Sábado, 21 Diciembre 2019 06:32

COP25: si no hubiera sido un fracaso

COP25: si no hubiera sido un fracaso

La COP 25 sobre cambio climático, que se acaba de realizar en Madrid, España, fue toda una metáfora de la actitud de gobiernos y empresas frente a la devastación ambiental y social que provocan: nada detendrá sus negocios, ni aunque estén aserrando la rama del árbol donde están sentados. Pese a la abundancia de evidencia sobre el desastre climático y a las multitudinarias protestas por todo el mundo, la vigesimoquinta conferencia del Convenio de Cambio Climático de Naciones Unidas (COP25) mostró al mundo nulos resultados para parar el cambio climático. Eso es gravísimo, pero podría haber sido aún peor.

Podrían además haberse puesto de acuerdo –bajo la presidencia de un gobierno brutalmente represor y criminal como el de Chile– en cómo establecer un nuevo mecanismo global de mercados de carbono, que empeorará todo aún más. Podrían haber creado nuevas formas para seguir vendiendo aire con grandes lucros para las empresas contaminantes que han causado la catástrofe y para convertir cada pedacito de la naturaleza en una nueva mercancía, e incluir por ejemplo océanos y suelos agrícolas, algo que aún no han logrado meter en esos mercados. Podrían haber también sentado las bases para que en lugar de acciones reales para detener el cambio climático se legitimen y legalicen técnicas de geoingeniería para remover el carbono de la atmósfera o para bloquear la luz del sol abriendo un negocio adicional de alto riesgo. Todo estaba en la mesa de negociaciones de este convenio y se fue a la COP26, que será en noviembre de 2020 en Glasgow, Escocia. El gobierno de Reino Unido ya anunció que conducirá con mano firme los acuerdos para crear estos nuevos mercados de carbono.

Según 150 organizaciones de las redes globales de justicia climática, desde antes de la COP25 estaba claro que los grandes contaminadores, incluidas las industrias de combustibles fósiles, agricultura, plantaciones y mercados de carbono, planean condenar al mundo a un calentamiento catastrófico en los próximos años (https://demandclimatejustice.org/). Un informe de la Global Gas and Oil Network, de diciembre de 2019, analiza los planes de expansión de la industria de combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón) y muestra que para 2030 sus planes nos llevarían al menos a 50 por ciento por encima del objetivo del Acuerdo de París de no sobrepasar el aumento de 2˚C y a 120 por ciento más de lo compatible con el compromiso global de limitar el calentamiento a 1.5˚C. La mayoría de esta expansión provendría de Estados Unidos y Canadá (https://tinyurl.com/sbj5oq5).

Esta industria tiene una infraestructura instalada de más de 55 millones de dólares estadunidenses y reservas por un mínimo de la mitad de esa suma. Es la industria que recibe más subsidios públicos: según un cálculo del FMI en 2015, recibía anualmente 10 mil dólares por minuto. Es claro que esta industria no va a permitir ningún cambio en sus negocios que no sea para aumentar sus ganancias. Por ello inventaron los llamados mercados de carbono, para que los grandes contaminadores puedan pagar a otros que supuestamente no generan emisiones de gases de efecto invernadero. Esto generó, a su vez, un exitoso mercado secundario de bonos y créditos de carbono, con lo que los contaminadores siguieron contaminando y además lucraron con los mercados de carbono.

El convenio de cambio climático les dio la coartada legal a través de secciones del Protocolo de Kyoto y el cínicamente llamado Mecanismo de Desarrollo Limpio. El Protocolo de Kyoto se cierra en 2020, luego de haber fracasado estrepitosamente, ya que el calentamiento global ha empeorado notablemente. El Acuerdo de París (AP), firmado en 2015, acordó trabajar para mantener la temperatura muy por debajo de 2˚C. Sin embargo, no exige reducciones reales, sino un equilibrio entre emisiones y sumideros, abriendo así a una nueva contabilidad en lugar de cambios reales. En su artículo sexto, el AP prevé que pueden haber transferencias internacionales de emisiones (un país que emite mucho negocia con otro que no emite o supuestamente puede absorber carbono), colocando así las bases para una nueva plataforma de transacciones de mercado. La forma de estas transacciones es lo que estaba en el núcleo de las negociaciones que no se concretaron en Madrid.

En locales aledaños a las salas de negociación las trasnacionales organizaron numerosos eventos para prefigurar y apropiarse de este incipiente mercado. Por ejemplo, Chevron, BP, Shell, BHP Billiton y varias forestales inauguraron la Alianza para los mercados de soluciones climáticas naturales. Bayer-Monsanto presentó planes para que los suelos puedan entrar a los mercados de carbono como soluciones basadas en la naturaleza. Otros presentaron iniciativas de geoingeniería, pese a que están bajo moratoria o prohibidas por otros convenios de la ONU.

Dentro y fuera de las negociaciones, tanto en Madrid como en Santiago de Chile, hubo continuas protestas populares contra estos atropellos. Centenares de organizaciones sociales, indígenas, campesinas, sindicales y ambientalistas se manifestaron contra los mercados de carbono, contra los nuevos asaltos a la naturaleza y la geoingeniería. Además del cuestionamiento al sistema que causa el cambio climático, es en esos pueblos y organizaciones que están las verdaderas soluciones. En Chile, Madrid o Glasgow no está en su agenda rendirse.

Por Silvia Ribeiro *

* Investigadora del Grupo ETC

Publicado enMedio Ambiente
¿Por qué hablamos de crisis civilizatoria? Breve genealogía de nuestro actual tiempo extraordinario

El tiempo que vivimos es un tiempo extraordinario. Todo está en juego. Las posibilidades de vida en el planeta Tierra, tal y como las conocemos, pueden cambiar radicalmente. Eso, más allá de diversos imaginarios sociales sobre colapsos y apocalipsis, tiene efectos concretos en los marcos de convivencia social, los ciclos de lluvia y períodos secos, en las migraciones, la producción y distribución de alimentos, la pérdida de los últimos refugios ecológicos, la conflictividad social y geopolítica por los recursos indispensables para la vida, el nivel de los océanos, el mantenimiento de las instituciones sociales y las infraestructuras, y un muy largo etcétera.

La diferencia de este, con tiempos anteriores, pudiésemos resumirla en tres factores: uno, que llegamos a límites de capacidad de muy buena parte de los sistemas sociales y ecológicos para soportar las perturbaciones y agresiones que están sufriendo estos; dos, que los eventos sociales y ecológicos van teniendo características de eventos extremos; y tres, que dichos sistemas tienden a la caotización y que por su alto nivel de integración (dada en buena medida la globalización) pueden generar una  cadena de acontecimientos o puntos de inflexión –que también pueden ser pensados como ‘efecto dominó’– con consecuencias imprevisibles.

Pero precisamente por las dimensiones y la profundidad de esta crisis, se nos abre una oportunidad para re-pensárnoslo todo, absolutamente todo. No es sólo el problema del cambio climático, que además no se puede ni se debe segmentar como problema. No vivimos sólo una crisis de las democracias o las instituciones modernas. Tampoco esta crisis puede explicarse únicamente por una ‘escasez’ de recursos o por un ‘desbordamiento’ demográfico. Y aunque es un factor determinante, tampoco es únicamente un problema de la crisis estructural del capitalismo.

Se trata de una crisis total, esencial y existencial, que trastoca incluso el orden de la vida en la Tierra (y por tanto de las otras especies que conviven con nosotros), que nos interpela como especie en relación a nuestro rol en ella. No basta entonces rastrear sólo el ‘error’ en nuestro propio proyecto de construcción social contemporáneo, sino también el cómo se fue configurando lo que podríamos llamar la verdadera Gran Divergencia (nada que ver con lo planteado por  Huntington y Pomeranz sobre el despegue del poderío de Occidente); esto es, la que se produjo entre los patrones civilizatorios dominantes de las sociedades humanas, y los ritmos y dinámicas ecológicas y simbióticas de la Naturaleza.

Por ello, necesitamos también rastrear los antecedentes de más largo alcance de esta crisis, una de carácter civilizatorio.

¿Por qué hablamos de crisis civilizatoria?
Brechas en el debate sobre Antropoceno

Desde hace unos dos lustros el debate sobre el surgimiento de una nueva era geológica, el ‘Antropoceno’, ha cobrado gran popularidad y difusión, no sólo en el ámbito de las ciencias, sino también de las ciencias sociales y sectores del activismo global (en buena medida vinculados a reivindicaciones ecológicas). El Antropoceno tendría la particularidad de ser un período geológico en el cual el principal factor de cambio y transformación en la Tierra sería el humano.

Entre varias de las implicaciones de este debate, una de las que nos parece más interesante es que permite inscribir el debate político sobre las causas y orígenes de la crisis ecológica actual, en la propia historia reciente del planeta Tierra. Esto resulta en una invitación a rastrear factores de mucho más largo alcance temporal, y no sólo los recientes cambios en el metabolismo de las sociedades industriales contemporáneas. Esto, a su vez, nos permite enlazar con la idea de que la crisis en la que estamos inmersos es en realidad una de carácter civilizatorio.

