Miles de griegos salen a defender a su gobierno

Entre gritos contra el chantaje y cánticos, los manifestantes coparon la céntrica plaza Syntagma, en Atenas, para apoyar al gobierno. Tsipras intentó frenar la corrida diciendo que los depósitos en bancos griegos están garantizados.

 

Alexis Tsipras intentó llevar tranquilidad ayer a los ahorristas helenos al anunciar que los depósitos no corren peligro. El primer ministro griego respondió así al Banco Central Europeo (BCE), entidad que anunció que no aceptará bajo ningún concepto los bonos griegos como garantía en sus operaciones de refinanciación porque no está claro si Grecia se acogerá a un nuevo programa de rescate. "Aseguramos que los depósitos en los bancos griegos están completamente garantizados", salió a afirmar Tsipras, rápido de reflejos, en el discurso combativo que esbozó durante la primera reunión del grupo parlamentario de Syriza. La medida del organismo europeo supone que los bancos griegos no podrán recaudar dinero del BCE como hasta ahora, es decir, a una tasa del 0,05 por ciento, y lo deberán hacer a través del mecanismo urgente de provisión de liquidez, a un interés que ronda el 1,55 por ciento. Las solicitudes de solvencia se revisarán cada dos semanas. Entre gritos contra el chantaje y cánticos, miles de griegos coparon la céntrica plaza Syntagma, en Atenas, para apoyar al gobierno, en un momento donde la tensión con los socios europeos parece haber escalado a su máximo nivel desde la victoria de Syriza en las últimas elecciones.


El banco europeo fundamentó su decisión. Alegó que, en la actualidad, "no es posible prever la conclusión exitosa de la supervisión" del programa de reformas y ahorro de la economía griega. Con esta reacción del miembro de la troika –tríada que se completa con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Comisión Europea (CE)–, a partir del 11 de febrero los bancos helenos podrán conseguir liquidez a través del Banco de Grecia, en el marco de la llamada Emergency Liquidity Assistance (ELA), que otorga créditos de urgencia pero a una tasa mayor.


A primera hora de ayer, el vocero del gobierno, Gavriil Sakelaridis, remarcó que no había motivo de preocupación pues no se trataba de otra cosa que de una presión política impulsada por parte del BCE dentro del proceso de negociación de Grecia con sus acreedores. "No chantajeamos pero tampoco dejamos que nos chantajeen", dijo Sakelaridis en diálogo con la televisión privada Mega. El Ministerio de Finanzas destacó que la decisión del BCE no es producto de una evolución negativa en el sector financiero y se produce después de dos días de estabilización sustancial. Esa cartera señaló que el sistema bancario se mantendrá capitalizado y completamente protegido a través del mecanismo ELA.


"Esta decisión pone presión sobre el eurogrupo para proceder rápidamente a la conclusión de un nuevo acuerdo que sea en beneficio mutuo para Grecia y sus socios", recalcó el ministerio en un comunicado. Algunos analistas interpretaron en diversos medios griegos y extranjeros que la resolución del BCE no debe tener efectos demasiado perjudiciales para el sistema bancario heleno. De hecho, la exposición de los institutos crediticios a la deuda pública se redujo sensiblemente desde 2012, hasta caer en torno de los 21.000 millones de euros, según datos del Banco de Grecia citados por los medios griegos.


Todo esto ocurrió en una jornada en la que se constituyó el Parlamento y el ministro de Finanzas, Yanis Varufakis, celebró la que probablemente fue la reunión más complicada de su periplo por las capitales europeas, con su colega alemán, Wolfgang Schëuble. En una rueda de prensa que compartieron, quedó patente la falta de sintonía entre ambos, y, aunque Schëuble habló de conversaciones fructíferas, sentenció: "Estamos de acuerdo en que disentimos".


De nada sirvió que Tsipras y Varufakis insistan en que Atenas necesita una ayuda financiera que sirva de puente entre el final de la prórroga del rescate (que vence el 28 de febrero) y un acuerdo definitivo con los acreedores. Desde todas las capitales europeas se insiste en que Grecia debe presentar su programa y sus planes de financiación sin demasiada dilación. En el Parlamento heleno, Tsipras volvió a pedir tiempo a los socios de la Unión Europea y dijo que espera con mucho interés las propuestas de Alemania. "Hoy no hemos escuchado nada concreto", aseguró sobre el encuentro en Berlín entre Schëuble y Varufakis.


La resolución del BCE de no aceptar los bonos helenos como garantía en sus operaciones de refinanciación y los infructuosos resultados que lograron tanto Tsipras como Varufakis en su gira europea fueron el detonante para que miles de personas hayan decidido mostrar su solidaridad con los nuevos gobernantes. "No vamos a ceder al chantaje de nuevo", "El tiempo de que Grecia se arrodille y tenga gobiernos sumisos ha terminado" o "Merkel tiembla como una ramita" fueron algunos de los lemas más escuchados entre los 7000 manifestantes que se acercaron hasta plaza Syntagma, según cifras de la policía.


La convocatoria se gestó de forma espontánea a través de un evento en la red social Facebook, que horas después de su creación contaba con la participación de casi 3000 personas. "Estamos aquí para expresar nuestra solidaridad con el gobierno. Desde el 25 de enero es el pueblo el que toma las decisiones en Grecia", dijo Dimitris, antes de estacionar su bicicleta frente al Parlamento, donde, desde hace poco más de una semana, ya no existen vallas que corten el paso.


La enfermera de 52 años supo de la convocatoria por la radio y no dudó en acercarse; está indignada ante la decisión del BCE, no porque tema por sus ahorros, "ya no tengo nada que perder", dijo, sino porque le parece que es una falta de respeto a la elección del pueblo griego. Mientras de fondo se escuchaba la canción "Cuando el cielo se abra", un símbolo para los opositores de la época de la Dictadura de los Coroneles, Dimitris señaló que sólo espera de las negociaciones que les den esperanza a los jóvenes para que puedan encaminar su futuro.

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Martes, 03 Febrero 2015 15:02

Otra cosa

Otra cosa

El triunfo de Syriza en Grecia coloca a la troika ante el dilema de la intransigencia, que puede ser el primer paso hacia la disgregación de la Unión, o el pragmatismo, bajarse del programa de ajuste neoliberal. Para la nueva izquierda se abre un período lleno de obstáculos que pueden socavar su prestigio como alternativa al sistema.

 

"Grecia deja atrás cinco años de austeridad catastrófica, deja atrás el miedo y el autoritarismo, deja atrás cinco años de humillación y sufrimiento", dijo Alexis Tsipras en el acto de la victoria en la noche del domingo, en la plaza Syntagma de Atenas, ante miles de votantes de Syriza.


"Grecia tiene que pagar su deuda porque eso forma parte de las reglas del juego en Europa", declaró Bruno Coeuré, miembro del directorio del Banco Central Europeo (Bce), apenas conocer el resultado. "No hay espacio para un juego unilateral en Europa", agregó, enseñando las uñas en nombre de la mayor institución financiera europea.


Del mismo modo se pronunciaron los diferentes voceros de la troika, como se llama al trío integrado por el Bce, el Fmi y la Comisión Europea, que desde que comenzó la crisis griega vienen monitoreando las sucesivas reformas que exigieron al país. Sólo el presidente francés, François Hollande, esgrimió un tono más amable, al comprometerse a mantener estrechos vínculos con el nuevo gobierno griego "para promover el crecimiento y la estabilidad en la zona euro" (Xinhua, 26-I-15). Para después decir, él también, que obligaciones son obligaciones.


Con las horas, se fue imponiendo un clima menos agresivo hacia la nueva realidad griega. Es que el triunfo de Syriza fue arrollador. Alcanzó el 36,5 por ciento y 149 diputados (99 más 50 de premio al partido más votado), frente al 27,7 y 77 escaños de la derechista Nueva Democracia, del ex primer ministro Georgios Samaras. El tercer lugar lo ocupa el partido nazi Amanecer Dorado con 6 por ciento y 16 escaños. Detrás el recién creado To Potami (El Río) con 16 escaños, los comunistas con 15, los socialistas que conocieron su mayor debacle con 13 y los nacionalistas de derecha, Griegos Independientes, con otros 13 escaños.

 

A dos escaños de la mayoría absoluta, Syriza acordó con Griegos Independientes para que su líder, Alexis Tsipras, fuera ungido el mismo lunes como nuevo primer ministro. Llama la atención que la ultraderecha conserva sus votos pese a que la mayor parte de sus dirigentes están en la cárcel, así como la debacle socialista, incluyendo el monumental fracaso del ex primer ministro Yorgos Papandreu, que con su Movimiento de los Socialistas Demócratas no consiguió el 3 por ciento mínimo para ingresar al parlamento.


Cuesta arriba


"El problema de los planes de Syriza es que pueden no ser lo suficientemente radicales", puede leerse en la columna del Nobel de Economía Paul Krugman (The New York Times, 26-I-15). Semejante frase, escrita por un pensador liberal en el más importante diario estadounidense, debería ser motivo de reflexión para las autoridades europeas. Lo habitual sería que fuera pronunciada por radicales de izquierda que, sin embargo, hoy se muestran más bien pragmáticos y propensos a la negociación.


