El triunfo del chavismo y la peor crisis de la historia Venezuela

El domingo 10 de diciembre fue un día muy interesante en Venezuela. En medio de la crisis económica más fuerte en la historia moderna del país, el gobierno pudo asestar otro duro golpe a la moral de la oposición. De manera categórica el chavismo ganó el 91 por ciento de los municipios y arañó el 70 por ciento de los votos totales. Cabría preguntarse cómo y por qué se gestó una nueva victoria (la segunda en menos de tres meses) en medio de semejante crisis, y cuáles son las perspectivas para un futuro que se torna aciago para la clase obrera venezolana.


Es menester decir que por cuarto año consecutivo Venezuela presentará la inflación más alta del mundo (estimada en cerca de 1.200 por ciento para el año 2017), un déficit fiscal de dos dígitos (por sexto año consecutivo), el riesgo país a la inversión más alto del globo, la cantidad de reservas internacionales más baja de los últimos 20 años (menos de 9.800 millones de dólares, menos del 15 por ciento de las importaciones Cif del año 2012) y una tremebunda escasez de toda clase de bienes y servicios esenciales. El dólar paralelo (que sirve para fijar casi todos los precios de la economía) se ha incrementado en más de 2.500 por ciento en lo que va del año, lo cual ha desintegrado el poder adquisitivo por completo.


Según las estimaciones más moderadas, desde 2013 hasta 2017 puede haber una caída acumulada de 32,5 por ciento del Pbi. Las estimaciones más conservadoras nos llevan a pensar que el Pbi per cápita para 2017 será tan bajo como el de 1961. Los números son tan abrumadoramente negativos que desde hace varios años el gobierno se ha negado a publicar el grueso de ellos. Jamás en su historia la economía de Venezuela había descendido por más de dos años consecutivos. A la fecha, con toda seguridad tendremos cuatro años de decrecimiento consecutivo.


Según la firma Econométrica, Venezuela entró en hiperinflación el pasado mes de octubre, registrando un incremento en los precios de 50,6 por ciento con respecto al mes anterior. Antes del arribo del gobierno bolivariano la inflación anual máxima que sufrimos fue de 103,2 por ciento, en 1996; ahora en sólo un mes hemos alcanzado la mitad de nuestra máxima inflación registrada en un año.
De manera extraña –para un gobierno que se precia de ser zurdo–, la dirección del proceso bolivariano cree que debe pagar la deuda externa así no haya un solo dólar para importar vacunas o harina de trigo. Así que ha desoído propuestas de muchos grupos que esgrimimos la necesidad de una moratoria y atender las necesidades más elementales de una clase obrera ferozmente depauperada. Luego de caer en default parcial por no pagar un par de bonos que alcanzan los 200 millones de dólares, el gobierno ha decidido reestructurar su deuda y llamar a sus acreedores a una extraña reunión. Como era de esperarse, los bonistas estadounidenses (cerca del 70 por ciento del total de los tenedores de nuestra deuda) no vinieron a la reunión y la comisión nombrada por Maduro para tal negociación ni siquiera ofreció un plan alternativo de pagos, solamente hizo un discurso ideológicamente centrado en las sanciones de Donald Trump. En tal sentido sólo se avanzó en reestructurar la deuda con Rusia (un 2 por ciento del total).
Por más horripilante que parezca el tema económico, la máxima preocupación parece ser el desborde del hampa, producto de la súbita conversión de millones de personas en población obrera (relativamente) sobrante para el capital. Más allá de la expansión del ejército industrial de reserva, la cuasi desaparición del aparato productivo ha impulsado un proceso de lumpenización estructural que empuja a millones a actividades cuasi delincuenciales o directamente delictivas. La policía está completamente desbordada y el ejército ha demostrado ser completamente inútil para combatir ese flagelo. Las cifras que algunas Ong publican (en ausencia de números oficiales) son realmente pavorosas.


En el sector de la salud parece ser más patente la implosión del proceso nacional de acumulación de capital. El último boletín epidemiológico mostraba que 11.446 niños menores de un año habían muerto en 2016: un aumento del 30 por ciento en sólo 12 meses. Un informe reciente de las Naciones Unidas y de la Ops encontró que 1,3 millones de venezolanos que antes podían alimentarse en su país no han podido encontrar la comida necesaria desde que se desató la crisis hace tres años. Un asunto dramático que se refleja en centenares de personas hurgando en la basura para poder comer cualquier desecho, y en miles de mendigos dolorosamente harapientos y hambreados.


En medio de semejante cataclismo la oposición que nuclea a casi toda la derecha antichavista (la Mud) debió frotarse las manos y preparar una campaña para una victoria cómoda. Sin embargo, ya sabemos que los resultados fueron otros...


UNA PÉSIMA PARTICIPACIÓN ELECTORAL.


Luego de una estrepitosa derrota en las elecciones de gobernadores (el chavismo ganó 18 de 23 gobernaciones) y de tímidos cánticos de fraude, la reacción de los tres partidos más importantes de la Mud fue declinar su participación electoral y llamar a la abstención. Acción Democrática, Primero Justicia y Voluntad Popular, devenidos en abstencionistas, dijeron que sí participarían en las elecciones presidenciales. Algunos de sus voceros fueron ridiculizados por periodistas que les preguntaban: “¿Por qué abstenerse acá y no en las presidenciales? ¿Cómo aseguran ustedes que las condiciones para las presidenciales cambiarán?”. Sus respuestas fueron sorprendentes: “Estamos guardando fuerzas para las presidenciales (!), no tenemos recursos (!) y vamos a luchar por mejores condiciones...”.


La Mud es habitualmente más vilipendiada por sus seguidores que por los chavistas contratados para esa labor, y su decisión enfureció a sus acólitos. Por una parte los opositores más encarnizados decían que la Mud había entregado la lucha callejera y que no se había comprometido a acompañar a los mártires opositores que murieron en una (anodina) lucha por defenestrar al gobierno. Cuando la Mud dijo que el camino era electoral y que todo lo demás era una aventura, los opositores más radicales se enfurecieron. Cuando la Mud dijo que se iba a abstener “por ahora”, se molestaron más aun. Para ellos, la Mud no lucha en la calle y ahora tampoco en las elecciones.
Los opositores más apegados a los valores democráticos, que se sonrojan por las aventuras golpistas de la Mud y por sus odiseas sanguinarias del tipo guarimba más trancazo –que dejaron alrededor de 150 muertes (incluyendo cerca de 20 personas quemadas vivas en linchamientos) y miles de heridos en una causa perdida–, quedaron atónitos y francamente asqueados al enterarse de que la Mud no iba a las elecciones. Ante la espantosa situación económica, la propuesta de la clase política opositora fue la retracción.

LA TRÍADA.


En las elecciones de alcaldes votaron 9.139.564 personas, un 14,3 por ciento menos que en las elecciones municipales de 2013 (casi un millón y medio de votos menos). La participación fue de 47 por ciento, un poco baja para el entusiasmo electoral venezolano, pero nada mal comparada con la abstención de 2005 en las elecciones municipales, que llegó al 69 por ciento.


Según los inefables señores de Misión Verdad, el chavismo aumentó en 945 mil votos su caudal electoral en estas elecciones, con respecto a las regionales de este año. La oposición perdió en total 2.103.000 votos a nivel nacional. El chavismo obtuvo 6.517.000 sufragios (70 por ciento) y la oposición 2.749.000 (29 por ciento). Más de 72 partidos obtuvieron votos, algo rara vez visto. Así las cosas, el chavismo pasó de tener 204 alcaldías a lograr más de 308; o sea, aumentó en 50 por ciento la cantidad de despachos obtenidos. La oposición en bloque apenas obtuvo 27 alcaldías de las 335 en disputa.


