Para derrotar a la extrema derecha, la izquierda debe abrazar un Brexit socialista e internacionalista

La Unión Europea consagra el Thatcherismo en el continente: la creencia de que puede ser reformado desde dentro es engañosa.

 

 


2019-07-17 15:41:00

Paul Mason ha hecho una importante contribución al debate desde la izquierda en relación al Brexit. Esta aportación es importante porque Mason es el mayor europeísta dentro de la izquierda militante. La UE es esa anti-democrática y capitalista organización que se ha convertido en un pilar de la globalización y la capitana de la desigualdad.

Su artículo contenía el habitual macartismo de culpabilizar a quienes se oponen a la UE. El ataque de Mason a Eddie Dempsey, un sindicalista antifascista, es un clásico ejemplo de ello. Es imprescindible que nos movamos más allá de este tipo de politícas de la izquierda.
Mason tiene razón al argumentar que existe una amenaza de una reacción desagradable de la derecha. Pero la verdad es que esta amenaza se intensificará si se abandona el Brexit. La decisión de abandonar la UE se tomó en un referéndum con la votación más numerosa de la historia británica.

Esto no fue ciertamente la expresión de una política de extrema derecha, sino la visión establecida de millones de votantes laboristas y conservadores. Si votar no puede producir un cambio, entonces nuestra política está en crisis. Apoyamos la prioridad de la democracia. En las últimas elecciones, los dos partidos principales se presentaron en manifiestos que prometían respetar el resultado del referéndum. El voto de Ukip fracasó y el de los Laboristas se reactivó. Es la falta de voluntad de la clase dominante al llevar a cabo el Brexit, y no el propio Brexit, lo que está llevando a la ira popular.

También es cierto que la izquierda no ha podido articularse ni hacer campaña en torno a una visión democrática de renovación nacional. Parte del problema es que el euroescepticismo en el seno laborista desde una postura más izquierdista, inicialmente encarnado por Barbara Castle, Tony Benn, Michael Foot y Jeremy Corbyn, ha sido sofocado por las responsabilidades del liderazgo, mientras que la derecha euroescéptica del partido, ejemplificada en Hugh Gaitskell, Denis Healey, Peter Shore y Ernest Bevin, fueron eclipsados por la progresiva globalización de la tercera vía. El resultado ha sido una ausencia de liderazgo para posibilidades democráticas y socialistas en el Brexit desde dentro del Partido Laborista, que se ha materializado en un rechazo a los votantes del Brexit que apoyan a los laboristas, al calificarlos de “xenófobos y racistas”. Respaldamos su voto y las posibilidades socialistas que se abren a través del restablecimiento de la soberanía democrática.

El argumento de Mason es que es una falacia autocumplida en el sentido de que abandona el terreno de la disputa democrática sobre el significado del Brexit y luego denuncia a todos los que no están de acuerdo con él como si le hiciesen el juego al fascismo. Mason ha adoptado la táctica de Hillary Clinton de reducir a los votantes del Brexit a un “saco de deplorables”. Eso da lugar a que la extrema derecha pueda reclamar sus afectos políticos.

Nuestro segundo punto es que siempre que la izquierda socialdemócrata ha adoptado una política pro-UE en Europa, ha sido diezmada. En Francia casi ha desaparecido, en Holanda y Bélgica ahora es marginal, en Alemania el Partido Socialdemócrata va por detrás de Alternativa para Alemania (AfD) en las urnas, y en Italia las fuerzas combinadas de las grandes tradiciones comunistas y socialistas no pudieron reunir ni la mitad de los votos del Movimiento Cinco Estrellas, cuyo lema era “vete a la mierda”.

La parálisis colectiva de la izquierda continental, particularmente su ala socialdemócrata, es una advertencia sobre el coste de abandonar las posibilidades de cambio democrático dentro del estado nación. Existen severas restricciones sobre lo que se puede lograr dentro de la UE y los votantes de la clase trabajadora lo saben.

La alternativa a esta historia estuvo representada brevemente por el Partido Laborista de Corbyn en las últimas elecciones generales, cuando el partido se comprometió a “respetar el resultado del referéndum” y propuso políticas que eran claramente contrarias a las limitaciones del Tratado de Lisboa. Esto ha sido posteriormente amenazado por la deriva hacia el remain (a favor de permanecer en la Unión Europea). El Partido Laborista podría haber liderado una campaña democrática a favor del Brexit, pero se ha negado a hacerlo. Nuevamente, las consecuencias de esto favorecen inevitablemente a la derecha.

El consenso emergente en torno a la postura remain, liderado por el Partido Laborista, se basa en la noción de la tercera vía en la que el objetivo principal de nuestra política es preservar y proteger las operaciones sin fricción del capitalismo. El capitalismo, sin embargo, es un sistema económico vorazmente duradero y robusto que no requiere del cuidado o de la protección constitucional. La democracia, por el contrario, es el mejor medio para resistir su dominio y eso no es posible dentro de las limitaciones de la UE. Esta postura conduce a una política de decepción o a la inevitable traición. Tampoco puede ser descrita como una “narrativa de esperanza”. Es más una promesa vacía que lleva al desencanto.

Esto se relaciona con el tercer engaño de la izquierda pro-UE; su negativa a reconocer la imposibilidad de reformar la propia UE. Han construido una posición en torno a “permanecer y reformar” (Mason) o “revuelta y transformación” (el gabinete en la sombra de Clive Lewis hacia el gobierno) que es claramente imposible dentro de las estructuras de los Tratados de Maastricht y Lisboa.

La UE se basa en los tratados y la máxima autoridad del Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas (TJCE) para resolver disputas. Los tratados se basan en la prioridad de las “cuatro libertades” (de circulación de mercancías, de personas, servicios y capitales) y las normas del Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Transformar estos tratados en una dirección socialista es ciertamente imposible. Al menos 15 gobiernos socialistas tendrían que ser elegidos simultáneamente, incluso para iniciar un cambio en el tratado, y el requisito de “consenso” en cualquier convención subsiguiente, y de ratificación unánime, permite el veto de cualquier estado miembro. La experiencia de Syriza en Grecia es una prueba fehaciente de la desesperanza del enfoque de “permanecer y reformar”. Mason informó bien sobre ese asunto. 

Su argumento de que el Thatcherismo en un país es malo es evidentemente correcto, pero yerra en no ver que el Thatcherismo en un continente sería claramente peor. Por eso nos oponemos a la UE.Existe una profunda distinción entre globalización e internacionalismo. El movimiento obrero y la izquierda en general, sería prudente al recordarlo. La UE es una fuerza globalizadora que subordina el trabajo al capital y la democracia al derecho de los tratados. No debemos agradecer nuestros derechos laborales o estado de bienestar a la UE, sino a la lucha política del movimiento obrero durante más de un siglo. Su argumento de que el Thatcherismo en un país es malo es obviamente correcto, pero no ve que el Thatcherismo en un continente sea claramente peor. Por eso nos oponemos a la UE.

Estamos viviendo un interregno, un período que Antonio Gramsci describió como un momento en el que “la crisis consiste precisamente en el hecho de que lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer: en este interregno se verifican los fenómenos morbosos más variados”. Uno de esos fenómenos morbosos es el compromiso de la izquierda con el mercado único, la unión aduanera y la soberanía del Tribunal de Justicia; hacia la eternidad capitalista de la UE. Por el contrario, instamos a una política basada en la democracia, las reformas económicas radicales y el internacionalismo.

La forma de derrotar a la extrema derecha es que la izquierda abarque un Brexit internacionalista y democrático.

 

the full brexit

The Full Brexit es un grupo a favor de la salida de Reino Unido de la Unión Europea formado por Maurice Glasman, Costas Lapavitsas, Mary Davis, Chris Bickerton, Wolfgang Streeck y Richard Tuck. Artículo publicado en Newstatesman: To defeat the far right, the left must embrace a socialist and internationalist Brexit, publicado con permiso por El Salto.

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Miércoles, 17 Julio 2019 08:44

¡Libre comercio o ecología!

