Martes, 05 Enero 2021 09:35

Millones de campesinos indios luchan por su supervivencia económica

Escrito por Sonali Kolhatkar
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Marcha de granjeros hacia la ciudad de Nueva Delhi en noviembre de 2020. Foto de Randeep MaddokeMarcha de granjeros hacia la ciudad de Nueva Delhi en noviembre de 2020. Foto de Randeep Maddoke

Las entradas a la ciudad india de Nueva Delhi están sitiadas desde noviembre por millones de campesinos que ven su medio de vida amenazado por las nuevas leyes agrícolas del primer ministro Narendra Modi, al que acusan de legislar en beneficio de sus multimillonarios amigos.

Los campesinos y granjeros indios se están rebelando contra el Gobierno del primer ministro Narendra Modi en un movimiento de masas que ha atraído atención internacional. La democracia más grande del mundo está siendo testigo de una oleada colectiva de protestas en la que cientos de miles de granjeros, principalmente de los Estados de Punjab y Haryana, han puesto bajo asedio las afueras de la capital Nueva Delhi, determinados a ocupar los márgenes de la ciudad hasta que Modi dé marcha atrás a nuevas leyes impopulares que ellos dicen que son anti-granjeros.


Cerca de la mitad de los trabajadores de India dependen de la agricultura industrial, y el Gobierno ha mantenido durante mucho tiempo regulaciones para proteger a los trabajadores agrícolas, actuando como intermediario entre los campesinos y los compradores de su producción. Ahora esas protecciones han sido revertidas. En septiembre de 2020, Modi y su Bharatiya Janata Party (BJP) impulsaron tres leyes desregulatorias en el Parlamento entre el caos e incluso encontrando cierta oposición desde su propio partido.


Amandeep Sandhu, autor de Panjab: Journeys Through Fault Lines, ha estado siguiendo de cerca las protestas de los granjeros. En una entrevista, me explicó que la primera de las tres leyes desechaba la Ley de Mercancías Esenciales, una norma de 1955 que estabilizaba los precios alimentarios al impedir que los comerciantes acapararan suministros. Según Sandhu, “ahora los comerciantes pueden acumular tanta comida como quieran y pueden jugar con los mercados como deseen”. Dos tercios de la población de 1.300 millones de personas de India dependen de las raciones subsidiadas de comida, que están ahora en peligro, dice Sandhu.


Otra de las leyes desregulatorias dejaría que los campesinos negociaran directamente con los compradores sin intervención gubernamental para establecer precios básicos mínimos. Aunque esto podría teóricamente dar como resultado que los granjeros pudieran demandar precios más altos, durante los años en los que hay un excedente de cosechas y en consecuencia, precios que se hunden, los granjeros podrían ser destruidos económicamente. En resumen, las nuevas leyes están diseñadas para someter a cientos de millones de campesinos pobres a los caprichos y demandas del mercado.


La polémica tercera ley de Modi se centra en la agricultura por contrato y posibilita que los compradores corporativos contraten directamente a pequeños agricultores para producir cosechas específicas. Pero Sandhu explica que también protege a las grandes empresas de sus responsabilidades. “Si un pequeño granjero ha entrado en un contrato con una corporación y la corporación reniega del contrato, el granjero no puede ir a los tribunales”.


Incluso antes de que se pusieran en práctica estas nuevas leyes, los granjeros de India estaban siendo empujados al límite. Millones están endeudados ya que los bancos se niegan a prestar a los trabajadores sin fondos, llevándoles hacia prestadores ilegales que cobran tasas de interés exorbitadas. Los suicidios de granjeros en India han aumentado, exacerbados por los destrozos de la pandemia de coronavirus de este año.


Según Sandhu, “durante muchas décadas los granjeros han estado protestando contra el modelo de agricultura de la ‘revolución verde’, que pone énfasis en un aumento de la productividad por encima de todo lo demás, incluidos los modos de vida de los granjeros. Simran Jeet Singh y Gunisha Kaur explicaban en CNN.com: “Igual que algunos medicamentos se prueban en humanos de países en vías de desarrollo antes de ser aceptados en países desarrollados, la Revolución Verde fue un experimento agrícola probado en los campos de Punjab”.


Al desatar más aún las fuerzas del mercado sobre los campesinos con estas nuevas leyes, puede que Modi haya ido demasiado lejos. “Estos mismos granjeros son la base electoral central del BJP”, dice Sandhu. “Ellos son los que en primer lugar consiguieron que el Gobierno saliera elegido”.


