MÚSICA DESDE OTRAS COORDENADAS

Miércoles, 22 Mayo 2013 06:40

Yasunizar el mundo

Yasunizar el mundo

Cuando Svante Arrhenius, químico sueco y premio Nobel, publicó los primeros ar­tículos sobre el cambio climático en 1896, la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera era de 300 partes por millón (ppm). Está ahora llegando a 400 y subiendo 2 ppm al año. Arrhenius anunció que al quemar carbón que estaba bajo tierra, los países industrializados estaban poniendo más y más dióxido de carbono en la atmósfera y que esto haría aumentar las temperaturas. Él no podía saber que en el siglo XX la quema de carbón aumentaría siete veces mundialmente ni que al carbón se añadiría la quema de mucho más petróleo y gas natural. Además de los efectos de la deforestación.

 

Lo que ocurre es que la nueva vegetación y los océanos no absorben todo el dióxido de carbono que produce la economía humana. Los combustibles fósiles son como fotosíntesis embotellada hace millones de años. Los sacamos, los “descorchamos” y los quemamos con demasiada rapidez. El aumento del efecto invernadero (así le llamó ya Arrhenius) será más y más rápido.

 

Es, pues, razonable la propuesta de dejar bajo tierra una parte del petróleo, del carbón y del gas. Debemos disminuir a la mitad la velocidad de extracción de los combustibles fósiles. Esta propuesta viene de lugares donde la extracción de petróleo, carbón o gas está haciendo mucho daño. Por ejemplo, la Amazonia de Ecuador y de Perú o el delta del Níger. En México, el petróleo ha dañado el ambiente en Tabasco y en Campeche y la BP causó en el Golfo de México un gran derrame en 2010. Pero también hay desastres por la minería de carbón en Colombia, China e India y por la extracción de las arenas bituminosas de Canadá.

 

En Ecuador, en la mitad del mundo, la organización Acción Ecológica propuso en 2006 dejar en tierra 850 millones de barriles de petróleo de los pozos ITT (Ishpingo, Tiputini, Tambococha) sitos en el Parque Nacional Yasuní, en la frontera con Perú. La propuesta fue aceptada por el entonces ministro de Energía y Minas, Alberto Acosta, y también la hizo suya a regañadientes el presidente Rafael Correa. Se añadió una cláusula. Ecuador se sacrificaba económicamente por bien propio y de la humanidad, dejaba de extraer petróleo que al quemarlo produciría 410 millones de toneladas de dióxido de carbono, conservaba la incomparable biodiversidad local, respetaba los derechos indígenas. Pero pedía una contribución exterior equivalente aproximadamente a la mitad del dinero que dejaría de ganar, unos 3 mil 600 millones de dólares en total, que fueran llegando a lo largo de 10 o 12 años. Estas contribuciones serían depositadas en un fideicomiso con administración conjunta del PNUD, constituido el 3 de agosto de 2010. La oferta está en pie, el dinero llega lentamente, el presidente Correa amenaza con un plan B de extracción de petróleo en algunos de los pozos protegidos. Correa no es ecologista, pero ha defendido en foros internacionales la propuesta Yasuní. Pero amenaza ahora con correr los límites del Parque Nacional Yasuní en junio de 2013.

 


La idea de dejar el petróleo en tierra se ha difundido. En el delta del Níger, algunos hablan de “ogonizar” más que de “yasunizar” porque los ogoni, después de 1995 y la muerte de Ken Saro-Wiwa, consiguieron expulsar durante muchos años a la Shell. Dicen allí, leave oil in the soil. En otros lugares añaden: leave coal in the hole, leave gas under the grass, planteando propuestas similares a la de Ecuador. Tanto es así, que Acción Ecológica escribió a la Real Academia Española para que ponga la palabra “yasunizar” en el diccionario.

 

En Guatemala se ha propuesto no extraer el petróleo de la Laguna del Tigre, un sitio Ramsar en el Petén (un humedal catalogado internacionalmente). En las islas de San Andrés y Providencia, de Colombia (cercanas a Nicaragua), se ha decidido oficialmente dejar el petróleo en el subsuelo haciendo caso de las protestas locales. En la distante Nueva Zelanda, quienes se oponen a la bestial extracción de lignito a cielo abierto, conocen la palabra “yasunizar”. Lo mismo sucede en Quebec, en Francia, en Bulgaria, en el País Vasco, donde se ha logrado de momento parar la extracción de gas de esquisto que puede perjudicar la capa freática, argumentando que si el petróleo del Yasuni ITT se queda en tierra, ¿por qué no puede seguirse la misma doctrina en esos otros lugares? Hasta en las islas Lofoten, en Noruega, se propone dejar el petróleo y el gas bajo el fondo del mar.

 

Hay razones locales y razones globales (de cambio climático) para yasunizar el mundo.

 

Por Joan Martínez Alier, ICTA-Universitat Autònoma de Barcelona

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Jueves, 28 Marzo 2013 08:57

Bachelet anunció su candidatura

"Estoy frente a ustedes dispuesta a asumir este desafío, he tomado la decisión de ser candidata", afirmó la ex mandataria socialista, quien regresó de Estados Unidos y hará campaña para las elecciones de noviembre.

 

La ex mandataria chilena Michelle Bachelet anunció ayer que se postulará para competir en las elecciones presidenciales de noviembre. "Estoy frente a ustedes dispuesta a asumir este desafío, he tomado la decisión de ser candidata", afirmó Bachelet. En mayo competirá en las internas. La semana próxima tiene agendados encuentros en Montevideo con el ex presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y el presidente uruguayo, José Mujica. Entre aplausos de sus adherentes y tras haber dejado su cargo en Nueva York como directora de las oficinas de ONU-Mujeres, la socialista realizó el anuncio, que había generado gran expectativa entre sus simpatizantes y las filas del oficialismo y otros partidos de oposición.

 

"Con alegría, con determinación y con mucha humildad he tomado la decisión de ser candidata", remarcó la ex mandataria al inaugurar una muestra fotográfica sobre su gestión entre 2006 y 2010. En un acto en el Centro Cívico y Cultural de la comuna de El Bosque, la ex jefa de Estado, que ejerció los últimos tres años como directora de ONU-Mujeres, evitó hasta ahora ligar su imagen a los líderes políticos de la oposición, sumidos en el descrédito en encuestas. "La desigualdad es ética y políticamente inaceptable. Tenemos que repensar nuestro modelo de desarrollo", agregó. La dirigente, que dejó el poder en 2010 con un 80 por ciento de apoyo, es quien concentra más de la mitad de la intención de voto entre once candidatos y fue quien asumió los errores y falencias de los gobiernos democráticos, en especial en materia de equidad social. El segundo mejor posicionado en los sondeos es el ex ministro Laurence Golborne, en representación de la oficialista Unión Democrática Independiente (UDI), con 15 por ciento. "Estoy decidida a convocar a una nueva mayoría, no va a ser fácil. Sabemos que desde el retorno a la democracia, Chile ha tenido progreso y crecimiento", precisó Bachelet e informó el diario chileno La Tercera.

 

La ahora precandidata por el Partido Socialista, con apoyo del Partido por la Democracia (PPD), deberá competir en internas el 30 de mayo con tres de los postulantes de las otras fuerzas de la opositora Concertación: el ex alcalde Claudio Orrego, el senador radical José Antonio Gómez y su ex ministro de Hacienda Andrés Velasco. Contienda que se espera gane con comodidad.

 

La alcaldesa de Santiago y ex vocera de Bachelet, Carolina Tohá, agradeció a Bachelet por su decisión de volver y le prometió el respaldo de sus adherentes en el propio aeropuerto, a su llegada a primera hora. "Estamos muy agradecidos por su decisión, necesitábamos que volviera. Estamos preparados, estamos listos para iniciar una nueva etapa", indicó Tohá. En el oficialismo, cuyos candidatos están a 40 puntos de la ex presidenta en las encuestas, criticaron el legado de la ex mandataria, impulsora de mejoras en pensiones y seguridad social. "Durante el gobierno de Bachelet se consumaron los abusos más grandes y la pobreza aumentó", expresó el presidente de la conservadora Unión Demócrata Independiente (UDI), el diputado Patricio Melero. "Su gobierno fue el peor", insistió el parlamentario. El retorno de Bachelet a Chile rompió un silencio político de meses y para sus contrincantes se abrió una etapa de definiciones. "Creo que con esto termina el silencio. Ahora viene el tiempo de las ideas, debate y competencia", dijo uno de los tres candidatos con los que se enfrentará en elecciones primarias, Claudio Orrego. En tanto, el analista Patricio Navia advirtió que el mayor flanco débil de Bachelet no va a ser lo que ella diga, sino que lo que digan los políticos de su coalición. "Tanto porque mostrarán divergencias importantes sobre las políticas que promoverán, como por el mensaje de renovación y recambio que querrá promover Bachelet", añadió.

