La esperanza del monstruo democrático, entre Syriza y Podemos

"Un espectro se cierne sobre Europa". Así titulaba su portada hace unos días el diario italiano Il Manifesto, comentando las visitas de Tsipras y Varoufakis a los gobiernos europeos. Una verdadera pesadilla para los ordoliberales alemanes, un Geisterfahrer en toda regla, el conductor suicida que quiere estamparse contra el autobús europeo, como planteaba en su primera página Der Spiegel. Imaginemos lo que podría ocurrir con la victoria de Podemos en España: ¡qué enorme espectro se verá entonces al acecho, un verdadero monstruo generado por los explotados y por las fuerzas productivas de la cuarta economía europea! En pocas semanas comenzarán las citas electorales en España y se repetirá, con fuerza redoblada, la cantinela de los gobiernos europeos destinada a meter miedo a las y los ciudadanos españoles. Preparémonos. Con la seguridad de que la prepotencia de los malos augurios de esta propaganda será derrotada. Pero entretanto, estemos alerta: ¿Qué podrá replicar Podemos sobre Europa?


Consciente de la aceleración temporal y política que la victoria de Syriza ha impuesto, el discurso de Podemos sobre Europa es, por un lado, de solidaridad sincera y de alta consideración hacia la victoria de los demócratas griegos, mientras que, por otro lado, es un juicio de prudencia —la línea marcada por Tsipras puede fracasar en el breve intervalo que la separa de las citas españolas—. Pero la prudencia no es ambigüedad. En efecto, a nadie se le escapa que nada sería más peligroso que una postura ambigua no solo respecto a la negociación que se ha abierto entre Grecia y Europa, sino sobre todo respecto a las políticas que la Europa de la troika ha desarrollado hasta ahora. Cualquier ambigüedad en este terreno debe ser eliminada —y así ha sido en los hechos si juzgamos a partir de lo que hemos visto en los últimos meses—, pues existen dos europas y hay que situarse en una u otra. La ciudadanía sensata sabe que no se podrá ganar en España si no es a la luz de un frente ya abierto por Syriza y que ha de ampliarse en Europa. Las políticas de la deuda, los temas vinculados a la soberanía y a la cuestión atlántica sólo pueden entrar en consideración en el espacio europeo.


Cabía esperar una gran atención —y así empezamos a comprobarlo— a las propuestas tácticas y a las políticas del equipo económico-financiero de Syriza. Con independencia de los juicios sobre el valor de las propuestas, éstas se decantan por la cooperación transnacional y el abandono de la demagogia antieuropea de las "viejas" izquierdas, una demagogia que en cualquier caso nunca ha sido fuerte en Podemos. No cabe duda de que la apuesta de Syriza se formula en términos de defensa de la soberanía nacional —contra la troika, contra Merkel, etc.—, pero en la práctica implica la aceptación bastante evidente de una intervención política dentro y contra la Unión tal y como esta es dirigida. En esta línea, la principal opción hoy es la de una coalición de los PIIGS y de las fuerzas de una nueva izquierda para dar un vuelco al statu quo de la Unión. Asimismo, esta parece ser la única opción al alcance de Podemos para ganar las elecciones.


Tratemos de considerar la cosas con mayor profundidad. Hasta ahora el enfrentamiento en Europa se ha producido entre una Europa neobismarkiana, neoliberal y eminentemente conservadora y una Europa democrática, constituyente y atenta a las exigencias de las y los trabajadores, de las clases medias empobrecidas y de los jóvenes precarios o en paro, de las mujeres, de los inmigrantes y refugiados, de los viejos y nuevos excluidos. Una alternativa por así decirlo, porque a partir de la crisis de 2008 la Europa bismarkiana se ha impuesto con contundencia, dejando a la otra Europa un espacio marginal, de protesta y a veces incluso de lamento desesperado. Sin embargo, cuando la situación parecía quedar terminantemente cerrada para las reivindicaciones de justicia y para las revueltas contra la miseria, se ha presentado una alternativa encabezada por Grecia. Ahora se trata de afirmarla y de organizarla precisamente en los terrenos en los que se había impuesto la iniciativa reaccionaria.


La primera cuestión, la primera dificultad, es la de la deuda. La Europa de la troika quiere hacer pagar la deuda a las multitudes europeas, de tal forma que la capacidad de pagarla se convierte en el rasero de la democracia así como del grado de europeísmo. Pero todos aquellos que se mueven en un frente democrático piensan, por el contrario, que ese rasero es infame porque las deudas que hoy se imputan a los pueblos han sido contraídas por quienes han gobernado durante estos años. Estas deudas han engordado a las clases dirigentes, no solo mediante la corrupción, la evasión o los favores fiscales, el gasto demencial en armamento, las políticas industriales en provecho no del trabajo, sino para someter a éste a la renta financiera e imponer a los modos de vida la precariedad y una incertidumbre asfixiante. Cada hombre, cada mujer, cada trabajador ha tenido que reconocerse culpable de una deuda, de un gravamen financiero del que no era responsable. Ha llegado el momento de decir en voz alta que no han sido los ciudadanos sino los dueños del poder, los hombres del proyecto neoliberal, los políticos de "centro", de las "grandes coaliciones" cada vez más extremistas y exclusivas los que han creado una deuda de la que se han apropiado exigiendo, además, un reembolso indebido. Contra esa condición servil para los pueblos (no solo para los pueblos del sur de Europa, sino también para los de Centroeuropa y sobre todo de Europa del Este) la nueva izquierda, a través de Syriza, pide un rescate –una conferencia europea sobre la deuda, esto es, una sede constituyente para un nuevo sistema de solidaridad, para establecer nuevos criterios de medida y cooperación fiscal y para las políticas del trabajo. Podemos puede aportar a este proyecto un respaldo enorme.


Todos sabemos que detrás de estos temas se abre un proyecto de transformación profunda de las relaciones sociales. Una vez más, nace desde Europa y en Europa un proyecto de libertad, de igualdad, de solidaridad, un proyecto que podemos llamar antifascista, porque repite la pasión y la fuerza de las luchas de la Resistencia. La alianza entre Podemos y Syriza, y el apremio a confluir en esa alianza dirigido a todas las nuevas izquierdas europeas, puede construir el modelo de una Unión democrática, construida a partir de la solidaridad más allá y contra el mercado. A partir de esta base, solo se puede hacer una política fiscal reduciendo o aboliendo la deuda consolidada hasta ahora e instaurando y homogeneizando, para el futuro, criterios progresivos de fiscalidad en toda la zona euro. Los temas centrales del Estado de bienestar –educación, asistencia médica, sistema de pensiones y políticas de vivienda, pero también el trabajo doméstico y el trabajo de cuidados– deben desarrollarse de manera homogénea en el plano europeo, acompañando la gran innovación de una "renta básica de ciudadanía" decente, generalizada y homogénea. Todo esto abre una batalla constituyente allí donde estos nuevos derechos de solidaridad pueden ser reconocidos, donde el común se torna en elemento central de organización económico-social.


Pero para conquistar estos objetivos se ha de indicar el terreno en el que luchar, y este solo puede ser el espacio europeo en su totalidad. Se abre así el tema central alrededor del cual se han acumulado muchos equívocos: el terreno de la cesión de soberanía. Ya ha habido traspasos de soberanía y estos se han hecho siempre a favor de los poderes neobismarckianos del capitalismo financiero. En este terreno, atacando demagógicamente estas cesiones de soberanía, nacen y se desarrollan peligrosamente en Europa las derechas nacionalistas. Sin embargo, resulta extraño ver cómo esas posiciones asoman a veces —o son miradas con buenos ojos— también entre los miembros de Syriza, de Podemos y de otras fuerzas de la "nueva Europa" que están formándose. Hay que ser claros a este respecto; cada uno de los países que han entrado en la Unión, y con mayor motivo los que han entrado en el euro, ya no poseen una soberanía plena. Y esto es bueno. Detrás de la soberanía nacional se han desarrollado todas y cada una de las tragedias de la modernidad. Y si queremos seguir hablando de soberanía en un sentido moderno —y clásico—, es decir, de un poder "en última instancia", tiene que quedar claro que este se identifica cada vez más con Fráncfort, o para ser más precisos, con la torre del BCE. Nos encontramos en una situación en la que reina una peligrosa duplicidad que es preciso reconocer. Necesitamos a Fráncfort, necesitamos una moneda europea, si no queremos ser presa de los poderes financieros-globales, de las políticas de EEUU así como de los demás colosos continentales que están afirmándose frente a Europa. Pero, por otra parte, tenemos que recuperar a Fráncfort para la democracia e imponerle las razones de los pueblos. Dicho de otro modo, Fráncfort debe ser asaltada por Europa; primero por los movimientos y luego, gradualmente, por la mayoría de las democracias europeas y de un Parlamento europeo transformado en asamblea constituyente. Con la globalización se ha impuesto en todas partes la centralidad de un gobierno monetario de zonas continentales, siendo Europa una de estas zonas continentales. No cabe imaginar una batalla política más esencial que la que lleva al control democrático del gobierno de la moneda europea. Esta batalla simboliza hoy la toma de la Bastilla.


