Cancillería de Colombia pide oficialmente a Juan Guaidó la extradición de la excongresista Aída Merlano

Según un comunicado oficial, "el compromiso" del diputado opositor venezolano, que no tiene potestad para efectuar ese procedimiento, es "un respaldo para el buen término de esta solicitud".

 

La Cancillería de Colombia le solicitó formalmente al diputado opositor Juan Guaidó, a quien reconoce como "presidente interino" de Venezuela, la extradición de la excongresista Aida Merlano, tras recibir el oficio por parte de la Corte Suprema de Justicia.

"El propósito es que el Presidente Guaidó, adelante todas las gestiones que permitan que la señora Merlano regrese a territorio colombiano, responda por sus delitos y cumpla la condena que le ha sido impuesta", señala el comunicado de la cancillería colombiana.

Según el documento, la solicitud de extradición "ya ha sido presentada ante la Embajada de Venezuela en Colombia, que representa al Gobierno legítimo del Presidente Juan Guaidó", y consideran que el compromiso del diputado opositor, que no tiene ninguna facultad para efectuar ese procedimiento, es un "respaldo para el buen término de esta solicitud".

Días atrás, Guaidó aseguró que estaba dispuesto a "brindar toda su colaboración y la de las instituciones legítimas de Venezuela, en la atención a este caso".

Al respecto, la canciller de Colombia, Claudia Blum, afirmó que la solicitud se hace ante Guaidó ya que los mecanismos de cooperación internacional judicial con el Gobierno del presidente Nicolás Maduro fueron afectados en su funcionamiento normal, "al haber expulsado a todo el personal diplomático y consular de Colombia". 

Contradicciones

Blum condenó que después de 17 días de anunciada la captura por parte de las autoridades venezolanas, al mando del presidente Nicolás Maduro, este le haya dado la oportunidad a la excongresista para que "pueda públicamente evadir su responsabilidad y alegar persecuciones del Gobierno colombiano", que supuestamente "no existen". 

No obstante, antes de la comparecencia pública de Merlano en Caracas, el presidente Maduro instó al gobierno colombiano a activar las relaciones consulares para poder ejecutar el procedimiento de extradición, medida que fue rechazada de plano por la administración de Iván Duque, alegando que en Venezuela había "pocas garantías".

Paradójicamente, a pesar de que Bogotá le hizo la solicitud formal a Guaidó, la canciller también llamó a la comunidad internacional a que "exija" al gobierno del presidente Maduro que "permita su devolución al territorio colombiano, conforme a las órdenes judiciales vigentes en su contra". 

La excongresista —condenada a 15 años de cárcel por la compra ilegal de votos para las elecciones parlamentarias de 2018—, se fugó en octubre del año pasado durante una cita de ortodoncia en un centro médico de Bogotá y fue capturada en Venezuela el pasado 28 de enero.

Caracas rompió relaciones diplomaticas con Bogotá el pasado 23 de febrero del 2019, cuando Duque decidió apoyar la autoproclamación de Guaidó como "presidente interino" de Venezuela.

Publicado: 14 feb 2020 02:33 GMT

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Trump recibió a Guaidó en la Casa Blanca

Nuevas acciones de Estados Unidos contra el gobierno de Nicolás Maduro

El encuentro se produjo luego de que Trump lo invitara al Congreso, donde fue aplaudido tanto por demócratas como republicanos. El gobierno de Venezuela denunció un nuevo intento golpista del país del Norte.

El presidente de Estados Unidos Donald Trump se reunió con el autoproclamado presidente interino de Venezuela Juan Guaidó. El encuentro se produjo luego de que Trump lo invitara ayer al Congreso donde fue aplaudido tanto por demócratas como republicanos. Guaidó es un experimento de presidente virtual, sin existencia de peso en Venezuela, pero invitado y nombrado por el líder republicano en el discurso del Estado de la Unión. El canciller venezolano Jorge Arreaza denunció un nuevo intento golpista de la administración Trump. 

A poco más de una año de la autoproclamación de Guaidó, Estados Unidos vuelve a la carga contra Venezuela jugando otra vez esa carta. Este miércoles el dirigente venezolano fue recibido por el vicepresidente Mike Pence. Luego Trump lo invitó a pasar al Salón Oval.

En un comunicado la Casa Blanca manifestó su interés por un cambio de gobierno en Venezuela. "La visita es una oportunidad de reafirmar el compromiso de Estados Unidos con el pueblo de Venezuela y para discutir cómo trabajar con el presidente Guaidó para acelerar una transición democrática", dijo el gobierno estadounidense.

Durante la noche del martes, Guaidó asistió como invitado al discurso anual sobre el Estado de la Unión en el Congreso. Trump lo presentó como el verdadero y legítimo presidente de Venezuela. "Es un hombre muy valiente que carga consigo las esperanzas, los sueños y las aspiraciones de todos los venezolanos". Luego prometió aplastar la tiranía del gobierno de Nicolás Maduro. 

La pelea que están teniendo demócratas y republicanos tuvo un insólito impasse cuando todo el Congreso se paró para aplaudirlo. “Llevá este mensaje del pueblo estadounidense a Venezuela”, le dijo Trump. Guaidó sólo atinó a levantar la mano y saludar, con el rostro duro, casi como si no pudiera creer lo que estaba viendo. "Vamos a seguir trabajando con nuestros socios en la región para confrontar a la dictadura ilegítima en Venezuela", dijo la Casa Blanca.

Sin embargo algunos legisladores demócratas manifestaron su rechazo a la política de Trump con respecto a Venezuela. Varios congresistas pidieron que el apoyo al presidente interino se traduzca en beneficios migratorios para los venezolanos. "Una invitación es fácil. Garantizar una protección TPS para quienes huyen de Venezuela requiere que Trump desafíe a su base xenófoba", dijo en Twitter la congresista Debbie Wasserman Schultz. La legisladora hizo alusión al Estatuto de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés), que Estados Unidos concede a países cuyas circunstancias eximen de deportación a sus ciudadanos.

Trump impulsa una dura política migratoria, que fue la base de su campaña electoral. Por el contrario varios congresistas en la Cámara de Representantes y en el Senado buscan impulsar una legislación para proteger a los migrantes venezolanos. Al mismo tiempo, no disimulan su apoyo a un derrocamiento de Maduro. El jefe de la minoría demócrata del Senado, Chuck Schumer, dijo que la política de Trump sobre Venezuela fracasó. "Si la política estuviera funcionando, Juan Guaidó no estaría en la tribuna, estaría en Venezuela, estaría sentado en el palacio presidencial", dijo el líder demócrata. "El régimen de Maduro es más poderoso hoy que cuando el presidente comenzó su política en contra", agregó Schumer.

En paralelo llegó la respuesta del gobierno venezolano. El ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela, Jorge Arreaza, desató toda su furia con el presidente de Estados Unidos. En un comunicado emitido por la cancillería se refirió a Trump como un charlatán soberbio con ínfulas de emperador. "La República Bolivariana de Venezuela rechaza enérgicamente y cumple con denunciar ante la comunidad internacional, las expresiones injerencistas y las groseras intromisiones en sus asuntos internos realizadas por Donald Trump durante el discurso anual ante el Congreso estadounidense", informó el comunicado de la cancillería.

Arreaza consideró que tanto las palabras del presidente estadounidense como su invitación a Guaidó forman parte de un nuevo plan golpista contra Venezuela. "Haciendo uso de un discurso lleno de mentiras, 'chovinismo' y declaraciones supremacistas, Trump ofende e irrespeta al pueblo venezolano, al proferir violentas amenazas contra su integridad y contra el Gobierno constitucional, legítimo y democrático del presidente, Nicolás Maduro", sostuvo Arreaza.

Tampoco ahorró críticas hacia el autoproclamado presidente interino. “La vergonzosa complicidad de quienes se dedican a vender la Patria a cambio de las humillantes migajas que les arroja su jefe, el señor Trump, dependiendo de su estado de ánimo", afirmó el ministro. Arreaza afirmó la necesidad de defender la autoderminación de su país sin injerencias extranjeras. "Venezuela es y será irrevocablemente libre e independiente. Solo el pueblo venezolano determina y determinará su presente y su futuro victorioso, soberano y socialista", sostuvo el ministro.

Hace poco más de un año Guaidó se autoproclamó presidente interino de Venezuela con el apoyo inmediato del gobierno estadounidense. Sin embargo, fue muy poco lo que pudo lograr durante todo el 2019. Hace algunas semanas perdió la presidencia de la Asamblea Nacional. Este nuevo apoyo de Estados Unidos busca reflotar su figura y genera expectativa sobre los próximos pasos que realizará el gobierno de Trump.

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Un combate al terrorismo, hecho a medida de Estados Unidos

El secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, lideró una Conferencia Contra el Terrorismo, en Bogotá, que debería encendernos todas las alarmas. No es un error decir que fue el canciller norteamericano y no el presidente colombiano Iván Duque quien comandó esa reunión.