Eduardo Esparza, detalle de la serie “Desentierros 3” (Cortesía del autor)

Al obtener el 10 por ciento de los escaños en las elecciones al Parlamento Europeo, los ecologistas han despertado un antiguo debate sobre el posicionamiento político de su movimiento. ¿Estilo más bien de izquierda, como sugiere la mayoría de las alianzas concluidas hasta ahora, o más bien liberal, como lo indican tanto la adhesión a Emmanuel Macron de varios ex dirigentes ecologistas (Daniel Cohn-Bendit, Pascal Canfin, Pascal Durand) como algunas coaliciones que en Alemania ya incluyen a la derecha y a los Verdes?
A priori, el liberalismo y la protección del medio ambiente deberían constituir una pareja explosiva. En efecto, en 2003 un teórico liberal tan esencial como Milton Friedman afirmaba: “El medio ambiente es un problema ampliamente sobrevalorado. [...] Contaminamos por el sólo hecho de respirar. No vamos a cerrar las fábricas con el pretexto de eliminar todas las emisiones de dióxido de carbono en la atmósfera. ¡Sería como ahorcarse ahora mismo!” (1). Y diez años antes que él Gary Becker, otro destructor de lo que aún no se llamaba “ecología punitiva”, él también “Premio Nobel de Economía”, había sostenido que “el derecho laboral y la protección del medio ambiente se han tornado excesivos en la mayoría de los países desarrollados”. Pero él ya anunciaba: “El libre comercio reprimirá algunos de estos excesos obligando a todos a seguir siendo competitivos frente a las importaciones procedentes de los países en desarrollo” (2).


¿Ola verde en Europa?

 

Por lo tanto, es comprensible que las angustias relativas al futuro del planeta hayan rehabilitado el término durante largo tiempo vilipendiado de “proteccionismo”. En Francia, durante un debate de la campaña electoral europea, los principales candidatos socialistas y ecologistas han pedido, incluso casi en los mismos términos que Marine Le Pen, “un proteccionismo en las fronteras de la Unión Europea” (3). Medimos las eventuales consecuencias de tal cambio de rumbo dado que el libre comercio constituye el principio histórico fundador de la Unión, al mismo tiempo que es el motor económico de su Estado más poderoso, Alemania. De ahora en más, todo el mundo sabe que el elogio, que pasó a ser consensual, de los productores locales, los circuitos comerciales cortos, el reprocesamiento de los residuos in situ, es incompatible con un método de producción e intercambio que multiplica las “cadenas de valor”, es decir organiza la noria de los buques portacontenedores en los que los componentes de un mismo producto “atravesarán tres o cuatro veces el Pacífico antes de llegar a las estanterías de un comercio” (4). En las próximas semanas no va a faltar la oportunidad de confirmar en la práctica su negativa a un libre comercio ecológicamente destructivo. En efecto, los parlamentarios de la Unión Europea tendrán que ratificar –o rechazar– un acuerdo de liberalización comercial con cuatro Estados latinoamericanos, entre ellos Brasil y Argentina (UE-Mercosur), otro con Canadá (Ceta) [Acuerdo Económico y Comercial Global], un tercero con Túnez (Aleca) [Acuerdo de Libre Comercio Completo y Profundo]. Veremos entonces si realmente una “ola verde” se extendió por el Viejo Continente.

1. Entrevista con Henri Lepage, Politique internationale, N° 100, París, verano de 2003.
2. Gary Becker, “Nafta: The pollution issue is just a smokescreen”, Business Week, 9-8-1993, en Le Grand Bond en arrière, Agone, Marsella, 2012.
3. France 2, 22-5-19.
4. Ben Casselman, “Manufacturers adapt to trade war, but the cost could be steep”, The New York Times, 31-5-19.

*Director de Le Monde diplomatique.
Traducción: Teresa Garufi

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Un regalito de China, más paciencia de EE.UU.

El presidente chino llegó a Osaka con la oferta de comprar “muchos” productos agropecuarios. Trump aceptó y la suba de tarifas se pospone.

 

 Los presidentes de China y Estados Unidos le bajaron un poco la temperatura al enfrentamiento comercial entre sus países. Xi Jinping trajo a la reunión del Grupo de los Veinte una prenda de paz que Donald Trump aceptó con entusiasmo, y ambos presidentes parecieron conformes con quedarse con el Plan B de la situación: las tarifas norteamericanas siguen en pie, pero no van a empeorar. En su despedida de Japón anoche y antes de salir para Seúl, Corea del Sur, Trump sorprendió avisando que va a visitar la zona desmilitarizada que separa a su aliado de Corea del Norte y que había invitado a Kim Jong Un a reunirse en la frontera.

En su encuentro en Osaka, chinos y norteamericanos se pusieron de acuerdo para volver a la mesa de negociaciones después de siete semanas, dando una señal de calma a mercados muy nerviosos. Xi y Trump pasaron cuatro horas hablando y la conclusiones de la muy larga discusión mostraron que no hubo un acuerdo de fondo, apenas una tregua. “La reunión fue muy, muy buena” dijo Trump con su habitual uso de doble adjetivos. “Diría que hasta mejor de lo que esperábamos”.

El lado americano aceptó postergar un aumento de las tarifas de importación, que subirían al 25 por ciento para un paquete de productos por 300.000 millones de dólares. También se aceptó darle un poco de aire a la empresa Huawei, la empresa de teléfonos celulares que está en el centro de una tormenta de acusaciones de robo de tecnología y espionaje.

A cambio, Trump aceptó un “tremendo” aumento en las exportaciones de alimentos norteamericanos a China. El norteamericano no reveló la cifra final que los chinos ofrecieron, pero dijo que le iba a pasar una lista de productos alimentarios y agropecuarios que él quería que compren.

Trump se hizo tiempo, entre tanto encuentro, para hacer un poco de diplomacia vía su canal favorito, Twitter. Así fue que se le ocurrió invitar al dictador norcoreano Kim Jong Un a un encuentro improvisado en la frontera entre las dos Coreas. Según el mismo Trump, la idea fue bien recibida por Kim y ambos países trabajaban contrarreloj para armar el encuentro. 

“Si ocurre, no va a ser una cumbre, va a ser un apretón de manos”, dijo Trump. Y cuando le preguntaron si cruzaría la frontera y entraría al norte para darle la mano a Kim, contestó que “seguro lo haría. Sin problema.” Si eso ocurre, Trump sería el primer presidente norteamericano en actividad en pisar suelo norcoreano.

Mientras se resolvía este encuentro, dramático como le gustan a Trump, el presidente le regaló un último problema a su anfitrión, el premier japonés Shinzo Abe. Lo hizo al decir en público que le había avisado que los tratados de defensa mutua entre ambos países eran “inaceptables” y que había que cambiarlos después de 68 años. Trump muchas veces criticó a Japón por negarse a mandar tropas al exterior, la última esta semana y ya en camino a Osaka, cuando twiteó que si los japoneses eran atacados “nosotros vamos a ir a ayudarlos, pero si nosotros somos atacados ellos no van a venir”.

El comentario demuestra una completa ignorancia del status que Estados Unidos le impuso a Japón después de derrotarlo en la segunda guerra mundial. Los norteamericanos ocuparon el archipiélago, dejaron al emperador Hirohito pero abolieron el imperio japonés, con lo que Japón no es ni reino ni república, apenas Japón a secas. También le impusieron una reforma legal y una constitución escrita en Washington, que entre otras cosas le prohibía terminantemente a las fuerzas armadas japonesas salir del país.

La prohibición es tan absoluta que hizo falta reformar la constitución para que Japón pudiera participar en operativos de la ONU, cosa que recién ocurrió en 1993. En el ejemplo de Trump, los japoneses no podrían auxiliar a los norteamericanos si son atacados porque los norteamericanos lo prohibieron absolutamente en la constitución y el tratado de 1951. En ese momento es que Japón se transformó en la gran base americana del Pacífico, central para la guerra fría con la URSS y las calientes con Corea y Vietnam.

Pero todos los tratados pueden cambiar y azuzar a los japoneses a armarse puede ser una manera de presionar a China. Una fuerte preocupación en Pekín es que al no resolverse el tema de las tarifas, las empresas que producen sus componentes o productos terminados en fábricas chinas comiencen a buscar otras bases industriales menos comprometidas políticamente. Si esto ocurre, sea porque Trump es reelecto o porque un futuro presidente demócrata elige sostener esta política, el resultado puede ser una “naturalización” de los costos más altos de producir en China y una fuga de inversiones a otros países más baratos.

