Articulos de la semana

Articulos de la semana (161)

¿Qué pasa con la democracia, es un caso de "vota Sí o verás"?

Atenas.

 

Así que los griegos van a votar Sí el domingo. Temor. Humillación. Patriotismo (pro europeo además de pro euro, como veremos más adelante). Pragmatismo; ese gran poder industrial de los políticos europeos. Y así, la EU, el FMI y el BM, todo ese grupo habrá ganado. Grecia –cero. Borren la Segunda Guerra Mundial.
El problema –y olvidemos por un momento cuántos millones nos deben los desvergonzados griegos– es que quienes voten por el No lo harán por la misma razón. Son patrióticos y quieren esperanza. Y también están condenados por nuestra versión de su historia. Los griegos del siglo XVIII creían en el nacionalismo nacido a partir de la civilización; una idea que Byron disfrutaba, pero que dejó fuera al imperio Otomano, al maravilloso dinar (olvídense del euro) y a una historia que no tiene lugar en nuestra narrativa actual. 


Los años 40 del siglo XX ensombrecen la Grecia actual. Quienes voten Sí el domingo serán llamados traidores (o jermanotsolias, término griego cuya traducción más precisa es camisas alemanas en referencia a los soldados de esa nacionalidad).


Quienes voten No serán los hijos o nietos de patriotas socialistas que lucharon contra el mandato burgués británico que tomó el control de Atenas luego de que Churchill y Stalin acordaron que Grecia debía quedarse de nuestro lado de la cortina de hierro. Los títeres y sus amos son irrelevantes.


Alexis Tsipras es –y aquí cito a un amigo economista– el niño consentido quien hace mucho tiempo logró llegar a la televisión en entrevistas en las que apoyaba a los estudiantes, era de rostro dulce, pero se enojaba y era agresivo. Pasó su carrera en la política interna de la izquierda, con cero experiencia en el mundo real.


Yanis Varoufakis (según otro amigo griego, que es menos economista y más político) es el siempre sonriente ministro de Economía; un idiota narcisista a quien le complace demasiado escuchar su propia voz, un estudiante-académico que gusta de pavonearse. Por eso la madame del FMI insistió, fastidiada y con su mejor voz de aviso a la comunidad, en hablar con los adultos, hace unos días. El ministro cree que puede jugar con los niños y niñas grandes en Bruselas sin darse cuenta que ellos no se interesan por su actuación.


El problema es el siguiente: Europa –la Europa que quizás deba poner entre comillas, es muy similar a la Europa de los años 30; la era del abuelo de Yanis, que se preocupaba más por el socialismo, el marxismo, el poder de los trabajadores que por la democracia. Por eso se decidió que el referendo del domingo es sobre Europa, más que sobre la democracia. ¿Acaso Christine Lagarde no dijo que espera que el voto del domingo indique claramente cuál será el camino?


No es necesario haber pasado muchas horas en Atenas para ver cómo la imagen de la historia ha cambiado. En años anteriores, admiré la placa de bronce del Hotel Grand Bretagne, que recordaba a sus huéspedes que aquí hubo un cuartel nazi. Ahora hay otra placa reluciente, también de bronce, que dice a los clientes que aquí estuvieron los cuarteles de ejército griego entre 1940 y 1941. Pero no dice nada sobre lo que le pasó al ejército griego en 1941.


Nuestros periodistas tienen la sospecha de que la división podría vaticinar otra guerra civil aquí. Es posible que en ella se involucre el Ejército Griego de Liberación Popular (ELAS, por sus siglas en griego) contra los partidarios de la monarquía apoyados por Gran Bretaña –pero esto no queda claro. Quienes votarán por el Sí, son servidores púbicos, farmacéuticos, propietarios de pequeños negocios –lo que nos permite analizar a quienes votaron por Hitler en 1933–. Quienes votarán por el No son hombres y mujeres más emocionales, más conscientes de la historia; que recuerdan una y otra vez que el desequilibrado y fragmentario sistema de pensiones se modernizó por última vez hace 14 años. Ellos le dicen a uno que hay gente hambrienta,y muchos que aún recuerdan la hambruna griega de 1941, ¿100 mil muertos, tal vez? Todos sabemos quién ocupaba Grecia entonces ...


Sin embargo, hay también algo oscuro, peligroso y demasiado relevante sobre aquellos días. Europa, desde la perspectiva de Atenas, es una institución muy dictatorial que está más preocupada por el dinero que por la democracia; y ante la posible desintegración del euro, le importa aún más el dinero que la voz de los griegos hambrientos.


Tsipras puede hablar de los líderes europeos que chantajean a los electores de Grecia, pero cuando esos mismos sirvientes de la UE dicten que el referendo del domingo debe ser sobre la permanencia o la salida de Grecia de la gloriosa República Popular de Europa, es difícil estar en desacuerdo.


Si, a todos nos agrada que los griegos hablen a través de su vocero Euclides Tsakalatos, el jefe negociador de Grecia en Bruselas, cuyo lado europeo es enfatizado por su inglés brillante (cortesía del colegio St. Paul y de Oxford). Es un académico británico clásico, me dijo en el desayuno un banquero griego. Es una persona muy agradable, pero es la persona incorrecta para jugar cualquier papel político.


Luego la conversación se volvió horrenda. No ha existido tanto veneno en el léxico político desde la Segunda Guerra Mundial. Hay estalinistas dentro de Syriza, incluido el ministro de desarrollo, quien cree que Putin es una continuación de Stalin. Esta descripción vino del banquero: un hombre con sentido del humor pero sin esperanza en la sonrisa de esos que te topas durante las revoluciones, y quien insistió en que existe el peligro real de un colapso político en Grecia.
El colapso económico ya ocurrió, me dijo.


Mientras hablábamo, fuimos interrumpidos por un mendigo. Al principio creí que era un refugiado sirio pero resultó afgano; otra parte de la historia de Grecia.
El FMI tuvo graves errores de cálculo. El sistema bancario se colapsará la semana próxima, los bancos perderán liquidez y los depósitos privados van a desaparecer. Perderemos la capacidad de comprar y vender internacional y localmente.


Habrá quienes voten Sí el domingo porque tienen miedo. Habrá muchos, sospecho, que votarán No por la misma razón. Y hay extremistas (qué apropiada es esta expresión, en el sentido islamita de la palabra) como los del partido Amanecer Dorado, que culpan a los inmigrantes, más que a los alemanes, de su predicamento. No olvidemos que hay 4 por ciento del voto nacionalista representado en el gobierno de Tsipras con 14 miembros del Parlamento. ¿Pero quién tiene la culpa?


Nuestro pasado populista, me anuncia categóricamente mi amigo el banquero. "Comenzó con la dictadura militar y nuestra forma de mimar constantemente nuestros más bajos sentimientos, y la convicción de que es posible que estemos equivocados. Fue una mala idea unirnos a la zona euro. Pensamos: 'Al fin, hemos recibido nuestro destino. Nos hemos unido a Occidente', pero nuestra economía no estaba lista para ello".


Sí, en efecto, y la corrupción, agregué; la cara del banquero se tornó radiante. Todos esos siglos de admirar a la Grecia clásica. Byron nos debe muchas explicaciones, me dijo.


Pero hay cuestiones más importantes, desde luego. ¿Cómo podemos seguir admirando a la dictadura de los bancos (los europeos, no los griegos)? ¿Cómo podemos seguir dándonos golpes de pecho al hablar de la Europa democrática, cuando Europa le dice a Grecia lo que está en juego en su referendo. Si esta democracia no funciona en Europa, ¿cómo se supone que va a funcionar en India? ¿O en Medio Oriente? Si lo que queremos es que la vote por el Sí el domingo; un "Sí, o verás", ¿quiénes son entonces los dictadores?

 

Es esto un poco es demasiado. Un viejo amigo, Monty Woodhouse, fue Ejecutivo de Operaciones Especiales en Grecia durante la ocupación alemana y años más tarde él y este reportero cuando era joven, buscaron juntos los expedientes de la guerra de un tal Kurt Waldheim, quien fungió como secretario general de la Organización de Naciones Unidas, a pesar de haber sido oficial de inteligencia de la Wehrmacht de la Alemania Nazi. Fue Woodhouse, quien escribió en el ya mencionado hotel Grande Bretagne de Atenas que él aprendió a amar a Grecia cuando se dio cuenta que aquí la gente viva aún hablaba en el lenguaje de Platón.


