Venezuela reconoce una inflación del 9.500% en 2019

En un gesto inusual, el Banco Central revela datos sobre la economía local. Maduro logra desacelerar el alza de precios a costa de una brutal contracción económica

La hiperinflación en Venezuela sigue causando estragos. En 2019 llegó al 9.585%, según ha informado el Banco Central de Venezuela a través de su página web. El precio de los alimentos aumentó 80 veces el año pasado y el de los bienes relacionados con la salud, 180 veces. Cualquiera que haya ido últimamente a un supermercado, una farmacia o una consulta médica en Venezuela es consciente de lo que ha revelado el Banco Central. Costear la vida diaria es la mayor preocupación de muchos venezolanos. En los anaqueles de las tiendas hay productos disponibles, pero solo una pequeña porción de la población puede pagarlos.

Las nuevas cifras de inflación sigue siendo brutales, más en una economía moribunda como la venezolana. No obstante, revelan una desaceleración respecto al índice de precios al consumidor de 2018, que se ubicó en 130.060%, según la misma data oficial.

La inusual revelación se hizo a través de la página web del ente sin mayor explicación de parte del Gobierno. El dato ni siquiera fue mencionado en la reciente rendición de cuentas que hizo Maduro ante la Asamblea Nacional Constituyente. Para algunos economistas, la difusión de la cifra es parte de la política de liberación económica que comenzó a aplicar Maduro el año pasado, como última medida para enfrentar la deriva en la que está sumida el país luego de 15 años de controles.

"El año pasado el motivo de revelar cifras podía ser otro, más relacionado con condiciones de sus socios comerciales para obtener más endeudamiento. Hoy, tiene que ver más con la tendencia de liberalizar la economía y darle un marco a la empresa privada para fijar precios y estructuras de costos y que tome la batuta para lograr cierto abastecimiento. El gobierno ha empezado a reconocer, sin decirlo, que no puede mantener el gasto público con la reducción de la renta petrolera", señala el economista Luis Bárcenas, de la firma Ecoanalítica.

Las cifras, sin embargo, no muestran que la apertura corresponda a un verdadero golpe de timón. El Gobierno de Maduro tiene un pulso con la hiperinflación a través del recorte del gasto público y de la reducción total del crédito. En Venezuela, la tarjeta de crédito es un objeto en desuso, pues ningún banco puede ofrecer financiamiento por las restricciones que ha impuesto el Banco Central de Venezuela al encaje legal. La dolarización informal también le ha favorecido en ese forcejeo contra los precios. "Las personas no tienen la misma capacidad de compra, por lo que las empresas bajan los precios o no los suben tan agresivamente porque se encuentran con un consumidor con menos dinero para gastar".

El país todavía no supera la hiperinflación. En 2020 podría seguir en el deshonroso primer lugar entre los países con más inflación del mundo y donde la economía se ha contraído dos tercios desde que llegó Maduro al poder. Se prevé que este año su desempeño continuará achicándose un 10%, de acuerdo a la estimación del Fondo Monetario Internacional divulgada a finales de enero.

El desequilibrio entre el alza de la tasa de cambio y de los precios ha venido produciendo lo que los economistas llaman el encarecimiento de la vida en dólares, que la gente llama erróneamente como una inflación en la moneda extranjera. Bárcenas señala que entre 2018 y 2019, tomando en cuenta el porcentaje de inflación revelado por el BCV, el poder adquisitivo del dólar -en el que se hacen ya 60% de las transacciones- se redujo un 20%. Al cierre del año pasado necesitabas 0,25 dólares más para adquirir lo mismo que en 2018 comprabas con 1 dólar.

En contrasentido con la dolarización, la Constituyente de Maduro ha anunciado recientemente reformas en las leyes tributarias que imponen penalizaciones adicionales de entre 5% y 25% a las transacciones que se hagan en dólares o criptomonedas distintas al petro. La medida buscaría, además de forzar el uso del petro, pescar algo del flujo de divisas que se mueve actualmente en la economía. "El deterioro del bolívar es tal que la gente igual va a preferir usar dólares aún pagando un impuesto adicional".

Por Florantonia Singer

Caracas 6 FEB 2020 - 04:15 COT

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El FMI alerta de que la economía global crecerá este año a su ritmo más lento desde la Gran Recesión

El Fondo pronostica para 2019 una subida del PIB mundial de solo el 3% por el bajón del comercio y la industria

 

Hace casi dos años ya que Donald Trump dijo ante la élite financiera y empresarial del mundo que iba a colocar a América primero. “EE UU nunca volverá a hacer la vista gorda ante las prácticas económicas injustas”, aseguró en el Foro de Davos en enero de 2018. Han sido dos años regados de retórica nacionalista y de medidas y contramedidas proteccionistas. Desde entonces, la economía del mundo se ha ido frenando de forma paulatina. El FMI anunció el martes que la ralentización continuará este año con un crecimiento global del 3%, el más bajo desde la crisis de la década pasada, conocida como la Gran Recesión.

