El Foro Social Mundial sigue respondiendo a sus retos

El Foro Social Mundial (FSM) terminó apenas su reunión ahora bianual, que esta vez se llevó a cabo en Túnez. En gran medida, la prensa dominante mundial la ignoró. Asistieron muchos escépticos que expresaron que se ya se volvió irrelevante, algo que ha ocurrido en cada una de las reuniones desde el segundo Foro Social Mundial en 2002. Estuvo desgarrado por los debates acerca de la estructura misma del FSM. Y le dieron contenido los debates acerca de la correcta estrategia política de la izquierda mundial. Y pese a esto, fue un enorme éxito.

 

Una forma de medir su éxito es recordar lo que ocurrió el último día del previo FSM en Dakar, en 2011. Ese día, Hosni Mubarak fue forzado a abandonar la presidencia de Egipto. Todos en el FSM aplaudieron. Pero muchos dijeron que este mero acto prueba la irrelevancia del WSF. ¿Acaso cualquiera de los revolucionarios en Túnez o Egipto se inspira en el FSM? ¿Han escuchado siquiera del FSM?

 

No obstante, dos años después, el FSM se reunió en Túnez, invitado por los mismos grupos que lanzaron la revolución en ese país, y que parecen haber pensado que celebrar el FSM ahí sería de gran ayuda en la lucha interna para mantener los logros de la revolución contra las fuerzas que, según ellos, buscaban domesticar la revolución para llevar al poder a una nueva gobernanza opresiva, antisecular.

 

El lema de largo plazo del FSM ha sido otro mundo es posible. Los tunecinos insistieron en añadirle uno nuevo, desplegado con igual prominencia en la reunión. El lema era Dignidad, en el gafete de cada quien, en siete idiomas. En muchas formas, este lema adicional enfatiza el elemento esencial que reúne a los organizaciones e individuos presentes en el Foro: la búsqueda de una verdadera igualdad, que respete y realce la dignidad de cada quién en todas partes.

 

Esto no significa que hubo un acuerdo total en el Foro. ¡Lejos de eso! Una forma de analizar las diferencias es verlas como un reflejo que contrasta los énfasis en la esperanza y los énfasis en el miedo. Según sus constitución, el Foro ha sido siempre una arena grande e incluyente de participantes que van de la extrema izquierda a la centro-izquierda. Para algunos ésta ha sido su fuerza, lo que permite una educación mutua de las varias tendencias y de las varias zonas de preocupación primordial, una educación mutua que conduciría a mediano plazo a una acción conjunta para transformar nuestro sistema capitalista existente. Para otros esto parece un camino hacia la cooptación por parte de aquellos que solamente quieren paliar las desigualdades existentes sin hacer ningún cambio fundamental. La esperanza versus el miedo.

 

Otra fuente de discusión constante ha sido el papel de los partidos políticos de izquierda en el proceso de transformación. Para algunos, no pueden hacerse cambios significativos ni a corto ni a mediano plazo sin los partidos de izquierda en el poder. Una vez en el poder, esta gente siente que es esencial mantenerlos en el poder. Otros se resisten a la idea. Sienten que, aun si uno ayudara a tales partidos a llegar al poder, los movimientos sociales deberían mantenerse fuera, como controles críticos de estos partidos, cuya práctica real se quedará corta, casi ciertamente, respecto de sus promesas. De nuevo, la esperanza versus el miedo.

 

Otra fuente de división es la actitud que habría que asumir hacia los países que apenas emergen –los llamados BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica)– y otros. Para algunos, BRICS representa una fuerza contraria importante respecto del Norte clásico, Estados Unidos, Europa occidental y Japón. Para otros, hay la sospecha de que sea un nuevo grupo de potencias imperialistas. Hoy el papel de China en Asia, África y América Latina es particularmente controvertido. La esperanza versus el miedo.

 

El programa real de la izquierda mundial es otra fuente de debate interno. Para algunos, el FSM ha sido bueno en lo negativo –la oposición al imperialismo y el neoliberalismo–, pero tristemente sigue careciendo de alternativas específicas propositivas. Estas personas llaman a desarrollar objetivos programáticos concretos para la izquierda mundial. Pero para otros, el intento de hacer esto sólo serviría, primordialmente, para dividir y debilitar las fuerzas que se han reunido en el FSM. La esperanza versus el miedo.

 

Otro locus de debate constante es lo que se ha llamado la descolonización del FSM. Para algunos, desde el principio, el FSM ha estado demasiado en las manos del mundo paneuropeo, de hombres, personas mayores y otros definidas como procedentes de las poblaciones privilegiadas del mundo. Como organización, el FSM ha buscado extenderse más allá de su base inicial, ampliándose geográficamente, y buscando que sus estructuras reflejen más y más las demandas de la base. Éste ha sido un esfuerzo continuo y mirando uno tras otro los foros sucesivos, el FSM se ha vuelto, en este sentido, más y más incluyente. La presencia en Túnez de toda suerte de nuevas organizaciones –Ocupa, indignados, etcétera– es prueba de ello. Para otros, este objetivo está muy lejos de haberse alcanzado. Al punto de que hay quien duda de que haya la real intención de lograr este objetivo. La esperanza versus el miedo.

 

El FSM se fundó como un espacio de resistencia. Doce años después, se mantiene como el único sitio donde todos los lados de este debate se juntan y continúan la discusión. ¿Hay gente que ya se cansó de estos debates continuados? Sí, por supuesto. Pero siempre parece haber nuevas personas y nuevos grupos que llegan buscando participar y contribuir a la construcción de una izquierda mundial eficaz. El Foro Social Mundial sigue vivo y bien.

Publicado enInternacional
Hacen falta más que palabras para combatir el cambio climático

Por primera vez en sus 120 años de historia, el grupo Sierra Club participó en un acto de desobediencia civil. Lo hizo el mismo día en que el Presidente Barack Obama pronunció su discurso sobre el Estado de la Unión de 2013. El grupo se sumó a otras muchas personas que se manifestaron contra la construcción del oleoducto Keystone XL, que aguarda el permiso del gobierno de Obama. En su discurso, el presidente se comprometió a enfrentar la creciente amenaza de la crisis climática. Pero será necesario algo más que palabras para salvar al planeta de la crisis climática provocada por el ser humano, y un creciente movimiento social heterogéneo le está exigiendo a la Casa Blanca que adopte medidas significativas.


 
El oleoducto Keystone XL es particularmente polémico debido a que permitirá la explotación de las arenas bituminosas de Canadá, que son consideradas la fuente de petróleo más sucia del planeta. Una de las principales voces contra el cambio climático, James Hansen, director del Instituto Goddard para Estudios Espaciales de la NASA, escribió en el New York Times el año pasado acerca de las arenas bituminosas: “Si Canadá continúa con el proyecto y nosotros no hacemos nada, será el fin para el clima”. Una nueva investigación realizada por la organización sin fines de lucro Oil Change International señala que el impacto potencial de las arenas bituminosas será aún peor de lo que se creía. Debido a que el oleoducto planificado atravesaría la frontera entre Estados Unidos y Canadá, la empresa a cargo del proyecto, TransCanada, debe recibir permiso del Departamento de Estado de Estados Unidos.


 
Entre las personas arrestadas frente a la Casa Blanca se encontraba Julian Bond, ex director de la Asociación Nacional para el Progreso de la Gente de Color (NAACP, por sus siglas en inglés -NO LEER). Julian Bond declaró: “Se trata de un asunto importante que afecta a todas las personas que vivimos en este país y a todas las personas del mundo. De hecho, a menos que adoptemos medidas con respecto al medio ambiente y dejemos en claro que queremos tener agua limpia, aire fresco, todo lo que todo el mundo quiere y necesita, cada vez va a ser peor”.


