Martes, 03 Mayo 2016 06:33

Susan George: “Uno de los propósitos del TTIP es homogeneizar las economías de EEUU y la UE”

Escrito por LAURA SAFONT y Eduardo Febbro
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Susan George: “Uno de los propósitos del TTIP es homogeneizar las economías de EEUU y la UE”

“Este tratado es un programa de las corporaciones. Todo lo que contiene se está negociando en nombre de las grandes multinacionales" explica la activista, una de las voces más críticas contra este acuerdo comercial.

 

LAURA SAFONT


BARCELONA. Susan George, la filósofa y politóloga reconocida por su lucha contra el TTIP (Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones), habló la semana pasada con Público sobre los datos que hoy revela Greenpeace Holanda en relación al acuerdo comercial entre EEUU y la UE. “Uno de los propósitos del TTIP es homogeneizar las economías de EEUU y la UE. Con ello, las corporaciones adquieren el poder de controlar las leyes de los estados”, explicó en Barcelona tras participar en el seminario sobre convivencia planetaria organizado por la asociación Imago.

“La cuestión es que este tratado es un programa de las corporaciones. Todo lo que contiene se está negociando en nombre de las grandes multinacionales: éstas contactan con los negociadores, tienen acceso al contenido del tratado y quieren controlar las regulaciones comerciales”, defendió George.


La también presidenta del Comité de Planificación del Transnational Institute de Ámsterdam y presidenta de honor de ATTAC Francia insistió en que este acuerdo comercial afecta, sobre todo, a los ciudadanos europeos porque “EEUU tiene leyes más débiles con el uso de productos químicos o con la permisión del fracking en beneficio del mercado”.

“El interés de los inversores es ir reduciendo las regulaciones, y entrar en el sector de la salud de Europa”, añadió. Como denuncian desde hace tiempo Greenpeace o Ecologistas en Acción, el medio ambiente, la salud y otros derechos laborales se verían afectados en Europa con la firma del tratado.

George se refirió a los municipios como espacios que “tienen mucho que perder con la firma del TTIP” ya que, por ejemplo, en las zonas rurales de España “habrá una pérdida significativa de pequeños agricultores”. Informada sobre las próximas elecciones en el país, George consideró que “hay que votar al partido que sepa decir No” al TTIP y a una economía dominada por las grandes corporaciones.


Demandar a los gobiernos, otro objetivo del TTIP


“Para que los inversores puedan controlar y censurar a los gobiernos”, continuó George, “necesitan desarrollar un sistema de leyes privadas”. Los tribunales de arbitraje que contempla el TTIP, que permitiría a las corporaciones denunciar a los estados que regulen en contra de sus intereses, “impondrían enormes sanciones a los gobiernos, y en consecuencia, a los ciudadanos”. Sin embargo, parece que tanto Alemania como Francia rechazan la firma del tratado si se incluyen estos tribunales privados.

Para George, la firma del tratado comercial con Europa “responde al interés de EEUU por preservar su hegemonía económica mundial, sobre todo contra los BRICS (Brasil, Rusia, China, India y Sudáfrica)”. En relación al avance de las negociaciones, Susan George opina que “por mucho que se diga que este acuerdo se aprobará cuando Obama aún esté en su oficina”, la gente está cada vez más concienciada porque “los medios informan en aumento sobre las repercusiones del TTIP”.

El acuerdo CETA, de las mismas características que el TTIP pero entre la UE y Canadá, también está a punto de ratificarse y para George “es peligroso porque las corporaciones estadounidenses usarán la filiación canadiense para demandar a Europa”.
¿Cuál es la demanda de los inversores europeos?


Susan George también habló de las intenciones de las corporaciones europeas en EEUU. “El interés de Europa es meterse en las maniobras de los EEUU, y quieren hacerlo tanto a nivel federal, estatal como local”. “Lo que no entienden en Europa es que los negociadores nacionales no tienen el poder para traicionar lo que los estados han decidido. El gobierno federal no puede obviar la soberanía estatal”, explicó.

La autora del último libro 'Los usurpadores. Cómo las empresas transnacionales toman el poder', a sus más de 80 años, comentó que va a seguir luchando contra la firma del TTIP, ahora en relación a la vulneración de los derechos humanos. “El impacto del TTIP sobre el medio ambiente ya está extendido, ahora toca involucrar a más gente en esta batalla”.


 

Se filtró la secreta negociación del acuerdo TTIP

 

Por Eduardo Febbro | Página 12


Estados Unidos ejerce múltiples presiones para que la Unión Europea baje los niveles de su regulación en campos como la salud, el medio ambiente, la agricultura, la alimentación o las barreras comerciales. Lo que se intuía como nocivo resultó ser real.

