La derecha intenta crear un bloque a su medida

El presidente de Colombia, Iván Duque, informó ayer que junto a su homólogo chileno, Sebastián Piñera, avanzan en la creación de un organismo de integración que reemplace la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).

“Con el presidente de Chile, Sebastián Piñera, hemos venido avanzando en ese final de Unasur y la creación de Prosur, que más que una organización burocrática o al servicio de un gobierno particular, sea un mecanismo de coordinación suramericano”, manifestó Duque durante una entrevista con la emisora colombiana Oye Cali.


“Hemos venido avanzando conversaciones con varios presidentes de América latina para que Unasur llegue a su final y se inicie más bien la construcción de una etapa muchos mas ágil, menos burocrática, más coordinada de cooperación”, agregó el jefe de Estado.


El mandatario detalló que ese bloque comunitario, cuya fecha de inicio de trabajo no precisó, se enfocará en el desarrollo de políticas públicas, según dijo, en defensa de la democracia, la independencia de poderes y la economía de mercados, así como en la inclusión de una “agenda social con sostenibilidad y con debida aplicación”.


En abril del año pasado, Colombia, Perú, Chile, Brasil, Argentina y Paraguay –la mitad de los países miembros– habían anunciado su intención de salirse de Unasur y el pasado 27 de agosto Duque lo hizo efectivo. En ese entonces, el mandatario colombiano había anunciado que el gobierno colombiano había notificado al organismo de integración su decisión de retirarse del bloque al considerar que no había denunciado los que calificó como los tratos brutales del Estado venezolano hacia los ciudadanos de ese país.


Duque calificó, además, la creación de Prosur como importante porque, dijo, es una muestra de que Colombia no sólo defiende la democracia, sino que busca una “mayor coordinación para que termine la dictadura de Venezuela” y para construir mejor escenario de cooperación de los países, según afirmó, comprometidos con la defensa de la democracia en la región.
La creación de este organismo forma parte del trabajo de Colombia para aislar diplomáticamente a Venezuela después de que el presidente de ese país, Nicolás Maduro, asumiera el pasado 10 de enero un nuevo período por seis años.

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Jueves, 10 Enero 2019 06:46

De la guerra a la tregua

De la guerra a la tregua

Las guerras comerciales de 2018, que enfrentaron en diversos momentos a buen número de contendientes –los otros socios del TLCAN, los miembros de la Unión Europea y, desde luego, China– con el instigador de todas ellas, Estados Unidos, se fueron aquietando a lo largo del año en alguna medida. En estas notas catorcenales se analizó su evolución y desenlace, provisional o definitvo. Recordemos, entre otras, dos notas de especial relevancia para la de hoy: Trump y Xi en Mar-a-lago, 20 de abril, y GC: una tregua desmentida, 31 de mayo. En su encuentro de la primavera de 2018 ambos líderes constataron la profundidad y anchura de los abismos que los dividen, que van mucho más allá del intercambio comercial, y acordaron negociaciones a nivel ministerial que resultaron fallidas. Desde el verano, los ruidos intimidatorios y los anuncios de nuevas o más altas barreras arancelarias por parte de Estados Unidos, así como de acciones de represalia por parte de China, fueron más frecuentes que la búsqueda de oportunidades de diálogo y negociación. El encuentro de ambos líderes en el G-20 de Buenos Aires, en diciembre, abrió un nuevo periodo para la búsqueda de entendimientos, inicialmente arruinado por las invectivas de Trump.


La llegada de 2019 tornó imposible seguir ignorando la inminencia de un deadline, que dista sólo siete semanas: a falta de acuerdo, el 2 de marzo se elevarán, en forma autómatica, de 10 a 25 por ciento los aranceles que gravan compras estadunidenses de mercancías de China con valor anual estimado en 200 mil millones de dólares. Nadie duda que las correspondientes acciones de retorsión de China serán también automáticas.


Más que otra vuelta de tuerca, una presión adicional u otra acción disuasoria, esta alza de aranceles punitivos y las inevitables represalias inmediatas constituirían la declaración formal y la primera gran batalla de la guerra comercial del Pacífico, entre las dos principales potencias del planeta. Nadie quedaría a salvo de sus repercusiones y consecuencias. Por ello, hay que pasar, ahora sí en serio, de la guerra a la tregua y a la negociación.


Del 7 al 9 de enero se reunieron en Pekín delegaciones técnicas de los dos países para intentar desbrozar el camino. Se espera que más adelante se reúnan en Washington delegaciones ministeriales. La estadunidense sería copresidida por el representante comercial Robert Lighthizer y el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin. (Quizá el secretario de Comercio, Wilbur Ross, y el asesor sobre Política Comercial e Industrial, Peter Navarro, se sientan desplazados del frente negociador con Pekín). China no ha informado quienes integrarán su delegación, quizá en espera del resultado de las pláticas preparatorias en Pekín. Se interpretó de manera positiva el hecho de que el viceprimer ministro Liu He –principal negociador económico internacional de China, con acceso directo al presidente Xi– acudiese personalmente al inicio de las negociaciones técnicas.


La aproximación de Estados Unidos a esta negociación ha estado dominada por una visión marcadamente optimista de su fortaleza negociadora ante China, subrayada en todo momento por Trump y otros funcionarios. Han dicho también que, en cambio, es muy precaria la posición de China, sobre todo como resultado de las barreras comerciales impuestas por Estados Unidos. Los aranceles han afectado absolutamente a China, la han lastimado mucho, tuiteó Trump la víspera de la reunión de Pekín, según nota de TheWashington Post.
Entre las cuestiones que Washington desearía obtener de China para proclamarse victorioso absoluto en esta guerra comercial –como Trump desea– destacan una reducción sustancial de su défict comercial bilateral, que alcanza a 375 mil millones de dólares; un compromiso formal de China para cesar las prácticas de invasión cibernética que, según acusaciones de Estados Unidos, le han permitido adueñarse de secretos técnicos en industrias de avanzada; aceptar sin reservas las medidas de protección de los derechos de propiedad intelectual de titularidad estadunidense; y, abatir los subsidios a los exportadores que según Washington significan ventajas excesivas e indebidas.


En los pasados meses, casi sin ruido, China anunció y conformó ahora una serie de medidas que, de forma indirecta, parecen responder a esas demandas: modificación de la ley de inversiones extranjeras para impedir que se exijan transferencias de tecnología a los socios locales, sujetándolas a negociación entre las partes; adopción del principio de neutralidad competitiva, impulsado por la OCDE, que asegura que las empresas de propiedad estatal no gozarán de ventajas frente a sus competidoras privadas o extranjeras, y, entre otras acciones, reabrir las importaciones de automóviles, soya y otros productos estadunidenses, afectadas por represalias comerciales.


Con las pláticas de Pekín, parece despejado el camino para la reunión ministerial, que se examinará con oportunidad.

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El Banco Mundial alerta de que crecen los riesgos para la economía global

La actividad repuntará en la región de América Latina aunque con menos fuerza de lo anticipado

 

Las perspectivas económicas mundiales oscurecen. Es la advertencia que hace el Banco Mundial, que proyecta que el crecimiento global se modere al 2,9% este año. Es una décima menos que en 2018 y de lo anticipado en junio. Pero el organismo enciende el farolillo rojo al señalar que los riesgos crecen por la tensión comercial y porque un gran número de países experimenta presiones financieras “sustanciales”. América Latina repuntará del 0,6% al 1,7% en 2019, aunque será seis décimas menos robusta de lo que se auguró.

El ritmo de crecimiento global sigue siendo robusto. Pero la balanza de riesgos empuja más a la baja, reitera el organismo, para afirmar que “las perspectivas se han vuelto inciertas”. “La ralentización de la demanda externa, el encarecimiento de los créditos y la persistencia de la incertidumbre política harán de lastre”, continúa la institución financiera en la actualización de sus proyecciones.


