¿Unidad de las izquierdas? El caso portugués

El Gobierno que inició su andadura en Portugal a finales de 2015 es pionero en cuanto a la articulación entre varios partidos de izquierda, un gobierno del Partido Socialista con el apoyo parlamentario de dos partidos de izquierda, el Bloco de Esquerda [Bloque de Izquierda] y el Partido Comunista Portugués. Es poco conocido internacionalmente, no solo porque Portugal es un país pequeño, cuyos procesos políticos pocas veces forman parte de la actualidad política internacional, sino porque, sobre todo, representa una solución política que va contra los intereses de los dos grandes enemigos globales de la democracia que hoy dominan los medios de comunicación —el neoliberalismo y el capital financiero global—.

Conviene recapitular. Desde la Revolución del 25 de abril de 1974, los portugueses han votado con frecuencia mayoritariamente partidos de izquierda, pero han sido gobernados por partidos de derecha o por el Partido Socialista a solas o en coalición con partidos de derecha. Los partidos de derecha se presentaban a las elecciones solos o en coalición, mientras que los partidos de izquierda, en la lógica de una larga trayectoria histórica, se presentaban divididos por diferencias aparentemente insuperables. En octubre de 2015 ocurrió lo mismo. Solo que en esa ocasión, en un gesto de innovación política que quedará en los anales de la democracia europea, los tres partidos de izquierda (Partido Socialista, Bloco de Esquerda y Partido Comunista Portugués) resolvieron entrar en negociaciones para buscar una articulación de incidencia parlamentaria que viabilizara un gobierno de izquierda liderado por uno de esos partidos, el que tuvo más votos, el Partido Socialista. Con negociaciones separadas entre este partido y los otros dos (debido a las desconfianzas recíprocas iniciales), fue posible llegar a acuerdos de gobierno que viabilizaron un gobierno de izquierda sin precedentes en la Europa de las últimas décadas.


La innovación de estos acuerdos se basó en varias premisas: 1) los acuerdos eran limitados y pragmáticos, se centraban en pequeños denominadores comunes con el objetivo de hacer posible un gobierno que frenara la continuación de las políticas de empobrecimiento de los portugueses que los partidos de la derecha neoliberal habían aplicado en el país;

2) los partidos mantenían celosamente su identidad programática, sus banderas y aclaraban que los acuerdos no las ponían en riesgo, porque la respuesta a la coyuntura política no exigía reconsiderarla, y mucho menos abandonarla; 3) el gobierno debería ser coherente y, para ello, debería ser de la responsabilidad de un solo partido, y el apoyo parlamentario garantizaría su estabilidad; 4) los acuerdos se celebrarían de buena fe y tendrían un seguimiento, en el que las partes los comprobarían de manera regular. Los textos de los acuerdos constituyen modelos de contención política y detallan hasta el detalle los términos acordados. Las medidas acordadas tenían, básicamente, dos grandes objetivos políticos: parar el empobrecimiento de los portugueses, reponiendo los ingresos de los trabajadores y los pensionistas según la escala de ingresos, y frenar las privatizaciones que, como todas las que ocurren bajo los auspicios del neoliberalismo y del capital financiero global, son actos de «privatería» [1]. Los acuerdos se negociaron con éxito y el Gobierno tomó posesión en un ambiente políticamente hostil del presidente de la República de entonces, de la Comisión Europea y de las agencias financieras, todos fieles servidores de la ortodoxia neoliberal.


Poco a poco, la política desarrollada en cumplimiento de los acuerdos fue dando resultados, para muchos, sorprendentes, y pasado algún tiempo muchos de los detractores del gobierno no tenían más remedio que admitir su equivocación ante los números del crecimiento de la economía, de la bajada de la tasa de paro, de la mejora general de la imagen del país, finalmente ratificada por las agencias de calificación de crédito, y con los títulos portugueses pasando del nivel bono basura al nivel inversión. El significado de todo esto podría resumirse en lo siguiente: realizando políticas opuestas a las recetas neoliberales se obtienen los resultados que tales recetas siempre anuncian y nunca consiguen, y eso es posible sin aumentar el sufrimiento y el empobrecimiento de los portugueses. Más bien al contrario, reduciéndolos. De una manera mucho más directa, el significado de esta innovación política es mostrar que el neoliberalismo es una mentira, y que su único y verdadero objetivo es acelerar como sea la concentración de la riqueza bajo los auspicios del capital financiero global.


Es evidente que la derecha neoliberal nacional e internacional está en desacuerdo con este propósito e intentará acabar con esta solución política, en lo que, por ahora, tiene como aliada la derecha, que nunca se ha vuelto a ver en los «excesos» del neoliberalismo y que quiere volver al poder. Ahora, la forma más benevolente del inconformismo surge como un aparente elogio, que se formula así: «Esta solución política durará toda la presente legislatura». Para los más perspicaces, esto significa estabilidad a plazos, como si se dijera a las izquierdas (y a los portugueses que se vuelven a ver en ellas): «Estuvo bien, pero se acabó». A esas fuerzas y a los portugueses les compete contraponer a lo expresado con un «Queremos más», y actuar en conformidad.


¿Cuál es el significado más global de esta innovación política? Once tesis para articulaciones limitadas entre fuerzas políticas de izquierda


En este ámbito, como en muchos otros, no hay lugar para copias mecánicas de soluciones. Las izquierdas pueden y deben aprender de las experiencias globales, pero tienen que encontrar las soluciones que se adapten a sus condiciones y su contexto. De hecho, hay factores que son únicos y facilitan soluciones que en otros contextos son inevitables o, por lo menos, mucho más difíciles. Daré algunos ejemplos más adelante. Con estas cautelas, la experiencia portuguesa tiene un significado que trasciende al país, independientemente de lo que acabe por ocurrir en el futuro. Ese significado puede resumirse en las siguientes tesis:


1) Las articulaciones entre partidos de izquierda pueden ser de varios tipos. Sobre todo, pueden derivar de acuerdos preelectorales o acuerdos parlamentarios. Pueden implicar participación en el gobierno o solo apoyo parlamentario. Siempre que los partidos parten de posiciones ideológicas muy diferentes, y si no hay otros factores que recomienden lo contrario, es preferible optar por acuerdos poselectorales (porque se dan después de medir pesos relativos) y acuerdos de incidencia parlamentaria (porque minimizan los riesgos de los socios minoritarios y permiten que las divergencias sean más visibles y dispongan de sistemas de alerta conocidos por los ciudadanos).


2) Las soluciones políticas de riesgo presuponen liderazgos con visión política y capacidad para negociar. En el caso portugués, todos los líderes implicados tienen esa característica. De hecho, el primer ministro, había intentado puntualmente políticas de articulación de izquierda en los años en los que fue alcalde del Ayuntamiento de Lisboa. Sin embargo, la articulación más consistente entre fuerzas de izquierda la protagonizó Jorge Sampaio, también del Partido Socialista, como alcalde de Lisboa que acabaría por ser presidente de la República entre 1996 y 2006. Y no podemos olvidarnos de que el fundador del Partido Socialista portugués, Mário Soares, en la fase final de su vida política, había abogado por este tipo de políticas, algo que, por ejemplo, es difícil de imaginar en España, donde el que fuera líder histórico del PSOE, Felipe González, se ha ido inclinando hacia la derecha con el paso de los años y se ha manifestado siempre contra cualquier entendimiento entre las izquierdas.


3) Las soluciones innovadoras y de riesgo no pueden salir solo de las cabezas de los líderes políticos. Es necesario consultar a las «bases» del partido y dejarse movilizar por las inquietudes y aspiraciones que manifiestan.


4) La articulación entre fuerzas de izquierda solo es posible cuando se comparte la voluntad de no articularse con fuerzas de derecha o de centroderecha. Sin una fuerte identidad de izquierda, el partido o fuerza de izquierda en que dicha identidad sea débil siempre será un socio vacilante, capaz de abandonar la coalición en cualquier momento. Hoy en día, la idea de centro es particularmente peligrosa para la izquierda, porque, como espectro político, se ha desplazado a la derecha por presión del neoliberalismo y del capital financiero. El centro tiende a ser centroderecha, incluso cuando afirma ser centroizquierda. Es crucial distinguir entre una política moderada de izquierda y una política de centroizquierda. La primera puede ser el resultado de un acuerdo coyuntural entre fuerzas de izquierda, mientras que la segunda es el resultado de articulaciones con la derecha que suponen complicidades mayores que hacen que pierda su carácter de política de izquierda.


En este campo, la solución portuguesa invita a una reflexión más profunda. Aunque sea una articulación entre fuerzas de izquierda y yo considere que configura una política moderada de izquierda, la verdad es que contiene, por acción u omisión, algunas opciones que implican ceder gravemente a los intereses que normalmente defiende la derecha. Por ejemplo, en los campos del derecho al trabajo y de la política sanitaria. Todo lleva a creer que la prueba para comprobar la voluntad real de garantizar la sostenibilidad de la unidad de las izquierdas está en lo que se decida en estas áreas en un futuro cercano.


5) No hay articulación o unidad sin programa y sin sistemas de consultas y de alerta que evalúen regularmente su cumplimiento. Pasar cheques en blanco a cualquier líder político en el interior de una coalición de izquierda es una invitación al desastre.


6) Cuanto más compartido sea el diagnóstico de que estamos en un periodo de luchas defensivas, un periodo en el que la democracia, incluso la de baja intensidad, corre un serio riesgo de ser duramente secuestrada por fuerzas antidemocráticas y fascistizantes, más viable será la articulación. Aunque la democracia no se colapse totalmente, la actividad política opositora de las fuerzas de izquierda en su conjunto puede correr serios riesgos de sufrir fuertes limitaciones, e incluso ser ilegalizada.


7) La disputa electoral tiene que tener un mínimo de credibilidad. Para ello debe basarse en un sistema electoral que garantice la certeza de los procesos electorales para que los resultados de la disputa electoral sean inciertos.


8) La voluntad de converger nunca puede neutralizar la posibilidad de divergir. Según los contextos y las condiciones, puede ser tan fundamental converger como divergir. Incluso durante la vigencia de las coaliciones, las diferentes fuerzas de izquierda deben mantener canales de divergencia constructiva. Cuando esta deje de ser constructiva, significará que se aproxima el fin de la coalición.


9) En un contexto mediático y comunicacional hostil a las políticas de izquierda, en un contexto en el que proliferan las noticias falsas, las redes sociales pueden potenciar la intriga y la desconfianza y los soundbites [piezas de audio] cuentan más que los contenidos y las argumentaciones, es decisivo que haya canales de comunicación constantes y eficaces entre los socios de la coalición y que se aclaren pronto los malentendidos.


