“Nuestra peor pesadilla es que empiece a llover”

Hace siete años la ONU publicó un informe en el que advertía que para 2020 la Franja de Gaza sería inhabitable debido a los graves problemas de agua, de electricidad y de sus sistemas sanitario y educativo. Hoy, a las puertas de 2020, Middle East Eye (MEE) habló con la propietaria de una casa, un médico y una maestra acerca de cómo habían cambiado sus vidas en los últimos años y qué podía depararles el futuro. La propietaria, Aisha Abu Nemer

Aisha Abu Nemer, de 23 años, vive con su marido y sus tres hijos, de 8 y 6 años, y de 8 meses, en Khan Younis al sur de Gaza.

La deteriorada casa, situada en un barrio marginal y pobre, tiene un total de 50 metros cuadrados y está cubierta por un techo de hojalata. La familia vive en una habitación, que hace las veces de salón, cocina y cuarto de baño. En una habitación individual contigua en la que duerme toda la familia hay un colchón en el suelo y un armario blanco, el único mueble de la casa.

Nada de esto protege a Aisha Abu Nemer y a su familia del calor, frío o humedad de Gaza. “Nuestra peor pesadilla es que empiece a llover”, dice a MEE. “Nos tenemos que levantar en medio de la noche para llenar cubos con el agua de lluvia que inunda la casa y quitar el colchón y las mantas del suelo. Tenemos que permanecer despiertos hasta que deje de llover y se sequen las mantas”.

No siempre ha sido así, Cuando ella y su marido, Jihad Abu Nemer, se casaron hace ocho años la situación economía de Gaza era mejor. “Mi marido recoge hormigón en una carreta y lo vende por unos 5-8 shekels [1-2 dólares] al día, lo que supone unos 100-150 shekels [29-43 dólares] al mes, que en absoluto cubre nuestras necesidades, por lo que dependemos sobre todo de la ayuda. Hace ocho años ganaba mucho más”, añade al tiempo que señala que ganaba entre 100 y 150 dólares al mes.

Según la UNRWA, la agencia de la ONU que se ocupa de las personas refugiadas, años de conflicto y de bloqueo* han hecho que un 80 % de la población de Gaza dependa de la ayuda internacional.

Es difícil conseguir lo esencial. “No tenemos agua corriente”, afirma Nemer. “Nos costaría mucho dinero conseguir el suministro de agua municipal, así que nuestro vecino nos llena de vez en cuando el barril de agua para lavarnos y lavar la ropa y la vajilla. Para el agua potable llenamos otro barril en un grifo que instaló en el barrio una asociación de ayuda”.

A pesar de su difícil situación económica la prioridad principal de Abu Nemer es que su hija de seis años reciba una educación adecuada. “Mi hija está en primer grado. Solo tiene un vestido para ir al colegio. Cuando vuelve, lo lavo y lo pongo a secar al sol para que se lo pueda poner al día siguiente. Aunque no tengamos dinero suficiente para su educación, vendería mi sangre para que fuera al colegio”.

El médico, Abdullah al-Qishawi

Abdullah al-Qishawi, de 49 años, ejerce como médico desde hace más de dos décadas y es el responsable del primer proyecto de trasplante de riñón de Gaza iniciado en 2013.

El dr. Abdullah al-Qishawi hace la ronda en el departamento de diálisis del hospital al-Shifa de la ciudad de Gaza, el mayor complejo médico de la Franja. Qishawi, que es el jefe de departamento, examina a decenas de pacientes de diálisis, la salud de muchos de los cuales se ha deteriorado gravemente desde principios de 2019 debido a la falta de equipamiento médico y a los cortes de electricidad. Los efectos de ambos son evidentes en el atestado departamento. Todas las habitaciones y las camas están llenas, lo que obliga a muchos pacientes a esperar durante horas (a veces fuera) a su turno en los aparatos de diálisis.

“Tenemos una grave crisis de falta de medicamentos y de cortes de electricidad que complica el tratamiento de los pacientes de diálisis”, explica Qishawi a MEE. También ha aumentado la cantidad de personas que necesita tratamiento. “Lo que exacerba la situación y duplica la cantidad de pacientes de diálisis es el hecho de que casi toda el agua potable de Gaza sea imbebible, de modo que decenas de miles de pacientes están dañando sus riñones”.

En Gaza hay 65 aparatos de diálisis, pero poco menos de una tercera parte de ellos están averiados, afirma Qishawi. El Ministerio de Sanidad palestino no los puede sustituir o reparar debido a la falta de piezas de recambio.

El departamento de diálisis solía funcionar 16 horas la día, desde las 8 de la mañana hasta medianoche. Ahora ha tenido que ampliar su horario hasta las 4 de la mañana para tratar a la cantidad cada vez mayor de pacientes y hacer frente a la falta de personal y equipamiento médico. “Hay una grave falta de suministros y equipamiento médico lo que hace que el mayor hospital de la Franja no pueda proporcionar a miles de pacientes el tratamiento necesaria, y a menudo urgente”, afirma Qishawi. “La situación ha empeorado significativamente en los últimos años. Si continúa así, seremos testigos de una verdadera catástrofe a todos los niveles”.

Qishawi tiene poca esperanza en el futuro. “No hay duda de que aunque bajo el bloqueo la situación siempre ha sido mala, [pero] ahora asistimos al peor periodo en términos de servicios médicos y de la situación sanitaria en general [de las personas que viven en Gaza]”.

La maestra, Basema al-Basous

Basema al-Basous, de 44 años, trabaja como maestra en la escuela elemental al-Abbas del densamente poblado barrio de Shujayea de la ciudad de Gaza.

Basema al-Basous, que es maestra desde hace más de nueve años, enseña a recitar El Corán a 50 alumnas en la clase de estudios islámicos.

“Manejar una clase con 50 alumnas es uno de los mayores retos a los que he tenido que hacer frente desde que soy maestra”, declaró Basous a MEE. “Tanto para la maestra como para las alumnas resulta difícil estar en un lugar tan atestado de personas. A menudo tengo ronquera porque tengo que alzar la voz para que las 50 niñas me oigan”.

Es bien conocido el problema del hacinamiento en las escuelas de Gaza ya que en la última década la población ha crecido aproximadamente un 20 %. Muchos centros educativos tienen que funcionar en dos turnos para hacer frente a la cantidad de alumnos. El ministro de Educación palestino ha afirmado que para 2021 se deben construir 86 escuelas nuevas y añadir más de 1.000 aulas a los centros que ya existen para proporcionar un entorno de aprendizaje seguro y adecuado.

Basous afirma que en los últimos años ha ido aumentando la cantidad de alumnos en sus clases ya que muchos padres han cambiado a sus hijos de escuelas privadas a las públicas por razones económicas. Está de acuerdo en que construir escuelas nuevas y proporcionarles equipamientos mejores (con sistemas de ventilación y de calefacción) sería un paso adelante para el sector de la educación de Gaza.

El hacinamiento de las aulas también puede afectar a la salud y al rendimiento de los niños. “Si un niño que tiene gripe acude una mañana a clase, al día siguiente hay aproximadamente otros 30 niños más enfermos”, afirma Basous. “Además, el caos y la falta de pupitres y de sillas (así como el tiempo limitado) reducen el rendimiento, la comprensión y la armonía social del alumnado”. Añadió que algunos de sus colegas tienen dificultades debido al ruido y a los problemas para comunicarse con una cantidad tan grande de alumnos

Y sigue teniendo esperanzas de que la Franja de Gaza pueda superar su crisis económica y humanitaria. “No creo que llegue el momento en que no se pueda vivir Gaza. Las y los palestinos de Gaza tiene su propia forma de resistir, de superar sus crisis y de vivir en las situaciones más difíciles”.

Hasta que el Ministerio de Educación se ocupe de los problemas de las escuelas de Gaza, “seguiremos con nuestras iniciativas y nuestro esfuerzo personales para apoyar a nuestros alumnos. Pase lo que pase no podemos defraudarlos”.

* Recordemos que en 2007 Israel impuso un bloqueo total a la Franja de Gaza después de que Hamas ganara las elecciones presidenciales de 2006 (n. de la t.).

Por Maha Hussaini y Nada Nabil

Middle East Monitor

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

Maha Hussaini es una activista de derechos humanos palestina que vive en la Franja de Gaza y Nada Nabil es una defensora de derechos humanos y coordinadora de medios sociales en Euro-Mediterranean Human Rights Monitor [Observatorio Euromediterráneo de Derechos Humanos].

Publicado enInternacional
Viveros estelares interconectados forman la mayor estructura gaseosa de la Vía Láctea

El hallazgo modifica la visión de 150 años de las guarderías // En lugar de ser anillos en expansión, es un filamento ondulado

 

Astrónomos de Harvard descubrieron una estructura gaseosa monolítica en forma de onda, la más grande vista en la Vía Láctea, compuesta por viveros estelares interconectados.

Nombrada onda Radcliffe en honor a la base de operaciones de la colaboración, el Instituto Radcliffe de Estudios Avanzados, el descubrimiento transforma la visión de 150 años de las guarderías estelares cercanas como un anillo en expansión, a otra que presenta más bien un filamento ondulado, formador de estrellas, que alcanza billones de kilómetros por encima y por debajo del disco galáctico.

El trabajo, publicado en Nature, fue posible gracias a un nuevo análisis de datos de la nave espacial Gaia de la Agencia Espacial Europea (AEE), lanzada en 2013 con la misión de medir de forma precisa la posición, la distancia y el movimiento de las estrellas.

El equipo combinó los datos superprecisos de Gaia con otras mediciones para construir un mapa 3D detallado de materia interestelar en la Vía Láctea, y percibió una pauta inesperada en el brazo espiral más cercano a la Tierra.

Así, los expertos descubrieron una estructura larga y delgada, de alrededor de 9 mil años luz de largo y 400 de ancho, con forma de ola y una cresta de 500 años luz arriba y abajo del plano medio del disco de nuestra galaxia. Esta ola acoge muchas de las guarderías estelares que se pensaba que formaban parte del Cinturón de Gould, una banda de regiones formadoras de estrellas que se cree que están orientadas alrededor del Sol en un anillo.

