Militares en Yangon, Myanmar, este lunes. — LYNN BO BO / EFE

Los militares declararon este lunes el estado de emergencia y anuncian que tomarán el control político del país durante un año después de detener a varios miembros del Gobierno, otros políticos y líderes civiles.

 

de Myanmar (antigua Birmania) declaró este lunes el estado de emergencia durante un año al tomar el control político del país. Los militares han anunciado la detención de la líder del Gobierno, la Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, además de otros políticos y líderes civiles.

El hasta ahora vicepresidente, Myint Swe, que fue nombrado en el cargo por los militares gracias a los poderes que les reserva la actual Constitución, asumió la presidencia interina y le cedió todos los poderes al jefe de las Fuerzas Armadas, Min Aung Hlaing, según ha informado el canal Myawaddy News, controlado por los militares.

Aparte de Suu Kyi, también ha sido detenido el hasta hoy presidente del país Win Myint, además de varios ministros y dirigentes del partido gubernamental Liga Nacional para la Democracia (LND). Entre la treintena de arrestados se encuentran activistas, escritores y artistas, según una lista extraoficial a la que tuvo acceso la agencia Efe.

Las líneas de teléfono y comunicaciones permanecen cortadas desde primera hora de la mañana en todo el país mientras que el único medio de comunicación que está emitiendo es el canal de los militares.

Durante la mañana se vieron en Rangún, la mayor ciudad del país, largas colas en los cajeros automáticos de los bancos, que en algunos casos se habían quedado ya sin efectivo.

Suu Kyi pide a los birmanos que no acepten el golpe 

Por su parte, Suu Kyi pidió a los ciudadanos que no acepten el golpe de Estado perpetrado este lunes por el Ejército y que protesten. En un comunicado colgado en un perfil en Facebook de la LND, la formación hasta ahora gobernante acusó a los militares de someter al país a una dictadura.

"Las acciones de los militares llevan de nuevo al país a la dictadura", señala un comunicado publicado por la Liga Nacional para la Democracia (LND) en nombre de Suu Kyi, que pidió a la gente que no lo acepte y "protesten con todo corazón contra el golpe de Estado".

Primera sesión de la legislatura tras las elecciones de 2020

El parlamento de Myanmar tenía previsto celebrar este lunes la primera sesión de la legislatura tras las elecciones de noviembre de 2020, en las que la LND, formación de Suu Kyi, consiguió una abrumadora victoria.

Los rumores de golpe de Estado se habían ido intensificando desde que el pasado martes el portavoz militar Zaw Min Tun se negara a descartar la toma del poder por parte del Ejército tras denunciar supuestas irregularidades en las elecciones legislativas del pasado 8 de noviembre.

El poderoso Ejército de Myanmar, que gobernó el país entre 1962 y 2011, cuando se inició una transición controlada hacia la democracia, finalmente rechazó el sábado esa posibilidad y garantizó en un comunicado su compromiso con la defensa de la Constitución.

La aplastante victoria electoral de Suu Kyi demostró su gran popularidad en Myanmar, a pesar de su mala reputación internacional por las políticas contra la minoría rohinyá, a la que gran parte se le niega la ciudadanía y el voto, entre otros derechos.

La Comisión Electoral negó el fraude electoral

Las supuestas irregularidades fueron denunciadas en primer lugar por el Partido de la Solidaridad y el Desarrollo de la Unión (USDP), la antigua formación gubernamental creada por la anterior junta militar antes de disolverse.

La Comisión Electoral ha negado el fraude electoral en los comicios de noviembre, ganados con una mayoría aplastante por la Liga Nacional para la Democracia al conseguir el 83 por ciento de los 476 asientos del Legislativo.

El USDP fue el gran perdedor de las elecciones, al lograr solo 33 escaños, y se ha negado a aceptar los resultados, llegando a pedir que se celebren nuevos comicios organizados por el Ejército.

Los militares, que redactaron la actual Constitución en un plan de ruta para lograr una "democracia disciplinada", contaban ya con grandes poderes en el país, al disponer del 25 por ciento de los escaños del Parlamento y de los influyentes ministerios del Interior, Fronteras y Defensa.

Rangún

01/02/2021 07:40 Actualizado: 01/02/2021 10:14

Agencias

El Ejército

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Terminó la época de los intentos por construir un mundo unipolar y centralizado, tal monopolio atenta contra la pluralidad cultural, asegura Vladimir Putin.Foto Ap

En su calidad de ser una de las dos superpotencias nucleares y la máxima potencia hipersónica, cobra trascendental relieve la participación del zar Vlady Putin en la Agenda 2021 de Davos (https://bit.ly/3amikOe), del globalista Foro Económico Mundial (FEM) que controlan el suizo Klaus Schwab y el megaespeculador George Soros (https://bit.ly/2KZVfrJ).

Dos días después, Putin firmó “una ley que ratifica el acuerdo de extensión del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (Start) por cinco años (https://bit.ly/36k9O0T)”.

Justamente un día después de su ponencia muy "realista", que para otros sería muy pesimista, el presidente Joe Biden sostuvo una llamada telefónica con su homólogo ruso donde acordaron la extensión del Start que contribuye notablemente a la "estabilidad estratégica" en el mundo (https://bit.ly/3pvR3iF).

Putin tocó los puntos nodales que afectan la situación mundial que, a su juicio, tiene mucho parecido con la década de los 30 del siglo pasado que desembocó en la Segunda Guerra Mundial y que ahora, con la pletórica letalidad de las nuevas armas tecnológicas, significaría el "fin de la humanidad" que calificó de "ominosa distopía".

El presidente Putin fustigó a la globalización: "causó un aumento significativo en los ingresos de las compañías trasnacionales, en primer lugar, estadunidenses y europeas". Pues sí: ¡Era una intensa "guerra financiera"!

Puntualizó que tales ingresos de las compañías los recibe "uno por ciento de la población".

También fustigó al deletéreo Consenso de Washington (https://bit.ly/3t8aD6K) –que de "consenso" sólo tiene el apodo, ya que fue una imposición de Wall Street y su marioneta Bill Clinton (https://bit.ly/3peRH3E).

En un diagnóstico impecable cuan implacable, el zar ruso afirmó que "la época de los intentos de construir un mundo unipolar y centralizado ha terminado". Precisó que "tal monopolio, por su naturaleza, iba en contra de la histórica pluralidad cultural de nuestra civilización".

A mi juicio, la ontología y biología abogan por la "biodiversidad de todas las especies vivientes de la creación": axioma que la barbarie globalista pretendió sepultar.

Putin comentó que la crisis de la globalización financierista exacerbó la desigualdad e incrementó la escisión de la sociedad y el paroxismo migratorio: "esto provoca una fuerte polarización de la opinión pública, causa el crecimiento del populismo (sic), el radicalismo de derecha e izquierda y otros extremos".

En referencia a la postura del ex canciller alemán Helmut Kohl –quien aseveró que Europa occidental y Rusia deben caminar juntas para que la cultura europea permanezca como uno de los centros de la civilización global en el futuro–, Putin enfatizó que "Rusia y Europa forman una misma civilización y comparten geografía, cultura, ciencia y tecnología". Sin embargo, el presidente ruso resaltó que las relaciones actuales de Rusia y los países europeos "obviamente no son normales", por lo que instó a Europa a dejar de utilizar todos los problemas de los siglos pasados en la política interna y mirar hacia el futuro.

La postura de Helmut Kohl es muy significativa por haber sido el promotor de la canciller Merkel, quien, debido a sus vivencias en la otrora Alemania del Este, padece rusofobia aguda.

El zar ruso arremetió contra los gigantes tecnológicos de Silicon Valley –Gafam (Google/Amazon/Facebook/Apple/ Microsoft)/Twitter–que "en algunas áreas compiten de hecho con los estados" cuando "sus audiencias consisten de miles de millones de usuarios que pasan una parte considerable de sus vidas en estos ecosistemas". Se preguntó si tal monopolio cibernético cumple con el interés público cuando "sustituyen las instituciones democráticas legales y usurpan esencialmente o restringen el derecho natural de las poblaciones a decidir por sí mismos cómo vivir, qué seleccionar y qué postura expresar libremente".

A mi juicio, los gigantes tecnológicos de Silicon Valley constituyen hoy el "ciber-Caballo de Troya" del siglo XXI con el que pretenden propinar un golpe global de Estado.

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Tarek Shalaby en El Cairo en 2011, durante las revueltas, protegiéndose de los gases lacrimógenos

Shalaby, activista de la izquierda egipcia, hace balance diez años después de las revueltas: “Con el triunfo del régimen todo el mundo actúa como un policía contra los demás”

 

Tarek Shalaby tenía 26 años años cuando estallaron las revueltas en su país en 2011. Diseñador de webs, licenciado en una universidad estadounidense, trabajaba por aquel entonces en una empresa de tecnología y startups egipcia, ubicada en El Cairo, que había fundado con un socio. Durante semanas abandonó su trabajo para participar en las manifestaciones, instaló una tienda de campaña en la plaza Tahrir y acampó allí, con decenas de miles más, hasta que cayó el dictador Mubarak.

En su tienda colgó un letrero en castellano, idioma que domina, en el que se leía “No pasarán”. En el ideario de un sector joven que impulsó las protestas en Egipto había ideas de igualdad, de justicia social, de libertad. No en vano, el lema más coreado fue “pan, libertad, justicia social”.

Jóvenes como Shalaby entablaron contacto con los trabajadores de las ciudades industriales, cuyas huelgas fueron clave en el éxito de las revueltas. Diez años después, aquel activista alegre, apasionado, admirador de la lucha antifascista de los republicanos españoles, integrante del Partido Socialista Revolucionario -ahora prohibido-, lleva sobre sus hombros la carga de lo que pudo ser y no fue. Su entorno ha sufrido cárcel, represión, exilio e incluso muerte a causa de los ataques de las fuerzas de seguridad.

La depresión ha pegado duro en muchas personas -varias ONGs han tenido que priorizar tratamientos con fármacos antidepresivos- y la represión del régimen de Al Sisi -a quien Trump llamó "mi dictador favorito"- ha resquebrajado el tejido social. Shalaby no ha perdido ironía, pero su mirada contiene ahora dolor y cierta resignación. De momento, resiste en Egipto.

¿Cómo analiza la situación de su país cuando se cumplen 10 años de las revueltas que derrocaron a Mubarak?

Hay un ambiente muy tóxico, existe mucha rabia acumulada, mucho odio. No hay libertad, hay decenas de miles de personas en las cárceles por sus ideas, otros muchos han tenido que exiliarse y el régimen ha logrado derrotarnos. Esa derrota, además, nos ha dividido. Es más fácil pensar que tu enemigo es el de al lado porque te ha molestado en algo que pensar que hay un sistema profundo que nos está perjudicando a todos.

Como integrante de un partido de la izquierda, ahora en la clandestinidad, ¿qué análisis hace de la situación del activismo de izquierdas en Egipto?

Por un lado tenemos a la mayoría de la sociedad, que se ha rendido y resignado, que ve cosas que están mal pero piensa que no se pueden cambiar, y por otro estamos los que jugamos un papel activo en la revolución egipcia. Este último grupo está deprimido, dividido y derrotado. No estamos luchando juntos. Hay quienes buscan un purismo absurdo, parece que preocupa más ser puro, obtener muchos likes en las redes, defender lo genial que es uno como un individuo que obtener mejoras colectivas.

