Colombia: la lucha de las mujeres afrocolombianas contra el sistema de despojo capitalista, patriarcal, colonialista y racista

Astrid Cuero, feminista afrocolombiana, fue invitada en el seminario de Otros Mundos A.C. titulado “Defensa del territorio y Lucha antipatriarcal: Cuerpo, Territorio y Trabajo”, organizado el 1 de mayo 2018 en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, México.

“Lo que más conozco es la experiencia del Pacífico colombiano, en la costa occidental de Colombia. Es un territorio selvático con salida al mar, con mucha diversidad y muchos recursos naturales, donde la minería ha tenido una función esencial dentro del capitalismo y la economía extractivista.


Este territorio está habitado por una población afrocolombiana e indígena. Desde los años 1990 ha sido objeto de la presencia de multinacionales, en especial mineras como la AngloGold Ashanti (de capital sudafricano). Este territorio está siendo disputado por muchos actores, incluso armados, porque allí también se siembran cultivos ilícitos como la cocaína, la amapola, la mariguana, en complicidad con el estado.
Es un territorio disputado por las guerrillas y por paramilitares que han sido pagados por narcotraficantes como por las empresas multinacionales. Esto ha generado una situación de destierro en las poblaciones afrocolombianas. Los hombres negros han sido los que han sido más asesinados en todo el conflicto en el pacífico colombiano. En particular las mujeres negras son las que quedan sobreviviendo y resistiendo, intentando reconstruir su vida. Han sufrido violencias de todo tipo porque aparte de que destruyen a sus familias, matan a sus esposos y sus compañeros, también han sido violadas y violentadas por los actores armados, sobre todo militares y paramilitares.


Además, muchas de ellas han sido desplazadas, desterradas de sus territorios, han tenido que llegar a las ciudades con sus hijos, para intentar sobrevivir, enfrentándose a condiciones de pobreza y de racismo. Es una lucha muy profunda y muy dura contra un sistema que es patriarcal, y capitalista, pero que también es racista. Es fundamental darnos cuenta de ese racismo estructural que las mujeres negras tienen que enfrentar para sobrevivir y defender sus territorios. Algunas han podido seguir intentando defender su territorio desde sus lugares, pero a muchas les ha tocado salir.


Mujeres como Francia Márquez (Premio Goldman 2018) y Marilyn Machado, entre otras, hacen parte de todo un proceso de comunidades negras y de la Red de movilización de mujeres afrodescendientes por el cuidado de la vida y los territorios ancestrales, quienes no se definen como feministas pero están ejerciendo un feminismo negro. Estas mujeres negras que han defendido la vida, el territorio y la relación integral que existe entre la naturaleza y el humano, son mujeres que no se definen como feministas, pero que en sus practicas políticas están generando una vida alternativa al sistema de despojo capitalista, patriarcal, colonialista y racista.”

 

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Martes, 10 Julio 2018 07:16

Arte contemporáneo y neoliberalismo

Arte contemporáneo y neoliberalismo

Sobre el arte no sólo orbitan el capitalismo neoliberal, las bienales, las ferias, Internet, sino también la especulación inmobiliaria, la evasión fiscal, el lavado de dinero, las off shore, la desregulación del mercado financiero.

Para resumir brutalmente una pila de textos académicos: el arte contemporáneo es posible gracias al capitalismo neoliberal, además de Internet, las bienales, las ferias de arte, las historias paralelas emergentes y las crecientes desigualdades de ingresos. Sumemos a esta lista a la guerra asimétrica –una de las razones de las enormes redistribuciones de riquezas–, la especulación de bienes raíces, la evasión fiscal, el lavado de dinero y los mercados financieros desregulados.


Parafraseando los esclarecedores conceptos del filósofo Peter Osborne sobre este tema: el arte contemporáneo nos muestra la falta de un tiempo y un espacio (globales). Es más, proyecta una unidad ficticia sobre una variedad de ideas diferentes del espacio y el tiempo, proporcionando una superficie común allí donde no la hay.


Así, la falta de un terreno, una temporalidad o un espacio comunes, el arte contemporáneo se transforma en un delegado de la comunidad global. Se define por la proliferación de locaciones y la falta de responsabilidad. Funciona a través de grandes operaciones de bienes raíces que reorganizan el espacio urbano, transformando las ciudades de todo el mundo. Incluso es un espacio de guerras civiles que provocan booms en el mercado del arte una o dos décadas más tarde a través de la redistribución de la riqueza causada por los conflictos armados. Tiene lugar en servidores y por medio de infraestructuras de fibra óptica, y cada vez que, milagrosamente, la deuda pública se transforma en riqueza privada. El arte contemporáneo ocurre cuando a los contribuyentes se les hace creer que están ayudando a otros Estados soberanos cuando en realidad están subsidiando a la banca internacional que se ve compensada por colocar deuda de alto riesgo en naciones vulnerables. O cuando este o aquel régimen decide que necesita el equivalente, en el campo de las relaciones públicas, de una cirugía plástica.


Pero el arte contemporáneo también crea nuevos espacios físicos que evitan las soberanías nacionales. Permítanme darles un ejemplo contemporáneo: el almacenamiento de arte en puertos libres.
La madre de todos los espacios de almacenamiento de arte en puertos libres es el puerto libre de Ginebra, una zona libre de impuestos que incluye partes de una estación de cargas y un edificio de almacenamiento industrial. La zona de libre comercio ocupa el patio trasero y el cuarto piso del viejo almacén, de modo que diferentes jurisdicciones se encuentran en el mismo predio, mientras que los otros pisos se encuentran fuera de aquella zona de puerto libre. En 2014, habilitaron un nuevo espacio de almacenamiento. Apenas unos años antes, el puerto libre ni siquiera era considerado oficialmente parte de Suiza.

Se rumorea que el edificio alberga cientos de Picassos, pero nadie sabe el número exacto porque la documentación es más bien opaca. No obstante, no hay muchas dudas de que sus contenidos podrían competir con cualquiera de los grandes museos.


Asumamos que este es uno de los espacios de arte más importantes del mundo en la actualidad. No solo no es público, sino que se encuentra ubicado dentro de una geografía muy particular.
Desde el punto de vista legal, los espacios de almacenamiento de arte en puertos libres son en cierto modo extraterritoriales. Algunos se encuentran en las zonas de tránsito de los aeropuertos o en los sectores libres de impuestos. Keller Easterling describe la zona libre como un “enclave cercado para el almacenamiento”. Hoy se ha transformado en un órgano primario del urbanismo global, copiado y pegado en diferentes ubicaciones alrededor del mundo. Es un ejemplo de la “extra-estatalidad”, como la llama Easterling, dentro de “un estado de excepción híbrido”, más allá de las leyes del Estado-nación. En ese estado de excepción desregulado se privilegia a las corporaciones por sobre los ciudadanos comunes, los “inversionistas” reemplazan a los contribuyentes y los módulos a los edificios: “Los atractivos que ofrecen los puertos libres son similares a los de los centros financieros off-shore: seguridad y confidencialidad, sin demasiado escrutinio… y un conjunto de ventajas impositivas… Técnicamente, los bienes alojados en los puertos libres se encuentran en tránsito, aun cuando en realidad los puertos se utilizan cada vez más como residencia permanente de la riqueza acumulada” (cita tomada del artículo Freeports: Über-warehouses for the ultra-rich [Puertos libres: depósitos uber para los ultra ricos], disponible online en The Economist).


El puerto libre es entonces una zona de tránsito permanente.


