Las autoridades chinas implicadas en la negociación con EE UU, en rueda de prensa en Pekín. En vídeo, declaraciones del portavoz del Ministerio de Comercio de China, Gao Feng. JASON LEE (REUTERS) | REUTERS

El acuerdo paraliza la subida de aranceles prevista para este domingo pero está pendiente de la firma oficial del texto

 

China y Estados Unidos han cerrado la primera fase de un acuerdo para resolver la guerra comercial que arrastran desde hace más de año y medio. Casi 24 horas después de que en Washington se diera a conocer que el presidente de EE UU, Donald Trump, había dado el visto bueno al acuerdo, el Ministerio de Comercio de China ha confirmado finalmente este viernes la fumata blanca en una rueda de prensa convocada de urgencia, a última hora de la noche en Pekín.

Según lo trascendido hasta el momento, Pekín aumentará sus importaciones de energía, productos agrícolas y farmacéuticos y dará entrada a más servicios financieros de Estados Unidos. El documento, según ha indicado el viceministro de Comercio Exterior Wang Shouwen en la rueda de prensa, tiene nueve capítulos, que incluyen también un mecanismo de resolución de disputas y medidas sobre la propiedad intelectual, entre otros asuntos.

Con este anuncio queda paralizado el aumento de aranceles mutuo que los dos países tenían previsto a partir del domingo. Estados Unidos iba a elevar un 15% las tasas sobre cerca de 165.000 millones de dólares en productos chinos, mientras que Pekín tenía previsto hacer lo propio sobre cerca de 75.000 millones de dólares en productos estadounidenses. Los nuevos aranceles de EE UU iban a aplicarse sobre productos electrónicos de consumo procedentes de China como televisores y teléfonos móviles, entre otros. Todo en plena campaña navideña de compras y en puertas de un año electoral.

Con el nuevo pacto, los dos países retirarán gradualmente algunos de los aranceles que han ido aplicando en los últimos 18 meses, indicó el viceministro Wang. Ese punto, subrayó, es una parte “fundamental” de las exigencias chinas. No obstante, no precisó un calendario ni cifras de esa eliminación por fases. El alto funcionario subrayó que el pacto es “mutuamente beneficioso”, una condición sine qua non en la que China había insistido una y otra vez en sus declaraciones públicas durante las negociaciones.

Antes de proceder a la firma oficial, no obstante, será necesaria una revisión del documento por parte de los respectivos equipos legales y una comprobación minuciosa de las traducciones. También la negociación del protocolo específico para la firma del pacto, incluido dónde y cuándo firmarlo. Washington espera que se pueda hacer durante la primera semana de enero.

Entre los compromisos adquiridos, China aumentará de modo significativo su compra de productos agrícolas, confirmó el viceministro de Agricultura, Han Jun, aunque no aportó cifras al respecto. Sí precisó que la compra incluirá trigo, y aseguró que esas adquisiciones no perjudicarán a los agricultores nacionales. Para el presidente estadounidense, Donald Trump, esa era una de sus principales exigencias.

Desde Washington, el representante de Comercio Internacional de Estados Unidos, Robert Lighthizer, ha calificado el acuerdo con China de “histórico”. El negociador estadounidense ha señalado que como parte del pacto, Pekín deberá acometer reformas estructurales en su modelo económico y cambios en el régimen comercial en áreas como la propiedad intelectual, las transferencias de tecnología, la agricultura, los servicios financieros y en divisas.

También se establece un mecanismo de solución de disputas y China se compromete a realizar “compras sustanciales adicionales” de productos y servicios de EE UU por valor de 200.000 millones durante los próximos dos años. En el caso de los productos agrícolas, Lighthizer explicó se acordó que adquirirá 16.000 millones adicionales anuales sobre los 24.000 millones de referencia en 2017. 

Esa cifra podría incluso acercarse a los 50.000 millones en un plazo de dos año si Pekín accediera a elevar más las compras, como busca Trump. Lo que no se detalla es el desglose por producto y la parte china evitó comprometerse en público con una cifra. El acuerdo, insiste Lighthizer, permitirá reequilibrar la relación comercial entre los dos países. El pacto se ha cerrado la misma semana que el texto definitivo del tratado comercial del país norteamericano con México y Canadá.

El presidente de EE UU aclaró, a través de Twitter, que el arancel que entró en vigor el pasado mes de septiembre sobre importaciones valoradas en 120.000 millones de dólares se rebaja del 15% al 7,5%. Para el resto de productos, por unos 250.000 millones, se mantiene en el 25%. Trump dice que utilizará los aranceles del 25% como palanca en la segunda fase de la negociación. La intención que es la discusión arranque en cuando se firme el pacto.

Fue el propio Trump el que este jueves disparó el optimismo de los inversores al asegurar que un “gran acuerdo” con China estaba “muy cerca”. El presidente se reunió horas después en el Despacho Oval con sus asesores en comercio y representantes de las empresas y dio el visto bueno al principio de acuerdo. Pero no hubo un anuncio oficial ni por parte de la Casa Blanca ni de la Oficina de Comercio Exterior, a la espera de la rueda de prensa en Pekín.

Por MACARENA VIDAL LIY / SANDRO POZZI

Pekín / Nueva York 13 DIC 2019 - 14:08 COT

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El conservador Boris Johnson arrasó en las elecciones con el Brexit como bandera

Desde Londres. El primer ministro Boris Johnson cumplió con las formalidades de la asunción antes de dirigirse a la nación después de su aplastante victoria electoral. A las 11 de la mañana visitó a la Reina Isabel II para comunicarle que contaba con la mayoría parlamentaria necesaria para formar gobierno. El discurso a la nación llegó por la tarde, más conciliador que triunfalista. “Quiero dirigirme a aquellos que no me votaron y que posiblemente todavía quieran permanecer en la Unión Europea. Les quiero decir que nunca los olvidaremos. Este es el momento perfecto, cuando estamos por dejar la Unión Europea, de recrear los sentimientos que tenemos por nuestros amigos uropeos para tener un nuevo acuerdo que será nuestro proyecto para el próximo año. Espero que todos, de un lado y otro del argumento, podamos empezar a cicatrizar las heridas”, dijo Johnson.

La contundente mayoría que obtuvo - 368 diputados sobre un total de 650 – le da margen para buscar una posición más centrista que la adoptada por el Partido Conservador desde el referendo a favor del Brexit en 2016. Johnson tiene un Jeckill and Hide en sus genes, mezcla del xenófobo y oportunista con el conservador popular y paternalista, o “one nation Conservative”, como se definió en el discurso que dio delante de 10 Downing Street, residencia oficial del primer ministro. “Vamos a unirnos como nación, a nivelarnos, y consolidar la unión con Escocia, Gales, Inglaterra y el Norte de Irlanda”, dijo Johnson.

El contraste con los laboristas no podía ser más marcado. En la autopsia del peor resultado electoral desde 1935 sobran las acusaciones cruzadas y recriminaciones buscando un responsable de la debacle. El líder laborista Jeremy Corbyn señaló que dejará la jefatura del partido en los primeros meses del año entrante una vez que concluya el período de reflexión sobre la derrota. “Estoy muy triste por el resultado y por el impacto que tendrá en comunidades golpeadas por la austeridad. Pero al mismo tiempo siento orgullo por el programa electoral que presentamos y que tuvo un amplio apoyo a nivel social. El problema es que la elección se definió por el Brexit”, dijo Corbyn a la BBC.

Entre sus rivales, muchos se asombraron que no hubiera renunciado de inmediato y negaron que el voto se redujera al Brexit. “Corbyn fue un desastre. Todos sabíamos que no podía liderar el partido y la clase trabajadora. Ahora lo que quiero es que Momentum y la pequeña secta que lo ha rodeado buscando conservar la pureza del partido, se vayan”, señaló a ITV Alan Johnson, un sindicalista que ocupó varias carteras durante el Blairismo, último período del laborismo en el poder.