Dos de las principales polémicas que se han generado en torno al debate sobre el Antropoceno nos pueden ayudar a dejar más claro por qué hablar de una crisis civilizatoria. La primera, tiene que ver con la crítica que se le ha hecho al concepto, por colocar al humano en abstracto como responsable de la crisis, cuando en cambio esto ha sido el resultado de patrones específicos de poder que han generado divisiones sociales y desigualdades en los procesos de apropiación, usufructo y degradación de la riqueza natural. De ahí que  Jason Moore haya hablado del ‘Capitaloceno’, señalando que es precisamente el capital y todas sus estructuras de poder, el factor que define esta nueva era geológica; o bien, Christophe Bonneuil proponga el ‘Occidentaloceno’, haciendo referencia a la responsabilidad de la crisis por parte de los países ricos industrializados de Occidente.

La segunda polémica tiene que ver con el punto de origen del Antropoceno. ¿Cuándo se produce el punto de inflexión histórico que convierte al humano o al particular orden civilizatorio, en la principal variable de transformación geológica?

A nuestro juicio, esto es fundamental pensarlo no a partir de un solo punto de origen (dado que la historia no es lineal y luego de un punto de inflexión se producen nuevas tensiones y diversas posibilidades), sino en el escalamiento de al menos tres períodos que han sido determinantes para comprender, en su profundidad, el carácter de la crisis civilizatoria.

El Imperio de los combustibles fósiles

Vayamos de adelante hacia atrás. Ciertamente el período más evidente es el radical cambio de metabolismo social y de las relaciones espacio-temporales que se produce a escala global a partir de los siglos XVIII/XIX con las llamadas ‘Revoluciones Industriales’, que van a desembocar en un cada vez más acelerado sistema mundializado de extracción, procesamiento y consumo de naturaleza, sin precedentes en toda la historia de la humanidad. Este momento particular del Antropoceno va a ir en escalada hasta que a mediados del siglo XX (con la imposición del modelo capitalista de la posguerra) se va a configurar “La Gran Aceleración”, un proceso en el cual las tasas de uso de energía, crecimiento del PIB, crecimiento de la población, de las emisiones de CO2, entre otros se disparan a niveles insospechados, intensificando esta particular relación depredadora con la naturaleza. El período neoliberal, en el marco de la llamada ‘globalización’, va a intensificar aún más este proceso.

El período previo al del Imperio de los combustibles fósiles, y constitutivo del mismo, pudiésemos ubicarlo desde mediados/fines del siglo XV en lo que se entiende como la Génesis de la modernidad capitalista colonial. Este proceso allanó el camino al particular desarrollo histórico del capitalismo, y destaca, al menos para lo que tratamos de explicar, en tres aspectos: la expansión geográfica de circuitos comerciales que, por primera vez en la historia de la humanidad, va a crear un sistema y una economía mundial; una lógica de colonización civilizatoria imperante, también expansiva, que va a tener como uno de sus objetos fundamentales a la Naturaleza (bases para la conformación histórica del extractivismo); y la configuración de patrones de poder que, como lo plantea Donna Haraway, se originaron y expresaron con fuerza en la generación de plantaciones. De ahí que Haraway reformule la apreciación sobre el Antropoceno y proponga en cambio el término  Plantacionoceno, tomando en cuenta que en las plantaciones se evidenciaron (y se evidencian aún) la conjunción entre simplificaciones ecológicas –el disciplinamiento de las plantas en particular– y el diseño de sistemas de trabajo humano forzado en torno a ellas (basado generalmente en patrones racistas). Para Haraway fue la Plantación la que generó el legado de esta nueva era geológica.
La verdadera Gran Divergencia

Pero, ¿por qué no mirar más hacia atrás, muy atrás, para poder formularnos ciertas preguntas esenciales? Hay algo aún más constitutivo, más raizal de este proceso histórico, que tiene precisamente que ver con un quiebre particular que ocurre en la ‘larga’ historia del homo sapiens, que remonta a unos 300.000 años. Dicho quiebre es en realidad ‘reciente’, y pudiésemos ubicarlo en un proceso que se desarrolló desde hace unos 9.000-7.000 años con la llamada ‘Revolución neolítica’, a inicios del Holoceno.

Ciertamente en este período se va a ir generando una multiplicación de las comunidades horticultoras, las culturas sedentarias y el surgimiento de las sociedades agrícolas, lo que al mismo tiempo va a ir produciendo un desplazamiento y progresivo desvanecimiento de las sociedades cazadoras y recolectoras, de perfil igualitario, que fueron imperantes en tiempos previos (sociedades que no tienen por qué ser romantizadas). Pero lo esencial de este proceso no es sólo el desarrollo de unas particulares condiciones materiales que van a cambiar drásticamente la forma de vida de la humanidad, sino que previamente y en ellas fueron surgiendo jerarquías que fueron configurando estructuras sociales de la dominación de unos pocos por sobre otras mayorías.

La ecología social, en especial  la obra de Murray Bookchin, contribuye a comprender dos elementos cruciales cuando hablamos de estas jerarquías: el primero es que no hay que entenderlas sólo en su dimensión inter-subjetiva (la gradación desigual que se da entre personas), sino primordialmente en su sentido socio-político y epistemológico. Es decir, en cómo estas jerarquías particulares se terminan traduciendo en sistemas integrales de dominación y en cosmovisiones piramidales y/o lineales que rompen con concepciones holísticas y fragmentan la construcción social de la realidad. El segundo elemento es fundamental: las jerarquías y los sistemas integrales de dominación son también causa y efecto de la ruptura de la relación holística que las sociedades reproducían con la naturaleza, lo que se tradujo no sólo en un enfoque de dominio sobre la misma, sino también en esquemas de organización e interacción social que van diferenciarse notablemente de la forma como lo hacen el resto de las especies.

A este, como uno de los tres períodos determinantes para comprender, en su profundidad, el carácter de la crisis civilizatoria, lo llamaremos la verdadera Gran Divergencia, dada la brecha histórica que se abre desde entonces en la relación entre los humanos, y entre estos y la naturaleza. Este momento particular del antropoceno, va a devenir en la emergencia de las grandes civilizaciones, de las economías de excedentes, de la configuración de nuevos metabolismos sociales, del surgimiento de las estructuras estatales, de la génesis del patriarcado, de la sociedad de castas y clases, de las lógicas imperiales. Se expanden las disputas por la tierra cultivable, y por ende la guerra se hace cada vez más común. En este entorno, van emergiendo los asuntos políticos y militares, con claros patrones masculinos, y estos asuntos van a escindirse, jerárquicamente, sobre la esfera doméstica.

Pero es fundamental subrayar que esta, no tenía que ser necesariamente la única evolución histórica de la humanidad, ni mucho menos la única forma que adquiriese la configuración de las civilizaciones. El comienzo de la dominación de los patrones civilizatorios jerarquizados no supuso la desaparición de otras formas de relacionamiento socio-ecológico más igualitario y armónico. Más bien revela una disputa de esta lógica civilizatoria/racista/imperial contra toda su otredad. No es una disputa que deba ser entendida en código binario. Más bien hay una enorme diversidad, grises, matices, entrecruzamientos entre ellos.

Sin embargo, lo que queremos resaltar es que los sistemas de jerarquías, la dominación de la naturaleza y el patriarcado, preceden al sistema capitalista y la modernidad. Y no son rasgos naturales, ontológicos ni inevitables. Son en realidad la expresión de una historia reciente del homo sapiens en la Tierra.

Además de la apuesta post-capitalista, el cambio es civilizatorio

A pesar de su longevidad, al día de hoy estos patrones de poder, conocimiento, subjetividad y relacionamiento socio-ecológico, persisten, aunque varíen en muchas de sus características. Son estos los pilares de esta crisis civilizatoria y, como plantea Bookchin, debemos escarbar, hacer arqueología, construir genealogía, en la vasta y milenaria historia de la sociedad jerárquica. Si el cambio tiene que ser del modelo civilizatorio, esto, repitámoslo, pone ante nosotros la necesidad de re-pensárnoslo todo.

Sabemos que es un cuestionamiento radical, porque pone en cuestión no sólo al capitalismo histórico y la modernidad colonial, sino incluso los rasgos históricos dominantes de la propia condición humana. Pero nos invita y permite reformular toda la cartografía de la transformación socio-ecológica.

No parece bastar la apuesta post-capitalista si no podemos resolver, retejer, rearticular, reconstituir el vínculo esencial entre humanos y naturaleza, compaginar nuestro estar en la Tierra con los ritmos de la vida en el planeta. No parece bastar aquella apuesta sin desarmar al patriarcado, al racismo, los esquemas de dominación jerárquica, los binarismos, las cosmovisiones fragmentadas, sin recuperar la relación holística y de totalidad con la naturaleza.

