Desde su primer discurso en el palacio bogotano de Nariño, hasta su despedida en el realismo mágico de Cartagena de Indias, el papa Francisco hizo de la paz, la esperanza, la reconciliación y el perdón los ejes centrales de un discurso, difícil de ser digerido por una derecha colombiana, alimentada y soportada por la jerarquía católica desde los tiempos de la Conquista, contraria a la paz y la reconciliación, consciente de que la guerra le ha dado poder, riqueza e impunidad.


Quizá no esperaban los poderosos sectores ultraconservadores –defensores de la guerra- escuchar un mensaje de inclusión política democrática del Papa, quien señaló que “todos somos necesarios para crear y formar la sociedad, esta no se hace sólo con algunos de pura sangre, sino con todos, y aquí radica la grandeza de un país en el que todos tienen cabida y todos son importantes”,


El Papa llamó a desoír “la cizaña” que les impide llegar a la paz, y dentro de esa categorización incluía la del ex presidente Uribe, quien en su misiva le señalaba que “nunca nos hemos opuesto a la paz, sin embargo, la impunidad total a los responsables de delitos atroces, su elegibilidad política, la autorización legal que han recibido para gastar dineros ilícitos en sus actividades políticas, y otros puntos, se constituyen en estímulos al delito”.


En Villavicencio, donde se reunió con víctimas de la guerra, alertó sobre el terrorismo mediático: “no se dejen vencer, no se dejen engañar, no pierdan la alegría, no pierdan la esperanza, no pierdan la sonrisa, sigan así”.


Renovarse y salir del confort


Ante más de un millón de fieles en Medellín, ciudad de profundas raíces católicas y otrora capital mundial del narcotráfico, el papa Francisco lanzó un fuerte llamado a la Iglesia católica a renovarse –con un discurso más progresista, por la lucha contra la desigualdad social y la pobreza, que llegue a las nuevas generaciones de campesinos, trabajadores, estudiantes- , dejar el confort e involucrarse en la reconciliación en países como Colombia, castigados por la violencia.


Francisco es consciente de que es importantísima la renovación en un escenario en el que las iglesias evangélicas vienen ganando en la captación de feligreses, y erigiéndose como administradoras de la fe religiosa, con mensajes y prácticas afines a los planteamientos de extrema derecha en toda la región.


Los mensajes de Francisco parecen sumar a las políticas del presidente Santos. Pero el debate en Colombia, donde el poder fáctico que maneja el país desde hace más de dos siglos y del que forma parte la jerarquía católica, seguirá en el marco de la campaña electoral.


Francisco, que desde 2013 ha promovido un clero más cercano a los pobres, frecordó que hace casi medio siglo, en esta ciudad la jerarquía católica de América Latina se comprometió en 1968 con la llamada "opción preferencial por los pobres". Y también que fue una de las que se opiso al acuerdo de paz con la guerrilla, alentada por el expresidente Álvaro Uribe, quien enfrenta acusaciones de paramilitarismo y genocidio.


Señaló que los sacerdotes y jerarcas eclesiásticos son "interpelados" por un "clamor de hambre y justicia", y que en Colombia además se espera que se comprometan en la reconciliación de una nación lacerada por medio siglo de enfrentamiento armado con millones de víctimas entre muertos, desaparecidos y desplazados.


Desde la ciudad con más templos en Colombia, el Papa pidió a la Iglesia a que se involucre más con los más desfavorecidos aunque para "algunos eso parezca ensuciarse, mancharse (...) son muchos los que tienen hambre, hambre de Dios, hambre de dignidad, porque han sido despojados", expresó. Antes les había recordado a los obispos que no eran "políticos" sino pastores, en una alusión a las voces que desde la jerarquía de la Iglesia han criticado el pacto con la insurgencia de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y del Ejército de Liberación Nacional (ELN).


Francisco ha respaldado sin ambages los esfuerzos de paz del lpresidente Juan Manuel Santos, quien fuera ministro de Defensa de Uribe, pero también ha exigido "verdad y justicia" para las víctimas del conflicto, con cuyos representantes se reunió en Villavicencio.


La opción por los ricos


El documento presentado ante la Comisión de la Verdad se deja en claro que en el desarrollo de la violencia en Colombia algunos sectores y miembros de la iglesia católica la han promovido y justificado. La activa participación en ciclos de violencia de la Iglesia proviene desde la conquista y la colonización legitimando, bendiciendo o santificando la violencia.


Desde mediados del 19 los clérigos hicieron política en contra del partido liberal. El asunto religioso pareció definir las diferencias entre los liberales y conservadores. Desde 1930, luego de la pérdida de la hegemonía conservadora, la Iglesia se opuso a las reformas generando un clima de polarización política y social, aportando a la generación de un ambiente que desencadenó en un conflicto interpartidista que dio origen a la violencia, que se prolongó hasta finales de los 50, arrojó un saldo de más de 200.000 víctimas de muerte violenta.


Para la resolución de éste conflicto, en 1958 se firmó un pacto, el del Frente Nacional, una repartición del poder entre los dos partidos durante 16 años con la bendición de la iglesia Católica, que se benefició al consagrarse a Dios como fuente suprema de toda autoridad con reconocimiento de los dos partidos.


Toda esa verdad del pasado sobre el papel de la iglesia no ha significado una actitud de reconocimiento o de perdón explícito y claro, hasta ahora.


En desarrollo de la violencia desde 1960 hasta hoy, se ha conocido la intervención de personas, sectores, y de una interpretación de la doctrina católica que han instigado la violencia, poniéndose del lado de la doctrina conservadora, militar y paramilitar, que alentó la persecución genocida de liberales, comunistas, hasta de sectores progresistas de la misma iglesia católica y de otras iglesias. Otros, pocos sacerdotes, religiosas y religiosos, optaron, también, por la violencia, como vía para el cambio de la sociedad, haciendo parte de organizaciones rebeldes.


Llama la atención, sobre las graves consecuencias para la moral y la ética de la sociedad que agentes o documentos de la iglesia hayan sido promotores de violencia, impulsando cruzadas para exterminar a hijos e hijas de Dios por pensar distinto, por aspirar a un orden social que respete las libertades de las democracias modernas.
“La Comisión de la Verdad, al asumir un relato sobre el rol o el papel de sectores de la iglesia católica en la violencia sociopolítica, podrá, además de identificar esas responsabilidades, alentar a la imperiosa necesidad de alentar un mea culpa, un pedido de perdón, en un proceso de reconciliación y de transición democrática en Colombia, siendo un aporte a la búsqueda de la paz estable y duradera”, señala el documento.


Obispos y paramilitarismo


Más de dos decenas de obispos y sacerdotes católicos están acusados de tener vínculos con el paramilitarismo y habrían apoyado o justificado sus crímenes en varias regiones del país. Pacific School of Religion en Berkeley, California, y su programa de Changemaker Fellowship, realizaron un informe como insumo para la Comisión de la verdad, agrupando más de 40 casos en los que se demuestran la participación activa de la iglesia católica en la guerra.


Las pruebas van desde testimonios acerca de acciones realizadas por obispos y sacerdotes como documentos obispales en los que se invita a “combatir la amenaza comunista” y abarcan casi todos los departamentos de Colombia, especialmente Santander y Antioquia donde los obispos y sacerdotes participaron de manera importante en el actuar de las organizaciones paramilitares.


En 1984 se destacó el caso del cardenal López Trujillo, quien nunca desmintió los escándalos mediáticos frente a las relaciones existentes entre Pablo Escobar y sacerdotes de la diócesis de Medellín. No condenó a los sacerdotes vinculados con el narco paramilitarismo y defendió ante medios de comunicación extranjera a Pablo Escobar Gaviria.
En junio de 1986, el cardenal López Trujillo allanó junto con un sacerdote, un sicario y civiles armados, la parroquia de padre Eliseo Tobón de Medellín, con el fin de encontrar una carta firmada por 80 sacerdotes que denunciaban varios conflictos que sostenía el cardenal con otros sacerdotes y laicos y sus vínculos con el narcotráfico.


Generó con ayuda del sector conservador y católico de Alemania, la persecución a cristianos liberales, sobre todo a sacerdotes que basaban sus prácticas desde una perspectiva de la teología de la liberación, hostigando a varios miembros de esta institución eclesiástica y llegando al punto de expulsarlos de sus parroquias.


En 1971 y 1992 el monseñor Darío Castrillón, Obispo de Pereira, estableció nexos financieros con el narcotraficante Carlos Ledher Rivas, parte del Cartel de Medellín dirigido por Pablo Escobar Gaviria, llegando a bendecir el dinero del narcoparamilitar Lehder y sus posesiones terrenales.


En 1989 trascendió el enfrentamiento del obispo Castrillón con las misioneras de la Madre Laura, en razón de su trabajo con los indígenas en la diócesis de Pereira. El 15 de mayo de 1985, las misioneras denunciaron el crimen atroz del que fueron víctimas tres indígenas, entre ellos un niño, oriundos La Pradera, municipio de Pueblo Rico, departamento de Risaralda. En la Conferencia Episcopal, Castrillón las acusó de distribuir propaganda marxista y las relacionó con la guerrilla del M-19.


En 1982, el paramilitar Ivan Roberto Duque, afirmó que el padre Carlos Enrique Ciro Parra, en el púlpito, en el confesionario, en las calles y en las reuniones de la comunidad, propagaba un discurso anticomunista, que señalaba a los partidarios de esta ideología como ateos y cercanos del diablo, discurso que se integró para el fortalecimiento y entrenamiento de las fuerzas paramilitares.


En 1993 y 1994 el padre Oscar Javier Palacio se vio involucrado con varios acciones del grupo paramilitar Los 12 apóstoles, que asesinó a 30 personas, supuestos insurgentes. En sus declaraciones ante la fiscalía reconoció sus actos, defendió a comerciantes y terratenientes y ocultó la identidad de quienes hacían parte de este grupo paramilitar.
El Capitán Meneses de la Policía de Yarumal, quien proporcionó armas a los 12 Apóstoles, afirmó que Palacios ocultó en su parroquia las municiones proporcionadas al grupo paramilitar y creó el fondo de seguridad, que tenía como fin sostener al grupo paramilitar.


Entre la fe, la política y el lucro


El resultado negativo del plebiscito para refrendar el acuerdo de paz entre el Gobierno y las Farc dejó en evidencia que hay un sector determinante en las elecciones: las iglesias cristianas (no católicas). Su voto fue decisivo en el triunfo del No, y aunque Colombia es un país laico, las iglesias participan de forma abierta en las decisiones políticas. Pese a eso, no tienen la obligación de pagar ni un solo peso de impuestos.


Lo sucedido con el plebiscito generó que de forma masiva ciudadanos solicitaran que estas iglesias paguen impuestos. El diario El Espectador preguntó en el Ministerio de Hacienda, la Dian y la Red de Justicia Tributaria, ¿Cuánto dinero deja de recibir el Estado en impuestos por todas las iglesias que están exentas de pagar tributos? Nadie tiene la respuesta.


En los últimos tres años, se constituyeron 1.258 iglesias no católicas, más de una en promedio diario y se calcula que alcanzan un patrimonio bruto que se aproxima a los cinco mil millones de dólares.


Es claro que el Estado no tiene ni idea de cuánto deja de recibir por concepto de impuestos que no pagan las iglesias, asunto que ya genera debate ante la inminente radicación de la reforma tributaria que busca reorganizar y unificar los impuestos, y aunque no lo plantean con claridad, aumentar el recaudo para la paz y el posconflicto. Precisamente las iglesias, fueron determinante en el triunfo del No al plebiscito para la paz ¿Es hora de que tributen?, se pregunta El Espectador.


¿Fe o negocio?


En Colombia existen 5.552 parroquias, 76 jurisdicciones eclesiásticas, que incluyen 13 arquidiócesis, 56 diócesis (incluso el Obispado Castrense) y 10 vicariatos apostólicos. Funcionan 43 seminarios mayores y 46 menores, según la Conferencia Episcopal. Trabajan allí 8.600 sacerdotes, entre diocesanos y religiosos, para atender a millones de fieles. En Bogotá, por ejemplo, hay 876 sacerdotes por diócesis para un total de 7 millones 530 mil habitantes.
A eso se suma una población de religiosas estimada en 14.860 personas, 5.552 seminaristas, entre diocesanos y religiosos y 161 prelados, entre cardenales, arzobispos, obispos, vicarios apostólicos y el ordinario castrense.


Los colombianos entregan a la Iglesia Católica, por lo menos 4 mil millones de pesos (más de millón y medio de dólares) solo en limosnas . Una investigación de Caracol Radio estableció que en Colombia hay por lo menos 3 mil 779 parroquias católicas, a través de las cuales se recauda la millonaria cifra.


Ese ha sido uno de los eternos debates que han rodeado a las iglesias y confesiones que desde la décadas de los 90 han empezado a brotar por todo el país. Iglesias, libres de impuestos, pero activas en política


Según la legislación vigente, en Colombia las organizaciones sin ánimo de lucro, como por ejemplo las Organizaciones No Gubernamentales, gozan del beneficio tributario de estar exentos de declarar el impuesto sobre la renta. Este beneficio se extiende a las iglesias y confesiones religiosas del país, que a la luz de la ley, también son consideradas entidades sin ánimo de lucro.