Ofreciendo un claro contraste con los granjeros con dificultades están las acomodadas élites indias que han visto multiplicar sus riquezas cada año. Un informe de 2018 descubrió que la riqueza de los 831 indios más ricos suponía un cuarto del PIB de India. El más destacado es Mukesh Ambani, el hombre más rico de Asia, que sólo en los últimos meses ha lanzado decenas de nuevos negocios en el sector agrícola. La segunda persona más rica de India es Gautam Adani, y ambos hombres son considerados aliados políticos de Modi. Los granjeros que se manifiestan dicen que las polémicas leyes agrarias de Modi fueron redactadas en beneficio de personas como Ambani y Adani. Al principio de las protestas, los granjeros quemaron efigies del primer ministro y sus billonarios colegas.


Modi ha afirmado que la desregulación traerá riqueza y prosperidad a los agricultores y que las objeciones a las leyes son puramente políticas. Debido a que la mayoría de los partidos de izquierda indios y prominentes figuras políticas del opositor Partido del Congreso han expresado su apoyo a los granjeros, el Gobierno liderado por el BJP afirma que se les está engañando para que crean que las leyes son malas para sus intereses. Pero un agricultor de Punjab dijo a Al Jazeera: “No hay política en esto, sentimos que las leyes van a beneficiar a las corporaciones y no a granjeros pobres como nosotros”.


Modi ha implorado a los granjeros que ocupan las afueras de Delhi que se vayan a casa, afirmando que las nuevas leyes están redactadas para beneficiarles y que son un “regalo”. Ha ofrecido enmendar las leyes como compromiso, pero los granjeros se mantienen firmes, diciendo que nada menos que una completa derogación de las leyes será satisfactorio. El ex asesor económico de India Kaushik Basu está de acuerdo con ellos. Basu, quien también trabajó como economista jefe del Banco Mundial y es actualmente profesor de Economía en la Universidad de Cornell, dice que las leyes son “erróneas” y “perjudiciales para los granjeros”. Explica que “nuestra regulación agrícola tiene que cambiar pero las nuevas leyes acabarán sirviendo a los intereses empresariales más que a los granjeros”.


Las nuevas leyes afectan al control de los campesinos sobre qué cultivar, a quién vender, de qué precios pueden depender, y si sus cosechas tendrán o no compradores —todo presentado en forma de un “regalo” no solicitado por parte de un Gobierno que durante años ha ignorado su sufrimiento. No sorprende que se rebelen.


La solidaridad con los granjeros indios es alta en todo el país. A finales de noviembre, casi una decena de sindicatos lanzaron una enorme huelga general, parando el país durante un día. Se estima que más de 250 millones de personas participaron, convirtiéndola en la mayor protesta de la historia. Los granjeros llamaron a una segunda huelga una semana más tarde y permanecen en las afueras de Nueva Delhi, bloqueando cinco grandes autopistas y diciendo que no van a marcharse pronto. Sandhu comparte que “los granjeros de Punjab y Haryana vinieron con raciones para seis meses a un año y quieren aguantar. Los granjeros que están llegando desde distancias más grandes serán alimentados por los que ya están ahí”.


La agricultura india afecta al resto del mundo, con un gran porcentaje del mercado global de especias con origen en granjas indias. Materias primas exportadas como el arroz, la leche e incluso el algodón utilizado por la industria textil podrían recibir el impacto de las nuevas leyes.


Los indios de la diáspora están ahora haciendo oír su voz. Miles de residentes en Gran Bretaña de origen indio se manifestaron en Londres, declarando: “Apoyamos a los granjeros de Punjab”. Los indios canadienses protestaron en varias ciudades, donde muchos decían que todavía tienen familia que trabajan en el campo de India. En California —hogar de una gran población de estadounidenses indios de Punjab, muchos de los cuales son campesinos— una gran manifestación con coches en Silicon Valley llamó la atención sobre las demandas de los granjeros. Y en Seattle, la concejala Kshama Sawant del Socialist Alternative Party patrocinó una resolución para expresar solidaridad con los granjeros indios.


Por ahora, sigue el punto muerto en el enfrentamiento entre Gobierno y granjeros, ambos negándose a retroceder. Sawant hizo quizás la declaración más elocuente de lo que está en juego, diciendo que “los campesinos indios están afrontando la misma explotación por la clase billonaria que los campesinos y trabajadores están afrontando en todo el mundo”.

Información adicional

  • Autor:Sonali Kolhatkar
  • País:India
  • Región:Asia del Sur
  • Fuente:El Salto
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