10) No hay que olvidar los límites de los acuerdos, tanto para no crear expectativas exageradas como para saber avanzar hacia otros acuerdos o para romper los existentes cuando las condiciones permitan políticas más avanzadas. En el caso portugués, los detallados acuerdos entre los tres partidos revelan bien el carácter defensivo y limitado de las políticas acordadas. En el día a día, la Unión Europea, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo transmiten las imposiciones del neoliberalismo global. La respuesta de los partidos de izquierda portugueses debe valorarse a la luz de la violenta respuesta de estas instituciones europeas a las políticas iniciales del partido Syriza en Grecia. La solución portuguesa pretendió crear un espacio de maniobra mínimo en un contexto que constituía una ventana de oportunidad. Recurriendo a una metáfora, la solución portuguesa permitió a la sociedad portuguesa respirar. Ahora bien, respirar no es lo mismo que florecer; tan solo es lo mismo que sobrevivir.


11) En el contexto actual de asfixiante adoctrinamiento neoliberal, la construcción y la implementación de alternativas, por más limitadas que sean, tienen, cuando se realizan con éxito, además del impacto concreto y beneficioso en la vida de los ciudadanos, un efecto simbólico decisivo que consiste en deshacer el mito de que los partidos de izquierda-izquierda solo sirven para protestar y no saben negociar y mucho menos asumir las complejas responsabilidades de gobernar. Las fuerzas conservadoras han alimentado este mito a lo largo de décadas con la complicidad de grandes medios de comunicación y actualmente cuentan también con el apoyo del poder disciplinario global que el neoliberalismo ha adquirido en las últimas décadas.


Notas


[*] Este artículo constituye la segunda entrega de las cinco que van a dedicarse en este blog al tema de la unidad/articulación de las izquierdas en diferentes contextos contemporáneos y que forman parte del libro ¿Unidad de las izquierdas? Cuándo, por qué, cómo y para qué, Dyskolo, 2018.
[1] Neologismo creado por el periodista Elio Gaspari que combina los términos «privatización» y «piratería».

 

Traducción de Antoni Aguiló y Àlex Tarradellas

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Sábado, 03 Febrero 2018 08:57

Antropoceno, capitaloceno, faloceno y más

Antropoceno, capitaloceno, faloceno y más

Sin duda el ser humano asoma como una plaga que destruye el planeta. Más allá de las lecturas interesadas -e inverosímiles- de negacionistas como el presidente norteamericano Donald Trump , la evidencia es múltiple. Un ejemplo es la situación cada vez más compleja de la agricultura. Tan es así que, comentando el inicio de una de las mayores ferias de alimentos, agricultura y horticultura a nivel mundial: la “Semana Verde” (“Grüne Woche”) en Berlín, Markus Balser, en el Süddeutsche Zeitung –el diario de mayor circulación en idioma alemán– del viernes 19 de enero, afirmó categóricamente que “la agricultura no tiene más que ver con la tierra, pero sí más con la economía”. Gran ejemplo de esta constatación es la producción alimenticia, inspirada cada vez más en reflexiones económicas indiferentes a las necesidades de subsistencia humana; casos puntuales son los biocombustibles para los automóviles o la especulación con los alimentos en los llamados mercados de futuro. 

 

Esta realidad ha llevado a afirmar que vivimos una nueva era, bautizada en 2002 como “antropoceno” por el Premio Nobel de Química de 1995: Paul Crutzen. Esta afirmación, que sirve para describir un cambio en la época geológica –donde los seres humanos empezamos a marcar profundamente la historia de la Tierra superando la era del “oloceno”–, no permite, sin embargo, llegar a conclusiones adecuadas de cómo enfrentar los graves problemas que experimentamos y los que en forma cada vez más compleja se nos vienen. El “antropoceno” deja flotando en el aire la idea de que todos los seres humanos hemos provocado por igual las presentes tensiones y afectaciones socio-ecológicas.


Para enfrentar los problemas que asfixian al planeta, cabe conocer y cuestionar la complejidad del mundo en que vivimos, particularmente la economía que lo sustenta. Una economía dispendiosa que demanda ingentes recursos naturales, provocando graves desequilibrios ecológicos y sociales. Una economía que gira cada vez más aceleradamente alrededor de la incesante búsqueda de ganancias, alentada por el consumismo y el productivismo. Una economía atrapada entre el fetichismo tecnocientífico y la mercantilización veloz de todas las dimensiones de la vida, sea en el ámbito humano o no humano. Una economía estructuralmente inequitativa en términos de distribución de la riqueza [2] , del poder e incluso de los impactos provocados por los desequilibrios ambientales (ocasionados también por la imparable aceleración de dichas actividades económicas).


Los datos son contundentes. La revista catalana Ecología Política número 53 nos brinda una síntesis:


- En 2015, la mitad de las emisiones totales de CO2 fueron responsabilidad de un 10% de la población mundial; mientras que la mitad de sus miembros apenas responde por un 10% de la contaminación. Las emisiones del 1% más rico superan 175 veces a las del 10% más pobre.
- Los agentes más contaminantes son las empresas petroleras y cementeras. Y la entidad que más petróleo quema es el Departamento de Defensa de los EEUU; el consumo per cápita del personal militar de dicho país fue en 2011 un 35% superior al promedio de un ciudadano norteamericano (por cierto, propietario de la mayor huella ecológica en el mundo).


La norteamericana Elizabeth Kolbert detalló muchos de estos hechos deprimentes en su libro La Sexta Extinción: Una Historia Antinatural. Ella estimaba que aproximadamente la mitad de las especies de plantas y animales hoy existentes morirán antes de 2050; semejante extinción no se debe a una catástrofe natural, sino a la actividad destructiva humana. Lo que nosotros quemamos en un año en combustibles fósiles, a los microorganismos les tomó formarlo, a través de complejos procesos, un millón de años, nos recuerda la experta chilena en cambio climático Maisa Rojas; otra perturbación atribuible a los seres humanos.


El sistema económico de mercado –dominante en Oriente y Occidente– alienta a todos a perseguir el crecimiento a corto plazo, sin comprender las consecuencias a largo plazo de semejante locura colectiva.


Calificar esta época de “antropoceno” es, en consecuencia, una verdad muy incompleta pues oculta el nombre de la raíz de esta situación: el capitalismo, la civilización de la desigualdad, que se nutre de sofocar la vida. Más que “antropoceno”, vivimos en el “capitaloceno”, una civilización que debe derrocarse para que el cambio climático –y demás desórdenes naturales– no extingan a la humanidad. Tal transformación exige cuestionar a fondo las promocionadas alternativas tecno-científicas y mercantiles, que no solucionan nada; un ejemplo es la “economía verde”, que mercantiliza inmisericordemente a la Naturaleza, incluyendo al mismo clima o a los genes humanos, como lo analiza Kathrin Hatmann con contundencia en su nuevo libro: “La mentira verde: salvación del mundo como modelo de negocio rentable” (Die grüne Lüge: Weltrettung als profitables Geschäftsmodell).


Pero las potentes críticas al “capitaloceno” deben ampliarse, profundizarse y enriquecerse. Aquí compete pensar, por ejemplo, en visiones ecofeministas como las que plantea el grupo venezolano “LaDanta LasCanta”, quienes visibilizan que “la dominación de la Naturaleza y la dominación de las mujeres son dos caras de una misma moneda”, propia de la civilización patriarcal-capitalista. Es decir propia del “faloceno”, como lo califica este grupo de activistas.


Otro fundamento del “capitaloceno” es el racismo , una de las mayores lacras de la colonialidad vigente hasta la actualidad: “la más profunda y perdurable expresión de la dominación colonial, impuesta sobre la población del planeta en el curso de la expansión del colonialismo europeo”, como explica el gran pensador peruano Aníbal Quijano.


Podríamos entonces también hablar del “racismoceno”, que junto al “faloceno”, cimentan las bases del capitalismo: una civilización antropocéntrica que se superará con una gran transformación social o de lo contrario esta civilización terminará sumiendo a la humanidad en la barbarie.

 

[1] Economista ecuatoriano. Expresidente de la Asamblea Constituyente. Excandidato a la Presidencia de la República del Ecuador.
[2] El reciente informe de OXFAM confirma la tendencia: en el año 2017, el 1% más rico de la población mundial (33 millones de personas) acumuló el 82% del incremento de la riqueza global. El 50% de la población mundial: 3.600 millones de personas, los pobres, no recibieron nada de este aumento.

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Pobreza en Estados Unidos. Foto: The Guardian

En el corazón de la misión especial de Philip Alston, Relator de la ONU para la Pobreza, hubo una pregunta: ¿pueden los estadounidenses disfrutar de los derechos humanos fundamentales si no pueden cumplir con los estándares básicos de vida? Alston, quiere saber por qué 41 millones de estadounidenses viven en la pobreza. The Guardian se unió a él en una misión especial de dos semanas en el corazón oscuro de la nación más rica del mundo


El Relator de Naciones Unidas sobre extrema pobreza y derechos humanos se embarcó en una gira de costa a costa por los Estados Unidos para hacer que la nación más rica del mundo -y su presidente-, respondan por las dificultades que soportan los ciudadanos más vulnerables de Estados Unidos.


La gira hizo paradas en cuatro estados, así como en Washington DC y el territorio estadounidense de Puerto Rico. Se enfocó en varias de las barreras sociales y económicas que hacen que el sueño estadounidense sea simplemente una quimera para millones: desde la indigencia en California hasta la discriminación racial en el sur profundo, el abandono acumulado en Puerto Rico y el declive de los empleos industriales en Virginia Occidental.
Con 41 millones de estadounidenses oficialmente en la pobreza según la Oficina del Censo de los EE. UU. (otras estimaciones ponen esa cifra mucho más alta), uno de los objetivos de la misión de la ONU será demostrar que ningún país, por muy rico que sea, es inmune al sufrimiento humano inducido por la creciente desigualdad.


Los Angeles, California, 5 de diciembre de 2017

 


Estamos en Los Ángeles, en el corazón de una de las ciudades más ricas de América, y el General Dogon, vestido de negro, es nuestro guía turístico. Junto a él pasea otro hombre alto, de pelo gris y elegantemente vestido con jeans y chaqueta. El profesor Philip Alston es un académico australiano con un título formal: Relator Especial de las Naciones Unidas sobre la extrema pobreza y los derechos humanos.
El general Dogon, un veterano de estas calles de Skid Row, avanza a grandes zancadas, pasando por encima de una rata muerta sin hacer ningún comentario y bordeando un cuerpo envuelto en una gastada manta naranja que yace en la acera.


Los dos hombres continúan cuadra tras cuadra de tiendas desvencijadas y refugios de lona improvisados. Hombres y mujeres se reúnen fuera de las estructuras, en cuclillas o durmiendo, algunos en grupos, la mayoría solos como extras en una película distópica de bajo presupuesto.


Llegamos a una intersección, que es cuando el general Dogon se detiene y le presenta a su invitado la opción. Señala hacia el final de la calle, donde los relucientes rascacielos del centro de Los Ángeles se alzan en una promesa de riquezas divinas.


El Paraiso.


