Puerto Rico luego del huracán María

 

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se elogió a sí mismo en sus comentarios sobre la respuesta federal al desastre que ha abrumado a Puerto Rico tras el paso del huracán María. Cuando un periodista le preguntó en una conferencia de prensa en la Oficina Oval, el 19 de octubre, “Señor presidente, del uno al 10, ¿cómo calificaría la respuesta de la Casa Blanca hasta ahora?”, Turmp opinó: “Me pondría un 10. Creo que hemos hecho un gran trabajo”. Trump hizo estos comentarios mientras el gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló, estaba sentado a su lado, en silencio. Esto sucedió solo dos semanas después de la visita de Trump a la isla, donde arrojó rollos de papel higiénico a los sobrevivientes del huracán. Ante estos hechos, la alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz, en una entrevista para Democracy Now!, respondió: “Si es un 10 de un total de 100, estoy de acuerdo, porque sigue siendo una baja calificación”.

La alcaldesa no es la única que considera que Trump no ha mostrado una respuesta eficaz. En un informe condenatorio emitido el lunes por la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Leilani Farha, relatora especial de las Naciones Unidas sobre el derecho a una vivienda adecuada, compara las medidas de ayuda posteriores a los huracanes que devastaron Texas y Florida con las tomadas en Puerto Rico: “No podemos dejar de notar las diferencias en la urgencia y prioridad otorgadas a la respuesta de emergencia en Puerto Rico en comparación con los estados del país afectados por los huracanes en los últimos meses”, afirmó.

Democracy Now! viajó a Puerto Rico el fin de semana pasado para observar de cerca la devastación. A casi dos meses del paso del huracán María, la isla sigue a oscuras. Según estimaciones oficiales, casi dos tercios de la isla carecen de electricidad. Mientras tanto, los tres millones y medio de ciudadanos estadounidenses de Puerto Rico se ven en dificultades para obtener los elementos básicos para vivir, a medida que miles de personas abandonan la isla y se dirigen al territorio continental de Estados Unidos, tal vez para nunca regresar.

Sin embargo, hay personas que están desembarcando en la isla: los capitalistas del desastre. Como lo expresó elocuentemente la periodista Naomi Klein en su libro “La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre”, los desastres, tanto naturales como provocados por la humanidad, son explotados cada vez más por corporaciones con fines de lucro y supuestos ideólogos del libre mercado para impulsar reformas en importantes áreas de las sociedades impactadas. Ejemplos de ello son el debilitamiento de los sistemas de bienestar social, la privatización de los servicios públicos, el acorralamiento de los sindicatos y las ganancias obscenas obtenidas con las obras de reconstrucción. Después del huracán, Puerto Rico se perfila como un caso testigo de la doctrina del shock.

La alcaldesa Carmen Yulín Cruz nos dijo en el Coliseo Roberto Clemente, el estadio deportivo ubicado en San Juan, donde ella y su equipo han estado viviendo desde el huracán: “Desearía no haberme enterado nunca de ese término. Usar el caos para despojar a los trabajadores de sus derechos de negociación, derechos que los sindicatos tardaron 40, 50 años en conquistar... solo constituye tomar ventaja de las personas cuando se encuentran en una situación de vida o muerte. Es un abuso absoluto de los derechos humanos. Significa que los más fuertes realmente se alimentan de los más débiles, hasta que lo único lo que queda son los restos”.

Un buen ejemplo de esto es el contrato de 300 millones de dólares otorgado sin licitación a la empresa Whitefish Energy para reconstruir la red eléctrica de la isla. La Autoridad de Energía Eléctrica de Puerto Rico (AEE) es la mayor compañía eléctrica pública en Estados Unidos y suministra electricidad a toda la isla de Puerto Rico. El huracán María destruyó por completo la red eléctrica. Antes de la llegada del huracán, Whitefish, que lleva el nombre de la ciudad de Montana donde tiene sus oficinas centrales, solo tenía dos empleados y nunca había manejado un contrato por más de 1,4 millones de dólares. Casualmente, de esta ciudad es originario el secretario de Interior de Trump, Ryan Zinke. El hijo de Zinke ha trabajado para Whitefish Energy en el pasado. Estábamos en el Coliseo hablando con la alcaldesa cuando el vicealcalde de San Juan, Rafael Jaume, entró con una copia del contrato de Whitefish en la mano y se puso a leer un fragmento:

“‘En ningún caso la AEE, el Estado Libre Asociado de Puerto Rico, el administrador de la [Agencia Federal para el Manejo de Emergencias o] FEMA, el Contralor General de Estados Unidos ni cualquier otro representante autorizado tienen derecho a auditar o revisar los elementos de costo y beneficio de las tarifas laborales aquí especificadas’”. Jaume nos extendió el documento y, con indignación, nos dijo: “Pueden leer ustedes mismos. Es blanco o negro”. Tanto la alcaldesa Cruz como el vicealcalde Jaume consideraron que el contrato era ilegal y exigieron su cancelación inmediata.

A este pedido se sumó Ángel Figueroa Jaramillo, presidente de UTIER, el sindicato de la industria eléctrica de Puerto Rico. Lo visitamos en sus oficinas de San Juan, que sigue sin electricidad. Mientras hablábamos, llegó la noticia de que el gobernador Rosselló había solicitado la cancelación del contrato. Jaramillo no solo exigía esto sino también el despido del jefe de la AEE, que firmó y avaló el contrato, y una investigación penal completa de todos los responsables involucrados. Al igual que la alcaldesa Cruz, Jaramillo está trabajando para incorporar la energía solar a la red eléctrica reconstruida, sin privatizarla en el proceso.

En el ínterin, la empresa Fluor Corp., que integra la lista de las 500 mayores empresas estadounidenses según la Revista Fortune, también recibió un contrato de 200 millones de dólares para trabajar en la reconstrucción de la red eléctrica. Con la retirada de Whitefish a Montana, hay dos cosas de las que podemos estar seguros: que más capitalistas del desastre harán fila para tomar su lugar, y que el orgulloso y resistente pueblo de Puerto Rico, cada vez más intolerante a los retrasos y la corrupción, estará cada vez más atento, mientras gana impulso el movimiento para desarrollar alternativas renovables para la red eléctrica alimentada por combustibles fósiles que les ha fallado.

 

© 2017 Amy Goodman

Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

Amy Goodman es la conductora de Democracy Now!, un noticiero internacional que se emite diariamente en más de 800 emisoras de radio y televisión en inglés y en más de 450 en español. Es co-autora del libro “Los que luchan contra el sistema: Héroes ordinarios en tiempos extraordinarios en Estados Unidos”, editado por Le Monde Diplomatique Cono Sur.

 

 

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 Mauricio Macri, saluda a sus seguidores en Buenos Aires

 

Los ciclos políticos no son caprichosos. Vivimos un periodo de crecimiento de las derechas, en particular en Sudamérica. El ciclo progresista terminó aunque sigan existiendo gobiernos de ese color, pero ya no podrán desarrollar las políticas que caracterizaron sus primeros años porque se impone una inflexión conservadora, aunque los discursos puedan decir algo diferente.

Un buen ejemplo de esa ironía puede ser Ecuador: un gobierno de Alianza País que realiza un ajuste conservador. Salvo que se opte por la peregrina tesis de la traición, Lenin Moreno muestra que aún los progresistas deben dar un giro a la derecha para poder seguir gobernando.

Digamos que los ciclos son estructurales y los gobiernos coyunturales. El ciclo progresista se caracterizó por elevados precios de las exportaciones de commodities en un clima general de crecimiento económico, un fuerte protagonismo popular y presiones por mayor justicia social. Los tres aspectos se debilitaron desde la crisis de 2008. Ahora sufrimos una fuerte ofensiva derechista en todos los terrenos.

A pesar de los malos resultados económicos y de una elevada conflictividad social, en la que destaca la desaparición forzada de Santiago Maldonado, el gobierno de Mauricio Macri consiguió una contundente victoria en las recientes elecciones argentinas. El macrismo no es un paréntesis, consiguió una cierta hegemonía que se asienta en los cambios económicos de la última década, en el desgaste del progresismo y la debilidad creciente de los movimientos.

La primera cuestión a tener en cuenta es que el modelo extractivo (sojero-minero) ha transformado las sociedades. La edición argentina de Le Monde Diplomatique de septiembre contiene dos interesantes análisis de José Natanson y Claudio Scaletta, que desbrozan los cambios productivos del complejo de la soya y sus repercusiones sociales.

El primero sostiene que el mapa de la soya coincide casi matemáticamente con los territorios en que gana Macri. Destaca que el campo se articula cada vez más con las finanzas, la industria y los grandes medios, y que los terratenientes y los peones, que fueron los protagonistas del periodo oligárquico, conviven ahora con técnicos, arrendatarios, agrónomos, veterinarios, mecánicos de maquinaria agrícola y pilotos fumigadores, entre otros.

La tecnología es incluso más importante que la propiedad de la tierra que los “ pools de siembra” alquilan, mientras los cultivadores conectados al mundo globalizado están pendientes de los precios de la bolsa de Chicago, donde se cotizan los cereales.

El segundo sostiene que estamos ante una complejización de las clases medias rurales y la emergencia de nuevas clases medias ruro-urbanas. En consecuencia, el conflicto con el campo que sostuvo el gobierno kirchnerista en 2008 no fue la clásica contradicción oligarquía-pueblo.

A partir de ese momento, se hizo visible un conglomerado de actores más complejo y con una base social mucho más extensa, que rechaza las políticas sociales porque sienten la pobreza urbana como una realidad muy lejana. Ese bloque social es el que llevó a Macri al gobierno y el que lo sostiene.

La sociedad extractiva genera valores y relaciones sociales conservadoras, así como la sociedad industrial generaba una potente clase obrera y valores de comunidad y solidaridad. En las grandes fábricas, miles de obreros se convirtieron en clase al organizarse para resistir a los patrones.

Por el contrario, el extractivismo no genera sujetos internos, o sea dentro del entramado productivo, porque es un modelo financiero especulativo. Las resistencias son siempre externas, en general las protagonizan los afectados.

