La deuda global se aproxima rápidamente a los 250 billones de dólares


Tigran Kalaydjian explica la crisis de deuda en auge, y lo que significa para la economía global.

 En una era en la que los cálculos por billones son habituales, una cifra que todavía no se ha escuchado regularmente es billardo, pero eso puede estar a punto de cambiar. A medida que la deuda global total continúa su aumento inexorable y amenazador, sobrepasando los 233 billones de dólares en el tercer trimestre de 2017, se proyecta que alcanzará un cuarto de billardo de dólares en algún momento del año que viene. Para aquellos que no estén seguros de lo que significa, billardo es un 1 seguido de 15 ceros, o mil billones mirándolo de otra manera. Lo mires como lo mires, no se puede evitar el hecho de que este volcán activo de deuda eventualmente explotará y causará un cataclismo financiero de una ferocidad sin precedentes.


El coloso del endeudamiento monetario récord ha aparecido en todos los sectores de actividad económica. Desde los sistemas bancarios a los gobiernos, desde los negocios privados a los hogares, los niveles de deuda han aumentado increíblemente desde el colapso financiero de 2008, que se produjo, según se nos dijo, por la deuda excesiva.


Lo que es más inquietante es que mientras que hace una década los prestamistas más imprudentes estaban principalmente en los Estados Unidos y en la periferia europea, hoy el contagio ha azotado a aquellos previamente juiciosos respecto al crédito. Uno de los peores infractores es Canadá, cuyos hogares han destruido toda ilusión de prudencia y tienen ahora unas tasas de exposición de entre las más altas del mundo, superiores al 100% del PIB.


Otro país con deudas enormes es Australia. Su deuda nacional es mayor que el 120% del PIB (el doble de lo que era hace 20 años y 15 puntos porcentuales más que en 2007), mientras que más de un quinto de los propietarios de viviendas se encuentran en algún tipo demortgage stress [estrés hipotecario, que se refiere a destinar más del 30% de los ingresos al pago de la hipoteca], un hecho que impulsó al FMI a formular una advertencia el año pasado acerca de los riesgos de una gran contracción en caso de recesión o de otra crisis financiera.


Las deudas chinas se han hecho tan alarmantes que el partido dirigente ha tomado medidas urgentes para frenar los efectos potenciales. El sector bancario chino es más o menos tres veces el tamaño de su economía, y solo la deuda corporativa está actualmente cercana al 170% del PIB. En marzo de este año, el Banco de Pagos Internacionales hizo sonar la alarma sobre las economías de China y Hong Kong y advirtió que están en riesgo de crisis bancaria (también incluyó a Canadá en esa lista).


REINO UNIDO DUPLICA DESDE 2007, ESPAÑA TRIPLICA


Volviendo a Europa, la deuda nacional del Reino Unido como porcentaje del PIB es el doble de lo que era cuando golpeó la crisis global en 2007. En el sector privado, las deudas no garantizadas de tarjetas de crédito sobrepasaron los 70.000 millones en diciembre 2017, por primera vez en la historia. En Francia la deuda pública está cerca del 100% del PIB, en comparación con un 65% en 2007, mientras que el de España está igualado con el PIB cuando era un mero 35% en 2007.


Para Alemania el aumento en la deuda pública ha sido mucho menos pronunciado pero son los bancos del país los que ahora tienen una exposición excesiva, con deudas tóxicas del sector naval rondando por sí solas los cien mil millones de euros. Deutsche Bank en particular, enredado en escándalos y enfrentándose a multas regulares por ventas engañosas y artimañas financieras, parece claramente inestable (sin embargo, sus desgracias y considerables deudas de mala calidad no parecen haberle impedido pagar a su personal 2,2 mil millones de euros en bonus en 2017).


Mientras tanto, mirando a la periferia europea que tenía los problemas de deuda más grandes en el pasado reciente, el cuadro es uno de activos no rentables persistentemente elevados. Aunque los sistemas bancarios en Italia, Grecia, Chipre, Irlanda, España y Portugal han sido recapitalizados, las deudas de mala calidad no han visto los fuertes descensos previstos por el Banco Central Europeo. Esto se da especialmente en los tres primeros países de esa lista.


En Grecia, por ejemplo, las exposiciones no rentables (incluidas las partidas fuera de balance) alcanzaron los cien mil millones de euros a finales del año pasado, o alrededor del 45% de las exposiciones bancarias totales, con las ratios más altas siendo el crédito a los consumidores (53%) y las pymes (59%). La perpetuamente insatisfactoria economía de Italia continúa sufriendo y su frágil sistema bancario, lastrado por 350 mil millones de euros en deudas de mala calidad, se tambalea.


SIN BLANCA EN LA JUBILACIÓN


Fuera de este malestar global el flujo de estadísticas verdaderamente impactantes es totalmente descorazonador. He aquí una muestra: en Estados Unidos hay ahora más niños viviendo con padres en bancarrota que con divorciados; casi la mitad de todos los estadounidenses se estará jubilando sin blanca durante la próxima década (lo que se define como tener pocos o ningún ahorro o bien); hay más de cuatro millones de niños en el Reino Unido viviendo en la pobreza; la carga total de créditos que los estudiantes del Reino Unido estará soportando para mediados de este siglo será más de 300 mil millones de libras; más de uno de cada tres jóvenes en Grecia, España e Italia está desempleado.


Hay una pregunta que rara vez se hace: ¿hay crecimiento económico real ahí fuera que sea lo suficientemente fuerte como para proporcionar capacidad de pago de la deuda? A pesar de lo que nos dicen los bancos centrales, la respuesta es no. Estamos ahora en el octavo (en algunos casos el noveno) año de expansión, pero esta expansión ha sido extremadamente débil y ha sido alimentada por préstamos/gasto masivo del sector público y consumo aumentado del sector privado, también basado en los préstamos.


Muy poco del crecimiento que se ha registrado en Europa y Norteamérica desde 2000 ha sido impulsado por mejoras fundamentales en la productividad o aumentos en la capacidad productiva. Y se ha invertido muy poco en actualizar la infraestructura anticuada o estimular la productividad y los salarios reales. En vez de eso, la temeraria emisión de dinero y la expansión sin precedentes del crédito ha llevado a burbujas en la bolsa y la vivienda, las cuales están ahora mostrando señales inconfundibles de estallido.


Aunque el fuerte crecimiento simplemente no se da, los bancos centrales están ahora elevando los tipos de interés de forma generalizada, y el motivo es doble: primero, se dan cuenta de que los estímulos monetarios y la política monetaria laxa no podían continuar indefinidamente y de que han creado burbujas peligrosas, y segundo, necesitan la herramienta de la política monetaria cuando golpee la inevitable recesión, que saben que no está lejos. En otras palabras, necesitan desesperadamente tener tipos más altos para tener, cuando el crecimiento se vuelva negativo, una caja de herramientas repuesta con la que enfrentarlo.


Pero elevar los tipos en el contexto de niveles récord de deuda corporativa y doméstica no sólo empeorará la próxima recesión —empujando a las clases medias y trabajadoras en dificultades hacia el abismo— sino que provocará también derrumbes en la vivienda y la bolsa, quiebras masivas y una nueva crisis bancaria de una magnitud que estará más allá del poder de los bancos centrales.


¿Cómo reaccionarán esta vez los actuales gobiernos, vinculados a las grandes empresas? ¿Se atreverán de nuevo a rescatar a los bancos con dinero de los contribuyentes? ¿Ampliarán la experiencia de bail-in que se experimentó tan despiadada y cruelmente sobre los chipriotas en 2013? ¿Volverán a los estímulos monetarios, aunque más de diez billones de dólares se han añadido ya a los balances financieros de los cuatro principales bancos mundiales desde 2008? ¿O estarán obligados a dejar hundirse a los bancos, encontrar una forma de compensar a los titulares de depósitos hasta una determinada cantidad (100.000 euros en la UE por ejemplo) y atenerse a las consecuencias?


No hay duda de que el fracaso en abordar los problemas de la deuda excesiva y el comportamiento negligente o criminal de los bancos, o en anular modelos económicos erróneos han preparado el escenario para una crisis todavía peor que la de hace una década. La salida real de este embrollo en un medio o largo plazo (ya no hay remedios a corto plazo) es transformar las economías de manera importante, reducir el desproporcionado y descontrolado poder de las empresas sobre los trabajadores, eliminar su control sobre los medios de comunicación, los políticos y los dispositivos del poder político, restringir las actividades en las que se permite participar a los bancos, y hacer asequibles de nuevo bienes y servicios que son derechos humanos básicos: agua, energía, vivienda y educación.


Estas reformas no vendrán de gobiernos o partidos capitalistas y neoliberales sino del poder popular canalizado a través de órganos progresistas de la izquierda que tengan la voluntad de implementar soluciones radicales. Después de todo, la enfermedad que aflige al mundo desarrollado es de una severidad sin precedentes y no se puede curar tratando los síntomas antes que la patología subyacente.


Mientras tanto, los peligros del caos económico, el conflicto civil y la amplia miseria se hacen cada vez mayores, y el día de saldar cuentas se aproxima. Una buena indicación de que los principales banqueros están seriamente preocupados por el inevitable efecto boomerang es el hecho de que los dos centros financieros de Suiza, Zurich y Ginebra, están en la lista de las cinco ciudades europeas con el mayor consumo de cocaína (medido por los restos de la droga en sus aguas residuales). Muchos de ellos parecen necesitar drogas duras para aliviar sus miedos.

Por TIGRAN KALAYDJIAN
RED PEPPER

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Martes, 03 Abril 2018 06:28

El colonialismo insidioso

El colonialismo insidioso

Para Marielle Franco, in memoriam


El término alemán Zeitgeist se utiliza actualmente en diferentes lenguas para designar el clima cultural, intelectual y moral de una determinada época, literalmente, el espíritu del tiempo, el conjunto de ideas y creencias que componen la especificidad de un periodo histórico. En la Edad Moderna, dada la persistencia de la idea del progreso, una de las mayores dificultades para captar el espíritu de una determinada época reside en identificar las continuidades con respecto a épocas anteriores, casi siempre disfrazadas de discontinuidades, innovaciones y rupturas.


Para complicar aún más el análisis, lo que permanece de períodos anteriores siempre se metamorfosea en algo que simultáneamente lo denuncia y disimula y, por eso, permanece siempre como algo diferente de lo que fue, sin dejar de ser lo mismo. Las categorías que usamos para caracterizar una determinada época son demasiado toscas para captar esta complejidad, porque ellas mismas forman parte del mismo espíritu del tiempo que supuestamente deben caracterizar desde fuera. Corren siempre el riesgo de ser anacrónicas, por el peso de la inercia, o utópicas, por la ligereza de la anticipación.


Vengo defendiendo que vivimos en sociedades capitalistas, coloniales y patriarcales, en referencia a los tres principales modos de dominación de la modernidad occidental: el capitalismo, el colonialismo y el patriarcado o, más precisamente, el heteropatriarcado. Ninguna de estas categorías es tan controvertida entre los movimientos sociales y la comunidad científica como la de colonialismo. Hemos sido tan socializados en la idea de que las luchas de liberación anticolonial del siglo XX pusieron fin al colonialismo, que casi resulta una herejía pensar que al final el colonialismo no acabó, sino que apenas cambió de forma o ropaje. Nuestra dificultad radica sobre todo en nombrar adecuadamente este complejo proceso de continuidad y cambio. Es cierto que los analistas y los políticos más perspicaces de los últimos 50 años tuvieron la aguda percepción de esta complejidad, pero sus voces no fueron lo suficientemente fuertes como para cuestionar la idea convencional de que el colonialismo propiamente dicho acabara, con la excepción de algunos pocos casos, siendo los más dramáticos posiblemente el Sáhara Occidental, la colonia hispano-marroquí que continúa subyugando al pueblo saharaui, así como la ocupación de Palestina por Israel. Entre esas voces cabe destacar la del gran sociólogo mexicano Pablo González Casanova con su concepto de “colonialismo interno” para caracterizar la permanencia de estructuras de poder colonial en las sociedades que emergieron en el siglo XIX de las luchas de independencia de las antiguas colonias americanas de España.


