Articulos de la semana

Articulos de la semana (161)

La nueva etapa del neozapatismo mexicano

"...Como si fuera que [email protected] [email protected] [email protected] no sabemos cómo será un cambio que queremos (...) Así que [email protected] indígenas y no indígenas pobres, éntrenle a la lucha, organícense, diríjanse entre ustedes, no se dejen dirigir o vean bien a los que quieren ustedes que los dirige, que haga lo que deciden ustedes y verán que las cosas van agarrando camino parecido a como estamos [email protected] [email protected] zapatistas".

Subcomandante Insurgente Moisés, Comunicado "Ellos y Nosotros. VI - Las Miradas. 6.- Él Somos", 14 de febrero de 2013.

 

 

 

 

 

 

La serie de Comunicados emitidos por el EZLN, entre el 21 de diciembre de 2012 y el 14 de marzo de 2013, inaugura, sin duda alguna, una nueva etapa de vida y de actividad del importante y digno movimiento del neozapatismo mexicano. Nueva etapa fundamental, cuya magnitud solo es comparable, si la ubicamos dentro del entero periplo de la historia del neozapatismo mexicano, primero, a la irrupción pública de este movimiento el primero de enero de 1994, y luego, a la etapa abierta en junio de 2005, con el lanzamiento de la importante iniciativa que en su momento constituyó el movimiento de La Otra Campaña.


Pues si abarcamos en conjunto la historia neozapatista, desde noviembre de 19831  y hasta hoy, resulta claro que la misma se subdivide y periodiza, en una primera aproximación general, en las cuatro etapas referidas, es decir, la primera etapa clandestina, de los orígenes y de la conformación de un vasto y potente movimiento social indígena rebelde, y la preparación para una insurrección armada (noviembre de 1983 - enero de 1994), seguida de un viraje radical y del paso a una lucha civil, abierta, y en alianza con la sociedad civil, mexicana e internacional (enero de 1994 - junio de 2005), continuada después por una tercera etapa, del primer intento de organizar en México un movimiento de escala nacional, anticapitalista y antisistémico, al margen de la clase política mexicana y de los ilusorios espacios electorales (junio de 2005 - noviembre de 2012) y que hace solo unos pocos meses ha dado lugar a una cuarta y nueva etapa, encaminada a promover, multiplicar, organizar y coordinar una infinidad de luchas y experiencias de construcción de su propia autonomía, por parte de miles de colectivos de México y del mundo, que al unirse y organizarse en varios movimientos, serán capaces de derrocar a sus malos gobiernos y de enfrentar y vencer a sus explotadores y dominadores, para desde abajo y a la izquierda, comenzar a construir nuevos mundos sin explotación, sin despojo, sin desprecio, sin represión, pero también sin exclusión y sin las asimetrías siempre presentes del "arriba" y el "abajo", mundos "en los que quepan muchos mundos" (diciembre de 2012 - hasta el día de hoy).


Cuarta o nueva etapa de la vida del neozapatismo, que nos lleva entonces a preguntarnos sobre las continuidades y las discontinuidades principales de la misma, respecto de la tercera etapa que le precede inmediatamente, pero también, respecto del entero itinerario del movimiento indígena rebelde hecho público en enero de 1994. Dialéctica de continuidades y discontinuidades, que no sólo nos permitirá reconocer de modo más preciso los perfiles actuales del neozapatismo mexicano, sino también el sentido de sus nuevas propuestas e iniciativas, así como el nuevo papel que ya ha comenzado a jugar y que continuará jugando en México, en América Latina y en todo el mundo.


Una cuarta etapa del neozapatismo, que sin duda mantiene y recrea bajo nuevas formas, tanto la vocación radicalmente anticapitalista y antisistémica que ha afirmado desde sus comienzos, como también su apertura y convocatoria hacia las clases, grupos y sectores subalternos de la sociedad mexicana y mundial, antes nombrados como "sociedad civil", luego como "pueblo de México" y "pueblos del mundo", y ahora como "los de abajo", nacionales e internacionales.


O también su constante búsqueda, en diálogo permanente con esos subalternos mexicanos y de muchos otros países, de los caminos concretos que permitan cambiar radicalmente a México y al mundo, por vías inteligentes y lo más incruentas posibles, frente al cada vez más evidente e inminente estallido social de grandes proporciones que se anuncia en México, y frente a la también acrecentada multiplicación de crisis nacionales, de movimientos sociales anticapitalistas, y de revueltas sociales diversas, las que desde 2011 hasta hoy, parecen cada vez más abundantes y cada vez más presentes a todo lo largo y ancho del entero tejido social planetario.


E igualmente, la reiteración de la postura que ellos han mantenido desde sus orígenes, de negarse a tratar de ser "vanguardia" en el sentido clásico pre-1968 de este término, es decir, su negativa a imponer su proyecto de lucha, su programa, su estrategia y sus tácticas, y finalmente hasta su concepción del mundo, a todo el resto de los subalternos nacionales y extranjeros, rechazando homogeneizar desde sí mismos al movimiento y también hegemonizarlo desde arriba, para dirigirlo y llevarlo a la tierra prometida de un mundo no capitalista, ni clasista, ni prehistórico.


Continuidades importantes de esta cuarta etapa neozapatista con todas las etapas anteriores, que también se combinan con algunas permanencias de ciertos elementos de la tercera etapa del neozapatismo, aun presentes en esta etapa nueva recién comenzada. Pues nuevamente se plantea la propuesta encaminada a promover y consolidar un vasto movimiento nacional antisistémico mexicano, que enfrente ahora al actual gobierno autoritario, neoliberal y corrupto del viejo PRI reciclado, y luche por sustituirlo por un nuevo gobierno que "Mande Obedeciendo", al mismo tiempo en que este mismo movimiento mexicano colabora y participa, en la medida de sus fuerzas y posibilidades, dentro de la más amplia y compleja lucha en contra del devastador capitalismo mundial.


Además, permanece también el esfuerzo de delimitar claramente la frontera entre "ellos" y "nosotros", es decir, el intento de clarificar con precisión y detalle quiénes son los grupos, colectivos, sectores y clases sociales que llevarán a cabo el cambio social radical, y quiénes son los escasos enemigos que se opondrán a este mismo cambio. O para decirlo en términos de los propios textos neozapatistas, con quién luchar, cómo luchar y dónde y cuándo afirmar y desplegar esos frentes de lucha general, pero también en contra de quién afirmar esas luchas.


También, esta etapa neozapatista que ahora arranca, vuelve a refrendar la reivindicación de buscar y de encarnar la construcción de otra forma de hacer política, que se distancie completamente de las degradadas formas en que todas las clases políticas del planeta, incluida naturalmente la mexicana, llevan a cabo esta actividad, como un sinónimo de la corrupción, el nepotismo, la renuncia a los principios y la vergonzosa búsqueda del poder por el poder mismo, para en su lugar afirmar una Otra Política, basada en la ética, en lo social, y en la historia y la memoria, con verdadera vocación de servicio al pueblo, y que gira en torno de buscar solamente la "satisfacción del deber cumplido", es decir, otra política basada en el principio de "Mandar Obedeciendo"2 .


Así, junto a estas claras continuidades de esta etapa actual del neozapatismo, tanto con la tercera etapa anterior, como con todas las etapas precedentes, existen también varias discontinuidades importantes, las que en su conjunto, definen precisamente la novedad y la originalidad de esta cuarta etapa que ahora comienza, novedad original que pasamos ahora a analizar con más detenimiento.

 

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Si queremos comprender más profundamente, en qué reside la original novedad de esta cuarta etapa neozapatista, puede ser útil releer y recordar algunas de las ideas contenidas en dos de los textos importantes de la tercera etapa, que son, primero, la Sexta Declaración de la Selva Lacandona de 2005 y también Las Seis Preguntas sobre la Identidad Colectiva de La Otra Campaña de 2006. Porque en este texto y en esas seis preguntas, se plantearon y se respondieron varias de las definiciones cruciales no sólo del neozapatismo mexicano, sino también del vasto movimiento nacional anticapitalista y antisistémico que la iniciativa de La Otra Campaña intentaba generar.


Definiciones cruciales planteadas, que a veces quedaron sólo como preguntas abiertas a responder en el futuro, y otras veces fueron respondidas en esos mismos documentos, y que incluyen desde la definición de la identidad esencial más profunda del neozapatismo mexicano (con la pregunta abierta sobre la posible identidad esencial del movimiento nacional de La Otra Campaña), hasta las formas de organización interna de esta Otra Campaña, y pasando por la explicitación de la cosmovisión neozapatista de la caracterización de lo que era México y el mundo en 2005 y 2006, de los objetivos generales del nuevo movimiento nacional en proceso de gestación, de las tareas autoasumidas que esos objetivos implicaban, de los métodos y caminos concretos para llevar a cabo esas tareas y lograr cumplir esos objetivos, y de las preguntas aun sin responder completamente de con quién, cómo, cuándo y dónde actuar y luchar.


Y es a partir de estas definiciones establecidas y de estas preguntas abiertas, que comenzó a andar desde 2006 y en adelante esa iniciativa de La Otra Campaña3, la que en términos generales podemos decir que representó un enorme éxito. Pues en menos de dos años, esa Otra Campaña logró construir una red unificada de rebeldías antisistémicas, con presencia en los treinta y dos Estados y territorios de México, y con más de quince mil miembros4, red que además incluía a los más avanzados, lúcidos e importantes movimientos antisistémicos de todo nuestro país.


Éxito enorme de La Otra Campaña, que asustó tanto a las clases dominantes y al Estado mexicanos, que provocó el terrible incremento de la militarización y paramilitarización de todo el Estado de Chiapas, y el montaje de un acoso generalizado a las comunidades zapatistas, sometidas a partir de este momento, a una guerra no de baja sino de alta intensidad, que obligó en octubre de 2007 al repliegue de la Comisión Sexta hacia Chiapas, y a la suspensión sólo temporal pero prolongada por varios años, de la construcción de esa red nacional de rebeldías antisistémicas, y de la elaboración, desde abajo y a la izquierda, tanto del Programa Nacional de Lucha, como también del Plan Nacional de Lucha5.


De esta forma, esta nueva cuarta etapa del neozapatismo, es al mismo tiempo el fruto del balance crítico de lo que se avanzó en los siete años que duró la tercera etapa, y también el final de ese forzado repliegue a Chiapas, y de esa suspensión temporal en el proceso de conformación y maduración del ya referido movimiento nacional antisistémico de todos los subalternos de México. Y en consecuencia, un modo nuevo de recuperar, actualizar y continuar desarrollando las definiciones ya establecidas en la tercera etapa, a la vez que se retoman, para responderse, varias de las distintas preguntas que quedaron abiertas en esa misma fase inmediatamente precedente de la actual. Pero también y en esta misma lógica de que se trata ya de una nueva etapa, diferente de la anterior, la incorporación de varios elementos y dimensiones inéditas y originales, cuya finalidad es la de enriquecer, relanzar y potenciar aun más a ese movimiento nacional antisistémico en vías de gestación, lo mismo que al conjunto de las crecientes y multiplicadas revueltas populares que se hicieron particularmente visibles en 2011, y que continúan resurgiendo, reproduciéndose y multiplicándose enormemente, en nuevos espacios, con cada día, mes y año que transcurre.

 

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Si revisamos el conjunto de los Comunicados emitidos por los compañeros neozapatistas entre diciembre de 2012 y marzo de 2013, veremos que ellos se articulan en torno de cuatro ejes principales, los que referidos a otras tantas problemáticas generales, llevan a cabo la definición de los nuevos perfiles del neozapatismo mexicano. Así, un primer grupo de los Comunicados, está concentrado en hacer un breve pero preciso balance y diagnóstico crítico de la coyuntura política y social globales que ahora vive México, con el nefasto retorno del PRI al poder, y con las secuelas de la criminal herencia de los seis años del gobierno de Felipe Calderón.


Después, un segundo grupo de Comunicados, está orientado a definir la frontera clara entre "ellos", el pequeño grupo que oprime, explota, reprime, desprecia, excluye, despoja y domina, y el "nosotros", constituido por la vasta pirámide social de los que somos víctimas de toda esa explotación y opresión mencionadas. Pero también ese segundo conjunto de Comunicados, trata de establecer los mecanismos, los resortes, los modos y las formas concretas en que se articula ese dominio de ese pequeño grupo de "ellos", y también los modos, formas y mecanismos en que "nosotros" sufrimos, vivimos, toleramos, pero también y en otro momento saboteamos, nos burlamos, burlamos y resistimos, a todos esos mecanismos y estructuras de represión y control montadas por "ellos".


Un tercer grupo de Comunicados titulado "Las Miradas", aborda el tema de cómo debemos tratarnos y relacionarnos todos aquellos que somos parte de este "nosotros" colectivo y rebelde, cómo hay que organizarnos, y cómo es que debemos luchar y enfrentarnos a "ellos", y más allá de "ellos", al sistema capitalista mundial que ellos sirven, encarnan y defienden a muerte.


Por último, un cuarto grupo de Comunicados, titulados "Los más pequeñ@s", constituye ya un avance o introducción a la importante iniciativa de agosto de 2013 de la llamada "Escuelita neozapatista", es decir, un primer resumen o bosquejo de algunos de los logros centrales del neozapatismo en su complejo proceso, ya de varios lustros, de construir la verdadera autonomía global, de conquistar y edificar la libertad, de revolucionar desde abajo y a la izquierda el papel social de las mujeres, y de recrear el persistente arte de resistir y de luchar.


De este modo, el primer grupo de Comunicados cumple tres objetivos: reivindicar una vez más la presencia del neozapatismo mexicano en la coyuntura actual, nacional e internacional, hacer un somero balance del terrible y sangriento sexenio de Felipe Calderón, y finalmente, caracterizar el significado del nefasto retorno del PRI al poder, tomando además posición crítica clara frente a este retorno.


Entonces, y más allá de la intensa pero estéril campaña política llevada a cabo por el gobierno mexicano, por los grandes medios de comunicación masiva dominantes, y por los renegados intelectuales a sueldo del "arriba" social, el neozapatismo mexicano está hoy más vivo y más vigente que nunca antes6, habiendo crecido enormemente en términos numéricos, y habiéndose fortalecido y progresado mucho en términos cualitativos, en sus procesos de construcción de la autonomía, del desarrollo de su resistencia social, y del cambio y mejoramiento total de las condiciones de vida, materiales y espirituales, de los cientos de miles de indígenas rebeldes que conforman sus bases de apoyo. Por eso, el Subcomandante Marcos puede burlarse, mediante la canción de León Gieco llamada "La Cigarra", de todos aquellos que decretaron la muerte, o la agonía, o la crisis, o la inactualidad, o la decadencia, o la falta de vigencia, o la terminación del neozapatismo, afirmando retadoramente que han seguido creciendo de manera importante en términos cuantitativos, además de que hoy viven mejor que en cualquier otra parte de México, e invitando a quien quiera de buena fe comprobarlo, a asistir y verlo con sus propios ojos, por ejemplo, mediante el mecanismo de la Escuelita zapatista .


Vigencia e incluso mayor fuerza y cohesión internas del digno movimiento indígena chiapaneco, que le permiten a los compañeros reiterar el hecho de que siguen ahí, sin venderse, sin rendirse y sin claudicar, y que relanzarán su vínculo con el Congreso Nacional Indígena, con todos los adherentes a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona de México y del mundo, y con los nuevos movimientos sociales emergentes, para definir, construir y fortalecer un nuevo proyecto que, como ellos insisten, no es un proyecto ni de resignación, ni tampoco de guerra y destrucción, sino más bien de lucha y de abierta resistencia social.


Y si el neozapatismo y toda la red de resistencias antisistémicas y anticapitalistas que conformó a La Otra Campaña, están vivos, activos, contentos y "Cantando al sol, como la cigarra", en cambio el anterior partido gobernante, el PAN, y el nuevo partido en el poder que es el PRI, están ambos en una situación cada vez más crítica e insostenible, desgarrándose internamente, enredados en sucios asuntos de corrupción política y hasta de escandalosos e ilegales usos del dinero público, y cada vez más, sólo apoyados en el monopolio brutal de la coerción armada, la violencia física y el ejercicio directo y sin mediaciones del poder en cuanto tal.


Pues el trágico saldo que deja el sexenio de Calderón, es el de ser el gobierno más criminal de toda la historia de México desde el Porfiriato, gobierno que no sólo ignoró en el discurso y en sus posturas públicas al neozapatismo, sino que también militarizó al país entero, criminalizando en general la protesta social, y aliando al Estado mexicano con uno de los más poderosos Cárteles del narcotráfico, en el fallido e ilusorio proyecto de aniquilar a todos los demás Cárteles mexicanos, y de crear un monopolio mixto, privado y estatal, de la compra, traslado, distribución y comercio del enorme flujo del tráfico de drogas que, en proporciones crecientes, se mueve permanentemente desde Sudamérica hasta Estados Unidos. Y que también militarizó totalmente y paramilitarizó aun más, todo el territorio chiapaneco, acosando durante seis años a las comunidades neozapatistas, y montando una estrategia general de silenciamiento de los medios de comunicación y de invisibilización en general en torno del digno movimiento indígena rebelde, apoyada además a través de las ridículas y mentirosas acciones de los gobiernos federal, estatal, y locales de Chiapas.


De otra parte, estos primeros Comunicados emitidos, caracterizan también el significado del retorno del PRI a la Presidencia de México. Y entonces, rasgan el absurdo velo del pretendido "nuevo" PRI, al recordarnos la obra y la historia de sus principales personajes actuales, los que han sido responsables centrales de masacres y de represiones como las de Atenco o Acteal, pero también acusados de ser aliados del grupo de los "Zetas", además de ser borrachos empedernidos, ladrones, torpes, autoritarios, represores desalmados, y en gran medida obedientes, todos ellos aún, a las órdenes del expresidente Carlos Salinas de Gortari.
Por eso, más que hablar de un "nuevo" PRI, o de una nueva y diferente etapa del PRI en el poder, habrá que pensar este retorno como un regreso del viejo PRI, sólo que ahora más autoritario, más represivo, más sumido en una crisis interna, y más desgastado en sus vínculos con la sociedad mexicana, y por ende, menos apoyado en la búsqueda de algún mínimo consenso social, por frágil y efímero que este pudiera ser, y sostenido en cambio, mucho más, en la fuerza directa del ejército y de la policía, del dominio físico, de la represión directa y de la intimidación generalizada a la población, junto a la amenaza y a veces incluso el uso real de la fuerza física directa en contra de todos los subalternos de México que se opongan o rebelen contra ese viejo PRI reciclado, a partir de sus peores trazos y de sus peores elementos.

 

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Después de este primer grupo de Comunicados, y del balance crítico que ellos concretan sobre la herencia panista de Calderón, el retorno del viejo PRI al poder, y la reafirmación de la presencia, la fuerza y la vigencia del neozapatismo en el México y el mundo de hoy, vienen los otros tres grupos de Comunicados ya mencionados. De ellos, y especialmente del segundo y el tercer grupo, y más allá de muchas otras ricas ideas allí contenidas, nosotros queremos solamente rescatar un tema fundamental, que es el de los rasgos principales y los nuevos perfiles generales que propone y presenta, esta cuarta y nueva etapa del neozapatismo mexicano en la actualidad. Perfiles y rasgos que en su conjunto, no sólo explican el final del movimiento y el proyecto conocidos como "La Otra Campaña", y su reconfiguración como el nuevo movimiento de "La Sexta", sino también el nuevo rol y proyecto que ahora, desde 2013 y en adelante, pretende jugar e impulsar el digno movimiento indígena del Sureste mexicano.


El primer cambio importante es un cambio de matiz, pero fundamental. Pues si entre 1994 y 2005 el neozapatismo desplegó su acción y su presencia predominantemente en el Estado de Chiapas, y si entre 2006 y 2012, aunque con altibajos, esa presencia y acción fue en cambio afirmada de manera dominante en escala de todo México, a través de la red nacional de La Otra Campaña, ahora, a partir de 2013, esa acción se continuará afirmando en todo el territorio mexicano, pero también y de modo más relevante que en el pasado, en la escala de todo el planeta. Por eso, dice el Subcomandante Marcos que "a partir de ahora caminaremos... lo mismo en la costa de Chiapas que en la de Nueva Zelanda. Así que el territorio de nuestro accionar está ahora claramente delimitado: el planeta llamado "Tierra"..."7.


Con lo cual, no se inventa un nuevo trazo antes inexistente, sino que más bien se acentúa y profundiza un rasgo que, si bien presente desde 1994, no había sido tan central en las dos etapas anteriores del neozapatismo. Pues como ellos han explicado, y un poco en contra de su propia voluntad, aunque ellos siempre plantearon su lucha como una lucha no exclusivamente chiapaneca, e incluso tampoco exclusivamente mexicana sino universal, no obstante y en los hechos, durante la etapa de 1994 a 2005, esa lucha se concentró sobre todo en el territorio de Chiapas, lo que hizo que uno de los objetivos explícitos de La Otra Campaña, fuera el de proyectar y extender esta lucha, precisamente, a nivel de toda la nación mexicana.


Entonces, aunque desde enero de 1994 los zapatistas afirmaron su generosa consigna de "¡Para todos todo, para nosotros nada!", y aunque siempre afirmaron muy clara y explícitamente el carácter universal de sus demandas, de su lucha y de su movimiento, organizando por ejemplo en 1996, el Primer Encuentro Intergaláctico por la Humanidad y contra el Neoliberalismo, o en 2009 el Primer Festival Mundial de la Digna Rabia, sin embargo y en los hechos, el teatro principal de su acción fue Chiapas, entre 1994 y 2005, y todo México, entre 2006 y 20128. Mientras que ahora, sin abandonar su muy potente presencia dentro de Chiapas, ni tampoco su trabajo esencial dentro de toda la República Mexicana, le darán también más espacio y relevancia a su presencia y proyección en escala planetaria.


Mayor atención a la dimensión internacional, que refrenda y nos recuerda a todos la tesis importante de que, si bien es tarea de los mexicanos cambiar a México, y de los turcos a Turquía, y de los franceses a Francia, y de los argentinos a Argentina, etcétera, nuestro objetivo general, de todos los rebeldes antisistémicos del planeta, que es el objetivo de aniquilar al absurdo y cada día más destructivo e irracional capitalismo mundial, no estará cumplido ni completo, hasta que ese capitalismo haya sido borrado de la entera faz del planeta. Lo que, por lo demás y dada la actual etapa de su crisis terminal, parece ser un objetivo cada día más previsible y cercano en el tiempo.


Naturalmente, con este primer cambio y con ese mayor énfasis en la acción internacional, se matizan también en esta etapa nueva, las demandas principales del neozapatismo, y más ampliamente, del nuevo movimiento de "La Sexta". Entonces, si en la etapa de 1994-2005 y aun en contra de las intenciones de los propios compañeros neozapatistas, la lucha se desvió involuntariamente hacia una cierta centralidad de las demandas indígenas (por ejemplo, por ser las únicas que pudieron acordarse en los Diálogos de San Andrés, y luego de la traición del gobierno mexicano, las que terminaron pasando a primer plano), y si en el periodo de 2006-2012, reemergieron como las demandas centrales las once y luego trece demandas originales del neozapatismo, ahora esas trece demandas se mantendrán sin duda como las principales, pero matizándose, para conectarse más explícita y orgánicamente con las demandas y las luchas de los múltiples movimientos antisistémicos de todo el planeta.


Lo que, por lo demás, se ha dado ya desde antes de un modo casi natural y espontáneo. Pues si observamos las agendas principales del conjunto de revueltas populares del año de 2011, podremos fácilmente comprobar cómo desde los indignados españoles hasta los pueblos árabes, y pasando por los Ocupas de Wall Street o los estudiantes chilenos, todos ellos luchaban por democracia o por educación, o por trabajo o salud, o por libertad o techo, o cultura, o por varias de estas demandas combinadas, demandas que son, y no casualmente, parte de esas trece demandas neozapatistas actuales9.


Y si bien es claro que la lucha por la libertad no significa lo mismo en Túnez que en España, y en esta última tampoco es igual a la lucha por esta misma demanda en Estados Unidos, y que la lucha por la educación es distinta en Chile que en Colombia o en Grecia, también es muy significativo que las más recientes movilizaciones o movimientos antisistémicos en el mundo, sean luchas por las distintas libertades, por las diferentes formas de concebir a la democracia, o por los diversos modos de entender el derecho popular a la educación, o a la salud, o a la vivienda, entre otros varios.


Un segundo cambio importante en este paso a la nueva etapa, y derivado directamente del primer cambio, es el del "ritmo y la velocidad del paso" a las que habremos de marchar en este nuevo proyecto del movimiento que ahora se bautiza como "La Sexta". Pues si el objetivo último de La Sexta es el de "cambiar el mundo", y no sólo cambiar de gobierno y de partido en el poder, y además no sólo en México, y ni siquiera solamente en toda América Latina, sino en todo el planeta, entonces esta tarea implica considerar un horizonte temporal mayor que el que había sido previsto por el movimiento de La Otra Campaña.


Pues en 2005 y 2006, cuando esta Otra Campaña fue lanzada, y basándose en la propia experiencia de la génesis del Neozapatismo, que tardó una década en conformarse como un potente y vasto movimiento indígena anticapitalista y antisistémico, los compañeros llegaron a plantear que quizá esa Otra Campaña podría tardar diez o quince, o veinte años en organizarse y en alcanzar sus objetivos de transformar completamente a México, instaurando en nuestras tierras un gobierno que "mande obedeciendo", y recreando en nuestro país un mundo "parejito", sin ricos ni pobres, sin arriba ni abajo, sin explotación ni despojo, ni desprecio, ni represión, y que fuese entonces un genuino y verdadero "mundo en donde quepan muchos mundos".


Y si bien ahora se mantienen sin duda estos objetivos referidos a México, ellos se han ampliado también para proyectarse en escala planetaria, lo que implica asumir de modo más orgánico y vigente que nuestra tarea o la tarea de los miles y millones de compañeros que, como nosotros, luchan también en todo el planeta por "cambiar el mundo" y por aniquilar y borrar de la faz de la tierra al sistema capitalista mundial, a la existencia de las clases sociales, y a lo que Marx llamó la verdadera "prehistoria humana", no estará concluida hasta que triunfen en todas las naciones del orbe todos esos compañeros de los múltiples y diversos movimientos anticapitalistas y antisistémicos de todo el globo terráqueo.


Por eso, los compañeros reiteran ahora que "el andar de La Sexta es de tranco largo", lo que en nuestra opinión significa que este proceso de cambiar el mundo llevará quizá no diez o veinte años, sino tal vez una, dos o hasta tres generaciones. Aunque, muy posiblemente menos, dada la etapa de la crisis terminal del capitalismo que ahora vivimos10, y dada la agudización cada vez más terrible de los efectos de la misma, que parece haberse desencadenado y hecho cada vez más evidente, a partir de la profunda crisis económica mundial de finales del año de 2008.


Un tercer cambio, que más que cambio es una profundización y radicalización de un trazo anteriormente ya planteado y asumido, se refiere a la postura del neozapatismo y ahora de La Sexta, respecto de los partidos políticos, la clase política, las elecciones en México y los movimientos político electorales. Pues aquí, en la etapa de 1994 a 2005, se vivió un cambio muy importante, que implicó pasar de la creencia inicial del neozapatismo de que dentro de la clase política mexicana existía aún un sector realmente progresista, y que podía ser rescatado para una lucha anticapitalista y antisistémica, hacia una clara decepción frente a esta clase política, decepción consumada a partir de la vergonzosa postura de toda esa clase política, sin excepción alguna, durante el proceso de la Marcha del Color de la Tierra de 2001, y a la conclusión de que esa clase política estaba hasta tal punto degradada, corrompida y cooptada por el sistema, que era ya imposible cualquier alianza o proyecto conjunto con ninguno de sus partidos, sectores, grupos, o incluso por lo menos tendencias específicas cualquiera.


Lo que, a partir de 2005 y 2006, implicó que La Otra Campaña (autobautizada así, precisamente, para deslindarse de la campaña electoral presidencial del año de 2006), se deslindara radicalmente de dicha clase política mexicana y explicara que su trabajo, sus objetivos y su proyecto, iban por un camino radicalmente distinto, que no pretendía tan sólo un cambio de personas en el puesto de la Presidencia de México, ni tampoco un cambio del partido en el poder, sino más bien un cambio global y radical del entero sistema social capitalista, en México y también en todo el mundo.


Entonces, si bien se mantienen tanto este deslinde radical frente a la clase política mexicana, como el rechazo explícito del camino electoral en México, al mismo tiempo se radicaliza y profundiza esta tesis, al afirmar de manera contundente en el Comunicado de la serie "Ellos y Nosotros" titulado "V- La Sexta", que "entendemos que haya quienes piensan que es posible transformar las cosas desde arriba, sin convertirse en uno más de los de arriba". Tesis profunda y radicalizada frente a la idea mantenida en la etapa de 2006 a 2012, que muestra toda su importancia y consecuencias cuando la proyectamos hacia las experiencias recientes vividas en varios países de América Latina, en la cual movimientos sociales populares, progresistas y de izquierda, han llevado al poder a varios Presidentes actuales, los que una vez ubicados en esos puestos centrales del gobierno y el Estado, han terminado siempre por convertirse en "uno más de los de arriba", es decir, han renunciado a cambiar el mundo desde la perspectiva de los de abajo, en términos realmente anticapitalistas y antisistémicos, para en su lugar, dedicarse a remendar al agonizante capitalismo de sus respectivos países, atenuando los peores efectos del neoliberalismo salvaje con políticas sociales reformistas y neokeynesianas en lo económico, y también populistas y tibiamente socialdemócratas en lo social y político.


Gobiernos "progresistas" de América Latina, que como dijo alguna vez el Subcomandante Marcos, "hacen con la mano izquierda lo mismo que otros gobiernos abiertamente de derecha, hacen con la mano derecha", y que ilustra fehacientemente esta ilusoria concepción de que es posible cambiar radicalmente el mundo desde arriba, y no desde abajo y a la izquierda11.


Profundización del deslinde frente a la clase política y las elecciones, que además de ilustrarnos sobre los límites de esos gobiernos supuestamente "progresistas" de Lula y luego de Dilma Roussef, de los dos Kirchner, de Chávez y luego Nicolás Maduro, de Evo Morales o de Rafael Correa, entre otros, se deslinda también muy claramente del PRD y de Morena en México, sobre los que afirma con toda claridad que "ellos no nos necesitan para fracasar", y "nosotros no los necesitamos para sobrevivir".