Ningún astrónomo esperaba que viviéramos junto a una colección gigante de gas en forma de ola, o que formara el brazo local de la Vía Láctea, señaló Alyssa Goodman, profesora de astronomía aplicada de la Universidad Harvard, investigadora asociada en el Instituto Smithsoniano, y codirectora del Programa de Ciencias en el Instituto Radcliffe de Estudios Avanzados.

“Nos sorprendimos por completo cuando nos dimos cuenta de lo larga y recta que es la onda Radcliffe, mirándola desde arriba en 3D, pero lo sinusoidal que es cuando se ve desde la Tierra –admitió–. La existencia misma de esta onda nos obliga a repensar nuestra comprensión de la estructura 3D de la Vía Láctea.

Gould y Herschel observaron estrellas brillantes formándose en un arco proyectado en el cielo, por lo que durante mucho tiempo la gente ha tratado de averiguar si estas nubes moleculares realmente forman un anillo en 3D, recordó João Alves, profesor de astrofísica estelar de la Universidad de Viena.

Mapa 3D

En cambio, lo que hemos observado es la estructura de gas coherente más grande que conocemos en la galaxia, organizada no en un anillo, sino en un filamento masivo y ondulado. El Sol se encuentra a sólo 500 años luz de la onda en su punto más cercano. Ha estado frente a nuestros ojos todo el tiempo, pero no podíamos verlo hasta ahora, explicó.

El nuevo mapa en 3D muestra el vecindario galáctico bajo una nueva luz, brindando a los investigadores una vista revisada de la Vía Láctea y abriendo la puerta a otros descubrimientos importantes.

“No sabemos qué causa esta forma, pero podría ser como una onda en un estanque, como si algo extraordinariamente masivo aterrizara en nuestra galaxia. Lo que sí sabemos es que nuestro Sol interactúa con esta estructura. Pasó junto a un festival de supernovas cuando cruzó Orión hace 13 millones de años, y en otros 13 millones de años volverá a cruzar la estructura, como si estuviéramos surfeando la ola, destacó Alves.

En estudios anteriores, el grupo de investigación de Douglas Finkbeiner, profesor de astronomía y física en Harvard, fue pionero en técnicas estadísticas avanzadas para mapear la distribución 3D del polvo, utilizando grandes análisis de los colores de las estrellas.

Ahora, armados con nuevos datos de Gaia, los estudiantes graduados de Harvard Catherine Zucker y Joshua Speagle aumentaron recientemente estas técnicas, mejorando de forma drástica la capacidad de los astrónomos para medir distancias a las regiones de formación estelar.

Este trabajo, dirigido por Zucker, fue publicado en el Astrophysical Journal.

Google nos vigila: el caso de los servicios médicos

Para nadie es un secreto que internet es una de las rutas de información más grandes en el marco del mundo globalizado. Se ha logrado conocer, por ejemplo, que Facebook vendió una serie de datos a una empresa británica –Cambridge Analitica- que finalmente influyó en las elecciones de algunos países en América Latina. La red es hoy por hoy uno de los medios de intercambio de información más importantes, pero al mismo tiempo más peligrosos. Lo anterior se sustenta en un reciente artículo de Wall Street Journal en el cual se sostiene que el gigante tecnológico Google, tiene acceso a la información médica de millones de pacientes en al menos 21 estados de Estados Unidos. En colaboración con Ascension, uno de los mayores sistemas de salud del país, la empresa de tecnología dispone de 2.600 instalaciones, entre hospitales y consultorios a lo largo y ancho del país. Aunque las dos empresas han salido al paso a decir que su actuación es absolutamente legal, algunas preguntas saltan a la vista, verbigracia, si su actuación está apegada a la ley y al profesionalismo, ¿por qué se buscó ocultar la información? Este y otros cuestionamientos serán el centro de la presente investigación.  

Antes de adentrarnos en los motivos reales de Google es fundamental conocer un poco más del proyecto. En este sentido, el objetivo del gigante tecnológico es desarrollar un programa de inteligencia artificial capaz de alojar millones de datos de diferentes pacientes en una misma interfaz. De acuerdo con Google y Ascension, el proyecto conocido como Nightingale cumple con las leyes federales en salud que permiten la transferencia de información de sus socios sin nececidad de consultarlos. Particularmente, se menciona el Health Insurance Portability and Accountability Act’  de 1996 que permite justamente conocer los datos de pacientes (sin necesidad de ser autorizados), siempre que el fin sean funciones médicas y que se disponga de un programa de protección de datos personales. Bajo este paraguas, las dos compañías han buscado evadir las responsabilidades y restar importancia a los riesgos que tendría el hecho de que sólo 150 personas, trabajadores de Google, tengan acceso al historial clínico de millones de personas en Estados Unidos. Algo que puede expandirse por el globo si los resultados son los esperados.

El proyecto Nightingale se presenta como un medio para gestionar soluciones en temas médicos que permitan mejorar la situación de millones y, al tiempo, optimizar los servicios prestados. En efecto, Google anunció en julio pasado que “las soluciones de inteligencia artificial y machine learning de Google Cloud están ayudando a organizaciones de atención médica como Ascension a mejorar sus servicios y resultados” .  De esta manera, el gigante informático es un intermediario en la gestión y protección de datos bajo estrictos estándares de privacidad y seguridad, o ese es el deber ser de la compañía. Sin embargo, no es del todo claro los protocolos de protección ni tampoco para qué se quiere almacenar esa información tan sensible.

Desde otra perspectiva, lo peligroso de este caso es que Google y en concreto el software que se encuentran desarrollando, podría determinar no sólo los procesos para “mejorar la atención médica”, sino que eventualmente también estaría en la capacidad de clasificar a los pacientes. Esto, dicho de otra manera, implicaría que los hospitales estarían en la discreción de no prestar un servicio de salud a determinados segmentos de la población al considerarlos costosos o innecesarios. La situación no es irreal toda vez que en los Estados Unidos se debate continuamente el acceso universal a la salud como un derecho fundamental que, los grupos conservadores amparados en las grandes empresas rechazan de inmediato, al considerarlos demasiado “costosos”. Si llevamos más allá el argumento, se podría afirmar que la concentración de datos en una compañía como Google implica un control sobre la vida de los ciudadanos y por qué no de las decisiones médicas que se tomen en adelante. Un software puede determinar, por ejemplo, que un tratamiento contra el cáncer es costoso en términos monetarios y de tiempo, por lo que en el futuro los hospitales y consultorios podrían dejar de prestar el servicio o cobrar en exceso la atención.

Lo anterior confirma una verdad de Perogrullo: Google no es una empresa altruista, es decir, que detrás de la recopilación de datos médicos hay una clara intención política y económica. En efecto, la empresa informática no realiza una actividad que no implique monetización, de ahí que todo el entramado de las historias médicas tenga un fin concreto. Como lo confirmó el abogado y miembro del comité nacional republicano, Harmeet Dhillon, la situación respecto a la alianza Google-Ascension es "francamente alarmante" y lanza una pregunta a la ciudadanía: “¿confía en Google con los resultados de sus análisis de sangre, diagnósticos e información confidencial de salud?”. Es claro que constituye un riesgo mayor otorgar información personal a un grupo que sólo le importa la recolección de datos, que desconoce el valor humano y que se interesa por obtener enormes ganancias. Por si esto fuera poco, las personas que hoy se encuentran en las bases de datos de estos dos consorcios, no tienen la menor idea, lo cual deja entrever la seriedad del asunto.

Al respecto es imperativo recordar el caso de Google Health 2008, una aplicación de la empresa que, a pesar de proyectarse como una alternativa para la gestión de temas de salud, cerró cuatro años más tarde, al no poder persuadir a suficientes usuarios para que subieran su historial médico. Los pacientes se sentían incómodos de que una emprresa de informática albergara datos tan sensibles. Existieron múltiples razones para el fracaso de este servicio que, en Estados Unidos mueve el 17% del PIB. Para algunos analistas la causa fue justamente el fallo en torno a confiar información como metas de salud, peso o colesterol. Muchas personas no estaban dispuestas a exponerse de una manera tan evidente. Por otra parte, el motivo pudo ser que el servicio no generó la suficiente “atracción” a los usuarios y a los médicos que en poco promovieron la aplicación.

No obstante, la principal razón del fracaso de Google Health fue la ausencia de monetización, es decir, que no pudo corresponderse con el modelo de salud estadounidense. Como es bien conocido en el ámbito global, la prestación del servicio en el país del norte se basa en la medicina privada, esto es, en privilegiar la realización del mayor número de intervenciones (muchas veces más de las necesarias), ya que las instituciones médicas sólo devengan en la medida en que se realicen mayores operaciones. Si ponemos todo lo anterior en plata blanca, diremos que buena parte de la medicina norteamericana se basa en la creación y cura de enfermedades en una suerte de círculo vicioso; si alguno de esos factores se altera, así lo hará la oferta y la demanda hecho que repercute directamente sobre la economía del país. Por ese motivo, no es tan fácil generar procesos de automatización y gestión en un Estado que necesita continuamente del ejercicio de la medicina como oportunidad de negocio.

La salud en Estados Unidos funciona, entonces, como cualquier rubro de la economía, es decir, basada en los principios de ganancia, olvidando que es un derecho fundamental. Con la eliminación del criterio de consentimiento individual de las operaciones con datos de atención médica, el gigante tecnológico se libra de cualquier responsabilidad penal y de paso asegura un campo lucrativo que se corresponde con la proyección de una empresa de sus dimensiones. Nunca debe perderse de vista que compañías como Google persiguen fines económicos y que el tema de la salud pública siempre será un espacio importante para las inversiones. Ahora bien, el hecho según el cual, una empresa que conoce sobre las preferencias y gustos de las personas, tenga acceso libre a datos tan sensibles puede generar un conflicto ético y de intereses, pues podríamos estar asistiendo a la reducción de la humanidad misma a un dato de computadora. Este acontecimiento debería estar alarmando a las sociedades tanto o más que el cambio climático.