El gobierno aprovechó el impulso político de la debacle de la Mud (que incluso luego de las elecciones a gobernadores se disolvió). En tales circunstancias la campaña electoral de tres semanas encontró a la oposición (de derecha y de izquierda) más atomizada que nunca. Artistas, periodistas, deportistas y cientos de opositores independientes se lanzaron al ruedo y fragmentaron los votos en candidaturas protagonizadas por personajes que desconocen la actividad política, por viejos políticos oxidados o por personas con escasos recursos y capacidades gerenciales. Por ende, en varios municipios donde históricamente han triunfado, su división les jugó en contra y el chavismo en unidad monolítica venció. Lenin decía: “un puño pega más que cinco dedos”.


En las elecciones municipales se potenció con extremo vigor el ventajismo y el uso obsceno de los recursos del Estado por parte del partido del gobierno: el Psuv. De manera sintética, se puede afirmar que el chavismo construyó una sólida unión partido-gobierno-Estado-ejército. Los miembros que los controlan actúan como un cuerpo bajo un solo mando. Cuando hay campañas trabajan como engranajes de una máquina. No es sólo que usan los recursos estatales como caja chica, sino que disponen de sus empleados. Es decir, los convierten en propagandistas y agitadores proselitistas. Cierran oficinas y cambian horarios en aras de asistir a tareas de “apoyo electoral”. Es un gobierno que está en campaña los 365 días del año y todo el día. Algo asombroso. El descuido administrativo es atroz (por la ineficiencia que conlleva), pero nada de eso importa, la prioridad es triunfar en las elecciones a toda costa.


A “la tríada” podríamos describirla de la siguiente manera:


1. La engrasada maquinaria electoral del Psuv en franco maridaje con la distribución de prebendas clientelares. Claps, electrodomésticos, bonos, tiques de premio y un sinfín de productos fueron regalados a miles de familias que demostraban intención de voto bolivariana. A diferencia de otros procesos, los candidatos a alcaldes hacían los obsequios de manera directa y prometían que con más apoyo llegarían más dádivas.
En regiones rurales la dádiva es una de las pocas formas de acceder a algún bien que alivie una miseria vertiginosa. Lejos de parecer “populismo clientelar” para sus bases, las prebendas lucen como un esfuerzo sublime de un gobierno que entrega alimentos y mercaderías (generalmente importadas) que la “guerra económica” impide obtener. De tal forma se solidifican los lazos ideológicos entre la honesta base chavista que cree que el gobierno hace “milagros” para ayudarla con alguna canonjía y la dirección que hace “lo posible” por hacerle llegar la gratificación estatal.
Quedó para la historia el post en Facebook de la flamante ganadora chavista de la Alcaldía Libertador, de Caracas: “Maduro habló de un regalo a través del carné de la patria a los que voten. Sáquenle punta a eso”.


2. La aceitadísima maquinita de imprimir dinero inorgánico que produjo un aumento de 490.091,80 por ciento (la incrementaron en más de 4.900 veces) en la base monetaria emitida por el Banco Central de Venezuela (Bcv) para el período 1999-2017 (setiembre), lo que hace que virtualmente el gobierno tenga recursos infinitos y en cada elección dispare el gasto de manera exponencial.
De esta forma, el Bcv simplemente destina “préstamos” a instituciones estatales contra pagarés, y esas instituciones ejecutan gastos que sirven para pagar miles de prebendas y campañas publicitarias propias de jeques sauditas. Con tan munificentes arcas, la cornucopia fluye en autos de lujo, casas y toda clase de objetos suntuosos (para los más cercanos al poder), y miles de estipendios que dimanan a microespacios de poder donde organizaciones paraestatales administran, con absoluta discrecionalidad, unas migajas que en una situación de pobreza extrema sirven para mucho.
El correlato inflacionario de esta política no le incumbe al gobierno. El dinero recién emitido no pierde su valor por entero y sirve para hacer políticas electorales. Para quienes se quejan de la hiperinflación, el gobierno les lanza a sus intelectuales de choque, personas como Pascualina Curcio y Luis Salas, que tenazmente salen en la tevé diciendo que la emisión de dinero excesiva no afecta en nada los precios de las mercaderías. Es decir, que si imprimen billetes equivalentes a 20 salarios mínimos y se los confieren a millones de sus adeptos, los precios no deberían subir.
A pesar de lo secreto del voto, muchos empleados públicos no afines al proceso son empujados a votar mediante un sinfín de presiones. Con otros controles aprietan tuercas a receptores de las sinecuras estatales y les dicen claramente: “Pero si te damos este beneficio, ¿cómo vas a votar en nuestra contra? ¿Quieres que ganen ellos y te quiten el beneficio que te doy? Si ellos ganan será como en la cuarta república, cuando nadie te daba nada. Si no votas por nosotros estás colaborando con el enemigo y no eres merecedor de la ayuda que te doy”.


3. La postergación del ajuste macroeconómico sosteniendo subsidios del 99,99 por ciento en el precio de la gasolina, luz, transporte, agua etcétera.
Los servicios públicos que se obsequian empeoran día a día, y debido a que las empresas no tienen cómo cubrir sus costos de mantenimiento, tienden a ser escasos, de muy mala calidad y eventualmente a punto de colapsar. Aun cuando ha habido una inflación sideral, los precios de esos servicios siguen congelados. Un ejemplo: podríamos ver que una docena de huevos de gallina es más costosa que dos camiones de 30 mil litros (c/u) de gasolina de 91 octanos, una verdadera chifladura. Un tique de metro para la ruta más larga equivale a 0,000032 dólares a precio de mercado paralelo.
Los precios verdaderamente ornamentales de los servicios vitales complementan un salario indirecto que es nada despreciable y que permite que los salarios en metálico sean extremadamente bajos. Muchos políticos y economistas ultraliberales hablan de ajustar drásticamente estos precios, sin siquiera diseñar planes de compensación social. Dichas promesas asustan y alejan a personas que, sumidas en la pobreza extrema, no podrían pagar prácticamente nada, ya que su salario (más el bono alimentación) equivale a menos de cuatro dólares mensuales según la cotización en negro.


El cálculo del salario en términos del dólar paralelo es tremendamente inexacto. Distorsiona al extremo la posibilidad de establecer con certeza el poder adquisitivo. Este artículo no tiene espacio para tratar ese tema, sin embargo es necesario señalar que el salario más el bono alimentación (que no reciben los obreros informales, ni los pensionados) no alcanza para comprar –en un mes–: tres pollos, o cuatro quilos del queso más barato, o dos quilos de jamón de espalda, o cinco quilos de azúcar. Los obreros se ríen pensando que no pueden comprar ni dos quilos de chuleta de cerdo al mes, y que una gallina al poner un huevo gana más por día que uno de ellos. El gobierno ha sido exitoso en vender esa situación como una “guerra económica”; las lesivas sanciones de Trump y de la Unión Europea le dan alas para reforzar esa tesis disparatada e irracional. Ha implantado el concepto de que los precios deberían permanecer estáticos y que todo aumento es artificial, inducido por una conspiración política orquestada desde el imperio.
La expansión del gasto público clientelar funge como un igualador social muy eficaz y muestra un camino de ascenso social acelerado a quienes tan siquiera administren algún “microprovento” que el gobierno suelte.


FUTURO POLÍTICO INCIERTO.


La oposición desprecia el enorme poder político que puede desplegar “la tríada”. De manera dramática ha recogido los frutos de las desastrosas aventuras golpistas. Los saqueos y el vandalismo anarquista fueron vistos con horror por opositores que los sufrieron y decidieron abstenerse.


