Una nota sobre teorías del desarrollo y política

El concepto desarrollo, con acepción que se le conoce hoy, surgió en el contexto de la Guerra Fría y el auge de los movimientos de liberación nacional; su uso inicial sirvió para mostrar a los países coloniales y dependientes que la imagen-objetivo de sus luchas tenía que ser la de alcanzar las características de las sociedades del centro capitalista. 

El surgimiento de esa acepción del concepto fue respaldado por concepciones que,de forma diversa, calificaban a las sociedades de esos países como atrasadas, tradicionales, subdesarrolladas y para salir de esa condición debían adoptar las instituciones y las estructuras de la modernidad capitalista, debían modernizarse.


Esas teorizaciones no tienen en cuenta el papel del colonialismo y el neocolonialismo en la creación de la situación de esos países. Surgió así la teoría de la modernización, la cual dominó ampliamente las ciencias sociales durante los años cincuenta y parte de los sesentas del pasado siglo. Incluso en los países socialistas europeos frente a la experiencia de movimientos de liberación radicales elaboraron una variante de la teoría de modernización: la llamada vía no capitalista de desarrollo. Con esa teorización legitimaban la idea de que estos países estaban en una etapa precapitalista.


En las distintas concepciones de la modernización el mecanismo del mercado es identificado como la condición de progreso; y para poder industrializarse, los países recién liberados debían adoptar las instituciones básicas del capitalismo: el mercado ante todo y, la autonomía de la sociedad civil, el pluralismo político y la secularización.


Estas teorías, de diversos modos y formas, plantean un camino unilineal de desarrollo en el cual el capitalismo industrializado, al que denominan sociedad moderna, es el destino de todas las sociedades, y el análisis del proceso de desarrollo se da a partir del contraste entre sociedad moderna y las sociedades no modernas, a las que denominan tradicionales. Ese contraste es el núcleo básico de sus teorizaciones; o sea, todas las naciones están situadas a lo largo de un continuum cuyos polos están representados por la tradición y la modernidad.
América Latina es la región donde han surgido dos de las más importantes teorías del desarrollo: la estructural cepalina y la de la dependencia.


La primera de las cuales, la cepalina, tiene su antecedente en la experiencia de los gobiernos nacionales-populares de las décadas del treinta y cuarenta del siglo veinte. El eje de esta concepción es el paradigma centro periferia elaborado por Raúl Presbich para explicar la naturaleza desigual del sistema capitalista mundial. Esta es la base de sus concepciones y es a partir de su visión de la dinámica de las relaciones entre ambos polos del sistema, que articula su propuesta de desarrollo, esto es importante, pues no ven las condiciones de atraso de la periferia como consecuencia de encontrarse en una estadía anterior al camino recorrido por las sociedades industrializadas, sino de la evolución que han tenido por sus funciones en el sistema.


En la concepción originaria de la CEPAL, el centro y la periferia forman parte de un único sistema con funciones específicas a partir de las estructuras productivas de cada uno de ellos. Estas estructuras tienen sus particularidades. En el Centro es homogénea y diversificada, con lo cual se refiere a que no tiene grandes desniveles de productividad entre sus distintos sectores y es capaz de producir una gama de productos tanto para satisfacer sus necesidades internas como para exportar, mientras la estructura de la periferia es heterogénea y especializada, tiene sectores con alta productividad del trabajo y sectores de baja productividad y la actividad exportadora se concentra en unos pocos productos primarios. Esta diferencia de estructuras determina las funciones de cada parte del sistema dentro de la división internacional del trabajo. El centro exporta una gama muy amplia de bienes, especialmente productos manufacturados, que intercambian por alimentos y materias primas de la periferia.


De ahí que el punto de partida de sus análisis fuese la crítica de la teoría clásica del comercio internacional cuyo comportamiento real, a contrario sensusde la teoría de las ventajas comparativas y sus dos principales postulados, no procuraba mecanismos para mantener el equilibrio entre los precios de los bienes primarios y los productos manufacturados, produciéndose un deterioro en perjuicio de los primeros, y no lograba repartir equitativamente los frutos del progreso técnico.


El deterioro de los términos de intercambio afecta el patrón de crecimiento de los países que dependen de los ingresos por exportaciones de productos primarios. De ahí nació la idea de una política estatal destinada a eliminar los efectos de ese intercambio y promover un desarrollo más equilibrado. Esto demandaba protección arancelaria y una política de industrialización por sustitución de importaciones (ISI),como eje del desarrollo, concebido inicialmente como crecimiento económico; para lograr esto era necesario un Estado fuerte que fuera capaz de implementar medidas que propiciaran los cambios perseguidos, de ahí el papel del Estado como agente del desarrollo, todo lo anterior se reflejó en toda una política económica conocida como desarrollismo.


Tanto las tesis de la modernización como la de la CEPAL coinciden en que es posible alcanzar el desarrollo en los marcos del capitalismo.


La victoria de la Revolución Cubana tuvo un impacto en el continente, no solo en lo político, sino también en el campo de las ciencias sociales. Al calor de la polémica sobre las vías y características de las revoluciones necesarias en el continente surgió la teoría de la dependencia, que, en su versión marxista plantea la ruptura con el sistema capitalista y la asunción del socialismo como futuro, en tanto desarrollo y subdesarrollo constituyen elementos intrínsecos del sistema capitalista. Las teorizaciones sobre la dependencia se han enriquecidos a partir de la aparición de la teoría del sistema-mundo.


Sintetizando las tesis de los dependentistas :


El subdesarrollo no es la ausencia de desarrollo, es la forma específica de desarrollo capitalista de nuestros países. Es la resultante histórica de la incorporación de estas regiones a la dinámica capitalista mundial. La relación desarrollo subdesarrollo le es inmanente al sistema capitalista, es una relación de explotación de los segundos por los primeros.


La relación de dependencia no es estática. Con la expansión del capitalismo la forma de articulación de los países dependientes a los centros hegemónicos del capitalismo cambia, pero se mantiene la situación de dependencia.


La adopción de políticas contrarias a los intereses nacionales de los países naciones subdesarrollados por parte de las clases dominantes locales se debe a que son coincidentes sus intereses como clase social con los intereses imperialistas.


Los mecanismos acumulativos de la dependencia están en la raíz de la deuda externa de los países de América Latina. Mientras mayor es el grado de desarrollo capitalista dependiente, mayor es el grado de endeudamiento.


El que se desarrolla s el sistema en su conjunto, de ahí el desarrollo del desarrollo y el desarrollo del subdesarrollo.


La posibilidad de desarrollo de los países subdesarrollados se vincula a la ruptura de las mallas de la dependencia y la superación del sistema capitalista.


Con lo cual llegaron a una conclusión política: sólo la revolución socialista es capaz de liquidar los lazos de la dependencia.


Es necesario señalar que la escuela clásica de la dependencia se ha concentrado más en el estudio de los mecanismos que generan y mantienen el subdesarrollo y la explotación de los países dependientes que en la imagen de lo que debe ser el desarrollo, y es poca la reflexión en cuanto a las características del socialismo que se propone. Irónicamente se puede decir que la imagen objetivo siguió siendo la de los actuales países industrializados. [1]


Salvo referencias al socialismo como salida del subdesarrollo y a la necesidad de la Revolución Socialista, no reflexionaron sobre la instrumentación de una política de desarrollo para romper las mallas de la dependencia, y en este sentido, más que un paradigma del desarrollo la dependencia es, una teoría del subdesarrollo.


En la actualidad, sus principales teóricos siguen produciendo y en lo fundamental coinciden con las concepciones del sistema – mundo que ha tenido lugar a partir de la obra de I. Wallerstein.


El desarrollo del capitalismo ha traído a primer plano algunos problemas básicos para la humanidad, dado que este sistema destruye las dos fuentes de la riqueza: la naturaleza y el ser humano. Esta problemática está detrás del surgimiento de concepciones del desarrollo con apellido: desarrollo sostenible y desarrollo humano.


En el primer caso el apellido responde al hecho de que la explotación de los recursos naturales y la forma en que esta se realiza, está sobrepasando los límites de renovación de estos, de ahí que se proclame un desarrollo que satisfaga las necesidades de las presentes generaciones , sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer sus necesidades.


Existen más de cien definiciones del desarrollo sostenible, por lo que no entraremos en la búsqueda de una definición más o menos precisa, lo importante es que todas se refieren a la relación de la actividad humana y sus efectos sobre el medioambiente y lo importante de preservar el primero para que la humanidad tenga futuro.


El desarrollo capitalista, la forma en que tiene lugar tiene una serie de efectos negativos sobre la naturaleza que se manifiestan de diversas formas, entre ellas el efecto invernadero, el cambio climático, la afectación a la biodiversidad, de las cuales se ha tomado conciencia en gran parte de la humanidad, pero lamentablemente, a pesar de las cumbres mundiales sobre estos temas, las políticas implementadas por las potencias hegemónicas del sistema son insuficientes o tienden a ser nulas.


Ayer hubo los objetivos de desarrollo del milenio, hoy la ONU ha proclamado 17 objetivos del desarrollo sustentable. Si se comparan esos objetivos con las tendencias del desarrollo mundial podemos predecir su incumplimiento.


Más allá de esto y como elemento suplementario, si las tres cuartas partes de la humanidad no logran satisfacer sus necesidades actuales producto de las características del desarrollo del sistema capitalista y la tendencia es al aumento de la desigualdad, como podemos plantearnos proteger las necesidades de las futuras generaciones si el funcionamiento del sistema actual tiende a destruir la base de satisfacción de las actuales.


El otro apellido: humano responde al fenómeno de la creciente desigualdad entre naciones y, sobre todo al crecimiento de la pobreza y la exclusión social, además estaba el hecho de que países con elevadas tasas de crecimiento no eran ejemplos de calidad de vida de su población, puede recordarse el caso de Brasil y su “milagro económico” durante la etapa de la dictadura militar, además los resultados sociales de las política de ajuste durante los ochenta del pasado siglo reforzaron la idea de tener en cuenta la dimensión humana en los procesos de desarrollo por parte de los organismos internacionales, como la UNICEF, estos elementos, sin duda, incidieron en la elaboración del el concepto de desarrollo humano.


