"Una gran desigualdad perjudica incluso al capitalismo"

La revista New Left Review es una de las publicaciones de análisis político más prestigiosas del mundo. A mediados de diciembre, Robin Blackburn, miembro del comité editorial, visitó Madrid para presentar la edición en castellano de esta revista fundada en Londres en 1960.


¿Qué ha definido la crisis desde el estallido de la burbuja en 2008?


La raíz de la crisis está en la palabra subprime, que se refiere a la clase subprime, sin capacidad de crédito. Se intentó fomentar que las personas pobres, no sólo las desempleadas, sino las que tienen salarios bajos, firmasen hipotecas altas y cumplieran las obligaciones que estipulaban sus contratos. Ahora, en EE UU hay entre diez y quince millones de familias que se enfrentan a de¬sahucios, se ha desalojado a varios millones de personas y esto es un gran problema. La pobreza y los bajos salarios en China y otros lugares productores de Asia son también parte del problema: se trasladó la producción porque era bueno para los beneficios, pero los salarios bajos de los chinos significan que no se crea un mercado para los productores de Europa o las Américas. La fragilidad de la demanda es uno de los factores que dispararon la crisis. Se intentó prevenirla ampliando créditos e hipotecas a personas pobres y hacer que fuera más fácil endeudarse con las tarjetas de crédito, sin cobrar penalizaciones por mora, para reducir la falta de consumo. Ésa fue la conjunción esencial para mantener la demanda y los beneficios.


¿Qué supone el descenso generalizado de salarios?


Los empleadores intentaron bajar los salarios, pero esto entraba en contradicción con el deseo de encontrar mercados amplios, ya que los trabajadores más pobres no podían seguir manteniendo estos créditos. Con el big bang de las instituciones financieras, éstas encontraron varias maneras de estimular la demanda ampliando el crédito y ofreciendo préstamos de distintas maneras. Esto acabó en 2008, momento en que Estados Unidos tuvo que convocar a los directivos de los principales bancos de Wall Street para decirles que estaban en quiebra porque los pobres no tenían dinero para pagar los créditos. Esto quedó un poco oculto por la opacidad del sistema bancario, se escondían los estados financieros de los bancos fuera de los balances. En ese punto los bancos aceptaron que estaban en bancarrota y se nacionalizó el sistema bancario por un tiempo para permitir que los bancos organizasen sus asuntos y llegaran a balances de pagos más sólidos. Los bancos son reacios a admitir pérdidas y a las autoridades financieras se les ocurrió el Quantitative Easing (QE) [o expansión cuantitativa, una herramienta para aumentar la oferta de dinero a disposición de las entidades financieras], que se aplica en la zona euro por el Banco Central Europeo. Esto es otra manera de intentar frenar la crisis del crédito: se le dio dinero a los bancos, pero no lo han utilizado para invertir en la economía real, sino para presumir de balance de pagos y sustituir los activos tóxicos por otros más sólidos. No fomentaron la producción, que es lo que se supone que deberían hacer, porque han visto una gran fragilidad de la demanda. En primer lugar, las familias tenían una deuda, ésta la asumían las instituciones financieras, que intentaban librarse de la deuda vendiéndola a fondos de inversión. Se ¬produjo un exceso de deuda generalizado, las empresas también asumieron esto y les resultaba im¬posible vender sus bienes. ¿El parecido entre los bancos estadounidenses y europeos? En ambos casos la vivienda tiene un gran papel, mediante la creación de una economía-burbuja.


¿Cuáles son los peligros para los Estados endeudados?


Si fueran honestos, los bancos reconocerían más deudas. Por ejemplo, si hablamos de Grecia, la principal amenaza es para los bancos que han comprado los bonos de los bancos griegos en los últi¬mos diez años, los bancos euro¬peos, especialmente los alemanes, que tienen deuda griega, y quieren que Grecia liquide toda la deuda. La ideología del mercado libre dice que se tienen que pagar todas las deudas. El punto crítico para la izquierda es tener un plan realista para la reestructuración, aunque lo más sincero sería reconocer pérdidas y perdonar deudas, incluso hipotecas. ¿Cómo debería hacerse esto? No debe ser un eslogan vacío ni debe ser todo a la vez, sino hacerse de una forma programada y deliberada para no entrar en un caos económico y financiero. Un buen ejemplo es la deuda del Go¬bierno ecuatoriano. Antes de que estallara la crisis, el Go¬bierno de Correa decidió auditar la deuda y nombró a especialistas financieros que investigaron las condiciones y circunstancias que habían creado la deuda pública ecuatoriana. Llegaron a acuerdos financieros con países proveedores, vieron las condiciones desventajosas que les habían ofrecido. Tras muchos meses, consiguieron reducir la deuda externa ecuatoriana en 2.500 millones de dólares. Eso mejoró la situación del país. Fue un poco distinto de otro Go¬bierno latinoa¬mericano que re¬pudió la deuda: Argentina. Ar¬gentina estaba ya en crisis antes de poder seguir el ejemplo de Ecua¬dor. El elemento de caos se dio en la situación argentina.


¿En que consistiría esa recuperación tras la crisis de la deuda?


Es importante la idea de una auditoría de la deuda privada y no sólo de la pública, porque muy a menudo a los tenedores de las hipotecas se les venden propiedades muy por encima del valor real y sin declarar todos los riesgos que implican estas hipotecas, sobre todo en el caso de que los tenedores no cumplan estos términos.


Economistas técnicos, tanto de izquierdas como de derechas, están de acuerdo en que la falta de demanda es crucial en la crisis, y algunos expertos del mercado libre dicen que es necesario estimular la demanda. La frase que utilizan es "lanzar millones de euros desde helicópteros y que la gente se pelee por coger todo lo que pueda". Lo que intentan decir en realidad es que tenemos una situación desastrosa de deuda que está afectando a toda la economía y tenemos que tomar medidas estrictas.


En lugar de lanzar el dinero desde helicópteros se lo dieron a Wall Street y sus equivalentes, bajo el sistema QE. Otra solución sería dar dinero a los ciudadanos bajo fórmulas de renta básica, con la ventaja de que los estratos pobres y desfavorecidos consiguieran este dinero y lo gastaran. Porque si das más dinero a los ricos no saben qué hacer con él, les gusta acumularlo. Puede que aumenten su consumo de lujo, pero las personas que son muy ricas son tan ricas cuando suben los activos que ganan millones sin ninguna posibilidad de gastarlo. La gran de¬sigualdad perjudica incluso a un sistema capitalista, ya que restringe la demanda. Hay una propuesta de lo que podría hacer un Gobierno, que es dar dividendos a los ciudadanos, unos 50.000 euros a cada uno, con la condición de que, si tuvieran deudas, deben usar ese dinero para saldarlas. Así la masa ciudadana vería que se trata a todo el mundo por igual. Esto sería una manera de solucionar el problema de la deuda. Creo que la idea de una comisión auditora de deuda sería más positiva, habría que ver quién paga los costes de reconocer la deuda y las pérdidas. A menudo se usan los fondos de pensiones, las futuras pensiones de los trabajadores se verían afectadas. He escrito un libro al respecto: El futuro del sistema de pensiones. Las pensiones privadas en pocos países cubren a todos los trabajadores. Si se pudiera crear un perdón de la deuda selectivo, que no penalice a los pobres, sería una manera de acabar con la deuda. Los fondos de pensiones privados, que tienen bastante importancia en Reino Unido y EE UU, sólo cubren al 40% de los trabajadores; el 10% más rico se beneficia del 50% de exención fiscal por tener un fondo de pensiones, así que si se les anulase el 10% o el 20% sería una manera de compartir los daños y de estimular la demanda.