Pero sospecho que ahí está la falla. Todos amamos a Platón. Y a Aristófanes. ¿Acaso no corearon las ranas: rakak-coax-coax-coax? Pero si hasta helenizaron a los romanos, por Dios. Y todo esto nos lo tomamos a pecho. Y nosotros que pensamos que los griegos eran nuestros amigos, ¿no es cierto?


© The Independent
Traducción: Gabriela Fonseca

Martes, 30 Junio 2015 09:12

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Martes, 30 Junio 2015 09:08

Grecia: siga al dinero

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Grecia: siga al dinero

Seguir el dinero suele ser una buena aproximación para tratar las consecuencias de los procesos económicos y su entramado político. Entre 2010 y 2014 los fondos del rescate para enfrentar la crisis económica de Grecia sumaron 254.4 mil millones de euros. De ellos, 40 se usaron para pagar intereses, 81 para cubrir los vencimientos de la deuda, 46 para reducir el monto del endeudamiento, más de 48 para recapitalizar a los bancos comerciales, 27 para la operación del gobierno y 9 para pagar al FMI.

 

El destino de esos fondos, incluso de haberse ocupado para los fines indicados, fue claramente infructuoso. En lo que va del año es manifiesta la crisis de la economía griega junto con el altísimo deterioro de las condiciones de vida en esa sociedad. El gobierno recientemente electo se ha colocado en un conflicto frontal con los acreedores, principalmente los otros países de la Unión Europea (UE), el Banco Central Europeo y el FMI. Este enfrentamiento ha tenido como marco de referencia las condiciones de un nuevo paquete de salvamento conforme a los criterios convencionales que privan en este tipo de negociaciones.


De acuerdo con el Reloj de la Deuda según se mide siguiendo las normas del Tratado de Maastricht, la deuda pública en Grecia es del orden de 317 mil millones de euros, que equivalen a 175 por ciento del PIB. Esta cifra es muy elevada en relación al nivel de la riqueza de ese país, lo que la convierte materialmente en impagable.


El primer ministro Tsipras declaró antes de ganar la elecciones a principios de año que haber concedido el rescate de 2010 en las condiciones financieras que ya prevalecían entonces había sido una irresponsabilidad de la Unión Europea (UE) y, ciertamente, también del gobierno griego en turno. Según su planteamiento eso no podía ayudar a superar la situación social provocada por la crisis y, tampoco, prevenir la expansión sin medida de la deuda pública.


Ambas cuestiones son ya un hecho y en eso se ha basado la negociación entablada durante meses entre el gobierno de Syriza y el resto de la UE en los últimos seis meses.


La deuda griega ha cambiado en sus condiciones. El costo del servicio (los intereses) está por debajo de las tasas del mercado y los plazos de pago se han extendido; se estima que hoy equivalen a 2.6 por ciento del PIB. Además, no debe pagar el principal (el capital) de los fondos de estabilización financiera de la UE hasta 2022. Pero el problema está en otra parte: en las condiciones del rescate antes del fin de mes para evitar el incumplimiento. Syriza lo ha presentado como inaceptable y los acreedores no ceden casi nada.


El rescate requiere que Grecia alcance un superávit primario (antes del pago de impuestos) equivalente a 4.5 por ciento del PIB a partir de 2016 y se amolde a los requisitos fiscales impuestos por la UE para la reducción del endeudamiento público, cosa que en este caso es incumplible por el monto de la deuda. Lo que Tsipras arguye es que estas cargas del rescate son excesivas por el deterioro de las condiciones de vida de amplios grupos de la población, como son los empleados y los pensionistas, además de las necesidades de los servicios públicos.


Tres cuartas partes de la deuda griega está en manos de los gobiernos de la UE y del FMI, una décima parte son bonos en posesión del Banco Central Europeo, 12 por ciento la tienen inversionistas privados, el resto son otro tipo de deudas. Los bancos comerciales han bajado su exposición y riesgo directo en Grecia, pero los gobiernos se resisten a borrar la deuda por el impacto en sus déficit y en el conjunto del sistema financiero.


El efecto de un incumplimiento de la deuda griega provocaría una gran inestabilidad en los mercados de dinero y capitales y en la estructura del endeudamiento sobre todo, pero no únicamente en Europa y el zona del euro. Además, dejaría abierta la puerta para una serie de consecuencias políticas muy sensibles para la continuación del esquema actual de integración en esa región. Los países que aún tienen elevados niveles de endeudamiento público y que imponen fuertes ajustes en las cuentas fiscales y en los servicios públicos quedarían expuestos ante una ventaja admitida para Grecia, que está prácticamente en quiebra. Ese es el caso de Portugal, España e Irlanda, e incluso Francia e Italia.


La gestión de la crisis griega ha sido errática y hasta cierto punto convenenciera para los acreedores que no han ganado tiempo sino que han llevado el juego hasta el límite. Eso lo entendió Tsipras y ha movido sus fichas. El tablero se está agotando.


Y queda para una discusión técnica y, sobre todo, política el asunto de la deuda y los extremos a los que se ha llevado. Desde 2008 este es el asunto esencial de la economía de mercado, ya sea en el campo privado (las hipotecas) o en el terreno de lo público (los ajustes sin fin). La deuda griega, como otras, se contrató por un gobierno legítimo con bancos privados y otros gobiernos. La democracia queda así exhibida con bastante rubor. Y ahora la democracia en otra versión griega la enfrenta. El hecho pone de manifiesto las enormes contradicciones que esto entraña. La UE trata, sin conseguirlo, de establecer las pautas para la reproducción del capital en condiciones de deudas incobrables y sociedades exprimidas. ¡Follow the money!

 

Martes, 30 Junio 2015 09:04

Bajo asedio, Grecia ordenó un corralito

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Bajo asedio, Grecia ordenó un corralito

Los socios europeos dieron la espalda a Tsipras luego de que anunciara un referéndum en el que los griegos deberán decidir si aceptan o no los recortes. El premier adelantó que ni la Bolsa de Atenas ni los bancos operarán hoy.

 

Desde París


Grecia se despierta hoy con un "corralito" y los líderes europeos con una pesadilla. Los banqueros gobiernan, las democracias están sometidas a ellos. El primer ministro griego, Alexis Tsipras, buscó dar vuelta el paradigma y restaurar la soberanía popular con una consulta prevista para el próximo 5 de julio en la cual los griegos deberán decidir si aceptan o rechazan las condiciones impuestas por la troika (Fondo Monetario Internacional, Comisión Europea y Banco Central Europeo) luego de que el Eurogrupo (países de la zona euro) rechazara desembolsar el monto del segundo rescate. Bastó con que Tsipras acudiera al voto para que una lava volcánica de pánico recorriera Europa. Acorralado de todos lados por sus "socios", con una inmensa fuga de capitales en curso (sólo el sábado salieron 400 millones de euros) Tsipras anunció ayer la medida más temida por la Unión Europea: el control de capitales, o sea, un "corralito". El jefe de Gobierno también adelantó que este lunes 29 de junio ni la bolsa de Atenas ni los bancos mantendrían operaciones. Las cancillerías ya apostaban por lo peor. Alemania y Holanda advirtieron a los turistas que viajan a Atenas de que lleven "suficiente dinero al contado". Nadie sabe a esta altura qué pasará hoy. En un contexto semejante y con los precedentes escatológicos de la más reciente historia griega, la instauración del control de capitales parecía inevitable. Entre 2010 y 2015, más de 80 mil millones de euros salieron del país. El control de capitales fue instaurado en Malasia y Tailandia en la década de los '90, también en la Argentina en 2001, en Islandia en 2008 y en Chipre en 2013. Su meta es simple: se trata de evitar que los capitales salgan del país, es decir, el llamado "pánico bancario", "el bank run".