Pompeo, ex director de la CIA, halcón republicano y duro entre los duros, usó la cumbre del 20 al 23 de enero para enviar varios mensajes preocupantes. En pocas horas, confirmó el asesinato alevoso contra el general iraní Suleimaní; anunció “que está en marcha la estrategia para que Maduro se vaya” (o sea, un golpe de Estado contra el presidente elegido democráticamente por los venezolanos); conversó con la canciller golpista de Bolivia, Karen Longaric, sobre la colaboración norteamericana en las próximas elecciones del 3 de mayo (¿¡!?) y se privó de hacer cualquier alusión a las ejecuciones de defensores de los Derechos Humanos que por aquellas horas se sucedían en Colombia.  Sólo en lo que va del 2020 hubo 21 homicidios contra de líderes y liderezas sociales colombianos, un promedio de uno por día, según el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz).

El 21 de enero, mientras se desarrollaba la cumbre antiterrorista, cientos de miles de colombianos se volcaron a las calles de todo el país –en multitudinarias marchas que ellos llaman “paros nacionales”- para denunciar las acciones paramilitares y los asesinatos políticos entre otros reclamos. En este marco, ¿puede ser Colombia sede de un encuentro en defensa de los derechos humanos y por la seguridad?

¿Puede combatir el terrorismo el autoproclamado Juan Guaidó luego de haberse sacado fotos con narcoparamilitares armados en la frontera entre Colombia y Venezuela?

¿Puede ser Estados Unidos el patrocinador de una Conferencia Hemisférica de lucha contra el Terrorismo cuando su canciller desconoce las leyes internacionales y los pactos de humanidad al confesar el ataque contra Suleimani y, acto seguido, desafía las reglas de la democracia promoviendo un golpe de Estado en Venezuela e interviniendo en las elecciones de Bolivia?

La respuesta es que, más allá de los títulos, la conferencia no se convocó para luchar contra el terrorismo ni a favor de los derechos humanos, sino para impulsar un plan de acción contra Venezuela e Irán y, lo más alarmante, comprometer a toda la región en una cruzada que no nos pertenece y que, muy probablemente, viole la ley.

No permitamos un relanzamiento de la Doctrina de Seguridad en su versión 2.0. Si en el siglo pasado fue el “el peligro comunista” el justificativo que usó Washington para unificar bajo su mando las fuerzas represivas de nuestros países y garantizarse así la sumisión y el control de la región, hoy es el “peligro del terrorismo” el que se busca activar con los mismos fines. Por eso, en Bogotá, Pompeo denunció –aunque no hay ningún evidencia disponible ni documento que pruebe sus dichos- la presencia de Hezbollah en la región y la supuesta ayuda de Maduro a esa organización, así como “al ELN y a la disidencia de las FARC”. Los intentos de persecución a quienes no se alinean con los EE.UU. –hoy son Cuba, Nicaragua y Venezuela, mañana pueden ser otros- quedan claros en los 24 puntos del comunicado conjunto que lamentablemente Argentina firmó en Bogotá ( México y Uruguay se mantuvieron sólo como observadores). 

Un par de ejemplos para reflexionar. En el punto 2 del comunicado los países se “comprometen a no dar refugio ni asilo a quienes financien el terrorismo o les presenten colaboración”. ¿En el mundo del “lawfare” podría Evo Morales llegar a ser acusado de colaborador del terrorismo? O en el punto 21, donde se promociona el equipamiento para control de fronteras, investigación e inteligencia. Casualidad o no, Israel, uno de los más conocidos fabricantes de esa tecnología, estaba en la cumbre.

Desde el inicio del 2020, EE.UU. ha puesto el pie en el acelerador. Sabemos por qué. La pérdida de liderazgo global en momentos en que nuevos actores tallan en la escena internacional activa su reflejo más atávico: mantener el control férreo de un continente que, como en el pasado, sea la plataforma para la pelea hegemónica.

Cuidado. Como ciudadanos debemos luchar para defender la región como zona de paz. Y quienes se sintieron suficientemente capaces y fuertes como ejercer puestos ejecutivos y legislativos, deben –sí o sí- lograr una inmediata integración regional soberana, la única que nos puede salvar. No podemos permitir que una vez más se nos priven de democracia y libertad.

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Un año de la ficción de gobierno de Juan Guaidó

El líder opositor se autoproclamó presidente de Venezuela el 23 de enero de 2019

El diputado opositor nunca tuvo territorio ni mando sobre un cuerpo armado del Estado. Su poder vino de afuera, es decir, del despliegue norteamericano.

 

Juan Guaidó cumplió un año de su autoproclamación como presidente encargado de Venezuela. Aquel 23 de enero del 2019 levantó la mano y juró desde una plaza alejada del Palacio de Miraflores, en una zona adinerada de Caracas. No fue una fecha casual: el 23 de enero de 1958 es el día en fue derrocada la dictadura de Marcos Pérez Giménez.

Su autoproclamación quedará como el punto de inicio de una de las operaciones más importantes montadas por el gobierno norteamericanos en América Latina. Se trató, y aún se trata, de crear una realidad ficcional, un gobierno paralelo que nunca existió y, sin embargo, ha sido, y es, real.

Ocurrió a una velocidad que debía ser imparable: el reconocimiento de Guaidó por parte del presidente de Estados Unidos (EEUU), la construcción de una diplomacia de asfixia con el Grupo de Lima y la Unión Europea, la presión a gran escala para lograr el quiebre de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) crucial en la estrategia golpista. El cálculo falló.

Siempre estuvo claro al interior del país que Guaidó no tenía capacidad de ejercer poder. Quien hasta principio de enero del 2019 era un diputado desconocido para la mayoría del país, nunca tuvo territorio ni mando sobre un cuerpo armado del Estado. Fue 2.0 desde su inicio y su poder vino de afuera, es decir del despliegue norteamericano.

La ficción del presidente encargado fue acompañada por una ingeniería comunicacional: tapa de redes de Reuters como líder épico, tapa de la revista GQ con pose de actor, análisis en La Nación hablando de dos presidentes en Venezuela, para citar tres casos entre centenares. Guaidó se hizo real sin gravitar nunca al interior del país, salvo en el plazo breve entre enero y el 30 de abril, cuando tomó las armas junto al jefe de su partido, Leopoldo López, y un grupo de militares.

Ese episodio armado fue rápidamente olvidado por los grandes medios. También borraron de su historia su aparición junto al grupo paramilitar Los Rastrojos que, de la mano con el gobierno de Colombia, le permitieron cruzar la frontera a Cúcuta desde donde intentó un ingreso por la fuerza a territorio venezolano el 23 de febrero.

De esa fecha quedan las imágenes de la maquinaria musical que puso sobre el escenario a cantantes como Maluma, Diego Torres, Carlos Vives, la presencia del vicepresidente norteamericano, Mike Pence, el presidente de Chile, Sebastián Piñera, y los miles de dólares para ayuda humanitaria que fueron malversados y generaron un escándalo de corrupción.

Ese despliegue construido desde EEUU decayó en la segunda mitad del 2019. Quedó un Guaidó sin peso, sin capacidad de movilizar a la base social de oposición, sin noticias nuevas, triste, solitario y final.

Su reaparición, luego casi ocho meses sin impacto dentro del país, ocurrió el domingo pasado, cuando el gobierno norteamericano volvió a montarlo sobre los escenarios internacionales. Primero en Colombia, con el presidente Iván Duque, luego en Gran Bretaña, con Boris Johnson, luego en Bruselas con el representante de asuntos exteriores de la Unión Europea, Josep Borrell, y en una serie de fotografías en el Foro de Davos junto a Angela Merkel, Ivanka Trump, Tony Blair, John Kerry, entre otros.

Guaidó recobró notoriedad internacional en una demostración de la capacidad diplomática, política y mediática de EEUU para crearle nuevamente una narrativa internacional sin correlato al interior de Venezuela. Guaidó es ficción, y, sin embargo, es real.

Tan real como que, a partir de su autoproclamación, el gobierno norteamericano profundizó los ataques sobre la economía venezolana y anunció congelamiento de fondos, el robo de la refinería Citgo, entre otras acciones unilaterales. Creó su justificación necesaria: un presidente 2.0 que le autoriza a bloquear y quedarse con activos del Estado venezolano.

Esa misma arquitectura es la que continúa su avance en un objetivo que el gobierno norteamericano presenta de manera suave: un gobierno de transición para lograr elecciones libres. La realidad, tras esas palabras, se asemeja al golpe de Estado ocurrido en Bolivia.

El regreso de Guaidó a los escenarios internacionales a un año de su autoproclamación es una oxigenación del gobierno paralelo 2.0. Se trata de una nueva operación de legitimación, el simulacro de realidad sustentada con la política de fotografiarse como la mayor cantidad de líderes europeos.