Los sondeos confirman que Corbyn es el líder de la oposición más impopular de las últimas décadas, pero no cabe duda que el primer ministro – y un equipo encabezado por el Rasputinesco Domimic Cummings – acertó con convertir al Brexit en el centro de su mensaje electoral. En las zonas que votaron por la salida de la Unión Europea (UE) en el referendo de 2016, muchas de ellas bastiones laboristas, Johnson se hizo un picnic.

Con un mensaje simplón ("get Brexit done"), los conservadores horadaron la “muralla roja” en el norte de Inglaterra, cinturón industrial y post industrial que votó durante toda su historia al laborismo. Una ex comunidad minera, Blyth Valley, centro de las batallas campales contra el Thatcherismo en los 80, cayó alrededor de la medianoche. A las 2 de la mañana hora británica, se anunció otra de las grandes sorpresas de la noche. Wrexham, en el norte de Gales, localidad laborista durante 80 años, pasaba a manos de los Tories. Lo mismo sucedió en Great Grimbby, ciudad portuaria del norte, que había votado al laborismo desde la segunda guerra. Decenas de escaños del laborismo histórico cruzaron este Rubicón tabú: votar por el enemigo conservador.

Europa, Escocia

La elección enterró las exiguas posibilidades que había de un nuevo referendo para evitar la salida de la UE. La semana próxima el nuevo parlamento aprobará el acuerdo de salida del bloque europeo que logró Johnson en Octubre: el 31 de enero, el Reino Unido no será miembro pleno de la UE.

Es una salida formal, parte de una transición que durará hasta diciembre. En esos 11 meses el Reino Unido seguirá siendo parte del Mercado Común Europeo, de la Unión Aduanera y contribuirá al presupuesto, pero no tendrá voz ni voto. El gran enigma es si durante estos meses podrá negociar un tratado de libre comercio con la UE o saldrá del bloque sin acuerdo. La UE representa la mitad de los intercambios comerciales del Reino Unido. Si no hay acuerdo, el comercio se regirá por las reglas de la Organización Mundial del Comercio con una fuerte suba de aranceles e impacto directo en la producción, inflación y empleo.

La abrumadora mayoría de Johnson le da margen para negociar un acuerdo más suave con el bloque europeo que el que le exigen sus sectores ultra que ahora tendrán menos poder para imponerle condiciones. El tiempo no le juega a favor. A menos que se llegue a un acuerdo básico provisorio, algo que se podría alcanzar el año próximo, la negociación promedio de tratados con la UE es de siete años: a mediados de 2020 Johnson tendría que solicitar una extensión de la negociación más allá del año próximo o jugarse por el Brexit duro (salida sin acuerdo).

El otro frente que se le abre a Johnson con esta victoria apabullante es el de la muralla roja. Estos votantes quieren el Brexit, pero también quieren servicios e inversión pública, seguridad social, ayuda industrial, políticas que no tienen nada que ver con los conservadores. Johnson tiene cinco años de gobierno por delante, pero la alianza que le dio un triunfo contundente puede entrar en crisis mucho antes.

Escocia es otro frente complicado. Los nacionalistas del SNP ganaron 48 de los 59 escaños en juego en Escocia. El SNP, que levantó la bandera de la independencia durante la campaña, dejó en claro que quiere un nuevo referendo: Boris Johnson ya dijo que no lo autorizaría. El problema que tiene es que los tories perdieron 7 de los 13 escaños que tenían en Escocia. El Reino Unido está partido en dos: nacionalista en Escocia, conservador en Inglaterra. Con este panorama, hay crisis constitucional a la vista. A pesar de las diferencias notorias, el fantasma de Cataluña rondará esta pelea.

El futuro del Partido laborista

Un impecable análisis del semanario The Economist este viernes predice un “Corbynismo sin Corbyn”. Los Corbynistas dominan las palancas del partido, tienen unos 40 mil militantes nucleados en torno a "Momentum", su ala juvenil, y los sindicatos han girado a la izquierda. El semanario cita una exhaustiva investigación del British Election Study que muestra que el electorado que votó a Johnson tiene muchas posiciones afines al Corbynismo en temas como la desigualdad o los servicios públicos.

Con este trasfondo el Blairismo difícilmente pueda meterse en la lucha por la sucesión porque no tiene peso propio en un partido dominado por el voto de sus miembros, unos 500 mil afiliados. La contienda que se avecina será entre un ala “moderada” del Corbynismo, representada por Keir Starmer, portavoz en temas del Brexit, y Emily Thornberry, portavoz de temas exteriores. Starmer es el favorito de los corredores de apuestas, que no descansan un minuto en este reino del Puritanismo, pero no tiene muchas chances por una cuestión de género. A diferencia de los conservadores, que tuvieron dos primer ministros (Margaret Thatcher y Theresa May), el laborismo no ha tenido una líder mujer: está desesperado por cambiar esta historia.

El problema con Emily Thornberry es que representa al sur inglés pro-europeo. Las candidatas de la izquierda, Rebecca Long-Bailey y Angela Rayner, parecen dar la talla que exige este momento. Son de la clase trabajadora del norte del país, jóvenes, y tienen el apoyo de los pesos pesado del laborismo y los sindicatos. Ambas están bien situadas para encarnar un “Corbynismo sin Corbyn”, que siga con sus políticas de nacionalización, industrialización y justicia social y que le añadan un tono de patriotismo, ausente en el líder laborista, pero muy presente en la clase trabajadora.  

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El Banco de México recorta la previsión de crecimiento para 2019 hasta situarla en negativo

La institución también rebaja la proyección para 2020 a una horquilla de entre el 0,8% y 1,8

El Banco de México ha recortado este miércoles la previsión de crecimiento del PIB para 2019 hasta situarla por primera vez en números negativos. El informe trimestral rebaja las perspectivas para este año de un intervalo de entre 0,2% y 0,7% a uno de entre -0,2% y 0,2%. Para 2020, el banco vaticina una recuperación, aunque esta también será menor a la prevista al colocarla en una horquilla de entre 0,8% y 1,8%, por debajo del intervalo de 1,5% y 2,5% antes previsto. La institución cita una "debilidad de mayor magnitud y duración a la anteriormente prevista" y la "menor actividad automotriz" en el país para justificar la rebaja. 

El recorte sitúa a la segunda mayor economía latinoamericana, por detrás de Brasil, ante un posible decrecimiento, aunque la institución evita hablar de recesión en su informe. Esta semana, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) publicó unas cifras revisadas que confirmaban que el país había entrado en recesión durante el primer semestre del año. Varios organismos internacionales han advertido ya de la debilidad económica del país y han ido revisando a la baja sus proyecciones en paralelo a un empeoramiento del panorama doméstico y mundial. El Fondo Monetario Internacional rebajó en octubre la proyección hasta el 0,4%, cinco décimas menos que en la estimación anterior.

La incertidumbre es el principal elemento del cuadro que pinta el banco central. La relación entre Estados Unidos y el país latinoamericano es uno de los puntos que despierta mayor preocupación. En primer lugar, la ratificación por parte del Congreso de EE UU del TMEC, el nuevo acuerdo comercial de Norteamérica, se puede retrasar todavía más, lo que puede afectar los niveles de inversión. Además, el Gobierno de Donald Trump puede tomar decisiones que agraven las tensiones comerciales, como sucedió en junio con el sorpresivo anuncio que pretendía imponer aranceles para todas las importaciones mexicanas, una amenaza que finalmente no se llevó a cabo. 

El Banco de México señala, además, otros elementos de riesgo doméstico: una posible reducción de la calificación de la deuda de la petrolera estatal Pemex, de la que ya han advertido las empresas calificadoras, y el debilitamiento de la producción automotriz. Este sector ha dado señales de cansancio con una caída del 2,6% en vehículos fabricados de enero a octubre, según cifras de la industria. Las finanzas públicas son otro foco rojo. La institución apunta al riesgo de un gasto presupuestario para 2020 menor al esperado. En 2019, la política de austeridad del Gobierno de Andrés Manuel López Obrador provocó retrasos en el ejercicio del presupuesto.

