Domingo, 04 Agosto 2019 06:21

En qué va la guerra comercial de Estados Unidos.

Escrito por Óscar Ugarteche
Valora este artículo
(0 votos)
En qué va la guerra comercial de Estados Unidos.

 

Las negociaciones comerciales entre Estados Unidos y China se reanudarán la primera semana de agosto en Shanghái. Hasta ahora, ninguno de los dos ha cedido a las condiciones del otro. Se recuerda que Estados Unidos busca reducir su déficit comercial, mejorar la productividad del aparato industrial interno, su competitividad en el mercado mundial y frenar el ascendente dominio comercial chino, mediante la ampliación de aranceles punitivos.

Recientemente, el mandatario estadounidense afirmó, vía Twitter, que “los aranceles (…) están teniendo un efecto importante”, pues “las empresas desean salir de China hacia países no arancelarios”, que se están “recibiendo miles de millones de dólares en aranceles de China” y que las “tarifas son pagadas por China devaluando y bombeando, ¡no por el contribuyente estadounidense!”. Dijo que China alcanzará, en el segundo trimestre, el nivel de crecimiento más bajo desde hace 27 años como resultado de su estrategia comercial internacional.

El crecimiento de la economía de Estados Unidos en el segundo trimestre se desaceleró, mientras que China se mantiene estable en 6,2 por ciento, porque el arancel es un impuesto aplicado por el gobierno importador; es pagado por el importador y el consumidor final. La lógica es aumentar el precio de la mercancía importada para reducir su consumo y, de este modo, favorecer las mercancías locales. Salvo que los importadores sean empresas o consumidores chinos en Estados Unidos, no hay modo de que los aranceles sean transferidos a la economía china, a menos que China tenga un solo mercado, pero Estados Unidos es el mercado mayor de China (20 por ciento) cuyo comercio se reparte: 45 por ciento a países de Asia, 22 por ciento a países de la Unión Europea y 9 por ciento a América Latina y África.

De ahí que la respuesta a las medidas proteccionistas de un Estado con otro no puedan ser más que alzas arancelarias en sentido contrario, no hay otra. En esta ocasión, después de cinco rondas de subidas arancelarias, una breve tregua e incontables amenazas, la guerra no parece favorecer a nadie. Se estima que el total de las medidas impuestas ha alcanzado 250.000 millones de dólares a las importaciones chinas y 110.000 millones a las estadounidenses. De este modo, la cuestión estratégica sería cuantitativa en determinados bienes de consumo final y cualitativa para ciertas ramas industriales. El impacto, empero, está recayendo sobre el comercio internacional en su conjunto.

En un sentido limitado, es cierto que el déficit estadounidense con China ha disminuido, pero apenas a niveles previos al inicio de la guerra. El acumulado hasta mayo de 2019 disminuyó en 9,9 por ciento respecto a mayo de 2018, pero China aún corresponde al 38 por ciento del total del déficit comercial estadounidense. En cambio, el déficit total hasta mayo de 2019 alcanzó -359.579,8 millones de dólares, 25 por ciento mayor que el año anterior. Este incremento corresponde en buena parte al creciente déficit con México.

La reducción del déficit comercial con China ha sido producto de una contracción de sus importaciones. Esta situación, dadas las condiciones del aparato productivo de Estados Unidos, sólo complica aun más sus niveles de productividad y competencia internacional. La reducción de las importaciones refleja su nivel de consumo interno y la limitada capacidad de crecimiento de la economía. De ahí que también el Buró de Análisis Económico del Departamento de Comercio estadounidense anunciara que el crecimiento del Pbi cayó de 3,5 por ciento en el segundo trimestre de 2018 a 2,1 por ciento en el segundo trimestre de 2019, anticipando menos crecimiento para 2019 que para 2018.

Asimismo, una buena parte de las cadenas productivas americanas dependen de insumos chinos. En 2017, el 50 por ciento de sus compras estuvo compuesto de aparatos electrónicos, maquinaria de radiodifusión, cómputo, partes y piezas electrónicas y demás insumos industriales y de consumo final. El nivel técnico y de especialización que incorporan los productos chinos, apoyados en bajísimos costos de producción, ha desplazado a los productos estadounidenses. Esta condición del aparato productivo estadounidense no le permite sustituir las importaciones chinas sin encarecer los productos y generar inflación.

A la inversa, la matriz exportadora de Estados Unidos está compuesta, principalmente, por maquinaria (22 por ciento), equipo de transporte, mayormente automóviles (15 por ciento), productos químicos (14 por ciento) y derivados del petróleo (11 por ciento). Como lo ha mostrado la trama Huawei y la red 5G, la economía estadounidense ha perdido el liderazgo en las ramas tecnológico-industriales y no parece encontrar vías para recuperarlo. Lo que le ha quedado es asegurar su mercado interno (ampliado) vía el tratado México-Estados Unidos-Canadá (Tmec), ponerle aranceles punitivos a la Unión Europea (especialmente a Alemania) y esperar que su proteccionismo merme el crecimiento chino de 6,2 por ciento, sin afectar aun más su sufrido 2,1 por ciento.

Finalmente, si consideramos que hay una recesión autoinducida en México debido a los ajustes en el gasto fiscal, y es probable que la caída en la demanda en Estados Unidos continúe, el resultado final debería ser menos importaciones y un mayor déficit estadounidense con México para diciembre de 2019. Esto podría significar más aranceles para los bienes mexicanos, dada la peculiar visión que el equipo económico estadounidense tiene del mundo. La ley de aranceles Smoot-Hawley de 1930 debe tenerse en cuenta, así como la no ratificación del Pacto de la Sociedad de las Naciones, en 1920, fundada por el presidente Woodrow Wilson en 1919. La bancada republicana, liderada por Henry Cabot Lodge, argumentó entonces que “la Liga comprometería a Estados Unidos con una organización costosa que reduciría la capacidad de Estados Unidos para defender sus propios intereses”. Los gobiernos republicanos han sido conocidos por su aislacionismo y xenofobia en el pasado. Esto podría significar que nuevos males económicos en Estados Unidos podrían llevar a nuevas medidas aislacionistas con terribles impactos en la economía mundial, como en 1930.

Por  Por Óscar Ugartech, investigador titular del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam), Sistema Nacional de Investigadores-Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, y coordinador del Observatorio Económico Latinoamericano (obela). Economista, doctorando en estudios latinoamericanos de la Unam y miembro de obela

Información adicional

  • Antetítulo:Una peculiar visión del mundo
  • Autor:Óscar Ugarteche
  • Fuente:Brccha
Visto 388 veces

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el Código HTML. Tu dirección de correo NO será publicada.