Domingo, 06 Mayo 2018 06:14

Neoliberalismo y Posfascismo

Neoliberalismo y Posfascismo

Los distintos estudiosos del neoliberalismo consideran, bajo distintos ángulos teóricos, que el mismo constituye un nuevo tipo de “racionalidad” o fundamento que se va tornando incompatible con las tradiciones liberales modernas. Su característica más notable es la transformación del ser hablante, mortal y sexuado en un ente solo considerado como “capital humano “, el que imperativamente debe tender hacia su autovaloración permanente e ilimitada. Esto ha implicado la aparición de nuevas figuras históricas en el escenario de la vida social: el “consumidor consumido”, “el empresario de sí mismo”, “el deudor permanente de su propia vida” la lógica del “ganador-perdedor” en todos los pliegos más íntimos del vínculo social, la “vida matable”, sin luto y sin duelo. A esta resumida lista de figuras contemporáneas emergentes en el tiempo del neoliberalismo, debemos agregar el nuevo tipo de sacrificio colectivo sin causa alguna, sólo provocado por exigencias financieras.

En este escenario general, donde la subjetividad deviene “capital humano” todos los pactos, procedimientos, contratos institucionales, que constituyeron a la democracia moderna ingresan aceleradamente en un proceso de licuefacción. Reduciendo a la democracia y sus instituciones a puros simulacros que progresivamente van perdiendo su eficacia simbólica. En este caso el famoso “Estado de excepción” no procede desde una fuerza exterior que interrumpe las garantías constitucionales.


Evocando una metáfora precisa de Wendy Brown, “el neoliberalismo se asemeja más a una termita que a un león”. Su corrosión comienza por el interior de la estructura del edificio y con la constancia, velocidad y la eficacia de un dispositivo que ya no necesita siquiera de políticos competentes o dotados de noción de Estado o perspectivas históricas.
Por lo mismo nadie se reconoce como “neoliberal”, todo el mundo es un demócrata que cumple con la obligación de construir un círculo inmunitario frente al hecho maldito del “populismo”.


Sin duda esta es una cuestión también filosófica, todos los proyectos de la modernidad que relacionaban la experiencia de la verdad como una transformación de si y a la vez con una transformación colectiva entran en un severo colapso. Lo que vuelve a esas grandes apuestas teóricas y éticas en búsquedas tan necesarias y urgentes como también inciertas.


¿El Capital humano en el que deviene la subjetividad contemporánea es asignable a algún género? Indudablemente en el estrago general de un mundo sólo sujeto a la financiarización, la mujeres padecen la peor parte por su singular lugar de vulnerabilidad histórica. Pero a la vez hay que admitir que el Capital no se sostiene en ninguna significación fija ni estable y por tanto carece de género. Su eficacia como dominación se produce precisamente en esta carencia de significación estable. Por lo mismo puede integrar a todas las semánticas políticas de forma mutante y desplazada a la constante reproducción de sus intereses de rentabilidad. Es la diferencia clave con respecto al Amo moderno que va perdiendo su consistencia.


Esto constituye un grave problema actual para aquellas elaboraciones discursivas que aún se proponen construir un esbozo de una lógica política de la Emancipación. Porque indudablemente deben tarde o temprano pasar de una lógica de la resistencia a una propuesta afirmativa de proyecto futuro. Cuestión sumamente espinosa en un período de la historia donde el porvenir se muestra con las señales del Apocalipsis. Incluso por difícil que sea la tarea, la cuestión de una nueva Internacional de una izquierda popular se impone como tal.


En la complejidad de semejante panorama, donde el capitalismo en su mutación neoliberal posfascista no tiene contradicciones que de modo inmanente lo conduzcan a su final, resta sólo una brecha que los proyectos nacionales, populares y emancipadores deben tener en cuenta: el neoliberalismo en la heterogeneidad cambiante de sus formas sólo dispone de una administración económica represiva, para lo que sus representantes definen como “gobernanza”. Dicho de otro modo, no dispone de ninguna capacidad para articular Pueblo, Nación y Estado. De allí sus inevitables apelaciones al surgimiento de una identidad xenófoba y racista para darle un nuevo contenido a la Nación. Por tanto carece de legitimidad para construir un gobierno democrático. De esta brecha y sus posibles derivas políticas, depende el futuro de la condición humana.


por Jorge Alemán, psicoanalista y escritor.

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Sábado, 05 Mayo 2018 06:53

El valor del marxismo hoy

El valor del marxismo hoy

El 5 de mayo se cumplen 200 años del nacimiento de Karl Marx. Y este año, 170 de la aparición del Manifiesto comunista, su obra más difundida, escrita junto a su inseparable camarada Federico Engels. El materialismo dialéctico es una de las tres grandes concepciones de la civilización occidental, precedida por el cristianismo y luego por la individualista, que surgió con Montaigne en el siglo XVI y que históricamente corresponde al liberalismo y la concepción burguesa del mundo.


Una concepción es una visión de conjunto de la naturaleza y de la sociedad. Representa una filosofía, pero además una acción, una actitud militante y no espectadora. Y es la obra y la expresión de una época. La materialista dialéctica se desprende del conocimiento racional, científico, y por consiguiente, no termina con Marx y Engels. Por eso Marx dijo que él no era marxista, porque el materialismo dialéctico tiene la particularidad de poder negar sus propias afirmaciones, en tanto el análisis científico lo determine.1
Desde la caída de los regímenes del “socialismo real”, el materialismo dialéc-tico se presenta como una concepción abierta, sin pretensiones de infalibilidad, y sobre todo con una tradición de teoría al servicio de las clases y sectores explotados, oprimidos y alienados. En los aportes de sus fundadores y de sus continuadores están las raíces críticas del capitalismo y la promoción de la lucha revolucionaria en pos de una nueva sociedad, con una primera fase socialista y una segunda comunista, meta última de Marx y Engels, cuando cada individuo aportaría de acuerdo a sus posibilidades, y recibiría de acuerdo a sus necesidades. La teoría es plenamente reivindicable y es ajena a la pretensión doctrinaria de una filosofía de la historia o sociología de las clases que anuncie la inevitable victoria del proletariado, o de la idea de la inexorabilidad del progreso.
El capitalismo del siglo XXI


El capitalismo ha demostrado adaptabilidad y ha sobrevivido a las diversas crisis y a las luchas de las clases, capas y sectores explotados y oprimidos. Con los descubrimientos e inventos que más le sirven, ha conseguido desarrollar las fuerzas productivas, que en la actualidad se expanden especialmente con las tecnologías de la información y la comunicación. Además, la tendencia de la burguesía es a unificar sus empresas y su poder a escala mundial, lo que se ha denominado “globalización”. Y por encima de los organismos oficiales –como la Onu, la Otan, el Banco Mundial y el Fmi– existe un verdadero poder en las sombras, el denominado Club de Bilderberg, en el que desde hace décadas los principales líderes políticos y empresariales del mundo delinean las orientaciones de las organizaciones antedichas y de los estados nacionales. Al creciente poder centralizado que opera en el campo económico, político, militar, etcétera, se agrega el inmenso poder de los medios masivos de comunicación, de iglesias oscurantistas y de Ong “humanitarias” que “orientan” la opinión de las grandes masas en beneficio de esos poderes y no de ellas mismas.


El materialismo dialéctico nació con la revolución industrial y el proletariado moderno y pensó en esta clase como la revolucionaria por excelencia. Una clase constituida por los que sólo poseen su fuerza de trabajo, que tiene su fuente de ingresos en el salario y que se destaca por su elevada concentración en un mismo lugar de trabajo, una característica derivada de la gran industria. Sin embargo, con las revoluciones científico-técnicas ocurridas en los últimos dos siglos, el motor del desarrollo económico se ha desplazado de la industria a los servicios, y todas las modificaciones estructurales del capitalismo han fragmentado al proletariado y transformado el conjunto de la masa trabajadora.


El resultado es la existencia de una nueva clase trabajadora, también explotada, oprimida, alienada, pero con otras características. Además, ha aumentado la cantidad de marginados, carentes de una concepción revolucionaria, que se contentan –para decirlo con palabras de Lenin– con “las migajas” del festín de la burguesía trasnacional. Todo lo cual obliga a analizar las nuevas relaciones sociales entre las clases y sus luchas, que involucran también a otros componentes, como las etnias (muy importantes en ciertas regiones de nuestra América) y diversos sectores componentes del bloque popular.


