Ecuador recibirá más de $10.000 millones de crédito de organismos internacionales

Ecuador y el Fondo Monetario Internacinal (FMI) acordaron la entrega de un préstamo de 10.200 millones de dólares a este país latinoamericano, comunicó el presidente Lenín Moreno en su discurso ante la nación.

"Las más importantes organizaciones mundiales han decidido respaldar el Plan de Prosperidad de nuestro Gobierno, recibiremos más de $10.000 millones", declaró Moreno citado por la Secretaría General de Comunicación de la Presidencia en su cuenta de Twitter.


Precisó que el crédito se da para un plazo de 30 años y a tasas que no superan el 5%.


Según Moreno, el propio FMI entregará 4.200 millones de dólares y otros 6.000 millones de dólares se asignarán por seis organizaciones financieras internacionales: el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF), el Banco Europeo de Inversiones, el Fondo Latinoamericano de Reservas y la Agencia Francesa de Desarrollo (AFD).


Agregó que planea utilizar estos fondos sobre todo para crear nuevos puestos de trabajo, incluido a distancia.


"Este dinero permitirá oportunidades de trabajo, como: teletrabajo para madres de niños pequeños", afirmó el presidente ecuatoriano.


Destacó también que gracias a sus decisiones firmes Ecuador alcanzó salvar la dolarización y recuperar la democracia y evitar lo que pasó con Venezuela.

06:16 21.02.2019(actualizada a las 06:18 21.02.2019)URL corto

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Lunes, 17 Diciembre 2018 05:53

La mala salud de hierro de Bolivia

La mala salud de hierro de Bolivia

El notable crecimiento del país andino lleva la contraria a los expertos que hablan de un modelo económico insostenible

Cada año los técnicos del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial que trabajan con las cifras bolivianas concluyen que “la economía está bien, pero no es sostenible a medio plazo”. Un ejercicio después se repite la misma historia: “La economía sigue bien, pero es insostenible a mediano plazo”. Así ha ocurrido durante mucho tiempo. Cada facción de economistas bolivianos — en función de si son más o menos próximos a las tesis del Gobierno de Evo Morales— se aferra a una u otra parte de la sentencia, pero lo cierto es que el país andino lleva casi una década creciendo por encima del 4% todos los años, ritmo que el propio FMI reconoce que se mantendrá también este año y el próximo.


“La economía boliviana sigue gozando de buena salud, pese al contexto adverso. El tirón de la demanda interna ha logrado reducir la pobreza y las desigualdades”, dice Luis Arce, ministro de Economía desde el inicio del mandato de Evo Morales, en 2006, hasta mediados del año pasado, y considerado el principal artífice de este buen comportamiento. Para Arce el secreto del “milagro boliviano” no es otro que el modelo económico, que contrasta con el “neoliberal” que aplican los otros gobiernos sudamericanos.


El patrón económico local considera la existencia de dos sectores: uno “generador de excedentes”, conformado por las industrias petrolera, minera y eléctrica, y otro “generador de ingresos y empleos”, integrado por las industrias manufacturera, agropecuaria, la de construcción o la turística. El modelo se basa en la toma del primer sector por parte del Estado, que así se convierte en el principal actor de la economía, y la posterior transferencia de los excedentes al segundo grupo por la vía del gasto público y la redistribución económica, es decir, de la ampliación de la demanda.


Gracias al boom de ingresos entre 2006 y 2014, mayoritariamente gracias a la venta de materias primas, muchos de ellos canalizados hacia el mercado interno, aumentó el consumo y las actividades destinadas a satisfacerlo. También el bienestar social, una variable a tener muy en cuenta en el país con menor renta per cápita de América Latina, tres veces menos que México y casi cuatro menos que Chile. La extrema pobreza —personas con ingresos inferiores a dos dólares diarios— cayó del 38% a 18%, y hoy es de solo el 10% en las ciudades. Tras una década con el quinto mayor crecimiento económico de América Latina, Bolivia se ha convertido en un país de ingresos medios: “Solo” el 30% de su población gana menos de cuatro dólares por día.


Este dinamismo también convirtió a las principales industrias de cerveza, gaseosa, cemento y telecomunicaciones en empresas más grandes, mayoritariamente en manos de grupos extranjeros. E impulsó a los bancos nacionales, cuyos activos se multiplicaron por 3,6 entre 2008 y 2017 y cuyos beneficios casi se triplicaron en el mismo periodo. Arce añade que, a cambio, los grandes actores del sector financiero tuvieron que hacer abundante el crédito productivo, al que el Gobierno ha fijado una cuota obligatoria; si en 2005 este ascendía a 1.100 millones de dólares, hoy supera los 10.000.


Puntos débiles


Pero no todo es positivo en Bolivia. El economista Napoleón Pacheco incide en que la economía local atraviesa ahora una fase de menor crecimiento por la caída del precio internacional de las materias primas. “En la medida en que esto pasa, vuelven los viejos males, alejados por la prosperidad anterior: déficit fiscal y déficit en cuentas externas, con efectos en el corto plazo, como un mayor endeudamiento y el aumento del crédito interno del Banco Central al Estado para financiar la inversión pública”. Este aumento del crédito interno no se convierte en inflación porque se respalda con las reservas de divisas extranjeras y “porque en parte se va afuera, por medio de las importaciones de bienes”, agrega. Ambos procesos deterioran el nivel de las reservas internacionales, que cayeron de 15.000 a 8.400 millones de dólares en los últimos tres años.


Las importaciones pasaron del 20% al 30% del PIB entre el comienzo de la bonanza económica (2004) y los mejores años de esta etapa (2011-2014). Hoy están a mitad de camino: en el 24%. La prevalencia de las compras en el exterior llevó a varios economistas a diagnosticar un principio de “enfermedad holandesa” en Bolivia: un súbito aumento de la capacidad de compra que los productores locales no se hallan en la capacidad de aprovechar. Solo se libran las ramas que no compiten con las importaciones, como la construcción —que en el país sudamericano alcanza tasas de crecimiento del 10% anual—. Otro síntoma de este mal, que toma su nombre de la destrucción del sector manufacturero de Países Bajos tras el descubrimiento de enormes yacimientos de gas en el mar del Norte a mediados del siglo pasado, es la apreciación de la moneda. Es el resultado de la entrada de una gran cantidad de dólares y de la supresión, desde 2011, de las microdevaluaciones que se realizaban para ajustar la relación entre la moneda local, el boliviano, y las divisas de los países vecinos, con los que más comercia.


El Gobierno de Morales no quiere devaluar su moneda ni un centavo para defender la “bolivianización” de las finanzas nacionales —una de sus banderas económicas— y para desalentar la fuga de capitales en un contexto internacional de alza del dólar. Para Juan Antonio Morales, presidente del banco central en la década de los noventa, la falta de flexibilidad del tipo de cambio es el peor error de política monetaria del Ejecutivo. “Desacostumbró a la población”, dice, “a ver cambios en el valor del dinero”, una variable que flota libremente en los grandes países de la región. Sin embargo, devaluar puede tornarse inevitable si el déficit comercial pone en jaque las reservas de divisa extranjera, clave para una economía en vías de desarrollo.


Arce señala que los economistas “neoliberales” son “anticuados” y no entienden que la economía boliviana ya no vive del comercio exterior, sino de la inversión y el consumo internos. El Gobierno alimenta la demanda interna con incrementos constantes de salarios y un alto nivel de gasto público (la tercera parte del PIB). Esta estrategia, insiste Pacheco, pasa por enfrentar el déficit comercial creando simultáneamente un déficit fiscal “gemelo” (que desde 2015 ha sido de un 7% del PIB). El economista Gonzalo Chávez la califica como una “huida hacia adelante”.


Baja deuda exterior


Los críticos con el modelo económico de Evo Morales creen que es insostenible seguir cebando la demanda interna sin incurrir en elevados déficits ni alimentar el fantasma inflacionistas. Sin embargo, el Gobierno tiene todavía un amplio espacio para mantener el dinamismo de la demanda interna, ya que debe al extranjero menos de 9.500 millones de dólares, apenas el 25% del PIB. Es una cifra bastante menor a la muchos países vecinos. Claroscuros de una economía, todavía, en expansión.

Por Fernando Molina
La Paz 15 DIC 2018 - 18:06 COT

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Ecuador recurre a China para obtener créditos de 1.000 millones con los que poder cerrar el año

El Gobierno de Lenín Moreno había puesto en tela de juicio las negociaciones de Rafael Correa con el gigante asiático para acceder a financiación durante una década


En una suerte de déjà vu económico, Ecuador ha vuelto este mes de diciembre a China en busca de financiación que le ayude a cerrar el año. Como ya hiciera el expresidente Rafael Correa, el Gobierno de Lenín Moreno ha acudido al gigante asiático para conseguir créditos por un total de 1.000 millones de dólares que le servirán para completar los gastos de cierre de ejercicio, incluida la paga extra navideña de los funcionarios y el pago de los compromisos de deuda.