Este concepto parte del criterio de que el objetivo del desarrollo es crear un ambiente que permita a las personas disfrutar de una vida larga, saludable, adquirir conocimientos y lograr un nivel de vida decente, partiendo de estos elementos se elaboró un índice compuesto por parte del PNUD para medir el nivel de desarrollo humano de los países. En los primeros informes se elaboró un índice compuesto a partir de elementos cuantificables como esperanza de vida al nacer, matriculas educacionales e ingresos; posteriormente se han ido incorporando otros elementos. A partir de los resultados del índice se elabora una escala que comprende prácticamente a todos los países del orbe. Anualmente se publica un informe que refleja la posición de los países a partir de los datos de este índice.Desde luego el PNUD no cuestiona el sistema capitalista generador de los problemas que afectan el desarrollo humano.


A esta altura podemos resumir que la noción de desarrollo se asocia la noción de bienestar humano para todos; lo cual plantea algunos problemas, el primero de los cuales es la interrogante de cual orden social puede garantizar esto para todas las personas de un país.


Evidentemente el capitalismo es incapaz de hacerlo, la experiencia histórica lo muestra fehacientemente. Por tanto proponerse lograr el desarrollo es proponerse una distribución del producto social que beneficie a todos. Esto nos sitúa en el terreno de la política, porque no se puede cambiar la distribución de producto social global, sin afectar a los beneficiarios de la actual distribución, los que, desde luego nunca acceden, ni accederán sin resistencia, por lo cual la lucha de clases acompañará este proceso. De lo cual podemos deducir que el proceso de desarrollo, aunque las medidas económicas estén en primer lugar, es un proceso político que depende de las fuerzas y capacidad de las fuerzas que ejercen el poder en un país. Esta problemática está ausente de las teorías del desarrollo que conocemos.


Una tarea pendiente de la teorización sobre el desarrollo es abordar la reflexión sobre la forma y métodos para lograr el orden social que proporcione un nivel de vida decoroso a toda la población.


Para lograr esto no bastan las buenas intenciones, ni las decisiones administrativas a partir del acceso al gobierno de unpaís. Es necesario actuar con las masas para liberarla del sentido común burgués, mediante su participación activa en la creación de ese orden.


Con ello entramos en la necesidad de una organización política rectora de ese proceso, que sea capaz de funcionar como un cerebro colectivo fuerte y a la vez democrático, capaz de estudiar las formas y vías de creación de la nueva sociedad, que aúnevoluntades, que prevea los obstáculos y desarrolle una labor organizativa y político-ideológica de creación de nuevos valores y nuevas actitudes.


Solo así mientras las personas transforman la realidad, se transforman a sí mismas, esa es la base de un nuevo amanecer social.


Organización política y participación de las masas son claves para plantearse un proyecto de desarrollo el cual puede definirse aproximadamente como el logro de una sociedad cada vez más desmercantilizada, con una economía tendencialmente ecoefectiva que proporciona a cada persona una vida decorosa, sin pobreza, con protección social y con participación real en el ordenamiento social del país.


Nota:


[1] En general en las distintas teorizaciones se ha avanzado desde una posición puramente económica a diversas variantes que tienen en cuenta los elementos sociales.
José Bell Lara es doctor en Ciencias Filosóficas. Licenciado en Sociología. Máster en desarrollo social caribeño. Profesor titular y profesor consultante de la Universidad de la Habana.

Publicado enEconomía
Domingo, 01 Abril 2018 06:06

Cuba en una encrucijada

Cuba en una encrucijada

El 29 de marzo, Rebelión publicó una entrevista con Rafael Hernández, director de la revista cubana Temas, que tiene el prometedor título de "Por un socialismo sin miedo" y hace importantes observaciones.

Dentro de pocos días, Raúl Castro renunciará a la presidencia de la República y quedará a cargo del partido. Se plantea, pues, cuál será la relación entre el Estado y el partido, hasta ahora entrelazados, pero con el partido subordinado al aparato estatal capitalista. También habrá que optar entre las diversas líneas –apenas esbozadas, lo cual aumenta la confusión– sobre qué debe entenderse como construcción del socialismo en una pequeña isla con escasos recursos, aunque gran capacidad y calidad humanas, situada en duraderas condiciones de asedio, escasez y de capitalismo de Estado.

En efecto, estamos al borde de una guerra nuclear o de una catástrofe ecológica, y en los próximos años no parece probable una revolución y un régimen anticapitalista en ningún país industrializado y los adversarios del imperialismo estadunidense, salvo Venezuela, no son generosos amigos de Cuba, sino países capitalistas que, como China y Rusia, sólo responden a los intereses de sus respectivas oligarquías.

Hernández nos recuerda que, para la juventud cubana, que creció en los recientes 40 años en la crisis económica, la escasez y la falta de perspectivas, la frase del Che Guevara sobre "los rezagos del pasado" no evoca el capitalismo, sino el "Periodo especial", de fuerte autoritarismo y burocratización. Hace notar también que Fidel Castro tenía razón cuando decía que "nadie sabe cómo se construye el socialismo" porque, fuera de la referencia de Carlos Marx a la Comuna de París (y, agrego, de las indicaciones de León Trotsky en 1936 en La Revolución Traicionada), eso no se encuentra en los libros, sino que tiene que ser resuelto por los pueblos por la vía de experimentación-error-corrección en su lucha por la liberación nacional y social y, además, según las condiciones en cada país, podría tener una respuesta distinta.

También hace notar que en Cuba hubo estalinistas, pero no estalinismo, como en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), Europa Oriental o China. No sólo por las diferencias de Fidel Castro con los estalinistas cubanos ni por la historia de su movimiento obrero en la que anarquismo y trotskismo tuvieron un papel destacado, sino también por las características mismas del pueblo (los mambises independentistas y José Martí, la insurrección contra Gerardo Machado, Antonio Guiteras, la lucha contra Fulgencio Batista que unió católicos sociales, militares democráticos, estudiantes radicales, comunistas de izquierda, anarquistas y trotskistas) y, por último, porque la revolución se hizo a pesar y en contra del Kremlin y del Partido Socialista Popular (Nikita Jruschov creía incluso que Fidel Castro era agente de la CIA).

Por eso la solidaridad masiva está arraigada en los cubanos, el gobierno tiene amplio consenso en la defensa de la independencia nacional, no cesan las críticas a su política económica ni a la burocratización y los privilegios; además hay un ala socialista en sectores de la intelectualidad y en el mismo Partido Comunista cubano. Por eso también en Cuba no se llegó a una dinastía, como en Corea del Norte, a un déspota vitalicio, como en China, o a un zar con Iglesia ortodoxa y todo como Vladimir Putin y, en cambio, hay progresos importantes en la lucha por la igualdad de género, por las libertades sexuales y por la defensa del ambiente.

La juventud cubana es culta y critica el burocratismo, la falta de confianza en la capacidad de comprensión de los trabajadores y el pueblo en general, así como en la falta de participación de éstos en la definición de las necesidades y de las prioridades, que el partido-Estado sólo les presenta ya determinadas para su aprobación.

El socialismo es autogestión social generalizada, democracia, libre discusión y capacidad de decisión, crecimiento político de los trabajadores guiados por la defensa del interés comunitario, colectivo e impulsado por la tendencia al igualitarismo y por la solidaridad. Es un objetivo, una movilizadora utopía posible que no se puede alcanzar en un solo país, pero hacia la cual es posible avanzar apoyándose en lo adquirido a pesar de todos los errores. Cuba necesita por eso hacer un urgente balance de lo que fue el estalinismo y la URSS, y de la discusión en los años 20 y 30 en el seno del Partido bolchevique.

Cuba exporta conocimiento –médicos y educadores– a costa de su propio desarrollo y paga con médicos el petróleo venezolano. Pero esa exportación depende de la situación política en los países receptores porque un golpe, como el de Brasil o el que el imperialismo promueve en Venezuela, podría anularla en cualquier momento y hacer peligrar la vida misma de los internacionalistas cubanos. Para no depender de factores inestables, como la ayuda médica o el turismo, el país necesita dinamizar su economía que está trabada por el bloqueo y la amenaza de agresión imperialista, pero también por la pequeñez del mercado (que facilita la planificación, pero no permite economías de escala y encarece la producción). Necesita urgentemente elevar los salarios y establecer una escala racional que retribuya el valor de la fuerza de trabajo (hoy son privilegiados quienes reciben dólares o viven legal o ilegalmente del turismo). Esa escala debe ser discutida y fijada por los trabajadores y sindicatos independizados del partido y del Estado. La Unión Soviética se hundió por la planificación burocrática, el autoritarismo, los privilegios y la ceguera de dirigentes que vivían como capitalistas y aspiraban a serlo. Pero también por la baja productividad, ya que los trabajadores decían "fingen que nos pagan y fingimos que trabajamos".

Cuba también necesita urgentemente más salarios indirectos y, sobre todo, un urgente plan de vivienda trazado y decidido barrio por barrio en asamblea por los habitantes, pues éste daría trabajo e impulsaría la economía mejorando el territorio.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Publicado enInternacional
Sábado, 02 Septiembre 2017 10:43

La todopoderosa regla (fiscal)

“Una cosa piensa el burro y otra quien lo arrea”. Esta máxima del saber popular, a pesar del paso del tiempo, conserva plena actualidad. Así lo recuerda para el caso colombiano la relación economía-sociedad, en particular la relación entre fisco y derechos sociales, conjunción determinada desde hace unos años por la lógica neoliberal, por la prioridad de la estabilidad fiscal sobre el bienestar social, individual y colectivo.

 

“Manejar bien lo público, conservando la estabilidad fiscal”, alega el decálogo neoliberal; es decir, que la ecuación ingresos-egresos no se desajuste. ¿De dónde proviene esta preocupación? Del interés de los organismos multilaterales por garantizar que los Estados deudores cancelen de manera oportuna sus compromisos con la banca de todo tipo. Esa es la razón de peso que reposa detrás de su alegato. No es nada más, así lo disfracen con mayores argumentos.

 

Y en pro del ajuste ideal, del ahorro perfecto para garantizar el pago oportuno a la banca, en beneficio del gasto “bien manejado”, los derechos sociales, individuales y colectivos no importan y quedan postergados. Primero el billete, luego la vida. O sea que estamos ante una nueva adoración del becerro de oro: hoy, en genuflexión perfecta ante el capital internacional, el jefe de gobierno y su equipo económico y político rinden toda clase de pleitesías al mandato bancario, multilateral o no.

