Lunes, 11 Diciembre 2017 07:53

Risa no chistosa

Los grandes criminales políticos tienen que ser expuestos y expuestos especialmente a la risa. No son grandes criminales políticos, sino gente que permitió grandes delitos políticos, algo que es totalmente diferente, dijo Bertolt Brecht.

 

La filósofa Hannah Arendt, en una entrevista en 1974 con el escritor francés Roger Errera, ofreció esta cita de Brecht para argumentar que alguien como Hitler no puede ser considerado un idiota porque fracasó su proyecto, ni un gran hombre por las dimensiones de su proyecto; no es ni lo uno ni lo otro. Recuerda que la oposición a Hitler, antes de que tomara el poder, consideraba a Hitler un idiota, y después, casi para justificar su triunfo, de repente lo volvió en un gran (obviamente no en el sentido positivo) hombre.


Brecht agrega, según Arendt, que uno puede decir que la tragedia aborda los sufrimientos de la humanidad de una manera menos seria que la comedia. Arendt opina que esto es verdad, y agrega que “lo que verdaderamente es necesario, si uno desea mantener su integridad bajo estas circunstancias (...) es recordar tu vieja manera de ver tales cosas y decir: ‘no importa lo que haga y si él mató a 10 millones de personas, él sigue siendo un payaso’”.


Arendt, como Orwell y un sinnúmero de otros escritores y filósofos que enfrentaron algunas de las épocas más oscuras de la historia moderna, se han vuelto referentes urgentes en esta coyuntura estadunidense en los intentos por buscar alguna manera de entender algo tan obsceno, patético y peligroso como el fenómeno Trump.


Arendt podría ser una reportera en la era de Trump, la cual arrancó con, entre otras cosas, una gran ofensiva contra la prensa justo con el motivo que ella identificó hace más de 40 años: “El momento en que ya no contamos con una prensa libre, cualquier cosa puede suceder. Lo que hace posible para un totalitario o cualquier otra dictadura gobernar es si el pueblo no está informado (...) Si todos siempre te mienten, la consecuencia no es que te crees las mentiras, sino más bien que ya nadie cree nada (...) Y un pueblo que ya no puede creer en nada no puede tomar decisiones. Queda privado no sólo de su capacidad de actuar, sino de su capacidad de pensar y de juzgar. Y con un pueblo así uno puede hacer lo que se le antoje”.


El mundo tiene enfrente a un bufón peligroso; conservadores, liberales y progresistas advirtieron aun desde antes de la elección que el fenómeno Trump es un proyecto neofascista, totalitario y/o plutocrático. La semana pasada, hasta el ex presidente Barack Obama casi se atrevió a decirlo, al señalar que si los estadunidenses no protegen su democracia, existe el riesgo de que las cosas se puedan deshacer rápidamente y sugiriendo que Estados Unidos podría irse por el camino de la Alemania nazi, reportó Ap.


Claro que Obama no asumió –como nunca lo ha hecho, igual que todas las fuerzas liberales a lo largo de la historia moderna en este y otros países– ninguna responsabilidad por la llegada de un Trump. Cualquier estudiante crítico de historia sabe algo sobre cómo el surgimiento de un fascista y su toma del poder –como el caso de Hitler– no se puede explicar sin entender el papel trágico de las pugnas internas y a veces arrogantes de fuerzas liberales y hasta progresistas en abrir las puertas, claro, no a propósito.


Hoy día, ante Trump, esto se repite: corrientes liberales –sobre todo el Partido Demócrata y su cúpula, junto con sus apologistas intelectuales– rehúsan aceptar la responsabilidad fundamental que les corresponde (no fue el único factor) por el surgimiento y triunfo del fenómeno Trump. Siguen culpando a los rusos, o al ex jefe de la FBI, a Wikileaks, y hasta al que ofrecía la mejor opción ante la amenaza neofascista, su propio senador, Bernie Sanders. Con eso, siguen permitiendo la circulación de ese veneno que amenaza esa democracia que tanto dicen defender, mientras a veces parecen dedicar más tiempo a combatir corrientes más progresistas dentro y fuera de sus filas.


Llega el fin de un año que ha puesto en jaque la viabilidad de lo que se llama democracia en Estados Unidos, y que literalmente amenaza al mundo. Ahora aquí adentro se vive entre la persecución de los más vulnerables, elogios y justificación del racismo histórico, la ofensiva contra los derechos y libertades civiles, la destrucción abierta de normas laborales y ambientales resultado de luchas sociales, y un depredador sexual en jefe apoyando a pedófilos y llamando mentirosa a cualquier mujer que no esté de acuerdo, y por supuesto la degradación de cualquiera que se atreva a cuestionar la realidad trumpiana, sobre todo los periodistas. Ni hablar de la amenaza que representa en otras partes del mundo (y al planeta en sí), desde Corea hasta Medio Oriente, Sudamérica y México.


Los críticos y opositores que siguen jugando el juego del poder en Washington explican que hay que tener paciencia, esperar elecciones, cabildear con más efectividad, realizar investigaciones, presentar más informes y educar a los ciudadanos. Algunos casi gozan al explicar qué tan peor están las cosas de lo que uno pensaba. Fueron derrotados, pero no son minoría (eso dicen que es significativo en una democracia) –de hecho, casi todas las posiciones de los opositores al proyecto en el poder gozan del respaldo de las mayorías– sea en migración, política económica, medio ambiente, salud, educación, guerras y más– según casi todas las encuestas. Si es así, entonces pareciera que este proyecto tipo neofascista no vive del apoyo popular, sino de la decisión de opositores institucionales de permitir su existencia por supuesto respeto al proceso democrático, aparentemente aun si esto amenaza esa democracia que tanto dicen defender.


Tal vez la risa indignada –y honesta– es vital frente a todo esto, como afirma Brecht. De hecho, grandes cómicos –Stephen Colbert, John Oliver, Noah Trevor, Samantha Bee, y todo un elenco de caricaturistas editoriales– son por ahora los mejores reporteros críticos de este momento. La risa que invitan es esencial para recordar que estos enanos peligrosos en el poder no son grandes. Pero no es suficiente, se necesita que despierten los gigantes dormidos en este país.

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Jueves, 07 Diciembre 2017 05:42

Putin va por su cuarto mandato en Rusia

Finalmente el presidente de Rusia, Vladimir Putin, confirmó que será candidato en las elecciones del 2018 y que intentará lograr su cuarto mandato como jefe de Estado. "Voy a presentar mi candidatura al puesto de presidente de la Federación Rusa", afirmó Putin, en un mitin-concierto por el aniversario de una fábrica de coches en la ciudad de Nizhni Nóvgorod. Se enfrentará a contrincantes como el conservador Vladimir Zhirinovski, el líder comunista Gennadi Ziuganov y el liberal Grigori Yavlinski, del partido Jabloko.
Ante los trabajadores y responsables de la fábrica, el jefe del Kremlin aseguró que "probablemente no hay mejor lugar ni mejor momento para hacer este anuncio", según informaron las agencias rusas. Putin había guardado silencio durante meses al respecto, aunque se rumoreaba que se presentaría para ser presidente para otros seis años en los comicios que están previstos para marzo de 2018. " Rusia seguirá yendo adelante y en, este movimiento hacia adelante, nadie la parará nunca", agregó ante los empleados de la fábrica de automóviles Gorki (GAZ, por sus siglas en ruso).


Más temprano se había reunido con distintas ONGs en Moscú, donde aseguró que “seguiría con los rusos en 2018” y pidió el apoyo de la multitud ante una potencial candidatura. "Es siempre una decisión muy importante para cualquier persona, porque la motivación debe venir únicamente de la voluntad de mejorar la vida en este país, de hacerlo más poderoso, mejor protegido", agregó el presidente, quien gobernó el país en tres oportunidades.


El político de 65 años ocupó la presidencia del país entre 2000 y 2008, y después fue primer ministro bajo la presidencia de Dmitri Medvedev. Sin embargo, volvió a ser elegido como jefe de Estado en 2012, intercambiando el puesto con Medvedev, que pasó a ocupar la jefatura de Gobierno.


En esta nueva contienda electoral, las encuestas lo sitúan muy por delante del resto, con niveles de popularidad constantes por encima del 80 por ciento. Según un sondeo del instituto de opinión Levada, se espera sin embargo una baja participación: menos del 60 por ciento de los encuestados dijeron querer participar en los comicios y de ellos el 67 por ciento quiere votar por Putin.