 
Las protestas que tuvieron lugar durante dos semanas frente a la Casa Blanca en el verano de 2011 culminaron con el arresto de 1.252 personas. En noviembre de ese año, otros miles de manifestantes se congregaron para rodear la Casa Blanca y exigir que se rechazara el pedido de autorización para la construcción del oleoducto Keystone XL. Días más tarde, el Presidente Obama anunció que postergaría la decisión hasta 2013, luego de las elecciones. Finalmente otorgó un permiso para la construcción del tramo sur del oleoducto, proyectado de Oklahoma a Texas. Dicha decisión provocó protestas de terratenientes y ambientalistas, que incluyeron una campaña de acción directa no violenta en Texas en la que la gente se encadenó a equipamiento del oleoducto, ocupó tierras y se encadenó a árboles para impedir la construcción.


 
Cuando comenzó el proceso para solicitar el permiso, la entonces Secretaria de Estado, Hillary Clinton, dijo que estaba a favor de aprobar el oleoducto, a pesar de que la revisión obligatoria que debía realizar el Departamento de Estado no había concluido. Tras esas declaraciones, se generó controversia cuando el Washington Post informó que el lobista de TransCanada en Washington D.C., Paul Elliott, había trabajado para la campaña presidencial de Hillary Clinton en 2008. La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, dirigida por Lisa Jackson, una funcionaria nombrada por Obama, había sido crítica acerca del oleoducto. Cuando Jackson renunció inesperadamente a fines de diciembre de 2012, el New York Post informó, sobre la base de información proporcionada por un supuesto “integrante del círculo íntimo de Jackson” que “ella no quería ser directora de la EPA cuando Obama apoye la construcción [del oleoducto]”. Un portavoz de Jackson negó la veracidad de esa declaración.


 
El nuevo Secretario de Estado del gobierno de Obama, John Kerry, habló acerca de Keystone XL después de su primera reunión oficial con un dignatario extranjero, el ministro de Asuntos Exteriores de Canadá, John Baird. Kerry sostuvo: “La secretaria Clinton puso en práctica un proceso muy abierto y transparente que estoy comprometido a continuar. Puedo garantizarle que será justo y transparente, que se rendirán cuentas del mismo y esperamos poder estar en condiciones de realizar un anuncio en el mediano plazo”.


 
En el discurso sobre el Estado de la Unión, Obama le dio esperanzas a quienes están preocupados por el calentamiento global: “Por nuestros hijos y por nuestro futuro debemos hacer más para combatir el cambio climático. [...] Podemos pensar que la tormenta Sandy, que la sequía más severa en décadas y los peores incendios forestales que algunos estados han tenido que soportar son tan solo una coincidencia. O podemos creer en el dictamen indiscutible de la ciencia y adoptar medidas antes de que sea demasiado tarde”.


 
Este domingo, en vísperas del feriado por el Día de los Presidentes, se llevará a cabo la que se espera sea la mayor protesta contra el cambio climático de la historia de Estados Unidos, denominada Forward on Climate. Ciento treinta y cinco organizaciones participarán de la manifestación, entre ellas el Sierra Club, Indigenous Environmental Network y 350.org. Sierra Club es una de las organizaciones ambientalistas más poderosas del mundo. Su decisión de participar en acciones de desobediencia civil implica un gran paso en el movimiento para detener el cambio climático. El director ejecutivo de Sierra Club Michael Brune declaró: “Puede resultar un tanto sorprendente que una organización como Sierra Club, que ha existido durante tanto tiempo y ha participado en tantas luchas importantes, realice un acto de desobediencia civil por primera vez. Pero creemos que este proyecto del oleoducto de arenas bituminosas es un despilfarro. Provocaría tal desastre climático que debemos utilizar todas las herramientas de la democracia para luchar contra esto. [...] Nos damos cuenta de que debemos hacer todo lo posible para asegurarnos de que en lugar de que se inviertan 7.000 millones de dólares en un oleoducto contaminante, ese dinero sea invertido en energía limpia”.


 
El Sierra Club parece evocar las palabras de su primer presidente, John Muir, quien escribió en 1892: “Esperamos poder hacer algo por la naturaleza y alegrar a las montañas”.
 


--------------------------------------------------------------------------------

 

15 de febrero de 2013


 
Amy Goodman

Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.
 

 
Texto en inglés traducido por Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Publicado enInternacional
Doha: ¿el lugar a donde los acuerdos mundiales van a morir?

Doha, Qatar. La 18a Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático se está desarrollando en el emirato de Qatar, en el Golfo Pérsico, un país pequeño pero extremadamente rico y el mayor emisor de gases de efecto invernadero per cápita del mundo. Al ingresar al opulento Centro Nacional de Convenciones de Qatar, los delegados, la prensa, los dignatarios y la legión de trabajadores extranjeros mal remunerados que se encuentran aquí, deben pasar por debajo de una enorme araña. Se trata de una estatua de bronce de 9 metros de altura llamada “Maman”, realizada por la escultora franco-estadounidense Louise Bourgeois. Fue elegida por la esposa del emir y costó alrededor de 10 millones de dólares. El gobierno de Obama ha sido acusado, con razón, de hacer fracasar las negociaciones sobre cambio climático de la ONU en los últimos años, lo que hace de esta araña un símbolo adecuado, según la descripción del famoso poema de 1808 de Sir Walter Scott:


 }
“Qué telarañas tan enredadas tejemos la primera vez que practicamos el engaño”.


 
En la cumbre, conocida como COP 18 (18a Conferencia de las Partes), hablé con el científico experto en clima Bill Hare, uno de los principales autores del nuevo informe del Banco Mundial “Bajemos la temperatura: ¿Por qué es preciso evitar que la temperatura del planeta aumente 4°C?” Mientras los medios estadounidenses están centrando su atención en el denominado “precipicio fiscal”, le pregunté a Hare cómo podría esperarse que el mayor emisor histórico de gases de efecto invernadero del mundo, Estados Unidos, contribuya a un fondo mundial para combatir el cambio climático:


 
“Sin dudas, estamos ante un precipicio climático. Actualmente afrontamos un tsunami de carbono en el cual grandes cantidades de carbono están siendo emitidas a un ritmo más rápido que nunca antes en la historia. Y es ese tsunami de carbono lo que probablemente calentará el planeta, provocará un aumento del nivel del mar y acidificará los océanos. Ha llegado el momento en que debemos cambiar de dirección o afrontaremos riesgos catastróficos en muchas regiones vulnerables. Y por supuesto que los países pobres no son los únicos que están en riesgo. El huracán Sandy demostró, una vez más, que incluso los países ricos tienen regiones extremadamente vulnerables al cambio climático”.


 
Apenas un día después de entrevistar al Dr. Hare, un fuerte tifón azotó Filipinas. Hablé con el principal negociador sobre clima de Filipinas, Naderev Sano, apenas minutos después de que se conociera la noticia del tifón. “Es muy alarmante para nosotros el hecho de saber que un tifón de esta magnitud normalmente no afectaría esa parte del país. De hecho, en medio siglo es la primera vez que un tifón como Bopha llega al extremo sur del país”. Le pregunté a Sano qué esperaba de las negociaciones en Doha:


 
“La principal gran medida que se debe tomar para lograr que las negociaciones en Doha sean exitosas, antes que nada, es acordar el segundo período de compromiso del Protocolo de Kyoto. Este es un proceso con el que estamos realmente comprometidos debido a que es el punto de partida para lograr metas más ambiciosas para todo el mundo”.


