Bruselas admite el riesgo de accidente en Grecia y da un serio aviso a Tsipras

El primer ministro griego, Alexis Tsipras, llegó este viernes a Bruselas en busca de alianzas, de comprensión, de un poco de aire tras seis semanas muy duras en el poder. Y encontró buenas palabras en público por parte de las instituciones europeas y alguna que otra señal —mínima— para el optimismo, pero sobre todo serias advertencias en privado: Bruselas quiere progresos rápidos y decididos tras mes y medio perdido, y reclama a Tsipras un perfil mucho más bajo por parte de sus ministros más incisivos para rebajar la tensión con los socios del euro. La Comisión Europea y la Eurocámara consideran que Tsipras ha dilapidado un tiempo precioso y buena parte de su capital político en una estrategia diplomática desastrosa, que se ha llevado por delante las simpatías iniciales que había despertado para su causa. Hasta el punto de que ya nadie descarta un accidente con Grecia. Ni siquiera los propios griegos.

 

La Comisión Europea alertó este viernes de la "catástrofe" que supondría una suspensión de pagos acompañada de una salida del euro de Grecia. El brazo ejecutivo de la Unión admite así públicamente que esa opción empieza a estar sobre la mesa, tras unas declaraciones recientes del ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, en las que no descartó ninguna posibilidad.

 

El jefe de la Comisión, Jean-Claude Juncker, habló de evitar "un fracaso". "No es tiempo de división", subrayó en una breve rueda de prensa con Tsipras, a pesar de que parte del partido de centroderecha que encabeza la canciller Angela Merkel, amén del establishment económico germano más conservador, abogan públicamente por una salida de Grecia del euro.
Bruselas y Atenas iniciaron el pasado miércoles el trabajo técnico destinado a detallar las reformas imprescindibles para que la ayuda financiera llegue a Grecia. Pero no está nada claro que el Gobierno de Syriza —una coalición de partidos de izquierda— esté en disposición de cumplir los compromisos que reclaman los socios del euro. Tsipras llegó a Bruselas con un mensaje constructivo y reclamó "solidaridad" a Europa, "un mensaje de esperanza y no solo de aplicar obligaciones y más obligaciones".

 

Pero su Ejecutivo insiste en enseñar los dientes: un portavoz del Gobierno griego explicó que Atenas se verá obligado a convocar "un referéndum" si los acreedores de Grecia piden medidas extra de austeridad a cambio de ayuda financiera. Varios ministros, incluido Yanis Varoufakis —que provoca urticaria entre sus homólogos de la eurozona—, han apuntado en esa dirección en los últimos días, con una votación que se convertiría en una suerte de plebiscito sobre la salida de Grecia del euro.


Bruselas no quiere ver ni en pintura ese tipo de escenarios, que siguen siendo improbables pero han aparecido como parte de la estrategia de negociación —en el mejor de los casos— o porque realmente existen. El comisario de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici, explicó en Der Spiegel que los efectos de un accidente serían "catastróficos, pero no solo para Grecia: también para la eurozona en su conjunto". "Si un país abandona la Unión, los mercados se preguntarán inmediatamente cuál es el próximo. Sería el principio del fin de euro". No está claro, sin embargo, que todo el mundo en Europa comprenda bien ese riesgo. El 52% de los alemanes estaría a favor de una salida de Grecia de la eurozona, según una encuesta de ZDF. Y varios ministros del Eurogrupo han dado a entender que se trataría de un problema manejable.


Ese riesgo, en fin, ya está ahí. En parte por razones políticas. Pero también por motivos económicos: el PIB griego se ha parado en seco; los ingresos han caído a plomo; la banca es dependiente del BCE, y Grecia es incapaz de financiarse en los mercados. A ese panorama se le suma el desafío diplomático: el presidente de la Eurocámara, Martin Schulz, subrayó tras un encuentro con Tsipras "las dificultades" en las relaciones con los socios. El clima se ha enrarecido en Alemania (tras la reclamación de las reparaciones de guerra), pero Berlín ha encontrado aliados incluso entre los países periféricos rescatados —Portugal, Irlanda, España—, que ejercen de arietes en las reuniones contra Grecia porque no quieren ver ni en pintura un trato de favor que ninguno de ellos ha tenido. Y si esa fiebre no baja, todo es posible en Europa.

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Grecia negocia otro rescate en Bruselas

En las negociaciones entre Atenas y los organismos antes denominados "la troika" se evaluarán la ejecución presupuestaria, los datos macroeconómicos y las necesidades financieras a mediano plazo de la economía griega.

 

Grecia y representantes de los organismos financieros iniciaron ayer una ronda de negociaciones que –a la luz del acuerdo alcanzado entre Atenas y sus socios de la Zona Euro a fines de febrero– busca destrabar el desembolso de un tramo del rescate europeo pendiente desde hace varios meses y que representa unos 7000 millones de euros.


Las negociaciones entre Grecia y los organismos antes denominados "la troika" –esto es la Comisión Europea (CE), el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI)– se realizarán en Bruselas y tendrán como objetivo hacer una evaluación de la ejecución presupuestaria, el análisis de los datos macroeconómicos y de las necesidades financieras a mediano plazo. Por la parte griega, las negociaciones están encabezadas por el secretario general de Política Fiscal, Nikos Theojarakis, y por Elena Panariti, asesora del ministro de Hacienda. Ambas partes intentan mantener los detalles de su reunión lejos de los focos de los medios de comunicación.


Las instituciones consideran que ya se perdió demasiado tiempo desde el acuerdo en el Eurogrupo en febrero y que ahora hay que procurar alcanzar resultados, sin discutir todo en público. "Tenemos que dejar que los expertos hagan su trabajo en calma a fin de lograr una finalización exitosa de las conversaciones", afirmó ayer la portavoz comunitaria Mina Andreeva.


El presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, advirtió el lunes que Grecia puede tener "un problema" de liquidez durante las conversaciones y también aseguró que, si el gobierno del primer ministro de Grecia, Alexis Tsipras, no hace las reformas necesarias, "no habrá dinero", en declaraciones a la televisión holandesa RTL.


La quinta evaluación del rescate quedó bloqueada el año pasado cuando el premier era Antonis Samaras, por el desacuerdo en torno de la brecha financiera de 2015, que Atenas negaba y las instituciones situaban en 2000 millones de euros. Este tramo de la negociación se desarrolla en un entorno político diferente al anterior, con el líder izquierdista Alexis Tsipras en el poder tras sostener su campaña electoral con promesas de inaugurar un vínculo diferente con los organismos financieros.


En ese marco, Tsipras buscó evitar por razones simbólicas la llegada y la permanencia de las delegaciones de los acreedores en Atenas, como en el pasado, y por eso pidió que las negociaciones se desarrollasen en la capital belga.


En la capital griega, en tanto, el Parlamento aprobó ayer temprano por unanimidad la creación de una nueva comisión formada por todos los partidos para reclamar a Alemania reparaciones de guerra, así como la devolución del préstamo forzoso durante la ocupación nazi y de las obras de arte expoliadas. En un extenso debate –más de siete horas–, los legisladores de todo el arco político mostraron un inusitado consenso en cuanto al objetivo, si bien hubo matices con respecto a cómo debían formularse las reclamaciones.


En su discurso de apertura de debate, Tsipras reconoció que el tema es muy "técnico y sensible", pero que uno tiene el "deber" de abordar, tras reiterar que las víctimas griegas de la ocupación nazi deben ser homenajeadas y que "los recuerdos" de estos crímenes "están vivos y debemos mantenerlos vivos".