Por otra parte, es evidente que solo planteando el problema del control sobre el vértice monetario y político de Europa, e insistiendo por ende en la disolución de las viejas soberanías monocráticas puede abrirse, de manera productiva, el tema del federalismo, que es otro paso esencial en la construcción de una nueva Europa. Un federalismo que no solo quiere que las naciones europeas se recompongan en un diálogo constitucional, sino también y sobre todo una articulación de todas las naciones, de todas las poblaciones y lenguas que quieren sentirse cultural y políticamente autónomas, dentro de un cuadro unitario, esto es, federal. No son tanto los PIIGS los que desean esto; son Escocia, Cataluña, el País Vasco y todas las demás regiones que exigen autonomía y una capacidad efectiva de decidir sobre su constitución política y social. El federalismo pasa a ser clave en la construcción de Europa. La cuestión de la soberanía solo puede plantearse y utilizarse en términos de pluralidad, accediendo a las dinámicas que articulan un franco federalismo para los años venideros.


Aquí se entiende una vez más que sólo la izquierda —la nueva izquierda que parte de la radicalidad democrática de los movimientos emergentes de lucha y se organiza con arreglo a líneas de emancipación (Syriza y Podemos)— puede imponer la Unión Europea no como instrumento de dominio sino como objetivo democrático. Izquierda-Europa-

radicalidad democrática: este dispositivo cobra cada vez más importancia para la definición de la defensa de los intereses de las clases trabajadores y para la emancipación frente a la pobreza de las y los ciudadanos. Hay una larga y sucia tradición de izquierdas soberanistas a la que hay que poner fin, al igual que hay que derrotar a las experiencias populistas que utilizan los sentimientos nacionales y los transforman en pulsiones fascistas (nacionalistas, identitarias, aislacionistas). Solo una izquierda europeísta, profundamente transformada por la radicalidad democrática de los movimientos emergentes contra la austeridad, puede construir una Europa democrática.


Aquí se abre otro problema, que podemos denominar la "cuestión atlántica". Se trata de un problema a menudo eludido o excluido del debate, como si resultara obvio que el proceso de unificación europea tuviera que desarrollarse bajo la atenta protección de Estados Unidos. Europa fue auspiciada dentro de la Resistencia antifascista para superar las guerras que hasta mediados del siglo pasado la habían destrozado a la par que empobrecieron y humillaron a sus pueblos.

Contra esa condición se construyeron en la postguerra europea y en la Transición española los primeros fermentos de un discurso europeo, sabiendo que la paz significaba la posibilidad de democracia, mientras que la guerra ha significado siempre fascismo y militarismo. Tras la caída del Muro de Berlín, la unidad europea ha perdido también las características del último frente contra el mundo soviético y el expansionismo ruso. Así las cosas, el objetivo de una Unión Europea se ha autocentrado y reorganizado en torno a un marco de civilización, de estructuras jurídicas propias y de autonomía en el ámbito global.


Pero ahora Europa está rodeada de guerras. Todo el Mediterráneo, tan profundamente vinculado no solo al sur, sino a toda Europa debido a los movimientos migratorios y por relaciones esenciales de política energética e intercambios comerciales, está atravesado por una única línea de guerra, de fascismos y dictaduras. Es una línea que se extiende hacia Oriente Próximo y hace de Europa un actor peligrosamente expuesto a movimientos bélicos que tienen una importancia y una conducción globales. Además, en la frontera Este de Europa se está desarrollando una guerra entre pueblos rusófonos, con responsabilidades que hay que remitir a cuestiones de control global que se contraponen al interés de los pueblos europeos. Desde esta perspectiva, la soberanía de Europa —no ya la soberanía imaginaria de cada país, sino la real de una Unión que está construyéndose— se proyecta sobre la OTAN y es usurpada por esta. ¡Esta es la verdadera cesión de soberanía que han padecido las naciones europeas! Cuando Tsipras propone, de manera simbólica, la necesidad de abordar este problema, toca una fibra fundamental de las estructuras europeas. Introduce a un problema al que todos debemos responder, sin hacernos la ilusión de que pueda resolverse de inmediato pero sin negar su existencia y su impacto central. De lo que hablamos aquí es de la relación de la Unión con la paz o la guerra, con una paz no solo dentro de Europa, sino también en sus fronteras. Por otra parte, es evidente que la "cuestión atlántica" no es un problema que atañe solo a la paz y a la guerra, sino que es una cuestión que se remonta al sistema de control y/o de poder de mando sobre las estructuras productivas y financieras de la propia Europa.


Así pues, para no ser hipócritas, para hablar claro, para dar un empujón adicional a los procesos de construcción de una fuerza política de la izquierda europea, pongamos de nuevo sobre la mesa algunos problemas que no pueden dejar de plantearse. ¿Qué dice o hace Podemos sobre la inmigración, sobre los refugiados? Pero también —repitiendo y precisando la pregunta— sobre la OTAN, sobre los conflictos regionales en curso en los limes de la Unión? Si estos temas son considerados "perdedores" en el plano electoral, ¿hay que intentar evitarlos y/o responder con ejercicios retóricos para salir del paso? No, de ninguna manera. En este ámbito, es muy difícil adoptar como eslogan el "primero se toma el poder, y luego se discute el programa". Los temas de la paz y de la guerra no pueden ser considerados secundarios.

Tomar posiciones sobre ellos significa esclarecer sin ambages cuál es la orientación fundamental del grupo dirigente de Podemos no solo sobre la cuestión de la paz y de la guerra, sino también sobre las cuestiones que remiten a la reforma y a un proyecto constituyente que afecta a toda Europa. El valor y la seriedad con la que Tsipras ha planteado todo el contexto de las temáticas que hoy son importantes para la construcción de una Europa fuera de la troika son los mismos que nos permiten plantear también un dispositivo "fuera de la OTAN". Los movimientos y los gobiernos de una nueva izquierda saben que tienen que asumir estos problemas como centrales. Sin ambigüedades y siendo conscientes de que la coyuntura global misma puede contribuir hoy a su solución. De hecho, lo que a estas alturas piden los ciudadanos del mundo es una Europa democrática en el conjunto de la nueva realidad global, porque Europa es vista como una realidad que puede renovar una tradición democrática de larga trayectoria, aprovechando la luz que Syriza y Podemos han encendido, como esperanza de reforma y superación del capitalismo.


Los movimientos europeos quieren ser incluidos en la iniciativa política continental que el eje Podemos-Syriza puede crear/está creando en el ámbito europeo. Esa iniciativa constituye en particular un punto de atracción para las nuevas izquierdas y la nueva radicalidad democrática en formación en el sur de la Unión. Tanto el ritmo como el grado de articulación de este proceso dependerán de la marcha actual del gobierno de Syriza y del próximo éxito electoral de Podemos. Todos juntos podemos organizar una ruptura constituyente en el ámbito europeo

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Grecia vuelve a la mesa de las negociaciones

Con la quita parcial de la deuda fuera de la mesa, representantes griegos y de las tres instituciones de la impopular troika comenzaron ayer en Bruselas los trabajos técnicos para llegar a un acuerdo. Tsipras quiere un crédito puente.

Grecia y sus acreedores bajaron las armas tras el primer encuentro del primer ministro heleno, Alexis Tsipras, con el resto de los líderes europeos y se volvieron a sentar ayer a negociar a nivel técnico sobre el futuro del rescate financiero.


En el mes que la coalición de izquierdas Syriza tenía por delante desde su victoria electoral hasta el fin del rescate griego el próximo 28 de febrero, todas las partes aplazaron la retórica ofensiva que acompañó la campaña y los primeros pasos del nuevo gobierno griego en Europa para tratar de buscar soluciones.


Con la quita parcial de la deuda fuera de la mesa, representantes griegos y de las tres instituciones de la impopular troika –el Banco Central Europeo (BCE), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Comisión Europea– comenzaron ayer en Bruselas los trabajos técnicos para llegar a un acuerdo. Las conversaciones "comienzan sobre buenas bases", pues las partes han "escuchado con atención" las posiciones de la otra tras el acuerdo de Tsipras y el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, para retomar los contactos.


Ahora se trata de encontrar puntos en común entre el actual programa griego y el plan del gobierno de Tsipras en las cuestiones técnicas, de cara a facilitar las delicadas negociaciones políticas que se llevarán a cabo el próximo lunes en la reunión del Eurogrupo entre los ministros de Finanzas de la Zona Euro. "Haremos todo lo que podamos para llegar a un acuerdo el lunes, pero no con medidas que vayan contra la soberanía de la nación y del pueblo", dijo el portavoz Gabriel Sakellaridies. "Si no tenemos un acuerdo el lunes creemos que queda tiempo, así que no sería un problema", agregó el portavoz.


Tsipras es consciente del mandato que recibió de los griegos para poner fin a las políticas de austeridad, pero también de que si quiere mantener al país en el euro tiene que lograr un acuerdo con sus socios y las instituciones que forman la troika, independientemente del nombre que ese grupo adopte en el futuro. "Estamos definitivamente obligados a seguir y cumplir" las reglas europeas, aunque no esté de acuerdo con ellas, reconoció Tsipras esta madrugada al término de la cumbre, pero recalcó que ello hay que combinarlo con el deseo de los griegos de acabar con la austeridad.


Uno de los primeros gestos europeos hacia Syriza fue desterrar la palabra "troika" del discurso oficial, lo que le permitió a Tsipras proclamar ayer a la madrugada en Bruselas que "la troika ya no existe", pese a que la canciller alemana, Angela Merkel, la pronunciaba momentos antes unos pisos más abajo. "No hay un deseo particular por parte de nadie de llamarlo troika, los nombres son nombres", dijeron las fuentes, que comprenden que la tríada conlleve un "cierto simbolismo" para Grecia.


En cualquier caso, éste es un gesto menor frente a los puntos fundamentales de la discusión: con qué tipo de respaldo financiero contará (o no) Grecia a partir de la medianoche del próximo día 28, qué reformas y ajustes tendrá que seguir aplicando el país y cuáles podría sustituir por nuevas medidas.


