Miércoles, 09 Enero 2019 06:46

Hechiceros en el sector bancario

Hechiceros en el sector bancario

En el año 180 de la era presente, el retórico Luciano de Samósata escribió un relato que cautivó a sus seguidores. Su historia cuenta cómo Éucrates pudo apropiarse en secreto de la fórmula mágica que utilizaba un afamado mago egipcio. El conjuro le permitía dar vida a objetos inanimados y ponerlos a su servicio.
Con la fórmula mágica hizo que una escoba fuera a recoger agua, pero concluida esa tarea la escoba siguió trayendo más agua. Al no poder detenerla, Éucrates, desesperado, la partió con un hacha, sólo para descubrir que las dos mitades cobraban vida y continuaban su trabajo hasta que la casa del mago se inundó. Sólo el regreso del hechicero irritado permitió detener la marcha inexorable de las escobas.


La potencia de la moraleja llamó la atención de Goethe, quien en 1798 la desarrolló en su poema Die Zauberlehrling, el aprendiz de brujo. El mensaje es de cautela: no se deben desatar fuerzas que no pueden ser controladas. La historia revela que el mensaje ha sido raramente escuchado. Un ejemplo lo encontramos en el mundo financiero.
El dogma neoliberal afirma la necesidad de eliminar regulaciones y liberar el potencial innovador en el sector financiero para generar innovaciones, mejores productos y mejor servicio. Hace unas cuatro décadas comenzó a ser aplicada esa fórmula, y hoy los resultados están a la vista.


La desregulación en el sector financiero de la economía mundial ha guiado a gobiernos y organismos internacionales desde hace más de cuatro décadas. Las instituciones que impulsaron esta corriente van desde el Fondo Monetario Internacional hasta el Banco de Pagos Internacionales (BPI) en Basilea, Suiza. Desde la academia, los economistas neoliberales también transmitieron el mensaje de que la desregulación mejoraría la eficiencia y promovería el crecimiento.


Para alcanzar el objetivo de estabilidad del sistema bancario se fomentó una cultura de desregulación que promoviera la innovación. Y como las escobas de Éucrates, las innovaciones no tardaron en multiplicarse. Ingeniería financiera, técnicas de bursatilización, derivados y otros productos exóticos proliferaron para que, en teoría, los riesgos fueran cada vez más manejables, mientras se hacía cada vez más frágil la estructura del sistema bancario.
La política sobre estabilidad del sistema bancario descansa en los acuerdos del Comité de Supervisión Bancaria de Basilea (CSBB) del BPI. En 1988 entró en vigor el primero de esos acuerdos, llamado Basilea I, con requisitos de capitalización para garantizar que los bancos privados pudieran absorber pérdidas sin comprometer el sistema bancario. Ese acuerdo introdujo la evaluación del capital con el método de activos ponderados por riesgo, con el fin de contar con una medida más rigurosa de la fortaleza o debilidad de un banco. La regla establecida fue que el capital mínimo de un banco debe ser de 8 por ciento del total de los activos ponderados por riesgo, y en los años que siguieron ese porcentaje aumentó hasta 12 por ciento en los bancos de los países de la OCDE. Pero ese incremento se debió más a la eliminación de muchos activos riesgosos de las hojas de balance de los bancos a través de operaciones de titulización: disminuyó el capital necesario para cumplir con el requisito de Basilea I, pero los riesgos no se redujeron. La innovación financiera vino al rescate de los bancos y les permitió seguir apostando en el casino de alto riesgo.


Basilea II buscó corregir algunos defectos de Basilea I. El nuevo acuerdo estaba comenzando a ser implementado, cuando estalló la crisis de 2007-2008. La ironía es que Basilea II reafirma la autonomía de los bancos en la evaluación de sus riesgos y reafirma la confianza en el uso de fórmulas de autorregulación basadas en un enfoque microprudencial. Hoy, Basilea III busca disciplinar la autoregulación e incorpora nuevos requisitos sobre apalancamiento. Pero este último acuerdo sigue afirmando el principio fundamental de permitir los métodos basados en modelos internos (de los bancos) para la evaluación de riesgos.


La desregulación del sector permitió la gestación de innovaciones, como la ingeniería sobre la titularización de todo tipo de instrumentos y la creación de derivados exóticos para explotar nuevos mercados en búsqueda de mayor rentabilidad. Estas innovaciones en el sector bancario-financiero hacían creer que el riesgo era más manejable, pero debilitaron las condiciones de estabilidad sistémica. Cada banco desarrolló su modelo interno para reducir sus requerimientos de capital, al tiempo que mostraban que se estaba reduciendo el riesgo: la microeficiencia desembocó en un macroproblema.


En una transición histórica, el crecimiento desorbitado del sector financiero y bancario a escala mundial ha transformado estructuras capitalistas en plataformas para la especulación. Creyendo promover la eficiencia, la desregulación fomentó la inestabilidad. Algún día el hechicero regresará a casa para disciplinar a los aprendices con una megacrisis que pondrá fin a la pesadilla de la desregulación financiera.


Twitter: @anadaloficial

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El manifiesto comunista, a 170 años de su publicación

Vigente y necesario, referente de una ideología que buscaba romper las cadenas que ataban a la clase trabajadora y la explotaban. El documento “de literatura política más influyente desde la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudadano”, en palabras del historiador británico Eric Hobsbawm.

“Un fantasma recorre Europa: es el fantasma del comunismo”

El texto, como se plantea en sus primeras frases, es un manifiesto para oponerse a la leyenda de ese fantasma, para reivindicar el papel del proletariado. Veintitrés páginas que fueron impresas, en febrero de 1848, en la sede de la Worker´s Educational Association (Kommunistischer Arbeiterbildungsverein) de la calle Liverpool en Londres. La Liga de los Comunistas (Bund der Kommunisten), sucesora de la Liga de los Justos (Bund der Gerechsten) y ésta de la Liga de los Proscritos (Bund der Geächteten), se ofreció a publicar un documento elaborado por los filósofos alemanes Karl Marx y Friedrich Engels y adoptarlo como su documento político.

“La historia de todas las sociedades existentes hasta el presente (la historia transmitida por escrito) es la historia de luchas de clases”

Inicialmente su influencia fue escasa, solamente impactó en la Alemania de la revolución de 1848 por medio del Neue Rheinische Zeitung, periódico de vida efímera editado por Marx. Entre 1848 y 1849 se reimprimió tres veces, se reescribió y corrigió en mayo de 1848 en treinta páginas y se publicó por entregas en el periódico inglés impreso en alemán Deutsche Londoner Zeitung (1845-1851). A pesar de ello, el fracaso de las revoluciones en Europa hizo que El Manifiesto no fuera muy tenido en cuenta.

En su exilio británico, Marx hizo reimprimir la sección III (Literatura socialista y comunista) en el último número, noviembre 1850, de la revista que editaba en Londres Neue Rheinische Zeitung, politisch-ökonomische revue. Pero no fue hasta su notoria labor en la llamada Primera Internacional (1864-1872), a su defensa de la Comuna de París de 1871 y al juicio por traición de tres líderes socialdemócratas alemanes en 1872, que él y El Manifiesto volvieron a tener la relevancia que merecían.
“La sociedad burguesa moderna surgida del ocaso de la sociedad feudal no ha abolido los antagonismos de clase”

Engels y Marx escribieron un prefacio para esa edición de 1872 que se convirtió en la base de todas las ediciones publicadas desde entonces. A partir de ahí, y más tras la Revolución de Octubre de 1917 en Rusia, El Manifiesto fue traducido a más de treinta idiomas, incluidos el chino y el japonés, con numerosas ediciones en toda Europa y en Estados Unidos. En español apareció por primera vez en noviembre de 1872 en el semanario La Emancipación de Madrid, sin el pasaje sobre “El socialismo alemán o verdadero” al suponer su editor que era demasiado local. Diez años después se editó en El Obrero de Barcelona. En América Latina tuvo su primera edición en México en 1888 en El Socialista. Todos esos datos, bien detallados, los recoge Bert Andréas en su Le Manifeste Communiste de Marx et Engels. Histoire et bibliographie, 1848-1918.
“El obrero se convierte en indigente y la indigencia se desarrolla aún con mayor celeridad que la población y la riqueza”

En la segunda mitad del siglo XX, El Manifiesto no era solamente un texto marxista clásico, sino que alcanzó el estatus de texto político indispensable en los estudios de ciencias políticas y sociología. El propio Hobsbawm dice que “ya no fue publicado exclusivamente por comunistas u otros editores marxistas, sino en grandes ediciones de editoriales no políticas con introducciones de académicos destacados”.


“El lugar de la antigua sociedad burguesa, con sus clases y contradicciones de clases, será ocupado por una asociación en la cual el libre desarrollo de cada cual será la condición para el libre desarrollo de todos”


En la recta final de la segunda década del siglo XXI, El Manifiesto sigue siendo una obra de referencia para el pensamiento y la teoría política. Un panfleto, como lo nombra Hobsbawm, que engancha y arrastra por su “convicción apasionada, la brevedad sintética, la fuerza intelectual y estilística”. Un manual de lectura para la clase trabajadora de la que me considero parte (contra el clasismo que discrimina a esa clase trabajadora, tal como lo denuncia V. Navarro).


“Las ideas dominantes de una época siempre fueron sólo las ideas de la clase dominante”


En el mundo de hoy podemos reconocer mucho de aquél que Marx describiera en 1848 en unos “pasajes de elocuencia sombría y lacónica (…) en frases lapidarias que casi se transforman de forma natural en aforismos memorables que han llegado a ser conocidos mucho más allá del mundo del debate político” (Hobsbawm). No está de más hacer una relectura de El Manifiesto y tomar algunas notas para lo que queda del siglo XXI.


“Las clases dominantes pueden temblar ante una revolución comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen un mundo que ganar.”
“¡Proletarios de todos los países, uníos!”

 

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La idea socialista ante la cuarta revolución industrial. Ensayos sobre las izquierdas en América Latina y el Caribe

En el último año he participado en varias reuniones “privadas” y públicas, organizadas por revolucionarios(as) comprometidos(as) con la lucha de clases en distintos lugares de América Latina y el Caribe. Encuentros a los cuales me han invitado para que explique mi visión respecto al impacto de las innovaciones científicas y tecnologías en el performance y orientación estratégica de las luchas por la emancipación y la liberación. Me he sentido honrado por ello, pero siempre les he aclarado a los compañeros y compañeras que tengo muchas más preguntas que respuestas al respecto. 

Eso sí una enorme preocupación se expresa transversalmente en mis escritos e intervenciones, referida a la presencia en las rutinas que definen la acción política de las izquierdas, de una importante dosis de dogmatismo e inmovilismo epistémico cuando les corresponde valorar lo contingente, lo no previsto.


