El Eurogrupo acuerda con Grecia prorrogar cuatro meses el préstamo de la UE

Los ministros de Economía de la eurozona han alcanzado este viernes, al tercer intento, un acuerdo con Grecia sobre la prórroga de cuatro meses su programa de asistencia financiera, según han informado fuentes europeas.

 

El acuerdo ha sido posible gracias a un pacto previo alcanzado por Alemania, Grecia y la troika, que luego ha sido ratificado por el resto del Eurogrupo.

 

La declaración debe ser servir para ser presentada la semana que viene ante los parlamentos nacionales que deben ratificar la extensión del rescate griego, como el alemán o el finlandés. Así daría tiempo a aprobar la prórroga antes de que concluya el programa, el próximo 28 de febrero.

 

Se trata de una declaración "corta", de carácter político y no técnico, que ha sido elaborada por el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem. El propio Disselbloem ha negociado por separado el texto con el ministro griego de Finanzas, Yanis Varoufakis, y con el alemán, Wolfgang Schäuble, acompañado por el comisario de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici, y la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde.

 

Varoufakis y Schäuble no han mantenido ningún contacto directo durante las negociaciones, según las fuentes consultadas. Cuando el texto ya se había cerrado, Alemania, Grecia y los representantes de la troika han celebrado una última reunión para ratificarlo.

 

Los acreedores internacionales han dado a Grecia hasta el lunes para presentar una lista de medidas de reforma. Las instituciones que conforman la troika revisarán sus propuestas, que conformarán el "programa puente" para evitar las medidas recesivas de la UE que Tsipras viene reclamando desde su elección para dar respuesta a la crisis humanitaria que vive Grecia.
El Gobierno griego afirmó hoy que Grecia "ha pasado página" y aseguró que lo ha hecho sin dar marcha atrás al mandato recibido del pueblo en las elecciones.

 

"Grecia pasó hoy página. Negociar es luchar sin dar marcha atrás en el mandato que tienes. Hemos demostrado que la negociación hubiese podido hacerse en los últimos años y que Grecia no estaba aislada ni tampoco había fracasado", aseguraron fuentes del Ejecutivo griego.

 

Varoufakis: "El memorándum ya es cosa del pasado"

 

El ministro griego de Finanzas, Yanis Varufakis, dijo hoy que el acuerdo alcanzado con el Eurogrupo para garantizar la asistencia financiera permitirá a Grecia decidir sus reformas a partir de ahora. "El memorándum ya es cosa del pasado", sentenció.

 

"Hemos dejado atrás el tiempo en que Grecia era tratada como una extranjera. Desde hoy seremos coautores de nuestro futuro, desde hoy seremos nosotros los que decidamos las reformas", señaló Varufakis al término de su reunión con los otros 18 ministros de los países del euro.

 

"Hemos combinado dos cosas que parecen contradictorias lógica e ideología, respeto a las normas y a la democracia", agregó, al tiempo que recalcó que "las elecciones puede cambiar algo"

Publicado enInternacional
Jueves, 19 Febrero 2015 06:52

Grecia pedirá prorrogar el crédito

Grecia pedirá prorrogar el crédito

La anticipada intención de Atenas de pedir una extensión de su financiamiento es uno de los puntos de mayor fricción en las negociaciones entre el nuevo gobierno izquierdista griego y el resto de los 19 países de la Eurozona.

 

El gobierno griego confirmó ayer que hoy pedirá una prórroga del crédito de su rescate financiero, que será aceptable tanto para Grecia como para los países de la Eurozona, de la cual Atenas es deudora. La solicitud se realiza en medio de advertencias de Europa y de Estados Unidos de que no pierda tiempo con propuestas inviables.


La anticipada intención de Atenas de pedir una extensión de su financiamiento es uno de los puntos de mayor fricción en las oscilantes negociaciones entre el nuevo gobierno izquierdista griego y el resto de los 19 países de la Eurozona, de los cuales podría depender la permanencia de Grecia en la moneda común.


El Ejecutivo del primer ministro Alexis Tsipras adelantó el martes que su solicitud versará sólo sobre el dinero que recibe como préstamo para no quedarse sin recursos en el corto plazo, pero no sobre las medidas de ajuste que anteriores gobiernos conservadores acordaron con los acreedores europeos y del FMI como contrapartida. Sin embargo, la Comisión Europea (CE) y Alemania, principal acreedor de Grecia, insisten en que el país heleno debe pedir una prórroga de todo el programa, con sus condiciones, si Atenas quiere recibir la financiación pendiente, que debería totalizar unos 240.000 millones de euros.


El vocero del gobierno griego dijo inicialmente que la carta sería enviada ayer, pero el Ejecutivo señaló luego que esto ocurrirá recién hoy, en una decisión que puede ser interpretada como parte de los esfuerzos de Atenas de recalibrar cada palabra de la solicitud.


El ministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis, ayer dijo que el gobierno de Tsipras pedirá una extensión que resulte satisfactoria para los socios europeos y para Atenas. "El pedido estará redactado de forma que deje conforme tanto a Grecia como al presidente del Eurogrupo", dijo Varoufakis, refiriéndose a su par holandés Jeroen Dijsselbloem, quien preside las reuniones de los ministros de Finanzas de la Eurozona. El ministro de Finanzas griego agregó que espera un resultado positivo entre hoy y mañana.


Por su parte, el secretario del Tesoro estadounidense, Jacob Law, llamó a Varoufakis para urgirlo a que trabaje en pos de un acuerdo que se base en el existente programa de rescate acordado entre Atenas y sus prestamistas exteriores desde 2010. "La falta de acuerdo conduciría a Grecia a dificultades inmediatas, la incertidumbre no es buena para Europa y el tiempo es esencial. Es necesario construir sobre los fundamentos que existen para avanzar en el crecimiento y las reformas", señaló Law en un comunicado.


Por otro lado, el vicepresidente de la CE para el Euro, Vladis Dombrovskis, reiteró ayer que el Eurogrupo ya subrayó esta semana que la única manera de que Grecia obtenga la ayuda pendiente es solicitar una prórroga del programa y finalizarlo con éxito, al tiempo que pidió esperar la redacción final de la petición.


El premier griego, por el contrario, afirmó que los ajustes neoliberales estaban hambreando al pueblo, y que se debe cumplir con el mandato de quienes lo votaron en las elecciones del mes pasado y poner fin a las reformas exigidas por la troika (Banco Central Europeo, FMI y Comisión Europea). En una medida calculada para reforzar la posición del gobierno griego en las negociaciones, el Parlamento eligió ayer, con amplio respaldo, al político conservador Propkis Pavlópulos como presidente del país. El respetado ex ministro, de 64 años, contó con el apoyo de los diputados del gobierno –de la coalición izquierdista Syriza y sus socios nacionalistas de Griegos Independientes–, así como con el de su partido, el conservador Nueva Democracia. Pavlópulos fue propuesto por Tsipras para cubrir el cargo, en un intento de garantizar un respaldo multipartidario al gobierno, en momentos en que el país negocia importantes acuerdos con sus acreedores internacionales. El flamante presidente ofreció su trabajo para luchar por Grecia y Europa. "Nuestro objetivo no es esforzarnos sólo por nuestro país y nuestra gente, sino también por Europa, tal y como fue concebida por sus creadores", dijo Pavlópulos.

Publicado enInternacional
Martes, 17 Febrero 2015 07:02

Grecia rechazó el ultimátum de Europa

Grecia rechazó el ultimátum de Europa

El gobierno griego rechazó ayer el virtual ultimátum financiero con que lo emplazó el Eurogrupo desde una postura de cerrada intransigencia monetarista y no respondió a la posterior exigencia de aceptar la continuidad del ajuste y el control de la Troika antes del viernes. Esos planes de austeridad, según el Ejecutivo presidido por el izquierdista Alexis Tsipras, son el origen del dramático deterioro de la economía helena y no su solución.