¿Qué hacemos con el trabajo y la producción? ¿Hacia dónde se tienen que dirigir las políticas de transformación?


La experiencia generalizada, restringiéndonos solo a la gestión de demanda, como harían los economistas neokeynesianos, se ceñiría a programas para no privilegiados. No se ha demostrado que funcione. Una vía que Keynes previó en sus escritos son las agencias públicas que se comprometen directamente en programas de desarrollo económico. Incluso la UE hace esto con sus programas de infraestructuras (gasto en autopistas y aeropuertos). Hay veces que estos gastos no son plenamente productivos sino que son redundantes. Es añadir, en cierta manera, un enfoque a la inversión que dice que con infraestructura popular, hospitales y colegios, esto podría ser una parte de la solución. También por ejemplo el fomento gubernamental de la agricultura, la producción y la generación de energía ecológicas estimularía la demanda pero crearía al mismo tiempo nuevos valores y aseguraría las cifras del PIB, que son bastante arbitrarias. Con una comisión auditora que investigase la deuda y las hipotecas, se podría unir una red de inversión pública en un país como España con una población formada y recursos naturales, que podría canalizar modos de producción buenos y programas para financiar la educación superior para todos los jóvenes entre 17 y 20 años, que es un elemento más en el bienestar de la población.

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Nuevo escenario de conflicto entre Argentina y los fondos buitre

Argentina quedó en condiciones de resolver el conflicto que comenzó a enfrentar el año pasado con los fondos buitre (especuladores) y que colocó al país sudamericano en una involuntaria cesación de pagos de su deuda.

El cambio de escenario se debe a que el pasado 31 de diciembre venció la cláusula de Derechos Sobre Futuras Ofertas (llamada Rufo, por sus siglas en inglés) que regía en los contratos que firmó con los acreedores que, a diferencia de los fondos buitre, sí aceptaron sumarse a procesos de canje en 2005 y 2010.

La cláusula establecía que ningún bonista obtendría mejores condiciones de pago que aquellos que reestructuraron su deuda, cosa que hubiera ocurrido si Argentina se sujetaba al fallo emitido el año pasado por un tribunal de Estados Unidos que le obligaba a pagar mil 300 millones de dólares a los especuladores.

El caso argentino desató una preocupación global en materia de deuda por el poder otorgado a los "buitre", que son fondos de inversión que especulan con deuda de países comprando bonos a precios de remate que luego cobran por cifras millonarias.

Argentina logró, en dos procesos realizados en 2005 y 2010, que 92.4 de sus bonistas aceptara reestructurar los pagos con rebajas de hasta 75 por ciento.

Por el contrario, un minoritario porcentaje de los acreedores se negó a negociar y el año pasado 1.0 por ciento de ellos obtuvo un triunfo en tribunales de Estados Unidos, que le exigieron a Argentina pagarle a los "buitres", al contado y de inmediato.

De haber pagado sin protestar, Argentina hubiera recibido un alud de demandas por parte de 92.4 por ciento de sus bonistas que estarían en condiciones, gracias a la cláusula Rufo, de reclamar porque el pago a los "buitres" implicaba mejores condiciones que las que ellos aceptaron.

Con la cláusula vencida, ahora el gobierno está en condiciones de renegociar sin la amenaza de recibir juicios multimillonarios, aunque lo que falta es que los demandantes quieran modificar sus condiciones de pago, tal y como pretende ofrecer Argentina.

La renegociación es clave porque permitirá que el país sudamericano salga del "default" (moratoria) en el que se mantiene desde que el juez estadounidense Thomas Griesa les dio la razón a los fondos buitre y congeló los pagos destinados al resto de los acreedores.

El fallo de Griesa, quien permanentemente ha favorecido a los fondos "buitre", provocó una situación inaudita, ya que Argentina ingresó en una involuntaria e inédita cesación de pagos pese a que tiene la capacidad y voluntad de pagar.

La negociación es necesaria y estratégica para Argentina, ya que el país deberá pagar durante 2015 unos 12 mil millones de dólares por vencimientos de capital e interés de la deuda externa.

(Con información de Notimex)

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Domingo, 19 Octubre 2014 10:45

La segunda revolución de Rafael Correa

La segunda revolución de Rafael Correa

La "revolución ciudadana", la transformación de Ecuador que el presidente Rafael Correa puso en marcha tras asumir el poder en enero de 2007, muestra síntomas de agotamiento. Los recursos públicos que apuntalan la economía se están agotando y las recientes marchas de protesta en varias ciudades del país andino muestran que la ciudadanía, como dice Simón Pachano, "exige algo más que carreteras y ciertos bienes materiales". El analista, investigador de la Facultad latinoamericana de Ciencias Sociales en Quito, opina que "las manifestaciones [del pasado 17 de septiembre] constituyeron un hecho novedoso y sorprendente, ya que fueron las primeras expresiones espontáneas en todos los Gobiernos de Rafael Correa. Y aunque precisamente por su carácter espontáneo es poco probable que tengan continuidad a corto plazo, marcaron un hito porque se perdió el temor, especialmente entre los estudiantes".

Las marchas, encabezadas por los sindicatos contra un proyecto de reforma laboral que en opinión de los trabajadores recorta sus derechos, aglutinaron a varios colectivos y se expandieron por todo el país para acabar violentamente en algunos casos. El pasado 30 de septiembre, en un acto con motivo del cuarto aniversario de una rebelión policial que el Gobierno tachó de intento golpe de Estado, Correa llamó a la unidad para frenar la "restauración conservadora". En la quiteña plaza de San Francisco, el presidente arengó a sus seguidores: "Esa derecha desarticulada después de las palizas recibidas a lo largo y ancho de América Latina ya superó la etapa de aturdimiento (...) Están coordinados y articulados y ya tienen estrategia de poder", espetó Correa. "Pero no pasarán, ¡el pasado no volverá!", advirtió con un fuerte grito.