Tsipras quiere un programa financiero "puente" que asegure que el país puede afrontar sus pagos los próximos meses hasta lograr un acuerdo definitivo, alrededor de agosto, y un mayor margen para financiarse y suavizar los ajustes fiscales. "No es crucial una extensión del rescate", explicaron las fuentes, que indicaron que no descartarían la posibilidad de que se acuerde un programa nuevo.


Atenas necesita respaldo financiero para afrontar los próximos pagos, pero además un programa abriría la puerta para que el BCE revoque su reciente decisión de no aceptar los bonos griegos como garantía en sus operaciones de refinanciación, cerrando una importante vía de liquidez al sistema griego con un interés del 0,05 por ciento. Ahora los bancos griegos tienen que recurrir al mecanismo urgente de provisión de liquidez (ELA), a un interés que ronda el 1,55 por ciento, una línea que Francfort decide cada semana si mantiene abierta o no, y que también puede decidir cerrar si considera que los bancos griegos no son solventes.


Tsipras también quiere sustituir una tercera parte de las medidas a las que se comprometió el anterior gobierno heleno a cambio del rescate financiero por un plan más acorde con sus líneas políticas. "El programa no es un libro sagrado al que una vez que se ha acordado el proceso no se puede cambiar una palabra", explicaron las fuentes comunitarias, que recordaron que ya modificó la asistencia concedida a Atenas durante estos años. Sin embargo, las negociaciones serán duras, ya que es necesario que Tsipras convenza a sus socios de que las medidas que propone tendrán un efecto positivo sobre el crecimiento y no aumentarán el déficit del país ni la deuda.


El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, señaló que "hay que mantener un enfoque de sentido común. Cuando el nuevo gobierno griego anule algunas medidas antisociales, y algunas lo son, éstas tendrán que ser sustituidas por otras que desde el punto de vista presupuestario sean equivalentes".


Respecto de la deuda, la quita está descartada, pero podría negociarse mejorar aún más las condiciones del crédito. La deuda griega supera los 320.000 millones de euros, de los que un 62 por ciento corresponde a gobiernos europeos (contando los préstamos bilaterales y los canalizados por el fondo de rescate de la Eurozona) y, en el caso concreto español, a 26.000 millones.

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Jueves, 12 Febrero 2015 05:57

Dura negociación por la deuda de Grecia

Dura negociación por la deuda de Grecia

El enfrentamiento entre el nuevo gobierno griego antiausteridad y sus acreedores de la Unión Europea (EU) tuvo un inicio combativo anoche cuando el ministro de Finanzas de Grecia, Yanis Varoufakis, llegó a Bruselas ante un coro de demandas de que el país cumpla su programa de rescate.


Desde la victoria del partido de extrema izquierda Syriza en las elecciones del mes pasado, ambas partes examinaron exhaustivamente la renegociación del plan de rescate de Grecia, por 240 mil millones de euros, que Atenas quiere desmantelar. Alemania en particular –principal vocero de las medidas de austeridad de Europa– rechazó las sugerencias de que Grecia puede renegar alguna parte de su deuda.


Varoufakis presentó ayer pedidos del país a los otros 18 ministros de Finanzas de la Eurozona, antes de la fecha límite del 28 de febrero, cuando expira el actual programa de rescate de Grecia. Se cree que los pedidos incluyen créditos puente y un período de gracia de unos seis meses para que Grecia pueda seguir teniendo acceso a los mercados, ya que negocia un nuevo acuerdo con sus acreedores.


Quiere que se eliminen algunas de las medidas de austeridad vinculadas a su rescate, mientras que ayer, en una entrevista con la revista alemana Stern, Varoufakis también sugirió una cancelación como que "si la deuda no se puede pagar, entonces eso lleva a un corte de pelo (una quita)". Estaba con los labios apretados cuando llegó a Bruselas ayer por la noche para mantener conversaciones con los otros ministros de la Eurozona y los directores del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Central Europeo (BCE), y sólo dijo que confiaba de "en una reunión productiva" y que quería que Grecia permaneciera en la eurozona.


Otros ministros de Finanzas de la Eurozona y los funcionarios dejaron en claro que el único punto para el comienzo de las conversaciones era que se cumpliera el programa de rescate existente acordado con el FMI, el BCE y la Comisión Europea, conocido colectivamente como la troika. "Necesitamos que el gobierno griego entienda que los compromisos tienen que ser respetados", dijo Pierre Moscovici, comisionado de la economía de la UE. "Este programa es la referencia, el ancla, la base sobre la que trabajamos."


El ministro de Finanzas de Alemania, Wolfgang Schäuble, dijo que el programa existente "tiene que ser completado, o no hay un programa". Sin embargo, Grecia dice que no se puede extender un acuerdo con el que no está de acuerdo fundamentalmente, y pidió el fin de la troika en su formato actual.


En Atenas, miles de griegos salieron ayer a las calles para apoyar a su nuevo gobierno antiausteridad. De pie frente al Parlamento, los manifestantes desplegaron pancartas que decían "En quiebra pero libres" y "Basta de austeridad, apoye a Grecia, cambien a Europa". También hubo manifestaciones en las plazas principales de Creta, Patras, Lamía, Volos Kastoria, Klymnos, Lesbos y la isla de Syros, entre otras.


El primer ministro griego, Alexis Tsipras, tuiteó una foto de la protesta de Atenas, diciendo: "En las ciudades de Grecia y Europa, el pueblo está luchando la batalla de la negociación. Ellos son nuestra fuerza". El reloj no se detiene: el programa de rescate actual de Grecia termina a fines de febrero. Si no se logra un nuevo acuerdo para entonces, el último tramo de su dinero del rescate será retenido, el acceso a los mercados cortado y el país no podrá pagar sus deudas: el primer paso hacia una salida del euro.


Todas las partes insistieron en que Grecia debe permanecer en la Eurozona, en lo que que parece ser la única área de terreno común. Dada la brecha existente, se esperaba que la discusión de anoche fuera un punto de partida, un acuerdo hasta otra reunión de ministros de Finanzas de la eurozona, el lunes. "Esta noche se trata de la política. El sentido noble del arte de la política es entenderse entre sí y entrar en un proceso de trabajo", dijo ayer Moscovici.


Traducción: Celita Doyhambéhère.

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Crisis en Europa: transferencias y lucha de clases

En 1941 la Wehrmacht nazi aniquiló en unas cuantas semanas la resistencia griega. La ocupación fue brutal: más de 325 mil civiles murieron en Grecia antes de que concluyera la guerra. Durante la ocupación, Berlín impuso un préstamo forzoso a Atenas por 476 millones de marcos, con lo que el pueblo griego acabó pagando el costo de su propia ocupación por las tropas nazis. El préstamo nunca fue reembolsado.

 

En 2013 una comisión del gobierno griego concluyó que Alemania debía 160 mil millones de euros a Grecia para cubrir aquel préstamo y los daños de la ocupación. La cancillería alemana respondió que el tratado de 1990 sobre la reunificación había cerrado el tema.

 

El informe de la comisión griega fue un subterfugio demagógico del ex primer ministro Antonis Samaras para legitimarse ante el electorado griego. Hoy el nuevo gobierno de Alexis Tsimpras ha hecho alusión a este tema: en estricto rigor jurídico el tratado de 1990 no cierra el caso (Grecia no fue parte de él) y el asunto podría seguir envolviendo las tensas negociaciones entre Atenas y Berlín.

 

Las crisis del capitalismo en Europa (y en el mundo) llevan la marca de colosales transferencias de recursos en el plano internacional y entre clases dentro de cada país. El que estos grupos sean de una u otra nacionalidad es accidental. La historia económica muestra que estas transferencias son crónicas en Europa y con frecuencia han sido impuestas después de una guerra por los vencedores a los vencidos.

 

De aquí se desprende una narrativa equivocada, pues se piensa que las transferencias son entre países. Así, hoy se afirma que "Grecia (o España) debe pagar sus deudas". Pero las palabras "Grecia" o "Alemania" se refieren a una abstracción. Si nos adentramos en el análisis, veremos que en cada uno de estos espacios nacionales hay obreros, capitalistas, terratenientes, banqueros y financieros, así como políticos corruptos.

 

El tema de la transferencia debe ser analizado con rigor para entender la crisis en Europa y la manera de superarla. El programa de austeridad impuesto en Grecia y España conlleva un inmenso flujo de transferencia de recursos que es soportado por ciertas clases sociales en beneficio de otros grupos o clases en esos y otros países (por ejemplo, del norte de Europa).

 

Es necesario superar la narrativa que ve en estas transferencias simples vínculos entre Estados nacionales e ignora la dinámica de las relaciones de clase. Las transferencias de recursos en Europa (y en el mundo) dependen de fuertes ajustes en la estructura de clases al interior de cada país.

 

Por eso una aportación interesante es el trabajo del analista financiero Michael Pettis, (http://blog.mpettis.com). Pettis examina el proceso de estancamiento en el crecimiento del salario real en Alemania a partir de 1995 como precursor de la crisis. Al constreñirse el crecimiento salarial se forzó la reducción del consumo y, dice Pettis, creció el ahorro forzado. Los bancos alemanes no podían invertir el exceso de ahorro en Alemania y enfocaron la mira hacia países como España, Italia y Grecia. Los bancos alemanes buscaron y encontraron prestatarios ávidos de obtener créditos baratos para todo tipo de proyectos, algunos poco viables y otros especulativos.

