La industria china es la clave de su superioridad militar

Este año el Departamento de Defensa de EEUU aceptó que la Armada del Ejército Popular de Liberación (EPL) ha superado holgadamente a la del Pentágono, con 350 buques de guerra frente a 293 que mantiene en sus filas.

 

Sin embargo, China aún tiene desventaja respecto a Rusia y EEUU en materia de submarinos, pese a contar con 52 submarinos de ataque, entre nucleares y convencionales, y cuatro submarinos de misiles balísticos de propulsión nuclear.

Algunas publicaciones estiman que "China está aproximadamente 30 años por detrás de Estados Unidos en tecnología de silenciamiento submarino", lo que hace que sus naves sean más fáciles de detectar, siendo una de las mayores brechas del Dragón respecto al armamento del Pentágono.

Sin embargo, la pujanza industrial china está empezando a cerrar la brecha en este rubro, como lo hizo en otros muy destacados, desde los superordenadores (top500.org) hasta la inteligencia artificial.

Tres años atrás se supo que la China State Shipbuilding Corporation (CSSC) estaba construyendo, solo en Bohai, un enorme astillero cerrado con capacidad para construir cuatro submarinos nucleares de forma simultánea. La estatal CSSC es el mayor conglomerado de construcción naval del mundo, con 310.000 empleados, 147 institutos de investigación científica y más de 30.000 técnicos.

La CSSC nació a fines de 2019 de la fusión de dos grandes empresas, los dos constructores navales más grandes del país, China State Shipbuilding Corporation (CSSC) y China Shipbuilding Industry (CSIC) con el objetivo de "racionalizar su sector estatal a través de fusiones y reestructuración de activos para abordar el aumento de la deuda y hacerlos más rentables y receptivos a las fuerzas del mercado".

Utilizando criterios de mercado para mejorar la eficiencia, en 1999 el Gobierno había decidido dividir el antiguo CSSC en dos empresas (una asentada en el norte y oeste y la otra en sur y este), con la intención de "aumentar la competencia entre los constructores navales de propiedad estatal", pero decidió la fusión para enfrentar el exceso de capacidad global de construcción naval.

La capacidad de producción de China es notable: los astilleros botaron diez destructores pesados en 2019 y dos buques portahelicópteros de asalto anfibio, están construyendo simultáneamente dos portaaviones de gran envergadura (85.000 toneladas) y dos buques de asalto más (de 40.000 toneladas) que también pueden transportar aviones de combate

En un solo día, el 12 de noviembre, las navieras chinas entregaron tres barcos de gran calado: buque cisterna ultragrande de 300.000 toneladas "Various Guiyang" y dos graneleros de 210.000 toneladas cada uno.

Con la mayor capacidad de construcción naval del mundo, China está siendo capaz de construir dos nuevas clases de submarinos avanzados, los de ataque nuclear y los de misiles balísticos: la Clase 095 y la Clase 096 respectivamente. Según Military Watch, "se espera que los dos programas submarinos no solo cubran la brecha, sino que probablemente coloquen a China a la cabeza en muchos aspectos".

La semana pasada la publicación especializada  informó que se está ampliando el astillero de Bohai en la isla de Hulu, de la CSSC, para la construcción del 096, además de continuar con el 095 que pueden actuar como escolta submarina para los futuros grupos de portaaviones.

El nuevo submarino 096 podrá transportar 24 misiles balísticos con un alcance estimado de más de 10.000 kilómetros, lo que coloca a Estados Unidos y Europa, dentro de su alcance, según South China Morning Post.

Los nuevos submarinos de ataque contarán con avanzados desarrollos tecnológicos, que "permiten a China mantener una presencia poderosa más allá de Asia Oriental, para proteger sus rutas comerciales a través del Océano Índico y más allá", y amenazar a los grupos de portaaviones occidentales en caso de hostilidades abiertas, estima Military Watch.

Llegados a este punto, es necesario recordar que China desplegará siete portaaviones para 2025, entre los superportaaviones y los buques de asalto anfibio, "lo que proporcionará a China una flota de portaaviones más grande que las de todos los demás países combinados, excepto Estados Unidos".

Según los analistas, los nuevos superportaaviones chinos que se lanzarán en 2021, "contarán con capacidades muy por delante de las de cualquier barco actual fuera de los Estados Unidos y a la par con el nuevo supercarrier USS Gerald Ford de la Marina de los Estados Unidos", contará con  sistemas de lanzamiento de catapulta electromagnéticos que permitirán que sus aviones despeguen con mayor carga útil de combustible y municiones.

Esta tecnología solo la utilizan las Armadas de China y EEUU, pero según Military Watch el primer portaaviones de la clase USS Gerald Ford que comienza a sustituir a los viejos Nimitz, "sufre continuas deficiencias de rendimiento y se mantiene muy lejos de listo para el combate más de tres años después de su puesta en servicio".

En efecto, los portaaviones Nimitz utilizan sistemas de lanzamiento a vapor, mucho más antiguos que los actuales Gerald Ford y los dos que pronto botará China, que sin embargo son de propulsión convencional y no nuclear como los estadounidenses.

La segunda cuestión es que el despliegue naval chino no necesita abarcar todo el planeta, como lo ha hecho EEUU desplegando once superportaaviones, sino defender sus costas y las rutas comerciales más importantes, que atraviesan el océano Índico y el Ártico.

En este sentido, debe recordarse que en 2020 mientras China ha acelerado la construcción de submarinos de ataque y portaaviones, el Pentágono sufrió dos incendios en sus portaaviones, uno de los cuales puede poner fuera de servicio permanente a una de las unidades cuando está considerando recortes importantes en su flota.

La tercera y última es la importancia de la industria como eje central que permite el crecimiento y despliegue de fuerzas armadas poderosas. La experiencia de la Segunda Guerra Mundial debería servir para alumbrar hacia dónde se encaminan las diferentes naciones.

En el comienzo del conflicto, fue la potencia de la industria alemana la que le permitió ganar ventaja en el campo de batalla. Luego fue sobrepasada por la pujanza de la industria estadounidense y la rusa, y de sus trabajadores que realizaron un esfuerzo magnífico para multiplicar la producción superando incluso los objetivos trazados por los respectivos Gobiernos.

Sabemos que China es el taller del mundo, mientras la industria de EEUU languidece víctima de la política económica errática que han aplicado sus elites desde que lanzaron la aventura neoliberal en la década de 1980, agravada luego de la crisis de 2008 con una fenomenal especulación financiera.

Por Raúl Zibechi

20:15 GMT 16.11.2020(actualizada a las 20:19 GMT 16.11.2020) URL corto

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El factor humano: la ventaja estratégica de China

El Partido Comunista de China (PCCh) diseñó su plan quinquenal, hasta 2025, además de difundir sus objetivos para los próximos 15 años.

 

En apretada síntesis, consisten en "reforzar las innovaciones, pasar del crecimiento cuantitativo al cualitativo, aumentar los ingresos de la población y descarbonizar la economía".

Como señala Global Times, el país asiático está promoviendo un viraje estratégico de largo aliento; en sus propias palabras "un cambio estructural fundamental en la economía", que consiste en "impulsar drásticamente el mercado de consumo interno para garantizar un crecimiento sostenible a largo plazo libre de riesgos externos", para superar el clima internacional adverso.

Se espera que China se convierta en la mayor economía de consumo del mundo, con una fuerte ampliación de sus clases medias que en este momento suman 400 millones de personas. El énfasis en el mercado interno, y ya no tanto en las exportaciones y en la inversión extranjera, no supone que se abandone el comercio internacional, que tan buenos resultados le ha dado en los últimos treinta años.

El PIB per cápita de China superó la marca de los 10.000 dólares en 2019, aún lejos de los países más desarrollados. Por ejemplo: EEUU alcanza 62.000 dólares y España 30.000, pero China tiene un PIB per cápita muy similar a los de México, Brasil y Argentina.

Para hacerse una idea de la potencia que tiene un crecimiento del mercado interno chino, vale comparar la cantidad de vehículos por habitante. En EEUU hay 965; México y Argentina se acercan a los 300, mientras la media europea oscila entre 600 y 700. China tiene apenas 160 coches por cada 1.000 habitantes y 70% de los hogares no tienen autos, un enorme margen para el crecimiento.

El mercado interno chino tiene una potencialidad única, capaz de permitirle al Dragón sortear los nubarrones que dominan el escenario global.

Por eso el editorial de Global Times que comenta las decisiones del PCCh, plantea que "la autosuficiencia económica y tecnológica es necesaria para que la segunda economía más grande del mundo pueda hacer frente a los desafíos sin precedentes planteados por la pandemia de COVID-19, así como a la desquiciada represión de Estados Unidos contra China en muchas áreas".

El presidente Xi Jinping escribió un artículo en la revista del PCCh, QiushiJournal, en el que sintetiza el viraje económico: "Para garantizar la seguridad industrial y la seguridad nacional de China, debemos construir una cadena industrial y de suministro autodesarrollada, controlable, segura y confiable. Debemos esforzarnos por tener al menos una fuente alternativa de productos importantes y canales de suministro para formar un sistema de respaldo industrial".

La autosuficiencia, bandera del gobierno chino, enfatiza en las "tecnologías centrales", aquellas vinculadas a la inteligencia artificial, para superar el "estrangulamiento extranjero sobre los sectores tecnológicos de China", según el propio Xi. El primer paso, decisivo y estratégico, consiste en conseguir la autosuficiencia en semiconductores, el aspecto más vulnerable del Dragón.

El columnista de Asia Times, David Goldman, uno de los más finos analistas de la región, estima que China está dando "un saldo cuántico", ya que las nuevas tecnologías que aplicará en rubros estratégicos, serán "impulsadas por una industria nacional de semiconductores que desafiará el dominio estadounidense en la industria".

Asegura que "China ya ha lanzado un conjunto de nuevas tecnologías que Occidente no ha comenzado a implementar". Entre ellas, la detección remota de los signos vitales que permite el control de epidemias, algoritmos de inteligencia artificial predictiva, los pagos digitales (incluida una moneda digital oficial) que reemplazarán a la banca convencional y los robots industriales de auto-programación que pueden diseñar sus propios procesos de producción.

Sin embargo, y este es el punto decisivo, destaca que "la ventaja de China sobre Occidente no proviene de una tecnología superior. El despegue económico de China se deriva de lo que el economista premio Nobel Edmund Phelps llama "florecimiento masivo": la voluntad de toda la población de abrazar la innovación".

En otras palabras, está hablando del "factor humano", el título de la novela de espionaje de Graham Greene situada en la Guerra Fría, en la que la actitud de las personas de carne y hueso es tan o más importante que las instituciones en las que se desempeñan.

El libro de Phelps Florecimiento Masivo, publicado en 2013, sostiene que la fuente del dinamismo y la innovación de Occidente "fueron los valores modernos, como el deseo de crear, explorar y enfrentar desafíos". La mayor parte de la innovación no fue impulsada por visionarios aislados como Henry Ford y Steve Jobs, sino "por millones de personas empoderadas" capaces de promover mejoras, como señala la reseña de la Universidad de Princeton.

Destaca que "la innovación y el florecimiento autóctonos se debilitaron hace décadas", tanto en EEUU como en Europa, en gran medida porque "la satisfacción laboral ha disminuido desde finales de la década de 1960".

Aunque Phelps, y Goldman, son defensores de las sociedades y las economías occidentales, no pierden de vista las causas profundas de su decadencia. China es una sociedad floreciente, en la que su población se ha visto beneficiada por un crecimiento que ha elevado considerablemente su nivel de vida. Los chinos se sienten orgullosos de lo que han logrado en las últimas décadas y, a pesar de que subsisten desconformidades, pueden mostrar al mundo su exitoso combate a la pandemia.

El optimismo de la población china viene avalado por hechos concretos. El Dragón ha establecido el sistema de seguridad social más grande del mundo. "El seguro médico básico cubre a más de 1.300 millones de personas y el seguro de pensiones básico cubre a casi 1.000 millones de personas", como señala el comunicado del PCCh de la quinta sesión plenaria del XIX Comité Central.

Cuando Huawei sacó a la venta su último teléfono, el Huawei Mate 40, la tienda virtual JD.com agotó sus existencias en apenas 11 segundos, a pesar de su elevado precio que en Europa ronda los 899 a 1.199 euros. La población china se vuelca con los productos nacionales en detrimento, por ejemplo, del iPhohe 12 de Apple.

Por el contrario, EEUU es una sociedad fracturada, cansada, en la que media población rechaza con odio y desprecio a la otra mitad. Las clases medias y populares se empobrecen, pierden calidad de empleo y acceso a servicios de salud en condiciones.

