Contenedores almacenados en el puerto chino de Qingdao, en el este de China, este mes. AFP

EE UU toma la decisión tras el anuncio de Pekín de penalizar los bienes estadounidenses y lleva el debate sobre el proteccionismo al epicentro del G7 que empieza este sábado

 

El enfrentamiento entre China y Estados Unidos escaló este viernes a un nuevo nivel después de que Donald Trump anunciara una subida de los aranceles de  casi la totalidad de los bienes que la primera economía del mundo importa del gigante asiático y “ordenara” a las empresas estadounidenses —sin concretar si iba a tomar medidas legales— buscar una alternativa a China para fabricar sus productos. Esta era la respuesta al anuncio de Pekín, unas horas antes, de nuevos aranceles sobre productos estadounidenses que desató la ira presidencial. El enconamiento entre las dos potencias llega en vísperas de la reunión del G7 y lleva el debate sobre el proteccionismo comercial al epicentro de la cumbre.

El enfrentamiento comercial entre China y EE UU se desató hace casi un año y medio y, pese a que las partes estuvieron a punto de firmar las paces en mayo, la tregua fracasó y cada vez parece más lejos la posibilidad de un acuerdo que termine con esta nueva guerra fría. El anuncio de Pekín de este viernes es la respuesta a los aranceles anunciados por Washington a principios de este mes. Y, aunque esperada, ha provocado un nuevo terremoto en las Bolsas y entre la comunidad empresarial estadounidense.

No fue la única represalia del día. En una batería de tuits, Trump insistió horas después en que las multinacionales estadounidenses deben buscar “una alternativa a China, incluido traer de vuelta a CASA nuestras compañías y fabricar nuestros productos en EE UU”. En su opinión, “las vastas cantidades de dinero hecho y robado por China a EE UU, año tras año, durante décadas, deben ACABAR y acabarán”, aseguraba el mandatario. “No necesitamos a China y, la verdad, estaríamos mejor sin ellos”, apuntó. En la explosión de tuits, Trump no dudó en incluir al presidente de la Reserva Federal, Jay Powell. “Mi única pregunta es: ¿cuál es nuestro mayor enemigo, Powell o Xi [Jinping, presidente chino]?”. Trump insiste en que Powell baje los tipos de interés para abaratar el dólar.

A la respuesta inicial, le siguió una reunión en la Casa Blanca en la que se acordó —como informó Trump también a través de Twitter— subir los aranceles ya en vigor sobre productos por 250.000 millones de dólares del 25% al 30%. Y los nuevos que entrarán en vigor en septiembre sobre los 300.000 millones restantes de su balanza comercial, del 10% al 15%. Una escalada en toda regla. La guerra está declarada.

Toda esta reacción se produjo después de que Pekín anunciara que castigará a productos estadounidenses por valor de 75.000 millones de dólares con un arancel del 10% en lugar del 5% actual. Las nuevas tasas, respuesta de Pekín a la decisión de Washington de aumentar sus aranceles sobre 300.000 millones de dólares de productos chinos, entrarán en vigor en dos tramos, el 1 de septiembre y el 15 de diciembre. Son las mismas fechas en las que está previsto que se pongan en marcha las penalizaciones estadounidenses.

Pekín, además, ha decidido recuperar los aranceles sobre vehículos y componentes estadounidenses, una decisión adoptada como gesto de buena fe tras la reunión del pasado diciembre entre los presidentes de ambos países, Donald Trump y Xi Jinping, en Argentina. Ahora el Gobierno chino ha anunciado que los automóviles estadounidenses soportarán un recargo del 25% y los recambios, un 5%, a partir del 15 de diciembre. El año pasado, EE UU vendió coches a China por unos 230.000 millones de dólares, según LMC Automotive, y, aunque no supone ni de lejos el grueso de su negocio, automotrices como Mercedes, General Motors o Ford registraban este viernes importantes pérdidas en la Bolsa.

“Las medidas de EE UU han conducido a la continua escalada de las fricciones económicas y comerciales entre China y Estados Unidos, que han perjudicado gravemente los intereses de China, EE UU y otros países, y también amenazan seriamente el sistema de comercio multilateral y el principio del libre comercio”, apuntaba este viernes el comunicado de la Comisión Arancelaria del Consejo de Estado, el Ejecutivo chino. Insiste así Pekín en su papel como adalid del libre comercio pese a las evidentes restricciones que las autoridades chinas imponen a los inversores extranjeros.

Con esta nueva ronda de sanciones, Pekín penaliza prácticamente todo lo que importa de EE UU. Entre los productos sancionados se encuentra por primera vez el petróleo, algunos tipos de avionetas —no así los Boeing—, y numerosos productos alimenticios, como diversos frutos secos, el cerdo congelado, varios tipos de pescado y marisco congelado y fresco, la ternera, la miel y la soja, de lejos el producto que más compra China a EE UU.

Trump había anunciado el 1 de agosto la imposición de nuevos aranceles sobre 300.000 millones de dólares en productos chinos. Ponía así fin a la tregua alcanzada en su reunión con Xi tras la cumbre del G20 en Osaka (Japón) el 29 de junio, en la que acordaron retomar las negociaciones comerciales. El 15 de agosto anunció un retraso de tres meses para productos como los juguetes o productos electrónicos de consumo, hasta el 15 de diciembre.

Críticas empresariales

Trump justificó entonces esa marcha atrás como un intento de no perjudicar al sector de las ventas al por menor, que en Estados Unidos logra su mayor facturación en torno a la campaña navideña. Con todo, las protestas del sector empresarial de Estados Unidos cada vez se oyen con mayor contundencia. La Cámara de Comercio estadounidense rechazó de inmediato la orden de Trump de abandonar China, donde las empresas estadounidenses acumulan importantes inversiones. “Aunque compartimos la frustración del presidente, creemos que el camino correcto es un compromiso continuo y constructivo”, declaraba este viernes Myron Brilliant, vicepresidente de la organización. “Las guerras comerciales no se ganan”, advirtió, en total oposición al “las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar” del presidente estadounidense.

Las amenazas de Trump no solo se han ceñido a las empresas de EE UU presentes en China. El mandatario ha pedido que las grandes empresas de paquetería examinen los envíos procedentes de China, y los devuelvan si lo creen necesario, en busca de fentanilo, una de las sustancias narcóticas que se encuentra detrás de la epidemia de adicción a los opioides en EE UU. Trump acusa a Pekín de tolerar la producción en su suelo y el envío de la droga a Estados Unidos.

Tanto FedEx como UPS respondieron asegurando que ya toman importantes medidas de seguridad para impedir el uso de sus redes de transporte para actividades ilegales o el envío de drogas como el fentanilo. Pero sus acciones ya se habían desplomado más de un 3% en Bolsa.  

Números rojos en las Bolsas, el petróleo y el dólar

La escalada entre China y Estados Unidos se tradujo este viernes de inmediato en considerables números rojos en las Bolsas y los valores estadounidenses. El índice Dow Jones perdió cerca de 600 puntos, cerrando con una caída del 2,3%, impulsado por los sectores más afectados por la guerra comercial, como las automovilísticas, las tecnológicas, las empresas de paquetería y las compañías agroalimentarias.