La única buena noticia que recibió el país vino ayer del Banco Central Europeo, el BCE. La institución dirigida por Mario Draghi mantuvo vigentes las líneas de liquidez de urgencia (los ELA), con lo cual se despeja por el momento uno de los horizontes más catastróficos. Todo pende sin embargo de un hilo. El primer ministro francés, Manuel Valls, dijo ayer que el Banco Central Europeo no puede en ningún caso "cortar el suministro". Sin embargo, la decisión del BCE puede ser revisada a más tardar a partir del miércoles. Ese día Grecia deja de estar bajo el amparo del programa de rescate y, encima, tiene que pagar a las Tortugas Ninjas del sistema financiero, el Fondo Monetario Internacional, 1500 millones de dólares. Si el Banco Central Europeo interrumpe sus aportes los bancos griegos se quedarán sin dinero. Nunca como hoy la confrontación entre los escuderos de las finanzas y un país democrático que eligió una mayoría para no someterse a los dictados de la banca había llegado a un grado tan extremo. Según las declaraciones de los responsables griegos, la disyuntiva de la solución no está en manos de FMI, de la Comisión Europea del BCE sino de Alemania. El ministro griego de Finanzas, Yanis Varoufakis, declaró a la prensa alemana que es la canciller de Alemania, Angela Merkel, quien "detenta la llave" (ver recuadro). Los europeos han tenido una actitud sobradora y excluyente con el dirigente griego. Aunque es miembro de él, Varoufakis no fue invitado a participar en la reunión del Eurogrupo que se celebró el sábado.


El control de capitales no es una medida liviana y cuesta levantarla de un día para otro. En Chipre, por ejemplo, duró dos años. No obstante, la pesadilla que acarrea esta decisión consiste en saber si en control de capitales no es sino la antesala del "Grexit", entiéndase, la salida de Grecia de la zona euro. Los plazos son múltiples y cortos. Grecia tiene hasta mañana 30 de junio para pagar los 1500 millones de euros al FMI y, si no lo hace, caería en defaut parcial. Atenas abriría así la puerta para salir del euro al tiempo que se quedaría sin posibilidad de conseguir el segundo segmento del plan de rescate financiado por la troika, 7,2 mil millones de euros. La segunda frontera crítica aparece en la agenda el próximo 22 de julio. Ese día marca el límite para que Grecia pague los 3,5 mil millones de euros que le debe al BCE. Dicho esto, cada uno de estos datos de ruptura puede quedar en la nada porque no existe en ningún tratado europeo la posibilidad de que un país se salga de la unión o del euro, ni tampoco que pueda ser expulsado. La pertenencia a la unión monetaria es irreversible. El esquema es complejo y totalmente inédito. Si no le paga al BCE o al FMI, Atenas puede con todo recuperar cierta soberanía financiera y hacer circular el euro al mismo tiempo que su o sus propias monedas paralelas.


En el discurso en el cual anunció la instauración del control de capitales, Alexis Tsipras aseguró que los depósitos de los ciudadanos "en los bancos griegos está garantizado" (ver pág. 20). El premier también reveló que le había pedido a la Unión Europea y al BCE la prolongación del programa de ayuda para su país. Tsipras precisó que esperaba "una respuesta rápida a esta demanda democrática de base". En su conjunto, cabe preguntarse cuánto hay de teatralización y cuanto de verdad en este enredo. Si bien Tsipras les pidió a sus ciudadanos que votaran "no" a los nuevos sacrificios exigidos por la troika, los sondeos de opinión vaticinan un "sí" mayoritario. Tal vez, lo más terrible sean los años perdidos y los sufrimientos de un pueblo entero. En 2011, el entonces primer ministro Geórgios Papandréou había propuesto la organización de un referéndum para consultar al pueblo griego sobre los recortes y ajustes que se venían. El también entonces presidente francés, Nicolas Sarkozy, se opuso vehementemente, al igual que la canciller alemana, Angela Merkel, quien había dicho "votar es peligroso". Tsipras le sacó ahora el voto soberano.


Anoche, las capitales del Viejo Continente sufrieron un colapso. François Hollande y Angela Merkel convocaron reuniones de urgencia. Lo impensable, o lo que sólo entraba en los cálculos de la "economía ficción", se convirtió en un trastorno tangible. La mayoría griega decidirá la semana próxima el destino que quiera. El euroegoísmo, la grosería dictatorial y financiera del FMI, la inmensa estafa organizada por los mismos europeos y las consultoras norteamericanas para que Grecia entrara en el euro convergen en un terremoto global. Todos son responsables de la hecatombe, pero sólo los griegos, en sus ya aspiradas vidas cotidianas, seguirán pagando la cuenta.


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Cinco años de crisis y ajuste fiscal permanente

Un repaso de lo ocurrido desde que Atenas recibió el primer paquete de ayuda en 2010 permite ver que los acuerdos firmados para lograr financiamiento, a cambio de implementar recortes en el gasto, no hicieron más que profundizar la recesión.

 
La decisión del primer ministro griego, Alexis Tsipras, de rechazar las exigencias de la Comisión Europea abre un escenario incierto de fuerte inestabilidad económica y financiera para Grecia. No obstante, un repaso de lo ocurrido en los últimos cinco años permite ver que los distintos acuerdos firmados por Atenas para lograr financiamiento, a cambio de implementar sucesivos planes de ajuste fiscal, no hicieron más que profundizar la crisis económica.


Grecia adoptó el euro el 1º de enero de 2001 y a partir de entonces vivió un boom de consumo fomentado por la estabilidad de los precios y el acceso fácil al crédito. Los especialistas coinciden en que fue una bonanza ficticia que no respondió a una mejora en la productividad de su economía. Los principales ganadores del período fueron los bancos alemanes y franceses que financiaron el endeudamiento y las multinacionales de esos mismos países que ganaron participación en el mercado griego. Ambos procesos fueron de la mano de un creciente déficit comercial y corriente. A su vez, la adopción del euro implicó para Grecia una rigidez similar a la que enfrentó Argentina durante la convertibilidad, lo cual la forzó a resignar la política monetaria y cambiaria. Incluso fue más allá porque no "ató" la suerte de su moneda a otra, sino que directamente eliminó la propia. Luego de la caída del banco Lehman Brothers en septiembre de 2008, y la consecuente profundización de la crisis internacional, la tasa de interés de los créditos se encareció y de a poco comenzó a quedar claro que Grecia no estaba en condiciones de afrontar los vencimientos de su deuda, que en 2009 ya superaba los 300.000 millones de euros, cifra equivalente al 120 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB). En mayo de 2010, ya a las puertas del default, los países de la Eurozona aprobaron un paquete de ayuda por 110.000 millones de euros, el cual estuvo condicionado a la implementación de un durísimo plan de ajuste cuyo cumplimiento comenzó a ser monitoreado trimestralmente por la troika, compuesta por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional.


La troika prometió que sus recetas ayudarían a Grecia a salir adelante, pero el ajuste no hizo más que profundizar la recesión económica y elevar la tasa de desempleo, que se duplicó hasta llegar al 21 por ciento. En el caso de los jóvenes, la desocupación superó el 50 por ciento. A mediados de 2011, se comenzó a negociar un segundo rescate que esta vez contempló una quita de la deuda y nuevas exigencias de recorte del gasto para el gobierno griego. Un acuerdo inicial se anunció en octubre de ese año. Por entonces, la pérdida de soberanía de Grecia era tan manifiesta que la canciller alemana, Angela Merkel, declaró que una delegación de la troika se radicaría en Atenas para asegurar su cumplimiento. "Es mejor que haya un sistema de supervisión permanente", aseguró. El acuerdo se aprobó el 21 de febrero de 2012, cuando se terminaron de negociar los recortes, y contempló un desembolso por 130.000 millones de euros, lo que elevó el plan de ayuda a 240.000 millones de euros en total, pero como las recetas fueron las mismas el resultado no fue diferente.


En octubre de 2012, con el conservador Andonis Samarás el frente del gobierno, la economía continuó en caída y el desempleo llegó al 25,1 por ciento. Pese a ello, la troika condicionó el desbloqueo de nuevos desembolsos a la profundización de las "reformas estructurales" que suponían un mayor recorte del gasto. En febrero de 2013, el desempleo trepó al 27 por ciento y entre los menores de 25 años alcanzó el 64,2 por ciento. Esa misma dinámica recesiva se repitió durante el resto de 2013 y también en 2014, hasta que Samarás adelantó las elecciones generales para el 25 de enero de 2015, en las que se impuso el partido de izquierda Syriza con el 36,4 por ciento de los votos, que proclamó primer ministro a Alexis Tsipras.