El "hambre" de los chinos por las nuevas tecnologías y la innovación es, con mucho, el recurso más importante del país en la guerra comercial y tecnológica desatada por la Casa Blanca y el Pentágono. Su propia población, es la retaguardia que le está permitiendo sortear las dificultades y seguir creciendo. No se distraen: saben que su futuro no depende de quien sea el próximo ocupante de la Casa Blanca.

16:59 GMT 02.11.2020URL corto

Por Raúl Zibechi

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El presidente chino, Xi Jinping, encabeza la quinta sesión plenaria del XIX Comité Central del Partido Comunista de China, en Pekín.Foto Xinhua

Mientras EU se derrite en su balcanización electoral –sea quien fuere el vencedor difícilmente detendrá su inexorable decadencia (https://bit.ly/3jP8lU6)–, el Partido Comunista Chino (PCC), exorcizado por los dos partidos en Washington, se prepara a convertirse en una superpotencia –que ya lo es a nivel geoeconómico, astrofísico (alunizaje en el lado oscuro de la Luna) y tecnológico, con su liderazgo en la 5G.

En medio de la guerra multidimensional que libra EU contra China, en el quinto pleno del PCC, su Comité Central (con más de 200 miembros de su élite) celebró a puerta cerrada su más importante cónclave del año que duró cuatro días en Pekín y anunció en un comunicado su plan quinquenal para concretar su autarquía tecnológica (https://bit.ly/3kKAnS9).

SCMP enuncia sus prioridades políticas para conservar el crecimiento de la economía en medio de la pandemia, las disrupciones de la cadena de suministro, las relaciones tóxicas con Occidente (sic) y una inminente caída económica global –además de la crisis alimentaria global por venir–.

Su Comité Central discutió también el proyecto para lograr la cosmogonía del mandarín Xi de convertir a China en un gran país socialista moderno en 2035 (sic), que SCMP considera vago, por lo que se espera un plan más sólido en los próximos días.

De hecho, China ya había proyectado su mirifico plan China 2025 sobre su autarquía tecnológica (https://bit.ly/35U3U5l), al unísono de sus Tres Rutas de la Seda –continental/marítima/y la del Ártico (https://bit.ly/3kN0kQO)– financiadas por 8 millones de millones de dólares (trillones en anglosajón) del colosal banco AIIB (https://bit.ly/37Yq9d3).

China se prepara así a escalar un estadio superior en su desarrollo económico: pasar de un ingreso medio a un alto ingreso.

La autarquía tecnológica representa la piedra de toque del plan quinquenal conforme China se parapeta frente a las “amenazas de desacoplamiento ( decoupling)” y la decreciente (sic) globalización para girar a su economía doméstica (sic) mediante la estrategia de la circulación dual: permanecer abierta (sic) a la inversión y comercio foráneos (sic) mientras gira para edificar un ecosistema económico interno menos vulnerable a las sanciones externas y las turbulencias. ¡Si algo teme China desde el inconmensurable sabio Confucio del Siglo V aC es el caos!

Antes que el planificado 2021, China ya constituye una sociedad moderadamente próspera en todos los ámbitos y se encamina al segundo objetivo del mandarín Xi: convertirse en un país socialista moderno que sea próspero, fuerte, democrático, culturalmente avanzado y armónico en 2049 (sic).

Parte de su estrategia radica en el estímulo al consumo doméstico, conjugado a la reforma interna, la apertura y la innovación.

Wang Zhigang, Ministro de Ciencia y Tecnología, comentó que en su nueva fase China incorporó un nuevo concepto de desarrollo: es la primera vez que un plan quinquenal se consagró al capítulo específico de la tecnología, cuya autarquía es incluyente de los temas universales: cambio climático, cambio energético, salud pública (sic), mejor protección a la propiedad intelectual y un ambiente amigable para la innovación tecnológica (https://bit.ly/2TKz0qo).

Más allá de los anatemas cavernícolas, el gobierno de la 4T, al que todavía le falta la T de Tecnología, en un país como México –que considero la máxima potencia civilizatoria y cultural del continente americano–, debería inspirarse del poder cultural chino (su poder blando) que proviene de una civilización añeja de casi seis mil años, con sus tres principales tareas para los próximos cinco años: optimizar el nivel de la civilización (sic) social, mejorar el nivel de la cultura pública y optimizar su sistema cultural.

Ahora los adversarios de China construyen sus murallas: alrededor de 2 mil 500 años después de la Gran Muralla.

PD: En mi artículo del 28/10/20 (https://bit.ly/31Wyuu4) debí poner: “el ingreso de la industria petróleo/gas de EU es 1.6 veces el PIB nominal de México de 1.04 millones de millones de dólares ( ranking del FMI)”.

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China será la única gran economía que crecerá este año, estima el FMI

El FMI estima que China será la única gran economía que crecerá este año. Foto: Kim Kyung-Hoon / Reuters.

 

Mientras que varios países del mundo se enfrentan a una recesión económica por el impacto de la pandemia de coronavirus, el Fondo Monetario Internacional estima que China será la única gran economía que crecerá este año, según los pronósticos del organismo publicados esta semana, informa CGTN.

El FMI anticipa que el producto interno bruto (PIB) de China aumentará 1,9% en 2020, mientras que otras economías emergentes y avanzadas se espera que caigan 5,7% y 5,8%, respectivamente.

Además, el organismo internacional pronostica que el crecimiento de la nación asiática se acelerará a 8,2% el próximo año.

El Gobierno del gigante asiático introdujo una serie de paquetes de estímulo, proporcionando fondos para ayudar a los consumidores y las empresas frente a las pérdidas económicas, que culminaron en un crecimiento de 3,2% en el segundo trimestre. Se espera una recuperación más fuerte en el tercer trimestre, estimada en alrededor del 5%.

China fue el primer país en enfrentar la pandemia de COVID-19, y también fue el primero en contener la propagación del virus a nivel nacional, mientras que el número de infecciones sigue aumentando en todo el mundo.

El FMI también pronostica una contracción global de 2020 del 4,4%, una mejora con respecto a una contracción del 5,2% prevista en junio, cuando los cierres de negocios alcanzaron su punto máximo.

La economista jefe del FMI, Gita Gopinath, señaló que “estos son tiempos difíciles, pero hay algunas razones para tener esperanzas” , refiriéndose a los progresos realizados en tratamientos y ensayos de vacunas.

18 octubre 2020

(Con información de RT)

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Martes, 13 Octubre 2020 05:34

Los límites del poder de China

Los límites del poder de China

«Si Joe Biden gana, el peligro que la guerra fría se convierta en guerra caliente se reducirá drásticamente»

Todo lo relacionado con China depende del resultado de las próximas elecciones presidenciales. La apuesta de Trump 2.0 es impulsar básicamente el “desacoplamiento” ¿Su objetivo? Empobrecer a la «maligna» China con una guerra híbrida múltiple que socave el superávit comercial chino y coopte grandes sectores de Asia.

El equipo Biden, aunque no desea caer en la trampa de una nueva Guerra Fría (según el programa oficial de Demócrata), sería sólo un poco menos categórico. Su programa declara que «salvará orden internacional basado en las reglas» , pero mantendrá las sanciones promulgadas por Trump.

Muy pocos analistas chinos están mejor situados para estudiar el tablero geopolítico y geoeconómico que Lanxin Xiang: experto en las relaciones entre China, Estados Unidos y Europa, profesor de Historia y Relaciones Internacionales en el IHEID de Ginebra y director del Centro de Estudios de Un Cinturón, Una Carretera en Shanghai.

Xiang obtuvo su doctorado la Johns Hopkins, y es tan respetado en los EEUU como en China. Durante un reciente seminario vía Internet, expuso un análisis que Occidente tiende a ignorar.

Xiang se se centró en la administración Trump para definir un objetivo él califica de «arriesgado, peligroso y altamente ideológico». No por Trump –que «no está interesado en cuestiones ideológicas»– sino por el hecho que la «política de China ha sido secuestrada por los partidarios de la guerra fría que pretenden cambiar el régimen chino»

Xiang explora la razones de la actual situación: «Cometimos un gran error en los últimos 40 años. Desde el acuerdo con Nixon los chinos quisimos leer de nuevo la Historia. Quisimos negar toda la historia de las relaciones entre EEUU y China. Esto ha creado incertidumbre estratégica y nos ha conducido a errores de cálculo.»

Para agravar el problema, Xiang teme que a China «le falta de estrategia general. Los chinos no están realmente seguros de lo que EEUU quiere hacer, porque su actual política va más allá de la mera contención”. Xiang la define como «una estrategia muy bien pensada por George Kennan, el padre de la Guerra Fría. En toda esta política hay un patrón occidentalista contra las culturas no caucásicas». Esta política es muy peligrosa. Es un refrito de Samuel Huntington, y deja muy poco espacio para el compromiso. En pocas palabras, esta es la «forma americana de tropezar con una nueva Guerra Fría».

¿Una sorpresa “de octubre”?

Todo lo anterior se conecta con la preocupación de Xiang sobre una posible sorpresa de Octubre: «Probablemente podría ser sobre Taiwán. O un conflicto limitado en el Mar de la China Meridional. Los militares chinos están muy preocupados. La Sorpresa de Octubre como conflicto militar no es impensable, porque Trump puede querer una presidencia en guerra».

Para Xiang, «si Joe Biden gana, el peligro que una Guerra Fría se convierta en Guerra Caliente se reducirá drásticamente. Hay cambios en el consenso bipartidista en Washington. Históricamente, a los republicanos no les ha importado la cuestión de “los derechos humanos y la ideología”. Los chinos siempre prefirieron tratar con los republicanos. Le era difícil tratar con los Demócratas por cuestiones ideológicas. Ahora la situación se ha invertido”.

Xiang cuenta que personalmente invitó a un alto consejero de Biden a Beijing: “Es muy pragmático. No demasiado ideológico». Pero en caso de un posible segundo gobierno de Trump también todo puede cambiar: «Mi corazonada es que estará totalmente relajado, incluso podría revertir la política ante China. No me sorprendería. Volvería a ser “amigo” de Xi Jinping».

Tal como está, el problema es que «el Encargado de las Relaciones Internacionales se comporta como un propagandista ideologizado , que se aprovecha de un presidente errático».

Por esto Xiang no descarta una invasión de Taiwán por tropas chinas. Analiza el siguiente escenario: “Si gobierno taiwanés anuncia: somos independientes, justo en el momento de una visita del Secretario de Estado estadounidense, esta declaración provocaría una acción militar limitada, que podría convertirse en una escalada. Hay que recordar Sarajevo. Esto me preocupa muchísimo. Si Taiwán declara la independencia, el Ejército chino invadirá la isla en menos de 24 horas”.

Beijing calcula mal

A diferencia de la mayoría de los estudiosos chinos, Xiang es refrescantemente franco hablando sobre los defectos de Beijing: «Varias cosas deberían haber sido mejor controladas. Los chinos no deberíamos haber abandonado el consejo original de Deng Xiaoping. China debería esperar su momento y mantener un perfil bajo. Deng, había establecido un plazo para este cambio, al menos 50 años.»

El problema es que «la velocidad del desarrollo económico de China condujo a cálculos precipitados y prematuros. Y a una estrategia no bien pensada. La diplomacia del «guerrero lobo» pareció una postura extremadamente asertiva. Pero China comenzó a molestar tempranamente a los EE.UU. –e incluso a los europeos. Eso fue un error de cálculo geoestratégico.» Para Xiang «la sobre-extensión del poder chino geopolítico y geoeconómico es un problema”. Le gusta citar a Paul Kennedy: «Cualquier gran superpotencia, si se sobre-extiende, se vuelve vulnerable».

Xiang llega a afirmar que BRI –la Iniciativa del Cinturón y la Carretera- (Nuevas Rutas de la Seda), cuyo concepto elogia con entusiasmo, puede estar sobrecargada: «Pensaron que era un proyecto puramente económico. ¿Pero calcularon su alcance global tan amplio?»

Entonces, ¿la BRI es un caso de sobrecarga o una fuente de desestabilización? Xiang cree que «los chinos nunca se han interesado por las políticas internas de otros países. No estamos interesados en exportar un modelo. Los chinos no tienen un modelo maduro, con una estructura definitiva. A menos que hablamos de la exportación de la cultura tradicional china».

El problema, una vez más, es que China pensó que era posible «colarse en áreas geográficas a las que los EEUU no le prestaban demasiada atención, sin provocar necesariamente un revés geopolítico (África, Asia Central). Pero esa política fue ingenua».