También deben considerarse las inquietantes alianzas de Google pues además del gestor de salud Ascension, el gigante Google ha entablado nexos con la clínica Mayo en septiembre de 2019, acontecimiento que le permitiría el acceso al menos un millón de datos de pacientes. Y aunque el pacto ha sido visto desde la supuesta filantropía por parte de la compañía ofimática, la realidad es que hay fuertes motivos de fondo. Esto se comprueba con la adquisición de los dispositivos Fitbit, una aplicación relacionada con el seguimiento del estado físico. El dispositivo le permite acceder a información de poco más de 28 millones de personas; desde los pasos que dan hasta el ritmo cardiaco. En ese sentido, es evidente que el futuro de las compañías está dado en términos del acceso y gestión de datos. Google Health no fue un fracaso, tan sólo era un experimento de los hombres de negocios de Silincon Valley que estaban probando diversas alternativas para lograr juntar los datos de un número considerable de pacientes y de esa forma establecer un algoritmo capaz de automatizar el acceso a la salud.

Lo más grave de todo es que habrá un futuro cercano en el que el acceso a los tratamientos médicos hará parte de un reducido grupo de personas de acuerdo con la lógica de oferta y demanda, condenando a millones de personas a morir mientras esperan una atención que nunca llegará.

Publicado enSociedad
Domingo, 29 Diciembre 2019 05:52

Planeta saturado

Planeta saturado

Según el doctor en demografía José Eustáquio Diniz Alves, de la Escuela Nacional de Ciencias Estadísticas (Instituto Humanitas Unisinos, 31 de octubre de 2019; Ecodebate, 30 de octubre de 2019), la humanidad ya ha agotado la biocapacidad de la Tierra. En 1961, el mundo tenía un superávit ambiental de 2 mil 600 millones de hectáreas globales (gha). Debido al crecimiento demoeconómico, el superávit se transformó en déficit a partir de la década de 1970. En 2016, la huella ecológica total de 20 mil 600 millones de gha ha superado la biocapacidad total de 12 mil 200 millones de gha. Por tanto, el déficit ecológico es de 8 mil 400 millones de gha. La Tierra tiene una sobrecarga del 70%.

Es erróneo creer que la devastación ambiental solo es resultado del consumo de las naciones ricas. La sustentabilidad ecológica depende también de la cuestión demográfica, agravada, sobre todo, por las naciones más pobres. Según el Global Footprint Network, en 2016 la población de altos ingresos era de mil 130 millones de habitantes, con una huella ecológica per cápita de 6 gha (la huella ecológica de los Estados Unidos es de cerca de 8 gha). Es un índice elevado, aunque menor a los 8 mil 400 millones al déficit global existente ese año.

Alves señala que aunque se eliminara todo el consumo de los ricos, el resto de la población mundial (sin los ricos) seguiría teniendo un déficit ambiental de cerca de mil 600 millones de gha. O sea, si las personas de altos ingresos del mundo fueran “eliminadas mediante un pase de magia”, aun así el resto de la población mundial tendría una huella ecológica total de 13 mil 800 millones de gha, para una biocapacidad global de 12 mil 200 millones de gah. Sin los ricos, el planeta continuaría teniendo un déficit ambiental del 13% (un gasto correspondiente a 1,3 planetas).

El autor nos propone que nos imaginemos un mundo con el mismo nivel de consumo. Y que, gracias a los avances tecnológicos y un estilo de vida frugal, el impacto fuera mucho menor; por ejemplo, una huella ecológica de solo 2 gha por habitante (inferior a la huella ecológica de 2,75 gha del mundo en 2016).

Considerando que la biocapacidad total de la Tierra es de 12 mil 200 millones de gha, ¿existiría sustentabilidad ambiental en ese escenario de una huella ecológica media de solo 2 gha? Sí, habría un superávit ambiental si la población fuera inferior a los 6 mil 100 millones de habitantes. Pero una población de casi 8 mil millones como la que se avizora, viviría con un déficit ambiental. Aunque la huella ecológica per cápita mundial fuera de 1,75 gha (como la de Papúa Nueva Guinea en 2016), solo se produciría un superávit ambiental con una población inferior a los 7 mil millones de habitantes.

Por tanto, la solución consiste en reducir el número de emprendimientos con fines de lucro para posibilitar la restauración de la vida natural. Y superar una dualidad: ¿reducir el consumo o el crecimiento de la población? Es necesario reducirlos ambos, aunque sin adoptar políticas que den por resultado el exterminio de los pobres.

Según Thodore P. Lianos (2018), el punto de equilibrio ambiental estaría en una población global de cerca de 3 mil millones de habitantes. H. Daly (“Ecologies of Scale”, New Left Review 109, 2018) sugiere que la población debería mantenerse estable en un nivel compatible con el equilibrio ecológico, o sea, 3 mil millones de habitantes. Eso sería posible si se estimulara a cada familia a tener menos de dos hijos. Lo que se obtendría elevando el nivel de educación de la población en general.

Desde el punto de vista climático, el mundo tiene de plazo hasta el año 2030 para reducir a la mitad las emisiones de CO2, y hasta 2050 para eliminar las emisiones líquidas, porque el “presupuesto de carbono” se agotará.

El decrecimiento poblacional es necesario para evitar el colapso ambiental y aminorar los daños de una grave crisis ecológica. Pero no es suficiente. Es necesario también reducir el consumo y cambiar el estilo de vida.

En resumen, no basta con culpabilizar a los ricos y victimizar a los pobres. El esfuerzo encaminado a evitar el colapso ambiental tendrá que ser de todos, aunque haya responsabilidades diferenciadas.

Por Frei Betto; autor, entre otros libros, de A obra do artista – uma visão holística do Universo (José Olympio).

29 diciembre 2019 |

www.freibetto.org/> twitter:@freibetto.

Traducción de Esther Perez

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Publicado enMedio Ambiente
Disfunción en una vía cerebral causa consumo compulsivo de alcohol, según estudio en ratones

Investigadores de la Universidad de Santa Clara (Estados Unidos) concluyeron en un estudio en ratones que el consumo compulsivo de alcohol podría deberse a una disfunción en una vía cerebral que normalmente ayuda a mantener el deseo de beber bajo control.

El trastorno por consumo de alcohol hace que las personas sean incapaces de dejar de beber incluso cuando conocen los riesgos potenciales para su salud, seguridad e integridad física. “La dificultad para decir no al alcohol, incluso cuando podría claramente conducir a un daño, es una característica que define el alcoholismo”, explica Andrew Holmes, investigador principal del estudio, que se publicó en la revista Biological Psychiatry.

Muchos aspectos del comportamiento (emoción, recompensa, motivación o ansiedad) están reguladas por la corteza, las capas exteriores del cerebro responsables de procesos complejos como la toma de decisiones. A diferencia de drogas como la cocaína, el alcohol tiene amplios efectos en el cerebro, lo que hace que conseguir un único tratamiento efectivo sea mucho más difícil.

Para estudiar cómo el cerebro regula la bebida, los investigadores entrenaron a ratones en su laboratorio para que presionaran una palanca que les daba una recompensa por el consumo de alcohol. Una vez entrenados, a los ratones se les presentó una situación nueva y conflictiva: presionar la misma palanca para obtener alcohol y recibir una descarga eléctrica ligera en sus pies, o evitar ese riesgo pero no beber alcohol. Después de una corta sesión, la mayoría de los ratones aprenden rápidamente y eligen dejar el alcohol.

La corteza prefrontal, pieza clave

El equipo de investigación utilizó en primer lugar electrodos implantados quirúrgicamente para medir la actividad en las regiones de la corteza durante esa decisión. “Encontramos un grupo de neuronas en la corteza prefrontal media que sólo se activó cuando los ratones no presionaron la palanca, aparentemente para decidir que el riesgo de descarga eléctrica era demasiado grande, pero no respondieron cuando los ratones eligieron el alcohol por encima del riesgo de descarga. Esto significa que las neuronas que identificamos pueden ser las responsables de frenar el deseo de beber cuando su consumo puede ser peligroso”, detalla otra de las autoras, Lindsay Halladay.

La corteza prefrontal media (mPFC, por sus siglas en inglés) juega un papel en muchas formas de toma de decisiones y se comunica con muchas regiones del cerebro, por lo que el equipo de Halladay exploró esas conexiones externas. El equipo utilizó la óptica, una técnica de ingeniería que les permitió cerrar de manera efectiva vías cerebrales precisas mediante el brillo de la luz en el cerebro. Apagaron la actividad de las células en el mPFC que se comunican con el núcleo accumbens, área del cerebro importante para la recompensa, y encontraron que el número de presiones de palanca arriesgadas aumentó.

“Apagar este circuito restauró el deseo de alcohol a pesar del riesgo de choque. Esto plantea la posibilidad de que el trastorno por consumo de alcohol provenga de alguna forma de disfunción en esta vía”, reflexiona la investigadora. Esto significa que comprender los mecanismos detrás del consumo compulsivo de alcohol en algunas personas depende de la identificación de la vía neural que mantiene el deseo de beber bajo control.

Una vez que los científicos entiendan exactamente cómo el “cableado” en el cerebro es diferente en las personas con alcoholismo se podrán desarrollar tratamientos más eficaces.

“Los tratamientos actuales no son lo suficientemente efectivos. Casi la mitad de todas las personas tratadas por alcoholismo recaen menos de un año antes de pedir ayuda”, concluye Halladay.

El Salto

Cosechando la sangre de los pobres de Estados Unidos

La sangre se ha convertido en un gran negocio en Estados Unidos y no son pocas las corporaciones dispuestas a explotar a las poblaciones más vulnerables de los Estados Unidos para obtener un pedazo de pastel.

Para gran parte del mundo, donar sangre es puramente un acto de solidaridad; un deber cívico que los sanos cumplen para ayudar a otros en situación de necesidad. La idea de cobrar por tal acción se consideraría extraña. Pero en Estados Unidos, es un gran negocio. De hecho, en la precaria economía actual, donde alrededor de 130 millones de estadounidenses admiten ser incapaces de pagar necesidades básicas como alimentos, vivienda o atención médica, la compra y venta de sangre es una de las pocas industrias en auge que le quedan a Estados Unidos.

El número de centros de donación en Estados Unidos se ha más que duplicado desde 2005 y la sangre ahora representa más del 2% del total de las exportaciones de los Estados Unidos en términos de valor. Para ponerlo en perspectiva, la sangre de los estadounidenses ahora vale más que todos los productos exportados de maíz o soja, que cubren vastas áreas del corazón del país.