¿Es posible algún tipo de militancia actualmente?

Todas las agrupaciones y partidos tienen a gente encarcelada, y el margen de maniobra es muy pequeño. Hay luchas, pero compartimentadas: unos luchan por los derechos LGTBI, otros contra el patriarcado, pero no nos coordinamos ni englobamos todas las luchas, que están relacionadas y totalmente vinculadas, en realidad. En las redes se detecta mucho acoso y odio.

¿Cuál es la situación de Egipto en el día a día?

Hemos normalizado que suban los precios de las cosas, o que haya tanta policía en la calle, o que alguien tenga que pasar un tiempo en comisaría, o que tengamos que entregar una especie de soborno para sobrevivir. En las afueras de El Cairo, donde se sitúan los barrios más ricos, se han levantado gigantescos centros comerciales que albergan las mejores marcas del planeta, lugares que se parecen a Dubai con un toque de Las Vegas, con coches Tesla y gente que prefiere hablar inglés entre ellos. Es un gran contraste con buena parte del país, donde hay mucha pobreza.

Quienes creyeron que era posible un cambio están deprimidos. Mucha gente ha perdido a seres queridos, porque están exiliados, o encarcelados o muertos por la represión.

¿Cómo se gestiona esa derrota de la que habla?

No es fácil. Cuando hay derrotas es mucho más fácil caer en la trampa del repliegue y del individualismo, pensar en ti como persona única y creer que tus decisiones personales son lo realmente importante. Es fácil olvidarse de la importancia de lo colectivo. Parece que lo que importa no es lograr mejorar el mundo, sino gustarse como militante individual, puro y estupendo. Lo irónico es que esa actitud es el corazón del capitalismo: la competición. Hay esa competición en la izquierda, también veo que existe en Europa.

Los egos condicionan la política a menudo. Y la confusión que intentan inocularnos. Si alguien cobra un poco más que tú, piensas que ese es tu enemigo, y no el jefe, que es quien decide los salarios y que además cobra diez veces más que todos. En Egipto está pasando eso. Gente que en su día luchó unida ahora mira cada una por lo suyo, compite por tener más likes en las redes y se olvida de la lucha conjunta.

¿Eso pasa en su entorno?

En parte, sí. Gente que antes creyó en el cambio ahora piensa a corto plazo y compite, es parte de la derrota ante el régimen. No es fácil reaccionar bien a la derrota. Ese es el éxito de una dictadura, poder controlarnos, someternos, y encima conseguir que la gente se tire los trastos a la cabeza en vez de criticar al régimen.

El ejército egipcio forma parte de la estructura represiva en mi país. Pero en vez de luchar conjuntamente contra eso, hay gente de izquierdas metiéndose contra otra gente de izquierdas y mientras, nadie está criticando públicamente ya al ejército, corrupto y eje vertebral del régimen.

Habla usted del acoso y de las discusiones en redes. ¿Me puede poner un ejemplo?

Como hay tanta represión, hay tabúes, creo, y por eso se habla de cuestiones compartimentadas. Por ejemplo, hablamos del acoso sexual contra las mujeres, que es un terrible problema en nuestro país. En 2011, con la revolución, conseguimos que se pusiera el foco sobre ello y que muchos hombres entendieran por primera vez que ese era un asunto importante.

Pues bien, si yo cuelgo en las redes una crítica al Gobierno egipcio por haber arrestado a chicas que no hicieron más que colgar vídeos de ellas en la aplicación Tik Tok, aparecen un montón de tíos -y también alguna que otra mujer- acusándome de ser “un imbécil, un maricón” y de querer que todas las mujeres sean “putas como las del Tik Tok”, y de paso insultan a mi hermana o mi madre. Es gente que piensa que las mujeres son sus enemigas y que el patriarcado es su amigo, cuando la realidad es justo al revés.

Pero luego en el seno de la propia izquierda surgen discusiones en torno al feminismo, por ejemplo, u otras muchas cuestiones que a veces solo sirven para dividirnos. Mientras todo esto pasa, hay decenas de miles de personas en prisión, estamos amordazados y el régimen nos aplasta. Y como hay crispación, cada vez más gente se calla.

¿No hay ningún tipo de actividad fuera de las redes?

Sí, pero el riesgo es altísimo. Hemos visto en el pasado reciente cómo mucha gente que ha participado en manifestaciones minúsculas ha acabado arrestada. Hay huelgas de vez en cuando, protagonizadas por obreros de las fábricas, pero no quieren saber nada de los activistas de las ciudades, la conexión que hubo en el pasado apenas existe ahora.

Si no eres útil, si no puedes hacer huelga porque te arrestan, ni bajar a la calle, ni participar en las elecciones, ni crear partidos políticos, ni difundir tus ideas abiertamente, al menos deberíamos estar hablando, debatiendo, analizando e intentando encontrar puntos de encuentro. Pero no existe ese espacio ahora, nos lo quitó el régimen. Esa gran derrota, esa gran división, hace que todo el mundo actué como policía en contra de los demás.

¿Tiene amigos en la cárcel?

Sí, claro. Todos los tenemos. Amigos cercanos en prisión tengo doce, chicas y chicos de mi partido o de organizaciones no gubernamentales o de derechos humanos, principalmente. Hay muchos partidos que tienen a gente arrestada y también movimientos sociales, incluso algo tan pequeño como el BDS [ movimiento en favor del boicot a los productos israelíes], que deben ser solo unos veinte, tiene a dos de sus miembros en prisión. Y luego están los exiliados, buena parte de mis amigos están fuera.

¿Qué hay de los Hermanos Musulmanes?

Están la mayoría en la cárcel, y el resto exiliados. Muchos en Turquía, varios en Qatar. Los que permanecen aquí en Egipto no salen a la calle, saben que les pueden arrestar cualquier día. No sé qué supondrá para ellos el acuerdo reciente entre Qatar y Arabia Saudí. Veremos. Operan mucho a través de Internet, a través de vídeos de Youtube que realizan los exiliados. Tienen programas que son vistos por tres millones de personas o más. Algunos de esos programas son bastante extremistas, sexistas, de derechas, sobre todo el de Abdullah el Sherif. Su último capítulo lleva más de dos millones de visitas ya, en él se mete con Safwat Al Shereef, un hombre de Mubarak que lideró el Parlamento durante muchos años y nunca fue encarcelado.

Critican públicamente al ejército egipcio, lo cual es tener ya más coraje que nosotros. Desde una posición política y vital lejana a la suya, condeno la represión que sufrieron, con cientos de manifestantes muertos, aquello fue injustificable. O lo que las autoridades hicieron con el propio expresidente Mohamed Morsi, elegido en las urnas, al que dejaron morir en la cárcel. Creo que esperan que todos los líderes vayan muriéndose en prisión. Como son una organización muy piramidal, deduzco que piensan que si dejan morir a los de arriba, dificultarán la reconstrucción de la Hermandad.

¿Cómo le ha afectado a nivel personal todo lo ocurrido en el ámbito político?

La revolución nos dio una identidad. Nos sentimos parte de algo, del cambio, de la solución para mejorar nuestra sociedad. Ahora no siento que pertenezco, ni siquiera me siento bienvenido en mi propio país. He estado muy deprimido, como muchos activistas. Ya no me siento egipcio, no me siento parte de mi país y tampoco creo que pudiera sobrevivir en otra parte del mundo.

Hay un trauma colectivo entre los que participamos en el intento de cambio. El otro día quedamos un grupo de amigos a celebrar el décimo aniversario del inicio de las revueltas, estábamos en una casa con azotea aquí en El Cairo, al aire libre, y cuando empezamos a hablar del tema era imposible retener las lágrimas. Porque hablar de aquello no es solo decir "cómo ha pasado el tiempo" o "qué jóvenes éramos". No, es algo más profundo, que duele, porque es una derrota.

Por Olga Rodríguez

30 de enero de 2021 21:41h

@olgarodriguezfr

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El ser y el no ser en el capitalismo global

Era previsible: una vez descubierta la tan anhelada vacuna se desataría una guerra ferozmente competitiva. ¿Qué se podía esperar de un mundo cuya estructura económico política se basa en la desigualdad y el extremo egoísmo? Todo es mercancía, nada es solidaridad. Ponerse a hablar de la solidaridad es arrojarse en el ridículo. ¿Cuándo el ente antropológico ha sido solidario? Hace más de quinientos años que vivimos bajo este sistema. Que es muchas cosas, pero hay dos o tres que son centrales, definitivas. Siempre rechacé la idea de “naturaleza humana”. No, argumentaba desde un sólido historicismo, “el hombre no es naturaleza, es historia”. Es decir, había ciertas persistencias en la condición humana, pero ninguna debía ser naturalizada. El ser humano es cambio. Era --como casi todos-- heracliteano. Uno no se baña dos veces en el mismo río. Abominábamos de Parménides. ¿Qué es eso del “ser es, el no ser no es”? Un mero error presocrático. El ser no es invariable. Es y no es. Es devenir. Nos fascinaba el devenir. Todo estaba en perpetuo cambio. Esto era maravilloso. Nos permitía pensar una idea muy tranquilizadora: siempre vendrá algo distinto, algo mejor, y nosotros seremos parte de ese cambio. Pero los elementos constantes de la condición humana son invariables. Se reproducen. Hay esencialidades en lo humano. Si Hitler exigía espacio vital, no era porque deseara cambiar el nacionalsocialismo. Quería fortalecerlo. Estoy hablando del ente capitalista. Y Hitler era esencialmente capitalista. Y el capitalismo tiene tres elementos fundamentales. Los tres funcionan a la vez. El capitalismo se alimenta de la voluntad de poder de sus sujetos. Esta voluntad de poder tiene dos esencialidades insoslayables. Para seguir existiendo la voluntad tiene --ante todo-- que quererse a sí misma. Ser voluntad de voluntad. Esto lo postuló Hegel y lo desarrolló Deleuze. Una vez que deseo mi voluntad (su triunfo) debo mantenerla, para lo cual debo hacerla crecer. El crecimiento (o el aumento) está al servicio de la conservación. Tenemos entonces: la voluntad que se quiere a sí misma debe aumentar si quiere conservarse. Por eso los nazis se dedicaron a conquistar Europa. Querían aumentar su espacio vital para conservarlo.

Esto explica el espectáculo horrible que el capitalismo despliega con la cuestión de la vacuna. Algo que el mundo esperaba ansiosamente. Algo que vendría a salvar las vidas que la impiadosa pandemia se lleva, se transforma en una mercancía en disputa dentro de las reglas del sistema que ya lleva quinientos años de vida. Canadá, que es un país rico, almacena vacunas que deberían destinarse a la humanidad. Las vacunas desatan una guerra geopolítica donde cada cual juega su juego. El egoísmo sigue siendo el motor del sistema del capital. Ya hace dos siglos lo dijo Adam Smith: no hay que esperar nada de la benevolencia del carnicero. Todo lo bueno vendrá de su egoísmo que lo lleva a competir y ofrecer cada vez mejor calidad y precio de venta.