 

La gente que espere o que pague por el derecho. Así piensan y así actúan quienes detentan el poder estatal en la mayoría de países. Para la muestra, varios botones: en la legislación pasada, el Congreso de la república, en una extraña preocupación por causas sociales tan ajenas a su ejercicio politiquero, aprobó varios proyectos acordes con intereses individuales y colectivos: reducir el número de semanas que las mujeres deben cotizar para acceder a pensión, recortar el porcentaje económico que los pensionados pagan para beneficiarse del servicio de salud, terminar con el cobro que realizan las empresas de servicios públicos por reconectar el servicio –agua, luz, gas– a quien no lo haya cancelado de manera oportuna; incluir en el POS el tratamiento contra la infertilidad; autorizar la realización de pruebas a los recién nacidos (tamizaje neonatal) para prevenir enfermedades, y empezar tratamientos adecuados y oportunos a quienes les sea detectada alguna patología.

 

En medio del trámite de estas iniciativas, ya se decía que si salían aprobadas el Presidente las vetaría. ¿Qué alegaría para ello? Que de darles vía libre a tales iniciativas se dispararía el déficit fiscal, razón última de la sacrosanta regla que criticamos. Y así fue: una a una, el Presidente vetó lo aprobado por el Congreso, mientras en un solo caso (tamizaje neonatal) el pero provino del Ministerio de Salud, que encontró incongruencias entre lo aprobado en Cámara y Senado (en el momento de la conciliación).

 

El costo de lo aprobado

 

Las inversiones por realizar en beneficio de grandes grupos sociales son mínimas, pese a lo cual el Presidente rechazó las leyes aprobadas. En el caso del aporte para salud por parte de los pensionados, en particular para los que devengan hasta cuatro salarios mínimos, los que empezarían a aportar el 4 por ciento en vez del 12 como hoy les corresponde, el costo fiscal asciende solamente a 2,3 billones de pesos anuales.

 

En el proyecto que pretendía la reducción de las semanas cotizadas por parte de las mujeres para acceder a pensión, pasando de las 1.300 semanas –como les obliga hoy, al igual que a los hombres– su costo ronda los 10,3 billones de pesos, los cuales tendrían que ser abonados por el Estado.

 

La concreción de la iniciativa para prevenir la infertilidad, incluyéndola en el POS, la afectación económica es de sólo 1,1 billones de pesos año.

 

En cuanto al tamizaje para los recién nacidos, lo que se convertiría en un conveniente diagnóstico de prevención en salud, es decir, el ejercicio beneficiaría a miles de infantes. Aunque aparentemente la trascendencia de una medida de este calado no llegara a ser mayor, un sencillo análisis permite comprender que en forma potencial habría un gran beneficio para las empresas prestadoras de salud, ya que, al prevenir enfermedades, a la larga ahorrarían millones de pesos en el tratamiento de las mismas. Y el costo anual pudiera llegar únicamente a 80 mil millones de pesos.

 

Por su parte, la reconexión de los servicios públicos afecta los ingresos de las empresas privadas o públicas que los prestan, y en ningún caso al Estado; sin embargo, desde el Ejecutivo se alega que, de así proceder, se viola el principio de igualdad, pues “se premia al incumplido”, argumento que no procede, pues, al rechazar lo aprobado lo que en realidad está haciendo el Ejecutivo es una injusta defensa de los intereses de unos pocos, ya que las empresas prestadoras de estos servicios, privadas o públicas, cobran altas tarifas, de las más altas en Latinoamérica, y sin dificultad alguna para sus arcas podrían renunciar a este cobro. Como es deducible, quienes dejan de cancelar las facturas, en la mayoría de los casos, son aquellos hogares que sobreviven sometidos a grandes dificultades, en medio de condiciones de penuria. Cobrarles la reconexión es ayudar a la agudización de sus condiciones de vida, y de ninguna manera una acción educativa o ejemplar para que “aprendan a cumplir con sus obligaciones”, como dicen las gerencias empresariales, con gran eco por parte de Juan Manuel Santos.

 

La palabra empeñada

 

La íntima conexión que mantiene Santos con el sector privado de la economía es innegable y resalta en lo comentado, conexión que lo aleja del país nacional, al que le prometió en su campaña presidencial liderar el proyecto de ley que beneficiara a los pensionados, ahora traicionados, como otros tantos que han confiado en él. Al país también le prometió que al final de su mandato prevalecería la equidad.

 

Palabras al viento, como sucede de manera reiterada con los políticos tradicionales, que actúan como el doctor Jekyll y Mr. Hyde, con la única diferencia de que los políticos sí controlan su doble personalidad, extendida a la democracia realmente existente en Colombia, donde todos los derechos están consignados en la Constitución pero muy pocos se cumplen, brillando por su ausencia la igualdad, la equidad, la solidaridad, la justicia.

 

Tenemos, pues, un Estado monstruo, aunque en muchas ocasiones aparente lo contrario: un Estado que les niega a las mayorías sus derechos pero protege a la minoría. Sin duda. Mientras niega el aporte de los pequeños montos aquí relacionados a fin de garantizar la puesta en práctica de los proyectos aprobados por el Legislativo, aprueba, ahí sí, la destinación de inmensas sumas al estímulo de la inversión de capital privado en diversos proyectos viales y de otro orden, así como contribuye a que no quiebren. Con ese propósito, de un lado les reduce lo correspondiente al impuesto de renta, permitiéndoles a partir de este mismo año deducir el IVA que puedan haber pagado sobre los bienes de capital, estableciendo nuevos beneficios para quienes inviertan en turismo, hotelería y energías renovables, y quienes instalen sus industrias en cualquiera de los 300 municipios afectados por el conflicto armado. También los excluyen del pago por importación de materias primas y bienes de capital que el país no produzca. ¿Cuántos billones puede sumar este conjunto de dádivas? Hagan sus cuentas.

 

Pero no contento con ello, aprueba 9,2 billones de pesos para continuar con el programa 4G, construcción de viviendas subsidiadas y cerca de 18 mil aulas, inyectándoles, además, 21 billones de pesos como impulso a la productividad y el Empleo (iniciativa conocida como Pipe II).

 

Tenemos aquí, sin tapujos, la dictadura de la regla (fiscal): para las mayorías, dolor y mancha; para la minoría, bálsamos para que vivan mejor.

Publicado enEdición Nº238
Martes, 25 Octubre 2016 14:33

El elogio a la desobediencia

Muchas personas se quejan del estilo de vida que llevan porque no los hace felices, sin embargo les resulta difícil abandonarlo. La principal responsabilidad del ser humano es ser feliz, y ello depende de la libertad de la cual disponga. Libertad que tiene sus amarras en las instituciones, así, la familia supedita el amor hacia la pareja y los hijos a la responsabilidad de obtener una educación y una salud de calidad, y a la adquisición de bienes y conocimientos que den cuenta de su progreso en la sociedad. Los niños comparten poco tiempo con sus padres y, además, reciben altas presiones en el colegio para ser competitivos. Por su parte, la invasión de la tecnología agrega otra cuota de deterioro a las relaciones familiares y humanas en general.

 

El Estado no cumple su papel de garante del bienestar general, sino que sirve a intereses privados. Pese a que no lleva a cabo muchas de sus funciones impone tributos y el contrapeso ciudadano está debilitado, debido a que hay individuos que están aislados y que tienen miedo de no llegar a ser incluidos y reconocidos en el modelo de vida dominante. En consecuencia, muchas personas no son conscientes de sus derechos y no los exigen.

 

En los sitios de trabajo los tiempos están regulados y las ausencias deben estar autorizadas. Las actividades son repetitivas y están lejos de ser una fuente de satisfacción para quien la realiza. Existen jerarquías y las personas compiten por un mejor ingreso, una mejor posición y mayor dominio sobre otros.

 

En la escuela se subvalora la creatividad y el desarrollo de una actitud crítica, que cuestione y proponga. Su principal función es la de crear individuos que se inserten productivamente en la sociedad sin prestar atención a la expresión de la sensibilidad mediante el arte, y del inconformismo mediante el pensamiento y la acciones críticas. La principal fortaleza de la educación debe ser la de formar personas fieles a sus códigos morales y capaces de ser felices y hacer felices a otros.

 

La vida social se inscribe en unas dinámicas de obediencia a las principales instituciones. Aun cuando tengamos profundos desacuerdos con ellas, desacatarlas trae consigo la sanción social y la exclusión. Pero también la aceptación masiva de regímenes inmorales supone nuestra pérdida de libertad y nuestra degradación como seres humanos.

 

Actualmente se valora más la riqueza financiera que la solución a los problemas sociales y ambientales. Los 8.15 trillones de dólares que ha gastado EU. a partir de 2008 para recatar el sistema financiero hubiesen servido para eliminar la desnutrición en el mundo por 270 años. El Fosyga (que es el fondo que administra los recursos de atención en salud en Colombia) tiene aproximadamente 26 billones de pesos, mientras que el Fogafin dispone de 340 billones de pesos para proteger el ahorro en el sistema financiero.

 

Resulta extraño que sean más las personas que se someten a principios que atentan contra altos valores espirituales, humanistas y democráticos. El caso más nefasto es el juicio a Adolf Eichman. No solo no admitió ninguna responsabilidad en el exterminio de millones de judíos sino que lo justificó argumentando que hizo lo correcto porque siguió a cabalidad las órdenes de la cúpula nazi.

 

Actuar conforme a Gandhi lo estableció (“cuando una ley es injusta lo correcto es desobedecer”), tiene grandes poderes de transformación de las personas y en la sociedad. En 2010 el joven árabe Mohamed Bouazizi se inmoló después de que le confiscaran su puesto de ventas de frutas, este fue el inicio de profundas protestas del pueblo tunecino con las que se derrocó una terrible dictadura de 23 años. Hace poco la exministra francesa Christiane Taubira mantuvo firme su convicción moral de rechazar la política antiterrorista del presidente Hollande. “He optado por ser fiel a mí misma, a mis compromisos, a mis combates, a mi relación con los otros” –declaró a los medios.

 

El psicólogo social Stanley Milgram, después de varios experimentos sociales, validó la hipótesis de que “no se necesita una persona mala para servir en un mal sistema, la gente se integra fácilmente en sistemas malévolos”. Por tanto, es importante educar a los ciudadanos en el conocimiento de sus derechos, alimentar su fortaleza moral, y construir instituciones que no debiliten su autoestima. Este es un trabajo difícil, sobre todo, en sociedades donde la ciudadanía y los Estados son débiles. Mientras las instituciones persigan objetivos inmorales y usen la autoridad para arrastrar consigo a quienes no los comparten, es preciso que cada persona entienda y practique las palabras de Erich Fromm: “El acto de desobediencia, como acto de libertad, es el comienzo de la razón”.

Publicado enEdición Nº229
Ser un ciudadano colombiano en un estado de guerra
Colombia se encuentra sumida hoy por hoy bajo un estado coyuntural, en el cual se debate de fondo un conjunto de factores y circunstancias
que determinarán su nuevo rumbo.