Según Krugman, para comprender el "terremoto político" griego hay que remontarse a 2010, cuando la troika impuso a Grecia "una combinación de austeridad y reforma". La Unión Europea vendía al pueblo griego una fantasía económica que se tradujo en recesión, desocupación del 28 por ciento, desempleo juvenil del 60 por ciento, recortes salvajes de los servicios públicos y de los salarios. El país demorará años en volver a los niveles sociales anteriores a la crisis. Con esta política de austeridad se esperaba reducir el gasto público y ahorrar lo suficiente como para pagar las deudas. No funcionó. "El gobierno griego está recaudando un porcentaje mucho más importante del Pbi en impuestos, pero el Pbi ha caído tanto que la recaudación tributaria se vino abajo", escribe Krugman.
El resultado es que la deuda griega no dejó de crecer, hasta alcanzar un abrumador 175 por ciento del Pbi, cuando en 2009 era del 100 por ciento. Una historia bien conocida por los latinoamericanos. Sigue el Nobel: "Dos años después de que comenzara el programa griego, el Fmi buscó ejemplos históricos donde los programas de tipo griego habían tenido éxito. No se encontró ninguno".


Concluye que ese programa no podía funcionar nunca y que ahora las soluciones de Syriza pueden quedarse a medio camino.
Una pregunta se impone: ¿por qué la troika impuso un programa que sabía que no iba a funcionar? La respuesta más probable es que nunca buscó la recuperación de Grecia sino su subordinación política al sistema financiero que la misma troika representa. El portal estratégico francés dedefensa.org lo dice sin vueltas: "La sociedad griega ha sido sistemáticamente desestructurada y disuelta en nombre de la austeridad, en beneficio de las fuerzas sistémicas y de los entornos trasnacionales, a la vez autores y beneficiarios de la operación" (dedefensa.org, 27-I-15). La barbarie financiera que destruye naciones y personas, concluye el portal, está criando movimientos antisistema.


El futuro inmediato es negro para el nuevo gobierno. Entre febrero y julio se concentran vencimientos de deuda por más de 20.000 millones de euros y, hasta el final del año, las amortizaciones avanzan hasta 30.200 millones, lo que coloca a Tsipras contra la pared: mantiene la austeridad del gasto público para poder pagar a los acreedores (no sólo violando sus promesas electorales sino condenando a los griegos a seguir pasando hambre) o declara la cesación de pagos.


El principal portavoz mediático del capital financiero, Financial Times, apunta que Tsipras debe elegir entre ser "Hugo Chávez, el líder populista venezolano y adversario regional de Estados Unidos" o seguir el ejemplo de "Luiz Inácio Lula da Silva, el ex presidente brasileño que al llegar al poder gobernó más como reformista que como izquierdista radical" (Financial Times, 26-I-15). La demonización del gobierno de Syriza está servida.


Ucrania como telón de fondo


En su primera medida de gobierno Tsipras suprimió ocho ministerios. El diputado y economista Yanis Dragasakis asumió la vicepresidencia económica. Ex comunista, en su libro El Minotauro global sostiene que Estados Unidos es el responsable de la crisis al haber creado un sistema financiero que le permite vivir de los flujos de capital del resto de las economías. El economista Yanis Varufakis, que fue asesor del gobierno del socialdemócrata Yorgos Papandreu, asumió la cartera de Finanzas. La de Defensa fue la única que recayó en su aliado nacionalista.


Entre las primeras medidas, todas destinadas a aliviar la situación de los más pobres, figura el aumento del salario mínimo (de 684 a 751 euros), un proyecto de ley para retornar a la negociación colectiva de los salarios y otro "para que los contribuyentes reciban mejores términos para devolver sus deudas", que no deben superar el 30 por ciento de sus ingresos (El Economista, 27-I-15). Además se prevé que unos 300 mil hogares que viven por debajo del umbral de la pobreza reciban electricidad, asistencia médica gratuita y bonos de transporte gratuitos. Medidas apenas socialdemócratas que en el clima actual son tildadas como "radicales".
Pero el tema central es la negociación de la deuda. El gobierno parece dispuesto a pagar y seguir en la zona del euro, pero depende de la flexibilidad de los acreedores. El 60 por ciento de la deuda griega, 315.000 millones de euros, es con la eurozona. Pero más de la mitad de esa cifra es deuda con Alemania, Francia e Italia. Habrá negociación. El punto son los plazos y las posibles quitas. Ni unos ni otros parecen beneficiarse de una cesación de pagos.


Sin embargo, el panorama regional es bien complejo. Días antes de las elecciones Brunello Rosa, director para Europa de Roubini Global Economics, destacó la relación que existe entre la caída del petróleo, su impacto en la economía rusa, el conflicto con Ucrania y la posible compra de bonos soberanos por parte del Bce. El director del centro de análisis, el economista Nouriel Roubini (ex asesor del Fmi y del Tesoro estadounidense) destacó que "las repercusiones geopolíticas de una salida de Grecia del euro podrían tener consecuencias imposibles de manejar". Se refiere a que si Grecia es expulsada de la zona euro, o la abandona, "Rusia podría salir al rescate de Grecia", como sucedió con Islandia en 2008, "cuando su colapso financiero se mitigó gracias a la intervención rusa" (El Economista, 20-I-15).


La advertencia parece dirigida a la troika. Le está diciendo que no se olvide de que Grecia tiene alternativas y que la intransigencia puede empujarla hacia Rusia. Pero la advertencia no tendría sentido fuera de un contexto en el que Europa (empujada por la Casa Blanca) ha hecho una frenética opción antirrusa. Una Europa que ampara a un gobierno lleno de neonazis como el de Kiev, surgido de un golpe de Estado pergeñado por Estados Unidos y bendecido por Berlín (véase la crónica "La guerra larvada de Ucrania"1).
Sobre el tema, el reputado periodista Robert Parry, quien descubrió el Irangate, sostiene que The New York Times forma parte de la conspiración para enfrentar a Europa con Rusia al desinformar gravemente a sus lectores. El periódico omite "la extraordinaria intervención de Estados Unidos en los asuntos políticos de Ucrania" de la mano de neoconservadores como la Fundación Nacional para la Democracia y la secretaria para Asuntos Europeos, Victoria Nuland, seguida "por el golpe de Estado respaldado por Estados Unidos el 22 de febrero de 2014, que derrocó al presidente electo Viktor Yanukóvich y puso a uno de los líderes elegidos de Nuland, Arseniy Yatsenyuk, como primer ministro" (Consortiumnews, 24-I-15).


Para el Times todo comienza con la "anexión" de Crimea, pasando por alto el referéndum abrumador por la unión con Rusia y obviando que "las tropas rusas estaban ya en Crimea como parte de un acuerdo con Ucrania para el mantenimiento de la base naval rusa en Sebastopol". Se pregunta si Rusia podía permanecer pasiva ante la posibilidad de que armas nucleares en manos de ultraderechistas se instalaran a quilómetros de su frontera. El problema, para Estados Unidos y para el mundo, es que si el Times piensa como el ultraconservador senador John McCain, queda poco margen para otra política que no sea la confrontación abierta.


¿Hacia la desintegración europea?


Es posible que Roubini tuviera algo de esto en mente cuando alertó sobre la posible alianza de Grecia con Rusia. Recordemos que su fama se debe a sus acertadas previsiones sobre la crisis económica de 2008, desencadenada por la crisis de las hipotecas subprime. Es un ferviente antirruso y anti Putin, pero su temor es que la brecha entre la Unión Europea y su país "se está volviendo aun más polarizada" (Times, 13-VI-14).


Un think tank del sistema, como el que dirige Roubini, muestra cierta preocupación por la tendencia de la superpotencia a actuar en solitario mediante una amplia gama de mecanismos que van "desde aviones no tripulados hasta un estilo de gobierno económico que incluye la amenaza de congelación de los activos de las naciones problemáticas (como Rusia o Irán), una estrategia que apoya la militarización de las finanzas".


A nadie escapa que la Unión Europea, y el euro, están atravesando su peor momento, al punto que pueden estallar. Aquí no valen las declaraciones, siempre engañosas, sino los hechos duros y puros. Alemania está repatriando sus reservas de oro. En 2014 fueron 120 toneladas, de ellas 35 fueron retiradas del Banco de Francia en París, y 85 toneladas de la Reserva Federal de Nueva York. Para 2020 Alemania tiene la intención de tener la mitad de sus reservas de oro en sus bóvedas, frente a sólo un tercio en la actualidad.
No es el único país europeo que está repatriando masivamente sus reservas. Según varios economistas, ese comportamiento obedece a desconfianza: "El almacenamiento de oro dentro del país puede ser cierto tipo de seguro en caso del retorno a las monedas nacionales en Europa. El hecho de que numerosos países quieran tener un seguro de este tipo significa que estos estados consideran que hay una posibilidad real de colapso de la eurozona" (Russia Today, 20-I-15).


Desde que Estados Unidos desató la crisis en Ucrania, la eurozona va de mal en peor. En su resistencia a dar paso a un mundo multipolar, "Occidente en vez de salvarse, parece haber decidido salvar los mecanismos y los actores de su crisis omnidimensional: los mercados financieros, los bancos, el dólar, la Otan, el unilateralismo, el democratismo ultraliberal", sostiene el Laboratorio Europeo de Anticipación Política (Geab 91, 15-I-15). El tránsito hacia un mundo más equilibrado está bloqueado por la parálisis europea, agudizada con la crisis de Ucrania.