 
El Protocolo de Kyoto es el único tratado mundial legalmente vinculante que obliga a los países a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero. A menos que se tomen medidas, perderá vigencia a fines de este mes. Sano explicó: “Si no tenemos éxito en Doha, al inicio de 2013 no tendremos nada. Estaremos frente a un sistema en el que el cambio climático afectará a un mundo que no ha tenido la voluntad política para dar una respuesta a la crisis climática”.


 
Otro participante de la cumbre es Kumi Naidoo, director ejecutivo de Greenpeace International. Lo entrevisté por última vez por teléfono cuando estaba colgado de la plataforma petrolera rusa de Gazprom en el océano Ártico, como parte de una campaña para evitar las perforaciones allí, mientras le lanzaban agua fría para intentar sacarlo. Naidoo escribió antes de venir a la COP 18: “Doha ya tiene mala reputación por el estancamiento de las negociaciones sobre comercio de la OMC. Otro fracaso más hará que Doha sea conocido como el lugar donde los acuerdos mundiales mueren”.


 
En una conferencia de prensa realizada esta semana en Doha, Naidoo lanzó un ataque retórico al gobierno de Obama. Con respecto a la referencia del Presidente Obama al cambio climático en su discurso de victoria del 6 de noviembre pasado, Naidoo dijo: “El hecho de que tengamos a estos dos negociadores, los dos principales negociadores de Estados Unidos aquí, diciéndonos que en realidad nuestro país tuvo una excelente gestión durante los últimos cuatro años de gobierno del Presidente Obama y que mantendremos una causa firme y decidida y, de hecho, continuaremos defendiendo dicha causa durante los cuatro años que quedan de presidencia de Obama es una falta de respeto. Es una falta de respeto de parte del Presidente Obama imponernos a dos negociadores que actúan como si Obama nunca hubiera realizado esos comentarios sobre el cambio climático tras su reelección. Y le decimos firmemente que o llame a sus delegados principales aquí y les dé un mandato diferente para estas negociaciones, o les pida que regresen a Washington, porque solo están ocupando espacio y están entorpeciendo las negociaciones”.


 
Cuando le pedí al negociador de clima de Estados Unidos Jonathan Pershing que respondiera los comentarios de Naidoo acerca de de si estaba obedeciendo a la postura de Obama, me respondió “No realizaré comentarios”. Con respecto a los cuestionamientos de los grupos de la sociedad civil que afirman que Estados Unidos es el principal obstáculo para alcanzar cualquier acuerdo en Doha, Pershing me respondió: “Creo que Estados Unidos participa en forma activa y constructiva en las negociaciones. Somos uno de los principales países que contribuyen al pensamiento intelectual en este proceso, pero esto no significa que estemos de acuerdo con los demás países en todo. Al fin de cuentas esto es una negociación. Intentamos participar de un resultado que conducirá a reducir las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Queremos lograr un resultado que sea aceptable para todas las partes y que sea eficaz en el marco que hemos establecido para avanzar”.


 
Si bien las expectativas con respecto a la COP18 de Doha son mínimas o incluso desalentadoras y la participación en esta cumbre es muy inferior con respecto a las tres últimas cumbres, realizadas en Copenhague, Cancún y Durban, hay un grupo sólido de personas que está preocupado por el futuro del planeta y que está tomando medidas para protegerlo del cambio climático provocado por el hombre. La gran araña en la entrada del Centro de Convenciones también representa a estas personas. La escultura está protegiendo un saco de huevos y, como explicó Louise Bourgeois: “La Araña es una oda a mi madre. …Al igual que una araña, mi madre era una tejedora. Las arañas son muy solidarias y protectoras”.
 

Como demostró la respuesta desde las bases al tifón Bopha en Filipinas o a la gran tormenta Sandy en Estados Unidos, la red de activistas a favor de la justicia climática no está enredada, sino que cada vez se hace más fuerte y nos indica el camino. Ojalá los políticos lo siguieran.


 
--------------------------------------------------------------------------------

Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.
 
 
Texto en inglés traducido por Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Publicado enInternacional
Las grandes fortunas, culpables del calentamiento global

Las grandes fortunas influyen en las negociaciones sobre cambio climático, afirmó hoy la ONG Foro Internacional sobre Globalización (FIG), según la cual en EEUU los principales magnates son responsables del bloqueo de las políticas medioambientales.

 

"La concentración extrema de poder contribuye al bloqueo de las negociaciones sobre cambio climático", declaró en una rueda de prensa el director ejecutivo del FIG, Victor Menotti, al presentar un informe sobre el tema en Doha, donde se celebra la conferencia sobre cambio climático de la ONU.

 

En el estudio Las caras detrás de la crisis global: multimillonarios estadounidenses del carbono y el estancamiento del clima en la ONU, esta ONG señala a los principales multimillonarios estadounidenses como responsables del bloqueo de las medidas sobre el clima en EEUU.

 

El FIG es una alianza de sesenta activistas, intelectuales, economistas, investigadores y escritores que representan a sesenta organizaciones en veinticinco países, cuyo objetivo es llamar la atención sobre el problema de la globalización económica.

 

Menotti subrayó hoy que "EEUU está considerado como el mayor obstáculo para los compromisos multilaterales significativos para reducir los gases de efecto invernadero que causan peligrosas alteraciones climáticas".

 

La influencia de Industrias Koch en EEUU

 

El informe se refiere en particular a los empresarios Charles y David Koch, propietarios del conglomerado industrial Koch Industries, con gran influencia en la política climática del país, que, según FIG, han contribuido a paralizar las negociaciones en las Naciones Unidas.


También explica cómo las contribuciones de campaña de los Koch y sus esfuerzos por detener el cambio de subsidios a los combustibles fósiles han contribuido a frenar cualquier avance serio en la política climática en EEUU.

 

"El resultado es un callejón sin salida frente a la crisis global, ya que EEUU es la nación indispensable para la acción", añadió Menotti.

 

El documento del FIG es una continuación al de 2011, La oligarquía: los multimillonarios que se benefician de la crisis climática actual, hecho público durante la cumbre sobre el clima celebrada el año pasado en Durban (Sudáfrica) y que dio a conocer a las 50 personas más ricas que más invierten en combustibles fósiles.

 

Cambios sustanciales y normas más estrictas

 

"Para conseguir un acuerdo en la ONU son necesarios cambios sustanciales en la dinámica interna de Estados Unidos y limitar la influencia de las fortunas privadas, así como establecer normas más estrictas sobre la contaminación de las centrales", insistió hoy Menotti.

 

El responsable del FIG agregó que la Conferencia del Clima de la ONU en Doha entra en su última semana y los negociadores de Estados Unidos aún no han presentado ningún compromiso ambicioso para reducir las emisiones.

 

Sin embargo, defienden un "nuevo paradigma de las promesas voluntarias que está muy lejos de mantener por debajo del acordado aumento de 2 grados centígrados las temperaturas globales", lamentó.

 

EFEDoha04/12/2012 19:03 Actualizado: 04/12/2012 19:15

Publicado enInternacional
Estudio advierte sobre extinción del café para fines de este siglo


Levantarse por la mañana, y recibir el tan necesario “empujón” de la cafeína en el desayuno puede llegar a convertirse en un lujo, o incluso en una quimera, a finales de este siglo debido al efecto que el cambio climático podría tener en el cultivo de la variedad más común de arbusto productor de café, el cafeto arábigo.


 
Esa es la advertencia que se desprende de un reciente estudio realizado por investigadores británicos y etíopes, para los cuales el 70% de la producción mundial de café podría verse erradicada para el año 2080.


 
El equipo de investigadores se centró en el modo en que el cambio climático podría llegar a transformar los suelos en los que se cultiva esta planta, de modo que se volvieran improductivos, ya que este arbusto es muy vulnerable a los cambios de temperatura, así como a otros peligros como las plagas y las enfermedades.