Por eso no extraña que hasta un mandatario tan orgulloso como Xi se presente ante el norteamericano con un obsequio que sea apetecible, un pago por adelantado de futuros negocios. Para los chinos, la guerra comercial tiene implicancias a futuro que pueden ser históricas.


 

 Recuadro. 

 

Trump anuncia que restaurará las relaciones comerciales con Huawei

 Por, El diario.es

 

Estados Unidos permitirá a las empresas del país que vendan productos al fabricante chino Huawei, según ha anunciado este sábado el presidente estadounidense, Donald Trump.

Trump ha hecho el anuncio al referirse a lo convenido en la reunión que poco antes tuvo con el presidente chino, Xi Jinping, con el fin de avanzar para contener la guerra comercial que enfrenta a ambos países desde el año pasado.

"Hemos acordado que las empresas estadounidenses puedan vender productos a Huawei", ha agregado Trump, que se encuentra en la ciudad japonesa de Osaka para participar en la cumbre del G20 que comenzó este viernes y se cerró este sábado. "Vendemos a Huawei una tremenda cantidad de productos. He dicho que eso está bien. Es un tema complejo, por cierto".

Trump, sin embargo, no ha querido precisar si como parte de esa revisión en el caso del fabricante chino la compañía será sacada de lista del Tesoro de Estados Unidos donde están incluidas empresas vetadas de hacer negocios con firmas estadounidenses. "No hemos hablado de eso. Tenemos una reunión mañana o el martes", agregó Trump, y cuando se le volvió a insistir sobre si él creía que Huawei saldría de esa lista, recalcó que no quería hablar de ello.

Además, el presidente de EEUU ha confirmado que su Gobierno no impondrá nuevos aranceles a las importaciones desde China y ha señalado que seguirán las negociaciones entre Washington y Pekín para cerrar un acuerdo comercial.

"Si podemos llegar a un acuerdo será un evento histórico", ha afirmado Trump, que ha recordado también que Estados Unidos estaba analizando la posibilidad de imponer aranceles a importaciones chinas por valor de más de 300.000 millones de dólares. "Vamos a suspender esos aranceles y ellos van a comprar nuevos productos agrícolas", ha añadido en la rueda de prensa ofrecida poco después de que se cerrara la cumbre de dos días que celebró el G20 en Osaka.

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La guerra comercial entre China y EE UU acapara el G20

Según el secretario del Tesoro de EE UU, Steven Mnuchin, "ya tenemos cerca del 90% del camino" hacia un acuerdo comercial entre las dos potencias

 

 

Las banderolas ya están colgadas en el aeropuerto de Osaka, en Japón. Las azafatas esperan, sonrientes. El aparato de seguridad ya está desplegado. El presidente francés, Emmanuel Macron, ha sido el primero en llegar. Todo está preparado para la 14 cumbre del G20, las economías que agrupan el 85% de la riqueza mundial. Un evento que, según el secretario del Tesoro de EE UU, Steven Mnuchin, será “muy importante”. Pero cuyo acto principal, en el que estarán puestas todas las miradas, será una reunión fuera de programa: la que celebren los presidentes de EE UU, Donald Trump, y de China, Xi Jinping, para tratar de solventar una guerra comercial y tecnológica mutua que amenaza con arrastrar a toda la economía global.

Según ha declarado Mnuchin en una entrevista con la cadena de televisión CNBC este miércoles, dos días antes del pistoletazo oficial para la cumbre, “ya tenemos cerca del 90% del camino” hacia un posible acuerdo entre Washington y Pekín “y creo que hay una vía para completarlo”. “El mensaje que queremos oír es que ellos quieren regresar a la mesa de negociaciones y seguir. Creo que se nos presenta un buen resultado para su economía y la nuestra para conseguir un comercio equilibrado y seguir desarrollando esta relación”, ha dicho Mnuchin.

Las palabras de Mnuchin —uno de los principales negociadores en las conversaciones que se quebraron en mayo pasado, cuando todo parecía apuntar a un acuerdo entre las dos potencias, por desacuerdos fundamentales entre las dos capitales— abren un nuevo optimismo sobre la posibilidad de que los dos presidentes puedan llegar a algún tipo de entente cordial en Osaka. Ambos tienen prevista una reunión, confirmada por ambos gobiernos y la primera en más de seis meses. Probablemente ocurra el sábado, una vez hayan concluido las reuniones multilaterales.

En los últimos días, y después de casi dos meses de deterioro continuo en la relación, han resurgido las señales para el optimismo. Habían pasado casi ocho semanas en que Washington acusaba a Pekín de haber renegado de compromisos ya acordados para reformar sus leyes y permitir la competencia en igualdad de condiciones en el mercado chino. El Gobierno de Xi Jinping, por su parte, acusaba a Washington de acoso y de exigir términos que ponían en riesgo su soberanía nacional.

Pero los dos presidentes conversaron por teléfono la semana pasada, en un indicio de que ninguno de los dos países quiere ver un deterioro mayor de las relaciones al que ya han sufrido. Los negociadores jefes de las dos capitales, el vice primer ministro chino Liu He, Mnuchin y el representante de comercio exterior de EE UU, Robert Lighthizer, han conversado por teléfono esta misma semana.

A Trump no le conviene mantener una pelea prolongada con Pekín, ahora que ha lanzado su campaña para la reelección en los comicios del año próximo. Después de que en mayo los dos países elevaran sus aranceles mutuos, por 200.000 millones de dólares en el caso de EE. UU. y por 60.000 en el de China, el sector agrícola y los Estados tradicionalmente votantes republicanos han comenzado a sentir los efectos. Las encuestas no van todo lo bien que el antiguo magnate de la construcción esperaba. Y se siente apremiado, especialmente con otros frentes no solo abiertos, como los de Siria o Corea del Norte, sino en carne viva, como el de Irán.

Xi, por su parte, tampoco, necesita ahora un enfrentamiento comercial o tecnológico que pueda afectar a la buena marcha de su economía o a la creación de empleo. Según indicó en la conversación con Trump la semana pasada, citada por la agencia oficial china Xinhua, “la cooperación es algo que interesa tanto a China como a EE UU, mientras que la confrontación nos perjudica a los dos”.

Ninguna de las partes quiere hacer gestos demasiado sustanciales. Ni Trump aparecer como blando hacia China ante su electorado, ni Xi perder la cara ante Washington tras haber caracterizado la ruptura de las conversaciones como un paso necesario para defender su soberanía.

China, por boca del viceministro de Comercio Wang Shouwen, expresó este lunes en una rueda de prensa en Pekín su intención de hacer concesiones —no ha especificado cuáles— siempre y cuando se vean correspondidas.

El influyente blog Notas de Taoran, del periódico China Economy Daily y disponible en la red social Weixin, insiste en que “algunas personas” en EE UU no entienden la determinación de China a mantener su posición. “Si la parte estadounidense no cambia su manera de pensar y sus métodos, entonces todo lo que ocurrirá en los asuntos comerciales entre EE UU y China será que continuará el intercambio de puntos de vista y el mantenimiento de las posiciones, y no se lograrán progresos”.

Pese al optimismo de Mnuchin, la mayoría de los analistas considera como resultado más probable que Xi y Trump no cierren un acuerdo y se limiten a pactar una mera tregua, similar a la adoptada en la cumbre anterior del G20 en Buenos Aires, cuando acordaron un plazo de tres meses para negociar antes de imponerse nuevos aranceles mutuamente.

Según el presidente del Consejo Empresarial China-EE UU, Craig Allen, “el problema es que no hay tiempo suficiente para tratar un acuerdo completo, más bien solo para tratar sobre los próximos pasos a dar sobre cómo, cuándo, dónde y por qué volver a la mesa de negociaciones”.

Sí es posible, quizá, que los dos líderes lleguen a algún acuerdo sobre Huawei, la joya de la corona tecnológica china y a la que Washington amenaza con embargar su tecnología a partir del 19 de agosto por razones de seguridad nacional.