Sin embargo, el tránsito hacia ese mundo es inevitable, toda vez que Asia ya es el centro económico del mundo. Lo que está en juego es cómo quedará parada Europa, si consolidará su alianza con Rusia, y con China a través de la Ruta de la Seda, o si apostará a seguir los dictados del sistema financiero centrado en la City de Londres y en Wall Street, en lo que el Geab considera "un suicidio colectivo que los europeos bien saben lo que significa".


En una Europa empantanada, el triunfo de Syriza puede ser decisivo. Es la primera derrota del capital financiero. Abre una ventana de oportunidades para forzar un cambio de rumbo, una bifurcación capaz de convertir a Europa en una región más autónoma; capaz de elegir, sin chantajes, sus alianzas necesariamente diversas, sin someterse a ninguna potencia. Un camino que inevitablemente pasa por la democratización de las decisiones, algo que horroriza al capital financiero, devenido en principal obstáculo para la soberanía de los pueblos europeos.


1. https://www.diagonalperiodico.net/global/25407-la-guerra-larvada-ucrania.html

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Dura negociación con Bruselas por la deuda griega

Atenas avisó que no va a contradecirse pidiendo una prolongación de ese programa de asistencia financiera, que obligaría a Grecia a mantener la política de austeridad, lo cual podría costarle un tramo del rescate europeo.

 

La Eurozona y Grecia plantearon ayer sus diferencias: Bruselas advierte que no se pueden "ignorar" los compromisos y el gobierno de Atenas afirma que no trabajará con los encargados de supervisar una política de austeridad que rechaza de plano.


El gobierno griego anunció ayer que está dispuesto a renunciar a un último tramo de ayuda financiera y a dejar de trabajar con los delegados de la troika encargados de supervisar una política de austeridad que rechaza de plano. Los anuncios los hizo el ministro griego de Finanzas, Yanis Varoufakis, en una tensa conferencia de prensa con el jefe del Eurogrupo, el holandés Jeroen Dijsselbloem.


"Ignorar los acuerdos previos no es el camino a seguir", dijo el jefe de los ministros de Finanzas de la Eurozona, Jeroen Dijsselbloem, en una conferencia de prensa con el ministro griego Yanis Varoufakis en la que ambos parecieron tensos. Después de dos planes de rescate internacionales por un total de 240 mil millones de euros, el Ejecutivo griego quiere negociar una reducción de su deuda (175 por ciento del PIB) y un abandono de las medidas de austeridad aparejadas a dicha asistencia.


Grecia todavía debe recibir unos 7200 millones de euros de aquí a un mes, como parte del programa de rescate, que expira el 28 de febrero.


Varoufakis dijo que rechaza recibir ese dinero, y que su gobierno fue elegido con la promesa de poner fin a la austeridad. Por eso, el ministro aseguró que su gobierno no va a contradecirse pidiendo una prolongación de ese programa de asistencia financiera, que obligaría a Grecia a mantener la política de austeridad.


En la conferencia de prensa con Dijsselbloem, Varoufakis explicó que su gobierno buscará "la máxima cooperación" con los acreedores del país (UE, BCE y FMI), pero no trabajará con los delegados de la troika que desde 2010 vigilan al detalle el cumplimiento de las reformas y recortes exigidos a Atenas.


El Ejecutivo griego pide además una conferencia internacional para eliminar una buena parte de su deuda y también la de otros países europeos, como la que se hizo en 1953 en Londres para reducir la deuda alemana. Respondiendo a una pregunta sobre este punto, Dijsselbloem contestó secamente que "esa conferencia existe, y se llama el Eurogrupo", el foro de los 19 ministros de Finanzas de la Zona Euro.


Como parte de los esfuerzos para renegociar la deuda y la salida de la austeridad, el primer ministro Alexis Tsipras hablará el martes en Roma con su homólogo italiano, Matteo Renzi, y el miércoles en París con el presidente francés, François Hollande. Varoufakis, por su lado, viajará del domingo al martes a Londres, París y Roma para reunirse con sus pares en esos países. Por ahora, ni él ni Tsipras irán a Alemania, el país que mantiene la posición más dura sobre la salida del plan de austeridad que exige el gobierno griego.


La Bolsa de Atenas reaccionó negativamente ayer, y cerró la sesión con una caída de 1,59 por ciento. El mercado de deuda también se tensó, y el rendimiento del bono griego a diez años se acercaba al 11 por ciento por encima del alemán.


El gobierno griego dejó claras sus intenciones desde el miércoles, anunciando una lluvia de medidas contrarias a las reformas y recortes dictados desde 2010 por la troika de acreedores, la UE, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional. En virtud de los rescates, los socios de la Eurozona (integrada por 19 países) tienen una exposición de unos 200 mil millones de euros a la deuda griega, a través de garantías a un fondo común y de préstamos bilaterales. Por eso, tanto la Comisión Europea como Francia y Alemania, los dos países más expuestos (42 mil millones y 56 mil millones de euros, respectivamente), no paran de advertirle a Atenas que deberá tener eso muy en cuenta.
"Grecia no va a conseguir llegar a fines de febrero", dijo alarmado Theodoros Pelagidis, del think tank Brookings, a la agencia Bloomberg.


Según el diario griego Kathimerini, actualmente hay menos de dos mil millones de euros en las arcas del Estado griego, que se habrán agotado a fines de febrero.


El banquero francés Matthieu Pigasse, directivo del banco Lazard, que asesora al fondo de reestructuración de los bancos griegos, estimó por su parte que es "absolutamente necesario" reestructurar la deuda griega.


Según él, hay que "reducir a la mitad" la deuda griega en manos de acreedores públicos, lo que implicaría la quita de unos 100 mil millones de euros.


Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión, el órgano ejecutivo de la UE, dijo al diario francés Le Figaro que "no se plantea eliminar la deuda" griega, aunque "sea posible hacer algunos arreglos". En la misma línea, el ministro francés de Finanzas, Michel Sapin, descartó también una anulación de la deuda, y dijo que lo que sí es posible es aminorar la carga de ésta. "Hablaremos de la deuda para aliviar la carga. Pero no para anular la deuda, porque eso equivaldría a transferir el peso del contribuyente griego al contribuyente francés", dijo Sapin.


El vicecanciller de Alemania, Sigmar Gabriel, dijo que espera que Grecia cumpla con sus compromisos de reformas y disciplina fiscal, adoptados a cambio de la asistencia internacional.

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Alemania endurece su postura de cara a la negociación con Grecia

"Asume usted el cargo en tiempos difíciles, en los que tiene una gran responsabilidad. Espero que podamos profundizar en la tradicionalmente buena y profunda amistad de nuestros pueblos". El lenguaje exquisitamente diplomático con el que la canciller alemana Angela Merkel felicitó al recién nombrado primer ministro griego, Alexis Tsipras, no ha logrado ocultar la sensación de que Berlín ha recibido la victoria del izquierdista Syriza como una amenaza a su política europea que no puede permitir.

Ese resultado, junto al anuncio de las compras de deuda pública a gran escala por parte del BCE —en contra, una vez más, de Berlín— provocarán un endurecimiento de la postura alemana tanto en las negociaciones con Grecia como en los diversos asuntos que la Unión tiene sobre la mesa de cara a los próximos meses, según explican las fuentes consultadas en Bruselas.


El ministro de Hacienda alemán, Wolfgang Schäuble, negó el martes en la Eurocámara la posibilidad no solo de una quita a la deuda griega, sino también de cualquier alivio a la pesada carga que arrastra Grecia. Y este miércoles, su compañero de Gobierno y rival político Sigmar Gabriel avisó a Tsipras desde Berlín de que solo él será responsable si finalmente Grecia no cumple sus compromisos y se ve obligada a salir del euro. "No lo deseamos, pero depende de su Gobierno", dijo Gabriel. El Ejecutivo alemán ya filtró antes de las elecciones que una reestructuración unilateral supondría una salida fulminante de Grecia del euro, y el vicecanciller repitió este miércolesque la eurozona está mucho mejor equipada que en 2012 para capear el temporal.


Berlín vuelve ahora a esa línea dura, antesala de una negociación entre Grecia y los socios europeos que se adivina larga y difícil. No solo por las posiciones ortodoxas de los acreedores del Norte (encabezadas por Alemania, pero también Holanda y Finlandia, todos ellos con elecciones en breve). España, Portugal e Irlanda se han mostrado extremadamente beligerantes en contra de dar más margen al flamante primer ministro griego, Alexis Tsipras. "Son tres países periféricos y gobernados por conservadores, que pueden temer el efecto contagio político de Grecia y que, sobre todo, han hecho grandes sacrificios y ven cómo ahora hay una operación de relajación de la que se beneficiarán Grecia, si llega a un acuerdo, y países como Francia e Italia, con condiciones fiscales más laxas", señaló una fuente comunitaria.


La victoria de Syriza no llegó sola. Tan solo tres días antes, Berlín había encajado una fenomenal derrota procedente de Fráncfort: Mario Draghi anunció que el banco central se embarcará en una ambiciosa operación de compra de deuda a la que Alemania —con su Gobierno al frente, pero sobre todo el Bundesbank— se había opuesto con uñas y dientes.