La segunda cuestión es el desgaste del progresismo luego de una década larga de gobierno. Aquí aparecen dos elementos. Uno, el desgaste interno natural o por la corrupción y la mala gestión, y combinaciones de ambos. Dos, porque el propio modelo despolitiza y desorganiza a la sociedad que sólo se articula por medio del consumo. Ahí es donde muerden las derechas.

El consumismo es la otra cara de la sociedad extractiva. Una sociedad que no genera sujetos, ni identidades fuertes, con valores vinculados al trabajo digno, o sea productivo, sino apenas valores mercantiles e individualistas, no está en condiciones de potenciar proyectos de largo aliento para la transformación social.

La tercera cuestión que explica el auge de las derechas es la debilidad del campo popular, que afecta desde los movimientos hasta la cultura del trabajo y de las izquierdas. La sociedad extractiva crean las condiciones materiales y espirituales de esta anemia de organización y luchas. Pero hay más.

Las políticas sociales del progresismo, sobre todo la inclusión mediante el consumo, multiplicaron los efectos depredadores del modelo en cuanto a desorganización y despolitización. En el shopping desaparecen las contradicciones de clase, incluso las étnicas y de género, porque en esos no lugares (Marc Augé) el entorno desaparece a la humanidad de las personas.

Pero los movimientos también son responsables por las opciones que tomaron. En vez de construir mirando el largo plazo, preparándose para el inevitable colapso sistémico, tomaron el atajo electoral que los llevó a construir alianzas imposibles con resultados patéticos. Algunos movimientos argentinos, que optaron por aliarse con la derecha justicialista, podrían hacer balance sobre los resultados desastrosos que obtuvieron, y no me refiero a la magra cosecha de votos.

Por último, debemos pensar las enseñanzas que nos deja el ascenso de las derechas y la crisis de los movimientos. La sociedad extractiva de cuarta guerra mundial, no puede ser resistida con la misma lógica de la lucha obrera en la sociedad industrial. No existe una clase para ser dirigida. Los sujetos colectivos deben ser construidos y sostenidos todos los días. Las organizaciones deben ser sólidas, cinceladas para el largo plazo y resistentes a los atajos institucionales.

 

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Martes, 24 Octubre 2017 08:12

El mensaje de Alain Badiou a la juventud

Alain Badiou

 

La alternativa no está en la defensa a ultranza del capitalismo neoliberal, ni en el regreso a la seguridad de la tribu conservadora, sino en la construcción de un hasta ahora desconocido marco de simbolización en el que no reine la falsa vida

 

“Tengo 79 años. ¿Por qué debería preocuparme hablar sobre la juventud? ¿Y por qué debería, además, preocuparme por hablar sobre la juventud a los jóvenes mismos?”. Así empieza The True Life, el interesante mensaje y alegato que el conocido filósofo francés, Alain Badiou, dirige a las nuevas generaciones desde la altura de su consciente ancianidad.

Vivimos un mundo de riesgos, incertidumbre e inestabilidad, un mundo repleto de problemas globales que sólo logran encontrar débiles respuestas locales en medio de sociedades anestesiadas en la monotonía ordinaria. La pasión por lo político, por la defensa del interés general y de la comunidad, parece haberse diluido en un mar de consumismo, nihilismo y, sobre todo, indiferencia.

Si a la inexistencia de ritos sociales de iniciación a la madurez le unimos el culto generalizado a la frescura de la juventud y a lo saludable que acompaña todo consumismo frenético, la desorientación está asegurada.

Placer, dinero y poder: la tríada que ha presidido las acciones humanas sigue en su trono milenios después de la muerte de Sócrates. Con el maestro de Platón comienza Badiou, precisamente, su mensaje, pues el de Atenas se suicidó tras la condena por “corromper a la juventud”. Pero no la “corrompió” sobre las pretensiones de sexo, de poder o de riquezas....sino por intentar enseñarles que hay algo mejor más allá de esa tríada, que vale la pena vivir esta vida y disfrutarla.

Badiou aquí, reinterpretando a Sócrates, considera que existen dos caminos antagónicos a la verdadera vida y que nos llevarían, cualquiera que fuera el elegido, a una falsa y condenable por nadar en la vacuidad. Sendos caminos que, además, son los que se presentan a los jóvenes cuando, desde la cortedad aún de sus (nuestras) existencias, intentan proyectar hacia el futuro lo que será de ellas.

El primero de estos senderos o conjuntos de opciones viene constituido por lo que el francés llama el “nihilismo inmediato”, la pasión por quemar la vida en un cúmulo intermitente de “momentos”. Fotos en Instagram, una aventura de una noche, la suave complacencia de miles de likes, la arrogancia del que se cree algo y no es sino trivialidad condensada...El materialismo de la nada.

El segundo, por su parte, vendría motivado por pretensiones justamente contrarias. El deseo de planificar la vida haciendo tabula rasa, precipitada, del futuro; la búsqueda incesante de la estabilidad y el prestigio social, del éxito y la tranquilidad de un matrimonio, una casa, un coche y un perrito. El materialismo aquí giraría en torno al solipsismo del reconocimiento en sociedad y de la asunción de la pasividad y complacencia necesarias para escalar en la pirámide del prestigio y el sosiego.

Entre estos dos conjuntos alternativos, pues, dice Badiou que se mueven los deseos de la juventud occidental hoy. Pero tales caminos no se dan sin un contexto, sin una base previa de la que puedan partir, y es aquí donde cree el filósofo que reside la verdadera causa de la falsedad de nuestras (posibles) vidas como jóvenes. Tras la eliminación del servicio militar, la difuminación del valor del matrimonio y de la disciplina, no existen ya ritos sociales de iniciación a la madurez. Si a ello le unimos el culto generalizado a la frescura de la juventud y a lo saludable que acompaña todo consumismo frenético, la desorientación está asegurada. El paro, la falta de referencias, la inestabilidad y la ausencia de valores nutren el punto de partida del que tienen que servirse las nuevas generaciones para tomar uno de los caminos que se le abren, y cualquiera de sus decisiones estará condicionada por ese sustrato de inseguro infantilismo. La caída del mundo de la tradición, de los procedimientos que aseguraban el tránsito de la pubertad a la madurez, junto al intrépido individualismo y atomización capitalista, hacen de los jóvenes experimentos de eterna puerilidad, sujetos incapaces de tomar decisiones ni de sufrir por sus consecuencias. Una miríada de psicopedagogos y orientadores sociales les sirven para atenuar sus inquietudes, pero éstas siempre se alternarán en medio de la inestabilidad de un mundo sórdido que parece ofrecer, únicamente, dos caminos antagónicos que son contrarios, al mismo tiempo, a la verdadera vida.

O el nihilismo y la ordinariez de la rutina, o la creación de un nuevo mundo y de unos nuevos horizontes. Recuperar la ilusión por el compromiso público y por la renovación de los valores sociales, crear (¡crear, sí!) una nueva tradición en la que converjan las virtudes que nos han legado los siglos. La alternativa no está en la defensa a ultranza del capitalismo neoliberal actual a lo Fukuyama, ni en el regreso al grupo y a la seguridad de la tribu conservadora (Trump, FN, Orbán...), sino en la construcción de un hasta ahora desconocido marco de simbolización en el que no reine la falsa vida. “La revelación – dice Badiou- de que sois capaces de mucho más de lo que pensáis que sois puede ocurrir cuando tomáis parte en un movimiento por una nueva idea de vida colectiva; cuando sentís las primeras agitaciones de una vocación artística porque habéis sido conmovidos profundamente por un libro, una obra de música o una pintura...”. Alternar en un mismo proyecto la inmediatez y la planificación, la construcción y la destrucción, la extraña lucidez de la locura (¡Ya no hay locos!) y su elogio. La vía intermedia entre los dos caminos descritos, la vía de la virtud del justo medio. Pero no tienen los jóvenes, dice Badiou, que elegir simplemente la equidistancia entre los dos senderos que se bifurcan sobre el futuro, sino que deben agarrar las riendas de un futuro que los supere y los transforme. Un nuevo auriga de Delfos, no el mismo de siempre tamizado de la moderación de lo apolíneo frente a lo dionisíaco.

En esto puede consistir la vida verdadera preconocida por Sócrates, en un permanente “abandonar” y “construir” que pilote una juventud renovada en su ilusión por un mundo mejor, más justo e igualitario, donde lo colectivo y lo político no sean objeto de apropiación por unos pocos, sino el resultado de un proyecto común fundado en la fuerza creativa de la cultura; de nuestra conciencia social, en definitiva, de ser y estar en un mundo que puede ser, a pesar de todo, el mejor de los mundos posibles.


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Gabriel Moreno González. Investigador en Derecho Constitucional. Universitat de València.

 

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El presunto "misterio" de los salarios congelados

 

Según la teoría económica neoclásica, la relación entre los salarios y los empleos es una relación simple. Cuando no hay mucha demanda de trabajo, los salarios sufren. Los obreros compiten unos contra otros por conseguir el empleo. Pero cuando existe gran demanda de trabajo, los salarios suben. Los empleadores compiten entre ellos para conseguir la ahora escasa fuerza laboral. Este ciclo cambiante se dice que mantiene el fluido funcionamiento del sistema de libre mercado, garantizando un vaivén constante en el equilibrio en movimiento.

Ocurre ahora que este proceso cíclico ya no está funcionando de ese modo, y para los expertos y los académicos esto resulta un rompecabezas muy grande y es difícil explicarlo. Las explicaciones son variadas y múltiples. Lo que parece estar en el corazón es que existe una nueva condición normal. Pero cómo, y cómo funciona. En la edición del 8 de octubre del New York Times, el artículo principal de la sección dominical de Negocios tenía el siguiente encabezado: "Hay muchos empleos: no hay paga suficiente: a pesar de que se tensen los mercados laborales de las economías principales, el bajo desempleo no es suficiente para disparar ganancias robustas en los salarios".

Se nos ofrece la explicación de que hay un incremento en los empleos temporales o de tiempo parcial, más los robots. El argumento es que esto hace que el empleador sea menos dependiente de los trabajadores de tiempo completo. Los sindicatos son más débiles, y a los obreros les resulta más difícil enfrentar a los empleadores. Todo esto, por supuesto, es cierto. Pero, ¿por qué ahora y nunca antes?

