“Es vital comprender de qué modo mueren las democracias”

Autor de una trilogía de libros indispensable sobre el ascenso, apogeo y caída del Tercer Reich, considera que del nazismo “siempre se aprende algo nuevo”. Evans estudió a fondo los orígenes del fenómeno y sus implicancias sociales y culturales.

 

Nacido en Londres en 1947, Richard J. Evans es uno de los especialistas más destacados en la historia de la Alemania moderna. De 1989 a 1998 fue profesor de Historia en el Birkbeck College de la Universidad de Londres y entre 1998 y 2014, profesor de Historia Moderna en la Universidad de Cambridge, entre otros pergaminos que posee. Desde hace veinte años se dedica a estudiar el fenómeno del nazismo. Algunos de sus libros sobre el tema son In Hitler’s Shadow, Telling Lies about Hitler y la indispensable trilogía sobre el monstruoso poder que tuvo Hitler que ahora la editorial Península acaba de reeditar para la Argentina: el primero es La llegada del Tercer Reich, donde Evans parte del 1900 y se pregunta cómo si en el inicio del siglo XX Alemania era considerada una de las naciones más progresistas, dinámicas y admirables del mundo, en pocos años, guiada por Hitler y sus partidarios, condujo a la ruina a Europa, causó la mayor destrucción inimaginable y destrozó, para siempre, el sueño y la vida de millones de seres humanos. El segundo volumen de la trilogía, El Tercer Reich en el poder, analiza su historia una vez al frente de los órganos de gobierno y las instituciones alemanas, mientras que el tercer libro El Tercer Reich en guerra relata el desarrollo del nacionalsocialismo político y militar desde el estallido de la Segunda Guerra Mundial, el 1 de septiembre de 1939, hasta su final en Europa, el 8 de mayo de 1945.


“El nazismo fue con toda seguridad la más perversa y destructiva fuerza de la Historia. Por eso es importante conocerla. Con la trilogía, apunto a presentarle al público lector en general los más recientes conocimientos sobre el tema, por lo que hacerlo de un modo legible y fácilmente comprensible eran metas significativas”, señala Evans en la entrevista exclusiva con PáginaI12, sobre los objetivos que lo llevaron a investigar tan profundamente al nazismo desde su prehistoria, pasando por su apogeo del terror y hasta llegar a su final. “También traté de que se comprendan cabalmente las implicancias que tuvo para la gente común, incluyendo para ello anécdotas y diversos tipos de documentos”, agrega el prestigioso historiador.


–Después de todo lo que se ha investigado, ¿por qué sigue usted tan interesado en continuar con sus investigaciones acerca del Tercer Reich?

–En verdad, a largo de mi carrera abarqué un amplio espectro de temas dentro de la historia alemana, que exceden en su mayoría a éste. Mi tesis doctoral cubrió el período entre los años 1894 a 1933, analizando la decadencia de los valores liberales en Alemania, tomando como ejemplo el movimiento feminista. Luego, escribí un estudio acerca de la epidemia de cólera de 1892 en Hamburgo, utilizándola como punto de comparación entre los enfoques inglés y alemán de las relaciones entre la sociedad y el Estado, y de la libertad individual (Hamburgo se enorgullece de ser una ciudad de impronta liberal, al estilo “inglés”). Pero también dicté un curso sobre la Alemania nazi, y cuando los abogados del caso de Irving por difamación (ver recuadro) me pidieron que les recomendara una Historia del Tercer Reich generosa en detalles, al encontrarme imposibilitado de hacerlo, decidí utilizar esta experiencia que me dio la enseñanza como punto de partida para desarrollar una historia general. Sucede entonces que solo estuve estudiando el Tercer Reich durante las últimas dos décadas. Ahora mismo, estoy trabajando en las teorías conspirativas que involucran a Hitler, como parte de un proyecto a larga escala que dirijo en Cambridge, basado precisamente en este tipo de teorías. Ya que surgieron muchas investigaciones acerca de la Alemania nazi en los últimos veinte años, y muchas nuevas fuentes de información se hicieron públicas, es un tema del que siempre estamos aprendiendo algo nuevo.


–En la primera parte de su trilogía, La Llegada del Tercer Reich, narra cómo los nazis destruyeron la democracia y se adueñaron del poder en Alemania. ¿Por qué es tan importante conocer el origen de los nazis?

–Especialmente hoy, en que la democracia se halla bajo amenaza en casi todas partes como no lo estaba desde los años 30, es vital comprender de qué modo mueren las democracias y a dónde nos pueden conducir los regímenes totalitarios.


–¿Por qué los nazis encontraron una oposición tan débil a sus planes de transformar Alemania en un Estado totalitario? ¿Por qué tantos se dejaron seducir por Hitler?
–Los nazis, que nunca sacaron más del 37 por ciento de los votos en una elección abierta, transformaron el gobierno (al que accedieron el 30 de enero de 1933) en una dictadura, combinando básicamente la acción sobre las masas y la violencia criminal contra sus opositores, e incorporando ciertas medidas legales (o pseudolegales) destinadas a dotar de legitimidad a su destrucción de la democracia y de las libertades civiles. En ese marco, donde el desempleo trepaba a más del 30 por ciento de la fuerza laboral, sus oponentes eran débiles y se hallaban divididos. La poderosa retórica de Hitler, unida a su sofisticada propaganda, convencieron a muchos de que él iba a devolverle la grandeza a Alemania, resolvería el problema del desempleo, y restauraría tanto la estabilidad como el orden.


–Su trilogía cubre cultura, economía, industria, comercio, arte, educación, religión... ¿Cómo fue afectada cada una de estas áreas por el nazismo? ¿Alguna lo fue más que otras?
–Como sistema totalitario, el nazismo afectó todas las áreas de la vida. Se clausuraron todas las instituciones y establecimientos independientes (exceptuando aquellos que dependían del ejército o de la Iglesia), a la vez que se los forzó a unirse al partido nazi, o a alguna de sus fuerzas afines. Los objetivos de los nazis eran: utilizar la educación y la cultura para preparar a los alemanes para una nueva guerra por la conquista de Europa y el exterminio racial, administrar la economía de modo tal que se les hiciese viable proveer al país de armamento a gran escala, poner los templos religiosos al servicio de estas metas, diseñar activamente los principios centrales y rectores de la sociedad y de la política social, antes que estudiarlos meramente de modo pasivo. Tal como lo cuento en mi libro, su éxito sólo fue parcial: los nazis no pudieron dominar totalmente las iglesias, la economía no logró sostener el reabastecimiento de armas al ritmo y la escala que ellos requerían, y los alemanes, en general, no se mostraron muy entusiasmados con otra guerra, dada su experiencia con la Primera Guerra Mundial.


–¿En los orígenes del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (Nsdap) estaban ya presentes las raíces del antisemitismo alemán?
–El antisemitismo alemán tuvo sus raíces en la aparición de teóricos y agrupaciones políticas de finales del siglo XIX. Hasta fines de la Primera Guerra Mundial, siguió siendo un fenómeno marginal. La mayoría de los alemanes no era antisemita, mucho menos los socialistas, comunistas y liberales, quienes se oponían firmemente al antisemitismo. Solo una vez que los nazis llegaron al poder esta tendencia se generalizó, especialmente como resultado de la propaganda de su régimen.


–En La llegada del Tercer Reich usted analiza, entre otros aspectos, los primeros seis meses del gobierno de Hitler. En ese periodo específico, ¿se puede ya observar la destrucción metódica del sistema democrático?
–Sí, por supuesto: desde la asunción de Hitler, el 30 de enero de 1933 hasta la creación del Estado de Partido Unico, en julio, se da una combinación de fuerza, chantaje, amenazas y decretos.