 
Según el mejor escenario predicho por este estudio, la reducción de tierras adecuadas para el cultivo del café arábica podría ser del 38% en el año 2080. Las peores predicciones se elevan hasta el 90 e incluso hasta el 100%.
 


Las conclusiones son demoledoras: “existe un alto riesgo de extinción”. Obviamente la economía de muchos países productores, como Etiopía, Colombia y Brasil podría verse enormemente afectada si la predicción es correcta.


 
La mayor parte del café que consumimos es de la variedad arábica, muy apreciado por su diversidad genética y por crecer muy bien entre los 18 y 21ºC de temperatura. Eleva un poquito la temperatura sobre este intervalo y la planta madurará demasiado deprisa (lo cual afecta al sabor) o crecerá demasiado despacio.


 
Y lo peor es que los científicos creen que sus predicciones son incluso optimistas, porque no han tenido en cuenta peligros como la deforestación que sufren las áreas donde se cultiva, que es lo que está pasando en los bosques elevados de Etiopía y del sur de Sudán.


 
Por eso mismo, los botánicos urgen a tomar medidas desde ya para proteger esos lugares “clave”.

 

20 Noviembre 2012


 
(Con información de Cuaderno de Ciencias)

Publicado enInternacional
Sábado, 10 Noviembre 2012 06:46

¿Un shock del pueblo?

¿Un shock del pueblo?

Menos de tres días después de que Sandy tocó tierra en la costa este de Estados Unidos, Iain Murria, del Competitive Enterprise Institute (Instituto de Competitividad Empresarial), dijo que la miseria que los neoyorquinos estaban a punto de sufrir era por culpa de su oposición a los grandes almacenes comerciales. En Forbes.com explicó que el hecho de que la ciudad rehúsa acoger a Walmart probablemente hará que la recuperación sea más difícil: “Las tienditas simplemente no pueden hacer lo que los grandes almacenes sí pueden en estas circunstancias”, escribió. También advirtió que si el ritmo de la reconstrucción resultaba ser lento (como a menudo sucede), entonces “las reglas en favor de los sindicatos, como la ley Davis-Bacon”, tendrían la culpa. Se refiere al estatuto que exige que a los trabajadores en proyectos de obras públicas se les pague no el salario mínimo, sino el que impera en la región.

 

Ese mismo día, Frank Rapoport, abogado que representa a varios contratistas de bienes raíces y de la construcción que manejan miles de millones de dólares, rápidamente sugirió que muchos de esos proyectos de obras públicas no deberían ser públicos. En vez, los gobiernos, cortos de dinero, deberían voltear hacia las “sociedades pública-privadas”, conocidas como “P3”. Esto implica puentes y túneles reconstruidos por compañías privadas, que podrían, por ejemplo, instalar casetas de cobro y quedarse con las ganancias. Estos acuerdos no son legales en Nueva York o Nueva Jersey, pero Rapoport cree que eso puede cambiar. “Las estructuras de algunos de los puentes en Nueva Jersey que fueron destruidos necesitan ser remplazadas, y va a ser muy costoso”, dijo a The Nation. “Así que el gobierno podría no tener el dinero necesario para construirlos de manera correcta. Y ahí es cuando recurres a un P3”.

 

El premio al sinvergüenza capitalismo de los desastres seguramente se lo lleva el economista de derecha Russell S. Sobel, quien escribió en un foro en línea de The New York Times. Sobel sugiere que en áreas muy golpeadas la FEMA (Agencia Federal para el Manejo de Emergencias) debería crear “zonas de libre comercio –en las cuales todas las regulaciones normales, licencias e impuestos (sean) suspendidas”. Al parecer, este alboroto empresarial “proveería mejor los bienes y servicios que las víctimas necesitan”.

 

Sí, claro: esta catástrofe muy probablemente creada por el cambio climático –crisis nacida del colosal fracaso regulatorio para prevenir que las empresas traten el medio ambiente como una cloaca abierta– es simplemente una nueva oportunidad de mayor desregulación. Y el hecho de que esta tormenta ha demostrado que la gente pobre y de la clase trabajadora es mucho más vulnerable a la crisis climática demuestra que esto es claramente el momento para despojar a esa gente de las pocas protecciones laborales que aún tiene, así como de privatizar los escasos servicios públicos a los que aún tienen acceso. Sobre todo, al enfrentar una extraordinariamente costosa crisis nacida del egoísmo empresarial, dar vacaciones fiscales a las empresas.

 

La oleada de intentos de usar el poder destructivo de Sandy para hacerse de dinero es sólo el más reciente capítulo de la muy larga historia que he llamado la “doctrina del shock”. Y es un pequeñísimo vistazo a las maneras en que las grandes empresas buscan cosechar enormes ganancias a partir del caos climático.

 

Un ejemplo: entre 2008 y 2010 fueron presentadas o expedidas al menos 261 patentes relacionadas con cultivos “listos para el clima” –semillas supuestamente capaces de soportar condiciones extremas, como sequías e inundaciones; de estas patentes, cerca de 80 por ciento estaba controlada por sólo seis gigantes de los agronegocios, incluyendo a Monsanto y Syngenta. Con la historia como nuestra maestra, sabemos que los pequeños agricultores se endeudarán intentando comprar estas nuevas semillas milagrosas y que muchos perderán su tierra.

 

En noviembre de 2010, The Economist publicó un texto, el de portada, acerca del cambio climático, que sirve como un útil (aunque desgarrador) anteproyecto de cómo el cambio climático podría servir como el pretexto para el último gran arrebato de tierra, un último despeje colonial de los bosques, las granjas y los litorales, a manos de un puñado de multinacionales. Los editores explican que las sequías y los cultivos sometidos a calores extremos son tal amenaza para los agricultores, que sólo los grandes jugadores pueden sobrevivir el desbarajuste y que “puede ser que muchos agricultores abandonen la granja como forma de adaptarse”. Tenían el mismo mensaje para los pescadores que ocupaban valiosas tierras frente al mar: ¿no sería mucho más seguro, tomando en cuenta los cada vez más elevados mares y todo lo demás, si se unieran con sus compañeros agricultores en los barrios bajos urbanos? “Es más fácil proteger de las inundaciones a un puerto que a una población similarmente distribuida a lo largo de una costa de pueblos pesqueros.”

 

Pero, se podría preguntar, ¿no hay un problema de desempleo en la mayoría de estas ciudades? Nada que un poco de “reforma a los mercados laborales” y libre comercio no puedan remediar. Además, las ciudades, explican, tienen “estrategias sociales, formales o informales”. Estoy bastante segura de que esto quiere decir que la gente cuyas “estrategias sociales” antes implicaban sembrar y atrapar sus propios alimentos, ahora pueden aferrarse a la vida vendiendo plumas rotas en los cruces o quizá traficando drogas. Aún no se menciona cuál debería ser la estrategia social informal cuando los vientos de una súper tormenta aúllen a través de aquellos precarios barrios bajos.
Durante mucho tiempo los ambientalistas consideraron que el cambio climático era un gran igualador, el asunto que afectaba a todos, ricos o pobres. No pensaron en la miríada de maneras en las que los súper ricos se protegerían de los efectos menos aceptables del modelo económico que los hizo tan ricos. En los pasados seis años hemos visto el surgimiento de bomberos privados, contratados por compañías de seguros para ofrecer un servicio de “conserjería” a sus clientes más ricos; además del Helpjet, que duró poco, una aerolínea chárter en Florida que ofrecía servicios de evacuación de cinco estrellas, de las zonas de huracanes. Ahora, después de Sandy, hay exclusivos agentes de bienes raíces que predicen que los generadores de energía serán el nuevo símbolo de estatus, con el juego del penthouse y la mansión. Al parecer algunos imaginan el cambio climático no tanto como un peligro claro y presente, sino más como una especie de vacaciones de spa; nada que la correcta combinación de servicios hechos a la medida y accesorios con buena curaduría no puedan vencer. Al menos esa fue la impresión que dejó la venta pre Sandy de Barney’s en Nueva York: ofrecía descuentos en el té verde sencha, juegos de backgammon y mantas de 500 dólares para que sus clientes de lujo pudieran “instalarse con estilo”.

