Miles de manifestantes exigen un mundo mejor

Decenas de miles de personas se pusieron en marcha en el centro de la ciudad del norte alemán en reclamo de un mundo más justo y para hacerles llegar su mensaje a los jefes de Estado de las potencias más poderosas del planeta.

 

Hamburgo se volcó ayer a la calle para demostrar que también se puede protestar de forma pacífica contra la cumbre del Grupo de los Veinte en el tercer día de protestas contra los principales países desarrollados y emergentes del mundo.


Decenas de miles de personas se pusieron en marcha en el centro de la ciudad del norte alemán en reclamo de un mundo más justo y para hacerle llegar su mensaje a los jefes de Estado de la potencias más poderosas del planeta reunidos por tres días en la segunda ciudad en importancia de Alemania. Familias enteras, grupos de amigos de todas las edades, desde adolescentes a septuagenarios, acudieron a la convocatoria organizada por el partido político La Izquierda y agrupaciones sindicales y ecologistas, entre otras. Mientras que los organizadores hablaban de 72 mil manifestantes, la Policía calculó que se trataba de 50 mil.


Luego de dos días de protestas, algunas de las cuales derivaron en una violenta represión policial, 143 manifestantes quedaron detenidos y hubo 122 arrestos temporales, informó el Ministerio del Interior de Hamburgo, que cifró el número de policías heridos en 213 aunque no brindó información sobre los manifestantes lesionados. El responsable de Interior de la ciudad-estado, Andy Grote, recordó que para hoy hay convocadas varias marchas pacifistas y que no puede descartarse que se infiltren miembros del llamado “bloque negro” o antisistema violentos.


Sin embargo, ayer en un ambiente festivo y familiar, los manifestantes de la protesta titulada “Solidaridad sin fronteras en lugar de G-20” reclamaron el fin de la pobreza, las guerras y las causas de la migración masiva. La mayor de las concentraciones se realizó por el centro de la ciudad, mientras que hubo otras dos manifestaciones paralelas con entre mil y 1.500 personas.


“Queremos decir que otro mundo es posible, que no podemos seguir viviendo a costa de África”, dijo Brigitte, quien acudió a Hamburgo procedente de la cercana ciudad de Bremen con un hijo veinteañero. “Era el mensaje más pacífico que podía traer”, explicó Nemo, un joven trabajador de Hamburgo, integrante de un grupo que portaba grandes girasoles en alto. “Quiero enviar una señal de que se puede protestar en paz”, sostuvo Yvonne, una cuarentona con una camiseta con la inscripción “Todos debieran ser feministas”.


A su vez, se veía una foto de la legendaria dirigente comunista española Dolores Ibárruri, “La Pasionaria” con su famoso “No pasarán”. “Era una comunista de ley”, dijo el autor de la pancarta, el estudiante Hendrik, quien quedó muy impresionado por la vida de Ibárruri al ver un documental sobre ella en televisión. “A, anti, anticapitalista”, coreaba medio centenar de hinchas del club de fútbol de culto Saint Pauli, con banderas blancas y marrones (los colores del club) y una gran estrella roja. “Nos organizamos para venir porque queríamos que Hamburgo mostrara hoy presencia en contra del G-20”, contó Andreas, un estudiante de diseño urbano entusiasmado con la perspectiva de cursar en breve un año en la Universidad de Buenos Aires, Argentina, el país que asumirá la presidencia rotativa del bloque el próximo año.


A diferencia de la manifestación “Bienvenidos al infierno”, la protesta de radicales de izquierda en la que se escucharon muchos idiomas europeos, la marcha de ayer era fundamentalmente alemana y hamburguesa, si bien se vieron banderas de otros países como la brasileña. “Fora Temer”, rezaba una enseña que ondeaba Pablo, un ingeniero informático de padre brasileño en contra el presidente de Brasil, Michel Temer, quien canceló en un principio su asistencia a la cumbre, pero posteriormente decidió viajar a Hamburgo. “No sé por qué vino aquí. Temer llegó al poder a través de un golpe de Estado”, dijo Pablo mientras muy cerca una batucada brasileña animaba a la multitud. Más alejada, pero siguiendo la columna de manifestantes, marchaba Katharina con un carrito en el que dormían plácidamente pese al barullo sus hijos de tres años y de año y medio. “He venido aquí por el futuro de mis hijos”.


“Da gusto ver esta protesta colorida. Mucha gente habla con nosotros y quiere entrender qué hacemos acá y nos expresa su respaldo”, señaló el agente de policía Karsten Schröder, de una unidad dedicada a mediar y evitar escaladas de violencia. “Pero también hay un grupo muy diferente, vestido de negro y que nos ve con malos ojos y nos trata mal”, aclaró. En la protesta marcharon activistas de negro que coreaban consignas contra las fuerzas del orden.


La presencia policial era intimidante. Centenares de agentes escoltaban la columna de manifestantes y en las calles aledañas estaban apostados tanques lanzaaguas y grupos de efectivos antidisturbios listos para actuar. En Alemania está prohibido protestar con la cara cubierta.


Paralelamente se produjo otra manifestación de unas dos mil personas convocada por personalidades de la cultura de Hamburgo, partidos políticos y las iglesias católica y protestante.

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Domingo, 28 Mayo 2017 06:23

Un mundo catastrófico

Un mundo catastrófico

En los años 30 del siglo pasado, ante la crisis económica y la ocupación por los obreros de las fábricas estadunidenses del automóvil, los capitalistas tuvieron que aceptar el New Deal mientras la revolución española, la ocupación general de todas las empresas francesas en 1936 y el miedo al comunismo condujeron a las conquistas sociales francesas del Frente Popular. Cuando fue destruido el nazifascismo mediante el cual el capitalismo intentaba asfixiar la protesta social, a partir de 1945 y hasta fines de los 70 ese mismo miedo a perder el poder llevó al capitalismo a construir "estados de bienestar" y a conceder reformas para cooptar a los partidos socialdemócratas y comunistas y salvar el sistema. Después, ya domesticados los partidos obreros tradicionales y con la Unión Soviética en crisis y en conflicto con China, el capitalismo lanzó una ofensiva contra las conquistas y derechos seculares de los trabajadores.

La crisis económica volvió a aparecer en 1997-1998, recrudeció en 2007-2008 y desde entonces se mantiene a pesar del oxígeno que logró el sistema incorporando a China y la ex Unión Soviética (URSS).

Hoy no hay ya en el mundo ni un movimiento obrero internacional ni un gran movimiento socialista mundial. Los partidos socialdemócratas se hicieron liberalsocialistas y se transformaron, como el francés, en algo semejante al Partido Demócrata estadunidense y los partidos comunistas se convirtieron también en social-liberales (como el ex partido comunista italiano). Los burócratas estalinistas de la URSS terminaron apoderándose de los bienes colectivos y se convirtieron en capitalistas mafiosos y en China se desarrolló una poderosa burguesía nacional dentro mismo del partido comunista.

Corea del Norte es en realidad una monarquía asiática hereditaria despótica; Vietnam y Cuba son capitalistas de Estado; Rusia y China, capitalistas y neoimperialistas. El reformismo y el oportunismo de los partidos obreros tradicionales impidieron al mismo tiempo la educación política de los trabajadores y la adquisición por los mismos de una conciencia de clase y anticapitalista y, aunque hay en el mundo muchos más explotados que en cualquier otro momento de la historia, el nivel de conciencia, de autorganización y de independencia política de los mismos es muy inferior al que existía antes de la Primera Guerra Mundial.

Volvemos al siglo XIX. Las jubilaciones y las pensiones (que son salarios indirectos) están siendo atacadas en todas partes, los derechos laborales han sido pisoteados, los horarios de trabajo se fijan según las necesidades de las empresas, se instalan "estados de emergencia" y se aplican medidas represivas contra los movimientos sociales y, como en México, se llega a militarizar países enteros violando sus constituciones ante la debilidad o carencia de partidos obreros de masa independientes y la debilidad general de los sindicatos. Los salarios directos caen sin cesar y la desocupación aumenta.

El capital financiero y especulativo predomina sobre el productivo y se independiza cada vez más del Estado, que le sirve sólo para hacer negociados o para reprimir. El capital, mediante sus organismos internacionales, como el FMI o la OMC, pesa más en las legislaciones de los países que las leyes de los estados, que pierden trozos enteros de sus políticas propias al aceptar políticas monetarias y tratados de libre comercio favorables a las grandes trasnacionales, que se imponen a costa de todos, incluso de sectores capitalistas grandes o medios preocupados por la caída del consumo interno. El gran capital trasnacional depreda implacablemente los medios rurales y los bienes comunes (el Amazonas brasileño, el Orinoco venezolano, las zonas amazónicas ecuatorianas, el norte mexicano, las provincias cordilleranas argentinas son víctimas de la gran minería que contamina tierras y aguas).