Además, explica, hay otros potenciales desenlaces que pueden afectar a la actividad económica. Cita una “depresión” de los flujos de capital por un brusco encarecimiento de los costes de financiación. A la espiral alimentada por el alza de tipos y la apreciación del dólar se le suma la tensión comercial, que puede debilitar el crecimiento y alterar la cadena de suministro.
El panorama es completamente distinto al de hace un año, cuando se aguraba una expasión estable. "A comienzos de 2018", recuerda Kristalina Georgieva, consejera delegada del Banco Mundial, "el motor de la economía global disparaba todos los cilindros". "Pero fue perdiendo fuerza a lo largo del año y el camino puede ser incluso más agitado", advirtie. La volatilidad del mercado, añade, "es una señal" en ese sentido que preocupa al organismo.


Y aunque se ve improbable a corto plazo, se alerta de que la combinación de una eventual recesión en Estados Unidos y una mayor desaceleración de la esperada en China podrá “detonar una caída marcada de la actividad global”. La expansión en los países avanzados se mantiene en el 2% para este año. Es dos décimas menos que en 2018. Menciona la desaceleración de la zona euro, que pasa de crecer un 1,9% a un 1,6% este año. Supone una rebaja de una décima.


La expansión se moderará también en EE UU casi medio punto, al 2,5% este año. De ahí volverá a debilitarse al 1,7% en 2020 conforme se pierda el efecto de los estímulos fiscales. En el caso de China, se espera se modere al 6,2% por el reequilibrio de la demanda. Si la negociación comercial no da frutos, el Banco Mundial advierte de que los efectos de la escalada arancelaria serán severos.


Vulnerabilidades


Pekín puede contrarrestar el impacto de la tensión comercial tirando de la política fiscal y monetaria. Pero se corre el peligro de que eso provoque un aplazamiento de los esfuerzos que se están haciendo para contener la expansión de la deuda y se crearán vulnerabilidades por otro lado. “Si el estrés financiero se materializa”, señala, “la ralentización económica será mayor de la esperada”.


Los economistas del Banco Mundial señalan que cualquier factor negativo puede jugar en contra. La experiencia pasada ilustra, además, que el efecto dominó suele ser más severo del que se suele anticipar y se propaga rápido, de una manera sincronizada. La resolución de las tensiones comerciales, sin embargo, podría elevar el sentimiento y reactivar las inversiones y los intercambios.


Para Latinoamérica, la proyección es que Brasil se expanda un 2,2% este año, remontando de un 1,2%. Es tres décimas menos de lo que se dijo hace seis meses. México se modera una décima respecto a 2018, al pronosticarse un crecimiento del 2% este año. Supone un recorte de medio punto por la incertidumbre política. Los dos repuntarán al 2,4% en 2020, como toda la región.


Argentina se contraerá este año un 1,7% por el efecto de la consolidación fiscal, la pérdida de empleo, la criss cambiaria y la caída de la demanda y las inversiones. Supone una moderación de la recesión cuando se compara con el 2,8% en 2018. Pese a la mejora, representa una drástica rebaja de 3,5 puntos respecto a la previsión de hace seis meses. En 2020 volverá a crecer, un 2,7%.


Derrumbe


Colombia es de los que tira. Crecerá un 3,3% este año. También Chile y Perú, con un 3,5% y un 3,8% respectivamente en 2019. Venezuela sufrirá una contracción del 8%. Es más baja que el 18% el pasado ejercicio, pero eso no significa que la situación mejore. “El derrumbe económico es cada vez más profundo”, advierten, al tiempo que no se ve fin a la espiral hiperinflacionista.


Aunque el patrón de crecimiento regional muestra que se refuerza, el Banco Mundial reitera que “la mejora será más débil de la anticipada”. Los riesgos a la baja “dominan”, añade, por la posibilidad de una restricción abrupta de las condiciones financieras, una escalada de la batalla arancelaria, la incertidumbre política, una respuesta adversa a las condiciones fiscales y los desastres naturales.


Estas corrientes contrarias, además, hacen difícil ser precisos en las proyecciones. En las actuales condiciones, la posibilidad de que la economía global crezca un punto por debajo a la media estimada es del 21%. Es de un 17% para la eventualidad de que lo haga un 1% más alto. Como señala el organismo, todo esto se refleja en la volatilidad que acusa Wall Street desde octubre.


ECONOMÍA SUMERGIDA


S. P.


El Banco Mundial advierte de que la ralentización económica y las dificultades financieras pueden poner en peligro todos los progresos logrados desde la última crisis financiera para reducir la probreza extrema y lograr un mayor reparto de la prosperidad. Por eso se pide un esfuerzo coordinado para mantener el ritmo de las reformas y destinar recursos al capital humano.


El organismo recomienda que para navegar la actual incertidumbre, se adopten medidas que eleven la productividad y al mismo tiempo se doten de colchones fiscales para poder tener margen de maniobra en caso de que la coyuntura empeore. “Hay que reforzar los planes de contingencia, facilitar el comercio y mejorar el acceso a la financiación”, insiste Georgieva.
El Banco Mundial recuerda que la economía sumergida representa un 70% del empleo y un 30% del producto interior bruto en los países emergentes y en desarrollo. Es una parte de la economía que se asocia con la baja productividad y que no genera ingresos fiscales. “Es sintomático de una oportunidad perdida”, afirma. Por eso se insiste en que se diseñen políticas fiscales y sociales que equilibren la situación.

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Lunes, 31 Diciembre 2018 13:20

La economía mundial se frenará en 2019

La economía mundial se frenará en 2019

Las previsiones apuntan a un año complicado con múltiples frentes abiertos que van desde la guerra comercial al Brexit pasando por la retirada de liquidez de los bancos centrales 

Al echar un rápido vistazo a los títulos de los informes especiales que bancos de inversión, gestoras de fondos y brókers han elaborado para explicar cómo creen que será 2019 desde el punto de vista económico, se percibe que serán 12 meses más complejos que los 12 meses que estamos a punto de dejar atrás. Hay quien tira de refranes para encabezar los documentos: “No es la caída lo que te mata. Es el aterrizaje”; algunos recurren a títulos de canciones (“Riders on the storm”, jinetes en la tormenta); mientras que otros van directamente al grano: “Se avecinan turbulencias”. Y es que hay un consenso bastante generalizado sobre que 2019 será otro año de crecimiento mundial, aunque a una velocidad inferior a la de los últimos ejercicios.

“El crecimiento alcanzó su punto máximo en 2018, pero los principales indicadores siguen siendo sólidos”, según Stefan Kreuzkamp, responsable de DWS. Esta opinión es compartida por Michael Strobaek, economista jefe de Credit Suisse: “2019 se perfila como otro año de crecimiento, aunque a niveles un poco más bajos que en los últimos años”. El PIB mundial cerrará este año con una mejora cercana al 3,7%. En cambio, la previsión para el próximo cursocontempla pronósticos que van desde el 2,9% hasta el 3,7% que augura el Fondo Monetario Internacional (FMI). Esta horquilla tan amplia en las quinielas sugiere que las incertidumbres se acumulan sobre las hojas de cálculo de los expertos. Cualquier cisne negro puede cambiarlo todo.

A pesar de la ralentización de la actividad, hasta cierto punto lógica tras una fase expansiva tan larga, ninguno de los expertos consultados vislumbra una recesión a corto y medio plazo. “Si bien en junio de 2019 el ciclo actual en EE UU se convertirá en el más largo de la historia, hay que tener en cuenta que la recuperación de la economía ha sido mucho más moderada que en ciclos expansivos pasados. Además, tanto en Europa como en Japón el ciclo no es tan maduro y queda recorrido. La experiencia vivida en países como Canadá o Australia demuestra que los ciclos económicos no mueren por el mero hecho de que sean muy largos”, argumentan desde Banca March.