El flamante jefe de Gobierno prometió renegociar la deuda externa "con soluciones viables y justas que sirvan a toda Europa y evitando la confrontación, pero también las políticas de sumisión". A su vez, se comprometió a reactivar la economía, combatir la evasión fiscal y mejorar la política social para revertir la crisis alimentaria de una amplia porción de la población.


El ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, propuso en febrero un "programa puente" de seis meses mientras se buscaba una solución definitiva al problema de la deuda. El Eurogrupo aceptó finalmente en ese momento prorrogar el acuerdo por cuatro meses y disolvió la troika como gesto de buena voluntad, ya que, según dijo, Tsipras se comprometió a no deshacer las transformaciones emprendidas e impulsar algunos de los compromisos pendientes. Desde entonces, ambas partes habían acercado posiciones, a punto tal que en las últimas semanas estaban a punto de llegar a un acuerdo para extender el programa de asistencia y permitirle a Grecia afrontar el vencimiento de deuda de mañana sin problemas.


Syriza había aceptado el compromiso fiscal de lograr un superávit primario de 1 por ciento este año, de 2 por ciento en 2016 y de 3,5 por ciento en 2017. Además, se había comprometido a elevar el IVA, la edad de jubilación y recortar el gasto militar. Las diferencias eran graduales. En el caso del IVA, Tsipras quería que todos los alimentos pagaran un 13 por ciento en lugar de un 23 por ciento, y no sólo los básicos como exigía Bruselas. Además, quería que esa excepción alcanzara a los hoteles, lo cual también era rechazado por los acreedores. En lo que respecta a la edad jubilatoria, había aceptado subirla en un plan gradual, pero no quería conceder que el régimen se autofinancie, como ocurre en otros países europeos, ya que en Grecia una parte importante del sistema se sostiene con el dinero de los impuestos. A su vez, aceptaba recortar 200 millones de euros del gasto militar y no 400 millones con le pedían. También proponía un impuesto a los yates, que el FMI resistía. Pese a las diferencias, la mayoría de los analistas confiaban en que se iba a llegar a un acuerdo, pero los acreedores siguieron tirando de la cuerda y el viernes la negociación se empantanó.


La convocatoria de Tsipras al referéndum para que el pueblo decida si acepta las políticas de ajuste o si patea el tablero fue acompañada de un pedido al Eurogrupo para extender la asistencia al menos hasta que se realizara la consulta, pero la solicitud no fue concedida y de pronto la crisis se precipitó a tal punto que el gobierno se vio obligado ayer a anunciar un corralito bancario para evitar que los griegos hoy se lleven de los bancos hasta los escritorios. El escenario que se abre ahora es incierto, aún en el caso de que el pueblo vote a favor de retomar la negociación, porque una vez que se establecen controles de capitales no es fácil dar marcha atrás, aunque Tsipras dejó en claro en su discurso que su apuesta es por un rechazo al acuerdo, con la intención de ponerle fin al ajuste permanente que sufre Grecia desde hace cinco años sin ningún resultado a la vista.


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Martes, 30 Junio 2015 08:53

"Respondemos con democracia"

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"Respondemos con democracia"

Entre la medianoche del viernes y la madrugada del sábado europeo, el líder de Syriza llamó a una consulta popular para que el pueblo decida si acepta el ajuste que proponen la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario.


Compatriotas, desde hace ya seis meses, el gobierno griego ha estado librando una batalla en condiciones de asfixia económica sin precedentes, con el fin de implementar el mandato que el pueblo nos legó el 25 de enero.


El objetivo por el que estábamos negociando con nuestros socios era poner fin a la austeridad, y permitir así que la prosperidad y la justicia social regresaran a nuestro país.


Era una propuesta por un acuerdo sustentable que respetara tanto la democracia como las leyes comunes de Europa, y que nos condujera finalmente a una salida de la crisis.


A lo largo de este período de negociaciones, se nos ha pedido implementar los acuerdos pactados por los anteriores gobiernos mediante los memorándum, a pesar de que éstos fueran categóricamente condenados por el pueblo griego en las recientes elecciones.


Sin embargo, ni por un momento pensamos en rendirnos y traicionar vuestra confianza.


Desafortunadamente, luego de cinco meses de duras negociaciones, nuestros socios han emitido en el Eurogrupo de anteayer (en referencia al jueves) un ultimátum a la democracia griega y a su pueblo.


Un ultimátum que es contrario a los principios fundacionales y a los valores de Europa, los valores de nuestro proyecto común europeo.


Han demandado que el gobierno griego acepte una propuesta que suma una nueva carga insostenible sobre el pueblo griego y que socava la recuperación de la sociedad y la economía griegas. Una propuesta que no sólo perpetúa el estado de incertidumbre, sino que acentúa aún más las de- sigualdades sociales.


La propuesta de las instituciones incluye medidas que conducen a una mayor desregularización del mercado laboral, recortes en las pensiones, más reducciones en los salarios del sector público y un incremento en el IVA de alimentos, restaurantes y turismo, mientras que elimina las exenciones tributarias de las islas griegas.
Estas propuestas violan directamente los derechos sociales y fundamentales de Europa: demuestran que respecto al trabajo, la igualdad y la dignidad, en la mira de algunos de los socios e instituciones, no existe un acuerdo viable y beneficioso para todas las partes que no sea la humillación de todo el pueblo griego.


Estas propuestas principalmente destacan la insistencia del FMI en una austeridad severa y disciplinaria, y hacen más oportuna que nunca la necesidad de que las principales potencias europeas aprovechen el momento y lleven a cabo iniciativas que de una vez por todas pongan un final definitivo a la crisis de la deuda soberana en Grecia, una crisis que afecta a otros países europeos y que amenaza el futuro mismo de la integración regional.


Compatriotas griegos, ahora mismo descansa sobre nuestros hombros la responsabilidad histórica frente a las luchas y sacrificios del pueblo griego para la consolidación de la democracia y soberanía nacional, la responsabilidad por el futuro de nuestro país.


Y esta responsabilidad requiere que respondamos al ultimátum en base a la voluntad soberana del pueblo griego.


Hace poco tiempo, en una reunión de gabinete, sugerí la organización de un referéndum para que el pueblo griego pudiera decidir de una manera soberana. La sugerencia fue aceptada unánimemente.


Mañana (por el sábado), la Cámara de Representantes será convocada de urgencia para ratificar la propuesta del gabinete de cara a un referéndum el próximo domingo, 5 de julio, sobre la consulta de aceptar o rechazar la oferta de las instituciones.


Ya he informado de mi decisión al presidente de Francia y a la canciller de Alemania, al presidente del BCE, y mi misiva les pedirá a los líderes de la UE y las instituciones extender por algunos días el actual programa de liquidez, para que el pueblo griego pueda decidir libre de cualquier tipo de presión o chantaje, como es requerido por la Constitución de nuestro país y por la tradición democrática de Europa.


Compatriotas griegos, ante el chantaje del ultimátum, que nos exige aceptar una severa y denigrante austeridad sin fin y sin ninguna expectativa de recuperación social y económica, os pido que respondáis de manera orgullosa y soberana, como la historia del pueblo griego lo demanda.


Ante el autoritarismo y la austeridad inflexible, responderemos con democracia, en calma y decisivamente.


Grecia, la cuna de la democracia, enviará una respuesta democrática resonante a Europa y a todo el mundo.


Estoy personalmente comprometido a respetar el resultado de vuestra elección democrática, cualquiera que sea.


Y estoy absolutamente convencido de que vuestra decisión honrará la historia de nuestro país y enviará un mensaje de dignidad al mundo.


En estos momentos críticos, todos debemos recordar que Europa es el hogar común de los pueblos. En Europa no existen dueños e invitados.


Grecia es y seguirá siendo una parte integral de Europa, así como Europa es una parte integral de Grecia. Pero sin democracia, Europa será una Europa sin identidad y sin rumbo.


Os invito a todos a demostrar unidad nacional y calma para optar por la decisión correcta.


Por nosotros, por las futuras generaciones, por la historia de los griegos.


Por la soberanía y la dignidad de nuestro pueblo.


*Primer ministro de Grecia.

Intervención de Varoufakis ante el Eurogrupo el 27 de junio

Intervención íntegra del ministro de finanzas de Grecia, Yanis Varoufakis, en la reunión del Eurogrupo el 27 de junio de 2015 en la que le llegaron a decir "¿cómo puede esperar usted que la gente común entienda asuntos de tal complejidad?".