–En el segundo volumen de su trilogía, usted trata específicamente la cuestión del racismo. ¿Cómo elaboró este capítulo en particular?
–Quería demostrar como el régimen nazi desplegó sus políticas de racismo a todo nivel, desde la selección eugenésica de la raza “aria” por medio de la esterilización forzada de los discapacitados mentales y de los minusválidos hasta la discriminación contra los supuestos “degenerados”: gente como los gitanos, los criminales, los homosexuales y otros tantos. Pero sobre todo, por supuesto, contra la escasa minoría judía de Alemania, a quienes se percibía (bastante erróneamente) como una potencial amenaza contra la Nación en la guerra que se avecinaba.


–¿Las Leyes de Nuremberg de 1935 fueron las que establecieron los principios básicos de la política racial en el Estado nazi?
–Las Leyes de Nuremberg hicieron foco únicamente en los judíos, considerados por los nazis como una amenaza palpable. Efectivamente, se los marginó y se les privó del derecho al voto. Pero hubo muchas otras medidas antisemitas no cubiertas por estas leyes, destacándose la “arianización”, o expropiación de los negocios de los judíos, y luego también la discriminación hacia otras minorías raciales.


–En su libro queda claro que la llamada “Solución Final” estuvo orientada no solamente hacia los judíos, sino también hacia los discapacitados (tanto físicos como mentales). ¿Los métodos de persecución y aniquilamiento fueron los mismos?
–No, la expresión “Solución Final para el problema judío en Europa” era explícita. Todos los judíos, según se decidió en 1941, habían de ser exterminados, porque todos ellos estaban supuestamente envueltos en una conspiración para destruir a Alemania. Los minusválidos y otros eran vistos como meros obstáculos para que Alemania ganase la guerra, a los que había que barrer del camino como si fuesen “subhumanos”. La inhalación de gas se utilizaba para ejecutar a los discapacitados en los hospitales mentales, y cuando la Iglesia Católica la objetó en 1941, los grupos que se especializaban en ejecución por gas fueron redestinados a matar judíos. Pero también hubo judíos asesinados en grandes cantidades por fusilamiento en fosas, o por confinamiento en los ghettos, donde se morían de hambre.


–Más allá del Holocausto, usted ha estudiado en profundidad la sociedad alemana. ¿Cómo la describiría? ¿Era consciente del horror?
–La mayoría de los alemanes sabía acerca del exterminio judío. Muchos estaban disconformes con eso, pero no podían hacer nada, dadas las condiciones dictatoriales imperantes. Los alemanes sentían culpa, y luego de la guerra negaron haberse enterado del exterminio.


–¿Qué pasó con la cultura? ¿Fue de vital importancia para sumar a la sociedad a la causa nazi?

–La cultura fue subordinada a la propaganda, pero Hitler también inició una cruzada contra el modernismo artístico, como artista fallido que era, por lo cual sus políticas culturales fueron más que meras políticas. Se suponía que los artistas alemanes debían servir a los propósitos raciales, políticos y militares del régimen. El grueso de los artistas modernistas abandonó el país en 1933, o poco después.


–¿Cuándo se rebelaron los alemanes contra el régimen nazi? ¿Fue cuando sus pueblos y grandes ciudades empezaron a ser bombardeados por las fuerzas de los Aliados?

–La moral y la confianza del público alemán en el régimen empezó a flaquear con la derrota de Stalingrado, y luego, más que otra cosa por la destrucción que los bombarderos aliados causaron a las ciudades alemanas. Hamburgo, en julio de 1943, con 40 mil muertos y cuyo centro de la ciudad fue totalmente arrasado por una tormenta de fuego, significó un punto de inflexión. Pero los alemanes siguieron adelante porque se reafirmaron en la creencia de que luchaban por Alemania, y no por los nazis. En los últimos meses, cayeron en una completa desilusión pero el régimen los mantuvo bajo control por medio de una oleada final de terror.


–La naturaleza violenta que constituía al nazismo, ¿al final se volvió contra la propia Alemania?

–Si, al final Hitler creyó que el pueblo alemán le había fallado y que no merecía sobrevivir, por lo que ordenó que todo fuera destruido. Por fortuna, fue mayormente desobedecido.

–Según su opinión, ¿existe alguna garantía de que nunca habrá un Cuarto Reich? A pesar de todo el horror pasado, en estos tiempos la ultraderecha e incluso los partidos neonazis están creciendo y tienen representantes en los Parlamentos de toda Europa.

–A los partidos populistas y anti inmigrantes les está yendo mejor que antes, pero más que nada en el antes llamado bloque del Este, donde las raíces de la cultura democrática son poco profundas. En Alemania, incluso, el partido de extrema derecha Alternativa Para Alemania (AFD) tiene simpatizantes de Europa del Este. Pero los verdaderos neonazis siguen siendo un movimiento completamente marginal.


–En el mismo sentido, ¿piensa usted que hoy en día se debería reafirmar la conciencia colectiva y la memoria histórica?

–Sí, aunque ya son muy fuertes dentro de la mismísima Alemania. Sin embargo, me preocupa seriamente la reivindicación de los antisemitas y los simpatizantes nazis, como Stepán Bandera en Polonia. Y no me siento cómodo con la extendida creencia (que en algunos países, recibe apoyo oficial), de que Stalin era tan malo, o peor incluso, que Hitler. Ambos eran muy diferentes, y aunque Stalin era, en verdad, un genocida a gran escala, no consideraba a otras razas como si fueran inferiores, y tampoco trató de conquistar el mundo, ni siquiera Europa.


–Más allá de su investigación histórica, ¿siente usted que sus libros contribuyen a reafirmar la conciencia contra el nazismo?
–Ciertamente, espero que sí.

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Miércoles, 29 Noviembre 2017 07:03

El poder para siempre no existe

El poder para siempre no existe

En junio de 1972, la célebre periodista italiana Oriana Fallaci logró entrevistar en su palacio amurallado de Addis Abeba al emperador de Etiopía, Haile Selassie, el León de Judá, quien se proclamaba descendiente de la reina de Saba y el rey Salomón. Al final ella le preguntó: “¿cómo mira a la muerte? El emperador, que tenía 80 años y le faltaban tres para morir, pareció no entender: "¿A qué? ¿A qué?" "A la muerte, Majestad", insistió ella. Y eso desbordó la paciencia del soberano: "¿La muerte? ¿La muerte? ¿Quién es esta mujer? ¿De dónde viene? ¿Que quiere de mí? ¡Fuera, basta!"

No cabía en su mente que su poder no estuviera ligado a la inmortalidad. Pero no fue siempre un hombre distraído de la realidad, porque en un tiempo se puso a la cabeza de la lucha en contra de las tropas de Mussolini que invadieron Etiopía. Y al final, depuesto por un golpe militar, no pudo imaginar la clase de muerte que tendría, estrangulado en su propia cama, y enterrado bajo el piso de un baño en su propio palacio imperial.

Me ha venido a la cabeza esta historia de alguien que desde su trono eterno se indigna cuando le hablan de la muerte, ante las noticias de la caída del dictador de Zimbabue Robert Mugabe, gracias a otro golpe militar, tras su permanencia en la presidencia durante casi cuatro décadas. Mugabe, un tanto más práctico a sus 93 años, sí aceptaba que un día habría de morir, desde luego que escogió como sucesora a su esposa y antigua secretaria, Gracia Marufu, mucho más joven que él, y a quien la gente llamaba en secreto Desgracia Marufu. También, en lugar del título de primera dama, le daban el de "primera compradora", pues se escapaba a París o Londres en excursiones por las boutiques de lujo para hacerse de decenas de trajes y zapatos exclusivos. Dueña del monopolio de producción y distribución de los productos lácteos en el país, alegaba que sus gustos se los pagaba con su propio dinero. La Universidad de Zimbabue le otorgó un doctorado, sin haber puesto nunca un pie en las aulas, siendo el propio Mugabe quien le colocó el birrete en la ceremonia de graduación. Ambiciosa y astuta, mientras su anciano marido se dormía en las reuniones de gabinete, ella iba tejiendo su propia urdimbre de poder.