Tras un par de años de crecimiento mundial sincronizado, parece que se volverá a producir una divergencia en el grado de desarrollo de los diferentes países. Los analistas consultados creen que EE UU será, una vez más, la locomotora que tire de la economía mundial. En 2018 el crecimiento estadounidense rozará el 3% gracias a los estímulos fiscales, un factor que también será determinante para que el alza del PIB en 2019 se sitúe en torno al 2,5%, aunque avanzado el año este viento de cola irá perdiendo efecto en un entorno monetario cada vez más restrictivo. “El ritmo de desaceleración en EE UU debería ser menos pronunciado que en otras zonas”, señalan en UBP. “La inversión y la demanda interna se apoyarán en la reforma fiscal y en unos tipos de interés que, aunque suben, siguen siendo bajos. Además, algunos planes de infraestructuras presentados al inicio de la presidencia de Donald Trump podrían ser estudiados de nuevo e incentivar si fuera necesario el crecimiento de la demanda desde el sector público”, agregan.

El otro gran polo de actividad, China, debería confirmar el proceso de “aterrizaje suave” en el que se encuentra su economía desde hace unos años, con un crecimiento previsto del PIB en 2019 próximo al 6%, medio punto porcentual menos que lo que se espera para 2018. En cualquier caso, la evolución del gigante asiático estará muy condicionada por el grado que puedan alcanzar las tensiones comerciales. “En la medida en que el Gobierno chino tiene la determinación de estimular la economía local gracias a incentivos fiscales y monetarios, creemos que el crecimiento del país se desacelerará el próximo año, pero lo hará de una manera suave”, explican en Natixis.

En medio de los dos colosos mundiales y su pulso por la hegemonía mundial se encuentra Europa. El ritmo de crecimiento de la zona euro podría caer por debajo del 2% alcanzado en los últimos ejercicios debido a la menor actividad en el resto del mundo y a debilidades políticas y económicas internas. “La economía de la zona euro ha decepcionado durante la mayor parte de 2018 debido a que diferentes factores coyunturales la han perjudicado. Esperamos que la desaceleración se acentúe en 2019 hasta el 1,4%, porque creemos que el consumo interno caerá debido a la menor generación de empleo. También prevemos que la inversión empresarial se modere por la pérdida de tracción mundial y el incremento de las incertidumbres”, avisan en Axa Investment Managers.

Dentro de la eurozona, España seguirá siendo un año más uno de los alumnos aventajados, aunque el ritmo de crecimiento también se resentirá. La última previsión del FMI para España, por ejemplo, sitúa el avance del PIB en 2019 en el 2,2% frente al 2,7% previsto para 2018, en un contexto de menor apoyo del sector exterior y del turismo. “La demanda interna continuará actuando como uno de los principales soportes del crecimiento en España. Las grandes cifras macro del país se mantienen sólidas, aunque todavía hay ajustes internos pendientes, sobre todo en relación con los desequilibrios fiscales del sector público”, según Banca March.

Este diagnóstico positivo para España no está exento de posibles complicaciones por el flanco político. “A corto plazo nos preocupa la incertidumbre política en Cataluña que sigue sin resolverse y que está afectando a las inversiones previstas”, avisan en Julius Baer. Otro factor de incertidumbre tiene que ver con la debilidad del Gobierno central. “Hay un gran barullo político”, describen en Andbank. “Pese a los esfuerzos del Ejecutivo por mantenerse una legislatura parlamentaria completa y aparcar los planes de elecciones generales hasta mediados de 2020, no descartamos que dichos comicios se produzcan en 2019. Todo dependerá del resultado de las elecciones autonómicas”, añaden desde esta entidad.

En una época tan volátil, hay sobre la mesa, como viene ocurriendo en el último lustro, una serie de riesgos que están detrás de la desaceleración esperada y que, además, de acentuarse podrían hacer que el escenario central para la economía mundial dibujado por los expertos termine siendo incluso peor. El principal factor de incertidumbre sigue siendo la guerra comercial entre EE UU y China. “El incremento de los aranceles puede tener implicaciones no solo sobre el ciclo económico sino también sobre la estructura productiva actual, la cual está basada en el libre comercio. Ese cambio haría que el impacto de la guerra comercial sobre la economía fuese aún mayor”, dicen en Natixis.

Razones para frenar la tensión

A pesar de que el fantasma de una escalada en el pulso arancelario sigue muy presente, la última cumbre del G-20 celebrada en Argentina hace que algunos expertos sean ahora más optimistas que hace unos meses respecto a la evolución de la actividad comercial en 2019. “El argumento a favor de un acuerdo es que China estará deseosa de llegar a un pacto que le dé un respiro. Con sus últimas sanciones, Washington ha mostrado que puede cerrar grandes empresas chinas en un instante, amenazando todo el plan de semiconductores de Pekín y poniendo en peligro a Huawei, su empresa nacional de telecomunicaciones. Por otro lado, Donald Trump necesita una victoria propia de un gran estadista, como el hombre que domó China, que le sitúe en una buena posición de cara a las elecciones presidenciales de 2020”, comenta Andbank en su informe de estrategia.

Si la tensión en torno a la guerra comercial podría aminorarse, todo lo contrario ocurre con el Brexit. La retirada del Reino Unido de la Unión Europea se materializará del 29 de marzo de 2019 a las 11 de la noche (hora de Londres). El Gobierno de Theresa May y Bruselas han llegado a un acuerdo de salida, pero su refrendo se encuentra atascado en el parlamento británico. Lo que antes parecía improbable, un Brexit duro, coge cada vez más cuerpo a medida que la cuenta atrás se aproxima a su fin. “Si se lleva a cabo una salida sin acuerdo, el daño a la economía británica sería considerable: el crecimiento podría caer un 5% de media, e incluso un 8% si otros socios comerciales como EE UU tardan en firmar nuevos acuerdos”, avisan en UBP. Y está claro que la onda expansiva no se limitaría a la isla. “Cabe esperar que a última hora se logre un acuerdo de transición, que esencialmente dé lugar a pocos cambios reales”, sugiere León Cornelissen, economista jefe de Robeco.

Otro foco de incertidumbre viene de la mano de los bancos centrales. La bajada de tipos de interés y las medidas monetarias heterodoxas como la compra masiva de deuda pública inundaron el sistema de liquidez y sacaron al mundo de la recesión provocada por la crisis financiera. Esa era de estímulos a gran escala, sin embargo, llega a su fin. “Por primera vez en casi una década, el balance agregado de los bancos centrales se reducirá. Habrá que acostumbrarse a vivir sin el apoyo del quatitative easing. Esta normalización monetaria llega además en un momento en el que la economía mundial crecerá por debajo de su potencial tras una larga racha alcista”, describen los expertos de Unigestion.

La Reserva Federal, pese a las presiones de Trump, ha subido en cuatro ocasiones los tipos en EE UU en 2018, situándolos en una banda entre 2,25% y el 2,5%. El organismo que preside Jerome Powell —que en paralelo lleva más de un año amortizando la deuda que tenía en su balance— baraja para el próximo año subir los tipos en dos ocasiones más. Por su parte, el Banco Central Europeo (BCE) ha puesto fin al programa de estímulos —más de 2,6 billones de euros—, aunque no se espera que encarezca el precio del dinero, como muy pronto, hasta el último trimestre de 2019. “Es probable que el BCE haya dejado para demasiado tarde la normalización de los tipos de interés y que con el tiempo considere que ha perdido una gran oportunidad al no haberlo hecho en 2018. La región podría verse atrapada en un entorno de tipos bajos y escasa munición monetaria para hacer frente a la próxima recesión”, advierte Keith Wade, economista jefe de Schroders.

Atentos a la inflación

Los grandes bancos centrales han diseñado una hoja de ruta que contempla una retirada muy gradual de la liquidez para no causar un cortocircuito en una economía que se ha acostumbrado a la barra libre del dinero barato. De momento ese plan se está pudiendo cumplir gracias a que el largo ciclo de crecimiento se ha desarrollado sin despertar grandes tensiones inflacionistas. Los pronósticos para 2019 apuntan a un ligero repunte de los precios en las principales economías, impulsados por revisiones al alza de los salarios, aunque no mucho más allá del 2%, umbral que hace saltar las alarmas en los bancos centrales (y acelerar las subidas en los tipos de interés). La caída de los precios energéticos —la cotización del barril de brent, crudo de referencia en Europa, se ha abaratado casi un 40%— también contribuye a relajar las presiones sobre el IPC.