El precio del petróleo de referencia para Estados Unidos, el WTI, perdía el viernes más de un 3%, hasta rondar los 53,6 dólares por barril. No solo porque por primera vez las importaciones de crudo estadounidense se incluyen entre los productos gravados por Pekín sino porque el enfrentamiento comercial anticipa un frenazo económico que, unido a otros factores políticos, podrían acabar provocando una recesión global. Desde abril, el precio del crudo acumula una caída del 19%.

Asimismo, el dólar sufrió el viernes una notable depreciación y cayó a su nivel más bajo en tres semanas frente al euro y de una semana frente al yen. Frente a la divisa china, sin embargo, subió un 0,6%.

De momento, las negociaciones entre China y EE UU se mantienen. Desde la tregua pactada en Osaka, los equipos negociadores de los dos países, encabezados por el representante comercial, Robert Lightnizer, en el lado estadounidense y el viceprimer ministro Liu He, en el chino, han conversado por teléfono en varias ocasiones. La única reunión cara a cara ha tenido lugar en Shanghái el 30 de julio, aunque sin aparentes progresos. El próximo encuentro estaba previsto para septiembre en Washington, si los últimos pasos de uno y otro Gobierno no lo descarrilan.

Por Macarena Vidal Liy y Antonia Laborde

Pekín / Washington 23 AGO 2019 - 17:13 COT

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¿Es suficiente inyectar dinero público? La crisis del modelo alemán pone en duda las fórmulas para reactivar la economía

Las fortalezas de la economía alemana se han vuelto debilidades: las exportaciones, la industria manufacturera, y el liderazgo en el sector del automóvil están decayendo por factores externos como el Brexit o la ralentización del comercio internacional

Se debate sobre si Alemania va a entrar en recesión o puede evitarlo con una inyección de 50.000 millones de euros, pero cabe preguntarse si estamos ante una crisis más profunda del modelo económico alemán

Varios países, como Holanda, China o EEUU, preparan estímulos para frenar una posible recesión económica. Otros como Italia, y probablemente España, no tienen margen fiscal para hacerlo

 

Miguel Carrión

 

23/08/2019 - 21:40h

La economía alemana vuelve a dar signos de debilidad. Las señales que se van recibiendo sobre la marcha de la economía alemana en el tercer trimestre no son halagüeñas. La situación es lo suficientemente seria como para que Olaf Scholz, ministro de Hacienda del gobierno de gran coalición dirigido por Angela Merkel, se plantee un paquete de estímulo fiscal de unos 50 mil millones de euros. Se debate sobre si Alemania va a entrar en recesión o puede evitarlo por este medio. Pero, a la vista de las causas y características de la ralentización de la economía alemana, cabe preguntarse si estamos ante una crisis más profunda del modelo económico alemán. Si esto fuese así, el impacto sobre la economía española a largo plazo dependerá de si Alemania decide reorientar su economía, y en qué dirección.

La semana pasada Destatis, la oficina estadística del gobierno alemán, estimaba que el PIB de Alemania se contrajo un 0.1% en el segundo trimestre de este año. Esta semana el Bundesbank, en su boletín mensual, advertía del riesgo de que el país encadene dos trimestres seguidos de crecimiento negativo. La producción industrial se está reduciendo, al igual que los pedidos de la industria reflejados por el índice PMI de Markit.

Según Markit, la actividad del sector servicios continúa creciendo, pero no lo suficiente para compensar la caída de la producción industrial. El resultado es la tasa de crecimiento del empleo más baja en cinco años. También se relajan las presiones inflacionarias dado a la caída de los costes del sector manufacturero.

Las causas de la desaceleración de la economía alemana, y por extensión de la europea, son varias pero generalmente externas. No se trata de una crisis de competitividad. La economía Alemana está orientada a las exportaciones, cada vez más fuera de la eurozona, y por tanto es sensible al tono del comercio internacional. Y el comercio internacional se ha ralentizado sustancialmente en los últimos años. Las guerras comerciales de Donald Trump son un factor importante de esta reducción. Trump ha amenazado con imponer aranceles sobre las importaciones a EEUU de toda clase de productos de la Unión Europea, particularmente coches alemanes. El Brexit duro que se avecina cada vez con más probabilidad también representará un duro golpe a las exportaciones Alemanas y de la eurozona.

Sin embargo la crisis del sector alemán del automóvil no se debe sólo a Trump, ni desde luego a un Brexit que aún no se ha producido. Desde el escándalo por la manipulación de las emisiones de motores diésel en 2015 la industria del automóvil alemana no levanta cabeza. En el tercer trimestre del año pasado se achacó otra caída trimestral del PIB de Alemania a problemas de la industria automovilística con la adaptación a una nueva certificación de emisiones. Pero los problemas de certificación pasaron y la crisis permanece. Los fabricantes de automóviles alemanes compiten, pero no lideran en la transición al coche eléctrico.

Así pues, la crisis de Alemania está causada por una reducción del volumen de comercio internacional. Como el país germano es una economía orientada a las exportaciones, esto repercute en una reducción de la producción industrial. Y sobre todo esto se ve en el sector del automóvil, que se enfrenta a una transformación sin precedentes. Sin embargo, el consumo doméstico y el sector servicios aún crecen y contribuyen a sostener la economía alemana.

Es decir, todas las fortalezas de la economía alemana se han vuelto debilidades: las exportaciones, la industria manufacturera, y el liderazgo en el sector del automóvil. Y esta debilidad se debe a factores externos a la economía alemana. Y son los sectores de la economía hasta ahora menos apreciados, servicios y demanda interna, los que ganan fuerza.

Por ello es posible especular con la posibilidad de que estemos no ante una recesión cíclica en Alemania sino ante una crisis de su modelo económico. De cómo reaccione Alemania a esta crisis puede depender el futuro de la economía alemana y europea -y, por ende, de la española- en el medio y largo plazo.

Si Alemania se limita a proteger sus industrias dominantes esperando capear el temporal de Trump y Brexit, dependerá de que las aguas del comercio exterior vuelvan a su cauce. Pero desde luego Trump y hasta cierto punto Brexit representan reacciones contra el libre comercio globalizado del que se han beneficiado y son dependientes Alemania y la eurozona. Si EEUU y el Reino Unido dejan de ser importadores de último recurso, difícilmente Alemania puede seguir siendo el campeón mundial de las exportaciones.

Otro tanto se puede decir de la relación entre la industria manufacturera y los servicios. Actualmente la industria Alemana está en contracción mientras los servicios crecen. Esto va en la línea de la importancia creciente de las tecnologías de la información. Si Alemania protege a su industria manufacturera sin apostar a la ver por dar impulso al sector servicios, puede perder el tren de lo que ya se da en llamar la cuarta revolución industrial.