 

Así que sabemos cómo los doctores del shock se están preparando para explotar la crisis climática, y, por el pasado, sabemos cómo termina esa historia. Pero aquí está la verdadera pregunta: ¿podría esta crisis ofrecer una oportunidad diferente, una que disperse el poder a las manos de muchos en vez de consolidarlo en las de pocos; una que expanda radicalmente lo colectivo en vez de subastarlo en pedazos? En pocas palabras, ¿podría Sandy ser el inicio de un shock del pueblo?

 

Creo que sí. Como bosquejé el año pasado (www.thenation.com/article/164497/capitalism-vs-climate?page=0,0#), podemos hacer cambios que posibiliten bajar nuestras emisiones al nivel que la ciencia demanda. Éstos incluyen trasladar nuestras economías (así que vamos a necesitar a esos granjeros donde están); expandir enormemente y reimaginar la esfera pública para no sólo detener la siguiente tormenta, sino también prevenir peores trastornos en el futuro; regular a morir las empresas y reducir su venenoso poder político, y reinventar la economía para que ya no defina el éxito como una expansión sinfín del consumo.

 

De la misma manera en que los movimientos que nacieron a raíz de la Gran Depresión y de la Segunda Guerra Mundial hicieron suyos el orgulloso legado de las redes de bienestar social en el mundo industrializado, así, el cambio climático puede ser una ocasión histórica para engendrar a la siguiente gran ola de cambio progresista. Además, ninguna de las artimañas antidemocráticas que describí en La doctina del shock son necesarias para hacer avanzar esta agenda. Lejos de aprovechar la crisis climática para hacer que se aprueben políticas no populares, nuestra tarea es aprovecharla para demandar una agenda verdaderamente populista.

 

La reconstrucción tras Sandy es un gran lugar para comenzar a probar estas ideas. A diferencia de los capitalistas del desastre, que usan la crisis para evadir la democracia, una recuperación del pueblo (como muchos del movimiento Ocupa ya demandan) implicaría nuevos procesos democráticos, incluyendo asambleas barriales, para decidir cómo deberían ser reconstruidas las comunidades fuertemente golpeadas. El principio primordial debe ser el de tratar al mismo tiempo las crisis gemelas de la desigualdad y el cambio climático. Para empezar, eso quiere decir una reconstrucción que no sólo cree empleos, sino trabajos con sueldo digno. Implica no sólo más transporte público, sino vivienda económica, energéticamente eficiente, al lado de esas vías de transporte. También no sólo más energía renovable, sino control comunitario democrático de esos proyectos.

 

Pero al mismo tiempo que se redoblan las alternativas, necesitamos incrementar la lucha contra las fuerzas que activamente hacen que la crisis climática empeore. Eso implica mantenernos firmes contra la expansión continua del sector de las energías fósiles hacia territorios nuevos y de alto riesgo, ya sea en arenas bituminosas, con fractura hidráulica, exportaciones de carbón a China o taladrando en el Ártico. También implica reconocer los límites de la presión política e ir directamente tras las empresas de energías fósiles, como hacemos en 350.org con nuestro tour “Haz las cuentas”. Estas compañías han mostrado que están dispuestas a quemar cinco veces más carbón de lo que los cálculos conservadores dicen que es compatible con un planeta habitable. Nosotros hicimos las cuentas, y simplemente no podemos dejarlos hacerlas.

 

Esta crisis, o se vuelve una oportunidad para un salto evolucionario, un reajuste holístico de nuestra relación con el mundo natural, o se convertirá en una oportunidad para el mayor alboroto del capitalismo del desastre en la historia de la humanidad, dejando al mundo aún más brutalmente separado entre ganadores y perdedores.

 

Cuando escribí La doctina del shock documentaba crímenes del pasado. La buena noticia es que éste es un crimen que está ocurriendo; aún está dentro de nuestro poder frenarlo. Asegurémonos de que esta vez los chicos buenos ganen.

 


Naomi Klein, autora de No logo y La doctrina del shock.

 

Traducción: Tania Molina Ramírez.

Copyright Naomi Klein 2012.

Publicado en The Nation (thenation.com).

Publicado enInternacional
Martes, 06 Noviembre 2012 06:33

Sandy refuta el negacionismo

Sandy refuta el negacionismo

En un país como Estados Unidos, donde cunde el escepticismo sobre si de verdad se está calentando el clima, las fuerzas de la naturaleza han vuelto a poner en la agenda un asunto que estaba siendo ignorado en el debate público y en particular en la carrera por la presidencia. Romney llegó a burlarse de Obama por su intención de tomar medidas para detener el cambio climático; sin embargo, la realidad es que tampoco la actual Administración adquirió compromisos en la cumbre del clima de Copenhague, en la que debía pactarse un acuerdo para limitar emisiones de CO2 que sustituya al de Kioto. La crisis económica aparcó completamente el debate del cambio climático. Hasta que el huracán Sandy vino a recordar a todos que, mientras tanto, el clima se sigue calentando. Y que, según numerosos científicos, ello influye en la gravedad de los fenómenos meteorológicos.


 
“La influencia del clima es un tema sobre el que se lleva hablando demasiado tiempo, pero si estamos aprendiendo algo con este huracán es que el cambio climático es una realidad. Y la realidad es que somos vulnerables a él”, aseguró en rueda de prensa el gobernador del Estado de Nueva York, Andrew Cuomo, horas después de la llegada de Sandy. Es el mismo mensaje que llevan repitiendo no pocos científicos en las últimas décadas. “Solo hay que observar lo ocurrido el año pasado en Estados Unidos: la sequía, las olas de calor y el gran número de incendios forestales. El cambio climático está asomando la cabeza”, explica por correo electrónico el científico Kevin Trenberth, del Centro Nacional de Investigación Atmosférica en Nueva Zelanda.


 
La actividad de huracanes ha sido muy alta en la costa Atlántica del país desde 1994, hasta alcanzar su máximo en 2005, con el huracán Katrina. “Más o menos se da uno fuerte cada cinco años”, afirma en conversación telefónica Katharine Hayhoe, profesora asociada en el Departamento de Ciencia Política y directora del Centro de Impacto del Clima en la Universidad Tech en Tejas.


 
La tormenta ha dejado a su paso más de 150 muertos en el Caribe y en 12 Estados de la costa este de Estados Unidos. Algunos se enfrentaron durante más de 48 horas a ráfagas de viento de más de 145 kilómetros por hora y lluvias que llegaron a anegar literalmente, entre otras, la ciudad de Atlantic City. “Nuestro clima está cambiando. Y si bien el aumento de fenómenos meteorológicos como los que hemos vivido en la costa Este y Nueva York pueden ser o no el resultado del mismo, el riesgo de que haya una posibilidad de que sea el causante debería ser suficiente para obligar a los líderes mundiales a actuar de inmediato”, explicó el alcalde de esa ciudad, Michael Bloomberg, en una rueda de prensa tras cuatro días del desastre.