 

 “Mi nombre es Eduardo Abril Galán [*], nací el 16 de noviembre de 1944 en la Ceja, Antioquia. Me crie en el campo; desde muy pequeño, recuerdo que trabajaba en la finca de mi papá; yo no estudié porque en ese tiempo no había quien me diera un cuaderno y además mi papá insistía en que para el trabajo de campo los libros no son necesarios; me acuerdo que cuando mi papá salía al pueblo aprovechaba para jugar con mis hermanitos.

 

Siempre nos levantaban a las cuatro de la mañana porque teníamos que ir a revisar el ganado, a ordeñar las vaquitas y a mirar que los cultivos estuvieran bien. Cuando llegaba la hora del almuerzo, teníamos que rezar el rosario todos juntos y evitar la risa porque sino mi mamá o mi papá nos cascaba, eso de irrespetar a Diosito era muy delicado en la casa. Después, con ese sol que golpeaba fuerte la nuca y la cara, tocaba ir arriar el ganado otra vez; yo me acuerdo mucho cuando llegaban los diciembres que me gustaba mucho ir a la casa de una tía que tenía en la ciudad de Medellín, pero, como éramos muy pobres, mandaban uno cada año porque éramos ocho hijos (ja, ja, ja). Mis papás no perdían el tiempo, ¿cierto?

 

Cuando cumplí quince años no me aguanté más las pelas de mi papá, entonces me fui de la casa y me dieron trabajo en Santa Rosa de Osos, por allá todo era muy duro, no es como ahora que todo es plata, pero la pasé bueno por esa tierra; yo era muy buen mozo, tenía novias y me vagabundeé mucho, tomaba aguardiente, como me pagaban bien, invitaba a las mujeres a salir; luego el patrón me llevó para Urabá, por allá me quedé trabajando administrando unas bananeras, pero eso era selva y no tenía las carreteras; mijo, usted no sabe todo lo que viví allá.

 

Lo que siguió después fue la tragedia; como queriendo no dar tregua, la guerrilla se tomó muchas zonas, luego, en los noventa, se agudizó la violencia y a uno lo mataban hasta por decir “hola”. A mi mujer la mataron malarios, yo no sé si guerrilla o paras, la cosa es que está ya muerta, eso fue muy duro; tuvimos un solo niñito y, cuando recién cumplía seis años, se me murió de paludismo. Quedé destrozado y aburrido, algo cansado y piedro con el destino. Después de unos años más de trajinar en Antioquia, decidí que lo mejor era mirar nuevas tierras y me vine a los santanderes, me gustó mucho el municipio de Piedecuesta y de ahí me instale definitivamente, hacia el año 1996, en el municipio de Los Santos. En esta tierrita encontré la paz y la tranquilidad, no me quise volver a casar y le bajé un poco al trago; en parte me vine escapando de la violencia, decir que uno es colombiano y no sentirse ciudadano es muy verraco”.



 

 Como Eduardo Galán, miles de colombianos más, o tal vez cientos de miles, migran cada día, todos los días, durante cada año, hace ya más de cuarenta años, a través de todo el territorio nacional; es un éxodo que pareciera nunca acabar y que, al final, solo es atestiguado por los senderos, por las trochas y la vías improvisadas de arena, donde estos olvidados, donde estos individuos dejan de ser ciudadanos y se transforman en marginados. Vivir en Colombia no es fácil, más aún cuando es el campo el que, en ocasiones, impide el reconocimiento político y social y la falta de visibilidad de las necesidades de sus pobladores, esto es, de los campesinos.

 

El investigador Hugo Quiroga, quien es el director del Centro de Estudios Interdisciplinarios de la Universidad Nacional de Rosario y profesor de Teoría Política en la Facultad de Ciencia Política de la misma universidad, desarrolló un texto titulado "El ciudadano y la pregunta por el estado democrático". Dicho texto puede ser un referente imprescindible para entender por qué en Colombia persiste una asimetría que no es solo política, social, económica o cultural, sino que apunta, ante todo, hacia la comprensión de las fronteras invisibles, donde solo unos pocos adquieren el atributo de ciudadanos.

 

Hablar de ciudadanía y hacerlo en un espacio que sea sostenible respecto a un estado democrático, como se conceptúa en el caso de Colombia, donde se reitera bajo la constitución que somos un estado social de derecho; implica desarrollar una visión que medie entre las tensiones que se derivan de la democracia para un estado social de derecho y aquello que se denomina ciudadanía incompleta.

 

Resulta entonces imperativo encontrar una postura, o mejor aún, hallar un término medio que concilie las preguntas en torno a si existe o es viable y legítimamente deseable hablar de una democracia real, cuando a través del estado de hechos en Colombia se manifiesta solo una suerte de democracia ideal, que tiene un fuerte respaldo teórico, mas no una considerable articulación práctica; es decir, se habla de democracia continuamente, se alude a formas de organización democrática en algunos estados latinoamericanos, siendo Colombia un referente y un claro ejemplo de ello y, sin embargo, sigue operando la asimetría socio–económica, que es tan solo una de las formas en que se expresa la desigualdad. La guerra aún persiste.

 

Sumado al anterior problema, esto es, el de la democracia fallida o fracturada, dirá Vargas Llosa, es posible observar que, de forma interrelacionada, emerge la pregunta por la existencia de la igualdad ciudadana, es decir, se plantea la cuestión de si, en efecto, dentro de un estado llamado democrático, como en el caso colombiano, realmente son los ciudadanos iguales entre sí. De ahí que se evidencie entonces por qué con justa razón la noción de democracia, y junto a ésta de ciudadanía, contienen en sí mismas cierto grado de tensión, en tanto que aquello que está en juego en última instancia es el papel y la función que cumple un ciudadano dentro de un estado democrático sitiado por la guerra y, por vía inversa, cuál es el fundamento y el rol de la llamada democracia al interior de un estado y del colectivo de ciudadanos que le configuran.

 

En este orden de ideas, se reconoce fundamentalmente el carácter problemático del asunto en torno a la democracia y al concepto de ciudadanía en un contexto como lo es el colombiano, debido, en parte, a la complejidad misma que se deriva de este tema y a la cantidad de factores que intervienen en el proceso mismo de construcción de la ciudadanía y la democracia como un efecto del estado organizado e institucionalizado bajo preceptos de igualdad y equidad. Para ello es entonces necesario reconocer que existen cuatro nociones básicas que se hallan, de manera inextricable, relacionadas y que son explicadas de forma interdependiente. Dichos conceptos, o mejor aún categorías, son: igualdad, derecho, ciudadanía y democracia.

 

Pues bien, uno de los aspectos problemáticos de la democracia (en Colombia al menos) es justamente su carácter polisémico, lo que le da gran variedad de matices interpretativos según sea también el contexto, sin embargo, a juicio del autor Quiroga, es necesario puntualizar aquella noción que apunte a empatar la resignificación de la democracia bajo el precepto de libertad e igualdad con el de ciudadanía o ciudadano como instrumento de integración en el colectivo.

 

Para dirimir el asunto de la democracia y el ciudadano inserto en un estado democrático, es necesario considerar que las sociedades actuales, en especial en Latinoamérica y como caso puntual Colombia, exhiben a ciudadanos denominados nominales o incompletos, es decir, aquellos ciudadanos que no pueden ejercer plenamente los atributos correspondientes a la condición y categoría de ciudadano, y la existencia de esos ciudadanos incompletos se debe a las condiciones imperantes que son en sí mismas deficientes a nivel económico, cultural y social, esto es lo que agudiza la pregunta por el estado democrático, pero, a su vez, es el punto de inflexión a partir del cual es posible una reinterpretación del ciudadano y la democracia como proceso participativo y de acceso deliberativo en un Estado como el nuestro.

 

Así pues, al considerar lo que implica ser un ciudadano colombiano en un estado de guerra, surge una interpelación no solo en un sentido socio–económico o simplemente político, sino también filosófico respecto a la democracia como un proceso dinámico y rico en posibilidades, donde la configuración de una forma de organización social debe ir más allá del mero ejercicio político y apuntar hacia un proceso de transformación del colectivo, donde se reivindique el papel activo del ciudadano y la trasformación del mismo a través de la reinterpretación y revaloración de sus derechos humanos, de sus derechos fundamentales, en tanto que individuo y ciudadano. Así pues, las categorías de campesino, indígena o marginado deben ser reformuladas para poder romper esas barreras invisibles que permanecen en el imaginario de los colectivos colombianos, donde les cuesta aceptar que aún impera el clasismo y el arribismo en muchos sectores de nuestra sociedad.

 

Ahora bien, sumado a lo anterior, se debe reconocer que la sociedad colombiana se encuentra sumida hoy por hoy bajo un estado coyuntural, en el cual, al margen de polarizaciones por parte su población y la comunidad internacional en torno al posconflicto como proceso y realidad alcanzable, se debate de fondo un conjunto de factores y circunstancias que determinarán el nuevo rumbo de la sociedad nacional en su conjunto. A efectos prácticos y sin pretender incurrir en reducciones simplistas respecto al tema político, social y cultural, resulta totalmente procedente hablar de transición política en el país, y más aún, de un proceso de transformación sustancial respecto del Estado colombiano, el cual, pese a ser conceptualizado como un estado social de derecho, aún no logra sus objetivos trazados de equidad, inclusión social y estabilidad nacional, debido, en parte, claro está, al conflicto armado.

 

De ahí que sea más que imperativo llevar a cabo interpelaciones en torno a una cuestión tan sensible, como lo es la pregunta respecto a cómo es que en un contexto de posible transición política del conflicto armado en Colombia (tal cual es el caso del tiempo presente), y atendiendo al derecho a los procesos de verdad, ¿qué papel debe tener la sociedad en el proceso de reparación y transición política y social?

 

Lo que se trata de exponer aquí es, aunque sea someramente, cuál es el papel de la población civil colombiana en el proceso de reparación de victimas a la luz de la transición política del conflicto armado. Dicha formulación precisa de aportes y análisis, por lo demás bastante específicos, en torno a lo que como rol y función está llamada a desempeñar la sociedad colombiana respecto al proceso de reparación de las víctimas derivadas del conflicto armado. Colombia aún se halla sumida bajo la figura de un estado en guerra y, como si esa situación fuere insuficiente, aún miles de colombianos son invisibles, miles son los olvidados, los que no son reconocidos como ciudadanos.