Esa nueva maniobra para instalarlo ocurre en simultáneo con la profundización de la demonización del gobierno de Nicolás Maduro. El gobierno norteamericano lo acusa nuevamente de albergar en Venezuela a fuerzas de Hezbollah, el ELN colombiano, y las FARC que retornaron a las armas. Sienta así las bases para legitimar acciones de fuerza.

Aún no se sabe cuándo ni cómo será el regreso de Guaidó a Venezuela. Buscarán hacer de eso un hecho político. Sin embargo, así como desde el 23 de enero del 2019, el asunto nunca fue Guaidó: seguir su actual gira por Europa es observar lo que la estrategia norteamericana quiere que sea observado. Guaidó es un distractivo, la cuestión está en otro lado. 

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Claver-Carone, el hombre (y la misión) detrás del conflicto de Trump con Venezuela

En un mitin al estilo electoral en Miami, hace casi un año, Donald Trump emitió una clara advertencia al presidente venezolano, Nicolás Maduro, a quien el mandatario estadounidense ha querido derrocar desde el día en que ingresó a la Casa Blanca, dos años antes. “Se avecina un nuevo día en América Latina”, proclamó Trump, apuntando no solo a Maduro, sino también a Cuba.

Para los observadores casuales, fue fácil detectar la influencia de John Bolton en el enfoque cada vez más agresivo del presidente hacia las Américas. Bolton, a quien Trump había nombrado su asesor de Seguridad Nacional la primavera anterior, había declarado a los Gobiernos izquierdistas de Venezuela, Nicaragua y Cuba como la “troika de la tiranía”. Solo unas semanas antes, Trump había reconocido al “autoproclamado” Juan Guaidó como presidente interino del país, declarando abiertamente la intención de los Estados Unidos de “poner fin al régimen de Maduro con la fuerza militar si fuese necesario”.

Pero las manos veteranas de la política exterior en Washington y el sur de Florida también vieron las huellas dactilares de otro asesor menos conocido, con un historial de línea dura y el tipo de lengua retórica afilada, que había definido el enfoque reciente de Trump –y de Bolton– hacia América Latina. El discurso de Trump, pensaron muchos de esos expertos, sonaba como si hubiera sido escrito por Mauricio Claver-Carone.

Claver-Carone, quien se desempeña como el principal asesor de Trump para América Latina en el Consejo de Seguridad Nacional (NSC, inglés), es poco conocido fuera de Washington, pero tiene mala fama dentro de los círculos relacionados con América Latina en esa ciudad como un “bulldog” para la comunidad de línea dura que favorece posturas aún más extremas hacia el Gobierno de Cuba y todavía ve a la región como el frente clave para las batallas al estilo de la Guerra Fría contra amenazas comunistas.

Capacitado como abogado, Claver-Carone ha pasado la mayor parte de las últimas dos décadas como un influyente cabildero y principal antagonista de cualquiera –incluido el expresidente Barack Obama– que buscara revertir el bloqueo de casi 60 años que aún no ha logrado su declarado propósito de terminar con el Gobierno de Cuba.

Pero en la era Trump se involucró en el Gobierno, y durante los últimos 16 meses ha disfrutado de una influencia sin igual en las políticas del presidente hacia Venezuela, a tal punto que los embajadores extranjeros se han quejado en privado sobre su ascendencia en esa área.

Desde que ingresó a la Casa Blanca, el presidente Trump ha mostrado una obsesión simplista con Maduro, la cual se ha hecho mayor en medio de la crisis económica que ha provocado.

Pero la presión de Trump por una agresión chocó incluso a aquellos dentro del aparato de política exterior que durante mucho tiempo han ansiado una oportunidad para adoptar un enfoque más enérgico. “Soy un halcón en las reuniones interdepartamentales, pero en la Oficina Oval soy la paloma”, así se lamentaba un alto funcionario ante sus colegas cuando salía de las reuniones en las que Trump pedía opciones militares o políticas hacia Maduro más hostiles de lo que recomendaban sus asesores.

La visión simplista e inconsistente de Trump del mundo ha dejado desconcertados, incluso, a los más cercanos a él, preguntándose por qué un presidente tan dispuesto a hacer trizas un acuerdo negociado con Irán favorece el diálogo con Corea del Norte, o cómo un líder que apoya la necesidad de reducir los compromisos militares en Medio Oriente ha estado tan ansioso por comenzar otro en América del Sur.

Buscar coherencia en la política exterior de Trump es una misión por descubrir “algo que simplemente no está allí”, dijo Fernando Cutz, quien sirvió en el Consejo de Seguridad Nacional bajo los Gobiernos de Obama y Trump. “Va a ser país por país, artículo por artículo. E incluso así, puede que no sea consistente”.

La política exterior del presidente está, en esencia, guiada por el mismo narcisismo que impulsa su toma de decisiones sobre cualquier otro tema: Trump quiere ganar. Y en Venezuela, la coerción es su única estrategia.

Mientras otros –incluido Bolton, a quien Trump despidió en septiembre del año pasado, en parte por “contenerlo” en el tema de Venezuela– tuvieron que hacer concesiones para trabajar en ese entorno, Claver-Carone está viviendo su sueño. Tiene la oportunidad de implementar la estrategia de “máxima presión” que él y otros exponentes de la línea dura han creído por mucho tiempo que se necesita en Venezuela, el respaldo de un presidente que comparte esa visión y el mandato para garantizar que el resto del Gobierno ayude a Trump a aumentar la presión a su máximo real.

Aparentemente, aún no lo han alcanzado, incluso un año después de que la estrategia comenzara abiertamente con el reconocimiento de Guaidó.

“Si me hubieras preguntado en enero de 2017 quién es la peor persona que podría estar en ese puesto de director, habría dicho: ‘Él’, dijo Ben Rhodes a HuffPost el año pasado sobre Claver-Carone. (Rhodes había encabezado los esfuerzos de Obama para normalizar las relaciones de Estados Unidos con Cuba).

No es una visión poco común: Claver-Carone no es el tipo de entendido regional o diplomático experimentado que típicamente ha ocupado su posición en el Consejo de Seguridad Nacional, y tiene poca experiencia en cuanto a los países más grandes de América, una preocupación que casi una docena de expertos en políticas sobre América Latina o exfuncionarios del Gobierno expresaron en entrevistas con HuffPost.

Claver-Carone ha pasado su carrera centrado casi por completo en Cuba, con incursiones ocasionales en las relaciones de Estados Unidos con los Gobiernos de Venezuela y Nicaragua, a los que él y muchos otros de línea dura ven como “regímenes títeres del Gobierno cubano”.

“Es alucinante que tengamos una política determinada por estos tres países, mientras pasamos por alto a Brasil, Chile, Argentina, México”, dijo Christopher Sabatini, profesor de Asuntos Globales en la Universidad de Columbia y fundador de Global Americans, una organización sin fines de lucro centrada en los estudios sobre la región.

“Imagine tener un director de Consejo de Seguridad Nacional para Asia que no supiera nada más que de Laos. De eso estamos hablando. Tienes a Japón y las Coreas, China y Vietnam, y este tipo solo conoce a Laos. Imagine eso”.

Claver-Carone es un anticastrista de pura cepa, criado en el sur de Florida por una madre cubanoamericana. Él “se volvía loco” ante la mención de Fidel Castro, contó a USA Todayun amigo de los tiempos del bachillerato. Como estudiante en el Rollins College de Orlando, Claver-Carone se quedaba después de clase para discutir con su mentor “lo ingenua que es la gente” cuando se trataba de Cuba, informó el periódico.

Si el interés de Trump en Venezuela y Cuba es en su mayoría, y tal vez por completo, una búsqueda cínica de victoria –sobre Maduro y en la Florida (y más allá) en las elecciones de 2020–, Claver-Carone es todo lo contrario. Para él Cuba debería ocupar un lugar prominente en la agenda de cualquier presidente de los Estados Unidos. Ha dedicado su carrera a esa causa.

Después de un breve período como abogado del Departamento del Tesoro durante la Administración de George W. Bush, Claver-Carone inició una carrera como cabildero de la política hacia Cuba. Fue un momento tenso para los intereses a favor del bloqueo. La opinión pública en los Estados Unidos había comenzado a cambiar, el Congreso había dado pequeños pasos para aflojar las restricciones, y la mayor institución probloqueo en Washington se había fragmentado, dejando un vacío en el lado de línea dura.

El primer acto de Claver-Carone como director ejecutivo de Cuba Democracy Advocates –un nuevo grupo sin fines de lucro lanzado por dos ricos empresarios cubanoamericanos que querían llenar ese vacío de línea dura–, fue encargar una encuesta que midiera el apoyo de los votantes cubanoamericanos al esfuerzo de aliviar las restricciones sobre Cuba. La encuesta encontró que la mayoría de los encuestados se oponía a cualquier cambio en el enfoque de los Estados Unidos hacia la Isla.