No hay secreto que dure cien años. El hermetismo con que se llevaban a cabo las negociaciones en torno a uno de los tratados comerciales más importantes de la historia entre la Unión Europea y Estados Unidos, el Tafta o TTIP, Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión, quedó disuelto con la publicación en la prensa europea de 240 páginas sobre los términos desiguales en que se realizan esos acuerdos. Los documentos fueron filtrados por Greenpeace y en ellos sobresale la debilidad de los negociadores europeos, la posición hegemónica de Estados Unidos, el poder alucinante de los lobbies, su capacidad de influenciar a los negociadores de la UE y de Estados Unidos, el desprecio por la protección del medio ambiente al tiempo que se confirman los temores de la sociedad civil acerca de las regulaciones que podrían desaparecer bajo la presión de Washington. La filtración de Greenpeace corrobora además las denuncias de un amplio sector de la opinión pública del Viejo Continente: la Unión Europea está negociando con un perfil sumiso en medio de una opacidad constante.

Los documentos abarcan 13 capítulos y permiten entender mejor la mecánica de esta negociación que se inició hace tres años y medio. En lo más estricto, se trata de los textos que sirvieron de contexto para la decimotercera ronda de negociaciones que se llevó a cabo en Nueva York entre el 25 y el 29 de abril de 2016. Su difusión es tanto más impactante cuanto que ni siquiera los parlamentarios de la Unión Europea habían sido autorizado a a acceder a ellos. Hasta ahora –y ese fue uno de los principales cuestionamientos contra el TTIP– se desconocía tanto la posición de la Unión Europea como la de la administración de Barack Obama. Greenpeace advierte al respecto que si “para ustedes es una preocupación el medioambiente, la situación de los animales, los derechos laborales o la privacidad en internet, deberían preocuparse por lo que revelan estos documentos. (...) El TTIP equivale a una enorme transferencia de poder desde las personas hacia las grandes empresas”. Su lectura –hasta ahora inaccesible– prueba cómo Estados Unidos ejerce múltiples presiones para que Europa baje los niveles de su regulación en campos como la salud, el medio ambiente, la agricultura, la alimentación o las barreras comerciales. El borrador sintetiza así mismo distancias insalvables y “discusiones muy difíciles”, sobre todo en lo que atañe la industria de los cosméticos. En Europa se prohíbe por ejemplo el recurso a animales en los test que se llevan a cabo en laboratorio, pero en Washington están autorizados. Esta diferencia figura en el borrador, donde los europeos dicen que ven “muy estrecha la eventualidad de que se fije una posición común”.


Pero lo más sobresaliente de estas 248 páginas está en la evidente intención de prolongar el contenido del TTIP, o sea, los esquemas normativos, y aplicarlos al resto del planeta. Hay párrafos sorprendentes. En una de las páginas se trasluce la posición de la Comisión Europea, para la cual sólo el gobierno de Estados Unidos tiene competencia para determinar los esquemas regulatorios.

La filtración despeja además las sombras sobre el papel preponderante de los lobbies, que se inmiscuyen de forma cruzada en las discusiones. Cuando ambas partes abordan el tema tarifario aplicable a los productos químicos, los negociadores suspenden el diálogo para realizar consultas con el sector patronal de las grandes empresas: “Estados Unidos expone que debe hacer consultas sobre su posición con la industria química”. Peor aún, en el capítulo agrícola, las ofertas que antepone la Unión Europea están articuladas en torno a “la posición común de la industria europea y norteamericana”. Por esta razón, en la presentación del borrador, Greenpeace escribe que “el sector empresarial cuenta con oportunidades de participar en las decisiones que se toman”. Los sindicatos ya habían adelantado denuncias sobre esta dependencia de los Estados con respecto al sector privado. La prueba es irrefutable. Tan irrefutable como las concesiones impensables de los europeos. Washington busca que las decisiones regulatorias que se toman en Europa sean “supervisadas” por la administración norteamericana sin “garantía alguna de reciprocidad”. Esto conduce a una amenaza sobre los elevadísimos estándares regulatorios de la UE en lo que toca a los pesticidas, los OGM o los productos químicos. La administración Obama juzga que esas normas constituyen “barreras para el comercio”.


En las relaciones internacionales, el cinismo es una condición deplorable pero constante. El cinismo de los dos bloques queda de manifiesto en el capítulo del borrador que se refiere al medio ambiente. Ambas partes, por ejemplo, pasan por alto el acuerdo sobre el clima firmado en París y los compromisos para bajar las emisiones de gases contaminantes. En resumen, los intereses de las corporaciones están por encima de la protección del planeta y de la salud. Jorge Riss, director de la oficina de Greenpeace en Bruselas, dijo que “las negociaciones deben detenerse porque no buscan el interés público europeo”. El TTIP leaks de Greenpeace pone en circulación ante las opiniones públicas de Europa y Estados Unidos el contenido de parte del acuerdo comercial más decisivo del siglo XXI que se negoció detrás de una cortina de confidencias absoluta cuando, en realidad, concierne la vida de más de 800 millones de personas. Lo que se intuía como nocivo resultó ser una realidad, incluso si los borradores admiten que de uno y otro lado del Atlántico existen “enfoques irreconciliables”. Lo más irreconciliable resulta la distancia que existe entre las expectativas de las sociedades y lo que imponen las corporaciones industriales.


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Información adicional

  • Autor:LAURA SAFONT y Eduardo Febbro
  • País:EU y Estados Unidos
  • Región:Europa | Norteamérica
  • Fuente:Público | Página 12
Visto 921 vecesModificado por última vez en Martes, 03 Mayo 2016 08:27

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