Moreno, de gira por China y Qatar anunció este miércoles, tras reunirse con su homólogo chino, Xi Jinping, que el país ha conseguido tres préstamos de su socio comercial. El más abultado es un crédito de 900 millones de dólares que concede el Bando de Desarrollo Chino, con una tasa de interés del 6,5 % y un plazo de seis años con dos de gracia. Unas condiciones muy similares a las negociadas durante el régimen de Correa, pese a que en el comunicado oficial se anuncie como la “tasa de interés más baja de la historia”. En lo que sí se desmarca el nuevo acuerdo es en no comprometer el petróleo ecuatoriano a futuro, a diferencia de las preventas petroleras que Moreno heredó de su predecesor.
Dos líneas de crédito abiertas


Por los otros dos préstamos, Ecuador recibirá casi 100 millones de dólares más: 69,3 millones del Eximbank chino para la reconstrucción tras el terremoto de 2016, con condiciones más ventajosas (2% de interés y 20 años de plazo), y otros 30 millones no reembolsables para seguridad militar. Además, se han dejado apalabradas dos líneas abiertas de financiamiento por hasta 3.500 millones, con lo que Ecuador se garantiza una alternativa para sostener el presupuesto del próximo año en el que ya se prevé un agujero fiscal en el entorno de los 9.000 millones de dólares.


El ministro de Finanzas, Richard Martínez, —uno de los miembros del gabinete que acompañó al presidente en su gira por China—, reconoció días antes del viaje que el país sudamericano tenía previsto levantar nuevos recursos para “fortalecer las reservas [del banco central] y terminar de financiar proyectos de inversión”. El analista económico Walter Spurrier es más específico a la hora de contabilizar el desajuste en las cuentas de cierre de ejercicio. "El año pasado", explica, "Ecuador gastó 4.000 millones de dólares en diciembre y este año también hay que pagar los décimos [el nombre que recibe la paga extra navideña], más los intereses y amortización de la deuda. Pero en el Tesoro solo hay 600 millones. Es una muestra del desfase existente", explica.


De ahí que los 900 millones de dólares obtenidos en China tengan como destino completar las cuentas del tramo final del año, a pesar de que la ley ecuatoriana impide que la deuda contratada se gaste en otra cosa que no sea inversión. "Desde la época de Correa se hizo una ingeniería para considerar gastos corrientes como gastos de inversión. Eso no ha cambiado", cuestiona Spurrier, en línea con los informes de la Contraloría que señalaron meses atrás irregularidades en la contratación de deuda que cerró el expresidente con China. Pero reconoce que el nuevo Gobierno está haciendo un esfuerzo para poner las cuentas en orden sin someterse a medidas de ajuste drásticas. Solo con China, Ecuador tenía una deuda pendiente de 6.500 millones de dólares antes de este nuevo compromiso.


Además de la financiación, Moreno ha aprovechado la visita para afianzar sus lazos comerciales con China. Ecuador ha suscrito un acuerdo para incorporarse a la Franja y Ruta de la Seda promovida por el país asiático y ha mostrado su interés por adherirse al Banco Asiático de Infraestructura e Inversiones. Tras reconocer que en Ecuador hay 145 firmas chinas haciendo negocios y destacar las inversiones ya materializadas del régimen de Jinping en minería, infraestructura, energía y logística, Moreno aseguró que el presidente chino se ha comprometido a revisar “cómo mejorar y ampliar la oferta exportable de Ecuador hacia China de quinua, pitahaya, flores, plátano y camarón”. China es, recordó, un enorme mercado de 1.500 millones de consumidores.


Los buenos gestos cosechados durante la gira por China entre ambos mandatarios apuntan, además, a que los roces que enfrentaban a ambos países por los problemas en obras desarrolladas por empresas chinas en Ecuador finalmente no han pasado factura. Semanas antes del viaje, la Contraloría ecuatoriana publicaba en un informe que la hidroeléctrica Coca Codo Sinclair, obra emblemática de la gestión correísta y construida por la china Sinohydro, presentaba miles de fisuras. El conflicto, que no es el único que afecta a la obra pública, se sometió a una auditoría de una tercera parte. El embajador chino en Ecuador, Wang Yulin, ya adelantó que la empresa china asumirá su responsabilidad si se confirman los fallos.

Por Sara España
Guayaquil 12 DIC 2018 - 18:29 COT

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Maduro pide a Putin respaldo económico y político

Moscú. En el contexto de creciente deterioro de la relación entre Rusia y Estados Unidos, que favorece el acercamiento de Moscú y Caracas, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, vino a la capital rusa este miércoles para pedir a su homólogo, Vladimir Putin, respaldo político y comprensión ante las dificultades que enfrenta el país latinoamericano –cada vez más acosado por Washington– para cumplir los compromisos con sus acreedores rusos.


Lo primero, por así convenir a ambos países en medio de un escenario internacional cada vez más adverso para ellos, se hizo público desde el primer momento del encuentro de los mandatarios.


Entendemos y sabemos que la situación en Venezuela sigue siendo muy complicada. Apoyamos sus esfuerzos por lograr entendimientos en la sociedad, sus medidas para facilitar un arreglo con la oposición. Y desde luego rechazamos cualquier acción de carácter terrorista, cualquier intento de cambiar la situación por la fuerza. Con estas palabras recibió Putin a Maduro en su residencia de Novo-Ogoriovo, en las afueras de Moscú, donde se reunieron los mandatarios por separado y, después, con sus comitivas.


Lo segundo, por afectar delicados intereses privados, se negoció a puerta cerrada y sin emitir comunicado sobre la parte no pública de su encuentro ni ofrecer conferencia de prensa posterior.


Desde 2006, de acuerdo con estimaciones de la agencia noticiosa Reuters, el gobierno ruso y la petrolera Rosneft han concedido créditos a Venezuela por un valor cercano a 17 mil millones de dólares y, en octubre de 2017, el Ministerio de Finanzas ruso aceptó restructurar parte de la deuda, a saldar en un plazo de 10 años, pero se comenta que el préstamo de 4 mil millones de dólares para la compra de armamento en 2011 debía pagarse este 2018, y Caracas no tiene forma de hacerlo.


Con esta visita de trabajo, conforme a lo poco que ha podido trascender, Maduro procuró tranquilizar a Putin sobre la plena vigencia de los proyectos petroleros rusos en Venezuela, a la vez que argumentó la necesidad de que le concedan más tiempo para poder pagar el servicio de la deuda en los términos pactados.


Lejos del medio millón de barriles que, según los cálculos del Kremlin, debería recibir Rusia cada día, de un tiempo para acá llegan sólo 176 mil barriles.


Se podría entender por la drástica caída de la extracción de crudo en Venezuela, pero nada gustó aquí –donde Maduro tiene en la persona Igor Sechin, presidente de Rosneft, su más firme valedor desde que el influyente colaborador de Putin apostó por establecer una alianza estratégica aún con el gobierno de Hugo Chávez– que se haya filtrado a la prensa que Venezuela suministra 463 mil barriles diarios a China, otro importante acreedor.


Por ese motivo, a finales de noviembre pasado, Sechin viajó a Caracas a pedir explicaciones y, unos días después, la presencia de Maduro en Moscú se inscribe en el mismo intento de limar asperezas y refrendar alianzas, ya con el visto bueno de Putin.


Rosneft tiene cinco proyectos en Venezuela, que equivalen a 7 por ciento de la extracción total de crudo del país latinoamericano, entre ellos –junto con la compañía Petróleos de Venezuela–, participa en la exploración de los grandes yacimientos de Junín-6 y Carabobo-2 .


No se excluye que el gobierno de Venezuela haya ofrecido concretar nuevos proyectos para Rosneft y Gasprombank, que está financiando la modernización de seis instalaciones de hidrocarburos en la región del lago de Maracaibo. En todo caso, se da por seguro que esa posibilidad será objeto de discusión más detallada en la comisión intergubernamental de cooperación económica Rusia-Venezuela, que está previsto se reúna a comienzos de 2019.


En vista de que Venezuela asumirá el año entrante la presidencia de la Organización de Países Exportadores de Petróleo y del Foro de Países Exportadores de Gas, los expertos consideran que Putin y Maduro no pudieron desaprovechar la ocasión de intercambiar ideas, cara a cara, para buscar una mayor coordinación en los mercados globales de petróleo y gas.