Los laboratorios son grandes empresas multinacionales. Y de las más egoístas que existen. Hoy, con la peste, apelan a la pulsión de muerte. No importa cuántos mueren, importa que se salven los mejores. En una escena del film Titanic, la versión de James Cameron, le comunican al desagradable multimillonario que asume Billy Zane que sólo hay botes para la mitad de los pasajeros. Zane enciende su cigarro e impasiblemente dice: “Mientras sea la mejor mitad" (the better half). Con tal de sobrevivir, Rose empuja a su amor hacia el fondo helado del océano porque no hay espacio para los dos en el madero destinado a salvarlos. Es la más veraz historia de amor del cine. Es increíble, pero es así.

El Brexit y la Unión europea se agreden a dentelladas. Viene a la memoria la dura frase de Christine Lagarde quejándoe de la superpoblación mundial. ¿Esta era la pandemia que nos habría de volver más generosos? El capitalismo antropológico es más que nunca el de un globalizado “primero yo”. El mundo tiene que cambiar su estructura global. Tiene que haber una sociedad de los Estados que modere y anule los intereses mezquinos de las grandes corporaciones de la salud, de la vida. Pero eso ya se intentó y fue en vano por completo. La mezquindad es el ser parmenídeo que se muestra en todo su esplendor. El ser es lo que es, lo que es la coseidad de la mercancía, todas las mercancías remiten a la mercancía de las mercancías: el dinero, que remite al oro. El ser es de quien lo posee en mayor cantidad. El no ser no es. Se pueden morir apestados. El mundo quedará en manos de los poderosos y quedará también más habitable, más ordenado. Eso esperan.

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Y no se contuvo, se llegó al peor escenario de la pandemia

Sin duda, uno de los deseos más pedidos por la gente en todo el mundo para el 2021 fue que la pandemia terminara, que el coronavirus fuera cosa del pasado, que no tuviéramos más que estar aislados y que pudiéramos retornar a la “normalidad” de nuestras vidas.

Pero esto de las pandemias, que ya la especie humana ha vivido en varios periodos de su historia, no son procesos que finalicen de un momento a otro y para desfortuna para el querer de millones no desaparecen porque un calendario de paso a otro, muy a pesar de la esperanzadora noticia de final de año del inicio de la vacunación contra el Sars-CoV-2.

Y para aumentar el desánimo, vemos que el inicio del 2021 en muchos lugares del mundo está mostrando la cara más ruda de la pandemia, como no se había sucedido en meses anteriores. Este es el caso de Colombia, en donde cursamos por el escenario más dramático que se quiso contener desde el ingreso del virus al país, pero que hoy nos revela que lo hecho y más aún, lo que pudo hacerse y no se hizo, permitió configurar el escenario más difícil del transcurrir de estos más de 10 meses de la pandemia en el país.

 

Las cifras hablan

 

Por efecto del virus, globalmente nos acercando a la cifra de 90 millones de personas contagiadas y 2 millones de muertes. En Colombia estamos acercándonos a los 2 millones de contagios y a 50 mil muertes.

Si estos efectos se comparan con las de otras epidemias recientes también por virus, sus efectos son muy preocupantes. El Ébola, que ha tenido brotes desde 1973, siendo el más intenso el ocurrido entre 2014 y 2016, y con origen en África Occidental, según la OMS ocasionó 28.652 casos, con 11.325 muertes (una mortalidad del 40%). Por su parte, el Sars que apareció en el 2002 en China, según la OMS contagió alrededor de 8.000 personas con una mortalidad del 10 por ciento. Por su parte el Mers, surgido en el 2012 en Arabia Saudita, según la misma organización afectó alrededor de 2.519 personas y dejó 850 muertes en 27 países, con una mortalidad del 34 por ciento.

La diferencia afortunada es que el nivel de letalidad del actual virus es mucho más baja que la producida por estos otros parientes, un 2 por ciento, pero el asunto es su impacto global, como nunca antes había sucedido, de ahí el número neto de muertes tan alta.

Ahora, al discriminar las cifras, se observa que el impacto es muy diferente entre países. Por ejemplo, en la región de las Américas según la OMS, los países más impactados son Estados Unidos con cerca de 400.000 muertes; Brasil, sobrepasando las 200.000, México con más de 130.000, Colombia aproximándose a las 50.000, Argentina, bordeando las 45.000 y Perú, con 40.000. Esto se contrasta con la muy baja mortalidad en Cuba (cerca de 150 muertes) y Uruguay (250), Costa Rica (un poco más de 2.000) y Venezuela (un poco por encima de 1.000).

Y se constata que la pandemia no es democrática como se planteó en sus inicios, por que hoy se sabe que quienes más se contagian y mueren son las personas de los sectores empobrecidos, subalternos, como es el caso de la población inmigrante y afroamericana en Estados Unidos, o como el caso de la población de los más bajos estratos socioeconómicos en Colombia.


Lo hecho y lo dejado de hacer en el país

 

Desde el comienzo mismo de la crisis, el propósito del gobierno nacional en cabeza del Ministerio de Salud, fue lograr rápidamente el “achatamiento”, el “aplanamiento” de la curva epidemiológica de los casos por covid-19, asunto que nunca se logró, y como tal no deberíamos hablar de picos, porque para que existan se necesitan declives ostensibles los cuales francamente no han ocurrido.

Ante esta realidad, la pregunta obligatoria es por qué no se logró un control, una disminución del número de casos de infecciones y si, por el contrario, lo presentado es un sostenido incremento del número de casos, llegando al mayor escenario de contagio por día en el mes de enero del año que comienza, con cifras diarias con más de 15.000 personas contagiadas, afectación que no se presentó en meses anteriores, y que ahora propicia la declaratoria de emergencia del sistema de salud por no tener la capacidad de atención a todo el conjunto de la población que lo requiere por situaciones tanto de la covid-19, como por otras patologías. Sin duda, la respuesta a esta pregunta implica diversos aspectos.

En relación a lo realizado por los gobiernos nacional y locales, en gran medida puede sintetizarse en la denominada estrategia Prass del Ministerio de Salud, referida a pruebas, rastreo y aislamiento selectivo sostenible.

En cuanto a las pruebas y el rastreo, debe decirse que se parte de un problema de base relacionado con el modelo de atención que tiene el sistema de salud colombiano que no es territorializado, es decir la afiliación al sistema se hace sobre la base de un aseguramiento al cual no le interesa dónde, ni cómo vive y trabaja la persona. A su vez, el servicio tiene como prioridad la atención a la enfermedad, correspondiéndole a la persona acudir a los servicios de salud (IPS-ESE) cuando se enferma; no hay presencia del sistema de salud en los territorios donde la población tiene su dinámica de vida y laboral.

Otro en particular, es el número de pruebas de detección del Sars-CoV-2 han sido francamente insuficientes, a lo que se suma el rol de las EPS con un compromiso con la implementación de pruebas, la entrega de pruebas y el rastreo que rayan en el desastre.

Hay que resaltar, además, que el aislamiento no es sostenible, de un lado por la situación de un sector amplio de la población que no tienen protecciones económicas y está obligado a salir de sus casas para el rebusque diario; sin desconocer que algunos sectores de la población, asumen un comportamiento de riesgo, desestiman el peligro, se exponen y exponen a otros, asunto que puede leerse como expresión del individualismo impuesto por el modelo de sociedad consumista en que vivimos.

En este sentido, a pesar del esfuerzo en algunos territorios del país por establecer una vigilancia en salud estrecha, realizar los denominados cercos epidemiológicos para identificar y aislar a las personas positivas y sus contactos, predomina una débil intervención, muy enfatizada en la atención a los casos más dramáticos en las unidades de cuidado intensivo (UCI).

Una débil acción territorial que reflejada, por ejemplo, en que los 10 meses que cumple la pandemia en el país fueron desaprovechados para implementar una real estrategia de pruebas, rastreos, cercos y aislamientos, la que demanda la necesaria constitución de equipos básicos de salud en cada uno de los territorios del país, tal como lo demuestran las exitosas experiencias de manejo de esta crisis en diversos países asiáticos y en Cuba, como experiencia particular en nuestra región; un éxito que refleja la importancia que estos gobiernos le dan a la vida y a la salud de sus poblaciones, contando para ello con sistemas de salud públicos de base territorial, sin subordinar la salud a la dinámica de la economía.

De igual manera, y a pesar de colocar el énfasis en lo hospitalario, el mejoramiento de la atención para los casos moderados y graves de covid-19 tampoco se ha dado, porque ni se dotaron las suficientes camas de UCI, ni tampoco se formó el personal especializado necesario que requieren estos servicios, ni se estableció stocks suficientes con los insumos, medicamentos y elementos de bioseguridad que demandas esta atención de alta complejidad.

Así mismo, con el paso de los meses, la muy precaria condición laboral de las y los trabajadores del sector salud no ha sido resuelta, solo se les dio una indemnización única para agradecerles su condición establecida como “héroes”, pero sin resolver lo estructural. Hoy el contexto es de gran agotamiento de este personal, con profundos impactos físicos y emocionales, que para nada han sido tenidos en cuenta, mucho menos atendidos; a lo que se suma la muerte de más de 150 de ellas y ellos por su exposición laboral al virus en los procesos de atención.

Esta confluencia de un sistema de salud que no impulsa procesos de promoción, prevención y atención territorializado, al igual que una limitada vigilancia en salud, sumado a unas condiciones laborales precarias, la falta de una protección social integral y universal para la población, en medio de una economía asentada en la informalidad, con sectores de la economía formal que impusieron la apertura para proteger sus intereses particulares y una falta de conciencia y cultura de cuidado por parte de sectores de la población que se exponen al virus y lo propagan, han llevado la pandemia a una situación en donde el sistema de salud colapsa y, por desafortuna, donde no existirán las condiciones adecuadas y suficientes para atender a toda la población que lo requerirá por el virus, en particular, así como por otras patologías y accidentes que no han parado con la pandemia.

 

Gráfica, casos nuevos de covid-19 en Colombia, marzo 2020 – enero 2021

https://es.wikipedia.org/wiki/Pandemia_de_COVID-19_en_Colombia

Hacia una resolución integral de la pandemia: la vacuna no es la panacea

 

Como otro hecho inédito, durante el 2020 se desarrollaron de forma acelerada procesos de biotecnología para la producción de vacunas contra el Sars-CoV-2, cuestionados por algunos sectores académicos y científicos al no cumplirse con suficiencia los pasos de investigación que demandan estas dinámicas de creación y aprobación para el uso de vacunas.

Sin duda, para el campo de la salud pública el descubrimiento y desarrollo de vacunas ha sido muy importante y ha contribuido a erradicar enfermedades infecciosas, letales como la viruela, por lo cual es un recurso muy potente, deseable de desarrollar y utilizar; pero esto desde luego no obvia una mirada critica sobre las formas biotecnológicas como se producen, los procesos que sigue la investigación para ver su eficacia y posibles efectos adversos, sobre las patentes que se establecen, sobre la posibilidad o no de acceso gratuito y universal, entre otros aspectos.