El jarrón de agua fría de la institución monetaria llega apenas un día después de la presentación de un plan de obra pública con el que el Gobierno espera relanzar la inversión y, como dijo el billonario Carlos Slim hace una semana, dar una "sacudida" a la economía. De todos modos, el Ejecutivo empieza a replantearse algunas decisiones tomadas al principio del sexenio como la de no aumentar impuestos hasta la segunda mitad del mandato. El subsecretario de Hacienda, Gabriel Yorio, ha abierto la puerta este miércoles a adelantar una posible reforma fiscal en caso de no recaudar la cantidad prevista en el presupuesto. 

De cara a 2020, la recuperación se prevé "más gradual que lo anticipado". Esto se debe a una posible ralentización de la producción industrial de EE UU y a su efecto sobre las exportaciones manufactureras en México, el gran motor de la industria del país latinoamericano. Solo en 2021 se podría alcanzar datos de crecimiento superiores al 2% en el mejor de los casos. El banco advierte, en cualquier caso, del "alto grado de incertidumbre" que rodea a estas previsiones, aunque concluye que la economía "continuará enfrentando un entorno complejo". 

México 27 NOV 2019 - 17:12 COT

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Miércoles, 20 Noviembre 2019 05:58

La repentina devoción de Bolsonaro por China

La repentina devoción de Bolsonaro por China

La realidad es un hueso duro de roer para las mentes dogmáticas. Tan duro que al presidente Jair Bolsonaro le llevó un año entero comprender que no le conviene entablar una disputa con China, su principal socio comercial.

Un año atrás, durante la campaña electoral, Bolsonaro dijo que China pretendía comprar su país y que se comportaba como un predador que quiere dominar sectores cruciales de la economía de Brasil.

Días atrás, en el marco de la cumbre del grupo BRICS realizada en Brasilia, se produjo un completo viraje en su relación con el dragón: "Vamos a tratar cada vez más con mayor respeto y cariño los gestos del Gobierno chino". Su ministro de Economía, Paulo Guedes, anunció conversaciones para crear un "área de libre comercio" con China.

Para comprender este viraje de la diplomacia brasileña, que comenzó el año estrechando lazos con Washington y lo termina en brazos de Pekín, hay que repasar algunos hechos que impactaron en los dirigentes del Gobierno y en el propio presidente.

El viraje mencionado no sólo abarca cuestiones diplomáticas, sino que se focaliza en el comercio, que las partes se comprometieron a desarrollar "en pie de igualdad". Por su parte, Xi Jinping destacó la importancia que China otorga a "la influencia de Brasil en América Latina y el Caribe", lo que llevó al presidente chino a proponer una alianza global estratégica entre ambas naciones.

En el encuentro previo a la cumbre de los BRICS entre Xi y Bolsonaro, este dijo que "China hace cada vez más parte del futuro de Brasil". Agregó: "China es nuestro principal socio comercial y con todo mi equipo y el empresariado brasileño, queremos no sólo ampliar sino diversificar nuestras relaciones comerciales". Ambos mandatarios firmaron nueve acuerdos en áreas como comercio, agricultura y seguridad.

Bolsonaro visitó China a fines de octubre y enseñó la primera parte de su viraje. Se mostró entusiasmado porque del intercambio comercial de casi 99.000 millones de dólares, en 2018, hay un superávit de casi 30.000 millones para Brasil. Algo que ningún otro país del mundo puede ofrecerle.

Lo cierto es que luego de su visita, las petroleras chinas CNOOC y CNODC fueron las únicas que participaron en la subasta de los bloques petroleros del campo presal, con los cuales el Gobierno pensaba ingresar fondos frescos para resolver una parte de sus problemas. A mi modo de ver, este es el aspecto central que explica el viraje brasileño.

A comienzos de noviembre, Brasilia puso a subasta cuatro bloques petroleros, a 800 kilómetros de la costa debajo de una capa de sal, por lo que recibe el nombre presal. A la subasta se inscribieron catorce empresas, incluyendo las más importantes del sector en el mundo, pero las únicas que fueron presentadas el día marcado, fueron las de la estatal Petrobras en consorcio con dos empresas chinas con participación minoritaria.

La subasta se realizó el 6 de noviembre y fue un fracaso ya que pretendía recaudar 106.000 millones de reales (26.500 millones de dólares ), pero recibió apenas 70.000 millones (17.500 millones de dólares). Dos de las áreas ni siquiera recibieron propuestas y la totalidad de las grandes multinacionales occidentales huyeron de la subasta aunque las reservas comprobadas aseguraban un negocio exitoso.

Mientras la británica BP, la francesa Total, las estadounidenses Chevron y Exxon Mobil, la malaya Petronas y la anglo-holandesa Shell se abstuvieron, las estatales chinas dieron un paso al frente y mostraron su interés por seguir invirtiendo en Brasil. Algunos analistas estimaron que estas empresas huyeron de lo que denominan "riesgo Bolsonaro", caracterizado por la inestabilidad de su Gobierno y la falta de certeza de que los contratos que firmen se mantengan en el futuro.

El periodista Josias de Souza, en Folha de Sao Paulo, estima que el Gobierno se vio forzado a dar la espalda a los discursos más ideologizados de su canciller y que ahora "ruega a los chinos que compren las empresas estatales, los aeropuertos, los ferrocarriles, los puertos y toda suerte de emprendimientos de infraestructura".

De Souza sostiene que hay hasta 200 proyectos sobre la mesa. "Días atrás Brasil mendigaba una pequeña participación de estatales chinas en la subasta de petróleo cuando las grandes petroleras del mundo decidieron abstenerse".

El 70% de las exportaciones de Brasil a China son soja, mineral de hierro y petróleo, mientras le compra productos manufacturados entre los que destacan plataformas de explotación de petróleo, motores, generadores y circuitos de telefonía.

Semejante estructura del comercio bilateral es una muestra del tipo de países que mantienen esa alianza: una nación industrializada que ofrece tecnologías avanzadas y una nación desindustrializada que apenas puede vender productos primarios sin valor agregado.

La segunda cuestión que termina de acercar a Brasil con China es el tema ambiental, ya que Pekín defiende la soberanía de cada país en el tema. Recordemos que países de la Unión Europea como Francia y Alemania, reprocharon a Brasil por los incendios en la Amazonia. Este es un tema muy delicado para los militares brasileños que siempre sospecharon que los países del norte pretenden ocupar la selva para preservarla, en una actitud neocolonial que no están dispuestos a tolerar.

La declaración final de la cumbre de los BRICS no abordó la delicada situación de la región latinoamericana, pero abordó el tema ambiental desde el lugar preferido por ambos gobiernos.

Por lo tanto, se hizo hincapié en la importancia de la frase que sigue a la sentencia, dejando claro que otras naciones y organismos internacionales no deben interferir en la política pública interna.

Es evidente que el Gobierno de Bolsonaro empieza a sentirse más cómodo con Xi Jinping que con sus pares occidentales. La suma de un comercio exterior exitoso y las coincidencias diplomáticas están generando un clima de entendimiento que un año atrás parecía imposible.

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La cumbre de los BRICS evidencia la falta de cohesión de los emergentes

Los BRICS -el bloque de las principales economías emergentes- languidece lastrado por el frenazo económico y la disparidad de intereses entre sus cinco miembros. Las conclusiones de la cumbre que ha reunido en Brasilia durante dos días a los presidentes chino, Xi Jinping; al ruso, Vladímir Putin; al brasileño, Jair Bolsonaro; al sudafricano, Cyril Ramaphosa, y al indio, Narendra Modi, evidencian la falta de cohesión de un grupo que nació a lomos de su potencia económica y que no ha logrado desarrollar una agenda común de largo recorrido ni elevar la presencia de los emergentes en las instituciones internacionales a niveles acordes con su peso económico.

A la pérdida de empuje del bloque en los últimos tiempos, se suma el giro que ha dado su anfitrión. Bolsonaro, que se ha alejado de la tradicional diplomacia multilateral brasileña para sellar una alianza nacionalpopulista con Donald Trump, no ha mostrado interés en convertir esta cumbre en una plataforma de liderazgo regional. Las discrepancias sobre Venezuela, si debía estar representada o por quién, derivaron en la decisión de no convocar la cumbre de líderes regionales que suele acompañar a los encuentros de los BRICS. El actual Gobierno brasileño prefiere las relaciones bilaterales, como dejó claro la víspera el presidente Bolsonaro cuando cortejó abiertamente a China y quiso distinguirla del resto de los emergentes. Para el bolsonarismo, los BRICS son algo de la época de Lula da Silva, su gran antagonista. La política externa brasileña “tiene los ojos puestos en el mundo, pero primero en Brasil”, afirmó el presidente para disipar las dudas que pudiera haber.