Un argumento relativamente nuevo es aquel del trabajador evanescente. Pero, ¿cómo puede desaparecer un trabajador? ¿Qué puede significar esto? Parece que más y más obreros están abandonando por completo la búsqueda de empleos. Tal vez ya se salieron de su red de seguridad o se les agotó, al igual que se agotaron sus ahorros acumulados. Tal vez se quedaron desahuciados o se hicieron drogadictos, o ambos. Pero no sólo se marginaron, como si ésta hubiera sido su opción. Fueron empujados, lo cual tiene una doble ventaja para los productores. Ya no necesitan invertir (vía impuestos u otros modos) en protección social. Y siguen instigando miedo en aquellos trabajadores que siguen buscando empleo, porque también ellos pueden ser empujados a marginarse.

Y de nuevo, ¿por qué ahora y no antes? Antes, sea cual fuere la época, fue durante el funcionamiento normal del sistema-mundo. Los capitalistas requerían de estos ciclos para trabajar con máximos incrementos de largo plazo en la plusvalía. Pero supongamos que los empleadores saben, por conocimiento o intuición, que el capitalismo está en una crisis estructural y, por tanto, está moribundo. ¿Qué harían entonces?

Si no necesitan preocuparse por una demanda efectiva que mantenga el sistema, entonces bien podrían obtener lo que puedan mientras se pueda. Pueden, entonces, enfocarse por completo al corto plazo. Pueden buscar incrementar las ganancias en la bolsa de valores sin siquiera un pensamiento por el mañana. ¿No es acaso esto lo que está ocurriendo en las naciones más ricas tanto como en las más débiles?

Por supuesto la situación no puede durar. Es por eso que las fluctuaciones son tan grandes, el caos tan profundo. Y unos cuantos de ellos, los más fieros capitalistas, sin duda, se concentran en ganar la batalla de mediano plazo para determinar la naturaleza del futuro sistema-mundo (o sistemas) que se vayan a construir. No estamos presenciando aún una condición normal nueva. Testimoniamos una realidad transitoria.

Así que, ¿cuál es la lección para aquellos de nosotros que nos preocupamos por los trabajadores "evanescentes"? Es muy claro que debemos luchar por defender cualquier protección que tengan aún. Debemos, como me gusta decir, trabajar por minimizar sus penurias. Pero al mismo tiempo debemos luchar por ganar la batalla intelectual, moral y política en el mediano plazo. Sólo una estrategia que combine la lucha en el corto plazo con la lucha en el mediano plazo tiene la ocasión de conservar la posibilidad de ese mundo mejor que realmente es posible, pero no del todo inevitable.

 

Traducción: Ramón Vera Herrera

 

 

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Colette Soler es doctora en Filosofía y doctora en Psicología por la Universidad de París.

 

Como anticipo de las conferencias que dictará a partir de mañana en Buenos Aires, la primera de ellas en la ex ESMA, Página/12 dialogó con la prestigiosa psicoanalista francesa. Los recuerdos sobre su maestro, la memoria histórica, la comunicación digital, el amor y el deseo en esta etapa de la sociedad capitalista.

 

El psicoanálisis es, en esencia, una teoría y una práctica alejada profundamente de los totalitarismos. Por eso, cuando mañana a las 13.30, la prestigiosa psicoanalista francesa Colette Soler visite el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti (predio de la Ex ESMA) para dictar una de las tres conferencias por las que viene a Buenos Aires (ver recuadro), será una imagen simbólica en un lugar que fue uno de los mayores centros clandestinos de detención de la Argentina durante la dictadura, reconvertido en democracia en un espacio de la memoria y de reivindicación de los derechos humanos. Soler es una eminencia en el campo del psicoanálisis: es doctora en Filosofía y doctora en Psicología por la Universidad de París. Es autora de numerosos libros fundamentales del psicoanálisis como Los afectos lacanianos y El fin y las finalidades del análisis (Ed. Letra Viva) y Lo que Lacan dijo de las mujeres (Ed. Paidós). Su encuentro con la enseñanza y la persona de Jacques Lacan hizo que se decidiera por el psicoanálisis. Fue miembro de la Escuela Freudiana de París fundada por Lacan y posteriormente de la Escuela de la Causa Freudiana. Es también miembro fundadora de la Internacional de los Foros y de la Escuela de Psicoanálisis de los Foros del Campo Lacaniano.

“Es importante para mí hablar en un lugar así porque es un lugar de memoria y que intenta conservar la memoria de las víctimas. Entonces, siempre es algo importante en la historia, en general, y también en el psicoanálisis luchar contra el olvido. Efectivamente lo intentamos y luchamos, pero hay que decir que no es fácil”, dice Colette Soler en la entrevista exclusiva con PáginaI12, poco antes de viajar a Buenos Aires. “Hace unos días escuché a un historiador que dijo algo muy fuerte: ‘Enseñamos la historia, pero la historia no enseña nada puesto que las sociedades son siempre al tiempo presente’. Creo que es un deber no olvidar de generación en generación. El psicoanálisis, que apareció a principios del siglo pasado en Europa, más precisamente en Viena, es el heredero de los derechos humanos”, agrega Soler.

 

–Claro, porque el psicoanálisis siempre estuvo en contra de cualquier totalitarismo...

–Absolutamente. El totalitarismo hace imposible al psicoanálisis porque en el psicoanálisis recibimos la palabra de cada sujeto, sea cualquiera su sexo, edad, estructura. Entonces, es algo que pertenece a la valoración del individuo en los derechos humanos.

 

–¿Cómo puede colaborar el psicoanálisis con la memoria histórica?

–El psicoanálisis opera a nivel individual y trabaja con la memoria de cada uno. Hay que decir que entre la memoria de cada uno y la memoria de la historia colectiva, hay lazos, no hay un corte. Es cierto que en los sujetos la memoria de lo que pasó en la generación anterior está siempre presente. Y, especialmente, los individuos heredan una memoria de las desgracias de las generaciones anteriores.

 

–Vamos a sus inicios. ¿Cómo lo recuerda a Jacques Lacan?

–En realidad, hay dos aspectos diferentes de mis recuerdos. Tengo el recuerdo de él, como mi analista, ligado a mi análisis. Tengo recuerdos de momentos en que Lacan estaba muy presente, pero con el tiempo la memoria de Lacan como mi analista se fue diluyendo y me queda la memoria de mi análisis. Cuando terminé mi análisis hubiera dicho lo contrario, pero con el tiempo fue así.

 

–¿Y como formador?

–Formador es una palabra que no usaría con Lacan. Quizás es un problema de idioma, pero para mí “formador” evoca al “educador”. Lacan no era del todo un educador. Era alguien que producía una enseñanza, que hacía presentación de enfermos. Y al enseñar, Lacan era para mí toda una fuente continua de nuevas preguntas porque era una enseñanza difícil en la que uno necesitaba tiempo para apropiarse de lo que él decía. Era una fuente de preguntas, pero al mismo tiempo siempre estaba la percepción de que se decía algo. También Lacan fue un ejemplo de alguien que no cedía. Por ejemplo, lo vemos en el momento en el cual fue excluido de la Asociación Internacional de Psicoanálisis (IPA), cuando empezó su seminario Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. No se detuvo nunca con todos los episodios sucesivos de dificultades institucionales. A este nivel, es un ejemplo para mí.

 

–Después de más de 35 años de la muerte de Lacan, ¿cree que hay una relectura de su obra en el campo psi?

–Creo que con el correr del tiempo y el trabajo de diversas personas después de Lacan, hay una asimilación de su enseñanza, pero parcial, no completa. Los últimos años de su enseñanza, después de los 70, no son todavía bien captados ni sus fundamentos son bien entendidos.

 

–¿A qué atribuye que aun hoy el psicoanálisis genere odios tan fuertes?

–Hay que decir dos cosas: el odio al psicoanálisis empezó con el psicoanálisis. Se puede recordar que fue calificado de “ciencia judía” por los antisemitas, también de “ciencia burguesa” desde la izquierda, y ahora de “no científico” por la ciencia del cognitivismo. La crítica y el odio fueron desde siempre, pero quizás ahora se escucha más porque el psicoanálisis es más popular: se conoce en todas partes, se ve en los medios y, entonces, las voces que odian el psicoanálisis se escuchan más todavía. Pero es el signo de que el psicoanálisis no está muerto porque no se odia lo que ya desapareció.

 

–¿Y qué tiene para ofrecer el psicoanálisis en este mundo globalizado?

–Puede ofrecer la cosa más preciosa porque los sujetos adaptados a la globalización somos todos, en cierta medida. Estamos adaptados al capitalismo y compartimos el deseo que funda el capitalismo, un deseo de ganancia de dinero y de gozar de los objetos producidos. A ese nivel, somos todos parecidos. El psicoanálisis ofrece al sujeto la posibilidad de descubrir y asumir lo que es como sujeto singular, no parecido a los demás.

 

–¿Encuentra un incremento de angustia en el siglo XXI? ¿La depresión sería el factor más notorio en esta época?

–Hay todo un discurso sobre la depresión actual. La depresión implica no tener ganas, no tener la chispa, no tener el deseo de continuar y de actuar. La depresión le importa más al mundo capitalista porque les impide trabajar a los sujetos. Se tiran en la cama y no quieren trabajar más. El discurso común enfatiza más la depresión. Se enfatiza menos la angustia que la depresión, pero me parece que la angustia está más presente porque no impide trabajar ni desempeñarse en las actividades. A veces, acompaña en el trabajo.

 

–¿Qué es lo que deshace los lazos sociales en la era de la comunicación digital?

–Cuando hablamos de lazo social, hablamos de lazo de cuerpos, de convivencia de los cuerpos. Y la comunicación digital no es una comunicación de cuerpos sino de palabras o de escritos a distancia. Sucede que cuanto más los lazos reales se deshacen, más la comunicación digital se desarrolla. Es una pequeña compensación. Los sujetos que se encuentran solos, aislados, sin deseo, ¿qué hacen? Van a la comunicación: mandan mensajes, van a ver la pantalla. Es una compensación, no una causa.