En tales circunstancias Maduro ha decidido desde ya lanzarse a las elecciones presidenciales como rutilante candidato del Psuv. De competir con una oposición de derecha y ultraderecha dividida podría fácilmente ganar con un 30 por ciento de los votos, en un ámbito de fuerte abstención y con candidatos desprestigiados como rancios carcamanes. Obviamente, el gobierno dispone de un caudal ilimitado de bolívares que podría imprimir sin problemas y repartir entre sus más fieles clérigos. Éstos distribuirían hacia más abajo y, con un sedoso efecto de goteo, podría caerle algo a millones de personas que en la inanición pura anhelan al menos un auxilio.


Parece que para la oposición de derecha la única vía es un outsider, un empresario exitoso en la extracción de plusvalía a la clase obrera, un maestro de la explotación, muy fuertemente mediatizado y con perfil apolítico. Este “mesías” se vendería como el gran gerente ajeno a la “politiquería” y con una sólida aversión a los politicastros. Un Macri venezolano parece la garantía de un proyecto derechista que busca competir con otra derecha de discurso antagónico y acción análogamente nociva a los estómagos obreros. La clase obrera y la izquierda socialista aún siguen siendo los convidados de piedra.


* Director del Centro de Investigación y Formación Obrera (Cifo) en Venezuela.


Esta columna fue publicada en el sitio web del Centro de Investigación y Formación Obrera (alemcifo.wordpress.com). Brecha reproduce fragmentos con la autorización del autor.

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Campesinos o Agroindustria: ¿Quién nos alimenta en realidad?

 

Los trabajadores del campo, con menos del 25% de los recursos disponibles, producen alimentos para más del 70% de la población del planeta, señala el más reciente informe de la organización ETC Group.

De la misma forma, se precisa que más del 75% de los recursos agropecuarios del mundo está en manos de la cadena alimentaria agroindustrial, una de “las fuentes principales de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI)”, asevera el texto.

Pero esta, a pesar de disponer de la mayoría de los suelos y de las fuentes de agua y de combustible, aporta comida “a menos del 30% de la población mundial”, indica el documento, titulado ‘¿Quién nos alimentará? ¿La red campesina alimentaria o la cadena agroindustrial?’.

La autora del estudio, ETC Group, es una organización no gubernamental internacional registrada en EE.UU., Canadá y Filipinas que trabaja para “vigilar el poder, monitorear la tecnología y fortalecer la diversidad”, explica su sitio web.

 

El sur del mundo

 

La investigación, que este 2017 alcanza su tercera revisión, ofrece múltiples datos que dejan constancia sobre quién produce los alimentos y por qué no llegan a todos los rincones del globo.

Los agricultores campesinos en el Sur global, asegura el organismo, cosechan el “53% de las calorías para consumo humano” a nivel mundial, lo que incluye: “el 80% de la producción total de arroz y el 75% de la producción de oleaginosas”.

En manos de los campesinos de todos los países está la producción de alimentos para el “70% de la gente”, y además, “el 70% de los alimentos disponibles para consumo humano”, medidos en calorías y en peso”.

 

Comida que se pierde

 

Si la agroindustria produce cifras astronómicas de comida, ¿cómo es que solo alimenta a menos del 30% de la población mundial?, se pregunta el informe. “La respuesta es que la cadena cosecha calorías que no se destinan directamente a la población”, asegura ETC Group.

Y al respecto, detalla que:

 

*El 44% de las calorías que produce la cadena agroindustrial se pierde en la producción de carne.

*El 9% se usan en la producción de agrocombustibles o productos no alimentarios.

*El 15% se pierden en transporte, almacenamiento y procesamiento.

*El 8% termina en los botes de basura.

 

En resumen, el “76% del total de calorías que produce la cadena se desperdician antes de llegar al plato, de modo que solo 24% son consumidas directamente por la gente”, subraya el documento.

 
Cifras negativas

 

La ONG internacional precisa que la agroindustria utiliza “más del 75% de la tierra agrícola del mundo” y que en ese proceso destruye cada año “75.000 millones de toneladas de capa arable” y, además, “tala 7,5 millones de hectáreas de bosque”.

Las grandes empresas productoras de alimentos, consumen un “90% de los combustibles fósiles que se usan en la agricultura”, y no menos del “80% del agua dulce”, necesaria para sembrar y cosechar.

Es una espiral que “arroja un saldo de 3.900 millones de personas subalimentadas o malnutridas” en todo el mundo.

 

Comida rural

 

Estimaciones presentadas en el informe calculan que cerca del 70% de la población del planeta, “entre 4.500 y 5.500 millones de personas, de los 7.500 millones de habitantes, acude a la red alimentaria campesina para obtener la mayor parte o todos sus alimentos”.

En esa cifra, dice ETC Group, se incluyen “casi la totalidad de los 3.500 millones de habitantes rurales” y a “cientos de millones más que recurren regularmente a la red campesina en tiempos de escasez”.

 
¿Cuál es la solución?

 

Hasta hace un par de décadas, se pensaba que la forma de resolver el asunto del hambre en el mundo era produciendo más alimentos.

“En realidad se puede producir más, pero si las personas no tienen acceso a la comida, el problema seguirá siendo el mismo”, apunta Marjorie Nieves, nutricionista venezolana especializada en temas de soberanía alimentaria.

Consultada por RT, indicó que “el hambre va mas allá de la producción de alimentos”, y que el punto clave resulta “el acceso a esos alimentos”, razón por la que “el hambre y la pobreza se constituyen en un binomio inseparable”.

Para la especialista, lo que determina que una persona pueda tener acceso a la comida y logre cumplir su derecho a la alimentación “es una conjunción de elementos políticos, sociales, económicos y culturales”.

 
El modelo

 

Nieves recordó que Latinoamérica es una región productora de abundantes frutas, hortalizas y leguminosas, entre otras, pero buena parte de esos rubros se exportan.

“Uno de los factores que mas afecta a región es la volatilidad de los precios de los productos básicos, especialmente de los alimentos”, así que los los pobres no puedan acceder a ellos, y por consiguiente, “abundan las dietas monótonas, que no tienen riquezas en macro y micronutrientes, necesarios para el organismo”, explicó.

En opinión de la nutricionista, el gran problema es que “para la agroindustria, la comida sigue siendo un negocio”.

 

Artículo publicado originalmente en Biodiversidad en América Latina y el Caribe

 

 

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Una mujer arrastra un saco de comida lanzado desde el aire por el Programa Mundial de Alimentos en Ganyiel (Sudán del Sur).

 

Los conflictos y los impactos climáticos invierten las tímidas bajadas registradas desde 2003 en el número de personas que no comen lo suficiente: ya son 11 de cada 100, más de 815 millones

 

Más de 815 millones de personas. Unas 17 veces la población de España. Casi tantos como los habitantes de la Unión Europea y Estados Unidos juntos. Toda esa gente se va a dormir cada día sin haber comido las calorías mínimas para su actividad diaria. Pero lo abultado de la cifra, calculada por Naciones Unidas y publicada este viernes, no es una novedad: el número de hambrientos oficiales lleva entre los novecientos-y-pico y los setecientos-y-muchos desde comienzos de este siglo. La noticia es que, por primera vez desde 2003, el hambre repunta.