A Xiang le gusta recordar; «el modelo de inversión en infraestructura fue inventado por los europeos. Los ferrocarriles. El Transiberiano. Los canales, como en Panamá. Detrás de estos proyectos siempre hubo una competencia colonial. Nosotros estamos desarrollando proyectos similares sin colonialismo». Aún así, «Los planificadores chinos enterraron su cabeza en la arena. Nunca usan la palabra geopolítica. Así que entre los políticos chinos se cuenta la broma: Puede que no te guste la geopolítica, pero a la geopolítica le gustas tú».

Preguntar a Confucio

El aspecto concluyente de la «situación post-pandémica», según Xiang, es olvidarse del lobo guerrero. “China puede ser capaz de reiniciar la economía antes que nadie. Desarrollar una vacuna que funcione realmente. China no debería politizarla. Sobre la vacuna debe mostrar que cultiva valores universales. Debe mostrar en la práctica el multilateralismo ayudando a todo el mundo. Así, sin lugar a dudas , mejorará su imagen».

En cuanto a la política interna, Xiang es categórico, «durante la última década, el asunto de las minorías, se ha ido estrechando hasta un punto que no ayuda a la imagen de China como potencia mundial». En una reciente encuesta en occidente industrializado «las opiniones favorables incluyen sólo dos países asiáticos: Japón y Corea del Sur”.

La principal tesis de Xiang es que «la legitimidad en la tradición china de la filosofía política es una cuestión dinámica. Trasladar los valores políticos occidentales al sistema chino no funciona».

Sin embargo, Xiang subraya , «el gobierno chino se enfrentó a una crisis de legitimidad». Con esta afirmación se refiere a la campaña anticorrupción de los últimos cuatro años: «La corrupción oficial –que es un efecto secundario del desarrollo económico- sacó a relucir el lado malo del sistema. El gran prestigio de Xi Jinping es que entendió que no podíamos permitirlo que la corrupción continuara. Si hubiese seguido el PCCh habría perdido legitimidad

En China dice Xiang “Desde Confucio, la legitimidad se basa en el concepto de moralidad. Los comunistas no pueden escapar a esta lógica. Nadie antes de Xi Jinping se atrevió a enfrentar la corrupción. El tuvo las agallas para erradicarla. Arrestó a cientos de generales corruptos. Algunos intentaron dar un par de golpes de estado».

Al mismo tiempo, Xiang está contra del «endurecimiento de la atmósfera en la libertad de expresión”. Menciona el ejemplo de Singapur, “Es sistema autoritario ilustrado. Singapur es una pequeña ciudad-estado, como Hong Kong. Imitaron el sistema legal británico y funciona muy bien para una nación de ese tamaño». Xiang cita a Aristóteles: «La democracia nunca puede funcionar en países muy grandes. En las ciudades-estado, sí.»

Armado con Aristóteles Xiang analiza Hong Kong: «Hong Kong tenía un estado de derecho –pero nunca una democracia. El gobierno era nombrado directamente por Londres. Así es como Hong Kong funcionó realmente –como un dínamo económico. Los economistas neoliberales consideran a Hong Kong como un modelo. Es un sistema político para los millonarios y los comerciantes. Aunque el gobierno colonial no gobernó de manera autoritaria nunca hubo democracia. Era el paraíso de “la economía de mercado”. Hong Kong fue gobernado por el Jockey Club, HSBC, Jardine Matheson, con el gobierno colonial como coordinador. Nunca se preocuparon por la gente común».

Xiang señala que «el hombre más rico de Hong Kong todavía paga sólo el 15% del impuesto sobre la renta. China quiso mantener ese patrón, con un gobierno colonial nombrado por Pekín: mantener la política de los magnates. Pero ahora hay una nueva generación. Gente nacida después del acuerdo con el Reino Unido, ciudadanos que no sabe nada de la historia colonial. La élite china que gobierna desde 1997 no prestó atención a los ciudadanos y descuidó a la generación más joven. Durante todo un año los chinos no hicieron nada. Entonces, el orden se derrumbó. Esta es la razón por la que los chinos continentales decidieron intervenir. De eso se trata la nueva ley de seguridad«.

¿Y qué hay Rusia, el otro actor maligno favorito de occidente ?

Responde Xiang: «Hasta hace unos seis meses Rusia y China preferían que ganara un Trump que no provocara más guerra. La Guerra Fría fue un gran triángulo estratégico. Después de que Nixon fue a China, los Estados Unidos se sentaron en el medio y se dedicaron a manipular a Moscú y a Pekín. Ahora todo ha cambiado. China y Rusia tienen acuerdos estratégicos».

Por Pepe Escobar | 13/10/2020

Fuente: https://observatoriocrisis.com/2020/10/10/los-limites-del-poder-de-china/

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Minería, patrón de crecimiento y finanzas públicas en Colombia

Antecedentes

 

En el mundo la crisis sanitaria de la pandemia del COVID-19 ha llevado a una crisis económica y social que no se sufría desde la Gran Depresión de 1929, y Colombia no ha sido ni va a ser la excepción.

Luego de ser implementadas por el Gobierno nacional varias de las políticas impulsadas por el Banco Mundial, como reducción de la tarifa impositiva media a las empresas, aumento de las exenciones fiscales empresariales, ampliación de la base gravable para las personas naturales con ingresos menores a los del límite inferior obligatorio para declarar impuesto a la renta, eliminación del impuesto al patrimonio para las personas jurídicas, entre otras, el Banco Mundial proyectaba un crecimiento económico para los años 2020 y 2021 de 3.6% y de 3.8%, respectivamente. Sin embargo, “con la pandemia de COVID-19 se espera que se afecte significativamente el consumo privado y la inversión”, a tal punto que, según el mismo Banco, en Colombia habría una contracción del 2.0 % en 2020, para luego lograr una recuperación en el 2021 de un 3.4% en 2021.

La proyección prevista inicialmente por el Gobierno nacional era del 4.0% y 4.2% para 2020 y 2021 (MFMP 2019), pero con la irrupción de la pandemia y la necesidad de implantar el confinamiento, ahora espera una contracción entre el 1.5% y 2.0% para el año 2020, llegando a señalar que “este será el peor año en la historia económica del país”.

En este contexto, el Gobierno nacional y grupos de presión empresariales y gremiales han expresado en los últimos días la conveniencia de adoptar medidas excepcionales para promover ciertas acciones de política públicas con el propósito de promover proyectos en determinados sectores y actividades, en particular el sector minero-energético con la 2 propuesta gubernamental (Mininterior) de adelantar las consultas previas en calidad de derecho fundamental de los pueblos indígenas vía plataformas digitales (online) para realizar proyectos, obras o actividades dentro de sus territorios ancestrales –muchas de ellas sin tener acceso a servicios de internet– o con el planteamiento empresarial de imponer la modalidad de licencias ambientales express para aligerar la aprobación de proyectos y obras.

Ello con el propósito de lograr una pronta decisión gubernamental para sacar adelante sus planes y proyectos de inversión a la mayor brevedad posible, aún y a costa de la institucionalidad jurídica vigente y de la plena observancia de derechos, políticos sociales y ambientales. Dicho procedimiento podría conducir aparte de una determinada ruptura institucional democrática, a un agravamiento de tensiones sociales y de carácter étnico y campesino que se han ido acumulando en ciertos territorios alrededor de la cuestión social y ambiental, ahora acentuadas de por sí por los rigores de los impactos sociales y sanitarios de la pandemia.

Una argumentación al menos implícita de estas posturas sobre política pública se basan en la convicción de que proyectos como los relacionados con el sector minero-energético han de traer indiscutibles beneficios tanto a las regiones en las que se habrían de desarrollar los mismos como a la economía nacional en su conjunto, para no decir al país en general, al contribuir a generar empleo, ingresos fiscales a nivel local y nacional –con el pago de regalías e impuestos–, divisas internacionales –con la inversión extranjera y la exportación de minerales–, ingresos y consecuentemente crecimiento económico. Es decir, se trataría de un círculo virtuoso inversión-crecimiento-riqueza.

Por supuesto, este círculo virtuoso no se compadecería con la conocida sentencia sobre “la maldición de los recursos naturales” –utilizada incluso por algunas organizaciones internacionales– para representar aquellas situaciones especiales en las que el desarrollo de actividades minero-energéticas no solamente no genera desarrollo económico local, ni mejora de manera apreciable la calidad de vida y el acceso a servicios públicos integrales – con la reducción de pobreza, la desigualdad y la exclusión social– de las poblaciones en los territorios intervenidos, sino que además tiende a generar una “aperezamiento fiscal” y, entre otros, un decisivo desplazamiento de actividades sectoriales más trabajo intensivas/menos capital intensivas como algunos sectores manufactureros o desarrollados acorde con la aptitud del suelo como el caso de ciertas actividades agropecuarias, por ejemplo.

Y sin que necesariamente la actividad minero-energética se logre constituir en una verdadera fuente dinámica de crecimiento económico, de generación de empleo, de encadenamientos productivos a nivel doméstico, de redistribución de ingreso y de fortalecimiento significativo y perdurable de las finanzas públicas a nivel macro, y por el contrario, sí pueda reproducir fenómenos nocivos como una excesiva y no estructural/temporal revaluación de la moneda nacional y una alteración sustancial en precios relativos de bienes y servicios básicos con sus impactos perversos en la asignación de recursos productivos en la economía en una perspectiva duradera.

Más aún, una situación de ese tipo podría resultar aún más grave en la medida en que se llegaran a generar perversos y perdurables impactos socio-ecológicos en fuentes de agua, acuíferos, ecosistemas de especial interés, contaminación y ambiente, que por supuesto han de tomarse con la más prioritaria atención y valoración.

Infortunadamente el modelo neoextractivista que se ha venido desarrollando en Colombia, entre otros países, no ha logrado demostrar la estricta validez de dicha argumentación política y programática tan esgrimida en ciertos círculos. Y ello todavía más en la medida en que se tomen en debida consideración y valoren los impactos ambientales y socioecológicos generados por muchos de ese tipo de proyectos minero-energéticos en una perspectiva duradera.

El cuestionamiento anterior se torna aún más grave y decisivo de cara a la nueva etapa de neoextractivismo que se abriría en el país con macroproyectos mineros y de fracking líderes con tecnologías más complejas e intensivas en capital no suficientemente probadas en ecosistemas de relativa fragilidad –como zonas de cordilleras y hasta de páramos–, con consecuencias ecosistémicas novedosas todavía no dilucidadas técnicamente en el territorio –en acuíferos, biodiversidad, contaminación por la masiva acumulación de desechos y escombros, entre otros– y con afectaciones serias sobre el modelo de desarrollo económico y social en el territorio. Con el agravante de que en variadas regiones se podría abrir paso al aprovechamiento mediante varios proyectos en usufructo de múltiples títulos mineros ya otorgados, que podrían tener impactos de carácter sistémico y perdurable/irreversible sobre la configuración socio-económica y ecológica de los territorios afectados (1).

Ante tal panorama, este quinto documento pretende: (i) presentar unas breves reflexiones conceptuales sobre la tipología de los impactos económicos de proyectos mineros de una nueva etapa de neo-extractivistivismo de tipo enclave, especializados en la exportación de minerales no procesados domésticamente y con tecnologías complejas no suficientemente probadas en ecosistemas frágiles, entre otros rasgos característicos, y (ii) analizar únicamente los impactos en el tipo de modelo de desarrollo, la generación de empleo y los impactos fiscales a nivel local y nacional, sin adentrarse en problemáticas adicionales de particular relevancia local como los severos impactos en la salud de los habitantes, la agudización de inseguridad, la presión inflacionista de precios de bienes y servicios básicos, etc.

1. Acerca de la caracterización de impactos socio-económicos de proyectos mineroenergéticos en la nueva etapa del neo-extractivismo

La actividad minera en Colombia pareciera entrar a una nueva etapa del neo-extractivismo de tipo enclave, especializada en la exportación del mineral sin mayor procesamiento – manufacturado, diferente a labores de depuración, selección y preparación para ser enviado al exterior, en donde se procede a procesar industrialmente–, con muy escaso valor agregado doméstico, y en el caso de macro-proyectos líderes, con tecnologías complejas y de nueva generación no suficientemente probadas en ecosistemas frágiles, altamente intensivos en capital y tecnología, y de baja intensidad en empleo.


Por supuesto con cambios en el patrón de crecimiento a nivel regional mediante el frecuente desplazamiento de sectores tradicionales como el agropecuario y de ramas manufactureras relativamente intensivos en mano de obra y valor agregado, y con algunos impactos sobre la actividad económica a nivel local en los territorios intervenidos –en el pequeño comercio, transporte, por ejemplo– pero que no son los más determinantes bajo esa modalidad de actividad.