"No para avivar la falta de confianza entre pueblos, sino para recordar lo que pasa cuando en vez de la solidaridad se imponen los sentimientos de superioridad nacional", enfatizó. Luego recordó que el pueblo alemán "pagó un precio muy alto" durante la Segunda Guerra Mundial, pero insistió en que tras la firma del Acuerdo de Londres en 1953 los germanos "debieron hacer frente a sus obligaciones" derivadas de la guerra, algo que desde entonces el país "intenta evitar" con "argucias legales".


El gobierno griego exige a Alemania reparaciones a las víctimas y también por la devastación de infraestructuras y por el crédito que el Tercer Reich obligó a concederle a la Atenas ocupada, mientras sus bombarderos sobrevolaban la Acrópolis. Se trata del préstamo obligatorio de 476 millones de reichsmark (moneda utilizada en Alemania hasta 1948) que nunca fue devuelto a Grecia, y cuyo valor actual ascendería a entre 7000 y 11.000 millones de euros.


A ello se añadirían reclamos por la devastación de las infraestructuras, costos difíciles de cifrar, pero que, según algunas estimaciones de expertos, alcanzarían los 162.000 millones de euros, la mitad de la deuda helena. La finalidad de la comisión incluye la exigencia de devolver las obras de arte robadas por los nazis. El gobierno de Angela Merkel reaccionó ayer a la reclamación griega de reparaciones de guerra afirmando que el capítulo está cerrado y apremiando a Atenas a centrarse en sus problemas del presente, pero las exigencias pesan sobre Berlín desde mucho antes de la llegada al poder de Syriza.


El ex ministro de Relaciones Exteriores Evangelos Venizelos pidió no mezclar este debate con las negociaciones actuales de Grecia con sus acreedores.

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Lunes, 09 Marzo 2015 06:32

El hombre más poderoso del mercado

El hombre más poderoso del mercado

Tiene el poder que muchos desean; el que no se nota. Su influencia en el mercado contrasta con el anonimato que disfruta fuera de los círculos financieros. El exbanquero y escritor William D. Cohan ha dicho de él: "Es como el mago de Oz. El hombre detrás de la cortina". Larry Fink (Van Nuys, California, 1952) preside BlackRock, la mayor gestora de fondos del mundo. Esta entidad tiene un patrimonio bajo gestión de 4,65 billones de dólares (4,2 billones de euros). Si BlackRock fuese un país sería la cuarta economía del planeta tras EE UU, China y Japón.


"¿Si me siento una persona poderosa? Bueno, en casa son mi mujer y mis hijos los que mandan...", bromea Fink durante una entrevista realizada la semana pasada en el Hotel Ritz de Madrid. "No me siento alguien poderoso, sino una persona que ha contraido un compromiso con sus clientes para mejorar sus vidas. Nuestra misión es construir un futuro financiero mejor para los que nos confían su dinero".


Su tarjeta de visita abre cualquier puerta, sea esta la de gobernantes, banqueros centrales o reguladores. En anteriores viajes a España, por ejemplo, se entrevistó en Zarzuela con el rey Juan Carlos. "Siento la responsabilidad de ayudar a los gobiernos a adoptar las políticas adecuadas, a veces hablando claro y mostrando desacuerdo, pero siempre pensando en el interés de nuestros clientes", subraya.


Fink creció en la costa Oeste de EE UU. Su padre tenía una tienda de zapatos en la pequeña localidad de Van Nuys y su madre era profesora. En el instituto conoció a la que hoy es su mujer y se licenció en la Universidad de California Los Ángeles (UCLA). Sin embargo, su vida profesional la ha desarrollado en la costa Este. Su primer trabajo fue en First Boston. Ingresó en la entidad en 1976 y pronto se hizo un nombre como uno de los primeros agentes de compra y venta de titulizaciones hipotecarias, un producto que años más tarde, con el estallido de los préstamos basura o subprime, inoculó la crisis financiera en todo el mundo


Su amplia experiencia en Wall Street y, por qué no decirlo, dirigir un negocio basado en las comisiones, le ha llevado a elaborar una particular tesis sobre el mercado. "Especular es cuando tienes todo tu dinero en efectivo. Invertir es poner tu dinero a trabajar para lograr tus objetivos. Si piensas que el mundo va a ser mejor dentro de 30 años, algo sobre lo que estoy absolutamente convencido, una estrategia de inversión adecuada es diversificar con un horizonte temporal a largo plazo".


Fink llega a la entrevista con EL PAÍS tras una reunión con clientes españoles. Posa un par de minutos —su equipo de prensa había recordado previamente su alergia a las sesiones fotográficas largas— y tras servirse un café se presenta en la distancia corta como una persona cálida, muy reflexiva y con un tono de voz que puede ir desde el susurro a la exclamación. A diferencia de otros colegas, Fink huye de los conceptos financieros excesivamente técnicos. Se mueve mejor en el mundo de las grandes ideas. Cultiva la imagen de un intelectual del mercado. El último concepto con el que trabaja BlackRock es el de la divergencia, es decir, que el mundo se mueve a diferentes velocidades (económicas, monetarias y financieras). Las consecuencias de ello son las de un juego de suma cero. "Esta situación tendrá ganadores y perdedores entre los países y entre las propias empresas", avisa Fink. En su opinión, el sector energético es un buen ejemplo de un planeta divergente. "Hay países que se benefician de la caída de los precios energéticos y otros como Rusia, Irán o Brasil que se ven perjudicados".


Otra de las obsesiones de este gestor es la tecnología y su poder transformador. Habla entusiasmado de cómo el fracking ha pasado de ser una técnica desconocida hace apenas unos años a revolucionar el negocio de la energía. Solo aquellos que apuesten por la innovación serán los que triunfen, según Fink. "La mayor parte de estos avances son positivos para la humanidad. Millones de personas se benefician de unos precios energéticos más baratos, pero es cierto que muchas tecnologías son disruptivas para un país o para una industria concreta".


La historia de éxito de Fink es muy fiel a la tradición americana. Una mezcla de hombre hecho a sí mismo y de ave fenix que resurge de un fracaso. En 1986 su departamento en First Boston sufrió pérdidas millonarias por una mala apuesta acerca de la evolución de los tipos de interés. Pasó de estrella emergente a persona non grata en la entidad de la que acabó saliendo por la puerta de atrás. A partir de ese momento, y según cuenta en un reportaje de Vanity Fair, se juró a sí mismo entender en todo momento qué riesgos estaba asumiendo con sus inversiones.


Ese conocimiento en sus propias carnes de lo traicionero que puede llegar a ser el mercado le lleva a hacer un llamamiento sobre el ahorro para la jubilación, una de sus grandes obsesiones (y también uno de los principales negocios de BlackRock). "Estamos traspasando gran parte de la responsabilidad de gestionar el dinero para la vejez a los propios ahorradores, sin educarles lo suficiente en cómo hacerlo de forma correcta. Es un gran problema y puede, si no lo arreglamos ahora, generar una gran crisis en el futuro". Fink advierte de que mucha gente basa su estrategia de inversión en el corto plazo y eso es un error porque cualquier turbulencia les hace entrar en pánico, como ocurrió tras 2008 en el que mucha gente se salió del mercado. "Debemos ayudar a la gente a invertir con una mentalidad de largo plazo. En España, por ejemplo, las personas ahorran, pero muchos tienen su dinero en cash. Eso es un desastre porque tardas más en alcanzar el capital que necesitas para el retiro y, además, es algo negativo para la propia economía española".