El capitalismo está obligado a revisar de manera permanente sus dinámicas para mantener su hegemonía y para ello no tienen prejuicios ni reparos en romper sus premisas y explorar nuevos caminos. Cada vez que desde el campo popular y revolucionario se le asesta un golpe a la lógica del capital, éste muta y explora nuevas formas, rutas y dinámicas.


Marx era consciente de ello y por ello trabajó la contradicción como un mecanismo dialéctico de aprendizaje continuo y permanente en la izquierda revolucionaria. Sin embargo, una visión mecánica respecto a la aproximación y mediación con la realidad, expresada en una mirada repetitiva de los ciclos históricos ha anidado en una parte importante de las izquierdas, conspirando en contra de su capacidad real para convertirse en dinamizadoras de la transformación en el siglo XXI. Ciertamente las izquierdas vivimos en el presente, una crisis de interpretación epocal.


La mayoría de los “clásicos” del marxismo fueron escritos en el contexto de la primera y segunda revolución industrial. La tercera revolución industrial y su impacto en el mundo capitalista por lo general ha sido trabajada de manera fragmentada, parcial y muchas veces inconexa con la dicotomía capital-trabajo y respecto a la ideología por parte de importantes sectores de las izquierdas. En muchos casos ello se debe a la preocupación que genera dejar a un lado interpretaciones y formulaciones teóricas que fueron efectivas en el pasado, pero que en el presente se constituyen en narrativas históricas importantes, pero de eficacia política limitada.


La teoría precedente construida al fragor de las dos primeras revoluciones industriales, resulta útil y potente solo si entre líneas somos capaces de develar el método interpretativo que llevó a su formulación en un momento dado, pero es limitada si queremos usarla como patrón para una acción en un nuevo tiempo histórico que no acepta calco ni copia. Esto resulta especialmente dramático, cuando se trata de definir táctica política en medio de la revolución científica tecnológica que precede a la puesta en marcha de la cuarta revolución industrial.

 

Tercera Revolución industrial

 

La tercera revolución industrial se inicia en la década de los sesenta y tiene varios ciclos. El primero de ellos se nos presentó con la llegada de las computadoras que tenían más tamaño que capacidad de procesamiento, pero que implicaron todo un mundo de posibilidades para la producción industrial, la educación, el consumo, la gobernabilidad, la resemantización de la ideología y las transformaciones de las relaciones sociales.
Luego vendrían los ciclos de los computadores de escritorio (´70s), las computadoras portátiles (´80s), internet con la World Wide Web (WWW) en los 90s, las redes sociales (primera década del siglo XXI) y la realidad virtual (segunda década del siglo XXI). Todos ellos ciclos de la tercera revolución industrial.

Paralelamente a ello, el desarrollo de la informática profunda (macrodatos), la micro robótica, el conocimiento de la estructura genética humana, conectividad con lógica fractal y la digitalización de formas de inteligencia no biológica, abrían paso a una nueva revolución industrial. Esto ocurría en un tiempo histórico tan breve, que buena parte de las izquierdas apenas estaban comenzando a problematizar las implicaciones de la tercera revolución industrial en el devenir de las políticas alternativas, cuando se nos anuncia un nuevo periodo de vínculo del conocimiento científico y la innovación tecnológica con el modo de producción capitalista.

 

La nueva política 2.0

 

En la reciente campaña electoral brasileña vimos que mientras la izquierda en el poder, se concentraba más en denunciar los fake news y el uso masivo de las redes sociales por parte de la extrema derecha y sus equipos, Bolsonaro pasaba personalmente un número importante de horas usándolas como un mecanismo para que sus mensajes llegaran a segmentos importantes de la población.


En medio de la campaña electoral 2018 la extrema derecha brasileña no teorizó sobre el impacto de la quinta generación de la tercera revolución industrial en la política, sino que trabajó en las nuevas dinámicas que ello implicaba.


Recuerdo que estando en Sao Paulo a una semana de las elecciones, pude constatar que eran múltiples las declaraciones reactivas de voceros del PT en todos los medios contra las perversiones de la política digital, en contraste con lo que hacía Jair Bolsonaro quien pasaba por lo menos una hora diaria en YouTube propagando sus mensajes acompañado de sonrientes jóvenes, además de contar con una estudiada y elaborada estrategia de intervención en twitter, Facebook, WhatsApp, Instagram, telegram, entre otras redes sociales.


A mi juicio, esto tiene mucho que ver con la precaria comprensión en las izquierdas sobre el impacto de las innovaciones científico tecnológicas que hemos conocido en el siglo XXI, en la cotidianidad de la acción política contestataria.


En contraposición, está lo ocurrido con la campaña de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), exitosa en el uso del mundo digital y virtual en la ruta a su triunfo. Este hecho, desde mi punto de vista, es más atribuible a la estrategia de un selecto grupo de asesores que a una definición teórico práctica de las izquierdas.


Muchas veces desde los pensamientos contestatarios se alude a limitaciones financieras para poder trabajar en este plano. Lo cierto es que no se trata de un tema de restricciones económicas, sino de la comprensión del fenómeno. De hecho, en la carrera por la silla presidencial mexicana en 2018, Anaya invirtió el 24% de su presupuesto de campaña en los medios digitales en contraposición a un 32% de lo usado por Meade y solo un 4% de AMLO. La diferencia fue que mientras los dos primeros lo vieron como la extensión de la publicidad en el mundo digital, el tercero entendió que se trataba de nuevos espacios de diálogo e interacción política con los ciudadanos.


Sin embargo, si colocamos el debate en términos de campañas electorales exitosas o fracasadas, estaríamos desestimando el impacto del nuevo ciclo de la revolución industrial en la epistemología y accionar de lo político y, en la precaria reflexión de las izquierdas al respecto.
El problema es más estructural y tiene que ver con una especie de parálisis cognitiva que genera el requerimiento de construir nuevos referentes y producciones teóricas socialistas para actuar en la realidad, con narrativas y construcciones organizativas de nuevo cuño.
Podemos desestimar los procesos que construyen la ruta a la cuarta revolución industrial, pero ello solo puede tener expresiones alternativas y de justicia social si construimos teoría revolucionaria para actuar en esas realidades.

 

Cuarta Revolución Industrial


En 2011 en Hanover, Alemania se anuncian los preparativos para el desembarco de una nueva revolución industrial. La cuarta revolución industrial es el proceso de diseño y puesta en marcha de una reestructuración sin precedentes del modo de producción capitalista, usando nanotecnología, conectividad 5G, informática biológica basada en el conocimiento del genoma humano, capacidad de uso de la Big Data para el análisis masivo de datos de comportamiento del consumo de millones de usuarios.


Las posibilidades de extraer valor cuali-cuantitativo de la información contenida en estos macrodatos es inmensa y sin precedentes. Imaginemos la potencialidad, no solo empresarial sino en los distintos campos de la lucha social, de desagregar la data contenida en este nuevo desarrollo de la informática, donde se cruzan movimientos del mercado, con tendencias de consumo de masas y migraciones de capitales.


Esto puede ser usado por los gestores del capitalismo del siglo XXI no solo para hacer predicciones teóricas y de producción de mercancías, sino también entre otras muchas posibilidades, para la toma de decisiones en tiempo real sin intervención humana, sobre la producción y para construir un modo de gobernabilidad virtual. Nos estamos refiriendo al uso de inteligencia artificial basada en la valoración de los comportamientos humanos como patrones y singularidades, como continuos y rupturas. Pero ¿y como pueden usar las izquierdas estas innovaciones para abrirle paso expedito a nuevas conquistas sociales? Ese es el punto que me preocupa.


Las fábricas 4.0 emergen como el paradigma de este modelo capitalista en construcción que para el Sr. Klaus Schwab, uno de los principales fundadores del Foro de Davos, implicaría que solo su desembarco dejaría a siete millones de trabajadores y obreros fabriles en condición de desempleados, en los quince países más industrializados del planeta. Ello ya de por sí debería estar generando no solo debates políticos en las izquierdas y la necesaria articulación de resistencias al respecto, sino también nuevas formulaciones teórico prácticas para continuar construyendo el socialismo en los nuevos contextos. Pero esto está ocurriendo de forma marginal en las izquierdas.


No contamos con datos que nos permitan transpolar las predicciones que se hacen al respecto, para el mundo del trabajo de América Latina y el Caribe. Si bien no tenemos elementos para saber qué pasará con el empleo en nuestramérica, lo que sí es un hecho es qué en el camino que allana la llegada de la cuarta revolución industrial en la región, se ha generado una reestructuración del flujo de capitales y en la mirada empresarial global que está convirtiendo a este territorio, en el “áfrica del siglo XXI”.


Así como el siglo XX fue testigo de inversiones capitalistas importantes en ALC para el montaje de fábricas de ensamblaje de piezas y algunas industrias de procesamientos de materias primas, mientras África era visto como la meca de las materias primas baratas y sin muchas trabas legales para su exportación, en el siglo XXI los papeles pareciera que se están invirtiendo en esa relación.


El énfasis de la inversión capitalista para América Latina y el Caribe es ahora en materia de extractivismo y ha sido tan brutal en estas dos décadas, que su impacto es solo comparable y contrastable con el debilitamiento de la capacidad industrial instalada en este territorio. Si en el tiempo se continúa con esta tendencia, no es atrevido señalar que lo que estaría ocurriendo es que el capital está valorando a la región como lo hiciera en el siglo precedente con el continente de Mandela.

 

Cuarta revolución industrial e izquierdas


La cuarta revolución industrial, implicaría una restructuración del modo de producción capitalista que colocaría a la clase obrera fabril en un segundo plano, pulverizando buena parte de la narrativa que hemos sostenido en los últimos siglos. El impacto de las innovaciones científico tecnológicas en el modo de producción capitalista, se nos presenta amenazante, con intenciones de diluir o por lo menos disminuir el papel del considerado sujeto histórico de las revoluciones.


Este proceso se podrá observar con mayor nitidez precisamente en los países industrializados. Esto no significa el apocalipsis del pensamiento socialista, sino que este proceso nos obligará a repensar las expresiones y manifestaciones de la lucha de clases en el siglo XXI, tal y como en su momento las abordó Marx, a quien le correspondió analizar el impacto del desembarco de la primera y segunda revolución industrial en el capitalismo de ese momento.


Una reflexión sobre cuarta revolución industrial y socialismo no tendría sentido incluirla en el marco de un conjunto de ensayos sobre la izquierda en América Latina y el Caribe en el siglo XXI, a no ser por el precario estado de los debates que al respecto vienen dando las izquierdas en la región.


El cambio estructural en curso en nuestras sociedades capitalistas a finales de la década de los veinte del siglo XXI, demanda una nueva generación de teoría revolucionaria como en su momento la formularon Lenin, Trotsky, Rosa Luxemburgo, Clara Zetkin, Plejanov, James Cannon, Ludovico Silva, Ernest Mandel o Daniel Bensaid, para solo citar un pequeño puñado de socialistas revolucionarios. Insisto en el hecho que o bien la generación de rebeldes del presente asume la tarea o estaremos condenados a la marginalidad que le es propia a los grupos de propaganda o a la soledad que es inmanente a los arqueólogos de la idea socialista.