“Es cierto que la subida de los salarios empieza a acelerarse debido a la caída del desempleo en las principales economías”, reconocen los expertos de Pimco, el mayor inversor en deuda pública del mundo. “Sin embargo, el aumento de la productividad puede moderar las presiones sobre los costes laborales. Además, el incremento de la competencia y la transparencia en el mercado de bienes debido al efecto Amazon probablemente mantengan controlados los precios”, añaden desde Pimco.

2018 ha sido el año del dólar. El billete verde se ha apreciado un 5,7% frente al euro desde euro. Los giros bruscos en la divisa estadounidense suelen desestabilizar la economía mundial y los mercados financieros. La solidez del dólar, como se vio en el primer semestre de este año, puede ejercer fuertes presiones sobre aquellas economías, sobre todo emergentes, que necesitan financiación en dólares a tipos bajos. Por su parte, una debilidad pronunciada de esta moneda ejerce presión sobre aquellos países más exportadores como Alemania y Japón, y agita el espectro de la inflación, pues los precios de las materias primas suelen subir durante esta etapa. La situación óptima para la economía mundial, por tanto, consiste con épocas de estabilidad para el dólar, justo lo que pronostican la mayor parte de los expertos para 2019 gracias sobre todo a la divergencia en las políticas monetarias. “Habida cuenta de que la Fed ya ha avanzado con las medidas de endurecimiento, y el BCE y el Banco de Japón habrán de equipararse gradualmente, es muy posible que el dólar se mantenga estable”, apuntan en Credit Suisse.

Uno de los efectos secundarios de los chutes de liquidez aplicados para dejar atrás la Gran Recesión es el considerable aumento de los niveles de endeudamiento, tanto en el sistema público como en el ámbito privado. “Gobiernos y empresas son ahora más vulnerables a un endurecimiento de las condiciones financieras”, reconoció la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, hace tan solo unos meses. La deuda total acumulada en el mundo es un 60% superior a la que había en 2007, justo antes del estallido de la crisis financiera, y equivale a 182 billones de dólares.

En cualquier caso, como recuerdan los expertos de Bankinter, las recesiones vienen precedidas o provocadas cuando, además de un nivel de deuda desproporcionado respecto al tamaño de una economía, también se dan simultáneamente otros factores como un alto coste de financiación, que encarece sobremanera el pago de los préstamos, así como la existencia de fuertes desequilibrios económicos en forma de un déficit fiscal o por cuenta corriente excesivo. “La coincidencia de estas tres señales hoy no se produce, por lo que no creemos que pueda defenderse la proximidad de una recesión desde un punto de vista objetivamente razonado”, concluyen.

 


Janet Henry (HSBC): “El crecimiento mundial ha tocado techo”

 

DAVID FERNÁNDEZ

 

Janet Henry (Bristol, Reino Unido, 1969) pilota el área de previsiones económicas de uno de los mayores bancos del mundo: el HSBC. Desde su atalaya privilegiada vislumbra un frenazo en la economía mundial, pero no ve riesgo de recesión por el momento.

Pregunta. El consenso de mercado afirma que la economía mundial crecerá menos el próximo año. ¿Está de acuerdo?
Respuesta. Sí. El crecimiento mundial ha tocado techo. Esto sirve también para EE UU que en 2019 todavía crecerá por encima de su potencial, ayudado por los recortes de impuestos. En Europa los datos del tercer trimestre fueron peores de lo esperado, lastrados por la situación en Alemania, aunque se espera una recuperación en el cuarto trimestre. Un caso similar lo detectamos en China: el año comenzó muy fuerte pero ahora vemos una evolución más lenta, aunque las autoridades chinas han reaccionado para que la situación no se les vaya de las manos, sobre todo con un mayor gasto en infraestructuras. Creemos que estos estímulos seguirán en 2019, facilitando el acceso al crédito selectivo y el recorte de las tasas.

P. ¿También detecta este cansancio económico en las economías emergentes? ¿Qué presión tiene para Latinoamérica?
R. En Latinoamérica hay una serie de factores específicos que afectan según sea el país que analicemos. Argentina, por ejemplo, está en recesión, aunque esperamos que revierta la situación en la segunda mitad de 2019. En Brasil la evolución dependerá en gran medida de si el nuevo gobierno de Jair Bolsonaro logra implementar las reformas estructurales necesarias. Si consigue realizar cambios es posible que el sentimiento de los inversores internacionales mejore. Numerosos países de esta región, al igual que las economías emergentes, se han visto afectados por las subidas de tipos en EE UU. En la medida que ya han sufrido buena parte del ajuste este año, se podría experimentar una aceleración de estas economías en el transcurso de 2019.

P. Usted, como la mayoría de economistas, solo hablan de que habrá un ritmo menor de crecimiento, pero ¿cómo de lejos ve la próxima recesión?
R. Es verdad que estamos en una fase avanzada de un largo ciclo económico. En EE UU, concretamente, es el segundo de mayor duración desde la Segunda Guerra Mundial. No sería inusual que a una expansión de una década al final de un ciclo de ajuste de la Fed [Reserva Federal] le siga una recesión. En este momento, nuestras proyecciones, que se extienden hasta 2020, no incluyen una recesión, ya que esperamos que la Fed se ajuste con cautela y mantenga los tipos en espera en la segunda mitad de 2019. Es poco probable que la Fed se sorprenda por la inflación porque, aunque los salarios aumentan gradualmente, el impacto se ve contrarrestado por una mayor productividad y parte de este impacto se hará notar en los márgenes de beneficios. No obstante, estamos pronosticando una desaceleración más marcada en 2020 a medida que el estímulo fiscal se desvanezca.

P. Si tuviera que quedarse con los tres grandes riesgos que se ciernen sobre la economía mundial, ¿cuáles elegiría?
R. El principal riesgo diría que son las tensiones comerciales. En las últimas décadas hemos visto cómo el desarrollo de cadenas de producción globales ha mejorado el nivel de vida de la gente y ha traído mayores niveles de eficiencia. Fuera de EE UU, otro punto de tensión son las subidas de los tipos de interés, sobre todo en aquellas economías con un déficit elevado, en los países con mucha deuda denominada en dólares o aquellos que dependen mucho de los flujos de capital exterior.

P. Como ha recordado varias veces el banco central de EE UU está en plena fase de retirada de estímulos y el BCE comenzará a imitarle. ¿Cree que es posible drenar toda la liquidez que hay en el sistema sin que la economía mundial descarrile?
R. Esperamos tres subidas de tipos más de la Fed en 2019. Además, en los próximos meses deberá tomar una decisión sobre si sigue o no reduciendo el tamaño de su balance. Esta política ya está teniendo impacto en el sentimiento de los inversores, aunque la Fed podría tomarse un respiro. En cuanto al BCE, es verdad que ha anunciado su intención de normalizar su política monetaria, pero todavía no está claro cómo de lejos llegará con este plan. De momento, los mercados financieros no esperan subidas en los tipos de la zona euro hasta 2020

P. ¿Cree que tanto los bancos centrales como los gobiernos se han quedado sin herramientas monetarias y fiscales para combatir la próxima crisis?
R. Es verdad que ahora tanto los bancos centrales como los políticos están más limitados a la hora de responder con medidas convencionales cuando llegue la próxima crisis. Durante las contracciones económicas, la Fed ha bajado de media los tipos en EE UU en 500 puntos básicos. Nuestra previsión es que el precio del dinero llegue al 2,75%-3%, por lo que no podrán bajar tanto los tipos en la próxima desaceleración pero, por lo menos, la Fed será capaz de recortar más que el BCE o que el Banco de Japón. Por ello, creo que asistiremos a más experimentos con los tipos en negativo y mayor colaboración entre bancos centrales y gobiernos porque la opción más evidente será una política fiscal más flexible.