Encrespados los ánimos por la decisión del BCE, Berlín afronta el órdago griego con gesto adusto. Los portavoces del Gobierno alemán insisten en destacar que la negociación con las autoridades helenas se llevará en Bruselas, no en Berlín, pero a nadie se le escapa que la postura de Merkel será fundamental. Y en esta negociación a cara de perro que se avecina el mensaje es claro: la victoria de Tsipras no cambia en nada lo ya firmado y el nuevo Gobierno no puede esperar un trato de favor solo por haber llegado al poder con un mensaje rupturista.


"No puede ser que las cosas que no haga el Gobierno griego se desplacen a los vecinos y que al final sean los ciudadanos de otros países los que paguen la factura. No podría explicárselo a ningún trabajador alemán", dijo este miércoles Gabriel. El margen de actuación es "muy, muy reducido, añadió el número dos de Merkel. Fuentes gubernamentales admiten sotto voce que una de las razones por las que no pueden ceder es porque un éxito de Tsipras supondría un mensaje catastrófico para otros países del sur de Europa, como España, que se han esforzado en hacer reformas. Berlín quiere cortar de raíz un efecto contagio que dé alas a fuerzas como Podemos. Esta teoría de los "incentivos perversos" es curiosamente la misma que está tras las críticas alemanas al BCE: al mejorar la situación de los países del sur con la compra de deuda, Draghi les quita presión para que impulsen reformas que Berlín considera imprescindibles.


'Domesticar' a Tsipras


Objetivo: domesticar a Tsipras. La socialdemocracia europea ha iniciado una operación de acercamiento al líder de Syriza, el partido de izquierda radical que se impuso el domingo en las elecciones griegas. El presidente del Parlamento Europeo, el socialdemócrata alemán Martin Schulz, viajará a Atenas en las próximas horas para verse con el flamante primer ministro griego. El presidente del Eurogrupo, el socialdemócrata holandés Jeroen Dijsselbloem, hará lo mismo el próximo viernes. El presidente de Francia, el socialista François Hollande, ha invitado a Alexis Tsipras al Elíseo antes de su primera cumbre europea, el 12 de febrero. E incluso Alemania planea enviar a Atenas a Jörg Asmussen, exconsejero del BCE y actualmente una de las voces del Ejecutivo alemán más relacionadas con el dossier griego.


La socialdemocracia europea trata así de atraer a Tsipras a posiciones más centristas, que permitan a Grecia alcanzar un acuerdo algo mejor pero a la vez que reduzcan las probabilidades de accidente ante el riesgo de que el nuevo Gobierno griego tense demasiado la cuerda, según las fuentes consultadas en Bruselas.


Los griegos sacan su dinero de los bancos por temor a un 'corralito'



Alicia González Madrid 28 ENE 2015 - 20:22 CET

Antes incluso de que el nuevo Gobierno de Grecia llegue a sentarse a renegociar las condiciones de su rescate, como es su intención, el Ejecutivo de Alexis Tsipras puede tener que hacer frente a una crisis aún más grave. Los bancos griegos están sufriendo una fuga de depósitos mayor incluso que la que vivieron las entidades en lo peor de la crisis de deuda europea en 2012, lo que pone en riesgo la liquidez del sistema.

Los datos no dejan lugar a dudas. En diciembre pasado, los ciudadanos griegos retiraron 3.000 millones de euros en depósitos, una cifra que se ha disparado hasta los 11.000 millones este mes, dato todavía provisional. Según Bloomberg, la retirada de fondos de los bancos entre el 19 y el 23 de enero "fue incluso mayor que la que sufrió el país en mayo de 2012", cuando se especulaba con la salida de Grecia del euro. Ante situaciones similares, los Gobiernos de otros países han optado por implantar restricciones de movimientos de capital, lo que se conoce como un corralito financiero.


En noviembre pasado, el sistema financiero tenía 164.000 millones de euros en depósitos. Eso supone que entre diciembre y enero, la banca griega ha perdido el 8,5% del total de sus fondos, por debajo de los niveles más bajos registrados en 2012 de 151.000 millones.


"La fuga de depósitos refleja el temor a un impuesto sobre los depósitos y a controles de capital al estilo de los implantados en Chipre", sostienen los analistas de Citigroup, que esta semana ha mandado a un equipo al país, que envía un informe de situación diario a sus clientes. A juicio de estos expertos, sin embargo, no parece existir temor entre los clientes a una salida de Grecia del euro.


La tesis del miedo a un corralito financiero pero sin abandonar la unión monetaria se confirmaría con el destino que los griegos dan al dinero que sacan de los bancos. Según JP Morgan, la mayoría lo guarda debajo del colchón, ya que los billetes en circulación en el país aumentaron "significativamente" en diciembre, en concreto en 2.200 millones de euros. "Eso sugiere que el 70% de los depósitos retirados van a parar bajo el colchón", sostiene el banco en una nota.

Tampoco falta quien está sacando su dinero del país. Por ejemplo, las compras de fondos monetarios con sede en Luxemburgo se han acelerado esta semana, un indicador de referencia según JP Morgan, hasta los 206 millones de euros, frente a los 91 millones de la semana anterior o los 107 millones registrados en todo el mes de diciembre.


En esas circunstancias no es de extrañar que el sector financiero sufriera este miércoles en Atenas la peor jornada bursátil de su historia. Las acciones del Alpha Bank, el Banco Nacional de Grecia, el Pireus Bank y el Eurobank Ergasias cayeron entre un 25% y un 30% y hacían perder un 9,24% al índice general, hasta su nivel más bajo en dos años. Solo en esta semana los bancos han perdido más de 11.000 millones de euros de capital en los mercados, la misma cuantía que lograron atraer en todo 2014 y que se había convertido en una de las mayores de su historia. También han sufrido fuertes pérdidas las compañías eléctricas, cuya privatización ha sido paralizada por el nuevo Gobierno. La empresa eléctrica DEI perdía un 14,51%, mientras que el puerto de El Pireo retrocedía un 8,34% y el de Salónica un 12,50%.


El mercado augura que la tensión no va a desaparecer fácilmente y eso ha disparado la rentabilidad que exigen a la deuda griega. Los bonos a 10 años han pasado del 9,4% al 10,4% en una sola jornada y el rendimiento de la deuda que vence en julio de 2017 ha pasado del 10,9% del viernes pasado a superar el 16%. El Banco de Grecia asegura no tener problemas de fondos hasta el mes de marzo.


Gobierno griego frena privatizaciones y promete una negociación viable y justa

Afp, Dpa, Reuters y Xinhua

Periódico La Jornada
Jueves 29 de enero de 2015,


Atenas.


El nuevo gobierno de Grecia prometió este miércoles negociar con Bruselas una solución viable y justa al problema de su deuda, al descartar un enfrentamiento con sus acreedores, y frenó las privatizaciones de los puertos de El Pireo y Tesalónica, de la compañía eléctrica nacional, DEI, y de la petrolera Hellenic Petroleum, que formaban parte del amplio paquete de privatizaciones impuesto por la troika (los acreedores), a lo que la bolsa de Atenas reaccionó con una fuerte caída de 9.24 por ciento.


También se suspendieron las reducciones a pensiones y el aumento de la edad de jubilación impuestos por la troika.
El Ejecutivo, encabezado por la Coalición de Izquierda Radical (Syriza, por su acrónimo en griego), abogó a través de su ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis por un "new deal paneuropeo" para ayudar a Europa a recuperarse, en momentos en que la agencia calificadora internacional Standard's & Poor's amenazó con reducir la calificación de Atenas, al considerar que las medidas que impulsa el premier Alexis Tsipras violan acuerdos preexistentes.


El gobierno formado por Syriza y su socio minoritario Griegos Independientes (derecha soberanista) exige a sus acreedores internacionales una renegociación de su deuda externa, que asciende 320 mil millones de euros, equivalentes a 175 por ciento del PIB, y de las medidas de austeridad aplicadas desde 2010 a cambio de dos rescates por un total de 240 mil millones de euros.


El objetivo, proclamó el ministro de Finanzas Varoufakis, es pasar la página de la política de la austeridad dictada por la troika de acreedores formada por la Unión Europea (UE), el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Agregó que lo que busca Atenas es un "new deal paneuropeo" para ayudar al continente a recuperarse.


A la espera de que se abra la negociación con Bruselas, Tsipras anunció en su primera reunión de gabinete que tiene un plan para hacer reformas sin incurrir en déficits, pero sin superávits primarios asfixiantes para la población griega.
Varoufakis aseguró: pondremos fin a los escenarios de la prensa respecto de enfrentamientos con los acreedores. No habrá ningún duelo entre nuestro gobierno y la Unión Europea. No habrá amenazas. El ministro rechazó el severo programa de austeridad implementado desde 2010 según los acuerdos de rescate con la UE y el FMI.


Para Varoufakis, economista formado en Gran Bretaña, la reducción generalizada de ingresos de los griegos (sueldos y pensiones, además de las alzas de impuestos) aplicada como parte del ajuste fue un error tóxico, que debilitó las arcas del Estado, que se volvió incapaz de devolver lo prestado.