 

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Los marxistas en su laberinto del siglo XXI

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Martes, 04 Diciembre 2018 06:03

Karl Marx, técnico de la diferencia

Karl Marx, técnico de la diferencia

Identificar un sujeto antagónico del actual tecno-capitalismo requiere ir más allá de la simple ideología de clase, y profundizar en el modo de funcionamiento de las fuerzas productivas materiales que la economía transustancia en el mero cálculo de valores de cambio.

Lejos de haber quedado obsoleta, la obra de Marx nos sigue ofreciendo claves útiles para comprender las fuerzas hegemónicas que actúan en nuestro mundo y desarticular los principales discursos idealistas que las encubren y tergiversan. En nuestra sociedad, uno de esos discursos es el economicismo entendido como aquella teoría que establece la primacía de las relaciones de producción concebidas según el valor de cambio sobre las fuerzas productivas materiales. Para poder escapar a la mistificación economicista debemos distinguir netamente entre la tecnología como palanca de la fuerza de trabajo material, y la economía como aparato de captura contable –esto es, formalista e idealista- del plusvalor producido por dicha fuerza. Esto nos permitirá redefinir en próximas entradas del blog algunos de los rasgos que deberían estar presentes en un sujeto político efectivamente antagónico respecto al tecnocapitalismo que nos invade.


RELACIONES Y FUERZAS PRODUCTIVAS


En el Prólogo a su obra de 1859, Contribución a la Crítica de la Economía Política, Marx establece una distinción fundamental entre “relaciones de producción” y “fuerzas productivas materiales”. Concretamente, afirma que “en la producción social de su existencia, los hombres establecen determinadas relaciones, necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a un determinado estadio evolutivo de sus fuerzas productivas materiales. La totalidad de esas relaciones de producción constituye la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la cual se alza un edificio jurídico y político, y a la cual corresponden determinadas formas de conciencia social”. Uno de los errores cometidos por el marxismo economicista de la Segunda y la Tercera Internacional radicó en no prestar suficiente atención a la distinción establecida por Marx, unificando en un único ámbito las fuerzas productivas materiales (Fuerza de trabajo + estado de la Técnica) y las relaciones de producción (Sistema económico + organización social del trabajo) en tanto que estructura que (sobre)determinaría la ideología jurídico-política.


El punto clave de la tergiversación economicista radica en el lugar en el que se ubique la tecnología. En los tres volúmenes de El Capital, Marx ubica la tecnología como parte del capital constante, mientras que la fuerza de trabajo aportada por el trabajador es la única ubicada dentro del capital variable. Esta distinción llevó a la idea de que existía una oposición neta entre tecnología y fuerza de trabajo. Debido a la disciplina corporal que conllevaba, la primera fue considerada una herramienta de opresión del capital, mientras que la segunda fue identificada como la única susceptible de producir plusvalor. Esta última consideración fue reforzada por la descontextualización de algunas frases de Marx en las que se afirmaba que “la maquinaria, como todo lo que forma parte del capital constante, no crea valor” sino que simplemente “se limita a transferir el valor que ella encierra al producto que contribuye a fabricar”.


Lo importante aquí es leer esta afirmación en clave únicamente económica –como valor de cambio-, y no ontológica (como valor de uso). Desde un punto de vista económico la máquina no aporta más valor de cambio al producto producido que el calculado en el desgaste que experimentan los materiales con los que está construida cada vez que produce un determinado producto. En este sentido, el valor de cambio aportado por la maquinaria coincide con la mera amortización del valor de cambio pagado por su propietario en el momento en que la compró.


Si Marx diferencia entre capital constante -es decir, valor de cambio constante- y capital variable -esto es, valor de cambio variable- ello se debe a que como el propio término indica, dichas formas de capital implican diferentes tiempos de maniobra y cómputo contable por parte del capitalista. La distinción es utilizada por Marx porque todo su inmenso análisis del Capital ha sido concebido desde un punto de vista dinámico estrechamente ligado con el concepto de “ciclo”. Más concretamente, con el número de ciclos productivos posibles por unidad de tiempo (normalmente, un año). La diferencia entre maquinaria como capital constante y fuerza de trabajo como capital variable es pertinente únicamente de cara a realizar una Crítica de la Economía Política burguesa. En modo alguno para hacer una Filosofía de la Técnica o una propuesta de Política comunista.


PLUSVALOR Y DIFERENCIA(L)


Desde el punto de vista ontológico del valor de uso, Marx concibe la creación de valor como la capacidad de “convertir en trabajo la fuerza de trabajo”, entendiendo esta última en términos de “energías”, “capacidades” o “potencialidades” tanto físicas como mentales, es decir, tanto mecánicas como creativas y comunicativas. A este respecto, la mejor manera de ver el impacto de la tecnología sobre la producción de valor es a través de los conceptos marxistas de plusvalía absoluta y plusvalía relativa. Según Marx, “la producción de plusvalía absoluta se consigue prolongando la jornada de trabajo más allá del punto en que el obrero se limita a producir un equivalente del valor de su fuerza de trabajo”. En cambio, la producción de plusvalía relativa es aquella en la que manteniendo constante la fuerza de trabajo aportada por el obrero –en términos temporales, permaneciendo constante la jornada de trabajo- “se consigue producir en menos tiempo el equivalente del salario”, ampliando así la parte de la jornada destinada a la producción de plusvalor. Esto último es posible únicamente por dos medios: Mejorando la tecnología, o mejorando la cooperación social del trabajo. “La producción de plusvalía relativa revoluciona desde los cimientos hasta el remate los procesos técnicos del trabajo y las agrupaciones sociales”. Tecnología y co-operación son las dos grandes palancas con las que incrementar exponencialmente la productividad de la fuerza de trabajo de los individuos, y precisamente por ello, las únicas capaces de crear aquello que Marx utilizó para medir tanto la creación de plusvalor como el grado de explotación del trabajador: Tiempo.


Lo importante de cara a una posterior identificación del sujeto político antagónico de las sociedades tecnocapitalistas es no perder de vista la primacía, completamente materialista, del valor de uso sobre el valor de cambio: De la técnica y la co-operación social frente a una economía concebida como simple formalismo idealista a partir del cual contabilizar el plusvalor producido. A este respecto, un marxista materialista no es aquel que afirma que la economía sobredetermina la producción, sino precisamente todo lo contrario. En “Karl Marx, cazador de fantasmas” mostramos cómo la creencia supuestamente sociosimbólica en el valor del dinero únicamente se produce cuando es posible cambiarlo por algo que tiene un valor de uso. Ahora intentamos mostrar cuáles son las principales fuerzas materiales que determinan la capacidad de producción de valores de uso en un momento dado: La fuerza de trabajo, la tecnología y la cooperación social. Pero no el dinero.


En nuestra sociedad, el inmenso desarrollo acaecido en la automatización del trabajo mecánico debido a la aplicación de la electrónica digital y las telecomunicaciones está promoviendo que el tiempo de trabajo dedicado por el obrero para producir el valor de uso con el que reponer su propia fuerza de trabajo tienda a cero. Ello ha conllevado un movimiento masivo de la fuerza de trabajo humana desde sectores en los que su aplicación era utilizada prioritariamente para la transformación directa de la materia hacia aquellos en los que comienza a ser ante todo inmaterial, esto es, técnico-creativa. Dentro de este último ámbito, tanto el valor de cambio ¡¡como el valor de uso!! socialmente relevantes ya no es el producido por una única persona mediante el empleo de la fuerza mecánica de su cuerpo. El trabajo realizado por un hombre con una pala, por muy digno que pueda ser considerado, es socialmente irrelevante comparado con el realizado por un equipo de ingenieros con explosivos y retroexcavadoras. En sociedades de I+D+i con altos índices de automatización que permitan realizar trabajos mecánicos sin consumir la energía ni el tiempo de un obrero, la fuerza de trabajo humana susceptible de producir un valor socialmente relevante es únicamente aquella capaz de provocar una diferencia (una innovación), por aparentemente pequeña que sea, en alguna de las dos grandes palancas del plusvalor: la técnica o la cooperación creativa.


Para ilustrar lo que queremos decir con el término diferencia usaremos una triple analogía hidráulica, eléctrica y termodinámica. En el primer caso, la corriente (energía como “fuerza de trabajo”) únicamente fluye cuando hay una diferencia de presión. En el segundo, cuando la hay de potencial. Y en el tercero, cuando la hay de temperatura. Si no hubiera diferencial, todo estaría “en equilibrio”, no existirían procesos irreversibles y ningún agenciamiento se produciría. En terminología marxista, un mundo en equilibrio ontológico sería un mundo sin producción de plusvalor. El plusvalor es la diferencia que mueve el mundo, y establecer agenciamientos es producir diferencias.


Por supuesto, existen agenciamientos puramente técnicos como los realizados durante las tres primeras revoluciones industriales, y agenciamientos puramente sociales como el modelo-fábrica tan alabado por Lenin y/o la multitud propia del proletariado inmaterial descrita por Negri, pero también agenciamientos técnico-sociales como los que Deleuze denominó agenciamientos “hombre-máquina”, posibles únicamente a partir del desarrollo de las “tecnologías del silicio”. En la actualidad, es sobre estos últimos sobre los que pende la posibilidad de generar una diferencia política efectiva mediante la conformación de un sujeto revolucionario capaz de utilizar a su favor las fuerzas productivas materiales que sobredeterminan nuestras sociedades.

Por Enrique Cano  / Jorge León Casero
Profesores de Ingeniería Mecánica y de Filosofía. Universidad de Zaragoza.

publicado
2018-12-04 10:00:00

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“No se trata de sobrevivir en el sistema capitalista, sino de minar sus bases”

Amigo personal de Lula, el veterano fraile dominico brasileño y teólogo de la liberación es sin embargo crítico con algunas de las políticas aplicadas por los gobiernos del PT, de los que se distanció hace más de una década.


—¿Cómo explica el triunfo de Jair Bolsonaro?


—El PT realizó las conquistas más importantes de la historia reciente de Brasil, sobre todo en el área social, pero el último mandato de Dilma Rousseff no fue muy positivo, más bien lo contrario. Llevó a cabo políticas de corte neoliberal, aliándose con sectores de derecha, que alejaron al PT de lo que habían sido sus principios históricos. A eso hay que sumarle la desestabilización política conducida desde dentro del propio gobierno, por el vicepresidente Michel Temer, y desde fuera. Eso fue creando las condiciones para lo que siguió después.


Al mismo tiempo, el PT, en sus 13 años de gobierno, dejó en el tintero muchos temas. Uno de ellos fue la alfabetización política del pueblo, otro la democratización de los medios de comunicación. Y tuvo la “mala suerte” de que varios de sus líderes estuvieran envueltos en redes de corrupción.