P. ¿En qué consistirían esos experimentos?
R. El llamado helicóptero del dinero será sin duda considerado de nuevo. De todas formas, siempre hay nuevas medidas que se pueden poner en práctica. Ahora todo el mundo habla con naturalidad del Quantitative Easing [expansión cuantitativa de la base monetaria], pero en 2010, cuando empezó a estudiarse como nueva fórmula contra la crisis, era un territorio por explorar para los bancos centrales de todo el mundo. Otra cuestión distinta es si la próxima gama de instrumentos de política con los que se experimentará será efectiva.

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EE UU acusa a agentes chinos de robar secretos comerciales a 12 países

El Departamento de Justicia informa de que los ciberataques se dirigieron a varias agencias gubernamentales y a corporaciones estadounidenses, europeas y asiáticas

El Departamento de Justicia de Estados Unidos ha acusado este jueves a dos agentes chinos de realizar ciberataques desde el 2006 a varias agencias gubernamentales estadounidenses y 45 empresas en una docena de países de Europa y Asia. Las autoridades aseguraron que Zhu Hua y Zhang Jianguo lideraron “una campaña global de intrusión informática" para robar datos confidenciales y secretos comerciales "sensibles" en asociación con el Ministerio de Seguridad del Estado de China.

 

"El objetivo de China, en pocas palabras, es reemplazar a EE UU como la superpotencia líder del mundo, y están usando métodos ilegales para llegar allí", sentenció el director del FBI Christopher Wray. Los documentos judiciales denuncian que los presuntos piratas informáticos consiguieron los datos personales (nombre, número de Seguridad Social y salario, entre otras) de unos 100.000 miembros de la Armada estadounidense. También robaron información sensible de parte del equipo de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio, más conocida como NASA, y a Proveedores de Servicios Gestionados (MSP, en inglés), que son empresas que otras compañías contratan para almacenar, procesar y proteger datos comerciales, por lo general confidenciales. Entre las que han sido víctimas de los ataques figuran firmas bancarias y financieras, de telecomunicaciones, biotecnológicas, compañías dedicadas a la minería y a la exploración de petróleo y gas, entre otras.


La acusación aclara que a pesar de que los piratas trabajaban para una compañía china llamada Compañía de Desarrollo de Ciencia y Tecnología Huaying Haitai, no hay dudas sobre una presunta autorización y dirección del régimen chino sobre la ofensiva.


El número dos del Departamento de Justicia, Rod Rosenstein, anunció los cargos en Washington y especificó que los ataques también han afectado a otros países que están tomando medidas. Los presuntos criminales formaban parte de un escuadrón de piratería conocido como "Amenaza Persistente Avanzada 1o" o "Panda de Piedra", apuntaba la acusación presentada por los fiscales federales de Manhattan. Los dos agentes chinos ahora se enfrentan a una serie de cargos, incluido el de fraude electrónico y el robo de identidad agravado. La imputación busca ser una respuesta a la "agresión económica de China" y sus "ciberactividades ilegales".


China, a través de su Ministerio de Asuntos Exteriores, negó tajantemente estas acusaciones e instó a Estados Unidos a "dejar de desprestigiar a China en cuestiones de ciberseguridad". La portavoz del organismo, Hua Chunying, pidió la retirada de estos cargos "para evitar daños graves a las relaciones" entre ambos países. El Gobierno chino, dijo, "nunca ha participado o apoyado a otros para robar secretos comerciales" y puso bajo sospecha las prácticas en materia de ciberseguridad por parte de Washington: "Es un secreto a voces desde hace tiempo que Estados Unidos dirige una red a gran escala de robo y vigilancia contra gobiernos, empresas e individuos en el extranjero", informa Xavier Fontdeglòria.


Los acusados, según Estados Unidos, emplearon una técnica en la que engañaban a los usuarios de computadoras de las oficinas comerciales y gubernamentales para que abrieran correos electrónicos infectados con malwarey les daban acceso a los detalles de inicio de sesión y contraseña. Ese tipo de virus informático fue el mismo que se empleó en el ciberataque global el año pasado conocido como ransomware y que afectó a países como España, Portugal, Reino Unido y Rusia.


La investigación que identificó a los dos agentes fue coordinada entre EE UU y sus aliados en Europa y Asia. En conjunto también condenaron a China por presuntamente violar un acuerdo del 2015 sobre no participar en campañas de ciberataques. El gigante asiático se comprometió en un encuentro con el entonces presidente Barack Obama y también durante la Cumbre del G20 a "no efectuar ni apoyar el robo de propiedad intelectual o secretos comerciales mediante soportes cibernéticos".


A las condenas de Estados Unidos se sumaron las de Reino Unido y se espera que Australia, Canadá, Japón y Alemania también se pronuncien. Todos ellos han sido objeto de la campaña de espionaje de 12 años de los agentes chinos. Esta respuesta forma parte de un impulso cada vez mayor de EE UU y sus aliados en Europa y Asia de enfrentar a China por su supuesta agresión en las esferas económicas y militares.

 

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China suaviza sus represalias comerciales contra Estados Unidos

Pekín reduce los aranceles a la importación de coches norteamericanos para favorecer las negociaciones

Los primeros gestos derivados de la tregua comercial acordada entre Estados Unidos y China llegan desde Pekín. Las autoridades del país asiático han suavizado parte de sus represalias comerciales contra Washington, impuestas en los últimos meses, y este viernes han anunciado que suspenderán los aranceles adicionales a coches y autopartes estadounidenses durante tres meses a partir del próximo 1 de enero. La decisión busca facilitar las negociaciones de cara a un acuerdo definitivo con la Administración de Donald Trump. Se trata, más que de concesiones, de medidas destinadas a normalizar las relaciones entre ambas potencias, enrocadas en un conflicto que trasciende del mero intercambio desequilibrado de mercancías.

La tasa actual de los vehículos fabricados en EE UU, situada en el 40%, se reduce hasta el 15%, es decir, el mismo nivel que pagan los consumidores por coches producidos en cualquier otro país fuera de China. Pekín también estaría planteando la posibilidad de suavizar su polémico programa de reconversión industrial Made in China 2025 para que sea más abierto a las empresas extranjeras, según la agencia Reuters, aunque el objetivo del país de dominar las tecnologías del futuro sigue en pie.


China, según han informado desde Estados Unidos, ha reanudado también sus compras de soja, una de las grandes partidas afectadas por los aranceles que impuso Pekín como represalia a los de Washington. Es la primera gran compra de este grano (entre 1,5 y 2 millones de toneladas) desde que hace aproximadamente seis meses Pekín ordenó cerrar el grifo y las importaciones de soja estadounidenses se desplomaron en cuestión de días. Los 90 días de tregua firmados por ambos presidentes, Donald Trump y Xi Jinping, tenían que ir acompañados del compromiso de China de comprar “una cantidad sustancial” de productos estadounidenses, principalmente agrícolas, con lo que Pekín parece estar cumpliendo con su parte.


Estas medidas se interpretan como un gesto de buena voluntad por parte de Pekín para allanar el terreno a las conversaciones que probablemente comenzarán formalmente después de año nuevo. Es una forma de minimizar daños, y de volver al punto de partida en algunos casos, pero ninguna de las medidas supone una victoria para Trump. Las importaciones de soja difícilmente volverán a los niveles de hace unos meses a corto plazo y los aranceles a los coches, de finalmente ser bajados, quedarían al mismo nivel que en mayo.


El martes, Trump tuiteó que las conversaciones con China estaban siendo “muy productivas” y auguró “anuncios muy importantes” al respecto, sin dar más detalles. Lo cierto es que por ahora lo acordado entre Washington y Pekín —públicamente— es de poco calado. En mayo, ambos países fraguaron un pacto parecido basado en el aumento de compras por parte de China de productos estadounidenses, aunque sin cifras concretas. Precisamente esta vaguedad provocó que Trump lo echara abajo 10 días después.