El sondeo llamó la atención de los medios en Miami, aunque no toda esa atención fue positiva. Al notar que las preguntas de la encuesta eran excesivamente dirigidas o sesgadas, un experto en encuestas lo ridiculizó en las páginas del periódico más grande de Miami como “inútil para determinar las actitudes hacia la política cubana”.

Claver-Carone también dirigió el PAC US-Cuba Democracy (Comité de Acción Política Democracia Estados Unidos-Cuba), que durante los 2000 ha ayudado a atenuar cada impulso para aflojar el bloqueo. Entre 2004 y 2015, ese PAC recaudó más de cuatro millones de dólares e hizo contribuciones a más de 600 comités de campaña.

La primera vez que el nuevo Congreso demócrata votó sobre Cuba, en 2007, un total de 66 demócratas, incluidos varios miembros del liderazgo del partido, votaron contra un esfuerzo por debilitar el bloqueo. De ellos, 52 habían recibido donaciones del grupo de Claver-Carone.

Para 2009, 18 miembros del Congreso habían cambiado su posición sobre el embargo después de recibir dinero del PAC Democracia Estados Unidos–Cuba, según Public Campaign, una organización sin fines de lucro que abogaba por la reforma del financiamiento de campañas. Entre 2003 y 2009, los partidarios del PAC, individualmente y a través del PAC, gastó casi 11 millones de dólares en candidatos al Congreso, dijo Public Campaign.

Una tercera organización liderada por Claver-Carone, Cuba Democracy Public Advocacy Corp., recibió más de 250 000 dólares para hacer lobby en el Congreso acerca de varias iniciativas legislativas relacionadas con Cuba entre 2006 y 2016.

Los esfuerzos de Claver-Carone generaron quejas legales y éticas de Ciudadanos por la Responsabilidad y la Ética en Washington (Citizens for Responsibility and Ethics in Washington, CREW), un grupo de vigilancia liberal sin fines de lucro, que alegó en cuatro quejas de financiamiento de campañas separadas que los grupos que Claver-Carone supervisó habían violado varias leyes.

La queja más explosiva fue que las tres organizaciones que dirigió estaban inapropiadamente interconectadas. Pero incluso cuando la Comisión Federal de Elecciones expresó su preocupación por las prácticas en múltiples casos, nunca encontró a Claver-Carone o los grupos culpables de violaciones graves, y lo absolvió en el caso más grande que CREW presentó. Entonces, siguió adelante.

Barack Obama ganó Florida en 2008, a pesar de la promesa de reunirse con Raúl Castro, y mantuvo el estado cuando ganó la reelección cuatro años después. Pero Claver-Carone –que había sido anfitrión de una recaudación de fondos en 2012 en la que el nominado republicano Mitt Romney prometió que, si ganaba, “Fidel Castro finalmente será sacado de este planeta”– fue siempre una molestia para Obama cuando el presidente actuó para normalizar las relaciones con Cuba.

Junto con su cabildeo y otras actividades políticas, Claver-Carone dirigía a los cubanos de Capitol Hill, un blog ahora cerrado que durante años fue una lectura obligada para cualquiera que siguiera la política estadounidense sobre Cuba. Actualizó el blog todos los días y también operaba un servidor de listas de correo electrónico para enviar noticias a cualquiera que se inscribiera. El sitio se desconectó cuando Claver-Carone se unió a la Administración Trump. También escribió en su blog para HuffPost: en 2015 escribió que la política de Obama de “hablar por hablar” solo había “servido como una distracción útil para el mundo” mientras el Gobierno cubano fortaleció “su control político y económico sobre el pueblo y su futuro”.

Rhodes, el exasesor adjunto de Seguridad Nacional que se enfocó en los esfuerzos de la Administración de Obama en el tema Cuba, siempre estuvo atento a los boletines diarios y publicaciones en blogs de Claver-Carone. También lo hizo el resto de la Administración.

“Leía su blog y sus correos electrónicos en ráfagas porque descubrí que eran el mejor barómetro de cuál era la reacción más extrema de la línea dura a lo que estábamos haciendo”, recordó Rhodes. “Estábamos muy al tanto de él”.

“Pensé en él como una especie de troll”, dijo Rhodes.

Otros en la comunidad política cubana fueron incluso más duros en su evaluación.

“Es un lanzallamas que hace que todo sea personal y político”, dijo James Williams, director ejecutivo de Engage Cuba, una organización sin fines de lucro opuesta al bloqueo. “Si usted ve el bloqueo de los Estados Unidos como una política ineficaz, será agresivamente etiquetado por él como un cabildero del régimen”.

Para 2015, las bases locales de la política cubana habían cambiado. En la Florida, incluso, la comunidad cubanoamericana se había enfriado en torno a un enfoque duro hacia la Isla, según mostraron las encuestas . Pero la firma de cabildeo de Claver-Carone intensificó sus esfuerzos, su PAC elevó sus contribuciones a los candidatos entre 2014 y 2016, y la legislación del Congreso para levantar completamente el bloqueo nunca progresó.

Para Claver-Carone y sus aliados, las elecciones de 2016 presentaron la oportunidad de elegir a un republicano que quitara fuerza al acercamiento limitado de Obama con Cuba y aumentara la presión sobre los esfuerzos del Gobierno cubano para ejercer más influencia en todo el hemisferio, especialmente en Venezuela.

Al igual que muchos de los más altos funcionarios de la actual Administración, Claver-Carone no tenía la intención de trabajar para Trump. Al comienzo de las primarias republicanas de 2016, apoyó al senador de Florida Marco Rubio, un antiguo aliado de Capitol Hill, y a Jeb Bush, el exgobernador del estado.

Cualquiera de los candidatos, creía Claver-Carone, revertiría de inmediato los acuerdos históricos de Obama con Cuba e impulsaría el objetivo de acabar finalmente con el Gobierno de la Isla.

No era solo que Claver-Carone prefería a sus dos compañeros floridanos. Rechazaba a Trump. En su blog, denunció al favorito del Partido Republicano como alguien que “pondría en riesgo el liderazgo moral e internacional de los Estados Unidos” y lo atacó en publicaciones en Twitter. Temía que Trump, que alguna vez había explorado oportunidades de negocios potenciales en La Habana y nunca había mostrado públicamente una postura particularmente agresiva hacia Cuba, fuera un aliado poco confiable.

Sin embargo, una vez que quedó claro que Trump sería el nominado republicano, Claver-Carone se las arregló para tener el favor del candidato. Se unió a la campaña de Trump como asesor y comenzó a influir en el futuro presidente. En septiembre de 2016, Trump le dijo a una ruidosa multitud en Miami que revocaría las “concesiones” de Obama a Cuba “a menos que el régimen de Castro cumpla con nuestras demandas”.

El lenguaje de Trump “podría haber venido directamente del blog de cubanos Capitoll Hill de Claver-Carone”, observó USAToday más tarde .

Después de que Trump se convirtió en presidente, el secretario de Estado, Rex Tillerson, bloqueó a Claver-Carone, quien había trabajado en el equipo de transición, en el intento por conseguir un trabajo en el Departamento de Estado, dijeron múltiples fuentes. Claver-Carone se conformó con un puesto en el Departamento del Tesoro. Más tarde, se trasladó a la junta ejecutiva del Fondo Monetario Internacional.

Mientras tanto, algunos de los asesores iniciales de política exterior de Trump favorecieron un enfoque hacia Venezuela y Cuba de mayor confrontación que el de la Administración Obama. Pero también vacilaban en aceptar los caprichos más duros del presidente, incluidas sus sugerencias de que Estados Unidos simplemente invadiera Venezuela para eliminar a Maduro o su solicitud de que le presentaran opciones militares para hacerlo.

En cambio, Estados Unidos se centró en elaborar un enfoque diplomático que puso a una coalición de Gobiernos latinoamericanos, conocidos ahora como el Grupo de Lima, en el frente para atacar a Maduro. Y Trump, a pesar de sus promesas de campaña, solo revirtió parcialmente los esfuerzos de Obama para normalizar las relaciones con Cuba.

Sin embargo, para agosto de 2017 la Administración había comenzado a intensificar su propia campaña de presión contra Maduro con una nueva ronda de sanciones contra los principales funcionarios venezolanos, que se basó en las que Obama había impuesto. Si bien las sanciones no tuvieron el éxito inmediato que Trump había deseado, le dieron buena prensa. Muchas de las primeras movidas políticas del presidente (represión de la inmigración, una prohibición a los viajeros de varias naciones de mayoría musulmana) le habían valido reprimendas judiciales y provocaron protestas masivas. Entonces, Trump, que está obsesionado con la forma en que los medios lo siguen, disfrutó la respuesta a sus medidas contra Venezuela.

“Casi todo lo que hizo el presidente recibió críticas terribles en la prensa, excepto Venezuela”, dijo un exfuncionario de la Administración Trump. “Por la prohibición musulmana, fueron criticados. Y luego, cuando comenzaron a sancionar a los venezolanos, recibieron una prensa entusiasta. Hasta cierto punto, vieron las sanciones como el regalo que sigue llegando más allá de los esperado”.