Y también la voz del gran líder africano Kwame Nkrumah, primer presidente de la República de Ghana, con su concepto de “neocolonialismo” para caracterizar el dominio que las antiguas potencias coloniales seguían ejerciendo sobre sus antiguas colonias, convertidas en países supuestamente independientes. Una reflexión más profunda sobre los últimos 60 años me lleva a concluir que lo que casi terminó con los procesos de independencia del siglo XX fue una forma específica de colonialismo, y no el colonialismo como modo de dominación. La forma que casi terminó fue lo que se puede designar como colonialismo histórico, caracterizado por la ocupación territorial extranjera. Sin embargo, el modo de dominación colonial continuó bajo otras formas. Si las consideramos de esta forma, el colonialismo es tal vez hoy tan vigente y violento como en el pasado.


Para justificar esta afirmación es necesario especificar en qué consiste el colonialismo como forma de dominación. El colonialismo es todo aquel modo de dominación basado en la degradación ontológica de las poblaciones dominadas por razones etnorraciales. A las poblaciones y a los cuerpos racializados no se les reconoce la misma dignidad humana que se atribuye a quienes los dominan. Son poblaciones y cuerpos que, a pesar de todas las declaraciones universales de los derechos humanos, son existencialmente considerados como subhumanos, seres inferiores en la escala del ser. Sus vidas tienen poco valor para quien los oprime, siendo, por tanto, fácilmente desechables. Originalmente se los concibió como parte del paisaje de las tierras “descubiertas” por los conquistadores, tierras que, a pesar de ser habitadas por poblaciones indígenas desde tiempos inmemoriales, fueron consideradas como tierras de nadie, terra nullius. También se consideraron como objetos de propiedad individual, de los que la esclavitud es prueba histórica. Y hoy continúan siendo poblaciones y cuerpos víctimas del racismo, de la xenofobia, de la expulsión de sus tierras para abrir el camino a los megaproyectos mineros y agroindustriales y a la especulación inmobiliaria, de la violencia policial y las milicias paramilitares, del trabajo esclavo llamado eufemísticamente “trabajo análogo al trabajo esclavo” para satisfacer la hipocresía biempensante de las relaciones internacionales, de la conversión de sus comunidades de ríos cristalinos y bosques idílicos en infiernos tóxicos de degradación ambiental. Viven en zonas de sacrificio, en todo momento en riesgo de convertirse en zonas de no ser.


Las nuevas formas de colonialismo son más insidiosas porque se producen en el núcleo de relaciones sociales, económicas y políticas dominadas por las ideologías del antirracismo, de los derechos humanos universales, de la igualdad de todos ante la ley, de la no discriminación, de la igual dignidad de los hijos e hijas de cualquier dios o diosa. El colonialismo insidioso es gaseoso y evanescente, tan invasivo como evasivo, en suma, astuto. Pero ni así engaña o aminora el sufrimiento de quienes son sus víctimas en la vida cotidiana. Florece en apartheids sociales no institucionales, aunque sistemáticos. Sucede tanto en las calles como en las casas, en las prisiones y en las universidades, en los supermercados y en las estaciones de policía. Se disfraza fácilmente de otras formas de dominación tales como diferencias de clase y de sexo o sexualidad, incluso siendo siempre un componente de ellas. Verdaderamente, el colonialismo insidioso solo es captable en close-ups, instantáneas del día a día. En algunas de ellas surge como nostalgia del colonialismo, como si fuese una especie en extinción que debe ser protegida y multiplicada. He aquí algunas de tales instantáneas.


Primera instantánea: Uno de los últimos números de 2017 de la respetable revista científica Third World Quarterly, dedicada a los estudios poscoloniales, incluía un artículo de autoría de Bruce Gilley, de la Universidad Estatal de Portland, titulado “En defensa del colonialismo”. Este el resumen del artículo: “En los últimos cien años, el colonialismo occidental ha sido muy maltratado. Ha llegado la hora de rebatir esta ortodoxia. Considerando de manera realista los respectivos conceptos, el colonialismo occidental fue, en regla, tanto objetivamente benéfico como subjetivamente legítimo en la mayor parte de los lugares donde ocurrió. En general, los países que abrazaron su herencia colonial tuvieron más éxito que aquellos que la despreciaron. La ideología anticolonial impuso graves perjuicios a los pueblos sujetos a ella. Y continúa impidiendo, en muchos lugares, un desarrollo sustentado y un encuentro productivo con la modernidad. Hay tres formas en las que estados fallidos de nuestro tiempo pueden recuperar hoy el colonialismo: reclamando modos de gobernanza colonial, recolonizando algunas áreas y creando nuevas colonias occidentales”.


El artículo causó una indignación general y quince miembros del consejo editorial de la revista dimitieron. La presión fue tan grande que el autor terminó por retirar el artículo de la versión electrónica de la revista, aunque permaneció en la versión impresa. ¿Fue una señal de los tiempos? Al final, el artículo fue sujeto a revisión anónima por pares. La controversia mostró que la defensa del colonialismo estaba lejos de ser un acto aislado de un autor desvariado.


Segunda instantánea: Wall Street Journal del 22 de marzo pasado publicó un reportaje titulado: “La búsqueda de semen norteamericano se disparó en Brasil”. Según la periodista, la importación de semen norteamericano por mujeres solteras y parejas lésbicas brasileñas ricas aumentó extraordinariamente en los últimos siete años y los perfiles de los donantes seleccionados muestran la preferencia por bebés blancos y con ojos azules. Y añade: “La preferencia por donantes blancos refleja una persistente preocupación por la raza en un país en que la clase social y el color de piel coinciden con gran rigor. Más del 50 por ciento de los brasileños son negros o mestizos, una herencia resultante del hecho que Brasil importó diez veces más esclavos africanos que los Estados Unidos; y fue el último país en abolir la esclavitud, en 1888. Los descendientes de colonos y migrantes blancos –muchos de los cuales fueron atraídos al Brasil a fines del siglo XIX y principio del siglo XX, cuando las élites de gobierno buscaban explícitamente ‘blanquear’ a la población– controlan la mayor parte del poder político y de la riqueza del país. En una sociedad tan racialmente dividida, tener descendencia de piel clara es visto muchas veces como un modo de brindar a los niños mejores perspectivas, sea un salario más elevado o un tratamiento policial más justo”.


Tercera instantánea: El 24 de marzo pasado, el diario más influyente de Africa del Sur, Mail & Guardian, publicó un reportaje titulado “Genocidio blanco: cómo la gran mentira se propagó en los Estados Unidos y otros países”. Según el periodista, “los Suidlanders (foto), un grupo sudafricano de extrema derecha, han venido estableciendo contacto con otros grupos extremistas en Estados Unidos y en Australia, fabricando una teoría de conspiración sobre el genocidio blanco, con el objetivo de conseguir apoyo internacional para los sudafricanos blancos. El grupo, que se autodescribe como ‘una iniciativa-plan de emergencia’ para preparar una minoría sudafricana de cristianos protestantes para una supuesta revolución violenta, se ha relacionado con varios grupos extremistas (alt-right) y sus influyentes contactos mediáticos en Estados Unidos para instalar una oposición global a la alegada persecución de blancos en África del Sur. La semana pasada, el ministro australiano de Asuntos Internos dijo a Daily Telegraph que estaba considerando la otorgación de visas rápidas para agricultores sudafricanos blancos, los cuales –argüía el ministro– necesitaban “huir de circunstancias atroces” para “un país civilizado”. Según el ministro, tales agricultores “merecen atención especial” debido a la ocupación de tierras y la violencia… Estos agricultores sudafricanos blancos también han recibido atención en Europa, donde políticos de extrema derecha con contactos en la extrema derecha estadounidense han solicitado al Parlamento Europeo que intervenga en Africa del Sur. Agentes políticos contra los refugiados en el Reino Unido están igualmente ligados a la causa”.


La gran trampa del colonialismo insidioso es dar la impresión de un regreso, cuando en realidad lo que “regresa” nunca dejó de existir.


Por Boaventura de Sousa Santos, Doctor en Sociología del Derecho. Profesor de las universidades de Coimbra (Portugal) y de Winsconsin-Madison (EE.UU.).


Traducción: Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez.

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La "moda" del feminismo: relato sobre la vida y la muerte del sistema capitalista

¿Son los mensajes feministas en prendas de ropa de multinacionales una muestra de la capacidad del capitalismo para neutralizar a los movimientos sociales?

 Cada vez resulta más habitual ver prendas de ropa de las grandes empresas transnacionales estampadas con mensajes más o menos relacionados con el discurso del movimiento feminista. Teniendo en cuenta que resulta difícil entender el feminismo si no es desde la necesidad de poner en cuestión los principios que sustentan el modelo patriarcal y el sistema capitalista, considerando además que el feminismo lleva consigo la denuncia de las condiciones de trabajo y de vida a la que se ven sometidos muchos hombres pero sobre todo muchas mujeres que trabajan para las empresas que fabrican estas mismas prendas, la pregunta que surge entonces, ante esta nueva tendencia que alcanza a cada vez más público adolescente y joven, es si con esto asistimos a una demostración de fuerzas de las élites económicas y políticas o si, por el contrario, se puede ver en ello una muestra de las tensiones que aquejan a un sistema mucho menos consistente y completo de lo que se nos trata de hacer creer.

Como explican GillesDeleuze y Félix Guattari, el capitalismo se caracteriza por ser un sistema complejo y nutrido de forma rica en su interior, en la medida que es capaz de capturar –en un sentido similar al que el marxismo dio al concepto de recuperación– casi cualquier elemento que se mueva a su alrededor, incluso si se trata de aquellas expresiones políticas, sociales y culturales en un principio enfrentadas al discurso y las prácticas dominantes. El capitalismo es capaz de adoptar nuevos axiomas, esto es, nuevos principios que se deben aceptar sin necesidad de justificación, con el propósito de aumentar su plasticidad así como su aceptación entre la mayoría social. Si el feminismo,entendido en términos generales, se empieza a erigir como un movimiento cada vez más atractivo y con más aceptación entre capas importantes de la población, el capitalismo habilitará entonces un espacio en el que insertar –y mantener a ralla, claro está– al menos una parte de las reivindicaciones de este movimiento, como ya hizo con las luchas obreras y sindicales a través de los elementos de la negociación y el consenso, como trata de hacer con el movimiento estudiantil, con la lucha LGTBi o con el ecologismo. Para ello el capitalismo empieza por apropiarse o directamente por producir mensajes que pueden resultar en buena medida inocuos o a los que se ha desprovisto de toda potencia revolucionaria (Thisiswhat a feminist looks like, Everybodyshould be feminist...). De esta forma se consigue crear un espacio susceptible de aumentar el margen de beneficios en sectores empresariales nuevos o ya existentes pero necesitados de nuevos incentivos, abriendo lo que en la insidiosa terminología economicista se conoce como los nichos de mercado. Al tiempo, el capitalismo persigue con esto un objetivo no menor: desactivar un movimiento que, por su propuesta de construcción política y social, no podría funcionar sino como un artefacto explosivo adosado a la base del propio sistema.