 

En efecto, se habla de violencia y perspectiva del Estado respecto al conflicto armado en Colombia. Como quiera que sea, se trata de dos puntos angulares que se hallan interrelacionados para poder entender cuál es el sentido y alcance que el conflicto adquiere. A su vez, tanto la violencia y sus diversas y reprochables formas de expresión y manifestación, confluyen precisamente en el marco de la sociedad. Es decir, es en el ámbito de la sociedad donde se desarrolla y desenvuelve el drama de la violencia general o sistematizada y, a su vez, es donde el Estado centra su atención para desarrollar apreciaciones y juicios de orden estratégico en torno a cómo desarrollar la lucha contra los grupos armados, al tiempo que emergen bandas delincuenciales en zonas urbanas. Y, sin embargo, resulta paradójico a la luz del tema aquí planteado, que tal y como el autor Nicolás Espinosa advierte en su texto Política de vida y muerte. Etnografía de la violencia diaria en la Sierra de la Macarena:

 

“La perspectiva que tiene el Estado colombiano sobre el conflicto no distingue entre campesinos, guerrilleros y narcotraficantes. La retórica oficial es fuerte y la respuesta militar lo es de manera proporcional, afectando de forma directa a los campesinos. La vinculación de la lucha antidrogas en la lucha antisubversiva ha implicado para los campesinos, según testimonios que he reunido, detenciones masivas, cuando no, arbitrarias, allanamientos sin orden judicial ni acompañamiento, bombardeos, bandas criminales, constantes señalamientos y atropellos. Las acciones oficiales se traducen en el descrédito de la institucionalidad y, en términos de la violencia de todos los días, implican nuevos marcos reguladores de las relaciones sociales”. (Espinosa, 2010; pág. 71).

 

Con acierto se puede colegir de las observaciones expuestas por Nicolás Espinosa que, en relación con el papel de la población civil colombiana en el proceso de reparación de victimas a la luz de la transición política del conflicto armado, resulta imperativo, y por lo demás deseable, tratar de comprender que el Estado debe ser incluyente dentro de su marco interpretativo para poder lograr, de forma eficiente, el tránsito político requerido para abordar y comprender en términos más dúctiles el conflicto armado.

 

Es decir, no será a través de la lucha frontal, pero tampoco del desistimiento tácito, como se logrará un nuevo marco regulatorio, sino que será la población civil de Colombia, a través de un ejercicio de inclusión donde se reconozca además la ciudadanía de todos por igual, ya sea que se trate de actores directos e indirectos, para poder cohesionar las relaciones entre el Estado y la sociedad, lo cual, a su vez, permitirá otorgar una nueva vos, donde sea la comunidad, la población (y en especial aquellos que han sido olvidados o marginados) misma, la que formule, postule y proponga un nuevo marco programático para abordar el conflicto armado a través de la generación de espacios críticos y condiciones de posibilidad, para que el Estado reconsidere su tradicional y sesgada postura de amigo y enemigo, y evite así incurrir en señalamientos que pudiesen resultar lesivos para la población civil.

 

Finalmente, se puede argüir que a la pregunta ¿cómo superar las contradicciones de los ciudadanos incompletos?, al interior de un estado democrático, como el Colombiano, se debe apuntar, señalando tal cual lo refiere el autor Hugo Quiroga, hacia aquello que se denomina “el espacio público civil”, pues es al final, en este ámbito, donde tiene lugar la esfera de afirmación democrática, no solo en el sentido primero del término y en su aspecto teórico, sino, más aún, a un nivel elemental que se funde con la praxis, donde el ejercicio de la ciudadanía ha de volverse una realidad del todo constatable. Solo en este punto habrán de surgir las prácticas solidarias y los espacios plurales de deliberación y control.

 

De otra parte, cabe añadir entonces que solo hasta el momento en que la sociedad colombiana se concientice en torno al carácter fundamental de los tres pilares de trabajo necesarios para lograr la transición política, los cuales son justicia, verdad y reparación; será posible reconocer y dar el sentido y valor que amerita el proceso mismo desde lo social, junto a un claro marco jurídico, al tema de reparación víctimas, pero para ello igualmente resultará necesario la articulación y el establecimiento de un diálogo más directo y sin ambages entre el Estado y la población civil.

 


 [*] Nombre cambiado a solicitud del entrevistado.

Referencia:

 

"Política de vida y muerte. Etnografía de la violencia diaria en la Sierra de la Macarena". Nicolás Espinosa Menéndez. Instituto de Antropología e Historia. Bogotá (2010).


La violencia en Colombia. Germán Guzmán Campos, Orlando Fals Borda, Eduardo Umaña Luna. Tomo I. Punto de lectura.
Ahí les dejo esos fierros. Alfredo Molano. El Ancora Editores (2009).


"El ciudadano y la pregunta por el estado democrático". Hugo Quiroga. Versión PDF.

 

 

Publicado enColombia
Entrevista:  El profesor Néstor García Canclini habla de los jóvenes y los cambios en el mundo del trabajo

Se encuentra en Medellín el destacado antropólogo y pensador argentino, Néstor García Canclini, quien participa de varios eventos académicos en atención a una invitación que le cursó la Universidad de Antioquia y la Escuela Nacional Sindical.

 

El profesor García Canclini, también doctor en filosofía, es uno de los antropólogos que más se ha ocupado del tema de la cultura, la modernidad y la posmodernidad desde una perspectiva latinoamericana. Uno de los conceptos que ha acuñado es el de "hibridación cultural", fenómeno que se materializa en escenarios donde diversos sistemas se “intersectan e interpenetran”. Y en algunos de sus textos también ha abordado asuntos del mundo del trabajo, en especial en su relación con la empleabilidad de los jóvenes y las nuevas tecnologías.

 

Autor de 14 libros, el profesor García Canclini ha desarrollado la mayor parte de su actividad intelectual en ciudad de México, donde reside desde 1976; y donde se desempeña como investigador emérito del Sistema Nacional de Investigadores, dependiente del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología de México.

 

Una de sus obras más conocidas es Consumidores y ciudadanos, en la que afirma que el consumo, producto de la globalización, ha generado una nueva concepción de ciudadano. También los libros Lectores, espectadores e internautas; Culturas híbridas, estrategias para entrar y salir de la modernidad; Diferentes, desiguales y desconectados.

 

En la entrevista que la Agencia de Información le hizo, el profesor García Canclini habla sobre el mundo del trabajo, los jóvenes y el sindicalismo en América Latina.

 

Hoy se habla mucho del emprendimiento como estrategia de inclusión laboral de los jóvenes. ¿Cómo valora usted ese fenómeno?

 

La condición de los jóvenes ha cambiado considerablemente. Las grandes transformaciones contemporáneas se manifiestan mucho más elocuentemente en la condición juvenil. Por ejemplo: la incorporación en las nuevas tecnologías, la precariedad del trabajo, la capacidad de innovación. A algunos sectores de la juventud los llaman emprendedores, o “trend settings”, que son los que se involucran con las nuevas tendencias tecnológicas, no siempre relacionadas con aparatos sino también con nuevos hábitos de vida, nuevos modos de comunicarse, de trabajar, de organizarse. El fenómeno surge por la aceleración de las innovaciones tecnológicas, pero también culturales; de la posibilidad de un mayor acceso a un caudal de información globalizada, de poder asociarse a emprendimientos más allá de lo local. Tiene lados ambivalentes. Lo positivo es que expande el horizonte y da mayor posibilidad de contrastar la información en fuentes diversas. Gracias a estos procesos los jóvenes hoy tienen más relaciones y repertorios culturales que en el pasado.

 

¿Y lo negativo?

 

Que es un fenómeno también impulsado por la precariedad e inestabilidad laboral, de la necesidad de estar pendientes de un próximo trabajo. El modelo neoliberal de flexibilización de las relaciones laborales, la pérdida de derechos laborales y de seguridad social, la desindicalización, ha generado la posibilidad de trabajar en actividades múltiples. Los jóvenes más capacitados, los que terminan carreras universitarias y manejan el inglés, pueden vincularse con un universo social, económico y cultural más extenso, y en redes que trascienden su lugar nativo, tanto para viajar físicamente o para comunicarse y viajar virtualmente.

 

Y los jóvenes que no tiene esa capacitación, ¿qué opciones tienen?

 

Tiene que ver con las nuevas formas de acceder a la información, al conocimiento, de auto-educarse. Hay muchos jóvenes que no han estudiado en la universidad, o que la abandonan sin terminar la carrera, porque encuentran otras formas de emplearse, de ganar dinero, y en oficios que los apasiona y en los que pueden innovar. La innovación es un componente clave en todos estos procesos de reconfiguración laboral y educativa. Muchos de los conocimientos no se obtienen en la universidad, se tienen con el acceso a la tecnología, a los aparatos y dispositivos, a las fuentes de información y de conocimiento que encuentran en las redes sociales. Para muchos de estos jóvenes se vuelve innecesario seguir en la universidad, se retiran porque consideran inútil ver una cantidad de materias que les dan una información sobre otros aspectos de la sociedad y cultura que no les interesa, por el contrario, no les permiten concentrarse en lo que verdaderamente les interesa. La expresión “trend settings” surgió en Estados Unidos cuando se vio que un alto porcentaje de la población trabajaba en actividades de innovación tecnológica, auto-empleados, en muchos casos desde su casa. Se creó la utopía de que todos deberían auto-emplearse, crear su propio trabajo, y desde allí generar riqueza. Pero por cada Mark Zuckerberg, el creador de Facebook, o de otros iniciadores de innovaciones en redes sociales y otras aplicaciones tecnológicas, hay millones que no logran dar ese salto, y viven experiencias de desempleo y precariedad. La noción de jóvenes emprendedores, creativos, tiene mucho de ilusión. Oculta y disimula procesos de explotación.

 

¿O será que simplemente a los jóvenes les gusta saltar de un trabajo a otro? ¿Qué ha podido establecer a ese respecto?

 

Estamos en una época en que se ha pasado de las carreras profesionales que duraban toda la vida laboral, a vivir el trabajo por proyectos. Hay una dinámica de movilidad que no siempre es negativa, pero para la mayoría sí implica precariedad y dificultades de insertarse en el mercado de trabajo. Antes teníamos la convicción de que si hacíamos una carrera universitaria y nos especializábamos obteníamos buenos recursos de conocimiento y mostrábamos que éramos capaces de hacer tareas con eficiencia teníamos un futuro asegurado, podíamos llegar a ser gerentes de una empresa, dirigentes, diputados... Pero los jóvenes desde hace por lo menos dos generaciones han interiorizado la experiencia de que no se puede hacer carrera, y que aún quienes logran posicionarse en los mejores puestos tienen la tendencia a cambiar, no solo de empresa sino de oficio y profesión; de moverse a otra actividad más innovadora o que dé mejores ingresos.