Si bien es fijo, ¿el puerto libre define también un carácter efímero que se perpetúa? ¿Es simplemente una zona extraterritorial o es también un sector aislado cuidadosamente dispuesto para la rentabilidad financiera?


El puerto libre contiene múltiples contradicciones: es una zona de impermanencia terminal; es también una zona extra-legalidad legalizada, mantenida por los Estados-nación que buscan emular a los Estados fallidos del mejor modo posible: perdiendo el control selectivamente.


Thomas Elsaesser utilizó el término “inestabilidad constructiva” para describir las propiedades aerodinámicas de los aviones de combate que obtienen una ventaja decisiva cuando vuelan al borde del fallo del sistema. Se podría decir que “caen” o “fallan” en la dirección deseada. Esta inestabilidad constructiva es implementada dentro de los Estados-nación que incorporan zonas en las que “fallan” a propósito. Suiza, por ejemplo, contiene 245 almacenes aduaneros, que encierran zonas excepcionales desde el punto de vista legal y administrativo. ¿Son este y otros Estados contenedores de diferentes tipos de jurisdicciones que se aplican o, más bien, no se aplican, según la riqueza de las corporaciones o de los individuos? ¿Se ha transformado este tipo de Estado en un paquete para la falta de estatalidad oportunista? Como señaló Elsaesser, su idea de “inestabilidad constructiva” se originó discutiendo la obra “Así van las cosas” (“Der Lauf der Dinge”, 1987), de los artistas suizos Fischli & Weiss. En ella, un gran número de objetos pierden el equilibrio en un colapso celebratorio. El glorioso lema del film es: “El equilibrio es más bello justo al borde del colapso”.


Entre muchas otras cosas, los puertos libres también se transforman en zonas para el arte libre de impuestos, donde el control y las fallas son calibrados según la “inestabilidad constructiva”, de modo que las cosas alegremente se encuentran en un equilibrio endeble permanentemente congelado.


* Artista y ensayista nacida en Munich en 1966. Fragmento editado de su libro Arte Duty Free, que acaba de ser publicado, con traducción de Fernando Bruno, por la editorial Caja Negra.

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Jueves, 10 Mayo 2018 17:29

Intervenciones artístico-marikas

Intervenciones artístico-marikas

El espacio urbano es tanto un reflejo como un generador de las interacciones sociales; funciona a modo de espejo de las personas que la habitan en toda su complejidad, resultando en la premisa: "el individuo construye la ciudad tanto como la ciudad construye al individuo".


Así es como encontramos una variedad de dinámicas urbanas que persisten en un mismo territorio, las que van desde la minuciosa planeación urbanística y arquitectónica hasta huellas no planeadas del habitar la ciudad, que generalmente se dan por fenómenos de segregación, crecimiento poblacional excesivo y, en el caso colombiano, por desplazamiento. Estos fenómenos caracterizan las ciudades contemporáneas, especialmente en Latinoamérica y responden al funcionamiento del capitalismo en sí.


La ciudad contemporánea, donde hay de todo pero espacio para nadie, concita al surgimiento de una suerte de distintas estrategias artísticas colectivas e individuales, para visualizar por su conducto su particular manera de leer la existencia misma de forma consciente; en estas estrategias artísticas, reflejadas a través de murales, happenings y los performances, se parte de entender lo efímero de cada intervención como un lugar susceptible de apropiación, obras e intervenciones con lascuales se busca generar cuestionamientos sobre lo invisible-cotidiano y las relaciones de poder existentes.


Confrontar los lugares comunes con los cuales el poder quiere homogenizar a los millones que ahora nos congregamos en un solo territorio, confrontar el poder y su lenguaje de lo posible como norma e imposición, liberando la creación, plasmada en paredes y otros sitios, como gritos de denuncia, pero también como llamado al encuentro y la reflexión, para dejar de ser masa amasada y alcanzar a constiruirnos como individuos en relación dinamica, formando comunidad.


Es por ello que nuestra invitación es a la exploración de las distintas huellas en que nuestras particulares y disidentes maneras de ver el mundo pueden apropiarse de la calle, es por esto que desde lo marika la apuesta de resistencia, lucha y apropiación de nuestros territorios y los espacios que habitamos también nace desde el arte, reconociendo la importancia del arte urbano, medio de expresión de nuestras apuestas y luchas, que se toman las ciudades, lo público, lo urbano, convirtiéndolo en un espacio transgresor, que trasciende los sentires y vivires particulares al cemento y el asfalto urbano, para romper su peso y frío espesor, proveyendo a la ciudad de alma, vitalizándola.


Reto y acción que toma forma, de manera más eficaz, a través de potenciar y reconcer la existencia de lo colectivo, de las comunidades, emergiendo a través de cada acto, a través de decenas, de cientos, de miles, de encuntros, debates y diálogos, con cuya potencia se iluma el camino para la otra ciudad que habrá de ser.

 

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Domingo, 29 Abril 2018 07:07

Comuna 13. Una comunidad de vida

Comuna 13. Una comunidad de vida

El color, el sabor, el olor y el sonido de un barrio que sigue apostando por sobrevivir frente a las embestidas de una realidad que se empeña en hundirles.

 

Por estos días la Comuna 13 de Medellín vuelve a ser noticia. Y como casi siempre, por temas de violencia. Se ha vuelto a recrudecer la sensación de inseguridad en la zona como consecuencia de los tiroteos con fuego cruzado por parte de las bandas criminales que dominan la comuna y que responden así a las intervenciones que desde la alcaldía se están llevando a cabo para intentar asestar un golpe a la delincuencia organizada.


Todo esto no es nuevo. La historia ha sido muy cruel con este sector de la ciudad de Medellín, lo que no es decir mucho puesto que la realidad ha violentado gran parte del territorio colombiano. La Comuna 13 tiene una particularidad, fue asaltada por el ejército y la policía con la ayuda de miembros del paramilitarismo, o por estos con la connivencia de aquéllos, que tanto da. Aunque eso tampoco añade mucho más, ya que eso se ha producido, por desgracia, en otro montón de lugares de Colombia. Pero en esta parte del país hubo cuatro de esas operaciones de asalto en el mismo año.


En el año 2002, el año de la llegada a la presidencia de la República del promotor de la “seguridad democrática”, sufrió cuatro “operaciones” perpetradas por el ejército con la ayuda de grupos de las llamadas autodefensas unidas de Colombia (simple y llanamente paramilitares) para, supuestamente, limpiar las calles y las casas de malhechores. La “Mariscal” en mayo, la “Potestad” en junio, la “Antorcha” en agosto y la “Orion” en octubre iban a pacificar el barrio.


Dieciséis años después, a la Comuna 13 no ha llegado esa paz que prometían quienes promovieron toda aquella violencia. Siguen produciéndose delitos de todo tipo y todavía hay temores para decir lo que se piensa y obstáculos para vivir sin sobresaltos. La supuesta paz que buscaban quienes apoyaron aquellas operaciones militares no ha llegado del todo y la población civil padece los rescoldos de una violencia injustificada. Las bandas criminales, de diverso pelaje y similar procedencia, unas escindidas de otras y en su mayoría formadas por paramilitares, mantienen una lucha por el poder y el negocio del crimen en un sector conocido por su mala fama, por las fronteras invisibles y la peligrosidad.