En 1988, junto a ocho socios y bajo el paraguas inicial de Blackstone, el gigante del capital riesgo, Fink puso en marcha BlackRock, una gestora especializada en un primer momento en renta fija. Lo que empezó como una aventura en una pequeña habitación alquilada en la sede de Bear Stearns se ha transformado en una compañía cotizada con una capitalización bursátil de más de 60.000 millones de dólares y 12.000 empleados en 30 países. Entre sus clientes se encuentran los grandes inversores institucionales como los principales fondos de pensiones públicos y privados o los fondos soberanos.


Fink se ha convertido en una especie de oráculo al que todo el mundo consulta acerca de que hará el mercado. "Las acciones son el activo donde vemos mayor potencial en los próximos meses. Hace tres años ya éramos optimistas sobre la renta variable europea y lo seguimos siendo. Las compañías del continente se beneficiarán del euro débil, de un sistema financiero más estable, del apoyo del BCE y de los menores precios energéticos", señala. En su opinión, la mayor parte del rally de la renta fija —que empezó hace 30 años— ha quedado atrás. "Vamos a vivir uno o dos años en un entorno de bajas rentabilidades en este activo, lo que refuerza el atractivo de la renta variable, pero tampoco veo un cambio súbito en la dirección de los tipos de interés".


Los bancos centrales han asumido un protagonismo jamás visto. Tras agotar sus balas convencionales —los tipos están próximos a cero—, han tenido que echar mano de la heterodoxia para reanimar la economía mediante inyecciones masivas de liquidez o quantitative easing (QE). Fink está convencido de que estos estímulos van a funcionar, pero si no lo hacen avisa de que "tendremos más volatilidad e incertidumbre en el mundo". El presidente de BlackRock alaba el trabajo de los bancos centrales —"el BCE está dando tiempo a los países para que hagan reformas"— y critica la escasa implicación de los gobiernos en la reactivación económica. "La gran ventaja que han tenido los políticos de EE UU, Japón y ahora Europa es que los bancos centrales han asumido toda la carga de la recuperación. Si los estímulos no funcionan la presión volverá a ir contra ellos".


Una de las consecuencias de las políticas monetarias expansivas es la volatilidad de las monedas. Fink no cree que sea una guerra de divisas, sino un ajuste en el valor de las monedas vinculado a las condiciones económicas de cada región. "Una de las razones por las que EE UU ha experimentado mayor crecimiento que Europa y Japón tras la crisis es que ha contado con el apoyo de un dólar débil. Ahora la economía americana puede tolerar una moneda más fuerte porque si Europa, que es su mayor socio comercial, empieza a carburar, EE UU también se beneficiará".


Uno de los motores del crecimiento exponencial de BlackRock han sido su carácter predador. Ha ganado tamaño a base de adquisiciones, siendo la compra hace seis años de la división de gestión de activos de Barclays el trampolín para su gran salto adelante. Otra de sus habilidades ha sido sacar petróleo de la gran recesión mundial. De hecho, desde 2008 sus acciones se han revalorizado más de un 90%. Muchos gobiernos se han echado en sus brazos para buscar asesoramiento. El propio Tesoro de EE UU contrató los servicios de BlackRock para gestionar los activos tóxicos de las diferentes entidades nacionalizadas. La crisis que ha servido a la entidad para coronarse en el mundo financiero ha hecho que millones de ciudadanos se tengan que ajustar el cinturón. "Entiendo el dolor de los damnificados por la crisis, pero el futuro de España se perfila mejora ahora que hace cinco años. Los ajustes son dolorosos, pero son necesarios para reorientar la economía y devolverla a la senda del crecimiento y para introducir una mayor disciplina en los gobernantes".


Fink se muestra muy interesado durante la entrevista en dejar claro su optimismo sobre la economía española. "Unas de las razones por las que España paga ahora unos tipos tan bajos por su deuda es porque ha hecho las cosas correctamente. Es verdad que las medidas de austeridad tienen un coste muy doloroso a corto plazo, pero hay que mirar las cosas con perspectiva de largo plazo. La gente es impaciente, yo mismo soy impaciente, pero tras los ajustes vendrán sus frutos. En España ya lo estamos viendo, la economía es la segunda que más crece de Europa y se han creado más de 400.000 puestos de trabajo".


Fink cultiva su imagen como un hombre que ayuda a su comunidad. Tiene en silla en los consejos de la Universidad de Nueva York y el Museo de Arte Moderno (MoMA). Además, está involucrado en Robin Hood, fundación que trabaja para reducir la pobreza en la ciudad. Una de las consecuencias de la crisis ha sido precisamente el aumento de la desigualdad. El presidente de BlackRock cree que este fenómeno no se explica solo por las medidas de austeridad. En su opinión, el origen está en la tecnología, que está desplazando a mucha gente del mercado laboral, y en las políticas de QE, ya que al impulsar las Bolsas están aumentado la riqueza de aquellos que tienen acciones, que suelen ser las clases más acomodadas. "La brecha se está abriendo entre la gente con estudios y el resto. Es un fenómeno global. Para luchar contra la desigualdad hay que gastar más dinero en educación. La formación es un proceso que dura entre 15 y 20 años y donde está el problema es en los adultos que han perdido su trabajo y no puden volver a los estudios. Necesitamos programas públicos y redes sociales para apoyar a este colectivo", explica.


Además de una persona con gran influencia, Fink es rico. El pasado año cobró un sueldo de 24 millones de dólares y la participación que conserva en BlackRock tiene un valor de mercado de 460 millones. "En la retribución de los directivos no se puede generalizar. Hay compañías donde sus ejecutivos se merecen cada centavo que ganan e incluso más, y otras donde ves los sueldos y solo puedes decir ¡esto es una locura! En BlackRock estamos adquiriendo un papel mucho más activo en las juntas y tenemos mayor diálogo en las compañías donde invertimos. Es nuestra responsabilidad, en nombre de nuestros clientes, que la retribución sea justa, ajustada y apropiada".


Uno de los grandes contratos de BlackRock durante la crisis fue con el Gobierno de Grecia. En 2011 Atenas le pidió asesoramiento sobre su sistema financiero. Muchos han puesto a España ante el espejo griego y el reciente triunfo electoral de Syriza. Al preguntar a Fink sobre una posible victoria de Podemos se toma casi diez segundos en contestar. Es como si estuviese eligiendo cada palabra: "Si eso ocurre puede haber un cambio en el sentimiento del mercado lo que significaría una subida de la prima de riesgo de España. Se está viendo en Grecia. Quien gobierne en España, si quiere atraer financiación extranjera, si quiere tener unos tipos de interés bajos, debe de ser responsable de los compromisos adquiridos, que son compromisos de Estado y no de un gobierno concreto". Todo un aviso a navegantes de Mister Market.

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Nota de calificadora provoca temores en la UE por posible salida de Grecia de la eurozona

El próximo lunes el ministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis, presentará un plan de reformas exigido por sus acreedores internacionales para desbloquear los fondos que necesita.


Un comunicado de la agencia de calificación Fitch aumenta hoy las preocupaciones generalizadas sobre una posible salida de Grecia de la Eurozona, aunque descarta una reacción en cadena dentro del bloque. Según el documento los ministros de Economía de todo el mundo están en alerta, en particular los de la moneda única, por lo que llaman el efecto Grexit que podría golpear las economías de todo el mundo.


Fitch ve muy probable una salida de Atenas de la Eurozona, al tiempo que consideró que esa región sufriría un impacto significativo aunque las consecuencias serían menos negativas si hubiera ocurrido en 2012, o si se produjera el abandono de otro país.


Para esa agencia de calificación, el peligro inmediato de que Grecia abandone la moneda única creció después del acuerdo con los acreedores oficiales, pero la intransigencia por ambas partes durante la negociación pone de manifiesto la posibilidad de un futuro error político, señaló.