Al menos teóricamente, sería de esperar que en esta nueva etapa buena parte de los eventuales impactos económicos de la actividad minera de enclave tenderían a concentrarse tanto en la generación de empleo y de ingreso y en la reducción de la pobreza y la desigualdad a nivel local y territorial, como en el campo fiscal a nivel nacional y local –con el pago de regalías e impuestos a la renta y complementarios– y en la generación de divisas al país a través de la exportación de casi la totalidad de lo producido y de la inversión extranjera requerida. La magnitud de dichos impactos en el último campo habrán de depender de las tasas efectivas aplicadas por concepto de impuestos y regalías, y de la magnitud y temporalidad entre los flujos de inversión extranjera y de exportación de minerales explotados y los de remisión de utilidades, dividendos y afines y de reinversión de utilidades de las empresas extranjeras involucradas.

Aunque en este último campo sería claramente postitivo en términos de ingreso neto divisas al país durante los primeros años de la inversión y producción, y evidentemente negativo en la etapas ulteriores, ya que de otra manera no le resultaría rentable financieramente a una empresa transnacional inversora con una perspectiva intertemporal y a escala global.

El impacto fiscal neto sería el valor presente de las cuantías (en $ corrientes, por ejemplo) de los impuestos y regalías pagados por la empresa inversora a lo largo de la duración del proyecto, en tanto que el impacto cambiario neto sería el valor presente de los flujos de ingreso y egreso de divisas por concepto de inversión, exportación, remisión de utilidades, dividendos al exterior y reinversión en el país.

Infortunadamente, aún en la etapa extractivista previa que se ha desarrollado hasta ahora en el país, no se han constatado buen número de los eventuales impactos benéficos ni tampoco su intensidad, al menos como inicialmente se esperaba.

Sobra reiterar que hasta ahora no se han mencionado sino los impactos estrictamente económicos, lo que no es óbice para recalcar la importancia determinante para el análisis de la “bondad” de proyectos de inversión como los minero-energéticos, del costo de oportunidad societal e intertemporal de recursos escasos no renovables, de los impactos socio-ecológicos sobre la naturaleza, los ecosistemas, la biodiversidad, las fuentes de agua y el ambiente, y de la resiliencia del sistema en una perspectiva perdurable.

Hecha esta salvedad fundamental, es de resaltar que algunos de los macro-proyectos que han estado avanzando en etapas de exploración, algunos ya en trámite de licencia ambiental y otros en preparación, corresponden a unos típicos de enclave exportador, de firmas transnacionales, de gran escala a nivel internacional, altamente capital intensivos –de baja generación relativa de empleo–, con tecnologías complejas insuficientemente probadas en ecosistemas frágiles, con diversidad de impactos ecológicos duraderos –sobre fuentes de agua, acuíferos subterráneos, biodiversidad, entre otros– y con volúmenes de desechos y residuos sin precedentes en el país para la clase de ecosistemas a ser intervenidos masivamente.

Y todavía más en cuanto que criterios como el de resiliencia socio-ecológica y el de la reproducibilidad de las fuentes de agua, de la biodiversidad y de los ecosistemas adquieren aún mayor preponderancia de cara a la crisis climática y ecológica que se ha venido reproduciendo en el mundo, y que hoy en día ha sido visibilizada al menos parcialmente a raíz de la pandemia del COVID-19 (2) y de los efectos del confinamiento obligatorio en la mayoría de los países.

Por ello, es que los impactos socio-ecológicos esperables podrían ser aún más trascendentales, sistémicos y duraderos que algunos proyectos ya desarrollados en el país con determinadas consecuencias irreparables en el mediano y largo plazo.

En consecuencia, es claro que no tiene ningún sustento teórico, ni pragmático de política pública acelerar los procesos de estudio de impactos de los proyectos por venir ante su complejidad, magnitud y muy probable irreversibilidad en diversos ámbitos socioecológicos en el país.

Retornando entonces a los otros impactos importantes, en específico en el campo fiscal y de balanza de pagos, que son recurridos interesadamente sin debido análisis conceptual ni empírico por parte de empresarios y gremios involucrados y no pocos funcionarios públicos responsables, aquí se ilustra la experiencia acontecida la anterior etapa neoextractivista observada en el país desde los 90s hasta finales de la década anterior 2010s, con respecto a los impactos en la composición y dinámica sectorial del PIB, la fiscalidad a nivel nacional y local, y la situación social de las poblaciones de los territorios intervenidos.

2. Modelo de crecimiento: Desplazamiento de actividades productivas generadoras de empleo y redistribuidoras del ingreso

Desde 1990, año de la apertura económica, la estructura de la economía colombiana comenzó a cambiar en varios aspectos, entre ellos: el decaimiento de la actividad agropecuaria e industrial –al punto de que se fueron agudizando procesos de desagriculturización y desindustrialización (Garay et al., 1998) (3), la ampliación del sistema financiero, así como el avance de la actividad minera y de ciertas ocupaciones intensivas en mano de obra desarrolladas mediante actividades informales con elevada precariedad laboral como construcción no empresarizada, comercio al por menor y por cuenta propia, y turismo informalizado, entre otras.

Dicha precariedad laboral implica que los trabajadores carezcan de varios de los componentes de lo que la OIT ha llamado un “ingreso social” digno, en tanto que no perciben los beneficios de la seguridad laboral al primar la informalidad, la contratación laboral precaria: al día día, al destajo, con ingresos inferiores a los de mínimo vital, violando toda la normatividad internacional vigente. El caso de sistemas de contratación de médicos, enfermeras, odontólogos y demás personal de la salud en el país es un hecho que hoy ha salido a la luz pública a raíz de la pandemia.

En efecto, bajo el modelo de apertura económica se han venido observando cambios determinantes en la estuctura económica nacional en la medida en que el sector agropecuario ha pasado de representar del 17% del Valor Agregado Nacional (VA) en 1990 al 7% en 2019, la minería del 5% del VA en 1990 al 13% en 2012 y al 7% en 2019, la industria manufacturera del 19% del VA en los 90s a tan sólo el 13% en 2019. No sobra señalar que el sector agropecuario como la industria manufacturera son actividades que contribuyen a redistribuir el ingreso.

Entre tanto, la participación de la remuneración a los trabajadores en el Producto Interno Bruto ha disminuido sustancialmente en dicho periodo. Es así como a finales de los noventa alcanzó un nivel cercano al 37%, para luego caer de manera sostenida durante toda la primera década del 2000 al 31% en 2010 y luego ascender hasta cerca del 34% en 2018 (Gráfico 1). Por supuesto, mientras que la remuneración a los trabajadores desciende, el excedente bruto de explotación aumenta.

 

 

Esta tendencia se ve claramente reflejada en el caso del sector de minería al caer la remuneración laboral de un 16.2% del valor agregado (VA) en 1990 a un 13.3% en 2005 y 16.0% en 2018, por ejemplo, con una intensidad superior a la promedio nacional. En el caso del sector petrolero la remuneración de los trabjadores representaba el 16.4% del VA en 1990 y alcanzó un valor de 14.7% en 2018. En este sentido, tendría un relativamente menor impacto directo en la redistribución del ingreso, aunque sí potencialmente indirecto correlativo con la generación de valor agregado doméstico y con el pago de regalías e impuestos a nivel nacional y local.

Los cambios de las remuneraciones han estado asociados a variaciones en la composición del empleo. De acuerdo con el DANE, de los 15 millones 800 mil trabajadores ocupados en 2001, el 0.49% se encontraba laborando en el sector agropecuario, el 13.04% en la industria manufacturera, el 25.88% en el Comercio, el 4.03% en la construcción y el 1.03% en la minería. En 2019, esta misma composición fue: 0.53%, 12.35%, 27.45%, 27.45%, 7.11% y 0.67%, respectivamente.

Guardadas proporciones, estos cambios de composición a nivel nacional también se tienden a observar en el nivel territorial, con la característica de que el desplazamiento de las actividades agropecuarias e industriales se ha dado hacia sectores como el comercio, la 10 hotelería y la construcción, contribuyendo a profundizar tanto la informalidad como la pobreza.

 

 

En efecto, resulta de gran utilidad resaltar que entre la población clasificada como pobre según el índice de IPM, la informalidad en el trabajo supera el 50% y llega incluso hasta el 90%, como se muestra en el Gráfico 2. Y con la peculiaridad de que la mayoría de los departamentos con municipios eminentemente minero-energéticos muestran, en el caso de la población pobre, unos niveles de informalidad cercanos al 90% en 2018.

El potencial desplazamiento de actividades económicas productivas como la agropecuaria debido principalmente a la profundización de la actividad minero-energética (hidrocarburos, carbón, níquel, entre otros) muestra cómo en departamentos como Casanare, Meta, Cesar, Córdoba y La Guajira, en los que en 1990 el sector agropecuario representaba el 65%, 34%, 46% y 35%, respectivamente, presentaron una reducción porcentual promedio cercana al 34% entre 1990 y 2018, sobresaliendo Casanare con - 54.4%, Cesar con -38.0% y Córdoba con -23.5% (Cuadro 1).

 

 

A esta situación se agrega el hecho que las tasas de crecimiento promedio entre 1990-2018 no difieren sustancialmente entre los departamentos mineros en comparación con la economía local líder de Colombia como la de Bogotá D.C., a excepción del caso del Meta como departamento petrolero que alcanzó una mayor tasa de crecimiento promedio hasta del 6.8% y de La Guajira como departamento carbonífero con una tasa muy inferior de apenas el 2.9%, en comparación con una del 4.8% en el caso de Bogotá. Ello implicaría que, al menos en principio, las actividades de hidrocarburos y, en menor medida y no de manera general, las mineras sí habrían impulsado significativamente el PIB de los departamentos en los que se desarrollaron durante el periodo en referencia.

Pero con el ingrediente de que una vez se ha producido el decaimiento de dichas actividades, ha tendido a decaer correlativamente el crecimiento del PIB en los respectivos departamentos especializados. Es así como cabe destacar que en el caso del departamento de Arauca donde la producción minera representaba el 81% en 1990 pero que en 2018 apenas llegó a ser del 40%, el crecimiento promedio del PIB fue significativamente negativo entre 1990 y 2018 (-1.5% promedio anual), como el único caso excepcional en el país con el departamento de Guaviare (Gráfico 3).

 

 

En términos per cápita se observa cómo la actividad minero-energética debió haber contribuido a que los departamentos especializados se ubicaran entre los departamentos con 13 mayor PIB per cápita en el país en 2018 –en $ constantes de 2015–, en particular los especializados en hidrocarburos: Casanare y Meta, incluso con mayor PIB per cápita que Bogotá D. C., y en menor medida Cesar y Córdoba –con un PIB per cápita cercano al promedio nacional en 2018–, como departamentos eminentemente mineros (Gráfico 4). Se constata nuevamente la muy notable caída del PIB per cápita del departamento de Arauca.

 

 

Paralelamente resalta la fuerte caída del PIB agropecuario por habitante –en $ constantes de 2015– entre 1990 y 2018 en departamentos como Córdoba, Cesar y Sucre, incluso claramente superior a la promedio nacional. En contraste, los departamentos caracterizados por tener importantes economías campesinas no sufrieron caídas como Boyacá y Santander o las tuvieron mucho menores que el promedio nacional, como Cundinamarca y Nariño (Gráfico 5)

 

 

En consecuencia, es posible apreciar, como una primera aproximación, que departamentos eminentemente mineros en el periodo 1990-2018 no solamente aumentaron su PIB per cápita –en $ constantes de 2015–, sino que al mismo tiempo vieron reducir su PIB agropecuario por habitante –en $ constantes de 2015–, incluso de manera más acentuada que el promedio nacional, lo que insinuaría la presencia de una clara dinámica económica 14 impulsada por actividades mineras y acompañada de un desplazamiento relativo de actividades agropecuarias por parte de actividades mineras (legales) en tales departamentos.

3. Pobreza y condiciones de vida de las poblaciones de municipios minero-energéticos

Complementariamente, resulta necesario indagar el impacto en pobreza y condiciones de vida de las poblaciones de los territorios en que se desarrollan las actividades mineroenergéticas. Una primera aproximación se puede adelantar con base en el Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) como un indicador del bienestar de la población. El último Censo poblacional de 2018 realizado en Colombia muestra que el IPM de los principales municipios minero-energéticos en Colombia alcanza un valor promedio superior no sólo al de la gran mayoría de departamentos del país, sino que además supera comúnmente a los de municipios de muy variadas regiones (Cuadro 2).