Sin embargo, las diferentes Iglesias y confesiones religiosas reportaron durante el año 2013 un patrimonio cercano a los 9,7 billones de pesos (unos 5,2 millones de dólares en esa época) y más de cuatro billones de pesos (2.140 millones de dólares) por concepto de ingresos, según la administración fiscal.


El Ministerio del Interior certificó que a la fecha, en el país, están registradas 5.209 iglesias y en promedio, al mes, se reciben entre 30 y 50 solicitudes para registrar nuevas iglesias. Estas congregaciones, tan pronto reciben el certificado del gobierno, pueden ejercer sus actividades confesionales e inmediatamente recibir la mencionada exención tributaria, beneficio que era exclusivo de la Iglesia Católica hasta la Constitución de 1991, que declaró a Colombia como un Estado laico.


El ministerio del Interior tiene registradas cerca de 5.000 iglesias, pero la dirección impositiva habla de 7.000. La diferencia, según explica el director de la división de impuestos, Santiago Rojas, obedece en muchos casos a que se crean fundaciones (que no pagan impuestos), vinculadas a las iglesias, para evadir impuestos y trasladar un beneficio a una persona natural o una empresa constituida.


Pero la realidad es que la ultraderecha colombiana está acostumbrada a hacer oídos sordos a todo aquello que pueda ir contra sus intereses. Como antecedente (que no precisamente deba repetirse), en la anterior visita papal (Juan Pablo II en 1986), también se bendijo la paz recién firmada entre el gobierno y las FARC, pero meses después se desató el genocidio en contra del partido izquierdista Unión Patriótica.

Camilo Rengifo Marín
CLAE

Publicado en Colombia

‘Cambiar el mundo desde arriba. Los límites del progresismo’ es el nuevo libro escrito por Decio Machado (Brasil-Ecuador) y Raúl Zibechi (Uruguay), una lectura necesaria para pensar el campo popular de la región, en tiempos donde el minuto a minuto electoral parece licuar las perspectivas críticas. De paso por Córdoba, invitado por el Colectivo de Investigación ‘El llano en llamas’, Zibechi repasó algunas observaciones del libro y otros análisis de coyuntura.


“Con el progresismo hubo más capitalismo”, plantea el colaborador de La Jornada, Brecha y La Vaca, entre otros medios del continente, y uno de los autores-activistas referente de las luchas de los movimientos antisistémicos. La frase no es mera provocación, tiene un sentido profundo en torno a la construcción de historias de vida en grandes masas de la población, con hondo alcance en el tipo de valores colectivos e individuales que este sistema configura y que pareció sorprender a más de uno a partir de los resultados de las elecciones de 2015.


El libro, editado por Autonomía-Pié de los hechos, “es un intento de hacer balance del periodo progresista y por otro lado desarmar algunas ideas falsas”. “Sostengo que en Cuba hubo una revolución, no sé si en Bolivia o en Venezuela hubo revolución ¿Pudo haber revolución que no haya tocado uno de elementos centrales del aparato estatal como las Fuerzas Armadas? Ahí comparamos los debates y procesos que hubo en Cuba con los que hubo en Bolivia y Venezuela. Queda para mí claro que no hubo proceso revolucionario”, señala el autor.


A eso agrega otro ítem, “el famoso tema de la desigualdad”. “En el periodo progresista disminuyó la pobreza, pero también disminuyó con los gobiernos conservadores. Pero no disminuyó la desigualdad, porque el extractivismo es una máquina de generar desigualdad. Entonces el trabajo busca poner en diálogo esos temas y mostrar que el progresismo tuvo cosas interesantes, como el empoderamiento de sectores populares, que es un efecto indirecto, pero que no todo lo que dice el progresismo de sí mismo es como lo dice”. Y además, resalta los “efectos negativos, como el consumismo o la dependencia de las políticas sociales del capital financiero, algo demostrado”. “Con un dinero del Estado por política social tengo una tarjeta con la que puedo comprar una moto o un plasma, eso es una expansión y profundización del capitalismo”.


El trabajo repasa, por ejemplo, el crecimiento del endeudamiento de los sectores populares en Brasil al tiempo que los bancos hicieron jugosos negocios durante el lulismo, como nunca antes. El trabajo se orienta a debatir dentro del propio campo popular y de las izquierdas acerca de los horizontes emancipatorios lejos de miradas posibilistas.
Frente a las urgencias que marcan los voceros del sistema de partidos, reacomodando nombres propios frente a cada elección, Zibechi deja un mensaje acerca de los caminos de emancipación colectiva que, entiende, serán duraderos si surgen de abajo, sin tener base en la tutela del Estado ni política social alguna, por más progresista que sea, en contextos donde “el modelo extractivo deja afuera a la mitad de la población”. “Debemos insistir, promover y fortalecer las alianzas urbano-rurales, la recuperación de tierras, la soberanía alimentaria como camino hacia la autonomía”.


Apuntes del libro


Entre las líneas de trabajo, el texto intenta pasar a discutir a partir de las diversas experiencias revolucionarias del siglo XX, y qué tipo de subjetividad han promovido las izquierdas en el poder. Con una marcada crítica a la visión teleológica del marxismo ortodoxo que confió ciegamente en la apropiación de los medios de producción controlados por Estados centralizados, sin cuestionar el productivismo irracional ni la persistencia de la monetización de la vida, el trabajo va pasando por textos surgidos al calor de la truncada sovietización rusa, los ricos debates de la revolución cultural china y las reflexiones sobre los objetivos que debiera tener la economía en la incipiente Cuba revolucionaria de la década del sesenta. Cuestiones como el trabajo voluntario, la relación campo-ciudad y la organización horizontal de la producción van siendo revisadas con profundas críticas y valiosos rescates en torno a textos de Lenín, Mao y Guevara, entre otros.


El libro recuerda las revueltas frente al neoliberalismo que atravesaron el continente en la larga década del noventa, para luego centrarse en analizar los progresismos, y compararlos en perspectiva histórica y coyuntural. Observar que bajo los gobierno del PT la parte más rica de Brasil concentra más recursos que durante el neolierbalismo, que la Colombia derechista redujo más la pobreza que la Revolución Ciudadana de Ecuador en el mismo período o el sensible aumento de las muertes a manos de la policía en Argentina durante el kirchnerismo comparado con la década anterior son datos que se van entremezclando con análisis de fondo acerca de los ‘límites del progresismo’.


El eje central del trabajo pasa por revindicar el conflicto social nacido desde abajo como motor de las grandes transformaciones estructurales de la sociedad en contraposición a las democracias electoralistas, que si bien han reducido la pobreza no han sacudido las estructuras profundas de la desigualdad en el continente: basta ver la situación de vivienda, salud pública y educación en las diversas geografías. Asimismo no han alterado las fuerzas de seguridad ni los mecanismos de participación y financiamiento de la política, aspectos clave en la construcción de otros horizontes emancipatorios.


Sin dejar de reconocer logros de estos gobiernos, el libro apunta a mantener vivo el sentido crítico en el campo de los ‘abajos’ o de los ‘movimientos antisistémicos’ contra cierta intelectualidad que “olvida los protagonistas populares que hicieron posible el ciclo progresista y sólo atienden al papel de los dirigentes que, en sintonía con toda tradición del pensamiento crítico, debemos considerar que juegan un papel secundario” (162). En América Latina, plantean los autores, la contra-hegemonía “significa poner en cuestión los componentes sustantivos de la modernidad: el predominio de la razón científica, el pensamiento ilustrado, el concepto de desarrollo y acumulación, así como nuestra relación de control y dominio de la naturaleza” (100).


Punteo de la coyuntura


Consultado sobre el actual escenario en la región, específicamente sobre Colombia y Venezuela, Zibechi reflexiona: “En algunas zonas campesinas, las FARC era un principio de orden y freno al narco aliado a los paramilitares. Esta transición fortalece el campo paramilitar. Veremos qué sucede. Pero la guerra contra los de abajo sigue, en forma de goteo, porque no cesa la muerte de dirigentes populares”. Mientras que en Venezuela observa “una puja muy fuerte de poder, donde el madurismo mantiene un apoyo electoral importante, pero también lo tiene la oposición”. “Es una sociedad partida al medio, y eso hace que sea cuestión de tiempo que estalle en un conflicto”. Zibechi expresa su rotundo rechazo y llama a “impedir la injerencia de Estados Unidos y las empresas extranjeras” y aclara que “eso no implica apoyo al madurismo, que entiendo está derivando en un creciente militarismo, donde el núcleo del poder está en las Fuerzas Armadas, lo cual significa un problema”.


En torno a este escenario, dice: “sin dejar de poner la mirada en la realidad local y el análisis de clase, hace falta prestar mucha más atención en el crecimiento exponencial de las tensiones internacionales. Hace diez años no me hubiese imaginado la situación actual de Siria ¿hoy es tan loco pensar esa situación en Venezuela donde Estados Unidos, Rusia y China tienen intereses? El escenario se está moviendo muy rápido, y nuestra capacidad de comprensión de la realidad internacional no se está moviendo tan rápido. Hago un llamado a pensar geopolíticamente desde los movimientos”.

 

Leonardo Rossi
La Tinta

Publicado en Sociedad

El actual presidente del Senado por el Frente Guazú cuenta cómo ingresó a la política, su relación con el Vaticano, su recuerdo de Perón, sus vínculos con la Teología de la Liberación y la necesidad de una reforma agraria.

 

“Chamiga, venite a tomar mate con ajenjo y yaguareté Ka a, amargo como la verdad,” invita. Fernando Lugo, ex presidente de Paraguay desde el 15 de agosto de 2008 hasta el 22 de junio 2012, recibe a PáginaI12 en su casa, en un barrio obrero de Asunción. Todo en el lugar es sencillo: los sillones de cretona floreados, vírgenes, crucifijos y un enorme cuadro del general José Gaspar Rodríguez de Francia (1776-1840), el principal representante del movimiento independentista e ideólogo de la emancipación paraguaya. La casa es una construcción que debe tener mas de treinta años a la que se le han anexado un escritorio y un lugar mezcla de quincho y comedor donde más tarde, ese domingo, llegarían sus dos hijos a almorzar. Antes, durante una hora y media de charla y mate, el actual Presidente del Senado por el Frente Guazú se preocupa por contestar cada pregunta.


–¿Cómo ha sido su relación con la Iglesia y en especial con el Vaticano? Para dejar de ser obispo y dedicarse a la política hacía falta hablar con el Papa.


–Según la teología. yo no podía ser candidato a presidente. Porque hay dos sacramentos en la iglesia que imprimen carácter, o sea que tienen carácter indeleble, que no se borran nunca, y uno de ellos es el sacerdocio y el otro es el bautismo. Por eso no existe el re bautismo, no existe el re sacerdocio, uno es sacerdote in aeternum hasta la muerte.


–Su historia y su manera de pensar, ¿qué relación tuvieron con la revolución cubana, con Fidel Castro?


–Ninguna.. Ecuador me abre los ojos sobre la perspectiva Latinoamericana, aquí en Paraguay teníamos una formación muy cerrada, aquí nunca en los seis años de formación hemos escuchado hablar de la teología de la liberación. Yo fui el primer profesor de teología de la liberación cuando volví en el 82. Porque hice mi tesis sobre la teología de la liberación. Ecuador me abre los ojos. En el 78 se estaba preparando el Sínodo de Puebla y nació en Ecuador la famosa Coordinadora de la Iglesia de los Pobres. Con un grupo de sacerdotes pastoristas, muy de avanzada, biblistas. Eso marca una cierta conciencia pastoral, social también, muy comprometida .


–O sea que usted tardó en relacionarse con los movimientos de la Iglesia para la liberación


–Es verdad. Cuando ocurre la revolución sandinista vinieron a pedir alfabetizadores al Paraguay. Y se fueron como 100 muchachos de la parroquia, de ese grupo de fundadores de la iglesia de los pobres. Hasta ese momento no tenía ninguna relación con ningún movimiento socialista de América latina. Se escuchaba allá por el 76 cierta relación clandestina con ciertos movimientos que venían de Argentina de Chile, pero nunca tuvimos relación.


–¿Qué pensaba del peronismo?


–Yo nací en el 51, en un pueblito pequeño, tengo un recuerdo muy infantil, de un hombre muy generoso que quería a los pobres y que mandaba juguetes a los niños. Pero en América Latina también se sabía de la relación de Perón algunos líderes vinculados al fascismo.


–Bueno, la relación de Perón con Stroessner no era ningún secreto.


–Él estuvo aquí exiliado unos meses.


–¿Cómo dejó de ser militante religioso para convertirse en político y llegar a la presidencia de Paraguay?