Sin embargo, significó que ese no es la posibilidad más cercana, porque los intercambios entre Atenas y sus socios europeos avanzan y el Ejecutivo heleno trata de mantener el apoyo interno para alejar ese riesgo.


El comunicado sostiene, además, que un hipotético Grexit conllevaría la imposibilidad de que Grecia hiciera frente a sus obligaciones con los socios, y por lo tanto supondría el impago de al menos una parte de su deuda.


No obstante, dentro de la Unión Europea se mueven criterios sobre un posible tercer rescate para Grecia, que de convertirse en realidad podría alcanzar entre 30 mil millones y 50 mil millones de euros.


La nación helena ha recibido ayudas de 240 mil millones de euros en total desde 2010, y su primer ministro Alexis Tsipras repitió su rechazo a ese mecanismo, que en su opinión ha menoscabado la soberanía del país.


El próximo lunes el ministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis, presentará un plan de reformas exigido por sus acreedores internacionales para desbloquear los fondos que necesita.


La iniciativa incluye medidas contra la pobreza, un proyecto de ley para regularizar las deudas de contribuyentes al Estado, las cajas de seguridad social, la reforma de la administración fiscal y la creación de un nuevo cuerpo de inspectores de hacienda.
(Con información de Prensa Latina)

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Sábado, 28 Febrero 2015 05:35

Grecia: la otra Europa

Grecia: la otra Europa

El acuerdo que obtuvo el gobierno encabezado por Syriza con el Eurogrupo para refinanciar la deuda que abate a Grecia parte de una premisa central: el desconocimiento del Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional, la Troika, que hoy se esfuerzan en presentarse bajo el aura de las instituciones financieras como interlocutores legítimos de las negociaciones. Toda negociación política se basa en dos condiciones: la habilidad de los negociadores y, sobre todo, la fuerza que respalda a cada una de las partes. En su primera gran acción, Alexis Tsipras y su ministro de economía, Yanis Varoufakis, lograron que la habilidad se transformara de alguna manera en su fuerza: legitimaron a la opción griega como un asunto efectivamente europeo. Al parecer Grecia no está sola. Y no será sino la mejor parte de Europa la que negocie con estas tres instituciones, que desde los años 90 se dedican a reconfigurar el mapa europeo a través del desmantelamiento, primero gradual, y después de 2008 a pasos acelerados, de las conquistas sociales que llevaron un siglo entero. Digamos, esa parte de Europa convencida de que las reformas estructurales, las políticas de austeridad y la degradación social alcanzaron ya su límite extremo. Este límite no se llama Syriza en sí, sino la razón por la cual una fuerza de izquierda radical llegó –por primera vez en Europa después de la caída del Muro de Berlín– al gobierno: la rebelión social que se inició en Grecia en diciembre de 2008 y que continúa hasta la fecha.


Seamos sinceros. En 2009, después de tres huelgas nacionales, con los bancos hechos pedazos, las comisarías asediadas, las plazas públicas ocupadas y una fuerza pública que se negaba a disparar sobre su propia gente, todo por oponerse a la política de austeridad decretada desde la Comisión Europea, cada ateniense sabía perfectamente el significado actual de la palabra rebelión. La Unión Europea, el gobierno de Angela Merkel y el Fondo Monetario Internacional decidieron hacer pagar a Grecia esta revuelta imperdonable. He aquí el origen de esta dramática historia. Un castigo en el cual colaboraron primero la socialdemocracia del Pasok y después el centro derecha de Saramaz.


Cuando Syriza compara los saldos de este castigo con la devastación que causaron las tropas alemanas de la Wehrmacht en 1942, la metáfora puede sonar exagerada, pero no es del todo inexacta. En tan sólo cuatro años, Grecia perdió 25% de su producto interno bruto; el desempleo alcanza 30% de la población; hay franjas enteras a las que acecha la desnutrición; por falta de medicamentos, la gente muere. Una auténtica catástrofe humanitaria. Nunca antes había ocurrido en Europa Occidental, después de 1945, semejante devastación social –con excepción, acaso, de la guerra en la antigua Yugoslavia–. 1942 y 2014: dos paisajes de guerra. Una con la política de las armas, otra con las armas del mercado.


Pero los griegos resistieron y la semana pasada cosecharon su primer triunfo. Un éxito magro, pero triunfo al fin y al cabo. En el acuerdo con el Eurogrupo se establece que no habrá ninguna nueva privatización, aunque se mantendrán las que ya se realizaron. El salario mínimo tampoco aumentará sino hasta después de las elecciones, aunque se preservarán intactas las pensiones. El IVA se descarta como el centro de la política fiscal, y se dará inicio a una restructuración de impuestos en la que paguen quienes obtienen ingresos por más de medio millón de euros. En rigor, el acuerdo bloquea tres puntales de cualquier –política de austeridad–: impide nuevas privatizaciones, consolida las pensiones y descarta impuestos a través de la circulación. No es casual que el FMI haya manifestado de inmediato su desacuerdo.


El acierto de Syriza consiste acaso en concentrar sus fuerzas en la refutación del concepto de política de austeridad.
Como todo el mundo sabe, después de 2012, el director de Elstat, el instituto griego de estadísticas, se dedicó a falsificar las cifras de las cuentas nacionales para propiciar la intervención de la Troika. Es decir, un funcionario que recibía su salario del FMI, una institución supuestamente encargada de apoyar a los países para salir de la crisis, se encargó durante varios meses de producir el simulacro de una situación de pánico. Antes, las crisis eran vistas como una suerte de corolario natural de las disfunciones del sistema social. Un hecho que se imponía no obstante los esfuerzos en impedirlo. Hoy las crisis son propiciadas deliberadamente. Hay estrategias para hacerlo. Una de ellas lleva el nombre de política de austeridad. Bajo este lema se destruyen instituciones, se lanzan al desempleo a franjas enteras de la población y se deprimen salarios de los que quedan con trabajo. Pero lo central: se desmantelan los centros sociales de resistencia bajo la retórica de la eficiencia económica. En México, el trágico destino de Luz y Fuerza del Centro lo corrobora. Todo en aras de destruir a su organización sindical.


Desbancar el concepto de austeridad del panorama de las opciones sociales implica deshabilitar uno de los dispositivos ideológicos centrales con las cuales se recubre de eficiencia económica una estrategia de desarticulación política. El programa de Syriza incluye 39 puntos más. ¿Cuáles podrá implementar y cuáles no? Por lo pronto ha empezado cerrar los centros de detención de inmigrantes, uno de los puntales de la segregación racial propiciada durante el periodo de los gobiernos de derecha. Es un mensaje directo que lo diferencia de la organización de extrema derecha que se encuentra en su propia coalición.

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Miércoles, 25 Febrero 2015 06:18

Europa aceptó el plan de reformas griego

Europa aceptó el plan de reformas griego

Atenas podrá cumplir su promesa de suministrar cupones de alimentos para los pobres –más de un tercio del país– y se compromete a modernizar el sistema fiscal y la administración pública, así como a reformar la seguridad social.

 

Grecia superó ayer un escollo crucial para su futuro económico inmediato luego de que sus socios del euro y sus acreedores internacionales aprobaran, aunque con reservas, una lista de reformas económicas presentada por Atenas y le concedieran una extensión de cuatro meses en su asistencia financiera.


Los países de la Eurozona dieron el visto bueno a la solicitud de prórroga de Grecia luego de que la Comisión Europea (CE), el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), las instituciones que supervisan el "rescate" griego, aprobaran la lista de reformas propuesta por Atenas en una carta enviada ayer. En el texto, de seis páginas pero sin cifras concretas, el gobierno griego del primer ministro Alexis Tsipras se compromete a modernizar el sistema fiscal y la administración pública, a reformar la seguridad social, a luchar contra la corrupción y a no revertir ninguna privatización que ya se haya materializado.