 


El cambio climático estaba ausente del debate político durante la larga campaña para las presidenciales. En la Convención Republicana de Tampa, en septiembre, el candidato republicano Mitt Romney declaró: “El presidente Obama prometió parar las mareas de los océanos y a sanar el planeta. Mi promesa es ayudarle a ustedes y a sus familias”. A lo que el presidente contestó: “El cambio climático no es una broma, cada vez hay más sequía y más incendios. Y es una amenaza para el futuro de nuestros hijos, y si eligen bien estas elecciones, haremos algo al respecto”. Los republicanos no se lo pusieron fácil alineándose con las industrias contra los límites a las emisiones.

 

Y entonces llegó Sandy. Lo sucedido en la ciudad de los rascacielos es “un suceso raro”, pero “hay que admitir que las probabilidades de que esto vuelva a ocurrir están aumentando”, afirma Trenberth. “Está claro, el cambio climático no es la causa directa de Sandy pero sí se ha visto influenciada por este fenómeno”, añade el experto. “No creemos que el número de huracanes vaya a crecer en los próximos años, pero creemos que la energía de los mismos, sí”, continúa Hayhoe. “Un dato que la gente debe recordar es que el 60% de las capitales mundiales se asientan cerca del océano, por lo que, si sigue aumentando el nivel del mar, vendrán otras tormentas como Sandy”.


 
Sandy comenzó como un huracán normal que se alimentó de las aguas cálidas superficiales del Océano Atlántico. En el momento en que la tormenta tocó tierra, se había convertido ya en ciclón extratropical con alguna característica de tormenta tropical, y con una gran cantidad de tormentas activas pero sin ojo. A este fenómeno se le unió una precipitación de invierno procedente de Colorado que convirtió a Sandy en un híbrido que llegó además a mezclarse con contrastes de temperatura que se producen en latitudes medias. “El resultado fue que la tormenta dobló su tamaño, llevó la misma fuerza que un huracán y cubrió una gran parte de la costa Este cuando tocó tierra”, explica Trenberth.


 
A ello se unieron la marea alta, una fase lunar favorable y una presión atmosférica demasiado baja que conllevó un récord de oleaje de hasta casi cuatro metros en el sur de Manhattan y en las zonas costeras del tercio norte de EE UU, según explican los expertos. “Esta perfecta combinación dio, además, lugar a la erosión de las playas, inundaciones masivas y ráfagas de vientos muy fuertes que han causado miles de millones en daños”, enfatiza este científico. Además de las más de cien vidas arrebatadas, más de ocho millones de personas en esta región sufrieron cortes de luz y más de un millón de hogares y negocios fueron devastados.


 
La consultora experta en catástrofes Eqecat estimó el pasado jueves que la tormenta costará más de 20.000 millones de dólares (15.500 millones de euros) a las aseguradoras y más de 50.000 millones (39.000 millones de euros) al Gobierno de EE UU. “Esto dobla las previsiones, y se puede asegurar que va a ser mucho más costoso que el paso de Irene, en 2011”, aseguró un portavoz de la compañía a la cadena Fox. El más costoso de la historia de EE UU fue el Katrina, en 2005, que costó más de 180.000 millones de dólares (140.000 millones de euros) y la vida de 1.200 personas.

 


“La temperatura de la superficie marina, antes de llegar la tormenta, era 2,8 grados centígrados superior a la media de los últimos 30 años, aunque se considera normal para esta época del año en la franja de 800 kilómetros de costa que se alarga entre los Estados de Carolina del Sur y Canadá. Y es muy probable que un 20% de este calentamiento se haya producido por el cambio climático”, explica Trenberth. Normalmente, con cada aumento de temperatura de un grado Fahrenheit (0,60 grados centígrados), la atmósfera suele retener un 4% más de humedad, según calculan los expertos.

 

Todas estas condiciones hicieron que “Sandy cogiera más humedad, lo que la convirtió en una gran tormenta que aumentó las condiciones de lluvia entre el 5% y el 10% en comparación con las condiciones de hace más de 50 o 60 años”, añade Hayhoe. El calentamiento también es el causante del aumento del nivel del mar a un ritmo de medio metro cada siglo, en parte por la fusión del hielo de los glaciares y el Ártico.


 
Sandy ha seguido los pasos de Isaac, que llegó en agosto de este año, y de Irene, en agosto del año pasado, ambos acompañados de inundaciones que evidenciaban el incremento de la humedad en la atmósfera asociada al calentamiento del mar. “Mientras siga aumentando el efecto invernadero, seguirá existiendo el calentamiento de los océanos y los niveles altos del mar están garantizados. Estamos pagando el precio de no tomar medidas, y la reconstrucción de lo destruido no es suficiente”, continúa la experta.


 
Algunos Estados ya han empezado a prepararse. En California se han elaborado planes con una proyección de décadas, tras sufrir inundaciones de carreteras y del aeropuerto de San Francisco; una terrible sequía en el parque nacional de Yosemite y en su región agrícola, y la pérdida de gran parte de su zona costera debido a la erosión del Pacífico. “Sin embargo, los Estados no pueden elaborar los planes solos, el Gobierno federal tiene que estar comprometido”, continúa la científica de Tejas. “Esta tormenta nos ha enseñado que somos vulnerables ante los efectos del impacto climático. Mi trabajo es prevenirlos en distintas ciudades de Estados Unidos. Acabo de terminar proyectos para Chicago y Cambridge. En la Costa Este, nuestro primer objetivo es contener las fuertes y abundantes precipitaciones. Una medida viable es amurallar ciudades como Nueva York”, continúa Hayhoe. “Debemos actuar ahora, aunque no se vean los resultados hasta dentro de 20 o 30 años. Hay que planear un plan de acción, todavía hay tiempo”, concluye Hayhoe. Un mensaje que podría empezar a calar entre los ciudadanos: según un sondeo de Gallup del mes de marzo, un 52% cree que los efectos del cambio climático ya se están notando.


Por Carolina García 6 NOV 2012 - 00:00 CET

Publicado enInternacional
Martes, 07 Agosto 2012 07:02

El dilema de las izquierdas

El dilema de las izquierdas
Discutir sobre la izquierda, quiénes son y qué organizaciones la encarnan, se ha convertido en tema recurrente, sobre todo desde la caída del muro de Berlín. Muchos hemos buscado una explicación a la atomización y diáspora militante, pero la discusión provoca desazón e intelectualmente perplejidad. Hoy no faltan adjetivos para identificar un cúmulo de izquierdas. Viejas denominaciones y nuevas adscripciones. Izquierda verde, ecologista, feminista, anticapitalista, gay, cultural, progresista, comunista, demócrata-radical, socialista, socialdemócrata, popular, autogestionaria, reformista o revolucionaria. Incluso hay quienes han planteado la emergencia de una izquierda responsable”. En este mar coexisten marxistas, leninistas, estalinistas, maoístas, gramscianos, libertarios, autogestionarios, trotskistas y últimamente, en alusión al filósofo italiano Negri, “negristas”, por citar algunos. Y en América latina las propias del contexto histórico. Guevarista, castrista, allendista, peronista, mariateguista, martianos y sandinistas. Y ahora, después de este ejercicio de catálogo, cabría preguntarse: ¿cuánto y qué separa a tantas izquierdas? ¿estrategia, táctica, métodos, principios? Seguro que hay diferencias y en algunos casos irreconciliables, pero este es el punto de inflexión que obliga a plantearse la refundación del espacio político de lucha anticapitalista. La convivencia en esta gran “familia” no ha sido fácil ni puede serlo. Diríamos que se caracteriza por su genética tortuosa y en ocasiones traumática. Las razias, los asesinatos o gulags dejan una huella difícil de borrar, introduciendo otro hándicap a la hora de definir una diferencia ética entre el accionar de la derecha y el de la izquierda.
 