–Yo nunca tomo una decisión solo, siempre tengo amigos compañeros, la familia, mi hermana, la que fue primera dama que vivió mi transformación. Recuerdo perfectamente lo que habíamos conversado con ella, ese día yo le pregunto a ella y a otro hermano, qué pensaban. Y me dijeron “si pudiste dedicarle treinta años a la iglesia, te podes dedicar a un país”. La misión era la de cargar un ingrediente ético a la política, evangelizar el ambiente político. En Diciembre del 2006, me iban a juntar unas diez mil firmas y me trajeron 120 mil. Y eso no me dejo dormir. Ahí decido pedir la reducción al estado laical para ocuparme del rol político. Para los obispos y sacerdotes es muy fácil criticar las falencias. Un profesor mío de teología me dijo “la política es una ciénaga de la cual nadie sale limpio.


–Y decidió meterse en el barro.


–Decidí embarrarme, entrar en la cancha con todas las normas y leyes. Jugar en cancha ajena, Soy el único político de Paraguay que no está afiliado a ningún partido. Estoy por afinidad ideológica, afinidad estratégica, en el frente Guazú.


–El tema de los campesinos y la reforma agraria siempre le han rondado en su cabeza.


–Sí, yo suelo decir que mientras no se lleve a cabo una genuina reforma agraria en Paraguay, acá no se podrá respirar cierta paz social. La tengo metido en los tuétanos, Eso fue el foco central, incluso de mi destitución.


–No me cabe ninguna duda.


–Con una inequidad en la tenencia, escandalosa, uno no puede callarse. Como decía San Pedro, si nosotros calláramos, la tierra gritaría.


–Entre la reforma agraria que soñó y la reforma posible ¿no había una negociación intermedia?


–Aquí el problema de la tenencia de la tierra es un problema muy complejo. Hay ocho millones de hectáreas de tierras mal habidas, distribuidas a mansalva en tiempos de la dictadura y esa gente sigue en el poder. Yo no quise hacer una reforma agraria, yo simplemente pedí a los grandes terratenientes que muestren sus títulos. Pero hay tantos títulos ilegales en el país que es imposible de demostrar que esas tierras las hayan podido adquirir legítimamente y legalmente.


– Hablemos del juicio político que usted ha vivido. ¿Cuál cree usted que es la verdadera explicación?


–En política muchas veces, es más importante lo que se calla que lo que se dice. Porque detrás de todo lo que se ha dicho de ese así llamado juicio político hay muchos silencios. ¿Por qué a Lugo? Por qué a Dilma? ¿Por qué intentaron con Correa? Por qué intentaron con Evo? Yo creo que Estados Unidos, la dominación del imperio, no se puede permitir que estos gobiernos pudieran crecer .


–¿Qué pasó con usted exactamente?


–Se pusieron a investigar hasta la última gota de combustible que yo usaba en la presidencia. Y ahí hubo un reconocimiento de que fui uno de los presidentes que no puso la mano en la lata. Y el sistema funciona con corrupción. Hay corrupción en Estados Unidos, en Ginebra, en Italia, en Argentina, en todas partes hay corrupción.
–Es más funcional al sistema la corrupción que la ética.


–Sin ninguna duda. Sin ninguna duda.... Por qué? Porque es una manera de dominación también


–¿Cómo influyeron en usted y en la sociedad las denuncias acerca de su paternidad?


–Bueno, primero yo lo asumo con absoluta responsabilidad, lo dice Francisco con su libro sobre la tierra,(La Encíclica Laudato Si) en la página 58: “Fernando Lugo, un obispo tuvo un traspié, se arrepintió.” Eso ocurre en el 2002. El otro caso ocurre en el 2007. Cuando yo ya estaba afuera de San Pedro (la Iglesia). Por supuesto que la corporación mediática que responde a la oligarquía cargó la tinta demasiado, pero bien. Yo lo asumo. ¿Quién no tiene errores? Y los que más denunciaban son los que tenían hijos no reconocidos ahí en el Parlamento. Y los empresarios. “


–¿Se cuestionó alguna vez el celibato en la Iglesia?


–Yo creo que es una reflexión que se tiene que hacer dentro de la Iglesia, aquí incluso hay una experiencia de los diáconos casados. Yo reconozco que lo mío fue un traspié, fue un momento de debilidad, reconozco que no fui un buen ejemplo, digamos, en términos de asumir el compromiso de una vida casta dentro de la Iglesia y ser un testimonio. Mucha gente se ha escandalizado, mucha gente me decía que yo era como una puñalada en la espalda de la Iglesia.
–Durante su presidencia padeció de cáncer.


–Yo tuve cáncer en tres lugares, en el mediastino, en la ingle y en la columna. Me curé del cáncer porque reaccioné inmediatamente. Acá yo tengo dos, tres cosas, muy claras. Ahí está mi santo el patrono de los enfermos de cáncer, a quien rezo todos los días...Tengo una planta de Graviola, corazón de la India, Araticuguazu y la quimioterapia. Las tres cosas, una santisima trinidad que me limpió el cáncer y la profesionalidad de los médicos que me atendieron a tiempo.


– ¿Cómo se llevaba con Néstor Kirchner?


–Cristina vino cuando yo asumí, pero con Néstor después, en la Secretaría de Unasur, tenía muy buena relación, vino a Paraguay, teníamos largas conversaciones con él, lo mismo que con Lula y con Chávez, los tres presidentes que, de alguna manera, me enseñaron muchísimo lo que es política, lo que es el gobierno, lo que son las relaciones internacionales. Por supuesto también tengo una buena amistad con Correa, con Evo, eh, con Michelle, con Tabaré.


–¿Como ve el gobierno de Horacio Cartes?


–Es un gobierno diferente al nuestro, es un gobierno para unos pocos. Lo más revolucionario nuestro era hacer un gobierno para todos, nuestro lema era “Un Paraguay para todos y todas”. Este es un gobierno para algunos, un gobierno para los pudientes, acá hay gente que vive muy bien, los agronegocios, los bancos, las financieras, los inversionistas, eh, tienen un Paraguay fantástico, ¿no es cierto? Un país de maravilla. Yo suelo decir que el presidente es un empresario, no es un político. No va a dejar de ser un empresario, va a seguir pensando como un empresario y lastimosamente quiere manejar el país como si fuese su empresa. No dialoga, no pregunta. Lastimosamente le dio mucho poder a sus gerentes y no a la clase política


–¿Se parece a Mauricio Macri?


–Conozco poco lo de Macri, ¿verdad? No tengo la información desde dentro. Pero sí, yo creo que más que Macri hay una matriz, un poco con Brasil, Argentina, Paraguay.
–¿Cómo es ser presidente del Senado en franca minoría?


–El Palacio de gobierno era como una olla de presión, porque tenía la presión de todo el país y acá es una olla de presión donde tengo cuarenta y cuatro colegas, colegas, de igual a igual, yo soy el directivo inter pares, no soy más que ellos, hay dos vicepresidentes de dos partidos diferentes y soy presidente de todos, de los cuarenta y cuatro. Tengo que escuchar a los cuarenta y cuatro, estar al servicio de los cuarenta y cuatro, con diferentes signos políticos. Podemos coincidir en ciertas votaciones, en ciertos intereses, o estar totalmente en desacuerdo, pero intento generar un ambiente de convivencia democrática,


–¿Usted se puede presentar como candidato a presidente?


–Tengo las puertas cerradas para ser Presidente. Muchos del entorno político mío dicen que ven una esperanza, pero yo no creo. Yo quiero ser realista, no quiero vender espejitos, no quiero vender ilusión a la gente.


–¿En este país se puede en este país pensar en el matrimonio igualitario?


–La gente es conservadora, el Paraguay es un país conservador. También hay una cuestión, quizás muy personal. Yo no le daría a la unión entre hombres o entre mujeres el estatus jurídico de matrimonio Porque la finalidad del matrimonio, la primera finalidad es la felicidad, la segunda es la procreación, que ellos están imposibilitados para la procreación.


–¿En qué cree que se ha equivocado?


–Yo llegué a ser presidente fuera de tiempo, llegué ingenuamente. Sin la viveza política, sin saber los vericuetos, sin saber cómo se solucionan los problemas políticos. Acá había una práctica política muy activa de toma y daca... y yo no lo entendí.

Publicado en Internacional
Martes, 15 Agosto 2017 06:41

Contra la dominación

La dominación social, política y cultural siempre es el resultado de una distribución desigual del poder en cuyos términos quien no tiene poder o tiene menos poder ve sus expectativas de vida limitadas o destruidas por quien tiene más poder. Esta limitación o destrucción se manifiesta de diferentes maneras: desde la discriminación hasta la exclusión, desde la marginación hasta la liquidación física, psíquica o cultural, desde la demonización hasta la invisibilización. Todas estas formas pueden reducirse a una sola: la opresión. Cuanto más desigual es la distribución del poder, mayor es la opresión. Las sociedades con formas duraderas de poder desigual son sociedades divididas entre opresores y oprimidos. La contradicción entre estas dos categorías no es lógica, sino más bien dialéctica, ya que ambas forman parte de la misma unidad contradictoria.


Los factores que están en la base de la dominación varían de época a época. En la época moderna, digamos, desde el siglo XVI, los tres factores principales han sido: el capitalismo, el colonialismo y el patriarcado. El primero es originario de la modernidad occidental, mientras que los otros dos existían antes pero fueron reconfigurados por el capitalismo. La dominación capitalista se basa en la explotación del trabajo asalariado por medio de relaciones entre seres humanos formalmente iguales. La dominación colonial se basa en la relación jerárquica entre grupos humanos por una razón supuestamente natural, ya sea la raza, la casta, la religión o la etnia. La dominación patriarcal implica otro tipo de relación de poder pero igualmente basada en la inferioridad natural de un sexo o de una orientación sexual.


Las relaciones entre los tres modos de dominación han variado a lo largo del tiempo y del espacio, pero el hecho de que la dominación moderna se asiente en los tres es una constante. Al contrario de lo que vulgarmente se piensa, la independencia política de las antiguas colonias europeas no significó el fin del colonialismo, significó la sustitución de un tipo de colonialismo (el colonialismo de ocupación territorial efectiva por una potencia extranjera) por otros tipos (colonialismo interno, neocolonialismo, imperialismo, racismo, xenofobia, etc.).


Vivimos en sociedades capitalistas, colonialistas y patriarcales. Para tener éxito, la resistencia contra la dominación moderna tiene que basarse en luchas simultáneamente anticapitalistas, anticoloniales y antipatriarcales. Todas las luchas tienen que tener como objetivo los tres factores de dominación, y no solo uno, aunque las coyunturas puedan aconsejar que incidan más en un factor que en otro.


El siglo XX fue de los siglos más violentos de la historia, pero también se caracterizó por muchas conquistas positivas: desde los derechos sociales y económicos de los trabajadores hasta la liberación e independencia de las colonias, desde los movimientos de los derechos colectivos de las poblaciones afrodescendientes en las Américas y de los pueblos indígenas hasta las luchas de las mujeres contra la discriminación sexual. Sin embargo, a pesar de los éxitos, los resultados no son brillantes. En las primeras décadas del siglo XXI atravesamos incluso un período de reflujo generalizado de muchas de las conquistas de esas luchas. El capitalismo concentra la riqueza más que nunca y agrava la desigualdad entre países y dentro de ellos; el racismo, el neocolonialismo y las guerras imperiales asumen formas particularmente excluyentes y violentas; el sexismo, a pesar de todos los éxitos de los movimientos feministas, sigue ejerciendo violencia contra las mujeres con una persistencia inquebrantable.


Un diagnóstico correcto es condición necesaria para salir de esta aparente estasis histórica. Sugiero varios componentes principales del diagnóstico. El primero reside en que, mientras que la dominación moderna articula siempre capitalismo con colonialismo y patriarcado, las organizaciones y movimientos que vienen luchando contra ella siempre han estado divididas, cada una privilegiando uno de los modos de dominación y descuidando, o incluso ignorando, el resto, y cada una defendiendo que su lucha y su forma de lucha es más importante. No sorprende, así, que muchos partidos socialistas y comunistas, que lucharon (cuando lucharon) contra la dominación capitalista, hayan sido durante mucho tiempo colonialistas, racistas y sexistas. Del mismo modo, no sorprende que movimientos nacionalistas, anticoloniales y antirracistas hayan sido capitalistas, procapitalistas y sexistas, y que movimientos feministas hayan sido conniventes con el racismo, el colonialismo y el capitalismo. De este hecho histórico resulta claro que los avances serán escasos si la dominación continúa unida y la oposición desunida.


El segundo componente tiene que ver con el modo en que se organizaron las resistencias anticapitalistas, anticolonialistas y antipatriarcales. Trabajadores, campesinos, mujeres, personas esclavizadas, pueblos colonizados, pueblos indígenas, pueblos afrodescendientes, poblaciones discriminadas por la discapacidad o por la condición u orientación sexual recurrieron a muchas formas de lucha, unas violentas, otras pacíficas, unas institucionales, otras extrainstitucionales. A lo largo del siglo pasado, esas múltiples formas se fueron condensando en partidos políticos, movimientos de liberación y movimientos sociales, y, salvo algunas excepciones, fueron dando preferencia a la lucha institucional y no violenta. El régimen político que se impuso como la mejor respuesta a estas opciones fue la democracia de origen liberal, la democracia actualmente existente. Ocurre que la potencialidad de este tipo de democracia para responder a las aspiraciones de las poblaciones oprimidas siempre fue muy limitada y las limitaciones se fueron agravando en tiempos más recientes. El modelo que más desarrolló esa potencialidad fue la socialdemocracia europea, y su mejor momento (conseguido, en buena medida, a costa del colonialismo y el neocolonialismo, o sea, de las relaciones económicas desiguales con las colonias y las excolonias), está hoy bajo ataque, no solo en Europa, sino también en todos los países que buscaron imitar su espíritu moderadamente redistributivo para reducir las enormes desigualdades sociales (Argentina, Brasil, Venezuela).