Una repetición de Buenos Aires sería lo más probable, apunta Matthew Goodman, del Centro de Estudios Estratégicos Internacionales (Csis, en sus siglas en inglés) en Washington. “Los dos líderes se reunieron, acordaron que tenían que retomar algún tipo de conversaciones comerciales y encargaron a sus ministros de Comercio que presentaran un acuerdo en un cierto plazo de tiempo”.

Acuerden lo que acuerden, “no resolverá los problemas inmediatos”, cree Goodman. Tampoco los de fondo. Son demasiado amplias las “profundas diferencias estructurales”. Aunque, si no cosas más tangibles, las dos partes sí ganarán algo que quieren: tiempo.

 

Por Macarena Vidal Liy

Osaka (Japón) 27 JUN 2019 - 03:59 COT

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Miércoles, 26 Junio 2019 08:18

Facebook invade los circuitos monetarios

Facebook invade los circuitos monetarios

Facebook ha anunciado que lanzará su versión de moneda digital el próximo año. El sistema bancario internacional encuentra inquietantes los planes del gigante de las redes sociales. La irrupción de Facebook en el ecosistema financiero podría ser el anuncio de cambios importantes.

La idea de crear una moneda digital es algo natural para Facebook, empresa que hoy cuenta con más de 2.6 mil millones de usuarios. Se calcula que pronto la mitad de la población mundial podría tener una página en Facebook y con esa red de usuarios el proyecto de introducir una criptodivisa adquiere enorme importancia. Mark Zuckerberg, el mandamás de Facebook, ya tiene nombre para su divisa: Libra.

Zuckerberg describe la Libra como un simple medio de pago que beneficiaría a centenares de millones de personas que hoy no cuentan con servicios bancarios. Pero Facebook y Zuckerberg no tienen buena fama cuando se habla de ética. Facebook ya es propietaria de otras grandes plataformas digitales, como Whatsapp e Instagram, lo que no permite pronosticar nada bueno en materia de concentración y poder económico. Además, Facebook ha sido responsable de la venta no autorizada de datos privados de sus usuarios en el pasado. Hoy, la empresa está en espera de que se resuelva una demanda en su contra por la Comisión Federal de Comercio, que podría resultar en una multa de 5 mil millones de dólares (mmdd).

Nada de esto parece frenar las ambiciones de Zuckerberg. El proyecto de la Libra ha recibido el apoyo de una constelación de 28 empresas, que incluye a MasterCard, Visa, PayPal, Uber, Spotify, eBay y Vodafone. Esta asociación será el motor y verdadero regulador de la Libra, y cada uno de sus miembros será el centro de un nodo de la cadena de bloques (similar a la tecnología del Bitcoin). La descentralización del sistema es presentada como una ventaja, algo así como un valor democrático, pero en realidad sirve para evadir el escrutinio de la regulación bancaria. Con razón el Banco de Pagos Internacionales ha sonado la alarma y se manifiesta en contra de esta invasión del ecosistema bancario.

En economías subdesarrolladas, en las que la mayoría de la población no tiene acceso a servicios bancarios, los sistemas de pagos con medios digitales ofrecen un atractivo importante al facilitar todo tipo de transacciones. La publicidad señala que la Libra será una simple ficha digital que cualquier usuario podrá comprar (con sus dólares, euros, yenes o pesos) y utilizar en sus intercambios. Pero nunca menciona que el servicio no es gratuito. Las comisiones serán un monto despreciable de cada transacción (por ejemplo, fracciones de centavos), pero el volumen de operaciones es astronómico y la suma de ganancias será gigantesca.

La gran diferencia de Libra con criptodivisas como Bitcoin y Ethereum es que la aceptación será fácil de lograr, dada la base de usuarios que constituye el principal activo de Facebook. El monstruo de las redes sociales obtuvo el año pasado beneficios por más de 55.8 mmdd, la gran mayoría proveniente de ventas de publicidad. Pero la empresa ya opera un pequeño sistema de pagos que le proporciona ganancias modestas (2 por ciento del total de sus ganancias en 2018). Se calcula que si el sistema de la Libra se desarrolla como se ha planeado, los ingresos anuales de Facebook por comisiones muy bien podrían rebasar 20 mmdd.

El valor de la Libra estará vinculado con una canasta de monedas y será cercano a la paridad con el dólar o el euro. Pero lo que nunca se ha aclarado es el mecanismo que permitirá regular el valor de la Libra una vez que arranquen las operaciones. La cantidad de Libras en circulación será función de los saldos en las cuentas de los usuarios, lo que introduce un factor de incertidumbre procíclica en la regulación de la Libra. Al igual que los bancos centrales, Facebook verá que la creación de Libras será un fenómeno endógeno que no controla.

Uno de los grandes problemas de otras criptomonedas ha sido la volatilidad de su valor. Bitcoin fue inicialmente presentado como simple medio de pago, pero muy rápidamente se convirtió en vehículo para la especulación. Y esa mutación es normal: un objeto susceptible de cumplir la función monetaria de medio de pago debe tener un precio positivo (poder de compra). La expectativa de su aceptación generalizada le confiere la cualidad de ser reserva de valor y lo convierte en un activo. La Libra, como cualquier activo y al igual que el Bitcoin, será objeto de especulación en un espacio paralelo al mercado mundial de divisas.

El sistema bancario internacional mantiene prudente silencio frente al nacimiento de la Libra. Hoy, los bancos centrales no controlan la oferta monetaria y el nuevo instrumento de Facebook hace patente esta falta de autoridad. Los bancos comerciales privados resienten la presencia de este intruso, que sólo quiere un pedazo del pastel ligado al privilegio de la creación monetaria. No cabe duda, Facebook abrirá un nuevo capítulo en la historia del capital financiero.

Twitter: @anadaloficial

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Martes, 25 Junio 2019 06:22

Fútbol: una revolución

Fútbol: una revolución

Una novedosa y súbita pasión acaba de brotar entre los franceses: el fútbol femenino. Sin duda, las imágenes televisivas de esta actual Copa Mundial, tanto de las futbolistas como del magnetizado público, han contribuido en parte a esta afición. El equipo francés de jugadoras es filmado casi paso a paso: entrenamientos, trayectos, salida de los vestidores, entrada al campo de juego entre las ovaciones del estadio, goles y el ‘‘ola” público importado de México para festejar el match.

Los comentarios que suscita este entusiasmo no se hicieron esperar. Cada persona tiene su opinión personal y de-sea exponerla. Lo mismo niños y niñas de cinco y siete años, cronistas deporti-vos, editorialistas de diarios y revistas, políticos, sociólogos, siquiatras, femi-nistas, cómicos, imitadores o machosempedernidos.

Las niñas se pintan los colores azul, blanco y rojo de la bandera francesa en las mejillas, sonríen, gritan su admiración por las distintas futbolistas, nuevas heroínas de la sociedad francesa.

Los adultos expresan su fervor con vehemencia o con serenidad según su carácter, su tendencia a la exaltación o la imagen de seriedad pontifical que buscan presentar ante los otros.

Las feministas exigen respeto por las jóvenes jugadoras y vigilan el lenguaje los cronistas a quienes se exige poner atención a sus palabras y evitar cualquier asomo de ironía ante los ‘‘pases” de una u otra de las chicas… pues el término passe en francés tiene el ambiguo significado de un comercio sexual. Los políticos exclaman ‘‘¡victoria!” incluso ante el autogol de la campeona del equipo, acaso con la intención de atribuirse el triunfo y ungirse de gloria como es su costumbre ante cada éxito obtenido en la sociedad. Sociólogos y siquiatras analizan con minucia los nuevos avances de la liberación femenina gracias al fútbol. El presidente francés, Emmanuel Macron, desciende al área de juego y se pasea entre las futbolistas platicando con una y otra. Los cómicos bromean procurando abstenerse de un machismo arcaico. Viejos o jóvenes machos comprenden que cualquier mofa está de más y puede volverse contra ellos mismos.