La tentación de quien contempla la historia personal de un dictador, es verla como la de alguien que desde el principio alberga las intenciones de usar el poder para beneficio personal, y quedarse para siempre en el mando a costas de lo que sea, asesinatos, cárcel, exilio de quienes se le oponen, establecer un régimen familiar y designar como sucesor a uno de sus hijos, o a su propia esposa.

Pero la vida es más compleja. Tal como Haile Selassie, Mugabe, líder guerrillero del Ejército de Liberación Nacional Africano de Zimbabue (Zanla, por sus siglas en inglés), condujo la lucha de su pueblo para librarse del dominio de la minoría blanca que había establecido un régimen racista igual al de África del Sur. De las penurias del combate pasó a la ruindad de la tiranía, el crimen, el fraude electoral repetido, la corrupción y la opulencia, ya convertido en primer ministro, luego presidente, y al mismo tiempo jefe vitalicio del partido oficial, el ZANU-PF.

Y su discurso de los tiempos guerrilleros nunca cambió. Aunque arruinó al país, destruyó la economía, y la inflación llegó a una increíble cota de 231 millones por ciento, no dejó de proclamarse socialista, en lucha abierta contra los demonios del capitalismo y el colonialismo.

El paraíso socialista de Mugabe no fue sino un infierno. A su caída, el desempleo alcanza 95 por ciento; 72 por ciento de la población vive en la pobreza, sin acceso a la electricidad y al agua potable; sólo 6 por ciento llega al tercer grado de primaria, y la esperanza de vida es de apenas 56 años. Su pretendida reforma agraria destruyó la organización productiva de las fincas, y sólo trajo escasez y desabasto crónicos.

Cualquiera que lo criticara se volvía de inmediato un traidor, algo que en su ya obsoleta retórica revolucionara podía significar una orden de ejecución. Y también tenía a su servicio fuerzas paramilitares entrenadas para garrotear y asesinar disidentes. En 2008 perdió las elecciones ante su oponente Morgan Tsvangirai, y entonces proclamó que "solamente Dios" podía apartarlo de la presidencia. Dios a su servicio personal de católico practicante que comulgaba devotamente en la catedral de Harare, la capital.

Al celebrar sus 91 años, Gracia le organizó una fiesta para 20 mil invitados, que llenaron un estadio de futbol. Por supuesto, los empleados públicos debieron asistir obligatoriamente, bajo pena de despido, pagando su cuota. Se sirvió una parrillada gigante, donde podía elegirse entre lomos de elefante, entrecotes de búfalo, piernas de impala y costillas de antílopes negros, todo un zoológico sobre las brasas. Por lo visto, la dentadura del anciano seguía sana.

Ahora todo ha terminado para la pareja. Mugabe destituyó al vicepresidente Emmerson Mnangagwa, buscando dejar libre el camino a su esposa, y el ejército, que él mismo forjó, los detuvo a ambos y los puso con la casa por cárcel. El anciano fue destituido como jefe del partido, y a ella la expulsaron de sus filas. Por último, los militares lo obligaron a renunciar a la presidencia. El júbilo estalló en las calles.

Mnangagwa es el nuevo hombre fuerte, con lo cual las sombras ominosas vuelven a cerrarse sobre el país, igual que tras la deposición de Haile Selassie, cuando asumió el poder un nuevo dictador, el teniente coronel Mengistu Haile Mariam, cabeza del golpe de Estado. Mnangagwa, apodado El cocodrilo, por la fama de su crueldad, fue jefe de espionaje de la guerrilla durante la lucha de independencia, y luego ministro de Seguridad, y como tal, jefe de la policía secreta.

Pésima costumbre que tiene la historia de repetirse.

Guadalajara, noviembre 2017

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El Tribunal Constitucional permite a Evo Morales reelegirse para un cuarto mandato

El presidente de Bolivia podrá participar en las elecciones de 2019 después de que se suspendieran los artículos de la Constitución que prohibían la reelección


Evo Morales tiene carta abierta para reelegirse. El Tribunal Constitucional de Bolivia aceptó el recurso que un grupo de parlamentarios de su partido presentó en septiembre para suspender los artículos de la Constitución que prohibían dos reelecciones continuas consecutivas y, por tanto, impedían que el presidente Evo Morales participara en las elecciones de 2019.


El Tribunal encontró que estas cláusulas afectaban los derechos políticos de Morales y su vicepresidente, Álvaro García Linera, así como de todos los demás políticos cuya reelección estaba limitada, y consideró que estos derechos tenían prelación sobre las restricciones constitucionales.


Todos los líderes de oposición se manifestaron en contra de la decisión en diferentes tonos. El principal retador de Morales en la elección de 2014, Samuel Doria Medina, lo consideró “un golpe de Estado” y advirtió que convertiría a Bolivia en “una nueva Venezuela”. Los expresidentes Jorge Quiroga y Carlos Mesa hicieron hincapié en la ruptura del orden democrático que en su opinión produce esta decisión judicial. Otros, como el alcalde de La Paz, Luis Revilla, se enfocaron en la necesidad de formar una alternativa “seria” a la candidatura de Morales, que las encuestas reconocen como el mejor candidato del MAS y todavía el más potente de todos, pese a que ha caído bastante desde su cómoda mayoría de 2014, la última vez que venció a la oposición en las urnas.


La decisión ha sido objetada por varios juristas como una “aberración jurídica”, por la cual el Tribunal Constitucional no interpreta, sino que cambia la Constitución, sustituyendo las vías que la propia Constitución establece para su enmienda, que son todas electorales. De inicio Morales había intentado habilitarse para una nueva candidatura presidencial, que en caso de ganar lo llevaría a un cuarto mandato consecutivo, por el método señalado por la ley, el referendo constitucional, pero su iniciativa perdió por estrecho margen en 2016.


Después de eso, persuadido por las encuestas de que perdería cualquier votación sobre la reelección, decidió optar por la consulta al Tribunal Constitucional, una salida por la que ya optaron en el pasado algunos mandatarios centroamericanos.


Al justificar su veredicto, el Presidente del Tribunal Constitucional repitió la línea del oficialismo sobre este cambio de la norma electoral, señalando que la habilitación de Morales solo amplía un derecho, el suyo, sin quitarle a los demás su derecho de vencer al Presidente en la urnas. “Será el pueblo el que finalmente decida”, señala insistentemente la vocería gubernamental


La Paz 29 NOV 2017 - 04:22 COT

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En España, ni democracia ni estado social de derecho

Resulta alarmante ver cómo la élite política y la mayoría de sus publicistas académicos, amén de acólitos de la monarquía, se rasgan las vestiduras señalando que en España se vive en democracia.


El argumento para tal afirmación es pedestre. Aluden a la existencia de un ordenamiento jurídico donde impera la ley. El eslogan es conocido: La ley es igual para todos. El rey Felipe VI, Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Albert Rivera, diputados y senadores se llenan la boca con dicha afirmación. Pero si las leyes son arbitrarias, generan impunidad y se aplican de forma torticera, la democracia es una quimera.