 

–¿Hay un incremento del pensamiento de que nada vale la pena, que los sujetos no saben cómo darle rumbo a sus vidas y, en consecuencia viven en el sinsentido? ¿El psicoanálisis, a su vez, les ayuda a entrar en una búsqueda del sentido?

–Sí, hay muchos sujetos que ahora tienen el sentimiento del sinsentido. Pero, ¿qué es lo que produce el sentimiento de sinsentido? Sobre este punto hay una frase maravillosa de Freud: cuando un sujeto empieza a interrogarse sobre el sentido de la vida es que se trata de un enfermo del deseo. Lo que da sentido a la vida del hablante es el deseo. Cuando se desea algo con firmeza no se percibe el sinsentido de la vida, al contrario: el deseo es la vida del sujeto. Entonces, podemos decir que el sinsentido tiene algo que ver con el capitalismo, en cierta manera. Pero para entenderlo hay que mirarlo desde el lado del deseo.

 

–¿El psicoanálisis puede producir un cambio en el deseo del sujeto?

–Es cierto. No cambia todo el psicoanálisis, pero al menos puede tocar el deseo de dos maneras: primero, permitir a un sujeto reapropiarse su propio deseo y actuarlo. El segundo cambio, si seguimos a Lacan respecto de lo que dice sobre la producción del analista en un análisis, a veces se puede producir el deseo nuevo del psicoanalista. Ese es un cambio importante.

 

–Ya habló del deseo ¿Y en cuanto al amor? ¿Cómo nota, a grandes rasgos, la actual configuración de las relaciones afectivas?

–Las configuraciones actuales están menos determinadas por el discurso. En la época clásica, las formas del amor eran bien modeladas. Cada discurso daba una definición de lo que era el amor. Ahora, el capitalismo no se ocupa del amor de ninguna manera porque se ocupa sólo de lo que se compra y de lo que se vende. Las formas son múltiples y más contingentes. Dependen más del encuentro, de la coyuntura. Es difícil decir si es un logro o una pérdida.

 

–¿Por qué cree que hay parejas que llevan años de convivencia y no saben bien por qué?

–No se sabe nunca por qué uno ama al otro. La elección del amor surge del inconsciente y nunca uno puede decir: “Lo amo” o “La amo” por “tal y tal razón”. Pero eso es un poco diferente de la duración de las parejas porque en las que duran varios años, cuando se festejan los cincuenta años de un matrimonio, no son solamente cincuenta años de amor. Hay otros factores sociales que inciden. Me parece que hay una evolución en dirección de un carácter más efímero de las parejas. Atendí a una jovencita en análisis que me decía: “Oh, seguro voy a intentar al menos tener una familia, un hombre, un niño, al menos para algunos años. No sé cuántos: siete, ocho o diez”. Lo pensaba así. Hubo una época en la cual una jovencita soñaba con el amor de por vida. Ahora, se sueña con el amor por un tiempo.

 

–¿El amor del siglo XXI carece, entonces, de modelos?

–Es lo que quería decir. Carece de modelo instituido. Lo que Lacan llama “el verdadero amor” es algo que se desarrolla fuera de los discursos establecidos, en el margen de los discursos establecidos. Entonces, habría que distinguir los amores que encuentran un modelo socializante y los amores míticos.

 

–El domingo pasado se celebró en la Argentina el Día de la Madre. ¿Cree que el capitalismo hace un comercio del amor?

–Sí. Si bien decía que el capitalismo no se ocupa del amor, se ocupa de lo que vende. Entonces, están el Día del Padre, del Niño, de los Abuelos. Efectivamente, hay una explotación del gusto que los humanos tienen por el amor. El capitalismo lo explota, pero no se ocupa de sostener el amor. Explota lo que se encuentra.

 

–¿Por qué definió como “narcinistas” a los sujetos que se dedican a sus satisfacciones propias en cualquier campo que sea: profesional, amoroso, sexual?

–Es una condensación de las palabras “narcisismo” y “cinismo”. El narcisismo consiste en ocuparse de sí mismo. El cinismo consiste en dedicarse a su propio goce. Lo que subrayé fue que el cinismo actual no es el antiguo. El antiguo era un cinismo que tenía un alcance político, como sucedía en los tiempos del emperador Alejandro. El actual no tiene un alcance político. Los sujetos no tienen más causas colectivas para dedicarse. El cinismo actual es por falta de causas. Los sujetos se dedican a sus pequeñas cosas, a sus logros, a sus beneficios.

 

¿Por qué el deseo no llega a ser algo patológico si todos se quejan del mismo: el deseo insatisfecho en la histeria, el deseo imposible del obsesivo, el deseo masoquista del perverso?

–El deseo tiene una doble cara. Por un lado, el deseo es la vida del sujeto, la vida que la muerte soporta. Deseamos porque somos faltantes en tanto que seres hablantes. Entonces, es la forma de vida, no del cuerpo, pero del sujeto. Al mismo tiempo, hay una destructividad porque el deseo es algo que, al mismo tiempo, fuerza al sujeto. Uno, a veces, puede asumir su deseo, pero éste fuerza al sujeto. Entonces, hay una doble cara. Ahora, si usted habla del deseo insatisfecho, imposible y masoquista, eso designa una forma de deseo ligado a una sintomatología precisa. No designa un objeto en sí mismo pero sí un modo de goce. En cada estructura encontramos un deseo específico, pero siempre ligado a un modo de goce. El goce no es algo que necesariamente satisfaga.

 

–A diferencia de Freud, ¿Lacan respondió la pregunta “¿Qué quiere una mujer?”?

–Sí, podemos decir que respondió algo. Freud no respondió pero tuvo el mérito de plantear la pregunta, porque después de años para aplicar el Edipo en la mujer, Freud dijo: “No sabemos qué quiere una mujer”. Era una confesión de su fracaso para contestarla. Lacan retomó la pregunta de Freud e intentó decir algo nuevo sobre las mujeres y planteó la diferencia a nivel del goce.

 

 

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Rojava: luces y sombras de la anarco-autonomía kurda

 

Turquía vuelve a invadir Siria, entrando en la ciudad asediada de Idlib, vecina del territorio kurdo-sirio de Afrín. ¿Pretende ocupar las tierras de la autonomía kurda? A pesar de recibir de EEUU la garantía de desarmar a los kurdos tras derrotar a Daesh, Ankara no se fía, sabe que ellos no van a entregar sus armas voluntariamente.

Rojava, el Kurdistán de Siria, es una pequeña sociedad de unos 2,5 millones de kurdos, árabes, turcomanos, armenios y chechenos, que desde el 2012 (cuando Bashar al Assad decidió jugar la carta kurda contra Turquía), goza de una autonomía dirigida por el izquierdista Partido de la Unión Democrática (PYD), próximo a PKK, y de la protección de EEUU. Desde entonces, cientos de voluntarios han acudido a Rojava para presenciar, construir o defender –al estilo de las Brigadas Internacionales en la Guerra Civil Española en 1937-, lo que consideran el “mayor proyecto libertario de este siglo”.

 

¿Un anarco-Estado?

 

Así de contradictoria se presenta la realidad de Rojava: un estado dirigido por un PYD libertario promueve concejos populares; declara la igualdad de los hombres y mujeres en cuanto al salario, testimonio y herencia; prohíbe la poliginia, y crea un sistema judicial propio. Pero, Rojava también cuenta con un gobierno central burocrático, un ejército y una fuerza policial -el Asayish «Seguridad» -, que consumen buena parte de las ayudas económicas que reciben; consagra la propiedad privada; aplica un sistema representativo basado en la división de la población en grupos étnicos y religiosos, desechando el concepto de ciudadanía (como lo hizo el colonialismo francés en el Líbano), y lo más desconcertante: en sus discursos, el énfasis de los líderes kurdos está en choque entre los “patriotas”, los “enemigos” -que no los “opresos”- y los “oprimidos”. Un “nosotros y ellos” confuso, tramposo y muy peligroso, y dos preguntas: ¿Permitirán las compañías petrolíferas o los señores terratenientes la existencia de concejos obreros y campesinos? y ¿cómo es posible una “revolución anticapitalista” bajo el paraguas de la potencia más capitalista del mundo?

Rojava también presume por su “liberación de la mujer”, exhibiendo las imágenes de mujeres militarizadas, como símbolos de la mujer libre . Se ve que las únicas mujeres admiradas son las que se disfrazan de hombre y juegan su rol; no están las maestras, doctoras o panaderas. Las mujeres de Oriente Próximo, antes del destructivo asalto de la extrema derecha islámica a la escena política en la década de los ochenta, han sido pilotas de avión, ministras, catedráticas, etc. y también estaban integradas hace 70 años en las fuerzas armadas. ¿Y qué? La fuerte estructura patriarcal entre los kurdos coloca a sus mujeres entre los cuatro pueblos que más asesinan a sus mujeres bajo el nombre de “crímenes de honor”, junto con los pakistaníes, jordanos y palestinos.

 

Anarquismo en Kurdistán

 

Las ideas libertarias entran en Kurdistán cuando el líder de PKK Abdolá Öcalan, aislado del mundo y encerrado en la prisión de máxima seguridad turca desde el 1998 conoce algunas propuestas del escritor y ecologista estadounidense Murray Bookchin sobre el Estado-nación burocrático y su sustitución por la auto-organización, el mutualismo simbiótico, el comunalismo, la descentralización, el ecofeminismo y la democracia directa transnacional. Para Bookchin el telón de Aquiles del capitalismo está en el choque está entre el capital y la ecología, que no entre el capital y el trabajo. Desconozco cómo su enfoque puede explicar las últimas diez guerras imperialistas que han destruido la vida de cerca de 100.000.000 de personas, promovidas por quienes han convertido la guerra, de «la continuación de la política por otros medios», a un negocio redondo en sí.

La transformación del PKK empezó cuando en los noventa dio prioridad a la identidad nacional sobre las ideas socialistas, intentando fusionar dos ideologías incompatibles: el marxismo (cuya naturaleza es internacionalista) con el nacionalismo. Obviamente fracasó. En 1999 se renegó del marxismo, y también del estado kurdo independiente, apostando por un estado federal dentro de una Turquía gobernada por un impostor de derecha islamista llamado Tayyeb Erdogan.