Las deudas contraídas con el capital financiero crecen y son impagables. La inmensa mayoría de la humanidad tiene trabajos precarios o en peligro. Los derechos democráticos y los derechos humanos están bajo ataque y se vuelve al pasado medioeval con las guerras de religiones para dividir a los trabajadores y a la fusión entre esas religiones y el Estado (Rusia impone la enseñanza religiosa como durante el zarismo y mata homosexuales, China acepta el taoísmo y la doctrina conservadora de Confucio, pero no otras religiones; resurgen los fundamentalismos religiosos protestante, católico, islámico, ortodoxo, hinduísta), mientras crecen los nacionalismos xenófobos y el racismo que son fomentados desde el poder.

Está en curso una carrera armamentista, para "mejorar" los arsenales nucleares yanqui y ruso o crear una gran flota de portaviones y submarinos atómicos (China), y Japón y Alemania quieren unirse a esa carrera para no depender de las decisiones de Donald Trump. Existe peligro permanente de guerra.

Por consiguiente, no hay ya margen para reformismos ni gobiernos "progresistas": se va hacia una guerra, que por fuerza será nuclear, o hacia una catástrofe ecológica que podría llevar a la desaparición de la mitad de las especies existentes.

Es por eso urgente e indispensable convertir las protestas contra los efectos del capitalismo en movimientos conscientemente anticapitalistas, defender los derechos democráticos y los derechos humanos de las mujeres, de los pueblos nativos, de los homosexuales, combatir el pago de la deuda externa hasta su auditoría exhaustiva, eliminar la precariedad en el empleo y la desocupación mediante planes de empleos, acabar con la omnipotencia del capital financiero expropiando los bancos, restaurar el equilibrio ecológico, frenar la tendencia hacia la guerra.

Más que nunca, es necesaria la independencia política de los jóvenes trabajadores para acabar con la barbarie capitalista que amenaza el futuro de la civilización.

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Sábado, 27 Mayo 2017 10:18

Capitalismo y pesimismo

El principal problema de salud pública en el mundo actual es la salud mental. El gran secreto de las sociedades capitalistas de diversa índole y diferente grado de desarrollo es la alta tasa de suicidios. Suicidios en todas las edades y condiciones. El capitalismo vive sobre la base de una creciente generación de suicidios, muertes, y desasosiego existencial. Como ha sostenido con acierto S. Sassen: el capitalismo corporativo ya no necesita matar a la gente: sencillamente la deja morir. Hoy cabe hablar, legítimamente, de violencia necropolítica. El concepto ha sido desarrollado de manera singular por A. Mbembe, un importante filósofo de origen camerunés.

 

Ya en su momento, en un marco diferente, Z. Bauman sostenía con lucidez que la forma de control político sobre la sociedad consiste en el agenciamiento y control de miedo, incertidumbre y desasosiego: miedo a la gripa aviar, a la gripa de las vacas locas, miedo al desempleo, miedo a la enfermedad, miedo a la soledad, en fin, miedo al miedo, por ejemplo.

 

En un texto ya clásico, G. Deleuze y F. Guattari (1972) escribieron un texto contundente: Capitalismo y esquizofrenia, en el que logran demostrar que el capitalismo conduce desde sí mismo a la esquizofrenia humana: el más indolente de todos los modos de producción y de las formas de vida y pensamiento.

 

Pues bien, si se combinan los dos elementos mencionados, es evidente que el capitalismo, como sistema político, como sistema social, como doctrina económica o bien como filosofía liberal, y que hoy en día se dice propiamente como capitalismo corporativo es la mejor expresión del capital: esto es, mercantilización de la vida y la sociedad, desconocimiento e ignorancia de la vida, indiferencia e indolencia ante la existencia humana. El resultado es un galopante pesimismo, estratégicamente producido y estratégicamente agenciado en todos los órdenes de la sociedad.

 

Sin moralizar, el alcoholismo y la drogadicción de todo tipo son galopantes y ubicuos en todos los estratos y clases sociales. Y los problemas de salud mental son verdaderamente alarmantes. Depresión, insatisfacción con el trabajo, con la familia, consigo mismos, con el propio cuerpo; inseguridad e indefensión, fragilidad y el sentido de que “nadie es necesario”; ataques de ira momentáneos y descontrolados, y ataques de violencia en muchas expresiones; en fin, la agudización del vacío de la existencia, y el aumento de formas de patologías mentales son preocupantes y crecientes.

 

Puntualmente dicho, la depresión es una enfermedad crónica y recurrente. Sobreviene en asaltos instantáneos o en períodos largos, y sus desenlaces son esencialmente imprevisibles. En numerosas ocasiones, la depresión desemboca en mutismo selectivo, en trastornos de identidad disociativa, y en numerosas ocasiones en suicidio. Es evidente que, por otra parte la esquizofrenia tiene causas biológicas en el cerebro, pero siempre situaciones existenciales, situaciones vivenciales las que gatillan la esquizofrenia, los trastornos obsesivos compulsivos, en fin, la ansiedad, el trastorno bipolar, la psicopatía.

 

Sin ambages, el capitalismo es una forma de vida consistente en afectar de manera sistemática y sistémica la autoestima, lo cual en muchas ocasiones se expresa o da lugar a la bulimia y la anorexia. En la escala cotidiana, por ejemplo, todos los odontólogos conocen y han tratado casos severos de bruxismo, lo cual traduce estados de nerviosismo, incluso hasta la histeria. No en última instancia, hay que mencionar siempre trastornos esquizotípicos, comportamientos histriónicos y narcisistas.

 

La pobreza y el desempleo; el acoso laboral y la penurias económicas, las deudas y los bajos desempeños estudiantiles o laborales constituyen siempre fenómenos que gatillan pesimismo, en toda la línea de la palabra. El capitalismo sólo sabe de sí mismo: eficiencia, eficacia, crecimiento, rendimientos crecientes, ganancias y consumo. Todo lo demás es simplemente un medio o instrumento para esos fines.

 

Constituye toda una epopeya superar el pesimismo, alcanzar la paz personal y social, y conocer la alegría, la esperanza y la felicidad. La sociología y la antropología enseñan que la existencia puede ser bien llevadera y hasta armónica gracias esencialmente al resorte familiar y social: los familiares, los amigos, los vecinos, la solidaridad, la buena disposición y ayuda –todos los cuales son actos esencialmente gratuitos. Mientras que el capital es interesado, literalmente, la solidaridad, la amistad y el amor son gratuitos y desinteresados. Sin la menor duda, aquí se encuentran las semillas para superar al capitalismo y derrotarlo. Pero esto supone otras consideraciones de más largo alcance y calibre.

 

El sistema capitalista es un generador permanente de trastornos de personalidad, y es una lucha titánica por parte de individuos y grupos sociales, lograr superponerse a dichos trastornos, que son esencialmente disociativos social y emocionalmente hablando.

 

Vivir para trabajar, definir la vida por el trabajo, y trabajar para pagar deudas, no es, en absoluto una forma de existencia gratificante y digna. Y sin embargo, es el tipo de vida de la mayoría de los seres humanos bajo el sistema capitalista. El núcleo económico del capitalismo es esa forma de existencia de: vida hoy y pague mañana, incluso con la incertidumbre y el miedo a no poder pagar hoy o mañana las deudas adquiridas ayer. Con lo cual las gentes terminan enfermándose, literalmente.

 

Todo lo demás es lo de menos: “exuberancia racional” o “irracional” del modelo económico, la visión de las crisis como oportunidades (horribile dictum!), capitalismo con rostro humano, por ejemplo.

 

Recientemente, N. Klein logró un fantástico estudio acerca del verdadero rostro del capitalismo: la doctrina de shock, o mucho mejor, el capitalismo del desastre. El capitalismo vive de los desastres naturales y emocionales, de las crisis existenciales a gran escala, de las catástrofes y las penurias humanas: y se alimenta a sí misma, sin ver, en absoluto, víctimas y seres humanos, vida, animales, plantas y naturaleza.

 

De esta suerte, capital, mercancía, cosificación, se combinan perfectamente en su resultado: indolencia, indiferencia, inequidad, impunidad, desastre. Sin editorializar: el capitalismo sólo puede ser superado con enormes dosis de optimismo, alegría, sueños, imaginación y acciones compartidas. El pesimismo no es inevitable.

Publicado enEdición Nº235
El Bundesbank desenmascara la teoría neoliberal

La teoría económica convencional ha sido expuesta una vez más como un gran depósito de fantasías. Sólo que esta vez la tarea de correr el velo de mentiras le correspondió nada más y nada menos que al banco central de Alemania, el Deutsche Bundesbank.