Por eso será muy importante ver en qué dirección se orienta el estímulo fiscal aceptado a regañadientes por Scholz, un ministro de hacienda socialdemócrata que no se ha desviado un ápice hasta ahora de la senda de estabilidad presupuestaria -e incluso superávit- marcada por su predecesor democristiano Wolfgang Schäuble.

¿Y España? Está claro que, a raíz de la crisis bancaria y de deuda de principios de esta década, España se vio forzada a reorientar su economía según las líneas maestras del modelo alemán dependiente de las exportaciones. Además, la industria automovilística es muy importante para la economía española como lo es en Alemania, y está en gran parte en manos Alemanas. Entonces, tanto por la influencia de Alemania en la política económica de la eurozona como por depender parte de la industria española de decisiones que se toman en Alemania, cómo afronte Alemania su crisis actual tendrá efectos profundos sobre la economía española. Ojalá Alemania apueste por invertir en el futuro en lugar de proteger su gloria pasada, aunque las expectativas de que sea así no son excesivas.

Estímulos donde se necesita...o donde se puede

"Los gobiernos en disposición de hacerlo" deben usar "su espacio fiscal", mientras que los demás deberían tratar de "reconstruir" su margen para gastar. Este es el mensaje que ha lanzado el Banco Central Europeo (BCE) a través de las actas de una de sus últimas reuniones, difundidas este jueves. En el primer bloque se encontraría, sin duda, Alemania. En el segundo se encontraría Italia, con graves problemas de estabilidad presupuestaria en medio de una crisis política. También podría estar España en el caso de que la entidad se refiera a los países que no estén dentro de los parámetros del pacto de estabilidad y crecimiento (el déficit español es menor al 3% que se establece como límite y se espera que cierre el año en un 2% del PIB, pero la deuda pública es del 98,38% del PIB, cuando el valor de referencia es el 60%), informa Marina Estévez.

Esta es una de las recetas ante la posibilidad de que varios países de la zona euro entren en recesión, entre ellos Alemania e Italia. Situación agravada por la opción de una salida brusca de Reino Unido de la UE el 31 de octubre y con el telón de fondo de la guerra comercial entre EEUU y China. Pero antes de que lo recomendase el BCE, que por su parte prepara su propio paquete de estímulos para animar la economía y elevar la inflación, varios países ya han adelantado que se preparan sus propias medidas fiscales. Entre ellos, además de Alemania, Holanda ya ha deslizado que estudia inyectar miles de millones de euros en la economía, a través de inversiones en infraestructura y educación, debido a su alta exposición al Brexit.

Fuera de Europa, en EEUU, el presidente Donald Trump habló esta semana de un recorte de impuestos, aunque solo 24 horas después rectificó. La posibilidad de una recesión pondría en peligro su reelección en noviembre de 2020. Por su parte, China ha decidido recortar sus tipos de interés.

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Miércoles, 21 Agosto 2019 06:05

Cuentas sin cuadrar y una caja de Pandora

Cuentas sin cuadrar y una caja de Pandora

Vivimos pleno ajuste fondomonetarista. Ese era, dijeron, el único camino para enfrentar la grave situación económica heredada del correísmo. Según ese discurso es necesario primero ajustar las cuentas fiscales y liberalizar la economía para recuperar los “equilibrios macroeconómicos”, para luego retomar el crecimiento: la receta neoliberal. Ese discurso se orquestó masivamente, con eco en grandes medios de comunicación, analistas convencionales, cámaras de comercio, etc. Pero los resultados son otros…

Más allá de cualquier discurso oficial, como en su momento anticipamos, lo que realmente vivimos son los intentos del “frágil” gobierno morenista de cargar la crisis al pueblo. Para colmo, ni siquiera las metas del ajuste neoliberal se están alcanzando: pese a los últimos recortes presupuestarios – o quizá debido a los mismos y a su efecto recesivo – el déficit fiscal del Presupuesto General del Estado (PGE) a julio de 2019 llegó a un saldo negativo de 1.279 millones, un 62,3% mayor al déficit de 787 millones registrado en igual período del año anterior; y es muy probable que iguale al valor negativo en 2018 de 2.900 millones de dólares. Bajo estas tendencias, es muy seguro que no se alcance el déficit previsto en el acuerdo con el FMI para 2019: 2.000 millones de dólares.

Lo peculiar es que el déficit persiste pese a que el gobierno continúa aplicando un severo ajuste, por ejemplo, sobre una inversión pública que cae desde 2014. Así, a julio de 2019 solo se ejecutó el 22,3% del Plan Anual de Inversiones públicas (PAI), representando apenas 773 millones de dólares de un total anual previsto de 3.461 millones (en 2013 el plan de inversiones sumó 8.104 millones). Otro ajuste se ha dado en la masa salarial, la cual de enero a julio de 2019 sumó 5.083 millones de dólares, casi 82 millones menos en comparación al mismo período de 2018 (implicando el cierre de enero a junio de 16 mil plazas de trabajo). En este caso, es clara la prioridad de reducir la masa salarial contrayendo el empleo público en vez de reducir los salarios de la burocracia dorada. A su vez, los otros ingresos previstos por el gobierno no fluyen. Se hablaba de mil millones por concesiones – léase privatizaciones – que, sin embargo, no avanzan como se esperaba. Además, el servicio de la deuda pública (amortizaciones e intereses) genera un peso cada vez más insoportable: a julio de 2019 ese servicio alcanzó los 5 mil millones de dólares.

Dado semejante escenario, es casi seguro que los aportes financieros de los organismos multilaterales, sobre todo aquellos previstos en el acuerdo con el FMI, serán insuficientes para cerrar la brecha fiscal… Eso podría agravar la compleja situación pues esos organismos, ante un potencial incumplimiento del acuerdo, podrían reducir o aun suspender los desembolsos, todo para obligar al gobierno a adoptar ajustes más severos.

Por su parte, los economistas ortodoxos, conservadores y prudentes (OCP) actúan algunos como caja de resonancia del FMI y otros quejándose por la falta de celeridad. Mientras, el ajuste no solo se enfoca en el déficit, sino que la desesperación podría llevar a buscar ingresos con nuevos impuestos (p.ej. incrementando el IVA) y/o con alzas de los precios de los combustibles (p.ej. eliminando el subsidio a la gasolina extra). A su vez, según la evaluación del ajuste que hizo en junio el FMI, las expectativas serían que en 2019 la masa salarial pública se reduzca en 200 millones de dólares y en 2020 lo haga en 600 millones, mientras que la reducción de subsidios debería llegar a 1.100 millones en el presente año. En complemento, los economistas OCP piden más flexibilizaciones laborales y ambientales (basta ver la barbarie propuesta por la Cámara de Comercio de Guayaquil) para “mejorar la competitividad” y recuperar la inversión privada…

Entre todo esto, persiste la lectura convencional, teológica y dogmática de la economía, sin considerar los graves efectos presentes y futuros del ajuste. Por ejemplo, seguir reduciendo la inversión pública trae secuelas recesivas, claramente visibles en el estancamiento del ingreso por persona que, de llegar a 6.347 dólares anuales en 2014, pasaría a 6.320 dólares anuales en 2019 (media década perdida...). Asimismo, el “empleo adecuado” sigue sin recuperarse al englobar solo al 37,9% de trabajadores a junio de 2019 (deterioro que se arrastra desde 2015). Más grave aún, hay un recrudecimiento de la pobreza sobre todo rural: entre diciembre de 2014 y junio de 2019 ha aumentado de 35,3% a 43,8%. Estos son apenas breves muestras de la urgencia de un análisis más integral de la economía antes de exigir más ajustes.