 

En una conferencia usted mencionó un logro del emprendimiento en Francia...

 

En Francia desde hace muchos años se habla de esta condición laboral como de intermitentes. Comenzó aplicándose a algunos ramos de la producción artística y cultural, que por su propia naturaleza lo son. Los actores y directores teatrales que producen una obra después de varios meses de ensayo la ponen en cartelera y luego pasan un período sin trabajar, mientras logran articular, ensayar y poner otro proyecto en escena, porque tienen que seguir viviendo con sus familias. Entonces el Estado francés creó un sistema de asistencia para que esas personas recibieran beneficios básicos y tuvieran una cierta continuidad en seguro médico. Algunos de estos beneficios se han ido acabando, o no llegan a todos los que lo necesitan. Pero es otra manera de concebir una solución en un oficio que por su propio carácter es inestable. Claro que esa inestabilidad se ha acentuado para todas las profesiones.

 

¿Qué se puede esperar de los jóvenes que no logran engancharse en el conocimiento ni en la tecnología, y tampoco en el mercado laboral?

 

Hay derivaciones distintas que están por estudiarse. Hay un informe del Banco Mundial que correlaciona estadísticas de desempleo juvenil con la tasa de homicidios en México, y se ve cómo esa correlación crece, sobre todo en el norte del país, en los estados más cercanos a Estados Unidos, donde muchos no logran pasar al otro lado y se quedan del lado mexicano, agrandan el desempleo y la precariedad. Y también muchos desesperadamente recurren a ocupaciones ilegales o paralegales, a la violencia, a formas de participación en redes delictivas. Hay otros que no eligen el camino del delito, quedan en la precariedad, son sostenidos por la familia, a veces por padres que también han perdido sus trabajos y quedan al respaldo de la pensión de los abuelos. Hay quienes tratan de educarse o migrar a otros países. En fin, hay muchas salidas poco estudiadas; salidas reales, aunque signifiquen pérdidas de relaciones familiares, desarraigo de su sociedad y su cultura. Creo que una gran tarea es investigar más por parte de las universidades y los gobiernos.

 

La movilidad e inestabilidad que menciona lleva también a los jóvenes a no pensar en una jubilación, una pensión para la vejez. ¿Cómo ha cambiado en ese sentido la expectativa de los jóvenes?

 

La jubilación es la experiencia terminal, pero la experiencia de precariedad y desposesión de bienes y recursos viene desde mucho antes. Traigo al caso lo que me comentaba hace poco una artista visual mexicana, que tiene dos maestrías, sabe 3 idiomas, pero vive saltando de un trabajo a otro, y también pasa periodos desempleada. Dice que no puede acumular una estabilidad que le permita obtener con qué comprar un carro ni quedar embarazada, y menos una jubilación.

 

¿Cómo el movimiento sindical puede participar o involucrarse en los escenarios de jóvenes con esa movilidad y precariedad laboral?

 

El tema tiene varias o muchas aristas, depende de qué país miremos. Mi apreciación la baso en los países latinoamericanos que más conozco, Argentina y México. En los dos sigue habiendo una minoría de trabajadores sindicalizados. La mayor parte, sobre todo los jóvenes, no pertenecen a sindicatos, y también han interiorizado el hecho de que pertenecer a ellos es muy difícil. Están contentos si consiguen trabajo en un restaurante, en un taller, en una empresa de confecciones. Ya saben que van a ganar poco, y menos si son mujeres, y menos si son más jóvenes; saben también que ese trabajo les puede durar poco y que no tendrán seguridad social. Tienen que ingeniárselas para obtener otras satisfacciones, que no les van llegar por la vía laboral, o no directamente. Los sindicatos tienen el desafío de ampliar el espectro de sus demandas, darse cuenta de que no solo deben reclamar aumentos laborales o beneficios ligados a la empresa y al comercio en el cual laboran, sino otros beneficios complementarios que permitan obtener bienestar.

 

¿Cuál es, o debería ser, el papel de los Estados en relación con ese tema?

 

Los Estados han desmantelado el bienestar de la gente, han dejado a las empresas que manipulen con mayor libertad un conjunto de recursos, de contratos de trabajo que crean desigualdad entre los propios trabajadores, los divide y los excluye. Este desmantelamiento ha llevado a transferir la responsabilidad del Estado a los trabajadores, o a los desempleados que deben conseguir trabajo, a ver qué inventan. Hay que luchar por restablecer cierto estado de bienestar, no podemos confiar a las empresas cuyo objetivo principal es el lucro, y debemos exigirles responsabilidad a los políticos por los que votamos.

 

Una premisa de la que parte el sindicalismo es que éste es un valor de la democracia, necesario para que ésta exista. ¿Cómo ve la construcción de democracia en un contexto en el que los jóvenes no ven en la sindicalización una opción prioritaria?

 

Hay nuevas formas de ciudadanía que están surgiendo, muchas de ellas ligadas a internet, pero también que van más allá de lo digital; formas que facilitan una información más amplia, articulaciones de solidaridad que trascienden la frontera. Al mismo tiempo estos procesos relativizan las formas antiguas de sindicalización y de solidaridad.

 

Finalmente, y ya remitiéndonos a Colombia y al proceso de paz y el posconflicto, ¿podemos esperar más inclusión y oportunidades laborales? ¿Cuál es su propuesta?

 

Me da una gran esperanza que se pueda ya hablar del posconflicto en Colombia. He venido muchas veces en las últimas décadas, he acompañado a varios investigadores que han estudiado este proceso y sé de su complejidad, encuentro relatos que muestran la diversidad de situaciones del conflicto. Me atrae mucho y lo escucho con enorme interés. Lamentablemente no tengo nada para proponer, entre otras cosas porque ahora mismo la situación mexicana está mucho más rezagada, estamos en medio del conflicto, en una etapa cruel, desconcertada por parte de casi todos los actores, especialmente del gobierno y de las fuerzas que deberían contribuir a la solución. Estamos en una situación más fragmentada que la de Colombia, con más carteles, combates y disputas por el territorio entre esos carteles. Así que se me hace difícil decir algo productivo en relación con Colombia. Más bien vengo a escuchar y a entender cómo han llegado a este punto, que parece ser muy promisorio.

 

 

Publicado enColombia
Jueves, 23 Abril 2015 16:06

Les acquis del neoliberalismo

Les acquis del neoliberalismo

Cuando el asalto neoliberal empezó a apretar fuertemente al estado de bienestar europeo, los franceses reaccionaron defendiendo aquello que llamaban les acquis: es decir que llamaban a defender los bienes públicos, las costumbres benéficas adquiridas y los beneficios ya ganados.

La defensa de les acquis –el terreno ganado– es un tema central de la política, porque todo sistema social, por terrible que sea, implica algunas conquistas, algunos nuevos valores colectivos. Importa reconocerlos para asimilar y defenderlos, y abanderarlos en los procesos de transformación social. Carlos Marx se interesaba por esta cuestión incluso respecto del sistema capitalista que fue para él objeto de una lucha encarnizada: así, por ejemplo, el capitalismo implicaba la socialización del trabajo (frente a, por ejemplo, la producción artesanal), cualidad que abría la posibilidad de la formación de una conciencia proletaria común que escasamente existía en el mundo preindustrial. Con todas sus injusticias, sus crímenes y sus horrores, el sistema capitalista decimonónico representaba para Marx un camino que importaba recorrer, indispensable incluso para la construcción de una sociedad mejor. Por eso pensaba que las potencias coloniales cumplían un papel histórico, usualmente de manera involuntaria; que la colonización de India por los ingleses, por ejemplo, era un crimen que tenía también un importante lado positivo, ya que ponía fin a un mundo aldeano que era la base de un despotismo conservador. Marx pensaba también algo por el estilo respecto de la anexión de territorio mexicano por parte de Estados Unidos en la guerra de 1847. La disrupción innovadora capitalista traía consigo sus acquis, sus beneficios penosísimamente adquiridos. Importaba reconocerlos.

Ahora que el sistema neoliberal, implementado a escala mundial desde los años 70 y 80, está haciendo agua, vale la pena pensar en los atributos positivos que ha traído consigo la revolución neoliberal, para saber qué es lo que se debe asimilar como conquista colectiva de aquel sistema tan cruel. Importa un ejercicio así porque cada sistema tiene sus beneficios secundarios, frecuentemente involuntarios, y esos beneficios son los que alumbran el camino para las transformaciones venideras, para orientar aquello que se quiera potenciar, o al menos no desechar, en dichas transformaciones venideras.

¿Ha traído algo de bueno el neoliberalismo? Caso afirmativo, ¿qué sería?

Es una pregunta relevante porque demasiado frecuentemente la crítica al neoliberalismo busca implícita o explícitamente la restauración del desarrollismo que existía previamente, un modelo económico que había ya llegado a sus límites, y al que seguramente sería imposible regresar. Pero es también una pregunta compleja, nada fácil de contestar, que pide un trabajo de discusión colectiva.

Hay una serie de valores ampliamente difundidos que habría que discutir como posibles candidatos: el valor de la flexibilidad y las prácticas íntimas asociadas a ella; el valor de la transparencia; el valor de la resiliencia, un término que hasta hace muy poco ni siquiera existía en español, y que es hoy un concepto clave del ambientalismo y de las ciencias de la salud; la identificación de cada persona, por humilde que sea, como un empresario en potencia; la preocupación obsesiva por la juventud; el horror a la obsolescencia y a todo aquello que se pueda calificar de obeso; la sacralización de la multiculturalidad... La lista es larga, y el simple esfuerzo de enumeración ya trae a nuestra conciencia el hecho de que el neoliberalismo no es únicamente un sistema económico, sino que es también una formación cultural.

Por eso, incluso una discusión mínima de los aspectos rescatables del neoliberalismo sería larga. Hoy quisiera detenerme en uno solo, debido a la solidaridad transfronteriza con los jornaleros de San Quintín: a partir del neoliberalismo, la política libertaria o emancipadora tiene una genuina vocación trasnacional.

De hecho, el antineoliberalismo no puede ser ya un movimiento de liberación nacional. Esto se debe a que los movimientos de liberación nacional tienden a plantear al capitalismo como si viniese de afuera, cosa que los lleva inevitablemente al camino errado de una postura anti Estados Unidos. Pero el capitalismo ni comienza ni termina en ese país: hay capitalismo rampante en China, en Japón, Corea, Rusia, Irán, Alemania, Brasil... Fijar el capitalismo geográficamente, o imaginarlo como una característica nacional o étnica, puede ser una arma poderosa del demagogo, pero no responde a la realidad: el capitalismo es por naturaleza una forma de producción trasnacional, y transformarlo requiere de redes de solidaridad a ese nivel.