Bolsonaro ha recibido en la capital brasileña a otros cuatro mandatarios con los que comparte cargo, género y edad; todos sexagenarios. El brasileño definió este miércoles la primera gran cumbre internacional de la que es anfitrión como una especie de “reunión de viejos amigos”. Juntos gobiernan países que suponen un tercio de la economía mundial y un 40% de la población. Pero en pocos asuntos de relevancia están de acuerdo o tienen aspiraciones comunes.

Al margen de llamamientos genéricos a estrechar la cooperación comercial entre sus países y defender el multilateralismo, los discursos de los líderes han reflejado las urgencias domésticas de cada uno de ellos.

La declaración final no incluye ninguna referencia a las crisis que tienen tan agitado al continente latinoamericano. Los negociadores prefirieron evitar los asuntos en los que las divergencias son mayores que las convergencias. Ni palabra sobre Venezuela —en la que China y Rusia apoyan al régimen de Nicolás Maduro, que Brasil quisiera ver sustituido por Juan Guaidó—. Tampoco mencionan la incierta situación en Bolivia, aunque Putin se ha sumado a Bolsonaro en el reconocimiento de la nueva presidenta interina, ni aparecen Chile o la Amazonia.

El documento menciona en cambio, los conflictos de Siria, Yemen o la desnuclearización de la península de Corea. Los negociadores brasileños han explicado que obedece a que estos últimos son “conflictos de envergadura global”, obviando las consecuencias regionales y mundiales, por ejemplo, del éxodo venezolano con sus más de cuatro millones de refugiados repartidos por buena parte del planeta. La situación en la embajada venezolana, donde la víspera entraron afines a Guaidó, volvió a la normalidad la noche del miércoles cuando abandonaron el edificio tras un incidente que pilló al Gobierno por sorpresa.

Xi criticó en Brasilia que el “creciente proteccionismo está llevando a la desaceleración de la economía mundial”. El mandatario se refería a la batalla que libra con Estados Unidos y en la que el brasileño tampoco quiere decantarse. “Yo no estoy metido en esa guerra comercial. Brasil comercia con todos”, recalcó el miércoles pero el año próximo, cuando se subasta el espectro para la tecnología 5G, China podrá participar en el concurso.

Putin se ha referido reiteradamente a la necesidad de que la economía despegue “para mejorar la calidad de vida de nuestras sociedades”, inquieto quizá ante las imágenes que llegan de Chile, donde el descontento con la desigualdad ha derivado en un inesperado estallido de violentas protestas. Solo el primer ministro Narendra Modi apremió a sus socios a implicarse de lleno con los BRICS y, en un discurso que más bien parecía el de un líder empresarial, les instó a ponerse “metas más ambiciosas, a identificar prioridades” y ponerse plazos y objetivos a cumplir.

Una de las principales aportaciones de Brasil al documento final es, según uno de los negociadores, la referencia a la protección de las minorías religiosas en la guerra de Siria, un guiño a los cristianos evangélicos, que son una importante base electoral de Bolsonaro.

El Pacto de París y la soberanía

En las conclusiones, difundidas antes del almuerzo con el que ha terminado la cumbre, destaca el compromiso de los BRICS de aplicar lo firmado en el Pacto de París contra el Cambio Climático, una postura relevante después de que Estados Unidos abandonara el pacto. Los BRICS también hacen un llamamiento a los países desarrollados para que respalden con ayuda financiera, tecnológica y de capacitación a los países en desarrollo.

Brasil ha logrado incluir en el documento una mención al respeto a la soberanía nacional en los proyectos de cooperación internacional para el desarrollo sostenible. Es una referencia a la polémica suscitada este verano por los incendios de la Amazonia, que se convirtieron en uno de los asuntos estrella del G7 organizado por el presidente francés, Emmanuel Macron y al misterioso derrame de petróleo que ha afectado a más de cien playas brasileñas desde septiembre.

Otros dos puntos importantes desde la perspectiva brasileña son la aplicación adecuada de la ciencia y la tecnología en la agricultura, con el objetivo de evitar falsas barreras sanitarias solo para asegurar los mercados junto a las críticas a las medidas proteccionistas y un llamamiento a “evitar medidas unilaterales y proteccionistas que sean contrarias al espíritu y las normas de la OMC (Organización Mundial del Comercio)”.

Por Naiara Galarraga Gortázar  / Afonso Benites

Brasilia 14 NOV 2019 - 15:05 COT

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Bolsonaro entierra sus críticas y alaba la relación bilateral con China al recibir a los BRICS

Las divergencias sobre Venezuela y Bolivia se cuelan en la cumbre de los grandes exponentes del mundo emergente, un club cada vez más dispar en lo económico

Brasil acoge la primera gran cumbre internacional de la era Bolsonaro. El presidente brasileño ha sustituido su frecuente retórica anticomunista por alabanzas y la promesa “de ampliar y diversificar la relación” bilateral con Pekín al recibir, este miércoles en Brasilia, a su homólogo chino Xi Jinping. A ellos se unirán el ruso Vladímir Putin, el indio Narendra Modi y el sudafricano Cyril Ramaphosa en la cumbre de los BRICS —los cinco exponentes del mundo emergente—, que continúa el jueves. La visita de Bolsonaro a Taiwán, durante la pasada campaña electoral, y su acusación de que China está comprando Brasil, que tanto enfadaron a Pekín, son capítulo cerrado. Aunque los BRICS se reúnen para hablar sobre todo de negocios, las crisis de Bolivia y Venezuela se han colado en la agenda.

El ultraderechista Bolsonaro ha recibido a Xi mientras la Embajada de Venezuela en Brasilia se convertía en escenario de un pulso por el control de la legación cuando representantes de Juan Guaidó entraron de madrugada al edificio, que seguía en manos de leales a Nicolás Maduro. Un recordatorio de que la defensa de uno u otro bando en los conflictos regionales amenaza la relación entre algunos socios de los BRICS, sobre todo entre Bolsonaro, que apoya a Guaidó y el cambio en Bolivia, y Rusia y China, que respaldan a Maduro y a Evo Morales. El Gobierno brasileño se apresuró en reconocer a la senadora opositora Jeanine Áñez como legítima presidenta interina el martes en sustitución del exiliado Morales.

En ese contexto ha comenzado la cumbre cuyo primer acto ha sido la confirmación de que la relación Brasil y China inaugura una nueva fase. Ambas partes son conscientes de que se necesitan porque, como explica el analista Oliver Stuenkel, de la Fundación Getulio Vargas, “China no tiene autosuficiencia alimentaria y energética y no dejará de depender de Brasil y en general, de América Latina para las materias primas”. Añade que la postura de Bolsonaro no es tan relevante para los chinos porque ellos miran a muy largo plazo. De todos modos, el brasileño ha tenido una especie de acto de contrición al afirmar ante Xi que “China debe ser tratada con cariño, respeto y consideración porque todos tenemos qué ganar”. Xi, por su parte, ha apostado por una relación "basada en el respeto mutuo con Brasil como plataforma hacia América Latina, que junto con China son los principales mercados emergentes". Antes le había agradecido que en la polémica por los incendios de la Amazonia en agosto defendiera la soberanía brasileña del bosque tropical. Ambas partes encauzaron la reconciliación en una visita de Bolsonaro a Pekín.

La cumbre fue convocada con objetivos modestos y, a diferencia de anteriores ediciones, no irá seguida de una cumbre regional de jefes de Gobierno. El motivo es Venezuela, según Stuenkel. “Bolsonaro quería invitar a Guaidó, pero los otros [BRICS] le ofrecieron invitar a todos los presidentes regionales menos a representantes venezolanos. Brasil se negó”, asegura. Eso, unido a la suspensión de la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), que Chile canceló por las protestas, han restado contenido al viaje a Latinoamérica de los presidentes de China, India, Rusia y Sudáfrica.

