Ángel Gurría, secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). EFE

El crecimiento del PIB mundial se ralentizará al 2,9% en 2019 y al 3% en 2020, unos descensos que también se aplican al G20, el grupo de grandes países desarrollados y emergentes, con un crecimiento previsto del 3,1% y del 3,2%

El organismo subraya que la necesidad de aplicar con urgencia políticas macroeconómicas adicionales que fortalezcan la confianza, calmen las tensiones comerciales, estimulen la inversión e impulsen el crecimiento potencial

 

El crecimiento de la economía mundial se ralentizará al 2,9 % en 2019 y al 3 % en 2020, estimó este jueves la OCDE, que rebajó sus previsiones anteriores y advirtió de que es el aumento anual más débil desde la crisis financiera de 2008.

En su informe de perspectivas interinas, que revisa las previsiones semestrales lanzadas en mayo, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) recortó tres décimas su proyección para este año y otras cuatro para el que viene, en línea con una tendencia que se extiende en las mayores economías.

Esos mismos descensos se aplican al G20, el grupo de grandes países desarrollados y emergentes, con un crecimiento previsto del 3,1 % y del 3,2 %, mientras que en la eurozona el ajuste es más leve, de una y cuatro décimas, hasta una subida respectiva del 1,1 % en 2019 y del 1 % en 2020.

Tras un ascenso de la economía mundial del 3,6 % en 2018, sus conclusiones para el corto plazo son tajantes. El panorama se ha vuelto "cada vez más frágil e incierto", atizado en gran parte por las tensiones comerciales y políticas, que minan la confianza y la inversión.

En mayo ya había rebajado sus perspectivas, y en este nuevo informe la organización con sede en París ratifica que, según los últimos acontecimientos económicos y financieros, la ralentización durará más de lo previsto.

El peso de la incertidumbre reinante recae sobre todo en la guerra comercial entre Estados Unidos y China, y en la perspectiva de un "brexit" sin acuerdo.

La introducción de tarifas bilaterales entre Washington y Pekín desde principios de 2018 seguirá arrastrando la actividad y el comercio global en los próximos dos años y "podría reducir el incremento global del PIB en entre 0,3 y 0,4 puntos porcentuales en 2020 y entre 0,2 y 0,3 en 2021".

Aunque esos dos países anotan dos de los incrementos más elevados para los próximos dos años, la OCDE subraya que también serán los más afectados.

De momento, el organismo calcula que la economía estadounidense crecerá un 2,4 % en 2019 y un 2 % en 2020, cuatro y tres décimas menos que en las previsiones de mayo, y que la china avanzará un 6,1 % y un 5,7 %, lo que supone un recorte de una y tres décimas.

Un Brexit sin acuerdo: factos desestabilizador

La posibilidad de que el Reino Unido abandone la Unión Europea (UE) sin acuerdo es otro de los factores más desestabilizadores, con costes sobre el comercio y un impacto sobre la economía británica que podría hacer que el país cayera en la recesión.

La OCDE solo revisa de forma detallada en estas perspectivas la situación de los países del G20: mantiene por ejemplo su proyección para 2019 para Francia (+1,3 %) y le quita una décima para 2020 (+1,2 %), mientras que en Alemania el ajuste es de dos y seis décimas (+0,5 % y +0,6 %).

No se libran de su pronóstico a la baja otros como México, cuya economía se prevé que crezca un 0,5 % este año (-1,1 puntos) y un 1,5 % en 2020 (-0,5), ni Brasil, con recortes respectivos de seis décimas, hasta el +0,8 % y el 1,7 %.

El impacto de esta coyuntura sombría se deja sentir también en la calidad de vida de los ciudadanos. Las perspectivas de una mejora continuada de los ingresos a medio plazo es más débil que antes de la crisis financiera, y el crecimiento per cápita en los últimos años también se ha mantenido por debajo.

La OCDE subraya que la necesidad de políticas macroeconómicas adicionales ha crecido en la mayor parte de economías y concluye que deben aplicarse con urgencia políticas que fortalezcan la confianza, calmen las tensiones comerciales, estimulen la inversión e impulsen el crecimiento potencial.

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Fabricantes de armas, el actor oculto en la militarización fronteriza en EEUU

Una investigación establece que "han desempeñado un papel fundamental en la promoción de la militarización fronteriza de la que se han beneficiado con miles de millones de dólares en contratos". "Estos vínculos lucrativos se ocultan al público", explica uno de los autores.

 

Los grandes fabricantes de armas son el actor oculto en la militarización de la frontera entre Estados Unidos y México y en los últimos años han jugado un papel más relevante que la propia Casa Blanca en el endurecimiento de la lucha contra la migración ilegal, según un estudio publicado este lunes.

"Un pequeño número de corporaciones, principalmente firmas de armas y también de información tecnológica, han desempeñado un papel fundamental en la promoción de la militarización fronteriza de la que se han beneficiado con miles de millones de dólares en contratos", declaró a Efe Nick Buxton, coeditor del reporte.

El informe, elaborado por el grupo de investigación internacional Instituto Transnacional (TNI), argumenta que firmas de seguridad y fabricantes de armas como General Dynamics, Northrop Grumman, Lockheed Martin, Raytheon y Boeing, entre otras, han diseñado la política fronteriza en las últimas tres décadas y son las responsables de la actual coyuntura. "El debate sobre (el presidente Donald) Trump y la frontera ha distorsionado la realidad, porque ignora que ya hay un muro altamente militarizado apoyado por los republicanos y los demócratas durante tres décadas", dijo.

La investigación apunta a que en los últimos 15 años el presupuesto destinado a la seguridad fronteriza y control migratorio en EEUU pasó de 9.100 millones de dólares en 2003 a 23.700 millones en 2018. Ello, resaltó Buxton, genera "enormes ganancias a estas corporaciones mientras crean un ambiente cada vez más mortal para los inmigrantes que cruzan las fronteras". El aumento es mucho mayor si se compara con el presupuesto de 1990, cuando la inversión fue de 1.200 millones de dólares, lo que equivale a un "increíble aumento del 1.875 %", apunta el informe.

"Estos vínculos lucrativos se ocultan al público"

Más de una docena de grandes compañías del negocio de seguridad fueron identificadas como los beneficiarios, pero "con demasiada frecuencia, estos vínculos muy lucrativos se ocultan a la vista del público y, por lo tanto, se borran de la conversación pública" apuntó Todd Miller, autor del informe. "Debe suceder exactamente lo contrario: el hecho de que las corporaciones gigantes se beneficien y conduzcan a la militarización fronteriza debe ser el centro de una de las discusiones más importantes que tienen lugar en Estados Unidos en este momento", agregó el investigador.

En este sentido, el estudio apunta hacia los presupuestos y el debate sobre la Patrulla Fronteriza (CBP), que entre 2006 y 2018 firmó contratos por un valor de 26.100 millones de dólares, un valor que excede la suma de los presupuestos acumulados del Servicio de Inmigración y Naturalización (INS) de 1975 a 1998.

Buxton recalca que, aunque Trump "ha traído su propia influencia tóxica al debate, demonizando a los emigrantes e inspirando ataques racistas, la evidencia muestra que la mayor parte de la militarización de la frontera de EEUU ocurrió mucho antes de la llegada" del mandatario neoyorquino. 