En todo caso, el sistema capitalista no sólo lleva a cabo un proceso de absorción de todos aquellas expresiones políticas y sociales que tensan el campo social. Igual que integra, rechaza y excluye cuando resulta necesario. En este sentido, el discurso y las prácticas que quedan fuera del ámbito de influencia del sistema, que se lanzan pues hacia los márgenes, se presentan como una expresión del radicalismo que no es capaz de entender las bondades de un entramado político, social y económico perfectamente dispuesto a aceptar la pluralidad en su seno. Así se puede observar en relación al mensaje que el capitalismo nos quiere hacer llegar sobre el movimiento feminista. Por una parte estarían las feministas que actúan de forma racional y constructiva, aquellas que trabajan por la igualdad de hombres y mujeres dentro de un sistema que, al menos de cara a la opinión pública, hace gala de una capacidad de comprensión casi ilimitada hacia los movimientos que luchan por los derechos de cualquier segmento de la población. Por otra, las feministas que no entienden la liberación de la mujer si no es desde la ruptura radical con los principios de un sistema que tiene en el patriarcado uno de sus pilares más robustos; en definitiva, las feminazis de las que tanto se habla en ámbitos diversos, desde la barra del bar hasta los espacios informativos de mayor alcance. Las recientes declaraciones de Inés Arrimadas justificando que su grupo político y empresarial haya rechazado apoyar la huelga feminista del 8 de marzo van en esta dirección.


El capitalismo acepta pues algunos de los mensajes asociados a los movimientos sociales, incluso algunas de las demandas de las llamadas minorías, mientras tanto en un caso como en el otro se respeten los límites relativos del sistema –por eso la socialdemocracia no sólo no inquietó nunca a las élites políticas y económicas sino que ha sido, históricamente, uno de los principales dispositivos utilizados por las clases dominantes para mantener la paz social. Al mismo tiempo, el sistema se muestra atento a la hora de neutralizar, reconducir o simplemente excluir cualquier movimiento que trate de superar de forma absoluta sus límites.

LAS GRIETAS EN EL EDIFICIO DEL CAPITALISMO

Con todo, como también nos recuerdan Deleuze y Guattari, en el momento en que el capitalismo se ve llamado a realizar este proceso de recuperación del que hablamos, se puede entender que los movimientos sociales han empezado a ocupar un espacio favorable en el tablero de juego, que en cierta medida han comenzado a marcar la agenda política, dada su capacidad de proponer formas de pensar e incluso de vivir que pueden atraer a capas crecientes de la población y que el sistema no había podido prever por anticipado. Esto nos permite entender un par de aspectos sobre el carácter interno del capitalismo. Que sea un sistema capaz de producir formas de mirar, de vivir la realidad no quiere decir que su capacidad creativa sea ilimitada. De hecho, la producción de discurso por parte del sistema capitalista depende mucho más de la posibilidad de adaptar y asimilar las reivindicaciones de los movimientos sociales que de su propia capacidad para proponer nuevos espacios de relación. Si se quiere, se podría decir que el capitalismo es un sistema creativo pero de forma secundaria y subordinada. Mientras que en la creatividad de los movimientos sociales se ve la prioridad que estos tienen cuando se trata de crear una imagen y una forma de enunciar la realidad capaz de romper con lo normativo. Los movimientos sociales, en suma, expresan todo el conjunto de diferencias y singularidades, toda la riqueza que constituye la realidad social y que el capitalismo, de forma mediada y con posterioridad, se encarga de identificar, seleccionar, domesticar y representar a través de las vías institucionales dispuestas para tal efecto.


Por otra parte, se abre la puerta a abandonar la lógica dialéctica clásica que atraviesa el análisis marxista más ortodoxo acerca del poder y de las posibilidades de enfrentar y superar sus límites. Desde la perspectiva que defendemos, no es el sistema capitalista el que lleva la iniciativa y los movimientos llamados de resistencia los que tienen que reaccionar de manera defensiva ante los embates del poder; al contrario, desde esta perspectiva es el capitalismo y los poderes establecidos los que se ven obligados a caminar siempre un paso por detrás de los movimientos, no sólo de resistencia como sobre todo de creación de alternativas.

Por lo demás, el capitalismo se encuentra impelido a ampliar su área de influencia, dando así entrada a discursos y prácticas que pueden llevar a una visibilidad de voces antes ignoradas y a un aumento de la tensión y de la conflictividad internas del sistema. Para ello, estas voces no pueden dejar de hablar de forma autónoma, teniendo en cuenta que las posibilidades de derrotar al sistema pasan por ocupar el centro del campo social pero sin dejar de afirmar el discurso que históricamente las ha relegado a los márgenes. Asimismo, el aumento de las tensiones y las contradicciones del sistema, provocado por la necesidad de dar entrada a un conjunto en principio inofensivo de mensajes, dependerá de la capacidad que muestren los distintos movimientos –y en este sentido el feminismo puede y debe constituir un ejemplo a seguir– de abrir y mantener los espacios en donde articularse, de crear el discurso y las prácticas necesarias para poner en problemas al sistema desde el interior al tiempo que se le acosa desde el exterior.

Por JOSEP ARTÉS/MIQUEL MARTÍNEZ
PROFESORES DE FILOSOFÍA


2018-02-27 09:30:00

Publicado enCultura
A Federico Gutiérrez le queda grande la alerta roja de Medellín


Una vez más. El pasado 22 de febrero, el Área Metropolitana y la Alcaldía de Medellín declararon en estado de prevención a los municipios del Valle de Aburrá. Las razones son las diversas alertas en el incremento del Índice de la Calidad del Aire (ICA), que durante las 24 horas previas a la toma de tal medida reportó el Sistema de Alerta Temprana del Valle de Aburrá. Las medidas para contrarrestar la emergencia son las mismas que ordenaron en ocasiones anteriores: pico y placa para todos los vehículos particulares durante el sábado y una supuesta intensificación del control a las industrias. Los resultados arrojados por estas medidas indican con toda claridad que las autoridades ambientales no van más allá de las medias tintas cuando tratan de prevenir la contaminación del aire.


En la tarde del 21 de febrero (Ver imagen 1), el cielo de Medellín se tornó de color naranja, pasando a rojo y luego a una tonalidad violeta que llamó la atención de todos los transeuntes; ese día el mapa air pollution in the world real time indicó que la ciudad se encontraba en alerta roja con un ICA de 151 µg/m3 (microgramo por metro cúbico), sin embargo, de parte de el Área Metropolitana y la Alcaldía no hubo pronunciamientos hasta el día siguiente, cuando en rueda de prensa informaron el estado de prevención y las medidas a tomar a partir del 23 de febrero hasta el 7 de abril de 2018.

 

Imagen 1. ICA de acuerdo air pollution in the world real time el 21 de febrero de 2018

 

Recomendaciones a la ciudadanía

  • Utilizar el Sistema Integrado de Transporte del Valle de Aburrá, SITVA.
  • Compartir tu vehículo con otras personas.
  • Hacer revisiones técnicas a su vehículo de forma periódica
  • Evitar el uso del vehículo particular y la moto para trayectos cortos.
  • Utilizar los paraderos de buses autorizados para no obligar a los conductores a detenerse en cualquier sitio.
  • Planea tu recorrido para hacer más cosas en un solo viaje.
  • Haz uso del teletrabajo.

 

Como puede deducirse sin esfuerzo alguno, las medidas tomadas frente a la emergencia no son lo suficientemente efectivas para lograr reducir la presencia de PM 2.5 en el aire de los municipios comprometidos, solo corresponden a las paupérrimas alternativas que un gobierno local, controlado por los grandes empresarios de la región, puede brindar sin que se afecte la producción y, en general, todo el modelo de ciudad hasta ahora vigente.


Lo grave del asunto


De acuerdo con las declaraciones del Área Metropolitana del Valle de Aburrá, el estado del aire se encuentra en nivel II, que de acuerdo con la medición del ICA a nivel internacional corresponde a una alerta naranja comprendida como una amenaza para la población, sobre todo para las personas con enfermedades respiratorias. Lo preocupante es que en paralelo con air pollution in the world real time, la alerta es roja y Medellín y todo el Valle de Aburrá se encuentran ante un inminente riesgo de alcanzar la alerta violeta.


Pasadas las primeras horas de ejecución de las medidas establecidas, este mapa presenta un ICA de 160 justo en el centro de Medellín, lo que despierta cuestionamientos frente a si realmente las medidas son eficaces, porque más allá de establecer un pico y placa no se tiene en cuenta que en la ciudad de Medellín, solo hasta el 2016, la densificación vehicular era de un vehículo por cada tres personas, entendiéndose que por cada familia mínimo hay una moto o carro. Sumando a esta, si la población acoge con juicio las recomendaciones municipales y deja su vehículo en casa, el transporte público, totalmente limitado, colapsará. Estamos, por tanto, ante un problema mayor que requiere soluciones estructurales para el modelo de ciudad construido y defendido por quienes determinan el rumbo de esta parte de Antioquia.


Es necesario, por tanto, que la ciudadanía deje la pasividad y exija, por un lado informes completos sobre el estado real del aire en su ciudad y, por el otro, alternativas radicales y eficaces ante la crisis ambiental, las mismas que prioricen la salud de quienes habitamos este territorio, así como la preservación de la naturaleza y todos los seres vivos que la integran.


Estamos ante el reto de estimular el surgimiento de una conciencia ambiental ciudadana, una que motive a cada uno de quienes compartimos este pedazo de la Tierra, a preguntarse por la realidad ambiental de su entorno, por el modelo de ciudad que nos impusieron industriales, urbanizadores, comerciantes de vehículos, y sus agentes políticos que han controlado el destino de nuestra urbe por décadas, y abrir un debate ciudadano sobre la realidad que nos está ahogando, sobre la necesaria reubicación de una parte de quienes acá habitamos, proyectando el crecimiento controlado de un conjunto de municipios ubicados a una hora –más o menos– de Medellín, situando en sus alrededores fábricas y similares. Y, claro, cambiar usos y consumos, integrar a la vida diaria el reciclaje, cuestionar y controlar el uso de todo tipo de vehículos, compartir estos con los vecinos, no sacarlos sino para lo indispensable. Pero lo fundamental, es lo radical, y eso pasa por reorganizar todo el modelo de ciudad hoy imperante.


Un reto mayor para un Alcalde y una clase dirigente que solo piensan en el bolsillo.

 

Comparación del ICA – 23 de febrero de 2018
SIATA – Sistema de Alerta Temprana del Valle de Aburrá 12:29 del medio día

Air pollution in the world real time – 12:26 del medio día

 

Video relacionado

Medellín. Crisis ambiental

 

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La contaminación aumenta un 20 % el riesgo de sufrir un tipo de ictus a corto plazo

24 de febrero de 2018

Publicado enColombia
El manifiesto comunista, a 170 años de su publicación

Vigente y necesario, referente de una ideología que buscaba romper las cadenas que ataban a la clase trabajadora y la explotaban. El documento “de literatura política más influyente desde la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudadano”, en palabras del historiador británico Eric Hobsbawm.

“Un fantasma recorre Europa: es el fantasma del comunismo”

El texto, como se plantea en sus primeras frases, es un manifiesto para oponerse a la leyenda de ese fantasma, para reivindicar el papel del proletariado. Veintitrés páginas que fueron impresas, en febrero de 1848, en la sede de la Worker´s Educational Association (Kommunistischer Arbeiterbildungsverein) de la calle Liverpool en Londres. La Liga de los Comunistas (Bund der Kommunisten), sucesora de la Liga de los Justos (Bund der Gerechsten) y ésta de la Liga de los Proscritos (Bund der Geächteten), se ofreció a publicar un documento elaborado por los filósofos alemanes Karl Marx y Friedrich Engels y adoptarlo como su documento político.