 

Cuando estalla la crisis, los bancos alemanes observan el aumento de su cartera vencida e incobrable. El lobby financiero hace lo que sabe hacer muy bien: busca que los gobiernos trasladen el costo del ajuste a las clases media y trabajadora a través de la devaluación interna.

 

Observa Pettis con razón: antes de la crisis los trabajadores alemanes pagaron las burbujas griega y española al aceptar un crecimiento muy bajo del salario real (en un contexto en el que la productividad en Alemania se mantenía constante). Y después de la crisis los trabajadores españoles y griegos se vieron obligados a pagar el costo de la explosión a través de salarios deprimidos y desempleo.

 

Pero el análisis de Pettis es incompleto y sólo toca la punta del iceberg. La capacidad de creación monetaria de los bancos en Europa encontró un gigantesco espacio de rentabilidad con la unión monetaria. Así que no sólo se trasladó el ahorro forzado de países como Alemania hacia bancos y prestatarios en Grecia o España. Bajo la unión monetaria los bancos más fuertes pudieron ejercer su capacidad de creación monetaria en todo el euro espacio y fueron capaces de generar burbujas como las que estudia Minsky en su modelo de crisis bancarias.

 

Hoy la clase trabajadora en Europa se enfrenta a un escenario desfavorable: los bancos alemanes, franceses, holandeses e ingleses tienen grandes necesidades de recapitalización y ello necesitará de apoyo público, es decir, de una masiva transferencia de recursos de las clases medias y trabajadoras del continente hacia el sector financiero.

 

Los funcionarios del gobierno griego tienen razón cuando afirman que luchan no sólo por el ciudadano griego promedio, sino por el ciudadano europeo en general. La recuperación del alma social de Europa pasa por una exitosa renegociación de la crisis en Grecia.

 

Twitter: @anadaloficial

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Martes, 10 Febrero 2015 06:06

Un acuerdo que despeje temores

Un acuerdo que despeje temores

Un alto funcionario dijo que el gobierno griego buscaría un pacto temporal para permitirle presentar nuevas propuestas de pago de la deuda. "No creo que haya una razón seria para que no exista un consenso con los socios", dijo Tsipras.


Después de que el nuevo primer ministro de Grecia, Alexis Tsipras, pidió ponerle fin al "rescate brutal" en un encendido discurso ante el Parlamento, los jefes de finanzas del país planean proponer un "acuerdo puente" para aliviar los temores de una salida de la Zona Euro.


Mientras las acciones caían de nuevo ayer, fuentes en el Ministerio de Finanzas de Grecia, que contrató al banco de inversión internacional Lazard para que lo asesore en las negociaciones con la troika (FMI, Banco Central Europeo y Comisión Europea), dijeron a The Independent que tal acuerdo podría permitir a Atenas "un respiro" en medio de las discusiones con las potencias europeas. La canciller alemana, Angela Merkel, se negó a especular sobre el acuerdo puente.


Un alto funcionario dijo que el gobierno griego buscaría un pacto temporal para permitirle presentar nuevas propuestas de pago de la deuda, que sustituye el acuerdo de rescate actual. Para Atenas y el nuevo gobernante partido Syriza aún son innegociables las "líneas rojas" del nuevo acuerdo: la reestructuración de la deuda y la reducción del superávit del primer presupuesto.


Las acciones griegas cerraron a un 4,75 por ciento después de caer hasta un 6 por ciento, continuando una racha negativa de ayer. Mañana, los ministros de Finanzas de la Eurozona celebrarán una reunión extraordinaria para discutir sobre Grecia.


El ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, descartó los paquetes de rescate de 240 mil millones de euros elaborados por los prestamistas de su país como una "fantasía tóxica" que siempre estuvo condenada al fracaso. "Llegó el momento de decir lo que los funcionarios admiten cuando los micrófonos están apagados. En algún momento alguien tiene que decir 'No' y ese papel nos tocó a nosotros, la pequeña Grecia", le dijo al Parlamento.


Después de ser elegido a finales de enero con el mandato de poner fin a la austeridad, la corrupción y frenar el poder de la oligarquía, es poco probable que el primer ministro Tsipras retroceda con sus promesas de luchar contra el ajuste.

Muchos en Grecia le dan la bienvenida a la postura combativa del gobierno. Vivi Daloglou, una peluquera con un salón en una concurrida calle en el centro de Atenas, dijo: "Por fin tenemos una voz en el mundo otra vez y estamos de vuelta en la agenda". Agregó: "No creo que dejemos el euro y volvamos al dracma; sin duda los europeos deben recuperar su dinero, pero debemos crecer nuevamente, porque ¿cómo se puede recuperar el dinero de alguien que está desempleado"?


El discurso del Tsipras al Parlamento el domingo por la noche reunió a muchos griegos, como la señora Daloglou. "No vamos a negociar el orgullo y la dignidad de nuestro pueblo", dijo Tsipras. Con Atenas precipitándose hacia un default, los acreedores del país están presionando al gobierno para que acate el actual plan de rescate cargado de austeridad. Mientras tanto, el Banco Central Europeo subió la apuesta al anunciar que podría dejar de financiar a los bancos del país mañana –en lugar de la fecha original del 28 de febrero– obligando a Atenas a recurrir a un mecanismo de emergencia para mantener su solvencia y evitar una corrida bancaria en los próximos días.


"Es el interés de todos llegar a un acuerdo mutuamente beneficioso", reiteró Tsipras en Viena con su homólogo austríaco ayer. "No creo que haya ninguna razón seria para que no exista un acuerdo entre Grecia y sus socios, sólo razones políticas", agregó.


De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

Traducción: Celita Doyhambéhère.

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Europa deja que Tsipras se cueza a fuego lento

Grecia contra todos. El Gobierno griego ha podido comprobar esta semana, en una gira tan colorida como inútil, lo solo que está en Europa, lo mal que ha recibido su frescura en las formas con una combinación de ingenuidad, chulería y algún error estratégico de trazo grueso. El primer ministro Alexis Tsipras se ha topado contra un muro infranqueable: "Atenas tiene un mandato claro de su gente, pero hay 18 opiniones públicas más en la zona euro, que han prestado 240.000 millones a los griegos y cuyos Gobiernos tienen mucho, mucho que decir", resume una alta fuente europea.


La estrategia europea es simple. Se trata de dejar que Tsipras se cueza a fuego lento, con el BCE dispuesto a elevar la temperatura de esa marmita borboteante de las presiones financieras en un país que apenas tiene dinero para llegar a abril. Puede que Atenas tenga razón y la deuda griega necesite cirugía, ante los riesgos de evidente fatiga económica, social y política. Pero los socios europeos prefieren la patada hacia delante: saben que Grecia necesita su dinero y que, a pesar de sus demandas, tendrá que plegarse a sus condiciones. Caveat creditor: cuídate de tus acreedores, aunque se hagan llamar tus socios.


Tsipras y su ministro Yanis Varoufakis hicieron algún amigo en la City y comprobaron que Francia e Italia apoyan suavizar la austeridad. Y hasta ahí llega la solidaridad: nadie va a aceptar los planes relativos a la deuda, ni los ortodoxos del Norte ni el centroizquierda de Roma y París ni la periferia conservadora y rescatada del Sur, con España liderando la oposición por motivos que sobrepasan lo económico y entran en las procelosas aguas del miedo al contagio político.

Grecia no quiere una extensión ni un tercer rescate, y para eso pide tiempo hasta mayo, con un acuerdo-puente diseñado con imaginativa ingeniería financiera. No habrá nada de eso ni del plan de canje de deuda. La verdadera lección de la gira para Grecia es el duro, gélido recibimiento de los acreedores, convertido en durísimo por la puesta en escena de Tsipras y Varoufakis, que a ojos de los europeos han querido imponer sus propuestas.


El plan de juego trazado por Syriza conjuga elementos de brillantez y realismo con ideas descabelladas desde el punto de vista de lo asumible por sus socios. La cruda realidad es que Atenas no tiene un solo aliado digno de ese nombre. Y ni siquiera tiene tiempo: el BCE le ha quitado el seguro a la pistola y quizá sea improbable que dispare, pero ese movimiento profundamente político —y seguramente injusto: el rescate no expira hasta fin de mes— precipita los acontecimientos. Grecia presentará entre hoy y mañana su plan de reformas. El miércoles lo discutirá con los ministros del euro, y el jueves con los jefes de Estado y de Gobierno. Europa entiende que algunas de sus medidas sociales son lógicas —las relativas a la asistencia sanitaria, quizá una subida del salario mínimo— pero no va a permitir que se congelen las privatizaciones o se detengan las reformas. Si la propuesta de Tsipras es la que esperan Alemania y compañía, habrá concesiones mínimas: el rescate griego pasará a llamarse "contrato", puede haber margen para ampliar los plazos de devolución de la deuda y el final de la troika está cerca; un final eufemístico y muy del gusto de los alemanes, porque las tres instituciones (BCE, Comisión Europea y FMI) van a seguir ahí, pero por separado. Si Tsipras no ha entendido que ese diseño está grabado en letras de bronce, se cocerá a fuego lento hasta que sus necesidades financieras le hagan entrar en razón: los bajísimos tipos de interés que paga ahora en virtud del rescate europeo subirían automáticamente el 1 de marzo, en el primer segundo sin programa.