El gobierno anunció este miércoles que frenará el proceso de privatización de los puertos de El Pireo y Tesalónica, de la compañía eléctrica nacional, DEI, y de la petrolera Hellenic Petroleum, que formaban parte del amplio paquete de privatizaciones impuesto por los acreedores. También se suspendieron las medidas de reducción de pensiones y aumento de la edad de jubilación impuestas por la troika.


Otra medida simbólica fue el anuncio de la recontratación de más de 600 trabajadoras de limpieza del Ministerio de Finanzas en todo el país, despedidas en septiembre de 2013.
Los mercados reaccionaron negativamente a los primeros anuncios del nuevo gobierno y la Bolsa de Atenas cerró con una caída de 9.24 por ciento.


Además, S&P amenazó con reducir la calificación de Grecia,y señaló que en caso de que el nuevo gobierno no logre un acuerdo para extender las ayudas económicas que recibe desde el exterior, la situación financiera del país y su capacidad crediticia se verán perjudicadas.


En otro frente para el flamante gobierno de Tsipras, la UE negó haber ignorado objeciones de Grecia en un comunicado en el que anuncia la posible aplicación de nuevas sanciones contra Rusia por el conflicto en Ucrania. Tsipras siempre rechazó las sanciones contra Rusia por considerar que éstas remitían al "lenguaje de la guerra fría".


Los líderes de la UE encargaron el martes un comunicado a sus cancilleres para estudiar otras medidas en contra de Rusia, y Tsipras se quejó de que Atenas no fue consultada para la redacción del texto.

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"Una gran desigualdad perjudica incluso al capitalismo"

La revista New Left Review es una de las publicaciones de análisis político más prestigiosas del mundo. A mediados de diciembre, Robin Blackburn, miembro del comité editorial, visitó Madrid para presentar la edición en castellano de esta revista fundada en Londres en 1960.


¿Qué ha definido la crisis desde el estallido de la burbuja en 2008?


La raíz de la crisis está en la palabra subprime, que se refiere a la clase subprime, sin capacidad de crédito. Se intentó fomentar que las personas pobres, no sólo las desempleadas, sino las que tienen salarios bajos, firmasen hipotecas altas y cumplieran las obligaciones que estipulaban sus contratos. Ahora, en EE UU hay entre diez y quince millones de familias que se enfrentan a de¬sahucios, se ha desalojado a varios millones de personas y esto es un gran problema. La pobreza y los bajos salarios en China y otros lugares productores de Asia son también parte del problema: se trasladó la producción porque era bueno para los beneficios, pero los salarios bajos de los chinos significan que no se crea un mercado para los productores de Europa o las Américas. La fragilidad de la demanda es uno de los factores que dispararon la crisis. Se intentó prevenirla ampliando créditos e hipotecas a personas pobres y hacer que fuera más fácil endeudarse con las tarjetas de crédito, sin cobrar penalizaciones por mora, para reducir la falta de consumo. Ésa fue la conjunción esencial para mantener la demanda y los beneficios.


¿Qué supone el descenso generalizado de salarios?


Los empleadores intentaron bajar los salarios, pero esto entraba en contradicción con el deseo de encontrar mercados amplios, ya que los trabajadores más pobres no podían seguir manteniendo estos créditos. Con el big bang de las instituciones financieras, éstas encontraron varias maneras de estimular la demanda ampliando el crédito y ofreciendo préstamos de distintas maneras. Esto acabó en 2008, momento en que Estados Unidos tuvo que convocar a los directivos de los principales bancos de Wall Street para decirles que estaban en quiebra porque los pobres no tenían dinero para pagar los créditos. Esto quedó un poco oculto por la opacidad del sistema bancario, se escondían los estados financieros de los bancos fuera de los balances. En ese punto los bancos aceptaron que estaban en bancarrota y se nacionalizó el sistema bancario por un tiempo para permitir que los bancos organizasen sus asuntos y llegaran a balances de pagos más sólidos. Los bancos son reacios a admitir pérdidas y a las autoridades financieras se les ocurrió el Quantitative Easing (QE) [o expansión cuantitativa, una herramienta para aumentar la oferta de dinero a disposición de las entidades financieras], que se aplica en la zona euro por el Banco Central Europeo. Esto es otra manera de intentar frenar la crisis del crédito: se le dio dinero a los bancos, pero no lo han utilizado para invertir en la economía real, sino para presumir de balance de pagos y sustituir los activos tóxicos por otros más sólidos. No fomentaron la producción, que es lo que se supone que deberían hacer, porque han visto una gran fragilidad de la demanda. En primer lugar, las familias tenían una deuda, ésta la asumían las instituciones financieras, que intentaban librarse de la deuda vendiéndola a fondos de inversión. Se ¬produjo un exceso de deuda generalizado, las empresas también asumieron esto y les resultaba im¬posible vender sus bienes. ¿El parecido entre los bancos estadounidenses y europeos? En ambos casos la vivienda tiene un gran papel, mediante la creación de una economía-burbuja.


¿Cuáles son los peligros para los Estados endeudados?


Si fueran honestos, los bancos reconocerían más deudas. Por ejemplo, si hablamos de Grecia, la principal amenaza es para los bancos que han comprado los bonos de los bancos griegos en los últi¬mos diez años, los bancos euro¬peos, especialmente los alemanes, que tienen deuda griega, y quieren que Grecia liquide toda la deuda. La ideología del mercado libre dice que se tienen que pagar todas las deudas. El punto crítico para la izquierda es tener un plan realista para la reestructuración, aunque lo más sincero sería reconocer pérdidas y perdonar deudas, incluso hipotecas. ¿Cómo debería hacerse esto? No debe ser un eslogan vacío ni debe ser todo a la vez, sino hacerse de una forma programada y deliberada para no entrar en un caos económico y financiero. Un buen ejemplo es la deuda del Go¬bierno ecuatoriano. Antes de que estallara la crisis, el Go¬bierno de Correa decidió auditar la deuda y nombró a especialistas financieros que investigaron las condiciones y circunstancias que habían creado la deuda pública ecuatoriana. Llegaron a acuerdos financieros con países proveedores, vieron las condiciones desventajosas que les habían ofrecido. Tras muchos meses, consiguieron reducir la deuda externa ecuatoriana en 2.500 millones de dólares. Eso mejoró la situación del país. Fue un poco distinto de otro Go¬bierno latinoa¬mericano que re¬pudió la deuda: Argentina. Ar¬gentina estaba ya en crisis antes de poder seguir el ejemplo de Ecua¬dor. El elemento de caos se dio en la situación argentina.


¿En que consistiría esa recuperación tras la crisis de la deuda?


Es importante la idea de una auditoría de la deuda privada y no sólo de la pública, porque muy a menudo a los tenedores de las hipotecas se les venden propiedades muy por encima del valor real y sin declarar todos los riesgos que implican estas hipotecas, sobre todo en el caso de que los tenedores no cumplan estos términos.


Economistas técnicos, tanto de izquierdas como de derechas, están de acuerdo en que la falta de demanda es crucial en la crisis, y algunos expertos del mercado libre dicen que es necesario estimular la demanda. La frase que utilizan es "lanzar millones de euros desde helicópteros y que la gente se pelee por coger todo lo que pueda". Lo que intentan decir en realidad es que tenemos una situación desastrosa de deuda que está afectando a toda la economía y tenemos que tomar medidas estrictas.


En lugar de lanzar el dinero desde helicópteros se lo dieron a Wall Street y sus equivalentes, bajo el sistema QE. Otra solución sería dar dinero a los ciudadanos bajo fórmulas de renta básica, con la ventaja de que los estratos pobres y desfavorecidos consiguieran este dinero y lo gastaran. Porque si das más dinero a los ricos no saben qué hacer con él, les gusta acumularlo. Puede que aumenten su consumo de lujo, pero las personas que son muy ricas son tan ricas cuando suben los activos que ganan millones sin ninguna posibilidad de gastarlo. La gran de¬sigualdad perjudica incluso a un sistema capitalista, ya que restringe la demanda. Hay una propuesta de lo que podría hacer un Gobierno, que es dar dividendos a los ciudadanos, unos 50.000 euros a cada uno, con la condición de que, si tuvieran deudas, deben usar ese dinero para saldarlas. Así la masa ciudadana vería que se trata a todo el mundo por igual. Esto sería una manera de solucionar el problema de la deuda. Creo que la idea de una comisión auditora de deuda sería más positiva, habría que ver quién paga los costes de reconocer la deuda y las pérdidas. A menudo se usan los fondos de pensiones, las futuras pensiones de los trabajadores se verían afectadas. He escrito un libro al respecto: El futuro del sistema de pensiones. Las pensiones privadas en pocos países cubren a todos los trabajadores. Si se pudiera crear un perdón de la deuda selectivo, que no penalice a los pobres, sería una manera de acabar con la deuda. Los fondos de pensiones privados, que tienen bastante importancia en Reino Unido y EE UU, sólo cubren al 40% de los trabajadores; el 10% más rico se beneficia del 50% de exención fiscal por tener un fondo de pensiones, así que si se les anulase el 10% o el 20% sería una manera de compartir los daños y de estimular la demanda.


¿Qué hacemos con el trabajo y la producción? ¿Hacia dónde se tienen que dirigir las políticas de transformación?


