Jueves, 13 Diciembre 2018 09:20

La carta al padre de Karl Marx: un itinerario filosófico

Escrito por Damián Pachón Soto
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Gabriel Beltrán, Neuronas (Cortesía del autor)Gabriel Beltrán, Neuronas (Cortesía del autor)

La famosa carta de Marx a su padre Heinrich, escrita en Berlín el 10 de noviembre de 1837 es un documento fundamental para entender el tránsito de Marx desde el derecho a la filosofía, y para comprender también la evolución y el rumbo que a partir de allí tomará su pensamiento.

 

Para la época, especialmente, en su examen titulado “Reflexiones de un joven para elegir profesión” de 1835, nuestro futuro filósofo ya había evidenciado parte de su formación, en especial, su vinculación con la tradición humanista europea y con la filosofía clásica alemana y el problema del determinismo y las posibilidades de la libertad. Igualmente, había dado muestras de sus valores, entre ellos, la apuesta por el bien común y la función social de la profesión, a saber: “trabajar de la mejor manera por la humanidad” (1). Pues bien, la carta al padre confirmará, con más detalle, los intereses, los trabajos, las lecturas, los escritos y hasta las traducciones que realizó Marx en esa época, así como el inicio de sus relaciones con el idealismo y Hegel.


La carta inicia con cierto pathos: anuncia o, mejor, expone una metamorfosis, la cual es considerada bellamente como “un canto de cisne”, es decir, la muerte o la conclusión de algo, más específicamente, en este caso, de una etapa vital. Pero, igualmente, toda metamorfosis es un tránsito, un paso en una nueva dirección. Esta nueva dirección es descrita por Marx, que aún guarda sus estribillos de poeta, como una “obertura de un gran y nuevo poema que busca Forma en colores todavía borrosos o espléndidos” (2).


Unas líneas de la primera página permiten entrever el tinte hegeliano de la concepción marxista de la historia, postura que Marx abandonara posteriormente. Esto es notorio cuando afirma que la historia universal es, como su propia vida, “obra del espíritu”: “en general considero la vida, como la expresión de un actuar espiritual que germina y toma forma en todas las direcciones, en el saber, el arte y la vida privada”(3). Marx menciona esto, justamente, porque en ciertos momentos la historia universal necesita auto-comprenderse, verse como autodespliegue, lo mismo sucede con la vida individual en ciertos dinteles de la existencia. La impronta hegeliana consiste en ver la historia como “espíritu objetivo”, la cual requiere ser apropiada para superar la enajenación en que se nos aparece, se nos presenta. Lo mismo tenemos que hacer con la vida humana: verla como un despliegue, traducirla y convertirla en autoconciencia, para que no se nos aparezca ajena, extraña, meramente externa.


Marx menciona en la carta lo que ha sido su periplo vital en el último año, a saber, su estancia en la Universidad de Berlín. Recordemos que Marx había estado antes en la Universidad de Bonn. En realidad, a Marx le gustaba Bonn y de hecho se tomó muy en serio sus noches “regadas de alcohol y de los desmanes que en aquellos tiempos se permitían a los estudiantes, al fin y al cabo hijos de clases acomodados” (4), sin embargo, era a su padre a quien no le gustaba ese ambiente. Por eso ingresa en la de Berlín el 22 de octubre de 1836, es decir, un año y unos días antes de escribir la carta.


Para este momento ya estaba comprometido con Jenny Von Westphalen, por eso esta época es la de un Marx enamorado, que sintió que su estado espiritual debía expresarse por medio de la lírica, razón por la cual le llegó a escribir tres tomos de poesía a Jenny. Sin embargo, había ido a estudiar jurisprudencia y “sentía el impulso” de emprender tales estudios junto a los de filosofía. Marx recuerda en el famoso Prologo de La contribución de la crítica de la economía política, de 1859, esta época, al decir: “mis estudios personales han sido los de Jurisprudencia a la que, sin embargo, sólo me dediqué como disciplina secundaria, al lado de la Filosofía y la Historia” (5).