Por si alguien piensa que la derecha tiene las manos limpias, la verdad es lo contrario. En sus filas se han cometido innumerables crímenes, todos execrables. Pero, salvo casos excepcionales, dichos actos de ignominia fueron cometidos contra sus enemigos naturales, es decir, las clases sociales dominadas y explotadas y los militantes de izquierdas, hayan sido éstos, indistintamente, comunistas, socialistas o socialdemócratas. La caza de brujas en Estados Unidos y la lucha anticomunista, en tiempos de la guerra fría, han causado millones de muertos en los cinco continentes. Sirva el caso de Indonesia, en plena euforia nacionalista. Derrocado Sukarno e instaurado en el poder el general Suharto, en menos de un año fueron asesinados, según las cifras, entre medio millón y 2 millones de simpatizantes y militantes de izquierdas. La isla de Bali perdió 8 por ciento de su población, equivalente a 100 mil personas. Qué decir de las dictaduras en América Latina, Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay, etcétera.
 

Sin embargo, la izquierda ha fagocitado a sus miembros, disparándose en el pie. Tres ejemplos. España durante la guerra civil, el asesinato de Andreu Nin, dirigente del PAUM, a manos del Partido Comunista. La Unión Soviética de Stalin, el asesinato de León Trotski en México, por citar uno, amén de los millones de muertos anónimos, y en América Latina, el ajusticiamiento del poeta salvadoreño Roque Dalton, perpetrado por su organización. Ellos fueron acusados de agentes del imperialismo y sus cabezas cobraron precio. Quienes cumplieron la “misión” lo hicieron en nombre de “la revolución”. Y no les tembló la mano. Ramón Mercader le atizó con un piolé a Trotski y Roque Dalton recibió un tiro en la nuca de su compañero y “amigo” Joaquín Villalobos, más tarde comandante del FMLN, hoy asesor de la derecha estadunidense. Pero los caídos en desgracia y considerados contrarrevolucionarios llenarían tomos y tomos. Y si vemos la historia reciente, baste señalar Camboya. Para los disidentes esta manera de actuar de las “izquierdas” demuestra la perversión del comunismo. Y para la derecha política y social constata la superioridad del liberalismo frente al totalitarismo marxista.


Lo anterior supone, para cualquier militante de izquierda de hoy, un lastre. En ocasiones es una verdadera losa para proponer una alternativa socialista y anticapitalista. Hay que estar continuamente reinventándose. Nuevos lenguajes, nuevas formas de actuar y, desde luego, de pensar. Cada vez que uno se proclama socialista o comunista, llueven los improperios y las descalificaciones. Se nos tilda de anticuados, obsoletos, fracasados, antisistema y, si la cosa se pone fea, el calificativo de “terrorista” siempre es un comodín. Constituyen restos execrables y prescindibles adscritos a la “historia negra del comunismo mundial”. Mejor que se disuelvan, se hagan el harakiri y se transformen en acólitos de la globalización trasnacional. Eso sí, antes deben hacer un gesto público de abdicación y entonar el mea culpa. Tal como ocurría en los tiempos oscuros de la inquisición, el hereje, antes de morir achicharrado en la hoguera, debía confesar su pecado. No salvaría la vida, pero a los ojos de la Iglesia y Dios, limpiaba su alma. Incluso un arrepentimiento a tiempo transformaba al inquisidor en un benevolente juez, capaz de sustituir la hoguera por una muerte veloz, el garrote vil o la horca. Pero cabía otra opción, dejarse caer en las manos de la verdad revelada. La inquisición los transformaba en espías, delatores. Algunos fueron premiados por la celeridad en sus actos. Torquemada, por ejemplo. En la arena política los conversos son muchos. En América Latina no faltan casos, Jorge Castañeda sin ir más lejos. Divulgadores de la nueva fe se dejaron la dignidad por el camino y la ética la arrojaron al retrete. La derecha se ha nutrido de semejantes especímenes para convertirlos en profetas del neoliberalismo.
 

Tal vez llegó la hora de refundar la izquierda. Sumar y no restar. Pero este proceso supone gran altura de miras. No se trata de crear un partido único o reconstruir una vanguardia excluyente. La marcha del capitalismo lleva al colapso planetario. No es ciencia ficción. En todos los ámbitos de la vida, política, social, económica, cultural, ecológica, alimentaria y, desde luego, ética, el capitalismo opta por una deriva irreversible. Los órdenes complejos han perdido la capacidad de reproducir su organización con resultado de muerte a mediano plazo. Hoy día, rehacer los espacios medioambientales deteriorados y contaminados no es viable. Sin una izquierda fuerte, posicionada y con capacidad de respuesta, el neoliberalismo terminará con un triunfo pírrico. Un planeta donde la vida no tendría posibilidades de prosperar. Esta es la responsabilidad de la izquierda, evitar la catástrofe. Impedir la muerte de millones de seres humanos y especies, aunque sólo sea por espíritu de sobrevivencia. Son horas vitales. El tiempo apremia. Hay que separar el polvo de la paja. Limpiar la izquierda de aquello que nunca formó parte de su tradición teórica, política y ética. No caer en falsos debates cuyo propósito paraliza el advenimiento de una fuerza capaz de enfrentar al neoliberalismo, con posibilidades reales de éxito.

Publicado enInternacional
Miércoles, 04 Enero 2012 07:14

Desventuras del cambio climático

Desventuras del cambio climático

El calentamiento global es el gran cuco de nuestra época (y la idea apocalíptica de turno). Pero su realidad (y sus temibles consecuencias) están casi a la vuelta de la esquina. Un problema, en fin, que no se puede dejar pasar y por el que hay que calentarse.

 

–Bueno, usted es profesor emérito de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, doctor en Ciencias de la Atmósfera, investigador superior del Conicet, miembro del Comité Ejecutivo del Panel Intergubernamental de Cambio Climático. Hablemos del cambio climático.

–De acuerdo. ¿Por dónde empezamos?
 

–Por donde usted quiera.

–A nivel global, la comunidad científica internacional, por amplia mayoría, ha llegado a un consenso: estamos en presencia de un cambio del clima. Hay aumento de la temperatura planetaria, retroceso generalizado de los glaciares, desaparición progresiva del hielo en el Artico. Todas estas cosas demuestran que estamos en presencia de un calentamiento global. El segundo punto, más problemático, es el de la atribución de ese cambio. Por un lado, hay quienes piensan que podría ser una variación climatológica de las tantas que hemos tenido en el pasado. Ahí, entonces, habría que descartar otros posibles efectos. Los únicos posibles efectos en una escala de 200 años, donde tenemos que descartar por ejemplo los efectos astronómicos generados por la variación de la órbita de la Tierra alrededor del Sol...
 

–¿La variación de la órbita no pesa?

–Sí, pero es muy lenta. Tenemos que descartar también otras causas geológicas: la deriva de los continentes, los movimientos tectónicos. Lo que queda, entonces, es la radiación solar, que ha estado aumentando en los últimos 150-200 años, los gases de efecto invernadero...
 

–¿Por qué aumentó la radiación solar?