El reporte resalta las grandes contribuciones que realizan estas corporaciones a las campañas de congresistas, tanto republicanos como demócratas. Como ejemplo, halló que beneficiarios de contratos con CBP, como Boeing, Lockheed Martin, General Atomics, General Dynamics y Raytheon, también son grandes contribuyentes de campaña de los miembros del comité de Asignaciones del Congreso y del comité de Seguridad Nacional, responsables de los presupuestos y la política fronteriza.

16/09/2019 22:58 Actualizado: 16/09/2019 22:58

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Miércoles, 11 Septiembre 2019 06:08

Huawei es apenas refriega de lo que se viene

Huawei es apenas refriega de lo que se viene

La guerra del gobierno Trump contra China (que empezó contra la multinacional Huawei) ha ocupado las portadas de los medios de comunicación en todo el mundo, hecho explicable por implicar a las dos mayores potencias comerciales del mundo y por afectar (como daño colateral) al mayor tótem del siglo XXI, como es la telefonía móvil, sin la cual se multiplicaría el número de desamparados, que encuentran en su teléfono la comprensión y el amor que ya no saben hallar fuera de emoticones y pantallas. Que el conflicto chino-yanqui haga timbrar al mundo no debe hacer olvidar un hecho más importante, que, en estos pagos, recibe nula atención: la feroz carrera armamentista que mantienen EEUU, China y Rusia, respecto de la cual lo comercial y Huawei -por más que inflen su importancia- no es sino un primer ‘round’ de una pelea a muchos rounds.

El común de los mortales vive de espaldas a la historia y a golpe de amarillismo, de manera que rara vez dispone de herramientas básicas para analizar casos como el presente. Uno de ellos se refiere a un hecho que ha ocurrido (y seguirá ocurriendo) en todos los tiempos y civilizaciones: cuando surge una nueva potencia -o resurge una que lo fue- la potencia reclama un sitio en el mundo proporcional a su poder y quiere -también- a sus adversarios fuera de sus áreas estratégicas. Tan viejo como el mundo, como narró Tucídides, hace 2400 años, en su Historia de la guerra del Peloponeso.

Un episodio ilustra esta realidad. Italia y Alemania se constituyeron como Estados unitarios en 1860 y 1871, respectivamente, es decir, tres siglos después del inicio de la era del imperialismo europeo. Llegaron tarde al reparto colonial, pero, como nuevos grandes Estados, reclamaron una parte del botín. En 1885, por iniciativa alemana, se celebró la Conferencia de Berlín para el reparto de África, de la que Alemania obtuvo un relevante número de colonias e Italia su porción, aunque nada comparables con las británicas y francesas. Al final, como es sabido, las contradicciones imperialistas terminaron estallando en la I Gran Guerra Europea moderna (Europa ha vivido en guerra desde los neandertales), mal llamada I Guerra Mundial. Esta guerra recordó otra antigua realidad: ningún imperio cede voluntariamente su poder. Se le arranca por la fuerza. Alejandro lo hizo con Darío. Roma con Cartago. EEUU con España.

Situémonos ahora en 2019. Un antiguo imperio, China, hasta hace ochenta años dominado, expoliado y explotado por potencias extranjeras, ha resurgido como ave fénix y reclama su lugar en el mundo. Otro viejo imperio, Rusia, renacido después del suicidio y desmembramiento de la superpotencia soviética, reclama también un solio macizo en la sociedad internacional. Frente a ellos EEUU, un imperio mundial joven (su poder inicial surgió de la IGM y su poder mundial de la IIGM), pretende que las renacidas nuevas potencias acepten el orden que instituyó sin disparar, prácticamente, un tiro y sin tener que hacer mayores sacrificios. Al contrario, EEUU pudo hacerse imperio merced a que las potencias europeas se mataron entre ellas, dejándole el campo abierto y, además, enriqueciéndolo hasta lo obsceno gracias a las dos guerras (John Kenneth Galbraith afirmó que la IGM había sido una bendición para EEUU).

El panorama actual, para Washington, es un tablero de ajedrez. A diferencia del mundo bipolar, donde cada superpotencia tenía definidas sus áreas de dominación estratégicas, el mundo hoy es multipolar y complejo y, por vez primera en la historia, auténticamente global. No hay colonias obedientes (salvo la UE, paradojas de la historia) y EEUU enfrenta, no sólo a dos potencias equivalentes, sino -esto es lo peor- aliadas, y de una magnitud abrumadora en territorio, población y recursos. La suma de China y Rusia-Rusia y China hace un poder que supera con creces al estadounidense, por más que se afane Washington en hacer creer lo contrario. El territorio de la alianza euro-asiática se extiende del mar de Barents al Mar de la China Meridional; del Báltico al Golfo Pérsico; del mar Mediterráneo y el Negro al Índico. Es decir, abarca la casi totalidad de Eurasia, con diferencia el continente más importante del mundo. Son, además, aliados contiguos, de forma que su interacción es fácil, intensa y… barata. Como recordó hace poco el periodista Michael Hudson, “Los Neocons nombrados por Trump están logrando lo que parecía impensable no hace mucho tiempo: juntar a China y Rusia -la gran pesadilla de Henry Kissinger y Zbigniew Brzezinski” (corrección: la alianza antecede Trump, aunque Donald ha hecho méritos notables para robustecerla).

EEUU, por el contrario, es un país aislado. Un Estado-isla en un continente-isla, separado del resto del mundo por los dos mayores océanos. Sus aliados están lejos y, más grave aún, están dispersos y solos. Japón es otro Estado-isla, separado del continente y sin aliados próximos (excluyo a Corea del Sur, primer candidato a abandonar el barco estadounidense, Taiwán duraría un suspiro). Europa es una península sin acceso directo a la mole euroasiática y sin recursos energéticos suficientes. Arabia Saudita es una península medieval rodeada de pocos amigos y con un ejército archi-armado pero incompetente (en Yemen acumulan sólo crímenes atroces). Mantener unidos todos esos fragmentos obliga, a EEUU, a gastos astronómicos, lo que deja, como daño colateral, un déficit público galáctico y ruinoso.

Esta realidad ha provocado, en EEUU, una proliferación de estudios y análisis sobre cómo enfrentar la alianza sino-rusa, como no se veía desde los años duros de la guerra fría. El último documento apareció en diciembre de 2018 (National Security / Long-Range Emerging Threats Facing the United States As Identified by Federal Agencies, Seguridad Nacional / Amenazas emergentes de largo alcance que enfrenta Estados Unidos según lo identificado por las agencias federales). Este informe expresa: “Estados Unidos enfrenta una compleja serie de amenazas a nuestra seguridad nacional, incluidos nuestro sistema político, económico, militar y social. Estas amenazas continuarán evolucionando a medida que se desarrollen los adversarios políticos y militares, a medida que avanzan los sistemas de armas y la tecnología, y con los cambios demográficos y ambientales”. Esta afirmación se ha convertido en estribillo en esa clase de informes, que repiten que EEUU afronta la mayor amenaza a su hegemonía, algo cierto, pues nunca EEUU había encontrado rivales de tal magnitud. La retirada de EEUU de los acuerdos de control de armas no es una ‘trumpada’, sino respuesta al miedo creciente a China, país no firmante de esos tratados, y su alianza con Rusia. Por ese mismo motivo, EEUU aumentará sus presiones sobre Europa y Latinoamérica, buscando crear un frente euro-americano frente a las potencias euro-asiáticas (otra cosa será que lo consiga o a qué nivel pueda conseguirlo).

