Martes, 15 Enero 2019 06:39

Tiempo de tempestades

Tiempo de tempestades

El presidente de Venezuela afirmó que este año será el de la estabilización económica. “Sopla tempestad que tengo pueblo”, dijo parafraseando

a Shakespeare al presentar su plan.

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, afirmó ayer que este año será el de la estabilización económica, al mismo tiempo que dijo que con la economía venezolana se ha cometido un crimen de lesa humanidad. El mandatario presentó ayer frente a la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) el Plan de la Patria –la hoja de ruta para su nuevo mandato, hasta el 2025– y dio un balance sobre su gestión en 2018. En su alocución, cargó contra la oposición, contra Estados Unidos, contra la traición de algunos funcionarios y contra los gobernantes de derecha en América Latina.


“Sopla tempestad que tengo pueblo, que tengo Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), tengo Asamblea Nacional Constituyente y tengo historia para maniobrarte”, afirmó Maduro, parafraseando a Shakespeare en la entrega de la Memoria y Cuenta de 2018. En su balance, el presidente afirmó que entre 2013 y 2018 hubo una caída del 94 por ciento de los ingresos petroleros de Venezuela, y explicó que a causa de esto, se produjo un reto para la inversión social, dijo, más aun debido al ataque continuado contra la economía venezolana. Sin embargo, aseguró que la inversión social en áreas como salud, educación y tecnología había aumentado y prometió: “Este año va a ser el año de la estabilización de la economía”. Además, el mandatario dijo que las sanciones de Estados Unidos no harán que Venezuela de marcha atrás. “A cualquier otro país, todos esos ataques que sufrimos nosotros los hubiera hecho sucumbir. A nosotros nos hizo más fuertes. La oligarquía colombiana y Washington han cometido un crimen de lesa humanidad con nuestra economía”, afirmó. “Imperialismo: quédate con tus sanciones que los venezolanos y las venezolanas saldremos adelante”, sentenció.


Para ello, Maduro realizó un llamado a los empresarios locales para que lo acompañen. “Hago un llamado a los empresarios de este país, los que se sienten venezolanos o los inversionistas que quieren trabajar aquí. Ustedes saben que pueden confiar en mí, acompáñenme, voy a gobernar 6 años más”, afirmó. A continuación, el presidente defendió el modelo económico venezolano. “Se trató de crear una mentira de que el modelo venezolano es enemigo de la empresa privada. Nuestro modelo es mixto, donde las empresas estratégicas están en manos del Estado”. Además, subrayó: “Yo no soy ni un capitalista ni un neoliberal, pero tampoco soy un obtuso. Aquí nadie venga a creer que vamos a privatizar. Pero si puedo traer asesoría e inversión extranjera lo debemos conseguir”.


Durante la entrega de su Memoria y Cuenta, el líder chavista reiteró que un grupo de funcionarios del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin) había detenido el domingo al presidente del Parlamento, el opositor Juan Guaidó, en un procedimiento irregular y por el que los agentes implicados habían sido destituidos. “Destituidos por prestarse a un ‘show’ mediático en contra del interés nacional y así voy a actuar con cualquier funcionario que traicione el juramento público y cualquier funcionario que se preste, sea quien sea, se presente a donde se presente. Mano de hierro a la traición”, expresó. En su discurso dijo, así, que la breve detención de Guaidó fue un “show” que contó “con la cooperación corrupta y traidora” de los agentes destituidos. La Constituyente, integrada solo por oficialistas, emitió también ayer un decreto en el que ratifica y reconoce a Nicolás Maduro como jefe de Estado, de Gobierno y comandante en jefe de la FANB, en medio de las voces que no reconocen la legitimidad del segundo mandato del líder chavista.


Al presentar las directrices del Plan de la Patria para el nuevo período, Maduro afirmó que se espera que para el 2025 se produzcan 5 millones de barriles diarios de petróleos y que esto se logrará, dijo, con la incorporación de tecnología y rompiendo con las mafias. Maduro se dijo cansado de la corrupción en la administración pública, como en la estatal Petróleos de Venezuela, y pidió el apoyo de todo un país para limpiar esta empresas. “Me juro mi vida, mi honor y mi moral en esta batalla que asumo como personal”, sentenció.


El mandatario subrayó que los chavistas tienen un sistema detallado que permite dar continuidad a los logros sociales alcanzados y a superarse a sí mismos, y se preguntó si la oposición de derecha sostendría esos logros. “¿Podría la derecha, si ganara, conservar los logros y llevar al país a un futuro de bienestar? Ahí tienen el ejemplo de Argentina, le bajaron las pensiones a los viejitos, se endeudaron como no se hacía en años. En Brasil tienen a Bolsonaro, que es un Hitler de los tiempos modernos. Ahí está, privatizando el petróleo”, afirmó Maduro.

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El desesperado señor Trump, o Trump dice que él importa

Donald Trump utiliza todas sus habilidades retóricas para mantener los ojos de todo mundo enfocados en él y sólo en él. Se esfuerza tanto precisamente porque es más y más evidente a la mayoría de políticos y figuras públicas, en Estados Unidos y en otras partes, que va perdiendo terreno constantemente. Más y más protagonistas ignoran sus exigencias. Quién tiene mayor claridad en esto es el propio Donald Trump.


Así que él le hace cosas hirientes a todos y cada uno simplemente para evitar que otros reúnan los votos para excluir al señor Trump del centro de la acción mundial.


Él ya clausuró el gobierno estadunidense, o al menos aquella parte que no ha recibido renovación de vida alguna en unos cuantos meses. Él afirma que se siente orgulloso de haber logrado esto, para escándalo de la mayoría de los actores políticos. Él alega que no se ablandará hasta que la absurda cantidad de dinero que pide para la construcción de su querido muro sea aprobada por votación. El dinero no será votado.


¿Por qué, me preguntan, hace esto? La respuesta es tan simple que termina siendo boba. Él hace estas cosas porque nada más de lo que haga puede usarlo para validar lo que a él le importa.


Se fue en absoluto secreto a visitar a las tropas estadunidenses a Irak. Dice que está retirando sus tropas por completo de Siria, y parcialmente de Afganistán. Habremos de ver si realmente lo cumple. O más bien, si falta a su palabra como hicieron los tres presidentes que lo antecedieron.


Pero esto no importa en el presente. Ahora él reafirma lo que a él le importa. Es seguro que sigue siendo el presidente de Estados Unidos. Tiene ciertos poderes que puede utilizar. Eso es precisamente lo que asusta a la gente por todo el mundo.


Así que al mundo le ofrece un trato: “Digan que Trump importa aunque no lo crean y me repliego de nuevo”. Consideren qué inútil es este juego, en realidad. Pero esto no le importa al señor Trump, que lo único que quiere es garantizar su reelección en 2020. ¡Hurra por los juegos peligrosos!!
Traducción: Ramón Vera-Herrera

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Domingo, 13 Enero 2019 06:07

Cada vez hay más chalecos amarillos

Cada vez hay más chalecos amarillos

Las protestas de ayer mostraron un claro crecimiento del fenómeno

Hasta la policía admite que hubo casi el doble de gente protestando en todo el país en la novena fecha de los chalecos. En algunos pueblos, el diez por ciento de la población tomó la calle. Un reclamo que también se complejiza.


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Francia continúa sumergida en el laberinto amarillo. La novena jornada de manifestaciones convocada por el movimiento de los chalecos amarillos volvió a sacar a la calle a decenas de miles de personas y a ser, una vez más, el teatro de enfrentamientos suculentos, tanto en París como en otras ciudades del país. “Esta vez, con todo lo que dijeron de nosotros, no pensé que habría tanta gente”, decía a PaginaI12 un manifestante amarillo en los alrededores del convulsionado Arco de Triunfo. La cifra de la novena jornada de insurrección reunió según la policía a 85 mil personas en todo el país, bastante más que la precedente, donde se contaron 50 mil manifestantes. Frente a ellos, el gobierno desplegó 84 mil policías y gendarmes que detuvieron a 160 personas.