La existencia de códigos civiles, mercantiles, penales, procesales o de trabajo constituyen un marco desde el cual administrar derecho, pero su articulado puede no ser democrático. La existencia de leyes no garantiza que exista democracia. Las mismas pueden no serlo. Por ejemplo, la de partidos políticos en España, hecha a la medida para que la izquierda abertzale no se pueda presentar en las elecciones o para imputar, encarcelar y restar derechos cívicos a personas físicas y jurídicas, cuando el poder político lo considere y los jueces lo consientan. Periodistas, actores, dirigentes sindicales, representantes estudiantiles, cualquiera puede hoy ser objeto de imputación bajo el cartel de sedicioso, terrorista, subversivo, alborotador, antisistema, etcétera. La ley es la ley. Algunos ejemplos nos ayudan. Sin ir más lejos, la incautación y cierre del periódico vasco Egin, durante el gobierno de Aznar, llevado a cabo por el juez Baltasar Garzón. Más tarde la clausura de la revista Ardi Beltza y la detención de su director, Pepe Rei. El resultado: prisión para la plana mayor de ambas publicaciones durante más de un lustro. Curiosamente, el Tribunal Supremo, en un fallo de 2010, concluyó que su actividad no podía ser considerada ilícita, las publicaciones clausuradas y sus responsables encarcelados. La anulación de la sentencia llegó tarde, de manera deliberada. Al momento de su cierre, vendía 52 mil ejemplares diarios y tenía 210 trabajadores, todos al paro. Tampoco olvidemos el caso del joven Alfonso Fernández, Alfon, detenido en la puerta de su casa el 14 de noviembre de 2012, bajo la falsa acusación de portar una mochila con artefactos explosivos caseros. Hoy cumple una condena de cuatro años. Es bueno recordar el caso de Arnaldo Otegui. Han sido muchos, estos años, los casos en que el concepto de preso político cobra toda su dimensión al interior de la monarquía parlamentaria y de economía de mercado. Salvo que se quiera señalar que la democracia es la del mercado. ¿Será por eso que se rescatan los bancos, se privatiza la educación, la sanidad y se desahucia a quienes no pueden pagar su hipoteca, venden las viviendas sociales a los fondos buitres y crean leyes para el despido libre y la devaluación de las pensiones? ¿Democracia, estado social de derecho? España vive en una mentira que ha transformando a sus ciudadanos en loritos repetidores, dogmáticos y convencidos de vivir en la mejor de las democracias posibles.


Pocos quieren reconocer la existencia de cientos de cadáveres de republicanos, gente asesinada por la dictadura en cunetas, fosas comunes y personas que no pueden ser enterradas dignamente. Ningún detenido, no digo imputado y menos condenado, por crímenes de lesa humanidad cometidos durante el franquismo y protegidos por la monarquía. Una ley de amnistía bastarda los protege. ¿Democracia?


¿Hay presos políticos en España? Sin duda. Lo difícil es denunciarlo y decirlo en voz alta. Las consecuencias no se hacen esperar. Difamación, aislamiento, amenazas y el san Benito de terrorista disfrazado, antisistema y pro etarra. La sociedad española ha decidido mirar hacia otro lado, justificar detenciones ilegales, torturas y persecución política. Parece no querer enterarse, vivir en un mundo feliz. ¿Cómo? ¿Presos políticos? No.


España, se dice, es una democracia consolidada, un país respetable y respetado, donde la ley es igual para todos. Pero si las leyes son arbitrarias y responden a un control ideológico en su aplicación, entonces la democracia no existe. En democracia las leyes deben cumplir tres condiciones: ser justas, buenas y aplicables por igual. Eso se llama justicia, y hoy brilla por su ausencia en España. Hay leyes, se aplican, pero no hay justicia. Jueces sumisos prosperan a la palestra de los partidos que gobiernan. El tribunal constitucional ha perdido su carácter de árbitro para someterse a las presiones del poder político, circunstancia que propició la renuncia a su presidencia del más destacado constitucionalista de España: Manuel García Pelayo. Hastiado de sufrir indirectas, presiones de Felipe González y el PSOE para amañar sentencias en una u otra dirección, prefirió el autoexilio y murió en Caracas en 1991.


Hoy, la detención de Jordi Sánchez y Jordi Cuixart, acusados de sedición, dirigentes de la Asamblea Nacional Catalana y Omiun Cultural, organizaciones de la sociedad civil catalana, con un ideario independentista y republicano, se adjetiva como política. La tensión se acrecienta y eso destapa la olla de las esencias del nacional-catolicismo, cuya aparición se convierte en reclamo de una población educada en la desafección democrática y el autoritarismo. Por eso pide la intervención en Cataluña y, si es posible, que los metan a todos a la cárcel, cuando no los fusilen. La ley es la ley.

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Miércoles, 04 Octubre 2017 08:07

La posdemocracia brasileña

La posdemocracia brasileña

 

En Brasil pareciera estar emergiendo un nuevo orden político, que algunos han caracterizado como “posdemocracia”. No es posible caracterizarlo como una dictadura, ya que en octubre de 2016 ha habido elecciones municipales transparentes. Sin embargo,se trata de un gobierno que carece de legitimidad de origen, iniciado a partir del oscuro proceso de destitución de Dilma Rousseff culminado en agosto de 2016. Desde entonces, recurre para garantizar su continuidad a variados mecanismos poco transparentes ante sectores de la sociedad que lo observan con preocupación.

Ante la ausencia de legitimidad de origen en la soberanía popular que brinda un proceso electoral y la impopularidad que le es característica, el gobierno de Temer sobrevive comprando minuto a minuto una legitimidad corporativa que reside en el apoyo de los sectores dominantes. Esta situación explica la prisa por la aprobación de reformas que apuntan a desmontar el estado y la cultura nacional estatista construida en Brasil desde 1930 con el primer gobierno de Getulio Vargas. Los intentos de privatización de empresas estatales en petróleo, electricidad, y las reformas que van contra las leyes laborales y los aportes sindicales son expresión de la debilidad de un gobierno que busca asegurar su supervivencia política.

Aún ante esas amplias concesiones al bloque neoliberal, se manifiestan tensiones al interior del mismo, ya que mientras algunos sectores consideran al presidente como el mejor medio para alcanzar estas reformas de mercado, otros grupos como la poderosa cadena Globo consideran su alta impopularidad y las acusaciones de corrupción que lo asedian como un obstáculo para darle continuidad a aquellas reformas.

A su vez, el gobierno de Temer bordea el autoritarismo frente a los signos de resistencia que aparecen en las calles: esto se ha visto con la represión a las movilizaciones, la invasión de la policía locales del MST, así como en el intento de sacar a los militares a la calle frente a las protestas, una iniciativa en la que el Ejecutivo tuvo que retroceder por el repudio que generó.

Al mismo tiempo, el candidato con mayores posibilidades en la próxima elección de 2018, Lula, se encuentra acorralado por el Poder Judicial, y si es imposibilitado de competir debido a las acusaciones de corrupción, se consolidaría un sistema híbrido cuyas garantías a la competencia electoral residen en la exclusión del candidato con mayores posibilidades de ser electo por sufragio popular.

Sin embargo, quizás lo más preocupante es que el rumbo neoliberal no está en cuestión en Brasil. Los grandes capitales y periódicos conservadores encuentran su punto de convergencia en las reformas implementadas por el Ministro de Economía Henrique Meirelles, y ante una eventual renuncia de Temer el camino elegido no está en cuestión.

Si tenemos que hablar de “grados de democracia”, el nivel de la democracia brasileña es bajo actualmente, ya que combina elementos propios de este tipo de régimen como ciertas libertades y elecciones, con elementos propios de regímenes autoritarios, que involucran la virtual proscripción del principal candidato y una falta de legitimidad de origen del gobierno, compensada con un apoyo corporativo que atenta contra la soberanía popular.

 

* Autor del libro Prensa tradicional y liderazgos populares en Brasil (A Contracorriente, 2017).

 

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Lunes, 24 Julio 2017 06:38

República bananera

República bananera

Un asesor financiero de uno de los bancos más grandes del mundo en Wall Street comenta a La Jornada que el momento político estadunidense se puede resumir en una sola frase: "Estamos viviendo en una república bananera".

Varios de los elementos clásicos de un régimen autoritario y corrupto están presentes: la instalación de miembros de la familia del presidente Donald Trump en puestos clave –sobre todo su hija Ivanka y su yerno Jared Kushner– a pesar de su nula experiencia en gobierno, los ataques y humillaciones públicas contra su equipo si percibe que éste no cumple con su labor básica de proteger a esa familia e impulsar sus deseos personales. A esto se suma el desconocimiento y hasta burla de normas y prácticas de ejercicio democrático de su poder, el uso de la mentira y de tácticas orwelianas para proclamar qué es verdad y qué no, y usar el gobierno para promover sus negocios, entre tanto más.