Correa suele azuzar el fantasma de la derecha más rancia en momentos de crisis y la estrategia siempre le ha funcionado. Razones para ello en Ecuador sobran: el país tuvo una decena de presidentes en los 10 años previos a la llegada de Correa al poder. El actual mandatario no sólo fue el primero en mucho tiempo en completar un mandato, sino también en repetir en el cargo. Correa lleva casi ocho años en el poder y aunque la Constitución que él mismo impulsó le obliga a dar un paso al costado en 2017, el presidente ya ha dejado la puerta abierta para reformar la Carta Magna y alargar su estancia en el Palacio de Carondelet.

Fuente: Banco Central de Ecuador, Mº de Economía y Finanzas yFMI / C. AYUSO

 

"Tanto el presidente como su gestión mantienen altos niveles de aprobación", explica Pachano. "Si quiere, Correa cuenta con los votos necesarios en la Asamblea para reformar la Constitución. Si se aprueba la reelección, sería casi seguro el triunfo de Correa en 2017, tanto por el apoyo que aún conserva como por la debilidad de la oposición. La situación sería diferente si él no fuera el candidato. Nadie en su movimiento Alianza País cuenta con la intención de voto suficiente para triunfar", añade.

El fuerte respaldo a Correa se sostiene en cifras contundentes. El crecimiento medio de la economía del país es del 4% anual, el desempleo está por debajo del 5% y el porcentaje de los ecuatorianos que viven por debajo del umbral de pobreza ha bajado del 45% al 25%. Los salarios han subido y la inflación se ha mantenido en torno al 3% gracias a la dolarización de la economía, una medida tomada mucho antes del inicio del correísmo.

La receta del éxito económico es sencilla: mucha inversión pública, sobre todo en infraestructuras —puentes, carreteras, centrales hidroeléctricas, instalaciones petroleras—. En 2013, los desembolsos del Gobierno en la economía representaron el 15% del producto interior bruto (PIB) frente al 12,9% de la inversión privada. Por este motivo, Ecuador registró el año pasado el déficit fiscal más alto en la última década: 5.461,25 millones de dólares, que representa el 5,28% del PIB, según datos del banco central del país andino.

Para cubrir el déficit del próximo año —que según Standard & Poor's será superior al de 2014—, el Ejecutivo de Quito solicitó a China 1.500 millones de dólares. El país asiático ya es el principal acreedor bilateral de Ecuador. Hasta febrero pasado, la deuda exterior era de 13.000 millones (14% del PIB). De este montante, el 36% corresponde a préstamos con China.

En vista de la revisión a la baja de Pekín de sus inversiones en América Latina y del abaratamiento del precio del petróleo, principal fuente de ingresos del país, Correa decidió aparcar de puertas afuera su retórica contraria al sistema financiero internacional y realizar en lo que va de año una emisión de bonos tutelada por el Banco Mundial y restablecer las relaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI), cuyo último informe sobre el país andino avala un crecimiento del 4% anual hasta 2015.

"Ecuador necesita entre 8.000 y 9.000 millones de dólares al año para mantener el sistema económico", explica Alberto Acosta Burneo, editor de la decana publicación Análisis Semanal. "El dinero público ha elevado el consumo como motor de la economía. Y para evitar el descontento social, hay que sostener ese modelo. Se necesita cada vez más dinero para crear más empleo, pagar más salarios, para que el sector privado produzca más y venda más o dé más servicios, para que todos estén contentos. El Gobierno puede seguir endeudándose, tiene margen [la deuda externa es del 27% del PIB], pero si este modelo sigue sin modificarse sobrepasará fácilmente el límite del 40% fijado por el propio presidente. No hay plan alternativo al de apuntalar la economía con dinero público", explica Acosta.

La mayoría de los expertos cree que Correa ampliará sus fuentes de financiación y acelerará el desarrollo de los nuevos yacimientos petrolíferos, como el de Yasuní, para aumentar los ingresos y sostener la economía, al menos hasta las elecciones de 2017. Sin embargo, los analistas apuntan a que Correa, economista guayaquileño formado en Estados Unidos y Bélgica, ha reconocido a través del acercamiento al FMI y el Banco Mundial que el modelo no es eterno y que tarde o temprano tendrá que poner en marcha una "segunda revolución ciudadana" para sentar las bases de un desarrollo más sostenible.

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¿Por qué no detiene Obama la justicia buitre de Nueva York en contra de Argentina?

El investigador británico Greg Palast considera que Obama puede finiquitar la crisis de la deuda argentina con un plumazo y aduce que el "presidente de Estados Unidos posee el poder constitucional para desplumar al millonario Paul Singer, cabeza de los fondos buitres (http://goo.gl/ROlU30)".

 

La sicalíptica rapiña del multimillonario israelí-estadunidense Paul Singer, quien en forma megalomaniaca busca descuartizar a Argentina, está causando serios problemas geopolíticos a Estados Unidos y Gran Bretaña (GB).


Hasta Martin Wolf, editor de economía del Financial Times (http://goo.gl/FdzFeV), arremete, con una óptima caricatura alusiva, contra los buitres financieros (los acreedores recalcitrantes: holdouts) y los caprichos (¡supersic!) de los jueces estadunidenses.


Martin Wolf es muy severo contra los litigantes seriados (sic) en los que se han convertido los "tenedores de bonos argentinos quienes rechazan aceptar un compromiso con Buenos Aires (los holdouts recalcitrantes").


¿La pérfida Albión, como se apoda a GB –la invasora buitre de las islas Malvinas y hoy en medio de un referéndum definitorio por la secesión de Escocia–, se cura en salud mediante Martin Wolf: uno de los principales portavoces de la plaza de la City en Londres, quien defiende a Argentina en forma asombrosa?


Más allá de las argucias legaloides del polémico juez estadunidense Thomas Griesa, presuntamente coludido con los circuitos judiciales y sus bisagras financieristas en Nueva York –a lo que ha consagrado su vida entera Paul Singer para atracar al prójimo valetudinario al arrancar sentencias temerariamente perentorias–, la defensa de Argentina por Martin Wolf es de largo alcance y pone en tela de juicio al sistema judicial financierista anglosajón que aplasta cruelmente a la economía número 22 del planeta –la segunda de Sudamérica y la tercera de Latinoamérica– en el ranking del PIB global.


Argentina no es un país bananero cualquiera como lo maltrata la justicia buitre de Estados Unidos y sus fondos depredadores de Nueva York.
De por sí la usura y el anatocismo son repelentes prácticas anticivilizatorias de canibalismo financierista para el humanismo renacentista, como lo expresó el genial Shakespeare en su obra inmortal El mercader de Venecia.


Aun en un modelo desalmado y misántropo como el de la desregulada globalización financierista surjen dos voces lúcidas en el seno de la plaza de la City de Londres, como Greg Palast y Martin Wolf.


Ahora resulta que la "estrategia de los holdouts opera a expensas de los otros acreedores", inclusive en detrimento de restructuraciones esenciales, a juicio de Martin Wolf, quien cita las nuevas propuestas sensibles de International Capital Market Association (que representa a más de 400 de los principales bancos del mundo, inversionistas y emisores de deuda), que ha diseñado un nuevo marco para las quiebras soberanas (http://goo.gl/g2SRgN).


