Articulos de la semana

Articulos de la semana (161)

Fabio Mejía Botero, "Águila libertadora", fotografía (Cortesía del autor)

Toda época de cambio, como la que va entre el declive de un imperio y el ascenso de otro, somete a la humanidad de la época, sobre todo a los países que están circunscritos al área de influencia de las potencias, a un período de desorden e incertidumbre.


No es extraño que así suceda, mucho más cuando el imperio que decae se resiste a morir, desplegando todo tipo de medidas para conservar sus poderes, privilegios y beneficios en todas las áreas y en todos los planos, tanto locales y regionales como globales. Sucedió así en el siglo XVIII con Inglaterra, hasta cuando consolidó su dominio global, para lo cual, además de su imposición por la vía de la fuerza, también resultó fundamental su apropiación e impulso de la primera revolución industrial. Además de dar cuenta de Francia, su enemigo de varias centurias, lo hizo del régimen de producción feudal, prolongado en Europa por varios siglos.


Ocurre de manera similar en los albores del siglo XX, en este caso ante la agonía-muerte del imperio inglés, a la par del entierro de los restos del Imperio Otomano y el ascenso de los Estados Unidos, desenlace en el cual fue igualmente importante la apropiación que logra de la segunda revolución industrial, en disputa también con Alemania. En este caso no muere ningún régimen de producción; por el contrario, se potencia el dominante entrado en la fase imperialista.


Pese a características que les son comunes, las circunstancias que hoy vivimos trazan distancia con las que marcaron el progreso-muerte de poderes globales entre el siglo XVIII y comienzos del XX. Es así porque el mapa mundial va cambiando con el ascenso y el desarrollo del capitalismo, pasando de dominar unas áreas del mundo hasta integrar todos los territorios a su campo de influencia y su control.


Ocurre que durante el siglo XVIII, para el capitalismo, el mundo era en lo esencial Europa y Asia, y por tanto los efectos de las disputas entre imperios se extendían y afectaban de manera especial a todo lo incluido en esas coordenadas. Débil coletazo llegaba a Nuestra América, Oceanía y África. Y aunque esa era la nota primordial, los efectos de la invasión napoleónica a España, en un último esfuerzo del Imperio Francés por controlar Europa, disparó la crisis de la Corona ibérica, lo que alimentó contradicciones en su interior y despertó desobediencias en sus fuerzas militares, todo lo cual contribuyó a que fuera coronada la causa de la independencia latinoamericana.


No bastan buenas razones


En esta lucha entre el imperio que muere y el que nace, en medio de la disputa por conservar o ganar el poder global de su época (mediados del siglo XVIII), como es conocido, el Imperio Español mordió el polvo, lo que no se da por fuera de la confrontación militar, extendida por diferentes flancos y en distintos años de aquel período histórico e incluso antes. Con todo ello podemos decir, como lo refrenda la experiencia, que las buenas razones y hasta las evidencias son insuficientes para que un poder u otro acepten su declive y cedan el paso a las nuevas fuerzas que toman su lugar. En otros tiempos, tanto Roma como el imperio Persa se habían resistido ante la evidencia. La iglesia católica misma, en su hegemonía imperial de varios siglos, también es muestra de ello.


Como parte de este mismo devenir histórico, en medio de la creciente del poder inglés, una vez enterrado el modo de producción feudal y derrotada de manera plena la monarquía con la revolución de 1848, otro tipo de confrontaciones, en este caso sociales, toma cuerpo, protagonizada por las dos clases que desde entonces e incluso hasta nuestros días marcarán el mundo. Alzamientos sociales, masacres de inconformes, revoluciones triunfantes unas y derrotadas otras, así como una extensa y amplia disputa por derechos de diverso tipo, toman forma como parte de esta confrontación.


Son dinámicas y lecciones de la historia que no podemos desconocer al valorar las tendencias de todo orden que caracterizan el año y la década en que entramos con el 2020. Es un período de la historia marcado de manera fuerte por la crisis/descenso del imperio estadounidense y el avistamiento en el horizonte del que pudiera sucederlo. Ese descenso/ascenso –que posee sus particularidades con respecto a las experiencias retomadas, entre ellas que ahora no solo está en declive el imperio hegemónico desde hace un siglo sino igualmente en crisis el sistema capitalista todo– sume al mundo en desorden y caos global, con manifestaciones de ello en ambiente, economía, demografía, agricultura, ordenamientos urbanos y sistema financiero.


Tenemos ante nosotros, entonces, una doble transición: por el dominio global, el cual, como todo lo indica, ya no será más unipolar sino multipolar, y por el sistema de producción. Y la disputa no será corta, como tampoco lo fue en la mayoría de las experiencias conocidas, sino que se tomará varias décadas, cinco o más en el peor de los casos.


En la particularidad del sistema de producción que tomará forma en medio del declive-crisis capitalista, todavía ninguno de los países y sus clases lidera una opción viable: solo son variantes más verdes, más rosadas, del capitalismo. Paralelo a ello, desde diversidad de sectores alternos, proyecta sus luces una opción-expectativa poscapitalista, pero aún sin alcanzar fuerza suficiente para materializarse.


Resistiendo a la confrontación bélica que implica ser vencidos, los Estados Unidos esgrimen sus defensas y como parte de ello potencian una nueva carrera militar, dotándose para la misma de un presupuesto fiscal para el año 2020 –que empezó en octubre de 2019– que ningún otro país tiene ni de cerca: 738 mil millones de dólares, ampliando, además, sus fuerzas militares con un nuevo cuerpo, el Espacial, acorde con la realidad desatada por la tercera y la cuarta revolución industrial, la colonización en curso desde décadas atrás de la órbita espacial por centenares de satélites, el despliegue de escudos antimisiles como contención de cohetería de todo tipo, en especial aquella con capacidad para transportar ojivas nucleares, así como por la pretensión humana de colonizar uno o varios planetas, a la manera de mecanismo para conservar la vida y prolongar su dominio en caso de una hecatombe nuclear, y como efecto de la propia crisis ambiental, en toda su ampliación, que afecta y ahondará su impacto al conjunto de la humanidad. Problemas de respiración, multiplicación de enfermedades de diverso tipo, abastecimiento de agua y otros anexos a la imposibilidad de llevar una vida en plenitud, harán parte de la misma. El afán de los multimillonarios de colonizar prontamente un lugar más allá de la Tierra no es fantasía (1).


Estamos ante una nueva carrera militar, en la cual unas potencias con menor presupuesto militar orientan el mismo hacia factores estratégicos que puedan equilibrar las cargas. De ahí las investigaciones en cohetería y armas en general con tecnología cuántica (2), a la par de transformar el poder ejecutivo de sus países, haciendo de los jefes de Estado verdaderos comandantes estratégicos de sus respectivos países, investidos de un poder tal, indicativo de que estamos en un período de preguerra, y que los esfuerzos de los imperios están dirigidos en especial a evitar que la contraparte se sienta segura de un triunfo rápido si opta por la confrontación abierta.


Vladimir Putin al frente de Rusia y Xi Jiping a la cabeza de China son muestra clara de las transformaciones vividas por el Ejecutivo en sus respectivos países. Jefes de Estado con poderes plenos, dirigiendo sus países por décadas, en realidad generales en jefe de los mismos, lo que permite explicar el momento histórico que vive la humanidad y la fuerte tendencia hacia una colisión fatal. Es una realidad de la cual no está lejos el Ejecutivo en Estados Unidos, donde el equilibrio de poderes empieza a resquebrajarse. El autoritarismo, como tendencia creciente, encuentra uno de sus soportes en esta realidad, y su fortalecimiento será cada vez más evidente. Mayor extracción de plusvalía a la fuerza de trabajo, para incrementar o recuperar por parte del capital la tasa de ganancia, simultáneamente con un mayor rigor en el control del mercado propio, o los ajenos bajo dominio, son otros de los factores que alimentan el giro autoritario que vive hoy el mundo y que irá en incremento en la nueva década que ahora marca el calendario.


Esa transición de imperio y de sistema de producción proyecta una colisión de poderes imperiales de la cual ningún país será ajeno, la que por el momento asume una confrontación de fuerzas a través de terceros países y en regiones allende sus propios territorios: Oriente Medio en general, como centro productor de la materia prima esencial del capitalismo, y poseedor de las mayores reservas de la misma –sumando al conjunto de sus países–, es el teatro de sus operaciones. Todo indica que la reorganización en que entrará este territorio llevará a que su control quede bajo el liderazgo de Rusia, que, con apoyo de China, impondrá allí sus reglas. El factor Israel deberá entrar en negociaciones que en alguna forma le darán aire al pueblo palestino.


Oriente Medio es un territorio de importancia estratégica para las dos potencias ahora aliadas en múltiples terrenos, forzadas a ello por el enemigo que comparten. Por un lado, Rusia requiere ampliar la zona de contención para dificultar cualquier ataque en contra suya, y, por el otro, China ha trazado por tal territorio una parte de la Ruta de la Seda, a la par de transitar por allí el petróleo que alimenta su industria y su funcionamiento en general. Israel, potencia nuclear regional y avanzada estadounidense, es el enemigo por controlar, y eso es posible materializarlo mediante diversidad de acuerdos que beneficien a las partes. Estados Unidos, de un lado, en medio de conflictos abiertos por doquier, tendrá que elegir entre concentrar más fuerzas y disputar de modo cada vez más abierto tal teatro de operaciones o redirigir sus fuerzas prioritariamente hacia el mar del sur de China, como esclusa para impedir la extensión/consolidación del poderío que ya ostenta la potencia asiática, obligando al imperio americano al abandono de esta parte del mundo, lo que aceleraría su declive (3).


Se trata de escenarios y tendencias de la geopolítica global que conservarán su vector actual o pudieran verse redimensionados por el resultado que arrojen los comicios presidenciales de noviembre próximo en Estados Unidos, coyuntura clave, tanto porque dirime por unos años más el grupo de poder al frente del imperio en descenso como porque con su resultado queda clara la trayectoria táctica y diplomática que señalarán su devenir en los siguientes cuatro años: operar cada vez más abiertamente, desestructurando toda la arquitectura que ellos mismos impusieron en los años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, lo que ya no es útil para sus intereses, o avanzar tras igual propósito de manera más o menos negociada con sus mejores aliados.


En este hipotético escenario, quienes sufren hasta ahora, y seguirán afectados a lo largo de esta nueva década por la decisión de los Estados Unidos de no ceder su trono sin oponer resistencia, está la Unión Europea, en un acuerdo de acción territorial mancomunada en diversidad de áreas, con beneficio de convivencia pacífica por décadas, que corre el riesgo cada vez más abierto de regresar al estadio que tenían antes de la década de los 80 del siglo XX, e incluso mucho más atrás. El triunfo del brexit en el Reino Unido así lo indica, y los factores nacionalistas en la diversidad de los países que integran la Unión señalan en tal dirección.


Por ahora, el Imperio se vale de los acuerdos posguerra mundial que le dan privilegios para extender sus tropas a lo largo y ancho de Europa, adelantar allí sus armas estratégicas y disponer esos territorios como avanzada para diferentes propósitos, en particular para maniobrar conjuntamente en caso de una confrontación de cualquier orden. La Otan es parte de este acuerdo. La sumisión del “viejo continente” ante las demandas y amenazas de quien hoy está al frente de la Casa Blanca facilita la concreción de los propósitos del Imperio e indica que esta parte del mundo, como un todo, quedará, en los años que vienen, cada vez más relegada en la disputa por el reparto mundial.


El 2020 y la década que nos lleva hacia los años 30 se mantendrán marcados, además, por fenómenos como las migraciones, en la cual diversos países de África y América Latina mantendrán la expulsión de sus poblaciones en procura de trabajo e ingresos seguros. La constante del desempleo es creciente. La reducción –allí donde lo hubo– del Estado de Bienestar y con ello la pérdida o minimización, cada vez más notoria, de los derechos humanos, relegados a simple letra muerta, testimonio de algo que por décadas logró cierta materialización como fruto del ascenso de la izquierda, en su direccionamiento y su estímulo a las luchas directas de diversidad de pueblos anhelantes de justicia, igualdad, paz, bienestar, solidaridad, descolonización, soberanía. La Guerra Fría, como parte de este fenómeno, también contribuyó a contener la implementación de medidas regresivas, abiertamente a favor del capital y en contra de los derechos humanos, pero, una vez diluida, la ofensiva del capital es contundente. Fueron unos logros a los que también contribuyó el ascenso al gobierno, en diversidad de países del Viejo continente, de sectores progresistas –socialdemocracia.


