Sábado, 16 Marzo 2019 06:38

Un megapuerto para cambiar el Caribe

Un megapuerto para cambiar el Caribe

La holandesa APM Terminals, del gigante marítimo Maersk, culmina en Costa Rica una obra de 885 millones de euros


Son 40 hectáreas de una isla artificial, 1.000 millones de dólares (885 millones de euros) de inversión y una ambición: cambiar el tráfico marítimo del Caribe. La multinacional holandesa APM Terminals, filial del gigante danés del transporte de carga por mar Maersk, inauguró la semana pasada en Costa Rica un complejo portuario que promete una revolución en el mercado carguero centroamericano. Ubicado junto al estratégico Canal de Panamá, la nueva Terminal de Contenedores de Moín (TCM) permite el atraque de los buques de mayor calado que utilizan este punto del planeta para cruzar entre los océanos Atlántico y Pacífico.


Las primeras operaciones en la instalación, construida sobre una isla artificial frente a la playa Moín, en la provincia de Limón, comenzaron en noviembre, ocho años después de que el Estado costarricense entregase la concesión a APM Terminals para su explotación durante tres décadas. Tras más de 10 años de tira y afloja con el sindicato de trabajadores portuarios estatales, de objeciones legales, presiones y expectativas del sector privado, y de dificultades técnicas que provocaron atrasos, la compañía holandesa inicia ahora sus servicios con la promesa de generar “un cambio radical en una región estratégica”, según subraya el consejero delegado de APM Terminals, Morten Engelstoft. Tienen probados métodos y tecnologías que, dice el ejecutivo, permitirán a la terminal portuaria colocarse pronto como la más eficiente de América Latina y atraer o generar negocios que podrían impactar en las rutas actuales.

Con esta nueva terminal privada, Costa Rica reducirá de 40 a 15 horas el tiempo promedio de atención de cada barco y podrá dar cabida, sin necesidad de trasbordo, a las operaciones de los buques denominados post panamax, cuyas dimensiones —320 metros de largo y 33 de ancho— les permiten transportar hasta 8.000 contenedores en un solo viaje y no los 2.500 que caben como máximo en las embarcaciones que atracaban hasta ahora en Limón. El acortamiento de los tiempos provocará, también, la reducción de los costes logísticos en el mercado local, proyecta la compañía. Y abrirá una alternativa para las navieras que optan hoy por el icónico Canal de Panamá, una colosal obra de ingeniería que redefinió el mapa mundial de la carga marítima a principios del siglo pasado.


“Se convertirá en un hub centroamericano”, pronostica Engelstoft en referencia al mercado de productos frescos, la especialidad de la empresa holandesa, que maneja la tercera parte de ese trasiego a escala global. Moín podría servir de plataforma para la banana, el café y la piña —de la que Costa Rica es el principal exportador del planeta— que se producen en la región. Pero también para productos médicos que requieren refrigeración y para el comercio de otros bienes. La empresa prevé aumentar en un 285% la cantidad de rutas que llegan a Moín y capturar buena parte de los barcos que transitan por el Canal de Panamá.


“Estoy convencido de que va a llegar nueva inversión”, apunta Engelstoft, en alusión al puerto que APM Terminals abrió desde 2017 en el Estado mexicano Michoacán (Pacífico). “Cuando se hace una terminal como esta, otros negocios entran en el ecosistema alrededor de la terminal. Inyectar 1.000 millones de dólares sin duda desencadena la llegada de más negocios: hoteles, restaurantes, servicios turísticos...”. Su referencia para ilustrar este efecto en cascada es el puerto mexicano de Lázaro Cárdenas, junto al cual se instaló en 2017 una Zona Económica Especial (ZEE) con incentivos que han captado la atención de inversores asiáticos.


La obra en Moín ha dado empleo a 650 personas, pero un estudio prevé que en la próxima década puede generar hasta 147.000 puestos trabajos indirectos. Este efecto, sin embargo, dependerá de que el Estado y otros actores económicos cumplan sus promesas de conectividad vial y ferroviaria, apunta Federico Villalobos, economista experto en infraestructura y socio de Deloitte en Costa Rica. “Esto marca un hito como lo marcó [el fabricante de procesadores] Intel cuando llegó al país en 1997 para instalar un centro de producción de componentes. Pero, a la vez, trae retos institucionales grandes para aprovechar el potencial portuario”, subraya el especialista, consciente de que la infraestructura es una de las mayores debilidades relativas del país centroamericano en términos de competitividad.


Plan contra la pobreza


El Gobierno de centroizquierda de Carlos Alvarado anunció en 2018 el proyecto de un tren eléctrico de carga que conectaría toda la costa caribeña y la zona norte del país, donde hace dos años se estrenó una carretera que lleva casi hasta la frontera con Nicaragua. El plan de desarrollar infraestructura en la vertiente caribeña del país viene de atrás, pues la pobreza, el desempleo y la inseguridad de la provincia Limón superan los promedios del resto del país, pero no ha terminado de concretarse. Hasta ahora. El proyecto no se ha librado de polémica por la privatización del servicio, por el impacto ambiental y por la competencia con el puerto público de Limón sobre el tipo de barcos que este puede atender en adelante. Sin embargo, la apertura de la nueva terminal portuaria supone, además, una buena noticia en momentos de zozobra e incertidumbre para la economía costarricense. La actividad se ha enfriado paulatinamente en los cinco últimos años y la tasa de desempleo ha escalado hasta el 12%, el máximo desde la crisis financiera global, una década atrás.


"El proyecto no se ha librado de polémica por la privatización del servicio, por el impacto ambiental y por la competencia con el puerto público de Limón sobre el tipo de barcos que este puede atender en adelante. Sin embargo, la apertura de la nueva terminal portuaria supone, además, una buena noticia en momentos de zozobra e incertidumbre para la economía costarricense. La actividad se ha enfriado paulatinamente en los cinco últimos años y la tasa de desempleo ha escalado hasta el 12%, el máximo desde la crisis financiera global, una década atrás.


La proyección oficial de crecimiento de Costa Rica para 2019 es del 3,2%, todavía por encima de la media de una América Latina que crece sistemáticamente menos que el resto de bloques emergentes, pero por debajo de las cifras ticas posteriores a la Gran Recesión. El déficit fiscal, en constante aumento en los últimos diez años, y el aumento en la carga fiscal aprobada en 2018 —a pesar de la huelga más larga del siglo en el sector público— para tratar de enderezar el rumbo de las cuentas públicas generan una dosis adicional de inquietud en el sector privado, que no deja de ver en la Terminal de Contenedores de Moín un pequeño gran triunfo para sortear momentos convulsos"



Grandes cifras


La isla. La primera fase del proyecto Terminal de Contenedores de Moín, que ha costado alrededor de 1.000 millones de dólares, consistió en crear una isla de 40 hectáreas a 500 metros de la costa del Caribe.