Un grupo que crece a muy diferentes velocidades

Los caminos de lo geopolítico y lo económico, siempre tan entrelazados, a veces —solo a veces— divergen. La evolución reciente de los BRICS es un caso de manual de la excepción que confirma la regla: tras la década dorada de crecimiento de principios de siglo, el grupo de países que hace tiempo tomó la alternativa de Occidente en la sala de máquinas de la economía mundial —el punto de quiebre fue 2007, cuando los emergentes igualaron a los países avanzados con el 50% del PIB global cada bloque—, observan en la distancia aquellos tiempos de vino y rosas en los que parecía que el verbo que les daba nombre pronto quedaría corto. Y ven cómo desde una de las atalayas del análisis económico mundial, la calificadora S&P, ponen incluso en duda la vigencia del ya famoso acrónimo acuñado por Jim O’Neill, expresidente de Goldman Sachs, en los albores de la década de 2000. "La trayectoria divergente de largo plazo entre los cinco países debilita el valor analítico de los cinco como un grupo económico coherente", subrayaban los técnicos de la calificadora en una reciente nota para clientes.

Los BRICS —quintaesencia de los emergentes— han esquivado la mayor amenaza que pesaba sobre sus cabezas hace dos años, cuando trataban de alzar el vuelo y temían que una subida generalizada de tipos en los países ricos golpease a sus siempre volátiles monedas y encareciesen su deuda denominada en dólares. En esas llegaron, sin embargo, las ansias proteccionistas de Donald Trump, un golpe que está pasando factura especialmente a China, objeto de las iras proteccionistas del republicano, y que se ha sumado a su trayectoria de desaceleración que ha llevado el crecimiento a su punto más bajo en 27 años. India, por su parte, siempre señalada como uno de los posibles ganadores de la diatriba entre las dos mayores potencias —a río revuelto...—, apenas ha podido sacar tajada hasta ahora. Pero ambos son los grandes triunfadores del grupo, con crecimientos que, aunque picando a la baja, despiertan las envidias del resto: a pesar del paulatino enfriamiento, ambas economías cerrarán 2019 con una expansión cercana al 6%.

La realidad luce bien distinta en Rusia, Brasil y Sudáfrica, países que aprovecharon solo parcialmente el boom de las materias primas, han sufrido los rigores de la recesión y la inestabilidad política —Moscú fue la excepción en ese apartado—, y solo ahora afrontan un intento de remontada que se está prorrogando durante mucho más tiempo de lo previsto. El crudo, anclado en el entorno de los 60 dólares, no es una buena noticia para Rusia, uno de los mayores productores del mundo; y Brasil, que la semana pasada cosechó un sonoro fracaso en una subasta que prometía llevarle al Olimpo petrolero —y que solo logró atraer la atención de la estatal Petrobras con una pequeña ayuda de dos firmas chinas—, ve cómo las promesas de rápido crecimiento de Bolsonaro se van largas al filo de su primer año de mandato. Quizá, como señalaba recientemente Bloomberg, O'Neill se equivocó y, en vez de Brasil y Sudáfrica, habría acertado más con Indonesia y Vietnam, cuya trayectoria se asemeja más a la esperada para los BRICS.

En términos comparativos, en cambio, los males son menos: a pesar de los pesares, el bloque emergente suma, una década después del sorpasso, el 60% del PIB global y los BRICS, la tercera parte del total. El consuelo viene por el lado del frenazo de las economías más desarrolladas, abonadas al estancamiento con cada vez más tintes de secularidad, salvo honrosas excepciones —EE UU, Australia, el este de Europa y, en los últimos años, España—. Y por que, pese al estancamiento económico de sus miembros no asiáticos, su peso en los órganos de gobernanza global no ha dejado de ganar terreno desde la popularización de un concepto, BRICS, cada vez más cerca de la obsolescencia.

Por Naiara Galarraga Gortázar  / Ignacio Fariza

Brasilia / Madrid 13 NOV 2019 - 13:37 COT

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Macron diagnostica la muerte cerebral de la OTAN y Alemania se indigna

Después de que el intrépido presidente galo Emmanuel Macron lograra acuerdos comerciales durante su visita a China por 15 mil millones de dólares (https://reut.rs/2WZprot), dio una explosiva entrevista a la revista globalista The Economist, copropiedad de los banqueros Rothschild para quienes laboró, donde diagnostica la muerte cerebral de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) (https://econ.st/33vMGsI), a la que antes Trump catalogó de "obsoleta" cuando regañó a sus aliados de no gastar lo suficiente para su defensa que corría prácticamente a cargo de Estados Unidos.

Macron, quien después del G-7 dictaminó el “fin de la hegemonía de Occidente (https://bit.ly/2NZIpYd)”, se mostró perplejo sobre el "artículo 5" de la OTAN, su cláusula de defensa colectiva, y comentó que no estaba seguro si Washington defendería a Europa en una crisis.

Macron sentenció que Europa se encuentra "al borde del precipicio (sic)" y necesita empezar a pensar por sí misma en términos estratégicos como una potencia geopolítica, ya que de otra manera "no tendrá más el control de su destino", por lo que es apremiante que Europa despierte cuando Estados Unidos “ha volteado su espalda a Europa, como sucedió con su permisividad a la invasión de Turquía, miembro de la OTAN, aprovechando el retiro del Ejército estadunidense del noreste de Siria.

A juicio del mandatario galo, Donald Trump "no comparte la idea del proyecto europeo" cuando Europa está confrontada por el ascenso de China y se encuentra debilitada por dentro con el Brexit y la inestabilidad política: "Existe un riesgo considerable de que en el largo plazo desaparezcamos geopolíticamente, o, por lo menos, que no tengamos más el control de nuestro destino".

La hermenéutica de The Economist es que el "mensaje subyacente de Macron radica en que Europa necesita comenzar a pensar y a actuar no sólo como grupo económico, cuyo principal proyecto es la expansión del mercado, sino como una potencia estratégica" que “debe empezar con la recuperación de la ‘soberanía militar’ (¡mega-sic!)”, y con la reapertura de un diálogo con Rusia.

Los tres magnos polos gravitatorios EU/Rusia/China atraen a las fuerzas centrífugas en la Unión Europea (UE), tipo Brexit, cuando Francia opera ya como su única potencia nuclear con su force de frappe (poder de disuasión)”.

La Unión Europea cometió el grave error de haberse confinado a una visión vulgarmente geoeconomicista, que le brindó la enorme prosperidad que llegó a superar a Estados Unidos con su PIB, hasta que el destino geoestratégico la alcanzó con la increíble resurrección de Rusia, en la fase del zar Vlady Putin a partir del año 2000, y del irresistible ascenso tecnológico/geoeconómico de China.

Ya se encargarán los exhumadores de archivos desclasificados de diagnosticar que el peor error geoestratégico de Washington lo cometió el entonces mandatario Barack Obama al haber empujado a China a los brazos de Rusia, que conformaron una "asociación estratégica" que dejó aislado a Washington y a la deriva a Europa.

La UE contaba con el paraguas geoestratégico/nuclear de Estados Unidos, que en su fase de declive económico/financiero busca salvarse antes de rescatar a los demás.

Ahogada por su hedonismo, Europa descuidó su seguridad y ahora paga un alto precio. La canciller alemana Ángela Merkel criticó “las palabras drásticas del presidente francés (https://bit.ly/33I7ldr)”.

A 30 años de la caída del Muro de Berlín, la anterior ministra de defensa de Alemania y actual presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, se distancia de Macron al sentenciar idílicamente que “la Organización del Tratado del Atlántico Norte es la alianza de defensa más poderosa del mundo (…) Sin la alianza atlántica, la historia de Europa no podría ser contada (https://politi.co/34K2Ajj)”.

A Von der Leyen se le olvidó Carlomagno y no pondera el nuevo orden tripolar del siglo 21 de EU/Rusia/China.

¿Implosiona la OTAN 30 años después de la caída del Muro de Berlín?