En su informe del mes de abril pasado, el Bundesbank comenta que a pesar de la política monetaria expansiva aplicada por el Banco Central Europeo (BCE) en respuesta a la crisis económica y financiera, la masa monetaria amplia, conocida en la jerga del mundo bancario como M3, sólo creció moderadamente en 2015 y 2016. Habría que añadir que entre 2009 y 2014 el crecimiento de esta medida de masa monetaria en circulación fue insignificante.

Esto significa que la inyección de liquidez que realizó el BCE para reactivar el crédito bancario a través de su política de tasa de interés cero no ha servido para reactivar el crédito bancario hacia la economía real. Recordemos que el BCE presta a los bancos a una tasa de cero por ciento y les cobra apenas 0.4 por ciento por el exceso de sus reservas. Además, el BCE ha aplicado a partir de 2012 una política de operaciones de financiamiento de largo plazo, compra de activos y operaciones monetarias en el mercado secundario. Como resultado de esta combinación de políticas las reservas de los bancos en la eurozona han crecido de manera importante. Pero todo esto simple y sencillamente no se ha traducido en una expansión del crédito bancario, como lo revela el débil crecimiento del agregado monetario M3.

El informe del Bundesbank indica con toda claridad que esta discrepancia entre el crecimiento de las reservas de los bancos y el cuasi-estancamiento del crédito se debe a que "la mayor parte de la oferta monetaria se integra por la creación monetaria a través de transacciones entre bancos y sus clientes". Cuando un banco otorga un crédito, acredita el monto en la cuenta del cliente como si fuera un depósito a vista. Ésta es la esencia de las operaciones de creación monetaria. Y lo más sobresaliente del informe del Bundesbank es que explícitamente reconoce que "esto refuta la concepción popular equivocada de que los bancos actúan como simples intermediarios al momento de otorgar un crédito (es decir, la idea de que los bancos solamente pueden otorgar créditos usando los fondos que les han sido depositados previamente)". Por la misma razón, concluye el informe, el exceso de reservas no es una precondición para que un banco conceda un préstamo.

Por lo tanto, la visión convencional que aún tiene la mayoría de los bancos centrales en el mundo, y que sigue siendo material estándar en los cursos de economía de la gran mayoría de las universidades, está equivocada. No es la primera vez que los economistas que trabajan en un banco central se lanzan contra uno de los pilares dogmáticos de la teoría macroeconómica convencional. En 2015 el Banco de Inglaterra publicó un documento de trabajo cuyo título dice todo: "Los bancos no son intermediarios de fondos prestables".

Pero aunque su enfrentamiento con la realidad le es negativo, la ortodoxia se resiste a morir. Sus principales componentes son dos ideas falsas. Primero, en la economía existe un mercado de "fondos prestables" en el que ahorradores y demandantes de capitales se encuentran. En ese mercado se determina la tasa de interés, que sería algo así como el precio que iguala la oferta y demanda de fondos prestables. Segundo, existe también un mecanismo que se denomina el "multiplicador bancario" y que se supone explica la forma en que se multiplica el crédito. La idea central es que cuando los bancos tienen mayores reservas pueden otorgar más crédito. Esa creencia fue desmentida por tres economistas de la Reserva federal de Nueva York en 2008 (Keister, Martin y McAndrews) en un documento que también lleva un título revelador: "El divorcio del dinero con la política monetaria".

Esos pilares de la ideología macroeconómica neoclásica sólo son producto del afán de cuidar un proyecto de economía política que ha sido devastador. Ni los bancos necesitan depósitos previos para otorgar un préstamo, ni necesitan reservas para reactivar el crédito. Por cierto, de aquí se desprende algo muy importante: la creación de dinero de alto poder por parte del banco central no necesariamente provoca inflación.

Quizás lo más significativo del nuevo informe del Bundesbank es que la crítica a la ortodoxia proviene de una institución que se ha caracterizado por ser uno de los más decididos defensores de la dogmática neoliberal en materia de política monetaria (y fiscal). El banco central alemán ha mantenido una postura crítica frente a la política monetaria expansiva del BCE. Pero como no parece que Mario Draghi, el actual director del BCE, se deje presionar por el Bundesbank, es posible que se haya optado por una táctica novedosa para este debate entre neoliberales. Al parecer, en esa nueva táctica todo se vale, incluso arremeter contra los dogmas que sólo sirven para brindar protección ideológica a los fanáticos del mundo neoliberal.

Twitter: @anadaloficial

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Imagen: Dafne Gentinetta

 

"La crisis es tan global que se nos hace difícil hacer análisis”, afirma este hombre de pelo canoso y barba blanca que habla pausadamente en español, sin poder disimular su acento portugués. Se lo puede caracterizar como un filósofo muy crítico y agudo de la sociedad actual. Se sigue considerando un teólogo porque esa fue su formación fundamental como religioso franciscano, a pesar de que desde 1992 se apartó del sacerdocio católico planteando discrepancias con la institución eclesiástica. Ha sido uno de los iniciadores latinoamericanos de la Teología de la Liberación. Hoy es uno de los mayores predicadores de la lucha ecológica y de la sustentabilidad. También un firme defensor del papa Francisco, a quien considera junto al Dalai Lama, uno de los más importantes líderes mundiales, “en un mundo en el que carecemos de liderazgos políticos y populares”.

Leonardo Boff, ese es su nombre. Estuvo en Buenos Aires para brindar una serie de conferencias en distintos ámbitos, pero también para escuchar, dialogar, encontrarse con sus amigos políticos, dirigentes sociales, religiosos. Hubo un tiempo para el diálogo con PáginaI12. A sus 78 años Boff conserva una enorme vitalidad, derrocha entusiasmo en cada afirmación, pero deja transparentar una enorme preocupación por el momento que vive la humanidad.

“Hay cuarenta puntos de guerra en el mundo, es una guerra mundial balcanizada”, dice. “No sabemos hacia dónde vamos, nadie sabe hacia dónde vamos. Tengo la impresión de que estamos en un vuelo ciego, de un avión sin piloto”, subraya.

Para Boff “estamos inmersos en una gran crisis sistémica, que pone en duda un modo de vivir”. Vuelve sobre lo que a su juicio es una cuestión central: la ecología. “La crisis ecológica es de tal gravedad que no podemos dimensionar el daño que está causando y tampoco alcanzar a ver la gravedad de la crisis que estamos enfrentando”, afirma. Y repite, de distintas maneras, lo que también escribió en su último libro publicado en Argentina (Sustentabilidad, Editorial Santa María, 2017): “La estrategia de los poderosos consiste en salvar el sistema financiero, no en salvar nuestra civilización y garantizar la vitalidad de la Tierra”.

Las referencias al papa y a su encíclica Laudato Si son constantes a lo largo de la conversación. La mención puede resultar sorprendente viniendo de un hombre que abandonó el ministerio sacerdotal en la Iglesia Católica como consecuencia de la persecución a la que fue sometido por la institución que le impidió expresarse, enseñar, ejercer su condición de teólogo. Jozef Ratzinger, antes de ser Benedicto XVI y actuando como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex Santo Oficio) fue uno de sus implacables perseguidores. El libro titulado “Iglesia, carisma y poder” (1981) encierra una de las más duras críticas que se haya conocido a la Iglesia Católica como institución. En 1985 fue condenado a un año de silencio por Ratzinger. En 1991 se le impuso censura eclesiástica previa a sus escritos y ese mismo año Boff renunció a la dirección de la revista teológica Vozes (Petrópolis, Brasil) una tribuna de la teología de la liberación.

Hoy Leonardo Boff resalta la figura del Papa y de sus enseñanzas. Admite que tiene una relación fluida con Francisco a quien le envió, apenas fue electo, una serie de ideas sobre la ecología y el ambiente. Menciona también que en aquella oportunidad recibió respuestas de Bergoglio a través de un amigo común: el entonces embajador argentino ante la Santa Sede Eduardo Valdés. Boff no lo dice, pero quienes conocen sus escritos y han profundizado en el documento papal sobre la ecología saben que muchas de las ideas plasmadas por Francisco estaban ya en el pensamiento de este hombre formado en las ideas de Francisco de Asís. “La encíclica Laudato Si no está dirigida a los cristianos, sino a la humanidad y su pedido es salvar la tierra. Es una respuesta de ecología integral, que abarca todos los órdenes de la vida. No es una ecología boba, tonta. Con este documento el Papa se puso a la vanguardia”, sostiene.

No elude las respuestas políticas. “No es posible analizar Argentina o Brasil solo desde aquí. Tenemos que mirar nuestras realidades en el marco de la crisis de la globalización, de la planetarización”. Y refuerza la idea subrayando que “dependemos los unos de los otros y cada país no puede salvarse por sí mismo, encontrar su propia salida”.