En marzo de 2018, de repente, Trump despidió a Tillerson y al asesor de Seguridad Nacional H. R. McMaster. Su decisión de contratar a Bolton para reemplazar a McMaster provocó que varias voces más moderadas sobre Venezuela, incluidos algunos restos del Gobierno de Obama, abandonaran la Casa Blanca. Del mismo modo, asesores que habían favorecido los enfoques diplomáticos a la crisis abandonaron el Departamento de Estado justo antes o inmediatamente después de la expulsión de Tillerson. Varios meses después, Trump y Bolton instalaron a Claver-Carone como el principal asesor del Consejo Nacional de Seguridad para el hemisferio occidental.

Fue una victoria para los de la línea dura en Washington y la Florida, que se habían decepcionado por la lenta marcha inicial de Trump en la política hacia Cuba y su falta de acción contundente hacia Venezuela. Rubio, un ardiente crítico de Cuba, había reparado su relación con Trump y se había convertido en una especie de secretario de Estado en la sombra para la Casa Blanca. Luego, en mayo de 2018, Maduro ganó la reelección. Estados Unidos calificó la elección como “un insulto a la democracia” y los intransigentes creyeron que presentaba una oportunidad para una acción más agresiva contra el líder venezolano.

Trump había “sido muy lento para actuar” en sus esfuerzos por “corregir algunos (pero no todos) los errores de la Administración Obama” en Cuba y Venezuela, dijo Everett Briggs, un embajador de la era Reagan en Panamá y Honduras y una destacada figura en la comunidad de línea dura hacia Cuba. Los primeros días de la presidencia de Trump estuvieron marcados por una “lasitud general”, dijo Briggs, al asegurarse de que las posiciones claves fueran ocupadas por “personas que compartan la perspectiva del presidente”.

Claver-Carone ayudaría a solucionar esos problemas, y más. Para la multitud de línea dura, su carrera hiperenfocada en Washington fue una prueba, no de que no tenía experiencia, sino de que era justo lo que Trump necesitaba.

El 23 de enero de 2019, Guaidó se autoproclamó presidente del país, también alegando fraude en las elecciones de mayo de 2018. Estados Unidos respaldó de inmediato y oficialmente el reclamo de legitimidad de Guaidó, una medida que Bolton y Claver-Carone habían instado a Trump a tomar.

El surgimiento de simpatizantes Gobiernos de extrema derecha en Brasil y otras partes de la región también fortaleció los esfuerzos de la Administración Trump e impulsó la estrategia de máxima presión. Estados Unidos acumuló más sanciones contra funcionarios específicos de Maduro, el Gobierno venezolano en general y los pilares de la economía venezolana, incluida la compañía petrolera estatal PDVSA. La idea era simple: las sanciones obligarían a los oficiales militares leales a Maduro a romper con su Gobierno. O fomentarían un levantamiento popular contra él entre los venezolanos enojados.

Mientras tanto, un viejo enemigo de los Estados Unidos fue señalado como un culpable clave de los problemas de Venezuela: los cubanos. En su discurso en Miami en febrero de 2019, una diatriba ostensiblemente dirigida a Venezuela que pintó la lucha para derrocar a Maduro como una lucha hemisférica contra el socialismo, Trump mencionó a Cuba 18 veces.

Desde que Claver-Carone se unió al NSC, la Administración Trump no ha perdido una oportunidad para dirigir la política de Cuba hacia la derecha. Revirtió los planes de normalización de Obama el verano pasado, restableciendo la prohibición de viajar para los ciudadanos estadounidenses e imponiendo sanciones a la Isla. Incluso, bloqueó el acuerdo de la Major League Baseball con Cuba para garantizar la transferencia segura de jugadores cubanos a los Estados Unidos, e intentó sumar a la MLB a las acciones de presión a Cuba para que deje de apoyar a Maduro.

Claver-Carone no es el único responsable de elaborar la estrategia de la Administración, ni tampoco es el único funcionario de línea dura a cargo. Pocos días después de reconocer a Guaidó, Trump nombró a Elliott Abrams, el veterano diplomático neoconservador, como enviado especial del Departamento de Estado para Venezuela.

Pero muchos en la multitud de línea dura, incluidos los cercanos a la Casa Blanca, han dado crédito a Claver-Carone por la elaboración del enfoque más agresivo de la Administración. Con gran parte del equipo de política exterior de Trump, incluido el secretario de Estado, Mike Pompeo, centrado prinmariamente en otras amenazas, reales o percibidas, desde Corea del Norte e Irán, había “un vacío” en el tema América Latina que Claver-Carone ayudó a llenar, según Otto Reich, contrarrevolucionario y terrorista de origen cubano, asociado históricamente a los grupos de la extrema derecha del Partido Republicano de Estados Unidos, que sirvió como embajador en Venezuela a fines de los ochenta.

Rubio, el senador de Florida al que se le atribuye haber movido los hilos de la política latinoamericana de Trump y que ayudó a instalar a Claver-Carone en el NSC, estuvo de acuerdo con ese sentimiento en enero pasado. “Una vez que Mauricio entró, la política pasó a hiperimpulsor”, dijo a The New York Times.

Y lo que ha hecho la influencia de Claver-Carone es solo crecer en los meses posteriores al despido de Bolton. Esa influencia también es evidente para los diplomáticos extranjeros. En noviembre, el embajador de Colombia en los EE.UU. fue grabado en una cinta quejándose de que el Departamento de Estado había perdido gran parte de su capacidad para dar forma a la política latinoamericana y que “las decisiones referentes a políticas las toma ahora principalmente Claver-Carone”.

Claver-Carone “ha facilitado todos los procesos dentro de la Casa Blanca para aumentar el nivel de presión” sobre Maduro, dijo Carlos Vecchio, embajador de Guaidó en Washington. “Es uno de los aliados más importantes dentro de la Administración”.

No cabe duda de que Claver-Carone ha tenido éxito en implementar el enfoque más agresivo que tanto él como el presidente favorecen. En febrero pasado, Estados Unidos lanzó una misión humanitaria propagandística a través de la frontera colombiana con Venezuela, con el objetivo de entregar una supuesta ayuda humanitaria cuando lo que buscaban era enfrentamientos entre la oposición y el ejército, para crear el pretexto de la intervención.

El 30 de abril de 2019, Estados Unidos respaldó el fallido levantamiento militar de Guaidó contra Maduro. En agosto, la Administración Trump impuso otra ronda de sanciones a Venezuela, estableciendo casi un bloqueo total sobre el país. Un mes después, a instancias de EE.UU., varios Gobiernos de América invocaron el Tratado de Río, un pacto de defensa de la era de la Guerra Fría, para cooperar en las sanciones contra el Gobierno de Caracas. A principios de diciembre, buscaron hacer que esas sanciones fueran aún más agresivas, y Estados Unidos también ha pedido a Europa que endurezca sus sanciones. “Necesitamos aumentar el nivel de presión de la comunidad internacional”, dijo Vecchio.

Hasta ahora, la presión no ha funcionado. Guaidó puede generar algunas manifestaciones contra Maduro con un solo tuit, pero no ha sido capaz de fomentar un movimiento sostenido, gran parte de la energía detrás de sus esfuerzos para desalojar a Maduro parecen haberse esfumado.

Mientras tanto, Estados Unidos parece haber sobreestimado la disposición de funcionarios de Maduro a cambiar de bando y subestimado las complejidades de la crisis. Está claro que el control de Guaidó sobre la Asamblea en desacato se ha debilitado un año después de que su declaración de legitimidad sugiriera por primera vez que el “nuevo día de Venezuela era inminente”.

La Casa Blanca ha rechazado continuamente las afirmaciones de que Trump y otros altos funcionarios estadounidenses creían que la lucha para derrocar a Maduro sería fácil. En sus palabras, el problema es que su olla a presión aún no ha alcanzado su máximo.

Pero muchos observadores externos ven una Administración que se está quedando sin opciones, con una estrategia que no es tan estratégica. “Es la presión máxima por la presión máxima”, dijo Mark Feierstein, quien ocupó el puesto de Claver-Carone en el NSC bajo Obama, haciéndose eco de las preocupaciones que otros han tenido desde el principio. “No hay una estrategia detrás de esto”.

Los observadores de la política exterior han advertido durante mucho tiempo que la excesiva dependencia de las sanciones por parte de Estados Unidos puede haberlos dejado sin efectividad, especialmente porque su efecto primario es que lastiman a la gente común en lugar de a los líderes que buscan castigar o derrocar.

“Las sanciones de Estados Unidos son una forma muy efectiva de mostrar oprobio moral, pero históricamente no han sido una forma efectiva de lograr un cambio de régimen en otros estados”, dijo Daniel Erikson, un exfuncionario del Departamento de Estado y autor de The Cuba Wars, una mirada detallada a la política estadounidense hacia el país caribeño. “Si quieren demostrar su extremo disgusto y desconfianza hacia Venezuela y Cuba, las sanciones pueden hacerlo. Lo que no pueden hacer es producir el resultado político que desean”.