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La mañana del 30 de noviembre de 2017, la poeta hondureña Melissa Cardoza, feminista radical y acompañante del movimiento indígena, negro y campesino de su país, se comunicó conmigo: “Hoy por la mañana han prendido fuego a la Casa-Museo del Hombre, lugar emblemático del quehacer cultural en Tegucigalpa. Ayer lxs artistxs e intelectuales de Honduras enviaron un manifiesto fuerte a la población para que saliera a defender el estado de derecho. Hoy a las 6 a.m. inició el incendio en el Museo, se ha quemado todo. El poeta Fabricio Estrada escribió: Han tenido que incendiar un museo para alumbrar su era de barbarie”. Hacía cuatro días que las elecciones presidenciales no arrojaban resultados sobre el ganador, ya que las tendencias favorecían al candidato de la oposición, Salvador Nasralla. La amenaza de un fraude, después de que con el 57% de los votos contados Nasralla ganaba con un 5% de ventaja, iba caldeando los ánimos. La población hondureña cuestionó un sistema electoral que, después del golpe de Estado de 2009, sólo ha servido para sostener el estado de las cosas. El sistema de cómputo del Tribunal Supremo Electoral colapsó antes de dar a conocer los resultados y, al reinstalarse, el presidente Juan Orlando Hernández, iba ganando por un 1%. Nadie le creyó. La noche del 30 de noviembre, en el puerto de La Ceiba, los militares tiraron de un puente y mataron a José Abilio Soto, quien se manifestaba con una banderita que decía “Fuera JOH”.


A la mañana siguiente otro muerto por los militares, en el mismo puente, un muchacho de 16 años, José Fernando Melgar al que le dispararon desde lejos. Y golpes brutales, violencias verbales, lanzamientos de gases asfixiantes en todo el país. A las 23 horas del 1 de diciembre de 2017, quienes estábamos pendientes de la realidad hondureña anochecimos con la noticia de que, para no tener que comprobar los resultados de la contienda electoral del 26 de noviembre, José Orlando Hernández había decretado diez días de toque de queda. El ejército, a los 15 minutos, mató de un disparo en la cabeza a una jovencita que intentó avisar a su hermano, Kymberly Dayana Fonseca Santamaría.


Sobre Honduras recae desde siempre un silencio mediático que ha convertido al segundo país más grande y más poblado de Centroamérica es un enigma. Desgraciadamente, también ha construido el desinterés para desentrañarlo. Así que cuando un Golpe de Estado (y Honduras después de Bolivia es el segundo país que más golpes de estado ha sufrido en América) saca momentáneamente del anonimato a Honduras, muchos (y hablo en masculino porque son casi siempre hombres) analistas políticos recurren a lugares comunes que no han construido sólo las burguesías locales y la política imperialista de Estados Unidos, sino que fueron reciclados y repetidos por las izquierdas poco críticas.


Según estos analistas, Honduras no es más que el país de donde salió la coalición militar encabezada por los estadounidenses con el apoyo de tropas centroamericanas para derrocar el gobierno legítimo de Jacobo Árbenz en 1954; el país que alberga la base aérea estadounidense de Soto Cano, la más grande de América latina, en Palmerola; el territorio donde se refugiaba la contra nicaragüense durante la guerra sucia que se llevó a cabo contra la Revolución Sandinista; el país cuyo ejército fue reformado por un embajador USA, John Dimitri Negroponte, en la década de 1980 para garantizarse el apoyo irrestricto a las tropas de su país cuando actúan en el Istmo centroamericano o desplazan los militares de su Comando Sur hacia la América meridional.


Todo ello es cierto, por supuesto. Así como es cierto que ha sido un país donde las derechas mundiales han ensayado sus políticas. Como en el Chile de Pinochet se experimentó la imposición del neoliberalismo, en el Honduras de 2009 se editó el modelo de los golpes blandos o golpes parlamentarios que se sucedieron sin éxito en Ecuador, y exitosamente en Paraguay y Brasil, la segunda economía americana.


Después de las retóricas afirmaciones posteriores a la caída del muro de Berlín, era muy difícil que el mundo unipolar volviera a la mano fuerte sin contravenir sus propios postulados de que, donde no había intentos comunistas, eran inútiles los gobiernos fuertes y los golpes militares. En 2009, exactamente veinte años después de la declaración del fin de la historia por parte de los dirigentes neoliberales, en Honduras los golpes de estado se reciclaron. Contra un presidente que se había atrevido a subir el salario mínimo más reducido de América y que intentó una consulta popular para reformar la constitución a través de una Asamblea

Constituyente, se levantó un sector de la derecha parlamentaria, apoyada por las cúpulas religiosas católicas y neoevangélicas, que instó al ejército a sacar de su cama en palacio presidencial a Manuel Zelaya y su familia y mandarlos al exilio en pijama.


Después del golpe militar del 28 de junio de 2009, las mujeres hondureñas salieron a la calle y congregaron alrededor de sus figuras de madres, trabajadoras de los mercados, campesinas, afanadoras, maestras, abogadas, escritoras, feministas y no, todas indignadas, no sólo a decenas de organizaciones populares y juveniles, sino que a los mismos sindicatos que las habían marginado históricamente. Hasta la realización de elecciones, el 29 de noviembre de 2009, elecciones que en el enrarecido clima político de la Honduras que resistía el golpe representaban de hecho un abuso de autoridad, las mujeres y sindicatos hondureños organizaron una protesta visible, caminada, gritada, de cuerpo presente, cada mañana por las calles de Tegucigalpa y San Pedro Sula. El 15 de septiembre, día en que se conmemora la Independencia de Centroamérica, casi el 8% de la población salió a manifestarse: 600 000 personas desafiaron al Congreso que había decretado un estado de sitio y suspendido las garantías de la ciudadanía. Motociclistas, peatones, señoras que interponían sus autos entre las tanquetas policiales y las y los manifestantes. Honduras respondió que no al golpe. Logró el apoyo de la Organización de Estados Americanos, que suspendió a Honduras como miembro hasta que el país restaurase “el Gobierno democrático” (que sólo podía ser el de Manuel Zelaya). Asimismo, El Salvador, Nicaragua, Guatemala, Venezuela y Suecia anunciaron sanciones económicas para Honduras; el Banco Internacional de Desarrollo y el Banco Mundial suspendieron la ayuda financiera que le otorgaban. Todas las delegaciones diplomáticas de la Unión Europea se retiraron, mientras muchas feministas llegaban a las sentadas de la poeta Amanda Castro en la Plaza Morazán y a las marchas de apoyo al pueblo hondureño. Contra el Golpe, Poesía llamaron a su acción, que contemplaba lecturas en voz alta, escrituras colectivas, abrazos a la población, huelgas de compras, distribución de donaciones recibidas de manos de otros poetas y de editores de libros y revistas.


El reconocimiento de la legitimidad de las elecciones de noviembre de 2009 por parte de los organismos internacionales golpeó duramente la resistencia hondureña, que poco a poco fue replegándose de las calles. El país se hundió en ocho años de represión, acompañada de un crítico incremento de la delincuencia más letal. Honduras cuenta con más de 90 muertos asesinados por cada 100 000 habitantes, 11 al día, lo cual le valió, en 2013, ser el país con la tasa más alta de homicidios del mundo. La represión contra sindicalistas, activistas de la diferencia sexual y, sobre todo, dirigentes campesinas e indígenas, se ha generalizado. Los feminicidios alcanzan cifras brutales, habiéndose incrementado en un 65% después del golpe. Aproximadamente 53 mujeres son asesinadas al mes, en muchos casos después de ser golpeadas, secuestradas y torturadas. El 3 de marzo de 2016, la dirigente lenca Berta Cáceres, feminista indígena y ecologista, fue asesinada en su casa frente al ambientalista mexicano Gustavo Castro, quien sobrevivió al ataque porque lo consideraron muerto. Funcionarios hondureños y ejecutivos de la empresa energética DESA estuvieron involucrados en su asesinato. "La evidencia existente es concluyente sobre la participación de numerosos trabajadores del Estado (policías, militares y funcionarios), así como de directores y empleados de DESA en la planeación, ejecución y encubrimiento", señala el informe de 92 páginas titulado Represa de violencia: el plan que asesinó a Berta Cáceres, que elaboraron juristas de Colombia, Estados Unidos, Guatemala y Holanda. El plan para matar a la activista, que buscaba paralizar la construcción de la presa Agua Zarca en el río Gualcarque del que dependen varias comunidades del pueblo lenca, se maquinó en noviembre de 2015. Berta Cáceres había sufrido dos intentos de asesinato en los meses inmediatamente anteriores a su muerte, a pesar de haber sido galardonada con el premio internacional Goldman en 2015.
Honduras es un país de represión brutal, a la vez que es un país tenazmente vital, aspecto este último completamente invisible a ojos de la prensa mundial. Seis pueblos indígenas y afromestizos, así como una densa población urbana, suman poco más de 9 millones de habitantes, que han resistido las más despiadadas políticas de aniquilación de la protesta y de la organización comunal y colectiva. Si en las décadas de 1970 y 1980 no sostuvo una guerra de liberación nacional es porque sus grupos políticos armados fueron diezmados al nacer, con una letalidad militar sólo equivalente a la mexicana actual. Sin embargo, sus grupos feministas –tardíos, diversos, más autónomos que institucionales- han sido también de los más irreverentes hacia la cultura patriarcal, el control de las familias nucleares, la dominancia de los mandatos católicos y neoevangélicos, la separación entre las demandas de las mujeres urbanas y letradas de las exigencias de mujeres indígenas, campesinas y defensoras garífunas del territorio contra la industria turística y la explotación hídrica y agroindustrial. Interclasista e intercultural, el conjunto de los feminismos hondureños cuenta con voces autónomas fundamentales, capaces de análisis y descripciones propias de los sentimientos políticos y sociales de las mujeres. Por ejemplo, Melissa Cardoza escribió que la segunda noche de queda, cuando una masa de gente se armó de antorchas y desafió a los militares, fue también la noche de las cacerolas que gritan su descontento. “Pero he ahí que del más humilde rincón de una cocina cualquiera, entre los trastos lavados y ordenados que una mujer dejara en su lugar, una tapadera, una olla de frijoles, un sartén para panqueques, un comal tortillero vinieron a salvarnos del naufragio al que nos avienta con intención una dictadura que aprieta la emoción antigua de la derrota hasta intentar devastarnos. Trastes diarios acudieron con sus ruidos a soplar el rescoldo que tenemos en estos territorios llamados Honduras, donde la brasita de la esperanza no se apaga, aunque la machaque la bota militar”.