No ha tenido buena suerte Kristalina Georgieva en su puesta de largo al frente del Fondo Monetario Internacional (FMI). La búlgara que antes ocupó altos cargos en la Comisión Europea y el Banco Mundial se estrena como directora gerente del Fondo con un jarro de agua fría sobre la economía mundial. La actividad crecerá poco este año. El próximo lo hará algo más, un 3,4%. Pero —tal y como repitió la economista jefa del Fondo, Gita Gopinath, en una comparecencia en Washington— esta recuperación futura es “precaria” y sometida a muchas amenazas.

“El crecimiento apagado es consecuencia de las crecientes barreras al comercio, de la elevada incertidumbre que rodea al comercio y a la geopolítica; de tensiones en economías emergentes y de factores estructurales como el bajo crecimiento de la productividad y el rápido envejecimiento en países desarrollados”, asegura el informe presentado el martes.

Esta enumeración sonará conocida a los que sigan los informes de organismos multilaterales y gabinetes de estudios. Hace meses que se repiten de forma casi idéntica. Pese a que parezca repetido, es cada vez más preocupante, porque la mera continuación de estos riesgos los convierte en más y más reales. Y golpean a todo el mundo. Así, los pronósticos que emite ahora el FMI son más pesimistas que los del pasado julio en prácticamente todos los países y áreas analizadas.

Gopinath dio algunas cifras que dan que pensar. La economista mostró su alegría por el acuerdo comercial preliminar entre China y EE UU. Pero dejó claro que los riesgos siguen vigentes; y que en la lista de prioridades mundiales destaca la pronta retirada de las barreras comerciales impuestas últimamente. “Esto podría impulsar la confianza, revitalizar la inversión e impulsar el crecimiento”, añadió. En sus previsiones, el FMI no incluye la posibilidad de un Brexit sin acuerdo. Si este se produjera, el Reino Unido perdería entre el 3% y el 5% de su PIB, dijo Gopinath. La situación sería peor sin la actuación de los bancos centrales. Gracias a su política monetaria expansiva, el crecimiento es cinco décimas mayor.

Preocupa Europa

Preocupan especialmente por su anémico crecimiento la eurozona (con países como Alemania e Italia creciendo muy poco o estancados) y Japón (cuyo aumento del PIB se quedará este año y el próximo por debajo del 1%). A España le rebaja también la previsión (2,2% este año y 1,8% el siguiente), pero sigue muy por encima de la media europea.

El EE UU trumpiano tampoco se salva de la quema. El FMI rebaja dos décimas su previsión de crecimiento para 2019 respecto a lo que decía tan solo tres meses atrás, dejándolo en el 2,4% este año y 2,1% el próximo, unas tasas aún respetables pero también a la baja. “Con las incertidumbres que rodean a muchos países y el enfriamiento previsto en China y EE UU y los importantes riesgos a la baja, es muy posible que se materialice un ritmo de crecimiento global aún más apagado”, añade el documento.

Lo peor de las previsiones que acaba de publicar el FMI no son las cifras en sí, que son malas pero no catastróficas. Sino la idea de que si no se hace nada para evitarlo, podrán ir a peor. “Para prevenir un resultado así, habría que enfocar las políticas decididamente a evitar tensiones comerciales y a reforzar la cooperación multilateral”, añade el documento.

Estas previsiones podrían empeorar aún más si la escalada proteccionista de EE UU con China y Europa continúa, o si el Brexit acababa resolviéndose sin acuerdo. Por eso, los analistas del FMI ven con buenos ojos los avances en ambos aspectos del pasado fin de semana. Pero nadie aquí quiere echar las campanas al vuelo, conscientes de que lo que un día son avances al día siguiente pueden convertirse en retrocesos.

Una de las preocupaciones del FMI es el retroceso del sector industrial. Este bajón se explica por tres factores que se refuerzan los unos a los otros: una importante caída en la producción y venta de vehículos, una baja confianza empresarial por culpa de las tensiones comerciales y tecnológicas entre EE UU y China; y un retroceso en la demanda china debida a los esfuerzos de las autoridades por reducir la deuda e impulsada por la escalada arancelaria.