Los movimientos de Pekín han insuflado cierto optimismo en los mercados financieros. Y muestran que ambas delegaciones han estado en contacto telefónico esta semana, según ha confirmado Pekín, a pesar de las tensiones derivadas del arresto en Canadá de la influyente vicepresidenta de Huawei, Meng Wanzhou.


Pero llegar a un acuerdo que satisfaga a ambas partes se antoja complicado. Además del desequilibrio comercial, entran en juego cuestiones como las medidas de protección de la propiedad intelectual en China o el enfoque del plan de modernización industrial del país, ambos escollos insalvables hasta ahora.


“Al final dependerá de lo que el Gobierno chino quiera conceder de esta larga lista de demandas. Creo que cualquier respuesta a Estados Unidos debería centrarse en detener esta guerra comercial, siempre con la condición de que China no aceptará ultimátums y que debe ser una negociación por fases. Si el Gobierno chino cree que son demandas aceptables, puede funcionar. No hay que olvidar que China nunca ha querido esta guerra comercial”, asegura Yu Yongding, investigador de la Academia China de Ciencias Sociales.
China aguanta el golpe de los aranceles


Los datos de aduanas de noviembre muestran que los importadores de China han sido más rápidos en adaptarse a los aranceles que impuso su Gobierno a los productos estadounidenses en comparación con sus contrapartes americanos. Las exportaciones de productos chinos a Estados Unidos crecieron un 9,8% interanual, lo que demuestra que la demanda de mercancías de este país en suelo americano se mantuvo fuerte pese a los gravámenes que afectan a muchos de ellos. En cambio, las importaciones de productos estadounidenses a China cayeron el mes pasado hasta un 25% en comparación con el mismo periodo del año anterior.


Este pronunciado desequilibrio ha provocado que el superávit comercial de China frente a Estados Unidos haya alcanzado los 35.600 millones de dólares (31.300 millones de euros), una cifra que supone un máximo histórico.

Por Xavier Fontdeglòria
Pekín 14 DIC 2018 - 09:50 COT

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En Canadá, partidarios de China con banderas frente a la Corte Suprema durante el tercer día de una audiencia de fianza para Meng Wanzhou.Foto Ap

La batalla por la hegemonía prosigue en el planeta con su nuevo binomio confrontativo entre globalistas y nacionalistas, en el que concurre la añeja dicotomía de izquierda contra derecha, donde convergen las medievales bifurcaciones de cristianos contra musulmanes –a las que se agregan subfracturas de evangelistas contra católicos y/o cristianos ortodoxos, además de sunitas contra chiítas.

Estas añejas y nuevas dicotomías serán superadas por la nueva guerra tecnológica de la inteligencia artificial que ya empezó entre EU y China, como reflejo de la Cuarta Revolución Industrial y la “Guerra High-Tech de EU vs China” mediante el secuestro judicial de la hija del dueño de Huawei” (http://bit.ly/2E6LhPA).


Réseau Voltaire considera que la verdadera causa es que Huawei utiliza un sistema de encriptación que impide a la NSA de EU interceptar los teléfonos móviles de esa marca china. Fuera del mundo occidental, los gobiernos y servicios secretos de numerosos países han comenzado a equiparse con material de telecomunicaciones de la marca china Huawei para garantizar la confidencialidad de sus comunicaciones(http://bit.ly/2zRihZi).


Existen señales encontradas en la supuesta tregua de la guerra comercial entre EU y China. The Washington Post –propiedad de Jeff Bezos, dueño de Amazon– alega que “Trump está por condenar a China sobre hackeo y espionaje económico”, como disuasión de los intentos de China para desplazar a EU como el principal líder en tecnología (https://wapo.st/2zVslQT), mientras The Wall Street Journal, muy cercano a Trump, anuncia el reinicio de una nueva ronda de negociaciones comerciales del vice-primer chino Liu He con el secretario del Tesoro Steven Mnuchin y el representante comercial Robert Lighthizer para reanudar la compra de productos agrícolas por China (https://on.wsj.com/2zRhyHy).


Asombra que China no haya suspendido las negociaciones pese al secuestro judicial, mientras el juez canadiense a cargo de la detención de la princesa tecnológica Meng Wanzhou, con falacias pueriles –sus negocios con Irán que supuestamente hubieron violado las sanciones de EU.


Según Bloomberg, China está a punto de recortar las tarifas a los carros estadunidenses de 40 por ciento a 15 por ciento, lo cual es una sonada concesión de Pekín (https://bloom.bg/2zSMiYH), y quizá constituya un quid pro quo para la liberación de la princesa china.


Ha quedado claro que lo que está en juego es el liderazgo azorante de Huawei en el mercado 5G donde casi mil 200 millones de personas en el mundo operarán sus redes en 2025, con 30 por ciento proveniente de China que se posicionará como el mayor mercado 5G del mundo, en la nueva era de la economía digital.Ya en 2017 se calcula(ba) su valor en casi 4 billones de dólares, equivalente a la tercera parte del PIB de China(http://bit.ly/2zSlebU).


El portal chino Global Times considera que la persecución de la anglósfera y sus 5 ojos espías –EU/Canadá/Gran Bretaña/Australia/Nueva Zelanda–, a quienes se ha sumado Japón, tendrá efectos negativos sobre Qualcomm, Microsoft e Intel debido a que Huawei es el mayor proveedor del equipo 5G en el mundo.


Nada veladamente Global Times amenaza de que también China puede restringir a las trasnacionales de EU de entrar al mercado chino.


A mi juicio, la verdadera batalla del 5G será librada en Europa (500millones de habitantes), hoy fracturada, e India (más de mil 300 millones de habitantes). Es curioso que la guerra digital por el alma del 5G se haya vuelto también demográfica.


Un editorial del Global Times fustiga que EU y Canadá corren el riesgo de abrir una caja de Pandora y aduce que la detención de Meng es susceptible de provocar un impacto fatal (sic) en el orden global comercial (http://bit.ly/2zRi0Wg).


A mi juicio, China en forma prudente no ha tomado aún represalias deteniendo en forma absurda a los empresarios de las trasnacionales de EU que obtienen la mayor parte de sus ganancias en Pekín (http://bit.ly/2zU5yVv) y quienes no están de acuerdo con la guerra comercial de Trump ni en su forma tan rupestre de negociar.


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Lunes, 10 Diciembre 2018 06:14

La nueva guerra fría es tecnológica

La nueva guerra fría es tecnológica

El caso de la detención de la vicepresidenta de Huawei muestra la creciente tensión entre EE UU y China por liderar el futuro del desarrollo económico y estratégico

“Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”, dicen que decía Arquímedes en el siglo III a. C. En el siglo XXI, el punto de apoyo clave que mueve el mundo es la tecnología. Y Estados Unidos y China se encuentran inmersos en una lucha campal por su liderazgo. Una contienda que se encuentra en la base de su guerra comercial, y en la que casos como el de la detención de la vicepresidenta de Huawei el pasado 1 de diciembre en Canadá, acusada por Washington de violar las sanciones impuestas a Irán, por lo que EE UU pide su extradición, o la renuncia del fabricante estadounidense Qualcomm a la compra de la holandesa NXP por no tener el visto bueno de los reguladores de la competencia en China muestran la disputa entre ambos países.


Este mismo fin de semana, Pekín elevaba la tensión: convocó al embajador canadiense en esta capital, John McCallum, para comunicarle la "enérgica protesta" de su Gobierno por la detención de la directora financiera de Huawei, Meng Wangzhou. En un comunicado de su Ministerio de Exteriores, advertía a Ottawa de "graves consecuencias" si no se pone en libertad a la hija del fundador de la compañía.