Luego gira hacia la derecha, revelando el tatuaje de “poder negro” en su cuello, y lleva nuestra mirada de nuevo al estallido de Skid Row en el centro del centro de LA. De esa manera se encuentran 50 bloques de humillación humana concentrada. Una pesadilla a simple vista, en la ciudad de los sueños.


Alston gira a la derecha.


Entonces comienza un viaje de dos semanas en el lado oscuro del Sueño Americano. El centro de atención del relator de la ONU, un árbitro independiente de los estándares de derechos humanos en todo el mundo, ha caído en esta ocasión en los EE. UU., culminando el viernes con el lanzamiento de su informe inicial en Washington.

 

 
Philip Alston, Relator de la ONU, en las calles de Los Angeles. Foto: Dan Tuffs para The Guardian


Su misión de investigación en la nación más rica que el mundo haya conocido le ha llevado a investigar la tragedia en su núcleo: los 41 millones de personas que oficialmente viven en la pobreza.


De ellos, nueve millones tienen cero ingresos en efectivo: no reciben un centavo en sustento.


El viaje épico de Alston lo ha llevado de costa a costa, la privación a la privación. Comenzando en Los Ángeles y San Francisco, recorriendo el sur profundo, viajando a la mancha colonial de Puerto Rico y luego de vuelta al devastado país carbonífero de Virginia Occidental, ha explorado el daño colateral de la dependencia de los Estados Unidos de la empresa privada con exclusión del público ayuda.


The Guardian tuvo un acceso sin precedentes al enviado de la ONU, lo siguió mientras cruzaba el país, asistiendo a todas sus paradas principales y siendo testigo de la pobreza extrema que está investigando de primera mano.
Piense en ello como tiempo de amortización. Como dijo el propio relator especial de las Naciones Unidas: “Washington tiene mucho interés en señalar los fallos de la pobreza y los derechos humanos en otros países. Esta vez estoy en los Estados Unidos “.

La gira llega en un momento crítico para Estados Unidos y el mundo. Comenzó el día en que los republicanos en el Senado de los EE. UU. votaron a favor de amplios recortes de impuestos que ofrecerán una bonanza para los superdotados a la vez que aumentan los impuestos a muchas familias de bajos ingresos. Los cambios exacerbarán la desigualdad de riqueza que ya es la más extrema en cualquier nación industrializada, con tres hombres, Bill Gates, Jeff Bezos y Warren Buffet, que poseen tanto como la mitad de todo el pueblo estadounidense.

A los pocos días de la visita de la ONU, los líderes republicanos dieron un gran paso adelante. Anunciaron planes para recortar programas sociales claves en lo que equivale a un ataque contra el estado de bienestar ya de por sí raído.

“¡Buscar! Miren esos bancos, las grúas, los condominios de lujo que suben “, exclamó el general Dogon, que era un homeless en Skid Row y ahora trabaja como activista local con Lacan. “Aquí abajo, no hay nada”. Ves las tiendas una detrás de la otra, no hay lugar para que la gente vaya “.

 

David Busch es un hombre sin casa en Venice Beach, Los Angeles. Foto: Dan Tuffs para The Guardian

 

California fue un punto de partida adecuado para la visita de la ONU. Es un ejemplo de la gran riqueza generada en el boom tecnológico del 0,001%, y el aumento resultante en los costos de la vivienda que ha disparado la indigencia. Los Ángeles, la ciudad, por mucho, con la población más grande de habitantes de las calles en el país, está lidiando con cifras de crisis que aumentaron un 25% el año pasado a 55,000.
Ressy Finley, de 41 años, estaba ocupada esterilizando el balde blanco que usa para bañarse en su tienda en la que ha vivido durante más de una década. Ella mantiene su sala de estar, una masa de colchones y mantas gastadas y algunas posesiones variopintas, lo más limpio que puede en una batalla perdida contra ratas y cucarachas. Ella también soporta olas de chinches, y tiene grandes verdugones en su hombro para probarlo.
Ella no recibe ingresos formales, y lo que gana reciclando botellas y latas no es suficiente para pagar el alquiler promedio de $ 1,400 al mes por una habitación pequeña de una habitación. Un amigo le trae su comida cada dos días, el resto del tiempo depende de misiones cercanas.

Lloró dos veces en el curso de nuestra breve conversación, una vez cuando recordó cómo los trabajadores sociales le quitaron a su hijo pequeño de sus brazos debido a su adicción a las drogas (ahora tiene 14 años, nunca lo volvió a ver). La segunda vez fue cuando aludió al abuso sexual que la puso como una niña en el camino hacia las drogas y la falta de vivienda.

Teniendo en cuenta todo eso, es notable lo positivo que queda Finley. ¿Qué piensa ella del Sueño Americano, la idea de que todos puedan hacerlo si se esfuerzan lo suficiente? Ella responde al instante: “Sé que voy a lograrlo”.

¿Una mujer de 41 años que vive en la acera en Skid Row va a llegar?

“Claro que lo haré, siempre que conserve la fe”.

¿Qué significa “hacerlo” para ella?


“Quiero ser escritor, poeta, emprendedor, terapeuta”.

 

Ressi Finley, quien vive en una carpa en la 6th street en Los Angeles. Foto: Dan Tuffs para The Guardian

 

Robert Chambers ocupa el siguiente pedazo de acera junto a Finley’s. Ha creado un área alrededor de su tienda de paletas de madera, lo que pasaría en Skid Row como una casa jardín.

Tiene un letrero que dice “Homeless Writers Coalition”, el nombre de un grupo que dirige para dar dignidad a las personas sin hogar contra lo que él llama los aspectos “animalísticos” de sus vidas. Él se refiere a la falta de baños públicos que obliga a las personas a hacer sus necesidades en las calles.

 

Las autoridades de Los Angeles han prometido brindar más acceso a los baños, un tema crítico dado el brote mortal de hepatitis A que comenzó en San Diego y se está extendiendo en la costa oeste, cobrándose 21 vidas principalmente por falta de saneamiento en campamentos de personas sin hogar. Por la noche, los parques y servicios locales están cerrados específicamente para mantener alejados a los desamparados.

 


Skid Row ha utilizado nueve baños por la noche para 1.800 personas que van a la calle. Esa es una proporción muy inferior a la exigida por la ONU en sus campamentos para los refugiados sirios.

“De hecho, es inhumano, y, al final, adquirirás la psicología animal”, dijo Chambers.

Él ha estado viviendo en las calles por casi un año, tras haber violado sus términos de libertad condicional por posesión de drogas y, a su vez, ser expulsado de su apartamento de bajo costo. No hay ayuda para él ahora, dijo, no hay cuestión de “hacerlo”.

“¿La red de seguridad? Tiene demasiados agujeros para mí “.

De todas las personas que se cruzaron con el Relator de la ONU, Chambers fue el más desdeñoso del sueño americano. “La gente no se da cuenta, nunca mejora, no hay recuperación para personas como nosotros”. Tengo 67 años, tengo una enfermedad del corazón, no debería estar aquí. Puede que no sea mucho más tiempo “.

Eso fue una gran cantidad de mal karma para absorber en el primer día, y se estremeció incluso a un estudioso experimentado de dificultades como Alston. Como relator especial de la ONU, ha informado sobre la extrema pobreza y su impacto en los derechos humanos en Arabia Saudita y China, entre otros lugares. ¿Pero Skid Row?

“Me sentía bastante deprimido”, le dijo a The Guardian más tarde. “El interminable redoble de historias de terror. En cierto punto, uno se pregunta qué puede hacer alguien al respecto, y mucho menos a mí “.

Y luego tomó un vuelo hasta San Francisco, al distrito de Tenderloin, donde se congregan personas sin hogar, y entró a la iglesia de San Bonifacio.

Lo que vio allí fue un analgésico para su alma.

 

Continuará....

(Tomado de The Guardian / Traducción de Cubadebate)

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Sin Permiso  Previsiones económicas para 2018: la tendencia y los ciclos

 

¿Qué ocurrirá en la economía mundial en 2018? La economía capitalista global sube y baja en ciclos, es decir, las caídas de la producción, la inversión y el empleo tienen lugar cada 8-10 años. En mi opinión, estos ciclos están fundamentalmente impulsados por los cambios en la tasa de ganancia del capital acumulado invertido en las principales economías capitalistas avanzadas. El ciclo de la rentabilidad es más largo que los 8-10 años del 'ciclo económico'. Una onda ascendente de rentabilidad puede durar unos 16-18 años y es seguida por una onda descendente de una duración similar. Al menos este es el caso de la economía capitalista de Estados Unidos; la duración del ciclo de rentabilidad varía de un país a otro.

Junto a este ciclo de rentabilidad, hay un ciclo más corto de aproximadamente 4-6 años llamado ciclo Kitchin. Y también parece haber un ciclo más largo (comúnmente llamado el ciclo Kondratiev) basado en impulsos de innovación y los precios mundiales de las materias primas. Este ciclo puede ser tan largo como 54-72 años. El ciclo económico se ve afectado por la tendencia del ciclo de rentabilidad, y el ciclo Kitchin y ciclo Kondratiev y por factores nacionales específicos.

Los motores detrás de estos diferentes ciclos están explicados en mi libro, La Larga Depresión. En él defiendo que cuando las ondas descendentes de todos estos ciclos coinciden, el capitalismo mundial experimenta una profunda depresión de difícil salida. En una depresión así, puede requerir varias crisis e incluso guerras para acabar con ella. Ha habido tres depresiones de este tipo desde que el capitalismo se convirtió en el modo de producción dominante a nivel mundial (1873-1897; 1929-1946; 2008 y la actual). El suelo de la depresión actual debería alcanzarse alrededor de 2018. Ese debe ser el momento de una nueva crisis, necesaria para recuperar la rentabilidad a nivel mundial. Ese ha sido mi pronóstico o predicción etc desde hace algún tiempo. Anwar Shaikh en su libro Capitalismo, mantiene una opinión similar.

Hace un año, en mis previsiones para 2017, escribía que “2017 no va a generar un crecimiento más rápido, contrariamente a las expectativas de los optimistas. De hecho, en la segunda mitad del próximo año, probablemente podamos esperar una fuerte desaceleración en las principales economías ... lejos de un nuevo boom capitalista, el riesgo de una nueva recesión se incrementará en 2017”.

Pues bien, a medida que ha terminado 2017 y hemos comenzado 2018, la predicción sobre el crecimiento global resultó ser errónea. El crecimiento global del PIB real aumentó en 2017 - de hecho, por primera vez desde el final de la gran recesión en 2009, prácticamente todas las grandes economías aumentaron su PIB real. El FMI en su último panorama económico lo expresó así: “ 2017 está terminando al alza, con un PIB que continua creciendo en gran parte del mundo en la mayor fase ascendente del ciclo desde el inicio de la década”.