En mis dos visitas al barrio san Javier de esa comuna he encontrado otras realidades, lo que no quiere decir que no sean ciertas las violencias directas que no hacen sino opacar las otras violencias, las estructurales, las que mantienen las injusticias y repiten los esquemas de exclusión y marginalidad. Allá he visto, como en muchos barrios de otras ciudades del mundo, gente del común que nada tiene que ver con bandas ni violencias y que lo único que desean es vivir en paz, que aman su barrio popular y que luchan por romper el imaginario de delincuencia y criminalidad que les ha marcado. Que quieren dejar atrás un pasado de luto para poder mirar con tranquilidad esos azules cielos del valle de Aburrá.


En ese lugar hay otra realidad diametralmente distinta. Han pasado más de tres lustros desde aquellas trágicas intervenciones y la situación es otra. No sé si me atrevería a decir mucho mejor, pero sí muy distinta. No es un remanso de paz, pero le ha cambiado un mucho la cara y un poco el alma. O tal vez al revés, que es como decir todo y nada. Pero es diferente porque son distintas las miradas de sus gentes, una mayoría pacífica que le da sentido a los sentidos y cuya apuesta por la vida es tan grande que pareciera que cuanto más duro les dan, con más fuerza se levantan.


La Comuna 13 de Medellín no es única, existen muchas otras “comunas 13”. En Bucaramanga y Cali (Colombia) o en Buenos Aires (Argentina), pero la paisa es otra cosa. Es una de las dieciséis en las que está dividida la ciudad. De pronunciadas pendientes, sus escarpadas calles y los colores de sus casas pueden recordar a las favelas de Río de Janeiro. Con casi ciento cuarenta mil habitantes, según los datos del último censo oficial del DANE de 2005, hoy seguramente muchos más, es la más poblada de Medellín al tener cerca de veinte mil habitantes por kilómetro cuadrado. Más del sesenta por ciento de su población es menor de 40 años. Sus poco más de siete kilómetros cuadrados, distribuidos en veintiún barrios, se localizan a mil seiscientos cincuenta metros sobre el nivel del mar en el centro occidente de la ciudad.


En contraposición a toda la violencia vivida, el barrio tiene color de vida, sonidos de resistencia, olores de confraternidad, miradas de solidaridad y sabores de paz. Pintadas, músicas, eslóganes, bebidas, comidas y, sobre todo, humanidad. Una parte de ese “levantamiento” son los murales de sus calles. Las pintadas que embellecen las paredes y dan cuenta de esas ganas de vivir. Colectivos culturales del propio barrio se han empeñado en cambiarle el aspecto a una parte de la Comuna 13. Y lo han hecho apostándole a su recuperación, creando tejido social a partir de movimientos como el hip hop y todo lo que ello conlleva. A eso se han sumado tres intervenciones municipales que han ayudado a ese cambio de imagen de las lomas de la comuna: un parque, seis tramos de escaleras mecánicas y el corredor que, al final de las mismas, enlaza este barrio de san Javier con otros del sector.


Pese a que la población civil sigue llevando sobre sus hombros la pesada carga de los asesinatos, desapariciones, detenciones arbitrarias, desplazamientos y todo tipo de violación de derechos que han soportado, todavía tienen una ventana de esperanza para la recuperación del territorio. La de los colectivos que realizan los murales y los grafitis en un lugar que necesita de los colores para salir de la oscuridad a la que los poderes le han sometido. Pese a que siguen sin esclarecerse los hechos de entonces y no parece que nadie pague por lo que les hicieron, la gente desea pasar página para sobrevivir, dando sentido a ese habitus que conforman las callejuelas empinadas de su espacio vital. Una muestra de cómo un no lugar, por lo estigmatizado y excluido, puede convertirse en uno de los sitios más visitados por el turismo que llega a Medellín (lo que también conlleva sus pros y sus contras).


Esos grupos promueven su barrio, narrando otras historias a partir de las pintadas y dando a conocer otra perspectiva de la comuna y sus habitantes. Entre esos está “la cuatro trece”, una asociación que nos muestra la comuna de otra manera, para entenderla desde dentro y darla a conocer fuera sin recurrir a contar de la violencia y sus protagonistas, sino promoviendo la solidaridad y la construcción de tejido social para la paz. Lo que no significa que se ignore la historia, sino que creen que es mejor resaltar lo positivo y trabajar por un futuro con menos estigmatización.


“La cuatro trece” son un grupo de jóvenes que nacen en el barrio y lo viven desde la música, los grafitis, el baile, la fotografía y la cocina. Son hip-hop en estado puro, asumiendo las mezclas porque en la diversidad está la riqueza. Con su propuesta de “grafiti-tour” enseñan el barrio y cuentan sus cambios, recorren las lomas de un sector que es más visitado por extranjeros que por nativos. Esa es una de sus quejas, ¿cómo vamos a construir país si nuestras gentes no conocen sus calles?


A lo largo de ese camino cuesta arriba puedes disfrutar de una paleta de mango biche con sal y limón o de una limonada de café, mientras admiras los murales del recorrido, en el que también puedes adquirir recuerdos como postales, gorras o camisetas, y en el que te tienes que permitir el lujo de ser empapado por esas otras realidades que no cuentan los medios. Las existencias de un colectivo humano que sigue peleando por subsistir, que resiste y promueve un cambio social intentando salir de ese marca de “peligrosidad social”.


La gente de la Comuna 13 no quiere que se les pregunte por la guerra, quieren hablar de paz y que se les deje disfrutarla. Quieren ser escuchados y conocidos no por la espectacularidad de las noticias sobre violencia que se dan del barrio, casi siempre sin contexto, sino por el entorno y los sentidos de sus propias narrativas.


Cocinan, venden, producen, cantan y pintan conspirando por la paz, para que la busquemos dentro de cada uno y luego salgamos a compartirla en comunidad. Rapean por la unidad, la justicia, la fuerza, la resistencia, la memoria, el grafiti o el amor… en definitiva, comunidad y hip hop. Como dicen las letras de algunos de los rap de la comuna “La paz tiene un comienzo y se llama tolerancia; si respetas te respetan, todo empieza en casa”.


Menos intervención y más transformación. Ustedes pueden leer, oír o ver mucho sobre esa comuna, y puede que muchas cosas sean ciertas, pero otras no tanto. Porque no nos hablan de las gentes sencillas, de las cosas comunes, de las vecinas guisando o cantando, de los perros subiendo las escalas, de los gatos en las ventanas o de los mensajes en sus fachadas. Por eso “no coman cuento” y vayan a visitarla dispuestos a mojarse en ella. No la critiquen sin conocerla.


Esta nota no quiere ser una invitación al turismo, aunque bienvenido sea si contribuye a su conocimiento y difusión más allá de lo “chic” de haber estado en un lugar proscrito. Lo que se pretende es dar a conocer un poquito de aquella otra realidad, la de un barrio y sus gentes. Gentes de barrio, con sus riquezas y sus miserias, las propias, no las impuestas; personas que quieren ser y estar en su barrio, con sus iniciativas para soñar, con sus ganas para vivir.


Merece la pena llegar en metro hasta la estación san Javier para continuar en un colectivo hasta donde el barrio más se empina. Desde ahí una caminata por una comuna de colores, de los colores de la gente y de sus paredes. Lugar de visita obligada para amantes de las pintadas, los grafitis te gritan sus alegorías y metáforas. Un barrio del color que da la vida, del color de la alegría que es vivirla para superar, sin olvidar, las desgracias padecidas. Y no es que todo sea de color rosa, la realidad sigue teniendo una paleta de colores tristes por las injusticias y las inequidades. Las violencias continúan manchando de rojo las calles, pero los corazones de las gentes de este barrio se siguen pintando de verde esperanza.