Cuando se refiere a Brasil abona la idea del “golpe parlamentario” y, con desazón, sostiene que “no vemos ninguna salida” porque los actuales gobernantes “quieren llevar el proyecto neoliberal hasta sus últimas consecuencias”. La crisis, real o supuesta, de los llamados “gobiernos progresistas” de la región también se incorpora al diálogo. “El objetivo del imperio es eliminar los liderazgos progresistas y de izquierda de raíz popular”, sostiene. “La estrategia para hacerlo es usar la represión, por una parte, utilizar a la Justicia (Poder Judicial) con ese propósito y deslegitimar la movilización popular como lucha política”. Sintetiza: “No hay leyes, sino poderes en disputa”.

“La estrategia del imperio es: un mundo, un imperio; cubrir todos los espacios y desestabilizar todos los gobiernos de base popular, ya no a través de la fuerza militar, sino utilizando a los parlamentos. Es lo que han hecho en América Latina”. Y sigue su argumentación: “El Atlántico Sur estaba abierto. Es una zona de muchos recursos en la que gobernaban las democracias de base popular. Había que intervenir para ocupar los espacios y, además, para ponerle límite a la presencia de China en la región, dado que China está entrando cada día más en América del Sur. Estados Unidos tiene que frenar a China. Es un juego geopolítico”.

“Por eso digo que el problema de Argentina y de Brasil y del resto de los países sudamericanos no se resuelve solo desde aquí”. Como dato agrega que “los recursos de agua y petróleo de Brasil están entre los más grandes del mundo y los están privatizando a precio vil”. A esta altura del diálogo, Boff pone más y más énfasis en cada afirmación. “Todo eso hace muy difícil una historia con solidaridad... y tenemos democracias de muy baja intensidad”. Vuelve otra vez sobre la política: “Se pretende el desprestigio de la política presentándola como el mundo de los sucios, donde todos son corruptos”. ¿Cuál es la alternativa? “Los gestores, los gerentes que actúan por fuera de la política. Y esto es muy peligroso, porque, yo creo, no se resuelve nada sin pasar por el mundo de la política”.

“Nadie sabe hacia dónde vamos” reitera. Y, a modo de anécdota refiere conversaciones que ha mantenido con militares brasileños. “Algunos quieren que vuelvan los militares pero ellos mismos no quieren afrontar la situación porque perciben la gravedad de la crisis”, dice mientras sonríe con picardía.

Pone su esperanza en los movimientos populares y en su capacidad de movilización. “Los movimientos sociales están despertando y ocupando las calles”, señala. Pero vuelve a advertir que “no hay líderes y eso hace difícil la construcción de alternativas. Quizás la crisis facilite la emergencia de nuevas personas que asuman esos lugares de liderazgos”.

 

 

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Sábado, 13 Mayo 2017 08:53

¡La ETB no se vende!

¡La ETB no se vende!

En ocasiones el pan se quema en la boca del horno. Así acaba de sucederle al panadero que está al frente de la ciudad capital de Colombia.

 

A pesar de que miles de miles de habitantes de este territorio nacional han expresado su oposición a que se venda uno de sus principales bienes, en la panadería del Palacio Lievano siguieron amasando y cocinando la idea de la venta de la ETB, y cuando ya iban a feriarla, uf, uf, olió a quemado.

 

Es cierto, El pasado 8 de mayo la actual administración bogotana anunció oficialmente la venta de la ETB, haciendo público que el valor de la empresa era de “1.76 billones de pesos, cifra que apenas está 5% ligeramente por encima del precio actual en el que se cotiza en la bolsa”. Por su parte, y de acuerdo a los defensores de la ETB la intención de la alcaldía de Bogotá y de la gerencia de Jorge Castellanos era bajar su precio a los 2 billones de pesos. La venta se efectuaría entre los 3 días siguientes. Este rife rafe ocurría a la puerta de la panadería mayor, pero también en distintas sucursales de la panadería, con franquicias, como es conocido, por toda la ciudad.

 

Toca comprar más harina y amasar de nuevo. Así es necesario pues el 12 de mayo el juzgado 4 Administrativo de Bogotá, encargado de la discusión entre los sindicatos Sintrateléfonos, Atelca y la administración distrital, suspendió temporalmente el procedimiento de venta de la ETB, manifestando que la venta requiere una argumentación por parte del alcalde Enrique Peñalosa que no se dio en los tiempos pertinentes del proceso, además de la necesidad de garantizar un adecuado desarrollo según lo exigen los comités ciudadanos y sindicatos que se manifestaron en contra de la venta. Es decir, toca que el panadero brinde degustaciones de su pan por toda la ciudad, preguntando la opinión de millones de comensales.

 

El juez suspendió la venta como medida cautelar ante la demanda de los ciudadanos que defienden el patrimonio público de la capital. William Sierra, presidente del sindicato Sintrateléfonos, afirmó que “vender la empresa sería un error puesto que los usuarios se verían afectados al pasar el negocio de las telecomunicaciones a ser un monopolio”, además de enfatizar en la gran inversión social que hace la empresa en el Distrito. William, lo comentó con voz alta en el Concejo de Bogotá cuando realizaron el Cabildo Abierto, degustó el pan y le supo feísimo, sin duda, ¡estamos ante un robo que afectará a todos los ciudadanos bogotanos!

 

¿Sorda o con intereses ocultos? El interrogante es necesario pues, en contra de todas las pruebas y manifestaciones de rechazo, la actual administración resalta que la venta es un buen negocio, que su pan es exquisito, y que los recursos que provea contribuirán para la construcción de 10 colegios, 6 hospitales, 8 jardines infantiles, 16 centros de discapacidad, 2 megacentros culturales y 1 centro de vida, además de aportar al Fondo de Innovación, Tecnología e Industrias Creativas.

 

¡Pan para todos!, no solo para los capitalistas hambrientos de más ganancias. Así se escuchó por la ciudad al conocerse la noticia entregada por el juzgado de marras. ¡Qué el panadero se vaya!, también exigieron los defensores de la ETB, quienes impulsan su revocatoria.

 

Ahora, a los defensores del patrimonio público les toca seguir ampliando la lucha contra el panadero más allá de los juzgados, quienes, en efecto, los han salvado en varias ocasiones, pero quienes en algún momento los pueden dejar con el solo olor del pan. ¡Qué la ciudadana reclame y defienda el pan, el mejor de todos!

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Sábado, 13 Mayo 2017 07:19

Hacia un nuevo universalismo

Hacia un nuevo universalismo

 

La lección del reciente referéndum en Turquía es muy triste. Después de la dudosa victoria de Erdogan, los medios liberales occidentales estaban llenos de análisis críticos: el siglo de los esfuerzos kemalistas para secularizar a Turquía terminó; a los votantes turcos se les ofreció no tanto una opción democrática como un referéndum para limitar la democracia y respaldar voluntariamente el régimen autoritario... Sin embargo, más importante y menos notado fue la ambigüedad de muchas reacciones occidentales, una ambigüedad que recuerda la de la política de Trump hacia Israel: si bien declaró que Estados Unidos debería reconocer a Jerusalén como la capital de Israel, algunos de sus partidarios son abiertamente antisemitas, pero ¿es esto realmente una postura inconsistente?

Una caricatura publicada en julio de 2008 en el diario vienés Die Presse muestra a dos fornidos austríacos de apariencia nazi sentados a una mesa. Uno de ellos sostiene un periódico en sus manos y la comenta a su amigo: “¡Aquí se puede ver de nuevo cómo un antisemitismo totalmente justificado está siendo usado incorrectamente para hacerle una crítica barata a Israel!” Esta caricatura gira en torno al argumento estándar contra los críticos de las políticas del Estado de Israel: cuando los cristianos fundamentalistas de hoy en día, partidarios de la política israelí, rechazan las críticas izquierdistas a las políticas israelíes, ¿no está su línea de argumento implícita sorprendentemente cerca del razonamiento del gobierno israelí? Recuerden a Anders Breivik, el asesino en masa antiinmigrante noruego. Era antisemita, pero pro Israel, dado que él vio en el Estado de Israel la primera línea de defensa contra la expansión musulmana, incluso quiere ver reconstruido el Templo de Jerusalén, pero escribió en su “Manifiesto”: “No hay ningún problema judío en Europa Occidental (con la excepción del Reino Unido y Francia), ya que sólo tenemos un millón en Europa Occidental, mientras que 800.000 de este millón viven en Francia y el Reino Unido. Estados Unidos, por otro lado con más de 6 millones de judíos (600 por ciento más que Europa) tiene un considerable problema judío”. Su cálculo da cuenta de la principal paradoja del antisemita sionista y encontramos las huellas de esta postura extraña con más frecuencia de lo que cabría esperar. Reinhardt Heydrich, el autor intelectual del Holocausto, escribió en 1935: “Debemos separar a los judíos en dos categorías, los sionistas y los partidarios de la asimilación. Los sionistas profesan un concepto estrictamente racial y, a través de la emigración a Palestina, ayudan a construir su propio Estado judío. (...) nuestros buenos deseos y nuestra buena voluntad oficial van con ellos”.