¿Es posible reformular el proyecto civilizatorio sin contar con las otras especies vivientes? ¿Es posible superar el antropocentrismo en vías hacia una nueva senda biocéntrica? Si así fuese, ¿cuál sería nuestra forma, nuestra condición, nuestro rol como humanos en esa nueva ruta?

Estos dilemas no han podido aún ser resueltos, no sólo por los conductores políticos e institucionales, o por los voceros de los saberes científicos dominantes, sino tampoco por las fuerzas políticas contrahegemónicas principales; las izquierdas incluidas. Las ideas de transformación imperantes deben ser interpeladas, escrutadas. No sólo las de progreso y desarrollo, sino la propia idea de revolución. E incluso la de emancipación. ¿Qué se revoluciona? ¿Qué se emancipa? ¿Quiénes se emancipan? ¿Cómo? ¿Por qué medios? ¿A costa de qué?

Todo esto no es un llamado a una supuesta apoliticidad. Nuestra apuesta podría ser en cambio la búsqueda de nuevas y otras politicidades. Tampoco es un llamado a una vuelta al pasado ancestral. No es posible ningún retorno. Todo debe ser reformulado, transformado, creado, desde aquí y desde ahora; desde lo que somos. Vivimos un tiempo extraordinario, y como tal, requiere de nosotros acciones extraordinarias. Se trata de una oportunidad histórica para transitar hacia otro mundo, a otra forma de relacionarnos y reproducir la vida radicalmente diferente a esta que domina el mundo.

Más allá de ser sólo una ‘eco-utopía’, este es en realidad el camino que esta larga historia civilizatoria nos ha puesto enfrente, para transitarlo. La gran crisis no es ya un panorama futuro de tiempos difíciles, de tiempos que vendrán. Es en cambio el tiempo actual. Estamos ya al interior de la gran crisis.

Ante la confusión que reina, lo mejor es siempre consultar y recurrir a los principios de la naturaleza, que tiene sus propios ritmos, sus formas simbióticas, interdependientes, cooperativas y mutuales de reproducirse. De reajustarse, de adaptarse, de transformarse. Los comunes parece ser un horizonte político constituyente, en el que pueden converger las bases de un proyecto de gestión colectiva, descentralizada y eco-social. Pero el giro a los comunes no puede esperar mucho más. Este es el tiempo de los cambios. Es ahora.

19 diciembre 2019 0

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Jueves, 19 Diciembre 2019 06:37

Los seis avances científicos del decenio

 El vehículo de exploración espacial Curiosity Mars se tomó una selfi el 12 de mayo de 2019.Foto Afp

La inmunoterapia contra el cáncer, el hallazgo del Homo denisova, la detección de ondas gravitacionales y la inteligencia artificial, entre otros, dieron el carácter a esta década

Washington. Astronomía, genética, medicina, paleontología, informática: Afp seleccionó seis avances o hallazgos científicos de la década (que en realidad terminará el 31 de diciembre de 2020) que han comenzado a cambiar los libros de texto escolares. Científicos entrevistados por la agencia de noticias también se aventuran a hacer predicciones sobre lo que el próximo decenio podría aportar al conocimiento.

Los ingredientes de la vida en Marte

Todavía no sabemos si Marte albergó vida, pero gracias a un pequeño robot estadunidense de seis ruedas (llamado rover o astromóvil) sabemos que el planeta rojo ha sido habitable.

Poco después de posarse sobre la superficie marciana el 6 de agosto de 2012, el astromóvil Curiosity descubrió piedras, una nueva evidencia de que por allí fluyeron ríos hace miles de millones de años. Las pruebas se han multiplicado: hubo mucha agua en Marte, en fuentes termales, lagos y tal vez océanos.

Curiosity también encontró lo que la NASA llama componentes básicos para la vida, moléculas orgánicas complejas, en 2014.

Los científicos pasarán ahora a la siguiente pregunta: ¿ha habido realmente vida en Marte? Dos nuevos robots se lanzarán hacia mediados de 2020 (el estadunidense Mars 2020 y el europeo Rosalind Franklin) para, quizás, desenterrar microbios antiguos.

La ciencia espacial de la próxima década estará dominada por la Luna, Marte y los asteroides, asegura Emily Lakdawalla, de la Planetary Society. Ella espera que las agencias espaciales decidan ir a explorar los confines olvidados del Sistema Solar, Venus, Urano y Neptuno para la década de 2030.

El cosmos se revela

Durante largo tiempo, la humanidad creyó que habitaba un sistema solar apartado. Un telescopio espacial llamado Kepler, lanzado en 2009, ha permitido descubrir 2 mil 300 planetas en sistemas vecinos, conocidos como exoplanetas, y los astrónomos estiman que probablemente haya uno por estrella, o sea, miles de millones. El sucesor de Kepler, Tess, fue lanzado por la NASA en 2018.

¿Qué esperar de la década que está por empezar? Análisis finos de las atmósferas de estos exoplanetas para descubrir quizás cuáles de ellos albergan vida, sugiere Tim Swindle, director del laboratorio de estudios planetarios de la Universidad de Arizona.

Los terrícolas también tuvieron acceso este año a la primera imagen de un agujero negro, producida por el proyecto Event Horizon Telescope. Su director, Shep Doeleman, promete para la próxima década la primera película de uno de estos fenómenos. Imaginen ver evolucionar un agujero negro en tiempo real, señala.

Pero un evento ha marcado sin duda la década más que el resto: la primera detección, el 14 de septiembre de 2015, de ondas gravitacionales. Dos agujeros negros se fusionaron en un remolino hace mil 300 millones de años, una colisión tan poderosa que propagó en el resto del cosmos ondas que contraen y expanden el espacio, viajando a la velocidad de la luz, y que finalmente llegaron a la Tierra esa mañana. Einstein tenía razón. Tres pioneros de las instalaciones Ligo y Virgo fueron galardonados con un Nobel en 2017 por esta y una decena de otras detecciones desde entonces.

En cuanto al origen y la composición del Universo, los cosmólogos continúan debatiendo. La materia oscura, invisible, que constituye la gran mayoría del Universo, sigue siendo uno de los mayores enigmas. Nos morimos de ganas de saber qué es, explicó en octubre el cosmólogo James Peebles, ganador del Nobel de física 2019.

Tijeras moleculares Crispr

En biomedicina, hay un antes y un después de Crispr. La modificación genética por Crispr está por muy lejos a la cabeza, sostuvo el premio Nobel de Medicina 2019, William Kaelin, cuando se le preguntó sobre los descubrimientos de la década.

Antes de que Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna descubrieran y manejaran un mecanismo molecular llamado Crispr/Cas9, modificar el genoma era una tarea laboriosa y costosa. El sistema que ellas describieron en la revista Science en junio de 2012 es más simple, más eficiente y programable para cortar el ADN en un lugar determinado. Imbatible, resume Kiran Musunuru, de la Universidad de Pensilvania.

Las dos investigadoras han sido ampliamente galardonadas con los premios Breakthrough (2015), el Princesa de Asturias de Investigación Científica (2015) y el Kavli para las Nanociencias en Noruega (2018).

La técnica aún está lejos de ser infalible y hace temer por los aprendices de brujo, como el científico chino que causó un escándalo al probarlo en embriones humanos que se convirtieron en gemelos, a pesar de los riesgos.

Pero Crispr ahora está en todos los laboratorios. Kaelin prevé una explosión de su utilización para curar enfermedades.

Inmunoterapia contra el cáncer

Durante décadas, los médicos tuvieron tres opciones para atacar un tumor: la cirugía, el veneno (quimioterapia) y la radiación (radioterapia).

La década de 2010 ha validado una cuarta idea que ha sido cuestionada durante mucho tiempo: la inmunoterapia. El principio es tratar los glóbulos blancos que forman el sistema inmunitario para que detecten y ataquen las células cancerosas, dado que el cáncer es experto en permanecer de incógnito en el organismo. La técnica más avanzada se llama CAR-T y modifica genéticamente los linfocitos T antes de reintroducirlos en grandes cantidades en el cuerpo, mejor armados.

Una ola de medicamentos ha sido autorizada en el mercado desde mediados de la década para más y más cánceres, como melanoma, linfomas, leucemias y cáncer de pulmón. La inmunoterapia no funciona en todos los pacientes y puede tener efectos secundarios importantes, pero las remisiones son impresionantes en una minoría.

Para William Cance, director científico de la American Cancer Society, la próxima década traerá inmunoterapias mejores y más baratas.

Otras especies humanas

La década comenzó con la adición de una nueva especie importante en la raza Homo: en una caverna en Denisova, en las montañas de Altai en Siberia, fragmentos de huesos de dedos, que fueron analizados genéticamente, revelaron que el individuo pertenecía a una especie de homínidos hasta ese momento desconocidos, y que bautizaron Homo denisova o denisovianos.