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Martes, 04 Diciembre 2018 06:12

China y Argentina desafían a EEUU en el G20

China y Argentina desafían a EEUU en el G20

"¿Por qué Xi Jinping fue recibido con más honores que los demás líderes?", se pregunta el diario La Nación, en referencia a la llegada del presidente chino a la cumbre del G20 en Buenos Aires. El periódico constata que fue recibido "en una ceremonia especial, distinta de la que fueron objeto el resto de los jefes de Estado y de gobierno".
Además el presidente Mauricio Macri desmintió a Donald Trump, cuya vocera había asegurado que ambos compartirían que la actividad de China en la región es "depredadora". Por el contrario, Macri aseguró que "la Argentina no ve la presencia de China como una amenaza sino como una oportunidad".


Las razones de ambos hechos hay que buscarlas en la "Asociación Estratégica Integral" entre China y Argentina, rubricada en 2008, que coloca al país asiático como un aliado clave de Buenos Aires. En poco más de dos años Xi y Macri se reunieron cinco veces en las cuales decidieron profundizar la alianza "inyectando una gran fuerza motriz para la cooperación binacional en distintos ámbitos".


Luego de la cumbre del G20 se registró la reunión bilateral entre Xi y Macri, el domingo 2 de diciembre en la residencia de Olivos, donde firmaron 35 acuerdos, muchos de los cuales apuntan a proyectos de largo plazo de más de cinco años. Entre ellos uno para el intercambio de monedas por 9.000 millones de dólares, financiamiento de obras 1.200 millones de dólares y 5.000 millones en inversiones para ferrocarriles, energía térmica, solar, eólica y obras viales.


El hecho de que un gobierno conservador como el de Macri haya continuado y profundizado una alianza iniciada por un gobierno de signo opuesto, como el de Cristina Fernández, revela que estamos ante una alianza de Estado entre ambos países. Este es el primer dato a retener, ya que el tipo de relacionamiento establecido entre ambos comenzó en el terreno comercial, pero se va extendiendo a otras áreas, como las inversiones y las finanzas, y está comenzando a expresarse en el terreno político y geopolítico, como lo manifiesta el discurso de Macri.


La segunda cuestión es que China es el segundo destino de las exportaciones argentinas, luego de Brasil y por delante de Estados Unidos. El comercio creció de forma constante y firme, en particular en el área agroindustrial. China es el primer comprador de carne argentina en el mundo y sus importaciones de soja se expanden a raíz de la guerra comercial con Estados Unidos.


La tercera es que las relaciones entre China y Argentina van mucho más allá del comercio. El embajador argentino en China, Diego Guelar, destacó poco antes del G20 que "la relación con China es muy importante para Argentina, ya que es su máximo inversor y, si se excluye al Fondo Monetario Internacional (FMI), su principal acreedor".

 

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Sábado, 27 Octubre 2018 05:31

La próxima crisis será más grave

La próxima crisis será más grave

En declaraciones recogidas por Nicolas Domenach, François Langlet, conocido periodista económico y divulgador francés, se expresa sobre las posibilidades de crisis, como parte de un amplio reportaje especial del mensual Le Nouveau Magazine Littéraire bajo el título “El capitalismo ya no responde”. 

¿La próxima crisis que parece dibujarse puede ser fatal?


La próxima crisis será verosímilmente más grave que la de 2008, porque en 2008 se trató un exceso de endeudamiento con un incremento del endeudamiento. Se trató el mal, por tanto, con mayor mal. Ahora bien, iguales causas producen iguales efectos. Lo que nos espera, aunque nadie pueda prever la fecha con certeza: depreciación del valor de las activos, acciones, inmobiliario, obligaciones, cuyo valor se ha hinchado por la creación de moneda por parte de los bancos centrales. Para evitar el hundimiento, hemos elevado una vez más la altura del edificio moviendo crédito generalizado y mundializado. Es probable que esto no dure.


¿Tienen los estados todavía los medios y la voluntad de regular un capitalismo financiero que ha enloquecido? ¿Y pueden controlar los GAFA [Google, Apple, Facebook y Amazon]?
Los estados disponen de todos los medios para regular el capitalismo. El problema es que los límites que ponen no hacen más que desplazar la locura especulativa. Si se regulan los bancos –algo que se hizo después de 2008- las finanzas se desplazan al shadow banking, el sistema financiero paralelo.


El determinante principal de la crisis financiera es la psicología de las multitudes, es decir, los comportamientos borreguiles de los inversores, que perduran igual que el deseo de enriquecerse, es decir, mucho tiempo.


Es inútil esperar un mundo sin crisis, es ilusorio pensar que el Estado y los poderes públicos son una solución a la crisis financiera. Hay que regular, desde luego, pero eso no supone una protección absoluta. La vigilancia ha de ser permanente.


La patronal y los políticos ¿son conscientes de las apuestas, o se contentan con hacer populismo patronal para unos y política para otros?


Los patronos de las empresas que cotizan en Bolsa se ven a menudo forzados a respetar las reglas de juego del sistema actual: el que ignorase deliberadamente a sus accionistas se condenaría, lo cual lleva a veces a la empresa a prácticas contestables, como la recompra de las propias acciones, privándola de medios para invertir. En cuanto a los dirigentes políticos, no tienen siempre un buen conocimiento de los mecanismos de las finanzas y de la Bolsa, a falta de haber trabajado en empresas, lo que les conduce a menudo a los “Basta con…”


Los populistas son los más inclinados a estos atajos, tanto más seductores por cuanto los partidos tradicionales, lo mismo los de izquierda que los de derecha, no vieron venir la última gran crisis.


¿Hay contradicción radical entre capitalismo y ecología o, a la inversa, puede el capitalismo salvar la Naturaleza después de haberla saqueado?
Por definición, el capitalismo es predador, utiliza los recursos naturales para aumentar la producción y la riqueza, la de los accionistas, los asalariados o los consumidores. Hay, por tanto, una contradicción fundamental entre crecimiento y ecología. Pero se puede superar de diversas maneras. En primer lugar, instaurando reglas que limite la utilización de recursos. Y siguiendo con un mecanismo que haga subir el precio de los bienes en función de su escasez. Los recursos escasos deben facturarse más caros para disuadir de su utilización. Y el aumento del precio, en una economía de mercado, desencadena la investigación de innovaciones para substituir el antiguo modo de producción por uno nuevo, más económico en recursos. Esta espiral virtuosa no puede desarrollarse más que gracias a la interacción entre la mano invisible, la del mercado, y la mano bien visible del regulador.

Por François Lenglet, periodista especializado en Economía, se ocupa de dicha sección en las emisoras francesas de radiotelevisión RTL y TF1. En los años 90 trabajó como jefe de redacción y director adjunto de la revista económica L´Expansion, así como en Enjeux-Les Échos, suplemento mensual del diario económico Les Échos, y La Tribune. Su último libro es Tordez le cou aux idées reçues. Fuente: Le Nouveau Magazine Littéraire, nº 10, octubre de 2018


Le Nouveau Magazine Littéraire, nº 10, octubre de 2018
Traducción: Lucas Antón

 

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Miércoles, 17 Octubre 2018 06:28

Crisis financiera: la medicina equivocada

Crisis financiera: la medicina equivocada

La teoría económica ortodoxa sobre el funcionamiento del sistema bancario nada tiene que ver con el mundo real de las finanzas. En el plano académico eso explica la ignorancia de los economistas neoclásicos sobre las causas de la crisis financiera de 2007. Pero lo realmente grave es que la mayor parte de las autoridades económicas en el mundo (bancos centrales y agencias reguladoras) sigue utilizando las herramientas de esa teoría ortodoxa, a pesar de ser lógicamente inconsistente y de haber sido desacreditada por los acontecimientos.

El pasado septiembre, Claudio Borio, economista en jefe del Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés), declaró que existe un alto riesgo de que la economía mundial sufra una recaída con consecuencias potencialmente más graves que las de la Gran Recesión. Las declaraciones vienen de uno de los funcionarios más lúcidos del BIS, alguien que acertadamente pudo leer las señales de los indicadores financieros más relevantes para predecir la crisis de 2007. Lo más alarmante del anuncio de Borio es su empleo de una metáfora médica: "Hoy ya no tenemos más medicinas para curar al paciente y asegurar su recuperación".

Para seguir con la alusión a la medicina, después del colapso de 2008, los bancos centrales del mundo desarrollado recetaron a sus maltrechas economías un remedio muy fuerte: para contrarrestar los efectos de la crisis aplicaron de manera persistente tasas de interés cercanas a cero (e incluso negativas en algunos casos) e inyectaron cantidades astronómicas de liquidez al sistema financiero. Pero esa medicina tenía contraindicaciones y efectos colaterales indeseables.