 

La reunión del Eurogrupo del 27 de junio de 2015, no pasará a la historia como un momento de orgullo para Europa. Los ministros rechazaron la petición del gobierno griego para garantizar al pueblo griego una semana de deliberación, a fin de decidir una respuesta de Sí o No a las propuestas de las instituciones, unas propuestas cruciales, huelga decirlo, para el futuro de Grecia en la Eurozona.


La mera idea de que un gobierno pudiera consultar a su pueblo sobre una propuesta problemática hecha por las instituciones fue tratada con incomprensión y, a menudo, con un desdén rayando en la indignación. Hubo incluso quien llegó a espetarme: "¿Cómo puede usted esperar que la gente común entienda asuntos de tal complejidad?".


¡La democracia no tuvo un buen día en esta reunión del Eurogrupo! Pero tampoco las instituciones europeas. Luego de que se rechazara nuestra propuesta, el Presidente del Eurogrupo rompió con la convención de unanimidad –emitiendo un comunicado sin mi consentimiento— y llegó incluso a tomar la dudosa decisión de acordar una continuación de la reunión sin la presencia del ministro griego, ostensiblemente para discutir los "próximos pasos".


¿Pueden coexistir la democracia y una unión monetaria? ¿O debe acaso caer una de las dos? Tal es la cuestión capital que el Eurogrupo decidió responder guardando a la democracia en el cajón de las cosas demasiado arduas. Por ahora. O eso, al menos, me atrevo a esperar yo.



Colegas:


En nuestra última reunión del pasado 25 de junio las instituciones presentaron su oferta final a las autoridades griegas en respuesta a nuestra propuesta de un Acuerdo a Nivel de Expertos (SLA, por sus siglas en inglés) presentado el 22 de junio (y firmado por el Primer Ministro Tsipras). Tras un largo y cuidadoso examen, nuestro gobierno decidió que, desgraciadamente, la propuesta de las instituciones no podía ser aceptada. A la vista de lo cerca que estaba ya el 30 de junio, fecha de expiración del actual acuerdo de préstamo, el punto muerto a que hemos llegado nos suscita honda preocupación a todos. Y sus causas deben ser examinadas a conciencia.


Nosotros rechazamos las propuestas realizadas por las instituciones el pasado 25 de junio por varias razones de peso. La primera razón es la combinación de austeridad e injusticia social que impondrían a una población ya devastada por... la austeridad y la injusticia social. También nuestra propia propuesta SLA (del 22 de junio) es austera, buscando aplacar a las instituciones y, así, acercarnos a un acuerdo.


Sólo que nuestra SLA busca desplazar la carga de esta nueva oleada de austeridad hacia las espaldas de los más capaces de soportarla (por ejemplo: concentrándose en mayores contribuciones de los empresarios a los fondos de pensiones, en vez de reducir las pensiones más bajas). Sin embargo, incluso nuestra SLA contiene muchos elementos que la sociedad griega rechaza.


Así pues, habiéndosenos empujado enérgicamente a aceptar una nueva austeridad sustancial en forma de superávits primarios absurdamente grandes (un 3,5% del PIB a medio plazo, algo inferior a la irrecibible cifra acordada por los anteriores gobiernos griegos: 4,5%), tuvimos que terminar haciendo equilibrios recesivos entre, por un lado, los mayores impuestos y gravámenes en una economía en la que a quienes pagan lo debido les sale por un ojo de la cara, y por el otro lado, reducciones en pensiones y servicios sociales en una sociedad ya devastada por recortes masivos en el ingreso básico que sostiene a los cada vez más necesitados.


Déjenme decirles, colegas, lo que ya hemos comunicado a las instituciones el 22 de junio, al ofrecer nuestras propias propuestas: incluso esta SLA, la que nosotros proponíamos, resultaba extremadamente difícil de pasar por el Parlamento, dado el nivel de medidas recesivas y de austeridad que entrañaba.


Desgraciadamente, la respuesta de las instituciones fue insistir en medidas todavía más recesivas (es decir, paramétricas), como, pongamos por caso, incrementar el IVA de los hoteles ¡del 6% al 23%!). Y lo que todavía es peor, en desplazar masivamente las cargas desde el mundo empresarial hacia los sectores más débiles de la sociedad: por ejemplo, reduciendo las pensiones más modestas, privando de apoyo a los campesinos, posponiendo indefinidamente toda legislación que ofrezca una mínima protección a trabajadores inclementemente explotados.


Las nuevas propuestas de las instituciones, según se expresan en su documento del 25 de junio –anterior a la SLA—, convertirían un paquete de medidas políticamente problemáticas (desde la perspectiva del Parlamento griego) en un paquete de medidas extremadamente difícil de aceptar por una mayoría parlamentaria. Pero eso no es todo. La cosa es peor, mucho peor que eso, cuando echamos un vistazo al paquete de medidas de financiación propuestas.
Lo que hace de todo punto imposible que pase por el Parlamento griego la propuesta de las instituciones es la falta de respuesta a esta cuestión: ¿Nos ofrecerán al menos esas penosas medidas un período de tranquilidad para poder llevar a cabo las reformas y medidas acordadas? ¿Acaso una inyección de optimismo contrarrestará el efecto recesivo de la consolidación fiscal extra que se pretende imponer a un país que lleva ya en recesión 21 trimestres consecutivos? La respuesta es clara: No; la propuesta de las instituciones no ofrece esa perspectiva.


He aquí por qué: la financiación propuesta para los próximos 5 meses (véase más abajo el calendario) resulta problemática por distintas razones:
Por lo pronto, no hace provisiones para los atrasos del Estado causados por 5 meses de realizar pagos sin desembolsos y de ingresos fiscales menguantes resultantes de la permanente amenaza de Grexit que estaba en el aire, por así decirlo.


En segundo lugar, la idea de canibalizar el HFSF (Fondo Helénico de Estabilidad Financiera, por sus siglas en inglés), a fin de pagar los bonos del BCE de la era SMP [Securities Market Program, un programa que fue substituido en septiembre de 2014 por el actual programa OMT (Outright Monetary Transactions); T.] constituye un peligro claro y vivamente presente: esos dineros fueron concebidos –fundadamente— para robustecer a la frágil banca griega, posiblemente a través de una operación que permitiera enfrentarse a las montañas de créditos no rentables que merman su capitalización.


La respuesta que he obtenido de funcionarios veteranos del BCE, cuyo nombre no dejaré dicho, es que, si necesario fuera, el HFSF sería reaprovisionado para poder lidiar con las necesidades de recapitalización de los bancos. ¿Y quién reaprovisionaría? El Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEE), se me dijo.


Pero –un pero nada menor— eso no forma parte del acuerdo propuesto y, además, no podría ser parte del acuerdo, en la medida en que las instituciones carecen de mandato para comprometer de ese modo al MEE, como estoy seguro de que Wolfgang [Schäuble] nos recordará a todos.


Por lo demás, si pudiera llegar a hacerse un arreglo así, ¿por qué no se discute nuestra sensible, moderada, propuesta de una nueva función del MEE para Grecia que ayude a desplazar los pasivos del SMP actualmente en manos del BCE hacia el MEE? La respuesta: "no lo discutimos porque no nos da la gana" sería demasiado dura para que yo pudiera trasladarla a mi Parlamento al lado de un nuevo paquete de austeridad.


En tercer lugar, el calendario de desembolsos propuesto es un campo de minas en forma de revisiones –una al mes— que garantizará dos cosas. La primera, que el gobierno griego se verá inmerso día tras día, semana tras semana en el proceso de revisión durante cinco largos meses. Y bastante antes de que esos cinco meses expiren, tendremos que entrar en otra tediosa negociación sobre el siguiente programa. Porque no hay nada en la propuesta de las instituciones capaz de inspirar ni siquiera la más remota de las esperanzas en que al final de esta nueva extensión Grecia podrá caminar por su propio pie.


En cuarto lugar, dado que resulta apabullantemente claro que nuestra deuda seguirá siendo insostenible a final de año y que el acceso a los mercados seguirá tan lejos como ahora, no puede contarse con que el FMI desembolse su parte, los 3.500 millones con que cuentan las instituciones como parte del paquete de financiación propuesto.