Los efectos de la aludida ofensiva connota abundancia de males para el conjunto de los habitantes de nuestro planeta, tanto por el ahondamiento constante de la desigualdad social y la concentración de los frutos del trabajo de millones de seres humanos en unos cuantos personajes (4), como por la disparada de una crisis climática que tiene en vilo el futuro de la humanidad.


Son aquellos unos males que solamente resultan contenibles por la sociedad global, desde la particularidad de sus países, pero logrando una sintonía de fuerza desde el alzamiento social global. Una contención, a partir de la conciencia por un presente que ya es futuro, que al mismo tiempo detenga la reducción de la democracia a su mínima expresión, simple formalidad (elecciones), como está sucediendo, haciendo de ella un campo de batalla para que en realidad sea participativa, directa, radical, plebiscitaria.


Otras muchas particularidades tienen luz propia y llamarán nuestra atención a lo largo del año 2020 y de la década que ahora empieza. La creciente desocupación del campo y el incesante crecimiento de las ciudades será una de ellas. Las presiones económicas y militares que recaen sobre sus pobladores, así como la ausencia o la debilidad de políticas gubernamentales, nacionales e internacionales, que incentiven su vida y su labor alrededor del agro, así como la conservación de las particularidades culturales que le son características, son parte de los motivos para que así suceda.


De la mano de su desocupación llegan la imposición y la ampliación de una economía agraria que está ligada al extractivismo latifundista, a partir de monocultivos sembrados en áreas que cubren cientos y miles de hectáreas. Es una producción agrícola, para uso humano, animal e industrial, soportada en muchos casos, y con tendencia creciente, en semillas ‘mejoradas’, modificadas genéticamente, que someten al campo y la naturaleza en general al envenenamiento que produce la cantidad de tóxicos con que deben ser fumigadas, a la reducción o la desaparición de la biodiversidad en todas sus manifestaciones, y a la humanidad en general a una alimentación cada vez menos diversa, insípida, baja en proteínas y vitaminas, proceso de siembra y transformación de granos y verduras cuyas consecuencias para la salud humana y animal en general aún no están claramente establecidas, pero que en el campo de la cultura gira hacia lo que algunos autores describen como su macdonalización.


Por su parte, la imparable urbanización del mundo seguirá incrementando problemáticas para la salud, derivadas del modelo de desarrollo imperante y de un transporte que ahoga las urbes en esmog y altos niveles de contaminación auditiva y visual. La reducción del tamaño de las viviendas, llevadas al extremo de parecer colmenas, su mala e ineficiente aireación, la ausencia de sol para gran cantidad de las mismas, la desaparición de espacios comunes en muchos barrios, etcétera, someten y someterán incesantemente a la humanidad a una deshumanización de sus centros de vivienda y trabajo, ahondando una crisis, la del urbanismo, que demanda replanteamiento en procura de recuperar la calidad de seres humanos que, como especie debemos conservar, alejándonos de la condición de seres-máquinas, tendencia que celebra el capital, en procura de mano de obra dócil, que no reclama ni se organiza para defender sus derechos.


El desempleo, la mala calidad en su remuneración, la informalidad laboral, la ofensiva neoliberal en un intento por extraer más renta de quienes venden su fuerza de trabajo (al reducir salarios vía eliminación de beneficios como primas y bonificaciones, cajas de compensación, horas extras, etcétera), son otras tantas aristas que conservarán su tendencia durante la década que abre su agenda.


Son tendencias y devenires en los cuales las mayorías de nuestras sociedades no debieran resignarse a ser actoras pasivas sino, como está sucediendo por estos meses, decidirse por un liderazgo desde el cual sacar a flote una opción de vida diferente de las dos planteadas en su contorno, que en el largo plazo son una misma.
El tiempo que ya corre y los años por venir nos indicarán con toda seguridad si así ha sucedido.

 

1. Elon Musk revela detalles de su proyecto de gran escala para colonizar Marte en 2050 con un millón de personas, https://www.desdeabajo.info/ciencia-y-tecnologia/item/38663-elon-musk-revela-detalles-de-su-proyecto-a-gran-escala-de-colonizar-marte-para-el-2050-con-un-millon-de-personas.html).
2. Esta tecnología impulsa cohetes a velocidades superiores 20 y más veces a las del sonido; radares con capacidad para detectar aviones y otras armas hasta ahora invisibles, criptografía de nueva generación, etcétera. https://www.technologyreview.es/s/10871/como-las-armas-cuanticas-cambiaran-las-guerras-del-futuro.
3. https://www.seguridadinternacional.es/?q=es/content/el-mar-del-sur-de-china-nodo-de-la-geopol%C3%ADtica-regional-y-mundial-del-siglo-xxi
4. “Tiempo para el cuidado. El trabajo de cuidados y la crisis global de desigualdad”, www.oxfam.org

 


 

América Latina, de cara a la inestabilidad política

 

De regreso al pasado. La nota típica de América Latina durante los años 50-80 del siglo XX eran los golpes de Estado, tantos que parecía que vivíamos en una región de ficción. En esos golpes, los militares eran los actores que se destacaban, ya que asumían la misión encomendada por el gobierno de los Estados Unidos, así como de los poderes civiles detrás del golpismo, verdaderos beneficiados, unos y otros, de cada cuartelazo.


Transcurridas varias décadas de aquella inestabilidad política, de aquella lucha abierta por el control del poder en la diversidad de nuestros países, de violencia institucional desenfrenada que dejaba en harapos los derechos humanos, cuando se había ganado cierta normalidad y existía un aire de una mayor redistribución de la riqueza nacional, sin afectar la estructura de clases, la concentración de la riqueza y la propiedad de los más ricos, el camino del golpismo retoma su lugar, en este caso sin aparecer los militares, a no ser de manera muy episódica, ahora reemplazados por jueces o altos funcionarios del gobierno descabezado.


Sin duda, los tiempos cambian y de su mano las formas de la política gubernamental, nacional e internacional. Así, como prolongación de las nuevas formas asumidas por el golpismo, en los años que nos llevarán al 2030, y como parte de la decisión de Estados Unidos de conservar/recuperar su control total sobre la región, seguirán estando presentes los golpes de Estado suaves, y como parte de estos el golpismo judicial, unos y otros en defensa supuesta de la ‘democracia’.


Como parte de esta realidad, de la violencia sin reparos ni miramientos, típica del golpismo de los gorilas, pasamos a la prevalencia de las apariencias y al ejercicio de una violencia con foco cerrado y formas ‘democráticas’. Así lo permite concluir Brasil, pero también Bolivia, los dos últimos países que padecieron las nuevas formas del intervencionismo estadounidense. Para el caso de Bolivia, el próximo 3 de mayo, en caso de no quedar espacio para una segunda vuelta presidencial, quedará sellado el golpe de Estado que se fraguó el 10 de noviembre pasado, bien en dirección golpista, bien dándoles, de nuevo, espacio a los sectores progresistas.


En los ojos del águila, celosa de la presencia de Rusia, China e Irán en la región, están Venezuela y Nicaragua; Cuba, la cereza del pastel, continuará como propósito máximo del intervencionismo del imperio. Las reformas de todo orden que la isla caribeña afronta, como medida urgente para superar las limitaciones de un modelo de Estado y social agotado, indicarán si esta experiencia de soberanía y dignidad logra un segundo aire, el que impediría que la inconformidad interna lo subvierta.


Marcará esta década, a ambos lados de la cadena, la inestabilidad política o la crisis permanente de gobernabilidad, de manera que quien controle las riendas del gobierno deberá enfrentar, por el lado del status quo, la protesta social que demanda punto final para el neoliberalismo y todo lo que le es preciado. Por el lado progresista, su incapacidad para potenciar un modelo económico alterno y su persistencia con proyectos extractivistas, que le generan alejameniento de los pobladores del campo, como de sectores urbanos que luchan por la preservación de la naturaleza. Sin flujo económico suficiente para implementar políticas redistributivas diferentes a las ya existentes, es poco lo que el progresismo puede ofrecerle a la sociedad.


Estamos ante un escenario en el cual entrarán a jugar, de manera cada vez más abierta, los narcotraficantes, ahora actuando como mafias que controlan territorios y someten a quienes los habitan, propiciando desplazamientos de todo tipo, usurpando tierras, acometiendo proyectos extractivistas, es decir, actuando como también lo hacen los propietarios del sector industrial, comercial y financiero. Ahora, y de manera cada vez más clara, el narco estará integrado al sistema y la clase que lo controla.


En este marco complejo de luchas sociales permanentes, indígenas y mujeres estarán a la cabeza, ampliando derechos. Los pueblos originarios mantendrán su constante en procura de la tierra necesaria para vivir, y alrededor de ella en defensa de la biodiversidad y el equilibrio ambiental. Entre estos pueblos, los organizados como zapatistas saldrán de nuevo a confrontar a nivel nacional y de manera directa al gobierno, buscando bloquear megaproyectos el Tren Maya y otros que rompen sus territorios. Las mujeres, por su parte, emplazarán de manera cada vez más intensa a la sociedad, en pos de igualdad efectiva y cese a la violencia contra sus cuerpos.


Ni una ni otra serán luchas fáciles ni lineales. Serán complejas, arduas, y sortearán flujos de distinto tipo al tener que enfrentar la reacción creciente de los sectores más tradicionales de la sociedad. En todo caso, la experiencia ganada hasta ahora por indígenas, como por movimientos feministas, permiten augurar que en esta década consolidarán posiciones y más apoyo social.


A la actual dinámica no escapa Colombia, donde las hegemonías que la sometieron por tantos años al exterminio muestran fracturas, debido de manera preponderante a las contradicciones al interior de los sectores dominantes y al intento de reagrupación de los sectores marginados. Sin una agenda particular de estos últimos, sin proyecto propio, poco podrán esperar del desenlace de la disputa interburguesa, cuyo resultado prolongará el dominio de la tradición o abrirá nuevos surcos para el modernizante, pero sin cambiar la esencia del establecimiento.

 


 

 

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Diego Quintero, sin título (Cortesía del autor)

En diciembre del 2019 fue entregado el texto oficial de la llamada “Misión Internacional de Sabios 2019 por la educación, la ciencia, la tecnología y la innovación”, nombrada por el gobierno de Iván Duque para elaborar el texto guía fundamental para la política nacional en los cuatro temas; todo enmarcado en la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología. Nos concentramos aquí en el documento mismo (1). El texto de recomendaciones se llama: “Colombia hacia una sociedad del conocimiento”.

 

“Desatención”, “desinterés”, “incomprensión”. Desde siempre, estas y otras realidades describen la real atención que recibe la ciencia en Colombia. El exiguo presupuesto que nunca superó el 0.3 por ciento del PIB, y el último lugar en inversiones en la política estatal que por años han merecido los institutos que la han tenido a su cargo da cuenta de ello.


Es una “incomprensión” que resume el carácter de la clase social y política que por décadas –que suman siglos– ha controlado el poder en Colombia, cuando la verdad es que este es un país con todo el potencial para liderar o integrar en la región proyectos de punta, en todos los órdenes. Proyectos de investigación que en su base demandan una comprensión científica del entorno natural de su ser territorial. No es solamente la abundancia de ríos, selvas, bosques, la variedad de climas y mares, sino también su biosfera y otras partes que hacen de Colombia uno de los países mejor dotados entre los casi dos centenares que integran la comunidad internacional.


Se trata de toda una realidad y un potencial natural que sobrepasa la mentalidad rentista que desde siempre ha imperado en estas tierras. Ni curiosidad, ni sentido crítico, ni amor por el aprendizaje, ni estímulo al debate abierto, sin dogmas ni prejuicios, nada de esto está registrado en la historia del país, un signo innegable del carácter de quienes han determinado el destino padecido hasta la fecha por quienes habitan esta puerta de entrada y/o salida de Suramérica. Por el contrario, lo que ha predominado son verdades eternas, rezos, escolástica, exclusión del crítico y del curioso, estigmatización del saber.


No es casual, por tanto, que a pesar de todas las potencialidades que tenemos para la construcción de un proyecto potente de ciencia, Colombia no aparezca en los registros internacionales en este campo. De ahí que al llegar hace poco a la Ocde, a esa organización que dicen “de las buenas prácticas” los gobernantes tengan que romper con el pasado y así sea formalmente, como parece ser hasta ahora, lleven al país hacia la investigación, para lo cual darle estatuto de ministerio a la instancia encargada de tal reto aparece como un impostergable.