Algunos miembros izquierdistas de línea dura del partido Syriza de Grecia, bajo el primer ministro Alexis Tsipras, sugirieron que el país traicionó su mandato antiausteridad mediante la solicitud de una extensión del plan de rescate. Pero las reformas aprobadas incluyen promesas clave de Syriza, como el suministro de cupones de alimentos para los pobres. Después de cinco años de crisis económica, más de un tercio del país vive bajo la línea de pobreza, por lo cual la prioridad del gobierno es hacer frente a la crisis humanitaria.


Sin un salvavidas financiero para los próximos meses, Grecia enfrentaba riesgos de caer en default, sufrir una corrida bancaria y, en el peor de los escenarios, tener que dejar el euro. Sin un acuerdo, a su vez, sus prestamistas de los otros 18 países de la Eurozona y sus acreedores internacionales dejarían de cobrar sus créditos y se verían también muy afectados los bancos europeos, sobre todo alemanes, tenedores de los bonos de Grecia.


El acuerdo de ayer llega días antes de la expiración del programa de "rescate" financiero por 240.000 millones de euros aprobado para Grecia en 2010, y prepara el terreno para que, de acá a julio, las partes alcancen un nuevo entendimiento a largo plazo para aliviar la carga de la deuda griega. "Las tres instituciones acordaron empezar el proceso con esto", dijo el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, en declaraciones a la cadena de TV europea RTL luego de presidir la reunión en la que los ministros de Finanzas y Economía de la Eurozona aprobaron la extensión del crédito a Grecia.


La CE, el FMI y el BCE "pensaron que era una lista de reformas lo suficientemente seria y todos los países del euro acaban de estar de acuerdo con ello en su reunión", agregó Dijsselbloem, ministro de Finanzas de Holanda. La prórroga deberá ser aprobada ahora por algunos parlamentos nacionales, incluyendo el de Alemania –principal potencia europea y prestamista número uno de Grecia–, antes del sábado a la medianoche, cuando expira el programa de "rescate" para Grecia.
El encuentro del Eurogrupo fue el cuarto en poco más de una semana para tratar el tema de Grecia. El viernes pasado, los ministros de la Zona Euro habían condicionado la aprobación final de la extensión del crédito a que Grecia presentara una lista de reformas económicas aceptable.


El gobierno griego de Tsipras, del partido izquierdista Syriza, fue electo el mes pasado con la promesa de dejar de aplicar las medidas de ajuste que se le impusieron como contrapartida al programa de "rescate", que el país debió aceptar al verse incapacitado de financiarse en los mercados internacionales. Tsipras dice que los recortes del gasto, los despidos de estatales, los aumentos de impuestos, las privatizaciones, la flexibilización laboral y otras medidas neoliberales que adoptaron gobiernos previos destruyeron la economía griega.


Pese a que el país retornó a un modesto crecimiento en 2014, la economía griega es un cuarto menor que lo que era en 2008 y los niveles de desempleo y pobreza subieron de manera dramática. Las reformas presentadas por Grecia, que según funcionarios de Atenas no impactarán en la situación fiscal del país, recibieron una respuesta favorable en los mercados. La Bolsa de Atenas cerró con un alza del 9,1 por ciento y también se registraron ganancias en las de Londres, París, Milán y Frankfurt.


De todos modos, funcionarios europeos y de las instituciones crediticias dijeron que Grecia deberá hacer más todavía para que pueda concluirse con éxito la quinta y última revisión del cumplimiento de las condiciones exigidas a Grecia a cambio del "rescate" financiero. "Llamamos a las autoridades de Grecia a desarrollar y ampliar aún más la lista de reformas", dijo la Eurozona en un comunicado.


Con una línea aun más dura, la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, insistió en que, en algunas áreas, "la lista no ofrece claras garantías de que el gobierno prevé acometer las reformas planteadas" por los acreedores internacionales. Entre ellas, mencionó la ausencia de "compromisos claros" en materia de reforma de pensiones y del IVA, así como reformas administrativas, de privatizaciones y del mercado laboral.


Atenas tendrá que presentar antes de fines de abril un documento en el que pormenorice las reformas y cómo va a aplicarlas. Hasta entonces, los acreedores de Grecia seguirán analizando el cumplimiento del país con sus compromisos para tratar de cerrar la quinta y última revisión del programa de ayuda a Grecia, un paso bloqueado durante meses. Este paso permitirá proceder al desembolso de 1800 millones de euros pendientes del rescate y haría posible la transferencia de 1900 millones de euros que Grecia reclama al BCE, procedentes del rendimiento de los bonos griegos.

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Terror económico: la deuda de los muertos vivientes

La decisión del nuevo gobierno griego –surgido del triunfo electoral del movimiento Syriza–, de no permitir la extensión del "programa de ayuda" o "rescate" que se vence a finales de febrero, no sólo es explicable sino éticamente incontestable si observamos los resultados que las medidas de austeridad han tenido sobre la economía de ese país. Desde el 11 de febrero del 2010, fecha en que se dio inicio al llamado "ajuste estructural" en Grecia, el PIB se ha reducido un 25%, la tasa de desempleo alcanza también ese porcentaje y la deuda pública se elevó hasta el 179% del producto. Estas cifras, que se repiten en todos los diarios del mundo, sin embargo, velan las consecuencias que sobre la gente tiene la situación.

Al tiempo que el primer ministro griego Alexis Tsipras, y su jefe de finanzas Yanis Varoufakis, iniciaban una maratónica gira de visitas a líderes de otros países y de las entidades multilaterales europeas, la prensa daba cuenta marginalmente de los resultados de un estudio de la Universidad de Pensilvania (EE.UU.), publicado en la revista 'British Medical Journal', en el que luego de analizar las cifras de suicidios en Grecia, en el período que va desde principios de 1983 hasta finales del 2012, se concluye que desde que se da inicio a los programas de ajuste, la muerte de las personas por propia mano sube el 35,7%. El punto más alto se alcanza en 2012, y el hecho icónico de la desesperación de la gente la protagoniza Dimitris Christoulas, jubilado griego de 77 años, que se suicida públicamente en la plaza Sintagma, frente al parlamento, como protesta por la situación. Cuando los burócratas internacionales y los columnistas oficiosos, ante los esfuerzos del nuevo gobierno griego de alcanzar una renegociación, contraponen como argumento que las deudas deben honrarse, dejan de lado intencionalmente que sus exigencias cuestan literalmente vidas humanas.

Hoy no es de buen recibo recordar, que luego del estallido de la crisis en el 2008, Portugal, Italia, Grecia y España, fueron agrupados como los países PIGS (acrónimo formado por las iniciales de los nombres en inglés de esos países, y que con su significado literal de cerdos expresaba el desprecio racista por las poblaciones del sur del continente), y que detrás de la crisis griega estuvo la alteración fraudulenta de sus cuentas por Goldman Sachs, institución financiera norteamericana que maquilló las cifras de ese país para acomodarlas a los requisitos exigidos para ingresar a la Zona Euro. En el año 2000, Goldman Sachs convirtió a euros, con una tasa ficticia, la deuda griega de la época que estaba originalmente tasada en dólares y yenes, para reducirla artificialmente hasta los estándares exigidos por la comunidad europea. La diferencia la disfrazó con lo que se conoce como un swap de divisas, que Goldman Sachs le hizo firmar y que por efecto de los trucos financieros terminó multiplicando la deuda aún más.