Tsipras debe cuadrar el círculo con un programa aceptable en casa y en Europa: un imposible. Atenas ha hecho un ajuste sensacional y está en medio de una depresión social, eso nadie lo niega. Pero puede que haya sido en vano: la troika no entendió los verdaderos males de Grecia; los hombres de negro metieron el bisturí en la inversión, en la sanidad, en las pensiones y estrangularon a las clases medias para cuadrar los números, pero dejaron intactos los problemas de fondo. Los males de un Estado clientelar, enorme y esclerótico y la protección de algunos grupos de interés siguen exactamente igual. Se ha aplicado el rígor mortis de las reformas fáciles, los recortes deflacionistas, pero no se ha hecho lo complicado: las reformas que hubieran permitido desmantelar el capitalismo de amiguetes están por estrenar. Tsipras tiene la oportunidad de hacerlo y de convertirse en el Lula de los Balcanes, pero para ello necesita hilar fino en una transición que se adivina complicada.


La Europa alemana evoca el sangre, sudor y lágrimas churchilliano desde hace un lustro; la Grecia de Tsipras desempolvó el I have a dream de Martin Luther King hasta que se ha visto obligada a despertar de ese ensueño. O Grecia y Europa encuentran una vía intermedia, con concesiones por ambos lados, o hay una posibilidad de accidente: "Las rebeliones no estallan cuando las cosas están realmente mal, sino cuando la gente tiene la sensación de que sus expectativas no se cumplen", dice el filósofo Zizek en El Sur tiene la palabra. Con prólogo de Alexis Tsipras, por cierto.


EL PREMIER GRIEGO, ALEXIS TSIPRAS, ANUNCIO UN PROGRAMA DE AYUDA PARA HACER FRENTE A LA CRISIS


Ayuda humanitaria y recontratación


Las primeras medidas que se pondrán en marcha a partir del miércoles incluyen electricidad gratuita y pleno acceso a la salud para los griegos más castigados por la recesión. También la reincorporación de los empleados públicos despedidos.

 

El primer ministro griego, Alexis Tsipras, lanzó un programa de ayuda inmediata con el que pretende campear la crisis humanitaria y recontratar a empleados públicos despedidos injustamente. Las primeras medidas que se pondrán en marcha a partir del miércoles incluyen ayuda alimentaria, electricidad gratuita y pleno acceso a salud para los griegos más castigados por la crisis, adelantó el premier. "Sin reformas del Estado, no conseguiríamos nada, ni con el mejor acuerdo para la deuda", subrayó al comienzo de una larga enumeración de los planes de su gobierno, entre los que recalcó como máxima prioridad la lucha contra el clientelismo y la corrupción.


"Dentro de seis meses habremos concluido la primera parte de estas reformas. Recortaremos los privilegios de los ministros y de los diputados, reduciremos los ejércitos de consejeros, eliminaremos la mitad de los coches de los ministerios y los venderemos junto con uno de los tres aviones del gobierno", dijo. Y agregó que pedirá a la presidenta del Parlamento eliminar el privilegio de los diputados de disponer de coche. Además, el gobierno reducirá en un 30 por ciento su personal en la sede de gobierno y en un 40 por ciento las escoltas del primer ministro. "Y esto no es sólo simbólico, es porque es necesario que los policías estén en los barrios para la seguridad de los ciudadanos", recalcó.


Tsipras aprovechó la presentación de su plan de gobierno en el Parlamento para reiterar que Grecia quiere pagar su deuda externa, pero que si la Unión Europea desea lo mismo debe sentarse a negociar el modo, porque Syriza tiene mandato para terminar con el plan de austeridad y no para prorrogarlo. Por lo demás, al principio mismo de su discurso, el mandatario heleno aclaró que los objetivos principales de su gobierno incluyen, ante todo, recuperar la soberanía, restaurar la igualdad entre los países de Europa. El líder de izquierda empezó su alocución, que duró menos de dos horas y empezó poco antes de las 20, hora de Atenas (15 de Buenos Aires), declarándose consciente de las dificultades y responsabilidades que encara. Tras advertir que el esfuerzo para reconstruir el país será largo y dependerá del apoyo popular, el joven gobernante afirmó que "después de cinco años de la barbaridad del ajuste, nuestro pueblo no lo tolera más". Luego detalló una batería de medidas que se aplicarán en lo inmediato con el objetivo de empezar a resolver la crisis humanitaria que aqueja a su país tras cinco años de austeridad neoliberal, y será la prioridad de su gobierno desde la mañana del miércoles, cuando venza el plazo del Parlamento para aprobar el programa presentado ayer.


En buena parte de su discurso, Tsipras habló de la oposición presentada por los principales países europeos para que Grecia abandone el programa de ajuste que en cuatro años hizo caer el Producto Bruto Interno griego en 25 por ciento y elevó a ese mismo porcentaje la tasa de desocupación. Su gobierno, dijo, quiere respetar sus obligaciones hacia el Tratado de Estabilidad europea, pero la austeridad no forma parte de ese tratado. "Grecia quiere pagar su deuda. Si nuestros socios quieren lo mismo, entonces siéntense a la mesa y discutamos", dijo. Como en otros momentos de su discurso, señaló en ese plano: "No negociamos nuestra soberanía nacional, no negociamos el mandato del pueblo".


"Si nos ponemos de acuerdo en que la austeridad fue desastrosa –continuó–, la solución se alcanzará por medio de negociaciones, la deuda griega llegó al 180 por ciento del PBI y así no se la puede pagar", aclaró. Por lo tanto, explicó que Syriza pide un programa puente hasta concluir las negociaciones para elaborar conjuntamente un programa de crecimiento. Una vez acordado ese puente, hizo notar que ya habrá temas como el de la deuda que puedan negociarse después dentro de un nuevo contrato entre Grecia y la UE que respetará las reglas de la Eurozona, pero no incluirá superávit irrealizables, que son el otro rostro de la austeridad.


Tras recomendar a Europa no repetir errores del pasado, Tsipras pasó a detallar diversos aspectos de su plan de gobierno. Aseguró que las personas cuyos despidos violaron la leyes laborales –como es el caso del personal de limpieza de los ministerios, guardias escolares y funcionarios de universidades– regresarán a sus puestos de trabajo. También afirmó que ese sector público será reformado profundamente.


El nuevo líder heleno habló de un conjunto de medidas dirigidas a terminar con la evasión impositiva y anunció que dio instrucciones a la brigada de delitos financieros para que investigue las listas de grandes depositantes. En el ámbito de la comunicación social, confirmó que Syriza va a crear una nueva radiodifusión pública y generará un nuevo régimen de licencias transparente. Agregó que el tema inmigratorio –aspecto en el que difiere de sus socios conservadores– será objeto de cuidado especial, y que la primera medida será otorgarles ciudadanía a todos los hijos de padres inmigrantes que vivan en territorio griego.


Asimismo, sostuvo que la competitividad de la economía griega no puede depender de los bajos salarios y la ausencia de derechos. Su gobierno, dijo, promoverá la innovación y la alta tecnología, pero además con ayuda de la Organización Internacional del Trabajo restaurará las convenciones paritarias. Cerca del final de su intervención, dijo que las negociaciones con sus socios de la UE deberán terminar en un acuerdo, porque cuando los objetivos fiscales son muy restrictivos generan deflación y recesión. Sobre este punto, Tsipras mostró los logros de sus viajes por Europa y los de su ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis: "Necesitamos un programa que no se concentre sólo en los déficit, cosa en la que concuerdan nuestros socios de Italia y Francia".

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Domingo, 08 Febrero 2015 06:29

"No queremos más austeridad"

"No queremos más austeridad"

Grecia no la tiene fácil. Con una crisis económica que se arrastra desde 2009, una desocupación general que supera el 27 por ciento y una desocupación juvenil superior al 40 por ciento, con recortes de salarios y aumento de impuestos, y una deuda pública de 315 mil millones de euros, los griegos no dan más. Este es el mensaje que trata de transmitir el nuevo jefe del gobierno, el exponente del partido de izquierda Syriza, Alexis Tsipras. Pero las autoridades de la Unión Europea (UE) no parecen convencidas de que si se cae Grecia puede caerse toda Europa. Esta es el arma que tiene en sus manos el gobierno griego y que tal vez podría dar algún resultado en los próximos días, según la tesis de Dimitri Deliolanes, doctor en Ciencias Políticas y corresponsal en Italia de la Televisión Pública Griega. Deliolanes, que conoce a fondo la situación griega habiendo publicado dos libros sobre el tema, acaba de publicar un tercero, La sfida di Atene (El desafío de Atenas, Ed. Fandango) sobre la política anti austeridad di Tsipras.


–Después de la reciente gira europea no demasiado exitosa del primer ministro Tsipras y de su ministro de Economía, Yanis Varoufakis, y de la próxima reunión de ministros de Economía de la UE (el 11 de febrero) y de jefes de gobierno de Europa (el 12 de febrero) ¿qué espera el pueblo griego del gobierno?


–El pueblo griego, que siempre ha tenido un gran sentimiento de patriotismo –seguramente ustedes latinoamericanos nos pueden entender mejor– espera que su gobierno diga de manera categórica que el pueblo no quiere saber más nada con la austeridad. Dicho esto se puede hablar luego de cómo pagar la deuda y de todo lo demás. Después de cinco años de sufrimientos, la austeridad no nos interesa. El enfrentamiento entre la política de Tsipras y la del gobierno alemán, que defiende la austeridad, no es un enfrentamiento de Tsipras sino de todos los griegos contra esas decisiones. Por eso hace dos días la gente salió a protestar por las calles de Atenas, unida, sin distinciones políticas.


–Algunos piensan en la crisis griega como si fuera la Argentina del 2001, cuando se declaró el default de la deuda externa...