Estados Unidos suministra el 70% del plasma del mundo, principalmente porque la mayoría de los demás países han prohibido la práctica por razones éticas y médicas. Las exportaciones aumentaron en más del 13%, a 28.600 millones de dólares, entre 2016 y 2017, y se proyecta que el mercado de plasma “crezca radiantemente”, según un informe de la industria. La mayoría va a países europeos ricos; Alemania, por ejemplo, compra el 15% de todas las exportaciones de sangre de Estados Unidos. China y Japón también son clientes clave.

Es principalmente el plasma —un líquido dorado que transporta proteínas y glóbulos rojos y blancos por todo el cuerpo— lo que lo hace tan codiciado. La sangre donada es crucial en el tratamiento de condiciones médicas como la anemia y el cáncer y es comúnmente requerida para realizar cirugías. Las mujeres embarazadas también suelen necesitar transfusiones para tratar la pérdida de sangre durante el parto. Al igual que todas las industrias en proceso de maduración, algunas enormes empresas sedientas de sangre, como Grifols [empresa multinacional española] y CSL [de Pensilvania], han llegado a dominar el mercado estadounidense.

Pero para generar tan enormes ganancias, estas corporaciones vampíricas apuntan conscientemente a los estadounidenses más pobres y desesperados. Un estudio descubrió que la mayoría de los donantes en Cleveland generan más de un tercio de sus ingresos por “donar” sangre. El dinero que reciben, señala la profesora Kathryn Edin, de la Universidad de Princeton, es literalmente “la sangre vital de los pobres de dos dólares al día”. El profesor H. Luke Schaefer, de la Universidad de Michigan, coautor de Edin de Dos dólares al día: Viviendo con casi nada en Estados Unidos, dijo en MintPress News: “El aumento masivo de las ventas de plasma sanguíneo es el resultado de una red de seguridad inadecuada y en muchos lugares inexistente, combinada con un mercado laboral inestable. Nuestra experiencia es que la gente necesita el dinero, esa es la razón principal por la que la gente aparece en los centros de plasma”.

Casi la mitad de Estados Unidos está en bancarrota, y el 58% del país vive de cheque en cheque, con ahorros de menos de mil dólares. 37 millones de estadounidenses se acuestan con hambre, incluyendo una sexta parte de los neoyorquinos y casi la mitad de los residentes en el sur del Bronx. Y más de medio millón de personas duermen en las calles cualquier noche, con muchos millones más en vehículos o dependiendo de amigos o familiares. Es en este contexto en el que millones de personas en números rojos han pasado a vender sangre para llegar a fin de mes. En un sentido muy real, entonces, estas corporaciones están extrayendo la sangre de los pobres, literalmente chupándoles la vida.

MintPress News habló con varios estadounidenses que donaron plasma de manera regular. Algunos de ellos no quisieron ser del todo identificados. Pero ninguno se hacía ilusiones sobre el sistema y cómo estaban siendo explotados.

“Los centros nunca están en una zona buena de la ciudad, siempre están en algún lugar donde pueden conseguir un suministro interminable de gente pobre desesperada por esos cien dólares a la semana”, señaló Andrew Watkins, que vendió su sangre en Pittsburgh, Pensilvania, durante unos 18 meses.

Las personas que se presentan son una mezcla de discapacitados, trabajadores pobres, gente sin hogar, padres solteros y estudiantes universitarios. Con la excepción de los estudiantes universitarios que buscan dinero para salir, este es probablemente el ingreso más fácil y seguro que tienen. En tu trabajo pueden despedirte en cualquier momento cuando estás en este nivel de la sociedad, pero siempre tienes sangre. Y vender tu sangre no cuenta como un trabajo o ingreso cuando se trata de determinar los beneficios por incapacidad, cupones de alimentos o derecho a subsidios de desempleo, así que es una fuente de dinero para las personas que no tienen absolutamente nada más”.

Rachel, de Wisconsin, que donó cientos de veces en un período de siete años, también comentó la obvia composición socioeconómica de los donantes. “Éramos pobres, todos los que estábamos allí nos dábamos cuenta fácilmente de que estábamos en el extremo inferior de la escala de ingresos. Te incentivan con bonos y cuanto más dones en un mes, más te pagarán, reclutando bonos de amigos, bonos de vacaciones, etc”.

Keita Currier, de Washington, D.C., señaló que ella y su esposo no tuvieron más remedio que seguir visitando clínicas en Maryland durante años, pero les molestaban sus métodos de pago. “Son depredadores, el precio fijado para tu plasma se basa en un capricho. Por ejemplo, en un lugar que doné las primeras cinco veces cobras $75, después cobras 20, 20, 30, 50, 25. Es al azar, no importa, pero saben que estás desesperada y que si no haces tu donación de $30 no tendrás tus 50 la próxima vez. Aparentemente, el plasma tiene un valor que ronda los cientos de dólares, así que no es de extrañar que te estafen”. 

ZOMBIFICANDO A LOS POBRES DE ESTADOS UNIDOS

Todos los encuestados estuvieron de acuerdo en que estaban siendo explotados, pero en más de un sentido. A los estadounidenses desesperados se les permite donar dos veces por semana (104 veces al año). Pero perder tanto plasma puede tener graves consecuencias para la salud, la mayoría de las cuales no han sido estudiadas, advierte el profesor Schaefer, quien insiste en la necesidad de más investigación. Alrededor del 70 por ciento de los donantes experimentan complicaciones de salud. Los donantes tienen un recuento proteico más bajo en la sangre, lo que los pone en mayor riesgo de infecciones y trastornos hepáticos y renales. Muchos habituales sufren de fatiga casi permanente y están al borde de la anemia. Todo esto por un promedio de $30 por visita.

Rachel describió el terrible círculo vicioso en el que se encuentran muchos de los trabajadores pobres: “Me rechazaron dos veces, una por estar demasiado deshidratada y otra por estar anémica. Ser pobre creó una paradoja de mierda en la que no podía comer, y como no podía comer, mis niveles de hierro no eran lo suficientemente altos como para permitirme donar. Fue una semana de recorte de sueldo, dinero que necesitaba desesperadamente para el alquiler, cuentas y medicinas”.

Un método común de hacer trampas en los deportes de resistencia es inyectar más sangre en tu sistema antes de una carrera, dándote un gran impulso de rendimiento. Pero extraerlo tiene el efecto opuesto, haciéndolo sentir perezoso y cansado durante días. Por lo tanto, esta práctica debilitante está zombificando a los pobres de Estados Unidos.

El proceso de donación de sangre no es placentero. Currier señaló que después de donar constantemente, “los moratones son terribles... A veces no pueden encontrar la vena, etc. o la insertan mal y tienen que ajustar la aguja debajo de la piel”, dice, afirmando que el solo hecho de pensar en ello la asusta. Revela que su marido tuvo que dejar de donar temporalmente, ya que sus jefes pensaban que estaba consumiendo heroína debido a las marcas en sus brazos.

Watkins coincide. “Siempre podías saber cuánto tiempo llevaba alguien haciendo el trabajo por esa aguja”, recuerda. “Una vez que habían estado allí un año o más, habrían apuñalado literalmente a miles de personas y podrían simplemente dar un golpecito en el codo una vez y deslizar la aguja dentro de la vena sin ningún problema. Los chicos nuevos no encontraban la vena, la perforaban o trataban de buscarla con la punta de la aguja, lo que deja terribles moratones”.

Tampoco se piensa mucho en la comodidad de los pacientes. Como explicó Watkins, los termostatos siempre se bajan a unos 10-15 grados por el bien del plasma. Una vez que se ha extraído el plasma de color ámbar, tu sangre enfriada se te reinyecta en un proceso doloroso que notas como si se te estuviera metiendo hielo en el cuerpo. “Combinado con las ya frías temperaturas del aire, era enloquecedor”, señala.

Así, los zombis pobres de Estados Unidos quedan casi permanentemente agotados mentalmente como adictos a la heroína, y con los brazos igualmente magullados y perforados, salvo que se les paga por las molestias. Pero quizás lo peor de la experiencia, según los entrevistados, es la deshumanización del proceso.

Se pesa públicamente a los donantes para asegurarse de que su peso sea suficiente. Las personas obesas valen más para las empresas sedientas de sangre, ya que pueden extraer con seguridad más plasma de ellas en cada sesión (pagando la misma compensación). “Definitivamente te convierten en un producto en un sentido muy literal”, dice Watkins; “Es profundamente explotador y un síntoma de lo lejos que ha llegado el capitalismo”.

Muchos centros son enormes, con múltiples filas de docenas de máquinas trabajando en un intento de apaciguar el apetito insaciable de la corporación vampírica. Y no faltan, según Watkins, “víctimas” humanas dispuestas a ser tratadas como animales en las granjas de baterías, a cambio de unos pocos dólares: “Era una línea de montaje para extraer oro líquido de las minas humanas”, señala.

Currier también destacó el tratamiento del personal y las medidas de reducción de costos de las clínicas en Maryland que ella visitó: “Por lo general, los lugares tienen muy poco personal, lo que significa que con frecuencia no se cambian de guantes, la gente está sobrecargada de trabajo y, como mínimo, te quedas allí de dos a tres horas, lo que significa que tienes que planear un día entero en torno a esta mierda sólo para conseguir 20 pavos en tu bolsillo para sobrevivir los próximos días. Es deprimente, descorazonador y francamente vergonzoso tener que prostituirse así. Me siento como una mierda después de donar”. 

LA EXPLOTACIÓN ALCANZA NUEVOS NIVELES

Pero la explotación de seres humanos ha alcanzado nuevos niveles en las clínicas de la frontera México-Estados Unidos. Cada semana, miles de mexicanos entran a Estados Unidos con visas temporales para vender su sangre a corporaciones farmacéuticas con fines de lucro. La práctica está prohibida por razones de salud en México, pero es completamente legal al norte de la frontera. Según ProPublica, hay por lo menos 43 centros de donación de sangre a lo largo de la frontera que se aprovechan principalmente de ciudadanos mexicanos en una práctica legalmente ambigua.