Estas indicaciones permiten entender un aspecto fundamental, pues Marx estaba trabajando sobre el Derecho, pero va a descubrir la necesidad de la filosofía. Esto es evidente en la alusión que hace a la traducción que en la época él hizo de las Pandectas (6), de sus dos primeros libros, y a la obra jurídica de 300 cuartillas que escribió, pero que no se ha conservad0, en la cual partía de una Metafísica del derecho hasta arribar a una Filosofía del derecho.


Lo que interesa de este episodio, de esta obra escrita por Marx, es lo perturbador que resultaba “la contraposición entre lo real y lo que debe ser, que es propia del idealismo” (7), y que él ve como la causa de la división “torpe e incorrecta” entre una Metafísica del Derecho (principios) y la Filosofía del Derecho (derecho positivo). Aquí el trasfondo es, pues, Hegel. En primer lugar, porque la alusión de Marx a la “forma no científica del dogmatismo matemático”, así lo confirma. Expliquemos este punto: en la matemática “el sujeto merodea alrededor de la cosa, razona aquí y allá sin que la cosa misma se conforme a sí misma desplegándose en toda su riqueza y como algo viviente”, lo cual no permitía “comprender lo verdadero” (8). Esto mismo es lo que explica Hegel en la Fenomenología del espíritu, donde dice: “el movimiento de la demostración matemática no forma parte de lo que es el objeto, sino que es una operación exterior a la cosa” (9). Y lo verdadero no es externo, sino implica que el sujeto penetre en la racionalidad del mundo. Por eso, lo verdadero es el automovimiento, el autodespliegue de la cosa, con sus determinaciones, captado, y aprehendido por la razón, vertido en el concepto. Es la unidad del pensamiento y el ser. En la matemática no sucede eso, sólo hay una demostración externa. Por lo demás, en el caso de la geometría, ésta opera deductivamente: partiendo de axiomas generales se obtienen axiomas derivados, particulares, mientras la dialéctica implica las contradicciones, las oposiciones, hasta ascender a la unidad. Es curioso, pero Marx alude también al ejemplo del triángulo que pone Hegel en la Fenomenología.


En Hegel lo real es racional, de tal manera que el hombre es parte de esa racionalidad inmanente del mundo y sólo debe ganar la autoconsciencia de esa racionalidad para superar la oposición en que el mundo se le ofrece. Marx afirmará, como Hegel, que la naturaleza, el Estado, el Derecho, son “expresión concreta del mundo viviente del pensamiento”, lo que equivale a decir que son productos de la materialización de la razón en el tiempo.


En segundo lugar, al aludir a la división que realizó entre “doctrina del Derecho Formal y Material”, a la separación de Forma y materia (contenido) Marx reconoce otro desacierto. El error de esa separación consiste, nos dice, en “creer que la una podría y debería desarrollarse separadamente de la otra”. Y era un error, porque, como dijo Hegel, “la forma es ella misma el devenir intrínseco del contenido concreto” (10). Lo que está haciendo Marx en este apartado de la Carta, es reconocer los errores de su lectura de Hegel. Por eso dice: “de esta manera llegué a una clasificación de la materia tal y como se puede proyectar para su clasificación más fácil y superficial; pero el espíritu del Derecho y su verdad perecieron” (11).


El resultado de todo esto es que Marx al final se da cuenta de la “falsedad del todo” y que “sin la filosofía no se podía penetrar en el asunto” (12). De tal manera que se da en él un tránsito desde el deseo de estudiar el derecho junto a la filosofía a percatarse plenamente de la necesidad de la filosofía y de “arrojarse con buena conciencia una vez más en sus brazos”.


En estas páginas, Marx nos revela dos cosas más: su inicial pretensión de sistema, de integrarlo todo, forzando las cosas, dentro de una construcción intelectual; y, por otro lado, nos indica su método de trabajo que lo va a acompañar toda la vida: “hacer extractos de todos los libros que leía […] y, al lado de estos, hacer anotaciones y reflexiones” (13). Es gracias a este método, como pudimos, posteriormente, acceder a los cuadernos Spinoza o a los manuscritos tecnológicos de 1851.


