Pobreza: ¿tema macroeconómico o problema administrativo?

El llamado Premio Nobel de Economía ha sido entregado este año a tres investigadores que han desarrollado una novedosa línea de trabajo sobre la pobreza en el mundo. Se trata de Abhijit Banerjee, Esther Duflo y Michael Kremer, quienes desde hace ya dos décadas cultivan un "enfoque experimental" sobre la forma de combatir la pobreza.

Las investigaciones de Banerjee-Duflo-Kremer (BDK) se han concentrado en reducir las grandes preguntas sobre la pobreza y transformarlas en interrogantes más sencillas y manejables. El objetivo de Banerjee y Duflo ha sido desentrañar "la verdadera naturaleza de la pobreza" eliminando las caricaturas y estereotipos. También han buscado comprender mejor cómo reaccionan los pobres "frente a los incentivos".

En 2003 fundaron el Laboratorio Abdul Lateef Jameel de Acción sobre Pobreza (J-PAL) en el MIT y desde entonces han llevado a cabo muchos "experimentos" en diversos países de África y Asia. Una parte importante de su trabajo se ha concentrado en buscar mejorar el aprovechamiento escolar de los niños. Como resultado de las actividades del J-PAL, hoy más de 5 millones de niños han recibido atención especial en escuelas primarias de India para optimizar su aprovechamiento. Estos economistas también han realizado estudios e intervenciones en materia de nutrición infantil.

El trabajo de BDK es muy interesante y, sin duda, ha contribuido a cambiar la vida de muchas personas pobres en varios países. Sin embargo, sus investigaciones "experimentales" tienen muy poco que ver con las causas de la pobreza y con la forma de remediar el problema de manera duradera. Para empezar, nada en el análisis de BDK está relacionado con la política económica neoliberal, que ha dominado el destino de los países en los que han realizado sus "experimentos". Ni la política fiscal, ni la de apertura comercial y financiera ocupan un lugar importante en los análisis por los que estos investigadores reciben el Premio Nobel de Economía. Y, para colmo, el tema de los salarios estancados y castigados tampoco es un asunto digno de recibir atención en sus experimentos. Tal pareciera que el problema de la pobreza ha dejado de ser un problema macroeconómico y se ha convertido en un malestar de índole administrativo o gerencial. Es como si el capitalismo o el neoliberalismo no tuvieran nada que ver con la "verdadera naturaleza de la pobreza".

Según datos del Banco Mundial, hoy existen unos 760 millones de personas en el mundo en condiciones de "pobreza extrema", es decir, con un ingreso inferior a 1.90 dólares estadunidenses. Pero esos números son engañosos. Ese indicador de 1.90 dólares tiene una historia absurda y no es representativo de nada más que del hecho de que cualquier persona que tenga un ingreso equivalente realmente está en peligro mortal. Muchos investigadores han señalado que una cota de 7.40 dólares diarios sería más realista si se quiere medir la pobreza. Otros, como el también investigador de Harvard Lant Pritchett, consideran que una medida de pobreza más razonable sería de 10 o 15 dólares diarios.

¿Qué sucede si se utiliza la medida de 7.40 dólares diarios? En ese caso, se observa que el número de personas que viven en pobreza ha ido creciendo desde 1981 (cuando se iniciaron estas mediciones) y hoy supera la cifra de 4 mil millones de personas. Es decir, más de la mitad de la población mundial vive en una condición de pobreza y padece fuertes niveles de inseguridad alimentaria y de salud. Esto es más consistente con los datos sobre las débiles tasas de crecimiento económico, salarios estancados y, por supuesto, los análisis sobre desigualdad creciente en el mundo.

Desgraciadamente al Banco Mundial le ha costado trabajo abandonar sus convenientes datos sobre pobreza extrema, con los cuales puede alardear que la pobreza disminuye en el mundo. Todo esto es un adecuado telón de fondo para la obra de Banerjee-Duflo-Kremer, que, sin poner en entredicho la dinámica del neoliberalismo, contribuye a perpetuar la idea de que la pobreza es una trampa personal de la que un individuo puede escapar si realmente hace los esfuerzos necesarios. Ya sólo faltaría concluir que no hay pobreza "involuntaria".