Los habitantes de Rojava desean vivir como los kurdos de Irak, en una sociedad capitalista de consumo donde puedan ser propietarios de terrenos y negocios que no compartir los medios de producción. No nos debe sorprender: “El Don apacible” (1928) escrito por el soviético Mijail Sholojov refleja este misma desafió para los líderes socialistas de entonces.

 

¿Una izquierda pro-imperialista?

 

Si los dirigentes de PKK / PYD (que divulgan un culto cuasi religioso a la personalidad de Öcalan), piensan que pueden crear un “comunalismo” feliz bajo el mando del Pentágono y la CIA, en medio de una brutal guerra, o son ingenuos o son farsantes.

En Siria no existía un Kurdistán, ya que los territorios que habitaban los kurdos – Afrin, Kobani y Jazira-, estaban desconectados debido a la geografía del lugar y las políticas de desplazamiento forzoso del régimen Baas. Es después de la guerra que gracias al apoyo político-militar de EEUU (¿Con qué intención?) y la conquista de las tierras habitadas por los árabes y turcomanos, los kurdos intentarán unirlas.

Cierto, mientras el Pentágono cree que los kurdos son una formidable carne de cañón para llevar a delante su agenda ahorrando vidas estadounidenses, y ha creado las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF) con los kurdos y árabes como un gran ejercito para fragmentar la región a lo largo de líneas etno-sectarias, el Departamento de Estado prefiere mimar más a Turquía por ser socio de la OTAN en perjuicio de los kurdos “izquierdistas” sirios. El Pentágono ha entrenado a unas 15 milicias tribales con criterio sectario, preparando el caldo de cultivo de unas largas guerras étnico-religiosas en Siria como lo que ha provocado en Irak. Turquía ha filtrado las localizaciones de 10 bases militares ocultas de EEUU en la zona kurda desde donde controlan dos tercios del petróleo sirio que se encuentra en esta region, los recursos hídricos de Éufrates, al cantón Ḥasaka considerado el “granero de Siria”, y también a la ruta de conexión de Irán con Siria, desde donde podrá bloquear su movimiento dentro del “Arco chiita”, y vigilar a las Unidades de Movilización Popular iraquíes, apoyadas por Irán, instaladas en la frontera con Siria.

Quien avisa no es traidor: afirma el general Cohen que “No hemos prometido nada al YPG; los kurdos están en esta pelea porque quieren estar” .

Por primera vez en su historia, y gracias a la colaboración kurda y el pretexto de la lucha contra Daesh, EEUU ha podido contar con bases militares en Siria. El coronel Ryan Dillon afirma que “incluso después de derrotar a Daesh en Siria todavía hay mucho que pelear”. ¿Con quienes y para qué?

Claro: la Siria Oriental alberga el 70% de las reservas de petróleo del país, y lo conecta con Irak. Si EEUU, que está terminando la operación “Desmantelar Siria”, consigue unificar las tierras árabes sunitas del Este de Siria y el oeste de Irak podrá obstaculizar la expansión del poder iraní por Eurasia.

Tampoco es de “izquierda” entablar amistades con el régimen de Apartheid israelí, que en Siria está colaborando con Daesh, y fue quien capturó a Öcalan en Kenia y le entregó a Turquía.

Las guerras que se están gestando en Oriente Próximo llevarán dos banderas: la del chiismo-sunnismo y la bandera kurda. Rojava y sus conquistas sociales serán víctimas de la torpeza y traición de sus líderes, quienes en vez de convertirse en la “quinta columna” del imperialismo y expandir sus guerras de rapiña, deberían promover una gran alianza de las fuerzas progresistas por la paz y democracia.

 

 

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Caminata performática- Sexto Foro de la Asociación de Revistas Culturales Independientes de Argentina (ARECIA)

 

Una parte de la izquierda, la que se focaliza en la conquista de este Estado, sueña con hacerse con el control de los grandes medios. Mira hacia ellos, los critica con justa saña porque son mecanismos de dominación, pero a la vez pretende desalojar a sus gestores para ocupar el sillón de mando.

No se cuestionan que si algún día consiguen el objetivo, habrá un puñado de megamedios controlados por gente “buena”, que por su propia estructura estarán alejados de los sectores populares aunque les abran sus puertas a los de abajo. Esos grandes medios son afines al capitalismo independientemente de quienes los gestione, porque para existir necesitan tantos recursos que sólo apelando al Estado y al capital pueden sobrevivir.

Algunos de estos medios abren sus puertas a los dirigentes de los movimientos populares. Folha de Sao Paulo, por ejemplo, permite que en sus columnas de opinión escriban intelectuales de izquierda y hasta algún dirigente de movimientos como Guilherme Boulos del MTST (Movimiento de Trabajadores Sin Techo). Creo que está bien escribir en los medios del “enemigo”, pero sabiendo que eso tiene un elevado costo: en Brasil casi no existen medios alternativos e independientes.

En Argentina, por el contrario, donde los medios oligopólicos son muy cerrados y donde los trabajadores han protagonizado decenas de insurrecciones y puebladas (la clase obrera argentina fue la más combativa del mundo en el siglo XX), existe una larga tradición de medios en manos de movimientos y colectivos de abajo.

Desde el fin de la dictadura militar hubo tres mil radios comunitarias agrupadas muchas de ellas en FARCO (Foro Argentino de Radios Comunitarias). Pero el enorme salto se produjo en torno a la insurrección del 19 y 20 de diciembre de 2001, cuando los de abajo tomaron el destino de sus vidas en sus manos desplazando del poder a los corruptos neoliberales bajo el lema “Que se vayan todos”.

Fue el acta de nacimiento de infinidad de movimientos y de una correntada de medios comunicación independientes. A fines de setiembre se realizó el 6º Foro de la Asociación de Revistas Culturales Independientes de Argentina (ARECIA), que reunió medios de todo el país para analizar la situación del sector y trazar estrategias.

La asociación realizó un nuevo censo que actualiza los datos del anterior (en https://desinformemonos.org/periodismo-sin-patron/), con datos fuertes: son 200 revistas en papel y digitales que generan trabajo para 1.500 personas y cuentan con 7 millones de lectores.

Una de las acciones del foro fue una “caminata performática” hasta Plaza de Mayo, donde reclamaron una ley de fomento para evitar que los costos de los medios los paguen los y las lectoras. Luego realizaron un debate sobre la cobertura mediática de la desaparición de Santiago Maldonado. La Revista Cítrica fue el primer medio que viajó al lugar de los hechos y publicó, de forma exclusiva, el testimonio de la comunidad sobre lo que sucedió durante la represión, según la crónica de lavaca.org. “Los medios autogestivos conseguimos que el caso Santiago Maldonado fuera agenda. Fuimos directo a la fuente y contamos lo que había pasado”, dijo Maximiliano Goldshmidt que fue el primer periodista en llegar a la zona mapuche.

El movimiento de revistas culturales autogestionadas tiene su propia página (http://revistasculturales.org/), donde el manifiesto del 6º Foro. “Detrás de nuestras revistas hay mucho más que una publicación: organización”, porque detrás de ellas hay centros sociales, cooperativas de trabajo y organizaciones sociales. Aseguran que la heterogeneidad y el contenido diferenciado permiten llegar a más lectores.

Hay revistas que venden 200 mil ejemplares, como Humor, y otras locales que apenas superan los 200, pero todas hablan en pie de igualdad en la asociación porque se saben perteneciendo a un mismo sector. En cuanto a las temáticas, hay una diversidad enorme.

De los datos anteriores se desprenden tres cuestiones. Una, que la comunicación “otra” ya no es marginal. Allí donde ha sido censada, llega a casi al 20% de la población. La segunda es que ya es capaz de instalar temas en la agenda, que ya no es posible informarse de ciertas cuestiones sin relacionarse con estos medios alternativos.

La tercera es la más importante. Conforman un tipo de sociedad “otra”, diferente al capitalismo, integrada por medios dispersos que rehúyen crear un mando central unificado (Televisa o el partido), porque de ese modo reproducen su identidad básica: cientos de pequeños medios controlados por sus trabajadores y los usuarios. De algún modo, reproducen el mundo indio comunitario, no como modelo sino como inspiración.

 

 

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Martes, 03 Octubre 2017 07:24

LA ERA DETOX

Portada del libro "Living with Less, The more of Less de Joshua Becker

 

El fenómeno se está extendiendo. En nuestras sociedades desarrolladas, un número cada vez mayor de ciudadanos se plantea modificar sus modos de consumo. No sólo de los hábitos alimentarios, individualizados ya hasta tal punto que resulta prácticamente imposible reunir a ocho personas en torno a una mesa para comer un mismo menú. Sino del consumo en general: la vestimenta, la decoración, el aseo, los electrodomésticos, los fetiches culturales (libros, devedés, cedés), etc. Todas aquellas cosas que hasta hace poco se acumulaban en nuestros hogares como señales más o menos mediocres de éxito social y de opulencia (y hasta cierta medida, de identidad), ahora sentimos que nos asfixian. La nueva tendencia es a la reducción, al desprendimiento, al despojo, a la supresión, a la eliminación... En suma, a la desintoxicación. Al detox, pues. Como si comenzara el ocaso de la sociedad de consumo –establecida en torno a los años 1960 y 1970– y entráramos en lo que se empieza a llamar la “sociedad del desconsumo”.

Se podría objetar que las necesidades vitales de consumo siguen siendo inmensas en muchos países en vías de desarrollo o en las áreas de pobreza del mundo desarrollado. Pero esa realidad indiscutible no debe impedirnos ver este movimiento de “desconsumo” que se expande con un ímpetu cada vez más intenso. Por otra parte, un estudio reciente (1), realizado en el Reino Unido, indica que desde el principio de la revolución industrial, las familias iban acumulando bienes materiales en sus hogares a medida que sus recursos aumentaban. El número de objetos poseídos traducía su nivel de vida y su estatus social. Así fue hasta 2011. Ese año se alcanzó lo que podríamos llamar el “pico de los objetos” (peak stuff). Desde entonces, el número de objetos poseídos no deja de reducirse. Y esa curva, en forma de “campana de Gauss” (con aumento exponencial mientras sube el nivel de vida y que luego, después de un periodo de estabilización, desciende en las mismas proporciones), sería una ley general. Hoy se estaría verificando en los países desarrollados (y en muchas zonas opulentas de Estados del Sur), pero mañana también reflejaría la inevitable evolución en los países en desarrollo (China, la India, Brasil).