Aunque estos casos no serán los últimos: pese a que China y EE UU sellen un acuerdo comercial en los próximos meses, es improbable que se resuelvan las crecientes tensiones sobre el control de la tecnología porque lo que está en juego es la seguridad nacional —según alegan los implicados— y el dominio mundial.


La modernización industrial de China durante la última década es evidente. En 2017 fue el país del mundo que registró más patentes (un 43,6% del total), más del doble que Estados Unidos, según datos de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual. Su gasto en investigación y desarrollo representó en 2016 el 2,1% de su PIB frente al 1,4% registrado diez años atrás. Varias compañías tecnológicas chinas se han hecho un hueco en el panorama internacional y el país es una pieza clave en la cadena global de suministros. Está a la vanguardia en tecnologías emergentes como la inteligencia artificial, el blockchain o la criptografía cuántica.


En parte, este auge nace de la mera necesidad. Con una población envejecida —es el país que más rápidamente se está haciendo mayor del mundo: en 2030 una cuarta parte de sus habitantes tendrá más de 60 años—, necesita encontrar alternativas a un modelo que hasta ahora primaba la mano de obra abundante, barata e incansable.


Y en parte, China quiere romper la llamada “trampa de los ingresos medios”, la maldición que no han logrado evitar muchas otras economías emergentes, incapaces de aumentar su PIB per cápita más allá de un cierto nivel. Para ello, ha concluido, necesita desarrollar tecnologías propias, que no le hagan depender de otros países para el desarrollo de sus grandes empresas.


En 2015 aprobó su plan estratégico conocido como Made in China 2025, una iniciativa de diez años para modernizar su base manufacturera mediante el desarrollo de diez sectores clave de alta tecnología. Entre ellos, la robótica, los vehículos alimentados por nuevas energías, la aeronáutica espacial, la inteligencia artificial o la tecnología de la información. Según los objetivos que se ha marcado, para 2025 Pekín aspira a una autosuficiencia del 70% en los sectores de alta tecnología. Hacia 2049 aspira a ocupar una posición dominante en los mercados mundiales. En esa fecha la República Popular de China cumplirá 100 años y para entonces el presidente chino, Xi Jinping, se ha marcado el objetivo de que su país sea una gran potencia global.


Con el fin de conseguirlo, el plan alienta la inversión china en sectores estratégicos en el extranjero, ha movilizado a sus mastodónticas empresas estatales e incluye jugosos subsidios, incentivos fiscales y créditos a interés favorable.


El Made in China 2025 ha suscitado serias dudas en occidente, que ya arrastraba de antaño quejas sobre el considerable control estatal de la economía. Las normas que obligan a las empresas extranjeras a asociarse con una compañía local para entrar en el mercado chino se encuentran entre las más criticadas, dado que, según estos países, obliga a un traspaso forzoso de tecnología. Los subsidios y las ventajas a las empresas estatales imposibilitan también que las firmas foráneas puedan competir en condiciones de igualdad.
Recelos de occidente


A estos recelos generales se suma, en el sector tecnológico, la prevención occidental contra la reciente ley de ciberseguridad en China, que obliga a las empresas a almacenar los datos obtenidos en China en servidores que se encuentren en territorio de este país, muchas veces controlados por empresas de capital público.


Pero, de momento, China sigue sin controlar muchas de las tecnologías clave de sus industrias y tiene la necesidad de importarlas desde el extranjero. Esta circunstancia ha jugado en su contra en varias ocasiones, especialmente cuando intervienen las disputas políticas. En abril, el Departamento de Comercio de Estados Unidos prohibió a la empresa china ZTE, una importante tecnológica china, comprar componentes de ese país por haber vendido productos a Irán y a Corea del Norte, algo que quebrantaba el embargo impuesto por EE UU a estos dos países. La medida dejó a ZTE al borde de la quiebra y, pese a ser finalmente suavizada, supuso una severa advertencia para Pekín de lo que está por venir: “En el pasado nos apretamos el cinturón y los dientes, y construimos las dos bombas (atómica y de hidrógeno) y un satélite… En el próximo paso de abordar las tecnologías, debemos dejar de lado las ilusiones y depender de nosotros mismos”, dijo Xi al respecto.


“Es posible anticipar la emergencia de dos polos rivales, el uno liderado por Estados Unidos, el otro por China, cada uno dotado de sus redes de infraestructuras”, apunta un informe del Instituto Francés de Relaciones Internacionales (IFRI) sobre la Ruta de la Seda, en el que se abordan también las prioridades tecnológicas de Pekín. “La emergencia de dos polos distintos, que cohabitarían sin integrarse, es factible si Estados Unidos y China se hacen menos interdependientes económicamente de lo que son hoy día”, agrega el documento. Hoy por hoy, ese futuro parece aún distante. Pero ya no descabellado.

 

La batalla del 5G
Una parte importante de esta visión enlaza con el ambicioso plan chino de infraestructuras en todo el mundo conocido como Nueva Ruta de la Seda. En 2015 Pekín propuso una “Ruta de la Seda digital”, que incluye el tendido de conexiones de fibra óptica, telecomunicaciones y redes de información vía satélite, entre otros factores. La tecnología 5G y sus estándares forman una parte clave de este proyecto: según algunos cálculos, citados en el informe del IFRI, las empresas chinas ya cuentan con un 10% de las 1.400 patentes consideradas esenciales para esta tecnología. Los medios chinos calculan que para 2026, este sector estará valorado en unos 180.000 millones de dólares. Y en este sector, Huawei se describe como un “arquitecto clave”.


Pero temores sobre la posibilidad de una "puerta de atrás" en la tecnología de Huawei que permita a las autoridades chinas acceder a los datos de sus usuarios ha suscitado las reservas de los Gobiernos occidentales.Tras las advertencias del vicepresidente de la Comisión Europea para el Mercado Único Digital, Andrus Ansip, ahora es Japón el que se plantea prohibir las compras gubernamentales de equipos de Huawei, según el diario Yomiuri Shimbun. Las agencias de inteligencia de EE UU acusan al gigante de las telecomunicaciones chino de tener vínculos con el Gobierno de Pekín.


Huawei rechaza "categóricamente" esas acusaciones. "Somos parte de la solución, no del problema. Ningún Gobierno le ha pedido a Huawei que construya puertas traseras ni interrumpa ninguna red y nunca toleraríamos tal comportamiento por parte de ningún empleado de la compañía", ha indicado en un comunicado.

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Domingo, 09 Diciembre 2018 05:28

Canadá, en medio de la guerra comercial

Wanzhou siempre se caracterizó por su discreción.

El Ministerio de Asuntos Exteriores de China convocó al embajador de Canadá en Beijing, John McCallum, a quien le presentó una fuerte protesta y le advirtió sobre las consecuencias de no liberarla. La acusan de engañar a bancos de EE.UU.

 

En una nueva escalada del conflicto, China advirtió a Canadá que habría graves consecuencias si no libera de inmediato a la directora financiera de Huawei, Meng Wanzhou, detenida desde hace una semana por pedido de Estados Unidos. El Ministerio de Asuntos Exteriores de China convocó al embajador de Canadá en Pekín, John McCallum, a quien le presentó una fuerte protesta y le advirtió sobre las consecuencias de no liberarla. “Tal iniciativa ignora la ley y es irracional, inadmisible y vil”, afirmó el viceministro chino de Relaciones exteriores, Le Yucheng. El responsable chino también calificó esta detención de grave violación a los derechos de la empresaria de 46 años. “China insta encarecidamente a la parte canadiense a que libere de inmediato a la persona detenida y proteja seriamente sus derechos legítimos. De lo contrario, Canadá debe aceptar la responsabilidad total por las graves consecuencias causadas”, finaliza el texto.