–Bueno, en escala, la radiación solar ha estado aumentando desde que la Tierra es Tierra, y aumentó en el orden de un 15/20 por ciento. Ahora, cuando vamos a 200 años, tenemos el orden de variación de eso es de 1 en 10 mil. El Sol ha estado variando en los últimos 200 años en ese orden. Otro efecto en esa escala es el de los volcanes, que cuando emiten de manera muy intensa llegan a la estratosfera. Las partículas emitidas pueden enfriar la atmósfera durante dos o tres años. Pero después eso se borra. Además, nosotros desde hace mucho tiempo a esta parte tuvimos pocas erupciones de ese tipo. De 1910 a 1940, período en que la Tierra se calentó, no tuvimos ninguno. Y en los últimos tiempos tuvimos tres o cuatro. El último factor es la variabilidad interna de la atmósfera. El clima puede llegar a tener variaciones sin que varíe ninguno de los factores externos. Esa es una propiedad que tienen tanto la atmósfera como el océano, y el clima está condicionado por estos sistemas (o es parte de estos sistemas). Lo que cabe, entonces, es ver si los modelos que representan aproximadamente bien el clima global presentan fluctuaciones similares a las observadas, y eso tampoco se ve. Por último, con los modelos se han hecho experimentos en los que se ve que si se trata de reproducir el ciclo de temperaturas de los últimos cien años, la reproducción de la tendencia positiva del clima fue buena hasta 1960, sin contar los gases de efecto invernadero. O sea: hubo un primer período de calentamiento, hasta 1940, luego un período de estabilización hasta la década del ’60. Eso los modelos lo dan bien con la radiación solar y la presencia de volcanes. Pero luego se abre la curva y ya no se puede explicar el calentamiento que sucedió a partir de la década del ’60.
 

–¿De cuántos grados estamos hablando?

–Siete décimas de grado a nivel planetario. Si uno considera que el océano se calentó menos que la tierra, que las latitudes altas se calentaron más... bueno, estamos hablando de un calentamiento de hasta dos grados en determinadas zonas. Ahora bien: si esos modelos incorporan las emisiones de gases de efecto invernadero y de aerosoles humanos, resulta que la reproducción del clima es adecuada.
 

–Bueno, pero es un modelo...

–No le estoy hablando solamente de un modelo: hay hechos más de 20, y todos dan más o menos los mismos resultados. Si no hemos visto antes el calentamiento global es porque hay dos efectos contrapuestos de la acción antrópica: uno es la emisión de gases de efecto invernadero, que ha ido aumentando en forma exponencial, que tiende al calentamiento; y la otra es la emisión de aerosoles humanos, que dura muy poco (10 días), pero que es continua y que tiende al enfriamiento. Si bien al principio se compensaban, como uno tiene una tendencia lineal y el otro exponencial, termina por primar el exponencial. Es más: se trata de reducir las emisiones de aerosoles, formados a partir del dióxido de azufre (que es tóxico). Si se lograra hacer, la Tierra se calentaría violentamente en un grado en muy poco tiempo. De modo que el fenómeno del cambio climático, causado por los gases de efecto invernadero, está presente. Lo que es dominante en esa emisión de gases es la quema de combustibles.Y el 85 por ciento de la energía que usa la humanidad viene de los hidrocarburos. Esto, entonces, no es una cosa que se resuelve tanfácil.
 

–Hay una inercia del sistema económico, pero también puede haber falta de voluntad.

–Depende de los países. Estamos en un período de varias crisis. Tenemos la del agua, la del petróleo, etcétera. Lo que pasa con el petróleo es que cada vez aumenta la demanda, y no puede ser satisfecha por la oferta. El origen de esa demanda viene dado por dos cosas: por un lado, por el crecimiento de la población; por el otro, porque se está transformando el modelo productivo del mundo. Hasta hace 20 o 30 años, los países ricos eran cada vez más ricos y los pobres, cada vez más pobres.
 

–¿Y eso se invirtió?

–Si lo tomamos globalmente, lo que vemos hoy es que los países pobres crecen a una tasa mucho más alta que los países desarrollados. Las crisis que golpean más a los países desarrollados que a los no desarrollados demuestran esto. Lo importante es que no es lo mismo que crezca una economía desarrollada a que crezca una economía en desarrollo. La desarrollada, si crece, lo hace en el sector de servicios normalmente (computación, educación, salud), pero un país en desarrollo tiene que tener más peso en los sectores básicos. Eso genera una mayor presión sobre los recursos naturales. Esto no quiere decir que yo esté en contra de este crecimiento, que quede claro. Simplemente es una fotografía de lo que pasa. Con el cambio climático se esperaba que los países en desarrollo, que son unas tres cuartas partes de la humanidad, igualaran la emisión de los países desarrollados en 2025 o en 2030. Y lo que se vio es que los países en desarrollo hoy ya emiten igual que los países desarrollados. El 25 por ciento de la humanidad emite un 50 por ciento y el otro 75 emite otro 50 por ciento. Evidentemente, si bien es cierto que está muy desfasado, ya no se puede resolver el problema diciendo que tienen que encargarse los desarrollados.
 

–¿Y entonces?

–Esa es la negociación que está en curso, en la que se acepta que los países en desarrollo tienen que asumir compromisos, aunque no de la misma fuerza que los otros. Una de las reuniones de la corte de Copenhague llegó a un acuerdo para reducir las emisiones hacia el año 2050 a la mitad, para no superar un calentamiento neto de dos grados sobre el período preindustrial. Porque se supone que con dos grados de aumento habría efectos graves, entre otros que la biosfera dejaría de ser un sumidero. Hoy lo que emitimos va mayoritariamente a la atmósfera, y lo demás se divide entre océano y biosfera. Con dos grados de aumento se complica la cosa: se supone que la biosfera dejaría de ser un sumidero y se convertiría en una fuente de emisión. Ese, entre otros muchos efectos contrarios. Los países, entonces, se fijaron metas voluntarias para reducir sus emisiones, pero ahora se está tratando de que esas metas resulten legalmente vinculantes. Lo que pasa es que lo legalmente vinculante es muy difuso, porque el protocolo de Kioto lo es y, sin embargo, al no haber castigo para el que lo cumpla, resulta ser exactamente lo mismo.
 

–¿Y los países en vías de desarrollo?

–Bueno, es interesante señalar que muchos se están comprometiendo de verdad, como por ejemplo Brasil, India, México. Pero también hay que señalar que nuestro país en eso está muy atrasado. A ver: la Argentina en temas de cambio climático ha tenido una muy buena gestión en la Convención; por ejemplo, en los problemas de bosques, nuestro país ha propiciado que se destinen fondos a la no deforestación, inició el proceso de pensar en la adaptación al cambio climático, fue pionera en hacer circular el concepto de la deuda ambiental. Luego, en la reunión de Cancún, la Argentina llevó otra buena idea: la de la “transformación justa”. Es inevitable que el petróleo va a tener que ser suplementado. Los países desarrollados han propuesto para 2050 una meta de reducción del 50 por ciento, pero comprometiéndose a reducir ellos el 80 por ciento. ¿Qué está detrás de esto? Hay una transformación necesaria, porque tenemos la crisis del petróleo y la del clima. Hay dos caminos: uno son las energías alternativas, que es a lo que apuesta Europa claramente; el otro tiene que ver con el aprovechamiento del carbón, y es usado por China y Estados Unidos.
 

–Usted me pintó un panorama muy completo y complejísimo. Lo que yo quiero preguntarle es qué es lo que piensa que va a pasar.

–Es complicado, porque hacer escenarios sobre la conducta humana es muy complicado. Yo creo que inevitablemente el tema de cambio climático va a ir ganando fuerza a medida que vayan pasando las cosas. Si uno mira los últimos dos o tres años, por ejemplo, la cantidad de inundaciones que hubo en el planeta es infernal y se cuentan los afectados por cientos de millones de personas. En el muy corto plazo, no creo que haya solución. Pero para mí es muy claro que en el mediano plazo, en los próximos diez años, la humanidad va a terminar por inclinar la balanza en contra de los hidrocarburos.

Publicado enInternacional
Miércoles, 07 Diciembre 2011 16:56

Clamores apagados