Uno de esos efectos es el intenso síndrome de abstinencia cuando la medicina es interrumpida. Los efectos sobre los mercados emergentes están a la vista, pues los préstamos desde Estados Unidos a empresas no bancarias en los mercados emergentes se han duplicado desde la crisis financiera y hoy rebasan 3.7 billones (castellanos) de dólares. Según Borio, las crisis de Argentina y de Turquía son consecuencia de lo anterior, debido al ajuste en la política de la Reserva Federal que ha prometido seguir con aumentos graduales en la tasa de interés y del anuncio del Banco Central Europeo sobre la terminación de su programa de estímulo (flexibilidad monetaria) a finales de año.

Pero el problema central de la política monetaria no convencional que aplicaron los países desarrollados para enfrentar el colapso de 2008 no es solamente el de los síntomas de retiro de la medicina al llegar el momento de la normalización. El principal inconveniente es que la medicina no estuvo dirigida a curar al paciente, sino a rescatar el statu quo que imperaba antes de la crisis.

El propio Borio señaló que uno de los efectos de la flexibilidad monetaria aplicada en Estados Unidos y por el Banco Central Europeo ha sido promover un frenesí de préstamos con estrategias que siguen de cerca los infames CDO o títulos de deuda respaldados por créditos, bonos o hipotecas como garantía. En los años que precedieron la crisis de 2008, estos títulos eran agregados como técnica para distribuir y disminuir riesgos, así como para bajar el costo del crédito y comisiones a los prestatarios. Esos paquetes después eran vendidos en los mercados financieros como "vehículos de inversión". Hoy esa práctica ha privilegiado a un tipo de CDO, los llamados CLO, que no son otra cosa que títulos respaldados por préstamos (típicamente deuda de empresas pequeñas y medianas). La práctica de rempaquetarlos y venderlos es similar a la de los títulos respaldados por hipotecas. Lo importante es que los CLO constituyen (al igual que sus hermanos gemelos, los CDO) un fuerte incentivo para el apalancamiento y para el abuso en la adopción de riesgo.

Es bien sabido que las tímidas medidas regulatorias adoptadas en Estados Unidos (bajo la administración Obama) fueron muy débiles para corregir excesos. Además, después de la aprobación de la ley Dodd-Frank en 2010 las principales restricciones introducidas fueron debilitadas en los reglamentos que debían hacer aplicable la legislación principal. Por eso no sorprende el renacimiento de las prácticas crediticias tóxicas que tanto contribuyeron a detonar la crisis en 2008.

Los bancos en Estados Unidos desencadenaron una crisis que aniquiló la riqueza de millones de familias y destruyó 9 millones de empleos. Los bancos fueron rescatados sin un rasguño, mientras 10 millones de familias perdieron su casa. La política del banco central fue generosa con los bancos, inyectándoles liquidez con tasas de cero por ciento. Hoy, después de 10 años, el banco central habla de normalización, pero confirma la luz verde para que los bancos puedan seguir su peligroso juego depredador. Esta subordinación a las necesidades/necedades del sistema financiero anula por completo el mito de la autonomía del banco central y confirma la necesidad de un control responsable y democrático sobre sus actividades.

Twitter: @anadaloficial

 

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La 'tormenta perfecta' que los 'gurús' atisban para anunciar otra crisis mundial

El retorno del estancamiento con inflación por las guerras comerciales; una deuda, soberana y privada, de 157 billones de dólares, el doble del PIB global; revalorización del dólar, que ha zarandeado el mercado de divisas; sacudidas de volatilidad bursátil y alta tensión en los mercados emergentes. Son algunos de los grandes nubarrones que detecta el FMI. Pero no los únicos ciclones en el horizonte, según los analistas.


El oráculo del mercado señala a 2020. Sus presagios hablan de que, para entonces, las hostilidades comerciales se habrán recrudecido. Que los hasta ahora socios económicos de EEUU -y la mayor potencia planetaria- estarán en el fragor de las batallas por registrar superávits o, según los casos, por eliminar los déficits de sus balanzas de intercambios de bienes y servicios. En medio de otra tormenta perfecta; de una nueva singladura recesiva. También profunda. Porque el proteccionismo se ha apoderado de las agendas políticas del mundo industrializado. Al principio, fue sólo una ralentización. Un parón al que condujo Donald Trump a sus aliados. Pero luego fue tomando una mayor dimensión. Hasta volver a situar al G-7 al borde de la contracción sincronizadas de sus economías. Debido a que el encarecimiento de la financiación internacional por las subidas de tipos de los grandes bancos centrales, que acabaron siguiendo la estela de la Reserva Federal, encarecieron las inversiones empresariales y los gastos de hogares y de consumidores. Hasta el punto de revertir el ciclo de negocios estadounidense. Las bolsas se desploman y la Casa Blanca aumenta sus trabas aduaneras a las importaciones de China, cuyo sector exterior y sus empresas, en una espiral de endeudamiento gradual, subsisten a duras penas por el férreo control del valor del rinminbi desde la jerarquía económica de Pekín. Los flujos comerciales e inversores se obstruyen hasta casi la parálisis.


¿Realidad o ficción? A juzgar por el reciente diagnóstico del FMI, en su reunión de otoño -en esta ocasión, en Bali- el escenario es más que factible. Ya no disimula su apuesta por una crisis dentro de dos años. Después de recortar, por primera vez en el último bienio, sus previsiones de crecimiento global. Lo hizo en dos décimas, hasta situar su predicción en el 3,7%. En el cálculo del mercado, cualquier repunte del PIB mundial inferior al 3% anticipa recesión. Hace un año, en su World Economic Outlook (WEO) otoñal, el de 2017, hablaba de que las potencias industrializadas ya no disponían del acopio de combustible monetario y fiscal que usaron tras la quiebra de Lehman Brothers para activar estímulos financieros y económicos. Ante una -decían entonces- hipotética crisis. Esta semana, en la isla indonesia, su economista jefe, no sólo abandonó el beneficio de la duda, sino que incidió en que “hay nubarrones a la vista por la súbita debilidad de la actividad” y porque la pérdida de dinamismo “ofrece muestras de un mayor desequilibrio de lo esperado”, precisó Maurice Obstfeld. En su opinión, el ritmo del PIB mundial del pasado ejercicio, el más vigoroso desde 2011, cuando surtieron efecto los multimillonarios programas para espolear la actividad en las economías con mayores ingresos, no volverá en los años venideros.


Pero, ¿dónde se registran los epicentros de este nuevo tsunami cuyas alarmas califican de alto riesgo? En gran medida, por la guerra comercial fratricida desencadenada por la Administración Trump con varios de sus históricos aliados, que Washington ha tratado de enmascarar, por ejemplo, con una nueva versión, edulcorada, del Nafta. Aunque hay otros factores del nuevo orden -económico y geoestratégico- global impuesto por el dirigente de EEUU que, al parecer, harán bueno el augurio del FMI, por el que también apuesta el mercado y economistas de relevancia internacional. Hasta completar un decálogo.


1.- El precio del proteccionismo en la globalización


En medio del apogeo de la carrera por la digitalización, por la Revolución Industrial 4.0, por los cambios en las cadenas de valor de las empresas, por los nuevos modelos de negocios, basados en ecosistemas de consumo de dimensión global, la automatización, el Big Data y la Inteligencia Artificial, la Casa Blanca ha activado el modo combate en el terreno comercial. Medio año después de que Trump impusiera las subidas arancelarias al acero y el aluminio -la considerada como declaración de guerra de Washington- el FMI ha puesto cifras a la traslación del America, first trumpiano sobre la libertad de intercambios de bienes y servicios: 430.000 millones de dólares, equivalente al tamaño de la economía de Noruega, lo que implica una pérdida de medio punto del PIB global. Sólo por los efectos de la escalada de tarifas entre las dos grandes potencias del planeta. Un daño que dejaría de ser colateral y que se propagaría aún con mayor virulencia por todas las latitudes si, como amenaza Trump, EEUU decreta la entrada en vigor la subida del 10% de los aranceles sobre otra batería de productos chinos por valor de 200.000 millones de dólares y de distinta cuantía a un conjunto de mercancías que superan el medio billón de dólares, según el valor actual de mercado. Dejando -alerta Obstfeld- nuevas brechas de desigualdad, porque los costes asociados a la vuelta a las anacrónicas corazas proteccionistas, generará “un crecimiento no inclusivo”, fenómenos de exclusión social y precariedad laboral y “males endémicos” en el ámbito político.


Todo un recordatorio, sin citarlo, a la oleada de nacional-populismo que se ha instalado por Europa y EEUU en busca de supuestas soluciones a la globalización desordenada de los mercados.


