, como bien demuestra la Fundéu.

El greenwashing —que podríamos traducir como “ecoblanqueamiento” o, más literalmente, “lavado verde”— alude a una serie de estrategias a través de las cuales los adalides del capitalismo, principales responsables de la crisis ecológica, construyen una suerte de burbuja en la que la lógica del crecimiento ilimitado es la única realidad viable; se autoerigen como los únicos actores que pueden revertir la gravísima espiral de destrucción de ecosistemas, y anuncian a bombo y platillo que, de hecho, ya lo están haciendo. Desgraciadamente, los ejemplos nos rodean allá donde estemos, así que la comprensión del concepto es automática.

El blanqueamiento puede llevarse a cabo en forma de operación de falsa bandera, como la que intentó Ecoembes al publicar un vídeo en su perfil oficial de Instagram en el que podía verse el logo de Juventud por el Clima —Fridays for Future España, una de las plataformas de activismo ecologista más importantes a nivel mundial—. La respuesta fue inmediata, con un comunicado en el que denunciaban públicamente la utilización ilícita de su nombre y aprovechaban para dejar una definición cristalina del comportamiento paradigmático de greenwashing: “No toleraremos el uso de nuestro trabajo para blanquear sus más que cuestionables políticas”.

Las posibilidades de lavar la propia imagen crecen de forma paralela a la dimensión de la empresa en cuestión, llegando a límites difícilmente imaginables que, sacando la cabeza fuera de la burbuja verde, se tornan risibles e insultantes por lo evidente de sus intenciones. Endesa, en el contexto del inicio de la Cumbre del Clima (COP25) en Madrid, hizo una ostentación de su poder de autoblanqueamiento, situado en una esfera superior incluso a derechos fundamentales del ser humano, como lo es el acceso a la información.

Su logo copaba las portadas de todos los diarios impresos más importantes del país —El Mundo, ABC, El País, La Vanguardia, El Periódico y La Razón, entre otros—, acompañado de titulares que, de una forma u otra, colocaban a la compañía como líder en la lucha contra el cambio climático. “Endesa lidera el cambio hacia una sociedad libre de emisiones” o “Endesa presenta sus soluciones para una sociedad libre de emisiones”. Lo que no aparecía —ni aparecerá— en ninguna de esas cabeceras es la clasificación de empresas españolas más contaminantes. Curiosamente, ahí, Endesa también es líder.

El liderazgo tiene esta cosa tan adictiva que hace que, una vez liderado algo, ya se quiere liderar todo. Incluso —y especialmente— si las realidades lideradas son una y su contraria, porque así se puede ocultar su inevitable colisión y beneficiarse de ambas. Al menos, hasta que una sea devastada por la otra.

EL NEOLIBERALISMO PRESENTA: LAS CONTRADICCIONES DE LIDERARLO TODO

La COP25 convirtió Ifema en un teatro en el que, durante casi dos semanas, se representó día tras día la misma obra: las contradicciones de liderarlo todo. Líderes en contribución a la destrucción del planeta, como Coca-Cola o Chevron —segunda empresa del mundo con más emisiones desde 1965—, fueron, igual que Endesa, los grandes protagonistas del evento.

El gigante de los refrescos, que por segundo año consecutivo se situó en 2019 como empresa más contaminante (en términos de desechos plásticos) del mundo, empapelaba las paredes con un greenwashing grotesco en el que pedía “reciclar juntos”; mientras que la petrolera organizaba charlas y encuentros para buscar soluciones al mismo desastre del que es subcampeona en responsabilidad. Liderar una realidad —la lucha contra el cambio climático— y su contraria —el capitalismo sádico de crecimiento ilimitado—.

Las élites político-económicas pusieron todo su empeño en interpretar al dedillo su papel en la función y, entre bambalinas, se informó al activismo ecologista de que su presencia en el escenario estaba prohibida.