–Argentina es muy recordada en estos días en Grecia. Pero a diferencia de lo que ocurrió en Argentina, la gente no va desesperada al cajero automático para llevarse todo el dinero que tiene en el banco...


–¿Esto quiere decir que los griegos confían en que se encontrará una solución?


–Sí, la gente está convencida de que se encontrará una solución porque, de lo contrario, se deberá salir de la Eurozona. Lo digo incluso en mi libro. La gente está convencida de que se encontrará un compromiso más o menos honorable. De lo contrario será el fin de la Eurozona. Algunos alemanes piensan que la salida de Grecia de la Eurozona podría provocar daños contenidos. Eso no es verdad.


–¿O sea que usted descarta la posibilidad de que Grecia tenga que salir de la Eurozona?


–De la Eurozona no puede salir ningún país porque la Eurozona se destruiría. Esta es la fuerza de Grecia en este momento. El problema en Europa es político, no financiero. Hay un modelo impuesto por los países ricos y ahora ha surgido una alternativa, Tsipras, otra política no liberal pero sí expansiva. En la opinión pública europea hay mucha rabia. Me refiero a Podemos en España, al mismo Beppe Grillo en Italia, a la francesa Marine Le Pen que consiguió buenos resultados en las elecciones europeas siendo de derecha. La rabia contra la austeridad ha hecho que nacieran movimientos antieuropeos por todos lados. Y este es un riesgo para Europa.


–¿Qué sucederá si no se logra un acuerdo en las reuniones de ministros de Economía y de jefes de gobierno del 11 y 12 de febrero? Parecen dos fechas definitorias...


–Esas fechas no son definitorias porque hay tiempo hasta el vencimiento de ciertos bonos importantes en junio. Varoufakis pide tiempo para poder elaborar con la UE una política de desarrollo, de crecimiento. Porque Grecia querría tomar fondos europeos y destinarlos al desarrollo para estimular así el crecimiento económico. No hay que olvidar que la deuda griega es ahora equivalente al 175 por ciento del PIB (Producto Interno Bruto) mientras en 2010 era el 130 por ciento del PIB. Mientras tanto Grecia tomó otras deudas y el PIB bajó. La deuda ha crecido de forma gigantesca gracias a la política de austeridad de la llamada "troika" (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional).


–El encuentro en programa entre Tsipras y el presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, ¿no podría abrir una puerta de escape para Grecia?


–Pienso que, muy sabiamente, el gobierno griego está cultivando esta alternativa. Pero no creo que sea una alternativa real. Creo sin embargo que es muy sabio cultivarla. Si los griegos, supongamos, fueran libres de elegir con quien quisieran estar aliados militarmente, con Estados Unidos o con Rusia, yo creo que la mayoría de los griegos diría que con los rusos. Con los rusos tenemos algunas cosas en común. Nosotros tenemos un enemigo que para ellos es un vecino fastidioso, Turquía. Para Grecia, Turquía es una amenaza, real, concreta, cotidiana. Hay continuas violaciones del espacio aéreo y de las aguas territoriales griegas. Creo que la opinión pública vería con buenos ojos una eventual alianza con los rusos para garantizar la integridad territorial de Grecia.


–Después de haberlo entrevistado ampliamente para su libro ¿qué idea se ha hecho de Tsipras?


–Tsipras ha hecho un recorrido de realismo, de maduración política, impresionante desde 2012, cuando su partido Syriza surgió como el principal partido de oposición. Pero buena parte de su partido se ha quedado atrás. El no es un ideólogo, es un político hábil, dispuesto a hacer la justas maniobras para lograr su objetivo. Pero el problema es que no tiene detrás un partido en condiciones de ayudarlo.

 

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Miles de griegos salen a defender a su gobierno

Entre gritos contra el chantaje y cánticos, los manifestantes coparon la céntrica plaza Syntagma, en Atenas, para apoyar al gobierno. Tsipras intentó frenar la corrida diciendo que los depósitos en bancos griegos están garantizados.

 

Alexis Tsipras intentó llevar tranquilidad ayer a los ahorristas helenos al anunciar que los depósitos no corren peligro. El primer ministro griego respondió así al Banco Central Europeo (BCE), entidad que anunció que no aceptará bajo ningún concepto los bonos griegos como garantía en sus operaciones de refinanciación porque no está claro si Grecia se acogerá a un nuevo programa de rescate. "Aseguramos que los depósitos en los bancos griegos están completamente garantizados", salió a afirmar Tsipras, rápido de reflejos, en el discurso combativo que esbozó durante la primera reunión del grupo parlamentario de Syriza. La medida del organismo europeo supone que los bancos griegos no podrán recaudar dinero del BCE como hasta ahora, es decir, a una tasa del 0,05 por ciento, y lo deberán hacer a través del mecanismo urgente de provisión de liquidez, a un interés que ronda el 1,55 por ciento. Las solicitudes de solvencia se revisarán cada dos semanas. Entre gritos contra el chantaje y cánticos, miles de griegos coparon la céntrica plaza Syntagma, en Atenas, para apoyar al gobierno, en un momento donde la tensión con los socios europeos parece haber escalado a su máximo nivel desde la victoria de Syriza en las últimas elecciones.


El banco europeo fundamentó su decisión. Alegó que, en la actualidad, "no es posible prever la conclusión exitosa de la supervisión" del programa de reformas y ahorro de la economía griega. Con esta reacción del miembro de la troika –tríada que se completa con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Comisión Europea (CE)–, a partir del 11 de febrero los bancos helenos podrán conseguir liquidez a través del Banco de Grecia, en el marco de la llamada Emergency Liquidity Assistance (ELA), que otorga créditos de urgencia pero a una tasa mayor.


A primera hora de ayer, el vocero del gobierno, Gavriil Sakelaridis, remarcó que no había motivo de preocupación pues no se trataba de otra cosa que de una presión política impulsada por parte del BCE dentro del proceso de negociación de Grecia con sus acreedores. "No chantajeamos pero tampoco dejamos que nos chantajeen", dijo Sakelaridis en diálogo con la televisión privada Mega. El Ministerio de Finanzas destacó que la decisión del BCE no es producto de una evolución negativa en el sector financiero y se produce después de dos días de estabilización sustancial. Esa cartera señaló que el sistema bancario se mantendrá capitalizado y completamente protegido a través del mecanismo ELA.


"Esta decisión pone presión sobre el eurogrupo para proceder rápidamente a la conclusión de un nuevo acuerdo que sea en beneficio mutuo para Grecia y sus socios", recalcó el ministerio en un comunicado. Algunos analistas interpretaron en diversos medios griegos y extranjeros que la resolución del BCE no debe tener efectos demasiado perjudiciales para el sistema bancario heleno. De hecho, la exposición de los institutos crediticios a la deuda pública se redujo sensiblemente desde 2012, hasta caer en torno de los 21.000 millones de euros, según datos del Banco de Grecia citados por los medios griegos.


Todo esto ocurrió en una jornada en la que se constituyó el Parlamento y el ministro de Finanzas, Yanis Varufakis, celebró la que probablemente fue la reunión más complicada de su periplo por las capitales europeas, con su colega alemán, Wolfgang Schëuble. En una rueda de prensa que compartieron, quedó patente la falta de sintonía entre ambos, y, aunque Schëuble habló de conversaciones fructíferas, sentenció: "Estamos de acuerdo en que disentimos".


De nada sirvió que Tsipras y Varufakis insistan en que Atenas necesita una ayuda financiera que sirva de puente entre el final de la prórroga del rescate (que vence el 28 de febrero) y un acuerdo definitivo con los acreedores. Desde todas las capitales europeas se insiste en que Grecia debe presentar su programa y sus planes de financiación sin demasiada dilación. En el Parlamento heleno, Tsipras volvió a pedir tiempo a los socios de la Unión Europea y dijo que espera con mucho interés las propuestas de Alemania. "Hoy no hemos escuchado nada concreto", aseguró sobre el encuentro en Berlín entre Schëuble y Varufakis.


La resolución del BCE de no aceptar los bonos helenos como garantía en sus operaciones de refinanciación y los infructuosos resultados que lograron tanto Tsipras como Varufakis en su gira europea fueron el detonante para que miles de personas hayan decidido mostrar su solidaridad con los nuevos gobernantes. "No vamos a ceder al chantaje de nuevo", "El tiempo de que Grecia se arrodille y tenga gobiernos sumisos ha terminado" o "Merkel tiembla como una ramita" fueron algunos de los lemas más escuchados entre los 7000 manifestantes que se acercaron hasta plaza Syntagma, según cifras de la policía.


La convocatoria se gestó de forma espontánea a través de un evento en la red social Facebook, que horas después de su creación contaba con la participación de casi 3000 personas. "Estamos aquí para expresar nuestra solidaridad con el gobierno. Desde el 25 de enero es el pueblo el que toma las decisiones en Grecia", dijo Dimitris, antes de estacionar su bicicleta frente al Parlamento, donde, desde hace poco más de una semana, ya no existen vallas que corten el paso.


La enfermera de 52 años supo de la convocatoria por la radio y no dudó en acercarse; está indignada ante la decisión del BCE, no porque tema por sus ahorros, "ya no tengo nada que perder", dijo, sino porque le parece que es una falta de respeto a la elección del pueblo griego. Mientras de fondo se escuchaba la canción "Cuando el cielo se abra", un símbolo para los opositores de la época de la Dictadura de los Coroneles, Dimitris señaló que sólo espera de las negociaciones que les den esperanza a los jóvenes para que puedan encaminar su futuro.