En todas partes, la democracia de baja intensidad está siendo cercada por fuerzas antidemocráticas y, en algunos países, va transitando hacia dictaduras atípicas, muchas veces basadas en la destrucción de la separación de poderes (desde Brasil a Polonia y Turquía) o en la manipulación de los sistemas mayoritarios (fraude electoral sistemático, como en México, sistemas electorales que no garantizan la victoria del candidato más votado, como Hillary Clinton en Estados Unidos). Sabíamos que la democracia se defiende mal de los antidemócratas pues, de otro modo, Hitler no habría ascendido al poder por vía de las elecciones. Y nótese que, si bien de modo fraudulento, su partido ostentaba la palabra “socialismo” en su nombre. Hoy, la democracia está siendo secuestrada por fuerzas económicas poderosas (bancos centrales, Fondo Monetario Internacional, agencias de calificación de crédito) no sujetas a ninguna deliberación democrática. Y las imposiciones pueden ser legales (¿y legítimas?): intereses de deuda pública, imposición de tratados de libre comercio, políticas de austeridad, rules of engagement de las multinacionales, control corporativo de los grandes medios de comunicación; e ilegales: corrupción, tráfico de influencias, abuso de poder, infiltración en las organizaciones democráticas, incitación a la violencia.


La democracia es hoy servidora de los intereses imperiales, cuando no directamente uno de sus instrumentos. Para imponerla se destruyen países enteros, sean ellos Irak, Libia, Siria o Yemen. Está bien documentada la intervención imperialista para desestabilizar procesos democráticos dotados de algún ánimo redistributivo y animados por algún posicionamiento nacionalista para protegerse del mercado internacional depredador de recursos estratégicos, sean ellos petróleo, minerales o, de modo creciente, tierra o agua. Esta desestabilización se nutre siempre de los errores, a veces graves, de los gobiernos nacionales (algunos considerados progresistas) y cuenta con la activa complicidad de las oligarquías que dominaron estos países. La descaracterización de la democracia es tal que ya se habla hoy de posdemocracia, un nuevo régimen político basado en la conversión de los conflictos políticos en conflictos mediáticos minuciosamente gestionados por técnicos de publicidad y comunicación, y últimamente apoyados por la posverdad mediática de las fake news.


El tercer componente del diagnóstico tiene que ver precisamente con los errores de los gobiernos nacionales. ¿Por qué se equivocan con tanta frecuencia, sobre todo cuando son considerados gobiernos progresistas? Son muchos los factores: no hay alternativas anticapitalistas creíbles y las conquistas contra el colonialismo, el racismo o el sexismo parecen depender de que no interfieran con la dominación capitalista; una vez obtenido el poder de gobierno, las fuerzas progresistas se comportan como si tuviesen, además de aquel, el poder económico, social y cultural que se reproduce en la sociedad en general, y con eso deja de reconocerse la gravedad o incluso la existencia de antagonismo de clases, razas y sexos; las luchas contra el capitalismo, el colonialismo y el patriarcado son siempre concebidas como si se buscara eliminar los “excesos” de estos modos de dominación, y no su fuente. De tal “autocontención”, voluntaria o impuesta, devienen dos consecuencias fatales.


La primera es tolerar o incluso promover un sistema de educación que fomenta los valores y las subjetividades que sustentan el capitalismo y las relaciones coloniales, racistas y sexistas. La segunda es negarse a imaginar (o ignorar cuando ocurren) formas alternativas de organizar la economía, concebir la democracia, organizar el Estado, practicar la dignidad humana, dignificar la naturaleza, promover formas de sentir y de ser solidarias, sustituir cantidades y gustos infinitos por la proporcionalidad, dejar de lado euforias desarrollistas en beneficio de límites justos y fruiciones comedidas, promover la diferencia y la diversidad con la misma intensidad con la que se promueve la horizontalidad. Al presentarse como fatales, estas dos consecuencias son inhumanas. Por la simple razón de que ser humano es no ser plenamente humano. Es no tener que ser para siempre lo que se es en un determinado contexto, tiempo o lugar.

 

13 Ago 2017


(*) Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez

Publicado en Sociedad
Jueves, 10 Agosto 2017 06:37

Corrupción de mayores

Guardo la imagen del presidente Ricardo Martinelli en el estrado de la ceremonia de inauguración del Congreso Internacional de la Lengua en 2013, pero inevitablemente debo superponer otra, la del mismo personaje, entonces vestido de traje oscuro, como correspondía a la solemnidad del momento, ahora de uniforme de presidiario color naranja, esposado de manos y con grilletes en los pies, mientras asiste en Florida a la audiencia del tribunal que deberá decidir acerca de su extradición a Panamá.


Dueño de una gran cadena de supermercados, Martinelli llegó a la Presidencia bajo el aura equívoca de que siendo tan rico no necesitaba más, un argumento al que los electores se mostraron sensibles. Hoy enfrenta el cargo de haberse apropiado de 13 millones de dólares, destinados a programas sociales, para adquirir el sofisticado sistema electrónico Pegasus, de fabricación israelita, con el objetivo de espiar a rivales empresariales y enemigos políticos, y filtrar videos donde algunos de ellos aparecen en comprometidas situaciones sexuales.


El número de mandatarios legítimamente electos sometidos a procesos judiciales por corrupción luego de finalizar su mandato, o aún en el ejercicio del poder, es más que asombroso en América Latina: el presidente de Guatemala Otto Pérez Molina, militar de derecha, separado de su cargo y llevado a la cárcel junto con su vicepresidenta; el ex presidente Mauricio Funes, el primer candidato de izquierda en ser electo en El Salvador, prófugo ahora en Nicaragua, se suma a dos antecesores suyos en el cargo, ambos de la derecha, sometidos también a juicio. Las distinciones ideológicas no valen.


La triste contabilidad sigue en Perú, donde el ex presidente Ollanta Humala comparte ahora la misma cárcel de alta seguridad con el dictador Alberto Fujimori, mientras el ex presidente Alejandro Toledo se haya fugitivo, con paradero desconocido. Y Brasil, donde el carismático Lula da Silva ha sido condenado por un juez de primera instancia a 10 años de prisión.


No pocos de estos casos caen dentro de la extensa red tejida por Odebrecht, la empresa trasnacional brasileña con 150 mil empleados y oficinas en 30 países, de lejos la constructora más poderosa del continente, que pasará a la historia como la gran corruptora de mayores de que se tenga memoria.


Una red de contubernios en la que, además de presidentes, figuran vicepresidentes, ministros y diputados, favorecidos todos con réditos fraudulentos de contratos para construir carreteras y otras obras civiles. Con estos fondos espurios se financiaron campañas presidenciales o se engordaron cuentas bancarias personales en diversos paraísos fiscales.


Marcelo Odebrecht, cabeza de la compañía y corruptor maestro de corruptos, diseñó un sistema muy simple que no requiere de grandes complicaciones financieras: inflar los precios de las ofertas de construcción de autopistas, puentes y represas hidroeléctricas, y del sobreprecio repartir las coimas que ascienden a centenares de millones de dólares.


El compromiso de los corrompidos-corruptos era tener a Odebrecht como competidor único en las licitaciones, o apartar a los contendientes por más baratas y convenientes que fueran sus ofertas. Mientras más grande la bolsa a repartir, mucho mejor. Sus tentáculos seductores alcanzaron a Brasil, Perú, Argentina, Ecuador, Panamá, El Salvador, Colombia, Venezuela, República Dominicana, México, El Salvador, Guatemala, paremos de contar. El inefable Marcelo Odebrecht solía fotografiarse, abrazado, con los jefes de Estado de no pocos de esos países.


Pero en la red había peces de todo tamaño, en las diversas escalas del poder, necesarios para consumar las operaciones de fraude, desde tiburones hasta sardinas, que también recibían su ración de engorde. Y cada cómplice tenía su propio nombre en clave, un apodo con el que identificarlo, como lo reveló una carpeta extraviada por una de las secretarias del padrino don Marcelo, de la que se valieron los fiscales en Brasil para develar la trama.


La visión más pesimista nos lleva a pensar que la corrupción es una vestidura purulenta que la democracia no puede quitarse de encima. Que la seducción por el dinero fácil es un signo de los tiempos que alienta el narcotráfico, el tráfico de inmigrantes y la prostitución infantil trasnacional, lo mismo que el robo a gran escala en las esferas gubernamentales. Tentáculos todos del crimen organizado.


Que esta pasión por el enriquecimiento ilícito acompaña a los políticos al entrar en los palacios presidenciales, en los despachos ministeriales y en los parlamentos, ya inscrita en su código de conducta la ambición por hacerse millonarios, o aún más millonarios de lo que ya son, a costillas de quienes terminan cargando con sus desmanes y delirios: los contribuyentes de todo tamaño, los que pagan cumplidamente sus impuestos.


Desmanes y delirios. Mansiones amuralladas, casas en las playas de Florida, apartamentos en París o en Nueva York, latifundios, tarjetas de crédito como pozos sin fondo, aviones privados, viajes al fin del mundo, hoteles de lujo, ropa de diseño exclusivo, autos de colección, fiestas temáticas. En esto se distinguen poco de los narcotraficantes. Lo que no cuesta, hay que enseñarlo.


Pero si buscamos una visión optimista, empecemos porque la corrupción no ha podido someter del todo a los tribunales de justicia, ni a los fiscales. El dinero sucio es capaz de comprarlo todo, pero los procesos penales contra los poderosos, porque dejar la Presidencia no significa siempre perder poder, nos demuestran que la independencia judicial aún respira; aunque en algunos casos sea de manera asistida, como en Guatemala, donde la Comisión Internacional contra la Impunidad (CICIG), que depende de las Naciones Unidas, tiene la autonomía necesaria para perseguir delitos cometidos por funcionarios del estado.


Marcelo Odebrecht, el corruptor de mayores, llegó a un trato con la justicia brasileña. Tras un acto de contrición, pues pidió perdón públicamente con golpes de pecho, como el publicano de la parábola, pagó tres mil 500 millones de dólares en multas, tanto a su propio gobierno como a Estados Unidos y Suiza. A cambio, su compañía puede seguir operando, y participar en licitaciones de obras públicas.


O sea, que el tiburón sigue nadando.


Masatepe, agosto de 2017.
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Viernes, 04 Agosto 2017 15:56

La mirada de China sobre Venezuela

Conocer los criterios que maneja la potencia emergente sobre América Latina, y en particular sobre Venezuela, es sumamente importante ya que raramente sus medios de comunicación dejan entrever las opiniones que circulan en el gobierno chino. El 1º de agosto el periódico chino Global Times publicó un extenso artículo editorial titulado "Venezuela un microcosmos del enigma latinoamericano" (goo.gl/ksmY77).

Global Times pertenece al órgano oficial del Partido Comunista de China, Diario del Pueblo, pero está centrado en temas internacionales y sus opiniones tienen más autonomía que el medio que lo auspicia.

El artículo analiza las recientes elecciones a la Asamblea Constituyente mostrando cierto apoyo al proyecto pero, a la vez, tomando distancias. Reserva sus mayores críticas a la Casa Blanca, al mencionar que "Washington sólo está preocupado por tomar el control del continente como su patio trasero, y no está interesado en ayudarlos".

Destaca que los objetivos de Estados Unidos consisten en "la eliminación de Maduro y la destrucción del legado político de Chávez", pero también señala que todos los gobiernos de izquierda del continente tienen una relación "incómoda" con Washington.

Según Global Times, "sin una industrialización plenamente desarrollada, las economías latinoamericanas dependen en gran medida de los recursos", razón por la cual muchos países presentan fuertes brechas sociales y de riqueza, como sucede en Venezuela, donde los campesinos y los pobres urbanos apoyan al gobierno mientras la clase media rica sostiene a la oposición.

Hasta ahí no hay novedades. Pero en este punto arranca un análisis que devela las posiciones del gobierno chino. "El sistema político que adoptaron desde Occidente no ha logrado abordar estos problemas", explica Global Times.

Por lo tanto, dice el diario, "independientemente de quién gane, Venezuela tendrá dificultades para ver luz al final del túnel. Las divisiones sociales no pueden ser resueltas, y la intervención de Estados Unidos no se detendrá. Venezuela puede ser arrastrada a una prolongada batalla política". Con total transparencia, la dirigencia china estima que el país se encamina hacia conflictos mayores.

En segundo lugar, sostiene que Venezuela es un "importante socio de China". Defiende relaciones de cooperación "independientemente de quién gobierne el país", porque "el comercio con China será beneficioso para los venezolanos". Por eso estiman que mantener relaciones fluidas y estrechas "trasciende intereses partidarios en Venezuela".