“La historia de todas las sociedades existentes hasta el presente (la historia transmitida por escrito) es la historia de luchas de clases”

Inicialmente su influencia fue escasa, solamente impactó en la Alemania de la revolución de 1848 por medio del Neue Rheinische Zeitung, periódico de vida efímera editado por Marx. Entre 1848 y 1849 se reimprimió tres veces, se reescribió y corrigió en mayo de 1848 en treinta páginas y se publicó por entregas en el periódico inglés impreso en alemán Deutsche Londoner Zeitung (1845-1851). A pesar de ello, el fracaso de las revoluciones en Europa hizo que El Manifiesto no fuera muy tenido en cuenta.

En su exilio británico, Marx hizo reimprimir la sección III (Literatura socialista y comunista) en el último número, noviembre 1850, de la revista que editaba en Londres Neue Rheinische Zeitung, politisch-ökonomische revue. Pero no fue hasta su notoria labor en la llamada Primera Internacional (1864-1872), a su defensa de la Comuna de París de 1871 y al juicio por traición de tres líderes socialdemócratas alemanes en 1872, que él y El Manifiesto volvieron a tener la relevancia que merecían.
“La sociedad burguesa moderna surgida del ocaso de la sociedad feudal no ha abolido los antagonismos de clase”

Engels y Marx escribieron un prefacio para esa edición de 1872 que se convirtió en la base de todas las ediciones publicadas desde entonces. A partir de ahí, y más tras la Revolución de Octubre de 1917 en Rusia, El Manifiesto fue traducido a más de treinta idiomas, incluidos el chino y el japonés, con numerosas ediciones en toda Europa y en Estados Unidos. En español apareció por primera vez en noviembre de 1872 en el semanario La Emancipación de Madrid, sin el pasaje sobre “El socialismo alemán o verdadero” al suponer su editor que era demasiado local. Diez años después se editó en El Obrero de Barcelona. En América Latina tuvo su primera edición en México en 1888 en El Socialista. Todos esos datos, bien detallados, los recoge Bert Andréas en su Le Manifeste Communiste de Marx et Engels. Histoire et bibliographie, 1848-1918.
“El obrero se convierte en indigente y la indigencia se desarrolla aún con mayor celeridad que la población y la riqueza”

En la segunda mitad del siglo XX, El Manifiesto no era solamente un texto marxista clásico, sino que alcanzó el estatus de texto político indispensable en los estudios de ciencias políticas y sociología. El propio Hobsbawm dice que “ya no fue publicado exclusivamente por comunistas u otros editores marxistas, sino en grandes ediciones de editoriales no políticas con introducciones de académicos destacados”.


“El lugar de la antigua sociedad burguesa, con sus clases y contradicciones de clases, será ocupado por una asociación en la cual el libre desarrollo de cada cual será la condición para el libre desarrollo de todos”


En la recta final de la segunda década del siglo XXI, El Manifiesto sigue siendo una obra de referencia para el pensamiento y la teoría política. Un panfleto, como lo nombra Hobsbawm, que engancha y arrastra por su “convicción apasionada, la brevedad sintética, la fuerza intelectual y estilística”. Un manual de lectura para la clase trabajadora de la que me considero parte (contra el clasismo que discrimina a esa clase trabajadora, tal como lo denuncia V. Navarro).


“Las ideas dominantes de una época siempre fueron sólo las ideas de la clase dominante”


En el mundo de hoy podemos reconocer mucho de aquél que Marx describiera en 1848 en unos “pasajes de elocuencia sombría y lacónica (…) en frases lapidarias que casi se transforman de forma natural en aforismos memorables que han llegado a ser conocidos mucho más allá del mundo del debate político” (Hobsbawm). No está de más hacer una relectura de El Manifiesto y tomar algunas notas para lo que queda del siglo XXI.


“Las clases dominantes pueden temblar ante una revolución comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen un mundo que ganar.”
“¡Proletarios de todos los países, uníos!”

 

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¿Unidad de las izquierdas? El caso portugués

El Gobierno que inició su andadura en Portugal a finales de 2015 es pionero en cuanto a la articulación entre varios partidos de izquierda, un gobierno del Partido Socialista con el apoyo parlamentario de dos partidos de izquierda, el Bloco de Esquerda [Bloque de Izquierda] y el Partido Comunista Portugués. Es poco conocido internacionalmente, no solo porque Portugal es un país pequeño, cuyos procesos políticos pocas veces forman parte de la actualidad política internacional, sino porque, sobre todo, representa una solución política que va contra los intereses de los dos grandes enemigos globales de la democracia que hoy dominan los medios de comunicación —el neoliberalismo y el capital financiero global—.

Conviene recapitular. Desde la Revolución del 25 de abril de 1974, los portugueses han votado con frecuencia mayoritariamente partidos de izquierda, pero han sido gobernados por partidos de derecha o por el Partido Socialista a solas o en coalición con partidos de derecha. Los partidos de derecha se presentaban a las elecciones solos o en coalición, mientras que los partidos de izquierda, en la lógica de una larga trayectoria histórica, se presentaban divididos por diferencias aparentemente insuperables. En octubre de 2015 ocurrió lo mismo. Solo que en esa ocasión, en un gesto de innovación política que quedará en los anales de la democracia europea, los tres partidos de izquierda (Partido Socialista, Bloco de Esquerda y Partido Comunista Portugués) resolvieron entrar en negociaciones para buscar una articulación de incidencia parlamentaria que viabilizara un gobierno de izquierda liderado por uno de esos partidos, el que tuvo más votos, el Partido Socialista. Con negociaciones separadas entre este partido y los otros dos (debido a las desconfianzas recíprocas iniciales), fue posible llegar a acuerdos de gobierno que viabilizaron un gobierno de izquierda sin precedentes en la Europa de las últimas décadas.


La innovación de estos acuerdos se basó en varias premisas: 1) los acuerdos eran limitados y pragmáticos, se centraban en pequeños denominadores comunes con el objetivo de hacer posible un gobierno que frenara la continuación de las políticas de empobrecimiento de los portugueses que los partidos de la derecha neoliberal habían aplicado en el país;

2) los partidos mantenían celosamente su identidad programática, sus banderas y aclaraban que los acuerdos no las ponían en riesgo, porque la respuesta a la coyuntura política no exigía reconsiderarla, y mucho menos abandonarla; 3) el gobierno debería ser coherente y, para ello, debería ser de la responsabilidad de un solo partido, y el apoyo parlamentario garantizaría su estabilidad; 4) los acuerdos se celebrarían de buena fe y tendrían un seguimiento, en el que las partes los comprobarían de manera regular. Los textos de los acuerdos constituyen modelos de contención política y detallan hasta el detalle los términos acordados. Las medidas acordadas tenían, básicamente, dos grandes objetivos políticos: parar el empobrecimiento de los portugueses, reponiendo los ingresos de los trabajadores y los pensionistas según la escala de ingresos, y frenar las privatizaciones que, como todas las que ocurren bajo los auspicios del neoliberalismo y del capital financiero global, son actos de «privatería» [1]. Los acuerdos se negociaron con éxito y el Gobierno tomó posesión en un ambiente políticamente hostil del presidente de la República de entonces, de la Comisión Europea y de las agencias financieras, todos fieles servidores de la ortodoxia neoliberal.


Poco a poco, la política desarrollada en cumplimiento de los acuerdos fue dando resultados, para muchos, sorprendentes, y pasado algún tiempo muchos de los detractores del gobierno no tenían más remedio que admitir su equivocación ante los números del crecimiento de la economía, de la bajada de la tasa de paro, de la mejora general de la imagen del país, finalmente ratificada por las agencias de calificación de crédito, y con los títulos portugueses pasando del nivel bono basura al nivel inversión. El significado de todo esto podría resumirse en lo siguiente: realizando políticas opuestas a las recetas neoliberales se obtienen los resultados que tales recetas siempre anuncian y nunca consiguen, y eso es posible sin aumentar el sufrimiento y el empobrecimiento de los portugueses. Más bien al contrario, reduciéndolos. De una manera mucho más directa, el significado de esta innovación política es mostrar que el neoliberalismo es una mentira, y que su único y verdadero objetivo es acelerar como sea la concentración de la riqueza bajo los auspicios del capital financiero global.


Es evidente que la derecha neoliberal nacional e internacional está en desacuerdo con este propósito e intentará acabar con esta solución política, en lo que, por ahora, tiene como aliada la derecha, que nunca se ha vuelto a ver en los «excesos» del neoliberalismo y que quiere volver al poder. Ahora, la forma más benevolente del inconformismo surge como un aparente elogio, que se formula así: «Esta solución política durará toda la presente legislatura». Para los más perspicaces, esto significa estabilidad a plazos, como si se dijera a las izquierdas (y a los portugueses que se vuelven a ver en ellas): «Estuvo bien, pero se acabó». A esas fuerzas y a los portugueses les compete contraponer a lo expresado con un «Queremos más», y actuar en conformidad.


¿Cuál es el significado más global de esta innovación política? Once tesis para articulaciones limitadas entre fuerzas políticas de izquierda


En este ámbito, como en muchos otros, no hay lugar para copias mecánicas de soluciones. Las izquierdas pueden y deben aprender de las experiencias globales, pero tienen que encontrar las soluciones que se adapten a sus condiciones y su contexto. De hecho, hay factores que son únicos y facilitan soluciones que en otros contextos son inevitables o, por lo menos, mucho más difíciles. Daré algunos ejemplos más adelante. Con estas cautelas, la experiencia portuguesa tiene un significado que trasciende al país, independientemente de lo que acabe por ocurrir en el futuro. Ese significado puede resumirse en las siguientes tesis:


1) Las articulaciones entre partidos de izquierda pueden ser de varios tipos. Sobre todo, pueden derivar de acuerdos preelectorales o acuerdos parlamentarios. Pueden implicar participación en el gobierno o solo apoyo parlamentario. Siempre que los partidos parten de posiciones ideológicas muy diferentes, y si no hay otros factores que recomienden lo contrario, es preferible optar por acuerdos poselectorales (porque se dan después de medir pesos relativos) y acuerdos de incidencia parlamentaria (porque minimizan los riesgos de los socios minoritarios y permiten que las divergencias sean más visibles y dispongan de sistemas de alerta conocidos por los ciudadanos).


2) Las soluciones políticas de riesgo presuponen liderazgos con visión política y capacidad para negociar. En el caso portugués, todos los líderes implicados tienen esa característica. De hecho, el primer ministro, había intentado puntualmente políticas de articulación de izquierda en los años en los que fue alcalde del Ayuntamiento de Lisboa. Sin embargo, la articulación más consistente entre fuerzas de izquierda la protagonizó Jorge Sampaio, también del Partido Socialista, como alcalde de Lisboa que acabaría por ser presidente de la República entre 1996 y 2006. Y no podemos olvidarnos de que el fundador del Partido Socialista portugués, Mário Soares, en la fase final de su vida política, había abogado por este tipo de políticas, algo que, por ejemplo, es difícil de imaginar en España, donde el que fuera líder histórico del PSOE, Felipe González, se ha ido inclinando hacia la derecha con el paso de los años y se ha manifestado siempre contra cualquier entendimiento entre las izquierdas.


3) Las soluciones innovadoras y de riesgo no pueden salir solo de las cabezas de los líderes políticos. Es necesario consultar a las «bases» del partido y dejarse movilizar por las inquietudes y aspiraciones que manifiestan.