Según un documental suizo sobre el tema, hay muy pocos controles sobre la limpieza de la sangre que estas compañías aceptan, algunos donantes entrevistados admiten que eran drogadictos. Pero todo se sacrifica en la búsqueda de ganancias deslumbrantes, algo de lo que los donantes eran muy conscientes. Rachel, de Wisconsin, admitió: “Lo hice por el dinero, creo que todos lo hacemos por el dinero, pero en realidad no es algo que se diga por ahí porque hay un barniz de ‘ayudar a los enfermos’ encima. Pero pude vislumbrar el tipo de industria que era en ocasiones a través de preguntas inofensivas. La cantidad de plasma extraído de una persona por donación valía más de 600 dólares, nunca tuve una respuesta clara al respecto”.

Andrew, de Pensilvania, coincide, señalando irónicamente: “Sé que mi plasma valía miles de dólares por donación [a otros], porque he visto lo que un hospital de mi ciudad le cobraba a un hemofílico por las plaquetas, así que la miseria que pagan es ridícula, pero sólo hay un comprador haciendo ofertas a nivel humano. Si eres pobre y te quedas sin otras opciones, aceptarás 40 dólares como sea que puedas conseguirlo. Cualquier puerto en una tormenta”.

Michael, un trabajador social de Georgia que vendió su sangre por dinero extra, fue profundamente despectivo con toda la situación. “He conocido a un buen número de personas que dependen del dinero que se gana vendiendo plasma. Muchas veces es para cubrir el cuidado de los niños o las recetas o algo parecido”, dijo. “Es absolutamente deplorable aprovechar el dinero de sangre literal de gente que tiene tan pocas opciones”.

Las grandes farmacéuticas están particularmente interesadas en la sangre de los jóvenes. Una campaña publicitaria de Grifols se dirigía intencionadamente a estudiantes de la clase trabajadora. “¿Necesitas libros? No te preocupes. Dona Plasma”, dice el titular. La sangre adolescente tiene una gran demanda, de todos los lugares, en Silicon Valley, donde las tecnologías antienvejecimiento son la última tendencia.

Una compañía, Ambrosia, cobra $8.000 por tratamiento a ejecutivos del mundo de la tecnología, añadiéndoles la sangre de los jóvenes, convirtiendo a estos individuos en chupasangres en más de una forma. A pesar de que no hay pruebas clínicas de que la práctica tenga efectos beneficiosos, el negocio está en auge.

Un cliente comprometido es el cofundador de PayPal convertido en el sucedáneo de Trump, Peter Thiel, quien, según se informa, está gastando grandes sumas de dinero en la financiación de nuevas empresas antienvejecimiento. Thiel afirma que hemos sido engañados por “la ideología de la inevitabilidad de la muerte de cada individuo” y cree que su propia inmortalidad puede estar a la vuelta de la esquina, una noción que ha preocupado profundamente tanto a académicos como a comentaristas.

El nuevo y pujante mercado de sangre es la encarnación perfecta de la distopía capitalista en la que se han convertido los Estados Unidos modernos. El proceso deshumanizador de extraer la sangre de los pobres para financiar los sueños quijotescos de inmortalidad de los súper ricos convierte a los primeros en zombis vivientes y a los segundos en vampiros, que se deleitan con la sangre de los jóvenes; una verdadera historia de terror estadounidense digna de Stephen King o H.P. Lovecraft. Como dijo Rachel, de Wisconsin: “Realmente es una industria en la que ‘extraer sangre de las piedras’ es lo más literal posible”.

Por ALAN MACLEOD

TRADUCIDO POR PILAR GURRIARÁN.


PUBLICADO

2019-12-24 06:35

Publicado enEconomía
Domingo, 22 Diciembre 2019 07:24

Chile y los héroes de “la primera línea”

 En la primera fila los jóvenes se protegen con improvisados escudos, mientras otros intentan "ahogar" las bombas lacrimógenas.Foto Gerardo Magallón

Con todo en contra, protegen las manifestaciones

 La primera batalla que se ganó fue contra el individualismo

 

Santiago De Chile., La primera línea de las marchas en la capital chilena se ha convertido en el emblema de las movilizaciones. Con todo en contra, la conforman las y los héroes de la protesta. En los medios de comunicación los llaman vándalos, vagos, delincuentes. Adentro de la marcha les aplauden, los vitorean, casi los alzan en hombros. Existen.

Son cientos de hombres y mujeres, jóvenes en su mayoría, que enfrentan a los carabineros todos los días. Se colocan en los puntos estratégicos para impedir que los gases lacrimógenos, los disparos de municiones y los chorros de agua con químicos lleguen al resto de la movilización pacífica. Son las y los guardianes de las decenas de miles de personas que llevan más de dos meses protestando en las calles contra un sistema que los excluye.

La esquina de Ramón Corvalán con la calle Carabineros de Chile es uno de los campos de la desigual batalla. Piedras contra tanquetas desde las que disparan municiones que han dejado tuertas a más de 300 personas, bombas lacrimógenas o los vehículos conocidos como guanacos que disparan chorros de agua con químicos lacerantes que dejan ardiendo la piel por días. Chile es experto en este tipo de miserias.

Las noches son un hervidero. De un lado grupos de jóvenes quiebran el pavimento con mazos para dotar de piedras a la primera línea. Hileras de chicos con costales de pedazos de concreto atraviesan las calles y se las dejan a quienes repelen los ataques frontales de los carabineros. “Gracias hermanos”, se escucha desde la refriega y el humo. Y es que sí, la primera batalla que se ganó fue contra el individualismo y el ego, aquí todo es colectivo.

Decenas, cientos de personas esperan a los manifestantes que corren con los ojos llorosos. “¡Agua con bicabornato! ¡Agua con bicabornato!”, gritan. Y los gaseados se acercan para que les rocíen el rostro, les digan palabras de aliento, los socorran. Por cada persona lesionada se acercan cuatro o cinco de inmediato. Es el desborde.

Sigue la primera línea. Al oscurecer se juntan manifestantes frente a los guanacos y tanquetas y los desconciertan con la luz verde de cientos de rayos láser en los parabrisas. El espectáculo de luz y sonido inunda la calle. El guanaco retrocede. Los muchachos gritan de júbilo.

De pronto la infantería carabinera se despliega a pie. Parapetados en los vehículos reciben la orden de atacar y corren detrás de los jóvenes y golpean y patean a todo el que se les atraviese, detienen a alguno y sus compañeros tratan de rescatarlo en una batalla cuerpo a cuerpo. A veces lo consiguen. Otras el chico o chica pasa a engrosar las filas en las comisarías. Se habla ya de más de 20 mil detenidos en 60 días de protestas, aunque la mayoría son liberados.

A la primera línea llega Claudia Aranda, reportera y activista de tiempo completo. Durante nuestro encuentro recibe por WhatsApp la imagen del ultrasonido de su próximo nieto. Está feliz. Hace 50 años lo dejó todo y se fue a vivir a una casa okupa para mantenerse disponible todo el tiempo. “La tía del agua”, le dicen sus miles de nuevos sobrinos en las calles. “¡Hidrátense cabros!”, les grita con su bidón de cinco litros en la mano. En su mochila carga el láser para cuando toca desorientar a los carabineros, y su libreta y cámara, para sus crónicas.

En otra esquina del escenario grupos de jóvenes intentan tumbar un semáforo. Lo jalan con un lazo para arrancarlo del concreto y formar con el poste una barricada. Decenas de esquinas ya no tienen semáforo, por lo que otro grupo de voluntarios dirige el tránsito, recibiendo como pago el sonido del claxon de los automovilistas que lo mismo le regalan una botella de agua o algo para comer.

Decenas de médicos, enfermeros y sicólogos cubren los puntos de salud. Llegan aquí luego de largas jornadas de trabajo en hospitales públicos y privados, y durante horas atienden a los heridos de la revuelta. Al parecer, dicen, cada vez le ponen químicos más agresivos al agua que avientan los carabineros, pues en los días recientes los chicos llegan con quemaduras severas de la piel.

Una joven que trabaja como productora de fiestas es ahora la encargada de la logística en el centro de salud. Recibe y clasifica las bolsas de donaciones de la gente: tapabocas, analgésicos, vendas, sueros y un sinfín de artículos que se amontonan a un costado. La solidaridad, por ahora, es más grande que la emergencia.

En la primera fila los jóvenes se protegen con escudos hechos con láminas arrancadas de cortinas de tiendas, con tapas de tambos, con los discos de las antenas satelitales. Son unos gladiadores. Hay hombres y mujeres bombers cuya misión es “ahogar” las bombas lacrimógenas con garrafas de agua con bicarbonato y sosa cáustica. Se llevan la peor parte, pues sus pulmones se llenan de tóxicos. El aplauso de sus compañeros es el único pago por cada bomba desactivada.

En la manifestación no se pasa hambre. Y menos en la primera línea, pues se organizan ollas comunes y se reparten gratos en carritos recuperados del supermercado. Lentejas y papas nunca faltan. A veces llegan contingentes de ciclistas con ayuda, otra veces son ellos los que la necesitan

¿Qué pasaría si no existiera esta primera línea? Hace unos día intentó llegar a la Plaza de la Dignidad, antes conocida como Plaza Italia, el centro neurálgico de las movilizaciones, una marcha organizada por maestras de kínder, y contra ellas arremetió la policía con gases lacrimógenos. La primera línea sirve para que ellas y muchas como ellas puedan acceder a la plaza y manifestarse pacíficamente.

Las resorteras y ballonetas improvisadas son las armas de la primera línea. Barricadas de piedras, láminas, llantas, todo lo que sirva para obstaculizar el paso de los carabineros, cuya misión es cada tanto romper esa línea, atravesar las barricadas a como dé lugar e ir tras los manifestantes. Más de 40 días después la mecánica es clara. Rompen la línea, los jóvenes salen disparados, se dispersan y luego retoman sus lugares. Hasta el nuevo ataque. Y así.

“¡Encerrona! ¡Encerrona!”, gritan cuando vienen los guanacos de los dos lados. No hay mucho que hacer más que agacharse y protegerse con los cuerpos. Se avisan igual cuando uno de ellos con un cóctel molotov está a punto de arrojarlo. “¡Mecha, mecha!”, gritan para que sus compañeros abran cancha. La bomba artesanal vuela por los aires y cae cerca de los carabineros. El júbilo se expande, pues eso les da un tiempo para acercarse a los carabineros y continuar el combate con piedras.