 

forecast 1

 

Los economistas de la OCDE también consideran que “la economía mundial está creciendo a su ritmo más rápido desde 2010, con una recuperación cada vez más sincronizada entre los distintos países. Esta esperada recuperación del crecimiento global, con el apoyo de las políticas de estímulo, va acompañada de un aumento sólido del empleo, una moderada recuperación de la inversión y un relanzamiento del crecimiento del comercio”.

Más allá de la recuperación (todavía modesta) del crecimiento global, la inversión y el empleo en las principales economías en 2017, los mercados de activos financieros han tenido un gran año.

 

forecast 2

 

El FMI una vez más: “el aumento del valor de las acciones ha continuado su ascenso y está cerca de máximos históricos, ya que los bancos centrales han mantenido una política monetaria acomodaticia en medio de una inflación débil. Esto es parte de una tendencia más amplia de los mercados financieros globales, en los que las bajas tasas de interés, las mejores perspectivas económicas, y un mayor apetito por el riesgo ha incrementado los precios de los activos y suprimido la volatilidad”.

Así que todo parece que va sobre ruedas para la economía mundial en 2018, contradiciendo mi pronóstico de una crisis.

Pero a veces ocurre que cuando todo se ve de color de rosa, una nube tormentosa puede aparecer muy rápido en el horizonte- como en 2007. En primer lugar, vale la pena recordar que, si bien el crecimiento económico mundial se está acelerando un poco, la OCDE reconoce que “el crecimiento per capita va a caer por debajo de las cifras anteriores a la crisis en la mayoría de las economías de la OCDE y no OCDE”. Así que la economía mundial todavía no está fuera de la Larga Depresión que comenzó en 2009.

De hecho, como los economistas de la OCDE explican: “Mientras que la mejora a corto plazo cíclica es bienvenida, sigue siendo modesta en comparación con los estándares de las recuperaciones anteriores. Por otra parte, las perspectivas de continuar el crecimiento global en su pico hasta el 2019 y asegurar las bases para una mayor producción potencial y un crecimiento más resistentes e inclusivo todavía no parecen estar presentes. Los efectos persistentes de un crecimiento débil prolongado después de la crisis financiera aún están presentes en la evolución de la inversión, el comercio, la productividad y los salarios. Se prevén algunas mejoras en 2018 y 2019, y que las empresas realicen inversiones nuevas para mejorar su capital social, pero no será suficiente para compensar totalmente las deficiencias del pasado, y por lo tanto las ganancias de productividad seguirán siendo limitadas”.

Los economistas del FMI hacen hincapié en lo mismo. La última proyección del FMI del crecimiento de la economía mundial es un crecimiento del PIB mundial del 3,7% en el período 2017-18, una aceleración de 0,4 puntos porcentuales desde un anémico 3,3% de los últimos dos años. Pero esto sigue siendo inferior a la tendencia post-1965 de crecimiento del 3,8% y los mejores datos esperados en 2017-2018 siguen a una recuperación excepcionalmente débil de las secuelas de la Gran Recesión.

La OCDE también piensa que gran parte de la reciente recuperación es ficticia, que se centra en activos financieros e inmobiliarios. “Los riesgos financieros también están aumentando en las economías avanzadas, con el largo periodo de bajas tasas de interés para fomentar una mayor asunción de riesgos y nuevos aumentos de la valoración de los activos, incluso en los mercados de vivienda. Las inversiones productivas que generen los recursos para pagar las obligaciones financieras asociadas (así como cumplir otros compromisos con los ciudadanos) parecen insuficientes”. De hecho, en promedio, la inversión en 2018-19 se situará en torno a un 15% por debajo del nivel requerido para asegurar aumentos del stock de capital productivo neto al mismo ritmo medio anual que en 1990-2007.

La OCDE concluye que, si bien el crecimiento económico global será más rápido en el próximo año, esta será su tasa máxima de crecimiento. Después de eso, el crecimiento económico mundial se debilitará y permanecerá muy por debajo de la media anterior a la Gran Recesión. Esto se debe a que el crecimiento global de la productividad (producción por persona empleada) sigue siendo bajo y el crecimiento del empleo está llegando a su pico.

El ex economista jefe de Morgan Stanley, el banco de inversión estadounidense, Stephen Roach, sigue siendo escéptico de que el entorno de bajo crecimiento desde el final de la Gran Recesión haya terminado y que la economía capitalista navegue ahora a favor del viento. El crecimiento que las principales economías han experimentado se ha basado en tasas de interés muy bajas para los préstamos y un aumento de la deuda en los sectores empresarial y familiar. “Las economías reales se han apoyado artificialmente en estos precios de los activos distorsionados, y la normalización de esta situación congelada sólo prolongará esta dependencia. Sin embargo, cuando los balances de los bancos centrales, finalmente, comienzan a contraerse, las economías que dependen de activos una vez más estarán en peligro. Y los riesgos tienden a ser mucho más graves hoy que hace una década, debido no sólo a la proyección de unos balances inflados de los bancos centrales, sino también a la sobrevaloración de los activos”.

Los mercados de valores están enormemente 'sobrevalorados', al menos de acuerdo a la tendencia histórica. La relación precio-ganancias cíclicamente ajustada (CAPE) de 31.3 es actualmente alrededor de un 15% más alto de lo que era a mediados de 2007, antes de estallar la crisis de las subprime. De hecho, el índice CAPE solo ha sido más alto que en la actualidad dos veces en sus 135 años de historia - en 1929 y en 2000. “No son precedentes reconfortantes” (Roach). Una forma de medir el precio de los activos financieros en comparación con los activos reales es la capitalización del mercado de valores en comparación con el PIB (en los EEUU). Sólo ha sido más alto justo antes del estallido de las dot.com en el 2000.

 

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Y no necesito decirles a mis lectores que “la” recuperación económica del capitalismo mundial desde 2009 no ha sido “suficientemente” compartida. Ha habido una gran cantidad de datos que demuestran que la mayor parte del incremento de los ingresos y la riqueza ha ido al 1% de los mayores titulares de ingresos y riqueza, mientras que los salarios reales de los trabajadores en la gran mayoría de las economías capitalistas avanzadas se han estancado o incluso ha disminuido.

 

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La razón principal de este aumento de la desigualdad ha sido que el 1% posee casi todos los activos financieros (acciones, bonos y bienes) y los precios de estos activos se han disparado. Las grandes empresas, sobre todo en los EEUU, han utilizado el aumento de sus beneficios sobre todo para recomprar sus propias acciones (aumentando su precio) o para pagar mayores dividendos a los accionistas. Y estos forman parte del 1% más rico en su mayoría.

Las empresas del índice S & P 500 compraron 3.5 billones de dólares de sus propias acciones entre 2010 y 2016, casi un 50% más que en la anterior expansión.

 

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Hay dos cosas que abren un signo de interrogación sobre la posibilidad de un crecimiento más rápido para la mayoría de las economías capitalistas en 2018 y aumentan la probabilidad de lo contrario. La primera es la rentabilidad y las ganancias - para mí, los indicadores clave de la 'salud' de la economía capitalista, ya que se basan en la inversión y la producción para beneficios no necesidades.

En este contexto, vamos a empezar con la economía de Estados Unidos, que sigue siendo la economía capitalista más grande tanto en valor total, como en inversión y flujos financieros - y sigue siendo, por tanto, el talismán para la economía mundial. Como mostré en 2017, la rentabilidad global del capital en Estados Unidos cayó en 2016, dos años sucesivos desde el fin de la Gran Recesión en 2014. De hecho, la rentabilidad está aún por debajo de sus picos anteriores a la crisis (en función de cómo se mida) de 1997 y 2006.

 

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Hasta donde yo puedo decir, en el año 2017, la rentabilidad se estabilizó en el mejor de los casos- y todavía está muy por debajo de 2.014.

 

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El total o la suma de las ganancias en el sector empresarial de Estados Unidos (lo que no es la rentabilidad, que se mide como la relación entre las ganancias con el stock de capital invertido) se ha recuperado de las profundidades de la Gran Recesión en 2009. Pero el total de las ganancia ha vuelto a caer bruscamente en 2015 (junto con la rentabilidad, como hemos visto más arriba). Esta caída se detuvo a mediados de 2016. La caída parecía coincidir con el colapso de los precios del petróleo y de las ganancias de las empresas de energía, en particular. Sin embargo, el precio del petróleo se estabilizó a mediados de 2016 y lo hicieron las ganancias (aunque la rentabilidad siguió cayendo). Las ganancias aumentaron de nuevo en 2017, pero, después de restar las ganancias ficticias, principalmente del sector financiero, el total de las ganancias está aún muy por debajo del pico de fines del 2014 (línea roja del siguiente cuadro).

 

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Como he mostrado en otros lugares cuando las ganancias caen de nuevo, también lo hará la inversión en el plazo de un año más o menos. Sobre la base de los datos de los EEUU, la rentabilidad en 2017 fue plana y solo hubo una pequeña recuperación en las ganancias. Esto sugiere que, en el mejor de los casos, la inversión en capacidad productiva crecerá muy poco en 2018, especialmente dado que gran parte de estas ganancias van a parar a activos improductivos, inmobiliarios y financieros.

¿Qué pasa en el resto del mundo? Es evidente que las economías capitalistas europeas (con la excepción de la Gran Bretaña post-Brexit) se han recuperado en 2017. El crecimiento real del PIB se ha recuperado, encabezadas por Alemania y el norte de Europa, aunque todavía se encuentra por debajo de la tasa de crecimiento de los EEUU. Japón también ha registrado una recuperación modesta.

Cuando nos fijamos en la rentabilidad, sin embargo, en el núcleo de Europa aumentó sólo ligeramente y cayó en Japón en 2015 y 2016, al igual que en los EEUU. De hecho, sólo Japón tiene una tasa de ganancia más elevada en comparación con 2006.

 

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Cuando nos fijamos en la masa de ganancias de las empresas globales (usando mi propia medición), se ha producido una recuperación modesta en 2017 después de la caída en 2015-6. Pero hay que recordar que mis datos incluyen a China, donde las ganancias de las empresas estatales aumentaron dramáticamente en 2016-7.

 

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A fin de cuentas, si las ganancias y la rentabilidad son buenos indicadores de lo que está por venir en 2018, sugieren en el mejor dude los casos lo mismo que en 2017 - pero probablemente sin provocar una caída de la inversión.

El otro signo de interrogación que se cierne sobre el optimismo abrumador de que 2018 va a ser un gran año para el capitalismo global es la deuda. Como muchas agencias han señalado y he recogido en mis artículos a lo largo de 2017, la deuda global, en particular del sector privado (empresas y familias), ha seguido aumentando hasta nuevos picos.

 

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El FMI comenta: “la carga del servicio de la deuda del sector privado ha aumentado en varias economías importantes en la medida que también ha aumentado el apalancamiento, a pesar de la disminución de los costes del endeudamiento. La presión del servicio de la deuda podría aumentar más si el apalancamiento sigue creciendo y podría conducir a un mayor riesgo crediticio en el sistema financiero”.