Cuando habló en Davos en 2018, Trump justificaba que su política de poner a su país primero era algo que el resto de líderes del mundo deberían copiar. “América primero no significa América solo. Cuando la economía de América crece, crece todo el mundo”, decía entonces. La perspectiva que da el tiempo demuestra que esto no es así. Porque las trabas comerciales son la primera causa del enfriamiento de la economía global. Y, después de mucho anunciarla, esta es ya una realidad.

ENVIADO ESPECIAL, Washington 15 OCT 2019 - 11:03 COT

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Miércoles, 25 Julio 2018 07:35

La economía mundial en la encrucijada

La economía mundial en la encrucijada

En 1931 John Maynard Keynes escribió un ensayo sobre Las posibilidades económicas de nuestros nietos. En él describió con profundo optimismo el potencial que en el largo plazo conlleva el desarrollo del capitalismo. Entre las perspectivas que pronosticaba para 2031 estaba la semana de trabajo de 15 horas. La población dedicaría el resto de su tiempo a la cultura y el esparcimiento. Al comenzar la Gran Depresión, Keynes escribía estas reflexiones como un antídoto contra la desesperanza que comenzaba a predominar. Sus predicciones no se han cumplido y las crisis recurrentes, el deterioro ambiental y la profunda desigualdad que imperan en el mundo vuelven a alimentar el pesimismo.


Una gran distancia separa las perspectivas de largo plazo sobre el capitalismo y lo que ocurre en la coyuntura actual. Pero no hay que olvidar que el viaje más largo se compone de pequeños pasos. Los fuertes vientos de fronda y profundas contracorrientes que hoy sacuden la economía mundial son las palabras con las que se escribirá mañana la historia del capitalismo.


Lo que hace unos meses podía parecer una frágil recuperación hoy se presenta como un paisaje sombrío. Existen fuerzas que estimulan el crecimiento, pero coexisten con varios factores que frenan la expansión. ¿Cuál será el desenlace? O la recuperación se consolida y la economía mundial avanza por un sendero de tímida expansión, o el deterioro se profundiza y resurge el espectro de una crisis más profunda que la anterior.


En caso de que la recuperación llegue a consolidarse, no hay que esperar tasas de crecimiento espectaculares. Pero sí habría un periodo de cierta estabilidad y se alejarían (temporalmente) los nubarrones que marcaron los años inmediatos a la crisis de 2008. En contraste, si la recuperación es perturbada, la situación se complicará y se podría retornar a esos años en los que el sistema financiero del mundo amenazaba con desintegrarse.


Los datos sobre crecimiento comenzaron a revertir la tendencia negativa desde 2013, pero la trayectoria que sigue la economía mundial es frágil y no es posible hablar de crecimiento sostenido. Hoy 85 por ciento del crecimiento mundial es atribuible a dos economías: China y Estados Unidos. El resto del mundo, con la Unión Europea y Japón a la cabeza, continúa con tasas de crecimiento más bien mediocres. ¿Será duradero el crecimiento en "ChinAmérica", como algunos llaman al entrelazamiento de estas dos economías? Cualquier descalabro en ese binomio tendría graves consecuencias a escala mundial.


La respuesta no es evidente. En la economía china la expansión ha descansado excesivamente en el crédito y buena parte del sistema bancario en ese país se encuentra en dificultades. En 2008 la deuda total en China era equivalente a 141 por ciento del PIB, pero en 2017 esa proporción había pasado a ser 256 por ciento. La mayor parte de ese endeudamiento (163 por ciento) corresponde a las empresas, y los términos de los contratos que rodean esos créditos se desconocen. La opacidad del sistema bancario en China es una de las características más inquietantes de esa economía. Por otra parte, el nivel de ingreso per cápita en China (15 mil 400 dólares en 2017) hace muy difícil para los hogares sobrellevar esa carga de endeudamiento. Si el banco central decide incrementar las tasas de interés para controlar el apalancamiento y la creación de crédito, la carga de la deuda se incrementará y se frenará el crecimiento. El aterrizaje no será suave y las repercusiones globales no se harían esperar, sobre todo en el caso de los exportadores de productos básicos que tienen en China uno de sus principales mercados.


En Estados Unidos el crecimiento hoy está soportado por un estímulo fiscal cuyos efectos no van a durar más allá de 2019. La reforma fiscal de Donald Trump se ha acompañado de buenos resultados en algunos indicadores económicos. Pero los salarios siguen estancados, la desregulación financiera se mantiene y los bancos han seguido creciendo y concentrándose. De los 15 bancos que recibieron ayuda durante la crisis, 11 son ahora más grandes de lo que eran en 2008: la tendencia hacia mayor concentración en el sector bancario se mantiene y eso no es una buena señal. La generación de empleo arroja cada trimestre datos aparentemente positivos, pero esos empleos no son de buena calidad y la medida amplia de desempleo sigue siendo elevada. Además, la Reserva Federal piensa que ya hay presiones inflacionarias y seguirá aumentando la tasa de interés, lo que frenará el crecimiento. Hay que añadir la guerra comercial que Trump ha desatado y cuyos destrozos irán mucho más lejos de lo que alcanza a imaginar su narcisismo infantil.