La terminal. La terminal cubre alrededor de 80 hectáreas con un muelle de 650 metros y una profundidad de 14,5 metros. El canal de acceso es de 18 metros de profundidad. Equipada con 29 grúas para contenedores eléctricos y seis grúas pórtico ‘super-post panamax’, la terminal podrá manejar buques portacontenedores de hasta 8.500 TEU.


Exportación. Un factor determinante para la actividad de la terminal son las exportaciones refrigeradas, principalmente de bananas y piñas producidas localmente. Costa Rica es, según el Banco Interamericano de Desarrollo, el cuarto exportador mundial de bananas y el primero de piñas.

Por Álvaro Murillo
San José (Costa Rica) 16 MAR 2019 - 02:44 COT

 

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Exxon y Chevron al rescate del fracking en EU

Los medios cercanos a la industria petrolera no podían quedarse callados cuando dos de las magnas trasnacionales de Estados Unidos (EU) Exxon y Chevron "apuestan a largo plazo al auge del gas/petróleo lutita en la cuenca del Pérmico" –en la parte occidental de Texas y el sureste de Nuevo México: "confían en superar los desafíos técnicos y financieros (sic)", según Financial Times (07/03/19), cercano a los banqueros Rothschild con fuertes intereses en British Petroleum (BP) (https://bit.ly/2Cf1ArF).

Exxon es la joya trasnacional de EU (https://amzn.to/2gqobZy). Su anterior director ejecutivo Rex Tillerson fue secretario de Estado con Trump, mientras que en Chevron, Condoleezza Rice, ex asesora de Seguridad Nacional de Baby Bush, pertenece a su consejo directivo.

A juicio de Ed Crooks, Exxon y Chevron “han incrementado sus expectativas de producción en la Cuenca Pérmica para la primera mitad de la década de 2020 (FT; 05/03/19)”: el primero pasaría casi al doble de 600 mil barriles al día a un millón en 2024, mientras el segundo pasaría de 650 mil barriles al día a 900 mil en 2023. Ed Crooks apuesta a que los "anuncios de Exxon y Chevron fueron una señal de que el auge continuará".

Una ventaja de Chevron radica en que es propietaria de la mayor parte de los terrenos en el Pérmico,por lo que evita pagar derechos de extracción. ¿No habrá contado Chevron con información privilegiada debido a sus contactos directos con el nepotismo dinástico de los Bush que nunca cesó de ser petrolero?

Exxon y Chevron se disponen a pasar al liderazgo en el Pérmico después de haber tenido un papel mínimo cuando en forma darwiniana devoraran a las medianas empresas de exploración y producción que se encuentran al borde de la insolvencia.

El virtual rescate de los gigantes petroleros de EU llega en un momento crucial para el futuro del gas/petróleo lutita extraído por el polémico fracking (fracturación hidráulica) que exhibe sus limitaciones técnicas y financieras cuando las empresas petroleras son subsidiadas por la Reserva Federal y los megabancos de Wall Street (https://bit.ly/2F0ZCgu).

Las dificultades del fracking se ensombrecen con el desprendimiento de los billonarios "fondos soberanos de riqueza" de Noruega que anunció la venta de sus activos debido a potenciales riesgos financieros: "reducir la vulnerabilidad a un declive permanente (sic) del precio del petróleo" (https://bit.ly/2NVVtx5)”. ¡Declive "permanente"!

Los "fondos soberanos de riqueza" de Noruega comportan 40 mil millones de dólares de acciones en las tres trasnacionales petroleras anglosajonas Exxon, Chevron y British Petroleum.

Mientras “Wall Street ha perdido su fe (sic) en el gas/petróleo lutita (https://bit.ly/2TLBXJi)”, Bob Dudley, mandamás de BP, contaminadora del Golfo de México, juzgó que el gas/petróleo lutita de EU es "un mercado sin cerebro" y "al contrario de Arabia Saudita y Rusia, que ajustan su producción en respuesta a la abundancia o escasez en el abastecimiento del petróleo, el mercado de lutita de EU responde puramente a sus precios".

Martin Sandbu del FT (08/03/19) juzga que los fondos soberanos de riqueza "permanecerán invertidos en las grandes empresas de energía" y que Noruega "se asegura del precio del petróleo". Juzga que la "desinversión será de limitado significado cuantitativo" ya que "alrededor de 6 por ciento de su portafolio está en empresas energéticas" y que "solamente una fracción será vendida" cuando la desinversión se aplicaría a las empresas de exploración y producción y se mantendrá en British Petroleum y Exxon.

Martin Sandbu arguye que el "precio futuro del petróleo enfrenta un significativo riesgo a la baja" cuando la "revolución lutita y la generación de energía renovable se han desarrollado mucho más rápido".

Por cierto, BlackRock, máximo banco de gestión de activos del mundo, en 2013 era el principal accionista tanto de Exxon (22 por ciento) como de Chevron (15 por ciento), por lo que se descuenta que las dos gigantes trasnacionales petroleras de EU no sufrirán las dificultades financieras de los liliputienses al borde de la quiebra en el Pérmico (https://econ.st/2CdG7zs).

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 Donald Tusk y Jean-Claude Juncker junto al primer ministro chino, Li Keqiang, en la última cumbre bilateral de 2017. REUTERS

La Comisión Europea define al país liderado por Xi Jinping como "un rival sistémico" y le reprocha el blindaje de sus mercados


Europa no se arredra. El repliegue unilateral de EE UU había alentado en China y en otros países emergentes la esperanza de una relación privilegiada con la Unión Europea, que podría necesitar la colaboración de otras potencias para compensar la deriva del gigante liderado por Donald Trump. La necesidad de inversión que padecen muchos socios europeos podía animar, además, políticas de tolerancia hacia regímenes autoritarios, pero con grandes reservas de capital como el chino.


Pero la Comisión Europea, presidida por Jean-Claude Juncker, tiene previsto aprobar este martes un documento estratégico sobre la relación con Pekín en el que lejos de mostrarse complaciente hacia el país de Xi Jinping le plantea numerosas exigencias acordes con su creciente peso político, económico y militar en el planeta.


El documento, al que ha tenido acceso EL PAÍS, servirá de base a la reorientación de la estrategia hacia China que tienen previsto debatir los presidentes de Gobierno de la UE durante la próxima cumbre europea. Y el texto destila un tono beligerante que deja claro que el gigante asiático es un socio tan imprescindible como inquietante.