Nos encontramos, por tanto, más allá del deseo de Duque y de quienes lo rodean, ante una exigencia externa. Y el paso incial para cumplir con la demanda es diagnósticar y proyectar, para lo cual, retomando pasos ya andados, se constituye una nueva “Misión de sabios”, en este caso con participación internacional. Ahora bien, ¿qué documento produjo la Misión? ¿Qué esperar de su resultado?


El espíritu del documento


Cuarenta y seis comisionados elaboraron el documento finalmente entregado al Gobierno, con el apoyo de un amplio equipo técnico, con la participación de algunas de las más importantes universidades, grupos de investigación, semilleros, academias, profesores, investigadores, gestores del conocimiento, ministerios y entidades públicas, algunos organismos multilaterales con sede en Colombia, diferentes escuelas, y algunos organismos privados y de consultoría, notablemente.


El lenguaje del texto es claro, su redacción no se presta para ambigüedades ni ambivalencias, y en numerosos pasajes está soportado por algunas fuentes de datos y publicaciones. Al fin y al cabo, se trató de un trabajo que se discutió y elaboró en alrededor de seis meses. Es evidente un espíritu muy técnico, poco político y crítico, altamente propositivo y muy bien intencionado, y mesurado en el lenguaje y las expresiones, con muy pocos adjetivos y adverbios, a menos que fueran exaltantes o sugestivos.


Fueron, sin lugar a dudas, seis meses de trabajo, pero también de mucha presión sobre los comisionados, por parte del gobierno, como es suficientemente conocido.


Algunos de los verbos que más se repiten en el texto, son “diseñar”, “construir”, “proponer”, “pensar”, “programar”, todo lo cual se ajusta a los compromisos adquiridos y al carácter técnico del documento. Al fin y al cabo, desde Durkheim y Weber es un lugar común distinguir dos cosas: al político y al técnico. Esta distinción le sienta muy bien al espíritu del capitalismo, para plantear que una cosa son los “tomadores de decisión” (= políticos, banqueros, militares, etc.), y otra muy distinta los “asesores, técnicos y consultores”. Algo que merece, por decir lo menos, una segunda reflexión. En la historia de Colombia los académicos y científicos jamás han sido considerados como tomadores de decisión. Sus propuestas tienen carácter meramente consultivo, y nunca vinculatorio. Algo sucede, y sigue sucediendo en la historia del país.


Específicamente, en los marco de la sociedad de la información, de la sociedad del conocimiento y de la sociedad de redes (2) la distinción establecida por Weber, y todavía vigente, es vetusta y peligrosa. El ejemplo más palpable son los populismos, por ejemplo, de Trump, Macri, Piñeras, Bolsonaro –y el subsiguiente negacionismo, notablemente, del cambio climático, y otros temas sensibles que son inmediatamente del relevo del trabajo con datos, información, y conocimiento– es decir, ciencia.


La letra del documento


La tradición medieval sostenía que “la letra con sangre entra”. Esta idea puede tener por lo menos dos interpretaciones. Una, es que la gente no aprende sino de malas maneras, con presiones y fuerza, bajo sometimiento y adoctrinamiento, en fin, con miedo y mucha disciplina. La otra es que las cosas se aprenden, tarde o temprano, a través de mucho esfuerzo, sudor y sufrimiento. Como se aprecia, no hay mucha distancia entre una y otra cosa. Pues bien, Colombia hacia una sociedad del conocimiento, se plantea en el marco explícito de los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS), los cuales son mencionados y subrayados a todo lo largo del informe. Así, los temas de desarrollo, conocimiento, innovación y competitividad dan por supuesto, aceptan sin más, y se apoyan en los (ODS), un tema que merece una consideración propia, en otro lugar. Como quiera que sea, la base es: el sistema de libre mercado debe poder desarrollarse y crecer en términos de sostenibilidad. Hay que decir, de pasada, que los (ODS) dejan absolutamente intacta la función de producción, y no hay ni una sola palabra al respecto.


Análogamente a como los acuerdos de la paz en La Habana entre el Gobierno y las Farc dejaron incólume el modelo económico, asimismo, el Informe de 2019 no se ocupa, absolutamente para nada, de la función de producción. En una palabra: se trata de educación, ciencia, tecnología e innovación para la afirmación y el desarrollo de la economía de libre mercado; punto. Con todo y las estructuras cognitivas que implica, con las formas y estilos de vida que conllevan, en fin, con las finalidades e intenciones conocidas.


Los focos escogidos están bien justificados, con básicamente, una doble argumentación: de un lado, el número de grupos de investigación en el país. Esto es, si cabe, la capacidad instalada. Y de otra parte, también, los marcos de la Ocde, que son al fin y al cabo, los que regulan hoy y hacia futuro las políticas públicas en Colombia.


En fin, un buen número de las propuestas del Informe de 2019 son las mismas que las del Informe de 1994; al fin y al cabo, las propuestas de Colombia al filo de la oportunidad no fueron jamás atendidas o en el mejor de los casos sólo parcialmente.


La historia, la memoria, Clío: esa ciencia políticamente incorrecta.


Es clara la mención de que sin ciencia no puede haber desarrollo humano. En varios lugares se hacen comparaciones con Irlanda y con Corea del Sur, por ejemplo, y se afirma explícitamente que los más sensibles problemas de crecimiento y desarrollo humano no pueden ser superados sin una política fuerte, amplia y con raíces de educación y ciencia. Eso lo sabemos los académicos y científicos, pero ¿y los políticos, financistas y banqueros? Como profesores, bien podemos apelar a la necesidad de una evaluación (quiz, examen, exposición, etc.), de los dirigentes nacionales sobre este informe, como diciendo: “muchachos, aquí está el informe. Léanlo. En 15 días habrá un control de lectura”. Algo semejante valdría para entrar en alguna de las numerosas listas negras que circulan. El tiempo lo dirá: si los miembros del gobierno de Duque: a) leyeron; b) y si leyeron, entendieron, el Informe. El tiempo es un juez implacable.


Las políticas de conocimiento son exactamente políticas de vida; sin metáforas. Sólo que la vida es un juego que se juega a largo plazo. Pensar la vida significa exactamente pensar a largo plazo, algo que las políticas públicas desconocen por completo, específicamente en la historia del país. Así, el texto oscila entre llamados a largo plazo, y propuestas inmediatas, que tienen una ventana máxima de 5 años. Esta fluctuación es, sin duda, el resultado del balance entre deseos y conocimiento de un lado, y compromisos e información con datos, de otra parte.


De manera significativa, en varios lugares el Informe pone el dedo en la necesidad y la importancia de enfoques y de políticas transdisciplinarias, lo cual constituye un avance notable al que hasta la fecha Colciencias jamás había llegado ni nunca llegó. Los académicos y científicos autores del Informe, en contraste, si saben de enfoques cruzados, transversales, inter, trans y multidisciplinarios. ¿Podrán el presidente, los ministros, los gobernadores y alcaldes, por no mencionar a los rectores y vicerrectores de las universidades entender este llamado? Nuevamente: cabe esperar lo mejor. Cuando el mundo se llena de esperanzas y buenos deseos… Es exactamente en este marco que encuentran todas sus raíces los llamados a conformar redes y trabajar en redes.


El informe apela en varias ocasiones a comparaciones, en materia de inversión, en comportamientos por parte del Estado, en actitudes de parte del sector privado, en fin, en dinámicas por parte de las universidades, a comparaciones e ilustraciones con experiencias en otros momentos y lugares. Esto implica poder aprender de otras experiencias. Una demanda la verdad exagerada para un gobierno que sólo parece mirar su propio ombligo y que está envuelto en escándalos de toda índole: masacre sistémica y sistemática de líderes sociales, mermelada y corrupción, espionaje a periodistas, parlamentarios, ONGs y personalidades democráticas, impunidad ante el crimen común y el organizado, connivencia con la explotación minera de cielo abierto, la destrucción de las selvas y bosques, en fin, el pago de prebendas de todo tipo ante el pasado inmediato y el presente en curso. El de Iván Duque, el peor de todos los gobiernos en la historia del país, acaso comparable con el de Álvaro Uribe Vélez, que son, al fin y al cabo, la misma cosa. El sub-presidente, como ya es ampliamente conocido.


Las realidades del Informe


Digámoslo de manera franca: Colombia hacia una sociedad del conocimiento, permanecerá en los anaqueles de las bibliotecas, y como un material de consulta histórico. Nada más. Algo semejante pasó ya con el Primer Informe, elaborado por la primera misión, en 1994 (3).


El informe de 1994 propuso invertir el 1 por ciento del PIB en ciencia, educación y tecnología. En casi 25 años esa meta jamás se alcanzó. Con todo y gobiernos, documentos Compes, planes de desarrollo, y demás. El documento de 2019 propone que para el 2025 el gasto en ciencia y tecnología sea del 1.2 por ciento del PIB. En la actualidad es de cerca del 0.3. En medio de reformas tributarias sangrientas, de propuestas del partido del presidente actual por modificar sustancialmente el régimen de pensiones, de una elevada deuda pública que llega a la fecha a cera del 56 por ciento del PIB, y de la propuesta de eliminación de las Cajas de Compensación, por ejemplo, ¿cabe pensar, sinceramente que la meta propuesta se podrá alcanzar? Decían las viejitas y los curas antiguamente que el camino al infierno está sembrado de buenos deseos y buenas intenciones.


De manera explícita, el Informe afirma que el Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Sncti) debe ser distinto al Sistema Nacional de Competitividad, el cual se encuentra bajo el gobierno del Departamento de Planeación Nacional. Ya desde el gobierno de Juan Manuel Santos se generó esa confusión, y en los dos años que a la fecha lleva Duque en el gobierno no ha habido ni una sola palabra al respecto.


Así las cosas, se anticipa ya que el Informe 2019 será, simple y llanamente un canto a la bandera. Al fin y al cabo, sistemáticamente, las élites en la historia de Colombia han sido indolentes frente al conocimiento, a diferencia de las élites de países de la región como México, Argentina, Brasil y Chile, notablemente.


Las propuestas sobre el Ministerio son bien intencionadas pero políticamente vacías. Mientras los miembros de la Misión discutían y elaboraban el informe, Iván Duque crea el Ministerio de Ciencia y Tecnología como un ministerio “de costo cero”. Esto es, exactamente con el mismo presupuesto que tenía Colciencias, y sin un incremento real.


La propuesta más básica del Informe 2019 plantea pensar de cara a los próximos diez años. Para ello, propende por un gran acuerdo nacional con todos sus agentes y actores. (Esto en un país fuertemente dividido entre los enemigos de la paz y sus defensores, por ejemplo). De manera excesivamente cauta, el informe proyecta que para el 2045 todos los jóvenes de hasta 18 años tengan educación media; cuando lo más democrático hubiera sido que la educación básica y media fuera obligatoria y gratuita (más allá de la existencia de colegios privados). Sintomáticamente, se exhorta al reconocimiento social, cultural y político de los maestros. Una meta encomiable contra la pauperización de profesores, de cátedra, con contratos a término fijo, y regímenes pensionales críticos.


Con acierto, se llama a cambiar el modelo educativo, para que pase de la enseñanza al aprendizaje; así, las diferentes formas de adoctrinamiento deberán ser suprimidas y criticadas. Así también no podrá haber desarrollo, ciencia ni crecimiento humano sin eliminar la inequidad, la pobreza y las formas de exclusión y marginamiento. Tácitamente se llama a un reconocimiento y apoyo de las economías locales, alternativas (bioeconomía).


En esta misma dirección, se convoca a una política de datos abiertos. La información es un acervo social y cultural, y no puede permanecer aislada de la sociedad. Una política de datos abiertos significa que, de cara al pasado, otra democracia es posible. Esto no es ajeno, en absoluto, a la idea de un empoderamiento ciudadano. Todo, dicho por el documento en su versión final.


En fin, sin ambages, se trata de situar al país en el siglo XXI, por fin. Un país que jamás llevó a cabo la reforma agraria, que no supo balancear la educación pública y la privada, y que su fundó siempre en una profunda asimetría de información.


Sin la menor duda, el espíritu del documento es positivo, democrático, pero ingenuo en numerosos lugares y algo voluntarista.


Decía B. Brecht que la mejor crítica que se le puede hacer a un río es construirle un puente. Esto significa que la mejor crítica que se le puede hacer al informe es leerlo, apropiárselo y difundirlo. Lo que sigue entonces es la reflexión crítica. Y acaso su mejoramiento, o su transformación.


Algunas reflexiones críticas


Colombia se dirime como un país que quiere pasar de la guerra a la paz, de la violencia a la justicia, y de la pobreza a la equidad. Al mismo tiempo, recientemente fue definido como el país más corrupto del mundo, y como una democracia imperfecta (hace unos años también fue llamado un Estado fallido). Pues bien, es exactamente en este marco como se plantea la idea de ciencia, tecnología e innovación.