El cuarto cambio que define los perfiles de esta nueva etapa del neozapatismo, tiene que ver con la cuestión del tipo de organización que adoptará el movimiento de la "Sexta". En este punto, los Comunicados recientes de diciembre de 2012 a marzo de 2013 dan la respuesta a una de las seis preguntas que se habían formulado para La Otra Campaña, la segunda pregunta, que planteaba cuál era la estructura de La Otra Campaña, o cómo era que debíamos relacionarnos entre nosotros. Y en esta nueva etapa se responde que será a través de una organización sumamente laxa, flexible y muy respetuosa de los "modos", los tiempos, los lugares y las formas de cada uno de sus integrantes individuales o colectivos, y basada en dos principios centrales: el de negarse a homogeneizar a todos sus diversos componentes, y también el de negarse a hegemonizar al conjunto de sus adherentes, desde cualquier posible "centro rector" o "mando centralizado", o "jefe, sea individual o colegiado"12.


Se trata entonces de una organización que casi parecería ser la antítesis de las viejas organizaciones partidarias de la izquierda, con su militancia estricta, su organización bien jerarquizada y articulada, su estructura vertical y rígidamente vigente, y su clara y explícita vocación de imponerle a todos sus miembros una sola idea, una sola concepción del mundo, de la lucha, de las tareas, de la estrategia y la táctica, desde las cuales derivaría un solo y único comportamiento, homogéneo e idéntico, para todos sus miembros, y también una única forma de respuesta, una sola actitud, un solo modo de entender la acción, y un único y también homogéneo camino hacia el cambio social radical.


En cambio, y en las antípodas de este tipo de organización, que homogeneíza a los movimientos, colectivos, grupos e individuos que la forman, los neozapatistas proponen reconocer y aceptar, e incluso celebrar y potenciar la inmensa diversidad y riqueza de los miembros, individuales o colectivos, que hoy forman parte de La Sexta. Porque la diferencia y la diversidad no es una debilidad de la organización, sino por el contrario, una de sus fuerzas y poderes más profundos. Y si ya Marx nos enseño que "riqueza es diversidad", ahora La Sexta nos invita a cada uno de nosotros, a afirmar, cultivar y defender nuestros peculiares y siempre diferentes "modos", "tiempos", "espacios" y nuestras formas propias de resistir, de luchar, de proponer iniciativas y de concretarlas en la práctica en las "Geografías y Calendarios" específicos y particulares de cada quién, a partir de los acuerdos de lucha y de acción que la propia Sexta vaya construyendo y consensuando progresivamente.


Pues si la heterogeneidad de los que luchan y se rebelan debe ser preservada, eso se debe a que el capitalismo y el sistema basado en clases sociales, junto a la herencia de la prehistoria humana aún vigente, sólo podrán ser vencidos y eliminados si son cuestionados, atacados y derrotados en absolutamente todos los frentes de lucha posibles. Pues si el capitalismo logró conformarse históricamente como todo un proyecto global de una entera civilización humana, entonces la lucha en contra de él no puede reducirse sólo al ámbito económico o incluso al político, o al ámbito social y cultural, sino que debe abarcar también lo familiar, lo cotidiano, el arte, el nivel de las creencias, la sensibilidad, lo antropológico, la psicología, la personalidad y un larguísimo etcétera que podríamos continuar enlistando.


Entonces, esa diversidad y heterogeneidad de todos los colectivos, movimientos e individuos que forman La Sexta, debe ser respetada y potenciada, pues es de ella y de su expresión rebelde, que habrán de brotar los miles de enfrentamientos, los millones de combates, las múltiples formas, variantes, "modos" y versiones de confrontar y vencer al capitalismo mundial, en todas las múltiples y diferentes dimensiones de su existencia, en todo el conjunto de sus ámbitos, en todos los territorios del planeta, y en todos los diversos momentos de este mismo combate, al modo en que en la célebre fábula china, el enemigo muere a causa de las miles y miles de pequeñas cortadas que le infringen los que luchan en contra de él, y que a fin de cuentas, terminan por desangrarlo fatalmente y por llevarlo hasta el punto de su propia extinción.


Además, y junto a esta defensa de la heterogeneidad y de la diversidad, la nueva forma de organización persigue conscientemente no hegemonizar tampoco a ninguno de sus miembros, respetando y promoviendo, nuevamente, su autonomía, su capacidad de decidir por sí mismo, su identidad específica y su particular historia y configuración previas. Porque la libertad no puede lograrse recurriendo a mecanismos que vuelven a reproducir la esclavitud, la nueva organización no puede entonces estar basada en el principio de que unos proponen y otros escuchan, unos deciden y los demás acatan, unos dirigen y el resto son dirigidos, mientras unos pocos son activos y la mayoría permanece como pasiva.


Pues la autonomía se conquista y se construye afirmándola en los hechos, y esto, referido a la organización, implica que nadie se impone sobre los otros y que nadie está por encima de los demás, sino que entre todos deciden todo lo que es fundamental, y entre todos se organizan y coordinan para llevarlo a la práctica. Lo que no casualmente nos recuerda de inmediato a las Asambleas de los pueblos indígenas neozapatistas, y a su inteligente método de funcionamiento mediante el principio de la democracia directa y asamblearia, democracia que excluye, y no casualmente, ese principio del hegemonizar de un grupo, o líder, o minoría, sobre la mayoría o sobre las bases, o simplemente sobre los otros, al mismo tiempo en que funda y soporta el complejo y rico mecanismo del Mandar Obedeciendo, tan central en la vida política y en la vida social cotidiana de los pueblos neozapatistas. Por eso, los zapatistas reiteran que no pretenden unir a nadie "bajo una dirección, ni zapatista, ni de cualquier otra filiación", ni tampoco reclutar o cooptar, o dirigir o subordinar a ninguno de los miembros del movimiento de La Sexta, ni a nadie en general.


Y entonces, si los neozapatistas se niegan a hegemonizar a los distintos miembros integrantes de La Sexta, también se niegan a reproducir en su propio interior este principio de la hegemonía de los pocos sobre la mayoría, lo que explica el porqué ellos dicen que dentro de su movimiento no hay líderes, o que en todo caso todos ellos mismos sin excepción son los líderes, es decir, las bases del neozapatismo son los líderes, pues son ellas las que a través de la democracia directa de sus Asambleas, y del principio del mandar obedeciendo, deciden realmente los derroteros, las acciones, y las tomas de posición fundamentales de todo el movimiento13.


Y si esta nueva forma de organización que propone el neozapatismo para La Sexta, es tan laxa y flexible, y a la vez tan sabia e inteligente que se niega a homogeneizar y a hegemonizar a sus integrantes, entonces su unidad fundamental, que no derivará ni del forzado encuadramiento en una sola identidad o en un comportamiento único, ni en ningún modo de pensar y de ser único, ni tampoco de la subordinación o sometimiento de todas las partes a un centro dirigente, dominante o rector, será por lo tanto una unidad de acción. Una unidad que desde la diversidad y la igualdad real de todas sus partes, se construirá en los hechos al llevar a cabo acciones conjuntas y coordinadas, previamente consensuadas y acordadas por todos, pero desplegadas prácticamente y en cada lugar según las formas, los modos, los tiempos, los lugares y las condiciones concretas y específicas, siempre diferentes, de cada uno de los participantes en ese acuerdo de unidad en la acción, o para la acción.


Unidad en la acción que se establece a partir de los compromisos libremente asumidos por los diferentes adherentes de La Sexta, y luego por el cumplimiento en los hechos de esos compromisos, que como lo ha demostrado ya antes el neozapatismo, puede tener una escala nacional o incluso internacional, siendo capaz de confrontar y detener las acciones represivas y vergonzosas de los gobiernos locales o nacionales, o de obtener la liberación de presos políticos injustamente encarcelados, pero también, el día de mañana, de derrocar, como ha sucedido ya en países como Ecuador, Bolivia o Argentina, a esos malos gobiernos y gobernantes locales, estatales y federales, y de poner en su lugar, lo que aún no ha sucedido en los países antes mencionados, a buenos gobiernos que realmente "manden obedeciendo".


Un quinto cambio importante que caracteriza a esta nueva etapa, la cuarta, de la vida general del neozapatismo, se refiere a la definición de una nueva estrategia global, en relación al vínculo de este movimiento neozapatista con el resto de los integrantes de la "Sexta". Nueva estrategia que, recogiendo la experiencia de siete años de lo que fue La Otra Campaña, y siendo consecuente con el principio de no homogeneizar ni hegemonizar las luchas de cada uno de los miembros de ese movimiento de La Sexta, desemboca en la tesis de que nadie dará la lucha que le corresponde dar a otro, y nadie vendrá milagrosamente y como Deus Ex Machina a liberar de su opresión a ningún otro de sus compañeros de lucha. Es decir que el neozapatismo no es, ni quiere ser o aparecer, como el "salvador" de los otros o del mundo, ni pretende tampoco suplantar a otros miembros de La Sexta, ni tampoco considerar que su tarea sea la de dar él las luchas o los combates, ni tampoco conquistar los objetivos o lograr las metas que, en rigor, le corresponden a los otros, y en realidad, a cada uno de los grupos, clases, colectivos o sectores sociales que conforman ese multicolor arcoíris de La Sexta14.


Por eso es por lo que los neozapatistas insisten tanto en que ellos no son la vanguardia de nadie, y en que su papel, si es que acaso les corresponde uno especial, es más bien el de ser detonadores o iniciadores de iniciativas que, más adelante, deben de ser reasumidas y reapropiadas directamente por dichos grupos, clases, colectivos, etcétera, que las compartan y las avalen, estableciendo acuerdos, fijando compromisos y luego cumpliéndolos, y finalmente asumiendo las consecuencias de esos mismos compromisos. Porque la autonomía y la fuerza propia para la lucha no se conquista nunca, si es otro, incluso un otro que sea compañero, el que pelea en lugar nuestro, el que libra nuestras batallas, el que defiende nuestra causa, y el que termina conquistando para nosotros nuestros objetivos y nuestras libertades.


Nueva estrategia neozapatista que, en cierto sentido, no es más que un modo nuevo de recuperar la vieja tesis de Marx, de que "la emancipación de la clase obrera debe ser obra de la clase obrera misma". Y por ende, que son las mujeres las que deben emancipar a las mujeres, y los indígenas a los indígenas, mientras que son los jóvenes los que definen sus propios objetivos, sus formas, sus modos, sus geografías y sus calendarios de lucha. Y son ellos mismos los que libran los combates necesarios para conquistar y hacer valer sus propios derechos, y su propia identidad, y sus propios objetivos específicos.


Entonces, si la nueva estrategia neozapatista es la de que cada colectivo social debe luchar sus propias batallas –pues ellos insisten también en que cualquier rebeldía solo individual, termina por ser, infeliz pero necesariamente, una rebeldía estéril— y de que aquí no hay salvadores de nadie, ni héroes providenciales que emancipan a los otros, el vínculo del neozapatismo con el resto de miembros de La Sexta no será el de suplantarlos en sus luchas, ni dirigirlos, ni decidir por ellos, ni conducirlos hacia un paraíso prometido, sino más bien el de tratar, primero, de motivar y suscitar en otros la reproducción, distinta y siempre particular, de su propia experiencia de organización y de lucha, de construcción de su autonomía, y de la forja de sus propios caminos singulares hacia la conquista del común objetivo y horizonte general de la libertad, y segundo, el de prodigar hacia ellos, de distintas y múltiples maneras, la solidaridad fraterna entre compañeros de lucha y de causa común, que confrontan al mismo enemigo desde diversas trincheras, y que persiguen por vías diferentes el mismo objetivo compartido del fin absoluto del actual capitalismo planetario.


Es decir, el proceso de mostrar y enseñar a todos lo que fue su experiencia propia, como movimiento indígena rebelde de Chiapas y de finales del siglo XX cronológico, en tanto movimiento que se organiza y se fortalece poco a poco pero firmemente, hasta ser capaz de enfrentar, exitosamente, a varios gobiernos mexicanos de distintos partidos políticos, a los que reta, confronta y luego vence, no sólo logrando sobrevivir, sino también construyendo en sus geografías y calendarios específicos, del Sureste mexicano, y en los actuales tiempos de víspera de una nueva Revolución Mexicana, su propia autonomía global, es decir, sus nuevos mundos propios, ya no capitalistas ni clasistas, sin explotación, ni despojo, ni desprecio, ni represión.


Siguiendo entonces una suerte de pedagogía mediante la exhibición del ejemplo, los neozapatistas lo que tratan de hacer es de demostrar cómo es que es posible, con todas las condiciones terribles que crea el capitalismo en su contra, crear con éxito una organización social y política consciente y poderosa, unida orgánicamente a un movimiento de masas amplio, convencido, firme y despierto, que luego retó y enfrentó al gobierno, a los ricos y a los diversos poderes dominantes, al mismo tiempo en que construye a la vista de todos y también retadoramente, los gérmenes de mundos nuevos, los nuevos mundos que hoy existen aún en relativa pequeña escala social, en donde ya florece la autonomía global, la libertad, la democracia directa, el mandar obedeciendo y el autogobierno, pero también una nueva economía, una nueva educación y una nueva pedagogía, un nuevo arte, un muy otro comercio, una nueva cultura, nuevas relaciones de género, nuevas formas de comunicación, una nueva salud diferente, nuevas estructuras de la comunidad, y nuevas figuras civilizatorias en general.


Y si los neozapatistas muestran su experiencia propia, es precisamente para servir de espejo al resto de los miembros de La Sexta, suscitando en ellos la pregunta, la inquietud, la iniciativa y luego la acción, en sus propios lugares y tiempos, en sus contextos y condiciones específicas, para generar sus propias rebeldías y luchas, y sus formas de organización colectiva potentes y conscientes, y sus movimientos masivos alertas y combativos, junto a sus luchas contra los ricos, los gobernantes y los poderosos, y luego, sus propios caminos de construcción de la autonomía, la democracia, el autogobierno, la autogestión y la libertad en general.
Lo que es, claramente, uno de los sentidos importantes de la inteligente iniciativa de la "Escuelita Zapatista", donde todos los miembros de La Sexta iremos a aprender y a asimilar las lecciones generales del "ejemplo" zapatista, para luego tratar de "replicarlo" o "reproducirlo", con sus diferencias, variantes, especificidades y singularidades necesarias, en nuestros propios espacios y contextos de vida, de resistencia, y de lucha.


Finalmente, un sexto trazo que caracteriza a la nueva y más reciente etapa del neozapatismo, es el que responde a una de las seis preguntas que en 2006 se planteó La Otra Campaña, y que era la quinta pregunta, la de quiénes están convocados y quiénes no, para saber quién era potencialmente compañero y aliado en nuestras luchas, y quien sería más bien enemigo o por lo menos ajeno, de nuestras rebeldías y combates.


Y aquí, la respuesta del neozapatismo actual vuelve a ser una respuesta a la vez muy innovadora y muy aguda e inteligente, al decidir de un modo complejo los cuatro criterios o condiciones generales que habrán de cumplir aquellos a quienes van dirigidas las palabras, los discursos, las acciones y las iniciativas de este nuevo movimiento de la "Sexta". Cuatro criterios o condiciones que son: primero, la de ser las víctimas directas del funcionamiento mismo del sistema social capitalista; segundo, la de ser parte de los excluidos de dicho "funcionamiento normal" de este mismo capitalismo, hoy en la etapa de su crisis terminal; tercero, la de ser parte del abajo social o de los estratos sometidos y pisoteados de la sociedad, por las distintas formas del "arriba" social; y cuarto, el de ser parte de aquellos que dicen claramente "No" y "¡Ya Basta!" a estos ataques y agresiones, a esa exclusión, y a ese sobajamiento y humillación, convirtiéndose en los rebeldes que luchan dentro de su respectiva sociedad.


Triple y a veces cuádruple definición de los sujetos sociales a los que intenta convocar e incorporar a la lucha el nuevo movimiento de La Sexta, que incluye lo mismo a ciertos sectores, grupos y clases, que fueron los ejes de los movimientos antisistémicos anteriores a la profunda revolución mundial de 1968, que a nuevos grupos, sectores, identidades y condiciones que sólo son fruto de los más recientes procesos desplegados por el capitalismo, en estos últimos cuarenta años de la etapa de su crisis terminal.


Así, en primer lugar, la palabra y la convocatoria del neozapatismo y de La Sexta, va dirigida a las víctimas principales del funcionamiento "normal" y cotidiano del sistema social capitalista, víctimas que son tales, en la medida en que padecen los efectos principales de lo que los propios compañeros neozapatistas han llamado las "cuatro ruedas" del capitalismo. Los cuatro pilares de su avance, o los cuatro procesos que le han permitido afirmarse, crecer, funcionar y mantenerse, a pesar de su absurda e irracional naturaleza más esencial, que sacrifica al hombre frente a las cosas-mercancías, y que somete la producción real, el consumo concreto y toda la economía del valor de uso y de su lógica, a la automática, abstracta, vacía e insensata valorización del valor ilimitada.


Cuatro ruedas del capitalismo que son las de la explotación económica, el despojo en todas sus formas, el desprecio y sus múltiples encarnaciones discriminatorias, y la represión de todos aquellos que se resisten o se rebelan, frente a sus devastadores e inaceptables efectos. Cuatro ruedas que, en primer lugar, definen desde esa explotación económica referida a la clase obrera contemporánea, pilar central de los movimientos antisistémicos de los últimos dos siglos, y parte siempre nuclear y fundamental de cualquier lucha frontal y decisiva en contra del capitalismo. Pero también, por ejemplo, a los campesinos, y a los empleados, y a los asalariados, y a grandes sectores de la clase media, y a todos aquellos que, bajo mil formas y por medio de los más sutiles, intrincados e indirectos caminos, alimentan la insaciable sed de esa plusvalía económica que hoy, igual que hace varios siglos, sigue siendo la verdadera sangre que corre por las corruptas venas del siniestro capital en funciones15.


Y junto a estas víctimas de la explotación económica capitalista, están en segundo lugar las víctimas de los despojos que, desde su mismo origen hace cinco siglos y hasta el día de hoy, ha venido desplegando este mismo capitalismo, y que incluyen lo mismo a los campesinos europeos de los siglos XV y XVI despojados de sus tierras comunales e individuales, que a los indígenas actuales a los que se despoja de sus bosques, sus aguas o sus riquezas del subsuelo, pero también los despojos de países enteros organizados al amparo de las guerras actuales, o el despojo de los pequeños ahorros de una gran parte de las distintas poblaciones del mundo, mediante la fabricación, manipulación y control de sofisticados mecanismos y documentos financieros, por parte del cada día más depredador sistema bancario y financiero internacional actual. Y eso por no mencionar, por ejemplo, el despojo de los derechos sociales adquiridos y de las conquistas del Estado de bienestar arduamente ganadas, que en los lustros recientes han sufrido, una vez más y en virtud de la aplicación de las medidas draconianas del neoliberalismo salvaje, todas las clases obreras del planeta.


Víctimas de la explotación económica, o del despojo también económico o a veces social, a las que se suman las víctimas del desprecio, es decir, de todas las formas múltiples de discriminación que el capitalismo hereda del pasado, y que recicla, reactualiza y refuncionaliza para su propio beneficio y funcionamiento cotidiano, junto a las propias discriminaciones que él mismo inventa. Y si el neozapatismo y La Sexta encuentran en el cultivo y la defensa de la diversidad, una de sus riquezas y tesoros fundamentales, negándose por ello a homogeneizar su propio movimiento, el capitalismo en cambio, y en las antípodas de ese neozapatismo, encuentra uno de sus pilares principales en el rechazo y desprecio del diferente, del que se sale o no cumple completamente con el estereotipo o patrón dominante establecido, y al que entonces ese capitalismo discrimina por el simple hecho de ser viejo, o negro, o indígena, o pobre, o débil, u obrero, o campesino, o mujer, u homosexual, o demasiado sensible, o extraño, o rebelde, o herético, o disfuncional, o una larguísima lista de esa condición del ser simplemente diferente.


Pero también y como cuarta figura de estas víctimas directas del cotidiano funcionar capitalista, están aquellos que sufren su cuarta rueda, la de la represión. Porque tan viejos como lo son la explotación, el despojo y la discriminación o el desprecio, lo es también la rebeldía, la insumisión, la protesta y la oposición. Y entonces, todo aquél que se resiste y se rebela en contra del capitalismo y de sus procesos de extorsión, de robo y de humillación, sufrirá directamente los mecanismos de la represión, bajo sus miles de formas y figuras, conformando así esta cuarta variante de las víctimas de este nefasto sistema mundial capitalista.


De otra parte, y como una segunda condición o criterio de delimitación de aquellos que han sido convocados por La Sexta y por el neozapatismo mexicano, están los excluidos de este mismo sistema social capitalista. Es decir, aquellos grupos que han sido abiertamente expulsados del funcionamiento "normal" del capitalismo, o en otro caso, que han sido directamente marginados del sistema, por los cambios y las reestructuraciones internas que este mismo capitalismo ha vivido recientemente. O finalmente, los grupos que por cualquier razón que sea, el sistema capitalista decide dejar fuera y al margen de su propia dinámica evolutiva y expansiva en general.


Pues mientras que el hecho de ser explotado cotidianamente, o despojado continuamente, o reiteradamente discriminado, o reprimido por el capitalismo, implica aún ser parte constitutiva, aunque humillada y oprimida, de este mismo sistema, el hecho en cambio de ser decretado y tratado como grupo social "prescindible", "olvidable", e incluso hasta directamente "suprimible", es lo que conforma a las diversas categorías y grupos que padecen directamente la condición mencionada de la exclusión, y que son a los que el Subcomandante Insurgente Marcos definió alguna vez, en alguno de sus textos, como las "Bolsas de Olvido"16 del capitalismo .


Grupos de los excluidos del funcionamiento cotidiano y "normal" del capitalismo, que en los últimos cuarenta años se han multiplicado, diversificado y acrecentado enormemente, a causa de la entrada del capitalismo en la etapa de su crisis terminal. Pues mientras el capitalismo funcionó más o menos en situación de equilibrio, durante los cinco siglos de su vida histórica general, los grupos y sectores de ese sector de los excluidos de su funcionamiento habitual eran grupos relativamente pequeños y escasos respecto de las sociedades y poblaciones dominadas, y sometidas, y explotadas en general. Pero cuando el capitalismo empieza a colapsar, y sus principales estructuras dejan de funcionar adecuadamente, una de las tantas expresiones de esta situación de su crisis estructural o terminal, es la de la expulsión, marginación, generación y reproducción acrecentada de cada vez más y más "Bolsas de Olvido", de cada vez más y mayores grupos, sectores, poblaciones, estratos y comunidades humanas que son directamente excluidos de la propia marcha regular y "normal" del sistema en su conjunto.


Por eso, no deja de ser interesante subrayar el hecho de que estos nuevos excluidos del sistema, han sido parte central de los protagonistas que, en las últimas tres o cuatro décadas, han construido varios de los movimientos antisistémicos más importantes de los tiempos recientes. Así, las revueltas más importantes en el mundo de hoy son, entre otras, las del grupo de los "Sin Trabajo" o desocupados en Argentina, o las de los "Sin Tierra" en Brasil, pero también las de los que podríamos llamar los "Sin Derechos, Sin Ciudadanía y a veces hasta Sin Existencia Legal", que son los indígenas mexicanos, ecuatorianos o bolivianos, o chilenos, o colombianos, etc., lo mismo que las rebeliones de los "Sin Papeles", en Francia y en general en Europa, o de los "Sin Documentos" o indocumentados, muchas veces mexicanos, en Estados Unidos, o de los "Sin Trabajo", en su mayoría jóvenes, en España, o los "Sin Libertad" y "Sin Democracia" en los países árabes, o "Sin Educación Gratuita y de Calidad" en Chile, o los "Sin Libertad" en Estados Unidos, o los "Sin Igualdad de Trato" en los suburbios ingleses, belgas o franceses, o también los "Sin Voz" y "Sin Valor" en Grecia, entre tantos otros ejemplos que podemos mencionar.


Conjunto de grupos, sectores sociales o comunidades humanas enteras, que sufren la condición de exclusión por parte del capitalismo mundial, que a veces se sobreponen con la condición de víctimas del sistema, alternándose como víctimas o como excluidos, o combinando la exclusión en una dimensión de su ser social con el ser víctimas en otra, o limitándose a sufrir sólo una de ambas, y que son una parte importante de los convocados centrales por el neozapatismo y por La Sexta, en esta nueva cuarta etapa de su existencia histórica general.


Pero solo en la medida en que, junto a esta condición de victimas y/o excluidos, sumen también la condición de ser parte del "abajo" social, una condición que no es para nada idéntica ni a la de víctima ni a la de excluido, y que se define más bien, según los compañeros neozapatistas, a partir de la diferencia fundamental entre los que tienen y los que no tienen. Pero desde una concepción del tener que no es exclusivamente el tener bienes materiales o riquezas, sino más bien la de la posición social de los pocos que sí tienen el disfrute derivado del monopolio del usufructo de, por ejemplo, una ubicación en la escala social, o también un status determinado, o igualmente una riqueza material y concreta, pero también el monopolio de un elemento espiritual, o un atributo socialmente asignado, o un privilegio determinado, o alguna función apropiada en exclusiva, frente a los muchos que no tienen ninguna de estas condiciones y situaciones mencionadas.


Lo que significa que la división entre el arriba social y el abajo de la sociedad, no es equivalente ni a las relaciones de explotación, o de despojo, o de desprecio y discriminación, ni a las de represión, pero tampoco a las relaciones de exclusión que ya hemos descrito antes, sino que es una nueva partición de la sociedad, derivada de la conformación de una minoría que sí tiene la riqueza, o el poder militar, o el poder político, o la condición de "normal", o la jerarquía social, o el apellido, o la herencia inmaterial, o el saber-poder, o la dominación cultural, o el dominio y uso de la lengua correcta, o la ubicación social hegemónica, frente a la vasta mayoría que no tiene nada de esto, que está desposeída de estos monopolios múltiples y diversos del privilegio social, bajo sus múltiples y muy diversificadas formas.


Frontera clara entre el arriba y el abajo sociales, que nos muestra como se complejiza ahora el cuadro de la determinación de las múltiples identidades de los sujetos sociales en la situación contemporánea, en la cual se puede ser discriminado por ser mujer, pero a la vez y por ser mujer del arriba social, se puede entonces gozar de ciertos privilegios, derivados de esta ubicación de dicha mujer en la cumbre de la pirámide social. O puede uno ser realmente explotado como campesino, al mismo tiempo en que se funciona como un cacique campesino corrupto, que se vende a los de arriba y hace su juego como su cómplice, sin dejar no obstante de sufrir esa condición de explotación. O puede alguien afirmar que es de izquierda, y hasta pretender que defiende y representa a los de abajo, y en los hechos ser en realidad parte de la izquierda política del arriba social, es decir de la izquierda oficial e institucional mexicana, bien portadita, modosita, totalmente domesticada y servil con los poderes actuales, y finalmente cómplice consciente, mediante vergonzosos "Pactos por México", de la galopante y terrible destrucción progresiva generalizada de nuestro país.


Con lo cual, esta diferencia entre el arriba y el abajo parecería apuntar, en nuestra opinión, y más allá de las cuatro ruedas del capitalismo, y también allende sus recientes y crecientes procesos de exclusión social, hacia la diferencia entre aquellas minorías que tienen y usufructúan ilegítimamente alguna de las múltiples formas de existencia del poder, y las grandes mayorías excluidas de estas formas del poder, sea el poder económico o político, o social, o simbólico, o religioso, o cultural, o militar, o saber-poder, o poder disciplinario, o biopoder, o poder normalizador, o regulador, o de control o etcétera. Lo que obviamente, funda la necesidad urgente y vital, desde el abajo social, desde abajo y a la izquierda, de generar contrapoderes potentes y cada vez más vastos, no encaminados a sustituir algún día a los poderes hoy dominantes, sino más bien y en una perspectiva mucho más radical, a destruir y eliminar totalmente las condiciones mismas que hacen posible la propia gestación de esas múltiples formas opresivas y asimétricas del poder, es decir esa división ya mencionada de los de abajo y los de arriba. Por eso, dicen los compañeros neozapatistas, "hablamos de destruir las relaciones sociales que posibilitan que alguien esté arriba a costa de que alguien esté abajo" (el subrayado es nuestro)17.


Entonces, si uno de los fundamentos importantes de esta división entre los de arriba y los de abajo, es esta existencia y despliegue múltiples de las diferentes formas antitéticas y desgarradas del poder social, es lógico que uno de los caminos esenciales para subvertir y destruir, desde abajo y a la izquierda, esas diferentes formas del poder, y con ellas, esa división entre el arriba/abajo social, es precisamente la de la afirmación y propagación más amplia posible de la autonomía global radical neozapatista.


Autonomía que no es sólo jurídica, del autogobernarse según sus propias leyes, ni sólo política, de darse a sí mismos sus propias formas de gobierno, ni tampoco sólo autonomía cultural, de hacer valer su identidad, su cultura, su cosmovisión y sus usos y costumbres, sino que es verdadera autonomía global radical, de decidir el tipo de vida y de relaciones que ellos quieren vivir y construir, en absolutamente todos los órdenes de la vida social. Autonomía entonces económica, cultural, política, social, y civilizatoria en general, que es forzosamente incompatible con la existencia y la reproducción de todos los poderes actualmente dominantes18. Pues si la antítesis del poder económico es la autonomía económica, y la antítesis del poder político o social o cultural es la autonomía política, social y cultural, entonces afirmar la autonomía global, tal y como la conciben los neozapatistas, es idéntico a subvertir y disolver completamente las condiciones sociales que hacen posible la existencia de esos múltiples poderes hoy dominantes, y por esta vía, de ese arriba y ese abajo sociales.


De este modo, la convocatoria del neozapatismo y de La Sexta, va dirigida a aquellas víctimas del capitalismo y/o a los excluidos por este mismo sistema capitalista, que además de esto forman parte de esa vasta mayoría del abajo social. Pero también y finalmente, sólo en tanto que además de poseer estas cualidades como víctimas, excluidos y la de ser parte de los de abajo, se asuman igualmente como sujetos genuinamente rebeldes frente al capitalismo, es decir, como sujetos que frente a su explotación, despojo o discriminación/desprecio, o represión, o exclusión, o marginación de los muchos monopolios de las distintas formas del privilegio social que configuran a los estratos de los de arriba, hayan dicho ya su propio y específico "¡Ya Basta!", y hayan comenzado a asumir que las cosas "podrían ser de otra forma" y que "no tienen por qué ser así" como ahora son.


