Lunes, 30 Diciembre 2019 07:22

La seductora velocidad

Escrito por León Bendesky
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La seductora velocidad

Hacer todo más de prisa; buscar la inmediatez en lo que nos ocupa: comprar a la distancia y con la entrega más rápida posible; transferir dinero o capitales sin demoras, pagar instantáneamente y con factura incluida; llamar por teléfono sin dilación; mandar mensajes y recibir respuesta presurosa, de preferencia que sea satisfactoria; compartir las experiencias sin demasiada reflexión, prácticamente en tiempo real y si va con una imagen mucho mejor; avisar de lo que hacemos a quienes siguen en las redes, lograr que les guste, que ya se encargarán de difundirlo. Todo esto será más satisfactorio si se utiliza la tecnología más avanzada, el dispositivo de última generación y con la aplicación más reciente.

Conseguir ser el más rápido. La barrera de los 10 segundos en la carrera de los 100 metros planos fue rebasada por Jim Hines en 1968, cuando los corrió en 9.95 segundos. Le siguieron Calvin Smith, en 1983, con 9.93; Carl Lewis hizo 9.92, en 1991; Leroy Burrell, 9.90, en 1991, y lo supera de nuevo Lewis, el mismo año, con 9.86. Burrell rebaja una centésima de segundo en 1994, y Donovan Bailey, una más, en 1996. Maurice Green hace 9.79 en 1999; Asafa Powell, entre 2006 y 2007, reduce el tiempo hasta 9.74, y el jamaiquino Usian Bolt lo desbarata en tres ocasiones sucesivas, hasta ponerlo en 9.58, en 2009. El proceso ha sido constante, pero lento; se recortaron 37 centésimas de segundo en 41 años. Se podrá más.

La velocidad tiene otras vertientes menos deportivas. Las guerras han avanzado más velozmente. Los aviones de la Royal Air Force británica y de la Fuerza Aérea estadunidense tiraron sobre Dresde, en dos días de febrero de 1945, bombas que causaron alrededor de 40 mil muertos. En agosto del mismo año una bomba atómica estalla en Hiroshima a unos centenares de metros de la tierra y mata al instante a 75 mil personas. Si se habla de velocidad hay que ampliar el ángulo de visión.

En la actividad económica la velocidad es un elemento singular. Tiene que ver con la productividad en la producción de bienes y servicios. Hacer más en un menor tiempo y con los recursos necesarios. Esa es la historia de la producción en masa, del “fordismo” a la robotización, a las computadoras, las impresoras digitales y un gran etcétera. Rapidez, ahorro de tiempo con la adaptación de las capacidades y la diferenciación de las exigencias laborales, esa es la norma de la competencia en el mercado, cuando menos hasta donde dan las ventajas de la monopolización o de las patentes.

La ganancia derivada de producir, pero también las rentas que resultan de la especulación, tienen una estrecha relación con el tiempo, con la velocidad con que se cumplen los procesos desde el abastecimiento de insumos de todo tipo, incluyendo el trabajo y el capital, hasta la distribución de los productos en los mercados. Sí, para usar un lugar común: “Los Tiempos Modernos” extendidos hasta donde sea posible o necesario.

La inmediatez a toda costa es una obsesión social. La velocidad en las transacciones financieras es también clave en la generación de ganancias. Time is money, el tiempo tiene valor, su expresión monetaria cuenta, y mucho, mientras más eficazmente se use más rentable será.

Esto se expresa de manera clara en las transacciones de alta frecuencia ( high frequency trading) que se utilizan en bancos y fondos de cobertura. Se trata de plataformas automatizadas que operan con potentes computadoras y usan una serie de complejos algoritmos para comprar y vender instrumentos financieros de la manera más rápida.

Se trata de tecnologías para localizar la oferta y la demanda de títulos en los mercados y hacerlas efectivas al reducir el tiempo en que permanecen latentes. En instantes se establecen las posiciones de quien vende y compra, y se liquidan. Esto puede hacerse en grandes volúmenes y enorme cantidad de transacciones en muy poco tiempo. Al final del día se consigue un mayor rendimiento por el arbitraje entre los precios de compra y venta y que la posición de los intermediarios sea la más eficiente posible, sin que queden órdenes descubiertas que puedan generar pérdidas.

Los algoritmos identifican incluso las tendencias en los mercados financieros a escala global y realizan transacciones de manera automática antes que otros, explotando las ventajas. Todo eso sin generar producción o empleo, pero sí ingresos extraordinarios para los participantes.

La velocidad es la clave, pues las transacciones se hacen en segundos. Las ganancias se generan por hacer operaciones financieras con una ventaja de milisegundos por encima de la competencia. Fracciones de segundo, como en la caso de Hines y Bolton en un tiempo comprimido.

Con esto han surgido empresas dedicadas a crear la tecnología para acrecentar la velocidad en las transacciones. Se invierte en torres de comunicación, en grandes extensiones de cableado y reducir el tiempo para hacer transacciones entre Nueva York, Londres y Tokio.

La cuestión remite a la manera en que se consigue la imparable recomposición de las condiciones sociales y políticas en el ambiente de la globalización y el desarrollo tecnológico. Son fuerzas que no están a la vista, corrientes que definen las formas de vida, las expresiones del poder y las manifestaciones de la riqueza. ¿Qué tan rápido será 2020?

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