El alcance de la respuesta a esta convocatoria pudo medirse en la pequeña localidad de Bourges, en el centro de Francia, donde desfilaron 6000 personas para una población que apenas sobrepasa las 65 mil. Dos de los líderes de la revuelta, Maxime Nicole, alias Fly Rider, y Priscilla Ludosky, habían pedido a la gente que se reuniera allí porque es “un lugar poco conocido por la policía”. Las autoridades prohibieron el ingreso al centro histórico pero unas 500 personas ingresaron igual.


Burdeos, Tolosa, Lile, Estrasburgo, París o Bourges, el espectáculo de este fin de semana repitió los sucesos de las jornadas precedentes:intercambios de proyectiles de todo tipo y balas de goma entre policías y manifestantes, espesas nubes de humo, cañones de agua para dispersar a la gente y batallas campales entre fuerzas del orden y chalecos amarillos, destrucción de comercios y autos y focos de incendios por todas partes, la guerra urbana probó que, al menos el sector más radicalizado de los chalecos amarillos, no perdió su encono contra el sistema. Las consignas son hoy diferentes de las que se escuchaban el 17 de noviembre cuando se llevó a cabo el primer acto de esta rebelión. Ahora se exige más.


Desde la primera protesta contra el aumento del precio del gasoil hasta ahora, los planteos se fueron ampliando. El movimiento amarillo tomó el rumbo de una exigencia a la vez política e institucional. Los chalecos amarillos reclaman que se modifique la Constitución para que se introduzca el derecho a organizar un Referendo de Iniciativa Ciudadana, el RIC. Su meta consiste en impugnar mediante la consulta las leyes “negativas” así como revocar el mandato de un hombre político si este no cumple con las promesas o realiza una mala gestión. Esta medida está integrada en las 42 “directivas del pueblo” expuestas hace dos semanas por el movimiento.


“No quiero ser rico, ni que me aumenten el salario, ni ser propietario, ni que me regalan nada. Sólo quiero poder vivir con lo que gano y no sobrevivir como nos ocurre ahora. En este país, un salario normal no alcanza para mantener a la familia”, decía a este diario Pierre, un manifestante oriundo del norte de Francia que caminaba tranquilo con otro grupo en los alrededores del barrio de la Opera. Su esposa comentaba con mucho nerviosismo que “seguramente mucha gente que está aquí siente lo mismo que yo: el desprecio del Rey Macron y su corte hacia nosotros, hacia el pueblo, nos motiva cada día más”.


Ni el Presidente ni el Ejecutivo han sido capaces de adivinar la fórmula para calmar a esa parte del país que se les vino encima. Todo lo que dicen desde arriba provoca más saña y desengaño. El odio hacia el macronismo parece una fortaleza imposible de derribar. En el centro de Bourges, los manifestantes jugaban con un muñeco inflable de Macron como signo de su escaso respeto a la figura presidencial. La intervención del Primer Ministro Édouard Philippe, endureció la postura de la rama más densa de los chalecos. El jefe del Ejecutivo adelantó que este lunes presentaría una “nueva ley” para endurecer las “sanciones” contra las personas que provocan disturbios. Las disposiciones incluirán penas más severas para los actos de vandalismo y las manifestaciones no autorizadas tal y como las organizan los chalecos amarillos.


Ya tupido en si, el aparato represivo se refuerza sin que ello alcance a disuadir a los líderes de esta insurgencia. Basta con asistir a las confrontaciones para entender que lo último que va a apaciguar los ánimos o a ablandar a los chalecos son nuevas armas disuasivas. Cuando la gente se arrodilla ante la policía que los apunta en medio de una imponente nube de gases lacrimógenos nadie puede creer que leyes o policías suplementario puedan tener algún efecto. “Macron, estas perdiendo la cabeza antes de que te la corten”, decía la frase escrita en su chaleco por un manifestante que participó en los choques con la policía en el Arco de Triunfo. “Como puede ver con toda la gente que salió en el país, la calle es nuestra. Iremos al Palacio presidencial a buscar a Macron”, decía otro manifestante.


Al cabo de esta novena fecha de protestas empieza a notarse una fractura en la sociedad. Hay una Francia de amarillo activa y comprometida y otra impaciente porque este revuelo social termine de una vez. Policía contra manifestantes, pueblo contra elites, trabajadores contra corruptos, ricos contra pobres, teorías complotistas por todas partes, degradaciones urbanas, violencia física, amenazas de muerte contra los chalecos moderados, los actores políticos, diputados, intendentes o consejeros municipales, toda la sonata de la confrontación atraviesa la sociedad sin descanso. Hay algo brutal yobsceno que flota en el aire y no se dispersa. La violencia innata del capitalismo, su pecaminosa exhibición de la desigualdad como filosofia es un combustible infinito.


Jean-Jacques, un modesto productor agrícola del Oeste de Francia, decía, mientras pateaba con rabia la vitrina de una boutique de ropa de lujo: “mire, ve usted, esa cartera de mujer que está ahí cuesta más que dos salarios míos juntos. ¿ Usted cree que se puede seguir viviendo en una sociedad así? Seguramente que no”.


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“Fue apenas un show, un juego y una burla”

El presidente de la asamblea opositora se proclamó presidente y fue validado de inmediato por la OEA, Brasil y Colombia.

 

El presidente de la opositora Asamblea Nacional de Venezuela Juan Guaidó se declaró ayer presidente de Venezuela. Lo hizo con rodeos, al pedir el apoyo de ciudadanos, militares y la comunidad internacional para asumir el mando del Ejecutivo en un nuevo acto de desconocimiento del presidente Nicolás Maduro que el jueves asumió su segundo mandato. La medida fue saludada de inmediato por el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, y por los gobiernos de Brasil y Colombia. Maduro la rechazó y ridiculizó la actitud de la Asamblea y convocó a los venezolanos a defender su gobierno.


En respuesta a la oposición, el sucesor del legado del ex presidente Hugo Chávez respondió que la Asamblea Nacional, órgano declarado en desacato por el ejecutivo en 2016, lidera un show mediático para intentar desestabilizar la situación política del país. “Allá ellos con su show, su juego y su burla, porque se burlan de su propia gente, acá nosotros con nuestro trabajo, tenemos mucho trabajo por hacer y yo seguiré cumpliendo mis funciones para las que ustedes me eligieron, con firmeza y con valentía”, respondió Maduro ante periodistas en el Palacio de Miraflores, sede del Ejecutivo. Asimismo, rechazó la decisión que tomó la OEA el jueves de no reconocer el nuevo gobierno, y advirtió que esa postura sienta un peligroso precedente para el hemisferio. “Nicolás Maduro fue reelecto por el soberano pueblo venezolano”, subraya el comunicado que también denuncia las “prácticas de coerción” utilizadas por Estados Unidos en Latinoamérica. “Estados Unidos promueve una campaña agresiva con el fin de avanzar sus políticas de cambio de régimen en el país caribeño”, denuncia. El mandatario expresó además su agradecimiento a los que llamó países amigos que decidieron no acompañar la resolución de la OEA. La resolución del organismo internacional, aprobada por 19 países, declaró ilegítimo el gobierno de Maduro e hizo un llamado para realizar nuevas elecciones presidenciales, debido a que el organismo no reconoció las realizadas el 22 de mayo argumentando que la oposición no pudo participar.