Del socialismo en estado larvario al socialismo


El materialismo dialéctico debe asumir el fracaso del presunto “sistema socialista”, mejor definido como protosocialismo o socialismo en estado larvario,2 que no ha conducido al socialismo, lo que es muy bien utilizado por el bloque burgués dominante.


Fracaso que abre la interrogante: ¿hay motivos para pensar que habrá una transición socialista en el futuro? En todo caso, el desarrollo histórico no es lineal y lo confirma el capitalismo. Un “primer capitalismo” triunfó en Europa en el siglo XVI en la zona mediterránea, desapareció ante la reacción nobiliaria y reapareció en la Inglaterra de la revolución industrial, en los siglos XVIII y XIX.3


¿Qué han dejado dichas experiencias? De las afirmaciones de los principales teóricos vale rescatar dos conclusiones: que el socialismo es imposible de construir mientras haya pobreza material y espiritual de los pueblos, y que son inviables las construcciones aisladas en los marcos nacionales.


De lo expuesto, ¿puede inferirse que la humanidad debe optar por el capitalismo, pues quizás consiga superar sus deficiencias? No lo creemos, porque las razones para combatir al capitalismo son cada día mayores. Señalamos las principales. Pese a que toda la humanidad podría vivir bien, asistimos a una repugnante desigualdad: las ocho personas más ricas del mundo poseen la misma riqueza que la mitad más pobre de la humanidad, aproximadamente 3.500 millones. La cantidad de personas subalimentadas aumenta: de 777 millones en 2015 a 815 millones en 2016. Pero la ganancia está ante todo: en 2017 en Uruguay se tiraron toneladas de manzanas para evitar la caída de su precio.
El capitalismo además perturba peligrosamente a la naturaleza. Contamina el agua, el aire, la tierra, al tiempo que desaparecen especies animales y vegetales. Lo ha dicho el papa Francisco y Evo Morales lo ha sintetizado así: “o muere el capitalismo o muere la madre Tierra”.


Otro asunto “menor” es el de los problemas físicos y psíquicos perjudiciales para los seres humanos, que el capitalismo no ha creado, pero que agrava. El sedentarismo es uno de ellos. Hemos pasado de ser animales altamente activos a sedentarios. Desde la era industrial se ha acentuado la discordancia entre el pasado del género humano y el presente. Sabemos que es preciso equilibrar el ejercicio físico y el mental, pero las condiciones económicas, tecnológicas, y aun culturales, lo impiden para las grandes mayorías.
Aceptar el funcionamiento del capitalismo actual además vuelve imposible la equidad, naciones pobres no podrían vivir como las ricas, porque si todas adoptaran el modo de vida estadounidense se necesitarían cinco o seis planetas como la Tierra para abastecerlas. Con el 7 por ciento de la población mundial, Estados Unidos consume la cuarta parte de los recursos del planeta. Si todos los habitantes vivieran con el nivel de vida medio de Francia se necesitarían tres planetas. Al capitalismo lo disfrutan pocos y lo sufren muchos.


¿Son tiempos de revoluciones?


A nivel mundial en general no son tiempos de revoluciones, como los de la revolución francesa o la rusa. Para que haya una revolución es precisa una situación revolucionaria, caracterizada por que las clases dominantes no pueden mantener inmutable su dominación, porque se agravan la miseria y los sufrimientos del bloque social explotado y oprimido. Y porque hay intensa actividad de resistencia de las masas, de la población activa. Además, se precisa una crisis revolucionaria que agregue a esas condiciones la capacidad de los “de abajo” de accionar con fuerza para derribar al régimen cuestionado. La crisis del sistema capitalista se perfila de larga duración, y no habrá retroceso inmediato del sistema porque no hay quien lo derribe.


En tales condiciones, vale trabajar con base en la clase trabajadora –aunque sea diferente al proletariado fordista–, perfeccionando la lucha ideológica desde diversos puntos del mundo, contra la alienación propagada por el gran capital, para que se enhebren procesos, acercando progresivamente las legítimas y diversas experiencias de los pueblos en la búsqueda del socialismo y del comunismo. Para ello es primordial fortalecer el internacionalismo de los trabajadores, imprescindible ante el poder mundial de las grandes trasnacionales.


Parece atinado contribuir desde el “arriba” del poder estatal si se cuenta con él, por quienes buscan la meta socialista, aunque no sea una “dictadura del proletariado” (por ejemplo, China o Cuba), o en cualquier país, desde el “abajo” de las organizaciones sociales y políticas. Desde el poder estatal se contribuye con cierta planificación y defendiendo formas de propiedad colectivas y estatales, con vistas a eliminar el hambre, la miseria, la ignorancia. Y, por ese camino, posibilitar que efectivamente las grandes mayorías puedan pelear por sus derechos, haciendo viables la plena libertad y la igualdad, eliminando la propiedad capitalista.


En todos los casos –con o sin el poder estatal–, desde el “abajo” resulta acertado desarrollar la conciencia de clase de los trabajadores y de sus aliados populares, extender las organizaciones de masas y luchar por su funcionamiento democrático, al mismo tiempo que fortalecer las movilizaciones. Para que de esta manera, a través de una lucha de clases que será prolongada, se conduzca a la humanidad a los destinos soñados por tantos, entre otros por Marx y Engels. En suma, una meta que se irá perfeccionando a medida que la praxis de esas grandes masas lo permita.


1. Una elaboración más desarrollada de esto se encuentra en Marxismo, ese ocultado, de mi autoría (Arca, 2007).
2. Rudolf Bahro, La alternativa. Contribución crítica al socialismo realmente existente. Alianza Editorial, Madrid, 1979.
3. Jürgen Kuczynski, Breve historia de la economía. Colección Hechos, Ideas y Ciencia. Buenos Aires, 1961.

 

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El bicentenario de Marx huele a victoria

A diferencia de las celebraciones por el Centenario de la Revolución de Octubre o las dedicadas al Mayo del 68, el Bicentenario del natalicio de Marx huele a victoria. Consecuencia de los efectos de la crisis de 2008, el interés por la obra de Karl Marx ha resurgido, y esta recuperación se debe a una generación de jóvenes que ha sufrido a nivel personal y familiar los efectos de la crisis, y que forma parte de la sociedad que tiene interés o que demanda responder a la pregunta de ¿qué es lo que ha pasado?

Hay que recordar que Marx es un político, un político revolucionario, que se integra en las organizaciones revolucionarias de su tiempo; no es una persona que ni se queda en casa ni en la biblioteca. La historia de Marx no es la historia de un erudito, sino que es la historia de un militante que quiere organizar la revuelta, participar activamente de los movimientos revolucionarios de su época. Es en esa apuesta militante por lo que Marx estudia, investiga y comunica.


Esta es la visión que miles de personas recuperan de Karl Marx, especialmente la juventud, una visión diferente a la que se ha mantenido hasta ahora, en la que Marx se sitúa en un plano académico, teórico. Se ha intentado situar a Karl Marx en la ciencia académica, pero el Marx que debemos recuperar es algo más.


Para ir al meollo, Marx hace dos aportaciones. Primero se pregunta dónde está la explotación, y su respuesta es clara: la explotación está en lo que no se ve. Marx se centra precisamente en lo que no se ve; en aquello que precisamente ni los capitalistas tienen claro, ni mucho menos los dirigentes obreros con los que confrontó Marx. Para el político alemán, las organizaciones obreras precisamente tienen que centrarse en explicar y denunciar lo que no se ve. Destruir lo supuesto y crear otra condición para la revolución.
Así para Marx la naturaleza de nuestra sociedad es en apariencia la extraída de un cúmulo de venta y distribución de mercancías. Pero Marx lo que busca es como esas mercancías, a lo largo de la historia, han generado alrededor un cúmulo de relaciones, que son en las que se sustenta nuestra sociedad. Si el pensamiento burgués predominante quería no hablar de esas relaciones, las ocultaba, lo que propone Marx es dirigir los esfuerzos teóricos a comprenderlas, los políticos a denunciarlas y los organizativos a derrotarlas. Esto hace de la obra de Marx el resultado de un análisis de la naturaleza de la explotación en nuestra sociedad.


En definitiva, Marx lo que propone es superar esa forma que tiene la sociedad burguesa de autoentenderse a través de la economía, y proponer la necesidad de construir una nueva forma de conciencia. Por eso lo que nos propone Marx es la necesidad de crear otra forma de conciencia, una forma de conciencia revolucionaria, cuya intención no es sólo explicarse las cosas, sino cambiarlas, transformarlas.