La directora financiera del gigante tecnológico e hija del fundador, fue arrestada en Vancouver, Canadá, el primero de diciembre en una escala de Hong Kong a México. Las autoridades estadounidenses alegan que Huawei utilizó a la empresa SkyCom para violar las sanciones impuestas a Irán, por lo que solicitó a Canadá el arresto y extradición de la directora financiera. Según se supo el viernes luego de la primera audiencia, la empresaria enfrenta cargos de fraude por presuntamente mentir a los bancos sobre el uso de su supuesta subsidiaria SkyCom. Por ellos enfrenta una posible condena de más de 30 años de prisión. Según el Tribunal, Wanzhou habría mentido a los bancos entre 2009 y 2014. Además, por un posible peligro de fuga el fiscal canadiense John Gobb- Carsley rechazó el viernes el pedido de libertad bajo fianza. Según el fiscal, Huawei engañó a bancos estadounidenses para que pensasen que Huawei y Skycom son dos empresas distintas. En su defensa, Wanzhou explicó que Huawei vendió Skycom en 2009. Además, el abogado del gobierno canadiense sugirió que Wanzhou evitó a Estados Unidos desde que supo de la investigación sobre el asunto. La ejecutiva se presentará mañana ante un juez canadiense, en el preludio de un proceso de extradición que podría llevar meses o incluso años.


Al conocerse la detención, el ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, denunció que se trata de otro ejemplo de lo que calificó como política de Potencia Grande de Estados Unidos. “Tenemos que terminar con esto”, exigió Lavrov durante una conferencia de prensa. “Según tengo entendido, fue detenida en Canadá por una solicitud estadounidense debido al hecho de que esta empresa hace negocios en Irán. Y esto está prohibido por la ley estadounidense. ¿Y eso qué tiene que ver con China? ¿Qué tiene que ver con eso Huawei?”, se preguntó.


La detención de la directora financiera de fue noticia mundial desde que las autoridades canadienses confirmasen el hecho el pasado miércoles. Su caso cobró mayor relevancia por su potencial desestabilizador sobre las relaciones entre Washington y Beijing, justo en el momento en que ambas partes parecían estar más cerca de lograr un acuerdo comercial que ponga fin a la guerra arancelaria.


Ante las críticas de China, país con el que Canadá intenta fortalecer los lazos comerciales, el Primer Ministro canadiense, Justin Trudeau, aseguró que la decisión de arrestar a la ejecutiva china fue tomada por la justicia canadiense a pedido de la justicia estadounidense, sin ninguna intervención política desde Ottawa. “Fuimos avisados del procedimiento judicial algunos días antes del arresto”, reconoció Trudeau el jueves. “No he hablado con mis colegas chinos sobre esto”, agregó.


Los productos de Huawei son utilizados por operadores telefónicos de todo el mundo, incluidos Europa y África. Pero el grupo está experimentando contratiempos en Estados Unidos, donde se le prohibió participar en proyectos de infraestructura por razones de seguridad nacional y temores de espionaje de Pekín. Los temores también se expandieron a la Unión Europea que afirmó que tenía razones para preocuparse “por los riesgos que empresas de tecnología chinas como Huawei representaban para la seguridad”. En tanto Japón advirtió que podría dejar de usar tecnología de la empresa china a partir del mañana.


El padre de Meng Wanzhou, Ren Zhengfei, exingeniero del ejército chino, fundó Huawei en 1987 con un capital inicial de algunos miles de dólares. A sus 74 años sigue presidiendo el grupo ubicado en el 72ª lugar de las primeras 500 empresas mundiales según Fortune, con un volumen de negocios anual de 80.000 millones de euros (U$D 90.000 millones). Por su parte, Wanzhou empezó como secretaria. Los dirigentes de Huawei aseguran que la promoción dentro de la empresa depende del mérito. Luego obtuvo un diploma de gestión en China y entró en los servicios financieros de la empresa. Según la prensa China, Wanzhou siempre se caracterizó por su discreción hasta el punto de que pocos conocían quién era su padre. “Ren Zhengfei es un jefe en el trabajo, y un padre en casa” declaró Meng a la prensa china, al intentar demostrar que su ascenso no respondía al vínculo “hija de”.

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Maduro pide a Putin respaldo económico y político

Moscú. En el contexto de creciente deterioro de la relación entre Rusia y Estados Unidos, que favorece el acercamiento de Moscú y Caracas, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, vino a la capital rusa este miércoles para pedir a su homólogo, Vladimir Putin, respaldo político y comprensión ante las dificultades que enfrenta el país latinoamericano –cada vez más acosado por Washington– para cumplir los compromisos con sus acreedores rusos.


Lo primero, por así convenir a ambos países en medio de un escenario internacional cada vez más adverso para ellos, se hizo público desde el primer momento del encuentro de los mandatarios.


Entendemos y sabemos que la situación en Venezuela sigue siendo muy complicada. Apoyamos sus esfuerzos por lograr entendimientos en la sociedad, sus medidas para facilitar un arreglo con la oposición. Y desde luego rechazamos cualquier acción de carácter terrorista, cualquier intento de cambiar la situación por la fuerza. Con estas palabras recibió Putin a Maduro en su residencia de Novo-Ogoriovo, en las afueras de Moscú, donde se reunieron los mandatarios por separado y, después, con sus comitivas.


Lo segundo, por afectar delicados intereses privados, se negoció a puerta cerrada y sin emitir comunicado sobre la parte no pública de su encuentro ni ofrecer conferencia de prensa posterior.


Desde 2006, de acuerdo con estimaciones de la agencia noticiosa Reuters, el gobierno ruso y la petrolera Rosneft han concedido créditos a Venezuela por un valor cercano a 17 mil millones de dólares y, en octubre de 2017, el Ministerio de Finanzas ruso aceptó restructurar parte de la deuda, a saldar en un plazo de 10 años, pero se comenta que el préstamo de 4 mil millones de dólares para la compra de armamento en 2011 debía pagarse este 2018, y Caracas no tiene forma de hacerlo.


Con esta visita de trabajo, conforme a lo poco que ha podido trascender, Maduro procuró tranquilizar a Putin sobre la plena vigencia de los proyectos petroleros rusos en Venezuela, a la vez que argumentó la necesidad de que le concedan más tiempo para poder pagar el servicio de la deuda en los términos pactados.


Lejos del medio millón de barriles que, según los cálculos del Kremlin, debería recibir Rusia cada día, de un tiempo para acá llegan sólo 176 mil barriles.


Se podría entender por la drástica caída de la extracción de crudo en Venezuela, pero nada gustó aquí –donde Maduro tiene en la persona Igor Sechin, presidente de Rosneft, su más firme valedor desde que el influyente colaborador de Putin apostó por establecer una alianza estratégica aún con el gobierno de Hugo Chávez– que se haya filtrado a la prensa que Venezuela suministra 463 mil barriles diarios a China, otro importante acreedor.


Por ese motivo, a finales de noviembre pasado, Sechin viajó a Caracas a pedir explicaciones y, unos días después, la presencia de Maduro en Moscú se inscribe en el mismo intento de limar asperezas y refrendar alianzas, ya con el visto bueno de Putin.


Rosneft tiene cinco proyectos en Venezuela, que equivalen a 7 por ciento de la extracción total de crudo del país latinoamericano, entre ellos –junto con la compañía Petróleos de Venezuela–, participa en la exploración de los grandes yacimientos de Junín-6 y Carabobo-2 .


No se excluye que el gobierno de Venezuela haya ofrecido concretar nuevos proyectos para Rosneft y Gasprombank, que está financiando la modernización de seis instalaciones de hidrocarburos en la región del lago de Maracaibo. En todo caso, se da por seguro que esa posibilidad será objeto de discusión más detallada en la comisión intergubernamental de cooperación económica Rusia-Venezuela, que está previsto se reúna a comienzos de 2019.


En vista de que Venezuela asumirá el año entrante la presidencia de la Organización de Países Exportadores de Petróleo y del Foro de Países Exportadores de Gas, los expertos consideran que Putin y Maduro no pudieron desaprovechar la ocasión de intercambiar ideas, cara a cara, para buscar una mayor coordinación en los mercados globales de petróleo y gas.

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