La mañana del 5 de diciembre, Honduras fue sorprendida por un hecho tan sorprendente como trascendente. Cientos de policías de la unidad antidisturbios, conocida como Cobras, y los efectivos de la policía metropolitana se autodefinieron como pueblo que no puede reprimir al pueblo. Desde el lunes 4 de diciembre, los Cobras, una élite policial desplazada por la creación de la Policía Militar de Juan Orlando Hernández, habían salido a las calles de Tegucigalpa para mostrar su rechazo a la orden de reprimir a la población. Muchos civiles los recibieron con aplausos, algunas señoras les pasaron botellas de agua, comida y hasta flores.

Cubriéndose la cara para no ser reconocidos por las autoridades y la policía militar (que sigue reprimiendo a los y las manifestantes y ha entrado a disparar en los barrios donde en tiempos de paz no se apersona, propiciando la duda acerca de las finalidades de limpieza social de la represión), gritaron que no quieren reprimir a su gente, “ya no queremos combatir al pueblo". Acto seguido, marcharon con las y los manifestantes reclamando el recuento de votos y el fin del toque de queda. Uno de ellos le dijo a la escritora feminista Jessica Isla que sobre de ellos se dispara sin que nadie los proteja, porque el presidente Juan Orlando Hernández actuó contra la constitución al buscar la reelección. Hasta 2015, la presidencia hondureña tenía proscrito aspirar a un segundo mandato, pero un fallo de la Corte Suprema levantó la prohibición constitucional, provocando el enojo de la oposición. La rebelión de la policía antimotines, así como el hecho que el toque de queda es violado por masas de jóvenes todas las noches, revelan que la autoridad de Juan Orlando Hernández es muy frágil y que la mayoría de la población busca poner fin a 9 años de vejámenes.


En estos días de rebelión contra un fraude electoral que sólo garantizaría la continuidad de gobiernos de dudosa representación política, todos electos en las condiciones de inestabilidad propiciadas por el golpe de 2009, la prensa internacional ha hecho hincapié en el peligro del desborde de la rabia popular. La prensa local, por el contrario, ha resaltado la participación juvenil en las manifestaciones. En las páginas de “memes” y caricaturas contra el fraude circulan imágenes de jóvenes encapuchadas, muchachos indignados y, en general, se hace referencia a una revuelta de “millenials”. Se trataría de una revuelta de personas que nunca conocieron la democracia en su vida adulta.


Jessica Isla no niega la enorme participación juvenil, pero sostiene que más que a un sector etario habría que referirse a las mujeres para dibujar el panorama social de las y los inconformes: “Se ha hablado mucho en los medios y otros espacios de la participación de la juventud. Y eso está bien, no es mi intención negarlo. Sin embargo bajo ese velo de juventud se hacen invisibles otra vez a las mujeres, que no olvidemos, fueron junto a la población joven la mayoría de votantes y buena parte de las que están resistiendo en las casas y en las calles, como el Golpe de Estado de 2009. Son las mujeres las que están entregando flores a los policías, son ellas las que se movilizan, son las que abrazan a las fuerzas represoras para que no disparen, son las que cocinan para la masa de gente que se mueve, son las que limpian y finalmente, somos las que atendemos víctimas, cosemos heridas y enterramos a nuestros muertos”.

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Miércoles, 06 Diciembre 2017 06:59

América Latina: cuadro de situación

Siempre sonará estimulante eso de respetar "el veredicto de las urnas". Políticamente, nada más saludable que el pueblo (o, si así lo prefiere, "la gente", "la sociedad"), elija democrática y periódicamente a sus gobernantes, para que el estado de derecho y las instituciones continúen funcionando con normalidad. ¿Dije "normalidad"? ¿Dije "estado de derecho"?

Naturalmente, me refería al ideal de la democracia. No como la de Honduras, donde el pueblo (la sociedad, la gente) concurrió a las urnas teniendo enclavada, en el corazón del territorio, la mayor base militar del Pentágono en América Central. O Brasil, donde un parlamento corrupto hasta el tuétano, destituyó a una presidenta democráticamente elegida.

O sin ir lejos, México. Donde la titular de la Comisión de Gobernación del Senado dijo que la Ley de Seguridad Interior será aprobada "sin cambios". Dicho esto, faltaba más, en el país que encabeza la tabla de muertos y desaparecidos de América Latina. O Argentina, con un gobierno democráticamente elegido, convertido en ariete de la política del imperio contra la Venezuela democrática y bolivariana.

Tal como van las cosas, parecería atinado calificar a nuestros países de "repúblicas bananeras". Frívola muletilla despectiva, inventada en la novela Cabbages and Kings (1904) por el escritor estadunidense O. Henry (seudónimo de William Sydney Porter, 1862-1910), y vulgarizada en 1916 por el diario neoyorquino River Times, cuando Washington fletaba sus cañoneras para imponer "orden" en el Caribe y América Central. Sin embargo, muchas cosas han cambiado desde entonces. Veamos:

1) Más allá del desconcierto de buena parte de sus dirigencias, todos los pueblos latinoamericanos están en pie de lucha. Pero el imperio ya no usa la expresión banana republic para descalificarlos. Marca y logo, por lo demás, de una cadena estadunidense de tiendas que vende ropa de lujo para el "turismo de aventura".

2) Con su propia escala de valores (calculada a modo), los indicadores de "riesgo" de nuestros países se califican según las nuevas muletillas convenidas en la Organización Mundial del Comercio (OMC): "democracia", "libertad", "corrupción", "narcotráfico", "seguridad", "transparencia", "clima de negocios". Pero cualquier decisión política soberana, o dirigente popular que las ponga en cuestión, serán calificados de "populistas". Y lo sorprendente es que muchos analistas, en principio inteligentes, las dan por buenas.

3) Aunque la cuarta flota continúe navegando por el continente, la rápida instalación de bases militares del Bravo a Ushuaia, junto con la "tercerización" de algunos gobiernos para desestabilizar a otros (casos de Colombia y Chile frente a Venezuela y Bolivia), han sustituido el recurso de la invasión militar directa.

4) A pesar de los reveses políticos (Argentina, golpe parlamentario en Brasil, fraude electoral en curso en Honduras), una mirada atenta y sin telarañas mentales puede constatar, con mirada realista y "desde abajo", que no será fácil imponer, pacífica y "democráticamente", los renovados intentos de explotación y sometimiento.

5) La irrupción masiva y deliberante de los "sectores medios" en todos los escenarios políticos ha puesto contra las cuerdas a los teóricos clasistas de la revolución. Mayor razón, entonces, para revisar ciertas premisas ancladas en la Comuna de París, o la toma del Palacio de Invierno. Porque desde ya, sería ganancia que a las nociones de “libertad e "igualdad", conquistadas por la burguesía liberal, se pusiera en práctica la de "solidaridad", escamoteada por el sectarismo y el chovinismo de izquierda.

6) Las "clases dominantes" se han renovado ideológicamente y, a través del poder mediático, financiero y judicial, son más perversas y feroces que nunca. Tienen perfectamente claro, por ejemplo, que el asesinato selectivo y la conquista mediático/simbólica de los espíritus (la "subjetividad", bah), resultan más eficaces que los anacrónicos golpes de Estado. Una entidad, por lo demás, que casi a pedido de muchos izquierdistas, la verborrea conservadora y liberal se ha propuesto reducir a entelequia.