El documento comunitario define a China como "un rival sistémico", advierte que su expansión militar plantea cuestiones de seguridad para el Viejo Continente "a corto y medio plazo", acusa al régimen comunista de alimentar el sobreendeudamiento y amenazar la estabilidad financiera de los países vecinos de la UE (tanto en los Balcanes como en África) y le echa en cara a Pekín el blindaje de sus mercados para crear "campeones nacionales" mientras impide la entrada de operadores europeos, en particular, en el sector financiero y en la licitación pública.


Bruselas completa su nueva estrategia con la amenaza de un cierre de los mercados a la inversión china si no se producen medidas recíprocas de apertura. Y de manera significativa, completa el documento sobre la nueva estrategia hacia China con una enumeración de las medidas puestas en marcha o que se pondrán para impedir la entrada en los mercados europeos de empresas que se benefician en sus países de una protección estatal desproporcionada. Desde el control de inversión en sectores estratégicos (que entrará en vigor en abril), hasta la elaboración este año de directrices sobre el acceso de empresas de terceros países a la contratación pública en Europa. Todo ello con China en el punto de mira.


La Comisión, sin embargo, no busca el choque frontal con Pekín, como ha hecho Donald Trump desde su llegada a la Casa Blanca. Bruselas mantiene tendida la oferta de lograr un pacto global de inversión con China que se negocia desde 2013 y que, según la nueva estrategia europea, "debería lograr importantes progresos en 2019 con vistas a un acuerdo ambicioso en 2020". Ese acuerdo de inversión es uno de los objetivos clave de la próxima cumbre UE-China, prevista para el próximo 9 de abril en Bruselas.


La Comisión tampoco se suma a la ofensiva de Washington contra Huawei, la compañía china, líder en la quinta generación de telefonía móvil, a la que EE UU quiere cerrar los mercados acusándola de estar sometida a los dictados del gobierno chino. El documento de la Comisión reconoce el carácter neurálgico de las nuevas redes de telefonía y el riesgo de que cualquier punto vulnerable pueda ser explotado para causar "grandes daños". Pero Bruselas se limita a anunciar una recomendación para intentar armonizar el planteamiento de los Estados miembros ante los riesgos de la 5G, sin mencionar para nada a la compañía china.


La divergencia con los planteamientos de Trump no impide, sin embargo, la evolución de la UE hacia unos planteamientos diplomáticos que Bruselas define como "pragmáticos y flexibles". Y al reconocimiento de que "hay una impresión general en Europa de que el equilibrio entre desafíos y oportunidades que plantea China ha cambiado". La balanza de oportunidades sigue pesando mucho, pero la de desafíos resulta cada vez más amenazante a ojos de Bruselas.


"China ya no puede seguir siendo tratada como un país en vías de desarrollo", advierte el documento de la Comisión. "Su creciente presencia en el mundo, incluida en Europa, debe ir acompañado de una mayor responsabilidad en el mantenimiento del orden internacional, con una apertura de su sistema con mayor reciprocidad y no discriminatoria".


El texto de la Comisión reconoce la necesidad de cooperar con el gigante asiático. Pero define a China como "un rival sistémico que promueve modelos alternativos de gobernanza". Y recomienda un endurecimiento en el uso de los resortes diplomáticos, combinando la actuación en diferentes áreas políticas o sectoriales, "para ejercer una mayor presión en la consecución de los objetivos de la UE".


Los puntos sensibles en la relación con China solían girar en torno a la falta de respeto de los derechos humanos y de libertades fundamentales o a la situación del Tíbet, elementos que enturbiaban a veces las cumbres bilaterales. La nueva estrategia de la Comisión muestra que el choque de intereses se ha generalizado y abarca a áreas tan diversas como el cambio climático, la carrera de armamento o las exportaciones agroalimentarias.


El documento que aprobará este martes la Comisión reclama a China, por ejemplo, que haga realidad su compromiso de poner techo en 2030 a las emisiones de CO2 y recuerda a Pekín que, aunque ha suscrito el Protocolo de París contra el cambio climático, está financiando la construcción de plantas eléctricas a base de carbón en muchos países.


En el terreno militar, Bruselas recuerda que China se ha marcado el objetivo de "contar en 2050 con las fuerzas armadas más tecnológicamente avanzadas" del mundo, lo que obliga a la UE a reaccionar en consecuencia. La Comisión advierte de que "las amenazas híbridas intersectoriales, incluidas las operaciones de información, y las grandes maniobras militares, no solo socavan la confianza sino que suponen también un desafío a la seguridad de la UE". Un lenguaje que Bruselas solía tener reservado para lidiar con la Rusia de Vladimir Putin.

Por Bernardo de Miguel
Bruselas 12 MAR 2019 - 02:42 COT

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La justicia europea obliga a desclasificar informes sobre la peligrosidad del glifosato

El tribunal dice que el derecho a conocer sus efectos prima sobre el interés comercial

El secretismo y la opacidad no tienen cabida cuando se trata de la salud y el medio ambiente. El Tribunal de Justicia de la UE ha dictaminado este jueves que los estudios sobre la posible toxicidad del glifosato han de ser públicos. La Corte de Luxemburgo rompe así el velo de oscuridad que rodeaba a los informes sobre el herbicida más usado del continente, vetados a la consulta por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA).

Cuatro eurodiputados ecologistas y un investigador habían solicitado sin éxito tener acceso a los papeles. El organismo alimentario les entregó parte de la información, pero rechazó proporcionar otros pasajes alegando que su difusión podía provocar un perjuicio comercial y financiero a las empresas que lo venden, entre las que se encuentran multinacionales como Monsanto. Además, negó que hubiera un interés público superior que justificase la divulgación. Los solicitantes no se dieron por vencidos y acudieron al Tribunal General de la UE, que les ha dado la razón.


El glifosato, un producto químico utilizado en los plaguicidas, es legal, y fue declarado como no cancerígeno por la EFSA, pero la sospecha sigue acompañándole. En 2015, el grupo de investigación sobre cáncer de la Organización Mundial de la Salud alertó de sus probables efectos cancerígenos, pero tanto la Comisión Europea como los Estados miembros se mostraron contrarios a prohibirlo, aunque sin unanimidad. La Unión Europea extendió a finales de 2017 su licencia durante otros cinco años con el apoyo de 18 socios comunitarios, nueve votos en contra —entre ellos Francia— y una abstención.


En su sentencia, los jueces anulan las resoluciones de la EFSA que impiden el acceso a los estudios. Y lo justifican argumentando que el derecho del público a tener información sobre las consecuencias del glifosato para el medio ambiente y la salud es más importante que la protección de datos sensibles. "Una institución de la Unión, que tramita una solicitud de acceso a un documento, no puede justificar su negativa a divulgarlo basándose en la excepción relativa a la protección de los intereses comerciales de una persona física o jurídica", señala el fallo.