El efecto principal de las sanciones venezolanas ha sido exacerbar la crisis para los ciudadanos comunes, provocar continua escasez de alimentos y medicamentos.

Sin embargo, los funcionarios estadounidenses han rechazado recientemente la idea de que las sanciones están perjudicando a la población venezolana. La Administración que una vez enfatizó la acción rápida también comenzó a cambiar su enfoque hacia el largo plazo. Hablando de Venezuela en diciembre, Pompeo señaló que la Unión Soviética tardó más de 40 años en colapsar y que los esfuerzos de Estados Unidos no funcionaron “hasta que lo hicieron”.

“Para mí, si intentas una política y después de 60 años no funciona, no debes intentar repetir esa política”, dijo Cutz, el exfuncionario de NSC. “Podríamos fácilmente habernos metido en una caja donde, dentro de 60 años, tenemos las mismas políticas, todos preguntan por qué no nos gusta Venezuela, y nadie puede recordarlo”.

Claver-Carone y el presidente al que sirve perseveran. A principios de enero, la Administración impuso aún más restricciones a los viajes a Cuba. Pompeo dijo que Estados Unidos tomó la medida, en parte, debido al “apoyo desmedido” de Cuba a Maduro y Venezuela.

Fue una señal más de que la Administración sigue comprometida con su enfoque. El único problema que Trump y su equipo parecen ver con su estrategia de máxima presión es que el “máximo” que realmente hará el trabajo siempre está en el horizonte.

24 enero 2020

(Publicado en HuffPost/ Traducción Cubadebate)

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El canciller británico Dominic Raab junto a al opositor venezolano Juan Guaidó.  Imagen: EFE

Las imágenes del dirigente opositor con Duque y Pompeo primero, y de visita en Europa después, se completan con el anuncio de EE.UU. y Colombia de ejercicios militares conjuntos al otro lado de la frontera venezolana.  

 

La gira internacional de Juan Guaidó volvió a encender las expectativas de los sectores golpistas dentro de Venezuela. La serie de fotografía, primero con el presidente de Colombia, Iván Duque, y luego con el secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, y el encargado para el caso venezolano, Elliott Abrams, volvieron a mostrar a un Guaidó con fuerte respaldo internacional.

Su salida del país se dio en uno de sus peores momentos, marcado por la pérdida de la presidencia de la Asamblea Nacional (AN), la incapacidad para generar movilizaciones, y la poca credibilidad ante su base social debido a sus anuncios/promesas que no se hicieron realidad luego de casi un año de su autoproclamación.

La construcción de una escenografía de apoyo internacional fue entonces una bocanada de oxígeno político en una situación de dificultad sostenida. La gira fue montada para mostrar su reconocimiento como presidente encargado por parte de varios gobiernos, posicionarlo por unos días en un pedestal sobre el cual ya no estaba parado en los últimos meses.

La agenda, organizada por el gobierno norteamericano, tuvo dos objetivos: en primer lugar, mostrarlo desde Colombia, plataforma central de operaciones de desestabilización contra Venezuela, para, desde allí, acusar al gobierno de Maduro de ser cómplice con la organización Hezbollah que, afirmó Pompeo, estaría en Venezuela.

En segundo lugar, conducirlo a Europa, tanto a Gran Bretaña, donde ya se ha reunido con el ministro de relaciones exteriores, Dominic Raab, como al Foro de Davos y a un encuentro con Josep Borrell, alto representante de la Unión Europea para asuntos exteriores.

La gira en Europa obedece a las declaraciones realizadas en varias oportunidades por el gobierno norteamericano que ha sostenido que la Unión Europea no hacía todo lo que podría hacer para aislar al gobierno venezolano. Llevar a Guaidó a puntos determinantes del mapa europeo parece será así una estrategia para lograr mayores apoyos diplomático y medidas, por ejemplo, de bloqueo económico.

Las imágenes de Guaidó se complementaron a su vez con el anuncio de la realización de ejercicios conjuntos en Colombia entre el Comando Sur estadounidense y las Fuerzas Armadas colombianas entre el 23 y 29. El ejercicio contará con 75 paracaidistas y 40 miembros del ejército norteamericano que harán ejercicios aerotransportados.

La noticia del Comando Sur y la gira de Guaidó volvieron a alimentar la expectativa golpista e intervencionista de sectores de derecha venezolana en un contexto donde, en paralelo a la debilidad de Guaidó, se ha consolidado un sector de oposición venezolana representado en la AN presidida por Luis Parra y en la Mesa Nacional de Diálogo donde participa el gobierno y sectores opositores.

El avance de esa oposición tiene dentro de su agenda debatir y acordar, junto con el gobierno, la modificación de la actual conformación del Consejo Nacional Electoral (CNE) de cara a las elecciones legislativas previstas para el 2020.

La postura norteamericana respecto a esa hoja de ruta se ha mantenido en el mismo punto: no reconocerán a la AN presidida por Parra, tampoco al CNE que emerja producto de un acuerdo y, en consecuencia, desconocerán el llamado a las elecciones, su realización y resultado. EE.UU. sostiene que la solución pasa por la conformación de un gobierno de transición, es decir, la salida de Maduro del poder, para, desde allí convocar a elecciones.

La gira de Guaidó es así una respuesta al avance de la oposición que no responde directamente a EE.UU., es decir la posibilidad cada vez más cercana de que tenga lugar el escenario electoral trabajado por el gobierno desde el año pasado en vista de la contienda prevista para este año.

Se trata de una iniciativa para volver a darle rango presidencial a Guaidó en países aliados, consolidar la diplomacia del gobierno paralelo, mostrar que continúa siendo la apuesta norteamericana en Venezuela.

Los anuncios respecto a qué medidas serán tomadas por parte de Washington han sido, sin embargo, pocos. Pompeo no se refirió a nuevos pasos por fuera de los ya conocidos como los ataques económicos, y dejó libre curso a la especulación de la derecha venezolana que pide abiertamente una intervención acerca qué podría intentar el gobierno norteamericano.

Los próximos días darán mayores indicios de posibles resultados concretos del recorrido de Guaidó. Su regreso será un nuevo momento de intento de construcción de un hecho político por parte de la oposición. En la oportunidad anterior, cuando cruzó a Colombia en febrero de la mano con el grupo paramilitar Los Rastrojos, su regreso había ocurrido por el aeropuerto internacional sin incidente alguno. 

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Guaidó y Pompeo se reunieron en Bogotá  en el marco de una conferencia regional sobre lucha contra el terrorismo.  Imagen: EFE

Pompeo dijo que su país continúa la estrategia contra el gobierno de Maduro

El opositor venezolano fue reacio a ahondar en las solicitudes de ayuda que le realizó al Secretario de Estado estadounidense en Bogotá. 

 

El jefe de la diplomacia estadounidense, Mike Pompeo, anticipó este lunes que su país emprenderá "más acciones" en apoyo al opositor Juan Guaidó y su lucha para sacar a Nicolás Maduro del poder en Venezuela.

Al término de un encuentro en Bogotá con el líder opositor, Pompeo aseguró que se deben esperar "más acciones de Estados Unidos para continuar apoyando al presidente Guaidó y al pueblo venezolano".

Aunque evitó hablar de sanciones puntuales -que se sumarían a los castigos vigentes, incluido un embargo petrolero-, el secretario de Estado agregó que Washington no "ha terminado" en su estrategia contra el gobierno chavista.

"El trabajo que hemos realizado en los últimos meses nos ha traído al lugar en el que nos encontramos hoy", dijo, enfatizando en que hay una "oportunidad real" de que Maduro deje el poder.

Pompeo y Guaidó se reunieron durante cerca de una hora y 45 minutos en el marco de una conferencia regional sobre lucha contra el terrorismo presidida por el presidente colombiano, Iván Duque, en Bogotá. 

Además de denunciar presuntos apoyos de Caracas a rebeldes colombianos del ELN, disidencias de las FARC y milicias chiitas de Hezbolá, el parlamentario venezolano volvió a dejar sobre la mesa "la polémica opción del apoyo militar" para sacar a Maduro del poder. "Es una opción que ha estado contemplada. ¿Cuál privilegiamos o cuál quisiéramos? Elección realmente libre con arbitro creíble", señaló.

Durante meses el gobierno de Donald Trump dijo que ninguna opción estaba descartada en el caso venezolano, entre ellas la intervención militar, aunque recientemente se distanció de esa alternativa.

Guaidó fue reacio a ahondar en las solicitudes de ayuda que le realizó a Pompeo: "Hay elementos de Estado que no voy a revelar, por supuesto aumentar la presión, el acompañamiento, todo lo que tiene que ver con el tema migratorio, no permitir el contrabando de oro de Venezuela, catalogado como oro de sangre, otras cosas".