La experiencia generalizada, restringiéndonos solo a la gestión de demanda, como harían los economistas neokeynesianos, se ceñiría a programas para no privilegiados. No se ha demostrado que funcione. Una vía que Keynes previó en sus escritos son las agencias públicas que se comprometen directamente en programas de desarrollo económico. Incluso la UE hace esto con sus programas de infraestructuras (gasto en autopistas y aeropuertos). Hay veces que estos gastos no son plenamente productivos sino que son redundantes. Es añadir, en cierta manera, un enfoque a la inversión que dice que con infraestructura popular, hospitales y colegios, esto podría ser una parte de la solución. También por ejemplo el fomento gubernamental de la agricultura, la producción y la generación de energía ecológicas estimularía la demanda pero crearía al mismo tiempo nuevos valores y aseguraría las cifras del PIB, que son bastante arbitrarias. Con una comisión auditora que investigase la deuda y las hipotecas, se podría unir una red de inversión pública en un país como España con una población formada y recursos naturales, que podría canalizar modos de producción buenos y programas para financiar la educación superior para todos los jóvenes entre 17 y 20 años, que es un elemento más en el bienestar de la población.

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Nuevo escenario de conflicto entre Argentina y los fondos buitre

Argentina quedó en condiciones de resolver el conflicto que comenzó a enfrentar el año pasado con los fondos buitre (especuladores) y que colocó al país sudamericano en una involuntaria cesación de pagos de su deuda.

El cambio de escenario se debe a que el pasado 31 de diciembre venció la cláusula de Derechos Sobre Futuras Ofertas (llamada Rufo, por sus siglas en inglés) que regía en los contratos que firmó con los acreedores que, a diferencia de los fondos buitre, sí aceptaron sumarse a procesos de canje en 2005 y 2010.

La cláusula establecía que ningún bonista obtendría mejores condiciones de pago que aquellos que reestructuraron su deuda, cosa que hubiera ocurrido si Argentina se sujetaba al fallo emitido el año pasado por un tribunal de Estados Unidos que le obligaba a pagar mil 300 millones de dólares a los especuladores.

El caso argentino desató una preocupación global en materia de deuda por el poder otorgado a los "buitre", que son fondos de inversión que especulan con deuda de países comprando bonos a precios de remate que luego cobran por cifras millonarias.

Argentina logró, en dos procesos realizados en 2005 y 2010, que 92.4 de sus bonistas aceptara reestructurar los pagos con rebajas de hasta 75 por ciento.

Por el contrario, un minoritario porcentaje de los acreedores se negó a negociar y el año pasado 1.0 por ciento de ellos obtuvo un triunfo en tribunales de Estados Unidos, que le exigieron a Argentina pagarle a los "buitres", al contado y de inmediato.

De haber pagado sin protestar, Argentina hubiera recibido un alud de demandas por parte de 92.4 por ciento de sus bonistas que estarían en condiciones, gracias a la cláusula Rufo, de reclamar porque el pago a los "buitres" implicaba mejores condiciones que las que ellos aceptaron.

Con la cláusula vencida, ahora el gobierno está en condiciones de renegociar sin la amenaza de recibir juicios multimillonarios, aunque lo que falta es que los demandantes quieran modificar sus condiciones de pago, tal y como pretende ofrecer Argentina.

La renegociación es clave porque permitirá que el país sudamericano salga del "default" (moratoria) en el que se mantiene desde que el juez estadounidense Thomas Griesa les dio la razón a los fondos buitre y congeló los pagos destinados al resto de los acreedores.

El fallo de Griesa, quien permanentemente ha favorecido a los fondos "buitre", provocó una situación inaudita, ya que Argentina ingresó en una involuntaria e inédita cesación de pagos pese a que tiene la capacidad y voluntad de pagar.

La negociación es necesaria y estratégica para Argentina, ya que el país deberá pagar durante 2015 unos 12 mil millones de dólares por vencimientos de capital e interés de la deuda externa.

(Con información de Notimex)

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Domingo, 19 Octubre 2014 10:45

La segunda revolución de Rafael Correa

La segunda revolución de Rafael Correa

La "revolución ciudadana", la transformación de Ecuador que el presidente Rafael Correa puso en marcha tras asumir el poder en enero de 2007, muestra síntomas de agotamiento. Los recursos públicos que apuntalan la economía se están agotando y las recientes marchas de protesta en varias ciudades del país andino muestran que la ciudadanía, como dice Simón Pachano, "exige algo más que carreteras y ciertos bienes materiales". El analista, investigador de la Facultad latinoamericana de Ciencias Sociales en Quito, opina que "las manifestaciones [del pasado 17 de septiembre] constituyeron un hecho novedoso y sorprendente, ya que fueron las primeras expresiones espontáneas en todos los Gobiernos de Rafael Correa. Y aunque precisamente por su carácter espontáneo es poco probable que tengan continuidad a corto plazo, marcaron un hito porque se perdió el temor, especialmente entre los estudiantes".

Las marchas, encabezadas por los sindicatos contra un proyecto de reforma laboral que en opinión de los trabajadores recorta sus derechos, aglutinaron a varios colectivos y se expandieron por todo el país para acabar violentamente en algunos casos. El pasado 30 de septiembre, en un acto con motivo del cuarto aniversario de una rebelión policial que el Gobierno tachó de intento golpe de Estado, Correa llamó a la unidad para frenar la "restauración conservadora". En la quiteña plaza de San Francisco, el presidente arengó a sus seguidores: "Esa derecha desarticulada después de las palizas recibidas a lo largo y ancho de América Latina ya superó la etapa de aturdimiento (...) Están coordinados y articulados y ya tienen estrategia de poder", espetó Correa. "Pero no pasarán, ¡el pasado no volverá!", advirtió con un fuerte grito.

Correa suele azuzar el fantasma de la derecha más rancia en momentos de crisis y la estrategia siempre le ha funcionado. Razones para ello en Ecuador sobran: el país tuvo una decena de presidentes en los 10 años previos a la llegada de Correa al poder. El actual mandatario no sólo fue el primero en mucho tiempo en completar un mandato, sino también en repetir en el cargo. Correa lleva casi ocho años en el poder y aunque la Constitución que él mismo impulsó le obliga a dar un paso al costado en 2017, el presidente ya ha dejado la puerta abierta para reformar la Carta Magna y alargar su estancia en el Palacio de Carondelet.

Fuente: Banco Central de Ecuador, Mº de Economía y Finanzas yFMI / C. AYUSO

 

"Tanto el presidente como su gestión mantienen altos niveles de aprobación", explica Pachano. "Si quiere, Correa cuenta con los votos necesarios en la Asamblea para reformar la Constitución. Si se aprueba la reelección, sería casi seguro el triunfo de Correa en 2017, tanto por el apoyo que aún conserva como por la debilidad de la oposición. La situación sería diferente si él no fuera el candidato. Nadie en su movimiento Alianza País cuenta con la intención de voto suficiente para triunfar", añade.

El fuerte respaldo a Correa se sostiene en cifras contundentes. El crecimiento medio de la economía del país es del 4% anual, el desempleo está por debajo del 5% y el porcentaje de los ecuatorianos que viven por debajo del umbral de pobreza ha bajado del 45% al 25%. Los salarios han subido y la inflación se ha mantenido en torno al 3% gracias a la dolarización de la economía, una medida tomada mucho antes del inicio del correísmo.

La receta del éxito económico es sencilla: mucha inversión pública, sobre todo en infraestructuras —puentes, carreteras, centrales hidroeléctricas, instalaciones petroleras—. En 2013, los desembolsos del Gobierno en la economía representaron el 15% del producto interior bruto (PIB) frente al 12,9% de la inversión privada. Por este motivo, Ecuador registró el año pasado el déficit fiscal más alto en la última década: 5.461,25 millones de dólares, que representa el 5,28% del PIB, según datos del banco central del país andino.

Para cubrir el déficit del próximo año —que según Standard & Poor's será superior al de 2014—, el Ejecutivo de Quito solicitó a China 1.500 millones de dólares. El país asiático ya es el principal acreedor bilateral de Ecuador. Hasta febrero pasado, la deuda exterior era de 13.000 millones (14% del PIB). De este montante, el 36% corresponde a préstamos con China.

En vista de la revisión a la baja de Pekín de sus inversiones en América Latina y del abaratamiento del precio del petróleo, principal fuente de ingresos del país, Correa decidió aparcar de puertas afuera su retórica contraria al sistema financiero internacional y realizar en lo que va de año una emisión de bonos tutelada por el Banco Mundial y restablecer las relaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI), cuyo último informe sobre el país andino avala un crecimiento del 4% anual hasta 2015.

"Ecuador necesita entre 8.000 y 9.000 millones de dólares al año para mantener el sistema económico", explica Alberto Acosta Burneo, editor de la decana publicación Análisis Semanal. "El dinero público ha elevado el consumo como motor de la economía. Y para evitar el descontento social, hay que sostener ese modelo. Se necesita cada vez más dinero para crear más empleo, pagar más salarios, para que el sector privado produzca más y venda más o dé más servicios, para que todos estén contentos. El Gobierno puede seguir endeudándose, tiene margen [la deuda externa es del 27% del PIB], pero si este modelo sigue sin modificarse sobrepasará fácilmente el límite del 40% fijado por el propio presidente. No hay plan alternativo al de apuntalar la economía con dinero público", explica Acosta.