4) La articulación entre fuerzas de izquierda solo es posible cuando se comparte la voluntad de no articularse con fuerzas de derecha o de centroderecha. Sin una fuerte identidad de izquierda, el partido o fuerza de izquierda en que dicha identidad sea débil siempre será un socio vacilante, capaz de abandonar la coalición en cualquier momento. Hoy en día, la idea de centro es particularmente peligrosa para la izquierda, porque, como espectro político, se ha desplazado a la derecha por presión del neoliberalismo y del capital financiero. El centro tiende a ser centroderecha, incluso cuando afirma ser centroizquierda. Es crucial distinguir entre una política moderada de izquierda y una política de centroizquierda. La primera puede ser el resultado de un acuerdo coyuntural entre fuerzas de izquierda, mientras que la segunda es el resultado de articulaciones con la derecha que suponen complicidades mayores que hacen que pierda su carácter de política de izquierda.


En este campo, la solución portuguesa invita a una reflexión más profunda. Aunque sea una articulación entre fuerzas de izquierda y yo considere que configura una política moderada de izquierda, la verdad es que contiene, por acción u omisión, algunas opciones que implican ceder gravemente a los intereses que normalmente defiende la derecha. Por ejemplo, en los campos del derecho al trabajo y de la política sanitaria. Todo lleva a creer que la prueba para comprobar la voluntad real de garantizar la sostenibilidad de la unidad de las izquierdas está en lo que se decida en estas áreas en un futuro cercano.


5) No hay articulación o unidad sin programa y sin sistemas de consultas y de alerta que evalúen regularmente su cumplimiento. Pasar cheques en blanco a cualquier líder político en el interior de una coalición de izquierda es una invitación al desastre.


6) Cuanto más compartido sea el diagnóstico de que estamos en un periodo de luchas defensivas, un periodo en el que la democracia, incluso la de baja intensidad, corre un serio riesgo de ser duramente secuestrada por fuerzas antidemocráticas y fascistizantes, más viable será la articulación. Aunque la democracia no se colapse totalmente, la actividad política opositora de las fuerzas de izquierda en su conjunto puede correr serios riesgos de sufrir fuertes limitaciones, e incluso ser ilegalizada.


7) La disputa electoral tiene que tener un mínimo de credibilidad. Para ello debe basarse en un sistema electoral que garantice la certeza de los procesos electorales para que los resultados de la disputa electoral sean inciertos.


8) La voluntad de converger nunca puede neutralizar la posibilidad de divergir. Según los contextos y las condiciones, puede ser tan fundamental converger como divergir. Incluso durante la vigencia de las coaliciones, las diferentes fuerzas de izquierda deben mantener canales de divergencia constructiva. Cuando esta deje de ser constructiva, significará que se aproxima el fin de la coalición.


9) En un contexto mediático y comunicacional hostil a las políticas de izquierda, en un contexto en el que proliferan las noticias falsas, las redes sociales pueden potenciar la intriga y la desconfianza y los soundbites [piezas de audio] cuentan más que los contenidos y las argumentaciones, es decisivo que haya canales de comunicación constantes y eficaces entre los socios de la coalición y que se aclaren pronto los malentendidos.


10) No hay que olvidar los límites de los acuerdos, tanto para no crear expectativas exageradas como para saber avanzar hacia otros acuerdos o para romper los existentes cuando las condiciones permitan políticas más avanzadas. En el caso portugués, los detallados acuerdos entre los tres partidos revelan bien el carácter defensivo y limitado de las políticas acordadas. En el día a día, la Unión Europea, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo transmiten las imposiciones del neoliberalismo global. La respuesta de los partidos de izquierda portugueses debe valorarse a la luz de la violenta respuesta de estas instituciones europeas a las políticas iniciales del partido Syriza en Grecia. La solución portuguesa pretendió crear un espacio de maniobra mínimo en un contexto que constituía una ventana de oportunidad. Recurriendo a una metáfora, la solución portuguesa permitió a la sociedad portuguesa respirar. Ahora bien, respirar no es lo mismo que florecer; tan solo es lo mismo que sobrevivir.


11) En el contexto actual de asfixiante adoctrinamiento neoliberal, la construcción y la implementación de alternativas, por más limitadas que sean, tienen, cuando se realizan con éxito, además del impacto concreto y beneficioso en la vida de los ciudadanos, un efecto simbólico decisivo que consiste en deshacer el mito de que los partidos de izquierda-izquierda solo sirven para protestar y no saben negociar y mucho menos asumir las complejas responsabilidades de gobernar. Las fuerzas conservadoras han alimentado este mito a lo largo de décadas con la complicidad de grandes medios de comunicación y actualmente cuentan también con el apoyo del poder disciplinario global que el neoliberalismo ha adquirido en las últimas décadas.


Notas


[*] Este artículo constituye la segunda entrega de las cinco que van a dedicarse en este blog al tema de la unidad/articulación de las izquierdas en diferentes contextos contemporáneos y que forman parte del libro ¿Unidad de las izquierdas? Cuándo, por qué, cómo y para qué, Dyskolo, 2018.
[1] Neologismo creado por el periodista Elio Gaspari que combina los términos «privatización» y «piratería».

 

Traducción de Antoni Aguiló y Àlex Tarradellas

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Sábado, 03 Febrero 2018 08:57

Antropoceno, capitaloceno, faloceno y más

Antropoceno, capitaloceno, faloceno y más

Sin duda el ser humano asoma como una plaga que destruye el planeta. Más allá de las lecturas interesadas -e inverosímiles- de negacionistas como el presidente norteamericano Donald Trump , la evidencia es múltiple. Un ejemplo es la situación cada vez más compleja de la agricultura. Tan es así que, comentando el inicio de una de las mayores ferias de alimentos, agricultura y horticultura a nivel mundial: la “Semana Verde” (“Grüne Woche”) en Berlín, Markus Balser, en el Süddeutsche Zeitung –el diario de mayor circulación en idioma alemán– del viernes 19 de enero, afirmó categóricamente que “la agricultura no tiene más que ver con la tierra, pero sí más con la economía”. Gran ejemplo de esta constatación es la producción alimenticia, inspirada cada vez más en reflexiones económicas indiferentes a las necesidades de subsistencia humana; casos puntuales son los biocombustibles para los automóviles o la especulación con los alimentos en los llamados mercados de futuro. 

 

Esta realidad ha llevado a afirmar que vivimos una nueva era, bautizada en 2002 como “antropoceno” por el Premio Nobel de Química de 1995: Paul Crutzen. Esta afirmación, que sirve para describir un cambio en la época geológica –donde los seres humanos empezamos a marcar profundamente la historia de la Tierra superando la era del “oloceno”–, no permite, sin embargo, llegar a conclusiones adecuadas de cómo enfrentar los graves problemas que experimentamos y los que en forma cada vez más compleja se nos vienen. El “antropoceno” deja flotando en el aire la idea de que todos los seres humanos hemos provocado por igual las presentes tensiones y afectaciones socio-ecológicas.


Para enfrentar los problemas que asfixian al planeta, cabe conocer y cuestionar la complejidad del mundo en que vivimos, particularmente la economía que lo sustenta. Una economía dispendiosa que demanda ingentes recursos naturales, provocando graves desequilibrios ecológicos y sociales. Una economía que gira cada vez más aceleradamente alrededor de la incesante búsqueda de ganancias, alentada por el consumismo y el productivismo. Una economía atrapada entre el fetichismo tecnocientífico y la mercantilización veloz de todas las dimensiones de la vida, sea en el ámbito humano o no humano. Una economía estructuralmente inequitativa en términos de distribución de la riqueza [2] , del poder e incluso de los impactos provocados por los desequilibrios ambientales (ocasionados también por la imparable aceleración de dichas actividades económicas).


Los datos son contundentes. La revista catalana Ecología Política número 53 nos brinda una síntesis:


- En 2015, la mitad de las emisiones totales de CO2 fueron responsabilidad de un 10% de la población mundial; mientras que la mitad de sus miembros apenas responde por un 10% de la contaminación. Las emisiones del 1% más rico superan 175 veces a las del 10% más pobre.
- Los agentes más contaminantes son las empresas petroleras y cementeras. Y la entidad que más petróleo quema es el Departamento de Defensa de los EEUU; el consumo per cápita del personal militar de dicho país fue en 2011 un 35% superior al promedio de un ciudadano norteamericano (por cierto, propietario de la mayor huella ecológica en el mundo).


La norteamericana Elizabeth Kolbert detalló muchos de estos hechos deprimentes en su libro La Sexta Extinción: Una Historia Antinatural. Ella estimaba que aproximadamente la mitad de las especies de plantas y animales hoy existentes morirán antes de 2050; semejante extinción no se debe a una catástrofe natural, sino a la actividad destructiva humana. Lo que nosotros quemamos en un año en combustibles fósiles, a los microorganismos les tomó formarlo, a través de complejos procesos, un millón de años, nos recuerda la experta chilena en cambio climático Maisa Rojas; otra perturbación atribuible a los seres humanos.


El sistema económico de mercado –dominante en Oriente y Occidente– alienta a todos a perseguir el crecimiento a corto plazo, sin comprender las consecuencias a largo plazo de semejante locura colectiva.


Calificar esta época de “antropoceno” es, en consecuencia, una verdad muy incompleta pues oculta el nombre de la raíz de esta situación: el capitalismo, la civilización de la desigualdad, que se nutre de sofocar la vida. Más que “antropoceno”, vivimos en el “capitaloceno”, una civilización que debe derrocarse para que el cambio climático –y demás desórdenes naturales– no extingan a la humanidad. Tal transformación exige cuestionar a fondo las promocionadas alternativas tecno-científicas y mercantiles, que no solucionan nada; un ejemplo es la “economía verde”, que mercantiliza inmisericordemente a la Naturaleza, incluyendo al mismo clima o a los genes humanos, como lo analiza Kathrin Hatmann con contundencia en su nuevo libro: “La mentira verde: salvación del mundo como modelo de negocio rentable” (Die grüne Lüge: Weltrettung als profitables Geschäftsmodell).


Pero las potentes críticas al “capitaloceno” deben ampliarse, profundizarse y enriquecerse. Aquí compete pensar, por ejemplo, en visiones ecofeministas como las que plantea el grupo venezolano “LaDanta LasCanta”, quienes visibilizan que “la dominación de la Naturaleza y la dominación de las mujeres son dos caras de una misma moneda”, propia de la civilización patriarcal-capitalista. Es decir propia del “faloceno”, como lo califica este grupo de activistas.


Otro fundamento del “capitaloceno” es el racismo , una de las mayores lacras de la colonialidad vigente hasta la actualidad: “la más profunda y perdurable expresión de la dominación colonial, impuesta sobre la población del planeta en el curso de la expansión del colonialismo europeo”, como explica el gran pensador peruano Aníbal Quijano.


Podríamos entonces también hablar del “racismoceno”, que junto al “faloceno”, cimentan las bases del capitalismo: una civilización antropocéntrica que se superará con una gran transformación social o de lo contrario esta civilización terminará sumiendo a la humanidad en la barbarie.

 

[1] Economista ecuatoriano. Expresidente de la Asamblea Constituyente. Excandidato a la Presidencia de la República del Ecuador.
[2] El reciente informe de OXFAM confirma la tendencia: en el año 2017, el 1% más rico de la población mundial (33 millones de personas) acumuló el 82% del incremento de la riqueza global. El 50% de la población mundial: 3.600 millones de personas, los pobres, no recibieron nada de este aumento.

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Pobreza en Estados Unidos. Foto: The Guardian

En el corazón de la misión especial de Philip Alston, Relator de la ONU para la Pobreza, hubo una pregunta: ¿pueden los estadounidenses disfrutar de los derechos humanos fundamentales si no pueden cumplir con los estándares básicos de vida? Alston, quiere saber por qué 41 millones de estadounidenses viven en la pobreza. The Guardian se unió a él en una misión especial de dos semanas en el corazón oscuro de la nación más rica del mundo


El Relator de Naciones Unidas sobre extrema pobreza y derechos humanos se embarcó en una gira de costa a costa por los Estados Unidos para hacer que la nación más rica del mundo -y su presidente-, respondan por las dificultades que soportan los ciudadanos más vulnerables de Estados Unidos.