Son personas de las calles del barrio, como los de la 4-13. Por eso trabajan por recuperarlas y construir ciudadanía y justicia social. Hoy siguen luchando por la memoria y por la vida, marchan por la paz y la justicia y gritan sus deseos por una convivencia pacífica. Entre las palabras tal vez más escuchadas hay una que retumba por encima de otras: “quisiera”. Un pasado imperfecto que quieren superar en forma de un subjuntivo que sigue manteniendo el deseo en mera virtualidad, en algo todavía inalcanzable, pero hacia lo que se arriesgan a caminar.
Así nos lo cantó Kbala, uno de los miembros de “la cuatro trece”, con su rap


“Lo que quisiera”


el mundo entero sin hambre y sin miserias
que las noches terminen sin balaceras
que los niños puedan jugar en las aceras
esto es lo que quisiera, esto es lo que quisiera
quisiera que el amor gobernara nuestro mundo
quisiera ver el odio acabarse en un segundo
quisiera que la paz no sea una ilusión perdida
quisiera no haya muerte y que reine aquí la vida
quisiera que los hombres despertaran al presente
el ambiente en el que vivimos está vivo y se siente
quisiera la intolerancia olvidada en el pasado
quisiera que el perdón como don sea entregado
quisiera que fronteras entre naciones no haya
quisiera que por fin hablen los que siempre callan
quisiera que quisieras todo lo que yo quisiera
y que juntos tú y yo hoy cambiáramos la Tierra


Quisieran, quieren y querrán. Ganas de vivir y de transformar llenando las fachadas de pintadas plenas de color, de memoria, de deseo e ilusión. Las pintadas, como medio de comunicación ciudadana que son, pueblan las paredes de sus calles, sus particulares medios de expresión, en las que demandan ser, formar parte de y tener el reconocimiento y la paz que todo ser humano se merece. Eso también es la Comuna 13.
Esperemos que la luz de la luna ilumine de paz las calles y, sobre todo, las cabezas.

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No te tomes en serio nada que no te haga reír, decía Galeano

Para Helena Villagra,
aire en el viento.

 

El cuentacuentos


Cuando visité a Eduardo Galeano en el hotel Condesa, me propuso ir a caminar al Parque España. No sé cuántas horas dimos vueltas, bajo los árboles cantores, proclamando que el mundo es mágico. Con paso lento, hablamos de García Lorca y me contó que en un teatro de Asís, en Italia, había aplaudido con Helena hasta despellejarse las manos y las suelas de los zapatos, porque los actores, más numerosos que el público de dos únicos espectadores, se habían entregado enteros. Me preguntó por el fraude electoral contra López Obrador y terminamos hablando, con lujo de detalles, de revistas y del Che Guevara.
La noche bajaba balanceándose entre las casonas y los faroles.
Galeano me miró con sus ojos azulísimos.
–Te quiero presentar a un amigo.
–¿Cuándo?
–Ahorita, como dicen ustedes.
Nos paramos junto a un auto clásico estacionado casi en la entrada del hotel y entonces decidió confesarme que su amigo era muy parlanchín. Y así fue que me presentó a su amigo.
–Hoy anda un poco serio.
–¿Quién?, ¿dónde? –le dije.
–Ah –dijo Eduardo–, adentro del coche.
Y adentro no había nadie. Sólo un maniquí.


El ojo de la cerradura visto por el universo


Guillermo Chifflet, El Flaco, conoció a Galeano en los días de la Juventud Socialista, en 1955. En la Casa del Pueblo tomaban el Curso de Formación Socialista, que derivaba, entre otros, en los cursillos La Teoría Socialista, que impartía Enrique Broquen, y El problema del imperialismo, con Vivián Trías y Germán D’Elía, cursillos que continuaban porfiadamente en La Telita, un bodegón que de día vendía verduras y de noche se volvía boliche. No hace mucho, en Montevideo, le pregunté por Galeano, su compañero y hermano en las redacciones de El Sol y Marcha, en la aventura de Época, en la Gaceta de la Universidad y la fundación de Brecha. “Un compañero excepcional, con gran imaginación, además, y humor, buen humor, siempre estaba alegre”.


Y esa alegría pasaba lista en Época, limpiando diariamente la palabra justicia. Y no faltaba tampoco a su cita con la rebeldía.


Otra ventana


En el número 285 de El Sol (también de diciembre de 1965) se publicó una pequeña historia. Por entonces, la represión encarceló a más de mil obreros sindicales y el binomio Moratorio-Tejera decretó la clausura de Época, El Popular, El Sol y dos diarios salteños. Aquello espantaba pero los locos de Época resolvieron convertir en papel sus pizarrones y, desde los balcones, difundir las noticias más importantes de la jornada. Se les prohibió el periodismo de pizarrón. Anunciaron en ellos su clausura. También se les prohibió. Y entonces en los pizarrones aparecieron frases de la literatura española. Para peor, recogidas con aplausos por circunstanciales lectores de la calle. Ante esto, un policía decidió consultar telefónicamente con el comisario:
–Sí, ahora pusieron una frase que dicen es de un clásico español.
–¿...?
–Del Quijote de la Mancha, dicen.
–¿...?
–Mire, no lo tengo muy presente, pero es algo así como que están ladrando los perros porque viene mucha gente, o algo así, no sé.
–¡...!
–Ta bien, comisario.
Y comunicó la decisión: ¡HAY QUE SACARLO!
En el pizarrón se leía: “Ladran, Sancho; señal que cabalgamos”. –Miguel de Cervantes (anterior a Tejera).


Encuentros


No por casualidad, ante la ola reaccionaria que arde con el neoliberalismo y al son de una izquierda que para transformar el mundo propone dejarlo igual, sus textos siguen siendo miradas para lavar el mundo al revés.
Y contando cantando la verdad de nosotros mismos, seguirán siendo.
Por eso será que lo escuchamos como si estuviera vivo.


(El 13 de abril se cumplieron tres años de la muerte del escritor uruguayo.)

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La tecnología, ¿herramienta de dominación o mecanismo de liberación?

“En una sociedad tan intensamente industrializada,

la gente está condicionada para obtener las cosas más que para hacerlas;
se le entrena para valorar lo que puede comprarse más que lo que ella misma puede crear.
Quiere ser enseñada, transportada, tratada o guiada
en lugar de aprender, moverse, curar y hallar su propio camino.
Se asignan funciones personales a las instituciones impersonales.”. Ivan Illich 


Sin negar cuán importantes son los veloces avances tecnológicos -tanto los de las últimas décadas como aquellos por venir- cabe notar que éstos no siempre benefician a toda la Humanidad. Por ejemplo, hay segmentos enormes de la población mundial que no acceden por igual a la informática. Aún hoy, en pleno siglo XXI, cientos de millones de personas no han tenido contacto con Internet (de hecho, a enero de 2018 se estima que 3.572 millones de personas no tienen acceso a la red ) . Y muchos que, si lo tienen, son verdaderos analfabetos tecnológicos: están presos de una tecnología que no conocen, ni pueden usar a plenitud, al tiempo que devienen cada vez más en adictos sumisos, pasivos y dominados de estas nuevas tecnologías.