Esta subida respecto a los casi 777 millones de subalimentados que se imputan a 2015 no ha sido una sorpresa absoluta: había señales de sobra para preverla. La hambruna ha reaparecido este año en Sudán del Sur y hay otros tres países (Yemen, Somalia y el norte de Nigeria) cerca de caer en sus garras. En los últimos años han estallado guerras y enfrentamientos que se alargan y se agravan (de hecho, 6 de cada 10 hambrientos viven en países en conflicto). Y también hay regiones muy dependientes de la agricultura que llevan tres o más temporadas sufriendo sequías, inundaciones y otros impactos climáticos. Estos son, precisamente, los factores que explican la subida, según el informe presentado por la FAO (organización de las Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura) y otras cuatro agencias de la ONU en Roma.

Si hace un año el 10,6% de la humanidad pasaba hambre, hoy es el 11%. "Son muy malas noticias", lamenta Kostas Stamulis, director general adjunto de la FAO, la agencia que hace los cálculos anuales del número de personas "subalimentadas", o que no consumen el número de calorías mínimo para sus necesidades vitales. "Por eso esperamos que al menos sirvan para hacer saltar la alarma y que los países escuchen", reflexiona Stamulis.

La agencia insiste machaconamente: acabar con el hambre es una cuestión de voluntad política. Porque se producen alimentos más que de sobra para que los casi 7.500 millones de habitantes del planeta coman lo que necesitan para una vida plena. El problema es casi siempre de distribución: hay regiones a las que no llega comida suficiente, hay personas (o comunidades enteras) a quienes no les llega para comprarla...

Detrás de esa compleja realidad llamada hambre subyacen, obviamente, problemas de pobreza y vulnerabilidad. Porque una sequía puede provocar grandes pérdidas económicas en California; pero si las lluvias faltan en Etiopía, cientos de miles de pastores etíopes que sobreviven gracias a sus animales los perderán. Y con ellos, su fuente de comida. La ofensiva militar contra Boko Haram que se vive en el norte de Nigeria puede provocar desplazados (casi dos millones) y destrucción; pero si una mayoría de la población comía de lo que cultivaba, cuando se ve obligada a abandonar sus campos o estos quedan arrasados, se queda sin la única forma de encontrar alimento por sí misma. Y una subida o una bajada de los precios globales del maíz pueden alterar el precio de las mazorcas en un supermercado español. Pero también arruinar o exponer al hambre (o ambas a la vez) a miles de pequeños productores .

Por eso, la respuesta que los autores del informe ofrecen pasa, sí, por atender con rapidez las situaciones de emergencia alimentaria provocadas por la violencia o el clima (o de la explosiva combinación de ambos). Y por fomentar y proteger la paz. Pero también, y sobre todo —y ahí es donde entra en juego la voluntad política— por invertir y apoyar el desarrollo y la capacidad de los más vulnerables para resistir estos contratiempos, como marcan los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible aprobados en 2015 por los 193 países miembros de Naciones Unidas.

Por crear además oportunidades laborales y sociales que hagan desaparecer también a los hambrientos urbanos, un colectivo en peligro de expansión con el crecimiento de las ciudades. Y por establecer mecanismos comerciales que no dejen la alimentación de países enteros expuesta a los vaivenes del mercado.

Este repunte del hambre es, desde luego, un fuerte correctivo a los ODS, ese programa global concebido entre promesas de cambio y buenas intenciones. La segunda de esas metas que Naciones Unidas y sus países miembros se han marcado para el año 2030 es acabar con el hambre y la malnutrición. Pero precisamente cuando echan a andar, no solo no hay progresos, sino que se rompe la serie de casi tres lustros de descensos.

 

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Más de dos años de guerra han expuesto al hambre a gran parte de la población de Yemen, en especial a mujeres y niñas, que suelen ser las últimas en comer. ©FAO/LIANNE GUTCHER

 

Aún es pronto para saber si se trata de una nueva tendencia o es algo puntual debido a las crisis abiertas", previene el alto cargo de la FAO. Los autores del informe, en el que también participan el Programa Mundial de Alimentos, el Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola, Unicef o la Organización Mundial de la Salud, advierten sobre la necesidad de seguir mejorando "la fiabilidad de las estimaciones", que están sujetas a continuas actualizaciones. Distintas voces han criticado esos cambios a posteriori, preguntándose incluso si no se maquillan los números para aparentar que se cumplen objetivos.

"Nosotros somos absolutamente transparentes con los datos", asegura Stamulis. "Son números que nos aportan los países y que nosotros después analizamos y comprobamos". Esa información remitida por los Estados incluye la producción, suministro y comercio de alimentos y la demografía (edad, sexo, ocupaciones de la población...) para calcular el consumo de calorías y relacionarlo con la energía que necesita cada persona. Pero hay países que meses o años después corrigen las estadísticas enviadas. Aunque la metodología no cambia, esas variaciones hacen que cada nuevo informe deje desfasado el anterior. "Ahora mismo son los mejores datos que podemos tener", mantiene el griego.

Esa diversidad de fuentes (este año se han incluido números estimados por Unicef o la OMS) admite el directivo de la FAO, puede estar detrás de una de las buenas noticias que recoge el texto: los retrasos en el crecimiento por desnutrición en menores de cinco años apuntan una tendencia mucho más positiva: aunque aún los sufren 155 millones de niños, la reducción desde 2005 ha sido de 6,6 puntos (del 29,5% al 22,9%).

Los distintos tipos de desnutrición, sobrepeso infantil, anemia femenina u obesidad entre adultos se incluyen por primera vez en un informe que ha cambiado de nombre: ya no habla del estado de la inseguridad alimentaria, sino de la seguridad alimentaria y la nutrición. La idea, apunta el documento, es entender mejor la relación entre la seguridad alimentaria (la garantía de ingerir calorías suficientes) y una buena nutrición (que estas provengan de alimentos sanos y con la aportación de los nutrientes adecuados).

Aunque el informe de este año es negativo, la serie histórica arroja progresos. En 2000, los obligados a dedicar su día a día a buscar algo de comer, los condenados a no desarrollar todo su potencial físico y humano, eran el 14,7% de la población mundial. Hoy son el 11%. Pero, como se pregunta el escritor argentino Martín Caparrós en su enciclopédico El hambre: “¿Y si en lugar de ser cientos millones de hambrientos fueran 100? ¿Y si fueran 24? ¿Entonces diríamos 'ah, bueno, no es tan grave'? ¿A partir de cuántos empieza a ser grave?”.

 

 

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Sábado, 19 Agosto 2017 07:04

Secretos sucios de la carne vegetal

Secretos sucios de la carne vegetal

La industria de la carne es un problema grave para la salud, el ambiente y los animales que tienen que vivir toda su vida en condiciones deplorables. Por todo ello, cada vez más personas optan por comer menos carne o dejar totalmente su consumo. Ante esta demanda, la industria de los sustitutos vegetales de carne crece aceleradamente, pero ¿realmente son mejores?

Por ejemplo, la llamada "hamburguesa imposible" (Impossible Burger) de la empresa de alta tecnología Impossible Foods, es uno de los productos de este floreciente mercado, en el que muchos actores vienen de la industria bioquímica e informática, más que de la alimentaria. La presentan como totalmente vegetal, pero con una "salsa secreta" que la hace "sangrar" y tener un sabor y color muy parecido al de la carne.

El ingrediente que le da ese efecto, la leghemoglobina (abreviado en inglés SLH o simplemente "heme"), es en este caso un producto derivado de ingeniería genética, que no fue aprobado como seguro para la salud humana por la Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos (FDA por sus siglas en inglés), pese a lo cual la empresa lo puso en el mercado desde 2016.

El tema salió a la luz por un artículo del New York Times del 8 de agosto 2017, a partir de que las organizaciones Amigos de la Tierra y Grupo ETC obtuvieron mediante la ley de acceso a la información, los documentos que la empresa presentó a la FDA, intentando obtener su aprobación (https://tinyurl.com/yd9aglax).