Estas son razones sólidas que justifican por qué nuestro gobierno no considera que disponga de un mandato para aceptar la propuesta de las instituciones ni para servirse de la mayoría de que dispone en el Parlamento para pasarla por el legislativo.


Al mismo tiempo, y sabedores del crítico momento histórico en que nos hallamos, no disponemos tampoco de mandato para desestimar las propuestas de las instituciones. Nuestro partido recibió el 36% del sufragio, y el gobierno en su conjunto recibió poco más del 40%. Plenamente conscientes de la gravedad de nuestra decisión, nos sentimos obligados a poner la propuesta de las instituciones en manos del pueblo de Grecia.


Nos proponemos explicarles cabalmente qué significaría un SÍ a la Propuesta de las instituciones, y hacer lo propio con el voto del NO, para que decida el pueblo. En lo que a nosotros hace, aceptaremos el veredicto popular y haremos todo lo necesario para ponerlo en práctica, sea cual sea el resultado.


Algunos se inquietan porque un Sí podría significar un voto de falta de confianza en nuestro gobierno (puesto que nosotros recomendaremos votar No), caso en el cual no podríamos prometer al Eurogrupo que estaríamos en situación de firmar y llevar a la práctica el acuerdo con las instituciones. No es así. Nosotros somos demócratas convencidos.


Si el pueblo nos da una instrucción clara para suscribir las propuestas de las instituciones, haremos lo que sea preciso en este sentido, aun cuando ello traiga consigo una reconfiguración del equipo de gobierno. Colegas: la solución del referéndum es óptima para todos, dadas las restricciones en que nos hallamos.
Si nuestro gobierno aceptara hoy la oferta de las instituciones prometiendo pasarla mañana por el Parlamento, seríamos derrotados en el Parlamento, lo que resultaría en la convocatoria de nuevas elecciones no antes de un mes: un retraso y una incertidumbre que no harían sino disminuir muy mucho las perspectivas de una solución satisfactoria.


Pero aun si consiguiéramos pasar por el Parlamento las propuestas de las instituciones, nos enfrentaríamos a un gran problema de titularidad y de puesta en práctica. Dicho simplemente: así como en el pasado los gobiernos que se allanaron a poner en práctica políticas dictadas por las instituciones no lograron hacerse acompañar por el pueblo, así también nos pasaría a nosotros: cosecharíamos el mismo fracaso.


Respecto de la cuestión que hay que plantear al pueblo griego, mucho se ha discutido. Muchos de ustedes nos aconsejan –y hasta nos instruyen para— que sea una pregunta de Sí o No sobre el euro.


Déjenme ser claro al respecto. Para empezar, la cuestión fue formulada en el Gabinete y acaba de pasar por el Parlamento, y su tenor literal es el siguiente: "¿Acepta usted la propuesta de las instituciones tal como nos fue presentada el 25 de junio en el Eurogrupo?".


Ésta es la única cuestión pertinente. Si hubiéramos aceptado esta propuesta hace dos días, habríamos llegado a un acuerdo. Lo que hace el gobierno griego ahora es preguntar al electorado para que conteste la cuestión que tú, Jeroen [Dijselbloem] me planteaste literalmente así (cito textualmente): "considéralo, si quieres, una propuesta de tómalo o déjalo". Muy bien; así lo consideré.


Y lo que hacemos ahora es honrar a las instituciones y al pueblo griego pidiendo a este último una respuesta clara a la propuesta de las instituciones.


A quienes digan que, en realidad, esto es un referéndum sobre el euro, mi respuesta es la siguiente: podéis perfectamente decir eso, pero yo no haré comentarios. Es vuestro juicio, vuestra opinión. Vuestra interpretación. ¡No la nuestra!


Hay una lógica en vuestro punto de vista, si lo que amaga es una amenaza de que un No del pueblo griego a la propuesta de las instituciones será seguido de movimientos tendentes a expulsar a Grecia –ilegalmente— del euro. Tal amenaza resultaría incongruente con los principios básicos de la gobernanza democrática europea y con la legislación europea.


A quienes nos instruyen para que la cuestión sometida a referéndum sea el dilema Euro-Dragma, mi respuesta es cristalinamente clara: los Tratados europeos tienen cláusulas para regular la salida de la Unión Europea; pero no hay ninguna cláusula que regule legalmente una salida de la Eurozona.


Y por buenas razones, huelga decirlo, porque la indivisibilidad de nuestra Unión Monetaria es parte de su raison d' être. Pedirnos que formulemos la cuestión del referéndum como una elección que permita la salida de la Eurozona es pedirnos que violemos los Tratados de la UE y la legislación de la UE. A quienquiera me sugiera a mí o a otros celebrar un referéndum sobre la pertenencia a la Unión Monetaria Europea, le recomendaré que busque primero cambiar los Tratados.

 

Colegas:
Es hora de hacer balance. La razón de que nos hallemos en el actual dilema es sólo una: la propuesta originaria de mi gobierno a ustedes y a las instituciones, que yo articulé aquí en mi primera intervención ante el Eurogrupo, nunca se tomó en serio. Era la sugerencia de que creáramos un denominador común entre el Memorándum de Entendimiento (ME) prevalente y nuestro nuevo programa de gobierno.
Hubo un efímero momento, con la declaración del Eurogrupo del 20 de febrero, en que asomó la perspectiva de ese denominador común, al prescindir de referencias al ME y concentrarse en una nueva lista de reformas que nuestro gobierno debería presentar a las instituciones.
Por desgracia, inmediatamente después del 20 de febrero, las instituciones y el grueso de los colegas en esta sala se afanaron en recuperar centralmente el ME y en reducir nuestro papel al de proponer cambios marginales al ME. Es como si se nos hubiera dicho, para parafrasear a Henry Ford, que podríamos tener cualquier lista de reformas y lograr cualquier acuerdo, mientras nos atuviéramos al ME. El denominador común fue, así pues, sacrificado a favor de imponer a nuestro gobierno una retirada humillante. Así lo veo yo. Pero eso carece ahora de importancia. Ahora le toca al pueblo griego decidir.
Nuestra tarea hoy en el Eurogrupo es la de sentar las bases de un tránsito tranquilo al referéndum del 5 de julio. Eso significa una cosa: que nuestro acuerdo de préstamo habrá de ser extendido unos cuantas semanas para que el referéndum tenga lugar en condiciones de tranquilidad. Inmediatamente después del 5 de julio, si el pueblo ha votado Sí, la propuesta de las instituciones será subscrita.
Hasta entonces, en la próxima semana, a medida que se acerca el referéndum, cualquier desviación de la normalidad, especialmente en el sector bancario, será inequívocamente interpretada como una coerción a los votantes griegos.
La sociedad griega ha pagado un considerable precio, con una gigantesca contracción fiscal, para poder ser parte de nuestra unión monetaria. Pero una unión monetaria democrática que amenaza a un pueblo en trance de ofrecer su veredicto con controles de capital y cierres de bancos es una contradicción en los términos. Me gustaría pensar que el Eurogrupo respetará este principio.
En lo que atañe al BCE, el custodio de la estabilidad monetaria y de la propia Unión, no tengo la menor duda de que si el Eurogrupo tomara hoy una decisión responsable y aceptara la extensión de nuestro acuerdo de préstamo que estoy solicitando ahora, hará todo lo necesario para dar al pueblo griego unos cuantos días más para que pueda expresar su opinión.
Colegas: vivimos momentos críticos, y las decisiones que tomemos serán transcendentales. En los años venideros nos preguntarán: "¿Dónde estaba usted el 27 de junio? ¿Y qué hizo para evitar lo ocurrido?". Al menos deberíamos ser capaces de decir: "Dimos al pueblo que vivía bajo la peor depresión una oportunidad para considerar sus opciones. Ensayamos la democracia como medio para salir de un punto muerto. Y nosotros hicimos lo preciso para darle a ese pueblo unos cuantos días para poder hacerlo".
PS.- El día en que el Presidente del Eurogrupo rompió la tradición de unanimidad y excluyó arbitrariamente a Grecia de un encuentro del Eurogrupo.
Tras la intervención que acabo de transcribir, el Presidente del Eurogrupo rechazó –apoyado por el resto de miembros— nuestra petición de una extensión y anunció que el Eurogrupo emitiría una declaración cargando a Grecia con la culpa de este impasse. Sugirió que los 18 ministros (es decir los 19 ministros de finanzas de la Eurozona menos el ministro griego) reflexionaran luego sobre la manera y los medios de protegerse a sí mismos de las repercusiones.
Llegados a este punto, pedí asesoramiento jurídico al secretariado sobre si el Eurogrupo podía emitir una declaración sin la convencional unanimidad y sobre si el Presidente del Eurogrupo podía convocar una reunión sin invitar al ministro de finanzas de un Estado miembro de la Eurozona.
Lo que recibí fue la extraordinaria respuesta que sigue: "El Eurogrupo es un grupo informal. Así pues, no está vinculado por Tratados o regulaciones escritas. Aunque la unanimidad es convencionalmente respetada, el Presidente del Eurogrupo no está restringido por reglas explícitas". Dejo al propio comentario del lector esta extraordinaria afirmación.
Por mi parte, terminé como sigue:
Colegas: rechazar la extensión del acuerdo de préstamo unos cuantos días, y para el propósito de ofrecer al pueblo griego la oportunidad de deliberar en paz y tranquilamente sobre la propuesta de las instituciones, especialmente dada la alta probabilidad de que se aceptaran esas propuestas, dañará permanentemente la credibilidad del Eurogrupo como un cuerpo de toma democrática de decisiones compuesto por Estados socios que comparten no sólo una moneda común, sino también valores comunes.