Greg Palast rememora que Baby Bush invocó la cláusula de la separación de poderes de la Constitución en contra del mismo fondo buitre depredador (válgase el triple pleonasmo) de Paul Singer, que ahora amenaza a Argentina, al bloquear la captura de una propiedad del país Congo en Estados Unidos, pese a que Singer es muy influyente y uno de los principales contribuyentes a los candidatos lubricados del Partido Republicano.


Greg Palast aduce que, bajo el principio comity, Obama sólo necesita informar al juez federal Thomas Griesa de que la demanda de Singer interfiere con la autoridad única del presidente para conducir la política exterior.


Aunque no lo profieran, Greg Palast y Martin Wolf entienden el grave riesgo geopolítico de arrojar a Argentina a los brazos de los BRICS.


Greg Palast revela que hace 30 años (¡supersic!) el pugnaz cuan contumaz juez Thomas Griesa fue advertido en una apelación judicial de atender la directiva de un presidente invocando sus poderes en política exterior, y comenta que en el caso Singer, el Departamento de Estado informó al mismo juez Griesa que el gobierno de Obama estaba de acuerdo (¡supersic!) con los argumentos legales de Argentina. Un juez buitre de una justicia buitre al servicio de los fondos buitres.


Pero Obama se quedó corto, ya que "nunca invocó la mágica cláusula de detener a los buitres".


Greg Palast reseña las maniobras financieras brillantemente complejas de Singer en 2009 al capturar el control de Delphi Automotive, único abastecedor de la mayoría de las autopartes necesitadas por General Motors y Chrysler, que se encontraban en bancarrota técnica.


El subsecretario del Tesoro de Obama, Steven Rattner, calificó la maniobra buitre de Singer como extorsión, pero acabó sometiéndose al compensarlo con 12 mil 900 millones de dólares (¡extrasic!).


En agradecimiento, el desalmado Singer cerró 25 mil empleos de Delphi en Asia y se embolsó 10 por ciento de la compensación.
Uno de los inversionistas en el fondo buitre del chacal Singer es Mitt Romney, fallido candidato presidencial por el Partido Republicano (http://goo.gl/wPf9Hs).
El Departamento de Estado ha advertido al juez Griesa que su adopción de las teorías legales de Singer y su fondo buitre pondría en peligro los acuerdos de deuda soberana en el mundo.


El historial depredador de Singer es tétrico desde Grecia, pasando por Congo, hasta Argentina, valiéndose del supremacista poder de la justicia buitre de Estados Unidos.


Según Oxfam, citado por Greg Palast, Singer socavó la habilidad de Congo para combatir la epidemia del cólera. ¡Vaya caníbal financierista!
Ahora Singer ha levantado la puja al chocar con los intereses crediticios de los principales bancos de Estados Unidos: JP Morgan-Chase, Citigroup y BNY Mellon.


Greg Palast acusa que los "abogados de Singer persuadieron (¡supersic!) al juez Griesa de impedir a BNY Mellon, agente crediticio de Argentina, pagar los 500 millones de dólares a los tenedores de los bonos argentinos.


Paul Singer representa intereses muy poderosos de todo género tanto de Israel (http://goo.gl/hQEBrE ), muy cercano al infanticida partido Likud de Netanyahu, como del Partido Republicano: su principal donador en Nueva York.


Martin Wolf fustiga la sentencia del juez Thomas Griesa –quien ha consentido todo a los abogados de Singer– al proteger al 7 por ciento de los holdouts, en manos de los fondos buitres, en detrimento del 93 por ciento de los tenedores de la deuda que han aceptado un compromiso razonable con Argentina.
Martin Wolf considera que el calificativo de buitres sería injusto para los pájaros, ya que los buitres desempeñan una tarea valiosa cuando los holdouts de Singer no reciclan la carroña.


Más allá de los tecnicismos legaloides del juicio de los fondos buitres encabezados por Singer y de su facilitación leonina por el juez Griesa, lo que está en juego, a juicio de Martin Wolf, es la fuga de la jurisdicción estadunidense debido a los caprichos (¡supersic!) de los jueces estadunidenses, quienes, a mi juicio, aplican su justicia buitre para favorecer aberrantes intereses singulares y, peor aún, le quitan la cobertura legal al neoliberalismo depredador financierista anglosajón, uno de sus principales pilares para controlar a países emergentes de la talla de Argentina.


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La nueva acción de los fondos buitres en contra de Argentina es parte de una contraofensiva más amplia de la derecha internacional contra los países progresistas de América Latina. Conducida por sus principales voces en los medios – Financial Times, Wall Street Journal, The Economist, El País– atacan sistemáticamente a esos gobiernos, que no han aceptado los dictámenes del Consenso de Washington. Y, por lo mismo, han logrado sortear la recesión capitalista internacional instalada ya hace más de seis años en el centro mismo del sistema, arrasando los derechos sociales, sin fecha para que termine.


Por eso, las naciones latinoamericanas que siguieron creciendo y distribuyendo renta, disminuyendo la desigualdad –que aumenta exponencialmente en el centro del sistema–, son un factor de perturbación, la prueba concreta de que es posible otra forma de enfrentar la crisis, que se puede distribuir renta, recuperar el rol activo del Estado, apoyarse en los países del sur del mundo y resistir la crisis.
Por eso la contraofensiva actual, que busca demostrar que ya no habría más espacio para que la economía de esas naciones siguiera creciendo, de que los avances en las políticas sociales no serían tales y que el tema de la deuda no estaría aún resuelto. Es crucial para las grandes potencias intentar convencer de que no habría alternativa al Consenso de Washington.


La formidable arquitectura de renegociación de la deuda argentina nunca fué asimilada por ellos. En caso de resultar, qué mal ejemplo para Grecia, Portugal, España, Egipto, Ucrania y tantos otros países aprisionados en las trampas del FMI. Tienen que demostrar que los dictámenes de la dictadura del capital especulativo son ineludibles.


La nueva ofensiva contra Argentina tiene que ser contestada por todos los gobiernos latino-americanos que son, en distintos niveles, igualmente víctimas del capital especulativo, que se resiste a reciclar para las inversiones productivas que necesitamos. Es hora de que los gobiernos de la región no sólo acompañen las misiones argentinas, sino tambiem asuman la disposición de imponer impuestos a la libre circulación del capital financiero. Una medida indispensable, urgente, que sólo puede ser asumida por un conjunto de países concomitantemente.


Asimismo, Brasil puede ayudar a Argentina –como sugirió recientemente un economista brasileño –ofreciéndose como país de giro del pago. Argentina remitiría los recursos y Brasil haría el pago de los acredores legítimos, evitando que el país sea confiscado. Una pequeña ayuda que puede permitir a esa nación pagar a los acreedores –92 por ciento del total– que han aceptado los términos de la renegociación.