La autoridad alimentaria suele ser celosa en la protección de esa información, dado que puede contener claves sobre cómo elaborar el producto que pueden ser aprovechadas por los competidores. Por ello, trata de mantener un equilibrio entre el interés público y el secreto comercial para no ser objeto de demandas si desvelan determinadas informaciones. "Gracias a la publicación de todos los estudios, en el futuro científicos independientes podrán hacer doble control sobre la ciencia detrás de las evaluaciones de los plaguicidas", celebró el eurodiputado de Los Verdes Florent Marcellesi.


Fuentes de la agencia alimentaria europea indican que sus servicios legales estudian ahora cómo llevar a la práctica la sentencia del TJUE, pero han valorado positivamente que los magistrados aporten claridad sobre cómo deben actuar. "La decisión de la Corte es importante porque nos orienta sobre cómo interpretar la legislación europea en el acceso a documentos públicos", ha indicado la EFSA en un comunicado.

Por Álvaro Sánchez
Bruselas 7 MAR 2019 - 14:02 COT

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Rusia y China se acercan cada día más, según los principales espías de EU

Hal Brands, historiador oldfashion a sus 36 años, imbuido del tóxico "destino manifiesto", comenta la apreciación de los principales espías de Estados Unidos sobre "el mayor acercamiento de Rusia y China" (https://bloom.bg/2U5DlmD).

Brands –nueva estrella inflada en medio de la orfandad de geoestrategas de EU y autor del polémico libro Las Lecciones de la Tragedia: el Arte de Gobernar y el Orden Mundial– (https://amzn.to/2BPtw5r) analiza la "evaluación de las amenazas globales de la comunidad de espionaje de Washington" ante el selecto Comité de Inteligencia del Senado, por Dan Coats, director del Espionaje Nacional (National Intelligence), y Gina Haspel, la torturadora directora de la CIA (http://bit.ly/2U3EIST).

El historiador detecta "tres tendencias que podrían alterar seriamente el paisaje global para lo peor (sic)":

1. "La cada vez más íntima relación de China y Rusia" que "están más alineados que en cualquier momento desde la mitad de la década de los años 50". Brands vaticina que esa relación "será probablemente mayor por su oposición compartida a los valores democráticos (sic) y al liderazgo global de Estados Unidos". Agrega que "Beijing y Moscú cooperan ahora en ejercicios militares y ventas de armas, arreglos energéticos y lazos económicos" que permitirán a cada uno "desafiar mejor a EU".

A mi juicio, salvo el zar Vlady Putin y el mandarín Xi, nadie sabe la profundidad y alcance de su "asociación estratégica", pero Brands se atreve a definir que se trata de una "casi (sic) alianza" que "dificulta a la potencia norteamericana tratar con cualquiera de los dos". En abono a la intimidad geoestratégica del zar Putin y el mandarín Xi, no pasó desapercibida durante el discurso del presidente ruso en la Duma, su intención de incrementar las inversiones en inteligencia artificial y big data, además de fortalecer la conectividad de la Unión Económica Euroasiática con la Ruta de la Seda, lo cual fue ampliamente difundido por el órgano oficial del Partido Comunista chino People’s Daily (http://bit.ly/2UaFKwJ).

2. Las coaliciones geopolíticas de EU se encuentran a prueba, como advierte Dan Coats, a punto de ser despedido por Trump por contradecirlo en público (http://bit.ly/2U73S36): "Algunos (sic) aliados y socios de Estados Unidos buscan una mayor independencia (respecto de este país) en respuesta a sus percepciones del cambio de las políticas en seguridad y comercio y se están volviendo más abiertos a nuevas (sic) asociaciones bilaterales y multilaterales" tanto en Europa como en Asia-Pacífico. Brands comenta que hoy lo que los politólogos denominan hedging (cobertura de riesgos) se ha vuelto más común cuando "desde Australia y Japón hasta Francia y Alemania" buscan nuevos acomodamientos que serán más pronunciados "si Trump u otro escéptico (sic) del globalismo estadunidense es elegido en 2020".

3. Los espías de EU, citados por Brands, juzgan que la "economía internacional y la política global serán profundamente configuradas por las tecnologías emergentes como la inteligencia artificial, la computación cuántica y la biología sintética" y "no existe garantía alguna de que Washington encabezará la rivalidad" con sus competidores Putin y Xi. Reconoce que el "liderazgo intelectual de EU en ciencia y tecnología se ha erosionado" cuando "Beijing estaría adelantada en inteligencia artificial y otras tecnologías de punta". Es evidente que el declive del dominio tecnológico de EU tendrá tremendas repercusiones geopolíticas.

En su libro anti-histórico de hace tres años Realizando el Momento Unipolar, Brands no se percató de la parusía militar de Rusia ni del ascenso imparable de China y apostó a la descabellada unipolaridad de EU que, supuso, resucitó gracias al incremento de la economía globalizada y al avance de los derechos humanos y la democracia. Más vale que Brands desaparezca este libro de las librerías porque solamente exhibe su falta de pericia prospectivista (https://amzn.to/2U59YRq).

Guste o disguste a Brands y a la Universidad Johns Hopkins, donde despacha, el mundo se está desglobalizando rápidamente y tiende al (des) orden tripolar de EU/Rusia/China.

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La guerra comercial Estados Unidos-China y la batalla por la red 5G

Ayer, el secretario del tesoro estadounidense y el vice primer ministro chino confirmaron que volverán a reunirse el jueves en Washington, en busca de superar un conflicto cuyo desarrollo viene perjudicando principalmente al mismo que lo empezó. El ataque a Huawei revela las razones de fondo de que esté sucediendo así.

 

A mediados de enero de 2018, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, le declaró la guerra comercial a China con el anuncio de la imposición arancelaria de 20 por ciento a importaciones de lavadoras y de 30 por ciento a paneles solares. En marzo, aplicó un gravamen de 25 por ciento a las importaciones de acero y de 10 por ciento a las de aluminio. A partir de entonces, desde abril, Estados Unidos y China se encuentran enfrascados en la mayor guerra comercial de la historia. Con represalias tomadas por China ante cada agresión. En diciembre de 2018, en el marco del G20 en Buenos Aires, los dos países acordaron una tregua de 90 días para las agresiones arancelarias e iniciaron pláticas para negociar un acuerdo.


El tema de fondo es que el déficit externo estadounidense crece incesantemente desde hace dos décadas. Desde que China abrió su comercio internacional, en 1990, Estados Unidos decidió utilizar outsourcing y fabricar en zonas de procesamiento exportador en China para abaratar costes. Todo indica que los chinos aplicaron ingeniería de reversa a los productos que se fabrican en dichas zonas y han logrado desarrollar una tecnología propia. Fue el mismo camino que siguieron primero Japón y luego Corea del Sur. La consecuencia de esto, y de la política educativa adoptada, es que ahora China está a la cabeza de la innovación tecnológica mundial. El ejemplo es la red 5G.