La ciencia, en sentido laxo, forma parte de las políticas sociales, esto es, de educación y de desarrollo humano. Pero las políticas sociales han sido justamente las que han sido sistemáticamente desatendidas. La prioridad ha sido siempre el presupuesto para la guerra –“seguridad y defensa”–, y el favorecimiento al sector privado y en especial al sector bancario y financiero. Así las cosas, cabe una sospecha acerca de las verdaderas intenciones de Duque y todos los suyos. El país está tan mal y ha estado tan mal que una parte de las buenas cosas provienen de la Ocde y de la comunidad internacional.


Las políticas sociales y de conocimiento requieren un apoyo sincero y denodado. Pero un “presupuesto de costo cero” promete poco, o nada. Todo parece indicar que se trata, para Iván Duque, cada vez más, de una forma de lavar su desprestigio e incapacidad.


Se trata, todo parece indicarlo, de una manera de salvar las apariencias ante la comunidad internacional y ante algunos organismos multilaterales. Porque la verdad es que la universidad pública se mantiene al filo en materia presupuestaria. Hay un afán por favorecer, muy ampliamente a la universidad privada y a la confesional. El medioambiente se degrada a ojos vista, y el gobierno cierra los ojos ante las transnacionales mineras. Los científicos y académicos cuando tienen méritos y logros es más por su propio tesón y garra, que por que haya políticas públicas favorables. En fin, los científicos e investigadores son vistos como gastos, y no como oportunidades.


Coda


Una observación importante se impone. El documento de la Misión 2019 señala en varios apartes que se trata de un informe destinado al gobierno y a la sociedad. Cabe esperar que el gobierno actual atienda las sugerencias, propuestas y proclama. Pero si no lo hace, el documento pertenece también a la sociedad, al país. Y entonces, por medio de los canales académicos y científicos cabe apropiarse del mismo e implementarlo. En esta distinción radica la diferencia, muy sensible, entre políticas públicas (policy, policies) –que son política de Estado o de gobierno–, y políticas-sin-mas, que son políticas colectivas, comunes, en fin, de vida. Y la vida no le pertenece al Estado, en absoluto.


La atmósfera del Informe es la del pensamiento sistémico. Está expresamente dicho en el texto. No está mal, pero es perfectamente insuficiente. Sería deseable que los miembros de la Misión supieran, además y fundamentalmente, de complejidad. Sin embargo, el Informe es lo que es: un hecho cumplido.

 

1. Acerca de la conformación misma de la Misión, Maldonado, C. E., (2019). “Mensajes cruzados, ruido y ambivalencias. La recientemente creada Misión de Ciencia y Tecnología”, en: Le Monde diplomatique, Mayo, Año XVII, Nº 188, pp. 9-11.
2. Cfr. Maldonado, C. E., Sociedad de la información, políticas de información y resistencias. Complejidad, internet, la red Eschelon, la ciencia de la información, Ediciones desde abajo, Bogotá, Colección Primeros Pasos, 2019.
3. Cfr. Instituto Colombiano para el Desarrollo de la Ciencia y la Tecnología, Colombia al filo de la oportunidad. Misión de Ciencia, educación y desarrollo. Informe conjunto. Colciencias: 1994; disponible en: https://repository.agrosavia.co/handle/20.500.12324/13580, de donde se puede bajar el pdf.

 


Estructura general

 

El documento producido por la Misión se articula en siete secciones con un peso desigual. Primero una proclama: “Por una sociedad del conocimiento para la próxima generación”, en la que se señala la meta propuesta: para el 2030 y se plantean los buenos deseos de desarrollo y crecimiento; luego, “El horizonte de la Misión: acuerdo para una Colombia en la frontera del conocimiento”, en el que se reconocen las bases vulnerables actuales, se plantea una meta de inversión en ciencia, tecnología e innovación (CTI) con respecto al PIB, se hacen observaciones sobre el Ministerio de (CTI), y la necesidad de desarrollar una política de (CTI).


El tercer capítulo, “Contexto y enfoque”, recoge el contexto del Informe y la Misión, y el enfoque hacia futuro de lo que puede y debe ser la (CTI) en el país. De manera puntual, se definen ocho focos de trabajo. Antes de presentar y discutir en detalle los focos, a los cuales está dedicado el capítulo quinto, el capítulo cuarto se ocupa de la justificación y exposición de las propuestas generales, tales como el reconocimiento del papel insustituible de la ciencia, la importancia de la educación en la transformación de la educación, la gobernanza en materias de ciencia, tecnología e innovación, la articulación de los actores de una política nacional de ciencia y tecnología; estos actores son, según el documento, el Estado, el sector privado, el tercer sector, las universidades y las comunidades. Asimismo, se considera aquí el papel de las universidades, la importancia de los institutos y centros de investigación, el llamado a la creación de institutos públicos de ciencia, tecnología e innovación, y la creación de viveros creativos. De manera muy sensible, se ponen de manifiesto los problemas relativos a la financiación, la constitución y fortalecimiento de redes, y la diáspora, conjuntamente con la apropiación social del conocimiento.


Los focos articuladores de (CTI) son ocho. Estos son:

Bioeconomía, biotecnología y medioambiente;
Ciencias básicas;
Ciencias sociales y desarrollo humano con equidad;
Ciencias de la vida y de la salud;
Energías sostenibles;
Industrias creativas y culturales;
Océanos y recursos hidrobiológicos;
Tecnologías convergentes e industrias 4.0.

En otras palabras, estos son o deberían ser los ejes de investigación del país a mediano y largo plazo.


El sexto capítulo se cobija bajo la idea genérica de una serie de misiones emblemáticas. Estas son cinco, así: la principal riqueza del país es la diversidad natural y cultural, y ello debe servir de basamento para una economía sostenible. Dos misiones se destacan, de esta manera: la misión Colombia diversa, bioeconomía y economía creativa, y la misión agua y cambio climático. De la misma manera se postula la misión Colombia hacia un nuevo modelo productivo, sostenible y competitivo; de otra parte, está la misión conocimiento e innovación para la equidad, y finalmente la misión educar con calidad, equidad y desarrollo humano.


Al final, las conclusiones recogen, de manera puntual, las propuestas generales de la Misión. Estas están recogidas expuestas en el Apéndice, que reúne la principales propuestas, que son 65.


 

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Viernes, 06 Diciembre 2019 15:38

Filosofía, crisis y postcapitalismo

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Filosofía, crisis y postcapitalismo

Ortega y Gasset ha señalado la situación de naufragio como la más propicia para que surja el pensar […] ya que todo da a entender que sólo in extremis el hombre piense […] En el naufragio va la vida. La muerte sería, por lo tanto, la insustituible presencia que hace nacer el pensar.

María Zambrano (2011, p. 70).

Introducción

En esta charla me propongo, en un primer momento, partiendo de Nietzsche, una filosofía del horror del mundo, que genere consciencia sobre el contexto y la realidad que vive la sociedad actual. En un segundo momento, y como reacción ante el horror de la crisis civilizatoria del mundo, se propone la necesidad de una filosofía subversiva que, partiendo de una autocrítica, supere muchas de sus prácticas excluyentes, incorpore la filosofía para niños, traspase su labor exegética y repetitiva y, ante todo, que se convierta en una filosofía militante, comprometida con la construcción de otros mundos posibles. En este sentido, se apuesta por una filosofía contextual, crítica y propositiva que aporte al pensar sociedades post-capitalistas.


La filosofía del horror del mundo.


En Sobre el porvenir de nuestras escuelas de 1872, Nietzsche sostuvo algo que quiero suscribir aquí: “la filosofía debe partir no ya de la maravilla, sino del horror. A quien no esté en condiciones de provocar horror hay que rogarle que deje en paz las cuestiones pedagógicas” (2000, p. 61). Si bien Nietzsche reivindica en esa misma obra el asombro como fuente del filosofar, recalca que el filósofo debe partir del horror del mundo, si se quiere romper con la situación actual. Si quiere estremecer las conciencias ante el mundo brutal que lo rodea. Esto quiere decir que se debe iniciar con un diagnóstico muy preciso de nuestro tiempo, de sus injusticias, sus humillaciones, sus miserias, sus violencias múltiples y estructurales, su desigualdad, su hipocresía, su banalidad, su vulgaridad, sus desequilibrios y su irracionalidad. Es necesario evidenciar el suicidio colectivo de nuestra especie, que se ha convertido en una silenciosa realidad en marcha y patentizar que el peligro y la barbarie parecen ser hoy nuestro único destino común. En este punto, es necesario decir que el horror del mundo de hoy está representado por lo que se ha llamado la crisis civilizatoria o la crisis epocal del capitalismo entendida como la “situación límite en el proceso de reproducción de la vida planetaria” (Arizmendi, 2016, p. 177).


La actual forma de vida atraviesa múltiples crisis simultáneas. La primera de ellas, de la cual, según los expertos no hemos salido, es la crisis económica producto de la sobreproducción, la burbuja inmobiliaria del año 2008 y la sobrefinanciación, y la caída de la tasa de ganancia del capitalismo. Desde ese momento se ha venido hablando de una crisis capitalista consistente en la imposibilidad del capital de seguir revalorizando el valor y aumentando sus beneficios. A esta crisis, que para algunos puede ser peor que la de 1929, debe agregársele la crisis ambiental actual, producto de la contaminación de los ríos y mares; la producción de gases invernadero, la dificultad cada vez mayor que tiene el planeta para reabsorber el CO2, la deforestación de los bosques y el cambio climático, el cual no es una conspiración o un complot marxista como piensan Donald Trump o Jair Bolsonaro, es una realidad. Esta crisis ambiental es producto del uso del carbón, el gas y el petróleo para producir energía. La modernidad se empeña en seguir siendo una modernidad fosilista, extractivista, tal como lo ha sido desde el XVI. Pero hoy vivimos también una crisis energética, pues es claro que esos recursos fósiles son finitos, y aún no se logran sustituir del todo con energías limpias. El agotamiento del petróleo cambiará radicalmente la civilización en unos años, pues con él se mueven los transportes, que, a su vez, mueve las mercancías y, en suma, actualiza la globalización de los mercados.


La crisis ambiental no ha sido mitigada y, más bien, hoy impera lo que el pensador mejicano Luis Arizmendi llama un “planetary management” (Arizmendi, 2016, p. 133), esto es, una administración y gestión de los desastres ambientales como huracanes, terremotos, inundaciones, etcétera, que se producen en el mundo. No se acató el protocolo de Kyoto que se propuso reducir en un 5% las emisiones de gas invernadero en el periodo 2008-2012 y, como se sabe, Estados Unidos, uno de los mayores contaminadores del mundo, se retiró del tratado de Paris. Igualmente, tal como vamos, tampoco se cumplirá el reto de reducir el 25% de las emisiones para el año 2050. Se ha pasado por alto la advertencia de la ONU y el Panel Internacional sobre el Cambio Climático (IPCC) sobre la posibilidad de que la temperatura global aumente hasta 6.4 grados Celsius a final del siglo XXI, lo cual sería catastrófico para el casco polar y el universo de especies terrestres y marinas.


Esto demuestra que en la era del antropoceno o, mejor, del capitaloceno como la llama Renán Vega Cantor (2019), el hombre aún no ha entendido que él muere en proporción a cada árbol que tala. Y ya no es falta de conciencia de los capitalistas, como podría pensarse. No. Sencillamente el hombre egotista actual ha puesto su bienestar efímero, sus intereses a corto plazo, por encima de la vida natural, la cual es la condición de posibilidad de su propia existencia, pues sin vida biológica no hay vida humana. Este es un verdadero “Crimen contra el porvenir del mundo”, para usar la expresión de María Zambrano (2015, p. 179), por eso equivale a un suicidio colectivo.


La crisis ambiental mundializada ocasiona una crisis ecológica global cuya consecuencia más visible es la pérdida de biodiversidad por destrucción y alteración de los ecosistemas. Sabemos que, en las últimas décadas, el hombre ha desaparecido cerca del 60% de las especies. El hombre no es sólo un super-depredador, sino también, como decía Darío Botero Uribe, “un mamífero transgresor”.