No es la Gran Depresión, pero tampoco es el brillante escenario que describía Keynes para el futuro de los nietos. En la intersección de la coyuntura económica y las reflexiones sobre el largo plazo, es tiempo para repensar las estrategias de desarrollo económico.
Twitter: @anadaloficial

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Lunes, 24 Octubre 2016 06:49

Crecimiento atorado

Crecimiento atorado

"Prometer no empobrece". En tiempos de elecciones las promesas abundan. Una de ellas es repetitiva y se refiere a conseguir que crezca la economía, que se produzca más y, mejor aún, que el ingreso generado le llegue a más personas.

Las promesas se sustentan en las acciones del gobierno: cómo conseguir más ingresos, usualmente elevando los impuestos y, luego, cómo usarlos para que haya más riqueza. A estas alturas del sexenio en México, la economía debería estar creciendo casi al 5 por ciento anual, según se planteó en el programa de gobierno. Este año y el próximo ya nos conformamos con el 2.2 por ciento, el nivel promedio de casi tres décadas. A veces es gobernar lo que empobrece, no a todos, por supuesto.

En Estados Unidos no ha faltado en la campaña electoral que está en curso, la oferta de hacer crecer el producto por encima de una tasa también apenas de 2 por ciento. Tanto Trump como Clinton dicen lo mismo; el primero bajando de modo generalizado los impuestos, la segunda subiéndolos para los más ricos y financiar así los programas de gobierno en favor de la clase media. Trump se atreve a ofrecer un crecimiento hasta de 5 por ciento anual, aunque no dice cuándo, todo cabe en el lema de Make America great again.

En Europa ni prometen siquiera, están metidos de lleno en una situación recesiva donde la política fiscal y monetaria no alientan el gasto en inversión y consumo. Las tasas de interés son negativas y ni así sube el gasto agregado. Japón está en una situación similar desde ya muchos años, antes incluso de la crisis de 2008. Y China ha frenado ya su fuerte expansión de la actividad económica. En América Latina el reciente ciclo expansivo se acabó con una historia que se repite, siempre con sus particularidades.

En México se ha discutido por muchos años ya la misma cuestión, a saber: ¿por qué no crece la economía? Ahora esta misma pregunta se hacen en los países más ricos.

Las teorías y los debates políticos aportan argumentos para un discusión siempre con limitaciones del fenómeno del crecimiento económico. Estos no pueden reducirse a planteamientos técnicos que usualmente se distancian de las condiciones sociales y políticas en que se enmarcan.

Uno de los postulados clásicos de este tema se basa en el crecimiento de la productividad como base de la expansión del producto (la fábrica de alfileres de Adam Smith) y se amplía con las pautas de la distribución del ingreso (la disputa entre las ganancias y los salarios reales de David Ricardo).

La etapa de crisis recurrentes y de caída de la tasa promedio de crecimiento del PIB que se registra desde la década de 1980, tiene como telón de fondo la fuerte expansión registrada luego de la Segunda Guerra Mundial. Esta se extendió entre 1948 y 1973 y suele considerarse como el periodo más sobresaliente de expansión económica en la historia. Es a lo que se llama la Era dorada, los Treinta años gloriosos y el Milagro económico.

Esto parece haber sido un interludio y se sugiere que el proceso de crecimiento ha vuelto a su estado normal. Insisto en que todo no puede discutirse sin las particularidades de la historia económica (como la crisis petrolera de 1973 y sus secuelas).

El caso es que se observa una caída de la tasa general de crecimiento económico de 4.9 por ciento entre 1951 y 1973 a una de 3.1 desde entonces y hasta finales del siglo pasado, con un impacto mayor en las economías más ricas.

El aumento de la productividad es un proceso discontinuo. Depende de muchos factores. Responde a la innovación, pero es una tarea compleja y su expresión en el crecimiento productivo es problemática (como fue la pugna entre Edison y Tesla, cercada por los intereses financieros del banquero J. P. Morgan). Todo esto es una referencia para la definición de las políticas públicas y la intervención del Estado, y no tiene tampoco conclusiones definitivas.

En paralelo con el análisis entre el comportamiento de la productividad y su relación con el crecimiento económico, existe ahora el replanteamiento de la idea de un estancamiento secular. Esta noción fue propuesta por Alvin Hansen en 1930 en la etapa de la Gran Crisis. Se basaba en que una menor tasa de aumento de la población y del progreso técnico reduciría las oportunidades de inversión. El menor gasto significaría un aumento de la tasas de ahorro que frena y contrae la expansión.