El Fin de la historia, de Francis Fukuyama, fue una histeria del Departamento de Estado, así como el mito chileno fue otro artefacto hollywoodense del fallido binomio neoliberal del thatcherismo/reaganomics. “Fin de una era (https://bit.ly/2NAThg9)”: fin de todos sus mitos.

 

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El tratado internacional para controlar a las multinacionales, cada vez más lejos

Esta semana tiene lugar en Ginebra la quinta sesión del grupo de la ONU encargado de elaborar un instrumento internacional jurídicamente vinculante sobre empresas y derechos humanos. Pero en el texto que se discute apenas queda nada del espíritu y la ambición con que nació este proceso hace cinco años.

El lunes 14 de octubre dio comienzo, en la sede de Naciones Unidas en Ginebra, la quinta sesión del grupo de trabajo intergubernamental encargado de elaborar un instrumento internacional jurídicamente vinculante sobre empresas y derechos humanos. Como viene ocurriendo todos los años por estas fechas desde que en 2014 se aprobó la resolución del Consejo de Derechos Humanos que instaba a los países a avanzar en esta línea, durante toda esa semana está volviendo a ponerse en el centro de la agenda internacional la necesidad de contar con mecanismos de control para frenar la impunidad con que operan las grandes corporaciones en su expansión global. Las posibilidades de que este proceso en la ONU concluya con la creación de nuevas normas vinculantes que puedan poner mínimamente en riesgo los beneficios empresariales, sin embargo, son cada vez más remotas.

Ya el año pasado se presentó el primer borrador de lo que será el futuro tratado. En aquella versión inicial del texto había al menos seis elementos fundamentales que resultaban cuestionables y se alejaban de las demandas expresadas por las organizaciones sociales implicadas en el proceso. A saber: no se trataba de un instrumento jurídico específico para las empresas transnacionales; únicamente establecía obligaciones para los Estados; no incorporaba mecanismos efectivos para el cumplimiento de la legalidad internacional; dejaba de lado la responsabilidad solidaria de las multinacionales en las cadenas de valor globales; no tenía en cuenta la primacía de los derechos humanos sobre los acuerdos de comercio e inversión; no incluía instancias ni órganos de control y seguimiento.

En la segunda versión del texto del tratado, que ha sido presentada este año y está siendo la base de los debates en Ginebra esta semana, se profundiza aún más en esa misma línea. Así, lejos de incorporar las exigencias de una mayor regulación para evitar que se desdibujen las responsabilidades legales de las transnacionales en la esfera global, se sigue dejando en manos de los Estados las posibilidades de controlar a estas empresas. Por decirlo con un titular: el tratado está más cerca de convertirse en una versión remozada de los Principios Rectores —de los que, recordando su preámbulo, “no se deriva ninguna nueva obligación jurídica”— que de servir para avanzar en la creación de normas internacionales que sitúen los derechos humanos por encima de la lex mercatoria.

Poco queda ya del espíritu y la ambición con que nació la resolución 26/9 hace cinco años. Ni siquiera el que siempre fue el objetivo fundamental de un tratado de este tipo: que fuera útil para caracterizar los crímenes económicos y ecológicos cometidos por las empresas transnacionales y sirviera para cubrir el hueco que existe en el derecho internacional respecto a su regulación. En esta involución del proceso en Naciones Unidas han tenido mucho que ver las presiones de los lobbies empresariales y los cambios en la correlación de fuerzas a escala mundial. Los giros tanto del gobierno de Ecuador, que al principio asumió un fuerte liderazgo del proceso pero luego fue suavizando su posición, como de la Unión Europea, que de boicotear la primera sesión del grupo de trabajo en 2015 pasó a mostrar en la apertura de la sesión de ayer su buena disposición por el rumbo que está tomando el tratado, así lo atestiguan.

Frente a la arquitectura de la impunidad…

A la vez que en los organismos internacionales se va perfeccionando la retórica sobre “proteger, respetar y remediar” los derechos humanos, continúa fortaleciéndose la arquitectura jurídica de la impunidad. Los contratos y los negocios empresariales se blindan a través del complejo entramado normativo que en las últimas décadas han venido construyendo las transnacionales y los Estados que las apoyan, pasando por encima de los derechos fundamentales de las mayorías sociales y de la propia democracia. El proceso del tratado en la ONU, al fin y al cabo, no se desmarca de la realidad actual de los derechos humanos en todo el planeta.

El telón de fondo es que estamos viviendo una ofensiva mercantilizadora a escala global, en la que las dinámicas capitalistas, patriarcales, coloniales, autoritarias e insostenibles se están exacerbando. Así continúa reforzándose un modelo donde las grandes empresas continúan ampliando su poder, poniendo en cuestión la propia democracia liberal-representativa y llegando a constituirse como un gobierno de facto. El resultado es la progresiva destrucción de la soberanía popular y la captura de países y territorios como si formasen parte de la organización interna de las grandes corporaciones.

Se agudiza, de este modo, la asimetría normativa que protege los derechos de las corporaciones transnacionales y el capital financiero, que cuentan con reglas de obligado cumplimiento y con tribunales privados que las aplican con una eficacia absoluta. Mientras, los derechos humanos se mueven entre la fragilidad de las normas internacionales, las recomendaciones de los comités encargados de su aplicación y la pasividad de los gobiernos ante el incumplimiento de los pactos y tratados internacionales.

En este contexto se generan modificaciones sustanciales en la propia categoría jurídica de los derechos humanos, que sufren una triple reconfiguración. Primero, se desregulan en base a la explotación generalizada de personas y los procesos de privatización. Segundo, se expropian siguiendo la lógica de acumulación por desposesión. Y tercero, se destruyen en función de un colonialismo/racismo extremo vinculado a la necropolítica. En ese contexto, resultan prescindibles quienes no participen de la sociedad de consumo o no aporten valorización al proceso de reproducción del capital.

Las instituciones globales y la mayoría de los Estados no solo están eliminando y suspendiendo derechos. También están reconfigurando quiénes son sujetos de derecho, quiénes quedan fuera de la categoría de seres humanos, lo que provoca una sensación de descomposición generalizada del sistema internacional de los derechos humanos. La feudalización de las relaciones económicas, políticas y jurídicas está colonizando la arquitectura institucional de las democracias representativas. Por eso, si se quiere hablar en serio de derechos humanos, de Ecuador a Rojava pasando por el Mediterráneo, hay que ajustar los discursos vacíos a los contextos donde esos derechos se subordinan a los intereses del capital transnacional.

Mientras el cuerpo normativo relacionado con la mercantilización del sistema neoliberal ha ido perfeccionándose a favor de las empresas transnacionales, se ha ido abandonando la posibilidad de ejercer un control real sobre sus actividades, dejando sus obligaciones socioecológicas en manos de los acuerdos voluntarios. En estos momentos, a raíz de la nueva oleada de tratados comerciales y de inversión, resurge la idea de incluir la “responsabilidad social” —rebautizada en la agenda internacional como los “objetivos de desarrollo sostenible”— como un elemento corrector de esta asimetría normativa.

Dos décadas después de que se lanzara el paradigma de la “empresa responsable” como un supuesto salto adelante en el modelo de relaciones entre las multinacionales y el conjunto de la sociedad, queda claro que la RSC nunca tuvo la intención de ser un instrumento eficaz para controlar a las grandes corporaciones. La “responsabilidad social”, además de servir para el lavado de cara empresarial, se ha constituido como una fórmula de soft law que se ampara teóricamente en la “ética de los negocios” pero que, en la práctica, apenas remite sus obligaciones a la publicación de sus memorias anuales.

De ahí la necesidad de introducir modificaciones en las legislaciones nacionales. Pero también, y sobre todo, de avanzar en regulaciones internacionales capaces de abarcar toda la complejidad de los grandes conglomerados económicos, con criterios que trasciendan el marco estatal, rompan la aparente separación entre matriz y filiales, y amparen el “levantamiento del velo corporativo”. La cuestión es que los Estados carecen de instrumentos políticos y normativos para poder controlar de manera efectiva a las empresas transnacionales, ya que las reglas internacionales de comercio e inversión —y la fuerza con la que los Estados centrales las hacen cumplir— construyen una armadura jurídica muy difícil de romper solamente desde el ámbito estatal.