Guaidó sostuvo la misma propuesta ayer en su discurso frente a la sede la Organización de Naciones Unidas (ONU), de Caracas. Ante una multitud que levantaba carteles con la consigna “Maduro usurpador”, Guaidó declaró que la Cámara se apegará a la Constitución venezolana y, en este sentido, asumirá las “competencias de la encargaduría de una Presidencia de la República”. No obstante, en un pedido de ayuda a las fuerzas armadas y a sus aliados internacionales como Washington y el Grupo de Lima, advirtió que el mero decreto no será suficiente para sacar a Maduro del ejecutivo. “Asumimos entonces la convocatoria a las Fuerzas Armadas, a la comunidad internacional al ejercicio de los artículos de nuestra constitución 333, 350 y 233 para ejercer mandato”, prosiguió el opositor. “A esa familia militar que quiere cambio, que quiere lo mismo que nosotros, le hacemos un nuevo llamado, aquí está la legítima Asamblea Nacional que claro que asume su responsabilidad y la va a asumir”, dijo a la institución castrense que el jueves juró lealtad a Maduro. Para finalizar, Guaidó llamó a la oposición a manifestarse en las calles el próximo 23 de enero –fecha en la que se conmemora la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez–. “Llamamos a una gran movilización en todos los rincones de Venezuela para exigir un gobierno de transición que llame a elecciones presidenciales”, anunció en su efusivo discurso. “¡Asume! ¡Juraméntate!”, le exigían algunos de los asistentes en la especie de cabildo abierto convocado por el Parlamento. Al cierre de su intervención Guaidó aseguró que el cuerpo legislativo seguirá trabajando para lograr un gobierno de transición y un una nueva vuelta electoral.


Casi en simultáneo, pero desde el Palacio de Miraflores, Maduro también llamó a los venezolanos y les pidió unidad en las calles para evitar, dijo, cualquier intento de protestas opositoras como “guarimbas” de 2017.


“¿cuántas veces dijeron de Hugo Chávez que era ilegítimo? ¿Cuántas veces no lo han dicho de Maduro? ¿Cuántas veces, entre comillas, jugaron a la política de manera inconstitucional”, agregó en referencia al desconocimiento de la oposición y de Estados Unidos, la OEA y la Unión Europea respecto de su nuevo gobierno. “El pueblo movilizado es la garantía de paz, es la vacuna contra cualquier proceso de desestabilización (...) hay gente de la oposición que está desesperada (...) y la vacuna es el pueblo movilizado y el Gobierno trabajando”, finalizó.


Mientras tanto, del otro lado del océano, la oposición venezolana en el exilio realizó una conferencia de prensa en Madrid junto a representantes del conservador Partido Popular (PP) español y del liberal Ciudadanos para pedir a la comunidad internacional que presionen el gobierno de Maduro con más sanciones.

 

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Sábado, 12 Enero 2019 06:45

¿Ruptura o perpetuación?

¿Ruptura o perpetuación?

La nueva toma de posesión de Nicolás Maduro se llevó a cabo ayer, jueves, en el Tribunal Supremo de Justicia. La Asamblea Nacional, enteramente controlada por la oposición, fue declarada “írrita”, al haber votado un impeachment contra Maduro. Hoy, viernes, la Asamblea Nacional Constituyente, bajo control del chavismo, debía reconocer la investidura del presidente.

El viernes 3 los cancilleres del Grupo de Lima consensuaron, a excepción de México y con apoyo de Estados Unidos, una declaración en la que desconocen al nuevo gobierno que asumió Maduro ayer jueves. Si por ahora no se habla de intervención militar para “restaurar la democracia” en el país, según palabras del secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, los rumores en ese sentido persisten en Venezuela y se sabe que funcionarios estadounidenses continúan instando a los militares caribeños a tumbar a Maduro. Otras señales en esa dirección provinieron, meses atrás, de políticos y militares brasileños muy cercanos al ahora presidente Jair Bolsonaro. Uno de ellos fue el ahora vicepresidente, el general Hamilton Mourão, quien fue encargado militar de la embajada en Venezuela. Mourão se pronunció, antes de la toma de posesión de Bolsonaro, a favor de un golpe de Estado en Venezuela. “Las Naciones Unidas tendrán que intervenir a través de las tropas de paz (…) y allí está el papel de Brasil: liderar las tropas de paz”, afirmó. Pero una vez en el poder, Bolsonaro fue más cauto, quizá esperando la movida definitiva de su aliado Donald Trump y también la actitud que asuma la Colombia de Iván Duque, otro “trumpista” que se manifestó en su momento favorable a una acción armada y luego se desdijo.


En el plano regional, México y Uruguay, fuera de los aliados clásicos del chavismo, como Nicaragua y Bolivia, aparecen como los países más opuestos a acciones tendientes a buscar la caída del gobierno chavista. A su vez, la llegada al gobierno del Psoe en España ha sumado una voz en la Unión Europea a quienes privilegian el diálogo con el Ejecutivo de Maduro.
La intervención militar abierta es, de todas maneras, la hipótesis de menos peso de todas las que evalúan la oposición interna y externa para lograr que el nuevo sexenio de Maduro no llegue a su término en 2024. Estados Unidos continúa, por ejemplo, apretando el torniquete económico. Nuevas sanciones del Tesoro fueron publicadas el martes 8 en Washington contra un grupo de ex funcionarios del chavismo. Lo curioso es que todos ellos, o bien están detenidos en el país, o se han ido de él o han sido sancionados. Es muy poco probable que esas medidas puedan entonces ejercer presión real sobre el Ejecutivo de Maduro.


Los escenarios más radicales, como un bloqueo económico o un embargo petrolero, terminarían por otro lado atrincherando al gobierno y consolidando las alianzas que ya ha hecho con países como China, Rusia y Turquía. Los dos primeros han otorgado a Caracas créditos por 5.000 y 6.000 millones de dólares, respectivamente, destinados a reactivar la industria petrolera. Rusia, además, envió por unos días el mes pasado algunos de sus bombarderos estratégicos TU-160 a tierras venezolanas para marcar presencia y como forma de advertencia.


El escenario de presión económica externa tampoco beneficia al empresariado, uno de los principales sostenes de los sectores antichavistas.
La oposición política, por su lado, se halla en este plano, como en muchos otros, dividida. Hay quienes –como el diputado Stalin González, segundo vicepresidente de la Asamblea Nacional, controlada enteramente por las fuerzas adversas a Maduro– rechazan las intervenciones externas, y quienes –como los dirigentes opositores radicados fuera del país– respaldan sin cortapisas cualquier iniciativa que conduzca al derrocamiento de Maduro.


Lo cierto es que la oposición ya no aparece con fuerzas como para convocar a nuevas movilizaciones contra el gobierno, incluso en un contexto de crisis económica y social como el actual, que podría serle propicio para agitar nuevamente las aguas, como lo hizo en 2017, cuando alentó las “guarimbas”, acciones violentas que derivaron en una espiral saldada con decenas de muertes.


El Plan de Recuperación Económica lanzado por Maduro cuatro meses atrás no ha dado los resultados esperados por el gobierno: no hay muestras de crecimiento de la economía, la hiperinflación continúa descontrolada, y la actividad petrolera, la principal del país, sigue decayendo.


Pero su debilidad política ha llevado a algunos sectores de la oposición a cambiar de discurso, y a dejar incluso de cuestionar la legitimidad del nuevo gobierno de Maduro, un tema en el que estuvo enfrascada, buscando nuevas estrategias. Habrá que ver cómo se van decantando las aguas en las próximas semanas.

Por Ociel Alí López
11 enero, 2019

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Jueves, 10 Enero 2019 06:46

De la guerra a la tregua

De la guerra a la tregua

Las guerras comerciales de 2018, que enfrentaron en diversos momentos a buen número de contendientes –los otros socios del TLCAN, los miembros de la Unión Europea y, desde luego, China– con el instigador de todas ellas, Estados Unidos, se fueron aquietando a lo largo del año en alguna medida. En estas notas catorcenales se analizó su evolución y desenlace, provisional o definitvo. Recordemos, entre otras, dos notas de especial relevancia para la de hoy: Trump y Xi en Mar-a-lago, 20 de abril, y GC: una tregua desmentida, 31 de mayo. En su encuentro de la primavera de 2018 ambos líderes constataron la profundidad y anchura de los abismos que los dividen, que van mucho más allá del intercambio comercial, y acordaron negociaciones a nivel ministerial que resultaron fallidas. Desde el verano, los ruidos intimidatorios y los anuncios de nuevas o más altas barreras arancelarias por parte de Estados Unidos, así como de acciones de represalia por parte de China, fueron más frecuentes que la búsqueda de oportunidades de diálogo y negociación. El encuentro de ambos líderes en el G-20 de Buenos Aires, en diciembre, abrió un nuevo periodo para la búsqueda de entendimientos, inicialmente arruinado por las invectivas de Trump.