Ya que el cuarto criterio o la cuarta condición necesaria que deben poseer aquellos que hoy son convocados a incorporarse a este nuevo movimiento de La Sexta, es el de no estar satisfechos, ni contentos ni felices con el sistema capitalista actual, pero además el de no estar tampoco dispuestos ya a soportarlo pasivamente, sin hacer nada al respecto. Pues si desde la tercera etapa del neozapatismo, la de La Otra Campaña, se había ya definido clara y radicalmente que se trataba de un vasto movimiento social anticapitalista, en esta cuarta etapa esa postura consciente y explícitamente anticapitalista y antisistémica se refrenda y reitera, volviéndose una de las varias condiciones importantes para adherirse y sumarse a este vasto y a la vez flexible y abierto, pero también bien definido y preciso, movimiento emergente de La Sexta.


Pues si el origen de todos nuestros males está en este sistema social capitalista, y si todos nuestros objetivos de autonomía, libertad, autogobierno, democracia directa, justicia, y autogestión por los que luchamos, son las antípodas de dicho capitalismo, entonces sólo siendo genuinamente rebeldes, radicales, anticapitalistas y antisistémicos, podremos alcanzar nuestras metas, y remediar de raíz y verdaderamente todo ese conjunto de nuestros males o problemas actuales.


Estos son, brevemente esbozados, algunos de los perfiles principales de esta nueva etapa del neozapatismo que arranca ahora, en este año de 2013. Nueva etapa que, como señalan los compañeros, no será más fácil que las anteriores sino más bien más difícil, más compleja, y también, probablemente, más larga y más tortuosa. Pero también sin duda más firme, más definida, más convencida, y sobre todo más fuerte, en la medida en que está apoyada e imbuida de la certeza de que "una, diez, cien, mil veces siempre venceremos siempre", o como dicen los sabios compañeros mapuches: ¡Marichiweu!

 

Notas

  1. Al hacer arrancar la historia del neozapatismo mexicano en noviembre de 1983, asumimos claramente que dicho neozapatismo solo nace a partir de la compleja y rica fusión que se da, precisamente, a partir de finales de 1983, entre los militantes de izquierda miembros de la "generación de la dignidad", que es hija directa del movimiento de 1968 en México, con el digno y rebelde movimiento indígena chiapaneco, heredero de siglos de lucha, y que también se reestructuró de modo importante a partir del Congreso Nacional Indígena celebrado en San Cristóbal de Las Casas en 1974. Lo que no impide que exista también una etapa anterior, la de la "prehistoria", que incluye el trabajo de una parte de esa generación de la dignidad de los años sesentas, setentas y ochentas, y que arranca con la fundación, en agosto de 1969, de las Fuerzas de Liberación Nacional. Sobre estas raíces y prehistoria del neozapatismo mexicano, en esta vertiente de dicha generación de la dignidad resultante del 68 mexicano, y sobre su primera etapa de vida clandestina, hasta hoy la menos conocida de todas, cfr. el conjunto de textos incluidos en Contrahistorias núm. 20, México, 2013. Y también Yvon Le Bot, Subcomandante Marcos. El Sueño Zapatista, Ed. Plaza y Janes, Barcelona, 1997.
  2. Sobre esta muy "Otra Política", cfr. Sergio Rodríguez Lascano, "La forma zapatista de hacer política. (Entrevista)", en Viento Sur, núm. 83, 2005, y también Carlos Antonio Aguirre Rojas, "La Otra Política de la Otra Campaña", en Contrahistorias núm. 6, 2006, y Mandar Obedeciendo. Las lecciones políticas del neozapatismo mexicano, Ed. Contrahistorias, 5ª edición, México, 2010.
  3. Sobre lo que fue y significó esta importante iniciativa de La Otra Campaña, cfr. los diversos materiales incluidos en la revista Contrahistorias, núm. 6, México, 2006, y en particular nuestro ensayo, Carlos Antonio Aguirre Rojas, "Ir a contracorriente: el sentido de La Otra Campaña", allí incluido.
  4. 15,000 miembros no es para nada idéntico a 15,000 personas, pues uno de esos 15,000 miembros es el EZLN, que cuenta con cientos de miles de bases de apoyo de dignos indígenas rebeldes, presentes en prácticamente todo el territorio de Chiapas, y otro es el Congreso Nacional Indígena, que agrupa a decenas de miles de indígenas también rebeldes de todo el país, junto a centenas y miles de movimientos, colectivos, grupos y también individuos del más diverso tipo y magnitud numérica posibles.
  5. Sobre este proyecto del Programa Nacional de Lucha, vale la pena revisar los materiales que comprende el dossier de Contrahistorias, núm. 10, México, 2008.
  6. Por eso y más allá de las normales altas y bajas de la atención mundial y nacional hacia el neozapatismo, atención que se ilumina o se apaga según el vaivén de las diversas coyunturas nacionales y mundiales, el movimiento neozapatista sigue siendo, en términos estructurales y tendenciales, un referente ineludible e inspirador para todos los verdaderos movimientos antisistémicos del planeta, además de uno de los más avanzados e importantes miembros de esta misma familia mundial de las luchas y protestas antisistémicas y anticapitalistas. Sobre este punto fundamental, que nos sea permitido reenviar al lector a la lectura de nuestro texto, Carlos Antonio Aguirre Rojas, Antimanual del Buen Rebelde, Ed. Contrahistorias, México, 2013, y en particular al capítulo 6, "El carácter 'modélico' del neozapatismo mexicano dentro de los movimientos antisistémicos actuales".
  7. Esta afirmación es parte del Comunicado "Ellos y Nosotros. V- La Sexta", de enero de 2013.
  8. Sólo para recordar cómo esta vocación y carácter universales de la acción neozapatista ha sido consciente y ha estado presente desde 1994, vale la pena ver, por citar solo dos ejemplos entre muchos otros posibles, el Comunicado del 28 de mayo de 1994, que además de incluir la bella historia del Viejo Antonio, "Los arroyos cuando bajan", incluye también la posdata que dice que Marcos es gay en San Francisco, negro en Sudáfrica, asiático en Europa, y un larguísimo etcétera, es decir, que el neozapatismo encarna a todas las formas de exclusión y de discriminación posibles en todo el planeta (cfr. EZLN. Documentos y Comunicados, tomo I, Ed. Era, México, 1994, p. 243) y también el texto "¿Qué tan grande es el mundo?", del 17 de febrero de 2006, incluido en el sitio de internet de Enlace Zapatista: http://enlacezapatista.ezln.org.mx.
  9. Sobre esta identidad o cercanía de las demandas zapatistas con las demandas enarboladas por el conjunto de las revueltas populares de 2011, en distintas partes del mundo, cfr. Carlos Antonio Aguirre Rojas, "Las Revueltas Populares de 2011 en Perspectiva Histórica", en Contrahistorias, núm. 18, México, 2012, y también el capítulo V del libro Antimanual del Buen Rebelde, ya antes mencionado.
  10. Sobre esta situación de crisis terminal del capitalismo, que acelera el caos capitalista y lo vuelve cada vez más impredecible, irracional, destructivo y nefasto, aunque con ello multiplica también, felizmente, los focos de la rebelión, la insumisión, el deseo de cambio y la búsqueda de otros caminos y de otras formas radicalmente distintas para el orden social, cfr. Immanuel Wallerstein, Después del Liberalismo, Ed. Siglo XXI, México, 1996, y La Crisis Estructural del Capitalismo, Ed. Contrahistorias, 2ª edición, México, 2005, y también Carlos Antonio Aguirre Rojas, Para Comprender el Mundo Actual, Ed. Instituto Politécnico Nacional, México, 2010, y Movimientos Antisistémicos, Ed. Prohistoria, 2ª edición, Rosario, 2012.
  11. Sobre las posturas del neozapatismo mexicano hacia estos gobiernos "progresistas" de América Latina, cfr. Subcomandante Insurgente Marcos, "De redentores e irredentos", del 16 de julio de 2007, en el sitio en internet de Enlace Zapatista antes citado, la entrevista Corte de Caja, Coedición Ed. Alterno y Ed. Bunker, México, 2008 y también la entrevista "El elemento extra: la organización", en la revista Rebeldía, núm. 42, mayo del 2006. Más en general, véase también nuestros libros, Carlos Antonio Aguirre Rojas, América Latina en la Encrucijada, Ed. Contrahistorias, 7ª edición, México, 2009, y Antimanual del Buen Rebelde, antes citado, en particular el capítulo III.
  12. Estas referencias están incluidas en el Comunicado "Ellos y Nosotros. V- La Sexta", antes ya citado. También allí se agrega que "para el EZLN, ser de La Sexta no requiere afiliación, cuota, inscripción en lista, original y/o copia de identificación oficial, rendición de cuentas, estar en el lugar del Juez o el Jurado, o el acusado o el verdugo. No hay banderas", donde se muestra claramente ese carácter muy laxo y flexible de esta nueva forma de organización propuesta por el neozapatismo mexicano.
  13. Sobre esta inversión fundamental, donde todas las bases son líderes o todos son líderes, y por lo tanto, han dejado de existir dichos líderes, véase el Comunicado "Ellos y Nosotros. V- Las Miradas. III.- Algunas otras Miradas", de febrero de 2013, también en el sitio en internet de Enlace Zapatista, ya antes citado. Sobre la autonomía global, la democracia directa, y el complejo principio del 'Mandar Obedeciendo' de los neozapatistas mexicanos, cfr. Carlos Antonio Aguirre Rojas, Mandar Obedeciendo. Las lecciones políticas del neozapatismo mexicano, también antes citado.
  14. Por eso, es muy plástica e instructiva la conversación que tiene la cajera del uniforme naranja con su pareja, reproducida en uno de los recientes Comunicados neozapatistas: "—Bueno, ya, a ver dígame ¿esos zapatistas nos van a salvar?. –No, mi plebeya, no nos van a salvar. Eso y otras cosas, las tenemos que hacer nosotros mismos. --¿Y entonces? –Ah, pues nos van a enseñar. --¿Y qué nos van a enseñar? –Que no estamos solos", en el Comunicado "Ellos y Nosotros. VI- Las miradas. II.- Mirar y Escuchar desde/hacia abajo", de enero de 2013, también ubicable en el sitio en internet de Enlace Zapatista, ya citado. Esta postura de los compañeros, nos recuerda la aguda y penetrante novela de Rodolfo Walsh, Un obscuro día de justicia, que critica precisamente esta idea de hacer depender nuestra libertad, o nuestra salvación, o nuestra emancipación, o la conquista de nuestros objetivos, de la llegada del "líder" providencial, o del "héroe" mitificado, o del personaje heroizado, o de cualquier otro ser externo que no es nosotros mismos.
  15. Naturalmente, el principal autor que sigue siendo imprescindible y más vigente que nunca para entender la esencia de esta explotación económica capitalista, con su centralidad estructurante de lo social en general, y con sus múltiples consecuencias diversas, sigue siendo Carlos Marx. Por lo cual, no es casual que cada vez más adherentes de "La Sexta", en México y en todo el mundo, vuelvan asiduamente a la lectura, al análisis, la recuperación y la rediscusión de varios de los textos marxistas fundamentales, como El Capital, los Grundrisse... o Elementos fundamentales para la crítica de la economía política, el Capítulo VI Inédito, los Manuscritos de 1861-63, las Teorías de la Plusvalía o la Contribución a la Crítica de la Economía Política, entre otros. Sobre esta saludable y muy necesaria recuperación de la Crítica de la Economía Política de Marx, cfr. Bolívar Echeverría, El discurso crítico de Marx, Ed. Era, 1986, y también Carlos Antonio Aguirre Rojas, El problema del fetichismo en El Capital, Ed. UNAM, México, 1984.
  16. Sobre esta caracterización y sus consecuencias principales, cfr. Subcomandante Insurgente Marcos, "Unas palabras sobre nuestro pensamiento", en el libro Crónicas Intergalácticas. EZLN, sin referencia editorial, México, 1996. Y no es casualidad que frente a la exclusión que implican estas "Bolsas de Olvido" creadas por el capitalismo, lo que los zapatistas chiapanecos han reivindicado desde siempre, es su profunda y célebre consigna de luchar por "un mundo en donde puedan caber todos los mundos" (cfr. el texto recién mencionado, p. 70).
  17. Sobre esta cita cfr. "Ellos y Nosotros. V.- La Sexta" en el sitio en internet de "Enlace Zapatista", ya antes citado. Y si es correcta esta hipótesis nuestra, de que la división entre el "arriba" y el "abajo" sociales se vincula de modo importante con la existencia y reproducción de las distintas formas del poder, entonces es claro que un autor fundamental que en torno a este punto debemos de releer y de recuperar seria y sistemáticamente es a Michel Foucault y a sus ricas reflexiones en torno de este problema fundamental.
  18. Sobre este tema de la autonomía global neozapatista, remitimos al lector a la lectura de nuestro libro, Carlos Antonio Aguirre Rojas, Mandar Obedeciendo. Las Lecciones Políticas del Neozapatismo Mexicano, ya antes referido.

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"El poder mafioso puede atentar contra las negociaciones de paz", Ricardo Vargas

 "No entiendo por qué este foro no se llama "solución al problema de la economía subterránea para la guerra". Con esta frase empezó su intervención el investigador social director de Acción Andina – Colombia, Ricardo Vargas, en el foro que sobre la solución al problema de las drogas ilícitas se realizó en Bogotá durante los días 24 – 26 de septiembre, como uno de los temas de discusión acordados en La Habana entre el Gobierno y las Farc.

 

 

 

 

 

Prólogo

 

Cuando el Dr. Miguel Ángel Beltrán Villegas me propuso prologar este libro, lo que constituye un honor para mí, no imaginé la riqueza con que me iba a encontrar en sus páginas. Se trata de un relato de la guerra en primera persona; un relato polifónico que reúne experiencias enfrentadas pero con el denominador común del conflicto armado estructurando los mismos. Sin ningún tipo de mediaciones aparecen aquí las voces de quienes con sus propias humanidades corporizan (o lo hicieron) la guerra. Estos relatos, reunidos bajo condiciones excepcionales –tanto por el lugar como por la situación en que fueron tomados– demuestran, acabadamente, la talla intelectual, académica y de investigador del Dr. Beltrán, quien en las más terribles circunstancias tuvo la iniciativa de reunir testimonios de los diversos actores políticos del conflicto armado que desde hace décadas desgarra a Colombia. Todo el material reunido en esa apremiante situación pudo sistematizarlo en su estancia posdoctoral en el Instituto "Gino Germani", de la Universidad de Buenos Aires, entre 2011 y 2012, en el contexto no escogido de tener que cambiar su plan original de investigación adecuándolo en gran medida a sus posibilidades de acceso a fuentes y en el marco de la investigación que dirijo.

 

En cierto sentido esta obra es continuación de su anterior libro, Crónicas del "otro cambuche", en el que entre pinceladas autobiográficas narra su propia vivencia en la cárcel y en los tribunales antes de su sentencia absolutoria, frente a las infundadas imputaciones de "rebelión" y "concierto para delinquir" que le fueran hechas tras su secuestro en México en mayo de 2009, situación por la que se movilizó la comunidad académica internacional. Pero también es una ruptura con esa obra por cuanto aquí sólo se dio el lugar de escribir la introducción, en la que explica cómo surgió y materializó este trabajo, y luego transcribe los relatos que fuera tomando en su estadía presidiaria.

 

No se trata, sin embargo, de un anecdotario. Jalonados entre los capítulos ha seleccionado discursos o documentos que completan el sentido de las narraciones. A través de las experiencias aquí reunidas se traza una síntesis histórica, desprovista de precisiones accesorias, de análisis o interpretaciones de documentos, o de otras fuentes que fácilmente pueden hallarse en periódicos, otros libros o artículos sobre el conflicto. Esa es una tarea que Miguel Ángel Beltrán deja librada al lector. Aquí aparecen, sin mediaciones, narraciones descarnadas que abarcan desde el período de "la violencia" hasta la actualidad. El autor ha tenido el prurito de respetar hasta los modismos empleados, convirtiendo así, a este texto en una fuente ineludible para quienquiera conocer el subsuelo del conflicto colombiano en toda su intensidad.

 

Al repasar sus páginas se encuentra el lector frente a la experiencia humana de la guerra, pero también frente a la complejidad de un conflicto que no se puede explicar por las personas que lo agencian, sino que obedece a causas estructurales profundas y a la propulsión del mismo por parte del Estado, de manera abierta, y de Estados Unidos, de forma algo más velada, pero no menos evidente.

 

Para el analista que no está directamente involucrado en el mismo —o que tiene la capacidad de distanciarse y pensarlo críticamente—, se trata también de un excelente material que permite sacar conclusiones acerca de la naturaleza de la guerra insurgente y de la guerra contrainsurgente. Hace tres cuartos de siglo Mao Tse-tung reflexionaba sobre la diferencia entre una y otra, y parecería que se está frente a un absurdo teórico ya que la guerra es un fenómeno unitario y totalizador, como oportunamente lo definiera el gran pensador sobre la misma, el prusiano Carl von Clausewitz. Sin embargo, encuentra uno en estas páginas un excelente ejemplo de dicha distinción. Si bien ciertamente se trata de un fenómeno único, las partes en confrontación libran una guerra con perspectivas contrapuestas: para un bando es una guerra insurgente, para el otro es contrainsurgente. Y las formas de disputa son opuestas en muchos otros sentidos. Principalmente puede uno observar la diferencia en el trato de las personas por parte de cada fuerza: de los prisioneros, de la población civil y de la propia tropa. En segundo lugar se diferencian las motivaciones para el reclutamiento y la lucha. Finalmente, en tercer lugar, la actitud de sus cuadros y combatientes una vez recluidos en prisión. Pero como se trata de una obra que se basa en las experiencias reales, no hay lugar para maniqueísmos ni para encasillamientos estancos.

 

Se nos revela también lo absurdo de pretender resolver el conflicto por la vía militar. Toda guerra, se sabe, es la forma que asume un conflicto político irreductible a formas simbólicas (propias de la política); pero ya en ellas se manifiesta la divergencia apuntada; en su enunciación, en su enfoque. El supuesto subyacente en el planteo militarista que alienta el Estado a través de los sucesivos planes ("Colombia" y "Patriota") es que se trata de un obsoleto conflicto de raíces ideológicas, fuera de época tras el fin de la "guerra fría". Bajo ese supuesto, lo esperable es que la insurgencia se degrade rápidamente por inviabilidad histórica. Entonces la persistencia del fenómeno pasa a explicarse por la asociación del mismo al narcotráfico o, más en general, al crimen organizado. En esta lectura la guerra se autoperpetúa por el modus vivendi belli de los insurgentes. Tal hipótesis parecería corroborarse con estos relatos. No obstante aceptarla genera otros interrogantes que no se responden desde el supuesto que estamos considerando: el "efecto degradación", si podemos llamarlo así, no opera con igual intensidad en la guerrilla que en el Estado; es notablemente mayor este efecto en este último, lo que se expresa en el tránsito de personal y tareas del Ejército a las Autodefensas, de lo institucional a la organización paraestatal, de la represión y el crimen disimulado, al crimen sistemático y abierto. Podría objetarse que el material reunido no es una muestra representativa (técnicamente no puede serlo ya que no es un estudio cuantitativo), aunque sí pareciera ser demostrativa de lo sustantivo de las trayectorias individuales de los partícipes activos del conflicto (pues no se reflejan en el texto, sino lateralmente, los padecimientos de la población no combatiente, en especial los desplazados).

 

Los insurgentes, por su parte, sostienen que se trata de un conflicto que deviene de un problema estructural. Por su carácter, sabemos que un conflicto de estas características "atrapa" y define —con un alto grado de probabilidad, como señalaría Weber— el lugar de cada uno. Sin embargo Beltrán nos presenta un caso de alguien que pasó por los tres bandos: la guerrilla del farc-ep, el Ejército y las Autodefensas (paramilitares). ¿Cómo es posible la movilidad de una a otra fuerza? Aquí es donde se desarma la primera hipótesis y las tentaciones a reducciones sociologistas de la segunda: la rotación muestra con meridiana claridad un patrón; se trata de personas que provienen del mismo sector social: son pobres, que pueden ser reclutados por adhesión ideológica, por necesidad económica, laxitud moral o incluso por temor fundado. A veces por más de una de estas razones, e incluso por todas.

 

Vale entonces volver a reflexionar sobre cuestiones básicas. La aplicación de la fuerza militar se realiza con la finalidad de quitar al enemigo la posibilidad de seguir combatiendo; pero esto tiene validez dentro de determinados parámetros temporales que, en Occidente, no pasan por lo general de algunos pocos años como máximo (sólo es necesario observar las guerras durante los últimos dos siglos para comprobarlo). Cuando la guerra se extiende por décadas, parece obvio para cualquiera que ninguno de los bandos tiene la capacidad de llevar a tal situación al otro. Cabe entonces preguntarse a qué obedece el empecinamiento de los mismos. En el caso colombiano la respuesta a este interrogante es complejamente sencillo. Por el lado de los insurgentes, sean éstos de las farc, el eln, el epl o algún otro grupo menor, sostener la guerra es, en principio, la única garantía de vida. La experiencia de desmovilización del M-19 y la Unión Patriótica es suficientemente aleccionadora al respecto; a la intervención política legal se le contrapuso una matanza de dirigentes y militantes que sumaron varios miles. Otras experiencias como el plan de la ley "Justicia y Paz", también demuestran ser engaños inconducentes para alcanzar un acuerdo estable y definitivo. Además de ello las condiciones que dieron origen a la misma siguen siendo relativamente iguales; las variaciones observadas –algunos aspectos han mejorado y otros son más críticos que entonces– no permite afirmar que la situación haya cambiado significativamente.

 

Por el lado de los narcotraficantes, cuya voz no aparece sino incidentalmente en estos relatos –quizás por tratarse de delitos cuyos autores son potencialmente extraditables a Estados Unidos–, la guerra es necesaria para seguir con su negocio. Para comprenderlo cabe recordar aquella cita de Marx, según la cual "el capital huye de la turbulencia y la refriega y es de condición tímida. Esto es muy cierto, pero no es toda la verdad. El capital experimenta horror por la ausencia de ganancia o por una ganancia muy pequeña, como la naturaleza siente horror por el vacío. Si la ganancia es adecuada, el capital se vuelve audaz. Un 10% seguro, y se lo podrá emplear dondequiera; 20%, y se pondrá impulsivo; 50%, y llegará positivamente a la temeridad; por 100%, pisoteará todas las leyes humanas; 300% y no hay crimen que lo arredre, aunque corra el riesgo de que lo ahorquen. Cuando la turbulencia y la refriega producen ganancias, el capital alentará una y otra. Lo prueban el contrabando y la trata de esclavos."

 

En el caso de los paramilitares, la guerra no es un medio para su negocio, como es el caso de los narcos, sino que es en sí misma su negocio; es su forma de acumulación originaria y su medio de vida. La emergencia de este tipo de organizaciones es una derivación principalmente de dos factores combinados y asociados: la violencia endémica y la extrema debilidad del Estado, que es, en definitiva, quien posibilita la acción de estas bandas, las que operativamente no son sino una extensión –la ilegalidad es apenas un detalle– del Estado.

 

Sin dudas, lo que parece más difícil de comprender es la acción del Estado. La politología se ha esmerado en mostrar que la misión del Estado capitalista debiera ser la de garantizar la acumulación de capital en un marco de resguardo de la vida humana, de pacificación , para lo cual debería velar por el cumplimiento de leyes y reglamentaciones en tal sentido; ésta es en definitiva la promesa de la Modernidad, cuyo brazo ejecutor es el Estado-nación capitalista. Esa promesa de paz está tan enraizada en la Modernidad que un pensador de la talla de Kant suponía que con esta conformación se eliminarían las guerras. Los contractualistas abogaron en igual sentido: la constitución del Estado moderno (capitalista) suponía el cese del "estado de naturaleza" (la guerra). Una mirada superficial y anodina probablemente describiría que un grupo de pobladores se levantó en armas contra el Estado y éste debió (y debe) reaccionar en consecuencia. Tal apreciación no repara en dos puntos de trascendente importancia: la población alzada no era –sino solo nominalmente– colombiana; el gentilicio oculta el significativo hecho de que no los abarcaba la ciudadanía, situación perfectamente plasmada en la Parte I de este libro. La segunda cuestión es que este fracaso radical y primigenio, lejos de intentar ser enmendado, opera en la base de la política actual (y pasada) del Estado, con la notable excepción del intento de diálogo plasmado durante el período de Pastrana.

 

Es el Estado colombiano –y no las fuerzas insurgentes– quien se deteriora cada vez más con el transcurso de la guerra. Bajo el poco creíble cascarón de Estado opera una política y una organización paraestatal, que se asienta en prácticas terroristas. Un Estado terrorista es un Estado degradado, y esta es, a todas luces y lamentablemente, la situación del Estado colombiano actual. Las políticas que explícitamente desarrolla están en las antípodas de la búsqueda de la paz. La "guerra contra el terrorismo" opera como un embrujo que pone a quien la enuncia en el lugar del enunciado, generando una paradoja: la promoción del terrorismo como práctica propia. Es el terror lo que sustenta la construcción del "colombiano de bien"; la mordaza a toda crítica, por leve que sea; el maniqueísmo extremo de la lógica schmitteriana "amigo – enemigo". Quedan comprendidos como enemigos no sólo los alzados, sino todos aquellos que osan tener voz propia. Esto cuadra perfectamente en la lógica de un terrorismo de Estado. La generalización de la tortura no obedece a una frenética búsqueda de información, como suele suponerse, sino a generar un efecto de docilización de la población, lo que siempre tiene asociado la promoción de espíritus pusilánimes, que se corporizan en sujetos incapaces de discernimiento propio. Y no se trata de un juicio moral únicamente, aunque en sí mismo sea importante. Es un problema práctico, pues la posibilidad de un sistema político democrático real se esfuma es esas condiciones, aunque probablemente la democracia –siempre convocada– sea una instancia cuidadosamente evitada por las élites gobernantes cuando asoma cualquier posibilidad de ir más allá de una mera fachada.

 

Un Estado débil, como el colombiano, necesita sostenes externos a sí mismo para no colapsar. En algo que metafóricamente podríamos llamar el "síndrome de Copenaghe estatal", el principal soporte externo es Estados Unidos, país que a principios del siglo pasado le birlara el istmo de Panamá, con el único y exclusivo propósito de construir el canal que dominaron de manera directa por casi una centuria, y de manera un tanto más solapada desde la entrada en vigor del tratado Torrijos - Carter. Sostener la guerra interna colombiana es útil a la potencia del norte por varios motivos, el menor de los cuales seguramente es el negocio económico que la misma supone (nadie puede creer seriamente que la "ayuda" dineraria destinada al "Plan Colombia" y al "Plan Patriota" no cuentan con el reporte de beneficios directos en ese mismo plano), tanto por la generación de contratos que vienen tras la dependencia tecnológica como por la inserción de decenas de empresas militares privadas que operan en el país sudamericano y giran sus regalías al país de origen . A eso debe agregársele la posibilidad de injerencia directa en asuntos internos colombianos; la externalización de costos de la regulación del mercado de estupefacientes (que asume el país productor y no el principal demandante de tales sustancias); y, finalmente, la posibilidad de tener una verdadera "cabecera de playa" en el subcontinente, al disponer de instalaciones militares que potencialmente permiten incursionar de manera rápida en gran parte del mismo.

 

Por supuesto, aunque le quepa la principal responsabilidad, no es el Estado el único actor que no atina a dar pasos acertados para la finalización del conflicto armado. La insurgencia, en su larga existencia, no ha logrado unificarse, lo que en el largo plazo ha influyó en la dispersión y complejización del mismo. Esta es sin dudas una debilidad de las guerrillas y conspira también contra un plan de paz ya los distintos grupos que tienen diversas ópticas, programas y puntos de negociación. Su relación con el narcotráfico, aunque de un tinte muy distinto al que se suele presentar, también ha minado su prestigio. Imposible analizar este vínculo sin considerar la base social de la guerrilla, que es en su mayoría campesinado pobre, productor de coca. Pero aunque pueda entenderse la situación, no debe dejar de señalarse que ha mellado su imagen, al menos para el "gran público". Si bien es cierto que para la insurgencia no perder es ganar, mientras que para las fuerzas regulares no ganar es perder –y, en tal sentido, es claro a quién favorece esta ecuación–, también lo es que las fuerzas rebeldes no han logrado, en medio siglo de existencia, avanzar en pos de resolver esta situación, avanzando en el control de los centros urbanos, en los que su influencia es débil en comparación a la que tiene en el medio rural.

 

Ninguna de las fuerzas participantes es tan mala ni es tan buena. Estos criterios morales, además de ser sumamente subjetivos y, por lo tanto, variables, no sirven analíticamente para entender el problema real. Cada uno tiene parte de la responsabilidad, aunque parece obvio señalar que tales partes no son equivalentes. Sin dudas es el Estado el que lleva la mayor carga por ser quien debe garantizar la paz, y es quien más estimula, desde la instauración del "Plan Colombia", la guerra. Una guerra que ha demostrado sobradamente no poder ganar, a menos que se produzca el genocidio de toda la población rural y parte de la urbana. Aún no es aceptable dicho extremo, de modo que el cúmulo de tecnología que su aliado del norte le brinda para exterminar la guerrilla resulta poco útil, toda vez que no es capaz de ampliar los márgenes políticos en los que se desenvuelve el conflicto.

 

La resolución de este conflicto inveterado requiere de imaginación y audacia política; algo que en las actuales condiciones resulta poco menos que imposible. A diferencia de otras guerras civiles en el continente, la colombiana tiene un aditamento particular, que es el extraordinario negocio ilegal de los narcóticos. Aunque no se pueda precisar su monto, algunas estimaciones lo ponen por encima del comercio del petróleo. Es decir que estamos pensando en un poder económico similar o superior al del propio Estado, cuyo principal efecto nocivo no es el sanitario, sino la corrosión institucional que produce, lo que empantana aún más las posibilidades de salir del conflicto.