En síntesis, la economía, con el ajuste fondomonetarista, se muerde su propia cola, las cuentas no cuadran, y vemos varios indicios de que el estancamiento se mantendrá o incluso se recrudecerá en los próximos años. Mientras, el impacto social y político puede volverse una caja de Pandora... como se ve, por ejemplo, en la Argentina.-

Alberto Acosta y John Cajas Guijarro: economistas ecuatorianos.

NOTA: Este texto saldrá publicado en el periódico EL CONEJO, de la CEDOCUT.

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Putin apoya a Venezuela frente a la avanzada de EE.UU.

Rusia ratificó hoy su respaldo a la resistencia venezolana frente a los "intentos de Estados Unidos de cambiar a las autoridades electas”, tras una reunión compartida por los cancilleres de ambos países en Moscú.

"Destacamos la presión sin precedentes de Washington, encaminada a desestabilizar la situación en su país", afirmó el ministro ruso de Defensa, Serguei Shoig, en una reunión que celebró con su par venezolano, Vladimir Padrino López. "Apoyamos los esfuerzos de las autoridades (venezolanas) de llevar a cabo una política exterior independiente y oponerse a los intentos de Estados Unidos de cambiar el gobierno legítimo electo", agregó

El ministro ruso celebró el hecho de que el gobierno venezolano frustrara un plan, que le atribuyó a Estados Unidos, para organizar protestas masivas y dividir a la sociedad bajo la excusa de recibir ayuda humanitaria. "Consideramos que sólo los venezolanos tienen derecho a definir su futuro. La injerencia externa, especialmente en una situación tan tensa como la actual, es inadmisible", remarcó.

Shoig también afirmó que Rusia observa "con atención los acontecimientos que tienen lugar en Venezuela". "Destacamos la presión sin precedentes de Washington, encaminada a desestabilizar la situación en su país", añadió, subrayando que las Fuerzas Armadas de Venezuela son las verdaderas garantes de la integridad territorial del país.

Por su parte, Padrino López también condenó el accionar de Estados Unidos y acusó a Washington de violar el derecho internacional. El ministro de Defensa venezolano subrayó que su país se mantiene firme y continúa dando batalla, al tiempo que agradeció a Shoigú y al presidente ruso, Vladimir Putin, la invitación para participar en los Juegos Militares Internacionales Army 2019, y aseguró que los uniformados venezolanos que participen del certamen regresarán a su patria con valiosas experiencias.

El gobierno de Putin es uno de los mayores aliados de Venezuela, y se opone con firmeza a la ofensiva diplomática que lidera Estados Unidos para desalojar a Nicolás Maduro del poder. Se ha pronunciado en reiteradas oportunidades a favor del diálogo entre la oposición y el gobierno de Maduro, en el marco de la legalidad vigente como única salida posible a la crisis que atraviesa el país.

Rusia es, junto a China y Cuba, uno de los países que no reconoce como presidente a Juan Guaidó, quien se juramentó a la cabeza del Poder Ejecutivo por encargo de la Asamblea Nacional. 

Venezuela no sólo abrió las puertas a las inversiones de Rusia, sino que además es el principal importador de armas rusas en América Latina, con compras de miles de millones de dólares en los últimos años, que incluyen desde aviones de combate y helicópteros, hasta fusiles Kaláshnikov.

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El temor a un ciclo recesivo derrumba los mercados financieros de Europa y EU

China reporta los peores niveles de crecimiento de la producción industrial en 17 años

 

Los mercados financieros de Europa y Estados Unidos se fueron a pique este miércoles ante temores de que la economía mundial se acerque a un ciclo recesivo.

La contracción de la actividad en Alemania, primera economía de Europa, y el surgimiento de indicios de una recesión en Estados Unidos contribuyeron a alentar una venta masiva de acciones en Wall Street, que tuvo su peor día del año.

En Nueva York el Dow Jones, que representa a las 30 empresas más importantes en Estados Unidos, perdió 800 puntos, 3.05 por ciento, y quedó con 25 mil 497.42 unidades. El índice Standard and Poor’s (S&P) 500, que agrupa las acciones de 500 empresas y considerado el más representativo de la situación del mercado, cayó 2.9 por ciento a 2 mil 840.60 puntos, mientras el índice compuesto Nasdaq, de empresas de tecnología y electrónica, descendió 3 por ciento a 7 mil 773.94 puntos.

Las monedas y los mercados latinoamericanos fueron arrastrados por la tendencia, las más afectadas fueron las bolsas de Brasil, Colombia y Argentina, que cayeron 3, 2.5 y 1.86 por ciento, respectivamente.

La liquidación de acciones se produjo luego de que, por primera vez desde 2007, el rendimiento de los bonos del Tesoro estadunidense a 10 años se ubicó temporalmente por debajo del rendimiento del bono a dos años. Los inversores optaron por recuperar rápidamente su dinero, en lugar de obtener mayores intereses por plazos más largos, una dinámica vista como presagio de una recesión.

A esta inquietud se sumaron resultados económicos de China, donde el crecimiento de la producción industrial en julio fue de 4.8 por ciento, su nivel mínimo en 17 años, en la más reciente señal de que las presiones comerciales de Estados Unidos han golpeado la demanda en la segunda mayor economía del mundo.

En Alemania la actividad económica se contrajo 0.1 por ciento en el segundo trimestre, en momentos en que su industria automotriz, uno de los motores de la economía regional, encara nuevos estándares sobre emisiones de gases y la amenaza de aranceles por parte de Washington. Tras el reporte, las bolsas de valores de esa zona registraron pérdidas de 2 por ciento en promedio.

La intensificación de la guerra comercial de Estados Unidos con China ha sido un factor clave en las preocupaciones sobre la desaceleración de la economía mundial, pero después de la caída en Wall Street el presidente estadunidense Donald Trump, renovó sus ataques contra la Reserva Federal y su presidente, Jerome Powell, a quien él mismo designó.

Los precios del petróleo cayeron más de 3 por ciento: el Brent perdió 1.82 dólares y se cotizó en 59.48 por barril, el estadunidense West Texas Intermediate cedió 1.87 dólares y se vende a 55.23 dólares, mientras la mezcla mexicana de exportación se hundió 2.33 dólares (4.58 por ciento) a 48.53 dólares.

Al tiempo, el yen japonés, el índice dólar y el oro subieron, pues los operadores decidieron buscar activos considerados refugio seguro para las inversiones.

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La paliza a Macri y un futuro sin certezas

Si algo se merecía la soberbia clasista de Mauricio Macri es una derrota contundente, aplastante, a manos de los adversarios que tanto ha fustigado en los últimos años.