Estas dos crisis, más la lógica de la mercantilización de los alimentos, producen la crisis alimentaria global, crisis relacionada también con las políticas económicas impulsadas por los Estados desarrollados y acogidas por la dirigencia política subalterna y dependiente de los países pobres. Cuando gracias a los Tratados de Libre Comercio, un país no produce sus propios alimentos, y decide importarlos, no sólo debilita su agricultura, sino que se expone a la especulación del precio de los alimentos en el mercado. De esta manera se expropia a los campesinos de sus tierras y se incrementa el monocultivo de ciertos vegetales o ganado para la exportación, minando la soberanía alimentaria de las comunidades, quebrando sus lazos orgánicos de solidaridad, y sometiéndolas a la lógica del mercado. Igualmente, el acaparamiento mundial de tierras, por medio de la compra y el arriendo de millones de hectáreas en el Sur global agravan el problema, pues trasnacionales y países ricos (como China o los países del Golfo) se apoderan de millones de hectáreas en África y en Suramérica (sus recursos hídricos) garantizando la producción de alimentos para sus nacionales e incrementando la cifra de más de mil millones de habitantes del planeta que padecen hambre. También el uso de estas tierras para el monocultivo de palma, caña de azúcar o “necrocombustibles” (Vega, 2019, p, 179), daña la naturaleza, esteriliza la tierra, destruye bosques y condena al hambre a campesinos, indígenas o afros. Dice Luis Arizmendi:


Según la FAO, 30 mil personas fallecen diariamente por hambre, lo que al año significa la muerte de seis millones de niños menores de 5 años. Los cálculos del economista de la Universidad de Yale, Thomas Pogge, son más delicados: evalúa que mueren por causas asociadas a la pobreza extrema 50 mil personas diariamente, entre las cuales se incluyen […] 34 mil menores de 5 años. El funcionamiento de una economía alimentaria mundial subordinada al neoliberalismo constituye una de las dimensiones esenciales del planetary management (2016, p. 181).


Hay que recordar aquí, que hace algunos años Ignacio Ramonet sostuvo que las necesidades nutricionales y también las sanitarias, se podrían solucionar con 13.000 millones de euros, es decir, “lo que los habitantes de Estados Unidos y la Unión Europea se gastan al año en perfumes” (2012, p. 79).


Por otro lado, debe mencionarse el problema de la pobreza mundial, no sólo producto del imperialismo y el colonialismo históricos, que trajeron la esclavitud laboral, la mano de obra barata o mal paga, así como la expoliación directa de los recursos y riquezas naturales en provecho de Europa y Norteamérica, sino a la cada vez mayor precarización de las condiciones laborales, el aumento de la informalidad y la consecuente inseguridad vital que esto genera. Vivimos en la época de la inseguridad vital, en la sociedad del riesgo, donde cada vez es más difícil perpetuar la corporalidad viviente, la vida misma, lo cual es producto de la ausencia de empleos, la falta de seguridad social, de salud y pensiones. El capitalismo ha subsumido, esto es, ha incorporado y subordinado el trabajo y la vida bajo su control y gestión. Es lo que se llama la “subsunción real de la vida y el trabajo por el capital”, extrayendo los reductos de valor para aumentar la ganancia. La seguridad social, el bienestar, los derechos, en fin, todo aquello que alguna vez el Estado social de derecho garantizó en el primer mundo -pues en el nuestro el Estado de bienestar siempre ha sido incompleto o, mejor, sigue siendo una utopía-, es asaltado por el capitalismo en su afán de lucro y aumento del beneficio.


Lo que se le niega al trabajador en seguridad social y bienestar, es apropiado por el capital. Es esto lo que expande la pobreza en el mundo y lo que precariza la vida de las personas, generando exclusión. Así, cada vez más personas se quedan al margen del futuro y son lanzados como carne prescindible al gran basurero de la historia; ya no son los de abajo, sino los de afuera, esto es, los excluidos…aquellos que pueden ser desechados por la civilización.


Para el año 2015, según el Banco Mundial (2018), el 10% de la población mundial vivía con menos de 1, 90 USD, lo que equivale a 736 millones de personas en pobreza extrema. Y según un informe del 17 de octubre de 2018, 3400 millones de personas, casi la mitad de la población mundial vive con menos de 5,50 dólares al día. A esto hay que agregar que, al finalizar el año 2017, el número de desempleados en el mundo era alrededor de 192 millones de personas, lo que equivale al 5,5% de la población mundial, según cifras de la Organización Internacional del Trabajo, OIT. En realidad, es de suponer, que estas cifras de desempleo mundial son superiores, y éste se debe a la cada vez más creciente automatización, la desindustrialización, las políticas neoliberales y la crisis económica mundial en curso. Es decir, el desempleo tiene una multicausalidad y es un futuro inevitable, a menos de que se redistribuya la riqueza, se reduzcan las horas de trabajo a la semana, se instaure el salario básico universal, entre otras posibles alternativas.


En torno al problema de la pobreza, el ya mencionado Thomas Pogge sostiene que entre 1990 y 2005 las muertes asociadas a la pobreza “suman 300 millones: cerca de 20 millones por año, lo que significa más del doble anual de muertes que en la segunda guerra mundial (donde la media anual fue de 8 millones)” (Arizmendi, 2016, p. 51), y cinco veces más que el número de muertos en esa guerra que se ha calculado en 60 millones de personas.


Finalmente, parte de la crisis civilizatoria mundial actual es la crisis demográfica. Hay cerca de 7.500 millones de personas en el planeta. El razonamiento es elemental: ya Malthus, el inspirador de Darwin, sabía que un territorio limitado, con recursos limitados, y con una población creciente, es insostenible y deriva en una lucha a muerte por los recursos. Para allá va el planeta. En los próximos años se viene una lucha salvaje por la perpetuación de la existencia individual, en esta lucha, como dijo el comediógrafo latino Plauto, “homo, homini lupus”, el hombre es un lobo para el hombre. El aumento demográfico acrecienta la crisis ambiental, la pobreza y el desempleo. Por eso se hace urgente un control demográfico bien planificado, no por medio de la guerra que sirve como fungicida de los indeseables, y como dispositivo inmunitario de los privilegiados del mundo, sino regulando seriamente la procreación.


Lo que muere en la civilización actual es una forma de vida. Son los fundamentos, las creencias, los valores y los mitos de esta civilización los que caducan. Ernesto Sábato decía que “las sociedades comienzan a precipitarse cuando sus mitos pierden toda su riqueza y su valor” (2000, p. 60). Y hoy es claro, que los mitos del progreso y del desarrollo que ha enarbolado la modernidad ya no tienen más horizonte, son palabras mágicas, vacías, significantes flotantes; objetos, más bien, de la demagogia política. Hoy “el progreso coincide ya con la regresión” (Eco, 2017, p. 61) o, lo que es lo mismo, es un retro-progreso, un reflujo.


Esta crisis civilizatoria no es natural, es inducida, es producto de la lógica de la acumulación del capitalismo, tendiente a aumentar la ganancia, los beneficios, el rendimiento, el lucro, acudiendo para ello a principios como la competencia, la eficiencia, el éxito, el individualismo, el hedonismo, el consumismo, la autoinculpación por el fracaso; y generando, como consecuencias, desigualdades, injusticias, pobreza, explotación, precarización de la vida, trastorno climático, daño ambiental y ecológico. En fin, como dice Renán Vega Cantor, el capitalismo es el nuevo “meteorito, de origen social y económico, que va a destruir la humanidad y a diversas formas de vida, de manera similar a como un meteorito cósmico destruyó a los dinosaurios hace 65 millones de años” (Vega, 2019, p. 13). Desde este punto de vista, los humanos seremos los dinosaurios del futuro, pero extintos por nuestra propia mano.


Ahora, la crisis civilizatoria explicada, es el horror, el contexto global, del cual debe partir la filosofía. En este caso, la filosofía opera como disolvente de las máscaras que encubren la realidad; opera como crítica que esclarece, ilumina y desentraña la realidad cristalizada y el sentido común conservador sedimentado en la sociedad. En este caso, el filósofo es, como dijo Nietzsche, la “conciencia malvada de su tiempo” (1997, p. 167). En esta operación, la filosofía se vale de las otras disciplinas, para devenir propiamente filosofía social.


Esta es una labor necesaria de la actual filosofía. En este caso, pienso, la filosofía debe operar como herejía contra el presente. Sin embargo, su tarea no termina allí, pues debe seguir cumpliendo las tareas tradicionales que históricamente ha cumplido, debe continuar siendo múltiple, como históricamente lo ha sido. Entre sus funciones ha estado: preparar al hombre para la muerte, como en Socrátes; ser medicina para el alma, como en Ciceron; servir de ayuda a la teología para el esclarecimiento de sus conceptos y hasta de sus dogmas, como en Agustín o Tomás de Aquino; ser cauce de vida como en María Zambrano; debe continuar pulverizando, mediante el análisis del lenguaje, las confusiones metafísicas como en los positivistas lógicos; o ser guía en la búsqueda de la sabiduría como en Kant.


No está demás decir, que solo la filosofía encarnada, vivida, y sentida deviene y desemboca en una determinada sabiduría. Sólo el filósofo auténtico puede llegar a ser sabio, a vivir en libertad, paz, sosiego; o, convulsión interior permanente, si así es su estructura libidinal. La sabiduría madura lentamente en las entrañas del hombre de acuerdo a sus vivencias, sus experiencias y su reflexión sobre ellas. Así, pues, “la sabiduría es la meta, la filosofía el camino” (Comte-Sponville, 2012, p. 135). En estricto sentido, la filosofía es un instrumento, un camino y, en algunos de sus sistemas, un acervo rebosante de sabiduría.


La filosofía como subversión


Visibilizar el horror del mundo puede producir dos efectos contrarios: el primero, la parálisis, con la cual agravamos la situación; el segundo, la reacción creativa que como toda creación abre una nueva ventana de sentido en la historia. Aquí, la filosofía activa dialécticamente la imaginación, la utopía y la esperanza, que nos lanzan en una apuesta por el porvenir, por la historia, por el futuro que seremos. Es el tránsito hacia una filosofía subversiva, una filosofía que le apuesta justamente a la transfiguración del horror del mundo, de su inhumanidad; es una filosofía que le apuesta a la metamorfosis de la realidad en la que se vive. Trans-figurar es ir hacia otra figura; metamorfosear es ir más allá (meta) de la forma vida que tenemos. En ambos casos se trata de una filosofía que contribuye, con sus limitaciones y sus posibilidades, a construir una nueva forma vital, un nuevo orden social. En fin, podemos decir, se trata de la subversión del orden en crisis.


Ahora, ¿a qué alude aquí el concepto subversión? Una de las primeras alusiones a la palabra la encontramos en el romano Cayo Salustio (86-35 a.n.e) en la expresión subvertere leges ac libertatem, esto es “subvertir las leyes y las libertades” que era justamente lo que quería hacer Lucio Sergio Catilina al tomarse el poder en Roma. Desde esta perspectiva, el concepto es tomado de manera negativa, pues hace referencia a la dislocación del orden natural (o naturalizado) y normal de las cosas. La subversión así entendida se refiere a un ataque contra el orden social establecido, podríamos decir, hegemónico. Por eso en los siglos venideros la expresión fue utilizada por los defensores del status quo para deslegitimar a todos aquellos que se opusieron a los sistemas políticos o regímenes sociales imperantes.


La palabra está relacionada con el verbo subvertir, de las raíces latinas sub, que quiere decir abajo, y, vertere, que significa dar vueltas. Así las cosas, subvertir es darle la vuelta a algo desde abajo, desde la raíz, esto es, voltear los pilares de algo. Por eso, el DRAE trae el significado de “trastornar o alterar algo, especialmente el orden establecido”. De ahí se derivan subvertor como revolucionar y subversión como inversión o revolución del orden existente. La palabra también se ha utilizado como adjetivo, cuando se dice “esa doctrina es subversiva”, lo cual, en pleno Renacimiento llevó a la hoguera a más de un hombre heterodoxo. Desde este punto de vista, el adjetivo sirvió para macartizar hombres y doctrinas opuestos a la iglesia. Por eso la expresión se ha usado de manera peyorativa para deslegitimar los intentos de cambio social ya que puede llevar a la anarquía o a la dictadura. Sin embargo, como el lenguaje es también el sedimento de la experiencia, la historia está plagada de ejemplos donde el subversivo de hoy es el revolucionario del mañana; el bandido de ayer es el héroe del presente. Basta pensar en Martín Lutero, en Bolívar o en Espartaco.


En los tres casos citados, la carga moral negativa de la subversión se invierte, pues el subvertor se legitima moralmente frente a un orden injusto; desea organizar la sociedad con otras pautas normativas y valorativas. Es el uso que, en sociología, por ejemplo, le dio en Colombia Orlando Fals Borda, cuando asocia al subvertor no con un criminal sino con alguien que “no sólo destruye lo que cree incongruente, sino que quiere reconstruir dentro de nuevas pautas morales” (2008, p. 32). Desde este punto de vista, el concepto se torna positivo, pues la subversión aparece legitimada cuando un orden social no responde a las necesidades de la gente, cuando se presenta, incluso, una crisis orgánica de una forma de vida.