La especie se une así a las otras conocidas de Homo que poblaron diferentes continentes del planeta: Homo neanderthalensis en Europa, Homo erectus en Asia, Homo soloensis en la isla de Java, los pigmeos de Homo floresiensis en la isla de Flores (anunciado en 2004), Homo naledi en Sudáfrica (2015) y la última especie, descubierta en la isla de Luçon, Filipinas, y clasificada este año: Homo luzonensis.

Con respecto a los neandertales, la imagen conocida durante años de una especie primitiva y atrasada definitivamente se hizo añicos con el hallazgo en España de cuevas pintadas y el descubrimiento de que estos humanos llevaban joyas y enterraban a sus muertos con flores.

La humanidad moderna (Homo sapiens), por tanto, completa un árbol genealógico que muestra claramente que la evolución humana no ha sido lineal y que, hasta tiempos recientes, diferentes especies humanas coexistían, se cruzaban y se reproducían entre sí. Hace sólo 10 mil años que ganaron los sapiens.

Las nuevas técnicas para el análisis genético del ADN antiguo han abierto el espectro de posibilidades a los antropólogos, que ahora pueden secuenciar fósiles de decenas de miles de años. Este avance supuso una revolución en nuestra capacidad de estudiar la evolución humana y explicar de dónde venimos, subraya Vagheesh Narasimhan, genetista de Harvard.

Para la próxima década, un camino a seguir es el análisis no del ADN, sino de las proteínas de esqueletos de millones de años. Con esta técnica podremos remplazar una serie de fósiles cuya posición en la evolución es desconocida, dice Aida Gómez-Robles, antropóloga del University College London.

Inteligencia artificial en todas partes

La inteligencia artificial –el aprendizaje automático de las máquinas o machine learning– llegó a la madurez en la década de 2010. Es el motor de los asistentes de voz y de las recomendaciones de Netflix, una eficiencia que resulta del procesamiento de montañas de datos con el enorme poder de cálculo de las computadoras modernas.

La etapa siguiente es el aprendizaje profundo, el deep learning, que trata de imitar el funcionamiento neuronal del cerebro humano y resuelve tareas más complejas. La tecnología ha acompañado avances espectaculares en esta década, desde el primer robot que le ganó al campeón mundial de Go –un juego de mesa oriental– en 2017 (Google AlphaGo) a los software de traducción en tiempo real o de reconocimiento facial en Facebook.

Los mundos de la medicina (para hacer diagnósticos más exactos que los humanos), de las finanzas, del automóvil e incluso de los recursos humanos para clasificar currículos y evaluar candidatos se apoyan en la tecnología.

En 2016, Google dio un salto en la calidad de sus traducciones automáticas gracias a la inteligencia artificial (IA).

“El mayor avance de la década de 2010 fue el deep learning, el descubrimiento de que las redes neuronales artificiales pueden adaptarse a muchas tareas del mundo real”, estima Henry Kautz, profesor de ciencias informáticas en la Universidad de Rochester. La IA tiene el potencial de alimentar muchos descubrimientos científicos en los campos de los materiales, de los medicamentos e incluso de la física fundamental.

Miércoles, 18 Diciembre 2019 07:02

Cambio climático: sainete y gran fiasco en Madrid

Cambio climático: sainete y gran fiasco en Madrid

El Acuerdo de París sobre cambio climático fue presentado al mundo en 2015 como un gran logro al finalizar la vigesimoprimera Conferencia de las Partes (COP21) de la Convención sobre Cambio Climático. Se dijo que por vez primera todos los países del mundo se habían unido en un esfuerzo común por mantener el cambio climático por debajo de los dos grados centígrados respecto de la era preindustrial. Además, se acordó realizar esfuerzos por limitar a 1.5 grados dicho cambio climático. Para lograr lo anterior todos y cada uno de los países miembros definirían de manera voluntaria e independiente sus compromisos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

Formalmente el Acuerdo de París (AP) entró en vigor en noviembre de 2016, al ser ratificado por el número requerido de países. Pero lo que nunca se ha dicho con toda claridad, y los medios no han sabido entender, es que ese acuerdo ya entró en vigor, pero todavía no puede aplicarse. Ya llevamos cuatro años en esta especie de limbo que convierte el AP en un tratado internacional que ya entró en vigor pero no puede aplicarse. La razón es que le falta lo que sería el equivalente a una ley reglamentaria.

Las implicaciones de lo anterior son devastadoras. En los últimos cuatro años, los 192 países miembros del Acuerdo de París han estado ocupados en negociar las reglas precisas de aplicación de ese instrumento. Leyó usted bien: tenemos cuatro años negociando el contenido del “Libro de Reglas” que define los procedimientos para uniformar los informes nacionales sobre reducción de emisiones, las reglas de cooperación financiera, la forma en que un país podrá cumplir sus metas de reducción de emisiones al ayudar a otras naciones a disminuir las suyas y las modalidades que deben regir las transacciones en los mercados de carbono y en los mecanismos de compensación de emisiones, etcétera.

Hace un año concluyó la COP24 en Katowice, Polonia, y se dijo que ya por fin habían concluido las negociaciones para definir el Libro de Reglas. Pero nuevamente el mendaz lenguaje diplomático sirvió de cortina de humo. Resulta que las reglas para la implementación de uno de los más importantes componentes del Acuerdo de París, definido en su artículo sexto, quedaron sin ser definidas y la tarea se dejó para la COP25. Y ésta tampoco pudo llegar a un acuerdo sobre ese artículo.

¿Qué dice este famoso artículo? Se trata de uno de los más importantes y contenciosos del Acuerdo de París. Es un texto breve que abre las puertas para que un país que haya rebasado sus metas o compromisos nacionales (voluntarios y definidos de manera independiente) pueda vender su excedente de emisiones a una nación que no ha podido cumplir con sus metas. Esos objetivos pueden estar relacionados con diferentes tipos de proyectos, como reducciones de emisiones, expansión de fuentes renovables o plantaciones forestales.

El artículo sexto también abre la puerta a la creación de un nuevo mercado de carbono internacional para intercambiar reducciones de emisiones en cualquier parte del mundo por los sectores públicos y privados. Al igual que el caso anterior, esas disminuciones pueden provenir de múltiples tipos de proyectos.

El principal problema es que estos mecanismos de mercado facilitan que las cosas sigan como están y no han servido para frenar las emisiones. El mercado de carbono más desarrollado es el Sistema Europeo de Comercio de Emisiones, y ese régimen ha estado en crisis desde hace años. Apenas este 2019 comenzó a repuntar el precio de la tonelada de carbono (equivalente), pero múltiples problemas de origen no han facilitado su funcionamiento.

Mantener el statu quo es muy mala opción en estos momentos. Ya sabemos que los compromisos nacionales no alcanzan para el objetivo inicial del acuerdo, y cuando se hacen cuentas se observa que colocan al mundo en la trayectoria de tres grados centígrados, lo cual tiene implicaciones de dimensiones catastróficas y constituye una amenaza existencial para la humanidad.

Antes y durante la COP 25 muchas organizaciones y algunos países habían esperado que los grandes emisores de GEI anunciarían que estaban redoblando esfuerzos para reducir dichas emisiones. Esas notificaciones nunca llegaron y es claro que Estados Unidos (que ha denunciado el AP, pero todavía tuvo derecho a participar en esta COP), Brasil, China, Australia y Arabia Saudita encabezaron el grupo de países que, francamente, no escatimaron recursos para sabotear los esfuerzos de la COP 25.

¿Cuál es el balance? Cuatro años después de cumplido el Acuerdo de París, las emisiones de GEI siguen aumentando. Tenemos ya un cuarto de siglo discutiendo y negociando un verdadero régimen regulatorio para enfrentar la amenaza del cambio climático. Este esfuerzo no ha fructificado y no parece que las cosas vayan a cambiar pronto. La COP 25 recuerda la época de los sainetes que frecuentemente hacían reír al público en los teatros madrileños, porque terminaban en un grandioso fiasco. Sólo que esta vez el fiasco se traducirá en tragedia.

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Dos mundos, los negocios de los gobiernos y las empresas y los pueblos con sus alternativas reales: Silvia Ribeiro

«Desde Madrid, Silvia Ribeiro del ETC Group, nos muestra por dentro la cumbre y le da forma a los debates reales; desmenuza el 2.0 de los mercados de carbono y la ofensiva por instalar falsas soluciones con técnicas de geo-ingeniería». 

Así como cuando hablamos de crisis climática nos preguntamos ¿qué es lo que realmente está en crisis?, el fracaso rotundo de la COP25 de Madrid en un contexto de la mayor sensibilización mundial que tengamos registro, con enormes movilizaciones, con el negacionismo contra las cuerdas, con las alianzas novedosas entre sectores de lo más disímiles, nos lleva a preguntarnos ¿Quiénes realmente fracasaron?