Una de las muestras más extraordinarias de esto fue la reunión de su gabinete hace poco más de un mes, donde permitió que las cámaras de prensa grabaran un ejercicio casi obsceno en el cual uno por uno sus secretarios fueron obligados a elogiarlo y expresar que trabajar con Trump es "un gran privilegio" y un "honor", y hasta una "bendición" por la que sienten "profunda gratitud". Nunca nadie había sido testigo de algo tan vergonzoso en una cita del gabinete.

La otra muestra de esto es algo casi cotidiano, un narcisismo ilimitado: “Ningún otro presidente ha logrado lo que yo...”, cosa en la que ha insistido más de una vez, así como en su afirmación de que él tubo más apoyo popular que nadie.

La semana pasada estuvo repleta de ejemplos de ese ejercicio platanero (disculpas a los plátanos inocentes). En una entrevista con The New York Times hace unos días, el presidente humilló a su procurador general Jeff Sessions, no sólo al reprobar su testimonio ante el Congreso, sino hasta decir que no lo hubiera nombrado a su puesto si hubiese sabido que se apartaría de la investigación sobre la mano rusa en la elección. Pero tal vez lo más notable fue su amenaza insinuada de que preveía correr al fiscal especial Robert Mueller, ahora encargado de la investigación sobre la interferencia rusa y posible colusión con los Trump en la elección presidencial. A la vez, advirtió abiertamente que si Mueller se atreve a incorporar los negocios de la familia Trump en su investigación, eso sería inaceptable.

En medio de este drama, su vocero Sean Spicer sorpresivamente renunció el pasado viernes, supuestamente en protesta contra el nombramiento del nuevo director de comunicaciones de la Casa Blanca, Anthony Scaramucci –un financiero sin experiencia, quien antes se oponía a Trump, apoyaba a Jeb Bush y hasta a Hillary Clinton (esos mensajes los ha borrado). Spicer será recordado no sólo por su inmensa ineptitud, su agresividad contra la fuente que cubre la Casa Blanca y su papel como el portavoz leal del gobierno más mentiroso en tiempos modernos (Washington Post calcula que Trump ha mentido o declarado algo engañoso 4.6 veces al día en promedio desde que llegó al cargo), sino por el resto de su vida debido a la devastadora parodia de él que encarnó la comediante Melissa McCarthy (aquí un ejemplo).

El nuevo director de comunicaciones de la Casa Blanca este fin de semana afirmó –como la ha hecho Trump repetidamente– que el gran problema no es el posible escándalo de conspiración entre el equipo electoral de Trump y los rusos, sino las filtraciones sobre todo esto, y advirtió que cesará a cualquiera de su equipo que sea sospechoso de enviar datos a los medios.

Ahora, Washington Post se había enterado de que el equipo de Trump está "investigando a los investigadores" para armar una contra ofensiva para descalificar a los que encabezan la indagatoria, empezando con Mueller.

Mientras tanto, el hijo del presidente, Donald junior, su yerno y el ex jefe de campaña, Paul Manafort, entre otros, están citados para comparecer o ser entrevistados con diferentes comités del Congreso que también continúa con sus investigaciones.

En medio de todo eso, el Post reveló que las agencias de inteligencia intervinieron comunicaciones entre Sessions y el embajador ruso en Washington, en las cuales abordaron temas electorales, una vez más comprobando que el procurador general mintió ya varias veces, primero sobre si tuvo o no reuniones con oficiales de Rusia (por encubrir eso fue obligados a apartarse de la investigación) y ahora de que no habló sobre esos asuntos. Trump pareció confirmar la veracidad de esta noticia al acusar que fue basada en "filtraciones ilegales", algo que "se tiene que acabar".

Este fin de semana, por tuit, Trump continuó asombrando a Washington y a sus guardianes del orden, al afirmar que él tiene, como presidente, poder pleno de indultar a toda su familia y colaboradores, incluso a sí mismo, pero que eso es irrelevante, argumentó, porque nadie ha hecho nada malo.

Con ello, detonó todo un debate legal si un presidente puede ser penalmente acusado mientras esté en funciones y si puede indultarse a sí mismo. No hay precedente de ninguna de las dos cosas. Un trío de experto legales comentaron que "ni el Papa se perdona a sí mismo".

Pero el hecho de que ésta sea la pregunta –junto con el juego constante de apostar sobre cuánto durará este presidente– a sólo seis meses de que Trump y su familia ocuparan la Casa Blanca– ya lo dice todo.

Aquí se tiene que enfatizar que mientras casi toda la atención se enfoca en eso, la Casa Blanca y los republicanos impulsan el desmantelamiento de programas de asistencia social, normas ambientales y laborales, incrementos al presupuesto militar, promoción de medidas para reducir de manera masiva los impuestos sobre los más ricos y un incremento de 40 por ciento en deportaciones de inmigrantes comparado con el periodo anterior –es decir, la agenda política real avanza a pesar de todo este circo.

Mientras tanto, aquí dentro del autoproclamado "faro de la democracia" en el mundo surge tal vez la república bananera más grande y poderosa de la historia.

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Martes, 13 Junio 2017 06:00

El supremo cronista del poder

El supremo cronista del poder

He estado presente en las celebraciones del centenario del nacimiento de Augusto Roa Bastos llevadas a cabo en Asunción.


Su vida parece a veces asunto de sus propias invenciones. Nació el 13 de junio de 1917 en Asunción, y pasó su infancia en Iturbe, un poblado de las selvas del Guairá, en el Alto Paraná, donde se habla por igual el guaraní y el castellano, lo que le dio esa lengua escindida, o doble, que habría de marcar su escritura no sólo en la tesitura verbal, sino también en su carga de tradición oral.


Su padre, Lucio Roa, llegó hasta allí como peón a talar árboles para abrir aquellas tierras al cultivo de la caña de azúcar. Con sus manos construyó los pupitres donde Augusto y su hermana Rosa, la mayor de los dos, se sentaban a recibir las lecciones que él mismo les impartía, una hora diaria después de la siesta de la tarde, porque nunca asistieron a la escuela pública.


Cuando se casó con Lucía Bastos se acercaba ya al medio siglo de vida, 20 años mayor que la esposa, con la que estuvo unido por otro medio siglo. Ella, de ascendencia francesa y portuguesa, estaba dotada de una buena voz de mezzosoprano, y, sensible a la literatura, fue cómplice de Augusto para que aprendiera la lengua guaraní prohibida por el padre. Leía a los dos hermanos episodios de la Biblia que luego comentaba en guaraní, y lo introdujo en los dramas de Shakespeare y en el mundo oral de las leyendas indígenas. Es cuando aprendió que los árboles guardan dentro de su corteza a seres silenciosos que se lamentan con quejidos lastimeros si son talados.


Luego su padre lo envió a Asunción para que siguiera sus estudios en el Colegio de San José, al cuidado de un tío suyo, el obispo Hermenegildo Roa. Fue cuando estrenó sus primeros zapatos. Vivir al lado de un pariente poderoso puede sonar a grato privilegio, pero según le contó a su amigo de toda la vida, el novelista argentino Tomás Eloy Martínez, tenía un solo par de medias y vivía muerto de hambre, el más pobre entre todos los alumnos hacinados en un dormitorio comunal.


El padre había encargado su custodia para el viaje a una conocida suya, que llevaba consigo un niño de pecho. Debían transbordar de un tren a otro, con lo que debieron amanecer en la estación intermedia donde había un inmenso cráter provocado por un estallido de explosivos durante una de las tantas revueltas militares. Y cuando en la oscuridad la mujer dio de mamar a la criatura, él se prendió al otro pecho, la primera vez, dice, que tuvo una sensación erótica.