En el campo filosófico es claro que Sócrates fue un subvertor frente a la astucia filosófica de los sofistas; Platón frente al cúmulo de opiniones esparcidas en la sociedad, aceptadas sin reflexión alguna; o, para hablar de los tiempos modernos, Bacon y Descartes frente a la escolástica tradicional, los ilustrados frente al antiguo régimen feudal en Francia; o Marx, frente a la economía política capitalista. La filosofía, pues, que históricamente ha estado al margen de la sociedad, ha sido también revolucionaria, subversiva.


La filosofía subversiva nace como respuesta ante el horror del mundo, por eso es amiga de lo posible que dormita en las entrañas del presente, del horror mismo. En los ínferos de la realidad anidan alternativas y maneras distintas del ser social.


Ahora, lograr que la filosofía sea subversiva no se alcanza por decreto, requiere, al menos, tres condiciones. En primer lugar, diría que la filosofía tiene que ser profundamente autocrítica de sus propias prácticas. Una filosofía que no critique sus prácticas es una filosofía suicida pues ha renunciado a la reflexión. Por eso, la filosofía tiene que superar su sexismo, su clasismo, su elitismo, su solipsimo, su racismo y hasta su “adultocentrismo” (Kohan, 2000, p. 20). No se puede seguir dudando de las capacidades de la mujer para filosofar, como hacían E.M., Cioran, o en Colombia Rafael Carrillo; tampoco se puede seguir pensando que la filosofía es para una élite aristocrática que aprende a entender como pensaba el filósofo español Eduardo Nicol, y que los demás, incluido el pueblo, es bruto; de la misma manera hay que superar la creencia que dominó en la modernidad, de que la razón tiene un color y que los negros carecen de buen sentido como afirmó el Barón de Monstequieu. Igualmente, hoy hay un creciente movimiento llamado filosofía para niños, derivado de los intentos pioneros de Matthew Lipman en 1969, quien inició el programa Philosophy for children, donde a partir de novelas, ejercicios, juegos, diversos métodos, exploró la formación filosófica de los niños. Por ejemplo, Lipman pensaba que “los personajes de ficción en la novela filosófica pueden servir como modelos de diferentes formas de conducta razonable para los niños reales que están en la clase” (2000, p. 27).


En el caso de la filosofía para niños hay que decir que este movimiento ha originado cuestionamientos interesantes, entre ellas, las diferentes concepciones históricas en torno a la infancia, sus diferencias con la adultez; las discusiones en torno a si los niños carecen de razón y tienen exceso de sensaciones como pensaba Platón; si en la infancia el niño no se reconoce frente al mundo como en la teoría del narcisismo infantil de Freud; si son seres maleables a quienes podemos acuñar a nuestro antojo o, en pocas palabras, si son una versión incompleta o imperfecta de los adultos. Además de estas necesarias discusiones, lo importante es que hay un consenso desde Lipman de que la filosofía practicada desde la infancia favorece la vida democrática, la convivencia, forja la personalidad, construye la individualiudad, fomenta la autonomía, depura la capacidad de juzgar, facilita las habilidades comunicacionales, alimenta la imaginación, entrena dialécticamente el pensamiento para la argumentación, aumenta la capacidad conceptual y propicia el pensamiento crítico de los niños (Cf. Matthews, 2014). Desde luego, no se trata de hacer del niño una máquina filosofante, sino de incluir la filosofía en su vida, como parte del proceso de formación.


Sin ser experto en este tema, es preciso decir que esta labor requiere entrenamiento pedagógico, capacidades empáticas, paciencia, audacia, creatividad y, desde luego, conocimientos sobre el desarrollo cognitivo de los niños. No es una labor para cualquiera.
Las superaciones de las prácticas excluyentes de la filosofía se logran, desde luego, con una mayor democratización de la misma; el diálogo del filósofo con otras disciplinas, la inserción del filósofo en las discusiones públicas y la difusión filosófica en el espacio social y cultural. El filósofo tiene que contribuir al esclarecimiento de su confuso contexto y, en la medida de lo posible, avizorar alternativas. En estos tiempos convulsos, por ejemplo, el filósofo debe contribuir a la reflexión sobre el problema de la crisis, la transformación social, el papel de la violencia, el concepto de revolución y sus límites, la crisis de la democracia, etc. No puede permanecer neutral “como si la condición humana pudiera eludirse” (2015, p. 169).


En segundo lugar, la filosofía subversiva debe superar la práctica “congénitamente profesoral” (2004, p. 11) limitada a la repetición de corrientes, autores y abocada en interminables ejercicios exegéticos de los clásicos. Los clásicos y sus ideas tienen valor, valga decir de paso, por lo que sus discursos contribuyen al esclarecimiento del presente, es decir, al valor de los aportes de los conceptos, teorías, metodologías y herramientas teóricas que nos han legado. Hoy día, a pesar de las múltiples críticas, muchas facultades de filosofía mantienen este modus operandi que más que despertar la pasión por la filosofía, y más que alimentar el pensamiento vivo, castra la reflexión y la creatividad. Nietzsche describió, en 1872, esta práctica profesoral de la siguiente manera:
“ahora se trata de establecer qué ha pensado o no pensado tal o cual filósofo, de ver si tal escrito puede atribuírsele con razón, o bien si hay que preferir tal o cual variante. En los seminarios filosóficos de nuestras universidades, se estimula hoy a nuestros estudiantes a sentir semejante interés neutral por la filosofía” (2000, p. 154).


En tercer lugar, la filosofía subversiva requiere, para superar ese “interés neutral” que denuncia Nietzsche, ser una filosofía comprometida o, mejor, militante. No hay un interés neutral de la investigación filosófica ni científica. Max Weber se estrujó la cabeza tratando de mostrar la neutralidad valorativa en la ciencia y fracasó rotundamente. Esa neutralidad no existe porque no podemos despojarnos ni abstraernos del mundo en que vivimos, sus conflictos, sus ideologías, sus valores, sus intereses. Querámoslo o no, siempre estamos tomando partido.


Esta militancia filosófica debe ser creativa. Si todo orden social está formado por normas, valores, instituciones y técnicas (Fals Borda, 2008), la filosofía debe criticar esos medios de control social, la anomia axiológica que vivimos, las instituciones y cuestionar y proponer una nueva racionalidad técnico-científica. Pero no se puede quedar ahí. Si desea contribuir en la subversión del orden social debe ser creativa y prospectiva y otear otras posibilidades de ser y vivir. No veo ninguna contradicción radical entre la filosofía, la imaginación y la utopía. De este modo, la filosofía ayuda a un renacimiento del hombre y a corregir los desvaríos de la inteligencia humana en pos de la historia que podemos ser.


Conclusiones: hacia sociedades post-capitalistas


Albert Camus decía que “La verdadera generosidad con el porvenir consiste en darlo todo en el presente (2013, p. 37). Es decir, el porvenir es una tarea que empieza cada día, y de hecho es una realidad posible que ya está en marcha, y en la cual la filosofía puede jugar un papel, así sea modesto. En esa tarea la filosofía debe partir críticamente, primero, del horror del mundo que tenemos, poniendo de presente la crisis civilizatoria que padecemos, para así lograr una perturbación radical de la comprensión del presente; y, en segundo lugar, como he mostrado, comprometerse con la construcción y la creación de un mundo alternativo, de otro mundo posible. Es claro que, en la actualidad, un proyecto alternativo anticapitalista, debe luchar contra la lógica de la acumulación, el beneficio, el aumento de la tasa de ganancia y de su base: la producción de mercancías, pues ésta lógica acaba los recursos, daña el medio ambiente, profundiza el cambio climático, mata la vida, la naturaleza y al hombre mismo. No se puede producir ilimitadamente como si los recursos fueran infinitos. El capitalismo tiene límites claros, como el energético, ambiental, demográfico, las posibilidades de innovación tecnológica, límites sociales y laborales. No se puede pretender aumentar indefinidamente los beneficios mientras se destruye el poder adquisitivo de la gente y la fuente de esa riqueza: los seres humanos y la naturaleza misma. El capitalismo tal como opera hoy es anti-natura, o lo cambiamos o perecemos.


Pensar en sociedades post-capitalistas implica: 1º) deslegitimar racional y afectivamente el capitalismo, específicamente su axiología, esto es, sus valores (competencia, egoísmo, hedonismo, exitismo, arribismo, etc.) sustituyéndolos por otros de tipo solidario, cooperativos, empáticos, afectivos; 2º) repensar la triada producción- población-recursos, lo que requiere superar los mitos del progreso y el desarrollismo con sus consecuentes aspiraciones de altos niveles productivos y consumismo; 3º) desmercantilizar la vida y las relaciones sociales, lo cual exige: buscar un equilibrio vitalista entre la naturaleza y el hombre, superar la visión cosificada de la naturaleza, redirigir la racionalidad tecnológica y transformar las relaciones de propiedad y distribución de la riqueza social; al igual que eliminar la escasez y disminuir las horas laborales, aumentando el tiempo libre de ocio creativo y, consecuentemente, reconfigurar la seguridad social (pensiones o renta básica universal). Esta transformación de las relaciones sociales debe ir acompañada por 4º) la mayor expansión democrática posible de los derechos (salud, educación, seguridad vital) y la eliminación de cualquier forma de discriminación y exclusión. Además, 5º) junto a la disminución del consumo se necesita repensar las necesidades básicas y la eliminación de lo que Herbert Marcuse llamó las falsas necesidades. Finalmente, y al margen de aspectos desatendidos, es necesario 6º) superar la modernidad fosilista, creando fuentes alternativas de energía. Todo esto sólo será posible con una transformación radical del modo de producción, el sistema político y la profundización democrática.


Ahora, contribuir en la construcción de sociedades mejores, requiere que la filosofía subversiva, subvierta, trastoque y transforme muchas de sus prácticas habituales, entre ellas, sus múltiples exclusiones y su carácter profesoral exegético, así como su mercantilización patente en el paperfordismo o producción serializada de artículos para revistas indexadas. Debe ser una filosofía que, partiendo del contexto, de las realidades humanas, se eleve a una comprensión holística del mundo y de sus posibilidades.


Por último, la filosofía política, como filosofía militante, debe estar comprometida con la reconstrucción de la democracia y del buen gobierno: “el mundo se ha convertido en un asunto demasiado complicado para dejar que sea gobernado por quienes lo gobernaban antes” (Eco, 2016, p. 455). Hoy, optar por el conformismo y la resignación es votar en blanco. No es tiempo de indiferentes, pues la “indiferencia, como decía Gramsci, es el peso muerto de la historia” (2016, p. 50), es, también, rehuir cobardemente la responsabilidad con el futuro que tendrá el mundo, si ha de tener alguno. Por eso, no hay que claudicar ante las dificultades y ante este mundo pomposamente trivial y cada vez más ignorante, pues aún “en el alma del ignorante hay espacio para una gran idea” (Wilde, 2002, p. 166).