Hasta el momento se reconocen 9 procesos de elaboración de vacunas contra el Sars-CoV-2 como las más adelantadas, hechas en diversos países de Europa, Asia y en Estados Unidos, desarrolladas a partir de cuatro tipos de tecnologías**:

i) Virus inactivo o atenuado: implementada desde décadas atrás. Con ella el virus se inactiva con calor o compuestos químicos, con lo cual no tiene el potencial de daño al introducirse al cuerpo, pero sí la capacidad de generar la inmunidad específica contra él;
ii) Tecnología ARN (se utiliza por primera vez, constiuida por tanto en la inicial vacuna genética de la historia): para ella se crea en el laboratorio una pequeña secuencia genética del virus, que al ser introducido “enseña” a las células del cuerpo humano a producir proteínas similares a las del virus, a partir de lo cual el sistema inmunológico crea una respuesta frente al intruso;
iii) Vectores virales: tecnología también utilizada por primera vez. Consiste en un virus (no patógeno) modificado, que hace de vehículo para introducir material genético en el núcleo de una célula; en este caso se construyó a partir de un adenovirus, insertando en su interior algunos genes de Sars-CoV-2, para provocar la respuesta del sistema inmunológico; y
iv) Vacunas de subunidades de proteínas: aquí, en vez de utilizar todo el virus, se toma un pequeño fragmento del mismo, que al introducirse es capaz de activar una respuesta inmunitaria.

El desarrollo de estas vacunas ha corrido por cuenta de empresas farmacéuticas privadas multinacionales (caso de Pzifer, BioNtech, Moderna, AstraZeneca), y otras por institutos de investigación nacionales o de universidades (caso del Centro Gamaleya de Investigación en Epidemiología y Microbiología de Rusia y la Universidad de Oxford).

La mayoría de estas vacunas requieren de dos dosis y aún no se conoce con certeza por cuánto tiempo inmunizan, teniendo como referencia las vacunas contra la gripe que deben aplicarse anualmente. A su vez, ya se han reportado casos de reacciones adversas con su aplicación, reacciones principalmente de carácter alérgico, que no son en un gran porcentaje, pero que es urgente precisar.

En el marco de esta dinámica de producción de vacunas, el gobierno nacional menciona que ha realizado gestión para su compra, principalmente con Pzifer, lo que implica una enorme inversión económica por parte del país para la inmunización completa de su población, porque aunque se inicie por grupos prioritarios –como es la población adulta y las y los trabajadores de la salud–, para que se tengan resultados adecuados de contención del virus, más del 90 de la población debe estar vacunada.

Así las cosas, hay que decir que seguimos en un escenario de mucha incertidumbre, característico en este tiempo pandémico, desconociendo aspectos relevantes, como los que tienen que ver con la efectividad de la vacuna, sus efectos adversos, los costos y la capacidad de vacunar al conjunto de la población, más aún en un escenario donde es claro que este desarrollo tecnológico lucra a las multinacionales farmacéuticas, con la vacuna configurada como un bien de consumo particular y no como debería ser: un bien común de la humanidad.

Lo cierto, es que ni solo con contar con suficientes UCI, ni con contar con la vacuna para toda la población, va a ser suficiente para contener esta serie de pandemias emergidas en el curso del siglo XXI. Lo que esta real global epidemia está diciendo a la humanidad, es que debemos revisar a fondo la forma como nos relacionamos como especie humana con otras especies animales y con la naturaleza, y que de seguir produciendo y consumiendo como lo hacemos actualmente, con uso intensificado de los recursos naturales, las mutaciones de virus, bacterias y otros microorganismos seguirán presentándose, con lo cual nos veremos muy seguramente abocados a pandemias con mayores niveles de contagio y letalidad.

Una gran enseñanza que nos deja esta pandemia, es que el control de la transmisión de infecciones, en este caso de virus, no se logra solo con medidas de higiene individual, ni con cuarentenas que se tornan insostenibles en el corto plazo. Se requiere mejorar la calidad de vida de toda la población, en especial las condiciones de saneamiento básico y de alimentación; establecer protecciones sociales universales; desarrollar un sistema de salud público de base territorial, que genere potentes procesos de promoción y prevención, de atención primaria y de solida vigilancia en salud; configurar una cultura de cuidado, conteniendo las posiciones altamente individualistas desarrolladas por el actual tipo de sociedad. Desarrollar este conjunto de políticas y medidas implica mucho menos de lo que hoy van a invertir el total de gobiernos con el pago de las vacunas; y su implementación tiene resultados más ciertos y contundentes.

 

* M.D. Salubrista Público, Profesor Asociado de la Universidad Nacional de Colombia
** https://www.bbc.com/mundo/noticias-55027519

Publicado enColombia
¿IVA de 19 por ciento para toda la canasta?

Soplan vientos que traen el eco de gravar la totalidad de alimentos con el IVA en un 19 por ciento. Es la propuesta facilista para recomponer el déficit fiscal que sobrelleva el país, medida que le representaría un recaudo adicional al gobierno nacional de 771 mil millones de pesos al mes –9.3 billones de pesos al año, algo superior al 0.9% del PIB–. ¿Por qué es improcedente esta medida y cuáles serían sus consecuencias?

 

De nuevo el debate sobre la necesidad de realizar una reforma estructural tributaria gana espacio a nivel nacional. Esta vez producto de la difícil situación fiscal del país, agravada por la pandemia del covid-19 en 2020 y con ella la caída de ingresos del gobierno nacional de un 2.5 por ciento del PIB y el aumento del gasto público para enfrentar la crisis social y económica en curso.

Como en otras ocasiones, sectores defensores de los privilegios de pocos proponen como uno de los pilares para mejorar las arcas públicas la universalización del impuesto al valor agregado –IVA– para todo el conjunto de bienes y servicios de la canasta familiar. Una propuesta improcedente, como permite afirmarlo las mismas cifras oficiales sobre los impactos recaudatorios y en la distribución de ingresos de diferentes opciones alternativas de reforma del IVA.



Algunas consideraciones generales de contexto

 

En el Gráfico 1 puede apreciarse, a manera de preámbulo, cuán regresivo resultaría ser la generalización de la tarifa del 19 por ciento del IVA a la totalidad de bienes y servicios consumidos por los hogares en Colombia, ya que este impuesto como proporción del ingreso total de los hogares variaría desde el 24 por ciento para el caso de los hogares en pobreza y el 17 por ciento para el de hogares en vulnerabilidad, que resultan ser muy superiores al de los hogares con mayores ingresos de la denominada clase alta (el 7% para los hogares del decil 10 con los mayores ingresos y 12%, en promedio, para los deciles 7 a 9).

Así pues, a diferencia de lo argumentado recientemente en ciertos círculos especializados a nivel internacional, no es cierto que a priori el IVA generalizado pueda resultar progresivo dado el nivel y composición de los gastos en bienes y servicios que realizan los hogares según nivel de ingreso en el caso de un país como Colombia, con elevados niveles tanto de pobreza monetaria (cercano al 35.7% en 2019, justo antes de la pandemia del covid-19 que la recrudeció de manera significativa en 2020) como de concentración de ingresos y de riqueza.

Ante estas circunstancias, resulta claro que el diseño de una reforma del IVA en Colombia ha de ser enmarcado, en sentido estricto, en una visión de economía política que pondere debidamente los principios constitucionales de equidad, progresividad y eficiencia, aparte de los de simplicidad y transparencia, a la luz de propósitos básicos como los de inclusión social, reducción de la pobreza y la desigualdad societal.

 

La clasificación del gasto según grupos de la canasta familiar

 

El Dane, con base en la Encuesta Nacional de Presupuesto de los Hogares (Enph) 2016-2017, seleccionó la nueva canasta y revisó la metodología aplicada al Índice de Precios al Consumidor. Entre los cambios están los nuevos ponderadores a nivel de las 12 divisiones, grupos de gasto y clases de gasto para cada una de las clases sociales1.

En la misma destaca el peso específico del grupo de alimentos en el gasto de los hogares en el país, a saber –siempre en por ciento–: 13.89 a nivel general, el 22.10 para los hogares en pobreza, el 20.56 para los hogares en vulnerabilidad, el 14.57 para los hogares de la denominada clase media y el 7.51 para los hogares de la clase de ingresos altos.

A su vez, el gasto conjunto en alimentación y arriendos llega a representar el 39.05 del gasto total para el agregado de hogares en el país, llegando incluso hasta el 53.73 del gasto en el caso de los hogares en pobreza, el 48.43 en el de los hogares en vulnerabilidad, el 39.94 en el de los hogares de clase media y el 29.88 en el de los hogares de ingreso alto.

 

El gasto total de los hogares y su composición

 

De acuerdo con esta encuesta de 2016-2017, el gasto total mensual de las unidades de gasto alcanzó 27.4 billones de pesos mensuales (328.8 billones de pesos al año), distribuidos fundamentalmente en: alimentos y bebidas no alcohólicas (4.4 billones de pesos mensuales, equivalente al 15.9 por ciento del gasto total); alojamiento, agua, electricidad, gas y otros combustibles (7.9 billones de pesos mensuales, 28.7% del gasto total); bienes y servicios diversos (5.0 billones de pesos mensuales, 18.3%) y transporte (2.6 billones de pesos mensuales, 9.5%), entre otros.

En estas condiciones, la distribución del IVA del 19 por ciento a toda la canasta familiar a nivel de las clases sociales muestra cómo el recaudo se concentraría en lo fundamental en los hogares de la clase media (44%), seguido por los hogares en vulnerabilidad (26%), los hogares en pobreza (19%) y, finalmente, los de la clase alta (11%), destacándose cómo el peso del impuesto IVA sobre el ingreso representaría el 24.4 por ciento para los hogares en pobreza, mientras que para aquellos de altos ingresos sería de tan sólo el 10.8 por ciento y mucho menos para el 1 por ciento de los hogares más ricos de la clase alta para los que el IVA a la canasta familiar sólo afectaría el 7.3 por ciento de su ingreso.

El efecto de la medida es inocultable. De ahí que la propuesta debiera orientarse a no gravar la canasta básica de los hogares en pobreza y vulnerabilidad, ni tampoco a los rangos o sub-deciles de ingresos bajos de la clase media, para que con ello se lograran mejoras sustanciales en el índice Gini de concentración de ingresos al poder pasar de 0.5438 a 0.5166.

Ante esta composición del gasto de los hogares en el país, universalizar la tarifa del IVA del 19 por ciento a la canasta familiar de bienes y servicios generaría un recaudo aproximado de 62 billones de pesos al año (6.2% del PIB).

 

 

 

La potencia del impacto

 

Mediante una microsimulación del IVA a toda la canasta familiar, se estima que su universalización al 19 por ciento para todos los bienes y servicios, si todos los demás factores permanecen constantes, reconfiguraría de manera apreciable la estructura de las clases sociales, con un aumento de la proporción de hogares en pobreza extrema, pobreza y vulnerabilidad y una reducción de la de hogares de clase media, en la medida en que:

(i) cerca del 23 por ciento de los hogares en pobreza no extrema serían expulsadas a la pobreza extrema,
(ii) un 16 por ciento de los hogares vulnerables serían expulsados a la pobreza, y
(iii) un 23 por ciento de los hogares de la clase media serían expulsadas a vulnerabilidad.

Como queda claro, de así proceder ello conduciría a un inaceptable empobrecimiento y agudización de la vulnerabilidad de amplios grupos poblacionales, ya de por sí golpeados por la política económica en voga desde décadas atrás, y más agravados con la pandemia del covid-19, consecuente con un aumento del índice Gini de concentración del ingreso de un 0.5438 antes del impuesto IVA a 0.5705 después del mismo a toda la canasta básica para toda la población.