Esta idea se arrinconó con la expansión de la segunda posguerra, pero se ha reintroducido con los efectos adversos de la crisis de 2008. Algunos indicadores soportan el argumento en el caso de los países más desarrollados, como son: la tendencia a la reducción de la población en edad de trabajar (15-64 años); los niveles más altos de la desigualdad en términos de ingresos y riqueza, la caída en la tasa de crecimiento de los salarios reales.

El argumento de la normalidad del lento crecimiento, junto con las condiciones actuales que apuntan al estancamiento crónico, deben enriquecerse con los fenómenos que describen necesariamente a la economía como un proceso político y con contradicciones específicas y cambiantes. Ni la técnica, ni la política o la ideología practicadas de manera tosca contribuyen a pensar los fenómenos sociales de la envergadura de la falta de crecimiento y sus consecuencias.

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Viernes, 15 Julio 2016 08:01

Brasil padece el ajuste

Michel Temer, presidente provisional de Brasil, en problemas.


La economía de Brasil sigue mostrando un fuerte deterioro, al registrar una contracción del 5,3 por ciento en los últimos doce meses, en la medición de mayo. Así lo informó el Banco Central brasileño, que mes a mes confirma el proceso de recesión notable que atraviesa el principal socio comercial de la Argentina. El impacto para el mercado interno argentino no es menor, puesto que la situación de Brasil frena las exportaciones industriales, principalmente de vehículos automotores. Las dificultades de la actividad económica brasileña comenzaron a principios de 2015, cuando el equipo económico lanzó un programa de ajuste ortodoxo con devaluación, suba de la tasa de interés y recorte del gasto público, medidas que terminaron generando el estancamiento de la demanda agregada con mayores presiones para el proceso inflacionario. El paquete económico brasileño no fue muy distinto al implementado en los últimos meses por la gestión de Cambiemos, que avanzó con una megadevaluación con ajuste del dólar del 60 por ciento, el aumento de 10 puntos de la tasa de interés de referencia en moneda local y la reducción de las erogaciones estatales con recorte de subsidios. El resultado tampoco fue muy distinto para el mercado local, con una economía que pasó de crecer del 2,4 por ciento a caer alrededor del 1 por ciento y una inflación que casi se duplicó, pasando del 26 a 45 por ciento interanual en menos de seis meses.


En 2015, la economía brasileña había registrado un retroceso del 3,8 por ciento, al tiempo que los principales consultores del mercado de ese país estiman para 2016 una nueva contracción del 3,3 por ciento. La economía no es la única dificultad del principal socio comercial del país, sino que pasa por una importante tensión política, en la que se suspendió por 180 días a la presidenta Dilma Rousseff y se está evaluando la remoción definitiva de la mandataria.


Además de la fuerte caída del PIB, se observa una elevada inflación en Brasil, que en 2015 cerró por primera vez en la última década en dos dígitos (10,7 por ciento). El Banco Central brasileño aplica un programa de metas de inflación, por lo que se ve constantemente obligado a subir la tasa de interés de referencia en moneda local, que ya se ubicó en 14,25 por ciento anualizada, uno de los niveles más elevados de las últimos diez años. La propuesta ortodoxa de metas de inflación es otra de las medidas económicas que el nuevo Gobierno de la Argentina pretende replicar. Federico Sturzenegger, el presidente del BC, anunció que el país ingresará formalmente al esquema de metas de inflación en septiembre, aunque en los últimos meses ya viene intentando controlar el proceso inflacionario a través de la tasa del manejo de la tasa de interés con operaciones de mercado abierto. Los resultados no fueron los esperados por los funcionarios

 

 

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El PIB de Brasil se contrae un 3,8% en 2015 y confirma la intensidad de la recesión

La divulgación del Producto Interno Bruto (PIB) de 2015 ha confirmado lo que los brasileños ya están sintiendo, en la práctica: los efectos de la recesión más severa del país desde los años 90. La economía de Brasil se contrajo un 3,8% con relación al año anterior, según los datos difundidos este jueves por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE). El resultado es el peor de la historia de las Cuentas Nacionales del IBGE, que comenzó en 1996.

 

El PIB total fue de 5,9 billones de reales (1,47 billones de dólares) en 2015, mientras que el PIB per cápita fue de 28.876 reales (7.382 dólares), lo que representa una caída del 4,6% con respecto a 2014. Desde 2009, en el auge de la crisis económica mundial, el índice no registraba un resultado negativo.