…Regulación y confrontación

En la coyuntura actual del capitalismo global, cualquier intento de regulación de los mecanismos de extracción y apropiación de riqueza que protagonizan las grandes corporaciones puede convertirse en una medida de carácter radical, al atacar directamente al núcleo del beneficio empresarial. De hecho, la mera sugerencia de que puedan introducirse modificaciones legislativas en materia laboral o fiscal suele hacer saltar las alarmas de las patronales y los lobbies empresariales, que enarbolan la bandera de la “seguridad jurídica” para defender sus contratos e intereses privados.

En caso de verse afectadas por medidas regulatorias que perjudicasen sus intereses, no hay duda de que las grandes corporaciones presionarán con todos los instrumentos jurídico-económicos a su alcance para tratar de echarlas atrás. Pero el núcleo de esta disputa no se encuentra en una cuestión de técnica jurídica, sino de voluntad política; en otras palabras, en la capacidad para poder sostener ese tipo de reformas con una fuerte movilización social y apoyo popular. Lo que parece claro es que el Derecho oficial, al ser parte de la estructura hegemónica de dominación, únicamente podrá convertirse en un vehículo contrahegemónico si se subordina a la acción política.

El proceso seguido en la ONU no es ajeno a este contexto. Poco a poco, el tratado va convirtiéndose en un documento irreconocible en relación a los debates y a las propuestas formuladas entre 2015 y 2018 por juristas, defensoras de derechos humanos y representantes de las organizaciones sociales y de las comunidades afectadas. En el texto apenas queda nada sobre la empresa transnacional como sujeto de obligaciones en derecho internacional, sobre las normas de comercio e inversión, el rol que juegan las instituciones económico-financieras internacionales, la posibilidad de crear una corte mundial sobre empresas y derechos humanos, etc. En este marco, una estrategia de incidencia política solamente sostenida en la presión a embajadas y gobiernos no va a poder arrancar un tratado internacional para controlar de manera efectiva a las multinacionales.

Formalmente, el proceso continúa. Pero con este documento como base de la negociación entre los países, en la que inevitablemente se van a ir rebajando todavía más los postulados del texto, aunque finalmente llegara a aprobarse el tratado tampoco serviría de mucho. Las reformas “sin más”, además de meramente coyunturales, pueden acabar fortaleciendo el orden establecido y generar desmovilización social.

Sirva el declive del proceso hacia una normativa internacional vinculante sobre empresas y derechos humanos, en torno al cual se han articulado cientos de ONG y organizaciones sociales de todo el mundo, para reflexionar sobre las estrategias a seguir; para no perderse en procesos largos y burocráticos, no generar falsas expectativas y, a la vez, fortalecer la capacidad de denuncia, movilización e incidencia. En este tipo de negociaciones institucionales resulta cuestionable el consejo habitual del “realismo”. La concepción de “altura de miras” de los movimientos sociales y las comunidades afectadas es diferente a la que pueden tener los gobiernos de los países centrales y las empresas transnacionales. El pragmatismo del que estas últimas hacen gala se basa en una negociación asimétrica que suele terminar en resultados vacíos y poco precisos.

En un escenario que se torna cada vez más adverso, se trata de evitar que la acción social y política de los colectivos y movimientos en resistencia quede condicionada a los tiempos de los organismos nacionales e internacionales. La apuesta, más que por centrar todas las fuerzas en el terreno institucional, pasaría por seguir potenciando lógicas contrahegemónicas a nivel local, regional y global. Estas alianzas locales y globales, sin abandonar aquellas instancias de regulación en las que haya posibilidades de lograr importantes modificaciones normativas, resultan fundamentales para construir modelos alternativos capaces de desmantelar a las transnacionales y formular propuestas económicas de largo alcance.

Guiar la actividad social, política y económica con valores contrahegemónicos sustentados en el ecofeminismo, la propiedad colectiva, la democracia y la autogestión supone confrontar de raíz las prácticas promovidas por las empresas transnacionales. Y es que, además de separar el ámbito del mercado y el de las instituciones públicas, se trata de construir —más allá del sistema estatal— sistemas económicos, de cooperación y de nueva institucionalidad que sean capaces de autodinamizarse, autoconstruirse y autoorganizarse. Frente a la eliminación institucional de derechos, una articulación internacionalista que rechace a los Estados como única fuente de derecho y que reivindique el papel protagonista de organizaciones, movimientos y comunidades en la creación de las condiciones que garanticen una vida digna y en paz con el planeta a las mayorías sociales presentes y futuras.

Por Pedro Ramiro, Erika González, Juan Hernández Zubizarreta

El Salto

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El FMI alerta de los riesgos para la banca por la fortaleza del dólar

La sobrevaloración del billete verde vuelve a poner en riesgo los balances de los bancos en medio de un clima de especulación creciente en los mercados cambiario y de deuda, según el informe financiero del organismo internacional, que avisa también de que España mantiene niveles de endeudamiento corporativo aún altos.

 

Cuando una línea aérea mexicana adquiere a su rival brasileña financia su compra con dólares obtenidos desde bancos no estadounidenses. “Es sólo un ejemplo de la hegemonía del billete verde en las transacciones internacionales” que monopoliza múltiples acuerdos empresariales de fusión o adquisición entre dos contendientes mercantiles sin pasaporte americano. De esta manera tan gráfica explican Claudio Raddatz y Adolfo Barajas, autores del capítulo del Global Financial Stability Report, el informe financiero del FMI, las serias consecuencias que, a su juicio, puede provocar la sobrevaloración del dólar en los mercados cambiarios, y que el consenso de los analistas privados sitúa en un 18% por encima de su valor estimado.

Pero, “¿qué ocurre si un banco no estadounidense, de repente, se queda corto de billetes verdes? Es lo que ocurrió entre bambalinas, durante la crisis de 2007-2008, en medio de una súbita demanda de firmas americanas que reclamaban con urgencia financiación en dólares para aportar liquidez a sus negocios o delegaciones en el exterior. O para afrontar desembolsos propios. Para prevenir el colapso, dicen Raddatz y Barajas, la Reserva Federal nutrió al sistema con más de medio billón de billetes en circulación, a través de fondos de emergencia con los que satisfizo la petición de otros bancos centrales, a los que envió esa cantidad a modo de suministro monetario urgente.

Lo recuerdan en un blog oficial del Fondo en el que ofrecen más detalles del daño colateral que podría desencadenar en los distintos modelos financieros internacionales la fortaleza inusitada del dólar en el último bienio, impulsada por una nueva reedición de la política de dólar fuerte (apaciguada durante el doble mandato de George W. Bush y de Barack Obama) decidida por la Administración Trump. Para atestiguar a continuación que la historia vuelve a tener visos de ser reincidente.

Los activos en dólares de los bancos no estadounidenses alcanzaron en el ecuador del pasado ejercicio los 12,4 billones de dólares frente a los 9,7 billones que atesoraban en 2012. Cifra comparable, a precios actuales de mercado, a los niveles que mantenían en los años que precedieron a la crisis. “La proliferación del dólar reverbera y expande los costes asociados a su encarecimiento en toda la arquitectura financiera internacional” afirma el informe del Fondo. En un clima, aún, en el que las tasas de endeudamiento privado, de empresas no financieras y hogares, y público (servicios de deuda soberana), no invitan al optimismo precisamente.

En contraste con los bancos de EEUU, alertan Raddatz y Barajas, el resto de entidades financieras no tienen acceso estable a una base de depósitos en dólares. De hecho, operan con límites claros, enfatiza el informe de estabilidad financiera del Fondo. “Así que, deben extremar la prudencia al acudir a fuentes de financiación a corto plazo, ante previsibles, potenciales y volátiles cambios en la evolución de las divisas, con objeto de garantizar sus préstamos comerciales y los créditos que solicitan diariamente a otras entidades bancarias” resaltan estos autores. Porque en caso de que sus líneas de prestación monetaria y crediticia sean insuficientes, tendrán que acudir a instrumentos como los foreign currency swaps que son más caros y pueden provocarles episodios de stress (tensiones) en sus balances por la acumulación de activos tóxicos.