Eso hace que Marx desconfía de todos y de todo, lo que le lleva a poner en cuestión la forma en que se ha construido la forma de ver el mundo, y centrarse en esa realidad oculta, que para Marx es la base de todo. Ese velo contra el que hay que revelarse es el fetichismo de la mercancía, que pretende ocultar la verdadera condición de las relaciones humanas dentro del capitalismo que es la explotación.


Así, lo que para los burgueses son leyes naturales que existen a lo largo de la historia, ya no son leyes de la humanidad en su conjunto, sino que es una de las características de esa falsa conciencias necesaria para mantener el dominio de clase, que no es un mero dominio basado en el engaño, sino que es un engaño necesario para el dominio de una parte minoritaria de la sociedad.


La otra aportación es el concepto de subsunción, la idea de que con el desarrollo de la tecnología y la maquinación, los trabajadores sin el capital pierden. Esto nos lleva a otra expresión de Bértolo “¿Qué es un comunista? Aquel que se ha dado cuenta que si no hay trabajadores no hay empresarios”; mientras que un no comunista “piensa al contrario, que si no hay empresarios no hay trabajadores”. La apariencia que todos vivimos es “que nos dan trabajo”, frase con una carga política bestial, es una frase que explica la resignación de la clase trabajadora y de la progresiva desconexión de la izquierda con la realidad material. Es una de las claves de nuestro tiempo, y darle la vuelta a eso, es el objetivo central de los comunistas. La clase trabajadora no necesita a los propietarios, al capital, para producir y ser la clase rectora de nuestra sociedad.
En el Bicentenario de su natalicio, hay que decir con claridad, que Marx no ha cartografiado todo; pero su legado nos dice algo importante para transformar nuestra sociedad contemporánea: todo es apariencia, pero en esa apariencia podemos encontrar (ocultos) los elementos para transforma nuestro presente.

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Domingo, 29 Abril 2018 05:47

Marx

Marx

El 5 de mayo es el bicentenario de Marx. Su muerte fue decretada tantas veces que pareciera haberse vuelto inmortal. En su Crítica de la razón dialéctica, Sartre dijo poderosamente: “El marxismo es la única filosofía viva de nuestro tiempo porque no han sido superadas las condiciones que le dieron existencia”. Si no está vivo el marxismo sin duda lo está Marx. El siglo XX creyó enterrarlo con la caída del comunismo. Los filósofos estructuralistas franceses emprendieron la tarea. Había que salir de Marx y entrar en Nietzsche y Heidegger. La tarea se hizo por medio de la destrucción del sujeto. 

Con su ensayo “La época de la imagen del mundo”, Heidegger entrega el camino adecuado. Esa época es la del cartesianismo. Aquí, lo vinculante es la subjetividad. El mundo es imagen del sujeto y lo subjetivo es la materia vinculante de todos los entes en medio de la tarea por olvidar al ser. Luego Foucault habrá de soldar esto con su sorprendente análisis del cuadro de Velázquez, “Las meninas”. Antes, Adorno y Horkheimer cambian el eje del marxismo de la Teoría Crítica. Pasan de la lucha de clases al conflicto del hombre con la naturaleza y critican lo que llaman razón instrumental.


En sus “Tesis de filosofía de la historia”, Benjamin destruye el decurso teleológico de la historia, base de la dialéctica hegeliana y marxista. Deleuze habrá de partir de la afirmación aristocrática de Nietzsche y se afirmará en la positividad spinoziana y nietzscheana. Lo negativo, que es esencial en Marx, queda de lado. En lugar de la negatividad del obrero trabajador se elige la veracidad del grupo aristocrático del Nietzsche de la “Genealogía de la moral”.


Benjamin escribe: “Nada perjudicó más a la clase obrera alemana que creer que nadaba a favor de la corriente”. Luego vienen los posmodernos, fervientes antimarxistas. Vattimo hablará de la sociedad transparente. Una transparencia garantizada por los medios de comunicación. El lenguaje se deconstruye en dialectos .La historia deviene fábula. Sin más, en Baudrillard, un verdadero talentoso, se comete el crimen perfecto, muere la historia.


Hay una secreta alegría en el modo que se festeja este bicentenario de Marx. Se lo siente más vivo que durante buena parte del siglo XX, en su peregrinaje soviético. Hoy, es parte de las luchas por la libertad. Molesta a la izquierda dogmática tanto como al neoliberalismo, que busca tratarlo bien, con buenos modales. Incorporarlo a las nuevas filosofías livianas. Marx es un núcleo duro. De joven es un romántico hegeliano. En 1843 escribe su “Introducción a la filosofía del derecho de Hegel”. Este bello texto habla de la ignominia y de la tarea de volverla más ignominiosa, publicándola. Postula que la filosofía encuentra en el proletariado sus armas materiales así como el proletariado encuentra en ella sus armas espirituales. Habla del hombre como ser supremo para el hombre. Y también de la crítica de las armas y las armas de la crítica. La filosofía es la cabeza de la emancipación del hombre y su corazón es el proletariado. Y concluye diciendo que la filosofía no puede realizarse sin la superación del proletariado y el proletariado no puede superarse sin la realización de la filosofía.


Este texto está lleno de hegelianismo. Sucede que Marx nunca dejó de ser un gran hegeliano. El Manifiesto del partido comunista, de 1848, es uno de los más grandes textos políticos jamás escritos. Marx se refiere a las grandes tareas revolucionarias de la burguesía. Creó el sistema mundo. Sometió el mundo rural al urbano. Reescribe varias páginas de Facundo, que es tres años anterior al Manifiesto. Tanto Marx como Sarmiento vieron en el desarrollo de las ciudades el avance de la civilización.


El colonialismo eurocéntrico que late en sus textos sobre la India, México y Bolívar tiene su raíz en la dialéctica de Hegel. También su cita de Goethe: “Qué importan los estragos/ si los frutos son placeres/ ¿No mató a miles de seres/ Tamerlán en su reinado?” El Capital corrige el punto de vista. Las atrocidades de la burguesía son analizadas con la crueldad que merecen. La violencia es la partera de la historia. El capital viene al mundo chorreando sangre y lodo. Antes, el capítulo sobre el fetiche de la mercancía es una obra maestra de la filosofía. El misterio y el fetiche de la mercancía radican en ocultar sus medios de producción. El colonialismo de los textos del ‘50 amaina ya en sus bellos textos sobre Irlanda. Y en sus años postreros dejará en claro, en su célebre carta a Vera Zasoulitch, que El Capital no es una filosofía de la historia. Mientras haya injusticia y despojo habrá Marx, porque fue el filósofo que propuso cambiar el mundo, no sólo interpretarlo.

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Domingo, 29 Abril 2018 06:15

El día y la noche del trabajador

El día y la noche del trabajador

Nunca como ahora, en todo el mundo, tanta gente vive de su trabajo, pero nunca como ahora, en todo el mundo, tanta gente trabaja sin sus derechos garantizados.


Una sociedad cuya riqueza es resultado de lo que hacen diariamente los trabajadores, cada vez les reconoce menos, cada vez garantiza menos sus empleos, sus derechos, sus salarios mínimamente dignos.

Es alrededor de las actividades del trabajo que vive la mayoría aplastante de la gente en todo el mundo. Entre despertar muy temprano, gastar algunas horas en un trasporte muy malo, cumplir una larga e intensa jornada de trabajo, retomar el mismo trasporte de retorno, llegar a la casa y recomponer las energías para reempezar la misma jornada al día siguiente, gira la vida de millones y millones de personas en todo el mundo.

Para la gran mayoría, se vive o se sobrevive para trabajar. No hay tiempo para mucho más. Ni se puede escoger en qué trabajar. Cuando hay trabajo

Porque lo que más caracteriza hoy al mundo del trabajo, en cualquier parte del mundo, en mayores o menores proporciones, es el trabajo informal, el trabajo precario, sin contrato de trabajo, con trabajo intermitente, como define la nueva y cruel legislación del trabajo en Brasil. Es decir, trabajo sin garantía de continuidad, sin vacaciones, ni licencia de salud o maternidad, ni décimo tercero, ni nada de lo que está presente en los contratos formales de trabajo.

La misma identidad del trabajador se va debilitando, en la medida en que la mayoría de ellos tienen varias actividades a la vez, para poder redondear el presupuesto familiar. Varios de ellos cambian de actividad de un mes a otro, se arreglan como pueden, juntando varias pagas en el mismo día.