Entre las economías del G-20, la deuda total del sector no financiero (endeudamiento de los gobiernos, empresas no financieras y los hogares de los bancos y los mercados de bonos) ha aumentado a más de 135 billones de dólares, o alrededor del 235% del PIB agregado. En las economías avanzadas del G-20, la relación deuda-PIB ha crecido constantemente durante los últimos diez años y ahora asciende a más del 260% del PIB.

 

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El FMI resume el riesgo. “Una continua acumulación de cargas de la deuda y una sobrevaloración de los activos podría tener repercusiones económicas globales. ... una revaloración de los riesgos podría conducir a un aumento de los diferenciales de crédito y una caída de los precios del mercado de capitales y de vivienda, descarrilando la recuperación económica y socavando la estabilidad financiera”.

Los economistas del FMI no creen que haya riesgo de un nuevo estallido de la deuda hasta 2020. Puede que tengan razón. Pero la política de bajas tasas de interés y de enormes inyecciones de crédito por parte de los principales bancos centrales ya ha terminado. La Reserva Federal de Estados Unidos ha comenzado a elevar su tasa de interés política y ha dejado de comprar bonos. El Banco Central Europeo pondrá fin a sus compras este año que viene; el Banco de Inglaterra ya las ha cortado. Sólo el Banco de Japón planea más compras de bonos hasta 2018. El coste de los préstamos se va a incrementar, mientras que la disponibilidad de crédito disminuirá. Si la rentabilidad sigue cayendo en 2018, provocará el colapso de la inversión, no su expansión. Esto afectaría a todo el sector empresarial de las llamadas economías emergentes.

 

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Incluso si las principales economías capitalistas evitan una crisis en 2018, nada cambiará mucho. El crecimiento económico en las principales economías sigue siendo bajo en comparación con antes de la Gran Recesión, incluso si sigue la recuperación en 2018. Y la perspectiva a medio plazo es pobre. El crecimiento de la productividad (producción por persona que trabaja) es muy baja en todas partes e imposibilitará el crecimiento del empleo. Por lo que la tasa de crecimiento potencial a largo plazo de las principales economías se desacelerará desde los picos alcanzados en 2018. Después de un crecimiento muy bajo en 2016 de sólo el 1,4%, el FMI prevé un crecimiento del G7 en 2018 del 1,9% - un aumento moderado, pero real. Sin embargo, se prevé que posteriormente el crecimiento del G7 caiga hasta el 1,6% en 2019 y un pobre 1,5% en 2020-2022.

 

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Así, el repunte en 2017-2018 parece cíclico y no se consolidará en un nuevo 'boom' largo sostenible. Porque, sin que haya una crisis que devalué el capital (productivo y ficticio) y recupere así la rentabilidad, la inversión y el crecimiento de la productividad seguirán atrapados por la depresión. El crecimiento global de las economías del G-7 desde la Gran Recesión ha sido más lento que durante la Gran Depresión de la década de 1930. De hecho, en base a las proyecciones del FMI, para el año 2022, es decir 15 años después de 2007, el crecimiento total del PIB en las economías del G7 sólo será del 20% comparado con el 62% en los 15 años después de 1929. Y eso sin contar con una crisis económica importante en los próximos cinco años.

 

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Sin embargo, a pesar de la poca rentabilidad y la alta deuda, la modesta recuperación de los beneficios en 2017 sugiere que las principales economías capitalistas evitarán una nueva crisis de la producción y la inversión en 2018, contradiciendo mis predicciones.

Cuando se demuestra que se está equivocado (aunque sólo sea en la cronología), es necesario dar marcha atrás y reconsiderar los argumentos y pruebas y revisarlos si es necesario. Ahora bien, no creo que tenga que revisar mis fundamentos, que se apoyan en las leyes de la rentabilidad de Marx como causa subyacente de las crisis. Las ganancias en las principales economías han aumentado en los últimos dos años y por lo tanto la inversión ha mejorado en consecuencia (según la ley de Marx). Sólo cuando empieza a caer la rentabilidad de forma consistente y arrastra a los beneficios con ella, la inversión también caerá. Hasta que eso ocurra, el impacto en el sector capitalista de los crecientes costes del servicio de unos niveles de deuda muy altos puede ser gestionado, por la mayoría.

Lo que parece haber sucedido es que ha habido una recuperación cíclica a corto plazo desde mediados de 2016, después de una recesión casi global, desde finales de 2014 hasta mediados de 2016. Si el punto más bajo de este ciclo Kitchin fue a mediados de 2016, el pico debe alcanzarse en 2018, con un giro descendente de nuevo posteriormente. Veremos lo que pasa.

 

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Michael Roberts es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajador 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.


Fuente: https://thenextrecession.wordpress.com/2017/12/29/forecast-for-2018-the-trend-and-the-cycles/


Traducción: G. Buster

 

Publicado enEconomía
Sábado, 06 Enero 2018 07:55

Basta de mujeres muertas y maquilladas

Basta de mujeres muertas y maquilladas

 

“Stop FemaleDeath in Advertisement” (“Basta de mujeres muertas en la publicidad”) se llama la página web creada por la estudiante de Diseño Visual del Beckmars College of Design de Estocolmo, Lisa Hageby, para concentrar allí imágenes de marcas de productos de lujo, cuyas campañas se basan en la estetización del femicidio y la banalización de las vejaciones que diariamente ocurren contra miles de mujeres reales. En esa cúspide simbólica que siempre ha sido para la cultura de masas occidental el mundo de la alta moda, el de la exclusividad por excelencia, un mundo al que acceden pocos miles de mujeres en el mundo, pero que expande sus ondas luminosas en formas de tendencias hacia abajo –en revistas, productos de tocador y perfumería–, ahí mismo, muchas grandes marcas tallan su “transgresión”, que desde hace unos años es mostrar mujeres muertas pero con un buen par de zapatos puestos.

Las imágenes de esa página la dejan a una boquiabierta. Porque cada pieza es un texto de comunicación de un impacto feroz, revulsivo, de realización impecable y una estética que a una le repugna pero sin embargo le permite percibir, oler la fascinación que causan esas mujeres hermosas y muertas, definitivamente derrotadas, en otras mujeres y hombres que no verán un femicidio ni una tortura ni una violación en el aviso, sino audacia y carácter de época.

En su blog, a fines de diciembre, la activista feminista y escritora dominicana Rosario Sánchez reprodujo un artículo escrito un año antes, en el que pasaba revista a algunas de las imágenes de la página creada por Hageby. Su nota comenzaba describiendo una fotografía grandiosa, tomada en las escalinatas de la Opera Garnier de París. Hay una mujer caída. No se sabe si está muerta o desvanecida. Como sea, es una mujer de voluntad ausente, que es la mujer que emerge de esta ola simbólica. El aviso vende un vestido. Un vestido que cubre un cuerpo inerte.

“Otra imagen nos muestra una mujer cuyas piernas cuelgan del baúl de un carro –escribe Sánchez–. Tal como en la otra fotografía, no sabemos si está muerta o inconsciente pero deducimos que, si no la han asesinado todavía, pues la van a asesinar en un instante ya que apoyado en el baúl del carro se encuentra un hombre con una pala excavando un hoyo en el desierto. Nos están vendiendo zapatos Jimmy Choo”.

La siguiente que describe es la de Chloé, y en una primera mirada remite a la Ofelia de Hamlet ahogada. “La actriz esta pálida como la cera. Sus labios con labial rojo pero sus ojos están cerrados y su entrecejo fruncido; tiene cara de dolor y está sumergida en el agua”. De la pasividad inenarrable de la cara blanca y jovencísima de la modelo de Chloé, Sánchez pasa en su blog a otra foto, ya mucho más sumergida en esta tendencia patriarcal estetizante, en la que lo primero que se ve es “sangre en las paredes y en el piso. En el suelo yace tendida una mujer en posición indefensa. También ella tiene sangre por todo el cuerpo, pero ojo, quien estilizó la sesión de fotos y la comisionó, se preocupó en que la actriz fuera fotografiada muerta, sí, pero en braga y en sostén, con medias hasta los muslos y tacones altos”.

Hay mujeres fuera de foco porque lo que está en foco es el arma que les apunta a la cabeza. Hay mujeres inequívocamente muertas que ostentan el agujero del disparo en la frente. Pero el efecto es como estar frente a una cosa, a una muñeca de cera, porque el aviso logra que el rojo de las sábanas de seda se incorpore, con la belleza de sus reflejos, al marco rojo sangre literal. Porque también la muerte está estetizada (y en este punto se diría que esta tendencia no se dirige sólo a naturalizar los femicidios, sino a través de ellos a la muerte en general). Aun después de recibir el disparo en la frente, la modelo yace semidesnuda, perfectamente peinada y maquillada. El aviso, uno de los primeros que se desprendió de la alta moda y lleva la carga simbólica hacia otros sectores sociales, vende un video juego. El título es “Preciosamente ejecutada”.

Quizá no sea casualidad que uno de los clímax de esta estética aberrante provenga de lo más concentrado, del elixir del mundo de la exclusividad, que son las grandes joyerías. Una de las más importantes eligió a una mujer literalmente descuartizada, y en cada trozo de su cuerpo hizo lucir distintas joyas fabulosas. Esto nos dice el centro estético del poder a las mujeres, aunque no nos habla a nosotras. Se podría decir que se trata de una estética de barrio cerrado global, de elite que convive con otros mensajes pero que a través del engranaje complejo de los consentimientos, que en Occidente siempre han hecho su avanzada a través de lo que fue considerado bello, va habilitando, asimilando, absorbiendo una naturalización neopatriarcal. Como sabemos, el patriarcado es un sistema dinámico que va compensando sus fisuras con nuevos contragolpes.

Si bien la página creada por Hageby hoy es un archivo visual del ítem de la violencia de género en la publicidad, no es el único enfoque. Las académicas australianas de la RMIT University, Lauren Gurrieri, Helene Cherrier y Jan-Brace-Govan, han investigado ya hace un par de años el fenómeno de utilizar la violencia contra la mujer como una treta publicitaria más, y concluyen que “representar a las mujeres de manera sexualizada y como seres subyugados fomenta una cultura de la violación en la que tratar a las mujeres de maneras degradantes a través del uso de la violencia es considerado aceptable”.

La dominicana Rosario Sanchéz, en su nota, reflexiona: “No hay herida que el patriarcado nos produzca a las mujeres, que el capitalismo no quiera comercializar y vendérnoslo como ‘art’ o ‘libertad de expresión’ o ‘empoderamiento’”. Así es, en éste y en otros órdenes de avasallamiento simbólico del patriarcado o el corpocapitalismo, que hoy funcionan copulando. Las heridas que provoca el patriarcado son masticadas y escupidas en forma de producto por el mercado. Son heridas jerárquicas. Las produce un tipo de seres humanos sobre otros tipos de seres reducidos a estorbos. Son heridas invisibles, camufladas por la presunta superioridad de unos sobre otros. Heridas maquilladas, como esas modelos que posan haciéndose las muertas; son heridas que el corazón envenenado de un sistema controlado por el dinero busca multiplicar a través del goce. Esa es su sombra moral y es a la vez lo único en lo que puede sostenerse. En sujetos capaces de cosificar al resto, para poder abusar, pisotear, y eliminar a los otros sin la molestia humana del remordimiento.