 

Probablemente una solución integral deba incluir la descriminalización de dicha actividad en todos sus planos –producción, distribución y consumo–, lo que implica un cambio diametral de perspectiva, convirtiendo esta fuente de riqueza ilegal y privada, en una fuente de riqueza legal y pública (o, al menos, con fuertes ingresos para el Estado). Tal hipotético cambio probablemente no tendría mayor influencia en el aspecto sanitario, ya que no es razonable suponer que crezca la tasa de adicción por disponer legalmente de un producto del que se dispone ilegalmente con gran facilidad –invirtiendo el argumento: la prohibición no elimina ni disminuye el consumo de tales sustancias–, pero sí produciría un efecto positivo en otros aspectos; principalmente debilitaría las organizaciones criminales, lo cual a su vez fortalecería las instituciones; generaría inmensos ingresos fiscales que posibilitarían financiar políticas de reforma, necesarias para cumplimentar cualquier acuerdo al que se arribara con las fuerzas rebeldes; incorporaría como ciudadanos a los campesinos hoy criminalizados por realizar un cultivo para su subsistencia; se ahorrarían ingentes cantidades de dinero hoy destinadas a una lucha fracasada desde el inicio; y un largo etcétera, pues la imaginación carece de los límites impuestos por la realidad. Lamentablemente no hay espacios reales ni siquiera para plantear algo así, o diferente, pero que busque crear las condiciones de solución de fondo.

 

Resulta imperioso buscar una paz justa y duradera para el sufrido pueblo colombiano. Algo que resulta casi imposible mientras el Estado actúe tanto legal como ilegalmente; mientras tenga un aparato jurídico-punitivo y un aparato paraestatal criminal que asume aquellas tareas que jurídicamente no se pueden realizar. Así, la pena de muerte, legalmente vedada, es una práctica regular y recurrente realizada por escuadrones de sicarios no sólo admitidos de hecho por el Estado, sino también diligenciados en muchas oportunidades por el mismo. Si alguien supone que estas afirmaciones son temerarias, no tiene más que avanzar en la lectura de La vorágine del conflicto colombiano: una mirada desde las cárceles, desde el retrete de la sociedad, lugar en el cual ya casi no quedan espacios para maniobrar y que, por lo tanto, es el mas cercano a la verdad.

 

Esta presentación descarnada fue posible, paradójicamente, por la conjunción de una política de terrorismo de Estado y la entereza moral y académica de Miguel Ángel Beltrán quien, aún encerrado y con un futuro entonces incierto, no abandonó su condición de sólido investigador y transformó el infierno de la cárcel en el marco de una investigación que, como él mismo comenta, se realizó en las peores condiciones. Su talento ha hecho que se transforme en este excelente libro.

 

Flabián Nievas
Investigador Conicet, en el Instituto "Gino Germani",
y profesor adjunto de la Facultad de Ciencias Sociales
de la Universidad de Buenos Aires (Argentina)

 


 

 

Índice

 

Agradecimientos 11

 

Prólogo 15

 

Introducción 23

 

Parte I. Protagonistas del conflicto

 

1. Militares: "Juramos defender esta bandera" 35

Ayer héroe de la patria, hoy villano 39

De las fuerzas especiales del ejército a las "águilas negras": un paso muy corto 57

Fudra: "Cualquier misión, en cualquier lugar... listos para vencer" 61

 

2. Paramilitares: "Buscábamos crear terror" 68

Poderes tras el trono 74

Cooperativas "Convivir": Aunque la mona se vista de seda... 83

 

3. Guerrilleros y milicianos: "Queremos paz sin hambre ni represión" 89

Ser guerrillero, ser alguien en la vida 91

En las farc aprendí a leer y escribir 97

Cuando la necesidad tiene cara de perro 102

 

4. Caleidoscopios de la guerra: Piedra, papel o tijera. Entre la vida y la muerte: un juego a tres bandas 123

 

Parte II. La cárcel: "Juntos pero no revueltos"

 

5. Los presos políticos o cómo silenciar la oposición 159

Enfrentando la dictadura: memorias de un periodista en prisión 173

"Juego mi vida, cambio mi vida, de todas formas la llevo perdida..." 179

Visitar a un preso en Colombia 237

 

6. Prisioneros políticos de guerra: "La cárcel reafirma nuestros principios de lucha". Una cosa es morirse de dolor y otra cosa morirse de vergüenza 240

La obesidad afecta la salud y... también la libertad 249

"No todo se hizo bien: pagamos caro nuestros errores" 252

La cárcel es como un infierno: Son muchos los que entran y pocos los que salen 255

 

7. Presos sociales en los entramados del conflicto armado. "Dime con quién andas y te diré qué eres" 258

Las alas del "duende" 268

 

Parte III. Los hilos del pasado

 

8. Semillas de violencia: El enfrentamiento entre liberales y conservadores 283

Entre "pájaros" y "chulavitas" anda un "cachiporro" 286

 

9. Las guerras del Sumapaz: El estigma de ser comunista 327

Si los liberales matan y los godos también ¿cuál de los dos es el bueno? 329

 

10. La lucha contrainsurgente se traslada a la ciudad 341

El amigo de mi enemigo es también mi enemigo y hay que eliminarlo 357

 

Lecturas complementarias

 

Las FAC constituyen uno de los bastiones fundamentales de la democracia, general Miguel Vega Uribe 35

 

El paramilitarismo busca aplastar toda oposición y arrebatar las tierras a los campesinos 68

 

La lucha de las autodefensas fue iniciativa del mismo Estado, "Jimmy" 87

 

Su guerra, señores, perdió hace tiempo vigencia histórica 89

 

Para ambientar el proceso de paz "Es necesario que nuestros adversarios terminen con el lenguaje calumnioso de: narcoguerrilleros, bandidos, terroristas, narcobandoleros, etc." Manuel Marulanda Vélez 115

 

Las autodefensas orientaban a la gente por quién debían votar 155

 

Acuerdo de asistencia económica, técnica y otras asistencias entre el gobierno de los Estados Unidos y Colombia para el mejoramiento del sistema penitenciario colombiano 159

 

Los Derechos Humanos en las cárceles colombianas: ficciones y realidades 278

 

Oración por la paz de Colombia 283

 

Una táctica comunista 327

 

"En Colombia no hay presos de conciencia", Julio César Turbay Ayala 341

 

Una luz al final del túnel: La búsqueda de una salida política al conflicto armado y social colombiano 377

 

A fines de junio de 2013 se reunió en las islas ecuatorianas de Galápagos la Sociedad del Monte Peregrino (The Mont Pelerin Society) . Con un élan parecido al de una secta y con una tendencia a considerarla como parte de una teoría de la conspiración, es difícil entender lo que pasa en el mundo sin saber qué y cuál es el proyecto real de la Sociedad del Monte Peregrino. Su mentor, artífice y creador fue el economista austríaco Friedrich Hayek, "premio Nobel" de economía en 1974 y su Presidente desde su fundación en el año 1947 hasta 1964. Esta Sociedad ha sido el centro gravitatorio de toda la gran transformación neoliberal del mundo desde los años cuarenta del siglo XX hasta nuestros días.

 

La Sociedad del Monte Peregrino se constituyó la primera semana de abril del año 1947 en la localidad Mont Pélerin, en Suiza, con 38 invitados. Su antecedente más importante fue el Coloquio Walter Lippman realizado en París en 1939. La preocupación central de este Coloquio fue la crisis del pensamiento liberal ante el avance de las ideas socialistas y los resultados económicos de la planificación económica. En efecto, los liberales se sentían desarmados ante la capacidad analítica y teórica que provenía desde el discurso del socialismo y la forma por la cual este discurso y su promesa utópica prendían en las organizaciones de trabajadores en prácticamente todo el mundo y conquistaba cada vez más a los intelectuales, filósofos, periodistas y académicos.

 

La hegemonía del discurso socialista y el pathos liberal

 

Fue esa presión por el socialismo la que obligó a las elites políticas norteamericanas a negociar un nuevo tipo de Estado, aquel del Welfare, con sus trabajadores. Gracias a esa presión política, a esa movilización social y a ese horizonte de lo humano concebido como un acto de solidaridad, justicia y equidad, y que constaba en la matriz simbólica del discurso socialista, empieza en EEUU y también en Europa la construcción de algo inédito en la historia del capitalismo: el Estado de Bienestar. Roosvelt en Norteamérica y Churchill en el Reino Unido, entre los políticos más importantes, recogen y aplican lo que parecía una imposibilidad lógica: un Estado de forma liberal pero con contenidos sociales y con elementos de planificación económica.

 

El discurso del socialismo, para esa época, se había convertido en un discurso hegemónico. Eran tan fuerte la hegemonía del discurso socialista, como lo es ahora la hegemonía del discurso liberal, que en ese entonces, el economista liberal Joseph Schumpeter publica en su texto Capitalismo, socialismo y democracia (1942) la admonición de la autodestrucción inevitable del capitalismo y el advenimiento del socialismo . En ese tiempo, era, por tanto, casi imposible pensar en un horizonte humano por fuera de la matriz teórica y el imaginario simbólico del socialismo.

 

Los liberales se sentían desesperados. Sus remedios para la crisis que había estallado en EEUU con el crack financiero de 1929, seguían provocando recesión, pobreza, desempleo y, de hecho, fueron el origen para una crisis más grave y que conduciría a la humanidad a una guerra brutal y despiadada. Los mercados no encontraban equilibrio alguno y la sociedad capitalista se hundía en la crisis y la recesión. En ese momento hacían falta respuestas desde la teoría económica que fundamenten la factibilidad del Estado de Bienestar y una planificación económica de tipo no socialista.

 

Ese correlato teórico finalmente se produjo en el año de 1936 cuando el economista inglés John Maynard Keynes publica su libro Teoría General de la Ocupación, el interés y el dinero. Este texto desarma teóricamente a los liberales y a toda su doctrina económica porque demuestra la imposibilidad de construir un Estado de Bienestar que participe activamente en la economía creando las condiciones para el pleno empleo, desde la episteme liberal y su noción de mercados autorregulados y en equilibrio.

 

Keynes critica a esa episteme liberal y la demuestra en su inanidad teórica. La reduce, como decía el mismo Keynes, a ser un caso particular y excepcional de todas las posibilidades económicas; empero y lo más importante, este texto da coherencia teórica y base científica-positiva a la intervención del Estado en la economía para la construcción del Estado de Bienestar sin salirse de las coordenadas más generales del liberalismo. Como ejercicio teórico es la propuesta más audaz y brillante realizada en el terreno de la economía desde David Ricardo y Carlos Marx.

 

Casi todo el pensamiento económico, empezó a girar sus referencias epistemológicas hacia el keynesianismo, con la excepción del reducido y casi desconocido departamento de economía de la universidad de Chicago, que tenía a la sazón como personaje fundamental a Henry Calvert Simon, un liberal de la vieja escuela que resistía las nuevas corrientes keynesianas.

 

En América Latina también se produjo una reflexión teórica interesante que imbricaba en una lectura coherente y de profundidad analítica tanto al keynesianismo como al marxismo, para comprender la situación concreta de los países latinoamericanos, esta escuela del pensamiento económico y social se llamará estructuralismo latinoamericano y dará origen a la Teoría de la Dependencia.

 

Luego de la segunda guerra mundial, con un bloque importante de países socialistas y con regiones enteras que luchaban contra el colonialismo y por la liberación nacional y que fundaban su discurso político de liberación nacional en el socialismo, el discurso liberal tenía pocas posibilidades.

 

Es en ese contexto, cuando en 1944 Friedrich Hayek publica un texto con un enorme pathos liberal: El Camino de la Servidumbre. Era la voz de los liberales que sentían que el mundo se hundía a sus pies y que la humanidad estaba cambiando irremisiblemente y alejándose del liberalismo clásico. En el Camino de la Servidumbre, Hayek denostaba contra la planificación económica y el Estado de Bienestar y los equiparaba con los totalitarismos que anulan la libertad humana. Hayek se creía el portador de esa llama de la libertad que había nacido con la burguesía en los siglos XVIII y XIX y que, según él, estaba muriendo en el siglo XX.

 

La reinvención del liberalismo: hacia el neo-liberalismo

 

Hayek sentía que había que reinventar al liberalismo; que los contenidos con los que había nacido quizá habían movilizado a la humanidad en el siglo XIX, pero que la coyuntura de mediados del siglo XX ameritaba otro tipo de liberalismo. Hayek estaba consciente de que el discurso socialista había tocado fibras íntimas de la utopía humana y que la reinvención del liberalismo no podía olvidar ese hecho. Esa reinvención del liberalismo quizá tendría que hacer lo mismo, en otro sentido pero esencialmente lo mismo: adherirse a la utopía y transformarla.

 

Con los pocos liberales declarados que quedaban en la Europa de posguerra, Hayek los convoca en un remoto poblado de Suiza, cerca del lago Génova, para refundar al discurso liberal. En una primera instancia había pensado dedicar su coloquio a Alexis de Tocqueville y también había pensado en rendir homenaje a John Edward Acton, así como a John Stuart Mill, según su criterio, los pensadores liberales más importantes del siglo XIX, pero el encuentro fue finalmente bautizado con el nombre de la localidad de acogida: Monte Peregrino. Su objetivo central fue combatir tanto al discurso del socialismo cuanto a la propuesta keynesiana que fundamentaba al Estado de Bienestar para lograr el proyecto más caro del liberalismo: la libertad de mercado, requisito casi ontológico para la libertad humana.

 

Para Hayek y los liberales que lo acompañaron en esta primera reunión, los enemigos a derrotar eran los sindicatos, los socialistas, los marxistas, y también los partidarios del Estado de Bienestar incluyendo, por supuesto, a los economistas keynesianos. Sin embargo, ¿cómo hacerlo?, ¿cómo devolver al liberalismo su brillo y atracción original?, si el mundo estaba girando a la izquierda ¿cómo hacer para cambiar de rumbo? ¿cómo convencer a la sociedad de las bondades del mercado cuando éste se había derrumbado arrastrando tras sí a la humanidad en una vorágine de violencia, destrucción y pobreza?

 

En definitiva, la cuestión de fondo era: ¿cómo y de qué manera reinventar al liberalismo?, sobre todo en una época que consideraba que la atención exclusiva al interés individual, como lo proponía el discurso liberal clásico, habida cuenta de las tensiones sociales existentes, era casi un acto criminal.

 

Hayek convocó al profesor Ludwig Von Mises, uno de los representantes más importantes de lo que se llamaría la "escuela austríaca" y mascarón de proa del pensamiento liberal, y también convocaría a: Wilhem Röpke (Presidente de la Sociedad del Monte Peregrino en 1961-62), Alexander Rüstow, Walter Eucken, Maurice Allais, Jacques Rueff, Michael Polanyi, Karl Popper, Raymond Aaron, Milton Friedman (Presidente en 1970-72), Frank Knight, Aaron Director, Albert Hunold, William Rappard, George Stigler (Presidente en 1976-78), Henri de Lovinfosse, Fritz Machlup, John Jewkes (Presidente en 1962-64), Bertrand de Jouvenel, entre otros.

 

De una u otra manera, la preocupación de todos ellos era: ¿qué hacer con el liberalismo en un momento en el que era imposible pensar lo social sin el Estado? De hecho, esta discusión estaba en el centro del pensamiento liberal: éste no podía prescindir de un "enfoque social", precisamente por ello Rougier había propuesto un "liberalismo constructor", Marlio un "liberalismo social", Jacques Rueff , incluso, llegó a proponer un "liberalismo de izquierda", Rüstov y Röpke propusieron, en cambio, un "intervencionismo liberal", es decir, el tiempo histórico demandaba a los liberales un cambio de teorías, conceptos e ideas.

 

Sin embargo, para Hayek ninguno de esos adjetivos y pronombres asumían el sentido que debía tener el liberalismo en esa coyuntura. Si el liberalismo quería cambiar al mundo, debía transformarse pero permaneciendo fiel a sí mismo. En su discurso de apertura de la Sociedad del Monte Peregrino, Hayek expresaba lo siguiente:

 

"La concepción fundamental que me ha guiado en mis esfuerzos es que los ideales que creo que nos unen y por los cuales no hay otro mejor nombre que liberalismo, a pesar del abuso que se ha hecho de este término, deben tener una posibilidad de renacimiento y, en ese sentido, una gran tarea intelectual debe ser llevada a cabo. Esta tarea implica, a la vez, purgar la teoría liberal tradicional de ciertos desafortunados sedimentos que le han sido impuestos a lo largo del tiempo, y afrontar ciertos problemas reales que una caricatura de liberalismo ha descuidado y que han aparecido cuando el liberalismo ha sido transformado en una creencia rígida y estacionaria" .

 

Al no adscribir ningún "apellido" al discurso liberal, se planteaba una cuestión crucial y era la de poner a tono el discurso liberal con las demandas de responsabilidad social por parte de los Estados y la economía. El reto era pensar al liberalismo desde una perspectiva social, algo que en sí mismo desafiaba a la episteme misma del liberalismo porque en su horizonte teórico no consta lo social ni como primacía ni como requisito.

 

Quien habría de resolver este encrucijada sería el liberal alemán Alfred Müller-Armand quien, el mismo año que se reunían los "peregrinos", propuso el concepto de "economía social de mercado" en un reporte a la Cámara de Comercio e Industria de Nordrhein-Westfalen, y que habría de ser recogido por la Democracia Cristiana y el ministro de economía del Canciller Adenauer, el liberal Erhard y miembro también de los "peregrinos", como política de Estado.

 

En efecto, el concepto de "economía social de mercado" permitía renovar la noción de mercado como regulador social tan cara a los liberales, que siempre vieron al mercado como un espacio de libertad y realización personal, y que había sido estigmatizado por los socialistas y los keynesianos. No solo eso, sino que al recuperar el concepto de libre competencia podían adscribirlo a una dimensión de responsabilidad social y ponerlo, de esta manera, a tono con las demandas de la época. Hayek, a pesar de las reticencias que le provocaba el concepto de "social" para la economía, lo asumió completa e inmediatamente. La conclusión de los liberales del Monte Peregrino era que si el mercado había entrado en crisis no se debía a fallas internas sino que había sido la intervención del Estado quien había roto el frágil equilibrio de mercado y, en consecuencia, lo había llevado a la crisis. Los mercados, no solo que son eficientes en sí mismos sino que siempre han sido "sociales".

 

Con la "economía social de mercado" los liberales del Monte Peregrino habían encontrado el concepto bisagra que les permitiría dar el gran giro al discurso liberal y ponerlo a tono con los tiempos que vivían. En consecuencia, el discurso liberal no podía seguir siendo el mismo de aquel del siglo XIX, aunque compartan varios supuestos de base, entre ellos su definición de libertad humana como libertad de elección.

 

El nacimiento del neoliberalismo

 

En el Coloquio del Monte Peregrino, los liberales asumen que lo suyo es un liberalismo remozado, renovado, diferente; en definitiva, un nuevo liberalismo o, si se quiere utilizar el prefijo latino, un neo-liberalismo. Este nuevo liberalismo, o neoliberalismo necesitaba, asimismo, de una nueva concepción del Estado. Si el keynesianismo había hecho del Estado el punto central de sus políticas de bienestar y pleno empleo, y si los socialistas utilizaban el poder del Estado para la planificación centralizada, entonces los nuevos liberales o neoliberales, necesitaban responder a la cuestión central del rol del Estado en una sociedad liberal con énfasis social. Un rol que no tendría nada que ver ni con la planificación ni con el bienestar. Por tanto, desde la "economía social de mercado" ¿qué rol debe tener el Estado?, ¿qué tipo de Estado puede permitir tanto la libertad humana realizada en el mercado cuanto la intervención pública sin atentar a esa libertad fundamental?

 

Éste será el centro de interés de Hayek y de los "peregrinos": la fundamentación del Estado desde las bases teóricas y epistemológicas de un liberalismo remozado, es decir, el neoliberalismo. Un Estado que permita el desarrollo y la expansión de una economía social de mercado. Por ello Hayek empieza a interesarse en las intersecciones entre el derecho y la economía, es decir, la ley y el mercado.

 

Para Hayek el Estado debe permitir, vigilar y garantizar la libre competencia en mercados libres y abiertos. La ley debe ser utilizada, por tanto, en función de esa garantía y vigilancia de la libre competencia y los mercados libres. Mientras más libre competencia exista, mejor regulación social y mejor bienestar social, pueden haber. La ley no debe estar en contra del mercado sino a su servicio. El Estado en sí mismo debe ser la garantía de una ley que, a su vez, sea la garantía del mercado.

 

El Estado, para los neoliberales del Monte Peregrino, no puede ser un Estado de Bienestar, ni un Estado socialista, ni siquiera un Estado de industrialización, el Estado debe atenerse a respetar las reglas de juego de un mercado libre. El Estado no puede regular al mercado sino crear las reglas de juego para que sean los actores del mercado los que se autorregulen respetando esas reglas. En definitiva, ante el Welfare State del keynesianismo, y la planificación centralizada de los socialistas, Hayek y los neoliberales van a proponer y a defender el Estado de derecho, es decir, un Estado que no interfiere ni en la economía ni en el mercado sino que los garantiza; el Estado que los neoliberales proponen es el correlato exacto y necesario a la economía social de mercado, esto es, el Estado social de derecho.

 

Estado social de derecho y economía social de mercado son las improntas de ese nuevo liberalismo que pretende cambiar al mundo destruyendo cualquier posibilidad de un Estado de Bienestar o de un Estado de planificación centralizada. La batalla, para los peregrinos convertidos ahora en neoliberales, se abre en varios frentes. Tienen ante sí un reto enorme: confrontar a los socialistas que cada vez ganaban más el corazón de las masas, y de los keynesianos que habían conquistado toda la academia económica no socialista y toda la política económica.

 

La batalla de las ideas (I): thinks tanks y la construcción de la doxa

 

Con gran lucidez, Hayek expresa a Antony Fisher, fundador con Oliver Smedley del Institute of Economic Affairs, IEA, y de acuerdo con Audier, que:

 

"(la) influencia decisiva en la gran batalla de las ideas y de la política, era ejercida por los intelectuales" a quienes Hayek consideraba como "vendedores de ideas de segunda mano", por ello propone a Fisher crear una institución de investigación científica que provea "a los intelectuales en las universidades, en las escuelas, y a los periodistas y a las emisiones de radio, los estudios académicos más autorizados concerniendo a la economía de mercado y sus aplicaciones prácticas" .

 

Con esta propuesta Hayek retoma una noción desarrollada por Lenin en su libro ¿Qué hacer? de 1903 de que el socialismo tenía que ser "inoculado" a las masas por militantes orgánicos que han sido previamente formados y convencidos de la pertinencia de sus ideas. Hayek, de hecho, había estudiado seriamente los procesos políticos de los socialistas y había comprendido el rol fundamental que tiene los intelectuales en una sociedad. Quizá no haya conocido profundamente a Gramsci, pero puede decirse que su intuición política lo acercaba a sus prescripciones.

 

En 1949, en el segundo encuentro de los miembros de la Sociedad del Monte Peregrino, Hayek presenta un documento con un título extraño para un liberal: "Los Intelectuales y el Socialismo". Con este documento, Hayek quería sensibilizar a los "peregrinos" de la importancia de la evangelización liberal no para las masas sino exclusivamente para aquellos que piensan. Hayek cita a Ortega y Gasset y retoma su concepto de "masas". Realiza un recorrido de las ideas socialistas y se convence del rol fundamental que tuvieron la educación y el conocimiento en la propagación de las ideas del socialismo en las masas realizado por aquello que Lenin denominaba "militantes profesionales", y Gramsci "intelectuales orgánicos". Para Hayek, e insiste mucho en ello, si había que cambiar la sociedad no había que intervenir sobre las masas sino sobre aquellos que piensan. Las masas siempre siguen a aquellos que piensan. Lo que Hayek hace es delinear un programa de acción política para la Sociedad del Monte Peregrino. La batalla de las ideas está por comenzar.

 

Sin embargo, los peregrinos saben que para esa batalla de las ideas necesitan recursos ingentes. El mismo Hayek había sobrevivido gracias a los aportes de la Fundación William Volker que había financiado su estancia en Estados Unidos y su trabajo en la London School of Economics. Asimismo, Ludwig Von Mises, el teórico más importante que a la sazón contaban los neoliberales del Monte Peregrino había sido financiado por la Fundación para la educación en economía.

 

De hecho, Albert Hunold, el líder del secretariado europeo del Monte Peregrino, aportó durante un decenio al financiamiento de la Sociedad del Monte Peregrino a través de sus múltiples contactos con las corporaciones, bancos y sociedades de negocios. Este liberal, secretario de la Bolsa de Zurich, director desde 1941 a 1945 de la Cámara de Compensación de la ASB, y director del SIAF (Schweizerisches Institut für Auslandforschung), establece gracias al SIAF un nexo directo entre los "peregrinos" y el gran capital bancario, financiero e industrial de Suiza y, posteriormente, de Inglaterra y Francia. Los neoliberales no solo que tienen clara la doctrina sino que saben exactamente quien es el que paga al gaitero, y como decía Paul Sweezy, quien paga al gaitero pide la tonada. La convergencia de las ideas neoliberales con los intereses de las grandes corporaciones, las sociedades de negocios y los bancos se establece desde sus orígenes.

 

Gracias a este financiamiento y siguiendo al pie de la letra la recomendación de Hayek de que el evangelio es más potente cuando lo predican los que saben o aquellos que creen saber, los "peregrinos" se lanzaron a la conformación de una extensa red de institutos de investigación, formación y educación en economía liberal.

 

Este dato es interesante porque el concepto de red de instituciones dedicadas al pensamiento y su difusión será el eje central de la acción política de los "peregrinos". De hecho, desde la conformación del Institute of Economic Affairs, IEA, hacia la enorme constelación de centros de pensamiento neoliberal del siglo XXI (los denominados think tanks) hay un vasto universo que replica el pensamiento neoliberal haciéndose eco de la intuición de Hayek de que el mejor camino para luchar contra el Estado de Bienestar y el socialismo es convenciendo a los que piensan.

 

Para inicios del siglo XXI, cuando la hegemonía liberal se había consolidado por todo el planeta, los neoliberales contaban con decenas de think tanks de reputación mundial y que habían creado sus propias redes internas de think tanks neoliberales literalmente por todo el mundo, habían colonizado toda la currícula de estudios económicos en casi todas las facultades de economía del mundo, manejaban las editoriales que editaban los textos de economía, derecho, sociología y ciencias políticas en las principales universidades del planeta, en consecuencia, tenían y ejercían un control directo sobre el index de lo que había que pensar y cómo había que hacerlo; además tenían medios de comunicación impresos y audiovisuales poderosos y con alcance mundial y habían construido una doxa implacable. La intuición de Hayek se había revelado correcta: para cambiar al mundo, primero hay que convencer a los que piensan .

 

El siguiente objetivo en la batalla de las ideas de los "peregrinos" fue desmantelar al pensamiento keynesiano y a toda su propuesta anticrisis. Los "peregrinos" sabían que la confrontación contra el socialismo implicaba mover recursos importantes porque se trataba, para el capitalismo, de una lucha de sobrevivencia. En esta batalla contra los socialistas y marxistas asumen roles importantes Karl Popper, quien habría de dedicar varios libros en contra del marxismo y del socialismo, por ejemplo: La Sociedad Abierta y sus enemigos (The Open Society and Its Enemies, 1945), o La Miseria del Historicismo (The Poverty of Historicism, 1961), incluso en Conjeturas y Refutaciones (Conjectures and Refutations: The Growth of Scientific Knowledge, 1963), Popper objeta las posibilidades epistemológicas y lógicas del pensamiento dialéctico. De su parte, Von Mises había creído demostrar en La Acción Humana (1949), que la planificación es lógica y conceptualmente imposible . Raymond Aron, incluso criticó duramente al marxismo en su libro El opio de los intelectuales (1955).

 

Empero, para Hayek la batalla contra el pensamiento de Keynes era más apremiante y prioritaria porque los gobiernos de los países liberales más importantes se habían comprometido con algo que para los neoliberales del Monte Peregrino era una aberración que nunca debía haber existido: el Estado de Bienestar.

 

Keynes había desmantelado los conceptos fuertes de la analítica económica liberal; había demostrado que el concepto de "equilibrio general" desde el cual los liberales miraban no solo al mercado sino a la sociedad y a la historia, strictu sensu, no existía y nunca había existido. Era un simulacro de la analítica científica decimonónica cuyas pretensiones científicas en la economía eran, en el mejor de los casos, dudosas. Era apenas la invención de un discurso teórico que se había extraviado en sus propios laberintos. Keynes fue muy duro con los neoliberales. "Los teóricos clásicos, había escrito Keynes, se asemejan a los geómetras euclidianos en un mundo no euclidiano que, quienes al descubrir que en la realidad las líneas aparentemente paralelas se encuentran con frecuencia, las critican por no conservarse derechas –como único remedio para los desafortunados tropiezos que ocurren." (Keynes, Teoría General, Cap. 2, sección IV) .

 

No solo ello, sino que Keynes había realizado una verdadera revolución coperniciana en la economía cuando logra que la teoría monetaria, que había sido desdeñada por toda la escuela económica clásica, finalmente se articule de forma coherente y metodológicamente sustentada al interior del corpus analítico de la economía, por vez primera, al menos en el siglo XX.

 

La batalla de las ideas (II): Friedman vs Keynes

 

Quizá este punto haya que señalarlo con más precisión porque fue el campo de batalla más importante de los neoliberales del Monte Peregrino y cuyas repercusiones políticas tienden a ser muy acotadas en función de estrictas y limitadas cuestiones pertenecientes al exclusivo mundo académico, empero las repercusiones sociales y políticas son enormes, de hecho, ahí subyace una de las causas de la crisis económica del capitalismo en la primera década del siglo XXI. La discusión entre Keynes y los keynesianos contra los neoliberales, y entre ellos Friedman, pudo aparecer como un debate académico pero, en realidad, fue una disputa política cuyas consecuencias fueron trascendentes para el capitalismo como sistema-mundo.

 

Para la teoría económica clásica, entendiendo por ella a toda la teoría económica que va desde David Ricardo, James Mill y que continúa con los economistas ingleses Marshall, Edgeworth y A. Cecil Pigou, con el italiano Pareto, con el francés Walras y que, además, forma parte del núcleo duro del pensamiento neoliberal, el dinero nunca ha sido importante para comprender los procesos reales al interior de la economía. De hecho, ellos distinguen entre un "sector real" y un "sector monetario" . El dinero se convierte en una especie de "velo" que hay que descorrer para comprender a la economía en su esencia real y verdadera.