El mundo de la guerra fría era un mundo de fronteras definidas, con conflictos en áreas periféricas -Vietnam, Angola, etc.- que no afectaban el equilibrio estratégico esencial entre las superpotencias. En el mundo actual hay pocas fronteras claras y demasiadas en disputa. Disputas geopolíticas, económicas, comerciales, científico-técnicas. Con cada vez más abundantes zonas grises y algunas absolutamente calientes. América del Sur está siendo convertida en una inmensa zona gris, con Rusia y China erosionando cuanto pueden la antigua hegemonía de EEUU, con Venezuela en el epicentro. Ucrania es -tómenlo en serio los europeos- un limes al que Rusia no renunciará (pregunten si EEUU aceptarían misiles rusos y chinos en México o Canadá). Irán, país milenario, quiere su propio espacio y es aliado esencial para China y Rusia (de ahí la obsesión de EEUU por derrocar a la república islámica). Siria, país referencia del de retorno de Rusia a Oriente Próximo, es territorio cardinal para la proyección del poder ruso en el Mediterráneo. India quiere ser potencia regional y, en alianza con Rusia, mantener el equilibrio en el Índico, establecer un status quo con China y, con China, desenredar el laberinto paquistaní. EEUU lleva una década queriendo enredar a India contra China e India le responde que los cipayos son historia y que ellos tienen sus propias aspiraciones. Por si alguna tenía dudas, a inicios de septiembre de este 2019, India firmó contratos por 14.500 millones de dólares para adquirir armamentos rusos, entre ellos sistemas S-400.

Recordemos, ahora, el primer juego de tronos, llamado en el siglo XIX “el gran juego”. Fue la disputa a cara de perro entre los imperios ruso y británico por el dominio de Asia Central. Gran Bretaña, la mayor potencia marítima de entonces, quería forjar un muro en torno a la India -su “joya de la corona”- y Rusia, la mayor potencia terrestre, expandir sus dominios sobre la vastedad centroasiática. “El gran juego” inspiraría a Halford Mackinder, el más importante geopolítico británico, a elaborar su teoría sobre la rivalidad entre la potencia marítima (Gran Bretaña) y la potencia terrestre (Rusia), que, desde hace casi un siglo, inspira a EEUU, potencia marítima heredera de la británica.

Porque EEUU es eso: una potencia marítima, separada del resto de continentes por el Atlántico y el Pacífico. Ser un Estado-isla de un continente-isla permitió a EEUU ser superpotencia y dominar casi todos los mares y océanos, teniendo como modelo a su antecesora británica. No obstante, el poder naval británico pudo ser lo que fue porque no había armas que contrarrestaran el poder de su flota. Sus naos podían aparecer de repente en cualquier sitio, sin dar tiempo a organizar la defensa, de forma que, en días o semanas, la flota británica podía tomar Shanghái, Mallorca o Bengala. Hoy, eso, es, simplemente, imposible. Satélites espías monitorean minuto a minuto cada buque de guerra, cada portaaviones, haciendo un disparate pensar en bloqueos y, menos aún, en ataques sorpresa desde el mar (o desde tierra). El acelerado e imparable desarrollo de misiles -como los hipersónicos rusos, que alcanzan velocidades superiores hasta doce veces la del sonido- convierten a los buques en armatostes fáciles de hundir

Un think tank británico fue el primero en advertir esta realidad, luego confirmada en un informe estadounidense, que reconoce que EEUU carece de medios contra los misiles hipersónicos rusos. China desarrolló, hace años, un sistema para hundir portaaviones por saturación, es decir, si una flota con portaaviones tiene, digamos, 800 misiles, el sistema chino dispararía mil o 1.500 misiles. Se perderían 800, pero el resto haría blanco. Las guerras comerciales, o el Huawei 5G no es el punto G de la economía mundial. Estamos, apenas, ante refriegas de lo que se viene. Y lo que se viene es grueso, muy grueso. Algo así como un nuevo tiempo, una nueva era, dominada por potencias asiáticas. Pudo ser de otra manera, si la UE/OTAN, en vez de pretender destruir Rusia, la hubiera hecho aliada, Ahora es demasiado tarde. La alianza ruso-china -como antes Alejandro, Napoleón o los británicos- marcará las pautas y se hará más fuerte. India está estableciendo su área e Irán la suya. ¿Y la UE? Bien, gracias, alineadita con EEUU, esperando las ostias del cielo, que no serán de pan ácimo ni harina de trigo.

Por Augusto Zamora R.

Autor de ‘Política y geopolítica para rebeldes, irreverentes y escépticos’ (2016, 3ª edición 2018) y de’ Réquiem polifónico por Occidente’ (2018), Akal.

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Lunes, 02 Septiembre 2019 05:35

Entre el confesionario y el Big Data

Entre el confesionario y el Big Data

Entregar información en el confesionario cumple un rol estratégico en el ejercicio del control social. Es una historia que tuvo etapas primeras como “confesión pública de pecados” inspirada, incluso, en antecedentes egipcios. Se lo hace pasar por sistema de redención de pecadores que cometen faltas por des-manejo de las pasiones (quitando el pecado original). Se tipifican, entre otros “pecados”: la idolatría, el robo, el homicidio o el adulterio (véanse los 10 mandamientos) cuya única vía de corrección es la penitencia que, según el tamaño del mal, tomará tiempo y esfuerzo antes de alcanzar algún grado de perdón. El sistema examina los vicios o “pecados” contra los que uno debe estar prevenido. Y eso incluye al que “peca por la paga y al que paga por pecar”. (Sor Juana Inés de la Cruz) ¿Qué hace un confesor con la información que recolecta? ¿La silencia?

A San Juan Casiano (entre 360 y 365 Dobruja, Rumanía) se le ocurrió la “confesión privada” que, además de la declaración de pecados, incluyó la ejecución privada de la penitencia. El confesor pasó a ser una especie de compañero espiritual con quien, producto de miedos o arrepentimientos, los fieles “comparten” problemas o “pecados”. Pero siempre fue una “privacidad” relativa. Quien suponga que todo lugar o momento es “bueno” para arrepentirse y solicitar “perdón”, se encontrará con el formato burocratizado de la contrición que otorga al confesor y al confesionario lugar, horario y formato sacramentalizados para dar a la reconciliación un carácter oficial. Dicho literalmente. Nada de eso cancela la confesión, en otros lugares y momentos, por causa de “necesidad o urgencia”. Mayores detalles sobre la historia de la confesión y del confesionario exceden a éste espacio e intención.

En la praxis de la confesión ocurre un traslado de información y de emociones que, sépase o no, se usan para dictar criterios del “poder” sobre el territorio objetivo y subjetivo. Los recopiladores de la información saben todo lo que nadie sabe y todos ellos saben que, poseyendo semejante volumen de datos, tienen más poder. El secuestro de información “de primera mano” ha variado a lo largo de los siglos hasta consolidarse en sistemas tecnológicos también para el “control” político y mercantil. La actual catarata de denuncias a Facebook por la manipulación de información privada, provista por sus fieles, exhibe el alcance de un latrocinio económico, político y cultural de causas, de formas, de circunstancias y de ganancias. El usuario que deposita información en las “redes sociales” no busca perdón de “pecados” pero tampoco sabe que, lo que ocurre en el confesionario digital, será convertido en negocio de magnates. Ahora hemos aprendido sin estar a salvo.