Según explica Jim Thomas, del Grupo ETC, "La FDA dijo a Impossible Foods que su hamburguesa no alcanzaba los estándares de inocuidad, y la compañía admitió que no conocía todos sus ingredientes. Aún así la ha vendido a miles de consumidores incautos. La empresa debería retirar del mercado sus hamburguesas hasta que la FDA establezca la seguridad del producto y se ofrezcan disculpas a quienes fueron puestos en riesgo."

La leghemoglobina usada para esta hamburguesa es una proteína creada en laboratorio que imita una presente en la raíz de las plantas de soya, pero producida en tanques por microbios alterados mediante biología sintética. En los documentos presentados por la empresa a la FDA, la agencia advirtió que según los datos aportados, el heme, ingrediente clave de la hamburguesa, no cumplía los estándares para el estatus de seguridad generalmente reconocidos (GRAS, por sus siglas en inglés). La empresa admitió que en el proceso de ingeniería genética para el heme se habían generado 46 proteínas adicionales "inesperadas" de las cuales ninguna había sido evaluada en el dossier presentado a la FDA. Para evitar que la FDA rechazara la solicitud, la empresa la retiró voluntariamente, asegurando que realizaría nuevas pruebas, las cuales actualmente asegura haber realizado exitosamente –en experimentos de alimentación con ratones de laboratorio– pero pese a ello, el estudio no es público. Aunque la empresa sostiene que la proteína en la soya ha sido consumida por mucho tiempo y no se conocen efectos adversos, la versión construida mediante biología sintética, así como las proteínas adicionales inesperadas, son desconocidas y tienen potencial alergénico y otros desconocidos.

El caso de esta hamburguesa vegetal "sangrante" es significativo del desarrollo en esta industria. No se trata, como uno podría pensar, de alternativas sustentables, sino que en muchos casos son sustitutos con ingredientes excretados en tanques de fermentación, por microbios o levaduras alteradas genéticamente mediante biología sintética, un campo escasa o nulamente regulado, en el cual no existen siquiera normas de bioseguridad adecuadas a este proceso industrial nuevo y nada natural. Otros ejemplos del mismo tipo son los sustitutos que imitan leche de vaca producidos por la empresa Perfect Day o las "claras de huevo" de Clara Foods, ambos producidos con biología sintética.

Son empresas que intentan aprovecharse comercialmente de los vacíos regulatorios y la crítica y sensibilidad de cada vez más gente ante la producción industrial de carne y la crueldad de la cría animal, pero sin explicar que el proceso de producción se basa en tecnologías riesgosas, sea en estos u otros casos, como los que producen carne en laboratorio, otra aventura de alta tecnología que implica riesgos de salud no evaluados.

El motor de esta industria es que el mercado de sustitutos de productos animales es enorme y de muy rápido crecimiento, el fundador de Impossible Foods estima que será de billones de dólares en pocos años. Seguramente también es la razón para que Impossible Foods consiguiera inversiones de 200 millones de dólares por parte de Bill Gates, Khosla Ventures y el también billonario Li Ka-Shing, de Hong Kong, a la que este mes se sumaron 75 millones de dólares más del fondo soberano de inversión de Singapur (NYT, http://tinyurl.com/yag68oql).

El cuestionamiento a la cría industrial de animales está totalmente justificado por un amplio espectro de razones, pero no necesitamos cambiarlo por otra industria nociva y riesgosa. La producción campesina, agroecológica, de pastores y pescadores artesanales, nos brinda abundantes alternativas reales, sanas y probadas.

 

Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

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El campo, el territorio olvidado de Colombia

El campo, el territorio olvidado de Colombia, ha vuelto a ser noticia estas últimas semanas. Un nuevo informe de la ONG internacional OXFAM ubicó a Colombia como el país más desigual de Latinoamérica en lo que respecta a la concentración de la tierra[1].


Entre los datos más relevantes que aborda el informe, a partir de los datos del Censo Agropecuario elaborado por el DANE (Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas), se destaca que el 1% de los propietarios concentran el 81% de las tierras, mientras que el 99% restante apenas ocupa el 19%. A su vez, el 81% de las explotaciones agrícolas son de menos de 10 hectáreas, pero solamente explican el 5% del área total.


Lo que no se ha abordado en el mencionado informe -ni en las notas periodísticas que lo replicaron- es la situación social que vive el campo colombiano como consecuencia de la elevada desigualdad. Esta triste realidad puede ser seguida a partir de diversos indicadores oficiales provistos por el DANE que dan cuenta del abandono al que fue sometida la ruralidad durante los últimos años.


Si Colombia en general se caracteriza por sus elevados niveles de desigualdad en la distribución del ingreso, por la falta de acceso a derechos básicos y por la precariedad laboral, todo esto se potencia en el sector rural. Por ejemplo, en 2016 la pobreza monetaria en el país se ubicó en el 28%, pero en el campo ascendió a 38,6%. La pobreza monetaria extrema, que implica el no poder acceder a una canasta alimentaria mínima que garantice las necesidades calóricas básicas, en la media nacional registró 8,5% y en el sector rural 18,1%, más del doble. En otras palabras, en el campo, 4 de cada 10 personas se encuentran en situación de pobreza y 1 de cada 5 en condición de pobreza extrema.


La pobreza no es el único indicador que refleja la difícil realidad de la vida en el agro colombiano. No solo los ingresos son bajos, sino que la precariedad laboral es muy elevada. Durante 2016 la informalidad laboral en el campo ascendió al 90%, muy por encima del ya de por si elevado 48% registrado como promedio nacional.


Por otro lado, son muchos los derechos básicos a los que no acceden quienes habitan en el sector rural. El analfabetismo alcanza al 21,4% de la población, es decir a 1 de cada 5 habitantes. A su vez la situación educativa actual es delicada. El 37% de los estudiantes sufre rezago escolar y el 79,9% tiene bajo logro educativo. Por último, cabe destacar que el 37,1% de la población rural no tiene acceso a fuentes de agua mejorada.


También el abandono de la ruralidad se ve reflejado en la pérdida de participación relativa del sector en la economía. El DANE registra que en 2002 el sector agropecuario representaba el 8,1% del PBI, mientras que en 2016 la incidencia se redujo a 6%. A su vez, según CEPAL, en los primeros quince años del nuevo siglo la superficie agrícola en Colombia se retrajo y fue el segundo país de la región de menor crecimiento en la producción.


La elevada concentración de la tierra, la precaria situación social y la pérdida de participación del sector en la economía se dan en el marco de años de abandono del Estado. Un documento elaborado por el propio Departamento Nacional de Planeación[2], bajo la coordinación de José Ocampo, da cuenta de que los Tratados de Libre Comercio realizaron una contribución prácticamente nula al aumento y diversificación de la canasta exportadora de productos agropecuarios, mientras que por el contrario implicaron un crecimiento y diversificación de las importaciones que desplazaron a la producción local. A su vez, destaca las consecuencias negativas en materia de infraestructura y vivienda de la descentralización del gasto hacia los departamentos y municipios y los efectos negativos del cambio climático que como consecuencia de la baja inversión en ciencia y tecnología no encuentran soluciones. Por último, el informe señala la carencia de asistencia técnica y financiera a las unidades de menor tamaño debido al deterioro en las últimas décadas de las redes de instituciones de apoyo al sector.