La llegada de 2019 tornó imposible seguir ignorando la inminencia de un deadline, que dista sólo siete semanas: a falta de acuerdo, el 2 de marzo se elevarán, en forma autómatica, de 10 a 25 por ciento los aranceles que gravan compras estadunidenses de mercancías de China con valor anual estimado en 200 mil millones de dólares. Nadie duda que las correspondientes acciones de retorsión de China serán también automáticas.


Más que otra vuelta de tuerca, una presión adicional u otra acción disuasoria, esta alza de aranceles punitivos y las inevitables represalias inmediatas constituirían la declaración formal y la primera gran batalla de la guerra comercial del Pacífico, entre las dos principales potencias del planeta. Nadie quedaría a salvo de sus repercusiones y consecuencias. Por ello, hay que pasar, ahora sí en serio, de la guerra a la tregua y a la negociación.


Del 7 al 9 de enero se reunieron en Pekín delegaciones técnicas de los dos países para intentar desbrozar el camino. Se espera que más adelante se reúnan en Washington delegaciones ministeriales. La estadunidense sería copresidida por el representante comercial Robert Lighthizer y el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin. (Quizá el secretario de Comercio, Wilbur Ross, y el asesor sobre Política Comercial e Industrial, Peter Navarro, se sientan desplazados del frente negociador con Pekín). China no ha informado quienes integrarán su delegación, quizá en espera del resultado de las pláticas preparatorias en Pekín. Se interpretó de manera positiva el hecho de que el viceprimer ministro Liu He –principal negociador económico internacional de China, con acceso directo al presidente Xi– acudiese personalmente al inicio de las negociaciones técnicas.


La aproximación de Estados Unidos a esta negociación ha estado dominada por una visión marcadamente optimista de su fortaleza negociadora ante China, subrayada en todo momento por Trump y otros funcionarios. Han dicho también que, en cambio, es muy precaria la posición de China, sobre todo como resultado de las barreras comerciales impuestas por Estados Unidos. Los aranceles han afectado absolutamente a China, la han lastimado mucho, tuiteó Trump la víspera de la reunión de Pekín, según nota de TheWashington Post.
Entre las cuestiones que Washington desearía obtener de China para proclamarse victorioso absoluto en esta guerra comercial –como Trump desea– destacan una reducción sustancial de su défict comercial bilateral, que alcanza a 375 mil millones de dólares; un compromiso formal de China para cesar las prácticas de invasión cibernética que, según acusaciones de Estados Unidos, le han permitido adueñarse de secretos técnicos en industrias de avanzada; aceptar sin reservas las medidas de protección de los derechos de propiedad intelectual de titularidad estadunidense; y, abatir los subsidios a los exportadores que según Washington significan ventajas excesivas e indebidas.


En los pasados meses, casi sin ruido, China anunció y conformó ahora una serie de medidas que, de forma indirecta, parecen responder a esas demandas: modificación de la ley de inversiones extranjeras para impedir que se exijan transferencias de tecnología a los socios locales, sujetándolas a negociación entre las partes; adopción del principio de neutralidad competitiva, impulsado por la OCDE, que asegura que las empresas de propiedad estatal no gozarán de ventajas frente a sus competidoras privadas o extranjeras, y, entre otras acciones, reabrir las importaciones de automóviles, soya y otros productos estadunidenses, afectadas por represalias comerciales.


Con las pláticas de Pekín, parece despejado el camino para la reunión ministerial, que se examinará con oportunidad.

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Miércoles, 09 Enero 2019 07:00

Los desafíos de la continuidad

Los desafíos de la continuidad

“La continuidad de la revolución está asegurada por las nuevas generaciones y la unidad del pueblo”, asegura una de las frases más repetidas del discurso oficial cubano. Pero el Partido Comunista cuenta cada vez con menos militantes y es evidente la desmovilización de un pueblo consciente de los privilegios que disfrutan las familias de los principales dirigentes y empresarios del país.

La anécdota tal vez no rebase las fronteras del mito, mas poco importa. El desenlace concuerda perfectamente con la personalidad que convirtió al Che Guevara en un símbolo de la lucha revolucionaria.


Corrían los años iniciales de la década de 1960 y en Cuba comenzaban a sentirse las escaseces provocadas por el bloqueo estadounidense, los errores del nuevo gobierno y el reto de por primera vez intentar satisfacer las necesidades de toda la población. Apostando por un futuro mejor, el país afrontaba con entereza un presente de privaciones en el que incluso una maquinilla de afeitar o un juego de ropa interior pasaban a convertirse en artículos de lujo. Al mismo tiempo se exigían “sacrificios” de los ciudadanos, con largas jornadas de trabajo (a veces hasta 14 horas), con el objetivo de que el país pudiera desarrollarse.


Ni siquiera los domingos quedaban reservados al descanso. Ese día los trabajos voluntarios se extendían como una marea que podía llevar al ingeniero a sembrar plantas de café o al agricultor a levantar las paredes de una obra en construcción.


En aquellos tiempos difíciles el Che parecía inmune al desánimo o el cansancio. Incapaz de aceptar que no todos compartieran su entusiasmo, podía llegar a ser injusto. Así sucedió en una ocasión, cuando increpó a uno de los empleados del Ministerio de Industrias por quejarse de tantos sacrificios. El cuestionado le respondió: “Usted habla así, comandante, porque tiene una dieta especial”. La respuesta desarmó al argentino.


Cuenta la leyenda que esa misma noche el Che confrontó a su esposa en busca de la verdad. En efecto, como las familias de otros altos dirigentes, ellos recibían una asignación adicional de alimentos, ropas y artículos para el hogar. Nada que en cualquier otro país pudiera considerarse muestra de ostentación, aunque sí lo suficiente como para marcar estatus. A la mañana siguiente, el ministro-guerrillero buscó por todas partes a su subordinado y, al encontrarlo, lo abordó con un reclamo de disculpa. “Ayer hablabas con razón”, le dijo, “yo tenía una dieta especial”. Poco antes había exigido que nunca más le dispensaran un trato de privilegio.

LOS MÁS IGUALES.

A comienzos de noviembre, Ciber Cuba, un conocido sitio digital, aseguró que “el nieto guardaespaldas de Raúl Castro, Raúl Guillermo Rodríguez Castro”, se había mudado a la lujosa residencia que hasta pocos días antes ocupaba el embajador español en La Habana.


La “noticia” encontró amplio eco en redes sociales y otras publicaciones sin que nadie se asegurara de su veracidad. Un recorrido por la urbanización en la que se ubica el inmueble hubiera permitido comprobar que lo dicho era falso: la vivienda sigue perteneciendo al representante de Madrid en la isla y la salida del anterior embajador se debía simplemente al proceso de relevos que se emplea en servicios diplomáticos de todo el mundo.


Pero Ciber Cuba había conseguido incrementar el número de sus lectores y cuestionar la imagen de las autoridades, objetivo último de su línea editorial. La facilidad con que lo hizo parte de una circunstancia notoriamente pública: los lujos que disfrutan las familias de los principales dirigentes y empresarios del país.


Un ejemplo que lo evidencia es la familia del primer secretario del Partido Comunista. Si bien la historia sobre su nieto era un bulo, la idea en la que se basó no resulta descabellada. De hecho, en el propio reparto Cubanacán, en una vivienda similar a la señalada en el artículo, vive la sexóloga Mariela Castro Espín, la hija más mediática de Raúl Castro. En promedio, las mansiones de esa barriada del oeste de La Habana –en la que antes de 1959 residían muchas de las familias más adineradas de la isla– superan los 600 metros cuadrados y se ubican en parcelas en las que menudean las piscinas y canchas de tenis.