 

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Viernes, 05 Enero 2018 07:06

Octavio Paz contra el neoliberalismo

Octavio Paz contra el neoliberalismo

 

“El mundo que viene es más de dueños que de trabajadores”, confesó a PáginaI12 el Ceo de Los Grobo en el aquelarre de la OMC. ¡Chocolate por la noticia!, me animaría a decirle. Pero él intentaba escamotear la actual hecatombe concreta sobre derechos seculares de la clase obrera, con el espejismo de un futuro paraíso virtual, y universal, de “emprendedores”. Por suerte, el lenguaje sigue siendo fecundamente ambiguo. Y de sus palabras podemos extraer el contenido literal, bien patente –por desdicha– para los argentinos en la actualidad: todo para los dueños, nada para los que crean su riqueza.

Casi de inmediato, como un reflejo antípoda, recordé otro concepto también significativo. En uno de sus diálogos reunidos en libro (El poeta en su tierra) por Braulio Peralta, confiesa Octavio Paz: “Siempre creí –y creo– que mi interlocutor natural era el intelectual llamado de izquierda. Vengo del pensamiento llamado de izquierda. Fue algo muy importante en mi formación. No sé ahora (...) lo único que sé es que mi diálogo –a veces mi discusión– es con ellos. No tengo mucho que hablar con los otros.” Pero el gran dinero corporativo y los no menos desmedidos medios hegemónicos, intentaron apoderarse de todo Octavio Paz, el célebre escritor mexicano, distorsionando sus tempranas críticas al terror stalinista y su redescubrimiento del auténtico liberalismo para adjudicárselo, domesticado como a tantos otros conversos hacia la derecha.

Porque Paz, nacido en plena Revolución Mexicana (1914), era hijo de Octavio Paz Solórzano, fundador del Partido Nacional Agrarista, asesor legal de Emiliano Zapata y su representante en EEUU, involucrado en la reforma agraria y en las transformaciones educativas de José Vasconcelos. Apenas recibido, en 1937 parte a Yucatán con las misiones pedagógicas del legendario Presidente Lázaro Cárdenas. Y también ese año integra la delegación mexicana al célebre Congreso de Escritores Antifascistas convocado en Valencia por los republicanos españoles, mientras arreciaba la guerra civil desatada por el franquismo.

Comenzaba su tarea de escritor, cuyos primeros títulos lo vuelven hombre público. Polemista agudo, convencido humanista, su figura crece como su influjo, entre admiraciones y rechazos. Pero algo hay que reconocerle: en 1968, tras 24 años de diplomacia renuncia como rechazo a la feroz represión oficial que dejó muchos muertos y heridos, durante la masacre de Tlatelolco, entre los estudiantes mexicanos.

Medio siglo después de aquel legendario Congreso de Valencia, se invitó a los sobrevivientes. A Octavio Paz eso le provocó un gran texto: “El lugar de la prueba”. Lo reprodujo el diario La Nación, el 8 de noviembre de 1987. Y en él comencé a descubrir una vertiente bien oculta. Dice: “porque la libertad de expresión está en peligro siempre. La amenazan no sólo los gobiernos totalitarios y las dictaduras militares, sino también, en las democracias capitalistas, las fuerzas impersonales de la publicidad y el mercado. Someter las artes y la literatura a las leyes que rigen la circulación de mercancías es una forma de censura no menos nociva y bárbara que la censura ideológica.”

En su libro La otra voz / Poesía y fin de siglo, de 1990, el año de su Premio Nobel, Octavio Paz reitera claramente: “hoy las artes y la literatura se exponen a un peligro distinto: no las amenaza una doctrina o un partido político omnisciente sino un proceso económico sin rostro, sin alma y sin dirección. El mercado es circular, impersonal, imparcial e inflexible”.

Y en otro libro: Al paso, insiste: “Pienso en la solapada dominación del dinero y el comercio en el mundo del arte y la literatura. Las leyes del mercado no son estrictamente aplicables a la literatura, al pensamiento y al arte. Las potencias meramente comerciales, regidas por el criterio del éxito y la venta, tienden a la uniformidad –máscara de la muerte.”

No era algo casual. El 25 de agosto de 1992 leo en La Nación: “Es muy grave que el relativismo social actual se convierta en un nuevo absolutismo basado en esta idea: las cosas no tienen valor, tienen precio. Este es el camino por el cual una sociedad se destruye.” Y añade: “Cuando yo era joven el gran enemigo del arte eran los Estados autoritarios. Esta amenaza ha sido sustituida por otra mucho más sutil: la amenaza del mercado, que lo relativiza todo. Estas son las grandes amenazas modernas. El mecanismo del mercado no tiene ideología, acepta todas, las usa todas, no respeta ninguna y se sirve de todas ellas.”

Si fuera poco, en Le Nouvel Observateur poco antes de morir, en 1998 afirma Paz: “Se habló del desastre del autoritarismo, sería preciso hablar del desastre del capitalismo liberal y democrático, en el dominio del pensamiento como en el de la vida cotidiana; la idolatría del dinero, el mercado transformado en valor único que expulsa a todos los otros.”

Podría citar más, pero ya basta. Llegó la hora de pensar a Octavio Paz en su complejidad, sin anteojeras. No quiero decir que tal reiteración sea única (no pocas veces me tocó disentir con él en otras lecturas). Pero siento que le debemos considerarlo íntegramente, desde nuestra propia perspectiva sí, pero en toda su múltiple riqueza. Así empezó a ocurrir donde algunos no hubieran esperado: intelectuales cubanos impulsaron un seminario de análisis a fondo para la entera obra de Paz.

Y hay más. En “El lugar de la prueba”, 50 años después de aquel congreso antifascista, Octavio Paz sólo recuerda esto: “en fin, y ante todo, el trato con los soldados, los campesinos, los obreros, los maestros de escuela, los periodistas, los muchachos y las muchachas, los viejos y las viejas. Con ellos y por ellos aprendí que la palabra fraternidad no es menos preciosa que la palabra libertad: es el pan de los hombres, el pan compartido. Esto que digo no es una figura literaria. Una noche tuve que refugiarme con algunos amigos en una aldea vecina a Valencia mientras la aviación enemiga, detenida por las baterías antiaéreas, descargaba sus bombas en la carretera. El campesino que nos dio albergue, al enterarse de que yo venía de México, un país que ayudaba a los republicanos, salió a su huerta a pesar del bombardeo, cortó un melón y, con un pedazo de pan y un jarro de vino, lo compartió con nosotros.”

¿Alguien capaz de expresar eso no merece que volvamos a pensarlo más a fondo? (Sí, ya sé que no era fácil. Que era incómodo, intelectual, disidente, complicado. ¿Pero es que no se trata justamente de eso? ¿No se trata de seguir soñando un mundo con más libertad y más justicia, con más justicia y libertad?)

* Poeta, traductor, ensayista.

 

Publicado enCultura
La capital de la miseria de Estados Unidos, fuera de control

La cifra de personas sin hogar aumenta por primera vez en siete años al dispararse la situación de emergencia en Los Ángeles.

 

“Nunca lo he visto tan mal”. El que dice esto mientras camina por la calle Seis del centro de Los Ángeles, California, lo ha visto todo en miseria. Es el agente Deon Joseph, con dos décadas de experiencia patrullando en la comisaría Central de la ciudad, situada en medio de la mayor concentración de personas sin hogar al aire libre de Estados Unidos, el barrio conocido como Skid Row.

 

Las cifras oficiales dan la razón al agente Joseph. Al menos en el tiempo que él lleva en el barrio, nunca ha estado tan mal. La situación de los sin techo en Los Ángeles, que las autoridades locales ya habían calificado de “emergencia”, se ha vuelto una cuestión nacional al revelarse este mes las últimas cifras del fenómeno en Estados Unidos. El número de personas sin hogar ha aumentado un 1% en el país, el primer aumento en siete años.

 

El aumento espectacular en el condado de Los Ángeles, con un 23% más de sin techo en un año hasta las casi 58.000 personas, explica por sí mismo las cifras nacionales. Si no fuera por la región de Los Ángeles, la población sin techo habría bajado un 1,5%. Las cifras han aumentado en toda la Costa Oeste. De las siete zonas urbanas con más personas sin techo, cinco están en el Pacífico (Los Ángeles, Seattle, San Diego, San José y San Francisco).

 

En Estados Unidos hay 553.000 personas sin hogar según el último censo del Departamento de Vivienda, publicado a principios de diciembre. Es el 0,17% de la población, un porcentaje superior a México (0,04%), pero inferior a Canadá (0,44%), Reino Unido (0,25%) o Suecia (0,36%), según las últimas cifras recopiladas por la OCDE. Uno de cada cinco vive en Nueva York o en Los Ángeles. En números absolutos, la ciudad de Nueva York es la que más sin techo tiene de EE UU, con más de 76.000. La diferencia es que en Nueva York, el 90% tiene donde pasar la noche. Tres de cada cuatro personas sin hogar en Los Ángeles no tienen cama en ningún albergue o solución temporal.


Además, la diferencia en el clima (la temperatura máxima en Nueva York esta semana ha sido -5 grados y en Los Ángeles, 26) hace que el fenómeno esté al aire libre, en aceras por toda la ciudad. Y en Skid Row es donde ese teatro de la miseria norteamericana muestra su cara más cruda. En las 50 manzanas de Skid Row se concentra la mitad de los sin techo de la ciudad de Los Ángeles. El detective Harry Bosch, de las novelas policiacas de Michael Connelly, lo define así: “Cruzas una calle y estás en Calcuta”. Tal cual.

 

El agente Deon Joseph patrulla a pie por la calzada de la calle Seis porque no se pueden usar las aceras. Son una amalgama de tiendas de campaña, basura, chatarra en la que viven miles de personas. A ratos, el olor es nauseabundo. Algunos se le acercan a saludar o a contarle sus problemas. Joseph cuenta que esta gente se ha convertido en víctimas de las bandas, que cobran por el sitio en las aceras, en dinero (hasta 200 dólares al mes) o en servicios, desde el tráfico de drogas hasta la prostitución. En algunas de estas tiendas de campaña, explica, han encontrado armas. El trapicheo está casi a la vista. Las violaciones son habituales. Coches de alta gama están aparcados junto a personas inconscientes en la acera a las que todo el mundo ignora. El crimen en la zona “está fuera de control”, asegura Joseph, atraído por el tráfico de drogas. El agente es muy crítico con lo que considera “política de no inmiscuirse” de las autoridades.