 

El concepto del "velo monetario" proviene de David Ricardo y contagió a toda la comprensión de la economía, tanto en su vertiente liberal cuanto en la versión marxista; uno de los pocos economistas decimonónicos que se opusieron a esta versión monetaria de David Ricardo fue el sacerdote y economista Thomas R. Malthus. Empero de ello, y por diferentes razones, no pudo articular una teoría coherente de cómo integrar al dinero al interior de un marco analítico en la economía.

 

Para David Ricardo, la escasez, a la que consideraba un fenómeno "natural", hacía que los recursos básicos de una economía, en la ocurrencia, tierra, trabajo y capital, debían ser utilizados al máximo, por ello su uso y rendimiento eran independientes de la existencia de la moneda. La moneda nada podía hacer en contra del "fenómeno natural" de la escasez. No podía ni alterarla ni evitarla. De hecho, la emisión monetaria lo único que podía provocar, según Ricardo, era inflación de los precios y no cambiaba para nada la "dotación inicial de recursos escasos". Esa emisión monetaria quizá podría alterar la economía en el corto plazo pero nunca en el largo plazo. Esta referencia de David Ricardo al largo plazo como una imposibilidad humana de alterar de cualquier manera la restricción natural de la escasez de recursos, sería ironizada por Keynes cuando éste decía que, en el largo plazo, "todos estaremos muertos".

 

A esta teoría que neutraliza la capacidad de la moneda para alterar la escasez de recursos se la conoce con el nombre de "teoría cuantitativa de la moneda" y es uno de los conceptos centrales en la episteme neoliberal. Para los neoliberales, esta teoría cuantitativa de la moneda les permite asumir la inflación de precios como un fenómeno estrictamente monetario y, con ello, oscurecen todos los conflictos políticos y redistributivos que se suscitan alrededor de la inflación.

 

Si el dinero es exógeno a la economía, es decir, es un "velo" en donde la emisión monetaria siempre produce inflación, tal como lo predican los neoliberales, entonces los equilibrios de los flujos de dinero que no generen inflación tendrán que ser definidos al interior del mercado de dinero, en donde hay una oferta de fondos que se mueve de acuerdo a la retribución que se realice a esos ahorradores por la vía de la tasa de interés.

 

Si esa retribución es conveniente, entonces se motiva a los ahorradores a que ahorren porque esos recursos serán posteriormente utilizados para la inversión. Nace, en consecuencia, una de las ideas fuertes de la economía liberal y que tiene la fuerza del dogma: la relación ahorro/inversión. Si no hay ahorro no hay inversión. Si no hay inversión no hay empleo. Si no hay inversión tampoco hay crecimiento económico, y esta inversión siempre depende de los niveles de ahorro al interior de una economía. El mecanismo que media entre esas dos dinámicas del ahorro y la inversión es la tasa de interés, y el locus en el que se producen y realizan es el mercado bancario y financiero.

 

En otras palabras, si se suscribe el concepto de que la moneda siempre crea inflación, que es la consecuencia natural de la teoría cuantitativa de la moneda, entonces tendremos que dejar que el mercado monetario sea manejado exclusivamente por los bancos privados, porque ellos lo manejarían como se lo hace con todo recurso escaso: utilizándolo de manera eficiente para lograr su máximo rendimiento. Interferir en este mercado bancario podría distorsionar el frágil equilibrio que sostiene el nivel de ahorro con las demandas de inversión.

 

Empero, ¿y si el dinero no es exógeno como lo pretenden los economistas clásicos y los neoliberales? Es decir, ¿qué pasa si el dinero no es neutral?, si la teoría cuantitativa de la moneda de los neoliberales no es correcta, entonces ¿cuáles serían sus consecuencias? ¿qué sucede si una economía decide "imprimir" dinero para resolver los problemas de crisis y recesión? ¿Es verdad que esa emisión monetaria provocaría inflación de precios? ¿Qué consecuencias políticas y económicas implica preguntarse por el rol social y económico de la moneda? ¿Es real que existe una relación entre los niveles de ahorro y la inversión?

 

Keynes demostrará que el concepto ahorro-inversión, así como el concepto de "equilibrio general" son una falacia de la economía liberal, son un invento teórico que poco tiene que ver con la realidad; también demostrará que, en situaciones de "insuficiencia de demanda efectiva", la mejor política para sacar a un país de la crisis es, precisamente, con emisión monetaria, una emisión que en este caso poco tiene que ver con la inflación.

 

Si la noción ahorro-inversión es una falacia, entonces el dinero debe formar parte de una política pública, en la ocurrencia, la política monetaria, porque es desde esta política monetaria que debe pensarse a la inversión, y no desde el ahorro. En consecuencia, el dinero debe abandonar el locus del mercado bancario y financiero privado, y trasladarse hacia el Estado y la política monetaria. El dinero debe tener una función social y, para ello, debe formar parte de una política estatal no de un manejo privado.

 

En efecto, gracias a Keynes es posible definir una política monetaria por fuera de los intereses de los bancos privados. Las consecuencias prácticas del pensamiento keynesiano eran y son enormes. Significaban todo un desafío para los bancos privados quienes se habían acostumbrado a manejar la tasa de interés, y las decisiones de arbitraje en el mercado financiero como asuntos propios. Si el dinero de alguna manera configura las relaciones de poder al interior del capitalismo, entonces la propuesta keynesiana cambiaba radicalmente las coordenadas de esas relaciones de poder. Al demostrar que el concepto ahorro-inversión es una falacia, Keynes crea las condiciones de posibilidad para que la sociedad recupere la moneda y articule una política monetaria por fuera de los intereses de los bancos y los banqueros.

 

De hecho, eso fue lo que sucedió en la construcción del Welfare State y la política monetaria de la reactivación económica. En ese proceso de reactivación, la capacidad de asignar liquidez a la economía no estuvo en los bancos sino en el Estado por la vía de la política monetaria y el déficit fiscal. En un Estado de Bienestar el objetivo fundamental es crear las condiciones para el pleno empleo y la política monetaria es un instrumento cuyas funciones son asignadas desde una lógica de lo público y lo social. Fue por ello que la política monetaria pudo contener la crisis y financiar el crecimiento económico de aquello que en Europa se conoce como los "treinta gloriosos", es decir, el periodo de la última posguerra hasta la crisis de Bretton Woods a inicios de los años setenta del siglo XX.

 

La política monetaria y el pensamiento keynesiano también implicaban una reflexión más coherente de la inflación, al comprenderla no como un fenómeno estrictamente económico y monetario sino, básicamente, como un fenómeno político y redistributivo. De hecho, la inflación solo en última instancia es un fenómeno económico, la inflación monetaria, en lo fundamental, es un fenómeno político y hace referencia al conflicto de intereses redistributivos al interior de una sociedad.

 

Los neoliberales del Monte Peregrino sabían a lo que se estaban enfrentando cuando decidieron oponerse a la teoría monetaria de Keynes. Sabían que sus propios conceptos era insuficientes y que tenían no solo que desmontar el complejo y fino análisis keynesiano sino también la política monetaria que le era correlativa. En este momento, la iniciativa en la batalla de las ideas pasa de Hayek y los neoliberales europeos hacia Friedman, Director, Stigler, y los neoliberales norteamericanos. El texto fundacional de esta disputa lo escribe Milton Friedman en 1956: La teoría cuantitativa de la moneda: una nueva visión (The Quantity Theory of Money: A restatemen, 1956) .

 

En la batalla de las ideas, los "peregrinos" asumen como prioridad fundamental la desarticulación de la propuesta keynesiana de su visión monetaria. Para los neoliberales se trataba de restaurar el credo original de la relación ahorro-inversión y la relación entre emisión monetaria e inflación. No se trataban de cuestiones teóricas y académicas, en realidad, estaba en juego el capitalismo en sí mismo y sus posibilidades futuras.

 

Esa batalla en contra del pensamiento monetario de Keynes y sus partidarios se dio en los años cincuenta y sesenta del siglo XX. En esa batalla, los keynesianos siempre estuvieron solos, los marxistas jamás los acompañaron a pesar de que estaba en juego el capitalismo y su futuro. Los neoliberales del Monte Peregrino dieron esa batalla en varios frentes: el académico, el frente mediático, el político, el institucional.

 

La crisis económica de los años setenta que produjo un fenómeno relativamente novedoso en el capitalismo, aquel de la inflación con recesión, significó el inicio del fin de los keynesianos. Para fines de los años setenta, con el ascenso al poder de Thatcher en Inglaterra y Reagan en EEUU, los neoliberales habían triunfado en casi todas las líneas.

 

En la década de los ochenta los neoliberales del Monte Peregrino estuvieron en la línea del frente para gestionar la crisis de la deuda externa de los países latinoamericanos. Fueron ellos los que estuvieron detrás de los tecnócratas del FMI y del Banco Mundial, estableciendo los marcos teóricos y normativos para manejar la crisis de la deuda externa y las duras medidas de ajuste económico.

 

Para los años noventa su triunfo era total. A nadie se le ocurría siquiera pensar que el concepto ahorro-inversión era una falacia, y todo el mundo daba por hecho que toda emisión monetaria sin fundamento siempre provocaba inflación. La doxa de la disciplina fiscal, la eficacia de los mercados privados, la desregulación, la apertura y la seguridad jurídica a las inversiones se convirtieron en un consenso que John Williamson lo sistematizará en clara referencia al locus del poder, precisamente, como el Consenso de Washington. Los neoliberales, con Friedman a la cabeza, habían triunfado.

 

El triunfo neoliberal

 

Fue una sorda y dura batalla que se dio en espacios académicos y universitarios, en especial en los departamentos de economía. El mascarón de proa de esa batalla de las ideas fue el departamento de económicas de la Universidad de Chicago, a la sazón dirigido por Milton Friedman. Se dio como una batalla académica, adquirió tonos profesorales, fue escrita en una jerga incomprensible para aquellos que no pertenecían al cenáculo, implicó la movilización de recursos y la adopción, especialmente por parte de los neoliberales, de estrategias muchas de ellas espurias y truculentas, como la grosera manipulación de los datos hecho por Friedman en su historia monetaria de EEUU (A Monetary History of the United States, 1867-1960) , pero fue, en lo fundamental, una batalla política. No estaba en juego una determinada teoría, o un axioma económico o una fórmula matemática que describía cierto comportamiento económico; en realidad, fue una lucha política sobre el sentido que debía adquirir el Estado, y la política económica, en especial, la política monetaria.

 

La academia fue una de las fronteras de una lucha más profunda y más vasta que atravesaba al sistema-mundo capitalista y que tenía que ver con la rearticulación de relaciones de poder al interior del capitalismo en donde estaba emergiendo con una fuerza impresionante, un capital financiero desregulado a partir de la crisis del sistema de Bretton Woods y la conformación de los euromercados de capitales. Ese capitalismo financiero necesitaba de forma desesperada un marco teórico que lo legitime y avale. Los neoliberales cumplieron a la perfección ese requerimiento.

 

La disputa académica luego se traduciría en disputa política, sobre todo en Inglaterra, cuando los obreros ingleses se opusieron a las políticas de privatización y desregulación de Thatcher y sus consejeros neoliberales, y realizaron huelgas y movilizaciones que, finalmente, fueron derrotadas.

 

Los neoliberales conquistaron la academia, y también las instituciones financieras internacionales. Los marcos teóricos que los neoliberales desarrollaron durante la batalla de las ideas, fueron también el marco teórico de instituciones como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, y más tarde el sistema de Naciones Unidas, en especial su programa para el desarrollo, PNUD y casi todos los programas de la cooperación internacional al desarrollo que, en realidad, son el nombre cortés y elegante para el neocolonialismo.

 

Para los años noventa, los neoliberales del Monte Peregrino podían saborear su victoria en todo el frente de la batalla de las ideas. Los keynesianos habían sido derrotados en todas las líneas. Los pocos que sobrevivían habían adscrito al credo neoliberal y trataban de sobrevivir mezclando algo de Keynes con la ortodoxia dominante (se denominarán poskeynesianos, pero nada tienen que ver con la propuesta original keynesiana).

 

Los marxistas también habían desaparecido del escenario, sobre todo por el hecho de que los marxistas nunca consideraron una alianza teórica con el pensamiento keynesiano, de tal manera que los neoliberales pudieron derrotarlos uno tras otro. Instituciones que antaño fueron núcleos duros de un pensamiento anti-neoliberal, como la Universidad de Cambridge en Inglaterra, convergieron a la doxa dominante; incluso una institución importante a nivel latinoamericano como la Comisión Económica para América Latina, CEPAL, que criticó duramente a los neoliberales, ya para los años noventa procesaba en su episteme todo el ADN neoliberal.

 

La globalización de la economía permitió a los "peregrinos" entrar en la epifanía de su proyecto histórico. Pocas veces un conjunto de ideas tan restringidas habían conquistado tanto espacio y habían permitido la acumulación de tanto poder en tan pocas manos. Los "peregrinos" estaban dando forma al mundo que emergía en la globalización, como un alfarero a su barro. No había institución de importancia global que no haya sido colonizada por los "peregrinos" y su episteme. Desde el sistema de Naciones Unidas, hasta el Foro de Davos, pasando por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo, o la OCDE, o el G-8, G-20, o como quiera llamárselos, todos ellos fueron inscritos en el radar de los "peregrinos" y fueron colonizados por éstos.

 

¿Cuál es ahora el proyecto político del neoliberalismo?

 

Si la batalla de las ideas finalmente fue ganada por los neoliberales del Monte Peregrino, y el mundo entero articula su prosa y su lógica, entonces ¿cuál es ahora la razón de su proyecto? Si los marxistas, según los "peregrinos", no constituyen ningún peligro real al sistema y los pocos keynesianos que quedan en el mejor de los casos solamente hacen historia del pensamiento económico, entonces, ¿puede decirse que la Sociedad del Monte Peregrino cumplió con su misión histórica y que debería pensar en su disolución? El hecho de que en su momento de creación en 1947 haya tenido 38 miembros activos y que para el año 2013 sean más de mil adherentes orgánicos significa que los "peregrinos" piensan en cualquier cosa menos en su disolución, en consecuencia: ¿Cuál es ahora el peligro más importante que han identificado los "peregrinos" y que hace que sean más activos que antes? ¿cuál es el proyecto político de la Sociedad del Monte Peregrino? ¿Qué o quienes están en su radar? ¿Hacia dónde apunta el sentido de su distopía?

 

Para comprender esa distopía del neoliberalismo del Monte Peregrino quizá sea necesario un ejercicio de hermenéutica política que integre en una sola interpretación hechos aparentemente aislados pero que configurarían, al parecer, los lineamientos de lo que sería la hoja de ruta de los "peregrinos" hacia el futuro.

 

Propongo, en ese sentido, integrar tres acontecimientos importantes generados desde la dinámica de los "peregrinos", aunque aparentemente aislados y desconectados entre sí, pero que pueden servir para comprender la dimensión de su propuesta distópica.

 

El primero de ellos hace referencia a una frase expresada por Margaret Thatcher cuando fue Primera Ministra de Inglaterra; su expresión fue: "la sociedad no existe" y que descifra la intención de los neoliberales de vaciar la política y provocar su virtual desaparición. Un segundo hecho está en la elección del economista norteamericano Gary Becker como Presidente de la Sociedad del Monte Peregrino en el año de 1990-1992. Gary Becker representa el punto más alto de las teorías de la conducta del consumidor y del "capital humano". Un tercer hecho es la entrega de "premios Nobel de economía" a los neoinstitucionalistas como Douglass North, Oliver Williamson, y Elinor Ostrom, entre otros .

 

Si estos hechos permiten esa interpretación política del proyecto actual de los neoliberales del Monte Peregrino, puede asumirse que éste tendría, al menos, tres vectores básicos: un vector político que plantea, de forma paradójica pero real, el vaciamiento de la política; un vector biopolítico inscrito en sus prescripciones normativas sobre el "capital humano" y la neuroeconomía, y una pretensión civilizatoria en la cual las corporaciones y el capital financiero son el centro de gravedad del tejido institucional de las sociedades y la construcción de la pax mercatoria como proyecto político imperial del capital financiero-especulativo.

 

1. El vaciamiento de la política

 

La gestión de la crisis de la deuda externa en América Latina en la década de los ochenta les enseñó a los "peregrinos" el rol heurístico que tiene la crisis . Para imponer las duras medidas de ajuste que provocaron el mayor retroceso económico y social en toda América Latina en todo el siglo XX, los neoliberales ubicaron los límites exactos del discurso económico neoliberal como discurso de poder. Los neoliberales del Monte Peregrino, para construir los ejes básicos de su proyecto: la economía social de mercado y el Estado social de derecho, comprendieron que necesitaban de la democracia liberal para su legitimidad.

 

La adhesión de los neoliberales a las dictaduras militares del cono sur de América Latina, implicaron un fuerte desgaste político para Hayek y Friedman. Su apoyo a los regímenes genocidas de Pinochet y Videla en Chile y Argentina, respectivamente, provocaron escozor entre los mismos miembros del Monte Peregrino. Si Hayek había escrito sobre la libertad humana, y había contado con el apoyo de los liberales más reputados de Europa y de EEUU en esta cruzada, su apoyo a esas dictaduras creaban un expediente de una dudosa eticidad que, incluso, podía ser utilizada para cuestionar al proyecto global de los neoliberales.

 

Para ellos, la transformación neoliberal del mundo tenía que ser una tarea tanto ética como democrática, al menos en las apariencias. La crisis de la deuda externa en América Latina se presentó como el expediente ideal para provocar las transformaciones neoliberales necesarias al interior de un contexto democrático. Sin la existencia de esa crisis era muy difícil que las sociedades latinoamericanas resignen la pérdida de una institucionalidad y una política pública que había costado mucho construirla y cuyas duras consecuencias sociales eran evidentes.

 

En efecto, las políticas de ajuste que los neoliberales impusieron desde el FMI y que devastaron la región durante la década de los ochenta y noventa, se impusieron en un contexto de elecciones, sistemas de partidos, controles electorales y sistemas políticos democráticos. La democracia electoral, representativa y liberal demostró ser el mejor dispositivo para encubrir y consolidar la transformación neoliberal .

 

El discurso político liberal perdió toda relación con el poder y se convirtió en una especie de cobertura y legitimidad al verdadero discurso de poder: el discurso económico neoliberal. Las verdaderas transformaciones sociales las hacían el FMI, el World Bank, el BID, no los sistemas políticos latinoamericanos y menos aún la sociedad latinoamericana y sus organizaciones sociales.

 

Cuando la sociedad reclamaba democracia, participación, y manifestaba su repudio y rechazo a las duras políticas neoliberales, éstos acudían inmediatamente al expediente de la crisis y sus discursos disciplinarios, entre ellos el discurso de la gobernabilidad. Para disciplinar a la sociedad al interior de las coordenadas del neoliberalismo y su proyecto político, la crisis se había revelado la mejor tabula rasa sobre la cual inscribir los designios neoliberales.

 

La conversión del discurso económico neoliberal como discurso de poder, vació al discurso político de toda posibilidad de transformar la realidad y la sociedad, y procesar el conflicto de forma trascendente y democrática. El discurso político liberal cedió todas las posibilidades teóricas y normativas al discurso tecnocrático neoliberal; se enredó en su propia fenomenología y nunca comprendió que se estaba convirtiendo en un simulacro de sí mismo: una sombra que encubría al poder. Las prioridades neoliberales se impusieron por encima de cualquier consideración democrática o social, su discurso se sobrepuso a cualquier prescripción democrática. Fue un discurso autoritario, antidemocrático, tecnocrático, excluyente, estratégico, que creó una cesura entre la praxis del poder y los discursos que lo legitimaban.

 

Esta conformación del discurso económico neoliberal como discurso de poder implicó el vaciamiento de la política y su virtual desaparición. Fue por ello que, en América Latina, los movimientos sociales confrontaron y resistieron al neoliberalismo por fuera de los sistemas políticos y los sistemas de representación política. Los movimientos sociales latinoamericanos comprendieron que la verdadera política se jugaba en otros espacios, no en aquellos definidos por el discurso oficial del liberalismo.

 

Sin embargo, el manejo de la crisis de la deuda externa latinoamericana y la forma por la cual el FMI pudo transformar la región e integrarla a los nuevos circuitos y nuevas lógicas que provenían desde el capital financiero, crearon, para los neoliberales del Monte Peregrino y sus corifeos, una especie de heurística: para transformar políticamente una sociedad, la mejor forma de hacerlo es evitando la política. El epítome de este proceso puede apreciarse en la forma por la cual los "peregrinos" contribuyeron al desmantelamiento del Estado de Bienestar en EEUU y en Europa.

 

Los "peregrinos" sabían que la desarticulación del Estado de Bienestar no puede darse desde la política. De hecho, en su arrogancia lo intentaron cuando quisieron aprobar la Constitución de la Unión Europea mediante referéndums y fueron derrotados. También fueron derrotados cuando se hicieron públicos los documentos del Acuerdo Multilateral de Inversiones, AMI, que implicaban un reconocimiento de soberanía política a las corporaciones transnacionales.

 

Por ello, los neoliberales del Monte Peregrino han acudido al expediente que mejor manejan: la imposición dictatorial de sus prescripciones desde la episteme neoliberal, es decir, la conversión del discurso económico neoliberal como discurso de poder. En la gestión de la crisis económica de los países europeos, para los "peregrinos" no está en juego la restauración de los equilibrios macroeconómicos, ni el crecimiento, ni el desarrollo, sino la desarticulación del Estado de Bienestar.

 

Ellos saben que el desmantelamiento del Estado de Bienestar, al que siempre consideraron una aberración de la historia, es una tarea política que no puede ser resuelta con medios políticos, sino desde el poder, y el discurso económico neoliberal de los "peregrinos" es un discurso de poder. En el proyecto actual de los "peregrinos" una de sus prioridades es la implosión del Estado de Bienestar y el mejor dispositivo que han encontrado para esta tarea es la crisis como heurística del miedo y como dispositivo de poder.

 

Por ello, las multitudinarias manifestaciones de la sociedad europea en contra de la gestión de la crisis europea no han afectado al proyecto real de los "peregrinos", porque estas manifestaciones populares, con lo radical que pueda parecer su discurso, en realidad, se inscriben al interior de las coordenadas del liberalismo. Son manifestaciones sociales ya disciplinadas dentro del esquema liberal. Al no desbordarlo, simplemente lo ratifican y avalan. A diferencia de los movimientos sociales latinoamericanos que desbordaron al sistema político y ubicaron la confrontación con el neoliberalismo fuera de sus coordenadas, las movilizaciones europeas constan al interior de las fronteras del sistema político liberal.

 

De hecho, la gran mayoría de esos manifestantes cuya indignación contra el sistema y el poder es patente, en las próximas elecciones votarán por partidos políticos que, en su gran mayoría, seguirán las prescripciones de los "peregrinos". Para los neoliberales del Monte Peregrino, las manifestaciones europeas y sus "indignados", en el fondo, son irrelevantes e intrascendentes porque no ponen en riesgo los núcleos fundamentales de su proyecto político.

 

El vaciamiento de la política, por tanto, significa la conversión del discurso económico como discurso de poder y la creación de condiciones de posibilidad para que la política se defina y estructure de forma real desde el mercado y que el espacio de la política, en términos liberales, sea intrascendente porque las decisiones políticas reales ya han sido asumidas y adoptadas, precisamente, desde las lógicas del mercado. El Estado es Estado de derecho porque transfiere capacidad política y soberanía política al mercado y, a su interior, a las corporaciones y al capital financiero; por ello, aunque los "indignados" europeos se manifiesten contra la crisis y sus élites políticas, paradójicamente defenderán a muerte al Estado de derecho.

 

No obstante, sobre esas condiciones de posibilidad de la política es necesario situar e identificar al "sujeto" que actúa y sobre el que se impone ese discurso de poder. El neoliberalismo construye ese "sujeto". Lo moldea. Lo define. Lo estructura en sus coordenadas de control, disciplina, dominación. El "sujeto" que el neoliberalismo necesita es el homo economicus de la teoría clásica pero no en su trama metodológica, como fue la propuesta original, sino como condición biológica de la psiquis humana. Los neoliberales del Monte Peregrino saben que su proyecto histórico no debe ser cuestionado como existencia fáctica de la política y de la historia, por ello ahora ellos consideran que debe estar presente a nivel molecular en el sentido más literal del término, es decir, como procesos neuro-económicos del córtex cerebral homo economicus. El neoliberalismo pasa de una visión política hacia una deriva biopolítica .

 

2. La deriva biopolítica

 

El concepto de biopolítica fue propuesto por el filósofo francés, Michel Foucault para comprender la densidad y complejidad del nazismo. El filósofo francés se preguntaba:

 

"¿cómo es posible que un poder político mate, reclame la muerte, la demande, haga matar, dé la orden de hacerlo, exponga a la muerte no solo a sus enemigos sino aun a sus propios ciudadanos? ¿cómo puede dejar morir ese poder que tiene por objetivo esencial de hacer vivir? ¿Cómo ejercer el poder de la muerte, cómo ejercer la función de muerte, en un sistema centrado en el biopoder?" .

 

Para Michel Foucault, en el nazismo aparecen de forma evidente las contradicciones de una de las tecnologías de poder más importantes: el biopoder, o la biopolítica, en efecto:

 

" ... el objetivo del régimen nazi no es sencillamente la destrucción de otras razas. Éste es uno de los aspectos del proyecto; el otro consiste en exponer a su propia raza al peligro absoluto y universal de la muerte ... En la sociedad nazi tenemos, por tanto, algo que, de todas maneras, es extraordinario: es una sociedad que generalizó de manera absoluta el biopoder pero que, al mismo tiempo, generalizó el derecho soberano de matar."

 

La cuestión es cómo un sistema que elaboró un complejo modelo de controlar la vida a través de diversas tecnologías de poder pudo también elaborar un perverso y extenso sistema de muerte. La categoría de biopolítica se inscribe en los intersticios de esta cuestión: toda política que administra la vida, termina también administrando la muerte. Toda biopolítica tiene su contraparte en una tanatopolítica. Entre la vida y la muerte median las prescripciones del poder ¿Cuáles son los criterios que permiten esa administración y esas tecnologías de poder que administran la vida en las sociedades modernas? ¿Cuál es el criterio de verdad que permite instaurar límites precisos en esas políticas de la vida? El filósofo francés propone comprender las claves de la biopolítica en el estudio del liberalismo:

 

"Pero me parece que el análisis de la biopolítica sólo puede hacerse cuando se ha comprendido el régimen general de esa razón gubernamental de la que les hablo, ese régimen general que podemos llamar cuestión de la verdad, primeramente de la verdad económica dentro de la razón gubernamental; y por ende, si se comprende con claridad de qué se trata en ese régimen que es el liberalismo, opuesto a la razón de Estado ... una vez que se sepa qué es ese régimen gubernamental denominado liberalismo, se podrá, me parece, captar qué es la biopolítica" .

 

El liberalismo, en consecuencia, es algo más que una doctrina sobre la forma por la cual se estructura y define el Estado y la política moderna. Es también el locus que permite crear un régimen de verdad para administrar la vida, a través de diferentes regímenes de verdad. Con Foucault se amplía el horizonte teórico para la comprensión del discurso liberal, pero desde algo que puede adscribirse a una hermenéutica de la sospecha.

 

Esta sospecha se ve avalada por la forma por la cual el neoliberalismo crea sus supuestos de base: (i) la sociedad, como diría Castoriadis: como "autocreación que se despliega como historia" , no existe; lo que existe son seres humanos concretos con intereses individualizados y que buscan maximizar su propio interés; (ii) esos seres humanos concretos pueden ser comprendidos bajo el argumento teórico del homo economicus, es decir, individuos racionales, autónomos y egoístas; (iii) los comportamientos del homo economicus pueden ser identificados como patrones conductuales que tienen una base neurobiológica específica.

 

Si el comportamiento del homo economicus es el supuesto de base del neoliberalismo, entonces, para comprender la historia y la sociedad los criterios fundamentales ni son históricos ni son sociales son, en última instancia, biológicos. Si son biológicos quiere decir que son naturales. De esta forma, la explicación última de lo social como hecho y problema está dada desde el bíos. La economía abandona el campo de lo social para entrar en la esfera de la naturaleza.

 

El concepto de biopolítica permite identificar la transición hecha por los neoliberales de un concepto creado para describir, como decían los economistas liberales clásicos, caeteris paribus, el comportamiento de la demanda del consumidor, esto es, un concepto teórico y con un rol epistemológico definido, hacia un concepto estrictamente natural y biológico, al interior de una teoría del comportamiento humano (behaviour), de tal manera que la condición de homo economicus deja de ser una hipótesis teórica para convertirse en una conducta humana que puede ser medida empíricamente a través del seguimiento de los procesos neuronales en algo denominado como "neuroeconomía".

 

Está en juego una cesura radical: aquella que separa a los seres humanos de su propia sociedad. Al separarlos de su sociedad los confronta contra ella. En ese enfrentamiento la lógica de la individualidad se convierte en lógica de sobrevivencia. El egoísmo es estratégico porque fundamenta el hecho social sin crear a la sociedad. La sociedad, en el liberalismo, desaparece. Si la sociedad desaparece también lo hace la historia. El homo economicus es ahistórico y asocial. Al no pertenecer a la historia su tiempo se desvanece. Su principio de realidad siempre es contingente y por ello es predictible. Cuando se junta a sus semejantes no crea la sociedad sino la "masa". En economía su comportamiento se "agrega". Como masas o como agregados macroeconómicos, la política, finalmente, desaparece.

 

En esa sociedad de individuos egoístas, éstos se ven obligados a crear un régimen de verdad en el cual ellos se asumen estratégicamente. En el capitalismo ese régimen de verdad está en la economía, y la economía encuentra su razón de ser en la mercancía. Al actuar de esa manera, los individuos se mimetizan en el universo de mercancías convirtiéndose también en mercancías. Un análisis que, por lo demás, fue ya denunciado por el joven Marx en su teoría de la alienación. De esta manera, el concepto de "capital humano" del arsenal teórico de los neoliberales del Monte Peregrino constaba ya in nuce en las críticas a la economía política realizadas por el joven Marx.