La toma de conciencia ecológica, la preocupación general por el medio ambiente, el temor al cambio climático y, en particular, la crisis económica del 2008 que con tanta violencia golpeó a los Estados ricos, han influenciado sin duda esta nueva austeridad zen. Desde entonces se han divulgado por las redes sociales muchos casos espectaculares de detox anticonsumista. Por ejemplo, el de Joshua Becker, un estadounidense que decidió hace nueve años, con su esposa, reducir drásticamente el número de bienes materiales que poseían para vivir mejor y lograr la calma mental. En sus libros (Living with Less, The more of Less) y en su blog “Becoming minimalist” (www.becomingminimalist.com/), Becker cuenta: “Limpiamos el desorden de nuestra casa y de nuestra vida. Fue un viaje en el que descubrimos que la abundancia consiste en tener menos”. Y afirma que “las mejores cosas de la vida no son cosas”.

Aunque no resulta fácil desintoxicarse del consumo y convertirse al minimalismo: “Comience poco a poco –aconseja Joshua Fields Millburn, que escribe en el blog TheMinimalists.com–, intente desprenderse de una sola cosa durante 30 días, comenzando por los objetos más sencillos de suprimir. Deshágase de las cosas obvias. Empezando por las que claramente no necesita: las tazas que nunca usa, ese regalo horrendo que recibió, etc.”.

Otro caso célebre de despojo voluntario es el de Rob Greenfield (2), un norteamericano de 30 años, protagonista de la serie documental “Viajero sin dinero” (Discovery Channel) quien, bajo el lema “menos es más”, se deshizo de todas sus pertenencias, incluso de su casa. Y anda por el mundo con sólo 111 posesiones (incluyendo el cepillo de dientes)... O el de la diseñadora canadiense Sarah Lazarovic, que pasó un año sin comprarse ropa y cada vez que tenía ganas de hacerlo, dibujaba la prenda en cuestión. Resultado: un bonito libro de bocetos titulado Un montón de cosas lindas que no me compré (3). También está el ejemplo de Courtney Carver, que propone en su página web Project 333 (https://bemorewithless.com/project-333/), un desafío de bajo presupuesto invitando a sus lectores a vestirse con sólo 33 prendas durante tres meses.

En la misma línea está el caso de la bloguera y youtuber francesa Laetitia Birbes, 33 años, que se hizo célebre por su desafío de nunca más volver a comprarse ropa: “Yo era una consumidora compulsiva. Víctima de las promociones, de las tendencias y de la tiranía de la moda –dice–. Había días en que llegaba a gastarme quinientos euros en prendas... En cuanto tenía problemas con mi pareja o con los exámenes, compraba ropa. Llegué a integrar perfectamente el discurso de los publicitarios: confundía sentimientos y productos...” (4). Hasta que un día decidió vaciar sus armarios y regalarlo todo. Se sintió libre y ligera; liberada de una carga mental insospechada: “Ahora vivo con dos vestidos, tres bragas y un par de calcetines”. Y da conferencias por toda Francia para enseñar la disciplina del “cero basura” y del consumo minimalista.

El consumismo es consumir consumo. Es una conducta impulsiva donde ya no importa lo que se compra, importa comprar. En realidad, vivimos en la sociedad del desperdicio, desperdiciamos abundantemente. Frente a esa aberración, el minimalismo de consumo es un movimiento mundial que propone comprar sólo lo necesario. El ejercicio es simple: hay que mirar las cosas que tenemos en casa y determinar cuáles realmente usamos. El resto es acumulación, veneno.

Dos periodistas argentinas, Evangelina Himitian y Soledad Vallejos, pasaron de la teoría a la práctica. Después de haber vivido como millones de consumidores acumulando sin ningún criterio, decidieron cuestionar su propia conducta. Estaba claro que compraban por otros motivos, no por necesidad. Y se impusieron estar un año sin consumir nada que no fuese absolutamente indispensable y contar con gran talento su experiencia (5).

No sólo se trataba de no consumir sino de desintoxicarse, de liberarse del consumo acumulado. Las dos periodistas empezaron imponiéndose una disciplina detox: cada una tenía que sacar diez objetos al día de su casa durante cuatro meses: 1.200 en total. Tuvieron que descartar, donar, desprenderse, despojarse... Como una suerte de purga, para pasar a ser desconsumistas: “En los últimos cinco años –cuentan Evangelina y Soledad– se encendió en el mundo una luz de conciencia colectiva sobre la manera de consumir. Que es una manera de controlar los abusos del mercado. Porque es también una estrategia para dejar al descubierto los puntos ciegos del sistema económico capitalista. Aunque suene pretencioso es exactamente eso: el capitalismo se apoya en la necesidad de fabricar necesidades. Y para cada necesidad fabrica un producto... Esto es especialmente cierto en los países con economías desarrolladas donde los índices oficiales miden la calidad de vida en sintonía con la capacidad de consumo...”.

Este hastío cada vez más universal del consumo también alcanza al universo digital. Está surgiendo lo que podríamos llamar un digital detox, que consiste en abandonar las redes sociales por un tiempo y por diferentes motivos. Se va extendiendo el movimiento de los “exconectados” o “desconectados”, una nueva tribu urbana compuesta por personas que han decidido darle la espalda a Internet y vivir offline, fuera de línea. No tienen WhatsApp, no quieren oír hablar de Twitter, no usan Telegram, odian Facebook, no sienten simpatía por Instagram y no hay casi ningún rastro de ellos por Internet. Algunos no poseen ni siquiera una cuenta de correo electrónico y, los que la tienen, la abren sólo muy de vez en cuando... Enric Puig Punyet (36 años) doctor en Filosofía, profesor, escritor, es uno de los nuevos “exconectados”. Ha escrito un libro (6) en el que recopila casos reales de personas que, deseosas de recuperar el contacto directo con los demás y consigo mismas, han decidido desconectarse. “La Internet participativa que, mayoritariamente, es la modalidad en la que estamos viviendo, busca nuestra dependencia –explica Enric Puig Punyet–. Al tratarse, casi en su totalidad, de plataformas vacías que se nutren de nuestro contenido, interesa que estemos a todas horas conectados. Esta dinámica la facilitan los teléfonos ‘inteligentes’, que han provocado que estemos constantemente disponibles y nutriendo a la Red. Este estado de hiperconexión conlleva sus problemas que estamos empezando a ver: nos resta la capacidad de atención, de proceso en profundidad e incluso de socialización. Gran parte del atractivo de las tecnologías digitales está diseñado por compañías que desean nuestro consumo y nuestra continua conexión, como sucede con tantos otros ámbitos porque es la base del consumismo. Cualquier acto de desconexión, ya sea total o parcial, debería entenderse como una medida de resistencia que desea compensar una situación que se encuentra descompensada” (7).

El derecho a la desconexión digital ya existe en Francia. En parte como respuesta a los múltiples casos de burnout (agotamiento por exceso de trabajo) que se han producido en los últimos años como consecuencia de la presión laboral (8). Ahora los trabajadores franceses pueden dejar de responder a mensajes digitales cuando termina su jornada laboral. Francia se convirtió así en pionera de este tipo de leyes, pero todavía quedan incógnitas sobre cómo se aplicará esa ley. La nueva norma obliga a las compañías con más de cincuenta empleados a abrir negociaciones sobre el derecho a estar offline, es decir, no contestar e-mails o mensajes digitales profesionales en sus horas libres. Sin embargo, el texto no obliga a llegar a un acuerdo ni tampoco fija ningún plazo para las negociaciones. Las empresas podrían limitarse a redactar una guía orientativa, sin la participación de los trabajadores. Pero la necesidad del digital detox, de estar fuera de las redes y darse un descanso de Internet, queda planteada.

La sociedad de consumo, en todos sus aspectos, ha dejado de seducir. Intuitivamente sabemos ahora que ese modelo, asociado al capitalismo depredador, es sinónimo de despilfarro irresponsable. Los objetos innecesarios nos asfixian. Y asfixian al planeta. Algo que la Tierra ya no puede consentir. Porque se agotan los recursos. Y se contaminan. Hasta los más abundantes (agua dulce, aire, mares...). Y ante la ceguera de muchos Gobiernos, llega la hora de la acción colectiva de los ciudadanos. En favor de un desconsumo radical.

 

NOTAS


(1) Chris Goodall, “‘Peak Stuff’. Did the UK reach a maximum use of material resources in the early part of the last decade?” http://static.squarespace.com/static/545e40d0e4b054a6f8622bc9/t/54720c6ae4b06f326a8502f9/1416760426697/Peak_Stuff_17.10.11.pdf

(2) https://mrmondialisation.org/rob-greenfield-le-forest-gump-de-lecologie/

(3) http://www.dailymail.co.uk/femail/article-2178944/Sarah-Lazarovic-How-woman-saved-2-000-PAINTING-clothes-wants-instead-buying-them.html

(4) http://www.lemonde.fr/m-perso/article/2017/09/15/consommation-trop-c-est-trop_5186310_4497916.html

(5) Léase Evangelina Himitian y Soledad Vallejos, Deseo consumido, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2017.

(6) Enric Puig Punyet, La gran adicción. Cómo sobrevivir sin Internet y no aislarse del mundo, Arpa editores, Barcelona, 2017.

(7) http://www.bbc.com/mundo/noticias-39216905

(8) En 2008 y 2009 hubo 35 suicidios en una compañía como France Telecom (ahora Orange). También los hubo en Renault. Desde el 1 de enero de 2017, la ley permite al asalariado de una empresa de más de cincuenta empleados no contestar e-mails fuera del horario de trabajo.

 

 

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Martes, 03 Octubre 2017 06:28

Lo que podemos aprender de Avon

Lo que podemos aprender de Avon

Avon y su instrumentalización de la mujer, una muestra más de cómo opera hoy el patriarcado capitalista.