Habrá más comentarios en estos boletines. Por ahora, quedémonos con un comentario del Pepe Mujica, con el que se puede o no estar de acuerdo. Entrevistado por un filósofo rioplatense, el ex presidente de Uruguay dijo: "Antes queríamos cambiar el mundo, ahora queremos asfaltar algunas calles".

Con agudeza, el filósofo infiere: "Si como quiere Mujica, volvemos a pavimentar las calles, sacaremos del barro a los nuevos mendigos y, felices, porque nos importa el dolor de los otros, la cicatriz ajena, los veremos caminar hacia el horizonte, paseando otra vez por el asfalto de la dignidad". Y, posiblemente, con nuevas teorías revolucionarias.

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Miércoles, 06 Diciembre 2017 06:49

Trump juega con fuego en Medio Oriente

El mandatario ignoró advertencias y negativas de países musulmanes y europeos y comunicó ayer a su colega palestino, Mahmud Abbas, su plan de mover la embajada norteamericana de Tel Aviv a Jerusalén. La tensión no paró de crecer.

 

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ignoró advertencias y amenazas de países musulmanes y europeos y comunicó ayer al mandatario palestino, Mahmud Abbas, que reconocerá a Jerusalén como capital de Israel, en un giro histórico que prevé anunciar hoy y que podría encender la chispa que inicie una nueva guerra en la región.


Pese a que la mayoría de los países más poderosos de Medio Oriente y Europa pidieron cautela, Trump siguió adelante con un plan que tiene desde la campaña electoral y llamó por teléfono al líder palestino, al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, al rey de Jordania, Abdullah II, y al presidente egipcio, Abdel Fatah al Sisi, informó la Casa Blanca.


“Trump dijo al presidente Abbas que va a mover la embajada de Estados Unidos en Israel a Jerusalén”, lo que implicaría reconocer a la ciudad como capital israelí, contó a la prensa el vocero del mandatario palestino, Nabil Abu Rudeina.


“El presidente Abbas reafirmó nuestra firme posición: no puede haber un Estado palestino sin Jerusalén este como su capital, como establecen las resoluciones que tienen legitimidad internacional y la iniciativa de paz árabe” de 2002, agregó Rudeina. El portavoz dijo también que Abbas alertó a Trump de las “graves consecuencias de esa decisión para el proceso de paz y la seguridad y estabilidad de la región y el mundo”.


Los palestinos quieren como capital de su futuro Estado la parte oriental de la ciudad, ocupada desde 1967 y posteriormente anexionada por Israel. El Estado judío, por su parte, reclama la ciudad como su capital indivisible.


Trump le dijo lo mismo que a Abbas al rey Abdullah II, quien, en su calidad de custodio de los lugares sagrados islámicos de la Ciudad Vieja de Jerusalén, le advirtió sobre el “peligro de tomar cualquier decisión fuera del marco de una solución global que garantice un Estado palestino con Jerusalén este como capital”, informó la agencia de noticias jordana Petra.


Al cabo de un día de frenéticas gestiones diplomáticas, la Casa Blanca informó que Trump hará hoy su “anuncio” sobre Jerusalén, pero se negó a adelantar su contenido y dijo que el mandatario tomará “la que sienta que es la mejor decisión para Estados Unidos”.


No obstante, los diarios The New York Times y The Washington Post, citando a funcionarios conocedores de la decisión, dijeron que el presidente norteamericano declarará, con efecto inmediato, que Estados Unidos reconoce a Jerusalén como capital de Israel.


Sin embargo, como un pronto traslado de la embajada sería imposible por cuestiones logísticas, se espera que el presidente firme una dispensa que autoriza a su gobierno a mantener su sede diplomática en Tel Aviv durante otros seis meses, agregaron los diarios.


Como una espiral, la tensión no paró de crecer ayer. Abbas llamó por teléfono a su par ruso, Vladimir Putin, al papa Francisco y a dos influyentes aliados en la región, el rey jordano y el monarca de Marruecos, Mohammed VI. Les pidió que actúen rápidamente para proteger los lugares sagrados de Jerusalén y evitar una escalada de violencia en la zona, según la agencia de noticias oficial palestina Wafa.


La bronca y la sorpresa se extendería pronto desde los despachos oficiales a las calles. Los principales partidos políticos palestinos habían convocado ayer un “día de furia” con protestas masivas para el viernes, el día sagrado de los musulmanes. Sin embargo, tras la confirmación de Trump de que avanzará con su plan, ayer extendieron esa convocatoria a tres días: hoy, mañana y el viernes.


Además llamaron a los palestinos y musulmanes a manifestarse frente a las embajadas estadounidenses de todo el mundo, una invitación que en el pasado terminó en incidentes, especialmente en Medio Oriente.


Si Trump finalmente cumple con su promesa de campaña y mueve la embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén, eso significaría reconocer a esta última ciudad como la capital de Israel, una decisión que ningún país y mucho menos ninguna potencia tomó en estos 70 años de conflicto, después de la fundación del Estado de Israel.
Ningún país reconoce a Jerusalén como capital porque tanto los israelíes como los palestinos la reclaman. De hecho, la comunidad internacional, con la ONU a la cabeza, reconoce a la histórica ciudad como un territorio dividido: la mitad occidental es aceptada como parte del Estado israelí, mientras que la parte oriental –que incluye a la Ciudad Vieja– es incluida dentro de la región considerada como ocupada desde 1967.


Por eso, Trump sólo cosechó negativas, repudios y advertencias.


Turquía, uno de los socios de la OTAN más relevantes en la región, amenazó con romper relaciones diplomáticas con Israel y convocar una cumbre de la Organización de Cooperación Islámica (OIC) si la Ciudad Santa es reconocida como capital. “Jerusalén es la línea roja para todos los musulmanes”, sentenció el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, ante el Parlamento de su país.


En tanto, Israel rechazó las amenazas de Erdogan. “Jerusalén es la capital del pueblo judío desde hace más de 3.000 años y la capital de Israel desde hace 70 años, más allá de que lo reconozca o no Erdogan”, afirmaron representantes del gobierno.


Desde El Cairo, el presidente Al Sisi también le advirtió a Trump que podría “complicar” la situación en la región, según un comunicado oficial.


Su canciller, Sameh Shoukry, aseguró que un cambio de estatus de Jerusalén “probablemente tenga repercusiones peligrosas en la situación regional y el futuro del proceso de paz” en Medio Oriente. Jordania ya convocó a una reunión de urgencia de la Liga Árabe para el sábado.


A lo largo de la jornada, las monarquías de Arabia Saudita –otro importante aliado de Estados Unidos y una de las potencias musulmanas sunnitas más poderosas de la región– Marruecos y Qatar, la Liga Árabe y varias instituciones influyentes del mundo islámico también rechazaron la posibilidad de un cambio de estatus de Jerusalén y advirtieron que sería una afrenta contra todo el mundo islámico.


Las críticas sobrepasaron la región y se escucharon hasta en el corazón de Europa. Francia, Alemania, Italia y la Unión Europea reafirmaron su compromiso con una solución negociada entre israelíes y palestinos al conflicto, que incluya el estatus definitivo de Jerusalén.


El presidente francés, Emmanuel Macron, señaló que el estatus de Jerusalén debe ser fijado en el marco de negociaciones de paz entre israelíes y palestinos, indicó el Palacio del Elíseo tras una conversación telefónica entre Macron y Trump.


También el ministro alemán de Relaciones Exteriores, Sigmar Gabriel, alertó hoy sobre las consecuencias de una decisión así. “Solo se podrá encontrar una solución a la problemática de Jerusalén en negociaciones directas entre ambas partes”, dijo Gabriel. “Todo lo que contribuya a agravar esta crisis ahora es contraproducente”, opinó el socialdemócrata en una alocución en un foro de política exterior en Berlín. La representante de Política Exterior de la Unión Europea (UE), Federica Mogherini, advirtió a Estados Unidos tras un encuentro bilateral con el secretario de Estado norteamericano, Rex Tillerson, en Bruselas que “cualquier acción que mine” el proceso de paz de Medio Oriente “debe ser evitada totalmente”.


El Congreso estadounidense aprobó en 1995 una ley que prevé el traslado de la embajada estadounidense a Jerusalén, pero hasta ahora todos los presidentes han retrasado su implementación alegando daños a la seguridad nacional y el plazo se va postergando cada seis meses. Ninguno ha querido dar ese paso como muestra de neutralidad.

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Autor de una trilogía de libros indispensable sobre el ascenso, apogeo y caída del Tercer Reich, considera que del nazismo “siempre se aprende algo nuevo”. Evans estudió a fondo los orígenes del fenómeno y sus implicancias sociales y culturales.