Los ministros de Economía y Finanzas de los otros 18 países con los que Grecia conforma la Zona Euro, el Eurogrupo, confirmaron que después de que Atenas rechazara su propuesta de mantener sin cambios la austeridad monetarista se levantó la reunión. La propuesta que recibió el gobierno griego fue la de solicitar una ampliación de seis meses del actual programa de rescate hasta lograr un consenso sobre una nueva ayuda financiera.


A su llegada a la reunión de los ministros de Finanzas de los diecinueve países que comparten el euro, el ministro alemán, Wolfgang Schäuble, dijo que "el Ejecutivo heleno aparentemente no se ha movido ni un ápice" de su postura en los últimos días y agregó que "como el gobierno griego no quiere ningún programa, no tengo que pensar sobre ninguna opción".


Pero la coalición encabezada por el izquierdista Syriza ya había reiterado en todos los foros que esa aceptación implicaría traicionar el mandato del electorado, y que no cruzaría esa línea roja. Desde Atenas, el primer ministro griego, Alexis Tsipras, informó en un comunicado de prensa que el Eurogrupo "discutió un borrador inaceptable e inadmisible sobre una extensión del rescate", por lo que "bajo esas circunstancias no puede haber hoy un acuerdo".


La televisión pública griega había adelantado poco antes la falta de acuerdo durante la reunión mantenida en Bruselas por los ministros de Finanzas de la Zona Euro, el Eurogrupo, poco después del encuentro que discurrió en un ambiente de pesimismo. Pero en entrevistas previas a la reunión del Eurogrupo, Tsipras reiteró lo que solicita su gobierno.


"Lo que necesitamos es tiempo para poner en práctica nuestros planes de reforma. Y Grecia será otro país en seis meses", dijo el mandatario griego en declaraciones al semanario alemán Stern.


Para poder pagar sus deudas, Atenas exige reducir el superávit primario requerido por el plan, punto que el cónclave financiero rechaza aunque el país, desde el momento en que inició la aplicación del plan de rescate, viene incrementando su desocupación y reduciendo su PIB. En un borrador que presentó al encuentro, Grecia había condicionado la exitosa finalización del programa de rescate a la ejecución de los planes del nuevo gobierno. En el texto final, esta condición aparecía tachada.


La fórmula presentada para su aceptación imponía a sus representantes convalidar que Grecia reiteraba su "compromiso inequívoco de honrar sus obligaciones financieras con todos sus acreedores". El Eurogrupo abría las puertas, después de una "extensión técnica de seis meses del actual programa", a "trabajar en una solución posterior" en la que, insistía, el Fondo Monetario Internacional (FMI) seguiría "desempeñando su papel".


El gobierno de Tsipras pide a sus socios un acuerdo "puente" que sustituya de manera temporal al actual programa, hasta que logre cerrar con sus acreedores un compromiso permanente de cara al verano.


Tras mostrar su intransigencia en los puntos que son explícitamente inaceptables para Atenas, el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, declaró en rueda de prensa que "depende de las autoridades griegas decidir si quieren una extensión, si quieren aceptar la oferta de flexibilidad existente en el programa, pero también de dar todos los compromisos" solicitados por los socios. "Creo que tenemos esta semana, pero eso es todo", resaltó Dijsselbloem en referencia a que la parte europea del rescate vence el 28 de febrero y a los plazos para que algunos parlamentos nacionales puedan aprobar una eventual prórroga. "Si la solicitud llegara, podría convocarse un Eurogrupo extraordinario el viernes" próximo, aunque eso dependerá de la respuesta de los griegos, afirmó. El ministro Wolfgang Schäuble mostró un grado de dureza inusual al calificar de "irresponsable" al Ejecutivo griego.


La Eurozona pide a Grecia el "compromiso inequívoco de honrar sus obligaciones financieras con sus acreedores y de garantizar la estabilidad del sector financiero", comentó Dijsselbloem. El gobierno heleno también reclama sustituir parte de las reformas a las que se comprometió el anterior Ejecutivo por otras medidas como modernizar la administración para hacerla más eficiente o reforzar la lucha contra la evasión y el fraude fiscal.


El ministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis, se declaró confiado de alcanzar un acuerdo con sus socios de la Zona Euro dentro de los próximos dos días, a pesar del fracaso de la reunión de ayer. "No tengo dudas de que en las próximas 48 horas encontraremos las palabras" para un acuerdo, dijo Varoufakis en una conferencia de prensa luego de que sus 18 socios de la Zona Euro pidieran a Grecia que continuara con el programa actual de préstamos y reformas que Atenas rechaza.


La deuda griega está estimada en unos 317.000 millones de euros, el 185 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB). Los analistas creen que Atenas podría tener problemas de financiación si no se amplían las ayudas. Muchos griegos ya han sacado su dinero de los bancos del país ante la incertidumbre por la situación financiera.

Publicado enInternacional
La esperanza del monstruo democrático, entre Syriza y Podemos

"Un espectro se cierne sobre Europa". Así titulaba su portada hace unos días el diario italiano Il Manifesto, comentando las visitas de Tsipras y Varoufakis a los gobiernos europeos. Una verdadera pesadilla para los ordoliberales alemanes, un Geisterfahrer en toda regla, el conductor suicida que quiere estamparse contra el autobús europeo, como planteaba en su primera página Der Spiegel. Imaginemos lo que podría ocurrir con la victoria de Podemos en España: ¡qué enorme espectro se verá entonces al acecho, un verdadero monstruo generado por los explotados y por las fuerzas productivas de la cuarta economía europea! En pocas semanas comenzarán las citas electorales en España y se repetirá, con fuerza redoblada, la cantinela de los gobiernos europeos destinada a meter miedo a las y los ciudadanos españoles. Preparémonos. Con la seguridad de que la prepotencia de los malos augurios de esta propaganda será derrotada. Pero entretanto, estemos alerta: ¿Qué podrá replicar Podemos sobre Europa?


Consciente de la aceleración temporal y política que la victoria de Syriza ha impuesto, el discurso de Podemos sobre Europa es, por un lado, de solidaridad sincera y de alta consideración hacia la victoria de los demócratas griegos, mientras que, por otro lado, es un juicio de prudencia —la línea marcada por Tsipras puede fracasar en el breve intervalo que la separa de las citas españolas—. Pero la prudencia no es ambigüedad. En efecto, a nadie se le escapa que nada sería más peligroso que una postura ambigua no solo respecto a la negociación que se ha abierto entre Grecia y Europa, sino sobre todo respecto a las políticas que la Europa de la troika ha desarrollado hasta ahora. Cualquier ambigüedad en este terreno debe ser eliminada —y así ha sido en los hechos si juzgamos a partir de lo que hemos visto en los últimos meses—, pues existen dos europas y hay que situarse en una u otra. La ciudadanía sensata sabe que no se podrá ganar en España si no es a la luz de un frente ya abierto por Syriza y que ha de ampliarse en Europa. Las políticas de la deuda, los temas vinculados a la soberanía y a la cuestión atlántica sólo pueden entrar en consideración en el espacio europeo.


Cabía esperar una gran atención —y así empezamos a comprobarlo— a las propuestas tácticas y a las políticas del equipo económico-financiero de Syriza. Con independencia de los juicios sobre el valor de las propuestas, éstas se decantan por la cooperación transnacional y el abandono de la demagogia antieuropea de las "viejas" izquierdas, una demagogia que en cualquier caso nunca ha sido fuerte en Podemos. No cabe duda de que la apuesta de Syriza se formula en términos de defensa de la soberanía nacional —contra la troika, contra Merkel, etc.—, pero en la práctica implica la aceptación bastante evidente de una intervención política dentro y contra la Unión tal y como esta es dirigida. En esta línea, la principal opción hoy es la de una coalición de los PIIGS y de las fuerzas de una nueva izquierda para dar un vuelco al statu quo de la Unión. Asimismo, esta parece ser la única opción al alcance de Podemos para ganar las elecciones.