La importancia de este tipo de impactos ha sido reconocida por organismos internacionales y círculos de expertos al punto de recomendar que con la ampliación de la base gravable del IVA a bienes y servicios de la canasta familiar se implanten medidas de compensación (créditos fiscales, devolución de IVA, entre otros) focalizada a favor de los hogares en pobreza y vulnerabilidad. A pesar de lo anterior, dados los altos niveles de informalidad como de precariedad de ingresos de amplios grupos de nuestra sociedad y ante los graves vacíos en la interoperabilidad y robustez estadística de los registros administrativos en un país como Colombia, se generan importantes desigualdades, injusticias, asimetrías, inequidades, falencias en la cobertura de la población y elevados costos de transacción no solo para la administración pública sino también para los mismos hogares elegibles.

En cuanto a la pretendida corrección de este tipo de políticas en Colombia, resulta muy aleccionadora la experiencia de la devolución del IVA, debido a que hasta el presente tan sólo llega a cubrir a un millón de hogares pobres (esto es, apenas un 23.3% de los hogares pobres en 2019, antes del recrudecimiento de la pobreza con la pandemia en 2020), lo cual constituye una muestra de la inadecuada capacidad gubernamental para lograr una oportuna e integral aplicación de medidas compensatorias a los hogares pobres y vulnerables, los cuales serán claramente afectados con la universalización de este impuesto. Así pues, en economías altamente informales y con precarios sistemas de información hay una alta brecha entre la imposición tributaria a la canasta familiar y la cobertura y efectividad de las compensaciones para hogares en pobreza y vulnerabilidad, por ejemplo.

Como ya se vió, el peso de los gastos en los rubros de alimentos y de arriendo de vivienda para los hogares en pobreza casi que duplica el correspondiente a los hogares de la clase de altos ingresos (un 54% en el primer caso), en este artículo se muestra, a manera de ejemplo, el impacto fiscal y en redistribución de ingreso de la implantación de una tarifa general del IVA del 19 por ciento para alimentos.


El IVA sobre alimentos

 

El gasto de los hogares en alimentos, según la Enph 2016-2017, fue de 4.06 billones de pesos mensuales en 2017 –esto es, 48.7 billones de pesos al año–. Los alimentos de mayor consumo son las carnes (28%), panes y cereales (18%), leche, queso y huevos (15%), y legumbres (14%) (Cuadro 1).

 


Gravar todos los alimentos con el IVA a la tarifa general del 19 por ciento, le representaría un recaudo adicional al gobierno nacional de 771 mil millones de pesos al mes –9.3 billones de pesos al año, algo superior al 0.9% del PIB–, el cual recaería –siempre en por ciento– en un 37 sobre los hogares de la clase media, un 33 sobre vulnerables, un 25 sobre los empobrecidos y apenas un 5 sobre los de la clase alta.

Aplicar este tipo de medidas, si todos los demás factores permanecen constantes, llevaría a expulsar, por ejemplo, a un conglomerado de 963 mil personas (5.6%) en vulnerabilidad a la pobreza, e incrementaría la inequidad en la distribución de ingresos en el país al elevarse el índice de Gini de concentración de 0.5438 a 0.5502.

Ahora bien, si se aplicara el IVA sobre alimentos a una tarifa del 19 por ciento para los hogares de los deciles 9 y 10 de más altos ingresos en el país se evitaría dicho incremento de la concentración y, por el contrario, podría incluso reducirse muy ligeramente de 0.5438 a 0.5407, aparte de generar un recaudo de cerca de 0.23 por ciento del PIB al año.

Por ello, lo procedente es aplicar una tarifa del 19 por ciento del consumo imputado –según lo estimado con base en la Enph del Dane para los hogares de diferentes clases y deciles de ingreso– para los hogares de altos ingresos, y con una tarifa del 0 por ciento para el resto de hogares.

 

El caso de otros componentes de la canasta

 

Siguiendo similar planteamiento para el caso de los otros rubros importantes en la canasta de consumo como son los arriendos pagados e imputados, la electricidad, gas y agua, por un lado, y alimentación y restauración fuera del hogar, es importante que el gobierno nacional y el Congreso de la República aprobaran el IVA en cuestión sobre los arriendos pagados e imputados para el caso de las personas jurídicas con mayores ingresos operacionales, así como la aplicación de la tarifa del 19 por ciento sobre el consumo de electricidad, gas y agua de las empresas.

Dado que los servicios de intermediación financiera medidos indirectamente se definen como la remuneración indirecta que obtienen las instituciones financieras y de seguros en las operaciones de préstamos, depósitos y seguros que realizan, así como la diferencia entre el tipo de interés de referencia que se fija para cada operación financiera y el tipo de interés que pagan las instituciones financieras, se debería implantar este mismo IVA a este tipo de servicios en cabeza de las entidades financieras y de seguros, aparte de los reducidos costos de transacción y simplicidad de su recaudo.

 

Escenarios alternativos para la imposición del IVA a la canasta familiar

 

Como síntesis de lo anterior, resulta de gran utilidad analizar la sensibilidad de los impactos en recaudo tributario y los cambios en la distribución de ingreso entre hogares a variaciones en la población de hogares sujeta al gravamen del IVA del 19 por ciento en el país. Como se aprecia en el Cuadro 2, si se aplicara el IVA universal en el porcentaje indicado a todos los hogares colombianos el recaudo adicional alcanzaría a un 6.2 por ciento del PIB al año y el índice Gini de concentración de ingresos se agravaría aún más al pasar de 0.5438 a 0.5705, en tanto que si sólo se aplicara el IVA a toda la canasta de los hogares del decil 10 de más altos ingresos con la tarifa del 19 por ciento y de 0 para el resto de los hogares, se aumentaría el recaudo al 1.8 por ciento del PIB al año y se reduciría apreciablemente el índice Gini de concentración al descender de 0.5438 a 0.5209.

Ahora bien, si se aplicara a la canasta de los hogares de los deciles 9 y 10 de mayores ingresos con la tarifa indicada y del 0 por ciento para el resto de hogares, se incrementaría el recaudo al 2.7 por ciento del PIB al año y se alcanzaría una reducción del índice Gini de 0.5438 a 0.5144.

Lo que demuestra con claridad suficiente la robustez de un diagnóstico de política pública que consulte con rigor las ventajas y desventajas existentes entre recaudo, equidad y progresividad a la luz de objetivos precisos de política económica y social.

En términos de eficacia del recaudo y redistribución de ingreso sobresalen, sin duda alguna, las alternativas de gravar focalizadamente a la canasta de los hogares de mayores ingresos en el país con la tarifa ya definida y del 0 por ciento para el resto de hogares, y en particular del 10 si no se quisiera afectar a algunos sectores de la clase media.

Así, entonces, existirían algunas variantes sobre estos tipos de opciones, para no mencionar otras, que facilitarían sopesar la más deseable en términos de recaudación, graduación, focalización y tarificación bajo los postulados de política pública aquí en referencia, así como en consonancia y estricta coherencia con los demás componentes de la reforma estructural tributaria.

Una opción deseable de política podría consistir en aplicar la referida tarifa del IVA a las personas naturales pertenecientes al 5 por ciento de las que cuentan con los mayores ingresos en el país, como una primera etapa, lo que generaría recursos tributarios por cerca de un 0.8-1.0 por ciento del PIB al año; luego, en la segunda etapa, se podría ampliar la aplicación del IVA pero con una tarifa del 15 por ciento al resto de las personas naturales pertenecientes al 10 por ciento de las con mayores ingresos en el país, que aportaría un recaudo adicional del orden del 0.5-0.6 por ciento del PIB al año, y, cuando sea conveniente e indispensable, en la tercera etapa se extendería la aplicación de este impuesto con una tarifa del 10 por ciento para las personas naturales del decil 9 de ingresos, que recaudaría en torno a un 0.3 por ciento del PIB al año, llegándose en este punto a un aporte recaudatorio acumulado del IVA a la canasta de consumo de los hogares del país próximo al 1.8-2.0 por ciento del PIB al año.

De acuerdo con lo ya argumentado, la mejor forma procedimental, si no única, de aplicar el gravamen, dadas las actuales restricciones en los registros administrativos y en la interoperabilidad de los sistemas de información gubernamental2, sería la de aplicarlo directamente a los hogares sujetos al gravamen a través tanto de la declaración del impuesto sobre la renta y complementarios para el caso de los arriendos pagados e imputados, por ejemplo, como del mismo recibo del pago de servicios como la electricidad, gas y agua a condición de que se corrijan los graves sesgos de la estratificación actual.

 

En suma…

 

Dicen que un buen gobierno es aquel que garantiza felicidad, seguridad y bienestar a la sociedad con la que organiza la vida diaria. Y para garantizar tal tríptico no puede dejar de lado la justicia, en este caso en el campo económico, tributario y fiscal. Realizar tal precepto no es posible sin trascender las promesas. En este caso, invertir la política impuesta en Colombia desde décadas atrás con la cual se invirtió en 180 grados la lógica de “quien tiene más debe pagar más”, y para ello hemos tratado de dejar la evidencia sin que las neblinas impidan apreciarla en su debida manera.

Queda evidente, entonces, que otra política tributaria sí es posible, pero para hacerla realidad hace falta mucho más que argumentos… El reto queda para el conjunto nacional.

 

1 https://www.dane.gov.co/index.php/estadisticas-por-tema/precios-y-costos/indice-de-precios-al-consumidor-ipc/ipc-actualizacion-metodologica-2019/ipc-ponderadores.
2 Es de reiterar que el programa de devolución del IVA actualmente llega a menos del 23% de los hogares en pobreza en el país y que, según información oficial suministrada a la Corte Constitucional, a agosto todavía había más del 45% de los hogares en situación de desplazamiento forzado interno a los que no les había llegado ningún programa social del Gobierno nacional.

Publicado enColombia
Viernes, 29 Enero 2021 09:44

El fracaso de una estrategia

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El mundo ha comprobado que la estrategia de “echarle candado” a la gente no tuvo los resultados esperados mientras la pandemia sigue desbocada con graves consecuencias para los más vulnerables y para la sociedad en general.

Las medidas extremas de confinamiento vistas entre marzo y septiembre del año pasado no dieron resultado; lo estamos viendo al inicio del año con la llegada del segundo y tercer pico de la pandemia. Los clamores de los gobernantes que se salvaron muchas vidas es una afirmación disputable que busca justificar más las acciones que asumir las verdaderas responsabilidades políticas frente a la gestión de la pandemia. Ahora, al inicio del año, se persiste en repetir el error e ignorar las enseñanzas que dejó el 2020.

¿Qué sucedió? El Ministro de Salud, Fernando Ruiz, ficha política de Vargas Lleras en el gobierno Duque, ha revelado recientemente el trasfondo de la estrategia del gobierno durante la pandemia: “Yo, que había estudiado las cuarentenas en el Medioevo con una perspectiva tan distante que casi me parecían historias de ficción, terminé recomendando al Presidente el aislamiento preventivo más radical de la historia del país1”. La comparación no es fortuita. Durante la peste negra en Europa se llegó incluso a tapiar las viviendas con sus habitantes adentro, unos vivos y sanos, otros moribundos, y otros ya muertos, para intentar frenar el contagio de los demás habitantes. Las autoridades igualmente patrullaban las calles para asegurar que nadie saliera de sus viviendas.