Entre el “rito de la confesión” y el “me gusta” de Facebook, surge una penitencia disfrazada. Estando frente el ordenador, el penitente es un “confesante digital” en contacto directo con su confesor espía. Como en las figuras medievales. No hace falta que diga “Yo confieso…ante este altar…” basta y sobra con escribir saludos, comentarios, abrir páginas, guardar imágenes… aceptar contactos y desplegar lo que le gusta o le disgusta, frente al “teclado” y, así, una forma de la confesión ocurre ante un “altar cibernético”. La historia de tal entrega de información, de la confianza en los confesionarios, registra todas las traiciones en el camino hacia el “tribunal de la misericordia divina”… que es obra de la lógica de la represión para el “control” social, tarde o temprano. Sonría, lo estamos filmando.

Así que el “Big data” poco tiene de nuevo, al margen de la tecnología, por cuanto implica “recolección” de información para normar sistemas de control mercantilizadas sin el consentimiento de quien provee tal información. Trátese de lo que se trate, así sean preferencias musicales o gustos por tal o cual zapato, libro o destino turístico. Quien hace uso de las “redes sociales”, deposita imágenes, frases, rutinas de uso, tendencias o proclividades de todo género y no escapa el grado de amistad o enemistad que profesa por otros usuarios, sus disentimientos o sus debates. No importa si la “data” es política, moral o financiera. Su redención provine de otras “liturgias” tecnológicas. Lo sabe Cambridge Analytica.

En su estado actual, el uso de la información provista por “internautas” a la “web”, se norma bajo “contratos legales” generalmente desconocidos por los usuarios que, mayormente, no se detienen a revisar en profundidad, ni claridad, qué dicen las “letras chicas”… ni las letras grandes. Una especie de desidia y confianza “ciega”, hace que los usuarios acepten casi cualquier cosa escrita en los “contratos” digitales con las empresas que le proveen servicios basados en entregar información de todo tipo. Eso es un campo de impunidad legalizado internacionalmente donde las posibilidades de defensa son escasas, engorrosas e incomprensibles. Como el “misterio de la redención” en el confesionario y el perdón divino aterrizado en la consciencia del “pecador” por medición de confesores y penitencias.

Esa red empresarial que usa, y mercantiliza, a su antojo la información de los usuarios es, además de una emboscada comercial alevosa e injusta, un peligro social histórico del cuál no sabemos cómo podrán salir (en las condiciones actuales) los pueblos hacia su regulación y para sancionar lo que hubiere que someter a escrutinio racional y justo. Porque, como en el confesionario, jamás sabemos qué destino se le da a toda la información que se entrega, ingenua o inocentemente, a poderes que no se entienden, que no se conocen a fondo y que nadie sanciona cuando los usan empresarios probadamente desleales, corruptos y enemigos de los pueblos. Para eso no hay perdón ni debe haber olvido. Aunque confiesen sus “culpas”. Señor Mark Zuckerberg, por ejemplo.

Por Fernando Buen Abad Domínguez

Rebelión/ Instituto de Cultura y Comunicación UNLa

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Trump y Johnson en Biarritz durante el G7. Foto: The White House

Boris Johnson ya recibió una oferta de Donald Trump en la cumbre del G7 para un acuerdo de libre comercio cuando se produjese el Brexit. Ahora la suspensión del Parlamento y un posible ‘Brexit duro’ allana el camino para ello.

 

La máquina se ha puesto en marcha. Reino Unido se encarrila ya hacia un Brexit duro tras la aceptación de la suspensión del Parlamento hasta el 14 de octubre por parte de la reina de Inglaterra. Tan solo un mes después de haber sido nombrado primer ministro, Boris Johnson ya ha tomado su primera gran decisión que concierne al Brexit. Su estrategia de suspender la Cámara de los Comunes llevaría a Reino Unido a tener muy difícil refrendar algún acuerdo con la Unión Europea, para lo que necesita que su Parlamento lo apoye. Tendría solo tres días de margen hasta la reunión de los líderes de la Unión Europea con la Comisión Europea, que es el 17 de octubre. Y después un tiempo muy ajustado (hasta el 31 de octubre) para leer el acuerdo, hacer enmiendas, debatirlo y votarlo. 

Esto significa que hay muy poco margen para que se debata, se planteen enmiendas y se apruebe un acuerdo con la Unión Europea. Johnson ha declarado que su intención no es la de evitar un acuerdo con la UE y que “el Parlamento se deberá reunir antes y después del 17 de octubre. Tendremos tiempo de sobra para poder votar un acuerdo si este se produjese”, declaró.

Sin embargo también tiene a su partido dividido. El parlamentario conservador Dominic Grieve declaró, al conocer la noticia, que el cierre del Parlamento sería “un atropello a la democracia”. Grieve cree que “somos muchos los conservadores que pensamos que un Brexit sin acuerdo sería realmente catastrófico para el país y el futuro”.

Su principal opositor en la Cámara y líder de los laboristas, Jeremy Corbyn, también piensa que este cierre es “un atropello constitucional” y ha recalcado el hecho de que Boris Johnson no fuese elegido en las urnas, sino a través de su partido ante la renuncia de Theresa May. Corbyn le ha acusado de “caer en los brazos de Donald Trump con una determinación que no he visto nunca” y le ha exigido que “rinda cuentas ante el Parlamento, no que lo cierre”. Por su parte, Donald Trump ha mostrado públicamente su apoyo a Boris Johnson, recriminando a Corbyn que no dé un voto de confianza a Johnson, “quien —dijo— es exactamente lo que Reino Unido estaba buscando”.

La senda que transita Boris Johnson se acerca cada vez más al libre comercio a través de la figura de Donald Trump, quien ya le ofreció un acuerdo bilateral de estas características entre ambos países el pasado fin de semana en la cumbre del G7. Es previsiblemente lo que hará Reino Unido al salir de la Unión Europea, que intentará negociar con él de forma exprés los términos de salida en cuestiones como el Mercado Común Europeo. Tampoco es descartable que, sin acuerdo, se apruebe otro tratado de libre comercio entre la UE y Johnson, ya que el primer país al que Reino Unido exporta es Estados Unidos, pero el segundo es Alemania.

El economista Sergi Cutillas no está de acuerdo con el hecho de que se cierre el Parlamento, pero piensa que “en realidad lo que está haciendo Johnson es forzar a la Unión Europea. Es verdad que es una ofensiva, pero la UE no tiene piedad. Así hizo con Grecia”. Él cree que en el Partido Laborista deberían intentar que se produjese un Brexit desde una postura izquierdista y social, cosa con la que Jeremy Corbyn, líder de los laboristas, no está de acuerdo porque aboga por permanecer en la Unión Europea. “Todo el mundo que negocia con la UE buscando comprensión se la pega. Para negociar debe haber una amenaza creíble, es lo único a lo que responde la UE”, declara. Y añade que “cerrar el parlamento no es una solución porque había otras formas de negociar”.

Las voces críticas convocaron varias manifestaciones por todo Reino Unido, alentadas, entre otros, por el periodista Owen Jones. Jones declaró: “¿Qué clase de país seríamos si permitimos a un presidente no elegido en las urnas cerrar un Parlamento para no escuchar lo que tiene que decir?” y lo denominó “golpe de Estado encubierto que deja en suspenso la democracia”.