Las organizaciones de los trabajadores, para que puedan defender sus reivindicaciones, a su vez, también se debilitan, dejando a los trabajadores cada vez más fragilizados frente a la ofensiva en contra de sus derechos elementales. En varios países, reformas aprobadas en los Congresos o en curso, en la práctica cancelan toda base mínima de negociación, dejando que el desempleo presione a los trabajadores a que acepten cualquier tipo de trabajo, por la necesidad elemental de sobrevivencia de él y de su familia.

Uno de las imágenes más tristes de nuestras sociedades es la figura del desempleado, que sale tempranito de su casa, golpeando de puerta en puerta, en la búsqueda de alguna fuente de sobrevivencia. Que en gran parte de los casos recibe una respuesta negativa, esto es, se le dice que ni por el miserable sueldo vital se le puede contratar, que él no vale ni ese sueldo mínimo miserable. Y tantas veces no dice a sus familiares que ha perdido su trabajo, que es un desempleado, deambula buscando trabajo, como si estuviera trabajando, pero llega un momento en que todos se dan cuenta que falta lo elemental en la casa, que el desempleo ha ingresado también en ese hogar.

Y el desempleado no tiene ni a quien alegar. Mientras el derecho a la propiedad está garantizado en las constituciones, aunque se refiera al derecho de una minoría, el derecho al trabajo no tiene ley que lo garantice ni alguien a quien reclamar. Como si el derecho al trabajo no se refiriera a la gran mayoría de la población y el derecho a la propiedad a una ínfima minoría.

Cuando las fuerzas conservadoras toman la ofensiva, quien paga el precio más caro es el trabajador. El ve amenazado su empleo, sus derechos, su salario, su educación, su salud. Este primero de mayo – día del trabajador y no del trabajo, como algunos insisten en decir – encuentra a la gran mayoría de los trabajadores del mundo en situación penosa. Perdiendo derechos y con muchas dificultades para defenderlos.

Sin embargo, la mayoría aplastante de nuestras sociedades, aunque pueda no identificarse como tal, es trabajador, vive de su trabajo. Una actividad que diferencia al hombre de los otros animales, porque solo el hombre trasforma la naturaleza para sobrevivir y, así, se trasforma a sí mismo. Pero en la sociedad capitalista, el trabajador no es dueño de su trabajo, lo arrienda para poder sobrevivir, no tiene poder sobre lo que produce, a qué precio produce, para quien produce, cómo produce y no se reconoce en los productos de su mismo trabajo. Es un trabajador alienado, que aliena su capacidad de trabajo y es alienado por el proceso de producción, que hace con que él sea alienado respecto a lo que el mismo ha producido.

En este año, en particular, la vida del trabajador es tormentosa. Si tiene empleo, no sabe hasta cuándo podrá tenerlo. Si tiene empleo, tantas veces no tiene contrato de trabajo firmado. El empleo ha dejado de ser fuente segura de mantención, de condiciones de vida mínimamente dignas para él y para su familia.

Un día del trabajador que más se parece a una noche por la inseguridad, por la ofensiva retrógrada respecto a los derechos básicos que el trabajador necesita y merece. Que el próximo primero de mayo sea de nuevo un día de fiesta, de celebración, de conquistas garantizadas, de empleo seguro y de salario digno.

 

27/04/2018

- Emir Sader, sociólogo y científico político brasileño, es coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad Estadual de Rio de Janeiro (UERJ).

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La deuda global se aproxima rápidamente a los 250 billones de dólares


Tigran Kalaydjian explica la crisis de deuda en auge, y lo que significa para la economía global.

 En una era en la que los cálculos por billones son habituales, una cifra que todavía no se ha escuchado regularmente es billardo, pero eso puede estar a punto de cambiar. A medida que la deuda global total continúa su aumento inexorable y amenazador, sobrepasando los 233 billones de dólares en el tercer trimestre de 2017, se proyecta que alcanzará un cuarto de billardo de dólares en algún momento del año que viene. Para aquellos que no estén seguros de lo que significa, billardo es un 1 seguido de 15 ceros, o mil billones mirándolo de otra manera. Lo mires como lo mires, no se puede evitar el hecho de que este volcán activo de deuda eventualmente explotará y causará un cataclismo financiero de una ferocidad sin precedentes.


El coloso del endeudamiento monetario récord ha aparecido en todos los sectores de actividad económica. Desde los sistemas bancarios a los gobiernos, desde los negocios privados a los hogares, los niveles de deuda han aumentado increíblemente desde el colapso financiero de 2008, que se produjo, según se nos dijo, por la deuda excesiva.


Lo que es más inquietante es que mientras que hace una década los prestamistas más imprudentes estaban principalmente en los Estados Unidos y en la periferia europea, hoy el contagio ha azotado a aquellos previamente juiciosos respecto al crédito. Uno de los peores infractores es Canadá, cuyos hogares han destruido toda ilusión de prudencia y tienen ahora unas tasas de exposición de entre las más altas del mundo, superiores al 100% del PIB.


Otro país con deudas enormes es Australia. Su deuda nacional es mayor que el 120% del PIB (el doble de lo que era hace 20 años y 15 puntos porcentuales más que en 2007), mientras que más de un quinto de los propietarios de viviendas se encuentran en algún tipo demortgage stress [estrés hipotecario, que se refiere a destinar más del 30% de los ingresos al pago de la hipoteca], un hecho que impulsó al FMI a formular una advertencia el año pasado acerca de los riesgos de una gran contracción en caso de recesión o de otra crisis financiera.


Las deudas chinas se han hecho tan alarmantes que el partido dirigente ha tomado medidas urgentes para frenar los efectos potenciales. El sector bancario chino es más o menos tres veces el tamaño de su economía, y solo la deuda corporativa está actualmente cercana al 170% del PIB. En marzo de este año, el Banco de Pagos Internacionales hizo sonar la alarma sobre las economías de China y Hong Kong y advirtió que están en riesgo de crisis bancaria (también incluyó a Canadá en esa lista).


REINO UNIDO DUPLICA DESDE 2007, ESPAÑA TRIPLICA


Volviendo a Europa, la deuda nacional del Reino Unido como porcentaje del PIB es el doble de lo que era cuando golpeó la crisis global en 2007. En el sector privado, las deudas no garantizadas de tarjetas de crédito sobrepasaron los 70.000 millones en diciembre 2017, por primera vez en la historia. En Francia la deuda pública está cerca del 100% del PIB, en comparación con un 65% en 2007, mientras que el de España está igualado con el PIB cuando era un mero 35% en 2007.


Para Alemania el aumento en la deuda pública ha sido mucho menos pronunciado pero son los bancos del país los que ahora tienen una exposición excesiva, con deudas tóxicas del sector naval rondando por sí solas los cien mil millones de euros. Deutsche Bank en particular, enredado en escándalos y enfrentándose a multas regulares por ventas engañosas y artimañas financieras, parece claramente inestable (sin embargo, sus desgracias y considerables deudas de mala calidad no parecen haberle impedido pagar a su personal 2,2 mil millones de euros en bonus en 2017).


Mientras tanto, mirando a la periferia europea que tenía los problemas de deuda más grandes en el pasado reciente, el cuadro es uno de activos no rentables persistentemente elevados. Aunque los sistemas bancarios en Italia, Grecia, Chipre, Irlanda, España y Portugal han sido recapitalizados, las deudas de mala calidad no han visto los fuertes descensos previstos por el Banco Central Europeo. Esto se da especialmente en los tres primeros países de esa lista.


En Grecia, por ejemplo, las exposiciones no rentables (incluidas las partidas fuera de balance) alcanzaron los cien mil millones de euros a finales del año pasado, o alrededor del 45% de las exposiciones bancarias totales, con las ratios más altas siendo el crédito a los consumidores (53%) y las pymes (59%). La perpetuamente insatisfactoria economía de Italia continúa sufriendo y su frágil sistema bancario, lastrado por 350 mil millones de euros en deudas de mala calidad, se tambalea.


SIN BLANCA EN LA JUBILACIÓN


Fuera de este malestar global el flujo de estadísticas verdaderamente impactantes es totalmente descorazonador. He aquí una muestra: en Estados Unidos hay ahora más niños viviendo con padres en bancarrota que con divorciados; casi la mitad de todos los estadounidenses se estará jubilando sin blanca durante la próxima década (lo que se define como tener pocos o ningún ahorro o bien); hay más de cuatro millones de niños en el Reino Unido viviendo en la pobreza; la carga total de créditos que los estudiantes del Reino Unido estará soportando para mediados de este siglo será más de 300 mil millones de libras; más de uno de cada tres jóvenes en Grecia, España e Italia está desempleado.