“Nuestros modelos de predicción sugieren que, si esta advertencia oficial se materializa, los índices de confianza empresarial descenderán y la previsión para 2020 retrocederá, al menos, un 0,5%”, asegura el FMI. Una mala idea -enfatiza-, incluso para EEUU, porque “una considerable parte de sus exportaciones están dirigidas y se encuentran sometidas a bajas tarifas y aranceles de entrada en mercados sobre los que ha dirigido su conflicto comercial”. De hecho, el Fondo rebaja en dos décimas sus previsiones para el próximo ejercicio tanto a EEUU, que sitúa en el 2,5%, como en China, que reduce al 6,2% por las hostilidades comerciales. Y sitúa el escenario de mayor gravedad bajo un nuevo arrebato del líder americano hacia Europa, a la que acaba de reenviar su mensaje de que el club comunitario es el “mayor adversario real” de la deficitaria balanza comercial de EEUU, y hacia el renovado Nafta, la unión aduanera con México y Canadá. Pero que está lejos de ser “el acuerdo más grande firmado por EEUU” como dijo Trump antes de enviar el texto del rebautizado como USMCA (ES-México-Canadá Agreement) al Congreso para su luz verde definitiva. Más bien, los expertos, que destacan las nuevas fórmulas de regulación laboral -que mejorarán los salarios y derechos de los trabajadores mexicanos del sector del automóvil-, entre los beneficios del sorprendente pacto trilateral, inciden también en que la maniobra es un gesto electoralista. Un guiño a los votantes republicanos de los estados del norte y del sur con mayor dinamismo comercial con Canadá y México y que tradicionalmente han defendido el libre mercado. Y el Nafta moviliza 1,2 billones de dólares en intercambios de mercancías.


2.- Las bolsas, 'complacientes' con la peligrosa coyuntura


Otra de las perlas dialécticas que ha dejado el economista jefe del FMI. Los inversores -dijo Obstfeld- se comportan de forma muy complaciente con los riesgos económicos. A pesar de que la escalada de tensiones comerciales ha hecho perder la velocidad de crucero a Europa y Japón, los dos enfermos económicos en el pasado reciente y máximos exponentes de la estanflación o ritmo plano de crecimiento con riesgo de deflación y la doble y profunda rebaja fiscal en EEUU, por el contrario, ha hecho germinar el caldo de cultivo idóneo para sobrecalentar la actividad en la primera potencia global. “El peligro de que se recrudezcan las tensiones comerciales también creará efectos adversos en los activos y la inversión”, profetiza el Fondo.


Trump, curiosamente, se ha unido a esta prédica. Porque ha atizado a la Reserva Federal, a la que no sólo le transmite su visión de que “está cometiendo un error” al subir tipos de manera acelerada (el precio del dinero en EEUU está en el 2,25% y la Fed habla de dos nuevos movimientos alcistas a medio plazo), sino que se atreve -faltaría más- a decir que “se ha vuelto loca”. Como si no hubiera intercedido deliberada e intensamente en el nombramiento del halcón Jerome Powell -pese al prestigio que se labró su antecesora, Janet Yellen- quien no duda, además, en avanzar la definitiva retirada de los estímulos monetarios para no sobrecalentar la economía. Impulsada, en realidad, por el esperado mayor poder adquisitivo que darán a consumidores y empresas las rebajas impositivas republicanas. El problema para el inquilino de la Casa Blanca es que la cita electoral de mitad de mandato, con no muy buenos augurios para los republicanos, puede coincidir con un periodo de vacas flacas en Wall Street. El Nasdaq sufrió esta semana un batacazo superior al 4%, la mayor caída desde el referéndum del Brexit, en Reino Unido, y el Dow Jones se dejó en una jornada un 3,1%.


Pero es que, además, entre los analistas del mercado, se ha instalado la convicción de que el clima inversor guarda demasiadas connotaciones similares a las de 2007, antesala de la crisis del año siguiente. Con índices de volatilidad extraordinarias. En Asia, EEUU y Europa. Y, en general, en los mercados emergentes, a los que el FMI señala por su riesgo bursátil. El retroceso en EEUU “no ha sido sólo una corrección, un estado de relajación, sino una tendencia que ya se ha hecho viral en las plazas emergentes y que hacen poner en cuestión a los inversores si el actual ciclo de negocios no toca a su fin y estamos ante el comienzo de otra embestida financiera”, dicen en Wells Fargo Investment Institute.


A principios de septiembre, John Normand y Federico Manicardi, analistas de JP Morgan, avanzaron que sus modelos veían una pérdida de los valores bursátiles en EEUU del 20% y un endurecimiento de las condiciones crediticias de 115 puntos básicos por las subidas de tipos de la Fed. Los inversores deberían prever para 2020 otra convulsión financiera, admiten. Antes de recordar que, en 2008, el S&P 500 se dejó un 54% desde sus máximos históricos.


3.- El 'dólar fuerte' regresa en el peor momento.


Es la otra consigna monetaria, junto a la reclamación a Powell de que acabara con la política de tipos de interés próximos a cero, con la que llegó Trump a la Casa Blanca. Esta combinación -precio del dinero al alza y billete verde revalorizado- es una pinza demasiado rígida. Las empresas globales y no pocas de latitudes emergentes, con independencia de su grado de proyección mundial, denominan su deuda en dólares. Y sus márgenes de endeudamiento han crecido en los ejercicios posteriores a la crisis de 2008. Su problema son los vencimientos inmediatos, en la divisa estadounidense y con condiciones financieras más duras que las de apenas hace un año. Por designio de la Fed. El Fondo habla a las claras de un círculo vicioso que genera volatilidad y cambios de dirección en los flujos de capitales. Huyen de espacios emergentes hacia cobijos industrializados. A los gobiernos les llega dicha factura a través de la balanza por cuenta corriente. En tiempos, además, de desequilibrios fiscales. Son los denominados “déficits gemelos” -presupuestarios y financieros- que han engordado en la práctica totalidad de los cuadros macroeconómicos nacionales. El propio Fondo se hacía eco de este viraje inversor. Entre 2009 y 2013 los mercados emergentes recibieron 4,5 billones de dólares -en pleno decoupling o desacoplamiento del ciclo de negocios de las potencias industrializadas, más débil y con episodios de números rojos-, aunque en 2016 y, sobre todo, en 2017, las fugas inversoras rebasaron los 250.000 millones. Cada año.


El Banco Internacional de Pagos (BIS, según sus siglas en inglés) valora precisamente en 4,5 billones de dólares, cifra del PIB alemán, las necesidades financieras de compañías y tesoros de mercados emergentes. En tiempos de acceso al dinero más caro. De ahí que el peso argentino o la lira turca hayan perdido más de la mitad de su valor desde el inicio de 2018, y que el fantasma de la devaluación sobre las divisas de India, Indonesia, Brasil o Sudáfrica persista en los círculos inversores. Con o sin ayuda prestamista del FMI.
En su External Sector Report, el Fondo asegura, para más inri, que el billete verde está sobrevalorado y que, por contra, el rinminbi, “se encuentra claramente en línea con los fundamentos macroeconómicos de China” antes de las tensiones comerciales. Algo que, a buen seguro, no ha gustado en el Tesoro norteamericano, una de las tres partes, junto al FMI y la Fed, del llamado consenso de Washington. Sin el que, parece, “nada se hace en los mercados”, atestiguan las voces neoliberales al uso. Foco desde el que su máximo responsable, Steven Mnuchin, insiste, a veces machaconamente, en “la manipulación constante de la moneda china” por parte del régimen de Pekín.


Desde febrero de 2016, cuando el dólar toca fondo, su valor ha aumentado en más de un 9,3%. Un contexto de suma dificultad para gobiernos y firmas emergentes que, hasta 2025, deben atender el pago de bonos y préstamos por un montante de 2,7 billones de dólares. El PIB de India, séptimo del mundo. En billetes verdes.


4.- Los mercados emergentes, termómetros del riesgo


La directora gerente del FMI, Christine Lagarde, fue la encargada de dar la señal de alarma. “Hasta 100.000 millones de dólares están listos para la fuga” desde latitudes emergentes. El dato se incluye en el Global Financial Stability Report del FMI y supone una cantidad similar a la que huyó de estos mercados en 2008. “Y las probabilidades de que acontezca rápidamente van en aumento”, aclaró Lagarde. Insistiendo en la complacencia inversora. Porque la merma de la confianza empresarial “puede ser fulminante”

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Desde Pimco se resalta que las bolsas emergentes atraviesan “el peor ejercicio desde 2011”, según una filial de investigación de gestión de fondos que posee en Asia. Aunque prefieren ver la botella medio llena y creen que su vuelta a las tasas de retorno -de beneficios- del 7% anuales, como el promedio que han registrado en el último decenio, “dependerá de las tensiones comerciales”. En tal caso, el valor del dólar “seguiría su escalada alcista”; pero, si Washington y Pekín enarbolan la bandera blanca, desde otras firmas como Franklin Templeton, anticipan que las carreras competitivas en la que están inmersas sus divisas tocarían a su fin. Aunque haya mercados como el filipino, donde aún sufrirán salidas de capitales y ataques monetarios. Bastaría, a juicio de sus expertos, con que se calmen las ínfulas comerciales para que el contagio, sin llegar a desaparecer, al menos mitigue sus efectos.