—¿Mala suerte? ¿Esos casos de corrupción no fueron consecuencia de aceptar unas reglas del juego que se suponía se iban a combatir?


—Fue un error pensar que para asegurar la gobernabilidad había que hacer alianzas con determinados partidos. Pienso que lo más importante para asegurar esa gobernabilidad era favorecer la movilización de los movimientos sociales, que fueron la base histórica del PT, surgido precisamente como un “partido de los trabajadores”, de los más pobres.


Otro factor que jugó mucho en la llegada al poder de Bolsonaro fue la manipulación de los medios de comunicación. En eso hubo una incidencia de gente como el estadounidense Steve Bannon, que ya había tenido éxito en la promoción de Donald Trump y en la fabricación de “noticias falsas”. Bannon asesoró a Jair Bolsonaro y lo está haciendo en decenas de países (se habla de unos 50), con dirigentes de extrema derecha. Es gente que contribuye a una degradación extrema de la democracia.


El encarcelamiento de Lula contribuyó en mucho también, sin duda, a la victoria de Bolsonaro. Ahora ha quedado clarísimo que se trató de una conspiración en su contra: quien lo acusó, sin pruebas serias, consistentes, fue el juez Sergio Moro, a quien Bolsonaro designó como su futuro ministro de Justicia. Lula molestaba, y era muy probable que pudiera ganar fácilmente las elecciones. Ahora, con este panorama, no sé si no va a terminar sus días en la cárcel.


—¿Usted piensa que las denuncias de corrupción que pesan sobre una cantidad de dirigentes de gobiernos progresistas latinoamericanos obedecen a una campaña global orquestada?


—Es muy posible, pero eso no excluye que haya habido hechos de corrupción concretos, probados. En el caso de Brasil, ha habido incluso muchas confesiones. Antonio Palocci, ex ministro de Hacienda de Lula, admitió haber sido corrompido y haber sido corruptor. Y así otros dirigentes del PT.


Hay que tener en cuenta que este tema de la corrupción es muy sensible sobre todo para la gente pobre, que admite cada vez menos que las elites roben, se enriquezcan, cuando ellos la pasan mal, siguen pasando mal. Hay una exigencia ética muy fuerte en ese sentido, sobre la cual por supuesto se monta la derecha intentando explotarla sin legitimidad.
El PT, en este como en otros temas, no ha hecho autocrítica alguna al respecto.


—¿Cómo son actualmente sus relaciones con el PT?


—Nunca fui militante de ningún partido. Tenía y tengo relaciones personales con algunos de sus dirigentes, especialmente con Lula, con quien mantengo vínculos fraternales. Lo he ido a ver a la cárcel, y pienso ir a verlo, si me autorizan, antes de Navidad. Eso no implica que no pueda criticarlo, y mucho, siempre dentro de la izquierda.


—Usted ha sido muy duro con los gobiernos del PT, por ejemplo en su libro La mosca azul, de 2006.


—Y también en Calendario del poder (publicado en 2007), que no está traducido, y que es una suerte de diario de trabajo de cuando estaba en el gobierno y me decepcioné de sus políticas. Yo había sido parte del programa Hambre Cero, concebido como un plan monitoreado por los movimientos sociales a través de comités de gestores. Pero el propio gobierno lo remplazó con Bolsa Familia. Hambre Cero era un programa emancipatorio, Bolsa Familia fue un programa compensatorio. No es que dar dinero, subvenciones, a los más pobres, esté mal en sí mismo, pero no se les permitió a las familias marchar hacia su emancipación financiera y sustentable.


—Es una concepción con la que se manejaron casi todos, si no todos, los gobiernos progresistas de la región.


—Exactamente. No dieron a la gente condiciones para que saliera durablemente de la miseria, a través del acceso a la vivienda, a la tierra, al trabajo.


En Brasil se priorizó el acceso a los bienes personales. Vas a una favela y adentro hay smartphones, tevé plana y a color, heladera, computadora, pero la casilla en la que viven es la misma casilla miserable de antes. La gente no tiene vivienda digna, no tiene saneamiento, no tiene trabajo, los niños no van a la escuela. Se debería haber priorizado el acceso a los bienes sociales y crear una sociedad diferente, basada en una cultura en la que los bienes sociales fueran los más importantes. Eso no se hizo. Tampoco se puso énfasis en un tipo distinto de educación. Ahora Bolsonaro propone volver a una educación aun más retrógrada, en la que a los niños se les enseñe que la teoría de la evolución es falsa, y lo va a poder hacer, porque no se trabajó para consolidar una base impermeable a ese tipo de barbaridades.


Lo que quiero decir es que no se trata de apuntar, como se hizo bajo los gobiernos del PT, a sobrevivir en la sociedad capitalista, sino a minar las bases de la sociedad capitalista, a darle nuevo sentido a la vida, fomentar un sentido de comunidad. La gente que entraba a los partidos comunistas en los años veinte, treinta, cuarenta, en sociedades capitalistas, sentía que vivía un mundo solidario, fraterno. Con las diferencias claras del caso, hay que volver a ese espíritu.


—Los partidos progresistas afirman que una cosa es la “cultura de oposición” y otra la “cultura de gobierno”, y que una vez que llegan al poder se encuentran con problemas que no preveían. En Brasil, el PT dice que tuvo que operar en un sistema político atomizado y corrupto, y con ese argumento justifica las alianzas que hizo o el mensalão…


—Son excusas. Se podría perfectamente haber hecho de todas maneras cosas que no se hicieron: implementar la alfabetización política de la gente; lo que hablaba antes, de los programas emancipatorios y no asistencialistas; apoyar a los medios de comunicación alternativos, en vez de a los medios grandes; tomar medidas redistributivas más fuertes, y muchas otras cosas que se optó por no hacer a pesar de que se contaba con el apoyo de los movimientos sociales.

Daniel Gatti
30 noviembre, 2018

Publicado enPolítica
Explicar la igualdad al 1 % más rico del mundo

El primer Foro Mundial del Pensamiento Crítico, celebrado en Buenos Aires por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) entre el 19 y el 21 del pasado mes de noviembre, me propuso un reto sorprendente: explicar la igualdad al 1 % más rico del mundo. Hacer tal explicación ante ocho mil personas es casi una provocación. Pero no eludí el desafío.

Como he escrito, la fórmula del 1 % contra el 99 % no la inventó el movimiento de los indignados de 2011. Está en las páginas finales del diario de Lev Tolstói de 1910. La actualidad de esta fórmula está menos en la figura de Tolstói que en las condiciones actuales del capitalismo mundial, atravesado por desigualdades entre ricos y pobres que tienen muchas similitudes con las de hace cien años. Ante el reto, decidí comenzar por deconstruir la pregunta. Era una vieja pregunta, una pregunta típica del siglo XX. En primer lugar, en el siglo XXI, y después de todas las victorias de los movimientos feministas y antirracistas, sería más correcto explicar no la igualdad, sino la diferencia. La igualdad no existe sin ausencia de discriminación, es decir, sin el reconocimiento de diferencias sin jerarquías entre ellas (hombre/mujer, blanco/negro, heterosexual/homosexual, religioso/ateo). En este año en que celebramos los setenta años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, recuerdo la formulación que he dado al respecto: tenemos el derecho a ser iguales cuando la diferencia nos inferioriza y el derecho a ser diferentes cuando la igualdad nos descaracteriza.


En segundo lugar, la pregunta pretendía explicar la igualdad al 1 % más rico. ¿No tendría más sentido, o no sería más útil, explicarla al 99 % más pobre? Explicar la igualdad al 1 % es como explicar al diablo que Dios es bueno. Si lo intento, tal vez no me entienda; y si me entiende, tal vez me expulse o prohíba escribir sobre el tema. Recordé, a propósito de esto, ese siniestro movimiento de extrema derecha educativo en Brasil, conocido con el engañoso nombre de Escuela sin Partido, que en sus últimos documentos incluye entre los autores prohibidos a Karl Marx, Paulo Freire, Milton Santos, José Saramago y Antonio Gramsci. Recordé también la situación de antiguos estudiantes míos, hoy profesores en universidades brasileñas, que se sienten perseguidos y controlados (e incluso grabados) en sus clases de sociología política y derechos humanos, sospechosos de defender “ideas rojas” o “ideología de género”, la innovación conceptual más reciente de las cloacas autoritarias y neofascistas.


Me pregunté, pues, si no sería más útil y adecuado explicar la igualdad al 99 %. Pero ahí quedé suspendido en mi reflexión: ¿sería, al fin y al cabo, necesaria tal explicación? ¿No sabrán ellos mejor que nadie, y con la prueba de todas las arrugas de la vida, qué es la igualdad y qué es la desigualdad? ¿Necesitarán a alguien que se lo explique? El domingo anterior había pasado una buena parte del día en uno de los barrios más pobres y resistentes de Buenos Aires, el barrio Zavaleta, donde un grupo de activistas produce cooperativamente una revista, La Garganta Poderosa, que va siendo conocida en todos los barrios pobres del continente. Allí pude comprobar cómo para ellos y ellas la igualdad se explica fácilmente por la desigualdad que sufren todos los días en los cuerpos y en la vida. Acompañado a distancia por militares (no policía civil) que controlan la comunidad, pude comprobar que no es igualdad cuando unas voluntarias se organizan para recibir donaciones de alimentos y crear un restaurante comunitario donde los jóvenes comen una comida decente al día. Que no es igualdad cuando casi todos los habitantes tienen un joven pariente, amigo, hijo o nieto asesinado por la policía. Que no es igualdad cuando las inundaciones de las últimas semanas impiden que las cloacas improvisadas aguanten y los niños se despiertan con la cama llena de mierda (pido al editor que no censure esta palabra, ya que cualquier otra solo servirá para suavizar la mala conciencia de quien duerme en carritos Chico). Que no es igualdad cuando alguien en coma diabético muere en calles estrechas mientras unos brazos solidarios lo trasladan al lugar donde la ambulancia lo puede recoger. En Zavaleta, la igualdad se explica bien por la desigualdad, por la violencia policial, por la desvalorización de la vida, por la degradación ontológica de quien allí vive.