Una renegociación que, por los criterios vigentes en casi todos los países, determina que cuando dos tercios o tres cuartos coinciden con los términos del rescate, los otros automáticamente tienen que aceptar esos términos. Es tiempo de que América Latina formalice ese criterio.
Muchos han sido los países que han mirado hacia América Latina para entender cómo han podido quitarse de encima sus deudas externas. Ahora ellos mismos miran hacia Argentina porque saben que se juega aquí mucho más que simplemente 8 por ciento de la deuda remanente. Se juega la soberanía de las naciones frente a quienes quieren doblegarlas con el peso de las deudas contraídas por los gobiernos serviles al FMI y a sus voceros.

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Miércoles, 09 Julio 2014 05:45

El regreso de las deudas externas

ALAI AMLATINA, 08/07/2014.- En las últimas semanas el tema de las deudas externas ha vuelto a colocarse en el candelero de las finanzas y de la política internacional debido a un juicio de la Suprema Corte de los Estados Unidos, que ha emitido una resolución en contra del gobierno de Argentina. Esta decisión evoca el profundo dilema que existe entre soberanía nacional y globalización financiera. Cuando un gobierno coloca deuda en los mercados internacionales, ofrece garantías de pagos que comprometen a sus contribuyentes al pago a mediano o largo plazo. Sin embargo, al venderse los bonos públicos se convierten en títulos privados que pueden convertirse en determinadas circunstancias en objeto de gigantescas especulaciones que pueden desencadenar bancarrotas de los Estados deudores.

Recordemos que en 2011 y 2012, España, Portugal y Grecia estuvieron sujetos a este tipo de especulaciones por parte de bancos e inversores quienes se beneficiaron de las abruptas subidas del premio (tasa de interés) de los bonos soberanos. En algún momento se temió que podría producirse una bancarrota soberana y, por consiguiente, el hundimiento de la moneda común, el euro. Fue la intervención de Mario Draghi, director del Banco Central Europeo, factor clave en disipar la burbuja de la especulación y el peligro de "default". Pero el fantasma de la deuda sigue planeando y no tardará en regresar.


En el caso de América Latina, no pueden olvidarse la brutalidad y persistencia de las crisis de las deudas externas, tanto en los años de 1980 como en las crisis financieras de México en 1995, Brasil en 1998 y Argentina en 2001-2002. Cada una de estas debacles tuvo impactos económicos y sociales muy costosos y sus historias constituyen capítulos claves de la historia reciente de la globalización financiera.
La experiencia de Argentina al doblar el siglo fue de las más traumáticas. Hacia 2000 su gobierno comenzaba a hacer agua, y por ello solicitó un enorme rescate al Fondo Monetario Internacional (FMI). Sin embargo, antes de concretarse, la confianza de los ahorradores e inversores se evaporó y las retiradas de dinero de los bancos argentinos comenzaron en gran escala. Con objeto de evitar el hundimiento de su administración, el presidente Fernando De la Rúa nombró a Domingo Cavallo como ministro de economía en abril de 2001 pero su plan, conocido como el "Megacanje" de las deudas públicas, fracasó debido a la falta de confianza de todos los actores económicos y financieros. El pánico bancario siguió su curso hasta que el ministro estableció un control sobre los depósitos en los bancos que fue bautizado popularmente como "el corralito". A partir de ese momento el gobierno ya tenía sus días contados y en diciembre cayó tras revueltas populares cada vez más extendidas.


Después siguieron dos años marcados por una enorme inestabilidad política (con cuatro presidentes en un año y pico) y aumentos dramáticos del desempleo y de la pobreza. No sería hasta la elección a la presidencia argentina de Néstor Kirchner, político peronista de izquierdas, en mayo de 2003, que comenzó a vislumbrarse un posible cambio de rumbo. El nuevo gobierno tuvo la fortuna de contar con un aumento sostenido de las exportaciones agropecuarias pero igualmente importante fue su respuesta a la crisis financiera. Desde diciembre de 2001 el gobierno estaba en "default" sobre sus deudas, lo cual se debió en buena medida a la negativa explícita del FMI de activar el rescate. Para principios del año de 2004, la deuda externa alcanzaba la estratosférica cifra de 178,000 millones de dólares. A partir de repetidos viajes a Washington, el ministro de economía, Roberto Lavagna, con el apoyo muy firme de Kirchner, logró una reprogramación de las obligaciones con los principales organismos financieros multilaterales (FMI, Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo). Luego se negoció con los acreedores privados garantías de pagos del servicio de los bonos externos a cambio de una reducción de su valor nominal que se estimaba en 100,000 millones de dólares en marzo de 2005: se alcanzó una quita de cerca de 55%, una de las mayores en la historia financiera internacional reciente.


Como consecuencia, el gobierno de Argentina fue marginada de los mercados de capitales internacionales pero durante los últimos diez años ha pagado el servicio acordado de la deuda de manera puntual todos los años, lo cual ya ha representado una transferencia de más de 100 mil millones de dólares a los tenedores de bonos y una reducción dramática de la deuda externa. Sin embargo, una pequeña porción de bonos que no entraron en el acuerdo fueron adquiridos por un par de fondos de inversión de los Estados Unidos que son conocidos como "fondos buitre" porque compran por centavos para luego tratar de cobrarlos a precios mucho más altos. Este negocio depende de la posibilidad de convencer a una corte de Nueva York que las compras especulativas deben reembolsarse al cien por cien de su valor nominal. Esto es lo que ocurrió hace unas semanas a partir de la decisión del juez Thomas P. Griesa de la Corte del Distrito Sur de la ciudad de Nueva York, que ha sido avalado por la instancia superior del sistema judicial norteamericano: en este caso, se sostiene que los reclamos de los especuladores serían de mayor valor jurídico que aquellos de un gobierno soberano.


El gobierno argentino ha respondido con dos estrategias complementarias. Por una parte ha ofrecido negociar con los fondos buitre durante este mes de julio, pero al mismo tiempo ha puesto en marcha una campaña política internacional para limitar los daños a su economía. Desde el lunes 7 de julio, el juez Griesa ha autorizado a un intermediario, el famoso abogado Daniel Pollack de Nueva York, para que supervise el proceso de negociaciones alucinantes en ciernes entre los especuladores y el gobierno de Argentina.


La respuesta internacional de solidaridad con Argentina ha sido impresionante.


En primer término, ha logrado el apoyo de los gobiernos latinoamericanos, incluyendo los de Mercosur así como una resolución de apoyo de la Organización de Estados Americanos, aprobada el 4 de julio En segundo lugar, ha obtenido los apoyos de diversas instancias multilaterales, entre ellas, la Comisión Económica para América Latina (Cepal) y la agrupación de 77 países en Naciones Unidas conocida como G77. Pero, además, ha atraído la atención de dos grandes potencias, Rusia y China. En los días de 15 y 16 de julio se reúnen los presidentes del grupo de naciones conocido como BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) en la ciudad de Fortaleza, Brasil. El presidente de Rusia, Vladimir Putin ha anunciado que después visitará a Buenos Aires para demostrar su apoyo en contra de los especuladores. Más importante aún, ha sido la declaración del presidente de China, Xi Jinping, quien también viajará a Argentina para firmar acuerdos comerciales y demostrar su apoyo en contra de los "fondos buitre" de Nueva York.