Desde Madrid, Silvia Ribeiro del  ETC Group, nos muestra por dentro la cumbre y le da forma a los debates reales; desmenuza el 2.0 de los mercados de carbono y la ofensiva por instalar falsas soluciones con técnicas de geo-ingeniería. Mientras las potencias globales escalan su disputa como borrachos peleando en la cubierta del Titanic; y los dueños del capital, el famoso 1%, sólo atina a intentar nuevos negocios con el desastre que hicieron; los pueblos del mundo estamos llenos de alternativas concretas y andando para enfriar el planeta.

Su fracaso no es el nuestro. Sacar conclusiones y ampliar las experiencias en marcha es fundamental para quienes en Argentina hemos sido parte de la derrota del proyecto neoliberal, y buscamos evitar el inicio de un nuevo ciclo extractivo. Hay alternativas concretas y potentes frente al hambre y la crisis energética, pero no vienen de la mano del capital.

#COP25 | Mientras las evidencias del cambio climático son cada vez más contundentes y se reconocen niveles de emisiones que lejos de disminuir aumentan…

Huerquen: ¿De qué nos habla la crisis climática? ¿Qué es lo que realmente está en crisis?

Silvia Ribeiro: Es importante entender a la crisis climática como una de las principales crisis que enfrenta la humanidad. La situación es realmente grave porque efectivamente hay un desequilibrio del clima, pero es parte de una crisis generalizada, tanto ambiental, de salud y económica en todo el planeta; económica en el sentido de injusticia, pero también dentro del propio capital digamos que hay crisis. La crisis climática responde a que hay una concentración mucho mayo del dióxido de carbono y de otros gases que se llaman “de efecto invernadero” (GEI) en la atmósfera y que jamás en la historia de nuestra especie sobre la tierra hay registro de tanta concentración de ellos. Esto hace el efecto de invernadero con la energía solar que entra a la tierra y no sale por estos gases produciendo el calentamiento global.

Es una crisis que no está separada a la crisis que hay en cuento a la devastación de la biodiversidad, la contaminación de las aguas, la liberación de tóxicos y químicos a los que estamos expuestos; contaminación aérea, de suelos, de alimentos… quiero decir que todo se trata en realidad del sistema de producción y consumo industrial que es la base del capitalismo, y que está dominado por muy pocas corporaciones. De hecho la concentración económica nunca ha sido tan grande. En este momento el 1% más rico de la población mundial tiene lo mismo que el 50% más pobre. Este afán de lucro es lo que hace que estemos ante esta crisis ambiental, de recursos, de salud y de enorme, enorme injusticia, que es el contexto de la crisis climática.

El clima del planeta interactúa con todos los sistemas vivos del planeta, entonces el desequilibrio del clima está significando un aumento de los fenómenos como huracanes, sequías e inundaciones; todos síntomas del cambio climáticos. En realidad de lo que depende es de la emisión de gases que son producidos por un sistema energético basado en combustibles fósiles: petróleo, gas y carbón, y del modelo agroalimentario industrial.

Las empresas petroleras de ninguna manera están dispuestas a renunciar a las enormes inversiones que tienen en infraestructura ni a las enormes reservas que poseen. Se calcula que a nivel de reservas hay unos 28 billones (millones de millones) de dólares de petróleo y hay una infraestructura instalada de alrededor de 55 billones de dólares a nivel mundial. Además la industria de los combustibles fósiles es la industria que más subsidios públicos reciben en el mundo. En 2015 varias organizaciones calcularon que la industria petrolera recibe 10.000 dólares por minuto de subsidios públicos… cada minuto, todos los días. O sea que además de estar destruyendo el planeta y a la vida de la gente reciben enormes cantidades de dinero que pagamos todos y todas.

Hqn: Justo ahora estás en Madrid en la COP25. ¿Podrías compartirnos algo del clima en el que se desarrollan las deliberaciones? ¿Hay cuestiones en debate sobre las que los pueblos podemos esperar algún elemento concreto para mejorar la situación?

SR: Ahora estoy hablando a fines de la cop25, del convenio marco del cambio climático. La parte de las Naciones Unidas que se dedica a este tema y teóricamente a enfrentarlo pero este convenio que se inició en la cumbre de Río de 1992 en estos 25 años no ha logrado, no sólo parar el cambio climático, sino que en muchos casos lo ha empeorado porque han permitido la instalación de los mercados de carbono.

Los Mercados de Carbono (MdC) permiten que alguien que produzca enormes emisiones de GEI (que son sobre todo dióxido de carbono pero también es el metano o el óxido nitroso) en lugar de reducirlas, en lugar de cambiar, lo que hacen es pagarle a otro país o a otro lugar bonos o créditos de carbono en supuesta compensación. Y construyen un mercado donde estos bonos se pueden comerciar. El MdC que se instaló a partir del Protocolo de Kioto no ha tenido ningún efecto en bajar las emisiones de gases porque solamente funciona como un nuevo negocio. Permite que los contaminadores sigan contaminando porque en teoría le pagan a otro para que no contamine, cuando ese otro ya no estaba contaminando. Y tienen un efecto peor porque además todos estos bonos y créditos se venden en mercados secundarios para cumplir con legislaciones como las europeas que tienen un “techo” de emisiones. Por ejemplo la Shell que es una de las principales empresas petroleras del mundo puede estar (y lo ha hecho) matando gente que se opone a la explotación petrolera en Nigeria, que además son indígenas que están en su territorio, o la  Texaco en Ecuador; y al mismo tiempo decir que están conservando un bosque en ese mismo país o en el país de al lado, y por conservar sus bosque limitan y desplazan a la gente que vive ahí. O sea que además que no hacen nada para el clima tienen una cantidad tremenda de impactos sobre los pueblos que viven en los bosques o que dependen de los ciclos hidrológicos. Y después lo venden como si fueran proyectos que están “ayudando frente al cambio climático”.

Lo que hay ahora es una presión grande a partir de la firma del Acuerdo de París, que firman los gobiernos en el marco de convenio de cambio climático de Naciones Unidas, donde se comprometen a evitar que la temperatura suba más de 1,5 grados hasta el año 2100 (mantenerla por debajo de los 2 grados). Lo malo es que este Acuerdo de París en su artículo 2 dice que no se comprometen a bajar directamente las emisiones de GEI sino que tiene que haber un “equilibrio entre las emisiones y lo que se reabsorbe”, o sea entre emisiones y sumideros. Eso en vez de tomar medidas reales para cambiar lo que provoca el cambio climático, plantea una contabilidad que abre la puerta a nuevos mercados de carbono. Intercambios en vez de verdaderas reducciones.

Hasta ahora estaban referidos sobre todo a las normativas del Protocolo de Kioto, dentro del convenio de naciones unidas, y el convenio termina en el año 2020. Entonces una de las cosas centrales que se está discutiendo en esta COP25 es que, como ya termina el marco que permitía el intercambio de carbono, es como se va a sustituir ese mecanismo y nuevamente… (esto está en el artículo 6 del Acuerdo de París) se habla de cómo van a ser estas transferencias entre países con la participación de empresas; cómo se van a transferir estas responsabilidades. Esto es una locura. Para ponerlo claro: se acaba el marco de mercado de carbono que daba el Protocolo de Kioto e iniciaría un nuevo mecanismo con la misma lógica. Los países que emiten mucho pueden hacer acuerdos con los países que emiten poco y “compensar”.

A esto se han opuesto todas las organizaciones de la sociedad civil, salvo las grandes ONG conservacionistas como el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), The Nature ConservancyConservation Internacional, el World Resources Institute que son grandes organizaciones sobre todo internacionales o basadas en Estados Unidos, que se llaman “conservacionistas” y son las únicas que apoyan el uso de los mercados de carbono. En general todas las demás organizaciones ambientalistas, sociales e indígenas se oponen al uso de mercados de carbono por los impactos que tienen en el medio ambiente y sobre los territorios.

Entonces en esta COP lo que se ha discutido un poco como tema central es ese y es una de las cosas que se han rechazado. Hubo incluso una protesta muy grande que se dio adentro del convenio, no solamente afuera como siempre pasa y como no estaba autorizada (porque hay que pedir hacerlo) hubo una represión violenta por parte de la policía de naciones unidas.

Lo cuento porque la paradoja de esto es que mientras en todo el mundo hay una cantidad de alzamientos porque la gente no soporta los regímenes de explotación instalados, que no se hacen cargo de las necesidades frente a las crisis de lo que sean, por otro lado dentro de naciones unidas alrededor de uno de los temas que ha levantado más protestas en el mundo (todo el movimiento juvenil etc) hay como una burbuja. Aquí se sientan los delegados de los países y lo que piden es cómo instalar nuevos mecanismos de mercados de carbono, no se ha dado ninguna respuesta a la necesidad de financiamiento de los países del sur para, por ejemplo reconversiones tecnológicas o para hacer frente a los daños que ya ha provocado el cambio climático. La paradoja es que por un lado está la gente realmente en la calle protestando por lo que vive directamente por el cambio climático o lo que entendemos que va a suceder, y por otro lado los gobiernos y las empresas adentro utilizando a la policía española y de naciones unidas para reprimir a la gente.