Los chinos abren el paraguas y advierten que las relaciones no están subordinadas a los gobiernos de turno, o sea, que son de larga duración y no van a renunciar a ellas aunque caiga el gobierno de Nicolás Maduro.

El tercer punto es clave: "Los disturbios políticos significan riesgos para las inversiones chinas y China debe aprender a lidiar con ellas. China no puede renunciar a su presencia económica en América Latina sólo por su inestabilidad política", afirma el artículo.

Finalmente, sostiene que la presencia de China en América Latina "no implica un motivo geopolítico", cosa harto dudosa; pero también asegura que "China no interferirá en el proceso político de Venezuela o de cualquier otro país latinoamericano", algo que hasta ahora es completamente cierto.

Aunque circunspecto, el análisis chino revela tres cuestiones centrales. La presencia china en la región llegó para quedarse; está claro que existe un conflicto con Estados Unidos; y no van a interferir en las relaciones derecha-izquierda, porque –aunque lo nieguen– su presencia es de carácter estratégico.

En otro momento, habrá que reflexionar sobre el "sistema político" que China propone, indirectamente, a los países amigos del mundo que, evidentemente, no se parece a las democracias electorales del tipo occidental.

Las relaciones de China con la región abarcan una variada gama de asuntos, desde inversiones económicas hasta acuerdos militares y crecientes vínculos culturales con la apertura de cientos de centros de estudio de lengua china. En varios países se han instalado industrias, en particular de montaje y construcción de automóviles, lo que amplía sus inversiones focalizadas en una primera etapa en materias primas.

Llama la atención la potencia de las relaciones económicas. China es uno de los principales socios comerciales con los países de la región y ha desplazado, desde 2005 a 2016, al Banco Mundial y al BID como principal fuente de préstamos, con 141 mil millones de dólares volcados hacia América Latina y el Caribe, según Inter-American Dialogue (goo.gl/8iuAR7).

Venezuela absorbe casi la mitad del total de préstamos, con 62 mil 200 millones de dólares, seguido por Brasil con 36 mil 800 millones, y bastante más atrás Ecuador y Argentina. Las inversiones en Venezuela tuvieron un pico en 2010 y luego descendieron considerablemente, pero siguen ocupando un lugar destacado. El grueso de sus inversiones se destinan a energía, o sea hidrocarburos, pero también a minería e infraestructura.

Las inversiones más notables fueron destinadas al terminal marítimo de la petroquímica Pequiven y a la empresa mixta Sinovensa, formada por PDVSA y la Corporación Nacional China de Petróleo, creada después de la nacionalización de la Faja Petrolífera del Orinoco, en 2007. Gracias a los 4 mil millones de dólares invertidos por China, Sinovensa pasó de producir 30 mil barriles diarios de petróleo a 170 mil barriles (goo.gl/9QDaCp).

El último préstamo importante se registró en noviembre de 2016, con 2 mil 200 millones de dólares en el sector petrolero, para llevar la producción chino-venezolana a 800 mil barriles diarios en los próximos años ( goo.gl/MZE7nZ ).

De seguir por este camino, China terminará desplazando a Estados Unidos como principal mercado del petróleo venezolano, siendo el país que ostenta las mayores reservas mundiales de crudo. Esta realidad, más que el "socialismo del siglo XXI", explica los motivos de Washington para derribar a Maduro.

 

Publicado en Internacional
Domingo, 30 Julio 2017 06:04

La otra izquierda venezolana

Durante años la lucha política en Venezuela se ha presentado como confrontación entre un gobierno de izquierda –antes presidido por Hugo Chávez, luego por Nicolás Maduro– y una oposición de derecha. Siempre hubo otras izquierdas venezolanas, y ahora emergen también figuras y grupos izquierdistas que fueron seguidores de Chávez pero rechazan a Maduro. Estos sectores, donde proliferan tanto las críticas hacia el gobierno como hacia la opositora MUD, buscan destacarse en medio de la polarización que sacude al país.

 

Una nueva izquierda intenta configurarse en Venezuela, distante de la oficialista que gobierna con el presidente Nicolás Maduro y a la vez de la oposición que se ha adueñado de las calles durante cuatro meses de protestas que han dejado un centenar de muertos y más de 2 mil heridos. Coin¬cide, sin embargo, con las demandas opositoras de rechazar la asamblea constituyente convocada por el mandatario para este 30 de julio y en la defensa estricta de la Constitución de 1999, a la que considera un legado fundamental del fallecido Hugo Chávez.


“Son grupos que se están configurando, que tienen un gran potencial para canalizar el descontento del pueblo chavista y de gente con inclinaciones de izquierda fuera de la Mesa de Unidad Democrática (Mud, la coalición opositora), pero todavía no tienen una conducción política clara, no tienen aún representatividad de un gran sector del país”, apuntó a Brecha uno de sus articuladores, el politólogo Nicmer Evans.


Chávez, comandante de paracaidistas cuando encabezó una fallida rebelión militar en 1992, fue apoyado por formaciones de izquierda para ganar la elección presidencial de diciembre de 1998, y con ellas condujo un gobierno de centroizquierda, recordó Evans, y desde 2005 comenzó a proclamarse socialista. En 2007 transformó su Movimiento Quinta República (Mvr) en el Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv), cuyo presidente es Maduro y el cual tiene como “número dos” al capitán retirado Diosdado Cabello.
CREDENCIALES.


El chavismo y el Psuv ganaron credenciales de izquierda, a pesar de que no surgieron de clásicas luchas de masas, al emplear el Estado venezolano, con la renta petrolera que fue particularmente jugosa entre 2003 y 2012, para atender necesidades de los sectores más pobres, sobre todo aumentando su capacidad de consumo y visibilizando sus necesidades y aspiraciones, según reconocieron referentes del pensamiento progresista en Venezuela, como el político Teodoro Petkoff, tenaz crítico de Chávez, o el académico Edgardo Lander, respetada voz en el Foro Social Mundial.


Chávez le dio un nombre: “Socialismo del siglo XXI”. Heinz Dieterich, sociólogo alemán radicado en México –y quien ya rompió con Maduro– le dio forma teórica a la propuesta.
El chavismo, cuya batuta el propio comandante traspasó a Maduro poco antes de morir en 2013, inauguró la ola de triunfos y gobiernos de izquierda o centroizquierda que en la primera década del presente siglo se instalaron en Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Paraguay, El Salvador e incluso pequeños países del Caribe anglohablante. Se acabó la soledad del socialismo cubano en el hemisferio y Venezuela tejió con Cuba una estrecha alianza política y económica guiada por lo que Chávez llamó una “relación de padre a hijo” entre el líder Fidel Castro y su émulo venezolano. Florecieron las tesis del Foro de San Pablo, las reuniones de partidos de izquierda, y se desplegaron banderas latinoamericanistas y antimperialistas. Para la izquierda internacional Venezuela quedó como una plaza fuerte.


TRADICIONES Y TRAICIONES.


Según Evans, quien durante cuatro años codirigió el grupo chavista crítico Marea Socialista, el reconocimiento de la izquierda internacional al gobierno de Maduro obedece a que “en sus relaciones internacionales esos movimientos están más atados a tradiciones y discursos que a realidades concretas (...). Siguen viendo a Maduro como efectivo heredero de Chávez, pero organizaciones y foros de izquierda ya comienzan a revisar su apreciación de Venezuela, por ejemplo en el tema de los derechos humanos”.
Según el jurista Freddy Gutiérrez, quien fue abogado y compañero político de Chávez, “Maduro se distanció de Chávez y de quienes creemos en un pueblo movilizado. No tiene aciertos en materia social, económica ni política”, comentó a Brecha. “El suyo es un gobierno plutócrata, traficante y nepótico. Buena parte de los altos funcionarios del Estado han cambiado el servicio público por la avidez de obtener dinero, vehículos, yates e inmuebles en el país y en el exterior. Corre la noticia de un ministro cuya familia se hizo de 42 millones de dólares, obtenidos en negociaciones con la empresa brasileña Odebrecht, depositados en bancos suizos. Es un botón de muestra”, aseguró.
Para Gutiérrez “resulta inadmisible que se pueda calificar como socialista a un gobierno que promueva y ejecute leyes y prácticas extractivistas, lesionando a comunidades indígenas, aguas de mares, lagos y ríos, fauna, y en definitiva a la Amazonia y al planeta. El gobierno está mutilando 112 mil quilómetros cuadrados, un espacio mayor que el de Bulgaria o Cuba, en un proyecto al que llama Arco Minero del Orinoco”.


Gutiérrez forma parte de la Plataforma por la Defensa de la Constitución, que reúne a colaboradores de Chávez como ministros, académicos o militares y ha roto con Maduro. Desde hace un año y medio la Plataforma ha criticado la política económica del gobierno, en particular el esquema cambiario –un dólar al cambio oficial puede costar diez bolívares o 2.700, según lo disponga el Ejecutivo, y en el mercado negro pasa de 8 mil–; las concesiones mineras a trasnacionales al sur del Orinoco; el bloqueo en 2016 de un referendo revocatorio del mandato presidencial, contemplado en la carta magna; y, recientemente, la convocatoria presidencial a una asamblea constituyente. En sus declaraciones se insiste en que Maduro “ha traicionado el legado de Chávez”.


VIEJA IZQUIERDA.


Para leer el mapa de la izquierda en Venezuela cabe remontarse a sus orígenes, en los años treinta del siglo pasado, con dos corrientes, como en tantos otros países: la comunista y la socialdemócrata. El Partido Comunista (Pcv) y Acción Democrática (AD) lucharon contra gobiernos militares, y entre ellos por el favor de las masas obreras, campesinas y estudiantiles. En los años sesenta una escisión de AD, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (Mir), abrazó junto al Pcv la lucha armada contra gobiernos de los socialcristianos mayoritarios AD y el Comité de Organización Política Electoral Independiente (Copei). En los setenta regresaron a la lucha legal y de masas, ya con fuerzas muy menguadas, junto al Movimiento al Socialismo (Mas), una escisión del Pcv que puso proa hacia la socialdemocracia.


Pequeños focos escindidos del Pcv (grupo Ruptura) y del Mir (Bandera Roja y Liga Socialista) mantuvieron por algunos años la actividad armada y una línea insurreccional. Otro grupo, Causa Radical, fue a trabajar en sindicatos de industrias básicas. En Ruptura estuvo Adán Chávez, hermano de Hugo y ahora un cuadro del Psuv, quien animó al joven oficial Hugo Chávez para que lentamente construyese una logia clandestina en el Ejército. En esos grupos militó también el entonces joven Nicolás Maduro. En la “Venezuela saudita”, ahíta de petrodólares, reinaba el bipartidismo AD-Copei, y los grupos de izquierda se desmoronaron. Sólo el Mas, que se fusionó con los restos del Mir, consiguió arañar algunos escaños en el parlamento.


En 1989, ya acabada la bonanza, se produjo el “Caracazo”, un estallido social contra el recetario del Fondo Monetario Internacional que dejó centenares de muertos. Por primera vez hubo elección directa de gobernadores regionales y alcaldes. Algunas posiciones fueron alcanzadas por el Mas y Causa Radical. La conflictividad social avanzó y se produjo la rebelión de Chávez contra el presidente Carlos Andrés Pérez (AD) en 1992. En libertad desde 1994, Chávez se dedicó a la política y en 1997 comenzó a buscar el poder por la vía electoral. A su Mvr llegó un buen número de ex miembros de Ruptura y Liga Socialista, junto a oficiales retirados tras el alzamiento de 1992. Para la elección de 1998 se le sumaron el Pcv, el Mas, fracturado, y una división de Causa Radical, bautizada Patria Para Todos (Ppt).


En los primeros años del gobierno de Chávez se alejaron de su causa el disminuido Mas y luego algunas de sus escisiones, en tanto el Ppt se repartía en pequeños trozos a favor y en contra del ex comandante. Bandera Roja nunca lo apoyó. Los viejos grupos y siglas desaparecieron, excepto el pequeño Pcv. En la acera de enfrente, AD y Copei se achicaron y aparecieron nuevas formaciones de centro y centroderecha, que por años lucieron como enanos frente al gigante chavismo y su maquinaria electoral, el Psuv.
De manera que la izquierda tradicional se reparte entre viejos ex militantes de la insurrección reunidos en el Psuv, pequeños partidos satélites y grupos de “colectivos” que a veces hacen de fuerza de choque contra manifestaciones opositoras, del lado del oficialismo; y, del lado opositor, grupos también pequeños que, con viejos o nuevos nombres, mantienen alguna fuerza en ciertas provincias, o con cuadros que se sumaron a los nuevos partidos. Si se les reconoce a todos la condición de izquierdistas tradicionales no es posible trazar una línea divisoria nítida entre partidarios del gobierno y de la oposición. Izquierdistas hay en una y otra acera.


LA NOVEDAD.