Cierto, hay diferencias notables entre el futbol practicado por un equipo masculino o por uno femenino. Lo más asombroso es que esta diferencia es quizás la principal razón del enorme éxito obtenido ante un vasto público de espectadores seducidos por la novedad del espectáculo. Los fans conocen cada detalle de las proezas de sus campeones, los Neymar, Messi, M. Bappé, y, ahora, descubren que las mujeres logran hazañas equivalentes aunque con otro estilo. Los jugadores masculinos tienen tal vez más fuerza física, pero las jugadoras compensan esta diferencia con un suplemento de fineza, de habilidad y, también, de gracia. Sobre todo, ellas dan con más fuerza la impresión de estar ahí, en el estadio, para jugar y no para hacer la guerra. Ellas ríen, incluso cuando no consiguen meter el gol. Lloran también, pero a menudo de alegría. Conservan su sentido de la elegancia incluso cuando corren, se tropiezan o caen, y evitan el ridículo de algunos peinados y cortes de pelo estrafalarios de los exhibicionistas jugadores masculinos. Todo esto proporciona una admirable frescura a este deporte que no parecía cesar de caer en la triste y aburrida tendencia al encierro en la monotonía de las cuentas bancarias, donde la cuestión más discutida era la cifra de las sumas astronómicas ganadas por las estrellas del futbol.

Con justa razón, numerosos comentadores se plantean la cuestión del dinero. Es asombroso constatar que las mejores campeonas femeninas reciben un salario 10 veces, cien veces, mil veces inferior al que reciben sus colegas masculinos. Este hecho, semejante a lo que sucede en tantas otras actividades donde los salarios son desiguales según el sexo al cual se pertenece, constituye una injusticia e, incluso, un escándalo que no debería durar mucho tiempo en una sociedad que se pretende democrática.

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Libra: mercantilización disfrazada de criptomoneda

En el siglo XXI, los teléfonos móviles han sustituido a las bayonetas como herramienta bélica-comercial. Dada la capacidad de las tecnologías digitales para extenderse por todo el globo, hay que poner el foco en la utilidad geopolítica que pueda tener Libra, la moneda controlada por Facebook.

 

 

En un claro ejercicio de contorsionismo publicitario, la firma que explota la infraestructura digital sobre la que se erigen las sociedades contemporáneas ha lanzado una “moneda global”, llamada Libra, con el fin de “empoderar a billones de personas.” Ciertamente, este era un acontecimiento esperado: tras haber disrumpido la vida política de los ciudadanos con la retórica de conectar a la humanidad, el ethos humanitarista de Facebook ha arribado en la industria financiera, quien desde hace algunas décadas ostenta el papel de intermediario central en la economía capitalista

Gracias a una suerte de monedero digital diseñado para intercambiar dinero, el cual ha recibido el nombre de Calibra, la compañía que lo controla afirma que pueda dar respuesta a uno de los grandes problemas que sufren los llamados “unbanked”: el acceso a los servicios financieros (restringido debido a cuestiones geográficas, burocráticas o económicas de los países pobres). La tecnología como el blockchain no requiere que los bancos centrales, u otras instituciones financieras, intervengan en los pagos. Por este motivo es descentralizada: los negocios no tienen que estar mediados por los bancos, quienes imponen elevados costes para llevar a cabo transacciones monetarias. Los estratos más pobres de África están de suerte: seguirán careciendo de cajeros, y ya no digamos de control sobre las finanzas públicas, pero al menos tendrán una cuenta en Facebook. ¿Nos encontramos ante un “nuevo bien público mundial”, en palabras de David Marcus (CEO de Libra), o ante un movimiento hacia delante de la clase dominante?

De un lado, aunque algunos estudios defienden que la introducción de las criptomonedas puede tener un impacto positivo en el sector financiero y desarrollar una infraestructura para llegar a las personas en condiciones de pobreza, asentar el debate sobre este argumento tiende a pasar por alto dos cuestiones importantes. La primera, como señalan voces tan poco heterodoxas como las del Financial Times, es que la mayoría de las características que componen las cadena de bloques no se encuentran presentes en Libra. ¡Es una criptomoneda que no es una criptomoneda! La segunda es la vinculación entre la tecnología y la agenda neoliberal. Brett Scott, autor del libro The Heretic's Guide to Global Finance, resumía de manera cristalina su pensamiento tecnocrático al afirmar que los problemas de acceso bancario pueden ser entendidos como disfuncionalidades del sistema capitalista a solucionar mediante inversión privada o como un cambio sociológico que requiere de educación o instituciones locales para ser revertido, y no de los mercados financieros. Al promover estos últimos, Facebook también reduce el margen de acción de los antiguos y obsoletos acuerdos constitucionales firmados por los estados.

Ninguna concesión al poder performativo de este discurso corporativo: tras la crisis financiera de 2008, un escándalo de una envergadura bastante mayor al de Cambridge Analytica, tanto los bancos centrales como el modelo de acumulación sin producción de mercancías se pusieron en entredicho. El lenguaje emotivo en torno al bitcoin o las criptomonedas (la aplicación más desarrollada de la tecnología blockchain) ha venido a rescatar (o disrumpir) el sistema financiero. Facebook, incrustado en los ubicuos dispositivos de dos mil doscientos millones de usuarios (Instagram tiene algo menos de la mitad), se acaba de postular para llevar a cabo esta hazaña. Y no está solo.

Entre los veintisiete Founding Fathers que desplegarán semejante infraestructura digital se encuentran compañías de pagos (Visa, Mastercard o Paypal), gigantes tecnológicos (ebay, Uber o su competidor Lift y Spotify), empresas de telecomunicaciones (Vodafone, quien ha iniciado el despliegue precomercial de 5G en España), de blockchain (Xapo Holdings Limited, entre cuyo órgano asesor se encuentra el exsecretario del Tesoro Larry Summers, quien ya trabajó con la segunda personas más importante de Facebook —Sheryl Sandberg— durante aquella época), firmas de capital riesgo (Andreessen Horowitz, que en 2012 entregó 2.000 millones de dólares a Facebook para comprar una compañía de realidad virtual llamada Oculus) y un también un puñado de instituciones sin ánimo de lucro para camuflar sus planes ante la opinión pública (Creative Destruction Lab, entre cuyos “mentores” destaca Elizabeth Caley, directora de la fundación Chan Zuckerberg Initiative). Desde luego, esto es lo más parecido a lo que los teóricos del Estado patrios definirían como un “bloque histórico” llamado a superar la “coyuntura” contemporánea.

Parece sencillo de entender que estos capitalistas desarrollarán todo tipo de aplicaciones user-friendly (como la de Spotify) para enviar monedas digitales o hacer transferencias a través de Messenger o Whatsapp. Una vez privatizada y mercantilizada la infraestructura de las comunicaciones, lo cual pone en jaque cualquier noción de democracia, como hemos observado recientemente en algunos procesos electorales, Facebook quiere expandirse hacia cada vez más áreas de la vida de las persona. También alumbrar la forma más depurada de lo que David Harvey ha dado en llamar “acumulación por desposesión [de activos económicos]”. Qué duda cabe de que cuenta con la tecnología a su alcance para llevarlo a cabo.

Este doble movimiento de Facebook es extremadamente poderoso y sigue la última moda en Silicon Valley: mercantilizar los datos de los usuarios. Evgeny Morozov lo resumía de la siguiente forma: “la apuesta a largo plazo de Facebook implicaría una economía digital donde los datos y los servicios digitales estén completamente mercantilizados”. Este modelo de negocio, añadía, podría ser tan rentable como aquel en el que los imperativos de la publicidad contribuyeron a alejar esos mismos datos de otros mercados. Basta un sencillo ejercicio de lógica para comprender que una empresa, en el foco de los legisladores anti-monopolio, quiera diversificar su modelo de negocio, cobrar directamente por la prestación de servicios y enarbolar el argumentario de que no manipula las conciencias políticas para ganar dinero vendiendo publicidad a cualquier anunciante republicano. Al parecer, la forma más pura de la mercancía, gracias a su cualidad fetichista, no genera tantos problemas de cara a la opinión pública.