Como señaló Frank Ruda, hoy estamos recibiendo una nueva versión de este antisemitismo sionista: el respeto islamofóbico por el Islam. Los mismos políticos que advierten del peligro de la islamización del Occidente cristiano, desde Trump hasta Putin, felicitaron respetuosamente a Erdogan por su victoria. El reinado autoritario del Islam está bien para Turquía, pero no para nosotros. Así que bien podemos imaginar una nueva versión de la caricatura del Die Presse con dos robustos austríacos de apariencia nazi sentados a una mesa, uno de ellos sosteniendo en sus manos un periódico mientras le comenta a su amigo: “¡Aquí se puede ver de nuevo cómo una islamofobia totalmente justificada está siendo usada incorrectamente para hacerle una crítica barata de Turquía!”. ¿Cómo vamos a entender esta lógica extraña? Es una reacción, una falsa cura, a la gran enfermedad social de nuestro tiempo, la de Huntington.

Los típicos primeros síntomas de la enfermedad de Huntington son movimientos bruscos, aleatorios e incontrolables, llamados corea, que pueden mostrarse inicialmente como inquietud general, pequeños movimientos involuntarios o incompletos, falta de coordinación ... ¿no se parece bastante a una explosión de populismo? Comienza con lo que parecen excesos violentos al azar en contra de los inmigrantes, arrebatos que carecen de coordinación y apenas expresan una inquietud general por los “intrusos extranjeros”, pero luego gradualmente se convierte en un movimiento bien coordinado e ideológicamente fundamentado – lo que el otro Huntington (Samuel) llamó “el choque de civilizaciones”. Esta afortunada coincidencia es una mentira: lo que generalmente se conoce bajo este término es efectivamente la enfermedad de Huntington del capitalismo global de hoy.

Según Huntington, después del final de la Guerra Fría, la “cortina de hierro de la ideología” fue reemplazada por la “cortina de terciopelo de la cultura”. La oscura visión de Huntington del “choque de civilizaciones” puede parecer exactamente lo opuesto a la luminosa perspectiva de Francis Fukuyama del “Fin de la Historia” en forma de una democracia liberal mundial - ¿qué puede ser más diferente de la idea pseudo-hegeliana de Fukuyama de que la fórmula final del mejor orden social posible se encontró en la democracia liberal capitalista, que en el “choque de civilizaciones” como la principal lucha política en el siglo XXI?

¿Cómo entonces, concuerdan los dos?

Visto desde la experiencia de hoy, la respuesta es clara: el “choque de las civilizaciones” ES la política del “fin de la historia”. Los conflictos étnico-religiosos son la forma de lucha que le cabe al capitalismo global: en nuestra época de “pospolítica”, cuando la política propia es reemplazada progresivamente por una administración social experta, la única fuente legítima de conflictos son las tensiones culturales (étnicas, religiosas).

El aumento de la violencia “irracional” de hoy, por lo tanto, debe concebirse como estrictamente correlativo a la despolitización de nuestras sociedades. Por ejemplo, la desaparición de la propia dimensión política se traduce a diferentes niveles de “administración” de los asuntos sociales. Si aceptamos esta tesis sobre el “choque de civilizaciones”, la única alternativa es mantener la coexistencia pacífica de las civilizaciones (o de sus “formas de vida”, un término más popular hoy en día):los matrimonios forzados y la homofobia (o la idea de que una mujer que va sola a un lugar público está pidiendo que la violen) están bien, sólo que están limitados a otro país que, salvo por eso, está completamente incluido en el mercado mundial.

El Nuevo Orden Mundial (NOM) que está emergiendo ya no es, pues, el fukuyamista NOM de la democracia liberal global, sino un NOM de la coexistencia pacífica de diferentes formas de vida político-teológicas, coexistencia, por supuesto, en el contexto del buen funcionamiento del capitalismo global. La obscenidad de este proceso es que puede presentarse como un progreso en la lucha anticolonial: al occidente liberal ya no se le permitirá imponer normas a los demás, todos los modos de vida serán tratados e forma de secuencia ... con razón que Robert Mugabe demostró simpatía por el eslogan de Trump “¡Estados Unidos primero!” -“Estados Unidos primero” para ti, “Zimbabwe primero” para mí, “India primero” o “Corea del Norte primero!” para ellos...

Así es como el Imperio Británico, el primer imperio capitalista mundial, funcionaba: a cada comunidad étnico-religiosa se le permitía seguir su propio modo de vida, los hindúes de la India quemaban viudas tranquilamente etc., y estas “costumbres” locales eran o bien criticadas como bárbaras o alabadas por su sabiduría premoderna, pero siempre toleradas, ya que lo que importaba era que formaban parte de la economía del Imperio ...

Hay algo hipócrita en los liberales que critican el eslogan “Estados Unidos primero”, como si esto no fuera más o menos lo que todos los países están haciendo, como si los Estados Unidos no jugaban un papel global precisamente porque encajaba con sus propios intereses ... El mensaje subyacente de “Estados Unidos primero” es, sin embargo, triste: el siglo estadounidense terminó, Estados Unidos se resignó a ser sólo uno de los (poderosos) países.

La ironía suprema es que los izquierdistas que durante mucho tiempo criticaron la pretensión de los Estados Unidos de ser el policía mundial, pueden comenzar a anhelar los viejos tiempos cuando, con toda la hipocresía incluida, Estados Unidos impuso normas democráticas al mundo.

La primera señal en esta dirección ya tuvo lugar: en una reacción al bombardeo de Trump de una base militar del ejército sirio (como castigo por el uso de gases tóxicos) las contradicciones entre los que se oponen (y los que apoyan) a Trump explotó: el bombardeo fue aplaudido por algunos liberales de los Derechos Humanos y rechazado por algunos aislacionistas conservadores republicanos. En pocas palabras, la paradoja es que Trump está en sus momentos más peligrosos cuando actúa como Hillary Clinton ... Podemos ver lo que “Estados Unidos primero” significa en acción con la siguiente noticia de Reuters:

“Un think tank del gobierno ruso controlado por Vladimir Putin desarrolló un plan para inclinar la elección presidencial de 2016 en favor de Donald Trump y socavar la fe de los votantes en el sistema electoral estadounidense”, dijeron a Reuters tres funcionarios actuales y cuatro ex funcionarios

Sí, el régimen de Putin debe ser criticado sin piedad, pero, en este caso, ¿Estados Unidos no está haciendo lo mismo regularmente? ¿Un equipo estadounidense no ayudó a Yeltsin a ganar una elección clave en Rusia? ¿Y qué hay del apoyo activo de Estados Unidos al levantamiento de Maidan en Ucrania?

En la práctica, esto es “Estados Unidos primero”: cuando lo están haciendo, es una trama peligrosa, cuando lo estamos haciendo, es un apoyo a la democracia... En este NOM, la universalidad quedará reducida cada vez más a la tolerancia –tolerancia de diferentes maneras de vida–. Siguiendo la fórmula del antisemitismo sionista, no habrá contradicción en imponer en nuestros países las reglas feministas políticamente correctas más estrictas y al mismo tiempo rechazar una crítica del lado oscuro del Islam como arrogancia neocolonialista. Habrá cada vez menos lugar para figuras como Julian Assange que, a pesar de todos sus gestos problemáticos, sigue siendo el símbolo más poderoso hoy de lo que Kant llamó “el uso público de la razón”, un espacio de conocimiento público y debate fuera del control estatal. Con razón que, en contra de las expectativas de que Trump mostrará más indulgencia hacia Assange, el nuevo fiscal general Jeff Sessions dijo recientemente que “La detención del fundador de Wikileaks es ahora una prioridad”.