Y ahí está el ejemplo de los trabajadores de San Quintín. Cuando César Chávez fundó la United Farm Workers en los años 60, pensaba que había que limitar el flujo migratorio de México, porque los mexicanos indocumentados servían a los patrones como esquiroles. Esta tendencia sindical contraria a la libertad de movimiento internacional del trabajo ha estado presente en todos los sindicalismos de las sociedades un poco más ricas que sus vecinos, y aunque frecuentemente se haya alimentado del racismo, el racismo es en ellos más bien efecto que causa.

Pero hoy ya no es posible simplemente desactivar la globalizacíon a partir de controles migratorios. En Francia, el Frente Nacional quizá consiga ganar elecciones, con todo su racismo y su discurso antimigrante, pero no conseguiría su anhelo de regreso a aquella Francia próspera y relativamente homogénea de los años 70. Y se puede decir lo propio de los republicanos del Tea Party de Estados Unidos.

Se comprende la nostalgia de sectores amplios de las antiguas clases medias estadunidenses o francesas, ahora precarizados por la globalización, pero habría que recordarles que fue justamente la derecha a la que pertenecen la que abogó por el libre comercio y por el libre flujo de capitales desde el inicio. Y si hay libre flujo de capitales, habrán migraciones laborales. Y si se imponen límites a las migraciones, habrá fuga de capitales.

El movimiento de San Quintín habla de otra estrategia, distinta incluso a la del César Chávez de inicios de los 60; habla de una estrategia propiamente trasnacional. No es posible ya encerrarse en la política nacional. Si no se puede impedir que el capital atraviese fronteras, se puede al menos promover la organización del trabajo en ambos lados de la frontera.

El neoliberalismo está comenzando a crear una visión trasnacional de la justicia, y la posibilidad de formar movimientos transfronterizos para exigirla. Es un logro muy importante.

Publicado enEconomía
Holanda recorta servicios sociales y los transfiere a los municipios

Tras casi medio siglo de funcionamiento intensivo, el Estado de bienestar cambia de nombre en Holanda y pasa a llamarse "sociedad participativa". El paso entraña recortes presupuestarios y grandes cambios para la ciudadanía. Desde el pasado 1 de enero, la ayuda a los ancianos y las personas dependientes, incluidos los niños discapacitados, se convierte en una "obligación moral" para familias, amigos y vecinos. El incumplimiento de este nuevo deber no está penalizado, al menos por el momento.

Solo cuando la situación sea insostenible, las personas que no se valen por sí mismas podrán acceder a un centro subvencionado. La recién estrenada Ley de Cuidados de Larga Duración establece que los Ayuntamientos serán los encargados de proporcionar la atención, para lo que recibirán financiación estatal.

El primer discurso de la Corona del nuevo rey holandés, Guillermo Alejandro, introdujo en septiembre de 2013 la idea de sociedad participativa en forma de advertencia, y también de reto. Por un lado, mostraba lo insostenible de mantener, con la crisis, un sistema de cuidado que en 2010 costó 23.500 millones de euros al erario público —con ese presupuesto se atendió a 250.000 dependientes en instituciones públicas y a otras 350.000 con ayuda pagada a domicilio—. Dado el envejecimiento creciente en este país de 16,7 millones de habitantes, el desafío consiste en convencer a los ciudadanos de que deben apoyarse y ser responsables de quienes les rodean. La pregunta es si lo harán espontáneamente. Porque a partir de ahora el derecho histórico a recibir atención pública solo se podrá ejercer cuando la persona no pueda valerse por sí misma y carezca de una red de apoyo informal. Con este cambio, el Estado pretende ahorrar 2.300 millones de euros este año.

 

Actiz, una empresa dedicada a proporcionar ayuda a ancianos y dependientes de cualquier edad, y con unos dos millones de clientes, teme que puedan perderse cerca de 55.000 empleos con la reforma. En conjunto, trabajan en el sector 1,1 millones de personas, y los sindicatos generalistas prevén la pérdida de hasta 100.000 empleos.

Los primeros cambios empezaron a notarse ya a finales del año pasado, antes de la entrada en vigor de la ley de cuidados. Los ancianos "que conservan su vitalidad y pueden valerse" —según definición de la norma— han ido abandonando las residencias, donde eran atendidos en gran medida a costa del erario público. Tras una evaluación de sus necesidades, su nuevo domicilio es una casa de renta baja. Antes, ellos pagaban la residencia en función de sus pensiones y el Estado ponía el resto. Ahora se espera que les ayuden, gratuitamente, sus parientes, conocidos o vecinos. También pueden acudir en su auxilio voluntarios que recibirán un pago simbólico por hacerles la compra, limpiar, cocinar, bañarles o recordarles que deben tomar su medicación.

"Nuestro centro cuida pacientes de Alzheimer y contaba también con un hogar de ancianos, que ha desaparecido. Hay gente de 80 y 90 años que ha tenido que marcharse a un piso a depender de su familia. No sé. Hay familias entregadas, claro. Pero la sociedad está acostumbrada a abonar impuestos para resolver la atención a los mayores. Piense que los parientes no siempre viven cerca", dice una enfermera de La Haya que pide anonimato.

Los pacientes de Alzheimer no entran en el cupo de los que serán enviados a casas de renta baja. Tampoco se moverán las 200.000 personas (más otros 10.000 niños y adultos discapacitados con asistencia permanente en sus hogares) ingresadas en instituciones especializadas.

Los candidatos al traslado por la nueva ley tienen muy claro lo que quieren. Según una encuesta de la Unión General Holandesa para los Mayores, un 65% prefiere pagar a profesionales para recibir atención. "Tienen la sensación de que si viene un familiar o un amigo deberán estarle muy agradecido. Si pagan, serán más libres de pedir lo que necesiten. Pero, claro, todo depende de sus pensiones", señala la directora de este sindicato, Liane den Haan.

Evelien Tonkens, catedrática experta en la materia, plantea: "¿Quién quiere que le duche el vecino?". En su opinión, el desmantelamiento del Estado de Bienestar pretende crear una especie de "ciudadanía afectiva donde los voluntarios son vistos como héroes". Entre los riesgos que apunta aparece una sobrecarga de trabajo para las mujeres.

Ben Paulides, concejal del partido Demócratas Liberales, de Wassenaar, municipio contiguo a La Haya, se pregunta: "Habrá menos presupuesto municipal para pagar a las organizaciones de asistencia. Si ofrecen servicios a bajo precio ¿estarán cualificados quienes atiendan a los ancianos?".

 

 


Menos Estado de bienestar en la Unión Europea

 

  • • La crisis económica, en unos casos, y las políticas de corte liberal, en otros, han supuesto recortes en el Estado de bienestar de distintos países de la UE.
  • • En España, la financiación de la Ley de Dependencia ha sufrido un tajo notable. Los beneficiarios ascienden a 723.000, pero hay decenas de miles en lista de espera. El Gobierno ha dejado de cotizar a la Seguridad Social por los cuidadores familiares.
  • • En Suecia, el recorte de gasto y privatización de la atención a mayores fue uno de los factores que, en 2014, le costó las elecciones al Ejecutivo de centroderecha.
  • • El Gobierno francés prevé reducir en 21.000 millones el gasto público, sobre todo en protección social, este año
Publicado enSociedad
Jueves, 17 Abril 2014 06:19

Economía de corto y de largo plazo

Economía de corto y de largo plazo

La economía es y ha sido siempre una ciencia del presente. Su densidad temporal es baja, o nula. Específicamente, la economía normal nada sabe de medioambiente y menos de ecología.

Los análisis a corto plazo parecían alentadores desde un punto de vista. Frente a la crisis estructural de los países más desarrollados, hace menos de un lustro la atención se centró en dinámicas emergentes que arrojaban mejores resultados. Así, frente a la hecatombe de los países del G–7 y G–8 (más 1 o menos 1, da igual), el grupo de países BRIC se revelaba como una sorpresa. Una sorpresa y una esperanza.


Primero vino la crisis de las PuntoCom; luego las crisis de las hedge funds, la crisis hipotecaria, el techo de la deuda en EE. UU., las deudas galopantes de las principales economías de Europa —con la notable excepción de Alemania— y Japón. Sucedió el rescate de Irlanda, Grecia, Portugal. Y en alguna ocasión, un rescate continuado y repetido. El mundo tembló y aún tiembla con el eventual colapso de España, Italia y Francia.


En paralelo, Londres subsidia al resto de Inglaterra, y Alemania permanece como la locomotora de la Unión Europea. Contra los odios velados y las sospechas y acusaciones encubiertas.


La crisis económica y financiera se ha revelado, en realidad, como un componente de crisis sistémicas y sistemáticas. Crisis de confianza, crisis política, crisis social crisis del sistema de salud, crisis del sistema de pensiones, crisis medioambiental, crisis de tasa de natalidad en los países industrializados por debajo de cero...


En paralelo, los historiadores han girado la atención —acompañados por un puñado de buenos economistas— hacia un fenómeno novedoso: el colapso. Colapso de sociedades, colapso de culturas, en fin, colapso de civilizaciones. No hay que ser hipersensibles para entender el panorama entero.


Pues bien, el grupo de países BRIC (Brasil, Rusia, India y China) surgió en un momento como la nueva esperanza del mundo. (Incluido, en algunas ocasiones, como el grupo de países BRICK (ladrillo), más Corea). Esta es y sería la vanguardia del mundo hacia futuro.


Alguna prestigiosa entidad financiera mundial centró, incluso la mirada, hacia la segunda fila de las mejores y más promisorias de las economías en el mundo: el grupo de países CIVETS (Colombia, Indonesia, Vietnam, Egipto, Turquía y Suráfrica). Y luego el resto; unos más adelante y otros más atrasados. En un mundo compuesto por 196 países.


La punta de los países en el mundo estaría conformada, con varios entrecruzamientos, por el G–7 (o G–8), el G–20, los países de la OCDE. De acuerdo con numerosos indicadores, ellos serían el pasado y el presente del capitalismo. Pero el futuro del mundo tendría como vector a los países BRIC, y lo dicho, posteriormente, acaso a los CIVETS. Y luego las complejidades del sistema internacional.