En contraste con el trabajo de BDK, este año salió publicado un nuevo libro de Thomas Piketty, Capital e ideología. Es una propuesta de cambios profundos en la estructura del capitalismo, buscando trascender a un arreglo social más acorde con la época llena de amenazas que vivimos. Entre las recomendaciones más importantes se encuentra la de otorgar 50 por ciento de los asientos en los consejos de administración de las empresas a los empleados y trabajadores. Piketty también recomienda una profunda reforma fiscal que permita gravar la riqueza extrema y que haga posible financiar un programa de renta básica universal. Este es el tipo de análisis y propuestas que permitirán hacer realidad un mundo en el que la pobreza sea realmente un fenómeno marginal y, quizás, hasta un simple malestar administrativo.

Twitter: @anadaloficial

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“Es difícil recuperar las neuronas de la memoria; es mejor evitar que mueran”

"Mi GPS cerebral tiene problemas hoy", se ríe la científica noruega May-Britt Moser (Fosnavåg, 1963) como comentario a la jornada llena de encuentros y desplazamientos que la Fundación AstraZeneca le ha organizado en Madrid –y en la que se incluye esta entrevista–. La referencia a los sistemas de navegación y ubicación es un chiste autorreferenciado: Moser, su exmarido (entonces aún casado con ella), Edvard Moser y el estadounidense John O’Keefe compartieron en 2014 el premio Nobel por sus trabajos en las células del cerebro que sirven a las personas para orientarse.

Los trabajos premiados son de hace unos 12 años, pero la investigadora sigue trabajando en el mismo campo. Con un añadido: "Hemos encontrado, en un área hermana del cerebro, las células que determinan cómo se percibe el tiempo, por qué a veces pasa volando y a veces parece eterno", explica.


Moser recalca que su laboratorio se dedica a la ciencia básica, la que, si todo va bien, acabará llegando al uso clínico. Pero, aunque no es su objetivo primordial, no descarta entrar en disquisiciones acerca de la utilidad de sus descubrimientos. "Estudiamos un área muy importante para la navegación espacial del hipocampo", la zona del cerebro donde ha localizado las neuronas relacionadas con la ubicación y el tiempo. Es una región "fundamental en el ser humano, y cuando estas células mueren se pierden funciones".


La médica no cree que aspectos tan básicos para el individuo puedan recuperarse fácilmente. La realidad en los hospitales de medio mundo lo confirma. Cuando una persona tiene alzhéimer, por ejemplo, no se ha encontrado la manera de que vuelva a recordar lo que ha olvidado. Por eso “es difícil recuperar las neuronas de la memoria; es mejor evitar que mueran”, afirma. No cree que la plasticidad del cerebro, su capacidad para sustituir unos circuitos perdidos por otros, vaya a ser de gran utilidad en deterioros de funciones tan básicas. "Si no sabemos por qué mueren no podemos actuar", concluye.


Pese al cansancio, Moser comenta con entusiasmo su visita. Especialmente los diversos encuentros con jóvenes que ha mantenido. "Mi mensaje es que hay que trabajar para explicar cómo el cerebro elabora los recuerdos episódicos [de un hecho concreto]. Por qué, cómo y cuándo se recuperan esas memorias". Aunque a veces ha recibido en esos encuentros comentarios muy desconcertantes. "Como esos jóvenes que se me acercaron esta mañana y me dijeron: ‘Vaya, si eres un ser humano", cuenta divertida. Pero lo valora: "Si me ven como un ser humano ya saben que ellos también pueden llegar a hacer lo que aman".


En el caso de esta científica (ellas son el 5% de los galardonados con el Nobel), el premio no le ha alterado demasiado la vida. Hubo ofertas –"y presiones", admite– para que dejara el laboratorio de Trondheim, en el medio de Noruega, donde trabaja. También la solicitan mucho para que acuda a eventos –"pero nunca hago algo que no quiera", afirma–. "Seguramente me llaman más que a mi exmarido, probablemente porque soy mujer", dice, "y eso que él es más amable".


Se ve en el mismo sitio, investigando, los próximos 10 años. Trabajando, y sacando a su perro. Aunque sus dos hijas, ya mayores, han dejado la casa, no se siente sola. "Cuando tienes un perro no hay ocasión para aficiones. Lo saco por lo menos dos veces al día, y le dedico mucho tiempo". El frío no le impide salir a la calle con su mascota. "En Noruega decimos que no hay un tiempo malo, que lo que hay es ropa mala. Yo me abrigo, y el perro, también".

 

Por Emilio de Benito

Madrid 28 SEP 2018 - 13:32 COT