 

Bachelet, que anunció que construirá su programa en diálogos ciudadanos, llegó a un país sacudido por miles de protestas en los últimos tres años. Las manifestaciones, que derrumbaron el apoyo a los partidos de gobierno y de oposición por debajo del 20 por ciento, apuntan a la desigual distribución del ingreso en Chile y ofrecen como ejemplo que el 20 por ciento más rico de la población recibe mes a mes más ingresos que todo el resto de la población, en un país con un Producto Bruto Interno (PBI) por paridad de compra cercano a los 20 mil dólares per cápita. Los hogares deben pagar hasta 800 dólares mensuales en las universidades públicas y la salud es la más cara de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), según diversos estudios.

 

La ex presidenta de Chile regresó ayer por la mañana a su país. "Creo que aún hay muchas cosas por hacer para que nuestro país sea un mejor país para todos y todas, y yo también quiero contribuir en eso", sostuvo al arribar. Fue saludada en el aeropuerto por un centenar de simpatizantes que la recibieron al grito de "¡Se siente, se siente, Michelle presidente!" y por una treintena de dirigentes políticos de la coalición opositora de centroizquierda, aunque no hubo ningún presidente de los cuatro partidos que integran el conglomerado.

 

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Crisis del agua: espejo de la irracionalidad

El 22 de marzo de 1994 se celebró por primera vez el Día Mundial del Agua, en obediencia al mandato de Naciones Unidas, aprobado en 1992. Lo que significa que en el año que cursa se realiza por vigésima vez, con el ingrediente adicional que 2013 fue declarado el Año Internacional de la Cooperación en la Esfera del Agua.

 

Las inquietudes que surgen alrededor de las condiciones en que se extrae y usa el líquido vital, que a diferencia de los demás recursos carece de sustituto, se comienzan a presentar en razón de la inutilización creciente de cuerpos de agua para el consumo humano, como consecuencia de fuertes cargas de contaminantes. La muerte literal de algunos ríos y lagos como ecosistemas vivos, fue el campanazo de alerta que dio inicio a verdaderas maratones de conferencias y simposios, y a la fundación de instituciones –cada vez más numerosas– dedicadas a plantear soluciones a la problemática.

 

Sin embargo, el avance parece bien poco, si nos atenemos a las cifras que manejan las mismas instituciones oficiales que, como veremos más adelante, son conscientes de que el agua es cada vez más escasa y se aleja de su condición de recurso libre y necesario, lo que le permitió a Adam Smith contrastarlo con los diamantes, como un ejemplo de un bien con un alto valor de uso y con bajo o ningún valor de cambio.

 

Y es esa escasez, paradójicamente, la que le da sentido a la consagración de este año como el de la Cooperación en la Esfera del Agua, pues se vislumbra la posibilidad de conflictos por el uso de cuencas transfronterizas. Como lo señala la Unesco, 148 países poseen al menos una cuenca transfronteriza, y de éstas se cuentan 276 en el mundo (64 en África, 60 en Asia, 68 en Europa, 46 en América del Norte y 38 de América del Sur), que quieren ser reguladas para reducir las probabilidades de conflicto, y, siguiendo la lógica del verdadero sentido de los acuerdos internacionales, para facilitar su uso a los más poderosos, que son las más "estresados" desde la perspectiva de la oferta hídrica.

 

Cifras que aterran

 

Para ilustrar el agua consumida en la producción de alimentos, la FAO utiliza un símil que quizá ilustra más que cuadros y gráficos. Dice: "Imaginémonos un canal de 10 metros de profundidad, 100 de ancho y 7,1 millones de kilómetros de largo (lo suficiente como para circunvalar 180 veces al globo terrestre). Esta es la cantidad de agua necesaria anualmente para producir el alimento de una población de 6,6 mil millones de personas. Si a esto se le suman otras 2 o 3 mil millones de personas, y se hacen los ajustes en sus dietas alimentarias a base de cereales, que actualmente están en proceso de cambio hacia carne y vegetales, habría que alargar el canal en unos 5 millones de km para obtener el agua necesaria para alimentar a la población mundial".

 

La extracción de agua dulce por año gira alrededor de 4 mil kilómetros cúbicos, de los cuales el 70% se dedica al sector agropecuario, el 22% a la industria y el 8% restante es para el consumo doméstico. Dado que la cantidad de agua dulce renovable se estima en 43.700 kilómetros cúbicos aproximadamente, no deberíamos tener problemas de abastecimiento si no fuera porque de ese total, una cifra cercana al 69% son glaciares y nieves perpetuas, y otro 30% son aguas subterráneas. En otras palabras, las aguas de extracción fácil son una pequeña parte, y de los aproximadamente 11 mil kilómetros cúbicos de agua dulce superficial, en la actualidad se explota cerca del 30%.

 

El problema hacia adelante consiste en que el "desarrollo" implica un aumento más que proporcional del consumo de agua respecto del crecimiento de la población. En efecto, si tenemos en cuenta que la diferencia de consumo per cápita entre un habitante promedio del llamado mundo desarrollado y uno de bajos ingresos del mundo "subdesarrollado" es de 7,5 veces, es de esperarse que la presión sobre los recursos hídricos será cada vez más fuerte. Las estimaciones más aceptadas concuerdan en que para el año 2025, la demanda de agua en el mundo será un 56 % superior al suministro.

 

Pero, si observamos el problema regionalmente, éste toma un cariz aún más dramático, pues la distribución del agua dulce no es ni mucho menos homogénea. La región asiática, por ejemplo (ver tabla), que alberga el 60% de la población mundial, dispone tan sólo del 36% del recurso, y Europa –cuya población representa el 13%– posee tan sólo el 8% del bien. América, Australia y Oceanía, son las únicas regiones que cuentan con una disponibilidad mayor frente al porcentaje de población que tienen, siendo Suramérica una región privilegiada en ese sentido.

 

El desbalance entre oferta y demanda de agua ha dado lugar al concepto de "presión hídrica", cuyo límite se estima en 1.700 m3/habitante-año. Por debajo de 1.000 m3/habitante-año, que la organización Mundial de la Salud considera como el consumo de agua mínimo requerido para la satisfacción de las necesidades básicas, se habla de "umbral de penuria hídrica". Las personas que se estima están sometidas a presión hídrica, ascienden a 2.300 millones, mientras que las sometidas a penuria hídrica suman 1.700 millones, esto es, que el 57% de la población mundial tiene problemas de alguna gravedad con el suministro de agua. Para el año 2025 se considera que la cifra total de habitantes con este tipo de problemas puede llegar a 5.900 millones de personas (70% del total).

 

En la actualidad, en Asia, el 65% de los poblados carece de agua corriente potable, mientras que en África esa cifra es del 27%. En América Latina y el Caribe la carencia alcanza el 6% y en Europa el 2%, en una muestra que la distribución geográfica de la población en relación con la oferta hídrica, además, claro está, de otros problemas, cuestiona seriamente la forma como el capital ha terminado agrupando la gente en los distintos espacios geográficos, hasta el punto que el 85% de la población mundial vive en la mitad más seca del planeta.

 

Una de la formas de escapar de la escasez localizada del agua ha sido mediante el recurso de la importación de bienes intensivos en ese bien. El intercambio comercial que tiene lugar por esa razón se conoce como flujo de "agua virtual", que puede representar un 16% del uso de agua en la agricultura. Se calcula que el 62% de la "huella hídrica" (total de agua utilizada en la producción de bienes y servicios de un país o región) del Reino Unido proviene del agua virtual y tan sólo el 38% se extrae de sus recursos hídricos internos.

 

Arabia Saudita anunció que va a disminuir su producción de cereales para reservar sus aguas subterráneas, amenazadas por la sobreexplotación. La compra de tierras por parte de éste país petrolero tiene también como propósito reemplazar el uso de su propia agua, lo que nos indica otra dimensión del acaparamiento de tierras por parte de los países excedentarios en recursos financieros, pues con la tierra llega el agua (se estima que el 66% del agua dulce disponible en la región árabe tiene su origen fuera de la región).

 

Contradicciones que matan

 

Si se acepta que el límite de los 1.700 m3/habitante-año, es una cifra aceptable para que las personas no sufran carencias de agua, es necesario triplicar la producción de agua, tan sólo para que la población actual satisfaga sus necesidades. Sin embargo, hasta acá no hemos considerado que una parte no despreciable del agua deja de ser utilizable para el consumo humano. En efecto, el 85% de las aguas utilizadas no tienen tratamiento, lo que aumenta no sólo la vulnerabilidad de la población, sino que hace de la contaminación un factor fuerte de reducción de la oferta hídrica para el consumo humano directo.