Martes, 30 Junio 2015 08:26

La crisis estructural de la Zona Euro

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La crisis estructural de la Zona Euro

Aldo Ferrer, Héctor Valle y Pablo Bortz analizaron ante Página/12 la situación de Grecia y sus opciones frente a los reclamos de la troika. Estimaron que la crisis se profundizará en Europa, aunque no tendría un efecto inmediato sobre Argentina.


Con los fundamentalistas de la austeridad al mando, la Eurozona enfrenta un nuevo episodio de crisis estructural. La disputa entre Grecia y la troika por las nuevas medidas de austeridad a cambio de financiamiento pone en riesgo la continuidad del país en el euro, así como la estabilidad financiera y social de la región. Para analizar los posibles escenarios que se abrirán para Europa y el sistema financiero global, Página/12 dialogó con el profesor emérito de la UBA Aldo Ferrer; el presidente de FIDE, Héctor Valle, y el doctor en Economía de la Universidad Tecnológica de Delft, en Holanda, Pablo Bortz. Los tres especialistas afirmaron que la crisis griega tendría un impacto limitado sobre Argentina y los países emergentes.


"Dejaron a Grecia sin alternativas, la crisis es la consecuencia de las políticas neoliberales y la falta de solidaridad en la Unión Europea", señaló Ferrer. Sin embargo, el miembro del Plan Fénix consideró que el FMI y las autoridades europeas deberían sostener las negociaciones con Grecia ya que "no se pueden permitir la inestabilidad y debilidad en la que quedaría la Zona Euro". "La troika y Alemania son los principales responsables de la crisis. Si Grecia acepta la austeridad del FMI, las posibilidades de crecer son mucho menores que si sale del euro. Sin una reestructuración sustancial de las deudas en Europa el sistema es insostenible", explicó Valle.


"Si Grecia rechaza el ajuste, la asfixia sobre el país seguirá, Alemania no cambiará su postura sobre una reestructuración. Si se prolonga una fuga de depósitos sin que el Banco Central Europeo la pare o financie, terminarán yéndose del euro", lanzó con precisión Bortz. El economista argentino radicado en Ginebra advirtió que la salida griega "no romperá toda la Eurozona inmediatamente" pero sí, argumenta, socavará las posibilidades de Portugal, España, Italia para hacer frente a ataques especulativos en un próximo episodio de crisis. "Las implicancias son de mediano plazo: la principal es que el euro no es irreversible. Por lo tanto, cuando haya una crisis, los inversores van a apostar para que alguno se vaya, y el candidato siguiente en la lista es Portugal", afirmó Bortz.


"Si la crisis se profundiza con Grecia saliendo del euro, eso afectaría a la economía de la Eurozona y una mayor caída en el PIB de la región podría impactar indirectamente sobre el comercio argentino y sumar dificultades para conseguir financiamiento de largo plazo", expresó el titular de FIDE. "En Argentina no vamos a sentir un cimbronazo por un estallido de la crisis en Europa. No se va a producir un impacto fuerte sobre la economía real o el comercio internacional como sucedió en 2009. La crisis en Grecia deja en evidencia la importancia que tiene para nuestro país conservar una política económica soberana y autónoma. Es un mensaje contra el neoliberalismo y el ajuste. La situación revela que Argentina tiene que resolver sus problemas en el frente financiero sin recurrir a la salida del endeudamiento externo para armar una bicicleta financiera, ni arreglar cualquier cosa con los fondos buitre o volver al FMI", argumentó Ferrer.


La salida de capitales hacia los centros financieros opera como uno de los principales canales de contagio de las tensiones para las economías emergentes que no están directamente vinculadas con Grecia. "No creo que tenga tan fuertes implicancias a nivel global para los emergentes. No va a haber una fuga de capitales muy pronunciada. Eso sólo sucedería si la Reserva Federal de Estados Unidos sube las tasas de interés, y aun así están en un piso muy bajo", explicó Bortz. El economista radicado en Ginebra estimó que la crisis griega demoraría incluso más que la preanunciada suba de tasas del la Fed. "El principal efecto es geopolítico; Grecia está en la OTAN, al lado de Turquía. Si se va del euro, muy probablemente vaya a pedir financiamiento a China y Rusia quizás a cambio de alguna privatización. Eso a Estados Unidos no le gusta", advirtió Bortz.

Martes, 30 Junio 2015 08:14

"No creo que nos quieran sacar del euro"

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"No creo que nos quieran sacar del euro"

En las puertas del default, los dirigentes de la Unión Europea se cruzaron con el primer ministro Alexis Tsipras. Amenazan con el infierno a los griegos si votan contra el ajuste en el referéndum del domingo. Tsipras asegura que el No permitirá negociar.


Desde París


Un montón de gatos peleando adentro de un corralito, acusándose amenazadoramente, recurriendo a expresiones poco virtuosas o a chantajes políticos dignos de matones, los dirigentes de la Unión Europea (UE) dieron un espectáculo calamitoso cuando se trató de enfrentar el coletazo de la crisis griega. La famosa y alabada cultura del consenso voló en mil pedazos. Hasta quienes no tienen ni el más lejano atisbo de legitimidad hicieron de Grecia un blanco de dardos envenenados. Ese fue el caso del actual presidente de la Comisión Europea, el ex primer ministro de Luxemburgo Jean-Claude Juncker, supremo comandante de los paraísos fiscales y artífice de unos de los mayores montajes financieros para vaciar la plataforma fiscal de sus socios europeos. En una conferencia de prensa respaldada por una escenografía patética, la imagen de las banderas de la Unión Europea y de Grecia, Juncker dijo que, después de todos los esfuerzos que hizo, se sentía "traicionado". Juncker lamentó que "el aliento de compromiso haya sido roto de forma unilateral con la voluntad griega de organizar un referéndum". Visiblemente, los dirigentes del bloque de países democráticos más importante del planeta le tienen miedo al ejercicio democrático. Como si hubiese un lazo indestructible entre el ajuste y la pertenencia a la UE, el presidente de la Comisión dijo incluso que "un No en el referéndum, sea cual fuere la pregunta, significaría que Grecia le dice no a Europa. Todos considerarán que eso significa que Grecia quiere apartarse del euro". Así que los electores griegos ya lo saben: si desean formar parte de la UE y del euro, tienen que decir Sí a nuevos recortes, más ajustes, más hambre y más precariedad.