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Martes, 03 Febrero 2015 15:02

Otra cosa

Otra cosa

El triunfo de Syriza en Grecia coloca a la troika ante el dilema de la intransigencia, que puede ser el primer paso hacia la disgregación de la Unión, o el pragmatismo, bajarse del programa de ajuste neoliberal. Para la nueva izquierda se abre un período lleno de obstáculos que pueden socavar su prestigio como alternativa al sistema.

 

"Grecia deja atrás cinco años de austeridad catastrófica, deja atrás el miedo y el autoritarismo, deja atrás cinco años de humillación y sufrimiento", dijo Alexis Tsipras en el acto de la victoria en la noche del domingo, en la plaza Syntagma de Atenas, ante miles de votantes de Syriza.


"Grecia tiene que pagar su deuda porque eso forma parte de las reglas del juego en Europa", declaró Bruno Coeuré, miembro del directorio del Banco Central Europeo (Bce), apenas conocer el resultado. "No hay espacio para un juego unilateral en Europa", agregó, enseñando las uñas en nombre de la mayor institución financiera europea.


Del mismo modo se pronunciaron los diferentes voceros de la troika, como se llama al trío integrado por el Bce, el Fmi y la Comisión Europea, que desde que comenzó la crisis griega vienen monitoreando las sucesivas reformas que exigieron al país. Sólo el presidente francés, François Hollande, esgrimió un tono más amable, al comprometerse a mantener estrechos vínculos con el nuevo gobierno griego "para promover el crecimiento y la estabilidad en la zona euro" (Xinhua, 26-I-15). Para después decir, él también, que obligaciones son obligaciones.


Con las horas, se fue imponiendo un clima menos agresivo hacia la nueva realidad griega. Es que el triunfo de Syriza fue arrollador. Alcanzó el 36,5 por ciento y 149 diputados (99 más 50 de premio al partido más votado), frente al 27,7 y 77 escaños de la derechista Nueva Democracia, del ex primer ministro Georgios Samaras. El tercer lugar lo ocupa el partido nazi Amanecer Dorado con 6 por ciento y 16 escaños. Detrás el recién creado To Potami (El Río) con 16 escaños, los comunistas con 15, los socialistas que conocieron su mayor debacle con 13 y los nacionalistas de derecha, Griegos Independientes, con otros 13 escaños.

 

A dos escaños de la mayoría absoluta, Syriza acordó con Griegos Independientes para que su líder, Alexis Tsipras, fuera ungido el mismo lunes como nuevo primer ministro. Llama la atención que la ultraderecha conserva sus votos pese a que la mayor parte de sus dirigentes están en la cárcel, así como la debacle socialista, incluyendo el monumental fracaso del ex primer ministro Yorgos Papandreu, que con su Movimiento de los Socialistas Demócratas no consiguió el 3 por ciento mínimo para ingresar al parlamento.


Cuesta arriba


"El problema de los planes de Syriza es que pueden no ser lo suficientemente radicales", puede leerse en la columna del Nobel de Economía Paul Krugman (The New York Times, 26-I-15). Semejante frase, escrita por un pensador liberal en el más importante diario estadounidense, debería ser motivo de reflexión para las autoridades europeas. Lo habitual sería que fuera pronunciada por radicales de izquierda que, sin embargo, hoy se muestran más bien pragmáticos y propensos a la negociación.


Según Krugman, para comprender el "terremoto político" griego hay que remontarse a 2010, cuando la troika impuso a Grecia "una combinación de austeridad y reforma". La Unión Europea vendía al pueblo griego una fantasía económica que se tradujo en recesión, desocupación del 28 por ciento, desempleo juvenil del 60 por ciento, recortes salvajes de los servicios públicos y de los salarios. El país demorará años en volver a los niveles sociales anteriores a la crisis. Con esta política de austeridad se esperaba reducir el gasto público y ahorrar lo suficiente como para pagar las deudas. No funcionó. "El gobierno griego está recaudando un porcentaje mucho más importante del Pbi en impuestos, pero el Pbi ha caído tanto que la recaudación tributaria se vino abajo", escribe Krugman.
El resultado es que la deuda griega no dejó de crecer, hasta alcanzar un abrumador 175 por ciento del Pbi, cuando en 2009 era del 100 por ciento. Una historia bien conocida por los latinoamericanos. Sigue el Nobel: "Dos años después de que comenzara el programa griego, el Fmi buscó ejemplos históricos donde los programas de tipo griego habían tenido éxito. No se encontró ninguno".


Concluye que ese programa no podía funcionar nunca y que ahora las soluciones de Syriza pueden quedarse a medio camino.
Una pregunta se impone: ¿por qué la troika impuso un programa que sabía que no iba a funcionar? La respuesta más probable es que nunca buscó la recuperación de Grecia sino su subordinación política al sistema financiero que la misma troika representa. El portal estratégico francés dedefensa.org lo dice sin vueltas: "La sociedad griega ha sido sistemáticamente desestructurada y disuelta en nombre de la austeridad, en beneficio de las fuerzas sistémicas y de los entornos trasnacionales, a la vez autores y beneficiarios de la operación" (dedefensa.org, 27-I-15). La barbarie financiera que destruye naciones y personas, concluye el portal, está criando movimientos antisistema.


El futuro inmediato es negro para el nuevo gobierno. Entre febrero y julio se concentran vencimientos de deuda por más de 20.000 millones de euros y, hasta el final del año, las amortizaciones avanzan hasta 30.200 millones, lo que coloca a Tsipras contra la pared: mantiene la austeridad del gasto público para poder pagar a los acreedores (no sólo violando sus promesas electorales sino condenando a los griegos a seguir pasando hambre) o declara la cesación de pagos.


El principal portavoz mediático del capital financiero, Financial Times, apunta que Tsipras debe elegir entre ser "Hugo Chávez, el líder populista venezolano y adversario regional de Estados Unidos" o seguir el ejemplo de "Luiz Inácio Lula da Silva, el ex presidente brasileño que al llegar al poder gobernó más como reformista que como izquierdista radical" (Financial Times, 26-I-15). La demonización del gobierno de Syriza está servida.


Ucrania como telón de fondo


En su primera medida de gobierno Tsipras suprimió ocho ministerios. El diputado y economista Yanis Dragasakis asumió la vicepresidencia económica. Ex comunista, en su libro El Minotauro global sostiene que Estados Unidos es el responsable de la crisis al haber creado un sistema financiero que le permite vivir de los flujos de capital del resto de las economías. El economista Yanis Varufakis, que fue asesor del gobierno del socialdemócrata Yorgos Papandreu, asumió la cartera de Finanzas. La de Defensa fue la única que recayó en su aliado nacionalista.


Entre las primeras medidas, todas destinadas a aliviar la situación de los más pobres, figura el aumento del salario mínimo (de 684 a 751 euros), un proyecto de ley para retornar a la negociación colectiva de los salarios y otro "para que los contribuyentes reciban mejores términos para devolver sus deudas", que no deben superar el 30 por ciento de sus ingresos (El Economista, 27-I-15). Además se prevé que unos 300 mil hogares que viven por debajo del umbral de la pobreza reciban electricidad, asistencia médica gratuita y bonos de transporte gratuitos. Medidas apenas socialdemócratas que en el clima actual son tildadas como "radicales".
Pero el tema central es la negociación de la deuda. El gobierno parece dispuesto a pagar y seguir en la zona del euro, pero depende de la flexibilidad de los acreedores. El 60 por ciento de la deuda griega, 315.000 millones de euros, es con la eurozona. Pero más de la mitad de esa cifra es deuda con Alemania, Francia e Italia. Habrá negociación. El punto son los plazos y las posibles quitas. Ni unos ni otros parecen beneficiarse de una cesación de pagos.


Sin embargo, el panorama regional es bien complejo. Días antes de las elecciones Brunello Rosa, director para Europa de Roubini Global Economics, destacó la relación que existe entre la caída del petróleo, su impacto en la economía rusa, el conflicto con Ucrania y la posible compra de bonos soberanos por parte del Bce. El director del centro de análisis, el economista Nouriel Roubini (ex asesor del Fmi y del Tesoro estadounidense) destacó que "las repercusiones geopolíticas de una salida de Grecia del euro podrían tener consecuencias imposibles de manejar". Se refiere a que si Grecia es expulsada de la zona euro, o la abandona, "Rusia podría salir al rescate de Grecia", como sucedió con Islandia en 2008, "cuando su colapso financiero se mitigó gracias a la intervención rusa" (El Economista, 20-I-15).


La advertencia parece dirigida a la troika. Le está diciendo que no se olvide de que Grecia tiene alternativas y que la intransigencia puede empujarla hacia Rusia. Pero la advertencia no tendría sentido fuera de un contexto en el que Europa (empujada por la Casa Blanca) ha hecho una frenética opción antirrusa. Una Europa que ampara a un gobierno lleno de neonazis como el de Kiev, surgido de un golpe de Estado pergeñado por Estados Unidos y bendecido por Berlín (véase la crónica "La guerra larvada de Ucrania"1).
Sobre el tema, el reputado periodista Robert Parry, quien descubrió el Irangate, sostiene que The New York Times forma parte de la conspiración para enfrentar a Europa con Rusia al desinformar gravemente a sus lectores. El periódico omite "la extraordinaria intervención de Estados Unidos en los asuntos políticos de Ucrania" de la mano de neoconservadores como la Fundación Nacional para la Democracia y la secretaria para Asuntos Europeos, Victoria Nuland, seguida "por el golpe de Estado respaldado por Estados Unidos el 22 de febrero de 2014, que derrocó al presidente electo Viktor Yanukóvich y puso a uno de los líderes elegidos de Nuland, Arseniy Yatsenyuk, como primer ministro" (Consortiumnews, 24-I-15).