Pero incluso admitiendo que la explicación tiene sentido, la formulación de la invitación padece aún otro error, un error epistemológico. Presupone que hay un conocimiento específico y el único válido para explicar la igualdad, es decir, el conocimiento científico. Ahora bien, esto no es cierto y, en este caso concreto, es particularmente importante aclararlo. La filosofía eurocéntrica –y las epistemologías del Norte que nacieron de ella y dieron origen a la ciencia moderna– se basa en la contradicción entre defender en abstracto la igualdad universal y, al mismo tiempo, justificar que parte de la humanidad no es plenamente humana y, por tanto, no está contemplada en el concepto de igualdad universal, sea ella constituida por esclavos, mujeres, pueblos indígenas, pueblos afrodescendientes, trabajadores sin derechos, castas inferiores. No es preciso mencionar que John Locke, gran patrono de la igualdad, fue dueño de esclavos; o que la eugenesia, “la ciencia más popular” de inicio del siglo XX, demostraba científicamente la inferioridad de los negros, una ciencia que Hitler estudió atentamente en la prisión mientras preparaba Mein Kampf. Por eso, confiar en que las ciencias nacidas de las epistemologías del Norte expliquen adecuadamente la igualdad es lo mismo que escoger al lobo para cuidar a las ovejas. Una metáfora menos chocante será la de pensar que la “ayuda al desarrollo” realmente ayuda a los países en desarrollo. Al contrario de lo que promete, tal ayuda contribuye no al desarrollo de los países, sino a mantenerlos subdesarrollados y dependientes de los más desarrollados.


Las epistemologías del Sur que he venido defendiendo parten de los conocimientos nacidos en las luchas de aquellos y aquellas que vivieron y viven la desigualdad y la discriminación, y resisten contra ellas. Estos conocimientos permiten tratar la igualdad como denuncia de las desigualdades que oculta o considera irrelevantes para contradecirla. Permiten también tratarla como instrumento de lucha contra la desigualdad y la discriminación. Solo para dar un ejemplo: las epistemologías del Sur permiten reconceptualizar el capital financiero global, verdadero motor de la extrema desigualdad entre pobres y ricos, y entre países ricos y países pobres, como una nueva forma de crimen organizado. Se trata de un crimen contra la propiedad de los trabajadores y de las clases empobrecidas, constituido por varios crímenes-satélite, sean estos el estelionato, el abuso de poder, la corrupción. Solo para dar un ejemplo extremo: un trabajador en Brasil que use tarjeta para comprar a crédito llega a pagar una tasa de interés ¡del 326%! Como dice el economista Ladislau Dowbor, el crédito en Brasil no es estímulo: es extorsión. Su naturaleza criminosa es lo que explica el ejército de abogados a su servicio para defenderse de las múltiples violaciones de las leyes y para cambiar las leyes cuando ello sea necesario. Solo así se explica que en Brasil, según datos de Oxfam, seis personas tengan más patrimonio que la mitad más pobre de la población, y que el 5% más rico posea más que el 95% restante.


Pero el capital financiero global, en su actual configuración, no es solo un crimen contra la propiedad de los más pobres, sino también un crimen contra la vida y contra el medio ambiente. Datos de varias agencias internacionales, incluyendo UNICEF, revelan que las políticas neoliberales de ajuste estructural o de austeridad han conducido a la disminución de la esperanza de vida en África y la muerte de millones de niños por desnutrición o enfermedades curables. Las mismas políticas han estado ejerciendo una presión enorme sobre los recursos naturales, exigiendo su explotación cada vez más intensiva, con la consecuente expulsión de las poblaciones campesinas e indígenas, la contaminación de las aguas y la desertificación de los territorios. Además, las pocas reglas de protección ambiental conquistadas en las últimas décadas están siendo violadas o anuladas por los gobiernos de derecha. El ejemplo más grotesco hoy es Donald Trump; y mañana lo será ciertamente Jair Bolsonaro. De ese modo, es muy probable que los escenarios más pesimistas señalados por la ONU terminen haciéndose realidad.


A la luz de las epistemologías del Sur, los crímenes cometidos por el capital financiero global serán uno de los principales crímenes de lesa humanidad del futuro. Junto con ellos y articulados con ellos estarán los crímenes ambientales. En el año en que celebramos los setenta años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, recomiendo que comencemos a pensar en la revisión de su redacción (y en un modo totalmente nuevo de participación en tal redacción) para dar cuenta de la nueva criminalidad que en los próximos setenta años continuará impidiendo a la humanidad ser plenamente humana.

Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez 
Artículo enviado a desdeabajo por el autor el 230 de noviembre

Publicado enSociedad
Banksy: “Confortar a los perturbados y perturbar a los confortables”

Okey, última subasta, míster Banksy con la obra “Girl with balloon o Chica con globo”, 1,10, “quién da más”, 1,15… 1,18 millones de euros “se va, se va, se ha ido”. Tras cerrarse la compra sonó una alarma desde el cuadro y segundos después el lienzo, una reproducción de un mural pintado en 2002 por el artista del graffiti, empezó a deslizarse del marco pasando por una trituradora de papel que la destruye pero no totalmente. Luego, el silencio, la desorientación y el despliegue de numerosos celulares para tomar fotos desde todos los ángulos posibles. La difusión de imágenes y el consumo viral de contenidos inunda las redes con este performance, ¿contestario o cómplice?

 

El viernes 5 de octubre, durante la subasta en Sotheby’s (Londres) de la reproducción de un grafiti de Banksy, artista de la calle que con sus creaciones critica constantemente al sistema capitalista, lo que era un acto comercial trascendió como un suceso político en el cual la denuncia y el cuestionamiento a la cosificación y mercantilización dominante en nuestras sociedades, saltó al primer lugar.

 

Según sus historias de instagram, el artista ideó un sistema para la destrucción premeditada de su obra en caso de ser subastada. Ya había demostrado su frustración y desacuerdo frente a la iniciativa de una galería londinense de realizar una exposición titulada “El Banksy robado”, llevada a cabo el 28 abril de 2014 con siete de sus trabajos callejeros, extraídos de los lugares donde fueron creados, entre ellos: “La puerta de Berlín”, “Prohibido jugar a la pelota”, “Rata de Liverpool” y “Chica con globo”.

 

La oposición de su creador a esta exposición, según sus propios argumentos, responde a que “[…] la muestra es el paso previo a una subasta […]. Y agregó, “Este ‘show’ no tiene nada que ver conmigo y me parece repugnante que se permita que cualquiera pueda quitar arte de las paredes sin permiso”. Su oposición y denuncia permite preguntar, ¿Acaso en el capitalismo todo es susceptible de ser vendido o comprado?

 

Capitalismo y arte

 

El capitalismo es una sociedad hostil a las artes y las ciencias. El valor máximo que orienta los actos de quien vive en este sistema social es el dinero. Conseguirlo, cueste lo que cueste, es la única forma de ser exitoso. Trump, el actual presidente de los Estados Unidos, es la quintaesencia de la experiencia del éxito capitalista. No es gratuito que uno de los activos principales de su fortuna sea el mafioso negocio de los casinos.

 

El esfuerzo común de crear resulta demasiado penoso para quien no se orienta por el cálculo egoísta y el frío interés. Este imperativo social ha tenido un efecto singular en la historia de las prácticas artísticas. Uno de los momentos más significativo de ese efecto fue la propuesta desarrollada por el norteamericano Andy Warhol en la década del cincuenta y sesenta del siglo pasado.

 

La imaginación de Warhol le permitió pensar la idea de una fábrica productora de objetos artísticos. Pero rápidamente asimiló que el producto fabril, al entrar en el mercado de consumo, se transmutaba en mercancía y que al asumir esa condición había que colocarle un precio. Establecer los criterios para asignarle precio a esa mercancía tan singular era un asunto de autoridad. Warhol, al fin norteamericano, captó la lógica del problema y se convirtió en millonario especulando con los precios.

 

Esta se convirtió en paradigma y sobre esa premisa tomó forma el mercado de las obras de arte. Esa incongruencia se nutrió de la necesidad de expropiar a los artistas de su autoridad de creadores, por la vía de comprar sus obras. Acumular pinturas y esculturas se convirtió en otro modo de acumulación de capital, ahora en forma de prestigio y autoridad.

 

El mercado del arte


El escenario donde el ritual acumulativo comenzó a tomar forma fue la subasta. Otro norteamericano, Alfred Taubman, convirtió a Sotheby’s –la organizadora británica de subastas–, en una institución global luego de comprarla en 1983. Pues bien, Branksy ideó un magnífico perfomance para mostrar el sinsentido de esa práctica ritual.

 

Orientado por la máxima: “Confortar a los perturbados y perturbar a los confortables”, Bransky lleva dos décadas creando experiencias artísticas. En ese proceder, no se sabe cuándo imaginó que una de sus piezas fuera subastada en Sotheby’s. Lo cierto es que decidió que uno de sus grafitis: “Chica con globo” podía cumplir ese propósito. Llevó al lienzo el grafiti y le colocó un dispositivo que al activarse lo haría trizas.

 

La pintura entró a circular en el mercado, hasta que se produjo lo esperado: la obra se ofreció en subasta en octubre de este año, vendiéndose por la suma de un millón doscientos mil euros. En el momento en que el subastador dio por terminada la puja, se activó el dispositivo, seguramente a control remoto, y la obra quedó casi destruida. De esta manera, Bansky quiso burlarse de los galeristas y del consumismo vacío, pero tuvo el efecto rebote: al no destruirse en su totalidad su obra duplicó de inmediato su valor y cayó en la trampa del mercado. Sotheby’s anunció que el 13 y 14 de octubre la exhibiría de nuevo en las galerías New Bond Street, ahora con el nombre “El amor está en la basura”, y sus proyecciones económicas no fueron erradas: las enormes filas para entrar a la galería así lo atestiguan.

 

Todo lo sólido se desvanece en el aire

 

Cómo en la metáfora de Marx, la solida experiencia de la subasta original quedó disuelta en el aire ante el pasmo de los asistentes. La travesura que desnuda las pretensiones de los ricos de expropiar la autoridad estética del artista, para usarla como patrimonio propio, cumple claramente el propósito de confortar a los perturbados. En un primer momento parecía que los confortables estarían comprometidos en una batalla legal para definir quién perdía el dinero invertido: si el comprador o Sotheby’s; finalmente no fue así, la obra duplicó su valor.

 

A propósito de esto es necesario tomar en cuenta que hace cien años se desató una especie de tsunami creativo a propósito de la Revolución de Octubre. La expectativa de una sociedad donde las personas pudieran realizar a plenitud sus potencialidades humanas cristalizó en lo que se llamó las vanguardias en la pintura, la literatura, la escultura, el cine, la arquitectura, el diseño. El desenlace final de ese principio tan esperanzador dejó una herencia de aciertos y frustraciones.

 

Hoy se está dando un nuevo tsunami creativo y Bansky es uno de los protagonistas principales. Todo parece indicar que está culminando la época donde predominó la idea del fin de la historia y el imperio absoluto del capitalismo; luces con distintas intensidades y brillos se desprenden del cuerpo que con diversas lógicas y armas dominó e impuso su lógica a lo largo de los últimos siglos, luces bajo las cuales va tomando forma y se vislumbra el cuerpo –la época– de quien lo superará.

 

* https://www.instagram.com/banksy/?hl=es-la

 

Publicado enColombia
Alternativas reales frente al cambio climático

Existen alternativas reales, justas y saludables para frenar el cambio climático y estudios científicos recientes lo demuestran, contrariamente a los que proponen opciones especulativas, teóricas y altamente riesgosas como la geoingeniería climática.