Esta excitación filosófica se iba dando coetáneamente con traducciones de los antiguos, tácito y Ovidio, y algunos trabajos literarios, en un absoluto descuido de su salud, “la naturaleza, el arte y el mundo”, los amigos, hasta que se cerró el telón: lo que “me era más sagrado cayó hecho añicos y nuevos dioses tuvieron que ser introducidos. Del idealismo, que yo, dicho sea de paso, comparaba y alimentaba de ideas kantianas y fichteanas, pasé a considerar el buscar la idea en la realidad misma” (14), y fue así como, a pesar de haber leído algo de la “melodía grotesca y pétrea” de la filosofía hegeliana, Marx cayó de lleno en los brazos de su enemigo: Hegel.


En estos meses, Marx continúa sus estudios de Derecho, estudia a Savigny, “traduce en parte la Retórica de Aristóteles”, lee El avance del saber de Francis Bacon, un autor que le va a ser muy grato a Marx, pues valorará de él la atención que le prestó a las artes mecánicas y sin duda lo influyó en los estudios de filosofía de la tecnología que emprendió hacia 1851, tema que ha sido estudiado profundamente por E. Dussel (15). Es en esta época donde Marx ingresa en el “Club de Doctores”, sin ser doctor, pues ese título sólo lo recibirá en 1841, y allí conocerá a Bauer, a Rutemberg y a los demás hegelianos de Izquierda, empeñados en introducir la razón en todas las esferas de la realidad, y contra quienes dará batalla posteriormente en La sagrada familia y en La ideología alemana.


La carta termina con un conjunto de consideraciones en torno a sus posibilidades laborales, y con muy sentidas palabras para con su padre, manifestándole el deseo de reunirse pronto con él y con su madre.
Por último, hay que decir que lo que Marx nos muestra en la Carta es su itinerario intelectual durante ese año, sus lecturas, traducciones, forcejeos intelectuales, sus intereses, pero muy especialmente su llegada a la obra de Hegel, el cual será el ángel contra el cual batallará durante toda su vida. Por eso tiene razón Rafael Gutiérrez Girardot cuando sostiene: “La influencia de Hegel sobre Marx fue, pues, no sólo decisiva en un periodo de su vida, sino esencial y permanente”(16).

 

Bucaramanga, septiembre 25 de 2018.

1. Citado en Rubén Jaramillo Vélez, “Presentación”. En: Escritos de juventud sobre el derecho. Textos 1837-1847. Barcelona, Anthropos, 2008, p. 7.
2. Marx, Karl., Carta al padre (Traducción de Rubén Jaramillo Vélez). En: Ibíd., p. 41.
3. Ibíd., p. 42.
4. Bermudo, José Manuel. Marx: Del ágora al mercado, Buenos Aires, EMSE EDAAP S.L., 2015, p. 15.
5. Marx, Karl. Escritos sobre materialismo histórico, Madrid, Alianza Editorial, 2012, p. 174.
6. Recopilación del derecho romano realizada por el emperador Justiniano en el siglo VI de nuestra era.
7. Marx, Karl, Carta al padre, op., cit., p. 43.
8. Ibíd.
9. Hegel, Fenomenología del espíritu, México: Fondo de Cultura Económica, 2002, p. 29.
10. Ibíd., p. 38.
11. Marx, Karl, Carta al padre, op., cit., p. 44.
12. Ibíd., p. 45.
13. Ibíd., p. 45-46.
14. Ibíd., p. 46.
15. Dussel, Enrique, 16 tesis de economía política. Interpretación filosófica. México, siglo XXI editores, 2014, pp. 335-402.
16. Gutiérrez, Rafael. “Marginalia”. En: La identidad hispanoamericana y otras polémicas (Estudio Introductorio y antología de Damián Pachón Soto), Bogotá, Universidad Santo Tomás, 2012, p. 182.

 

Información adicional

  • Autor:Damián Pachón Soto
  • Edición:184
  • Fecha:Diciembre 2018
Visto 2209 vecesModificado por última vez en Domingo, 16 Diciembre 2018 11:11

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