En una esquina encontramos a Jennifer de León. Prácticamente sin dentadura, explica que tiene 40 años y lleva viviendo en esta esquina desde 2009 en una tienda que empezó siendo pequeña pero ahora ocupa unos seis metros cuadrados. Sus padres viven en Desert Hot Springs, a dos horas de aquí. No se habla con ellos. Vive de una pensión de la Seguridad Social desde los 18 años que hoy asciende a 997 dólares, y sin embargo sigue en la calle. Simplemente es su vida. Acabó aquí después de engancharse al crack y a la metanfetamina. Se ducha en el albergue más cercano. Si no tiene que ir, hace sus necesidades en un cubo y las tira a la calle.

 

Midnight Mission es uno de los albergues más antiguos de Skid Row, fundado en 1914. “En la crisis del 29 servíamos un millón de comidas al año”, explica Joey Weinert, coordinador de los voluntarios del albergue. Aquí se viene a comer, pero también a pasar la noche y, si la persona consigue estabilizarse, Midnight Mission provee una solución habitacional temporal que le permita reconstruir su vida. “Si se pide ayuda, la hay”, asegura Weinert. Todos los habitantes de las aceras de Skid Row pueden comer tres veces al día, conseguir ropa limpia y acceso a higiene personal. “Es como la Meca de los sin techo. Aquí están todos los servicios”.


Las causas del aumento de sin techo son diversas y profundas. Weinert cita el aumento en el consumo de drogas, los efectos a largo plazo de la crisis económica y también la crisis de vivienda que sufre el condado de Los Ángeles, donde el aumento de los precios está erosionando rápidamente la clase media. Esta es la razón más admitida por las autoridades locales, en todas las ciudades de la Costa Oeste. También asegura que vienen personas sin techo de otros lugares, sabiendo que aquí se puede llevar esta vida. “Si estás en la calle en Chicago en esta época del año y te ofrecen un billete de autobús a California, te vas”.

 

La situación lleva dos años creciendo fuera del centro de la ciudad. Las tiendas de campaña aparecen de la noche a la mañana en todo Los Ángeles. La situación es tan evidente que este año los votantes han aprobado en referéndum dos veces subirse los impuestos para recaudar un total de 4.700 millones de dólares en 10 años para construir al menos 15.000 plazas en residencias permanentes para gente sin techo y los servicios que necesitan. La semana pasada, el alcalde inauguró la primera de esas obras.

 

Weinert no cree que echar dinero sobre el problema sea la solución. “Si le das un piso a un adicto al crack, sus amigos se van a meter allí y lo que has hecho es montar un piso franco de venta de crack”. No se puede resolver la situación de una persona que está en la calle sin resolver antes las razones por las que está en la calle, explica, especialmente la adicción y los problemas mentales. “Nuestro país no se ocupa de los pobres y los débiles”.

 


 

“EL SUEÑO AMERICANO SE ESTÁ CONVIRTIENDO RÁPIDAMENTE EN EL ESPEJISMO AMERICANO”


Estados Unidos, uno de los países más ricos del mundo y la “tierra de la oportunidad”, se está convirtiendo en el campeón de la desigualdad. Esta es la frase con la que comienza el comunicado del pasado 15 de diciembre de Phillip Alston, el relator especial de Naciones Unidas para la extrema pobreza. Alston acabó en Skid Row, Los Ángeles, un viaje de dos semanas por California, Alabama, Georgia, West Virginia, Washington DC y Puerto Rico para observar el estado de la pobreza en el país más rico del mundo. Su conclusión es que “el sueño americano se está convirtiendo rápidamente en el espejismo americano”.

 

El relator cita las cifras del censo, según las cuales 40 millones de estadounidenses viven en la pobreza y de ellos 18,5 millones en extrema pobreza. Alston se mete en política y pasa a continuación a criticar los posibles efectos de la reforma fiscal de Donald Trump sobre los más pobres. Dice que el plan “va a desgarrar partes cruciales de una red de seguridad que ya estaba llena de agujeros”.

 

En el problema de los sin techo, en concreto, Alston considera que las cifras oficiales son inferiores a las reales. El relator critica la “criminalización” de la pobreza por los arrestos por delitos menores de personas que viven en la calle. Alston publicó una versión preliminar de su informe hace una semana. La versión definitiva se publicará en abril.

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Domingo, 31 Diciembre 2017 09:17

Cuba: medidas peligrosas

Cuba: medidas peligrosas

La débil economía cubana padece crónicamente una carencia de combustibles para la electricidad, el transporte y la industria y de autosuficiencia alimentaria, ya que la revolución en 1959 elevó de golpe la capacidad de consumo de carne y eso redujo el hato cubano.

 

Los precios mayores que pagaba la Unión Soviética entre los 1960 y los 1980 por el azúcar cubano, así como la venta de abundante petróleo a precios menores a los del mercado mundial, ayudaban a dar una tranquilidad falsa a una economía deficitaria. Eso acostumbró a importar alimentos o a producirlos a costos o en condiciones insostenibles.

 

El error político mayor de la dirección revolucionaria cubana, sin embargo, fue creer que la Unión Soviética era socialista, al igual que los países del Pacto de Varsovia y, peor aún, que esos regímenes burocratizados, nacionalistas y conservadores, eran eternos. Como consecuencia de este error garrafal, cuando se derrumbaron y triunfó en ellos un capitalismo mafioso (con Yeltsin) o de choque, como en los otros países, Cuba tuvo que hacer frente al desastre propio y al ajeno.

 

Si el infame bloqueo y la agresión de Estados Unidos la obligaron a cambiar toda su tecnología industrial y sus mercados y le costaron, además, más de 120 mil millones de dólares (10 mil dólares por cabeza de habitante), la implosión del bloque burocrático la forzó nuevamente a adoptar la tecnología que aceptaron venderle a precio de oro los países capitalistas y a adaptarse a éstos para poder exportar o recibir turistas.

 

El costo fue enorme. El turismo –que es caprichoso y volátil y, por lo tanto, imprevisible– fomenta en la Cuba corrupción, prostitución y el consumismo y obliga también a importar para abastecerlo muchísimos insumos y alimentos de lujo que no se pueden producir en la isla y que imponen al gobierno el pago en divisas fuertes que serían mucho más útiles destinadas a crear un aparato productivo.

 

Lo peor de todo, empero, fue el sometimiento de los trabajadores al asfixiante y antidemocrático sistema ruso, con sus sindicatos alejados de los trabajadores y que sólo son correa de transmisión de las campañas del Estado-Partido, más las direcciones industriales o de ramos de empresa jerárquicas, burocratizadas, incluso corruptas por falta de control obrero, la carencia de democracia y de estímulo a la creatividad e ingeniosidad de los cubanos, incluso, la presentación como socialista del trabajo a destajo, condenado y combatido desde siempre por los obreros que lo consideran una autoexplotación al servicio de las ganancias empresariales.

 

En los últimos casi 30 años nacieron generaciones de cubanos que no conocieron ni la situación anterior a la revolución ni la inmediatamente posterior y que no creen las escasas noticias sobre la crisis mundial capitalista que les da una prensa incapaz de estudiar el país y de plantear problemas y que es solamente un aburrido e ineficaz boletín de prensa del Partido-Estado y carece de toda credibilidad. Ante el desapego de buena parte de la juventud y el desperdicio de talentos que afectan tanto la productividad en Cuba, y ante un sistema productivo que educa en el cinismo y el individualismo pues obliga a todo el que quiera sobrevivir a violar la ley practicando la prostitución, el mercado negro, el robo de bienes del Estado para construir una economía paralela, el gobierno se vio obligado a apostar todo a una solución burocrática.

 

Nació así la idea de hacer en el Mariel un puerto libre de aguas profundas que sirviera de polo industrial y de cluster para las inmensas naves petroleras que pasarían por el Canal de Panamá ampliado y sobre todo por el canal transoceánico que un capitalista chino dijo querer construir en Nicaragua. Pero el proyecto del Mariel dependía de la empresa constructora brasileña, hundida en los escándalos de corrupción en Perú, Ecuador, Argentina y Brasil, la cual ahora está en crisis, y el capitalista, especializado en el juego de azar, no puso hasta ahora ni el primer ladrillo del canal. Mariel, por lo tanto, no absorbe mano de obra ni se desarrolla ni es un polo tecnológico. La generosa ayuda petrolera de Venezuela, por su parte, está permanentemente amenazada por la crisis y la inestabilidad en ese país.

 

Para colmo de males, por Cuba pasó el huracán Irma dejando una enorme secuela de daños materiales que afectaron los servicios de la isla y también acrecentaron la escasez de viviendas. Como en el caso de la lucha por sobrevivir durante el llamado periodo especial y los años siguientes, también los desastres causados por el huracán Irma pudieron ser superados por la acción del gobierno y del pueblo cubano. Pero la criminal política de Trump que agrava el bloqueo económico, aumenta las amenazas políticas, favorece la industria carbonera y petrolera, acrecentarán aún más las tensiones políticas y el recalentamiento de las aguas. Eso significa que habrá que dedicar más recursos a la defensa y menos a la reconstrucción y que en octubre próximo, como siempre, otros huracanes recorrerán las Antillas, siempre con mayor violencia porque el Atlántico y el Caribe se evaporan mucho más engendrando monstruos climatológicos.

 

Ahora el gobierno cubano acaba de resolver dar más iniciativa a las empresas, mayores poderes a los directores y favorecer la competencia entre las empresas estatales. Estas medidas figuraban en el proyecto ruso de reforma Liberman y marcaron negativamente la economía de Yugoslavia antes de su explosión. Lo que se necesita es poder popular, no más poder a los capitalistas y burócratas. Esa resolución conduce al capitalismo y refuerza un sector de la burocracia que piensa como capitalista y tiene relaciones con el capital internacional pero no tiene aún la propiedad de los medios de producción, los cuales son manejados por el capitalismo de Estado dirigido por el Partido Comunista. ¡Hay que invertir la ruta!

 

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Viernes, 29 Diciembre 2017 10:31

Variaciones sobre Horkheimer

Variaciones sobre Horkheimer

Ciertamente Max Horkheimer (1895-1973), el filósofo y el sociólogo alemán fue la mitad más desapercibida del "dúo dinámico" Adorno/Horkheimer, detrás la Escuela de Frankfurt. Muy a pesar de todo.

A pesar de haber sido por décadas su jefe y el principal organizador que logró llevarla por el mar de guerra y salvar de los nazis a –casi– todos sus colaboradores trasladando el Instituto de Investigaciones Sociales (Institut für Sozialforschung) que la cobijaba primero a Suiza y luego a Estados Unidos.

A pesar de haber sido uno de los artífices de la "teoría crítica" –incluso quién la bautizó– y coautor con Adorno de una de sus obras más emblemáticas: Dialéctica de la Ilustración (1944).

