Viernes, 08 Abril 2016 08:46

“Tenemos que tomar conciencia de que no los necesitamos”

Escrito por Brecha
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“Tenemos que tomar conciencia de que no los necesitamos”

El sistema financiero actual, que comprende la existencia de mecanismos como las empresas offshore, ya no puede dar más pruebas de su carácter depredador. Dependerá de las sociedades organizarse para cambiarlo, sostiene el economista Luis Lozano Arredondo, coordinador del Centro de Análisis Multidisciplinarios de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam).

 

En México 16 personas concentran una riqueza que equivale al 15 por ciento del producto bruto interno (Pbi), según información oficial. De esa masa de dinero, se calcula que un 8 por ciento se encuentra en paraísos fiscales o bien fue pasado por alguno de los mecanismos de ingeniería financiera que permiten ocultarlo.


Ese porcentaje equivale al doble del sector agroexportador nacional, del que dependen casi 7 millones de personas. En este país se invierte apenas 0,8 por ciento del Pbi en la educación pública. Haga números. ¿Cuántas generaciones de universitarios, científicos y técnicos podrían haberse formado con la riqueza de uno o dos de estos hombres?

Luis Lozano explica que todo tiene una razón histórica. Durante el sexenio en que Felipe Calderón estuvo al frente del Ejecutivo, los más ricos de México incrementaron un 670 por ciento su fortuna. Usando los “instrumentos de inversión ilícita” como los explicitados por los papeles de Panamá, dice el economista, el aumento de su fortuna fue en realidad de 1.800 por ciento. “Es decir que por cada dólar que ellos sacaban de México con alguno de estos instrumentos ganaban en realidad 1.800 en los paraísos fiscales.”

Lozano agrega una explicación para el mecanismo: “Es un sistema criminal, promovido por el marco legal del sector financiero mexicano, que permite sacar dinero del país sin pagar ningún tipo de impuesto. Claro que no es ilegal que tengas dinero y lo inviertas, pero ¿por qué no lo dejan en México, si es una plaza tan atractiva para las inversiones, como insisten los secretarios de Economía o Hacienda? ¿Por qué la llevan a paraísos fiscales?”. Lozano tiene su respuesta: “A esta gente no le interesan los pobres, sólo su ganancia”.
No es nada nuevo, dice. Estos instrumentos de triangulación fueron creados en Estados Unidos en los años setenta. “Son papeles que aparentan estar ahí pero en realidad no existen. Son como lo que muestra la película El lobo de Wall Street. Nadie lo impide porque está dentro de las tácticas financieras que los hicieron legales.”

En 1985 se conoce el primer escándalo que muestra la existencia de estas triangulaciones financieras a escala mundial. Tiene como protagonistas a los dictadores del sur de América y a los organismos internacionales de crédito. “Pinochet pedía dinero prestado que no llegaba a Chile y sacaba del país a paraísos fiscales. También Videla en Argentina y la dictadura brasileña. Desde el inicio tuvieron vínculos con la financiación de la guerra sucia y las inversiones en el sur. En México, este tipo de manejos le ha costado a la población su empobrecimiento. Esos recursos salen de algún lado.”
Lozano se pregunta por qué se filtró esta información ahora, si esto se conoce desde hace años. Y también por qué no aparecen clientes en Estados Unidos. “Sí los hay, pero para eso están los prestanombres. Una de las cosas que permite el secreto fiscal es que no tengas que usar tu nombre ni tu cara para guardar el dinero en los paraísos. Mucho menos declarar de dónde viene.”

Los mecanismos descritos por los papeles de Panamá no son la excepción sino la norma de funcionamiento del gran capital, dice. “Se calcula que hay un millón de estudios como Mossack Fonseca en el mundo. Es como que hubieses agarrado un nido chiquito de ratones en todo un mercado. ¿Dónde están los demás, que son iguales? ¿Cuántos más hay y quiénes los integran?”

¿Qué se ha comentado en el ámbito académico al conocerse las revelaciones de los papeles de Panamá? Básicamente, que quienes se han beneficiado de este sistema son rateros. “No hay un término mejor. Preferimos ese. Es interesante ver a qué grandes empresas están asociados los nombres que se conocieron en México: desde la constructora española Ohl (Obrascon Huarte Lain) y Cemex (Cementos de México), hasta todas las televisoras, pasando por algunos gobiernos locales, como el del estado de Chihuahua.”

No hay organismo internacional que vaya a regular este “comercio”, piensa Lozano. “No lo han hecho en 60 años.” El problema redunda en todo lo que este modelo de acumulación extrema genera. “Ellos nunca pierden, siempre salen ganando.” Lo que causa más indignación “cuando te lo pregunta algún joven estudiante”, concluye el economista, es que esto no es una alternativa viable de sociedad. “Las estructuras de gobierno ya no sirven, ni la representación. Entiendo que más que pedir una regulación o un control de este tipo de mecanismos ilícitos necesitamos empezar a organizarnos de otra forma. No es imposible. Estos mecanismos ya nos han acarreado muchos problemas, con el ambiente, con la energía, posiblemente con los alimentos. Están metiendo en sucesivas crisis a la sociedad en su conjunto, sin que les importen los efectos que generan. Tenemos que tomar conciencia de que no necesitamos de ellos. No tenemos mucho tiempo y el que hay debemos emplearlo en buscar qué hacer. La única manera de acabarlos es crear otra cosa.”

(A partir de Desinformémonos)

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