La mayoría de los expertos cree que Correa ampliará sus fuentes de financiación y acelerará el desarrollo de los nuevos yacimientos petrolíferos, como el de Yasuní, para aumentar los ingresos y sostener la economía, al menos hasta las elecciones de 2017. Sin embargo, los analistas apuntan a que Correa, economista guayaquileño formado en Estados Unidos y Bélgica, ha reconocido a través del acercamiento al FMI y el Banco Mundial que el modelo no es eterno y que tarde o temprano tendrá que poner en marcha una "segunda revolución ciudadana" para sentar las bases de un desarrollo más sostenible.

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¿Por qué no detiene Obama la justicia buitre de Nueva York en contra de Argentina?

El investigador británico Greg Palast considera que Obama puede finiquitar la crisis de la deuda argentina con un plumazo y aduce que el "presidente de Estados Unidos posee el poder constitucional para desplumar al millonario Paul Singer, cabeza de los fondos buitres (http://goo.gl/ROlU30)".

 

La sicalíptica rapiña del multimillonario israelí-estadunidense Paul Singer, quien en forma megalomaniaca busca descuartizar a Argentina, está causando serios problemas geopolíticos a Estados Unidos y Gran Bretaña (GB).


Hasta Martin Wolf, editor de economía del Financial Times (http://goo.gl/FdzFeV), arremete, con una óptima caricatura alusiva, contra los buitres financieros (los acreedores recalcitrantes: holdouts) y los caprichos (¡supersic!) de los jueces estadunidenses.


Martin Wolf es muy severo contra los litigantes seriados (sic) en los que se han convertido los "tenedores de bonos argentinos quienes rechazan aceptar un compromiso con Buenos Aires (los holdouts recalcitrantes").


¿La pérfida Albión, como se apoda a GB –la invasora buitre de las islas Malvinas y hoy en medio de un referéndum definitorio por la secesión de Escocia–, se cura en salud mediante Martin Wolf: uno de los principales portavoces de la plaza de la City en Londres, quien defiende a Argentina en forma asombrosa?


Más allá de las argucias legaloides del polémico juez estadunidense Thomas Griesa, presuntamente coludido con los circuitos judiciales y sus bisagras financieristas en Nueva York –a lo que ha consagrado su vida entera Paul Singer para atracar al prójimo valetudinario al arrancar sentencias temerariamente perentorias–, la defensa de Argentina por Martin Wolf es de largo alcance y pone en tela de juicio al sistema judicial financierista anglosajón que aplasta cruelmente a la economía número 22 del planeta –la segunda de Sudamérica y la tercera de Latinoamérica– en el ranking del PIB global.


Argentina no es un país bananero cualquiera como lo maltrata la justicia buitre de Estados Unidos y sus fondos depredadores de Nueva York.
De por sí la usura y el anatocismo son repelentes prácticas anticivilizatorias de canibalismo financierista para el humanismo renacentista, como lo expresó el genial Shakespeare en su obra inmortal El mercader de Venecia.


Aun en un modelo desalmado y misántropo como el de la desregulada globalización financierista surjen dos voces lúcidas en el seno de la plaza de la City de Londres, como Greg Palast y Martin Wolf.


Ahora resulta que la "estrategia de los holdouts opera a expensas de los otros acreedores", inclusive en detrimento de restructuraciones esenciales, a juicio de Martin Wolf, quien cita las nuevas propuestas sensibles de International Capital Market Association (que representa a más de 400 de los principales bancos del mundo, inversionistas y emisores de deuda), que ha diseñado un nuevo marco para las quiebras soberanas (http://goo.gl/g2SRgN).


Greg Palast rememora que Baby Bush invocó la cláusula de la separación de poderes de la Constitución en contra del mismo fondo buitre depredador (válgase el triple pleonasmo) de Paul Singer, que ahora amenaza a Argentina, al bloquear la captura de una propiedad del país Congo en Estados Unidos, pese a que Singer es muy influyente y uno de los principales contribuyentes a los candidatos lubricados del Partido Republicano.


Greg Palast aduce que, bajo el principio comity, Obama sólo necesita informar al juez federal Thomas Griesa de que la demanda de Singer interfiere con la autoridad única del presidente para conducir la política exterior.


Aunque no lo profieran, Greg Palast y Martin Wolf entienden el grave riesgo geopolítico de arrojar a Argentina a los brazos de los BRICS.


Greg Palast revela que hace 30 años (¡supersic!) el pugnaz cuan contumaz juez Thomas Griesa fue advertido en una apelación judicial de atender la directiva de un presidente invocando sus poderes en política exterior, y comenta que en el caso Singer, el Departamento de Estado informó al mismo juez Griesa que el gobierno de Obama estaba de acuerdo (¡supersic!) con los argumentos legales de Argentina. Un juez buitre de una justicia buitre al servicio de los fondos buitres.


Pero Obama se quedó corto, ya que "nunca invocó la mágica cláusula de detener a los buitres".


Greg Palast reseña las maniobras financieras brillantemente complejas de Singer en 2009 al capturar el control de Delphi Automotive, único abastecedor de la mayoría de las autopartes necesitadas por General Motors y Chrysler, que se encontraban en bancarrota técnica.


El subsecretario del Tesoro de Obama, Steven Rattner, calificó la maniobra buitre de Singer como extorsión, pero acabó sometiéndose al compensarlo con 12 mil 900 millones de dólares (¡extrasic!).


En agradecimiento, el desalmado Singer cerró 25 mil empleos de Delphi en Asia y se embolsó 10 por ciento de la compensación.
Uno de los inversionistas en el fondo buitre del chacal Singer es Mitt Romney, fallido candidato presidencial por el Partido Republicano (http://goo.gl/wPf9Hs).
El Departamento de Estado ha advertido al juez Griesa que su adopción de las teorías legales de Singer y su fondo buitre pondría en peligro los acuerdos de deuda soberana en el mundo.


El historial depredador de Singer es tétrico desde Grecia, pasando por Congo, hasta Argentina, valiéndose del supremacista poder de la justicia buitre de Estados Unidos.


Según Oxfam, citado por Greg Palast, Singer socavó la habilidad de Congo para combatir la epidemia del cólera. ¡Vaya caníbal financierista!
Ahora Singer ha levantado la puja al chocar con los intereses crediticios de los principales bancos de Estados Unidos: JP Morgan-Chase, Citigroup y BNY Mellon.


Greg Palast acusa que los "abogados de Singer persuadieron (¡supersic!) al juez Griesa de impedir a BNY Mellon, agente crediticio de Argentina, pagar los 500 millones de dólares a los tenedores de los bonos argentinos.


Paul Singer representa intereses muy poderosos de todo género tanto de Israel (http://goo.gl/hQEBrE ), muy cercano al infanticida partido Likud de Netanyahu, como del Partido Republicano: su principal donador en Nueva York.


Martin Wolf fustiga la sentencia del juez Thomas Griesa –quien ha consentido todo a los abogados de Singer– al proteger al 7 por ciento de los holdouts, en manos de los fondos buitres, en detrimento del 93 por ciento de los tenedores de la deuda que han aceptado un compromiso razonable con Argentina.
Martin Wolf considera que el calificativo de buitres sería injusto para los pájaros, ya que los buitres desempeñan una tarea valiosa cuando los holdouts de Singer no reciclan la carroña.


Más allá de los tecnicismos legaloides del juicio de los fondos buitres encabezados por Singer y de su facilitación leonina por el juez Griesa, lo que está en juego, a juicio de Martin Wolf, es la fuga de la jurisdicción estadunidense debido a los caprichos (¡supersic!) de los jueces estadunidenses, quienes, a mi juicio, aplican su justicia buitre para favorecer aberrantes intereses singulares y, peor aún, le quitan la cobertura legal al neoliberalismo depredador financierista anglosajón, uno de sus principales pilares para controlar a países emergentes de la talla de Argentina.


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La nueva acción de los fondos buitres en contra de Argentina es parte de una contraofensiva más amplia de la derecha internacional contra los países progresistas de América Latina. Conducida por sus principales voces en los medios – Financial Times, Wall Street Journal, The Economist, El País– atacan sistemáticamente a esos gobiernos, que no han aceptado los dictámenes del Consenso de Washington. Y, por lo mismo, han logrado sortear la recesión capitalista internacional instalada ya hace más de seis años en el centro mismo del sistema, arrasando los derechos sociales, sin fecha para que termine.


Por eso, las naciones latinoamericanas que siguieron creciendo y distribuyendo renta, disminuyendo la desigualdad –que aumenta exponencialmente en el centro del sistema–, son un factor de perturbación, la prueba concreta de que es posible otra forma de enfrentar la crisis, que se puede distribuir renta, recuperar el rol activo del Estado, apoyarse en los países del sur del mundo y resistir la crisis.
Por eso la contraofensiva actual, que busca demostrar que ya no habría más espacio para que la economía de esas naciones siguiera creciendo, de que los avances en las políticas sociales no serían tales y que el tema de la deuda no estaría aún resuelto. Es crucial para las grandes potencias intentar convencer de que no habría alternativa al Consenso de Washington.