 

Entre fertilizantes y pesticidas provenientes de una agricultura adicta a los químicos, residuos industriales y aguas servidas, se calcula que se vierten a los cuerpos de agua alrededor de 2 millones de toneladas de desechos, estimándose que la carga de contaminación puede afectar en la actualidad un volumen aproximado de 12.000 kilómetros cúbicos de agua. Si bien las fuentes de agua cuentan con procesos de autodepuración, el tamaño y periodicidad de las descargas impide que esos procesos cumplan su ciclo y reviertan los efectos de las descargas.

 

El agua es víctima, entonces, de los procesos de aglomeración urbanos y de una agricultura cuyo paquete tecnológico es irracionalmente tóxico (se calcula que en los países de altos ingresos el 54% de los contaminantes los vierte la producción de alimentos, y que en los de bajos ingresos esa cifra se eleva a 54%). El asunto, sin embargo, tiende a agravarse, si se sigue incrementando el área que se cultiva para agrocombustibles, pues se considera que se requieren 820 litros de agua por cada litro de carburante producido.

 

La producción de energía a través de las hidroeléctricas también tiene su lado oscuro, pues se ha convertido en un verdadero problema al cortar los flujos naturales de los ríos y alterar el ciclo hídrico y las velocidades y los caudales, provocando inundaciones o bajos niveles en las restantes zonas del cuerpo de agua. En la actualidad, existen en el planeta más de 45.000 presas con más de 15 metros de altura, que no sólo han representado alteraciones de las tierras aledañas, sino desplazamientos masivos y pérdida significativa de biodiversidad.

 

Pero, el cierre del círculo viene de la mano de la explotación del gas de esquisto, a través del proceso de fracturación (fracking) de las piedras, que requiere de una mezcla o "lodo" concentrado de agua, arena y químicos, que hace del agua utilizada en el proceso un líquido fuertemente contaminado, sin opción de utilizarse posteriormente para consumo humano. Pemex, petrolera mejicana, estima que en los pozos de ese país se necesitan de 3 a 8 millones de galones de agua por pozo.

 

Llama la atención, entonces, que se dediquen días al agua, pero que simultáneamente se promueva el aumento de la productividad agrícola y "segundas" revoluciones verdes. Igualmente que se silencie el uso de fuentes de combustible "alternativas" como el gas de esquisto, un indiscutible depredador de agua. También es curioso que sobre los riesgos de la escasez hídrica, a diferencia de los disensos sobre el calentamiento global, la academia haya mostrado consenso, pero nada se haga al respecto.

 

Gerry Galloway, profesor de ingeniería de la universidad de Maryland, acuñó el concepto del "dilema de la caja de agua", para señalar que el problema era conocido tan sólo entre especialistas. Ya sea que se trate de académicos o de un reducido número de activistas, a lo que Galloway se refiere es que al interior de la "caja de agua" puede haber acuerdo, pero que nada se gana si por fuera de esa caja, nadie se interesa. Políticos y empresarios, así como la burocracia internacional parecen incrédulos, cuando en realidad son cómplices de priorizar las ganancias, la eficiencia y la geopolítica sobre la vida misma. Las poblaciones afectadas por los macroproyectos y la minería, como es el caso de los pobladores de Cajamarca en el Perú, los habitantes de la zona de influencia del páramo de Santurbán en Colombia o los resistentes a la hidroeléctrica del Quimbo, en el sur de éste mismo país, han demostrado que están dentro de la "caja del agua". Hace falta que de una forma integral, quienes creen que "otro mundo es posible" también se metan allí para que las ganancias no derroten a la vida.

 

Las víctimas de siempre

 

De acuerdo con el boletín número tres de la Unesco sobre el agua, 1.523.000 personas mueren al año en el mundo por diarrea provocada por mala calidad del líquido, 863.000 por malnutrición y 526.000 por malaria, casos asociados de forma directa a fallas en el suministro de agua en buen estado. Los países más pobres gastan el 14% del PIB enfrentando desastres naturales relacionados con el ciclo hidrológico, siendo los más importantes las inundaciones (50%), las epidemias relacionadas con el agua (28%), sequias (11%), avalanchas (9%) y hambrunas (2%).

 

Si sumamos la irracionalidad en el consumo que, por ejemplo, prioriza la ingesta de carne cuya producción requiere de 15 metros cúbicos de agua por cada kilo del producto, a la de cereales en la que el gasto de agua por kilo producido es tan sólo de 1,5 metros cúbicos, o a la de legumbres, raíces y tubérculos en los que el gasto de agua se reduce a un metro cúbico, completamos una arista más del cuadro del absurdo en el que se han convertido las relaciones sociales capitalistas en esta etapa postmoderna.

 

Las multinacionales, en el entretanto, hacen su agosto. La compañía Coca Cola que es la empresa de bebidas más grande del mundo, utiliza más de 283.000 millones de litros de agua por año. Esta empresa, que gastó entre 2,7 y 4,0 litros de agua por cada litro de su bebida de marca, embotella agua que es equiparable a la de las llaves y por la que puede cobrar hasta 100 veces el valor de la del tubo (en Londres, la compañía fue acusada de agregar bromato –un producto cancerígeno– al agua embotellada para darle sabor). Bechtel, Monsanto, Vivendi y Suez, entre las principales, se apoderan del agua en el mundo y la mercantilizan, controlando hoy el acceso al agua potable de más de 100 millones de personas en el planeta.

 

Si el agua es vida, dejárnosla arrebatar o permitir que la contaminen es abrazar la muerte. Meternos todos en la "caja del agua" significa renegar de las lógicas del capital y plantear distintas formas de ser. Alterar las prácticas del consumo, recuperar para el colectivo las condiciones básicas de la vida y demostrar que la eficiencia y el costo no son en todos los casos criterio fiable en la toma de decisiones, son tareas que urge asumir, si de verdad perseguimos un mejor vivir.

 

Gráfico

Población y disponibilidad de agua

Región América del Norte y Central América del Sur África Asia Australia y Oceanía Europa

Población (%) 8 6 13 60 < 1 13

Disponibilidad

de agua (%) 15 26 11 36 5 8

 

Fuente: Naciones Unidas (Informe sobre desarrollo de los recursos hídricos)

 

Publicado enEdición 189
Para una caracterización del ecosocialismo en diez rasgos

1. Frente al nihilismo contemporáneo, el ecosocialismo propugna una moral igualitaria basada en valores universales, arrancando en el primero de ellos: la dignidad humana. Más allá de la moral capitalista de poseer y consumir, más allá de su moral, la nuestra: vincularse y compartir. El pensador marxista franco-brasileño Michael Löwy, uno de los teóricos del ecosocialismo moderno, ha argumentado la necesidad de una ética ecosocialista con los siguientes rasgos: social, igualitaria, solidaria, democrática, radical y responsable.


2. Frente a la deriva biocida de las sociedades contemporáneas, el ecosocialismo apuesta por vivir en esta Tierra, “haciendo las paces” con la naturaleza. El socialismo, como sistema social y como modo de producción (sobre la base de la producción industrial), se define esencialmente por las condiciones de que el trabajo deja de ser una mercancía, y la economía se pone al servicio de la satisfacción igualitaria de las necesidades humanas. El valor de uso ha de dominar sobre el valor de cambio: esto es, la economía ha de orientarse a la satisfacción de las necesidades humanas (y no a la acumulación de capital). El ecosocialismo añade a las condiciones anteriores la de sustentabilidad: modo de producción y organización social cambian para llegar a ser ecológicamente sostenibles. (No mercantilizar los factores de producción –naturaleza, trabajo y capital—, o desmercantilizarlos, es la orientación que un gran antropólogo económico como Karl Polanyi sugirió en La Gran Transformación).


3. Frente a la pérdida de horizonte alternativo (tanta gente que ya sólo concibe la vida humana como compraventa de mercancías), el ecosocialismo es anticapitalista en múltiples dimensiones, incluyendo la cultural, y está comprometido con la elaboración de una cultura alternativa “amiga de la Tierra”. Hablaremos de “socialismo” en el sentido propio e histórico del término, un socialismo radicalmente crítico del capitalismo que busca sustituirlo por un orden sociopolítico más justo (y hoy hay que añadir: que sea sustentable o sostenible). No nos referimos, por tanto, a la profunda degeneración de la corriente política socialdemócrata que ha terminado desembocando en partidos políticos nominalmente “socialistas” aunque practiquen políticas neoliberales.


