Jueves, 21 Marzo 2019 09:21

Venezuela. Levantar la mirada para superar el desastre

Escrito por Raúl Zibechi
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Verona, Escultura (Cortesía del autor)Verona, Escultura (Cortesía del autor)

Es bien conocida la anécdota que dice que Lenin bailó sobre la nieve cuando la revolución rusa superó los 70 días en el poder, igualando la marca de la Comuna de París, casi medio siglo atrás. Ahora que sabemos cómo han terminado estas historias, me refiero a las grandes revoluciones, desde la francesa hasta la china, pasando por todas las demás, podemos preguntarnos: ¿qué habría que celebrar hoy?


Sin duda, debemos celebrar que los obreros y los campesinos hayan sido capaces de vencer a fuerzas muy superiores, mostrando en medio mundo que sí se puede, que es posible incluso derrotar al ejército más poderoso del mundo, como hicieron los vietnamitas. Como le espetaron los militares del pequeño país asiático a sus pares yanquis, el triunfo no tuvo ninguna relación ni con las armas ni con la capacidad de ganar batallas, sino con algo mucho más importante: la legitimidad ante el pueblo, que es en definitiva quien despliega las energías capaces de dar al traste con los dominadores.


En su última reflexión sobre Venezuela, Roland Denis sostiene que se trata de una “guerra de bandas de interés”, de carácter mafioso, y que los subalternos deben salir de esa terrible dicotomía para transitar un camino propio. Sabe de qué habla, porque estuvo dentro del proceso durante algunos años y es un atento seguidor de lo que sucede en su país, siempre desde una mirada de abajo y de izquierda.


Sin embargo, la tarea que propone es harto compleja, ya que el nivel de polarización existente –desde hace ya muchos años- impide romper el binarismo que está tornando imposible el protagonismo popular. La guerra que se avecina, y que ojalá sea posible frenar, es entre milicos, entre los favorables al imperio y los que defienden sus pequeños privilegios. En suma, una guerra entre mafias como apunta Denis.


Aunque comparto las iniciativas urgentes nacidas en Venezuela para frenar la guerra, entre cuyos promotores encuentro amigos y compañeros, creo que hace falta además levantar la mirada y sacar alguna conclusión sobre este desastre llamado “socialismo del siglo XXI”. Aunque sea breve y algo esquemático, ahí van algunas razones.


La primera es cuestionar la obsesión de la inmensa mayoría de las izquierdas con el poder estatal. Un siglo de fracasos desde la cúspide del Estado deberían llevarnos a algo más serio que cuestionar “errores” de tal o cual dirigente. Lo que falla es algo de carácter estructural, que a mi modo de ver consiste en creer que el Estado puede ser un aliado en la construcción de un mundo nuevo, o sea, de relaciones sociales no capitalistas. En ningún lugar funcionó esta propuesta y, a lo sumo, el Estado habilitó el nacimiento de nuevas clases dominantes.


La segunda es que si las culturas no cambian antes de conquistar el poder, no lo harán desde arriba. Una cultura no se modifica a base de decretos, por más bien intencionados que sean. Pero las culturas, me refiero al caudillismo, al patriarcado, al consumismo y, en Venezuela, al rentismo, sólo se modifican en tiempos largos. Tomar el poder es el mejor camino para atornillar las viejas culturas, no para moverlas.


La tercera es consecuencia de las dos anteriores: los cambios en un sentido emancipador y anticapitalista se procesan abajo, en los barrios y pueblos donde viven y trabajan los sectores populares. Es ahí donde la gente común puede mover las relaciones coloniales/patriarcales/capitalistas. Para ello, además de tiempo hacen falta activistas que trabajen en relación de interioridad, como lo hace la levadura en el seno de la harina, sin pretender dirigir ni construir “bases” fieles. Todo lo contrario de lo que viene haciendo el ego patriarcal revolucionario.


Quien quiera algo más contundente, seguirá armando vanguardias que con el tiempo y el poder se convertirán en nuevas burguesías. Mientras hacemos todo esto, debemos oponernos a la intervención yanqui en Venezuela, defendiendo su soberanía, sin confiar un pelo en los ocupantes del Palacio de Miraflores.

Información adicional

  • Autor:Raúl Zibechi
  • País:Venezuela
  • Región:Suramérica
  • Fuente:Le Monde diplomatique, edición Colombia Nº186, marzo de 2019
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