Esta escena pasó a las páginas de su novela Hijo de hombre, publicada en 1960, donde se relata la guerra del Chaco, que estalló en 1932, enfrentando a Paraguay y Bolivia por la posesión de unos campos petroleros que nunca existieron. Atizando el conflicto estaban detrás la Standard Oil y la Royal Dutch-Shell.


La novela de su vida apenas comenzaba. En 1947 huyó de Paraguay cuando el gobierno del general Higinio Morinigo ordenó su captura, vivo o muerto, acusado de conspirador comunista. Lo buscaron en las oficinas del diario El País, donde trabajaba de redactor, y tras escaparse en el último momento por la azotea pasó varios días escondido dentro de un depósito de agua vacío, hasta que pudo salir al destierro hacia Buenos Aires.


Escribió los cuentos de su libro El trueno entre las hojas, publicado en 1953, mientras servía de camarero en un hotel de parejas clandestinas. El trabajo que hago no es exigente y me quedan muchas horas libres, le dice en una carta a Tomás Eloy; “llevo bebidas a los cuartos y las parejas me dan propinas generosas. Cuando se van, recojo las sábanas y las toallas y las llevo a la lavandería...”


Fue también profesor en un taller de escritura, empleado de una editorial de partituras musicales, guionista de cine, y vendedor de seguros. Su exilio duró cerca de medio siglo. Ahora Paraguay vivía bajo el reinado del general Alfredo Stroessner, llegado al poder en 1954.


Cuando en 1982 se atrevió a regresar, el dictador lo despojó de su ciudadanía y lo expulsó del país junto con su familia, acusado de tener ideas bolcheviques, ultramoscovitas, y por querer adoctrinar a la juventud del país con dichas ideologías, las mismas razones esgrimidas décadas atrás por el general Morinigo para perseguirlo.


Su gran novela, y una de las grandes de la lengua, es sin duda Yo el Supremo, de 1974, que retrata al doctor José Gaspar Rodríguez de Francia y Velasco, el Karaí Guazú, Supremo Dictador Perpetuo de la República del Paraguay, el célebre doctor Francia, llegado al poder al darse la independencia de España en 1811. Devoto de la ilustración, y lector de Rousseau, Voltaire y Montesquieu, convirtió a Paraguay en un sepulcro cerrado para quienes vivían en su territorio, sin mendigos ni ladrones ni asesinos, pero también sin enemigos, hacinados en los calabozos, o en los cementerios.


Esta novela de hondos registros verbales, y un prodigio de escritura, tiene por tema el monoteísmo del poder, según el propio autor, un mural móvil que corre a lo largo de la historia del Paraguay marcada por los desafueros y las excentricidades de sus caudillos. En muchos sentidos, yendo hacia el pasado, traza un relato contemporáneo de Stroessner, derrocado por fin en 1989.


El poder, que según el novelista constituye un tremendo estigma, una especie de orgullo humano que necesita controlar la personalidad de otros. Es una condición antilógica que produce una sociedad enferma. La represión siempre produce el contragolpe de la rebelión...


El doctor Francia de Roa Bastos pugna siempre por salir del sepulcro. Es el astro central y absorbente de un sistema solar regido por la obediencia total, y las emanaciones de ese poder son letales, la primera de ellas la perpetuidad. No nos hemos librado de su fantasma empecinado.


Asunción, junio 2017


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La expresidenta surcoreana, arrestada por corrupción



Park Geun-hye, destituida por orden judicial hace tres semanas, está acusada de delitos de soborno y abuso de autoridad

Tres semanas. Es el escaso tiempo que ha transcurrido para completar la caída en desgracia de la expresidenta surcoreana Park Geun-hye. Exactamente 21 días después de que el Tribunal Constitucional aprobara su destitución por abuso de poder y corrupción, otra corte, la del Distrito Central de Seúl, ha ordenado este viernes su encarcelamiento. Con la mirada fija en un punto en el horizonte y un gesto amargo en el rostro, esta madrugada la exjefa de Estado quedaba ingresada en prisión.


Tras una audiencia el jueves en la que Park había declarado durante cinco horas para defender su inocencia, el juez Kang Bu-yeong dio la razón a los fiscales que reclamaban la prisión preventiva para la expresidenta, acusada de soborno, abuso de autoridad, coerción y filtración de secretos de Estado. “Está justificado y es necesario detenerla, pues los cargos principales están justificados y existe el riesgo de que se destruyan pruebas” si permaneciese en libertad, indica la sentencia emitida a primeras horas de la mañana.


El encarcelamiento de Park marca un nuevo hito en un escándalo de corrupción que ha monopolizado la política surcoreana en los últimos cinco meses. Park, de 65 años, es sospechosa de haber ayudado a su amiga Choi Soon-sil, apodada la “Rasputina surcoreana”, a presionar a las principales empresas del país para que entregaran fuertes sumas de dinero a cambio de favores políticos. Entre estas cantidades se encuentran 38 millones de dólares en donaciones y contratos procedentes de Samsung, el principal conglomerado surcoreano.


Choi ya ha sido arrestada y se encuentra en el mismo centro de detención en el que ha quedado ingresada Park. También ha quedado encarcelado allí uno de los hombres más poderosos del país, el heredero y vicepresidente de Samsung Electronics, Lee Jae-Yong.


Park es la tercera de los jefes de Estado surcoreanos que han ido a prisión, tras los dictadores militares Chun Doo-hwan y Roh Tae-woo, declarados culpables de corrupción en 1995. Si los tribunales confirman su culpa, la expresidenta afronta hasta diez años de prisión.


Tras la destitución de Park han quedado convocadas elecciones para el 9 de mayo en la cuarta economía asiática. El favorito en esos comicios es Moon Jae-In, del Partido Democrático y al que la expresidenta derrotara en la convocatoria de 2012 por un amplio margen.


Desde aquellas elecciones mucho han cambiado las tornas. La opinión popular comenzó a volverse en contra de la hija del antiguo dictador militar Park Chung-hee en abril de 2014, cuando el transbordador “Sewol” se hundió costando la vida a 304 personas, la mayoría de ellos niños en una excursión escolar. La entonces presidenta tardó horas en ponerse al frente de las operaciones, sin que nunca haya quedado claro qué la mantuvo ocupada durante ese lapso.


Pero fue el descubrimiento de un miniordenador propiedad de Choi el pasado octubre lo que colmó la paciencia del público. Las fotos y documentos que contenía ponían de relieve el control que esta empresaria tenía sobre la presidenta. A partir de entonces y durante semanas manifestaciones masivas de ciudadanos reclamaron cada semana la destitución y encarcelamiento de la jefa de Estado.


Su sustituto tendrá ante sí una delicada tarea. En el norte, el régimen de Kim Jong-un ha lanzado varios misiles de medio alcance en lo que va de año y los expertos creen que prepara una nueva prueba nuclear. En el terreno interno, la población se encuentra dividida por la instalación en su territorio de un escudo antimisiles de fabricación estadounidense, el THAAD, que el gobierno actual y Washington sostienen que busca impedir un posible ataque desde Corea del Norte. Pero China y Rusia se oponen al despliegue, al considerar que ese sistema puede utilizarse contra su propio territorio. China lleva a cabo un boicot no declarado contra productos surcoreanos y viajes turísticos a ese país.

 

Pekín 30 MAR 2017 - 23:55 COT

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Miércoles, 29 Marzo 2017 09:30

Lo fallido no es la sociedad sino el Estado

Lo fallido no es la sociedad sino el Estado

En Colombia el ejercicio del poder político en democracia, ha sido paulatinamente destruidas, corroído o sencillamente violentado por el afán de quienes consideran que por derecho propio o quizá divino, pueden ir tomar las instituciones para actuar sin limite alguno, pero imponiendo limites a la sociedad a la que consideran una masa amorfa compuesta de súbditos. Esta situación da para entender que la sociedad permanece expuesta a la intervención de una clase social concreta que ocupa el aparato de estado, sus instituciones y redes para promover su beneficio particular.