Lo nuevo está representado por los chavistas que han roto con el gobierno. La mayoría se afirma de izquierda y acusa a Maduro del desmoronamiento de la economía y del capital político que le dejó su antecesor como presidente y líder del proceso bolivariano. Un grupo que paulatinamente elevó el tono de su crítica fue Marea Socialista, formado por algunos activistas nucleados desde la página web Aporrea. No tienen mayor implantación, pero son una referencia porque su portal ha sido, por más de una década, plataforma para la expresión y discusión en el mundo chavista.


El segundo grupo disidente surgió de ex ministros de Chávez –con lauros académicos y credenciales de servicio al proceso bolivariano– que cuestionan, en su área y globalmente, el desempeño de Maduro y sus colaboradores. Los nombres más reconocidos son los de Héctor Navarro (Educación), Jorge Giordani (Planificación), Víctor Álvarez, Oly Millán y Gustavo Márquez (Economía y Comercio) y Ana Elisa Osorio (Ambiente), junto a destacados intelectuales, como Gutiérrez, Lander y el antropólogo Esteban Emilio Mosonyi.


Una tercera disidencia la representan generales retirados del Ejército que ocuparon altos cargos, fueron compañeros de Chávez y son críticos de Maduro. Su influencia sobre los militares activos, poca en apariencia, es una incógnita. Destacan tres, con rango de mayores generales (tres estrellas): Clíver Alcalá, ex comandante del sureste fronterizo con Brasil y Guyana, Alexis López, ex secretario del Consejo de Defensa de la Nación, y Miguel Rodríguez Torres, ex jefe de la policía política con Chávez, ex ministro del Interior con Maduro, y quien ha creado un pequeño partido, Desafío de Todos. Si bien se reclaman chavistas, no se proclaman socialistas ni militantes de izquierda.


Finalmente, aparece la figura de la fiscal general de la república, Luisa Ortega Díaz, que desde su cargo ha desafiado al gobierno y al Poder Judicial cuestionando la “ruptura del orden constitucional” por parte del Tribunal Supremo, abiertamente opuesta a la asamblea constituyente convocada por Maduro y respetuosa de la legalidad de la Asamblea Nacional, el parlamento donde la oposición es mayoría. Ortega (58), casada con el diputado Germán Ferrer, guerrillero en los años sesenta, fue en su juventud simpatizante del grupo Ruptura. Ha recibido muestras de simpatía y adhesión dentro y fuera del chavismo, y ya se la ve como referente del “chavismo democrático”.


Se trata, en síntesis, de corrientes con potencial para cristalizar en un movimiento que reivindique el legado de Chávez al tiempo que se distancian de Maduro, a futuro quizás conformen un chavismo posmadurista, si logran explotar organizadamente esa veta.

CHAVISMO CRÍTICO.


A las puertas de la elección de la asamblea constituyente convocada por Maduro, grupos y figuras reunidos como “chavismo crítico” presentaron un documento conjunto llamando “al pueblo a ejercer su derecho a no asistir” a la consulta oficialista. El documento rechaza la represión de las protestas populares, reclama la liberación de quienes están presos por participar en ellas –hubo 4 mil detenidos, de los cuales 440 quedaron tras las rejas desde el pasado abril– y reivindica “el pleno ejercicio de la pluralidad”. Además pide “crear un país en conjunto, con mecanismos de paz y diálogo, apegados a lo que establece la Constitución” que el pueblo sancionó mediante referendo en 1999.
Los firmantes, un arco que va desde Marea Socialista hasta Desafío de Todos, se comprometieron a “la recuperación del funcionamiento democrático y constitucional del país”, de las condiciones de vida del pueblo y “al rescate de lo mejor de nuestra revolución” mediante “la superación de los graves errores y desviaciones de quienes pretenden fungir como su dirección política”.


Condenaron “los acuerdos económicos lesivos para la nación y su soberanía que viene impulsando el gobierno de Nicolás Maduro con compañías trasnacionales (...) así como las negociaciones del patrimonio público nacional con ‘fondos buitre’”. Evans y Gutiérrez señalaron asimismo a Brecha sus críticas a la bienvenida dada a 150 empresas extranjeras interesadas en la explotación de la vasta región minera al sur del Orinoco, bajo un régimen al margen de las leyes para el resto del país, o en “zonas económicas especiales” cuya administración se ha confiado a mandos de las fuerzas armadas. También critican el pago puntual y sin auditoría de la deuda externa, que seca las reservas internacionales mientras el país sufre por la falta de divisas para importar insumos, alimentos y medicinas.


El documento rechaza tanto “la constituyente autoritaria de Maduro” como el “gobierno de unidad nacional” que ha propuesto construir la oposición parlamentaria Mesa de Unidad Democrática, que contendría “ingredientes para un escenario de escalamiento del intervencionismo extranjero y de una guerra civil, que se viene gestando por la irresponsabilidad de las cúpulas del Psuv y de la Mud”.


Finalmente, el chavismo crítico se declaró dispuesto a “trabajar por el encuentro, diálogo, reagrupamiento y reorientación política del chavismo de base, crítico, democrático y descontento, molesto con el rumbo y políticas del gobierno, que en nuestro concepto son ajenas al legado de Chávez, a la Constitución que nos dimos junto a él, a la democracia participativa y protagónica, a los valores éticos y al conjunto de los principios inspiradores de la revolución bolivariana”. “Nos opondremos y combatiremos cualquier proyecto de signo conservador y de ajuste neoliberal”, sentenció.


Hasta ahora el chavismo crítico se ha expresado a través de declaraciones y pequeñas reu-niones en ambientes cerrados. Es una incógnita si al salir al descampado de las luchas callejeras, electorales o sindicales podrá recoger una buena parte de los masivos respaldos que en sus mejores tiempos seguían por doquier a Hugo Chávez.
Constituyente en puertas


La asamblea nacional constituyente convocada por el presidente Nicolás Maduro debe elegirse este domingo 30 de julio. El gobierno decidió que constará de 545 asambleístas, de los cuales 364 se elegirán por votación territorial: uno por cada uno de los 335 municipios del país, dos en el caso de los municipios capitales de los estados y siete por la capital nacional, Caracas. Otros 173 serán elegidos por sectores sociales: 79 por los trabajadores, 28 por los pensionados, 24 por los consejos comunales, 24 por los estudiantes, ocho por campesinos y pescadores, cinco por personas con discapacidad y cinco por empresarios. Los restantes ocho se escogerán en asambleas de las comunidades indígenas ubicadas principalmente en zonas boscosas y de frontera.


Para la elección territorial se empleará el padrón del Consejo Nacional Electoral, y para escoger a los representantes sectoriales se usarán listados elaborados por los ministerios que administran las áreas respectivas.


La inscripción de candidaturas, la campaña y el mecanismo de elección individual y por listas se establecieron a gran velocidad desde que el pasado mayo el presidente hizo la convocatoria.


La oposición política, principalmente la coalición Mesa de Unidad Democrática (Mud), el parlamento opositor y diversas organizaciones sociales (varias federaciones sindicales, colegios profesionales, cámaras empresariales, grupos religiosos y universitarios, organizaciones no gubernamentales) decidieron no participar, llamaron al boicot de la elección y alimentaron con esa consigna las protestas callejeras de estos meses.


En cambio participan el oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv), grupos políticos afines y los movimientos sociales (de pobladores, trabajadores, estudiantiles, de género y comités de abastecimiento) que respaldan al Ejecutivo.


Por lo tanto, todo indica que la constituyente estará del lado del gobierno.


La tarea que la carta magna vigente asigna a una asamblea constituyente es redactar una nueva Constitución, sin que pueda oponérsele ninguno de los poderes constituidos. La convocatoria no le ha fijado plazo límite para sus trabajos y la asamblea constituyente se instalará en el capitolio local, donde funciona la actual Asamblea Nacional, electa en 2015 y de mayoría opositora.


La propuesta central de Maduro es que la constituyente “establezca la paz en el país” e incorpore a la Constitución de 1999 un capítulo dedicado a la juventud y otro para darle rango constitucional a las “misiones”, como bautizó el fallecido líder Hugo Chávez los programas de salud, vivienda, alimentación y educación que desarrolló entre 2003 y 2013.
Maduro y dos señalados aspirantes a presidir la constituyente, la primera dama Cilia Flores y el vicepresidente del Psuv, Diosdado Cabello, han declarado que esa asamblea no sólo redactará una nueva Constitución sino que, adelantando “actos constituyentes”, reordenará la vida política e institucional del país.


La participación que se logre entre los 19,8 millones de inscritos en el padrón electoral se considera clave para el éxito y legitimidad de la nueva asamblea. Bajo la lluvia de protestas dentro del país y de parte de la comunidad internacional, la posibilidad de que se suspenda su elección gravita con fuerza en esta semana previa al 30 de julio.

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El primer ministro griego habla sobre las concesiones que hizo a Europa a pesar del rechazo popular en referéndum: "Sabes que no hay alternativa porque ya has hecho todo lo posible por mantenerte con vida"

 

Alexis Tsipras, el primer ministro griego, ha prometido desafiar a sus críticos sacando a Grecia de la crisis más larga que ha sufrido el país en la era moderna. "Claramente, lo peor ya ha pasado", afirma en una entrevista exclusiva con el periódico the Guardian.


Han pasado dos años y medio desde que Tsipras asumió el cargo. Este antiguo activista comunista llegó como el líder menos pensado cuando estalló el gran drama de la deuda de Atenas y ahora es el primer ministro que más tiempo se ha mantenido en el cargo en los ocho años que Grecia ha pasado luchando por mantener la bancarrota a raya.


Pero Tsipras ha pagado un precio enorme por ello y, en ocasiones, ha recibido duras críticas, algo que definitivamente le ha dolido. "Cuando asumí el cargo, no tenía experiencia y no tenía ni idea de lo grandes que serían las dificultades diarias", admite. "Creo que ahora tengo una visión de panorama distinta a la que tenía al principio".
Dos veranos después, Tsipras reflexiona. Con solo 42 años, la responsabilidad y el día a día del gobierno pesan mucho. "He cometido errores... grandes errores", dice, y agrega que tal vez su mayor error fue "la elección de algunas personas para cargos claves". ¿Eso es una referencia directa a su primer ministro de Economia, el economista rebelde Yanis Varoufakis? Tsipras lo niega. Dice que fue la elección correcta para la estrategia inicial de "política de choque" pero descarta el plan que Varoufakis había presentado en caso de que Grecia se hubiera visto forzada al dramático cambio de adoptar una nueva moneda. "Tan vago, que no valía la pena discutirlo", asegura.


Su partido izquierdista Syriza era en 2015 la gran esperanza contra la austeridad del país. Insolvente y ahogada en deudas, Grecia amenazaba con destruir la unión económica en Europa. Bajo la amenaza de expulsión de la Eurozona y, según sus asistentes, ante el riesgo que corría Grecia de convertirse "en Afganistán", el joven político, la cara mundial del movimiento de extrema izquierda en contra del establishment, terminó cediendo. Tsipras aceptó un programa de rescate financiero cuyas severas condiciones eran más duras que las del referéndum rechazado sólo unos días antes por más del 61% de los votantes.


Las consecuencias de ese giro radical fueron descomunales. La popularidad de Syriza se desplomó; los propios índices de popularidad de Tsipras cayeron en picado. Todas las encuestas parecen reflejar la opinión de que el carismático político "mintió" al adoptar los despiadados y neoliberales recortes presupuestarios y aumentos de impuestos de los que alguna vez había prometido deshacerse.


Al eslabón más débil de la Eurozona aún le falta mucho para estar fuera de peligro. Con una increíble deuda acumulada de casi 340.000 millones de euros (un 180% del PIB), la recuperación económica sigue siendo un sueño lejano. El patrimonio neto de los hogares del país cayó un 40% entre el año 2009, cuando estalló la crisis, y 2014. Más de un millón de griegos, el 21,7% de los trabajadores, están desempleados. Menos que el 27,9% de desempleados de 2013.


"Varoufakis amaba a Schäuble"


A principios de este mes, con el desembolso de 8.500 millones de euros en fondos de emergencia, se han cerrado por fin unas negociaciones con los acreedores de la Eurozona que parecían interminables y plagadas de problemas. Además, se han relajado los controles sobre los capitales impuestos para impedir el pánico bancario tras la caída del sistema financiero en los vertiginosos días de junio de 2015.


"Todo este tiempo hemos seguido negociando y luchando continuamente para llegar a un acuerdo entre nuestro programa y el memorándum [de las condiciones del rescate financiero]", asegura Tsipras. Aunque la supervisión continuará hasta que se termine el actual rescate financiero del país, insiste en que los próximos 12 meses serán más fáciles. "El gran avance llegará en agosto de 2018, cuando después de ocho años salgamos del programa y de la supervisión internacional. Considerando el clima negativo imperante hoy en día, es algo que los ciudadanos de Grecia todavía no pueden creer".


En un frente doméstico muy pocas veces desprovisto de tensión, el temerario Varoufakis vuelve a las noticias, esta vez por el alboroto que provocaron sus revelaciones sobre la moneda paralela y el plan de contingencia previsto en caso de que se hubiera producido la salida de Grecia de la UE (Grexit).