Por otro lado, si nos fijamos en el modo en que se desarrolla la competencia en la economía global podemos comprender otro de los motivos por los que Facebook ha puesto en marcha Libra. En China, el hecho de que una red social ofrezca un sistema de pago no supone novedad alguna. El pago a través de WeChat (el programa de mensajería y redes sociales de Tencent con más de 1.000 millones de usuarios activos) o de Alipay (Alibaba) se encuentra ampliamente implementado en el país, hasta el punto en que incluso es posible entregar limosnas a los vagabundos mediante un código QR. De hecho, Tencent lanzó su propia moneda virtual mediante QQ Coin en 1999.

Probablemente, la armada de estrategas en asuntos públicos que Facebook tiene en plantilla hayan asesorado a Mark Zuckerberg de que se presente ante los reguladores estadounidenses, o directamente ante Donald Trump, como una poderosa arma de contención del gigante chino. No es ninguna novedad que las corporaciones de Silicon Valley, o la de Wall Street y Hollywood, sean herramientas valiosas para la política exterior estadounidenses (estas primeras jugaron un importante rol diplomático durante el primer mandato de Barack Obama en países como México, Siria o Iraq), sino que el enemigo a batir en este caso sea tan poderoso como China; y más aún, teniendo en cuenta su rápida expansión hacia África mediante fuertes inversiones en infraestructura y la creación de instituciones financieras propias, las cuales emplea como soft power mientras lleva a la realidad la estrategia llamada One Belt, One Road.

En el siglo XXI, los teléfonos móviles han sustituido a las bayonetas como herramienta bélica-comercial. Estos pueden emplearse para acabar con la regulación de los mercados bancarios y financieros de las regiones, sea africanas o asiáticas, o directamente para atraer al resto de monedas hacia el núcleo irradiador del dólar. Como señala un estudio reciente, los países africanos carecen de la capacidad para crear infraestructuras de datos robustas (este el nuevo subdesarrollo) y, como resultado, emplean teléfonos móviles para entregar el salario a los trabajadores, pagar las facturas domésticas o son utilizados por pequeñas empresas para efectuar transacciones comerciales internacionales. ¿Por qué le habrán llamado libra, dando lugar a especulaciones sobre una posible guerra de divisas, cuando quieren decir reafirmar el enorme poder del dólar?

Que la información sobre las transferencias de dinero, una relación social según Marx, se hayan almacenado en el libro de cuentas de los bancos sin que el Estado pudiera auditarlo es un suceso tan antiguo como el renacimiento italiano, pero dada la capacidad de las tecnologías digitales para extenderse por todo globo, la utilidad geopolítica que pueda tener esta moneda en control de Facebook no es baladí. Aunque para ello deba convencer a los usuarios de que la utilicen (probablemente con algún incentivo económico), a los legisladores y a otros países.

En relación a este último punto, Zuckerberg viajó a Sudáfrica en 2013 para reunirse con distintos líderes regionales y propuso desplegar redes gratuitas de internet (llamadas Freebasics) para que la economía de los países desfavorecidos fuera más eficientes. Esta política de desarrollo privada significa que, una vez haya conectado a su infraestructura al 60 por ciento de la población que en 2020 seguirá desconectada, llámese red social o moneda virtual, tendrá la capacidad de controlar e influir en la manera que estas naciones (poco soberanas) acceden al resto de servicios en la economía digital. Un trabajo académico exponía de manera clara la intención de este tipo de iniciativas filantrópicas por parte de los capitalistas digitales (el que siempre ha sido el objetivo principal de la política yanqui): “la dominación global.”

Por último, esta suerte de superestructura erigida sobre el sistema financiero tiene el objetivo de colocar a Facebook en el rol de algo así como un banco central, pero del capital social, como lo definía un estudio publicado hace unos meses, e implementar un modelo de gobernanza neoliberal centralizado, no en el Estado, sino en una corporación estadounidense. Sus conclusiones, foucaultinas en grado máximo, nos resultan esclarecedoras: “cuando el capitalismo digital convierte las interacciones humanas mundanas en producción biopolítica, las corporaciones gobiernan estas interacciones para maximizar sus ganancias y tomar decisiones sobre temas políticos fundamentales; Facebook puede gobernar y disciplinar a los usuarios de manera efectiva; estas plataformas digitales desarrollan aparatos de gobierno y legitimación cuasi-constitucionales”.

Los mercados financieros sustituyeron a los parlamentos y determinaron las políticas fiscales de los Gobiernos europeos una vez la crisis se hizo evidente, lo cual supuso un tremendo ataque a la democracia liberal. Facebook tiene una solución para ambos problemas: imponer sus propios mercados, basados en los datos, y establecer mecanismos de control más autoritarios que los de cualquier banco central. ¿O alguien espera que, en una economía aún inmersa en una enorme crisis, toda esa información que Facebook tiene sobre los ciudadanos sea utilizada para algún fin distinto al de aplicar recetas de austeridad, privatizar de manera inteligente los servicios públicos o dictaminar el comportamiento de las administraciones públicas? Ante esta realidad catastrófica, a uno sólo le queda recordar que Pedro Sánchez se presentó a las elecciones con un corazón (era el “me gusta” de Instagram) junto al logo de su partido. 

 

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Trump pierde Guerra imperialista contra China
  1. Tres objetivos estratégicos

La supuesta guerra "comercial" (trade war) de Trump contra China es de hecho una guerra de "contención imperialista", que pretende alcanzar tres objetivos estratégicos: 1. Garantizar el éxito de Dangerous Donald (Hillary Clinton) en las elecciones presidenciales de 2020; 2. Sustituir los mecanismos de competencia legal de la economía de mercado por prácticas neocoloniales proteccionistas. En otras palabras, negarle el funcionamiento a la "mano invisible" de Adam Smith, que sostiene la eficiencia cibernética de la crematística mercantil; 3. Evitar que el país con el mayor potencial evolutivo contemporáneo y el sistema de liderazgo más eficaz de la sociedad global, China, tenga influencia en la constitución del emergente orden global tetrapolar, que sustituirá la supremacía del American Way of Life y del American Century.

 

  1. El Precio de la Guerra

El uso ilegal de aranceles proteccionistas estadunidenses como armas político-económicas de extorsión y destrucción, tal como Trump las aplica contra México, Canadá, Irán, la Unión Europea, Rusia, Venezuela, Cuba y China, produce enormes sufrimientos para millones de seres humanos; incluyendo, de manera creciente, para ciertos sectores de la sociedad y economía de Estados Unidos. Peor aún, si el "megalómano narcisista" (Noam Chomsky) sigue adelante con su amenaza de imponer aranceles adicionales del 25 por ciento a las importaciones chinas, la economía global "podría terminar en una recesión dentro de tres trimestres fiscales", como advierte el economista en jefe del banco de inversión Stanley Morgan. Chetan Ahya. Por esa razón, más de 600 corporaciones estadounidenses enviaron una carta abierta a Trump, presionándole a que "ponga fin a la guerra comercial con China".

Los aranceles son impuestos (costos) pagados por consumidores y corporaciones estadounidenses, aleccionó la asociación de comercio minorista más grande del mundo, la National Retail Federation (NRF), al analfabeta económico Trump y le advierte, que dos millones de empleos en Estados Unidos se perderán en el primer año de aplicación de los aranceles, mientras que el PIB respectivo descenderá uno por ciento. El argumento de Trump de que las empresas estadounidenses se repatriarán de China es, por supuesto, fake news, como sabe todo economista serio. Las cadenas de valor mundiales (global value chains) no tienen la elasticidad productiva ni distributiva necesarias para compensar la grave perturbación que causarían los aranceles. Y la elasticidad del mercado laboral estadounidense, prácticamente carente de un ejército industrial y de servicios de reserva, tampoco podría asimilar un retorno masivo de empresas gringas.

 

  1. El Retorno del Imperialismo clásico

El objetivo estratégico de toda guerra, comercial o militar, es doble: derrotar al enemigo para poder determinar el sistema de posguerra en favor del vencedor. Expresados en términos del contexto geopolítico actual, los imperativos político-económicos de Trump son claros. El Imperio tiene que mantener su monopolio global de las ciencias y la tecnología del siglo XXI, a fin de garantizar las condiciones más beneficiosas de acumulación de capital y tasas de ganancias a nivel global, para sí mismo. Es este imperativo político-económico, que hace imposible que las élites de poder imperialista a las que Trump sirve, puedan conceptualizar un nuevo orden global con cuatro superpotencias iguales, un liderazgo distribuido y la asignación negociada de recursos y beneficios, en, por ejemplo: un orden global tetrapolar con la Unión Europea, Rusia y China.