La democracia en Colombia no esta funcionando como un modo político de organización social que orienta el destino común para vivir en paz, basada en reglas construidas en colectivo, en tanto su constitución y normas han sido reiteradamente ajustadas por la clase en el poder y en contravía de lo constituido socialmente. Tampoco han llegado al gobierno de los poderes públicos y sus instituciones los mas honestos y justos, sin importar si son blancos, negros, mujeres, hombres, indígenas, , mestizos, campesinos jóvenes o viejos. Ni las leyes han sido la referencia de equilibrio, imparcialidad y aplicación de justicia sin distinción. Lo que ocurre da cuenta que la democracia ha sido violentada y es rehén de practicas de poder no democráticas.

La naturaleza política de la democracia, puede mirarse a través de tres elementos generales, sobre los que cualquier persona al pasar una plantilla hace su propio ejercicio de validación: lo primero que la democracia exige es que todo su engranaje tenga como base el reconocimiento de los derechos humanos y estos cuenten con plenas garantías para su realización, pero a la vez que sirvan como limite al poder del estado; lo segundo que haya una efectiva separación e independencia de los poderes públicos y que las leyes no sean usadas como arma política; y lo tercero que la representatividad, las autoridades tengan legitimidad y atiendan y actúen siguiendo las demandas de los diversos grupos sociales y su discurso aliente la elevación de la conciencia política y social de la ciudadanía.

La democracia en Colombia dista de esos principios, es decir, no ha sido un fin del proyecto histórico de los gobernantes, pero si una estrategia de supervivencia sostenida con una seductora y manipulada retorica al presentarse como la democracia mas solida de América o la mas incluyente. A diferencia del cono sur (Chile, Uruguay, Argentina, Brasil, Bolivia) donde las atrocidades fueron lo sustancial de las dictaduras del ultimo cuarto del siglo XX, en Colombia la barbarie ha ocurrido en democracia. No se han interrumpido elecciones, ni alterado destituido gobernantes, ni clausurado el congreso, ni sellado el poder judicial. Lo ocurrido es una articulada tragedia en democracia. Un proceso de cooptación de la representación de la sociedad y de los poderes del estado, por parte de un grupo de poder, que estando unido o temporalmente disperso sigue la misma línea ideológica y actúa en consecuencia, aunque se manifieste de diferentes maneras. Lo común es que sabe combinar, todas las formas de lucha, incluida la criminal, sin interrumpir el curso de la democracia formal.

En democracia y en menos de seis décadas, se han cometido las mas abominables expresiones de violencia, primero la guerra civil liberal-conservadora con saldo de 300.000 muertes cuando gobernaban los parientes cercanos de los mismos que gobiernan hoy; y después la guerra contrainsurgente, cuyas manifestaciones de odio terminaron con las mas crueles masacres de las que América entera tenga noticia (el Aro, el Salado, Santo Domingo, Trujillo, la Rochela, Mapiripan, Pueblo Bello, Montes de María) que ya tienen fallos condenatorios al estado por la Corte Interamericana de derechos humanos. También ocurrió en democracia el mas grande genocidio contra la UP, un partido de izquierda con mas de cinco mil militantes asesinados; el mas alto numero de presos de conciencia y de inocentes prisioneros producidos con falsas denuncias y pruebas para eliminar adversarios; y un desbordado monto de recursos invertidos para sostener la tragedia, mientras escaseaba la comida, el empelo, la salud y la educación y en contraposición crecía la acumulación de capital en manos prestigiosos empresarios y políticos, que siguen gobernando.

La democracia en Colombia es hoy un propósito común truncado por las elites, lo que no es equivalente a creer que hay una sociedad fallida. Lo que esta en descomposición no es la sociedad, es el estado, sus gobernantes, su clase política y sus filiales de negocios con ramificaciones de corrupción, de compra venta de conciencias y de votos y cuyos centros de mando experimentan con seres humanos debilitados, empobrecidos, a quienes usan como victimas o verdugos.

El Comienzo de la Ultima fase de descomposición

El estado comenzó su ultima fase de descomposición con el régimen Uribe, que se salió del marco de las reglas y encarnó al mas nefasto ejercicio de poder sin democracia, pero en nombre de la democracia. Las zonas grises, fueron hábilmente convertidas en escándalos mediáticos de corta duración para impedir ver la tragedia y hacer valer la palabra del poder como palabra sagrada y verdadera. La sociedad fue conminada a ponerse del lado del gobierno y acatar sus programas sin objeción, mientras el terror alimentaba a la seguridad democrática y esta se extendía con odio entre la población arrasando todo pensamiento y acción critica, hasta romper la línea de separación que distinguía entre población civil y combatientes, con lo cual la sociedad entera quedo bajo sospecha, entró en pánico y fue obligada al silencio.

El estado recibió el primer impacto con el cierre del Ministerio de la Justicia y del Derecho fusionado con el Ministerio de Gobierno, y la creación del Centro Nacional de Inteligencia inspirado en la CIA; a las Cortes de Justicia se les persiguió, espió y en su debilidad fueron tomadas por clientelas que convirtieron al Derecho Penal en un instrumento de venganza que afectó los juicios del derecho y alentó tanto los falsos judiciales para eliminar opositores, como la ampliación del populismo punitivo, sin sentido de justicia ni racionalidad en las penas y; por ultimo el poder legislativo al decir de los mismos jefes paramilitares quedó bajo su control, disponible para acomodar las leyes, favorecer la impunidad y legalizar sus actuaciones incluidas sus nuevas propiedades y capitales. La puesta en retroceso a los derechos se justificó alegando que alejaba la confianza inversionista y empezó el ataque a tres tipos de considerados enemigos: los teóricos de los derechos, las ONG y sus defensores y, los opositores. Y así ocurrió y no ha cesado de ocurrir. Ya sin obstáculos restaba cambiar las reglas de juego y para ello se implantó en la columna vertebral de la constitución política la figura tenebrosa y fatídica de la reelección.

Estar o no en democracia, no se define entonces por resultados de encuestas, ni rankings del marketing privado, ni indicadores de felicidad (que felizmente en 2017 muestra al país en un puesto mas real el 36), ni tampoco por el numero de eventos electorales controlados, ni por la cantidad de votantes. La democracia colombiana, esta vaciada de contenido democrático, igual que los derechos y el ejercicio del poder vaciado de soberanía y de voluntad popular. Los poderes públicos, dan cuenta de un estado fallido, saqueado, con instituciones dirigidas con autoritarismo, engaño, verdades a medias, gobernantes de alta y baja escala sin legitimidad, sin ética ni política y con primacía de la voluntad del gobernante. El sistema central de poder se reproduce en los ámbitos institucionales locales y regionales y las mayorías son desplazadas por minorías de poder electoral, que deciden sobre sus vidas, conductas y bienes materiales. El miedo continua sometiendo la participación y la ciudadanía no logra elevar su conciencia. El horror se pasea por campos y ciudades de la mano de solidas estructuras paramilitares que intimidan, asesinan y producen desplazamientos para defender las tierras, mantener las conductas impuestas y asegurar los bienes arrebatados a sus victimas, pero lo que los hace fuertes no es su capacidad de destrucción material basada en el alcance y potencia de sus armas, si no su proyecto de poder defendido desde adentro del mismo estado, del congreso, las cortes, las empresas, los directorios y las instituciones.

La paz, representa por ahora el principal bien común a defender, que sirva para reconfigurar la democracia, ajustar las estructuras del estado arrebatándoselas a los de siempre y recuperar el sentido de humanidad, de seres humanos con derecho a vivir y disfrutar de los derechos. Paz y Democracia exigen ser defendidas de la clase en el poder, por ser conquistas colectivas, no del estado, ni de sus gobernantes, si no de un pueblo cansado de la guerra, del odio y de la muerte, que puso sus demandas a debate y pactó la ruta a seguir, como resultado político de un acuerdo para la paz estable y duradera, entendida como un asunto político (no jurídico) que no puede ser tratado con desdén, ni ser irrespetado como paso previo para traicionar el camino trazado por una sociedad que quiere y apuesta y trata de aprender a vivir de otra manera, alejada del terror, el miedo y la miseria.