Por el contrario, para el cubano común la vivienda se mantiene como un problema virtualmente insoluble. Durante los últimos años el maquillaje de las cifras oficiales ha hecho descender la proporción de los inmuebles “en regular y mal estado” desde casi 70 por ciento del fondo habitacional a poco menos de 40 por ciento, pero no ha conseguido evitar el reconocimiento de que harían falta alrededor de 660 mil nuevas viviendas para satisfacer las necesidades acumuladas a lo largo de décadas.


Un plan anunciado a comienzos de noviembre por el presidente Miguel Díaz-Canel pretende cambiar tan adverso panorama contando con la “producción local de materiales y otras reservas insuficientemente aprovechadas”, mas la situación económica de La Habana pone entre signos de interrogación sus posibilidades de éxito (datos de organismos internacionales ubican a Cuba entre los países del continente con menores consumos per cápita de cemento y acero, por ejemplo, y las perspectivas no anticipan un escenario más favorable).


Cualquiera sea el caso, ni la intención ni la realidad apuntan a que las edificaciones proyectadas vayan a semejarse a las lujosas propiedades de urbanizaciones como Cubanacán, desde las que parten cada mañana miles de autos hacia las oficinas donde se decide el rumbo de la nación.


Los privilegios de sus habitantes no se limitan a un techo de mejores condiciones o a disponer de vehículos propios (lujo sumamente valioso debido a la endémica crisis del transporte público). La cúpula dirigente también tiene acceso a opciones de mayor calidad en cuanto a recreación, alimentación o incluso atención médica. Como un símbolo, el más avanzado centro hospitalario del país, el Cimeq (el Centro de Investigaciones Médico Quirúrgicas), se levantó en el corazón del también exclusivo reparto Siboney, colindante con Cubanacán. Entre sus pacientes se han contado Hugo Chávez, y Fidel y Raúl Castro. Mientras en sus instalaciones se suceden los más avanzados artilugios tecnológicos, en los hospitales de provincia siguen utilizándose jeringuillas de vidrio y las listas de espera quirúrgica se extienden por meses o hasta años.


HIJO DE PAPÁ.

Una norma no escrita pero férrea impide a la prensa estatal hablar de tal orden de cosas. Sólo en una ocasión, en noviembre de 2015, un periódico de circulación local, Tribuna de La Habana, se atrevió a publicar una críptica alusión a las interminables y costosas vacaciones de Antonio “Tony” Castro, uno de los hijos de Fidel.


Poco antes se había conocido que durante una de sus estancias en un lujoso resort de la costa turca del Egeo, sus guardaespaldas habían golpeado a un paparazzi que intentaba fotografiarlo. Por aquellas semanas el presidente Erdogan preparaba una visita a Cuba, y las autoridades de Ankara se apresuraron a echar tierra sobre el asunto, pero el rotativo cometió la imprudencia de llevar a imprenta el comentario de marras. En él se hablaba satíricamente de un supuesto Gulliver júnior y sus viajes por el mundo. “Navegar en la flota de papá es un privilegio hereditario”, ironizaba el autor del texto, al retratar un personaje casi idéntico a Tony Castro, pero con otro nombre: un playboy que a lo largo de la última década ha tenido bajo su control los destinos del deporte nacional, el béisbol. Más allá de sus pretendidos o reales méritos, cabría preguntarse si –de no haber contado con su apellido– le habría sido tan fácil agenciarse el puesto de médico del equipo nacional de ese deporte, y luego la presidencia de su federación en Cuba y la vicetitularidad de la Confederación Mundial. Todo ello sin perder oportunidad de asistir a las fiestas de cuanta celebridad veranea en la isla y convertirse –en 2013– en el campeón nacional de golf.

EL PARTIDO.

Una de las máximas del discurso oficial cubano proclama que “la continuidad de la revolución está asegurada por las nuevas generaciones y la unidad del pueblo”. La frase, sólo con ligeras variaciones, es repetida como un mantra por dirigentes y campañas de comunicación.


Sin embargo, los hechos dibujan un país mucho más diverso y complejo que el que por décadas siguió el liderazgo de Fidel Castro. Su muestra más significativa se presenta dentro del Partido Comunista. Aunque sus órganos directivos preservan como un secreto de Estado los detalles de su funcionamiento, a ojos vistas un problema de fondo pone en peligro su vitalidad actual y futura: cada día menos “cubanos de a pie” aceptan militar en sus filas.


El de “cubano de a pie” es un término que motiva escozor entre la ortodoxia gobernante debido a su constante empleo por parte de agrupaciones disidentes; sin embargo, pocas figuras semánticas permiten contraponer de forma tan absoluta las dos visiones de país que coexisten en la isla: de una parte, los triunfadores (vinculados al entramado estatal o al emergente sector privado); de la otra, la masa. Mientras los primeros se movilizan en autos propios o del gobierno, los segundos penan por llegar a sus destinos empleando los más disímiles medios de transporte. Un abismo separa al satisfecho conductor de su compatriota que espera su transporte bajo el sol junto a cualquier avenida o carretera vecinal. Y el gobierno no pretende ni puede cerrarlo.


“La gente está cansada”, confiesa a Brecha un ex oficial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias que luego de más de treinta años de servicio activo, y de misiones internacionalistas en Etiopía y Angola, se ve obligado a depender de la ayuda de un hijo emigrado para llegar a fin de mes. Toda su vida adulta militó en el partido. Por mucho tiempo tal condición fue uno de sus mayores orgullos, pero las decepciones lo condujeron a la tarde en que entregó “el carné” como colofón de una discusión con funcionarios llegados a su núcleo (agrupación básica de la formación política) para “exigir” de los ciudadanos “mayor compromiso y enfrentamiento con lo ‘mal hecho’”. Con lo “mal hecho” se referían a comportamientos ilegales de los ciudadanos como, por ejemplo, comprar en el mercado negro. “Siguiendo su lógica, debíamos combatir a medio mundo, pero ninguno se preocupaba por que las calles de nuestro barrio llevaran años sin alumbrado y llenas de baches, o de que los precios suban todos los días como una espiral sin fin. No me sorprende que en tantos núcleos zonales los jubilados nos estemos dando de baja en masa y que sean tan pocos los jóvenes que quieran convertirse en militantes.”


A semejanza de lo ocurrido en la Unión Soviética durante sus últimas décadas de existencia, desde hace años en Cuba el partido y su rama juvenil (Unión de Jóvenes Comunistas) han tenido que nutrir su membresía con funcionarios de la administración pública y el sector empresarial. Para muchos, el carné rojo constituye un impulso fundamental en sus carreras en los ámbitos del Estado. Poniéndolo en los términos de un joven directivo del Ministerio de Comercio Interior, “ser del partido implica ser ‘confiable’, y ser confiable es la premisa para ocupar cualquier cargo”. Cabría agregar que un militante con tal grado de confiabilidad difícilmente será un militante cuestionador.

DIVERSIDADES.

Una vanguardia política anquilosada y un gobierno lastrado por la corrupción y la burocracia resaltan entre las causas de la disminución del “fervor revolucionario” que en otras épocas se percibía en la isla. Además, las nuevas reivindicaciones de derechos (como aquellos de la comunidad Lgbt) y las nuevas circunstancias económicas –con su carga de desigualdades– llevan años contribuyendo a una heterogeneidad social que comienza a reclamar cauces políticos.