 

Ver televisión se ha convertido para mí, con el paso del tiempo, en una experiencia extraña, de extrañamiento. No solo porque sucede ocasionalmente, ya que vivo (o he aprendido a vivir) sin televisor, sino porque, justamente estando rara vez sometido a su influencia, siempre que me topo con una pantalla ocurre una suerte de cortocircuito. Hay que esforzarse por rehacer el propio nicho ecológico en las urbes contemporáneas para percatarse, afectivamente hablando, de hasta qué punto es modificada nuestra percepción en la dinámica de existir-con las máquinas. Uno de los choques que con mayor fuerza me impacta tiene que ver con las temáticas fitness que atraviesan innumerables comerciales. “Aclara tus axilas”, “elimina barros y espinillas”, “luce un cabello sedoso”, “enriquecido con vitaminas”, “recomendado por expertos” o “dos de cada tres médicos lo recomiendan”, “estrena sonrisa”, “toma X y mantente activo”, “toma Y para sentirte bien/mejor”, “edúcate, no te quedes atrás”, son algunas de las consignas más recurrentes. Y si son consignas es en razón de que ordenan, dan órdenes, así el efecto para el “consumidor” sea el de la libertad de elección.

 

El patriarcado

 

Quizá estemos acostumbrados a asociar lo fitness con aquello que, contribuyendo a la buena salud, nos hace “lucir bien” o “conservar la línea, la figura”. No obstante, lo fitness puede devenir en modelo o paradigma para comprender un vasto conjunto de dinámicas ligadas al trabajo sobre el cuerpo, y al “mejoramiento” mental-corporal en general. Este tema, por supuesto, no es nuevo: en los escenarios filosóficos, sociológicos y antropológicos, pero también en los de las artes y las ciencias naturales, muchas teóricas feministas, hace décadas, han puesto en circulación el concepto “patriarcado” para hacer referencia a la manera en que, en Occidente, y por ende en el mundo entero, pues vivimos en un mundo caracterizado por la hegemonía occidental, ha primado una tendencia al control y la explotación de los cuerpos, en especial del de las mujeres, pero también del gran cuerpo de la naturaleza y de todos los seres fuertemente naturalizados: niños, “locos”, indígenas, personas racializadas como negras, animales, plantas, ríos, etcétera.

 

Control y explotación de la naturaleza que ha requerido establecer la primacía de la mente sobre el cuerpo (tan apreciada por Platón y Aristóteles), de lo divino frente a lo terrenal (tan apreciada en el medioevo cristiano) y del “racional” hombre blanco (“moderno”, “civilizado”, etc.) sobre su propio cuerpo, sobre los cuerpos de las mujeres y sobre las formas de vida no occidentales y no humanas en general (incluyendo esa hermosa dimensión inorgánica de la Vida que poco se suele mencionar). Así, actualmente el patriarcado llegó a convertirse, específicamente, en uno de corte capitalista y colonial, en el que se recrudece la explotación y se refinan las técnicas de gobierno sobre la Vida. Ahora bien, ¿en qué consiste la última reconfiguración del patriarcado capitalista occidental (es decir, colonial o imperial)? Aquí entra a jugar aquello que podemos aprender de Avon, pero también de los comerciales fitness que últimamente resultan increíblemente chocantes.

 

Los ataques con ácido como técnica política patriarcal

 

Esta historia comienza con Natalia Ponce de León, reconocida activista colombiana que, tras sufrir un ataque con ácido propinado por un hombre, creó una fundación que lleva su propio nombre, cuyo objetivo es “defender, promover y proteger los derechos humanos de las personas víctimas de ataques con químicos”, según se puede leer en su página de Internet. Los ataques con ácido, en los que Colombia desafortunadamente ocupa el tercer puesto a nivel mundial, son una famosa técnica política patriarcal de control sobre los cuerpos de las mujeres. El ácido destroza los cuerpos de aquellas que se niegan a ocupar los lugares esperados por el patriarcado, o, en otras palabras, es cuando los hombres perciben su dominio menguado que ponen en funcionamiento esta técnica de control, deseando demostrar con ello, espantosa y radicalmente, que las mujeres no son “dueñas de sus vidas”. Por supuesto, es recurrente, parte del funcionamiento de tal técnica política, que cada vez que ocurre un ataque con ácido éste se reduzca a una cuestión “psicológica” o “individual”, sea a causa de los “celos”, la “locura del amor”, la “obsesión”, etcétera.

 

Natalia Ponce, a pesar de saber que la violencia del ácido está asociada a formas de violencia patriarcales mucho más imperceptibles, es decir, a otras técnicas de control, recientemente inició una campaña con la Fundación Avon para la Mujer.

 

Como parte de la campaña vemos que a lo largo y ancho de la ciudad de Bogotá se han desplegado afiches donde aparece la propia Natalia Ponce, maquillada y sonriente, junto con mensajes como: “¿Te hace sentir culpable? Es violencia” o “¿Te maltrata verbalmente? Es violencia”. Como es de esperarse, para muchas personas resulta inmediatamente chocante, aunque “conmovedor” e “inspirador”, el contraste entre el “desfigurado” rostro y el maquillaje. Y es que la historia de Natalia no puede sino despertarnos pasiones encontradas en un mundo donde la imagen y su circulación juegan un rol central. Sea como fuere, en esto coincido con parte del “sentido común”, creo que Natalia verdaderamente nos enseña cosas valiosas, pues, al contrario de lo que se espera con el despliegue de las técnicas de control patriarcales (sea el ataque con ácido, la culpa, el interrumpir al hablar o no escuchar, la violación, etc.), ella ha emprendido una ardua lucha por “reapropiarse” de su cuerpo, de su imagen, de su vida, e incentivar a otras mujeres para que lo hagan, lo cual no es nada fácil. De ella admiramos su increíble fuerza vital. Sin embargo, para nuestro pesar, parece que Avon, a su vez y de manera tremendamente refinada, ha logrado capturar parte de esa fuerza vital con la finalidad de ponerla al servicio del (reconfigurado) patriarcado capitalista occidental una vez más.

 

La biorregulación, o Avon y el patriarcado capitalista fitness

 

La Fundación Avon para la Mujer pertenece a Avon Products Inc., una empresa multinacional, con presencia en más de 120 países, dedicada al negocio de los cosméticos y otros productos como perfumes y joyas. Su mercado se instala en la zona fronteriza de la “salud” y la “belleza”. Aunque parezca baladí recordarlo, Avon es una empresa, una de tamaños colosales, cuya principal preocupación, como sucede con toda empresa colosal, es la obtención y acumulación indefinida de capital, lo cual implica, necesariamente, la explotación y el control de las energías de las trabajadoras y trabajadores, y de la naturaleza, que es de donde proceden sus productos. Avon es, igualmente, un caso paradigmático de lo que líneas atrás llamé fitness, a saber, ese vasto conjunto de dinámicas ligadas al trabajo sobre el cuerpo y al “mejoramiento” mental-corporal en general. De ahí que “salud” y “belleza” se crucen con el discurso del “empoderamiento” de las mujeres, del ser cada vez “más bellas”, “más fuertes”, “más independientes” y “más sanas”. Que la publicidad emplee los cuerpos de las mujeres, con el objetivo de incrementar las ganancias de las empresas, no es una novedad, esto sucede tanto con empresas que venden productos para las mujeres mismas como con empresas que no, lo cual, en efecto, es una de las múltiples maneras en que el patriarcado capitalista usa, vende, intercambia, expone, explota y consume los cuerpos femeninos, pero el caso de Avon va más allá.

 

Avon no solo pone en circulación los cuerpos de las mujeres de la manera ya mencionada, sino que, al tiempo, regula y modela los cuerpos de sus propias trabajadoras y consumidoras. Michel Foucault, el conocido intelectual francés, propuso en su curso Defender la sociedad dos conceptos que nos ayudan a comprender mejor este fenómeno. Según él, en determinados momentos del desarrollo capitalista, aparecieron un par de tecnologías políticas que permiten regular, gobernar y explotar los cuerpos y las energías, las fuerzas, de los sujetos: la biorregulación (o biopolítica) y la organodisciplina (o anatomopolítica). Mientras la organodisciplina se pone en marcha en espacios cerrados y sobre sujetos precisos (por ejemplo en la escuela, el hospital (mental), etc.), la biorregulación se ejerce sobre poblaciones enteras a través, por ejemplo, de programas de salud pública, y está relacionada con el gobierno de los grandes fenómenos vitales de cualquier viviente: nacimiento, vejez, enfermedad, muerte, etcétera. Por cierto, tanto la biorregulación como la organodisciplina son necesarias en un contexto donde se requieren trabajadores con unos mínimos vitales, o incluso con una vida cualificada, para desempeñar ciertas labores y además consumir ciertos productos. El Estado-mercado capitalista patriarcal, evidentemente, no se ocupa de la vida de la población y de la naturaleza por motivos “altruistas”. Adicionalmente, estas tecnologías presuponen una adaptación conveniente de la jerga de la biología evolutiva, en donde los problemas son los de la “adaptación del más sano y fuerte”, el “mejoramiento”, la “lucha por la supervivencia”, etcétera. Toda una competencia por la vida entre individuos y grupos que, como sabemos desde la escuela, el capitalismo no cesa de incentivar.

 

Pues bien, la novedad acá radica en que el patriarcado capitalista fitness, en el marco de un ambiente tamizado jurídica y militarmente por el Estado, promueve formas de biorregulación donde la cuestión “salud” y el “mejoramiento” mental-corporal en general las delega a las empresas privadas. Avon es una gran prueba de ello, su interés en las mujeres no es un interés feminista por echar abajo al patriarcado capitalista occidental, simplemente necesita invertir un mínimo para que existan ciertas mujeres que consuman sus propios productos y a su vez los vendan. Recordemos que Avon “emplea” a innumerables mujeres en todo el mundo.

 

En síntesis, Avon necesita con vida, e incluso con unos mínimos de vida “saludable”, a las mujeres de las que extrae todas sus energías y ganancias. Eso explica en gran medida su Fundación y sus campañas en pro del “empoderamiento”, contra el cáncer de seno y contra la “violencia doméstica”, como la campaña realizada en alianza con la Fundación Natalia Ponce de León.