“Hay que acabar con esta tormenta perfecta, de subida catapultada del dólar bajo un escenario de fuerte dinamismo, actual, en EEUU, con un agujero comercial cada vez más abultado y la Fed mostrando su felicidad por encarecer el precio del dinero”, afirma Chris Weston, del fondo inversor Pepperstone. En un clima inversor y multilateral en el que “todos convienen en señalar que la carestía del billete verde y la dimensión de la deuda global en dólares son exagerados”, asegura.


El WEO establece un crecimiento para las potencias avanzadas del 2,4% para este año y del 2,1% para 2019, frente al 4,7% del área emergente durante el actual bienio.


5.- Rebajas fiscales con déficit y deuda fuera de control


Fue el motivo esencial por el que el Fondo redujo en primavera su previsión de crecimiento para este año. La batalla comercial protagoniza la decisión de recortar, este año, en dos décimas, la del próximo año. Al FMI no le acaba de gustar la política económica republicana. El doble y generoso estímulo fiscal -sobre las rentas personales y los beneficios empresariales- “eleva notablemente el riesgo sobre EEUU y sobre la economía global” y representa el combustible idóneo, por la mayor disponibilidad al gasto de consumidores y firmas, para espolear la inflación. Lo que acarreará nuevas subidas de tipos para contener los precios y, con cierta seguridad, revalorizaciones del dólar. Y, probablemente también, nuevas peticiones de ayuda multilateral al Fondo desde otras áreas emergentes, además de los 50.000 millones de dólares concedidos a Argentina y que tanto dolor de cabeza provoca en personalidades que, como Trump, prometen velar por la austeridad del FMI y critican las aportaciones de los contribuyentes americanos a la resolución de crisis como la del peso argentino. Aunque haya sido cercado por su compromiso ideológico con un dólar fuerte.


Tampoco los economistas se creen los efectos beneficiosos de su rebaja impositiva que verá sus primeros vestigios sobre la economía el próximo año. Si se cumple la máxima del mercado de que toda rebaja fiscal tarda, al menos un año, en mostrar su cara. Frente a los seis meses que dictaminan para cualquier reforma laboral, por ejemplo. Desde el Tax Policy Center, think tank de prestigio en EEUU, se admite que los recortes fiscales conjuntos serán de 1.300 dólares en 2019, aunque apenas sitúa su ahorro real en los 850 dólares para la clase media. Es decir, los que ganan entre 50.000 y 87.000 dólares al año. Debido a la supresión de deducciones y exenciones en el Código Fiscal. En un país en el que cualquier gasto imprevisto o no corriente de 400 dólares al mes implica pedir un préstamo personal. Para las clases pudientes, el ahorro anual será de 32.510 dólares.


Toda una invitación al despilfarro y a las inversiones de alto riesgo. Cuando las arcas del Tesoro americano dejarán de ingresar 1,5 billones de dólares, la cuantía de la rebaja de rentas y sociedades, el déficit sobrepasa el 4,5% del PIB y la deuda supera los 18 billones de dólares, el tamaño de su economía.


6.- Sobrecalentamiento en la mayor potencia global


Gran parte de las diez razones que aduce Nouriel Roubini, el economista, catedrático y gestor de fondos que se erigió en el único gurú que vio venir la crisis de 2008, para avanzar otra inestabilidad, también en el año 2020, tienen que ver con el estado de ebullición de la economía americana. Otro argumento adicional para que la Fed continúe subiendo tipos hasta, previsiblemente, el 3,5% en 2020 y para que otros bancos centrales, en principio, los del mundo anglosajón, sigan su estela y encarezcan el dinero. Todo ello, a su juicio, mermará la liquidez en los mercados y propiciará escaladas de precios. A lo que hay que unir -dice- los daños de la guerra comercial -un clásico de estos tiempos- y los obstáculos a la inmigración, el freno a la economía verde o el déficit en infraestructuras del país. Fenómenos que perjudican la configuración de un dinamismo sostenible con creación de empleo estable.
Por si fuera poco, Roubini imputa otros tres aspectos que añaden sobrecalentamiento a EEUU. “La ratio precio-ganancias en las plazas bursátiles -y EEUU es el primer centro de las finanzas globales- están un 50% por encima de la media histórica, el capital privado está muy sobrevalorado y los mercados de bonos, demasiado caros”. A este panorama se une, además, que el diferencial de tipos a largo y corto plazo ha comenzado a crecer. En 2005 esta curva, que determina la rentabilidad real de los bonos americanos, en este caso, se invirtió. Es decir, que la deuda no inmediata ofrecía mayor beneficio que la que el Tesoro reclamaba al mercado para hacer frente a sus vencimientos más urgentes. Este comportamiento invertido anticipa recesión. Al igual que la sucesión de dos trimestres consecutivos de retrocesos en los beneficios empresariales, circunstancia que ha llegado a acontecer en los últimos dos ejercicios.


7.- Excesivo endeudamiento global


Cuando el FMI, Roubini o los principales bancos de inversión coinciden en atisbar nubarrones y hablan de una “tormenta perfecta”, a buen seguro que los temores son fundados. Se refieren a que los riesgos sistémicos, fuera del sector bancario, en principio, en esta ocasión y que se circunscriben a la coyuntura de las economías mundiales -o a los abultados balances de los bancos centrales- han dejado huérfanos de instrumental para una cirugía quirúrgica de urgencia tanto a autoridades económicas como monetarias.
A las primeras, sin los colchones financieros de superávits fiscales labrados, en mayor o menor medida, durante la época de vacas gordas previa a 2008.

Y, a las segundas, porque en la mayor parte de los bancos centrales, los tipos aún navegan en cotas próximas a cero, lo que reduce al mínimo la opción estimulante, y se llama al final de los programas de compra de deuda.


El endeudamiento es, precisamente, la principal losa económica. La auténtica bomba de relojería. Lagarde situó esta semana la deuda soberana y privada en todo el mundo en los 182 billones de dólares (157 billones de euros), casi el doble de un PIB global que se cifra en 80 billones de dólares. “Es récord histórico y un 60% más que el nivel alcanzado en 2007”. A pesar de que “las condiciones financieras, durante este decenio último, han sido anormalmente ventajosas” para quitar lastre. Japón (con un 239,2% de su PIB) y 9 billones de dólares de deuda acumulada; Grecia (181,3% del PIB) y riesgo de que sus compromisos alcancen, en unas décadas, el 300% de su economía; Líbano (143,4%), Cabo Verde (133,8%) e Italia (132,6%) encabezan el ranking de deuda soberana. España ocupa el decimosexto puesto.


8.- El petróleo a 100 dólares precipita la recesión. El petróleo se ha instalado por encima de los 80 dólares desde el verano. Y podría alcanzar la cifra de los tres dígitos a medio plazo, lo que desencadenaría una contracción económica en EEUU y hundiría la actividad global. “Existe una acumulación de factores, todos alineados en la misma dirección”, asegura el servicio de estudios de UBS, el banco de inversión suizo. “Desde un aumento de la demanda de energía mundial, hasta la renovada política de restricciones de cuotas productivas en la OPEP pasando por una escalada de las tensiones geopolíticas, sobre todo, hacia Irán, que llevan aparejadas una seria amenaza de sanciones económicas” al régimen de Teherán. En caso de que el barril sobrepase los 100 dólares, cosa que podría suceder, para mayor gloria de Arabia Saudí, a lo largo de este ejercicio, “las señales de una posible contracción del PIB americano serían inmediatas”, afirma el responsable de análisis de UBS, Arend Kapetyn, en una nota dirigida a sus inversores.


Aunque también se apreciará un impacto sobre la inflación. En EEUU y en los mercados emergentes, reacios, hasta ahora, a seguir los dictados de la Fed, para espolear sus tasas de crecimiento. Sin embargo, para los expertos de este banco, “hay que tomarse muy en serio” toda escalada más o menos brusca del precio del crudo porque “acarrea una serie de riesgos”. Conviene recordar que “cinco de las seis últimas recesiones en EEUU han venido precedidas de un escenario energético como el actual”, aclara Kapetyn. Y el repunte actual es, ni más ni menos, que la decimoprimera de mayor intensidad en los últimos 70 años, después de que el pasado 17 de mayo superara los 80 dólares.
Aditya Bhave, economista jefe de Merrill Lynch Bank of America, sitúa el instante en el que el barril rebasará los 100 dólares en la segunda mitad del próximo ejercicio. A no ser que se produzcan acontecimientos excepcionales, como el colapso de la economía de Venezuela.