 

Nacido en Londres en 1947, Richard J. Evans es uno de los especialistas más destacados en la historia de la Alemania moderna. De 1989 a 1998 fue profesor de Historia en el Birkbeck College de la Universidad de Londres y entre 1998 y 2014, profesor de Historia Moderna en la Universidad de Cambridge, entre otros pergaminos que posee. Desde hace veinte años se dedica a estudiar el fenómeno del nazismo. Algunos de sus libros sobre el tema son In Hitler’s Shadow, Telling Lies about Hitler y la indispensable trilogía sobre el monstruoso poder que tuvo Hitler que ahora la editorial Península acaba de reeditar para la Argentina: el primero es La llegada del Tercer Reich, donde Evans parte del 1900 y se pregunta cómo si en el inicio del siglo XX Alemania era considerada una de las naciones más progresistas, dinámicas y admirables del mundo, en pocos años, guiada por Hitler y sus partidarios, condujo a la ruina a Europa, causó la mayor destrucción inimaginable y destrozó, para siempre, el sueño y la vida de millones de seres humanos. El segundo volumen de la trilogía, El Tercer Reich en el poder, analiza su historia una vez al frente de los órganos de gobierno y las instituciones alemanas, mientras que el tercer libro El Tercer Reich en guerra relata el desarrollo del nacionalsocialismo político y militar desde el estallido de la Segunda Guerra Mundial, el 1 de septiembre de 1939, hasta su final en Europa, el 8 de mayo de 1945.


“El nazismo fue con toda seguridad la más perversa y destructiva fuerza de la Historia. Por eso es importante conocerla. Con la trilogía, apunto a presentarle al público lector en general los más recientes conocimientos sobre el tema, por lo que hacerlo de un modo legible y fácilmente comprensible eran metas significativas”, señala Evans en la entrevista exclusiva con PáginaI12, sobre los objetivos que lo llevaron a investigar tan profundamente al nazismo desde su prehistoria, pasando por su apogeo del terror y hasta llegar a su final. “También traté de que se comprendan cabalmente las implicancias que tuvo para la gente común, incluyendo para ello anécdotas y diversos tipos de documentos”, agrega el prestigioso historiador.


–Después de todo lo que se ha investigado, ¿por qué sigue usted tan interesado en continuar con sus investigaciones acerca del Tercer Reich?

–En verdad, a largo de mi carrera abarqué un amplio espectro de temas dentro de la historia alemana, que exceden en su mayoría a éste. Mi tesis doctoral cubrió el período entre los años 1894 a 1933, analizando la decadencia de los valores liberales en Alemania, tomando como ejemplo el movimiento feminista. Luego, escribí un estudio acerca de la epidemia de cólera de 1892 en Hamburgo, utilizándola como punto de comparación entre los enfoques inglés y alemán de las relaciones entre la sociedad y el Estado, y de la libertad individual (Hamburgo se enorgullece de ser una ciudad de impronta liberal, al estilo “inglés”). Pero también dicté un curso sobre la Alemania nazi, y cuando los abogados del caso de Irving por difamación (ver recuadro) me pidieron que les recomendara una Historia del Tercer Reich generosa en detalles, al encontrarme imposibilitado de hacerlo, decidí utilizar esta experiencia que me dio la enseñanza como punto de partida para desarrollar una historia general. Sucede entonces que solo estuve estudiando el Tercer Reich durante las últimas dos décadas. Ahora mismo, estoy trabajando en las teorías conspirativas que involucran a Hitler, como parte de un proyecto a larga escala que dirijo en Cambridge, basado precisamente en este tipo de teorías. Ya que surgieron muchas investigaciones acerca de la Alemania nazi en los últimos veinte años, y muchas nuevas fuentes de información se hicieron públicas, es un tema del que siempre estamos aprendiendo algo nuevo.


–En la primera parte de su trilogía, La Llegada del Tercer Reich, narra cómo los nazis destruyeron la democracia y se adueñaron del poder en Alemania. ¿Por qué es tan importante conocer el origen de los nazis?

–Especialmente hoy, en que la democracia se halla bajo amenaza en casi todas partes como no lo estaba desde los años 30, es vital comprender de qué modo mueren las democracias y a dónde nos pueden conducir los regímenes totalitarios.


–¿Por qué los nazis encontraron una oposición tan débil a sus planes de transformar Alemania en un Estado totalitario? ¿Por qué tantos se dejaron seducir por Hitler?
–Los nazis, que nunca sacaron más del 37 por ciento de los votos en una elección abierta, transformaron el gobierno (al que accedieron el 30 de enero de 1933) en una dictadura, combinando básicamente la acción sobre las masas y la violencia criminal contra sus opositores, e incorporando ciertas medidas legales (o pseudolegales) destinadas a dotar de legitimidad a su destrucción de la democracia y de las libertades civiles. En ese marco, donde el desempleo trepaba a más del 30 por ciento de la fuerza laboral, sus oponentes eran débiles y se hallaban divididos. La poderosa retórica de Hitler, unida a su sofisticada propaganda, convencieron a muchos de que él iba a devolverle la grandeza a Alemania, resolvería el problema del desempleo, y restauraría tanto la estabilidad como el orden.


–Su trilogía cubre cultura, economía, industria, comercio, arte, educación, religión... ¿Cómo fue afectada cada una de estas áreas por el nazismo? ¿Alguna lo fue más que otras?
–Como sistema totalitario, el nazismo afectó todas las áreas de la vida. Se clausuraron todas las instituciones y establecimientos independientes (exceptuando aquellos que dependían del ejército o de la Iglesia), a la vez que se los forzó a unirse al partido nazi, o a alguna de sus fuerzas afines. Los objetivos de los nazis eran: utilizar la educación y la cultura para preparar a los alemanes para una nueva guerra por la conquista de Europa y el exterminio racial, administrar la economía de modo tal que se les hiciese viable proveer al país de armamento a gran escala, poner los templos religiosos al servicio de estas metas, diseñar activamente los principios centrales y rectores de la sociedad y de la política social, antes que estudiarlos meramente de modo pasivo. Tal como lo cuento en mi libro, su éxito sólo fue parcial: los nazis no pudieron dominar totalmente las iglesias, la economía no logró sostener el reabastecimiento de armas al ritmo y la escala que ellos requerían, y los alemanes, en general, no se mostraron muy entusiasmados con otra guerra, dada su experiencia con la Primera Guerra Mundial.


–¿En los orígenes del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (Nsdap) estaban ya presentes las raíces del antisemitismo alemán?
–El antisemitismo alemán tuvo sus raíces en la aparición de teóricos y agrupaciones políticas de finales del siglo XIX. Hasta fines de la Primera Guerra Mundial, siguió siendo un fenómeno marginal. La mayoría de los alemanes no era antisemita, mucho menos los socialistas, comunistas y liberales, quienes se oponían firmemente al antisemitismo. Solo una vez que los nazis llegaron al poder esta tendencia se generalizó, especialmente como resultado de la propaganda de su régimen.


–En La llegada del Tercer Reich usted analiza, entre otros aspectos, los primeros seis meses del gobierno de Hitler. En ese periodo específico, ¿se puede ya observar la destrucción metódica del sistema democrático?
–Sí, por supuesto: desde la asunción de Hitler, el 30 de enero de 1933 hasta la creación del Estado de Partido Unico, en julio, se da una combinación de fuerza, chantaje, amenazas y decretos.


–En el segundo volumen de su trilogía, usted trata específicamente la cuestión del racismo. ¿Cómo elaboró este capítulo en particular?
–Quería demostrar como el régimen nazi desplegó sus políticas de racismo a todo nivel, desde la selección eugenésica de la raza “aria” por medio de la esterilización forzada de los discapacitados mentales y de los minusválidos hasta la discriminación contra los supuestos “degenerados”: gente como los gitanos, los criminales, los homosexuales y otros tantos. Pero sobre todo, por supuesto, contra la escasa minoría judía de Alemania, a quienes se percibía (bastante erróneamente) como una potencial amenaza contra la Nación en la guerra que se avecinaba.


–¿Las Leyes de Nuremberg de 1935 fueron las que establecieron los principios básicos de la política racial en el Estado nazi?
–Las Leyes de Nuremberg hicieron foco únicamente en los judíos, considerados por los nazis como una amenaza palpable. Efectivamente, se los marginó y se les privó del derecho al voto. Pero hubo muchas otras medidas antisemitas no cubiertas por estas leyes, destacándose la “arianización”, o expropiación de los negocios de los judíos, y luego también la discriminación hacia otras minorías raciales.


–En su libro queda claro que la llamada “Solución Final” estuvo orientada no solamente hacia los judíos, sino también hacia los discapacitados (tanto físicos como mentales). ¿Los métodos de persecución y aniquilamiento fueron los mismos?
–No, la expresión “Solución Final para el problema judío en Europa” era explícita. Todos los judíos, según se decidió en 1941, habían de ser exterminados, porque todos ellos estaban supuestamente envueltos en una conspiración para destruir a Alemania. Los minusválidos y otros eran vistos como meros obstáculos para que Alemania ganase la guerra, a los que había que barrer del camino como si fuesen “subhumanos”. La inhalación de gas se utilizaba para ejecutar a los discapacitados en los hospitales mentales, y cuando la Iglesia Católica la objetó en 1941, los grupos que se especializaban en ejecución por gas fueron redestinados a matar judíos. Pero también hubo judíos asesinados en grandes cantidades por fusilamiento en fosas, o por confinamiento en los ghettos, donde se morían de hambre.