4. Frente a la tentación de refugiarse en los márgenes, el ecosocialismo mantiene la lucha por la transformación del Estado. Me impresionó, hace no mucho, un artículo de Ignacio Sotelo donde, tras decretar la inviabilidad de la revolución –“mitología decimonónica de una clase obrera supuestamente revolucionaria”− y también de la mera reforma –ya que “la rebelión y la protesta no van a cambiar el capitalismo financiero establecido”-- el catedrático de sociología –que se supone representa de alguna manera la izquierda del PSOE, no lo olvidemos− concluye que “no queda otra salida que trasladarse a otro país –la emigración vuelve a ser el destino de muchos españoles– o bien encontrar acomodo en la economía alternativa, saliéndose del sistema” . Es llamativa la coincidencia de esa propuesta de supervivencia en los márgenes, altamente funcional al desorden establecido, con la tentación de una parte considerable de los movimientos alternativos indignados: organicémonos por nuestra cuenta al margen del Estado (si destruyen la sanidad pública, creemos cooperativas de salud autogestionadas, etc.). Frente a esa tentación, el ecosocialismo afirma: no renunciamos a la transformación del Estado, de manera que llegue a ser alguna vez de verdad social, democrático y de Derecho.


5. Frente a la dictadura del capital que se endurece a medida que progresa la globalización, el ecosocialismo defiende la democracia a todos los niveles. Desmercantilizar, decíamos antes: y también democratizar. El ecosocialismo trata de avanzar hacia una sociedad donde las grandes decisiones sobre producción y consumo sean tomadas democráticamente por el conjunto de los ciudadanos y ciudadanas, de acuerdo con criterios sociales y ecológicos que se sitúen más allá de la competición mercantil y la búsqueda de beneficios privados.


6. Frente al patriarcado, ecofeminismo crítico. Como ha señalado Alicia Puleo, el ecofeminismo no se reduce a una simple voluntad feminista de gestionar mejor los recursos naturales, sino que exige la revisión crítica de una serie de dualismos que subyacen a la persistencia de la desigualdad entre los sexos y a la actual crisis ecológica. El análisis feminista de las oposiciones naturaleza/ cultura, mujer/ varón, animal/ humano, sentimiento/ razón, materia/ espíritu, cuerpo/ alma ha mostrado el funcionamiento de una jerarquización que desvaloriza a las mujeres, a la naturaleza, a los animales no humanos, a los sentimientos y a lo corporal, legitimando la dominación del varón, autoidentificado con la razón y la cultura. El dominio tecnológico del mundo sería un último avatar de este pensamiento antropocéntrico (que sólo otorga valor a lo humano) y androcéntrico (que tiene por paradigma de lo humano a lo masculino tal como se ha construido social e históricamente por exclusión de las mujeres). La negación y el desprecio de los valores del cuidado, relegados a la esfera feminizada de lo doméstico, ha conducido a la humanidad a una carrera suicida de enfrentamientos bélicos y de destrucción del planeta. Un ecofeminismo no esencialista y decidido a realizar una “ilustración de la Ilustración”, como el que propone Alicia Puleo , hemos de considerarlo imprescindible aliado del ecosocialismo que aquí se propugna.


7. Frente a la idea de un “capitalismo verde”, el ecosocialismo defiende que no tenemos buenas razones para creer en un capitalismo reconciliado con la naturaleza a medio/ largo plazo, aunque en el corto plazo sin duda serían posibles reformas ecologizadoras que permitirían básicamente “comprar tiempo” con estrategias de ecoeficiencia (“hacer más con menos” en lo que a nuestro uso de energía y materiales se refiere) . La razón de fondo de tal incompatibilidad es el carácter expansivo inherente al capitalismo, ese avance espasmódico que combina fases de crecimiento insostenible y períodos de “destrucción creativa” insoportable. Hoy ya estamos más allá de los límites, y por eso suelo decir que “el tema de nuestro tiempo” (o al menos, uno de los dos o tres “temas de nuestro tiempo” prioritarios) es el violento choque de las sociedades industriales contra los límites biofísicos del planeta. (y hoy “sociedades industriales” quiere decir: el tipo concreto de capitalismo financiarizado, globalizado y basado en combustibles fósiles que padecemos). Si se quiere en forma de consigna: marxismo sin productivismo, y ecologismo sin ilusiones acerca de supuestos “capitalismos verdes”.


8. Frente a la quimera del crecimiento perpetuo, economía homeostática. Una economía ecosocialista rechazará los objetivos de expansión constante, de crecimiento perpetuo, que han caracterizado al capitalismo histórico. Será, por consiguiente, una steady state economy: un “socialismo de estado estacionario” o “socialismo homeostático”. La manera más breve de describirlo sería: todo se orienta a buscar lo suficiente en vez de perseguir siempre más. En los mercados capitalistas se produce, vende e invierte con el objetivo de maximizar los beneficios, y la rueda de la acumulación de capital no cesa de girar. En una economía ecosocialista se perseguiría, por el contrario, el equilibrio: habría que pensar en algo así como una economía de subsistencia modernizada, con producción industrial pero sin crecimiento constante de la misma.


9. Frente al individualismo anómico y la competencia que enfrenta a todos contra todos, frente a la cultura “emprendedora” que convierte a cada cual en empresario de sí mismo presto a vender sus capacidades al mejor postor, el ecosocialismo defiende el bien común y los bienes comunes. Esta consigna apunta a priorizar los intereses colectivos (¡no solamente los de los seres humanos, y no solamente los de las generaciones hoy vivas!), y a gestionar las riquezas comunes más allá de las exigencias de rentabilidad del capital. Educación, sanidad, energía, agua, transportes colectivos, telecomunicaciones, crédito –ninguno de estos servicios básicos deberían ofrecerlos empresarios privados en mercados capitalistas. Tendrían que proveerse mediante empresas públicas y cooperativas gestionadas democráticamente.
10. Frente a la fosilización dogmática, ecosocialismo es socialismo revisionista. Pero es que, como decía Manuel Sacristán, “todo pensamiento decente tiene que estar siempre en crisis” . Aquí también es de utilidad la categoría pasoliniana de empirismo herético que le gustaba recordar a Paco Fernández Buey. Yendo a lo nuestro: lo esencial del marxismo, como repetían estos grandes maestros, es el vínculo de una idealidad emancipatoria con el mejor conocimiento científico disponible. Cada elemento teórico concreto del pensamiento socialista es revisable en función de lo que hayamos logrado saber recientemente: lo que resulta irrenunciable es la moral igualitaria que aspira a acabar con el patriarcado y con el capitalismo.

 

Veinte elementos para un programa de transición poscapitalista

 

En cierto momento de El socialismo puede llegar sólo en bicicleta (Los Libros de la Catarata, Madrid 2012), hacia el final del capítulo 8, me atreví a esbozar lo que podrían ser líneas maestras de un “programa de transición”. Lo completo y actualizo aquí.

 

1. Reforma ecológica de la Contabilidad Nacional, para disponer de indicadores adecuados que permitan evaluar la economía en su comportamiento biofísico (más allá de la esfera del valor monetario).


2. Socialización del sistema de crédito. Banca pública fuerte que canalice la inversión necesaria para la transición económico-ecológica.


3. Entre los mecanismos más interesantes para la planificación indirecta no burocrática de la inversión en economías con sectores de mercado importantes se hallan los descuentos y recargos en los tipos de interés. La banca pública presta dinero a las empresas con ciertos descuentos o recargos en el tipo de interés, decididos para cada sector de bienes de consumo en función de criterios sociales y ecológicos.


4. Reforma fiscal ecológica, para “internalizar” una parte de los costes externos que hoy provoca nuestro insostenible modelo de producción y consumo. La figura central sería un fuerte ecoimpuesto sobre los combustibles fósiles. Se haría en el marco de una


5. Distribución más igualitaria de la riqueza y los ingresos. “Nuevo contrato fiscal” que globalmente aumentaría la tributación de las rentas altas y del capital, y pondría más recursos en el sector público (y desde luego eliminaría los paraísos fiscales).


6. Intensa reducción de las disparidades salariales.


7. Reducción del tiempo de trabajo, de manera que se pueda disfrutar de mucho más ocio (entendido no como consumismo en el tiempo libre, sino como actividades autotélicas –aquellas que se buscan por sí mismas, no como medio para otros fines--, que son una de las claves principales de la vida buena)…


8. …y buscando las condiciones para que la reducción del tiempo de trabajo se traduzca en nuevo empleo (ello dista de ser automático). El pleno empleo volvería a ser un objetivo esencial de las políticas económicas. Trabajar menos (solidaridad social) y consumir menos bienes destructores de recursos escasos (solidaridad internacional e intergeneracional) para trabajar todos y todas, y consumir de otra forma.


9. Políticas activas de empleo; formación continuada a lo largo de toda la vida laboral; sistemas renovados de recalificación profesional.
10. “Tercer sector” de utilidad social, semipúblico, para atender a las demandas insatisfechas (por ejemplo las que se refieren a la “crisis del cuidado”).


11. “Segunda nómina” que el Estado abonaría a los asalariados que no trabajasen a jornada completa o lo hicieran por debajo de un salario mínimo decente.


12. Fiscalidad sobre el consumo lujoso, ya sea por medio de impuestos sobre el gasto (tipos impositivos crecientes por encima de cierto nivel de gasto), ya mediante tipos altos de IVA a los bienes de lujo.