El informe Missing Pathways to 1.5 (Caminos que faltan para 1.5 grados), muestra que garantizar los derechos indígenas y campesinos, restaurar bosques naturales y la transición hacia áreas de cultivo agroecológico, junto con un cambio hacia dietas con menos carne, pueden reducir a la mitad las emisiones de gases de efecto invernadero para 2050. Estiman un potencial de reducción de cerca de 23 gigatoneladas anuales de dióxido de carbono o equivalente, lo cual elimina la supuesta necesidad de usar técnicas de geoingeniería. Son, además, cambios positivos para la biodiversidad, las comunidades indígenas y campesinas, y para la salud de todas y todos. (https://tinyurl.com/y8l4wgfr)

El documento se basa en una amplia y detallada revisión de documentos científicos recientes y fue publicado en octubre 2018 por una coalición de 38 organizaciones que trabajan por la justicia ambiental y social, el derecho a la tierra y a la alimentación y por la agroecología y la conservación de bosques. Las autoras principales son Kate Dooley y Doreen Stabinsky, con la revisión y colaboración de la alianza CLARA (Climate Land, Ambition and Rights Alliance).

El estudio sale al mismo tiempo que el Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) publica un nuevo informe sobre cómo limitar el calentamiento global a 1.5 °C con respecto a niveles preindustriales, un límite que plantean crucial para evitar un cambio climático catastrófico. En tres escenarios, el IPCC considera el uso de técnicas de geoingeniería para remover dióxido de carbono de la atmósfera, pero en otro plantea que con medidas basadas en las funciones de los ecosistemas –algunas como las que plantea el estudio de CLARA– sería posible también alcanzar esa meta. (Ver más en "Caos Climático, capitalismo y geoingeniería", La Jornada 13/10/18; https://tinyurl.com/y96xudje )

Más de la mitad de las reducciones de gases de efecto invernadero planteadas en el estudio de CLARA vendría de la restauración y protección de bosques naturales y turberas (un tipo de humedal que retiene altas cantidades de carbono y nitrógeno orgánicos). El resto se puede lograr con cambios en la agropecuaria industrial –que es el mayor factor de deforestación y destrucción de humedales–, con la recuperación de suelos y agroecosistemas, a través de disminuir el uso de fertilizantes sintéticos, apoyar sistemas agroecológicos y locales, y de parte de los consumidores, cambiar la dieta.

El informe afirma que los "derechos comunitarios sobre la tierra y bosques, son la acción climática mas efectiva, eficiente y equitativa que los gobiernos pueden ejercer para reducir su huella de carbono y proteger los bosques del mundo". Enfatiza la necesidad de afirmar los derechos a tierra y territorio de las comunidades y pueblos indígenas para lograr los objetivos planteados. Todos los bosques del mundo están habitados por comunidades indígenas, que son las principales cuidadoras de los bosques. A escala global, la mitad de esos territorios tienen reclamos de tenencia por parte de comunidades, pero solamente 20 por ciento tiene reconocimiento legal.

Cuestiona también el uso del concepto de "emisiones negativas", un término absurdo que no existe en ningún idioma. Fue inventado para justificar mantener la emisión de gases de efecto invernadero, que se contrarrestarían, supuestamente, con medidas tecnológicas para remover el carbono de la atmósfera (geoingeniería). Una opción de alto riesgo que carga el problema a las generaciones futuras, colocándolas en dependencia con los dueños de las tecnologías.

En contraposición, este informe plantea formas de evitar las emisiones antes de que se generen, y remover el excedente de carbono ya acumulado en la atmósfera mediante la expansión de los bosques naturales con especies nativas y aumentar la agroforestería comunitaria, entre otras medidas.

Con respecto al sistema agroalimentario, que es el factor de mayores emisiones de GEI, plantea reducir los desperdicios (que la FAO estima hasta en 40 por ciento de lo cosechado), disminuir los transportes de alimentos, aumentar la producción y consumo local, disminuir el uso de fertilizantes sintéticos y agroquímicos; reducir y mejorar la ganadería, terminando con la cría confinada de vacas, cerdos y aves, y basarla en alimentación de pradera. Complementariamente, ven como esencial reducir el consumo de carne, que es muy desigual en el mundo por lo que se dirigen especialmente a los que más consumen. La gran mayoría de la producción industrial y consumo de carnes se concentra en sólo seis países.

Señalan también el error de enfocarse solamente en limitar la temperatura, planteando la crisis climática como fenómeno aislado. Necesitamos respuestas holísticas a las crisis ambientales, sociales, de salud y otras y sólo los enfoques múltiples y sinérgicos aportarán las verdaderas soluciones, tal como demuestra este estudio.

Silvia Ribeiro, Investigadora del grupo ETC

 

Publicado enMedio Ambiente
"Ante la advertencia de catástrofe global presentada por la ONU, necesitamos un 'Plan Marshall' para el cambio climático"

Un nuevo informe del panel del clima de las Naciones Unidas advierte a la humanidad de que solamente tiene una docena de años para mitigar el calentamiento global y limitar el alcance de la catástrofe global. De lo contrario, millones de personas estarán en peligro debido a las crecientes sequias, inundaciones, incendios y pobreza. El amplio informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la O.N.U. pide cambios inmediatos y sin precedentes en las políticas globales para mantener el calentamiento global en un máximo de 1,5ºC. Hablamos con Kevin Anderson, profesor de catedra de liderazgo contra el cambio climático en el Centro de Estudios de Medioambiente y Desarrollo en la Universidad de Uppsula y titular de energía cambio climático del Centro de Investigación Tyndall para el Cambio Climático de la Universidad de Manchester en el Reino Unido, que dice que el informe del IPCC no responsabiliza a los grandes emisores mundiales, y argumenta la necesidad de un “Plan Marshall” contra el cambio climático para salvar al planeta de la destrucción. “Aproximadamente el 70 por ciento de las emisiones globales de dióxido de carbono son producidas por el 20 por ciento de la población mundial….Cuando intentamos enfrentarnos al cambio climático y reducir las emisiones centrándonos en los 7,5 miles de millones de personas, creo que se está malinterpretando donde reside la verdadera responsabilidad de las emisiones,” dice Anderson “No estamos desarrollando las políticas que necesitan ser creadas para ese 20 por ciento en particular”.

Transcripción


AMY GOODMAN: Esto es Democracy Now! Soy Amy Goodman, En América Central, al menos 13 personas han muerto después de las lluvias torrenciales del Huracán Michael a su llegada a Honduras, Nicaragua y El Salvador causando inundaciones y desprendimientos. Se espera que el monstruoso huracán llegue al Mango de Florida como una tormenta de Categoría 3 el miércoles, el Gobernador de Florida, Rick Scott, ha declarado el estado de emergencia en 35 condados, y el Gobernador de Alabama, Kay Ivey, ha declarado el estado de emergencia en todo el estado.


Florida se está preparando para una gran tormenta cuando el nuevo informe del panel del clima de las Naciones Unidas advierte a la humanidad de que solo queda una docena de años para mitigar el cambio climático o enfrentarnos a una catástrofe global. Este es el jefe de la agencia meteorológica de la O.N.U. Petteri Taalas.


PETTERI TAALAS: Hay una urgencia extrema y países que dan su compromiso después del Acuerdo de Paris. Y hasta ahora, el progreso no ha sido lo suficientemente bueno como para acercarnos al objetivo de 1,5 grado o 2 grados de calentamiento. Así que hay una clara necesidad de elevar nuestro nivel de ambición para alcanzar, cuanto menos, el objetivo de 2 grados. En este momento nos dirigimos hacia un calentamiento de 3 a 5….


Existen algunas estimaciones: ¿Cuál es la diferencia entre un calentamiento de 1,5º y uno de 2º? Y uno de los temas más importantes es que habría 420 millones de personas menos sufriendo debido al cambio climático si fuésemos capaces de limitar el calentamiento a 1,5º…


Las emisiones que ya hemos despedido a la atmosfera hasta ahora significan que esta tendencia negativa continuará durante las próximas décadas. Así que va a ocurrir, lo que se traduce en un aumento en la cantidad de desastres y retos debidos al cambio climático.


AMY GOODMAN: El informe del IPCC expone varios caminos posibles para limitar el calentamiento global a 1,5 grados centígrados que incluyen cambios en el uso de la tierra y los sistemas de transporte, y la adopción de tecnologías futuras, que incluyan retirada de dióxido de carbono de la atmosfera. Según el informe, las emisiones netas globales deberían caer un 45 por ciento de los niveles de 2010 para 2030 y alcanzar el cero neto para el año 2050. El lunes, el presidente Trump viajó a Orlando, Florida, pero no hizo ninguna mención al cambio climático o al nuevo informe de las Naciones Unidas.


Para más información, nos acompaña Kevin Anderson. Es profesor de catedra de liderazgo contra el cambio climático en el Centro de Estudios de Medioambiente y Desarrollo en la Universidad de Uppsula y titular de energía y cambio climático del Centro de Investigación Tyndall para el Cambio Climático de la Universidad de Manchester en el Reino Unido.
Dr. Anderson, bienvenido de nuevo a Democracy Now!


KEVIN ANDERSON: Buenos días.


AMY GOODMAN: Quería preguntarle primero sobre este informe mientras este monstruoso huracán recorre Latinoamérica y amenaza a Florida y Alabama.


KEVIN ANDERSON: Bueno, el informe deja bien claro que entre 1,5 grados centígrados de calentamiento y 2 grados centígrados de calentamiento, debemos esperar condiciones climáticas más extremas, lo que de hecho, es la razón por la que las zonas más pobres del mundo pidieron a la comunidad científica que investigara cuales son las diferencias reales entre los impactos de un calentamiento de 1,5 grados y uno de 2 grados. Y, por supuesto, 2 grados fue el límite previo al que aparentemente todos nos estábamos dirigiendo, pero como emana del informe, es muy claro que hay un paquete entero de impactos que es mucho peor con un calentamiento de dos grados que con uno de 1,5 y que estos fenómenos azotaran principalmente a las comunidades más pobres y más vulnerables del mundo.


Así que es un informe muy importante en todo lo relacionado al conocimiento de los impactos del cambio climático y en que deja claro cuál debe ser nuestro objetivo, 1,5 mejor que 2 grados, aunque, como probablemente comentemos después, creo que incluso un calentamiento de 2 grados parece muy optimista ahora.


AMI GOODMAN: Escribe en su respuesta a este transcendente informe de la O.N.U que solo unos pocos emisores son, en última instancia, los responsables del cambio climático.. Explique quienes son.