–Más allá del Holocausto, usted ha estudiado en profundidad la sociedad alemana. ¿Cómo la describiría? ¿Era consciente del horror?
–La mayoría de los alemanes sabía acerca del exterminio judío. Muchos estaban disconformes con eso, pero no podían hacer nada, dadas las condiciones dictatoriales imperantes. Los alemanes sentían culpa, y luego de la guerra negaron haberse enterado del exterminio.


–¿Qué pasó con la cultura? ¿Fue de vital importancia para sumar a la sociedad a la causa nazi?

–La cultura fue subordinada a la propaganda, pero Hitler también inició una cruzada contra el modernismo artístico, como artista fallido que era, por lo cual sus políticas culturales fueron más que meras políticas. Se suponía que los artistas alemanes debían servir a los propósitos raciales, políticos y militares del régimen. El grueso de los artistas modernistas abandonó el país en 1933, o poco después.


–¿Cuándo se rebelaron los alemanes contra el régimen nazi? ¿Fue cuando sus pueblos y grandes ciudades empezaron a ser bombardeados por las fuerzas de los Aliados?

–La moral y la confianza del público alemán en el régimen empezó a flaquear con la derrota de Stalingrado, y luego, más que otra cosa por la destrucción que los bombarderos aliados causaron a las ciudades alemanas. Hamburgo, en julio de 1943, con 40 mil muertos y cuyo centro de la ciudad fue totalmente arrasado por una tormenta de fuego, significó un punto de inflexión. Pero los alemanes siguieron adelante porque se reafirmaron en la creencia de que luchaban por Alemania, y no por los nazis. En los últimos meses, cayeron en una completa desilusión pero el régimen los mantuvo bajo control por medio de una oleada final de terror.


–La naturaleza violenta que constituía al nazismo, ¿al final se volvió contra la propia Alemania?

–Si, al final Hitler creyó que el pueblo alemán le había fallado y que no merecía sobrevivir, por lo que ordenó que todo fuera destruido. Por fortuna, fue mayormente desobedecido.

–Según su opinión, ¿existe alguna garantía de que nunca habrá un Cuarto Reich? A pesar de todo el horror pasado, en estos tiempos la ultraderecha e incluso los partidos neonazis están creciendo y tienen representantes en los Parlamentos de toda Europa.

–A los partidos populistas y anti inmigrantes les está yendo mejor que antes, pero más que nada en el antes llamado bloque del Este, donde las raíces de la cultura democrática son poco profundas. En Alemania, incluso, el partido de extrema derecha Alternativa Para Alemania (AFD) tiene simpatizantes de Europa del Este. Pero los verdaderos neonazis siguen siendo un movimiento completamente marginal.


–En el mismo sentido, ¿piensa usted que hoy en día se debería reafirmar la conciencia colectiva y la memoria histórica?

–Sí, aunque ya son muy fuertes dentro de la mismísima Alemania. Sin embargo, me preocupa seriamente la reivindicación de los antisemitas y los simpatizantes nazis, como Stepán Bandera en Polonia. Y no me siento cómodo con la extendida creencia (que en algunos países, recibe apoyo oficial), de que Stalin era tan malo, o peor incluso, que Hitler. Ambos eran muy diferentes, y aunque Stalin era, en verdad, un genocida a gran escala, no consideraba a otras razas como si fueran inferiores, y tampoco trató de conquistar el mundo, ni siquiera Europa.


–Más allá de su investigación histórica, ¿siente usted que sus libros contribuyen a reafirmar la conciencia contra el nazismo?
–Ciertamente, espero que sí.

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Miércoles, 29 Noviembre 2017 07:16

¿Son compatibles el capitalismo y la democracia?

La estabilidad social y económica bajo el capitalismo afronta dos problemas esenciales. Por un lado, las continuas crisis y la feroz competencia inter-capitalista hacen de la acumulación de capital un proceso inseguro. Por el otro, el conflicto en la distribución del ingreso constituye una permanente amenaza de ruptura social. La democracia está en el corazón de estas dos fuentes de tensiones sistémicas.


Para introducir un par de definiciones operativas, aquí entendemos por democracia un sistema en el que todos los ciudadanos adultos tienen el derecho al voto (sufragio universal) ), hay elecciones libres y se protegen los derechos humanos bajo el imperio del estado de derecho. El capitalismo es un sistema en el que una clase dominante se apropia del excedente del producto social ya no por la violencia, sino por medio del mercado.


El surgimiento del capitalismo se llevó a cabo en un entorno de estados monárquicos y autocráticos, por no decir dictatoriales. La necesidad de preservar los derechos de propiedad de la clase capitalista era una de las prioridades de esos estados. El movimiento de ideas comenzó a cambiar con la sacudida de las revoluciones en Estados Unidos y en Francia. Aún así, la constitución de Estados Unidos (1787) no menciona el sufragio universal y en cambio otorgó a cada estado la facultad de regular el derecho al voto. La mayoría sólo otorgó ese derecho a los propietarios. No fue sino hasta la décimo quinta y décimo novena enmiendas (1870 y 1920 respectivamente) que se garantizó el voto universal. En Francia la revolución terminó con la monarquía pero el sufragio universal se otorgó hasta 1946.


La palabra democracia fue utilizada hasta principios del siglo veinte en un sentido peyorativo o como sinónimo de un sistema caótico en el que las clases desposeídas terminarían por expropiar a los propietarios del capital. La clase capitalista pensaba que detrás del sufragio universal se ocultaba el peligro de que la mayoría democrática pudiera abolir sus privilegios. Pero gradualmente la presión de una masa que aunque no tenía derecho al voto sí formaba parte de la economía de mercado se hizo irresistible. También la perspectiva de la clase capitalista fue transformándose: un régimen monárquico parecía ser cada vez menos adecuado para garantizar el cumplimiento de los contratos y los derechos de propiedad. A pesar de todo, capitalismo y democracia siguieron siendo vistos como procesos antagónicos hasta bien entrado el siglo veinte.


Al finalizar la primera guerra mundial la reconstrucción de las economías capitalistas en Europa no permitió consolidar un orden social adecuado para el capitalismo y en varios países se abrió paso al fascismo. La Gran Depresión debilitó al capital y generó un sistema regulatorio en el que una adecuada distribución del producto se erigió en prioridad del estado. Ese sistema permitió el crecimiento robusto y la distribución de beneficios a través del estado de bienestar durante las tres décadas de la posguerra. La clase capitalista aceptó a regañadientes la regulación del proceso económico por el estado. La legitimidad del capitalismo se fortaleció a través de una menor desigualdad y un mejor nivel de vida para la mayor parte de la población. En ese período democracia y capitalismo parecían marchar de la mano en sincronía.


Pero en la década de 1970 resurge la tensión por la disminución en la rentabilidad del capital, una caída en la tasa de crecimiento, nuevas presiones inflacionarias y otros desajustes macroeconómicos. La política económica que había mantenido el estado de bienestar fue desmantelada gradualmente, al mismo tiempo que se declaraba la guerra contra sindicatos y las instituciones ligadas a la dinámica del mercado laboral. En ese tiempo comenzó también el proceso de desregulación del sistema financiero. Se acabó por destruir el régimen de acumulación basado en una democracia que buscaba mayor igualdad y se reinició el ciclo natural de crisis que siempre había marcado la historia del capitalismo. El neoliberalismo es la culminación de todo este proceso.


Hoy la democracia se encuentra más amenazada porque la vía electoral no parece permitir cambios en las decisiones fundamentales de la vida económica. Las cosas empeoraron al estallar la crisis de 2008. Los mitos sobre equilibrios macroeconómicos ayudaron a imponer políticas que frenan el crecimiento e intensifican la desigualdad. La austeridad fiscal y la llamada política monetaria no convencional son los ejemplos más sobresalientes. Si a esto agregamos la incompetencia de los funcionarios públicos, su entrega a los intereses corporativos y del capitalismo financiero, así como el tema de la corrupción, tenemos una combinación realmente peligrosa.


El capitalista puede despedir a un obrero, pero no al revés. Por eso capitalismo y democracia no son hermanitos gemelos. Más bien son enemigos mortales. Por eso Hayek, uno de los ideólogos más importantes del neoliberalismo, no titubea en recomendar la abolición de la democracia si se trata de rescatar al capitalismo.
Twitter: @anadaloficial

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El Pentágono parece estar cambiando de estrategia: en vez de mantener sus 850 bases militares alrededor del mundo, que suponen un elevado costo para una potencia en declive económico, puede optar por reducirlas a la mitad e impulsar la venta de armas, lo que puede además reducir la hostilidad de poblaciones que rechazan cada vez con mayor vigor la presencia militar de EEUU en sus territorios.