En resumidas cuentas, se trata de un episodio de geo/política y financiera de considerable impacto. Cabe preguntar: ¿cuál es el alcance de la soberanía de un gobierno y sobre todo de los contribuyentes en esta época de globalización financiera? Este es un problema medular que afecta a las democracias modernas. El principio fundamental del gobierno parlamentario consiste en que el pago de los impuestos es la base de la representación política: por ello, la soberanía fiscal y por ende de los ciudadanos, merece una defensa mucho más visible y transparente que la de los intereses financieros privados. De ello depende en buena medida la supervivencia y la legitimidad de las democracias contemporáneas y, precisamente por ello, el debate sobre las deudas públicas no dejará de acrecentarse en el escenario nacional e internacional.
- Carlos Marichal es un historiador estadounidense nacionalizado mexicano.

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El fallo de la Corte de EEUU en clave de la lógica imperialista

ALAI AMLATINA, 17/06/2014.- Los cortesanos estadounidenses decidieron no tomar el caso de la Argentina y convalidar el fallo neoyorkino de primera y segunda instancia, por lo que se debe cancelar unos "1500 millones de dólares", según informó en cadena nacional la Presidenta Cristina Fernández[1]. Según la Presidente, esta decisión puede estimular otras demandas por 15.000 millones de dólares, sin perjuicio de otras acciones que ejecuten quienes ingresaron a los canjes de deuda desde el 2005 y sucesivas reaperturas.

 

Nadie sabe en rigor a cuanto pueda llegar la demanda de acreedores de la impagable deuda, recurrentemente renegociada en tiempo constitucional y últimamente cancelando a acreedores externos con transferencia de títulos a ámbitos del Estado Nacional (Anses, Banco Central, etc.) que penden como hipotecas sobre generaciones futuras.

 

Convengamos, que si la Corte de EEUU asumía el caso, ello no significaba que la Argentina iba a quedar desobligada de pagos. La expectativa más generalizada en el gobierno y el poder económico local y global era que los máximos jueces del imperio postergaran la decisión hasta fin de año. En ese plazo vence la cláusula que establece que los acreedores ingresados al canje pueden demandar el mejor trato recibido por algún tenedor de títulos en cesación de pagos (default). De este modo, el gobierno ganaría tiempo y, superado el plazo de respetar condiciones de pago, podría negociar con los inversores demandantes (los fondos buitres) cuánto, cómo y cuándo cancelar deudas sin tener que hacer lo mismo con el 93% ingresado a los canjes de deudas del 2005 y 2010.

 

La hipótesis fue siempre cancelar esa deuda, incluso se reabrió el canje de deuda con ese propósito, sin fecha de cierre en 2013, todo con acuerdo de la oposición sistémica, del mismo modo que viajaron a EEUU para incidir sobre la Justicia del imperio. Como hemos dicho, el pago de la deuda es una política de Estado.

 

Especulación financiera, producción y gestión del Estado

 

En el discurso presidencial se critica la ganancia especulativa del "fondo NML" que "adquirió los bonos en 2008 por 48,7 millones de dólares", que "ganó el 1608 por ciento en dólares" y que demanda cobrar 428 millones de dólares" y el Juez falla abonar 1500 millones.

 

Lo que se omite es decir que esas son las reglas del capitalismo, ya que los bonos los emitió la Argentina para circular en el mercado mundial en las condiciones de mercado (al momento de la compra y de la realización). Que la ganancia por especulación es parte de la ganancia en general, ya que la ganancia es plusvalía extraída del trabajo social y apropiada como renta del suelo, ganancia comercial o financiera (tasa de interés) y beneficio industrial. Con Marx aprendimos que la ganancia es plusvalía transfigurada y fuente de ingresos de todos los capitalistas.

 

No se trata de pensar que los especuladores exprimen a los empresarios de la producción. No es mejor el capital productivo que el financiero, pues ambos son parte de una integralidad capitalista. Producción y circulación del capital son un fenómeno integrado, que se requieren mutuamente. De nada sirve hablar al corazón del capitalismo, porque siempre responden con el bolsillo. El problema es el orden capitalista.

 

Es el capitalismo argentino, y más precisamente los gestores del Estado, los que otorgaron las condiciones en sus bonos para que solo con el 100% de los acuerdos pudieran resolverse una renegociación de deuda como la del 2005. ¿Por qué se avanzó en el Canje sabiendo esas limitaciones? ¿Valió la pena el desarme estadístico (argumento para la intervención en el INDEC) para no inflar mayores pagos a los acreedores? Esos gestores del Estado son los responsables de ceder soberanía jurídica facilitando litigar en tribunales externos. ¿Es solo una condición de los 80´ y los 90´? ¿Por qué se insistió con la cesión de soberanía en los contratos con Chevron?

 

El problema es que los cambios institucionales consagrados en los 90´ e inspirados desde el terrorismo de Estado de 1975/6 siguen vigente y condicionan como un cáncer nuestra vida cotidiana. La deuda es un cáncer a extirpar, y no se puede avanzar en ese sentido mientras subsista la lógica del capital para el modelo productivo y de desarrollo vigente. Se impone una lógica anticapitalista y antiimperialista, muy lejana de la política hegemónica en el gobierno y la oposición sistémica.

 

¿Solo son buitres los fondos especulativos? ¿No son buitres los acreedores del Club de París, como señala Dialogo 2000, que reclaman cobrar "deudas odiosas" contraídas por ilegítimos gobiernos genocidas? ¿No son buitres empresas como Repsol que vaciaron las reservas de hidrocarburos del país para abonar su ciclo de acumulación? ¿No son buitres las transnacionales que suscriben pactos secretos con acuerdos parlamentarios mayoritarios, tal el caso de YPF con Chevron? Qué decir sobre la sojización, los transgénicos y su impacto en pueblos fumigados, productores y comunidades desalojados por desposesión derivada del agro negocio, o la mega minería a cielo abierto, o la fractura hidráulica, todo en pro de inversiones externas que buscan ganancia y acumulación de sus capitales invertidos, a cambio de calificarnos como países emergentes.

 

¿Todo lo que se puede hacer es pagar?

 

En su alocución, la Presidenta confirmó que "la voluntad de pago de Argentina ha quedado más que probada: hemos pagado el acuerdo de 2005, el de 2010, hemos llegado a un acuerdo con Repsol, que retiró su demanda del CIADI" y que se cerró "un acuerdo por la deuda del Club de París". Tras cartón diferenció "lo que es una negociación, de lo que es una extorsión". Luego de ello no termina de quedar claro qué acciones impulsará el gobierno de la Argentina.