Dentro de la conferencia están Iberdrola, Santander, Repsol que son las compañías españolas que han pagado la infraestructura de la COP, y estaban adentro de las salas de reunión junto a los ministros de los gobiernos hablando de las contribuciones que van a hacer.

Hqn: Frente a este escenario los mismos responsables de la crisis climática proponen “soluciones” como la geoingeniería. ¿Qué es?

SR: En esta COP ha aparecido claramente y que venía de antes, que es la relación entre las industrias sobre todo de combustibles fósiles y la geoingeniería, o sea la manipulación del planeta a través de tecnologías de gran escala que teóricamente servirían para absorber carbono y enterrarlo, o crear nubes volcánicas para reflejar la luz del sol por ejemplo. Entonces de nuevo, son formas técnicas que la industria petrolera ha estado estudiando desde hace mucho tiempo y que les sirve como una nueva fuente de negocios y como una manera de decir “sí, vamos a seguir emitiendo pero tenemos tecnologías para manejar los síntomas del cambio climático”.

Sobre esto pueden leer mucho más en el  Monitor de Geo-ingeniería en donde varias organizaciones, entre ellas el  Grupo ETC, colocamos información sobre lo que es la geo-ingeniería, las técnicas propuestas, los impactos que tienen, y que tengamos una idea más precisa de lo que nos estamos refiriendo.

En esta COP en particular por lo menos dos tecnologías estuvieron por primera vez muy presentes a través de diferentes eventos. O sea, eventos paralelos mientras están las negociaciones. Las COP son como un gran festival donde las empresas, como por ejemplo la Asociación Internacional de Comercio de Emisiones de Carbono, los bancos internacionales, las empresas, tienen sus propios stand donde muestran lo que ellas piensan que sería oportunidades de negocios con el cambio climático. Es muy preocupante porque ha habido una directa manifestación con respecto a técnicas de geo-ingeniería como la “captura y almacenamiento de carbono”. Esta es una técnica inventada por la industria petrolera. En ella inyectan grandes cantidades de carbono a grandes profundidades, por lo menos 1.500 metros en pozo petroleros que tienen reservas profundas, entonces es una manera de empujar el petróleo de las reservas profundas hacia la superficie. O sea explotan más petróleo pero como el dióxido de carbono se liquidifica y se queda en el fondo (es una técnica petrolera que existe desde hace décadas para recuperar reservas profundas) le cambian el nombre y le ponen “captura y almacenamiento de carbono” y lo venden como una “técnica climática”. Esto no es que sucedió en esta COP, pero en esta COP han habido muchas menciones a que esta técnica como una solución. Que se emita el carbono pero después sacarlo del aire e inyectarlo para, paradójicamente, sacar más petróleo o dejarlo en fondos submarinos. El tema con estas tecnologías además son todos los peligros que implican; porque el dióxido de carbono en grande condiciones es tóxico y de ninguna manera está garantizado que se va a quedar en el fondo; puede incluso producir movimientos de tierra o temblores, un poco parecido al fracking aunque es otra tecnología que va mucho más profundo. Pero sobre todo es una estafa porque es un nuevo negocio para mismas industrias que provocan el cambio climático y al mismo tiempo se hace cree que con esto no es necesario hacer reducciones de emisiones de GEI reales. Hay que agregar que incluso si se usara este tipo de tecnología no sería suficiente: en este momento hay instalados unos 15 proyectos en el mundo y se necesitarían decenas de miles para que tuvieran un impacto. Entonces son tantos los aspectos de falsedad en cuanto a que es una tecnología que explota más petróleo, que además es una técnica para hacer negocios de las mismas empresas y además ni siquiera está realmente disponible, pero que da la imagen de que se puede usar esto para no tener que hacer reducción de emisiones reales.

Otro tema que es sumamente preocupante es que están hablando no solamente de captar carbono y enterrarlo sino también de hacer plantaciones masivas de biomasa, así le llaman. O sea biomasa con captura y almacenamiento de carbono (que en inglés  BECCS). De esta manera dicen que habría que plantar millones y millones de hectáreas de monocultivos de árboles u otra biomasa que podría ser soja, para después eso quemarlo y producir “bioenergía” capturando el carbono con las plantas. Todo esto es una vuelta más de la perversión, de la falsedad, porque da la imagen de que se está haciendo algo cuando tendría todos los problemas de las grandes plantaciones. Para que tuviera algún efecto en el cambio climático tendría que plantarse una superficie como 3 veces México o 2 veces la India… o sea, que no hay la cantidad de tierra para hacer eso, y habría que avanzar sobre territorios que ahora se usan para producción de alimentos o bosques naturales, y esto provocaría deforestación de ecosistemas y desplazamiento de indígenas y comunidades donde los bosques son parte de su modo de vida. Entonces la cantidad de impactos sería enorme.

Todo esto se habla como parte de la geo-ingeniería y como una opción posible que además fue señalada por el panel intergubernamental de cambio climático IPCC, que es como la referencia científica del convenio, diciendo de que si no se reducen las emisiones en el tiempo que hay que hacerlas habría que usar este tipo de tecnologías. Esto está subyacente también en las negociaciones que se están haciendo en este convenio.

Hqn: En tu opinión ¿de qué depende que podamos revertir el rumbo de abismo que representa el aumento de la temperatura global?

SR: Lo paradójico es que no hay necesidad de desesperarse porque aunque la situación es grave, como en tantas otras cosas, sí tenemos soluciones reales y las planteamos tanto adentro como afuera de la COP. Yo estoy hablando desde Madrid pero esto se ha planteado en la  Cumbre de los Pueblos en Chile, como acá en la Cumbre Social. Adentro lo hemos planteado tanto la Red Ambiental Indígena, la Red de Justicia Climática de Estados Unidos, organizaciones de África como la Fundación Home, nosotros de ETC Group, todos los que estamos en la campaña “ No Manipulen La Madre Tierra” que es una campaña internacional de organizaciones que nos oponemos a la geo-ingeniería.

Las soluciones al cambio climático pasan por supuesto en cambiar ese modelo extractivista y basado en la producción y el consumo industrial; o sea a las bases del capitalismo y el capitalismo en sí mismo. La más potente de todas las alternativas es la producción de alimentos; cambiar la cadena agroindustrial reafirmando lo que hoy ya alimenta a la mayoría de la población del mundo, que son la redes campesinas e indígenas de producción de alimentos descentralizados, a través de la agroecología y la agricultura urbana. La organización GRAIN demostró que  más o menos la mitad de los GEI están relacionados al sistema alimentario agroindustrial, no solamente la producción, sino el procesamiento y los desplazamientos a nivel mundial.

Hqn: Hay alguna experiencia de organización popular concreta que te de esperanzas en medio de este caos sobre la que te gustaría hablarnos

SR: Hay muchísimas. La producción descentralizada y localizada, agroecológica, que ya existe en muchas partes del mundo aunque no se llame así, existe y llega a la mayor parte de la humanidad. Esto está amenazado porque aunque es la mayoría de la gente solamente dispone del 25% de la tierra, apenas accede al 10% de agua, tiene poca energía aunque mucho lo recicla o es eficiente energéticamente, no produce desperdicios. Entonces todo ese sistema no solamente está produciendo alimentos y formas de vida buenas para la salud y el ambiente, sino que previene el cambio climático y la contaminación.

Acá también se presentaron grupos que trabajan con energías renovables de distinto tipo a nivel local. Aunque cuidado porque bajo las energías renovables, tanto solar como eólica que serían menos contaminantes, también están en manos de empresas trasnacionales. Pero también hay muchísimos ejemplos de soluciones locales en manos de la gente y en pequeña escala.

Es importante entender que la clave no está en una sola tecnología o un solo tipo de energía, sino que justamente se basa en la diversidad, en la comunidad, en la posibilidad de que las comunidades urbanas y rurales seamos capaces de tomar decisiones colectivas sobre cómo queremos y podemos producir todo, nuestra energía y nuestra comida.

Esto realmente está avanzando en muchos lugares. Entonces es muy paradójico, como si hubiera dos mundos: por un lado el mundo de los gobiernos y de las empresas que usan el represión en muchos niveles y el avance de estos modelos que no son soluciones; pero por otro lado se mantienen y crecen en muchos lugares no sólo las formas de resistencia sino las propuestas y alternativas reales a todo esto y que se contraponen a lo anterior.