La gira hizo paradas en cuatro estados, así como en Washington DC y el territorio estadounidense de Puerto Rico. Se enfocó en varias de las barreras sociales y económicas que hacen que el sueño estadounidense sea simplemente una quimera para millones: desde la indigencia en California hasta la discriminación racial en el sur profundo, el abandono acumulado en Puerto Rico y el declive de los empleos industriales en Virginia Occidental.
Con 41 millones de estadounidenses oficialmente en la pobreza según la Oficina del Censo de los EE. UU. (otras estimaciones ponen esa cifra mucho más alta), uno de los objetivos de la misión de la ONU será demostrar que ningún país, por muy rico que sea, es inmune al sufrimiento humano inducido por la creciente desigualdad.


Los Angeles, California, 5 de diciembre de 2017

 


Estamos en Los Ángeles, en el corazón de una de las ciudades más ricas de América, y el General Dogon, vestido de negro, es nuestro guía turístico. Junto a él pasea otro hombre alto, de pelo gris y elegantemente vestido con jeans y chaqueta. El profesor Philip Alston es un académico australiano con un título formal: Relator Especial de las Naciones Unidas sobre la extrema pobreza y los derechos humanos.
El general Dogon, un veterano de estas calles de Skid Row, avanza a grandes zancadas, pasando por encima de una rata muerta sin hacer ningún comentario y bordeando un cuerpo envuelto en una gastada manta naranja que yace en la acera.


Los dos hombres continúan cuadra tras cuadra de tiendas desvencijadas y refugios de lona improvisados. Hombres y mujeres se reúnen fuera de las estructuras, en cuclillas o durmiendo, algunos en grupos, la mayoría solos como extras en una película distópica de bajo presupuesto.


Llegamos a una intersección, que es cuando el general Dogon se detiene y le presenta a su invitado la opción. Señala hacia el final de la calle, donde los relucientes rascacielos del centro de Los Ángeles se alzan en una promesa de riquezas divinas.


El Paraiso.


Luego gira hacia la derecha, revelando el tatuaje de “poder negro” en su cuello, y lleva nuestra mirada de nuevo al estallido de Skid Row en el centro del centro de LA. De esa manera se encuentran 50 bloques de humillación humana concentrada. Una pesadilla a simple vista, en la ciudad de los sueños.


Alston gira a la derecha.


Entonces comienza un viaje de dos semanas en el lado oscuro del Sueño Americano. El centro de atención del relator de la ONU, un árbitro independiente de los estándares de derechos humanos en todo el mundo, ha caído en esta ocasión en los EE. UU., culminando el viernes con el lanzamiento de su informe inicial en Washington.

 

 
Philip Alston, Relator de la ONU, en las calles de Los Angeles. Foto: Dan Tuffs para The Guardian


Su misión de investigación en la nación más rica que el mundo haya conocido le ha llevado a investigar la tragedia en su núcleo: los 41 millones de personas que oficialmente viven en la pobreza.


De ellos, nueve millones tienen cero ingresos en efectivo: no reciben un centavo en sustento.


El viaje épico de Alston lo ha llevado de costa a costa, la privación a la privación. Comenzando en Los Ángeles y San Francisco, recorriendo el sur profundo, viajando a la mancha colonial de Puerto Rico y luego de vuelta al devastado país carbonífero de Virginia Occidental, ha explorado el daño colateral de la dependencia de los Estados Unidos de la empresa privada con exclusión del público ayuda.


The Guardian tuvo un acceso sin precedentes al enviado de la ONU, lo siguió mientras cruzaba el país, asistiendo a todas sus paradas principales y siendo testigo de la pobreza extrema que está investigando de primera mano.
Piense en ello como tiempo de amortización. Como dijo el propio relator especial de las Naciones Unidas: “Washington tiene mucho interés en señalar los fallos de la pobreza y los derechos humanos en otros países. Esta vez estoy en los Estados Unidos “.

La gira llega en un momento crítico para Estados Unidos y el mundo. Comenzó el día en que los republicanos en el Senado de los EE. UU. votaron a favor de amplios recortes de impuestos que ofrecerán una bonanza para los superdotados a la vez que aumentan los impuestos a muchas familias de bajos ingresos. Los cambios exacerbarán la desigualdad de riqueza que ya es la más extrema en cualquier nación industrializada, con tres hombres, Bill Gates, Jeff Bezos y Warren Buffet, que poseen tanto como la mitad de todo el pueblo estadounidense.

A los pocos días de la visita de la ONU, los líderes republicanos dieron un gran paso adelante. Anunciaron planes para recortar programas sociales claves en lo que equivale a un ataque contra el estado de bienestar ya de por sí raído.

“¡Buscar! Miren esos bancos, las grúas, los condominios de lujo que suben “, exclamó el general Dogon, que era un homeless en Skid Row y ahora trabaja como activista local con Lacan. “Aquí abajo, no hay nada”. Ves las tiendas una detrás de la otra, no hay lugar para que la gente vaya “.

 

David Busch es un hombre sin casa en Venice Beach, Los Angeles. Foto: Dan Tuffs para The Guardian

 

California fue un punto de partida adecuado para la visita de la ONU. Es un ejemplo de la gran riqueza generada en el boom tecnológico del 0,001%, y el aumento resultante en los costos de la vivienda que ha disparado la indigencia. Los Ángeles, la ciudad, por mucho, con la población más grande de habitantes de las calles en el país, está lidiando con cifras de crisis que aumentaron un 25% el año pasado a 55,000.
Ressy Finley, de 41 años, estaba ocupada esterilizando el balde blanco que usa para bañarse en su tienda en la que ha vivido durante más de una década. Ella mantiene su sala de estar, una masa de colchones y mantas gastadas y algunas posesiones variopintas, lo más limpio que puede en una batalla perdida contra ratas y cucarachas. Ella también soporta olas de chinches, y tiene grandes verdugones en su hombro para probarlo.
Ella no recibe ingresos formales, y lo que gana reciclando botellas y latas no es suficiente para pagar el alquiler promedio de $ 1,400 al mes por una habitación pequeña de una habitación. Un amigo le trae su comida cada dos días, el resto del tiempo depende de misiones cercanas.

Lloró dos veces en el curso de nuestra breve conversación, una vez cuando recordó cómo los trabajadores sociales le quitaron a su hijo pequeño de sus brazos debido a su adicción a las drogas (ahora tiene 14 años, nunca lo volvió a ver). La segunda vez fue cuando aludió al abuso sexual que la puso como una niña en el camino hacia las drogas y la falta de vivienda.

Teniendo en cuenta todo eso, es notable lo positivo que queda Finley. ¿Qué piensa ella del Sueño Americano, la idea de que todos puedan hacerlo si se esfuerzan lo suficiente? Ella responde al instante: “Sé que voy a lograrlo”.

¿Una mujer de 41 años que vive en la acera en Skid Row va a llegar?

“Claro que lo haré, siempre que conserve la fe”.

¿Qué significa “hacerlo” para ella?


“Quiero ser escritor, poeta, emprendedor, terapeuta”.

 

Ressi Finley, quien vive en una carpa en la 6th street en Los Angeles. Foto: Dan Tuffs para The Guardian

 

Robert Chambers ocupa el siguiente pedazo de acera junto a Finley’s. Ha creado un área alrededor de su tienda de paletas de madera, lo que pasaría en Skid Row como una casa jardín.

Tiene un letrero que dice “Homeless Writers Coalition”, el nombre de un grupo que dirige para dar dignidad a las personas sin hogar contra lo que él llama los aspectos “animalísticos” de sus vidas. Él se refiere a la falta de baños públicos que obliga a las personas a hacer sus necesidades en las calles.

 

Las autoridades de Los Angeles han prometido brindar más acceso a los baños, un tema crítico dado el brote mortal de hepatitis A que comenzó en San Diego y se está extendiendo en la costa oeste, cobrándose 21 vidas principalmente por falta de saneamiento en campamentos de personas sin hogar. Por la noche, los parques y servicios locales están cerrados específicamente para mantener alejados a los desamparados.

 


Skid Row ha utilizado nueve baños por la noche para 1.800 personas que van a la calle. Esa es una proporción muy inferior a la exigida por la ONU en sus campamentos para los refugiados sirios.

“De hecho, es inhumano, y, al final, adquirirás la psicología animal”, dijo Chambers.

Él ha estado viviendo en las calles por casi un año, tras haber violado sus términos de libertad condicional por posesión de drogas y, a su vez, ser expulsado de su apartamento de bajo costo. No hay ayuda para él ahora, dijo, no hay cuestión de “hacerlo”.

“¿La red de seguridad? Tiene demasiados agujeros para mí “.

De todas las personas que se cruzaron con el Relator de la ONU, Chambers fue el más desdeñoso del sueño americano. “La gente no se da cuenta, nunca mejora, no hay recuperación para personas como nosotros”. Tengo 67 años, tengo una enfermedad del corazón, no debería estar aquí. Puede que no sea mucho más tiempo “.

Eso fue una gran cantidad de mal karma para absorber en el primer día, y se estremeció incluso a un estudioso experimentado de dificultades como Alston. Como relator especial de la ONU, ha informado sobre la extrema pobreza y su impacto en los derechos humanos en Arabia Saudita y China, entre otros lugares. ¿Pero Skid Row?

“Me sentía bastante deprimido”, le dijo a The Guardian más tarde. “El interminable redoble de historias de terror. En cierto punto, uno se pregunta qué puede hacer alguien al respecto, y mucho menos a mí “.

Y luego tomó un vuelo hasta San Francisco, al distrito de Tenderloin, donde se congregan personas sin hogar, y entró a la iglesia de San Bonifacio.

Lo que vio allí fue un analgésico para su alma.

 

Continuará....

(Tomado de The Guardian / Traducción de Cubadebate)

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Sin Permiso  Previsiones económicas para 2018: la tendencia y los ciclos

 

¿Qué ocurrirá en la economía mundial en 2018? La economía capitalista global sube y baja en ciclos, es decir, las caídas de la producción, la inversión y el empleo tienen lugar cada 8-10 años. En mi opinión, estos ciclos están fundamentalmente impulsados por los cambios en la tasa de ganancia del capital acumulado invertido en las principales economías capitalistas avanzadas. El ciclo de la rentabilidad es más largo que los 8-10 años del 'ciclo económico'. Una onda ascendente de rentabilidad puede durar unos 16-18 años y es seguida por una onda descendente de una duración similar. Al menos este es el caso de la economía capitalista de Estados Unidos; la duración del ciclo de rentabilidad varía de un país a otro.

Junto a este ciclo de rentabilidad, hay un ciclo más corto de aproximadamente 4-6 años llamado ciclo Kitchin. Y también parece haber un ciclo más largo (comúnmente llamado el ciclo Kondratiev) basado en impulsos de innovación y los precios mundiales de las materias primas. Este ciclo puede ser tan largo como 54-72 años. El ciclo económico se ve afectado por la tendencia del ciclo de rentabilidad, y el ciclo Kitchin y ciclo Kondratiev y por factores nacionales específicos.

Los motores detrás de estos diferentes ciclos están explicados en mi libro, La Larga Depresión. En él defiendo que cuando las ondas descendentes de todos estos ciclos coinciden, el capitalismo mundial experimenta una profunda depresión de difícil salida. En una depresión así, puede requerir varias crisis e incluso guerras para acabar con ella. Ha habido tres depresiones de este tipo desde que el capitalismo se convirtió en el modo de producción dominante a nivel mundial (1873-1897; 1929-1946; 2008 y la actual). El suelo de la depresión actual debería alcanzarse alrededor de 2018. Ese debe ser el momento de una nueva crisis, necesaria para recuperar la rentabilidad a nivel mundial. Ese ha sido mi pronóstico o predicción etc desde hace algún tiempo. Anwar Shaikh en su libro Capitalismo, mantiene una opinión similar.