Los acuerdos de paz pueden ser una oportunidad para comenzar a revertir la dramática situación del campo colombiano. Los mismos establecen una Reforma Rural Integral[3] que implicaría promover el acceso a la tierra; desarrollar la infraestructura vial, de riego y eléctrica; mejorar el acceso a la educación, salud y vivienda; brindar estímulos financieros y asistencia técnica a los productores; garantizar el acceso a la alimentación necesaria; lograr la formalización laboral rural y el acceso a la protección social; y favorecer canales de comercialización de los alimentos colombianos.


No obstante, la implementación y profundización de estas medidas implicaría dar un vuelco de 180 grados en el rol que el Estado viene cumpliendo hasta el momento y una reversión del modelo económico vigente, por lo cual estos avances aun no pueden darse por hechos.


Notas:


[1] https://www.oxfam.org/sites/www.oxfam.org/files/file_attachments/radiografia_de_la_desigualdad.pdf
[2] https://colaboracion.dnp.gov.co/CDT/Prensa/DOCUMENTO%20MARCO-MISION.pdf
[3] http://www.acuerdodepaz.gov.co/sites/all/themes/nexus/files/reforma-rural-integral.pdf


Por Pablo Wahren, investigador CELAG.
@p_wahren

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Megafusiones agrícolas: quién decidirá lo que comemos

Definitivamente, el futuro de la alimentación no es lo que era. Al menos en lo que agricultura industrial se refiere. Monsanto, el villano más conocido de la agricultura transgénica, podría pronto desaparecer del escenario con ese nombre, si se autoriza su compra por parte de Bayer –aunque sus intenciones serán las mismas. Las fusiones Syngenta-ChemChina y DuPont-Dow siguen también bajo escrutinio de las autoridades antimonopolio en muchos países. Si se concretan, las tres empresas resultantes controlarán 60 por ciento del mercado mundial de semillas comerciales (incluido casi 100 por ciento de semillas transgénicas) y 71 por ciento de los agrotóxicos a nivel global, niveles de concentración que superan ampliamente las reglas antimonopolio de cualquier país.


Estas megafusiones tendrán muchas repercusiones negativas a corto plazo: aumento notable de precios de insumos agrícolas, más disminución de innovación y de variedades a disposición del mercado, mayores limitaciones al fitomejoramiento público y aumento de agrotóxicos en los campos –y por tanto en alimentos– para poder seguir vendiendo semillas transgénicas, aunque hayan provocado resistencia en decenas de plantas invasoras y haya que subir dosis y agregar mezclas con agroquímicos aún más tóxicos. Para esas empresas, su mayor negocio es vender veneno, o sea que si no se lo impiden, éste será el curso de acción.


Estas fusiones tendrán también fuertes impactos sobre las economías campesinas y de agricultores familiares, aunque éstos en su mayoría usan sus propias semillas y pocos o ningún insumo químico, porque el poder de presión de estas megaempresas frente a gobiernos e instancias internacionales aumentará con su tamaño y por monopolizar los primeros eslabones de la cadena agroalimentaria. Aumentarán la presión para obtener leyes de propiedad intelectual más restrictivas; para restringir o ilegalizar los intercambios de semillas entre campesinos –por ejemplo con normas fitosanitarias y obligación de usar semillas registradas–; para que los programas para el campo y los créditos agrícolas sean condicionados al uso de sus insumos ysemillas patentadas; para que los gastos en infraestructura y otras políticas agrícolas beneficien a la agricultura industrial y desplacen a los campesinos.


Como si no fuera suficiente, hay otros factores muy preocupantes. La ronda de fusiones no finalizará con esos movimientos, sino que apenas empieza. Lo que está en juego a mediano plazo es quién controlará los 400 mil millones de dólares (mdd) de todos los insumos agrícolas. Actualmente, el valor conjunto del mercado comercial global de semillas y agrotóxicos es de 97 mil mdd. El resto, tres veces mayor, está controlado por empresas de maquinaria y fertilizantes, que también se están consolidando. Las cuatro empresas de maquinaria más grandes (John Deere, CNH, AGCO, Kubota) ya controlan 54 por ciento de ese sector.


El sector maquinaria ya no es de simples tractores: han adquirido un alto grado de automatización, integrando GPS y sensores agrícolas a sus máquinas, drones para riego y fumigación, tractores no tripulados, así como un acúmulo masivo de datos satelitales sobre suelos y clima. A su vez, Monsanto y compañía, las seis grandes gigantes genéticas, también se han digitalizado y controlan una enorme base de datos genómicos de cultivos, microorganismos y plantas de agroecosistemas, además de otras bases de datos relacionados.


Ya existen entre ambos sectores contratos de colaboración y hasta empresas compartidas para la venta de datos climáticos y seguros agrícolas. Monsanto, por ejemplo, adquirió en 2012 la empresa Precision Planting, de instrumentos y sistemas de monitoreo para agricultura de precisión, desde siembra a riego y administración de agroquímicos. En 2013, compró The Climate Corporation, para registro y venta de datos climáticos. John Deere acordó en 2015 comprar Precision Planting a Monsanto, pero las oficinas antimonopolio de Estados Unidos y luego Brasil, objetaron la compra, por considerar que John Deere pasaría a controlar un porcentaje virtualmente monopólico del sector. Aunque finalmente la venta se canceló en 2017, es una muestra de la tendencia. Existen varias otras empresas de base digital-instrumental (Precision Hawk, Raven, Sentera, Agribotix) compartidas o en colaboración entre las trasnacionales de maquinaria agrícola con las de semillas-agrotóxicos. Ver al respecto el documento Software contra Hardware del grupo ETC (http://tinyurl.com/y9dnpano).


Todo indica que las grandes empresas de maquinaria se moverán para comprar a los gigantes genéticos, luego de finalizada la primera ronda de fusiones. Esta segunda ronda tiene el objetivo de imponer una agricultura altamente automatizada, con muy pocos trabajadores, que ofrecerá a los agricultores un paquete que no podrán rechazar: desde qué semillas, insumos, maquinaria, datos genómicos y climáticos hasta qué seguros tendrá que comprar, además de que buscarán que se condicionen los créditos agrícolas a la adquisición de este nuevo paquete, así como ahora ya se hace con semillas y agroquímicos.


Es fundamental entender y denunciar los impactos de las megafusiones desde ya. Muchas organizaciones se han movilizado para protestar en Estados Unidos, Europa, China y varios países de África y América Latina, incluso ante las oficinas anti-monopolio, lo que al menos ha retrasado su aprobación. De fondo se trata de impedir que los agronegocios se apropien de todo el campo y la alimentación, también una forma de proteger la producción campesina y agroecológica, la única forma para poder comer sano y para la soberanía alimentaria.

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Gobiernos de AL incluyen productos nocivos en las canastas alimentarias

Las empresas del sector siguen reacias a colaborar en el tema del sobrepeso: Cepal


A pesar de que las empresas de alimentos siguen reacias a colaborar en los temas para erradicar el sobrepeso y la obesidad, hoy están más conscientes y tienen un mayor compromiso para atender ese problema, manifestó ayer la secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), Alicia Bárcena Ibarra.

Sin embargo, advirtió, en países de la región los gobiernos están incluyendo en sus listas de canastas básicas de alimentos productos con sustancias que perjudican la salud, como la fructosa.

"En la parte del sector privado hay cierta resistencia a colaborar en temas de etiquetado e impuestos, como ocurrió en Chile, pero es parte de la concientización de la sociedad". Hay que avanzar en la eliminación de la obesidad y el sobrepeso, asuntos que en países como México y Chile alcanzan tasas superiores a 70 por ciento de la población, aseguró Bárcena Ibarra.