 

Referencias

Arizmendi, L. (2016). El Capital ante la crisis epocal del capitalismo. México, México: Instituto Politécnico Nacional.
Banco Mundial. (2018). “Pobreza”. Recuperado de https://www.bancomundial.org/es/topic/poverty/overview. (Noviembre 30 de 2018).
Camus, A. (2013). Breviario de la dignidad humana. Barcelona, España: Plataforma Editorial.
Comte-Sponville, A. (2012). La filosofía. Qué es y como se practica. Barcelona, España: Paidós.
Deleuze, G. (2005). Derrames. Entre el capitalismo y la esquizofrenia. Buenos Aires, Argentina: Cactus.
Eco, U. (2017). De la estupidez a la locura. Crónicas para el futuro que nos espera. Bogotá, Colombia: Penguin Random House Grupo Editorial.
Fals Borda, O. (2008). La subversión en Colombia. El cambio social en la historia. Bogotá, Colombia: Fica, CEPA.
Gramsci, A. (2016). Para la reforma moral e intelectual (Selección de Francisco Fernandez Buey). Madrid, España: Catarata.
Hesse, H. (2016). Demian. Madrid, España: Alianza Editorial.
Kohan, W. (2000). “Filosofía e infancia. La pregunta por sí misma”. En: (W. Kohan y V. Waskman, Comps.). Filosofía para niños. Discusiones y propuestas (pp. 11-24). Buenos Aires, Argentina: Ediciones Novedades Educativas.
Lipman, M. (2000). “Algunos supuestos educacionales de filosofía para niños”. En: En: (W. Kohan y V. Waskman, Comps.). Filosofía para niños. Discusiones y propuestas (pp. 27-28). Buenos Aires, Argentina: Ediciones Novedades Educativas.
Matthews, G. (2014). El niño y la filosofía. México, México: Fondo de Cultura Económica.
Nietzsche, F. (1997). Más allá del bien y del mal. Madrid, España: Alianza Editorial.
Nietzsche, F. (2000). Sobre el porvenir de nuestras escuelas. Barcelona, España: Fábula Tusquest Editores.
Ramonet, I. (2012). La crisis del siglo. Bogotá, Colombia: Le Monde Diplomatique.
Sabato, E. (2000). La resistencia. Buenos Aires, Argentina: Seix Barral.
Sábato, E. (2004). Antes del fin. Bogotá, Colombia: Casa Editorial El Tiempo.
Vega, Renán. (2019). El capitaloceno. Crisis civilizatoria, imperialismo ecológico y limites naturales. Bogotá: Editorial Teoría & Praxis.
Wilde, O. (2002). Aforismos y paradojas (Selección de Efraín Sánchez). Bogotá, Colombia: Villlegas Editores.
Zambrano, M. (2004). Los bienaventurados. Madrid, España: Siruela.
Zambrano, M. (2011). Notas de un método. Madrid, España: Tecnos.
Zambrano, M. (2015). Obras completas I. Barcelona: Fundación María Zambrano, Galaxia Gutenberg.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Lunes, 18 Noviembre 2019 19:49

Insumos para una discusión urgente

Escrito por
Insumos para una discusión urgente

Un foro para debatir de manera abierta y desprevenida frente al reto necesario de dotarnos de bases teóricas para encarar la reconstrucción de un “ideario social con perspectiva postcapitalista”.

Encontrará en esta sección la persona interesada en el foro, algunas referencias teóricas para preparar su asistencia al mismo. Los textos recogen lecturas plurales sobre una misma problemática, como debe ser, ya que la construcción de una nueva realidad para la humanidad debe ser el resultado de una acción mancomunada de la humanidad toda. Las distintas corrientes políticas anticapitalistas tienen mucho que decir al respecto, y sus lecturas deberían estar acá consignadas. Invitamos a que nos hagan llegar libros, ensayos, artículos y otro material que pudiera contribuir a este debate.

Si la lectura de estos archivos, o de alguno de ellos, le motiva para escribir un artículo o ensayo, invitamos a que lo haga llegar para relacionarlo en esta sección.

 


 

¿Qué es una revolución? de la Revolución Rusa de 1917 a la revolución en nuestros tiempos

Álvaro García Linera

 

Filosofía, crisis y postcapitalismo

Damián Pachón Soto

 

Crisis civilizatoria: energías limpias y gestión local

Luis Humberto Hernández

 

Prólogo libro Öcalan.“The Roots of Civilization”

 

MANIFIESTO POR UNA CIVILIZACIÓN DEMOCRÁTICA / TOMO II. La Civilización Capitalista. La era de los dioses sin máscara y los reyes desnudos

 

EL POTENCIAL EPISTEMOLÓGICO Y TEÓRICO DE LA HISTORIA ORAL: DE LA LÓGICA INSTRUMENTAL A LA DESCOLONIZACIÓN DE LA HISTORIA

Silvia Rivera Cusicanqui

 

LA DESCOLONIZACIÓN DEL CONOCIMIENTO: DIÁLOGO CRÍTICO ENTRE LA VISIÓN DESCOLONIAL DE FRANTZ FANON Y LA SOCIOLOGÍA DESCOLONIAL DE BOAVENTURA DE SOUSA SANTOS

Ramón Grosfoguel

 

El concepto de «racismo» en Michel Foucault y Frantz Fanon: ¿teorizar desde la zona del ser o desde la zona del no-ser?

Ramón Grosfoguel

 


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Los dilemas sociales que despende "Capital e ideología" de Thomas Piketty

Foro preparatorio 18 de febrero de 2020


Colección Revolución Rusa –Debate pre-post–:

https://www.desdeabajo.info/fondo-editorial/itemlist/category/319-revolucion-rusa-debate-pre-post.html

 


Videos invitación ponentes nacionales, internacionales

Francesca Gargallo Celentani

Philip Potdevin

Carlos Maldonado

IÁlvaro Sanabria


 


Inscríbase aquí $ 200.000:

"Foro Internacional 19-20-21 de marzo de 2020. Repensar las bases teóricas para la reconstrucción de un ideario social con perspectiva postcapitalista

Miércoles, 06 Noviembre 2019 08:39

28 años desdeabajo

Escrito por
28 años desdeabajo

Por 28 y muchos más años de prensa independiente, y por el desarrollo de un sistema nacional de comunicación alternativo, apoya económicamente a desdeabajo.

 

El recuerdo del gesto de dar

 

Cada una de nosotras tiene un proverbio favorito, aunque no viva citándolo y repitiéndolo… ¿Cuál es el tuyo?

El mío es un proverbio chino. Es verdadero, a mi entender. Y bonito. Hace comprender. Y embellece la vida. Es éste: “Un poco de perfume siempre queda en las manos de quien ofrece rosas”.

Nunca he regalado rosas sin sentir que en mis manos queda un poco de perfume. Nunca he hecho un favor sin sentir que en mis manos ha quedado el recuerdo del gesto de dar.

Nunca he dado amor sin sentir que también he recibido amor.

¿Quién sabe si el “aura” que envuelve a las personas generosas viene de que conservan, en su aspecto tranquilo y suave, el perfume de quien ha ofrecido rosas?

Mi alegría por dar llega a veces a parecerme egoísmo, de tanto como me beneficio cuando doy. Incluso me parece que soy yo quien recibe realmente.

Un día vi a una señora muy ocupada en atender a un niño que había dicho: “¡Mamá, ven aquí!”. ¿Hecho trivial? No, no era trivial. Ese niño de tres años había sido recogido por la señora cuando, con dos días de vida, casi se moría de hambre.

 

26 de mayo de 1960, Clarice Lispector.

 

 

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Derechos


• Ser invitado y participar de los consejos de redacción del periódico desdeabajo
• Recibir un reporte de los frutos germinados con la campaña de finanzas de que trata esta postal-bono.
• Recibir informes del gasto emprendido con los dineros recaudados en la presente campaña de finanzas
• Ser invitado y participar de las asambleas anuales y/o extraordinarias del equipo impulsor, de la propuesta comunicativa.
• Proponer y participar en asambleas extraordinarias.
• Recibir, al menos, una vez al año infome sobre el desenvolvimiento del periódico desdeabajo y del conjunto del Sistema Nacional de Comunicación.

 

Deberes


• Apoyar y difundir los medios de comunicación alternativos, independientes y comunitarios motivando por todos los caminos posibles a su alcance, el desarrollo
y articulación de los mismos.
• Estimular el debate de ideas, y la explosión imaginativa, en pos de la disputa de la opinión pública, construyendo referentes de información y culturales que aporten al tránsito hacia una sociedad cada vez más abierta, plural e incluyente.
• Cuestionar y/o criticar de manera regular las impresiones, videos, programas de radio, libros y otros productos del Sistema Nacional de Comunicación Alternativo, con la seguridad que la crítica reúne el acero que blinda la coraza que debe proteger todo lo que hagamos, con la seguridad que sin crítica ni debate de ideas es imposible superar la realidad que nos niega como seres humanos deseosos de vida digna, en igualdad y justicia para todas y todos.
• Facilitar y compartir información, noticias, ideas, imágenes, y otros recursos informativos que sirvan para la elaboración de notas informativas de actualidad, así como videos o series informativas que motiven la apertura de diálogos y debates en el cuerpo social, como vehículo para superar la desinformación, la manipulación informativas y la hegemonía cultural tan evidente en nuestro país.
• Colaborar, cada que le sea factible, en la difusión de periódicos impresos, así como de virtuales, a la vez que de literatura que se acerque a la realidad desde prismas no hegemónicos, a la par del impulso de canales de video con información que cuestione e interrogue el poder realmente existente.
• Hacer todo lo humanamente posible para no perder la capacidad de sueño, motor de una sociedad otra, donde el gris imperante de paso al arcoíris de la integración y complementación social.
• Invitar, cada que le sea factible, a conocidos y amigos, como a compañeros/as de trabajo, a suscribir a los medios de comunicación alternativos, así como a compartir la información producida por los mismos y que circula por sus canales de prensa, video, radio, redes sociales.
• Propiciar el encuentro y la acción mancomunada entre diversos medios de comunicación y experiencias comunicativas de caracter alternativo, independiente y comunitarios.

 

 

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Sábado, 12 Octubre 2019 15:11

Crisis Ecuador

Escrito por
Coloquio Internacional: Interpretación y terminología. De la palabra al lenguaje especializado

En la actualidad, las necesidades de formación y actualización en el campo de la traducción se han ampliado cada vez más, lo cual requiere explorar estrategias de capacitación cada vez más profundas y serias para quienes quieren dedicarse al ejercicio de la traducción, la terminología y la interpretación. Por esa razón, el VI Coloquio Internacional de Traducción, organizado por la ACTTI (Asociación colombiana de traductores, terminólogos e intérpretes), la Universidad del Rosario y la Universidad EAN, propone reflexionar sobre el papel de la terminología y la interpretación en relación con el ejercicio del traductor, pues los desafíos que se plantean al aprendiz incluyen tecnologías y saberes que pueden ser novedosos y desconocidos.


En este sentido, se propone un encuentro que busque y discuta diferentes vías para fortalecer el oficio del traductor a partir del conocimiento de la terminología especializada y para ampliar el campo de acción a través del ejercicio de la interpretación profesional. El coloquio, entonces, se centrará en dos temas. El primero está relacionado con la traducción, por el papel preponderante que ha asumido la terminología al servicio de la industria en la creación y gestión de lenguajes especializados. El segundo es relativo a la interpretación y la urgente necesidad de formar intérpretes de conferencia en los países de nuestra región.


En relación con lo primero, se busca discutir sobre los alcances de los desarrollos terminológicos en el ejercicio de la interpretación y la traducción. Aspectos como los análisis lingüísticos y la gestión de bases de datos terminológicas en campos especializados harán parte de la discusión académica planteada en el coloquio. En cuanto a lo segundo, se discutirá la formación profesional del intérprete y su campo de acción, temas que están a la orden del día en Colombia debido a la ausencia de programas profesionales de formación y al desconocimiento extendido del mercado sobre el trabajo y las competencias del intérprete.


Entre el 5 y el 7 de noviembre se llevará a cabo este evento en la Universidad del Rosario, donde investigadores, traductores, terminólogos, intérpretes, docentes y estudiantes relacionados con el campo explorarán diversas realidades y perspectivas.


Estos temas se relacionan con puntos centrales de la agenda actual como el lenguaje incluyente en la traducción, la interpretación en contextos académicos y oficiales de las lenguas indígenas y la lengua de señas, la terminología especializada, la enseñanza y la pedagogía de la interpretación y las normas y leyes vigentes que regulan en Colombia el ejercicio de la traducción y la interpretación. La apertura de este tipo de espacios es fundamental si se tiene en cuenta la enorme importancia que en el mundo globalizado tiene el trabajo de traductores e intérpretes, lo cual exige una respuesta de la academia y de los gremios especializados en aras de mejorar la formación y calidad de los procesos profesionales en este campo.

 

*Profesor y coordinador del Centro Multicultural y Multilingüe de la Escuela de Ciencias Humanas de la Universidad del Rosario.

Paradoja y singularidad del cine coreano. El séptimo arte  a la coreana

Herramienta de resistencia política y cultural, el cine surcoreano se vio afectado –positiva y, en ocasiones, negativamente– por los vaivenes políticos locales e internacionales. Con la vuelta de la democracia a fines de 1980 y el apoyo económico de los chaebols, la industria cinematográfica se fortaleció, y hoy sus producciones reinan en la taquilla dentro y fuera del país.