Entre los sectores de la economía, tan solo la agricultura y la ganadería siguieron creciendo el año pasado, con un aumento del 1,8% en comparación con el año anterior. La industria acumuló una caída del 6,2% y los servicios, del 2,7%. La Formación Bruta de Capital Fijo, una medida utilizada para medir el capital invertido por el sector privado, registró su séptimo trimestre consecutivo de caída. Los gastos de consumo de las familias también disminuyeron, en este caso, por cuarto trimestre consecutivo.


Una señal inequívoca de que la recesión continúa este año es el desempeño de la industria, así como la caída de la inversión de las empresas. En el último trimestre de 2015 la tasa de inversión, es decir, lo que las empresas invierten en nuevos proyectos o maquinaria, cayó un 4,7% en comparación con el tercer trimestre y un 18,5% en comparación con el cuarto trimestre de 2014. Si este indicador presenta cifras más bajas, señala que las empresas no van a realizar nuevos proyectos, sino que van a concentrar sus energías en reducir los gastos para conseguir pagarlos, lo que apunta a posibles recortes de puestos de trabajo.


Al mismo tiempo, la caída del consumo de las familias (del 1,3%, en comparación con el tercer trimestre, y del 6,8%, en comparación con el mismo período de 2014) revela que los brasileños están apretándose los cinturones para adaptarse a los nuevos tiempos. Si el consumidor no compra, las empresas producen menos y facturan menos. De este modo, invierten menos y despiden, lo que alimenta un nefasto círculo vicioso, que, en el Brasil de hoy, con un Gobierno débil y una crisis política sin precedentes, parece no tener fin.


Los brasileños se aprietan el cinturón


Con la recesión, la subida de los precios, el crecimiento del desempleo y el dólar rondando los cuatro reales, driblar los efectos de la crisis no es fácil. Para llegar a fin de mes, muchos brasileños han cambiado de hábitos. Quitera de Albuquerque, de 62 años, tuvo que tomar algunas decisiones. Ya no compra como antes: ha cambiado lo que realmente le gusta por lo que se puede permitir. “Cambié todas las marcas, de las judías al detergente. Compro la peor carne, miro el precio más barato”, cuenta esta dependienta de una tienda de ropa en São Paulo, que antes trabajaba en comercio ambulante.


La inflación en Brasil llegó al 10,67% el año pasado. El aumento de la tarifa de energía eléctrica hizo que Quitera tomase otra decisión radical: poner bajo llave varios electrodomésticos. “Cuando vi que la cuenta de luz se triplicaba guardé todo: ventilador, horno eléctrico, mi máquina de correr carrera y la plancha", comenta.


Algunas mujeres de clase media y media-alta recortan en belleza. Tatiana Ramos, cazatalentos de 29 años, vive en Belo Horizonte y pasó de hacerse la manicura cada semana a una vez cada 15 días. “A veces opto por solo pintarme las uñas en el salón, ya que cobran la mitad del precio. El resto lo hago yo antes, en casa. También espero más tiempo para cortarme y teñirme el pelo”, cuenta.


Tatiana también sale menos con sus amigos, e intenta ir a bares solo una vez por semana. El sector ya está sufriendo los efectos de la crisis. "Los bares y los restaurantes son los primeros en sentirlo, no solo por razones financieras, sino psicológicas. Cuando hay miedo e incertidumbre, las personas más preocupadas no quieren gastar tanto en diversión", explica el presidente de la Asociación Brasileña de Bares y Restaurantes, Perciaval Maricato. La industria del ocio sufrió una caída de facturación del 10% en 2015 respecto a 2014, según Maricato.


Nathália Machado, una abogada de 30 años, empezó 2016 cortando gastos: dejó las clases de Pilates, redujo las salidas a bares y restaurantes y decidió aplazar los planes de pasar las vacaciones con su hermana en Nueva York. Este año también pensaba dejar la casa de sus padres y alquilar un apartamento para vivir sola. El problema es que la decisión coincidió con un cambio de escenario. “Hice un plan considerando mis ingresos mensuales medios. Pero este año el valor de algunos contratos de mi empresa bajaron y los impagos aumentaron mucho, y esto afectó a mis ingresos”, cuenta Nathália, que no quiso desistir de su sueño. Para cumplirlo, tuvo que hacer ajustes. En su casa nueva, de momento, no va a contratar Internet de banda ancha, y tal vez deje el gimnasio.


Andrea Bravaresco, de 39 años, cambió el plan de televisión por cable al más básico, y recurrió a la plataforma online de películas y series Netflix. Pero la prioridad ha sido la escuela de sus hijos. Andrea no quería cambiarlos de centro, pero negoció hasta conseguir un descuento en las mensualidades. En el colegio de su hijo de 12 años pagará un 25% menos, y en el de la niña de 2 años, casi un 15%.