Tsipras no quiere preocuparse hoy ni por Varoufakis, al que muchos griegos culpan del fallido "juego de la gallina" que llevó a la UE y al FMI a imponer las medidas de austeridad más duras hasta la fecha, ni por su archienemigo, el ministro de Finanzas de Alemania, Wolfgang Schäuble.


"Yanis está tratando de escribir otra versión de la historia", se permite afirmar Tsipras. "Tal vez, en algún momento, salgan a luz ciertas verdades... Cuando llegó el momento de leer el plan que presentaba como su plan B, vimos que era tan confuso que no valía la pena ni siquiera hablar del tema. Simplemente era débil e inútil".


Lejos de odiarlo, Varoufakis estimaba mucho a Schäuble, dice Tsipras. "Creo que era su alter ego. Lo amaba. Lo respetaba mucho y lo sigue haciendo".


En un intento por dejar las cosas claras, Tsipras dice que aunque la estrategia original del gobierno de Syriza fue una política de choque ("en línea con nuestro mandato"), nunca se discutió abandonar la moneda única y, por extensión, la UE, ni siquiera en el momento más caldeado de la crisis, cuando Atenas se encontraba a solo unos días de entrar en suspensión de pagos.


"Dejamos Europa y ¿a dónde vamos? ¿A otra galaxia?", bromea Tsipras. "Grecia es una parte integral de Europa. Sin Grecia, ¿cómo se vería Europa? Perdería una parte importante de su historia y de su herencia". Además, el Grexit equivaldría a aceptar el "plan de castigo" elaborado por Schäuble, donde estaba previsto que Atenas se tomara "un descanso" en su pertenencia al bloque.


Para Tsipras, hacer concesiones era la única opción, como el medicamento horrible que se debe tomar cuando la vida está en riesgo. "Te tapas la nariz y lo asumes... Sabes que no hay alternativa... porque ya has hecho todo lo posible por sobrevivir, por mantenerte con vida".


El honor intacto


A pesar de la lluvia de críticas que ahora recae sobre él, los observadores extranjeros afirman que el que fuera un líder activista ha demostrado valentía al implementar políticas que evidentemente detesta. Tsipras ha logrado persuadir a muchos miembros de su propio partido contrarios a la austeridad para que pasaran por este amargo trago que ha mantenido a Grecia dentro de la familia de naciones con la que largamente se ha identificado. El hipotético escenario de un "paréntesis de izquierdas" difundido por sus enemigos políticos a principios de su mandato ha sido dejado de lado.


Ahora, explica Tsipras, ha llegado el momento de seguir adelante con "un nuevo modelo de desarrollo". Un modelo que explote a los jóvenes profesionales más cualificados del país, que corrija la fuga de cerebros por la que ya se han ido quinientas mil personas y que garantice que los errores del pasado, pecados encarnados por una corrupción y nepotismo monumentales, nunca se vuelvan a repetir.


La sociedad griega ha cambiado y madurado. "Nuestra primera prioridad es recuperar nuestra soberanía [económica]", explica Tsipras, y agrega que ya están en marcha los planes para explotar la excelente ubicación geopolítica de Grecia, en la intersección de tres continentes, y para promover su potencial como centro internacional de energía, transporte y telecomunicaciones.


No será fácil. La inclinación de Syriza por los impuestos altos no solo ha acabado con la clase media, base de cualquier sociedad, sino que ha desacelerado las inversiones extranjeras, de vital importancia. Las empresas que no han cerrado se están yendo en masa. Para muchos, la economía real nunca ha estado peor.


Pero la izquierda sostiene que tiene la autoridad moral. Según una reciente encuesta, los griegos no creen que el principal partido opositor de centro-derecha ni que el Movimiento Socialista Panhelénico (PASOK) de centro-izquierda (la fuerza más asociada con los males que se esconden detrás del colapso económico de Grecia) hubiesen podido manejar mejor la crisis.


Habiendo dejado atrás lo peor y con el honor del partido intacto, Tsipras insiste en que Syriza puede provocar una revolución moral que cambiará profundamente la manera en que Grecia es gobernada. "Si sales a la calle a preguntar por este gobierno, quizás muchos digan ‘mentirosos’, pero nadie dirá que somos corruptos ni deshonestos o que metimos la mano en la caja".


En última instancia, la gran disputa entre Atenas y los acreedores que mantienen a flote a Grecia será lo que quede grabado en la memoria colectiva, pero su legado, dice Tsipras, recaerá sobre otra cosa. "Se basará en que logré sacar al país del pantano en que lo habían metido aquellos que lo llevaron a la quiebra... y que lo saqué adelante mediante un programa de profundas reformas".


Al menos eso espera. Porque Grecia se ha convertido en un lugar impredecible y, como sucede en la historia misma, no hay caminos rectos. "Nadie puede nunca estar seguro de que la crisis no volverá", dice.


Traducido por Francisco de Zárate


Respuesta a los mensajes contradictorios de Tsipras sobre mi nombramiento como ministro de Economía


Yanis Varoufakis


25/07/2017 - 20:50h

EFE


En una entrevista con the Guardian, el primer ministro griego, Alexis Tsipras, admitió “grandes errores” y se le preguntó si nombrarme a mí como su primer ministro de Economía fue uno de ellos. De acuerdo con el entrevistador, Tsipras dijo: " Varoufakis fue la elección correcta para una estrategia inicial de 'política de choque". Sin embargo, el primer ministro describe el plan que él mismo presentó en caso de que Grecia se hubiese visto obligado a tomar la dramática decisión de poner una nueva moneda en circulación como "tan confuso, que ni siquiera merecía la pena discutirlo•.


Dado que yo presenté a Tsipras mis planes para evitar la agresión de la Troika y para responder a un posible callejón sin salida (así como cualquier movimiento de la Troika para echar a Grecia de la eurozona) antes de ganar las elecciones en enero de 2015 y aún así fui nombrado su ministro de Economía gracias a ellos (se supone), la respuesta de Tsipras refleja una gran incoherencia.


O fui la elección correcta para iniciar el “choque” con la Troika porque mis planes eran convincentes, o mis planes no eran convincentes y, entonces, fue una mala decisión nombrarme su primer ministro de Economía.


Argumentar, como hace el señor Tsipras, que yo fui la elección correcta para la confrontación inicial y que mi plan B era tan confuso que no merecía la pena ni siquiera discutirlo es hipócrita. Sin embargo, es revelador porque demuestra que es imposible mantener una crítica radical a sus predecesores y, al mismo tiempo, adoptar la doctrina de 'no hay otra alternativa'.


Mi relato de los acontecimientos de 2015 está ahí (en el libro Adultos en la habitación) y no me gustaría añadir nada más sobre ese periodo. Lo que importa ahora es acabar con la desertificación de Grecia, que ha tomado un ritmo desgarrador bajo la entrega del tercer rescate, sus nuevos créditos insostenibles, el crecimiento económico debilitándose y la austeridad autodestructiva que se retroalimenta. ¿Acaso es mejor jugar al “dilema del prisionero” con nuestros acreedores que el plan que el señor Tsipras descarta por “débil e inútil”? Esa es la cuestión.

Helena Smith - Atenas (Grecia)

25/07/2017 - 20:50h


Traducido por Javier Biosca Azcoiti

Publicado en Internacional
Miércoles, 19 Julio 2017 06:48

La vergüenza neoliberal

En los últimos quince años unos 100 millones de latinoamericanos salieron de la pobreza y, sin embargo, la distancia que los separa de los más ricos apenas ha variado.
Diversas mediciones de la norma internacional usada para la desigualdad, el Coeficiente Gini, coinciden con el dato anterior, como por ejemplo:


El Banco Mundial y el Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (CEDLAS), en 2014, aplicando el Gini obtuvieron los siguientes resultados: África Subsahariana tiene un nivel de desigualdad del 56,5, seguido por América Latina (52,9) y bastante lejos de Asia (44,7) y Europa del Este y Asia Central (34,7).


De acuerdo con CEDLAS: "América Latina es muy desigual desde la colonia. Parte de las brechas actuales tienen su raíz en una larga historia de sociedades elitistas, con sistemas políticos poco democráticos y modelos económicos excluyentes. Los avances que se lograron a partir de 2000 sólo han compensado la profundización de la desigualdad en la década de los 80 y 90 que llevó a que la región consiguiera el mote de la más desigual del planeta".


Por otro lado, siguiendo a la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y a la Fundación Oxfam (2014), el 10% más rico de la población de América Latina había amasado el 71% de la riqueza de la región. Si esta tendencia continuara, dentro de solo seis años el 1% más rico de la región tendría más riqueza que el 99% restante.
Entre 2002 y 2015, las fortunas de los multimillonarios de América Latina crecieron en promedio un 21% anual, es decir, un aumento seis veces superior al del PIB de la región. Gran parte de esta riqueza se mantiene en el extranjero, en paraísos fiscales, lo que significa que una gran parte de los beneficios del crecimiento de América Latina está siendo acaparada por un pequeño número de personas muy ricas, a costa de los pobres y de la clase media.


Amén, la CEPAL calcula que la tasa impositiva media efectiva para el 10% más rico solo equivale al 5% de su ingreso disponible. Como resultado, los sistemas tributarios de América Latina son seis veces menos efectivos que los europeos en lo referente a la redistribución de la riqueza y la reducción de la desigualdad.


Por otra parte, siguiendo a Sergio Melnick, exdirector de la Oficina de Planificación Nacional de Chile durante el régimen militar, junto a su hermano Jorge Melnick en su libro Infierno o Paraíso: “El 1% de la población mundial es dueño del 40% de la riqueza total. Más de un tercio de los más ricos del mundo vive en Estados Unidos; un 27% en Japón; 8% en Alemania; 6% en Gran Bretaña, 5% en Francia y un 4% en China. Ahí está lo que podemos llamar la híper opulencia y la mayor extravagancia... La economía entre 1950 y 2000 se expandió unas 50 veces, mientras la población se duplicó... Al margen de la distribución que, como hemos señalado, es muy desigual”.


En el año 2016 el Banco Mundial publicó un artículo llamado “Diferencias entre ricos y pobres no solo en dinero”, el cual, grosso modo, señalaba que si menos de 100 personas controlan la misma cantidad de riqueza que los 3.500 millones más pobres del planeta, el resultado puede expresarse con una sola palabra: desigualdad.


La desigualdad, asimismo, no se define únicamente por la brecha entre los que tienen más y los que tienen menos. También se evidencia en el acceso a agua potable, electricidad, saneamiento, educación, salud y otros servicios básicos.


La expansión de la economía a comienzos de este siglo ayudó a millones de personas a salir de la pobreza extrema. Y si bien América Latina registró las tasas más altas de crecimiento en su historia, la región sigue siendo la más desigual del mundo.


Según la Organización de Naciones Unidas (ONU), acabar con la pobreza para 2030 implica que cada año 50 millones de personas deberían comenzar a tener ingresos por encima de US$1,90 al día. Es decir, cada semana aproximadamente 1 millón de personas tendrían que salir de la pobreza durante los próximos 15 años. ¿Es posible?
La clave para poner fin a la pobreza está no solo en el crecimiento económico, sino también en la importancia de reducir las desigualdades entre los que tienen más y los que menos tienen (el 40% más pobre). Para la ONU, la desigualdad de los ingresos en los países en desarrollo aumentó un 11% entre 1990 y 2010.


Si bien el crecimiento económico ha sido clave para mejorar la vida de los más pobres de Latinoamérica, la distribución del ingreso económico no ha sido del todo equitativa, lo que trae aparejado problemas familiares y sociales que gatillan un enorme descontento popular, velado y explícito, hacia el sistema político y económico imperante.


Por último, en cuanto a estadísticas, y como broche de oro para las consecuencias que ha acarreado el neoliberalismo a Latinoamérica en particular, y al mundo en general, la Fundación Oxfam en su informe Economía para el 99% de la población (2017) señala que: “Tan soloocho personas (ocho hombres en realidad) poseen la misma riqueza que la mitad más pobre de la población mundial, 3.600 millones de personas; lo que demuestra que la brecha entre ricos y pobres es mucho mayor de lo que se temía. Las grandes empresas y los más ricos logran eludir y evadir el pago de impuestos, potencian la devaluación salarial y utilizan su poder para influir en políticas públicas, alimentando así la grave crisis de desigualdad”.


El informe también demanda un cambio fundamental en el modelo económico de manera que beneficie a todas las personas y no sólo a una élite selecta, que nosotros denominaremos como la élite de la opulencia.


Capitalismo: doctrina e historia


Desde la caída del Muro de Berlín en 1989 y el desmembramiento de la Unión Soviética (URSS) en 1991 corrió a través del mundo una alarmante voz que propalaba que el socialismo había fenecido, tal como lo planteó Fukuyama en su libro “El Fin de la Historia y El último Hombre”. El capitalismo devenido en neoliberalismo, este último creado en el laboratorio chileno a cargo de los economistas con posgrados en la Escuela de Economía de la Universidad de Chicago y su sanguinaria doctrina del shock, era el victorioso campeón de la batalla ideológica bregada desde el fin de la Segunda Guerra Mundial... ¡Marx definitivamente ha muerto! ¡El socialismo ha muerto! ¡Triunfó la “libertad”.
Para adentrarnos en el capitalismo debemos conocer sus principales elementos legitimadores, los cuales son:


a) El socialismo está finalizado, por lo acontecido en Europa durante el siglo XX.


b) La necesidad del capitalismo como forma única y esencial de desarrollo.


c) La competencia perfecta, entre individuos, es la regla funcional del mercado, cuyo cumplimiento acarrea el verdadero bienestar.