De abril de 2018 a febrero de 2019 se han librado cuatro rondas de alzas arancelarias entre ambos países, y el impacto ha resultado contraproducente para el agresor. Las exportaciones estadounidenses a China han disminuido 13 por ciento entre febrero y noviembre de 2018, mientras que las importaciones han aumentado 16 por ciento en el mismo período (ver gráfico). Los saldos estadounidenses son: un incremento del déficit comercial, una prolongación de la bajada de la competitividad comercial y una disminución de su productividad, provocada por el aumento de los precios de los productos intermedios importados. Las empresas estadounidenses compran sus partes y piezas en China, ahora gravadas por el gobierno estadounidense, mientras que los chinos gravan productos finales que, en definitiva, podrían dejar de importar.


Luego de decretarse la tregua arancelaria, se iniciaron rondas de negociación. La primera reunión entre el representante de comercio de Estados Unidos, Robert Lighthizer, y el vice primer ministro chino, Liu He, tuvo lugar en Washington el 30 y el 31 de enero de 2019. La segunda reunión de negociaciones se llevó a cabo en Beijing, el 14 y el 15 de febrero, y el ánimo, según las declaraciones del ejecutivo estadounidense, parece más positivo. Aún se espera una última reunión, que será la última semana de febrero. El límite acordado es el 1 de marzo. Estados Unidos advirtió que, si en esa fecha no se ha llegado a ningún acuerdo comercial, procederá a elevar de 10 por ciento a 25 por ciento los aranceles sobre importaciones chinas, equivalentes a 200 mil millones de dólares adicionales.


Las exigencias estadounidenses centrales son: incrementar las importaciones de China de productos estadounidenses; aumentar la protección a la propiedad intelectual; poner restricciones a China en la inversión en tecnología; fortalecer la regulación en la transferencia de tecnología; atender la protección y la regulación cibernética; y, en menor medida, temas relacionados con agricultura, subsidios y servicios.3 En el corazón de esto están la pérdida de la competencia tecnológica y la caída de la productividad de la economía estadounidense. Estas exigencias son imposibles de cumplir, porque China tiene una política productiva desde hace décadas y entiende que, en el mercado libre, el más fuerte gana. Ellos son ahora los defensores de esto.


Una expresión de la condición real de la pérdida de competitividad estadounidense son los juicios y los ataques contra la empresa china de telecomunicaciones Huawei. La detención de Meng Wanzhou, su directora financiera e hija de Ren Zhengfei, presidente y dueño de la empresa, por el supuesto comercio ilegal con Irán, el robo de tecnología y la violación de los derechos de autor es, en realidad, un intento por bloquear la venta de la red 5G, en el mercado desde octubre de 2018. Esta tecnología corresponde a la quinta generación de la red de Internet, de la conectividad inalámbrica de los objetos y de las telecomunicaciones. Su implementación permite una conectividad 100 veces mayor que el 4G, lo que revolucionará el Internet de las cosas. El 5G es un nuevo paradigma tecnológico, al que Estados Unidos ha llegado tarde, con la empresa AT&T.


En el caso Huawei, Estados Unidos ha boicoteado el 5G con misiones enviadas a los países que están considerando comprarlo y ha conseguido, en nombre de la seguridad nacional estadounidense, que Alemania, Inglaterra, Australia y Nueva Zelanda no le compren a esta empresa. AT&T debe sacar su 5G pronto, mientras que en China ya está operativo. Los nuevos celulares Huawei ya son para la red 5G. Lo más probable es que Estados Unidos continúe acechando a la economía china y de Huawei específicamente. El problema de fondo es: ¿hasta dónde va a llevar Estados Unidos su falta de competitividad y retraso tecnológico, acusando al resto de sus propios problemas?, ¿hasta cuándo va a culpar al resto del mundo de su sobreconsumo?

Por Óscar Ugarteche, investigador titular del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam), Sistema Nacional de Investigadores-Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, y coordinador de obela.org.


** Economista, doctorando en estudios latinoamericanos de la Unam y miembro de obela.org.
1. https://www.bloomberg.com/news/articles/2018-05-04/here-s-what-u-s-demanded-of-china-at-the-start-of-trade-talks

 

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Sábado, 23 Febrero 2019 06:43

Trump, el posimperialista

Trump, el posimperialista

El repliegue estadounidense más allá de las brabuconadas.

 

El presidente Donald Trump ha desechado tratados internacionales, ha denostado alianzas tradicionales, ha anunciado retiradas militares, ha insultado amigos y ha elogiado adversarios en un vuelco de la política exterior de Estados Unidos que deja al mundo frente a una incógnita: ¿qué haremos sin el intervencionismo de Washington?
El 19 de diciembre, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en su red social favorita, twiteó al mundo entero su decisión de retirar de inmediato las tropas estadounidenses de Siria. Argumentó: “Hemos derrotado al Estado Islámico que era mi única razón para estar allí durante mi presidencia”.


CHAU, GANAMOS.

Después de más de un siglo durante el cual la consigna “yankee, go home” (o, en su versión en espanglish, “yanqui, go home”) se escuchó y apareció pintada en paredes y pancartas del mundo, el aviso levantó revuelos diplomáticos y reacomodos de visiones estratégicas entre aliados y enemigos. En realidad, no fue una novedad: desde su campaña presidencial, Trump ha sostenido que Estados Unidos gasta demasiados recursos –dinero, armamento y tropas– en sustentar la seguridad de otras naciones que no pagan la cuota que les corresponde y que en muchos casos tampoco respaldan con su voto las políticas de Washington en las organizaciones internacionales.


A poco del anuncio sobre Siria, Trump indicó que tenía intenciones de retirar, también, al menos la mitad de las tropas estadounidenses en Afganistán, que han estado librando la guerra más prolongada en la historia de Estados Unidos.


Las decisiones causaron la dimisión –o el despido– del secretario de Defensa, el general retirado John Mattis, y las protestas de expertos en asuntos internacionales, tanto demócratas como republicanos. Las quejas se escucharon desde Europa hasta Asia entre los gobiernos que no sólo se han alineado con la diplomacia estadounidense por décadas, sino que además han enviado sus propias tropas como auxiliares de los ejércitos de Estados Unidos en campañas desde el sur de Asia hasta África, Oriente Medio y, de vez en cuando, América Latina.


POR CUENTA PROPIA.

La repatriación de tropas, que ahora luce un poco más gradual y pausada que lo que hacía pensar un twit impulsivo de diciembre, se suma a una ristra de pactos internacionales a los cuales el gobierno de Trump les ha dado un trompazo.