 

¿Cómo sigue el trámite judicial en EEUU? No alcanza con denunciar la extorsión e incluso repudiar a los inversores demandantes o a la propia justicia de EEUU.

 

¿Qué iniciativas de solidaridad efectiva se impulsarán? O mejor aún, porque no avanzar en ejecutar las iniciativas más avanzadas de nueva arquitectura financiera regional para confrontar con el régimen del capital y el imperialismo.

 

Por nuestra parte, insistiremos desde todos los ámbitos en que actuamos para avanzar en una campaña contra el pago de la deuda, por su investigación por vía judicial (existen varios procesos en curso, algunos con sentencia) o por auditorías integrales. Hay que frenar el drenaje de saqueo que supone el recurrente pago de una deuda que posterga satisfacer demandas por deuda social a la mayoría de la población.

 

Buenos Aires, 17 de junio de 2014

 

Nota:

 

[1] La Presidenta aseguró que "Argentina va a respetar su deuda", pero remarcó que "no aceptará ninguna extorsión", Lunes, 16 de Junio de 2014, en: http://www.presidencia.gob.ar/informacion/actividad-oficial/27625-la-presidenta-aseguro-que-argentina-va-a-respetar-su-deuda-pero-remarco-que-no-aceptara-ninguna-extorsion (consultada el 17/06/2014)

-- Julio C. Gambina es Presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, FISYP Ciudad de Buenos Aires. www.juliogambina.blogspot.com

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Crece a niveles récords la deuda de los graduados universitarios en Estados Unidos

The Institute for College Access & Success, una organización norteamericana independiente con sede en Oakland, California, acaba de publicar su reporte anual sobre la deuda promedio que tienen los estudiantes norteamericanos. El estudio recoge el average de lo adeudado por los estudiantes de Estados Unidos que culminaron sus estudios universitarios en el 2012. La cifra promedio asciende a 29 400 dólares, un récord histórico de deuda estudiantil en ese país.


El 70% de los graduados universitarios en el 2012 lo hicieron con deudas de pago por esos estudios.


"Ellos entraron a la escuelas durante una recesión, cuando las posibilidades de sus familias para pagar se habían reducido. Ahora se gradúan y deben experimentar sustanciales retos para obtener un trabajo que les permita repagar los préstamos", dijo la directora de investigación del citado Instituto, Debbie Cochrane

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Los estudiantes de determinados estados son los más golpeados. Por ejemplo, el average de deudas a pagar es más grande para los graduados en Delaware (33 649vdólares). Por el contrario, los adeudos estudiantiles promedios en Nuevo México son menores que 18 mil dólares.

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La preocupación económica es por el dólar

En estos días y en todo el mundo hubo preocupación por el dólar, o lo que es lo mismo, por el devenir de la economía estadounidense.

 

En octubre comenzó el nuevo año fiscal en EEUU y la disputa política entre republicanos y demócratas demoró la aprobación del presupuesto, lo que significó el cierre del gobierno, es decir, de algunas oficinas y ámbitos administrados por el gobierno estadounidense. Eso significó licencias anticipadas para 800.000 trabajadores del Estado que temieron por sus ingresos y sus puestos de trabajo en un momento de crisis en el empleo.

 

Al fin hubo acuerdo, transitorio, pero acuerdo al fin, en el límite establecido y otorgaron el visto bueno hasta diciembre, donde el tema volverá a ser discutido. Algo así como tirar la pelota hacia adelante.

 

El problema de fondo no está resuelto. No se resolvió la cuestión central del déficit fiscal, gravísimo, que promedia 1,5 billones de dólares al año desde hace 4 periodos. Si bien se autoriza un nuevo techo para el endeudamiento público del orden de los 23 billones de dólares, desde los actuales 16,7 billones, las causas de la necesidad de deuda no se modifican.

 

Hay que buscar el problema en el gasto militar y la política exterior e interior de los gobiernos estadounidenses, que avalan gestiones republicanas y demócratas. Unos y otros sostienen la política de intervención con fuerte gasto estatal para asegurar los intereses estratégicos de EEUU. Eso se logra con la confianza del resto del mundo, que destina sus propios recursos a inversiones en activos externos de origen estadounidense, especialmente los bonos del tesoro, que aun pagando poco son fuente segura de inversión.

 

En definitiva, el déficit de EEUU lo financia el mundo. Resulta increíble la confianza en la seguridad de un país que está en quiebra, que gasta más de los que recauda, que compra más de los que vende y que le cuesta sostener al dólar como moneda mundial, para lo cual acude al apoyo de las armas y la militarización, tanto como a la credibilidad de inversores capitalistas de todo el mundo deseosos de invertir en EEUU, entre ellos varios países que colocan sus reservas internacionales en esos activos. China y Japón a la cabeza, que los asocia en las expectativas de superar los escollos económicos y/o políticos de la principal potencia del capitalismo mundial.

 

La consigna pareció en estos días "salvemos todos al Titanic, o sea, a EEUU". El capitalismo mundial está en crisis y una de sus manifestaciones son los límites de política económica del país hegemónico, pero también las políticas nacionales que en el mundo sostienen al dólar. Es que EEUU se mantiene porque el mundo demanda dólares.

 

Argentina y el dólar

 

Veamos la propia Argentina, que desde comienzo de año ya perdió 10.000 millones de dólares de reservas internacionales, de un poco más de 44.000 millones bajó a poco más de 34.000 millones a mediados de octubre. Sin contar que las reservas habían llegado en diciembre del 2011 a unos 52.000 millones de dólares.

 

Las divisas se van de la Argentina por pagos de deuda, por fuga de capitales, y por las condiciones de la inserción subordinada de la Argentina en la economía capitalista mundial. Se trata de un activo externo demandado por los principales actores económicos y ello explica su precio en ascenso, sea el tipo de cambio oficial o el paralelo, más allá de los intentos por reprimir su escalada desde las autoridades. Las divisas son demandadas por el gobierno y también por los sectores económicos más concentrados, sean exportadores o importadores, incluso turistas con gran capacidad de gasto.

 

Tan importante es el tema que contradiciendo el mensaje de la pesificación se habilitó un blanqueo en dólares (CEDIN, BAADE) que tuvo que prorrogarse hasta fin de año por el escaso flujo de exteriorización de dólares, apenas menos de 400 millones ante una expectativa por 4.000 millones de dólares. Para completar la medida, el BCRA acaba de reglamentar la posibilidad para que el sector privado se endeude en el exterior e ingrese esas divisas vía compra de Bonos para inversión en energía, el BAADE, que había sido pensado para blanquear divisas no declaradas.

 

Puede ser que ingresen esos recursos, y de hecho, petroleras y cerealeras anuncian aportes por 1.000 millones de dólares, al mismo tiempo que se incrementa la preocupante deuda externa del sector privado. Ya sabemos que cunado la deuda privada externa es alta y se torna impagable, las presiones empresarias acuden sobre el Estado para socializar su cancelación o renovación a costa del presupuesto público.