Perder por 15 puntos (47 a 32% a escala nacional) y hacerlo por dos puntos adicionales en la provincia de Buenos Aires, donde competía su pupila más aventajada, María Eugenia Vidal, otra soberbia pero con perfil más popular, estaba fuera de los cálculos del poder y también de la oposición.

Como enseñan los resultados por provincia y por distritos, las clases acomodadas de la capital federal y del norte de la provincia siguieron apostando por Macri. Una parte considerable de las clases medias lo abandonó, pero los sectores populares fueron los que le otorgaron el triunfo aplastante a la oposición. En efecto, en algunas secciones del cinturón pobre de las grandes ciudades la diferencia a favor de Alberto Fernández fue de hasta 40 puntos.

Se trató de una decisión masiva y maciza de aquella porción de la población que más sufrió el sinceramiento de las tarifas de los servicios públicos (gas, electricidad, transporte), que tuvieron aumentos superiores al 1.000% en los cuatro años macristas.

En ese sentido, se puede afirmar que fue una derrota del neoliberalismo salvaje, el que no se veía en ese país desde la década en la que gobernó Carlos Menem (1989-1999), con su secuela de privatizaciones y la desarticulación del aparato productivo de un país que décadas atrás había figurado entre las naciones más desarrolladas y, sin duda, el que contaba con la industria más potente de América Latina.

Aquel neoliberalismo no fue solo económico. Encarnó un ataque sin precedentes a los derechos humanos, hasta que llegó la actual ministra de Interior, Patricia Bullrich. Hubo mano blanda con los militares que torturaron y desparecieron en dictadura (1976-1983), represión de la protesta social y ataques mediáticos a los organismos de derechos humanos y a los sindicatos opositores, completaron un panorama de neoliberalismo social que nunca se había practicado, de forma tan extrema, en nombre del peronismo.

Los cuatro años de Macri serán recordados, además, por la brutal escalada del dólar que abrió el 2018 a 18 pesos, trepó hasta los 40 a mediados de ese año y ahora pegó otro salto hasta superior los 60 pesos. Una devaluación que tendrá impactos muy negativos en los precios internos, en la inflación, pero también en la pequeña y mediana empresa, que siguen siendo las que más empleo aportan.

La innecesaria sumisión del Gobierno Macri al FMI y, personalmente, a su todavía directora, Christine Lagarde, hicieron más bochornoso aún el pedido de préstamos que deja a la Argentina en una situación de gran dependencia, con altas probabilidades de impago de su deuda. Un nuevo default dejaría al país en una situación de enorme vulnerabilidad, algo que el mercado global ya está previendo.

La pregunta es si el impago lo declarará Macri (algo que el tándem Alberto y Cristina Fernández debe desear), o será un fruto envenenado que recogerá el próximo Gobierno. Lo cierto es que, cuando el riesgo país supera los 1.500 puntos y la economía está paralizada, las empresas argentinas cayeron hasta un 60% en Wall Street y la Bolsa de Buenos Aires se desplomó un 37%, el descalabro es mera cuestión de tiempo.

Pero aquí no se terminan los problemas. Son apenas el comienzo. La impresión es que en las elecciones presidenciales de octubre ganará el neokircherismo en primera vuelta, ya que la diferencia de votos es irreversible en apenas dos meses.

Encuentro varios problemas que me permiten concluir que el neoliberalismo salvaje derrotado en las urnas dará paso a un neoliberalismo más suave, pero en modo alguno a un postneoliberalismo, como estiman algunos comentaristas.

El primero es que la situación global cambió profundamente en los últimos años, con una guerra comercial implacable que coloca a la economía global al borde de la recesión, incluyendo países tan importantes como Alemania. Cuando Macri ganó las elecciones en 2015, no gobernaba Trump ni había un Brexit duro a la vuelta de la esquina. Esta coyuntura no concede mucho margen de maniobra a ningún gobierno del mundo.

La segunda es que, en consecuencia, el capital financiero (esa realidad que los analistas denominan los mercados) está más nervioso e intransigente que antes. La consultora Bloomberg describe de este modo la coyuntura argentina: "Los inversores no están dispuestos a dar al líder opositor Alberto Fernández —presumiblemente, el próximo presidente de Argentina— el beneficio de la duda".

Esta realidad llevó a Alberto Fernández a asegurar, una y otra vez, la "absoluta voluntad de pago" de un eventual gobierno peronista. Solo atinó a decir que habrá que negociar algunos aspectos del acuerdo firmado por Macri con el FMI.

El tercer asunto es que la sombra de los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández (2003-2015) sigue planeando sobre la sociedad argentina y, de modo muy particular, sobre las clases medias. En la actual campaña electoral los voceros de la candidatura opositora se empeñaron en asegurar que aprendieron de los errores del pasado, que no van a imponer un nuevo cepo cambiario ni a promover la intervención del Estado en la economía, que provocó fuertes distorsiones en las tarifas de los servicios públicos y alejó a los inversores del país.

El problema es que más allá de las afirmaciones de los candidatos, la duda sigue existiendo para una parte importante de la población, que recuerda además la corrupción que envolvió al Gobierno de Cristina. Eso explica que, a pesar de la desastrosa situación económica, un 32% de los argentinos se hayan pronunciado por el continuismo macrista.

La cuarta y última, es que la población más pobre y vulnerable ha sido duramente castigada por la política económica de Macri y no parece estar dispuesta a aceptar cualquier solución a sus reclamos. En los últimos cuatro años, los sindicatos y los movimientos territoriales de las periferias urbanas estuvieron de forma casi ininterrumpida en la calle, un escenario que no van a abandonar hasta que no vean satisfechas por lo menos algunas de sus demandas.

Este conjunto de factores hace que, sea cual sea el color del próximo gobierno, no habrá mucho margen para el optimismo.

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Jueves, 15 Agosto 2019 05:33

China critica a Samsung y Huawei 

China critica a Samsung y Huawei 

El gobierno chino acusó a las compañías de telefonía celular Samsung y Huawei de mantener posiciones sospechosas en torno a Hong Kong y Taiwán, al considerar en sus sistemas operativos y sitios web a estos territorios como países independientes. Tras dos meses de masivas manifestaciones en el conflictivo territorio de Hong Kong, la administración de Xi Jinping se muestra especialmente sensible ante la cuestión del estatus de la ex colonia británica, y de la posición de compañías y países internacionales frente a la crisis.

Samsung, el mayor fabricante en el mundo de celulares inteligentes (smartphones), recibió fuertes críticas por ofrecer a sus usuarios la posibilidad de elegir a Hong Kong o Taiwán como países distintos a China, un hecho que es interpretado por muchos cibernautas como una amenaza para la unidad del gigante asiático.

La compañía surcoreana ofrece a los clientes a través de su sitio web la posibilidad de elegir el lugar donde viven, mediante una lista en la que aparecen nombres de países independientes, pero también estados asociados como Puerto Rico. 