A comienzos de febrero, Trump anunció el abandono del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio, firmado en 1987, por el cual Estados Unidos y la entonces Unión Soviética se comprometieron a eliminar sus misiles balísticos y dirigidos con alcances de entre 500 y 5.400 quilómetros. Estados Unidos ha denunciado por años que Rusia no cumple con lo pactado.


Trump también sacó a Estados Unidos del Acuerdo de París, firmado en 2015, por el cual todos los países se comprometieron a reducir el uso de combustibles fósiles y a trabajar para paliar el cambio climático. El presidente dice que el pacto perjudica a Estados Unidos.


Trump retiró a Estados Unidos del Pacto de Asociación Transpacífica, firmado en 2016, que incluye a otros 11 países y que, según él, perjudica a los trabajadores estadounidenses. En materia comercial, su gobierno forzó una renegociación del acuerdo de 2012 con Corea del Sur y el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, iniciado en 1994 con Canadá y México.


Trump se ha querellado con el Grupo de los Siete porque quiere incluir a Rusia y sacó a Estados Unidos del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, creado en 1946, y de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, que Washington ayudó a crear en 1945.


Bajo su dirección, Estados Unidos abandonó el pacto de 2015, del que también son parte aliados europeos, Rusia y China, para controlar el programa nuclear de Irán, y ha amenazado con sacar a Estados Unidos de la Organización Mundial del Comercio.


Y quizá el ingrediente de más largo alcance en la política exterior de Trump sea su desdén por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan), una alianza creada tras la Segunda Guerra Mundial para contener a la Unión Soviética y que, desde la disolución de ésta, se ha extendido a varios países de Europa oriental.


UNA VETA CON HISTORIA LARGA.

El impulso de Estados Unidos a una política exterior aislacionista es de larga data en la historia del país. En su discurso de despedida en 1796, al término de su segunda presidencia, el prócer nacional George Washington aconsejó a sus compatriotas que evitaran involucrarse en las cuestiones de otros países, tanto problemas internos como guerras externas. De hecho, Estados Unidos no firmó alianzas militares permanentes con otra nación hasta que en 1949 se creó la Otan.


La oposición a una política exterior intervencionista ha sido permanente en Estados Unidos y se acentuó a fines del siglo XIX. Fueron necesarias la campaña de propaganda de los periódicos de la cadena Hearst, el entusiasmo belicoso del futuro presidente Theodore Roosevelt y la misteriosa explosión del buque de guerra estadounidense Main en la bahía de La Habana para persuadir a la nación y llevarla a una guerra con España. Los frutos fueron la adquisición de Cuba, Puerto Rico y Las Filipinas.


También la mayor parte de la opinión pública se resistió al ingreso de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial y en la Segunda Guerra Mundial. El grupo antintervencionista más destacado fue el America First Committee, creado en 1940, cuyo título –“Estados Unidos primero” o “Primero Estados Unidos”– es el que Trump ha elegido para su política exterior.
Las políticas intervencionistas de Washington, desde las operaciones clandestinas, los apoyos a golpes militares, el despacho de “asesores”, la manipulación de medios y el envío de ejércitos, siempre se han llevado a cabo en Estados Unidos a contrapelo de la opinión mayoritaria de la población. Tan sólo ataques como Pearl Harbor o los del 11 de setiembre de 2001 han servido para movilizar mayorías a una acción militar. El razonamiento es sencillo: Estados Unidos es un país enorme, con enormes recursos, y separado por dos océanos de las disputas en Asia, Europa y África. La política “America First” consiste en mantener el poderío militar más grande del planeta de forma que nadie se atreva a meterle bronca a Estados Unidos, y enfocar los recursos de la nación en su propio bienestar. Esta visión reconoce que hay problemas en el mundo, y hay conflictos regionales y tribales que pueden crear inestabilidad para Estados Unidos; en estos casos, lo mejor para Estados Unidos es contar con algún dictador que mantenga orden en su parte del barrio.


La retirada de Siria deja el conflicto en manos de Rusia, Irán, Turquía, Israel, los kurdos y cualquier otro vecino afectado por las luchas entre tribus, sectas religiosas y milicias del barrio. La salida de tropas de Corea del Sur y Japón dejaría las disputas regionales en manos de China, Japón, Rusia y los otros actores de ese barrio. Y, al abandonar Europa, los europeos quedan librados a sus arbitrios y Rusia –que ha tenido que lidiar con tres invasiones desde el oeste en un siglo y medio–, más tranquila.


En la visión geopolítica de “America First”, que mucho place a Vladimir Putin, Estados Unidos es un castillo continental, con una gran muralla que contiene a los bárbaros del sur y dos fosas oceánicas que lo protegen de los entuertos ajenos. En última instancia, si para los intereses exclusivos de Estados Unidos se hace necesaria una intervención militar, ésta debe ser anonadante y breve: veni, vidi, y vuelta a casa rápido.


A CASA.

La aplicación de esta política de “America First” puede sorprender al resto del mundo, pero es coherente. Hay actualmente más de 165 mil soldados estadounidenses apostados en unas ochocientas bases o en misiones de combate en más de 150 países. Si a casi 70 años del fin de la Segunda Guerra Mundial los europeos todavía necesitan la presencia de casi 65 mil de esos soldados para sentirse seguros, en la visión de Trump ha llegado el momento de que paguen más por ellos o que los europeos se las arreglen por su cuenta.


El enfoque olvida que uno de los propósitos de la Otan fue, precisamente, contener el rearme de Europa. El entendido allá y por entonces fue que, si Estados Unidos extendía su manto militar estratégico para contener a la Unión Soviética, los países de Europa occidental podrían reconstruir sus fuerzas armadas lo suficiente como para apoyar la postura militar estadounidense, pero no tanto como para enzarzarse otra vez en sus guerras.


En tiempos en que el ideal de una Europa unida encara serios quebrantos y reemergen los furores nacionalistas, el desplante de Trump puede traer consecuencias que invaliden, otra vez, el aislacionismo.


Algo parecido ocurre al otro lado del planeta, donde más de 83.300 soldados estadounidenses están apostados en Japón, Corea del Sur, Tailandia, Singapur y Filipinas. Como parte de su audaz iniciativa para abrir un diálogo directo con Corea del Norte, Trump ya ordenó la postergación de las maniobras militares conjuntas con Corea del Sur. Y, como corresponde a un hombre de negocios, ha cuestionado si se justifica el gasto de mantenimiento de tantas tropas en una región donde Estados Unidos ganó la guerra hace tres cuartos de siglo.