Señaló que las grandes empresas "están más conscientes y con mayor compromiso para alcanzar los objetivos de desarrollo sostenible. Hay mayor concientización". No obstante, apuntó que falta información al consumidor, lo cual sólo se logrará mediante un etiquetado "visible y desagregado" en los productos procesados.

La Cepal presentó el estudio El costo de la doble carga de la malnutrición, aplicado en Ecuador, Chile y México. La base de ese análisis será repetido en los demás países de América Latina y el Caribe.

El estudio de la Cepal indica que los gobiernos pueden ayudar a eliminar la doble carga de la malnutrición, es decir, la suma de los costos económicos de la desnutrición más la obesidad y el sobrepeso. Con base en cifras a 2014, el análisis no refleja los resultados de las políticas públicas emprendidas por países como México relacionadas con el aumento al impuesto a las bebidas azucaradas ni las vinculadas con el etiquetado en los productos procesados.

En el caso de México, la repercusión económica de la carga doble de la malnutrición alcanzó en 2014 el equivalente a 2.3 por ciento del producto interno bruto, poco más de 28 mil 800 millones de dólares. La proyección de la Cepal es que hacia 2078 el costo anual será de 13 mil millones de dólares.

La comisión afirma en el reporte que los gobiernos pueden ayudar mediante políticas claras e incentivos para garantizar un etiquetado fiable, programas de actividad física y planes comunitarios de educación nutricional. Pero existe la preocupación, dijo Bárcena Ibarra, de que "se han agregado a las canastas básicas de la región muchos alimentos, como jarabe de fructosa, que es un ingrediente muy perjudicial para la salud".

La Cepal apuntó que la industria alimentaria desempeña un papel importante en el sobrepeso. "Tiene la oportunidad de garantizar la producción, disponibilidad y accesibilidad a productos más sanos".

Agregó que el sector privado puede "sensibilizar a los clientes" sobre las opciones de alimentos saludables, mediante la entrega de información nutricional "clara y confiable", para que se puedan tomar decisiones de consumo responsables en la dieta.

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Cómo cocinar para aprovechar al máximo las propiedades de nuestra comida

 

Una preparación y cocción adecuada potencia la absorción de los nutrientes

 

En contacto con el fuego, nuestros alimentos se transforman: su olor, su consistencia y color mutan. Pero no sólo eso. El método culinario de cocción que utilizamos también altera el contenido nutritivo y calórico, produciéndose una mayor o menor pérdida de vitaminas y minerales.

Habitualmente cocinamos como más nos gusta encontrarlos en el paladar, sin tener en cuenta de qué forma ese alimento nos puede aportar más beneficio. Pero ambas cuestiones se pueden conjugar. A continuación, mostramos algunos consejos para conservar al máximo las propiedades en nuestros platos.

 

Las verduras: al vapor o hervidas

 

img ysaiz 20170315 125952 imagenes lv getty istock 97001472 kOAF 656x436LaVanguardia Web

Brócoli al vapor (1MoreCreative / Getty)

 

Son las cocciones más adecuadas para reducir la pérdida de nutrientes, sobre todo de aquellas vitaminas sensibles al calor, como pueden ser la b1, b2 o el ácido fólico y que pueden acabar destruyéndose o quedándose en el agua. La cocción al vapor es la que mejor mantiene los nutrientes, ya que no se produce contacto con el agua.

Además, también se conserva más su sabor. Para esta técnica, hay que asegurarse de que el recipiente es suficientemente amplio para que se pueda generar vapor. Si el vegetal lo permite, se pueden añadir unas gotas de limón al agua para que este ácido orgánico frene la pérdida de vitaminas.

Si hervimos las verduras, algunas de las medidas que podemos tomar son: usar la mínima cantidad de agua; cortar los vegetales justo antes de cocinarlos y hacerlo en trozos grandes; reducir la cocción de forma que queden al dente; pasarlos por agua fría para cortar la cocción; y, como en el caso del vapor, añadir unas gotas de limón.

 

Granos, legumbres y semillas: el “problema” de los antinutrientes

 

Los antinutrientes son compuestos naturales que protegen el alimento pero impiden o dificultan la absorción de los nutrientes que éste nos aporta. Hay de diversos tipos y están presentes en muchos de nuestros alimentos más comunes y nutritivos. Quizás el más famoso sea el ácido fítico, presente mayoritariamente en los cereales sin refinar, frutos secos y semillas.

 

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Lentejas (Image Source / Getty)

 

Los antinutrientes son un buen ejemplo de componentes que son, a la vez, enemigos y amigos. Se consideran enemigos por su capacidad de unirse a los minerales y vitaminas, dificultando su asimilación en el organismo.

Sin embargo, sin exceso pueden ser beneficiosos, pues esta unión también se da en metales como el aluminio y, por tanto, contribuye a eliminarlos de nuestro cuerpo. Para evitar el exceso, se recomienda poner en remojo toda la noche y después enjuagar bien, no sólo las legumbres, sino también los cereales, frutos secos y semillas.

Este proceso es especialmente importante cuando vayamos a ingerirlos crudos, ya que la cocción en sí destruye buena parte de los antinutrientes.

 
Infusiones y zumos: las hierbas mejor vivas

 

Tanto si vamos a preparar una infusión como si van a formar parte de un zumo natural, las hierbas siempre son más nutritivas vivas que secas. Cuando las infusionamos, debemos lograr la máxima fusión de la hierba con el agua, para que se transmita su valor nutricional más fácilmente. Y esto sólo se consigue si las cortamos en trozos muy pequeños o las machacamos.

 

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Smoothie de espinacas (Lecic / Getty)

 

En el caso de las plantas blandas (diente de león, cola de caballo, ortiga, y un larguísimo etcétera), se hierve el agua antes y, una vez hervida, se añaden los tallos.

Pero si tratamos con plantas más duras como es el caso de las raíces de cúrcuma o cardamomo (con una estructura muy leñosa), la raíz se incorpora en la cocción desde el principio. En todos los casos, la calidad del agua es fundamental.

 

 

 

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Fila en el poblado de Leer, en Sudán del Sur, a la espera de distribución de comida por el Programa Mundial de Alimentos, organismo que advirtió en febrero que más de 20 millones de personas entraron en riesgo de morir de hambre en los próximos seis meses

 

Roma.

 

La población mundial en riesgo de hambruna supera 100 millones de personas y seguirá creciendo si no se combina la asistencia humanitaria con más contención a los granjeros, reveló este martes la Organización de Naciones Unidas (ONU). La cifra, añadió, representa un incremento de 30 por ciento respecto del año pasado, lo que atribuyó a las crisis en Yemen, Sudán del Sur, Nigeria y Somalia.

Más aún, en Somalia uno de cada siete niños muere antes de cumplir los cinco años.

Desde Mogadiscio, Antonio Guterres, secretario general de la ONU, pidió una movilización masiva para evitar lo peor en Somalia, país del Cuerno de África amenazado por la hambruna.

El presidente de Somalia, Mohamed Abdullahi Mohamed, quien se reunió con Guterres, subrayó que su país enfrenta una sequía que podría provocar hambruna si no llueve en los próximos dos meses.

Somalia está al borde de su tercera hambruna en 25 años a causa de una nueva sequía que causa estragos en el este de África.

En Roma, Dominique Burgeon, director de la División de Emergencia de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), precisó que los últimos estudios demuestran que 102 millones de personas padecían malnutrición aguda grave (etapa previa al hambre) en 2016, 30 por ciento más de los 80 millones del año previo.

Atribuyó ese aumento, principalmente, a la profundización de la crisis de Yemen, Sudán del Sur, Nigeria y Somalia, donde el conflicto y la sequía destruyeron la producción de alimentos.