El cantante chino Zhang Yixing, conocido por su nombre artístico "Lay", y una figura pública muy reconocida en el país, decidió romper su colaboración comercial con Samsung, a la que acusa de "herir los sentimientos del pueblo".

Aún más sorprendentes resultan las críticas de sectores nacionalistas chinos a Huawei, hasta ahora protegida como pocas compañías, tras ser objeto de sanciones por parte del gobierno estadounidenses.

El número dos del mercado de la telefonía celular en el mundo fue cuestionado por la forma en que presenta a estos dos lugares en la selección de franjas horarias de los teléfonos de su conocida serie P. Por ejemplo, los habitantes en la capital taiwanesa deben elegir la opción “Taipei, Taiwán”, medida criticada por varios clientes que argumentan que no se respetan las leyes asiáticas.

"Huawei ha transformado Taiwán en un país, es inaceptable", criticó un usuario en la red social Weibo. "¿Por qué las empresas chinas no pueden respetar las leyes de nuestro país?", lamentó indignado otro participante.

Por el momento, ni Samsung ni Huawei se manifestaron acerca de la controversia. Hasta ahora, varias empresas occidentales dedicadas a la venta de artículos de lujo, como Givenchy, Coach, Versace o Swarovski, habían sido acusadas de insinuar en sus productos o publicidad que Hong Kong es un país independiente.

Hong Kong es un territorio reunificado a China en 1997 que dispone de moneda propia, y Taiwán, cuya soberanía es reivindicada por Beijing, dispone de gobierno propio, aunque con escaso reconocimiento internacional.

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Lunes, 12 Agosto 2019 06:09

Contundente derrota de Macri

Contundente derrota de Macri

Mauricio Macri recibió un contundente rechazo en las urnas este domingo y será muy difícil que logre la reelección como presidente de Argentina. La fórmula de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner alcanzó el 47% de los votos y lo superó por quince puntos, dejando al peronismo a un paso de volver a la Casa Rosada. "Hemos tenido una mala elección", reconoció el actual mandatario que habló antes de que se difundan los datos oficiales. También aseguró que inmediatamente se pondrá a trabajar para revertir estos resultados en Octubre, cuando se realicen las elecciones generales y vinculantes. La tarea será cuesta arriba, su partido también perdió por 17 puntos los comicios para gobernador de la Provincia de Buenos Aires, el distrito más poblado del país, y apenas logró imponerse en Córdoba y la Capital Federal, cuna política de Macri.

"Gracias a todos y a todas las argentinas que confiaron, gracias de corazón, porque estábamos seguros que la Argentina necesitaba terminar con este tiempo y construir otra historia", señaló Alberto Fernández minutos después de conocerse los resultados. "A partir de hoy se acabó el concepto de venganza y de grieta", destacó en seguida anticipándose a un discurso del oficialismo que seguramente busque extremar la polarización antes de los comicios de Octubre para convencer a los votantes que prefirieron otras fuerzas políticas. "No venimos a derrotar un regimen, sino a crear una nueva Argentina", concluyó ante un enfervorizado auditorio de más de cuatro mil personas que colmó la sede del Frente de Todos, el espacio político que logró nuclear a casi todo el amplio espectro peronista.

Un tono muy parecido había usado un rato antes la ex mandataria Cristina Fernández de Kirchner, que habló primero y cuya intervención se transmitió por pantalla gigante, ya que se encontraba en Río Gallegos, capital de la austral provincia de Santa Cruz. Allí tiene residencia y por tanto allí debía votar. "Sabemos que tenemos que llegar a todos y a todas. A los que nos votaron y a los que no", explicó. "Todos debemos escuchar la voz de las urnas para intentar que la Argentina tenga la posibilidad de ser una opción mejor, más feliz", agregó.

Como contó eldiario.es, Cristina fue la gran protagonista del triunfo de ayer. La mujer que hace cuatro años dejó la Casa Rosada nunca cedió el centro de la escena política e incluso fue quien nominó a Alberto Fernández como candidato a presidente. También fue el centro de las críticas de la alianza electoral de Macri durante la campaña. Algo que seguro se profundizará en los próximos días aprovechando las causas judiciales por corrupción que aún tiene abiertas.

Pero las elecciones del domingo no solo avizoran un cambio presidencial y de gobernador en la Provincia de Buenos Aires. También se votaron candidatos para disputar 130 bancas de diputados nacionales y 24 de senadores (Argentina tiene un sistema bicameral como Estados Unidos). Si se repitieran los comicios en Octubre el peronismo podría alcanzar el quórum propio, es decir, el número mínimo de legisladores necesario para debatir y votar los proyectos de ley. Esto podría sacar al Congreso de la parálisis que vivió este año en el que Cambiemos evitó pasar por el recinto medidas que podían afectar su imagen.

El peronismo también pudo cerrar el día festejando un rotundo triunfo en la única elección vinculante de la jornada. Alicia Kirchner, hermana del fallecido ex presidente y cuñada de la actual candidata a vice, reeligió como gobernadora de la provincia de Santa Cruz.

Y mientras el peronismo celebraba, el oficialismo se sumía en la preocupación. Anoche ya improvisaron una reunión de funcionarios jerárquicos en la sede de campaña de Cambiemos y comenzaron a circular versiones de posibles cambios en el gabinete. El gobierno sabe que tiene dos meses todavía, pero la diferencia parece irremontable aún para los más optimistas.

¿Para el gobierno aún hay esperanza?

El único dato alentador para Macri es que para casi todos los cargos en juego los comicios no fueron vinculantes. Se trató de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), un mecanismo creado en el año 2009 para permitir que todos los votantes participen de las internas de los partidos para elegir sus candidatos sin necesidad de que estén afiliados. Sin embargo, como todas las fuerzas políticas presentaron listas únicas para los cargos nacionales, lo que se vio fue la encuesta electoral más representativa posible. De hecho, votó un 75,85% del padrón, una proporción mayor a la que participó de las elecciones generales españolas (71,76%).

Si bien es un número considerable, para la Argentina es inferior al que habitualmente vota en las elecciones generales. En los comicios presidenciales de 2015, por ejemplo, de las PASO participó un 74, 91% del padrón y en las generales la cifra llegó al 81, 07%. Eso significó que se sumaran dos millones de votantes nuevos que en aquel momento fueron muy útiles para la estrategia macrista. Los encuestadores caracterizan a este grupo como "desencantado de los partidos". Una línea permeable a inclinarse por Cambiemos ya que suele apelar a un discurso considerado "apolítico".

En aquella instancia a Macri le funcionó. Había quedado a ocho puntos de Daniel Scioli, el candidato del peronismo, en las PASO (30% vs 38%). Y logró achicar esa diferencia a tres (34% vs 37%). Eso forzó a un desempate entre los dos principales rivales y terminó dándole un triunfo a Macri con el 51% de los votos. El recuerdo ilusiona al entorno del actual presidente, pero la remontada en esta oportunidad deberá duplicar a la anterior. Y lo que más preocupa es que esta vez quedaron a más de 2,3 millones de votos de diferencia. Asi que ni siquiera consiguiendo que todos los que se quedaron en sus casas ahora los voten a ellos les alcanzaría.