Hace un año, en mis previsiones para 2017, escribía que “2017 no va a generar un crecimiento más rápido, contrariamente a las expectativas de los optimistas. De hecho, en la segunda mitad del próximo año, probablemente podamos esperar una fuerte desaceleración en las principales economías ... lejos de un nuevo boom capitalista, el riesgo de una nueva recesión se incrementará en 2017”.

Pues bien, a medida que ha terminado 2017 y hemos comenzado 2018, la predicción sobre el crecimiento global resultó ser errónea. El crecimiento global del PIB real aumentó en 2017 - de hecho, por primera vez desde el final de la gran recesión en 2009, prácticamente todas las grandes economías aumentaron su PIB real. El FMI en su último panorama económico lo expresó así: “ 2017 está terminando al alza, con un PIB que continua creciendo en gran parte del mundo en la mayor fase ascendente del ciclo desde el inicio de la década”.

 

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Los economistas de la OCDE también consideran que “la economía mundial está creciendo a su ritmo más rápido desde 2010, con una recuperación cada vez más sincronizada entre los distintos países. Esta esperada recuperación del crecimiento global, con el apoyo de las políticas de estímulo, va acompañada de un aumento sólido del empleo, una moderada recuperación de la inversión y un relanzamiento del crecimiento del comercio”.

Más allá de la recuperación (todavía modesta) del crecimiento global, la inversión y el empleo en las principales economías en 2017, los mercados de activos financieros han tenido un gran año.

 

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El FMI una vez más: “el aumento del valor de las acciones ha continuado su ascenso y está cerca de máximos históricos, ya que los bancos centrales han mantenido una política monetaria acomodaticia en medio de una inflación débil. Esto es parte de una tendencia más amplia de los mercados financieros globales, en los que las bajas tasas de interés, las mejores perspectivas económicas, y un mayor apetito por el riesgo ha incrementado los precios de los activos y suprimido la volatilidad”.

Así que todo parece que va sobre ruedas para la economía mundial en 2018, contradiciendo mi pronóstico de una crisis.

Pero a veces ocurre que cuando todo se ve de color de rosa, una nube tormentosa puede aparecer muy rápido en el horizonte- como en 2007. En primer lugar, vale la pena recordar que, si bien el crecimiento económico mundial se está acelerando un poco, la OCDE reconoce que “el crecimiento per capita va a caer por debajo de las cifras anteriores a la crisis en la mayoría de las economías de la OCDE y no OCDE”. Así que la economía mundial todavía no está fuera de la Larga Depresión que comenzó en 2009.

De hecho, como los economistas de la OCDE explican: “Mientras que la mejora a corto plazo cíclica es bienvenida, sigue siendo modesta en comparación con los estándares de las recuperaciones anteriores. Por otra parte, las perspectivas de continuar el crecimiento global en su pico hasta el 2019 y asegurar las bases para una mayor producción potencial y un crecimiento más resistentes e inclusivo todavía no parecen estar presentes. Los efectos persistentes de un crecimiento débil prolongado después de la crisis financiera aún están presentes en la evolución de la inversión, el comercio, la productividad y los salarios. Se prevén algunas mejoras en 2018 y 2019, y que las empresas realicen inversiones nuevas para mejorar su capital social, pero no será suficiente para compensar totalmente las deficiencias del pasado, y por lo tanto las ganancias de productividad seguirán siendo limitadas”.

Los economistas del FMI hacen hincapié en lo mismo. La última proyección del FMI del crecimiento de la economía mundial es un crecimiento del PIB mundial del 3,7% en el período 2017-18, una aceleración de 0,4 puntos porcentuales desde un anémico 3,3% de los últimos dos años. Pero esto sigue siendo inferior a la tendencia post-1965 de crecimiento del 3,8% y los mejores datos esperados en 2017-2018 siguen a una recuperación excepcionalmente débil de las secuelas de la Gran Recesión.

La OCDE también piensa que gran parte de la reciente recuperación es ficticia, que se centra en activos financieros e inmobiliarios. “Los riesgos financieros también están aumentando en las economías avanzadas, con el largo periodo de bajas tasas de interés para fomentar una mayor asunción de riesgos y nuevos aumentos de la valoración de los activos, incluso en los mercados de vivienda. Las inversiones productivas que generen los recursos para pagar las obligaciones financieras asociadas (así como cumplir otros compromisos con los ciudadanos) parecen insuficientes”. De hecho, en promedio, la inversión en 2018-19 se situará en torno a un 15% por debajo del nivel requerido para asegurar aumentos del stock de capital productivo neto al mismo ritmo medio anual que en 1990-2007.

La OCDE concluye que, si bien el crecimiento económico global será más rápido en el próximo año, esta será su tasa máxima de crecimiento. Después de eso, el crecimiento económico mundial se debilitará y permanecerá muy por debajo de la media anterior a la Gran Recesión. Esto se debe a que el crecimiento global de la productividad (producción por persona empleada) sigue siendo bajo y el crecimiento del empleo está llegando a su pico.

El ex economista jefe de Morgan Stanley, el banco de inversión estadounidense, Stephen Roach, sigue siendo escéptico de que el entorno de bajo crecimiento desde el final de la Gran Recesión haya terminado y que la economía capitalista navegue ahora a favor del viento. El crecimiento que las principales economías han experimentado se ha basado en tasas de interés muy bajas para los préstamos y un aumento de la deuda en los sectores empresarial y familiar. “Las economías reales se han apoyado artificialmente en estos precios de los activos distorsionados, y la normalización de esta situación congelada sólo prolongará esta dependencia. Sin embargo, cuando los balances de los bancos centrales, finalmente, comienzan a contraerse, las economías que dependen de activos una vez más estarán en peligro. Y los riesgos tienden a ser mucho más graves hoy que hace una década, debido no sólo a la proyección de unos balances inflados de los bancos centrales, sino también a la sobrevaloración de los activos”.

Los mercados de valores están enormemente 'sobrevalorados', al menos de acuerdo a la tendencia histórica. La relación precio-ganancias cíclicamente ajustada (CAPE) de 31.3 es actualmente alrededor de un 15% más alto de lo que era a mediados de 2007, antes de estallar la crisis de las subprime. De hecho, el índice CAPE solo ha sido más alto que en la actualidad dos veces en sus 135 años de historia - en 1929 y en 2000. “No son precedentes reconfortantes” (Roach). Una forma de medir el precio de los activos financieros en comparación con los activos reales es la capitalización del mercado de valores en comparación con el PIB (en los EEUU). Sólo ha sido más alto justo antes del estallido de las dot.com en el 2000.

 

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Y no necesito decirles a mis lectores que “la” recuperación económica del capitalismo mundial desde 2009 no ha sido “suficientemente” compartida. Ha habido una gran cantidad de datos que demuestran que la mayor parte del incremento de los ingresos y la riqueza ha ido al 1% de los mayores titulares de ingresos y riqueza, mientras que los salarios reales de los trabajadores en la gran mayoría de las economías capitalistas avanzadas se han estancado o incluso ha disminuido.

 

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La razón principal de este aumento de la desigualdad ha sido que el 1% posee casi todos los activos financieros (acciones, bonos y bienes) y los precios de estos activos se han disparado. Las grandes empresas, sobre todo en los EEUU, han utilizado el aumento de sus beneficios sobre todo para recomprar sus propias acciones (aumentando su precio) o para pagar mayores dividendos a los accionistas. Y estos forman parte del 1% más rico en su mayoría.

Las empresas del índice S & P 500 compraron 3.5 billones de dólares de sus propias acciones entre 2010 y 2016, casi un 50% más que en la anterior expansión.

 

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Hay dos cosas que abren un signo de interrogación sobre la posibilidad de un crecimiento más rápido para la mayoría de las economías capitalistas en 2018 y aumentan la probabilidad de lo contrario. La primera es la rentabilidad y las ganancias - para mí, los indicadores clave de la 'salud' de la economía capitalista, ya que se basan en la inversión y la producción para beneficios no necesidades.

En este contexto, vamos a empezar con la economía de Estados Unidos, que sigue siendo la economía capitalista más grande tanto en valor total, como en inversión y flujos financieros - y sigue siendo, por tanto, el talismán para la economía mundial. Como mostré en 2017, la rentabilidad global del capital en Estados Unidos cayó en 2016, dos años sucesivos desde el fin de la Gran Recesión en 2014. De hecho, la rentabilidad está aún por debajo de sus picos anteriores a la crisis (en función de cómo se mida) de 1997 y 2006.

 

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Hasta donde yo puedo decir, en el año 2017, la rentabilidad se estabilizó en el mejor de los casos- y todavía está muy por debajo de 2.014.

 

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El total o la suma de las ganancias en el sector empresarial de Estados Unidos (lo que no es la rentabilidad, que se mide como la relación entre las ganancias con el stock de capital invertido) se ha recuperado de las profundidades de la Gran Recesión en 2009. Pero el total de las ganancia ha vuelto a caer bruscamente en 2015 (junto con la rentabilidad, como hemos visto más arriba). Esta caída se detuvo a mediados de 2016. La caída parecía coincidir con el colapso de los precios del petróleo y de las ganancias de las empresas de energía, en particular. Sin embargo, el precio del petróleo se estabilizó a mediados de 2016 y lo hicieron las ganancias (aunque la rentabilidad siguió cayendo). Las ganancias aumentaron de nuevo en 2017, pero, después de restar las ganancias ficticias, principalmente del sector financiero, el total de las ganancias está aún muy por debajo del pico de fines del 2014 (línea roja del siguiente cuadro).

 

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Como he mostrado en otros lugares cuando las ganancias caen de nuevo, también lo hará la inversión en el plazo de un año más o menos. Sobre la base de los datos de los EEUU, la rentabilidad en 2017 fue plana y solo hubo una pequeña recuperación en las ganancias. Esto sugiere que, en el mejor de los casos, la inversión en capacidad productiva crecerá muy poco en 2018, especialmente dado que gran parte de estas ganancias van a parar a activos improductivos, inmobiliarios y financieros.

¿Qué pasa en el resto del mundo? Es evidente que las economías capitalistas europeas (con la excepción de la Gran Bretaña post-Brexit) se han recuperado en 2017. El crecimiento real del PIB se ha recuperado, encabezadas por Alemania y el norte de Europa, aunque todavía se encuentra por debajo de la tasa de crecimiento de los EEUU. Japón también ha registrado una recuperación modesta.

Cuando nos fijamos en la rentabilidad, sin embargo, en el núcleo de Europa aumentó sólo ligeramente y cayó en Japón en 2015 y 2016, al igual que en los EEUU. De hecho, sólo Japón tiene una tasa de ganancia más elevada en comparación con 2006.

 

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Cuando nos fijamos en la masa de ganancias de las empresas globales (usando mi propia medición), se ha producido una recuperación modesta en 2017 después de la caída en 2015-6. Pero hay que recordar que mis datos incluyen a China, donde las ganancias de las empresas estatales aumentaron dramáticamente en 2016-7.

 

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A fin de cuentas, si las ganancias y la rentabilidad son buenos indicadores de lo que está por venir en 2018, sugieren en el mejor dude los casos lo mismo que en 2017 - pero probablemente sin provocar una caída de la inversión.

El otro signo de interrogación que se cierne sobre el optimismo abrumador de que 2018 va a ser un gran año para el capitalismo global es la deuda. Como muchas agencias han señalado y he recogido en mis artículos a lo largo de 2017, la deuda global, en particular del sector privado (empresas y familias), ha seguido aumentando hasta nuevos picos.