 

 

Es así como el IPM promedio de municipios eminentemente mineros llega a ser cerca de 1.72 veces mayor que el de municipios eminentemente petroleros, y 2.48 veces mayor que el de regiones no minero-energéticas y hasta 12,4 veces el de Bogotá D.C. en 2018. En otras palabras, al menos hasta 2018 los municipios mineros hayan podido acercarse suficientemente a los petroleros, y menos aún a la mayoría de regiones no mineras –en especial Bogotá D.C.–, en términos de no haber logrado todavía unos niveles de pobreza multidimensional claramente inferiores a los observados en 2018.

Esta conclusión coincide con los hallazgos analizados por Rudas y Espitia (2014, pp. 71- 72) (4), en el sentido de que “mientras que los municipios petroleros tienden a acercarse a los municipios con mayor desarrollo de actividades no extractivas en términos de la calidad de servicios para su población, en marcado contraste los municipios mineros a gran escala se asemejan más, por las precarias condiciones de vida de su población, a los principales municipios cocaleros del país. … (Se constata así) una situación generalizada de confluencia de esta actividad minera, con elevados niveles de pobreza y bajos niveles en la calidad de vida (en términos de calidad de servicios en salud y educación y de vivienda) de la mayor parte de la población residente en las zonas de extracción, significativos déficits en la capacidad de las instituciones públicas para brindar atención a los grupos más vulnerables de la población …” (Lo entre paréntesis es propio).

A lo que habría que agregar que los fenómenos de corrupción, captura y cooptación institucional reproducidos en los niveles regionales y locales han conducido al malgasto, desvío y apropiación ilícita de importantes recursos públicos, entre ellos regalías, por lo que se podría haber afectado perversamente tanto la prestación de servicios públicos como otras políticas a favor de la población vulnerable, impidiéndose un mejoramiento de sus condiciones de vida y una reducción de la desigualdad y la pobreza.

4. El impacto del sector de la minería y de hidrocarburos en las finanzas públicas a nivel local y nacional

Uno de los principales impactos potenciales de las actividades minero-energéticas hace relación especialmente a su contribución al reforzamiento de las finanzas públicas en los niveles local y nacional, mediante el pago de los impuestos a la renta y complementarios, de las regalías y otros.

Si bien Colombia tiene unas de las tasas nominales del impuesto a la renta y de regalías más elevadas en Latinoamerica, las tarifas efectivas realmente pagadas no solo son ostensiblemente inferiores a las nominales, sino que llegan a ser unas de las menores aplicadas en países de la región.

Ello al punto de que, como lo señalan Rudas y Espitia (2013, p. 144), “Colombia comparte con Chile y Perú los niveles más bajos de participación del Estado en las rentas de este sector. En las últimas dos décadas, por cada dólar aportado al PIB por la minería y los hidrocarburos, el Estado percibe ingresos fiscales de menos de dieciséis centavos (en el mejor de los casos, durante los últimos años de bonanza de precios en los mercados mundiales)” (5).

4.1 Impuesto a la renta y complementarios a nivel nacional

Detallando el caso del impuesto a la renta y complementarios vale la pena destacar que mientras que la tarifa nominal promedio para el sector minería e hidrocarburos era de 35.49% en 2017, la tarifa efectiva pagada apenas llegaba a un 4.28% –estimada como la proporción del valor de recaudo en el valor del ingreso bruto– en razón a la multiplicidad de tratos diferenciales, exenciones, deducciones y descuentos a favor de personas jurídicas que caracteriza al estatuto tributario del país, al punto que el gasto tributario total por concepto del impuesto a la renta de personas jurídicas –medido por el recaudo dejado de percibir por el Estado debido a esos tratos preferenciales– llegó a ser de $12.8 y $ 16.8 billones en 2017 y 2018, y de estas cuantías, respectivamente, el 4.3% y 7.3% resultó favoreciendo al sector minero-energético –y hasta un 34% a favor del sector financiero– (Garay y Espitia, 2019 y 2020).

Lo anterior se ve reflejado en que mientras que el sector minero-energético participó con un 5.4% del Valor Agregado nacional en 2017, su participación en el valor del impuesto a la renta y complementarios de personas jurídicas a nivel nacional llegó a ser del 21.0% (Garay y Espitia, 2020). Sin embargo, el sector de hidrocarburos representó un 4.0% en el VA nacional y cerca de un 15.0-16.0% en el valor total del impuesto sobre la renta y complementarios de personas jurídicas, por lo que el sector propiamente minero llegó a participar apenas con un 1.4% y un 5.0-6.0%, respectivamente.

En otras palabras, el sector propiamente minero –sin incluir hidrocarburos– habría aportado efectivamente apenas el 0.25-0.30% del PIB por concepto de impuesto a la renta y complementario en el bienio 2017-2018, por ejemplo.

Este tipo de comportamiento se reprodujo relativamente en las últimas décadas en la medida en que “… por cada dólar aportado al PIB por la minería y los hidrocarburos, el Estado (colombiano) percibe ingresos fiscales de menos de dieciséis centavos (en el mejor de los casos, durante los últimos años de bonanza de precios en los mercados mundiales)” (Rudas y Espitia, 2013, p. 144).

4.2 Regalías

 

El nuevo Sistema General de Regalías implementado desde el año 2012 ha distribuido recursos a todos los municipios a través de diferentes mecanismos, dispersándose en miles de proyectos a nivel territorial, como se muestra en el Esquema 1.

 

 

El monto de regalías totales distribuido en el año 2012 correspondió a $10.5 billones (1.58% del PIB). Luego en 2013-2014 se presupuestaron $17.7 billones (1.20% del PIB de 2013 y 2014), en 2015-2016 $13.1 billones (0.79% del PIB) y en 2017-2018 $18.2 billones (0.95% del PIB). Es decir, el valor total de las regalías ha participado entre el 1.6% del PIB en 2012 y el 0.79% del PIB en 2015-2016, con un promedio cercano al 1.1% del PIB durante la década de 2010s.

De otra parte, es de mencionar que las regalías directas han representado desde el 31.87% en 2012, al 20.7% en 2013-2014 hasta llegar a menos del 12% en los dos bienios siguientes. Así, entonces, la suma del valor total del impuesto a la renta y de las regalías pagados por el sector propiamente minero –sin hidrocarburos– habría alcanzado, en promedio, entre un 0.50-0.60% del PIB al año en dicho periodo de referencia.

 

4.2.1 A nivel departamental

 

De acuerdo con la información publicada por el DNP sobre las finanzas públicas de las entidades territoriales, acorde con lo registrado por los departamentos y municipios sobre su ejecución de ingresos y de gastos, se observa que para el periodo 2000-2018:

 

(i) Los departamentos declararon regalías por $74 billones de pesos de 2019. Cerca del 50% de ese monto se concentró en los departamentos de Meta (18%), Casanare (15%), Cesar (7%), La Guajira (8%) y Santander (5%).

 

Y, entre otros, (ii) Los ingresos corrientes departamentales, tributarios y no tributarios (diferentes a regalías), sumaron un total de $155.1 millones de 2019, con una participación de apenas el 12% de los departamentos eminentemente minero-energéticos.

 

En el caso del departamento del Meta, por ejemplo, el valor acumulado de los ingresos tributarios alcanzó un valor cercano a los $531 mil millones en 2018, un 435% más del valor inicial en el año 2000 ($99 mil millones). Entre tanto, las regalías registraron un valor $13.3 billones, con un crecimiento de 5519%, respecto al valor inicial en el año 2000.

Con la peculiaridad de que una situación similar ha acontecido en otros departamentos minero-energéticos, muy diferente a lo sucedido en diversos departamentos y por supuesto a nivel nacional (Gráfico 6).

 

 

Como se muestra a continuación, una situación similar acontece con el caso de municipios eminentemente minero-energéticos con respecto a muchos otros en el país.

Ello es una expresión de lo que en la literatura especializada se ha denominado como la “pereza fiscal”, consistente en que la recepción de regalías tiende a sustituir el compromiso por interponer esfuerzos para la consecución de ingresos fiscales adicionales provenientes de otras fuentes, consecuentes para alcanzar una mayor presión fiscal a nivel local, regional y/o nacional –definida como la proporción de ingresos fiscales en el PIB correspondiente según el nivel de análisis–.

 

4.2.2 Regalías a nivel municipal

 

En el Gráfico 7 se observa que en muchos municipios minero-energéticos el valor las regalías directas ha crecido a un ritmo mucho mayor que el de los ingresos tributarios en el periodo 2000-2018, en sentido opuesto al caso de la totalidad de municipios en el país.

Así, por ejemplo, en el municipio de Puerto Gaitán el valor de las regalías llegaron a representar hasta 2.67 veces el valor de los ingresos tributarios locales en 2018, después de 23 que eran relativamente similares en 2000. Evolución más acentuada ha ocurrido, por ejemplo, en los municipios de Arauca y La Jagua de Ibirico, al ascender tal proporción en el periodo a 3.01 y 3.16, respectivamente.

Este patrón es radicalmente opuesto al de municipios no minero-energéticos en el país al punto en que dicho proporción –valor regalías/valor ingresos tributarios– llegaba a apenas 0.17 en 2018.

Ahora bien, para analizar estadísticamente la relación entre regalías y pereza fiscal, Garay y Espitia (2019) incluyen el valor de las regalías directas como una de las variables exógenas en un modelo econométrico básico para determinar el grado de influencia tanto en el Valor Agregado per cápita (VapC) –variable proxi del Ingreso per Cápita– como en el Índice de Pobreza multidimensional a nivel municipal en el país, y encuentran que la intensidad de la actividad minero-energética (medida por el valor de regalías directas) en el municipio sí afecta estadísticamente –a un nivel de significancia del 0.01%– de manera directa el VapC municipal pero sin lograr contribuir estadísticamente a la reducción de la Pobreza Multidimensional Rural (Cuadro 3).

 

 

“Ello ratificaría lo analizado en estudios previos sobre el tema como el de Rudas y Espitia (2013) en el que se muestra que, en promedio, los municipios predominantemente mineros tienen menores niveles de calidad de vida que los predominantemente petroleros, y ambos, a su vez, menores que los demás municipios del país (con mayor desarrollo relativo de actividades no extractivas)”. Y con el agravante de que “cuanto mayor sea la importancia relativa de las regalías directas en los ingresos del municipio, ceteris paribus, menor la Tributación per Cápita promedio en el municipio … reproduciéndose así el conocido fenómeno denominado como pereza fiscal … Esto es, que las regalías directas tenderían a desincentivar los esfuerzos locales para aumentar la tributación municipal para el financiamiento de políticas públicas de interés local y territorial” (Garay y Espitia, 2019, p. 249) (Lo entre paréntesis es propio). Un mayor detalle se ilustra en el siguiente Cuadro 4.

 

 

5. A manera de reflexión

 

1. La actividad minera en Colombia pareciera estar avanzando hacia una nueva etapa del neo-extractivismo de tipo enclave, especializada en la exportación del mineral sin mayor procesamiento –manufacturado, diferente a labores de depuración, selección y preparación para ser enviado al exterior, en donde se procede a procesar industrialmente–, con muy escaso valor agregado doméstico, y en el caso de macro-proyectos líderes, con tecnologías 25 complejas y de nueva generación no suficientemente probadas en ecosistemas frágiles, altamente intensivos en capital y tecnología, y de baja intensidad en empleo.

Por supuesto con cambios en el patrón de crecimiento a nivel regional mediante el frecuente desplazamiento de sectores tradicionales como el agropecuario y de ramas manufactureras relativamente intensivos en mano de obra y valor agregado, y con algunos impactos sobre la actividad económica a nivel local en los territorios intervenidos –en el pequeño comercio, transporte, por ejemplo– pero que no son los más determinantes bajo esa modalidad de actividad.

Al menos teóricamente, sería de esperar que en esta etapa buena parte de los eventuales impactos económicos de la actividad minera de enclave tenderían a concentrarse tanto en la generación de empleo y de ingreso y en la reducción de la pobreza y la desigualdad a nivel local y territorial, como en el campo fiscal a nivel nacional y local –con el pago de regalías e impuestos a la renta y complementarios– y en la generación de divisas al país a través de la exportación de casi la totalidad de lo producido y de la inversión extranjera requerida. La magnitud de dichos impactos en el último campo habrá de depender de las tasas efectivas aplicadas por concepto de impuestos y regalías, y de la magnitud y temporalidad entre los flujos de inversión extranjera y de exportación de minerales explotados y los de remisión de utilidades, dividendos y afines y de reinversión de utilidades de las empresas extranjeras involucradas.