Tratemos de considerar la cosas con mayor profundidad. Hasta ahora el enfrentamiento en Europa se ha producido entre una Europa neobismarkiana, neoliberal y eminentemente conservadora y una Europa democrática, constituyente y atenta a las exigencias de las y los trabajadores, de las clases medias empobrecidas y de los jóvenes precarios o en paro, de las mujeres, de los inmigrantes y refugiados, de los viejos y nuevos excluidos. Una alternativa por así decirlo, porque a partir de la crisis de 2008 la Europa bismarkiana se ha impuesto con contundencia, dejando a la otra Europa un espacio marginal, de protesta y a veces incluso de lamento desesperado. Sin embargo, cuando la situación parecía quedar terminantemente cerrada para las reivindicaciones de justicia y para las revueltas contra la miseria, se ha presentado una alternativa encabezada por Grecia. Ahora se trata de afirmarla y de organizarla precisamente en los terrenos en los que se había impuesto la iniciativa reaccionaria.


La primera cuestión, la primera dificultad, es la de la deuda. La Europa de la troika quiere hacer pagar la deuda a las multitudes europeas, de tal forma que la capacidad de pagarla se convierte en el rasero de la democracia así como del grado de europeísmo. Pero todos aquellos que se mueven en un frente democrático piensan, por el contrario, que ese rasero es infame porque las deudas que hoy se imputan a los pueblos han sido contraídas por quienes han gobernado durante estos años. Estas deudas han engordado a las clases dirigentes, no solo mediante la corrupción, la evasión o los favores fiscales, el gasto demencial en armamento, las políticas industriales en provecho no del trabajo, sino para someter a éste a la renta financiera e imponer a los modos de vida la precariedad y una incertidumbre asfixiante. Cada hombre, cada mujer, cada trabajador ha tenido que reconocerse culpable de una deuda, de un gravamen financiero del que no era responsable. Ha llegado el momento de decir en voz alta que no han sido los ciudadanos sino los dueños del poder, los hombres del proyecto neoliberal, los políticos de "centro", de las "grandes coaliciones" cada vez más extremistas y exclusivas los que han creado una deuda de la que se han apropiado exigiendo, además, un reembolso indebido. Contra esa condición servil para los pueblos (no solo para los pueblos del sur de Europa, sino también para los de Centroeuropa y sobre todo de Europa del Este) la nueva izquierda, a través de Syriza, pide un rescate –una conferencia europea sobre la deuda, esto es, una sede constituyente para un nuevo sistema de solidaridad, para establecer nuevos criterios de medida y cooperación fiscal y para las políticas del trabajo. Podemos puede aportar a este proyecto un respaldo enorme.


Todos sabemos que detrás de estos temas se abre un proyecto de transformación profunda de las relaciones sociales. Una vez más, nace desde Europa y en Europa un proyecto de libertad, de igualdad, de solidaridad, un proyecto que podemos llamar antifascista, porque repite la pasión y la fuerza de las luchas de la Resistencia. La alianza entre Podemos y Syriza, y el apremio a confluir en esa alianza dirigido a todas las nuevas izquierdas europeas, puede construir el modelo de una Unión democrática, construida a partir de la solidaridad más allá y contra el mercado. A partir de esta base, solo se puede hacer una política fiscal reduciendo o aboliendo la deuda consolidada hasta ahora e instaurando y homogeneizando, para el futuro, criterios progresivos de fiscalidad en toda la zona euro. Los temas centrales del Estado de bienestar –educación, asistencia médica, sistema de pensiones y políticas de vivienda, pero también el trabajo doméstico y el trabajo de cuidados– deben desarrollarse de manera homogénea en el plano europeo, acompañando la gran innovación de una "renta básica de ciudadanía" decente, generalizada y homogénea. Todo esto abre una batalla constituyente allí donde estos nuevos derechos de solidaridad pueden ser reconocidos, donde el común se torna en elemento central de organización económico-social.


Pero para conquistar estos objetivos se ha de indicar el terreno en el que luchar, y este solo puede ser el espacio europeo en su totalidad. Se abre así el tema central alrededor del cual se han acumulado muchos equívocos: el terreno de la cesión de soberanía. Ya ha habido traspasos de soberanía y estos se han hecho siempre a favor de los poderes neobismarckianos del capitalismo financiero. En este terreno, atacando demagógicamente estas cesiones de soberanía, nacen y se desarrollan peligrosamente en Europa las derechas nacionalistas. Sin embargo, resulta extraño ver cómo esas posiciones asoman a veces —o son miradas con buenos ojos— también entre los miembros de Syriza, de Podemos y de otras fuerzas de la "nueva Europa" que están formándose. Hay que ser claros a este respecto; cada uno de los países que han entrado en la Unión, y con mayor motivo los que han entrado en el euro, ya no poseen una soberanía plena. Y esto es bueno. Detrás de la soberanía nacional se han desarrollado todas y cada una de las tragedias de la modernidad. Y si queremos seguir hablando de soberanía en un sentido moderno —y clásico—, es decir, de un poder "en última instancia", tiene que quedar claro que este se identifica cada vez más con Fráncfort, o para ser más precisos, con la torre del BCE. Nos encontramos en una situación en la que reina una peligrosa duplicidad que es preciso reconocer. Necesitamos a Fráncfort, necesitamos una moneda europea, si no queremos ser presa de los poderes financieros-globales, de las políticas de EEUU así como de los demás colosos continentales que están afirmándose frente a Europa. Pero, por otra parte, tenemos que recuperar a Fráncfort para la democracia e imponerle las razones de los pueblos. Dicho de otro modo, Fráncfort debe ser asaltada por Europa; primero por los movimientos y luego, gradualmente, por la mayoría de las democracias europeas y de un Parlamento europeo transformado en asamblea constituyente. Con la globalización se ha impuesto en todas partes la centralidad de un gobierno monetario de zonas continentales, siendo Europa una de estas zonas continentales. No cabe imaginar una batalla política más esencial que la que lleva al control democrático del gobierno de la moneda europea. Esta batalla simboliza hoy la toma de la Bastilla.


Por otra parte, es evidente que solo planteando el problema del control sobre el vértice monetario y político de Europa, e insistiendo por ende en la disolución de las viejas soberanías monocráticas puede abrirse, de manera productiva, el tema del federalismo, que es otro paso esencial en la construcción de una nueva Europa. Un federalismo que no solo quiere que las naciones europeas se recompongan en un diálogo constitucional, sino también y sobre todo una articulación de todas las naciones, de todas las poblaciones y lenguas que quieren sentirse cultural y políticamente autónomas, dentro de un cuadro unitario, esto es, federal. No son tanto los PIIGS los que desean esto; son Escocia, Cataluña, el País Vasco y todas las demás regiones que exigen autonomía y una capacidad efectiva de decidir sobre su constitución política y social. El federalismo pasa a ser clave en la construcción de Europa. La cuestión de la soberanía solo puede plantearse y utilizarse en términos de pluralidad, accediendo a las dinámicas que articulan un franco federalismo para los años venideros.


Aquí se entiende una vez más que sólo la izquierda —la nueva izquierda que parte de la radicalidad democrática de los movimientos emergentes de lucha y se organiza con arreglo a líneas de emancipación (Syriza y Podemos)— puede imponer la Unión Europea no como instrumento de dominio sino como objetivo democrático. Izquierda-Europa-

radicalidad democrática: este dispositivo cobra cada vez más importancia para la definición de la defensa de los intereses de las clases trabajadores y para la emancipación frente a la pobreza de las y los ciudadanos. Hay una larga y sucia tradición de izquierdas soberanistas a la que hay que poner fin, al igual que hay que derrotar a las experiencias populistas que utilizan los sentimientos nacionales y los transforman en pulsiones fascistas (nacionalistas, identitarias, aislacionistas). Solo una izquierda europeísta, profundamente transformada por la radicalidad democrática de los movimientos emergentes contra la austeridad, puede construir una Europa democrática.


Aquí se abre otro problema, que podemos denominar la "cuestión atlántica". Se trata de un problema a menudo eludido o excluido del debate, como si resultara obvio que el proceso de unificación europea tuviera que desarrollarse bajo la atenta protección de Estados Unidos. Europa fue auspiciada dentro de la Resistencia antifascista para superar las guerras que hasta mediados del siglo pasado la habían destrozado a la par que empobrecieron y humillaron a sus pueblos.