Adriana Canton, comerciante en Río de Janeiro, y su marido Leo, que es cocinero, creyeron por un instante que saldrían ilesos de la crisis. A fin de cuentas, atienden clientes de clase alta y media-alta, donde la recesión tarda mucho más en llegar. Pero los clientes de Leo disminuyeron y otros piden un menú más barato. En la tienda de artículos para cuartos de baño de Adriana cayeron las ventas y hubo despidos. Ahora, los viajes al extranjero no son una opción, por los precios de los billetes de avión y la devaluación del real brasileño. "Cambiamos algunas marcas de productos, el plan del teléfono móvil, y cambiamos la ducha para ahorrar agua". El cine también cambió de día. “Los miércoles es más barato”.

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El G-20 de Toronto pasará a la historia. No por la represión contra los manifestantes, eso ya es costumbre y nada nuevo. Será recordado por el compromiso de sus integrantes para convertir la crisis en una réplica de la gran depresión. El comunicado final del G-20 explícitamente le pone cifras a este pacto retrógrado: reducir en 50 por ciento los déficit fiscales para 2013. Una medida que en la fase actual de la crisis, con una demanda deprimida y altas tasas de desempleo, equivale a un suicidio colectivo.

Es la respuesta a la histeria del déficit fiscal que en Europa y en Estados Unidos comienza a desdibujar una muy frágil recuperación. Parlamentos y congresos de legisladores parecen conejos asustados en un corral que dice a la entrada equilibrio fiscal.

En Europa la austeridad fiscal domina, porque se le ve como la herramienta para rescatar no sólo al euro, sino a un proyecto macroeconómico fundado en la estupidez neoliberal. Ese salvamento pasa ahora por la destrucción de lo último que queda del pacto social del Estado de bienestar. Poco importa que con los desajustes en la UE y los altos niveles de desempleo, los recortes fiscales profundicen esta dolorosa recesión y hundan a Europa por muchos años.

En el Congreso de Estados Unidos hay dos corrientes. Los ingenuos piensan que el estímulo fiscal ya cumplió su misión y que es tiempo de devolverle la estafeta al sector privado para mantener el crecimiento. La corriente perversa sostiene que el paquete fracasó, que ya se agotaron sus efectos y que no hay que repetir esa receta. Con estas visiones es claro que la administración Obama no conseguirá otro paquete de estímulo, y la economía estadunidense regresará a la recesión en 2011, si no es que antes.

Un análisis más cuidadoso sobre los efectos del paquete de estímulo fiscal en Estados Unidos confirma esta conclusión. En febrero de 2009 el Congreso estadunidense aprobó el paquete de estímulo fiscal promovido por Obama, que incluyó reducciones fiscales por 288 mil millones de dólares (mmdd), un gasto en programas de educación, salud y beneficios por desempleo por otros 224 mmdd y préstamos y concesiones federales por 275 mmdd. Con sus 787 mmdd es el ejemplo más importante de política contracíclica en la historia fiscal de aquel país.

Cuando se aprobó el estímulo el PIB estadunidense se desplomaba en caída libre: el primer trimestre de 2009 cayó 6.4 por ciento. No hay duda que el paquete ayudó a revertir esa tendencia y para el tercer trimestre de 2009 se tenía un crecimiento positivo. Desgraciadamente el efecto sobre el empleo no fue tan importante y la tasa de desocupación se mantiene en alrededor de 10 por ciento.

Los efectos de este estímulo no han sido lo que quería la Casa Blanca, en parte por la naturaleza misma de la crisis y su entorno deflacionario. Los consumidores han usado la ayuda para descargar deudas, y en el contexto de gran capacidad ociosa existente las empresas no han invertido. Ahora que se está agotando el efecto del estímulo (para fines de este verano ya se habrá ejercido casi todo el paquete fiscal), el horizonte se oscurece. Si no hay otro impulso, la economía de Estados Unidos se hundirá en el estancamiento durante años.

Se insiste en reducir el déficit fiscal vía la eliminación del paquete de ayuda, por la creencia de que dicho déficit genera aumentos en la tasa de interés. Esa es la razón que esgrime Robert Samuelson (el no-economista del Washington Post). Pero ¿nadie le ha dicho que en Estados Unidos la tasa de interés ya es cero y que precisamente por eso la política monetaria no tiene tracción para impulsar a la economía?