13. Estrategia de fomento de los consumos colectivos para mantener un alto nivel de satisfacción de necesidades con mucho menor impacto ambiental.


14. Provisión de bienes y servicios públicos de calidad por parte de un sector de la economía socializado: energía, transporte, comunicaciones, vivienda, sanidad, educación...


15. Infraestructuras para la sustentabilidad: energías renovables, transporte colectivo, ciudades y pueblos sostenibles...
16. Fuertes restricciones a la publicidad comercial. Para empezar, una reforma impositiva: no permitir a las compañías declarar la publicidad como gastos de empresa desgravables.


17. Reducción de la escala física de la economía hasta los límites de sustentabilidad. Economía “de estado estacionario” en ese sentido (no necesariamente en cuanto a la “creación de valor”). Yo prefiero la expresión economía homeostática, una economía dinámica que deja de expandirse materialmente (y estabiliza su “flujo metabólico” de materiales y energía en niveles de sustentabilidad).


18. Aplicación del principio de biomímesis (reconstruir los sistemas humanos imitando algunos rasgos importantes de los sistemas naturales, de forma que los primeros sean más compatibles con los segundos), generalizando estrategias que ya han dado sus frutos en algunos sectores y disciplinas (agroecología, química verde, ecología industrial, etc.)


19. Estrategia de ecoeficiencia.


20. Desglobalizar y relocalizar lo esencial de la producción.

 


Jorge Riechmann*
Fuhem Ecosocial

*Profesor titular de filosofía moral, Universidad Autónoma de Madrid

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Viernes, 25 Enero 2013 07:32

El territorio como espacio emancipatorio

El territorio como espacio emancipatorio

Los movimientos de base territorial, rurales y urbanos, integrados por indígenas y afrodescendientes, campesinos y sectores populares, jugaron un papel decisivo en la resistencia y deslegitimación del modelo neoliberal. Desde sus territorios lanzaron formidables ofensivas que abrieron grietas en el sistema de partidos sobre el que se asienta la dominación y modificaron el escenario geopolítico regional. De modo directo e indirecto, influyeron en lo local, lo nacional, regional y global.

 

Han jugado y jugarán también un papel decisivo en la construcción de un mundo nuevo. Si ese mundo, como señala Immanuel Wallerstein (La Jornada, 12 de enero de 2013), “será el resultado de una infinidad de acciones nanoscópicas”, las “pequeñas mariposas” capaces de construirlo habitan territorios en los que resisten y en ellos pueden construir relaciones sociales diferentes a las hegemónicas. No es con manifestaciones ni declaraciones, por más masivas y necesarias que sean, como se crea el socialismo, sino con prácticas sociales en espacios concretos. Territorios en resistencia que son a la vez espacios en los que va naciendo lo nuevo.

 

Hasta ahí, son temas que hemos venido debatiendo en los últimos años. El capitalismo puede ser derrotado si somos capaces de expropiarle los medios de producción (y de cambio) en un largo proceso. Pero la cuestión no se agota allí. El sistema aprendió a desorganizar, diluir, cooptar y aniquilar por la fuerza (todo junto, no una u otra acción) a los sujetos nacidos y arraigados en la resistencia territorial. La combinación de fuerza bruta (militar y policial) con políticas sociales para “combatir la pobreza” es parte de esa estrategia de aniquilación.

 

Ante esta situación compleja y difícil, crece la tentación de replegarse de los territorios en los que nacieron múltiples sujetos colectivos, buscando lugares más propicios donde seguir creciendo. A veces se apuesta por lo sindical, otras a lo estudiantil y en otras por lo electoral. Un debate de este tipo atraviesa sobre todo a movimientos en Argentina, Chile, Paraguay y Perú, aunque está presente en casi todos los países.

 

Es cierto que lo territorial por sí solo no alcanza. Que debe incluir formas diferentes de hacer política donde la gente común decida y ejecute; que hace falta crear formas de poder distintas a las estatales; que para garantizar la autonomía territorial es imprescindible asegurar la sobrevivencia material, o sea salud, educación, vivienda y alimentación para todos y todas.

 

Pero no podemos olvidar que los territorios son claves para la lucha por un mundo nuevo por dos razones, digamos, estratégicas: se trata de crear espacios donde podamos garantizar la vida de los de abajo, en todas sus multifacéticas dimensiones; y porque la acumulación por despojo o guerra –que es el principal modo de acumulación del capitalismo actual– ha convertido a los movimientos territoriales en el núcleo de la resistencia. La mutación del capitalismo que conocemos como neoliberalismo es guerra contra la vida.

 


A ellas se podría agregar un tercer argumento: sólo es posible resistir “en” las relaciones tejidas en torno de valores de uso, ya sean materiales o simbólicos. Si sólo nos movemos en las esferas de los valores de cambio, nos limitamos a reproducir lo que hay. Cerrados los “poros” de la vida en las fábricas por el posfordismo, es en los territorios, barrios, comunidades o periferias urbanas donde –aun esos mismos trabajadores– se vinculan entre sí en formas de reciprocidad, ayuda mutua y cooperación que son relaciones sociales moldeadas en torno del intercambio de valores de uso.

 

No es una cuestión teórica y por lo tanto sólo se puede “mostrar”. Se conoce y se practica, o no se entiende. Resistir hoy es proteger la vida y construir vida en territorios controlados colectivamente. El punto es que si abandonamos los territorios, ganaron los de arriba. Y en este punto no hay dos caminos. Sólo queda hacerse fuertes y autónomos allí, neutralizando las políticas sociales que quieren destruir lo colectivo “salvando” al pobre individualmente.

 

El pueblo mapuche resiste desde hace cinco siglos aferrándose a sus territorios. Así derrotaron a los conquistadores españoles, y en ellos se repusieron de la derrota que les infligió la República criolla en la guerra de exterminio conocida como “Pacificación de la Araucanía” en la segunda mitad del siglo XIX. En sus territorios aguantaron el diluvio de la dictadura pinochetista y las políticas “antiterroristas” de la democracia, debidamente condimentadas con “políticas sociales” para someter con migajas lo que no pudieron con palos.

 

No es la excepción sino la regla. Chiapas, Cauca, Cajamarca donde se resiste el Proyecto Conga, Belo Monte, El Alto o el conurbano de Buenos Aires, entre muchos otros, muestran que la combinación de guerra y domesticación son los modos de esterilizar las resistencias. Lo que diferencia esos territorios es que allí existen los modos de vida heterogéneos sobre los cuales es posible crear algo distinto a lo hegemónico. No nos engañemos: esa posibilidad no existe hoy ni en las fábricas ni en los demás lugares donde todo son valores de cambio, desde el tiempo hasta las personas.

 

Por eso las políticas sociales se han territorializado, porque los gestores del capital percibieron que allí venían perdiendo pie ante el nacimiento de sujetos integrados por los que no tienen nada que perder: mujeres, hombres y jóvenes sin futuro en este sistema, aquellos que por el color de su piel, su cultura y su modo de ser no tienen cabida en las instituciones, ni siquiera en las que se reclaman de izquierda o defensoras de los trabajadores. Allí sólo existen como “representados”, o sea como ausentes.

 

No hay alternativas al trabajo territorial, ni atajos para hacer más corto y soportable el camino. La experiencia reciente muestra que es posible doblegar el cerco del sistema contra nuestros territorios, superar el aislamiento, sobrevivir y seguir adelante. Persistir o no, es una cuestión de pura voluntad.

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 Cuarenta años después del informe al Club de Roma

En marzo de 1972, en respuesta a una petición de un think-tank con sede en Zurich (Suiza) –el Club de Roma-, investigadores del Massachusetts Institute of Technology (MIT) publicaban The Limits to Growth, un informe que establecía un modelo de las posibles consecuencias de mantener el crecimiento económico a largo plazo. Al publicarse la última edición [francesa] de Limites à la croissance (Rue de l´Echiquier, colección “Initial(e)s DD, 2012), su primer autor, el físico norteamericano Dennis Meadows, de 69 años de edad, responde a Le Monde.


 
¿Qué balance hace usted del informe de 1972?


 
En primer lugar, no era un buen título. Todo científico comprende que hay límites al crecimiento de la población, del consumo energético, del PIB, etc. Las cuestiones interesantes estriban más bien en saber lo que causa este crecimiento y cuáles serán las consecuencias de toparse con los límites físicos del sistema.


 
Sin embargo, la idea común sigue siendo que no hay límites. Y cuando demuestras que los hay, te responden generalmente que no es grave, porque nos acercaremos a ellos de manera tranquila y ordenada para detenernos suavemente gracias a las leyes del mercado. Lo que demostramos en 1972, y sigue siendo válido cuarenta años después, es que esto no es posible: franquear los límites físicos del planeta conduce al hundimiento.