KEVIN ANDERSON: Bueno, para ponerle unas cifras, aproximadamente la mitad de las emisiones globales proceden de las actividades de más o menos el 10 por ciento de la población mundial, y aproximadamente el 70 por ciento de las emisiones globales de dióxido de carbono proceden del 20 por ciento de la población mundial. Y, las emisiones están estrechamente relacionadas con la riqueza o la renta de los ciudadanos. Así que, un profesor como yo, sería relativamente, un gran emisor. Normalmente los profesores viven en casas grandes y tienen un coche grande. Viajan bastante a menudo. Algunos de ellos tienen una segunda vivienda. Cogen vuelos. Consumen muchos productos. Así que, sí está muy relacionado con las rentas.


Y por eso, mi preocupación es que cuando intentamos enfrentarnos al cambio climático y reducir nuestras emisiones centrándonos en los siete mil millones y medio de personas, creo que malinterpretamos donde reside la verdadera responsabilidad de las emisiones, y por ello, no estamos desarrollando políticas dirigidas especialmente a ese 20 por ciento de la población.


Mucha de la gente que está escuchado tu programa ahora, en EE.UU. o en cualquier otra parte del mundo, serán emisores medios o bajos. Y ellos, si, es importante que hagan algunos cambios. Pero habrá otra gente escuchando que serán grandes emisores. Y somos nosotros a los que realmente deben estar dirigidas esas políticas, para sacar las emisiones fuera de nuestros estilos de vida. Debemos asegurarnos, al hacer todo eso, de que no empobrecemos a la gente que ya está sufriendo con el sistema económico actual.

AMY GOODMAN: ¿Quiénes son los mayores emisores de carbono, Dr. Anderson?

KEVIN ANDERSON: Los mayores emisores de carbono, Bueno, van a ser los más ricos del mundo. Desde el punto de vista del clima, cuando oyes a los Al Gores y los DiCaprios hablar del cambio climático y miras a su huella de carbono, será miles de veces mayor que la media de cualquier africano y probablemente muchos cientos más que muchos americanos. Así que, más o menos, los más ricos son los mayores emisores.
Pero también creo que un profesor como yo, profesores titulares en universidades, la gente a la que vemos como superior –ese es el leguaje que usamos- superior en nuestras organizaciones y empresas, tanto del sector público como por supuesto del privado, estas personas son los grandes emisores. Así que, quiero decir, no haré ningún comentario sobre periodistas, pero ciertamente, algunos de los periodistas que conozco, son también grandes emisores. Son esa cúpula dirigente de nuestra sociedad.

AMY GOODMAN: ¿Y qué países?

KEVIN ANDERSON: ¡Oh! países, bueno, quizá el mayor emisor de la actualidad sea China, seguido de EE.UU., pero en ambos países, por supuesto, hay grandes diferencias entre los grandes emisores dentro de ese país y los que emiten menos dentro de ese país.
Así que, los dos países que más emiten son EE.UU. y China, y luego, siguiendo muy de cerca está la Unión Europea.

AMY GOODMAN: ¿Me puede hablar del monstruoso huracán al que se enfrenta EE.UU. ahora mismo y que va a azotar El Mango de Florida? Si miramos los informes meteorológicos, y los partes meteorológicos en momentos como estos –cada vez ocupan más y más tiempo en las noticias, porque si no estamos hablando de incendios en California, estamos hablando de estas tormentas monstruosas en las Carolinas y que ahora probablemente azoten Florida y Alabama- Alabama, todo el estado está en estado de emergencia –no hay casi ninguna mención por parte de los meteorólogos- y no solo estoy hablando de Fox, estoy hablando de MSNBC y CNN- de la conexión entre estas tormentas cada vez más violentas y el cambio climático. ¿Hay alguna conexión? ¿Y puede explicarla?


KEVIN ANDERSON: Bueno, ciertamente hay una conexión. Lo que hemos hecho poniendo más dióxido de carbono en la atmosfera es hacer que esa atmosfera este más caliente. En otras palabras, hemos introducido más energía en la atmosfera. Esa energía se desarrollará en una suerte de condiciones meteorológicas diferentes y más extremas.


Ahora bien, es imposible decir si este huracán en particular está causado por el cambio climático, lo que sucede a menudo es que estamos agravando o aumentando el poder de estos huracanes en estos fenómenos meteorológicos extremos. Y esto, lo que llamamos el lenguaje refinado de la atribución, con el que estamos intentando decir, “¿es este fenómeno un fenómeno del cambio climático?” estamos entendiéndolo mejor. Y ciertamente hay bastante evidencia para sugerir que algunas de las recientes condiciones meteorológicas graves que hemos visto han sido seriamente empeoradas por el calentamiento adicional que hemos puesto en la atmosfera debido a la quema de combustibles fósiles y a la liberación de dióxido de carbono.

Así que, aunque no puedo comentar nada sobre este huracán en particular, y decir “este huracán fue causado por el cambio climático”, la gravedad de este huracán y los setenta y tantos otros fenómenos que hemos visto en los últimos años, claramente han sido agravados por el cambio climático, por nuestra quema de combustibles fósiles. Y los meteorólogos deberían hacer esa conexión cuando hablan de estos temas durante las predicciones meteorológicas en EE.UU.

AMY GOODMAN: Ud. habla de lo que es necesario, Profesor Anderson. El informe dice que no hay precedentes históricos documentados para la escala de cambios necesarios. Ha hablado de un Plan Marshall. ¿Qué quiere decir con un nuevo Plan Marshall?

KEVIN ANDERSON: Bueno, el Plan Marshall fue una estrategia deliberada después de la Segunda Guerra Mundial para tratar de reconstruir Europa después de que, obviamente, había sido bombardeada y destruida, tanto institucional como físicamente, durante la guerra. Por eso digo que es probablemente la analogía metafórica más cercana a la dimensión del reto al que realmente nos enfrentamos de decarbonizar, de cambiar de un sistema basado en los combustibles fósiles a un sistema energético de carbono cero, y para hacer eso, las zonas ricas del mundo deben hacerlo en dos décadas y probablemente en tres o tres décadas y media las zonas ligeramente más pobres del planeta.
No vamos a conseguirlo mediante mecanismos menores, simplemente ajustando los mercados. Va a requerir la intervención estratégica de los gobiernos para hacer los cambios necesarios. Ahora en un principio parece un gran desafío, y ciertamente lo será. Pero creo que también hay una narrativa positiva detrás de todo esto, en lo que esta transición, esta transformación a un sistema de energía de carbono cero vendrá con muchas oportunidades de trabajo, a largo plazo, oportunidades de trabajo seguras, no solo construyendo centrales generadoras de energía de bajo consumo de carbón, sino también el amplio programa de electrificación que será necesario y en acondicionamientos –en otras palabras, haciendo que los edificios que ya están construidos, que seguiremos usando durante los próximos 20, 30, 40 años- sean adecuados para siglo 21, que necesiten mucha menos energía para calentarlos o enfriarlos, y que sean un entorno mucho más seguro mientras el clima continua cambiando, que es indudablemente lo que hará. Aunque detengamos todas las emisiones hoy, el cambio climático seguirá desarrollándose.

AMY GOODMAN: Ud. ha criticado al IPCC por limitar sus recomendaciones sobre políticas a seguir para que encajen perfectamente dentro del actual modelo económico. ¿Puede explicarlo? Quiero decir, para algunos, tener un trascendental informe como este es crucial, porque vivimos en un país, en los Estados Unidos, donde el presidente niega con orgullo el cambio climático, lo llama el timo chino. Así que tener un informe como este –pero Ud. critica algunos aspectos del mismo.

KEVIN ANDERSON: Por supuesto, Aunque creo que es un informe realmente bueno en su intento de entender los impactos entre un calentamiento de entre 1,5 y 2 grados centígrados, cuando llega el momento de decir lo que debemos hacer, creo, de nuevo, que no está siendo verdaderamente honesto. Y teniendo en cuenta que es efectivamente un informe científico, creo que nuestro papel como científicos y académicos es decir las cosas como son, sin colorearlas o endulzarlas para hacerlas más atractivas.


Por eso mis comentarios son esos –y no solamente con este informe. Es algo que ocurre repetidamente con el IPCC. Así que, aunque estamos siendo bastante honestos cuando hablamos de los impactos, cuando llega la hora de decir que tenemos que hacer, corremos asustados. No queremos asustar a los políticos o al público. No queremos cambiar los sistemas energéticos que tenemos ahora. Por eso siempre intentamos algo así como masajear en líneas generales el statu quo, hacer cambios graduales.


Lo que estoy diciendo es que, realmente, cuando miramos a las cifras que hay detrás del informe, miras a las cifras a las que llega la ciencia, estamos hablando de una revolución del sistema energético completa. Y eso va a suscitar cuestiones fundamentales sobre como manejamos nuestras economías. Y de nuevo, puedes volverte y decir, “Bueno, eso parece ser algo demasiado diferente al sistema económico que tenemos ahora” Pero debemos recordar de que ahora hace 10 años de la crisis bancaria, y muchas partes del mundo todavía están sufriendo las repercusiones de esa crisis. Por decirlo de otra manera, el actual marco económico ha tenido problemas dentro de su propio dominio.


Por eso creo que esta ha sido una oportunidad real, que estamos perdiendo, para reestructurar la economía hacía una economía adecuada a la sociedad, no una sociedad adecuada a la economía. Y creo que los políticos –o, los académicos, han evitado asustados ser honestos sobre lo que nuestros números nos dicen acerca del ritmo de cambio que necesitamos y como debemos cambiar la capacidad productiva de nuestra sociedad, de construir segundas viviendas para profesores o jets privados o grandes coches cuatro por cuatro- cambiarla a construir transporte público, electrificaciones, mejorar las viviendas para todo el mundo. Es mover esa capacidad productiva, los recursos y el trabajo, del lujo para el 20 por ciento a una infraestructura baja en carbono para todos nosotros.

AMI GOODMAN: Dr. Anderson ¿y las consecuencias de que Trump haya sacado a EE.UU del Acuerdo de París? Acabamos de tener una sección sobre Brasil. El primer candidato, Jair Bolsonaro, a quien nuestros invitados llamaron fascista, un candidato de la extrema derecha, ha prometido que también sacará a Brasil del Acuerdo de París, y que abolirá el Ministerio de Medio Ambiente, lo que los defensores del medio ambiente temen conducirá a la deforestación del Amazonas. ¿Su opinión sobre ambos, Bosonaro y Trump?

KEVIN ANDERSON: Bueno, desde una perspectiva científica, y podría discutirse que también desde una perspectiva moral, están completamente fuera de onda con lo que los análisis están diciendo. También creo que debemos ser muy cuidadosos cuando vemos a estos personajes extremos, -y ambos creo que son personajes extremos- debemos recordar que ellos son un poco de ruido en el sistema. La tendencia general es que hay un mayor reconocimiento de la seriedad del problema. Incluso las encuestas en Estados Unidos muestran esto. No he visto los datos para Brasil, así que no estoy seguro. Estamos viendo fenómenos del cambio climático y la gente ya piensa que es un tema importante.