Lo que vemos en la COP25 es que los gobiernos en lugar de avanzar hacia lo que es urgente y necesario hacen lo contrario y pretenden establecer mercado de carbono y tecnologías sumamente peligrosas como la geo-ingeniería; además garantizar que siga la explotación petrolera con enormes subsidios públicos. Pero como contraposición hay una crítica cada vez más extendida y redes concretas de solidaridad de jóvenes, de indígenas, de campesinos de ambientalistas, de sindicatos, de organizaciones feministas; todo eso estaba acá presente y seguimos en redes de justicia climática.

Fuente: Huerquen, comunicación en colectivo

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Regenerando soluciones para las personas y el planeta

El mundo se está movilizando para enfrentar los embates de cambio climático. Ya no es necesario seguir modelando el impacto del CO2 acumulado en la atmósfera. Las consecuencias las estamos viendo día a día y la ciencia lo confirma: las temperaturas han aumentado en ciertas regiones del mundo, las sequías son más prolongadas y las tormentas más fuertes y frecuentes en zonas que ya son vulnerables y poseen recursos limitados para enfrentarlas.

Adaptarse a estos cambios es algo urgente. Actuar para que el impacto del aumento de la temperatura del planeta se detenga se ha convertido en imperativo para un gran número de países, mientras para muchos estados insulares se trata de una lucha por su sobrevivencia. De allí el acuerdo logrado en París en 2015 firmado por cientos de países.

Se habla de reciclar, reutilizar, evitar envases de plástico, comer de manera balanceada, no desperdiciar lo que comemos, usar la bicicleta como medio de transporte y una larga lista de acciones que en el ámbito del ciudadano común ayudan a que nuestra huella en el ambiente sea menor. Sin embargo, el ritmo de emisión de gases va más allá de acciones individuales. Se requiere una transformación colectiva y urgente.

Estos cambios no se dan de un día para otro. Por eso necesitamos ganar tiempo, tiempo del que nos queda poco. Sin embargo, hay respuestas inmediatas y bastante sencillas. Estas respuestas se encuentran en nuestro entorno. Son soluciones basadas en la naturaleza. La tierra que está debajo de nuestros pies posee un inmenso potencial restaurador y de curación del planeta; esta solución basada en la naturaleza puede mitigar significativamente las emisiones excesivas que han acelerado el cambio climático.

Según estudios de la FAO y del Instituto Tecnológico de Zurich (ETH), es posible recuperar tierras degradadas sin competir con la producción de alimentos, las áreas protegidas o las áreas urbanas con un impacto planetario inmenso. Para que esto se haga realidad, varios expertos han estimado que se requieren 300 mil millones de dólares para implementar el grueso del plan y restaurar 900 millones de hectáreas de tierras degradadas. Ciertamente, las soluciones basadas en la naturaleza que proponemos brindarían sólo un alivio temporal de unos 20 años y luego tendría que complementarse con opciones novedosas de los sectores del transporte y la energía, usualmente más intensas en capital.

El plan que proponemos requeriría que los países aprovechen el potencial de restaurar sus tierras: Argentina, por ejemplo, tiene el potencial de reforestar 6 millones 284 mil hectáreas de bosques, aumentando en 232 por ciento su superficie forestal actual. Brasil podría sumar 8 millones 270 mil hectáreas de bosques. México tiene espacio para aumentar en 96 por ciento su superficie forestal, sumando 6 millones 326 mil hectáreas a su superficie forestal actual.

Por supuesto cada quien debería soberanamente decidir si restaura con nuevos bosques donde antes no los había, regeneración natural asistida, plantaciones forestales, pastizales o con combinaciones de éstas y otras opciones menos obvias como regenerar suelos o humedales.

Este plan no puede implementarse en solitario. Se requiere esfuerzo y coordinación a escala internacional para adoptar medidas obligatorias para revertir, mitigar o frenar las consecuencias del cambio climático.

El continente americano podría responder por un tercio del total mundial de este plan, con los dos tercios restantes repartidos entre Europa y África, donde Europa pondría el dinero y África la tierra y la mano de obra. En Asia se realizaría el tercio restante, con el apoyo de China, India, Rusia, Australia, Japón y Corea del Sur. Esta opción basada en la naturaleza daría esperanza a los estados insulares de sobrevivir y amainaría el ritmo del cambio climático. Ganaríamos tiempo, nos enseñaría a implementar proyectos y a medir su impacto, y nos mostraría la importancia de una acción solidaria en la que todos aportamos algo.

Materializar este plan para los próximos 20 años es un desafío que requiere recursos financieros, humanos y sobre todo voluntad política. Ello permitirá balancear las emisiones y evitar que en las próximas dos décadas se agrave la concentración de gases en la atmósfera, dando a los países un horizonte razonable para implementar otras alternativas y –aún más importante– para que la comunidad internacional pueda repensar el modelo de crecimiento que nos ha llevado a esta crisis global.

Por René Castro* y Julio Berdegué**

* Subdirector general de FAO encargado de cambio climático

** Representante regional de la FAO para América Latina y el Caribe

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La COP 25 consigue un acuerdo mínimo para una mayor reducción de emisiones

MADRID

15/12/2019 10:44 Actualizado: 15/12/2019 11:10

ALEJANDRO TENA

Las delegaciones mundiales que participan en la Cumbre del Clima de Madrid han alcanzado un acuerdo mínimo para salvar los compromisos de París. Tras unas negociaciones alargadas y duras, las partes han conseguido llegar a un consenso medio para aumentar la ambición climática y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Aunque los diálogos se han desatascado está madrugada, la realidad es que el quorum final se distancia mucho de las peticiones planteadas por la sociedad civil y la comunidad científica, ya que se pospone a 2020 la presentación de los nuevos compromisos para la descarbonización y el descenso de la emisiones de CO2.

El documento aprobado –con el nombre "Chile-Madrid, tiempo de actuar"– salva a la COP25 del abismo en el que se adentraba, en parte, gracias a la labor de la ministra española para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, que ha tenido que asumir responsabilidades en las negociaciones debido a la escasa capacidad de liderazgo mostrada por Chile. 

El texto recalca "la necesidad urgente de mantener el aumento de la temperatura media global a muy por debajo de 2°C por encima de los niveles preindustriales" y habla de "realizar esfuerzos para limitar el aumento de temperatura a 1,5ºC". No obstante, el acuerdo sigue sin esclarecer cómo lo harán los países, ya que se "anima" a los países a presentar sus compromisos renovados a la alza en 2020.

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 La atmósfera terrestre vista desde la Estación Espacial Internacional NASA

El enfriamiento de la Tierra ayudó a las bacterias que empezaron a hacer la fotosíntesis a romper un equilibrio que mantuvo el planeta sin oxígeno durante 2.000 millones de años

La vida en la Tierra tardó “poco” en aparecer tras la formación del planeta. Hace al menos 3.700 millones de años, y quizá cientos de millones de años antes, ya había seres capaces de reproducirse en un mundo donde los océanos acababan de aparecer. Faltaba, sin embargo, un elemento que hizo posible que aquellos seres comenzasen a cooperar entre ellos y finalmente acabasen apareciendo los animales, hace solo quinientos millones de años. El oxígeno fue el combustible que alimentó el metabolismo de los seres vivos y transformó nuestro planeta en un mundo habitado, pero sigue habiendo dudas sobre cómo apareció.

El estudio geológico indica que hasta hace unos 2.400 millones de años no había oxígeno en la atmósfera terrestre o en sus océanos. A partir de ese momento, en tres explosiones, el porcentaje de este gas se fue incrementando hasta ocupar el 21% de la atmósfera.

Una de las explicaciones más aceptadas responsabiliza de aquel vuelco atmosférico a las cianobacterias, unos microbios que comenzaron a utilizar la energía del sol para producir carbohidratos y oxígeno a partir del agua y el dióxido de carbono. Esta nueva técnica, que ahora conocemos como fotosíntesis, dio a estos organismos un éxito sin precedentes. Pero mejor siempre es peor para algunos. Los seres que habían satisfecho sus necesidades energéticas durante más de mil millones de años sin oxígeno descubrieron que aquel nuevo gas era veneno para sus células. Aquello fue un cambio de régimen y el triunfo de las cianobacterias fue tal que hoy todas las plantas de la Tierra las llevan incorporadas en sus organismos en forma de unos orgánulos bautizados como cloroplastos.

Después, hicieron falta casi 2.000 millones de años más hasta que los niveles de oxígeno bastasen para permitir la existencia de los primeros animales. El debate científico que trata de explicar este proceso ha sido intenso. Ahora un equipo de la Universidad de Leeds (Reino Unido) ha elaborado un modelo según el cual, más allá de la aparición de los primeros microbios fotosintéticos y el movimiento de las placas tectónicas —dos fenómenos que comenzaron hace 3.000 millones de años y tuvieron influencia en la oxigenación de la Tierra—, el incremento del gas esencial para la vida en la atmósfera era cuestión de tiempo.