Así lo resaltaba en una entrevista reciente Ricardo Torres, doctor en ciencias económicas y subdirector del Centro de Estudios de la Economía Cubana de la Universidad de La Habana. “La diversidad de Cuba en todos los ámbitos tiene que estar presente en la representación del Estado y del gobierno, y no solamente a nivel de los representantes, sino en la toma de decisiones. Nuestro sistema político tiene que aspirar a representar esa diversidad. Si se queda al margen, corremos el riesgo de que esa enajenación aumente y se solidifique.”
Sobre la necesidad de una representación política de la diversidad existe un gran consenso en sectores intelectuales cubanos. Algunos, como Mirtha Arely del Río, doctora en ciencias jurídicas y profesora titular de la Universidad Central de Las Villas, alertan que no basta con crear espacios formales “para canalizar la participación del pueblo en los asuntos del Estado”. En contraposición con la práctica cotidiana, la investigadora consideraba algunos meses atrás –en un artículo para la revista Cuba Socialista, la publicación teórica del Comité Central del Partido Comunista de Cuba– que el ejercicio de la ciudadanía no debe asumirse “como un mero fin (…) esto puede llevarnos a dar por democráticas formas o modos de participación que en realidad no lo son, como cuando nos concentramos más en las cifras, en el número de participantes o de asistentes y no en la calidad de la participación, o cuando se da por democrático un proceso en el que los ciudadanos sólo intervinieron para dar su aprobación respecto a decisiones ya tomadas o incluso ejecutadas”.


Las circunstancias en las que se dio el recién concluido debate sobre la reforma constitucional parecieran destinadas a corroborar su tesis. A poco de iniciarse, el joven profesor universitario cubano José Raúl Gallego, doctorando en la Universidad Iberoamericana de México, alertó sobre las dificultades que enfrentaría la campaña de discusión popular sobre el anteproyecto de la reforma debido a factores como la premura con que se pretendía desarrollarla, la incapacidad de sus organizadores para motivar el interés de la ciudadanía, o la falta de confianza de esta última en la utilidad o conveniencia de sus intervenciones. “En medio de este panorama, preguntémonos con franqueza: ¿cuán numerosa será la cantidad de personas que sacrificarán parte de su tiempo para realizar un estudio concienzudo del anteproyecto y llegar a esas reuniones con planteamientos meditados?”


Luego de concluido el proceso, las autoridades publicaron estadísticas aparentemente halagüeñas, pero que para los cubanos no pasan de un lugar común. En primer lugar, porque los altos índices de asistencia en las cerca de 135 mil asambleas celebradas en todo el país estaban garantizados; la inmensa mayoría tuvieron lugar en centros de trabajo y estudio, en los que la participación se consideraba poco menos que obligatoria. En segundo lugar, porque cada encuentro contó en promedio con 11 intervenciones. Discusiones pobres a la luz de la cantidad de artículos (224) del texto que el discurso oficial lleva meses presentando como “decisivo para el futuro del país”.

SOBREVIVIR A FIDEL CASTRO.


En la oriental ciudad de Santiago de Cuba, en el cementerio de Santa Ifigenia, reposan las cenizas de Fidel Castro. Movido por una singular interpretación de la modestia, el comandante en jefe decidió que su tumba se ubicara junto a la del héroe nacional José Martí, el paradigma humano y político de mayor relevancia en el imaginario de la nación. Poco después del entierro de Fidel, Raúl Castro completó la remodelación del camposanto trasladando hasta allí los restos de los próceres independentistas Carlos Manuel de Céspedes y Mariana Grajales, padre y madre de la patria, respectivamente.


Cada día, cientos de personas visitan el lugar. La mayoría de los extranjeros lo hace como parte de recorridos turísticos que han convertido Santa Ifigenia en una atracción más de la llamada “capital del Caribe”. Los cubanos, en tanto, casi siempre llegan en visitas organizadas por centros de trabajo o estudiantiles, o diversas organizaciones sociales.
Desde su muerte, los homenajes a Fidel Castro se han convertido en lugar común para la ortodoxia revolucionaria. A su iniciativa se han atribuido todos los logros de los últimos 60 años. Un ejemplo reciente de ello fue cuando el primer vicepresidente del país, Salvador Valdés Mesa, semanas atrás, convocó a consultar los escritos del comandante “en busca de todas las respuestas que necesitamos para rescatar la ganadería”.


Las implicaciones del predominio de la figura de Fidel en la política actual ha sido un tema debatido en círculos de la izquierda cubana disidente en los últimos años. “No es posible hacer un extracto de millones de rostros y sintetizarlos en uno solo; millones de nombres no pueden diluirse en cinco letras”, argumentaba por ejemplo un año atrás la periodista Mónica Rivero, en un artículo colgado en Internet por Late, una revista progresista de jóvenes periodistas latinoamericanos. “La unipersonalidad de estas décadas ha sido trágica para la isla de la revolución. Y no lo es menos el hecho de que ahora se enarbole una bandera de continuidad que se abraza al pasado como si se colgara del futuro”, afirmó.
A tanto tiempo de aquel 1 de enero que la colocó en el centro de los grandes acontecimientos mundiales, la Cuba de 2019 intenta encontrarse entre infinidad de retos e interrogantes. Por entonces, el propio Fidel Castro se apresuró a disipar las esperanzas de quienes creían que luego del triunfo todo sería más fácil, también a aclarar que la revolución no podría ser jamás la obra de un solo hombre.

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¿Un golpe de estado contra Donald Trump? ¡No gracias!

Los últimos acontecimientos en EEUU indican cambios relevantes en la política de la superpotencia:

19 de diciembre: Trump anuncia la retirada de las tropas de Siria (y no por ser una ocupación ilegal), también su reducción en Afganistán, provocando una gran tensión entre los generales, el lobby militar, y sus aliados en la región.

21 de diciembre: Dimite el Secretario de Defensa, el general James Mattis, por estar en contra de:
. La salida del ejército de Siria, y también la orden de asesinar a Bashar al Asad: “Matemos a toda esa puta gente” le dijo Trump en el abril de 2017.
. Romper el acuerdo nuclear con Irán.
. El traslado de la embajada de EEUU en Israel a Jerusalén
. Prohibir la contratación de los transexuales en el ejército, cuando lo que se necesita es más carne de cañón.
25 de diciembre: Trump, Melania y el siniestro John Bolton aterrizan, de repente, en la base al Asad (el León) de Irak. Es la primera visita del presidente a sus soldados, después de que The New York Times reflejara el malestar de los militares: “Deje el palo de golf y visite las tropas”. Trump se negaba porque “tiene miedo a que la gente le mate“, revela Washington Post.
31 de diciembre: Trump retrocede y decide “ralentizar” la retirada de Siria, y lejos de “entregarlo a Rusia e Irán”, anuncia su intención de controlarlo desde las doce bases militares de EEUU en Irak.
4 de enero del 2019: el Secretario de Estado Mike Pompeo anuncia una gira por ocho países de Oriente Próximo y seguir con el proyecto de la Alianza Estratégica para Oriente Próximo (seudónimo de la ‘OTAN árabe’) contra Irán.
5 de enero: Trump tira a la papelera su frase de “EEUU no es la policía del mundo”, y anuncia enviar tropas a Gabón.
¿Intenta el presidente calmar a los militares que ya le atacan públicamente?


La Junta de Trump

Como un niño asustado consciente de que la chaqueta del presidente le iba muy grande, Trump se rodeó de militares y les entregó cargos civiles, siguiendo el enfoque de la supremacía militar de Samuel Huntington (¡el mismo de la doctrina bélica de Choque de Ciclizaciones!): Michael Flynn, de Consejero de Seguridad Nacional; John Kelly, partidario de severas medidas de represión contra los migrantes que sustituyó al “débil” Reince Priebus como Jefe del Gabinete de la Casa Blanca; HR McMaster, asesor de seguridad nacional; Mark S. Inch, director de la Oficina Federal de Prisiones; Michael Bell, principal asesor de Medio Oriente; James Mattis, Secretario de Defensa; y un jefe de la CIA, Mike Pompeo, para la política exterior con el fin de poner fin de la diplomacia en favor del uso de bombas y misiles: Trump aún no tiene embajadores en unos 40 países. El ejército, uno de sus grandes apoyos de Trump durante la campaña presidencial, recibe su recompensa: un presupuesto de 716.000 millones de dólares para el Pentágono en 2018, a costa de recortes en servicios sociales.