 

La deuda privada externa en ascenso y el aumento de la pública constituyen problemas estructurales que asfixian el presente y el futuro de la soberanía nacional. Vale mencionar, que así como en EEUU se tira la pelota hacia adelante, ante la crisis económica mundial, otros países actúan en consecuencia. Ese es el marco de la recomposición de relaciones entre la política oficial y los organismos internacionales y que se manifiesta como satisfacción en el cónclave empresario de estas horas en Mar del Plata.

 

Los empresarios en IDEA reconocen las elevadas ganancias de estos años y saludan la orientación hacia el mercado mundial de conversaciones y acuerdos con el CIADI, con el Banco mundial y el FMI, lo que anuncia un nuevo ciclo de inserción subordinada para afirmar la dependencia local con EEUU, el dólar y el sistema mundial del capitalismo.

 

Buenos Aires, 18 de octubre de 2013

Julio C. Gambina


Presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, FISYP
Ciudad de Buenos Aires.
www.juliogambina.blogspot.com

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ALAI AMLATINA, 16/10/2013.- En los Estados Unidos todo el mundo está peleando por el paro del gobierno estadunidense. George Will (periodista que apoyó a Reagan en 1980) lo compara a la Ley contra Esclavos Fugados; Bill Moyers (periodista vocero de la Casa Blanca 1965-67) con la secesión. De todos lados, desde Rush Limbaugh (conservador con un popular programa de radio) hasta Jon Stewart (sátiro, crítico político de TV), se lanzan acusaciones mordaces. La ciencia política, la teoría del juego e incluso la astrología son invocadas para explicar la vergüenza de la arriesgada política de Washington.

 

Superficialmente, el impasse es producto de la Ley de Salud Asequible (Obamacare) y el Límite de Deuda Nacional. Desafortunadamente, estos puñetazos partidarios son sólo el inicio de una dolorosa lucha por la transición económica en EUA. Cíclicamente el mundo ha experimentado este tipo de conmociones políticas desde el inicio del capitalismo. La historia muestra que la transición es inevitable. Sin embargo, el resultado de la misma es incierto.

 

El régimen económico neoliberal establecido en los años 1980 promovido por Ronald Reagan y Margaret Thatcher—al igual que docenas de períodos económicos liberales anteriores—agoniza dolorosamente. Las economías liberales sustentadas en la privatización y desregulación típicamente generan una concentración de riqueza espectacular y amplían la brecha de la inequidad económica. Burbujas de especulación y explosiones financieras suceden cuando los vendedores ya no tienen compradores, son incapaces de resolver la crisis de sobre-producción que inevitablemente ocurre cuando los mercados dominan sin freno sobre la economía, el ambiente y la sociedad. Si los mercados sin regulación continúan indefinidamente, destruirán tanto la sociedad como la base material para la existencia del capitalismo. Por ello, tarde o temprano, se introducen reformas. La última vez que sucedió fue al final de los años 1920, después de la crisis financiera de 1929, la Gran Depresión en EUA y el Nuevo Pacto (New Deal).

 

Pero las reformas no se dan suavemente a través de acuerdos lógicos. Históricamente el gobierno está forzado a hacerlas en convulsivos períodos de agitación financiera y social. Además, las reformas pueden ser políticamente progresistas, represivas, totalitarias o democráticas (diferencias como las que se observan entre las reformas en EUA de los años 1930 y las de Alemania nazi). Pero el ritmo de implementación y la naturaleza política de las reformas económicas estructurales dependen de la política, no sólo la de los partidos, sino de la de los movimientos sociales con capacidad de generar voluntad política. Estos movimientos también expresan todo tipo de posiciones.

 

Parece que el Tea Party (organización política de extrema derecha), Noticias Fox y los hermanos Koch (billonarios que defienden el libre mercado) comprenden perfectamente este suceso histórico. Ellos consolidaron su poder político partidista manipulando el voto en los distritos y sacando ventaja del Partido Republicano. Actualmente influencian a la sociedad civil a través de la inundación propagandística, la seudo-ciencia y el activismo comunitario. Negar en este momento la Ley de Salud Asequible no es únicamente un espectáculo políticamente inteligente. El Tea Party representa a las élites provinciales ricas y educadas, a quienes algunos analistas llaman "the Newest Right" (la Derecha más nueva) de los viejos blancos del Sur. Ellos saben perfectamente bien que en la actual recesión, altos índices de desempleo, aplastante deuda estudiantil y profundización de las crisis alimentaria y de salud, si el sistema público de EUA logra, aunque sea una incipiente reforma en el sistema de salud, esto podría desatar la voluntad política para otro tipo de reformas federales progresistas, las cuales podrían socavar el menguante poder demográfico de esta "Derecha más nueva". También podría sabotear su deseo de atraer hacia el Sur la "inversión amistosa" del capital global (léase: sin regulaciones).

 

No es que el gobierno de Obama proponga un cambio a la globalización neoliberal. Por el contrario, al igual que el presidente anterior, Clinton, sin descanso ha empujado la agenda neoliberal en EUA y en el extranjero. La Ley de Salud Asequible es una leve reforma que no aborda las causas de la creciente crisis de salud, como tampoco amenaza a la dominación corporativa de las compañías aseguradoras, a la enorme industria farmacéutica ni a los proveedores de salud.

 

Los ambientalistas se molestan con Obama por su hábito de parafrasear al reformista Franklin Delano Roosevelt cuando dijo "¡Esa es una magnífica idea! Ahora actúen y oblíguenme a llevarla a cabo". Sea el presidente Obama evasivo o sincero, el hecho es que sin un movimiento social fuerte que demande los cambios desde la base, incluso los reformistas más valientes no tienen poder para cambiar el statu quo. Tampoco tendrán la capacidad de proteger a la sociedad del sabotaje político de los fanáticos, quienes, en nombre del patriotismo, defienden agendas elitistas de pocos ciudadanos y un puñado de billonarios reaccionarios.

 

Lejos del populismo, la élite del Tea Party y compañía temen la potencial emergencia de movimientos sociales de base. Ante las crisis alimentaria, energética, financiera y ambiental que se viven en EUA, estos movimientos podrían inclinar la inevitable transición económica hacia una agenda de reforma más progresista. Aunque los movimientos sociales (alimentario, laboral, ambiental, etc.) están fragmentados y carecen del apoyo económico billonario del Tea Party, crecen constantemente en todo el mundo en la medida que la economía neoliberal fracasa y defrauda a la sociedad.

 

Hay mucho que aprender del cierre del gobierno estadunidense, sin importar cómo se desarrolle. Necesitaremos estas lecciones para comprender y comprometernos de manera constructiva en las políticas de la economía de transición que se avecina.

 

Por Eric Holt-Giménez, Director Ejecutivo de FoodFirst (California).

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