 

La teoría del capital humano de Gary Becker, prominente miembro de la Sociedad del Monte Peregrino, es uno de los acontecimientos más importantes en la trayectoria política de los "peregrinos". Es el epítome de sus teorías de la conducta del homo economicus. Para Becker, todo lo humano, como por ejemplo, el matrimonio, la fertilidad de la mujer, el cuidado materno a los hijos, las decisiones de optar por una carrera universitaria, la seguridad social, el crimen, etc., pueden caber dentro del cálculo económico del capital humano. Para comprender las lógicas del comportamiento, los neoliberales del Monte Peregrino toman como un dato de base la noción de Becker del capital humano y apuestan a un enfoque interdisciplinario que comprende la etnología, las ciencias políticas, la antropología, la psicología y, por supuesto, las neuro-ciencias, para crear ese régimen de verdad sobre el capital humano.

 

De esta manera, el discurso de la economía pasa del plano social al plano biológico-natural. La economía, en la deriva biopolítica, ya no describe dinámicas sociales sino procesos biológicos. Si toda la conducta humana es previsible dentro de las coordenadas del comportamiento supuestamente estratégico, utilitario y egoísta del homo economicus, entonces la comprensión de sus procesos biológicos más íntimos puede convertirse en la clave para comprender la sociedad y la historia.

 

El paso de la historia a la biología da cuenta de la distopía neoliberal y su violencia. Si la historia la crean los hombres, escribía alguna vez Marx, entonces ellos pueden transformarla. Para los neoliberales, ese horizonte humano de creación y recreación de sus propias condiciones sociales de existencia, simplemente desaparece de forma radical. La economía es un puro dato biológico que no se discute. Es un fenómeno natural que no se cuestiona. La microeconomía fundamenta la macroeconomía, y la microeconomía tiene en su base a la teoría del comportamiento y ésta, a su vez, tiene como base la psicología, la antropología, la etnología, entre otras disciplinas, que se fundamentan, en última instancia, en el reconocimiento de los procesos neuronales del córtex cerebral del homo economicus.

 

La intervención sobre esos procesos neuronales puede dar cuenta y explicación de fenómenos que antes se consideraban sociales como aquellos del desarrollo económico, el crecimiento, la distribución de la renta, la división internacional del trabajo, etc. La explicación de las diferencias entre las economías, por ejemplo los EEUU y los países pobres, no está en las relaciones de poder, ni en el mercado mundial y sus asimetrías, sino en que las poblaciones de los países y regiones pobres tienen insuficientemente desarrollado su córtex cerebral, lo que explica su tendencia a la violencia, la debilidad de sus instituciones, su poco respeto a los contratos, etc. En consecuencia, los neoliberales del Monte Peregrino consideran que ahora su tarea es más ardua, más compleja y más vasta que su disputa con el keynesianismo y con el marxismo, porque ahora tienen que crear las condiciones de posibilidad para que los seres humanos puedan adscribir a la verdad del mercado y el interés egoísta del cálculo racional en sus procesos biológicos-neuronales.

 

Para lograrlo, los neoliberales del Monte Peregrino asumen que el liberalismo debe crear un régimen político sobre la vida, vale decir, un régimen biopolítico. Este régimen biopolítico traza una frontera entre lo racional y aquello que aún no lo es en el campo de lo humano. Lo racional, obviamente, adscribe a sus propias prescripciones . La política neoliberal debe ampliar la esfera de la racionalidad humana. Esa racionalidad humana, que comprende a su interior a la libertad como neurobiología, se expresa en el mercado. Las sociedades de libre mercado, o como las llama Douglass North, "sociedades de acceso abierto" dan cuenta de un largo proceso evolutivo que se expresa en un comportamiento estratégico más coherente y avanzado. No es gratuito el hecho de que los "peregrinos" hayan escogido el concepto de "evolución" para su encuentro de junio de 2013. De esta manera, no cabe oponerse al mercado y sus designios, porque implicaría desafiar a la naturaleza. Los criterios de demarcación entre lo racional, que es lo que ontológicamente tiene derecho a la existencia, y aquello que no lo es, pertenecen ahora al campo de la biología.

 

Es curioso, pero en el testimonio de Primo Levi y su paso por el campo de exterminio nazi de Auschwitz, le llamaba la atención que quienes hacían la selección entre los prisioneros que iban a los hornos crematorios de forma directa, y aquellos que entraban a "trabajar" en el Lager, no eran ni los militares ni los oficiales de las SS, eran los médicos ; a la larga, fue ese saber médico el que sustentó el discurso de la supremacía de la raza en la locura del III Reich. Si Foucault llega a la biopolítica es porque uno de sus primeros trabajos críticos fue, precisamente, la deconstrucción del saber médico como un discurso de poder.

 

En la deriva biopolítica del neoliberalismo, son también aquellos que utilizan criterios biológicos los que trazan la frontera de lo humano y de lo racional. El problema es que toda frontera a nivel biológico pierde de vista lo humano y lo convierte en bíos. Como bíos lo humano pierde toda consistencia ontológica. Es materia que puede ser desechada, neutralizada, controlada, intervenida. Puede entrar en el campo de la profilaxis, como en el caso de la Shoah y ni siquiera suscitar ningún escrúpulo moral, como cuenta Primo Levi en su testimonio, porque la administración de la vida genera su contraparte en la administración de la muerte.

 

Quizá sin proponérselo, pero al ingresar al territorio de la biopolítica los neoliberales del Monte Peregrino están provocando una cesura radical en lo humano al degradarlo a su condición primaria de bíos. Lo humano es mucho más que el comportamiento y, en definitiva, éste nada tiene que ver con las prescripciones liberales del egoísmo y el cálculo estratégico. Mas, el neoliberalismo ha perdido la brújula de lo humano y ha ingresado en el tenebroso laberinto de la biopolítica y la tanatopolítica.

 

De alguna manera, el marxismo y el keynesianismo habían obligado a los neoliberales del Monte Peregrino a asumir un debate con contenidos históricos, políticos y sociales. Al desaparecer estos discursos los neoliberales del Monte Peregrino sienten que no tienen ninguna responsabilidad para asumir ese debate y optan por una hermenéutica de su propia episteme. Pero esa episteme parte de una aporía radical: aquella de considerar al ser humano como ser egoísta y, en consecuencia, por fuera de todo marco social e histórico. Un ser humano que ha perdido todo contacto con su propia sociedad y que actúa en función propia es más una aberración de la historia que una constatación teórica. Al concentrarse en ese sujeto individualizado y egoísta a fortiori, no quieren comprender que esta hipótesis de base fue solamente un recurso metodológico para sustentar y comprender la demanda del consumidor en la economía clásica del siglo XIX. Para los neoliberales del siglo XXI, esa hipótesis de base pierde su contexto inicial y se transforma en proyecto político. En ese proyecto, los neoliberales del Monte Peregrino representan un peligro para la humanidad, porque su deriva biopolítica, en última instancia, puede convertirse en una deriva fascista.

 

3. La distopía final: la pax mercatoria

 

Entre el vaciamiento de la política y la deriva biopolítica del homo economicus se sitúa una reflexión a la que los neoliberales del Monte Peregrino le dan mucha importancia porque les otorga una proyección histórica y civilizatoria desde la cual establecen un sentido de largo plazo para su proyecto político. En ese horizonte civilizatorio los neoliberales encuentran también una justificación ética para su proyecto. Esta reflexión establece las condiciones de posibilidad para una comprensión de la historia y de la sociedad desde los marcos teóricos básicos del neoliberalismo. Se trata de la teoría liberal de las instituciones que en el caso de la economía neoliberal se denomina neoinstitucionalismo económico, y ahí constan nombres importantes de la sociedad del Monte Peregrino como J. Buchanan, G. Tullock y G. Stigler. En la actualidad, los teóricos más importantes del institucionalismo económico son Douglass North, Oliver Williamson, Elinor Ostrom, entre otros.

 

El institucionalismo liberal ha creado el umbral histórico y la textura social necesaria para el despliegue de la racionalidad y la acción estratégica del homo economicus. En esta propuesta, la condición de homo economicus es la base para todo comportamiento humano independientemente de sus particularidades identitarias o culturales. Todo ser humano debe ser asumido, desde el neoliberalismo, como "capital humano" y, en consecuencia, su "acción humana" como la denominaba Von Mises, siempre es y será estratégica. A esta acción humana estratégica e instrumental, la teoría liberal de las instituciones, cuando el homo economicus actúa en ese umbral histórico y social, la denomina "acción colectiva" . En consecuencia, la "acción colectiva" no significa una posición crítica de los individuos ante su propia historia y su capacidad de interpretarla y transformarla, sino más bien la actualización de intereses estratégicos individuales que convergen y que, de esta manera refuerzan la visión del capital humano como capital social.

 

En esta reflexión ya no constan, ni siquiera como residuo, las preocupaciones fundamentales de los liberales de mediados del siglo XX, es decir, aquella disputa acre y dura contra los marxistas o contra los keynesianos que les obligaba a los neoliberales a otorgar un sustento teórico y filosófico más acotado a la realidad social e histórica.

 

En la actual teoría liberal de las instituciones, los neoliberales incluso se dan el lujo de reconocer ciertos aportes de Marx a quien reconocen sus preocupaciones por la historia. Empero de ello, las referencias a Marx que hacen algunos de los neoliberales de la escuela del neoinstitucionalismo económico, Douglass North entre ellos, no debe llamar a engaño. Es una referencia hecha para legitimar sus propias interpretaciones sobre la historia. En efecto, Louis Althusser decía que Marx habría abierto, para las ciencias, el continente de la historia, así como Tales de Mileto habría abierto el continente de las matemáticas . Para la teoría institucional del neoliberalismo se trata de hacer precisamente lo contrario: cerrar de forma definitiva la historia .

 

Sin embargo, crear una textura social para el homo economicus es una tarea compleja para los neoliberales, porque ellos parten del supuesto de que la "sociedad no existe". La teoría liberal de las instituciones, en consecuencia, debe crear algo que para los neoliberales parece una contradicción en los términos: un soporte social e histórico para una categoría de base, en la ocurrencia el homo economicus, que no se reconoce a sí mismo ni como social ni como histórico. Por ello, una de las tareas claves de la teoría liberal de las instituciones es limpiar a éstas de todo residuo social y de toda referencia histórica.

 

Ahora bien, la discusión sobre las instituciones y su entramado social y humano siempre ha estado atravesada por esas consideraciones de tipo social e histórico. Es virtualmente imposible pensar a las instituciones por fuera de la sociedad y de la historia. Castoriadis, por ejemplo, un pensador de orígenes marxistas y crítico al liberalismo, escribía que "el hombre sólo existe en la sociedad y por la sociedad ... y la sociedad es siempre histórica" .

 

Ese carácter histórico para los seres humanos formaba parte también de la comprensión de sus marcos institucionales. Las instituciones eran la forma de crear ese complejo plexo social en el cual los hombres se interrelacionaban y creaban el hecho social, como lo indica Castoriadis:

 

"aquí la palabra institución está empleada en su sentido más amplio y radical pues significa normas, valores, lenguaje, herramientas, procedimientos y métodos de hacer frente a las cosas y de hacer cosas y, desde luego, el individuo mismo ... ¿Cómo se imponen las instituciones? ... mediante la adhesión, el apoyo, el consenso, la legitimidad, la creencia. Pero en última instancia lo hacen mediante la formación (elaboración) de la materia prima humana en individuo social, en el cual se incorporan tanto las instituciones mismas como los "mecanismos" de la perpetuación de tales instituciones."

 

Los individuos siempre son "individuos sociales", nunca son átomos fragmentados de su propia sociedad, como los describe la teoría liberal de las instituciones, porque lo humano en cuanto humano solamente puede nacer y realizarse desde lo social, y lo social hace y conforma a lo humano y, en consecuencia, a las instituciones que son, por supuesto, construcciones humanas. Todos somos, escribe Castoriadis, "fragmentos ambulantes de la institución de nuestra sociedad, fragmentos complementarios" . Las instituciones son sociales porque nos permiten interrelacionarnos con el mundo, interpretarlo y también interpelarlo. Toda institución, escribe Castoriadis, es un sistema de interpretación del mundo. La identidad de una sociedad "no es otra cosa que ese sistema de interpretación" de cada sociedad . La institución fundamenta, en consecuencia, el hecho social, y también la capacidad de comprender ese hecho social como conjuntos de códigos de interpretación de la realidad.

 

Para los liberales la cuestión, no obstante, es cómo desgarrar al tejido social para fragmentar la conexión de lo humano con lo social, es decir, de los seres humanos consigo mismos. Si el vaciamiento de la política crea un discurso de poder por fuera de la política, entonces, y dentro de la misma lógica neoliberal, la teoría de las instituciones del liberalismo tiene que crear una sociedad por fuera del hecho social y en contra de éste. Para ser coherentes con la visión estratégica del homo economicus, la teoría social del liberalismo debe estar lo más alejada posible de una comprensión holística y compleja del hecho social.

 

¿Cómo fundamentar, entonces, al hecho social sin apelar a la sociedad? ¿Cómo pensar a las instituciones por fuera de todo marco y referencia social? ¿Qué instituciones son las más convenientes para la acción estratégica del homo economicus? La respuesta consta ya en la pregunta: si el comportamiento estratégico del homo economicus se manifiesta en el mercado, entonces las instituciones deben constar, registrarse y explicarse desde esa clave mercantil. Hay que recordar que la noción de sociedad se subsume ya al interior del concepto "economía social de mercado". Por lo tanto y de la misma forma, el concepto de institución debe también subsumirse a la noción de "Estado social de derecho". Estos dos conceptos, hay que remarcarlo, conforman las coordenadas epistemológicas básicas del neoliberalismo.

 

La teoría liberal de las instituciones se inscribe, en consecuencia, en línea directa con estos conceptos, pero fundamentalmente con el concepto de Estado social de derecho que había sido fundamentado por Hayek, el factótum de la Sociedad del Monte Peregrino. Para Hayek, recordémoslo, el Estado debe ser el garante de la libertad de mercado, en consecuencia, debe establecer las reglas de juego que permitan a los actores de este mercado maximizar su utilidad. Para la teoría liberal de las instituciones, éstas también serán las reglas de juego de la sociedad. De hecho, esto es exactamente lo que hace Douglass North cuando define a las instituciones como "reglas de juego" . El mismo North sitúa a este concepto "reglas de juego" al interior de la matriz teórica de otro de los referentes fundamentales de los "peregrinos", Von Mises, y su teoría de la "praxeología" o "acción humana". Para North, las reglas de juego son parte de la praxeología o, si se quiere, de la acción humana, por ello, esas reglas de juego aparecen como "limitaciones ideadas por el hombre que dan forma a la interacción humana".

 

Ahora bien, en esta noción de "reglas de juego" desaparece, de entrada, el hecho social como algo más que la convergencia de intereses individuales y toda la complejidad humana se reduce a procesos de "intercambio humano" como "interacción humana". La "interacción humana" lo abarca todo: la economía, la política, el derecho, la cultura, etc. El locus de esa "interacción humana", por supuesto, es el mercado.

 

El mercado, de esta forma, se convierte en el Ser-en-cuanto-Ser del hecho social, es decir, gracias a la teoría del institucionalismo liberal, el mercado adquiere una consistencia ontológica, porque expresa un concepto también ontológico: la acción humana. Por ello, es desde el locus del mercado y de su lógica que puede ser comprendido y explicado el cambio institucional: "El cambio institucional conforma el modo en que las sociedades evolucionan a lo largo del tiempo, por lo cual es clave para entender el cambio histórico" , la cuestión es que el motor del cambio institucional no hace referencia a ningún proceso histórico, a ninguna conflictividad social, incluso a ningún cambio tecnológico, para North y los institucionalistas neoliberales, el cambio institucional se produce por cambios en los precios relativos y este cambio siempre es incremental, nunca es discontinuo, es decir, las revoluciones sociales son apenas episodios pasajeros de eventos más consistentes y aparentemente reales que son los cambios en precios relativos de una estructura social determinada. El mercado, con la teoría neoliberal de las instituciones, adquiere también proporciones taumatúrgicas.

 

El cambio institucional de la teoría neoliberal del institucionalismo es un cambio histórico sin historia y sin sociedad. Es la referencia al puro interés egoísta y estratégico del cálculo entre costos y beneficios, como racionalidad de la historia. Pero esta apelación a la comprensión de las instituciones como un conjunto de reglas de juego inscritas dentro del comportamiento estratégico humano, tiene una proyección y una consecuencia práctica cuando estas reglas de juego se definen y estructuran al interior de los "derechos de propiedad".

 

Ahí subyace el verdadero leit motiv de la teoría neoliberal de las instituciones. Según los neoliberales, los derechos de propiedad permiten disminuir los costos de transacción y generan cambios en los precios relativos que son los que provocan, a su vez, cambios institucionales y, por tanto, cambios históricos.

 

Como puede apreciarse, la teoría de la historia de los neoliberales, tiene un andén de llegada en el lobby de las grandes corporaciones transnacionales, los actores políticos por excelencia de la teoría de los "derechos de propiedad". Con la clarificación de los derechos de propiedad que se establecen en los instrumentos jurídicos supranacionales de los tratados internacionales de protección a las inversiones y de libre comercio, se cierra el círculo del Estado social de Derecho.

 

Pero el proyecto político de los neoliberales va más allá de reconocer los derechos de propiedad de las grandes corporaciones y su rol demiúrgico de la historia. En realidad, los neoliberales del Monte Peregrino pretenden realizar una relectura de toda la historia humana desde la visión institucional de las reglas de juego y los derechos de propiedad. En esta reinterpretación de la historia humana, sobre todo en la línea interpretativa de Douglass North, toda la historia humana puede ser leída como un intento desesperado por construir una sociedad de reglas abiertas y transparentes de mercado, es decir el reconocimiento de los derechos de propiedad, en algo que ahora denominaríamos como "seguridad jurídica" en sociedades de acceso abierto. No solo que, según los neoliberales, con la sociedad liberal hemos llegado al fin de la historia, sino que el capitalismo es la teleología misma de la historia. Con la versión institucional del neoliberalismo éstos han enmendado la plana al determinismo de los marxistas; y cuando los neoliberales dice "toda la historia humana" hay que leerla en el sentido más literal del término.

 

En efecto, para Douglass North, John Wallis y Barry Weingast, la humanidad ha conocido en toda su historia tres órdenes sociales básicos: un orden de predación (foraging order), un orden social de acceso limitado o Estado natural (limited access order or natural state), y un orden social de acceso abierto (Estado liberal), (open access orders) . Ahora bien, toda taxonomía, como sabemos, es sospechosa porque detrás de ella subyace una forma de comprensión establecida por circunstancias históricas específicas y relaciones de poder determinadas . Toda clasificación está hecha desde una perspectiva histórica hecha para reforzar al poder dominante en ese periodo concreto. El subtítulo del texto de North, Wallis y Weingast, da cuenta, precisamente, de esa arrogancia del poder neoliberal: "Un cuadro conceptual para interpretar la historia de la humanidad" (A Conceptual Framework for Interpreting Recorded Human History).

 

Cabe preguntarse ¿por qué los neoliberales han tomado esa deriva teleológica y determinista? ¿qué propuesta real subyace en los intersticios de esa hermenéutica? ¿Qué consecuencias prácticas y concretas implican estas consideraciones teóricas?

 

Pienso que la visión histórica de los neoliberales y que se expresa en su teoría del institucionalismo, es complementaria con su deriva biopolítica y su pretensión de vaciamiento de la política, porque pretende otorgar un sustrato civilizatorio al mundo que está emergiendo y conformándose desde la globalización.

 

En la deriva biopolítica, el plexo social se difumina en consumidores convertidos y sometidos a la biopolítica del "capital humano" que actúan en espacios colonizados desde el fetichismo mercantil y que Marc Augé ha bautizado como "No-Lugares" . En esos No-Lugares, la biopolítica del capital humano sanciona y disciplina a los disidentes excluyéndolos del mercado, esa exclusión es ontológica, porque para el capitalismo, el ser en cuanto ser encuentra expresión y existencia desde el mercado. Es violenta porque aquellos que han sido excluidos del mercado son sancionados con la invisibilización ontológica: su existencia no es reconocida como tal. Desde esa invisibilización ontológica puede operar el recurso de la tanatopolítica, es decir, la capacidad de sancionar y administrar políticamente la muerte. La figura del "terrorista" no es sino una de las formas de la tanatopolítica.

 

El concepto de "reglas de juego" conduce directamente a los "derechos de propiedad" y éstos a la Organización Mundial de Comercio, OMC, a los tratados de libre comercio y de protección recíproca a las inversiones y de ahí a los tribunales internacionales de conciliación y arbitraje. En ese tránsito, las corporaciones transnacionales se han convertido en "inversionistas" y han adquirido un soporte jurídico inédito: aquel que las reconoce como sujetos de soberanía política.

 

En la teleología del mercado, de acuerdo al proyecto político de los neoliberales, el orden y la paz social mundial solo pueden garantizarse desde el reconocimiento explícito desde el Estado-nación a las corporaciones transnacionales como sujetos de derecho transnacional, con una capacidad de soberanía política que ni siquiera tienen esos Estados-Nación. Esa capacidad política transferida a las corporaciones puede dar cohesión y coherencia al que considero el proyecto más importante de los neoliberales del Monte Peregrino y su distopía final: la pax mercatoria.

 

La globalización es una expresión de esa pax mercatoria. Esta pax mercatoria es la adscripción de los neoliberales al proyecto kantiano de la "paz perpetua", y una referencia histórica al imperio romano y su "pax romana". La pax mercatoria es la regulación política del sistema-mundo capitalista desde el mercado mundial y en donde las nociones de regulación de la paz mundial y, por consiguiente, de la guerra, pasan por el filtro de las corporaciones transnacionales convertidas en sujetos políticos.

 

La pax mercatoria es la clausura definitiva de la historia en el pliegue del neoliberalismo. Es la distopía que cierra la sociedad entre la biopolítica y la tanatopolítica. Para los neoliberales del Monte Peregrino, nunca como ahora su proyecto político debe ser más pregnante y prioritario. Nunca como ahora el neoliberalismo ha tomado un cariz tan vasto y civilizatorio; y precisamente por ello, el neoliberalismo y su proyecto político se convierten en el peligro más importante para toda convivencia humana pacífica y ecológicamente responsable.

 

Toda resistencia al neoliberalismo se convierte, en consecuencia, en resistencia a la conversión del mundo entero en un No-Lugar, en resistencia a la colonización de la vida humana en los regímenes de biopoder y sus regímenes de verdad, en resistencia al proyecto autoritario de la pax mercatoria.

 

Esa resistencia tiene que recuperar la política para devolver a la sociedad el sentido de su historia. Tiene que oponerse al vaciamiento de la política y rebasar los marcos liberales de la política y pensar que la democracia es un campo de disputas que ahora ha sido colonizado y secuestrado por la episteme de los neoliberales del Monte Peregrino. Esa recuperación de la democracia solo puede darse recuperando aquello que los antiguos griegos denominaban el ágora, los indígenas andino-amazónicos denominan comunidad y que ahora se está forjando en las calles y plazas de todo el mundo.

 

Bibliografía

 

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http://www.peri.umass.edu/fileadmin/pdf/working_papers/working_papers_301-350/WP322.pdf (visita de junio)

 

Sábado, 15 Junio 2013 16:16

Carlos Eduardo Maldonado

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Las falacias del discurso extractivista

 

Se ha convertido en un tópico la metáfora utilizada por el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, de justificar al extractivismo indicando que los recursos de la renta extractiva financiarían al desarrollo y, en especial, el gasto del gobierno en subsidios a sectores sociales vulnerables, así como el gasto social en salud y educación. Sobre esta metáfora se ha construido todo un imaginario que da por hecho la vinculación entre renta extractiva y gasto público en salud, educación, subsidios a los pobres e inversión pública.

 

Así por ejemplo, Gudynas establece una distinción entre un extractivismo convencional y un neo-extractivismo cuya característica principal es la vinculación entre la renta extractiva y la política social y que sería característica de los denominados gobiernos progresistas de la región: "En cambio, escribe Gudynas, bajo el llamado neo-extractivismo progresista se introducen cambios, en particular una recuperación del papel del Estado, sea en un control más directo sobre los emprendimientos extractivos, captando una mayor proporción de excedentes, y legitimándolo por la vía de los planes de asistencia social" (Gudynas, 2011: 63; ver también Gudynas, 2009 y 2013) Asimismo, tampoco está demostrada la relación entre la renta extractiva y el alivio a la pobreza, de hecho el criterio mayoritario en las ciencias sociales es que: "existe una clara percepción generalizada que la minería no contribuye al alivio de la pobreza" (Polo Robilliard, 2005: 7). No obstante, se insiste en el discurso de que las rentas extractivas aliviarán la pobreza y contribuirán al desarrollo.

 

En el caso del Ecuador, muchas de las reformas a la Ley de Minería que el ejecutivo aprobó en el primer semestre del año 2013, se legitimaron, precisamente, en el discurso que la renta minera financiaría al desarrollo y a la redistribución de la renta, a pesar de que todos los datos existentes demuestran exactamente lo contrario. La cuestión por tanto es clarificar cuánta verdad existe en aquella metáfora del mendigo sentado sobre un saco de oro.

 

¿Financian los recursos de la renta extractiva las políticas sociales del gobierno ecuatoriano?¿Es necesaria la renta extractiva para financiar al desarrollo?, y ¿qué tipo de desarrollo está emergiendo desde las industrias extractivas? ¿Cuál es la relación entre la renta extractiva con la inversión social? ¿Son ciertos los argumentos oficiales que indican que la renta extractiva es la alternativa para la redistribución del ingreso y el gasto social? ¿Qué dinámicas reales se están generando al amparo de este discurso que promueve el extractivismo a nombre del desarrollo, la equidad y la justicia social?

 

Por renta extractiva hago referencia a todos los recursos que provienen, en el caso del Ecuador, fundamentalmente a las exportaciones de petróleo crudo y derivados. En cambio el concepto de extractivismo es más complejo . En primer lugar hay que separarlo con la noción más común de que extractivismo significa lo mismo que extraer recursos naturales (Prada, 2011). El fenómeno del extractivismo significa mucho más que la simple extracción de recursos naturales, implica dinámicas territoriales (Porto-Gonçalves, 2009), valorización mercantil de recursos intangibles, derechos de propiedad sobre recursos territoriales en mercados altamente integrados sobre todo mercados financieros, dinámicas de política demográfica y de control poblacional como por ejemplo las Transferencias Monetarias Condicionadas, (Zibechi, 2010), relaciones geopolíticas que establecen nuevas formas de integración regional tanto a nivel político cuanto a nivel de infraestructura (Petras, James, 2012), que procesan nuevas formas de hegemonía mundial (Saltos, 2010), procesos de desposesión territorial y judicialización social (Dávalos, 2011 y 2012), control territorial por vías paramilitares, etc.

 

El extractivismo como fenómeno complejo de la economía política debe mucho para su interpretación a las propuestas teóricas de Rosa Luxemburg y su concepto de acumulación del capital por desposesión (Luxemburg, 1978). Este mismo concepto ha sido retomado por el geográfo marxista David Harvey para proponer la acumulación por desposesión como dinámica inherente al capitalismo actual en una perspectiva territorial y espacial (Harvey, 2005). La acumulación por desposesión toma en consideración que las prácticas de violencia de la acumulación originaria del capital de los siglos XVI en adelante, como por ejemplo, la conquista y despojo europeo en América, las Leyes de Cercados de la Inglaterra de los Tudor, entre otras, se mantienen a todo lo largo de la acumulación capitalista.

 

Sin embargo, más allá del debate teórico, el hecho es que la referencia al extractivismo, en este caso para calificar al gobierno de la Revolución Ciudadana, en el Ecuador y durante el periodo 2007-2012, permite ubicar una serie de fenómenos aparentemente contradictorios de este gobierno al interior de una explicación más coherente y estructurada. Sobre todo situar las ambiguedades de su discurso político contrastadas con la praxis de su quehacer económico.

 

En efecto, podrían llevar a engaño las posiciones críticas de este gobierno contra, por ejemplo, al Banco Mundial o al FMI, y confundirlo con posiciones de la izquierda política, cuando en realidad son recursos ideológicos que corresponden a las dinámicas y discursos del extractivismo. La misma situación con respecto al discurso y a la política pública social (Falconí y Muñoz, 2012). El gobierno de la Revolución Ciudadana ha sido el régimen político que más ha invertido en salud y educación, qué duda cabe, empero este gasto cumple un rol político preciso al interior de la dinámica extractiva al legitimarla y posibilitar su expansión y consolidación.

 

Ahora bien, habría que recordar que la economía ecuatoriana sufrió durante dos décadas el ajuste macrofiscal del FMI que redujo a mínimos históricos el gasto fiscal en el sector social y en inversión pública. En promedio el gasto social como porcentaje del PIB durante la década de 1990-1999, es decir, la época del neoliberalismo duro, fue del 6,4% del PIB. En el periodo 2000-2006, previos al gobierno de Alianza País y ya en dolarización, el promedio del gasto social fue del 5,1% del PIB (Dávalos, 2010).

 

En cambio, en el gobierno de Alianza País que empieza en el año 2007, el promedio del gasto social para el periodo 2007-2011 se incrementó al 11,7% del PIB. Se trata, a no dudarlo, de un giro radical con respecto a las recomendaciones de ajuste macrofiscal del FMI, porque se ha realizado, por vez primera en dos décadas, una importante inversión pública en el sector social, sobre todo en salud y educación. Esta inversión social se ha convertido en uno de los argumentos que legitiman políticamente al gobierno ecuatoriano y que lo hacen aparecer en contraposición directa a los gobiernos neoliberales.