Ahora Johnson intenta convencer al mundo de que este cierre es lo mejor que se puede hacer para planear una agenda propia que garantice un Brexit en las condiciones más ventajosas para Reino Unido. Será una tarea muy complicada. Se oyen voces sindicales que ya claman por una huelga general.

@Laura_cruzd


publicado

2019-08-29 06:58

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Culmina cumbre del G-7 entre divisiones y pequeños acuerdos

Biarritz. La cumbre 45 del G-7 finalizó ayer, marcada por los incendios en la Amazonia, la sorpresiva visita del canciller iraní, la guerra comercial entre Estados Unidos y China, la desnuclearización de la península de Corea, así como la situación que se vive en Libia, Ucrania y Hong Kong.

Al final de la reunión, un breve comunicado sobre varios temas reflejó ligeros acuerdos y algunas divisiones entre los líderes del G-7.

El ámbito comercial quizás es el que más destaca en el contexto de una guerra arancelaria entre China y Estados Unidos. El G-7 defendió una reforma de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

"El G-7 quiere reformar en profundidad la OMC para que sea más eficaz en la protección de la propiedad intelectual, resolver disputas más rápido y erradicar prácticas comerciales desleales."

En concreto, plantea alcanzar un acuerdo al respecto sobre esta reforma en 2020 y que ésta incluya simplificar la regulación y modernizar la fiscalidad internacional. "El G-7 está comprometido con el comercio global abierto y justo, y con la estabilidad de la economía", subrayó el texto.

A continuación, el comunicado mencionó a Irán, uno de los temas estelares de la cumbre, tras la sorpresiva visita a Biarritz del canciller iraní, Mohamed Javad Zarif.

"Compartimos completamente dos objetivos: garantizar que Irán nunca obtenga armas nucleares y promover la paz y la estabilidad en la región", apuntó el texto.

Sobre Ucrania, el documento respaldó que Francia y Alemania participen "en las próximas semanas" en una cumbre con el formato de Normandía, junto a Rusia y Ucrania, "para lograr resultados concretos".

Al referirse a Libia, el G-7 apoyó una tregua para lograr un alto el fuego duradero. "Creemos que sólo una solución política garantizará la estabilidad de Libia. Esperamos una conferencia internacional bien preparada que reúna a todas las partes interesadas y a todos los actores regionales involucrados en este conflicto". También apoyó el trabajo de mediación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Unión Africana.

Acerca de las protestas en Hong Kong, se mencionó la "existencia e importancia" de la Declaración Chino-Británica sobre Hong Kong de 1984 por la que Londres accedió a devolver la soberanía de Hong Kong a China el primero de julio de 1997, y que consagra el principio "un país, dos sistemas" e hizo un llamado a "evitar la violencia".

Los líderes del G-7 reiteraron también su apego a la desnuclearización total de la península de Corea, lo que fue anunciado en rueda de prensa por el presidente francés, Emanuelle Macron.

Durante la reunión también se logró un acuerdo para destinar 20 millones de euros en ayuda de emergencia para la Amazonia, asolada por los incendios, y el envío de aviones bombarderos, afirmó Macron, al reconocer que "la pérdida del pulmón del planeta es un problema mundial".

Aparte, Reino Unido prometió 10 millones de libras esterlinas (unos 12 millones de dólares) para restaurar el hábitat de la mayor selva tropical del planeta.

En la elaboración del plan de dos etapas para salvar la Amazonia participó el presidente de Chile, Sebastián Piñera, único mandatario sudamericano invitado a la cumbre.

Esta "iniciativa para la Amazonia" requerirá el acuerdo de Brasil y de los otros ocho estados amazónicos, en relación estrecha con las ONG y las poblaciones locales, apuntaron Macron y Piñera.

Sin embargo, el gobierno brasileño reaccionó horas más tarde y advirtió que no aceptará los 20 millones de euros del G-7.

El gran ausente en las sesiones sobre clima y biodiversidad, que incluyeron estrategias sobre cómo afrontar la crisis en la Amazonia y los recortes de emisiones de dióxido de carbono, fue el presidente estadunidense, Donald Trump, quien envió a una comitiva, informó el diario británico The Guardian.

En el curso de una conferencia de prensa conjunta entre Macron y Trump, el magnate dijo estar dispuesto a reunirse con su homólogo iraní, Hassan Rouhani, si las circunstancias "son apropiadas", luego de que el mandatario francés estimó que se han "creado las condiciones para un encuentro" entre ambos.

Trump también anunció que podría invitar al presidente ruso, Vladimir Putin, a la próxima cita del G-7 que se llevará a cabo en 2020 en Estados Unidos, pese a la exclusión de Rusia desde 2014.

A su vez, Macron afirmó que los países miembros del organismo no lograron un consenso sobre el retorno de Rusia a la plataforma.

Trump afirmó que tiene en mente organizar la próxima cumbre en el Doral Miami, uno de sus campos de golf en Florida, lo que provocó suspicacias de la prensa.

En Biarritz, la policía francesa impidió el acceso al centro a un centenar de opositores al G-7, cuyo propósito era dar a conocer "sus propuestas para lograr un mundo mejor", a los líderes internacionales de una cumbre que consideran "ilegítima".

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Lunes, 26 Agosto 2019 06:42

Batallas económicas

Batallas económicas

Los gobiernos de Estados Unidos y China están metidos en una batalla económica que tiene muchas aristas y escala de modo continuo. El argumento más directo usado por la administración de Donald Trump es que China se ha aprovechado, durante mucho tiempo, para extraer ventajas comerciales, tecnológicas y cambiarias de las estrechas relaciones de intercambio comercial y financiero que ambos países mantienen.

El intercambio de productos en 2018, según los datos oficiales del Representante de Comercio, tuvo un valor de 659 mil millones de dólares (mmdd); de ellos, 120 mil fueron de exportaciones y 539 mil de importaciones, con un déficit de 419 mmdd, 16 por ciento más que en 2017.

La inversión directa de Estados Unidos en China tuvo un acervo de 107 mmdd, principalmente en manufacturas, comercio al por mayor, finanzas y seguros; de la otra parte el valor fue 39, en manufacturas también, bienes raíces e instituciones financieras.

Un aspecto relevante tiene que ver con las corrientes financieras asociadas con la deuda del gobierno de Estados Unidos. El total a finales de 2018 fue de 22 billones de dólares (trillones, según se mide allá); una cuarta parte es deuda intragubernamental y el resto es pública. De esta última, 40 por ciento (6.2 billones) está en poder de gobiernos e inversionistas extranjeros. China con 1.12 billones y Japón con 1.03 billones son los principales acreedores, con más de tres veces que el que les sigue.

La estructura de las relaciones económicas hace que mantener alto el valor del dólar constituya una ventaja adicional en términos de la competitividad de los productos chinos y es una controversia persistente con respecto al comportamiento del renminbi.

Las sanciones comerciales impuestas por Trump a China han sido en la forma de tarifas, las que ahora abarcan 250 mmdd de sus exportaciones y que se elevarán de 25 a 30 por ciento; se añadirán 300 mmdd de otros productos que pasarán de 10 al 15 por ciento a partir del primero de septiembre.