Infortunadamente, aún en la etapa extractivista previa que se ha desarrollado hasta ahora en el país, no se han constatado buen número de los eventuales impactos benéficos ni tampoco su intensidad como al menos inicialmente se esperaba.

Y con el agravante de que en presencia de una acendrado rentismo en relaciones societales básicas –consecuente con el usufructo del poder para el favorecimiento de intereses poderosos sin corresponsabilidad social– y de una institucionalidad extractiva –con la trasnferencia de rentas entre sectores y grupos de interés–, en medio de un avanzado estadio 26 de ilegalidad en calidad de práctica social7, como en el caso de un país como Colombia, se malgastan, desvían y apropian ilícitamente importantes y escasos recursos públicos –como los de regalías, por ejemplo– que habrían podido tener una indiscutible rentabilidad social y económica.

2. Ahora bien, bajo el modelo extractivista desarrollado en el país desde los 90s se puede constatar, como una primera aproximación, que departamentos eminentemente mineros en el periodo 1990-2018 no solamente aumentaron su PIB per cápita –en $ constantes de 2015–, sino que al mismo tiempo vieron reducir su PIB agropecuario por habitante –en $ constantes de 2015–, incluso de manera más acentuada que el promedio nacional, lo que insinuaría la presencia de una clara dinámica económica impulsada por actividades mineras y acompañada de un desplazamiento relativo de actividades agropecuarias por parte de actividades mineras (legales) en tales departamentos.

3. De acuerdo con el último Censo poblacional de 2018, el Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) de los principales municipios minero-energéticos en Colombia alcanza un valor promedio no sólo superior al de la gran mayoría de departamentos del país, sino que supera comúnmente al de los municipios de muy variadas regiones en el país.

Es así como el IPM promedio de municipios eminentemente mineros llega a ser cerca de 1.72 veces mayor que el de municipios eminentemente petroleros, y 2.48 veces mayor que el de regiones no minero-energéticas y hasta 12,4 veces el de Bogotá D.C. en 2018. 4. Si bien Colombia tiene unas de las tasas nominales del impuesto a la renta y de regalías más elevadas en Latinoamerica, las tarifas efectivas realmente pagadas no solo son ostensiblemente inferiores a las nominales, sino que llegan a ser unas de las menores aplicadas en países de la región.

En efecto, mientras que la tarifa nominal promedio para el sector minería e hidrocarburos fue de 35.49% en 2017, la tarifa efectiva pagada apenas llegaba a un 4.28% –estimada como la proporción del valor de recaudo en el valor del ingreso bruto– en razón a la multiplicidad de tratos diferenciales, exenciones, deducciones y descuentos a favor de personas jurídicas que caracteriza al estatuto tributario del país, al punto que el gasto tributario total por concepto del impuesto a la renta de personas jurídicas –medido por el recaudo dejado de percibir por el Estado debido a esos tratos preferenciales– llegó a ser de $12.8 y $ 16.8 billones en 2017 y 2018, y de estas cuantías, respectivamente, el 4.3% y 7.3% resultó favoreciendo al sector minero-energético.

Lo anterior se ve reflejado en que mientras que el sector minero-energético participó con un 5.4% del Valor Agregado nacional en 2017, su participación en el valor del impuesto a la renta y complementarios de personas jurídicas a nivel nacional llegó a ser del 21.0%. Sin embargo, el sector de hidrocarburos representó un 4.0% en el VA nacional y cerca de un 15.0-16.0% en el valor total del impuesto sobre la renta y complementarios de personas jurídicas, por lo que el sector propiamente minero llegó a participar apenas con un 1.6% y un 5.0-6.0%, respectivamente. Ello conduce a que el sector propiamente minero –sin incluir hidrocarburos– hubiera aportado efectivamente con cerca de un 0.25-0.30% del PIB por concepto de impuesto a la renta y complementario en el bienio 2017-2018, por ejemplo.

5. El valor total de las regalías por concepto de la explotación de recursos mineroenergéticos en el país ha participado entre el 1.6% del PIB en 2012 y el 0.79% del PIB en 2015-2016, con un promedio cercano al 1.1% del PIB durante la década de 2010s.

Razón por la cual la suma del valor total del impuesto a la renta y de las regalías pagados por el sector propiamente minero –sin hidrocarburos– habría alcanzado, en promedio, entre un 0.50%-0.60% del PIB al año en 2017-2018.

A lo que habría que agregar como agravante de que tanto a nivel de departamentos como de municipios eminentemente minero-energéticos la recepción de regalías ha dado lugar al fenómeno de “pereza fiscal” en la medida en que, por ejemplo, para el municipio de Puerto 28 Gaitán el valor de las regalías llegaron a representar hasta 2.67 veces el valor de los ingresos tributarios locales en 2018, después de que eran relativamente similares en 2000. Evolución más acentuada ha ocurrido, por ejemplo, en los municipios de Arauca y La Jagua de Ibirico, al ascender tal proporción en el periodo a 3.01 y 3.16, respectivamente.

Este patrón es radicalmente opuesto al de municipios no minero-energéticos en el país al punto en que dicha proporción –valor regalías/valor ingresos tributarios– llegaba a apenas 0.17 en 2018.

6. Ante la baja generación de empleo y valor agregado, dada la modesta reducción de los índices de pobreza –con mayor razón en cuanto que el IPM de las cabeceras municipales es menor que el de sus correspondientes áreas rurales (Garay y Espitia, 2019)– y de la desigualdad a los niveles municipal y territorial, y en presencia de una modesta contribución a las finanzas públicas por concepto del impuesto a la renta y de regalías, resulta claro que la actividad propiamente minera no se ha erigido como fuente importante de crecimiento económico, de bienestar social y de riqueza en el país en una base perdurable.

Ha de destacarse que por esa razón no puede considerarse como una fuente de apalancamiento de cuantiosos recursos fiscales para el reforzamiento de las finanzas públicas nacionales, opuesto a lo que pareciera ser esgrimido por algunos grupos de presión empresarial y aún gubernamental a propósito de la crisis socio-económica y sanitaria producida por la pandemia del COVID-19.

7. En el campo de la balanza de pagos, es de mencionar que la magnitud de los impactos de actividades mineras en la nueva etapa neo-extractivista ha de depender de la magnitud y temporalidad entre los flujos de inversión extranjera y de exportación de minerales explotados y los de remisión de utilidades, dividendos y afines y de reinversión de utilidades de las empresas transnacionales involucradas.

Sería de esperar que el impacto neto sería claramente positivo en términos de ingreso neto de divisas al país durante los primeros años de la inversión y producción/exportación, y evidentemente negativo en la etapas ulteriores, ya que de otra manera no le resultaría rentable financieramente a una empresa transnacional inversora con una perspectiva intertemporal y a escala global. Si bien la magnitud del impacto neto –en divisas internacionales– dependerá del proyecto específico, no habría razones suficientes para prever que esta sea elevada como proporción a la suma del valor de la inversión y de las exportaciones, como requisito para garantizar la rentabilidad financiera del proyecto.

8. Como agravante de lo anterior ha de recalcarse la importancia determinante para el análisis de la “bondad” de proyectos de inversión como los minero-energéticos, del costo de oportunidad societal e intertemporal de recursos escasos no renovables, de los impactos socio-ecológicos sobre la naturaleza, los ecosistemas, la biodiversidad, las fuentes de agua y el ambiente, y de la resiliencia del sistema en una perspectiva perdurable.

Y todavía más en cuanto que criterios como el de resiliencia socio-ecológica y el de la reproducibilidad de la naturaleza adquieren aún mayor preponderancia de cara a la crisis climática y ecológica que se ha venido reproduciendo en el mundo, y que hoy en día ha sido visibilizada al menos parcialmente a raíz de la pandemia del COVID-19 y de los efectos del confinamiento obligatorio en la mayoría de los países.

Por ello, es que los impactos socio-ecológicos esperables podrían ser aún más trascendentales, sistémicos y duraderos que algunos proyectos ya desarrollados en el país con determinadas consecuencias irreparables en el mediano y largo plazo.

En consecuencia, resulta claro que tampoco tiene ningún sustento teórico, ni pragmático de política pública acelerar los procesos de estudio de impactos de los proyectos por venir ante su complejidad, magnitud y muy probable irreversibilidad en diversos ámbitos socioecológicos en el país.

 

Notas

1 A manera de ilustración, uno de esos territorios podría ser el sur-oeste antioquño una vez se llegara a adelantar el macroproyecto de oro y cobre en Jericó por Anglogold Ashanti.

2 No debe dejar de mencionarse que cerca de dos tercios de las enfermedades y patologías que sufre la humanidad, según la Organización Mundial de la Salud, se relacionan con el cambio climático.

3 Ver, entre otros, a: Garay, L. J. et al (1998). Colombia: estructura industrial e internacionalización 1967- 1996. DNP-Colciencias-Minhacienda-Mincomex-Proexport Colombia. Bogotá, Colombia.

4 Rudas, G. y Espitia, J. E. (2014). “La paradoja de la minería y el desarrollo. Análisis departamental y municipal para el caso de Colombia”. En: Garay, L. J. (dir.) et al. Minería en Colombia. Institucionalidad y territorio, paradojas y conflictos. Vol. 2. Contraloría General de la República de Colombia. Bogotá. Enero. 

5 Rudas, G. y Espitia, J. E. (2013). “Participación del Estado y la sociedad en la renta minera”. En Garay, L. J. (dir.) et al. Minería en Colombia. Derechos, políticas públicas y gobernanza. Vol. 1. Contraloría General de la República de Colombia. Bogotá. Mayo.

6 Esta sub-sección se basa fundamentalmente en: Garay, L. J. y Espitia, J. E. (2019). Dinámica de las desigualdades en Colombia. Vol. 1. Ediciones Desde Abajo. Bogotá. Octubre. Capítulo 2; y Garay, L. J. y Espitia, J. E. (2020). Dinámica de las desigualdades en Colombia. Vol. 2. Ediciones Desde Abajo. Bogotá. Nota de investigación 8. (en publicación). 

7 El lector interesado puede consultar, entre otros, a: Garay, L. J. (2018). “Una génesis de la ilegalidad: Corrupción, Captura del Estado, Cooptación institucional y Macro-corrupción“. En: Garay, L. J. y Salcedo- Albarán. , E. El gran libro de la corrupción en Colombia. Editorial Planeta. Bogotá, Noviembre.

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La mala salud de hierro de la economía mundial

Los expertos auguran una aceleración del crecimiento en 2020, liderado por Europa y los emergentes, si la tensión comercial disminuye

 

La palabra resiliencia no es nueva, pero se ha puesto de moda en los últimos años. Según la Real Academia Española, este término hace referencia a la “capacidad de un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido”. Un significado que bien podría asociarse a la economía mundial. El crecimiento previsto para 2019 es del 3%, el nivel más bajo desde la salida de la crisis financiera. La desaceleración resulta evidente —en 2017 el avance fue del 3,8% y en 2018 del 3,6%— y hasta cierto punto comprensible: a la fase final de un largo ciclo de expansión se le han sumado lastres geopolíticos de calado. Sin embargo, casi nadie otea una recesión en el horizonte; más bien al contrario, el consenso de los analistas apunta a que en 2020, a medida que el pulso arancelario vaya atemperándose, hay opciones de asistir a una moderada aceleración. La última actualización de las previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI) calcula un avance del PIB global del 3,4% el próximo año.

“Si bien los indicadores industriales muestran una incipiente mejora, el crecimiento seguirá siendo modesto. La madurez del ciclo económico así como el elevado endeudamiento y los déficits fiscales limitan el potencial de recuperación”, señala Joan Bonet, director de estrategia de mercados de Banca March. Esta opinión es compartida por Nannette Hechler-Fayd’herbe, responsable de análisis global de Credit Suisse: “Prevemos un crecimiento económico moderado, una continuación de condiciones de liquidez favorables y un relajamiento de las tensiones geopolíticas. A medida que disminuya la guerra comercial entre EE UU y China debería mejorar la confianza de las empresas”.

Uno de los colchones de seguridad con los que cuenta la economía mundial son los bancos centrales. En 2019, tanto la Reserva Federal (Fed) como el Banco Central Europeo (BCE) tuvieron que dar marcha atrás en la hoja de ruta que habían diseñado y que tenía como objetivo normalizar los tipos de interés. El panorama se oscurecía por momentos y tuvieron que sacar de nuevo la manguera de la liquidez. Los efectos de estos estímulos deberían extenderse al nuevo año. “Vemos un punto de inflexión en el crecimiento económico global durante la primera mitad de 2020. El impacto de tal relajación en las condiciones financieras llega con retraso a la economía real, pero en esta ocasión ese decalaje es mayor debido a las políticas proteccionistas”, señalan los expertos de BlackRock en su informe de perspectivas.