 
Con la crisis financiera, se ve el mismo mecanismo de franquear un límite, el del endeudamiento: y se ve que las cosas no suceden tan tranquilamente.


 
¿Qué entiende usted por hundimiento?


 
La respuesta técnica es que el hundimiento es un proceso que implica un “bucle de retroacción positiva”, es decir, un fenómeno que refuerza aquello que lo provoca. Por ejemplo, en Grecia: la población pierde su confianza en la moneda. Retira, por tanto, los fondos de sus bancos y, por tanto, se debilitan los bancos, por lo cual la gente retira todavía más dinero de los bancos, etc., lo que lleva al hundimiento.


 
Se puede dar una respuesta que no sea técnica: el hundimiento caracteriza a una sociedad que tiene cada vez menos capacidad de satisfacer necesidades elementales: alimentación, sanidad, educación, seguridad.


 
¿Se ven signos tangibles de este hundimiento?


 
Algunos países ya están en esa situación, como Somalia, por ejemplo. Del mismo modo, la “primavera árabe”, que se ha presentado un poco en todas partes como solución a los problemas, no es en realidad más que el síntoma de problemas que nunca se han resuelto. A estos países les falta  agua, deben importar sus alimentos, su energía, todo eso con una población que aumenta. En otros países, como los Estados Unidos, andan menos cerca del hundimiento, pero están en esa vía.


 
¿El crecimiento mundial va, por tanto, a detenerse ineluctablemente?


 
El crecimiento va a detenerse en parte en razón de la dinámica interna del sistema y en parte en razón de factores externos, como la energía. La energía tiene una influencia muy grande. La producción petrolera ha pasado su pico y va a comenzar a descender. Ahora bien, no hay substituto rápido del petróleo para los transportes, para la aviación…Los problemas económicos de los países occidentales se deben en parte a los elevados precios de la energía.


 
En los próximo veinte años, entre hoy y 2030 veremos más cambios de los que ha habido en un siglo, en la política, en el medio ambiente, la economía, la técnica. Los problemas de la zona euro no representan más que una pequeña parte de lo que vamos a ver. Y estos cambios no se llevarán a cabo de manera pacífica.


 
Sin embargo, China mantiene un elevado crecimiento…


 
Desconozco cuál será el futuro de China. Se engaña la gente que dice que, con un crecimiento de un 8% a un 10% anual, China será el país dominante en veinte años. Es imposible hacer que dure este género de crecimiento. En los años 80, Japón mantenía este tipo de ritmo y todo el mundo decía que dominaría el mundo. Desde luego, no ha pasado eso, se ha detenido. Y se detendrá en el caso de China. Una razón por la que el crecimiento es fortísimo en China es la política del hijo único, ha cambiado la estructura de la población de manera que ha cambiado la proporción entre la mano de obra y los que dependen de ella, es decir, los jóvenes y los viejos. Durante un periodo que va a durar hasta cerca de 2030, habrá un aumento de mano de obra. Y luego se detendrá.


 
Además, China ha deteriorado considerablemente su medio ambiente, particularmente sus recursos hídricos, y los impactos negativos del cambio climático sobre el país serán enormes. Algunos modelos climáticos sugieren así que en el horizonte de 2030 podría ser poco menos que imposible cultivar cualquier cosa en las regiones que proporcionan actualmente el 65% de las cosechas chinas… ¿Qué cree usted que harán entonces los chinos ? ¿Que se quedarán en casa sufriendo ellos solos el hambre ? ¿O que irán hacia el norte, hacia Rusia? No sabemos cómo reaccionará China a este género de situación.

 
¿Qué consejo les daría a François Hollande, Angela Merkel o Mario Monti ?


 
 Ninguno, porque les importa un bledo mi opinión, pero supongamos que yo fuera un mago: la primera cosa que haría sería alargar el horizonte de tiempo de los hombres políticos. Para que no se pregunten qué hacer de aquí a las próximas elecciones sino que se pregunten:  “Si hago esto, ¿qué consecuencias tendrá en treinta o cuarenta años ?” Si amplía el horizonte temporal, es más probable que la gente empiece a comportarse de un modo bueno.


 
¿Qué piensa usted de la “política de crecimiento” en la zona euro?


 
Si tu única política se funda en el crecimiento, no querrás oír ni hablar del fin del crecimiento. Porque eso significa que tienes que inventar algo nuevo. Los japoneses tienen un proverbio interesante:  “Si tu única herramienta consiste en un martillo, todo se parece a un clavo”. Para los economistas, la única herramienta es el crecimiento y todo se asemeja por tanto a una necesidad de crecimiento.


 
Igualmente, los políticos son elegidos para poco tiempo. Su propósito consiste en parecer buenos y eficaces durante su mandato; no se preocupan de lo que pasará después. Justo por eso se tienen tantas deudas: se pide prestado sobre el futuro, para tener beneficios inmediatos, y cuando se trata de devolver la deuda, quien la he contraído ya no se ocupa de las cosas.
 
 
 
 *Declaraciones recogidas en mayo de 2012 por Hervé Kempf y Stéphane Foucart, periodistas de Le Monde.
 
**Dennis L. Meadows (1942) es profesor emérito de la Universidad de Nueva Hampshire, presidente del Laboratory for Interactive Learning, y coautor con Donella H. Meadows, Joergen Randers y William W. Behrens III del celebérrimo Informe al Club de Roma, Los límites del crecimiento. En 2004 se publicó una versión actualizada Los límites del crecimiento: 30 años después (Galaxia Gutenberg, Madrid, 2004).

 

Publicado por lalineadefuego el diciembre 27, 2012 · Dejar un comentario   Sin Permiso <www.sinpermiso.info>
 
16/12/12


 
Traducción para http://www.sinpermiso.info : Lucas Antón
  


 

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Límites del crecimiento

Álvaro Sanabria Duque

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 Correa y su obsesión extrativista por el crecimiento económico

Cada vez que una comunidad, una organización o una persona en el Ecuador invoca la protección del medio ambiente o los derechos colectivos para oponerse, por ejemplo, a un proyecto minero que afectará sus medios de vida, a una represa gigantesca que provocará desvío de los ríos e inundaciones que obligan al desplazamiento de las personas, el presidente Rafael Correa responde, pontificando: “No nos engañemos, el principal problema del Ecuador es la pobreza”. Así justifica la destrucción del entorno ambiental y la afectación de los medios de vida de “unos pocos” para reducir la pobreza de “muchos”.


 
 La invocación aparentemente sensata de la reducción de la pobreza para justificar el crecimiento económico ciego es una gran farsa. El presidente bien lo sabe, pero pretende engañarnos. Como la principal receta para reducir la pobreza nos vende el placebo del irrestricto crecimiento económico. Y con ello se entiende que promueve cualquier tipo de crecimiento económico, especialmente el concentrado en la explotación sin miramientos de nuestros recursos naturales no renovables.


 
 Esto mismo lo han sostenido todos los pasados gobiernos -neoliberales o no-, al defender el crecimiento económico como una meta en sí misma, postulando una y otra vez que ello generaría empleos estables, elevados ingresos permanentes y una equilibrada distribución de los ingresos. Esto no ha sucedido. Este tipo de crecimiento, por lo demás, prácticamente no crea empleo. No se ha logrado un sostenido “derrame” o un “chorreo” hacia el resto de la sociedad. En el mejor de los casos, cuando hubo elevadas tasas de crecimiento, la gran mayoría de la población apenas sintió una leve y temporal garúa (que se desvaneció en poco tiempo en mayores niveles de pobreza).


 
 El correismo se aferra patológicamente a esta meta. A través de una creciente explotación de la Naturaleza pretende captar mayores divisas y tributos para alimentar políticas clientelares y de cooptación política, a las que ahora se les denomina engañosamente como programas de compensación social. En lugar de iniciar procesos verdaderamente redistributivos -agua, tierra, créditos, activos- a través de una profunda reestructuración de la economía, nos alimenta con diversas dádivas.


 
 A la postre, la letanía del crecimiento económico es un fin en sí mismo, aparentemente irremediable e incontestable. En realidad, el crecimiento puede ser necesario en determinadas circunstancias, para superar las deficiencias en educación y salud, por ejemplo. Pero eso no justifica cualquier tipo de crecimiento. Aquí caben las categóricas expresiones sobre el crecimiento del reconocido economista chileno Manfred Max Neef:


 
 “Si me dedico, por ejemplo, a depredar totalmente un recurso natural, mi economía crece mientras lo hago, pero a costa de terminar más pobres. En realidad la gente no se percata de la aberración de la macroeconomía convencional que contabiliza la pérdida de patrimonio como aumento de ingreso. Detrás de toda cifra de crecimiento hay una historia humana y una historia natural. Si esas historias son positivas, bien venido sea el crecimiento, porque es preferible crecer poco pero crecer bien, que crecer mucho pero mal”.