Sin embargo, numerosas fuentes han llamado crítica y reflexivamente la atención acerca de profundas dificultades en el grupo de países BRIC. Desde el punto de vista económico, freno en Brasil. Desde el punto de vista medioambiental, alarma en China. Y desde el punto de vista político, amenaza con Rusia.


Pues bien, como quiera que sea, el tema de fondo es el de la ponderación entre una visión de la economía de corto plazo y una de largo plazo. A corto plazo, es manifiesta la crisis, o mejor, el entramado de crisis sin que aparezca ninguna salida o solución real o efectiva —eso, a corto plazo—. A medida que pasa el tiempo, los aires apocalípticos y escatológicos lanzan sus alientos sobre el mundo. Un buen ejemplo de ello es esa literatura —particularmente juvenil en boga y triunfante en los mercados—. Con, en muchas ocasiones, sus paralelos en el cine. Una mentalidad medieval y milenarista flota en el ambiente, sin duda alguna.
Las reuniones anuales de Davos, y los numerosos foros mundiales paral

elos —muchos de ellos auspiciados por Naciones Unidas— son claros en el diagnóstico; o los diagnósticos. Pero nadie ve una salida a corto, y ni siquiera a mediano, plazo. Las voces más pesimistas advierten del final de la especie humana. Desde ese punto de vista, lo que quedaría sería aprovechar el momento, disfrutar el día (carpe diem), y esperar lo mejor.


La economía es y ha sido siempre una ciencia del presente. Su densidad temporal es baja, o nula. Específicamente, la economía normal nada sabe de medioambiente y menos de ecología. ¿Ecología y medioambiente? El tiempo de largo plazo de la naturaleza y sus ciclos.


Los modelos económicos clásicos y vigentes —el modelo clásico, el neo–clásico, las economías de escala y el desarrollo (humano) sostenible— son una sola y misma cosa. Con sus derivaciones y orlas: responsabilidad social empresarial, la ética empresarial, y otras arandelas. Lo evidente es que la función de producción es exactamente la misma en esos cuatro modelos, y permanece inalterada, inmodificada. Su nombre adquiere diversas expresiones: capitalismo, sistema de libre mercado, modernidad, modernidad–y–postmodernidad, por ejemplo.


La economía no sabe de ecología, y correspondientemente, tampoco de historia. Mucho menos el modelo económico actual —dicho de manera genérica— que ha desplazado a la macroeonomía —economía y política; o economía y sociedad— a lugares secundarios, situando a la microeonomía —empresa, matemáticas financieras, econometría— al lugar del papel protagónico. Ya no se hace economía política y muchísimo menos una crítica de la economía política.

Como ha sido puesto de relieve una y otra vez, el bienestar y la recuperación de los bancos no se traduce en manera alguna como bienestar para la sociedad. El institucionalismo y el neoinstitucionalismo —económico, sociológico o político— consisten, en blanco y negro, en la preocupación por las instituciones en desmedro de la vida. En verdad, la defensa de las instituciones no se traduce necesariamente como la defensa de la vida y, por el contrario, en numerosas ocasiones alrededor del mundo sucede todo lo contrario.


Si la alternativa es entre institucionalidad y vida, o entre modelo económico y financiero y vida, ya conocemos la respuesta de ellos; y de otro lado, la respuesta nuestra. En fin, si hay que dejar que la economía se hunda y, en ocasiones incluso contribuir de manera piadosa a su muerte, es en nombre de la vida, su dignidad y calidad: la vida humana, tanto como la vida en general en el planeta.


A todas luces, la humanidad, en la época de la globalización, atraviesa por un cuello de botella. Si de apuestas se trata, la más sensible, razonable es por la de futuros de largo alcance y con gran densidad temporal. Numerosas otras ciencias y disciplinas pueden realizar mejor la labor que la economía no fue capaz de llevar a cabo.

Publicado enColombia
Jueves, 26 Septiembre 2013 07:47

Marx (y no sólo Keynes) llevaba razón

Marx (y no sólo Keynes) llevaba razón

Una de las causas de la crisis financiera y económica que ha recibido escasa atención ha sido la evolución de la distribución de las rentas entre las derivadas del capital y las derivadas del trabajo, a lo largo del periodo post II Guerra Mundial. El conflicto capital-trabajo, al cual Karl Marx dedicó especial atención, hasta el punto de considerarlo como el hilo conductor de la historia ("la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases") , ha perdido visibilidad en los análisis de las crisis actuales, sustituido por los análisis de los comportamientos de un sector del mundo del capital, es decir, el capital financiero, sin dar suficiente importancia al conflicto del capital (y no solo de su componente financiero) con el mundo del trabajo. Los datos, sin embargo, continúan acentuando la importancia de la relación capital-trabajo en la génesis de las crisis económica y financiera que están ocurriendo en estos momentos.

 

Durante el periodo entre el fin de la II Guerra Mundial y los años setenta (definido como la época dorada del capitalismo), el Pacto Social entre el mundo del trabajo y el mundo del capital (en el cual el primero aceptaba el principio de propiedad privada de los medios de producción a cambio de aumentos salariales -condicionados al aumento de la productividad- y del establecimiento del estado del bienestar) dio como resultado un aumento muy notable de las rentas del trabajo que alcanzaron su máximo nivel en la década de los setenta. La participación de los salarios (en términos de compensación por empleado) en la renta nacional alcanzó cifras récord entonces. En los países que serían más tarde la UE-15 (el grupo de países más desarrollados económicamente en la Unión Europea), este porcentaje era el 72,9%. En Alemania, el porcentaje era 70,4%, en Francia 74,3%, en Italia 72,2%, en Gran Bretaña 74,3% y en España 72,4%. Al otro lado del Atlántico Norte, en EEUU, era 69,9% (European Commission, ECFIN, Statistical Annex, Table 32, Autumn 2011).


Esta situación creó una respuesta por parte del mundo del capital que revertió la distribución de las rentas. Las políticas iniciadas por el Presidente Reagan en EEUU y la Sra. Thatcher en Gran Bretaña iban encaminadas a favorecer las rentas del capital, debilitando y diluyendo el Pacto Social. La generalización de estas políticas determinó una redistribución de las rentas a favor del capital, a costa de las rentas del trabajo. Como consecuencia de ello, la participación de estas últimas disminuyó considerablemente de manera que en 2012 era el 65,2% del PIB en Alemania, en Francia el 68,2%, el 64,4% en Italia, el 72,7% en Gran Bretaña y el 58,4% en España, el porcentaje más bajo entre estos países y por debajo de la UE-15, cuyo promedio era 66,5%.


Esta disminución de la participación en el PIB de las rentas del trabajo creó un enorme problema de escasez de demanda privada, origen de la crisis económica. Esta escasez pasó, sin embargo, desapercibida debido a varios hechos, de los cuales uno de ellos fue el impacto económico de la reunificación alemana en 1990 y el enorme crecimiento del gasto público resultado de las políticas de integración de la Alemania Oriental en la Occidental, que se financiaron con un gran crecimiento del déficit público alemán, que pasó de estar en superávit en 1989 (0,1% del PIB) a un déficit de 3,4% del PIB en 1996. Este crecimiento del gasto público tuvo un efecto estimulante de la economía alemana y, por lo tanto, de la economía europea, dentro de la cual la alemana tenía y continúa teniendo un peso central.


El segundo hecho que ocultó el impacto negativo que la disminución de la participación de las rentas del trabajo tenía sobre la demanda privada fue el enorme endeudamiento de las familias y de las empresas que ocurrió en paralelo al descenso de las rentas del trabajo. Este endeudamiento fue facilitado por la creación del euro que tuvo como consecuencia la tendencia a hacer confluir los intereses bancarios de los países de la eurozona con los de Alemania. La sustitución del marco alemán por el euro tuvo como resultado la "alemanización" de los tipos de interés. España fue un claro ejemplo de ello. El precio del dinero nunca había sido tan bajo, facilitando así el enorme endeudamiento privado que tuvo lugar en España. Mientras que el sector público estaba en superávit, el privado tenía un enorme déficit que pasó desapercibido debido a su gran endeudamiento (consecuencia de la disminución de las rentas del trabajo).


Esta situación, aun siendo muy acentuada en España y otros países periféricos de la eurozona, ocurrió en todos los países de la eurozona. El crecimiento anual medio salarial en los países de la eurozona descendió de un 3,5% en el periodo 1991-2000 a un 2,4% en el periodo 2001-2010, en Alemania de un 3,2% a un 1,1% y en España de un 4,9% a un 3,6% (European Commission, ECFIN, Statistical Annex, Table 29, Autumn 2011). El notable crecimiento del endeudamiento está basado, en gran parte, en esta realidad.


Por otra parte, la elevada rentabilidad de las actividades especulativas en comparación con la de las de carácter productivo (afectada, esta última, por la disminución de la demanda) explica el elevado riesgo e inestabilidad financiera, con la aparición de las burbujas, entre ellas, la inmobiliaria. La explosión de estas burbujas sobre todo en EEUU dio origen a la percepción de que la crisis financiera se inició e iba a estar limitada a EEUU, sin apercibirse de que la banca europea, y la alemana en particular, (incluyendo las cajas) estaba entrelazada con la estadounidense de manera tal que la crisis financiera estadounidense afectó inmediatamente al capital financiero europeo y muy especialmente al alemán. La banca alemana (Sachsen LB, IKB Deutsche Industriebank, Hypo Real Estate, Deutsche Bank, Bayern LB, West LB, DZ Bank, entre otros) tuvo que ser rescatada con fondos públicos, incluidos por cierto, fondos procedentes del Banco Central de EEUU, el Federal Reserve Board. Esta banca y cajas alemanas estuvieron también afectadas por el estallido de la burbuja inmobiliaria española, que generó la petición de rescate de la banca española (que incluyó a las cajas) que significó, en realidad, un rescate al capital financiero alemán, que tenía invertido en entidades españolas casi 200.000 millones de euros, que intenta ahora recuperar a partir del rescate a la banca española, rescate que acabará siendo pagado con fondos públicos españoles, tal como señalan los últimos datos.


La redistribución de las rentas a favor del capital y a costa del mundo del trabajo ha creado este enorme problema de escasez de la demanda (causa de la crisis económica) y del gran crecimiento del endeudamiento y de la especulación (causa de la crisis financiera). Tal conflicto capital-trabajo ha jugado un papel clave en el origen y reproducción de las crisis actuales, mostrando que Karl Marx (además de Keynes) llevaba razón.

 

Por Vicenç Navarro, cCatedrático de Políticas Públicas en la Universidad Pompeu Fabra y profesor de Public Policy en la Johns Hopkins University

 

Publicado enInternacional
Página 1 de 2