En medio del ataque no falta la batucada o un saxofonista que se acerca con El derecho de vivir en paz e inunda con sus notas el ambiente. Anochece y los bloqueos se van apagando. Por semioscuras calles aparecen grupos de carabineros patrullando. Y de entre las sombras, como fantasmas, se escuchan los gritos: ¡Milicos de mierda! ¡Cabros de mierda! ¡Asesinos! Una chica con una enorme piedra en la mano pasa junto a la hilera de carabineros. Los insulta de frente con la piedra escondida. Los carabineros se siguen. Ella también. Aquí se perdió el miedo.

Publicado enInternacional
Sábado, 21 Diciembre 2019 06:32

COP25: si no hubiera sido un fracaso

COP25: si no hubiera sido un fracaso

La COP 25 sobre cambio climático, que se acaba de realizar en Madrid, España, fue toda una metáfora de la actitud de gobiernos y empresas frente a la devastación ambiental y social que provocan: nada detendrá sus negocios, ni aunque estén aserrando la rama del árbol donde están sentados. Pese a la abundancia de evidencia sobre el desastre climático y a las multitudinarias protestas por todo el mundo, la vigesimoquinta conferencia del Convenio de Cambio Climático de Naciones Unidas (COP25) mostró al mundo nulos resultados para parar el cambio climático. Eso es gravísimo, pero podría haber sido aún peor.

Podrían además haberse puesto de acuerdo –bajo la presidencia de un gobierno brutalmente represor y criminal como el de Chile– en cómo establecer un nuevo mecanismo global de mercados de carbono, que empeorará todo aún más. Podrían haber creado nuevas formas para seguir vendiendo aire con grandes lucros para las empresas contaminantes que han causado la catástrofe y para convertir cada pedacito de la naturaleza en una nueva mercancía, e incluir por ejemplo océanos y suelos agrícolas, algo que aún no han logrado meter en esos mercados. Podrían haber también sentado las bases para que en lugar de acciones reales para detener el cambio climático se legitimen y legalicen técnicas de geoingeniería para remover el carbono de la atmósfera o para bloquear la luz del sol abriendo un negocio adicional de alto riesgo. Todo estaba en la mesa de negociaciones de este convenio y se fue a la COP26, que será en noviembre de 2020 en Glasgow, Escocia. El gobierno de Reino Unido ya anunció que conducirá con mano firme los acuerdos para crear estos nuevos mercados de carbono.

Según 150 organizaciones de las redes globales de justicia climática, desde antes de la COP25 estaba claro que los grandes contaminadores, incluidas las industrias de combustibles fósiles, agricultura, plantaciones y mercados de carbono, planean condenar al mundo a un calentamiento catastrófico en los próximos años (https://demandclimatejustice.org/). Un informe de la Global Gas and Oil Network, de diciembre de 2019, analiza los planes de expansión de la industria de combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón) y muestra que para 2030 sus planes nos llevarían al menos a 50 por ciento por encima del objetivo del Acuerdo de París de no sobrepasar el aumento de 2˚C y a 120 por ciento más de lo compatible con el compromiso global de limitar el calentamiento a 1.5˚C. La mayoría de esta expansión provendría de Estados Unidos y Canadá (https://tinyurl.com/sbj5oq5).

Esta industria tiene una infraestructura instalada de más de 55 millones de dólares estadunidenses y reservas por un mínimo de la mitad de esa suma. Es la industria que recibe más subsidios públicos: según un cálculo del FMI en 2015, recibía anualmente 10 mil dólares por minuto. Es claro que esta industria no va a permitir ningún cambio en sus negocios que no sea para aumentar sus ganancias. Por ello inventaron los llamados mercados de carbono, para que los grandes contaminadores puedan pagar a otros que supuestamente no generan emisiones de gases de efecto invernadero. Esto generó, a su vez, un exitoso mercado secundario de bonos y créditos de carbono, con lo que los contaminadores siguieron contaminando y además lucraron con los mercados de carbono.

El convenio de cambio climático les dio la coartada legal a través de secciones del Protocolo de Kyoto y el cínicamente llamado Mecanismo de Desarrollo Limpio. El Protocolo de Kyoto se cierra en 2020, luego de haber fracasado estrepitosamente, ya que el calentamiento global ha empeorado notablemente. El Acuerdo de París (AP), firmado en 2015, acordó trabajar para mantener la temperatura muy por debajo de 2˚C. Sin embargo, no exige reducciones reales, sino un equilibrio entre emisiones y sumideros, abriendo así a una nueva contabilidad en lugar de cambios reales. En su artículo sexto, el AP prevé que pueden haber transferencias internacionales de emisiones (un país que emite mucho negocia con otro que no emite o supuestamente puede absorber carbono), colocando así las bases para una nueva plataforma de transacciones de mercado. La forma de estas transacciones es lo que estaba en el núcleo de las negociaciones que no se concretaron en Madrid.

En locales aledaños a las salas de negociación las trasnacionales organizaron numerosos eventos para prefigurar y apropiarse de este incipiente mercado. Por ejemplo, Chevron, BP, Shell, BHP Billiton y varias forestales inauguraron la Alianza para los mercados de soluciones climáticas naturales. Bayer-Monsanto presentó planes para que los suelos puedan entrar a los mercados de carbono como soluciones basadas en la naturaleza. Otros presentaron iniciativas de geoingeniería, pese a que están bajo moratoria o prohibidas por otros convenios de la ONU.

Dentro y fuera de las negociaciones, tanto en Madrid como en Santiago de Chile, hubo continuas protestas populares contra estos atropellos. Centenares de organizaciones sociales, indígenas, campesinas, sindicales y ambientalistas se manifestaron contra los mercados de carbono, contra los nuevos asaltos a la naturaleza y la geoingeniería. Además del cuestionamiento al sistema que causa el cambio climático, es en esos pueblos y organizaciones que están las verdaderas soluciones. En Chile, Madrid o Glasgow no está en su agenda rendirse.

Por Silvia Ribeiro *

* Investigadora del Grupo ETC

Publicado enMedio Ambiente
¿Por qué hablamos de crisis civilizatoria? Breve genealogía de nuestro actual tiempo extraordinario

El tiempo que vivimos es un tiempo extraordinario. Todo está en juego. Las posibilidades de vida en el planeta Tierra, tal y como las conocemos, pueden cambiar radicalmente. Eso, más allá de diversos imaginarios sociales sobre colapsos y apocalipsis, tiene efectos concretos en los marcos de convivencia social, los ciclos de lluvia y períodos secos, en las migraciones, la producción y distribución de alimentos, la pérdida de los últimos refugios ecológicos, la conflictividad social y geopolítica por los recursos indispensables para la vida, el nivel de los océanos, el mantenimiento de las instituciones sociales y las infraestructuras, y un muy largo etcétera.

La diferencia de este, con tiempos anteriores, pudiésemos resumirla en tres factores: uno, que llegamos a límites de capacidad de muy buena parte de los sistemas sociales y ecológicos para soportar las perturbaciones y agresiones que están sufriendo estos; dos, que los eventos sociales y ecológicos van teniendo características de eventos extremos; y tres, que dichos sistemas tienden a la caotización y que por su alto nivel de integración (dada en buena medida la globalización) pueden generar una  cadena de acontecimientos o puntos de inflexión –que también pueden ser pensados como ‘efecto dominó’– con consecuencias imprevisibles.

Pero precisamente por las dimensiones y la profundidad de esta crisis, se nos abre una oportunidad para re-pensárnoslo todo, absolutamente todo. No es sólo el problema del cambio climático, que además no se puede ni se debe segmentar como problema. No vivimos sólo una crisis de las democracias o las instituciones modernas. Tampoco esta crisis puede explicarse únicamente por una ‘escasez’ de recursos o por un ‘desbordamiento’ demográfico. Y aunque es un factor determinante, tampoco es únicamente un problema de la crisis estructural del capitalismo.

Se trata de una crisis total, esencial y existencial, que trastoca incluso el orden de la vida en la Tierra (y por tanto de las otras especies que conviven con nosotros), que nos interpela como especie en relación a nuestro rol en ella. No basta entonces rastrear sólo el ‘error’ en nuestro propio proyecto de construcción social contemporáneo, sino también el cómo se fue configurando lo que podríamos llamar la verdadera Gran Divergencia (nada que ver con lo planteado por  Huntington y Pomeranz sobre el despegue del poderío de Occidente); esto es, la que se produjo entre los patrones civilizatorios dominantes de las sociedades humanas, y los ritmos y dinámicas ecológicas y simbióticas de la Naturaleza.

Por ello, necesitamos también rastrear los antecedentes de más largo alcance de esta crisis, una de carácter civilizatorio.

¿Por qué hablamos de crisis civilizatoria?
Brechas en el debate sobre Antropoceno

Desde hace unos dos lustros el debate sobre el surgimiento de una nueva era geológica, el ‘Antropoceno’, ha cobrado gran popularidad y difusión, no sólo en el ámbito de las ciencias, sino también de las ciencias sociales y sectores del activismo global (en buena medida vinculados a reivindicaciones ecológicas). El Antropoceno tendría la particularidad de ser un período geológico en el cual el principal factor de cambio y transformación en la Tierra sería el humano.

Entre varias de las implicaciones de este debate, una de las que nos parece más interesante es que permite inscribir el debate político sobre las causas y orígenes de la crisis ecológica actual, en la propia historia reciente del planeta Tierra. Esto resulta en una invitación a rastrear factores de mucho más largo alcance temporal, y no sólo los recientes cambios en el metabolismo de las sociedades industriales contemporáneas. Esto, a su vez, nos permite enlazar con la idea de que la crisis en la que estamos inmersos es en realidad una de carácter civilizatorio.