Hay una pregunta que rara vez se hace: ¿hay crecimiento económico real ahí fuera que sea lo suficientemente fuerte como para proporcionar capacidad de pago de la deuda? A pesar de lo que nos dicen los bancos centrales, la respuesta es no. Estamos ahora en el octavo (en algunos casos el noveno) año de expansión, pero esta expansión ha sido extremadamente débil y ha sido alimentada por préstamos/gasto masivo del sector público y consumo aumentado del sector privado, también basado en los préstamos.


Muy poco del crecimiento que se ha registrado en Europa y Norteamérica desde 2000 ha sido impulsado por mejoras fundamentales en la productividad o aumentos en la capacidad productiva. Y se ha invertido muy poco en actualizar la infraestructura anticuada o estimular la productividad y los salarios reales. En vez de eso, la temeraria emisión de dinero y la expansión sin precedentes del crédito ha llevado a burbujas en la bolsa y la vivienda, las cuales están ahora mostrando señales inconfundibles de estallido.


Aunque el fuerte crecimiento simplemente no se da, los bancos centrales están ahora elevando los tipos de interés de forma generalizada, y el motivo es doble: primero, se dan cuenta de que los estímulos monetarios y la política monetaria laxa no podían continuar indefinidamente y de que han creado burbujas peligrosas, y segundo, necesitan la herramienta de la política monetaria cuando golpee la inevitable recesión, que saben que no está lejos. En otras palabras, necesitan desesperadamente tener tipos más altos para tener, cuando el crecimiento se vuelva negativo, una caja de herramientas repuesta con la que enfrentarlo.


Pero elevar los tipos en el contexto de niveles récord de deuda corporativa y doméstica no sólo empeorará la próxima recesión —empujando a las clases medias y trabajadoras en dificultades hacia el abismo— sino que provocará también derrumbes en la vivienda y la bolsa, quiebras masivas y una nueva crisis bancaria de una magnitud que estará más allá del poder de los bancos centrales.


¿Cómo reaccionarán esta vez los actuales gobiernos, vinculados a las grandes empresas? ¿Se atreverán de nuevo a rescatar a los bancos con dinero de los contribuyentes? ¿Ampliarán la experiencia de bail-in que se experimentó tan despiadada y cruelmente sobre los chipriotas en 2013? ¿Volverán a los estímulos monetarios, aunque más de diez billones de dólares se han añadido ya a los balances financieros de los cuatro principales bancos mundiales desde 2008? ¿O estarán obligados a dejar hundirse a los bancos, encontrar una forma de compensar a los titulares de depósitos hasta una determinada cantidad (100.000 euros en la UE por ejemplo) y atenerse a las consecuencias?


No hay duda de que el fracaso en abordar los problemas de la deuda excesiva y el comportamiento negligente o criminal de los bancos, o en anular modelos económicos erróneos han preparado el escenario para una crisis todavía peor que la de hace una década. La salida real de este embrollo en un medio o largo plazo (ya no hay remedios a corto plazo) es transformar las economías de manera importante, reducir el desproporcionado y descontrolado poder de las empresas sobre los trabajadores, eliminar su control sobre los medios de comunicación, los políticos y los dispositivos del poder político, restringir las actividades en las que se permite participar a los bancos, y hacer asequibles de nuevo bienes y servicios que son derechos humanos básicos: agua, energía, vivienda y educación.


Estas reformas no vendrán de gobiernos o partidos capitalistas y neoliberales sino del poder popular canalizado a través de órganos progresistas de la izquierda que tengan la voluntad de implementar soluciones radicales. Después de todo, la enfermedad que aflige al mundo desarrollado es de una severidad sin precedentes y no se puede curar tratando los síntomas antes que la patología subyacente.


Mientras tanto, los peligros del caos económico, el conflicto civil y la amplia miseria se hacen cada vez mayores, y el día de saldar cuentas se aproxima. Una buena indicación de que los principales banqueros están seriamente preocupados por el inevitable efecto boomerang es el hecho de que los dos centros financieros de Suiza, Zurich y Ginebra, están en la lista de las cinco ciudades europeas con el mayor consumo de cocaína (medido por los restos de la droga en sus aguas residuales). Muchos de ellos parecen necesitar drogas duras para aliviar sus miedos.

Por TIGRAN KALAYDJIAN
RED PEPPER

Publicado enEconomía
Martes, 03 Abril 2018 06:28

El colonialismo insidioso

El colonialismo insidioso

Para Marielle Franco, in memoriam


El término alemán Zeitgeist se utiliza actualmente en diferentes lenguas para designar el clima cultural, intelectual y moral de una determinada época, literalmente, el espíritu del tiempo, el conjunto de ideas y creencias que componen la especificidad de un periodo histórico. En la Edad Moderna, dada la persistencia de la idea del progreso, una de las mayores dificultades para captar el espíritu de una determinada época reside en identificar las continuidades con respecto a épocas anteriores, casi siempre disfrazadas de discontinuidades, innovaciones y rupturas.


Para complicar aún más el análisis, lo que permanece de períodos anteriores siempre se metamorfosea en algo que simultáneamente lo denuncia y disimula y, por eso, permanece siempre como algo diferente de lo que fue, sin dejar de ser lo mismo. Las categorías que usamos para caracterizar una determinada época son demasiado toscas para captar esta complejidad, porque ellas mismas forman parte del mismo espíritu del tiempo que supuestamente deben caracterizar desde fuera. Corren siempre el riesgo de ser anacrónicas, por el peso de la inercia, o utópicas, por la ligereza de la anticipación.


Vengo defendiendo que vivimos en sociedades capitalistas, coloniales y patriarcales, en referencia a los tres principales modos de dominación de la modernidad occidental: el capitalismo, el colonialismo y el patriarcado o, más precisamente, el heteropatriarcado. Ninguna de estas categorías es tan controvertida entre los movimientos sociales y la comunidad científica como la de colonialismo. Hemos sido tan socializados en la idea de que las luchas de liberación anticolonial del siglo XX pusieron fin al colonialismo, que casi resulta una herejía pensar que al final el colonialismo no acabó, sino que apenas cambió de forma o ropaje. Nuestra dificultad radica sobre todo en nombrar adecuadamente este complejo proceso de continuidad y cambio. Es cierto que los analistas y los políticos más perspicaces de los últimos 50 años tuvieron la aguda percepción de esta complejidad, pero sus voces no fueron lo suficientemente fuertes como para cuestionar la idea convencional de que el colonialismo propiamente dicho acabara, con la excepción de algunos pocos casos, siendo los más dramáticos posiblemente el Sáhara Occidental, la colonia hispano-marroquí que continúa subyugando al pueblo saharaui, así como la ocupación de Palestina por Israel. Entre esas voces cabe destacar la del gran sociólogo mexicano Pablo González Casanova con su concepto de “colonialismo interno” para caracterizar la permanencia de estructuras de poder colonial en las sociedades que emergieron en el siglo XIX de las luchas de independencia de las antiguas colonias americanas de España.


Y también la voz del gran líder africano Kwame Nkrumah, primer presidente de la República de Ghana, con su concepto de “neocolonialismo” para caracterizar el dominio que las antiguas potencias coloniales seguían ejerciendo sobre sus antiguas colonias, convertidas en países supuestamente independientes. Una reflexión más profunda sobre los últimos 60 años me lleva a concluir que lo que casi terminó con los procesos de independencia del siglo XX fue una forma específica de colonialismo, y no el colonialismo como modo de dominación. La forma que casi terminó fue lo que se puede designar como colonialismo histórico, caracterizado por la ocupación territorial extranjera. Sin embargo, el modo de dominación colonial continuó bajo otras formas. Si las consideramos de esta forma, el colonialismo es tal vez hoy tan vigente y violento como en el pasado.