Su estrategia, entonces, deberá apuntar a lograr que aquellos que hayan elegido otros partidos cambien su decisión en Octubre y lo acompañen. Por eso apuntará a polarizar la elección apelando al "voto útil" y continuará la campaña de demonización del kirchnerismo. La semana pasada ya había iniciado ese camino con mensajes en su cuenta de Twitter en los que se planteaba un antagonismo entre su propuesta y la de los "mafiosos, corruptos, delincuentes y narcotraficantes". La dificultad con la que se encontrará es que ahora deberá explicarle a quienes no lo votaron en las PASO que no se refería también a ellos.

Una jornada de votación tranquila y las dudas sobre el manejo de la información

La jornada electoral transcurrió sin mayores controversias. El único dato que llamó la atención durante los comicios fueron las denuncias de que las boletas de Cambiemos llegaron a varias escuelas dobladas ocultando el tramo que correspondía al candidato presidencial. Esta estrategia buscó evitar que la imagen de Mauricio Macri afecte el resultado de los demás candidatos de su partido que van pegados a él en la boleta. Pero no resultó efectiva al final.

Lo que dejó más lugar a dudas fue el desempeño del Ministerio del Interior, Obras Públicas y Vivienda en su tarea de llevar a cabo el recuento de votos. La entrega de datos se demoró una hora y media más del tiempo previsto. Incluso los primeros datos oficiales se publicaron quince minutos después de que Macri hubiera reconocido la derrota. La pregunta que quedó en el ambiente es si contaba con información antes que los demás.

El ministro Rogelio Frigerio dijo que no. Que probablemente se había expresado sobre bocas de urna y datos de los fiscales distribuidos por los colegios donde se realizó la votación. Argumentó que la demora en hacer públicos los datos oficiales fue a raíz de que la Justicia Electoral les había pedido que dieran difusión a los resultados provisorios recién cuando contaran al menos con un 10% del padrón procesado de los cuatro distritos principales (Córdoba, Santa Fe, Provincia de Buenos Aires y la Capital Federal). Desde el Ministerio dijeron que la demora fue específicamente porque aguardaban los datos de la Provincia de Buenos Aires. Sin embargo cuando los hicieron públicos ya estaba procesado el 39,36% de esa jurisdicción.

Los funcionarios se negaron a responder al respecto. Apenas felicitaron a la fuerza política ganadora y repitieron lo que había dicho el presidente minutos antes: que les tocaba escuchar a las urnas y trabajar para revertir la situación. Al parecer les queda poco tiempo.

Por Javier Borelli- Periodista en Tiempo Argentino

12/08/2019 - 10:45h

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Los dos grandes pelean, el mundo se resfría

 EE UU y China desenfundan la divisa como arma en un conflicto que ya no es solo comercial y para el que no hay visos de acuerdo. Se agravan así los temores a un frenazo de la economía global

 

“¿Cómo negocias con mano dura con tu banquero?”, se preguntaba en 2009 la entonces secretaria de Estado de EE UU, Hillary Clinton. Esta frase, recogida en un cable revelado por Wikileaks, resumía la complicada relación de Washington con China, que controlaba deuda pública de la mayor potencia mundial por valor de un billón de dólares. Una década después, el país asiático ha aumentado ligeramente su cartera de bonos estadounidenses. Pero eso no ha impedido que el hoy presidente Donald Trump use todas las armas contra su gran competidor global, que además sigue siendo su mayor banquero.

En el conflicto, China ha echado mano esta semana de una nueva arma: el tipo de cambio. Tras el anuncio por parte de Trump de nuevos aranceles a partir de septiembre —una tasa del 10% para productos chinos por valor de 300.000 millones de dólares—, Pekín respondió poniendo fin a lo que hasta entonces parecía un tabú: su banco central dejó traspasar la barrera psicológica del cambio de siete yuanes por dólar.

Con esta (moderada) devaluación, China ha despertado el temor a que el choque comercial, que ya mutó en tecnológico, avance hacia una guerra de divisas. Los expertos consultados dudan que se haya llegado a este punto. China ha contenido hasta ahora la caída de su moneda, que habría sido mayor sin la intervención gubernamental. El dólar, por su parte, sí está sobrevalorado: entre el 6% y el 12%, según un informe del FMI de julio. El yuan puede ir perdiendo valor poco a poco, pero los analistas no esperan un brusco desplome, ya que, entre otros motivos, originaría una fuga de capitales que en Pekín nadie desea.

“No creo que estemos en una guerra de divisas, sino en una espiral de represalias. Al devaluar su moneda, China ha mostrado que si es preciso va a librar esta batalla con otras armas más allá de los aranceles”, responde el técnico comercial Enrique Feás. Su compañero del Real Instituto Elcano Miguel Otero coincide. “El movimiento de la divisa es un pequeño detalle en una gran partida. Lo que se juega aquí es la hegemonía geopolítica y tecnológica y la capacidad de las dos potencias de influir en todos los ámbitos. Esa es la gran partida”, añade. Como ejemplo, Otero ve más importante el que Huawei acabe de presentar su propio sistema operativo que la, por ahora, ligera oscilación del yuan.

Ya sea el inicio de una serie de devaluaciones competitivas o un mero ajuste, el movimiento del banco central chino desató una tormenta en los mercados. Al día siguiente, la Bolsa de Nueva York registró su mayor caída del año. Y la huida de los inversores a valores considerados seguros tumbó la rentabilidad de la deuda de EE UU y Alemania.

En el fondo, esta nueva disputa chino-americana —que fue acompañada de la denuncia de Washington a Pekín por manipular su divisa y del cese por parte de China de compras de productos agrícolas estadounidenses— muestra que el conflicto global está lejos de resolverse. Y que amenaza con contagiar a una economía global ya en desaceleración y sobrada de riesgos. En una encuesta publicada el viernes por Reuters, los economistas daban un 45% de probabilidades a que EE UU caiga en recesión en los dos próximos años, 10 puntos más que un mes atrás. China también encajará el golpe: Commerzbank acaba de rebajar su previsión de crecimiento para la segunda potencia mundial a causa de la batalla con la primera.

Raymond Torres, director de Coyuntura de Funcas, recuerda que tres de los cuatro motores del mundo —EE UU, China y Alemania— ya se acercaban al fin de ciclo alcista y que los últimos acontecimientos elevan la probabilidad de que este frenazo de las supereconomías sea más brusco que lo esperado. Las reverberaciones del terremoto se notarían en todo el mundo. En Europa, además, se suman los mayores riesgos por un Brexit fuera de control y la preocupante situación de Italia.

Con la tormenta asomando en el horizonte, crece la presión sobre los bancos centrales para que echen una mano en la tarea de esquivar la recesión. Estos días, países tan distantes como Nueva Zelanda, India, Tailandia o Filipinas han recortado sus tipos de interés. Todo apunta a que la Reserva Federal de EE UU —que acaba de bajar tipos por primera vez en 11 años— y el Banco Central Europeo (BCE) harán lo mismo a la vuelta del verano. “La calificación de China como manipulador de divisas es un serio aviso para la eurozona. Si el BCE aprueba en septiembre nuevos estímulos, EE UU podría incluirlo en la lista negra, aumentando la probabilidad de nuevos aranceles a los productos europeos”, recalca Carsten Brzeski, economista jefe de ING.