 

Las epidemias: una presencia antigua

 

El aislamiento y el encierro han sido, desde antiguas épocas, la medida predilecta de los gobernantes para intentar contener las epidemias que sacuden de tanto a la humanidad. Tanto en La Ilíada, como en la Historia de Herodoto y en la Biblia se mencionan los estragos causados por las epidemias. En la novela La peste de Albert Camus, a la ciudad argelina de Orán llega una epidemia causada por la proliferación de ratas y la deficiente higiene pública. La medida principal aplicada allí es, como siempre se acostumbra, el confinamiento.

Encerrar a la gente es la medida más fácil de implantar (y la más autoritaria) pero por lo general, la menos efectiva. Las epidemias suelen ser rápidas, sagaces y hábiles para salir adelante a las medidas que el ser humano inventa para cortarles el paso. Por ello, la imposición aplicada en el 2020 por las autoridades nacionales y locales –al igual que por la mayoría de autoridades del mundo– no es ni sorpresiva ni excepcional. A pesar de todos los antecedentes que la humanidad tiene en el manejo de epidemias el ministro Ruiz admite que “ante un fenómeno tan desconocido, éramos conscientes de que navegábamos en un mar de incertidumbre”, una justificación que da al gobernante de turno licencia para experimentar diversas medidas y evaluar sobre la marcha los resultados.

 

Encerrar, guardar, prohibir

 

La estrategia consistió entonces, replicando el modelo usado por países donde la epidemia golpeó antes, en recurrir a lo más primitivo y radical: la prohibición a los ciudadanos (a veces presentada como “aislamiento preventivo obligatorio o también aislamiento voluntario”) de salir y circular por las calles. La expresión lockdown inglesa para el confinamiento es reveladora, quiere decir, literalmente, “echar candado”.

De lo anterior se deduce lo que siguió. Explica el ministro: “Con el aislamiento preventivo obligatorio que se comenzó en marzo buscamos eso que han llamado “aplanar la curva”, es decir, lentificar la propagación para ganar tiempo, porque suprimir el virus era una ilusión: tener población susceptible en altas proporciones es una bomba de tiempo. El reto era entonces que el ritmo de contagio fuera lento para que no se saturaran las capacidades de atención e iniciar, en un mercado supremamente competido, una carrera de compra de ventiladores y otros insumos vitales para ampliar el número de UCI”.

 

¿Cómo decidir qué hacer?

 

Hasta allí la estrategia. Aquí es pertinente analizar de dónde parten los gobernantes para aplicar medidas de autoridad que juzgan convenientes imponer. Esto requiere un doble enfoque. Un amplio y otro más restrictivo.

En primer lugar, es necesario entender de qué manera se ve a sí mismo el gobernante en la dinámica con sus gobernados. Esto determina igualmente la forma de plantear las preguntas ante los problemas que enfrenta. Pero antes de formular preguntas hay una postura política frente a la emergencia. Hemos visto en el curso de la crisis cómo cada gobernante interpreta y entiende su función. Existen desde los modelos más autoritarios, como el chino, en el que el gobernante se erige en poder absoluto, autárquico, donde la opinión del pueblo poco importa, las medidas son a rajatabla y cualquier violación a ellas es duramente castigada para ejemplarizar la obediencia total. Al otro extremo están los gobernantes más (neo)liberales del “laissez faire”, como los de Brasil y Estados Unidos donde los gobernantes desde el primer día dudaron de la existencia del virus, de su letalidad, de la amenaza que constituye y se negaron a imponer medidas protectoras, dejando en libertad a sus ciudadanos para actuar según su conciencia. En medio de los extremos aparece una gama de posturas, desde la de Amlo, en México, quien recomendó el uso de amuletos para enfrentar el mal hasta la de Duque de aprovechar la epidemia para apuntalar una campaña mediática de su imagen pública con apariciones diarias en la televisión como acostumbran los gobernantes más populistas.

Emerge entonces, por encima de muchas, la postura política del gobernante protector, paternalista, que se considera responsable de sus “pequeños” y los cuida firmemente y con mano dura como lo hace un padre de familia con sus chiquillos. En ese modelo encaja la alcaldesa de Bogotá. Un poco más hacia el extremo liberal, están los gobernantes, que se ven más como administradores de la cosa pública y se encargan de disponer recursos, asignar partidas y gestionar, de la manera más eficiente posible la situación de emergencia como a una gran empresa.

Por otra parte, y quizás solapado con el anterior, está el gobernante, tecnócrata y neoconservador, plegado a los intereses particulares de farmacéuticas y grandes empresarios y financieros que ponen todos los recursos del Estado para que estos hagan lo suyo en el río revuelto de la crisis.


El modelo de gobierno más escaso, paradójicamente, es el utilizado en naciones como Suecia, que se negó a todo tipo de confinamiento extremo u obligatorio. Un sistema basado en la responsabilidad individual acompañado de un gobierno atento a la emergencia y con un robusto sistema hospitalario.
Una vez el gobernante tiene clara su función, procede a formularse preguntas para determinar sus acciones.

 

¿Qué preguntas formular?

 

Determina el tipo de medidas tomadas, el lugar desde donde se para el gobernante para pensar –filosófica, política y sociológicamente–; de allí, por consiguiente se validará la efectividad de las medidas que tome. En un esquema de pensamiento crítico, antes de aventurar recomendaciones, se enfatiza que lo importante es formular preguntas correctas para encuadrar de manera acertada el problema. Dicho de otra manera, hay que meditar el problema, antes de apresurar soluciones sin caer en recomendaciones intuitivas o instintivas.

En el caso de la pandemia es evidente que la mayoría de los gobernantes formularon ab initio la pregunta obvia: ¿Cómo evitar o desacelerar la propagación del virus? En palabras del ministro Ruiz: ¿Cómo aplanar la curva? Expresado de una manera más elaborada, lo que se preguntó fue ¿cómo disminuir la velocidad de la ratia de contagio para evitar que las UCI y los recursos médicos y paramédicos que las atiendan, colapsen, y así evitar una gran mortandad? Las medidas vistas en todo el mundo evidencian que esa fue la pregunta usada como punto de partida.

Queda claro dónde fue puesto el énfasis: en la prevención. Es decir, el supuesto inicial fue, dada la letalidad del virus, que era imperativo frenar la ratia de contagio para asegurar cupos en las UCI y evitar que la gente muriera por falta de atención al llegar a una condición crítica de salud. Bajo ese supuesto los gobernantes empezaron a gestionar las medidas de confinamiento bien fuera relajándolas o apretándolas en virtud de la ratia de ocupación de la UCI: a mayor ocupación de las UCI más restrictivas se convirtieron.

 

Algo no funcionó; algo dejó de hacerse

 

Lo cierto es que casi un año después, la estrategia de aplanar la curva, y del confinamiento ha revelado su ineficiencia en Colombia, en Europa, y en muchos otros países. Haber puesto el énfasis en encerrar a la gente para prevenir la expansión del virus no dio resultados. Atribuir la segunda ola de la epidemia a que la gente se relajó durante la temporada navideña es un sofisma, pues se vio que en Europa la segunda ola llegó antes de la temporada de fin de año.

La estrategia generalizada –encerrar a la gente– que parece obvia, fue poco cuestionada. Al fin y al cabo provenía de los expertos epidemiólogos que asesoran a los gobernantes. A alguien hay que creerle en estos casos y fue la comunidad científica la que sentó el derrotero de la estrategia aplicada a pie juntillas por los gobernantes. En resumen, las medidas han sido prevalentemente de evitación. El énfasis no ha sido en aplicar medidas terapéuticas o de intervención médica ante los primeros síntomas. El hecho de que en últimas cada médico escoja entre distintas aproximaciones científicas para combatir el virus en sus pacientes demuestra lo poco que se ha avanzado en ese sentido.

Por otra parte, la paradoja que los medios se encargan de pasar por alto, es que la inmensa mayoría de contagiados salen adelante, unos más rápido que otros, unos con mayores secuelas que otros. Lo cierto es que cada vez hay más distancia entre las cifras de contagiados y fallecidos, la proporción de estos últimos relativa a la primera decae, no crece2.

En su afán por responder la pregunta de cómo desacelerar el contagio colectivo –ha quedado demostrado que fue una pregunta equivocada–, se omitieron otras perspectivas que hubieran llevado a medidas diferentes. Por ejemplo, entre las preguntas soslayadas o no enfatizadas: ¿qué es necesario hacer, ante la emergencia, para urgentemente multiplicar la capacidad de atención en las UCI?; ¿qué recursos hay que destinar prioritariamente para asegurar esa ampliación? Por otra parte, y ante la evidencia temprana de que no todo el mundo que contrajo el virus murió –como sucedió históricamente con otras epidemias como, por ejemplo, la peste negra–, sino que los fallecimientos eran un porcentaje relativamente pequeño de los contagiados, la pregunta que se ignoró fue ¿de qué manera se puede tratar, de manera rápida y oportuna, a las personas que acusan los primeros síntomas de la enfermedad, y así evitar que su condición evolucione y se deteriore hasta requerir ser recluida en una UCI?

Son muchas más las preguntas que no se hicieron y se siguen dejando de hacer. Otras: ¿cómo elevar los sistemas inmunológicos de la población para evitar que contraiga el virus o si lo contrae que pueda superarlo de la manera más rápida y efectiva posible? O la pregunta que ahora comienza a hacerse de manera más persistente ¿cómo generar una cultura ciudadana de autocuidado, de responsabilidad personal y social, para que el contagio se mantenga reducido a niveles que no lleven a situaciones de alerta roja como las que se vive hoy en el país, y en muchos lugares del mundo?

Es evidente que la repetición mecánica de mensajes como quédate en casa, usa tapabocas y lávate las manos, no alcanzan, por sí solas, a generar una cultura ciudadana. Pero, volviendo al punto anterior, es evidente que cada pregunta diferente a la primera opera como vector para ofrecer diversas medidas que apuntan el meollo del problema (el contagio de la población) pero no necesariamente conducen al confinamiento y a todas sus consecuencias.

Para justificar su estrategia el ministro Ruiz –no se trata de una postura personal sino generalizada entre los gobernantes– alega que: “Desde entonces hasta hoy, la ciencia y la medicina no han encontrado un tratamiento efectivo contra el covid-19. La ventilación mecánica, que no elimina el virus, pero sí mantiene la respiración mientras el sistema inmune se ocupa de combatir al intruso, es lo único que tenemos”. Lo anterior induce al error de tomar la parte por el todo. Apenas una fracción de los contagiados llega a cuidados intensivos y a requerir ventilación mecánica. Lo cierto es que muchos de los afectados son tratados de manera temprana y efectiva con una combinación de analgésicos, antiparasitarios –que para sorpresa de los médicos combaten bien el virus–, y antibióticos, sin descartar otro tipo de medicamentos naturales que elevan las defensas del cuerpo y fortalecen el sistema inmune.