La denominada “Zona verde”, espacio reservado para albergar la voz de la sociedad civil, estuvo repleta de directivos de las grandes corporaciones que diluían cualquier tipo de reivindicación con un mínimo cariz anticapitalista. Cuando no bastaba con eso, la seguridad del recinto acudía a expulsar del mismo a activistas que tratasen de liderar alguna de las líneas de discusión con ideas exoburbuja. ¿Quién se atreve a liderar en una reunión de líderes?

En este sentido, quedan pocas dudas respecto a la supremacía dogmática de las élites en la construcción del relato de la crisis climática. Una tarea que llevan a cabo en base a una meta incontestable: establecer unos marcos de realidad que logren mutilar la capacidad de cuestionamiento del modelo actual de producción y consumo, so pena de recibir, rápida y eficazmente, el estigma de figura disruptiva, antisistema y, por ende, despreciable.

EL COCHE, EL MURO Y EL DESDICHADO REMOLQUE

La batalla por el dominio de dicho relato es, sin ningún género de duda, condición sine qua non para poder siquiera soñar con la posibilidad de frenar el cambio climático y eludir sus secuelas más graves. Si la lógica capitalista de crecimiento ilimitado es, a la vez, causa última de la crisis climática y razón de ser de las élites político-económicas, darles a estas todo el poder de decisión es una contradicción con una dosis de autodestrucción absurda.

La humanidad se encuentra a bordo de un coche que se dirige frontalmente hacia un muro indestructible e imposible de atravesar. La sociedad civil ha sido relegada a viajar en el remolque, tapada con una lona que impide ver qué hay delante; los dueños de las grandes multinacionales, en cambio, manejan el volante. Su estrategia de conducción solo puede definirse como kamikaze, sabedores de que la dirección escogida tiene un único final: el muro.

En una incomprensible huida hacia adelante, han dejado pasar todas las salidas que permitían cambiar el rumbo, desviándolo del siniestro total, hasta llegar a un punto en el que solo queda frenar. Cuanto más tiempo se tarde, más dolorosa será la deceleración; pero el acelerador sigue pisado a fondo, quizá con la única esperanza de alcanzar una velocidad tal que permita al coche despegar del suelo y superar el muro por encima. En ese caso, el remolque quedará descolgado, con una inercia vertiginosa que nos hará papilla contra la pared. Todos muertos. Todas muertas. 

A veces, las metáforas y las analogías son herramientas cuyo uso periodístico —analítico, objetivo— corre el serio riesgo de alejarse de la realidad y adentrarse en el terreno de la dramatización. Mala cosa. En otros casos, la existencia toma unos derroteros que solo pueden explicarse dejando que la imaginación trace un camino paralelo, exponiendo su verdad a modo de espejo ficcionado. La crisis climática es uno de estos casos, y el ejemplo del coche contra el muro no deforma ningún aspecto de lo que está ocurriendo, solo lo extrapola. De hecho, la necesidad de contarlo en forma de fábula es, en sí misma, la constatación de esa lona que tapa los ojos de la sociedad civil.

El coche no es un coche, sino la vida en el planeta tal y como la conocemos. El volante que controla su dirección adquiere, en el mundo real, una forma mucho más abstracta y difícil de identificar: decisiones que se ocultan, cambios de cromos que condenan a millones de muertes y escenificaciones de democracia tras las que se esconden las más crueles tiranías. La figura del remolque representa la absoluta supresión de la voluntad popular, relegada a sufrir en silencio el traqueteo del camino escogido por el coche, cuya suspensión le permite atravesar todo tipo de baches sin que sus ocupantes sean apenas conscientes, mientras detrás nos descalabramos unos contra otras.