Además, tanto avance tecnológico no es indispensable para resolver los graves problemas sociales que afectan a la Humanidad, por ejemplo, el hambre. Producimos alimentos en el planeta que cubrirían las necesidades de 10 u 11 mil millones de personas, más que suficiente para los actuales 7,5 mil millones de humanos; pero diariamente se van a su casa con hambre entre 800 millones y mil millones de personas. De hecho, las soluciones frente a la urgencia de asegurar los mínimos nutricionales para todos los habitantes del planeta, “no son respuestas de más tecnología alimentaria, ni de más productividad”, apunta con claridad el catalán Gustavo Duch . Basta ver que, cada año, alrededor de un tercio de todos los alimentos producidos en el mundo se desperdician . Más allá de distribuir con mayor equidad los alimentos y de producirlos según la demanda alimenticia humana -y no la especulación o el hambre del automóvil-, urge hacer realidad la soberanía alimentaria que implica el control por parte del campesinado de su agricultura y de toda su alimentación, es decir todo manejado desde los pueblos, no desde las corporaciones.


Así, afloran varias preguntas: ¿Es socialmente neutra la tecnología? ¿Puede el incesante progreso tecnológico resolver los enormes problemas sociales existentes? ¿Cuáles son los límites de las tecnologías? Tales dudas no implican un conservadurismo ante el progreso tecnológico, sino una crítica sobre su sentido. Guste o no, la tecnología moderna está cada vez más subsumida a la auto-valorización del capital, volviéndose nociva en muchos aspectos. Es más, el avance tecnológico tiende a acelerarse en aquellas actividades que benefician a la acumulación (un ejemplo cruel es el avance tecnológico militar), mientras que en otras el avance es lento y hasta llega al estancamiento, o peor aún a la marginación: un ejemplo es el encarcelamiento tecnológico del mercado de las patentes ( cuya supuesto “incentivo a la innovación” es más que cuestionable ), como sucede con muchas medicinas que podrían paliar problemas de salud en el mundo.


Por tanto, la tecnología -el instrumento o la fuerza que permite hacer algo, diferente pero complementaria de la técnica: conocimiento o habilidad de usar la tecnología- no es socialmente neutra. Con frecuencia se desarrollan nuevas tecnologías según las demandas de acumulación capitalista. No olvidemos que toda tecnología tiene inscrita una “forma social”, es decir, una forma de relacionamiento entre unos y otros y de construirnos a nosotros mismos; basta mirar la sociedad que “produce” el automóvil y el tipo de energía que demanda: individualismo y consumo de combustibles fósiles vienen en gran medida de la mano..

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¿Cuál forma social está implícita en los avances tecnológicos -presuntamente democratizadores- a los que deberíamos enrolarnos todos?


Por ejemplo, en la cotidianidad muchos “avances” tecnológicos sustituyen a la fuerza de trabajo -sea física o intelectual- volviendo caducos a varios trabajadores , así como excluyendo o desplazando a quienes no pueden acceder a la tecnología; todo esto redefine al trabajo mismo, normalmente contribuyendo a su flexibilización, casi siempre sinónimo de más explotación. Lo humano termina siendo mera herramienta para la máquina, cuando la relación debería ser inversa (aunque siempre dentro de determinados límites pues, como señaló Polanyi, sabemos mucho más de lo que podemos explicar y quizá ese conocimiento es el que nos distingue de las máquinas , idea similar que se recoge en la llamada “paradoja de Moravec ”). Desde esa perspectiva, para que exista otra técnica, que incluya a las personas al trabajo en vez de excluirlas, es necesario transformar las condiciones y relaciones sociales de producción. El objetivo es que la técnica potencia a las fuerzas humanas, no que las reemplace.


Más grave aún es ver cómo los avances tecnológicos recientes han devenido en “una herramienta capaz de controlar multitudes con la misma eficacia que el control individualizado. Las tecnologías que se han desarrollado en los últimos años, muy en particular la inteligencia artificial, van en esa dirección… se desarrollan prioritariamente aquellas que son más adecuadas para el control de grandes masas,” explica Raúl Zibechi . Un ejemplo es el monitoreo absoluto chino: el sistema de vigilancia del país más poblado del mundo llegó a la identificación facial -logro de ciencia-ficción- en donde ya han instalado 176 millones de cámaras de vigilancia, y hasta el 2020 esperan haber colocado otras 200 millones .


Nadie puede dudar que vivimos en una época de dominación tecnológica, que como anota el mismo Zibechi: “es parte de la brutal concentración de poder y riqueza en los estados, que son controlados por el 1 por ciento más rico”.


Las redes sociales, que parecían liberalizadoras, incluso democratizadoras (recordar la primavera árabe), son cuestionadas. George Soros , el gran especulador global, en el reciente Foro del 1% más rico, en Davos - leído en Diario El País de España -, afirmó que mientras petroleras y mineras explotan el medioambiente, las redes sociales explotan el ambiente: influyen en cómo la gente piensa y actúa, implicando un riesgo para la democracia (volviéndose hasta un problema de salud pública). Facebook, propietaria de Instagram y Whatsapp, registra a más de 2.130 millones de personas como parte de su comunidad; 332 millones en Twitter. El 67% de adultos norteamericanos declaran informarse vía redes sociales. Estas redes sociales no necesariamente crean la información, pero si la priorizan según las necesidades de los negocios involucrados, es decir de la acumulación de sus capitales.


Esta afirmación obviamente repercute en la economía global, pues las redes sociales y sus desarrollos tecnológicos son monopolizados por pocas grandes transnacionales, que combinan el control de la información con la especulación financiera, en un ejercicio de acumulación global inaudito.


El mundo que anticipó Orwell , gracias a grandes avances tecnológicos, comienza a ser una realidad cotidiana en China, Rusia, EEUU, Australia…En los EEUU se discute sobre la influencia que pudieron tener internautas rusos en las elecciones en las que salió como vencedor Donald Trump:habría alcanzado a 150 mil ciudadanos norteamericanos, una cifra que supera la de 126 millones de votantes, en un resultado donde cien mil votos fueron decisivos . En Alemania también se han denunciado acciones desde grupos de la derecha extrema para beneficiar al partido Alternativa para Alemania (AfD) en las pasadas elecciones del Parlamento Alem á n . Incluso en países más pequeños y pobres, como Ecuador en donde durante el gobierno del caudillo del siglo XXI (Rafael Correa) se instauró un sistema de control policial -que rebasó el ámbito criminal- para perseguir a movimientos sociales y a opositores del régimen. Y todo indica que esta potencial amenaza a la democracia recién empieza…


No es menos angustioso el impacto que están produciendo las tecnologías de la comunicación en la niñez y la juventud. El 48% de los jóvenes que pasan más de cinco horas al día conectados al móvil ha sufrido depresión, aislamiento o tendencias suicidas , resultado de “un modelo empresarial basado en engatusar a los niños desde pequeños”, como anotó en los Estados Unidos un senador demócrata. Semejante situación se combina con la violencia exacerbada facilitada por el avance tecnológico, por ejemplo, en el empleo de armas sofisticadas en tiroteos masivos(que mes a mes causan cientos de muertes en EEUU ).


Conocer tal realidad implica revitalizar la discusión política, ofuscada por la fe tecnológica. Al endiosar a la tecnología se tiende a abandonar los aspectos sociales cruciales para mejorar la vida humana. Por ejemplo, creer que los problemas ambientales globales se resolverán con mejora tecnológica es un error muy caro; se ha demostrado que las normas y regulaciones (aún insuficientes) han sido más efectivas que los avances tecnológicos y mucho más que las simplonas salidas de mercado (camufladas como “economía verde”). Aplaudidos logros, al contrario, pueden ser perversos: un ejemplo son los automóviles eléctricos que, si bien reducen el consumo de combustibles fósiles por unidad de transporte, demandan más y más minerales de todo tipo (desangrando aún más a continentes altamente explotados como África o América Latina), ocasionando hasta un aumento del número de vehículos demandados: “efecto rebote”.