Otras perspectivas

Desde otro ángulo, muchas personas logran evitar o mantener a raya el virus con medidas profilácticas basadas en un intenso y profundo trabajo personal energético consistente en la relajación, la meditación, el yoga y otras medidas de carácter alternativo. Lo anterior funciona, aducen, a partir de erradicar al miedo al contagio que es lo que más vulnera las defensas del ser humano. La coach y sanadora energética Patricia Afanador afirma: “Para ser menos vulnerable a cualquier embate del entorno, la persona debe fortalecer sus sistemas inmunes, tanto físico, emocional, mental, psíquico y espiritual; esos sistemas están reflejados en el campo electromagnético personal que sirve como escudo para repeler las enfermedades”.
La eficacia del miedo

Bajo la perspectiva prevalente de contención y prevención, lo visto en el 2020 –y lo que va del 2021– es un cúmulo de medidas represivas: una campaña mediática de diseminar el miedo al contagio, en hacer parecer a cualquier persona como sospechosa de ser agente de contagio, en crear la figura de dudosa validez científica de los “asintomáticos”, en erigir al tapabocas como el gran salvavidas, en estigmatizar a quien se niegue a usarlo o lo usa incorrectamente, y, principalmente en las medidas que ya son de referencia diaria: confinamiento, aislamiento, distanciamiento social, toques de queda. Todo esto conlleva al cierre de grandes, medianos y pequeños negocios, escuelas, universidades, hoteles, restaurantes, a la cancelación de viajes terrestres, marítimos y aéreos, al cierre de fronteras, a restricciones a la movilidad, al uso de la prueba PCR como medio para detectar el virus a pesar de los reparos que existen sobre su efectividad para aislar y medir el virus específico del Sars 2, covid 194.

 

La narrativa en torno a la vacuna

 

Finalmente, por otra parte, una narrativa de esperanza, tranquilidad y salvación, orquestada por gobiernos, medios y farmacéuticas, centrada en la expectativa de una vacuna aprobada apresuradamente por la mayoría de los Estados a pesar de los precarios estudios sobre su efectividad. Lo anterior envuelve la claudicación de los Estados ante las pretensiones de las farmacéuticas de vender su producto hasta cubrir casi que la totalidad de la población global: casi quince mil millones de dosis sobre el supuesto de requerirse al menos de un refuerzo para su supuesta efectividad. Los gobiernos a partir de diciembre aprobaron provisionalmente la vacuna y empezaron sus planes de vacunación masiva para la población de acuerdo con diversos criterios de prioridad. Lo importante, darle tranquilidad a la gente; así la efectividad sea cuestionable pues, tratándose de un virus, se sabe que por su capacidad de mutar rápidamente –como se ha visto con las nuevas cepas detectadas– es reflectivo a una vacuna.

 

Resultados a la vista

 

Los efectos de las medidas mencionadas son desastrosos: recesión, desempleo, incremento en la desigualdad, mayor endeudamiento de la clase media (medidas como el día sin IVA benefician a empresarios y endeudan más a ciudadanos); colapso del modelo urbanístico diseñado en torno a lugares de encuentro, de congregación, de ejercicio al aire libre, de escenarios colectivos para esparcimiento; el deterioro de las ciudades por locales y oficinas desocupadas; el trastorno ocasionado por la decisión de enviar a millones de personas a trabajar desde su casa; el confinar a los niños a sus casas para seguir una educación virtual con la deprivación de todo el componente de convivencia y alternancia social; una inflación desbocada en el rubro de alimentos que llega al 4.6 por ciento; la alteración profunda de los patrones de vida, convivencia, socialización, congregación familiar; la imposibilidad de asistir a templos, a sitios de encuentro, de celebración, de duelo, de acompañamiento; el aumento de enfermedades de carácter mental, sobre todo en niños y adolescentes; el incremento de la violencia intrafamiliar y, como resultado del acoso y presión continua sobre las libertades individuales y sociales, la explosión social, manifestaciones, protesta social y movimientos populares de ciudadanos que no aguantan más la represión continua con el fin de “aplanar la curva”.

 

Gobernantes en su incapacidad

 

Los gobernantes han desnudado su inhabilidad para gestionar la pandemia. La lista de lo que no ha funcionado es larga. En primer lugar, la desarticulación entre gobierno local y nacional ha quedado al descubierto. Segundo, y más importante que lo anterior, el énfasis en la prevención más que en el tratamiento del virus ha demostrado su ineficacia. La lentitud para fortalecer la infraestructura médica es significativa: En Bogotá escasamente, en un año de pandemia se pasó de 900 camas UCI a poco más de 2100 cuando lo esperado era que esta cifra se hubiera multiplicado tres o cuatro veces más. La consecuencia es que ante cualquier rebrote, como sucede ahora y en cualquier pandemia, el sistema de salud queda en riesgo de colapsar. En tercer lugar, la ausencia de un sistema amplio y profundo de educación, concientización y responsabilización del ciudadano por su propia salud. Lo esfuerzos quedan reducidos a mensajes mecánicos y repetitivos que no van a la conciencia profunda de cada cual y suenan más a reconvenciones de autoridad paternal que a llevar al individuo a asumir plenamente la responsabilidad por su salud y la de sus semejantes. En resumen, el modelo represivo ha demostrado su fracaso para el manejo de la crisis.

Los gobernantes no pueden eludir la responsabilidad histórica de su gestión de la pandemia, son finalmente solidarios ante los ciudadanos y ante los distintos sectores, instituciones, grupos y estamentos de la sociedad que ha confiado en ellos la administración y gobierno de una ciudad, de un departamento, de un país. Puede asumirse que cada gobernante hace lo mejor que puede con lo que tiene, si se parte de su buena fe, pero eso igualmente los hace enteramente responsables por sus acciones,

Es claro que la pandemia tomó al mundo y a sus gobernantes por sorpresa. Sin embargo, la forma como estos últimos han enfrentado la crisis habla, no sólo de ellos como líderes, sino también de los ciudadanos que los han elegido. Otros podrán exigir su cuota de responsabilidad a los ciudadanos indisciplinados, pero estos finalmente son responsables de sus conductas individuales, mientras que cada gobernante, toca, con sus medidas, a miles o millones de personas.

 

* Escritor. Integrante del consejo de redacción de Le Monde diplomatique, edición Colombia.
1 Ministro de salud reflexiona sobre el año de la pandemia, en https://www.portafolio.co/economia/gobierno/ministro-de-salud-fernando-ruiz-gomez-reflexiona-sobre-pandemia-del-coronavirus-en-colombia-5479163.
2 https://www.portafolio.co/economia/casos-contagios-coronavirus-en-colombia-
3 Planetlockdown, en https://www.bitchute.com/video/RVY9i77FHNYk/. El abogado norteamericano-alemán Reiner Fullmich está emprendiendo, junto con otros abogados, una serie de acciones legales para demostrar que la prueba PCR es de dudosa validez y así conseguir la prohibición de su uso para detectar la presencia del virus del covid 19.

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Viernes, 29 Enero 2021 05:19

Hacia un capitalismo feudal

La Plaza de San Marco, en Venecia, inundada por el "Acqua Alta", fenómeno agravado por el cambio climático. Foto: Roberto Trombetta

Las crisis son siempre un momento de reconfiguración del capitalismo. Eso define los campos de lucha y las formulas de resistencia y ofensiva de las clases subalternas.

 

Vivimos tiempos de ansiedad. La pandemia del covid-19 ha catalizado de forma concreta una serie de tendencias ya presentes en el sistema-mundo: los problemas son globales, ecológicos, caracterizados por la agudización de las contradicciones entre las clases y entre diferentes territorios. En Occidente, la emergencia de corrientes de extrema derecha forma parte de la nueva normalidad política. Las viejas clases medias, asustadas ante el impacto de una crisis que las empuja hacia el despeñadero de la historia, luchan por aliarse con las élites en un frente común contra una gran mayoría de la población cada vez mas precarizada y aplastada.

Para las clases populares del mundo, la situación es extremadamente complicada. La reconfiguración de un proyecto político, social y cultural alternativo al capitalismo es todavía incipiente y amarga, llena de saltos, oportunidades, retrocesos y derrotas. En realidad, si nos viéramos “desde fuera”, comprenderíamos que es un proceso habitual. Configurar un proyecto anticapitalista necesita tiempo: condensar experiencias, trasmisiones de saberes, organizaciones, intelectuales, referencias... le llevó al movimiento obrero clásico décadas de conflictos, derrotas y pequeños avances que parecían insignificantes. Por supuesto, no afirmo que tengamos tanto tiempo. La crisis ecológica introduce una nueva temporalidad. No hay duda de que es el problema central de nuestro tiempo, porque sin resolverlo, no podremos afrontar los demás.

Dicho esto, me parece interesante destacar que las crisis son siempre un momento de reconfiguración del capitalismo. Para los que luchamos por un cambio social radical, estas tendencias no son secundarias. Definen los campos de lucha y las formulas de resistencia y ofensiva de las clases subalternas. En ese sentido, la idea fundamental que quiero destacar es que vivimos una reconfiguración en términos feudales del capitalismo: el poder político se torna cada vez más insignificante, y oscila entre la impotencia y el servilismo funcional ante los todopoderosos señoríos “libres” de las multinacionales.

El caso de la UE con las farmacéuticas refleja bien ese proceso. Incapaces de generar una estructura productiva y distributiva propia, los Estados capitalistas delegan en empresas supranacionales funciones que en una época de excepción deberían ser fundamentales. No es solo que privaticen los beneficios y les regalen financiación pública. Es que han perdido el control sobre las empresas. Esto es un cambio cualitativo con respecto a otras épocas de crisis. Por ejemplo, en la Primera Guerra Mundial, los Estados asumieron la centralización económica como forma de enfrentarse a los retos que la guerra les imponía. No estoy reivindicando aquel terrible modelo burocrático-industrial belicista. Lo que me interesa destacar es que a día de hoy, los Estados son incapaces de hacer una operación similar ante una crisis de magnitudes desconocidas.

La cuestión es qué tipo de geografía política se deriva de esta nueva configuración política del capital. Es pronto para saberlo, pero si que podemos avanzar algunas tendencias. La que me parece más destacable por sus posibles repercusiones es que comienza a reaparecer la desconfianza contra la clase política. Esto podría ser un síntoma de una nueva “crisis orgánica”, es decir, de una nueva fase en la separación y conflicto entre “gobernantes” y “gobernados”. La última crisis generó momentos de ese estilo y con expresiones variadas: las revoluciones árabes, el 15M. No podemos saber que tipo de revueltas generará esta nueva crisis, pero si podemos estar seguros de una cosa. La clase política no será percibida como parte de la solución, si no como parte del problema, fundamentalmente, por su combinación de incapacidad y servilismo frente a los intereses irracionales a corto plazo del gran capital.

Ante esta situación la respuesta desde la izquierda no puede ser que “no todos los políticos son iguales”, auto-posicionándose como el ala moralmente respetable de una casta despreciada y odiada por amplios sectores de la población. Sin duda, una respuesta de esas características sería la mejor muestra de que la izquierda ya no es capaz de ofrecer e inventar otra política, lo cual tendrá como consecuencia ser percibidos como parte del problema. La respetabilidad de los sillones tienen su costes.