La asistencia humanitaria mantuvo con vida a muchas personas hasta ahora, pero existe un deterioro sostenido en materia de seguridad alimentaria, indicó Burgeon a la Fundación Thomson Reuters, la rama caritativa de Thomson Reuters que cubre noticias sobre temas humanitarios, derechos de la mujer, corrupción y cambio climático (http://news.trust.org).

Burgeon agregó que se necesitan más inversiones para ayudar a la población a alimentarse con cultivos y ganado.

Llegamos con aviones, damos asistencia alimentaria y tratamos de mantener viva a la gente, pero no invertimos lo suficiente en la calidad de vida de esas personas, explicó. Evitamos que caigan en hambruna, pero no logramos alejarlos de la inseguridad alimentaria.

El Programa Mundial de Alimentos de la ONU indicó que el mes pasado más de 20 millones de personas (superior a la población de Rumania o Florida) entraron en riesgo de morir de hambre en seis meses.

Las guerras en Yemen, el noreste de Nigeria y Sudán del Sur devastaron hogares y elevaron los precios de los alimentos, mientras la sequía en el este de África arruinó la economía agrícola.

En febrero se declaró oficialmente la hambruna en áreas de Sudán del Sur, en guerra civil desde 2013.

En Nueva York, el vocero adjunto de la ONU, Farhan Haq, citando datos de la Organización Mundial de la Salud, aseguró que uno de cada siete niños somalíes muere antes de cumplir cinco años. La desnutrición severa debilita su sistema inmunológico, lo que los hace más susceptibles a enfermedades como el sarampión.

Aproximadamente 6 millones de personas, la mitad de la población somalí, tienen acceso a los servicios de salud básicos, y menos de la mitad de todas las mujeres embarazadas tienen acceso a partos asistidos, precisó Haq en conferencia de prensa.

La inseguridad alimentaria ha empeorado por la sequía en Somalia, donde la hambruna causó la muerte de alrededor de 260 mil personas en 2011.

Las condiciones de sequía amenazan a una ya frágil población golpeada por décadas de conflicto. Cerca de la mitad de la población enfrenta una aguda inseguridad alimentaria.

Se espera que 185 mil niños presenten desnutrición aguda severa este año y la cifra llegará a 270 mil en los próximos meses, dijo en febrero el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia.

 

 

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Sábado, 10 Diciembre 2016 07:03

¿Biodiversidad sintética?

¿Biodiversidad sintética?

La biología sintética, una "actualización" de la ingeniería genética que viabiliza nuevas construcciones transgénicas y otras alteraciones en seres vivos, ha atravesado las discusiones en la conferencia global del Convenio de Biodiversidad (CDB) de Naciones Unidas, reunido desde el 4 al 17 de diciembre en Cancún, México.

Desde nuevos riesgos al ambiente y la salud, enormes desafíos de bioseguridad, hasta el tema de la nueva biopiratería digital, pasando por la posibilidad de extinguir especies o construir armas biológicas, nadie se pudo quedar al margen del debate. Para sus promotores, agresivos y muy bien financiados por la Fundación Gates o trasnacionales, se trata de "pequeños cambios, apenas una edición genética, casi como cambiar una palabra en un texto", pero prometen resolver (¡otra vez!) desde el hambre hasta el cambio climático y las enfermedades. Los más osados quieren manipular especies silvestres y hacer ingeniería de ecosistemas, prometen terminar la malaria y hasta revivir mamuts. Curioso que las propuestas de esta nueva raza de "conservacionistas" sea extinguir especies, pero las que ellos decidan que no es preciso conservar.

Apenas comenzada la conferencia, más de 170 organizaciones de todo el mundo, incluidas las mayores redes globales de campesinos, como la Vía Campesina, ambientalistas como Amigos de la Tierra y otras sindicales, sociales y de consumidores demandaron al CDB detener la "tecnología de extinción de especies", refiriéndose a los impulsores genéticos. Se trata de una nueva aplicación de ingeniería genética, que está dirigida a alterar especies silvestres, desde insectos a plantas o animales, para forzar la permanencia de un carácter transgénico a través de generaciones, lo cual podría llevar a la extinción de una especie, dependiendo del carácter que se inserte (http://tinyurl.com/zcrp6c3). El llamado tuvo repercusión en varias delegaciones, principalmente el grupo de países de África, que planteó la necesidad de aplicar un estricto principio de precaución ante estos nuevos riesgos. El tema sigue en consideración.

Según explicó la doctora Ricarda Steinbrecher, de la Federación de Científicos de Alemania, mientras que los transgénicos aplicados a cultivos están construidos para expresarse en semillas que hay que plantar (aunque a través del polen se crucen con cultivos no transgénicos, contaminándolos) con los impulsores genéticos, el objetivo es que se diseminen agresivamente en el ambiente y que persistan a través de muchas generaciones. Cuando la alteración es para que las especies solamente tengan machos en su descendencia, el objetivo es eliminar una población completa. Y aunque no funcione como afirman sus promotores, el desequilibrio genético podría llevar a cambios imprevistos. Eliminar una especie –o una población de ésta– tendrá una cascada de repercusiones en todo el ecosistema: todas las especies son parte de un conjunto complejo de co-evolución y co-adaptación, parte de las cadenas alimentarias y otros procesos. Incluso aquellas que algunos consideran plagas (como ratones o malezas) o que son vectores de enfermedades (como mosquitos), surgen y se desarrollan porque ese sistema crea un nicho para ellas por alguna razón.

Los impulsores genéticos no toman en cuenta ninguna de estas relaciones, solamente pretenden eliminar lo que sus promotores definen como problema, sin tocar las causas, las condiciones ambientales –muchas veces ambientes degradados por otras tecnologías, megaproyectos y alto uso de agrotóxicos– ni las condiciones de salud y socio-económicas de las personas afectadas, que en la mayoría de casos son los principales factores que favorecen lo que se define luego de plaga o epidemia.

Pese a que quizá ni siquiera funcione, los intereses comerciales y la guerra de patentes sobre estas tecnologías son enormes y principalmente para sus aplicaciones en agricultura, pero tratando de evitar el rechazo que tuvieron los transgénicos, sus promotores han tomado otras vías para lograr su aceptación: las presentan como técnicas para enfermedades o conservación.

Por otro lado, la industrialización de la biología sintética plantea toda otra serie de temas. Colocar en Internet los mapas genómicos de muchas especies vegetales, animales, microbianas, permite que las empresas y quienes tengan acceso a las herramientas adecuadas, puedan descargar la información genética y construir artificialmente principios activos y otros genes, para su uso a nivel industrial. Pero también para otros usos, inclusive usos hostiles, como fabricar ciertos virus y bacterias, que pueden dañar cosechas, animales domésticos y hasta humanos. El tema es complejo y la alineación de gobiernos es esperada: la mayoría de países de Norte, que tienen las herramientas, las patentes y son sede de las trasnacionales, no quieren ninguna nueva norma ni discusión, alegan que de esa forma se promueve la "ciencia" porque todos pueden acceder a la información. Si bien este principio sería bueno si se aplicara a todo, no proponen acompañar este supuesto "interés público" de una prohibición al patentamiento, privatización y lucro de resultados que ellos pueden obtener al usar la información. Al contrario, se parece mucho a la biopiratería de siempre, pero digitalizada y con un espectro de usos e impactos mucho mayores.

Por eso, entre los llamados "Premios del Capitán Garfio" 2016, que se entregaron en el marco del CDB se incluyó a Canadá y Honduras (representado por una profesora mexicana de biotecnología), que en estas negociaciones han estado entre los más aguerridos defensores de la industria de la biología sintética.