Las otras razones caen por su propio peso. Se habla de que Estados Unidos ya llegó al tope en su capacidad de endeudamiento (la relación deuda pública PIB ya llegó al 90 por ciento). Pero la crisis no deja mucho espacio de maniobra y, por otro lado, los niveles de endeudamiento de una economía capitalista son un tema controvertido (en Japón la deuda pública es de 200 por ciento del PIB y no hay síntomas de inflación). Si como decía Keynes, el dinero es un vínculo entre el presente y el futuro, este endeudamiento es un préstamo que se hace la sociedad a sí misma.

En plena crisis, con desempleo galopante, lo increíble es que en Estados Unidos y Europa la batalla de la austeridad fiscal la están ganando los neoliberales. Por eso en Toronto todos en el G-20 olvidaron que la mejor manera de cerrar un déficit fiscal y enfrentar el endeudamiento es con altas tasas de crecimiento estable. Y eso es precisamente lo que no se va a lograr con la famosa austeridad.

El G-20 también será recordado por la sumisión de Obama a las ínfulas de una Alemania que ha podido imponer sus prioridades en Europa. La visión de austeridad fiscal de la señora Merkel era algo que Obama no tenía por qué comprar si hubiera tenido un poco más de claridad en sus convicciones. Pero bueno, ya estaba visto que en la Casa Blanca no hay convicciones que duren más allá de la hora del almuerzo.

Por Alejandro Nadal

http://nadal.com.mx
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Los países más desarrollados sufrirán una recesión del 0,3 por ciento en 2009 lo que arrastrará a la baja el crecimiento mundial, que será apenas del 2,2 por ciento, informó este jueves el Fondo Monetario Internacional (FMI) en un informe de revisión.

La contracción de los países desarrollados será la primera desde 1945, advirtió el FMI en su informe especial, que rebajó fuertemente sus previsiones para 2008 y 2009 en todos los países y regiones. "Se trata de la primera contracción anual desde la posguerra, aunque la caída es comparable en magnitud a la que ocurrió en 1975 y 1982", añadió el Fondo.

La economía en los países más avanzados no empezará a recuperarse hasta finales de 2009, añadió el texto. Un crecimiento mundial por debajo del 3% implica recursos insuficientes para poder luchar contra la pobreza, según los cálculos del FMI. La caída del crecimiento será especialmente aguda en Estados Unidos, con -0,7 por ciento en 2009 y en la zona euro, con una caída del -0,5 por ciento.

América Latina, como el resto de regiones en desarrollo, sufrirá las consecuencias de la actual crisis el año que viene. Tras un crecimiento de 4,5 puntos este año, apenas sin cambios, en 2009 crecerá un 2,5.

México sufrirá en particular, con una estimación de crecimiento del 1,9 este año y de tan sólo el 0,9 en 2009 (una caída del 0,9 por ciento respecto a las previsiones de hace un mes).

Brasil crecerá de forma robusta este año, un 5,2, y un 3 por ciento en 2009 (medio punto porcentual menos). "La caída cíclica en las economías emergentes es de una magnitud similar a la de las economías avanzadas (...) como en anteriores ciclos", explicó el Fondo.

La revisión de las expectativas, sin embargo, "varía considerablemente dependiendo de las regiones". "Entre los más afectados están los exportadores de materias primas", advirtió el informe. Paralelamente, "la combinación de la estabilidad de los precios de las materias primas y la debilidad económica ayudará a contener las presiones inflacionistas", explicó.

Los mercados financieros "han entrado en un círculo vicioso de caída de las acciones y liquidaciones de inversiones", explicó el Fondo. En tan sólo un mes, desde sus últimas previsiones de crecimiento mundial, el FMI constató una caída del 25% de los principales índices bursátiles, mientras que el crédito se contraía hasta niveles alarmantes.

"Los mercados de los países emergentes perdieron en torno a un tercio de su valor en valores monetarios locales", añadió.

Las medidas excepcionales asumidas en los países más desarrollados, como la nacionalización parcial del sistema bancario, la recompra de activos hipotecarios o la coordinación en el recorte de tasas de interés, "llevarán su tiempo", explicó el Fondo.

Globalmente "las perspectivas económicas son excepcionalmente inciertas", advierte el Fondo. "Las condiciones financieras continúan planteando serios riesgos de una desaceleración", explicó.

"Hay una evidente necesidad de políticas de estímulo adicionales respecto a lo que ha sido anunciado hasta ahora, para apoyar el crecimiento y suministrar un contexto para restablecer la salud de los sectores financieros", explicó el FMI. "Dependiendo de cómo empeoren las perspectivas, la magnitud de la recapitalización actual quizás deba ser ampliada", advirtió.

El Fondo alerta también las medidas y las garantías de apoyo financiero pueden tener efectos más allá de las fronteras de los países ricos, en particular las economías emergentes.
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