El primer ministro griego desdramatizó anoche ese abismo retórico cavado por sus socios europeos. Alexis Tsipras dijo: "No creo que nos quieran sacar de la Eurozona, el coste de la salida de un país europeo sería enorme". Este martes 30 de junio el default está a las puertas de Grecia. Se vence el plazo para que Atenas pague al Fondo Monetario Internacional 1600 millones de euros. El tema, urgente, desapareció por un momento de la agenda. Los actores políticos e institucionales no hicieron más que acusarse los unos a los otros y chantajear a los griegos sin que nada desbloquee la situación. Sobre el pago de esa deuda, Alexis Tsipras dijo que se "pagará si para entonces logramos un acuerdo viable, mi teléfono está siempre encendido". El ministro alemán de Finanzas dejó entrever que Grecia no efectuaría ese reembolso. Una nube de incertidumbre. Tal vez los europeos estén apostando a que, con la victoria del Sí, Tsipras renuncie y sacarse así de encima lo que el Eurogrupo considera como una anomalía: un rebelde que sigue al pie de la letra sus promesas electorales y que desafía a un club de obedientes falsificadores de las voluntades populares. El jefe de gobierno, en todo caso, entreabrió la puerta a una renuncia: "Respetaremos el resultado del referéndum cualquiera sea, pero no los llevaremos a cabo si gana el Sí (..) no seré primer ministro toda la vida, ocuparé este puesto mientras la gente quiera". Igualmente dejó claro que cree que triunfará el No y que eso servirá "para reforzar la posición del gobierno griego en las negociaciones".


Los eurodirigentes dejaron en manos de Juncker la tarea de presentarse como el escudero del gran rey, sin que, en sus respectivas posiciones, ninguno variara el contenido final del mensaje, muy bien ilustrado con las declaraciones del presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, quien afirmó que si gana el No en el referéndum "habrá incluso menos espacio para las negociaciones". Esa ha sido la "narrativa" elaborada por los presidentes, jefes de gobierno o ministros de Economía de la Zona Euro: asustar a los griegos con una exclusión. La canciller de Alemania, Angela Merkel, remitió todo el peso de la crisis al gobierno griego. Para Merkel, Tsipras detenta la entera responsabilidad de salir de la crisis y fue él quien se encerró en un camino sin salida tras rechazar la "generosa oferta" que le hicieron las instituciones europeas. La responsabilidad alemana en este revuelo es aplastante y recae, sobre todo, en el ministro de Economía, Wolfgang Schäuble. Como lo revela la prensa europea, fue él quien, en las reuniones del Eurogrupo, impuso su línea: "La credibilidad de la Zona Euro" es más decisiva que "su integridad". Por consiguiente, griegos afuera, sobre todo Alexis Tsipras, un cuerpo por demás extraño dentro de ese grupo unido por una biblia financiera pero sin ningún proyecto político común. Más moderado que JeanClaude Juncker, el presidente François Hollande, proyectó a su país como un posible mediador en todo momento: "Francia –dijo Hollande– está siempre disponible" para que "el diálogo pueda recomenzar".


Sin embargo, la oferta está atada a una severa condición: "Todo dependerá de la respuesta que los griegos den al referéndum que se les propone". En lo concreto, si los griegos dicen No resultará imposible volver a la mesa de negociaciones. Con otras palabras, con una retórica envuelta como un caramelo, Hollande dice lo mismo que sus socios. El presidente francés argumenta que no se trata de saber si el Sí le gana al No, o viceversa, en el referéndum, sino de saber si "los griegos quieren permanecer en la Zona Euro" o si "corren el riesgo de salir". Al igual que los demás jefe de Estado o de gobierno de la UE, el presidente francés cargó la culpa sobre los hombros de Tsipras. La lógica de Hollande es la siguiente: la convocatoria a un referéndum es "una elección soberana", pero cuando optó por organizarlo fue el gobierno griego quien decidió "interrumpir las negociaciones en curso". No puede quedar más claro: el sistema financiero vota por el Sí y los griegos deben hacer lo mismo si no desean perder su lugar en el seno de la Unión Europea. No existe ninguna posibilidad. El europaraíso o el infierno de la exclusión. Sí a la negociación, pero sólo en los términos que la UE plantea. La democracia se acaba cuando las bolsas tiemblan. Las de Europa conocieron una jornada hacia abajo: Madrid, París, Londres, Frankfurt o Milán cerraron con pérdidas que oscilan entre el 3 y el 5 por ciento.


En contra de la euronarrativa, el jefe del gobierno griego, partidario del "No", dijo que la negativa le daría al país más fuerza: "Cuanto más grande sea la participación y la opción del No, más fuerte será nuestra posición en la negociación". El objetivo de Tsipras y Syriza es totalmente opuesto al de la Europa financiera: para el conjunto del eurogrupo (países de la zona euro) el "No" en el referéndum es el fin de toda posibilidad de negociación. Para Tsipras, es todo lo contrario. "Tengo la sensación –dijo– de que la línea de las instituciones es asustar, no quieren el No en el referéndum. Y nuestra línea es que la votación suponga la continuación de la negociación con más fuerza para nosotros sin cargar más a los pobres." Tsipras respondió a sus amenazantes amigos con una escenografía muy oportuna: anoche dio una entrevista en la televisión pública ERT. Todo un símbolo. La ERT había sido cerrada hace dos años en virtud de un plan de compresión de gastos adoptado por el gobierno neo conservador del primer ministro Antónis Samarás. El Ejecutivo de Tsipras volvió a abrir el canal hace un par de semanas y la respuesta del dirigente griego salió de esas antenas. El responsable del Ejecutivo explicó también los resortes del fracaso. Según explicó, "las instituciones (FMI, Banco Central Europeo, Comisión Europea) presentaron al Gobierno una propuesta del tipo todo o nada, y un plazo de 48 horas para aceptarla. Ese ultimátum no coincide con los valores de la UE". No se le puede negar a este representante de una nueva corriente política una capacidad de respuesta fulminante. El primer ministro alegó que "las dificultades no son decisión nuestra, sino que se deben a que algunos quieren impedirle a un pueblo que decida".


Las escasas palabras reconfortantes que recibió el pueblo griego vinieron de Estados Unidos. Dos premios Nobel de Economía, uno en una entrevista publicada por el Time y el otro en su crónica de The New York Times, respectivamente Joseph Stiglitz y Paul Krugman, calificaron a los europeos de "irresponsables". Stiglitz considera que los acreedores de Grecia tienen "una responsabilidad criminal en el caos actual" mientras Krugman aconseja a los griegos que voten No en el referéndum del próximo domingo. Paul Krugman escribe: "La troika está exigiendo que el régimen político de los últimos cinco años continúe indefinidamente. ¿Dónde está la esperanza? Las implicaciones políticas de un voto positivo serían muy inquietantes". La síntesis de esta puja que ahora afecta a uno de los pulmones del sistema mundial es de un irrevocable cinismo. De paso por París, el ex embajador argentino en Francia, Archibaldo Lanús, la expuso así: "Cuando un país no puede pagar, a eso se le llama default. Luego se obliga a ese mismo país a llevar a cabo una política de ajustes. Cuando un banco quiebra, a eso se le llama una crisis sistémica. Luego, a ese mismo banco, se le prestan cientos de millones de euros que pagan los contribuyentes".


No hay lógica, piedad humana o responsabilidad colectiva que rompa la coalición financiera alineada con el ajuste y contra voto popular. Sus prerrogativas bancarias no soportan que la cuna de la democracia las ponga en tela de juicio. Democracia liberal o nada. La idea de "compatriotas europeos" de Grecia no existe. Un puñado de democracias occidentales prefiere ver afuera a uno de los suyos antes que disgustar al FMI o los bancos.


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Miércoles, 06 Mayo 2015 10:17

2015 Año de Antonio Nariño

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"Antonio Nariño no es sólo un precursor de la Independencia. Su papel verdadero es el de libertador y pensador. Estuvo, desde el principio hasta el fin, en todo el proceso para liberarnos de la colonia. Y pensó una Patria para todos, no para un grupo de privilegiados. Dejó las ideas para llegar a ese estadio de equidad social, que todavía no hemos alcanzado, en buena parte porque hemos descuidado las enseñanzas del grande hombre. Su ejemplo, hoy más que nunca, debe ser una inspiración para todos los que creen que una Colombia mejor es posible".

 

Enrique Santos Molano

 

Antonio Nariño

Filósofo revolucionario

Enrique Santos Molano

 

 

Edición 2013

Formato: 17 x 24 cm, tapa dura, 514 páginas

P.V.P.: $ 65.000

 

 

 

 

 

 

 

 

Memorias de un abanderado

Recuerdos de la Patria Boba (1810-1819)

José María Espinosa Prieto

 

Edición 2010

Formato: 21 x 33 cm, tapa dura, ilustrado a color, 172 páginas

P.V.P.: $ 45.000