Tales medidas están encaminadas, según declaraciones expresas, a causar trastornos y forzar a aquel gobierno a negociar concesiones de un mayor acceso a su mercado y mayor protección de los derechos de propiedad intelectual. De igual manera, a incidir en la política cambiaria.

Ante la respuesta china de elevar también las tarifas a productos estadunidenses, Trump declaró que esa medida tiene motivaciones políticas, como si las que él aplica no las tuvieran.

La economía de China está en desaceleración. El crecimiento del producto se redujo a 6.2 por ciento, el nivel más bajo desde 1992. El endeudamiento ha crecido notablemente desde el plan de estímulo aplicado en años recientes.

La deuda del gobierno, las empresas y las familias es del orden de 40 mmdd, equivalentes a 300 por ciento del PIB. Esta deuda representa alrededor de 15 por ciento del total global.

El impacto negativo de la deuda ha sido resentido por las empresas y se registran altos niveles de quiebras y se ha reducido el gasto en consumo. Todo esto provoca ajustes en la economía, cuyos efectos internos y externos están aún por expresarse de manera más clara.

En el análisis de las condiciones del conflicto entre los dos países habría que considerar el significado de la relación en cómo se configuraron de los mercados globales desde la década de 1980. China, sin duda, cumplió un papel protagónico en el desempeño de la economía estadunidense y en el desarrollo de los sectores manufacturero, tecnológico y comercial, así como en el entorno financiero, tanto público como privado, en Estados Unidos.

Hay diversos elementos en la política que sigue el gobierno de Trump con respecto a China. Desde sus concepciones acerca del poderío económico, o bien sobre el efecto social provocado por la relación con China. Una visión del nacionalismo muy propia del presidente y hasta de su manera de hacer negocios privados. Por supuesto, hay un elemento electoral relevante.

En todo caso, la batalla en curso no se limita a una cuestión de índole comercial. La presión se extiende al campo geopolítico y militar, y una idea del replanteamiento hegemónico de Estados Unidos define hoy las relaciones con Europa.

El efecto de la disputa con China tiene un significado sobre el comercio y las inversiones de México con Estados Unidos derivado de los vínculos productivos generados desde 1994. Hoy, el país tiene un superávit en la cuenta corriente con ese país generado por las transacciones de comercio, y eso en plena batalla proteccionista de Trump. Hay un espacio único para que gobierno, empresarios y trabajadores aprovechen la oportunidad.

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Mapa de red de autopistas africanas. La carretera transafricana número 5 conecta Dakar con Yamena. Desde Yamena, se pretende rehabilitar la carretera número seis para unir las dos costas.

La Unión Africana quiere terminar un proyecto de carretera y tren que uniría por primera vez en la historia la costa oeste y este del continente: Dakar y Yibuti

Además del apoyo financiero del Banco Mundial y de diversos bancos africanos, cada país ha negociado acuerdos crediticios con China

El dinero chino va de la mano de planes de mejora de la seguridad en zonas conflictivas y posiciona estratégicamente al país asiático dentro de África

 

Un plan para unir África. Carreteras y raíles que atraviesen la diversa geografía del continente y conecten costas opuestas, desde Dakar a Yibuti, desde El Cairo a Ciudad del Cabo. El ambicioso proyecto ya se comenzó a dibujar en los años setenta, pero ha habido que esperar a que llegase China con sus créditos millonarios para que los países africanos pudieran hacerlo realidad.

La carretera transafricana número 5 supone cerca de 4.500 kilómetros de asfalto más o menos pavimentado entre Dakar, la capital de Senegal, y Yamena, la de Chad. Muchos sectores datan de la época colonial, por lo que hay zonas que necesitan ser reconstruidas. Desde Yamena, faltarían otros cerca de 4.000 kilómetros para conectar con Yibuti y así unir por primera vez en la historia del continente las dos costas, una decena de países.

Este plan, impulsado por la agencia para el Desarrollo de la Unión Africana (NEPAD), suma otros tantos kilómetros de vía de tren: 3.700 que atravesarán Senegal, Mali y Burkina Faso. El mayor esfuerzo del presupuesto de 5.370 millones de euros irá destinado a estandarizar el ancho de vía.

Por su parte, el aspecto más problemático de la construcción de la carretera -con un desembolso de casi dos mil millones de euros- corresponde a la zona más oriental, debido a la falta de infraestructura en Sudán, Etiopía y Yibuti. Pese a que las grandes extensiones de desierto deberían facilitar las obras en Sudán, la inestabilidad política podría complicar el avance. Etiopía, por su parte, presenta una geografía bastante escarpada que encarece los costes.

Además de los problemas externos a los que se enfrenta este macroproyecto. Algunos de estos obstáculos tienen que ver con la debilidad de los gobiernos, la presencia de milicias, los focos de terrorismo o la temida corrupción, enumera Paul Nantulya, experto del Centro de Estudios Estratégicos Africanos, desde su sede en Washington a eldiario.es. Especialmente, tendrá que hacer frente a otra de las afecciones crónicas del continente africano, la falta de financiación.

Para evitar el estancamiento -el proyecto debería haber comenzado a finales de 2018, pero hay algunas partes para las que todavía no se han encontrado fondos-, la Unión Africana ha elaborado un presupuesto mixto que aúna financiación común que proviene del Banco Mundial, el Banco Africano para el Desarrollo y de la propia agencia de la UA; y una parte de la que deberá hacerse cargo cada país. Y es aquí donde entra el papel de China.

A falta de Occidente, China

"China está siendo muy estratégica", afirma Nantulya. En un momento en el que Occidente se aleja de África, el país asiático convierte ese vacío en oportunidad: "Les permite estrechar sus lazos diplomáticos, mejora su imagen como país solidario con África y les permite hacer dinero".

La mano tendida consiste en cuantiosos préstamos que han sido negociados con mayores o menores ventajas en los diferentes países. Así, según el experto, los Estados más democráticos y transparentes, que han hecho públicos los contratos e involucrado a diferentes capas de la sociedad, han podido jugar con la imagen y reputación que China pretende mantener y han sido capaces de negociar mejores condiciones. Senegal o Costa de Marfil serían algunos de los países que mejor parados han salido y que han acordado, por ejemplo, que tan solo un 20% de la mano de obra sea de origen chino.

Los yuanes van acompañados -además de un aumento de la deuda africana- de mayor influencia política y presencia en la zona. "Muchas inversiones en infraestructura tienen un componente de seguridad", señala Nantulya. La expansión china va de la mano de programas de mediación en las zonas más conflictivas, como Mali, a la vez que da acceso a zonas estratégicas de África. Ejemplo de ello es Yibuti, ese país diminuto en el Mar Rojo donde empiezan y terminan muchos proyectos financiados por China en África, que fue la primera base naval del gigante asiático en el continente.

Yibuti es, junto a Mombasa, Kenia, la entrada a África de la Nueva Ruta de la Seda china, el ambicioso proyecto con el que el presidente Xi Jinping pretende conectar los cinco continentes. El plan también es conocido con el nombre de Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI, por sus siglas en inglés) y se ha convertido en uno de los ejes centrales de la estrategia china -tanto que se ha incluido en la Constitución del Partido Comunista.