 
 Tengamos presente que una economía sana es aquella en la que las acciones están dirigidas a resolver estructuralmente los problemas de pobreza y a asegurar la calidad de vida de las personas, familias y comunidades. Esas metas en muchos casos requerirán del crecimiento económico, y está bien que así sea.


 
 Pero no todas las formas de crecimiento económico están asociadas a la justicia social y ambiental. En muchos casos se busca promover las exportaciones para que las cuentas macroeconómicas muestren crecimiento. Pero eso lamentablemente se hace impulsando actividades de alto impacto social y ambiental, que reducen la calidad de vida e inclusive, a la postre, generan más pobreza, sobre todo en aquellas zonas en donde se realizan las explotaciones extractivistas.
 


 Como nadie contabiliza económicamente esos impactos, se muestra un crecimiento económico que en realidad es un espejismo. El exagerado consumo de agua, electricidad y combustibles, o la infraestructura que el Estado debe realizar para que el capital extractivista pueda beneficiarse, los desechos generados, la pérdida de salud y demás son externalidades negativas, por supuesto no aparecen ni son contabilizadas como tales, restando bienestar y sostenibilidad a ese peculiar tipo de crecimiento económico.


 
 Son muchos los ejemplos donde observamos crecimiento sin que se resolvieran adecuadamente los principales problemas nacionales, los que siguen agravándose al amparo de gobernantes miopes. En algunos casos, han existido períodos de bonanza donde el crecimiento ha permitido reducir el número de pobres, pero a costo de aumentar la desigualdad. Ecuador es un caso paradigmático, basta revisar su historia económica. Los casos más recientes en América Latina son los de Chile, Brasil o Perú, que ostentan estar entre los países más desiguales de la región, y ya no sólo en términos de ingresos, sino fundamentalmente por la concentración de la propiedad y, sobre todo, del poder creciente que ostentan cada vez menos grupos económicos.


 
 Y esa desigualdad social no solo es una afrenta moral, sino que tiene gravísimos efectos sobre la sociedad y la economía misma, como lo han demostrado estudios en todo el mundo: reduce inclusive la capacidad para el crecimiento sostenido y sostenible a largo plazo, dificulta las necesarias respuestas ambientales, debilita las instituciones políticas democráticas, disminuye la capacidad para enfrentar amenazas ecológicas globales como el cambio climático, entre otras patologías que genera el extractivismo.


 
 En consecuencia, no es posible caer en el simplismo de considerar que cualquier tipo de crecimiento económico solucionará el crítico problema de la pobreza. Las metas y políticas del correismo se han instalado en el sitio equivocado. El problema del país es cómo resolver los problemas de pobreza sin caer en la trampa de la desigualdad o en la de la destrucción ambiental. Además, esto debe quedar suficientemente claro, sin afectar la excesiva concentración de la riqueza es imposible eliminar la pobreza.


 
 En suma, no es posible crecer económicamente aceptando la desigualdad. Caeremos en estructuras de poder insalvables con una cúspide de millonarios intocables que monopoliza el poder frente a una masa de gente sin posibilidades para decidir sobre su propia vida, con igualdad de derechos, obligaciones y oportunidades.


 
 Reducir el problema de la pobreza al acceso a bienes, no solo que degrada terriblemente a las personas, sino que les niega su necesaria dignidad humana. Además, si mantenemos inalterada la búsqueda de crecimiento económico, el planeta Tierra no tendrá recursos suficientes y las inequidades, con todas sus secuelas, marcarán un mundo cada vez más conflictivo e injusto. Por lo tanto, no podemos aceptar dudosas “soluciones” para hoy, pero que destruyen el patrimonio de las futuras generaciones y reducen las opciones del mañana.


 
 La superación de las desigualdades e inequidades, más allá de las de corte propiamente material, es ineludible; eso propone la Unidad Plurinacional. El crecimiento económico puede ser una herramienta para lograrlo. Sin embargo, por si solo no será suficiente. La cuestión social requiere urgente atención, tanto como el reencuentro del ser humano con la Naturaleza. Eso nos lleva a superar aquellas visiones simplistas que convirtieron al economicismo en el eje estructurador de la sociedad.


 
Construir el Buen Vivir o Sumak Kawsay, que de eso se trata el programa de gobierno de la Unidad Plurinacional, es un ejercicio político concertador y plural por un futuro diferente, que no se logrará exclusivamente con discursos carentes de coherencia y menos aún con visiones equivocadas como las que repite cansinamente quien ha perdido la brújula: el futuro expresidente Rafael Correa.-

 


 Publicado por lalineadefuego el diciembre 27, 2012

Quito, 26 de diciembre de 2012

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La tierra, epicentro del conflicto armado en Colombia

Como un verdadero y novedoso ejercicio de paz podría definirse lo que ha ocurrido en Bogotá en los últimos tres días, durante un gran foro sobre la tierra y el conflicto armado, organizado a instancias del proceso de paz que adelanta el gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC, desde el 19 de noviembre.

 

Mientras los representantes del gobierno y esa guerrilla negocian en La Habana una política de desarrollo rural, que es el primer punto de la agenda de negociación que busca acabar con una guerra de medio siglo, en Bogotá se reunieron para hablar del mismo tema más de 1.300 personas provenientes de diferentes y opuestos sectores de la sociedad como sindicatos, campesinos, indígenas, afrodescendientes, académicos, movimientos sociales y empresarios del campo. Se supone que el foro dará herramientas de discusión a la mesa de negociaciones.

 

Pero a pesar de la nutrida asistencia, este foro mostró lo complejo que será resolver uno de los principales temas que mueven la guerra en Colombia. Discutir el tema agrario genera gran resistencia entre algunos sectores, como los ganaderos del país, que han mantenido un pulso de décadas con el campesinado y algunas organizaciones sociales, por sus visiones opuestas sobre el desarrollo rural.

 

encuentro dejó en evidencia los obstáculos que tendrá que enfrentar un eventual acuerdo de paz con las FARC. Primero porque hay sectores de la derecha colombiana que creen que no se debe tranzar con la guerrilla temas como la distribución de la tierra, en un país donde son muy pocos los que concentran la mayor cantidad de la propiedad rural. Se habla de que el 1,5 por ciento de los propietarios tiene el 52% de la tierra que se puede cultivar en Colombia. Por otro lado están los miles de campesinos víctimas de la violencia que reclaman no solo la devolución de millones de hectáreas de tierras robadas por los actores armados, sino también una reforma agraria que rompa el monopolio de los grandes terratenientes.

 

El fin del foro era reunir a representantes claves de los más variados sectores para que hablaran de cómo se imaginan un mejor futuro para el campo, un sector que históricamente ha estado rezagado del desarrollo nacional. Los analistas del tema agrario coinciden en que a la concentración de la tierra se suma el uso que se hace del suelo, ya que 4,9 millones de hectáreas se dedican a la agricultura y más 38,6 millones a la ganadería. Por eso, Alejo Vargas, investigador de la Universidad Nacional y coordinador del foro, afirmó que ya era una ganancia poner a hablar a empresarios y campesinos.

 

Durante la instalación del evento, Bruno Moro, representante de Naciones Unidas, afirmó que "las causas del conflicto colombiano, así como sus efectos, tienen estrecha relación con la tierra" y de ahí la importancia de la participación de la sociedad civil en la discusión que se adelanta en La Habana. Entre los participantes estaba la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), que reúne a 45 gremios agrícolas, que descartaron discutir sobre la propiedad privada y la economía de mercado. También estaba la Mesa Nacional de Unidad Agraria, que reúne a 20 organizaciones campesinas que proponen ponerle límites a la concentración de la tierra.

 

El gran lunar que opacó el optimismo que generó la multitudinaria participación en el foro, corrió por cuenta del gremio ganadero, que aunque afirmó apoyar el proceso de paz con las FARC, no participó de esta iniciativa porque la considera inútil. José Félix Lafaurie, presidente del gremio, fue enfático en sus declaraciones. "Lo consideramos inútil, porque habrá dos posiciones antagónicas: las Farc, que defienden el minifundio, y nosotros, que creemos que debemos producir para la globalización".

 

Las reacciones de indignación no se hicieron esperar. El presidente del Congreso, Roy Barreras, consideró la decisión de los ganaderos como "apostarle todo a la violencia". El presidente Santos afirmó que era "irracional" que los ganaderos no asistieran al foro, si eran precisamente uno de los sectores más golpeados por el conflicto. Aun así, el expresidente Álvaro Uribe, el mayor opositor de una salida negociada al conflicto, apoyó a Lafaurie. "¿Qué dirían otros sectores de la economía si los someten a definir su futuro con el terrorismo?", escribió en su cuenta de Twitter.