Estados Unidos encabeza la lista de los países que reconocen al dirigente opositor como presidente interino, tras denunciar el fraude de la reelección de Maduro en 2018.

Desde que Maduro asumió la presidencia por primera vez en 2013, Venezuela, que posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, ha sufrido una aguda contracción de su economía.

La honda crisis financiera desencadenó el exilio de 4,6 millones de venezolanos en los últimos años, de los cuales 1,6 millones de migrantes están en Colombia.

A pesar de la crisis de los intentos desestabilizadores de la derecha venezolana apoyada por Washington, y de las sanciones estadounidenses,  Maduro sigue en el poder respaldado por las fuerzas de seguridad, así como por Cuba, Rusia y China.

Estados Unidos y la Unión Europea mantienen firme su respaldo a Guaidó, pese a un desplome de su popularidad. Y pese a que hubo una división en la oposición venezolana: Luis Parra asumió la presidencia de la Asamblea Nacional. 

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Juan Guaidó cruzó a Colombia en busca de respaldo

El opositor venezolano se reunirá con el presidente Iván Duque y participará de la Cumbre Hemisférica de Lucha contra el Terrorismo en la que estará presente Mike Pompeo, secretario de Estado norteamericano. 

 

El presidente de Colombia, Iván Duque, fue el primero en anunciar el arribo de Juan Guaidó a Colombia. Afirmó que mantendría una reunión de trabajo con quien llamó el “presidente de Venezuela”, que también, según anunció Duque, participará de la Cumbre Hemisférica de Lucha contra el Terrorismo que se celebrará el lunes en Bogotá, con la presencia del secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo.

Luego fue el mismo Guaidó quien confirmó estar del otro lado de la frontera y prometió un regreso al país “lleno de buenas noticias”, sin anunciar cuándo sería, ni cuál será su agenda para los próximos días, aunque trascendió por diferentes medios que podría ir al Foro de Davos, en Suiza, que comienza el 21 de enero.

La llegada de Guaidó a Colombia conllevó especulaciones acerca de cómo habría cruzado la frontera debido a la prohibición de salir de Venezuela. La única vez que salió del país fue en febrero del año pasado cuando cruzó a Cúcuta desde donde, había jurado, entraría junto a los camiones de ayuda humanitaria.

Fue recién en septiembre cuando se confirmó que había cruzado a Colombia a través de un operativo montado entre el gobierno colombiano, la derecha venezolana y el grupo paramilitar Los Rastrojos, con los cuales se tomó varias fotografías.

La noticia, fue ampliamente difundida en aquella oportunidad, confirmando las acusaciones de las vinculaciones tanto del gobierno de Colombia como de Guaidó con el paramilitarismo colombiano que opera, entre otras zonas, en la frontera colombo-venezolana.

Esta nueva ida a Colombia ocurre en un momento de crisis sostenida de su fórmula para lograr su objetivo tantas veces anunciado de “cese la usurpación”, es decir el derrocamiento por la fuerza de Maduro, que debería abrir paso a un “gobierno de transición” para dar paso a “elecciones libres”.

Esa crisis comenzó en gran parte luego del intento fallido de aquel febrero, al cual se sumó la acción también fallida de tomar las armas junto a un grupo de militares el 30 de abril. Desde entonces Guaidó decayó a lo interno de Venezuela, sin capacidad de movilizar y volver a generar expectativas en la base social opositora.

Esa crisis que se agudizó con las acusaciones de corrupción ocurridas con el dinero recibido para el evento de Cúcuta, así como al interior de la Asamblea Nacional (AN).

El Guaidó que cruzó a Colombia ya no es el dirigente estrella fabricado con una inmensa operación mediática y política que lo mostraba como imparable. Ahora es un dirigente que además de las derrotas del 2019 ha sumado una más, central, el 5 de enero pasado: la pérdida de la presidencia de la AN.

Esa derrota en el Poder Legislativo, producto de una disputa interna de la oposición sobre la cual el chavismo maniobró, no fue reconocida por Estados Unidos. La administración de Donald Trump sostiene que Guaidó sigue siendo el presidente de la AN y, en consecuencia, el presidente encargado de Venezuela.

Su ida a Colombia tiene entonces varios objetivos. Por un lado, volver a darle fuerza desde el frente internacional, a través de declaraciones y fotografías acompañado por Duque y Pompeo y quienes asistan a la Cumbre. Guaidó tendrá un momentáneo oxígeno político que necesita para seguir generando noticias.

Por otro lado, allí recibirá nuevas instrucciones para hacer frente a un 2020 que ha comenzado con un nuevo retroceso para la ingeniería del gobierno paralelo 2.0 que encarna Guaidó.

¿Qué plan tiene el gobierno norteamericano para enfrentar este escenario? ¿Qué rol cumplirá Colombia en esta nueva etapa? Esas son algunas de las preguntas centrales. Por el momento se sabe que el gobierno norteamericano no reconocerá el próximo llamado a las elecciones legislativas en Venezuela, que he hecho declaraciones acerca de la necesidad de un diálogo, y que mantendrá las operaciones encubiertas armadas.

En tercer lugar, Guaidó buscará a través de esa salida del país crear una expectativa al interior de Venezuela para mostrarse respaldado. En ese marco intentará hacer de su regreso otro hecho político. En ocasión de su salida en febrero del 2019 su ingreso había sido por el aeropuerto internacional de Maiquetía.

El conflicto venezolano atraviesa uno de sus momentos determinantes. La apuesta del gobierno es lograr unas elecciones a la AN con la mayor participación de fuerzas de la oposición, para lo cual cuenta con que el sector opositor que se ha alejado de la estrategia norteamericana es cada vez más numeroso.

Lograr ese objetivo sería un paso importante en la reconfiguración del mapa política y su correlación de fuerzas internas. Pero, como bien se sabe, el conflicto venezolano transcurre sobre variables nacionales, así como también y sobre todo variables internacionales.

El último paso del frente internacional había sido el de activar el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca. La ida de Guaidó por Colombia será importante para saber qué líneas de acción han decidido priorizar quienes conducen el intento de golpe de Estado en Venezuela que, contra muchos pronósticos, no ha lograr sus objetivos.  

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"Me toca inventarme cosas para que Washington tenga a Venezuela en la cabeza": Audio que provocó el regreso del embajador de Colombia en EE.UU.

Francisco Santos contó a la nueva canciller, Claudia Blum, sus estrategias de interferencia en el país vecino en una conversación filtrada, que ha causado un revuelo político en Colombia. Iván Duque llamó a consultas al embajador.

Los esfuerzos de Colombia de interferir en los asuntos internos de Venezuela ha sido uno de los temas centrales de la conversación recientemente filtrada entre el embajador de Colombia en EE.UU., Francisco Santos, y su nueva jefa, la canciller Claudia Blum. Tras la divulgación de este audio, aparentemente grabado la semana pasada en una cafetería en Washington D.C., el presidente de Colombia, Iván Duque, pidió a Santos que regresara a Bogotá.

"Colombia no tiene futuro" con Maduro en el poder

Desde el minuto 10 de este diálogo de casi media hora, Santos evoca el tema de Venezuela, calificándolo como el "segundo tema" más importante en la agenda nacional. Tanto el embajador como Blum lamentan que "lo de Guaidó está parado""Pero creo que eso se va a mover", añade de inmediato Santos.

"Aquí había varias cabezas que manejaban lo de Venezuela de  una manera distinta", ha asegurado el embajador colombiano en EE.UU. "Lo del TIAR [Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca], el Departamento de Estado lo quería, la Casa Blanca no. No sé en qué momento cambió la política en la Casa Blanca. Pero aquí todavía no se ponen de acuerdo", ha señalado.

Además, Santos ha opinado que "Trump no se va a meter en Venezuela". En este sentido ha expresado sus preocupaciones de que si el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, "no se va, Colombia no tiene futuro". "Si este señor no se va, nos va a hacer la vida imposible", ha advertido.

Washington "se aburre" con el tema de Venezuela

Santos ha adelantado a Blum sus planes para el "próximo año" de llevar a los congresistas a Colombia para "ver frontera y a ver drogas".
"Eso lo vamos a hacer y que no se pierda en Washington la importancia de Venezuela", ha explicado el embajador, agregando que en EE.UU. "no hay memoria, es que aquí, a los 10 minutos se aburren y se van a otro tema".

"Me toca a mí inventarme cosas para que ellos tengan en el 'top of mind' (en la cabeza) a Venezuela", ha revelado, resumiendo que "esa es la tarea con la que estoy con Venezuela".

El embajador también ha calificado de vergüenza los "120 millones de dólares de ayuda de los países más ricos del mundo". "Europa no sabe que hay crisis en Venezuela", ha aseverado y añadió que "por eso toca hablar con los embajadores e invitar a parlamentarios de Europa".