Aunque algunos de nuestros dirigentes, quizá no siempre las personas más brillantes, no puedan entenderlo o piensen que tienen una base política que debe atraer a aquellos que no quieren escuchar ese mensaje, creo que el resto de nosotros no deberíamos tenerles miedo. Debemos redoblar nuestros esfuerzos. Y de hecho, cuando el presidente Trump decidió salir del Acuerdo de París, lo que, por supuesto, todavía no puede hacer aunque tenga esos planes, los chinos y los franceses dijeron “Bueno, intentaremos hacer un esfuerzo extra para compensar”. Y también vemos en EE.UU. que muchos alcaldes siguen diciendo que el cambio climático es realmente un tema importante. Así que, EE.UU no es una dictadura. Trump no puede dictar lo que la población de EE.UU. va a hacer. Por supuesto que él es importante, y tiene mucha influencia, pero también la tienen los alcaldes.


Así que el deber del resto de nosotros que estamos más informados a través de la ciencia, y que también diría, contamos con una experiencia más razonada, moral y progresiva para realizar nuestros análisis – es nuestro deber aumentar nuestro trabajo y asegurarnos que nos dirigimos en la dirección adecuada y no nos asustamos de los Trumps de este mundo, hay muchos. Vendrán y se irán. Pero el cambio climático, la física del cambio climático, está aquí para quedarse, sin importarle los caprichos efímeros del presidente de turno.

AMY GOODMAN: Y por último, ¿Cómo se ve el futuro? ¿Cómo pueden empeorar las cosas, si seguimos como hasta ahora?

KEVIN ANDERSON: Bueno, de la manera que están las cosas en este momento, creo que es bastante razonable pensar que nos estamos dirigiendo a un calentamiento de unos 4 grados centígrados durante este siglo. Eso sería totalmente devastador. Recordemos que la diferencia entre hoy en día y la Edad de Hielo es aproximadamente 5 grados, estamos hablando de cambios que normalmente ocurrirían en decenas de miles de años sucediendo en poco más de cien años. Y cien años, en algunos aspectos, puede parecer mucho tiempo, pero muchas de las personas que nos están escuchando, sus hijos estarán vivos todavía en cien años, y ciertamente sus nietos. Cien años es mañana en muchísimos aspectos. Y lo que hagamos hoy formará parte de la infraestructura


AMY GOODMAN: ¿Cómo será el mundo?


Bueno, veremos muchas más hambrunas, sequias, inundaciones, cambios en los patrones de alimentos. Creo que probablemente empezaremos a ver muchos más cambios entre comunidades, lo que se traducirá en mucha más tensión entre comunidades. Si miramos a Siria, los conflictos en Siria claramente no fueron causados por el cambio climático, pero los 12 años de sequía en esa región fueron un factor agravante. Y eso es en solo un año de 1 grado de calentamiento.


Al dirigirnos a un calentamiento de 4 grados centígrados, estamos hablando del colapso de muchos ecosistemas que en el mundo polinizan nuestras cosechas, que limpian nuestro aire. Así que este es un planeta muy diferente al que ahora habitamos. Y el caos que resultará de todo eso será malo para nuestra especie, para los humanos, pero también, por supuesto, para muchas otras especies en el planeta. Y es por esto por lo que tenemos que hacer todo lo que podamos para conseguir un calentamiento de 1,5. Creo que es un gran reto. Así que hagamos todo lo posible para mantener la temperatura lo más baja posible.


AMY GOODMAN: Kevin Anderson, nos gustaría agradecerle que haya estado con nosotros, el profesor Zennströn en liderazgo contra el cambio climático.
KEVIN ANDERSON: Ha sido un placer


AMY GOODMAN: ´en el Centro de Estudios de Medioambiente y Desarrollo en la Universidad de Uppsula y titular de energía cambio climático del Centro de Investigación Tyndall para el Cambio Climático de la Universidad de Manchester en el Reino Unido, desde donde está hablando con nosotros.

Traducido por Eva Calleja

Publicado enMedio Ambiente
Banksy: “Confortar a los perturbados y perturbar a los confortables”

Okey, última subasta, míster Banksy con la obra “Girl with balloon o Chica con globo”, 1,10, “quién da más”, 1,15… 1,18 millones de euros “se va, se va, se ha ido”. Tras cerrarse la compra sonó una alarma desde el cuadro y segundos después el lienzo, una reproducción de un mural pintado en 2002 por el artista del graffiti, empezó a deslizarse del marco pasando por una trituradora de papel que la destruye pero no totalmente. Luego, el silencio, la desorientación y el despliegue de numerosos celulares para tomar fotos desde todos los ángulos posibles. La difusión de imágenes y el consumo viral de contenidos inunda las redes con este performance, ¿contestario o cómplice?

 

El viernes 5 de octubre, durante la subasta en Sotheby’s (Londres) de la reproducción de un grafiti de Banksy, artista de la calle que con sus creaciones critica constantemente al sistema capitalista, lo que era un acto comercial trascendió como un suceso político en el cual la denuncia y el cuestionamiento a la cosificación y mercantilización dominante en nuestras sociedades, saltó al primer lugar.

 

Según sus historias de instagram, el artista ideó un sistema para la destrucción premeditada de su obra en caso de ser subastada. Ya había demostrado su frustración y desacuerdo frente a la iniciativa de una galería londinense de realizar una exposición titulada “El Banksy robado”, llevada a cabo el 28 abril de 2014 con siete de sus trabajos callejeros, extraídos de los lugares donde fueron creados, entre ellos: “La puerta de Berlín”, “Prohibido jugar a la pelota”, “Rata de Liverpool” y “Chica con globo”.

 

La oposición de su creador a esta exposición, según sus propios argumentos, responde a que “[…] la muestra es el paso previo a una subasta […]. Y agregó, “Este ‘show’ no tiene nada que ver conmigo y me parece repugnante que se permita que cualquiera pueda quitar arte de las paredes sin permiso”. Su oposición y denuncia permite preguntar, ¿Acaso en el capitalismo todo es susceptible de ser vendido o comprado?

 

Capitalismo y arte

 

El capitalismo es una sociedad hostil a las artes y las ciencias. El valor máximo que orienta los actos de quien vive en este sistema social es el dinero. Conseguirlo, cueste lo que cueste, es la única forma de ser exitoso. Trump, el actual presidente de los Estados Unidos, es la quintaesencia de la experiencia del éxito capitalista. No es gratuito que uno de los activos principales de su fortuna sea el mafioso negocio de los casinos.

 

El esfuerzo común de crear resulta demasiado penoso para quien no se orienta por el cálculo egoísta y el frío interés. Este imperativo social ha tenido un efecto singular en la historia de las prácticas artísticas. Uno de los momentos más significativo de ese efecto fue la propuesta desarrollada por el norteamericano Andy Warhol en la década del cincuenta y sesenta del siglo pasado.

 

La imaginación de Warhol le permitió pensar la idea de una fábrica productora de objetos artísticos. Pero rápidamente asimiló que el producto fabril, al entrar en el mercado de consumo, se transmutaba en mercancía y que al asumir esa condición había que colocarle un precio. Establecer los criterios para asignarle precio a esa mercancía tan singular era un asunto de autoridad. Warhol, al fin norteamericano, captó la lógica del problema y se convirtió en millonario especulando con los precios.

 

Esta se convirtió en paradigma y sobre esa premisa tomó forma el mercado de las obras de arte. Esa incongruencia se nutrió de la necesidad de expropiar a los artistas de su autoridad de creadores, por la vía de comprar sus obras. Acumular pinturas y esculturas se convirtió en otro modo de acumulación de capital, ahora en forma de prestigio y autoridad.

 

El mercado del arte


El escenario donde el ritual acumulativo comenzó a tomar forma fue la subasta. Otro norteamericano, Alfred Taubman, convirtió a Sotheby’s –la organizadora británica de subastas–, en una institución global luego de comprarla en 1983. Pues bien, Branksy ideó un magnífico perfomance para mostrar el sinsentido de esa práctica ritual.

 

Orientado por la máxima: “Confortar a los perturbados y perturbar a los confortables”, Bransky lleva dos décadas creando experiencias artísticas. En ese proceder, no se sabe cuándo imaginó que una de sus piezas fuera subastada en Sotheby’s. Lo cierto es que decidió que uno de sus grafitis: “Chica con globo” podía cumplir ese propósito. Llevó al lienzo el grafiti y le colocó un dispositivo que al activarse lo haría trizas.

 

La pintura entró a circular en el mercado, hasta que se produjo lo esperado: la obra se ofreció en subasta en octubre de este año, vendiéndose por la suma de un millón doscientos mil euros. En el momento en que el subastador dio por terminada la puja, se activó el dispositivo, seguramente a control remoto, y la obra quedó casi destruida. De esta manera, Bansky quiso burlarse de los galeristas y del consumismo vacío, pero tuvo el efecto rebote: al no destruirse en su totalidad su obra duplicó de inmediato su valor y cayó en la trampa del mercado. Sotheby’s anunció que el 13 y 14 de octubre la exhibiría de nuevo en las galerías New Bond Street, ahora con el nombre “El amor está en la basura”, y sus proyecciones económicas no fueron erradas: las enormes filas para entrar a la galería así lo atestiguan.

 

Todo lo sólido se desvanece en el aire

 

Cómo en la metáfora de Marx, la solida experiencia de la subasta original quedó disuelta en el aire ante el pasmo de los asistentes. La travesura que desnuda las pretensiones de los ricos de expropiar la autoridad estética del artista, para usarla como patrimonio propio, cumple claramente el propósito de confortar a los perturbados. En un primer momento parecía que los confortables estarían comprometidos en una batalla legal para definir quién perdía el dinero invertido: si el comprador o Sotheby’s; finalmente no fue así, la obra duplicó su valor.

 

A propósito de esto es necesario tomar en cuenta que hace cien años se desató una especie de tsunami creativo a propósito de la Revolución de Octubre. La expectativa de una sociedad donde las personas pudieran realizar a plenitud sus potencialidades humanas cristalizó en lo que se llamó las vanguardias en la pintura, la literatura, la escultura, el cine, la arquitectura, el diseño. El desenlace final de ese principio tan esperanzador dejó una herencia de aciertos y frustraciones.

 

Hoy se está dando un nuevo tsunami creativo y Bansky es uno de los protagonistas principales. Todo parece indicar que está culminando la época donde predominó la idea del fin de la historia y el imperio absoluto del capitalismo; luces con distintas intensidades y brillos se desprenden del cuerpo que con diversas lógicas y armas dominó e impuso su lógica a lo largo de los últimos siglos, luces bajo las cuales va tomando forma y se vislumbra el cuerpo –la época– de quien lo superará.

 

* https://www.instagram.com/banksy/?hl=es-la

 

Publicado enEdición Nº251
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