La financiación para el tren y la carretera que conectarán Senegal y Yibuti está dentro de este presupuesto y estrategia expansionista chinos. Una mayor conexión, especialmente ferroviaria, aumentará el intercambio de mercancías del débil comercio entre países africanos -que apenas alcanza el 16%, según datos de 2018- y la movilidad y posibilidades de transporte de aquellos Estados interiores. La entrada en vigor en mayo del Tratado de Libre Comercio de África (AfCFTA), que reducirá aranceles y costes en frontera, será también fundamental para incrementar los intercambios interafricanos.

Por Marta Maroto

25/08/2019 - 20:51h

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El presidente francés, Emmanuel Macron (c), el presidente estadounidense, Donald Trump (i), el primer ministro japonés, Shinzo Abe (2i), el primer ministro italiano en funciones, Giuseppe Conte (3i), el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk (espaldas), el primer ministro británico, Boris Johnson (d), el primer ministro canadiense, Justin Trudeau (2d), y la canciller alemana, Angela Merkel (3d), este domingo durante la cumbre del G7 en Biarritz EFE

Con la economía mundial en plena ralentización y la amenaza de una recesión en Alemania y el Reino Unido, la cumbre tenía como objetivo buscar una tregua

Hay "enormes riesgos económicos en el mundo por las tensiones comerciales", ha reconocido claramente la canciller alemana, Angela Merkel

El acuerdo entre Estados Unidos y Japón se centrará en agroalimentación, industria y comercio digital

 

La cumbre del G7 ha subrayado este domingo su inquietud por las tensiones comerciales, que suponen una amenaza para el crecimiento económico global, una preocupación ante la que el presidente de EE.UU., Donald Trump, solo ha podido contraponer un limitado nuevo acuerdo comercial con Japón.

Con la economía mundial en plena ralentización y la amenaza de una recesión en Alemania y el Reino Unido, en parte debido al incremento de la tensión comercial del último año entre EE.UU. y China, pero también por la amenaza de un Brexit sin acuerdo, esta cumbre de Biarritz tenía como objetivo buscar alguna forma de tregua.

Ahora mismo hay "enormes riesgos económicos en el mundo por las tensiones comerciales", ha reconocido claramente la canciller alemana, Angela Merkel, en unas declaraciones.

Merkel ha recalcado que Alemania quiere en primer lugar "que haya un acuerdo lo antes posible sobre la Organización Mundial del Comercio (OMC), que debe reformarse y potenciar su papel como árbitro" de estos conflictos.

La tensión comercial, alimentada especialmente por Trump y sus sanciones y aranceles a China, pero también con amenazas a la Unión Europea y otros países, ha protagonizado la primera sesión de la cumbre de este domingo.

A pesar de que la discusión ha sido positiva, con una "maduración en los temas", como la reforma de la OMC, "sería ir muy lejos decir que hay un acuerdo" en este asunto, ha reconocido un destacado funcionario de la Unión Europea.

Conversación centrada en China

La conversación se centró en China, después de que Trump protagonizara el viernes una nueva escalada en el conflicto. En la sesión, los líderes del G7 hablaron sobre "evaluación, análisis y objetivos" del proceso, ha precisado el funcionario europeo en declaraciones a la prensa.

Han convenido en que "China es una amenaza sistémica, que supone un desafío en término de distorsión del comercio", pero "no hay acuerdo sobre cómo lidiar con China", ha añadido. Para Merkel, se trata de encontrar soluciones sobre China "en las que todos los países se beneficien. Eso es posible y ganaremos todos".

La cuestión de China está aún más en las mentes de los líderes reunidos en Biarritz tras el agravamiento del conflicto del pasado viernes, cuando Pekín dijo que aplicará aranceles de represalia contra EE.UU. y Trump replicó incrementando otros dos aranceles ya anunciados y que aún no habían entrado en vigor.

Además, el presidente estadounidense avanzó que podría invocar la Ley de Emergencia Nacional de 1977 para pedir a las empresas de su país presentes en el gigante asiático (que es también el mayor mercado del mundo en muchos sectores) que lo abandonen.

Este domingo, Trump ha asegurado que los demás miembros del G7 no le han pedido que frene la guerra comercial con China, aunque ha reconocido que tiene dudas sobre todo lo que hace.

"Nadie me ha dicho eso", ha respondido el presidente estadounidense a una pregunta acerca de si sus aliados del G7 le han presionado durante la cumbre para que ponga fin a la tensión con el gigante asiático.

Trump, en unas breves declaraciones a la prensa tras reunirse con el primer ministro británico, Boris Johnson, ha reconocido que tiene algunas "dudas" sobre sus decisiones sobre China.

Poco después, la Casa Blanca ha precisado a través de portavoces y asesores que las "únicas dudas" de Trump consisten en "si debía haber sido incluso más duro con China".

Johnson, por su parte, ha dicho este domingo sentado frente a Trump: "En general, estamos a favor de la paz comercial". Y ha señalado su oposición, en principio, a la imposición de nuevos aranceles.

Nuevo acuerdo con Japón

Mientras la tensión comercial con China oscila con los altibajos verbales del inquilino de la Casa Blanca, este ha anunciado junto con el primer ministro japonés, Shinzo Abe, el final de las negociaciones de un nuevo acuerdo comercial bilateral, aunque parece que de alcance limitado.

El acuerdo se centrará en agroalimentación, industria y comercio digital. Trump se ha esforzado en destacar la importancia en el primer capítulo, después de que buena parte de las represalias chinas contra EE.UU. se han centrado en productos agrícolas y ganaderos, especialmente el maíz.

Trump ha asegurado que el nuevo pacto comercial, que debería firmarse hacia finales de septiembre, permitirá incrementar las exportaciones estadounidenses a Japón por valor de "miles de millones de dólares". Son "muy buenas noticias para nuestros agricultores y ganaderos", ha señalado por su parte el Representante de Comercio Exterior, de EE.UU., Robert Lighthizer.

Pero el primer ministro Abe, aunque ha considerado que el acuerdo tendrá "un inmenso impacto económico" en los dos países, ha precisado que algunas compras, como las de maíz, son de "emergencia" por problemas de plagas en el campo nipón, lo que apunta a que serían únicamente temporales.

EFE

25/08/2019 - 21:45h

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 Contenedores almacenados en el puerto chino de Qingdao, en el este de China, este mes. AFP

EE UU toma la decisión tras el anuncio de Pekín de penalizar los bienes estadounidenses y lleva el debate sobre el proteccionismo al epicentro del G7 que empieza este sábado

 

El enfrentamiento entre China y Estados Unidos escaló este viernes a un nuevo nivel después de que Donald Trump anunciara una subida de los aranceles de  casi la totalidad de los bienes que la primera economía del mundo importa del gigante asiático y “ordenara” a las empresas estadounidenses —sin concretar si iba a tomar medidas legales— buscar una alternativa a China para fabricar sus productos. Esta era la respuesta al anuncio de Pekín, unas horas antes, de nuevos aranceles sobre productos estadounidenses que desató la ira presidencial. El enconamiento entre las dos potencias llega en vísperas de la reunión del G7 y lleva el debate sobre el proteccionismo comercial al epicentro de la cumbre.

El enfrentamiento comercial entre China y EE UU se desató hace casi un año y medio y, pese a que las partes estuvieron a punto de firmar las paces en mayo, la tregua fracasó y cada vez parece más lejos la posibilidad de un acuerdo que termine con esta nueva guerra fría. El anuncio de Pekín de este viernes es la respuesta a los aranceles anunciados por Washington a principios de este mes. Y, aunque esperada, ha provocado un nuevo terremoto en las Bolsas y entre la comunidad empresarial estadounidense.