En el caso de América Latina, los números son diferentes. Contando las tropas que Estados Unidos tiene en la base naval de Guantánamo, Cuba, en Honduras, Puerto Rico y otras misiones apenas se llega a 2 mil soldados. Y la política exterior de Trump para la región ha sido de casi absoluto desdén, con la excepción de sus discursos de condena a Cuba y Venezuela. Es cierto que Trump ha mencionado algunas veces una “opción militar” para resolver el conflicto interno en Venezuela, pero es poco probable que el Pentágono, y mucho menos la coyuntura política de Estados Unidos, acepte una incursión de los marines en Caracas.


Otros casi 10 mil soldados estadounidenses cumplen misiones en Bahrein, Kuwait, Turquía, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí, y, salvo el apoyo a distancia de Estados Unidos a la intervención saudí en el conflicto de Yemen, el Pentágono se ha cuidado de evitar el compromiso directo de tropas en los conflictos locales.


CORTO PLAZO.

La Conferencia de Seguridad de Múnich, creada en 1963, es la mayor reunión mundial de expertos que consideran los conflictos y su resolución, y realizan esfuerzos para evitar una nueva guerra mundial.


Durante la sesión del pasado fin de semana, el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, comenzó su discurso con la fórmula tradicional de cortesía para los más de 450 participantes de todo el mundo y trasmitió el saludo de parte del presidente Trump. Allí donde correspondía, hizo una pausa para recibir el aplauso esperado. Pero lo único que recibió fue un silencio despectivo de la audiencia, embarazoso para él, que demoró unos segundos en continuar con su presentación.


La todavía canciller de Alemania, Angela Merkel, quien habló sin notas, obtuvo una recepción mucho más entusiasta cuando reafirmó los vínculos diplomáticos, económicos y de defensa mutua en Europa. Criticó a Trump por el abandono del acuerdo internacional con Irán acerca de su programa nuclear.


La posición enclenque de la política “America First” de Trump quedó en evidencia en Múnich dos veces. Por un lado, unos cincuenta miembros del Congreso de Estados Unidos, incluidos republicanos y demócratas, se hicieron presentes en Múnich, y la avidez de la prensa y los otros participantes por obtener una conversación con la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, contrastó con el formalismo de los saludos a Pence. Por otro lado, el ex vicepresidente y posible candidato presidencial demócrata Joe Biden recogió abundantes aplausos cuando dijo que Estados Unidos, más allá de Trump, “se opone a la agresión de los dictadores que gobiernan por coerción, corrupción y violencia”. “Como diría mi mamá, esto también pasará”, señaló, en referencia al gobierno de Trump. “Volveremos, volveremos. Estados Unidos retornará. No tengan duda de ello”, agregó.


A la espera de que Estados Unidos llegue a su elección presidencial en 2020 y el resultado restaure el papel participativo y, ocasionalmente, intervencionista de Washington, el resto del mundo sigue experimentando lo que muchos reclamaron: los yanquis se van a casa.


Una ocasión para reflexionar cómo cada país y región resuelve sus propios problemas sin esperar soluciones ni echarle la culpa al imperialismo.

Por Jorge A. Bañales
22 febrero, 2019

 

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Las consecuencias económicas del dinero endógeno

La controversia sobre los orígenes y naturaleza del dinero es antigua. La verdad es que este extraño objeto social no ha sido generoso a la hora de revelar sus secretos y por eso los economistas de la tradición ortodoxa o neoclásica poco han entendido sobre la moneda. Hoy nos acercamos a tener una visión más certera y rigurosa sobre los fenómenos monetarios mediante la teoría de dinero endógeno.

Desde su nacimiento la teoría económica estuvo confrontada con importantes fenómenos monetarios, pero los autores clásicos, desde Adam Smith, consideraron que el dinero era una especie de velo que escondía la realidad de los procesos económicos. Al dinero se le consideró una especie de instrumento técnico que solamente servía para superar los inconvenientes del trueque y facilitar los intercambios. Desde esta perspectiva analítica el dinero no tiene ninguna influencia sobre lo que pasa en la economía real: ni el nivel de actividad ni el volumen producido se verían afectados por el dinero.

Esto se compaginaba muy bien con la teoría cuantitativa de la moneda. Desde entonces la tradición se consolidó en ortodoxia y el dinero fue considerado un objeto que se introducía en la economía desde afuera de las relaciones económicas. Lo típico es considerar que el banco central es la entidad que tiene el monopolio de la emisión de moneda y controla la cantidad de dinero que entra en la economía.

Pero hoy se sabe que la mayor parte del circulante en una economía no es emitido por el banco central, sino por los bancos comerciales privados. Los agregados monetarios de cualquier economía capitalista así lo demuestran. Los bancos comerciales privados desempeñan una función clave de creación monetaria mediante sus operaciones de crédito: al otorgar un préstamo abren una cuenta de depósito en la que el prestatario encontrará la cantidad de dinero estipulada acreditada a su nombre. Cierto, el banco central mantiene el monopolio de la emisión de dinero de alto poder, pero esa base monetaria es, al final de cuentas, el telón de fondo contra el que se desarrolla la creación monetaria por los bancos privados.

El dinero endógeno significa que el flujo de dinero en la economía está determinado por la demanda de crédito. Y aquí es donde entra un aspecto tan sorprendente como sencillo sobre el tema del dinero endógeno: la única restricción que tienen los bancos para otorgar un préstamo es la de encontrar un sujeto de crédito confiable. La restricción no tiene nada que ver con tener reservas o los depósitos de los ahorros de otros agentes: al otorgar un crédito, los bancos crean dinero de la nada. Y para confirmar lo anterior hay que observar que desde el punto de vista contable, los préstamos crean los depósitos. Esta es una fórmula que parece misteriosa y causa intriga, pero el misterio radica más en nuestras viejas ideas (como decía Keynes) que en la complejidad del fenómeno. Hemos estado acostumbrados por demasiado tiempo a la idea de que los bancos son simples intermediarios que prestan el dinero de los ahorradores y todavía hay premios Nobel de Economía que siguen creyendo en esa fantasía (Krugman).

Ahora bien, si los bancos crean dinero de la nada eso tiene enormes implicaciones y todas nuestras visiones sobre la economía deben sufrir una profunda transformación. Fenómenos como la inflación, la determinación de la tasa de interés, la relación entre el ahorro y la inversión, así como los alcances de las políticas fiscal y monetaria, son temas que deben ser repensados a la luz de la teoría de dinero endógeno. Por supuesto, otro tema fundamental es el de la regulación bancaria que adquiere toda una nueva dimensión en el contexto de dinero endógeno.