La esencia del imperialismo capitalista clásico, como mostró Lenin, reside en la explotación de otros pueblos y estados a través del empleo de fuerzas productivas (económicas) y destructivas (militares) comparativamente más desarrolladas y poderosas de un agresor, Estado o clase dominante, contra una entidad víctima más débil. Ese es el caso de la política exterior de Trump. El 15 de junio de 2018, la Casa Blanca reveló, que la supuesta guerra comercial con China no tiene nada que ver con el comercio, sino que es un déja vu del imperialismo clásico. El objetivo principal de los aranceles punitivos, anunció el Bunker del Imperio, es el programa de calidad Hecho en China 2025, que es, en palabras de Washington, "un plan estratégico para dominar las industrias emergentes de alta tecnología que impulsará el crecimiento económico futuro para China, pero perjudicará el crecimiento para los Estados Unidos..." Quod erat demonstrandum.

 

  1. ¿Puede Trump ganar?

El intento de Trump de destruir a cualquier rival potencial del sistema internacional y, particularmente China, mediante las técnicas clásicas de agresión imperialista, está condenado al fracaso, como evidencian las métricas de las respectivas escalas económicas y de seguridad. En el nivel micro, por ejemplo, el argumento de que la tecnología Huawei G-5 presenta un riesgo de seguridad de datos para Occidente, es quijotesco, como demuestra el hecho, de que la empresa china Exception PCB, con sede en el Reino Unido, fabrica las placas de circuito impreso (circuit boards) que controlan los motores, la iluminación, el combustible y los sistemas de navegación del ultrasecreto F-35 Joint Strike Fighter (sic). Preguntado sobre el tópico, el Ministerio de Defensa del Reino Unido dijo que la empresa es un proveedor establecido y no presenta "ningun riesgo". Admirable, sin duda, el alto nivel de consistencia de la "guerra comercial" de Trump.

 

  1. Trump ya perdió su "guerra imperialista de contención"

La política de Trump, de tratar de imponer la voluntad de ciertos sectores de la élite del poder estadounidense a otros grandes conglomerados de poder como Rusia, China o la Unión Europea, no tiene un camino evolutivo disponible para prosperar. En 1945, cuando el Imperio dominaba la mitad del Producto Económico Global, podía gobernar con un puño económico y financiero de hierro sobre el mundo occidental. Hoy en día representa apenas el 23% del PIB mundial. Su capacidad de poder adquisitivo y negación del mercado ya no son los instrumentos de estrangulación mortales, como solían serlos. De la misma manera, en cuanto al uso de materiales de tierras raras (rare earth materials), que son imprescindibles para la producción de prácticamente todos los productos militares y civiles de alta tecnología, Washington importa hoy día el 80% (sic) de ellos de China. Un embargo chino respectivo haría colapsar la producción de las corporaciones de alta tecnología estadounidenses.

Algo similar sucede en el reino de las fuerzas destructivas que sustentan las ambiciones de supremacía global de Washington. Pese a gastar anualmente múltiples veces más fondos en armamentismo que Rusia o China, Washington ha perdido la carrera armamentista con Rusia, que hoy día goza de una ventaja comparativa de diez años en armas estratégicas operativas, frente al imperialismo estadounidense. En buen romance: Estados Unidos perdería cualquier guerra militar con Rusia, si se atrevería a provocarla.

 

  1. El Impeachment de Trump

El intento de Trump de destruir el orden liberal burgués global y sustituirlo por una nueva arquitectura internacional, aún más pronunciadamente socialdarwinísta que la actual y basada exclusivamente en el uso del poder crudo, puede caracterizarse científicamente como el Fascismo del Siglo XXI in statu nascendi. Los principales contenidos ideológicos e institucionales de esta nueva y peligrosa versión de dominación clasista de la burguesía y del capital, han sido publicados en el Washington Post por el pensador estratégico del presidente, el autodenominado "orgulloso sionista evangélico" (proud evangelical zionist), Stephen Bannon. Es obvio, que su narrativa es, mutatis mutandis, comparable a la del fascismo histórico del Siglo 20. En esta narrativa, China aparece como el más grande peligro histórico para Estados Unidos y el combate al Partido Comunista como conditio sine qua non para prolongar el siglo de oro de Estados Unidos.

Las erráticas, ilegales y violentas políticas nacionales e internacionales de Trump, junto con el diseño totalitario subyacente formulado por Bannon, apoyados por la nomenclatura del Partido Republicano, han llevado a Trump al borde del juicio político de destitución (impeachment) y la derrota electoral en 2020. De hecho, Jerry Nadler, el poderoso Presidente del Comité Judicial de la Cámara de Representantes, ha acusado públicamente a Trump (5.5.), de llevar a cabo "un ataque a la esencia de la democracia". Nos encontramos en una crisis constitucional, porque Trump está tratando de imponer una "forma más tiránica de gobierno". "No puede haber apuestas más altas que este intento de arrogar todo el poder al Poder Ejecutivo, lejos del Congreso y... del pueblo estadounidense. No podemos permitir que la democracia se convierta en una monarquía, donde él se convierta en rey... El bloqueo de varias investigaciones del Congreso por Trump es una afirmación del poder tiránico del presidente, que no se puede permitir que prospere" -- an assertion of tyrannical power by the president that cannot be allowed to stand.

  1. Los Resultados de la Cumbre del G-20 en Osaka

La correlación de fuerzas a nivel nacional e internacional se está volviendo cada vez más en contra de las políticas imperialistas de Trump. En consecuencia, llegará a la Cumbre de Osaka del G-20 (28/29.6.2019) en una posición de negociación muy debilitada y se verá obligado a proponer un plan de compromiso al presidente Xi Jinping, que le permitirá conservar sus prospectivas electorales para el año 2020. China, a su vez, guiada por su doctrina de política exterior del win-win, hará todo lo posible --dentro de los límites de la soberanía y la dignidad nacionales-- para facilitar un acuerdo que proteja un sistema global razonable y previsible. Es posible, por lo tanto, que se firme en Osaka algún fase-saving convenio, pese a que un convenio con Trump sólo dura el tiempo que sus bipolarismen se lo permiten. Es muy probable, entonces, que el precio de la derrota de Trump en la guerra imperialista contra China, se lo cobrará a Irán, Cuba, Nicaragua y Venezuela, con tal de ocultar el desastre de su política exterior frente a China, Corea y Rusia, ante su electorado.

Esperemos, que la serenidad y el poder de Xi Jinping y Putin, junto con una política inteligente del Partido Demócrata en Estados Unidos, logren que la actual canibalezca política socialdarwinista del Imperio contra los intereses de la humanidad, pueda ser conjurada, antes de que termine en una Tercera Guerra Mundial.

Por: Heinz Dieterich | Jueves, 20/06/2019 08:11 PM 

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Insólito "nacionalismo" del "GAFAT" de Silicon Valley

Ante el cataclismo del globalismo neoliberal brota todo tipo de nacionalismos: político/económico/étnico/religioso y ahora hasta la variante tecnológica del GAFAT (Google/ Apple/Facebook/Amazon/Twitter).

Chris Hughes, cofundador de Facebook, aboga la fractura de la triada monopólica Facebook/WhatsApp/Instagram, pero advierte que "la atomización de Facebook o de otras trasnacionales tecnológicas de EU pudiera ser un problema a la seguridad nacional, ya que los avances en la inteligencia artificial requieren inmensas cantidades de datos y poder computacional cuando solamente trasnacionales como Facebook, Google y Amazon pueden procurar tales inversiones" (https://bit.ly/2LCGzOU).