Para justificar esta afirmación es necesario especificar en qué consiste el colonialismo como forma de dominación. El colonialismo es todo aquel modo de dominación basado en la degradación ontológica de las poblaciones dominadas por razones etnorraciales. A las poblaciones y a los cuerpos racializados no se les reconoce la misma dignidad humana que se atribuye a quienes los dominan. Son poblaciones y cuerpos que, a pesar de todas las declaraciones universales de los derechos humanos, son existencialmente considerados como subhumanos, seres inferiores en la escala del ser. Sus vidas tienen poco valor para quien los oprime, siendo, por tanto, fácilmente desechables. Originalmente se los concibió como parte del paisaje de las tierras “descubiertas” por los conquistadores, tierras que, a pesar de ser habitadas por poblaciones indígenas desde tiempos inmemoriales, fueron consideradas como tierras de nadie, terra nullius. También se consideraron como objetos de propiedad individual, de los que la esclavitud es prueba histórica. Y hoy continúan siendo poblaciones y cuerpos víctimas del racismo, de la xenofobia, de la expulsión de sus tierras para abrir el camino a los megaproyectos mineros y agroindustriales y a la especulación inmobiliaria, de la violencia policial y las milicias paramilitares, del trabajo esclavo llamado eufemísticamente “trabajo análogo al trabajo esclavo” para satisfacer la hipocresía biempensante de las relaciones internacionales, de la conversión de sus comunidades de ríos cristalinos y bosques idílicos en infiernos tóxicos de degradación ambiental. Viven en zonas de sacrificio, en todo momento en riesgo de convertirse en zonas de no ser.


Las nuevas formas de colonialismo son más insidiosas porque se producen en el núcleo de relaciones sociales, económicas y políticas dominadas por las ideologías del antirracismo, de los derechos humanos universales, de la igualdad de todos ante la ley, de la no discriminación, de la igual dignidad de los hijos e hijas de cualquier dios o diosa. El colonialismo insidioso es gaseoso y evanescente, tan invasivo como evasivo, en suma, astuto. Pero ni así engaña o aminora el sufrimiento de quienes son sus víctimas en la vida cotidiana. Florece en apartheids sociales no institucionales, aunque sistemáticos. Sucede tanto en las calles como en las casas, en las prisiones y en las universidades, en los supermercados y en las estaciones de policía. Se disfraza fácilmente de otras formas de dominación tales como diferencias de clase y de sexo o sexualidad, incluso siendo siempre un componente de ellas. Verdaderamente, el colonialismo insidioso solo es captable en close-ups, instantáneas del día a día. En algunas de ellas surge como nostalgia del colonialismo, como si fuese una especie en extinción que debe ser protegida y multiplicada. He aquí algunas de tales instantáneas.


Primera instantánea: Uno de los últimos números de 2017 de la respetable revista científica Third World Quarterly, dedicada a los estudios poscoloniales, incluía un artículo de autoría de Bruce Gilley, de la Universidad Estatal de Portland, titulado “En defensa del colonialismo”. Este el resumen del artículo: “En los últimos cien años, el colonialismo occidental ha sido muy maltratado. Ha llegado la hora de rebatir esta ortodoxia. Considerando de manera realista los respectivos conceptos, el colonialismo occidental fue, en regla, tanto objetivamente benéfico como subjetivamente legítimo en la mayor parte de los lugares donde ocurrió. En general, los países que abrazaron su herencia colonial tuvieron más éxito que aquellos que la despreciaron. La ideología anticolonial impuso graves perjuicios a los pueblos sujetos a ella. Y continúa impidiendo, en muchos lugares, un desarrollo sustentado y un encuentro productivo con la modernidad. Hay tres formas en las que estados fallidos de nuestro tiempo pueden recuperar hoy el colonialismo: reclamando modos de gobernanza colonial, recolonizando algunas áreas y creando nuevas colonias occidentales”.


El artículo causó una indignación general y quince miembros del consejo editorial de la revista dimitieron. La presión fue tan grande que el autor terminó por retirar el artículo de la versión electrónica de la revista, aunque permaneció en la versión impresa. ¿Fue una señal de los tiempos? Al final, el artículo fue sujeto a revisión anónima por pares. La controversia mostró que la defensa del colonialismo estaba lejos de ser un acto aislado de un autor desvariado.


Segunda instantánea: Wall Street Journal del 22 de marzo pasado publicó un reportaje titulado: “La búsqueda de semen norteamericano se disparó en Brasil”. Según la periodista, la importación de semen norteamericano por mujeres solteras y parejas lésbicas brasileñas ricas aumentó extraordinariamente en los últimos siete años y los perfiles de los donantes seleccionados muestran la preferencia por bebés blancos y con ojos azules. Y añade: “La preferencia por donantes blancos refleja una persistente preocupación por la raza en un país en que la clase social y el color de piel coinciden con gran rigor. Más del 50 por ciento de los brasileños son negros o mestizos, una herencia resultante del hecho que Brasil importó diez veces más esclavos africanos que los Estados Unidos; y fue el último país en abolir la esclavitud, en 1888. Los descendientes de colonos y migrantes blancos –muchos de los cuales fueron atraídos al Brasil a fines del siglo XIX y principio del siglo XX, cuando las élites de gobierno buscaban explícitamente ‘blanquear’ a la población– controlan la mayor parte del poder político y de la riqueza del país. En una sociedad tan racialmente dividida, tener descendencia de piel clara es visto muchas veces como un modo de brindar a los niños mejores perspectivas, sea un salario más elevado o un tratamiento policial más justo”.


Tercera instantánea: El 24 de marzo pasado, el diario más influyente de Africa del Sur, Mail & Guardian, publicó un reportaje titulado “Genocidio blanco: cómo la gran mentira se propagó en los Estados Unidos y otros países”. Según el periodista, “los Suidlanders (foto), un grupo sudafricano de extrema derecha, han venido estableciendo contacto con otros grupos extremistas en Estados Unidos y en Australia, fabricando una teoría de conspiración sobre el genocidio blanco, con el objetivo de conseguir apoyo internacional para los sudafricanos blancos. El grupo, que se autodescribe como ‘una iniciativa-plan de emergencia’ para preparar una minoría sudafricana de cristianos protestantes para una supuesta revolución violenta, se ha relacionado con varios grupos extremistas (alt-right) y sus influyentes contactos mediáticos en Estados Unidos para instalar una oposición global a la alegada persecución de blancos en África del Sur. La semana pasada, el ministro australiano de Asuntos Internos dijo a Daily Telegraph que estaba considerando la otorgación de visas rápidas para agricultores sudafricanos blancos, los cuales –argüía el ministro– necesitaban “huir de circunstancias atroces” para “un país civilizado”. Según el ministro, tales agricultores “merecen atención especial” debido a la ocupación de tierras y la violencia… Estos agricultores sudafricanos blancos también han recibido atención en Europa, donde políticos de extrema derecha con contactos en la extrema derecha estadounidense han solicitado al Parlamento Europeo que intervenga en Africa del Sur. Agentes políticos contra los refugiados en el Reino Unido están igualmente ligados a la causa”.


La gran trampa del colonialismo insidioso es dar la impresión de un regreso, cuando en realidad lo que “regresa” nunca dejó de existir.


Por Boaventura de Sousa Santos, Doctor en Sociología del Derecho. Profesor de las universidades de Coimbra (Portugal) y de Winsconsin-Madison (EE.UU.).


Traducción: Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez.

Publicado enSociedad
La "moda" del feminismo: relato sobre la vida y la muerte del sistema capitalista

¿Son los mensajes feministas en prendas de ropa de multinacionales una muestra de la capacidad del capitalismo para neutralizar a los movimientos sociales?

 Cada vez resulta más habitual ver prendas de ropa de las grandes empresas transnacionales estampadas con mensajes más o menos relacionados con el discurso del movimiento feminista. Teniendo en cuenta que resulta difícil entender el feminismo si no es desde la necesidad de poner en cuestión los principios que sustentan el modelo patriarcal y el sistema capitalista, considerando además que el feminismo lleva consigo la denuncia de las condiciones de trabajo y de vida a la que se ven sometidos muchos hombres pero sobre todo muchas mujeres que trabajan para las empresas que fabrican estas mismas prendas, la pregunta que surge entonces, ante esta nueva tendencia que alcanza a cada vez más público adolescente y joven, es si con esto asistimos a una demostración de fuerzas de las élites económicas y políticas o si, por el contrario, se puede ver en ello una muestra de las tensiones que aquejan a un sistema mucho menos consistente y completo de lo que se nos trata de hacer creer.