Al otorgar un crédito, un banco entrega medios de pago (chequera, tarjeta de débito) al prestatario y esos medios de pago son reconocidos por los demás bancos. Por esa razón esos medios de pago se convierten en dinero y son aceptados por todos los agentes. Pero lo importante es que el banco no necesita tener reservas o ahorros prexistentes para otorgar un crédito. Y eso exige un cambio de perspectiva de gran amplitud, pues significa que la relación entre ahorro e inversión no corresponde a la que se ha considerado tradicionalmente. Es decir, hemos estado acostumbrados a la idea de que es necesario ahorrar para poder invertir. Pero en la realidad de una economía de producción monetaria la causalidad está invertida: es la inversión la que determina el ingreso y, por esa misma razón, el ahorro.

John Maynard Keynes fue el primero en tener la intuición de que con la inversión es la sociedad la que se otorga a sí misma una especie de crédito. Ese adelanto sirvió en el pasado para financiar guerras y hoy puede servir para financiar el desarrollo sustentable. Para controlar este enorme potencial es necesario preguntarnos si el enorme privilegio de crear moneda (poder de compra) debe estar en manos privadas con fines de lucro o si debería estar bajo alguna otra forma de control social y democrático.

Twitter: @anadaloficial

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Angela Merkel y Emmanuel Macron firman el Tratado de Aquisgrán: ¿A tiempo o muy tarde?

Cuando la Unión Europea sufre los embates de la desglobalización y el ascenso de los nacionalismos centrífugas,World Socialist Web Site (WSWS), pese a su sesgo trotskista, desmenuza el nuevo tratado franco-alemán de Aquistrán de los alicaídos Emmanuel Macron y Angela Merkel (http://bit.ly/2Thg8h1).

 

WSWS impugna su "agenda agresiva e impopular para imponer en toda Europa regímenes de Estados-policiacos", cuando en medio de "las amenazas de guerra comercial de EU, las relaciones trasatlánticas se están desintegrando y Alemania trata de remilitarizar (sic) su política exterior", mientras Macron exhorta a que “Europa debe estar preparada para enfrentar a Rusia’, China o EU”. ¿A los tres? ¡Qué temeridad!

 

Le Monde enuncia que "Macron y Merkel desean relanzar la cooperación franco-germana" en Aix-la-Chapelle (Nota: Aachenen alemán y Aquisgrán en español), que es "repudiada por la extrema derecha de los dos países que critican su pérdida de soberanía nacional" (https://lemde.fr/2TeL4hP). Esta es una verdad a medias ya que Jean-LucMélenchon, líder del partido Francia Insumisa –que según la esquizofrénica lingüística neoliberal es de la "extrema-izquierda populista (sic)"'– fustigó el carácter neoliberal del pacto: "un paso atrás para nuestra soberanía" y un "retroceso social y ambiental".

 

Le Monde diagnostica correctamente el "ascenso de los nacionalismos" y no se clava en el término peyorativo de "populismo".

 

Llama la atención la coordinación franco-alemana en la investigación sobre inteligencia artificial y "otras innovaciones de vanguardia", quizá en alusión al arma supersónica Avangard de Rusia.

 

El nuevo PACTO debe "completar" el previo Tratado del Eliseo de hace 56 (sic) años entre el general Charles de Gaulle y Konrad Adenauer, quienes concretizaron la reconciliación franco-alemana. Aquí discrepo, porque no son comparables a la magnificencia del general De Gaulle y de Adenauer, ni veo cómo estos dos hubieran avalado el caníbal neoliberalismo de Macron, apadrinado por la banca Rothschild, ni el monetarismo centralbanquista de Merkel, dependiente de Deutsche Bank y Goldman Sachs. El nuevo tratado de Aquisgrán/Aachen/Aix-la-Chapelle –que debería empezar por tener un sólo nombre–, prevé una convergencia de las políticas de defensa, económica y extranjera, la cooperación transfronteriza y "una Asamblea Parlamentaria común de 100 diputados".

 

¿Será un Parlamento binacional dentro del europeo donde se avecina el tsunami nacionalista en las elecciones de mayo?

 

Marine Le Pen, dirigente de Agrupación Nacional, (anterior Frente Nacional) de "extrema derecha" acusó al jefe de Estado galo de desear compartir con Alemania al asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU, lo cual ha sido negado por Macron. Sepa Dios si es cierto o no, en esta fase de la post verdad y los fake news, pero Alemania desde hace mucho merece su asiento en el caduco formato del Consejo de Seguridad, como India y otros.

 

Le Pen fue muy dura contra la cooperación de la industria de defensa con Alemania porque perjudicaría los intereses exportadores de armas galas: "Los franceses tendremos que pedir permiso al Bundestag (Parlamento alemán)".

 

En Alemania, Alice Weidel de la extrema derecha del partido AfD criticó el tratado por supeditar a Alemania a los intereses franceses que sólo beneficiaría a los contratistas militares galos.

 

En Davos, Mike Pompeo celebró el nuevo eje nacionalista global del trumpismo/Brasil (con Bolsonaro) /Italia (con Salvini), mientras, el primer italiano Giuseppe Conte arremetía contra el tratado donde Francia y Alemania "sólo piensan en sus intereses nacionales" en forma "hipócrita". Respecto al asiento de Berlín en el Consejo de Seguridad, Conte preguntó en forma sarcástica "si Alemania había perdido o ganado la Segunda Guerra Mundial".

 

Merkel nunca ha ocultado su desdén por las "soberanías" ajenas (http://bit.ly/2Atjd6k), mientras Mike Pompeo, secretario de Estado y ex director de la CIA, acaba de sentenciar "la muerte del globalismo" en el sepelio de Davos ( http://bit.ly/2ThrNwe). ¿No habrá llegado muy tarde el Tratado de Aquisgrán?

 

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Domingo, 20 Enero 2019 06:29

Guiño de China a EE.UU.

Guiño de China a EE.UU.

El gobierno de China hizo una propuesta a Estados Unidos para empezar a cerrar la brecha comercial entre ambas economías. Propuso incrementar las importaciones en forma escalonada durante los próximos seis años, con el objetivo de llevar a cero el déficit comercial de Estados Unidos con China. Los datos duros que se presentaron indican que en los próximos años se comprarían mercaderías por más de un billón de dólares, permitiendo que el superávit comercial chino que se ubica en 323 mil millones de dólares baje a cero en 2024. La propuesta generó optimismo en los mercados financieros y potenció el aumento de las acciones en las principales bolsas del mundo. El Nasdaq, por ejemplo, cerró con un avance del 1,0 por ciento, mientras que el Dow Jones lo hizo al 1,4 por ciento. Por el momento no se conoció una respuesta oficial a la oferta de China. Pero se cree que Estados Unidos le pidió que mejore la propuesta, reduciendo el plazo en que se pretende cerrar el déficit comercial de 6 a 2 años.

19 de enero de 2019

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