Se consideró que los fiscales federales estadounidenses estaban considerando la posibilidad de presentar cargos contra Assange por varias de las publicaciones del sitio web desde 2010, informó la prensa estadounidense, lo que podría conducir a una segunda solicitud de extradición de Assange, de Washington. “Es bien sabido lo que está por venir: Wikileaks será proclamada una organización terrorista, y en lugar de los defensores genuinos del espacio público como Assange, las figuras públicas que ejemplifican la privatización de nuestros bienes comunes predominará. La figura de Elon Musk es emblemática aquí - pertenece a la misma serie que Bill Gates, Jeff Bezos, Mark Zuckerberg, etc., todos los multimillonarios “socialmente conscientes”. Ellas representan el capital global en su forma más seductora y “progresiva”, en suma, en su forma más peligrosa. A Musk le gusta advertir sobre las amenazas que las nuevas tecnologías plantean a la dignidad humana y a la libertad, lo que, por supuesto, no le impide invertir en una empresa de interfaz cerebro-computadora llamada Neuralink, una empresa centrada en la creación de dispositivos que pueden ser implantados en el cerebro humano, con el propósito eventual de ayudar a los seres humanos a fusionarse con el software y mantener el ritmo con los avances en la inteligencia artificial.

Estos avances podrían mejorar la memoria o permitir una interfase más directa con los dispositivos informáticos: con el tiempo creo que probablemente veremos una fusión más estrecha entre la inteligencia biológica y la inteligencia digital. Cada innovación tecnológica siempre se presenta primero de esta manera, enfatizando sus beneficios para la salud o la humanidad. Beneficios que deberían cegarnos ante las consecuencias e implicaciones más siniestras: ¿podemos acaso imaginar qué nuevas formas de control contiene este llamado “cordón neural”? Por eso es absolutamente imprescindible mantenerlo fuera del control del capital privado y del poder estatal, es decir, hacerlo totalmente accesible al debate público. Assange tenía razón en su libro clave extrañamente ignorado en Google: para entender cómo nuestras vidas están reguladas hoy, y cómo esta regulación se experimenta como nuestra libertad, tenemos que centrarnos en la relación oscura entre las corporaciones privadas que controlan nuestros bienes comunes y las agencias estatales secretas .

El capitalismo global de hoy ya no puede permitir una visión positiva de la humanidad emancipada, ni siquiera como un sueño ideológico. El universalismo liberal democrático de Fukuyama fracasó debido a sus propias limitaciones e inconsistencias, y el populismo es el síntoma de este fracaso, su enfermedad de Huntington. Pero la solución no es el nacionalismo populista, derechista o izquierdista. La única solución es un nuevo universalismo, exigido por los problemas a los que se enfrenta hoy la humanidad, desde las amenazas ecológicas a las crisis de refugiados.

En su ¿Qué sucedió en el siglo XX?, Peter Sloterdijk ofrece su propio esquema de lo que debe hacerse en el siglo XXI, resumido en el título de los dos primeros ensayos del libro: “La Antropotécnica” y “Desde de la Domesticación del Hombre a la Civilización de las Culturas”. “La Antropotécnica” designa una nueva época en la vida de nuestro planeta en la que nosotros, los humanos, ya no podemos confiar en la Tierra como un reservorio dispuesto a absorber las consecuencias de nuestra actividad productiva: no podemos ya ignorar los efectos secundarios (daño colateral) de nuestra productividad, daños que ya no pueden ser recluidos en el fondo de la figura de la humanidad. Tenemos que aceptar que vivimos en una “Tierra de la Nave Espacial”, y que somos responsables de sus condiciones. La Tierra ya no es el fondo/horizonte impenetrable de nuestra actividad productiva, surge como un (otro) objeto finito que podemos destruir o transformar inadvertidamente para hacerla inviable. Esto significa que, en el momento mismo en que somos lo suficientemente poderosos como para afectar las condiciones más básicas de nuestra vida, debemos aceptar que somos simplemente otra especie animal en un planeta pequeño. Es necesaria una nueva manera de relacionarnos con nuestros alrededores una vez que nos damos cuenta de esto: ya no es un trabajador heroico expresando sus potencialidades creativas y extrayendo de los recursos inagotables de sus entornos, sino un agente mucho más modesto colaborando con sus entornos, negociando permanentemente un nivel tolerable de seguridad y estabilidad.

Por lo tanto, para establecer este nuevo modo de relacionarse con nuestros entornos, es necesario un cambio político-económico radical, lo que Sloterdijk llama “la domesticación de la Cultura animal salvaje”. Hasta ahora, cada cultura disciplinaba/educaba a sus propios miembros y garantizaba la paz cívica entre aquellos bajo el disfraz de poder estatal, pero la relación entre diferentes culturas y estados estaba permanentemente bajo la sombra de una posible guerra, siendo cada período de paz nada más que un armisticio temporal.

Como Hegel conceptualizó, toda la ética de un Estado culmina en el más alto acto de heroísmo, la disposición a sacrificar su vida por su estado-nación, lo que significa que las salvajes relaciones bárbaras entre los estados sirven como base de la vida ética dentro de un estado. Corea del Norte de hoy, con su búsqueda despiadada de armas nucleares y cohetes para golpear con ellas los objetivos lejanos, ¿no es el ejemplo último de esta lógica de la soberanía incondicional del Estado-nación? Sin embargo, en el momento en que aceptamos plenamente el hecho de que vivimos en una nave espacial Tierra, la tarea que se impone con urgencia es la de civilizar a las mismísimas civilizaciones, de imponer la solidaridad universal y la cooperación entre todas las comunidades humanas, tarea tanto más difícil por el aumento continuo del sectarismo religioso, de la “heroica” violencia étnica y de la disposición a sacrificarse (y de sacrificar al mundo) por la causa específica de uno mismo.

Las medidas que Sloterdijk propone como necesarias para la supervivencia de la humanidad -la superación del expansionismo capitalista, la amplia cooperación internacional y la solidaridad, que a su vez deberían ser capaces de transformarse en un poder ejecutivo dispuesto a violar la soberanía de los Estado, ¿acaso no son medidas destinadas a proteger los bienes naturales y culturales que compartimos en este planeta? Si no apuntan hacia algún tipo de comunismo reinventado, si no implican un horizonte comunista, entonces el término “comunismo” no tiene significado alguno.

Es por ello que vale la pena luchar por la idea de la Unión Europea, a pesar de la miseria de su existencia actual: en el mundo capitalista global de hoy, ofrece el único modelo de organización transnacional con la autoridad para limitar la soberanía nacional y la tarea de garantizar un mínimo de normas ecológicas y de bienestar social. Algo que desciende directamente de las mejores tradiciones de la Ilustración europea sobrevive en ella.

Nuestro deber, como europeos, no es humillarnos como los culpables definitivos de la explotación colonialista sino luchar por esta parte de nuestro legado, que es importante para la supervivencia de la humanidad.

Europa está cada vez más sola en el nuevo mundo global, descartada como un continente viejo, agotado e irrelevante, jugando un papel secundario en los conflictos geopolíticos de hoy. Como lo expresó recientemente Bruno Latour: “Europa está sola, sí, pero solo Europa puede salvarnos”.

 

* Filósofo y crítico cultural. Sus últimos libros son Antígona y Porque ellos no saben lo que hacen, ambos publicados en Ediciones Akal.


Traducción: Celita Doyhambéhère.

 

 

 

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La dictadura democrática de los poderosos

Nos hacen falta ideas. La mente no piensa con información sino con ideas, como destaca Fritjof Capra en La trama de la vida. En esta tremenda transición/tormenta que vivimos, necesitamos lucidez y organización para comprender lo que sucede y para construir las salidas. Cuando la realidad se hace más compleja y la percepción se enturbia, una característica de las tormentas sistémicas, aclarar la mirada es un paso ineludible y vital.

 

Por eso nos atiborran con información basura, porque contribuye a potenciar la confusión. Es en este sentido que los medios juegan un papel sistémico que consiste en desviar la atención, hacer que las cosas importantes y decisivas tengan un trato idéntico a las más superficiales (un accidente en carretera tiene más cobertura que el caos climático) y tratan los temas serios como si fueran un partido de fútbol.

 

Como sabemos, hay quienes piensan que no hay cambios mayores, que la tormenta sistémica es una crisis pasajera, luego de la cual todo seguirá su curso normal. Pero los de abajo necesitamos aguzar los sentidos, detectar los sonidos y los movimientos imperceptibles, porque nuestras vidas están en riesgo y cualquier despiste puede tener consecuencias desastrosas. No tenemos seguros de vida ni guardias privados, como tienen los de arriba.

 

El historiador francés Emmanuel Todd reflexiona sobre las elecciones en su país, con análisis bien interesantes. El primero, es que desde hace varias décadas existen campos de fuerzas sociales estables, que le permiten asegurar que la sociedad está dividida en dos mitades y que esa división permanece casi inalterada ( goo.gl/p1i6WN ).

 

En segundo lugar, se pregunta porqué en el pasado cuarto de siglo el rechazo al modelo neoliberal no ha crecido (en Europa), pese al aumento de la desocupación y al fracaso del euro. Analiza la población, un dato estructural que tienden a minimizar los analistas. En Francia, la población envejeció hasta seis años desde 1992 y, de hecho, los ancianos han perdido el derecho de voto, porque una salida del euro derrumbaría sus pensiones.