La connivencia del Pentágono y el GAFAT es circular: desde su génesis del DARPA/ARPANET hasta la rama Defense Innovation Board (DIB) que preside el israelí estadunidense Joshua Marcuse, donde se encuentran los principales dirigentes de las joyas estratégicas de Silicon Valley que tienen como finalidad, sino destruir a sus competidores más eficientes de China, por lo menos contenerlos.

Sheryl Sandberg, ejecutiva de Facebook, comentó que la fractura de la triada Facebook/WhatsApp/Instagram debilitaría a EU en su batalla tecnológica con China, mientras Pekín no hará lo mismo con sus empresas tecnológicas (https://cnb.cx/2Ywd0jF).

Según Sherisse Pham, la restricción de la empresa tecnológica china Huawei por Google a su sistema operativo Android, debido a la "lista negra" de Trump por pretextos de "seguridad nacional", es un "tremendo golpe", ya que Huawei tenía contemplado colocarse como "la primera marca de teléfonos inteligentes a finales de 2020" (https://cnn.it/2HvcAo5).

Las empresas de EU no podrán vender los celulares Huawei sin licencia del gobierno.Huawei depende de los servicios GOOGLE para sus dispositivos como el sistema Android y Google Play.

Un grave problema para Huawei y su cadena de suministros es el retraso en todo el mundo de los servicios de su tan temido 5G (http://tiny.cc/8vm46y).

La guerra tecnológica de Trump/Google contra Huawei tomó un dramático vuelco nacionalista cuando en China los usuarios empiezan a boicotear los productos de EU (https://bit.ly/2HR1LeH).

Conor Sen –columnista de Bloomberg y gerente de portafolios de New River Investments de Atlanta– sustenta que "Silicon Valley contempla las virtudes (sic) del nacionalismo" ante la alternativa de su atomización, cuando el GAFAT "proclamará que son clave para la seguridad nacional de EU contra sus rivales como China" (https://bloom.bg/2HyHlbO).

Para Conor Sen la era de las joyas estratégicas de Silicon Valley no habían crecido con este nuevo "género de cultura nacional" ya que la "era del Internet de Silicon Valley coincidió con el pico de la globalización" cuando el objetivo se centraba en "conectar al mundo y hacer las fronteras nacionales menos importantes".

Hoy las fronteras "nacionales" han regresado con sus muros inexpugnables.

el columnista comenta que no es gratuito que Amazon haya instalado su segunda matriz de "Norteamérica" al norte de Virginia, "cerca del FBI (¡mega-sic!), el Pentágono y otros centros de espionaje".

Así las cosas, según Conor Sen,"el gobierno y la seguridad nacional se están convirtiendo en un círculo pleno para Silicon Valley".

sen concluye que "la industria tecnológica de EU puede decidir que abrazar el nacionalismo estadunidense y acoplarse con la administración Trump representa su mejor opción".

La realidad es que, en la fase de acelerada desglobalización en los dos ejes anglosajones –desde el Brexit hasta el trumpismo y su "proteccionismo nacionalista económico"–, la catástrofe del globalismo neoliberal hizo resucitar las características de supervivencia de la aplastante mayoría del planeta que se expresan en sus caleidoscópicos nacionalismos.

Lo único que hacen las joyas estratégicas del GAFAT de Silicon Valley es cambiarse de piel ante el ascenso geoestratégico irresistible de China y Rusia para dejar atrás su caduco globalismo neoliberal por la modalidad del "nacionalismo tecnológico".

AlfredoJalife.com

Facebook: AlfredoJalife

Vk: alfredojalife

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La república de Facebook emite su propia moneda

Cuando Marco Polo viajó a China (1295) se sorprendió de un invento inaudito: el papel moneda. Así, el viajero veneciano dedicó un capítulo entero de su libro a transmitir a la nobleza europea la buena nueva. El papel de aquella insólita moneda se fabricaba con la corteza del árbol de la seda, que ya seca y aplanada tenía una textura como de tela de algodón, aunque de color negro. Descrito el objeto físico, Marco Polo detallaba cómo operaba ese dinero tan improbable: "La factura de este papel moneda es autentificada con tanta ceremonia como si fuera de oro o plata pura... y de esta manera recibe completa autenticidad como dinero. El acto de falsificación se castiga con pena de muerte... Todos los vasallos [del Gran Khan] lo reciben sin titubeos, porque... pueden disponer de él para comprar las mercancías que requieran, como perlas, joyas, oro o plata. Con ella, digo, se puede conseguir cualquier artículo".

El papel moneda era, así, una cosa fantástica –casi inconcebible. Y es que los mercaderes europeos de la época, provenían de pequeñas repúblicas que dependían de su comercio exterior. Los estados que avalaban y defendían a esos comerciantes no tenían el poder para garantizar una moneda que no estuviera hecha de un material que tuviera un valor intrínseco. Por eso, la moneda estaba hecha de oro, plata o hierro, por ejemplo, y su peso y pureza determinaban su valor.

Bien. Pues ayer Facebook anunció que emitirá su propia moneda, que será conocida como libra. El fenómeno me es casi igual de asombroso de lo que fue para Marco Polo el papel moneda. Una empresa trasnacional (Facebook) ha lanzado una moneda propia, que tendrá circulación a escala planetaria. Si entiendo bien, la libra facebookeana funcionará mediante una aplicación en el teléfono inteligente y los clientes podrán comprar libras usando otras monedas de pago. Adquirida la libra facebookeana, el tenedor podrá transferir dinero a cualquier otro usuario sin costo alguno, tan fácil y velozmente como si se tratara de un mensaje de Whatsapp.

Facebook tiene hoy 2.4 mil millones de usuarios, poco menos de un tercio de la población mundial. Muchos de esos usuarios no tienen cuentas bancarias, por lo que se calcula que esta nueva moneda será muy socorrida como forma de pago, especialmente por migrantes trasnacionales, que además no tener cuentas bancarias, pagan cuotas elevadas a las compañías como Western Union o Elektra. Con la moneda facebookeana se acabarán esas cuotas y se terminarán, además, los días de espera para recibirlas. El traspaso será, en vez, instantáneo y gratis (aparte del costo que tendrá comprar libras).

La iniciativa de Facebook está siendo resistida por la banca tradicional, que con ella podría perder cualquier cantidad de dinero. Hay también algo de nerviosismo respecto de las implicaciones que pueda tener la libra para las monedas tradicionales, como el dólar, el peso o la libra esterlina. Con razón. No hay ningún país del mundo que tenga una población del tamaño de la de los usuarios de Facebook. Quizá la libra facebookeana reduzca la circulación de las monedas tradicionales –como sucedió con el oro y la plata cuando entró el papel moneda; que esas monedas sirvan para respaldar el valor de la nueva moneda, pero que poco a poco dejen de ser instrumento principal de transacción.

En el caso de México, ¿cuáles serán las consecuencias? Quién sabe, pero quizá sean considerables. En 2018 ingresaron al país 33 mil millones de dólares en remesas (cerca de 3 por ciento del PIB). Ese dinero es objeto de toda clase de tasaciones y ha sido la base de importantes de negocios, como Banco Azteca y Elektra. Sin embargo, los migrantes mexicanos todos usan Facebook y Whatsapp. Es de suponerse que todos ellos se aficionarán a la moneda de Facebook para hacer envíos y dejar así de pagar cuotas por las transferencias. Si eso sucediera, disminuirá además la compra del peso mexicano y habrá menos cambio de moneda en los bancos. En otras palabras, se fortalecerá la presencia de Facebook en la vida socoeconómica del país.

Sin duda, como Marco Polo, aún no entendemos lo que significaría vivir en una economía de esa naturaleza, formar parte de la república mundial de Facebook.

Por otra parte, está ya asegurada la obsolescencia de la visión que existe de las redes sociales formada desde la política interna del país –resumida en la fórmula obradorista de "las benditas redes sociales". Esa fórmula no describe ni remotamente la naturaleza de las implicaciones políticas, sociales o económicas de las redes sociales y el nacionalismo que estamos viviendo; es, en realidad, un espejismo.

México está montado en un proceso de integración económica mundial que avanza y toca cada vez más aspectos de nuestra vida social. La política nacional está, en ese sentido, desfasada. En la era de la república de Facebook, adoptar el nacionalismo del siglo XX es adoptar la política del avestruz.

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