 

En el siguiente cuadro pueden verse los datos para una serie histórica del comportamiento del gasto social y su relación con el PIB:

 

Cuadro No. 1

Inversión pública en el sector social como porcentaje del PIB 2001-2011. En millones de USD y en %

Años

2001

2002

2003

2004

2005

2006

2007

2008

200920102011

Contribuciones a la Seguridad Social

454,6

767,3

915,8

1.038,3

1.120,8

1.572,3

1.808,4

2.108,5

2.069,4

2.545,6

4.021,1

Educación

492,8

694,3

675,7

858,3

946,0

1.088,5

1.383,6

2.509,4

2.533,0

2805,1

3.397,90

Salud

188,6

259,0

309,9

371,3

422,9

504,5

606,4

1.190,1

1.201,2

1.330,3

1.611,4

TMC*

260

280

300

300

450

480

550

580

640

680

700

Total gasto social

1.396,0

2.000,6

2.201,5

2.568,0

2.939,8

3.645,3

4.348,5

6.388,1

6.443,6

7.361,1

9.730,4

PIB

39.241.3

40.848.9

41.961.2

45.406.7

47.809.3

49.914.6

51.007.7

54.250.4

54.810.0

56.602.5

61.121.4

Gasto social/PIB

3,5

4,8

5,2

5,6

6,1

7,3

8,5

11,7

11,1

12,5

14,7

Fuente: Boletín Estadístico Mensual, Banco Central del Ecuador, varios años

Elaboración: Autor

* Datos calculados en función de las respectivas ejecuciones presupuestarias

 

Es necesario indicar que este incremento del gasto público en el sector social obedece a una presión de la sociedad ecuatoriana que consideraba que las metas de estabilización macroeconómica, ajuste fiscal y equilibrios presupuestarios, propuestos por el FMI y el Banco Mundial, no habían logrado los objetivos de crecimiento económico, reducción de la pobreza, bienestar social y redistribución del ingreso. Todo lo contrario, esas políticas que serían conocidas bajo el nombre genérico de recomendaciones del Consenso de Washington, provocaron pobreza, recesión, desempleo, concentración del ingreso, desindustrialización, y conflicto social.

 

Fue por ello que a fines del año 2005 la sociedad ecuatoriana aprobó en un referéndum el incremento porcentual del gasto social, sobre todo en salud y educación, hasta alcanzar un baremo no menor al 10% del PIB, en donde se proponía que el gasto en educación no debía ser menor al 6% del PIB y la salud debería ser al menos igual al 4% del PIB. En este referéndum, además, se estableció el plazo de una década para alcanzar estos objetivos que, incluso, fueron incorporados dentro de los denominados Objetivos de Desarrollo del Milenio, del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. Empero de ello, y a pesar de su incremento nominal, en el año 2012, el presupuesto de educación fue del 4,3% del PIB, y el presupuesto de salud fue del 2,0% del PIB, es decir, aún en el año 2012 y con todo el gasto fiscal en salud y educación se está muy lejos de las metas planteadas por la sociedad ecuatoriana en el año 2005.

 

Ahora bien, sobre esta necesidad y presión social, el gobierno que empieza en el año 2007 realiza un cambio en el discurso político porque vincula la generación de rentas extractivas con la redistribución del ingreso, el crecimiento económico y el bienestar social. Mientras los gobiernos neoliberales se habían preocupado de mantener indicadores de prudencia macroeconómica, optando por generar un ahorro forzoso que finalmente hundieron a la economía en la recesión y en la pobreza a nombre de la estabilidad económica, el gobierno ecuatoriano que empieza a partir del año 2007 se desmarca críticamente de ese discurso y realiza una importante inversión pública y la sustenta, al menos en su discurso político, con la redistribución de la renta extractiva.

 

Es la primera vez en décadas que un gobierno vincula en un solo discurso el rescate de la soberanía nacional, la redistribución del ingreso y la justicia social con la renta extractiva petrolera. Por ello, una de sus primeras medidas económicas será cambiar la modalidad de contratos con las empresas petroleras incrementando sustancialmente la participación del Estado en la renta petrolera.

 

Se trata de un discurso novedoso porque esta relación de la renta extractiva con la soberanía nacional, la redistribución del ingreso y la justicia social cala muy fuerte en varios sectores sociales, sobre todo aquellos que habían resistido al ajuste macrofiscal del FMI y que se ubican en la izquierda política. Lo novedoso de este discurso es que permite convertir a la renta extractiva en una estrategia de articulación social y política que permite movilizar a la sociedad y generar un consenso sobre el extractivismo como necesidad ineludible para el desarrollo y la equidad (Senplades, 2009). En efecto, mientras que en el periodo neoliberal se proponía la privatización de la renta extractiva porque se consideraba que los mercados eran más eficientes que el Estado, con el nuevo gobierno ecuatoriano de Alianza País, la recuperación de la renta extractiva para financiar el desarrollo nacional se convierte en uno de los discursos políticos más importantes (Harnecker, 2012).

 

Las falacias del extractivismo: renta extractiva y gasto social

 

Sobre este discurso nacionalista se articulan varios discursos políticos que ameritan ser analizados en detalle. En primer lugar está el argumento que la renta extractiva permite el financiamiento al gasto público, especialmente en salud y educación, y que habían sido largamente postergados en los tiempos neoliberales. En segundo lugar, está el discurso que vincula la renta extractiva con la inversión pública, el desarrollo económico y el crecimiento económico. En tercer lugar, está la vinculación de la renta extractiva con las políticas de redistribución del ingreso, sobre todo por la vía de subsidios y asistencia social a los más pobres. En cuarto lugar, está el discurso que propone una visión de soberanía nacional sobre la renta extractiva y que la presenta en plena disputa y confrontación con el capital transnacional, sobre todo con el capitalismo norteamericano. En quinto lugar, está la conformación de empresas nacionales extractivas, así como la renegociación de regalías y contratos de servicios, que implican un cambio importante con relación al "entreguismo" de los neoliberales. En sexto lugar, está la concepción del extractivismo como una fase de transición hacia una modernización pos-extractiva en una economía intensiva en capital y creadora de valor agregado, que en Ecuador ha asumido la forma de un debate sobre la "matriz productiva".

 

Sobre estas dinámicas de la renta extractiva se vinculan, además, procesos políticos inherentes, complementarios y adscritos al extractivismo, por ejemplo, el discurso político que hace uso del concepto del corporativismo con el que se acusa a quienes se defienden de la expropiación y desposesión territorial porque, según este discurso, estarían defendiendo intereses particulares en detrimento de un interés general (Falconí y Muñoz, 2012). En línea con esta argumentación subyace toda la estrategia de judicialización y criminalización a toda la protesta social en contra del extractivismo.

 

Ahora bien, ¿qué tan ciertos son estos argumentos que tratan de justificar y legitimar al extractivismo? ¿Es verdad que la renta extractiva financia el gasto social, en especial, el gasto en salud y educación? ¿Hasta qué punto la renta extractiva ha financiado el crecimiento económico y ha creado condiciones para el bienestar social? ¿Financia la renta extractiva las transferencias monetarias condicionadas? ¿Representan las empresas extractivas nacionales una confrontación con el capitalismo transnacionalizado? ¿Cuál es la geopolítica del extractivismo? ¿Cuáles son sus amenazas?

 

Para poder responder a las cuestiones planteadas es necesario comprender las dinámicas de la renta petrolera, al momento la renta extractiva más importante que tiene el Ecuador. Durante el periodo del gobierno del partido Alianza País (2007-2012), éste se benefició de una coyuntura internacional favorable para los precios del petróleo. En el periodo 2007-2012, el Estado ecuatoriano recibió por exportaciones de petróleo 58.978,0 millones de dólares; sin embargo, la participación efectiva del gobierno central fue del 40,3% del total de esos recursos (aproximadamente 23,7 mil millones de dólares). Como puede apreciarse, a pesar de la renegociación de los contratos y de cambios en las regalías, las empresas transnacionales siguen participando de forma importante en la redistribución de la renta extractiva petrolera.

 

Gráfico No. 1

Distribución de la renta extractiva petrolera, en millones de USD, periodo 2007-2012

 

Fuente: Boletín Estadístico Banco Central del Ecuador, varios años

Elaboración: Autor

 

Conjuntamente con la renta extractiva, los impuestos constituyen la parte más importante de los ingresos fiscales ecuatorianos. Ambos ingresos configuran los límites y las posibilidades de la política fiscal en el Ecuador. En el siguiente cuadro pueden comprobarse los ingresos fiscales totales del Ecuador durante doce años (2000-2012), tanto aquellos que provienen de la renta petrolera, cuanto los ingresos por tributación directa e indirecta:

 

 

 

 

Esta relación de los ingresos fiscales es importante para analizar la veracidad de uno de los argumentos más utilizados para justificar y legitimar al extractivismo, aquel que establece que la renta extractiva financia el gasto social, en especial, el gasto en salud y educación. Del cuadro anterior se pueden establecer algunas dinámicas interesantes. En el periodo 2007-2012, el gobierno ecuatoriano tuvo ingresos por 59.150,7 millones de dólares, de los cuales 23.7 mil millones de USD (el 41,2%) correspondieron a ingresos petroleros; 14,6 mil millones correspondieron a ingresos por impuestos directos y 20,7 mil millones de USD (33,8%) a impuestos indirectos (1).

 

En cambio en el periodo anterior, 2000-2006, el Estado ecuatoriano recibió 25,0 mil millones de dólares, de los cuales el 39,1% fueron ingresos petroleros y el 44,3% de los ingresos correspondieron a impuestos indirectos. La diferencia más importante entre ambos periodos, amén de los montos, está en los impuestos directos. Mientras en el primer periodo que va hasta el año 2006 los impuestos directos representaron el 16,5% de todos los ingresos fiscales, en el siguiente periodo y que corresponde al gobierno de Alianza País, los impuestos directos representaron el 24,4% de los ingresos fiscales totales. En consecuencia, puede advertirse un esfuerzo fiscal importante por cambiar el centro de gravedad de la estructura impositiva de los impuestos indirectos y que afectan más a los pobres hacia los impuestos directos que gravan más a los ricos.

 

Ahora bien, hay que recordar que el gasto fiscal fue objeto de intervención por parte del FMI y del Banco Mundial desde los inicios del ajuste macroeconómico en la década de los años ochenta, y que esa arquitectura y diseño institucional de dos décadas se mantuvo incluso con el gobierno de Alianza País en el periodo 2007-2012. Esta distinción es importante porque sobre esta estructura de los ingresos fiscales, el FMI establecería una distinción entre aquellos ingresos que se consideran permanentes, es decir, los ingresos fiscales por tributación, y los ingresos no permanentes, en este caso, los ingresos que provienen de la renta extractiva. La distinción realizada por el FMI entre ambos tipos de ingresos fiscales tenía como objetivo separar los ingresos de las exportaciones de petróleo y de otros commodities con el fin de utilizarlos exclusivamente para el pago de la deuda externa.

 

Esto condujo a una arquitectura institucional en virtud de la cual los ingresos provenientes de la renta extractiva no podían ser utilizados para el denominado gasto permanente del Estado. Por ello, a fines del año 2002, el gobierno de ese entonces creó un fondo de ahorro forzoso para guardar ahí los excedentes petroleros y utilizarlos como garantía para el pago de la deuda externa (el Fondo FEIREP).

 

Esto provocó reacciones y críticas porque dejaba sin recursos a la caja fiscal en momentos en los que más hacían falta para resolver problemas urgentes en sectores sociales. Sin embargo, esta arquitectura institucional y jurídica que regula al ingreso y gasto fiscal se mantuvo incluso en las reformas constitucionales del año 2008. En efecto, en este texto Constitucional se establece lo siguiente:

 

"Art. 286.- Las finanzas públicas, en todos los niveles de gobierno, se conducirán en forma sostenible, responsable y transparente y procurarán la estabilidad económica. Los egresos permanentes se financiarán con ingresos permanente. Los egresos permanentes para salud, educación y justicia serán prioritarios y, de manera excepcional, podrán ser financiados con ingresos no permanentes."

 

La misma disposición consta en el Código Orgánico de la Planificación y Finanzas Públicas aprobado en el año 2010. En al Art. 87 de esta ley se establece la clasificación de ingresos entre ingresos permanentes y no permanentes, y en el Art. 90 se enuncia la "Regla Fiscal" que es exactamente la misma que constaba en la Ley del año 2002 y que creó el fondo FEIREP, la regla fiscal dice lo siguiente:

 

"Art. 90.- Regla fiscal.- Para garantizar la conducción de las finanzas públicas de manera sostenible, responsable, transparente y procurar la estabilidad económica; los egresos permanentes se financiarán única y exclusivamente con ingresos permanentes (...)."

 

Esto significa que los ingresos provenientes de la renta extractiva petrolera no podrán financiar al sector salud y educación, salvo de forma excepcional. Este diseño institucional del gasto fiscal bloquea de forma intencional la posibilidad de utilizar los recursos de la renta extractiva para el financiamiento al sector social (2).

 

La renta extractiva puede permitir la construcción de hospitales y escuelas pero prohíbe la contratación de personal de salud o de educación necesarios para estos nuevos hospitales y escuelas. Para contratar al personal necesario en el sector salud o educación, la única posibilidad que establece la ley es el financiamiento con ingreso permanente, es decir, impuestos. Esto determina un límite crítico para una política pública en salud y educación, que está determinado, a su vez, por la capacidad impositiva que tendría el gobierno y no por los recursos que podrían provenir de la renta extractiva.

 

Es por ello que en Ecuador, el gobierno de Rafael Correa no ha creado una importante infraestructura ni en salud ni en educación, y que los recursos destinados a la inversión en estos sectores sean mínimos. Por ejemplo, en el caso del sector de la educación, en el año 2010, del presupuesto asignado al sector el 87,5% correspondía a gasto corriente que se financiaba con ingreso permanente (impuestos). Del restante 11,3% destinado a gasto de inversión, y de éste solamente el 5,2% del gasto de inversión se destinó efectivamente a la construcción de nueva infraestructura escolar o remodelación de la existente, es decir, alrededor de 160 millones de dólares, para un presupuesto global de 3 mil millones de USD.

 

Puede advertirse también que ese año el gobierno ecuatoriano gastó 64,3 millones de dólares en "gastos en personal para la inversión", que es el eufemismo para el despido y liquidación de empleados públicos, en este caso en el sector de la educación. El presupuesto de ese año puede considerarse como promedio en todos los años de la Revolución Ciudadana.

 

Cuadro No. 3

Gasto educativo total por objeto del gasto, año 2010, en miles de dólares y porcentajes

TIPO DE GASTOS

MILES DE DOLARES

PORCENTAJE

GASTOS CORRIENTES

2,678,770

87.5%

51 GASTOS EN PERSONAL

2,317,165

75.7%

53 BIENES Y SERVICIOS DE CONSUMO

219,278

7.2%

56 GASTOS FINANCIEROS

1,042

0.0%

57 OTROS GASTOS CORRIENTES

6,303

0.2%

58 TRANSFERENCIAS Y DONACIONES CORRIENTES 

134,982

4.4%

GASTOS DE INVERSION 

347,096

11.3%

71 GASTOS EN PERSONAL PARA INVERSION

64,344

2.1%

73 BIENES Y SERVICIOS PARA INVERSION

87,672

2.9%

75 OBRAS PUBLICAS 

101,795

3.3%

77 OTROS GASTOS DE INVERSION

35

0.0%

78 TRANSFERENCIAS Y DONACIONES PARA INVERSION 

33,738

1.1%

84 BIENES DE LARGA DURACION

59,511

1.9%

87 INVERSIONES FINANCIERAS

1

0.0%

APLICACION FINANCIAMIENTO 

35,007

1.1%

96 AMORTIZACION DE LA DEUDA PUBLICA

4,008

0.1%

97 PASIVO CIRCULANTE

578

0.0%

99 OTROS PASIIVOS 

30,421

1.0%

Total objeto del gasto 

3,060,873

100.0%

Fuente: Ministerio de Finanzas del Ecuador, valores devengados al 31 de diciembre de 2010

Elaboración: Autor

 

La misma situación puede advertirse en el sector salud. Para el año 2012 se había presupuestado 1.760,4 millones de USD para el Ministerio de Salud, de los cuales 333,8 millones de USD (18,3%) fueron destinados para inversión. De esta cantidad, 82,2 millones de USD se destinaron a infraestructura física, equipamiento y mantenimiento; 79,1 millones para el proyecto "Mi Hospital", y 50 millones para inmunizaciones de enfermedades inmuno-prevenibles por vacunación. Es decir, en el año 2012, del presupuesto general del Estado (27.6 mil millones de USD), la inversión real en el sector salud fue del 0,5%.

 

En comparación con la renta extractiva petrolera, en el supuesto de que ésta haya financiado la inversión en salud, de cada 100 dólares que el Ecuador recibió por renta petrolera, 2,7 dólares fueron utilizados para la construcción, equipamiento y mantenimiento del sector salud. Sin embargo, hay un hecho más que debe ser puntualizado y es que al interior del presupuesto de inversión en salud pública constan los rubros de pago a proveedores privados por prestaciones de servicios en salud, en un proceso de "privatización encubierta".

 

Entonces, una primera conclusión es que la renta extractiva, en virtud de los arreglos institucionales y jurídicos que determinan la estructura del gasto fiscal en el Ecuador, no fue determinante para la inversión en los sectores de salud y educación. Esos sectores se financiaron, en lo fundamental, con recursos provenientes de los impuestos (ingreso permanente) y no con recursos provenientes de la renta extractiva.

 

Empero es necesario agregar un dato adicional: de los recursos previstos para la inversión pública, en el año 2012 casi el 10% de éstos fueron utilizados para financiar el "Programa de reforma institucional de la gestión pública", es decir, un programa destinado a financiar los despidos de funcionarios públicos mediante la compra anticipada de renuncias y que continúa programas similares, entre ellos el Programático Social 2003-2005, del Banco Mundial y del BID (Dávalos, 2010).

 

En efecto, en el presupuesto del año 2012 se habían presupuestado 484,8 milllones de USD para despidos en el sector público, bajo la denominación "gastos en personal para la inversión", que forma parte del proyecto de reforma institucional de la gestión pública, y que representó el 9,4% del presupuesto de inversión para ese año (3). En otros términos, no solo que la renta extractiva petrolera fue marginal para la inversión en salud y educación, sino que además su utilización habría permitido el financiamiento a la flexibilización laboral en el sector público, continuando las derivas neoliberales de despidos en el sector público, con la diferencia de que el régimen de la Revolución Ciudadana utilizó estos recursos para despedir a líderes sindicales, opositores políticos que trabajaban en el sector público, y todos los funcionarios públicos que alguna vez manifestaron su inconformidad con el régimen político existente.

 

Si esto es así, el discurso que establece que la renta extractiva financia el sector social, al menos para el caso ecuatoriano, debe ser matizado y relativizado. Los datos nos indican que la inversión pública en salud y educación fue marginal y que el grueso del financiamiento de este sector siempre se realizó con impuestos, porque en su mayor parte correspondía a gasto permanente (o corriente) y no podía, de acuerdo a la ley, financiarse con renta extractiva. El único uso detectado de la renta extractiva fue para continuar con los programas neoliberales de flexibilización del trabajo en el sector público pero esta vez utilizados de manera estratégica para controlar y disciplinar al sector público.

 

Renta extractiva y clase media

 

Si el sector de salud y educación fueron financiados marginalmente, durante el periodo 2007-2012, por la renta extractiva petrolera, entonces, ¿cuál fue el destino fundamental de esos recursos? ¿hacia dónde fue la renta extractiva? ¿quiénes se beneficiaron de esa renta? Existen, al menos, dos hipótesis al efecto. La primera hace referencia al financiamiento de los subsidios a los precios de los combustibles y, la segunda, al incremento de la inversión pública interna en infraestructura y medida por la Formación Bruta de Capital Fijo (FBKF) para el sector público.

 

Para fundamentar la primera hipótesis, necesitamos saber que en el Ecuador existe un subsidio importante a los precios de los derivados de petróleo, en especial los combustibles y al gas de uso doméstico. Por el momento se deja de lado el subsidio al gas de uso doméstico (que en el año 2012 representó el 1,1% del PIB), para poder concentrarse en el subsidio a los combustibles y su relación con la renta extractiva. En el siguiente cuadro constan los datos del volumen y el monto del subsidio a los combustibles:

 

 

 

 

En el cuadro anterior puede apreciarse el volumen de la importación de combustibles y el costo que significó para la economía ecuatoriana. En el periodo 2006-2012, el Ecuador, un país petrolero, importó combustibles por 22.5 mil millones de dólares. Descontando los ingresos por ventas internas de combustibles, en ese periodo el Estado ecuatoriano creó un subsidio directo por 13.8 mil millones de dólares, destinado en lo fundamental a los sectores medios de la población, porque son ellos los que utilizan el combustible barato para sus autos y otros usos.

 

Para que pueda tenerse una idea del volumen destinado al subsidio de combustibles comparado con otros sectores, en ese mismo periodo el gobierno ecuatoriano destinó 1.6 mil millones de dólares al sector agrario; 8.1 mil millones de USD a la salud; y 17.4 mil millones a la educación. La cuestión, por tanto, es ¿de dónde salieron los recursos fiscales para financiar el subsidio a los combustibles? En virtud de la arquitectura institucional y jurídica que establece una clara distinción entre los ingresos fiscales permanentes y no permanentes, lo más plausible es considerar que la importación de derivados de petróleo fue financiada con recursos provenientes de la renta extractiva.

 

De esta manera, la renta extractiva nunca financió al sector social pero sí contribuyó al financiamiento de las clases medias en el Ecuador. A medida que la clase media se expandió, la presión fiscal del subsidio a los combustibles se hizo más fuerte. En el año 2006, el subsidio a los combustibles fue de mil millones de dólares que representaban el 70% de los ingresos fiscales petroleros, cinco años más tarde, en el año 2011, el subsidio era de 3 mil millones de dólares. Los datos de la relación entre el subsidio a los precios de los combustibles y los ingresos fiscales petroleros para el periodo 2006-2011, pueden apreciarse en el siguiente cuadro:

 

Cuadro No. 5

Ingresos fiscales petroleros y costo del subsidio a derivados. En millones de USD y % 2006-2011

 

Año

Ingresos fiscales petroleros netos

Diferencia entre ingresos y costos por ventas internas de importaciones

   % del subsidio a los combustibles sobre ingresos fiscales petroleros netos

2006

 1.519,2

-1.074.002,7

70,7

2007

1.104,1

 -1.426.390,0

129,1

2008

 4.400,8

-1.890.941,0

42,9

 2009

2.298,2

 -1.085.359,147,2

2010

 3.917,3 -2.017.082,5 51,5
 2011 5.971,4 -2.949.875,5 44,1
 2012 6.085,6 -3.405.666,6 55,9

Fuente: Boletín Estadístico Mensual del Banco Central del Ecuador, varios números

Elaboración: Autor

 

Durante el periodo 2008-2012, cuando el Estado cambia la modalidad de los contratos petroleros con las empresas petroleras transnacionales y cuando se producen importantes incrementos del precios del petróleo, la relación promedio entre el subsidio al precio de los combustibles y los ingresos fiscales petroleros netos representó alrededor del 48,3% de estos últimos. Es plausible considerar que los recursos que financiaron el subsidio a los combustibles provinieron en gran medida de la renta extractiva petrolera. Si esto es así, casi la mitad de los ingresos de la exportación de petróleo fueron destinadas para comprar combustibles y venderlos a precios baratos a las clases medias ecuatorianas.

 

La clase media ecuatoriana: beneficiaria y cómplice del extractivismo

 

Durante el periodo 2006-2012 puede observarse un incremento importante de la clase media en la estructura social del Ecuador. Es pertinente pensar que la renta extractiva permitió que las clases medias incrementen su relación ingreso-gasto principalmente por la vía de subsidios directos, en este caso el subsidio a los combustibles.

 

El consumo de los hogares pasa de 20,7 mil millones de USD en el año 2000, a más de 52 mil millones de USD en el año 2012, en un contexto de baja inflación, de recuperación de la capacidad adquisitiva del salario y de relativa liberalización comercial, esto se convierte en un escenario ideal para las clases medias.

 

De otra parte, la contratación pública incorporó nuevos cuadros técnicos y administrativos al Estado y amplió la base social de la clase media. En efecto, al asumir el gobierno de Rafael Correa en el año 2007, el gobierno gastó ese año 2.913 millones de USD en sueldos y salarios.

 

Para el año 2012 ese gasto se había incrementado en dos veces y media, a 7.352,9 millones de USD. Puede establecerse, en consecuencia, que las clases medias son los aliados naturales del extractivismo y la renta extractiva porque ahí radican sus posibilidades económicas e institucionales.

 

Gráfico No. 2

Tendencias del consumo de hogares y del valor agregado manufactura. En millones de USD 2000-2011

 

 

Fuente: Boletín Estadístico Mensual del Banco Central del Ecuador, varios números

Elaboración: Autor

 

En el gráfico anterior puede visualizarse el crecimiento sostenido del consumo al interior de la economía del país. Lo que es revelador es que la producción nacional no tiene el mismo patrón de comportamiento que el consumo, si bien crece la producción nacional su ritmo es menor al crecimiento del consumo. La diferencia entre el consumo de la producción nacional y el gasto en consumo de la clase media se llena por las importaciones de bienes de consumo. Un dato que corrobora esta tendencia es el crecimiento de las importaciones de bienes de consumo, conforme lo muestra el siguiente cuadro:

 

Cuadro No. 6

 

Importaciones de bienes de consumo y consumo de hogares

En millones de USD. 2002-2011

Años

Total importaciones Bienes de Consumo

Consumo Hogares

% de Importaciones de Bienes de consumo sobre consumo total hogares

2002

1.686.940

20.799.900

   8,1

2003

1.764.704

23.267.776

   7,5

2004

2.048.330

25.787.308

   7,1

2005

2.337.268

28.435.896

   7,6

2006

2.584.995

30.880.889

   8,1

2007

3.099.181

33.201.278

   9,3

2008

4.113.632

37.991.263

   11,7

2009

3.264.353

38.913.285

   9,2

2010

4.371.147

43.203.119

  10,1

2011

4.742.920

48.110.464

   9,8

2012

4.825.738

52.145.073

   9,3

Fuente: Boletín Estadístico Mensual del Banco Central del Ecuador, varios números

Elaboración: Autor

 

El consumo de bienes importados pasa de 1.6 mil millones de USD en el año 2002 a cerca de 5.0 mil millones de USD en el año 2011. En el periodo del gobierno de Alianza País (2007-2012), la sociedad ecuatorian destinó más de 24 mil millones de USD en importar bienes de consumo, de los cuales, 11.6 mil millones de USD correspondieron a bienes de consumo no duraderos, es decir, bienes de la canasta básica. Las clases medias fundamentaron su consumo en la estabilidad del dólar, en el incremento del gasto fiscal, en la apertura de la economía y en la liquidez de la economía sustentada por un sistema financiero pródigo en el crédito al consumo.

 

En consecuencia, puede afirmarse que la renta extractiva permitió el incremento del consumo de los sectores medios, no de los estratos populares y pobres, porque ayudó a financiar ese consumo a través del subsidio directo a los combustibles. Los sectores medios incrementaron su consumo y presionaron a la balanza de pagos porque empezaron a consumir más bienes importados incluyendo aquellos de la canasta básica. La fortaleza del tipo de cambio fijo de la dolarización permitió ese consumo, de ahí la vinculación a la dolarización de la economía por parte de la clase media ecuatoriana. La renta extractiva, en consecuencia, nunca financió de manera importante al sector social sino que produjo fuertes distorsiones macroeconómicas al crear una burbuja de consumo en un contexto en el que la producción nacional de valor agregado crecía a ritmos menores que el consumo (4).

 

La falacia de la inversión pública y la renta extractiva: IIRSA y privatización territorial

 

Una segunda hipótesis relacionada al uso real de la renta extractiva hace referencia al uso de ésta para la creación de infraestructura física, eléctrica, de telecomunicaciones, entre otros aspectos, que se realizan en función del desarrollo nacional, la modernización y que contribuirán al bienestar general. Los datos muestran que, efectivamente, se produjo un importante crecimiento en la inversión pública, expresada en el indicador de la Formación Bruta de Capital Fijo (FBKF) del sector público y conforme puede apreciarse en el siguiente cuadro:

 

 

Puede notarse un incremento importante de la inversión pública con respecto al PIB que pasa del 5,4% del PIB en el año 2001, al 15,4% del PIB en el año 2011. En términos absolutos, la inversión pública pasa de 1,1 mil millones de USD en el año 2001 a 9,5 mil millones de dólares en el año 2011. De hecho, la inversión pública es el doble de la inversión privada. La Formación bruta de capital en el sector privado para el año 2011 fue del 8,7% del PIB. En un contexto en el cual el discurso y la práctica neoliberal produjeron durante dos décadas una desinversión pública, los indicadores del periodo 2007-2011 muestran una recuperación importante de la inversión pública. Son estos indicadores los que han sustentado el discurso de la recuperación del Estado y su rol para el crecimiento económico. Empero, hay que matizar esas apreciaciones porque existe una distancia importante entre el crecimiento de la inversión pública y la renta extractiva, y también entre el crecimiento económico y el bienestar social.

 

El grueso de esta inversión pública fue destinada a tres sectores fundamentales: transportes (carreteras, aeropuertos, puertos y caminos); energía eléctrica y el sector de hidrocarburos. La inversión en estos sectores tiene incidencias directas en el crecimiento económico por la vía de los efectos multiplicadores de la inversión en el PIB. Ahora bien, ¿cuál es la relación de la renta extractiva con esta inversión pública? Esta relación ¿permitió un mayor crecimiento y, en consecuencia, un mayor bienestar social?

 

Los datos nos indican que la renta extractiva es más bien marginal con respecto a la inversión en infraestructura pública, salvo en el caso de la inversión en el sector transporte y comunicaciones en donde puede apreciarse un financiamiento con renta extractiva. Para el año 2012, la mayor parte de los proyectos de inversión pública en energía eléctrica fueron financiados con créditos bilaterales, no con recursos de la renta extractiva petrolera. Estos créditos fueron realizados básicamente con el gobierno de China y, en menor medida, Brasil, y ahí constan los proyectos insignias de la inversión pública como las centrales hidroeléctricas Coca Codo Sinclair, Sopladora, San Francisco, entre otras (5). En ninguno de los proyectos de energía hidroeléctrica, termoeléctrica, o incluso energía solar, el gobierno utilizó los recursos de la renta petrolera. En todos los casos, el gobierno los financió con créditos bilaterales.

 

En el periodo 2007-2011, el gobierno ecuatoriano destinó 5.303 millones de dólares para el sector transportes, carreteras y caminos, este presupuesto también incluye el gasto corriente de este sector. La mayor parte de carreteras que se han construido en el periodo 2007-2012, son aquellas que vinculan zonas extractivas con puertos de transferencia, como por ejemplo la carretera Zamora-Palanda vinculada a los proyectos mineros Mirador (Empresa Ecuacorriente) y Fruta del Norte (Kinross). Fuera de estas carreteras relacionadas directamente al extractivismo, el gobierno ha destinado su esfuerzo principal en mantenimiento, ampliación y mejoramiento de la red vial existente. En ningún momento el gobierno de Alianza País priorizó las construcciones en la red vial de segundo orden y que está directamente relacionada con la producción agrícola y campesina.