El club de “mis generales” se disuelve

“Trump es inmoral y deshonesto”. Así califica el excomandante en Afganistán Stanley McChrystal, mostrando cómo los cambios cuantitativos se convirtieron en cualitativos, minando el apoyo inicial de los uniformados al presidente.
Motivos:

. Recortes en el presupuesto del Pentágono
. Mentir, al afirmar que gracias a él los militares han tenido un aumento de sueldo en 10 años, cuando ellos se benefician de estos incrementos cada año.
. Rechazar la versión oficial sobre “la invasión soviética de Afganistán”. Trump reconoce que la URSS envió tropas a este país para protegerse de los terroristas. Es la primera vez que un presidente de EEUU admite que la Operación Ciclón —el envío de 30.000 yihadista de Al Qaeda por parte de la CIA a Afganistán— empezó el 3 de julio de 1979, seis meses antes de la entrada del ejército Rojo al país vecino a petición de su gobierno. El régimen reaccionario y títere de Kabul, que ve cuestionada su legitimidad, ha pedido a Trump que rectifique.
. Falta de respeto a los “caídos”: le llegó a decir a la viuda de un soldado asesinado en Níger que “él sabía en lo que se metía”.
. Quedarse en casa y no acudir a la ofrenda floral en el Día de los Veteranos en el Cementerio de Arlington.
. Envío de tropas a la frontera de México, considerado innecesario, provocar no sólo sentimiento antimigrante en el ejército, sino también fragmentarlo por la presencia de miles de inmigrantes latinos nacionalizados.
. Humillar al almirante William McRaven, el mando de la operación “Matar al “fantasma” de Bin Laden”, por tardar en localizar al terrorista. McRaven le respondió que Trump “no es el líder que esta gran nación necesita“.
. Decir que el criminal de guerra John McCain “no es un héroe” por haber sido capturado por los vietnamitas. ¡Lo dice alguien que se escaqueó de ir a aquella guerra!
. No fingir respeto a los derechos humanos, al considerar la efectividad de la técnica de la tortura “ahogamiento simulado”.
. Asegurar que usaría posiblemente a Irak “como base si quisiéramos hacer algo en Siria“. ¿Qué es este “algo” si iba a sacar sus tropas?
. No avisar a las autoridades iraquíes de su visita. Trump rompió el protocolo y no se reunió en Bagdad con su homólogo. El Primer Ministro Adil Abdul-Mahdi (que sufre del síndrome de “ilusión de soberanía”) se negó a acudir a la base, y advirtió que el suelo iraquí no será utilizado para atacar a los vecinos. Casi la totalidad de la oposición ahora pide la marcha de las tropas de EEUU. El grupo islamista Asa’ib Ahl al-Haq «La Liga de la Gente de Dios» anuncia que es echarán “a patadas”. Algunos ministros han pedido explicaciones al embajador de EEUU y presentarán una queja ante la ONU por la entrada ilegal de Trump al país. Horas después, hubo una poderosa explosión en la Zona Verde cerca de la Embajada de EEUU.
. Conducir el país hacia peligrosas guerras, por ejemplo, contra Irán.


Trump, que parece no entender la estrategia del imperio, mira con la óptica de comerciante a la política exterior: busca beneficios inmediatos.


¿Un golpe militar en un país occidental?

Precedente hay: general de Gaulle en Francia del 1958, o quizás el asesinato de J.F Kennedy en 1963. Según el Premio Pulitzer Knut Royce, el gobierno de Jimmy Carter aprobó en 1979 una ley “para permitir que los militares tomen el control del gobierno durante 90 días en caso de emergencia“. En 1987, el coronel Oliver North (el rostro de la trama Irán-Contra) formó un gobierno en la sombra de la Administración Reagan. Y hoy, según Counterpunch, citando al consultor político Roger Stone, los tres generales Mattis, McMaster y Kelly habían acordado en 2017 que organizarían una acción militar sólo cuando los tres estuvieran de acuerdo.


Al contrario del discreto Obama, que también se enfrentó a un motín de los generales, Trump usa los tuits para desacreditarlos. A los militares no les gusta ser despreciados por los civiles, menos en público.


El aumento de la influencia de los oficiales sobre los asuntos civiles del país, así como su malestar hacia Trump, ha llevado a la prensa estadounidense organizar tertulias jugosas sobre cómo sería un golpe militar en EEUU, y el paso de los oficiales de la “desobediencia respetuosa” a oponerse activamente al presidente: incluso fantasean sobre el destino del jefe del estado: ¿será asesinado, encarcelado o enviado al exilio?


Para expulsar a Trump del poder, debería suceder lo siguiente:

. Que fracase su cese por un proceso político, recurriendo a la Enmienda XXV de la Constitución e inhabilitarle por “loco”, por “ser agente de un país extranjero” (Rusia), por delitos sexuales, o el “peligro” para la paz mundial. El general de la Fuerza Aérea John Hyten dijo que rechazaría una orden del presidente para lanzar armas nucleares.
. Un acuerdo entre los militares, los Servicios Secretos y la élite política, judicial, financiera y religiosa, para expulsar del poder al viejo playboy mediante un golpe “terciopelo”, sin tanques en la calle: En las elecciones de noviembre los votantes pidieron el fin del Trumpismo.

No hace falta un golpe de estado

Tras la farsa “guerra contra el terror” y ver “enemigos por todas partes”, la sociedad estadounidense se ha militarizado y el ejército se ha convertido, más si cabe, en una institución intocable.


Ni la desgracia de tener un gobernante como Trump justifica uno militar. “Es muy divertido disparar a algunas personas” no es la frase de un psicópata cualquiera, sino del general Mattis, un asesino de masas en Irak, un ‘perro loco’, a la que la prensa le ha lavado la cara llamándole “brújula moral” o “uno de los adultos” de la Casa Blanca que vigilaba al millonario infantil. La actual apatía política puede fabricar personajes más peligrosos que el magnate de hoteles.


Los oficiales dan prioridad a los intereses militares y proponen soluciones castrenses a los problemas civiles: “Para un martillo todo son clavos” y los ciudadanos soldados. La mente militar está entrenada para ganar guerras, matar, morir, destruir, que no diseñar estrategias diplomáticas y negociar.


El peligro no es sólo un presidente uniformado, sino que el estado se guíe por los intereses militares. Debe haber un control civil y democrático sobre los hombres armados.

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Priscila Ludosky, una microempresaria, se convirtió en una de las referentes del movimiento.

El gobierno francés cuenta con que el “debate nacional” propuesto por Macron en lo más alto de la crisis apacigüe la revuelta. Sin embargo, la sociedad exige en las calles que restaure el impuesto a las grandes fortunas.

 El año 2019 comienza como terminó el 2018: los chalecos amarillos siguen en pie de guerra contra la política del presidente Emmanuel Macron. Quienes apostaron por el agotamiento del movimiento se equivocaron de calendario. Aunque las movilizaciones revisten menos intensidad que las de finales del año pasado, los chalecos persisten en su demanda de que el pueblo tome las riendas de su destino. El octavo acto de la movilización amarilla repitió el perfil de las anteriores: poca gente pero mucha violencia contra los signos notorios de la riqueza. Unas 50 mil personas (fuentes oficiales) salieron durante el fin de semana. La cifra es menor a las 280 mil que se movilizaron el pasado 17 de noviembre en contra del aumento del precio del gasoil decidido por el Ejecutivo dentro del programa “transición ecológica”. Desde esa fecha hasta ahora, las reivindicaciones se fueron multiplicando, cambiaron de tono y de ángulo: hoy, los chalecos amarillos plantean una lista de 42 reivindicaciones o “directivas del pueblo” cuya filosofía es una trasformación completa del sistema democrático: este programa abarca desde el poder adquisitivo, los impuestos, la inmigración o la reforma de las instituciones. Su filosofía consiste en una verdadera refundación del mecanismo de poderes. La llave de ese cambio sería, para ellos, la inclusión en la Constitución del llamado RIC, Referéndum de Iniciativa ciudadana. Este instrumento apunta a desplazar hacia el pueblo las decisiones que lo conciernen. El RIC, por ejemplo, podría utilizarse “para suprimir una ley injusta” o “revocar el mandato de un representante”. 