 

No obstante, como es bien sabido, en la lucha capitalista por la vida no todas las mujeres pueden comprar y usar los productos de Avon, ni todas pueden si quiera tener unos mínimos vitales. ¡Pero claro! Si de ingresos se trata, Avon “empodera” a las mujeres con trabajos precarios que consisten en vender productos voz a voz y, de paso, fagocitar las capacidades relacionales y afectivas que pueden darse entre ellas. Y se atreve a llamarlas “empresarias” y “emprendedoras”. En sentido estricto, ni si quiera las reconoce como obreras. Y, ¡vaya sorpresa!, las más afectadas son siempre las mujeres que se alejan del ideal occidental: las pobres, las indígenas, las ancianas, las de los países “periféricos”, las que no cumplen con determinadas “capacidades” y estándares corporales, etcétera. Esto, aunado al uso de las imágenes de sus cuerpos para el incremento de ganancias (así se trate de “diferentes formas de ser mujer”) y al estimulado hiperconsumo que está devastando nuestro planeta, hace de Avon una muestra más de cómo opera hoy el patriarcado capitalista. Por ello, el presente texto es escrito, al tiempo, en complicidad con mujeres como Natalia y contra empresas como Avon.

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“El cambio climático es el síntoma pero la enfermedad es el capitalismo”

 

Profesor de Filosofía moral en la Universidad Autónoma de Madrid, traductor, poeta, ensayista y miembro de Ecologistas en Acción, Jorge Riechmann (Madrid, 1962) desgrana un buen puñado de reflexiones incómodas sobre un modelo de vida que dirige a la humanidad hacia el despeñadero. En su libro Autoconstrucción cataloga el siglo XXI como “la era de la gran prueba” porque, según dice, “somos la primera generación que entiende perfectamente lo que está pasando con el clima y posiblemente seremos la última que pueda evitar la catástrofe hacia la que nos dirigimos”. Lo suelta a bocajarro, como un puñetazo entre los ojos. Consciente de que el pesimismo en estos tiempos de oscuridad tiene cada vez menos adeptos, Riechmann censura sin ambages la mercadotecnia del “buenismo” de la que hace gala el sistema convocando grandes cumbres climáticas en las que a muchos se les llena la boca con compromisos medioambientales y “energías verdes” pero luego estigmatizan a los movimientos ecologistas como ingenuos apestados. La realidad que dibuja es desoladora. Todo está en contra del planeta pero, frente a eso, no cabe la resignación. “Aún podemos actuar contra este modelo de producción salvaje porque no está sujeto a ninguna ley física, como lo está la naturaleza, que impida cambiarlo”. Es el mínimo espacio que este investigador apasionado deja abierto a la esperanza.

 

¿Tiene solución el planeta?

Pienso que sí. Lo que no tiene sentido es intentar salvarlo interviniendo sobre el consumo y dejando intacta la voraz cultura productiva. Ambas variables caminan de la mano aunque no valga sólo con esto. Por nuestro comportamiento depredador con los recursos naturales y la biosfera habría que hablar también del extractivismo y, a mi modo de ver, también del exterminismo, una noción acuñada por el historiador británico E. P. Thompson para explicar la estructura del mundo a finales del siglo pasado, cuando las dos superpotencias nucleares enfrentadas amenazaban con aniquilar cualquier rastro de vida en el planeta.

 

La medida referencial del éxito de un sistema es el PIB. Si crece significa que las cosas van bien y hay esperanza de una vida mejor.

Es la locura típica de una cultura denegadora como la nuestra. Digo denegar porque va más allá de ignorar lo que pasa y es no ver lo que tenemos delante de los ojos. Significa que no nos hacemos cargo de las consecuencias de seguir chocando contra los límites biofísicos de manera violenta. Nos hacen creer que vivimos en una especie de Tierra plana en la que podemos avanzar de manera infinita porque los recursos naturales son inagotables y la capacidad de absorción de la contaminación es ilimitada. Esto es una fantasía porque las leyes de la naturaleza, de la física, de la dinámica de los seres vivos nunca podremos cambiarlas, por grandes que sean nuestras ilusiones al respecto.

 

Pero las grandes cumbres climáticas aseguran haber empezado medidas drásticas para evitar el apocalipsis. ¿Qué credibilidad concede a sus decisiones?

El calentamiento global, siendo una realidad devastadora, es sólo la manifestación de otras dinámicas que deberíamos atajar si queremos evitar el apocalipsis climático hacia el que nos dirigimos. Nuestro principal problema ambiental es la extralimitación ecológica, el choque de las sociedades industriales contra los límites biofísicos de la Tierra. Si utilizamos la herramienta de la huella ecológica como indicador del impacto ambiental generado por la demanda humana podemos observar que, en la actualidad, consumimos los recursos inexistentes de 1,5 planetas Tierra. Y eso a pesar de las carencias y desigualdades que asolan a buena parte de la humanidad. Dicho de una forma más didáctica: si quisiéramos generalizar al resto del mundo el modo de vida de los españoles necesitaríamos tener 3 planetas como la Tierra a nuestra entera disposición. Y si quisiéramos generalizar el de EEUU, que muchas veces ponemos como ejemplo de éxito, necesitaríamos 6. Es una locura que emana de esa construcción económica de tierra plana de la que hablaba antes.

 

Entonces, ¿qué empuja al mundo a seguir enalteciendo el crecimiento económico pese a saber que conduce a la destrucción?

El capitalismo, cuya dinámica es autoexpansiva y deniega cualquier salida alternativa. Para hacer frente al cambio climático deberíamos cuestionarnos antes los resortes básicos del capitalismo, algo que parece prohibido. Por eso digo que las cumbres mundiales sobre el calentamiento global no son realmente efectivas sino más bien ejercicios de diplomacia teatral.

 

¿No sirven para nada?

Confunden a la opinión pública. La prueba es que los grandes expertos en el cambio climático como James Hansen, a quien podríamos considerar el climatólogo jefe del planeta, calificó de farsa la cumbre celebrada en París. Se intenta poner un límite a las emisiones a la atmósfera de gases de efecto invernadero pero los límites son absolutamente incompatibles con el sistema productivista actual. Aunque el síntoma sea el calentamiento climático, la enfermedad se llama capitalismo.

 

¿Por qué el movimiento ecologista, cuya expresión política llegó a gobernar en países como Alemania, es descalificado hoy por muchos gobiernos?

Ojalá fuéramos descalificados un poco más porque así seríamos mucho más fuertes y activos. La realidad es que las descalificaciones son un indicio de una situación paradójica: aunque la percepción generalizada es que el mundo se ha comprometido en la lucha contra el cambio climático, eso no es así. Sabemos que desde los años 60 y 70 había evidencias sobre cuál era la dinámica del sistema y los límites del crecimiento pero los mismos a los que hoy se les llena la boca con la lucha contra el cambio climático decidieron poner en marcha toda una campaña global para impedir que se tomaran las decisiones correctas. Bastaría con leer un libro de Sicco Mansholt, un socialdemócrata holandés que era presidente de la CEE cuando en los años 1972 y 1973 se produjo el primer choque petrolero mundial, en el que aboga por un cambio radical en las estructuras de producción y consumo que hoy serían catalogadas como radicales y peligrosas.

 

¿Cuándo se quiebra ese proceso de sensibilización medioambiental?

En los años 80, con la fase neoliberal del capitalismo. Desde entonces, el retroceso ha sido constante pese al aumento de lo que algún experto denomina sosteni-blabla, es decir, mucho discurso, mucha cháchara, mucha propaganda y mucha estrategia de comunicación sobre energía verde. Pero la realidad vuelve a ser demoledora: la acción brilla por su ausencia y los planteamientos de fondo, incluso aquellos realizados por gente del establishment como Sicco Mansholt, son estigmatizados por rechazar el dogma del crecimiento infinito.

 

¿Estamos a tiempo de frenar el cambio climático?

Hemos llegado a un punto tal que lo que hace 30 años hubieran sido estrategias de cambio gradual ahora ya no están a nuestro alcance. Para hacer frente al calentamiento global necesitamos salir a toda prisa del capitalismo salvaje en el que hoy nos movemos.

 

¿Cree que el mundo está dispuesto a renunciar a esos principios económicos pese a conocer los riesgos?

Los cálculos teóricos realizados por investigadores canadienses sobre las opciones que resultarían de respetar los límites biofísicos de la Tierra indican que, por ejemplo, el parque móvil de un país como España, que tiene 15 millones de coches, debería ser de unos 180.000 vehículos con motor de combustión. Pero claro, eso es inaceptable en términos industriales. El caso es que, si no se acepta esta realidad, no hay lucha alguna contra el cambio climático.

 

¿Quiere decir que la humanidad está condenada si no renuncia al modo de vida capitalista?

Ya decía antes que las leyes de la naturaleza existen y son las que son. No podemos cambiarlas pese a la ilusión que albergamos de que una especie de tecnociencia omnipotente conseguirá derrotarlas. Donde podemos actuar, en cambio, es contra la organización de nuestro modelo de vida que no está sujeto a ninguna ley física.

 

¿Qué impide cambiarlo?

Que no nos creemos lo que sabemos. Si fuéramos capaces de hacerlo, tomaríamos decisiones racionales para cambiar un modelo que nos lleva a la destrucción. Para que esto se produzca nos haría falta un enorme ejercicio de reforma intelectual y moral. El problema es que nuestras sociedades están organizadas contra eso. Fatídicamente, el neoliberalismo se impuso con sus ideas aberrantes de que todo depende de los gustos y preferencias individuales, y que igualdad y libertad son dos principios contrapuestos, cuando una mínima reflexión indica que es una falacia. Necesitamos bienestar humano pero necesitamos que sea compatible con los límites biofísicos del planeta. Somos la primera generación de la historia que entiende perfectamente lo que está pasando y posiblemente seremos la última que pueda evitar la catástrofe hacia la que nos dirigimos.

 

@GORKACASTILLO

 

Fuente:http://ctxt.es/es/20170920/Politica/15167/cambio-climatico-riechmann-acuerdo-paris-ecologia-medioambiente-ctxt.htm#.Wct5t1ZLsO4.twitter

 

 

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