 

Por su parte, Iván Márquez, jefe negociador de las FARC y segundo de esta guerrilla, que había celebrado desde La Habana la realización del foro afirmando que para ellos, el destino de Colombia depende de solucionar el problema de la tierra, leyó hoy un comunicado donde acusa a Lafaurie de intentar sabotear el evento y además de ser aliado de los paramilitares, basado en declaraciones del exjefe paramilitar Salvatore Mancuso, preso en EEUU.

 

Este foro agrario, organizado por la Universidad Nacional y la ONU, es uno de los primeros mecanismos de participación ciudadana que han establecido gobierno y FARC, junto con el sitio www.mesadenegociones.com.co, donde los colombianos envían propuestas sobre lo que consideran se debe discutir en La Habana. Estas propuestas se centran en el desarrollo agrario, la participación política de una guerrilla sin armas, el fin del conflicto, la solución al problema de las drogas ilícitas y la reparación a las víctimas. Lo que se tiene previsto es que las propuestas que se recogieron luego de los tres días de discusión en el foro agrario, que suman más de 400, sean entregadas a los negociadores en Cuba en próximo 8 de enero.

 

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La presidenta de Brasil anuncia que quiere construir 800 aeropuertos

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, ha anunciado este miércoles que el país pretende construir al menos 800 aeropuertos regionales en el país, según ha asegurado en un seminario con empresarios franceses en París. "Las cifras en Brasil son enormes. Tenemos intención de construir alrededor de 800 aeropuertos, o más. Será en ciudades de más de 100.000 habitantes", aseguró Rousseff, en respuesta a las preguntas que realizaron empresarios que acudieron a unas jornadas de la patronal francesa.


 
"Brasil es un país continental, no sólo tiene ferrocarriles. Y hay gente en Brasil que no pueden moverse en avión. Queremos que todas las ciudades con más de 100.000 habitantes tengan acceso a un aeropuerto que esté a una distancia máxima de 50 o 60 kilómetros del centro", señaló la presidenta, que considera que esta es "una necesidad importante para el crecimiento del país".

 

El país, con 194 millones de habitantes, tiene como objetivo mejorar su anticuada infraestructura y el transporte inadecuado. La página de la Empresa Brasileña de Infraestructuras Aeroportuarias recoge la existencia de 66 aeropuertos comerciales en funcionamiento, que entre enero y septiembre habían utilizado 144 millones de pasajeros, 130 millones de ellos para vuelos domésticos. España, con una población cuatro veces menor, tiene en la red de estatal de AENA 46 aeropuertos.


 
Brasil necesita modernizar sus aeropuertos y toda su red de transporte para la Copa Mundial de Fútbol de 2014 y los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro de 2016. Rousseff ha aprovechado una visita a París para vender Brasil como país de oportunidades y, en un discurso ante empresarios, ha enarbolado las mejoras en vías férreas, puertos y aeropuertos como elemento clave para facilitar la movilidad y la comunicación. Ha asegurado que su Gobierno trabaja para rebajar los costes de producción de las empresas que invierten en el país. "Queremos una economía sin burocracia y estamos empeñados en resolver también los obstáculos históricos de nuestra infraestructura, obstáculos que vienen de 20 años de políticas exclusivas de austeridad", ha defendido.
 


Para el Mundial y para la población local

 

 
Las llamativas declaraciones coinciden con las palabras también hoy de la ministra de Planificación, Miriam Belchior, que ha asegurado que la reforma de los aeropuertos de este país latinoamericano es un "desafío" que no puede esperar al Mundial de fútbol de 2014. "Nuestro desafío no es el Mundial, es hoy, es atender nuestra demanda actual", dijo Belchior en una rueda de prensa con periodistas extranjeros.


 
La ministra explicó que el número de pasajeros en vuelos internos crece a un ritmo del 12% al año, lo que obliga al Gobierno a "resolver el problema ya". "En este proceso de reducción de desigualdades, la población pobre está comenzando a cambiar el autobús por el avión", dijo la ministra, que garantizó que ya se está tomando "un conjunto grande de medidas" para optimizar las infraestructuras actuales.
 


El Gobierno está invirtiendo en la "profesionalización" de la mano de obra de Infraero, el operador aeroportuario, y además está tomando medidas para mejorar el proceso de embarque, desembarque y facturación, según la ministra. "Tenemos grasa para quemar con la actual estructura, que puede ser potenciada para su uso inmediato", aseguró Belchior.

 


Agencias París / Brasilia 12 DIC 2012 - 21:04 CET

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Propondrá presidenta de Brasil invertir en educación las ganancias del petróleo

Brasilia, 1º de diciembre. Cuando en 2008 fueron descubiertas gigantescas reservas de petróleo frente a las costas brasileñas, el entonces presidente Luiz Inacio Lula da Silva dijo que quería que las ganancias provenientes de ese “billete premiado” fueran un “pasaporte para el futuro” mediante su inversión en educación.

 

El pasado viernes, su sucesora y actual mandataria, Dilma Rousseff, rescató el espíritu de su mentor político al anunciar que propondrá al Parlamento una medida provisoria que obligue a que el gobierno nacional y los gobiernos estatales y municipales inviertan el total de las ganancias derivadas de las regalías por la explotación del petróleo en educación.

 

De aprobarse dicho proyecto, el gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) alcanzará su meta de destinar 10 por ciento de su producto interno bruto (PIB) a la educación hasta 2022, lo que coloca al gigante sudamericano a la vanguardia en el ámbito mundial, en momentos en que países europeos como España, Grecia y Portugal se han visto obligados a recortar recursos destinados al sector a raíz de los drásticos planes de austeridad que han adoptado para sortear los efectos de la crisis económica global.

 

La propuesta presidencial propone además que se inviertan en educación la mitad de los rendimientos y aplicaciones financieras derivadas del Fondo Social, una especie de caja de ahorro pública que también se nutre de recursos provenientes del petróleo.

 

La medida provisoria, no obstante, puede no ser aprobada por el Parlamento, ya que no tiene su eje en la educación, sino que constituye una contrapropuesta del Ejecutivo a un proyecto de Ley aprobado por el Congreso –y vetado el viernes por Rousseff– que proponía una nueva distribución de los pagos que hacen al gobierno las petroleras por la explotación del hidrocarburo (también nombrados royalties).

 

El punto que molesta al Congreso no es el que tiene que ver con los destinos de las regalías del petróleo en educación, aunque los legisladores ya advirtieron que no lo aprobarán sin previo debate. El origen de la discordia es la distribución de esos ingresos entre los estados. Actualmente, los estados no productores de petróleo reciben porcentajes mínimos de los mismos, mientras el grueso de las ganancias va para los principales productores.

 

El proyecto de ley vetado por Rousseff, que había sido aprobado por el Senado el año pasado y ratificado por la Cámara baja hace un par de semanas, preveía una redistribución “más equitativa” de las regalías del petróleo y proponía que esa redistribución se aplicara tanto a los lucros provenientes de los contratos de concesión vigentes como a los que se licitarán a futuro.


Rousseff vetó el viernes el principal artículo del proyecto, y anunció que en la medida provisoria que enviará al Congreso contemplará una redistribución de los ingresos por la explotación petrolera similar en porcentajes a la aprobada por el Parlamento, pero que la misma regirá solamente en los nuevos contratos de exploración.

 

Pero el veto a la esencia de la ley, que fue celebrado por los principales productores de petróleo, Río de Janeiro y Espíritu Santo, generó malestar en los 24 estados no productores, cuyos representantes en el Legislativo fueron precisamente los que lograron la aprobación del proyecto inicial.

 

Analistas políticos afirman que la medida provisoria desatará una “nueva batalla” en el Congreso, donde los parlamentarios de los estados “perjudicados” por el veto ya amenazan con “derribarlo”.

 

Una de las principales objeciones al veto es que la llegada de los recursos “extras” a los estados demorará años en que se materialice.

 

“Vamos a intentar revertir eso por todos los caminos”, advirtió el senador Marcelo Castro, del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), principal aliado del gobierno.

 

En la misma línea, su correligionario y relator del proyecto vetado por Rousseff, el senador Vital do Rego, defendió “que se derribe” el veto presidencial.

 

“Lamento la posición de la Presidenta en nombre de los 24 estados (no productores), en nombre de todas las bancadas que lucharon por este gran avance social, en nombre de 170 millones de brasileños que querían que esta riqueza no quedara concentrada apenas en algunos pocos municipios. Confieso que me sorprendió esa posición. No obstante, la respeto porque el Congreso también debe ser respetado si derriba el veto”, dijo Rego.

 

El senador adelantó además que el destino del cien por ciento de los recursos provenientes del petróleo a la educación no será aceptada sin debate previo.

 

“Ya habíamos contemplado en nuestro proyecto (la educación) con recursos del Fondo Social, pero la iniciativa del cien por ciento merece ser discutida. Es interesante, pero debe ser discutida de forma separada al veto”, indicó.

 

Dpa

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