Dos hechos avalan esta tendencia. Por un lado, en todo el mundo se incrementa la resistencia a la guerra y a la presencia militar del Pentágono. Lo que sucede en Japón respecto a las base de EEUU en el archipiélago de Okinawa, es un buen ejemplo. Por otro, la venta de armas a Arabia Saudí y a Japón marcarían un viraje de largo aliento.
Durante más de medio siglo, la presencia militar estadounidense en Okinawa ha provocado múltiples incidentes. La Oficina Internacional por la Paz (IPB en inglés), la organización internacional más antigua dedicada a buscar soluciones a los conflictos, entregó su premio anual a la campaña ciudadana contra la base militar de EEUU en Henoko, en Okinawa (Japón).


Durante más de medio siglo, la presencia militar estadounidense en Okinawa ha provocado múltiples incidentes. La Oficina Internacional por la Paz (IPB en inglés), la organización internacional más antigua dedicada a buscar soluciones a los conflictos, entregó su premio anual a la campaña ciudadana contra la base militar de EEUU en Henoko, en Okinawa (Japón).


Hiroshi Ashitomi y Suzuyo Takazato recibieron la pasada semana el premio Sean MacBride por la Paz del IPB en Barcelona, ocasión en que manifestaron su proyecto de largo plazo: "Nuestra propuesta es retornar el territorio a la prefectura de Okinawa para convertirlo en un zona de ecoturismo, para que así la gente pueda venir y disfrutar de la naturaleza".

Desde 1972 hasta 2015, los soldados de EEUU en Okinawa cometieron 5.896 delitos, incluyendo 2.928 robos y 1.062 delitos violentos, entre ellos numerosas violaciones. Según Takazato, la cifra no es real ya que "en muchos casos las mujeres no acuden a la policía a denunciar, así que detrás de esta cifra hay numerosos incidentes que quedan fuera de la estadística".


Uno de los más graves sucedió en junio de 2016, cuando un contratista estadounidense violó y asesinó a una joven de 20 años de Okinawa. La reacción popular fue contundente con una enorme manifestación de 65.000 personas que exigieron la retirada de las bases militares.


Entre 1972 y 2015 hubo unos 493 aterrizajes forzosos, 63 desprendimientos de partes de aviones y 45 accidentes aéreos. Un caza de EEUU se estrelló en 1959 contra una escuela primaria en Miyamori, matando a 17 personas entre estudiantes y vecinos, aunque el piloto se eyectó y salió ileso. En agosto de 2004 un helicóptero militar estadounidense se estrelló contra la Universidad Internacional de Okinawa y el pasado 11 de septiembre un avión MV-22 Osprey se estrelló en el municipio de Abu.


Según el representante de la campaña ciudadana, Hiroshi Ashitomi, "las encuestas dicen que un 80% de la población está en contra de la construcción de una nueva base". Una de las posibilidades es trasladar las bases aéreas a otro lugar de Japón, pero estiman que no es la solución porque ninguna población local quiere albergarlas. Por eso se oponen al traslado y abogan para que la base de Okinawa sea clausurada.


El conflicto se agudizó desde que en 1996 las autoridades prometieron que las bases serían trasladadas, cosa que nunca sucedió. "El Gobierno ha ejercido una enorme presión sobre los representantes electos de Okinawa", aseguran los premiados. Los diputados por esta localidad fueron elegidos por su oposición a la base pero una vez electos fueron forzados a cambiar de postura. En consecuencia, "en las siguientes elecciones ninguno de ellos fue elegido por la gente de Okinawa".


En la isla de Okinawa, con 1,4 millones de habitantes, viven unos 26.000 efectivos de EE.UU. en más de 30 bases. En total son 300 mil soldados en 850 instalaciones alrededor del mundo, donde destacan la base aérea de Ramstein (Alemania), la naval de Rota y la aérea de Torrejón (España). Ante todas ellas se han registrado fuertes protestas.


El desgaste que provoca la presencia militar masiva de EEUU, está provocando un cambio de estrategia. Desde la presidencia de Barack Obama el Pentágono viene proponiendo que la Unión Europea aumente sus gastos de defensa y se convierta en el “segundo pilar” de la OTAN, para que EEUU pueda concentrarse en “pivotar” hacia Asia para contener a China en alianza con el gobierno del primer ministro japonés, Shinzo Abe.


Recientemente el Laboratorio Europeo de Anticipación Política (LEAP), analizó este viraje y sostuvo que EEUU puede ofrecer muy poco al mundo fuera de su superioridad de su aparato industrial-militar. Para que esto funcione, debe reducir seriamente sus gastos ya que no dispone de recursos para mantener más de 800 bases que le cuestan unos 160.000 millones de dólares al año.


El escenario que vislumbra el LEAP supone un giro radical. "Si EE.UU. abandonara la mitad de sus bases extranjeras, ahorraría alrededor de 65.000 millones al año. Por otra parte, en un mundo multipolar en el que la paz depende del equilibrio de las fuerzas, la necesidad de armas sigue siendo enorme". Las exportaciones de armas de EEUU podrían crecer un 50%, hasta 25.000 millones de ingresos adicionales, lo que supone ahorrar un total de 90.000 millones de dólares al año.


A ello debe sumarse el aumento del presupuesto militar, lo que hace que la economía de EEUU dependa cada vez más del complejo industrial-militar. Un ejemplo son las relaciones con Arabia Saudí. En 2016, la exportación de armas a Riad aumentó exponencialmente, mientras la importación estadounidense de petróleo proveniente del mismo país cayó en picada, reequilibrando así la balanza comercial entre ambos a favor de EEUU.


No sabemos si este cambio de tendencia se va a confirmar. Por lo pronto, Japón está procediendo a un fuerte rearme con crecientes compras a EEUU. Washington debe optar: o seguir financiando la masiva presencia en el exterior de soldados con un costo de 100.000 dólares al año cada uno (además de los costos políticos), o bien apostarle a una fuerte reactivación de la industria de defensa y trasladar los gastos de armamento y de bases militares a sus aliados alrededor del mundo

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Casi como un favor, el régimen norcoreano lanzó otro misil intercontinental de prueba en desafío a Estados Unidos y la llamada "comunidad internacional", permitiendo que Donald Trump se disfrazara otra vez de comandante en jefe y con ello distraer de problemas como la investigación a su equipo, sus tropiezos públicos y otras desventuras.

Y hablando de favores, el proyecto de ley que regala reducciones de impuestos a los más ricos –individuos y empresas– del país fue remitido este martes al pleno del Senado, después de varios arrestos de manifestantes en el Congreso que protestaban por los efectos de tal propuesta en la asistencia social, sobre todo en el sector salud, mientras en Wall Street festejaron la noticia con avances récord en las bolsas de valores.

"Nos encargaremos de ello, es una situación que manejaremos", aseguró Trump en la Casa Blanca a reporteros en torno al lanzamiento de lo que fue identificado por el Pentágono como un misil intercontinental lanzado por Corea del Norte, el primero desde mediados de septiembre. Algunos expertos consideraron que el alcance de ese tipo de misil técnicamente podría llegar hasta Washington, aunque se debate sobre el grado de sofisticación, al darse una vez más esa conversación macabra –pero realizada como si fuera algo casi técnico e incluso aceptable– sobre las probabilidades y dimensiones de una guerra nuclear.

La noticia fortaleció a halcones en Washington, aunque el secretario de Estado, Rex Tillerson, aseguró este martes que "opciones diplomáticas permanecen viables y están abiertas, por ahora", e insistió en que Estados Unidos busca un camino "pacífico" a la "denuclearización" de Corea del Norte. El secretario de Defensa, James Mattis, informó que el misil tuvo la trayectoria más alta jamás usada por los norcoreanos y consideró el lanzamiento como parte del esfuerzo de construir cohetes "que pueden amenazar a todo el mundo".

Al cierre de esta edición, se informó que Pyongyang lanzó otro misil intercontinental.

Hace un par de meses, Trump amenazó con "destruir totalmente" a Corea del Norte si continuaba con sus esfuerzos bélicos nucleares. Esas declaraciones renovaron preocupaciones entre políticos y militares sobre cómo controlar a un presidente "mentalmente inestable", quien, según los protocolos existentes, tiene el poder exclusivo y absoluto de lanzar un ataque nuclear. De hecho, el actual comandante de las fuerzas nucleares, y su antecesor, expresaron que no necesariamente cumplirían con las órdenes de un comandante en jefe si éstas no son consideradas "legales".

A la vez, este martes se anunció que Hawaii, por primera vez desde el fin de la guerra fría, está reactivando su sistema de alerta de ataque nuclear para la población.