9.- Burbujas inmobiliarias al acecho


El otro gran detonante del credit crunch de 2008, el estallido inflacionista de los mercados inmobiliarios -en países como EEUU, España o Reino Unido, entre otros- vuelve a vislumbrarse. Es cierto que más bien en determinadas capitales, pero lo suficientemente significativas como para que hayan contagiado a otras ciudades de sus territorios estatales. Londres, Ámsterdam, Vancouver, Toronto, Múnich y Hong-Kong son las ciudades con un mercado de la vivienda en estado de ebullición. Al igual que los países nórdicos europeos. El Índice Global inmobiliario de UBS denuncian el calentamiento excesivo en estas urbes. “La mayoría de las personas, sean asalariados o profesionales liberales, no pueden hacer esfuerzos para adquirir una vivienda en estos centros financieros, si no se benefician de una herencia o perciben alguna remuneración adicional del ámbito familiar”. Y los alquileres -aseguran- “continúan consumiendo gran parte de sus retribuciones salariales”.


Los gobiernos son los únicos agentes que pueden intervenir en la contención de precios, una estrategia que tilda de necesaria. Por ejemplo, impulsando subsidios para el acceso a la primera vivienda. Aunque hay otras recetas que puede ser también determinantes. Si bien, requieren de un equilibrio difícil de alcanzar. El informe defiende la imposición de una alta tributación sobre las propiedades de ciudades especialmente caras, lo que podría retraer la inversión en el sector de extranjeros. “Contribuiría a rebajar precios con celeridad, aunque sea a costa de los propietarios que quieran vender”, alerta.


Las burbujas, a menudo, no son identificadas como tales hasta que estallan, reconocen en UBS. Pero hay en la actualidad las seis ciudades citadas pueden catalogarse como de alto riesgo de sus mercados inmobiliarios. Todas con alzas de precios de compraventa que superan, al menos en un 10% anual, sus registros de 2007.


Otros territorios de especial carestía de la vivienda son los nórdicos europeos. “Si se nos pregunta cuál es el mayor riesgo latente de las economías escandinavas, diríamos que los mercados inmobiliarios”, dice Erik Bruce, economista en el banco Nordea, para quien “resulta normal, dado el bajo nivel de tipos de interés, la caída del paro y el optimismo empresarial en el futuro económico” en estos países.


El repunte supera el 70% en los mercados sueco y noruego. También desde 2007, año previo a la crisis. En Dinamarca es algo inferior, aunque supera el 50% y Copenhague ha duplicado precios respecto a 2012. Y pese a que, en Oslo, los ajustes financieros de familias y empresas han rebajado los precios en los últimos dos trimestres entre un 7% y un 8% en términos interanuales. En cambio, en Estocolmo, la demanda de adquisición de apartamentos sigue en cotas desconocidas en nueve años. Y el pulso inmobiliario en la capital sueca marca tendencia en el resto de grandes capitales escandinavas, aclaran en Nordea.


10.- La debilidad manifiesta en Europa y Japón


El FMI otorga a la zona del euro un modesto crecimiento del 2% este año, cuatro décimas por debajo de su previsión de finales de 2017 y dos menos que su predicción de primavera. Para Japón, el panorama es aún más tenue: un alza del 1% en 2018 y de nueve décimas el próximo ejercicio. Mark Wall, de Deutsche Bank cita tres grandes incertidumbres sobre el euro. La primera, los efectos de la guerra comercial de EEUU contra sus socios, en especial, contra Alemania, a la que culpa del deterioro de su déficit. La segunda, las alambicadas negociaciones sobre el Brexit. Y, en tercer lugar, el difícil futuro en Italia de la coalición entre los neofascistas de la Liga Norte y el complicado crisol ideológico del Movimiento Cinco Estrellas.

Además, Wall menciona la parálisis reformista que se resiste a armonizar los criterios monetarios y económicos del euro, que no lograron formalizarse en la última cumbre semestral, en junio pasado, por el rechazo de los contribuyentes netos a la ambiciosa agenda de transformaciones diseñada por la Comisión Europea y apoyada por la Francia de Emmanuel Macron.

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El Banco Mundial recorta drásticamente la previsión de crecimiento para América Latina

El organismo deja la expansión prevista para este año en el 0,6%, más de un punto menos que en junio, y advierte de los riesgos por el coste de la deuda y por la reversión en los flujos de capitales

 

El Banco Mundial habla de “cisnes negros” al analizar la coyuntura global, un término que se popularizó cuando se gestaba el derrumbe del sistema financiero hace una década. Hace seis meses, el organismo con sede en Washington esperaba que América Latina acelerara el crecimiento este año. Ahora lo deja en un anémico 0,6%, medio punto más bajo que en 2017 y lejos del 1,7% que proyectó en junio. Y advierte, también, de los riesgos por el coste de la deuda y la reversión en los flujos de capitales.


“Lamentablemente”, comienza el informe, “la región ha tropezado con algunos obstáculos”. Cita el giro inesperado en Argentina –que se contraerá un 2,5% este año–, la desaceleración en Brasil –que crecerá solo un 1,2% en año electoral–, el deterioro de la ya de por sí crítica situación en Venezuela –que se contraerá un 18,5%– y un empeoramiento generalizado del entorno externo, con una consecuente disminución de las ventas al exterior. Esta suma de factores provocará, en definitiva, que el crecimiento de la región sea finalmente más bajo de lo pronosticado este 2018.


La nueva proyección contrasta con la afirmación, la pasada primavera, de que la región había retomado “finalmente” la senda de un crecimiento cada vez mayor, tras seis años marcados por los retrocesos. La situación para el conjunto de Sudamérica es incluso peor, porque las economías del subcontinente se contraerán una décima y arrastrarán a la baja al conjunto latinoamericano. Si se excluye el ya habitual efecto lastre de Venezuela, crecerían un 1,2%.


La solidez de la economía estadounidense ejerce, por el contrario, de sustento. Especialmente en Centroamérica y, sobre todo, en México, un país muy interconectado con la primera potencia mundial y que se expandirá a un ritmo estable del 2,3%. Los técnicos, sin embargo, siguen viendo la cifra mexicana “por debajo de su potencial”. También es un factor positivo para la región China y la recuperación del precio de las materias primas, lo que explica que Colombia crezca un 2,7%. Perú lo hará un 3,9% y Chile un 4%.


La previsión del Banco Mundial es que el crecimiento repunte tras este bache a una tasa del 1,6% en 2019. Pero esta estimación dependerá de cómo vayan tomando cuerpo “los nubarrones que se ven en el horizonte”. El mayor es la normalización de la política monetaria en EE UU, que ya está provocando una “drástica reversión” en los flujos de capital que entran en la región.


La subida del precio del dinero hace que las inversiones a tipo fijo en EE UU sean mucho más atractivas y se añade a la fortaleza del dólar –la moneda de referencia en lo cruces de toda la región latinoamericana–, que está obligando a algunos bancos centrales de países emergentes a salir a “defender” sus divisas y elevando aún más los costes de la deuda. Es decir, el temor es que la moderación en 2018 sea algo más que una piedra en el camino. “La situación general es preocupante”, admite el informe, que en este punto lanza la voz de alarma por el impacto de las guerras comerciales.


Precariedad fiscal


“El entorno internacional”, insiste el Banco Mundial, “es poco auspicioso”. Carlos Végh, economista a cargo de América Latina y Caribe, reitera que esta fragilidad en la recuperación vuelve a poner en evidencia la necesidad de que se adopten reformas para garantizar que la región puede elevar los muros de contención para resistir choques externos y poder gestionar sus propios riesgos.


El informe hace referencia a la “precaria” situación fiscal de la región; 29 de los 32 países tendrán un balance fiscal negativo. La deuda pública, añade, superó el 60% del producto interior bruto y hay seis países donde está por encima del 80%. Esta situación no hace más que elevar la prima de riesgo. “El acceso y el costo del crédito internacional se complica justo cuando es más necesario”, lamenta, al tiempo que recuerda que esto limita el margen de acción fiscal.


“La región no tiene más remedio que aumentar el ritmo del ajuste fiscal para garantizar las sostenibilidad de la deuda en el corto y mediano plazo”, insiste el equipo de Végh, “especialmente si la entrada neta de capital sigue cayendo”. En este sentido, concluye diciendo que es importante entender la naturaleza de los riesgos para predecir sus efectos y definir una respuesta que los mitigue.