 

En Corea, el cine nace durante la ocupación japonesa de la península (desde 1910). Inmediatamente se convierte en una herramienta de resistencia, utilizada sobre todo por comunistas. Na Woon-gyu filma en 1926 el primer film conocido (pero perdido), Arirang, cuyo título es también el de una canción tradicional convertida en himno nacional. No obstante, el cine tal como se lo conoce hoy nació de la Guerra Civil (1950-1953) que desembocó en la división del país. El cine norcoreano existe sobre todo debido a una pasión nunca desmentida de los sucesivos líderes de la República Popular Democrática de Corea (RPDC) por la pantalla grande. Tiene algunas curiosidades en el estilo realista socialista, pero no realizó ninguna contribución memorable al séptimo arte. Un caso distinto es el cine surcoreano…


Este es el fruto de una sorprendente paradoja. Al terminar la guerra, el Sur es una dictadura directamente sometida a Estados Unidos, que garantizará su desarrollo económico al mismo tiempo que el aplastamiento brutal de toda oposición. Instrumentos diligentes de la política estadounidense en un contexto de Guerra Fría exacerbada, sus dirigentes sin embargo tienen empeño en manifestar el nacionalismo que reivindican. Una de las traducciones más explícitas de esto será el establecimiento de un sistema de cuotas (formalizado jurídicamente en 1967) que estipula que por cada película extranjera distribuida en el territorio deberán estrenarse dos coreanas. Se lo imponen a los estadounidenses, que sin embargo supieron doblegar a países menos directamente sometidos a la supremacía de Hollywood. Tal vez pensaban tanto en Washington como en Los Ángeles que los surcoreanos no podrían mantener el ritmo frente a la oleada hollywoodense. Fatal error…


A partir de fines de los años 1950 se desarrolla una importante industria que produce, en cadena y a las apuradas, para mantener la regla del “dos por uno”, películas (melodramas, policiales, aventuras “históricas”, películas de guerra…) a menudo llamadas “quota quickies” (1), de una mediocridad previsible. Esa industria, puesta bajo el control ideológico estrecho del gobierno, en lo esencial está bajo el control económico de la mafia local.
No importa: casi mecánicamente, la cantidad termina por engendrar, a veces, la calidad, y aparecen los primeros nombres de cineastas notables. Por ejemplo, el talentoso Shin Sang-ok (A flower in hell, 1958; My mother and her guest, 1961), quien se convertirá en el personaje principal de una aventura rocambolesca que durante un tiempo lo transforma en cineasta oficial de Kim Il-sung, sin que nunca se haya sabido si se había pasado voluntariamente al Norte o si había sido raptado, como lo afirmará tras haber logrado escapar a Estados Unidos. O también el sorprendente Kim Ki-young, autor de una obra transgresora, muy cargada de connotaciones sociales y sexuales a la vez revestidas de cuento fantástico, cuya obra maestra sigue siendo The Housemaid (1960), una película digna de Luis Buñuel.


O, sobre todo, el que en adelante es considerado como el mayor cineasta de su país: Im Kwon-taek, hoy autor de 104 películas, de las que de buena gana declara que las 70 primeras, realizadas en el marco de las “quota quickies”, no valen ni medio. Lo que es exagerado, ya que algunas distan de no tener cualidades. Pero no igualan las grandes obras de la madurez, y en particular Nez cassé (1980), Mandala (1981), Gilsoddeum (1985), La Mère porteuse (1986), Come Come Come Upward (1989), Fly High Run Far (1991). A partir de La Chanteuse de pansori (1993), su talento comenzará a ser reconocido en Occidente, en particular con Le Chant de la fidèle Chunhyang (2000) y Ebrio de mujeres y pintura (2) (2001), en competencia oficial en Cannes. Por sí sola, la filmografía increíblemente rica y diversa de Im Kwon-taek se hace cargo de casi la totalidad de las facetas de la historia política, cultural y religiosa de su país.


Después de la represión de las fuerzas democráticas, que culmina con la masacre de Gwangju, en 1980 (3), la oposición se refugia en un cine semiclandestino, donde algunos directores comprometidos –que se expresan a través de metáforas– y militantes filman clandestinamente pasquines contra la dictadura. Ellos dan al cine nacional una tonalidad nueva, enriquecida con la influencia de las Nouvelles Vagues europeas y asiáticas. La mayoría de esas películas son realizadas de manera anónima o en el seno de colectivos. Entre sus autores emergen sin embargo Jang Sun-woo (Seoul Jesus, 1986) o Park Kwang-su (Chilsu et Mansu, 1988), que continuarán su carrera. El primero con Le Pétale (1996), Bad Movie (1998), Fantasmes (1999), donde la crítica política viene de la mano de una transgresión en el terreno de las costumbres y en la manera de filmar; por ejemplo, confía pequeñas cámaras a los adolescentes marginales de Bad Movie. El segundo con Black Republic (1990), L’Île étoilée (1993), Les Insurgés (1999); este inscribe la impugnación en la larga historia de los movimientos rebeldes. Al mismo tiempo, el desarrollo económico y la modernización pusieron a la economía del país bajo el dominio de enormes conglomerados –los chaebols– los más conocidos de los cuales, Samsung o Daewoo, controlan también la industria del cine.


Fortalecimiento de la industria


A partir de 1987, con la transición democrática, que llevará diez años más tarde a la elección del opositor histórico Kim Dae-jung, el cine inaugura una nueva etapa. Para instaurar un contrapoder a la dominación político-económica cuya sede es Seúl, cineastas, gente de la cultura, emprendedores y políticos trabajan de común acuerdo en Busan, el gran puerto del Sur. En 1996 crean un festival internacional que muy pronto va a imponerse como el más importante de Asia, aventajando las manifestaciones históricas de Tokio y de Hong Kong y al nuevo competidor, Shanghai. En 1999 el régimen instala un nuevo organismo estatal encargado del cine, el Consejo del Film Coreano (Kofic), en algunos aspectos comparable al Centro Nacional del Cine Francés. Los profesionales están en gran medida asociados a la reglamentación de un sector que se dota de dispositivos de ayuda a la enseñanza, al patrimonio, así como a los proyectos artísticos más audaces.


Entre 1995 y 2012 ese sistema va a apoyar un notable desarrollo del cine: tanto en películas de género, sobre todo con una gran fecundidad de películas de terror y fantásticas, como investigaciones más singulares. Hay que añadir a esto una veta muy particular, ligada al traumatismo de la división, que suscita una fuerte respuesta del público con películas tales como Lazos de guerra (Kang Je-gyu, 2004), Silmido (Kang Woo-Suk, 2003), Área común de seguridad (Joint Security Area) (Park Chan-Wook, 2000), Welcome to Dongmakgol (Kwang-Hyun Park, 2005).


Este auge se inscribe en el espectacular ascenso de las producciones culturales surcoreanas en los mercados del litoral Pacífico de Asia, en plena expansión, pero también en otras partes en el mundo, siendo el fenómeno más visible el K-Pop (4). Una presión incrementada de Washington termina por reducir significativamente las cuotas: a partir de julio de 2006 las salas deben proyectar producciones nacionales solamente setenta y tres días por año, y ya no ciento cuarenta y seis. Pero el cine surcoreano se ha vuelto lo bastante fuerte y diverso para continuar su impulso próspero y creativo. Los chaebols, igualmente presentes en lo agroalimentario y la gran distribución, como Lotte, o en la alimentación y la informática, como CJ, dominan la distribución comercial, al tiempo que aseguran una gran estabilidad al sector. Busan se convierte en el epicentro del cine surcoreano, con la construcción de una escuela, estudios, una cinemateca y edificios gigantescos especialmente destinados al festival. Los estudios cinematográficos experimentan un desarrollo significativo en las universidades, se crean revistas, florecen festivales temáticos.


El cine de este período está dominado en el plano artístico por cinco autores mayores. Park Chan-wook (El nombre de la venganza, 2002; Old Boy. Cinco días para vengarse, 2003; hasta Mademoiselle, 2016) impone un estilo barroco, que recurre a una ultraviolencia inspirada en el mundo de la historieta. Lee Chang-dong, primero escritor (y durante un tiempo ministro de Cultura) es un estilista escéptico que no olvidó sus compromisos de juventud contra la dictadura, como lo testimonian Green Fish (1997), Peppermint Candy (2000) y hasta el reciente Burning (2018). Cómodo en el policial (Memorias de un asesino, 2003) como en el film de monstruos (The Host, 2006), Bong Joon-ho es un director muy completo, cuya película mayor sigue siendo Madre (2009), que asocia melodrama y film angustiante con un conmovedor virtuosismo. En adelante parece haberse orientado hacia una carrera internacional (El expreso del miedo, 2013; Okja, 2017).


Favorito de los festivales durante largo tiempo, ahora casi retirado, Kim Ki-duk encarna al extremo rasgos compartidos por numerosos realizadores de su país. Sus películas –Domicilio desconocido (2001), El marine (2002), Primavera, verano, otoño, invierno... y otra vez primavera (2003), Locataires (2004), hasta Piedad (2012)–, testimonian la crudeza de los contactos físicos y verbales y las relaciones de fuerzas entre generaciones, entre sexos, entre clases y castas. De buen grado brutal, esa crudeza se manifiesta tanto en los enfrentamientos como en las relaciones amorosas, en films que evocan, bajo las apariencias de conflictos personales exacerbados, los conflictos sociales y políticos del país, primordialmente heredados de la división de la península y de los años de la dictadura.


Muy distinta es la tonalidad de la obra del más prolífico –y probablemente el más importante– surcoreano contemporáneo, Hong Sang-soo. Desde El día que un cerdo cayó al pozo, en 1996, sigue una veta muy original, donde las conversaciones cotidianas, a menudo alcoholizadas, los juegos de seducción, de traición y de connivencia entre hombres y mujeres componen un inmenso fresco vibrante de humor, de desesperación y de atención a los mecanismos íntimos. Experto en un cine de fuerte tendencia autobiográfica, es también un gran inventor de formas narrativas. Ocupa un lugar aparte, fuera del sistema, y realizó 24 largometrajes en 22 años. En Francia, tres de sus films fueron estrenados en el mismo año, 2018 (En la playa sola de noche, La cámara de Claire y Grass).


En 2013, el retorno al poder de la derecha dura, con la elección de Park Geun-hye, hija del ex dictador militar Park Chung-hee, fragilizó el cine. La acción del Kofic fue reducida y desaparecieron algunos festivales. Incluso el de Busan fue amenazado tras haber proyectado una película que denunciaba la inacción y las mentiras del gobierno durante el naufragio de un ferry que, en 2014, había costado la vida a trescientas personas, escolares en su mayoría. La firme reacción del mundo del cine, apoyada por profesionales de todo el mundo, permitió mantener la manifestación hasta la destitución de la presidenta Park, en 2017 (seguida de su encarcelamiento). El festival de Busan sigue siendo uno de los cinco más grandes festivales internacionales junto con Cannes, Berlín, Venecia y Toronto.


En el país probablemente más conectado del mundo, la cifra de negocios de las salas sigue siendo muy elevada: 1,46 mil millones de dólares (1,28 mil millones de euros) en 2017, de los cuales el 50% es para películas nacionales que testimonian a la vez la fortaleza y la especificidad de ese cine. Si bien realmente existe una “excepción cultural” surcoreana en el campo del cine, es más un giro hacia las producciones nacionales que hacia una defensa del cine en general, credo de la acción pública francesa en este campo. Corea del Sur, sin embargo, no deja de desempeñar un papel mayor en el conjunto de la región de Medio Oriente, al tiempo que es la cinematografía asiática más difundida en el mundo ante públicos no coreanos (fuera de los casos singulares de las películas indias y chinas difundidas ante las diásporas de esos dos países).


Si bien se asistió en 2016 a un acontecimiento inédito, el éxito a la vez local e internacional de una obra surcoreana, la película de zombies Estación zombie, dirigida por Yeon Sang-ho, el mercado local, tanto allí como en otras partes, se dedicó sobre todo a las franquicias (películas que dan lugar a continuaciones), como la saga fantástica inspirada en una serie de animación en Internet (webtoon) Along with the Gods, cuyos dos episodios dominaron la taquilla 2017-2018.

1. La expresión fue creada para designar las películas producidas en el marco de una política de cuotas instituida en el Reino Unido en los años veinte.
2. N. del T.: Sólo se transcriben los títulos (en castellano) de las películas que tuvieron distribución en el mundo hispanohablante.
3. En mayo de 1980, la represión de las manifestaciones de estudiantes y asalariados en Gwangju, feudo de uno de los dirigentes de la oposición, Kim Dae-jung, produjo varios centenares de muertos.
4. N. del T.: Un género musical que incluye diversos estilos (música dance electrónica, hip hop, rap, rock, etc.), y que remite específicamente a la música popular de Corea del Sur.

 

*Crítico e historiador del cine, profesor asociado a Sciences Po Paris, Professorial Fellow en la Universidad de St Andrews en Escocia. Recientemente dirigió con Dina Iordanova la obra Cinémas de Paris, París, CNRS Éditions, 2017.
Traducción: Víctor Goldstein