Contra esa condición se construyeron en la postguerra europea y en la Transición española los primeros fermentos de un discurso europeo, sabiendo que la paz significaba la posibilidad de democracia, mientras que la guerra ha significado siempre fascismo y militarismo. Tras la caída del Muro de Berlín, la unidad europea ha perdido también las características del último frente contra el mundo soviético y el expansionismo ruso. Así las cosas, el objetivo de una Unión Europea se ha autocentrado y reorganizado en torno a un marco de civilización, de estructuras jurídicas propias y de autonomía en el ámbito global.


Pero ahora Europa está rodeada de guerras. Todo el Mediterráneo, tan profundamente vinculado no solo al sur, sino a toda Europa debido a los movimientos migratorios y por relaciones esenciales de política energética e intercambios comerciales, está atravesado por una única línea de guerra, de fascismos y dictaduras. Es una línea que se extiende hacia Oriente Próximo y hace de Europa un actor peligrosamente expuesto a movimientos bélicos que tienen una importancia y una conducción globales. Además, en la frontera Este de Europa se está desarrollando una guerra entre pueblos rusófonos, con responsabilidades que hay que remitir a cuestiones de control global que se contraponen al interés de los pueblos europeos. Desde esta perspectiva, la soberanía de Europa —no ya la soberanía imaginaria de cada país, sino la real de una Unión que está construyéndose— se proyecta sobre la OTAN y es usurpada por esta. ¡Esta es la verdadera cesión de soberanía que han padecido las naciones europeas! Cuando Tsipras propone, de manera simbólica, la necesidad de abordar este problema, toca una fibra fundamental de las estructuras europeas. Introduce a un problema al que todos debemos responder, sin hacernos la ilusión de que pueda resolverse de inmediato pero sin negar su existencia y su impacto central. De lo que hablamos aquí es de la relación de la Unión con la paz o la guerra, con una paz no solo dentro de Europa, sino también en sus fronteras. Por otra parte, es evidente que la "cuestión atlántica" no es un problema que atañe solo a la paz y a la guerra, sino que es una cuestión que se remonta al sistema de control y/o de poder de mando sobre las estructuras productivas y financieras de la propia Europa.


Así pues, para no ser hipócritas, para hablar claro, para dar un empujón adicional a los procesos de construcción de una fuerza política de la izquierda europea, pongamos de nuevo sobre la mesa algunos problemas que no pueden dejar de plantearse. ¿Qué dice o hace Podemos sobre la inmigración, sobre los refugiados? Pero también —repitiendo y precisando la pregunta— sobre la OTAN, sobre los conflictos regionales en curso en los limes de la Unión? Si estos temas son considerados "perdedores" en el plano electoral, ¿hay que intentar evitarlos y/o responder con ejercicios retóricos para salir del paso? No, de ninguna manera. En este ámbito, es muy difícil adoptar como eslogan el "primero se toma el poder, y luego se discute el programa". Los temas de la paz y de la guerra no pueden ser considerados secundarios.

Tomar posiciones sobre ellos significa esclarecer sin ambages cuál es la orientación fundamental del grupo dirigente de Podemos no solo sobre la cuestión de la paz y de la guerra, sino también sobre las cuestiones que remiten a la reforma y a un proyecto constituyente que afecta a toda Europa. El valor y la seriedad con la que Tsipras ha planteado todo el contexto de las temáticas que hoy son importantes para la construcción de una Europa fuera de la troika son los mismos que nos permiten plantear también un dispositivo "fuera de la OTAN". Los movimientos y los gobiernos de una nueva izquierda saben que tienen que asumir estos problemas como centrales. Sin ambigüedades y siendo conscientes de que la coyuntura global misma puede contribuir hoy a su solución. De hecho, lo que a estas alturas piden los ciudadanos del mundo es una Europa democrática en el conjunto de la nueva realidad global, porque Europa es vista como una realidad que puede renovar una tradición democrática de larga trayectoria, aprovechando la luz que Syriza y Podemos han encendido, como esperanza de reforma y superación del capitalismo.


Los movimientos europeos quieren ser incluidos en la iniciativa política continental que el eje Podemos-Syriza puede crear/está creando en el ámbito europeo. Esa iniciativa constituye en particular un punto de atracción para las nuevas izquierdas y la nueva radicalidad democrática en formación en el sur de la Unión. Tanto el ritmo como el grado de articulación de este proceso dependerán de la marcha actual del gobierno de Syriza y del próximo éxito electoral de Podemos. Todos juntos podemos organizar una ruptura constituyente en el ámbito europeo

Publicado enInternacional
Grecia vuelve a la mesa de las negociaciones

Con la quita parcial de la deuda fuera de la mesa, representantes griegos y de las tres instituciones de la impopular troika comenzaron ayer en Bruselas los trabajos técnicos para llegar a un acuerdo. Tsipras quiere un crédito puente.

Grecia y sus acreedores bajaron las armas tras el primer encuentro del primer ministro heleno, Alexis Tsipras, con el resto de los líderes europeos y se volvieron a sentar ayer a negociar a nivel técnico sobre el futuro del rescate financiero.


En el mes que la coalición de izquierdas Syriza tenía por delante desde su victoria electoral hasta el fin del rescate griego el próximo 28 de febrero, todas las partes aplazaron la retórica ofensiva que acompañó la campaña y los primeros pasos del nuevo gobierno griego en Europa para tratar de buscar soluciones.


Con la quita parcial de la deuda fuera de la mesa, representantes griegos y de las tres instituciones de la impopular troika –el Banco Central Europeo (BCE), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Comisión Europea– comenzaron ayer en Bruselas los trabajos técnicos para llegar a un acuerdo. Las conversaciones "comienzan sobre buenas bases", pues las partes han "escuchado con atención" las posiciones de la otra tras el acuerdo de Tsipras y el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, para retomar los contactos.


Ahora se trata de encontrar puntos en común entre el actual programa griego y el plan del gobierno de Tsipras en las cuestiones técnicas, de cara a facilitar las delicadas negociaciones políticas que se llevarán a cabo el próximo lunes en la reunión del Eurogrupo entre los ministros de Finanzas de la Zona Euro. "Haremos todo lo que podamos para llegar a un acuerdo el lunes, pero no con medidas que vayan contra la soberanía de la nación y del pueblo", dijo el portavoz Gabriel Sakellaridies. "Si no tenemos un acuerdo el lunes creemos que queda tiempo, así que no sería un problema", agregó el portavoz.


Tsipras es consciente del mandato que recibió de los griegos para poner fin a las políticas de austeridad, pero también de que si quiere mantener al país en el euro tiene que lograr un acuerdo con sus socios y las instituciones que forman la troika, independientemente del nombre que ese grupo adopte en el futuro. "Estamos definitivamente obligados a seguir y cumplir" las reglas europeas, aunque no esté de acuerdo con ellas, reconoció Tsipras esta madrugada al término de la cumbre, pero recalcó que ello hay que combinarlo con el deseo de los griegos de acabar con la austeridad.


Uno de los primeros gestos europeos hacia Syriza fue desterrar la palabra "troika" del discurso oficial, lo que le permitió a Tsipras proclamar ayer a la madrugada en Bruselas que "la troika ya no existe", pese a que la canciller alemana, Angela Merkel, la pronunciaba momentos antes unos pisos más abajo. "No hay un deseo particular por parte de nadie de llamarlo troika, los nombres son nombres", dijeron las fuentes, que comprenden que la tríada conlleve un "cierto simbolismo" para Grecia.


En cualquier caso, éste es un gesto menor frente a los puntos fundamentales de la discusión: con qué tipo de respaldo financiero contará (o no) Grecia a partir de la medianoche del próximo día 28, qué reformas y ajustes tendrá que seguir aplicando el país y cuáles podría sustituir por nuevas medidas.