 

La segunda cuestión que contempla es la estratificación educativa. Concluye que la gente con estudios superiores produjo una oligarquía de masas y que esa élite pasó de 12 por ciento de la población en 1992 a 25 por ciento, en sólo 25 años. La conclusión estremece: una población envejecida sumada a una mayor masa oligárquica desemboca en un creciente conformismo de la mitad de la población, mientras la otra mitad de abajo se ha deteriorado notablemente desde el tratado de Maastricht de 1992.

 

Cuando Marx escribe el Manifiesto Comunista, la relación entre los de abajo y los de arriba era de nueve a uno. No había pensiones para los mayores y la universidad estaba reservada para las élites. Era un sistema inestable, donde 90 por ciento tenía interés en derribarlo.

 

Los dos cambios mencionados por Todd (demografía y educación superior) representan mutaciones profundas para quienes aspiramos a transformar el mundo. Todavía en 1960 abundaban los universitarios como el Che, dispuestos a utilizar sus conocimientos junto a los oprimidos. El sistema supo comprender que tenía un punto débil entre los jóvenes universitarios y tomó medidas.

 

Ahora los docentes de ese nivel ganan fortunas, hasta 30 veces el salario mínimo en varios países. Los estudiantes cuentan con becas que les permiten estirar los estudios de posgrado hasta bordear los 40 años y luego aspiran a ingresar en la élite universitaria. En el imaginario colectivo el ascenso social pasa por los estudios superiores a los que se entrega buena parte de la vida.

 

Immanuel Wallerstein sostenía hace tres décadas (en Marx y el subdesarrollo) que bajo el capitalismo la clase alta pasó de 1 a 20 por ciento de la población mundial. La cifra puede acercarse ahora a 25 por ciento que presume Todd para la oligarquía de masas. En América Latina las cifras deben matizarse, pero vamos hacia allá.

 

Es posible que estemos bordeando la dominación perfecta: sociedades divididas en partes casi iguales, entre los que necesitan patear el tablero y los que temen cualquier cambio. Una mitad conformista y la otra mitad apabullada por la cuarta guerra mundial. Por encima de ambas, 1 por ciento controla el poder estatal, el material y las democracias electorales.

 

A medida que se expanden las dimensiones del grupo en la cima, a medida que vamos haciendo a los miembros del grupo de la cima cada vez más iguales entre sí en sus derechos políticos, se hace posible extraer más de los de abajo, escribe Wallerstein en Después del liberalismo (página 168). Y agrega que un país mitad libre y mitad esclavo sí puede durar mucho tiempo.

 

Las consecuencias de estos cambios deberían llevarnos a sacar algunas conclusiones estratégicas.

 

Primero, la democracia se asienta en ese sector que no quiere desestabilizar el sistema, mientras la otra mitad no se siente representada. La democracia electoral tiene sentido para la mitad de arriba, pero es una cárcel para los de abajo.

 

Dos, para la mitad desheredada de la población, el diseño actual del capitalismo es una realidad opresiva, ya que las políticas sociales focalizadas tienden a neutralizar y dividir a quienes necesitan levantarse contra el sistema.

 

Los partidos de centro-izquierda recogen las aspiraciones, y los miedos, de esa mitad de la población que sólo quiere cambios cosméticos y cuyo ejercicio político excluyente es votar cada cinco o seis años y asistir a mítines para aplaudir a sus caudillos.

 

La mitad de abajo no puede confiar en un sistema político que funciona como una dictadura democrática. Una estructura política con total libertad para la mitad de arriba puede ser la forma más opresiva que se pueda imaginar para la mitad de abajo, sigue Wallerstein.

 

Los que viven en la zona del no-ser, en palabras de Fanon, son los que resisten y construyen otros mundos, por mera necesidad de sobrevivir. Pero son bombardeados por la fantasía de que pueden cambiar su destino sin quebrar el sistema.

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Martes, 09 Mayo 2017 06:59

Sale carísimo mantener a los ricos

“No nos podemos permitir a los ricos alimentando sus excentricidades”. En la imagen, un lujoso yate arriba a la bahía de Cannes (Francia) justo delante del hotel Carlton.

 

El sistema legal, económico, político y cultural dominante que se sufre en el mundo capitalista promueve los comportamientos egoístas y predatorios. Se admira a quienes con más eficacia y de manera no recíproca vampirizan y acaparan la riqueza generada por ecosistemas o el trabajo de comunidades humanas. En un planeta finito y ecológicamente degradado, la acumulación de riqueza de unas personas es siempre a costa de la desposesión de otras.

Una sociedad sostenible y saludable debería, en cambio, dotarse de mecanismos que penalicen el abuso de lo común e incentiven aquellos comportamientos que mejoren la vida de toda la comunidad y regeneren el medio ambiente del que depende todo ser vivo. Hasta que no comprendamos que la prosperidad, la seguridad y la felicidad solo se consiguen mediante colaboración, confianza y reciprocidad seguiremos atribuyendo la causa de la enfermedad a sus síntomas. Pensaremos, erróneamente, que las víctimas de un sistema perverso—y no el sistema en sí que funciona aplastando a cada vez más personas en beneficio de unos pocos privilegiados—son nuestro problema.

No conviene confundirse de enemigo: lo que resulta socialmente corrosivo y peligroso es la desigualdad y la asimetría de poder, no sus víctimas (las personas más vulnerables). Los que se apropian del bien común son los ricos y poderosos, no los pobres e inmigrantes. Solo hay que recordar que un puñado de personas que caben en un bar pequeño de barrio acaparan más riqueza que el 50% de la población mundial o que el 1% de los humanos dispone de tanta riqueza como el 99% restante. Con estas cifras en mente, nadie puede argumentar que a la sociedad le sale caro mantener a las personas en riesgo de exclusión social sin que suene a distorsión malintencionada de la realidad.

En el mundo capitalista, el dinero público y la riqueza generada por las personas trabajadoras no está subvencionando a los pobres, sino a los ricos. Los ricos se subvencionan devorando lo público y lo común (lo generado por la sociedad y por los ecosistemas) y reproducen su capital sin necesidad de trabajar (intereses, rentas, herencias, especulación). El trabajo y la riqueza, en cambio, lo crea la sociedad, no las macro-corporaciones o la adicción estructural al crecimiento económico (mucho menos la especulación financiera); dichos actores, de hecho, generan dinámicas que precarizan o destruyen tanto el empleo de calidad como el medioambiente del que depende todo ser vivo que habite nuestro planeta (incluidos los seres humanos millonarios).

Las personas vulnerables no quitan el trabajo a nadie. Realmente, además de la creciente automatización que sustituye al trabajo humano, es la dinámica del capitalismo neoliberal la que condiciona que no florezcan empleos de calidad necesarios para la reproducción y el mantenimiento de una vida humana próspera (en agroecología, diseño sostenible y biomímesis, economía ecológica, construcción de casas pasivas, energías renovables, ecología urbana y un largo etcétera).

En lugar de dar más poder a las corporaciones y a los dueños del capital (la falacia de que desregulando y privatizando lo público y facilitando la vida a las macro-corporaciones se crea empleo) deberíamos, por el contrario, tasar intensamente los bienes inmuebles y el capital a partir de cierto umbral (pues se trata de la riqueza que se reproduce rápidamente no solo sin necesidad de contribuir al bien común, sino acaparándolo y destruyéndolo), no el trabajo (la contribución, monetarizada o no, al bien común y la sostenibilidad socioeconómica) para, de este modo, reducir la desigualdad y subvencionar con lo recaudado una disminución general de las horas semanales de trabajo con salarios mínimos más altos para acabar con el desempleo, el estrés y la explotación laboral y medioambiental.

Ahora bien, la deliberación sobre qué trabajos son necesarios para la reproducción social y cuáles son social y ecológicamente indeseables debería ser decidido por la sociedad en su conjunto, no por la dinámica de crecimiento económico a toda costa o por las corporaciones transnacionales cuyo objetivo no coincide, en la mayoría de los casos, con el bien común.

Obviamente, si se generasen debates abiertos entre el conjunto de los habitantes de una ciudad para decidir qué empleos hay que fomentar y cómo diseñar el espacio urbano, muy poca gente defendería la necesidad de endeudar masivamente a la ciudad y buscar inversiones extranjeras millonarias para construir autopistas o aeropuertos innecesarios y obras faraónicas disfuncionales que dejan infraestructuras monstruosas carísimas de mantener, deudas eternas, corrupción urbanística y degradación ambiental (estadios olímpicos, macro-casinos, expos, rascacielos). Estos proyectos siempre subvencionan, con dinero público, una dinámica de acumulación que beneficia a los que ya son ricos y generan un espacio urbano deplorable para los demás.