Un reto clave recae en ver cómo se controlan conocimientos y tecnologías. En realidad, muchas nuevas tecnología provocan renovadas formas de desigualdad y de explotación, así como de enajenación, dominación y de hegemonía: la dominación tecnológica se vuelve “normal”, es aceptada voluntariamente y hasta deviene en deseable para los dominados (por ejemplo, personas desesperadas comprando teléfonos dondevoluntariamente registran hasta su información facial ). Por lo tanto, se debe impedir que las máquinas dominen a las personas, como recomendaba Iván Illich, cuyo pensamiento, junto al de André Gorz, cobra creciente vigencia cada día que pasa.


Hay que valorar la capacidad de reparar las máquinas para controlarlas. Hay que aumentar la durabilidad de los bienes materiales proscribiendo cualquier obsolescencia programada. Hay que pasar progresivamente de una economía productora de bienes materiales a una de bienes inmateriales no contaminantes. Hay que revalorizar las miles de respuestas pequeñas en todas partes del planeta para asegurar la soberanía alimentaria desde abajo, desde el campesinado y desde los huertos urbanos (donde no solo importa el consumo -que puede exacerbarse con la sobreproducción tecnificada- sino también las condiciones de producción). Hay que liberarnos de la economía del crecimiento permanente y de la acumulación de bienes interminable, dinámicas que son la esencia misma de la sociedad capitalista.


En estas condiciones se construyen respuestas desde abajo, en contra corriente. Así, cual círculos concéntricos provocados por una piedra lanza en un lago, se expanden inclusive en ciudades grandes, muchos ejercicios alentadores en donde los actores sociales intercambian mutuamente conocimiento artesanal; cambian tierras baldías y levantan con autogestión nuevos espacios abiertos para todas y todos; y a través de estas prácticas amplían también sus márgenes de acción, como nos cuenta Christa Müller de la Fundación Anstiftung .


Las tecnologías, sobre todo las que ahorran fuerza de trabajo (física o mental), deberían liberar al ser humano del trabajo orientado a acumular capital, permitiendo instaurar jornadas laborales menos extenuantes, tal como se consigue en varios países industrializados: en Alemania los trabajadores acaban de conseguir que se pueda establecer una semana de 28 horas de trabajo, para amplia el tiempo en familia . Y eso puede lograrse, por ejemplo, también liberando el conocimiento científico e impulsando un diálogo respetuoso con los saberes ancestrales, mientras las estructuras de producción y consumo se transforman para construir sociedades donde la explotación a la Humanidad y a la Naturaleza sea inviable.


Afrontamos complejidades múltiples inexplicables desde la monocausalidad. Y menos aún con simples respuestas escapistas. Precisamos respuestas múltiples, diversas, pequeñas y grandes (si fuera posible). Sin desestimar las acciones gubernamentales y la construcción de alternativas estratégicas de largo plazo, estando el control sobre los cuerpos en la mira del poder -como plantea Zibechi- esos cuerpos son y serán los campos de batalla. La lucha, una vez más, será desde abajo, multiplicando rebeldías, resistencias y desobediencias ciudadanas tanto frente a los grandes como a los pequeños y cotidianos usos tecnológicos que terminan construyendo hegemonía.


Urge identificar y -de ser posible- transformar las herramientas de dominación, como las redes sociales, en instrumentos de comunicación y organización liberadora. Esta acción que, en ningún momento debe restringir la libertad de expresión e información, debe estar guiada por las luchas de aquellos grupos históricamente oprimidos -desde enfoques feministas hasta indígenas, incorporando las visiones ecologistas y socialistas-, así como de propuestas comunitarias de quienes viven -o al menos imaginan- un mundo de libertades plenas, viable en la medida que confluyan la justicia social y la justicia ecológica. En definitiva, necesitamos un ejercicio de contra-hegemonía tecnológica.-

Por Alberto Acosta, economista ecuatoriano. Profesor universitario. Ex-candidato a la Presidencia de la República del Ecuador

Admiten queja contra Nestlé, Mango y la youtuber Yuya por plagios a diseños indígenas

Una queja contra la empresa suiza Nestlé, la española Mango y la youtuber mexicana Yuya, por haber utilizado diseños de figuras indígenas de tenangos para uso comercial sin consultar al pueblo originario de Hidalgo, fue admitida por la Comisión Nacional de Derechos Humanos a través del oficio 75375.


Además de la queja admitida y la inclusión en el expediente de los elementos de la violación a los derechos culturales por el plagio de los tenangos, que están debidamente registrados y cuya explotación no está permitida, el proceso penal iniciado contra las dos empresas y Yuya continúa su curso, aseguró el investigador dedicado al estudio y defensa de tenangos, Carlos Lima.


El investigador aseguró que los tres imputados incurrieron en el uso ilegal de la marca colectiva, registrada ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI).


La queja fue ingresada desde el 11 de diciembre del 2017 por un grupo de académicos para denunciar el plagio de los diseños indígenas en tazas, prendas y artículos de belleza.


Lima explicó que hace año y medio los indígenas de Hidalgo buscaron un inmueble para poder vender sus productos en la Ciudad de México y utilizarlo también como albergue para sus hijos, pero la cantidad era de 3 millones de pesos, por lo que no lo pudieron adquirir.


Ahora, la empresa Nestlé buscó llegar a un arreglo al ofrecer los 3 millones de pesos, pero los indígenas del municipio de Tenango de Doria ya no pretenden adquirir el inmueble, de acuerdo con Lima.


Aún no se turna al juez la demanda contra la empresa suiza por tratarse de un periodo de conciliación, señaló el investigador, y agregó que la demanda fue colectiva y firmada por alrededor de 50 indígenas, con la posibilidad de que, cualquiera que se haya sentido agraviado, pueda presentarse.

 

19 febrero 2018

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Martes, 13 Febrero 2018 06:21

El supremo dilema: ¿pirámides o redes?

El supremo dilema: ¿pirámides o redes?

De su larga trayectoria, un observador extraterrestre, de mirada limpia por ajena, podría distinguir dos periodos bien distintos en la historia de la humanidad, que son incluso antitéticos o contradictorios. Uno va de sus orígenes como especie hace unos 200 mil años hasta hace unos 4 mil años. El otro va justo de esa época a la actualidad. El punto nodal que marca la diferencia es el paso de sociedades igualitarias a sociedades jerarquizadas. Durante largo tiempo el ser humano formó parte de comunidades autocomandadas regidas por la cooperación, la ayuda mutua, las reglas de parentesco y el disfrute colectivo de los bienes obtenidos de su entorno natural. Esas fueron lo que Marshal Sahlins denominó las primeras sociedades de la abundancia ( affluent societies) en su celebre artículo en Les Temps Modernes (octubre de 1968): bandas de cazadores, recolectores y pescadores y comunas aldeanas con agricultura y ganadería. Visualicemos. Hace 4 mil años el planeta era habitado por varias decenas de miles que representaban unas 12 mil culturas distinguidas por la lengua, y que una suerte de sustentabilidad primigenia para ponerlo en términos actuales, les permitió mantenerse y reproducirse en equilibrio con su entorno natural. Las primeras sociedades jerárquicas que aparecieron fueron los señoríos o jefaturas, y de ahí se pasó a los estados, con jerarcas apoyados por militares e iglesias. Del Estado despótico y esclavista se pasó al Estado feudal y luego al Estado controlado por el capital.