Tsipras quiere un programa financiero "puente" que asegure que el país puede afrontar sus pagos los próximos meses hasta lograr un acuerdo definitivo, alrededor de agosto, y un mayor margen para financiarse y suavizar los ajustes fiscales. "No es crucial una extensión del rescate", explicaron las fuentes, que indicaron que no descartarían la posibilidad de que se acuerde un programa nuevo.


Atenas necesita respaldo financiero para afrontar los próximos pagos, pero además un programa abriría la puerta para que el BCE revoque su reciente decisión de no aceptar los bonos griegos como garantía en sus operaciones de refinanciación, cerrando una importante vía de liquidez al sistema griego con un interés del 0,05 por ciento. Ahora los bancos griegos tienen que recurrir al mecanismo urgente de provisión de liquidez (ELA), a un interés que ronda el 1,55 por ciento, una línea que Francfort decide cada semana si mantiene abierta o no, y que también puede decidir cerrar si considera que los bancos griegos no son solventes.


Tsipras también quiere sustituir una tercera parte de las medidas a las que se comprometió el anterior gobierno heleno a cambio del rescate financiero por un plan más acorde con sus líneas políticas. "El programa no es un libro sagrado al que una vez que se ha acordado el proceso no se puede cambiar una palabra", explicaron las fuentes comunitarias, que recordaron que ya modificó la asistencia concedida a Atenas durante estos años. Sin embargo, las negociaciones serán duras, ya que es necesario que Tsipras convenza a sus socios de que las medidas que propone tendrán un efecto positivo sobre el crecimiento y no aumentarán el déficit del país ni la deuda.


El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, señaló que "hay que mantener un enfoque de sentido común. Cuando el nuevo gobierno griego anule algunas medidas antisociales, y algunas lo son, éstas tendrán que ser sustituidas por otras que desde el punto de vista presupuestario sean equivalentes".


Respecto de la deuda, la quita está descartada, pero podría negociarse mejorar aún más las condiciones del crédito. La deuda griega supera los 320.000 millones de euros, de los que un 62 por ciento corresponde a gobiernos europeos (contando los préstamos bilaterales y los canalizados por el fondo de rescate de la Eurozona) y, en el caso concreto español, a 26.000 millones.

Publicado enInternacional
Jueves, 12 Febrero 2015 05:57

Dura negociación por la deuda de Grecia

Dura negociación por la deuda de Grecia

El enfrentamiento entre el nuevo gobierno griego antiausteridad y sus acreedores de la Unión Europea (EU) tuvo un inicio combativo anoche cuando el ministro de Finanzas de Grecia, Yanis Varoufakis, llegó a Bruselas ante un coro de demandas de que el país cumpla su programa de rescate.


Desde la victoria del partido de extrema izquierda Syriza en las elecciones del mes pasado, ambas partes examinaron exhaustivamente la renegociación del plan de rescate de Grecia, por 240 mil millones de euros, que Atenas quiere desmantelar. Alemania en particular –principal vocero de las medidas de austeridad de Europa– rechazó las sugerencias de que Grecia puede renegar alguna parte de su deuda.


Varoufakis presentó ayer pedidos del país a los otros 18 ministros de Finanzas de la Eurozona, antes de la fecha límite del 28 de febrero, cuando expira el actual programa de rescate de Grecia. Se cree que los pedidos incluyen créditos puente y un período de gracia de unos seis meses para que Grecia pueda seguir teniendo acceso a los mercados, ya que negocia un nuevo acuerdo con sus acreedores.


Quiere que se eliminen algunas de las medidas de austeridad vinculadas a su rescate, mientras que ayer, en una entrevista con la revista alemana Stern, Varoufakis también sugirió una cancelación como que "si la deuda no se puede pagar, entonces eso lleva a un corte de pelo (una quita)". Estaba con los labios apretados cuando llegó a Bruselas ayer por la noche para mantener conversaciones con los otros ministros de la Eurozona y los directores del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Central Europeo (BCE), y sólo dijo que confiaba de "en una reunión productiva" y que quería que Grecia permaneciera en la eurozona.


Otros ministros de Finanzas de la Eurozona y los funcionarios dejaron en claro que el único punto para el comienzo de las conversaciones era que se cumpliera el programa de rescate existente acordado con el FMI, el BCE y la Comisión Europea, conocido colectivamente como la troika. "Necesitamos que el gobierno griego entienda que los compromisos tienen que ser respetados", dijo Pierre Moscovici, comisionado de la economía de la UE. "Este programa es la referencia, el ancla, la base sobre la que trabajamos."


El ministro de Finanzas de Alemania, Wolfgang Schäuble, dijo que el programa existente "tiene que ser completado, o no hay un programa". Sin embargo, Grecia dice que no se puede extender un acuerdo con el que no está de acuerdo fundamentalmente, y pidió el fin de la troika en su formato actual.


En Atenas, miles de griegos salieron ayer a las calles para apoyar a su nuevo gobierno antiausteridad. De pie frente al Parlamento, los manifestantes desplegaron pancartas que decían "En quiebra pero libres" y "Basta de austeridad, apoye a Grecia, cambien a Europa". También hubo manifestaciones en las plazas principales de Creta, Patras, Lamía, Volos Kastoria, Klymnos, Lesbos y la isla de Syros, entre otras.


El primer ministro griego, Alexis Tsipras, tuiteó una foto de la protesta de Atenas, diciendo: "En las ciudades de Grecia y Europa, el pueblo está luchando la batalla de la negociación. Ellos son nuestra fuerza". El reloj no se detiene: el programa de rescate actual de Grecia termina a fines de febrero. Si no se logra un nuevo acuerdo para entonces, el último tramo de su dinero del rescate será retenido, el acceso a los mercados cortado y el país no podrá pagar sus deudas: el primer paso hacia una salida del euro.


Todas las partes insistieron en que Grecia debe permanecer en la Eurozona, en lo que que parece ser la única área de terreno común. Dada la brecha existente, se esperaba que la discusión de anoche fuera un punto de partida, un acuerdo hasta otra reunión de ministros de Finanzas de la eurozona, el lunes. "Esta noche se trata de la política. El sentido noble del arte de la política es entenderse entre sí y entrar en un proceso de trabajo", dijo ayer Moscovici.


Traducción: Celita Doyhambéhère.

Publicado enInternacional
Crisis en Europa: transferencias y lucha de clases

En 1941 la Wehrmacht nazi aniquiló en unas cuantas semanas la resistencia griega. La ocupación fue brutal: más de 325 mil civiles murieron en Grecia antes de que concluyera la guerra. Durante la ocupación, Berlín impuso un préstamo forzoso a Atenas por 476 millones de marcos, con lo que el pueblo griego acabó pagando el costo de su propia ocupación por las tropas nazis. El préstamo nunca fue reembolsado.

 

En 2013 una comisión del gobierno griego concluyó que Alemania debía 160 mil millones de euros a Grecia para cubrir aquel préstamo y los daños de la ocupación. La cancillería alemana respondió que el tratado de 1990 sobre la reunificación había cerrado el tema.

 

El informe de la comisión griega fue un subterfugio demagógico del ex primer ministro Antonis Samaras para legitimarse ante el electorado griego. Hoy el nuevo gobierno de Alexis Tsimpras ha hecho alusión a este tema: en estricto rigor jurídico el tratado de 1990 no cierra el caso (Grecia no fue parte de él) y el asunto podría seguir envolviendo las tensas negociaciones entre Atenas y Berlín.

 

Las crisis del capitalismo en Europa (y en el mundo) llevan la marca de colosales transferencias de recursos en el plano internacional y entre clases dentro de cada país. El que estos grupos sean de una u otra nacionalidad es accidental. La historia económica muestra que estas transferencias son crónicas en Europa y con frecuencia han sido impuestas después de una guerra por los vencedores a los vencidos.

 

De aquí se desprende una narrativa equivocada, pues se piensa que las transferencias son entre países. Así, hoy se afirma que "Grecia (o España) debe pagar sus deudas". Pero las palabras "Grecia" o "Alemania" se refieren a una abstracción. Si nos adentramos en el análisis, veremos que en cada uno de estos espacios nacionales hay obreros, capitalistas, terratenientes, banqueros y financieros, así como políticos corruptos.