De lo anterior surge la pregunta, ¿por qué un cúmulo de intereses particulares y egoístas, como señaló Adam Smith, derivan en un interés colectivo?


Para demostrar que la propiedad del capital y la acumulación de riqueza son moralmente aceptables, los partidarios del libre mercado suelen recurrir a la mano invisible del mercado la cual guía a los individuos a actuar en su propio interés y de manera colateral implantar un bien colectivo. Otra teoría capitalista es la denominada filtración o chorreo, la que sostiene que la prosperidad de los que están en la cima social y económica se filtra a los niveles inferiores y hace que todos sean más ricos. Situación falaz ya que en ese tipo de sociedad se acrecienta la desigualdad y se exacerba el individualismo.


La creencia capitalista tiene como motor los intereses privados, siempre y cuando se cumpla el requisito de que este proceso sea autorregulado por la oferta y la demanda. Esta creencia se ciega ante el hecho que la autorregulación requiere de dos condiciones. Una de ellas es que la autoridad o gobierno se abstenga de intervenir, porque al hacerlo introduciría distorsiones al sistema de construcción de precios. La otra condición es que los participantes del proceso económico sean equivalentes en su poder de afectar la libertad del proceso de intercambio, es decir, que ninguno incida más que el otro. Si esto fuese así se haría innecesario cualquier papel de la autoridad en el nivel macro, lo cual no sería capaz de ofrecer soluciones eficaces y justas puesto que siempre en una relación comercial existe un cierto grado de asimetría de información, por el cual uno de los agentes económicos queda en desventaja en relación al otro.


Finalmente, si el sistema capitalista fuese tan perfecto y beneficioso para la población surge la pregunta, ¿por qué existe tanta pobreza e indigencia en el orbe?


John Maynard Keynes decía que “El capitalismo es la asombrosa creencia de que los hombres más perversos harán cosas por el mayor bien común”. Siguiendo esta frase, realicemos una breve reseña histórica acerca de la moralidad de este sistema:


La historia del capitalismo en Latinoamérica comienza el siglo XV con el proceso de descubrimiento y colonización, destinado a la expansión del comercio, a la obtención de propiedades territoriales y a la extracción de riquezas (oro y plata).


En Sudamérica, en el año 1879 se produjo una guerra entre Chile Perú y Bolivia, que por más que muchos historiadores conservadores catalogaran como conflicto heroico, fue más una pugna entre distintos gobiernos por el dominio de la riqueza mineral: el salitre.


La Primera Guerra Mundial tenía como telón de fondo una expansión política y comercial de las principales potencias de Europa.


La Segunda Guerra Mundial principia con el afán del fascismo y el nazismo de abrir espacios para el desarrollo de las burguesías nacionales; como por ejemplo: la expansión fascista colonizadora de África y la expansión colonizadora alemana en Europa en busca de pueblos a esclavizar y sojuzgar en busca de riquezas materiales.


Neoliberalismo: doctrina y falacias


Sistema económico surgido en Chile tras el Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, contra el gobierno constitucional de Salvador Allende. Este sistema posee una santísima trinidad: la reducción al mínimo del Estado, la privatización de empresas y servicios públicos y un gasto social prácticamente nulo... Lo vivimos y pensamos en nuestro diario quehacer, es aquello que el pensador marxista italiano Antonio Gramsci denominaba hegemonía.


El neoliberalismo dice ser pariente del liberalismo clásico, aquel que respetaba las libertades públicas e individuales, que se oponía tenazmente a las monarquías absolutas y que amparaba y propugnaba el libre comercio. De aquel liberalismo clásico, eso sí, en lo único en que tiene cierta semejanza es en el “amparo al libre mercado”, y lo ponemos entre comillas porque sabemos que este sistema favorece la concentración de la riqueza a través de monopolios y oligopolios.


De acuerdo con el libro El otro modelo (2013), el neoliberalismo trata de ejercer superioridad filosófica y económica en base a dos falacias, a saber:


A) Que el denominado Estado del Bienestar (que provee seguridad a los ciudadanos entendiendo derechos sociales como universales), constituye un camino de servidumbre, como lo denominó Friedrich Von Hayek, pues las prácticas de aquel Estado debilitarían a las instituciones democráticas, fomentando prácticas clientelísticas del Estado hacia el ciudadano. En síntesis, por esta vía se llega al totalitarismo y a la esclavitud.


Para demoler el argumento anterior, diremos que no hay Estados occidentales que a través de la práctica de derechos sociales universales hayan arribado al totalitarismo servil del ser humano.


B) El desarrollo se alcanza cuando el Estado no interviene en materia económica. Ante esto, señalaremos que “Desde el siglo XX todos los Estados que han alcanzado el desarrollo lo han hecho merced a una política industrial atizada desde el Estado”.


Karen Hudes y la conspiración


Karen Hudes es graduada de la escuela de Derecho de Yale y trabajó en el departamento jurídico del Banco Mundial durante 20 años. En calidad de asesora jurídica superior, tuvo suficiente información para obtener una visión global de cómo la élite domina al mundo. De este modo, lo que cuenta no es una 'teoría de la conspiración' más.
De acuerdo con la especialista, citada por el portal Exposing The Realities en el año 2012, la élite usa un núcleo hermético de instituciones financieras y gigantes corporaciones para dominar el planeta.


Hudes también señala; basada en un estudio del Instituto Federal Suizo de Tecnología, de Zürich, que analizó las relaciones entre 37 millones de empresas e inversores de todo el mundo y que descubrió que existe una "superentidad" de 147 megacorporaciones muy unidas y que controlan el 40% de toda la economía mundial; que un pequeño grupo de entidades, en su mayoría instituciones financieras y bancos centrales, ejercen una enorme influencia sobre la economía internacional entre bambalinas. "Lo que realmente está sucediendo es que los recursos del mundo están siendo dominados por este grupo... Los capturadores del poder corruptos han logrado dominar los medios de comunicación también”.


Según Hudes, también dominan las organizaciones no elegidas y que no rinden cuentas pero sí controlan las finanzas de casi todas las naciones del planeta. Se trata del Banco Mundial, el FMI y los bancos centrales, como la Reserva Federal estadounidense, que controlan toda la emisión de dinero y su circulación internacional.
La cúspide de este sistema es el Banco de Pagos Internacionales (BPI):


"Una organización internacional inmensamente poderosa de la cual la mayoría ni siquiera ha oído hablar controla secretamente la emisión de dinero del mundo entero. Es el llamado el Banco de Pagos Internacionales [Bank for International Settlements], y es el banco central de los bancos centrales. Está ubicado en Basilea, Suiza, pero tiene sucursales en Hong Kong y en Ciudad de México. Es esencialmente un banco central del mundo no electo que tiene completa inmunidad en materia de impuestos y leyes internacionales (...). Hoy, 58 bancos centrales a nivel mundial pertenecen al BPI, y tiene, con mucho, más poder en la economía de los Estados Unidos (o en la economía de cualquier otro país) que cualquier político. Cada dos meses, los banqueros centrales se reúnen en Basilea para otra 'Cumbre de Economía Mundial'. Durante estas reuniones, se toman decisiones que afectan a todo hombre, mujer y niño del planeta, y ninguno de nosotros tiene voz en lo que se decide. El Banco de Pagos Internacionales es una organización que fue fundada por la élite mundial, que opera en beneficio de la misma, y cuyo fin es ser una de las piedras angulares del venidero sistema financiero global unificado".

Finalmente, de acuerdo con Hudes, la herramienta principal para esclavizar naciones y gobiernos enteros es la deuda...


"Quieren que seamos todos esclavos de la deuda, quieren ver a todos nuestros Gobiernos esclavos de la deuda, y quieren que todos nuestros políticos sean adictos a las gigantes contribuciones financieras que ellos canalizan en sus campañas. Como la élite también es dueña de todos los medios de información principales, esos medios nunca revelarán el secreto de que hay algo fundamentalmente errado en la manera en que funciona nuestro sistema”.

Publicado en Sociedad

El asesor especial del presidente Trump, el señor Stephen Bannon, tiene un nuevo plan para "ganar" la guerra en Afganistán: remplazar el ejército estadunidense con contratistas privados. De este modo, la guerra se convertiría en un negocio redondo: la industria de armamentos seguiría suministrando armas y pertrechos, pero ahora hasta las acciones sobre el terreno serían responsabilidad de ejércitos privados. Se llaman mercenarios, pero el eufemismo de "contratistas privados" es útil para disfrazar el verdadero sentido de las guerras imperiales de nuestro tiempo.

La privatización de la guerra no es un negocio nuevo. La experiencia bélica estadunidense en Afganistán a partir de 2001 es sólo el ejemplo más reciente de operaciones de un ejército privado a gran escala. Por ejemplo, inicialmente la invasión por tropas estadunidenses se presentó como respuesta a los ataques del 9/11. Se dijo que el objetivo era desmantelar las bases de al-Qaeda, pero muy rápidamente la lógica de la guerra se transformó hasta convertirse en una ocupación militar de largo aliento. Una bien orquestada campaña de propaganda sobre la "reconstrucción de una nación" acompañó esta metamorfosis.

Los 15 años de duración de la guerra en Afganistán la convierten en la experiencia bélica más larga en la historia de Estados Unidos. Han fallecido más de 2 mil 400 soldados estadunidenses desde 2001, pero hoy las fuerzas del Talibán controlan más territorio en ese país que al principio de la guerra. Por eso Washington busca rediseñar una nueva estrategia para "ganar" esta guerra cuyos objetivos son cada vez más esquivos.

En la actualidad hay unos 9 mil soldados estadunidenses en ese país de Asia central, pero hay más de 28 mil 600 contratistas privados cuyas tareas son difíciles de describir con precisión. Ni siquiera el mismo Pentágono sabe exactamente qué está haciendo este personal. Lo cierto es que durante años recientes el número de efectivos del ejército formal ha disminuido con la supuesta finalidad de entregar la conducción de la guerra al gobierno de Kabul, pero la cantidad de "contratistas privados" ha ido aumentando y la guerra se ha ido privatizando.

No todos estos contratistas están involucrados directamente en operaciones militares. El servicio de investigación del congreso (CRS, por sus siglas en inglés) revela que 5 mil 500 están ocupados como traductores, en la construcción o como "personal de apoyo". ¿Qué hacen los otros 23 mil contratistas privados?

El tema aquí no es solamente el del número de contratistas o mercenarios enredados en la lucha armada de manera directa. Por cada soldado en operaciones sobre el terreno se requieren centenares (si no es que miles) de personas en tareas de apoyo: comunicaciones, servicios de salud, transporte, preparación de alimentos, etcétera. En síntesis, más de 70 por ciento del personal estadunidense en las tareas de ocupación en Afganistán se compone de contratistas privados.

Washington ha gastado unos 110 mil millones de dólares en la "reconstrucción" de ese país. Ese monto es muy superior al total asignado al Plan Marshall para la reconstrucción de Europa después de la segunda guerra mundial. Nadie sabe cuánto dinero se ha ido en obras inútiles o insostenibles. Lo cierto es que en el paisaje afgano abundan los cascarones vacíos de escuelas y clínicas abandonadas o a medio construir. En muchos casos la energía eléctrica necesaria para el buen funcionamiento de estas obras no se pudo garantizar. En otros el abandono se debe a las acciones de sabotaje intermitente que han hecho incosteable la operación. Frecuentemente los recursos invertidos en la "reconstrucción de la nación" han sido un regalo para las empresas privadas encargadas de los "proyectos". Pero también sirvieron para disfrazar una ocupación militar que está más interesada en objetivos estratégicos que en reparar los daños de una guerra que ha dejado más de 400 mil muertes de civiles.

El capitalismo contemporáneo sigue sus mutaciones para adaptar el mundo a sus necesidades. El salario ya no es la clave para reproducir la fuerza de trabajo y ha sido substituido por el crédito. La tasa de ganancias asociada a la actividad productiva ha sido remplazada por la rentabilidad derivada de la especulación como referencia en el proceso de acumulación. Y ahora hasta las fuerzas armadas se van transformando cada vez más en un negocio privado. En este último renglón quizás se trata más de una regresión a épocas precapitalistas pues los ejércitos privados de los señores de la guerra fueron un recurso desde hace miles de años. Pero ahora hay algo nuevo: la privatización de operaciones militares está insertada en una tendencia económica más general. Al igual que la privatización del manejo del sistema carcelario o del sistema de detención de migrantes, éste es otro indicio de la profunda reconversión del estado en la etapa actual del capitalismo. De ser una organización política, el estado hoy se ha convertido en una matriz de intereses corporativos y su finalidad no tiene nada que ver con el bienestar social.

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