En su obra clásica La sociedad contra el Estado, Pierre Clastres echó abajo el mito, producido y reproducido por los mayores intelectuales de Occidente, de que la dimensión política sólo existe en función del poder y que éste supone ineludiblemente una relación de orden y obediencia, bajo un sistema de coerción basado en la violencia. Ello supuso borrar de un plumazo toda la historia de las sociedades humanas anteriores a la era civilizada, que por supuesto coloca a Europa en la cúspide de un presunto proceso evolutivo unilineal, donde el orden basado en la coerción queda justificado. Ese mito sigue vigente hasta nuestros días, oculto por la idea de modernidad, aunque cada vez más erosionado por el cúmulo de evidencias científicas.


Hoy somos nosotros, usted lector incluido, habitantes de una civilización moderna e industrial, tecnocrática y capitalista que es el pináculo, el punto máximo de esa tendencia histórica que se inició hace 4 mil años. Vivimos los tiempos de la máxima jerarquía, coerción y violencia apuntalados por innumerables mecanismos, visibles u ocultos, sutiles o descarnados. Este modelo vertical, fincado en la coerción y en la violencia, está representado por la pirámide. En la punta de la pirámide habitan los seres divinos o humanos que explotan o dominan al resto. La pirámide moderna que se busca imponer por todos los rincones del orbe tiene, sin embargo, fisuras, islas, grietas, contracorrientes. A la fascinación por la pirámide hoy se opone otra figura geométrica, la red, que es, para decirlo pronto, una estructura horizontal, diversa, descentralizada, heterogénea y basada en la equidad.


Ejemplos piramidales notables son los estados, las iglesias, las corporaciones o empresas privadas, los ejércitos y los partidos políticos, que son las instituciones que mantienen la coerción y el orden. Y en la civilización moderna todo aquello que no se estructure en torno a la pirámide, a los sistemas de dominación y jerarquía, tenderá a ser denunciado, asediado, soslayado, reducido y eliminado.


Debemos a G. Deleuze y F. Guattari el haber desarrollado una teoría filosófica de las redes, basada en el modelo vegetal del rizoma. Los rizomas son brotes que se extienden subterráneamente y de manera horizontal, que pueden ramificarse en cualquier punto, así como engrosarse transformándose en un bulbo o tubérculo que puede funcionar como raíz, tallo o rama sin importar su posición en la estructura de la planta. El rizoma es un modelo en el que la organización de los elementos no sigue líneas de subordinación jerárquica, sino que cualquier elemento puede afectar o incidir en cualquier otro. El rizoma carece, por tanto, de centro.


Hoy los avances tecnocientíficos y los sistemas de conocimiento, comunicación e información facilitan como nunca antes la construcción de redes. Ahí están ya la web, las cooperativas de todo tipo y en todas las ramas y dimensiones de la vida humana (de producción financieras, de consumo, de comunicación, de servicios, etcétera), las comunidades, aldeas, municipios y regiones que se autogobiernan, las pequeñas ciudades que se animan a vivir sin petróleo, las asociaciones ciudadanas para producir, circular y consumir energía, agua o alimentos, las nuevas modalidades de trueque pos-moderno, monedas comunitarias y electrónicas (el bitcoin y otras) y las empresas descentralizadas de mercadeo en red basadas en los multiniveles ( multilevel marketing).


El surgimiento, mantenimiento y la multiplicación de las redes hará que la actual civilización se desmorone irremediablemente. Caerán los monopolios políticos y económicos de la modernidad, como antes cayeron reinos e imperios, con sus faraones, reyes, señores, monarcas. Los poderosísimos corporativos, los bancos gigantescos y los estados irán perdiendo su capacidad de coerción y se vendrán abajo, de una manera que será tan espectacular como pacífica. Se caerán por su propio peso, de la misma manera en que los gigantescos dinosaurios desaparecieron porque su diseño ya no funcionaba. Ello depende de que la sociedad se organice y cree mil mecanismos para la multiplicación de las redes. Mientras los ciudadano no se organicen desde abajo, es decir subterráneamente, el poder político (el Estado) y el poder económico (el capital) seguirán manteniendo esta situación dramática de explotación, injusticia e inseguridad. Los grandes pensadores de la emancipación, como P. Kropotkin, Ivan Illich, E.F. Schumacher, M. Gandhi tienen razón: la humanidad sólo logrará salir de esta pesada noche cuando recupere su capacidad de transformar las pirámides en redes. Las redes se tejen y el tejido es una arma muy poderosa, quizás como nadie antes lo había imaginado. El futuro está en manos de los tejedores y será rizomático o no será.

 

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Martes, 16 Enero 2018 06:47

Medio siglo de la revolución de 1968

Medio siglo de la revolución de 1968

Fue una auténtica y verdadera “revolución mundial”, como asegura Immanuel Wallerstein, porque cambió el mundo de forma drástica e irreversible. El sociólogo estadunidense añade, a modo de provocación y polémica, que fue incluso más importante que las dos grandes revoluciones que todos recordamos: la francesa y la rusa.

Esta forma de encarar los sucesos históricos desafía, por cierto, el sentido común de las izquierdas y de las academias. Pero ese es, justamente, el punto fuerte del pensamiento crítico; la capacidad de desafiar las convenciones establecidas, las inercias y el pensamiento cómodo, como señalan los zapatistas.

Sin embargo, cuando hablamos sobre los sucesos de 1968 podemos comprobar que el foco aparece ligado a las manifestaciones de París, donde millones de jóvenes (estudiantes pero también obreros), desafiaron a las autoridades: desde las estatales y universitarias hasta las dirigencias sindicales y las del todopoderoso Partido Comunista.

Desafiaron también el patriarcado. O, mejor, fueron los primeros pasos del largo caminar de las mujeres y de quienes viven sexualidades diferentes a las hegemónicas, en la deconstrucción del sistema patriarcal.

1968 fue una revolución política, cultural, social. Que impactó en la vida cotidiana al introducir modos de vivir nuevos, que muy pronto se hicieron carne entre los jóvenes.

Deberíamos, empero, ampliar la mirada para incluir no sólo lo sucedido ese año, ya se trata de un proceso iniciado tiempo atrás y que continuó durante algunos años. Pero, sobre todo, debemos ir más allá de los sucesos parisinos y europeos e incluir a todo el mundo, con sus especificidades.

Las luchas estudiantiles mexicanas y la masacre de Tlatelolco forman parte del imaginario colectivo de aquel año, quizá por la brutalidad del régimen que envió tanques y paramilitares contra los jóvenes, y por la cercanía con los Juegos Olímpicos.

Falta poner la mirada en hechos no menos relevantes. La fundación del Partido de los Pobres data de 1967, de la mano del profesor de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, Lucio Cabañas. En la misma genealogía, aunque apenas anterior, debería colocarse la primera acción importante de la guerrilla mexicana, el asalto al cuartel de Madera, en Chihuahua, por campesinos, estudiantes y profesores normalistas del Grupo Popular Guerrillero, el 23 de setiembre de 1965.

Recordar la brutalidad del régimen, que anticipaba otras de la misma calaña, al pasear los cadáveres de los guerrilleros en camión por la ciudad a modo de escarmiento.

Enfocar también la ofensiva del Tet, en Vietnam, contra la ocupación militar de los Estados Unidos, que provocó un viraje en la guerra. La ofensiva consiguió mostrar las debilidades militares y políticas del ejército más poderoso del mundo, que llegó a tener medio millón de soldados en Vietnam. Los comunistas vietnamitas tuvieron 50 mil bajas y no consiguieron liberar ninguna ciudad durante largo tiempo, pero crearon las condiciones para la primera derrota militar en la historia del imperio.