 

El origen del problema no está entonces, como les gusta decir a los economistas ultraliberales en el Estado del Bienestar, que supuestamente es el ejemplo de como se ha vivido por encima de las posibilidades, sino en el robo del erario público por parte de los políticos de turno y las estafas financieras en que se convierten los llamados préstamos de ayuda. Otro dato que hoy se soslaya es que el actual director del Banco Central Europeo, Mario Draghi, fue director para Europa de Goldman Sachs entre 2002 y 2005, por lo que conoce de primera mano el origen del problema griego, y al hacer parte de la llamada troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional), que es el grupo que condiciona a Grecia, carece de la más mínima autoridad moral para exigir el pago de una deuda que a todas luces se sabe espuria.

 

 

Sistema que mata

 

La deuda ha sido siempre un mecanismo de sometimiento en las sociedades mercantiles. En el capitalismo, a la deuda se suma la amenaza del desempleo como el par que completa el instrumento estructural de terror económico sobre las clases subordinadas. Ya a comienzos del siglo XIX, cuando el capital asumía características definitivas, las consecuencias de no poder integrarse funcionalmente al sistema derivaban en la autoeliminación. En 1846, Marx publicó la traducción y reseña de los casos de suicidio compilados por el archivista de la policía francesa Jacques Peuchet (Traducidos al español tanto por Ricardo Abduca como por Nicolás González Varela), texto en el que el funcionario policial sostiene que "La clasificación de las diversas causas del suicidio sería la clasificación de los defectos mismos de nuestra sociedad", entre los que las condiciones económicas difíciles no son los menos importantes. Dice Peuchet, según la versión de Marx, que "Muy a menudo encontré que entre las causas de suicidio estaba el ser destituido de un puesto, el ser rechazado en un trabajo y la baja súbita de los salarios, que tienen consecuencia de que las familias no obtengan lo necesario para vivir, más aun teniendo en cuenta que la mayoría apenas si gana para comer". Observaciones que resultan mucho más agudas que las que hace hoy día la Organización Mundial de la Salud (OMS), que en sus recomendaciones sobre la prevención del suicidio destaca dificultar el acceso a medios como plaguicidas o armas de fuego.

No es de extrañar, entonces, dada la situación actual, que en mayo de 2013 la Asamblea Mundial de la Salud (la número 66) adoptara dentro del primer Plan de acción sobre salud mental, la prevención del suicidio, y que instaurara el 13 de septiembre como el día mundial de su celebración. La OMS estima que anualmente se quitan la vida 804 mil personas, muchas más que las 500 mil que mueren a manos de otros individuos de forma violenta por causas particulares y las 200 mil que en promedio dejan las confrontaciones bélicas abiertas. Eso significa que por cada 100 mil habitantes, 11,4 se quitan la vida (15 entre los hombres y 8 entre las mujeres), siendo la segunda causa principal de muerte entre personas que se encuentran entre los 15 y los 29 años; aunque en los países de ingresos altos y en los de ingresos bajos y medianos de Asia Sudoriental, para ese rango de edad es la principal causa de muerte en ambos sexos.

Además de Grecia, es España el otro país de Europa más castigado con el desempleo. Y allí, según el Instituto Nacional de estadísticas (INE), desde 2008 el suicidio se ha convertido en la primera causa de muerte no natural. Igual sucedió en Japón con la crisis de onda larga que se inicia en 1998, cuando los suicidios pasaron de un promedio de 25.mil, en las dos décadas anteriores, a 32.863 en el año de arranque del estancamiento económico, no lográndose reducir a una cifra menor a treinta mil hasta el 2012.

 

Zombis económicos

 

Estar desempleado en el capitalismo significa estar por fuera del sistema. El extrañamiento económico coloca al individuo en un limbo en el que deja de ser, pero no en términos absolutos pues siempre existe la esperanza de ser reintegrado ("resucitado"). No se asiste acá al ser o no ser shakesperiano, sino a la condición de muerto viviente concebida por el vudú. En alguna medida, se tiene un pié en la tumba y otro fuera de ella; de allí que luego de la crisis de 2008 hiciera carrera en la cultura del entretenimiento la figura del zombie, que se corresponde con un ser que no está ni vivo ni muerto.

Como se sabe, en la mitología africana algunos muertos son resucitados por un "bokor" –especie de hechicero con el poder de revivir cadáveres– y que en su regreso muestran una ausencia total de conciencia pudiendo ser sometidos de forma absoluta por quienes los devuelven a la vida. Esas características han permitido a ciertos artistas utilizar ese arquetipo para representar instituciones o individuos que deambulan sin conciencia acerca de cuál es su propia realidad y las causas que la determinan. Los críticos culturales han señalado como el uso de la metáfora ha servido para representar diferentes situaciones de la vida moderna, que en la obra pionera de George Andrew Romero, La noche de los muertos vivientes –filmada en 1968–, simboliza a los soldados muertos en la guerra de Vietnam que regresan para vengarse de quienes los enviaron a un sacrificio inútil. En una obra posterior, El amanecer de los muertos, Romero intenta hacer una crítica a los valores del consumo. Sin embargo, en la alegoría, los zombis terminan destrozando todo e infectando a los "normales", con lo que no sólo se distorsiona el hecho de que en el mito los muertos vivientes son en realidad víctimas por su condición de entes sometidos totalmente a su amo, que se encuentran en una situación peor incluso que la de los esclavos, pues carecen de cualquier posibilidad de conocer la verdadera realidad. Es pues el bokor y sus propósitos los que terminan diluidos en esos filmes, y si bien es cierto que en obras posteriores de otros autores, aparecen las Corporaciones como los creadores de zombis, tampoco se muestra allí una relación directa entre la alienación creada de forma intencional y su explotación.

Luego de la crisis de 2008 hizo carrera el término "economía zombi" para representar la situación actual, en la que nos enfrentamos a una supuesta disyunción entre la llamada economía real (la que concierne a la producción, distribución y consumo de bienes y servicios) y la economía financiera, dándose a entender un antagonismo entre capitalistas buenos y capitalistas malos, como si entre las corporaciones del sector "real" y las del sector financiero no existiera ninguna relación de complementariedad. Es verdad que existe un claro predominio del sector financiero, pero eso no implica que las corporaciones de la producción sean sus víctimas. Se empezó, entonces, a denominar "bancos zombi" a aquellas instituciones rescatadas y que se alejan cada vez más de la función original de captar ahorros del público, centralizarlos y redireccionarlos en forma de préstamos hacía nuevos proyectos, cuando en realidad los zombis son los cuentahabientes de la clase trabajadora y los contribuyentes a los fondos de pensiones que ignoran que sus depósitos son dedicados a la especulación, les cobran por tomar su dinero (intereses negativos), y sus ahorros son puestos en riesgo en operaciones en las que las probabilidades de pérdida no son pequeñas. Pero, son igualmente zombis los asalariados de los contratos de cero horas, en los que el trabajador se declara disponible en todo momento, pero trabaja y cobra tan sólo el tiempo que la fábrica, de forma discrecional, lo quiera utilizar, y sobre el que no existe un mínimo determinado. La flexibilización de la contratación encierra una inestabilidad y precariedad tan marcada que ha terminado por convertir a los trabajadores parciales en auténticos muertos vivientes.

Pero, no sólo los individuos están sujetos al dominio de las Corporaciones. Los Estados más pobres también son objeto de prácticas que los colocan en el limbo económico. Grecia es uno de los ejemplos más ilustrativos, pues los préstamos para pagar préstamos vencidos, han sido convertidos en una pirámide de deuda que no sólo ha llevado a la miseria y literalmente a la muerte a buena parte de su población, sino que amenaza no solamente con dejar hipotecadas a las generaciones futuras, sino también expropiadas de su patrimonio, incluidos sus monumentos históricos. Pero, no es sólo Grecia, pues la deuda crece en el mundo entero, luego que las llamadas medidas de austeridad se han universalizado, desnudando que tales políticas no persiguen detener la sangría sino aumentarla.