A pesar de haber sido un pensador original de por sí e iniciador de un nuevo tipo de interacción entre filosofía y ciencias sociales, propia de los "francfortianos" (Seyla Benhabib, On Max Horkheimer: new perspectives, MIT 1993, p. 9-11).

Aun así, pocos no tendrían problemas en señalarlo en alguna de sus fotos grupales (quizás también porque –si una vez uno ya lo ubica– el autor de El eclipse de la razón de modo extraño suele parecerse simplemente a... todos los demás).

Stuart Jeffries en una nueva biografía colectiva de la Escuela de Frankfurt –muy a contrapelo de estas apariencias– rescata su singularidad y reconstruye su trayectoria intelectual (su retorno a Hegel y al "joven Marx", interés en cuestiones culturales e ideológicas en el capitalismo, etcétera.) que convirtieron al Instituto bajo su dirección en un centro heterodoxo de estudios multidisciplinarios y en la mejor encarnación –por bien o por mal– de un proceso más amplio, la emergencia del "marxismo occidental", divorciado ya de la clase trabajadora y pesimista en cuanto a sus "capacidades revolucionarias" (Grand Hotel Abyss: the lives of Frankfurt School, Verso 2016, p. 95-96).

Aun así, a pesar de su centralidad, pocos sabrían señalar algún pasaje suyo aparte quizás de aquella cita canónica "quien no quiera hablar de capitalismo debería callar también sobre el fascismo" (lo que igual no quiere decir que es una mala cita... ¡todo lo contrario!).

En un ensayo que la contiene (Los judíos y Europa, en: Zeitschrift für Sozialforschung, diciembre 1939) –que, otra vez, pocos aun conociendo aquel pasaje sabrían señalar– Horkheimer analiza el auge del antisemitismo y fascismo en contexto del colapso del orden liberal en periodo de entreguerras y las nuevas tendencias en el capitalismo, a lo que hoy mirando el racismo, xenofobia y la crisis en Europa (goo.gl/uePPG1) se antoja decir "quien no quiera hablar del neoliberalismo debería callar también sobre la islamofobia".

Igualmente ante el auge del "post-fascismo" –con la diferencia de que éste hoy quizás tiene más que ver con "cosas culturales" que puramente económicas (algo que de algún modo anticipó la Escuela de Frankfurt)–, el dictum original sigue actual.

Lo mismo pasa mirando a EU el país en que los "francfortianos" encontraron el refugio, pero que comparaban sin cesar –por los mismos mecanismos de propaganda e "industria cultural" calculados a forzar la obediencia– con... la Alemania nazi (p. 221-225).

Ante la extraña y escandalosa rehabilitación de George W. Bush (goo.gl/kkLhtS) que "en comparación con Trump ya no se ve tan mal" (sic), se antoja decir "quien no quiera hablar sobre el bushismo (y sus crímenes), debería callar también sobre el trumpismo".

Ante la serie de abusos sexuales por celebrities y políticos en EU –el "capítulo Trump" (‘grab them by the pussy’) ya lo vimos el año pasado– ventilados con toda la razón pero de modo que suele reproducir todas las tendencias individualistas de nuestra sociedad (goo.gl/sHtoFX), algo que venía criticando la Escuela de Frankfurt, o ignorar las historias pasadas –¡Bill Clinton!: no, no era "sólo una inocente vez" (goo.gl/gqcAJh)– se antoja decir "quien no quiera hablar de otros abusos o ponerlos en un contexto más amplio (¡el capitalismo!), debería callar también sobre Trump o Weinstein".

Finalmente mirando al Medio Oriente y la (casi) total extinción de palestinos como sujetos de la historia con la reciente decisión de Trump sobre Jerusalén/Al Quds (goo.gl/2yVkPo) –o la lamentable histórica incondicionalidad de Adorno y Horkheimer hacia Israel (sólo Marcuse criticaba como "los perseguidos se convertían en los perseguidores")– se antoja decir “quien no quiera hablar sobre la ‘cuestión palestina’, debería callar también sobre la ‘cuestión judía’”.

Horkheimer –lamentablemente– en los 50 y 60 tampoco quiso hablar de las intervenciones estadunidenses a lo largo del mundo y cuando ya se decidía a decir algo, hablaba por ejemplo "del rol positivo de EU en Vietnam" (sic). Adorno –al menos– era más crítico.

Fue también él, que en su calidad del jefe del Instituto, forjó –o forzó– un "lenguaje esopiano" en los escritos de la Escuela de Frankfurt, una especie de "auto-censura" que floreció sobre todo en los 40 durante el exilio estadunidense.

Vedadas eran las palabras como "marxismo" o "revolución", para "no antagonizar las autoridades y los donantes en EU, un país inherentemente hostil a las ideas socialistas" (Benhabib, p. 8), pero Horkheimer solía sacarlos también en los 30 de los ensayos de Walter Benjamin –uno de los "francfurtianos" a quién no logró salvar– y en los 50 a su regreso a Alemania, de los textos del joven y radical (sic) Jürgen Habermas, igualmente para no antagonizar las autoridades de la nueva República Federal.

Los términos "capitalismo" (sic) y "lucha de clases" (sic) los eliminó personalmente de la Dialéctica... "purgando" metódicamente post factum –ahora sí, junto con Adorno– el listo ya manuscrito (véase: Slavoj Zizek, Living in the end times, Verso 2010, p. 204-205).

Este "vacío" es aún más visible al comparar la Diálectica... con Historia y conciencia de clase (1923) de György Lukács uno de los textos fundacionales del "marxismo occidental": si bien en ambos libros la reificación y el fetichismo son el centro del análisis, en Lukács todo (aun) está "aterrizado" en política, lucha de clases y formación histórica concreta (capitalismo), mientras en el dúo Adorno-Horkheimer todo ya es "puramente filosófico" (razón instrumental, manipulación/dominación tecnológica, etcétera.).

¿“Quién borra de sus textos la palabra ‘capitalismo’, no tiene el derecho de hablar del... capitalismo?”. No será la primera ni la única contradicción de la Escuela de Frankfurt.

Por Maciek Wisniewski, periodista polaco

Twitter: @MaciekWizz

Publicado enCultura
Miércoles, 27 Diciembre 2017 07:13

Reforma fiscal de Trump

Reforma fiscal de Trump

 

Los promotores de la recién aprobada reforma fiscal en Estados Unidos la describen como el acto más importante en materia de política recaudatoria desde Ronald Reagan. El equipo del actual inquilino de la Casa Blanca no deja escapar la menor oportunidad para transmitir su convicción de que la reducción de impuestos a las corporaciones y a los estratos de altos ingresos traerá aparejado un mayor crecimiento económico y todos los beneficios en materia de empleo que la expansión implica. Al igual que hace 30 años los mitos y dogmas dominan el diseño de la política de ingresos fiscales.

La polémica que rodea la reforma fiscal de Trump se ha concentrado sobre el tema de la desigualdad y de los exorbitantes beneficios para los ricos y las grandes corporaciones. Pero hay otro importante ángulo en este debate que no ha recibido la atención que merece. El objetivo primordial de la reforma aprobada por la mayoría republicana en el congreso estadunidense es acelerar el crecimiento económico y la creación de empleos a través de un aumento en la inversión.

Pero, ¿cuál es el fundamento racional que sostiene esta forma de ver las cosas? La justificación que esgrimen los partidarios de esta reforma utilizan un razonamiento sencillo pero engañoso. Sostienen que la reducción de gravámenes hará que las empresas (y los ricos) inviertan más porque tendrán que pagar menos impuestos sobre sus ganancias. El aumento en la inversión no sólo generará un mayor número de empleos, sino que incorporará innovaciones tecnológicas en procesos y productos. Y eso hará que aumente la productividad, con lo cual también se incrementarán los salarios. El crecimiento económico que traerá aparejada la reforma fiscal se traducirá en un avance en materia de bienestar para toda la población. Adicionalmente, la aceleración económica traerá una mayor recaudación, con lo cual se cerraría este círculo virtuoso.

Pero ¿es cierto que aumentará la inversión y el crecimiento con esta reforma fiscal? Para empezar, habría que suponer que los impuestos elevados son la causa de que la inversión haya sido insuficiente a lo largo de años recientes (por no decir decenios). Pero ese supuesto tiene problema: la inversión productiva ha tendido a disminuir desde hace ya más de tres décadas. Es por lo tanto difícil atribuir el comportamiento de esa variable a los niveles impositivos; se necesitan operaciones de malabarismo en econometría para llegar a esa conclusión.

En realidad, la determinación de los niveles de inversión responde a numerosos factores y, en todo caso, la carga fiscal es sólo uno de esos factores. Muy probablemente no es el factor más importante. Sin duda el más importante es el de la rentabilidad esperada. Muchos economistas hablan de los sentimientos del mercado y Keynes se refirió a los espíritus animales para referirse a la compleja matriz de factores que determinan las decisiones de inversión. Estas expresiones están ligadas al tema de la rentabilidad. Pero el análisis de los economistas convencionales deja mucho que desear.

Otros analistas han trabajado los datos sobre rentabilidad en las principales economías capitalistas a lo largo de un periodo de cinco décadas. Su principal conclusión es que la reducción en la tasa de inversión está directamente relacionada con la disminución de la tasa de rentabilidad. Ninguna reforma fiscal va a revertir esta tendencia.

Y por si eso fuera poco, existen otros indicadores que también hacen dudar de la efectividad de la reforma fiscal de Trump. Hay un dato en particular que llama la atención: los coeficientes de capacidad instalada ociosa. La información de la Reserva federal muestra que en la actualidad existe 24 por ciento de capacidad instalada ociosa para toda la economía estadunidense. Alguien podría pensar que ese es un dato coyuntural y que con las reformas de Trump todo será distinto. Sin embargo, lo más grave de ese indicador es que viene empeorando desde hace cuatro décadas. Los lectores lo pueden comprobar. En esas gráficas se observa que en 1965 el coeficiente de capacidad ociosa era de 11 por ciento. La serie de datos sigue con los típicos vaivenes de los ciclos de negocios de cualquier economía capitalista. Pero la tendencia hacia el incremento de los coeficientes de capacidad ociosa no puede ignorarse. Por eso en las últimas tres fases de expansión, el pico es inferior al de la expansión anterior. Es evidente que la tendencia secular del indicador de capacidad ociosa es al alza.

Para decirlo de otro modo, los datos demuestran que existen niveles de capacidad excedente cada vez más importantes. ¿Por qué habría un inversionista de arriesgarse a erigir una fábrica cuando sabe que ya existe en la rama un exceso de inversión? Si aumentar la inversión es el objetivo central de la reforma fiscal de Trump, lo más seguro es que va a fracasar. El único logro será el de regalar más dinero a los súper ricos y a las corporaciones que no lo usarán para inversiones productivas.

 

Twitter: @anadaloficial

 

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