 

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El FMI comenta: “la carga del servicio de la deuda del sector privado ha aumentado en varias economías importantes en la medida que también ha aumentado el apalancamiento, a pesar de la disminución de los costes del endeudamiento. La presión del servicio de la deuda podría aumentar más si el apalancamiento sigue creciendo y podría conducir a un mayor riesgo crediticio en el sistema financiero”.

Entre las economías del G-20, la deuda total del sector no financiero (endeudamiento de los gobiernos, empresas no financieras y los hogares de los bancos y los mercados de bonos) ha aumentado a más de 135 billones de dólares, o alrededor del 235% del PIB agregado. En las economías avanzadas del G-20, la relación deuda-PIB ha crecido constantemente durante los últimos diez años y ahora asciende a más del 260% del PIB.

 

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El FMI resume el riesgo. “Una continua acumulación de cargas de la deuda y una sobrevaloración de los activos podría tener repercusiones económicas globales. ... una revaloración de los riesgos podría conducir a un aumento de los diferenciales de crédito y una caída de los precios del mercado de capitales y de vivienda, descarrilando la recuperación económica y socavando la estabilidad financiera”.

Los economistas del FMI no creen que haya riesgo de un nuevo estallido de la deuda hasta 2020. Puede que tengan razón. Pero la política de bajas tasas de interés y de enormes inyecciones de crédito por parte de los principales bancos centrales ya ha terminado. La Reserva Federal de Estados Unidos ha comenzado a elevar su tasa de interés política y ha dejado de comprar bonos. El Banco Central Europeo pondrá fin a sus compras este año que viene; el Banco de Inglaterra ya las ha cortado. Sólo el Banco de Japón planea más compras de bonos hasta 2018. El coste de los préstamos se va a incrementar, mientras que la disponibilidad de crédito disminuirá. Si la rentabilidad sigue cayendo en 2018, provocará el colapso de la inversión, no su expansión. Esto afectaría a todo el sector empresarial de las llamadas economías emergentes.

 

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Incluso si las principales economías capitalistas evitan una crisis en 2018, nada cambiará mucho. El crecimiento económico en las principales economías sigue siendo bajo en comparación con antes de la Gran Recesión, incluso si sigue la recuperación en 2018. Y la perspectiva a medio plazo es pobre. El crecimiento de la productividad (producción por persona que trabaja) es muy baja en todas partes e imposibilitará el crecimiento del empleo. Por lo que la tasa de crecimiento potencial a largo plazo de las principales economías se desacelerará desde los picos alcanzados en 2018. Después de un crecimiento muy bajo en 2016 de sólo el 1,4%, el FMI prevé un crecimiento del G7 en 2018 del 1,9% - un aumento moderado, pero real. Sin embargo, se prevé que posteriormente el crecimiento del G7 caiga hasta el 1,6% en 2019 y un pobre 1,5% en 2020-2022.

 

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Así, el repunte en 2017-2018 parece cíclico y no se consolidará en un nuevo 'boom' largo sostenible. Porque, sin que haya una crisis que devalué el capital (productivo y ficticio) y recupere así la rentabilidad, la inversión y el crecimiento de la productividad seguirán atrapados por la depresión. El crecimiento global de las economías del G-7 desde la Gran Recesión ha sido más lento que durante la Gran Depresión de la década de 1930. De hecho, en base a las proyecciones del FMI, para el año 2022, es decir 15 años después de 2007, el crecimiento total del PIB en las economías del G7 sólo será del 20% comparado con el 62% en los 15 años después de 1929. Y eso sin contar con una crisis económica importante en los próximos cinco años.

 

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Sin embargo, a pesar de la poca rentabilidad y la alta deuda, la modesta recuperación de los beneficios en 2017 sugiere que las principales economías capitalistas evitarán una nueva crisis de la producción y la inversión en 2018, contradiciendo mis predicciones.

Cuando se demuestra que se está equivocado (aunque sólo sea en la cronología), es necesario dar marcha atrás y reconsiderar los argumentos y pruebas y revisarlos si es necesario. Ahora bien, no creo que tenga que revisar mis fundamentos, que se apoyan en las leyes de la rentabilidad de Marx como causa subyacente de las crisis. Las ganancias en las principales economías han aumentado en los últimos dos años y por lo tanto la inversión ha mejorado en consecuencia (según la ley de Marx). Sólo cuando empieza a caer la rentabilidad de forma consistente y arrastra a los beneficios con ella, la inversión también caerá. Hasta que eso ocurra, el impacto en el sector capitalista de los crecientes costes del servicio de unos niveles de deuda muy altos puede ser gestionado, por la mayoría.

Lo que parece haber sucedido es que ha habido una recuperación cíclica a corto plazo desde mediados de 2016, después de una recesión casi global, desde finales de 2014 hasta mediados de 2016. Si el punto más bajo de este ciclo Kitchin fue a mediados de 2016, el pico debe alcanzarse en 2018, con un giro descendente de nuevo posteriormente. Veremos lo que pasa.

 

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Michael Roberts es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajador 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.


Fuente: https://thenextrecession.wordpress.com/2017/12/29/forecast-for-2018-the-trend-and-the-cycles/


Traducción: G. Buster

 

Publicado enEconomía
Sábado, 06 Enero 2018 07:55

Basta de mujeres muertas y maquilladas

Basta de mujeres muertas y maquilladas

 

“Stop FemaleDeath in Advertisement” (“Basta de mujeres muertas en la publicidad”) se llama la página web creada por la estudiante de Diseño Visual del Beckmars College of Design de Estocolmo, Lisa Hageby, para concentrar allí imágenes de marcas de productos de lujo, cuyas campañas se basan en la estetización del femicidio y la banalización de las vejaciones que diariamente ocurren contra miles de mujeres reales. En esa cúspide simbólica que siempre ha sido para la cultura de masas occidental el mundo de la alta moda, el de la exclusividad por excelencia, un mundo al que acceden pocos miles de mujeres en el mundo, pero que expande sus ondas luminosas en formas de tendencias hacia abajo –en revistas, productos de tocador y perfumería–, ahí mismo, muchas grandes marcas tallan su “transgresión”, que desde hace unos años es mostrar mujeres muertas pero con un buen par de zapatos puestos.

Las imágenes de esa página la dejan a una boquiabierta. Porque cada pieza es un texto de comunicación de un impacto feroz, revulsivo, de realización impecable y una estética que a una le repugna pero sin embargo le permite percibir, oler la fascinación que causan esas mujeres hermosas y muertas, definitivamente derrotadas, en otras mujeres y hombres que no verán un femicidio ni una tortura ni una violación en el aviso, sino audacia y carácter de época.

En su blog, a fines de diciembre, la activista feminista y escritora dominicana Rosario Sánchez reprodujo un artículo escrito un año antes, en el que pasaba revista a algunas de las imágenes de la página creada por Hageby. Su nota comenzaba describiendo una fotografía grandiosa, tomada en las escalinatas de la Opera Garnier de París. Hay una mujer caída. No se sabe si está muerta o desvanecida. Como sea, es una mujer de voluntad ausente, que es la mujer que emerge de esta ola simbólica. El aviso vende un vestido. Un vestido que cubre un cuerpo inerte.

“Otra imagen nos muestra una mujer cuyas piernas cuelgan del baúl de un carro –escribe Sánchez–. Tal como en la otra fotografía, no sabemos si está muerta o inconsciente pero deducimos que, si no la han asesinado todavía, pues la van a asesinar en un instante ya que apoyado en el baúl del carro se encuentra un hombre con una pala excavando un hoyo en el desierto. Nos están vendiendo zapatos Jimmy Choo”.

La siguiente que describe es la de Chloé, y en una primera mirada remite a la Ofelia de Hamlet ahogada. “La actriz esta pálida como la cera. Sus labios con labial rojo pero sus ojos están cerrados y su entrecejo fruncido; tiene cara de dolor y está sumergida en el agua”. De la pasividad inenarrable de la cara blanca y jovencísima de la modelo de Chloé, Sánchez pasa en su blog a otra foto, ya mucho más sumergida en esta tendencia patriarcal estetizante, en la que lo primero que se ve es “sangre en las paredes y en el piso. En el suelo yace tendida una mujer en posición indefensa. También ella tiene sangre por todo el cuerpo, pero ojo, quien estilizó la sesión de fotos y la comisionó, se preocupó en que la actriz fuera fotografiada muerta, sí, pero en braga y en sostén, con medias hasta los muslos y tacones altos”.

Hay mujeres fuera de foco porque lo que está en foco es el arma que les apunta a la cabeza. Hay mujeres inequívocamente muertas que ostentan el agujero del disparo en la frente. Pero el efecto es como estar frente a una cosa, a una muñeca de cera, porque el aviso logra que el rojo de las sábanas de seda se incorpore, con la belleza de sus reflejos, al marco rojo sangre literal. Porque también la muerte está estetizada (y en este punto se diría que esta tendencia no se dirige sólo a naturalizar los femicidios, sino a través de ellos a la muerte en general). Aun después de recibir el disparo en la frente, la modelo yace semidesnuda, perfectamente peinada y maquillada. El aviso, uno de los primeros que se desprendió de la alta moda y lleva la carga simbólica hacia otros sectores sociales, vende un video juego. El título es “Preciosamente ejecutada”.

Quizá no sea casualidad que uno de los clímax de esta estética aberrante provenga de lo más concentrado, del elixir del mundo de la exclusividad, que son las grandes joyerías. Una de las más importantes eligió a una mujer literalmente descuartizada, y en cada trozo de su cuerpo hizo lucir distintas joyas fabulosas. Esto nos dice el centro estético del poder a las mujeres, aunque no nos habla a nosotras. Se podría decir que se trata de una estética de barrio cerrado global, de elite que convive con otros mensajes pero que a través del engranaje complejo de los consentimientos, que en Occidente siempre han hecho su avanzada a través de lo que fue considerado bello, va habilitando, asimilando, absorbiendo una naturalización neopatriarcal. Como sabemos, el patriarcado es un sistema dinámico que va compensando sus fisuras con nuevos contragolpes.

Si bien la página creada por Hageby hoy es un archivo visual del ítem de la violencia de género en la publicidad, no es el único enfoque. Las académicas australianas de la RMIT University, Lauren Gurrieri, Helene Cherrier y Jan-Brace-Govan, han investigado ya hace un par de años el fenómeno de utilizar la violencia contra la mujer como una treta publicitaria más, y concluyen que “representar a las mujeres de manera sexualizada y como seres subyugados fomenta una cultura de la violación en la que tratar a las mujeres de maneras degradantes a través del uso de la violencia es considerado aceptable”.

La dominicana Rosario Sanchéz, en su nota, reflexiona: “No hay herida que el patriarcado nos produzca a las mujeres, que el capitalismo no quiera comercializar y vendérnoslo como ‘art’ o ‘libertad de expresión’ o ‘empoderamiento’”. Así es, en éste y en otros órdenes de avasallamiento simbólico del patriarcado o el corpocapitalismo, que hoy funcionan copulando. Las heridas que provoca el patriarcado son masticadas y escupidas en forma de producto por el mercado. Son heridas jerárquicas. Las produce un tipo de seres humanos sobre otros tipos de seres reducidos a estorbos. Son heridas invisibles, camufladas por la presunta superioridad de unos sobre otros. Heridas maquilladas, como esas modelos que posan haciéndose las muertas; son heridas que el corazón envenenado de un sistema controlado por el dinero busca multiplicar a través del goce. Esa es su sombra moral y es a la vez lo único en lo que puede sostenerse. En sujetos capaces de cosificar al resto, para poder abusar, pisotear, y eliminar a los otros sin la molestia humana del remordimiento.

 

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