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Entrenamiento militar “Made in USA”

 

El año 2016 la Escuela de las Américas entrenó a 1749 uniformados del Ejército, de la Marina y de la Fuerza Aérea de América Latina pero también a 15 civiles y 190 policías.

Sabemos que Costa Rica y Panamá enviaron a sus policías a recibir entrenamiento, por el simple hecho que ambos países no tienen ejércitos; pero entre estas dos naciones el total suma 44 el 2016 ¿Qué otros países enviaron también a sus policías a recibir entrenamiento militar a una academia militar? No lo sabemos, esa información no está disponible.

Lo que sabemos es que esto puede influir negativamente en las llamadas “Fuerzas del Orden” y es muy posible que el aumento de la militarización y represión de las policías en América Latina, hacia el movimiento social, se deba a la doctrina promovida por EEUU que básicamente sigue legitimando que se puede hacer todo por la “seguridad nacional”.

En Costa Rica por ejemplo, apelando a sus leyes de transparencia y acceso a la información pública, se conoció que entre los cursos que tomaron los policías de este país en la Escuela de las Américas, en los últimos años, figuran “Curso de Análisis Contra Terrorismo”, “Curso Operaciones de Inteligencia”, “Curso Operaciones información”, “Curso Antidrogas y Antiterrorismo”, “Curso Básico de Inteligencia para Oficiales” y “Curso Analista de Información”, entre otros.

Ya sabemos de sobra qué entiende EEUU sobre terrorismo y cómo lo enfrenta. Ya sabemos que en la lucha contra la droga y el terrorismo que ellos promueven morirán siempre, porcentualmente, más civiles. Ya sabemos que son las “operaciones de inteligencia” y de “información”; listas negras, infiltración a movimientos sociales, noticias falsas, etc.

Por otro lado, de los datos oficiales, dos de los principales países que enviaron más tropas a esta academia militar, el 2016, fueron Colombia y Honduras donde se siguen registrando graves violaciones a los derechos humanos.

Colombia, que por años ha sido el país que más soldados envía uniformados a formarse a EEUU, entrenó el año 2016 a 862 efectivos más en la Escuela de las Américas. Es lejos, desde años, el número uno en envíos y en violaciones a los derechos humanos.

De acuerdo a un Informe del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (INDEPAZ) el año 2016 se registraron en Colombia 117 asesinatos contra defensores de los derechos humanos, más de 350 amenazas, 46 atentados y 5 casos de desaparición forzada.

En Colombia el conflicto armado dejó al menos 220.000 personas asesinadas, 25.000 desaparecidas y 4.744.046 desplazadas en el periodo comprendido entre 1958 y 2012 de acuerdo a las cifras reveladas por el Informe “¡Basta ya! Colombia: memorias de guerra y dignidad”. El 82 % de las víctimas fueron civiles.

El segundo país que más uniformados envió a la Escuela de las Américas a recibir entrenamiento fue Honduras, registrando 261 efectivos el año 2016.

De acuerdo al Informe “Honduras: El lugar más peligroso para defender el Planeta”, de Global Witness, “desde el golpe de Estado de 2009, 123 activistas de la tierra y el medio ambiente han sido asesinados en Honduras; muchos otros han sido amenazados, atacados o encarcelados”.

El Informe recuerda el asesinato de Berta Cáceres, sucedido el 2 de marzo del 2016. Meses después el diario El Heraldo de Honduras informó que entre los detenidos por este caso figuran “Un militar activo, dos oficiales retirados y un técnico ambiental”.

De acuerdo al diario The Guardian, dos de ellos, el mayor Mariano Díaz Chávez y el teniente Douglas Giovanny Bustillo recibieron entrenamiento antiterrorista el 2005 en EEUU. Bustillo además recibió entrenamiento en la Escuela de las Américas. También, el año pasado, un ex soldado hondureño, miembro de las unidades de élite, dijo que había visto el nombre de Berta Cáceres y otros en una “lista negra” que circuló dentro del ejército.

Nada de esto nos puede sorprender porque detrás de las muertes de defensores de derechos humanos, aunque las realicen sicarios o paramilitares o delincuentes, y quisieran pasarlas como hechos comunes, se esconde la mano del poder.

Por otro lado, México, donde actualmente se registran las más graves violaciones a los derechos humanos en América Latina, si bien figura haber enviado 46 uniformados el año 2016 - y en los últimos cinco años 130 efectivos- a la Escuela de las Américas lo cierto es que EEUU está comprometido, por otras vías y acuerdos, con el entrenamiento de sus soldados y policías.

Un artículo de John Lindsay-Poland, indica que tan sólo en el periodo 2013 y 2014 “Los Estados Unidos dieron entrenamiento militar a más de 5700 policías y soldados mexicanos en unas 45 localidades estadounidenses y al menos diez sitios en México durante los últimos dos años, según datos publicados por el Departamento de Estado”.

En México de acuerdo a datos oficiales del Alto Comisionado de las Naciones Unidas, en la última década hubo 151.233 asesinatos hasta agosto de 2015. Al 30 de septiembre de 2015, el Estado mexicano reportaba 26.798 personas desaparecidas y la Procuraduría General de la República (PGR) contaba, al mes de abril de 2015, con 2420 investigaciones “en trámite” por casos de tortura, y sólo 15 sentencias condenatorias por este delito.

La académica, politóloga y escritora mexicana Denise Dresser, sin embargo, señala que los “años de guerra” han dejado al menos 213.000 muertos

“Un índice de letalidad en el cual el Ejército mata a ocho personas por cada una que hiere. 12.408 quejas ante la CNDH y el involucramiento de manos militares en Tlatlaya y Ayotzinapa”, señaló Dresser.

Pero no sólo Colombia, Honduras y México envían sus tropas a la Escuela de las Américas también lo hacen Brasil, Chile, Costa Rica, República Dominicana, El Salvador, Guatemala, México, Perú, Panamá, Paraguay, entre otros.

Sin embargo, no todos envían sus tropas a la Escuela de las Américas, este 2016 no lo volvieron a hacer Venezuela, Argentina, Nicaragua, Ecuador, Bolivia y Uruguay países que se comprometieron de no seguir enviando a sus soldados ni policías a esta cuestionada institución.

Venezuela, por ejemplo, retiró sus soldados el año 2004 dos años después del intento fallido de golpe de estado contra el presidente Hugo Chávez donde entre sus cabecillas figuró el general Efraín Vázquez graduado de la Escuela de las Américas.

Venezuela, como otros países no vivieron dictaduras militares, anteriormente. Sin embargo, antes de que asumiera Hugo Chávez se registraron graves violaciones a los Derechos Humanos que poco o nada se conocieron en Latinoamérica y el mundo.

De acuerdo a la Comisión por la Justicia y la Verdad en Venezuela, entre los años 1958 y 1998, se registraron 10.071 víctimas de asesinato, torturas y desapariciones por motivos políticos.

Finalmente, la Escuela de las Américas, que hoy se conoce como Instituto de Cooperación y Seguridad del Hemisferio Occidental (WHINSEC, en inglés), tiene más de 70 años de existencia, fue fundada en 1946 en Panamá, y por sus aulas han pasado más de 80 mil soldados de toda América Latina a la fecha.

Muchos de sus “graduados” se transformaron en dictadores, torturadores y asesinos y otros guardaron un silencio cómplice cuando sucedían desapariciones y asesinatos contra el pueblo que juraron defender.

 

Pablo Ruiz, periodista, es parte del Observatorio para el Cierre de la Escuela de las Américas.

 

http://www.alainet.org/es/articulo/183982

 

 

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