El papel de la ya mencionada lona es, quizá, el más relevante. En origen, fue concebida para evitar las protestas de aquellos ocupantes del remolque que veían cómo pasaban de largo, uno tras otro y cada vez a más velocidad, todos los desvíos que permitían salir de la ruta hacia la devastación. Con el paso del tiempo, su efectividad resultó ser aún mayor, pues las nuevas generaciones nacidas bajo su oscura inopia empezaron a olvidar la existencia de otras carreteras y, como mecanismo de defensa de su salud mental —cobarde y conformista—, ignoraron la existencia de ese muro del que advertían sus mayores con vehemencia.

Añadir el personaje de la lona es una forma de ponerle nombre a toda esa manipulación, desde los discursos políticos hasta los medios de comunicación, pasando por literatura, series, películas y toda referencia cultural, con la que se ha logrado falsear la imagen del capitalismo como único sistema viable. “Es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”, dijo una vez Žižek. O Jameson. O este lo escribió porque se lo escuchó decir a alguien. En la penumbra es difícil distinguir quién habla, más aún si se está refiriendo a la propia negrura que se intenta ignorar. Negro sobre negro, sobre negro.

Por último, el vuelo del coche. “Eso sí que no”, ¿verdad? “Eso tiene que ser pura retórica. Cosa de los escritores y su ansia irrefrenable por dejar una impronta estilística en la realidad cuando la describen”. Que ese sea el tipo de respuesta que se activa al procesar la imagen de las élites económicas huyendo del colapso climático solo demuestra una cosa: la lona funciona a las mil maravillas.

Allá por 2017, Douglas Rushkoff, escritor y profesor de la Universidad de Nueva York especializado en nuevas tecnologías, fue contratado para dar una charla a cinco magnates, de la que sacó una conclusión tan clara como espeluznante. “No tenían ningún interés en evitar la desgracia; están convencidos de que ya no hay tiempo para ello. (…) Sencillamente, se limitan a aceptar el más oscuro de los escenarios y a reunir la mayor cantidad de dinero y tecnología que les permita aislarse, sobre todo si se quedan sin sitio en el cohete rumbo a Marte”, escribió.

El progreso ilimitado es un pie sobre el acelerador que no cesa de empujar, disminuyendo las ya pocas posibilidades de evitar “el acontecimiento” —eufemismo empleado por los multimillonarios que hablaron con Rushkoff—; sin embargo, también es concebido por quienes conducen como una posibilidad de mantener su asiento y lograr hacer volar el coche. Poco —nada— les importa que, en ese caso, el remolque quede desenganchado y se despedace contra el muro por culpa de la velocidad que ellos mismos le han conferido. Al fin y al cabo, nunca ha sido más que una carga. 

DECRECIMIENTO VOLUNTARIO O HECATOMBE

La inminencia del desastre está rebullendo los ánimos aquí, bajo la lona. El activismo ecosocial ha logrado abrirse camino hasta la parte delantera del remolque, y está haciendo pequeños agujeros a través de los que se puede observar cómo se cierne la sombra del muro. De la misma forma en que la oscuridad cegó a las generaciones nacidas bajo el yugo ideológico del capitalismo, las franjas de realidad que han empezado a atisbarse alimentan el espíritu contestatario de una juventud que, al fin, parece haber descubierto la verdad: su única opción de salir con vida pasa por hacerse con el control de ese coche que es, en realidad, la organización social de la especie humana en el planeta Tierra.

Conceptos como Capitalismo Verde, ecocapitalismo o Green New Deal nacen al amparo de unas desesperadas élites que ven amenazadas sus despóticas posiciones por vez primera. Manteniendo el símil, pretenden tapar los agujeros de la lona, sumiendo de nuevo a la sociedad en una ignorancia tan dócil como lucrativa y erradicando la más mínima intención de llegar hasta el volante. El destino será el mismo: el muro; mas el rumbo suicida será amenizado con una apacible sensación de estar arreglando las cosas.