 

El tema de la transferencia debe ser analizado con rigor para entender la crisis en Europa y la manera de superarla. El programa de austeridad impuesto en Grecia y España conlleva un inmenso flujo de transferencia de recursos que es soportado por ciertas clases sociales en beneficio de otros grupos o clases en esos y otros países (por ejemplo, del norte de Europa).

 

Es necesario superar la narrativa que ve en estas transferencias simples vínculos entre Estados nacionales e ignora la dinámica de las relaciones de clase. Las transferencias de recursos en Europa (y en el mundo) dependen de fuertes ajustes en la estructura de clases al interior de cada país.

 

Por eso una aportación interesante es el trabajo del analista financiero Michael Pettis, (http://blog.mpettis.com). Pettis examina el proceso de estancamiento en el crecimiento del salario real en Alemania a partir de 1995 como precursor de la crisis. Al constreñirse el crecimiento salarial se forzó la reducción del consumo y, dice Pettis, creció el ahorro forzado. Los bancos alemanes no podían invertir el exceso de ahorro en Alemania y enfocaron la mira hacia países como España, Italia y Grecia. Los bancos alemanes buscaron y encontraron prestatarios ávidos de obtener créditos baratos para todo tipo de proyectos, algunos poco viables y otros especulativos.

 

Cuando estalla la crisis, los bancos alemanes observan el aumento de su cartera vencida e incobrable. El lobby financiero hace lo que sabe hacer muy bien: busca que los gobiernos trasladen el costo del ajuste a las clases media y trabajadora a través de la devaluación interna.

 

Observa Pettis con razón: antes de la crisis los trabajadores alemanes pagaron las burbujas griega y española al aceptar un crecimiento muy bajo del salario real (en un contexto en el que la productividad en Alemania se mantenía constante). Y después de la crisis los trabajadores españoles y griegos se vieron obligados a pagar el costo de la explosión a través de salarios deprimidos y desempleo.

 

Pero el análisis de Pettis es incompleto y sólo toca la punta del iceberg. La capacidad de creación monetaria de los bancos en Europa encontró un gigantesco espacio de rentabilidad con la unión monetaria. Así que no sólo se trasladó el ahorro forzado de países como Alemania hacia bancos y prestatarios en Grecia o España. Bajo la unión monetaria los bancos más fuertes pudieron ejercer su capacidad de creación monetaria en todo el euro espacio y fueron capaces de generar burbujas como las que estudia Minsky en su modelo de crisis bancarias.

 

Hoy la clase trabajadora en Europa se enfrenta a un escenario desfavorable: los bancos alemanes, franceses, holandeses e ingleses tienen grandes necesidades de recapitalización y ello necesitará de apoyo público, es decir, de una masiva transferencia de recursos de las clases medias y trabajadoras del continente hacia el sector financiero.

 

Los funcionarios del gobierno griego tienen razón cuando afirman que luchan no sólo por el ciudadano griego promedio, sino por el ciudadano europeo en general. La recuperación del alma social de Europa pasa por una exitosa renegociación de la crisis en Grecia.

 

Twitter: @anadaloficial

Publicado enInternacional
Martes, 10 Febrero 2015 06:06

Un acuerdo que despeje temores

Un acuerdo que despeje temores

Un alto funcionario dijo que el gobierno griego buscaría un pacto temporal para permitirle presentar nuevas propuestas de pago de la deuda. "No creo que haya una razón seria para que no exista un consenso con los socios", dijo Tsipras.


Después de que el nuevo primer ministro de Grecia, Alexis Tsipras, pidió ponerle fin al "rescate brutal" en un encendido discurso ante el Parlamento, los jefes de finanzas del país planean proponer un "acuerdo puente" para aliviar los temores de una salida de la Zona Euro.


Mientras las acciones caían de nuevo ayer, fuentes en el Ministerio de Finanzas de Grecia, que contrató al banco de inversión internacional Lazard para que lo asesore en las negociaciones con la troika (FMI, Banco Central Europeo y Comisión Europea), dijeron a The Independent que tal acuerdo podría permitir a Atenas "un respiro" en medio de las discusiones con las potencias europeas. La canciller alemana, Angela Merkel, se negó a especular sobre el acuerdo puente.


Un alto funcionario dijo que el gobierno griego buscaría un pacto temporal para permitirle presentar nuevas propuestas de pago de la deuda, que sustituye el acuerdo de rescate actual. Para Atenas y el nuevo gobernante partido Syriza aún son innegociables las "líneas rojas" del nuevo acuerdo: la reestructuración de la deuda y la reducción del superávit del primer presupuesto.


Las acciones griegas cerraron a un 4,75 por ciento después de caer hasta un 6 por ciento, continuando una racha negativa de ayer. Mañana, los ministros de Finanzas de la Eurozona celebrarán una reunión extraordinaria para discutir sobre Grecia.


El ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, descartó los paquetes de rescate de 240 mil millones de euros elaborados por los prestamistas de su país como una "fantasía tóxica" que siempre estuvo condenada al fracaso. "Llegó el momento de decir lo que los funcionarios admiten cuando los micrófonos están apagados. En algún momento alguien tiene que decir 'No' y ese papel nos tocó a nosotros, la pequeña Grecia", le dijo al Parlamento.


Después de ser elegido a finales de enero con el mandato de poner fin a la austeridad, la corrupción y frenar el poder de la oligarquía, es poco probable que el primer ministro Tsipras retroceda con sus promesas de luchar contra el ajuste.

Muchos en Grecia le dan la bienvenida a la postura combativa del gobierno. Vivi Daloglou, una peluquera con un salón en una concurrida calle en el centro de Atenas, dijo: "Por fin tenemos una voz en el mundo otra vez y estamos de vuelta en la agenda". Agregó: "No creo que dejemos el euro y volvamos al dracma; sin duda los europeos deben recuperar su dinero, pero debemos crecer nuevamente, porque ¿cómo se puede recuperar el dinero de alguien que está desempleado"?


El discurso del Tsipras al Parlamento el domingo por la noche reunió a muchos griegos, como la señora Daloglou. "No vamos a negociar el orgullo y la dignidad de nuestro pueblo", dijo Tsipras. Con Atenas precipitándose hacia un default, los acreedores del país están presionando al gobierno para que acate el actual plan de rescate cargado de austeridad. Mientras tanto, el Banco Central Europeo subió la apuesta al anunciar que podría dejar de financiar a los bancos del país mañana –en lugar de la fecha original del 28 de febrero– obligando a Atenas a recurrir a un mecanismo de emergencia para mantener su solvencia y evitar una corrida bancaria en los próximos días.


"Es el interés de todos llegar a un acuerdo mutuamente beneficioso", reiteró Tsipras en Viena con su homólogo austríaco ayer. "No creo que haya ninguna razón seria para que no exista un acuerdo entre Grecia y sus socios, sólo razones políticas", agregó.


De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

Traducción: Celita Doyhambéhère.

Publicado enInternacional
Europa deja que Tsipras se cueza a fuego lento

Grecia contra todos. El Gobierno griego ha podido comprobar esta semana, en una gira tan colorida como inútil, lo solo que está en Europa, lo mal que ha recibido su frescura en las formas con una combinación de ingenuidad, chulería y algún error estratégico de trazo grueso. El primer ministro Alexis Tsipras se ha topado contra un muro infranqueable: "Atenas tiene un mandato claro de su gente, pero hay 18 opiniones públicas más en la zona euro, que han prestado 240.000 millones a los griegos y cuyos Gobiernos tienen mucho, mucho que decir", resume una alta fuente europea.


La estrategia europea es simple. Se trata de dejar que Tsipras se cueza a fuego lento, con el BCE dispuesto a elevar la temperatura de esa marmita borboteante de las presiones financieras en un país que apenas tiene dinero para llegar a abril. Puede que Atenas tenga razón y la deuda griega necesite cirugía, ante los riesgos de evidente fatiga económica, social y política. Pero los socios europeos prefieren la patada hacia delante: saben que Grecia necesita su dinero y que, a pesar de sus demandas, tendrá que plegarse a sus condiciones. Caveat creditor: cuídate de tus acreedores, aunque se hagan llamar tus socios.