La nueva derecha ha optado por explorar su propio camino ante este nuevo capitalismo feudal. Por supuesto, no ofrecen ninguna solución frente a los nuevos señores feudales. Les ofrecen mas pleitesía, pero a cambio de aplastar con más virulencia a los de abajo. La izquierda tiene que pensar como afronta esta nueva convulsión que viene. Las formas de protesta no serán siempre desfiles organizados, aunque tengamos que llegar con más fuerza organizada que nunca para tener alguna posibilidad de vencer. La radicalidad de la crisis que viene provocará también revueltas abigarradas, sin predeterminación ideológica, de toda esa nueva clase trabajadora que se está conformando bajo el nuevo feudalismo capitalista. Comenzar a pensar en que lado queremos estar y contra quien queremos confrontar los próximos años es también una tarea urgente.

Por Brais Fernández

Es militante de anticapitalistas y de la redacción de Viento Sur.

29 ene 2021 06:13

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Viernes, 29 Enero 2021 05:16

Representar desde la izquierda

Representar desde la izquierda

El giro al centro de numerosas organizaciones socialistas y socialdemócratas ha contribuido a la crisis de representación. El problema, ahora, es cómo representar desde la izquierda y rearmar un paradigma político convincente.

 

En las últimas décadas, la insatisfacción con la democracia ha crecido en forma dramática. Por ejemplo, el más reciente informe Global Satisfaction with Democracy (Satisfacción global con la democracia) menciona que «a mediados de la década de 1990, la mayoría de los ciudadanos (…) estaban satisfechos con el funcionamiento de sus democracias. Desde entonces, la proporción de individuos que están ‘insatisfechos’ con la democracia ha crecido (…) de 47,9% a 57,5%. Es el nivel global más alto de insatisfacción desde el comienzo de la serie en 1995».

Quizás la forma más común de entender la insatisfacción con la democracia sea «de abajo hacia arriba», examinando las quejas de los ciudadanos por motivos económicos y/o socioculturales. Pero también es necesario examinar las fuentes «de arriba hacia abajo», aquellas que surgen de la naturaleza de las instituciones democráticas mismas o de su funcionamiento.

Es muy probable que el planteo moderno más influyente de esta perspectiva sea el de Samuel Huntington en El orden político en las sociedades en cambio (1968). Huntington sostuvo que la decadencia y el desorden políticos eran el resultado de una brecha entre las demandas de los ciudadanos y la disposición o la capacidad de las instituciones políticas para darles respuesta. Aunque el libro de Huntington se enfocaba en los países en desarrollo durante el periodo de posguerra, su marco puede ayudarnos a entender la insatisfacción con la democracia en la Europa de la actualidad.

En las últimas décadas, ha surgido en Europa una brecha de representación, un desfase entre las preferencias de los votantes y el perfil de las políticas y los reclamos políticos de los partidos tradicionales. Y tal cual como lo habría predicho Huntington, cuando la ciudadanía ve a las instituciones políticas como renuentes o incapaces de darle respuesta, el resultado probable es la insatisfacción y, junto con ella, el desorden y la decadencia política.

Perfiles desplazados

Los desplazamientos políticos y discursivos de los partidos europeos tradicionales de centroizquierda y centroderecha los ha alejado de las preferencias de muchos votantes. El cambio por parte de los partidos de centroizquierda es bien conocido.

Durante la posguerra, los partidos europeos de centroizquierda tenían perfiles económicos relativamente claros, que se basaban en la idea de que la tarea de los gobiernos democráticos era proteger a los ciudadanos de las consecuencias negativas del capitalismo. En concreto, esto involucraba impulsar el Estado de Bienestar, la regulación del mercado y políticas de pleno empleo, entre otras cosas. Aunque trataban de atraer votos fuera de la clase trabajadora tradicional, sus identidades y reclamos siguieron basados en la clase.

A fines del siglo XX esto comenzó a cambiar, a medida que la centroizquierda se desplazaba hacia el centro en términos económicos, ofreciendo una versión diluida o «más amable, más suave» de las políticas difundidas por sus competidores de centroderecha. Para fines de la década de 1990, de acuerdo con un estudio, «la socialdemocracia (…) tenía más en común con sus principales competidores que con sus propias posiciones de tres décadas antes». Al tiempo que los partidos de centroizquierda diluían sus posturas de política económica, también comenzaron a quitar énfasis a los términos de clase en sus discursos, y sus líderes surgieron cada vez menos de las filas de la clase trabajadora y más de una elite con altos niveles de educación.

Aunque de manera menos pronunciada y universal, casi al mismo tiempo que la centroizquierda comenzaba a correrse al centro en el terreno de la economía, muchos partidos de centroderecha moderaban sus posturas sobre cuestiones sociales y culturales, entre ellas los valores «tradicionales», la inmigración y otras preocupaciones relacionadas con la identidad nacional, sobre las cuales la centroderecha había tomado posiciones conservadoras. Los demócrata-cristianos, por ejemplo, habían considerado que los valores religiosos, así como las visiones tradicionales respecto del género y la sexualidad, eran cruciales para su identidad. Además, muchos de estos partidos entendían la identidad nacional en términos culturales o incluso étnicos, y la inmigración y el multiculturalismo les resultaban sospechosos. Sin embargo, entre fines del siglo XX y comienzos del XXI muchos se desplazaron hacia el centro en cuestiones de identidad nacional, suavizando o abandonando los reclamos comunitarios que habían hecho con anterioridad.

En conjunto, estos desplazamientos en las agrupaciones de centroizquierda y centroderecha dejaron a muchos votantes sin un partido que representara sus intereses, en particular a aquellas personas con perspectivas de izquierda en temas de economía y con preferencias entre moderadas y conservadoras respecto de la inmigración, entre otros. Estos votantes se concentraban entre la población con niveles más bajos de educación y la clase trabajadora, abarcando aproximadamente entre 20% y 25% del electorado en Europa (así como en Estados Unidos).

Brecha de representación

Para utilizar categorías popularizadas por Albert Hirschman, cuando emerge una brecha de representación y los votantes están insatisfechos con las alternativas políticas que se les ofrecen, tienen dos opciones: abandonar la escena o hacerse escuchar. Y sin duda, en décadas recientes, los votantes menos educados y de clase trabajadora han abandonado progresivamente la escena absteniéndose de votar y de ejercer otras formas de participación política, o se han hecho escuchar llevando sus votos a los partidos populistas de derecha. Lo hicieron porque esos partidos también cambiaron sus perfiles, ofreciendo una mezcla de «chauvinismo de bienestar», políticas sociales y culturales conservadoras y una promesa de darles voz a los «sin voz», precisamente para atraerlos.

El escritor francés Édouard Louis describió cómo la insatisfacción de su padre obrero y sin educación con los partidos tradicionales, y en particular con la izquierda, lo condujo por ese sendero: «Lo que las elecciones [llegaron a significar para] mi padre fue la oportunidad de luchar contra su sensación de invisibilidad (…) Mi padre se había sentido abandonado por la izquierda política desde la década de 1980, cuando esta comenzó a adoptar el lenguaje y el pensamiento del libre mercado (…) [y nunca más] habló de clase social, injusticia y pobreza, o de sufrimiento, dolor y extenuación (…) Mi padre solía protestar: ‘No importa cuál, de izquierda, de derecha, ahora son todos lo mismo’. Ese ‘no importa cuál’ destilaba todo su desencanto con quienes, para él, deberían haberlo defendido, pero no lo hacían. En contraste, el Frente Nacional despotricaba contra las pésimas condiciones de trabajo y el desempleo, echando toda la culpa a la inmigración o a la Unión Europea. En ausencia de cualquier intento por parte de la izquierda de explicar su sufrimiento, mi padre se aferró a las falsas explicaciones ofrecidas por la extrema derecha. A diferencia de la clase gobernante, él no tenía el privilegio de votar por un programa político. Para él, votar era un intento desesperado de existir ante los ojos de los otros».

En resumen, mientras que el examen de los cambios en las condiciones económicas, sociales y tecnológicas y las quejas que han generado es crucial para comprender los problemas contemporáneos de la democracia, también es necesario explorar por qué las instituciones democráticas existentes no han respondido a las preocupaciones de muchos ciudadanos. Después de todo, un rasgo definitorio de la democracia es que supuestamente el gobierno debe responder a los ciudadanos. Esto implica alguna correspondencia entre lo que los votantes quieren y lo que los políticos y los partidos de hecho hacen.

En particular, cuando surge una brecha de representación –cuando una porción significativa de la población siente que sus intereses ya no son representados por la política y los partidos tradicionales–, deberíamos esperar un incremento en la insatisfacción y en el apoyo a la política y los partidos anti-establishment. Para evitar esto es necesario cerrar la brecha de representación, lo que significa que será necesario que los partidos tradicionales vuelvan a alinearse con los votantes, o que tendrán que convencer a los votantes de alinearse con ellos.

Traducción: María Alejandra Cucchi

Fuente: IPS y Social Europe

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Viernes, 29 Enero 2021 05:04

Una bola de nieve global

Una bola de nieve global

Crece el endeudamiento de los países por la crisis

 

La deuda pública mundial equivale a casi la totalidad del PBI global. Este número calculó el FMI en su nueva edición del Monitor Fiscal al tener en cuenta los casi 14 billones de dólares en apoyo fiscal para combatir la pandemia de coronavirus. El organismo midió la expansión fiscal de parte de los gobiernos en 7,8 billones de dólares en gastos directos adicionales o ingresos no percibidos y 6 billones de dólares en garantías, préstamos e inyecciones de capital. El apoyo total ha aumentado alrededor de 2,2 billones de dólares desde octubre pasado.

Según las estimaciones del organismo, la economía global mostraría un alza del 5,5 por ciento, en lugar del 5,2 por ciento que había sido estimado en octubre. En el caso de América latina, el crecimiento este año sería del 4,1 por ciento, por encima del 3,6 por ciento calculado meses atrás. El cambio del pronóstico refleja “el fortalecimiento de la actividad a medida que avance el año en base al impacto de la vacuna junto al apoyo fiscal adicional en las economías más grandes, especialmente en Estados Unidos y Japón”, explicó el Fondo, que insta a que el apoyo fiscal se mantenga hasta que la recuperación esté más firme.

Deuda pública

"Se estima que la deuda pública mundial llegó a un 98 por ciento del PIB a fines de 2020, en comparación con el 84 por ciento previsto para esa misma fecha en las proyecciones de la edición de Monitor Fiscal de octubre de 2019. Las respuestas fiscales se han construido en función del acceso al financiamiento: los déficits globales promedio, como porcentaje del PIB, se proyectan para 2020 en -13,3 por ciento para las economías avanzadas, -10,3 por ciento para las economías de mercados emergentes y de mediano ingreso, y de -5,7 por ciento para los países en desarrollo de bajo ingreso", detalló el FMI.

La recuperación económica tiene relación directa con la política fiscal expansiva que impacta en el deterioro de las cuentas públicas y el endeudamiento. En el caso de la Argentina, la política contracíclica se dio sin acceso a los mercados externos, con lo cual el financiamiento fue monetario (emisión) y toma de deuda en el mercado local.

Por otro lado, el FMI planteó que "la cooperación mundial para el acceso a tratamientos y vacunas es esencial. Es preciso contar con apoyo fiscal disponible para hogares y empresas vulnerables, según sea necesario, hasta que la recuperación esté firmemente encaminada. La política fiscal debe promover una recuperación sostenible y facilitar la transformación hacia una economía verde, digital e inclusiva, sin dejar de controlar los riesgos fiscales y de financiamiento".

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