Los analistas del Fondo también vinculan la volatilidad en los mercados cambiarios, con el dólar como referente intratable, a las embestidas de las disputas comerciales, que han contagiado a los mercados de capitales, han generado desconfianza en el sentimiento empresarial, con caídas de los flujos de mercancías, servicios e inversiones, y que conducen a la economía mundial a un escenario de “contracción sincronizada” con el dinamismo más moderado desde el estallido de la Gran Depresión de 2008. “Con 15 billones de dólares de deuda en los parqués financieros bajo rentabilidades negativas”, advierte. Esta fase de pérdida de atractivo por la adquisición de deuda afecta a aseguradoras, fondos de pensiones e inversores institucionales que derivan sus carteras hacia valores de mayor riesgo, pero con menos liquidez. O a refugios recurrentes como el oro o el franco suizo.

Ante esta tesitura, el FMI recomienda a los gobiernos medidas que reduzcan las vulnerabilidades. Centradas, sobre todo, en aplicar prudencia macroeconómica y en fortalecer los instrumentos de supervisión financiera. Y, en concreto, en activar mecanismos de demanda para equilibrar sus mercados inmobiliarios (la vivienda es el principal factor de endeudamiento de las familias) y en facilitar herramientas de acceso convenientes, con estabilidad económica, a empresas y bancos a la financiación del exterior. Por ejemplo, contribuyendo a rebajar la alta tensión arancelaria en los mercados, reduciendo el grado de incertidumbre en sus mercados y ofreciendo garantías frente a las vulnerabilidades de sus sistemas bancarios.

Un asunto nada baladí, porque el FMI alerta sobre los cada vez más intensos movimientos especulativos. El intenso baile de divisas que se libra en los mercados monetarios en el último año y medio, con el dólar en su valor más alto de 2019 desde finales de agosto, encierra un caso de doping. La sustancia estimulante es una vieja conocida de la crisis de 2008: los productos estructurados. De alto riesgo, identificados entonces como los activos tóxicos que precipitaron el quebranto de los sistemas financieros.

Tesis que corrobora el Banco Internacional de Pagos (BIS) en su informe del segundo trimestre de este año, en el que constata que el volumen diario de contratación en el negocio inversor y mercantil del intercambio de monedas entre los meses de abril y junio creció en un 29%, impulsado por la efervescencia de los derivados, especialmente swaps, lo que catapultó las operaciones en este mercado hasta cotas nunca antes registradas en un periodo trimestral: más de 6,6 billones de dólares. Un tamaño similar a la suma de los PIB de Japón y de España. Y una cantidad muy alejada de los 5,1 billones del segundo trimestre del año precedente.

Este ambiente de oscilaciones se ha trasladado también al mercado de bonos. “El nivel de deuda especulativa en riesgo es significativo en varios países, debido a sus todavía elevados niveles de endeudamiento soberano y corporativos”. Apartado en el que cita a China, Francia, España y Reino Unido, que “migraron” activos tóxicos de sus sistemas bancarios “en los momentos de mayor adversidad de la crisis financiera”. A juicio del Fondo, “el deterioro de la calidad crediticia es palpable en China y Reino Unido”, acentuada por las dudas en torno al Brexit y “focalizada en sus multinacionales”, mientras “Francia y España se mantienen a resguardo” por los exigente requerimientos de higiene del Sistema Monetario Europeo. En conjunto, en EEUU, Reino Unido, China, Japón y las cuatro mayores economías del euro, el montante de la deuda corporativa en riesgo alcanza los 19 billones de dólares, casi el 40% de su total acumulado, que podría entrar en peligro “en 2021, bajo otro escenario financiero adverso”.

No es la única mención que realiza sobre España. El estudio del FMI admite que la deuda familiar “se ha moderado” y que los precios inmobiliarios “han caído en términos reales”. A diferencia de mercados como el británico o el estadounidense, donde han superado con creces los niveles previos a la crisis. Al igual que la corrección del endeudamiento empresarial, aunque de menor intensidad. Porque dice que el componente especulativo de esta deuda privada, la corporativa, va en aumento y supera el 50% de sus vencimientos futuros. Como Italia y Reino Unido. Y, junto a Francia, ha saltado hasta las cotas que registraban en los años que precedieron a la quiebra de Lehman Brothers.

En general, el Fondo ensalza la fiabilidad alcanzada por las normas de unión bancaria y de supervisión en la zona del euro. Pero alerta a sus autoridades sobre “la debilidad de los bancos de pequeña y mediana dimensión” si las tensiones financieras se acentúan. Por lo que recomienda a sus socios que “extremen” la precaución, pese a operar con una regulación “robusta y rigurosa” y les insta a “ampliar el perímetro supervisor” a entidades financieras no bancarias que actúan de intermediarias en el sistema crediticio, en especial, las que tienen como clientes a grandes compañías, a vigilar su “exposición tanto a firmas inmobiliarias como a este tipo de instituciones prestatarias”, exigiéndoles provisiones de capital y de gestión adecuadas o dirigiendo sus exámenes de stress hacia los bancos que prestan a sectores o industrias con altos listones de riesgo corporativo.

 

15/10/2019 12:54 Actualizado: 16/10/2019 14:42

Por DIEGO HERRANZ

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Trump, con el viceprimer ministro chino en la Casa Blanca este viernes. REUTERS/Yuri Gripas

En virtud del acuerdo, Estados Unidos decidió suspender su plan de subir del 25 al 30% los aranceles a importaciones chinas por valor de 250.000 millones de dólares, mientras que China se comprometió a adquirir entre 40.000 y 50.000 millones de dólares en productos agrícolas estadounidenses.

 

Estados Unidos y China alcanzaron hoy un acuerdo parcial "significativo" para dar una tregua a la guerra comercial que libran desde el año pasado, y podrían firmarlo durante la cumbre del APEC que se celebrará en noviembre en Chile, anunció el presidente estadounidense, Donald Trump.

En virtud del acuerdo, Estados Unidos decidió suspender su plan de subir del 25 al 30% los aranceles a importaciones chinas por valor de 250.000 millones de dólares, mientras que China se comprometió a adquirir entre 40.000 y 50.000 millones de dólares en productos agrícolas estadounidenses, según la Casa Blanca. "Hemos alcanzado un acuerdo significativo de primera fase (...) pero todavía no está redactado", dijo Trump a los periodistas durante una reunión en el Despacho Oval con el viceprimer ministro chino, Liu He.

El pacto se pondrá sobre papel a lo largo de las próximas cuatro semanas y el objetivo es que Trump y el presidente chino, Xi Jinping, lo firmen durante la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) que se celebrará en Santiago de Chile el 16 y 17 de noviembre. "Estaremos en Chile y tendré una [ceremonia de] firma formal con el presidente Xi", afirmó Trump, que hasta ahora no había confirmado si iría a la cumbre del APEC.

Trump aseguró que en los últimos meses ha habido mucha "fricción" entre Estados Unidos y China, pero ahora hay un "festival del amor" entre ambas potencias. "Este es un acuerdo tan grande que lo estamos haciendo por secciones", explicó Trump, quien precisó que se empezará a negociar una "segunda fase" en cuanto se firme la primera y no descartó que haya una tercera etapa.

El mandatario precisó que el pacto recién alcanzado incluye algunas medidas relativas a la devaluación de la divisa china y temas de propiedad intelectual, aunque no lidia con la transferencia forzada de tecnología en China, un tema que se tratará "en la segunda fase", según Trump.

El acuerdo tampoco resuelve el tema de los vetos a la exportación que afectan al gigante chino de la telefonía Huawei, un tema que se está negociando mediante un proceso paralelo, explicó a los periodistas el representante de Comercio Exterior estadounidense, Robert Lighthizer.

"No implementaremos el aumento de los aranceles" que iba a entrar en vigor el próximo martes, confirmó el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Steven Mnuchin. Trump también aseguró que había hablado con Liu sobre las manifestaciones en Hong Kong, pero que cree que ese tema acabará resolviéndose solo.

11/10/2019 22:22 Actualizado: 11/10/2019 23:01

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