 

La infraestructura física de carreteras, puertos y aeropuertos realizada en el periodo 2007-2012 obedece a una lógica transnacional y geopolítica. En efecto, la mayor parte de esta infraestructura e inversión pública está directamente relacionada con la ampliación del extractivismo y con la integración geográfica y territorial de las zonas extractivas hacia puertos, aeropuertos y zonas de transporte multimodal, que en su mayor parte corresponden a los ejes multimodales de integración territorial contenidas en la Iniciativa de Integración de la Infraestructura Regional de Sud América, un proyecto conocido como IIRSA (6).

 

Si la inversión pública crece de forma tan importante desde el año 2007, no es porque el régimen ecuatoriano haya sido sensible a las demandas de los sectores más populares y haya construido infraestructura destinada a solucionar sus problemas, sino porque había un proyecto de transnacionalización de la economía por la vía de la integración de los territorios a las industrias extractivas y la globalización del capital.

 

Así por ejemplo, si el régimen se lanzó en una frenética creación de centrales hidroeléctricas no fue tanto para el beneficio social cuanto para las industrias extractivas que son intensivas en el consumo de energía, por ejemplo, la industria minera a gran escala. De hecho, muchas de las centrales hidroeléctricas fueron pensadas y construidas en función de los proyectos mineros y de los ejes de integración multimodal de la iniciativa IIRSA.

 

No solo que el régimen ecuatoriano construyó la infraestructura física que permite la integración de los territorios a la globalización del capital, sino que además creó instrumentos jurídicos al tenor de las demandas de la globalización, como son los Códigos Orgánicos de la Producción, y de Ordenamiento Territorial (7).

 

Lo que es importante destacar en estos instrumentos jurídicos es la creación de zonas francas que el gobierno ecuatoriano las denominó Zonas Económicas de Desarrollo Especial, en una iniciativa que recuerda a las zonas de libre comercio creadas por el gobierno chino. En estos marcos jurídicos convergen las necesidades de protección jurídica a los inversionistas extranjeros con la necesidad de desterritorializar la soberanía, en convergencia con las disposiciones de la OMC sobre la seguridad jurídica y la protección recíproca a las inversiones.

 

El gobierno del Ecuador, a pesar de una supuesta posición antimperialista, nunca ha denunciado a la Iniciativa IIRSA. Todo lo contrario, ha formado parte activa de este proceso. El Ecuador está atravesado por dos ejes de integración y desarrollo de la Iniciativa IIRSA, el Eje Andino y el Eje del Amazonas.

 

Los proyectos del Ecuador en la IIRSA tienen la particularidad de integrarse al interior de dos ejes multimodales, por ello han denominado como "proyectos rótula". Para cada eje de integración el Ecuador ha desarrollado también los denominados "proyectos ancla". El proyecto que más atención y desarrollo ha tenido por parte del gobierno ecuatoriano ha sido el corredor Manta-Manaos.

 

Asimismo, el gobierno ecuatoriano ha sido uno de los que más avances ha realizado en obras físicas de acuerdo a la cartera de proyectos de la Iniciativa IIRSA. Hasta el año 2011, el Ecuador había realizado los siguientes proyectos al interior de la IIRSA, conforme el siguiente cuadro:

 

 

 

 

Los siguientes mapas muestran las áreas de intervención geográfica de acuerdo a la geopolítica de los proyectos de la Iniciativa IIRSA. Puede apreciarse que muchos de los proyectos de infraestructura, especialmente carreteras, hidrovías y proyectos hidroeléctricos han sido diseñados y construidos en función de la cartera de los proyectos IIRSA.

 

 

 

 

 

Detrás del incremento de la FBKF del sector público no está precisamente una estrategia de soberanía nacional que busca romper con el pasado neoliberal y devolver al Estado su rol regulador, como lo afirma el discurso del régimen ecuatoriano y sus aliados políticos, sino una intención geopolítica de privatización territorial y de vinculación de los territorios a la geopolítica de la globalización del capital financiero, el actor principal del extractivismo.

 

Como puede verse, es la integración geopolítica de los territorios bajo la inciativa IIRSA la que otorga las condiciones de posibilidad a la mayor parte de los proyectos de infraestructura pública que se construyeron durante el periodo 2007-2012. En ningún momento la construcción de puertos, aeropuertos, carreteras, hidrovías, represas eléctricas, convergencias regulatorias, entre otras medidas, tuvieron que ver con el interés general, el bienestar de la población o el cambio de una matriz productiva con bases nacionales. Todos estos proyectos expresaron la realidad de la geopolítica del capitalismo. Casi todos ellos fueron financiados con créditos bilaterales porque expresaban, justamente, esa vinculación geopolítica.

 

Entonces, la segunda hipótesis que establece que la renta extractiva genera mayor crecimiento económico, es cierta a condición de establecer que la inversión pública realizada está pensada en ampliar las condiciones y las posibilidades del extractivismo, más que en generar cambios en lo que en Ecuador se ha denominado "matriz productiva" y menos aún que esta inversión pública implicaría un acto de soberanía nacional y de recuperación del Estado en beneficio de los sectores más pobres. Esta hipótesis tendría que ser complementada con el rol marginal que tiene la renta extractiva para su financiamiento porque, en realidad, la parte fundamental de esta inversión pública ha sido financiada con crédito bilateral y crédito público.

 

La falacia de la equidad: las Transferencias Monetarias Condicionadas y la renta extractiva

 

Una tercera hipótesis que se utiliza con respecto a la renta extractiva es su utilización para subsidios monetarios focalizados a los sectores más pobres, conocidos con el nombre de Transferencias Monetarias Condicionadas (TMC). En el siguiente cuadro puede verse el número de personas que recibieron las transferencias monetarias condicionadas por provincia, pobreza y pertenencia indígena hasta fines del año 2012:

 

 

Para fines del año 2012, cerca de dos millones de personas (13,5% de la población total) recibían un bono mensual de 30 USD, denominado Bono de Desarrollo Humano (BDH). A partir de enero del año 2013 el bono fue incrementado a 50 USD y el gobierno depuró la base de datos de los receptores del bono reduciéndola, aproximadamente, en un 15%, de tal manera que se mantuvo casi el mismo presupuesto a pesar de su incremento nominal. En el año 2012 el gobierno ecuatoriano destinó 700 millones de dólares para el BDH, y gastó aproximadamente 90 millones de dólares para la gestión, administración y operación de este subsidio. Hay que indicar que ese mismo año, el gobierno destinó, en cambio, 3.405 millones para el subsidio al precio de los combustibles, lo que representaba casi cinco veces el bono de desarrollo humano.

 

A pesar de su importancia estratégica, los 700 millones de dólares del BDH significaron apenas el 1,2% del consumo total de los hogares del año 2012, y el 10,7% de la función consumo para los quintiles 1 y 2, considerados los más pobres y que son los que reciben maoritariamente estas transferencias. Las TMC fueron utilizadas en los quintiles 1 y 2 como complemento monetario para gastos no indispensables pero necesarios, como por ejemplo, compra tiempo-aire para sus teléfonos móviles. Estas TMC no se integraron a las dinámicas tradicionales de ingreso-gasto de estos sectores, ni las transformaron de forma importante.

 

En otros términos, los recursos del BDH no tuvieron significación macroeconómica, porque no alteraron de forma importante el comportamiento del consumo de los hogares, incluidos los más pobres. Tampoco tuvieron mayor incidencia fiscal porque representaron el 2,8% del presupuesto total del Estado. De otra parte, el BDH representó, para fines del año 2012, el 5% del costo de la canasta básica (595 USD), y el 8,8% de la remuneración mínima (salario mínimo), lo que significa que tampoco alteró la relación ingreso-consumo con relación a los bienes de la canasta básica.

 

Si bien significaron una transferencia monetaria a los hogares más pobres dentro de una estrategia que focaliza la pobreza entendida ésta en términos de consumo monetario, su incidencia en la reducción de la pobreza más bien es marginal habida cuenta de que su monto es reducido, su dispersión es grande, su incorporación a los mercados locales es insuficiente y su incorporación en los sectores más pobres no altera sus patrones de consumo ni de ingreso-gasto.

 

Empero de ello, se ha argumentado que las TMC de alguna manera han contribuido tanto a la disminución de la pobreza cuanto a la redistribución del ingreso y que la renta extractiva ha contribuido efectivamente a su financiamiento. De hecho, la pobreza se ha reducido en el Ecuador del 57% en el año 1999 al 28% en el año 2012, medida en términos de pobreza urbana. Si el BDH no tiene significación macroeconómica, fiscal y tampoco altera la relación ingreso-gasto de la canasta familiar para las familias más pobres, entonces ¿cómo se explica el hecho de la disminución de la pobreza en el Ecuador? Esta disminución de la pobreza ¿tiene alguna relación con la renta extractiva petrolera y con la política de gasto e inversión por parte del gobierno ecuatoriano?

 

Con respecto al financiamiento del BDH es poco probable que haya sido financiado con la renta extractiva petrolera; de hecho, los recursos de este BDH se registran en los egresos permanentes del presupuesto del Estado y, en consecuencia, se financian con ingresos permanentes. De otra parte, la política pública de expansión del gasto fiscal y de mayor liquidez a la economía tampoco explica el hecho de la disminución de la pobreza porque ésta viene disminuyendo desde el año 2000 y alcanza tasas de disminución importantes durante los gobiernos neoliberales del periodo 2000-2006, es decir en un contexto de neoliberalismo y plena desinversión pública, privatización y reducción del gasto público social. Los neoliberales ecuatorianos han tomado esos datos para indicar que la política neoliberal fue la que permitió una reducción importante de la pobreza, mientras que la política de gasto fiscal del gobierno de la Revolución Ciudadana no ha contribuido de manera importante al descenso de la pobreza.

 

No obstante hay que indicar que la pobreza disminuyó en Ecuador a pesar de la política económica neoliberal. De hecho, a partir del año 2007, la pobreza también disminuye aunque a una tasa más lenta porque llegó a un nivel de pobreza estructural que es muy difícil de disminuir sin cambios radicales en la estructura social, aunque el gobierno de Alianza País también va a reivindicar para sí el mérito de sus políticas públicas en la reducción de la pobreza. Sin embargo, lo que demuestran los datos de reducción de la pobreza es que este fenómeno, en realidad, no está en relación directa con la política de gasto social ni la política pública ni de los gobiernos neoliberales del periodo 2000-2006, ni del gobierno de Alianza País, del periodo 2007-2012, y tampoco está relacionada con la renta extractiva, entonces ¿qué provocó la disminución de la pobreza en el Ecuador?

 

Los datos nos muestran la presencia y persistencia de un fenómeno económico y social que nada tiene que ver ni con la política de gasto y de inversión del gobierno, ni con las TMC, ni con la redistribución de la renta extractiva pero que tiene una importancia decisiva a nivel macroeconómico para cambiar la relación ingreso-consumo de los sectores más pobres y que explica de manera consistente la disminución de la pobreza por consumo monetario en los últimos años. Ese fenómeno es la migración de ecuatorianos al exterior en busca de trabajo y el correspondiente envío de remesas. En el periodo que va del año 2000 hasta medidados del año 2012, el Ecuador recibió 22.995 millones de dólares en remesas de migrantes, a un promedio de 2.230 millones de USD por año, que representan el 68% de lo que el gobierno del Ecuador recibió durante ese mismo periodo por concepto de renta petrolera que efectivamente ingresó al presupuesto fiscal (33.574,2 mil millones de dólares). Para que se tenga una idea de la importancia macroeconómica de las remesas de migrantes, durante ese mismo periodo, el Ecuador recibió apenas 8.524 millones de USD por Inversión Extranjera Directa. Esta relación puede apreciarse en el siguiente gráfico:

 

 

Las remesas de migrantes generalmente van a familias ubicadas en los estratos medios y medios pobres. Son personas en las cuales los porcentajes de intermediación financiera formal son más bajos y que tienden a realizar sus transacciones con liquidez y, de esta manera, contribuyen a generar mayor liquidez a su entorno inmediato. En ese sentido, las remesas son una inyección de liquidez monetaria continua y que, en virtud del denominado efecto multiplicador monetario, expande sus alcances en estos sectores (8). Entonces, es más probable que los envíos de remesas hayan contribuido de manera significativa a que los sectores medios y pobres tengan acceso a una fuente de liquidez monetaria continua en el tiempo, que les haya permitido cambiar su relación ingreso/gasto y, en consecuencia, incrementar su consumo monetario lo que les permitió superar las condiciones de pobreza, más que una supuesta redistribución de la renta extractiva o la política económica de los gobiernos del periodo 2000-2012. Con el fenómeno de las remesas quizá se haya cumplido el adagio de que, finalmente, son los pobres quienes salvan a los pobres.

 

La falacia del ahorro interno

 

Si la renta extractiva petrolera nunca financió de forma importante al sector social, tampoco contribuyó al financiamiento de las TMC, tampoco financió de manera fundamental la inversión pública, salvo en las carreteras de la iniciativa IIRSA, pero sí contribuyó en aproximadamente un 50% a financiar el subsidio a los combustibles para las clases medias, entonces cabe preguntarse: ¿qué hizo el gobierno ecuatoriano con los saldos de la renta extractiva petrolera?

 

La hipótesis más plausible es que el gobierno ecuatoriano, a pesar de todos los discursos en contra de los fondos de ahorro, y en contra del poder de los bancos extranjeros, finalmente guardó los saldos de la renta extractiva justamente en aquellos bancos extranjeros a los que cuestionaba por ser los causantes de la crisis norteamericana y europea. En efecto, es necesario indicar que la renta extractiva petrolera forma parte importante de las reservas monetarias internacionales del país y como tal de los depósitos monetarios en el exterior.

 

En el siguiente gráfico puede verse la constitución de la reserva monetaria y sus componentes más importantes, que en esquema de dolarización se denomina de libre disponibilidad (RILD) porque no cumple ninguna función macroeconómica, más que la de servir de cuenta de ahorro líquido:

 

 

 

El mes de marzo del año 2013, la RILD alcanzó un valor de 4.373,0 millones de USD, de éstos el 22,6% correspondieron a fondos provenientes de la renta extractiva petrolera y, de hecho, fueron el rubro más representativo de toda la RILD. Lo que es paradójico y curioso es el hecho de que el gobierno de la Revolución Ciudadana ha denostado contra todo el sistema financiero privado por mantener sus depósitos en el exterior como una forma de protección a sus flujos de caja, y los ha acusado de conspirar contra el desarrollo nacional. Con base a la argumentación de que el sistema financiero privado debe repatriar sus depósitos en el exterior y ponerlos en función del financiamiento a las prioridades nacionales, el gobierno ecuatoriano ha aprobado varias leyes tributarias y financieras para tener mayor control sobre los bancos privados; sin embargo, es el mismo gobierno ecuatoriano el que ha mantenido siempre una importante cantidad de divisas depositadas en bancos del exterior. En efecto, desde el año 2007 hasta abril del año 2013, el régimen ecuatoriano siempre tuvo un promedio de 3.000 millones de USD en RILD, esto es, depósitos en cuentas extranjeras de divisas nacionales que bien pudieron haber sido utilizadas para financiar el desarrollo.

 

En el siguiente gráfico puede verse la relación entre la renta extractiva petrolera y la RILD. Esta relación significa que mientras más recursos tiene el Ecuador por exportaciones de petróleo crudo, más recursos tiene la RILD y, en consecuencia, más divisas son expatriadas del país:

 

 

 Como puede apreciarse, los movimientos de la RILD siguen de cerca a los recursos de la renta extractiva. Esto quiere decir que la renta extractiva nunca estuvo relacionada con el financiamiento al desarrollo nacional, al menos en su integridad, sino que estuvo relacionada con los mercados internacionales de capital, los mismos mercados de capital que han sido cuestionados por el gobierno ecuatoriano de especular sin consideración alguna con las necesidades de sus respectivas sociedades. En el siguiente gráfico puede verse la forma por la cual el gobierno mantuvo cuentas a la vista e inversiones financieras en el exterior:

 

 

 

 

 La renta extractiva no contribuyó a financiar el desarrollo en el Ecuador pero sí contribuyó a fortalecer, aunque sea de manera marginal, los flujos financieros del capitalismo especulativo. La renta extractiva, por el mecanismo de las reservas internacionales se vinculó directamente a los circuitos especulativos mundiales y ayudó a fortalecerlos.

 

Puede apreciarse que los picos más altos de depósitos e inversiones en el exterior de la RILD, corresponden a los picos más altos de la renta extractiva petrolera. Si esta renta extractiva hubiese estado destinada a financiar el desarrollo nacional así como la redistribución del ingreso, entonces el comportamiento de la RILD habría sido diferente. Pero la correspondencia casi perfecta entre los flujos de depósitos e inversiones en bancos extranjeros de la RILD con la renta extractiva petrolera, conduce a afirmar que los recursos del petróleo nunca fueron utilizados de forma prioritaria para el financiamiento del desarrollo, y que su supuesta vinculación corresponde más a la ideología del discurso extractivista que a la realidad.

 

La renta extractiva, en consecuencia, fortaleció la fuga de capitales auspiciada por un gobierno que no tenía problema alguno en enunciar un discurso contrario. Se vinculó a los circuitos internacionales de la especulación financiera, en un ambiente político de crítica a esa especulación financiera por la crisis económica que provocó. Los saldos de la renta extractiva petrolera fortalecieron la reserva internacional de libre disponibilidad (RILD), en consecuencia, nunca estuvieron relacionadas con el ahorro interno.

 

La renta extractiva minera: ¿tanto para tan poco?

 

En el Ecuador no existe la minería metálica abierta a gran escala y en producción industrial. La minería metálica que existe es de socavón y de pequeña y hasta mediana escala, amén de la minería no metálica. De aprobarse y llevarse a la práctica las concesiones mineras aprobadas por el gobierno de Rafael Correa, sería la primera vez que el Ecuador experimentaría con la minería metálica abierta a gran escala. Los proyectos mineros más importantes son: Mirador, Fruta del Norte, Panantza San Carlos, Río Blanco y Quimsacocha. En algunos proyectos mineros el tratamiento y depuración del mineral no se lo hace en Ecuador, lo que disminuye el valor de la renta minera. De acuerdo al precio del mineral, y a las expectativas de producción, el escenario de regalías y rentas mineras que el gobierno ecuatoriano espera obtener de estos megaproyectos mineros alcanza a los 800 millones de dólares anuales. El gobierno ecuatoriano espera obtener recursos adicionales por el cobro de impuestos, sobre todo indirectos, y espera incrementar sus posiciones de divisas en balanza de pagos.

 

Sin embargo el escenario inicial, al parecer, tendrá que ser modificado de manera importante. Para el primer semestre del año 2013 era evidente que el ciclo de los commodities estaba declinando: la plata había caído en un 23%, el cobre en un 12%, el oro el 17%, el hierro el 50%, y el petróleo se había estancado en menos de 100 USD el barril, entre otros. Comparados con los precios del año 2008, la mayor parte de los commodities, entre ellos los productos mineros metálicos, están a una tercera parte de su valor de ese año.

 

Las señales de declive provienen de la debilidad del crecimiento de la economía china y de las apuestas especulativas de la economía financiera que utiliza los precios de los commodities como precios ancla para derivados financieros complejos (como los futuros o los swaps). En un escenario de paulatino declive del precio de los commodities, el gobierno ecuatoriano podría recibir una cantidad menor como parte de regalías de la industria minera. El escenario de 800 millones por renta extractiva minera tendrá que ser revisado a la baja. Precisamente porque el mercado mundial de commodities entre en una fase descendente las empresas mineras propusieron al gobierno ecuatoriano una serie de cambios en los contratos mineros, sobre todo en precios de referencia para regalías de tal manera que a pesar de los bajos precios las empresas mineras puedan obtener importantes rendimientos; demás está decir que el gobierno ecuatoriano hizo suyo el requerimiento de las empresas mineras y aprobó todas sus demandas.

 

Ahora bien, como todo proceso extractivo, la minería a gran escala no crea empleo sino que lo destruye. Tampoco incrementa la inversión productiva interna sino que la desplaza. En cambio, el costo ambiental de esos proyectos mineros es enorme. Si se añade el esquema institucional del gasto fiscal en virtud del cual la Constitución ecuatoriana prohíbe que el ingreso extraordinario, como sería en este caso la renta minera, financie gasto permanente, entonces la renta minera no puede financiar ningún gasto social.

 

En el siguiente cuadro se muestran los principales proyectos de minería a gran escala en Ecuador que tiene previsto desarrollar en estos años:

 

 

La minería acentúa el proceso de reprimarización de la economía, pero más allá de eso permite la vinculación de los territorios a la especulación financiera mundial. Un evento significativo fue la compra de los derechos mineros por parte de la empresa Kinross en el año 2008, el mismo año en el que el Ecuador discutía y aprobaba un nuevo texto Constitucional en el que se hacía referencia a los nuevos derechos y a la defensa de la soberanía nacional. Mientras la sociedad discutía esos temas, las empresas mineras transaban en los mercados financieros, los derechos de participación minera sin haber llevado adelante la más mínima inversión ni haber extraído absolutamente nada y cuando estaba por definirse, precisamente, la Ley Minera y la nueva Constitución. En esa negociación Aurelian Cooper vendió sus derechos mineros en Ecuador por 960 millones de dólares a Kinross. El Estado y la sociedad ecuatoriana, a pesar de sus múltiples referencias a la soberanía nacional, se enteraron de estas negociaciones por informaciones de prensa.

 

En la minería lo que interesa no es tanto el mineral cuanto la condición de posibilidad de vincularlo a la emisión de productos financieros complejos. No importa que el mineral haya sido o no extraído, sino que pueda constar en el juego especulativo mundial. De hecho, la emisión de productos derivados financieros sobre commodities para el junio del año 2012 alcanzó la cifra de 2.9 billones de dólares (BIS: 2012) . Los derivados financieros sobre commodities no significan su extracción real, ni su movimiento físico, sino las apreciaciones de mercado, las expectativas y su rol de colateral para otras inversiones especulativas. Al incorporar la minería a gran escala al desarrollo nacional, como lo establece el Plan Nacional del Buen Vivir de Alianza País (Senplades, 2009), el Ecuador se está vinculando de hecho con los mercados financieros especulativos mundiales.

 

El discurso estratégico del extractivismo

 

El discurso extractivista del gobierno ecuatoriano ha vinculado la renta extractiva con el crecimiento económico, la diversificación productiva, la redistribución del ingreso, la política pública en el ámbito social, y la disminución de la pobreza a través de un discurso político que se expande y consolida gracias a un considerable aparato de propaganda gubernamental. Ahora bien, los datos nos muestran que nunca existió aquello que Gudynas denomina el neo-extractivismo progresista, al menos en el caso del Ecuador. La recuperación del papel del Estado es una cuestión de geopolítica para ampliar la frontera extractiva y poder garantizar la seguridad jurídica a los inversionistas criminalizando a sus sociedades y no tiene nada que ver con una visión "progresista" de la política y menos aún de izquierda. La legitimidad de la renta extractiva por la vía de los planes de asistencia social nunca existió. Tampoco existió el financiamiento al desarrollo desde la renta extractiva.

 

Todo lo contrario, la renta extractiva creó un comportamiento estratégico con las clases medias a las que convirtió en cómplices y fracturó las solidaridades entre las ciudades y los territorios sometidos a la violencia extractiva. La renta extractiva creó una burbuja de consumo que destruyó la producción nacional porque se sustentó en la importación de bienes de consumo. La renta extractiva amplió aún más la frontera extractiva incorporando nuevos territorios y recursos a sus dinámicas. La renta extractiva nada tiene que ver con las Transferencias Monetarias Condicionadas, pero sí tiene que ver con la especulación financiera internacional.

 

La renta extractiva fracturó a la sociedad ecuatoriana porque al convertir en cómplices a las clases medias creó un comportamiento estratégico con éstas porque consideran que el ambiente de estabilidad política sumada a la estabilidad económica producida por la dolarización y una política económica que liberaliza la economía al mismo tiempo que le inyecta más liquidez, son un escenario que no debería ser cambiado en absoluto, de ahí su adhesión al proyecto político del gobierno ecuatoriano de la Revolución Ciudadana. Si bien están preocupadas por las consecuencias ambientales que puede provocar el extractivismo al final consideran que se trata de un costo inevitable para el desarrollo.

 

De su parte los sectores más pobres también adscriben a esa visión porque, además, son parte de una estrategia de intervención directa por parte de la TMC, y consideran que en algún momento ellos también pueden pertencer a esa anhelada clase media. Estas percepciones han logrado fracturar la solidaridad que podría existir entre los sectores urbanos y los pobladores del sector rural que sufren directamente las consecuencias de las políticas extractivas. Las ciudades y centros urbanos se convierten en los aliados políticos y sociales que el extractivismo necesita. En virtud de que es en las ciudades en donde se concentra la mayor parte de la población y que ésta de alguna manera converge hacia la necesidad de las rentas extractivas, se produce un consenso social sobre el extractivismo como un mal necesario para el desarrollo pero inevitable si se quiere salir de la pobreza.

 

Esto genera lo que M. Svampa denominaría el "Consenso de los Commodities" (Svampa: 2013), es decir, el consenso social que permite la ampliación de la frontera extractiva porque se la considera fundamental para el crecimiento, la estabilidad, la redistribución y la lucha contra la pobreza.

 

En el "Consenso de los Commodities", los pobladores que resisten, luchan y se oponen al extractivismo generalmente están solos. Sus demandas son la voz que se pierde en el desierto de lo real. Oponerse al extractivismo, en esta estrategia mediática y política, aparece como oponerse al crecimiento, al desarrollo, al bienestar social. En las ciudades y centros urbanos, los ruidos de la violencia extractiva se ahogan en el consumo frenético y voraz de las clases medias. Los centros comerciales proliferan y cercan a las personas. Un cerco en el cual los centros comerciales cumplen el rol de los no-lugares, es decir, espacios transnacionalizados de consumo y fetichismo que permiten el olvido de la historia inmediata. Ese cerco es funcional al extractivismo. El régimen político puede construir otro cerco de violencia y represión sobre los pobladores que resisten al extractivismo sin que esto genere el más mínimo reclamo o inquietud en las ciudades y centros urbanos.

 

Empero, lo más paradójico e irónico es que hace más de cuarenta años, en un texto ya clásico: Las Venas Abiertas de América Latina, Eduardo Galeano ya refutó el discurso del "mendigo sentado en el saco de oro", y lo demostró como una falacia. Quizá por ello Marx tenía razón en decir que la historia se repite una vez como tragedia y otra como farsa. El discurso del mendigo sentado en el saco de oro es la farsa ideológica de la violencia extractiva que pretende clausurar la historia con una pueril propuesta de Revolución Ciudadana para evitar, precisamente, transformarla.

 


 

Notas

[1] Por razones analíticas se excluyen los ingresos por otro tipo de impuestos, por ventas de servicios y regalías, por aranceles, impuestos a las transacciones al exterior, y por deuda pública.

[1] En realidad el Art. 286 de la Constitución ecuatoriana del año 2008 recoge y expone un largo proceso de intervención por parte del FMI y del Banco Mundial sobre el presupuesto público. Ese proceso inició el año de 1983 con la Ley de Presupuestos, y tiene su epítome con la Ley Orgánica de Responsabilidad, Estabilización y Transparencia Fiscal, aprobada a fines del año 2002 y que establece varias reglas macrofiscales al tenor de las recomendaciones del FMI; una de esas reglas macrofiscales es, precisamente, la vinculación del gasto permanente (salud y educación) con ingresos permantente (impuestos directos e indirectos), recogida por la Constitución de 2008.

[1] Ministerio de Finanzas, Boletín de Ejecución Presupuestaria, No. 05, enero-marzo 2012.

[1] En un estudio realizado a inicios del año 2013, la Encuesta Nacional de Economía Familiar, demostraba que la burbuja de consumo había crecido tanto que el 41% de los hogares de la clase media ecuatoriana estaban sobreendeudados. Cfr. www.inec.gob.ec

 

[1] En el siguiente cuadro puede verse la inversión en proyectos eléctricos del Estado ecuatoriano en el año 2012, que suman un total de 678 millones de USD. Todos estos proyectos fueron financiados con crédito bilateral.

PROYECTO HIDROELECTRICO COCA CODO SINCLAIR

383,74 millones de USD

PROYECTO HIDROELECTRICO SOPLADORA

182,44 millones de USD

PROYECTO HIDROELECTRICO DELSITANISAGUA

20,84 millones de USD

CONSTRUCCION PROYECTO HIDROELECTRICO MINAS‐SAN FRANCISCO

91 millones de USD

Fuente: Ministerio de Finanzas, Boletín de Ejecución Presupuestaria, No. 05, enero-marzo 2012.

[1] Diseñada desde EEUU por el BID y el Departamento de Estado de EEUU en los años cincuenta del siglo XX, la Iniciativa IIRSA nació oficialmente en la cumbre de presidentes de la región en la ciudad de Brasilia en el año 2000, y tenía el propósito de convertirse en la base física para los acuerdos de integración comercial de la región con EEUU (el ALCA). La Iniciativa IIRSA integra diez ejes para la integración del transporte multimodal por toda la región sudamericana. Los ejes no tienen ninguna coincidencia con las fronteras de ningún país, sino que están diseñados en función de la geografía de los recursos naturales y su relación con los ríos principales de la región que, de acuerdo a la Iniciativa IIRSA, serán convertidos en autopistas fluviales.

[1] Dentro de los procesos de convergencia normativa de la Iniciativa IIRSA, el gobierno del Ecuador armonizó sus leyes territoriales y productivas con la Iniciativa IIRSA, como por ejemplo el Código Orgánico de Ordenamiento Territorial Descentralizado, (COOTAD, 2010); y el Código Orgánico de la Producción, Comercio e Inversiones, 2010.

[1] El Banco Central del Ecuador ha calculado, a fines del año 2012, el multiplicador monetario para el dinero que circula en especies monetarias en 1.5, esto significa que el alcance que tendrían las remesas de migrantes sería un 50% mayor a los montos registrados.

[1] De los cuales, 0.52 billones de USD fueron derivados sobre el Oro, 2.4 billones de USD se emitieron en derivados para “otros commodities”, 1.6 billones se emitieron en forwards y swaps de commodities, y 0,81 billones de USD se emitieron en options, BIS, 2012.


 



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