Tipos de interés

La Fed ha recortado en tres ocasiones los tipos de interés en EE UU durante 2019, dejándolos en la horquilla de entre el 1,5% y el 1,75%, mientras que el BCE mantiene el tipo de referencia en el 0%. El mercado no espera más recortes en el precio del dinero en los dos principales organismos monetarios, pero tampoco se vislumbra ningún movimiento al alza de calado a medio plazo ya que los datos de inflación están aún lejos de ser una amenaza. “Nuestro escenario principal contempla que la Fed haga una pausa en los recortes de tipos en 2020. En el caso del BCE y el Banco de Japón, esperamos que prosigan con la expansión cuantitativa y mantengan sus políticas de tipos de interés cero. En general, si 2018 para los principales bancos centrales fue un año de endurecimiento de las medidas monetarias y 2019 de suavización de las mismas, creemos que 2020 será el año en el que se haga un alto en el camino”, señalan desde la consultora Mercer.

La clave de bóveda sobre la que sostiene la posibilidad de una aceleración del crecimiento mundial en 2020 es la mejora del clima comercial. El año que está a punto de concluir se ha caracterizado por la política del palo y la zanahoria en las relaciones entre Washington y Pekín. El caso Huawei es el mayor exponente de estas tensiones. Sin embargo, en las últimas semanas se han dado algunos pasos para reconducir la situación. Uno de ellos es la firma por parte del presidente estadounidense, Donald Trump, de la primera fase del acuerdo con China. Como consecuencia de este pacto, EE UU no aplicó el 15 de diciembre los aranceles que iban a entrar en vigor (aunque sí mantiene los existentes hasta esa fecha), mientras el gigante asiático hará lo propio.

“Un acuerdo para reducir o eliminar los aranceles existentes y un compromiso de dejar de añadir nuevas tasas podrían reducir sensiblemente la incertidumbre en la economía mundial, liberar la demanda acumulada en inversión por parte de las empresas y permitir que Trump proclame victoria en un año electoral”, reconoce Mark Haefele, responsable de la división de grandes patrimonios de UBS.

Las negociaciones comerciales continuarán en 2020 y algunos analistas aconsejan no echar las campanas al vuelo. Libby Cantrill, responsable de políticas públicas de Pimco, una de las mayores gestoras de renta fija del mundo, califica los avances de “tregua débil”. “No se puede deducir que toda la incertidumbre ha sido eliminada tras el acuerdo de la fase uno, ya que se mantendrán muchos de los aranceles. Además, habría que ser prudente a la hora de visualizar futuros avances, sobre todo teniendo en cuenta lo que ha costado llegar hasta la firma de la primera fase y que muchos de los asuntos más espinosos, como el subsidio a las empresas estatales, se han pospuesto para las próximas rondas de contactos”, recuerda Cantrill.

Otro de los culebrones de 2019, el Brexit, podría empezar a vislumbrar también una salida en el próximo curso, circunstancia que despejaría las incertidumbres actuales. La contundente victoria de Boris Johnson en las recientes elecciones británicas y la mayoría conservadora en el Parlamento han acelerado la aprobación de la ley para la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE), texto que incluye la prohibición de nuevas prórrogas más allá de diciembre de 2020.

Está por ver si en el año que queda hasta ese límite Londres y Bruselas serán capaces de negociar una nueva forma de relación política y comercial. “Es un plazo demasiado abreviado para cerrar un acuerdo multisectorial entre los 28 países, que debería ser aprobado además por los respectivos parlamentos nacionales”, señalan los economistas de S&P. La principal agencia de calificación de riesgos del mundo cree que la mayoría obtenida por Johnson le da más margen para negociar con Bruselas, aunque advierte que no se puede descartar del todo un Brexit sin acuerdo. “Pensamos que el Reino Unido podría pedir una extensión del plazo a la UE. Sin esta prórroga el acceso de las compañías británicas a los consumidores europeos pasaría a regularse según los términos de la OMC el 1 de enero de 2021, lo que supondría el pago de tarifas significativas en sectores clave como automoción, agricultura y comercio minorista. Ese escenario dañaría al Reino Unido más que a la UE ya que su relación comercial es asimétrica”, explican en S&P.

EE UU ha sido el principal motor de la economía mundial tras la salida de la Gran Recesión. Su economía acumula desde 2009 la mayor fase expansiva de la historia con 125 meses de crecimiento ininterrumpido. El gigante estadounidense cuenta con el apoyo de la Fed y un mercado laboral robusto que aviva el consumo interno. Sin embargo, las previsiones de los expertos apuntan a que en el rebote de la economía mundial EE UU debería ceder protagonismo a otras áreas como la UE o los países emergentes. El FMI calcula que en 2020 EE UU crecerá un 2,1% frente al 2,4% estimado para este año.

“El impulso de los recortes fiscales se está desvaneciendo, la incertidumbre relacionada con la política comercial parece estar afectando a la inversión de las empresas, y los indicadores del mercado laboral se están moderando. Sin embargo, la relajación de las políticas monetarias y la solidez de las finanzas de los consumidores deberían evitar que el crecimiento de EE UU caiga demasiado”, pronostica Joseph Little, responsable de inversión de HSBC Asset Managemet

Enigma electoral

En la ecuación que manejan analistas y gestores para vislumbrar cómo será la economía mundial el próximo año, una variable impredecible son los comicios en EE UU. El 3 de noviembre de 2020, el electorado de este país decidirá quién ocupará la Casa Blanca hasta 2024, así como la conformación del Congreso. “Con las elecciones presidenciales cerniéndose en el horizonte, habrá que prever turbulencias tanto en política nacional como en política exterior, independientemente de que Donald Trump siga en el poder o deje paso a los demócratas. Aunque se mantenga la tregua en la guerra comercial con China, es muy probable que surjan otras cuestiones, como la reforma tributaria y de la competencia, que traiga volatilidad”, recuerda Michaël Lok, director de inversiones de Union Bancaire Privée (UBP).

Por su parte, China prosigue con su aterrizaje que, aunque es suave, no encuentra todavía suelo. Si en 2018 el gigante asiático crecía el 6,6%, este año cerrará con un avance de su PIB del 6,1% y en 2020 la aceleración se frenará hasta el 5,8%, según el FMI. “Es un año importante para China. En 2010, el Gobierno se comprometió a duplicar el tamaño de la economía y los ingresos medios para 2020. Para alcanzar estos objetivos, las autoridades tendrán que garantizar al menos que el crecimiento se mantenga en el nivel simbólico del 6%. Es posible una mayor flexibilización de la política económica”, indica Keith Wade, economista jefe de Schroders.

Escenario más benigno

Junto con Europa, los otros candidatos a liderar la aceleración en el crecimiento mundial son los países emergentes, con especial protagonismo para Latinoamérica —la previsión apunta a una mejora del PIB del 1,8% frente al 0,2% de 2019—. “Los recortes de los tipos de interés por parte de la Reserva Federal durante 2019 han reducido la presión sobre los mercados emergentes, principalmente de aquellos que dependen de la financiación en dólares estadounidenses. Gracias a que la inflación está disminuyendo, los bancos centrales de varios de estos países tendrían margen para reducir el precio del dinero”, argumentan en Credit Suisse.

En este tablero de juego aún plagado de minas, pero en principio más favorable que hace unos meses, ¿qué puede pasar con la economía española? Las proyecciones apuntan a que continuará la desaceleración del crecimiento del PIB (1,8% en 2020 frente al 2,1% de 2019), pero a pesar de ello España debería seguir siendo uno de los alumnos aventajados entre los países desarrollados.

El principal riesgo que ven los expertos viene del lado político. La negociación para formar Gobierno aún no había llegado a buen puerto al cierre de esta edición y, en el caso de contar con el apoyo de ERC, los socialistas tienen la intención de liderar un proyecto que incluye a Podemos en el Ejecutivo, algo que no es muy del agrado de los mercados. “La nueva alianza de izquierdas no podrá contar con una mayoría estable, mientras que los límites de maniobra fiscal del país serán puestos a prueba. Después de años por encima de su potencial, el crecimiento de España se está reajustando”, advierten en AXA.

Más pesimistas en relación con la inestabilidad política son en Julius Baer. “La perspectiva de un Gobierno débil y poco favorable a la libertad de empresa nos ha llevado a reducir nuestro optimismo respecto de la economía española. Recientemente hemos rebajado la proyección de crecimiento para España en 2020 al 1,7%”, indican en el banco suizo. “La expectativa de una subida de impuestos podría agravar esta tendencia, pero seguimos confiando en que el incremento de los salarios, la bajada del ratio de endeudamiento de las familias y la facilidad de acceso al crédito mantengan la demanda interna e inclusive rebote. El sentimiento empresarial también se ha deteriorado porque se espera una presión fiscal sobre las compañías y mayores costes regulatorios”.

Como ocurre muchas veces, lo urgente relega a lo importante. Si bien las previsiones económicas son menos dramáticas que hace 12 meses, sobre la mesa queda aún por resolver un cuestión clave que marcará el devenir del mundo en las próximas décadas: cómo cambiar el modelo económico para que sea menos contaminante, reduzca las tasas de desigualdad y sea más justo con las mujeres.

En el caso de Europa, si bien el crecimiento en 2020 no será para tirar cohetes (1,4%, según el FMI), sí constituirá una mejora con respecto al del año que está a punto de concluir (1,2%). La aceleración vendrá de la mano de Alemania, que tras un año muy difícil para una economía tan exportadora debido a las tensiones comerciales, debería beneficiarse de las menores tensiones arancelarias. Además, el resto de socios comunitarios mirará con atención a Berlín por si el Gobierno alemán cede a las presiones y usa su buena situación presupuestaria para estimular todavía más su crecimiento. “En Europa, la política monetaria ha alcanzado sus límites e incluso los miembros más centristas del consejo de gobierno del BCE reconocen los efectos colaterales no deseados de sus políticas no convencionales. Solo hay un margen fiscal relevante en Alemania, creemos que en 2020 se aplicarán los estabilizadores automáticos, pero que el impulso fiscal adecuado no llegará hasta 2021, cuando las debilidades del mercado laboral empiecen a acumularse”, reconocen en AXA Investment Managers.

Por DAVID FERNÁNDEZ

Madrid 29 DIC 2019 - 03:30 COT

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La economía mundial crecerá en 2019 y 2020 al ritmo más bajo desde la Gran Recesión, según la OCDE

El 'think tank' de los países ricos vuelve a rebajar la previsión de crecimiento para 2020 y llama a los Gobiernos a aplicar estímulos fiscales de largo plazo centrados en la emergencia ambiental y en la digitalización

Los malos presagios sobre la economía global se suceden semana tras semana, informe tras informe: en octubre fue el turno del Fondo Monetario Internacional (FMI) y ahora le toca a la OCDE. En un clima de creciente tensión comercial, menor demanda privada e inversión lastrada por la incertidumbre, el crecimiento mundial se quedará este año y el próximo en el 2,9%, su nivel más bajo desde la Gran Recesión y casi medio punto por debajo de la medida del último lustro. Hasta aquí, lo esperado —salvo unas leves correcciones a la baja— en el último informe sobre las perspectivas económicas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), publicado este jueves y que ya en septiembre —en una tónica que se repite desde hace un par de años— advertía del debilitamiento económico global. Lo que sí debe preocupar, y mucho, señala el organismo con sede en París, es que la ralentización no responde a un “shock cíclico”, sino a “cambios estructurales” que los Gobiernos siguen sin atender. Están los que se podrían catalogar ya como clásicos: las tensiones comerciales, pese a las recientes señales de distensión entre Washington y Pekín, y geopolíticas. Pero en esta ocasión, el ente comandado por el mexicano Ángel Gurría agrega dos variantes más: la digitalización y, muy especialmente, el cambio climático, que sitúa como problemas “estructurales” que deben ser atendidos con urgencia.