Tsipras y su ministro Yanis Varoufakis hicieron algún amigo en la City y comprobaron que Francia e Italia apoyan suavizar la austeridad. Y hasta ahí llega la solidaridad: nadie va a aceptar los planes relativos a la deuda, ni los ortodoxos del Norte ni el centroizquierda de Roma y París ni la periferia conservadora y rescatada del Sur, con España liderando la oposición por motivos que sobrepasan lo económico y entran en las procelosas aguas del miedo al contagio político.

Grecia no quiere una extensión ni un tercer rescate, y para eso pide tiempo hasta mayo, con un acuerdo-puente diseñado con imaginativa ingeniería financiera. No habrá nada de eso ni del plan de canje de deuda. La verdadera lección de la gira para Grecia es el duro, gélido recibimiento de los acreedores, convertido en durísimo por la puesta en escena de Tsipras y Varoufakis, que a ojos de los europeos han querido imponer sus propuestas.


El plan de juego trazado por Syriza conjuga elementos de brillantez y realismo con ideas descabelladas desde el punto de vista de lo asumible por sus socios. La cruda realidad es que Atenas no tiene un solo aliado digno de ese nombre. Y ni siquiera tiene tiempo: el BCE le ha quitado el seguro a la pistola y quizá sea improbable que dispare, pero ese movimiento profundamente político —y seguramente injusto: el rescate no expira hasta fin de mes— precipita los acontecimientos. Grecia presentará entre hoy y mañana su plan de reformas. El miércoles lo discutirá con los ministros del euro, y el jueves con los jefes de Estado y de Gobierno. Europa entiende que algunas de sus medidas sociales son lógicas —las relativas a la asistencia sanitaria, quizá una subida del salario mínimo— pero no va a permitir que se congelen las privatizaciones o se detengan las reformas. Si la propuesta de Tsipras es la que esperan Alemania y compañía, habrá concesiones mínimas: el rescate griego pasará a llamarse "contrato", puede haber margen para ampliar los plazos de devolución de la deuda y el final de la troika está cerca; un final eufemístico y muy del gusto de los alemanes, porque las tres instituciones (BCE, Comisión Europea y FMI) van a seguir ahí, pero por separado. Si Tsipras no ha entendido que ese diseño está grabado en letras de bronce, se cocerá a fuego lento hasta que sus necesidades financieras le hagan entrar en razón: los bajísimos tipos de interés que paga ahora en virtud del rescate europeo subirían automáticamente el 1 de marzo, en el primer segundo sin programa.


Tsipras debe cuadrar el círculo con un programa aceptable en casa y en Europa: un imposible. Atenas ha hecho un ajuste sensacional y está en medio de una depresión social, eso nadie lo niega. Pero puede que haya sido en vano: la troika no entendió los verdaderos males de Grecia; los hombres de negro metieron el bisturí en la inversión, en la sanidad, en las pensiones y estrangularon a las clases medias para cuadrar los números, pero dejaron intactos los problemas de fondo. Los males de un Estado clientelar, enorme y esclerótico y la protección de algunos grupos de interés siguen exactamente igual. Se ha aplicado el rígor mortis de las reformas fáciles, los recortes deflacionistas, pero no se ha hecho lo complicado: las reformas que hubieran permitido desmantelar el capitalismo de amiguetes están por estrenar. Tsipras tiene la oportunidad de hacerlo y de convertirse en el Lula de los Balcanes, pero para ello necesita hilar fino en una transición que se adivina complicada.


La Europa alemana evoca el sangre, sudor y lágrimas churchilliano desde hace un lustro; la Grecia de Tsipras desempolvó el I have a dream de Martin Luther King hasta que se ha visto obligada a despertar de ese ensueño. O Grecia y Europa encuentran una vía intermedia, con concesiones por ambos lados, o hay una posibilidad de accidente: "Las rebeliones no estallan cuando las cosas están realmente mal, sino cuando la gente tiene la sensación de que sus expectativas no se cumplen", dice el filósofo Zizek en El Sur tiene la palabra. Con prólogo de Alexis Tsipras, por cierto.


EL PREMIER GRIEGO, ALEXIS TSIPRAS, ANUNCIO UN PROGRAMA DE AYUDA PARA HACER FRENTE A LA CRISIS


Ayuda humanitaria y recontratación


Las primeras medidas que se pondrán en marcha a partir del miércoles incluyen electricidad gratuita y pleno acceso a la salud para los griegos más castigados por la recesión. También la reincorporación de los empleados públicos despedidos.

 

El primer ministro griego, Alexis Tsipras, lanzó un programa de ayuda inmediata con el que pretende campear la crisis humanitaria y recontratar a empleados públicos despedidos injustamente. Las primeras medidas que se pondrán en marcha a partir del miércoles incluyen ayuda alimentaria, electricidad gratuita y pleno acceso a salud para los griegos más castigados por la crisis, adelantó el premier. "Sin reformas del Estado, no conseguiríamos nada, ni con el mejor acuerdo para la deuda", subrayó al comienzo de una larga enumeración de los planes de su gobierno, entre los que recalcó como máxima prioridad la lucha contra el clientelismo y la corrupción.


"Dentro de seis meses habremos concluido la primera parte de estas reformas. Recortaremos los privilegios de los ministros y de los diputados, reduciremos los ejércitos de consejeros, eliminaremos la mitad de los coches de los ministerios y los venderemos junto con uno de los tres aviones del gobierno", dijo. Y agregó que pedirá a la presidenta del Parlamento eliminar el privilegio de los diputados de disponer de coche. Además, el gobierno reducirá en un 30 por ciento su personal en la sede de gobierno y en un 40 por ciento las escoltas del primer ministro. "Y esto no es sólo simbólico, es porque es necesario que los policías estén en los barrios para la seguridad de los ciudadanos", recalcó.


Tsipras aprovechó la presentación de su plan de gobierno en el Parlamento para reiterar que Grecia quiere pagar su deuda externa, pero que si la Unión Europea desea lo mismo debe sentarse a negociar el modo, porque Syriza tiene mandato para terminar con el plan de austeridad y no para prorrogarlo. Por lo demás, al principio mismo de su discurso, el mandatario heleno aclaró que los objetivos principales de su gobierno incluyen, ante todo, recuperar la soberanía, restaurar la igualdad entre los países de Europa. El líder de izquierda empezó su alocución, que duró menos de dos horas y empezó poco antes de las 20, hora de Atenas (15 de Buenos Aires), declarándose consciente de las dificultades y responsabilidades que encara. Tras advertir que el esfuerzo para reconstruir el país será largo y dependerá del apoyo popular, el joven gobernante afirmó que "después de cinco años de la barbaridad del ajuste, nuestro pueblo no lo tolera más". Luego detalló una batería de medidas que se aplicarán en lo inmediato con el objetivo de empezar a resolver la crisis humanitaria que aqueja a su país tras cinco años de austeridad neoliberal, y será la prioridad de su gobierno desde la mañana del miércoles, cuando venza el plazo del Parlamento para aprobar el programa presentado ayer.


En buena parte de su discurso, Tsipras habló de la oposición presentada por los principales países europeos para que Grecia abandone el programa de ajuste que en cuatro años hizo caer el Producto Bruto Interno griego en 25 por ciento y elevó a ese mismo porcentaje la tasa de desocupación. Su gobierno, dijo, quiere respetar sus obligaciones hacia el Tratado de Estabilidad europea, pero la austeridad no forma parte de ese tratado. "Grecia quiere pagar su deuda. Si nuestros socios quieren lo mismo, entonces siéntense a la mesa y discutamos", dijo. Como en otros momentos de su discurso, señaló en ese plano: "No negociamos nuestra soberanía nacional, no negociamos el mandato del pueblo".