 

Tienda de raya universal

 

Las tiendas de raya eran instituciones expendedoras de víveres ubicadas en las haciendas o en las fábricas, que ofrecían crédito a los trabajadores. Los precios especulativos a los que les vendían, los endeudaban en tal grado, que no terminaban de cancelar sus acreencias ni cuando acababa su ciclo vital.

En el informe sobre la deuda del McKinsey Global Institute, publicado en febrero de 2015, se puede apreciar que las obligaciones de pago total en el mundo suman 199 billones (millones de millones) de dólares, que representan el 286% del PIB total. Desde el 2007, año en que se inició la crisis, hasta el 2014, esa deuda aumentó en 57 billones (40%). La tasa de crecimiento de la deuda de los hogares y del sector financiero (préstamos entre los bancos) mostró una reducción considerable entre el 2007 y el 2014, a pesar de que sus valores absolutos siguieron aumentando. Los Estados, en cambio, después de la crisis han visto crecer enormemente su pasivo tanto en términos absolutos como porcentuales, en buena medida por efecto de los programas de rescate de los bancos que han sido sumamente costosos. Esto deja en claro que la austeridad no es más que el recorte que se hace al gasto social para cubrir el hueco dejado por el balance negativo de los bancos acumulado entre 2000 y 2007.

La deuda total de algunos países, respecto de su PIB, está muy por encima del promedio mundial: Japón, (400%), Irlanda (390%), Portugal (358%), Grecia (317%), España (313%), Francia (280%), Italia (259%), Reino Unido (252%), y Estados Unidos (233%), para citar tan sólo los más importantes, alcanzan niveles de endeudamiento que obligan a pensar que caminamos por el filo de la navaja. El mito, ya señalado, de que es el gasto social, derivado del llamado Estado del bienestar, el que nos ha conducido a la actual situación, debe desenmascararse con vehemencia, y la denuncia de la "deuda odiosa", debida a corrupción y malos manejos debe intensificarse. Los movimientos por la abolición de la deuda deben masificarse y acompañar los reclamos griegos.

La retoma de conciencia elimina la condición de zombi en la que se encuentran muchos colectivos, y debe permitir ajustar las cuentas con los "bokores" que pretenden instalar el totalitarismo absoluto a través del despojo total de la humanidad de las clases subordinadas. Éstas, entonces, tienen la palabra y la obligación de la acción.

Publicado enEdición 210
El Eurogrupo acuerda con Grecia prorrogar cuatro meses el préstamo de la UE

Los ministros de Economía de la eurozona han alcanzado este viernes, al tercer intento, un acuerdo con Grecia sobre la prórroga de cuatro meses su programa de asistencia financiera, según han informado fuentes europeas.

 

El acuerdo ha sido posible gracias a un pacto previo alcanzado por Alemania, Grecia y la troika, que luego ha sido ratificado por el resto del Eurogrupo.

 

La declaración debe ser servir para ser presentada la semana que viene ante los parlamentos nacionales que deben ratificar la extensión del rescate griego, como el alemán o el finlandés. Así daría tiempo a aprobar la prórroga antes de que concluya el programa, el próximo 28 de febrero.

 

Se trata de una declaración "corta", de carácter político y no técnico, que ha sido elaborada por el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem. El propio Disselbloem ha negociado por separado el texto con el ministro griego de Finanzas, Yanis Varoufakis, y con el alemán, Wolfgang Schäuble, acompañado por el comisario de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici, y la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde.

 

Varoufakis y Schäuble no han mantenido ningún contacto directo durante las negociaciones, según las fuentes consultadas. Cuando el texto ya se había cerrado, Alemania, Grecia y los representantes de la troika han celebrado una última reunión para ratificarlo.

 

Los acreedores internacionales han dado a Grecia hasta el lunes para presentar una lista de medidas de reforma. Las instituciones que conforman la troika revisarán sus propuestas, que conformarán el "programa puente" para evitar las medidas recesivas de la UE que Tsipras viene reclamando desde su elección para dar respuesta a la crisis humanitaria que vive Grecia.
El Gobierno griego afirmó hoy que Grecia "ha pasado página" y aseguró que lo ha hecho sin dar marcha atrás al mandato recibido del pueblo en las elecciones.

 

"Grecia pasó hoy página. Negociar es luchar sin dar marcha atrás en el mandato que tienes. Hemos demostrado que la negociación hubiese podido hacerse en los últimos años y que Grecia no estaba aislada ni tampoco había fracasado", aseguraron fuentes del Ejecutivo griego.

 

Varoufakis: "El memorándum ya es cosa del pasado"

 

El ministro griego de Finanzas, Yanis Varufakis, dijo hoy que el acuerdo alcanzado con el Eurogrupo para garantizar la asistencia financiera permitirá a Grecia decidir sus reformas a partir de ahora. "El memorándum ya es cosa del pasado", sentenció.

 

"Hemos dejado atrás el tiempo en que Grecia era tratada como una extranjera. Desde hoy seremos coautores de nuestro futuro, desde hoy seremos nosotros los que decidamos las reformas", señaló Varufakis al término de su reunión con los otros 18 ministros de los países del euro.

 

"Hemos combinado dos cosas que parecen contradictorias lógica e ideología, respeto a las normas y a la democracia", agregó, al tiempo que recalcó que "las elecciones puede cambiar algo"

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Jueves, 19 Febrero 2015 06:52

Grecia pedirá prorrogar el crédito

Grecia pedirá prorrogar el crédito

La anticipada intención de Atenas de pedir una extensión de su financiamiento es uno de los puntos de mayor fricción en las negociaciones entre el nuevo gobierno izquierdista griego y el resto de los 19 países de la Eurozona.

 

El gobierno griego confirmó ayer que hoy pedirá una prórroga del crédito de su rescate financiero, que será aceptable tanto para Grecia como para los países de la Eurozona, de la cual Atenas es deudora. La solicitud se realiza en medio de advertencias de Europa y de Estados Unidos de que no pierda tiempo con propuestas inviables.


La anticipada intención de Atenas de pedir una extensión de su financiamiento es uno de los puntos de mayor fricción en las oscilantes negociaciones entre el nuevo gobierno izquierdista griego y el resto de los 19 países de la Eurozona, de los cuales podría depender la permanencia de Grecia en la moneda común.


El Ejecutivo del primer ministro Alexis Tsipras adelantó el martes que su solicitud versará sólo sobre el dinero que recibe como préstamo para no quedarse sin recursos en el corto plazo, pero no sobre las medidas de ajuste que anteriores gobiernos conservadores acordaron con los acreedores europeos y del FMI como contrapartida. Sin embargo, la Comisión Europea (CE) y Alemania, principal acreedor de Grecia, insisten en que el país heleno debe pedir una prórroga de todo el programa, con sus condiciones, si Atenas quiere recibir la financiación pendiente, que debería totalizar unos 240.000 millones de euros.


El vocero del gobierno griego dijo inicialmente que la carta sería enviada ayer, pero el Ejecutivo señaló luego que esto ocurrirá recién hoy, en una decisión que puede ser interpretada como parte de los esfuerzos de Atenas de recalibrar cada palabra de la solicitud.


El ministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis, ayer dijo que el gobierno de Tsipras pedirá una extensión que resulte satisfactoria para los socios europeos y para Atenas. "El pedido estará redactado de forma que deje conforme tanto a Grecia como al presidente del Eurogrupo", dijo Varoufakis, refiriéndose a su par holandés Jeroen Dijsselbloem, quien preside las reuniones de los ministros de Finanzas de la Eurozona. El ministro de Finanzas griego agregó que espera un resultado positivo entre hoy y mañana.


Por su parte, el secretario del Tesoro estadounidense, Jacob Law, llamó a Varoufakis para urgirlo a que trabaje en pos de un acuerdo que se base en el existente programa de rescate acordado entre Atenas y sus prestamistas exteriores desde 2010. "La falta de acuerdo conduciría a Grecia a dificultades inmediatas, la incertidumbre no es buena para Europa y el tiempo es esencial. Es necesario construir sobre los fundamentos que existen para avanzar en el crecimiento y las reformas", señaló Law en un comunicado.


Por otro lado, el vicepresidente de la CE para el Euro, Vladis Dombrovskis, reiteró ayer que el Eurogrupo ya subrayó esta semana que la única manera de que Grecia obtenga la ayuda pendiente es solicitar una prórroga del programa y finalizarlo con éxito, al tiempo que pidió esperar la redacción final de la petición.


El premier griego, por el contrario, afirmó que los ajustes neoliberales estaban hambreando al pueblo, y que se debe cumplir con el mandato de quienes lo votaron en las elecciones del mes pasado y poner fin a las reformas exigidas por la troika (Banco Central Europeo, FMI y Comisión Europea). En una medida calculada para reforzar la posición del gobierno griego en las negociaciones, el Parlamento eligió ayer, con amplio respaldo, al político conservador Propkis Pavlópulos como presidente del país. El respetado ex ministro, de 64 años, contó con el apoyo de los diputados del gobierno –de la coalición izquierdista Syriza y sus socios nacionalistas de Griegos Independientes–, así como con el de su partido, el conservador Nueva Democracia. Pavlópulos fue propuesto por Tsipras para cubrir el cargo, en un intento de garantizar un respaldo multipartidario al gobierno, en momentos en que el país negocia importantes acuerdos con sus acreedores internacionales. El flamante presidente ofreció su trabajo para luchar por Grecia y Europa. "Nuestro objetivo no es esforzarnos sólo por nuestro país y nuestra gente, sino también por Europa, tal y como fue concebida por sus creadores", dijo Pavlópulos.

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Martes, 17 Febrero 2015 07:02

Grecia rechazó el ultimátum de Europa

Grecia rechazó el ultimátum de Europa

El gobierno griego rechazó ayer el virtual ultimátum financiero con que lo emplazó el Eurogrupo desde una postura de cerrada intransigencia monetarista y no respondió a la posterior exigencia de aceptar la continuidad del ajuste y el control de la Troika antes del viernes. Esos planes de austeridad, según el Ejecutivo presidido por el izquierdista Alexis Tsipras, son el origen del dramático deterioro de la economía helena y no su solución.


Los ministros de Economía y Finanzas de los otros 18 países con los que Grecia conforma la Zona Euro, el Eurogrupo, confirmaron que después de que Atenas rechazara su propuesta de mantener sin cambios la austeridad monetarista se levantó la reunión. La propuesta que recibió el gobierno griego fue la de solicitar una ampliación de seis meses del actual programa de rescate hasta lograr un consenso sobre una nueva ayuda financiera.


A su llegada a la reunión de los ministros de Finanzas de los diecinueve países que comparten el euro, el ministro alemán, Wolfgang Schäuble, dijo que "el Ejecutivo heleno aparentemente no se ha movido ni un ápice" de su postura en los últimos días y agregó que "como el gobierno griego no quiere ningún programa, no tengo que pensar sobre ninguna opción".


Pero la coalición encabezada por el izquierdista Syriza ya había reiterado en todos los foros que esa aceptación implicaría traicionar el mandato del electorado, y que no cruzaría esa línea roja. Desde Atenas, el primer ministro griego, Alexis Tsipras, informó en un comunicado de prensa que el Eurogrupo "discutió un borrador inaceptable e inadmisible sobre una extensión del rescate", por lo que "bajo esas circunstancias no puede haber hoy un acuerdo".


La televisión pública griega había adelantado poco antes la falta de acuerdo durante la reunión mantenida en Bruselas por los ministros de Finanzas de la Zona Euro, el Eurogrupo, poco después del encuentro que discurrió en un ambiente de pesimismo. Pero en entrevistas previas a la reunión del Eurogrupo, Tsipras reiteró lo que solicita su gobierno.


"Lo que necesitamos es tiempo para poner en práctica nuestros planes de reforma. Y Grecia será otro país en seis meses", dijo el mandatario griego en declaraciones al semanario alemán Stern.


Para poder pagar sus deudas, Atenas exige reducir el superávit primario requerido por el plan, punto que el cónclave financiero rechaza aunque el país, desde el momento en que inició la aplicación del plan de rescate, viene incrementando su desocupación y reduciendo su PIB. En un borrador que presentó al encuentro, Grecia había condicionado la exitosa finalización del programa de rescate a la ejecución de los planes del nuevo gobierno. En el texto final, esta condición aparecía tachada.


La fórmula presentada para su aceptación imponía a sus representantes convalidar que Grecia reiteraba su "compromiso inequívoco de honrar sus obligaciones financieras con todos sus acreedores". El Eurogrupo abría las puertas, después de una "extensión técnica de seis meses del actual programa", a "trabajar en una solución posterior" en la que, insistía, el Fondo Monetario Internacional (FMI) seguiría "desempeñando su papel".


El gobierno de Tsipras pide a sus socios un acuerdo "puente" que sustituya de manera temporal al actual programa, hasta que logre cerrar con sus acreedores un compromiso permanente de cara al verano.


Tras mostrar su intransigencia en los puntos que son explícitamente inaceptables para Atenas, el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, declaró en rueda de prensa que "depende de las autoridades griegas decidir si quieren una extensión, si quieren aceptar la oferta de flexibilidad existente en el programa, pero también de dar todos los compromisos" solicitados por los socios. "Creo que tenemos esta semana, pero eso es todo", resaltó Dijsselbloem en referencia a que la parte europea del rescate vence el 28 de febrero y a los plazos para que algunos parlamentos nacionales puedan aprobar una eventual prórroga. "Si la solicitud llegara, podría convocarse un Eurogrupo extraordinario el viernes" próximo, aunque eso dependerá de la respuesta de los griegos, afirmó. El ministro Wolfgang Schäuble mostró un grado de dureza inusual al calificar de "irresponsable" al Ejecutivo griego.


La Eurozona pide a Grecia el "compromiso inequívoco de honrar sus obligaciones financieras con sus acreedores y de garantizar la estabilidad del sector financiero", comentó Dijsselbloem. El gobierno heleno también reclama sustituir parte de las reformas a las que se comprometió el anterior Ejecutivo por otras medidas como modernizar la administración para hacerla más eficiente o reforzar la lucha contra la evasión y el fraude fiscal.


El ministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis, se declaró confiado de alcanzar un acuerdo con sus socios de la Zona Euro dentro de los próximos dos días, a pesar del fracaso de la reunión de ayer. "No tengo dudas de que en las próximas 48 horas encontraremos las palabras" para un acuerdo, dijo Varoufakis en una conferencia de prensa luego de que sus 18 socios de la Zona Euro pidieran a Grecia que continuara con el programa actual de préstamos y reformas que Atenas rechaza.


La deuda griega está estimada en unos 317.000 millones de euros, el 185 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB). Los analistas creen que Atenas podría tener problemas de financiación si no se amplían las ayudas. Muchos griegos ya han sacado su dinero de los bancos del país ante la incertidumbre por la situación financiera.

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