La mayoría de vecinas y vecinos preferirían, sin duda, espacios públicos a escala humana para el disfrute común y cotidiano, mucho más asequibles y fáciles de mantener, y que mejoren la calidad del aire y el agua, reduzcan el ruido y el estrés, favorezcan las relaciones sociales, y no dejen una mella en las arcas públicas: parques, huertos urbanos, zonas verdes y peatonales, bibliotecas y centros sociales, etc. Espacios donde la comunidad pueda encontrarse, sin necesidad de gastar y consumir, para jugar, enamorarse, charlar, hacer ejercicio o aprender y enseñar taichí, yoga, permacultura, carpintería, reparación de electrodomésticos, etc.

No nos podemos permitir a los ricos alimentando sus excentricidades, megalomanías y porfolios financieros a costa del bienestar social y ecológico. Que no nos engañen, los que sufren las consecuencias más dolorosas del sistema capitalista perverso no son la causa del problema, sino sus víctimas. Equivocarnos al identificar las causas de nuestro malestar tiene el contraproducente efecto de enfrentar a los oprimidos y, en consecuencia, fortalecer al opresor. Centrarnos en las causas de los problemas, y no solo en sus síntomas, es el primer paso para intentar crear un sistema socialmente deseable, económicamente estable y ecológicamente viable.

 

(Tomado de El Salmón Contracorriente)

 

 

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Copyright advertisement from the New York Clipper, 1906.

 

Para sorpresa de propios y extraños, Estados Unidos y la Unión Soviética compartieron, hasta muy avanzado el siglo XX, políticas proteccionistas que autorizaban la libre traducción y circulación de textos extranjeros

 

El poeta y ensayista alemán Heinrich Heine nos alertó hace ya algunos años de que “ahí donde se queman libros se acaba quemando también seres humanos”. En el 2011, mientras asistíamos sorprendidos al nacimiento de lo que se conoció como 15-M y a la detención, unas semanas después, de Teddy Bautista, una noticia de gran importancia para la cultura nos pasó desapercibida. Ese mismo año en China se quemaron públicamente más de cinco millones de libros, CD y DVD pirateados: en ciudades como Pekín, Tianjin, Shanxi, Jiangsu, Cantón y Sichuan se organizaron grandes hogueras como eventos preparatorios de la celebración del Día Mundial de la Propiedad Intelectual, que se conmemora mundialmente el 26 de abril. ¿Comunismo y piratería son, entonces, antagónicos? Empecemos por el principio.

 

EEUU, el primer pirata mundial


En 1790 se aprobó en Estados Unidos la Copyright Act, una ley por la que cualquier libro editado en el extranjero se consideraba automáticamente bajo dominio público. Todos los libros de autores ingleses, de gran éxito por entonces en EEUU, podían publicarse sin restricciones y sin necesidad de pagar derechos de autor. Se generó así un escenario de una competencia feroz, en el que barcos cargados con las planchas de imprenta de grandes éxitos ingleses navegaban a toda velocidad para llegar los primeros a la Costa Este. Esta competencia editorial llegó a recrudecerse hasta el extremo de provocar los incendios de algunos almacenes editoriales. Sólo algunos editores decidieron remunerar, siquiera simbólicamente, a los autores de más éxito. Adrian Johns relata en su monumental Piratería (Akal, 2013) que Charles Dickens o Walter Scott se contaron entre los pocos escritores que merecieron esta consideración.

En 1842 Dickens llegó a realizar una gira por EEUU, junto a Washington Irving y otros autores locales, para demandar la aprobación de leyes internacionales sobre copyright. Esta solicitud fue ignorada en el contexto poco propicio a la internacionalización del copyright en EEUU, y valió a Dickens y al resto de sus compañeros duras críticas por parte de la prensa norteamericana de la época. No fue hasta finales del XIX cuando EEUU decidió tener algún tipo de gesto institucional con los autores extranjeros. Sólo entonces se produjo ese debate público sobre el reconocimiento o no de la protección de sus obras que le hubiese gustado impulsar a Dickens unas décadas antes.

Las posturas de los economistas con intereses en la industria editorial, sumadas a las presiones de los editores, más las de los potentes e influyentes sindicatos de tipógrafos, hicieron que en EEUU la nueva ley conocida como International Copyright Act de 1891 siguiera teniendo un carácter proteccionista. Los requerimientos para que un autor extranjero obtuviera la protección a través copyright eran en realidad prácticamente imposibles de conseguir. Años después, cuando EEUU empezó a contar con más autores de éxito propios y su industria creció, fue modificando su postura, firmando distintos acuerdos y tratados internacionales hasta incorporarse al Convenio de Berna en la tardía fecha de 1989.

 


Los derechos de autor en la URSS

 

¿Se abolió la propiedad intelectual después de que se asaltara el Palacio de Invierno? Aunque pueda parecer paradójico para quienes hacen lecturas superficiales sobre los derechos de autor, la respuesta es NO. En el Primer Congreso de la III Internacional de 1919, Lenin expuso de este modo sus ideas sobre la libertad de prensa y el mundo editorial:

“A fin de conquistar la igualdad efectiva y la verdadera democracia para los trabajadores, para los obreros y los campesinos, hay que quitar primero al capital la posibilidad de contratar a escritores, comprar las editoriales y sobornar a la prensa, y para ello es necesario derrocar el yugo del capital, derrocar a los explotadores y aplastar su resistencia [...] no habrá obstáculo para que cada trabajador (o grupo de trabajadores, sea cual fuere su número) posea y ejerza el derecho igual de utilizar las imprentas y el papel que pertenecerán a la sociedad”.

En la URSS, las formas de propiedad intelectual revolucionarias no fueron tan distintas a las de otros Estados no socialistas. Los autores disfrutaban del derecho exclusivo de decidir cómo publicar y distribuir sus trabajos (aunque con la prohibición expresa de transferir todos los derechos a un editor) y recibían derechos de autor en un régimen de propiedad intelectual más flexible y menos mercantilizado. Se contemplaban numerosas excepciones, como el permiso para la publicación de las obras en revistas académicas, la posibilidad de realizar obras derivadas y la autorización automática a realizar traducciones a los distintos idiomas oficiales.

La URSS siguió los pasos de EEUU en todo lo relacionado con la propiedad intelectual: primero consideró como de dominio público las obras de todos los autores extranjeros, para ir paulatinamente cerrando acuerdos internacionales a partir de los años 70, siempre en función de sus intereses comerciales. Eso sí, con notables excepciones: está contrastado que Lillian Hellman, John Steinbeck, Upton Sinclair, Waldo Frank, John Cheever, John Updike o Art Buchwald sí que recibieron derechos de autor de editoriales soviéticas, aprovechando viajes a la Unión Soviética o contactos con personas residentes en ese país.

En China continuaron con esa misma visión funcional e instrumental de la propiedad intelectual y la ley específica no se promulgó hasta 1990, siendo además muy recientes los acuerdos en lo referente al reconocimiento de los derechos de autor de creadores extranjeros.

 


¿Llega el comunismo cultural del capitalismo?


Las críticas a la propiedad intelectual no provienen, en su origen, de funcionarios soviéticos, forofos del materialismo dialéctico u oscuros intelectuales marxistas: surgen en realidad de los campus de EEUU, donde se hizo una particular recepción del posestructuralismo francés, la French Theory, una mezcla explosiva de las ideas de autores como Foucault, Derrida, Barthes, Deleuze, Baudrillard, Lacan, Kristeva... La muerte del autor se convirtió entonces en un lugar común y punto de partida obligatorio desde donde analizar cualquier conflicto relacionado con la propiedad intelectual.

En el inicio de la posmodernidad, las críticas a la propiedad intelectual dejaron de ser económicas (como los debates sobre proteccionismo en EEUU, URSS o China al hilo del copyright de los autores extranjeros) para pasar a ser de corte filosófico, realizadas por académicos que, paradójicamente, vivían de su actividad como docentes y, además, percibían derechos de autor por sus obras. Dos liberales estadounidenses, el abogado y académico Lawrence Lessig y el programador Richard Stallman –ajenos por tanto a las industrias culturales–, sentaron las bases a finales del siglo XX del primer movimiento social relacionado con la propiedad intelectual: el movimiento a favor de la cultura libre.

En la segunda parte de este artículo veremos cómo los protagonistas ya no serán los Estados, sino grandes corporaciones que suelen operar en paraísos fiscales. Estas empresas consideran todos los productos culturales en una suerte de dominio público digital, siempre que esto responda a sus intereses comerciales. La cultura libre y la ideología californiana proveen el trasfondo filosófico y político a este expolio.

 

 

 

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