Dicho de otro modo: nos están dando a elegir entre morir, así, a pelo, que a nadie le apetece, y morir con Bajo la piel, de Alice Wonder, sonando en bucle en nuestros oídos y llevándonos a un éxtasis rayano en el síndrome de Stendhal. El hedonismo es una debilidad muy poderosa, pero es vital desvelar que, tras esas dos funestas opciones, existe una tercera vía que evitaría la mortal colisión: la desaceleración. O, como la llama Jorge Riechmann, “metamorfosis y autoconstrucción decrecentista”.

Urge esclarecer que lo que está en juego no es la supervivencia del capitalismo como sistema hegemónico, eso es insalvable. El colapso llegará de forma temprana e inminente cuando el agotamiento de los recursos naturales sea irreversible, obligando a la humanidad a un empobrecimiento traumático. El combate que se está librando tiene como objetivo reducir la violenta desigualdad en el reparto de las consecuencias del cambio de modelo, si es que este llega a tiempo.

La trampa del greenwashing está en ocultar dicho colapso, jugando al trile con falsas soluciones como el capitalismo verde, un oxímoron que se desmonta con una aseveración tan sencilla como la siguiente: es físicamente imposible sustituir el parque automovilístico actual con coches eléctricos, porque la cantidad de minerales existente en el planeta es insuficiente. No hay ecocapitalismo que valga sin una reducción en los niveles de producción y consumo. Ni más ni menos.

En términos técnicos, el físico Antonio Turiel sitúa el potencial máximo de las fuentes renovables entre un 30% y un 40% del consumo energético mundial actual. Es decir, la extenuación de los combustibles fósiles, un fenómeno en el que ya estamos inmersos, traerá consigo un decrecimiento energético de entre 60 y 70 puntos porcentuales.

La complejidad del término “autoconstrucción decrecentista” no es una cabriola caprichosa de Riechmann, sino que define con acierto el reto que la humanidad tiene por delante: empezar a construir su empobrecimiento de forma paulatina y equitativa antes de que este llegue por la fuerza. Es cuestión de vida o muerte. En un mundo en el que 26 personas acumulan la misma riqueza que 3.800 millones (según un informe de Oxfam), con un índice de pobreza extrema —incapacidad para satisfacer necesidades básicas como la alimentación o el acceso a agua potable— que azota al 10% de la población total, un acontecimiento rupturista tan radical podría suponer el exterminio de cientos de millones de seres humanos que, sobreviviendo ya en el alambre, verían sus vidas literalmente cercenadas.

Por ello, la cuestión de clase debe ser el elemento central de la lucha climática, y algunas investigaciones están dejando evidencias de lo que ocurrirá si las clases trabajadoras no logran articular una fuerza suficientemente sólida como para ejercer presión. Suficientemente sólida como para llegar al volante. Phillip Alston, Relator Especial sobre pobreza extrema y derechos humanos de la ONU, elaboró un informe en el que hablaba de “apartheid climático”, un concepto con el que pretende aludir a los abyectos intentos de las élites de salir indemnes de su propia calamidad. “De manera perversa, mientras que los pobres son responsables de solo una fracción de las emisiones globales, son los que pagarán el precio del cambio climático y tendrán la menor capacidad para protegerse”, concluye el australiano.

Si la COP25 fue un claro ejemplo de cómo las grandes compañías deforman la realidad e imponen su falaz relato mientras nos abocan al desastre, con el único objetivo de poder seguir llenando a manos llenas sus ya rebosantes bolsillos, la Cumbre Social por el Clima (o contracumbre del clima) y toda la panoplia de movilizaciones ecologistas que han sacudido el globo durante el pasado 2019 evidencian que la sociedad civil ha abierto los ojos. Llegar hasta el volante, pisar el freno y tratar de equiparar las consecuencias de la desaceleración es el único camino. El resto son eufemismos, circunloquios destinados a desviar las miradas hacia eso que llaman capitalismo verde, pero que también podrían llamar exterminio amable.

 

Por DIEGO DELGADO GÓMEZ

@DIEGODELGOM

2020-01-26 06:35

Publicado enMedio Ambiente