Al mismo tiempo, ex altos funcionarios, diplomáticos y expertos sobre "seguridad nacional" siguen expresando alarma –algo que se intensificó con la noticia del lanzamiento del misil– sobre el éxodo de diplomáticos y las propuestas del gobierno de Trump de reducir el presupuesto del Departamento de Estado, incluida la asistencia al extranjero, en más de 30 por ciento. Dos ex altos funcionarios, Nicholas Burns y Ryan Crocker, advirtieron en un artículo de opinión publicado este martes en el New York Times, que el servicio exterior está "enfrentando tal vez su mayor crisis", justo en momentos en que es más importante que nunca, a causa de las reducciones de presupuesto, la "actitud desdeñosa" de Trump hacia los diplomáticos "y la diplomacia misma".

Tillerson, en un foro, rechazó las críticas y aseguró con optimismo casi increíble que una razón para los recortes de presupuesto y de personal es "la expectativa de que tendremos éxito en algunas zonas de conflicto, que podríamos resolver".

Regalos

Por otro lado, en su esfuerzo por lograr la aprobación a la reducción de impuestos en beneficio de los sectores más ricos del país y, por separado, aprobar fondos adicionales de manera temporal para mantener en funciones al gobierno federal antes del 8 de diciembre, el día empezó con Trump descarrilando un encuentro que él citó con el liderazgo legislativo de ambos partidos. Esta mañana tuiteó que el líder demócrata del Senado, Chuck Schumer, y la líder demócrata de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, “quieren que inmigrantes ilegales inunden a nuestro país... son débiles sobre crimen, y quieren incrementar sustancialmente los impuestos” y agregó que, por tanto, no vislumbraba poder llegar a un acuerdo con ellos.

Los líderes demócratas informaron que, ante ese mensaje, no asistirían a dicha reunión, y propusieron que mejor negociarían con sus contrapartes republicanas en el Congreso. Éstos, el senador Mitch McConnell y el representante Paul Ryan, calificaron de “muy lamentable que los demócratas no llegaran, y el presidente apareció ante reporteros con dos sillas vacías a su lado con los nombres de Schumer y Pelosi, y acusó: "son todo palabras y nada de acción".

Trump declaró que los demócratas tendrán la culpa si el gobierno tiene que suspender operaciones en caso de que el Congreso no logre aprobar el proyecto de ley para extender el financiamiento del gobierno federal. "Si eso sucede será por (la disputa sobre) ilegales ingresando al país, el crimen ingresando al país, sin un muro fronterizo, el cual todos quieren". Acusó que el lanzamiento del misil que hicieron los norcoreanos debería llevar a que los demócratas renueven negociaciones sobre el proyecto de ley sobre el gasto, pero "probablemente no lo harán porque no hay nada más importante para ellos que elevar los impuestos".

Algunos demócratas amenazan con que no votarán por ninguna extensión del gasto federal si no incluye algún tipo de solución para los llamados dreamers, los inmigrantes que llegaron siendo niños y gozaban de legalización temporal gracias a un programa implementado por Barack Obama, pero anulado por Trump.

El voto para aprobar la reforma tributaria podría darse esta semana, aunque podría postergarse si el liderazgo republicano no considera contar con el apoyo completo de su bancada (los republicanos no pueden perder más de dos votos de sus filas en el Senado si quieren ganar). El sector financiero, inversionistas y empresarios esperan con gran anticipación su regalo.

Defensor de inmigrantes se retirará

El representante federal Luis Gutierrez, entre los políticos nacionales más reconocidos como un campeón de los inmigrantes y promotor de una reforma migratoria y, más recientemente, de promover el rescate de Puerto Rico (de donde llegaron sus padres) anunció que no buscará la relección en los comicios intermedios de 2018. Aunque esta semana ya había registrado los papeles para buscar su relección (fue electo por primera vez en 1992), Gutierrez sorprendió con este anuncio al afirmar: "es hora de proceder a otras cosas". Aseguró que no se retira de la lucha política y que continuará con su defensa de los inmigrantes y de Puerto Rico. A la vez, indicó que el mexicano-estadunidense Jesus Chuy Garcia –quien estaba a su lado en la conferencia de prensa en Chicago– debería ser su sucesor. Garcia, hoy comisionado del Condado Cook, es el político de origen mexicano de mayor perfil en Chicago.

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Miércoles, 29 Noviembre 2017 06:39

Hay dos ganadores pero una sola elección

Cuando se habían contado los votos de 45,17 por ciento de las mesas, Nasralla vencía a Hernández por cinco puntos. Autoridades informaron que la totalidad de las actas estará procesada antes de este jueves al mediodía.

 

El presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, que busca la reelección, y el principal candidato opositor, Salvador Nasralla, se proclamaron ayer ganadores de las elecciones de ayer, con poco más de la mitad del escrutinio completado y una ventaja a favor del segundo que, según fuentes de la autoridad electoral, era “irreversible”.
Nasralla reunía 45,17 por ciento de los sufragios contra 40,21 de Hernández cuando se habían contado los votos de 45,17 por ciento de las mesas, según el informe divulgado ayer en madrugada por el Tribunal Supremo Electoral (TSE), que hasta anoche no había sido actualizado. La paralización del escrutinio se debió a que primero se procesaron las actas transmitidas electrónicamente y faltaban computar las que debían llegar en forma física al centro de cómputos, explicó el presidente del TSE, David Matamoros.


“Los resultados que se dieron hoy, cerca de las 2, corresponden a las actas que fueron transmitidas electrónicamente desde las mesas electorales receptoras; faltan las actas que vienen con las maletas electorales en físico”, indicó Matamoros ayer en conferencia de prensa. “Lo que nos hace falta son 7500 actas que representan dos millones de votos; a medida que avancemos, avanzaremos en los resultados que vayamos divulgando”, agregó, según reseñaron los diarios locales La Prensa y La Tribuna.
Matamoros anunció que la totalidad de las actas estará procesada “a más tardar” este jueves al mediodía. Otro de los magistrados del TSE, Marco Lobo, afirmó que “la tendencia en los resultados del proceso electoral es irreversible”, pese a que Nasralla se imponía a Hernández por una diferencia de 93.975 votos.


Además, la mayoría de los votos procesados corresponden a los principales centros urbanos –especialmente Tegucigalpa y San Pedro Sula, las dos mayores ciudades del país– y, según proyecciones de la encuestadora Ingeniería Gerencial, el voto rural favorece a Hernández. Acaso por eso, Lobo exhortó a la ciudadanía a que “tenga paciencia y espere los resultados con tranquilidad”, reportó el diario digital hondureño Tiempo.


También el jefe de la misión de observación electoral de la Organización de Estados Americanos (OEA), Jorge Quiroga, pidió a la población que esperara los resultados con paciencia y madurez. “Se ha dado un cómputo parcial en la elección presidencial, el resultado es apretado; hay que procesar el resto de las actas para respetar el resultado de la voluntad popular expresada una vez que se procese la última mesa, cuando se tabule la última acta, cuando se cuente el último voto y cuando se determine y asigne el último cargo”, advirtió Quiroga.


En cambio, tanto Nasralla como Hernández se proclamaron ganadores de los comicios. “Gracias, Honduras; unidos en Alianza lo hemos logrado; soy el nuevo presidente electo de Honduras”, dijo Nasralla en su cuenta de Twitter. “Nosotros ganamos; la información que hemos calculado es sobre la base de los resultados directos de las mesas electorales”, explicó a la prensa el candidato de la Alianza de Oposición contra la Dictadura, quien rechaza la reelección a la que aspira Hernández.
Nasralla sostuvo que de acuerdo con esos cálculos aventajaba a Hernández por seis puntos y le pidió al mandatario que respetara el resultado de los comicios. “Hoy es un día de fiesta, es un día de celebración y nosotros vamos a celebrar un triunfo”, agregó el postulante opositor, en referencia la concentración que sus simpatizantes realizaron esta tarde frente a la sede del TSE.


Por otra parte, el presidente del Partido Nacional del mandatario Hernández, Reinaldo Sánchez, sostuvo que el jefe del Estado será finalmente reelecto. “La brecha se ha reducido de la proyección del TSE al segundo porcentaje de Ingeniería Gerencial a 13.000 votos; como se mira, vamos a ganar y lo más seguro es que nos va a tocar salir a la calle a defender el voto”, dijo el líder del oficialismo.


Mientras tanto, el candidato liberal Luis Zelaya –sin parentesco con el ex presidente derrocado Manuel Zelaya–, tercero en las elecciones presidenciales con 13,77 por ciento de los votos, dijo en conferencia de prensa que “Nasralla ganó y hay que aceptarlo”, y opinó que “es totalmente irresponsable del TSE mantener en ascuas a Honduras”. Más de seis millones de hondureños estuvieron habilitados para elegir presidente, tres vicepresidentes, 128 diputados al Congreso Nacional y los 298 alcaldes municipales.

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