En América Latina, la revolución de 1968 provocó cambios políticos de larga duración. La insurrección de los obreros fabriles y de los estudiantes en la ciudad de Córdoba (Argentina), conocida como Cordobazo, hundió al gobierno militar de Juan Carlos Onganía. Mostró que las dictaduras podían ser desafiadas y derrotadas en las calles, ya que los manifestantes pusieron en fuga a los policías y sólo se replegaron ante la aparición del ejército.

Se generó un ciclo de luchas que sólo pudo ser frenado con golpes de Estado en casi todos los países. En la década de 1970 la mayor parte de los países sudamericanos tienen regímenes militares, que tampoco pudieron impedir el el activismo de los movimientos populares.

Cuando conmemoramos 1968, debemos no sólo enfocarnos en lo que sucedió en las grandes alamedas, sino sobre todo en las relaciones sociales en la vida cotidiana, en los vínculos entres varones y mujeres, entre jóvenes y adultos, entre obreros y patrones, entre pueblos y gobernantes. En esos años comenzaron a abrirse grietas en la dominación, se crearon las grandes organizaciones que hoy están en la primera fila de las luchas y los de más abajo (mujeres, indígenas, negros) aceleraron sus movimientos .... hasta hoy.

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Entrevista exclusiva al realizador coreano Hong Sang-soo, por el estreno de El día después “A la madrugada, escribo unas cinco horas”

Considerado uno de los grandes autores del cine contemporáneo, el director de Virgen desnudada por sus pretendientes explica la génesis de sus trabajos: “Una serie de conversaciones con los actores antes del rodaje, durante una cena o tomando algunos tragos”.

 

Muy lejos han quedado los tiempos en que algunas de las primeras películas del realizador surcoreano Hong Sang-soo comenzaban a exhibirse en el Bafici, coincidiendo con el imparable despegue internacional del cine producido en el país asiático: Virgen desnudada por sus pretendientes fue una de las estrellas de la edición 2001 y, dos años antes, en la primera edición del evento porteño, ya se había exhibido su segundo largometraje, The Power of Kangwon Province. Hace rato que su nombre ha dejado de representar la idea de una joven promesa para transformarse en uno de los autores consagrados del cine contemporáneo, asistente usual a los más importantes festivales del calendario anual, por lo general en alguna de las competencias centrales –este año fueron Berlín y Cannes–, y figura adorada por la cinefilia de todo el mundo. En nuestro país, por caso, las funciones de cada una de sus nuevas películas en el Festival de Mar del Plata o el Bafici suelen agotarse rápidamente. Es por todo ello que el lanzamiento comercial de El día después, opus veintiuno en la obra del muy prolífico cineasta (aunque sea apenas su segundo largometraje estrenado en la Argentina, luego de En otro país) es lo más parecido a un regalo de Año Nuevo para los amantes del cine.


Con características culturales locales, pero, al mismo tiempo, temáticas de alcance absolutamente universal, sus películas pueden ser definidas en pocas palabras sólo de manera superficial. Detrás de sus relatos aparentemente sencillos y compactos, usualmente centrados en las relaciones humanas –en particular las amorosas– late una precisa poética cinematográfica, que el director ha ido puliendo y destilando película a película, dándole forma a una obra basada en la variación de dos o tres leitmotivs esenciales con variaciones. Nuevamente, con el trasfondo de una Seúl invernal registrada en un bello blanco y negro, en El día después hay un hombre y algunas mujeres, varias relaciones de pareja (oficiales y todo lo contrario), botellas de soju vacías, conversaciones diurnas y nocturnas sobre temas triviales que súbitamente adquieren toda la importancia del mundo. En comunicación exclusiva desde Corea del Sur, Hong responde a las preguntas de PáginaI12 a su particular manera, fiel a la fama de entrevistado de respuestas sucintas y directas, al punto. Y, en más de una ocasión, algo misteriosas.


–El día después es otra variación de un tema usual en su filmografía: un hombre algo inseguro rodeado de mujeres más decididas. ¿Cuál fue el punto de partida para la historia?
–Durante una conversación con el dueño real de la pequeña empresa editorial que terminó siendo la locación principal del film, alguien comentó que esa mañana había salido muy temprano de su casa para llegar a la oficina. Le pregunté si un día podía acompañarlo en su camino cotidiano hacia el lugar y así fue como, durante ese breve viaje en horas muy tempranas, todavía de noche, tuvimos otra conversación que me ayudó a encontrar el punto de partida del film.


–¿Encuentra alguna lógica en la división de su filmografía en películas en blanco y negro y en color? De ser así, ¿qué características dividirían esos dos grupos?
–Cada película es el resultado de la transmutación de las cosas que recibo en un determinado momento, cuyas características pueden ser muy numerosas.


–¿El día final fue rodada en su estilo usual? ¿Es decir, con un guion de pocas páginas seguido de un trabajo con los actores para completar los diálogos?
–En primer lugar, unos pocos actores contratados y algunas locaciones confirmadas. Una serie de conversaciones con los actores antes del rodaje, durante una cena o tomando algunos tragos. Muchas notas, pero nada demasiado definido o definitivo. Levantarse alrededor de las cuatro de la mañana y escribir entre tres y cinco horas, completando por lo general cuatro o cinco escenas, con sus diálogos y dirección de cámara. Los actores comienzan luego a memorizar las líneas a las nueve, diez de la mañana; ese proceso lleva alrededor de una hora. Suelo dar muy pocas órdenes durante un ensayo muy breve y luego se procede a rodar la primera toma de la primera escena de ese día.


–Este es el tercer largometraje que estrena mundialmente en 2017, luego de On the Beach At Night Alone y Claire’s Camera. ¿Se ve a sí mismo como un realizador que necesita estar siempre ocupado escribiendo, rodando y editando para ser creativo?
–Un mes antes de comenzar a filmar me encuentro varias veces con los actores y busco locaciones durante dos o tres días. Los rodajes usualmente llevan unas tres o cuatro semanas. Algunos días más para la posproducción. Respondiendo a su pregunta, parece ser que es así, ya que unos cinco o seis meses más tarde comienzo a hacer nuevamente lo mismo.


–Sus películas están habitadas por personajes femeninos muy fuertes. A pesar de ello, el centro de las narraciones suele estar ocupado por una figura masculina. Esto parece estar cambiando en sus últimas obras. ¿Lo siente de esa manera?
–Así parece.


–¿Quién compuso o cuál es el origen de la música que se escucha repetidas veces en la película?
–Tenía un pequeño piano electrónico en la oficina y la compuse yo mismo durante el montaje, simplemente para agregarle algo de música a las imágenes. El sonido es realmente muy pobre porque lo registré con mi teléfono celular.


–No es la primera vez que trabaja con el actor Kwon Hae-hyo y nuevamente volvió a dirigir a Kim Min-hee. ¿Encuentra confortable o demandante trabajar con gente a la que conoce muy bien?
–Siempre se descubre algo nuevo al trabajar con gente a la conocemos muy bien y también con aquellos que resultan nuevos en la producción. Y las cosas que descubrimos suelen ser un poco distintas en cada uno de esos casos.


–¿Es consciente de que ha redefinido el uso de los lentes de zoom? ¿Cómo comenzó ese amorío? No era muy común en sus primeras películas.
–Comencé a usar el zoom en mi quinto largometraje, Tale of Cinema. Simplemente quería acercarme más a los actores sin detener el flujo de la actuación. Luego me di cuenta de que con el zoom se podían hacer otras cosas.


–¿Le resulta más sencillo rodar en formato digital desde que se transformó en el estándar de la industria?

–Efectivamente. Es más barato y conveniente.

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