Como explican GillesDeleuze y Félix Guattari, el capitalismo se caracteriza por ser un sistema complejo y nutrido de forma rica en su interior, en la medida que es capaz de capturar –en un sentido similar al que el marxismo dio al concepto de recuperación– casi cualquier elemento que se mueva a su alrededor, incluso si se trata de aquellas expresiones políticas, sociales y culturales en un principio enfrentadas al discurso y las prácticas dominantes. El capitalismo es capaz de adoptar nuevos axiomas, esto es, nuevos principios que se deben aceptar sin necesidad de justificación, con el propósito de aumentar su plasticidad así como su aceptación entre la mayoría social. Si el feminismo,entendido en términos generales, se empieza a erigir como un movimiento cada vez más atractivo y con más aceptación entre capas importantes de la población, el capitalismo habilitará entonces un espacio en el que insertar –y mantener a ralla, claro está– al menos una parte de las reivindicaciones de este movimiento, como ya hizo con las luchas obreras y sindicales a través de los elementos de la negociación y el consenso, como trata de hacer con el movimiento estudiantil, con la lucha LGTBi o con el ecologismo. Para ello el capitalismo empieza por apropiarse o directamente por producir mensajes que pueden resultar en buena medida inocuos o a los que se ha desprovisto de toda potencia revolucionaria (Thisiswhat a feminist looks like, Everybodyshould be feminist...). De esta forma se consigue crear un espacio susceptible de aumentar el margen de beneficios en sectores empresariales nuevos o ya existentes pero necesitados de nuevos incentivos, abriendo lo que en la insidiosa terminología economicista se conoce como los nichos de mercado. Al tiempo, el capitalismo persigue con esto un objetivo no menor: desactivar un movimiento que, por su propuesta de construcción política y social, no podría funcionar sino como un artefacto explosivo adosado a la base del propio sistema.

En todo caso, el sistema capitalista no sólo lleva a cabo un proceso de absorción de todos aquellas expresiones políticas y sociales que tensan el campo social. Igual que integra, rechaza y excluye cuando resulta necesario. En este sentido, el discurso y las prácticas que quedan fuera del ámbito de influencia del sistema, que se lanzan pues hacia los márgenes, se presentan como una expresión del radicalismo que no es capaz de entender las bondades de un entramado político, social y económico perfectamente dispuesto a aceptar la pluralidad en su seno. Así se puede observar en relación al mensaje que el capitalismo nos quiere hacer llegar sobre el movimiento feminista. Por una parte estarían las feministas que actúan de forma racional y constructiva, aquellas que trabajan por la igualdad de hombres y mujeres dentro de un sistema que, al menos de cara a la opinión pública, hace gala de una capacidad de comprensión casi ilimitada hacia los movimientos que luchan por los derechos de cualquier segmento de la población. Por otra, las feministas que no entienden la liberación de la mujer si no es desde la ruptura radical con los principios de un sistema que tiene en el patriarcado uno de sus pilares más robustos; en definitiva, las feminazis de las que tanto se habla en ámbitos diversos, desde la barra del bar hasta los espacios informativos de mayor alcance. Las recientes declaraciones de Inés Arrimadas justificando que su grupo político y empresarial haya rechazado apoyar la huelga feminista del 8 de marzo van en esta dirección.


El capitalismo acepta pues algunos de los mensajes asociados a los movimientos sociales, incluso algunas de las demandas de las llamadas minorías, mientras tanto en un caso como en el otro se respeten los límites relativos del sistema –por eso la socialdemocracia no sólo no inquietó nunca a las élites políticas y económicas sino que ha sido, históricamente, uno de los principales dispositivos utilizados por las clases dominantes para mantener la paz social. Al mismo tiempo, el sistema se muestra atento a la hora de neutralizar, reconducir o simplemente excluir cualquier movimiento que trate de superar de forma absoluta sus límites.

LAS GRIETAS EN EL EDIFICIO DEL CAPITALISMO

Con todo, como también nos recuerdan Deleuze y Guattari, en el momento en que el capitalismo se ve llamado a realizar este proceso de recuperación del que hablamos, se puede entender que los movimientos sociales han empezado a ocupar un espacio favorable en el tablero de juego, que en cierta medida han comenzado a marcar la agenda política, dada su capacidad de proponer formas de pensar e incluso de vivir que pueden atraer a capas crecientes de la población y que el sistema no había podido prever por anticipado. Esto nos permite entender un par de aspectos sobre el carácter interno del capitalismo. Que sea un sistema capaz de producir formas de mirar, de vivir la realidad no quiere decir que su capacidad creativa sea ilimitada. De hecho, la producción de discurso por parte del sistema capitalista depende mucho más de la posibilidad de adaptar y asimilar las reivindicaciones de los movimientos sociales que de su propia capacidad para proponer nuevos espacios de relación. Si se quiere, se podría decir que el capitalismo es un sistema creativo pero de forma secundaria y subordinada. Mientras que en la creatividad de los movimientos sociales se ve la prioridad que estos tienen cuando se trata de crear una imagen y una forma de enunciar la realidad capaz de romper con lo normativo. Los movimientos sociales, en suma, expresan todo el conjunto de diferencias y singularidades, toda la riqueza que constituye la realidad social y que el capitalismo, de forma mediada y con posterioridad, se encarga de identificar, seleccionar, domesticar y representar a través de las vías institucionales dispuestas para tal efecto.


Por otra parte, se abre la puerta a abandonar la lógica dialéctica clásica que atraviesa el análisis marxista más ortodoxo acerca del poder y de las posibilidades de enfrentar y superar sus límites. Desde la perspectiva que defendemos, no es el sistema capitalista el que lleva la iniciativa y los movimientos llamados de resistencia los que tienen que reaccionar de manera defensiva ante los embates del poder; al contrario, desde esta perspectiva es el capitalismo y los poderes establecidos los que se ven obligados a caminar siempre un paso por detrás de los movimientos, no sólo de resistencia como sobre todo de creación de alternativas.

Por lo demás, el capitalismo se encuentra impelido a ampliar su área de influencia, dando así entrada a discursos y prácticas que pueden llevar a una visibilidad de voces antes ignoradas y a un aumento de la tensión y de la conflictividad internas del sistema. Para ello, estas voces no pueden dejar de hablar de forma autónoma, teniendo en cuenta que las posibilidades de derrotar al sistema pasan por ocupar el centro del campo social pero sin dejar de afirmar el discurso que históricamente las ha relegado a los márgenes. Asimismo, el aumento de las tensiones y las contradicciones del sistema, provocado por la necesidad de dar entrada a un conjunto en principio inofensivo de mensajes, dependerá de la capacidad que muestren los distintos movimientos –y en este sentido el feminismo puede y debe constituir un ejemplo a seguir– de abrir y mantener los espacios en donde articularse, de crear el discurso y las prácticas necesarias para poner en problemas al sistema desde el interior al tiempo que se le acosa desde el exterior.

Por JOSEP ARTÉS/MIQUEL MARTÍNEZ
PROFESORES DE FILOSOFÍA


2018-02-27 09:30:00

Publicado enCultura
A Federico Gutiérrez le queda grande la alerta roja de Medellín


Una vez más. El pasado 22 de febrero, el Área Metropolitana y la Alcaldía de Medellín declararon en estado de prevención a los municipios del Valle de Aburrá. Las razones son las diversas alertas en el incremento del Índice de la Calidad del Aire (ICA), que durante las 24 horas previas a la toma de tal medida reportó el Sistema de Alerta Temprana del Valle de Aburrá. Las medidas para contrarrestar la emergencia son las mismas que ordenaron en ocasiones anteriores: pico y placa para todos los vehículos particulares durante el sábado y una supuesta intensificación del control a las industrias. Los resultados arrojados por estas medidas indican con toda claridad que las autoridades ambientales no van más allá de las medias tintas cuando tratan de prevenir la contaminación del aire.


En la tarde del 21 de febrero (Ver imagen 1), el cielo de Medellín se tornó de color naranja, pasando a rojo y luego a una tonalidad violeta que llamó la atención de todos los transeuntes; ese día el mapa air pollution in the world real time indicó que la ciudad se encontraba en alerta roja con un ICA de 151 µg/m3 (microgramo por metro cúbico), sin embargo, de parte de el Área Metropolitana y la Alcaldía no hubo pronunciamientos hasta el día siguiente, cuando en rueda de prensa informaron el estado de prevención y las medidas a tomar a partir del 23 de febrero hasta el 7 de abril de 2018.

 

Imagen 1. ICA de acuerdo air pollution in the world real time el 21 de febrero de 2018

 

Recomendaciones a la ciudadanía

  • Utilizar el Sistema Integrado de Transporte del Valle de Aburrá, SITVA.
  • Compartir tu vehículo con otras personas.
  • Hacer revisiones técnicas a su vehículo de forma periódica
  • Evitar el uso del vehículo particular y la moto para trayectos cortos.
  • Utilizar los paraderos de buses autorizados para no obligar a los conductores a detenerse en cualquier sitio.
  • Planea tu recorrido para hacer más cosas en un solo viaje.
  • Haz uso del teletrabajo.