En el fondo, la divisa no es un elemento nuevo en un conflicto que se alarga desde 2018. Trump lleva tiempo insistiendo en lo que él considera prácticas desleales de otros países para hacer más competitivas sus exportaciones. Cuando el presidente del BCE, Mario Draghi, insinuó la aprobación de nuevas medidas de estímulo, el mandatario norteamericano le atacó por lo que consideraba una triquiñuela para devaluar el euro. Trump es el primer líder estadounidense en décadas que aboga abiertamente por un dólar débil.

A China, por su parte, no le interesan grandes fluctuaciones. El régimen comunista busca estabilidad por encima de todo. Y es consciente de que en una guerra de divisas todos saldrían perdiendo. Pero también tiene claro que si es golpeado, tendrá que responder. Cristina Varela, economista de BBVA Research, cree que por ahora China está sufriendo más los ataques que EE UU. Pero también recuerda que el gigante del este dispone de más margen para impulsar políticas que sostengan el crecimiento que su rival occidental. “Lo ocurrido esta semana sirve como recordatorio de que la guerra comercial evoluciona hacia una guerra económica hecha y derecha”, cierra Brzeski.

Madrid 11 AGO 2019 - 02:40 COT

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Se rompe el diálogo en Venezuela por el bloqueo de Trump  

Washington endureció sus sanciones y colocó a Venezuela en una situación de embargo total similar a la de Siria, Cuba, Irán y Corea del Norte. El gobierno de Nicolás Maduro respondió con la retirada de sus negociadores en el proceso iniciado con la oposición.

 

El gobierno venezolano anunció el miércoles por la noche que no asistirá a la nueva ronda de diálogos en Barbados, prevista para los días jueves y viernes. La decisión fue tomada por el presidente Nicolás Maduro, que optó por “no enviar a la delegación venezolana en razón de la grave y brutal agresión perpetrada (…) por la administración de Trump contra Venezuela, que incluye el bloqueo ilegal de nuestras actividades económicas y financieras”.

La resolución fue tomada con el margen de maniobra cerrado por Estados Unidos (EEUU) luego del decreto presidencial firmado por Trump, y con declaraciones de John Bolton, asesor de seguridad nacional, que atacó los procesos de diálogo. La administración Trump lo dejó claro: no es tiempo de hablar ni abrir canales económicos, es momento de buscar el asalto final.

Ante eso la opción del gobierno se vio reducida. Una de las demandas, tal vez la principal, para llegar a un acuerdo es que EEUU levante el bloqueo. La respuesta de Washington fue la antítesis: recrudecer hasta el punto de situar a Venezuela en la lista de pocos países que están en esa situación de congelamiento total, como son Siria, Cuba, Irán y Corea del Norte.

Europa y EEUU, a destiempo

El punto de inflexión dejó la puerta abierta a mayores niveles de incertidumbre y de posiciones en tensión. En efecto, la reacción de la Unión Europea (UE) fue de poner cautelas sobre la decisión unilateral norteamericana y subrayar su apuesta al diálogo. El Grupo Internacional de Contacto (GIC), formado y conducido por la UE, con participación de gobiernos como el de Uruguay, así lo escribió: “una salida negociada sigue siendo la única vía factible para superar esta crisis multidimensional”.

Los temores por las implicaciones del embargo se deben a un punto central: el decreto presidencial amenaza a empresas y gobiernos que hagan negocios con Venezuela. La narrativa norteamericana es clara, el gobierno debe hundirse, y con él, la economía y la población si es necesario para lograr el objetivo.

El destiempo entre EEUU y UE no se da solo por Venezuela. Otro caso significativo es el de Irán, donde la administración Trump decidió salirse del Acuerdo Nuclear. Allí Europa quedó en una zona gris, sin respuesta de peso real ante el pedido del gobierno iraní de mediar para lograr un cese del bloqueo económico, y la guillotina de las sanciones a sus empresas, varias de las cuales se retiraron del país. El resultado está a la vista: un bloqueo y una escalada guerrerista.

En el caso venezolano se está en zona vital geopolítica norteamericana: ¿Está dispuesta la UE a endurecer posiciones para obligar a EEUU a no poner bajo cuarentena al país? ¿Forma parte de sus planes dentro su relación asimétrica con EEUU? Son preguntas que están sobre la mesa en cada bloque de fuerzas.

Los escenarios tras la ruptura del diálogo

La decisión del gobierno de Maduro fue entonces la de expresar lo que ya había sucedido: la ruptura de los diálogos. EEUU lo produjo, Venezuela lo expresó. En cuanto a la oposición venezolana en Barbados, la pregunta siempre ha sido: ¿qué fuerza real, capacidad de ofrecimiento tienen en un posible acuerdo? La respuesta siempre fue que esa fuerza era norteamericana y su principal carta para ofrecer era desbloquear partes del ataque económico y financiero. Redoblarlo fue romper.

Los escenarios son cambiantes. Sin embargo, dos cartas de EEUU parecen claras: no darán marcha en su decisión de derrocar a Maduro, y, dentro de la administración Trump, así como en tramas del Estado profundo norteamericano, tienen capacidad de acción tendencias que buscan acelerar las operaciones antes que apostar a la denominada “paciencia estratégica”.

A eso se le debe agregar la variable de los tiempos electorales internos de EEUU y la forma en que Trump busca capitalizar parte de un electorado con estas medidas.

No existían hipótesis consolidadas acerca de posibles acuerdos en Barbados. Parte de eso se debía al llamado del gobierno de Noruega de mantener cautela y gran discreción. Lo que habían manifestado voceros norteamericanos, como John Bolton -parte del sector que busca acelerar las maniobras y quemar el país en su paso- era que se debía llegar a una elección presidencial sin Maduro en el gobierno. Esa postura nunca expresó un diálogo posible sino una amenaza.

La ruptura de Barbados empujada por EEUU significa el recrudecimiento de las otras formas de ataque. Trump ya anunció que prepara “otras herramientas”, el gobierno de Iván Duque en Colombia volvió a vaticinar una pronta salida de Maduro, y por debajo, en los subterráneos del país, laten las amenazas de una violencia mercenaria. Como han señalado varios análisis, los embargos no provocan caídas de gobiernos por sí solas, sino que, cuando lo logran, es por estar combinadas con otras formas de asalto.

El gobierno ha afirmado que se “dispone a revisar los mecanismos de este proceso (de diálogo) a fin de que su continuación sea realmente efectiva”. Los diálogos detenidos son las puertas abiertas a los escenarios más inciertos. ¿Una negociación con un bloqueo total es una negociación? El chavismo movilizará este sábado para expresar su desacuerdo, su voluntad de dar la pelea. 

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