No fue la única represalia del día. En una batería de tuits, Trump insistió horas después en que las multinacionales estadounidenses deben buscar “una alternativa a China, incluido traer de vuelta a CASA nuestras compañías y fabricar nuestros productos en EE UU”. En su opinión, “las vastas cantidades de dinero hecho y robado por China a EE UU, año tras año, durante décadas, deben ACABAR y acabarán”, aseguraba el mandatario. “No necesitamos a China y, la verdad, estaríamos mejor sin ellos”, apuntó. En la explosión de tuits, Trump no dudó en incluir al presidente de la Reserva Federal, Jay Powell. “Mi única pregunta es: ¿cuál es nuestro mayor enemigo, Powell o Xi [Jinping, presidente chino]?”. Trump insiste en que Powell baje los tipos de interés para abaratar el dólar.

A la respuesta inicial, le siguió una reunión en la Casa Blanca en la que se acordó —como informó Trump también a través de Twitter— subir los aranceles ya en vigor sobre productos por 250.000 millones de dólares del 25% al 30%. Y los nuevos que entrarán en vigor en septiembre sobre los 300.000 millones restantes de su balanza comercial, del 10% al 15%. Una escalada en toda regla. La guerra está declarada.

Toda esta reacción se produjo después de que Pekín anunciara que castigará a productos estadounidenses por valor de 75.000 millones de dólares con un arancel del 10% en lugar del 5% actual. Las nuevas tasas, respuesta de Pekín a la decisión de Washington de aumentar sus aranceles sobre 300.000 millones de dólares de productos chinos, entrarán en vigor en dos tramos, el 1 de septiembre y el 15 de diciembre. Son las mismas fechas en las que está previsto que se pongan en marcha las penalizaciones estadounidenses.

Pekín, además, ha decidido recuperar los aranceles sobre vehículos y componentes estadounidenses, una decisión adoptada como gesto de buena fe tras la reunión del pasado diciembre entre los presidentes de ambos países, Donald Trump y Xi Jinping, en Argentina. Ahora el Gobierno chino ha anunciado que los automóviles estadounidenses soportarán un recargo del 25% y los recambios, un 5%, a partir del 15 de diciembre. El año pasado, EE UU vendió coches a China por unos 230.000 millones de dólares, según LMC Automotive, y, aunque no supone ni de lejos el grueso de su negocio, automotrices como Mercedes, General Motors o Ford registraban este viernes importantes pérdidas en la Bolsa.

“Las medidas de EE UU han conducido a la continua escalada de las fricciones económicas y comerciales entre China y Estados Unidos, que han perjudicado gravemente los intereses de China, EE UU y otros países, y también amenazan seriamente el sistema de comercio multilateral y el principio del libre comercio”, apuntaba este viernes el comunicado de la Comisión Arancelaria del Consejo de Estado, el Ejecutivo chino. Insiste así Pekín en su papel como adalid del libre comercio pese a las evidentes restricciones que las autoridades chinas imponen a los inversores extranjeros.

Con esta nueva ronda de sanciones, Pekín penaliza prácticamente todo lo que importa de EE UU. Entre los productos sancionados se encuentra por primera vez el petróleo, algunos tipos de avionetas —no así los Boeing—, y numerosos productos alimenticios, como diversos frutos secos, el cerdo congelado, varios tipos de pescado y marisco congelado y fresco, la ternera, la miel y la soja, de lejos el producto que más compra China a EE UU.

Trump había anunciado el 1 de agosto la imposición de nuevos aranceles sobre 300.000 millones de dólares en productos chinos. Ponía así fin a la tregua alcanzada en su reunión con Xi tras la cumbre del G20 en Osaka (Japón) el 29 de junio, en la que acordaron retomar las negociaciones comerciales. El 15 de agosto anunció un retraso de tres meses para productos como los juguetes o productos electrónicos de consumo, hasta el 15 de diciembre.

Críticas empresariales

Trump justificó entonces esa marcha atrás como un intento de no perjudicar al sector de las ventas al por menor, que en Estados Unidos logra su mayor facturación en torno a la campaña navideña. Con todo, las protestas del sector empresarial de Estados Unidos cada vez se oyen con mayor contundencia. La Cámara de Comercio estadounidense rechazó de inmediato la orden de Trump de abandonar China, donde las empresas estadounidenses acumulan importantes inversiones. “Aunque compartimos la frustración del presidente, creemos que el camino correcto es un compromiso continuo y constructivo”, declaraba este viernes Myron Brilliant, vicepresidente de la organización. “Las guerras comerciales no se ganan”, advirtió, en total oposición al “las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar” del presidente estadounidense.

Las amenazas de Trump no solo se han ceñido a las empresas de EE UU presentes en China. El mandatario ha pedido que las grandes empresas de paquetería examinen los envíos procedentes de China, y los devuelvan si lo creen necesario, en busca de fentanilo, una de las sustancias narcóticas que se encuentra detrás de la epidemia de adicción a los opioides en EE UU. Trump acusa a Pekín de tolerar la producción en su suelo y el envío de la droga a Estados Unidos.

Tanto FedEx como UPS respondieron asegurando que ya toman importantes medidas de seguridad para impedir el uso de sus redes de transporte para actividades ilegales o el envío de drogas como el fentanilo. Pero sus acciones ya se habían desplomado más de un 3% en Bolsa.  

Números rojos en las Bolsas, el petróleo y el dólar

La escalada entre China y Estados Unidos se tradujo este viernes de inmediato en considerables números rojos en las Bolsas y los valores estadounidenses. El índice Dow Jones perdió cerca de 600 puntos, cerrando con una caída del 2,3%, impulsado por los sectores más afectados por la guerra comercial, como las automovilísticas, las tecnológicas, las empresas de paquetería y las compañías agroalimentarias.

El precio del petróleo de referencia para Estados Unidos, el WTI, perdía el viernes más de un 3%, hasta rondar los 53,6 dólares por barril. No solo porque por primera vez las importaciones de crudo estadounidense se incluyen entre los productos gravados por Pekín sino porque el enfrentamiento comercial anticipa un frenazo económico que, unido a otros factores políticos, podrían acabar provocando una recesión global. Desde abril, el precio del crudo acumula una caída del 19%.

Asimismo, el dólar sufrió el viernes una notable depreciación y cayó a su nivel más bajo en tres semanas frente al euro y de una semana frente al yen. Frente a la divisa china, sin embargo, subió un 0,6%.

De momento, las negociaciones entre China y EE UU se mantienen. Desde la tregua pactada en Osaka, los equipos negociadores de los dos países, encabezados por el representante comercial, Robert Lightnizer, en el lado estadounidense y el viceprimer ministro Liu He, en el chino, han conversado por teléfono en varias ocasiones. La única reunión cara a cara ha tenido lugar en Shanghái el 30 de julio, aunque sin aparentes progresos. El próximo encuentro estaba previsto para septiembre en Washington, si los últimos pasos de uno y otro Gobierno no lo descarrilan.

Por Macarena Vidal Liy y Antonia Laborde

Pekín / Washington 23 AGO 2019 - 17:13 COT

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