 

Como puede deducirse sin esfuerzo alguno, las medidas tomadas frente a la emergencia no son lo suficientemente efectivas para lograr reducir la presencia de PM 2.5 en el aire de los municipios comprometidos, solo corresponden a las paupérrimas alternativas que un gobierno local, controlado por los grandes empresarios de la región, puede brindar sin que se afecte la producción y, en general, todo el modelo de ciudad hasta ahora vigente.


Lo grave del asunto


De acuerdo con las declaraciones del Área Metropolitana del Valle de Aburrá, el estado del aire se encuentra en nivel II, que de acuerdo con la medición del ICA a nivel internacional corresponde a una alerta naranja comprendida como una amenaza para la población, sobre todo para las personas con enfermedades respiratorias. Lo preocupante es que en paralelo con air pollution in the world real time, la alerta es roja y Medellín y todo el Valle de Aburrá se encuentran ante un inminente riesgo de alcanzar la alerta violeta.


Pasadas las primeras horas de ejecución de las medidas establecidas, este mapa presenta un ICA de 160 justo en el centro de Medellín, lo que despierta cuestionamientos frente a si realmente las medidas son eficaces, porque más allá de establecer un pico y placa no se tiene en cuenta que en la ciudad de Medellín, solo hasta el 2016, la densificación vehicular era de un vehículo por cada tres personas, entendiéndose que por cada familia mínimo hay una moto o carro. Sumando a esta, si la población acoge con juicio las recomendaciones municipales y deja su vehículo en casa, el transporte público, totalmente limitado, colapsará. Estamos, por tanto, ante un problema mayor que requiere soluciones estructurales para el modelo de ciudad construido y defendido por quienes determinan el rumbo de esta parte de Antioquia.


Es necesario, por tanto, que la ciudadanía deje la pasividad y exija, por un lado informes completos sobre el estado real del aire en su ciudad y, por el otro, alternativas radicales y eficaces ante la crisis ambiental, las mismas que prioricen la salud de quienes habitamos este territorio, así como la preservación de la naturaleza y todos los seres vivos que la integran.


Estamos ante el reto de estimular el surgimiento de una conciencia ambiental ciudadana, una que motive a cada uno de quienes compartimos este pedazo de la Tierra, a preguntarse por la realidad ambiental de su entorno, por el modelo de ciudad que nos impusieron industriales, urbanizadores, comerciantes de vehículos, y sus agentes políticos que han controlado el destino de nuestra urbe por décadas, y abrir un debate ciudadano sobre la realidad que nos está ahogando, sobre la necesaria reubicación de una parte de quienes acá habitamos, proyectando el crecimiento controlado de un conjunto de municipios ubicados a una hora –más o menos– de Medellín, situando en sus alrededores fábricas y similares. Y, claro, cambiar usos y consumos, integrar a la vida diaria el reciclaje, cuestionar y controlar el uso de todo tipo de vehículos, compartir estos con los vecinos, no sacarlos sino para lo indispensable. Pero lo fundamental, es lo radical, y eso pasa por reorganizar todo el modelo de ciudad hoy imperante.


Un reto mayor para un Alcalde y una clase dirigente que solo piensan en el bolsillo.

 

Comparación del ICA – 23 de febrero de 2018
SIATA – Sistema de Alerta Temprana del Valle de Aburrá 12:29 del medio día

Air pollution in the world real time – 12:26 del medio día

 

Video relacionado

Medellín. Crisis ambiental

 

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La contaminación aumenta un 20 % el riesgo de sufrir un tipo de ictus a corto plazo

24 de febrero de 2018

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El manifiesto comunista, a 170 años de su publicación

Vigente y necesario, referente de una ideología que buscaba romper las cadenas que ataban a la clase trabajadora y la explotaban. El documento “de literatura política más influyente desde la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudadano”, en palabras del historiador británico Eric Hobsbawm.

“Un fantasma recorre Europa: es el fantasma del comunismo”

El texto, como se plantea en sus primeras frases, es un manifiesto para oponerse a la leyenda de ese fantasma, para reivindicar el papel del proletariado. Veintitrés páginas que fueron impresas, en febrero de 1848, en la sede de la Worker´s Educational Association (Kommunistischer Arbeiterbildungsverein) de la calle Liverpool en Londres. La Liga de los Comunistas (Bund der Kommunisten), sucesora de la Liga de los Justos (Bund der Gerechsten) y ésta de la Liga de los Proscritos (Bund der Geächteten), se ofreció a publicar un documento elaborado por los filósofos alemanes Karl Marx y Friedrich Engels y adoptarlo como su documento político.

“La historia de todas las sociedades existentes hasta el presente (la historia transmitida por escrito) es la historia de luchas de clases”

Inicialmente su influencia fue escasa, solamente impactó en la Alemania de la revolución de 1848 por medio del Neue Rheinische Zeitung, periódico de vida efímera editado por Marx. Entre 1848 y 1849 se reimprimió tres veces, se reescribió y corrigió en mayo de 1848 en treinta páginas y se publicó por entregas en el periódico inglés impreso en alemán Deutsche Londoner Zeitung (1845-1851). A pesar de ello, el fracaso de las revoluciones en Europa hizo que El Manifiesto no fuera muy tenido en cuenta.

En su exilio británico, Marx hizo reimprimir la sección III (Literatura socialista y comunista) en el último número, noviembre 1850, de la revista que editaba en Londres Neue Rheinische Zeitung, politisch-ökonomische revue. Pero no fue hasta su notoria labor en la llamada Primera Internacional (1864-1872), a su defensa de la Comuna de París de 1871 y al juicio por traición de tres líderes socialdemócratas alemanes en 1872, que él y El Manifiesto volvieron a tener la relevancia que merecían.
“La sociedad burguesa moderna surgida del ocaso de la sociedad feudal no ha abolido los antagonismos de clase”

Engels y Marx escribieron un prefacio para esa edición de 1872 que se convirtió en la base de todas las ediciones publicadas desde entonces. A partir de ahí, y más tras la Revolución de Octubre de 1917 en Rusia, El Manifiesto fue traducido a más de treinta idiomas, incluidos el chino y el japonés, con numerosas ediciones en toda Europa y en Estados Unidos. En español apareció por primera vez en noviembre de 1872 en el semanario La Emancipación de Madrid, sin el pasaje sobre “El socialismo alemán o verdadero” al suponer su editor que era demasiado local. Diez años después se editó en El Obrero de Barcelona. En América Latina tuvo su primera edición en México en 1888 en El Socialista. Todos esos datos, bien detallados, los recoge Bert Andréas en su Le Manifeste Communiste de Marx et Engels. Histoire et bibliographie, 1848-1918.
“El obrero se convierte en indigente y la indigencia se desarrolla aún con mayor celeridad que la población y la riqueza”

En la segunda mitad del siglo XX, El Manifiesto no era solamente un texto marxista clásico, sino que alcanzó el estatus de texto político indispensable en los estudios de ciencias políticas y sociología. El propio Hobsbawm dice que “ya no fue publicado exclusivamente por comunistas u otros editores marxistas, sino en grandes ediciones de editoriales no políticas con introducciones de académicos destacados”.


“El lugar de la antigua sociedad burguesa, con sus clases y contradicciones de clases, será ocupado por una asociación en la cual el libre desarrollo de cada cual será la condición para el libre desarrollo de todos”


En la recta final de la segunda década del siglo XXI, El Manifiesto sigue siendo una obra de referencia para el pensamiento y la teoría política. Un panfleto, como lo nombra Hobsbawm, que engancha y arrastra por su “convicción apasionada, la brevedad sintética, la fuerza intelectual y estilística”. Un manual de lectura para la clase trabajadora de la que me considero parte (contra el clasismo que discrimina a esa clase trabajadora, tal como lo denuncia V. Navarro).


“Las ideas dominantes de una época siempre fueron sólo las ideas de la clase dominante”


En el mundo de hoy podemos reconocer mucho de aquél que Marx describiera en 1848 en unos “pasajes de elocuencia sombría y lacónica (…) en frases lapidarias que casi se transforman de forma natural en aforismos memorables que han llegado a ser conocidos mucho más allá del mundo del debate político” (Hobsbawm). No está de más hacer una relectura de El Manifiesto y tomar algunas notas para lo que queda del siglo XXI.


“Las clases dominantes pueden temblar ante una revolución comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen un mundo que ganar.”
“¡Proletarios de todos los países, uníos!”

 

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