Dos de las principales polémicas que se han generado en torno al debate sobre el Antropoceno nos pueden ayudar a dejar más claro por qué hablar de una crisis civilizatoria. La primera, tiene que ver con la crítica que se le ha hecho al concepto, por colocar al humano en abstracto como responsable de la crisis, cuando en cambio esto ha sido el resultado de patrones específicos de poder que han generado divisiones sociales y desigualdades en los procesos de apropiación, usufructo y degradación de la riqueza natural. De ahí que  Jason Moore haya hablado del ‘Capitaloceno’, señalando que es precisamente el capital y todas sus estructuras de poder, el factor que define esta nueva era geológica; o bien, Christophe Bonneuil proponga el ‘Occidentaloceno’, haciendo referencia a la responsabilidad de la crisis por parte de los países ricos industrializados de Occidente.

La segunda polémica tiene que ver con el punto de origen del Antropoceno. ¿Cuándo se produce el punto de inflexión histórico que convierte al humano o al particular orden civilizatorio, en la principal variable de transformación geológica?

A nuestro juicio, esto es fundamental pensarlo no a partir de un solo punto de origen (dado que la historia no es lineal y luego de un punto de inflexión se producen nuevas tensiones y diversas posibilidades), sino en el escalamiento de al menos tres períodos que han sido determinantes para comprender, en su profundidad, el carácter de la crisis civilizatoria.

El Imperio de los combustibles fósiles

Vayamos de adelante hacia atrás. Ciertamente el período más evidente es el radical cambio de metabolismo social y de las relaciones espacio-temporales que se produce a escala global a partir de los siglos XVIII/XIX con las llamadas ‘Revoluciones Industriales’, que van a desembocar en un cada vez más acelerado sistema mundializado de extracción, procesamiento y consumo de naturaleza, sin precedentes en toda la historia de la humanidad. Este momento particular del Antropoceno va a ir en escalada hasta que a mediados del siglo XX (con la imposición del modelo capitalista de la posguerra) se va a configurar “La Gran Aceleración”, un proceso en el cual las tasas de uso de energía, crecimiento del PIB, crecimiento de la población, de las emisiones de CO2, entre otros se disparan a niveles insospechados, intensificando esta particular relación depredadora con la naturaleza. El período neoliberal, en el marco de la llamada ‘globalización’, va a intensificar aún más este proceso.

El período previo al del Imperio de los combustibles fósiles, y constitutivo del mismo, pudiésemos ubicarlo desde mediados/fines del siglo XV en lo que se entiende como la Génesis de la modernidad capitalista colonial. Este proceso allanó el camino al particular desarrollo histórico del capitalismo, y destaca, al menos para lo que tratamos de explicar, en tres aspectos: la expansión geográfica de circuitos comerciales que, por primera vez en la historia de la humanidad, va a crear un sistema y una economía mundial; una lógica de colonización civilizatoria imperante, también expansiva, que va a tener como uno de sus objetos fundamentales a la Naturaleza (bases para la conformación histórica del extractivismo); y la configuración de patrones de poder que, como lo plantea Donna Haraway, se originaron y expresaron con fuerza en la generación de plantaciones. De ahí que Haraway reformule la apreciación sobre el Antropoceno y proponga en cambio el término  Plantacionoceno, tomando en cuenta que en las plantaciones se evidenciaron (y se evidencian aún) la conjunción entre simplificaciones ecológicas –el disciplinamiento de las plantas en particular– y el diseño de sistemas de trabajo humano forzado en torno a ellas (basado generalmente en patrones racistas). Para Haraway fue la Plantación la que generó el legado de esta nueva era geológica.
La verdadera Gran Divergencia

Pero, ¿por qué no mirar más hacia atrás, muy atrás, para poder formularnos ciertas preguntas esenciales? Hay algo aún más constitutivo, más raizal de este proceso histórico, que tiene precisamente que ver con un quiebre particular que ocurre en la ‘larga’ historia del homo sapiens, que remonta a unos 300.000 años. Dicho quiebre es en realidad ‘reciente’, y pudiésemos ubicarlo en un proceso que se desarrolló desde hace unos 9.000-7.000 años con la llamada ‘Revolución neolítica’, a inicios del Holoceno.

Ciertamente en este período se va a ir generando una multiplicación de las comunidades horticultoras, las culturas sedentarias y el surgimiento de las sociedades agrícolas, lo que al mismo tiempo va a ir produciendo un desplazamiento y progresivo desvanecimiento de las sociedades cazadoras y recolectoras, de perfil igualitario, que fueron imperantes en tiempos previos (sociedades que no tienen por qué ser romantizadas). Pero lo esencial de este proceso no es sólo el desarrollo de unas particulares condiciones materiales que van a cambiar drásticamente la forma de vida de la humanidad, sino que previamente y en ellas fueron surgiendo jerarquías que fueron configurando estructuras sociales de la dominación de unos pocos por sobre otras mayorías.

La ecología social, en especial  la obra de Murray Bookchin, contribuye a comprender dos elementos cruciales cuando hablamos de estas jerarquías: el primero es que no hay que entenderlas sólo en su dimensión inter-subjetiva (la gradación desigual que se da entre personas), sino primordialmente en su sentido socio-político y epistemológico. Es decir, en cómo estas jerarquías particulares se terminan traduciendo en sistemas integrales de dominación y en cosmovisiones piramidales y/o lineales que rompen con concepciones holísticas y fragmentan la construcción social de la realidad. El segundo elemento es fundamental: las jerarquías y los sistemas integrales de dominación son también causa y efecto de la ruptura de la relación holística que las sociedades reproducían con la naturaleza, lo que se tradujo no sólo en un enfoque de dominio sobre la misma, sino también en esquemas de organización e interacción social que van diferenciarse notablemente de la forma como lo hacen el resto de las especies.

A este, como uno de los tres períodos determinantes para comprender, en su profundidad, el carácter de la crisis civilizatoria, lo llamaremos la verdadera Gran Divergencia, dada la brecha histórica que se abre desde entonces en la relación entre los humanos, y entre estos y la naturaleza. Este momento particular del antropoceno, va a devenir en la emergencia de las grandes civilizaciones, de las economías de excedentes, de la configuración de nuevos metabolismos sociales, del surgimiento de las estructuras estatales, de la génesis del patriarcado, de la sociedad de castas y clases, de las lógicas imperiales. Se expanden las disputas por la tierra cultivable, y por ende la guerra se hace cada vez más común. En este entorno, van emergiendo los asuntos políticos y militares, con claros patrones masculinos, y estos asuntos van a escindirse, jerárquicamente, sobre la esfera doméstica.

Pero es fundamental subrayar que esta, no tenía que ser necesariamente la única evolución histórica de la humanidad, ni mucho menos la única forma que adquiriese la configuración de las civilizaciones. El comienzo de la dominación de los patrones civilizatorios jerarquizados no supuso la desaparición de otras formas de relacionamiento socio-ecológico más igualitario y armónico. Más bien revela una disputa de esta lógica civilizatoria/racista/imperial contra toda su otredad. No es una disputa que deba ser entendida en código binario. Más bien hay una enorme diversidad, grises, matices, entrecruzamientos entre ellos.

Sin embargo, lo que queremos resaltar es que los sistemas de jerarquías, la dominación de la naturaleza y el patriarcado, preceden al sistema capitalista y la modernidad. Y no son rasgos naturales, ontológicos ni inevitables. Son en realidad la expresión de una historia reciente del homo sapiens en la Tierra.

Además de la apuesta post-capitalista, el cambio es civilizatorio

A pesar de su longevidad, al día de hoy estos patrones de poder, conocimiento, subjetividad y relacionamiento socio-ecológico, persisten, aunque varíen en muchas de sus características. Son estos los pilares de esta crisis civilizatoria y, como plantea Bookchin, debemos escarbar, hacer arqueología, construir genealogía, en la vasta y milenaria historia de la sociedad jerárquica. Si el cambio tiene que ser del modelo civilizatorio, esto, repitámoslo, pone ante nosotros la necesidad de re-pensárnoslo todo.

Sabemos que es un cuestionamiento radical, porque pone en cuestión no sólo al capitalismo histórico y la modernidad colonial, sino incluso los rasgos históricos dominantes de la propia condición humana. Pero nos invita y permite reformular toda la cartografía de la transformación socio-ecológica.

No parece bastar la apuesta post-capitalista si no podemos resolver, retejer, rearticular, reconstituir el vínculo esencial entre humanos y naturaleza, compaginar nuestro estar en la Tierra con los ritmos de la vida en el planeta. No parece bastar aquella apuesta sin desarmar al patriarcado, al racismo, los esquemas de dominación jerárquica, los binarismos, las cosmovisiones fragmentadas, sin recuperar la relación holística y de totalidad con la naturaleza.

¿Es posible reformular el proyecto civilizatorio sin contar con las otras especies vivientes? ¿Es posible superar el antropocentrismo en vías hacia una nueva senda biocéntrica? Si así fuese, ¿cuál sería nuestra forma, nuestra condición, nuestro rol como humanos en esa nueva ruta?

Estos dilemas no han podido aún ser resueltos, no sólo por los conductores políticos e institucionales, o por los voceros de los saberes científicos dominantes, sino tampoco por las fuerzas políticas contrahegemónicas principales; las izquierdas incluidas. Las ideas de transformación imperantes deben ser interpeladas, escrutadas. No sólo las de progreso y desarrollo, sino la propia idea de revolución. E incluso la de emancipación. ¿Qué se revoluciona? ¿Qué se emancipa? ¿Quiénes se emancipan? ¿Cómo? ¿Por qué medios? ¿A costa de qué?

Todo esto no es un llamado a una supuesta apoliticidad. Nuestra apuesta podría ser en cambio la búsqueda de nuevas y otras politicidades. Tampoco es un llamado a una vuelta al pasado ancestral. No es posible ningún retorno. Todo debe ser reformulado, transformado, creado, desde aquí y desde ahora; desde lo que somos. Vivimos un tiempo extraordinario, y como tal, requiere de nosotros acciones extraordinarias. Se trata de una oportunidad histórica para transitar hacia otro mundo, a otra forma de relacionarnos y reproducir la vida radicalmente diferente a esta que domina el mundo.

Más allá de ser sólo una ‘eco-utopía’, este es en realidad el camino que esta larga historia civilizatoria nos ha puesto enfrente, para transitarlo. La gran crisis no es ya un panorama futuro de tiempos difíciles, de tiempos que vendrán. Es en cambio el tiempo actual. Estamos ya al interior de la gran crisis.