América Latina, por tanto, es una región particularmente expuesta a los riesgos. “Teniendo en cuenta la incertidumbre existente”, opina Jorge Familiar, vicepresidente del Banco Mundial para la región, “es más importante que nunca fortalecerse para afrontar el futuro con mayores garantías”. Eso permitirá también recuperarse más rápido tras el cisne negro. "No se podrá gastar más pero sí habrá que hacerlo mejor", concluye, "para proteger a los vulnerables e incrementar el crecimiento".

 

Nueva York 5 OCT 2018 - 08:24 COT

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Viernes, 07 Septiembre 2018 07:46

Crisis en Argentina

Crisis en Argentina

Las políticas económicas de la nueva administración de gobierno, entre las que destacan el endeudamiento externo público, la desregulación financiera, la apertura de las importaciones, la elevada tasa de interés, el incentivo a la especulación y valorización financiera y la permisividad frente a la fuga de capitales han determinado una necesidad de financiamiento de divisas, por encima de lo que aportan las exportaciones, por una magnitud del orden de los 40.000 millones de dólares anuales. Esta dependencia del financiamiento externo es la que ha colocado al país en un escenario al borde de la cesación de pagos, en la jerga económica, de default. Es este, y no otro, el núcleo del problema que está por detrás de las dos últimas corridas cambiarias que el país afrontó en los últimos cinco meses.

Es el temor de los acreedores frente a la posibilidad de que Argentina tenga que cumplir efectivamente los pagos de la enorme deuda pública que acumula el que dispara los comportamientos de salida de capitales que presionan al alza el tipo de cambio, en un contexto de elevada especulación sobre el valor del dólar. Ese fue el escenario de la primera corrida cambiaria de finales de abril y mediados de mayo, que en apenas 15 días hizo devaluar la moneda en un 50 por ciento. Es en el marco de esta primera corrida cuando el gobierno presenta un inesperado acuerdo con el Fmi. El acuerdo con el Fmi buscaba eliminar las incertidumbres de los acreedores respecto a la capacidad de pago de la deuda argentina, ya que se comprometía a otorgar un financiamiento del orden de los 50.000 millones de dólares por un período de tres años. Obviamente este acuerdo suponía también las vueltas de las condicionalidades del Fmi, ahora denominadas “metas”, que involucran al conjunto de la política económica, ya que van desde metas fiscales hasta monetarias, de reservas y de inflación. Metas que, en la práctica, se transforman en una política de ajuste de la economía, principalmente a través del ajuste del gasto primario, que, del 3,5 por ciento de déficit previsto para 2018, el acuerdo lo fija en 2,7 por ciento para el mismo año, una reducción del 1,3 por ciento en 2019 y un equilibrio para 2020. Metas que ocultan que su cumplimiento implica una reducción del 20 por ciento del gasto primario actual, que combinaría un ajuste del 80 por ciento de la obra pública, del 75 por ciento de las transferencias a las provincias, del 40 por ciento de los planes sociales (excepto las asignaciones familiares que se reducirían sólo un 5 por ciento) y de un 13 por ciento de los salarios de los estatales.


Las metas acordadas con el Fmi no son otra cosa que la reedición de una vieja receta fracasada en Argentina, que es la del déficit cero sobre la base de la reducción del gasto primario. Fracaso en un sentido, pero éxito en el otro. El fracaso estriba en que nunca se alcanza con esta lógica el ansiado déficit fiscal, puesto que la reducción del gasto primario supone una caída de la demanda interna. Entonces, la caída del gasto primario se traduce en caída de los ingresos, y el déficit primario se mantiene. A esta lógica hay que agregarle que los intereses de los pagos de deuda hacen incrementar el gasto total y le agrega una presión adicional a la reducción del gasto primario. De esta manera, se configura un proceso de ajuste perpetuo, que transforma el déficit en la excusa para reducir el gasto, sin que nunca se elimine el déficit. Fracaso, puesto que nunca se alcanza el déficit fiscal, pero éxito, porque el objetivo final buscado es la recesión del nivel de actividad, a la que se llega por efecto de la caída de la demanda interna, la que a su vez impacta en la reducción de las importaciones y permite achicar las necesidades de financiamiento. De este modo, la recesión es un objetivo buscado y no un accidente de esta política económica. El impacto en la caída del Pbi, del empleo, de los ingresos y el aumento de los fenómenos de la pobreza y la desigualdad son un efecto necesario, y no un defecto contingente, de esta estrategia de política económica.


LA FIESTA DE LOS EXPORTADORES.

Sin embargo, esta estrategia tiene un defecto a los ojos voraces del capital financiero: tarda mucho en concretarse. Es una espiral que se retroalimenta en sucesivas rondas de recortes del gasto y su impacto en el deterioro del nivel de actividad. La recesión llega, pero lentamente. Es en este marco de avidez por el ajuste en que emerge la segunda corrida cambiaria de principios de agosto, con la excusa de que la meta de inflación acordada con el Fmi (del 32 por ciento) no se iba a cumplir, puesto que el efecto obvio de la primera corrida cambiaria era, como todos esperaban, un aceleramiento de la tasa inflacionaria. Así, con los datos de que la inflación (del 35 por ciento anual), fruto de la primera corrida, superaba la meta con el Fmi (del 32 por ciento), se desató la segunda corrida cambiaria que en apenas una semana hizo devaluar un 30 por ciento adicional a la moneda doméstica. No alcanzó con que se anunciara un nuevo acuerdo con el Fmi en el que se comprometía a adelantar la totalidad del financiamiento previsto para 2018 y 2019, sino que hizo falta que la devaluación alcanzara el cien por ciento del valor que la moneda tenía a principios de abril para que, en momentos que esto se escribe, se presencie una cierta calma cambiaria. Una calma que supone haber perpetrado una brutal transferencia de ingresos en favor de las empresas exportadoras, principalmente a las 15 líderes exportadoras (casi todas cerealeras), que en cinco meses tuvieron un crecimiento de 550.000 millones de pesos en su facturación (el mismo monto que el gobierno se comprometió con el Fmi a reducir del gasto público). Se ve con claridad que la fiesta de los exportadores la paga la sociedad en su conjunto.
La calma cambiaria se verifica en el marco de las nuevas metas fiscales que el gobierno comprometió con el Fmi, que supone profundizar el ajuste en curso. Si para 2018 el acuerdo anterior suponía un déficit del 2,7 por ciento, ahora en el anunciado nuevo acuerdo la meta es del 2,6 por ciento; y para el 2019, en que se había previsto un déficit del 1,3, ahora se prevé llegar directamente al equilibrio en dicho año, con el agravante de una cuenta de intereses que crece exorbitantemente, y que alcanza nada menos que 600.000 millones de pesos. La novedad del acuerdo respecto al anterior es que en el primer acuerdo la meta se conseguía con un ajuste del gasto primario, y en la nueva meta se la consigue con un ajuste sobre los ingresos, los que vuelven a aportar recursos fiscales por vía de la restitución de las retenciones a la exportaciones. Se trata de una retención light, puesto que es de apenas dos puntos porcentuales para las empresas exportadoras de aceites de soja. Este dato nuevo pone en tela de juicio el fracaso de la estrategia anterior. Esta vez están dadas las condiciones del doble éxito de la política económica: por un lado, pueden conseguir el ansiado superávit primario, ya que este no se centra sólo en reducción de gasto primario, que sigue estando, sino que se compensa con el aporte de los recursos fiscales de las retenciones. El segundo éxito es que la brutal devaluación supone derrumbar la actividad económica rápidamente, en un verdadero shock recesivo, que logra en un corto plazo lo que la estrategia anterior requería un tiempo de maduración.


Los propios datos del gobierno indican que la tasa de inflación se disparó arriba del 40 por ciento y que la economía se va a contraer más del 2 por ciento. El pequeño problema es que este éxito de la estrategia económica supone colocar al borde del estallido social a los sectores más vulnerables de la sociedad. Aprendices de la crisis de 2001, el gobierno y el Fmi prevén aportar recursos focalizados para atender la situación de los sectores más vulnerables (pero de todos modos los aumentos previstos no alcanzan a reparar toda la pérdida sufrida). Aunque se evite el estallido social, en el medio queda enterrada la noción de desarrollo económico. Argentina va a quedar confinada a ser una plataforma exportadora de materias primas, destruyendo las capas medias, expandiendo su pobreza y la desigualdad en aras de mantener el altar de los pagos de deuda.


Es en este marco que quien escribe ha presentado una denuncia penal contra el presidente por el acuerdo con el Fmi, que no ha respetado los resguardos constitucionales, y se ha solicitado una suspensión de dicho acuerdo. Porque consideramos que lleva a Argentina al borde del colapso social. Se requiere una nueva concertación política con un conjunto amplio de actores que fije otro rumbo económico.


* Economista. Presidente de Unidad Popular (Argentina). Ex diputado.

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