La secuencia política inédita que vio surgir al movimiento de los chalecos amarillos sin que nadie intuyera la revuelta que se había gestado en el corazón del pueblo se repite ahora. Los chalecos pesan cada vez más en la confrontación social. Dos de sus tres líderes, Eric Drouet y Priscila Ludosky, se han convertido en auténticas banderas. Ambos dan muestras de una capacidad insospechada de organización, con una retórica convincente y muy estructurada. Son ellos quienes, sobre todo a través de las redes sociales, le han dado a los chalecos amarillos una fisionomía de la que carecían debido a que no estaban respaldados por partidos o sindicatos. El gobierno tiene ahora enfrente a un conductor de camiones, Drouet, y a una micro empresaria, Ludosky, con una fuerza de desafío monumental. Los chalecos rompieron el esquema tradicional y nadie, ni los medios detestados por el movimiento, ni los responsables políticos desbordados, parecen saber muy bien cómo desactivar una protesta que no huye de la violencia. Las escenas de los enfrentamientos entre los chalecos y las fuerzas del orden parecen secuencias extraídas de una película. Hay una imagen sorprendente captada el sábado a lo largo de la pasarela Léopold-Sedar-Senghor, en Paris. La policía intentó desalojar a un grupo de chalecos amarillos que bloqueaba el puente cuando un hombre, un boxeador profesional, campeón de Francia de peso pesado, surgió de pronto. El boxeador se lanzó en un combate cuerpo a cuerpo con los policías. Los hizo retroceder a puñetazos y terminó pateando a un gendarme que se había caído al suelo. El video fue visto por tres millones de personas y el boxeador celebrado como un héroe en las redes sociales. Los chalecos amarillos demuestran a menudo un encono profundo contra los símbolos de la República. El sábado 5 de enero se apoderaron de un tractor y fueron a romper las puertas del Ministerio de las Relaciones con el Parlamento. Tampoco dudaron en avanzar hacia el Palacio presidencial con la intención de ocuparlo. “Esto no ha terminado, aún tenemos muchas cosas que decir. Vamos a seguir hasta que Macron proponga lago más constructivo”, dijo Priscilla Ludosky. El sábado, en las calles de París, los chalecos repetían la misma convicción: “Este es un gobierno sordo y ciego que, a fuerza de taparse los ojos y los oídos, va a convertir una revuelta justa en una revolución necesaria”, decía a PáginaI12 una mujer chaleco amarillo en los alrededores de la Municipalidad de la capital francesa.


Emmanuel Macron no da por ahora con la escapatoria, tanto más cuanto que ni él ni su mayoría parlamentaria piensan modificar el rumbo adoptado desde 2017. “Emmanuel Macron debe encontrar una salida política para seguir reformando”, dijo hace poco François Patriat, presidente del grupo La República en Marcha (el partido de Macron) en el Senado. Pero esa salida no asoma. El poder da la impresión de no entender a quienes tiene enfrente. Reconfortado por las victorias sucesivas obtenidas contra los movimientos sociales durante la aprobación de reformas socialmente costosas como la de los ferrocarriles o la ley laboral, el macronismo persiste en su línea. El odio está ahí, latiendo a cada instante, alimentado por el rechazo frontal a una estructura construida por Macron a partir de la desigualdad. “El presidente sanciona y persigue a los desempleados, sacrifica a los jubilados, ahoga a los trabajadores con impuestos y, al mismo tiempo, le firma cheques en blanco a los ricos y los grupos empresariales”, decía a este diario Fly Rider, otra de las grandes figuras visibles de los chalecos amarillos. La cesura entre el pueblo y el poder es drástica y aumenta la sensación de que el macronismo es sólo un club de ricos que gira en una orbita exótica y distante de las preocupaciones del pueblo. El gobierno cuenta con que el “debate nacional” propuesto por Emmanuel Macron en lo más alto de la crisis apacigüe la revuelta. Este debate se inicia durante la primera quincena de enero hasta el 31 de marzo y se propone como una metodología para reconquistar a la opinión pública. La consulta estará organizada por los municipios y se articula en torno a cinco temas: pacto ecológico, servicios públicos, fiscalidad, instituciones e inmigración. Cederle la palabra al pueblo y no cambiar nada es la solución temporal del macronismo. Sin embargo, más que la palabra la sociedad exige que el presidente le devuelva lo que le sacó. 75% de los franceses reclaman que Emmanuel Macron restaure el impuesto a las grandes fortunas que modificó en beneficio de los ricos.


El diario Le Monde trazó una línea para saber a qué corriente política se acercaban las reivindicaciones de los chalecos amarillos. Según el vespertino francés, dos terceras partes son “compatibles” con el programa de la izquierda radical de Jean-Luc Mélenchon y del candidato socialista a la presidencia, Benoît Hamon. La mitad de las iniciativas amarillas son compartidas por la extrema derecha de Marine Le Pen. Globalmente, la plataforma de 42 propuestas adelantadas por los chalecos amarillos está totalmente apartada de los programas liberales de Emmanuel Macron.


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Domingo, 06 Enero 2019 05:09

Cuando Trump visiblemente se estrelle

Cuando Trump visiblemente se estrelle

Conforme las elecciones estadunidenses de 2020 comienzan a ser una preocupación en la primera plana de los medios, existe una creciente especulación acerca de qué forma asumirá. ¿Puede realmente Trump ser llevado a juicio? ¿Se moverán los demócratas más a la izquierda o más bien se regresarán al centro? ¿Qué tan fuerte es la base de Trump, qué tan leal?

Siendo alguien que he argumentado por largo tiempo que Estados Unidos ha estado en una decadencia constante e irreversible, me preguntan constantemente: “Bueno, entonces, ¿por qué Trump no se está estrellando?” Y si lo está, ¿por qué el choque no es más visible? Si va a chocar, ¿será un aplastamiento repentino, o simplemente un deslizamiento constante en caída?


El asunto de la visibilidad es visto de modo diferente desde el interior de Estados Unidos que en el resto del mundo. Abordemos ambos casos por turnos. En sus tuits Trump da una respuesta ambigua. Por un lado, el llamado a volver a hacer “América” grande implica que ha habido alguna decadencia, aunque ésta sea reparable. La reparación que Trump argumenta que está haciendo.


Por otro lado, las encuestas y los innumerables análisis de la situación apuntan a una menor confianza estadunidense en el futuro que antes, aun en el núcleo de simpatizantes de Trump. El hecho de que Trump invierta tanto tiempo atacando las “noticias falsas” muestra que está preocupado por el menor nivel de confianza estadunidense. Parece gastar mucha energía buscando persuadir a todo mundo que un nivel menor de confianza es resultado de una lectura equivocada de los datos.


Hasta ahora, dentro de Estados Unidos, la decadencia de Trump es materia de debate público entre todas las tendencias políticas y al interior de ellas. La mayoría de la gente sigue viendo lo que prefiere ver.
El panorama es bastante diferente fuera de Estados Unidos. Por una razón: la gente tiene que lidiar con decadencias de un tipo o de otro en sus propios países –en Inglaterra debido al Brexit, en Francia por el regreso de la larga tradición de levantamientos, en Rusia e India debido a las apreturas económicas, en China por la incrementada resistencia hacia sus empujes hacia fuera. De hecho, es difícil hallar un país que no esté luchando contra su propia decadencia. Por tanto no están impresionados con el argumento de que en Estados Unidos es diferente.

 


Están impresionados con la realidad de la decadencia estadunidense, y sienten que algo tienen que ver con ella. Están temerosos de un repentino colapso dramático de la divisa estadunidense. Piensan que esto podría conducir a decidir alguna guerra precipitada. Y también se preocupan de que un colapso en las divisas pudiera lastimarlos tanto como podría lastimar a Estados Unidos.


Todo esto apunta a un esfuerzo combinado por asegurarse que el choque estadunidense asuma la forma de un deslizamiento constante más que una explosión. Pero deslizamiento constante habrá.


Traducción: RamónVera-Herrera

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