“El cambio climático y la digitalización son cambios estructurales en marcha para nuestras economías”, subraya la economista jefe de la OCDE, Laurence Boone, al comienzo del último informe del año sobre las perspectivas de la economía mundial, presentado en la capital francesa. A ambos factores se suma, continúa, que “la política comercial y la geopolítica se están apartando del orden multilateral de la década de los noventa”. “Sería un error considerar estos cambios como factores temporales: son estructurales y, en ausencia de una dirección política clara en estos cuatro temas, la incertidumbre seguirá cerniéndose sobre nosotros, dañando las perspectivas de crecimiento”. El organismo carga las tintas contra la “falta de una dirección política” para intentar paliar sus efectos en momentos en que el mundo experimenta un incremento de fenómenos meteorológicos extremos, como huracanes o inundaciones “que podrían provocar disrupciones significativas en la actividad económica a corto plazo, así como daños de larga duración al capital y las tierras, además de provocar flujos migratorios desordenados”, enumera Boone. Por eso, insiste, los Gobiernos “deben actuar rápidamente”, porque “sin una orientación clara en los precios del carbono, estándares y regulación, y sin la inversión pública necesaria, las empresas aplazarán decisiones de inversión, con nefastas consecuencias para el crecimiento y el empleo”.

El panorama es malo, pero el riesgo de recesión permanece lejano, contrariamente a los lúgubres pronósticos que han ido ganando predicamento en los últimos meses. Pero el resfriado en los principales motores de crecimiento empieza a ser más que preocupante: de entre las grandes economías, el frenazo es especialmente brusco en la zona euro, que pasará de rozar el 2% de crecimiento en 2018 al 1,2% este año y el 1,1% en 2020, lastrada por sus dos principales polos industriales, Alemania e Italia —“en buena medida, como reflejo de la mayor dependencia del comercio internacional”—; y Estados Unidos, que pasará de rozar el 3% al 2,3% en 2019 y el 2% el próximo ejercicio pese al buen tono general del consumo. La economía china, por su parte, proseguirá su senda bajista bajo el mantra del “aterrizaje suave” —“aunque la ralentización podría ser más brusca de lo previsto”—: en 2020 el crecimiento quedará por debajo del 6% por primera vez en tres décadas, lastrado por una guerra comercial con EE UU que añade un grado adicional de presión a ambas orillas del Pacífico. En un panorama tan sombrío, India emerge como una de las escasa buenas noticias mundiales, con una expansión que —tras el tijeretazo del último año— recuperará el suelo del 6% en 2020.

La importancia de la palanca fiscal

Aunque varía notablemente entre países —“EE UU tiene más que la eurozona y Japón”, subrayan los economistas de la OCDE—, el margen de los bancos centrales para relanzar el crecimiento es cada vez más estrecho. Ante este agotamiento, el club de los 36 países más industrializados del planeta llama a dar un paso al frente en la inversión pública, el que más resistencias está encontrando encuentra. “Si el crecimiento y la inflación se ralentizaran más de los previsto, la política monetaria debería seguir flexibilizándose. Pero [ese movimiento] debería ir acompañado de estímulos fiscales contracíclicos”, agregan los técnicos de la OCDE. “Hay una necesidad urgente de acciones más atrevidas para relanzar el crecimiento y los Gobiernos deben enfocarse no solo en los beneficios a corto plazo de los estímulos fiscales, sino en las ganancias de largo plazo. La creación de vehículos inversores nacionales podrían ayudar a diseñar planes para encarar los fallos de mercado y tener en cuenta las externalidades positivas para la sociedad en su conjunto”.

El margen de acción en política fiscal fluctúa, y mucho, entre países. Las diferencias son especialmente acentuadas en Europa. La OCDE cita explícitamente tres casos —Alemania, Países Bajos y Suecia— de naciones con deuda pública en niveles relativamente bajos y la actividad económica picando a la baja, en los que se “podrían implementar estímulos adicionales” y aprovechar “los intereses negativos a largo plazo, que ofrecen una oportunidades para afrontar la escasez de infraestructuras y reforzar el crecimiento a largo plazo”. En el lado opuesto, el organismo apela a la prudencia en países fuertemente endeudados y en los que las proyecciones no apuntan precisamente a una reducción de los pasivos a corto y medio plazo: Bélgica, Francia, Italia o Reino Unido, además de Japón y EE UU fuera del Viejo Continente. También en España, Portugal y Grecia, donde aunque la deuda está previsto que caiga, “el margen para políticas fiscales discrecionales es limitado” y una flexibilización adicional “podría socavar la sostenibilidad de la deuda y reducir el espacio fiscal para combatir futuras recesiones”. En todos los casos, la OCDE llama a una “mayor coordinación entre las palancas monetaria y fiscal para hacer frente a la desaceleración en un momento en el que la inflación permanece no solo bajo control sino en niveles inferiores a los deseables en casi todas las economías desarrolladas.

Por Silvia Ayuso / Ignacio Fariza

París / Madrid 21 NOV 2019 - 05:04 COT

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La economía mexicana se sume en la incertidumbre tras caer en el tercer trimestre

El estancamiento económico asienta las dudas que ya sobrevolaban sobre la política económica de López Obrador

La segunda mayor economía de América Latina prolonga su paso sobre el peligroso filo de la recesión. El PIB mexicano cayó un 0,4% interanual entre julio y septiembre, un abrupto descenso que ya es el segundo consecutivo —tras el del segundo trimestre de este año— desde la crisis financiera global. El crecimiento, aunque siempre por debajo de su potencial como economía emergente, empieza a tornarse en una atonía preocupante para un país que necesita del dinamismo para sacar a millones de personas de la pobreza. En relación con el trimestre precedente (mayo a junio), la economía mexicana registró un mínimo crecimiento del 0,1%, mientras en los nueve primeros meses del año, el país norteamericano registró una evolución neutra (0%) que preocupa cada vez más analistas, acostrumbrados ya a recortar las previsiones para el gigante latinoamericano. México esquivó por poco la recesión en julio y enfrenta, de cara a fin de año, un pronóstico poco alentador.

El estancamiento económico, principalmente en el sector industrial, asienta las dudas que ya sobrevolaban sobre la política económica de Andrés Manuel López Obrador.La estimación provisional hecha pública este miércoles por la oficina estadística mexicana (Inegi) ha terminado de confirmar lo que ya se anticipaba: la mayoría de los organismos internacionales y analistas creen muy difícil que este año deje un crecimiento mayor al 1%. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ya había rebajado el pasado 15 de octubre su perspectiva de crecimiento para México hasta el 0,4% y la Cepal (el brazo de Naciones Unidas para el desarrollo de la región) estimó un 0,2% para el primer año de López Obrador en el Gobierno, uno de los pronósticos más duros hasta ahora.

Las cifras publicadas este miércoles dejan muy lejos ya la idea de un crecimiento del 4% anual que había prometido el presidente. La política de austeridad implementada por la Administración mexicana, con importantes recortes en salud, ciencia y cultura, ha pasado factura al escenario económico nacional. El bajo gasto público ejercido por el Gobierno es uno de los puntos más señalados en la explicación de la contracción económica. Hace apenas dos semanas que la Cepal advirtió de la existencia de focos rojos en donde era necesario “poner especial atención” en materia de inversión, como la desigualdad social.

“Con austeridad, gastando bien, se puede crecer”, había defendido el presidente al esquivar la recesión en julio. Pero la suma entre austeridad y poca inversión privada excusa en la baja seguridad jurídica han funcionado como un mal cóctel para la economía mexicana. “Para que haya un crecimiento económico en México, se necesita de la inversión privada”, reconoció recientemente Carlos Slim, uno de los empresarios que más expectativas ha puesto sobre este Gobierno.

Por sectores, el ligerísimo repunte de la economía mexicana a tasa trimestral está respaldado principalmente por el aumento del 3,5% de las actividades primarias. Este sector incluye principalmente a la agricultura y ganadería, pero en él que se encuentra también la industria petrolera, uno de los ejes del proyecto económico de López Obrador, en el que los planes de inversión siguen sin dar los frutos esperados. En el lado contrario, lo que más ha golpeado al país es el frenazo sufrido por las actividades secundarias: la manufactura —muy dependiente de EE UU y, en general, de una economía global que no da más que malas noticias— cayó un 1,8% a tasa anual, y las terciarias —el sector servicios— no pasó del 0%. El peso reaccionaba con una ligera caída a la publicación de los datos: a media mañana (hora de Ciudad de México), la moneda retrocedía tres décimas frente al dólar.

Los números acentúan, en fin, la preocupación por el debilitamiento de la economía doméstica y una baja expansión interna. Después de todo, México fue uno de los que mejor parado salió en el último informe de comercio exterior de la Cepal este martes en una región que sufrió una caída del 10%. El Banco de México reconoció tras rebajar su previsión de crecimiento a un rango entre el 0,2 y el 0,7% que existía una “debilidad más profunda de los componentes de la demanda interna” de lo que decían las estimaciones.

Por Georgina Zerega

México 30 OCT 2019 - 18:26 COT

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Un monitor de televisión informa de la nueva rebaja de tipos en EEUU, en el patio de negociación de la Bolsa de Nueva York, en Wall Street. REUTERS/Brendan McDermid

El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, dice que hará falta una "sustancial revaluación" de las perspectivas económicas para forzar un nuevo cambio en el precio del dinero.

El Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC, por sus siglas en inglés) de la Reserva Federal de EEUU (Fed) ha decidido bajar los tipos de interés en 25 puntos básicos, hasta situarlos en un rango objetivo de entre el 1,50% y el 1,75%, en plenos temores de desaceleración económica global, según ha informado este miércoles. Se trata de la tercera rebaja consecutiva que realiza la autoridad monetaria este año.

La decisión de la Reserva Federal tras su reunión de política monetaria de dos días se ha vuelto a tomar sin consenso: ha tenkido ocho votos a favor y dos en contra (la presidenta del Banco de la Reserva Federal de Kansas City, Esther George, y el presidente del Banco de la Reserva Federal de Boston, Eric Rosengren, se han mostrado a favor de mantener los tipos sin cambios).

La Fed ha explicado que en las ultimas semanas el mercado de trabajo se ha mantenido "sólido" y la actividad económica del país ha seguido creciendo a un ritmo "moderado". No obstante, la institución ha notado que la inversión empresarial y las exportaciones "han permanecido débiles".

Así, el banco central estadounidense ha justificado su decisión en las "implicaciones" de los desarrollos globales para las perspectivas económicas, así como las "débiles" presiones inflacionistas. De cara a decidir los futuros ajustes en el precio del dinero, la autoridad monetaria ha subrayado que "monitorizará" las implicaciones de los nuevos datos para las perspectivas de la economía.

La bajada de tipos se produce poco después de que se conociese este mismo miércoles la continuada ralentización de la economía estadounidense con una tasa anualizada en el tercer trimestre del año del 1,9%, después del 3,1% en el comienzo del año y 2% en el segundo trimestre.

La economía estadounidense, no obstante, ha dado señales dispares sobre su estado. Por un lado, el mercado laboral mantiene su solidez, con una tasa de desempleo por debajo del 4%, en niveles no vistos en medio siglo; mientras que la inflación sigue contenida y por debajo de la meta anual del 2% marcada por la Fed. Por otro, la guerra comercial desatada con China por el proteccionismo comercial del presidente estadounidense, Donald Trump, ha aumentado la preocupación entre los empresarios, con multimillonarios aranceles tanto a la exportación como a la importación.

Powell avisa

Tras la reunión del Comité Federal de Mercado Abierto, el presidente de la Fed, Jerome Powell, declaró que hará falta una "sustancial revaluación" de las perspectivas económicas para forzar un nuevo cambio en los tipos de interés, al señalar que se encuentran "bien posicionados" tras la rebaja de un cuarto de punto anunciada.

Sería necesaria una "sustancial revaluación de nuestras perspectivas" para cambiar los tipos de interés, afirmó Powell en una rueda de prensa. "La política monetaria se encuentra bien posicionada", agregó tras la rebaja del precio del dinero.

La Fed anunció este miércoles un nuevo recorte de los tipos de interés, el tercero consecutivo, hasta dejarlos entre el 1,5 % y el 1,75 %, en plenos temores de desaceleración económica global y en Estados Unidos.

Powell subrayó que las presiones inflacionarias aún se encuentran apagadas. "El 2% de inflación: eso es lo que debe ocurrir", sostuvo, y precisó que espera que se alcance ese nivel a mitad del próximo año.

Sobre las tensiones comerciales con China, Powell indicó que eran parte de las cuestiones que nublan el horizonte económico. "Una sostenida reducción en la incertidumbre comercial sería buena para la confianza empresarial inmediata y, sobre el tiempo, para la actividad empresarial", dijo.

La próxima reunión de la Reserva Federal, la última del año, tendrá lugar a mediados de diciembre.

WASHINGTON

30/10/2019 19:49 Actualizado: 30/10/2019 20:43

AGENCIAS

Publicado enEconomía
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