Ante la confusión que reina, lo mejor es siempre consultar y recurrir a los principios de la naturaleza, que tiene sus propios ritmos, sus formas simbióticas, interdependientes, cooperativas y mutuales de reproducirse. De reajustarse, de adaptarse, de transformarse. Los comunes parece ser un horizonte político constituyente, en el que pueden converger las bases de un proyecto de gestión colectiva, descentralizada y eco-social. Pero el giro a los comunes no puede esperar mucho más. Este es el tiempo de los cambios. Es ahora.

19 diciembre 2019 0

Publicado enSociedad
Jueves, 19 Diciembre 2019 06:37

Los seis avances científicos del decenio

 El vehículo de exploración espacial Curiosity Mars se tomó una selfi el 12 de mayo de 2019.Foto Afp

La inmunoterapia contra el cáncer, el hallazgo del Homo denisova, la detección de ondas gravitacionales y la inteligencia artificial, entre otros, dieron el carácter a esta década

Washington. Astronomía, genética, medicina, paleontología, informática: Afp seleccionó seis avances o hallazgos científicos de la década (que en realidad terminará el 31 de diciembre de 2020) que han comenzado a cambiar los libros de texto escolares. Científicos entrevistados por la agencia de noticias también se aventuran a hacer predicciones sobre lo que el próximo decenio podría aportar al conocimiento.

Los ingredientes de la vida en Marte

Todavía no sabemos si Marte albergó vida, pero gracias a un pequeño robot estadunidense de seis ruedas (llamado rover o astromóvil) sabemos que el planeta rojo ha sido habitable.

Poco después de posarse sobre la superficie marciana el 6 de agosto de 2012, el astromóvil Curiosity descubrió piedras, una nueva evidencia de que por allí fluyeron ríos hace miles de millones de años. Las pruebas se han multiplicado: hubo mucha agua en Marte, en fuentes termales, lagos y tal vez océanos.

Curiosity también encontró lo que la NASA llama componentes básicos para la vida, moléculas orgánicas complejas, en 2014.

Los científicos pasarán ahora a la siguiente pregunta: ¿ha habido realmente vida en Marte? Dos nuevos robots se lanzarán hacia mediados de 2020 (el estadunidense Mars 2020 y el europeo Rosalind Franklin) para, quizás, desenterrar microbios antiguos.

La ciencia espacial de la próxima década estará dominada por la Luna, Marte y los asteroides, asegura Emily Lakdawalla, de la Planetary Society. Ella espera que las agencias espaciales decidan ir a explorar los confines olvidados del Sistema Solar, Venus, Urano y Neptuno para la década de 2030.

El cosmos se revela

Durante largo tiempo, la humanidad creyó que habitaba un sistema solar apartado. Un telescopio espacial llamado Kepler, lanzado en 2009, ha permitido descubrir 2 mil 300 planetas en sistemas vecinos, conocidos como exoplanetas, y los astrónomos estiman que probablemente haya uno por estrella, o sea, miles de millones. El sucesor de Kepler, Tess, fue lanzado por la NASA en 2018.

¿Qué esperar de la década que está por empezar? Análisis finos de las atmósferas de estos exoplanetas para descubrir quizás cuáles de ellos albergan vida, sugiere Tim Swindle, director del laboratorio de estudios planetarios de la Universidad de Arizona.

Los terrícolas también tuvieron acceso este año a la primera imagen de un agujero negro, producida por el proyecto Event Horizon Telescope. Su director, Shep Doeleman, promete para la próxima década la primera película de uno de estos fenómenos. Imaginen ver evolucionar un agujero negro en tiempo real, señala.

Pero un evento ha marcado sin duda la década más que el resto: la primera detección, el 14 de septiembre de 2015, de ondas gravitacionales. Dos agujeros negros se fusionaron en un remolino hace mil 300 millones de años, una colisión tan poderosa que propagó en el resto del cosmos ondas que contraen y expanden el espacio, viajando a la velocidad de la luz, y que finalmente llegaron a la Tierra esa mañana. Einstein tenía razón. Tres pioneros de las instalaciones Ligo y Virgo fueron galardonados con un Nobel en 2017 por esta y una decena de otras detecciones desde entonces.

En cuanto al origen y la composición del Universo, los cosmólogos continúan debatiendo. La materia oscura, invisible, que constituye la gran mayoría del Universo, sigue siendo uno de los mayores enigmas. Nos morimos de ganas de saber qué es, explicó en octubre el cosmólogo James Peebles, ganador del Nobel de física 2019.

Tijeras moleculares Crispr

En biomedicina, hay un antes y un después de Crispr. La modificación genética por Crispr está por muy lejos a la cabeza, sostuvo el premio Nobel de Medicina 2019, William Kaelin, cuando se le preguntó sobre los descubrimientos de la década.

Antes de que Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna descubrieran y manejaran un mecanismo molecular llamado Crispr/Cas9, modificar el genoma era una tarea laboriosa y costosa. El sistema que ellas describieron en la revista Science en junio de 2012 es más simple, más eficiente y programable para cortar el ADN en un lugar determinado. Imbatible, resume Kiran Musunuru, de la Universidad de Pensilvania.

Las dos investigadoras han sido ampliamente galardonadas con los premios Breakthrough (2015), el Princesa de Asturias de Investigación Científica (2015) y el Kavli para las Nanociencias en Noruega (2018).

La técnica aún está lejos de ser infalible y hace temer por los aprendices de brujo, como el científico chino que causó un escándalo al probarlo en embriones humanos que se convirtieron en gemelos, a pesar de los riesgos.

Pero Crispr ahora está en todos los laboratorios. Kaelin prevé una explosión de su utilización para curar enfermedades.

Inmunoterapia contra el cáncer

Durante décadas, los médicos tuvieron tres opciones para atacar un tumor: la cirugía, el veneno (quimioterapia) y la radiación (radioterapia).

La década de 2010 ha validado una cuarta idea que ha sido cuestionada durante mucho tiempo: la inmunoterapia. El principio es tratar los glóbulos blancos que forman el sistema inmunitario para que detecten y ataquen las células cancerosas, dado que el cáncer es experto en permanecer de incógnito en el organismo. La técnica más avanzada se llama CAR-T y modifica genéticamente los linfocitos T antes de reintroducirlos en grandes cantidades en el cuerpo, mejor armados.

Una ola de medicamentos ha sido autorizada en el mercado desde mediados de la década para más y más cánceres, como melanoma, linfomas, leucemias y cáncer de pulmón. La inmunoterapia no funciona en todos los pacientes y puede tener efectos secundarios importantes, pero las remisiones son impresionantes en una minoría.

Para William Cance, director científico de la American Cancer Society, la próxima década traerá inmunoterapias mejores y más baratas.

Otras especies humanas

La década comenzó con la adición de una nueva especie importante en la raza Homo: en una caverna en Denisova, en las montañas de Altai en Siberia, fragmentos de huesos de dedos, que fueron analizados genéticamente, revelaron que el individuo pertenecía a una especie de homínidos hasta ese momento desconocidos, y que bautizaron Homo denisova o denisovianos.

La especie se une así a las otras conocidas de Homo que poblaron diferentes continentes del planeta: Homo neanderthalensis en Europa, Homo erectus en Asia, Homo soloensis en la isla de Java, los pigmeos de Homo floresiensis en la isla de Flores (anunciado en 2004), Homo naledi en Sudáfrica (2015) y la última especie, descubierta en la isla de Luçon, Filipinas, y clasificada este año: Homo luzonensis.

Con respecto a los neandertales, la imagen conocida durante años de una especie primitiva y atrasada definitivamente se hizo añicos con el hallazgo en España de cuevas pintadas y el descubrimiento de que estos humanos llevaban joyas y enterraban a sus muertos con flores.

La humanidad moderna (Homo sapiens), por tanto, completa un árbol genealógico que muestra claramente que la evolución humana no ha sido lineal y que, hasta tiempos recientes, diferentes especies humanas coexistían, se cruzaban y se reproducían entre sí. Hace sólo 10 mil años que ganaron los sapiens.

Las nuevas técnicas para el análisis genético del ADN antiguo han abierto el espectro de posibilidades a los antropólogos, que ahora pueden secuenciar fósiles de decenas de miles de años. Este avance supuso una revolución en nuestra capacidad de estudiar la evolución humana y explicar de dónde venimos, subraya Vagheesh Narasimhan, genetista de Harvard.

Para la próxima década, un camino a seguir es el análisis no del ADN, sino de las proteínas de esqueletos de millones de años. Con esta técnica podremos remplazar una serie de fósiles cuya posición en la evolución es desconocida, dice Aida Gómez-Robles, antropóloga del University College London.

Inteligencia artificial en todas partes

La inteligencia artificial –el aprendizaje automático de las máquinas o machine learning– llegó a la madurez en la década de 2010. Es el motor de los asistentes de voz y de las recomendaciones de Netflix, una eficiencia que resulta del procesamiento de montañas de datos con el enorme poder de cálculo de las computadoras modernas.

La etapa siguiente es el aprendizaje profundo, el deep learning, que trata de imitar el funcionamiento neuronal del cerebro humano y resuelve tareas más complejas. La tecnología ha acompañado avances espectaculares en esta década, desde el primer robot que le ganó al campeón mundial de Go –un juego de mesa oriental– en 2017 (Google AlphaGo) a los software de traducción en tiempo real o de reconocimiento facial en Facebook.

Los mundos de la medicina (para hacer diagnósticos más exactos que los humanos), de las finanzas, del automóvil e incluso de los recursos humanos para clasificar currículos y evaluar candidatos se apoyan en la tecnología.

En 2016, Google dio un salto en la calidad de sus traducciones automáticas gracias a la inteligencia artificial (IA).

“El mayor avance de la década de 2010 fue el deep learning, el descubrimiento de que las redes neuronales artificiales pueden adaptarse a muchas tareas del mundo real”, estima Henry Kautz, profesor de ciencias informáticas en la Universidad de Rochester. La IA tiene el potencial de alimentar muchos descubrimientos científicos en los campos de los materiales, de los medicamentos e incluso de la física fundamental.