La formidable arquitectura de renegociación de la deuda argentina nunca fué asimilada por ellos. En caso de resultar, qué mal ejemplo para Grecia, Portugal, España, Egipto, Ucrania y tantos otros países aprisionados en las trampas del FMI. Tienen que demostrar que los dictámenes de la dictadura del capital especulativo son ineludibles.


La nueva ofensiva contra Argentina tiene que ser contestada por todos los gobiernos latino-americanos que son, en distintos niveles, igualmente víctimas del capital especulativo, que se resiste a reciclar para las inversiones productivas que necesitamos. Es hora de que los gobiernos de la región no sólo acompañen las misiones argentinas, sino tambiem asuman la disposición de imponer impuestos a la libre circulación del capital financiero. Una medida indispensable, urgente, que sólo puede ser asumida por un conjunto de países concomitantemente.


Asimismo, Brasil puede ayudar a Argentina –como sugirió recientemente un economista brasileño –ofreciéndose como país de giro del pago. Argentina remitiría los recursos y Brasil haría el pago de los acredores legítimos, evitando que el país sea confiscado. Una pequeña ayuda que puede permitir a esa nación pagar a los acreedores –92 por ciento del total– que han aceptado los términos de la renegociación.


Una renegociación que, por los criterios vigentes en casi todos los países, determina que cuando dos tercios o tres cuartos coinciden con los términos del rescate, los otros automáticamente tienen que aceptar esos términos. Es tiempo de que América Latina formalice ese criterio.
Muchos han sido los países que han mirado hacia América Latina para entender cómo han podido quitarse de encima sus deudas externas. Ahora ellos mismos miran hacia Argentina porque saben que se juega aquí mucho más que simplemente 8 por ciento de la deuda remanente. Se juega la soberanía de las naciones frente a quienes quieren doblegarlas con el peso de las deudas contraídas por los gobiernos serviles al FMI y a sus voceros.

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Miércoles, 09 Julio 2014 05:45

El regreso de las deudas externas

ALAI AMLATINA, 08/07/2014.- En las últimas semanas el tema de las deudas externas ha vuelto a colocarse en el candelero de las finanzas y de la política internacional debido a un juicio de la Suprema Corte de los Estados Unidos, que ha emitido una resolución en contra del gobierno de Argentina. Esta decisión evoca el profundo dilema que existe entre soberanía nacional y globalización financiera. Cuando un gobierno coloca deuda en los mercados internacionales, ofrece garantías de pagos que comprometen a sus contribuyentes al pago a mediano o largo plazo. Sin embargo, al venderse los bonos públicos se convierten en títulos privados que pueden convertirse en determinadas circunstancias en objeto de gigantescas especulaciones que pueden desencadenar bancarrotas de los Estados deudores.

Recordemos que en 2011 y 2012, España, Portugal y Grecia estuvieron sujetos a este tipo de especulaciones por parte de bancos e inversores quienes se beneficiaron de las abruptas subidas del premio (tasa de interés) de los bonos soberanos. En algún momento se temió que podría producirse una bancarrota soberana y, por consiguiente, el hundimiento de la moneda común, el euro. Fue la intervención de Mario Draghi, director del Banco Central Europeo, factor clave en disipar la burbuja de la especulación y el peligro de "default". Pero el fantasma de la deuda sigue planeando y no tardará en regresar.


En el caso de América Latina, no pueden olvidarse la brutalidad y persistencia de las crisis de las deudas externas, tanto en los años de 1980 como en las crisis financieras de México en 1995, Brasil en 1998 y Argentina en 2001-2002. Cada una de estas debacles tuvo impactos económicos y sociales muy costosos y sus historias constituyen capítulos claves de la historia reciente de la globalización financiera.
La experiencia de Argentina al doblar el siglo fue de las más traumáticas. Hacia 2000 su gobierno comenzaba a hacer agua, y por ello solicitó un enorme rescate al Fondo Monetario Internacional (FMI). Sin embargo, antes de concretarse, la confianza de los ahorradores e inversores se evaporó y las retiradas de dinero de los bancos argentinos comenzaron en gran escala. Con objeto de evitar el hundimiento de su administración, el presidente Fernando De la Rúa nombró a Domingo Cavallo como ministro de economía en abril de 2001 pero su plan, conocido como el "Megacanje" de las deudas públicas, fracasó debido a la falta de confianza de todos los actores económicos y financieros. El pánico bancario siguió su curso hasta que el ministro estableció un control sobre los depósitos en los bancos que fue bautizado popularmente como "el corralito". A partir de ese momento el gobierno ya tenía sus días contados y en diciembre cayó tras revueltas populares cada vez más extendidas.


Después siguieron dos años marcados por una enorme inestabilidad política (con cuatro presidentes en un año y pico) y aumentos dramáticos del desempleo y de la pobreza. No sería hasta la elección a la presidencia argentina de Néstor Kirchner, político peronista de izquierdas, en mayo de 2003, que comenzó a vislumbrarse un posible cambio de rumbo. El nuevo gobierno tuvo la fortuna de contar con un aumento sostenido de las exportaciones agropecuarias pero igualmente importante fue su respuesta a la crisis financiera. Desde diciembre de 2001 el gobierno estaba en "default" sobre sus deudas, lo cual se debió en buena medida a la negativa explícita del FMI de activar el rescate. Para principios del año de 2004, la deuda externa alcanzaba la estratosférica cifra de 178,000 millones de dólares. A partir de repetidos viajes a Washington, el ministro de economía, Roberto Lavagna, con el apoyo muy firme de Kirchner, logró una reprogramación de las obligaciones con los principales organismos financieros multilaterales (FMI, Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo). Luego se negoció con los acreedores privados garantías de pagos del servicio de los bonos externos a cambio de una reducción de su valor nominal que se estimaba en 100,000 millones de dólares en marzo de 2005: se alcanzó una quita de cerca de 55%, una de las mayores en la historia financiera internacional reciente.


Como consecuencia, el gobierno de Argentina fue marginada de los mercados de capitales internacionales pero durante los últimos diez años ha pagado el servicio acordado de la deuda de manera puntual todos los años, lo cual ya ha representado una transferencia de más de 100 mil millones de dólares a los tenedores de bonos y una reducción dramática de la deuda externa. Sin embargo, una pequeña porción de bonos que no entraron en el acuerdo fueron adquiridos por un par de fondos de inversión de los Estados Unidos que son conocidos como "fondos buitre" porque compran por centavos para luego tratar de cobrarlos a precios mucho más altos. Este negocio depende de la posibilidad de convencer a una corte de Nueva York que las compras especulativas deben reembolsarse al cien por cien de su valor nominal. Esto es lo que ocurrió hace unas semanas a partir de la decisión del juez Thomas P. Griesa de la Corte del Distrito Sur de la ciudad de Nueva York, que ha sido avalado por la instancia superior del sistema judicial norteamericano: en este caso, se sostiene que los reclamos de los especuladores serían de mayor valor jurídico que aquellos de un gobierno soberano.


El gobierno argentino ha respondido con dos estrategias complementarias. Por una parte ha ofrecido negociar con los fondos buitre durante este mes de julio, pero al mismo tiempo ha puesto en marcha una campaña política internacional para limitar los daños a su economía. Desde el lunes 7 de julio, el juez Griesa ha autorizado a un intermediario, el famoso abogado Daniel Pollack de Nueva York, para que supervise el proceso de negociaciones alucinantes en ciernes entre los especuladores y el gobierno de Argentina.


La respuesta internacional de solidaridad con Argentina ha sido impresionante.


En primer término, ha logrado el apoyo de los gobiernos latinoamericanos, incluyendo los de Mercosur así como una resolución de apoyo de la Organización de Estados Americanos, aprobada el 4 de julio En segundo lugar, ha obtenido los apoyos de diversas instancias multilaterales, entre ellas, la Comisión Económica para América Latina (Cepal) y la agrupación de 77 países en Naciones Unidas conocida como G77. Pero, además, ha atraído la atención de dos grandes potencias, Rusia y China. En los días de 15 y 16 de julio se reúnen los presidentes del grupo de naciones conocido como BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) en la ciudad de Fortaleza, Brasil. El presidente de Rusia, Vladimir Putin ha anunciado que después visitará a Buenos Aires para demostrar su apoyo en contra de los especuladores. Más importante aún, ha sido la declaración del presidente de China, Xi Jinping, quien también viajará a Argentina para firmar acuerdos comerciales y demostrar su apoyo en contra de los "fondos buitre" de Nueva York.


En resumidas cuentas, se trata de un episodio de geo/política y financiera de considerable impacto. Cabe preguntar: ¿cuál es el alcance de la soberanía de un gobierno y sobre todo de los contribuyentes en esta época de globalización financiera? Este es un problema medular que afecta a las democracias modernas. El principio fundamental del gobierno parlamentario consiste en que el pago de los impuestos es la base de la representación política: por ello, la soberanía fiscal y por ende de los ciudadanos, merece una defensa mucho más visible y transparente que la de los intereses financieros privados. De ello depende en buena medida la supervivencia y la legitimidad de las democracias contemporáneas y, precisamente por ello, el debate sobre las deudas públicas no dejará de acrecentarse en el escenario nacional e internacional.
- Carlos Marichal es un historiador estadounidense nacionalizado mexicano.

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