El oxígeno no es una sustancia rara. Es el tercer elemento más abundante del universo, después del hidrógeno y el helio, pero es tremendamente "sociable" y puede formar compuestos con casi todos los elementos de la tabla periódica. Durante muchos millones de años el interior de la Tierra mantuvo la elevada temperatura alcanzada durante su formación, pero el enfriamiento progresivo redujo la cantidad de gases volcánicos que surgían de su interior. Estos gases eran los que, al reaccionar con el oxígeno, lo retiraban de la atmósfera. Ese cambio en el equilibrio permitió que el oxígeno producido por las cianobacterias comenzase a generar un superávit que se fue acumulando. El nuevo modelo explicaría el intrigante intervalo entre la aparición de los organismos que producían oxígeno y el aumento de este gas en la atmósfera.

Después estos cambios en el equilibrio atmosférico afectaron a la cantidad de fósforo en el mar, que depende de los niveles de oxígeno, y eso tuvo su impacto en los animales que vivían de la fotosíntesis, que a su vez utilizan fósforo. Cuando esos procesos de retroalimentación produjeron un tercer incremento en el porcentaje de oxígeno en la atmósfera, la Tierra estaba lista para la explosión de formas de vida complejas, móviles y visibles que desde entonces habitan el planeta.

Lewis Alcott, primer autor del artículo que se publica en la revista Science, plantea que, además de conocer estos procesos esenciales para la aparición de la vida en la Tierra, su modelo sugiere que los planetas con atmósferas de oxígeno abundante pueden darse con más frecuencia de lo que se pensaba hasta ahora, “porque [para su aparición] no son necesarios avances biológicos múltiples y muy improbables ni sucesos tectónicos casuales”.

Por DANIEL MEDIAVILLA

14 DIC 2019 - 02:51 COT

Los países más emisores rechazan endurecer sus recortes de gases de efecto invernadero

Hasta 84 Estados, entre los que no figuran EE UU, China, India ni Rusia, se comprometen a revisar sus objetivos de reducción de dióxido de carbono en 2020

 “Hay una brecha enorme entre lo que sucede fuera de aquí y lo que sucede dentro”, ha reprochado este miércoles Jennifer Morgan, directora ejecutiva de Greenpeace internacional, a los representantes de los casi 200 países que se reúnen en Madrid hasta el viernes en la Cumbre del Clima, conocida por las siglas COP25. Morgan les ha contado que lleva 25 años asistiendo a estas reuniones internacionales y que nunca había visto una distancia tan grande entre lo que ocurre en la calle —con las protestas multitudinarias por medio planeta lideradas por los jóvenes activistas climáticos— y lo que pasa en una COP —con unas negociaciones que se estancan y sin liderazgos claros contra la crisis climática entre los países—. La falta de ambición de los principales emisores se refleja en la lentitud con la que avanzan las conversaciones para cerrar el desarrollo de los mercados de carbono o la declaración final de esta cumbre. Pero, fundamentalmente, en la ausencia de ambición de las grandes potencias emisoras de gases de efecto invernadero, que no dan señal alguna de estar dispuestas a endurecer sus planes de recortes de CO2como se pide desde la ciencia y desde las principales agencias de la ONU.

El secretario general de la ONU, Antònio Guterres, organizó en septiembre otra cumbre climática en Nueva York para intentar relanzar la ambición. Y se formó una coalición de 68 países que se comprometían a incrementar sus metas de reducción de emisiones para la próxima década. Tres meses después, esa coalición ha sumado 16 Estados más, según la actualización presentada este miércoles en la COP25.

Entre los nuevos países figuran Reino Unido, Suecia o Pakistán. Pero, de nuevo, faltan cuatro de los cinco grandes emisores, que acumulan más del 60% de todos los gases de efecto invernadero del planeta: EE UU —que ha iniciado ya los trámites para dejar el Acuerdo de París—, China, India y Rusia. El quinto actor de ese bloque de los grandes emisores es la Unión Europea, que tampoco figura como tal en esa coalición al estar todavía negociando Bruselas y los Veintiocho cómo y cuánto se debe endurecer el plan de recorte de emisiones que van a presentar ante la ONU en el marco del Acuerdo de París en 2020. Sí están dentro del compromiso lanzado en septiembre en Nueva York Alemania, Francia y España.

Que los esfuerzos que tienen previsto hacer los países contra el cambio climático no son suficientes lo admiten todos los que participan en la Cumbre del Clima. “No llevamos la velocidad adecuada”, ha reiterado la ministra chilena de Medio Ambiente, Carolina Schmidt, que ejerce la presidencia de esta COP25. “El mundo se está calentando y volviendo más peligroso más rápido de lo que creíamos”, ha insistido Guterres, que ha vuelto a esgrimir los informes científicos para urgir a los países, entre otras cosas, a endurecer sus objetivos de reducción de gases de efecto invernadero.

Todos los firmantes del Acuerdo de París deben presentar planes de recorte de emisiones que, juntos, deben conseguir que el calentamiento global se quede dentro de unos límites manejables, Pero la suma de esos planes no es suficiente. La ONU advirtió hace un par de semanas de que se deben multiplicar por cinco los esfuerzos globales previstos si se quiere que el incremento de la temperatura se quede por debajo de 1,5 grados respecto a los niveles preindustriales. Y por tres si se aspira a que ese incremento esté por debajo de los dos grados (la otra meta que se establece en el Acuerdo de París). Los planes (que se conocen por las siglas en inglés NDC) que tienen ahora los países llevarán al menos a 3,2 grados de incremento, calcula la ONU.

Por eso se necesitan compromisos como los de los 84 países que endurecerán sus planes durante 2020, como fija el Acuerdo de París. Pero, sobre todo, se necesita que se involucren los grandes emisores, algo que no está ocurriendo. Mientras EE UU se despide de París, China —a través de su viceministro de Ecología y Medio Ambiente, Yingmin Zhao— no ha dado ninguna señal este miércoles de que su intención sea endurecer su programa nacional de reducción de emisiones para la próxima década. Lo mismo ocurre con Rusia, que aún no ha presentado su plan, o India, que tampoco se ha sumado a ese listado de 84 países más ambiciosos.

La alianza de estos 84 Estados busca elevar los recortes a medio plazo, es decir, para la próxima década. Paralelamente, desde la presidencia chilena de la COP25 se ha impulsado también que los Estados se comprometan a buscar la neutralidad de carbono —que el CO2 expulsado sea igual al que se capture, por ejemplo, a través de bosques— en 2050. A este segundo objetivo se han comprometido ya 73 países, con las mismas grandes ausencias. También 14 regiones, 398 ciudades, 786 empresas y 16 grupos inversores. “Ya no basta con los países, necesitamos a otros actores”, ha resumido Schmidt.

Por MANUEL PLANELLES

Madrid 11 DIC 2019 - 14:27 COT

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Jueves, 12 Diciembre 2019 06:45

Avanzan estudios para restituir la audición

Avanzan estudios para restituir la audición

Un nuevo descubrimiento en ratones de un equipo liderado por investigadores de Massachusetts (Estados Unidos) y publicado en Nature Communications podría ayudar a los científicos a acercarse a la reprogramación del oído interno con el fin de regenerar células ciliadas, necesarias para la audición.

Este estudio es el primero en mostrar que con la reprogramación se puede inducir la división de las células del oído interno de un mamífero adulto y pasar a ser células ciliadas, explicó uno de los autores, Zheng-Yi Chen. La falta de capacidad de las células del oído interno de los humanos y otros mamíferos para dividirse o regenerar dañan el oído interno, en particular las células ciliadas, lo que lleva a la pérdida permanente del oído.

Las células ciliadas especializadas del oído interno están encargadas de la transducción de las vibraciones mecánicas de los sonidos en señales eléctricas transmitidas al cerebro. Gran número de factores ambientales y genéticos, incluyendo la sobrexposición a ruidos altos y la edad, destruyen estas células. En oídos totalmente maduros, la capacidad de división de estas células se pierde y la regeneración de células ciliadas ya ni siquiera ocurre.

En humanos, incluso el oído interno de un recién nacido es completamente maduro. Pese a ello, Chen y sus compañeros han afirmado que, con el fin de desarrollar nuevos tratamientos para la pérdida auditiva humana, “es esencial demostrar que la división celular y su regeneración pueden conseguirse en un mamífero maduro”.

En el nuevo estudio usaron un acercamiento de reprogramación mediante la activación de dos señales moleculares, Myc y Notch, en el oído adulto. Así encontraron que las células del oído interno maduro pueden ser incitadas a la división.

Algunas de las nuevas células desarrollaron características de células ciliadas, incluyendo canales de transducción que llevan a cabo la conversión mecánica en eléctrica y la habilidad de formar conexiones con las neuronas auditivas. Además, los investigadores están trabajando en el hallazgo de un fármaco que consiga la división y la regeneración de células ciliadas en el oído interno maduro y en modelos más grandes de animales, incluyendo cerdos.