Para el Times todo comienza con la "anexión" de Crimea, pasando por alto el referéndum abrumador por la unión con Rusia y obviando que "las tropas rusas estaban ya en Crimea como parte de un acuerdo con Ucrania para el mantenimiento de la base naval rusa en Sebastopol". Se pregunta si Rusia podía permanecer pasiva ante la posibilidad de que armas nucleares en manos de ultraderechistas se instalaran a quilómetros de su frontera. El problema, para Estados Unidos y para el mundo, es que si el Times piensa como el ultraconservador senador John McCain, queda poco margen para otra política que no sea la confrontación abierta.


¿Hacia la desintegración europea?


Es posible que Roubini tuviera algo de esto en mente cuando alertó sobre la posible alianza de Grecia con Rusia. Recordemos que su fama se debe a sus acertadas previsiones sobre la crisis económica de 2008, desencadenada por la crisis de las hipotecas subprime. Es un ferviente antirruso y anti Putin, pero su temor es que la brecha entre la Unión Europea y su país "se está volviendo aun más polarizada" (Times, 13-VI-14).


Un think tank del sistema, como el que dirige Roubini, muestra cierta preocupación por la tendencia de la superpotencia a actuar en solitario mediante una amplia gama de mecanismos que van "desde aviones no tripulados hasta un estilo de gobierno económico que incluye la amenaza de congelación de los activos de las naciones problemáticas (como Rusia o Irán), una estrategia que apoya la militarización de las finanzas".


A nadie escapa que la Unión Europea, y el euro, están atravesando su peor momento, al punto que pueden estallar. Aquí no valen las declaraciones, siempre engañosas, sino los hechos duros y puros. Alemania está repatriando sus reservas de oro. En 2014 fueron 120 toneladas, de ellas 35 fueron retiradas del Banco de Francia en París, y 85 toneladas de la Reserva Federal de Nueva York. Para 2020 Alemania tiene la intención de tener la mitad de sus reservas de oro en sus bóvedas, frente a sólo un tercio en la actualidad.
No es el único país europeo que está repatriando masivamente sus reservas. Según varios economistas, ese comportamiento obedece a desconfianza: "El almacenamiento de oro dentro del país puede ser cierto tipo de seguro en caso del retorno a las monedas nacionales en Europa. El hecho de que numerosos países quieran tener un seguro de este tipo significa que estos estados consideran que hay una posibilidad real de colapso de la eurozona" (Russia Today, 20-I-15).


Desde que Estados Unidos desató la crisis en Ucrania, la eurozona va de mal en peor. En su resistencia a dar paso a un mundo multipolar, "Occidente en vez de salvarse, parece haber decidido salvar los mecanismos y los actores de su crisis omnidimensional: los mercados financieros, los bancos, el dólar, la Otan, el unilateralismo, el democratismo ultraliberal", sostiene el Laboratorio Europeo de Anticipación Política (Geab 91, 15-I-15). El tránsito hacia un mundo más equilibrado está bloqueado por la parálisis europea, agudizada con la crisis de Ucrania.


Sin embargo, el tránsito hacia ese mundo es inevitable, toda vez que Asia ya es el centro económico del mundo. Lo que está en juego es cómo quedará parada Europa, si consolidará su alianza con Rusia, y con China a través de la Ruta de la Seda, o si apostará a seguir los dictados del sistema financiero centrado en la City de Londres y en Wall Street, en lo que el Geab considera "un suicidio colectivo que los europeos bien saben lo que significa".


En una Europa empantanada, el triunfo de Syriza puede ser decisivo. Es la primera derrota del capital financiero. Abre una ventana de oportunidades para forzar un cambio de rumbo, una bifurcación capaz de convertir a Europa en una región más autónoma; capaz de elegir, sin chantajes, sus alianzas necesariamente diversas, sin someterse a ninguna potencia. Un camino que inevitablemente pasa por la democratización de las decisiones, algo que horroriza al capital financiero, devenido en principal obstáculo para la soberanía de los pueblos europeos.


1. https://www.diagonalperiodico.net/global/25407-la-guerra-larvada-ucrania.html

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Dura negociación con Bruselas por la deuda griega

Atenas avisó que no va a contradecirse pidiendo una prolongación de ese programa de asistencia financiera, que obligaría a Grecia a mantener la política de austeridad, lo cual podría costarle un tramo del rescate europeo.

 

La Eurozona y Grecia plantearon ayer sus diferencias: Bruselas advierte que no se pueden "ignorar" los compromisos y el gobierno de Atenas afirma que no trabajará con los encargados de supervisar una política de austeridad que rechaza de plano.


El gobierno griego anunció ayer que está dispuesto a renunciar a un último tramo de ayuda financiera y a dejar de trabajar con los delegados de la troika encargados de supervisar una política de austeridad que rechaza de plano. Los anuncios los hizo el ministro griego de Finanzas, Yanis Varoufakis, en una tensa conferencia de prensa con el jefe del Eurogrupo, el holandés Jeroen Dijsselbloem.


"Ignorar los acuerdos previos no es el camino a seguir", dijo el jefe de los ministros de Finanzas de la Eurozona, Jeroen Dijsselbloem, en una conferencia de prensa con el ministro griego Yanis Varoufakis en la que ambos parecieron tensos. Después de dos planes de rescate internacionales por un total de 240 mil millones de euros, el Ejecutivo griego quiere negociar una reducción de su deuda (175 por ciento del PIB) y un abandono de las medidas de austeridad aparejadas a dicha asistencia.


Grecia todavía debe recibir unos 7200 millones de euros de aquí a un mes, como parte del programa de rescate, que expira el 28 de febrero.


Varoufakis dijo que rechaza recibir ese dinero, y que su gobierno fue elegido con la promesa de poner fin a la austeridad. Por eso, el ministro aseguró que su gobierno no va a contradecirse pidiendo una prolongación de ese programa de asistencia financiera, que obligaría a Grecia a mantener la política de austeridad.


En la conferencia de prensa con Dijsselbloem, Varoufakis explicó que su gobierno buscará "la máxima cooperación" con los acreedores del país (UE, BCE y FMI), pero no trabajará con los delegados de la troika que desde 2010 vigilan al detalle el cumplimiento de las reformas y recortes exigidos a Atenas.


El Ejecutivo griego pide además una conferencia internacional para eliminar una buena parte de su deuda y también la de otros países europeos, como la que se hizo en 1953 en Londres para reducir la deuda alemana. Respondiendo a una pregunta sobre este punto, Dijsselbloem contestó secamente que "esa conferencia existe, y se llama el Eurogrupo", el foro de los 19 ministros de Finanzas de la Zona Euro.


Como parte de los esfuerzos para renegociar la deuda y la salida de la austeridad, el primer ministro Alexis Tsipras hablará el martes en Roma con su homólogo italiano, Matteo Renzi, y el miércoles en París con el presidente francés, François Hollande. Varoufakis, por su lado, viajará del domingo al martes a Londres, París y Roma para reunirse con sus pares en esos países. Por ahora, ni él ni Tsipras irán a Alemania, el país que mantiene la posición más dura sobre la salida del plan de austeridad que exige el gobierno griego.


La Bolsa de Atenas reaccionó negativamente ayer, y cerró la sesión con una caída de 1,59 por ciento. El mercado de deuda también se tensó, y el rendimiento del bono griego a diez años se acercaba al 11 por ciento por encima del alemán.


El gobierno griego dejó claras sus intenciones desde el miércoles, anunciando una lluvia de medidas contrarias a las reformas y recortes dictados desde 2010 por la troika de acreedores, la UE, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional. En virtud de los rescates, los socios de la Eurozona (integrada por 19 países) tienen una exposición de unos 200 mil millones de euros a la deuda griega, a través de garantías a un fondo común y de préstamos bilaterales. Por eso, tanto la Comisión Europea como Francia y Alemania, los dos países más expuestos (42 mil millones y 56 mil millones de euros, respectivamente), no paran de advertirle a Atenas que deberá tener eso muy en cuenta.
"Grecia no va a conseguir llegar a fines de febrero", dijo alarmado Theodoros Pelagidis, del think tank Brookings, a la agencia Bloomberg.


Según el diario griego Kathimerini, actualmente hay menos de dos mil millones de euros en las arcas del Estado griego, que se habrán agotado a fines de febrero.


El banquero francés Matthieu Pigasse, directivo del banco Lazard, que asesora al fondo de reestructuración de los bancos griegos, estimó por su parte que es "absolutamente necesario" reestructurar la deuda griega.


Según él, hay que "reducir a la mitad" la deuda griega en manos de acreedores públicos, lo que implicaría la quita de unos 100 mil millones de euros.


Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión, el órgano ejecutivo de la UE, dijo al diario francés Le Figaro que "no se plantea eliminar la deuda" griega, aunque "sea posible hacer algunos arreglos". En la misma línea, el ministro francés de Finanzas, Michel Sapin, descartó también una anulación de la deuda, y dijo que lo que sí es posible es aminorar la carga de ésta. "Hablaremos de la deuda para aliviar la carga. Pero no para anular la deuda, porque eso equivaldría a transferir el peso del contribuyente griego al contribuyente francés", dijo Sapin.


El vicecanciller de Alemania, Sigmar Gabriel, dijo que espera que Grecia cumpla con sus compromisos de reformas y disciplina fiscal, adoptados a cambio de la asistencia internacional.

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