"Si nos ponemos de acuerdo en que la austeridad fue desastrosa –continuó–, la solución se alcanzará por medio de negociaciones, la deuda griega llegó al 180 por ciento del PBI y así no se la puede pagar", aclaró. Por lo tanto, explicó que Syriza pide un programa puente hasta concluir las negociaciones para elaborar conjuntamente un programa de crecimiento. Una vez acordado ese puente, hizo notar que ya habrá temas como el de la deuda que puedan negociarse después dentro de un nuevo contrato entre Grecia y la UE que respetará las reglas de la Eurozona, pero no incluirá superávit irrealizables, que son el otro rostro de la austeridad.


Tras recomendar a Europa no repetir errores del pasado, Tsipras pasó a detallar diversos aspectos de su plan de gobierno. Aseguró que las personas cuyos despidos violaron la leyes laborales –como es el caso del personal de limpieza de los ministerios, guardias escolares y funcionarios de universidades– regresarán a sus puestos de trabajo. También afirmó que ese sector público será reformado profundamente.


El nuevo líder heleno habló de un conjunto de medidas dirigidas a terminar con la evasión impositiva y anunció que dio instrucciones a la brigada de delitos financieros para que investigue las listas de grandes depositantes. En el ámbito de la comunicación social, confirmó que Syriza va a crear una nueva radiodifusión pública y generará un nuevo régimen de licencias transparente. Agregó que el tema inmigratorio –aspecto en el que difiere de sus socios conservadores– será objeto de cuidado especial, y que la primera medida será otorgarles ciudadanía a todos los hijos de padres inmigrantes que vivan en territorio griego.


Asimismo, sostuvo que la competitividad de la economía griega no puede depender de los bajos salarios y la ausencia de derechos. Su gobierno, dijo, promoverá la innovación y la alta tecnología, pero además con ayuda de la Organización Internacional del Trabajo restaurará las convenciones paritarias. Cerca del final de su intervención, dijo que las negociaciones con sus socios de la UE deberán terminar en un acuerdo, porque cuando los objetivos fiscales son muy restrictivos generan deflación y recesión. Sobre este punto, Tsipras mostró los logros de sus viajes por Europa y los de su ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis: "Necesitamos un programa que no se concentre sólo en los déficit, cosa en la que concuerdan nuestros socios de Italia y Francia".

Publicado enInternacional
Domingo, 08 Febrero 2015 06:29

"No queremos más austeridad"

"No queremos más austeridad"

Grecia no la tiene fácil. Con una crisis económica que se arrastra desde 2009, una desocupación general que supera el 27 por ciento y una desocupación juvenil superior al 40 por ciento, con recortes de salarios y aumento de impuestos, y una deuda pública de 315 mil millones de euros, los griegos no dan más. Este es el mensaje que trata de transmitir el nuevo jefe del gobierno, el exponente del partido de izquierda Syriza, Alexis Tsipras. Pero las autoridades de la Unión Europea (UE) no parecen convencidas de que si se cae Grecia puede caerse toda Europa. Esta es el arma que tiene en sus manos el gobierno griego y que tal vez podría dar algún resultado en los próximos días, según la tesis de Dimitri Deliolanes, doctor en Ciencias Políticas y corresponsal en Italia de la Televisión Pública Griega. Deliolanes, que conoce a fondo la situación griega habiendo publicado dos libros sobre el tema, acaba de publicar un tercero, La sfida di Atene (El desafío de Atenas, Ed. Fandango) sobre la política anti austeridad di Tsipras.


–Después de la reciente gira europea no demasiado exitosa del primer ministro Tsipras y de su ministro de Economía, Yanis Varoufakis, y de la próxima reunión de ministros de Economía de la UE (el 11 de febrero) y de jefes de gobierno de Europa (el 12 de febrero) ¿qué espera el pueblo griego del gobierno?


–El pueblo griego, que siempre ha tenido un gran sentimiento de patriotismo –seguramente ustedes latinoamericanos nos pueden entender mejor– espera que su gobierno diga de manera categórica que el pueblo no quiere saber más nada con la austeridad. Dicho esto se puede hablar luego de cómo pagar la deuda y de todo lo demás. Después de cinco años de sufrimientos, la austeridad no nos interesa. El enfrentamiento entre la política de Tsipras y la del gobierno alemán, que defiende la austeridad, no es un enfrentamiento de Tsipras sino de todos los griegos contra esas decisiones. Por eso hace dos días la gente salió a protestar por las calles de Atenas, unida, sin distinciones políticas.


–Algunos piensan en la crisis griega como si fuera la Argentina del 2001, cuando se declaró el default de la deuda externa...


–Argentina es muy recordada en estos días en Grecia. Pero a diferencia de lo que ocurrió en Argentina, la gente no va desesperada al cajero automático para llevarse todo el dinero que tiene en el banco...


–¿Esto quiere decir que los griegos confían en que se encontrará una solución?


–Sí, la gente está convencida de que se encontrará una solución porque, de lo contrario, se deberá salir de la Eurozona. Lo digo incluso en mi libro. La gente está convencida de que se encontrará un compromiso más o menos honorable. De lo contrario será el fin de la Eurozona. Algunos alemanes piensan que la salida de Grecia de la Eurozona podría provocar daños contenidos. Eso no es verdad.


–¿O sea que usted descarta la posibilidad de que Grecia tenga que salir de la Eurozona?


–De la Eurozona no puede salir ningún país porque la Eurozona se destruiría. Esta es la fuerza de Grecia en este momento. El problema en Europa es político, no financiero. Hay un modelo impuesto por los países ricos y ahora ha surgido una alternativa, Tsipras, otra política no liberal pero sí expansiva. En la opinión pública europea hay mucha rabia. Me refiero a Podemos en España, al mismo Beppe Grillo en Italia, a la francesa Marine Le Pen que consiguió buenos resultados en las elecciones europeas siendo de derecha. La rabia contra la austeridad ha hecho que nacieran movimientos antieuropeos por todos lados. Y este es un riesgo para Europa.


–¿Qué sucederá si no se logra un acuerdo en las reuniones de ministros de Economía y de jefes de gobierno del 11 y 12 de febrero? Parecen dos fechas definitorias...


–Esas fechas no son definitorias porque hay tiempo hasta el vencimiento de ciertos bonos importantes en junio. Varoufakis pide tiempo para poder elaborar con la UE una política de desarrollo, de crecimiento. Porque Grecia querría tomar fondos europeos y destinarlos al desarrollo para estimular así el crecimiento económico. No hay que olvidar que la deuda griega es ahora equivalente al 175 por ciento del PIB (Producto Interno Bruto) mientras en 2010 era el 130 por ciento del PIB. Mientras tanto Grecia tomó otras deudas y el PIB bajó. La deuda ha crecido de forma gigantesca gracias a la política de austeridad de la llamada "troika" (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional).


–El encuentro en programa entre Tsipras y el presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, ¿no podría abrir una puerta de escape para Grecia?


–Pienso que, muy sabiamente, el gobierno griego está cultivando esta alternativa. Pero no creo que sea una alternativa real. Creo sin embargo que es muy sabio cultivarla. Si los griegos, supongamos, fueran libres de elegir con quien quisieran estar aliados militarmente, con Estados Unidos o con Rusia, yo creo que la mayoría de los griegos diría que con los rusos. Con los rusos tenemos algunas cosas en común. Nosotros tenemos un enemigo que para ellos es un vecino fastidioso, Turquía. Para Grecia, Turquía es una amenaza, real, concreta, cotidiana. Hay continuas violaciones del espacio aéreo y de las aguas territoriales griegas. Creo que la opinión pública vería con buenos ojos una eventual alianza con los rusos para garantizar la integridad territorial de Grecia.


–Después de haberlo entrevistado ampliamente para su libro ¿qué idea se ha hecho de Tsipras?


–Tsipras ha hecho un recorrido de realismo, de maduración política, impresionante desde 2012, cuando su partido Syriza surgió como el principal partido de oposición. Pero buena parte de su partido se ha quedado atrás. El no es un ideólogo, es un político hábil, dispuesto a hacer la justas maniobras para lograr su objetivo. Pero el problema es que no tiene detrás un partido en condiciones de ayudarlo.

 

Publicado enInternacional