"Es importantísimo armar una cosa estratégica con Venezuela a partir del trabajo nuestro, con las embajadas que ya está montando el gobierno (sic) de Guaidó, allá que tiene gente que conozco, yo trabajo muy de la mano y yo le ayudo en todo lo que necesite", ha subrayado.

"Fiasco total" de la llamada 'ayuda humanitaria'

La nueva canciller también ha barajado algunas maneras de injerir en la política interior de Venezuela.

"Pachito (cómo se le conoce a Francisco Santos en Colombia o 'Pacho'), ayúdeme a pensar. La solución no es un golpe militar, porque los militares no lo van a sacar [a Maduro]; sacarlo Estados Unidos a punta de 'yo no sé qué' pues tampoco va a pasar", ha reflexionado Blum.

A esto el embajador le contesta que "la CIA no se está metiendo" en este asunto. "La CIA está 'pfff'…", ha indicado Santos, agregando que Trump "se mete a Venezuela" solo "si ve muy difíciles las elecciones", algo en lo que la canciller no ha estado de acuerdo: "Yo no lo veo así. Yo lo veo muy lejano".

Entonces el embajador ha propuesto una estrategia viable de momento, en su opinión, de injerencia en Venezuela. "Yo lo único que veo es con acciones encubiertas allá adentro, para generar ruido y apoyar a la oposición que allá está muy sola".

"Muy sola, ¡desgastados!", ha reiterado Blum, quien además ha calificado de un "fiasco total" la operación de intento de ingresar camiones con la llamada 'ayuda humanitaria' desde Colombia a Venezuela el 23 de febrero pasado, que según denunció el gobierno de Nicolás Maduro, formó parte de una estrategia de EE.UU. para justificar una intervención extranjera.  

"Colombia tiene que jugársela, porque como está, estamos retrasados con Venezuela. La gente ya no cree, no cree en lo que hizo el Gobierno. Esa ayuda humanitaria fue un fiasco total", ha aseverado.

"Entonces ahí hay que pensar en una estrategia, yo no sé cuál será. Hablé con […] y me dijeron: 'Claudia, lo único es el diálogo, pero un diálogo en donde todos quepan'", ha indicado Blum.

"El Departamento de Estado de EE.UU. está destruido"

Además, en la conversación filtrada se pueden escuchar las críticas de Santos al Departamento de Estado de EE.UU., "destruido" bajo la administración de Donald Trump.

"Aquí el Departamento de Estado, que era importantísimo, está destruido, no existe [...] Trump puso a [Rex] Tillerson y le salió con un chorro de babas (tonterías)", dijo Santos a Blum, agregando que actualmente, salvo por el secretario Mike Pompeo, el resto de los funcionarios en la dependencia no tienen "peso".

El embajador también critica a varios funcionarios de la administración de Duque, como el saliente canciller y nuevo ministro de Defensa, Carlos Holmes Trujillo, quien "no hizo nada", y al exministro de Defensa, Guillermo Botero, quien "no trabajaba, no hablaba inglés y no venía".

Las criticas alcanzan al Grupo de Lima, que la canciller tacha de un "chicharrón" (caso problemático) muy "debilitado", mientras que Santos asevera que "hay que reforzarlo, pero no veo qué hacer". "Hoy siento a Maduro incómodo, pero más tranquilo", concluye el embajador.

"¿Le voy a decir mentiras a la canciller?"

En entrevista con W Radio, Francisco Santos habló sobre sus polémicas declaraciones y se quejó de la difusión de la conversación, en vista de que la misma se efectuó en el ámbito "privado". "Lo que me preocupa es que el audio se escucha perfecto, eso quiere decir que lo grabaron de mi teléfono", aseveró.

El embajador se cuestionó sobre cómo había sido grabada esa conversación, en vista de que no había más personas en el lugar del encuentro que —según el mismo— se celebró un sitio reservado del hotel Mandarín de Washington: "era un sitio donde estábamos los dos solos", apuntó.  

Santos justificó sus declaraciones asegurando que se trató de una conversación con su jefa, en este caso la canciller, para explicarle cómo estaban las relaciones entre EE.UU. y Colombia. "¿Le voy a decir mentiras a la canciller? Yo no soy una persona que dice mentiras, me da mucha pena, yo tengo que decirle la verdad", dijo. 

Cuestionado por medios locales sobre si renunciaría tras la difusión del polémico audio, Santos señaló que no lo haría, porque "esa es una razón del presidente". 

Publicado:21 nov 2019 01:00 GMT

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 Soldados vigilan la planta de llenado de gas del estado Senkata, en El Alto, La Paz.Foto Ap

El "litio-golpe" militar/ policiaco/mediático, con bendición de EU y su vulgar instrumento de la OEA, obliga a retroceder en el túnel del tiempo a Bolivia de "Evo al Medio-Evo" (https://bit.ly/37eiWmu), mientras la fiebre del metal cunde en Sonora y en Alemania, donde penetró Tesla, asentada en Silicon Valley, para promover los vehículos eléctricos, sin contar los celulares inteligentes y laptops.

Según el ranking de Mining Technology, el primer depósito mundial de litio del “ top ten (cinco son de la anglosajona Australia)” se encuentra en Bacadéhuachi (https://bit.ly/2NYlJbX): sierra alta de Sonora, a 275 kms al oriente de Hermosillo, capital de Sonora, y a 98 kms de La Mora, donde ocurrió la carnicería de mormones de la familia LeBaron (https://bit.ly/2QBGAUh).

"Proyecto Litio de Sonora" es desarrollado por una asociación conjunta de la británica Cadence Minerals (70 por ciento) y la canadiense Bacanora Minerals (30 por ciento). Se trata de una "operación a cielo abierto" en dos fases: la primera, con capacidad de producción de 17 mil 500 toneladas al año de carbonato de litio, por 420 millones de dólares; y la segunda,duplicará la capacidad de producción a 35 mil toneladas anuales.

La mina sonorense cuenta con una reserva de carbonato de litio por 300 años (sic). Se ha construido una planta piloto de litio en Hermosillo, según Forbes, que señala su destinación al noreste asiático: Japón/Sudcorea/China, donde se concentra 95 por ciento del consumo.

Otros analistas arguyen que la producción "podría servir al mercado de Norteamérica (sic) debido a la proximidad"(https://bit.ly/2QyOZaP).

Forbes explaya la identidad de sus inversionistas cuando "por el momento, la mayor parte del capital proviene de Gran Bretaña". Pareciera que las trasnacionales anglosajonas de GB/Canadá se han especializado en la minería mexicana, en particular en el nuevo "Proyecto Litio de Sonora" que tiene un valor de mil 253 millones de dólares y está integrado por 10 zonas, que cubren 100 mil hectáreas, concesionadas a las mineras anglosajonas MSB (filial de Bacanora), Mexilit (70 por ciento de Bacanora y 30 por ciento de Cadence).

¿Ya no hay empresas mexicanas en México, ya no se diga en mixtas privadas/estatales?

¿Cuánto litio existirá en México?

Según un reporte de la Secretaría de Economía en la etapa aciaga del entreguista Ildefonso Guajardo –que operó y firmó el ignominioso T-MEC que daña los intereses de México de la Internet, del sector agrícola y del farmacéutico, sin contar el sector automotriz– existen tres yacimientos en etapa de exploración en Baja California (Cierro Prieto), por Pan American Lithium, en San Luis Potosí/Zacatecas y Sonora.

Llama la atención el supino entreguismo de la kakistocracia de Calderón y Videgaray/Peña que obsequiaron las minas de toda índole de México cuando se vaticinan sus mejores tiempos históricos.

Pues parece que los gobiernos entreguistas neoliberales de México carecen de la cultura del litio, la cual abunda en la mente creativa de Elon Musk, quien ya penetró Berlín para construir los carros eléctricos de Tesla, lo cual ha sacudido el otrora mercado inexpugnable de automóviles de ensueño en Alemania (https://bit.ly/37kbWV2).

A quienes no le den la importancia que merece la "geopolítica del litio" desde México hasta Bolivia, cabe instruirles que los carros eléctricos de Tesla modelo S requieren 45 kilogramos del "oro blanco".

Tesla ha construido una "giga-fábrica" en Nevada (EU) para producir baterías de litio iónico y ahora penetra en forma sorprendente el mercado alemán.

Para Der Spiegel, el arribo de Tesla constituye "una humillación para la industria automotriz alemana" y sus portentosos automóviles convencionales Mercedes/BMW/Volkswagen/Audi que pueden quedar enterrados por el litio.

Alemania, que ostenta una de las óptimas culturas ambientales del planeta, ha registrado en forma exponencial su nueva dotación de carros eléctricos que alcanzó 52 mil 882 hasta octubre.

Tesla va también por el mercado de Shanghái y sus acciones bursátiles se incrementaron al día siguiente del "litio-golpe" en Bolivia.

Tesla se escribe con "l" de litio.

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